2 gula angeles caidos

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  • Por los poderes de la tierra, por la presencia del fuego, por la inspiración del aire, por las virtudes del agua, invoco y conjuro a POMBA GIRA MARIA PADILHA, por la fuerza de los corazones sagrados y de las lagrimas derramadas por amor, para que se dirija a JAC donde está JAC trayendo su espíritu ante mi CLL amarrándolo definitivamente al mío. Que su espíritu se bañe en la esencia de mi amor y me devuelva el amor en cuádruple. Que JAC jamás quiera a otra persona y que su cuerpo solo a mi CLL me pertenezca. Que JAC no beba, no coma, no escuche, no cante a no ser en mi presencia. Que mis grilletes lo apresen para siempre, por los poderes de esta oración. Minhas Pomba GIra use su poder y aleje a JAC de cualquier mujer con que el este en este momento; y si estuviera que llame mi nombre. Quiero amarrar el espíritu y cuerpo de JAC, porque lo quiero amarrado y enamorado de mi CLL quiero que JAC quede dependiendo de mi amor, quiero verlo loco por mi CLL deseándome como si yo fuese la última persona de la faz de la tierra. Quiero su corazón prendido a mi eternamente, que en nombre de la gran REINA MARIA PADILHA florezca este sentimiento dentro de JAC dejándole preso a mi CLL 24 horas por día. Oh Pomba Gira Reina Maria Padilha has de traer a JAC para mi CLL pues yo a él deseo y lo quiero de prisa por tus poderes ocultos, que JAC comience a amarme a mi CLL a partir de este exacto instante y que el piense solo en mi CLL como si yo fuese la única persona del mundo. Que JAC venga corriendo hacia mí, lleno de esperanzas y deseo, que CFF no tenga sosiego hasta que venga a buscarme y vuelva a mi CLL REINA MARIA PADILHA yo te imploro para que me traigas a JAC Que JAC me ame mucho, venga manso y como yo deseo. Yo le agradezco a la gran REINA MARIA PADILHA. y prometo siempre llevar su nombre conmigo, Oh poderosa Pomba Gira Siete Exus quiero de vuelta mi amado JAC que me entristece con su desprecio, que JAC olvide y deje de una vez y por todas todos los otros amores y a los que nos quieran apartar. Que JAC sea desanimado y frio con otras mujeres, que desanime y sea frio con todas las otras mujeres, que cualquier otra mujer que este con JAC se estrese con él, pelee con él, salga inmediatamente de la vida de él y le tome enojo, odio, aversión y rabia de él y no se retracte de nada. Y que JAC tome enojo, odio, aversión y rabia de cualquier otra mujer que ande con el ahora y que ellos terminen esa relación inmediatamente urgentemente. Que JAC se sienta solo, humillado, avergonzado de todo y por todos, que el venga a mi CLL pida mi amor y mi perdón. Oh Linda Poderosa Pomba Gira Siete Exus que en este momento JAC no quiera más andar con nadie ni con sus amigos. Que quede solo pensando en mí y pensando cómo va a hacer para HACERME FELIZ. Necesito Reina una señal, una llamada telefónica, cualquier contacto para yo saber si JAC piensa en mí y que me quiere y me quite de esa oscuridad. Que JAC hable conmigo que sienta que me echa de menos. Usted es fuerte y poderosa traiga a JAC a mis pies para no más salir y que venga corriendo, que deje todo y a todos y que solo piense en mi CLL, Linda Poderosa Pomba Gira Sete Exus que con su grande y fuerte poder quite todas las barreras que están impidiendo que JAC ME AME LOCAMENTE y desee unirse a mi CLL. Quiero a mi amado, amándome y admirándome siempre. Que él no sienta más deseos sexuales por ninguna otra mujer, que sus deseos sean sólo para mi CLL que sus pensamientos, gentilezas y bondades sean sólo para mi CLL Que JAC quiera mucho de verdad que yo CLL me quede con él, pero además quiero que usted Linda Pomba Gira Sete Exus aleje de JAC todas y cualquier otra mujer y que podamos ser felices juntitos. Que el sólo sienta atracción y deseo sexual por mi CLL, que él me llame por teléfono desde ya y a todo instante. Que sienta nostalgia por mi persona y que sufra lejos de mi CLL y no aguante mas sufrir. Quiero que él me busque hoy y ahora, quiero oír la voz de el pidiendo verme para quedarse conmigo y volviendo a mi CLL para siempre. Diciendo que me ama y que me quiere solo a mí. Gracias por el favor concedido. Copie y pegue un pedido igual a este aquí en 7 altares diferentes y dentro de 7 días su pedido será realizado. Oración fuerte para amarrar a alguien. Simpatía infalible pero no se puede volver atrás...
