Factor crítico nº5 libros y drogas
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Número 5 de Factor Crítico, destinado en esta ocasión a Las Drogas

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Factor crítico nº5 libros y drogas Factor crítico nº5 libros y drogas Presentation Transcript

  • Revista Factor Crítico. Consejo editorial: Jorge de Barnola, Roberto Bartual, Miguel Carreira, Paz Olivares, David Sánchez Usanos Han participado en este número: Jorge de Barnola, Roberto Bartual, El amanteFactor Crítico:Las drogas de la cafeína, Goio Borge, Miguel Ca-por Factor Crítico licencia-da bajo reconocimiento rreira, David García, Tatiana GiménezCreative Commons Reco- Carlos Javier González Serrano, Mi-nocimiento- guel Ángel Mala, Paz Olivares, MateoCompartir.Igual 3.0 Unpor- de Paz, David Sánchez Usanos, Victorted License. Creado a partirde la obra en www.factorcri- Sierra Matute, David Urgull, Scary Wo,tico.es. Tabaret, Alexander Zarate ISSN: 2254-3716 Madrid, Marzo de 2013
  • Audiovisual Act of Faith / Jimmy’s End 91 César debe morir 97 Django desencadenado, dos puntos de vista sobre el tarantinismo 101 Libros y Drogas Grupo 7 117 Hunger 121Editorial 7 Lincoln 125Libros & drogas 9 De óxido y hueso 130Entrevista con Timothy Leary 12 Red Riding Trilogy 135¿Se drogan los androides? 32 The fades 141Malditos 38 Thorne 145Fumadores de opio 44 Wallander 149Hydropathía. Alcohol, bohemia Flight 156y hadas verdes 49Santiago Ramón y Cajal,atisbos literarios del control de masas Cómico de la modificación de la conducta 61Las drogas, una «deidad» Animal Party 161 poderosa y maldita 75 The League of Extraordinary Gentlemen:Leonor de Aquitania, comparativa entre tres bio- Century 2009 164grafías 79 De ratones y hombres 171Los 10 de Factor Crítico 85 El retorno de las Ti-Girls 183
  • Los secretos del universo 187Metamaus 193 MúsicaThe Death Ray 198¿Eres mi madre? 201 En un mundo enorme 268Kung fu infinito 206The Long Tomorrow 210 Cuento NovelaDe repente llaman a la puerta 214Goethe se muere 230 Relámpagos 272Los que duermen, el hombre como mito 235 No saldré vivo de este mundo o los fantasmas de Steve Earle 278 Las ruinas del presente Ensayo Los ojos de Natalie Wood 282Continente salvaje 240 La banda de la tenaza 288Canon heterodoxo Manual de literatura española para el lec- Lo que no está escrito 292tor irreverente 244 Un rescate necesario.Ifni, la última aventura colonial española 249 Casa de niebla 295Carl Jung. Psiquiatra pionero, La última película 299artesano del alma 254 Barrio Perdido 307La nada y las tinieblas 259 La muerte del corazón 312Rara avis. Más afuera 263 El colapso de la literatura: Retrato de un artista adolescente 316 La alquimia como relato; El diablo me obligó 321 22/11/63, o los multiversos 327
  • Libros & Drogas
  • Factor Crítico N o hay muchos temas como el de las drogas. Se mire desde donde se Editorial mire, desde el punto de vista literario, sociológi- por Miguel Carreira co, político y hasta filo- sófico las preguntas que abren la producción, distribución, venta y consumo de drogas son casi infi- nitas. [pg-7] En el plano socio-político, por ejem- plo, resulta desconcertante la falta de debate sobre una realidad tan notoria. Si postulamos un observa- dor ajeno a nuestra sociedad, un indígena de una sociedad primitiva, un extraterrestre o un observador fu- turo, y este se limitase a conocer los mensajes públicos, el discurso de los partidos políticos o la información de los medios de comunicación lle- garía quizás a la conclusión de que las drogas son un fenómeno que no merece la pena explorar, que se trata de una sustancia escasa consumida por parias desde los márgenes de la
  • Factor Crítico sociedad. Si postulamos otro observador ajeno a definitiva, todos sabemos de la abrumadora abun- nuestra sociedad, que atendiese a una selección dancia de oferta en las calles de cualquier ciudad. no demasiado azarosa de obras literarias, musi- cales o cinematográficas quizás sus conclusiones Si nuestra sociedad le ha declarado a las drogas la habrían sido distintas, aunque estas diferirían lla- guerra total de la que presume —una guerra que, matívamente si esa selección fuese de los sesen- como plantea Escotado en su fascinante Historia ta, los setenta, los ochenta y así sucesivamente en general de las drogas, ha obligado a la sociedad a cada década. replantear o flexibilizar la noción de delito— resul- ta palmario que esa guerra la está perdiendo; por De hecho parece que en los últimos años la droga mucho, además. Eso nos deja dos opciones. O [pg-8] ha desaparecido como objeto de análisis incluso bien nuestra sociedad es terriblemente ineficiente en el arte, como si la droga hubiese perdido defini- o bien esa guerra no existe, al menos con la inten- tivamente la batalla. No es así. Aún admitiendo los sidad y firmeza de la que alardea. límites ambigüos que definen la frontera entre dro- gas, fármacos y productos de uso común como el Este número de Factor Crítico no aborda, sin alcohol, lo cierto es que la droga es casi ubicua en embargo, el aspecto sociopolítico del tema. Ni nuestra sociedad. Las estadísticas varían —como siquiera se ha planteado desde el punto de vista es lógico, dado el carácter ilegal del producto— polémico, aunque asumimos que la falta de vo- pero muchas apuntan a que el tráfico de drogas ces sobre el tema da cierto brillo de controversia podría significar hasta un diez (sic) por ciento del a cualquier alusión. comercio total mundial, es decir, que de cada cien euros que se mueven en el mundo por cualquier Lo que hemos querido hacer aquí es hablar de razón dos compran o venden drogas ilegales. No un tema. De algo que existe y que hemos ido a debería sorprendernos demasiado: todos hemos buscar al mundo del arte, el único lugar en el que leído o tenido noticia de de esos llamativos infor- se puede encontrar. Aparte de la realidad, claro. mes sobre el porcentaje de billetes en circulación en los que se encuentran restos de cocaína y, en Gracias por leernos
  • Factor Crítico «Uso el «&» porque yo también quiero ser hipster.» Libros & drogas S e lo escuché una noche a Jimmy Giménez-Arnau Por el amante de la cafeína en un programa de coti- lleos: «En cierta ocasión, al ser preguntado por un periodista acerca de sus [pg-9] problemas con las drogas, Mick Ja- gger contestó: “Yo jamás he tenido problemas con las drogas. Los he tenido con la policía”». En aquella época todavía no existía La noche del boxeo y yo pasaba mis noches de fin de semana enganchado a aquel rancho. Pero no me negarán que la cita da juego. Parafraseando a Jagger —mi vida es una paráfrasis de Jagger—, diré que jamás he tenido ningún pro- blema con las drogas, los he tenido con la gente que se droga. Bueno, ni siquiera esto es del todo exacto. Lo peor no es la gente que se droga, es
  • Factor Crítico la gente que dice que se droga. A mí lo que haga la gente con su cuerpo, con su dinero y con su tiempo me da bastante igual. Lo que me sobrecar- ga es que traten de convencerme de que aquello que hacen es bueno. Y, oigan, con lo de las drogas la gen- te se pone muy pesada. En un senti- do restringido yo sólo recurro a una droga con bastante asiduidad (sí, [pg-10] ésa, soy así de obvio), pero lo hago por motivos estrictamente funciona- les. Me gusta cómo sabe y me gus- ta cómo me hace sentir. Pero no me paso el puñetero día alabando las virtudes de mi amada, ni me pongo camisetas ni otro atrezzo publicitán- dola. Tampoco asumo tácitamente que todo el mundo la toma o ha de tomarla, ni le doy la turra a mi inter- locutor con voz pastosa y demasiado próximo a su cara acerca de lo bue- na que está. La consumo. Punto. La literatura —incluyo en este apar- tado lo cinematográfico y lo musi- cal— acerca de las drogas forma
  • Factor Crítico parte de la misma estrategia discursiva. Parafra- algunos títulos bajo los efectos de la efedrina o seando a Borges —ya ven, no soy un tipo muy si Faulkner se alimentaba de whisky y tabaco, lo constante— diré que la literatura sobre drogas esencial es que ambos produjeron algunos de es una rama de la literatura infantil. En efecto, los párrafos más lúcidos de la historia de la lite- esos «escritores» son como niños. Hice esto y lo ratura. Ambos eran excepcionales en su oficio, y otro. Quería experimentar y me metí aquello y eso no tiene que ver con lo que tomasen o de- lo de más allá. Muy bien. ¿Y a mí qué? Quie- jasen de tomar. De modo análogo a cómo uno ro decir que un contenido, una experiencia, no se convierte en un as con la Telecaster por no basta para poder hablar de que lo que has inyectarse heroína o compone Forever changes producido sea literatura, lo decisivo es cómo lo por meterse LSD como si no hubiera mañana. [pg-11] cuentes. Me da lo mismo si son drogas, asesi- Esas prácticas quedan fuera de la producción natos o el día a día de un contable en una ofi- artística —que es lo verdaderamente importan- cina de seguros. Y con las drogas a la gente se te—, tienen el mismo interés que el tipo de pa- le suele ir la mano. Creen que sólo por hablar pel higiénico que usaba Jack Bruce o la marca de algo supuestamente peligroso e ilegal tienen de tinta con la que Ozzy se hizo su primer tatua- el interés del lector garantizado y suelen descui- je. Toda esa mitología de las drogas y la cultura dar todo lo demás. Lo malo es que la cosa les se parece bastante a lo que retrata Woody Allen funciona —la mayoría de los lectores no dista en «Las listas de Metterling». Son aspectos, en demasiado de la mayoría de los escritores: no suma, que forman parte no de la literatura, sino son demasiado exigentes con la escritura— y de la prensa rosa de la literatura. Como ven, nos encontramos con tipos manifiestamente in- volvemos al principio. capacitados para este noble arte acaparando galardones y títulos en la editorial Anagrama sólo por cuestiones biográficas. Asunto bien dis- tinto es que el escritor, o ciertos escritores, para escribir recurran a cierta asistencia química o farmacológica: me da igual si Sastre escribió
  • Factor Crítico «La literatura tiene el mismo fin que los psicodé- licos: ser quienes queramos cuando queramos» Entrevista con Ti- M Mi nombre es Timothy mothy Leary Leary y, aunque ahora parezco un anciano de aspecto sosegado, hubo por Roberto Bartual un tiempo en que el FBI [pg-12] me concedió el título de Enemigo Público Número Uno. En aquel entonces también era un hombre tranquilo, pero eran otros tiempos: a Bin Laden todavía de- bían de estar cambiándole los pa- ñales y uno tampoco tenía por qué hacer grandes méritos para llamar la atención del FBI. Tan solo uno. Decirle a toda América que no solo es bueno consumir drogas psico- délicas, sino también necesario. El problema es que siempre importa menos lo que se dice, que quién lo dice. Y yo no era un hippie de Haight-Ashbury. Era doctor en Psi- cología por Berkeley y profesor en Harvard. Siempre me he sentido
  • Factor Crítico halagado por la importancia que me otorgaron T.L.: Usted también tendrá que discul- las fuerzas de la ley, ya que el empeño que el parme. A veces se me olvida que lo úni- señor Hoover puso en capturarme, en el fondo, co que hago es representar un papel. daba la razón a mis ideas. Hubo un momento, a mediados de los años 60, en el que a pesar F.C.: Para la generación hippie fue usted su de la evidente tensión con la Unión Soviética, el Jesucristo Renacido, como rezaban los anun- comunismo dejó de ser brevemente la principal cios de algunas de sus intervenciones públi- amenaza de América. Al FBI y a la CIA le impor- cas. Pero ¿no fue demasiado prematuro ese taba mucho más la repentina posibilidad de que papel? Quiero decir, con toda la controversia millones de americanos empezaran a consumir que empezó a rondar en torno al LSD, ¿sigue [pg-13] LSD con un motivo preciso: cambiar de forma creyendo que la opción que usted tomó fue la radical su manera de percibir la realidad. mejor? ¿De verdad fue buena estrategia hacer una apología tan pública de los psicodélicos? FACTOR CRÍTICO: Las palabras de Leary sue- nan, como siempre, convincentes y viva- rachas; es ese tipo de persona al que es difícil echar en cara la excesiva importan- cia que se atribuye, pues resulta difícil sa- ber si él mismo se la toma en serio o no. TIMOTHY LEARY: Claro que no fui el úni- co que estuvo en punto de mira de los federales. También estaban Owsley Stan- ley, Kesey, la Weather Underground… F.C.: Perdone, doctor Leary, no pensé que estuviera hablando en voz alta.
  • Factor Crítico T.L.: Todavía me lo pregunto. Pensé mucho en T.L.: Bastante, supongo. El gobierno estaba ello en su momento. Gente muy cercana a preocupado por la increíble facilidad con la mí, como Richard Alpert o Aldous Huxley, me que muchos jóvenes de América se replantea- advirtieron de ese peligro. Una cosa es que ban radicalmente la necesidad de cualquier un científico chiflado aparezca en los periódi- tipo de estructura de poder. Sabían perfecta- cos hablando de las beneficiosas propiedades mente la función que estaban cumpliendo las psicoterapéuticas del LSD y otra muy distinta, drogas psicodélicas en las revueltas universita- que aparezca en los mismas portadas acompa- rias y por eso temían que su uso pudiera exten- ñado de los Beatles, con un titular diciendo en derse a sectores más amplios de la población. mayúsculas que los ídolos de las niñas adoles- Si el LSD estaba cambiando tan fácilmente los [pg-14] centes le dan al doctor Leary toda la razón. valores de jóvenes que sólo tenían razones abs- tractas para estar enfadados el mundo, nada F.C.: Lo cual debió asustar a la gen- concreto como, por ejemplo, trabajar bajo te a la que no debía haber asustado. condiciones esclavistas o vivir preso de fuertes requerimientos sociales, imagíne- se lo que habría podido pasar si hubiera caído en manos como las de los mineros de Harlan County o, sin ir tan lejos, en las de las amas de casa de la aburrida clase media americana. Ken Kesey y yo tenía- mos demasiado acceso a los me- dios como para no resultar amena- zadores. El autor de un best-seller popular y el psicólogo más brillante de Harvard asegurando al público que el LSD es inofensivo, que no
  • Factor Crítico produce adicción y que puede ayudarles a per- cibir que toda idea social preconcebida es una simple ficción. El gobierno nunca tuvo realmente nada que temer de los hippies. Nunca tuvieron la menor posibilidad de convencer a nadie “decente” de lo correcto de su modo de vida. Por otro lado, al gobierno tampoco le importaba demasiado Hollywood. Cary Grant aprovechaba [pg-15] la mínima oportunidad en sus entre- vistas para explicar cómo el LSD había cambiado su vida, pero Hoover tampo- co se echaba a temblar por ello. Grant era un actor y, por muy popular que fue- ra, ninguna de sus fans iba a tomar al pie de la letra las palabras de un actor. F.C.: ¿En qué consistieron esos experimentos? F.C.: En cambio, usted era un reputado inves- tigador de Harvard que intentaba hacer que T.L.: La psilocibina, el LSD, la mescalina y, en el LSD adquiriera respetabilidad dentro de la realidad, cualquier otra sustancia psicodélica comunidad científica. Háblenos de sus expe- colocan la mente humana en un estado de rimentos de psicoterapia con psicodélicos. extrema sugestión y moldeabilidad. Similar al que produce la hipnosis, pero con ramificacio- T.L.: En realidad lo que usamos para esos nes más profundas y manteniendo un estado experimentos fue psilocibina, no LSD. Aunque de absoluta consciencia. Bajo los efectos de los efectos son prácticamente comparables. un psicodélico, cualquier estímulo externo,
  • Factor Crítico por pequeño que sea, es capaz de producir F.C.: Eso suena bastante a repro- en el sujeto conexiones mentales inusuales de gramación mental, ¿no? un contenido emocional asombroso. A veces, incluso llega a revivir, de manera completa, T.L.: De hecho lo es. Pero ¿no se pue- experiencias pasadas, placenteras o traumá- de decir lo mismo del psicoanálisis ticas. Al hacerlo, algunos de sus complejos como metodología, en general? más profundos pueden quedar resueltos de manera inesperada. Es entonces cuando se F.C.: ¿No tenía miedo de que lo toma- produce lo que yo llamo el retroquelado men- ran por el clásico Mad Doktor? tal. La mente humana es como ese juguete [pg-16] infantil que consiste en hacer encajar bloques T.L.: Se nos pasó por la cabeza la imagen de de madera con forma cilíndrica, de estrella o Rudolph Klein-Rogge en Metrópolis, sí, pero de cubo, en una serie de agujeros de molde después del tremendo éxito que tuvieron los ex- similar. Hay momentos de nuestra vida en los perimentos, en Harvard nos empezaron a mi- que, si nos dan un cubo, intentamos desespe- rar con una mezcla de respeto y cierto temor radamente meterlo en el agujero con forma reverencial. Conseguimos que la universidad de círculo y un psicoanalista puede tardar financiara una terapia con psilocibina para un hasta diez años en hacer que su paciente se grupo de presos en la cárcel de Concord. Los dé cuenta de ello. Cuando Richard Alpert y sometimos a varias sesiones de terapia grupal; yo empezamos a investigar con psilocibina, la mayor parte de ellas, de preparación: solo nos dimos cuenta de que nuestros pacientes administramos la droga dos veces a cada preso. podían llegar espontáneamente a la misma Al finalizar la terapia, un 75% de ellos aseguró conclusión en una sola sesión. Entonces les haber pasado por una experiencia clave en su ayudábamos a retroquelar sus mentes: ha- vida que había cambiado su manera de pensar cer que cambien el agujero con forma de de forma positiva. Una vez salieron de la cár- círculo por el agujero con forma de cubo, cel, calculamos la tasa de retorno, es decir, el antes de hacer encajar el bloque de nuevo. número de ellos que, después de cometer otro
  • Factor Crítico crimen, volvía a ingresar en el sistema peniten- T.L.: Sí, al principio aceptamos a regañadientes ciario. De nuestro grupo, volvieron un 20%. El el pretexto que nos dio el rector. Que está- porcentaje medio en la prisión de Concord era bamos atrayendo demasiada atención sobre de un 60%. De ese modo conseguimos demos- Harvard. Lo cual no tenía ningún sentido, ya trar que es posible utilizar los alucinógenos para que la comunidad científica había recibido deshacer patrones obsesivos de pensamiento y con euforia nuestro descubrimiento. En 1963, conductas autodestructivas. Alpert y yo fuimos expulsados de la universidad. Poco después nos enteramos de la verdad. Y la F.C.: Fue entonces cuando detu- verdad se llamaba Proyecto MK-ULTRA. Duran- vieron sus experimentos. te los años 50, la CIA había estado experimen- [pg-17] tando en Harvard con LSD, de forma secreta, T.L.: Más o menos. Cortaron la financiación sin tratando de averiguar qué uso podía dársele darnos muchas explicaciones un tiempo des- a la droga en la “guerra silenciosa”. Básica- pués de que publicáramos nuestros resultados. mente tratando de inducir estados de terror en los sujetos experimentales. Sin embargo, F.C.: Un poco sospechoso. descubrieron que los efectos de la droga eran Timothy Leary y Neal Cassa- demasiado impredecibles para poder darle una day en la carretera utilidad militar. Cuando Alpert y yo comenza- mos nuestros experimentos con psilocibina no sabíamos nada de esto. La CIA permitió que Harvard nos financiara por una sencilla razón. Pensaban que quizá nosotros podríamos triun- far donde ellos no lo habían hecho, encon- trando algún modo de controlar la droga para que produjera los efectos deseados. Efectiva- mente, conseguimos controlarla demostrando que sus efectos dependían no tanto de la dosis
  • Factor Crítico como de las expectativas y el estado mental del hecho de que, ahora mismo, me encuentre consumidor, así como del entorno físico en el frente al doctor Leary, sentado sobre un mantel que se administra la droga. Descubrimos que a cuadros escoceses, al aire libre de la cam- era posible “programar un viaje”, pero no para piña inglesa. Para colmo estoy vestido según obtener los resultados que deseaba la CIA. los cánones estrictos de la moda infantil fe- Ocho de cada diez de nuestros pacientes afir- menina del Oxford de mediados del siglo XIX: maban haber tenido algún tipo de experiencia falda plisada azul y lazo en el pelo del mismo espiritual después de nuestras sesiones. Desde color. No me recuerdo en qué momento me un incremento considerable en la comunión dejé caer por la madriguera de conejo. Solo afectiva con sus semejantes, hasta verdade- me acuerdo de haber asistido a la fiesta maya [pg-18] ras sensaciones de haber entrado en contacto que la redacción de Factor Crítico celebró el con la divinidad. Pero la CIA no tenía ninguna pasado 21 de diciembre con motivo del fin del utilidad que darle a Dios. Así que decidieron mundo, y de repente, vi cómo alguien vacia- deshacerse de nosotros. Todavía ahora, en la ba un pequeño frasco en el ponche. Aunque, década de los noventa, siento a veces la mo- ahora que lo pienso, ese alguien era yo. lesta impresión de estar siendo observado. F.C.: Perdone, pero he tenido un flashback. F.C.: No estamos en los años noventa, sino Debería haber comenzado la entrevista con en 2013. Doctor Leary, creo que no de- una descripción de nuestro encuentro, pero bería abusar tanto de los psicodélicos. resulta que acabo de vivir ese momento jus- to ahora. Creo que me acabo de tomar el T.L.: Usted, que es joven, podrá estar en el LSD farmacológicamente puro que los la- año que mejor le parezca, pero para mí es boratorios Sandoz me enviaron hace un poco más difícil porque morí en el 96. par de semanas para hacer una reseña. Lo cual explicaría la extraña sensación que T.L.: Déjese llevar. ¿Dónde estábamos? tengo desde que comenzó la entrevista o el
  • Factor Crítico F.C.: Su expulsión de Harvard, T.L.: Tiene razón, eran los sesenta. Y en los se- la prohibición del LSD… senta todo nos lleva de vuelta a JFK. Eso fue precisamente lo que me ocurrió. Que al doblar T.L.: Ah, la prohibición. Eso ocurrió en la esquina, me encontré a Kennedy sin tener la 1968. Justo el año en que me detuvieron. más remota idea de que pudiera estar allí. Pero en realidad nada de esto tuvo que ver con Ma- F.C.: Desde que le echaron de Harvard hasta rilyn. Mi encuentro con ella fue pura casualidad. entonces, dedicó su vida a defender pública- En mi caso, todo comenzó con la llamada de mente el uso de los psicodélicos. ¿Cómo llegó una mujer llamada Mary Pinchot Meyer. Tra- a convertirse, según las palabras de Richard Ni- bajaba en política, estaba bien conectada, su [pg-19] xon, en «el hombre más peligroso de América»? cuñado era jefe del Newsweek. En definitiva, la típica descendiente de uno de esos viejos linajes T.L.: Bueno, a parte de salir en la televisión, patricios de Washington. Alguien le había dicho almorzar con los Beatles, introducir a medio que yo podía enseñarle a programar viajes con Hollywood en el mundo de los psicodélicos, LSD. escribir decenas de artículos científicos y li- bros defendiendo su uso, y presentarme como candidato a gobernador de California con el aval público de John Lennon, supongo que lo que realmente puso nerviosa a la CIA fue el papel que jugué en las intrigas de Washing- ton. Eso y tal vez el hecho de que la primera dosis que tomó Marilyn Monroe se la di yo. F.C.: Siempre que alguien menciona a Ma- rilyn tan cerca de la palabra Washington es porque hay ciertas siglas entre medias.
  • Factor Crítico F.C.: Cuéntenos qué es eso de de unos meses me confesó sus verdaderos mo- programar un viaje. tivos. Había gente en Washington, me dijo, que estaba interesada en el uso que se le podía dar T.L.: Pese a todo lo que se dijo sobre mí, nunca al LSD dentro de una terapia personal. Acabé fui partidario del uso indiscriminado de psico- enseñándole a Mary lo que sabía, cosa que, délicos. Siempre lo dejé bien claro en las entre- en el fondo, tampoco tenía tanta importancia vistas y en los libros que escribí, aunque luego pues, de todos modos, pensaba escribir con la prensa prefiriera compararme con gente mis colaboradores un manual para explicar al como Kesey. Los efectos de los psicodélicos de- gran público cómo preparar un viaje seguro. penden en gran medida del set y del setting, es Mary yo seguimos manteniendo el contacto. [pg-20] decir del marco mental en el que se encuentra Nunca quiso darme muchos detalles sobre quien lo utiliza, y de su relación con el entorno. lo que estaba haciendo y yo tampoco quise Descubrimos que ambas variables son fáciles conocerlos, pero entendí por sus comentarios de controlar, así que diseñé con mis colabora- que estaba programando viajes para gente de dores, Alpert y Metzner, un protocolo a seguir muy alto nivel. Las palabras de Mary estaban durante las sesiones. Instrucciones precisas de siempre teñidas de un idealismo absolutamente cara a la preparación mental del paciente, el inocente y al mismo tiempo aterrador, como tipo de música y estímulos visuales recomen- supongo que lo fue el idealismo que todos dables durante la sesión, cómo tranquilizar al tuvimos en aquella época. Como si se hubiera paciente si, de repente, sufre un mal viaje, y lo erigido en la cabeza invisible de una conspi- que es más importante, cómo ayudarle durante ración para la paz que estaba empezando a el viaje de regreso a integrar el cambio psicoló- conseguir, en secreto, cada vez más adeptos en gico dentro de la estructura de su personalidad. Washington. Así fueron las cosas, hasta que un Mary quería que le enseñara todo eso, pero al día, Mary me llamó aterrorizada para decirme principio me negué. Aunque había llegado a que la estaban persiguiendo. No volví a saber mí a través de un amigo común, no terminaba de ella en mucho tiempo. En 1963, poco des- de fiarme. Sin embargo, Mary insistió y al cabo pués de la muerte de Kennedy, recibí su última
  • Factor Crítico llamada. “Ya no podían controlarle”, me dijo. de paranoia se daban precisamente cuando “Estaba cambiando demasiado rápido. Han me estaban persiguiendo. Me detuvieron dos echado tierra encima de todo el asunto. Tengo veces por posesión de marihuana. Encon- que verte. Tengo miedo. Ten cuidado”. Mary traron dos colillas de porro en la guantera murió unos meses más tarda. Fue asesinada de mi coche. Me condenaron a 30 años. a la orilla del río Potomac. Tenía una herida de bala en la cabeza y otra en el corazón. F.C.: (silencio) F.C.: Supongo que encontra- rían a un cabeza de turco. [pg-21] T.L.: Un hombre negro, por supuesto. In- tento de violación y robo. ¿Cuántos in- tentos de violación acaban con una bala en la cabeza y otra en el corazón? F.C.: ¿Era amante de Kennedy? T.L.: No lo supe hasta después de su muerte. Claro que lo era. Pero no como las demás. Kennedy la quería de verdad. Después de T.L.: Pero yo tenía otros planes. aquello… Bueno, ya sabe. La muerte de Ken- nedy hizo que todo se viniera abajo. Empe- F.C.: Se escapó de la cárcel. zando por mi puesto en Harvard. Entonces fue cuando empezaron a perseguirme. Al princi- T.L.: (sonríe con cierto nerviosismo) Antes de in- pio pensé que mi paranoia era producto de gresar en el sistema penitenciario, se sometía a las drogas, pero casualmente los momentos los condenados a un test psicológico para de-
  • Factor Crítico terminar cuál sería su ocupación idónea dentro contraba a kilómetro y medio de distancia. Allí de la cárcel. En cuanto me pusieron la hoja de me esperaban dentro de un coche unos chicos preguntas delante, tuve que contener una car- muy simpáticos de la Weather Underground. cajada. El test lo había diseñado yo. En cues- tión de segundos decidí cuál iba a ser el resul- F.C.: ¿El grupo terrorista? tado, ya que sabía perfectamente lo que tenía que responder para que la junta de prisiones T.L.: Si quiere llamarlo así… No pude dejar de viese en mí un carácter totalmente conformista reírme yo solo durante el tiempo que estuve con enormes aptitudes para la jardinería, el dentro de aquel coche. Me llenaba de ale- trabajo más indicado para planear mi fuga. gría el haber conseguido escapar sin ningún [pg-22] Me mandaron a San Luís Obispo, un penal de tipo de violencia. Uno de los Weathermen me baja seguridad cerca de Santa Bárbara. Nadie pasó un porro de marihuana. Sostuve entre me molestaba mientras estaba trabajando en mis dedos al pequeño culpable de mi ingreso el jardín, así que aprovechaba la jornada para en prisión y me eché a reír pensando en lo estudiar el terreno. Me enamoré de un árbol que harían los guardias mientras tanto. Nunca cuya copa se alzaba hacia uno de los tejados. había disfrutado tanto de una calada. Traté Llegada la noche de la fuga, pinté mis deporti- de imaginármelos descubriendo mi ausencia, vas de negro para que nadie pudiera verme en llamando a Sacramento, donde algún puño la oscuridad. Salí al jardín por una puerta de furioso golpearía un escritorio y dos o tres tra- mantenimiento que se había quedado abierta seros se caerían de sus sillones. Me reí y me reí esa misma mañana y, una vez fuera, escalé el y así pasé tres semanas, riéndome, porque me árbol hasta llegar al tejado. No fue sencillo. sentí como si hubiera ejecutado con éxito una Para salvar la alambrada tuve que deslizarme especie de performance para decirle a la gente a pulso por un cable telefónico de unos quince cómo debían actuar frente al sistema judicial y metros de largo. El poste donde acababa el a la burocracia policial. Me pareció una bro- cable estaba fuera del recinto. Una vez fuera, ma redonda, que por desgracia los agentes fui andando al punto de recogida, que se en- del orden público nunca supieron apreciar.
  • Factor Crítico F.C.: Desde luego, se la tuvieron jurada desde F.C.: Volvió a ingresar en prisión en entonces. El FBI no dejó de perseguirle hasta 1972. ¿Cómo pudo soportar el en- que consiguieron ponerle las manos encima. cierro alguien como usted? T.L.: Eso ocurrió dos años más tarde, en T.L.: Escribiendo. En el fondo, después de Afghanistán. Durante todo ese tiempo logré tanto ir de aquí para allá, agradecí tener darles esquinazo en Argelia, en Austria, en tiempo libre para mí mismo, así que apro- Suiza… Fueron años difíciles, viviendo en veché para reflexionar un poco y poner so- casa de amigos, aceptando ayuda compro- bre el papel todas las cosas a las que había metedora como la de los Panteras Negras. estado dándole vueltas durante mi exilio. [pg-23] F.C.: Su amigo Robert Anton Wilson le visitó varias veces en prisión. Decía que, a pesar de las circunstancias, usted siempre tenía esa sonrisa beatífica en la cara. La sonrisa que le hizo famoso. Decía que, allí dentro, usted parecía más libre que toda la gente de fuera. T.L.: Después de más de diez años usando los psicodélicos para descubrir qué hay debajo del mundo que percibimos, llega un momento en que ya no los necesitas. La mente aprende a llegar a ese lugar por sí sola. Y entonces, el hecho de estar viviendo en una celda deja de tener tanta importancia. Pero mentiría si dije- ra que no tuve malos momentos. En una de las prisiones donde fui a parar, coincidí con Timothy Leary con G. Gordon Liddy, el agente del FBI que le detuvo.
  • Factor Crítico F.C.: ¿Por qué le afec- taron tanto las pala- bras de Manson? T.L.: Quizá me preocupaba que tuviera razón. Porque en el fondo había estado haciendo lo mismo que él. Meterme en la cabeza de los demás. Y es posible [pg-24] G. Gordon Liddy, en quien se inspiró Alan Moore que los demás no estuvie-para crear al Comediante de Watchmen, se hizo amigo de Leary cuando éste salió de la cárcel ran todavía preparados.llegando a admitir que, después de tantos años, Después de tantos años, había comprendido que Leary tenía razón aún me pregunto si hice lo correcto. Salí de la cárcel tras la caída de Nixon. El gobernador de California Charles Manson. Su celda estaba casi enfrente me indultó, pero las cosas, de la mía. No le había reconocido, hasta que afuera, habían cambiado. una noche me dijo: “Eh, Leary. Eres mi héroe. Hacía mucho que la tele- Tienes que enseñarme cómo lo haces”. Me visión y la prensa habían quedé mudo y entonces gritó para que le oyera transformado el sueño todo el corredor: “¡Este es mi amigo Tim Leary! hippie en mero hedonis- ¡Él sí que sabe cómo meterse dentro la cabeza mo sexual e, incluso eso, de los demás!”. Solicité a través de mi aboga- estaba a punto de acabar do un traslado de celda y lo conseguí. Fue uno en cuestión de unos años de los momentos más aterradores de mi vida. por culpa del SIDA. No
  • Factor Crítico solo se había ilegalizado el LSD y la psilocibina F.C.: Pero usted nunca utilizó psico- para consumo público, además se le impuso délicos para «controlar» a nadie, un veto a la investigación científica a pesar de como hicieron Manson o la CIA. que todos los estudios indicaban la incalculable utilidad de estas sustancias para desprogramar T.L.: No importa lo que yo o Richard Alpert o conductas obsesivas o autodestructivas, ayudar gente como Stan Grof o Humphrey Osmond hi- a pacientes terminales de cáncer a aceptar el ciéramos. Lo que único importa es el uso que el tránsito o ser los únicos analgésicos efectivos resto de la humanidad quiere darle a los psico- para las migrañas de racimo. Todo eso desapa- délicos. Y lo que llevamos del siglo XXI tampoco reció, de golpe y plumazo. Y en cierto modo yo deja demasiadas esperanzas, la verdad. [pg-25] tuve la culpa de ello. Yo, Kesey, Stanley… todos los que estuvimos en primera línea invitando F.C.: Pero usted está muerto, doctor a los Cary Grant de América a que probaran Leary, ¿cómo puede saber lo que ha pa- el LSD, o directamente echándolo en el pon- sado estos últimos años? A veces ten- che de sus fiestas multitudinarias, como hacía go la sensación de que soy yo mismo Kesey. Tampoco había tanta diferencia. Tal vez quien responde a través de su voz. hicimos demasiado ruido. Tal vez Huxley tenía razón: no es por azar que los chamanes siempre hayan ocultado la fuente de sus poderes. Era su manera de protegerla. Sin embargo, en aquellos años… no se imagina hasta qué punto estuvimos cerca de la destrucción total después de lo de Bahía Cochinos. Creí que si había un momento era ése, el momento de dar un salto ade- lante en la evolución y hacer madurar a la raza humana. Pero no estábamos preparados. Quizá nunca lo estemos y Manson tenga razón. Encontramos la herramienta más poderosa jamás conocida para explorar la mente humana y lo único que se nos ocurrió es usarla para meternos en la mente de los demás.
  • Factor Crítico T.L.: Supongo que es la primera vez que mancha amarilla en una esquina del techo me prueba el LSD. ¿Recuerda lo que estaba ha- hizo volver a vivir lo que sentí el día en que mi ciendo antes de que nos encontrásemos? ex y yo pintamos de blanco aquellas paredes amarillas: la misma prisa por acabar el traba- F.C.: La verdad es que estoy empezando a jo, la misma ilusión por tener nuestro propio acordarme. Estaba en una fiesta y empecé espacio, la misma frustración al darnos cuenta a sentirme débil. Aunque débil no es la pa- de que se había acabado la pintura; de repen- labra. Más bien era como si mis dedos, mis te, aquella mancha amarilla se convirtió en el brazos, mis piernas fueran haciéndose cada testimonio de una relación en la que siempre vez más ligeros hasta perder por completo su quedarían cosas pendientes. Después estuve [pg-26] masa. Volví a casa. Puse un poco de música. cenando. Comí un poco de tortilla de patatas. Ravi Shankar. Esa música hindú está real- Hacía frío y decidí cubrirme con una manta mente hecha para esto, ¿verdad? Cada nota en lugar de encender la calefacción. Cubierto era una aguja clavándoseme en el cuerpo. por la manta, volví literalmente a la infancia. Al instante, aquella tortilla industrial comprada T.L.: ¿Le dolió? en el súper, empezó a tener el mismo sabor que la tortilla que me daba mi abuela cuando F.C.: Creo que la palabra “dolor” es irrelevan- de niño, nos llevaba a mi hermano y a mí de te para describir lo que sentía. Era más bien paseo por la sierra, y al volver a casa, nos abri- como si las cuerdas del sitar estuvieran dentro gaba y nos daba de cenar. La misma sensación de mí, pero aún así Shankar pudiera hacerlas de cobijo y necesidades básicas satisfechas vibrar pulsándolas a toda velocidad con esa después de aquellas alegres pero cansadas mano suya endemoniada. Luego, empecé a caminatas. Me eché a llorar de felicidad. Era mirar alrededor. Cualquier objeto, cualquier como si estuviera dentro de la madalena de rincón me traía de vuelta los recuerdos más Proust. Entonces comprendí que cuando Marcel asombrosos. Pero, de nuevo, “recordar” no dice haber recuperado su infancia mojando la es la palabra. Revivir, quizá. Una pequeña madalena en la leche, no estaba hablando en
  • Factor Crítico sentido metafórico, ni tampoco estaba utili- rar esas sensaciones mismas para volver a vivir- zando las palabras como barniz literario para las. Entonces… entonces fue cuando empecé a describir algo tan simple como el recuerdo. ver cómo los colores de los azulejos del baño Cuando Proust dice que una madalena puede se separaban por capas hasta que me permi- devolverte la infancia es porque literalmen- tieron avistar a lo lejos estos árboles, este río, te puede hacerlo, igual que el contenido de este bosque en el que nos encontramos ahora. un frasco o una seta puede hacerte crecer o T.L.: Un viaje clásico. La psilocibina, el LSD disminuir de tamaño. Y se trata, además, de activa de manera prodigiosa el cerebro repti- algo tan fácil de conseguir y tan aparentemente liano, la parte más antigua de nuestro cerebro. común cuando lo consigues, que uno se llena [pg-27] de admiración y respeto por el género humano al saber que el cerebro es capaz de hacer algo así. Un rato después, fui a la ducha pensando en meterme luego en la cama. Pero… creo que no salí de allí. Debo seguir todavía dentro del baño. Recuerdo que entrar debajo del chorro de agua fue algo sobrecogedor. Como si mi piel hubiera desaparecido y las gotas pudieran alcanzar directamente mi sistema nervioso. Supongo que es la misma desprotección que sienten los bebés al nacer, porque ducharse bajo los efectos de aquello… Bueno, era como sentir las gotas de agua caer sobre tu cuerpo por primera vez en tu vida y, saber al mismo tiempo, que tu mente es capaz de recuperar de manera literal no solo el recuerdo de sensacio- nes tan antiguas, sino que es capaz de recupe- Leary en Suiza durante su épo- ca como prófugo de la ley
  • Factor Crítico La que domina en los animales anteriores a los los agujeros. Solo que en este caso no tienen mamíferos y la que domina también durante nues- la forma de cuadrado o de círculo, sino la de tra infancia. La parte del cerebro que rige nuestras una niña victoriana y un viejo un poco sátiro. emociones más básicas, desde el miedo hasta el placer. Cuando estamos en un estado de vigilia, F.C.: Entonces, ¿todo esto no son más que sobrios, las partes superiores de nuestro cerebro fantasías, proyecciones de mi mente? bloquean la mayor parte del contenido emocional básico que tienen nuestras percepciones. Simple- T.L.: Es una forma de verlo. Para muchos no es mente no podríamos vivir en sociedad, o al menos muy diferente a un efecto óptico. Sin embar- no en la sociedad tan complicada que hemos go, después de tantos años de experimentar [pg-28] montado, si tuviéramos acceso constante a esos con el LSD, personalmente no he llegado a contenidos. Sin embargo, cuando domina esa parte encontrar ninguna diferencia ontológica en- tan primaria de nuestro cerebro, se empiezan a tre lo que percibimos bajo los efectos de la establecer vínculos emocionales que ya se creían droga y lo que percibimos cuando estamos perdidos con los objetos, con las personas, con el sobrios. Simplemente son dos formas diferen- entorno. Lo que ocurre es que, acostumbrados a tes de ordenar las percepciones sensoriales. la vigilia, nuestro cerebro no está entrenado para Lo que quiero decir es que puede llamarlo ordenar y clasificar toda esa abrumadora descarga fantasía si quiere, pero entonces también de información emocional que penetra nuestros deberá llamar fantasía a lo que percibe sentidos durante un viaje. Así que lo que hace es cuando no está bajo los efectos del LSD. aplicar a la información visual determinados mol- des o patrones ya conocidos para intentar ordenar- F.C.: Un pensamiento un poco inquietante, ¿no? la. De ahí que usted le pareciera que los colores de los azulejos se separaban por capas y que T.L.: No me lo parece. Lo que nos enseñan los detrás de ellos estaba este bosque, o que ahora psicodélicos es que el cuerpo humano, nuestro tenga usted el aspecto de Alicia y yo el de Timothy sistema nervioso, nuestro cerebro puede imitar Leary. Es como el juego infantil de los bloques y en cualquier momento todo aquello que hemos
  • Factor Crítico experimentado, sentido o visto antes. Ahora T.L.: Adorno dijo que escribir poesía después de mismo, su cerebro está imitando la forma de Auschwitz era un acto de barbarie. Los postmo- Timothy Leary porque ya antes ha visto su forma dernistas se tomaron sus palabras literalmente y en una foto. También puede imitar las pala- se convencieron de que si no se podía escribir bras de Leary porque usted ha leído sus libros. sobre nada, entonces el único tema legítimo Pero, en cualquier caso, lo que está haciendo que le quedaba a la literatura eran las palabras ahora su mente no es muy distinto a lo que mismas. Proclamaron la muerte de la escritura, hace todos los días cuando habla o cuando pero se equivocaron. Cuando usted ha tratado escribe. Imita formas sonoras o escritas que llamamos palabras y que en realidad no son de describir lo que experimentó durante su via- je ha recurrido a la metáfora y al símil porque [pg-29] nuestras. Los psicodélicos nos hacen conscien- tes de algo muy importante que la mayor parte cuando la realidad deja de ser estable, las pa- de la gente pasa por alto en su vida diaria: labras comunes y el lenguaje racional pierden que la realidad no es más que lenguaje. su poder para describirla. Entonces solo nos quedan las madalenas. Y aún así, cuando uno F.C.: Lo cual es básicamente lo mismo recurre a las metáforas para intentar comuni- que dicen algunas de las corrientes lite- car experiencias tan extremas, éstas solo nos rarias más importantes del siglo XX. permiten, como mucho, acercarnos un poco más a lo Real sin llegar a tocarlo nunca. Por- que lo Real no está constituido por palabras, o no solo por ellas, sino también por signos visuales, táctiles, olfativos, gustativos y emocio- nales. Todos estos niveles son también lengua- je, porque el tacto, por ejemplo, es también un sistema organizado de signos, aunque pocas veces seamos conscientes de ello. Y sin embar- go, sí lo podemos percibirlo como un sistema Laura Huxley, a la derecha, llamó a Timothy Leary en el lecho de cuando tomamos psilocibina y empezamos amuerte de su marido para que éste le diera la extremaunción con LSD
  • Factor Crítico sentir en la palma de las manos los guijarros los psicodélicos: hacernos ver que todo lo que que tocan las plantas de nuestros pies descal- sentimos, tocamos u olfateamos, no son más zos. Es comprensible que después de Auschwitz que metáforas, como las palabras, y que las mucha gente empezara a perder interés por lo palabras, como los psicodélicos, nos permiten Real. Sin embargo, aún quedan realidades en ser quienes queramos cuando queramos. el ser humano más profundas que la muerte y la destrucción. Realidades que es necesario F.C.: Nos permiten serlo hasta que describir. Y por suerte ha habido escritores se pasan sus efectos, claro. conscientes de ello que, rechazando el axioma postmodernista desde dentro, han demostrado T.L.: No. Nos permiten serlo siempre, mien- [pg-30] que la escritura era posible todavía: la escritura tras sigamos hablando o escribiendo. Es entendida como un juego interminable de crea- algo que los niños saben. Solo que los adul- ción de metáforas cuyo fin es alcanzar la reali- tos, a veces, nos olvidamos de ello… dad invisible y quizá incomunicable del espíritu humano; esa realidad que los psicodélicos nos permiten percibir. Me refiero a pioneros como Lewis Carroll o Aldous Huxley, pero también a gente como Philip Dick, Robert Anton Wilson, Julio Cortázar… Aunque quizá quien más lejos haya llegado en este sentido es Thomas Pyn- chon, burlándose constantemente del credo postmodernista con sus gigantescas novelas en las que se acumulan cientos y cientos de pági- nas en las que se narra solo por el puro placer de narrar realidades nuevas. Lo que escritores como estos nos descubren sobre la literatura es que el acto de escribir tiene el mismo fin que
  • Factor Crítico «Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves ardien- do más allá de Orión. He visto ra- ¿Se drogan los yos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... androides? en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir». por David Urgull [pg-32] R esulta imposible creer que estas breves líneas, este epitafio perfecto, fuese escrito por un an- droide, por muy avanza- do que fuera Roy Batty, ni tan siquiera por un Rutger Hauer encarnando a la última generación de replicantes. Un sistema operati- vo, un Windows Enterprise, no da para tanto. El lenguaje binario, la suma de unos y ceros, no es capaz de trascender ni de transmitir más allá de lo que podemos encon- trar en las novelas de Dan Brown y otros seguidores de las tramas
  • Factor Crítico calcadas con plantilla. Hay algo más, tiene que veces vapuleado por la ausencia de la misma. haber algo más. Si no se tratase de androides Philip K. Dick escribía Ciencia Ficción sin necesi- podríamos suponer que esa capacidad evoca- tar premoniciones a lo Julio Verne para construir dora viene del alma o de esos veintidós gramos la trama de sus creaciones, sin plantear civili- de espíritu que se dice tenemos los humanos, sin zaciones lejanas absoluta e inimaginablemente embargo, en un amasijo de circuitos y células avanzadas como haría Issac Asimov en su saga sintéticas, esta posibilidad espiritual está descar- Fundación. Dick reduce el hiperespacio al cere- tada por su propia esencia artificial. Entonces, a bro de sus protagonistas, ese es su mundo inex- qué podemos achacar esta insólita capacidad plorado y la volatilidad de la sinapsis neuronal creativa, cuál fue el detonante externo que re- es el centro gravitatorio de toda su obra. Luego [pg-33] volucionó los microchips del pluscuamperfecto adornará o no, en Confesiones de un artista de Nexus-6. Quizá se deba a los efectos de una mierda el contexto es contemporáneo al autor, metanfetamina del futuro, a un tripi intergalácti- sus historias con androides o naves espaciales, co, a cualquier sustancia exocrina capaz de des- o las situará en planetas alejados o en futuros virtuar la realidad matemática de un robot como atemporales, pero estos elementos clásicos del Roy Batty. Esta explicación podría convencer a género para él no son más que atrezo. El tema los acólitos más beats de Aldous Huxley y sus principal de teorías perceptivas, pero, sinceramente, no creo su obra no es «La Realidad es aquello que, inclu- que ningún doping sea capaz de convertir a un otro que el de so aunque dejes de creer en ello, androide en todo un Shakespeare. La explica- la realidad, sigue existiendo y no desaparece.» ción es más sencilla: se llama Philip K. Dick. la percepción de esa realidad muchas veces manipulable, Philip Kindred Dick es uno de los grandes auto- volátil, incierta, una realidad tramposa. res de la llamada literatura de Ciencia Ficción. Escribió decenas de novelas y cientos de relatos Esta preocupación, más bien obsesión, por algo que hoy en día constituyen un paradigma de li- tan abstracto como la realidad le viene al au- teratura de calidad dentro de este género tantas tor de sus propias experiencias vitales. Philip K.
  • Factor Crítico Dick estaba loco, completamente loco, loco con moda en su tiempo. Antidepresivos y metanfe- certificado. Paranoia esquizofrénica, le diagnos- tamina, esa era su dieta habitual. Pastillas rojas, ticaron los médicos. Él prefería llamarlo, al más azules, blancas, verdes, de todos los colores, de puro estilo del Barroco español, experiencia mís- todos los tipos, el arcoíris completo de la quími- tica. La distorsión mental le venía de la infancia, ca y para pasar el trago un poquito de alcohol, desde aquellos primeros años en el Chicago de todos los alcoholes. Poco a poco los episodios Al Capone y la “ley seca”. En el vientre materno psicóticos se fueron multiplicando y los estados compartió líquido amniótico con una hermana de lucidez empezaron a perder fuerza, su vida gemela, Jane, que murió a los pocos días de na- se diluía, la realidad resultaba incomprensible. cer. Sus padres en la sepultura colocaron, junto Él mismo comentaba que un haz de luz atrave- [pg-34] al nombre de la hija fallecida, también el nombre de Philip, dejando la fecha de defunción en blan- co, en espera. La muerte de su gemela y aquella lápida le persiguió durante toda la vida como un «Solo con mirarme reconoce- fantasma ineludible, un fantasma que se fue apo- ríais que mi energía principal se encuentra en la mente.» derando de sus neuronas. Con los años vendrían las alucinaciones, los trances religiosos, las visio- nes dislocadas, la creencia de que el FBI y la CIA le perseguían como si él fuera el enemigo núme- ro uno de los Estados Unidos, la irritabilidad, la dependencia «Estoy hecho de agua. Jamás se darán cuenta de ello por- de los fárma- que la tengo contenida» cos o las de- presiones. Además de la locura P K. Dick añadió a su via- . je vital la experimentación psicotrópica tan de
  • Factor Crítico sando sus pestañas en un parpadeo frustrado La locura y la adicción le proporcionaron una le reveló que en realidad era un griego del año inspiración asombrosa y a la vez maldita. Cuan- cincuenta después de Cristo. El destello de un do sus neuronas flaqueaban él buscaba en la colgante que llevaba una muchacha le disparó metanfetamina las alucinaciones, ese mundo un rayo láser que abrió su mente y le otorgó co- paralelo que su mente había ido creando. En sus nocimientos olvidados. La radio tenía la costum- escritos aparece de manera recurrente la posibi- bre de insultarle. El universo entero le hablaba. lidad que tienen los protagonistas de inducirse Dios se comunicaba a través de los titulares de diferentes estados de ánimo, bien sea mediante los periódicos. La mente se le desbocaba mien- impulsos eléctricos en el cerebro o mediante de- tras él intentaba dar sentido a sus visiones. terminadas sustancias químicas. El propio Dick [pg-35] experimentaba en sí mismo estos métodos de in- Fue un hombre mental y emocionalmente ines- ducción psicológica. Necesitaba que la realidad table. Según pasaron los años su vida entró en se desmoronara a sus alrededor, se diluyera, ter- barrena. Los matrimonios le duraban poco y re- minara hecha pedazos, fulminada, para encon- sultaban traumáticos, los episodios violentos se trar entre las cenizas la verdadera esencia. La multiplicaban, se sometió a numerosas curas de metanfetamina era para él ese vehículo hacia la verdad, la sustancia D que aparece en su novela: desintoxicación, recayó una y mil veces, hasta Una mirada a la oscuridad. Le gustaba enfren- que finalmente su corazón sufrió un colapso en tar a sus personajes a un mundo supuestamente 1982. Murió en Santa Ana, California, solo y estable que inesperadamente se desvanece ante sin un dólar, murió unos meses antes de que sus ojos y para poder escribir sobre cómo sobre- se estrenara la adaptación cinematográfica de ponerse a esas situaciones necesitaba conocer ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la de primera mano la incertidumbre vital. exitosa Blade Runner. Su familia recogió las ce- nizas y las devolvió a Chicago, para colocarlas Hay quien afirma que la originalidad de los en aquella tumba obsesiva donde le esperaba planteamientos presentados en sus obras tiene su hermana Jane. como base esa esquizofrenia paranoide diag-
  • Factor Crítico nosticada por los loqueros de turno. Sin em- buscaba la forma de potenciar esos momen- bargo, las teorías psiquiátricas afirman que un tos de máxima creatividad. Al igual que otros esquizofrénico sin tratamiento regular, como era muchos escritores de su generación, P K. Dick . el caso de Dick, va perdiendo paulatinamente la encontró en los psicotrópicos un vehículo hacia capacidad de comunicarse y se queda aislado las dimensiones ocultas del cerebro. Es una téc- en su propio mundo alucinado. Esto nunca le nica clásica, usada desde la antigüedad, segu- sucedió a Philip Kindred Dick. Él nunca dejó de ramente hasta el mismísimo Homero le daba al escribir. La inmensa cantidad de novelas y es- opio o a la mandrágora para ver a los cíclo- pecialmente de relatos demuestra su necesidad pes o tener una cita con Circe. La inspiración, de comunicarse y su capacidad para hacerlo. Él la maldita inspiración, es a menudo esquiva y [pg-36] mismo relativizaba sus experiencias paranoicas y aunque resulta muy romántico esperar que te sus alucinaciones psicóticas, las calificaba como sorprenda a veces hay que forzarla. El opio, la sentido activo, tan útil como la vista, el olfato o belladona, el estramonio, la marihuana, el áci- el gusto y con ironía comentaba: si hiciera caso do lisérgico, la atropina, la ketamina, incluso la de mis visiones estaría en el manicomio. Proba- blemente su paranoia hoy sería calificada como transitoria o en todo caso débil. Él fue un loco cuerdo que forzaba sus viajes alucinógenos. La distorsión mental era su fuente de inspiración y
  • Factor Crítico más recurrente de todas las drogas: el alcohol; todas estas variantes de la sustancia D, no son más que un recurso de escritor, tan útil como un buen diccionario. Philip K. Dick se drogaba, sí. Le daba a todo lo que tenía a mano, engullía cualquier pasti- lla que encontraba con tal de experimentar, con tal de sentir como un rayo láser de color rosa le abría la mente para revelarle las verdades [pg-37] esenciales de la existencia. Con este doping, que no tiene nada de tramposo, consiguió mos- trar a sus lectores un mundo que no siempre es como parece, planteó «Nuestro lema es: más la posibilidad de que lahumano que los humanos.» realidad se nos escapa, afirmó que percibimos solo lo que queremos percibir. Fue en busca de un misterio que in- tuía y como un cartógrafo intergaláctico dejó un cuaderno de bitácora detallando su travesía. Probablemente estaba loco, pero fue un loco muy humano, demasiado humano.
  • Factor Crítico All that we see or seem / is but Malditos a dream within a dream E.A. Poe por Paz Olivares [pg-38] N o hay que ser Escoho- tado para saber que las drogas intensifican los efectos de los sentidos. Tampoco hay que haber leído demasiado para intuir que el lenguaje poético bus- ca la intensidad de la palabra. Así que no hay que ser un maestro de la lógica para asociar de manera natural poesía y drogas. El famoso fragmento de los Pa- raísos artificiales de Baudelaire refuerza esa idea: «Hay que estar siempre ebrio. Nada más: ése es todo el asunto. Para no sentir el ho-
  • Factor Crítico rrible peso del Tiempo que os fatiga la espalda y modernidad. De ese extraño cruce de caminos os inclina hacia la tierra, tenéis que embriagaros surgieron Poe, Baudelaire o Rimbaud, los gran- sin tregua. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o des poetas malditos. Su obra es inimitable por lo de virtud, como queráis. Pero embriagaos.» La que tiene de irrepetible. lectura sesgada podría apoyar la imagen que muchos sostienen de los poetas: los amantes del En el XIX el artista se enfrenta a un mundo en exceso, los «mártires del hedonismo» que diría el que Dios y el Rey dejan de ser omnipresentes Savater. No estoy de acuerdo. y omnipotentes para cederle el cetro al nuevo amo en ciernes: el todopoderoso mercado de la No sé si se puede atribuir ese calificativo savate- sociedad industrializada. Los valores espirituales [pg-39] riano a los que se drogan esperando lo mismo dejan de ser estimados por su nula productivi- que los que entran a un parque de atracciones. dad. Lo que es útil es lo valioso. Un buen hom- Tampoco sé si el Prozac es la píldora de la fe- bre es un hombre productivo, aquél que se labra licidad que soñara Huxley para su mundo feliz, un futuro para su familia, el que se enriquece pero sí sé que esto no siempre ha sido así. gracias a su esfuerzo. El burgués, el hombre de negocios de éxito es el ejemplo a seguir. El ar- Hubo un primer y único momento en que litera- tista, improductivo por naturaleza, es el inútil, el tura y drogas se encontraron de manera casual; casual en el sentido en que no existía conoci- miento contrastado de los efectos de las sustan- cias estupefacientes, por lo que no había una clara intencionalidad en dicho encuentro. No existía el interés ritual o religioso habitual has- ta entonces. No había chamanes, ni pitonisas délficas, ni apóstoles de secta alguna. El autor estaba sólo frente a la droga. No había guías. Ese momento coincidió con el nacimiento de la
  • Factor Crítico bohemio, el antisocial, el perverso, el degenera- ter de los malditos, a esa tendencia adictiva de do, el indolente, el vicioso, el «mártir del hedo- la exploración de los límites, hay que añadirle el nismo». Curiosa asociación ésta última teniendo fácil acceso a todo tipo de drogas por aquél en- en cuenta que Epicuro promulgaba la búsqueda tonces. Se vendían preparados de los alcaloides del placer sin poner en riesgo la salud, y los en cualquier farmacia. El opio, la heroína, la malditos, más bien, buscaban ese placer aún a codeína o la morfina eran de uso común entre riesgo de su vida. Entonces, ¿qué placer es ése? los obreros londinenses lo que da una idea de Más que «mártires del hedonismo» eran mártires su precio. El láudano se recetaba para paliar de lo absoluto. todo tipo de molestias. El mismo Baudelaire lo utilizaba como analgésico de las neuralgias pro- [pg-40] Poe, el norteamericano que primero represen- vocadas por el mercurio que se veía obligado a taría el desarraigo del hombre moderno, el pri- ingerir desde que enfermó, muy joven, de sífilis. mer maldito, diría: «No encuentro precisamente Thomas de Quincey lo utilizó de manera regular ningún placer en los estimulantes a los que me a raíz de un dolor de muelas y acabó publican- entrego con frecuencia de forma tan vehemen- do en la London Magazine las Confesiones de te. No es, en verdad, por amor al placer por un comedor de opio inglés en las que descri- lo que he expuesto a la ruina mi vida, mi re- bía con detalle su experiencia como adicto. (Sin putación y mi razón.» El sentimiento de culpa, esta obra, los Paraísos artificiales de Baudelai- la personalidad compleja, la infancia difícil, la re nunca habrían sido escritos). En 1884, por sensibilidad y el entorno hostil del que no quería ejemplo, Freud escribe su famoso ensayo «Sobre formar parte es común a Baudelaire, traductor la cocaína» donde el doctor defiende los bene- y admirador incondicional de toda su obra. En ficios de la droga. Por aquel entonces (cuando Poe, Baudelaire se reconoció como en ningún aún el psicoanálisis no era ni una idea en su otro autor. Encontró el sentimiento de abando- cabeza), solía recetársela a sus pacientes de- no, la soledad, la angustia existencial, la tortura presivos. En cuanto al alcohol, sobran los ejem- de saberse distinto… lo mismo que Rimbaud en plos en la novela realista decimonónica como su compatriota. A las peculiaridades del carác- no faltan tampoco las alusiones a la absenta.
  • Factor Crítico Todos los cafés de París tenían un grifo de agua del Marqués de Sade y de todo aquél que dis- en las mesas para que los clientes pudieran ir fruta rompiendo las normas, los tabúes. Decía mezclando la cantidad deseada y así, rebajar la Bataille que «en el exceso erótico veneramos absenta. El «diablo» o «hada verde» se servía en la regla que violamos» y esto puede aplicarse un vaso específico, se colocaba una cucharilla a todo tipo de reglas en los malditos. Es decir, de plata perforada en el borde de cristal y sobre para enfrentarse a la autoridad, antes debe re- ella dos terrones de azúcar. Después, se vertía conocerse que dicha autoridad existe. Para ren- el agua deseada sobre la cuchara. La absenta dirse a la obediencia de Satán, como afirmaba se convertía entonces en un líquido de aspecto lechoso cuyos efectos alucinógenos variaban en [pg-41] función de la cantidad de agua que se hubiera añadido. El hábito fue muy popular. Dicho todo esto, queda claro que el hecho de que un artista se drogara en el XIX no era extra- ño, como no lo era para nadie. No se le excluía por ello. Se le excluía porque no fuera conve- nientemente discreto» en su uso. Exactamente igual que con la prostitución: Los vicios, mode- rados y ocultos, nunca expuestos en un poema. Y he aquí donde reside el poder de los maldi- tos: en su rebeldía. Y es que su aparente provo- cación frente a la sociedad lo que escondía en realidad era una profunda moralidad. De ahí su poder. Se dirá que intentar tachar a Rimbaud de poeta moral no tiene razón de ser, como
  • Factor Crítico en Las flores del Mal Baudelaire o mearse en de esto, Javier del Prado explica: el azur como escupía Rimbaud en uno de sus Así que los malditos no eran sólo moralistas. poemas, hay que dotar de existencia a quien se También eran metafísicos. pretende insultar. Si crees en el infierno no nie- gas el cielo, lo reafirmas. Un psicoanalista diría Eternos insatisfechos, huían de la realidad del aquí que tanto Poe como Baudelaire o Rimbaud tedio, o el spleen que diría Baudelaire. Cual- arrastraban un sentimiento de abandono por la quier horror es preferible a esa sucesión de días en la que no ocurre nada. figura paterna, que su enfrentamiento hacia la autoridad era su culpa disfrazada de ira. Esa Poe, en su poema «Sueños»: [pg-42] culpa es la que convirtió en malditos a sus auto- res y no sus excesos con las drogas. Era la culpa «¡Sí!, aunque ese largo sueño fuese de aflicción sin esperanza, la que los obligaba una y otra vez a buscar el sería mejor que la realidad fría castigo y sólo la autoridad tiene potestad para de la vida despierta para aquelcuyo corazón debe ser, ejercerlo. El castigo era en realidad el premio. Era la prueba del reconocimiento de la autori- y ha sido siempre, en la tierra encantadora, dad. Asumiendo el riesgo reafirmaban su valen- un caos de intensa pasión, desde su nacimiento.» tía y su importancia como sujetos. A propósito O Rimbaud, en «Sol y carne»: «El objeto de la rebeldía es la Realidad (esa entelequia que se impone a la mente), por ello el espacio privile- «¡Y en una huida eterna huyen los horizontes!» giado de la rebeldía es la añoranza de lo que fue (o creímos que fue) y el deseo de lo que tendría que ser, Y cualquier huida es «un oasis en medio del de- porque en ese tendría que ser encuentra justificación sierto del tedio» para Baudelaire. nuestro deseo imposible. El espacio final de la rebeldíaes la utopía que hemos soñado, como morada fronterizade nuestro ser. El hombre rebelde no es histórico; se ins- Quizá de ahí venga esa predilección por lo exó- tala siempre en un más allá de su propia existencia.» tico y los viajes. Todo escenario nuevo obliga al
  • Factor Crítico extrañamiento del Yo. Obliga a huir de uno mis- La intensidad deslumbradora lograda a través de la mo para volver a reencontrarse. Rimbaud, en sólo droga suponía el asidero al que agarrarse para sa- dos años (1876-1878) viajó de Java (enrolado lir de lo ordinario de lo real. Esa intensidad le daba en el ejército colonial holandés del que deserta- sentido a lo que había dejado de tenerlo. La auto- ría antes de cumplir dos meses) a Chipre pasando destrucción de Poe, la atracción hacia el abismo que antes temporadas en Viena, Holanda, Suecia, Di- sentencia en el final del El Cuervo, («Y mi alma, de namarca, Marsella, Alejandría, Alemania o Italia. esa sombra que se extiende sobre el suelo, / ¡no se La visión de lo inesperado es más fácil que se dé alzará nunca más!») señaló el camino. Baudelaire fue en los parajes desconocidos. Todos buscaban esa el primero que se aventuró a trazar la ruta. Rimbaud sorpresa, ese asombro en la huida. Las drogas la transitó después pateando cualquier obstáculo [pg-43] que producían las visiones más extrañas posibles que encontrara en su camino para dejar despejada constituían el viaje más exótico. La huida perfecta la vía. Llegó Wilde y terminó plantando narcisos en para explorar el Yo más desconocido. Como le sus lindes. Fue él quien dijo sobre la absenta: diría Rimbaud a su maestro, Izambard, en su fa- mosa carta: «Se trata de llegar a lo desconocido «Después del primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del gracias al desajuste de todos los sentidos.» segundo, uno ve cosas que no existen. Final- mente, uno acaba viendo las cosas tal y como son y eso es lo más horrible que puede ocurrir.» «La embriaguez de la droga, muy próxima al im- pulso espontáneo de la infancia, se da por com- Parece dicho por su Dorian Gray. Con Wilde se pleto en el presente», según Bataille. La droga, así, favorecía la posibilidad de encontrar la huida no acabó el paseo. sólo del espacio tedioso sino también del tiempo rutinario. La intensidad de la sensación les libera- La Gran Guerra y la prohibición transformaron ba de la culpa, del pasado que les atormentaba, las culpas de los malditos en otras. El artista se del futuro que les angustiaba. Quedaban libera- drogaba por motivos distintos. El sentido del via- dos de la autoridad de la conciencia. Recupera- je había cambiado. ban la inocencia, la pureza del bien y del mal, la moral utópica. Comenzaba el turismo.
