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Puede decirse que el continuo replanteo de la identidad sacerdotal, - como si no sesupiera lo que el sacerdote es, o como ...
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Específicamente, nuestro mal es lo que los antiguos llamabanacedia. Acedia es el pecadode pereza. Pero lo que los santos e...
3) GOZO Y TRISTEZAS DEL SACERDOTE EN LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA.¿Qué consecuencias tiene para la vocación sacerdotal el ...
observación (más que de reflexión) que provoquen para seguir examinando y pensando el hecho, tal como seestá dando y nos e...
curiosidad, importunidad, inquietud e inestabilidad,         a)Locuacidad, charlatanería conversación ociosa, intrascenden...
Estacuriositasopuesta a lastudiositasque es expresión de la caridad, deseo de conocer aDios y los misterios divinos, y es ...
sujeto de los predicados que la Iglesia atribuye a Cristo, se coloque una idea en lugar deun individuo”[15].“¿Qué puede te...
por Ortega para las Universidades en general, se ha seguido acentuando y se ha asentadosólidamente en la enseñanza filosóf...
confrontación con la civilización de la acedia es inevitable. Asentir a ella equivale a      avergonzarse de Jesucristo de...
Die EinflussHegels in deutscher Theologie: Christusereignis und Gesamtmenschheit, en: Zeitschrift f. Kath.[16]Theol. 93 (1...
GOZO Y TRISTEZAS DEL SACERDOTE EN LA                      CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA                            Horacio Boj...
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Retiro espiritual (sacerdotes)

  1. 1. Artículo tomado de http://www.horaciobojorge.org/espiritualidad.html el 25 de Julio de 2011. Por EymardPuerto, Misionero Redentorista GOZO Y TRISTEZAS DEL SACERDOTE EN LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA Lección Inaugural del Curso Lectivo en el Seminario San José Arquidiócesis de la Plata La Plata, 7 de marzo del 2001 Horacio Bojorge S.J.Exmo. Sr. Arzobispo de La Plata Mons. Dr. Héctor Aguer, Exmo. Sr. Arzobispo emérito Mons. Dr. CarlosGalán, Reverendo Padre. Rector del Seminario arquidiocesano San José, Dr. Fernando María Cavaller,estimadísimos formadores y profesores de este histórico seminario, estimados sacerdotes, seminaristas;familiares y hermanos en la fe: pienso que mi presencia aquí se debe, ya que no al conocimiento directo de mipersona, al conocimiento que he recibido y se me ha permitido expresar en dos libros recientes. En ellos hayun diagnóstico espiritual sobre la civilización en la que nos toca vivir. El primero, -escrito en 1995 ypublicado en primera edición en 1996 y en segunda en 1999-, se titula:“En mi sed me dieron vinagre. LaCivilización de la Acedia. Ensayo de teología pastoral”. El segundo, aparecido en 1999 y que es continuacióny ampliación del anterior, se titula:“Mujer ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización dela acedia”[1].Importanciadel hechoAl comenzar esta exposición quiero encarecer la importancia vital, existencial, que tiene-para todo creyente, pero de manera especial para el sacerdote-, el reconocer el hecho de laacedia, que he señalado y descrito en esos libros. Se comprenderá así que la acedia no es solamente una tentación propia de losmonjes del desierto sino que es el mal de la civilización moderna. Pero que además, nopermanece exterior a la Iglesia, sino que, convergentemente, se plantea agudamente,también desde dentro del cuerpo eclesial, como una dolencia espiritual tan grave como noreconocida; o, -más exactamente-: tanto más grave cuanto menos reconocida, y tanto másgrave porque inadvertida. Una dolencia que, hasta ahora anónima, sin embargo urge diagnosticar, reconocer ytratar con remedios adecuados, para impedir que siga haciendo sus estragos en todos losniveles de la vida de la Iglesia. En particular en la vida del sacerdote y de los seminarios. Reconocer y comprender la naturaleza del hecho espiritual que nos afecta, no sóloes decisivo para orientar la pastoral y por lo tanto para la actividad del sacerdote, sino parasu vida sacerdotal misma y para el gozo y la fortaleza en su identidad y acción sacerdotal.Para realizarse gozosamente en su vocación. Espero que al final de mi exposición se pueda comprender mejor que es debido a laconvergencia de la acedia mundana con la acedia eclesial, que la identidad sacerdotal estásiendo duramente cuestionada y replanteada por muchos, no sólo desde fuera de la Iglesiasino desde dentro. La pregunta acerca de la identidad del sacerdote, como si fuera algodesconocido, por descubrir o por redefinir, no sólo la plantea provocativamente el mundo,que una y otra vez arroja sobre el tapete y problematiza rasgos esenciales de la vocaciónsacerdotal como son el celibato, la ordenación de mujeres, etc. Sino que se la estánplanteando, con frecuencia e insistencia creciente, los mismos sacerdotes y aún losformadores de seminarios, en sus reuniones nacionales e internacionales.
  2. 2. Puede decirse que el continuo replanteo de la identidad sacerdotal, - como si no sesupiera lo que el sacerdote es, o como si su ser dependiera de una redefinición-, es uno delos síntomas de la civilización de la acedia infiltrada en la Iglesia. Esa forma de acedia queparece extenderse cada vez más entre sacerdotes y formadores de seminarios, se manifiesta,en primer lugar, como una cierta disconformidad con lo que el sacerdote es, con lo que elsacerdote hace, y con lo que le toca sufrir en la civilización de la acedia. Esta dolenciaacédica impide vivir los legítimos gozos y consuelos espirituales que brinda la caridadsacerdotal, aún en el pluriforme y anónimo martirio al que la civilización de la acediasomete al sacerdote. La tendencia idealista a reemplazar la realidad, por una idea que apunta a sustituirlaen forma voluntarista, se manifiesta claramente en las actuales preguntas acerca de lascosas más fundamentales de la identidad católica, de la Iglesia, de la fe y -en particular-acerca de la identidad sacerdotal. Como he observado en mi reciente libro “Teologías deicidas”[2]idealismo modernoes voluntarista y por lo tanto fatalista, fanático y revolucionario. Y cuando se infiltra en elcampo teológico, lo tiñe con esas características. En efecto, en el citado libro señalo – a la luz de un ejemplo - cómo, en estosmomentos un cierto idealismo teológico que padece de la ceguera acédica para lasrealidades eclesiales, inseparables de la cruz, pretende abolirlo que esen aras de lo que sesueña o se imagina que debería ser. Pero el destino fatídico del voluntarismo, delrupturismo gnóstico es que opone ideas humanas a realizaciones del Espíritu Santo, paracuya bondad es ciega y tácitamente impugna. Me permito ejemplificar el hecho al que me refiero. Un número importantísimo delos mártires católicos del siglo XX muere gritando “Viva Cristo Rey”. No se trata de unaconsigna ni de un programa, porque no es programable lo que se va a decir a la hora de lamuerte. Ese no es un grito programático ni ideológico, sino una obra del Espíritu Santocuya significación divina la teología puede y debe auscultar. Puede decirse, en forma de tesis, y aunque no tenga aquí el tiempo de probarla, queel rupturismo propio del idealismo moderno, es una forma de la acedia de nuestracivilización. Y