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2 gula angeles caidos

  1. 1. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 ~1~
  2. 2. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 J.R. WARD GULA Angeles Caídos 2 ~2~
  3. 3. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 A Kara Wells ¡por todo! Y con agradecimiento a Leslie Gelbman y Claire Zion y a todos en NAL que son tan extraordinarios. Gracias a Steve Axelrod, mi voz de la razón. Con enorme estima y agradecimiento al Equipo Waud: D, LeElla, y Nath sin quienes nada de esto sería posible… ¿Qué haría yo sin vosotros? Y con un grito a Jac (¡y su Gabe!): mi cocina es tu cocina. No, de verdad. Por favor. No me hagas la cama. Gracias tambien a Ann, Lu, y Opal… ¡las más increibles domadoras de lineas quehe visto nunca! Y Ken… soy entrenable ¿lo ves? En realidad soy… puedes devolver el Gorila Azul. Además a Cheryle de quien sigo las ordenes porque no estoy loca. Un gran abrazo a todos los moderadores de las páginas web… estoy tan agradecida por lo que sale de la amabilidad de vuestros corazones Inmensas gracias para mi C.P. Jesica Andersen que ha sido mi apoyo una y otra vez, inteligente, adorable y brillantemente divertida todos estos años. Aún deseo estar en tu top cinco. Y por supuesto gracias a Madre Sue (Grafton) Como siempre con amor a mi madre, mi esposo y mi familia y a la mejor mitad de WriterDog ~3~
  4. 4. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Índice Argumento.......................................................................6 Prólogo.............................................................................7 Capítulo 1.......................................................................13 Capítulo 2.......................................................................19 Capítulo 3.......................................................................27 Capítulo 4.......................................................................34 Capítulo 5.......................................................................43 Capítulo 6.......................................................................46 Capítulo 7.......................................................................54 Capítulo 8.......................................................................62 Capítulo 9.......................................................................66 Capítulo 10.....................................................................76 Capítulo 11.....................................................................84 Capítulo 12.....................................................................88 Capítulo 13.....................................................................96 Capítulo 14...................................................................104 Capítulo 15...................................................................111 Capítulo 16...................................................................119 Capítulo 17...................................................................127 Capítulo 18...................................................................138 Capítulo 19...................................................................145 Capítulo 20...................................................................156 Capítulo 21...................................................................165 Capítulo 22...................................................................175 Capítulo 23...................................................................183 Capítulo 24...................................................................189 Capítulo 25...................................................................204 Capítulo 26...................................................................213 Capítulo 27...................................................................220 Capítulo 28...................................................................229 Capítulo 29...................................................................235 Capítulo 30...................................................................246 Capítulo 31...................................................................251 Capítulo 32...................................................................256 ~4~
  5. 5. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Capítulo 33...................................................................267 Capítulo 34...................................................................275 Capítulo 35...................................................................286 Capítulo 36...................................................................297 Capítulo 37...................................................................305 Capítulo 38...................................................................310 Capítulo 39...................................................................313 Capítulo 40...................................................................322 Capítulo 41...................................................................324 Capítulo 42...................................................................330 Capítulo 43...................................................................335 Capítulo 44...................................................................338 Capítulo 45...................................................................345 Capítulo 46...................................................................350 Capítulo 47...................................................................356 Capítulo 48...................................................................362 Capítulo 49...................................................................365 Capítulo 50...................................................................370 Capítulo 51...................................................................374 Capítulo 52...................................................................379 Glosario........................................................................386 Notas ............................................................................387 ~5~