  • Factor Crítico N o sabemos demasiado de Jules Boissière (1863- 1897), pero lo cierto esFumadores de opio, que hoy en día no sa- bemos mucho de casi de Jules Boissière nada. Jules Boissière es el nombre que firma el libro Fu- Por David Sánchez Usanos madores de opio magníficamente editado por Pre-Textos en 2005. Se trata de un funcionario colonial [pg-44] francés que muere en Hanoi a los treinta y cuatro años; había publi- cado algún libro de poemas pero esta colección de relatos y frag- mentos autobiográficos quizá sea su gran obra. ¿Qué clase de libro es éste? Bueno, estamos ante siete piezas que tienen en común que se desarrollan en la selva de Indochi- na —o en regiones cercanas, me pierdo con cartografías tan con- vulsas— y en las que aparece con cierta profusión la palabra «opio». Quizá el relato «Cómicos ambulan- tes», con un punto a Siddharta de Herman Hesse, se aparte un poco del resto de textos que a lo que más
  • Factor Crítico se parecen es a unas memorias apócrifas en las Si este juego de las afinidades o equivalen- que se nos habla de expediciones que se aden- cias literarias tiene algún sentido, diremos que tran en la espesura, oficiales muertos y extraños nuestro autor se parece a la confluencia entre ídolos. Y del opio, claro. De su ritual y de su po- Joseph Conrad, el mencionado Hesse y Tho- der. Jules Boissière obtenía su sustento de su ca- mas de Quincey. Eso significa finura y precisión rrera diplomática (que también le proporcionó en las descripciones, cuidada atención a la di- la posibilidad de viajar al sudeste asiático, algo mensión psicológica y coqueteo con el animis- que acabaría por devorarle), pero que nadie se mo. confunda: estamos ante un verdadero escritor. [pg-45] De la selva, de esta selva real pero también opiácea, no se vuelve. Como el Nick (Christo- pher Walken) de El cazador o el majestuoso Elias (Willem Dafoe) de Platoon, Jules Boissière se ve atrapado por una especie de hado que le impide regresar a la civilización urbana e im- personal que le ha llevado allí. La gran cadena del ser se disuelve en la maleza asiática y todas las almas parecen la misma, todas las miradas son una y la experiencia vital, por fin, adquiere la importancia que siempre se mostró esquiva. Esta expansión espiritual acaba con el miedo a la muerte e invita a fundirse con aquel paisaje definitivo. Pero el viaje, porque a lo mejor esto es únicamente un libro de viajes, no está exen- to de recodos febriles y aterradores.
  • Factor Crítico «Lentamente, lentamente, como una En última ins- dos especies de las que quizá no existan dema- culebra, se insinúa en nuestros cora- tancia, cual- siados ejemplares puros. En cualquier caso, la zones la tristeza y la angustiosa sen- sación de la sombra inmensa que nos quier intento de manera según la cual Jules Boissière entiende la cerca. Ahora los milicianos conversan imponer una escritura encaja mejor en la segunda. Pero, a di-en voz baja; ¿de qué hablan? Siempre clasificación a ferencia de otros laureados correligionarios, no de los muertos y de los espíritus. Roux lo literario re- es un tipo aburrido. Creo que parte del secreto ya no dice una palabra, y sólo oigo el irritante murmullo de los hombres. sulta infructuo- de que su opción literaria no acabe varada en el Más tarde todos enmudecen, y tengo so. Advertida fastidio reside en el paisaje donde tienen lugar la impresión de que acaba de em- esta precau- sus digresiones —sí, digámoslo claro, hay una pezar la Noche. El viento murmura ción, si se nos «literatura de la digresión»—: la jungla. [pg-46] a lo lejos, entre las hojas —es una larga y profunda lamentación— y permite conti- muy cerca, muy cerca, susurra en nuar con estos Si estuviésemos ante otro ejercicio de anatomía las cañas del techo —es un lamento esparcimien- de almas bajo techado (sea un salón de baile en agudo y triste—. Un terror indefini- tos, podemos la corte de algún Luís, o un loft en Manhattan) ble se apodera de mi pecho y de mi mente. Por momentos, en una ráfaga hablar de una quizá habríamos abandonado estas páginas que sacude el armazón de bambú, literatura reple- sin terminarlas para acudir a otros taquígrafos se diría que una banda de espectros ta de acción, más reputados. Pero que la fina prosa de es- acuden aullando al asalto, desde la diálogos y per- tos dietarios se recorte contra ese duro fondo de profunda oscuridad de la selva» sonajes cuyas lodo, guerra y vegetación ancestral la libra de vidas se entre- la cursilería. De hecho, para mí supone todo un cruzan: una literatura de movimiento y veloci- misterio cómo un tipo dotado de esas maneras, dad. Frente a ella, se situaría la práctica literaria de esa aristocracia mental, acabase absoluta- que se decanta por la descripción y el artificio y mente enganchado a aquella situación. Porque que presenta no pocos momentos reflexivos en para pensar así, para escribir así, no basta el los que desgrana, de manera intermitente, algo talento —arbitraria concesión divina o diabóli- parecido a una metafísica o cosmovisión: una ca—, sino que se precisa una sólida formación literatura estancada, atmosférica. Se trata de clásica, una cierta familiaridad con el panteón
  • Factor Crítico literario. ¿Cómo demonios aguantó Julies Bois- comprendiesen el porqué de su elección. La sière? Qué digo aguantar, ¿qué le hizo asumir seducción de la selva, de la sabiduría y del el hechizo de aquella tumba? Quizá en el opio opio, no se puede aclarar atendiendo única- esté la respuesta más precisa, que no la más mente a las leyes de la lógica o la argumen- completa. Y no hemos de olvidar que murió a tación, por eso quizá estas descripciones, es- los treinta y cuatro años: Jules Boissière, primer tos relatos y diarios, sean la estrategia idónea cadáver de la absurda mitología del rock and para que el lector absuelva a Jules Boissière. roll. Algo a lo que ayuda la fascinación que ejer- ce una mirada como la suya. Fumadores de Podemos interpretar, en fin, este Fumadores opio está escrito desde la libertad y la lucidez, [pg-47] de opio como un conjunto de cartas, como casi como siguiendo los dictados de Spinoza: la forma que eligió su autor para ofrecernos libertad no es otra cosa que el adecuado co- una explicación de aquel vínculo absoluto, nocimiento de la necesidad y la conformidad un intento de que aquellos que le quisieron con ella.
  • Factor Crítico Pero Boissière era un tipo sensible y, a pesar de tirarlo todo por la borda y embarcarse rumbo a que nada podía hacer frente al poder que la esa selva que afina la percepción y purifica la selva ejercía sobre él, también amaba a su mu- escritura, ese reino de espíritus que acechan en jer y a todas «las almas generosas» con las que la noche y de templos milenarios que surgen de se cruzó en ambos continentes. Y, pensando en la maleza. La opción más adaptativa consiste en ellos, no le es ajeno el dolor que les causará pensar, claro, que esa selva no existe fuera de su muerte y, en todo caso, su anclaje definitivo las páginas de El corazón de las tinieblas o de en aquel fabuloso territorio; así que, como de- este Fumadores de opio. cíamos, esta colección ha de entenderse tam- bién como una petición de indulto. Petición que [pg-48] supongo surtió efecto, porque la maestría con la que usa el lenguaje Boissière invita no ya a perdonarle o a comprenderle, sino a seguir sus pasos. Y es que raro será el lector al que no se le pase por la cabeza, siquiera por un instante, Fumadores de opio Jules Boissière Antonio Rodríguez Esteban Pre-textos, Valencia, 2005 300 páginas ISBN: 84-8191-674-9
  • Factor Crítico hidro-. (Del gr. ὑδρο-). elem. compos. Significa ‘agua’. Hidroavión, hidrofo- bia. Hydropathía. Al- Pathos (Del gr. πάθος) cohol, bohemia 1. padecimiento Real Academia Española © Todos los derechos reservados y hadas verdes por Miguel Carreira U no de los grupos más [pg-49] extraños de la historia de la literatura tomó su nombre de una de las drogas más habituales, tanto que ni siquiera se considera como tal: el alcohol. Los hydrópathas se reunieron, con cierta regularidad, desde 1878 a 1885. En ese tiempo crearon re- vistas, urdieron movimientos, escri- bieron cientos y cientos de poemas y ayudaron a colonizar Montpar- nasse. A los dieciséis años, todo apuntaba a que Alphonse Allais se dedicaría al campo de la ciencia. Era hijo de
  • Factor Crítico farmacéutico y, aunque como estudiante se dis- padre debió de ser poca, al parecer Alphonse tinguía más por sus ramalazos de ingenio que descubrió muy pronto que era más divertido in- por su aplicación en el estudio, la creencia co- ventarse fórmulas —¡y venderlas!— que seguir mún era que el chico de los Allais acabaría por las recetas asignadas. entrar en razón y se centraría en el aprendizaje de alguna profesión con la que pudiese, sino Podemos imaginar la mezcla de alivio y esperanza darle lustro, al menos no emborronar demasia- con la que el Sr Allais recibió el aprobado de Al- do el buen nombre de la familia. No es sencillo phonse que lo cualificaba por fin para matricularse determinar en qué momento la vida futura de en la escuela de farmacia de París. Suponía que Alphonse empezó a torcerse. allí el ambiente de estudio y la concentración ayu- [pg-50] darían a su vástago a centrarse y que así podría Quizás las cosas habrían sido distintas si Al- empezar a labrarse un porvenir en condiciones. phonse no hubiese suspendido ese año su exa- Quizás el Sr. Allais no estaba equivocado. Es posi- men oral de bachillerato, si se hubiese graduado ble que el ambiente de estudio y los aromas de la ese mismo año y se hubiese matriculado en los academia hubiesen podido hacerle mucho bien a superiores sin interrupción. Quizás. En lugar de Alphonse. Por desgracia nunca llegó a pasar mu- eso, Alphonse tuvo que esperar un año entero cho tiempo expuesto a esos efluvios. Era más fácil para repetir el examen que le otorgaría el título ver a Alphonse en los jardines de Luxemburgo o con el que ingresar en la escuela de farmacia, en alguno de los muchos clubs de París que en las como era el deseo paterno. Fue también su pa- aulas. En un último intento por devolver a su hijo al dre quien pensó, sin duda con buen criterio, que buen camino el Sr. Allais le retiró la ayuda econó- las manos ociosas son las manos del diablo y mica. Pensaba que, si se veía entre la espada y la que lo mejor era que el pequeño Allais se pasa- pared, tal vez Alphonse ejercería de hijo pródigo y se ese año sabático ayudándole en el negocio accedería a volver al estudio o que, por lo menos, familiar. Por desgracia todo parece indicar que, se dedicaría a alguna labor de provecho. Nuevo para entonces, el futuro del pequeño Allais ya error. Alphonse no terminó nunca sus estudios de estaba marcado. La ayuda que le prestó a su farmacia. En cambio, llegó a la conclusión de que
  • Factor Crítico podía mantener su estilo de vida con la fotografía clubs de la ciudad como era su costumbre. Al (no pudo) o colaborando con algunas de las inci- volver lo acompañaba un amigo, a quien Allais pientes publicaciones que surgían por París. Ahí sí, le habló de su afección y del consejo de su mé- el pequeño Alphonse empezó a encontrar su ca- dico y a quien dedicó una última broma. mino. Bastante lejos del que alguna vez le habían supuesto. -Mañana por la mañana voy a estar muerto —le dijo—. Te ríes, pero es verdad. Mañana estaré Alphonse Allais había nacido en el año 1854, muerto. y no va a ser el protagonista de este texto, aun- que lo merecería y dejamos con él una cuenta Y se murió. No me digan ustedes que no le de- [pg-51] pendiente, porque Allais escribió más de una bemos un artículo a Allais. veintena de libros, hizo tra- bajos de cierta importancia sobre óptica —no fue tiem- po perdido el que pasó es- tudiando ciencia—y tiene el mérito de saber llevar una broma hasta el final como muy pocos sabrían hacer. En cierta ocasión, muchos años después de haber de- jado la escuela de farmacia, el médico ordenó a Allais quedarse en casa para cu- rar una afección pulmonar. Éste no le hizo ningún caso y se marchó a recorrer los
  • Factor Crítico Pero, en realidad, si hemos arrancado aquí con central y a sus lados se diseminan, a no mucha él es, sobre todo, por una cuestión matemáti- distancia, los bárbaros que van a levantar el ca y también por una cuestión histórica. Allais, nuevo París. por edad, está en el centro de la generación que iba a tomar París a finales del S XIX. En La Guerra Franco-Prusiana llevaba dentro de sí 1870 Allais tenía dieciséis años, y pertenece el germen de varios cambios profundos, cam- por tanto a la generación que vivió en prime- bios que afectarían tanto a los respectivos con- ra persona la Guerra Franco-Prusiana, en la tendientes como a la historia Europea, en un que Allais, demasiado joven, no llegó a par- momento en el que hablar de la historia eu- ticipar. A grandes rasgos, podemos decir que ropea es hablar de la historia de quien regía [pg-52] esta generación que fundó el París de los clubs, una amplísima parte del planeta. Si la II Guerra la primera genera- Mundial se suele considerar el nacimiento del ción legendaria mundo contemporáneo (un mundo contempo- de Montmartre, se ráneo que quizás ya hayamos dejado atrás: hoy puede dividir entre vivimos en el futuro) la Guerra Franco-Prusiana, los que lucharon en pese a su nombre carpetovetónico, se podría aquella contienda, identificar como uno de los varios explosivos los que la vivieron que dinamitaron el viejo orden. Dentro de Fran- en primera perso- cia, que es el tema en el que nos centraremos, na y los que eran la Guerra Franco-Prusiana reabrió la herida de demasiado jóvenes una crisis social y política que nunca había lle- para participar en gado a cicatrizar desde los tiempos de la revo- ella, pero queda- lución. ron marcados por el acontecimiento. En 1870 Otto von Bismarck necesitaba una gue- Digamos que la rra. Ese año Otto se enfrentaba a distintos pro- contienda es el eje blemas y encaraba algunos retos importantes.
  • Factor Crítico Entre los problemas, uno muy notable y al que asunto. En segundo lugar, había una cuestión no estaba dispuesto a renunciar era el carísimo, de prestigio. Francia era todavía el país más moderno e hiperbólico ejército que se agolpa- respetado del continente. Culturalmente era el ba en sus cuarteles y que Bismarck estaba de- centro más prestigioso y el francés era la lengua seando poner en marcha con un doble objetivo: franca de los intelectuales. En lo militar, todavía aumentar su influencia en Europa y demostrar retumbaba en Europa el ruido de la caballería que Prusia había llegado a ser el estado fuerte de Napoleón a través del continente. Aunque en alrededor del cual se podría construir un nue- la práctica Inglaterra se había convertido en el vo estado germano que aglutinase el conjunto gran Imperio y el indiscutible poder dominan- de pequeños estados. En 1870 Bismarck había te, era una cuestión generalmente admitida que [pg-53] decidido que era el momento de crear Deuts- buena parte de su supremacía pasaba por la chland, la tierra de los germanos, y necesitaba preponderancia de su marina, mientras que, una guerra para ello. en territorio continental, Francia todavía podía aspirar al título de gendarme del territorio eu- Lógicamente el mejor candidato para el enfren- ropeo. Los cargos militares franceses todavía tamiento era Francia. Se inauguraba así una mantuvieron esta teoría durante cien años más, larga tradición en la que los alemanes, cada dando lugar a una de las demostraciones de vez que tenían ganas de declararle la guerra obstinación más conmovedoras de la reciente a alguien, pensaban automáticamente en los historia castrense. franceses. Hay que reconocer que la idea te- nía cierta lógica. En primer lugar, por una mera Entre los que pensaban que Francia todavía dis- cuestión logística. En el S XIX el transporte de ponía del gran ejército continental, seguramente tropas todavía suponía un importante quebrade- Napoleón III fue uno de los más equivocados y, ro de cabeza, de modo que, si se podía escoger, sin duda, fue el que tuvo la equivocación más los estadistas tenían preferencia por las nacio- influyente. Napoleón III y su gobierno no veían nes vecinas, sobre todo si el enemigo a batir con malos ojos un enfrentamiento con el vecino poseía artillería pesada. En las colonias era otro germano. Napoleón III necesitaba, por una par-
  • Factor Crítico te, despejar las dudas acerca del poderío militar Pero, a diferencia de estas dos que habían de francés, que había quedado en entredicho des- llegar, la guerra Franco-Prusiana fue un rotun- pués del desastre que había supuesto la campa- do éxito para Prusia. Consiguió vencer, e incluso ña en México unos años atrás. humillar, a sus vecinos franceses y Bismarck con- siguió todos sus objetivos. Pudo presentarse ante Sería un español Prim quien serviría de des- el resto del continente como la nueva potencia encadenante de la contienda. España, a esas emergente y consiguió aglutinar definitivamente alturas, había visto mermada su influencia po- a los pequeños estados alemanes en torno al lítica en el continente y a lo más que podía nuevo emperador, Guillermo I. Además pasó a aspirar era a actuar de desencadenante o de controlar las regiones de Lorena y Almacia, que [pg-54] comparsa. Prim había sugerido a Bismarck la tanta importancia tendrían en las futuras con- posibilidad de un sucesor germánico para Isa- tiendas. Mientras, para Francia, la guerra había bel II. Empezó así un correveidile de diplomá- desencadenado mucho más que una derrota ticos en el que Napoleón III hacía constar de militar. Cuando el país todavía se mecía sobre forma más o menos explícita lo mucho que le las ondas de la revolución, la derrota puso de preocupaba quedar encerrado entre dos mo- manifiesto, a nivel exterior, que Francia ya no ar- narquías germánicas mientras Bismarck hacía bitraba el poder continental, mientras dentro de constar de forma más o menos explícita lo mu- su frontera saltaban los puntos y volvía a sangrar cho que le preocupaba que Francia metiese la vieja herida de los desequilibrios sociales. A las narices en sus asuntos Dos siempre se pe- lo largo de todos el S XIX la historia de Francia lean si los dos quieren. La maquinaria desqui- es la historia de una revolución pendiente. ciada de provocaciones, rumores y campañas de prensa más o menos interesadas desembo- El pueblo Francés no sólo estaba anonadado carían en la llamada Guerra Franco-Prusiana, por la derrota, también por la aplastante de- la contienda que plantaría la semilla de la que mostración de superioridad del ejército Prusia- habrían de surgir la Primera y Segunda Guerra no, por las sucesivas humillaciones —como la Mundial. captura de Napoleón III— por el bombardeo de
  • Factor Crítico París y por ese extraño fenómeno que, en el fon- do, no debían a los prusianos, sino a sí mismos: la «Comuna» de París. Pocos acontecimientos han desatado tanta biblio- grafía en Francia como la «Comuna». La tormenta perfecta de los movimientos de insurrección. El su- ceso, sin embargo, es relativamente poco conoci- do fuera de las fronteras francesas y eso a pesar de su indudable repercusión. En 1871, con los pru- [pg-55] sianos a las puertas de la capital, los ciudadanos de París se niegan a entregar la ciudad. La ciudad se organizó para defenderse mientras el gobier- no capitulaba. Al mismo tiempo, las condiciones económicas habían llevado a muchos ciudadanos a una situación límite. A las privaciones habitua- les durante la guerra hay que añadir el colapso de la estructura económica y el hecho de que las clases acomodadas, en un espectacular derroche de miopía y avaricia, intentaron aprovechar ese colapso disparando los costes de los alquileres, los víveres o las herramientas. La falta absoluta de gestión por parte del gobierno desembocó en una pobreza extrema. Cuando la comuna estalló las clases populares no se limitaron a sumarse a un movimiento de resistencia armada: tomaron el control de París.
  • Factor Crítico Finalmente la comuna fue aplastada y el construcción de barricadas. Las clases popu- gobierno retomó el control de las ciuda- lares, poco a poco, comenzaron a poblar las des. El castigo a los revoltosos quiso ser zonas periféricas de la ciudad. Probablemente ejemplar, que, en términos políticos, ya se las transformaciones urbanas de París son la sabe lo que significa. Sobre la colina de remodelación urbanística más influyente de la Montparnasse, uno de los territorios por historia de la literatura. Pocas ciudades han los que se expandía la ciudad, se levan- estado tan retratadas como ese París, surcado tó, como muestra del arrepentimiento de Francia por los crímenes de la comuna, la basílica del Sacré [pg-56] Coeur. Esta es la ciudad a la que llegó Alphonse Allais, como tantos jó- venes de entonces. Una ciudad que había sido casi literalmen- te fresada. Bajo el nuevo orden resultante de la guerra, con- servador y burgués, latía una honda tradición de rebelión y descontento. El centro de la Pa- rís se había transformado bajo la dirección de Haussmann en la representación de ese nue- vo orden imperial, cruzado de largos boulevards que, en- tre otras cosas, dificultaban la
  • Factor Crítico de flaneurs. Es ahora cuando arranca el París la poesía. El Barrio Latino de París todavía podía más legendario. aspirar por entonces al título de barrio de moda y ese era el centro de operaciones de Goudeau. Al olor de la leyenda llegaban jóvenes de todo El barrio estaba infestado de estudiantes que se el país, e incluso de todo el continente. Muchos movían como un enjambre de un local a otro y llegaban con el pretexto de estudiar en la ciudad allí Goudeau empezó a reunir su colección de de la Luz, pero casi todos, antes o después, aca- amistades. En 1978 Emile publica un libro de baban por acercarse a uno de los ruidosos clubs poemas Fleurs de bitume (Flores de asfalto). Es que se abrían por toda la ciudad. No todos los un poema casi romántico, lavado con la pie- jóvenes eran estudiantes. Cuando Alphonse dra parnasiana, pero bastante anticuado. El [pg-57] Allais llegó a París cierto poeta de Périgueux llamado Emile Goudeau, llevaba un tiempo en huracán de Rimbaud ya había pasado, y nada París, dedicado a su empleo en el ministerio de volvería a ser igual en la poesía francesa. Las finanzas. flores de Goudeau son poemas aseados, pero no demasiado arriesgados y en muchos casos Goudeau debió de ser un individuo de persona- más sentimentales que inspirados. En cualquier lidad estimulante. Locuaz y extrovertido, poseía caso, estas flores de Goudeau no son, ni mucho una notable capacidad de congregar a su alrede- menos, el ejercicio más inspirado de Goudeau dor a individuos de todo tipo, pero especialmente ese mismo año. La publicación de las Flores de artistas interesados en la música y la poesía. Si asfalto debió contribuir aún más a su prestigio a eso añadimos que poseía unos ingresos razo- y quizá ayudó a añadir un par de nombres a nables y estables en un entorno de estudiantes la nómina de uno de los grupos poéticos más quizás empecemos a hacernos una idea de la tre- extravagantes (aunque la competencia es dura) menda popularidad que Goudeau llegó a tener del momento: les Hydrophates. en el país de finales de la década de 1870. No está claro el origen del nombre de estos Hi- Aunque Goudeau cobraba del ministerio, pare- drophates, que se reunieron por primera vez en ce que en la práctica estaba en París, dedicado a 1978, en el Barrio Latino de París, sin embargo,
  • Factor Crítico aunque hay varias leyendas relacionadas con el En la revista L’Hydrophathe y más tarde en Tout- origen del nombre, todas convergen en Emile Paris (el título que sustituyó a L’Hydropathe a Goudeau, el líder incuestionable del grupo. Una partir del segundo año) las colaboraciones de las posibles explicaciones del nombre del cambian contantemente. Durante un año en grupo es un juego de palabras con el nombre la portada de la revista apareció alguno de de Goudeau (que suena como «gota de agua»). los miembros del club. La nómina completa Goudeau hacía pivotar las reuniones, organiza- sería, por orden de aparición: Emile Gou- ba concursos de canciones y de poemas, redac- deau, André Gill, Felicien Champsaur, Co- taba cuentos… Por iniciativa de Goudeau apa- quelin Cadet, Charles Cros, Sarah Bernhardt, rece, el 22 de Enero de 1979, L’Hydropathe, el órgano de expresión de la revista. En la sección Chales Lomon, Maurice Rollinat, Alfred Le [pg-58] Bromas Hydropathas encontramos un añadido a Petit, Auguste Vacquerie, Luigi Loir, Melandri, la justificación del nombre del grupo. Raoul Fauve, Char- les Fremine, Char- «Parce que’ella a Goudeau, et tient les Leroy,Grenet- ses seánces à l’hôtel Boileau» D a n c o u r t , Ta l i e n , A l p h o n s e A pesar del protagonismo de Goudeau los hydro- Lafitte,Tobecque, pathas no eran un grupo cerrado. No se puede ha- Emile Taboureux, blar de una escuela. Acercarse a los hydropathas Geogres Moynet, es ver la desintegración absoluta de lo programá- Guy-Tomel, Eugene tico, hasta el punto de que sería casi imposible Lemouel, Villain, establecer una lista de miembros de facto. Jules Gustave Rivet, Al- Jouy, uno de los hydrópathas más ilustres escribió phonse Allais, Fe- un reglamento interno en el que se leía: lix Galipaux, León 1.– La asamblea de los hydrópathas está Valade, Sapeck, compuesta por la campanilla del presidente. Emile Cohl, Renot, 2.– La susodicha campanilla es la encarga- da de hacer observar el presente artículo. Maurice Petit.
  • Factor Crítico Pero la lista dista mucho de ser una nómina exhaustiva del club de los Hydropathas. Al- gunos de los miembros más activos del gru- po, no llegaron a tener su portada. Luego, cuando la revista se transformó en Tout-Paris, se abandonó la costumbre de caricaturizar hydropathas y se empezó a incluir una cari- catura sobre un tema. Entre ellos dos de los más reseñables, Jules Jouy, implacable com- positor de goguettes o Jules Levy, promotor [pg-59] del movimiento de Artes Incoherentes. Todo parece inestable en la Hydropathía y tal vez a ello contribuyó la costumbre de Goudeau de pagar las colaboraciones y fa- vores en absenta, costumbre que acabaría por costarle la salud a más de uno de estos alérgicos al agua. Incluso su lugar de reu- nión acabaría por cambiar. Los hydrópathas se preparaban para colonizar Montmartre. En 1881 el hostelero Rodolphe Salis acababa de abrir su local, Le chat Noir en la emergente colina de Montparnasse. La idea de Salis era abrir un lujoso local, en el que los bohemios y los bur- gueses se juntasen a beber «absenta en copas de oro». En la práctica el local era mucho más
  • Factor Crítico humilde. La mayor parte de las ventas de Salis eran Hydropathía se cuenta la que es posiblemente la de vino barato. Pero Salis tenía un as en la manga. mayor colección de obras, inventos y propuestas Tenía buenos contactos en el efervescente mundo de adelantadas a su tiempo. Muchas de ellas realiza- la bohemia. Uno de ellos era Emile Goudeau. das con el único afán de divertir. Charles Cros creó en 1877 el mismo año en el que Edison patentó Por esos tiempos los Hydrópathas se enfrenta- su fonógrafo, un aparato reproductor de música. ban a los primeros problemas derivados de su Alphonse Allais presentó a las exposiciones de Ar- particular concepción de un grupo literario. tes Incoherentes (que pronto dejaron de ser expo- Los locales en los que se reunían no acababan siciones y se convirtieron en bailes, bajo la supo- de tolerar su costumbre de empezar y acabar sición de que es mucho más divertido ver cuadros [pg-60] sus reuniones con gritos y canciones. Se veían bailando) sus cuadros monocromáticos, como obligados constantemente a cambiar el lugar Combate de negros en una cueva por la noche o de reunión y un experimento de Allais, Sapeck La cosecha del tomate por cardenales apopléjicos. y Jouy con fuegos artificiales estuvo a punto de François Coppé sufre la influencia evidente del es- desembocar en un problema grave. píritu hedonista de los hydropathas en sus Cuentos en verso. André Gill sigue siendo uno de los cari- Salis ofreció a los Hydróphatas el techo de su nue- caturistas más característicos de la época, Sapeck vo local, en el que ya se reunía otro grupo cono- dibujó una Mona Lisa fumando en pipa que se an- cido como Les hirsutes que pronto fueron fagoci- ticipó en treinta años a LHOOQ de Duchamp… tados por la hydropathía. Los hydrópathas no sólo eran un adorno pintoresco, también una clientela En términos generales los Hydrópathas y sus productiva. El negocio de Salis prosperó y contri- diversas ramificaciones fueron un corazón que buyó a la inercia colonizadora de Montmartre. bombeó alegría y despreocupación a las letras francesas. Treinta borrachos alegres que se in- Pero no hay que confundirse, los Hydrópathas ventaron París. eran algo más que un puñado de bebedores eu- fóricos con ínfulas de poetas. En el haber de la
  • Factor Crítico A Thomas Willis se le viene considerando el padre de la «neurología» desde que Santiago Ramón publicara Anatomía del ce- rebro en 1664 y Patología y Cajal, atisbos li- cerebral en 1676. Mucho terarios del con- antes que él ya habían dado muestras de conocimiento sobre el sistema ner-trol de masas o de vioso civilizaciones como la asiria (ahí está esa leona parapléjica), la egipcia la modificación [pg-61] o la griega, pero hasta la llegada de de la conducta Willis la palabra «neurología» no se convirtió en una ciencia per se. por Jorge de Barnola Así y todo, habrían de pasar dos siglos para que la neurología co- brara la debida importancia con la aparición de otras ciencias que se interrelacionarían entre sí: la neurobiología, la psicobiología y la epistemología. Todo esto sonaba a chino en la Es- paña de finales de siglo XIX. Pero poco a poco las cosas irían cam- biando.
  • Factor Crítico Se podría decir que la vanguardia de la neurología La existencia de las drogas es tan vieja como la no llegará a España hasta el año 1884, cuando el of- de la propia vida, aunque, siendo exactos, habría talmólogo Luis Carreras-Aragó publique en la Revista que decir que mucho más vieja. Pero el concep- de Ciencias Médicas de Barcelona el artículo «La co- to sólo tiene razón de ser cuando entra en con- caína en oftalmología». La mención a Sigmund Freud tacto con la vida llamada inteligente o consciente era inevitable, y se puede ver cómo sus ensayos con (en nuestra familia biológica recibiría el nombre el clorhidrato de cocaína se empezarían a extender a de «paleohomínidos»). Y, en este orden de cosas, otras ramas de la medicina para usarlo como aneste- también habría que matizar que lo que separa el sia local en las intervenciones quirúrgicas. término «droga» del de «veneno» es la dosis, la cantidad. Sería interesante en nuestra bibliografía [pg-62] Trece años después, en la misma revista, aparecería una Historia natural de lo comestible, pero, todo un artículo titulado «Psiquismos histéricos», firmado hay que decirlo, cualquier tipo de droga natural por el director del Instituto Frenopático de Barcelona, ya se debió de probar (con sus consecuencias) Luis Dolsa. cuando la escritura (y el hombre) era pura ciencia ficción y, por lo tanto, los primeros experimentos De este modo, con la llegada de Freud, se iría introduciendo en España otro concepto que era desconocido por nuestros investigadores: la «psi- cofarmacología» (disciplina que aunará a farma- cólogos, bioquímicos, psiquiatras y psicólogos). Pero el estudio de los efectos psíquicos de los fármacos todavía estaba en pañales, o eran atisbos de algo que aún estaba por formarse. En realidad no había nada nuevo que no se supiera. Las drogas y su consumo han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos.
  • Factor Crítico llevados a cabo para llenarse el buche permane- Resulta curioso ver desde el principio esta sim- cerán por siempre en la más profunda ignorancia biosis entre las drogas y el amor (la vida, la fe- (y ni siquiera la antropología ni mil Marvin Harris cundidad). podrían esclarecernos estos misterios). No en vano encontramos a diosas y magas de Pero con la escritura llegan los primeros docu- la Antigüedad que empleaban drogas para lo- mentos, y aparecen las fuentes y las menciones grar sus propósitos, ya fuera para excitar la libi- a las drogas (también entrarían aquí los testimo- do, para apaciguar las mentes atormentadas o nios gráficos de algunas pinturas rupestres). De traer a la realidad los monstruos más temibles esos textos, cabe señalar la Epopeya de Gilga- que pueda invocar nuestra imaginación. El fin [pg-63] mesh, en donde se habla del espino cerval, ilu- era sólo uno: el dominio, el control, la esclavi- minador de la conciencia, o la Biblia, en donde zación. Así lo hacía Hécate con la belladona, o se hace referencia a la mandrágora. Ni más ni Medea con el acónito y el calquito. También la menos que en el Génesis. Y en el Cantar de los maga Circe, que tantos quebraderos de cabeza cantares, se dice: trajo a Odiseo, utilizaba estramonio, circácea y solanácea.12 ¡Oh, ven, amado mío, salgamos al cam- Y la colección de alucinógenos se hace exten- po! Pasaremos la noche en las aldeas. sible a todas las culturas y a todas las épocas. 13 De mañana iremos a las viñas; vere- Quizás la droga más interesante sea el opio, cu- mos si la vid está en cierne, si las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí yas primeras descripciones del mismo aparecen te entregaré el don de mis amores. en la China de hace 5000 años, empleándose 14 Las mandrágoras exhalan su fragancia. como medicina. Y con propósitos semejantes seA nuestras puertas hay toda suerte de frutos utilizaría en el Egipto de Imhotep, o en la Anti- exquisitos. Los nuevos, igual que los añe- jos, los he guardado, amado mío, para ti. gua Grecia. A Deméter, diosa de la agricultu- ra, se la representa con un ramo de opio en la mano, en un claro paralelismo con el fuego que
  • Factor Crítico porta Prometeo. Octavio Aparicio, en Drogas y ciencia o neurología cuando el empleo de las toxicomanías, apunta: drogas para curar enfermedades psicológicas se empieza a estudiar en profundidad. La conjun- La adormidera no es menos importante ción de ambas cosas daría lugar a la Psicofar- que el fuego para aquellos hombres pri- mitivos, desamparados en medio de la en- macología. fermedad y del dolor. La adormidera es un privilegio tan divino como la llama […]. Señala Antonio Escohotado en Historia general de las drogas: Tendría tantas consecuencias en el uso medici- nal que, en la Roma de Pompeyo, se compuso La psicofarmacología ejemplifica hoy el más[pg-64] irreductible conflicto entre la bendición y la el antídoto de la maldición. Desde el lado de la bendición «triaca magna», no sólo hay innumerables usos terapéuticos cuyo reinado se y lúdicos —todo lo relativo a la necesidad extendió durante humana de euforia o buen ánimo—, sino progresos en el conocimiento que potencien quince siglos. dinámicas de aprendizaje y contribuyan a Si bien las drogas controlar emociones indeseables, fortalecien- serían utilizadas do hasta límites insospechados los poderes desde la Antigüe- de la voluntad y el entendimiento; en defi- nitiva, el horizonte es una exploración del dad con fines má- espacio interior que alberga un psiquismo gicos, médicos o como el humano, desarrollado sólo en una para buscar esos pequeña proporción de sus capacidades. viajes interiores que habrían de El campo de la psicofarmacología tiene llamarse «paraí- al médico psiquiatra Joseph Moreau de sos artificiales», no Tours como uno de sus precursores. Con será hasta la apa- Du hachisch et de láliénation mentale, pu- rición de la neuro- blicado en 1845, se dio inicio a una ca-
  • Factor Crítico rrera de experimentación que habría de ciendo un repaso efemérico, señalaremos que abrir nuevas puertas en el conocimiento en 1806 se aísla la morfina, en 1826 se obtiene de las drogas. el hidrato de cloral, en 1859 se aísla el alcaloide de la hoja de coca, en 1864 se sintetiza el ácido El doctor Moreau lograba inducir una «psicosis de barbitúrico… laboratorio» mediante una preparación de cáña- mo y opio llamada dawamesk. Fue tanto el éxito A finales del siglo XIX aparecerá así mismo el pri- de estas «psicosis» que los artistas intelectuales de mer laboratorio de psicofarmacología, de cuyo la época se vieron arrastrados a conocer más so- gobierno se encargaba Emil Kraepelin. bre los estudios de Moreau. Baudelaire, Delacroix, Si a todo esto le añadimos el descubrimiento de [pg-65] Rimbaud, Balzac, Dumas, Hugo, Nerval o Gautier los neurotransmisores, que venían a probar que acudirán a sus sesiones en el Hotel Pimodan para las neuronas se comunicaban entre sí gracias a tomar aquel dulce de hachís (el Club des haschis- sustancias químicas, se ve la simbiosis perfecta chien, se hacía llamar aquel particular condomi- que se produciría en el campo de la Medicina. nio, en homenaje Hasan ibn Sabbah, el temido Las posibilidades eran infinitas, y el propio Krae- Viejo de la Montaña que nos trajo la palabra «has- pelin, en 1892, bautizaba a las nuevas líneas de hashin» o «asesino»). Los paraísos artificiales nace- investigación como «farmacopsicología». ría de las sesiones de Moreau. El afán por explicar los efectos que producían las drogas fue santo y seña de estos escritores del si- Santiago Ramón y cajal y los glo XIX. Desde las Confesiones de un inglés come- atisbos más allá de la fantasía dor de opio de De Quincey en 1821 a los Paraísos artificiales de Charles Baudelaire en 1858. Santiago Ramón y Cajal, que obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1906 por su llamada El siglo XIX es el Siglo de las Luces de las drogas «doctrina de la neurona», tenía conocimiento de (el Siglo de los Alucinógenos, si se quiere). Ha- otros coetáneos que ya habían hablado sobre la
  • Factor Crítico existencia de una comunicación neuronal, como Freud y Ramón y Cajal serían, pues, como dos fue el caso de Sigmund Freud, cuyas investiga- neuronas independientes que tuvieron su mo- ciones atrajeron a Ramón y Cajal hasta el punto mento de interrelación, conectados por ese in- de que estuvo a punto de escribir un libro sobre terés común. Sin embargo, Freud se quedó en las teorías del médico vienés. el camino en este asunto. Su sueño siempre fue llegar a unir la mente y los mecanismos neuro- nales, pero no obtuvo conclusiones lo suficiente- mente cimentadas y no publicó sus investigacio- nes sobre la neurología. Así y todo, siempre tuvo la sospecha de que las reacciones emocionales [pg-66] tenían su origen en las alteraciones cerebrales, y que algún día se encontraría la forma de modi- ficar el comportamiento mediante fármacos que incidieran directamente en el córtex cerebral. La idea sería acceder a esa parte primitiva que alo- jaría los impulsos irracionales, la sexualidad, la pasión. Acceder al Ello, en donde se encontra- rían las pulsiones de la vida. Pero ese sueño era, entonces, una quimera. Santiago Ramón y Cajal también soñaba con fár- macos que modificaran conductas, que se filtraran en el Ello y apaciguaran las pasiones humanas. Y lo hizo realidad, por lo menos en la ficción. Compuso unos relatos en donde las drogas ha- cían posible la modificación de la conducta, pe-
  • Factor Crítico queñas distopías que dejan entrever una velada go y bacteriólogo, el doctor Max von Forschung, crítica de un mundo controlado por la medici- cae presa del amor a sus cincuenta años y se na. casa con una americana a la que le dobla la edad, miss Emma Sanderson. Todo va de ma- Fue el caso de A secreto agravio, secreta ven- ravilla, se quieren, tienen un hijo juntos y nada ganza y El fabricante de la honradez. Se publi- hace presagiar que las cosas se vayan a torcer. caron en 1905, pero se escribieron entre 1885 Pero un día el doctor encuentra dos pelos en- y 1886. trelazados sobre el portaobjetos de su micros- copio: el de su mujer y el de Mosser, su ayu- A secreto agravio, secreta venganza es la típica dante de laboratorio. Como no tiene pruebas [pg-67] historia de celos en donde un reputado fisiólo- fehacientes, ideará una trampa contaminando etiquetas de tubos de ensayo con tuberculosis bovina. Pronto comprueba los resultados en los labios de Mosser, a los que acuden las primeras señales de la enfermedad en forma de pupas, y veinte días más tarde, esas señales son visibles igualmente en los labios de su mujer. Von Fors- chung no cabe en sí de gozo. Ha demostrado la infidelidad de Emma y, al mismo tiempo, ha probado que la tuberculosis bovina puede trans- mitirse a los humanos. Emma y Mosser serán enviados a un sanatorio de tuberculosos en El Tirol. Allí morirá Mosser, y el doctor Von Forschung compone un suero para salvar a su mujer (previo arrepentimiento de ella).
  • Factor Crítico Todo volverá a la normalidad, pero el miedo de Emma también probará de la medicina, enveje- Max de que Emma vuelva a caer en las pasiones ciendo, no así sus órganos vitales. prohibidas no se le quita. Emma sigue siendo Pero las investigaciones de Max von Forschung joven y él, un viejo, cada vez más decrépito y irán más lejos cuando modifique el extracto y ruinoso. ¿Cómo lograr redimir esa diferencia de busque nuevas aplicaciones: edad? Verificáronse las primeras experiencias en un asilo de caridad, con veinte prostitu- tas incorregibles y sifilíticas. Brillante fue «¡Ah, si pudiera —pensaba el sabio para el resultado. Quince días después de la su capote— descubrir un suero que me inyección subcutánea del estupendo licor, rejuveneciera como a Fausto […]». muchachas de dieciocho a veinticinco [pg-68] Y la disto- años quedaron convertidas en señoronas pía se torna de cuarenta y cinco y fueron regeneradas Ese cáliz de la vida puede resultar imposible clarividen- por completo, que no hay mejor mora- para Max, pero, tras investigaciones, descubre te cuando lizador que la pérdida de la belleza. la forma de invertir esa diferencia de edad. nos enseña un mundo El invento lo bautiza como «senilita», y aplica el sue- que recuerda en mucho al 1984 de Orwell: ro en cobayas humanas para ver los resultados: […] desentrañó la composición morfológica y química del tegumento de los decrépitos; […] ensayada cuidadosamente en delincuentes determinó las causas próximas de la calvicie y locos por una comisión de médicos legalistas, y canicie, de la flojedad elástica del rostro, ha producido, mediante inyección intravenosa,generadora de arrugas, de la atropia de glán- sorprendentes efectos psíquicos, resultando dulas y panículo adiposo. Y, burla burlando, ser un soberano moderador de los impulsos nuestro sabio, habilísimo en el manejo de los criminales y un maravilloso sedante de la vo- cubiletes de la química, logró extraer de la luntad. En los locos furiosos, cinco gotas cadapiel y tejidos internos de perros seniles, gato y semana hacen inútil la coacción de la camisa caballos avejentados y caducos, un principio de fuerza, y dos gotas diarias determinan en (semejante al encontrado en los órganos de sanos y enfermos la abulia más completa.los hombres centenarios) susceptible a peque- ñas dosis, de atrofiar las glándulas cutáneas, de decolorar el cabello y fruncir la piel.
  • Factor Crítico Santiago Ramón y Cajal insistirá en esta idea de Mil veces he declarado que si el cerebro huma- no, en vez de desenvolverse en la tibia, move- modificación de la conducta en El fabricante de diza y frívola atmósfera moral formada por bo- la honradez. Aunque aquí no hace uso de una rrosas y contradictorias sugestiones de padres, droga real, sino que la droga es solamente el mo- maestros y amigos, se desarrollara en un auste- Algunos sociólogos individualistas, preocupa- tor de ro ambiente psicológico, fuertemente recargado dos por la creciente amenaza del socialismo y la su- de autoridad; si el modelamiento definitivo deanarquismo, han emprendido (con la consiguien- los centros del pensamiento se realizara, de te reserva) ensayos de inoculación de la nueva ges- modo autocrático, por hábiles y enérgicos hip- «senilita» en las clases desheredadas y consi- tión. notizadores encargados del doble cometido deguiendo resultados verdaderamente alentadores. limpiar la herrumbre de la herencia y la rutina y de imponer ideas y sentimientos conformes[pg-69] con los fines de la sociedad y de la civilización…, El protagonista de la siguiente historia es el doc- amenguarían rápidamente todas las lacerías que atormentan la miserable raza humana […]. tor Alejandro Mirahonda, un embaucador don- juán que llega al pueblo de Villabronca prome- tiendo a sus habitantes el suero antipasional o Pero la paz lograda en Villabronca empieza a tor- la vacuna narse aburrida, exasperante, por cuanto las pa- —Este suero —decía el doctor—, o dígase siones desaparecen, la economía se hunde por antitoxina, goza de la singular propiedad de moral: moderar la actividad de los centros nerviosos falta de interés en las cosas materiales, la supre- donde residen las pasiones antisociales: hol- Sin embar- sión de la envidia, que es otro motor del capita- ganza, rebeldía, instintos criminales, lascivia, go, dicho lismo. Y contra esto se van a oponer anarquistas etc… Al mismo tiempo, exalta y vivifica no- que quieren recuperar sus libertades o el mismo tablemente las imágenes de la virtud y apa-suero no cura del pueblo, que necesita acólitos a los que ga las tentadoras evocaciones del vicio… existe. Apli- transmitir las enseñanzas del cristianismo. ca la inyec- ción, pero sugestiona a los habitantes de Villa- Ante la presión, Alejandro Mirahonda acepta bronca vendiéndoles la panacea de la ciencia. devolver a Villabronca a su anterior condición: Usa la hipnosis para inducir un fármaco imagi- nario que altera las conciencias: El resultado no será el esperado tras un año de continencia pasional, y el pueblo degenera en
  • Factor Crítico una violencia sin precedentes. El doctor huye piritismo (y a este respecto escribió otra novelita con su mujer y llegará a la conclusión de que titulada La casa maldita que habla de médiums—Deferente a vuestro ruego, y en la Humanidad y fantasmas).vista de que, contra todas las previ- necesita dolorsiones, el orden, la salud y la virtud y miseria so- Pero las drogas también ofrecen al hombre per-os son al presente intolerables, voy cial para me- cepciones sublimes de su realidad, o sublima-a suspender radicalmente los efectos—un tanto debilitados ya en algu- jorar. ción del individuo para transformarlo en algonos temperamentos excesivamente Es interesante más, algo más avanzado, si se quiere. Es la ideafogosos— de mi suero antipasional. el asunto del de inmortalidad a la que aspira Fausto (la eternaPrecisamente una felicísima coyuntura control mental fuente de la vida), la transformación en otro que [pg-70]me ha permitido descubrir cierta sus-tancia, la «contraantitoxina pasional», en Ramón y busca Henry Jekyll, la mutación física que logranque neutraliza por completo el princi- Cajal, campo Lloyd Inwood y Paul Tichorne en Luz y Sombra depio activo del mencionado remedio, en el que ex- Jack London, o la invisibilidad de Griffin en elretrotrayendo el cerebro exactamente perimentó or- clásico de Wells.a las mismas condiciones anatomifisio-lógicas de las cabezas no vacunadas. ganizando un Comité de In- vestigaciones Übermensch, Übe- Psicológicas en donde se trataban cuestiones rich, Über Coca como la sugestión, el hipnotismo e incluso el es- En esta línea de los «superhombres», Santiago Demuestran mis experiencias la posibilidad de abolir la delincuencia y de imponer, sin Ramón y Cajal también nos deja otra pequeña luchas ni protestas, resignación a la miseria obra titulada El pesimista corregido. Y de nuevo y al trabajo y robusta disciplina social. Mas nos la vemos con un doctor, éste llamado Juan semejante estado de cosas, ¿es conveniente al Fernández.progreso? ¿Estamos seguros de que la finalidad de la raza humana consista en vegetar inde- finidamente en el sosiego y la mediocridad? La obra nos habla sobre un ser melancólico y triste que no le encuentra sentido a la vida. En
  • Factor Crítico ésas está cuando se le aparece una especie de el personaje de Ramón y Cajal entra en la pina- genio y le empieza a hablar del «superhombre» coteca de El Prado con su visión extremadamen- (algo así como un Zaratustra pero con vocación te aguda, se nos dice: de yinn). Después de un extenso monólogo so- Del conjunto de sus percepciones plásticas y bre la vida y la muerte, Juan Fernández despierta observaciones anatómicas, dedujo Juan que el con una visión microscópica, esto es, que puede arte resiste menos el análisis que la Naturale- ver a través de sus ojos lo más profundo de los za, toda vez que ésta nos brinda, allí donde la seres y las cosas. retina agota su poder, formas infinitesimales fre- cuentemente tan bellas como las asequibles a Los efectos que experimenta Juan recuerdan la visión vulgar, mientras que en el arte, remedo mucho a los que producen cualquier tipo de [pg-71] de elementos toscos, amorfos, los cuales, a fin alucinógeno (todo el libro completo es una de mantener la ilusión plástica, deben recatarse alucinación visual que casi entroncaría con Las en los oscuros dominios de lo invisible. […] En el fondo de la vida palpita todavía lo vivo; en puertas de la percepción de Huxley). Así, cuando el arte asoma enseguida lo feo y lo muerto. Pero la agudeza de Juan tiene caducidad y al cabo de un año regresa a su anterior condición. Tras vivir doce meses entre microbios, parásitos y demás seres imperceptibles, se da cuenta de que el mundo que vive (que ve) tiene sus cosas buenas, vamos, que se olvida de la melancolía. Por alguna razón moralizadora, los superhéroes literarios siempre degeneran en villanos, no así Juan Fernández, que se convierte en una persona más positiva y tiene un buen final (previa pérdida de los «superpoderes»).
  • Factor Crítico Sería algo así como si doblegara sus pulsiones o sus En Über Coca, señalaba que «la cocaína ha impulsos más destructivos en pro del planteamiento sido utilizada desde su descubrimiento contra la del übermensch (el «superhombre» nietzscheano) y histeria, la hipocondría, etc., y abundan las in- su voluntad de poder, fundiéndose con el über-ich formaciones sobre curas individuales obtenidas (el «superyo» freudiano), que no reprime, sino que gracias a ella [...]. Pero debemos decir que to- encauza una conducta errática que le hubiera lleva- davía ha de probarse el valor de la cocaína para do directamente a la inmolación o al suicidio. la práctica psiquiátrica». Y es que, la melancolía que padece Juan Fernán- Así y todo, las voces en contra de los plantea- dez, es lo que Freud llamaría «neurosis narcisista», y mientos de Freud y los halagos que éste hacía [pg-72] para su curación (al igual que la depresión, la histe- sobre la cocaína no se harían esperar, y pronto ria o la hipocondría) el médico vienés recomendaría se la consideró como la tercera plaga, tras el «administrar la cocaína en forma inyectable», tal y alcohol y la morfina. como deja anotado en 1885 en su Über Coca. El 2 de noviembre de 1886, se celebró en Nueva Sobre las aplicaciones de la cocaína, Escohotado York un Congreso de la Asociación de Neurolo- apunta: «… Freud considera siete campos tera- gía, y William Alexander Hammond, eminente péuticos: como estimulante, para trastornos gás- médico de referencia para toda la comunidad tricos, para la caquexia, para curar a morfinóma- científica, narró sus experimentos con la cocaí- nos y alcohólicos, para el tratamiento del asma, na, describiendo los efectos placenteros que le como afrodisíaco y en aplicaciones locales». proporcionaba una dosis de 0,06 gramos sub- cutánea y cómo, a medida que las dosis fueron La experimentación de Freud con la cocaína le en aumento, los efectos iban alterándose, como llevaría a sus primeros estudios en el campo del cuando pasó a inyectarse 1,08 gramos de co- psicoanálisis, como si hubiera encontrado el caína: catalizador a nuevas percepciones de compren- sión de la realidad.
  • Factor Crítico Esa idea de «perder el control» se hace pertinen- y el instrumento del Estado para dicho control te en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde social se basa en la persuasión y en la coac- (1886), donde un brebaje transforma al prota- ción (aquí entrarían en juego las normas jurídi- gonista en un ser totalmente diferente. Y no es cas), hace falta plantearse una alternativa más Todas las veces pasadas las cosas baladí la men- rigurosa cuando un individuo no se amolda al estaban claramente bajo mi control, ción al clásico grupo social, cuando se desvía claramente del pero en este caso noté al cabo de cinco minutos de ponerme la última de Stevenson, interés grupal y pone en peligro dicha estructurainyección que la mente escapaba a mi habida cuen- de orden. control, y que empezaba a convertir- ta de que fue me en un agente irresponsable [...] y redactado en Escohotado ve algo de esto al decirnos: [pg-73] antes de media hora, perdí concien- cia de todos mis actos [...] Cuando tres días y se El criterio de los neurólogos, prácticamente al día siguiente bajé al piso principal cree que lo unánime desde mediados del siglo XIX, es que encontré el suelo de la biblioteca hizo bajo los la química farmacológica ofrece posibilidades sembrado de enciclopedias, diccio- superiores a la eliminación del dolor en sus influjos de la narios y otros libros de consulta, y diversas formas, meta ya de por sí asombro- una o dos sillas patas arriba. No hay cocaína. sa. No menos unánime, el criterio de quienes duda de que no perdí la capacidad gestionan el control social entiende que, por de pensar y actuar de acuerdo con En cualquier definición, cualquier sustancia «psicotrópica» las ideas que me guiaban […]. es una trampa a las reglas del juego limpio: caso, se hacía lesiona por fuerza la constitución psicosomática visible el inte- del usuario, perjudica necesariamente a los rés de la cien- demás y traiciona las esperanzas éticas depo- cia por encon- sitadas en sus ciudadanos por los Estados, que tienen derecho a exigir sobriedad porque están trar el modo de controlar las voluntades, las atentos a fomentar soluciones sanas al estrés y enfermedades, las patologías, las pasiones… o la neurosis de la vida moderna, encarnadas so- el «control social», como lo llamaría el sociólogo bre todo en el culto al deporte de competición. Edward Alsworth Ross. Si el modus operandi de todo control social sigue el orden «familia», «es- Pero, sin lugar a dudas, en donde mejor obser- cuela», «religión» y «organizaciones de masas», vamos esta clarividencia, es en uno de los au-
  • Factor Crítico tores más mencionados en las experiencias con las drogas, Aldous Huxley. Y no nos referimos ahora a su obra sobre la LSD, sino a su disto- pía Un mundo feliz (en donde Ford sería Dios, o bien Freud si Éste habla de «temas psicológi- cos») cuando nos explica las propiedades del «soma» y se nos dice que «un solo centímetro cúbico cura diez sentimientos melancólicos». Todo se arreglaría mediante ese «soma», una [pg-74] cura milagrosa que sólo produce placer (placer como control social, frente al dolor y la repre- sión que plantearía Orwell en 1984).[...] y si, por cualquier malhadada circunstancia, el tiempo produ-jese una grieta en la masa compacta de sus distracciones, quedael soma, el delicioso soma, del que medio gramo equivale a me- dio día de descanso, un gramo a un fin de semana, dos a una escapada por el Oriente magnífico, tres a una sombría eternidad en la Luna; y al retorno se hallan al otro lado de la grieta, sanosy salvos en la tierra firme de los trabajos y diversiones cotidianos, corriendo de cine-sensible en cine-sensible, de chica en chica neumática, de campo en campo de Golf Electromagnético...
  • Factor Crítico L Las drogas han convivido en la contemporaneidad con el fuerte antagonis- Las drogas, una mo del rechazo ético y social, su consumo su- «deidad» pode- pone el descenso a la ruina personal, la representación rosa y maldita del deterioro físico y mental por el «hedonismo químico». «Droga- dicto», «reventado» o «yonqui» son [pg-75] por David García epítetos que reportan a la imagen colectiva de esa persona devorada por una sustancia que le atrapa por encima de cualquier consideración (trabajo, higiene o familia). «El rostro del mal es siempre el rostro de la necesidad», relataba William S. Burroughs en una acer- tada descripción de la condición del drogadicto, la persona capaz de traspasar cualquier límite para obtener su dosis, impotente para tratar de contener esa dependencia que le consume físicamente hasta reducirlo a «mero pellejo y huesos».
  • Factor Crítico Es por ello que el «yonqui» deviene en la figura El espléndido documental Chris Herren, un de lo demoniaco, representa el temor que su- yonqui del basket supone un testimonio de pone la constante y descarnada erosión de la gran valor al respecto al describir con una humanidad, de lo que se concibe generalmente descarnada sinceridad ese descenso a la tra- como «persona». El drogadicto pasa de la cate- gedia personal de una promesa del balonces- goría de ser humano a la de autómata del con- to profesional, con el talento suficiente para sumo. Adoradores de ese «deidad» poderosa tenerlo todo y abocado por su adicción a la que se evoca mediante el rito y la liturgia del cocaína, heroína y calmantes a la peor de las «pico» y el «tiro», capaz de hacer cualquier cosa ruinas morales por su miedo precisamente a por la adoración a la autodestrucción. triunfar, a salir de la decadencia que impreg- [pg-76] naba Fall River, el paradigma de esa ciudad «Cuanta más droga consumas menos tienes y industrial donde el sueño por una vida mejor cuanta más tengas más usas», apunta de nuevo es sinónimo de dolor. Burroughs quien ilustra la «otredad» del heroinó- mano respecto de la sociedad en esa «lentitud» «Cuando eres de un lugar como de donde soy de funciones que le genera su consumo. No hay yo, el fracaso se queda en el aire como el impulso de hablar, de moverse, de reaccionar… humo de un mal cigarro», comenta el herma- estado de quietud máxima hasta que se despier- no del protagonista sobre este «héroe caído» te la necesidad, esa diabólica necesidad. Enton- capaz de gestas enormes en la cancha y del ces resurge la alteración máxima, hacer lo que mayor de los tormentos fuera de ella, ciego sea para obtener otra dosis. de esa necesidad de consumo que le lleva a aguardar bajo la lluvia cinco minutos antes de Su influjo y peligro no conoce de castas ni clases, un partido a que el camello aparezca para su- de ahí también el temor social. Su promesa de ele- ministrarle oxicodina (un calmante al que era vación y condena es universal, alcanza a todos por- adicto). «Sin ello era incapaz de funcionar», que se dirige directamente al carácter, a la debilidad reconoce en un momento del film. y los miedos que conforman nuestra forma de ser.
  • Factor Crítico Pero si el estigma social del (poli)consumidor es «paraísos artificiales», el vehículo a esa dimensión permanentemente remarcado en la cultura, no desconocida aunque fascinante para esa noche menos cierto es que el «poder» las drogas tam- de alteración y deseo. Y es que quien consume se bién se han revertido de un «aura poética» de siente poderoso y en esa cualidad radica precisa- doble vertiente, una cercana al heroísmo de la mente su influjo, similar a una deidad a la que se autoperdición pero también la de herramienta ama y se teme a la vez, juego peligroso y enfer- para lograr los placeres que promete la inten- mizo como describe acertadamente Robert Stone. sidad al que no teme a arder en el gozo de las sensaciones más extremas. Si la literatura y el cine se han centrado funda- mentalmente en la primera dimensión, la caída a [pg-77] Antonio Escotado desde la esfera del pensa- los infiernos o la odisea de dolor y muerte que re- miento ha documentado, mediante su Historia crea el «Es deseo puro y abstracto. Reemplaza el dinero, el sexo y la compañía. Es una sustancia de las Drogas, que estas sustancias reportan droga- mágica y poderosa; tradicionalmente se supone inspiración y lucidez en el que es un obsequio de los dioses, y también campo del arte y la ciencia, una maldición. Es una sustancia cargada de su que su componente libera- propia mística. Si usted lee la poesía que le dor de las cargas mentales dedican los adictos notará que la aman y la temen (…) Una mezcla de adoración y odio» y culturales insertas en la mente ha sido una obse- sión de la autoridad institu- cional a la hora de impedir su acceso. Y es que por un lado, las drogas son fuente de des- trucción personal y a la vez se revelan la puerta a los
  • Factor Crítico dicto (o el camello, figura que por su representa- En nuestras fronteras no son pocos los grupos ción en el arte contemporáneo merece, quizás, que han loado el binomio noche-drogras como otro texto con mayor dedicación); la música pa- la llave para una noche «memorable», capaz de sada la década de los 80 recoge de una forma hacer que lo onírico tome presencia y narrar la más prolija la otra vertiente, sus efectos más po- desazón que provoca el «fin del hechizo» para sitivos por denominarlos de alguna forma. tener que hacer frente a la mirada frente al es- pejo. En este aspecto, las drogas sintéticas y las dife- rentes sustancias estimulantes (cocaína, Speed) Sidonie (Fascinado) o El columpio Asesino (Toro) han ido de la mano de esa cultura de «clubber» son bandas inspiradas a la hora de evocar ese [pg-78] con dimensiones que se deslizan desde lo cutre deseo, la pulsión de subirse al coche sólo con (Gandía y otras zonas alicantinas) a la pompa de el equipaje del combustible, drogas y deseo en Ibiza o esas sesiones de madrugada en festivales busca de una sensación de poder (y querer) que «indie». Meterse «un tiro» es sinónimo de ponerse en el desánimo de la vida entresemana aparece a tono, donde el consumo queda despojado de esquiva. Para esta tradición, no se trata de huir toda tragedia a favor de esa inconsciencia lúdica de uno mismo sino de encontrar esos tesoros y festiva provocada por la masa atrapada por los ocultos y esquivos de la vida para los que ven- «samplers». cen el miedo a caer en la necesidad. Carl Cox o Miss Kittin, por poner algunos ejem- plos, se convierten en los chamanes de la mezcla y la repetición. Sus bases vienen impregnadas de nocturnidad y de deseo autómata, una queren- cia por el ensimismamiento y cierto gusto por la incomunicación que parece acoplarse perfecta- mente a sustancias como el éxtasis. Una exalta- ción impostada e inducida por lo químico.