comprendido en ese marco, actualmente, el ministerio sacerdotal, como el paulino cobra su plenosentido como ministerio de reconciliación. Un ministerio que consiste en llamar a la reconciliación a unacultura que se manifiesta como irreconciliada con Dios, tal como Él ha querido manifestarse en la concretacomunión divino-eclesial católica. Una cultura que se muestra tan tolerante con la idea o las ideas de Dios,cuanto intolerante con Dios mismo. Espero que lo dicho sea suficiente para ilustrar la importancia existencial que estehecho reviste para nosotros los que somos o nos preparamos para ser sacerdotes. Corresponde ahora adentrarnos en la exposición.Orden de la exposicióné mi exposición en tres partes.1)Primero recordaré la noción tradicional de acedia y la ilustraré a la luz de las Sagradas Escrituras. Éstas nos ofrecen mucho más que ejemplos de acedia. Nos convencen de que la acedia es el pecado fontal, el mal radical, al que la redención viene a poner remedio. La Historia de la salvación es historia de la salvación de la acedia2)En segundo lugar corresponde mostrar que la nuestra es una civilización de la acedia, es
  3. 3. decir, una cultura que se organiza gobernada por la acedia, contra los gozos de la caridad.. En los librosEn mi sed me dieron vinagre¿por qué lloras?descrito largamente los rasgos de esta civilización que nos convencen de que éste es el diagnóstico espiritual apropiado del mal moderno. Pero en vez de repetir aquí mis propias argumentaciones, resumiré el diagnóstico, coincidente y contemporáneo con el mío, de un prominente norteamericano.3)Por fin, y en tercer lugar, señalaré las implicaciones que tiene para nosotros sacerdotes, llamados a ser ministros del gozo de la caridad, el hallarnos situados la cultura y civilización de la acedia. Por estar allí sin advertir, la mayor parte de las veces, la verdadera naturaleza de los factores que entristecen a nuestros fieles y a nosotros en nuestro ministerio, nos vemos tentados de buscar falsos consuelos y gozos. Me referiré pues a las secuelas de no advertir cuál es la situación irreconciliada de esta civilización moderna y en consecuencia la actualidad y urgencia de nuestro ministerio de reconciliación. 1) QUÉ ES LA ACEDIADe laacediano se suele hablar actualmente. No se la enumera habitualmente en la lista de los pecadoscapitales. Difícilmente se encontrará su nombre fuera de algunos manuales y diccionarios de moral. Nisiquiera de todos. son los fieles, religiosos y catequistas incluidos, que nunca o rarísima vez oyeron nombrar laacediaypocos sabrán ni podrán explicar en qué consista.Sin embargo laacediaexiste y abunda por ahí, aunque pocos sepan cómo se llama. Se la puede encontrar entodas sus formas: tentación, pecado actual, hábito extendido como una epidemia, y hasta en forma de culturacon comportamientos y teorías propias que se trasmiten por imitación o desde sus cátedras, populares oacadémicas. Si bien se mira, puede describirse una verdadera y propia civilizaciónde laacediapor lo cualparece conveniente ocuparse de ella..Definición y ejemplos bíblicos Para dar una idea de lo que es laacediaexpondremos primero sus definiciones y después daremos unaserie de ejemplos bíblicos. La acedia es propiamente una especie o una forma particular de la envidiaO sea que es una especiede tristezaSanto Tomás de Aquino, la define como:"tristezapor el bien divino del que goza la caridad".O sea, envidia aDios; tristeza envidiosa por los bienes espirituales, por las personas, funciones, signos, símbolos sagrados,sacramentos, efectos de gracia, dones y carismas....Es, propiamente, el afecto demoníaco, del que nace el pecado demoníaco.ElCatecismo de la Iglesia Católica (=CIC)la define así:"La acedia o pereza espiritual llega a rechazar elgozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino"(CIC 2094).ElCatecismo de la Iglesia Católica (=CIC)ubica laacediaentre los pecados contra la Caridad: 1º) indiferencia,2º) ingratitud, 3º) tibieza,4º)acediay 5º) odio a Dios. La acedia se manifiesta en forma de indiferencia,ingratitud y tibieza. Su culminación es el odio a Dios.La acedia es, pues, tristeza por un bieny por lo tanto es una especie de envidia. )Qué la distingue de la envidiaen general? Que mientras la envidia es tristezapor cualquier bien terrenoy genérico de la creatura, la acedia estristezapor el bien divino,ya sea en Dios mismo ya en sus creaturas. Es, en una palabra una envidia opuesta alobjeto de las virtudes teologales y a los bienes propios de la virtud de religión, entre los cuales son losprincipales las Personas divinas y las personas humanas que están en comunión con ellas.La acedia es igualmente enfriamiento o entibiamiento del fervor de la caridad. Como se dice en elApocalipsis:"tengo contra ti que has perdido tu amor de antes"(Apoc. 2,4);"puesto que no eres frío nicaliente, voy a vomitarte de mi boca"(Apoc. 3,16).Acedia en las Sagradas EscriturasLas Sagradas Escrituras nos ofrecen una galería de retratos de la acedia en todas estas formas, que van desdela indiferencia, pasando por la tibieza, la ingratitud y la burla, hasta llegar al odio. Nos dan también pistas para comprender la naturaleza de la acedia. Nos ayudan para reconocerla ensus formas históricas y actuales. Nos permiten comprender mejor su mecanismo espiritual. En los casos
  4. 4. clínicos bíblicos se ve cuáles son las causas y los síntomas de la acedia. 1)La acedia de Judasse pone de manifiesto cuando critica a María como exagerada por haberderramado toda la libra de perfume de nardo puro sobre Jesús. Es propio de la acedia en esta forma, oponerrazones aparentemente sensatas a las obras del amor, desprestigiándolas como excesivas o exageradas. “¡Quédesperdicio!” se oye decir cuando un joven o una joven quieren seguir la vocación sacerdotal o religiosa yderramar su vida como un gesto de amor. Ni está lejos del sentir de Judas el escándalo por las “riquezas delVaticano”. Las razones de Judas implican unmenos-preciodel amor a Jesús, y de las conductas de los que loaman, y en el fondo de Jesús mismo, que se irá manifestando durante la Pasión: en la venta por treintamonedas, en las burlas de la soldadesca.La burla nace del menosprecio y siembra más menosprecio. 2)La Acedia de Mikal, Esposa de David: se manifiesta como irritación y menosprecio viendo a Davidbailar delante del Arca de la Alianza en la fiesta de la Traslación. La danza de David era una manifestación delgozo de la caridad. La irritación de Mikal por la devoción de David es acedia. (2 Samuel 6, 14-23). Los quemenosprecian a los romeros, peregrinos, promesantes y a cuantos expresan físicamente su alegría religiosaestán tentados con esta forma de acedia. 3)La Acedia de los Hijos de Jeconías: El Arca de la Alianza fue devuelta por los filisteos a losisraelitas, para librarse del azote de la peste. Se alegraron con el retorno del Arca los habitantes de Bet-Shémesh. Excepto una familia, que fue por eso duramente castigada. He aquí otro ejemplo de lo que esacedia:"ausencia de la debida alegría a causa de la presencia de Dios; indiferencia".(Ver 1 Samuel 6,13-21).Los hijos de Jeconías consideran que la irrupción de Dios en plena tarea de la cosecha, era, por lo menosinoportuna. La solicitud excesiva por las cosas de esta vida, es otra forma y raíz de la acedia, que impidealegrarse en la fiesta y el culto. Los que dicen no tener tiempo para el culto debido a las urgencias de la vida,adolecen de este tipo de acedia. 