  6. 6. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 ARGUMENTO La batalla entre el bien y el mal ha dejado el futuro de la humanidad en manos de un salvador renuente y su banda de ángeles caídos. Siete pecados capitales. Siete almas que deben ser salvadas. Una batalla más sin restricciones entre un ángel caído con el corazón templado y un demonio con todo que perder. Isaac Rothe es un soldado de Operaciones Espaciales con un oscuro pasado y un futuro sombrío. Blanco de un asesino, se encuentra tras los barrotes, y su destino en las manos de su preciosa abogada de oficio Grier Childe. La tórrida atracción que siente hacia ella solo puede meterle en problemas y eso antes de que Jim Heron le diga que su alma está en peligro. Atrapado en un juego cruel con el demonio que persigue Jim, Isaac debe decidir si el soldado que hay en él puede creer que el amor verdadero es el arma definitiva contra el demonio. ~6~
  7. 7. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Prólogo El desierto, lejos de Caldwell, o de Boston, Massachussets, o… la cordura. Unos dos años después de los hechos, cuando Jim Heron ya no estaba enOperaciones Especiales desde hacía tiempo, pensaría que Isaac Rothe, Matthias elCabrón y él, todos, habían cambiado sus vidas la noche que aquella bomba estalló enla arena. Por supuesto, en aquel momento ninguno de ellos sabía lo que todo aquellosignificaba, o donde les iba a llevar. Pero aquello era la vida: nadie tenía una guía turística de su propio parquetemático. Tenías que saltar a las atracciones cuando se presentaban, sin saber nuncasi te gustaría la que estabas considerando… o si la jodida iba a hacerte vomitar portodas partes el perrito caliente y el algodón de azúcar. Sin embargo, quizás era algo bueno. Como si al volver atrás él hubiera creído queacabaría esquivando a un demonio ¿o intentando salvar al mundo de la perdición? Venga ya. Pero aquella noche, en el seco frío que se arrastró en el segundo en que el sol seocultó tras las dunas, él y su jefe se habían metido en un campo de minas… y sólouno había salido. ¿El otro? No tanto… * * —Aquí es —dijo Matthias cuando subieron a un pueblecito abandonado que eradel color del caramelo en un helado Friendly con nata y nueces. Estaban a unos veinticinco kilómetros al noroeste de donde ellos estaban alojadosen barracones llenos de chicos armados. Puesto que su jefe y él eran de OperacionesEspeciales, o XOps, estaban fuera de la corriente de los cuerpos definidos, lo quetrabajaba en su beneficio: los soldados como ellos llevaban ID de todas las ramas delservicio y las usaban cuando les convenía. ~7~
  8. 8. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 El “pueblo” no era más que cuatro estructuras de piedra que se desmoronaban yun puñado de cobertizos de madera y lonas alquitranadas. Mientras se aproximaban,a Jim las pelotas se le pusieron de corbata cuando sus gafas verdes de visiónnocturna pillaron movimientos por todo el lugar. Odiaba aquellas malditas lonas…flameaban en el viento, las sombras lanzándose alrededor como gente de piesrápidos que tenían armas. Y granadas. Y toda clase de cosas aguzadas y brillantes. O en este caso roñosas y arenosas. Odiaba las misiones en el desierto, mejor matar en la civilización. Aunque unamisión propiamente urbana o incluso suburbana acarreaba más exposición, al menostenías una opción de saber que te estaban atacando. Aquí fuera, la gente teníarecursos con los que no estaba familiarizado y que lo tenían siempre nervioso yjodido. Además no confiaba en el hombre que iba con él. Sí, Matthias era el jefe de laorganización con línea directa con Dios. Vale, Jim había entrenado con el tipo muchotiempo antes. Sí, había estado bajo sus órdenes durante la última década. Pero todo aquello sólo le hacía estar más seguro de que no quería estar solo con elgran hombre… y aún así, aquí estaban, en una “aldea” en el magnífico municipio deUn-sitio-donde-nadie-puede-encontrar-un-ser-vivo. Una ráfaga de viento llegó rápida como unas Nike a través del llano panorama,acelerando sobre la arena, recogiendo aquellas diminutas partículas. Y llevándolasdirectas a golpear en el cuello de su uniforme de camuflaje de campo. Bajo sus botasnegras de cordones, el suelo estaba cambiando constantemente, como si él fuera unahormiga caminando a través de la espalda de un gigante e irritándolo hasta cabrearal bastardo. Empiezas a sentir que en algún momento una gran palma podría descender delcielo y aplastarte. Esta travesía al oeste había sido idea de Matthias. Algo que no podía ser discutidode ninguna manera. Así que naturalmente, Jim se había puesto un chaleco de kevlary unos veinte kilos de armas. Junto con agua. Raciones de campaña. Era un auténtico animal de carga. —Por aquí —dijo Matthias, metiéndose en la entrada sin puerta de una de lasestructuras de piedra. Jim se detuvo y miró alrededor. Por lo que él sabía, nada salvo lonas alquitranadasbailando breakdance. Sacó ambas armas antes de entrar. ¿Mínimo aceptable? Este era al local perfectopara una investigación contundente. No tenía idea de que había hecho o de que sehabía enterado que justificara un interrogatorio, pero tenía clara una cosa… no había ~8~
