ANTOLOGÍA DE RELATOS CORTOS (2009-2012)                                       De                  María Mercedes Humanes R...
Fue al baño, se lavó como pudo la herida y se puso una venda alrededor de lacabeza.De nuevo, comenzó a recordarla, allí, p...
2. ClaustrofobiaTenía que encontrar la manera de salir de aquel lugar siniestro.Buscó desesperadamente algún resquicio de ...
3. S.C.P.La lluvia golpeaba con fuerza los cristales empañados. Hacía frío en lahabitación y la chimenea se estaba apagand...
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4. El conciertoAquel concierto fue sorprendente.Cuando decidió acompañar a sus amigos al concierto lo hizo sin muchoconven...
volvió y en la penumbra, un hombre muy cerca de ella, le volvió a hablar muybajito: ¿Te gusta la Piazza Nabona? ¿Piazza Na...
marcharse. Seguramente no habría podido venir o se había olvidado. Era unatonta por pensar que todavía podía haber algo en...
Él, con ojos de sorpresa, la miraba mientras caía al suelo y un reguero desangre manchaba su ropa. El disparo le había dad...
5. La tetera humeanteLlovía incesantemente. Se había refugiado en aquel café, que era su favoritodesde hacía tiempo. Pidió...
antes, ¿y si le había ocurrido algo?El baño estaba cerrado. Llamó y nadie respondió. Volvió a llamar, pero nadierespondía....
6. Estación NowhereEntró en el vagón y buscó con la mirada un asiento libre, vio uno, y se dirigióhacia él y se sentó. Mir...
era el motivo de su viaje. ¿Cómo es eso?- preguntó Glenn- ¿te mandan delministerio?Adrien le dijo que no, que a él le envi...
7. La espera"No amanecerá hasta que llegue. No importa que pasen horas, días osemanas, años quizás. Cuando los débiles ray...
8. La MareaSentada en la mecedora, contemplaba el horizonte enrojecido por un solinmenso que desapareció de repente. Nunca...
La Marea tuvo también un efecto positivo: el desarrollo masivo de las fuentesde energía alternativas en la península, la p...
9. Noches a 27ºSentada en el porche, intentaba combatir el calor bochornoso con unagranizada de limón.En el silencio de la...
10. La neblinaAlgo extraño pasaba en la laguna. Desde hacía varios días una densa neblinala cubría impidiendo ver nada. No...
11. La canción“Otro país, otra ciudad, otra vida, pero la mismo mirada..." La canción deAmaral seguía sonando y pensaba qu...
12. La tormentaEl cielo empezó a oscurecerse barruntando tormenta. Hacía mucho tiempo queno llovía. Hacía muchos meses que...
13. YewolffEl árbol caído le sirvió para esconderse del lobo. Al cabo de un buen rato seatrevió a levantarse y decidió vol...
Yewolff miró a la luna y aulló con su hocico cubierto de sangre. Se dirigió haciala aldea y atacó el primer rebaño de ovej...
14. Pensaba en ella…Pensaba en ella, cada momento, pensaba en ella... La que ya no estaría al otrolado del hilo, esperándo...
15. Diluvio 2011Tras una ola de calor asfixiante el cielo empezó a cubrirse de negrosnubarrones. La tarde se oscureció y l...
16. Fort xcv34Fort xcv34 era un robot que enseñaba a los hombres a vivir en paz. Esa era lamisión para la que había sido c...
17. El compositorHojas muertas de varias tonalidades tapizaban el suelo del parque. Al andarsobre esta alfombra vegetal el...
18. IDP 543Al bajar del tren sacó un pitillo, buscó el encendedor y ¡vaya! no estaba en elbolsillo de su chaqueta. Entonce...
19. Carrera nocturnaLa Luna llena brillaba iluminando el sendero. Los árboles proyectaban sombrasfantasmagóricas a su alre...
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Antologia de relatos cortos (2009-2012)

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Recopilación de relatos cortos, escritos entre 2009 y 2012, por María Mercedes Humanes Ramírez

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  1. 1. ANTOLOGÍA DE RELATOS CORTOS (2009-2012) De María Mercedes Humanes Ramírez 1. EllaPensaba que su vida se había acabado. Iba de habitación en habitaciónbuscando su presencia, necesitaba su voz, su olor, su risa...Ahora se daba cuenta, tarde ya, de cuánto la quiso. Toda una vida juntos. Enesa casa nacieron los hijos; de esa casa se marcharon un día; y ellos, volvierona estar solos, como al principio, como dos enamorados.Pero, ella, enfermó y tras unos meses de lucha inútil, se fue para no volver. Suamada, su compañera, le había abandonado dejándole.Sonó el timbre de la puerta y saltó del sillón, pensando que sería ella que volvíade la compra. Pero, no, imposible, ¿cómo se le había ocurrido? El timbre siguiósonando y le sacó de su ensoñación. ¿Quién sería? ¿Quién vendría amolestarle si él quería estar sólo para llorar su dolor?Se dirigió hacia la puerta, pero, quiso la mala suerte, que tropezara con el picode la alfombra y cayera al suelo...Su hijo mayor, después de llamar varias veces sin obtener resultados, semarchó.Estuvo mucho tiempo en el suelo, no sentía dolor. El timbre había dejado desonar y había oído pasos que se alejaban.No supo cuánto tiempo había pasado hasta que pudo levantarse. Apoyándoseen una silla cercana comenzó, poco a poco, torpemente, a levantarse del suelohasta que se puso de pie. Estaba mareado y dolorido. Se dirigió al sofá, sesentó y notó algo pegajoso en su nuca. Era un hilillo de sangre, pegajosa,caliente, que manaba de su cabeza, se había golpeado al caer pero, ¿con qué?Miró buscando y entonces vio un tiesto roto en el suelo. Oh, era la plantapreferida de su esposa, y él en su torpe caída la había roto.Se lavaría la herida y saldría a comprar otro tiesto para colocar la planta y queella no lo notase. Lo dejaría todo limpio, no quería que viera las manchas desangre y se asustara.¡Dios mío! Pero, ¿qué estaba diciendo? Si ella ya no está, con el golpe lo habíaolvidado. Probablemente, había perdido el conocimiento al caer y... 1
  2. 2. Fue al baño, se lavó como pudo la herida y se puso una venda alrededor de lacabeza.De nuevo, comenzó a recordarla, allí, peinando sus blancos cabellos y con suslabios rojos. Recordó como le gustaba verla vestida de rojo, su color favorito yella, coqueta, pintaba con carmín del mismo tono sus labios. Cuando fueron aMallorca o el viaje a Italia, inolvidables momentos. Ahora estaban ilusionadoscon un crucero pero, ella se ha ido para no volver.Le dolía la cabeza enormemente, se tomaría un analgésico, no sabía cual, ellasiempre sabía lo que él tenía que tomar.Estaba en la cocina, cuando sintió que alguien abría la puerta de la casa conllave y se asustó. Cogió un cuchillo y se quedó quieto, en silencio. Entonces,oyó una voz familiar, pero, era ella, su esposa. No podía ser. Sin duda el golpele había trastornado.Pero, bueno - dijo ella- ¿es que hoy no piensas levantarte? Y abriendo lascortinas del balcón del dormitorio, le dijo: -Hace un día precioso, mira por elbalcón como luce el sol. Venga, levántate, que tenemos que preparar elequipaje. ¿Equipaje?-dijo él- Claro, hombre, mañana nos vamos de crucero. 2