4)El Menosprecio de un Profeta: Los niños que se mofan del profeta Eliseo, gritándole"(Sube, calvo!(Sube, calvo!", burlándose de su tonsura religiosa, y que a consecuencia de una maldición del profeta, sondestrozados por los osos, reflejan una ignorancia religiosa y un menosprecio recibido de sus mayores. (2Reyes 2,23-24). El relato quiere inculcar el respeto a los profetas, a un pueblo que, por acedia, se inclinaba arechazarlos y aún a matarlos. En efecto, la persecución a los profetas, y en general a los justos, empieza conburlas pero tiende a terminar en sangre. Eliseo ve, en ese menosprecio, más que una inocentada infantil, lamanifestación de un pecado social, nacional. La acedia tiene sus raíces infantiles, puesto que también desdeniños hay en Israel piedad e impiedad, religión e irreligión, gozo de la caridad o acedia. Nuestros catequistas chocan continuamente, aún en nuestros colegios católicos, con la indiferencia,el desinterés y hasta la burla y el menosprecio de sus alumnos por la doctrina de la fe. El fenómeno essemejante. Porque muy a menudo la indiferencia de los niños es un puro reflejo de la tibieza de sus mayores. 5)Esaú menosprecia la PrimogenituraEsaú le vendió a su hermano Jacob la primogenitura por unplato de guiso. Es otro ejemplo clásico de acedia como menosprecio - y consiguiente postergación y pérdida -de los bienes espirituales, debido a la compulsión y a la urgencia de un apetito de la carne. La civilización dela acedia abunda en ejemplos de estas actitudes de acedia, como desprecio de la vida eterna debido a lasurgencias de esta vida. (Génesis 25,29-34). 6)"Os hemos tocado la flauta y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéisllorado."(Lucas 7, 31-35). La actitud de acedia comoun "no" a la fiesta, o sea unnoa las alegrías de Dios y asu oferta de comunicarla y participarla, la ilustran las parábolas de Reino como un Banquete al que se niegana acudir los invitados. (Mateo 22,1-14; ver también 8,11-12; Lucas 14,16-24). No es otra cosa lo que hace lacivilización de la acedia rechazando la alegría del culto divino. 7)San Clemente romano explica el mal de acedia que padecen los corintios como un caso particularde la acedia que él considera como el drama propio de toda la historia de la salvación:"Ya veis, hermanos,cómo los celos y la acedia produjeron un fratricidio[Abel a manos de Caín]. A causa de la acedia, nuestropadre Jacob tuvo que huir de la presencia de su hermano Esaú. La acedia hizo que José fuera perseguidohasta punto de muerte y llegara hasta la esclavitud. La acedia obligó a Moisés a huir de la presencia deFaraón, rey de Egipto, al oír a uno de su misma tribu: )Quién te ha constituido árbitro y juez entre nosotros?)Acaso quieres tú matarme a mí, como mataste ayer al egipcio?. Por la acedia, Aarón y María hubieron deacampar fuera del campamento. La acedia hizo bajar vivos al Hades a Datán y Abirón, por haberse rebeladocontra el siervo de Dios, Moisés. Por celos no sólo tuvo David que sufrir envidia de parte de los extranjeros,sino que fue perseguido por Saúl, rey de Israel"(San Clemente romano, A los Corintios 4,7-13). Uno se pregunta si la enumeración de San Clemente no refleja la enseñanza de Jesús a los de Emaús,
  5. 5. cuando les explicaba las Escrituras por el camino. Por acedia mataron a Jesús los príncipes del pueblo elegido,que era la aristocracia religiosa del mundo antiguo. Las Sagradas Escrituras no sólo nos ofrecen ejemplos de acedia; nos enseñan que la acedia es eldrama mismo que las recorre. Y el libro de la Sabiduría podrá afirmar que la acedia es el pecado fontal detodos los pecados de todos los tiempos:"Por acedia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentanlos que le pertenecen"(Sabiduría 2,24). Al recuento de San Clemente romano agregaré solamente dos episodios de acediaque lo completan: 8)El menosprecio de la Tierra Prometida: "Despreciaron una Tierra envidiable" (Sal105(106),24; Números Caps. 13-14 y Deuteronomio 1,19-46). El pueblo no se alegró con elbien de la Tierra Prometida, que le pintaban Caleb y Josué, los buenos exploradores,testigos fidedignos de la bondad de la tierra, fieles a la verdad. Prefirió creer al testimoniode los malos exploradores, testigos falsos. A esta forma de acedia, corresponde, en la dispensación del Nuevo Testamento, elmenosprecio de la vida eterna de la que Jesús es el explorador y testigo:“En verdad, enverdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemosvisto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al decires cosas de la tierra, nocreéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el quebajó del cielo, el Hijo del hombre”. (Juan 3,11-13)9)La Acedia de Pedro ante la Cruz: Pedro se niega a recibir el testimonio de Jesús acercadel misterio de la cruz. Por eso se hace acreedor del nombre de Satanás, y en vez de piedrafundamental se convierte en piedra de escándalo (Mateo 16,18), no sólo para los máspequeños (Marcos 9,42), sino para Jesús mismo (Mateo 16,23). Ya se ve la importancia que tiene el pecado de acedia en toda la Sagrada Escritura. Si se ignora loque es la acedia no se puede entender la Escritura ni el drama de Jesús. La acedia es ceguera para el bien deDios y confusión espiritual del mal por bien y del bien por mal. Es lo que muestran los dos ayes proféticosque siguen. Dos Ayes Proféticos sobre la Acedia: nos enseñan que la acedia es apercepción y dispercepción delbien divino: 1)Acedia como ceguera oa-percepción:"(Maldito el hombre que confía en el hombre, y hace de lacarne su apoyo apartando del Señor su corazón! Es como el tamarisco en el desierto de Arabá yno verá elbiencuando venga"(Jeremías 17, 5-6).En cambio:"los rectoslo veny se alegran"(Salmo 106,42)"En tuluzvemosla luz"(Salmo 35,10);"Ábreme Señor los ojos y contemplarélas maravillas de tu voluntad"(Salmo118, 18);"Al que sigue el buen caminole haré verla salvación de Dios"(Salmo 49,23).. 2)Acedia comodis-percepción:"(Ay, los que llaman al mal bien y al bien mal; losque dan la oscuridad por luz, y la luz por oscuridad; que dan lo amargo por dulce y lodulce por amargo!"(Isaías 5,20-21). Entristecerse por el bien del que goza la caridad, comohace la acedia, es dar por mal ese bien, dar lo dulce por agrio o por amargo, dar la luz portinieblas. 2) LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA Una vez descrita la acedia y ejemplificada, nos toca ahora señalarla como el mal característico denuestra civilización. Ya he ido aludiendo, a raíz de cada ejemplo bíblico a algunas correspondenciasmodernas. Pero la Sagrada Escritura y el magisterio patrístico nos revelan que la acedia es la esencia deldrama del pecado y que toda la historia de la salvación gira alrededor de ella. No habrá que extrañarse sitambién en nuestra cultura y civilización moderna, no sólo se dan aquí y allá ejemplos de acedia, sino quetoda ella adolece de acedia y se construye desde ella.descripciones del pensamiento o tentación de acedia que han hecho los padres del desierto,