  • Factor Crítico E n esta reseña compara- remos las tres principales biografías editadas en Leonor de Aquita- castellano sobre la figu- ra de Leonor de Aquita- nia, comparativa nia, a saber:entre tres biografías - Régine Pernaud, Leonor de Aqui- tania, Acantilado, 2009. por Miguel Ángel Mala - Jean Markale, La vida, la leyenda, [pg-79] la influencia de Leonor –condesa de Poitou, duquesa- de Aquitania, rei- na de Francia, de Inglaterra, dama de los trovadores y bardos breto- nes, José J. de Olañeta, 2003. - Alain-Gilles Minella, Leonor de Aquitania, una figura de leyenda en la época de las cruzadas y los trovadores, La esfera de los libros, 2007. Aunque la edición en castellano es la más reciente, el precursor fue el de Régine Pernaud, editado en fran- cés en 1965. Es la primera obra moderna en la que se realiza un panorama más o menos exhausti- vo sobre Leonor. Su título original,
  • Factor Crítico Alienor d’Aquitaine, constituye una declaración nia, la otra Aenor, la tercera mujer peligrosa de intenciones. de la familia. Régine la llama Alienor y no Eleonore, Eleano- Con estos orígenes, no es de extrañar que tuvie- re o Leonore, porque en realidad Alienor quie- ra una vida extraordinaria. re decir “la otra Aenor”, siendo esa Aenor su madre. Es muy importante recalcar este hecho, Y Régine Pernaud, mujer, escribe una obra en pues desde un principio Leonor de Aquitania – los años sesenta sobre otra mujer, Alienor, dos desde su mismo nombre- se remite a un linaje veces reina, idolatrada y demonizada por sus de damas aquitanas de vidas singulares, ambi- contemporáneos y las generaciones posteriores ciosas y temibles. hasta entrar en el campo de la leyenda. Hay [pg-80] en la obra de Pernaud un claro tinte reivindica- En efecto, dicha Aenor fue hija de los amores ilí- tivo de la figura social de la mujer en muchos citos del rey trovador Guillermo de Poitou con la planos, entre ellos el político, el de realización vizcondesa de Châtellerault, que tenía el nom- personal, el de la lucha contra el sistema de las bre predestinado de Dangereuse –”peligrosa”-. sociedades patriarcales. Por ella, el abuelo de Alienor llegó a las manos alguna vez con su propio hijo, el futuro Guiller- mo X de Aquitania. Sea como fuere, Guillermo IX tuvo una hija con Dangereuse llamada Aenor de Châtellerault, tan bella como su peligrosa madre, y concibió la idea de unir en matrimonio a su hijo legí- timo, Guillermo, y a su hija ilegítima, Aenor, para que el joven Guillermo pudiera tener al fiel reflejo de la amante de su padre entre los brazos. De esa unión nació Alienor de Aquita-
  • Factor Crítico Y es que ningún estudioso puede sustraerse a las El erudito francés recurre sobre todo a los tex- tendencias del momento en el que vive, y qui- tos contemporáneos como crónicas –Jean de zás tampoco deba hacerlo. Como dice la misma Salisbury o Robert de Gloucester-, anales -Ro- Pernaud, toda época reinterpreta las preceden- ger de Hoveden-, obras literarias –Robert Wace, tes en función de una escala de valores que va Chrétien de Troyes-, etc. No se centra tanto en cambiando, hasta el punto de que en la actuali- la figura de Leonor como en las circunstancias dad se utiliza esa palabra, valores, para referirse que la rodearon, y cuando vuelve la vista hacia a productos de inversión en Bolsa. ella es porque quiere ahondar en el persona- je, comparándolo y trascendiéndolo. Leonor es En segundo lugar, tenemos la obra de Jean para Markale, más que una persona, un mito en [pg-81] Markale. Aunque el título es tan pomposo como el inconsciente colectivo, una plétora de imáge- una presentación protocolaria, describe lo que nes superpuestas de donde no se puede extraer hay dentro: un conjunto de artículos sobre la nada con total certeza. vida, la leyenda y la influencia de Leonor. Fue publicado por primera vez en 1976, casi diez A lo largo de los tres primeros ensayos, Markale años después de la obra de Pernaud. analiza el matrimonio de Leonor con Luis el Jo- ven y el polémico “divorcio” con el rey de Francia Markale trata de darle un enfoque global, me- para casarse con Enrique Plantagenêt. También diante sutiles lazos que conectan unas partes con le interesa mucho la relación con Ricardo Cora- otras, pero cada una puede leerse con indepen- zón de León en su papel de reina madre. ¿Por dencia. Son cinco extensos ensayos en los que qué dedica tan poco espacio al matrimonio con no se sigue un orden cronológico. Va adelante y Enrique, que duró casi cuarenta años? Quizás el atrás en la historia de Leonor, centrándose ante hecho de que ella pasara casi veinte encerrada todo en los puntos de su vida que le parecen por su marido tenga algo que ver, pues durante turbios o poco estudiados, sobre los que aporta ese tiempo permaneció en la sombra. O quizás luz mediante la comparación de diversas fuentes es que no llegó a profundizar lo suficiente en el de la época. segundo período de su vida.
  • Factor Crítico En los dos últimos ensayos, el medievalista Alain-Gilles Minella no ha escrito una biografía ex- francés, tan dado a reinterpretar la realidad haustiva sobre Leonor como la de Pernaud, ni un medieval desde ópticas metafóricas, toma a ensayo misceláneo como el de Markale. Tampoco Leonor como punto de partida para la le- se ha centrado en el matrimonio con Luis el Joven o yenda y la literatura comparada, algo casi la relación con Ricardo, de los que ya habló mucho antropológico porque se sumerge en creen- su erudito antecesor. ¿Qué le queda entonces? Si cias populares –el hada Melusina, las brujas atendemos al título, que va del amor al odio pa- celtas, relaciones diabólicas-, en la religión sando por el poder, sólo hubo una etapa en la que cristiana -la Virgen María-, las herejías cáta- inscribirlo: el matrimonio con Enrique. ras o la literatura artúrica, para aportar una [pg-82] atmósfera que de otro modo sería imposi- La duquesa de Aquitania conoció el amor, según se ble recrear. Y es en ese magma donde de- cuenta, cuando se entregó a Enrique Plantagenêt, a bemos incardinar a la duquesa para poder los treinta años. Antes, vivía con un hombre que te- comprenderla mejor. A ella y a los que la nía más de monje que de rey y que no armonizaba rodearon. con su talante apasionado. Así, la desesperación la lleva, según el cronista Philippe Mousket, a mos- Por último, el libro de Alain-Gilles Minella, trarse desnuda frente a sus barones para exclamar: editado en 2004 por vez primera, tiene en cuenta las dos obras anteriores. Los editores Ved, señores, mi cuerpo, ¿no es deseable? han hecho una traducción libre del título, que ¡El rey dice que soy el diablo! en francés es Alienor d’Aquitaine, l’amour, le pouvoir et la haine1. Si bien en castellano los Por los ocho hijos que tuvo editores han tratado de emu- de Enrique Plantagenêt, de-1 Leonor de Aqui-tania, el amor, el lar a Markale, derivándolo ha- bemos deducir que el bravo poder y el odio. cia la cultura trovadoresca, en rey de Inglaterra no opinaba francés la cosa es muy distinta. lo mismo.
  • Factor Crítico Leonor tenía diez años más que Enrique cuando reina, sobre todo durante esos años en que ella contraen matrimonio, tras conseguir del Papa la permaneció encerrada a buen recaudo en for- anulación del anterior con Luis el Joven. Ha sido talezas inglesas y francesas como la de Chinon. reina de Francia durante dieciséis años. Ya no es Para concluir, diré que cada uno de estos tres la jovencita que se casó con Luis VII, sino una libros aporta una visión distinta de Leonor y de dama que ha tenido dos hijas, que ha estado en los que la rodearon. El de Pernaud es quizás el las Cruzadas y que aporta a los territorios del más completo desde un punto de vista histórico. rey normando el condado de Poitiers y el du- Al fin y al cabo, es el primero. El de Markale se cado de Aquitania, casi la mitad de Francia. Y centra en el matrimonio con Luis, la cruzada de es entonces cuando ella ejercerá el poder junto 1147, el divorcio y la imagen mítica de Leonor. [pg-83] a su joven marido, viajando incansablemente y Y el de Minella se orienta hacia la figura de Enri- tomando decisiones de pleno derecho. que y la relación de amor odio que mantuvieron a lo largo de sus vidas. Tres joyas de muy reco- Sin embargo, en apenas quince años Enrique mendable lectura, que aportarán a buen seguro habrá perdido todo interés por Leonor, que ya una visión global sobre una de las mujeres más le ha dado suficientes hijos varones para per- interesantes e influyentes de la historia. petuar su estirpe, y se enamorará de una ado- lescente llamada Rosamunde Clifford. En ese momento, el amor de la duquesa hacia el joven león angevino se tornará en odio, tan grande que será capaz de enfrentar al padre con los hijos por el control del imperio que Enrique y ella han creado. El libro de Minella, por tanto, gira en torno al matrimonio con el Plantagenêt. Y se puede de- cir que casi es más protagonista el rey que la
  • Factor Crítico Leonor de Aquitania Régine Pernaud Acantilado ISBN 978-84-92649-10-5 334 páginas Barcelona 2009 [pg-84] La vida, la leyenda, la in- fluencia de Leonor ... Jean Markale José J. de Olañeta ISBN 84-7651-090-X 234 páginas Palma de Mallorca, 2003 Leonor de Aquitania, una figu- ra de leyenda en la época de las cruzadas y los trovadores Alain-Gilles Minella La esfera de los libros ISBN 978-84-9734-650-4 Madrid 2007
  • Factor Crítico Los 10 de Factor Crítico [pg-85] Jorge de Barnola Un mundo feliz Paul Bowles y el kif Miedo y asco en Las Vegas, Thompson/ Gilliam Love Will Tear us Apart, Joy Division Eloy de la Iglesia, director de películas de quinquis The Doors of Perception, el libro de Huxley José Luis Manzano, quinqui y actor The Doors, el grupo de Morrison David «Noodles Aaronson» en el fumadero de opio, en Once Upon a Time in America La Guerra de Vietnam
  • Factor Crítico Roberto Bartual 1. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll 2. 2001: odisea en el espacio, de Stanley Ku- brick 3. Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. [pg-86] Thompson 4. Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley 5. La música de Ravi Shankar 6. Dumbo, de Ben Sharpsteen 7. Kubla Khan, de Samuel Taylor Coleridge 8. El rayo mortal, de Daniel Clowes 9. Brought to Light: Shadowplay, de Alan Moore y Bill Sienkiewicz 10. Easy Rider, de Dennis Hopper
  • Factor CríticoMiguel Carreira El ciclismo«El misterioso viaje de Homer» (3F24 The misterious Monkey Bussinessvoyage of Homer). Ken Keeler, su guionista, fue des-pués señalado como sospechoso de haber provoca- París entre 1870 y 1919do el desmoronamiento de la serie. Chelsea HotelJefferson Airplane As Rías Baixas [pg-87]The wire El Dr. Jeckill & Mr HideExtracto de glándula pineal
  • Factor Crítico Por David García esa historias heroicas sobre quien se consume por sus efectos. Cocaína. La sustancia que mejor representa la posmodernidad y el sistema capitalista. Estimu- Antonio Escohotado. Su análisis sobre los efectos de la droga en la cultura merece ser reconocida. lación para la perdición Berlín. La capital de Alemania es un buen lugar Dog Soldiers. Lucidez descarnada para narrar para iniciar ese viaje. una odisea del límite y el descenso a los infier- nos bajo el influjo de la droga. Sugar Man. La canción de Sixto Rodríguez alude [pg-88] al consumo y es tan buena que merece estar en Pulp Fiction. La escena en que John Travolta se cualquier lista. inyecta heroína y conduce bajo sus efectos retra- ta de manera sublime la seducción que produce en el consumidor Toro. Canción oscura e intrigante de El Colum- pio Asesino que invita a la nocturnidad sin ma- ñana. Trainspotting. Tanto película como novela cons- tituyen uno de los mejores documentos sobre la drogadicción sin renunciar a una buena historia. LSD. Metafora de ese poder cercano a la deidad implicito en las drogas Barricada. En sus canciones siempre se retrata
  • Factor Crítico David Sánchez Usanos Artista extranjero más especial muerto a causa de las drogas (después de los 70, que antes hay Personaje literario – Sherlock Holmes demasiados)- Shannon Hoon Mejor canción en la que aparece la palabra «co- caína» - «You could be mine» (Guns & Roses) y «Listen to her heart» (Tom Petty and The Heart- breakers) [pg-89] Mejor canción cuyo argumento es estar esperan- do al camello - «I’m waiting for the man» (The Velvet Underground) Autor que ahora mismo esté medio de moda y se le relacione con las drogas pero, en el fondo, sea un gran escritor – Robert Stone Mejor serie de televisión en la que las drogas jueguen un papel decisivo – «The Wire» Serie de televisión en la que las drogas jueguen un papel decisivo a la que le tengo más cariño - «Corrupción en Miami» («Miami Vice») Artista español más especial muerto a causa de las drogas – Enrique Urquijo
  • A udiovisual
  • Factor Crítico B ien conocida es la fama de gruñón que tiene Alan Moore, sobre todo en lo Act of Faith / que se refiere a las adap- taciones cinematográficas Jimmy’s End de sus cómics que, según ha confesado en algu- de Alan Moore y Mitch Jenkins nas entrevistas, ni siquie- ra se molesta en ver (con Po r Ro b e r t o B a r t u a l la excepción del DVD de [pg-91] From Hell que, según me contó una fuente cercana al escritor inglés, le regaló una de sus hijas por su cumpleaños y a los quince minutos acabó en la basu- ra). Hasta tal punto llega su despre- cio por el cine hecho en Hollywood que desde la infame adaptación de la Liga de los Caballeros Extraordi- narios, Moore impide a los produc- tores que utilicen su nombre en los créditos, lo cual no es en absoluto un gesto de cara a la galería pues, al mismo tiempo, rechaza también los honorarios que le corresponden por derechos de autor cediéndose- los a los dibujantes de sus obras.
  • Factor Crítico (1) Para no inflar este texto con más Ante una postura 1 A juzgar por estas dos primeras entregas, The Show paréntesis, diré aquí que, en realidad, tan coherente mu- será un largometraje no lineal cuyos segmentos sí se estrenó una película anterior a estas con guión de Moore. Se titula chos nos preguntá- comparten personajes, temas y leitmotivs, el más Ragnarok y es un film de animación bamos: «entonces, destacable de los cuales es la concepción del mun- con personajes diseñados por Bryan ¿cómo le gustaría do y de la vida como símbolo puro, lo cual no su- Talbot que se editó directamente en que se rodaran sus pone ninguna sorpresa para quienes hayan segui- VHS en 1982. Apenas hay referenciassobre este film y la cinta probablemen- trabajos?». La res- do el trabajo de Moore durante los últimos quincete solo pueda manifestarse en el plano puesta ha llega- años. Aparte de tocar el tema del satanismo, Act of material previa invocación de nuestro do de la mano del Faith y Jimmy’s End tienen otra cosa en común con querido mago de Northampton. propio Moore, pues la película española más interesante del año pasa- [pg-92] este noviembre pa- do, Diamond Flash: cada escena es una pequeña sado se estrenó su primer guión escrito expresa- historia en la que, al final, el espectador descubre mente para la pantalla, Jimmy’s End, precedido de que las cosas no son lo que parecían ser. un corto a modo de prólogo titulado Act of Faith. Un estreno limitado a una única sala y sesión en En los últimos planos de Act of Faith, comprobamos su ciudad natal, Northampton, como ocurre con que el ritual casero compuesto de gestos cotidianos todos sus trabajos audiovisuales concebidos como y varias llamadas telefónicas que durante minutos rituales mágicos: una vez ejecutados, no se vuelven a representar. Aunque, por suerte, contamos con You- tube para ver y seguir vien- do estas dos películas que, en realidad, forman parte de un proyecto cinemato- gráfico más amplio titula- do The Show.
  • Factor Crítico ha efectuado su protagonista, es en realidad el pre- El mecanismo de las falsas apariencias con el ludio de un acto sexual fetichista en el que interviene que juega Moore en estas dos películas no es, la hipofixia. Todo esto se quedaría en una anécdota por tanto, una simple forma de sorprender al con sorpresa, como tantos otros cortos, si no fuera espectador, sino más bien una especie de aviso: porque lo que excita a Faith no son los lazos, las es- no creas que las motivaciones humanas son tan posas, o la asfixia en sí mismas. Antes de ponerse la simples como parecen o que las cosas tienen bolsa en la cabeza, Faith siempre llama a su novio un solo significado. Y por este segundo camino para que acuda a toda velocidad a follársela. Sabe es por donde transita Jimmy’s End, cuyas reso- que tiene el tiempo suficiente de llegar antes de que nancias resultarán bastante familiares a quienes le falte aire. Puede parecer un acto extremadamente conozcan la obra esotérica de Moore. En medio [pg-93] autodestructivo, pero en realidad no lo es, y es que de una furiosa lluvia, un hombre llamado Jimmy Alan Moore siempre ha sabido revelar el lado más llega a un extraño pub llamado, muy apropia- humano que existe en el acto más cruel: si lo mira- damente, Jimmy’s End. Nada más entrar, la ca- mos bien, en realidad lo que a Faith le pone es que marera le hace un comentario ininteligible sobre se la folle alguien en cuyas manos pueda poner su ciertos «peniques en los ojos» y si a esto le su- vida. ¿Y acaso no es eso una forma hermosa de mamos que el buen hombre no sabe muy bien concebir el acto sexual? de dónde viene ni cómo ha acabado allí, basta con sumar dos más dos para darnos cuenta de que, al comenzar la película, el tal Jimmy está más bien muerto. Pero de nuevo, esto no es Los Otros, pues la sor- presa no es un fin en sí mismo; de hecho, nos la está revelando desde el principio el título de la película, igual que ocurría en la anterior. ¿Dón- de está Jimmy entonces?, es la pregunta que se plantea entonces. Y aquí entra en acción el cé-
  • Factor Crítico lebre juego de los puzles simbólicos al que nos cosas distintas». Lo interesante es que este juego tiene acostumbrados Moore desde From Hell. El polisémico no es solo un juego, pues Moore si- espectador tendrá que interpretar detalles visua- gue sus consecuencias hasta el final y éstas son les, personajes y conversaciones hasta encontrar de índole teológica. Si todos los símbolos son una solución satisfactoria que, sin embargo, no polisémicos, entonces también lo es el Diablo llega nunca. El constante timbre de un teléfono en tanto que símbolo, y el segundo significado que suena remite no tanto al sueño opiáceo de que encierra en su interior es precisamente su Robert De Niro en Érase una vez en América, sino contrario: el Diablo es también Dios. Así, tan- a la llamada del novio de Faith en el corto ante- to Astaroth como su opuesto son representados rior que intenta a avisarle de que no va a llegar a por una vieja pareja de cómicos que, a pesar [pg-94] tiempo. Un símbolo ritual pintado en una pared de llevarse mal, son inseparables. Que nadie apunta en la misma dirección: es el sigilo usado se extrañe, entonces, de ver a Dios revestido de para invocar a Astaroth, el tercero en la tríada in- símbolos apolíneos y mercúricos e interpretado, fernal formada por Lucifer y Belcebú. como no, por el propio Moore (ese toque tan drag de calzarse unas botas aladas de color oro Y sin embargo, tratándose de Moore, las co- hacen que la escena sea inolvidable). sas no siempre son sencillas. Aunque todo pa- rece indicar que el pub llamado Jimmy’s End no es otra cosa que el infierno, la referencia a los peniques que se colocan en los párpados del muerto como pago a Caronte, así como el he- cho de que Jimmy no recuerde nada, nos in- dican que quizá no haya tal infierno, sino tan solo olvido: el espacio simbólico que tradicio- nalmente ha representado el río Leteo. Infier- no, olvido, «cuidado con los símbolos», nos dice Moore, «pues siempre representan al menos dos
  • Factor Crítico Quizá el único problema de Jimmy’s End es que, años, desde Lost Girls a Promethea, desde Snakes llegados a este punto, tampoco estamos ante una & Ladders hasta la última entrega de La Liga: que si idea tan novedosa si consideramos otras obras de el mundo es lenguaje, que si el lenguaje es ficción, su autor. Que Dios y el Diablo sean la misma cara que si la ficción es la materia de la que está hecha de una sola moneda era ya el tema central de La la realidad, etcétera. Nada nuevo bajo el cielo del Broma Asesina. Lo que tenemos aquí, en estas dos LSD y la magia ceremonial. También queda por ver prometedoras primeras películas, debemos consi- si el hecho de que todos y cada uno de los planos derarlo más bien una presentación de temas y per- de Act of Faith y Jimmy’s End parezcan iluminados sonajes que, con toda seguridad, serán desarrolla- por David Lynch es un simple homenaje o si, por el dos en las posteriores entregas que componen The contrario, se trata de un vicio en el estilo de Mitch [pg-95] Show, donde veremos si Moore nos cuenta algo di- Jenkins, encargado de poner en imágenes los guio- ferente a lo que nos viene contando en los últimos nes de Moore.
  • Factor Crítico Pero quizá no sea justo hacer críticas de este tipo ante una obra aún inconclusa. Paciencia. Lo que sí se puede decir a juzgar por estos dos primeros aperitivos es que The Show merece mucha más atención que las adaptaciones cinematográficas de V de Vendetta o Watchmen, por mencionar las menos abominables. Eso sí, otra cosa será que la consiga. [pg-96] Acto of Faith/Jimmys End Alan Moore, Mitch Jenkins Reino Unido, 2012
  • Factor Crítico «D esde que he co- nocido el Ar- te, esta celda César debe morir se ha converti- do en una pri- de Vittorio y Paolo Taviani sión», concluye Cosimo Rega, Po r A l e x a n d e r Z á r a t e el coordinador teatral en la pri- sión, y también [pg-97] preso (condenados por homici- dio). Es la frase que concluye la película, Cesar debe morir (Cesa- re debe morire, 2012), de los Her- manos Taviani; es el rescoldo que queda encendido después de que haya terminado la representación de Julio Cesar, a cuya preparación y ensayos hemos asistido (y en la que Cosimo ha interpretado signi- ficativamente a Cassio, el principal instigador para derrocar, y asesi- nar, al dictador). Es la conclusión, como máxima, que transpira esta vibrante e insurgente obra, de áni- mo combativo, que aún cree posi- ble la revolución, y lo es a través
  • Factor Crítico del Arte, el que puede o podría liberarnos de cuya trama ven la que conforma su propia vida, nuestras prisiones (la llave de un necesario des- sino que este relato de ambiciones y traiciones pertar, el fustazo para un impulso vacilante). se erige en reflejo de esta sociedad de voraz En 1971 los Taviani realizaron Allonsafan, en la adicción al poder, al éxito, a las conspiraciones que un revolucionario (interpretado por Marce- y alianzas, entraña de la acerada e inclemente llo Mastroianni), en tiempos de la Restauración, competitividad. se debatía entre seguir en la brecha, con el com- promiso como ariete de lucha, con los riesgos En la extraordinaria Tío Vania en la calle 42 que implicaba, o apartarse del mundanal rui- (1994), de Louis Malle, los actores entraban al do, en la ilusión de la inmunidad y la conforta- teatro para realizar los ensayos de la obra de [pg-98] bilidad del escepticismo o el derrotismo. Cesar Chejov. Conversaban entre ellos y sin solución debe morir hace cuerpo de un talante, de una de continuidad ya estaban inmersos en la obra. actitud, que se ha amordazado o adormecido No hacía falta vestuario ni escenario conven- en las prisiones invisibles de nuestra sociedad, cional que nos situara en la época, fluíamos en esa que nos hace creer que ya somos impo- la entraña de la obra. Realidad y ficción se fun- tentes para posibilitar un cambio o que simple- mente ha encandilado o domesticado con los cantos de sirena del consumismo, con la ruti- na ritualizada de la supervivencia. Y para dotar de cuerpo a la alegoría elige a unos realmente condenados, presos de la cárcel modelo de Re- bibia (Roma). Algunos han publicado libros, y quien encarna al protagonista, Bruto, Salvatore Striatto, encontraría o afirmaría su vocación de actor. Y la obra Julio Cesar de Shakespeare se convierte en lúcido reflejo no sólo de las vidas concretas y conflictos de esos mismos presos, en
  • Factor Crítico que crea un singular efecto de realidad, puente entre sus conflictos reales (de pasado y presen- te) y los de la obra (los presos representan una obra, cuya trama es la representación o alegoría de su dinámica de vida; cuerpo metafórico de su propia vida, la prisión y el afuera, comparti- mentos de un mismo escenario o drama ). Aunque esté presente el director de la obra, aunque se creen momentáneos «pasos cambia- [pg-99] dos», fisuras en el fluir, en el que los actores, los presos, se reconocen a sí mismos en la obra, reconocen en frases las que alguien les dijo en dían como si fueran parte de un mismo cuerpo. situaciones similares, como le ocurre en cierto Cesar debe morir comienza con la conclusión, instante a Striatto, o la obra destape (o entre- el final de la representación ante el público, que mezcle) conflictos entre ellos, como entre los ac- es asistir a la muerte de Bruto, nosotros, la inte- tores, Giovanni Arcuri y Juan Dario Bonetti, que rrogación sobre qué podemos hacer con el po- interpretan a los personajes de Cesar y Decio, der y ante el poderoso, donde queda lo justo en parece que asistiéramos al drama romano más las revoluciones. Posteriormente, ya en blanco y que a una representación, tal es su complejo negro, como si fuera un borrador de vida, asis- efecto escénico real. Efectivo al respecto es que timos al planteamiento de la propuesta, a un rehúya saltos de los ensayos a la vida cotidiana montaje secuencial de las pruebas a los presos, en la cárcel, no hay transiciones; incluso la in- para decidir a quiénes se les adjudican los dife- trusión puntual de los guardianes cuando desde rentes papeles, y después el cuerpo de la narra- lo alto observan, y comentan, el ensayo de una ción fluye a través de los diversos ensayos que escena (dirimiendo si seguir escuchando o inte- tienen lugar en diferentes espacios de la prisión, rrumpirles), pareciera parte de la obra como lo
  • Factor Crítico es de la misma metáfora combativa de la pelí- cula, ya que tiene lugar tras la muerte de la figu- ra del poder, Cesar, cuando ha irrumpido Mar- co Antonio entre los conspiradores. La música, por otro lado, introduce un doliente vena lírica, melancólica, que se hace correspondencia con ese aliento herido que exhalan las últimas pala- bras de Cosimo: el arte es un cuchillo que nos hace sentir libres, aunque pareciera sólo hendir el aire, porque aún nos sentimos prisioneros, y [pg-100] al hacer más físico ese desgarro, sentimos de modo más remarcado la opresión en la que nos parece faltar el aire. Por eso, ya concluida la pe- lícula, aún resuena el grito, como rescoldo, de Cesar debe morir. Cesar debe Morir Paolo Taviani, Vittorio Taviani Intérp: Fabio Cavalli, Salvatore Striano, Giovanni Ar- curi, Antonio Frasca, Juan Dario Bonetti,Vincenzo Ga- llo, Rosario Majorana, Francesco De Masi, Italia,2012
  • Factor Crítico Con el siguientes textos queremos inaugurar una nue- va modalidad de críticas en esta sección. No quere- mos seguir tanto el modelo de «a favor/en contra» Django desenca- como presentar dos puntos de vista diferentes sobre el mismo director, planteados como un diálogo. Y quién mejor para comenzar que alguien que despier- denado, dos pun- ta tantas pasiones y odios como Quentin Tarantino. tos de vista sobre 1. Canto al vacío el tarantinismo Po r A l e x a n d e r Z á r a t e y Ro b e r t o B a r t u a l por Alexander Zárate En Django desencadenado hay [pg-101] un personaje que se llama nada menos que Brunhilda Von Shaft (Kerry Washing- ton). Es la «prin- cesa» que quiere rescatar el héroe, un Sigfrido negro de nombre Djan- go (Jamie Foxx) que es como una especie de Shaft pero un siglo an- tes, quien cual Prometeo desen- cadenado, con la
  • Factor Crítico intervención de su particular Baron Frankenstein, nos revelen que Tarantino realmente es un dibu- su liberador y tutor, Schultz (Christoper Waltz), jo animado con ansias vengativas por no poder se transformará en alguien capaz de cargarse ser humano, como el villano de Quién engañó a quien se le ponga por delante, sobre todo si a Roger Rabbit (1988). Su extraña condición in- es un maldito roedor esclavista. Para jugar con flamada me hace sospecharlo. Como si fuera nombrecitos me quedo con el de Otto el pilo- otro, o le hubieran suplantado. Algo así me pa- to, no el que «estrellaba» las ínfulas poético- sa con su cine, desde Kill Bill (2003). Es decir, transcendentes de Los amantes del círculo po- hay un Tarantino que me resultaba sugestivo, y lar (1998), de Julio Medem, sino el del piloto otro (que suplió al segundo; ¿quizás su alter ego automático hinchable de Aterriza como puedas en el mundo de los dibujos animados?) que no [pg-102] (1980), de Jerry Zucker. Tarantino realiza una me interesa nada, y hasta me resulta cargante. breve intervención en la que su personaje vuela por los aires, despedazado al explotarle la dina- Pero ante todo no me interesa ya su cine porque mita que lleva encima. El mundo de Tarantino es dejó de hacer preguntas. En sus tres primeras pe- el del cartoon, y como los muertos son de pega, lículas, me gustaran más o menos, me resultara puede dar rienda suelta a su desaforado regus- más o menos ingeniosa su arquitectura formal to por la violencia desorbitada. Quizá un día (en sucesivos visionados Pulp Fiction, me pareció más irregular, un juego for- mal resuelto con cierta gra- cia, pero más superficial de lo que parece por su alam- bicada estructura), tenía la sensación de encontrarme en un sugerente terreno mo- vedizo, en el que las líneas eran difusas, las que dife- renciaban un lado y otro, el
  • Factor Crítico de la ley y la delincuencia, como relatos desmade- dea con delectación), a partir de Kill Bill (2003), jados, quebrados, como puzles en los que las pie- que a mitad película empecé a ver a velocidad zas estuvieran fuera de sitio, porque no resultaba rápida (era la más adecuada manera de res- fácil dilucidar donde deberían estar, como las mis- ponder a aquel tropel narrativo; o quizás pa- mas referencias morales. El universo de Reservoir ra evitar el horror vacui). Ya era todo claro, las Dogs (1993) era imprevisible, porque no se po- posiciones bien definidas: la heroína vengado- día dilucidar qué era real o falso, quién puede ser ra, que resurge de su entierro, frente a los villa- un policía camuflado o un delincuente, en quien nos, en Kill Bill, las chicas frente al asesino en se puede confiar y en quién no, quién es lúcido o serie, en Death Proof, los soldados del ejército quién está trastornado. Tampoco en Pulp Fiction aliado frente a los alemanes/nazis, en Malditos [pg-103] (1995) se podía delinear con claridad los lados, bastardos. Ya no hay relieve, los personajes son ni siquiera un centro, porque todo transpira alea- figuras recortables, pero su excentricidad care- toriedad (en la vida no siempre aparecen oportu- ce de, pongamos, la densidad de punto en fuga nos «limpiadores»), como en Jackie Brown (1997), del cine de los Coen: no hay trasfondo, no hay donde la protagonista es una superviviente en una más allá de lo que se coloca en la pantalla co- jungla que es pura intemperie. mo piezas sin sombra. No hay afán de transcen- dencia, pero sí perspectiva moral, aunque con Pero algo ocurrió en su «mecanismo» (no sé si con- dicionado por el 11/S; o por otro tipo de cortocir- cuito interior), y convirtió a la venganza en eje nuclear y vertebrador de su cine (siempre como acción jus- tificada, y en cuya realiza- ción o ejecución se rego-
  • Factor Crítico una delgada línea que no es roja, porque no sean «profesionales» o no, y Tarantino es uno de separa nada. Su cine es de una dirección, es un esos cineastas que posee su particular corte de cine de castigo, un cine que parece complacer acérrimos defensores; algunos también con ca- una muy elemental transferencia, el soñar que puchas con orificios pequeños). Por supuesto, lo das de hostias a tu maldito jefe, o al que consi- de canto era una ironía. Su vacío es más el de gue lo que tú no tienes, o sea a algún maldito un silencio crispado, en permanente estado de bastardo. Claro que en el cine queda mejor si inminente implosión, como corrupto aire estan- cado. Ahora diría incluso que me resulta abe- esa violencia desatada se despliega de un mo- rrante, aunque sería un adjetivo que más bien do políticamente correcto, es decir, que se reali- reflejaría el malestar y desagrado que me deja za sobre alguna figura repulsiva, algún maldito la contemplación de sus cuatro últimas películas [pg-104] bastardo al que sí (por transferencia) puedes es- (como me pasa con Von Trier, con su delecta- cupir, destrozar, mutilar y golpear con saña sin ción por la desgracia, en Rompiendo las olas y que nadie proteste (ni a ti te detengan), sea un Bailando en la oscuridad, tras las que decidí evi- maltratador de mujeres, un asesino en serie, un tar su cine; como el de Medem, preso de otro nazi o un esclavista. tipo de ensimismamiento, distinto al de Taranti- no). Hace unos años, en un artículo en Cahiers du Más allá de algún detalle ingenioso, o de algu- cinéma, tras el estreno de Death Proof (2007) , me censuraron la expresión «Canto al vacío» con la que hacía referencia a las dos últimas obras de Tarantino (entiendo que no se esté de acuerdo, pero ¿censurar- lo?; aunque está viscerali- dad está un tanto extendida en ciertos sectores cinéfilos,
  • Factor Crítico nas secuencias resueltas con particular pericia te alguien que da rienda suelta a la mala con- (el asesinato en Death proof, la secuencia inicial ciencia, a esa violencia acumulada como de- o la larga secuencia del bar en Malditos bastar- pósito de bilis en el interior. Como alguien que dos), me interesan poco sus juegos referenciales vuelve de la tumba, como la protagonista de Kill cinéfilos o sus alardes formales, meramente or Bill, pero lo primero que recupera es su rabia. La emoción ha sido sustituida por un autóma- ta más preocupado por la destrucción, como el mortal abrazo de la autómata en El ladrón de Bagdad (1940). [pg-105] En Django desencadenado parece esbozar su resurrección, pero quedan como brotes deshi- lachados: las visiones que tiene Django de su añorada esposa, el espasmo concienciado de Schultz ante la violencia esclavista, que le lleva- rá a la muerte. Todavía Tarantino sigue siendo Django unchained (2012) dominado por su vertiente de dibujo animado; su cine es una inflamación cuyo trayecto único namentales (o la banalización del artificio), o es hacia la explosión. El placer de reventar(se). la reiteración de sus excursos secuenciales con largas (e insustanciales) divagaciones dialoga- Si la película se mantiene dignamente en sus les. Pero lo que más me distancia de su cine en dos primeros tercios es, sobre todo, gracias a esta última década, aparte de dar ya las res- dos actores. El primero lo domina, soberana- puestas (rudimentarias, y muy poco sugestivas), mente, Christoph Waltz , y el segundo, un exce- es que me resultante turbiamente vacío, como lente Leonardo Di Caprio. Se convierten en una una supuración. Con el cine de Tarantino, en especie de sucesivo one man’s show (y el segun- sus últimas obras, siento que me encuentro an- do en cierto «duelo», con el añadido de que su
  • Factor Crítico aspecto físico sea tan parecido; con el aboga- En la misma película, hay cierta diferenciación do, que encarna el que fuera habitante de El en el tratamiento de la violencia (en el primer lago azul, Christopher Atkins, como tercer clon tramo hasta utiliza planos generales), que refle- con mismo modisto y peluquero). Pero en el ter- ja la evolución que ha tenido en su cine: De su cero la película cae en barrena, y aún peor, pro- eficaz e ingenioso (y sí, más turbador) uso del picia que se desplome todo el edificio (ya que fuera de campo en la secuencia de la tortura de revela su completa inconsistencia: es lo opuesto Reservoir dogs o el brillante uso del largo plano al extraordinario final de La noche más oscura, general en la muerte nocturna en un descam- que concentra, revela, y densifica la compleja pado en Jackie Brown (incluso el uso del extra- entraña de la escurridiza narración). No porque ñamiento, del absurdo, en secuencias de Pulp [pg-106] Jamie Foxx, quien domina este tercio, no sea tan fiction, como la de competente como en el resto de la película. De la tortura en el só- hecho, si hay una interpretación que me resulta tano, o la secuen- cargante es la de Samuel L Jackson, tan des- cia de la inyección afortunadamente impostada como la de Brad en el corazón), al Pitt en Malditos bastardos. Sino porque eviden- regusto por la de- cia, una vez más, que más allá de sus juegos tallada acción de de artificio o de pirotecnia formales, realizados escalpelo en ca- con toda la habilidad que se quiera, queda no bezas; el ametra- sólo el vacío, sino un vacío gangrenado, repleto llamiento en un ci- de bilis, cuando Django se convierte en un tor- ne en (qué más da bellino cual diablo de Tasmania que se cepilla, son de nazis) Mal- en acción de vengador justiciero a todo maldito ditos bastardos; el bastardo (o maldita bastarda) que se ponga en apalizamiento sin su camino, mientras, en los sucesivos tiroteos, fin de un psicópa- no dejan de brotar en los cuerpos explosiones ta, en Death proof; de sangre, cual furibundo estallido de volcanes. las mil volteretas
  • Factor Crítico con espada o sin espada mientras se cercenan diversos miembros a su alrededor en sinfonía de molinete sangriento en Kill Bill; volar por los dis- paros a una mujer porque no hace discrimina- ción sexual o disparar en los genitales al que estuvo a punto de cortarle los suyos en Django desencadenado. Ya no hay sutileza, resulta ram- plón. Aunque lo realice con más ingenio en cier- tas secuencias, le acerca a películas de la cata- dura de Wanted (2008), de Timur Bekmambetov Death Proof (2007) [pg-107] o Shoot’em up (2007), de Michael Davis. rror, asumía los límites en los que transitaba, sin Precisamente, hay quien ha dicho que, en es- caer en ese desquiciamiento desorbitado de Ta- ta última película Tarantino se había converti- rantino en Death proof, congratulado en sus lar- do en una réplica de su querido amigo Robert gos excursos dialogales, de ínfulas godardianas, Rodríguez, o más bien, como si se hubiera «re- en el primer tramo, y su justiciero desafuero en bajado» a hacer cine como Rodríguez, como si su desenlace (que hasta deja en mantillas pro- ambos hubieran sido una pareja de cineastas al ducciones con Van Damme o Norris). estilo de la parejas de policías de poli bueno y poli malo, y Rodríguez fuera el practicante que Con respecto a sus golpes de humor, los hay puede ser denostado por realizar cine basura y que podrían encajar en alguna película prota- Tarantino el que lo dignifica, como si sacara el gonizada por Leslile Nielsen, caso de gracietas vellocino de oro de los despojos. El cine de Ro- como aquella en la que los encapuchados se dríguez me interesa bien poco, pero me resul- quejan de lo pequeños que son los orificios de tan tan cargantes y chirriantes, en su condición sus capuchas. O aquella en la que Franco Nero, de mecanos acrobáticos de montaje, El mariachi que interpretó a Django en la película referen- como Kill Bill. Al menos, Rodríguez, en Planet te- cia, de Sergio Corbucci (sobre quien estaba es-
  • Factor Crítico cribiendo cuando se le ocurrió realizar también ce un cortes de mangas a la realidad que le cir- él una película en esa línea) le pide al Django cunda más allá de esa pantalla que se convierte actual que le deletree su nombre ¿Realmente su en su ilusión de dominio. No hay más transcen- cine convierte en Arte mayestático el cine que dencias. No hay que buscar aquí disertaciones recicla, convierte en exquisito plato un cine de sobre el esclavismo, o sobre un clasismo social. chorretones grasientos, o sólo los disimula con Para eso mejor revisar Mandingo (1975), de Ri- su tratamiento «acartoonado»? Quizás Tarantino chard Fleischer (otra de las referencias o inspira- debería realizar alguna película como Aterriza ciones de la película), mucho más descarnada, como puedas, con Otto el piloto quizá vengán- por cierto. Quizá el entusiasmo que depara en dose del resto de la tripulación porque le han tantos y tantas su cine refleja que nuestra socie- [pg-108] relegado a piloto automático. O quizás es el ti- dad no ha superado la adolescencia. Que se- po de película que ha estado haciendo, pero sus guimos siendo co- admiradores no han querido verlo así porque mo Otto el piloto, no quieren descubrir que realmente es un dibujo el muñeco hin- animado creado, cual Baron Frankenstein, por chable que sigue Robert Rodríguez que ha poseído la personali- sonriendo aunque dad del cinéfilo Tarantino que un día fue engu- quisiera ser en el llido por la pantalla del video como la niña de fondo también pi- loto (pero no auto- Django desencadenado no deja de ser otra des- mático, y tampoco inflada representación de su universo de dibujo hinchable porque, animado, esa pantalla en la que da rienda suel- en cualquier mo- ta a sus fantasías cinéfilas, los juguetes en los mento, el aire se le que materializar las películas que soñaba vien- escapa haciendo do a otras películas, una pantalla con la que el sonido de una sueña que se explota el mundo con algo que pedorreta). lleve la marca Acme, cual adolescente que ha- Mandingo (1975)
  • Factor Crítico 2. En defensa de Tarantino por Roberto Bartual Siempre me he considerado un fan acérri- mo de Tarantino y, sin embargo, no me ha acabado de gustar Django desencadenado, aunque no por las razones que suelen es- grimir sus detractores. En el texto anterior, Alexander Zárate nos sugiere muy bien cuá- les son algunas de estas razones, en el fon- [pg-109] do perfectamente comprensibles. La que más, quizá, es la reiterada insistencia de Tarantino con el tema de la venganza. No sé si se deberá a algo relacionado con el 11/S, como apunta Alexander, pero resul- ta bastante curioso que un cineasta que ha dedicado la última década de su carrera a repasar géneros del cine popular (las pelícu- las de artes marciales, las de coches, el cine bélico pulp y el spaghetti western) reduzca la riqueza temática de estos géneros a una so- la cuestión: la venganza. Las tres primeras películas de Tarantino, más allá de constituir en cierto modo cine de gángsters, hablaban de emociones muy reconocibles y cotidianas. ¿Qué es Jackie Brown sino una película sobre lo difícil que
  • Factor Crítico es sobrevivir si eres negra, pasas de cuarenta y ejecutado, puede dar resultados más fieles a la tienes el culo gordo en un trabajo en el que so- esencia del retratado que una foto o una pintu- lo te van a valorar por tu culo? ¿Y Pulp Fiction? ra realista. Solemos asociar la caricatura con el Cada cual tendrá sus preferencias sobre las tres trazo grueso, pero la caricatura no es eso: con- historias que la componen, pero yo me quedo siste simplemente en exagerar el trazo y no ne- con aquella que trata sobre un memo pagado cesariamente todo, para resaltar el detalle justo de sí mismo que, de repente, se da cuenta de que dé vida al personaje. Del mismo modo que lo que estaba buscando: alguien con quien po- Antonio López nunca llegará a captar el alma der tener un silencio prolongado sin sentir la ne- de sus personajes como lo hace Robert Crumb, cesidad de rellenarlo con palabras para evitar lo mismo podríamos decir de muchos directores [pg-110] que sea incómodo. Aparte de la ya mencionada realistas si los comparamos con Tarantino. pérdida de ambigüedad moral a partir Kill Bill (los buenos son los buenos y los malos son los Un ejemplo de la maestría de este último en malos), también echo de menos en sus últimas uno de sus films recientes: Hans Landa, el te- películas esos brillantes momentos de humani- rrorífico caza-judíos de Malditos Bastardos. A dad llenos de ternura que Tarantino nos conce- nada que pensemos un poco en el persona- día entonces, sutilmente, sin que casi nos dié- je identificaremos sin dificultades los trazos ramos cuenta. Aunque si se buscan, también se gruesos: en el fondo es el nazi amable y culto pueden encontrar, y Django desencadenado tie- ne alguno. En lo que no estoy del todo de acuerdo es en la calidad caricaturesca (o de cartoon) de sus cua- tro últimas películas. O sí. Pero no con el sentido negativo con el que Alexander usa el término. La caricatura no es un tipo de producto, sino más bien un estilo; y un estilo que, cuando es bien
  • Factor Crítico pero carente de piedad al que el cine de pro- Más detalles: el odio con que Landa mata a paganda americano tenía acostumbrado al Bridget Von Hammerstein nos hace ver que el público de los años 40; alguien muy pareci- personaje no es tan frío como pensábamos. do al George Sanders de El hombre atrapado ¿Estuvieron juntos en el pasado, tal vez? Así pa- (1941). Sin embargo, hay varios detalles que recen indicarlo varias alusiones que se hacen el elevan al personaje muy por encima del cliché uno al otro. Y un último detalle: cuando Landa (aparte del hecho de que la inesperadamen- y Shosanna se encuentran por segunda vez, ¿la te cómica interpretación de Waltz convierta al reconoce él? Cuando Landa pide un vaso de le- personaje en alguien aún más aterrador). El che para Shosanna (lo mismo que pidió el día primer detalle es puramente referencial: cuan- que mató a toda su familia) parece estar man- [pg-111] do Landa recita sus exigencias al general nor- dándole un mensaje para provocar su derrumbe teamericano, incluye entre ellas «un pedazo emocional antes de empezar a hacerle pregun- de tierra en la isla de Nantucket» para retirarse tas, y su comentario final, «iba a decirle a usted allí. Al aludir así a Moby Dick, Tarantino afina algo, pero se me ha olvidado», podría interpre- bastante: el origen del mal es la monomanía, Malditos bastardos (2009) la de Landa, la de Hitler, ¿pero no despierta también una perversa admiración en nosotros esa apasionada fijación por una sola cosa? Igual que admiramos al capitán Ahab, es posi- ble admirar a Landa; al menos mucho más de lo que se puede admirar a ese paleto bestial que interpreta Brad Pitt. Y he aquí otro punto en el que no coincido con Alexander: quizá la trama de Malditos Bastardos no presente nin- guna ambigüedad moral, pero el juicio que a algunos espectadores le puedan merecer sus personajes, sí.
  • Factor Crítico tarse como un guiño de clemencia. Pero si esto aunque sí es verdad que, con la irrupción de la es así, ¿por qué Landa deja pasar esta oportuni- venganza en sus películas, se está limitando de dad? ¿Porque le conviene de cara a sus planes manera voluntaria y un tanto innecesaria en cuan- o porque, como afirma en la primera escena, él, to a los temas que aborda en ellas. En mi opinión, al contrario que Goebbels, es capaz de admirar el problema de Django desencadenado no tiene a las ratas «pues cuando un ser pierde su dig- que ver con el estilo de Tarantino o con su forma nidad, como las ratas, es capaz de hacer cosas de concebir lo que es el cine. Se trata más bien de asombrosas»? una cuestión técnica y de guión, que si hemos de creer lo que se dice, sufrió un importante proceso La retórica perfecta y la infalible capacidad de- de reescritura sobre la marcha cuando Anthony La [pg-112] ductiva de Landa son trazos gruesos, sí, pero el Paglia abandonó el rodaje. Uno de los rasgos más resto de pequeños detalles lo convierten en un característicos de los guiones de Tarantino, incluso personaje muy complejo que nos dice mucho más que sus diálogos, es la manera que tiene de sobre la condición humana y no solo sobre la estructurar muchas escenas retrasando el clímax o venganza, que es el único motivo que mueve al la resolución de éstas. En muchos sentidos, el cine resto de personajes, pero no a Landa. Las som- de Tarantino más que un canto al vacío es un can- bras morales de las que carece la película por su to a la procrastinación. Death Proof es una larga planteamiento, sí están presentes, como decía espera, o mejor dicho, dos largas esperas hasta antes, en la actitud que los espectadores pueden que se produce el encuentro con el asesino. Pulp adoptar frente a Landa. Solo el hecho de que Fiction, al igual que el Bandaparte de Godard, podamos sentir simpatía por él ya constituye de aunque de otra manera, es una película sobre los por sí un discurso sobre la compleja naturaleza tiempos muertos que hay entre disparo y disparo. del mal, o sobre la fascinación por el mal que todos llevamos dentro. Quizá la depuración máxima de este andar- se por las ramas se encuentre en la primera En suma, no creo que Tarantino haya cambiado escena de Malditos Bastardos, una escena de tanto en cuanto a complejidad en los últimos años, casi quince minutos en la que se plantea una
  • Factor Crítico situación que se podía haber resuelto en un ¿Por qué esperar casi quince minutos para sa- solo minuto. Si Hans Landa hubiera sido un carle una información que podría haber obte- oficial de las SS corriente, se habría planta- nido fácilmente desde principio? Primero, para do en casa del campesino francés, le habría demostrar que Landa es así de retorcido. Segun- preguntado dónde estaban escondido los ju- do, porque forma parte de su técnica de inte- díos y, de no recibir respuesta, simplemente rrogatorio usar todos esos meandros retóricos habría hecho el sótano por los aires. En cam- para desestabilizar al interrogado y ponerle en bio, lo que hace Landa es pedir amablemente una posición de inferioridad. Y tercero, porque ser invitado al interior de la casa, desplegar al conseguir convencer al campesino de que de- toda clase de galanterías en la presentación, late a los judíos por su propia voluntad, preten- [pg-113] disculparse por tener que hablar en inglés, de demostrarle que los valores nazis son los co- pedir al campesino un vaso de leche, pre- rrectos. guntarle por datos más o menos irrelevantes sobre la familia judía a la que está buscando, Es escalofriante el nivel de significados y pro- sacar una pipa tres veces más grande que la pósitos que tiene en esta escena la estrategia del campesino, explicarle en qué se diferen- tarantinesca de la demora de la acción. Lo que cia su opinión acerca de los judíos con la de ocurre en Django desencadenado es que esa Goebbels, haciendo un soberbio análisis semán- tico del símil entre judío y rata con el fin de que el campesino se replantee su sistema de valores, pa- ra finalmente, decirle que sabía desde el principio que los judíos están ocul- tos en su casa.
  • Factor Crítico demora no se aplica a una escena con una du- más interesantes de lo que parecían en un prin- ración de quince minutos, como en la prime- cipio. Schultz es un asesino educado y cruel pe- ra escena de Malditos Bastardos, sino que dura ro, al contrario que Landa, perfectamente capaz casi hora y media: desde que Schultz y Djan- de sentir compasión, admiración y afecto, en es- go deciden rescatar a la esposa del segundo, te caso por Django. Y éste, que bien podríamos hasta que finalmente la rescatan. Para conse- haber esperado que fuera tan inalterable e im- guirlo, ambos elaboran un complicado plan que placable como Franco Nero o Clint Eastwood, consiste, digámoslo así para no hacer spoilers, es en realidad, como lo serían muchos esclavos en embaucar al propietario legal de la esclava negros recientemente liberados, un chico inge- (Leonardo Di Caprio), proponiéndole una tran- nuo que se asombra ante las costumbres de un [pg-114] sacción económica falsa… cuando simplemen- mundo que no conocía, el mundo de los blan- te podían haberse presentado ante él y haberle cos libres, y que se emociona como un niño pe- comprado la esclava, quien como es natural en queño cuando descubre que el nombre de su aquella época y lugar, no le importa un pimiento esposa, Brunhilda, es también el nombre de una a su dueño. Toda la parte central de la película, heroína mítica. No le ayuda a la película el he- que se ocupa de la trama del engaño, es pura cho de que, cuando el doctor Schultz pone en demora, pero no una demora justificada por el marcha su plan «comercial», para que la presen- carácter de los personajes: Schultz no es ni mu- cia de Django resulte más creíble, éste se haga cho menos el retorcido racionalista que es Lan- pasar por un tratante de mandingos. En el mo- da, aunque a veces tenga arranques retóricos mento en que adopta dicho disfraz desaparecen parecidos. todas las sutilezas de su personaje y se convierte en el badass nigger que sugiere el tráiler. El comienzo de la película, y en esto coincido con Alexander, es muy superior al resto, o por lo También actúa en contra de la película el haber menos mucho más entretenido. Presenta a dos juntado en un mismo escenario a dos versiones personajes tópicos del género que, según va a distintas (Waltz y Di Caprio) de su arquetipo fa- avanzando la película, se nos revelan mucho vorito, el seductor de la palabra (el Señor Lobo,
  • Factor Crítico Landa, Stuntman Mike), que funciona mucho mejor en compañía de pánfilos iletrados como los que interpretaban John Travolta o Brad Pitt. Al juntar a dos de estos campeones de la retó- rica, en cambio, consigue que se pisen el uno al otro anulando mutuamente su capacidad de fascinación. A pesar de todo, Django desenca- denado sigue siendo perfectamente disfrutable e incluso contiene dos o tres momentos memora- bles: el que más, en mi opinión, esa escena en [pg-115] la que Schultz le cuenta a Django el mito de Sig- frido y Brunhilda, una escena tan llena de ternu- ra como los mejores momentos de Pulp Fiction o Jackie Brown. Puede que a Tarantino se le esté agotando todo lo que quería decir sobre el tema de la vengan- za o puede que a Django desencadenado so- lo le hagan cojear problemas estructurales de guión como el del excesivo alargamiento de la demora. Aunque creo que sus películas tendrían mucho que ganar si se abriera, si no a otros géneros, sí a otros temas. Entre las dos opcio- nes que parece estar barajando para su próxi- ma película (aunque con él nunca se sabe) están una historia sobre un batallón de soldados ne- gros que transcurre durante la Segunda Guerra
  • Factor Crítico Mundial [http://whatculture.com/film/quentin- tarantinos-next-film-is-killer-crow-completing- his-alternative-history-trilogy.php], y una pelícu- la pequeña «al estilo de Jackie Brown» [http:// blogs.indiewire.com/theplaylist/quentin-taranti- no-says-smaller-jackie-brown-esque-film-might- be-next-django-unchained-pulp-fiction-connec- tion-revealed-20130122]. Personalmente espero que se lleve el gato al [pg-116] agua este segundo proyecto y quizá Tarantino acabe demostrando que lo que mejor se le da es rodar historias de amor, como hizo con Tra- volta y Uma en Pulp Fiction, y sobre todo, en Jackie Brown. Django Quentin Tarantino Interp:Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCa- prio, Kerry Washington, Samuel L. Jackson, Don Johnson, Walton Goggins, James Remar, Dennis Christopher, Mi- chael Parks, Bruce Dern, Franco Nero, Jonah Hill EEUU,2012
  • Factor Crítico En una entrevista televisiva, allá por la década de los noventa, Francis- co Umbral confesaba a la pregun- Grupo 7 ta de cómo quería pasar a la histo- ria que prefería ser recordado con de Alberto Rodríguez cierto anonimato, como esas figu- por David García ras secundarias de las grandes ge- neraciones literarias de principios de siglo XX, reconocido para aque- llos que gustan de la buena litera- [pg-117] tura pero misterioso para el público masivo. Ese nombre que siempre suena pero que no tantos leen en la realidad. Pues bien, si uno analiza la carrera de Alberto Rodríguez Librero pare- ce que el director se conduce invo- luntariamente por ese camino más sombrío que luminoso para el es- pectador medio. Suficientemen- te popular dentro de la cinemato- grafía patria (gracias a los réditos obtenidos, sobre todo en forma de nominaciones a los Goya y la Pal- ma de Plata en el Festival de San Sebastián, por Siete vírgenes) pero
  • Factor Crítico sin tanta proyección para convertirse en uno de la brillante After (posiblemente la mejor película los nombres referentes para la taquilla y el es- producida en España aquel año) pero cuyo re- pectador. corrido desafortunadamente fue más bien dis- creto a pesar de sus innegables valores. A pesar de la presencia del mediático Mario Ca- sas, Grupo 7 pasó por la pantallas con más dis- Sería ingenuo no ser consciente de que hay facto- creción de la merecida. No es una sensación res en el campo de lo audiovisual que escapan al nueva para uno de los directores jóvenes más propio contenido de la obra, ya se sabe… cosas talentosos del cine patrio, pues en 2009 firmó de la promoción, el marketing o el entusiasmo que ponga la distribuidora [pg-118] para apostar por aque- llo en lo que se gasta el dinero. Lo cierto es que apena comprobar que una de las mejores pe- lículas de contenido ur- bano realizadas hasta la fecha se limita a pe- queños corrillos y su vi- sionado languidece en horas en las que más vale dormir que apre- ciar una buena historia, de esas que versan so- bre el deseo y el dolor After (2009) que se entrelazan en la noche.