  3. 3. 2. ClaustrofobiaTenía que encontrar la manera de salir de aquel lugar siniestro.Buscó desesperadamente algún resquicio de luz, un soplo de aire..., pero nadahalló.El miedo le tenía paralizado. Nunca había estado allí. Seguramente lo estabasoñando. Pero, no parecía un sueño. Estaba de verdad allí. ¿Cómo se dejóconvencer?No podía recordar con claridad. Ah, sí, había mucha gente, la masa le llevaba ysin darse cuenta entró. Luego se desmayó. Cuando despertó estaba totalmentesolo y a oscuras. De pronto, un sonido familiar alertó sus sentidos: sería eldespertador, era un sueño, como había pensado antes. El "Imagine" de JohnLennon volvió a sonar. No, no era el despertador, era su teléfono móvil leavisaba de la llegada de un mensaje.El móvil siguió llamándole, pero no, no lo cogería, seguramente era una trampa¿una trampa? Sí, se refería a que si lo descolgaba, una teleoperadora lesaludaría con una amable retahíla e intentaría abonarle a la TV por cable o a laADSL con 8 megas. Pero, ¿y si estaba equivocado? ¿Y si era alguien quepudiera salvarle?De todas formas debía hacer algo que le liberase, aquella situación erainsostenible y más tarde o más temprano... Decidió que cuando sonara otravez, lo descolgaría.Pocos minutos después volvió a sonar. Lo descolgó, era publicidad.Siguió pensando.Lo mejor sería llamar al teléfono de emergencias. ¿Cómo no se le habíaocurrido antes?Estaba empapado en sudor. Le faltaba el aire y no podía respirar. Se quitó eljersey. Su boca estaba seca. El corazón le palpitaba de tal modo que pensóque le iba a dar un infarto. Moriría allí, sólo, sufriendo...Marcó ¡por fin! el 112..., y poco después llegaron los bomberos y pudo salir delascensor, parado entre las plantas 14 y 15. 3
  4. 4. 3. S.C.P.La lluvia golpeaba con fuerza los cristales empañados. Hacía frío en lahabitación y la chimenea se estaba apagando. Se acercó a la ventana y ungolpe de viento la abrió, permitiendo que el agua y el frío calaran su cuerpo,mientras intentaba cerrarla. Una vez cerrada, se puso el impermeable y lasbotas y salió a recoger leña del cobertizo.Avivaba el fuego, cuando sonó el teléfono. ¿Sería ella? ¿Qué le diría? ¿Iba avolver o…? Con tanto divagar, cuando levantó la horquilla, ya no había nadie alotro lado.Se quitó la ropa mojada y dejó que un albornoz secara su cuerpo. Se echó unacopa de pacharán y se sentó frente al fuego.Ring, ring…, el teléfono volvió a sonar, se apresuró a cogerlo. La copa cayó alsuelo. ¿Sí? ¿Dígame? Y se oyó una voz de autómata diciendo: “Le habla AidaValdemás, de Ring-Ring, de S.C.P., Sociedad de Comunicaciones Planetarias.Si quiere que le informemos de nuestras ofertas, marque uno; si desea colgar,marque dos; si desea mandarnos a freír espárragos, marque tres; si desea queella vuelva, marque cuatro, pero vístase y vaya corriendo a buscarla”. 4
  5. 5. 5
  6. 6. 4. El conciertoAquel concierto fue sorprendente.Cuando decidió acompañar a sus amigos al concierto lo hizo sin muchoconvencimiento. No conocía a las bandas que actuaban, se encontraba fuerade la onda, pero ellos la animaron diciéndole que eran muy buenos, que lopasarían bien, que a ella le hacía falta desconectar del trabajo...El viaje no se le hizo demasiado largo y antes de darse cuenta habían llegado ala ciudad. Después de pasar casi una hora buscando aparcamiento, por finencontraron uno que no quedaba demasiado lejos del apartamento que habíanalquilado. Iban a estar en aquella ciudad provinciana tres días.Subieron al apartamento, séptima planta, y descubrieron, maravillados quetenía una terraza enorme y con unas vistas impresionantes. Se veía el mar,toda la bahía, el puerto, el faro y gran parte de la ciudad.Cenaron temprano y se marcharon al primer concierto.Cuando llegaron tuvieron que guardar cola para entrar y una vez pasaron alestadio, buscaron sus asientos. Posiblemente, decía una de sus amigas, selevantarían más de una vez, porque Storm era una banda fabulosa que con sustemas te hacía estar de pie y bailar.Empezó el concierto, estaban cerca del escenario, la tercera fila y podían ver algrupo bastante bien, sin necesidad de mirar a la pantalla gigante que habíancolocado. Su estilo no era, según su opinión, muy definido. Rock, baladas y alfinal se pasaron al blues.En un pequeño descanso, el vocalista empezó a presentar a su banda, y cadauno de ellos hizo una demostración de su arte con los instrumentos, como eshabitual en estos casos. Cuando le tocó al batería, que no le había parecidomuy bueno (y es que era fan de Phil Collins), se levantó para que el público leviera. Le resultaba familiar, había algo, no sabía muy bien que era. Bah, ¡quétontería! Sólo le vio un instante porque se sentó para tocar. Empezó a darvueltas en su cabeza, lo más seguro es que le hubiese visto en TV o en algunarevista. Y se olvidó de él.El concierto estuvo bien, sus amigos decían que muy, muy bien, que era unabanda fantástica, etc. Ella no opinaba igual, pensaba que había grupos muchomejores que Storm.Se fueron a un pub y tomaron unas copas. El ambiente estaba cargado dehumo y le dijo a sus amigos, que eran fumadores, que iba a salir a tomar unpoco de aire fresco.Se salió a una terraza que daba a la playa. Respiró el aire limpio y fresco y setomó un trago de su copa. Estaba ensimismada, cuando notó a alguien muycerca, demasiado -pensó- que le susurró algo que al principio no entendió. Se 6