  9. 9. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2razón para correr. Si esto era el “porqué” había sido traído, iba a entrar y encontrarotros dos o tres tipos de XOps para trabajar sobre él mientras Matthias hacía laspreguntas. ¿Si él escapaba? Sólo lo cazarían por todo el mundo, incluso si costabasemanas. Podía explicar por qué Isaac Rothe había aparecido esta tarde con el protegido deMatthias y segundo al mando. Aquel par eran asesinos natos, un par de pitbuls listospara ir a por la garganta de cualquiera. Sí, esto tenía sentido y debería haberse dado cuenta antes… aunque si lo hiciera,no habría escapatoria de un ajuste de cuentas. Nadie salía de los XOps vivo. Ni losoperativos, ni los tipos de inteligencia que estaban al margen, ni tampoco los jefes.Morir con las botas puestas era la forma en que vivías… no sabías qué atacaba. Y elpunto era que había estado pensando en la forma de salir. Asesinar gente para vivirera todo lo que sabía hacer, pero estaba empezando a joderle la cabeza. QuizásMatthias de algún modo lo había impulsado a cambiar. Tiempo de enfrentar la música, pensó Jim mientras pasaba a través del umbral. También podría presentarles batalla. Sólo a Matthias. Nadie más. Jim bajó lentamente las armas y estudió el estrecho espacio otra vez. De acuerdocon sus gafas de visión nocturna, sólo estaba el otro hombre. Con un golpecito alinterruptor, cambió al modo de visión de calor. Nada salvo Matthias. Aún. —¿Qué pasa? —preguntó Jim. Matthias estaba en la esquina más alejada, unos tres metros más lejos. Cuando lasmanos del hombre surgieron desde los costados, Jim llevó sus SIGs a la posición defuego… pero todo lo que su jefe hizo fue sacudir la cabeza y soltar el cinturón de susarmas. Una rápida sacudida y estaba sobre la arena. Y entonces dio un paso adelante, abriendo la boca y diciendo algo en voz baja… Luz. Sonido. Estallido de energía. Luego… nada. Salvo una lluvia de arena y escombros. * * Jim recuperó la consciencia algún tiempo más tarde. La explosión lo había lanzadocontra la pared de piedra, dejándolo conmocionado, y viendo como estaba deentumecido, podía haber estado fuera durante un minuto. Después de un par de minutos de que-lo-jodan, se sentó cautelosamente,preguntándose si tenía algo roto… ~9~
  10. 10. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Al otro lado del camino, había un montón de trapos donde una vez había estadoMatthias. —Jesu-Cristo…—Jim se recolocó las gafas nocturnas y recuperó sus armas, luegose arrastró por la arena hasta su jefe. —Matthias… oh, jodido sobresaliente… La parte inferior de la pierna del hombre parecía una raíz que hubiera sidodesenterrada del suelo, el miembro nada más que un muñón desgarrado que estabatriturado al final. Y había parches de oscuridad en su uniforme de campaña quetenían que ser sangre. Jim comprobó el pulso en el cuello. Había pero era débil e irregular. Se desabrochó el cinturón y se lo quitó, enrolló el cuero alrededor de la parte altade la pantorrilla de Matthias y estiró fuerte, haciendo un torniquete en el miembro.Luego buscó rápidamente otras her… Mierda. Cuando Matthias había sido derribado, había caído sobre una estaca demadera. La condenada había pasado a través de él, como un palillo a su pinchito desalchicha. Jim se retorció y trató de ver si aquello podía aguantar mientras sacaba a Matthiasde aquí… Parecía estar suelto. Bueno. —…Dan… ny…boy… Jim frunció el ceño y miró a su jefe. —¿Qué? Los ojos de Matthias se abrieron como si sus parpados fueran persianas de aceroque apenas pudiera levantar. —Deja… me. —Has volado en pedazos. —Déjame… —Que te jodan —Jim alargó la mano hacia su transmisor y rogó porque Isaac, noel fanático segundo al mando, respondiera—. Deprisa… deprisa… —¿Que necesitáis? —el suave deje sureño que llegó a su auricular fue una buenanoticia. Gracias a Dios por Isaac. —Matthias ha caído. Bomba. Asegúrate de que no seamos objetivo de prácticamientras volvemos al campo. ~10~
  11. 11. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 —¿Cómo de malo? —Malo. —¿Dónde estáis? Enviaré un Land Rover y os recogerá. —Estamos a cuarenta y seis grados n… El arma estalló a través del camino, una bala se deslizo por el aire directa a la orejade Jim… al extremo que él asumió que le había golpeado en la cabeza y el dolor aúntenía que ser notado. Mientras se apoyaba sobre una palma, Matthias dejó caer suSIG a su lado… pero que se supiera, Jim no fue derribado por ningún tipo de heridacraneal. Disparo de advertencia, evidentemente. El único ojo de su jefe que funcionaba brillaba con una luz despiadada —Lárgate… vivo… Antes de que Jim pudiera decirle a Matthias que cerrara la jodida boca, se diocuenta de que algo le estaba pinchando la mano que había extendido. Levantando lacosa, encontró… parte del detonador de una bomba Dándole vueltas y vueltas, al principio no entendió que estaba mirando. Y luego supo demasiado bien lo que era. Enfocando los ojos en Matthias, puso el fragmento en su bolsillo delantero y gateóhacia su jefe. —No me toques las pelotas con esto —dijo Jim con determinación—. De ningunajodida manera. Matthias empezó a balbucear justo cuando las maldiciones empezaron a chillarleen el auricular. —Estoy bien —le dijo Jim a Isaac—. Falló. Estoy retrocediendo hacia elcampamento. Asegúrate de que no nos disparan cuando nos aproximemos. La voz del sureño se volvió instantáneamente fuerte y firme. —Dónde estáis. Iré… —No. Mantente al habla. Encuentra un médico en el cuartel y asegúrate de quepuedan tener la boca cerrada. Y vamos a necesitar un helicóptero. Va a tener que seraerotransportado… discretamente. Nadie puede saber esto. Lo último que necesitaba era a Isaac fuera buscándoles en medio de la noche. Eltipo era lo único que había entre Jim y una acusación de que había asesinado a lacabeza de la organización oculta más mortífera del gobierno de los EE.UU. Nunca sobreviviría a aquel descenso. Literalmente. ~11~