  • Factor Crítico Con Grupo 7 el director sevillano se centra en na centrada en lo visual y cargada de músculo, este caso en la transformación de la ciudad his- crudeza y violencia, porque el espectador que se palense a lomos de los preparativos para la Ex- acerque a Grupo 7 encontrará más acción que po del 92; una inyección de dinero ingente pa- reflexión, más mirada que diálogo…y precisa- ra gloria exterior del país, obsesionado con dar mente ese vehículo narrativo es el gran acierto esa imagen de modernidad al resto de Europa del film. y que requería sacar la excavadora para cons- truir, pero también para retirar lo que no puede En este sentido, «Grupo 7» supone un ejercicio ser visto, lo que avergüenza a una sociedad que audiovisual extraño en nuestro país y que rin- prefiere ocultar sus miserias a poner solución a de homenaje al estilo fílmico de Michael Mann [pg-119] las situaciones de marginalidad. (con esa luminosidad quemada que impregna todo el film) y la puesta en escena estimulante Una historia, en definitiva, de la necesidad de Kathryn Bigelow. de sepultar las ruinas que deben cimentar las nuevas murallas, la crónica de los que Pero también hay ecos a The Wire en la vero- se adaptan y los que quedan proscritos para similitud con la que retrata los ambientes y los el progreso, ilustrada en una unidad policial códigos «éticos» de los bajos fondos (impagable encargada de erradicar el menu- deo de droga de los suburbios de Sevilla. Se trata de una película que apunta a la constante dialéc- tica de quienes saben adaptarse a eso que Baugman llama «tiempo líquido» y los que aún no pueden sustraerse de las viejas formas, los que conforman la «vieja escuela». Todo ello con una puesta en esce-
  • Factor Crítico el enfrentamiento de la unidad con toda una ba- singularidad dentro de la tradición patria y que rriada), en el retrato certero y sutil para que el sería deseable que no se quedara en ese espa- espectador se sumerja en ese descenso hacia «el cio secundario en el que residen tantas buenos hoyo», al que están condenados tanto policías Films. como delincuentes, un destino común que apa- recerá inexorablemente por la acción de las ar- mas o por la corrupción. Tampoco desmerece apreciar ese aroma a las pe- lículas policíacas de la transición, con ese formato [pg-120] sucio y sudoroso de películas como Perros Calle- jeros o Deprisa, Deprisa o ciertas reminiscencias a Juan Madrid con esos tratos de puticlub y esos ba- res que rezuman desesperación, traición y culpa. Sin duda Grupo 7 es una película notable por su Grupo 7 Alberto Rodríguez Interp: Antonio de la Torre, Mario Casas, Joa- quín Núñez, José Manuel Poga, Inma Cuesta España, 2012
  • Factor Crítico H unger (2008), de Steve McQueen es puro cine radical y puro asombro: Hunger pocas obras en la últi- ma década han ido tan de Steve McQueen lejos en su ingenio cine- matográfico. Su narrativa Po r A l e x a n d e r Z a r a t e es discontinua y descen- trada. Poliédrica en su acepción más fructífera. [pg-121] El mecanismo de identificación es dinamitado. El punto de vista salta de un personaje a otro y el centro de atención comienza en la prime- ra parte del relato en unos perso- najes para, a mitad del mismo, tras una prodigiosa secuencia de alrededor de 22 minutos, que ac- túa como cesura, y compuesta, en su mayor medida (más de 17 mi- nutos), de un largo plano general sobre dos personajes conversando entre penumbras, centrarse el rela- to en uno de estos. La dramaturgia, por otro lado, no puede ser más despojada, dando prioridad a es- pacios, acciones y gestos. Incluso,
  • Factor Crítico la música permanece ausente. Más que desdra- sos políticos enclaustrados en sórdidas celdas, matización, no hay dramatización convencional, cual émulos de El Conde de Montecristo, entre sino un despojamiento estructural que deja al insalubres condiciones (las paredes de sus cel- desnudo unas condiciones de vida, en su esen- das están pintadas con sus excrementos) y pali- cia, y alienta la mirada reflexiva. La emoción, zas rituales por parte de los guardianes. Se re- por tanto, está presente, pero es seca como un sisten a llevar el usual uniforme de presidiario garrotazo porque exigen su reconocimiento como presos Si se contrastara con otra obra de ambientación, políticos. y hasta temática parecida, o contigua, esta se- ría En el nombre del padre (1993), del irlandés La narración es austera y cortante, de un laco- [pg-122] Jim Sheridan. La acción trascurre en un espacio nismo sangrante, como un silencio que grita por carcelario, y sus protagonistas están en relación las heridas que no quieren reconocerse. Y, de re- con el conflicto político irlandés, y más especifi- pente, la dinámica narrativa se quiebra, su frag- co, con la cuestión del terrorismo del IRA. Si la mentación se estabiliza en las penumbras de ese obra de Sheridan cae en los efectismos fáciles largo plano general, que citaba anteriormente, (como la reciente Slumdog millionaire) y la tri- en el que asistimos a dos posiciones encontra- vialización dramática apoyada en convenciones y en un montaje tan percutante como estriden- te, Hunger hace de la abstracción y del despo- jamiento psicologista, que no aridez, potencia transgresora y más efectiva reflexivamente. En su primer tramo asistimos a una representación casi de fantasmas, personajes que se conducen sonámbulos, ya sean guardianes de nudillos en- sangrentados (de lo que no tardaremos en saber el motivo) que pueden ser asesinados en cual- quier momento cuando salen a la calle, o pre-
  • Factor Crítico [pg-123] das, las de Bobby Sands (Michael Fassbender) sombra de lo segundo, o quizás esto sea lo que y el cura (Liam Cunningham) que cuestiona la haga del primero una mera sombra. Por eso, en pertinencia o efectividad y razón de su proyec- el último tercio del relato asistimos al progresivo to de huelga de hambre. Sombras que deba- deterioro de ese cuerpo, el de Sands, porque el ten. El plano general se hace añicos, se escinde, cuerpo, el individuo, ha sido sacrificado a una en posiciones y planos irreconciliables, sin pun- idea, a una misión. Las pústulas de su cuerpo no to de convergencia, cuando el duelo dialectico son más que la señalización de su enajenación se rasga con la visceralidad de las motivaciones en idea. La banda sonora queda cautiva de un de Sands. No hay límites en los medios para lo- silencio que nunca será calificado más apropia- grar un objetivo. No importa el individuo, sino damente de sepulcral. aquello que representa; el primero es una mera
  • Factor Crítico La huelga de hambre colectiva que guió mesiá- que señala la realidad al desnudo. Y con una nicamente Bobby Sands, para que reconocieran elaborada puesta en escena que congracia con al IRA como organización política, fue todo un el arte como ingenio subversivo.Hunger (2008), acontecimiento en los medios de comunicación opera prima del cineasta británico Steve Mc- a mediados de los setenta. A la vez que ago- Queen, no ha sido aún estrenada en España. nizaba en el hospital de la prisión fue elegido Hunger no sólo es una de las más altas cotas representante para el parlamento. Su cuerpo que el cine ha alcanzado en la última década, lo convirtió en emblema de un gesto político. sino que demuestra que el lenguaje cinemato- McQueen rehúye el maniqueísmo, y convierte gráfico tiene un potencial que abre a territorios a la narrativa en un condensado cuerpo reflexi- desconocidos. Y, a la vez, explora y ahonda en [pg-124] vo que nos proporcione una amplia mirada de la senda de aquellos que experimentaron nue- conjunto. Alienta la mirada desprejuiciada que vas sendas, como Terence Davies, de quién se aprecie todos sus componentes sin ser condi- puede rastrear influencias en su complejidad cionada ni teledirigida. Desprecia la compla- estructural y en su depurada emoción. Hunger cencia, y propulsa el hiriente e incómodo rigor es puro latido de vida y de cine con las entra- ñas al aire. Hunger Dir: Steve Mcqueen Guión: Steve Mcqueen y Enda Walsh Interp: Michael Fassbender, Liam Cunningham, Liam McMahon, Lalor Roddy, Stuart Graham, Brian Milligan, Dennis McCam- bridge, Helena Bereen, Nadia Cameron-Blakey, Rory Mullen Irlanda, 2008
  • Factor Crítico E n sombras todos nos pa- recemos, somos siluetas en las que no se distingue, Lincoln por ejemplo, cuál es color de nuestra tez. Las sombras de Steven Spielberg son muy democráticas, no discriminan. El trabajo de Po r A l e x a n d e r Z á r a t e Janusz Kaminski en Lincoln (2012), de Steven Spiel- berg, privilegia la ilumina- [pg-125] ción tenebrista, la luz amortiguada, las penumbras; hay algunos planos en los que los personajes son som- bras. Evoca a la negrura supurante de Munich (2005), una de las me- jores y más turbias obras de Spiel- berg (tapiz también guionizado por Tony Kushner). La secuencia inicial evoca la introducción de Salvar la soldado Ryan (1999); hace cuerpo del fragor de la batalla, un amasi- jo de cuerpos en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el barro, entre soldados de la Unión y de la Con- federación, con detalles de noto- ria crudeza (un soldado pisando el rostro del enemigo engullido por el
  • Factor Crítico barro, en el que forcejea). Ese fragor que refleja tiva, como el narrador que te hipnotiza con su la virulenta división no sólo entre los dos bandos relato: la interpretación de Daniel Day Lewis, enfrentados en la guerra civil, sino incluso en el otro prodigio de caracterización (resulta sor- mismo bando de la Unión, por las discrepancias prendente pensar en que interpretó previamente existente con respecto a la Enmienda 13 que ha a un personaje tan contrapuesto como el Plain- propuesto Lincoln (Daniel Day Lewis) para abolir view de Pozos de ambición). Es un ejemplo de la esclavitud. Pero aún más, no sólo entre demócratas y re- publicanos, sino entre los mismos republicanos (cuya facción conservadora se muestra más rea- [pg-126] cia). Ítem más, se amplia el espectro de fragores y forcejeos al espacio íntimo de Lincoln, por las tensiones existentes con su esposa, Mary (Sally Field), en la que colean las heridas irresueltas del pasado (a muerte de un hijo), y la relación con- flictiva con su primogénito, Robert (Joseph Gor- don Levitt), que se convierte en lacerante reflejo (contradictorio) de su lucha por abolir la escla- vitud, ya que le enfrenta a la condición paternal (posición de poder) de intentar negar la volun- tad del hijo para que se pliegue a los deseos de los padres (en concreto: la madre no quiere que otro hijo muera, por ello no quiere que Lincoln permita que se aliste). Además del formidable trabajo de iluminación de Kaminski, hay una luz que resplandece y cau-
  • Factor Crítico actor transformista que no se queda en los tics, Esa sensación también la transpira progresiva- en la emulación mecánica de unos gestos, en mente Lincoln, sus emergentes o potenciales ser un cuerpo percha para el minucioso maqui- aristas se van licuando. En principio se empieza llaje de una caracterización. Como Lincoln, es a echar en falta demasiado cuando se ausenta un cuerpo que parece se desplaza con sumo es- de plano Lewis, aunque no carezcan de interés fuerzo, como si su espigada altura fuera un fre- los diversos flecos de la trama, o personajes co- no, como si su excepcionalidad le convirtiera en mo el que encarna magníficamente Tommy Lee alguien que transita el mundo en otra condición Jones, el político republicano Stevens, que re- de gravedad. En su primer tercio la película pa- cuerda por su carisma al que interpretaba Char- rece que recupera el ingenio y la densidad del les Laughton en Tempestad sobre Washington [pg-127] mejor periodo de la obra de Spielberg, el más (1962), de Otto Preminger, como podía verse oscuro, entre Inteligencia artificial (2001) y Mu- al personaje de Henry Fonda como un equiva- nich (2005), con la excepción de la demasiado lente del de Lincoln; personaje al que el propio licuada La terminal (2004). Fonda interpretó en la hermosa El joven Lincoln (1939), que en voz baja, y sin tanta frase ex- plícita y grandilocuente, decía mucho más que Lincoln. Cuando se recupera, con más frecuencia, la pre- sencia de Lewis, tampoco se recupera el centro, más bien se evidencia el desajuste de sus piezas, como si cada subtrama o conflicto fueran ya corchos inde- pendientes en la corriente (ahora el conflicto con el hijo, ahora con la esposa, ahora la lucha por con- seguir votos, ahora un recordatorio de que la gue- rra está aún en curso…). Además, la sombra de la obra de Preminger comienza a hacerse cada más
  • Factor Crítico alargada, y a caer como una losa sobre la narración de su hijo, el pequeño, quien atiende a otra repre- en el pasaje que relata la votación de la enmienda en sentación teatral, de Aladino. Es como si nos hu- cuestión. Por último, cuando Lincoln manifiesta que le biéramos quedado huérfanos: la muerte de Dios encantaría realizar un viaje a esa ancestral ciudad que o del sentido, del «genio de la lámpara» que lu- es Jerusalén, las piezas encajan del todo a la par que la chó entre y con las sombras para «liberar» a los narración se implosiona, o se revela en sus basamentos, condenados a vivir cautivos en la negrura del so- más rudimentarios de lo que parecía. metimiento. Si Tempestad sobre Washington fina- lizaba con el escenario vacío del Congreso (que Lincoln es la luz (la figura crística como guía que co- evidencia la abyecta condición de un teatro donde hesiona): no deja de ser elocuente que su muerte esté la condición humana es ultrajada y subordinada al [pg-128] narrada a través de la reacción horrorizada y desolada espectral simulacro de una representación, donde
  • Factor Crítico los individuos son piezas de un tablero), Lincoln, en cambio, finaliza con el «espacio lleno» (o recor- datorio de la plenitud posible), con la presencia de Lincoln en uno de sus mítines abogando por la unión, una presencia en el recuerdo, una luz des- de el pasado como necesaria referencia. Lincoln está lejos de caer en el sumidero del za- fio, victimista y autoindulgente planteamiento de Salvar al soldado Ryan pero tampoco, por el con- [pg-129] trario, alcanza la complejidad poco complaciente, que desarticula fáciles posicionamientos y propul- sa las incómodas aristas de las interrogantes, de Munich. Se queda en una zona intermedia, tibia, en penumbras. Lincoln Steven Spielberg Interp: Daniel Day Lewis, Daniel Day-Lewis,Sally Field, David Strathairn, Joseph Gordon-Levitt, Ja- mes Spader, Hal Holbrook, Tommy Lee Jones EEUU 2012
  • Factor Crítico H ay películas con las que resucitas, como con De óxido y hueso ( De roui- De óxido y hueso lle et dos , 2012), de Jacques Audiard. De lo de Jacques Audiard más hermoso que ha parido el celuloide es- Po r A l e x a n d e r Z á r a t e te año, si no lo más. Y digo parir, porque es- ta película tiene cuerpo. Cuerpo [pg-130] que habla de fracturas, fracturas que hablan de emociones, emo- ciones que hablan de cuerpos que se golpean, dañan, agreden, mu- tilan, acarician, palpan, abrazan, cuidan, salvan. Emociones que son mordiscos, a veces en formas de si- lencios, o de miradas que huyen, o superficies de hielo que se resque- brajan cuando menos lo esperas, a veces para recordarte que es ne- cesario fracturar las palabras para dejar brotar lo que sientes, en vez de seguir fugándote entre superfi- cies, sin sumergirte donde duele, donde te mutilan las piernas o lo que amas peligra porque puede
  • Factor Crítico ahogarse, a no ser que quiebres con tu amor que acude sola a la discoteca vistiendo minifal- el hielo o mires sus piernas ausentes, mordi- da con el reclamo de sus piernas (con implícita das, mutiladas, como las que faltan en tu pro- acusación de que es la causante de la pelea de pia mirada, porque con ellas tus emociones han la que la ha «rescatado», con la nariz sangran- aprendido a andar. En el principio era la emo- do), también puede mirar su falta de piernas sin ción, y el cuerpo, y la mirada que se desnuda y sentirse violento, sin aturullarse con la incómo- desnuda. da compasión; e incluso mirarla con el mismo deseo. Ali ((Matthias Schoenaerts) es el héroe y la bes- tia, el caballero que sabe cuidar y el bruto que Catherine, es la princesa, atrapada en su torre, [pg-131] carece de tacto. Ali está peleado con la vida, la de la silla de ruedas que tiene que utilizar cuida de su hijo de cinco años, aunque en oca- ahora que no tiene piernas; es la sirena que no siones se exaspera y le grita que le odia y le em- tiene cola de pez sino pies de metal. Catherine puja como si fuera una presencia que interfiere era amaestradora de orcas, y un grave accidente en su vida, o le molesta que juegue dentro de provocó que perdiera ambas piernas; ahora es la caseta del perro, quizá porque él es como un ella a la que tienen que cuidar y adiestrar para niño grande que aún no ha encontrado su lu- habituarse a su nueva forma de desplazarse en la gar en la vida, y se siente como el perro al que dan algunos huesos. Ali ha encontrado refugio en casa de su hermana, encuentra trabajo co- mo guarda de seguridad, y pelea en combates de lucha tailandesa. Ali es la corporeidad arro- lladora, incluso se arrolla a sí mismo. Ali reac- ciona con la vida, a golpe de víscera, así de elemental es, tan bruto como natural; del mis- mo modo que puede calificar que va de «puta» a una mujer, Catherine (Marion Cotillard), por-
  • Factor Crítico vida. A Catherine le encantaba que los hombres aguas de los sentimientos y deseos se agitan. la miraran, que la admiraran, pero siempre se En los títulos de crédito se sucede un encade- aburría en las relaciones. Ali, en cambio, ha pre- nado de imágenes relacionadas con el agua, ferido transitar de una mujer a otra como quien combinadas con rostros y el espacio un dormi- varía de contrincante en un ring. Ali se convierte torio; el agua tiene que ver con las emociones, en el cuidador de Catherine, y entre ambos las con el espacio de la intimidad en el que hay que saber fluir, en el que hay que saber des- [pg-132] e n v o l v e r- se. Hay va- rios planos de sombras que pun- túan la na- rración, co- mo ambos persona- jes parecen sombras que buscan definirse, perfilar sus rasgos, sea por defec- to o exceso,
  • Factor Crítico porque tengan dañada su condición de cuerpo, de vida, en el que será (eres como te presentas o exuden una corporeidad que les desborda, ante los demás) un héroe de guerra en vez de como quien da puñetazos a la vida, en vez de lo que realmente es, el hijo de un colaboracio- saber encajar en ella. Quizá porque aún espera nista; será una imagen ejemplar en vez de una que el mundo le responda, y él no sabe aún ha- imagen estigmatizada. Ali tendrá que aprender cer las preguntas adecuadas. a andar con sus emociones, que son las que realmente le arrinconan en la vida, porque no Catherine tiene que aprender a andar con sus dejan de desbordarle. El paso determinado, nuevas piernas de metal, como tiene que adap- arrollador, de sus piernas abren la narración; tarse a su nueva condición, a su nueva forma otras piernas ausentes serán las que le darán [pg-133] de relacionarse con el mundo, a asumir lo que la oportunidad de encontrarse, de hallar paso, no podrá ya realizar (su mirada observando las pero para ello deberá rescatarse, dejar de ser piernas de las chicas que bailan en la discote- el niño irresponsable que se exaspera y sale co- ca; su gesto de taparse sus piernas de metal rriendo cuando todo se complica. con la chaqueta); el protagonista de «Un pro- feta» (2009) también tenía que adaptarse a un nuevo escenario, la prisión. Era un árabe que se asociaba, o integraba, en un grupo de los cor- sos. La identidad es algo maleable, el escenario marca las pautas si hay que sobrevivir. Hay que plegarse a las exigencias del entorno, si no se quiere ser arrinconado, y de ser nadie se con- vertirá en alguien (que domina el escenario). Como el protagonista de «Un héroe muy discre- to»(1995), gracias a que, tras la guerra, se in- venta una nueva identidad, un nuevo escenario
  • Factor Crítico Dos accidentes tienen lugar en el agua. Con fracturan, se recuperan, pero siempre quedará respecto al primero, una de las más bellas y un poso de dolor, las herrumbres que quedan conmovedoras imágenes que ha dado nunca adheridas cuando la vida nos muerde el hueso. el cine: Catherine reencontrándose con la orca Saber amar supone dejarse fluir, como también que provocó el fatal accidente, cada uno a un saber cuidar; los cuerpos son también un hogar, lado del cristal; un único plano general, dilata- el tacto su alianza. El amor está hecho de mor- do: La orca responde a los gestos de Catheri- discos y caricias. ne en una sinfonía de gestos cómplices. En el segundo, Alí se fractura las manos golpeando el hielo para sacar a su hijo del agua. Este res- [pg-134] cate también servirá para romper el hielo que se había creado con quien se había caído la primera vez, con quien él había interpuesto el hielo de la distancia, porque aún no sabía ser rescatado. Los cuerpos, como las emociones, se De óxido y hueso (De rouille et d’os) Jacques Audiard Interp: Marion Cotillard, Matthias Schoenaerts, Céline Sallette, Bouli Lanners, Alex Martin, Corinne Masiero, Tibo Vandenborre Francia-Bélgica, 2012
  • Factor Crítico U na imagen, el cadáver de una niña de nueve años, violada y torturada, que Red Riding Trilogy ha aparecido en unas obras de un centro co- de David Peace y Tony Grisoni mercial en construcción, con unas alas de un cis- Po r A l e x a n d e r Z á r a t e ne cosidas en su espal- da, con las palabras «por amor» tallada a sangre en su piel [pg-135] (como las marcas de un ganado), y unas interrogantes, «¿Cuán pro- funda es la corrupción?¿ Cuán profunda? ¿Y quién la puede de- tener?», condensan el substrato de esta sublime, subyugante y de- sazonadora inmersión en las más dolientes y descarnadas corrien- tes de lo siniestro: la intemperie y desamparo de la inocencia en un mundo regido por la corrupción, la crueldad y la brutalidad, ade- más ejercida por aquellos que se supone que son los «ángeles guar- dianes o tutelares» de la comuni- dad, las instituciones que velan por la seguridad, como es el caso,
  • Factor Crítico en especial, de la policial (aunque no la única). te, también en panorámico pero en digital Esta prodigiosa serie británica, producción de con cámaras Red one, de la desaparición de Channel Four, Red riding trilogy (2009), consta otra niña, y reabre el caso de nueve años de tres partes, tres largometrajes, de hora y me- atrás, lo que determina una construcción na- dia, interconectados, que acaecen «In the year rrativa que alterna ambos tiempos. of our Lord/en el año de nuestro Señor» (lo que no deja de tener perversa ironía) 1974, 1980 y En la primera, el protagonista, un periodis- 1983, en el condado de Yorkshire, al norte de ta, Dunford, está encarnado por Andrew Gar- Inglaterra (Ridings son las áreas en que se divi- field. Un año después sería el coprotagonista de, North, East y West; Red es alusión al cuento de la La red social (2010), de David Fincher, [pg-136] de Grimm, «Caperucita roja»: hay una siniestra quien, cinco años atrás había realizado una y enigmática figura a la que aluden como «El soberana lección de cine llamada «Zodiac» lobo»). con un periodista obsesionado con dotar de rostro, de identidad, al asesino que actuó en Están dirigidas, respectivamente, por Adrian un largo periodo de años sin ser capturado. Johnston, James Marsh y Anand Tucker, todas Diez años antes, Fincher había dirigido Seven con guión de Tony Grisoni, que adaptó las (1995), sobre otro asesino en serie, que se cuatro novelas de las que consta Red Riding había raspado las yemas de los dedos para quartet, de David Peace (aunque el guión so- borrar sus huellas dactilares y se hacía llamar bre la segunda de ellas, que transcurre en John Doe (Juan Nadie), como si fuera «cual- 1977, no se filmó), ambos creadores de la quiera». Parecía una emanación de la misma serie. La primera, rodada en 16:9, vertebra ciudad, en la que la podedumbre moral se ex- su argumento a través de la investigación de tendía como un virus, porque la apatía do- la muerte de la citada niña. La segunda, en mina al ser humano de nuestros días. Ambas formato panorámico, sobre los crímenes de obras de Fincher se convirtieron en dos obras mujeres, inspirados en los del conocido co- cardinales, umbrales, en el género (y en el ci- mo «Violador de Yorkshire». Y la tercera par- ne, en general).
  • Factor Crítico varios personajes protagonistas: el citado Dunford en la primera, quien está convencido de que la muerte de la niña está asociada con la desaparición de otras tan- tas desde hace años; el inspector Hunter (Paddy Considine), en la segunda, que es traído de Man- chester para que se encargue de la investigación de los asesinatos La influencia de «Seven» se palpa en el aspecto del «violador de Yokshire»; en la [pg-137] visual, en la asfixiante, opresiva atmósfera de tercera, Piggot (Mark Addy), el abogado con- Red riding, en especial, en el primero de los lar- tratado para defender, o realizar la apelación, gometrajes (Si con Fincher siempre pensé que de quien fue acusado de las muertes de la niña era el cineasta idóneo para adaptar el cuarte- nueve años antes, Michael (Daniel Mays), que to de Los Ángeles de James Ellroy, estas obras padece retardo mental, un niño dentro de un también logran materializar esa atmósfera extre- cuerpo de hombre; y el inspector Jobson (Da- ma, de pulpa y sombras). Pareciera que un cielo vid Morrisey), «el buho», quien había sido figura plomizo se fuera cerniendo sobre los personajes, aplastándoles len- tamente; esas torres cuál cráteres que expelen humo parecen marcar el horizonte como barrotes. La na- rrativa descentrada de Zodiac, en la que el citado periodista cobra- ba protagonismo a partir de la mi- tad de la película, influye en la es- tructura «radial» de una obra con
  • Factor Crítico secundaria en las dos anteriores, y que propicia abyección. Son tan terribles las secuencias de los citados saltos en el tiempo que aportan otro brutalidad policial, las torturas a las que some- ángulo sobre los hechos de 1974, además de, ten a los sospechosos, como las revelaciones de por remordimientos, ser figura fundamental en su cinismo y doblez, su falta de escrúpulos, su esclarecer unos hechos sobre cuya tergiversa- despreocupada asunción de que en el Norte ha- ción y manipulación conveniente fue cómplice. cen lo que quieren, cual caciques que disfrutan Además, hay otros personajes cruciales, algunos de su imperio, vasallos a su vez del gran señor, de los cuáles aparecen en las tres obras, como que pretende edificar su «castillo», un centro co- el reverendo Laws (Peter Mullan), los brutales y mercial, Dawson (Sean Bean), «el cisne» (criatu- cínicos policías Molloy «El tejón» (Warren Clar- ra que le emociona porque se emparejan para [pg-138] ke) y Craven (Sean Harris) o el joven prostituto al toda la vida). Que sea en sus obras donde en- que cortaron las alas, BJ (Robert Shehan), pe- cuentran a la niña muerta también revela cuá- ro aún sus lágrimas persisten en convertirse en les son los pútridos cimientos donde se genera balas: la degradación en este sistema capitalista, de especuladores que establecen sus alianzas con-«Esto es para ti, por las cosas que me obligaste a hacer, por las cosas que me obligaste a ver. Por las voces en mi cabeza en venientes con las fuerzas institucionales (en este el silencio de la noche, por el chico que fui y los chicos que vi, caso, policiales, pero podrían ser políticas).por todos los niños a los que jodiste, y por todos los padres que quisieron mirar, por tu lengua en mi boca y tus mentiras en mis Dunford, en ese primer episodio, colisiona- oídos, amándote, amándome, aquí termina todo, justo aquí». rá con un muro que castigará brutalmente su empecinamiento en querer horadar esa pantalla creada por las fuerzas de orden, y Red riding tiene las cualidades de un tumefacto en cuyo centro sabe que rige Dawson, para cuento de hadas, que va sangrando lentamente, esclarecer la verdad. Pero quien quiera do- y que refleja una realidad cuyos poros parece tar de alas a la verdad, se encontrará con que estuvieran atascados, y ya fuera un sórdido la mirada mutilada. La creciente desespera- espacio sin ventilar, congestionado, que rezuma ción, de una tenebrosidad que duele, que se
  • Factor Crítico va apoderando de la narración, resulta opre- Red trilogy como la posterior, y también, porten- siva. Hunter sufrirá la misma odisea que es tosa ( y de parecida exquisita estilización, aun- calvario. Porque no se puede alcanzar con que una tiende a lentes cortas y la otra a las la mirada cuán profunda es la corrupción, y largas) The shadow line (2011), evidencia que cuando miras el abismo para desvelarlo, ya ya no hay separaciones, y que incluso la supues- se sabe cómo puede responder el abismo, ta representación de la luz es la que genera el que resulta no estaba en el otro lado, sino horror ( y en este sentido, hay un gran plano junto a ti. Ambos encontrarán en una rela- que lo evidencia, cuando muestra a quien es- ción sentimental el espejo que les zarandea, taba detrás de la muerte de las niñas y la red Dunford, se despojará de la mirada neutra de pederastia; como que bajo un palomar, y ya [pg-139] de periodista que enfoca sólo en el logro del sabemos lo que representan las palomas, esté titular, al implicarse con la madre de una de oculto lo que se quiere invisibilizar: lo terrible). las niñas desaparecidas, Paula (Rebeca Hall); Tras las imágenes convenientes (de respetabili- Hunter asumirá que aunque luche contra la dad y poder; ya se sabe, lo del lobo bajo la piel corrupción en el «cuerpo de policía» tiene del cordero) se oculta el ejercicio de la crueldad que enfrentarse a la irresponsabilidad de ha- y el abuso del poder. Por eso, la tercera de las ber tenido un fugaz idilio con su compañe- obras, en la que se intensifica una de las cuali- ra, la inspectora Helen (Maxine Peake), de dades de esta fabulosa obra, la fracturada na- haberse dejado llevar por la inconsciencia rrativa sensorial, con el uso de primeros planos, de su cuerpo cuando no tenía intención de «planos puentes» de una intemperie emocional, abandonar a su esposa. Y qué bella ironía de personajes que ahondan en la narración exi- que Jobson geste su reconstitución, el inicio liada interior, que delinean el clima emocional de su redención, con la relación sentimental de la narración, resulta de un lirismo acongo- que establece con una médium (Saskia Ree- jante, abrumador, aún mas vibrante (sobre todo ves), alguien que parece tener la cualidad de en una segunda visión) que en las dos prece- ponerse en la piel de los que sufren, de los dentes, y que sacude las entrañas, porque ad- muertos (el peso que arrastra Jobson). quiere, en un excelso desenlace, la condición
  • Factor Crítico de soberana catarsis. La reconciliación con uno «Aquí está uno que escapó y vivió para contarlo, del Karachi mismo, la corrección del dolor que se causó en Social Club, del Hotel Griffin, del trullo de Wakefield y del hostal St. Mary. De carreteras y aparcamientos, de parques y lavabos, el pasado o que causaron aquellos de los que de ricos ociosos y parados. De la mierda que venden, y de la eres herencia. Y la liberación del superviviente, mierda que compramos. De hijos sin madres y madres sin hi- la sonrisa por la muerte del padre que había jos. De la muerte en vida y de mis amigos muertos, de bares y convertido su vida en una miserable condena. clubes, de alcantarillas y estrellas, de vertederos y montañas de residuos. De tejones y búhos, de lobos y cisnes. Aquí está un hijo Sublime. de Yorkshire. Aquí está uno que escapó. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… Los niños buenos van al cielo siempre». [pg-140] Red Ridding David Peace y Tony Grisoni Interp: Mark Addy, Sean Bean,Jim Carter, Wa- rren Clarke, Paddy Considine, Shaun Dooley Reino Unido, 2009
  • Factor Crítico T he Fades (2011), es una estimulante serie británi- ca, dentro de las coor- The fades denadas del género de terror, de seis episodios. de Jack Thorne Como orientación de en qué territorios tenebrosos, Po r A l e x a n d e r Z a r a t e no exentos de crudeza, transita ( aunque el humor esté presente de modo [pg-141] manifiesto, sobre todo en sus tres primeros episodios), hay que men- cionar que el director de los tres úl- timos (a retener en especial, el me- morable cuarto episodio) es Tom Shankland (los anteriores, obra de Farren Blackburn). Shakland ha di- rigido dos de las propuestas más sugestivas dentro del depaupera- do panorama del género de terror en la producción de habla inglesa, Waz (2008), que dotaba, como va- riante, de densidad ( y de un trans- gresor sentido romántico combina- do con lo perverso) a la anodina serie interminable de Saw, y The Children (2009), en la que sabe li-
  • Factor Crítico diar, con encomiable sentido perturbador, con circunstancia de que es un «elegido» en mitad la acción asesina (súbita e inexplicable) de unos de un conflicto, entre los «fades» (los desvane- niños. cidos), aquellos que no han logrado «ascender» tras morir, y erran por la tierra, y los «angelicos», The fades, creada y escrita por Jack Thorne, com- aquellos que les combaten. bina esa atmósfera turbía, de emociones nubla- das, con el tortuoso aliento de la «carne renaci- Si Jay no tiene aún claro qué hacer con su vi- da» de la obra de Clive Barker ( con Hellraiser, da, si aún necesita asistencia de un psicólogo, a la cabeza), y la inmersión en las sombras de la si llega a orinarse en la cama con sus pesadi- adolescencia, de los sueños de superpoderes y llas, si se desenvuelve torpemente con la chica [pg-142] sus reversos (sus conflictos; sus tormentos; ¿qué que le gusta ¿cómo encajar ese «papel»? En el hago con esos superpoderes?), en la línea de la admirable cuarto episodio (con un final arreba- estimulante Chronicle (que suponía una revita- tadoramente antológico), los límites cada vez se lizadora vía alternativa al un tanto desgastado difuminan y confunden más, cuando entra en universo de superhéroes). Paul (Ian de Caestec- juego el «renacido elegido» de los «fades», John, ker, de 17 años) se encuentra con la anómala que le planteará una aguda pregunta. Él revi-
  • Factor Crítico ve a los muertos, aunque necesiten alimentarse rias alas cuando llega a su culmen, o en cómo de los vivos, pero Paul mata. Esta cuestión, esas está narrado el primer encuentro sexual con dudas o conflictos con los que se debate cons- Jay. Además, no dejan de ser personajes que tantemente Paul, sean ordinarios o fuera de lo se sienten extraviados (Mac se siente desaten- corriente (más trascendente: su obcecado pro- dido por su padre; se siente agraviado y dolido pósito de no matar para solucionar la situación cuando Paul no se acuerda de su cumpleaños) o que adquiere visos apocalípticos) dota de com- confusos (¿de qué son capaces?¿quiénes son?). plejidad a una narración que,además, sorpren- Palpitan también resonancias de cruzar el sinies- de con giros imprevistos en su desarrollo (cual- tro túnel al mundo adulto; de hecho la prime- quier personaje es vulnerable), en la definición ra secuencia se inicia con los dos amigos po- [pg-143] de personajes situados en una tierra intermedia niéndose a prueba con cruzar un abandonado en la que es difícil establecer juicios. ¿No llega centro comercial. The fades es un tenebroso tra- a ser el «cruzado» un fanático que es capaz de yecto que enfrenta a la intemperie de una ado- lo más terrible para conseguir sus fines? Afor- lescencia que descubre que los ritos de paso, tunadamente, esto además logra que el juego la «ascensión» a la adultez, es un subterráneo referencial, manifiesto en los comentarios ciné- que enfrenta a las agitaciones de la carne, a la filos referenciales del amigo de Paul, Mac (cuyo personaje favorito es ET) no acaben de corto- circuitar con una inoportuna distancia, ni encu- bran una convencionalidad de base, en la que sí incurría la saga «Scream», que daba más lo de mismo barnizado con aquella «autoconsciencia» de sus recursos. Ese humor destaca en detalles como ese estu- pendo plano cenital sobre Paul en su cama mas- turbándose, al que se le despliegan unas noto-
  • Factor Crítico consciencia de la finitud y de la vulnerabilidad, a la confusión de los que están convencidos de tenerlo claro ( todas las figuras de autoridad es- tán aún más extraviadas que los adolescentes). En suma, la oscuridad se acrecienta progresiva- mente (como bien refleja su doliente catarsis, ¿o no lo es?). Otra muy sugerente producción bri- tánica de género, atractivo complemento a las de «Sherlock» o «Luther», [pg-144] The Fades Jack Thorne Interp: Iain De Caestecker, Joe Dempsie, Natalie Dormer, Tom Ellis Reino Unido, 2011
  • Factor Crítico T horne (2010) es otra inte- resante serie que añadir a la muy estimulante co- Thorne rriente de producciones de neo-noir que abun- de Stephen Hopkins, Benja- dan en la televisión britá- nica en este último lustro: min Ross y Mark Billingham Red riding trilogy (2009), The shadow line (2011), Po r A l e x a n d e r Z á r a t e Luther (2010-), Inside [pg-145] men (2012) o Wallander (2008-) , son algunas de ellas, qui- zá consecuencia del éxito o recono- cimiento, al otro lado del Atlántico, de la magnífica The wire. La serie Thorne comprende la adaptación, cada una de ellas en tres episodios de 45 minutos, de las dos primeras novelas de Mark Billingham, Slee- phyhead y Scaredy cat (cuya inspi- ración surgió tras que él y otro es- critor fueran asaltados y robados en su habitación de hotel por tres enmascarados; en especial por el ejercicio de terror que realizaron con ambos mientras permanecían maniatados). Como en las series
  • Factor Crítico citadas, se realiza otra inmersión en las tene- voz me recuerda mucho a la de Liam Neeson), brosidades y abismos, lodazales y miserias de la puede ser tan rígido con las «debilidades» de dedicación de los representantes de la ley: có- compañeros, aunque puedan ser causa de sus mo pueden realizar un crimen que les equipare negligencias ( como la que recurre a la cocaína con aquellos a quienes persiguen, por mucho para resistir el stress laboral). que se intente justificarlo por la condición de- pravada de aquel a quien matan. O cómo son Ambas cuestiones vertebran, como trasfondo, la falibles, cómo sus decisiones pueden derivar en trama que subyace en ambas historias, a través de fatales errores que propicien la pérdida de vidas Thorne, un protagonista que parece en permanen- humanas, más aún cuando, como en el caso del te conflicto con todo, siempre en tensión con algu- [pg-146] inspector Thorne (David Morrisey, quien propul- no de sus compañeros, sobre todo con el inspector só el proyecto de la serie con Billingham, y cuya que encarna con Eddie Marsan, pero también con amigos, cuya relación se revela más frágil de lo que parece, como con el médico forense que encarna Aiden Gillen (Carcetti, en The wire). Thorne es un tanto obsesivo y no muy comu- nicativo; desde luego, no muy previ- sible: es un personaje «en suspenso», sobre el que nos puede sorprender lo que se desvele de su pasado, o cómo reaccionará en cada circunstancia. En Sleepyhead, se enfrenta consigo mis- mo, con lo que fue, con lo que quizá no dejó del todo «cerrado», cuando de un modo nada ortodoxo cerró un caso, que ahora se «reabre».
  • Factor Crítico Resulta una muy sugerente idea que se alterne positivo de The shadow line, las tenebrosidades su perspectiva con la de la chica supervivien- visuales de Red riding o el sugestivo impresio- te del último ataque, de quien escuchamos sus nismo de los mejores episodios Wallander. Ste- pensamientos, ya que yace postrada en el hos- phen Hopkins, realizador de la primera (Benja- pital porque se quedó completamente paraliza- min Ross dirige la segunda, y sigue sus patrones da tras ser atacada. En paralelo, iremos des- estilísticos), nunca ha sido proclive a las sutile- cubriendo lo que Thorne dejó de sí postrado, dormido, en su pasado, que conlleva, en pa- ralelo, dejar de manifiesto su desencuentro con quienes le rodean (como si se viviera dormido [pg-147] entre superficies que pueden no ser lo que pa- recen, como ciertas relaciones). En el segundo se pone en cuestión su discernimiento, jugan- do por ello, hábilmente, con la dualidad, con lo equívoco. Una estrategia para atrapar a una pareja de sospechosos de ser asesinos, que matan en paralelo, se revela como un fatídico error. ¿Entre los sospechosos hay una voluntad que domina al otro, o sólo es realmente uno de ellos quien mata, o realmente la solución es otra, que puede dejar aún más en evidencia el criterio de un investigador que se topa con sus propios limites, con sus propias ofuscaciones? No voy a decir que esté a la altura de las series citadas, porque la realización carece de su sin- gularidad o ingenio, el refinado sentido com-
  • Factor Crítico zas. En Bajo sospecha (2000), por ejemplo, de- tigua. Aunque también hay que reconocer que mostraba que le atraía más marear la perdiz, o ciertos juegos formales con la fusión de tiempos confundir con una maraña de cortinas de hu- en el mismo plano funcionan bien dramática- mo, así como los un tanto efectistas juegos de mente. Pese a esos reparos con ciertas eleccio- montaje a ritmo febril, que la sórdida y turbu- nes estilísticas (o ciertas prioridades narrativas), lenta entraña del relato, que asomaba gracias no deja de ser una serie estimable, con detalles a la gran interpretación de Gene Hackman y brillantes puntuales ( y presencias deslumbrantes Morgan Freeman. En la serie, en ocasiones, pa- como la de Natasha McElhone en Sleepyhead), rece que prioriza más la trama, sus giros, la su- que fluye con un vibrante ritmo que no decae. perficie de las incógnitas, y fuerza demasiado la [pg-148] cuerda con el ¿quién será?, jugando a las falsas pistas, y eso provoca que el drama no se densi- fique como podría (o que se afile como podría dado su jugoso substrato). No es que logre di- luirlo ni cortocircuitarlo, pero sí algo lo amor- Thorne Stephen Hopkins Benjamin Ross y Mark Billingham Intep: David Morrissey, Stephen Campbell Moo- re, Joshua Close, Emmanuella Cole Reino Unido, 2010
  • Factor Crítico H ay narraciones que puede considerarse que hacen cuerpo del fu- Wallander nambulismo de la em- patía, o que son ana-de Philip Martin y Niall MacCormick tomía de la melancolía, como me parece el ca- por Alexander Zárate so de la serie británica Wallander (2008-). Es una serie de texturas, [pg-149] impresionista, de climas emocio- nales, a los que se subordina, sin descuidar las mismas tramas. La narración se vertebra con los cli- mas emocionales de su protago- nista, el inspector Wallander (Ken- neth Brannagh), que transita, de modo más intensificado, que en las novelas de Henning Mankell que se adaptan, la pesadumbre, la aflicción. O se podría hablar, en la acepción del acervo ruso, de nos- talgia, un sentimiento de exilio, de frágil conexión con la vida, con la realidad, siempre en el filo, con la sensación de estar con pie dentro y otro fuera, de resistencia a punto
  • Factor Crítico de quebrarse. La composición que se escucha Desde luego, visualmente, en la composición y en en los títulos de crédito se llama precisamente el trabajo de color e iluminación (el diseño visual Nostalgia interpretada por Emily Barker & The fue concebido entre Martin y el director de foto- Red Clay Halo. Otro tema suyo, Pause, sería uti- grafía Anthony Dod Mantle, que decidieron rodar lizado en una extraordinaria serie posterior, The con cámaras digitales Red One), me parece de las shadow line (2010), que también transita ciertas más bellas entre las series realizadas recientemen- brumas y oscuridades interiores. te. También es otra muestra del admirable nivel de las producciones televisivas británicas, sobre todo Son ya tres temporadas las producidas, con tres de la BBC, en este último lustro. En concreto, me episodios cada una de ellas, de hora y media parece que es donde de modo más sugerente se [pg-150] de duración, cada una adaptando una novela ha renovado ese arco genérico en el que se inte- de Mankell, excepto «Un evento en otoño», de gran el thriller, el film noir, la intriga, como ejem- un relato, este dirigido por Toby Haynes, quien plifican The red riding trilogy (2009), Luther (2010- también realizó uno de los episodios, The Rei- ), Sherlock(2010-), The shadow line(2010), Inside chenbach fall (2012), de otra esplendida pro- men (2012), o si incorporamos el subgénero de ducción británica, Sherlock (2010), con la mis- espías, The hour (2011). Son obras de denso y ma estrategia de producción de episodios (tres siniestro trayecto dramático, que arrojan una mi- episodios por temporada, cual largometrajes), rada fronteriza que pone en cuestión una realidad pero de muy diferente planteamiento estilísti- donde es difícil encontrar certezas, una realidad co. Son varios directores y guionistas los que que se desmorona dados sus falaces cimientos, han colaborado en estas tres temporadas. Sólo una realidad de enajenadora vida estructurada y un director ha repetido, Philip Martin, en la pri- de desorientada perspectiva ética. Son un afilado mera temporada. Los guiones de las dos prime- reflejo de las tinieblas en las que nos hemos su- ras temporadas fueron obra de Richard Cottan mido. No deja de ser significativo que uno de sus (con colaboración en dos de ellos, de Richard más populares iconos, James Bond, haya culmi- O’Brien y Simon Donald, respectivamente) y los nado su sombría disección en una portentosa na- tres de la tercera son obra de Peter Harness. rrativa alquímica, Skyfall (2012), de Sam Mendes.
  • Factor Crítico Jo Nesbo, me ha cautivado como Mankell que conseguía esa armoniosa combinación de tra- ma sugestiva, apasionante perfil de personajes y densidad emocional, así como un subterráneo trayecto reflexivo que no dejaba de talarte las certezas sobre la realidad. La adaptación que han realizado en la producción de la BBC me recordaba en ciertos aspectos a la que realiza- ron Curtis Hanson y Brian Helgenland en L.A. Confidencial (1997) con la magnífica novela de [pg-151] Cuando Henning Mankell «jubiló» a Wallander James Ellroy (perteneciente a su fabulosa Cuar- en El hombre inquieto (que clausurará la serie teto de Los ángeles). Dada la complejidad y so- la próxima temporada), con un final que destila- bre todo multiplicidad de tramas realizaron una ba amargura, costó desprenderse de una sensa- hábil poda y un afinado filtro, una selección, ción de tristeza, de despedida, como una abrup- que implicaba eliminar enteramente alguna de ta constatación de que uno vive en el tiempo, ellas, e incluso incluir aportaciones (en lo que, tras haber habitado una extraordinaria serie de en cambio fracasó, De Palma en La dalia negra, novelas, con un personaje protagonista memo- en especial, en su nefasto último tramo). rable. Es difícil olvidar el impacto que me supu- so La quinta mujer, la primera novela suya pu- Wallander también es una sugestiva «variación». blicada en España, aunque no fuera la primera En primer lugar, varía el orden, no ajustándose escrita. La considero ya una de mis obras predi- al desarrollo cronológico de las novelas. No só- lectas. Luego, llegaría el fenómeno popular de lo modifica el perfil de algunos personajes, si- la novela negra nórdica, sobre todo a raíz de no que algunos, recurrentes, los elimina. Y so- la trilogía de Millenium, que no he leído, aun- bre todo, altera, en ciertos rasgos, el perfil de que sí a bastantes de esos autores, pero ningu- Wallander. Se desprende de algunos aspectos no, quizá con la excepción, en cierto grado, de que remarcan su «degradación» física, o deca-
  • Factor Crítico dencia y fragilidad orgánica, su alcoholismo, sus va con su hija (aún con rescoldos de mutuos problemas con el peso o su diabetes, y se inci- reproches), que encuentra su reflejo corres- de más en un personaje que se debate de mo- pondiente, su ‘alteridad’, en la relación entre do más manifiesto con una «degradación ética el que inspira los crímenes y su hija (a la que y emocional», con la pena, con el dolor, con un no duda en poner en situación de sacrificio). sentido empático que acrecienta su vulnerabili- ¿Cómo proteger a tu hija de los horrores? Pe- dad. Su rostro en muchos momentos parece sur- ro también ¿cómo superar la distancia que se cado por el abatimiento, como si llevara sobre ha creado con ella, cómo llegar a ella?¿ Cuál sus hombros el horror del mundo. En ese senti- es la influencia que has tenido en ella? Pese a do, es muy significativo empezar la serie con su tu afán de combatir el horror y la crueldad ha [pg-152] novela «La falsa pista», y en concreto, con la se- sido negativa? ¿Cómo enfrentarte a las som- cuencia del suicidio de la chica que se prende fuego en un bello paisaje de flores amarillentas. La belleza quebrada, surcada, por el dolor, por el incendio del horror. De ahí, la nostalgia, la nostalgia no de una tierra o un país, sino de una realidad, que no esté arrasada por la crueldad, contra seres hu- manos o animales, como se puntúa, con res- pecto a estos últimos, en el terrible inicio, esta temporada, del tercer episodio, «Antes de que hiele», con esos bellos planos de los cisnes que aterrizan en el lago, confiados dejan que les den comida, y son quemados vivos: Signi- ficativo que este episodio esté vertebrado, su- tilmente subyacente, por la relación conflicti-
  • Factor Crítico bras de tu remordimiento, de no haber sido el plicaciones. Sólo horror, sinsentido, y la mira- padre que hubieras querido ser? Quizá la fal- da afligida, cansada, pero templada, que ya ta de respuesta se condensa, soberbiamente, ni siquiera interroga ni se muestra perpleja, en ese cruce de miradas con el asesino cuan- porque sabe de qué materia están hechos los do le detienen. No hay palabras, no hay ex- abismos. [pg-153]
  • Factor Crítico Porque, como en las novelas, surcan las tramas, cienta porque se ha creado un lazo anómalo, de las rasgan, los conflictos interiores de Wallander, identificación y reconocimiento con su padre, tal su conflictiva relación afectiva, sea como padre, es el permanente distanciamiento). o con su esposa, de la que se separó, o con la Porque Wallander, y esta es su seña de distinción en nueva relación que establece ( que no logra ar- un paisaje audiovisual donde ya tanto parece tri- monizar con su trabajo, aunque se haya retirado vializarse o no dramatizarse la muerte o el acto de fuera de la urbe, en una casa en el campo; se matar, no sólo es alguien que sufre cuando amena- siente incapaz de poder compartir toda esa deso- zan con una pistola la cabeza de su hija, o matan a lación con quien ama, con quien le proporciona alguien querido, o simplemente ante cualquier ac- luz y armonía: cómo hermosamente se refleja en ción de crueldad, sino que se debate con su des- [pg-154] el primer episodio de esta temporada, «El suce- esperación, cuando por primera vez mata a un ser so de otoño»). O con su padre (David Warner), humano, hecho que le sume en un abismo que le en la primera temporada, que padece Alzheimer: hace perder el paso y abandonar su profesión. ¿De Memorable aquella secuencia en la que el hijo qué sirve tu trabajo si no logras detener tanto horror comparte con su padre que ya no puede más, y además te ves abocado a acabar con otra vida, a que no puede proseguir con su trabajo, y éste le generar también violencia, muerte?. narra cómo cada día intenta pintar algo distinto, una naturaleza muerta, un retrato, pero siempre Wallander, en suma, es un cautivador viaje a pinta el mismo motivo, y es porque refleja lo que través de las densas entrañas de este hombre es él, porque refleja sus entrañas (su mirada «pro- que intenta no dejarse abatir por el «peso» del pia»): La belleza de tal secuencia, la complejidad mundo, forcejeando para no quedar sumido en de «reflejos» entre palabras y rostros, se evidencia una gravedad, la de la melancolía y la aflicción. en que las palabras se escuchan sobre el plano De hecho, esta última temporada tiene algo de del rostro de Wallander, que se ilumina entre las proceso de reconstitución. «El suceso de otoño» lágrimas porque sabe que lo «propio» será ser supone enfrentarse a una sombra, aquella que, siempre policía pese a los desgarros y amargu- como una cuerda que une tiempos (como la ac- ras que le provoca (además, la emoción se acre- ción une dos casos que separan diez años) con-
  • Factor Crítico fronta con la imposibilidad aún de lograr en- capacidad de crear dolor o desgracia (alimen- cajar en el espacio íntimo esa desolación que tándose de los demás), de no saber transmitir lo supone sumergirse en el exterior a través de sus opuesto a lo que el mundo le transmite, y por casos, como si no lograra crear ese puente, o ello, la reconciliación consigo mismo, ya que no lograra crear la barrera que le haga sentir puede generar protección, y del mismo modo inmune. El segundo es el fortalecimiento a tra- que su hija está embarazada, puede dar a luz vés de la confrontación o reconocimiento con emociones positivas. Ha alcanzado el delicado su doble o réplica en el espejo, la muerte de equilibrio del funambulista de la empatía. otro policía como él, pero en otro país, Letonia, que implica enfrentarse al dragón de la doblez, [pg-155] aquellos representantes de la ley que se fusio- nan y alían con los delincuentes, con el ejercicio de la corrupción, de la falta de escrúpulos o em- patía. El tercero es la consolidación o afirma- ción, la lucha contra sí mismo, contra su propia Wallander Phylip Martin y Niall MacCormick Interp: Kenneth Branagh, Sarah Smart, Tom Hiddleston Reino Unido (2008-2012)
  • Factor Crítico E l vuelo del avión que pilo- ta Whip (Denzel Washington) comienza con un complicado Flight despegue que implica ascen- der 9000 pies para superar de Robert Zemeckis una densa masa de nubes, y finaliza veintisiete minutos des- Po r A l e x a n d e r Z á r a t e pués, por un fallo mecánico, con una caída en picado del avión que no termina en una [pg-156] completa tragedia gracias a la pericia del piloto. El «vuelo» narrativo de Flight (2012), de Robert Zemeckis (que se estrena el próximo día 25), comienza con una excelente media hora inicial, en admirable ascensión de intensida- des, la que corresponde al pasaje del avatar que sufre el avión, para, pos- teriormente, iniciar un descenso en picado de interés entre algodonosas nubes de clichés, los referentes a ese subgénero no escrito de dramas con alcohólicos, y que implica un trayecto en el que el protagonista abandona el sendero erróneo, o torcido, para, re- formado, encontrar la senda recta (la rectitud de la actitud responsable).
  • Factor Crítico Náufrago (2000), que me parece la mejor obra ción. Ambas líneas se entrecruzan cuando so- de Zemeckis, también comenzaba con otra bre Whip pende la amenaza de que le acusen magnífica secuencia de accidente aéreo, pero de ser el responsable del accidente porque su tras una parte central, la que narraba los años adicción al alcoholismo se convierte en la som- de la soledad del personaje de Tom Hanks en bra que puede facilitar la conclusión de que fue la isla, en la que mantenía la «altura» dramáti- su negligencia la causa del accidente. Hay un ca, ascendía incluso en el trayecto final, el de la par de escollos, o fallos mecánicos, que condi- vuelta a casa. No era una obra que se quedara cionan su trayecto y propician que sea de corto en el relato de una peripecia física, concreta, alcance. la soledad de un náufrago en una isla durante [pg-157] años, sino que lo transcendía hacia una muy su- Más allá de su conflicto con la adicción, el per- gerente digresión sobre la accidentalidad de la sonaje de Whip no posee unos atributos de ca- vida, los naufragios vitales, la imprevisibilidad, racterización lo suficientemente sugerentes, co- las encrucijadas a las que la vida te enfrenta, mo tampoco los personajes que le rodean, por sin que quizás te apercibas, y a los inescrutables mucho que estén interpretados por excelentes designios de esa extraña cosa llamada «azar», actores, además de Washington, caso de Don quizás «aleatoriedad», quizás «destino», quizás Cheadle, Bruce Greenwood o John Goodman. un mero «quizás». Por eso, uno de los principales lastres es la es- Flight se bifurca en dos direcciones, que son dos batallas, que acaban atascándose a ras del sue- lo. La investigación que se realiza sobre la causa del accidente, para la calificación de responsa- bilidades, y la lucha de Whip contra su galo- pante alcoholismo. Es alguien con la capacidad excepcional de, por instinto, evitar un trágico accidente, pero es incapaz de superar esa adic-
  • Factor Crítico casa entidad dramática del principal personaje Por otro lado, su esquematismo o reduccionis- protagonista femenino, Nicole (Kelly Reilly), una mo de base, era lo que achataba también la exadicta con la que establece Whip una rela- entraña de Contact (1997), una obra que se ción, lo más prescindible, o, mejor dicho, lo más inflaba como un globo con abstracciones que inconsistente de la dramaturgia. También porque reducía al más ramplón maniqueísmo (la opo- se va sedimentando la sensación de que, antes sición entre religión y ciencia) un planteamien- que personajes con relieve, los que transitan la to que no carecía de interés (los naufragios vi- pantalla son convenciones (incluida la nota dis- tales que puede propiciar la incertidumbre). En cordante, extravagante: el personaje de Good- Flight también se menciona unas cuantas veces man, el «camello»). a Dios, y en algún momento (uno de los mejo- [pg-158] res: la intervención del enfermo terminal de cán-
  • Factor Crítico cer), a la idea de la falta de control sobre nues- aunque en su obra los haya (la secuencia de la tras vidas o, por el contrario, la arrogancia de parálisis en bañera) hasta en una de sus obras creer que la controlamos, ya sea por confian- más flojas, esa pompa vacía que fue Lo que la za en nuestras habilidades, o porque nos crea- verdad esconde (2000). Pero no es suficiente. Es mos inmunes, o porque convertimos la vida en como ponerse las mejores galas para comerse una inercia de rutinas y rituales con las que fun- una hamburguesa con mucho kétchup y mosta- cionamos con el piloto automático sin ser cons- za que te deja la ropa llena de chorretones. cientes ya de nuestro «vuelo vital» (y menos por supuesto de las consecuencias en los demás). Pero siempre estamos expuestos a la más im- [pg-159] prevista debacle, aunque sea por un mero fallo mecánico. Zemeckis rueda con su consumada pericia, con una elegancia y un dominio del es- pacio escénico impecables, incluso con deste- llos, como la secuencia magnífica del accidente, El vuelo (Flight) de Robert Zemeckis Guión: John Gatins Int: Denzel Washington, Nadine Veláz- quez, Don Cheadle, Tamara Tunie EEUU, 2012
  • c ómic
  • Factor Crítico E Edicions de Ponent, siem- pre apostando por nuevos autores, acaba de publicar Animal Party la opera prima de Miriam Muñoz. Esta diseñadora de Miriam Muñoz gráfica también conoci- por Scari Wó da como Miriampersand se inicia en el mundo de la historieta con un rela- [pg-161] to autobiográfico titulado Animal Party. Animal Party cuenta las experien- cias de Miriam durante sus dos años de estancia en la ciudad cos- tera de Brighton, al sur del Reino Unido, a donde viaja para estar más cerca de su novia Jess. La au- tora se sintió sorprendida desde el primer momento por las diferen- cias culturales a niveles cotidianos a pesar de ser un país tan cercano. Cuenta que nada más llegar se en- contró con una señora de ochenta años con un tacataca bebiéndose una lata de cerveza de medio litro. Esto la impactó tanto que inmedia-
  • Factor Crítico tamente sacó su cuaderno de bocetos y comen- camino entre lo naïf y la caricatura, para dar la zó a tomar nota de todo cuanto veía. sensación de que lo que cuenta es un recuerdo Animal Party es una recopilación de anécdo- y como tal está deformado aunque todo lo que tas, aventuras y desventuras que cuentan có- cuenta está basado en experiencias reales. Una mo Miriam va conociendo su nueva ciudad de las cosas que más le gusta representar es la mientras busca piso y trabajo, lo cual resul- comida: una enorme cantidad y variedad de ali- ta ser una odisea. Son necesarios dos meses mentos enlatados, precocinados o congelados y veinticinco casas para encontrar finalmente que no había visto antes. una de su agrado, compartida con tres ingle- ses, ópticos de profesión todos ellos, a los que Miriam usa colores planos primarios y las líneas [pg-162] no entiende muy bien y piensa que se están de los contornos nunca son del todo negras, lo riendo siempre de ella. Finalmente encuen- que da sensación de ser realmente apuntes to- tra trabajo como tester de videojuegos, donde mados por ella en su cuaderno con un bolígra- conoce a gente de muchos países diferentes. Ella es consciente de que a veces puede pare- cer que en esta obra sólo critica a los ingleses, pero que su intención en realidad es retratar de una manera divertida las cosas que a ellos les parecen normales y a un extranjero le re- sultan chocantes. Esta combinación de emancipación en lugar ex- tranjero, trabajar jugando con videojuegos, la playa y la mezcla de estudiantes universitarios y veraneantes adinerados, hacen que Miriam se sienta como en un universo paralelo. Ella expre- sa este sentimiento mediante dibujos a medio
  • Factor Crítico fo. El tono de esta obra es una amalgama de revés por su falta práctica con el idioma. influencias entre las que se encuentran el retrato que Daniel Clowes hace del paso de la adoles- Animal Party es una obra ligera y divertida, en la cencia a la madurez en Ghost World y la narra- que se verá reflejado todo aquel que haya teni- ción autobiográfica de dibujo tembloroso de as- do que empezar de cero en una ciudad extraña pecto infantil de Jeffrey Brown, todo ello pasado y a veces hostil. Es un ejemplo a seguir en cuan- por el filtro del manga, del que toma muchos to a tomarse con sentido del humor toda una recursos expresivos. serie de adversidades y contratiempos. Para representar los sentimientos más primarios [pg-163] Miriam usa animales, que son los que dan títu- lo a la obra. La expresión Animal Party (fiesta de animales) surge cuando durante la búsqueda de piso la autora quiere decir que no es una party animal (una amante de las fiestas) y lo dice al Animal Party Miriam Muñoz Edicions de Ponent ISBN:9788496730939 Alicante, 2012 108 pp.
  • Factor Crítico C uando empezó a publi- carse La Liga de los Caba- lleros Extraordinarios en The League of Ex- 1999, Alan Moore y Ke- vin O’Neill partieron detraordinary Gentle- una simple pero intere-men: Century 2009, sante idea que fue la se- milla de los diferentes títu- los que aparecieron bajo de Alan Moore y Kevin O’Neill el sello ABC (America’s [pg-164] Po r Ro b e r t o B a r t u a l Best Comics, o Alan’s Best Comics, según se mire). ¿Cómo sería el género superheroico si Superman nunca hubiera existido? Claro que, para responder a esta cuestión, habría que asumir que este género se ha- bría dado igualmente sin la crea- ción de Jerry Siegel y Joe Schuster, cosa bastante probable si conside- ramos que las fantasías de poder superheroicas son más una cues- tión política, el reflejo de un cierto estado de conciencia nacional, o una necesidad histórica, y no tanto
  • Factor Crítico un simple proceso de popularización de un mo- sentimientos capaz de enamorarse de una su- delo puntual, el del famoso hombre de Krypton. fragista… ¿Cómo serían los superhéroes sin superhéroes?, es lo que se preguntaba Alan Moore. ¿En qué En las dos primeras entregas de La Liga, Moore modelos se hubieran fijado los autores de có- y O’Neill demostraron que sus modelos super- mic si no hubieran sido judíos? Moore ofreció heroicos alternativos podían dar mejores resul- respuestas de lo más variadas: quizá se hubie- tados que cualquier otra cosa que la industria ran fijado en héroes de la mitología griega (Pro- estuviera publicando en aquel momento, así methea), tal vez en esa mezcla de inocencia y que en cierto sentido, ABC resultó ser una es- tecnología que podrían dar juntos Robinson Cru- pecie de aperitivo de lo que el cómic de aven- [pg-165] soe y Nikola Tesla (Tom Strong), o mucho más turas podría haber sido sin la Marvel y la D.C. fácil, se podrían haber basado en cualquiera de Con el tiempo, algunas de las colecciones de aquellos héroes de la literatura popular anterior ABC empezaron a agotarse y a perder continui- a Superman que fueron borrados del imagina- dad (Tom Strong, Tomorrow Stories, Top Ten), rio colectivo adolescente por culpa del Sansón y otras a derivar hacia una búsqueda de lo tras- con capa. Allan Quatermain, John Carter, Mina cendente. Este es el caso de Promethea, que Harker, el Hombre Invisible, el Capitán Nemo o pasó de ser una serie feminista de superhéroes hasta incluso un improbable doctor Jekyll con a dar lugar a uno de los trabajos más fascinan- tes de Moore, aunque solo sea porque constitu- ye la obra más completa que ha dedicado has- ta ahora a la principal de sus aficiones: el uso de sustancias enteógenas y la magia, que toda- vía no tengo seguro si son dos cosas diferentes. En cambio, el caso de La Liga fue más bien dis- tinto a los anteriores. Con la publicación de su tercera entrega, El dossier negro, Moore pare-
  • Factor Crítico tanto de los lugares comunes de la ficción, co- mo de la naturaleza misma de la ficción. Con la incorporación a la Liga del Próspero de Shakes- peare y el Orlando de Virginia Woolf, Moore in- vitaba a sus lectores a considerar lo que antes había sido un juego de guiños a la cultura po- pular, como un mundo sólido y coherente en el que todos los personajes importantes en nuestra historia han sido reemplazados por personajes de ficción. Después de todo, la Liga había exis- [pg-166] tido desde los tiempos de Isabel I. De este modo, Prospero podía ocupar el lugar de John Dee, consejero de la reina Isabel y su «mago» oficial; y Shakespeare escribir sus obras como si fueran simples crónicas de la corte. En este mundo en el que realidad y ficción han intercambiado sus lugares, Mick Jagger nunca habría existido, pero sí alguien muy parecido a él: el personaje que interpretó en la película Per- formance. Los Beatles tampoco habrían tocado cía querer acercarse a Promethea, sustituyendo nunca en el Cavern, pero sí los Rutles, el grupo el lúdico y entretenido revisionismo de los cli- ficticio que montó Eric Idle para parodiar a los chés victorianos que había practicado en los dos cuatro de Liverpool. Estos pequeños detalles que volúmenes anteriores, por un discurso más cer- Moore y O’Neill han ido soltando en El Dossier cano al de sus performances y al de obras más Negro y en Century, la mini saga que concluye personales como Lost Girls: uno que habla no ahora, hacían intuir que las pretensiones que la
  • Factor Crítico pareja británica habían puesto en la Liga ha- una intenta detener el nacimiento del Anticristo bían variado con respecto a su intención origi- en medio de un mal viaje lisérgico), al segundo nal. Más allá de lo entretenido que pueda resul- de vuelta a la heroína, y a la tercera o al terce- tar la posibilidad de que el doctor Jekyll le dé lo ro, según se mire, pasándose al punk. Cuaren- suyo al Hombre Invisible (mi momento favorito ta años más tarde, encontramos a Orlando pe- de toda la serie, por decir alguno), ¿qué otro gando tiros en la guerra de Irak (un veterano de propósito puede tener el elevar la ficción popu- Troya siempre sabe cómo ganarse la vida), pero lar al nivel de Lo Real, ese espacio en el que, en al volver a casa, y disculpen los spoilers, pero principio, todo lo que existe puede encontrarse y entrelazar sus caminos? No quedaba muy claro [pg-167] todavía en Century 1969, la última encarnación de la Liga. Y para mi gusto, el principal incordio que afectaba a la serie era ése: no tanto el que la Liga hubiera caído en la complacencia del juego autorreferencial, sino en que después de casi quince años, apenas fuera posible ver la luz al final del túnel. La buena noticia es que, ahora sí, Century 2009 parece ofrecer una primera respuesta a la pre- gunta anterior. La mala noticia es que dicha res- puesta, o al menos la que yo he podido entender en sus páginas, no es especialmente brillante u original. Las peripecias sesenteras de Mina Har- ker, Allan Quatermain y Orlando, últimos super- vivientes de la Liga, dejaron a la primera interna- da en un manicomio (cosas que pasan cuando
  • Factor Crítico es imposible escribir sobre la Liga sin cometer do contra los malvados, ya estén encarnados spoilers, Orlando recibe una visita de su jefazo, por Fu Man-Chú, los trípodes marcianos, James el fundador de los Servicios Secretos Británicos, Bond siguiendo órdenes de un pérfido Harry Li- el duque Prospero, quien le informa de que pese me, Mac the Knife —Maqui el Navaja en cristia- a los esfuerzos de Mina, el Anticristo nació hace no—, o los Rolling Stones siendo manipulados unos cuantos años. Su nombre es Harry Potter, por el equivalente ficcional de Aleister Crowley, está cabreado porque nadie le preguntó si eso después de cien años enfrentándose a la crème de ser el Anticristo era algo que le apeteciera, de la crème del MAL, su nueva misión es darle pero ha decidido destruir el mundo igualmente una azotaina al puto Harry Potter. porque… bueno, porque es el Anticristo, es un [pg-168] adolescente y está cabreado. ¿Qué le habrá pasado a este mundo para que la mayor expresión del mal que podemos con- Igual que en la anterior entrega, en la que la no- cebir sea un adolescente con granos que odia a via de Drácula se enfrentaba al líder de los Ro- sus padres porque no le pidieron permiso para lling, el argumento de este Century 2009 parece echar el polvo con que le concibieron? Esa es fruto del mismo proceso creativo que siguió Ken la pregunta que se hace Mina en Century 2009. Kesey para inventar el ponche perfecto: mezclar Y es gracias a esa pregunta que empieza a en- sangría con LSD. Sin embargo, la elección de tenderse un poco mejor el sentido de esa inver- ingredientes es menos gratuita de lo que pare- sión de realidad y ficción que opera en la Liga, ce. Si algo se puede decir de Alan Moore es porque la pregunta, si nos la hacemos desde que siempre sabe de lo que está hablando. Mi- el mundo «real», o por decirlo de un modo en na queda horrorizada al contemplar el mundo que no tengamos que utilizar comillas, si nos la que encuentra al salir del manicomio; al fin y al hiciéramos desde el plano que ocupamos co- cabo ha pasado cuatro décadas sin enterarse mo lectores, esa pregunta habría que formularla de los cambios que se han producido a su al- más o menos así: ¿qué le habrá pasado a este rededor. Pero lo que más le cabrea, lógicamen- mundo para que la mayor expresión de la litera- te, es que después de más de un siglo luchan- tura imaginativa popular sea Harry Potter?