  7. 7. volvió y en la penumbra, un hombre muy cerca de ella, le volvió a hablar muybajito: ¿Te gusta la Piazza Nabona? ¿Piazza Nabona? Era una pregunta fuerade lugar, pero que ella pronto comprendió. Solo había una persona que lepodía preguntar eso, estando como estaban en España, a cientos de km deRoma. Efectivamente, era él, el hombre que conoció en aquella plaza romana,junto a la Fuente de los Cuatro Ríos...Pero, ¿cómo estaba aquí? ¿Cómo eraposible ese reencuentro, deseado durante tanto tiempo, pero no buscado?Comenzaron a hablar, sin apenas salirle las palabras, nerviosos, eran dosdesconocidos después de tantos años, más de veinte. Ella pensabarápidamente, mientras le escuchaba, se habían enamorado allí en la Fuente,cuando sus ojos se encontraron y él le pregunto aquello de ¿te gusta la PiazzaNabona? Estuvieron juntos dos días. Él le pidió matrimonio ¡qué locura! Sólohacía dos días que se conocían, pero, no hacían falta más.Luego, los convencionalismos sociales pudieron más y la vida les separó.Nunca más supieron el uno del otro hasta ese instante. Ella se llevó muchotiempo colgada, pensando en él. Pero, ahora... Él le dijo que estuvo tres añosbuscándola y es que ni siquiera sabía sus apellidos ni su dirección. Ella, calló.Muda y emocionada, asustada porque en su interior todo se revolvía y renacíanlos sentimientos.Sus amigos vinieron a buscarla y ¡sorpresa! Pero, bueno - dijo uno de susamigos- fijaos, así que no te gustaba mucho la banda, y ahora nos deja por elbatería-Ni se había dado cuenta que era la misma persona. Claro, por eso le habíaresultado familiar. Y aquí con los nervios, la poca luz, etc., no le habíareconocido como el batería.Se despidieron. Él dijo que tenía que madrugar para los ensayos, que al díasiguiente iba a estar por allí.Su amiga la asaeteó a preguntas y ella le respondió a algunas. Le dijo que sehabían conocido en Roma hacía muchos años y nada más.Esa noche apenas durmió. Pensaba en el pasado y el presente. Siempre habíadeseado ese reencuentro. Mañana haría por verle, aunque realmente tampocohabían quedado.Al día siguiente, el concierto le gustó más, era un grupo que tocaba sobre todoblues y el saxo era genial. Ya lo había conocido en otros conciertos. Estabainquieta pensando en que iban a volver a verse.Cuando finalizó el concierto no sabían a dónde ir, y sus amigos propusieron ir aotro local que les habían recomendado, dónde ponían unos mojitos muybuenos. Ella no fue, les dijo que se iba al apartamento, que estaba cansada.Pero, sí, como imagináis, mentía. Se marchó, después de aguantar lasprotestas de los amigos, directa al pub del día anterior. Se pidió un vodka connaranja y se salió a la terraza. Cuando llevaba allí casi una hora, pensó 7
  8. 8. marcharse. Seguramente no habría podido venir o se había olvidado. Era unatonta por pensar que todavía podía haber algo entre ellos.Pasó al interior y frente a la terraza le vio. Estaba sentado con una chica yparecían más que amigos. Él la vio y se dirigió a ella. Le dijo que no semarchara, que estaba saliendo con aquella chica, pero que no era nada serio, yque si le apetecía salir a dar una vuelta, se excusaría con su acompañante ysaldría con ella.No le pareció bien pero, pensó que tenían mucho de que hablar, así queaceptó. Mientras él volvía se pidió otra copa y casi la apuró de golpe. Fue albaño y se miró al espejo, estaba pálida. Se retocó el maquillaje y se peinó.Quería que él la encontrara atractiva.Salieron y él empezó a explicarle la odisea de aquellos tres años, buscándolaen su ciudad. Hablando se dieron cuenta que habían llegado a estar muy cercay sin embargo no se habían encontrado. Él empezó a tocar con un grupo ybueno, a viajar, giras, conciertos... Y se le había pasado el tiempo. Le preguntóque había hecho ella.Callada, no supo que decir, pero pronto se vio desgranando sus recuerdos deesos veinte años, su vida y se la contó. Había estado cinco años sin salir connadie, pensando que él vendría, no sabía como, conseguiría encontrarla. ¿Ydespués qué pasó? Le preguntó si se había casado.Había terminado la carrera - le dijo- y se marchó a Roma. Consiguió trabajo enel Instituto Cervantes y allí seguía. Ahora estaba de vacaciones. No le dijo quetodos los días iba a Piazza Nabona y pasaba mucho tiempo mirando la fuente,el obelisco y a los hombres que allí se paraban solos. Y luego se marchaba asu casa. Llevaba catorce años haciendo lo mismo, soñando con aquelencuentro, rechazando las relaciones que entablaba cuando empezaban ellosa querer formalizarla. No, no se había casado.Entonces él, cogiéndola del brazo, le propuso de nuevo matrimonio.Ella, entonces, pensó en todos esos años en los que no había vivido, sustardes en Piazza Nabona, las relaciones cortadas, los viajes que nunca hizo,los hijos que no tendría nunca... De pronto, se dio cuenta, había perdido mediavida pensando en una ilusión, en alguien a quien no conocía, en alguien queera capaz de estar con una chica y a la media hora pedirle a otra que secasaran. Se dio cuenta de que aquello no era amor, sino un espejismo de lajuventud que había trastornado toda su vida. Abrió su bolso y sacó una pistolapequeña, calibre 22 y le disparó a bocajarro. Una sonrisa se dibujó en suslabios.Ya se había acabado su problema, ya no tendría que ir al psiquiatra nuncamás. Un simple concierto había sido la clave para arreglar su espíritu. Nuncaimaginó que llegaría a sentirse tan en paz consigo misma. Ya no másantidepresivos, ansiolíticos o vodka. 8
  9. 9. Él, con ojos de sorpresa, la miraba mientras caía al suelo y un reguero desangre manchaba su ropa. El disparo le había dado en el pecho.Ella, guardó la pistola en el bolso, le miró fríamente a los ojos y se marchó,tarareando uno de los temas de los Storm... 9
  10. 10. 5. La tetera humeanteLlovía incesantemente. Se había refugiado en aquel café, que era su favoritodesde hacía tiempo. Pidió un té y al poco tiempo, el camarero le sirvió unatetera humeante de la cual emanaba un dulzón y agradable aroma a canela ymenta.Mientras se tomaba una taza, a pequeños sorbos, lentamente, miró a través dela ventana empañada por el calor del local. La gente se apresuraba de aquípara allá, calándose bajo la lluvia. Se estremeció, un espasmo de frío leprovocó un ligero temblor y le obligó a echarse el abrigo sobre los hombros.Aquel café se encontraba en una plaza de la cual partía una alameda. Losárboles desnudos se mecían con el viento...Desde hacía años, su empresa la enviaba a esa ciudad para presentar lanueva campaña de sus productos. Siempre en la misma fecha. Siempre lalluvia era la protagonista en los pequeños ratos libres y su refugio, el café. Lehubiera gustado ir alguna vez en primavera y pasear bajo los álamos, y oler lasrosas de los jardines...Se sirvió otra taza y empezó a recordar la segunda vez que estuvo allí. Ese añono había ido sola, la había acompañado Esther, su secretaria. Tenían que ver auno de los clientes cuando, de pronto, les sorprendió un aguacero y buscandodonde protegerse, encontraron este café. Fue Esther la que pidió esta variedadde té, y a ella le gustó tanto, que ya siempre lo pedía.Recordó a Esther, una vez más. Imposible no recordar. Tendría que haberdejado de ir a esa ciudad y a ese café. El aroma de su taza le hacía evocar asu secretaria, lo que le producía una extraña y dolorosa sensación.Habían charlado mientras esperaban a que escampara. Esther llamó al clientey atrasaron la cita para una hora después de la concertada. Era una chica muyagradable y eficiente. Además prefería ir acompañada, y sus jefes no pusieronningún problema cuando les dijo que viajaría con ella.Esther, se disculpó, y fue un momento al baño, dejando caer su abrigo en lasilla.Pasaron quince minutos y Esther no volvía. El móvil empezó a sonar con unacancioncilla vulgar y al poco se calló.Veinticinco minutos. Le pareció mucho tiempo. Iban a llegar tarde a la cita y nose lo podían permitir, la empresa necesitaba a aquel cliente.Bueno, quizás se estaba retocando, pero, su móvil volvió a sonar. Miró lapantalla sin atreverse a contestar. No le parecía bien, podía ser alguna llamadaprivada. Era una llamada oculta.Treinta minutos. Se levantó y fue hasta el baño. Pensó que tenía que haber ido 10