  12. 12. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Pero al menos el secreto no iba a estar en un avance informativo. Mantenersilencio sobre la mierda era el modus operandi en los XOps… nadie sabíaexactamente cuántos operativos había o dónde iban o qué hacían o si erannombrados por sus propios nombres o por un alias. —Me oyes Isaac —exigió—. Dame lo que necesito. O es hombre muerto. —Roger —la réplica le llego al auricular—. Corto y fuera. Después de confiscar la pistola que había sido utilizada, Jim levantó a su jefe,acomodó el peso muerto y empapado sobre sus hombros, y empezó a patear. Fuera de la choza de piedra. Dentro de la noche ventosa y helada. A través de lasdunas de arena. La brújula le marcaba el camino directo, orientándole hacia el norte y dirigiéndolea través de la oscuridad. Sin puntos de referencia habría estado completamenteperdido cuando el desierto era un terreno reflejado, nada más que un reflejo de símismo en todas las direcciones. Jodido Matthias. Que Dios lo maldijera. Por otra parte, asumiendo que el tipo viviera, le había dado a Jim su billete desalida de los XOps… de alguna manera, le debía al tipo su vida. La bomba era una delas suyas y Matthias había sabido exactamente dónde poner el pie sobre la arena. Yaquello solo ocurría si querías volarte a ti mismo. Lo que suponía que Jim no era el único que quería ser libre. Sorpresa, sorpresa. ~12~
  13. 13. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Capítulo 1 Sur de Boston, en la actualidad —¡Oye! Espera a… ¡Ahórrate esa mierda para el ring! —Isaac Rothe empujó elfolleto publicitario a través de la capota del coche, listo para estampar la maldita cosade nuevo si tuviera que hacerlo—. ¿Qué está haciendo mi foto aquí? El promotor de lucha parecía más interesado en el daño a su Mustang, así queIsaac extendió la mano y agarró al tipo por la solapa de la chaqueta. —Dije, ¿qué está haciendo mi cara aquí? —Relájate, quieres. Isaac se acercó a él hasta que estuvieron tan cerca como un sándwich y notó unolorcillo de la marihuana que el HDP fumaba. —Te lo dije. Ninguna foto mía. Nunca. El promotor levanto las manos en señal de rendición. —Lo siento... yo realmente... Mira, eres mi mejor luchador, atraes a la multitud.Eres mi estrella. Isaac agitó el puño cerrado para bloquear su golpeado ego. –Sin fotos. O no peleo. ¿Está claro? El promotor tragó saliva y chilló, —Sí. Lo siento. Isaac soltó su agarre y no hizo caso de sus quejas cuando arrugó la imagen de sucara en una pelota. Echando un vistazo al aparcamiento del depósito abandonado, semaldijo. Estúpido. Jodido estúpido por haber confiado en el bastardo lameculos. El tema era que los nombres no son tan importantes. Cualquiera podría escribir amáquina un Tom, Dick o Harry en una tarjeta de identidad o un certificado denacimiento o un pasaporte. Todo lo que necesitaba era el tipo de letra correcta y unamáquina falsificadora que podía hacer hologramas. Sin embargo, tu ficha policial, tu ~13~
  14. 14. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2retrato, tu cara, tu jeta, tu bocaza…. a menos que tuvieras los fondos y los contactospara la cirugía plástica en el culo, era una verdadera identificación la que tenían. Y acababa de conseguir una sesión en la multicopiadora Kinko´s. Sólo Dios sabíacuántas personas lo habían visto. O quien había dirigido la atención hacia suparadero. —Mira, te estaba haciendo un favor —sonrió el promotor, mostrando una fundade oro—. Cuanto más grande es la multitud, más dinero haces. Isaac empujó con su dedo índice el sombrero del tipo. —Cállate de una puta vez. Y recuerda lo que he dicho. —Sí. Muy bien. Claro. Siguió con una serie de, de acuerdo, sin problemas, y lo que quieras, pero Isaac ledio la espalda al bla, bla, bla. A su alrededor, hombres adultos salían de sus coches empujándose unos a otroscomo quinceañeros, el grupo de jugadores, el quaterback dispuesto para el partido.Lo más cerca que iban a llegar era al ring que estaba en el exterior de la alambradaque miraban. El hecho de que Isaac casi se hiciera con esta fuente de dinero clandestino de lasMMA era irrelevante. La gente que lo estaba buscando no necesitaba ninguna ayuda,y ese pequeño feliz primer plano junto con el número de teléfono con el prefijo delárea 617 era precisamente la publicidad que él no necesitaba. Lo último que necesitaba era un agente o... Dios no lo quisiera, el segundo almando de Matthias… apareciendo aquí. Además, esto estaba también jodiendo al promotor. Peleas no reguladas a puñolimpio asociadas a apuestas ilegales no era algo que se anunciara, y de todos modos,dado el tamaño de la multitud que se presentó, el público era lo suficientementebocazas. El responsable, sin embargo, era un idiota codicioso. Y ahora la pregunta era, ¿pelearía Isaac o no? Los folletos apenas acababan dehacerlos, de acuerdo con el hombre que se los había mostrado... y mientras contabamentalmente el dinero que ganaría, estaba absolutamente seguro de que utilizaría losmil o dos mil extra que ganara esta noche. Miró a su alrededor y supo que tenía que subir al octágono. Mierda... una vez másllenaría su cartera y luego se iría. Sólo una última vez. Caminando hacia la entrada trasera del almacén, hizo caso omiso de hostias, elque lo señalasen con el dedo y el “es él”. La multitud había estado observándole ~14~