  • Factor Crítico Si nuestras ficciones son un reflejo de la rea- lidad que vivimos, como sugiere Mina en un Una verdad como un puño, sí. Pero los libros pasaje de este Century 2009, la pregunta an- de autoayuda también están llenos de verdades terior plantea una cuestión bastante inquie- como puños. Incluso los de Jorge Bucay, si nos tante sobre los tiempos que corren. Al menos, ponemos. O los de Albert Espinosa. Y lo que desde el punto de vista del señor Moore, cu- importa no es la verdad, sino cómo se cuenta. yas ideas sobre la cultura popular son muy di- Moore y O’Neill se contentan, de momento, con ferentes a las de J.K. Rowling. Pero a pesar de contarlo por medio de una gran pelea final llena estar de acuerdo con la reflexión de Moore (al de fuegos artificiales en la que, como en aque- menos hasta cierto punto: aunque comparto lla de la Estrella de la Muerte, siempre aparece [pg-169] sus reservas hacia Harry Potter, no me pare- Han Solo al final para salvar el día (solo que ce ni mucho menos el Anticristo de la litera- aquí Han Solo es Mary Poppins, convertida en tura infantil, como él parece considerarlo en una especie de niñera cósmica; solo el principio sus entrevistas), la decepción parcial que he maternal primigenio puede vencer al mal, tam- sentido al leer Century 2009 se debe a que poco es mala idea). En resumen, como conclu- tal vez esperaba que saca- ra algo más de jugo a esa inversión de realidad y fic- ción, porque el resultado de esta última entrega de la Liga no queda muy lejos de la moraleja de La his- toria interminable, aque- llo de que si desaparece el mundo de Fantasía, la Na- da ocupará nuestro mun- do real.
  • Factor Crítico sión de quince años de aventuras, Century 2009 producen interminablemente, refiriéndose solo se queda un poco cojo. Aunque, ¡un momento!, a sí mismos y volviendo siempre al mismo pun- Moore y O’Neill han anunciado ya una nueva to en el que empiezan, como las últimas obras entrega para de la serie, Nemo: Heart of Ice, un de Alan Moore, sin que pueda haber nunca un especial sobre Jenny la Pirata, la hija del Capi- punto final? tán Nemo. Una síncopa más en el larguísimo, siempre inconcluso y a pesar de ello fascinante coitus-interruptus en el que se ha convertido su carrera en los últimos quince años. [pg-170] Pero seguiremos esperando que acabe la Li- ga, su novela Jerusalén y la película The Show [insertar aquí link a mi reseña sobre la pelícu- la de Alan Moore] con las mismas ganas. ¿No son el lenguaje y la ficción artefactos que se re- The League of Extraordinary Gentlemen: Century 2009 Alan Moore y Kevin O’Neill Planeta de Agostini/Top Shelf, 2012 72 pp.
  • Factor Crítico P odemos imaginarnos una hipotética clasificación de escritores en la que es-De ratones y hombres tos se ordenasen, no por sus méritos, sino por los de Pierre Alain Bertola nuestros. Esta clasifica- ción, que para ser since- por Miguel Carreia ros, tiene mucho de impo- sible, obviamente tendría que ser de lo más subjeti- [pg-171] va. Tanto que nos obligaría a elegir una serie de normas para hacerla inteligible, es decir, que habría que establecer unos criterios fijos que pudiesen servir, si no para justifi- car, al menos para argumentar la presencia o la falta de tal o cuál nombre. Para empezar, cuando hablamos de «nuestros méritos» debe quedar claro que hablamos de nuestros méritos como sociedad. Reducirlo al mérito de cada cual nos dejaría una colección de clasificaciones in- dividuales que, respecto a la que proponemos, tiene varios inconve-
  • Factor Crítico nientes: uno, que dicha colección ya existe — ro cosas más raras se han visto. Yo he visto gente aquello del gusto de cada cual— y dos, que muy inteligente y muy bien preparada defender cada una de estas clasificaciones carecería del que es posible y hasta necesario clasificar genéri- valor canónico al que siempre debe aspirar —y camente las narraciones por el número de pala- que nunca debe conseguir completamente— un bras —con tantas es cuento, a partir de tantas re- catálogo de esta naturaleza. lato, desde aquí nouvelle y en adelante y hasta el infinito ya novela como Dios manda— igual que Nuestra división hablaría, por tanto, de nuestros quien cuenta sacos de garbanzos. Nuestra pro- méritos como sociedad, aunque el término «mé- puesta de clasificación, quede claro, en el fondo ritos» entiendo que puede resultar poco claro. sólo sirve para invocar un lugar cómodo en el [pg-172] Aun así me parece preferible a otros términos que poder encontrarnos con Mr. John Steinbeck. como «aspiraciones» —que es demasiado utópi- Un escritor que, de nuevo, volvemos a merecer, co—, «ambiciones» —que es demasiado prag- creo que no tanto por nuestras virtudes como por mático— o «logros» —que está casi totalmente equivocado—, aunque el término ideal deja al- guna deuda con cada uno de los tres. Al final la propuesta que vamos a hacer es muy sencilla. Podría haber una forma de clasificación de los escritores que encuadrase a estos entre los que merecemos —y tenemos—, los que no merece- mos —pero tenemos—, los que no merecemos —y aun así los tenemos— y los que no merece- mos —y no tenemos—. No se trata de argumentar en demasía, no vaya a ser que se tome esta supuesta ordenación con seriedad. A usted igual le parece improbable, pe- John Steinbeck retratado por Peter Stac- kpole en Nueva York, en 1937]
  • Factor Crítico nuestros pecados. Un escritor que tenemos, aun- francamente, no. En contraste, yo sé de buena que a veces no nos acordemos de recordarlo. tinta que hay gente que ha ganado un concurso Steinbeck es, creo, uno de los autores norteame- de cuentos en un ayuntamiento de Soria y que ricanos más conocidos del siglo XX. Ganó el está segurísima de que la academia sueca los premio Nobel de literatura en 1962. Dado que ningunea. Hoy Steinbeck es recordado sobre la academia sueca tiene la costumbre de abrir todo por tres obras: Las uvas de la ira, Al este del los registros de las deliberaciones una vez han edén y De ratones y hombres. pasado cincuenta años, este año nos toca sa- ber que Steinbeck compitió en la línea de meta En los dos primeros casos, parte de su popu- con Karen Blixen —que murió unos meses antes, laridad se debe a que ambas han sido utiliza- [pg-173] con lo que quedó descartada— o Laurence Du- das como base de adaptaciones cinematográ- rrell —cuyo Cuarteto de Alejandría les pareció ficas que se han convertido en clásicos. Otros a los señores del Nobel una cosa que merecía trabajos suyos, como Tortilla Flat o La perla han vigilarse, pero tampoco con la que volverse lo- cos—. En su momento la concesión del Nobel a Steinbeck no estuvo del todo libre de polémica. Existía un cierto prejuicio, que no sé si ahora es- tá del todo descartado, hacia los novelistas nor- teamericanos, a los que se consideraba un poco demasiado comerciales y un quizás también un poco demasiado juveniles. Tampoco ayudaba que Steinbeck llevase ya unos años lejos de la primera línea de la narrativa. Un periódico sue- co de la época acogió la concesión del premio a Steinbeck acordándose de Pearl S. Buck. Cuan- do le preguntaron a Steinbeck si, en su opinión, merecía el premio sueco, éste respondió que,
  • Factor Crítico quedado más relegados, a pesar de que, en su distintos países, incluído España. Se han hecho momento, fueron muy conocidos por el público. adaptaciones para la radio y hasta una ópera. De ratones y hombres también se trasladó al ci- Además, el personaje de Lennie es una presen- ne, aunque las adaptaciones no han alcanza- cia recurrente y notable en muchos de los perso- do el estatus de las anteriores. Lewis Milestone najes de dibujos de la Warner Brothers incluidas (1939) hizo una adaptación que fue muy co- dos parodias del insuperable Tex Avery nocida en su momento, pero que no ha con- http://www.youtube.com/watch?v=oo8HM77q4Is&feature=endscreen&NR=1 seguido revalidar su fama . Mucho después, en http://www.youtube.com/watch?v=0yDMEX57Lyc 1992, Gary Sinise rodó una nueva adaptación. Es probable que esto también pueda interpretar- [pg-174] se como prueba de la pérdida de popularidad de la película de Milestone. Dudo bastante que un productor accediese hoy a hacer una nueva versión de Las uvas de la ira. No digo que no pueda pasar. Cosas más raras se han visto. Pero sería raro. Además de las adaptaciones cinematográficas De ratones y hombres ha servido para rodar se- ries de televisión y varias obras de teatro. Las pri- meras obras de teatro basadas en la novela son muy tempranas. En 1937, el mismo año de la publicación de De ratones y hombres se estrenó su primera adaptación teatral, con notable éxi- to. Luego la obra se ha seguido representando, con este libreto original o en distintas versiones con las que la historia se ha representado en
  • Factor Crítico De ratones y hombres se ha ido convirtiendo en presentativa, pero que en absoluto es rigurosa un clásico norteamericano. Allí el libro se lee en de los muchos guiños, alusiones o citas que se las escuelas y George y Lennie forman parte del han hecho de la obra en libros, películas, discos, imaginario cultural, igual que aquí Lázaro de etc. Las adaptaciones, aunque menos, también Tormes. No estoy seguro de que tengamos al- son muchas, probablemente porque De ratones y gún ejemplo de literatura más o menos contem- hombres es una fábula, una de las últimas fábulas poránea en España en el que haya personajes contemporáneas, uno de los últimos textos que, literarios tan reconocidos. Pienso ahora en Don desde una absoluta sencillez, con una tremenda Cayo o en Pascual Duarte, pero no creo que ni economía de recursos y trama, es capaz de emo- el uno ni el otro, ni ninguno que se me ocurra, cionarnos hablando de esos temas sobre los que [pg-175] esté a la cabeza en cuanto a difusión. ha estado hablando la mejor literatura durante los últimos dos mil años: del amor, de la muerte, del Los apuntes que figuran aquí sólo son una repre- miedo, del poder, de la amistad y de la soledad. sentación que puede —espero— que resulte re-
  • Factor Crítico Pierre-Alain Bertola falleció prematuramente en aparecen ante otros personajes se representan, 2012. Nos dejó este De ratones y hombres cuyo unas veces, mediante la selección de la pers- mayor acierto es una virtud que deberíamos exi- pectiva, otras mediante la luz; encerrando las gir más en las adaptaciones: honestidad, humil- sombras en una mancha de tinta, o mediante dad y también algo que podríamos llamar leal- la dirección de los cuerpos. Lo que hace Bertola tad; lealtad con la historia y con el trabajo que le aquí es una exhibición de capacidad narrativa, sirve de base. Su De ratones y hombres pone en de mesura y de sobriedad. escena a los dos famosos protagonistas, Lennie y George y lo hace con notabilísima efectividad. Pierre-Alain Bertola ha conseguido, en definiti- va, dibujar De ratones y hombres. Ha consegui- [pg-176] do dibujar una historia que no es en absoluto No se puede decir nada mucho mejor de una fácil de arrancar de las garras del papel. Desde adaptación aparte de que resulta eficaz. Bertola luego, resulta mucho más complicado de lo que consigue llevar la historia a su terreno, y lo hace puede sugerir la gran cantidad de adaptaciones sin que el lector acuse la ausencia de diálogos o a todos los medios. De ratones y hombres es una de momentos, a no ser que se empeñe en fisca- historia tentadora. La sencillez de la trama pue- lizar la obra como si fuese el story-board de una de invitar a suponer que se trata de una novela película imposible. No lo es. Aquí, donde nos fácilmente adaptable. Sin embargo, la sencillez quedemos sin las descripciones de Steinbeck o es la más complicada de las suertes de la na- sin la voz de su narrador, Bertola nos compen- rrativa. Las construcciones más sencillas, aque- sará con un dibujo en el que es imposible no llas en las que más se ha eliminado, son tam- apreciar un trabajo escrupuloso y una enorme bién las más frágiles. Una historia más compleja sabiduría. Las relaciones entre los personajes se enfrentaría al adaptador a otros problemas. Lo muestran a veces, simplemente, aumentando o obligaría a seleccionar material y a decidir qué disminuyendo la distancia que los separa en la partes forman el verdadero esqueleto de la his- viñeta. Las emociones, los pensamientos, la mo- toria. Aquí la selección es casi nula. Casi todo el ralidad de los individuos o la forma en la que proceso de adaptación es pura transformación.
  • Factor Crítico Muchos lo han intentado, es cierto, pero no son nada a los imposibles, una de las pocas normas tantos los que lo han conseguido. irrompibles es que cuando aparece la moralina desaparece la tragedia. Personalmente ninguna de las adaptaciones cinematográficas me parece satisfactoria. La Es posible, sin embargo, que el cómic no sea versión de Milestone me resulta un tanto con- absolutamente ejemplar. Quizás faltan un par descendiente y la de Sinise me parece poco con- de detalles para que la obra sea redonda. Pien- vincente, envarada e incluso mal interpretada, a so sobre todo en el encuentro de Lennie con la pesar de que, cabe señalar, esta opinión está mujer de Curley, que el cómic resuelve de for- muy poco extendida y a pesar de que tanto Sini- [pg-177] se como Malkovich son, por lo general, actores excelentes. La actuación de los dos fue de he- cho muy alabada cuando se estrenó la película. En cualquier caso, creo que ninguna de las dos adaptaciones consigue reproducir la atmósfera del libro, y esos colores de decadencia, pobre- za y atavismo del texto. No creo que ninguna haya conseguido pulsar con la exactitud de Ber- tola las cuerdas que hacen resonar la emoción en la historia. No creo que ninguna de las dos haya conseguido reproducir esa capa de polvo pajizo que recubre las obras de Steinbeck. Ber- tola sí, y lo más meritorio es que consigue una versión particularmente turbadora sin recurrir al efectismo o a la condescendencia, dos pecados a los que invita la novelita de Steinbeck. En la narración, que es el reino donde no se concede
  • Factor Crítico ma un tanto contenida. Aquí es posible que la En este sentido —y sólo en este sentido— es ra- apuesta de Bertola por la sutileza, a pesar de zonable suponer que esta no es una obra ple- su indudable elegancia, no acabe de captar la namente artística. Otra cosa es que esa supues- brutalidad trémula del instante. A cambio, la re- ta falta de pretensiones artísticas —y, de nuevo solución final de la historia es perfecta y ejempli- quiero recordarlo, estamos hablando de las fica mejor que en ninguna otra parte las virtudes pretensiones artísticas en un sentido muy con- que venimos atribuyendo a la obra. El encuentro creto— haga que la obra sea menos merito- de George y Lennie consigue, sin concesiones al ria o menos valiosa. Lo artístico, para bien o dramatismo, reproducir la sensación de derrota para mal, se ha ido fundamentando, cada vez del original. más en la originalidad y en la subjetividad. Vi- [pg-178] vimos tiempos extraños, en los que la obra de Hablar de este De ratones y hombres de Bertola arte ya no es algo que aspire a ser, sobre todo, es hablar del De ratones y hombres de Steinbeck. un objeto con unas cualidades estéticas deter- Y es también rendir un homenaje póstumo al ex- minadas. La obra de arte aspira ahora a ser una celente y trabajo de Bertola. En razón de la fideli- expresión —a poder ser original— de la per- dad de este trabajo con el texto habrá quien vea sonalidad artística del individuo. Se han virado la genialidad de Bertola como un mérito artesa- las tornas. Si antes el artista lo era porque era nal. Y puede que en parte tenga razón. Bertola no capaz de crear obras de arte ahora las obras ha tratado tanto de crear un material nuevo como de arte lo son porque han sido creadas por un de utilizar los recursos de su medio para trasladar artista. un material preexistente. No ha puesto la origina- lidad como gran objetivo de su labor. Bertola es, Uno está tentado a exclamar, con sospechosa salvando muchas distancias, se ha erigido como alegría, que Bertola ha fallado como artista, por- intérprete, como alquien que recoge un camino que como artista supone un demérito el haber previo para llevar a cabo una obra. Lo hace con antepuesto la fidelidad a la obra a su propio im- maestría —y, sí, es cierto— a costa de renunciar pulso de expresión personal. En efecto, Bertola a un mayor grado de originalidad. podría haber hecho muchas cosas para hacer de
  • Factor Crítico su adaptación un objeto más «personal» en el cillez y lealtad y a crear una obra que es hermosa sentido de que los lectores podríamos haber cap- y emocionante. Si esto supone una pérdida en el tado de forma más evidente, la impronta de su mérito del objeto queda para la opinión de cada Yo. Podría haber trasladado la obra a la época cual pero, de ser así —que lo dudo—, más meri- actual, por ejemplo. Podría haber hecho que Len- toria sería entonces la renuncia de Bertola. nie, en lugar de estar poseído por un deseo in- Lo decíamos al principio de esta reseña. Hay controlable de tocar cosas suaves, fuese un adic- autores que merecemos. Que merecemos en lo to a la heroína o al cristal. Pero Bertola no hizo bueno y en lo malo; por lo bueno y lo malo que nada de eso. Se limitó a contar con eficacia, sen- somos y lo bueno y lo malo que tenemos. A Ber- tola y a esta adaptación de [pg-179] De ratones y hombres qui- zás no los merecemos y nos lo merecemos por nuestros defectos. Quizás sea un au- tor que mereceríamos más si pudiésemos volver sobre nuestros pasos. Si no lleva- mos hasta el extremo la rei- vindicación del artista, es- pecialmente si es a costa de la reivindicación de la obra. Mereceremos más a Berto- la si somos capaces de ver ciertos extremos ridículos en los que caemos de tanto en cuando a la caza de la originalidad y la sorpresa y
  • Factor Crítico volvemos a abrir los ojos para mirar aquello que dría llamar social, pero que evita la deriva con- es o quiere ser bonito, interesante, conmovedor, tingente. Es uno de los pocos autores que puede divertido o instructivo. Mereceremos más a Ber- hablar de la pobreza desde el hombre hacia tola y este libro si buscamos la forma de volver a fuera, y no a la inversa. Es decir, en la literatura mirar todo eso y si buscamos la forma de llamar social es relativamente frecuente que aparezcan a eso arte. novelas o ensayos que analicen las causas o las razones del momento actual. Se analiza el mo- A Steinbeck, por su parte, lo merecemos. Pero mento y se desciende al hombre o se utiliza al lo merecemos, de nuevo, más por nuestros de- hombre como ejemplo del momento que le ha fectos que por nuestras virtudes. Lo merecemos tocado vivir. Es una literatura de denuncia en la [pg-180] porque es uno de los autores que mejor ha sa- que el hombre comparece como testigo o como bido aunar la calidad y la denuncia social y por víctima. Uno está tentado a buscar nombres re- eso volvemos a merecerlo, otra vez, ahora que sonantes y decir que hay una literatura social de el mundo vuelve a ser un lugar en el que es ne- análisis, que selecciona a un hombre o a varios cesario denunciar, ahora que la sociedad vuelve hombres y nos los muestra frente al mundo. a quejarse, que la injusticia ya no es un fantas- ma que habita nuestra conciencia, como cuan- Steinbeck le da el protagonismo al ser humano. do nosotros éramos los injustos, sino el chirrido También selecciona a un individuo y en ese sen- de una rueda mal engrasada que acompaña ca- tido sus historias se centran característicamente da giro de nuestra sociedad. Tal vez el mundo en un sujeto en particular. Pero Steinbeck tiene la nunca dejó de ser un lugar en el que teníamos la rara capacidad de hacer que ese individuo tras- obligación de, al menos, estar alerta, pero hubo cienda, no sólo su individualidad, sino su mo- un tiempo en el que pensamos que quizás po- mento. Desciende hasta lo profundo de su per- díamos olvidarnos de ello. sonaje, hacia lo que constituye su humanidad y desde ahí nos cuenta lo que sucede a su alrede- Steinbeck añade algo importante a la mera lite- dor. El ser humano no es víctima ni testigo o, si lo ratura social. La suya es una literatura que se po- es, esa circunstancia es como una máscara o una
  • Factor Crítico segunda piel, algo que está detrás o disfrazando su verdadera naturaleza, que no tiene por qué ser opuesta a la de su máscara. Simplemente es una naturaleza distinta, más básica. Sus historias nos hablan de seres humanos que siguen siendo, so- bre todo y al final, humanos. De hombres que se mantienen esencialmente iguales, a lo largo del tiempo. Y este tiempo no son unas décadas, son cientos de años. Cambian las épocas y las cir- cunstancias. Cambian los nombres. Lo que hoy [pg-181] llamamos amor, amistad o guerra ha tenido otros nombres a lo largo del tiempo o ha tenido el mis- mo nombre, pero formas distintas de pronunciar- lo. Los mismos nombres y las mismas cosas se han evocado a lo largo de la historia con pasión, con dolor, con alegría, con ira, con aprobación o con censura. Pero algo permanece en esos nom- bres y en los hombres que los pronuncian. Algo queda en la forma en la que nos sentimos ante la vida, ante la muerte, ante el dolor o ante la risa. Algo que reconocemos y a lo que llamamos humano. Algo queda en los gestos más simples, en la forma en la que sienten la soledad, la envi- dia, la amistad o el hambre los personajes de las historias griegas y que es la misma forma en la que las sentimos nosotros. Algo queda en la sensación
  • Factor Crítico sobre la yema de los dedos cuando rozamos algo permanece, el hombre que no podemos dejar suave. Algo queda cuando tenemos sed y descu- de ser sigue ahí y por eso lo merecemos. Por- brimos una fuente de agua, o cuando sentimos que Steinbeck nos entrega (y Bertola lo sostiene) hambre. Algo queda. Son apenas cuatro trazas, un relato con aroma de clásico, donde se repi- vetas de algo que reconocemos como nuestro. Es te una de las afirmaciones que la tragedia ha lo más universal que tenemos y ni siquiera es lo gritado durante dos mil años: que la fuerza del más noble. Steinbeck es capaz de mirar desde ahí. hombre es su debilidad y su potencia su perdi- ción. Que nuestras virtudes y nuestros defectos Las novelas en las que aparece este ser huma- son una cuerda anudada. Que podemos crear no, despojado de casi todo lo que vaya más allá y querer en la misma medida, y ni un ápice me- [pg-182] de ser un hombre, son las que pone en juego nos, en que podemos destruir y odiar. Steinbeck y luego llega lo demás. Llega el lu- gar y el momento en el que esos hombres viven. Llega la denuncia, llega la rabia, llega el mun- do, pero el hombre que Steinbeck nos entrega De ratones y hombres Pierre Alain Bertola basado en la novela de John Steinbeck Traducción de Román A. Jiménez ISBN:9788467908084 Norma Editorial Barcelona 2012
  • Factor Crítico E diciones La Cúpula ha editado recientemen- te un nuevo volumen de El retorno de las aventuras de Maggie Chascarrillo y sus amigas, las Ti-Girls aunque en esta ocasión se trata de una historia de Jaime Hernandez un tanto especial: El retor- no de las Ti-Girls. Dios y por Scari Wó Ciencia. [pg-183] Mientras que normalmente su au- tor, Jaime Hernandez, se centra en alguno de sus personajes creados hace ya treinta años, en esta oca- sión amplía el universo de sus Lo- cas presentándonos todo un olim- po de superheroínas que habitan en California. Maggie actúa como nexo entre el mundo real y el fan- tástico, ya que ella lee los tebeos donde se narran las aventuras de estas heroínas. Una de sus amigas, Angel, descubre por accidente que en el bloque de pisos donde Mag- gie trabaja vive una de las protago- nistas de esos tebeos. Así que Angel
  • Factor Crítico se enfunda un traje elástico y se une al negocio superheroico. Por otra parte, Penny Century, otra de las más antiguas amigas de Maggie, ha con- seguido por fin su sueño: convertirse en una per- sona superpoderosa, lo cual la convierte en un serio peligro para la integridad de sus amigas y del planeta Tierra en general. Jaime realiza un espléndido ejercicio de ho- menaje de los clásicos personajes y argumen- [pg-184] tos de los tebeos de superhéroes de la Edad de Plata, que comprende desde finales de los años cincuenta hasta principios de los seten- ta, presentando situaciones como el “gemelo” malvado, el héroe hipnotizado y convertido en villano, el hijo de héroe que crece mágicamen- te para ser adulto de un episodio para otro… Pero todo pasado por el filtro de Jaime Her- nández, adaptándolo sin que parezca forzado dentro del universo que lleva creando durante tantos años. La lucha libre vuelve a ser un ele- mento importante (anteriormente vimos que la tía de Maggie era luchadora, eterna rival de la imbatible Rena Titañón) y lo deja claro a través de una frase que dice una de las protagonistas: «Todos los superhéroes mexicanos empezaron en el ring».
  • Factor Crítico Quizá la referencia más directa que se apre- práctica habitual en la DC retomar persona- cia en estos nuevos personajes sea La Legión jes de la Edad de Oro, principalmente los de Superhéroes de la editorial DC Comics. Es- creados durante la Segunda Guerra Mundial, te grupo de héroes, creados en 1958, se ca- y actualizarlos manteniendo la numeración racterizan por ser todos ellos adolescentes, y anterior. Así, por ejemplo, el Flash de la Edad han de dejar el equipo al cumplir la mayoría de Plata comenzó en el número 105, aunque de edad. Para ingresar en el grupo se hacen con el anterior sólo compartiera el nombre. castings, en los cuales los miembros deciden Jaime nos quiere insinuar que Las Aventuras si las aptitudes de los candidatos son válidas o de las Ti-Girls son una serie antigua, la mis- no. Algunos de los que no pasaron este casting ma que compra Maggie en tiendas de co- [pg-185] fundaron la Legión de Héroes Sustitutos. Jai- leccionista y que él sólo la ha retomado, no me siempre ha demostrado ser fan de esa épo- inventado, de ahí la palabra “retorno” del tí- ca de la editorial, incluso llegó a hacer alguna tulo. ilustración de sus personajes (femeninos, claro) con las que se ilustraban las biografías que las Los guiños a la DC no quedan ahí: Maggie com- grandes editoriales publicaban a mediados de pra sus tebeos en una tienda llamada World’s Fi- los ochenta. En esta historia Jaime nos cuenta nest Comics, «Los mejores tebeos del mundo», que los miembros del supergrupo llamado Las que era el nombre que tenía una longeva co- Zolars deben abandonarlo al cumplir los vein- lección que reunía a Batman y a Superman que tiún años, mientras que otro grupo, las propias vencían al alimón a villanos con los que no po- Ti-Girls que dan título al álbum, son chicas re- drían en solitario. Además, el dependiente sería chazadas por otros grupos. la viva imagen de dicha serie al llevar una más- cara del hombre murciélago y una camiseta con Mención aparte merecen las cubiertas que la célebre «S» si no fuera por su pronunciada anteceden a cada episodio, que no sólo imi- barriga. No faltan guiños a otros personajes co- tan portadas de la Edad de Plata sino que es- mo el Doctor Extraño de la Marvel o los Peanuts tán numeradas con los números 33 al 37. Era de Schulz.
  • Factor Crítico A pesar de ser un grupo de personajes totalmen- te nuevo, los recursos que utiliza son de sobra conocidos, y los usa con tal maestría que el fi- nal del segundo episodio de los cinco que com- ponen este álbum acaba con un cliffhanger es- pectacular. Consigue enganchar al lector y hace que parezca que conoce a los personajes desde hace años, dejándole con ganas de más. El hecho de que todos los personajes con su- [pg-186] perpoderes sean mujeres no es casual. Estamos acostumbrados a que tanto Jaime como su her- mano Beto den todo el protagonismo de sus his- torias a mujeres y esta no es una excepción. Pero mejor leer esta divertida aventura para conocer el porqué de primera mano. Jaime Hernandez El Retorno de las T-Girls. Dios y Ciencia Ediciones La Cúpula, 2012 134 pp. 18 euros
  • Factor Crítico H ace unos meses, el dia- rio El País1 publicaba un artículo muy sintomá- Los secretos tico, en mi opinión, de los prejuicios generaliza- del universo dos que sigue habiendo en torno al uso clínico V.V.A.A. de agentes psicodélicos. En él se hacía referencia Po r Ro b e r t o B a r t u a l al trabajo de dos inves- [pg-187] tigadores noruegos en torno a los efectos posi- tivos del LSD en terapias de aban- dono del alcohol. Sin embargo, en lugar de someter los resultados de dicha investigación a un análisis ri- guroso por parte de un especialista en el mismo campo, en el de la psi- quiatría, el periodista simplemente le pide su opinión a un tal Benjamín Climent, responsable de la unidad de desintoxicación del Hospital Ge- neral de Valencia. Este especialista, que por sus declaraciones deja en evidencia 1 http://sociedad.elpais.com/ que, en lu- sociedad/2012/03/16/actua- lidad/1331914949_198325. gar de leer html
  • Factor Crítico detenidamente el trabajo de los no- ruegos, tan solo emite un juicio de opinión sobre sus resultados, pre- tende dar carpetazo de forma de- finitiva a la cuestión afirmando que «plantear que el uso de una dosis única de ácido lisérgico es capaz de disminuir el consumo de alco- hol durante entre tres y seis meses es muy poco razonable». [pg-188] Independientemente de que ten- ga o no razón, me parece bas- tante preocupante la actitud Las drogas en la prensa de prin- acientífica de este supuesto especialista frente cipios de siglo… ¿XX o XXI? a dicha cuestión. Acientífica porque, en pri- mer lugar, el dictamen del especialista banali- carácter científico lo único coherente es re- za los resultados de una investigación que no currir, precisamente, al método científico pa- propone el uso del LSD como «medicina», sino ra rebatirla, me resulta bastante curioso que, como apoyo dentro de una psicoterapia con- cada vez que surge una noticia parecida so- ductual. Y segundo porque se niega a evaluar bre drogas psicodélicas, los contraargumen- de forma seria las investigaciones que, en la tos estén invariablemente basados en apelar misma línea, se realizaron en Harvard durante al «sentido común». «Es muy poco razona- los años sesenta y cuyos resultados fueron aún ble», «el LSD presenta toxicidad física» (¿y la más espectaculares que los de los noruegos. morfina usada para reducir el dolor no? ¿y las benzodiacepinas usadas actualmente en Si para discutir cualquier argumentación de terapias de alcoholismo tampoco?).
  • Factor Crítico El sentido común está muy bien, quién va negar- lo, pero el problema es que a veces no se lleva muy bien con el método científico. Cuando en el neolítico mirábamos el cielo y veíamos cómo se movían todas esas cosas brillantes allá arri- ba, el sentido común nos decía que eran dioses moviéndose alrededor nuestro. Y, sin embargo, unos años más tarde (no demasiados, en reali- dad, a nada que tomemos un punto de vista un poco amplio) se demostró que, en realidad, el [pg-189] sentido común estaba equivocado: que éramos nosotros los que nos movíamos en torno a ellos y que, además, no eran dioses. Y todo gracias al método científico y a la prueba y al La conocida cantante Alaska con Albert error. Pero al parecer ciertos especialistas prefieren Hoffman, el mejor ciclista del mundo seguir apelando al «sentido común» para emitir sus diagnósticos en lugar de consultar la literatura espe- cializada, sobre todo cuando de lo que se trata es de figurar en los medios de comunicación. Y el caso Los investigadores que de manera más siste- es que lo que dice la literatura especializada a este mática y seria han estudiado este tipo de sus- respecto es sorprendente; en parte porque los resul- tancias (pienso en gente como Leary, Alpert o tados de este tipo de estudios han sido silenciados o Hofmann) no han detectado que el LSD, la psi- desdeñados sistemáticamente por la prensa desde locibina o la mescalina produzca ningún tipo los años 70 y también por la mayor parte comuni- de efecto físico negativo a largo plazo en el dad científica, lo cual hace que sean virtualmente paciente. Recuérdese, aunque solo tenga va- desconocidos por el gran público. lor anecdótico, la longeva edad alcanzada por
  • Factor Crítico estos tres científicos, 101 años, en el caso de El problema es que, como decía antes, estos Hoffman; o el modo en que Leary se fugó de experimentos y estudios ya existen desde ha- prisión descolgándose a pulso por un cable. ce mucho tiempo aunque en rarísimas oca- Por supuesto, el efecto producido por el uso de siones se saquen a relucir. Pero lo cierto es estas sustancias en circunstancias indebidas le que usando LSD en sus terapias, Alpert y Leary puede llevar a uno a querer tirarse por la ven- consiguieron aumentar espectacularmente la tana. Pero ¿a alguien se le ocurre usar morfina tasa de reinserción de presos en el penal de o insulina en circunstancias indebidas? Yonquis Concord, Massachussets (sí, allí donde el lago y suicidas, sí. Y sin embargo, a nadie se le ocu- Walden) hasta el punto de poner al departa- rre negar que la primera sea de utilidad a la mento de psicología de Harvard al borde de [pg-190] hora de calmar el dolor de un cáncer, o que la la euforia hasta que el gobierno de E.E.U.U. segunda sea necesaria para los diabéticos por decidió dar carpetazo a sus investigaciones, mucho que una inyección de insulina siga sien- ilegalizar la dietilamida del ácido lisérgico y do una de las formas más certeras e indetecta- condenar al Dr. Leary a veinte años de cár- bles de matar a alguien. cel por la tenencia de dos colillas de porro de marihuana. Creo, sinceramente, que debería replantearse el debate sobre las drogas psicodélicas no des- Hechos sólidos como estos y no la mera opi- de un presupuesto ideológico como el que uti- nión de un «especialista» es lo que puede en- lizan estos supuestos «especialistas», sino desde contrarse en Los secretos del universo, un fan- un presupuesto científico: es decir, que alguien zine de los creadores del ya mítico Jo Tía!, que que haya experimentado seriamente con ellas hemos decidido reseñar en esta sección y no en nos diga en qué medida se parecen o son di- la que en principio le correspondería, la de en- ferentes a otras que sí se utilizan con fines clí- sayo, atendiendo sin que sirva de precedente, nicos, y si sus efectos beneficiosos podrían jus- más a los puntos de venta donde puede encon- tificar su uso bajo unas ciertas condiciones de trarse (librerías especializadas en cómic) que a seguridad. su naturaleza.
  • Factor Crítico cas, la breve historia de su estudio en el ámbito de la psicoterapia y la neuropsicología, así co- mo las implicaciones filosóficas que su uso no necesariamente continuado acarrea. En este último sentido quizá lo más interesan- te de Los secretos del universo es el esfuer- zo con el que se insiste en que más allá de A la izquierda, Cary Grant y sus testimo- su uso recreacional, las sustancias psicodéli-nios públicos en defensa del LSD; ¿quién se acuerda de ellos ahora? A la izquier- cas pueden producir y producen importantes [pg-191]da, el Dr. Timothy Leary; según Nixon, «el cambios en la forma de pensar de quienes hombre más peligroso de América». las han probado, siempre y cuando se hayan probado en el entorno adecuado, con la guía y la información adecuada, y sobre todo, con la intención de utilizarlas como una herra- Los secretos del universo es el primer volumen mienta de autoconocimiento. De ello nos ha- de una serie de tres que, a juzgar por los temas blan, desde extremos ideológicos opuestos, anunciados para el siguiente número (hipnotis- pero en el fondo no irreconciliables, nuestro mo, pensamiento mágico e inconsciente colec- ultimo hippie, Pau Riba y, agárrense los ma- tivo), parecen estar dedicados a examinar de un chos, Fernando Sánchez-Drago, en dos luci- modo desprejuiciado y serio la base científica dísimas entrevistas (y en el caso de este ultimo que puedan tener toda una serie de disciplinas, no trato de ser irónico al usar el adjetivo «lú- desdeñadas tanto por la ciencia como por el cido»; cualquiera que lea lo que dice Dragó sentido común, que se dedican, como la psico- en esta entrevista, corre el riesgo de cambiar logía, pero a su modo, al estudio de la condi- radicalmente su opinión sobre él por muy mal ción humana. (¿Y quién dice que la psicología que le caiga el personaje que este señor suele sea una ciencia?). En el caso de este primer vo- interpretar en los medios). lumen, el tema central son las drogas psicodéli-
  • Factor Crítico Quizá el mayor acierto de Los secretos del uni- de estos Secretos del universo se hayan decan- verso sea comenzar el volumen con un larguí- tado solo por uno de ellos, y sin embargo en simo artículo en el que se hace un recorrido a ningún momento hacen un uso dogmático de través de diversas escuelas contrapuestas de las teorías acerca del comportamiento y la per- pensamiento filosófico y social (materialismo vs. cepción humana que manejan. Y si se alejan idealismo, monismo vs. dualismo, determinismo del dogmatismo es porque han aprendido muy vs. libertad, etc.) para desembocar en el modelo bien la lección de la psicodelia: el mundo es el cibernético de comportamiento de Norbert Wie- hombre, el hombre es discurso, el discurso es ner, que para el señor Nabucodonosorcito, edi- lenguaje y el lenguaje es ficción. tor de Jo tía! y Los Secretos, refleja de manera [pg-192] más certera lo que uno aprende acerca del fun- Y las ficciones pueden ser útiles o no. El LSD tan cionamiento de la mente humana después de solo sirve para hacer al ser humano consciente experimentar el mundo bajo los efectos de los de esto, y de este modo darle las herramientas psicodélicos. necesarias para librarse de aquellas ficciones que ya no le son útiles, de las ficciones que ya Es posible que el modelo cibernético de Wie- no le sirven para explicar el mundo. Los secretos ner (que en principio puede parecer una ver- del universo es una de las ficciones más útiles sión extrema del conductismo de Skinner) se dé que he leído desde que Thomas Pynchon publi- de tortas con otras grandes teorías de la mente có su última novela, así que no sé a qué esperan asociadas a la psicodelia, como la de Jung, que para leerse de cabo a rabo este volumen, infor- en esta casa somos muy de Jung, quien no sen- marse luego por su cuenta, para así poder des- tía tanta aversión al pensamiento mágico o a la pués decidir, sin usar el maldito sentido común, posibilidad de que exista otra cosa más allá de si acercarse o no al Árbol del Conocimiento. las relaciones causa-efecto. Es posible, decía, que la psicodelia pueda llevar a sistemas psí- quicos distintos (aunque perfectamente compa- tibles si se examinan de cerca) y que los autores
  • Factor Crítico A demás de ser una de las cumbres en la historia del cómic, Maus es tam- Metamaus bién una de las obras clave sobre el Holocaus-de Art Spiegelman con Hillary Chute to, una referencia tan im- prescindible como lo son Po r Ro b e r t o B a r t u a l los libros de Primo Levi, los de Imre Kertész o el documental Shoah de [pg-193] Claude Lanzmann. Pero quizá una de las cosas más fascinantes de Maus es el impacto que ha provo- cado en su propio autor, Art Spie- gelman, quien todavía no ha podi- do librarse de la alargada sombra ratonil de su obra. Quizá porque nunca lo ha deseado, ya que du- rante todos estos años no ha hecho más que volver a ella una y otra vez; primero, en el magnífico pró- logo de Breakdowns, recopilación de sus trabajos experimentales; y segundo, en este Metamaus. Algunos se llevarán las manos a la cabeza e incluso querrían decirle a
  • Factor Crítico Spiegelman que, por favor, no se torture tanto, fuera. Pese a su modo de andar en círculos, ha que no siga metiendo el dedo en la herida para sabido arreglárselas para caminar hacia delan- revolcarse de nuevo en material tan doloroso. te; sobre todo en este Metamaus, pues lejos de 1 http://www.youtube.com/pl Aunque a juzgar remover dentro de la llaga, se las arregla para aylist?list=PLJWCjsENkVUzD por los documen- utilizar la célebre biografía de su padre con el fin AjJCIefndyJgDpA7OLQu tales de Jacques de plantear nuevas cuestiones. Samson1, el Spie- gelman de carne Metamaus se presenta, en cierto modo, como y hueso parece una persona de lo más afectuo- «los extras» de Maus (que a su vez contienen sa y extrovertida, siempre he pensado que la ver- unos «extras» de los extras, en forma de CD), pe- [pg-194] sión ficticia de sí mismo que pre- senta en sus cómics funciona más bien como una especie de Woody Allen neurótico (valga la redundan- cia) que hubiera perdido el deseo de hacer reír a su público. En cier- to modo, su revisitación obsesiva de Maus es síntoma y metáfora de la comprensible incapacidad para el olvido del pueblo judío. Y a pe- sar de todo, si los síntomas de una neurosis son el caminar en círculos volviendo siempre al mismo punto donde se empezó, el camino que ha seguido Spiegelman desde la publicación de Maus ha sido más bien una espiral que avanza hacia
  • Factor Crítico ro en realidad son bastante más que eso, pues quería hacer. Y he aquí su primera lección para sirven de punto de partida para reflexionar so- los escritores de obras biográficas: no te olvides bre la naturaleza de la literatura biográfica y del de mostrar siempre la tramoya que apuntala tu cómic. Metamaus funciona, por tanto, no solo narración. El lector y el espectador han de ser como otro libro sobre el Holocausto, sino tam- siempre conscientes de los trucos y falsedades bién como un ensayo teórico-práctico informal sobre los que se asienta toda narración porque sobre el género y el medio en el que Maus se el hecho de que tu historia esté basada en una encuadra. Porque Spiegelman nos cuenta aquí vivencia real, no quiere decir que sea más cierta de manera minuciosa cuál fue el proceso de cri- o más creíble. ba y selección de material, así como las precau- [pg-195] ciones que tuvo a la hora de plasmar sobre el Spiegelman pone como ejemplo aquel pasaje papel emociones ajenas. de Maus en el que le pregunta a su padre por la banda de música de Auschwitz, la cual se ve Es muy significativo, en ese sentido, el pasaje claramente en un segundo plano de la viñeta. en el que habla del documental sobre Auschwitz «¿La orquesta?», contesta Vladek Spiegelman. en el que participó hace unos años (Art Spiegel- «No. Recuerdo las marchas, pero ninguna or- man: von Katzen und Mäusen, Georg Stephan questa…» La memoria de Vladek estaba hacien- Troller, 1988) y cuyo rodaje le indignó, no so- do trampa, pues es casi imposible que no escu- lo porque el director le pidiera fingir lágrimas chara alguna vez la orquesta de Auschwitz. Art en alguna escena. Al parecer, en un momento podía simplemente haber obviado esta incohe- del rodaje, Spiegelman vio como los encarga- rencia en el relato de su padre y no incluirla en dos de producción discutían con unos campe- Maus. Parece en principio lo más sensato, pues sinos polacos; querían rodar la entrada de un así hubiera evitado que se pusiera en cuestión la tren en Auschwitz, pero para ello la locomotora historia de Vladek, como hicieron algunos lecto- tenía que pasar por las tierras de los campesi- res desde posturas neonazis, alegando que si no nos. Spiegelman exigió al director que rodase la se acordaba de la orquesta es que nunca estuvo negociación del pago, cosa que este último no en Auschwitz. Sin embargo, Art decide dibujar
  • Factor Crítico dos viñetas, una con orquesta y otra sin ella, tren llegando a Auschwitz no resta verismo a conservando ese fallo de memoria para que el una escena, lo añade, igual que esos rostros de lector se pregunte: «¿en qué otros pasajes de la gatos y ratones que según avanzaba Maus se historia se habrá equivocado Art?». iban transformando en caretas. Y es que todos los personajes, incluso aquellos que cuentan su Reconocer la posibilidad de error es un gesto propia historia, son actores: gente que se disfra- honesto mediante el cual se establece una re- za de lo que era para poder interpretar una vez lación de confianza con el lector; mostrar los más lo que pasó. trapicheos que hay que hacer para filmar un Entre el material que incluye [pg-196] Metamaus son también muy interesantes las reproduccio- nes de dibujos originales de algunos de los presos, los cua- les nos permiten intuir por qué Spiegelman consideró el có- mic como el medio ideal para narrar la historia de un super- viviente del Holocausto. Quizá el cómic sea un medio privile- giado, en general, para el gé- nero biográfico, y sobre todo para el autobiográfico, ya que mientras que el escritor utili- za material ajeno, o al menos común a todos (las palabras)
  • Factor Crítico para escribir sobre su vida; el autor de cómics Metamaus es un libro imprescindible no solo utiliza algo suyo, ya que el trazo del lápiz so- para comprender el Holocausto, sino también bre el papel no es más que un rastro del ges- para entender la alquimia que se produce al tra- to propio. En ese sentido, quizá el gesto gráfi- ducir los gritos y la sangre a palabras y dibujos, co manual tenga más importancia en Maus que una clase magistral sobre la dramatización de en casi cualquier otra obra (auto)biográfica por la realidad. la manera que tiene de remitir, en su aparen- te descuido y tosquedad, al gesto de los dibu- jos de Auschwitz realizados por algunos presos [pg-197] como Mieczysław Kościelniak y, sobre todo, Al- fred Kantor: manos moviéndose rápidas sobre el papel para ocultarlo si es necesario. Maus es un cómic que casi parece haber sido dibujado clandestinamente. Metamaus Art Spiegelman, con la colaboración de Hillary Chute Traductor: Cruz Rodriguez Juiz Reservoir Books (Random House Mondadori) ISBN:9788439725428 300 pp.
  • Factor Crítico En septiembre 2011 la editorial canadiense Drawn and Quarterly reeditó The Death Ray de Daniel The Death Ray Clowes en una cuidada edición en tapa dura y papel de alto gra- de Daniel Clowes maje. Esta obra, publicada origi- nalmente en 2004 en el vigésimo Po r J u a n Fe r n a n d o G a r c í a tercer número de su célebre serie Eightball, sirvió como colofón a la brillante andadura de esta revis- [pg-198] ta. Normalmente cada número de Eightball constaba de varias histo- rias de distinta extensión en las que Clowes daba rienda suelta a su ha- bitual repertorio de seres desubica- dos, inadaptados o fracasados de la América profunda. En su último número, en cambio, optó por una historia larga, de cuarenta pági- nas, una extensión más parecida a los álbumes europeos que al co- mic-book americano. En The Death Ray, Clowes abor- da el género más popular dentro del cómic estadounidense: los su- perhéroes. Este género alcanza en
  • Factor Crítico el país que lo vio nacer el estatus de mitología, fumaba. En ella hay una carta en la que el padre superado en popularidad solamente por otra de Andy explica que se dedicó durante mucho obra de ficción contemporánea, Star Wars. Pero tiempo a buscar el modo de que su hijo no fuera Clowes no iba a tratar el tema desde un enfoque un débil y un perdedor. Modificó genéticamente habitual con grandiosos héroes con trajes de co- a Andy para convertirse en superpoderoso cuan- lores que salvan el mundo y son adorados por el do la nicotina corriera por su sangre. Además, público. Andy, el personaje con grandes poderes como complemento a este gran poder, en la ca- retratado aquí, es un chico huérfano que vive ja hay una pistola que hace desaparecer sin de- con su abuelo; es introvertido, recibe palizas en jar rastro a quien reciba un disparo suyo. No el colegio y tiene serios problemas a la hora de se trata del primer superhéroe drogadicto: Iron [pg-199] relacionarse con las chicas. Hasta aquí podría Man fue alcohólico y Speedy heroinómano. Una parecer la misma premisa que Spiderman, el fa- relación causa-efecto más directa entre droga y moso hombre araña de la Marvel. superpoder se encuentra en héroes como Hou- rman, que necesitaba una dosis de su fórmula Clowes no crea un personaje llamado a ser un Miraclo para obtener sus poderes. icono y amado por el lector. Primero por el mo- do de conseguir sus poderes. Cuando llega a la Parece que todo se pone de cara para Andy, pe- adolescencia, edad de inicio en el negocio de ro en cambio utiliza sus poderes de forma egoís- casi todos los superhéroes, Andy prueba el ta- ta y no se encamina hacia un destino de fama y baco por primera vez. Esa noche descubre que gloria. Parte de la culpa la tiene su sidekick, en tiene una fuerza capaz de partir libros y levan- este caso su mejor y único amigo, Louie. Éste le tar coches casi sin esfuerzo. La explicación lle- aconseja sobre cómo y en qué usar sus pode- ga más tarde: tras ser pillado fumando por su res y no suelen compartir la ética limpia y pura abuelo, este le da una caja, herencia del padre de otros compañeros del gremio superheroico de Andy. El abuelo desconoce el contenido de como Superman o el Capitán América. Todo se dicha caja, sólo sabe que el padre de Andy le pi- complica y sabemos que acabará mal desde la dió que se la diera el día que se enterara de que primera página, ya que la historia se desarrolla
  • Factor Crítico a finales de los setenta (Louie afirma haber co- nocido a Johnny Thunders en Nueva York) pero es contada desde el presente por un Andy madu- ro, solitario y bastante acabado. 2011 no sólo vio la reedición de esta obra sino que además fue testigo de la comercialización de un muñeco articulado del protagonista, algo muy raro en los personajes de Clowes. Fue una edición limitada a 200 unidades y al precio de [pg-200] 105 dólares. Por fin, una de las mejores obras de Daniel Clowes ve la luz en España. El rayo mortal Daniel Clowes Random House/Mondadori 48 pp
  • Factor Crítico E s casi imposible que los lectores que amamos Fun Home no tengamos la ten- ¿Eres mi madre? tación de leer ¿Eres mi ma- dre?, de Alison Bechdel. de Alison Bechdel La autora que escribió un libro sobre su padre, ho- Po r G o i o B o r g e mosexual reprimido que presumiblemen- [pg-201] te prefirió suicidar- se al escándalo pú- blico y al divorcio, ha publicado siete años más tarde un libro centrado en la figura de su madre, un personaje impor- tante pero secunda- rio en Fun Home. En la página 5 la fuerte relación entre am- bos libros se plasma de manera visual en una viñeta que pro- duce un escalofrío a cualquier lector de Fun Home. Ésta:
  • Factor Crítico Les explico: como otros autores de cómic, Be- trados y las propias obsesiones de Bechdel se chdel escribe libros autobiográficos. Fun Home plasman en un narrativamente armonioso y fan- cuenta la historia de su infancia hasta que ella tástico panel vital. misma sale del armario, justo antes de que su padre se suicidara tirándose delante de un ca- mión de una compañía panificadora. Y esta ino- cente imagen, más allá del gusto de Bechdel por el encuadre y la simetría, nos advierte de que un camión de emociones puede arrollar a un pe- queño coche que se busca la vida, mientras nos [pg-202] golpea el corazón al pensar si los paralelismos vitales e intelectuales de Alison y su padre pudie- ran suponer el mismo final para ambos… No creo necesario haber leído Fun Home para comprender ¿Eres mi madre?, pero ambos son excelentes y se complementan, aunque Fun Ho- me sea probablemente más accesible; ¿Eres mi madre?, aunque relata también episodios de la infancia de la autora, se centra en su vida adul- ta, desde que marcha a la universidad y em- pieza su trabajo de dibujante, hasta que escribe Fun Home, el libro sobre su padre, y, años más tarde, comienza a escribir el mismo libro que comentamos. Una autobiografía en que la rela- ción con su madre es el principal eje de la na- rración, y donde los problemas familiares arras-
  • Factor Crítico En este panel se articulan relaciones entre mu- camente único personaje masculino del libro –y jeres a tres niveles: madre-hija, terapeuta-pa- de dibujo turbadoramente parecido al padre de ciente, y amante-amante, y los tres tipos de re- Alison, por cierto. La lectura de Winnicott ayuda laciones se describen en una mezcla continua a Alison a interpretar su vida: desde las necesi- en los episodios vitales de Alison: las escenas dades emocionales del niño y la madre, al pa- describen la relación con su madre mientras las ralelismo relacional de la terapeuta con la ma- explicaciones o los bocadillos son los que su te- dre y el paciente con el niño, pasando por las rapeuta le ha explicado o lo que ha encontra- relaciones con los objetos, la interpretación de do en sus lecturas sobre terapia; o está con su los sueños, o los simbolismos como los diarios pareja mientras mentalmente recuerda las car- o los espejos. Bechdel sigue dejando de todos [pg-203] tas que se escribían sus padres. La autora revela modos sitio para la literatura, con su referencia la planificación del libro del mismo modo que continua a los libros precisamente biográficos combinando todos estos elementos tratará de de Virginia Woolf, y a aquellos que liberaron a explicarnos el resultado de una deconstrucción la atormentada autora inglesa de los recuerdos aplicable a la literatura y al análisis. traumáticos sobre sus padres. La terapia y el psicoanálisis son el método prin- Entiendo que con esta reseña el libro puede cipal que Bechdel utiliza en su libro. Al igual que parecer serio. Diré más, su uso abundante del la literatura (y la cultura en general) era en Fun texto, de un texto técnico en ocasiones, sobre Home el modo en que la familia conseguía re- psicoanálisis lo puede hacer duro. Y todavía lacionarse y apasionarse, en ¿Eres mi madre? la añado que es algo más, es casi devastador. Su compulsiva necesidad de hacer, leer e interpre- mirada no sincera sino completamente trans- tar su terapia cubre de un manto todo el libro, parente al interior del alma de Alison desarma como puede verse en el croquis de la página an- cualquier introspección personal que yo al me- terior, donde la estructura visual viene reforzada nos haya sido capaz de hacerme, aunque los con los textos de Donald Winnicott, un especia- psicoanalizados que lean el libro podrán juz- lista británico en el piscoanálisis infantil y prácti- garlo mejor (se me antoja también que el nivel
  • Factor Crítico de interpretación intelectual de la terapia y el Haber aunado todo esto en un libro armonioso psicoanálisis de la protagonista y autora no es resulta un trabajo titánico. Como narración vi- tampoco el más común). El análisis no se queda sual, ¿Eres mi madre? es un trabajo impecable, sólo en las relaciones familiares, amorosas y/o como ya lo era Fun Home. Cada uno de los sie- terapéuticas, sino que hay un sitio esencial para te capítulos comienza con un sueño de Alison la eclosión y desarrollo del sentimiento creativo que transcurre sobre fondo negro, mientras que en el artista, cuyas motivaciones psicológicas se todo el capítulo (¿tal vez los periodos de vigilia explican en momentos clarividentes, o la con- de una semana de narración?) transcurre sobre ciencia que supone la orientación sexual, sin la fondo blanco, en una línea clara y un entinta- cual Bechdel asume que nunca se habría atrevi- do aguado. El blanco y negro sólo se rompe [pg-204] do a reconocer el divorcio entre mente y cuerpo con ligeros tonos de rojo o granate, en una cu- que le brindaban su educación y su familia. riosa simetría simbólica con Fun Home, donde este único color presente era un triste azul. Las
  • Factor Crítico transiciones entre las líneas maestras del relato el proceso de su confección, la relación del li- ya mencionadas (a los que hay que sumar sus bro con la obra anterior del autor, la vida de los pasajes del pasado que representan a Winnicott personajes reales en que se basa… Al escribir trabajando con niños, o a Virginia Woolf expli- esta reseña, me había planteado llamar Bech- cando sus libros) se realizan con elegancia, inte- del a la autora y Alison a la protagonista, pero grando todas las partes de la narración de ma- no siempre ha sido fácil decidir quién es quién. nera fluida mediante objetos, gestos y marcas. Lo cual también sería un tema objeto de análisis El control del encuadre y la viñeta se utiliza para del libro… crear emoción y relacionar personajes, y su al- cance se observa muy bien en las relaciones con [pg-205] las terapeutas. En general, los baqueteos psico- lógicos de la mente de Alison están bien conse- guidos, incluida la profusión de textos mencio- nada. Todo ello en un volumen que retuerce el concepto de metalibro, al explicar sus motivos, ¿Eres mi madre? Alison Bedchel Traducción:Rocío de la Maya Retamar ISBN:ISBN: 9788439726050 Mondadori Barcelona, 2012 304 pp
  • Factor Crítico R econozco que hubo un tiempo en el que practiqué el kárate. Tendría yo catorce Kung fu infinito años, plena pubertad aca- lorada, cuando me dio por de Kagan McLeod arrastrar mi joven esqueleto por el tatami de algún gim- por David Urgull nasio olvidado. Dos años duró mi énfasis luchador y creo que llegué a cinturón [pg-206] verde, o algún otro color mediana- mente agresivo. ¿Qué hacía un cha- val donostiarra dando patadas al aire cuando debería estar jugando al fron- tón, mucho más varonil, como cual- quiera sabe? La respuesta está en el poderoso e inevitable influjo de aque- lla malsana película llamada Kárate Kid. Sí, todos recordamos aquel man- tra del señor Miyagi: «Dar cera, pu- lir cera», dichosa frasecita que se coló en nuestros inocentes cerebros para infectarlos del virus de las artes mar- ciales. ¿Quién no lo ha repetido algu- na puñetera vez? ¿Quién no ha ima- ginado ser Ralph Maccio practicando en los recreos del cole aquella estra- falaria patada voladora? ¿Quién se libró de aquello? Yo no.