  11. 11. antes, ¿y si le había ocurrido algo?El baño estaba cerrado. Llamó y nadie respondió. Volvió a llamar, pero nadierespondía.Saliendo, se acercó a la barra y le explicó al camarero lo que ocurría. Este,tomando la llave, fue con ella e intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada pordentro... Entonces, empezó a empujar, fuertemente, hasta que una fuertepatada hizo saltar el pestillo...Allí no había nadie.Le dijo que eso era imposible, la había visto entrar, no le cabía la menor duda,y no había salido. Su abrigo, su móvil estaban allí en la mesa. El baño no teníaventana.Pero Esther había desaparecido, sin dejar rastro, delante de sus narices yjamás volvió a saber de ella. 11
  12. 12. 6. Estación NowhereEntró en el vagón y buscó con la mirada un asiento libre, vio uno, y se dirigióhacia él y se sentó. Miró por la ventanilla, en el andén la gente iba y venía consus maletas. Se fijó en aquellos que estaban subiendo y entrando por la mismapuerta que lo había hecho él un poco antes. Hacía frío fuera y se colaba en elinterior. La puerta se cerró, finalmente, y el tren se puso en marcha.Cansado, pronto empezó a dormitar; los párpados le pesaban tanto que eraincapaz de mantener los ojos abiertos. Frente a él se habían sentado unaseñora de unos sesenta años y un chico de unos quince. La mujer desgranabaun rosario y murmuraba sus oraciones; el chico escuchaba música de su mp4 através de unos auriculares minúsculos que casi no se veían.Sujetó fuertemente la mochila y se durmió, profundamente. El tren tomabavelocidad y en treinta y cinco minutos llegaría a la primera estación, Cadwell.Una vez se equivocó y bajó allí, luego tuvo que esperar durante dos horas alsiguiente tren.En Cadwell bajó el chico y subieron varios pasajeros. Uno de ellos ocupó elasiento que había dejado el chico al marcharse. Parecía extranjero y la señorale miraba de reojo mientras continuaba con sus rezos.El revisor llegó y pidió los billetes. Cuando le entregó el suyo, lo miró y lepreguntó si estaba seguro de ir a aquella estación. Él le contestó que sí, quecómo no iba a estarlo si él mismo lo había elegido.El tren cruzaba por un valle salpicado de pequeños huertos, que le daban unadiversidad cromática al paisaje. Era Butterflies’ Valley.Al cabo de cuarenta minutos empezaron a recorrer un terreno montañosocubierto de árboles enormes. Cada vez estaban más altos y el bosque se ibaaclarando, dando paso a una zona de escasa vegetación arbustiva. Pequeñascasas se veían dispersas por las montañas.Dos horas más tarde, el tren paró en un pequeño apeadero y la señora delrosario llegó a su destino. Miró como bajaba, torpemente, al andén, cargandocon una enorme maleta y mirando asustada a ambos lados. Allí no había nadie.La señora se sentó en un banco y al momento apareció una chica de unostreinta años, rubia y cubierta con una gabardina. Le ayudó a levantarse, cogióla maleta y la llevó hasta un automóvil. Subieron ambas y antes de que sefueran, el tren comenzó a moverse.Sólo quedaban en el vagón el extranjero (o el que lo parecía) y él. Apenas sehabía fijado en el pasajero, le miró y sus miradas se cruzaron. En ese instanteun escalofrío le recorrió la columna vertebral. Miró a ver si estaba abierta lapuerta, pero estaba herméticamente cerrada. El hombre le preguntó algo queno entendió, pero, dándose cuenta, le alargó su mano con el ánimo deestrecharle la suya. Se presentaron y entablaron una educada conversación.Menos mal que ya se le había quitado el sueño. La verdad es que habíadormido profundamente. El pasajero se llamaba Adrien.Nuestro hombre, Glenn, le preguntó a Adrien que a dónde iba y casualmenteiban al mismo lugar. Eso estaba bien, porque así conocía a alguien, por lomenos y le ayudaría a instalarse. Iba destinado como médico a aquel remotolugar.Adrien, entonces, en tono confidencial, le dijo, que no se preocupara, que él nosólo conocía aquel destino, sino que tenía como misión acompañarle, que ese 12
  13. 13. era el motivo de su viaje. ¿Cómo es eso?- preguntó Glenn- ¿te mandan delministerio?Adrien le dijo que no, que a él le enviaban las altas esferas para hacerle másfácil su llegada.Faltaban quince minutos para llegar a su destino. Mirando, sin que le viera, sedio cuenta que Adrien era bastante raro. Vestía totalmente de negro,escrupulosamente elegante, zapatos italianos, corbata negra de seda. Le llamóla atención que un hombre tan bien vestido y con tanta clase tuviera las uñaslargas, muy bien cuidadas por supuesto. ¿Sería músico? ¿Y cómo le habíanenviado para acompañarle? Él no era tan importante, sólo era un médico depueblo.Sintió que el tren paraba. Cogió su mochila y se la puso a la espalda. Miró sureloj, sincronizado con el de la estación. Bajaron, y el jefe de estación les mirócon una sonrisa y les dijo –Bienvenidos a Nowhere. En este lugar todo el queviene, se queda- Y haciendo un guiño a Adrien se fue. Parecía que hoy se ibacruzar con gente cada vez más extraña.Adrien le dijo que tendrían que andar un poco, que allí no había taxis, y sepusieron en marcha. No sabía a dónde se dirigían ni por qué obedecía aalguien que acaba de conocer y que le producía desasosiego.Tras media hora andando por un camino llegaron a un túnel oscuro y lóbrego.Adrien le dijo que al final estaba su destino. Hacía frío y olía a humedad.Acompañó a Glenn durante un trecho, se paró y después de un instante siguiócon él. Cuando llegaron al final no le dio tiempo a ver nada. Se precipitó alvacío.Adrien, encendiendo un cigarrillo, murmuró: - uno más y dejo esto -. Estoycansado de esta rutina. Le gustaba más su antiguo uniforme y sobre todo laguadaña, pero es que con él ya no engañaba a nadie y la gente huía.Recordaba aquellos tiempos en los que la Peste asolaba Europa y no le faltabatrabajo, pero ahora cada vez tardaban más en hacer el viaje, por eso tenía queutilizar toda una serie de artimañas para llevarlos al más allá… 13