  15. 15. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2sacudir la mierda de tipos al azar durante el último mes, y evidentemente eso leconvirtió en un héroe a sus ojos. Lo que era un sistema de valores caduco en lo que a él concernía. Estaba tan lejosde ser un héroe como podía estar. Los gorilas en la puerta trasera se hicieron a un lado para dejarle pasar y el asintiócon la cabeza hacia ellos. Esta era la primera pelea en esta instalación en particular,pero en realidad, los lugares eran todos iguales. En y alrededor de Boston, había unmontón de edificios abandonados y almacenes igual que había cincuenta chicos quequerían ser Chuck Liddell, podía ver media docena que definitivamente no se poníannerviosos alrededor de una jaula de lucha improvisada. Y esos poco estimulantesresultados se habían sumado a las razones del promotor para reproducir el rostro deIsaac. A diferencia de los otros luchadores a puño limpio, sabía lo que estabahaciendo. Aunque teniendo en cuenta la cantidad de dinero que el gobierno de EE.UU. habíagastado en su formación, él tenía que ser un instrumento total para no rompercráneos como huevos en este momento. Y no eran esas habilidades, así como tantas otras, las que iban a ayudarle a seguirASP. Dios mediante, sería aquello, pensó mientras entraba en el edificio. Esta noche el MGM Grand de los hombres pobres consistía en aproximadamentecinco mil quinientos metros cuadrados de aire frío varado entre un suelo dehormigón y cuatro paredes dotadas de ventanas sucias. El octágono estabaestablecido en el rincón más alejado, el ring de ocho lados atornillado ysorprendentemente robusto. Por otra parte, había muchos tipos de la construcción que estaban en esta mierda. Isaac fue pasando el par de gruesos cuellos de quien manejaban las apuestas yhasta ellos le presentaron sus respetos, preguntándole si necesitaba algo para beber ocomer, o lo que fuera. Sacudiendo la cabeza, se fue a la esquina detrás del ring y seacomodó, de espaldas a la esquina. Siempre era el último para luchar porque él era elempate, pero no se sabía cuando subía. La mayoría de los “luchadores” no durabanmucho, pero de vez en cuando tenías un par de los que se quedaban, que se pateabanel uno al otro como dos viejos osos pardos hasta que incluso él estaba dispuesto agritar: ¡Basta, ya! No había árbitros y las cosas se detenían sólo cuando había un idiota jadeante, derostro enrojecido y ojos bizcos, tendido sobre su espalda con el guerrero urbanoganador junto a él, tambaleándose como un tentetieso sobre pies sudorosos. Podías irpor cualquier cosa, hígado y joyas de la corona incluidas y los trucos sucios eranalentados. La única restricción era que tenías que luchar con lo que el buen Dios te ~15~
  16. 16. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2dio al nacer: No podías llevar puños americanos, cadenas, cuchillos, arena, nininguna de esas mierdas dentro del atuendo. Cuando el primer encuentro comenzó, Isaac miró las caras de la multitud en vezde lo que estaban haciendo en el ring. Estaba buscando el fuera-de-lugar, los ojos queestaban sobre él, hacia las caras que él conocía de los últimos cinco años en lugar delas cinco semanas que se había ido. Hombre, sabía que no debería haber usado su nombre real. Cuando fue por laidentificación falsificada, debería haber elegido otro. Claro, la seguridad social no erasuya, pero el nombre… Sin embargo, le había parecido importante. Una forma de mear en el territorio enel que se encontraba, marcar este nuevo comienzo como el suyo. Y tal vez hubiera sido un poco de regodeo. Un ven-y-encuéntrame-si-te-atreves. Ahora, sin embargo, estaba pateándose a sí mismo. Principios y escrúpulos, y todaesa mierda ideológica no eran ni de cerca tan valiosos como un viable latido decorazón. ¿Y él pensaba que el promotor era un idiota? Unos cuarenta y cinco minutos después, el cliente número uno de Kinko se detuvoen la alambrada y ahuecó sus manos para gritar a la multitud. El promotor estabatratando de ser todo Dana White, pero era más como Vanna en opinión de Isaac. —Y ahora nuestro principal atractivo... Mientras la multitud en el suelo se volvía loca, Isaac se quitó la sudadera y lacolgó en el exterior del octágono. Siempre luchaba con una camisa de entrenamiento,pantalones sueltos de atletismo y los requeridos pies descalzos, pero por otro ladoese era todo su guardarropa. Cuando entró por la puerta del octágono, mantuvo su espalda hacia la esquina delalmacén y esperó con calma cual iba a ser el plato principal de esta noche. Ah, sí. Otro señor Tipo Duro con delirios de tipo testosterona, al instante en que eloponente se agachó, él comenzó a rebotar alrededor como si tuviera un saltador en elculo, y culminó su espectáculo antes de la lucha desgarrando su camiseta por lamitad y golpeándose a sí mismo en la cara. Si el hijo de puta seguia así, Isaac no iba va a tener que hacer otra cosa que soplarsobre él para poner su culo en el suelo. Al sonido de la bocina, Isaac dio un paso adelante, levantando los puños a laaltura del pecho, pero manteniéndolos pegados a su torso. Durante un minuto más omenos bueno, dejó que su oponente presumiera y lanzara golpes al aire quesacudieran como todos los objetivos de un chico ciego con una manguera de jardin. ~16~
