cántico de las criaturas

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EL CÁNTICO QUE SAN FRANCISCO COMPUSO

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cántico de las criaturas

  1. 2. Antes de mirar estas pinturas , es bueno tener en mente varios elementos que han inspirado el ciclo pictórico: • El significado del Cántico yace en la vinculación íntima del universo cósmico con nuestro universo interior. • La imagen de Francisco toma a veces la forma del elemento representado. • El viaje de Francisco hacia el Altísimo es, paradójicamente, un viaje en el que desciende del cielo a la tierra. Este movimiento está expresado en las pinturas por la flexibilidad progresiva de la figura de Francisco y la dimensión disminuyente de las pinturas. • A los elementos cósmicos celebrados en el Cántico se le da un género, con la alteración que forman parejas (sol-luna; viento-agua; fuego-tierra); cada pareja es reconocible por el tamaño idéntico de las pinturas vinculadas.
  2. 3. Altísimo y  omnipotente buen Señor,  tuyas son las  alabanzas,  la gloria y el honor y toda bendición. | A ti solo, Altísimo, te pertenecen  y ningún hombre es digno de nombrarte. Francisco es una flecha dirigida al cielo; está totalmente elevado hacia el Altísimo, dirigido por entero hacia un punto; su existencia no es otra sino un ascenso hacia la primacía de Dios por medio de la renuncia absoluta a apropiarse de lo que es de Dios y sólo de Dios. El deseo de llegar al Altísimo lo ha liberado de toda ambigüedad y toda voluntad de poseer.
  3. 4. Alabado seas,  mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor Hermano Sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y  radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, refleja su luz. Francisco es el Sol: su alma es el centro de radiación de la divina luz que vive en él. Es un hombre que ha encontrado la raíz de su identidad  en la comunión íntima con Dios. Su alma llena de luz es una fuerza transfiguradora y profética de lo que está destinado a ser. 
  4. 5. Alabado seas,  mi Señor, por la Hermana Luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Francisco es la Luna, que acepta las fases de disminución y oscuridad sin ninguna pretensión de poseer la luz. En sus noches Francisco sabía cómo regocijarse en la contemplación de la luz reflejada en los rostros de otras criaturas y aceptar su mediación con humildad.  
  5. 6. Alabado seas, mi Señor, por el Herman o Viento y por el aire y las nubes y el cielo sereno y toda clase de tiempo, a través de los cuales a todas tus criaturas das sustento. Francisco es el Viento: su vida es una danza entre el cielo y la tierra en libertad absoluta de aquél que ha sido relevado del peso de toda posesión. Está incondicionalmente abierto a lo impredecible de la vida y sus continuos cambios .
  6. 7. Alabado seas, mi Señor, por la Hermana Agua que es muy útil y humilde y preciosa y casta. Francisco es el Agua: su corazón es un lago abundante del amor precioso y casto que él mismo ha acogido desde las Alturas, transformándolo en un torrente de agua capaz de irrigar el mundo.
  7. 8. Alabado seas, mi Señor, por el Hermano Fuego, por el cual iluminas la noche, y es hermoso y juguetón y robusto y fuerte. Francisco es el Fuego: se enciende de pasión por todo lo que vive, una pasión que calienta, ilumina y da vida sin destruir, consumir avariciosamente. Francisco permanece en equilibrio con el poder íntimo y misterioso de Eros, acogiendo su fuerza creativa, purificada y espiritualizada .
  8. 9. Alabado seas, mi Señor, por la Hermana Madre Tierra, que nos sostiene y  gobierna y produce frutos variados con coloridas flores y hierbas. Francisco desciende hacia el útero de la Madre Tierra, que guarda los secretos de su fecundidad. Como la semilla, Francisco se entrega por entero a la tierra y a su rudo contacto sin protección ni defensa, en obediencia  a la necesidad que lo desnuda de toda voluntad para así ofrecerse él mismo a la fecundidad del Espíritu.
  9. 10. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que lo soportan todo en paz, porque de Ti, Altísimo, coronados serán. Francisco es perdón, libre de cualquier reacción defensiva, se ofrece a sí mismo y abraza a todos los seres. A través del misterio de la cruz, ve en cada prueba, sufrimiento y laceración la posibilidad de extender sus brazos sin contar sus heridas para reestablecer la comunión y ofrecer regeneración.
  10. 11. Alabado seas, mi Señor, por nuestra Hermana Muerte Corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueren en pecado mortal. Bienaventurados a los que la muerte encontrará en tu santísima voluntad, porque la segunda muerte no les hará mal. Francisco, en la Muerte, es como el sol al ponerse: completa su descenso en el horizonte en total abandono. Porque para el hombre que está en paz y despojado de toda ilusión de posesión, el sueño de la muerte se convierte en una espera serena por el nuevo día que no morirá.
  11. 12. Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad. Francisco es una flecha dirigida hacia la tierra, que nos exhorta a reconsiderar los últimos lugares –tanto dentro como fuera de nosotros– como puntos de partida privilegiados desde los cuales comienza  nuestro viaje de integración

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