  6. 6. presentan el fenómeno tal como se observa en la situación de laboratorio que es la vidaascética de ermitaños y cenobitas. El discurso sobre la acedia de los maestros espirituales,como San Isidoro de Sevilla o San Gregorio Magno y de teólogos como Santo Tomás deAquino, está muy influido por la doctrina de los padres del desierto. Hacen un examencabal del fenómeno, pero lo consideran más bien en el plano moral e individual. Diríamosque lo analizan más al nivel de la carne, pero no tanto a nivel de su configuración enmundo,ni a nivel de su raíz demoníaca.señalarlo y mostrarlo reconocible en sus configuraciones colectivas, sociales, culturales, hededicado prolijos análisis en mis dos libros,En mi sed me dieron vinagreMujer: ¿por quélloras?. En vez de intentar sintetizarlos aquí, prefiero limitarme a exponer un testimonioajeno que ofrece un diagnóstico coincidente con el mío. Es el diagnóstico de un prominente político y hombre de la cultura norteamericano,que después de pasar revista a los males de la sociedad de los EE.UU., afirma que la raíz deellos es un mal de naturaleza espiritual y su nombre es:acedia. William J. Bennett, graduado en derecho en Harvard, doctor en Filosofía por launiversidad de Texas, Ministro de Educación durante el gobierno del presidente RonaldReagan, es conocido también como autor delbestseller:The book of Virtues, El libro de lasVirtudes, con más de dos millones de ejemplares vendidos. Es un hombre bien conocido enNorteamérica y buen conocedor de la sociedad norteamericana. Lo que dice Bennett de supaís se aplica en su medida también a nosotros, ya que los países latinoamericanos somosepígonos de aquél país que nos exporta e impone, globalizado, su modelo modernodecivilización feliz. A sus promesas seductoras y a sus encantos parecen incapaces deresistirse nuestra clase política, nuestros intelectuales y gobernantes, y en buena medidanuestros pueblos y hasta nosotros mismos. No me detendré en ir señalando los pasajes del discurso de Bennett que son aplicablesa nosotros: a nuestra sociedad, nuestra prensa, nuestros espectáculos televisivos. Creo quelas semejanzas serán reconocibles sin necesidad de señalarlas. En abril de 1995 Bennett expuso en un seminario para dirigentes nacionales,organizado por el Hillsdale College[3], las ideas que paso a resumirles: "Cuando se examina la situación social y cultural de la moderna sociedadnorteamericana,- comienza diciendo Bennett -son muchos los que están de acuerdo enafirmar que ofrece muchísimos motivos de preocupación. Y sin embargo, pienso que nollegan a medir el mal en su real dimensión, en su profundidad y su verdadera naturaleza". Bennett ilustra esta afirmación con testimonios de extranjeros que opinan sobre lasituación americana y señalan la violencia y el pánico ciudadano en que allí se vive. Unaestudiante polaca le decía:“Cuando recién llegué a Estados Unidos fue como entrar en unmundo loco, pero ahora me estoy acostumbrando. Y debo decir que no es buenoacostumbrarse a esto”.Bennett reconoce que los EE.UU. sobresalen en bienestar, consumo, tecnología, y muchosotros aspectos, que los ponen a la cabeza de las naciones, pero comprueba que todo esto nobasta para hacer feliz al norteamericano.progreso material y económico va acompañado de una regresión social y de las virtudes. Enlos treinta años que van de 1960 a 1990:“hubo un aumento del 560% en el número decrímenes violentos; más del 400% de aumento en el número de nacimientos ilegítimos; semultiplicó por cuatro el número de divorcios; por tres el porcentaje de niños que viven conuno solo de sus padres; aumentó un 200% el número de suicidios de adolescentes; cayó en
  7. 7. un 75% el promedio de rendimiento de los estudiantes secundarios”.los países industrializados, los EE.UU. están a la cabeza del número de abortos, divorcios ehijos ilegítimos. Están en la vanguardia de los asesinatos, violaciones y crímenes violentos.En educación básica y secundaria, van a la zaga con los más bajos logros deaprendizaje.1940, los docentes luchaban con los niños porque hablaban sin permiso,mascaban chicle, corrían en los patios, no hacían bien la fila, o por problemas con el ruido,el vestido, la desprolijidad y el desorden. En 1990, los docentes se enfrentaban con: uso dedrogas, abuso de alcohol, embarazos, suicidio, violaciones, robos y asalto, armas en laescuela.Bennett afirma:“Hay rudeza, insensibilidad, cinismo, superficialidad y vulgaridad ennuestros tiempos. Hay demasiados signos de pérdida de civilización, o sea de civilizacióncorrompida. Y lo peor tiene que ver con nuestros hijos. Aparte de las cifras y los hechosespecíficos, está el creciente crimen crónico contra la niñez, de hacerlos envejecerprematuramente. Vivimos en una cultura que parece a vecesa la corrupción de losmenores, a garantizar la pérdida de su inocencia antes de tiempo”.“Esto puede sonar a demasiado pesimista o alarmista. Pero pienso que es tal cual es. Y loque me preocupa es ver que la gente no parece suficientemente alarmada. Nos hemoshabituado a la descomposición cultural de la que somos testigos. [...]. Se está padeciendouna sobredosis de atrocidades y se está perdiendo la capacidad de asombrarse, disgustarsee indignarse. Hace unos años once personas fueron asesinadas en Nueva York en diezhoras; hasta donde sé, nadie se estremeció. Poco después un criminal violento, atracó ycasi mató a un anciano de 72 años, fue baleado por un oficial de policía mientras huía dela escena del crimen, pero fue recompensado con más de cuatro millones de dólares.Silencio virtual”.“Estamos perdiendo el sentido cívico y moral ante la violencia y lacrueldad”Bennett.continúa su examen con la músicarockeracelebra la tortura y el abuso contra las mujeresante multitudes de jóvenes que crecen en las calles miserables, sin familia ni padres. Sehace eco de las críticas a la televisión que divulga una crueldad y una promiscuidaddesenfrenadas. Pero:“Lo peor de la televisión es lo que se dice en los shows durante el día,en los cuales la exhibición de la indecencia se celebra como virtud.[...] Hubo un tiempo enque los fracasos personales, los deseos subliminales y el gusto perverso, ibanacompañados de culpa o vergüenza, o al menos por el silencio. Actualmente soncontraseña para aparecer en el show de Sally Jessy Raphael o en algún otro de lasdocenas de shows parecidos. He aquí una lista de temas agitados en estos shows en ellapso de quince días: parejas cruzadas; triángulos amorosos; un hombre cuyo ideal en lavida es engañar a sus parejas ocasionales haciéndoles creer que usa preservativo durantela relación; conductas sexuales femeninas compulsivas; prostitutas vocacionales que amansu profesión; un extraficante de droga; una joven prisionera en una verdadera lucha pormantener su integridad. Estos programas son un problema social de doble filo. El primerfilo consiste en los tantos que apetecen aparecer en ellos para exhibirse. El segundo filo esque muchos sintonizan para verlos exhibirse”.“¿Por qué ocurre todo esto?-se pregunta entonces Bennett-“¿Qué es lo que hay detrás detodo esto? Se han propuesto argumentos muy ingeniosos para explicar este estado decosas. La gente que piensa ha señalado como causas: el materialismo, el consumismo, lasociedad permisiva, los escritos de Rousseau, Marx, Freud, Nietzsche, el legado de ladécada de los 60, etc., etc. Permítanme exponerles mi opinión”.“Les propongo mi tesis de que la crisis de nuestra época es de orden espiritual.