  17. 17. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Pedazo de pastel. Excepto por la multitud que insistía, Isaac pensó en la cantidad de copias quepodría hacer una máquina Xerox en sesenta segundos y decidió tomárselo en serio.Asestó un directo de izquierda, clavó al tipo en el esternón, deteniendotemporalmente el corazón que latía detrás de ese hueso. Lo siguiente fue un ganchode derecha que cogió al saltarín por debajo de la barbilla, chocando los dientes delhombre y golpeando su cabeza hacia atrás en su columna vertebral. Bailando claqué: Señor Tipo Duro era Ginger Rogers y fue de puntillas hacia atrásen la tela metálica. Mientras el rugido de los mirones llenaba el espacio abierto yresonaba alrededor, Isaac se acercó y manipuló al pobre diablo de modo que fueramás saltarín, nada más que un borracho tambaleándose cuya cabeza estaba girandodemasiado rápido para organizar su cuerpo. Y justo cuando parecía que habría unpróximo muerto por pérdida de conocimiento, Isaac dio marcha atrás y dejo alhombre recuperar su aliento. Para tener unos grandes extras, tenía que asegurarse de que durara más de tresminutos. Caminando alrededor, contó en su cabeza hasta cinco. Luego regreso a… El cuchillo giró en un gran círculo y se deslizó contra la frente de Isaac,alcanzándolo justo en la línea del cabello. La sangre corrió y con eficacia nubló suvisión, el tipo de cosa que habría llamado estrategia si el hombre hubiera tenido unaidea de lo que estaba haciendo. Considerando la manera en que fueron tales golpes,sin embargo, era obviamente, un golpe de suerte. Mientras la multitud abucheaba, Isaac cambió a modo de trabajo. Un idiota con uncuchillo era casi tan peligroso como alguien que realmente sabía lo que estabahaciendo con uno, y a él no le iba a hacer la cirugía estética este HDP. —¿Cómo se siente eso? —gritó su oponente. En realidad, salió más como un¿Cobo ze ziente eto? dado su labio hinchado. Las tres últimas palabras que el chico dijo en el ring. Cuando Isaac dio una patada giratoria en el aire, su sangre salpicó a la multitud yel impacto expulsó el arma del agarre del hombre. Entonces esta era la situación uno,dos... tres golpes en la cabeza y toda la arrogancia cayó tan dura como un trozo decarne vacuna en una planta empaquetadora. Lo cual fue precisamente cuando los espléndidos hombres y mujeres delDepartamento de Policía de Boston irrumpieron en el almacén. Instantáneo. Caos. Y, por supuesto, Isaac estaba encerrado en el octágono. ~17~
  18. 18. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Saltando por encima de su oponente casi muerto, trepo el lateral de dos metros dealtura del ring y saltó por encima de la parte superior. Cuando aterrizó sobre ambospies, se quedó paralizado. Todo el mundo estaba en plena lucha con excepción de un hombre que estabajusto a un lado, su rostro familiar y el cuello tatuado manchado con la sangre deIsaac. El segundo al mando de Matthias aun era alto y macizo y mortal... y el hijo deputa sonreía como si hubiera encontrado el huevo de oro en la mañana de Pascua. Oh, mierda, pensó Isaac. Hablando del diablo. . . . —Quedas arrestado —el policía hola-como-estas venía detrás de él, y en menos deun instante, estaba esposado—. Cualquier cosa que digas puede y será usado en tucontra en un…. Isaac dispensó un vistazo al oficial y luego buscó al otro soldado. Pero el númerodos de Operaciones Especiales se había ido, como si nunca hubiera estado. Hijo de puta. Su antiguo jefe ahora sabría dónde estaba. Lo que significaba que el hecho de que esa unidad del Departamento de Policía deBoston estuviera sobre su culo era el menor de sus problemas. ~18~
  19. 19. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Capítulo 2 Caldwell, Nueva York Mientras Jim Heron estaba en el césped frente a la Casa Funeraria McCready enCaldwell, se podía imaginar el interior como si él ya hubiera estado en el bloque dedos plantas: Detalles orientales sobre los suelos, pinturas de difusos arreglos floralessobre las paredes, montones de habitaciones con puertas dobles y un montón deespacio. A partir de su limitada experiencia con ellas, las casas funerarias eran comorestaurantes de comida rápida, todas se veían igual. Por otra parte, supuso que teníasentido. Al igual que sólo hay unas pocas maneras de hacer una hamburguesa, seimaginó que los cadáveres eran lo mismo. Mierda... no podía creer que iba a ver su propio cadáver. ¿Había muerto hacía dos días? ¿Esta era ahora su vida? Tal y como iban las cosas, él se sentía como un chico de fraternidad olvidado porDios que se había despertado en una cama extraña. ¿Son estas mis ropas? ¿Pasé unbuen rato anoche? Al menos podía responder a eso: La chaqueta de cuero y las botas de combate quetenía eran suyas, y no había pasado un buen rato la noche anterior. Era elresponsable de luchar por las almas de siete personas contra un demonio y aunquehabía ganado el primer combate, se preparaba para el siguiente sin saber cuál era elblanco. Y todavía estaba aprendiendo los trucos del oficio de ángel. Y, vaya, ahoratenía alas. Alas. Aunque quizá quejarse sobre eso era una mentira cuando su par de mágicasmatamoscas emplumadas habían traído su culo aquí desde Boston, Massachusetts,en un santiamén. ~19~
  20. 20. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 ¿Conclusión?, en lo que a él concernía, el mundo que había conocido se había idoy el que lo sustituía hacía parecer sus años como asesino en las Fuerzas Especiales untrabajo de oficina. Hombre, esto es genial. Me encanta la mierda espeluznante. Jim miró por encima de su hombro. Adrian, apellidado Vogel, era precisamente eltipo de chiflado que estaría entre el montón de fiambres que reposan en las cámarasfrigoríficas: con piercings, vestido de cuero y tatuado, Ad estaba en el lado oscuro yteniendo en cuenta lo que su némesis le había hecho al ángel la pasada noche, estabaen un camino de doble sentido: El lado oscuro estaba también en él. Pobre diablo. Jim se frotó los ojos y miró al más sano de sus dos refuerzos. —Gracias por la ayuda. Esto no tomará mucho tiempo. Eddie Blackhawk asintió. —No hay problema. De pie en el duro viento de abril, Eddie era el motero de siempre, con aquellagruesa trenza de cabello cayendo por la espalda de su