  • Factor Crítico Claro que antes estuvo el maestro Po y el in- a lo Richard Gere en el libro, también están los olvidable y maravilloso pequeño saltamontes y hermanos Wachowski, los monjes Shaolín, el mucho antes fue Bruce Lee quien abrió la puer- ying y el yang, la filosofía del Muay Thai, el ar- ta, la gran puerta (la del cine y la televisión) de te de la guerra de Sun Tzu y todo lo que Kagan Occidente al mundo del Kung Fu, del Kárate, McLeod ha ido tragando y tragando de la tele- del Judo y de todas las artimañas de comba- visión, Blockbuster y Youtube mientras pasaba te asiático. A esta lista deberíamos añadir a las tardes de colegio practicando patadas vo- Chuck Norris, Steven Seagal, Jean Claude van ladoras. Damme, Jackie Chan y no sé cuántos más, in- finidad de ellos, desde estos nombres produc- [pg-207] tos holywoodenses, hasta insuperables filmes de serie Z made in Hong Kong. De to- dos ellos, de los más clásicos a los más underground ha bebido Kagan McLeod para construir su particular visión del mundo de las artes mar- ciales, una visión plasmada en un monumental cómic de 400 páginas titulado Kung Fu infinito. El título es una clara referencia a la teoría bu- dista de la reencarnación constan- te para la mejora espiritual perma- nente, algo así como una teoría de la relatividad espiritual en el que el alma ni se crea ni se destruye, sim- plemente se transforma. No sólo en- contramos recetas pseudo-tibetanas
  • Factor Crítico La historia comienza hablándonos de ocho in- petencia de estos alumnos que una vez introdu- mortales que se dedican a mantener los distintos cidos en el mundo del Kung Fu pierden el norte y mundos, o planos de un mismo mundo, en paz y se vuelven malignos, venenosos, terroríficos. Por orden. Sin embargo, estos semidioses del tatami si esto fuera poco hay que sumarle a la historia, no dan abasto, este mundo y todos los demás la vuelta de tuerca genial, un problema de su- están a punto del caos definitivo, así que deci- perpoblación en el infierno, hay demasiadas al- den adiestrar cada uno a un pupilo, al que en- mas y pocos cuerpos disponibles. ¿Cómo solu- señarán el noble arte del Kung Fu, para que es- ciona un seguidor del Gordo Feliz (pronúnciese tos becarios puedan por sí mismos mantener el Buda) la escasez de cuerpos? Sencillo: ocupan- mundo de los vivos en paz y armonía. El proble- do cadáveres. ¿Qué tenemos entonces? Igual- [pg-208] ma, la culpa, como siempre, bien lo sabe quien mente sencillo: zombis. Claro que no son unos haya sido becario alguna vez, está en la incom- zombis cualesquiera, no, estos son zombis ka- ratecas, zombis que prac- tican la garra del tigre, la grulla saltarina o el mono aullador y con una agili- dad que escandalizaría a los seguidores de The Walking Dead. Así que partiendo de estos dos in- gredientes primarios, co- mo si de un Ferrán Adriá se tratara, Kagan McLeod cocina una historieta sor- prendente sazonada, por si quedaba sosa, con un poco de Ang Lee, las co-
  • Factor Crítico reografías de Prachya Pinkaew, Lenny Kravitz, da golpe, pero especialmente porque ha hecho Kill Bill, George Romero, Shaun of the Dead y lo que le ha dado la gana y eso siempre revitali- cualquiera sabe qué otros subproductos que za a los pequeños saltamontes como yo. hayan podido perforar sus neuronas. Una mez- cla perfecta de lo más decadente, o la metáfora más pura si se quiere, del mundo occidental, los zombis, y de los tópicos orientales más manidos: la reencarnación y el Kung Fu. Kung Fu infinito me parece una obra extraordi- [pg-209] naria, por original, por divertida, por gamberra, por inesperada, porque aún recuerdo con ternu- ra al señor Miyagi, porque Kagan McLeod es un dibujante de los grandes, porque nos hace ver con precisión fotográfica cada movimiento, ca- Kung Fu infinito Kagan McLeod ISNB: 9788467909647 474pp
  • Factor Crítico C on motivo del aniversa- rio de la muerte de Jean Giraud «Moebius», Nor-The Long Tomorrow ma ha decidido recopilar en varios tomos el trabajo de Moebius y Dan O’Bannon del dibujante francés para Métal Hurlant, cosa que p o r Ro b e r t o B a r t u a l ya hiciera en los noven- ta Ediciones B sin llegar a completar su edición. [pg-210] Para empezar, Norma, igual que Ediciones B, ha elegido la que es quizá la historieta más importante que publicó en dicha revista, The Long Tomorrow, que a su vez es, sin duda, uno de los cómics más influyentes de la historia, no tanto en su propio medio sino en el cine- matográfico. The Long Tomorrow nace, de he- cho, del intento frustrado de reali- zar una película que, con el tiem- po, ha pasado a ocupar un lugar privilegiado en el panteón del ci- ne imaginario: aquella adaptación de Dune de Alejandro Jodorowsky
  • Factor Crítico y Moebius en la que Salvador Dalí hubiera in- cuarto de siglo. Poco después de su publicación, terpretado el papel del Emperador Shaddam IV O’Bannon llamó a Moebius para pedirle su co- sentado en una taza de wáter por imposición laboración en otra historia que había escrito. Su propia. (El pintor catalán, con mucho tino, no título, Alien. Con Ridley Scott y H.R. Giger en la pudo concebir un trono mejor). Quizá esta di- coctelera, el guionista O’Bannon parió el primer gresión sirva para describir el tono de The Long slasher moderno, con perdón de Dark Star de Tomorrow, la historia que ideó el guionista Dan John Carpenter, escrita también por él mismo, y O’Bannon mientras esperaba a que diera co- del padre de ambas, La Cosa del Otro Mundo, de mienzo el rodaje de la película y que a Moebius Christian Nyby y Howard Hawks. le gustó tanto que se ofreció a dibujarla. [pg-211] Unos años después, mientras trabajaba en Bla- Si bien Dune se vino abajo por la imprevista de Runner, Ridley Scott se acordaría del cómic retirada de la que habían hecho sus compañía que dos colaboradores y la financiaba, se inspiró en él pa- el único pro- ra crear la alucinóge- ducto termina- na atmósfera de ese do que salió de Los Ángeles de óxido aquel fiasco, y carne sintética que, The Long Tomo- con el tiempo, ha re- rrow, actuó co- sultado ser más profé- mo caja de re- tica que cualquier film sonancia para político de la anterior algunas de las década. Cualquie- mejores obras ra que se pasee hoy de ciencia-fic- en una noche lluviosa ción del último por el downtown de
  • Factor Crítico Los Ángeles mirando sus edificios de ventanas William Gibson confesó su deuda con The Long tapiadas se dará cuenta de lo mucho que esta Tomorrow a la hora de inaugurar el ciberpunk; ciudad le debe a Scott, a Moebius y a O’Bannon, otros, como el tenebrísimo Spielberg de Mino- verdaderos autores de su aspecto actual. rity Report, también deberían hacerlo. Por su parte, Paul Verhoeven nunca tuvo necesidad Aquí están ya, en The Long Tomorrow, todos los de confesarse cuando estrenó Desafío Total: ya ingredientes que hicieron posible Blade Runner, lo hizo O’Bannon firmando con su nombre el con perdón de Philip K. Dick. El detective engaña- guión de la película. do por una mujer fatal que no es quien dice ser… en términos biológicos; el concepto de ciudad col- Cómic histórico con mil hijos bastardos, The [pg-212] mena estructurada en niveles como quien estructu- Long Tomorrow es uno de los hitos menos reco- ra una sociedad por castas, como también ocurri- rá en Brazil o El Quinto Elemento; por no hablar nocidos de la ciencia-ficción del siglo XX. Una de la parafernalia tecnológica, los embotellamien- oportunidad perfecta para redescubrirlo. tos aéreos, o la oscuridad perenne de una ciudad inserta en pleno desierto medioambiental. The Long Tomorrow (y otras historias) Moebius y Dan O’Bannon Norma Editorial 56 pp.
  • C uento
  • Factor Crítico Only a fool in here would think hes got anything to prove Bob Dylan «Things have changed» De repente lla- E tgar Keret ha publicado man a la puerta cinco libros en España, si incluimos De repente lla- de Etgar Keret man a la puerta que acaba de publicar Siruela y seis, si sumamos también —y no [pg-214] Po r M i g u e l C a r r e i r a veo por qué no habríamos de sumarlo— el estupen- do Papá escapó con el cir- co (Fondo de cultura económica de España, 2009). Este Papá escapó con el circo cuenta cómo un padre abandona a su familia para poder cumplir su sueño de trabajar en un circo ambulante. Es un libro que habla sobre sueños perdidos y so- bre cómo los deseos pueden estar en lugares distintos al amor o so- bre cómo el amor, los deseos y los sueños pueden discurrir por cauces paralelos y seguir trayectorias que no siempre se tocan y no siempre son fáciles de entender, quizás por-
  • Factor Crítico que ni el amor, ni los deseos, ni tampoco los el circo es de cinco a nueve años. sueños se han hecho para ser entendidos. No Como ya ha publicado seis —definitivamente, sabemos exactamente para qué se han hecho diremos que son seis— libros en España, Siruela —aparte de ciertas ventajas evolutivas, que hoy ha supuesto que era un buen momento para que han quedado bastante anticuadas— pero sabe- Etgar Keret hiciese un gira por estos lares y po- mos que no se han hecho para ser entendidos. tenciar así la promoción de De repente llaman a La edad de lectura indicada de Papa escapó con la puerta. Gracias a esto, nosotros nos encontra- mos con Etgar Keret, que es un señor más bien pequeño, correctísimo, que saluda tímidamen- te y se presenta como «Etgar». Sucede entonces [pg-215] que, por la forma en la que se presenta como «Etgar», por la forma muy particular de mostrar sencillez —sin que se note que esté intentando mostrar sencillez— y por cierta bonhomía, uno sabe que, en adelante, en lo que queda de texto, a Etgar va llamarle Etgar, y no «señor Keret» o «el autor» o ese tipo de cosas a las que se suele recurrir en reseñas como estas. A pesar de la timidez y a pesar de que se enfren- ta a un grupo de gente —un grupo no dema- siado grande, pero que, sin duda,habría bas- tado para intimidar a un tímido incurable—, Etgar se desenvuelve con naturalidad. Se le nota acostumbrado a estas situaciones y aun- que quizás sería excesivo hablar de aplomo, sin duda está bastante más cerca del aplomo
  • Factor Crítico de lo que uno habría sospechado tras el salu- que tienen más espacio que nunca preocupa- do inicial. Etgar, allá en Israel, es un auténtico ciones adultas, como hacer cola en un banco, superventas y su éxito en otros países es más relacionarse con una exmujer, relacionarse con que notable. En EEUU, por ejemplo, sus libros los hijos cuando tienes una exmujer o pagar una anteriores habían funcionado bastante bien y hipoteca. De repente llaman a la puerta está funcionan- do muy bien. Además ha recibido el benepláci- Nos llama la atención que, durante la conversa- to, a veces entusiasta, de voces reconocidas y ción, Etgar repite varias veces lo de la hipoteca. poco sospechosas de condescendencia, como Llama la atención porque, como hemos visto, Salman Rushdie. Etgar ha ganado también va- Etgar se gana la vida muy bien vendiendo libros, [pg-216] rios premios. En Francia ha sido condecorado así que parece poco probable que Etgar tenga como «Caballero de la orden de las artes y las ahora mismo problemas importantes con la hi- letras» y, como director de cine, ha ganado en poteca y, si los tiene, lo más seguro es que sean Cannes el premio «cámara de oro» por su pelí- problemas distintos de los que podamos tener cula Jellyfish (rodada al alimón con su esposa usted o yo. Shyra). Pero aún más probable que esto puede ser que, Todo esto Etgar no lo cuenta, claro. Lo que Etgar si Etgar alude varias veces a las hipotecas, no cuenta es que el libro ha funcionado muy bien es porque le preocupe su caso particular, sino en Israel y eso a pesar de que se suponía que porque lo encuentra un recurso apropiado, una el grueso de su público estaba entre los lecto- forma de ejemplificar de manera breve y directa res más jóvenes (entre los dieciocho y los veinti- la evolución temática de este último libro hacia cinco, la primera franja de lo que en el mundo un universo más adulto. La alusión a la hipoteca editorial —y también en el mundo electoral— sería entonces un recurso que ya habrá utilizado se considera edad adulta) y a pesar de que él en otras ocasiones y en cuya efectividad confía mismo confiesa que no estaba seguro de cómo porque Etgar sospecha que pagar una hipoteca iba a recibir ese público tan joven un libro en el es una de las cosas más representativas que hay
  • Factor Crítico de la vida adulta. Sin embargo, existe otra posibilidad para esta alusión reiterada de Etgar a las hipotecas. Una posibilidad desagradable, que nos resulta in- cómoda, porque a estas alturas ya nos hemos acostumbrado a llamar Etgar a Etgar y esta es una de esas posibilidades que podrían hacer in- volucionar nuestro afecto hacia una posición de retaguardia —ergo, defensiva— en la que ten- gamos que retomar el uso de términos como [pg-217] «Sr. Keret» o «el autor», la posibilidad de que Et- gar haga más alusiones de las habituales a las hipotecas porque está en España y porque se ha enterado de todos o de buena parte de los pro- blemas económicos que asolan en el país, in- cluído el gravísimo problema de los desahucios de viviendas. Este pensamiento es más o menos importante —o por lo menos relevante—, por- que de ser este el caso, si es cierto que Etgar abusa de las alusiones a hipotecas porque sabe que es un asunto delicado en nuestro país, en- tonces tendríamos que enfrentarnos a dos po- sibles razones que expliquen las referencias: la primera de ellas es que Etgar sea bastante más cínico de lo que parece y que haya diseñado una campaña de comunicación que incluye su- cintas alusiones a la actualidad económica en
  • Factor Crítico España, con la esperanza de ganarse algunos ti- tipo realmente maquiavélico, que lleva años ur- tulares y aumentar la notoriedad en sus entrevis- diendo una sofisticada trama para afianzar su tas; y dos, que Etgar realmente esté muy preocu- posición en el mercado editorial español) y vol- pado por las hipotecas y que se haya enterado ver a la suposición inicial, que, simplemente, Et- de que en España el asunto de las hipotecas y gar considera que pagar una hipoteca o estar al los desahucios se ha convertido en un proble- tanto de los mercados bursátiles —que apare- ma gravísimo, que está privando a la gente de cen bastante en el libro— son dos de las cosas sus casas ante la inoperancia de un gobierno más adultas que uno puede hacer en esta vida. (o dos) que no puede, no quiere, no sabe o no considera necesario diferenciar entre ciudada- Cuando Etgar habla de las ventas de su libro [pg-218] nos que se han visto envueltos en operaciones lo hace un poco por encima, pero sin querer especulativas para comprar un lugar en el que quitarle importancia. Su postura es la de quien vivir y ávidos especuladores interesados en ga- sabe que vender libros es parte de su profesión, nar mil millones arriba o abajo para amarrar y habla sobre ello de la forma en la que habla- un yate nuevo en Puerto ría alguien que conoce el tema pero no se sien- Banús. te condicionado por él, ni a favor ni en contra. También habla del tiempo que llevaba sin pu- Como la duda nos corroe blicar y dice que se debe, entre otras cosas, a comprobamos que esta que ha estado ocupado enseñando —es profe- alusión a las hipotecas Et- sor universitario— y haciendo cine. Por cómo lo gar la ha hecho también dice —aunque no sabríamos explicar cómo lo en entrevistas concedidas dice— da la impresión de que hacer cine es lo en otros idiomas y en otros que más interesa ahora mismo a Etgar. No obs- países así que podemos tante, aquí hemos venido a hablar de su libro. descartar cualquiera de los dos escenarios an- Un espacio para el cine, una última parada y teriores (a menos que queramos tensar la hipó- vamos allá. tesis hasta el extremo y suponer que Etgar es un
  • Factor Crítico http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=baUG5er7s7A porque leer, se les dice, es importante. La última parada antes de llegar a De repente Etgar nos cuenta otra anécdota, que no utiliza llaman a la puerta es, esperamos, una parada para ilustrar la anterior —la anécdota la cuenta necesaria. Hay cosas que conviene dejar ata- bastante después y aquí sólo estamos hacien- das y bien atadas antes de subirse a un coche. do un pequeño montaje— aunque tiene mucho El que tenga hijos sabe que tenemos razón. So- que ver. En el fondo es la misma, pero en la for- bre el oficio de escribir Etgar nos cuenta dos ma es mejor. Casi podríamos decir que la ante- cosas que pueden ser especialmente ilustrativas rior es la glosa de esta. Etgar nos cuenta que, acerca de cómo encara él su oficio de escritor. cuando publicó su primer libro, un fotógrafo fue Cuenta que siempre le ha llamado la atención a su casa a hacerle las fotografías. Por entonces [pg-219] que a los niños se les hable de libros de for- Etgar tenía el pelo muy largo así que al fotógra- ma distinta a como se les habla de cine o de fo le pareció que sería una buena idea hacerle música. A los niños —y no sólo a los niños, en algunas fotos colgando del revés, con el pelo realidad, podríamos extender la metáfora—, cayendo hasta el suelo. A Etgar la idea le pare- cuando se les habla de cine, se les dice que el ció muy divertida, así que hicieron las fotogra- cine es divertido, que es emocionante, que es fías. Los dos coincidieron en que aquello había excitante. Cuando se les habla de música se sido una buena idea y que aquellas serían, sin les dice que es bonita, que es divertida, que es duda, las fotografías seleccionadas. El fotógrafo apasionada. Puede variar la elección de térmi- y Etgar debieron de caerse bien porque, antes nos, pero la idea va por ahí. En cualquier caso, de salir, el fotógrafo quiso despedirse deseán- cuando se les habla de libros, cuando se les dole a Etgar buena suerte. «Buena suerte con la habla de leer, a esos mismos niños se les cam- banda.» Algo así. bia la terminología. Leer es algo que se hace en las escuelas, algo que los padres saben que No sabemos lo que le costó a Etgar explicar- se debe inculcar, algo a lo que quizás sea bue- le al fotógrafo que allí había un malentendido, no asignar unos horarios para asegurarse de que él ni tenía una banda ni era músico. Que que los niños lo hagan con cierta regularidad era escritor y que acababa de publicar un libro
  • Factor Crítico de cuentos. Inmediatamente el fotógrafo decició plenas. Escribir cuentos es como ser piloto de que, efectivamente, allí había un malentendido y motos y competir en 125 cc, es una forma de que el malentendido había dado pie a un error. probar las condiciones, los reflejos, qué tal fun- Insistió en que había que sacar nuevas fotos, es- ciona en carrera y ese tipo de cosas que convie- ta vez con Etgar mirando a la cámara con el pu- ne saber antes de dar el salto a las categorías ño en el mentón: «Al final —nos dice Etgar— en superiores. No es que, en no se piense que los todas las fotografías de mi primer libro aparecía pilotos de esa categoría no sean pilotos de ver- con el puño apoyado en el mentón». dad, pero debe quedar claro que siempre son aspirantes a otra cosa. [pg-220] Ive been walking forty miles of bad road If the bible is right, the world will explode Bob Dylan «Things have changed» De repente llaman a la puerta es un libro de cuentos. Todos los libros publicados por Etgar en España son libros de cuentos, excepto Papa se escapó con el circo que es un sólo cuento del que se ha hecho un libro, ilustrado, para más señas. Esta preferencia por el cuento y, sobre to- do, el hecho de que no parezca tener ningún interés en pasarse a la novela, convierten a Et- gar en un autor inusual. En España, ya se sabe, desde el punto de vista del mercado editorial, Adaptación al cómic de Pizzería Kamikaze, el cuento es una especie de cantera. No es un uno de los cuentos de Etgar Keret, en cola- género de por sí, ni puede dar lugar a obras boración con Asaf Hanuka;La Cúpula, 2008
  • Factor Crítico un cuento. Luego empieza a llegar más gente, Con De repente llaman a la puerta vamos a in- y todos amenazan al autor con hacerle cosas tentar algo muy dificil y muy incorrecto y vamos terribles si no les cuenta un cuento pero toda- a hacer lo posible para que de ahí salga algo vía no hay ningún personaje que explique por bueno. Intentaremos resumir un libro de cuentos qué tienen interés en escuchar un cuento. Sí se en tres de los cuentos que contiene a sabiendas apuntan algunas vaguedades, pero no hay una de que si un libro de cuentos realmente se pu- verdadera explicación, como tampoco hay una diese resumir en tres cuentos, entonces una de verdadera explicación acerca de por qué han dos: o el libro sólo tiene tres cuentos o es un li- escogido a nuestro autor para que les cuente bro de cuentos muy malo al que le sobran mu- un cuento, lo que lleva a este a preguntarse por [pg-221] chos de los cuentos que lo componen, incluidos qué esas cosas siempre le pasan precisamen- quizá los tres que se han utilizado para el resu- te a él y nunca a Amos Oz o David Grossman. men. Como De repente llaman a la puerta no Una pregunta que, quizás el lector concuerde se corresponde con ninguno de los dos casos con nosotros, es de lo más razonable. Nuestro lo que vamos a hacer es algo clara y flagrante- autor, además, se pone muy nervioso, porque mente incorrecto, pero esperamos que sirva pa- no está acostumbrado a contar cuentos a pun- ra que el lector se pueda hacer una idea sobre ta de pistola, así que no consigue imaginarse una o dos cosas que nos parecen importantes. ningún cuento original y tiene que empezar a contar lo primero que se le pasa por la cabeza, El primer cuento del libro y el último cuento del que resulta ser una descripción bastante exac- libro se reflejan entre sí. En el primer cuento del ta de lo que está sucediendo allí en ese preciso libro a un autor —de hecho, a nuestro autor— le instante. Esta terrible falta de originalidad irrita obligan a contar un cuento a punta de pistola. Es bastante a sus interlocutores que le explican que un cuento bastante raro, porque primero hay un la realidad ya la conocen, que no han ido allí hombre que obliga al autor a que le cuente un a que les cuenten lo mismo que viven todos los cuento a punta de pistola pero no se explica por días y le exigen, con los malos modos que ge- qué ese hombre tiene tanto interés en escuchar neralmente sólo se pueden permitir quienes lle-
  • Factor Crítico van armas en la mano, un poco de imaginación. está escribiendo de verdad, sino que sólo está El primer cuento nos hace recordar aquella sen- haciendo como que escribe, por lo que la pre- sación que tuvimos y que contamos un poco sentadora alemana que tiene unas uñas larguí- más arriba, cuando Etgar nos hablaba sobre el simas le pide que escriba de verdad, que escriba tiempo que había pasado desde su último libro y mientras lo graban para que los alemanes pue- sobre cómo se había dedicado últimamente más dan ver después en su televisión pública cómo que nada a enseñar y a hacer películas; enton- es un auténtico autor israelí escribiendo. ces a nosotros nos dio la impresión de que lo que a Etgar le apetece de verdad ahora mismo Estos dos cuentos los hemos resumido de forma es hacer cine, aunque esto no deja de ser una muy esquemática, sobre todo el segundo, donde [pg-222] impresión subjetiva, sin nada que la sustente. la verdad es que pasan muchas más cosas. Más que un resumen, hay que reconocer que lo del En todo caso, el último de los cuentos de De segundo cuento es una pequeña mutilación inte- repente llaman a la puerta vuelve a tratar sobre resada. Además, ahora es posible que a la vista un autor al que obligan a escribir. En este caso de estos dos resúmenes, el lector que no tenga se trata de un autor sobre el que la televisión un contacto previo con la obra de Etgar pueda pública alemana está haciendo un reportaje. La tener la falsa impresión de que De repente lla- periodista encargada de la entrevista, una pre- man a la puerta es uno de esos libros que tratan sentadora alemana de uñas muy largas, le pide sobre todo de escritores, y del oficio de escribir, y que se ponga a escribir para poder hacer unas de las grandes cuitas que sufre un escritor cuan- tomas de esas que siempre quedan tan bien, con do se enfrenta a la temible hoja en blanco. Sin el autor en plena labor, pero cuando el autor embargo, no hay nada de eso. Estos dos cuentos se pone en eso de la plena labor resulta que el son sin duda los que más se acercan a los tópi- autor es un actor muy malo —a pesar de que cos habituales de la literatura sobre literatos y, la sólo hay un letra de diferencia entre las dos pa- verdad, es que no se acercan tanto como puede labras, lo cual no sé en qué lugar deja al idio- parecer a partir de estos dos bocetos. Si los he- ma castellano— y se le nota demasiado que no mos escogido no es porque sean particularmen-
  • Factor Crítico te representativos, sino precisamente porque son una de las claves de la literatura de Keret. excepcionales, pero a pesar de ser excepcionales Poco antes dijimos que, al leer el primer cuento, son muy parecidos entre sí, lo cual nos lleva a habíamos recordado la impresión que tuvimos pensar que ambos ocultan lo que, creemos, es hablando con Etgar, cuando nos habló acerca del tiempo que llevaba sin publicar un li- bro y acerca de cómo se había dedica- do últimamente sobre todo a enseñar y a hacer cine. Ya hemos explicado que, aquello de que lo que de verdad le inte- resa a Etgar ahora mismo es hacer cine, [pg-223] no era más que una impresión nuestra a la que no debería dársele mayor credibi- lidad. Ahora diremos más. Ambos cuen- tos pueden servir al mismo tiempo como refrendo de esa teoría y como réplica a la misma. Ambos pueden delatar al mis- mo tiempo una cierta insatisfacción del autor a la hora de afrontar el cuento y una dependencia del autor respecto a la producción literaria. «La literatura puede darse manteniéndose perpetuamente en falta» Esto lo decía Blanchot, y conviene aprovechar la fra- se, porque no tiene tantas citas brillantes Blanchot como se suele pensar. Mejor di- cho, tiene muchísimas citas brillantes —
  • Factor Crítico casi todo lo que escribió se puede citar y casi no abundan las interpretaciones psicológicas. todo tiene un lustre magnífico—, lo que no tiene Pero hoy haremos una excepción. No quiere de- son tantas citas que después resulten útiles. Es- cir que nos vayamos a entregar a esas interpre- ta, en cambio, nos parece francamente valiosa. taciones psicológicas, aunque tendremos que Otro día tal vez tengamos tiempo para volver reconocer que, si las siguiente lineas se conside- sobre ella y dedicarnos a pensar cuánta de la ran psicologistas, no podremos alegar defensas teoría crítica —si es que se le puede llamar teo- demasiado convincentes. Una de esas defensas ría crítica, aunque seguramente sí, porque hoy es que todo tiene su ocasión. Ya digo, nada de- se puede llamar teoría crítica a cualquier cosa, masiado convincente. cualquier día, ya verán ustedes, va a llegar un [pg-224] señor convencido de que bañarse en pulpa de En los dos cuentos que hemos resumido arriba el papel debe ser considerado una estrategia exe- autor se enfrenta a una agresión que le obliga a gética— de Blanchot queda por explicar una escribir. La primera es una agresión —o una ame- vez que se ha asumido esta frase en su totalidad naza— más directa, claro, pero en los dos casos se (quizás no sea mucho). Pero hoy no estamos ha- trata de gente que actúa en relación al autor de una blando de esto. forma que este percibe como violenta. Sin embar- go, en el primer cuento, el lector estará de acuer- Los dos cuentos que hemos resumido arriba do en que tal situación es bastante improbable. Es apuntan a una posición ambigua del autor pre- decir, auque a nosotros no nos han apuntado nun- cisamente respecto a su labor como autor. Es ca con una pistola suponemos que si eso llegase a verdad que una lectura inicial apunta a cierta ocurrir no sería para exigirnos que contemos una reticencia de él mismo respecto a su actitud a la historia, ni tampoco nos pedirán una caricatura, ni hora de afrontar el trabajo, pero hay otra lectura interpretar una sonata. En definitiva, es altamente en la que lo que el autor hace es dejar traslucir probable que, si llegamos a vernos amenazados a lo contrario, esto es, que no es capaz de afrontar punta de pistola lo que se nos exiga no será ofre- la vida sin la literatura. Quien siga las páginas cer ningún ejemplo de nuestras habilidades en cual- de Factor Crítico sabrá que en ellas, en general, quiera de las bellas artes, sino con demandas más
  • Factor Crítico clásicas, tales como el reloj y la cartera. existencia de un mundo amenazante responde Tenemos pues, en el cuento, una situación ab- inventando historias. Volvamos a descomponer surda que se da a partir de la unión de dos si- la escena en sus elementos más simples. Tene- tuaciones mucho más verosímiles. Es más o me- mos una escena (escena A): un hombre ame- nos verosimil que un hombre apunte con una naza a otro con una pistola y una segunda es- pistola a otro. No sucede demasiado, al menos cena (escena B): un hombre cuenta un cuento. en nuestra sociedad, pero es verosimil y en una Si desconectamos la causalidad (A produce B) novela no nos resulta dificil de creer. Es más, entonces, si queremos mantener las dos situa- incluso podríamos (deberíamos) estar decepcio- ciones ambas deben estar regidas por una re- nados si no ocurriese al menos una vez en cada lación diferente. La relación más sencilla de to- [pg-225] novela. También es más o menos verosímil que das (auque no la única) es la conjunción. En el un hombre cuente una historia. Que la cuente cuento sucede la escena A y la escena B. Tal y a petición de otro es menos frecuente, pero es como hemos señalado antes, el cuento queda- algo que, más o menos, también podemos con- ría entonces de este modo: Un hombre amena- cebir. Lo que resulta perverso es suponer que za a otro con una pistola y un hombre inventa existe una relación de causalidad entre las dos una historia. situaciones. Suponer que un hombre puede po- nerse a contar una historia porque otro hombre Naturalmente, nos movemos en un terreno de- lo obliga a ello a punta de pistola. licado. La relación de las dos situaciones no se puede eliminar sin más —ni tampoco se puede Esta unión inverosimil de dos situaciones verosí- sustituir y asumir que revela la verdadera esen- miles nos permite, analizándola en cada uno de cia del relato—. En sentido estricto ni siquie- sus componentes, examinar la posibilidad invir- ra podemos hablar de una cambio de causali- tiendo la explicación, es decir, nos permite supo- dad a conjunción (del «porque» al «y») porque la ner que existe un sentido profundo del cuento en conjunción, al final, siempre está condicionada el que nuestro hombre no se ver realmente ame- por la continuidad del relato. Por ejemplo, no nazado para escribir una historia, sino que, a la es lo mismo si tenemos la situación A con los
  • Factor Crítico personajes A’ y B’ y la situación B con los perso- esa posibilidad. El lector tiende a interpretar y, najes A’ y B’ que si tenemos la situación A con en la narración, la interpretación tiende a la ex- los personajes A’ y B’ y la situación B con los plicación de los hechos por sus causas. Si no personajes C’ y D’. La diferencia es que, en el podemos leer así es muy probable que tampo- primer caso, se establece una continuidad nece- co podamos escribir de esa forma. Incluso en saria entre las dos situaciones. Una continuidad la narración más surrealista que se nos pueda que el lector siempre leerá buscando la totali- ocurrir (el adjetivo surrealista, por cierto, se ha dad, es decir, buscando una vinculación entre usado mucho a la hora de analizar la narrativa las acciones que casi siempre estará vinculada a de Keret) la falta de una causalidad evidente no alguna forma de causalidad. Dicho de otra for- es una verdadera falta de causalidad, porque [pg-226] ma, si tenemos una situación en la que A’ le sirve dicha es demasiado notoria y revela el hueco un vaso a B’ y en la situación B nos encontra- de la misma, igual que si se retirase un cuadro mos que B’ está muerto la tendencia será siem- enorme de una pared que estamos acostumbra- pre buscar la relación entre las dos acciones (tal dos a ver cada día. vez A’ haya envenenado a B’), mientras que si los personajes de la segunda situación son distintos I hurt easy, I just dont show it You can hurt someone and not even know it y nos encontramos a D’ muerto probablemente The next sixty seconds could be like an eternity no intentaremos explicarlo por lo ocurrido en la Bob Dylan «Things have changed» situación A, pero entonces el lector tal vez bus- cará la clave que permita interpretar el relato en En relación al cuento de Etgar y su interpreta- elementos ajenos a los que aparecen en el texto, ción podríamos haber llegado a la misma con- como por ejemplo ¿Qué está queriendo decir el clusión sin necesidad de pasar por este análisis autor? ¿La inclusión de la escena B añade signi- de las situaciones implicadas en el cuento. De ficado a la acción A? hecho hay un camino mucho más corto para llegar a la misma conclusión. Hay bastantes en- La causalidad no es una elección en el relato. trevistas en Internet en las que Etgar cuenta esto Si alguna vez lo fue, hace mucho que perdimos mismo sin demasiados circunloquios, mediante
  • Factor Crítico la frase «la literatura es una forma de enfrentarse nuevo, incluida la nuestra— pueden ser consi- a la vida». Sin embargo nos ha parecido conve- deradas más o menos válidas tanto por el lector, niente hacer el análisis anterior por dos razones: como por el propio Etgar. De hecho hay bastan- te entrevistas en Internet en las que Etgar utiliza a) Del análisis de las situaciones se colige de forma más o menos literal la expresión «La la postura «la literatura es una forma de enfren- literatura es una forma de conocer la vida». tarse a la vida», distinguiéndola de forma ne- ta de frases semejantes, pero muy distintas, con b) Era preciso analizar en algún momento las que se confunde distraidamente (negligente- las situaciones básicas de un cuento para dar mente sería más adecuado, pero no queremos pie al análisis posterior. [pg-227] parecer estrictos) en muchas ocasiones, tales co- mo: El análisis posterior A.1) La literatura es una forma de Etgar ha citado los cuentos de hadas y los cuen- conocer la vida. tos de la tradición jasídica como su principal A.2) La literatura es una forma de fuente de inspiración. Mientras, la crítica insiste negar la vida. en relacionar su trabajo con una serie de au- A.3) La literatura es una forma de tores cuya relación con Etgar se ha convertido distraerse de la vida. en un recitado (Vonnegut, Kafka y hasta Woody Allen). Estas influencias, de hecho, no descartan El hecho de llegar a la frase en cuestión a partir la influencia de los cuentos de hadas y la tradi- del análisis previo es importante, porque hace ción jasídica, porque también estos autores se inviables el resto de las frases y porque todas ven influenciados por estas. estas fórmulas —incluida la nuestra— forman parte de un repertorio de tópicos cuyo uso con- Hablar de los libros de Etgar es hablar de humor tinuado hace muy fácil que se pierda de vista negro, y sí, también de absurdo, de relaciones su verdadera densidad. Todas estas frases —de de causalidad trastocadas en la que, igual que
  • Factor Crítico sucede en el cuentro tradicional, las típicas co- siones del autor, la moraleja, etc.) nexiones de causalidad novelescas —«por tan- En los cuentos de Etgar la fórmula de construc- to...»— son sustituidas por las de la narración ción de los cuentos populares se refuerza por tradicional —«entonces...»—, es decir, que don- inclinación por la construcción de universos pa- de en la novela existen conexiones determinadas ralelos, es decir, universos en los que están pre- por una forma de causalidad a la que llamare- sentes situaciones similares al nuestro (lo bas- mos directa, como por ejemplo, el hombre que tante similares como para que se establezca asesina a otro hombre porque este le debe dine- una relación de identidad) pero que se alejan ro, la mujer que deja su empleo porque no se ve en aspectos clave. Igual que ocurre en la lite- realizada en su labor o el niño que suspende el ratura de Kafka, muchas de sus narraciones se [pg-228] examen de matemáticas porque no ha estudia- explican a partir de la frase inicial «Y si...» («¿y si do el día antes, en la narración tradicional, en Gregorio fuese un insecto?», «¿y si un día a K lo los cuentos populares, la relación de causalidad acusasen de un crimen?»). se sustituye por la relación conjunción, sin pre- tender una justificación. Habíamos dicho que íbamos a utilizar tres cuen- tos para intentar resumir el libro de Etgar —re- No hay una razón válida por la que existan unas cuerde el lector que ya hemos reconocido ex- judías mágicas ni para que, en caso de existir, presamente la imposibilidad del proyecto y que se le entreguen a un individuo concreto. No hay esto es sólo una pequeña estrategia hermenéu- motivos para que el ogro prefiera comer niños tica—, pero hasta ahora sólo hemos emplea- en lugar de optar por alguna dieta más equi- do dos. Aquí llega el tercero. Se titula «Quesu- librada. Tampoco se nos explica por qué Gre- Cristo». gorio Samsa despertó un día convertido en un monstruoso insecto. Simplemente, ocurre y, al «Quesu-Cristo» es un cuento escrito en un pá- ocurrir, el lector, en su interpretación, desplaza rrafo, un desafío pulmonar macizo y muy veloz su aspiración a la totalidad hacia elementos que que recorre el mundo a caballo de la posibili- no están presentes en el texto (como las preten- dad inicial de que un cliente entre a pedir una
  • Factor Crítico hamburguesa con queso, pero sin queso den- que suceden en el país en el que la gente hace tro de la cadena de hamburgueserías Quesu- cola en los bancos y paga hipotecas. Quizás por Cristo. A partir de aquí se muestran una serie esto la inclusión de elementos más «adultos» le de consecuencias que el relato presenta como siente bien a los cuentos de Etgar. Da la sensa- consecuencias aunque, al mismo tiempo, son ción de que algunas de sus historias han llegado consecuencias lo suficientemente absurdas co- a su hogar. mo para que el lector pueda tener dudas ra- zonables sobre las mismas. Para «garantizar» la cadena de causalidad el narrador recurre a la famosa teoría del caos. La mariposa que aletea [pg-229] en un punto del globo y levanta un tifón al otro lado del planeta. Llegamos así a la reunión de los distintos elementos que nos pueden dar las claves de la narrativa de Etgar. La causalidad absurda que se explica. Los cuentos de hadas De repente llaman a la puerta Etgar Keret Traducción: Ana María Bejarano Siruela ISBN: 9788498418354 208 pp
  • Factor Crítico O dio a Thomas Bernhard, pero más que a Thomas Bernhard odio la poéti- Goethe se muere ca de Thomas Bernhard, un escritor tan necesario. de Thomas Bernhard No me gusta su literatu- ra y mucho menos que p o r M a t e o d e Pa z su literatura me gusta la literatura que otros escri- ben sobre él. Un escritor [pg-230] como Bernhard no se merece que le dediquemos una sola página de nuestro tiempo a sus escritos. Fue un cabrón con suerte que no per- mitió a sus compatriotas –por odio y envidia– que pudieran disfrutar de su obra; sin embargo, me han obligado a escribir sobre un libro de relatos –Goethe se muere– que me llegó hace ya varios meses y que leí hace ya varios meses y que tengo que recordar hoy, después de varios meses, tanto los argu- mentos como las tramas para decir algo coherente y sensato, algo que rellene un vacío. Ellos –los austria- cos, como una especie de compro-
  • Factor Crítico miso– me han obligado, pero también quien me ra nuestra honrada ambición y simple pedante- envió el libro y quien publica la reseña, después ría, no tenemos nada que contar. También en de varios meses que yo recibí el libro de Tho- aquellos otros días, cuando tenemos algo que mas Bernhard, a escribir sobre este libro de re- contar verdaderamente pero resulta más cómo- latos de Thomas Bernhard titulado, como una do y productivo, de cara al interés general de pústula, Goethe se muere, y del que no recuer- la Red, hablar de los años que hace que tal o do ninguno de los argumentos, salvo uno de los cual escritor nació, murió o fue publicado su li- cuentos que, estratégicamente, aparece situado bro. Nuestra ambición y pedantería se rinden al en el centro del libro –de hecho es el centro del homenajeado, favoreciendo nuestra creatividad libro–, y que se titula «Reencuentro». Después de con entusiasmo, aunque sin pesimismo. El día [pg-231] todo, uno piensa si Thomas Bernhard es real- de ayer, por ejemplo, rodeado de amigos, no mente tan bueno como Franz Kafka, George tuve nada que contar ni tiempo siquiera para Orwell o Thomas Pynchon para escribir sobre su pensar en contar algo que tuviera el interés de persona y su obra, es decir, sobre dos concep- costumbre. A pesar de todo, el aniversario de tos críticos y criticables tan unidos en su vida y la presunta muerte de algunos escritores famo- en su obra: ¿son la vida de Thomas Bernhard y la obra de Thomas Bernhard realmente tan in- teresantes como para escribir sobre ellas? Re- cuerdo que hace tres años escribí un post en un blog que pronto recuperaré, y que todo el mun- do habrá olvidado, sobre un microrrelato que no aparece en Goethe se muere (2010), pero sí en El imitador de voces (1978), titulado «Rendi- ción». En él, venía a decir que, a pesar de todo, la presunta muerte de los escritores famosos nos sirve a los blogueros para rendirnos y homena- jearlos en los días que, con gran pesimismo pa-
  • Factor Crítico sos –los veinticinco años de la presunta muer- muchos de estos periódicos se hacen eco de los te de Julio Cortázar, los doscientos del presunto tres autores más arriba nombrados, no he podi- nacimiento de Darwin, o los veinte años trans- do remediarlo y también yo voy a escribir sobre curridos desde que Thomas Bernhard nos dejó uno de ellos a través de sus palabras. Por esta presuntamente diciendo que su obra jamás de razón cuelgo entonces un presunto microrrelato los jamases se publicaría en Austria, su presun- de Thomas Bernhard, titulado «Rendición», de to país natal– pasaron desapercibidos para mí su libro de 1978, titulado El imitador de voces, porque ayer fue uno de esos días en los que presuntamente también prohibido en Austria pa- aparte de no tener nada que contar tampoco ra escarmiento y tristeza de muchos austriacos. tuve nada que leer, ni periódicos ni blogs, recur- Después de estas furibundas palabras yo repro- [pg-232] sos, todos ellos, que el bloguero debe conocer ducía el microrrelato en cuestión, un texto que para paliar, muchas veces, con su fina y súbita habla de un tal Ofner, trabajador municipal, lectura, la presunta sequía creativa. A pesar de anunciador de fallecimientos, que para salvar la todo, esto es así: me rindo al reconocimiento de que la misma noticia o anécdota, el mismo falle- cimiento o muerte se repite, presuntamente, no lo olvidemos, hasta la saciedad cibernética por muchos puntos dispersos de la Red, ese lugar fu- ribundo al que se refirió Javier Marías en un ya no presunto artículo de opinión, de hace tiem- po. El caso es que hoy me había levantado con ganas de contar muchas cosas; sin embargo, al leer los periódicos de ayer, cosa perfectamente recomendable para no emocionarse demasiado con las noticias frescas y presuntamente demo- ledoras contra santos, religiosos y pobres parti- dos políticos, la crisis, los recortes, etc., y ver que
  • Factor Crítico vida de su mujer, enferma del pecho, como le sí mismo trata a su colega de una manera muy dijo su médico, compró con ella una pequeña poco afable, aunque sincera, puesto que le re- parcela del bosque en la vecindad del narrador crimina que no intentara escapar jamás de la (o quizá en la vecindad de Thomas Bernhard), cárcel familiar, cosa que él sí hizo: «Llegaste a a una altura sin nieblas y con aire puro, dice el un acuerdo con tus guardianes. Te enseñaron microrrelato. Después de estas palabras repro- cómo leer libros y mirar libros, cómo oír mú- ducidas, o copiadas, llegaba Thomas Bernhard sica. Te enseñaron cómo hay que gritar en el con su estilo cargado de repeticiones que, en bosque para que surja el eco correspondiente muchos casos son frases y juegos lingüísticos tan y no te resististe a ello. Por eso miras fijamente molestos como la canica que (siempre) se le cae ya desde hace decenios como te han enseñado [pg-233] al vecino y jode a todos excepto a él. No recuer- tus padres, con esa mirada vacía, y lees libros do de qué trataba el microrrelato en cuestión, la con la misma vacuidad y oyes música sólo tan verdad: para ello tendría que leerlo de nuevo. El vacuamente como tus padres te enseñaron. Di- argumento de Thomas Bernhard se olvida fácil- ces sobre Goya lo mismo que tus padres de- mente, no así sus repeticiones, pero no repeti- cían continuamente sobre Goya, lees a Goethe ciones concretas, sino el concepto de repetición exactamente como tus padres y oyes a Mozart y de juego: oratoria y poética. Lo cierto es que como ellos, de la forma más vil. Yo, sin embar- a mí de Thomas Bernhard me gustan sus títulos: go, me independicé, porque aproveché la oca- «Reencuentro», el relato que recuerdo con algu- sión en el momento decisivo, dije, y me liberé, nos detalles, me parece el mejor de todos los y oigo a Mozart como yo contra mis padres, que aparecen en Goethe se muere. En este el contra mis aniquiladores, miro a Goya como narrador le reprocha a un colega la infancia que yo lo miro, contra mis padres aniquiladores, leo tuvieron rodeados de sus padres respectivos, la a Goethe, si es que lo leo, como yo lo leo». forma como la familia no permite crecer al indi- Thomas Bernhard es un escritor que odio y ad- viduo. La tesis del relato es que la familia es una miro al mismo tiempo, un escritor que parece cárcel, pero no para todos porque el narrador haber comprendido –como Zarathustra, como que Thomas Bernhard se inventa para hablar de Onetti– que para escribir hay que retirarse lejos
  • Factor Crítico de los lazos familiares y sociales que nos unen al país, a los lectores. Creo que en su obra no son importantes los argumentos o las tramas, si- no su postura: el punto de vista a través del cual mira y observa y nos dice el mal que hemos he- cho para que nuestra prosa se derrumbe con un simple y escolar comentario de texto. Thomas Bernhard parece que sufrió al escribir, pero hizo cuanto quiso; al menos esto dicen sus relatos si es que son tan autobiográficos como nos han [pg-234] hecho creer los críticos, esos que nos han hecho aprender a leer como ellos quieren. Goethe se muere Thomas Bernhard Traducción de Miguel Saez ISBN:9788420608853 Madrid, 2012 120pp
  • Factor Crítico Eventually he never mo- ved at all, but his eyes always stayed open, staringLos que duermen, el ahead forever all through the darkness of each night, and the next day... and the nexthombre como mito day... Thus, 2000 years passed by. de Juan Gómez Bárcena por Jorge de Barnola A.I. Artificial Intelligence. Steven Spielberg [pg-235] Q ue nos encontremos un libro de género fantás- tico en el catálogo de Salto de Página no de- be sorprendernos. Es- ta editorial, plagada de autores de primerísimo orden, lleva unos años apostando por este gé- nero, e incluso nos ha regalado algunas de las antologías más interesantes sobre el terror o la ciencia ficción que se hayan publi- cado últimamente en nuestras fron- teras (Perturbaciones y Prospectivas), por no nombrar a los autores que han crecido bajo su sello: Jon Bil-
  • Factor Crítico bao, Juan Jacinto Muñoz Rengel o Rafael Pinedo Hablo de esta antología por una sencilla asocia- (este último fallecido en 2006 pero cuya obra vio ción de ideas, y porque en ella se echa en falta la luz póstumamente). a Richard Garnett, un escritor británico muy ad- mirado por Jorge Luis Borges y que escribió El Hablo de antologías y me viene a la mente crepúsculo de los dioses. una de mis favoritas que capitanearon Borges, Ocampo y Bioy Casares en 1940: Antología de Al leer Los que duermen he pensado mucho en la literatura fantástica. Porque éste es uno de los Garnett. Y he pensado mucho en Borges, y en libros de referencia cuando se trata el asunto y que cualquiera de los relatos que componen el porque los que estaban detrás eran autores que libro de Juan Gómez Bárcena podría haber ocu- [pg-236] conocían muy bien el género. pado un lugar de honor en esa antología de la literatura fantástica. No extraña entonces Sorprende muy mucho este Los que duermen encontrarnos den- porque no es un libro que se lea, sino con el que tro una de las joyas se practica el canibalismo, y es un canibalismo más brillantes que que se ejecuta a la mesa de un chef con talento. se han escrito sobre Nouvelle cousine, que llamaría algún gastróno- viajes en el tiempo, mo, platos delicados y exquisitos, de arte y ensa- «Enoch Soames», de yo, porque Los que duermen es un libro peque- Max Beerbohm, pero ñito. Lo cual se agradece, ya que adentrarnos no sólo eso, sino que en exceso en las historias que nos narra Juan también campean Gómez Bárcena podría llevarnos irremediable- desde Kafka a Poe o mente a la gula. Y la buena mesa exige decoro, a Wells, por no ha- o por lo menos guardar un poco las formas. blar de las fantasías metafísicas del pro- ¿Qué decir de un libro de relatos? ¿Hay que ha- pio Borges. blar de cada uno de ellos o hablar en su conjunto?
  • Factor Crítico Eso nos llevaría a destriparlo en demasía, y pienso lleva a tierras ignotas donde la palabra es algo que quien debe mancharse las manos es el propio más que la palabra; «Fábula del tiempo», una lector, darle ese gusto de retozar en su interior. historia de amor a través de los años y la distan- Señalar, no obstante, que Los que duermen ha- cia; los posibles finales de un pueblo a medio bla de la historia del hombre, del hombre míti- camino de la realidad y la ficción en «Leyenda co, del hombre soñador, aventurero, del hombre del rey Aktasar»; historias de nazis en «El pa- que quiere cambiar el presente, que se mira en dre fundador de Alemania» o «Hitler regala una el pasado a través de momias o cuerpos petri- ciudad a los judíos»; el Alzheimer en «Las bue- ficados para imaginarse en el futuro, del hom- nas intenciones»; o los últimos tres relatos, mili- bre futuro y su destino impredecible, del hombre métricos, broches perfectos de un viaje que nos [pg-237] convertido en deidad, sublimado y deificado por sacude como una montaña rusa y que nos de- las máquinas en un futuro en el que ya no exis- ja con ganas de no bajar del coche y esperar a timos. que el mecanismo vuelva a ponerse en marcha, otra vez por los mismos rieles, por las mismas Los que duermen supone una composición ex- subidas y bajadas de esta atracción narrativa. traordinaria sobre la condición del hombre, so- bre el devenir, y cuando elijo el adjetivo «ex- «Como si» es un poema de la épica del tiempo, traordinario» no lo hago por afán de adulación, de la deconstrucción del calendario, de la cro- sino de humildad ante este libro que te abre los nología, de la Historia. Como un recordatorio a ojos y te emociona desde la primera a la última la inversa que nos trae a la memoria narracio- página. nes como Viaje a la semilla de Carpentier o La flecha del tiempo de Amis. Valgan unas pinceladas de algunos de los rela- tos: «2374», una historia futura en la que presen- ciamos el despertar de los hombres crionizados «Cuaderno de bitácora», extracto del diario de del pasado. navegación de un marino del año 1564 que nos
  • Factor Crítico «La espera», en donde su narrador es una má- En el futuro eran la ciencia, el fútbol, los vuelos espaciales y los quina que tropieza en las mismas preguntas ordenadores. En el principio era la fe en la técnica y en los libros existenciales que han acechado al hombre du- de autoayuda. Eran la multiculturalidad, las energías renova- rante miles de años. bles; los trusts y los cárteles. Los hombres atestaban la tierra y vivían hacinados en jaulas de acero y asfalto. Nadie sabía aún qué era ser feliz; nadie sabía qué significaba ser hombre. No hay ningún relato que desentone en este li- bro perfecto de Gómez Bárcena. Cada uno de ellos forma parte del engranaje de un artefacto literario que nos deja con una sensación de des- apego de la realidad, como si nosotros mismos [pg-238] (el lector) no fuéramos sino momias asomadas a una laguna muy profunda que nos dibujara en el reflejo. Los que duermen Juan Gómez Bárcena ISBN 978-84-15065-35-7 Editorial SALTO DE PÁGINA Madrid, 2012 123 pgs
  • E nsayo
  • Factor Crítico O ficialmente, la Segunda Guerra Mundial (IIGM) empieza en 1939 y ter-Continente salvaje mina en 1945. La tesis principal de este libro es de Keith Lowe que la capitulación na- zi del mes de mayo de Po r G o i o B o r g e 1945 fue un capítulo esencial de un conflicto que permaneció en Eu- [pg-240] ropa con gran intensidad al menos cinco años más. El autor señala que hay lugares en los que, hasta que no se recuperó la independen- cia en la década de los noventa, no consideran que el conflicto históri- co del que la IIGM fue el episodio más violento estuviera terminado. Los países bálticos son un ejemplo. Keith Lowe es un joven historiador británico que, heredero de una lar- ga tradición, siente pasión por la historia europea de la primera mi- tad del siglo XX. Su esfuerzo en Con- tinente Salvaje. Europa después de la Segunda Guerra Mundial es en- comiable: resumir en 400 páginas
  • Factor Crítico el paisaje europeo tras el final de la IIGM, un El libro se estructura en cuatro partes (cuyos títu- periodo en que los consensos históricos se re- los ya asustan: El legado de la guerra, Venganza, ducen cuando se comparan con los lugares co- Limpieza étnica, y Guerra Civil), y, personalmen- munes de la lucha contra los nazis, pero en el te, me han gustado más las dos primeras, porque que el continente devastado repitió en varios lu- la mirada del autor se centra más claramente en gares pautas de actuación política y comporta- el drama colectivo, general y comparable de la miento social que definieron de manera decisiva situación del continente tras la guerra, que es po- la historia de los países implicados durante las siblemente el mayor valor del libro (mostrar cómo siguientes décadas, con más influencia incluso incluso en la barbarie todos los países de Europa que los mismísimos años de la guerra en sí. se parecen). La tercera y cuarta partes, aunque [pg-241] no pierden de vista al conjunto del continente, resumen los casos parti- culares. Para un lego en Berlín, 1945. La destrucción física era sólo la destrucción más visible (vía http://revistacalibre38.wordpress.com/2012/06/05/danubio-azul-berlin/) la materia lo consiguen de manera impecable en lo narrativo y en lo obje- tivo de la visión ética: si comparamos el trato di- ferente que da el autor a los comunistas en Grecia o Rumanía encontramos un ejemplo, pero salir ai- roso de la limpieza étnica entre polacos y ucrania- nos manejando el or- den y el tiempo en que
  • Factor Crítico se describen las matanzas étnicas entre ambos Para este libro llegar al público es esencial. Esos pueblos tras el fin de la guerra es una jugada li- años olvidados, aunque lo fueron con un ob- teraria de nivel. Sin embargo, en ocasiones da jetivo tan encomiable como manipulador, son la sensación de que cada uno de esos episo- clarificadores en la búsqueda de claves históri- dios necesita de un libro en sí mismo, entre los cas. Por supuesto, el caudal de información es cuales el caso yugoslavo es el más relevante. enorme, pero se canaliza con sentido narrati- Muchos libros que sin duda están en mente de vo, los mapas son suficientes y claros, y las nu- Lowe (hace cinco años ya publicó un libro sobre merosas referencias bibliográficas no molestan. los bombardeos de Hamburgo), que se ve obli- Sortea las guerras de cifras, sabe combinar tes- gado a resumir con el objeto de lograr con éxito timonio personal con político a la manera de [pg-242] llegar al público. Antony Beevor (aunque sin el prurito dramático de éste, más centrado en lo bélico), y se apren- den hechos espeluznantes. Un acier- to sobre todo al principio del libro es el continuado cambio de escenario: de Grecia (hambruna y guerra civil) a Noruega (persecución de los hijos de alemanes), de Saló (triple guerra en el norte de Italia) a Bucarest (des- mantelamiento de una democracia por el estalinismo), de Vichy (ajus- tes de cuentas a las mujeres france- sas que mantuvieron relaciones con los invasores) a Vilnius (guerrilla que combatió al Ejército Rojo hasta los años cincuenta), de Varsovia (cuatro limpiezas étnicas tras la guerra hasta
  • Factor Crítico dejar un país étnicamente puro como quería Hit- muchas guerras. Yo no creo que olvide varios ler) a Zagreb (sucesivos ajustes de cuentas entre de los episodios de este libro hipnótico en mu- ustachas, chetniks y partisanos), y, por supues- cho tiempo. to, Alemania y sus múltiples tipos de prisione- ros, desplazados, refugiados y venganzas… En todos estos escenarios el autor imprime un per- sonal carácter constructivo en su búsqueda del entendimiento del horror tras el horror. Esa sería la única ideología del libro, y el objetivo de su uso de la verdad. [pg-243] Guárdense pues, amigos, del final de las ba- tallas. La lección es que en la IIGM, las balas perdidas del mayor espanto conocido y docu- mentado por la humanidad mataron más que Continente salvaje Keith Lowe Traducción: Irene Cifuentes de Castro Galaxia Gutemberg ISBN: 9788415472124 Barcelona, 2012 520pp
  • Factor Crítico ¿P or qué nos suenan más unos autores que otros? ¿Publicidad inte-Canon heterodoxo resada, justicia con los mejores (y bajo qué cri- terios), apoyo de agen-Manual de literatura españo- tes y editoriales, aco- modación a los gustos la para el lector irreverente de sus contemporá- de Antonio Enrique neos o a los nuestros, [pg-244] ingente aparato crítico? p o r Ta t i a n a G i m é n e z Podría seguir con estas preguntas unas cuantas líneas más, y cualquiera serviría como respuesta. Es un conjunto de azares lo que ha- ce que una obra literaria (y su autor) sean conocidos o no. Y este éxito es transitorio, como las modas, depen- diente de toda una nueva suerte de circunstancias particulares, así que lo que tenemos para que una novela aparezca en un canon hoy en día es una cadena de casualidades desde su gestación hasta que llega a nues- tras manos. Esto es básicamente co- mo defender la teoría del caos frente al determinismo divino.
  • Factor Crítico Hay dos bandos: Harold Bloom y su teología de Hasta ahí la tolerancia y la faceta de maestro cerca- verdad revelada a unos pocos elegidos, que nos no. Mientras se hable sólo de libros, este caballero enseñan a los pobres mortales eso de la cultura es de lo más pausado. Y parecería que no podría- occidental, y los relativistas, que creen en un Big mos juzgarlo en otros términos puesto que de lite- Bang expansivo de energías literarias gracias al ratura versa, por lógica, un canon literario. Craso cual te puede salir un novelón de debajo de una error. La literatura quedará vinculada en estas pági- piedra si sabes buscar. Porque ahí también se nas a la historia, al paisaje y, en algunos momentos, encuentra un aspecto interesante: el gusto. Si un al concepto que una nación tiene sobre sí misma, libro puede servir para aprendizaje o deleite (o pues hablamos aquí de una literatura nacional. Es [pg-245] ambas cosas) parece lógico pensar que cada el caso de las páginas dedicadas a la nómina de cual ha de buscar aquello que más se acomode a su persona, sin necesidad de fingir pasión por los clásicos por aquello de serlo, ni caer en ata- ques de histeria furibunda por afirmaciones de disgusto hacia la lectura de Homero (fíjense que hay gente, Dios me libre de encontrarme entre ellos, que dice que la Ilíada es un aburrimiento). De toda esta teoría sobre el gusto deriva una de las virtudes, y heterodoxias, de este canon: ese ser de andar por casa, cercano, amigable, nada impositivo; ante el que no da vergüenza admitir el desconocimiento de tal o cual autor del siglo XVII o incluso la disconformidad con alguna afir- mación del propio Antonio Enrique (he de admi- tir que yo jamás le daría la espalda a Bloom).
  • Factor Crítico escritores del 98, pero sobre todo a la narrativa y ¿Es ahí donde está la heterodoxia de este poesía a partir de la segunda mitad del siglo XX, la libro? ¿Es un manual de literatura para no época de lo que Enrique llama «progresía». Si hasta iniciados o un tomo crítico para estudiosos este momento sólo había afilado la lengua en mo- esforzados? ¿Su función es orientar en el di- mentos puntuales y con bastante gracia, todo hay dactismo literario, ejerciendo de puerta ha- que decirlo (Carlos II se vuelve un «rey-artrópodo», cia un corpus imprescindible? En las primeras palabras del autor se resuelven parcialmen- Góngora un «quebrantahuesos de las palabras» y te estas cuestiones, aunque hay que avanzar a Quevedo le reserva la más hiriente de las frases: unas decenas de páginas para clarificarlas «el caso más apabullante de contradicción natural: por completo. Es un monólogo sobre libros, [pg-246] la inteligencia más enorme dentro del cuerpo más más que sobre el hecho literario en sí. Sobre deforme»), en cuanto acerca su pluma (sí, este ca- los grandes libros más conocidos e influyen- ballero escribe con pluma de ganso y tinta traída de tes escritos en lengua castellana. No es una la China) a autores vivos su mente se desborda en tertulia, puesto que a nosotros como lecto- una orgía de espu- res no nos está permitido intervenir, y tampo- marajos contra el co se fomenta, ni siquiera en la imaginación. mercado editorial Nuestro papel es totalmente pasivo o, más y las injusticias que bien, receptivo. apartan a grandes nombres de los Antonio Enrique se despacha a gusto con sus premios y el éxito. filias literarias y en ningún momento finge es- Dejo sin desvelar tar haciendo un ejercicio de análisis exhaus- tivo. Ni siquiera mantiene un criterio definido la nómina de los (al menos desde el principio; éste hay que bus- renegados porque carlo en el último capítulo) para la nómina de de verdad que tie- obras, que no podrían ser más clásicas hasta ne enjundia. que nos adentramos en el siglo XX. A Antonio
  • Factor Crítico Enrique le gusta un libro, y además le gusta un califica al siglo XVIII, que separa las dos orillas de aspecto concreto de ese libro (algo que pue- nuestra cultura: los siglos áureos y la literatura mo- de ser tan peregrino como la preferencia del derna, que se inicia con el romanticismo. Hetero- Arcipreste de Hita por las mujeres menudas y doxia también por lo anticastizo, que así es como morenas), y divaga sobre ese tema, intentando califica Antonio Enrique a las corrientes teóricas hacernos partícipes de esa delectación, hasta que abogan por la perspectiva islámica y judai- que se queda vacío y satisfecho. No creo que ca de nuestra literatura, frente a las castellanizan- su afán sea el de convencernos de lo acertado tes, defensoras de una interpretación de secano y de una teoría, sino el de persuadirnos de las hombría de bien ajena a florituras feminizantes. Y, bondades de una lectura. No quiere erigirse [pg-247] en pastor de la grey, voz directriz a través del por último, heterodoxia por lo rebelde y lo trascen- desierto. Eso será precisamente lo que atacará dente: «impulso de infinitud» y «afán de sabotaje» con saña (sobre todo por los motivos que en- son las expresiones utilizadas para definirla. cuentra solapados entre sus buenas palabras) de los agentes literarios. A pesar de defender algunas posturas interesan- tes, a veces cae en el exceso de ornato para una Los grandes hitos literarios en castellano (o líneas redacción cuyo primer afán debería ser la cla- de fuerza como él los llama) son vistos entonces ridad, pues es de un ensayo de lo que estamos desde una nueva perspectiva, la de su heterodoxia, hablando. Algo de lo que parece olvidarse para entendida ésta como un curso que fluye desde El caer en vaguedades entretenidas pero inútiles, libro de buen amor y vertebra toda nuestra literatu- aunque intente justificarlas alegando querer re- ra, caracterizados ahora por la disparidad del au- vivificar los libros y a sus autores. Si bien admiti- tor con el mundo heredado. Heterodoxia también mos la premisa de que los libros son escritos por desde lo religioso, pues de un mundo de conver- personas con vida propia (aunque yo sigo cre- sos, alumbrados y erasmistas saldrán estos libros. Y yendo que a Pérez-Reverte lo desconectan por ya que estamos de metáforas de flumen, de río se las noches y Pombo se convierte en murciélago),
  • Factor Crítico el trabajo crítico debería ceñirse a lo demostra- ble en alguna medida, aunque sea poquito, pero que se pueda rastrear mínimamente en el texto, o en el conjunto de textos que se reseñan, si de un canon hablamos; pero dedicarle tantas pági- nas al esoterismo de la escritura como utopía y al destino como causa motora de la escritura, a pesar de la pobreza, la incomprensión y el ham- bre, me parece, cuanto menos, exagerado. [pg-248] Canon heterodoxo Manual de literatura españo- la para el lector irreverente Antonio Enrique ISBN: 9788415441076 Berenice, Córdoba, 2012 480 pp
  • Factor Crítico «El que es capaz de perderse tan- to tiempo, se encuentra en donde se ha perdido consigo mismo».Ifni, la última aventu- César González-Ruano, Viaje a Áfricara colonial española Decía Dalton Trumbo que la Prime- ra Guerra Mundial había sido la úl- de Manuel Chaves Nogales tima guerra romántica. En ese or- por Jorge de Barnola den de cosas, se podría decir que [pg-249] el proceso de colonización de Ma- rruecos (ya fuera por parte de Fran- cia o de España), fue también la úl- tima «invasión» romántica. Habían pasado trece años desde aquel fatídico mes de agosto de 1921, cuando las fuerzas de Ma- nuel Fernández Silvestre, espolea- do por Alfonso XIII, sucumbieron en los alrededores de Annual. Aquélla fue una guerra extraña, lle- na de intereses particulares (los de empresarios españoles ávidos de las riquezas que prometía el territo- rio africano, los de los altos oficia- les que querían subir rápidamente
  • Factor Crítico en el escalafón militar) y de intereses internacio- En la península se vivía aquello en los cafés nales (los de Inglaterra, los de Francia, los de (aquellos estrategas de café), reflejo multiplica- Alemania). do de los cafés vieneses que eran los centros de difusión cultural por antonomasia, como lo po- En la península se vivía aquello con la pasión de drían ser los cibercafés de ahora, las mesas a los derbis. Había mucho en juego. Había vidas rebosar de la prensa que recogía los movimien- humanas de campesinos que no querían morir tos políticos, militares y sociales de aquella Es- degollados por la gumía, había ideales que en- paña del primer cuarto de siglo. frentaban clases con razas (y aquí la Tercera In- ternacional de 1919 tendría mucho que decir, y Hubo periodistas que triunfaron con sus narra- [pg-250] en concreto el discurso de Trotsky sobre el colo- ciones épicas, ya fuera un Rafael López Rienda, nialismo), había sentimientos republicanos que un Luis de Oteyza, un César González-Ruano, nada tenían que ver con los sentimientos actua- o incluso un Ernesto Giménez Caballero (ahí se les, por cuanto el modelo a seguir era el modelo gestaría también la intelectualidad fascista). francés, chovinista e imperialista. Las narraciones iban de la crítica pura y dura como la que ofreciera López Rienda con el asunto del desfalco del millón de Larache, a las tribulaciones del soldado a través de los ojos de un entusiasta y joven Giménez Caba- llero, o la crónica de investigación como la que publicó De Oteyza cuando llegó a Axdir para documentarse de primera mano sobre la suerte de los prisioneros de Abdelkrim el- Jattabi, o también la búsqueda infructuosa de los posibles prisioneros que buscó Gon- zález-Ruano.