  8. 8. Específicamente, nuestro mal es lo que los antiguos llamabanacedia. Acedia es el pecadode pereza. Pero lo que los santos entienden por acedia, no es la pereza en la que pensamosnosotros habitualmente, que consiste en la dejadez para los deberes cotidianos. La acediaes otra cosa. Bien entendida, es una aversión y una negación ante lo espiritual. La acediase pone de manifiesto en una ansiosa e indebida preocupación por lo exterior y lomundano. Consiste en una pachorra y ausencia de interés por las cosas divinas. Traeaparejada, según los antiguos, una cierta tristeza y dolor por todo. La acedia se pone demanifiesto en un rechazo carente de alegría, malhumorado, y egotista de la vocación a serhijos de Dios. El hombre acedioso odia todo lo espiritual y quiere verse exento de susexigencias. Según los antiguos teólogos la acedia produce odio contra todo lo bueno. Yeste odio realimenta el rechazo, el mal humor, la tristeza y el dolor".“La acedia no es un mal espiritual nuevo, por supuesto. Es conocido como el séptimopecado capital. Pero hoy en día viene en aumento”.Bennett cita a continuación dos testimonios famosos, el del novelista americano WalkerPercy y el de Aleksandr Solzhenitsyn. Y continúa:“El mal que nos aflige es la corrupción del corazón, la deserción del alma. Nuestrasaspiraciones y nuestros deseos se orientan hacia los objetos que no corresponden. Ysolamente cuando nos orientemos hacia los fines correctos – hacia la fortaleza, lo noble, loespiritual – mejorarán las cosas”.Y Bennett completa esta descripción social del mal de acedia con nuevasobservaciones:“Al diagnosticar que nuestro principal problema es del orden espiritual yconsiste en una debilidad espiritual, sé que voy contra la sensibilidadmuchos. Hay ennuestros tiempos una repugnancia y resistencia a hablar seriamente de asuntos espiritualesy religiosos. ¿Por qué? Quizás esto tenga algo que ver con la hipersensibilidad y profundaincomodidad moderna ante los mandamientos de Dios. Entre otras malas costumbres, noshemos habituado también a no hablar de las cosas que importan más, y por eso no lohacemos.”Sí, señor Bennett, la acedia cultural se nos ha impuesto y amenaza imponérsenosa los creyentes y hasta a los sacerdotes”[4]“Se oye decir a menudo–termina diciendo Bennett-que las creencias religiosas son un asunto privado que nocorresponde tratar públicamente. Este es un criterio insostenible, por lo menos en algunos aspectos. Sea cualfuere la fe que uno tenga – e incluso en el caso de que no se tenga ninguna – lo cierto es que cuando millonesde personas dejan de creer en Dios, o cuando su fe es tan débil que sólo se cree de palabra, se siguen de esehecho enormes consecuencias públicas. Y cuando a esto se le agrega una extendida aversión al lenguajeespiritual en la clase política e intelectual, las consecuencias públicas son aún mayores. ¿Cómo podría serde otra manera? En la modernidad, nada ha tenido tan vastas consecuencias o consecuencias tanmanifiestas, como el hecho de que grandes sectores de la sociedad norteamericana se hayan apartado deDios o lo hayan empezado a considerar irrelevante, o piensen que ha muerto. Dostoiewsky recuerda, en LosHermanos Karamazov que ‘si Dios no existe, entonces todo está permitido’. Nosotros estamos ahorapresenciando ese ‘todo’. Y no es bueno acostumbrarse a la mayor parte de todo esto”.Señor Bennett, gracias por su diagnóstico espiritual de la sociedad dominante. Mutatis mutandis, sus males yanos han alcanzado o están en camino de alcanzarnos. Y reconocemos en la sociedad en que debemosdesarrollar nuestro ministerio las mismas tendencias, que son, a todas luces, frutos del mismo mal espiritual,que amenaza globalizarse.Llega pues el momento de reflexionar y observar cómo se manifiesta la acedia sofocando el gozo de lavocación sacerdotal.
  9. 9. 3) GOZO Y TRISTEZAS DEL SACERDOTE EN LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA.¿Qué consecuencias tiene para la vocación sacerdotal el proceso de globalización de la acedia que produce lacivilización de la acedia? ¿Cuáles son sus efectos? ¿Cuáles sus manifestaciones?En su libroQuerer y formar sacerdotes[5], el jesuita francés André Manaranche, profesor y padre espiritual deseminarios en Francia, ha descrito el impacto de las gnosis recientes sobre el ministerio ordenado. Aunque élno utiliza el concepto de acedia, su obra es una descripción de este mal. Este autor observa que la fe sufre hoyel impacto de seis reducciones gnósticas, que la desnaturalizan, la limitan y la encierran dentro de los límites1) de la mera razón, 2) de la subjetividad, 3) de lo existencial, 4) de la historia, 5) de la utilidad social y 6) dela antropología.Las consecuencias para el magisterio y el ministerio ordenado son fatales. El Magisterio es desoído oreinterpretado reductivamente. El presbiterado es erosionado bajo todos sus aspectos.Por la insistencia unilateral en el sacerdocio bautismal, y alineando el ministerio sacerdotal como uno más enla lista de los ministerios, el sacerdote quedaahogado en la masa.Debido a la desacralización y a la declaración de guerra contra todo lo sagrado, el sacerdote tiende aquedarreducido a funcionario. Y a ello contribuye la trivialización de su figura. Esta trivialización tiene lugarcuando se lo trata como si fuera un agente de pastoral más entre otros. O cuando, propendiendo a laordenación de las mujeres, se pretende que el orden sagrado no tiene nada que ver con el sexo; o se pretendecasarlo a toda costa, como si fuera un hombre más como todos los demás. La reducción a funcionario seagrava, según Manaranche, por la tendencia a aislar al sacerdote diocesano del sacerdote religioso. Estoimplica minimizar el sacerdocio como elemento común, que los une más de lo que los distingue.La tenaz negación del celibato sacerdotal por parte del frente externo de los medios de comunicación y delfrente interno de algunos grupos de presión laicales y/o clericales, propende aún más a esa reducción a merofuncionario, pero más aún, tiende adesmovilizarel sacerdocio. Un funcionario, como el soldado, quedadesmovilizado durante sus licencias y vacaciones, por ejemplo.Un hombre tan radicalmente consagrado, llega a ser muy molesto para una mentalidad secularizada que notolera más que funciones. Pero la negación del sentido del celibato,desmovilizaal sacerdote aislándolo ocortando su relación con el obispo, distrayéndolo de su consagración total mediante la atención a una familiapropia, pero sobre todo despojándolo de su rol profético, diríamos"contracultural".La acedia gnóstica pretende, por fin, desmantelar al sacerdote. Y lo hace por varios caminos. Manaranchedescribe así ese intento: "Al cabo de un curioso balanceo, se da una definición residual del sacerdote y seexplota algún canon interpretándolo de manera torcida en nombre del perfil del sacerdote del mañana .Mediante la proliferación de asambleas dominicales sin sacerdotes mal definidas, se sugiere que su función esprescindible.Hasta aquí el resumen sucinto de los análisis de Manaranche que bosquejan elasedio acediosoal Ministerioordenado por parte de la acedia moderna extra e intraeclesial combinadas.Santos Padres se refirieron a los efectos de la acedia en el alma y los describieron con elnombre delas Hijas de la acedia.Una de esas hijas es laaanimadversión- nosotros diríamoslaantipatía- contra todo y todos los que le recuerden a Dios o su destino sobrenatural. Latirria de las gnosis modernas contra el sacerdocio ordenado que Manaranche describe, es unrasgo típico, es un efecto o hija de la acedia. Pero la acedia contra el sacerdote que vive susacerdocio es, como hemos dicho, mancomunadamente extra e intraeclesial.Es curioso, cómo puede crecer en los consagrados, religiosos y sacerdotes, una resistencia alas exhortaciones espirituales propias de retiros. Un hastío que nace de la desesperanza dealcanzar las metas y los bienes de la comunión divina. Una desilusión que predisponecontra los fervorosos y los que explicitan la llamada de Dios. Al mismo tiempo que,paralelamente, se hincha desmesuradamente la asistencia a alguna misa secularista,celebrada por algún sacerdote que gusta ser “piola” o chocante desde el púlpito y el altar.He abordado un tema que se torna inagotable. Debo conformarme con dejar bosquejadas pistas de