  14. 14. 7. La espera"No amanecerá hasta que llegue. No importa que pasen horas, días osemanas, años quizás. Cuando los débiles rayos del sol de invierno iluminen sualmohada, sabrá que es el día. Y se pondrá el vestido rojo, el que tanto legusta. Sonará en la radio esa canción, sí, la que bailaron la tarde que semarchó. Entonces oirá el timbre de la puerta y, temblorosa, saldrá a abrazarle ydarle los buenos días como si nada hubiera pasado."Este pensamiento se quedó grabado en su mente. Los días iban pasando. Lassemanas, los meses se sucedieron. A un invierno le sucedió otro y otro, peronadie llamó a su puerta.Por fin, un día alguien llamó a la puerta, primero al timbre, después con losnudillos golpeó fuertemente y esta se abrió. Pasó al interior, sonaba unacanción romántica muy antigua. Estaba el salón oscuro, encendió la luz y echóuna ojeada. Entró en la habitación contigua y frente al ventanal, en un sillóndesde el que se observaba la gente que iba y venía por la avenida, encontraronel cuerpo momificado de una mujer de larga melena blanca con un preciosovestido rojo. 14
  15. 15. 8. La MareaSentada en la mecedora, contemplaba el horizonte enrojecido por un solinmenso que desapareció de repente. Nunca se acostumbraría a los ocasosrepentinos de aquellas latitudes. Echaba de menos, cuando en verano seacercaba a la playa cada tarde a mirar extasiada el ocaso, grabando en suretina la lenta caída de la tarde.Aquella playa a la que tantos veranos fue y a la que después del desastre novolvió.Nadie había imaginado que aquel accidente, en principio, de poca importancia,produjera una marea negra de tal envergadura, que desde el primer momentotuvo nombre propio, como las tormentas tropicales: La Marea. Sí, porqueaquella había sido la más gigantesca marea negra producida en la historia deaccidentes de los petroleros. Ni la del Exxon Valdés ni la del Prestige podíancompararse, para desgracia nuestra con La Marea. La gente olvidó el nombredel petrolero, su bandera y cantidad de toneladas de crudo derramadas, esosdatos casi no eran relevantes, sí lo eran los daños causados.Todo ocurrió cuando un superpetrolero procedente del Próximo Oriente chocócerca del puerto de Algeciras con un ferry que llegaba procedente de Canarias.Al ferry se le abrió una vía de agua en la popa y rápidamente tuvo que pedirayuda e iniciar el salvamento del pasaje. El petrolero parecía no tener dañosirreparables por lo que el capitán decidió llevarlo al puerto para examinarlo mása fondo.Las autoridades de Algeciras no le daban permiso para atracar y finalmente,serían las de Gibraltar las que se ofrecieron a dárselo. No obstante, hubo unasituación bastante tensa entre las dos administraciones que acabórepentinamente al oírse la explosión.Aquello era el fin del mundo, el mar ardía, el crudo esparcido...Aquella explosión se oyó en muchas millas a la redonda y en ambos lados delEstrecho. En Tánger corrió el rumor de un atentado terrorista; en la baseconjunta de Rota se pusieron en alerta máxima; el Peñón, que durante sigloshabíamos reclamado, fue la zona más dañada: había desaparecidoliteralmente. Las llamas se habían propagado rápidamente por el puerto yaeropuerto de Gibraltar y siguió por la ciudad. Por las faldas del Peñón,horadado por túneles y baluarte defensivo de la colonia, empezaron a subir lasllamas y pronto una cadena de explosiones en su interior hizo que se hundieraparcialmente.El caos invadió toda el área, hubo descoordinación entre Gibraltar y Londres,entre Londres y Madrid, entre Madrid y Sevilla y también entre esta última y lasautoridades civiles y portuarias de Algeciras. Se hablaba de como unsubmarino nuclear que se estaba reparando en el Peñón había desaparecido.Los muertos se elevaron a miles; los daños materiales, incalculables; el crudovertido, casi doscientas mil toneladas, acabó con la vida en el Estrecho y elincendio formó una nube negra que se elevó varios km...Respecto a La Mareaacabó contaminando y llenando de chapapote todas las playas del sur deEspaña y norte de Marruecos y Argelia...Ahora, treinta años después, recordaba como tuvieron que emigrar muchísimosandaluces, como ella y su familia, que lo perdieron todo habían ido aMauritania, donde se establecieron y levantaron un negocio hostelero. Tuvieronmucha suerte, primero por salvar su vida y segundo por la buena acogida quela industria turística tuvo en Mauritania y Senegal. 15
  16. 16. La Marea tuvo también un efecto positivo: el desarrollo masivo de las fuentesde energía alternativas en la península, la prohibición de navegar a lospetroleros por el Mediterráneo, los británicos finalmente nos habían devuelto elPeñón (o lo que quedaba de él).Ahora, treinta años después, recordaba como tuvieron que emigrar muchísimosandaluces, como ella y su familia, que lo perdieron todo habían ido aMauritania, donde se establecieron y levantaron un negocio hostelero. Tuvieronmucha suerte, primero por salvar su vida y segundo por la buena acogida quela industria turística tuvo en Mauritania y Senegal.La Marea tuvo también un efecto positivo: el desarrollo masivo de las fuentesde energía alternativas en la península, la prohibición de navegar a lospetroleros por el Mediterráneo, los británicos finalmente nos habían devuelto elPeñón (o lo que quedaba de él). 16