  • Factor Crítico La leyenda de sobrevivientes, de huidos, nuevos los ecos de aquellos periodistas que vivieron de conversos, personalidades alteradas, tendría un primera mano los años del Desastre de Annual, precedente en la literatura, como fue el caso de y reconocemos en él esa tradición de ensayo y El difunto Matías Pascal de Luigi Pirandello. periodismo de un Mariano José de Larra o un John Reed. A partir de ahí, no habría guerra sin sus posibles desaparecidos que continuaban viviendo otras Las crónicas, telegrafiadas, responden a mo- vidas y se habían hecho pasar por muertos. mentos concretos, y adivinamos en ellas la ne- cesidad de información, el compromiso con el Luego llegó el desembarco de Alhucemas, en periódico de entregar una crónica cada cierto [pg-251] 1925, y las cosas se calmaron algo. Pero la sed tiempo. De ahí que la calidad o el contenido de nuevos territorios no había menguado. fluctúe, que veamos disonancias en cuanto a la información ofrecida o el propio humor que se Había que «pacificar», que era como se llamaba destila entre los párrafos. a ese afán de conquista. El colonizador español es siempre un poco Ro- binsón. Así como el francés no comprende que se pueda colonizar como no sea a base de mon- tar un buen hotel y contando con unos camare- ros y unos cocineros, el español, conquistador o misionero, lo fía todo a su prestigio personal, al poder maravilloso que sobre las masas ejerce siempre el hombre de excepción. Chaves Nogales nos ofrece una crónica sentida de la ocupación de Sidi Ifni, en la que vemos
  • Factor Crítico El sultán azul, chej Muley Mohamed Musta- coronel Capaz llegó a sus costas y empezó a fá Mrabeh Rabbu Ma-el-Ainin, es decir «El hacerse cargo de su administración. Entre los criado de su dios» (sépase que el sultán azul no mamó el pecho de su madre, sino que pocos soldados que lo acompañaban, iba el se crió chupándose el dedo, maravillosa so- periodista Manuel Chaves Nogales, reputado briedad muy estimable en el desierto) […]. cronista sevillano que ha dejado su nombre co- mo uno de los pioneros y más importantes co- Todavía no se sospechaba que Marruecos supon- rresponsales que ha dado nuestras letras. dría medio tablero del ajedrez de la guerra civil que los militares sublevados tomarían los prime- Chaves Nogales destaca por su neutralidad (fue ros días de la contienda. Y, si uno estudia con un incansable detractor de los extremos, ya fue- [pg-252] detenimiento ese periodo, verá que la República ran comunistas o fascistas), e hizo un retrato jus- (entendiéndose ésta como el gobierno legalmen- to y desencantado del momento histórico que te constituido en las urnas, un apunte a conside- rar por cuanto la sublevación militar fue también le tocó vivir, ya fuera a través de sus libros o republicana y se hizo bajo la bandera tricolor y el sus artículos que versaron desde los aconteci- himno de Riego) perdió la partida en Marruecos. mientos en Rusia, la Guerra Civil española o el Incluso habría que decir que ya la había empe- advenimiento del nazismo (llegó a entrevistar a zado a perder años antes al reprimir el naciona- Goebbels). lismo marroquí que de forma política se estaba gestando en la colonia (algo que los franceses Baste indicar que imprescindibles son A sangre exigieron detener antes de que les salpicara en su y fuego (sobre nuestra lucha fratricida) y Juan lado marroquí, y ya se sabe que España tenía co- Belmonte, matador de toros (considerado como mo modelo esa república transpirenáica). uno de los libros más importantes de tema tau- rino que se hayan escrito). Sidi Ifni, aun contándose entre las provincias es- pañolas desde 1860 loor al tratado de paz de Así y todo, las crónicas que abarcan los meses Was-Rad que daba por concluida la Guerra de de abril y mayo de 1934, no dejan de ser unas África, no se ocuparía hasta 1934, cuando el crónicas un tanto edulcoradas, por cuanto no
  • Factor Crítico había nada nuevo bajo el sol africano (ya se habían escrito miles y miles de páginas sobre Si uno lo mira bien, no había mucho que contar aquellas tierras), y en la península a nadie le sobre la ocupación de Sidi Ifni, y tampoco sobre importaba ya mucho lo que pudiera suceder en los prisioneros y desaparecidos de aquel infer- esa zona del mundo que tanto dolor había cau- nal verano de 1921, pero existía cierto morbo sado. y nombrar «Marruecos» y «prisioneros» siempre atraía lectores. Por eso Chaves Nogales juega con el sensacio- nalismo (lo podemos comprobar tanto al princi- África es el último lugar de la tierra propicio a pio como al final de sus crónicas) de los supues- la elaboración del mito, y los españoles, hom- [pg-253] tos prisioneros de Annual. Así reza uno de los bres de acreditada fantasía, estamos dispuestos subtítulos del cable enviado a Ahora, periódico a encontrar en la tierra africana un campo abo- del que era director y que publicaría estas cró- nado para nuestras lucubraciones. nicas: «Hay que acabar con la leyenda de los prisioneros». Ifni, la última aventura colonial española Manuel Chaves Nogales ISBN 978-84-15338-86-4 Editorial Almuzara Córdoba, 2012 150 pgs
  • Factor Crítico S erá cuestión de que nos falta perspectiva, pero lo cierto es que el siglo XX Carl Jung. Psi- no hay quien lo entienda. A lo mejor el error consis- quiatra pionero, ar- te en tratar de compren- der la historia, en decidir tesano del alma, que existe algún tipo de urdimbre o hilo conduc- de Claire Dunne tor que permita explicar [pg-254] los acontecimientos. Pero Po r D a v i d S á n c h e z U s a n o s de lo que no cabe duda es que cual- quier intento de esclarecer ese perío- do, al menos en lo cultural, inevita- blemente ha de pasar por la obra de Sigmund Freud. No sé si aquel aus- trohúngaro dio con la clave defini- tiva, pero resulta innegable que sus escritos son una fuente inagotable de intuiciones brillantísimas (asun- to bien diferente es la eficacia de su propuesta terapéutica). Por algún motivo que se me es- capa, me da la sensación de que Freud es hoy en día una figura mu- cho menos citada que alguno de
  • Factor Crítico sus epígonos (pienso sobre todo en Jacques La- Durante mucho tiempo su obra, con la excep- can). En la órbita de Freud se situó también el ción de un par de escritos publicados en los protagonista de la biografía que hoy nos ocu- años setenta, permaneció casi inédita en Es- pa, Carl Jung. Se trata de uno de los persona- paña, pero desde el año 2000 Trotta empren- jes fundamentales en el desarrollo de la teoría dió la edición de sus obras completas. No sé si psicoanalítica que se dedicó, entre otras cosas, ello contribuirá a cierta rehabilitación de Jung a explorar la conexión entre salud y dimensión aunque sospecho que, más allá del interés que simbólica y cuyos escritos presentan algún que siempre suscitó en ciertos estudiosos de la mi- otro pasaje de carácter profético. Me cuesta tología comparada y la antropología, en el fu- imaginar una época en la que Carl Jung es- turo inmediato no se convertirá en un autor [pg-255] tuviese realmente de moda, quizá en los años demasiado popular. Y eso que cualquier con- ochenta en Norteamérica como apunta Olivier tacto, por indirecto que sea, con su obra o con Bernier en su prólogo, pero creo que ahora no su vocabulario transmite una sensación de ex- es el caso. trañeza que no es raro que derive en verdade- ro interés. Sin ir más lejos, a la luz del retrato, ciertamente lateral, que David Cronenberg nos ofrece de Freud y de Jung en su película Un mé- todo peligroso (A Dangerous Method, Universal Pictures, 2011) a quien dan ganas de cono- cer —y leer— no es a un ególatra Freud sino a ese misterioso Jung a cuyo alrededor esta- llan las lámparas. A pesar de que la psicología de nuestro tiempo es una ciencia experimental, nos sigue fascinando esa conexión entre el al- ma, lo telúrico y lo esotérico. Y Jung —su obra, su doctrina— parece hecho a la medida de ese atractivo.
  • Factor Crítico Carl Jung. Psiquiatra pionero, artesano del al- trivial y porque, sin restar valor al trabajo que ma funciona como una introducción no tanto seguro hay detrás de una biografía como ésta, al pensamiento de Jung cuanto a los orígenes y le falta algo de distancia y de elaboración: está a las ramificaciones de dicho pensamiento. Se demasiado pegada a su admirado Carl Jung. trata de una biografía lujosamente editada por Se da por sentado que el lector ha de compar- Blume (el papel es de altísima calidad, lo cual se tir esa reverencia hacia el psicólogo suizo —no agradece por la profusión de ilustraciones, va- rias del propio Jung, fotografías y cuadros alu- sivos que contiene) y escrita por Claire Dunne. El libro contiene numerosas citas y fragmentos [pg-256] de textos del mismo Jung y de quienes le cono- cieron directamente. Mi dedicación no me ha llevado a medirlo de una manera exacta, pero juraría que las citas incluidas en esta obra casi superan en extensión al texto de la propia Dun- ne. Ello hace que, por momentos, Carl Jung. Psi- quiatra pionero, artesano del alma se parezca más a una colección fragmentaria, a un centón hecho de valiosos materiales, que a un todo or- gánico. Tanto los testimonios de Jung como el material gráfico que les sirven de soporte son, en gene- ral, bastante relevantes. La escritura de Dunne, en cambio, no resulta especialmente cautivado- ra. No porque sea complicada —más bien al contrario—, sino porque se muestra demasiado
  • Factor Crítico que Jung tenía razón (que, por ejemplo, la físi- ca moderna «apoya» sus descubrimientos y que «su legado psicológico sigue ejerciendo una in- fluencia profunda en el mundo»). Las conexiones de la teoría de Jung con la alqui- mia, lo religioso (en su vertiente cósmica, telúrica y ctónica) y lo artístico, sus influencias y sus proyec- ciones, aparecen con prodigalidad en este libro. Pero no se nos ofrece una exposición demasiado [pg-257] clara, ni tampoco convincente, de en qué consiste lo propio y distintivo de Jung. Ni siquiera hay un capítulo que sirva no ya de reflexión, sino de sín- tesis o cierre. Tal vez la autora no pretendía ni una cosa ni otra, pero tampoco nos presenta demasia- das claves para acercarnos a por qué Jung hacía lo que hacía o pensaba lo que pensaba (que, co- mo venimos apuntando, no está exento de interés). Lo que nos plantea es una sucesión cronológica de las reverberaciones de lo que le iba ocurriendo (extractos de cartas, testimonios, consideraciones del propio Jung) y de ilustraciones colaterales. Por se nos conduce hacia ella, no se nos seduce— y todo ello, hemos de decir que el misterio de Jung, que, por tanto, asumirá la importancia y el sim- tras la lectura de esta biografía, sigue intacto. Y es bolismo que Claire Dunne concede a todos los una pena, porque la cita con la que se inicia la pri- detalles biográficos que menciona (incluyendo mera parte del libro podría hacer pensar que nos varios sueños), y estará de acuerdo con ella en esperaba una obra deslumbrante:
  • Factor Crítico «Es cierto, una fuerza natural se expresa a grafía se encuentra plenamente asentada— de través de mí —yo soy solo su canal—, y puedo introducirse en el campo del pensamiento, pues imaginar muchas circunstancias en las que yo podría parecer siniestro ante los ojos de los no abundan los sellos que pongan tanto cuida- demás. Por ejemplo, si la vida ha llevado a do en la edición. alguien a adoptar una actitud artificial, entonces no será capaz de soportarme, porque soy un ser natural. Por mi sola presencia cristalizo: soy un fermento. El inconsciente de las personas que viven de un modo artificial me detecta como un peligro. Cualquier cosa sobre mí les irrita: mi modo de hablar, de reírme. Detectan lo natural» [pg-258] A pesar de que Carl Jung. Psiquiatra pionero, ar- tesano del alma no es el libro que podría haber sido, conviene saludar la decisión de Blume — editorial que en ámbitos como el arte y la foto- Carl Jung. Psiquiatra pionero, artesano del alma Claire Dunne Teresa Jarrín Rodríguez Blume ISBN: 9788498016420 272 pp
  • Factor Crítico E n tiempos tan insustancia- les como éstos resulta ex- citante encontrarse con La nada y las ti- editoriales que, como La uÑa RoTa, van a su aire. nieblas Hace no demasiado ha- blábamos en Factor Críti- de Fridegiso de Tours co de la primera biografía de Beckett en castellano por David Sánchez Usanos —el ciclópeo documen- [pg-259] to de Anthony Cronin— y vemos que en el catálogo del sello segoviano figura también Visita al profesor Kant, de James Boswell y otras obras de Thomas Bernhardt o Alessandro Manzoni. El libro —más bien librito— que hoy nos ocupa, La nada y las tinieblas, es una car- ta del año 800 escrita por Fridegi- so de Tours, miembro de la Escuela de Aquisgrán, destinada a probar (!) la existencia efectiva de la na- da y las tinieblas empleando argu- mentos basados tanto en la luz de la razón como en la interpretación de las Sagradas Escrituras. El texto se presenta en edición bilingüe (la-
  • Factor Crítico tín-castellano) y con ilustraciones de Javier Roz. coincidir —o, al menos, hacer compatibles— la Además del cultivo de la excentricidad y de un fe (cristiana) y la razón y un interés por parte del acusado amor por la obra de Samuel Beckett, poder —en este caso el emperador Carlomag- sospecho que en La uÑa RoTa hay un hilo con- no— de contribuir al sostenimiento de la unidad ductor que explica la aparente dispersión de su política con un fomento del arte, la filosofía y la inventario y que tiene que ver con cierta margi- literatura. Estos y otros aspectos aparecen en la introducción que realiza el traductor de la obra. nalidad bien entendida y con la exquisitez. Bue- Se trata de Tomás Pollán, profesor de filosofía no, y ya que estamos, con el asunto de la nada, en la Universidad Autónoma de Madrid y uno que es lo que hoy nos trae aquí. de los personajes más carismáticos de la univer- [pg-260] sidad española. Su tremenda erudición se con- La nada y las tinieblas encuentra su sentido en cierta con una militante aversión a dejar testimo- un contexto histórico e intelectual que nos re- nio escrito de sus reflexiones; por ello no faltará sulta remotísimo: una Europa en reconstrucción quien, atraído por su magnetismo, adquiera es- —o, mejor dicho, en construcción— tras las in- ta obrita con el deseo —puede que morboso— vasiones bárbaras, una preocupación por hacer de hacerse con unas páginas de tan esquivo preceptor. La presentación que hace, más exten- sa que el propio texto de La nada y las tinieblas, cumple a la perfección el papel de situar al lec- tor de manera que le permita entender y valorar la relevancia de las propuestas de Fridegiso de Tours. Está escrita, además, con un tono sobrio y equilibrado: informa con rigor pero no abruma con sobreabundancia de datos, citas y notas. Uno de los lugares comunes a la hora de ha- blar del origen de Occidente consiste en men- cionar la confluencia de dos grandes corrientes de pensamiento: la grecolatina y la judeocristia- na. Dejando a un lado que se pueda hablar de
  • Factor Crítico «lo grecolatino» o «lo judeocristiano», lo cierto be cayendo en el absurdo (es decir, corroboran- es que tal confluencia, pensada a fondo, a ve- do la existencia de la nada). Nuestro autor parte ces parece una verdadera colisión. Y quizá uno de una teoría lingüística ciertamente rudimentaria de los puntos donde la juntura resulta más for- que entiende que para todo nombre ha de haber zada es precisamente la cuestión de la nada. Se un referente con existencia real y efectiva fuera trata de un concepto crucial para la parte judeo- del lenguaje. Las herramientas filosóficas con las cristiana de la operación, pero es una idea real- que razona tampoco son demasiado sofisticadas, mente monstruosa e impensable para los prin- pues, como bien apunta Pollán, «la época de Fri- cipales autores griegos que todos tenemos en degiso era “prearistotélica”, es decir, “preontoló- mente, y posiblemente aún lo siga siendo pa- gica” en cierto sentido, en la medida en que no [pg-261] ra nosotros. Así, algunas de las mentes más in- había conciencia filosófica de los diversos mo- quisitivas de nuestra tradición (Gottfried Leibniz, dos, grados, o niveles del ser». Y es que toda teo- Martin Heidegger o Jean-Paul Sartre) quedaron ría lingüística supone una ontología (y viceversa, varadas frente a tan negro asunto. claro) y en La nada y las tinieblas ambas son un tanto ingenuas, un tanto gruesas, por lo que, más Como la nada resulta una noción crucial en el texto bíblico, todo aquel preocupado por la her- menéutica por antonomasia no puede pasarla por alto. Tal era el caso de Fridegiso de Tours quien, en La nada y las tinieblas, encamina sus esfuerzos a concederle a la nada la dignidad on- tológica que se merece, pues ello refrendaría la interpretación literal de la Biblia, que es la que le interesa. Para ello, junto a la propia lectura de las Escrituras, se apoya en las ambigüedades sintác- tico-gramaticales que, según él, hacen que toda frase que afirme la no-existencia de la nada aca-
  • Factor Crítico allá de que en el mundo contemporáneo ya no por los conflictos entre verdad revelada y verdad nos torturen estas cuestiones, es el carácter primi- racional, entre religión y filosofía, y quiera acudir a tivo de los esquemas de pensamiento de Fridegi- algún autor clásico debe hacerse, si no lo conoce, so de Tours lo que desactiva su vigencia y gran con el Tratado sobre los principios del conocimien- parte de su interés (el mismo Aristóteles, anterior to humano, de George Berkeley, pues allí sí descu- en el tiempo, era infinitamente más sutil que este brirá una agilidad, una validez y también una iro- comentador de la Escritura). nía completamente ausentes en Fridegiso de Tours (conviene apuntar, claro, que son casi diez siglos Vistas así las cosas, sólo podemos concederle a los que separan a ambos autores por lo que, en este texto un valor histórico. No cabe duda de que este sentido, la comparación es un poco injusta). [pg-262] el especialista puede sacar mucho provecho de esta edición —también del cotejo entre la traduc- Con todo, no podemos dejar de saludar el arro- ción de Pollán y el texto latino—, pero no así el lec- jo de este sello editorial al decidirse a publicar tor general, que encontrará mucho más jugosa la autores y obras tan desacostumbrados, gestos mencionada introducción. Quien se sienta atraído que educan al público lector y obligan a perma- necer atentos a su catálogo. La nada y las tinieblas Fridegiso de Tours Tomás Pollán La uÑa RoTa 76 páginas 2012
  • Factor Crítico Nada es tan funesto como la vocación de ruiseñor en una familia de castoresRara avis. Más afuera Benito Pérez Galdós ¿Q de Jonathan Franzen ué tres cosas lleva- por Víctor Sierra Matute rías a una isla de- sierta? La respues- ta más original [pg-263] hasta la fecha la ha dado —y pues- to en práctica— Jonathan Franzen, que para ejercer de náufrago eligió como acompañan- tes unos prismáticos, un ejemplar de Robinson Crusoe y las cenizas del escritor David Foster Wallace. Estos son los principales ingredien- tes del texto que da título a su últi- ma colección de ensayos y ejempli- fican perfectamente lo que vamos a encontrar en ella: observación de aves, pequeñas dosis de teoría li- teraria y reflexiones que parten de
  • Factor Crítico una anécdota o vivencia personal. En el caso de ción del individualismo radical («con Robinson este texto, uno de los más destacados del volu- Crusoe, el yo se había convertido en una isla; y men, el desencadenante de la digresión fue la ahora, al parecer, la isla pasa a ser el mundo») visita a una isla del Pacífico Sur, allá por noviem- o abordar abiertamente el polémico suicidio de bre de 2010, conocida entre los contados luga- su amigo para censurar actitudes que se dieron reños por el sugerente nombre de «Más Afuera». tanto en Estados Unidos como en España: Franzen, huyendo de la presión del éxito y los compromisos promocionales de Libertad, sien- David […] se quitó la vida de un modo calcu- lado para infligir el máximo dolor a aquellos te la necesidad de emular a pequeña escala la que más lo querían, y nosotros, quienes lo aventura del marinero escocés que inspiró a Da- queríamos, nos quedamos con una sensación [pg-264] niel Dafoe. La relectura del clásico le permite es- de rabia y traición. De traición no sólo por tablecer conexiones entre la novela y el mundo el fracaso de nuestra inversión de afecto y cariño, sino por la manera en que el suicidio contemporáneo y tratar temas como la evolu- lo apartó de nosotros y lo convirtió en una leyenda muy pública. […] El establishment literario, que nunca había seleccionado si- quiera uno de sus libros entre los candidatos a un premio nacional, ahora lo declaraba unánimemente un tesoro nacional perdido. La aventura isleña está acompañada por otros veinte ensayos de diferente índole y valía. Algu- nos de ellos no son más que reseñas de obras que Franzen quiere reivindicar (muestra su apo- yo a autores como James Purdy, Alicie Munro, Frank Wedekind y Christina Stead) o comenta- rios eruditos a grandes clásicos de la literatura (El jugador, de Dostoievski). En otros nos ofrece su prosa en formato condensado —muy lejano a
  • Factor Crítico las monumentales Libertad o Las correcciones— entresijos de la escritura y recepción de su obra. con piezas breves cercanas al relato, entre las «Sobre la ficción autobiográfica» parte de algu- que destacan «Nuestro pequeño planeta», don- nas de las preguntas más típicas y tediosas de de narra un viaje con sus padres, o «Avispones», las entrevistas a escritores («¿Quiénes han in- un repaso, con moraleja incluida, de estancias fluido en tu obra?»; «¿Qué horario de trabajo en casas prestadas durante sus años juveniles. tiene?»; «¿Su novela está basada en hechos rea- En Más afuera tampoco faltan ensayos sobre los les?») para desmontar algunos mitos. El come- tido final de este ensayo es calibrar en qué me- dida resulta moralmente lícito incluir elementos autobiográficos en una obra de ficción y cómo [pg-265] este pensamiento ha modificado tramas y perso- najes de sus novelas. Franzen, como buen crea- dor, tiene en el conflicto la semilla de su escri- tura. Otro de los temas estrella, la ornitología apasio- nada, se filtra en muchos de los textos de la co- lección y es el protagonista de los ensayos titula- dos «El Mediterráneo feo» y «El frailecillo chino». Además de brindarnos entusiastas descripciones de pájaros curiosos, el aventurero escritor criti- ca in situ la caza de aves canoras en Chipre y la expansión de las fábricas chinas, prácticas que, a pesar de que favorecen el crecimiento econó- mico de los países, suponen una seria amenaza para sus ecosistemas.
  • Factor Crítico Pero es en su cruzada particular contra los avan- la aglomeración de temas dispares uno de sus ces tecnológicos donde se siente verdadero rui- handicaps. Pero cuando el autor se remonta a señor entre castores. «Veo Internet como el ta- experiencias que cambiaron su visión del mun- baco del siglo xxi», ha declarado Franzen, que do, reflexiona sobre el oficio del escritor y sobre considera que las redes sociales son puro ma- su propia obra o tira de sarcasmo para analizar quillaje de la realidad, que ocultan la miseria y el panorama literario actual, el volumen alcanza suponen un grave ataque a fenómenos como la las cotas más altas de calidad y leer sus textos se intimidad o el amor. convierte en una verdadera delicia. Es entonces cuando merece la pena detenerse y disfrutar de Sin embargo Más afuera, como prácticamente la prosa ensayística de Franzen. [pg-266] toda colección facticia de artículos, tiene sus al- tibajos, ya que puede llegar a resultar tediosa durante los pasajes en los que el autor da rien- da suelta a sus obsesiones ecologistas y tiene en Más afuera
 Jonathan Franzen Traducción: Isabel Ferrer ISBN:9788498384888 
Salamandra Barcelona, 2012
 406 pp
  • M úsica
  • Factor Crítico E l indie se ha convertido en ese género predilecto pa- ra todo aquel con ínfulasEn un mundo enorme de situarse en la vanguar- dia de la cultura popular. de Dr.Persona Desde hace aproximada- mente 15 años, su éxito por Daid Sánchez ha reforzado ese estatus con un consolidado apo- yo masivo que no solo [pg-268] implica la esfera musical sino que también arraiga en varios aspec- tos de la vida cotidiana. Parece que todo aquel universitario que presume de estar a la última y quiere demostrar lo interesante que es en una conversación tiene que presumir de haber ido al último So- norama, tener como cabecera el úl- timo trabajo discográfico de Death Cab for Cutie y haberse amaman- tado durante la adolescencia con la discografía de Radiohead. Trasladar que uno tiene esas cre- denciales pretende transmitir al
  • Factor Crítico receptor del mensaje que quien habla es un tipo Quizá tenga que ver con la poca renovación de ban- (o señorita) cool, que tiene una sensibilidad por das dentro de esta esfera en lo que se refiere a Es- encima del sujeto medio, que le gusta el teatro, paña. Da cierta lástima ver que, de un festival a otro, que se gasta una pasta en el mercado de Fuen- uno tenga que toparse siempre en el cartel con Los carral, que tiene su habitación enmarcada con Planetas, Lory Meyers, la Habitación Roja y Señor póster de Roy Leinchestein y que ha visto hasta la Chinarro. Realmente existe un poco de endogamia. saciedad todas las películas de Quentin Taranti- no y Sophia Coppola (por muy nefasta que sea su Por suerte, estos días ha visto la luz el nuevo EP Maria Antonieta). del grupo madrileño Doctor Persona titulado En un mundo enorme. Seis temas encuadrados en térmi- [pg-269] Aunque este comentario pueda sonar a tono nos más amplios dentro del pop pero que se nutre despectivo, lo cierto es que ese canon está vi- de un espíritu y de unos registros claramente indie. gente, al menos, en ese circuito nocturno de Madrid (Lavapiés, Malasaña o Latina, lo mismo Se trata de un trabajo discográfico meritorio que da) que podemos llamar moderno, en los cafés sigue la línea de Maga pero con un sonido más que comparten los diseñadores gráficos y en las potente y robusto, sin despreciar arreglos y riffs sentadas en el césped de cualquier campus de que reflejan que sus componentes no se han facultad de letras que se precie. No se trata de desmerecer los valores de un gé- nero que ha dado grandes temas y buenos gru- pos (los dos mencionados anteriormente son muestra de ello), pero tampoco es menos cierto que una mirada a la esfera nacional la percep- ción es que sobra impostura (¿alguien se acuer- do ahora de Astrud?) y falta mejor gusto.
  • Factor Crítico abstraído de esas guitarras oníricas escondidas vuelve esquiva, la tribulación que produce la en la trayectoria de David Bowie o U2 (siempre soledad y la incomprensión ante una realidad he pensado que en eso de sacar registros The que se torna esquiva y oculta sus verdaderas in- Edge es un verdadero maestro). tenciones, del malestar que rompe en el interior cuando no se es feliz y de la voluntad constante Un disco que rebosa honestidad y sencillez, que de romper con esa melancolía. desprecia el postureo impostado y que tiene bien claro que lo confuso no es sinónimo de interesante. Tampoco desmerece acercarse a su último disco En su lugar, se nos acerca esa sensibilidad cotidiana (Doctor Persona) para apreciar su anterior etapa y sincera que cualquier joven (pongamos de 20 a con más presencia de teclado. Lo dicho, quien [pg-270] 35 años) padece de vez en cuando en su vida. guste del indie sin máscaras inútiles tiene aquí un buen disco para apreciarlo en estas frías y Quien se adentre en este trabajo discográfico lluviosas tardes de otoño. podrá contemplar unas letras que evocan sue- ños que nacen por la noche cuando ésta se En un mundo enorme Doctor Persona PSM-Music 2012
  • n ovela
  • Factor Crítico E n la mañana del 30 de ju- nio de 1908, una explo- sión mil veces más potente Relámpagos que la de Hiroshima sor- prendió a los habitantes de Jean Echenoz de Vanavara, un puesto comercial siberiano situa- p o r Ro b e r t o B a r t u a l do en la remota región de Tunguska, empujándolos como peleles contra gra- [pg-272] neros, porches y carruajes por efec- to de la onda expansiva. El estalli- do se había producido a más de 80 kilómetros de distancia, suficientes como para que les alcanzara una ola de calor que hizo enloquecer a mosquitos, saltamontes, tába- nos, recién despiertos después del invierno, plantaciones enteras de cebollas marchitas en un instante, ventanas estallando al unísono, un cazador muerto, aplastado por un reno contra un árbol. Un área de bosque de más de 2000 kilómetros cuadrados quedó completamen- te devastada por la explosión, pero cuando el humo se hubo disipado y
  • Factor Crítico los lugareños pudieron visitar el lugar donde se causa bien distinta. Aquella mañana de verano, el había originado el estallido, se encontraron con explorador Robert Peary se dirigía al Polo Norte y, algo muy distinto a lo que esperaban. unos días antes, había recibido un telegrama fir- mado por su gran amigo, el inventor Nikola Tesla, Aunque el bosque estaba arrasado, los árboles en el que le pedía que reuniera en cubierta a toda yacían en el suelo, con la corteza intacta y sin su tripulación en un día y a una hora convenida signo alguno de combustión. Habían sido sim- para que pudieran presenciar el mensaje de bien- plemente arrancados de cuajo o partidos por el venida al fin del mundo que les mandaba. El día tronco. Pero según iban avanzando, el espec- era el 30 de junio; la hora, las 7 de la mañana. Ni táculo era aún más desconcertante. Al llegar Peary ni su tripulación vieron nada, pero mientras [pg-273] a unos 15 kilómetros del epicentro, vieron que ellos permanecían en cubierta atentos al cielo, el ya no había árboles tumbados; estaban todos bosque de Tunguska estallaba en pedazos a unos en pie, con las cortezas arrancadas pero per- 3300 kilómetros de distancia. fectamente erguidos. Y en el suelo, nada. Nin- gún cráter, ninguna roca partida, ni siquiera una Nadie habría recordado aquel telegrama, si Tes- brizna de hierba quemada, como si, con un ma- la no hubiera anunciado años más tarde la in- notazo invisible, un dios demente hubiera tum- vención de su “Rayo de la Muerte”: un poderoso bado el bosque entero. Con el tiempo, y después de una expedición cien- tífica en los años 20, el gobierno soviético dio car- petazo a lo que sería conocido como “el incidente de Tunguska”, atribuyendo la explosión a un me- teorito que, al estallar en la atmósfera sin tocar el suelo, no dejó más huellas que las derivadas de su onda expansiva. Sin embargo, en aquel leja- no 1908 algunos rumores apuntaban hacia otra
  • Factor Crítico generador de ondas sónicas, capaz de destruir Éste es el tipo de historia, probablemente ficti- aviones y maquinaria militar proyectándolas cia, pero fascinante, que el lector no podrá en- a miles de kilómetros de distancia. ¿Había si- contrar en la novela sobre Nikola Tesla Relám- do provocado el incidente de Tunguska por un pagos, de Jean Echenoz. error de cálculo en uno de los experimentos pre- liminares de Tesla? ¿Llegó realmente Tesla a fa- Lo cual llama bastante la atención si conside- bricar un Rayo de la Muerte, el arma que, según ramos que el libro arranca con la advertencia él, puesta en manos de las principales poten- de que su autor no se ha propuesto escribir una cias mundiales, pondría fin a todas las guerras? biografía, sino una obra de ficción. Relámpa- Quién sabe… Lo que sí sabemos es que, por in- gos es una novela, dice Echenoz, pero enton- [pg-274] creíble que parezca, Tesla, además de idear una ces ¿por qué en su interior sólo encontramos forma viable de usar la corriente alterna sentan- un desapasionado resumen de los pocos datos do la base de nuestro actual sistema eléctrico, objetivos que se conocen sobre la vida de Tes- encontró la manera de transmitir electricidad sin la? Un resumen como el que podríamos leer en cables y de manera gratuita, usando únicamen- su ficha de la Wikipedia, como bien apunta en te la superficie terrestre como conductor (inven- su reseña Juan Malherido. Cierto es que dichos ción que nunca pudo desarrollar, pues cuando datos pueden resultar fascinantes para el lector el magnate que le financiaba, J. P Morgan, es- . que no esté familiarizado con invenciones de cuchó la palabra “gratuita”, bloqueó inmedia- Tesla como sus generadores de corriente alter- tamente sus fondos). También sabemos que a na, la iluminación inalámbrica, su rivalidad con principios de siglo, Tesla provocó un terremoto Edison, su fobia a los microbios y a las mujeres, artificial de pequeñas dimensiones en la ciudad o su colombofilia compulsiva. Pero, en el fondo, de Nueva York (un suceso ampliamente docu- todos estos “hechos objetivos” no dejan de ser mentado en su momento), con un artefacto de un álbum de recuerdos terriblemente aburrido si tecnología consistente, aunque a menor escala, se les despoja de las enormes posibilidades que con el que hipotéticamente podría haber causa- en principio ofrecen, al autor y al lector, para la do el evento de Tunguska. fabulación.
  • Factor Crítico La historia del Rayo de la Muerte es buen ejemplo de ello. Echenoz sólo menciona lo comprobable: que varios periódicos publicaron las declaraciones de Tesla en tor- no a su invención y que un Tes- la ya anciano y probablemente chocho envió secciones parcia- les de sus planos a Ministerios de Guerra extranjeros, además del [pg-275] de Estados Unidos. Pero, si Re- lámpagos es una novela, ¿por qué atenerse a lo objetivo? ¿Por qué desdeñar historias como la del Rayo de la Muerte, mencio- nándolo en apenas dos líneas para luego rechazarlo como la locura de un viejo senil? El caso es que tal vez lo fuera. Hay que darle la razón a Echenoz porque la verdad es ésta: cuando esta- lló el bosque de Tunguska, Peary ni siquiera había zarpado aún de Nueva York, por lo que difícil- mente pudo ser el destinatario de ninguna explosión de bienvenida lanzada por Tesla.
  • Factor Crítico Y aun así… Aun así el nombre de Tesla sigue El problema es que, si a fuerza de ser «objetivo», estando asociado al incidente de Tunguska, o «serio», o cualquier otro adjetivo entrecomilla- igual que sigue estando asociado a lo paranor- do de color beis con los que tan bien se puede mal (estuvo investigando la telepatía después de definir a tantos escritores franceses; si a fuerza “predecir” la muerte de su madre), o a diver- de ser todo eso, digo, despojamos a Tesla de su sas teorías de la conspiración como la oculta- dimensión pop no sólo se le hace un flaco favor ción de vida inteligente en Marte o a la posibi- como figura histórica y como símbolo, pues es- lidad de que la instalación HAARP del gobierno tamos hablando de alguien cuya sola existencia estadounidense en Alaska esté preparada para pone en entredicho la historia oficial de la cien- producir terremotos usando tecnología de Tesla. cia del siglo XX, sino que además, y éste es un [pg-276] Quizá todo esto sea falso, mero abono para la pecado aún mayor, se le hace un flaco favor al especulación bizarra; pero la cuestión es ésta: género novelístico, pues Echenoz no hace otra estamos hablando de un señor que hacía pa- cosa más que echar freno voluntario a la imagi- sar corrientes de 100.000 voltios por su cuerpo nación en cada página de Relámpagos, negan- sin sufrir el menor daño, un tipo que iluminaba do la cualidad más hermosa del género novelís- bombillas con su propia mano siempre y cuan- tico: la capacidad de fabulación. do sus pies pisaran suelo electrificado, alguien Capacidad que sí se encuentra en otras obras que que, de recibir la financiación apropiada, tal vez abordan la figura de Tesla, mucho más recomen- podría haber conseguido que la distribución de electricidad fuera completamente gratuita a ni- vel mundial… con las consecuencias que eso podría haber tenido para el desarrollo económi- co. Ante esto (y, créanlo o no, estamos hablan- do de hechos documentados), que el resto de lo que se ha dicho de Tesla sea cierto o falso, es completamente irrelevante.
  • Factor Crítico dables para el lector con imaginación; como, por Los alegatos de Tesla en su autobiografía son ejemplo, su autobiografía, My Inventions, que sin tan increíbles como el western de ciencia-ficción pretensión de ser novela, incluye un hermosísimo que Thomas Pynchon construye en torno a él en relato sobre su infancia en el que nos describe su novela Contraluz, pero por lo menos ponen minuciosamente sus intentos de levitar desde lo de manifiesto lo que Echenoz no ha sabido ver: alto de un granero mediante el poco recomenda- que de nada sirve escribir sobre Tesla si no se ble método de contener la respiración y lanzarse cree en él. Reducir a Tesla al nivel de un simple al vacío (!), o su extraordinaria capacidad de ver chiflado con síndrome de Diógenes, como hace literalmente en el aire, flotando, sus generado- Echenoz, es destruir la esperanza –quizá vana, res de corriente alterna antes de construirlos (y pero al fin y al cabo esperanza– de que al me- [pg-277] no “visualizarlos” como describe desdeñosamen- nos una persona, a lo largo de aquel terrible si- te Echenoz), dejándolos funcionar en su mente glo XX, deseó algo bueno para la humanidad e (o suspendidos sobre la habitación, si hemos de incluso quizá pudo llegar a conseguirlo. creerle) durante meses para comprobar el des- gaste de las piezas antes de registrar la patente. Relámpagos Jean Echenoz Anagrama ISBN: 978-84-339-3336-2 Barcelona, 2012
  • Factor Crítico C onocí a Steve Earle gracias a su hermana Stacey y a su cu- ñado Mike. ¿Han escuchado No saldré vivo alguna vez a Stacey Earle y a Mark Stuart? Son una pareji- de este mundo ta feliz, muy ñoños, muy coun- tries ellos, muy agradables, se o los fantasmas les escucha con una sonrisa pánfila en la cara, el mundo de Steve Earle se convierte en algo risueño a su alrededor, tan bucólico to- [pg-278] de Steve Earle do, como si estuvieras oliendo las pra- deras del Viejo Oeste y la vida parecie- por David Urgull se perfecta, encantadores. Nada que ver con Steve, la verdad, nada de nada. Claro que luego tocó, en la misma se- sión, Jason Ringenberg. Éste tiene más que ver con Steve, bastante más.
  • Factor Crítico Es extraño cómo dos hermanos pueden ser tan di- con sabor a guitarra, daba vueltas a sus ob- ferentes, aún es más extraño si te enteras de que la sesiones personales, a saber: drogas, guerra hermanita cariñosa y bondadosa aprendió todo lo de Vietnam, pena de muerte, el Sueño Ame- que sabe de música del hermano malote, el mis- ricano y la segregación racial; todo genuina- mo que le daba a las drogas y a otras cosas ilega- mente yankee, como un buen dónuts. Ahora, les. Sí, porque Steve, al principio, iba de tipo duro, en este 2012 apocalíptico, con la amenaza de rockero de los de verdad, de los que se meten de los mayas sobre nuestras cabezas, nos pre- en líos un día sí y otro también, incluso pasó por el senta: No saldré vivo de este mundo (El Aleph talego. Luego se fue moderando, al fin y al cabo uno también se cansa de ir pegándose con todo Editores). Ya el título nos recuerda a alguna el mundo y terminas saludando a la vida con el vieja canción, no lo puede evitar, lleva el dos [pg-279] dedo corazón y siguiendo tu camino. Le dio por el por cuatro metido en las venas. La historia su- activismo político, por la literatura y últimamente cede en 1963 y es una mezcla entre un viejo por las series televisivas. Son conocidas sus cam- blues, una pizca de rollo fronterizo al más pu- pañas contra la pena de muerte, contra la guerra ro estilo tex-mex y algo de realismo mágico. de Irak y, en su momento, contra la política exte- El protagonista se llama Doc Ebersole y lleva rior de Bush. Aparece en The Wire interpretando a pegadito a las suelas de sus botas de cowboy Walon, un heroinómano recuperado que ayuda a al fantasma de Hank Williams. Doc le da a la otros a dejar las drogas o poniendo voz y arreglos morfina, a veces porque no puede evitarlo, a al tema de cabecera: Way down in the hole (Tom veces para evitar la murga de Hank, que siem- Waits) en la última temporada de la serie y pare- pre anda incordiando, a veces, simplemente, ce que se ha entendido tan bien con David Simon porque le gusta. Doc había sido médico y po- y su equipo que le han buscado un hueco en su dría haberse ganado la vida decentemente, proyecto más reciente: Treme. pero de tanto ir buscando amapolas terminó perdiendo la licencia y ahora se gana la vida Este rockero texano también escribe. Sí, las le- practicando abortos ilegales y suturando heri- tras de sus canciones, of course, y algo más. das clandestinas. Y dándole al opio. Y aguan- En el 2001 un libro de relatos: Doghouse Ro- tando al plasta de Hank. ses, en el que a través de once historias cortas,
  • Factor Crítico El motivo por el que Doc soporta, con pacien- cia de yonqui, a su particular fantasma, es una de las claves de la novela: la culpa. Parece ser que fue Doc quien suministró a su buen ami- go, la joven promesa del country texano, Hank Williams, una dosis letal de morfina, una dosis que le dejó tirado en el asiento trasero de un coche, como en la letra de una buena canción, mientras su alma se agarraba a la espalda de Doc. Toda una década lleva aguantando el ma- [pg-280] tasanos esa alegoría espectral de la culpa, allá en San Antonio. Sin embargo, esto es una his- toria made in USA y siempre hay que dejar un asiento reservado para la autosuperación, para la redención, la fe y por supuesto, los milagros. Y ahí es donde entra en escena Graciela. Joven, guapa, muy guapa, mexicana, recién sacada de Macondo o de un cuentecito de Isabel Allende, que nada tiene que ver con México pero que a los texanos todo les parece lo mismo. Graciela es el milagro y hace milagros. Tiene una heri- da que no termina de cicatrizar, como una lla- Hitchhiker with His Dog, "Tripper," on U.S ga mística, y acude al doctor sin licencia para 66, U.S. 66 Crosses the Colorado Rive at Topock; O’Rear, Charles, 1972; ver qué puede hacer por ella, pero es Graciela Archivos Nacionales y Administra- la que termina haciendo algo por Doc, porque ción de Documentos de los EE. UU. Graciela tiene el don de curar lo que toca, de sanar con sus manos, de aliviar con su presen-
  • Factor Crítico cia. Será ella la que consiga liberar a Doc, libe- demonios, para librarse de una vez de su propio rarlo de su adicción a la morfina, liberarlo de Hank Williams. Sin embargo, como todo lo que Hank Williams y, principalmente, liberarlo de sí merece la pena, es algo más, no se queda solo mismo. en un ejercicio psicológico, es una historia llena de humanidad, de matices, también de denun- Es fácil ver en esta novela ciertos elementos au- cia social y, además, está bien escrita y como tobiográficos, camuflados en una historia fron- sucede con su música, Steve Earle siempre me- teriza, con prostitutas y traficantes, con balas y rece la pena, en cualquier formato. milagros, los mismos que se veían en la ela- boración del personaje de Walon en The Wire. [pg-281] Steve Earle ha pasado por su particular infierno, sabe de lo que habla, y probablemente esta his- toria sea una excusa tan válida como otra cual- quiera, tan válida como cualquiera de sus bue- nos discos, para hacer terapia, para expulsar No saldré vivo de este mundo. Steve Earle Traducción: Javier Calvo. El Aleph Editores. ISBN: 9788415325437 272 pp.
  • Factor Crítico L a memoria es el lugar don- de el tiempo y el espacio conviven con mayor senti- Las ruinas del pre- do, donde los hechos, los rostros y los lugares se rein- sente; Los ojos de ventan en una nueva exis- tencia que perpetúa lo efí- Natalie Wood mero, que insufla de vida el pasado, que lo mantiene de Alejandro López en presente continuo. Y es [pg-282] donde nuestros seres queri- por Jorge de Barnola dos que han muerto siguen vivien- do, donde el trauma de experien- cias sufridas se vuelven a vivir, se analizan, se estudian, en un juicio del que debe salir el culpable pa- ra expiar los pecados propios y aje- nos. Los ojos de Natalie Wood es esto y más. Pero no nos engañemos (y la con- tra ofrecida por la editorial El Pá- ramo despista algo), Natalie Wood sale poco o nada, en la forma de un banderín con su imagen o en
  • Factor Crítico la referencia de su muerte preconizada por la De hecho, buscando paralelismos, llegué a pen- abuela de Félix, el protagonista de esta historia. sar en un Juan Pablo Castel en El túnel, en el protagonista sin nombre de Noches blancas o En realidad, la novela de Alejandro López An- en un Humbert Humbert en pos de su Dolores drada se podría haber titulado «Los labios de Haze en Lolita. Claudia Cardinale» o cualquier otra musa que inspirase los sueños masturbatorios de los jóve- Pero rápidamente vi que estaba errando y que nes de los años 70. Podríamos decir que la re- los tiros no iban por ahí, si bien es cierto que ferencia cinéfila en el título es un macguffin en la narración es, a ratos, obsesiva y plagado de toda regla; genera expectativas equivocadas y pensamientos metafísicos que recuerdan a los [pg-283] nos hace seguir la trama del libro buscando a la autores de los libros citados. famosa actriz de Rebelde sin causa. Sólo podemos ubicar correctamente a la actriz si conocemos la historia que cuenta que a su ma- Ruinas de Minas Diógenes dre se le apareció una vez una anciana cuando estaba embarazada de ella y le leyó la mano: «Su hija será una gran estrella, pero deberá te- ner mucho cuidado con las aguas oscuras». Pe- ro López Andrada no nos da esta referencia. Lo dicho: Natalie Wood es un macguffin. Y no hay nada malo en ello, pero sí es cierto que con- diciona bastante la lectura y, personalmente, me llevó a buscar referencias equivocadas cuando comencé a leer la novela.
  • Factor Crítico Los ojos de Natalie Wood no habla tanto de ob- quizás radique ahí la fuerza de la novela, en que todo sesiones, sino de recuerdos desde el prisma de es posible, en que el misterio se esconde en cualquier un hombre en su particular juicio del pasado. elemento de ese atrezzo que configura la realidad. El escenario salta de Minas de Diógenes, donde Félix La novela, compuesta de vaivenes temporales, de re- pasó su infancia, a Veredas Blancas, donde se hace cuerdos que saltan de uno a otro, de espacios y tiem- adulto y vive en el presente. pos que se yuxtaponen desde principios de los años 70 a la actualidad, nace de la soledad del protago- De estos dos pueblos, sólo uno existió: Minas de nista, que ejerce de enterrador en Veredas Blancas, Diógenes, hoy un pueblo abandonado desde 1979, oficio heredado de su tío Bernardino. Y vive junto al cuando se dejó de extraer plomo y sus habitantes se cementerio. [pg-284] marcharon en busca de mejor fortuna. Los espectros, los hechos asombrosos, las aparicio- Fue en este lugar donde Félix vivió una experiencia nes de familiares fallecidos, de personajes admira- que le cambió la vida. Después de presenciar un su- dos, son una constante en la novela. Los vivos hablan ceso, sale corriendo y se precipita a las aguas de un con los muertos en un limbo de extrañeza absoluta. pantano, abriéndose la cabeza contra una roca. A partir de aquí, Félix ya no es el mismo: sufre de de- Pero no sólo Félix presión y confunde la realidad con el sueño. experimenta estas cosas sobrenatu- Es entonces cuando surge la magia. No sabemos si rales, sino prácti- todo es producto de un delirio o si bien lo mágico camente todos los participa en igual medida en todos los personajes. personajes que Dado que la narración es en primera persona, es al- aparecen en la no- go que se nos escapa. vela. Es algo que hay que aceptar En resumidas cuentas, hay que aceptar lo que nos desde el principio, dice Félix sin dudar de nada de lo que nos cuenta, y que nos las esta-
  • Factor Crítico mineral preciado, la esencia de su propia vida, mos viendo con una narración que bien podría el sentido. haber firmado Bécquer o Hoffmann, pero en la época de Internet. Seguramente, todos los que están en esos foros Félix, en un tiempo actual, accede a foros de (algo que plaga de nostalgia Internet) intentan Internet sobre Minas de Diógenes (foros que en lo mismo, volver la vista atrás, porque a cierta realidad existen), y contacta con viejos amigos y edad ya no hay mucho que mirar hacia delante. antiguos amores. Ve fotos (se encuentra en al- guna de ellas) y vídeos colgados en YouTube de Como llevado por un hilo de Ariadna, reconstruye aquel pueblo hoy en ruinas. su vida, aquel suceso en Minas de Diógenes que lo [pg-285] cambió todo, la convivencia junto a su padre y su Lo que hace es desenterrar el pasado, remover- madre (la relación entre ellos), su tío Bernardino y lo y pasarlo por un filtro con el fin de extraer el
  • Factor Crítico sus amigos, las experiencias vividas en aquella casa rar un universo, de dotarlo del alma apropiada (la casa en la que vive en Veredas Blancas) llena de para que cada hecho esté siempre en conso- apariciones y discursos con la muerte, el rencor ha- nancia con el ambiente. cia su propio padre, las secuelas psicológicas que Nos basta echar un vistazo a su biografía pa- arrastra desde el accidente en el pantano, los amo- ra comprobar la importancia del paisanaje y la res perdidos. Y la muerte, siempre la muerte. naturaleza, cómo su narrativa se debe a la tie- rra donde cohabitan sus personajes. Podríamos Los ojos de Natalie Wood se lee con un deje de novela de misterio porque el andamiaje se cons- truye con ese «suceso» acaecido cuando Félix te- [pg-286] nía trece años, nos va llevando, aunque saber exactamente qué pasó no condiciona en absolu- to la lectura. Es una excusa para ir conduciéndo- nos por los laberintos de la memoria, nada más. Incluso si, al final, el autor se hubiera ahorrado explicaciones sobre el «suceso», tampoco hubie- ra afectado al significado de la novela. Los ojos de Natalie Wood es una de esas obras que encajan en los universos cerrados y perso- nales que podemos leer en El bosque animado o en Obabakoak, lugares míticos y de magia en donde todo es posible, en donde, a veces, lo imposible dota de sentido lo absurdo y lo inane. Lopez Andrada; www.lopezandrada.com Como poeta que es, López Andrada sabe de la importancia de la palabra a la hora de configu-
  • Factor Crítico decir que la suya es una literatura telúrica, pla- ruinas sobre las que construimos el presente y, a gada de connotaciones mágicas que infiere la veces, somos tan solo ruinas. perspectiva atávica proyectada por el autor. Busco en Google retazos de Minas de Dióge- nes, documentos, fotos, láminas de libros, titu- Quizás lo dicho arriba pueda parecer confuso lares de prensa relacionados con la minería an- para el lector, y para entenderlo añadiré que lo taño gloriosa al sur de Ciudad Real, intentando que destila Los ojos de Natalie Wood es un re- encontrar algún dato que me ayude a conectar sucitado romanticismo, con todas las implica- con aquel mundo perdido que tanto extraño y ciones literarias que eso conlleva y la ambienta- odio al mismo tiempo. El espacio de Google es ción prototípica de este movimiento tan dado al profundo, denso, elástico, como un campo de [pg-287] misterio, a lo fantasmal y a lo oculto. juncos pegado a un horizonte que se pierde en- tre cerros mordidos por la lluvia y el desangela- La novela de López Andrada seduce y hechiza a do viento de noviembre. partes iguales, y la conclusión a la que uno lle- ga tras su lectura es demoledora: el pasado son Los ojos de Natalie Wood Alejandro López Andrada ISBN 9788492904341 Editorial El Páramo Córdoba, 2012 273 pp
  • Factor Crítico L a lectura de La banda de la tenaza supone una buena cantidad de sorpresas y la La banda de primera es el propio descubri- miento de esta novela. ¿Una la tenaza biblia de la contracultura, del activismo medioambiental y de Edward Abbey de la resistencia pacífica tra- ducida 35 años después y Po r G o i o B o r g e prácticamente desconocida, [pg-288] al menos literariamente, en Europa? Pues sí, eso es lo que tene- mos entre manos. La razón podría ser que Abbey no llevó una vida literaria, pero es cierto que eso se puede de- cir de otros escritores de las corrientes (contra)culturales de los años sesenta y setenta del siglo pasado con los que por temática y estilo tiene conexiones y que nos han llegado con más re- putación. Ambientalista de vocación, fue vagabundo, guarda forestal, sol- dado en la II Guerra Mundial, estu- diante y profesor de filosofía, y un gurú del activismo medioambiental reconocido por sus ensayos y, sobre todo, por La banda de la tenaza.
  • Factor Crítico Cuatro amantes de la naturaleza, el filósofo ci- queña infraestructura y se dedica a la quema de rujano Doc Sarvis, su novia y ayudante Bonnie anuncios en la autopista, el descarrilamiento de Abbzug, el guía mormón Seldom Seen Smith, y trenes de mineral, y la destrucción sistemática el pirado ex boina verde George Washington de cuanta maquinaria pesada se encuentra en Hayduke deciden, tras coincidir en un descenso su camino. por los rápidos del Colorado, unir sus fuerzas para sabotear las grandes obras que el Gobier- La escritura de Abbey es provocadora, literaria y, no y las compañías constructoras y mineras rea- por momentos, lisérgica –y ciertamente es con- lizan en el área de los parques naturales entre temporánea de esto último–. La provocación al- la frontera de Utah y Arizona, simbolizados so- canza la descripción de los personajes y sus rela- [pg-289] bre todo por la presa sobre el Glen Canyon que ciones entre ellos y con su enemigo, no lejos del dio lugar al Lago Powell y el puente sobre el río cartoon a lo Tex Avery, con la naturaleza como Colorado en la misma zona. La banda, usando única fuerza todopoderosa. Logra transmitir una los fondos financieros del doctor, crea una pe- peculiar emoción con la animalización (o mejor, monsterización) de la gran maquinaria, converti- da aquí en un ente, odiado y destructivo, de vida propia donde chasis, chapa, elementos articu- lados, líquidos lubricantes y ruidos son descri- tos como espina dorsal, huesos, extremidades, sangre y gemidos. Literalmente, son asesinadas artesanalmente con tenazas, cizallas, manteca y sirope (que se añade a los depósitos de com- bustible: no es desdeñable, académicamente hablando, la información subversiva del libro). Este elemento recuerda mucho al Quijote, quien en su delirio convertía molinos en gigantes y los combatía. No es además el único detalle qui-
  • Factor Crítico jotesco de un libro donde cuatro idealistas de La experiencia literaria es por momentos sublime improbable futuro desfacen entuertos de pode- en lo artístico, con metáforas logradas para la rosos deambulando por una tierra inhóspita. carne, la tierra, la máquina y el metal, por no Aunque no creo que la comparación vaya más hablar de la visión del mundo, las organizacio- allá, los personajes de la banda no tienen alu- nes y el individuo, integrados en una farsa que cinaciones, como mucho pueden ir algo pues- se olvida del origen de la vida, pero en la que no tos… se subraya innecesariamente el valor de la ac- ción ni se apela a la denuncia bobalicona. Aho- La banda consigue inquietar ligeramente al po- ra bien, ¿cuál es el resultado para el castigado der tecnológico que la combate. Acaba por ver- medio ambiente? Toda acción humana tiene una [pg-290] se obligada a huir de él y puede, como mucho, consecuencia medioambiental y resulta irónico, convertirse a la mítica del territorio del Oeste a visto casi cuatro décadas más tarde, que para la que pertenece tras una persecución agónica. defender el territorio George Hayduke perfore los Abbey mira con lógica ternura a sus cuatro prota- depósitos de aceite de las máquinas saboteadas gonistas (ilustrados además por un excelente Ro- para que la tierra lo engulla, cuando ahora sa- bert Crumb, con sus miradas intensas y cuerpos bemos que lo hará tan bien que no podrá elimi- rotundos en la edición ilustrada que conmemoró narlo en siglos. Algo que en 1975, más centra- el décimo aniversario de la primera edición en los EE.UU. y recogidas en la actual edición de Bereni- ce), pero su lucha aspira como mucho a encarnar el Resistid mucho, obedeced poco de Walt Whit- man citado en la novela. La resistencia activa, pa- cifista y hedonista no parece suficiente enemigo ante la traición del hombre a la tierra, aunque sin duda puede conseguir un necesario aumento de la concienciación individual, que el libro de Abbey logra eficazmente con humor e ironía.
  • Factor Crítico dos en la contaminación del aire, probablemente wrench, que literalmente significa «llave inglesa» no se consideraba tanto dentro de los problemas y que en castellano se traduce como «sabotaje», medioambientales. Sin que esto sea apelar a que denomina ahora el activismo medioambiental estas acciones supongan ecoterrorismo, del que cuyas acciones y eficacia siguen siendo objetos se acusó a los activistas del monkeywrenching, ya políticos de discusión. Un indicio más de lo ex- que el término es engañoso. Abbey, además de tremadamente único de este libro lúcido, diverti- afirmar que nunca propuso acciones terroristas, do y magnífico que es La banda de la tenaza, es ironizó siempre sobre el hecho de que los estados decir, The Monkey Wrench Gang. y corporaciones industriales que actuaban sobre un medio indefenso que se ve obligado a propor- [pg-291] cionar recursos sin descanso no estaban legitima- das para usar alegremente el término terrorismo. ¿¿¿El quéwrenching??? Sí, en efecto, la influen- cia de este libro es tal que el término monkey La banda de la tenaza Edward Abbey Ilustraciones de Robert Crumb ISBN: 978-8415441113 Editorial Berenice 468 páginas
  • Factor Crítico T omar como base de un thri- ller las relaciones familia- res es una redundancia, por Lo que no mucho que eso moleste a los pancartistas de jersey so- está escrito bre los hombros y rosarios al viento. Las familias acaban jodiéndolo todo, es su fun- de Rafael Reig ción, es su esencia, así que por David Urgull hablar de cómo una familia [pg-292] termina destrozando la vida de sus miembros es hablar de algo que ya se sabe, como quien un día del mes de julio con cuarenta y dos grados a la sombra te advierte de que hace calor. Obvio. Usar la natura- leza asilvestrada, ésa que está al lado de las grandes ciudades, ésa que los domingos se llena de psicópatas urba- nitas, como telón de fondo para una acampada que lentamente se transfor- ma en algo terrorífico, está demasiado manido desde The Blair Witch Project. Y contar que los del barrio de la Elipa, allá junto al cementerio de la Almude- na, cuna de los Burning, grandes Bur- ning, son los más malotes de todo Ma- drid es algo que sabe todo el mundo, incluso los que no somos de Madrid.
  • Factor Crítico Hablar de un escritor frustrado que le da al whisky, esta novela (sí, tampoco es novedoso el truco), mucho, demasiado, a lo Malcom Lowry, de una la novela que escribe el escritor frustrado, el del exesposa que se aventura al sexo aséptico con su whisky, el Malcolm Lowry. Se trata de una no- jefe y luego practica el onanismo en la soledad de velita policiaca, de secuestros torpes y matones la noche mientras se pregunta por qué su exmari- descarriados, que el exmarido entrega a la ma- do, el que se parece a Lowry, fue, es y será tan ca- dre de su hijo, así como quien no quiere la cosa, brón. Contar que un niño no entiende a su padre, en plan: mira lo que te cuento. Ahí empieza el ni a su madre, ni se entiende a sí mismo, y que juego psicológico, cuando el lector toma como tiene miedo hasta de su sombra, o una madrastra personal, como una larga dedicatoria lo que un malvada que odia al hijo del marido porque eso escritor dice (o calla) en una novela. Aconsejan, [pg-293] le recuerda que su hombre, sigue siendo el seudo- para superar el miedo escénico, hablar como si Lowry, primero estuvo con ella (y la desvirgó usan- hablaras para una persona en concreto del au- do trucos de poeta), luego se fue con la del sexo ditorio, elige a alguien entre el público y suéltale aséptico y por fin ha vuelto con ella (usando más a él, sólo a él, tu monólogo. ¿Hace lo mismo trucos poéticos, que el verso da para mucho), pero un escritor? ¿Escribe para alguien en particular con un hijo preadolescente en la maleta que siem- cuando escribe? ¿O es el lector el que se atri- pre le recordará aquella traición. Contar todo esto en una novela parece que aporta poco, uno no puede evitar pensar aquello de esto ya me lo han contado antes, entonces: ¿por qué leer una novela llena de tópicos y lugares comunes?, ¿por qué leer Lo que no está escrito? Precisamente por lo que anuncia el propio títu- lo, tan metaliterario, tan implícito. Además de la trama argumental que da consistencia a la no- vela, Rafael Reig, plantea otra novela dentro de
  • Factor Crítico buye ese protagonismo y piensa, oh, Dios mío, rros pintados de carmín intenso sobre su persis- esto me lo está contando a mí? Así, con este tente bigote, sabía que después le dio por inun- juego de novelas cruzadas y lectores cruzados, dar Madrid mientras buscaba a un personaje es como Rafael Reig consigue crear la angustia perdido y más tarde supe que se había rendi- necesaria para mantener en vilo al lector, a los do, sin remedio, al canibalismo. Literatura para lectores cruzados, y todos terminamos pregun- caníbales me convirtió a la antropofagia y Reig tándonos: ¿me está queriendo decir algo más me ganó para siempre, un «siempre» literario, de lo que escribe? entiéndase, que no tiene por qué ser marca de eternidad ni mucho menos de fidelidad, pero La primera vez que vi a Rafael Reig estaba ha- por ahora, hoy por hoy, tras leer Lo que no está [pg-294] blando del Mio Cid, sosteniendo un vaso de escrito, mantengo, incluso renuevo. plástico lleno de whisky entre sus manos mien- tras una cámara de televisión le grababa. Le co- nocía poco, apenas le había leído. Sabía que había andado travestido de Marilyn, con los mo- Lo que no está escrito Rafael Reig Tusquets ISBN: 9788483836392 Barcelona, 2012 296 pp
  • Factor Crítico A unque atente contra ese halo idealizado que ro- dea al creador y su obra,Un rescate necesa- la intervención de edi- tores y agentes literariosrio. Casa de niebla resulta en ocasiones de- cisiva en el devenir de la de María Luisa Bombal carrera de ciertos escrito- res. Encontramos el ejem- por Víctor Sierra Matute plo paradigmático en Ra- [pg-295] ymond Carver, pues sin las correcciones de Gordon Lish —que eliminaba sistemáticamente palabras, diálogos y hasta pasa- jes enteros de los relatos carveria- nos— jamás hubiésemos disfrutado del estilo minimalista y contenido tan característico del gran cuentis- ta norteamericano. Tampoco se ha- bría publicado House of Mist (1946) si María Luisa Bombal no hubiese cedido a las presiones del editor de Farrar, Straus & Giroux cuando éste pidió modificaciones argumentales, mayor longitud y un nuevo final pa- ra la versión en lengua inglesa de La última niebla (1935). María Lui-
  • Factor Crítico sa aceptó y, contando con la ayuda de su ma- El libro se abre con un pequeño prólogo que rido, se puso manos a la obra. El proceso de sitúa la acción a principios del siglo xx y que reescritura dio como resultado Casa de niebla, advierte al lector de que la novela encierra un una novela cinco veces más extensa y con di- curioso misterio: ferencias sustanciales; sin embargo, quizá por Aquí no se encontrará un cadáver ni un detectve; compartir esqueleto con la nouvelle menciona- ni siquiera un juicio de homicidio, por la simple ra- da, no ha sido considerada como texto autóno- zón de que no habrá ningún homicidio. No habrá asesinato ni asesino, pero sí existirá un crimen. mo ni conocido traducción al español hasta el momento. Asimismo, Bombal invita al lector a «entrar en la [pg-296] casa de niebla», convirtiendo lo que podría haber «Expresar muy sencillamente lo que se siente», sido un simple cebo detectivesco en leitmotiv: la como declaró en una de sus últimas entrevistas, neblina omnipresente adquiere simbología múlti- fue la principal aspiración de nuestra autora. El ple a lo largo del libro y crea el ambiente propi- reto del traductor, en un caso tan peculiar como cio para contar una historia ligada al sueño y lo el que nos ocupa, reside en recuperar el estilo de sobrenatural, siempre de forma sensual y suge- Bombal en su lengua nativa. Los fieles de la chi- rente. Como otros relatos de este tipo, Casa de lena podrán comprobar que la versión de Lucía niebla parte la evocación de la infancia, territorio Guerra cumple con creces las expectativas. Ca- donde todo es posible, para iniciar un recorrido sa de niebla conserva ese registro fantástico pro- por la complicada vida de Helga, personaje en pio de sus obras anteriores, que se caracterizan el cual se centra. Bajo apariencia de cuento de por el lenguaje sencillo, y al tiempo sugerente y hadas, a veces maniqueísta, se esconde una au- cargado de lirismo, mediante el cual se nos per- tobiografía rica en matices que sirve como pre- mite explorar espacios vedados al individuo. No texto para abordar temas frecuentes en la autora: en vano, se considera que Bombal es precursora la complejidad de las relaciones humanas —ge- del realismo mágico gracias a su capacidad para neralmente desequilibradas—, los problemas de crear universos imaginarios que trascienden una la mujer con su entorno, el matrimonio, el amor realidad limitada y donde los personajes pueden y, sobre todo, esa urgente necesidad de cambio desarrollar su verdadera integridad humana. que desafía las normas sociales de la época.