  10. 10. observación (más que de reflexión) que provoquen para seguir examinando y pensando el hecho, tal como seestá dando y nos está afectando en el ejercicio de nuestro ministerio y en nuestra formación sacerdotal. Pistasde observación y reflexión que, sin embargo, son disidentes y contraculturales, porque "recuestionan loscuestionamientos al sacerdocio" que plantea elstablishmentmodernista.Las Hijas de la acediaVoy a proceder aplicando, -en cuanto nos lo permita el tiempo disponible-, la lista de hijas de la acedia, anuestra actual situación sacerdotal.Hijas, es decir consecuencias, de la acedia son 1) Desesperación y desesperanza, 2) vagabundeo de la menteque se manifiesta en locuacidad (verbositas), curiosidad (curiositas), importunidad, inquietud e inestabilidad,3) torpeza de la mente (torpor mentis); 4) pusilanimidad, 5) animadversión y odio a Dios.1) Desesperación y desesperanza Como sacerdotes nos toca vivir en un mundo donde el mito del progreso hasustituido el objeto de la esperanza cristiana por bienes puramente inmanentes eintraterrenos. El mito del progreso y hasta una llamada teología de la esperanza queinmanentiza el ésjaton dan cobertura a la esencialDesesperaciónde la cultura de la acediarespecto de Dios como fin alcanzable y beatificante, fin último del hombre cuya posesióncomienza en esta vida y culmina en una vida sin fin. La desesperación moderna, se encubre primero de apariencias de indiferencia. Peroes una indiferencia religiosa que oculta un juicio adverso a Dios. No sólo desespera de lacomunión, sino que ni siquiera la considera como un bien deseable. Y su desesperanza se extiende no sólo al amor y a la comunión con Dios, sinotambién es desesperanza respecto de las gracias y bienes en el estado de viadores, duranteesta vida. La consecuencia es pereza para ejercitar los actos propios de las virtudesteologales y de la virtud de religión. Como ministros de la gracia, también nosotros, sacerdotes, somos alcanzados por ladesesperanza ambiental. No se espera de nosotros ningún bien verdadero. Son muchos losque se alejan de nosotros con indiferencia, o con franca animadversión. Este es un motivo de tristeza para el sacerdote. Y es bueno que se entristezca por elmal de las almas. Pero no por el aislamiento o menosprecio resultante y por el cual se veprogresivamente envuelto, porque esa es una bienaventuranza. “No es el discípulo mayorque su maestro, ni el servidor más que su amo.... Si al amo le llamaron Belcebul, ¡cuántomás a sus servidores!” (Mateo 10, 24-25). Sería un error desalentarse o ponerse a luchar o discutir contra ese espíritu. Es un demonio que sólo se quita en oración y ayuno. Y así nos lo ha enseñadoproféticamente Juan Pablo II. Su modelo pastoral de preparación al gran jubileo fueparadigmático y se centró en la comunión con las Personas divinas, las virtudes teologalesy los sacramentos. La cartaNovo Millennio ineunteel modelo de una pastoralgaudiocéntrica, que opone el gozo de Dios a la tristeza y desesperanza, la nuevaevangelización a la tristeza ante el evangelio. ) Vagabundeo de la mente: locuacidad (verbositas), curiosidad (curiositas),importunidad, inquietud e inestabilidad, Consecuencia de esta desesperanza y pereza es unaconversio ad creaturas, unaefusión en las creaturas caracterizada por:1)Vagabundeo de la mente. Cuando se pierde de vista el fin último, el hombre queda amerced de una multitud de fines inmediatos. Se produce así esa otra consecuencia de laacedia: el vagabundeo de la mente, que va acompañada y se manifiesta en: locuacidad,
  11. 11. curiosidad, importunidad, inquietud e inestabilidad, a)Locuacidad, charlatanería conversación ociosa, intrascendente, que no edifica niconstruye nada:“no dice nada pero (qué bien lo dice!”; o que se derrama sin tasa en lointrascendente. Es el discurso exuberante de la crónica deportiva al servicio de la empresaeconómica del espectáculo deportivo. Es el discurso de muchos suplementos “culturales”que se llenan con crónicas al servicio de la industria editorial, teatral, cinematográfica, ypor lo tanto, tienen por fin el provecho económico y no la edificación del hombre en ordena su comunión con Dios. Los intereses económicos parasitan todo lo humano, el deporte, elarte, la poesía, la narrativa... Al desconectar la vida humana de su meta religiosa, sometentodo lo humano a la tiranía de lo inmediato, que termina por ser la del dios Mammon. Como sacerdotes estamos a veces tentados de entregar nuestra palabra al servicio dela intrascendencia. Pero si la sal pierde el gusto ¿en qué se salará? Debemos ser testigos dela fascinación de lo sagrado en un mundo que se fascina por lo profano hasta el punto desacralizarlo. Nos toca, por el contrario, una tarea contracultural: la de poner el lenguaje alservicio, rendido amorosamente, al anuncio de la Verdad; al anuncio del Evangelio y a lacatequesis; al servicio de la comunicación entre el hombre y Dios, en el culto y la oración. Nos toca ser profetas de Dios, transmisores de una palabra divina, en el mundo delos pseudoprofetas del rey. Nuestra palabra ha de ser la de Maestros y Profetas. Por eso el mundo se empeña en reducirnos a meros funcionarios Laverbositases también una tentación para el teólogo. El discurso teológico puedeser arrastrado por la acedia ambiental y separado de su función religiosa, que es lacomunión con Dios y con los creyentes. Se separa así la dogmática de la pastoral, elministerio del teólogo se independiza del Magisterio y de la misión de enseñar a los fieles.El discurso acerca de Dios se desentiende de la oración, y el hablar de Dios, comienzadifiriendo, continúa dificultando y termina suplantando el hablar con Dios. René Laurentin describe así la situación:“Si hiciéramos hoy un sondeo preguntandodónde se encuentran los mejores modelos de fe, ¿cuál sería el porcentaje de los queresponderían: ‘entre los teólogos’?”[6][...]“Muy raras veces son hoy las facultades deteología lugares de oración, lugares en los que se vive la experiencia de Dios. Lasfacultades científicas miden su nivel por la calidad de sus laboratorios de investigación; ylas facultades de teología deberían medirse por la calidad de sus lugares de oración; delos lugares ejemplares de los que habrían de salir santos. La experiencia orante deberíaser a la vez la inspiración y fructificación de la teología”[7]. característico de las ciencias humanas es la curiosidad. Y en ese dominio, como enel filosófico, la curiosidad es virtud, es lícito deseo de saber. Pero cuando se instala en lateología, esa curiosidad puede volverse -y Laurentin afirma que de hecho se havuelto-,vicio. Es decir: una“curiositas”a la debida“studiositas”:“Las facultadesuniversitarias de teología se han alineado en exceso según el modelo que preside lasciencias humanas, y no han sabido dar una prioridad suficiente a su carácter teológicoespecífico”[8]. b)Se pone así de manifiestouna cierta infiltración de lacuriosidadacediosa en elmundo teológico. Cuando el deseo amoroso de conocer, propio de la caridad, es sustituidopor una curiosidad irreverente, brota lo que a lo largo de los siglos se ha conocido comognosis. La gnosis que caracteriza laevagatio mentisla acedia, es un insaciable afán denovedades, bulimia intelectual, cultura insustancial: reducción de la fe a conocimiento.