  17. 17. 9. Noches a 27ºSentada en el porche, intentaba combatir el calor bochornoso con unagranizada de limón.En el silencio de la noche todo un universo de sonidos le acompañaban.Chicharras, grillos, el mochuelo, unos perros ladrando en la lejanía, algúnmaullido…El cielo estaba enrojecido, apenas se vislumbraba la ciudad cercana, envueltaen una atmósfera turbia y asfixiante. No se movía ni una hoja de los álamos.Olía a jazmín, a dama de noche y, sí, también olía a humo.En algún lugar cerca de allí se estaba quemando algo.Pensaba lo diferente que había sido el verano anterior. La habían enviado ahacer un reportaje sobre el turismo español en el Cabo Norte, en Noruega (esque últimamente les ha dado a los paisanos por allí) y pasó un mes en el paísnórdico disfrutando de su “verano”.Seguía llegando olor a quemado…El gato rozó su pierna y se le subió en elregazo, le acarició el lomo y lo echó al suelo. De pronto surgió en el horizonteun muro de fuego que avanzaba rápidamente hacia su casa. Menos mal,pensó, que estaban el río y la carretera que harían de cortafuegos. Suerte,también, la ausencia de viento, pues permitiría controlarlo más fácilmente.El aire se llenó de humo a la vez que las llamas seguían acercándose. Decidióque lo mejor sería coger el coche y acercarse por si podía ayudar. No habíarecorrido ni un kilómetro cuando se vio cercada por el fuego, asustada y sinsaber que hacer, pensó que lo mejor sería pedir ayuda pero, ¡oh, no! No habíacogido su móvil…Gritó pidiendo auxilio, tosiendo, asfixiándose. Entonces oyó¿la sirena de los bomberos? ¿La de la ambulancia? Ya no oía nada, excepto elcrepitar de los árboles quemándose.¡Dios mío! No venía nadie a rescatarla. Moriría abrasada, bueno, lo cierto esque se quemaría después de morir asfixiada…Otra vez oyó el sonido de la sirena. Si al menos pudiera llegar al río, sesalvaría. Angustiada, sudorosa, apenas podía respirar, salió del coche e intentóorientarse. Calculaba que a unos trescientos metros delante de ella estaba elcauce y hacia allí la llevaron sus pies. Cuando iba a meterse en las aguas unsonido familiar hizo que se parase de golpe. ¡Son las seis de la mañana, horade levantarse!Desde que su hermana le regalara aquel despertador parlante nunca habíavuelto a llegar tarde al trabajo, por lo que le estaba muy agradecida… 17
  18. 18. 10. La neblinaAlgo extraño pasaba en la laguna. Desde hacía varios días una densa neblinala cubría impidiendo ver nada. No era una neblina grisácea o blanca, lo extrañoes que era verde... ¿Extraño? De ningún modo era extraño, llevan muchotiempo echando todo tipo de vertidos. ¡Puaff! Recordó cuando iba los sábadoscon su pandilla a bañarse y a coger ranas. El agua estaba limpia y cristalinapero, ahora se había convertido en una masa cenagosa, llena de espumanegruzca, no había peces ni ranas desde hacía una década. El viento empezóa soplar fuertemente, ululando, y la neblina comenzó a desplazarse endirección a la aldea. Pronto quedó envuelta y no podía verse nada. El vientohabía parado. No le dio tiempo, por más que corrió no pudo avisar a suspaisanos. Se quedó contemplando la niebla, parecía como si fuera una murallade malaquita por el color verde. Sí, una muralla que no podía atravesar pues talera su densidad. Después de unas horas el viento comenzó de nuevo a soplary formó un remolino que absorbió la neblina y la desplazó hacia las capas altasde la atmósfera hasta que desapareció. Corrió hacia las casas, un inmensosilencio envolvía todas las calles, no había nadie, todos (los 38 vecinos) habíandesaparecido, sólo quedaba él. Buscó por los alrededores, nadie halló, y seacercó a la laguna donde tampoco había nadie, pero algo había sucedido. Elagua era limpia y cristalina como en el pasado, todo estaba lleno de flores a sualrededor y las ranas croaban... 18
  19. 19. 11. La canción“Otro país, otra ciudad, otra vida, pero la mismo mirada..." La canción deAmaral seguía sonando y pensaba que hay canciones que parecen que las hancompuesto expresamente para ti. Su vida se reflejaba en el espejo de lacanción. ¿Su vida se reducía a una canción? ¿A esta canción? "Nos dijimosadiós y pasaron los años, volvimos a vernos una noche de sábado,..."Parecía una canción hecha por encargo. “La guerra ha acabado, pero lashogueras no se han apagado aún...". Ahora el silencio envolvía la fría tardeotoñal. Al recordarle le invadía la melancolía y después, rápidamente, unasonrisa se dibujaba en sus labios.Mientras ordenaba el cajón de la mesa encontró un sobre marrón. Norecordaba qué era, lo abrió y encontró un contrato y una nota que decía:"Querida quise que tuvieras una canción, la canción de nuestra vida. Charlie". 19
  20. 20. 12. La tormentaEl cielo empezó a oscurecerse barruntando tormenta. Hacía mucho tiempo queno llovía. Hacía muchos meses que no salía. Cerró la ventana y un fuertetrueno hizo vibrar los cristales. Las gruesas gotas de lluvia caían rebotandosobre el suelo. Se le ocurrió salir a dar un paseo y percibir el olor, olvidado, atierra mojada y respirar aire limpio. Tomó un paraguas, el bolso y salió. Secruzó con unos vecinos que entraban mojados que le dijeron algo que noescuchó. Les extrañaría que saliera con tan mal tiempo. Llegó al portal, abrió elparaguas y comenzó a caminar. Llevaba un buen rato andando cuando oyó unfuerte estruendo. Siguió su camino sin rumbo y anduvo hasta que dos horasdespués dejó de llover, y se encaminó de vuelta a casa. Cuando estaba cercaobservó la multitud y el caos que había en su calle. Policías, bomberos,ambulancias...Miró atónita sin ver lo que buscaba, su casa, el edificio dóndehabía pasado casi los dos años últimos años en un encierro voluntario habíadesaparecido y sólo quedaba un socavón gigantesco que lo había absorbido. 20
  21. 21. 13. YewolffEl árbol caído le sirvió para esconderse del lobo. Al cabo de un buen rato seatrevió a levantarse y decidió volverse a la aldea, tendría que avisar que lehabía visto, que Yewolff había vuelto.Hacía unos diez años que no se había dejado ver por la comarca y corrió elrumor de que un leñador lo había matado. Sin embargo, nadie supo nunca elnombre del leñador y era extraño, porque cualquiera que diese muerte a talbestia conseguiría la fama y podía ganar la recompensa ofrecida por el condeLudwige.No faltó quiénes decían que Yewolff era la encarnación del diablo y queatacaba por los terribles pecados cometidos por muchos de los habitantes delcondado.Ahora él podía asegurar que estaba vivo, pues era el mismo lobo, sin duda. Lehabía reconocido por la cicatriz que cruzaba en diagonal su cabeza,consecuencia de un corte dado con una espada por un caballero.Iba despacio, no quería hacer ruido y que Yewolff le oyera. Cuando creyó queestaba suficientemente alejado empezó a apresurarse hasta que inició unaveloz carrera camino de la aldea. Pronto divisó los tejados de pizarra y sobreellos la imponente mole del castillo con sus torres puntiagudas. Cayó variasveces, se levantó y siguió corriendo. La espesura del bosque y lasirregularidades del terreno le hicieron perder de vista la aldea en variasocasiones. De pronto volvió a divisarla desde un claro, pero, ¿cómo podía estartan lejos? Siguió hacia delante, cruzó el viejo puente romano y a partir de ahí elcamino ascendía suavemente. Ya tenía que haber llegado, pero la aldea no seveía, a pesar de que el bosque había quedado atrás y caminaba por unallanura. Seguramente, se había perdido. Estaba desorientado. Nunca en