  • Factor Crítico Quizá la originalidad de Casa de niebla respec- María Luisa Bombal to a las anteriores novelas de la chilena esté li- gada a la influencia del cine sobre su obra. Los escarceos de la autora con la publicidad y el ce- luloide durante su estancia en EE.UU. —a saber, revisiones de doblaje, varios anuncios y algunos guiones— le permitieron adaptar mecanismos propios del lenguaje cinematográfico. La novela se divide en pequeños cuadros donde prima la oralidad y se alterna entre el diálogo, el narra- [pg-297] dor omnisciente y el monólogo interior. Pero estas escenas no tienen necesariamente un desarrollo cronológico lineal, ya que Bombal recurre al flas- hback y a los saltos en el tiempo para abordar y matizar la narración desde diferentes momentos vitales de la protagonista. Este procedimiento, tan popular en nuestros días, no fue entendido por parte de la crítica: El tiempo, esa vieja hada madrina, aparece completa- mente desordenado en House of Mist. Con cualquier pretexto, los personajes son catapultados a la niñez o, con fiel confianza en el destino, arrojados al futuro. No debe preocuparnos que el consumidor de la época no estuviese acostumbrado a estos innova- dores juegos temporales porque lo que fue defec- to en su momento hoy es una gran virtud. Estos
  • Factor Crítico recursos expresionistas, unidos a una fantasía con función reparadora y a la recreación del mundo interior de Helga dotan al libro de los ingredientes necesarios para encandilar al lector actual. Pero —me pregunto—, ¿por qué habrá permanecido durante tanto tiempo en la bruma? Obviar la no- vela de María Luisa Bombal reviste especial gra- vedad si tenemos en cuenta que la autora, en su afán de perfección, nos ha legado apenas media docena de obras. Además de enmendar esa fal- [pg-298] ta, y aunque llegue con 65 años de retraso, la primera traducción al español de Casa de niebla va a permitirnos disfrutar de uno de los textos más frescos e interesantes de la narradora chilena. Un rescate, por lo tanto, más que necesario. Casa de niebla María Luisa Bombal ISBN: 9789561412484 Ediciones UC Chile, 2012 247 pp
  • Factor Crítico A l buscar documentación sobre Larry McMurtry, la La última película primera sorpresa es que, La última película de Larry McMurtry por Miguel Carreira a día de hoy, el Sr. Mc- Murtry parece ser más de Larry McMurtry popular por la enorme tienda de libros de segun- por Miguel Carreira da mano que posee en su ciudad natal (Archer, Texas) que por su obra li- [pg-299] teraria. En realidad, con esto me refiero a una forma parti- cular de popularidad, la populari- dad dentro de los buscadores o pa- ra los buscadores —si es que no es lo mismo— aunque este tipo de fa- ma tiende a equipararse cada vez más con la vieja fama tradicional e incluso es posible que lo haya he- cho ya y que toda esta aclaración sea innecesaria. Llama la atención esta fama digital de McMurtry, por- que McMurtry es un autor popular —más en EEUU que aquí—, y muy premiado y porque su popularidad ha estado fortalecida a lo largo de los años por su continua y fructífe-
  • Factor Crítico ra relación con el cine. Los tres trabajos más terminar. Una literatura de frontera, en todos los populares de McMurtry seguramente sean tres sentidos. relacionados —en orden cronológico inverso— la adaptación que hizo, en colaboración con El más representativo de estos espacios de Dana Odessa, de un cuento de Annie Proulx: frontera dentro de su obra es Thalia, el pueblo Brokeback Mountain; la adaptación al cine de que aparece en varias de sus novelas —Mc- Terms of Endearment (La fuerza del cariño) y la Murtry le dedicó una trilogía— y el lugar en el novela que nos ocupa, La última película, que que transcurre este La última película. Thalía, Bogdanovich convertiría en 1971 en el traba- por cierto, existe. Existe al menos su nombre jo que haría de él la gran esperanza blanca de —y ya sabemos que todo lo que tiene nom- [pg-300] Hollywood. bre tiene algún tipo de existencia—. La Thalía de McMurtry toma el nombre de un diminuto Sin embargo, ahora que el libro en papel reci- pueblo real, no muy lejos del mencionado Ar- be cada día amenazas de muerte por parte de cher, el pueblo natal del que es el verdadero quienes pronostican que el futuro de la lectura modelo de sus novelas. Entonces ¿Por qué no será digital y sólo digital, no deja de ser cohe- llamarlo Archer? El cambio de nombre es algo rente que McMurtry se mantenga como un ico- más que una anécdota. McMurtry necesitaba no de la resistencia del viejo formato. Al fin y un lugar real, pero no podía darle un nombre al cabo, la suya siempre ha sido una literatura real, precisamente para evitar esa cierta forma de nostalgia y de resistencia, llena de espacios de existencia, precisamente porque Thalia tie- agonizantes y de tiempos que están a punto de ne que ser un pueblo cerrado por completo, cerrado incluso a la realidad, a cualquier rea- lidad. El contacto con una toponimia real es más de lo que Thalía puede soportar, pero no porque Thalia sea un lugar fantástico, sino to- do lo contrario. Thalía es un pueblo sin historia y sin historias. Un lugar en el que sus habitan-
  • Factor Crítico tes sólo pueden aspirar a salir de él, aunque La última película es la historia de Thalía y sus pocos lo harán. Thalía está tan lejos del mundo habitantes. Thalia es un pequeño pueblo de que no puede ser real. Texas, que tiene la particularidad de que está lejos, lejos de todo, lejos en general. Hay un Bienvenidos a Thalia momento en el que dos protagonistas de la no- vela —podríamos decir que los dos personajes La historia de La última película es seguramente principales, aunque en la novela el protagonis- conocida por muchos. La película mantiene una mo está bastante diluido— deciden tener una aceptable cuota de popularidad. Si usted entra aventura salvaje e irse a México. México, en la en IMDB podrá comprobar que la película tie- novela, es el fin del mundo, queda a varios cien- [pg-301] ne una la muy decente calificación de ocho. A tos de Km y es el lugar más cercano aparte del día de hoy, esto quiere decir dos cosas. Prime- desierto, la propia Thalia o pueblos equipara- ro, que cuarenta años después, la película sigue bles con Thalia. Porque Thalia no es solo Thalia. gustando. Segundo, que cualquier Batman de Thalia es Thalia y alrededores. Thalia son tam- menos de diez años gusta más y que cualquier bién los pueblos que lo rodean aunque es ver- Batman de más de diez años gusta menos. ¿Es- dad que, dentro de la monotonía de los alrede- to qué quiere decir? No lo sé. Quizás nada. Es dores, Thalia a conseguido distinguirse por ser sólo un dato. En todo caso es un dato que nos ilustra esa po- pularidad que todavía tiene la película y que ha- rá que, para muchos, sea innecesario un resu- men del contenido. No obstante el resumen es imprescindible para las aspiraciones de este tex- to así que, simplemente, intentaaremos ser bre- ves.
  • Factor Crítico particularmente aburrido, notablemente misera- pectiva de Sonny y Duane sobre la escuela no es ble y por tener una sala de billar un poco más fruto de una visión juvenil. La escuela secundaria decente. Si alguna vez vas a Thalia, más te vale de Thalia es realmente un lugar en el que dormir saber manejarte con un taco de billar. y participar en actividades deportivas. Todo el mundo se conoce en Thalia. Todo el mun- Por ejemplo, el hombre más respetado de la do saben quienes son los demás, lo que hacen y escuela es el entrenador Popper. El entrenador lo que se espera que hagan. Los chicos, por ejem- Popper debe su respetabilidad, fundamental- plo, van a la escuela. Es lo que se supone que mente, a su trabajo como entrenador de fútbol. hacen los muchachos, aunque en muchos casos, Como la temporada de fútbol no dura todo el en los casos de Sonny y Duane, por ejemplo, la año y los entrenamientos de fútbol no justifican [pg-302] escuela es sólo un incómodo requisito legal que la nómina completa del entrenador, éste se de- deben cumplir por imposición legal. Sonny y Dua- dica a entrenar a otros equipos deportivos a la ne van a la escuela, pero los dos tienen trabajos a espera del inicio de la temporada de fútbol y a tiempo completo. La escuela es sólo un lugar en impartir alguna asignatura, que no le merece el que dormir y donde practicar deportes. La pers- la menor atención, de nuevo a la espera de la
  • Factor Crítico temporada de fútbol. Es bastante probable que tumbrismo, con un humor mucho más afilado el entrenador Popper sea homosexual, pero se que la película de Bogdanovich. Desde el lugar ha adaptado tan bién a la forma de vida de al que nos lleva el narrador podemos ver perfec- Thalia que nadie en el pueblo se arriesgaría ja- tamente los dos niveles de existencia de Thalía más a suponer, mucho menos a señalar, que lo y nos resulta sorprendente que ese lugar no sea sea. El fantasma de la delación está tan lejos del un punto más elevado. El narrador raramente es entrenador Popper —y con razón, puesto que él condescendiente y pocas veces la sátira descien- mismo se sorprendería con toda honestidad si de hasta la caricatura. En la mayoría de casos alguna vez alguien le informase de su condición el narrador nos sitúa al nivel de los personajes, sexual— que incluso se permite denunciar co- en la misma barra de la cafetería de la ciudad [pg-303] mo homosexual —con franca indignación— a o desde una esquina de la sala de billar. Inclu- otro profesor, que ha empezado a interesarse en so en ocasiones particularmente sórdidas —por los estudios de su mejor atleta y quizás también ejemplo, la violación de ganado— McMurtry se a empezado a aproximarse a él en un sentido mantiene un delicado sistema de enunciación romántico. capaz de proyectar cierta ternura en sus perso- najes sin abandonar el sentido del humor. Thalia es un lenguaje con dos capas. Cada ac- ción tiene dos niveles de operatividad. Uno el En Thalia, que es un pueblo sin historia colecti- de la vida pública, otro el de la vida privada. va, todo lo que quedan son las historias íntimas Todos en Thalia tienen plena conciencia de ese y las más notables son las historias sexuales. Los doble nivel y nadie lo considera una hipocresía. chicos se pasan cada una de sus muchas ho- Todos en Thalía conocen las relaciones de la ras muertas especulando con sus posibilidades mujer del entrenador con Sonny, pero todos en sexuales, fiscalizando con frenética precisión los Thalia se quedarían absolutamente horripilados más mínimos avances que consiguen con las si dichas relaciones se manifestasen pública- chicas. Entre ellas, destaca Jacy, la chica más mente. McMurtry consigue en La última película rica y más guapa de Thalia que, a falta de tra- mantener el equilibrio entre la sátira y el cos- bajos o actividades deportivas —que son ven-
  • Factor Crítico tajas reservadas al sexo masculino— compensa des donde se incubó el germen de la revolu- su aburrimiento diseñando dramáticas escenas ción que culminaría en la independencia del de amor y sexo con las que pretende forjar su imperio. Aunque las batallas se ganasen o se leyenda. perdiesen en campo abierto. A pesar de que Hay un cierto paralelismo entre la forma de los milicianos iniciaron una forma de acoso al plantear el sexo por parte de Jacy y la forma de ejército rival a lo largo de bosques y campiñas, plantear el deporte por parte de Sonny y Dua- la revolución independentista no habría sido ne. En ambos casos se trata de actividades que posible sin Nueva York, Filadelfia y, sobre to- no parecen resultarles particularmente llamati- do, Boston. vas —durante gran parte de la novela Jacy ni [pg-304] siquiera tiene plena conciencia de qué es eso llamado «sexo»— pero en ambos casos son las actividades que pueden darles un pasaporte a la peculiar y un tanto miserable fama a la que pue- den aspirar en el reino de Thalia. El camino a Thalia EEUU es un país nacido en el proceso de ur- banización más espectacular de la historia de la humanidad. Aunque hay una cierta imagen, muy apreciada por la imaginería americana, que conserva la idea de una norteamérica en- raizada en el entorno rural, lo cierto es que la cultura norteamericana es, desde el punto de vista cuantitativo e histórico, una civilización urbana. Fue en las todavía precarias ciuda-
  • Factor Crítico La población empezó a hacerse urbana desde aspirar a cierto esplendor se convirtieron en muy pronto. En 1870 sólo una cuarta parte de manchas borrosas que se dejaban atrás a to- los americanos vivían en pueblos y ciudades. Pa- da velocidad en carretera. América incluso in- ra 1920 ya era la mitad de la población. El pro- ventó un término para este proceso. Lo llama- ceso se aceleró durante la gran depresión y aún ron «muerte por autopista». más con la solución a la misma. El New Deal incrementó las infraestructuras del país. Muchos Thalía es una representante de esta América, in- americanos se fueron a las ciudades, primero en terior y resecada. Un enorme continente en el busca de comida, luego porque era allí donde corazón de un continente; un lugar perdido en estaba el trabajo y, más tarde, porque las ciuda- el límite de la historia. Forman parte del país [pg-305] des eran los lugares a los que conducían las vías que ha dominado la historia de la segunda mi- y carreteras que ellos mismos habían construido. tad del S XX. Su estado es la policía del mundo, pero ellos mismos pertenecen a comunidades Al terminar la Segunda Guerra mundial, con sin brillo. la construcción de las grandes autopistas in- terestatales, el proceso se acentuó aún más. Todos los libros tratan, en cierta medida, de cri- América se convirtió, durante los cincuenta y sis. No de LA crisis, claro, aunque un repaso sesenta, en un enorme país, jalonado de me- rápido a las librerías pondría en duda la afir- gaciudades cosidas entre sí por una red de in- mación. Pero aquí nos referimos a crisis como fraestructuras que permitían a los estadouni- situaciones por resolver, tensiones que se produ- denses viajar, de unas a otras, en un tiempo cen entre fuerzas que se oponen. La principal, la impensable un par de décadas atrás. Mien- ineludible,es el tiempo y la energía que suscita el tras, los pueblos que habían crecido a lo lar- enfrentamiento con él, la lucha contra el único go del territorio, los pueblos que, en algunos enemigo invencible y el gran territorio inexplora- casos habían conseguido cierta relevancia re- ble. Pero hay otras crisis narrativas. Muchas, en gional, habían empezado a desangrarse. Co- realidad, son disfraces más humildes de la gran munidades que, en otros tiempos, pudieron crisis. Por ejemplo, la adolescencia.
  • Factor Crítico La última película trata sobre la adolescencia desmochada que no resultará muy extraña a pero también sobre el significado de la ado- la España de hoy con su cincuenta-y-no-sé-ni- lescencia como un territorio de posibilida- cuántos por ciento de paro juvenil. des. En la adolescencia todo está por hacer, el hombre está por cumplirse y el pasado no es una carga porque la niñez, en la adoles- cencia, no se arrastra, sino que se repudia. La adolescencia es la última huida, en ade- lante, el pasado, se hereda. Una de las trage- dias que cuenta La última película es la de ser [pg-306] adolescente en Thalia. Es la tragedia de cre- cer mirando al techo. La desesperación de no tener a dónde huir precisamente cuando sien- tes que tus piernas se han hecho para correr a toda velocidad. Es la historia de una juventud La última película Larry McMurtry Traducción de Regina López ISBN: 9788493856946 Barcelona, 2012 328 pp
  • Factor Crítico H ay escritores que escri- ben para contar las his- torias de otros y escri- Barrio Perdido tores que lo hacen para encontrar su historia en de Patrick Modiano lo que escriben. Mo- diano es de los últimos. p o r Pa z O l i v a r e s Esto, que es una virtud para los seguidores ha- bituales del autor fran- [pg-307] cés, es el defecto del que le acusan sus detractores. Di- cen que se repite. Que sus nove- las son siempre la misma novela. Y es cierto. Su obra está impregnada de un halo fantasmagórico, onírico y surrealista que envuelve a sus novelas en una única y pecu- liar atmósfera. Ese tono no creo que sea impostado. Modiano es de esos escritores que ejercen su tarea por necesidad. De los que escriben para conformar su iden- tidad. Por eso, una y otra vez, en cada una de sus historias se en-
  • Factor Crítico cuentra la voz del que aún busca. Del que ha El niño fue testigo de toda la pasión y el gla- buscado desde niño. Del que se ha refugiado mour de las cuevas, del vicio y la podredum- en las palabras. bre, del jazz y las peleas, de lo sórdido y lo su- blime. Vivió el Saint Germain mítico, pero sin Modiano no tuvo una infancia fácil. Su padre, participar de él. Fue espectador de lo ajeno, empresario que cerraba negocios poco claros de lo extraño, del mundo de los adultos: de con gente no muy recomendable, apenas se los trompetistas heroinómanos, de los artistas ocupó de sus hijos. Sus ausencias eran habitua- frustrados, de los filósofos hambrientos, de las les y prolongadas. Su madre, actriz que inter- putas viejas, de las palabras y las imágenes ex- pretaba papeles de segunda frente a un público tranjeras de la infancia. Sus paseos erráticos [pg-308] que no buscaba el arte cuando acudía a verla, fueron una búsqueda. Y lo que encontró fue jamás tuvo como prioridad la crianza de sus hi- estupor y hechizo. jos. Padre y madre huían del hogar familiar, de las responsabilidades, de la realidad. En esa vi- Modiano vuelca su experiencia caótica en la es- da inestable e incierta no había cabida para los critura. Quizá no halle respuestas, pero es el es- niños. Patrick vivió la ausencia de sus progenito- pacio desde donde puede ordenar sus pregun- res bajo la protección de su hermano Rudy, dos tas. Desde donde calmar la angustia existencial. años mayor que él. Pero Rudy murió a los diez Para él la novela es un enigma que el novelista años de edad. A partir de entonces, se sucedie- persigue desvelar. De ahí que todas sus novelas ron los internados y las paredes ajenas que sólo se parezcan. Porque el gran enigma de Modia- acrecentaron el desamparo del niño. Patrick so- no es invariable: la identidad. Un enigma que le lía escaparse de esos lugares para errar perdi- ha acechado desde niño y para el que después do por las calles de París. Vagabundeaba por el de nueve novelas publicadas sigue sin tener res- barrio de Saint-Germain-des-Près, su barrio y el puesta. ¿Alguien la tiene? de Queneau, el de Sartre, el de Picasso, el que retrató Boris Vian en el célebre Manual que pu- Barrio perdido no es una excepción. El prota- blicó recientemente Gallo Nero. gonista es un escritor de novelas policíacas.
  • Factor Crítico Se hace llamar Ambrose Guise aunque su au- Proust. Los documentos de Rocroy son la ex- téntico nombre es Jean Dekker, un nombre (y cusa para iniciar la búsqueda del tiempo per- una identidad) que se quedó en París veinte dido, del pasado olvidado o desahuciado (se- años antes, cuando huyó de la ciudad. Tras gunda acepción del francés perdu). dos décadas de ausencia vuelve a un París, que apenas reconoce, desde el que se pre- El París que rememora Modiano es un París gunta: «¿Habrá alguien que aún recuerde mi agonizante, decadente, vivido por persona- vida anterior, la de ese joven que vagabun- jes maduros, atormentados por la angustia deaba por las calles de París confundiéndose del vacío tras los paraísos perdidos, hastia- con ellas?» Es Modiano el que habla, el que dos de decepciones, pero aún sedientos de [pg-309] se busca en el recuerdo de los otros. Siempre esperanza. El jovencísimo Jean Dekker se- es su voz, su presencia. De hecho, el protagonista, Jean Dekker, nace en el mismo lugar, mes y año que el autor: el 25 de julio de 1945, en Bolougne-Billancourt. Sólo cinco días de diferencia. Dekker/Modiano acudirá al apartamento de Daniel de Rocroy, el abogado que veinte años antes había sido testigo del incidente que motivaría la huida del escritor. Rocroy, antes de morir, deja unos do- cumentos archivados bajo el lema: «Para Jean Dekker, si llega el caso». De la lectura de esos escritos Jean/Patrick recuperará los recuerdos que su memoria se ha empeñado en ocultar. Curiosamente, Rocroy vive en el 45 de la ca- lle Courcelles, en la casa donde vivió Marcel
  • Factor Crítico rá testigo accidental del crepúsculo que en- Blue Velvet resume bien lo que debió de ver el tonces le será ajeno, pero que veinte años Patrick niño de Saint Germain y lo que luego después puede mirar con otros ojos, desde encontramos en los presentes del protagonis- otro tiempo, desde un crepúsculo que ya es ta, Ambrose/Jean/Patrick: los hoteles vacíos y el suyo. extraños de Barrio Perdido, habitados por con- serjes y japoneses como salidos de Twin Peaks. Modiano consigue crear la atmósfera apro- Para los pasados, en cambio, las películas son piada para evocar el recuerdo. Pasado y pre- sente se alternan y confunden como en la vi- gilia y el sueño. El autor utiliza el estilo seco [pg-310] y abrupto y los diálogos intensos característi- cos de la novela negra para introducirnos en la trama intrigante de la búsqueda de un ca- dáver. El cadáver, en este caso, es la juven- tud de Jean Dekker. Este estilo directo, carente de adornos, delimita nítidamente las escenas buscando la similitud con las imágenes oní- ricas. El pasado se muestra como un sueño bien definido, aunque vivido, soñado o leído como si fuera frágil, leve. El recuerdo, como el sueño, siempre está a punto de desvane- cerse. Ya se ha dicho que el estilo de Modiano es a la literatura lo que Magritte a la pintura. Yo añadiría que también es lo que David Lynch al cine. La oreja sobre el césped brillante de
  • Factor Crítico de otro tiempo, en blanco y negro, donde rei- gunos llaman falta de originalidad, imaginación nan las mujeres fatales, sensuales y decadentes o creatividad yo lo llamo coherencia. del cine negro, iluminadas por los fogonazos festivos de los ecos de Fitzgerald y matizadas Sí. La obra de Modiano es una única novela. En por las réplicas violentas de los hombres de Barrio perdido se resume en este párrafo: Dashiell Hammett. «Inmóvil, con los ojos bien abiertos, me voy despo- jando del grueso caparazón de escritor inglés bajo El universo evocado por Modiano es Modiano el que llevo veinte años escondido. No moverse. mismo. No puede ser fragmentado en sus nove- Esperar a que finalice el descenso a través del tiem- po, como quien salta en paracaídas. Tomar tierra en las. Perdería su autenticidad e intención. Hasta el París de antaño. Visitar las ruinas y rebuscar entre [pg-311] los detractores del autor lo saben, (que acusan ellas los vestigios de uno mismo. Intentar responder a Vila-Matas de lo mismo, por cierto). Lo que al- a todas las preguntas que quedaron pendientes.» Todas las preguntas que señalizan la búsqueda que una no se cansa de volver a encontrar. Barrio perdido Patrick Modiano Traducción de Adoración Elvira Rodriguez ISBN: 9788494035302 Cabaret Voltaire Barcelona, 2012 224 pp
  • Factor Crítico H ay novelas que pare- cen haber sido escritas para leerlas en domin- La muerte del go. Más allá de la per- cepción subjetiva que corazón a cada cual le sugiera este día de la semana, de Elizabeth Bowen lo cierto es que las jor- nadas dominicales tie- Po r C a r l o s J a v i e r G o n z á l e z S e r r a n o. nen algo de ocaso y, a [pg-312] la vez, de renacimiento. El final de la semana confluye, en el misterioso paso del tiempo, con la llegada de un nuevo comienzo, de una nueva semana, que se sitúa ante nosotros como un horizonte al que plantar cara. Esta necesidad de transitar conti- nuamente los delicados vericue- tos del destino –que no siempre se pueden anticipar, y acaso alguien dirá que de ello depende lo que de juego tiene la vida–, nos enfrenta no sólo a un contexto social, polí- tico y –en definitiva– humano, sino también a un universo personal del que, más tarde o más temprano,
  • Factor Crítico tenemos que hacernos cargo. Se trata de ese indiscreta, se ha atrevido a leer tan privado «incómodo yo» al que Schopenhauer tantas ve- documento. Aunque uno de los personajes ya ces aludió, y en el que Freud intentó ahondar a nos avisa en los primeros embates: «Nada se través de una ciencia inundada de humanismo plasma en el papel del modo en que ocurrió, –a pesar de que fuera consciente de la peligro- sa inutilidad de tal tarea–. Y es que existen res- quicios del alma, de nuestro espíritu (cualquier denominación resulta pedante, barroca, sobre- cargada), que se resisten a ser inspeccionados al modo en que podemos diseccionar un cuer- [pg-313] po yacente y carente de vida. La docilidad que presenta este último supone una característica inequívoca de lo que precisamente ha dejado de ser, o lo que me parece más importante, de sentir. La historia central de la novela que os presen- tamos, de lectura muy entretenida con frag- mentos de enjundiosa reflexión justamente do- sificados, relata los hechos ocurridos durante una de las etapas medianeras de la adoles- cencia de la joven Portia Quayne. Pero lo in- teresante, al hilo de lo escrito hasta ahora, es que el periplo nuclear de la narración se for- ja alrededor de otra construcción literaria. Se trata del diario de la propia Portia, cuyo con- tenido causará estragos en quien, con actitud
  • Factor Crítico y hay mucho que se plasma sin haber ocurri- –de la mano de su inseparable diario– algunas do nunca. Escribir es siempre divagar un po- cuestiones fundamentales sobre las personas co…». que la rodean y los sentimientos que estas le ins- Portia, huérfana de padre y madre, se ve en- piran, sobre todo sobre su hermano Thomas, su vuelta desde muy pronto en una atmósfera que cuñada Anna y el inclasificable Eddie. En la se- le brindará una libertad tan sólo ficticia. El en- gunda, donde se narran sus días de vacaciones torno en el que vive, a excepción de su amiga en un pueblo costero de Inglaterra, Portia des- Lilian, se halla repleto de adultos que parecen cubrirá las poderosas garras de los celos y sen- no atender a sus deseos más que como una po- tirá las primeras llamadas intensas del deseo. se pragmática, casi mecánica, que de ningún Por último, en la tercera parte, bajo la elocuente [pg-314] modo brinda a la adolescente la posibilidad de rúbrica de «El diablo», la adolescente asistirá – mostrar sus auténticas intenciones. El diario que como espectadora privilegiada de sus propias la joven escribe se convierte, así, en una vía de cuitas– a un paulatino desengaño que finalmen- escape que permite poner en equilibrio las fuer- te le conducirá a una posible rebeldía frente a zas externas y los movimientos más íntimos de su angustioso entorno, repleto de convenciona- su espíritu. Hasta tal punto llega la necesidad de lismos sociales que esconden más de una des- Portia, que confiesa al disipado Eddie (de quien avenencia personal. Y es que «nuestras lealtades caerá fatalmente enamorada): «Siento deseos y nuestros sentimientos –por llamarlos de algún de matar a la gente cuando imagino lo que son modo– son tan instintivos que uno apenas sabe capaces de pensar». que existen: sólo cuando los traicionamos com- prendemos su importancia», reza un fragmento La muerte del corazón (escrita en 1938) se es- de la novela ya cerca de su final. tructura en tres partes (a su vez divididas en ca- Si bien se ha comparado a la autora de La muer- pítulos), cuyos títulos son ya característicos y casi te del corazón, Elizabeth Bowen, con el estilo in- presagian el desarrollo experiencial de Portia: trospectivo de Virginia Woolf, he de decir que, «El mundo», «La carne» y «El diablo». En la pri- si bien encontramos una sobresaliente calidad mera de ellas, la joven comienza a plantearse en lo que se refiere a la gestión de los tiempos
  • Factor Crítico narrativos que encauzan los acontecimientos de «Nuestra naturaleza es olvidar, y uno debe cumplirla. La me- la novela, así como en los densos y bien formu- moria es bastante insoportable, pero, así y todo, desecha bas- tantes cosas. Nos defraudaría si no fuera, en cierta medida, lados diálogos que estructuran el relato central, una farsa: recordamos para hacer con ello lo que queremos. no sucede lo mismo con los pensamientos que En serio, Portia, debes creerme: si no nos permitiéramos unas Portia deja escritos en su diario, en los que qui- pocas mentiras, no sé cómo soportaríamos el pasado. Gracias a zás echo en falta un mayor desarrollo. Aunque, Dios, salvo en el instante exacto en el que sucede, no existe eso que se llama un hecho puro, desnudo. Diez minutos más tarde, por otro lado, damos con una hondura en algu- media hora más tarde, empezamos a reescribir lo sucedido». nas reflexiones de los distintos personajes dignas de un literato de primera línea. En cualquier caso, La muerte del corazón resul- [pg-315] «El dolor, indudablemente, rebaja nuestra posición en el ta una lectura imprescindible para comprender mundo. El privilegio aristocrático del silencio, como muy el devenir de la literatura inglesa del primer ter- pronto descubrimos, se corresponde tan sólo con el es- tado de felicidad o, al menos, con cierto estado en que cio del siglo XX, y para conocer, desde luego, a el dolor se mantiene dentro de límites razonables». una voz femenina aún no demasiado escuchada en el panorama cultural español. La revista Time consideró esta novela, obra maestra de Eliza- beth Bowen, una las cien mejores del siglo XX. La muerte del corazón. Elizabeth Bowen. Traducción: ISBN: Impedimenta Madrid, 2012 406 pp.
  • Factor Crítico J ames Joyce no es tanto un autor cuanto una categoría inevitable para todo aquel que se dedi- El colapso de la lite- que a la literatura. Está a pun- to de formar parte, si es que noratura: Retrato de un lo ha hecho ya, de ese selecto número de personalidades que artista adolescente han dado lugar a un adjetivo: kafkiano, dickensiano, quijo- de James Joyce tesco… (Umbral a menudo ha- [pg-316] blaba del desaparecido Madrid por David Sánchez Usanos de las tiendas galdosianas). Según es- to, «joyceano» querría decir algo, su- pongo, relacionado con la corriente de conciencia, con una forma de na- rrar que alterna sin miramientos dis- tintos puntos de vista y que, en lugar de coordinar, yuxtapone. Una estrate- gia que, a comienzos del siglo XX, pa- recía la más adecuada para describir un mundo que estaba experimentan- do una convulsión de la que quizá no nos hayamos recuperado. Este irlandés exiliado —otro más— debe su fama a dos novelas: Ulysses (1922) y Finnegans Wake (1939) en
  • Factor Crítico las que lleva su experimentación al límite. Erudi- Afortunadamente para todo aquel que entien- ción, autoconciencia e ironía fueron algunos de da que la lectura tiene algo que ver con el pla- los ingredientes de aquel cóctel que sedujo a la cer —o, al menos, con placeres menos retorci- mayoría de sus contemporáneos (Virginia Woolf dos que el que puede proporcionar Finnegans fue una de las gloriosas excepciones). No sé si Wake— Joyce escribió otras obras (algo más se debe a su fuerte adhesión a su momento his- breves, además): la colección de relatos Dubli- neses (1914) es una (ahora mismo me parece tórico o a al férreo vínculo entre su mirada y el su mayor logro), Retrato del artista adolescente idioma inglés, pero creo que, hoy en día, ambas (1916) es otra. obras se sitúan en el límite de la legibilidad. [pg-317] A pesar de que en ciertos pasajes de este Retrato se intuyen algunas de las tácticas que Joyce ex- plotaría con posterioridad, el libro, en conjunto, es bastante coherente y no desafía en exceso la inteligibilidad. De hecho, resulta bastante con- vencional —atención, puede que esto se deba a que nuestro mundo ha evolucionado en la línea que vislumbró Joyce, o sea, que quizá tengamos que contarlo entre sus méritos—. Lo cierto es que podemos insertar Retrato del artista adoles- cente en ese interesante género de la Bildungs- roman (novela de formación) junto a otras obras que nos narran la evolución vital y, sobre todo, psicológica de su protagonista. De entre los títu- los un poco de manual que se suelen mencionar a propósito de esta categoría el que me surge de un modo más sincero, piensen lo que quie- ran, es El guardián entre el centeno (1951), de J. D. Salinger.
  • Factor Crítico Retrato de un artista adolescente es una buena for- relacionadas con la gestión del conflicto, con la ma de acercarse a la biografía del mismo Joyce y, amistad, con el éxito y con el fracaso (aplíque- sobre todo, a algunos aspectos de la teoría estéti- se todo esto, de nuevo, al asunto del sexo). En ca que tenía en la cabeza en aquellos años. La vi- esta novela de Joyce todo ello aparece en un da de Stephan Dedalus se parece a la de Joyce y, decorado formado por bibliotecas, sacerdotes, a ratos, funciona como condensación de la propia partidos de hurling y residencias de estudiantes. historia de Irlanda: una infancia llena de frío, severi- El amor en sus diversas formas y, sin duda, la dad y catolicismo. El asunto de la religión es crucial noción de pecado resultan cruciales para aden- para entender la literatura, pero más aún la obra trarse en este libro plagado de referencias reli- de un irlandés escrita el año en que se produjo el giosas y filosóficas. [pg-318] «Alzamiento de Pascua» (Easter Rising). En este libro asistimos a cómo parte de esa educación, de ese Si antes apuntábamos que Retrato de un artista adoctrinamiento, regurgita en la conciencia de pro- adolescente funciona como semblanza apócrifa tagonista adoptando diversas formas (perspectivas del propio Joyce (es decir, como complemento y anhelos pero también obsesiones, fantasmas y ta- a la monumental biografía de Richard Ellmann), búes). Algo parecido a lo que hemos dicho de la re- también hemos de decir que quizá un conoci- ligión lo podemos decir del amor y, sobre todo, del miento más exhaustivo de la historia y la cultu- sexo: resulta un elemento indispensable para tratar ra de Irlanda contribuyan a realizar una lectura de entender algo de todo este asunto (en cuanto a más provechosa. No sé si será debido a mis li- lo carnal, pesar de lo retorcido de Joyce, hay que mitaciones en ese campo o a la distancia que decir que no llega a los extremos de otro contempo- me produce el lenguaje que emplea, pero en ráneo suyo de la isla vecina: D. H. Lawrence). esta relectura no he terminado de conectar con el protagonista, ni con lo que le pasa ni con có- La adolescencia, el instituto, es el momento cru- mo me lo cuenta. A este libro le falta algo de cial en el que todos nos medimos con el mundo, tensión, algo de velocidad, algo de violencia. con la época que nos ha tocado vivir, donde en- Bueno, a lo mejor estas cosas me faltan a mí, tramos en contacto con las experiencias intensas pero lo cierto es que me he aburrido un poco le-
  • Factor Crítico yendo de nuevo Retrato de un artista adolescen- La historia del Retrato del artista adolescente es una te y, quizá por ello, he vuelto a encontrar que lo historia de maduración; o sea de desengaño, luci- más interesante está en las reflexiones sobre la dez y liberación. James Joyce decidió que Irlanda naturaleza y función del arte que aparecen aquí era demasiado pequeña para él y recorrió Euro- y allá. Así, en una de esas conversaciones ado- pa buscando experiencia —que es una forma de buscar libertad—. Eso le llevó a París, claro. Pero lescentes —que, en no pocas ocasiones, suelen conforme ganaba esa ansiada experiencia perdía versar sobre lo verdaderamente importante— vista y salud. A su agitada vida espiritual no pare- Stephen le dice a Lynch, con gesto confidente: cía bastarle la escritura y probó apaciguarla con el alcohol. La tristeza y la locura le fueron tendien- «—Nosotros estamos en lo cierto, los otros no —dijo—. [pg-319] do un cerco cada vez más estrecho, y finalmenteEl hablar de estas cosas y el tratar de comprender su na- turaleza y, una vez comprendida, el tratar lentamente, murió en Zurich cuando la II Guerra Mundial ya humildemente, constantemente de expresar, de exprimir se había apoderado de Europa. La historia de Ste- de nuevo, de la tierra grosera o de lo que la tierra pro- phen se detiene mucho antes, con las ilusiones del duce, de la forma, del sonido y del color (que son las que cree que ahí fuera están las respuestas, con la puertas de la cárcel del alma) una imagen de la belle- esperanza de encontrar un objeto, una vida, que za que hemos llegado a comprender: eso es el arte» esté a la altura de sus anhelos, con la hostilidad que todo adolescente mues- tra ante la convención y la hi- pocresía: «—Mira, Cranly —dijo— Me has preguntado qué es lo que haría y qué es lo que no haría. Te voy a decir lo que haré y lo que no haré. No serviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese mi hogar, mi patria o mi religión. Y trataré de expre- sarme de algún modo en vida y arte, tan libremente como me sea posible, tan plenamente como me sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito usar: silencio, destierro y astucia»
  • Factor Crítico Hablando de adolescencia y de libros, no sé (posiblemente una de las mentes más lúcidas qué hubiera sido de la mía sin Alianza editorial, de su tiempo). No será la última vez que hable- sin ese fondo sobre el que por momentos creo mos de ellos. que se asienta la mejor educación sentimental de este país (allá donde se encuentre). De un tiempo a esta parte están reeditando sus títulos de bolsillo con un nuevo y agradecido formato que vuelve a poner de actualidad clásicos in- mortales. Además de agradecer esta labor de alfabetización —iba a escribir «Ilustración», pe- [pg-320] ro tampoco conviene exagerar—, a esta edito- rial hay que reconocerle cierta audacia, pues, además de Joyce, no dudan en poner en cir- culación otros autores igualmente difíciles co- mo es el caso de la mencionada Virginia Woolf Retrato del artista adolescente James Joyce Dámaso Alonso 351 páginas Alianza editorial 2012
  • Factor Crítico E n Trago amargo Hag- henbeck entreveraba la coctelería con la novela La alquimia como negra. La pasión por la mezcla es una constante relato; El dia- en el trabajo del mexica- no. Aquella Trago amar- blo me obligó go, sin ir más lejos, lle- vaba la acción al rodaje de F. G. Haghenbeck de La noche de la iguana, [pg-321] con lo que ya teníamos por Miguel Carreira el tercer ingrediente de la mezcla: cine, cóctel y literatura. Para Hag- henbeck la mezcla de géneros y de elementos no es sólo una barrera que saltar. No es sólo que consi- dere que las limitaciones genéricas son una cortapisa que se debe ig- norar. Hay, o parece haber, un es- fuerzo consciente por la atracción de distintos materiales, como un químico que se afanase en mezclar el mayor número de elementos po- sibles en su probeta. Antes de esta El diablo me obligó existía algo llamado Operación Bo-
  • Factor Crítico lívar. Operación Bolívar es un cómic del mexica- Haghenbeck recoge de forma más o menos ex- no Edgar Clemént en el que se retrata un mundo presa el universo de Operación Bolívar. Uno de en el que los ángeles se pasean por la Tierra, con los personajes se apellida Clemént, una coinci- no demasiada discreción. Ante esto los humanos dencia que difícilmente puede considerarse si- reaccionan como ha reaccionado ancestralmen- no un reconocimiento de su predecesora. Pe- te nuestra especie. Empiezan a cazar ángeles y ro El diablo me obligó no es una precuela ni montan un mercado derivado de dicha actividad. una secuela. Sin que el que suscribe haya leído Cada especie con su tema, parece decirnos Cle- una opinión expresa de Haghenbeck sobre el mént: los pájaros cantan, los ángeles vuelan, las tema, opina que para el escritor mexicano las nubes se levantan y nosotros a lo nuestro: con- precuelas y las secuelas son una forma un tan- [pg-322] vertir el valor en to burda de reutilización literaria. Hagenbeck mercancía para recoge el ambiente y, en cierto sentido, la di- montar una indus- námica de la idea. Hace guiños a su historia tra que, da igual a gemela, pero son entidades distintas. Los uni- lo que se dediquen versos coexisten, pero las historias se separan. originariamente, Aquí, son los demonios los que se pasean por acabarán por te- la Tierra. Cambia, el objeto directo de la his- ner un lado oscuro toria —objeto directo en sentido estrictamen- y muy inquietante. te sintáctico, aquello de quien recibe la acción Si la industria con- del verbo, como nos contaron de niños— pe- siste en cazar án- ro el sujeto es el mismo y actúa de la misma geles como trofeos manera. El sujeto son los seres humanos, que y para elaborar se dedican a lo que se dedican, así que, si lo drogas, pues ese que hay en la Tierra pululando son demonios, proceso es mucho pues entonces es con demonios que se orga- más rápido, claro. niza una industria, no más tétrica que la que aparecía en Operación Bolivar pero sí un pun-
  • Factor Crítico to más grotesca. Los beneficios aquí pasan por organizar peleas de demonios, que son algo no muy distinto de las peleas de gallos. Un poco más brutales, sí, pero eso se debe sobre todo a la capacidad de los contendientes. Lo más parecido a un protagonista que tenemos en El diablo me obligó es Elvis Infante. En reali- dad la novela es más bien coral y, si buscamos un protagonista —o lo más parecido a un pro- [pg-323] tagonista—, no es para intentar destilar una es- tructura más ortodoxa en la novela, sino para escoger el paradigma más representativo entre Operación Bolivar;Edgar Clement; Edi- los personajes que la pueblan. Elvis Infante es un ciones del perro,1999 individuo casi tan pintoresco como su nombre indica pero, en contraste con la gente que le ro- ejército llamado Potocky. Cada uno de ellos car- dea, con su profesión y con su entorno profesio- ga su propia cruz, aunque el padre Benjamin nal, resulta ser un tipo casi discreto. Elvis Infante lo hace con mucho más esfuerzo, al menos en es diablero, es decir, se dedica a cazar diablos. apariencia. El padre Benjamin es arrebatadora- Como la caza de diablos es una actividad clan- mente guapo. Tiene como condena un trasero destina, la profesión oficial de Infante es santero, terso y turgente que atrae poderosamente a las aunque buena parte de la novela transcurre en mujeres, por lo que el pobre Benjamin mantiene un momento anterior, en el que Infante está en- una relación complicada con el voto de casti- rolado como Marine en el ejército de los EEUU. dad. El capitán Potocky (sic), por su parte, pare- ce inspirado en el coronel Kilgore, de Apocalip- Elvis Infante comparte aventuras con un cura ca- sis Now. En cada una de sus intervenciones uno tólico llamado Benjamin y con un capitán del está esperando que se decida a pedir a gritos
  • Factor Crítico una tabla de surf, cosa que, por suerte, no llega te malo y Elvis Infante no es de esos tipos que a hacer. Es un tipo tan habituado a vivir en el in- se andan por las ramas de la moral. Si Elvis In- fierno —y que se encuentra tan cómodo en él— fante dice que algo es malo es porque algo te que la caza de demonios parece una actividad puede matar, o dejarte calvo o impotente. La incluso adecuada. tesis de Infante es que, si tomas drogas, lo más probable es que acabes mal, pero no tanto por Si quisiésemos dar la impresión de que El dia- las drogas que consumas, sino porque acaba- blo me obligó es una novela más tradicional, rás cabreando a alguien o cabreándote con al- con unos protagonistas definidos y una trama de guien y, en cualquier de los dos casos, todo ter- progresión clásica, ya habríamos hecho un buen minará con una pistola en la boca de uno de [pg-324] avance. Ya hemos localizado protagonistas, am- los dos o con un golpe de cañería detrás de la biente y los grandes rasgos de la trama. Nos fal- cabeza. taría la tesis. No la hay, pero tampoco se pue- den decir que lo anterior exista y eso no nos ha El diablo me obligó es más un cuadro que impedido avanzar. Hay un momento en el que una novela. Más que la trama o los perso- Elvis Infante le arrebata un bote de Demerol a su najes importa el acompañante, el padre Benjamin. El sacerdote ambiente, la mez- recurre a las drogas para sobrellevar sus dudas cla de elemen- de fe y las pruebas que Dios le impone constan- tos o el humor. temente a través de sus muy atractivas posade- Como casi siem- ras. Infante le arrebata el Demerol a Benjamin pre, lo mejor es porque —según le explica— no quiere que su lo peor y vicever- compañero esté bajo sus efectos mientras traba- sa. Haghenbeck jan. Infante, explica, no tiene nada en particular recuerda un po- contra la droga. Infante cree que la droga no co a Tarantino en es mala —o no muy mala—. Cree que lo que ese impulso por hay alrededor de ella lo que es verdaderamen- hacer aparecer y
  • Factor Crítico desaparecer personajes y referencias a toda dense ha dicho en muchas ocasiones que le velocidad, muchas veces por el puro placer de gusta pensar en sus películas como un disco hacer aparecer personajes y referencias. Hag- y que le gusta imaginar que los espectadores henbeck ha guionizado cómics y, a veces, da pasan por las escenas igual que quien escucha la impresión de que leemos más un cómic que un disco se pasean por las pistas de un LP —u una novela. En ocasiones la novela se detiene, homónimo autorizado—, saltando de una es- para describirnos, por ejemplo, las aberracio- cena a otra, viendo una y otra vez un momento nes que forman el cuerpo del monstruo. Uno en particular igual que quien repasa una y otra puede estar tentado a pensar que ciertas pá- vez un riff. ginas en las que el narrador se deleita en las [pg-325] descripciones tienen su raíz en la parsimonia Hay algo de esto en El diablo me obligó, pero tradición descriptiva de la novela del XIX. Pero los recursos del cine son distintos a los de una no van por ahí los tiros. Hagenbeck se detiene novela. La novela tiene un pulso más lento y la a describir el cuerpo del monstruo con la mis- ma intención que en los cómics de superhé- roes se añade de tanto en cuando una viñeta de tamaño especial con el héroe o el villano dibujado con todo detalle. La función es lo es- pectacular y el sentido también lo es. Entre referencias, alusiones y gestos tomados de distintos medios —la música, el cómic, el ci- ne...— la historia se adelgaza, presionada por los distintos elementos que comparecen. Pero, a diferencia de Tarantino, Haghenbeck no tie- ne la obsesión por hacer de cada escena un momento memorable. El director estadouni-
  • Factor Crítico pirotecnia resulta menos vistosa. Se conserva, eso sí, el impulso por narrar a puñetazos. Como la medida cinematográfica de la secuencia es menos efectiva, Haghenbeck refuerza una uni- dad menor. Más de la mitad de los párrafos ter- minan en una punta afilada, en una frase con- tundente que apunta a la memoria. Hagenbeck señalaba en una entrevista que Tra- go amargo es un libro que pensó para ser leído, [pg-326] paladeado y escuchado. La idea se mantiene, aunque el paladar ha perdido protagonismo a favor de la vista. Esta es una novela poderosa- mente visual. La historia se disuelve entre tonos oscuros. El diablo me obligó Páginas de Espuma F. G. Haghenbeck ISBN: 9788415065395 Madrid, 2012 206 pp
  • Factor Crítico La fantasía sin previo aviso era su especialidad. Saki 22/11/63, o los S tephen King forma par- te ya de nuestro acervo multiversos cultural contemporáneo. Desde que en los años se- tenta revolucionara el es- de Stephen King cenario del terror literario por Jorge de Barnola con Carrie, El misterio de [pg-327] Salem’s Lot y El resplan- dor, el autor de Maine ha permanecido inalterable en una línea in crescendo, a caballo del cine (prácticamente toda su producción se ha pasado al celuloide), la novela popular y la investigación de nuestros miedos más profundos. Siempre se ha dicho que las novelas que le encumbraron (aquellas que le etiquetaron como un escritor de gé- nero) fueron también las que le en- casillaron. Y es posible que King, de no haber sido por esos primeros títu- los, se hubiera convertido en un es-
  • Factor Crítico critor costumbrista, social y realista. Lo interesante son siempre candidatos al galardón por antono- es ver cómo en cada una de sus novelas de «gé- masia, pero, como diría King, la opinión es co- nero» King ha aprovechado para destilar ese mi- mo el culo, todo el mundo tiene uno (frase que crouniverso (el de la geografía de Maine elevado también se le viene atribuyendo a Coppola y a a lo ficcional) para ir introduciendo sus inquietudes Eastwood). y sus obsesiones. Y cuando ha tenido ocasión de desviarse de lo que se esperaba de él (la nueva El problema de King es que gusta, y mucho, y novela de «género» de King que nos aguardaba cuando vemos sus libros en manos de todo el todos los años en las estanterías de los bestsellers mundo, el intelectual reconcentrado y el intelec- de las librerías) lo ha hecho de una forma natu- tual de postín tiende a despreciarlo porque desde [pg-328] ral, ampliando esas vetas sociales que se entre- su punto de vista la buena literatura es sólo un veían en sus novelas fantásticas. Es el ejemplo de placer para delicatessen, para los grandes gour- sus nouvelles Cuenta conmigo, Rita Hayworth y la mets que entienden redención de Shawshank o Cadena perpetua (son de literatura (o creen verdaderos clásicos que se incluyen en Las cuatro entender), los inicia- estaciones y Las cuatro después de la medianoche). dos por el sufrimien- to de los grandes Si hubiera que situar a King en un mapa con- petardos universa- ceptual de la literatura, habría que colocarle jun- les (hay que decirlo: to a los grandes escritores del siglo XX (entre sus muchos de los gran- coetáneos no tiene que agachar la cabeza ni ante des autores univer- Roth, ni DeLillo, ni Pynchon ni McCarthy… poned sales son unos au- el nombre que queráis) y seguramente el gran es- ténticos petardos). critor de género de terror junto a Poe y Lovecraff. Sí, es cierto, a King Habrá alguno (o cientos) que se escandalizará se le lee mucho, ante la propuesta de ponerle entre aquellos que muchísimo, pero
  • Factor Crítico hay que leerle más. Hay que aprender de él, así etiquetas son para los modistos y los traficantes de simple. de la moda). Decíamos que King era uno de los maestros del El género es algo que encasilla, que cercena la género de terror, pero este asunto es algo que posibilidad de otros géneros, como un burka podría molestar, y con razón, al mismísimo King de la literatura que se ve desde lejos y se mira (aunque también él ha fomentado esa imagen de refilón cuando se pasa junto a él, a no ser porque encontró en dicho género la forma de que uno profese admiración por dicho género perpetuarse como uno de los grandes). Y, sin y aproveche la proximidad para guiñar el ojo embargo, muchas veces nuestro escritor de Mai- al encorsetado autor: «Así me gusta, que vayas ne ha intentado despojarse de esta etiqueta (las con género». Y sí, hay quien se siente bien yen- [pg-329] do con el género puesto por la vi- da, reivindicando su fe de alguna forma, sus creencias y credencia- les, pero otros sienten cómo dicho género se le ha impuesto (como los burkas y los pañuelos menos meta- fóricos de ciertas sociedades), y es difícil (e incluso imposible) salir sin los atavíos correspondientes por- que al autor de marras se le con- siderará un provocador o cualquier cosa peor. Por asuntos más triviales se han lapidado a personas. Esta explicación viene porque 22/11/63 no es una novela de te- King en su casa de Bangor, Maine, en 1982 rror, sino que coquetea mucho más
  • Factor Crítico con la novela social, realista o incluso con la bilidades de la misma teoría para variar las tramas novela de amor. Cierto que se sirve de un ele- de sus historias (llámese «el multiverso de King»). mento fantástico para ejecutarla, pero ese es só- Quizás la que más se acercaría a 22/11/63 se- lo la puerta que nos permite acceder al universo ría Langoliers, con la excepción de que en esta creado por King. nouvelle el pasado no permanece, sino que se desintegra al cabo de unas horas. En 22/11/63 No creo que 22/11/63 se pueda considerar el pasado siempre está ahí (no se habla nunca ciencia-ficción (sí lo sería el tramo final de la del futuro), y cuando uno atraviesa la puerta pa- novela, en donde se adentra en la ucronía). El ra viajar al pasado (es algo así como el hueco hecho de que exista esa puerta que conduce al por el que cae Alicia en su mundo soñado) y [pg-330] pasado no es síntoma de la existencia de un gé- después lo hace por su lado contrario para vol- nero (el hecho de la existencia de un giro en los ver al presente, la posibilidad de reiniciar el con- acontecimientos que deriva en la novela ucróni- tador, los acontecimientos, depende tan sólo de ca, tampoco). franquear nuevamente la puerta para regresar a la misma hora, del mismo día, del mismo mes El autor de Maine ya había experimentado en de 1958: «Y cuando bajas los escalones, siem- otras ocasiones con los viajes en el tiempo para pre son las 11:58 de la mañana del 9 de sep- pergeñar sus historias, como vemos en La nie- tiembre de 1958». bla, en donde una puerta creada por el hombre traía a todas las criaturas temibles del universo a Sí, «cuando bajas los escalones» el protagonista la Tierra, o en La expedición, en la que explora- (y con él el lector) viaja al pasado. Es así de sen- ba las inconveniencias de la teletransportación, cillo, y no se necesitan más explicaciones. o también en Langoliers, en donde otra puerta abierta del espacio-tiempo llevaba a los prota- Mientras que en otras ocasiones King se había gonistas una hora al pasado. devanado los sesos intentando hacernos com- prender los viajes en el tiempo, intentando jus- Esto es interesante porque King ficciona con posi- tificar y explicar lo que hace siempre la ciencia,
  • Factor Crítico en 22/11/63 no hace nada de eso. Y ese salto lo regenta Al Templeton, un hombre que confia- injustificado hace a la novela muy verosímil. Só- rá en su cliente más asiduo para desvelarle un lo hay que aceptarlo, como haría cualquier niño secreto. Y ese secreto es el agujero de gusano. adentrándose en un libro de fantasía. Pero es un agujero de gusano muy limitado: só- lo viaja a una fecha. ¿Y qué se puede hacer en King juega bien las bazas de las que dispone esa época? No gran cosa. O muchas cosas pe- para componer una novela creíble y a la vez in- ro como se vivía entonces. ¿Qué utilidad pue- creíble por su sencillez. Se sirve del principio de de tener entonces? Quizás para alterar aconte- la Navaja de Ockham para explicar el salto tem- cimientos, para cambiar situaciones injustas del poral («En igualdad de condiciones, la explica- [pg-331] ción más sencilla suele ser la correcta»), para llevarnos de la mano a ese espacio-tiempo en donde todo es posible, y al mismo tiempo es fiel a la teoría que contradice la máxima, la antiteo- ría o la llamada Antinavaja de Ockham, lo que da lugar a la creación del Multiverso y la moder- na Teoría de Cuerdas. presente. Pequeños cambios que afecten a indi- viduos concretos, que mejoren la calidad de vi- Sobre el modus operandi no habría que añadir da de algunos habitantes de la localidad. más. Lo que sigue a continuación es una novela ¿Algo más? Sí, pero habría que esperar unos que transcurre desde 1958 a 1963. años en ese tiempo (dejar que allí pase el tiempo) y no volver a cruzar la brecha temporal porque el Jake Epping es un profesor de inglés que acu- reloj se reiniciaría: «Y cuando bajas los escalones, de a almorzar con frecuencia a Al´s Diner, una siempre son las 11:58 de la mañana del 9 de hamburguesería que ofrece una carne de prime- septiembre de 1958». Y, sin embargo, el tiempo rísima calidad, algo que hace desconfiar a los sí pasa para el «viajero del tiempo» (como en el lugareños porque el precio es irrisorio. El local relato de La expedición, aunque aquí el paso del
  • Factor Crítico tiempo afecte más a la conciencia que al cuer- El pensamiento que nos vendrá a la cabeza será que po). Por el contrario, siempre, siempre han pasa- bastaría con hacer desaparecer del mapa a Lee Har- do sólo dos minutos en el presente. vey Oswald, pero eso tendría sentido si se aceptara la versión oficial de los hechos y no diéramos credi- Al Templeton tiene un plan, pero él no puede ejecu- bilidad a la Teoría de la Conspiración. Considerando tarlo. Ha envejecido prematuramente en el presente que Oswald era un pésimo tirador según recordaban (el tiempo para él sí ha transcurrido en sus numero- sus excompañeros marines, la participación de este sos viajes) y está enfermo. Por eso le confía su plan en el asesinato de Kennedy queda en entredicho. a Jake Epping: hay que evitar el asesinato de John F. Kennedy. A nivel internacional, la posibilidad de que El viaje es inevitable (el viaje del paso del tiem- [pg-332] siguiera viviendo y fuera reelegido como presidente po desde 1958 a 1963), y Jake Epping, ahora de los EEUU, tendría importantes repercusiones. Para reconvertido en George Amberson en la nueva empezar, en el creciente conflicto bélico en Vietnam. existencia que le toca vivir, se transformará en un Y para eso nos basta con recordar lo que había di- hombre más de esos años en los que empieza a cho el secretario de defensa Robert McNamara, que sentirse más vivo que nunca. Kennedy tenía pensado retirar las tropas es- tadounidenses de Vietnam tras su probable reelección en 1964. De ese modo, se ha- brían salvado miles de vidas estadouniden- ses y un par de millones de almas vietna- Lee Harvey Oswald tras su detención mitas. E incluso se podría salvar la vida de Martin Luther King al producirse una altera- ción en los acontecimientos. Puede resultar un planteamiento infan- til, pero el asunto Kennedy no es baladí en EEUU.
  • Factor Crítico Hay algo que no se le escapará al lector des- autobuses llenos de humo de tabaco, de las rela- de las primeras páginas de 22/11/63, y es el ciones maritales, de la educación… Nos lleva a cariño con el que Stephen King ha reconstruido esa época y nos describe cómo era ese mundo ya esa época. La nostalgia de aquellos años de su tan alejado y distinto. Casi como un Marty McFly infancia (ya lo vimos en The Body, que en Es- a bordo del DeLorean. Y es que, si hay algo que paña conocimos a través de la película Cuenta nos recuerda 22/11/63, es a la película de Ro- conmigo) hace que su prosa sea emotiva, nos bert Zemeckis. emocione y nos deje con el corazón en un puño. Se podría decir que 22/11/63 es su novela más Es una novela larga, todo hay que decirlo, y suce- sentida, recreándose en una radiografía social y den muchas cosas (son cinco años los que pasa el [pg-333] política llena de aciertos. protagonista en el otro lado de la puerta), y tam- bién encontramos varias novelas en una, ya sea en Pienso ahora en una serie que nos llevó a esa las primeras trescientas páginas dedicadas al asun- época, Mad Men, y el fallo que había en esa serie to Harry Dunning y su era la exposición exagerada de tópicos de los 60. padre (aquí casi una Los matices negativos (que son matices «negati- novela de género ne- vos» simplemente por una cuestión de contrapo- gro) o las quinientas dedicadas a Sadie sición con lo que se considera «políticamente co- Dunhill (una novela rrecto» en la actualidad) sólo tienen cabida si un de amor) en las que narrador en primera persona los destaca (en Mad al mismo tiempo se Men la narración es omnisciente y el juicio crítico va construyendo la no tendría sentido) y ese narrador tiene el juicio trama para evitar el crítico desde la óptica de nuestra época (del año asesinato de Kenne- 2012 en el caso de la novela de King). Por eso, dy. Y faltaría hablar las valoraciones de Jake Epping/ George Amber- de la novela ucróni- Stephen King durante el oda- son son pertinentes. Nos habla de olores, de mú- ca, pero ya he desve- je de Creep Show sica, de la segregación de blancos y negros, de lado demasiado.
  • Factor Crítico A lo largo de la lectura, me esforcé en destapar hecho adrede, como si se contradijera a sí mis- agujeros de la novela tan compleja (a la par que mo en esa Antinavaja tan necesaria a la hora de sencilla por su exposición) que nos ofrecía King. ejecutar una de sus más logradas novelas, des- Y lo cierto es que tenía que callarme la boca ca- de el principio hasta el final. Pero Stephen King da vez que descubría que las puntadas estaban es un prestidigitador con muchos años de expe- bien dadas y que no dejaba hilo suelto. riencia, y no necesita ocultar sus errores, sino mostrarlos sin tapujos, de este modo todo puede Sin embargo, retomando la teoría de Ockham, pasar desapercibido. Y eso no es nada sencillo. me he dado cuenta, a medida que escribía es- Bajé el pie izquierdo, después otra vez el derecho, y de repente ta reseña, de que hay un hilo muy gordo (casi noté un pequeño estallido dentro de mi cabeza, exactamente [pg-334] una cuerda) que da bandazos en la novela. Y es igual al que uno oye en un avión cuando se produce un cam- tan enorme que no se ve (no voy a decir de qué bio súbito de presión. El campo oscuro tras mis párpados se tornó rojo y sentí cierta calidez en la piel. Era la luz del sol. se trata porque saberlo sólo puede perjudicar la lectura de la novela, y es una novela que merece leerse y disfrutarla). Es como si King lo hubiera 22/11/63 Stephen King Gabriel Dols Gallardo y José Óscar Hernández Sendín ISBN 978-84-013524-8-5 Plaza & Janes Editores Barcelona, 2012 864 pgs