  12. 12. Estacuriositasopuesta a lastudiositasque es expresión de la caridad, deseo de conocer aDios y los misterios divinos, y es afín a los dones de ciencia, inteligencia y sabiduría. A lacuriosidad pertenece en cambio el vicio de los quesiempre están aprendiendo y jamásalcanzan el conocimiento de la verdad[9]. En teología un discurso teológico que convierte a Dios en objeto y se quedahablandodeDios, sin llegar nunca a hablarcon. Martin Buber ha observado este fenómenoen el discurso del pensamiento moderno acerca de Dios, que convierte al autoevidente Túdivino en problema[10] EnMujer: ¿por qué lloras?, (p.93) me he ocupado de este conocimiento de Dios sincaridad, que es el fenómeno propiamente demoníaco. La gnosis no es otra cosa que el intento de saber lo que se debe creer. La describebien San Columbano: “No indagues demasiado acerca de Dios [...] Insisto, si alguien se empeña en saberlo que debe creer, no piense que lo entenderá mejor disertando que creyendo; al contrario,al ser buscado, el conocimiento de la divinidad se alejará más aún que antes de aquel quepretenda conseguirlo. Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisicionesverbales, sino con la perfección de una buena conducta. No con palabras, sino con la feque procede de un corazón sencillo y que no es fruto de una argumentación basada en unasabiduría irreverente. Por tanto, si buscas mediante el discurso racional al que es inefable,estará lejos de ti, más de lo que estaba. Pero si lo buscas mediante la fe, la sabiduríaestará a la puerta que es donde tiene su morada, y allí será contemplada, en parte por lomenos. Y también podemos realmente alcanzarla un poco cuando creemos en aquél que esinvisible, sin comprenderlo, porque Dios ha de ser creído tal cual es, invisible, aunque elcorazón puro pueda, en parte, contemplarlo”[11]: La curiositas gnóstica, parece haberse instalado en el mundo académico deoccidente. Y desde allí ha infectado también nuestras facultades de teología. Según loobservaba ya en 1930 José Ortega y Gasset en sus conferencias sobre la Misión de laUniversidad[12]. Lo que él critica de las Universidades laicas, se ha vuelto aplicable anuestras facultades teológicas. A la Ilustración alemana se debió la muy cuestionable creación de cátedras deteología pastoral separadas de las cátedras de teología dogmática[13]. Podría pensarse queeso era un progreso, pero en realidad, sancionaba un divorcio entre el dogma y la cura dealmas. Se llegó así a poder enseñar en dogmática y exégesis, cosas que era desaconsejable yhasta contraproducente enseñar a los fieles. Esa esquizofrenia no ha cesado de extendersedesde entonces. Esta separación entre dogma y pastoral corresponde y es la consecuencia lógica dela separación naturalista y neomodernista entre razón y fe, entre conocimiento y caridad. Elfenómeno tan bien descrito por Martin Buber enEl Eclipse de Dios[14]llegado a lasfacultades teológicas: el discurso acerca de Dios que allí se escucha, parece a menudohaberse desentendido del interés en hablarcon; y de ayudar a los hombres a lograrlo. No setrata de elegir entre una cosa u otra, sino de mantenerlas unidas: estudio y oración,conocimiento y caridad. Pero la verbositas y la curiositas separan lo que la caridad de Diosha unido.Friedrich Strauss, -a cuyo ejemplo y magisterio adhieren cada vez más exegetas y docentesen facultades católicas de teología-, había separado de tal manera ambas cosas que a Cristosólo lo encontraba interesante como idea:“Esta es la clave de toda Cristología: que como
  13. 13. sujeto de los predicados que la Iglesia atribuye a Cristo, se coloque una idea en lugar deun individuo”[15].“¿Qué puede tener todavía de especial un individuo? Nuestro tiempoquiere una Cristología que lo lleve desde el hecho a la idea, desde el individuo a laespecie. Una dogmática que se quede en Cristo como individuo, no es una dogmática sinouna prédica”[16]. ¿Cómo podría ser una idea objeto de caridad? Es evidente que en este ‘cristianismo’que propone Strauss, la comunión de amor ha desaparecido; y la predicación, que está a suservicio, es objeto de menosprecio. La fría indiferencia hacia el individuo que murió en laCruz por mí, sería inexplicable en uncreyente. Lo que ha sucedido en esta perspectiva esque ha muerto la fe, o se mantieneun conocimiento sin amor, que, como muestra el episodiodel endemoniado de Cafarnaúm (Mc 1,21ss) es el conocimiento que los demonios tienen deJesús.‘religión’ donde Dios se transforma en Idea es unaIdeo-latría. Es ésta una propuesta lógicaen un discípulo de Hegel. Laideo-latríade Strauss es propia del idealismo, que penetrará enel catolicismo en forma de la herejía modernista, condenada por San Pío X en laencíclicaPascendi,pero no bastó a extinguir esa condenación. Esta inversión de la fe católica, es, sin embargo difícil de discernir, por diversosmotivos. Primero: porque nada más parecido a Cristo que la idea de Cristo. Strauss seguiráhablando de Jesús, pero ya se ve qué es lo que le interesa. Así también, dentro delcatolicismo, la gnosis, el modernismo y el secularismo seguirán hablando de Jesús, pero nodesde la fe y la caridad. Lo que les importa de Jesús es la idea, el enunciable. En segundolugar: porque el idealismo, al ingresar en la Iglesia católica no podía moverse con la mismalibertad que en el mundo protestante, debido al Magisterio católico que vigila la doctrina.Por eso el modernismo siempre ha debido ocultar su pensamiento y cubrir sus errores connieblas de silencios. En ese sentido, autores como D. F. Strauss tienen, al menos, la virtudde la sinceridad y la claridad en la exposición de sus convicciones.Lacuriositasreglamentarizada en las facultades eclesiásticas Las tesis doctorales deben aportar siempre algo nuevo, deben contribuiralprogresodel saber. Con lo que el saber exegético y teológico ha quedado también, enbuena medida y sin mala conciencia, cautivo del mito moderno del progreso. El criterio delavance de los conocimientos es bueno en el campo científico, pero se ha extrapolado, sinembargo, no sin graves perjuicios en el dominio de la teología católica. Y el principal deesos perjuicios es el que señalaba José Ortega y Gasset en sus conferencias sobre laMisiónde la Universidad[17]:“Uno de los males traídos por la confusión de ciencia y Universidadha sido entregar las cátedras, según la manía del tiempo, a los investigadores, los cualesson casi siempre pésimos profesores, que sienten la enseñanza como un robo de horashecho a su labor de laboratorio o de archivo. Así me ha acontecido durante mis años deestudio en Alemania– dice Ortega y Gasset-: he convivido con muchos de los hombres deciencia más altos de la época, pero no he topado con un solo buen maestro. Lo cual noquiere decir que no los haya, pero sí que no los hay con la mínima frecuenciaexigible”.concluye:“¡Para que venga nadie a contarme que la Universidad alemana es,como institución, un modelo!”[18] Lo que afirmaba hace 70 años Ortega, lo puede decir el que habla recordando susaños de estudios teológicos en Holanda y después exegéticos en el Instituto Bíblico. Y creoque, aún cuando no lo hayan ni advertido ni criticado, lo han vivido y padecido la mayoríade nuestros bienistas, licenciandos y doctorandos. Lejos de corregirse, la tendencia señalada