sustreinta años le había ocurrido algo así. Conocía aquella zona como la palma desu mano. Se paró e intentó pensar y reconocer el paisaje a su alrededor, nohallaba nada conocido allí, nada que le sirviera de referencia para retomar elcamino en la dirección correcta.De pronto, empezó a caer la noche. No podía quedarse allí, tenía que llegar,avisar a sus vecinos. Todos estaban en peligro, si Yewolff se presentaba en laaldea, no sólo peligraban las ovejas. La última vez que estuvo en la aldeahabían aparecido muertas gran cantidad de ellas y varios bebés.No veía nada, pero siguió avanzando. La luna apareció y empezó a iluminar elsendero. Al cabo de un rato pudo ver algunas luces y caminó hacia ellas. Oyóalgo y aterrado notó un escalofrío que recorrió su columna vertebral. Corríacada vez más deprisa, agotado, exhausto...Se dio un golpe con una rama quele hizo sangrar la frente. La sangre le nublaba la vista, pero las luces estabancada vez más cerca, a medio km más o menos. Se paró y con la manga selimpió la sangre de la frente y en ese instante percibió como las luces semovían rápidas hacia él. Eran dos antorchas que corrían a su encuentro,debían ser bandidos de los que se refugiaban en la espesura del bosque.Como él no tenía nada de valor, pensó que le dejarían marchar o a lo mejorincluso le ayudaban a encontrar el camino de su aldea. Las luces brillabancada vez más cerca cuando oyó un feroz aullido y sintió un enorme peso sobreél que le tiró al suelo. Era Yewolff, con sus brillantes ojos encendidos, que selanzó sobre él destrozándolo a dentelladas. Y en los últimos instantes de suvida comprendió que el lobo había estado acechándolo todo el tiempo paracaer sobre él y quitarle la vida. 21
  22. 22. Yewolff miró a la luna y aulló con su hocico cubierto de sangre. Se dirigió haciala aldea y atacó el primer rebaño de ovejas. Las campanas de la iglesiaempezaron a tocar, dando la alarma. El miedo se apoderó de los aldeanos alescuchar los aullidos del lobo y los balidos de las ovejas atacadas...Todos sequedaron en casa, rezando, pidiendo a dios que les perdonara sus pecados.El lobo, una bestia de gran tamaño, siguió sembrando la muerte a su paso...algunos hombres, con antorchas, salieron a buscarlo. No tenían armas ycogieron piedras y algunos aperos de labranza y fueron acercándose al animal,hasta que parecía que lo tenían acorralado. Pero el lobo se lanzó contra ellos,iniciando una feroz lucha, de la que todos saldrían malparados. Una antorchaprendió la ropa de un campesino y este gritando de dolor se tiró al suelo delredil, cubierto de paja, y todo salió ardiendo, incluido Yewolff. Los aullidos dedolor del lobo se oyeron hasta en el castillo. El conde se asomó por una de lasventanas de la estancia y observó como la aldea entera era pasto de lasllamas. Envió a los soldados para apagar el incendio, pero nada se pudo hacer.Todos los aldeanos habían muerto, la aldea era un montón de cenizas. 22
  23. 23. 14. Pensaba en ella…Pensaba en ella, cada momento, pensaba en ella... La que ya no estaría al otrolado del hilo, esperándole como cada día. Cuando dijo "gracias" tuvo elpresentimiento de que era su despedida y así fue. La incógnita siempre estaráen su cabeza: ¿sabía que había llegado su final? Había burlado durantedécadas a la Muerte para encontrarla. Había merecido la pena. No hubosoledad ni tristeza. Risas, canciones, palabras que se tradujeron en milhistorias...Mas, Ella, Morta, le acechaba implacable y cortó el débil hilo de suvida, ganando la partida. Pensaba en ella...Un fuerte dolor en su pecho leavisó. Debía tomar su píldora para seguir viviendo con ella en su pensamiento.Una vez que se repuso, salió a dar un paseo..., y una vez más, como cada día,ella iba a su lado cogiéndole de la mano. Él la miró dulcemente, sonrió ysiguieron paseando por el boulevard. 23
  24. 24. 15. Diluvio 2011Tras una ola de calor asfixiante el cielo empezó a cubrirse de negrosnubarrones. La tarde se oscureció y la noche llegó antes de lo acostumbrado;relámpagos y truenos no dejaron ni un instante de paz en toda la noche, sinembargo no cayó ni una gota de agua. Al amanecer una extraña luz grisamarillenta comenzó a extenderse por todas partes; no se veía el sol, sólo sepodía intuir. Muy pronto gruesas gotas cayeron con violencia y las callesquedaron anegadas en muy poco tiempo; la gente asustada no se atrevía asalir de sus casas. La ciudad quedó a oscuras y el caos hizo que cundiera elpánico. El agua seguía subiendo de nivel y muchas personas se encaramarona los tejados. Todo era inútil, no paraba de llover y se veían muchos cuerposflotando a la deriva, así como autos, muebles, máquinas tragaperras, figuras decartón-piedra, árboles y todo tipo de cachivaches. Dos, tres, cinco, diez metrosy subiendo el nivel del agua. Manzanas enteras bajo el agua quedandosolamente los altos rascacielos del distrito central. Nadie acudió a ayudarles ycuando una nueva noche llegó todo había desaparecido bajo las aguas. Nadiesobrevivió.Desde una montaña cercana en una lujosa mansión, Noah contemplaba elresultado de la cólera de su jefe, Teoxandro. Las Vegas*, moderna heredera deSodoma, había quedado bajo las aguas. Nunca le preguntó cómo lo hizo, no leimportaba. Cuando las aguas bajaran Teo le había encomendado una arduatarea: construir una nueva ciudad, Sinless City**, dedicada a la vidacontemplativa y a la oración.Notas:*Las Vegas se conoció también como Sin City o Ciudad del pecado.**Traducción: La ciudad sin pecado 24
  25. 25. 16. Fort xcv34Fort xcv34 era un robot que enseñaba a los hombres a vivir en paz. Esa era lamisión para la que había sido construido por Pieter van Hallen. Miles de copiasdel mismo habían sido llevados a escuelas de todo el mundo y los chicos leadoraban. Su filosofía del pacifismo y la no violencia había sido practicada pormillones de hombres en todo el mundo seguidores de un tal Mahatma Gandhique vivió en el siglo I antes de la Gran Crisis. Luego vinieron décadas en lasque los países más poderosos del mundo vieron como sus sociedades sedesmoronaban y los conflictos sociales se sucedían por todo el planeta. Ladegradación moral, la pobreza, el hambre, la falta de respuestas de losgobiernos democráticos a los ciudadanos se extendió de tal modo que hacia el2050 en el mundo reinaba la anarquía. Fue entonces cuando las guerrascomenzaron a extenderse, pero eran guerras entre vecinos, por lasupervivencia. Van Hallen era un chico con inquietudes; leyendo un libroantiguo encontró uno sobre robótica de principios del siglo