  14. 14. por Ortega para las Universidades en general, se ha seguido acentuando y se ha asentadosólidamente en la enseñanza filosófica y teológica superior en nuestras facultades católicas. Deberíamos seguir describiendo las demás hijas de la acedia tal como se presentanhoy en la vocación y en la formación sacerdotal: laimportunitas, inquietudo, inestabilitas,turpitudo mentis, pusillanimitas, animadversioo antipatía. Pero ya es hora de poner términoa esta disertación, tratando de resumir lo dicho.En conclusión: No nos toca vivir en una civilización neutra desde el punto de vista religioso, sinoque tanto quienes se preparan hoy para el sacerdocio como quienes nos desempeñamos yaen las diversas formas y tareas del ministerio sacerdotal y de la formación de los futurossacerdotes, nos enfrentamos con esaadveniente cultura,oculta naturaleza consiste en ser unacivilización de la acedia.¿Qué es la civilización de la acedia? Es una civilización que se entristece o es ciega oindiferente ante aquellos bienes en los que se goza la caridad. Y viceversa, es unacivilización que promueve como bienes, males de los que se entristece la caridad.oposición de la civilización de la acedia a la civilización de la caridad en nuestros díasreviste una característica peculiar, y es que no solamente combate los gozos de la caridaddesde fuera de la Iglesia, sino que, como sucedía ya en las comunidades paulinas con elpartido de la ley, esa oposición toma dentro de la Iglesia la forma de un partido del mundo,que combate desde dentro, con lenguaje cristiano y argumentos cristianos, las obras delamor. El Colegio apostólico albergó a Judas y éste pudo criticar a María por derrochar unperfume sobre Jesús que debía haberse vendido y repartido entre los pobres. La razón queno ama, la razón opuesta a la caridad, no cesa de inventar argumentos verosímiles paracombatir a la caridad en nombre de la caridad.sacerdotes – por otra parte al igual que nuestros fieles – nos vemos acosados por este doblefrente, externo e interno.“Peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros entrefalsos hermanos”(2 Cor 11, 26). La tribulación paulina es arquetípica y de alguna maneracaracterizará la situación de la Iglesia en el tiempo, en todo tiempo, hasta la venida delSeñor.también como sacerdotes, como ministros de la caridad divina y como heraldos de lareconciliación, estamos colocados en la primera línea del combate con la civilización de laacedia. A nosotros nos toca llamar a todos los hombres al fervor de la caridad, cuyos frutosson el gozo y la paz verdaderos, que el mundo no puede dar. Nuestra misión no es combatirla tristeza sino sembrar, cultivar y fomentar la caridad que Dios ha derramado en loscorazones. Pero es necesario que, como médicos de las almas, conozcamos el síndrome ysepamos tratarlo. Frecuentemente nos encontramos con una mala praxis, que por ignorar lanaturaleza del mal, lo deja intacto, cuando no lo agrava aplicando a ciegas remediosinadecuados.más común es que la tristeza de la acedia sea tratada con una actitud pastoral fatalista:como un mal social inevitable, como una constelación cultural que no se puede cambiar olo que es peor, a la que hay que acomodarse para no salir de este mundo o no perder el trende la historia. Psicólogos, asistentes sociales y sacerdotes asimilados actúan así comofuncionarios del mundo de la acedia, como facilitadores. Pero eso es convertirse enconvalidadores de la apostasía.
  15. 15. confrontación con la civilización de la acedia es inevitable. Asentir a ella equivale a avergonzarse de Jesucristo delante de los hombres de esta civilización perversa. Ante ella se aplican adecuadamente las palabras de Jesús: “no se puede servir a dos señores”. a nosotros, sacerdotes o que se preparan para serlo, se aplican las palabras de Pablo: “lo que se espera de un administrador es que sea fiel” (1 Cor 4,2). Y al servidor fiel se le promete entrar en el gozo de su Señor:`¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.(Mateo 25,23). Oración final invito a ponernos de pie y a orar: , que nos engendras cada día y a cada momento, de Quien por eterna y divina generación procede eternamente tu Hijo consustancial, que se nos manifestó en su naturaleza humana como un hombre, Jesús, que recibía de ti amorosamente su ser y su obrar... éndranos a nosotros también como hijos tuyos, hoy y cada día de nuestra vida terrena y luego en la eternidad. Ti queremos recibir todo lo que somos y hacemos, pensamos y amamos. en nosotros tu gloria y glorifica en nosotros tu Nombre como lo glorificaste en Jesús, tu Hijo muy amado. Configúranos con Él puesto que nos has elegido para el sacerdocio. : Tú nos has colocado en esta civilización de la acedia. No permitas que ella sofoque en nosotros el gozo de la caridad, que es nuestra fuerza. Danos tu gracia para ser testigos y apóstoles de tu gozo. Y a los que lo reciban admítelos en tu reposo y en tu Paz. Amén.  [1] Editorial Lumen, Buenos Aires [2] Teologías Deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto. Ed. Encuentro, Madrid, 2000, 380 págs. [3] William J. Bennett,“Redeeming Our Time”en:ImprimisNov. 1995, Vol. 24,nr. 11 (Hillsdale College, Hillsdale, Michigan 49242, USA). Una versión anterior de esta presentación, apareció como“Getting Used to Decadence; The Spirit of Democracy in America”en:The Heritage Lectures,publicado por The Heritage Foundation, 1993 [4] Sobre el cinismo de la modernidad como manifestación de su acedia moral y religiosa, véase nuestra conferencia en el CIES:Felicidad y tres pecados capitales”(13 de junio 2000) [5] Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1996[6] R. Laurentin,La Iglesia del futuro...p. 149 R. Laurentin,La Iglesia del futuro...p. 160[7] R. Laurentin,La Iglesia del futuro...p. 160[8] [9] (2 Tim. 3,7 [10] Buber,El Eclipse de Dios, Ed. Galatea, Nueva Visión, Bs. As. 1955 [11] Columbano,Instrucción 1, Sobre la fe, 3-5, Opera, Dublin 1957, pp. 62-66.Ver en el Oficio de Lecturas del Jueves de la séptima semana durante el año. [12] é Ortega y Gasset,La Misión de la Universidad,Obras completas, Ed. Revista de Occidente (3ª. Ed) , T. 4, pp. 313-353 [13] . Hegel, Art.:Aufklärung, enLexikon f. Theol. u. Kirche,Bd. I,1061 [14] . Galatea, Nueva visión, Bs. As. 1955[15] David Friedrich Strauss,Das Leben Jesu kritisch bearbeitet, Tübingen 1836, p. 734.
  16. 16. Die EinflussHegels in deutscher Theologie: Christusereignis und Gesamtmenschheit, en: Zeitschrift f. Kath.[16]Theol. 93 (1971) 1-28[17] é Ortega y Gasset,“La Misión de la Universidad” (1930),Obras completas, Ed. Revista de Occidente,Madrid, 1955, Tomo IV, pp. 313-353[18] .c. p. 348Retiro Espiritual y formativo. Piedecuesta, Stder. Colombia. Redentoristas 1616 Retiro Espiritual y formativo. Piedecuesta, Stder. Colombia. Redentoristas
  17. 17. GOZO Y TRISTEZAS DEL SACERDOTE EN LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA Horacio Bojorge S.J. Recopilado por Eymard Puerto Misionero RedentoristaMaterial para el retiro espiritual de la comunidad local del Propedéutico Seminario San Alfonso de Piedecuesta Santander COLOMBIA

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