XXI y se entusiasmócon aquellos antiguos robots que se construyeron para ayudar al hombre.Entonces tuvo una idea: inventar un robot que ayudara a la humanidad areconducir su camino, que les ayudara a ser buenas personas, que se amaranlos unos a los otros y así se acabarían las guerras. Se puso manos a la obra yen un año consiguió tener un prototipo. Ahora venía el gran problema, es decir,conseguir que alguna de las pocas empresas de alta tecnología que quedabanen el viejo Silicon Valley se interesara por su invento. Tuvo suerte y hubo dosempresas que se interesaron por el robot. No cabía duda que les interesabaque el mundo viviera en paz, porque en un mundo en paz sería más fácil hacernegocios y volvería a triunfar el neoliberalismo económico. Se unieron ambasempresas y decidieron ponerse en contacto con la agencia espacialponiéndose en marcha el proyecto de fabricación de centenares, miles derobots Fort xcv34. En menos de cinco años volvieron a florecer los estadosneoliberales, las ciudades recobraron su antiguo esplendor, las gentes eranfelices y una nueva sociedad de consumo se extendió por todo el mundo. 25
  26. 26. 17. El compositorHojas muertas de varias tonalidades tapizaban el suelo del parque. Al andarsobre esta alfombra vegetal el crujido producido por sus pisadas interrumpía elsilencio. El silbido del viento, y, a lo lejos se oía el fuerte oleaje. Pensó ytarareó una melodía a partir de esos sonidos, pensó en llegar pronto a casa ycomponerla. Una y otra vez se mezclaban en su cabeza esos sonidos queambientaban su paseo vespertino. De pronto, el ruido espantoso de unamotocicleta interrumpió al compositor que dirigió su mirada hacia el lugar dedonde provenía. Cuando desapareció por un callejón la moto, siguiócomponiendo mentalmente la que iba a ser -acababa de decidirlo- su obramaestra. Pensó que los instrumentos más adecuados serían los de percusión yviento. Bueno, cuando llegara a casa tocaría la melodía en el piano. Ansioso,aligeró el paso. El sonido de sus pasos cambió, caminaba sobre el asfalto. No,así no podía sonar su obra y decidió volver sobre sus pasos. De nuevo estabaen el parque. Caminó despacio, deprisa, corrió, saltó y comenzó a bailar deforma frenética. Apuntó mentalmente las notas. El viento sopló más fuerte.Reía como un loco ¡por fin iban a saber lo buen músico que era él! Tenía que ira su casa, ya estaba prácticamente en su mente toda la composición. Debíairse deprisa. En ese momento la sirena de una ambulancia le volvió ainterrumpir. Las notas bailaban de forma desordenada en su cabeza, serebelaban y querían incluir el ulular de la sirena en la obra. ¿Cómo me hacéisesto? Tenéis que seguir en el orden que yo he dispuesto. Hablaba en voz alta,no se dio cuenta de que había gente alrededor. Deambulaba por una granavenida, cercana al parque, pero aún estaba lejos de su casa. Siguiócaminando durante casi una hora. Ya estaba llegando pero ¿quién es esagente? ¿Por qué gritan? Era una manifestación. Los participantes coreabanuna serie de frases reivindicativas...Poco después, ante el piano, comenzó atocar con fuerza la melodía cuando sonó el timbre de la puerta. ¡Imposible! Noiba a poder recordar todas las notas. Euterpe, su musa le estaba abandonando.Abrió la puerta y se encontró con dos fornidos hombres vestidos de blanco quele empujaron contra la pared y le pusieron la camisa de fuerza...Cuando lometieron en la ambulancia del psiquiátrico, iban comentando "Cada vez nos lopones más difícil, Beethoven". 26
  27. 27. 18. IDP 543Al bajar del tren sacó un pitillo, buscó el encendedor y ¡vaya! no estaba en elbolsillo de su chaqueta. Entonces recordó que en el vagón restaurante unseñor muy mayor le había pedido fuego. Total, que lo había perdido. Eraimportante que lo encontrara, de hecho no podía llegar a su destino sin elencendedor.El tren ya había seguido su trayecto.Un pasajero encontró en el pasillo un encendedor, parecía valioso. Por uninstante decidió buscar al revisor y entregárselo. Seguro que a su dueño legustaría encontrarlo. Empezó a observarlo. Era plateado, tenía incrustadasunas piedras semipreciosas. Al tocar una de ellas, se abrió una especie decompartimento minúsculo y algo cayó de su interior. Buscó durante un largorato y al fin vio un cilindro dorado de proporciones casi microscópicas. Seagachó y lo cogió. Entonces sintió que sus dedos se quemaban. Sintió un dolorinaguantable y sus dedos se fueron descarnando a gran velocidad y en menosde treinta segundos sólo quedaban sus huesos en el suelo.Nadie encontró explicación para aquel suceso. En el pasillo de un tren habíaaparecido un esqueleto.Cuando leyó en el periódico la noticia supo enseguida que aquel esqueleto y suencendedor habían estado en contacto. El prototipo de destrucción instantáneaIDP 543 no podía perderse y llegar a manos del enemigo. Pero no sería difícilencontrarla, pues iría dejando pistas fáciles de seguir. 27
  28. 28. 19. Carrera nocturnaLa Luna llena brillaba iluminando el sendero. Los árboles proyectaban sombrasfantasmagóricas a su alrededor. Corrió más deprisa. "Debo apresurarme"-pensó.Se oyó una lechuza. Siguió corriendo, no podía parar, debía llegar antesque...Un desnivel del camino le hizo dar un traspié, perdió el equilibrio y cayó.Sus pies buscaban el suelo, quería levantarse pero no podía, seguía cayendo agran velocidad, a una velocidad de vértigo. No recordaba que hubiese ningúnprecipicio en ese bosque por el que llevaba años paseando. Un fuerte golpe enla espalda le produjo un intenso dolor y gritó. De pronto aparecieron seis lunasy una luz blanquecina lo cubrió todo. Tenía frío, un frío intenso que ibaparalizando su cuerpo a gran velocidad. Quiso gritar pero ningún sonido salióde su garganta. Las lunas fueron desapareciendo hasta que todo quedóoscuro. No podía moverse. Prestó atención, había oído algo como un pitido,¿un zumbido? ¿Qué podía ser aquello? ¿Había alguien cerca? ¿Por qué no leayudaba a levantarse? Pudo escuchar unos sonidos metálicos y quiso extendersu brazo para agarrarse, no sabía muy bien a qué, pero necesitaba levantarsey seguir corriendo, no podía quedarse en el bosque. ¿Dónde estaba la lunallena? Todo estaba envuelto en la oscuridad. Pasos, sí, ¡por fin alguien seacercaba! "Menos mal - pensó- me verá en el suelo y me ayudará alevantarme. Pero ¿qué es esto? ¿Por qué me han tapado el rostro?". Oyócomo los pasos se alejaban y tras ellos una puerta se cerró y entonces supoque ya NO podría correr más. FIN 28

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