chaqueta de cuero. Con lamandíbula cuadrada, y la piel bronceada y los ojos rojos, le recordaba a Jim el diosinca de la guerra… el cabrón tenía los puños del tamaño de la cabeza de la mayoríade los hombres y hombros sobre los que fácilmente podría aterrizar un aeroplano. ¿Y sabes qué? no era exactamente un boy scout, aun cuando tenía un corazón deoro. —Ok, vamos a hacerlo —murmuro Jim, sabiendo que la infiltración se encontrabafuera del alcance de su “trabajo” así que mejor se daban prisa. Pero por lo menos sunuevo oficial al mando no había tenido problemas con esto: Nigel, el estiradoarcángel inglés, le había dado permiso para esta morbosa distracción, pero no habíaninguna razón para tomar ventaja de la libertad de acción. Mientras Jim y sus muchachos se desmaterializaban a través de las paredes deladrillo y tomaban forma en... sip, sip, un gran vestíbulo abierto con un candelabro yun montón de adustas alfombras y suficiente espacio para un cóctel... miró a sualrededor, preguntándose dónde diablos conservaban los cuerpos. Y de pie en el lugar reafirmó el hecho de que se trataba de una distracción quesimplemente tenía que hacer. Podría estar en el negocio de salvar almas, pero en estemomento la vida de un hombre estaba en la línea: Isaac Rothe se había fugado delcomando de XOps, y se suponía que Jim debía matarlo por eso. Archivar esto bajo Jodidamente No. ~20~
  21. 21. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Excepto que aquí estaba el problema: La manera en que Matthias el Cabróntrabajaba, si Jim no terminaba con el soldado ASP, alguien más lo iba a hacer... yluego un operativo vendría a por Jim. Un poco tarde para uno, muchachos… él ya estaba muerto. ¿Su objetivo inmediato? Engañar a su antiguo jefe y encontrar a Isaac. Luego iba aconseguir sacar al soldado fuera del país y a salvo... antes de regresar a su trabajodiario de ponerse cara a cara con Devina. Odiaba el retraso porque sin duda el demonio ya estaba preparando su próximabatalla. Pero salir de una vida y entrar en otra nunca fue sencillo y nunca fue cortar-y-secar. Inevitablemente, había enredos de lo que habías sido antes que tenias quecortar y desechar, y esto toma su tiempo. La verdad era: él se lo debía a Rothe. De vuelta en el desierto dos años atrás,cuando Jim había necesitado ayuda, el hombre había estado allí para él, y esta erauna deuda de la cual no iba a alejarse. También era probablemente la razón por la que Matthias había dado a Jim elencargo. El cabrón era muy consciente de su conexión y de lo que había ocurrido esanoche en el otro lado del globo: En ese momento, su jefe podría haber estado dentroy fuera de la consciencia, pero había estado lo bastante atento durante esas oscurashoras de transporte y vuelo, e intervención médica para saber quien estaba alrededory lo que estaban haciendo. De acuerdo. Concéntrate. ¿Dónde estaban los fiambres? —Abajo —dijo a sus muchachos cuando él se acercó a una señal de salida. En el camino hacia la escalera, los tres pasaron por delante de todo tipo dedetectores de movimiento sin quitarse las cosas, y luego atravesaron la puertacerrada uno por uno. Traer a Adrian y Eddie a esta pequeña excursión era más seguro, porque Diossabía que Devina podría estar en cualquier lugar en cualquier momento… ademásJim todavía estaba aprendiendo todos los trucos que venían de ser un ángel caído, yEddie era el maestro de ellos. Conjuros, pociones, magia… ese brujo y la mierda devarita eran el fuerte de Blackhawk. Él claramente había obtenido su doctorado en Abracadabra y eso no hacía al HDPmanejable. Abajo en el nivel del sótano, todo era austero y limpio, el suelo de cemento y lasparedes pintadas de gris. El olor dulce de líquido para embalsamar llevó a Jim a laderecha, y mientras caminaba a lo largo, se sentía como retrocediendo en el tiempo.Jodidamente extraño. Este esconderse —esta rutina de serpentear alrededor era ~21~
  22. 22. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2exactamente en lo que había destacado en todos esos años con Matthias— yprecisamente lo que le había determinado a marcharse. Sí, bueno, por bien que se planeen, no hay planes perfectos, bla, bla, bla. . . En su primera batalla con Devina, había requerido cierta información… y Matthiasel Cabrón había sido el único lugar para conseguirla. Naturalmente, cuando setrataba de ese cabrón, las cosas eran estrictamente quid-pro-quo, por lo que si queríasalgo, tenías que darle algo y el “quo” había sido matar a Isaac. Después de todo, nohabía ningún aviso para los despedidos o Rolex de oro para los jubilados en lasXOps… tenías una bala en la cabeza y, si tenías suerte, tal vez un ataúd para elcadáver. Y sin embargo, estaba curiosamente agradecido: Ser asignado para asesinar alchico era la única manera de ayudarle, de lo contrario no habría tenido manera desaber que Isaac había desertado y ahora era un hombre perseguido: Jim era el únicoque había sido dejado libre de toda carga. Pero entonces, su situación había puesto el “por los pelos” en las “circunstanciasatenuantes” de Matthias. Se detuvo delante de un par de puertas de acero inoxidable marcadas SÓLOPERSONAL y miró por encima del hombro. —Guarda tus manos, Adrian. Dios sabía que el ángel parecía dispuesto a joder cualquier cosa que se moviera…lo cual le hizo preguntarse si inamovible sería un paso limitante para él. Con una maldición, Adrián era todo más-santo-que-nadie. —Yo sólo toco si ellos lo piden. —¡Qué alivio! —Pero sabes, es posible la reanimación. —No esta noche. Y ciertamente no en este lugar. —Tío, podrías chuparle toda la diversión a un club de striptease. —Paso. Rastreando la amplia y fría sala, era malditamente obvio por qué las películas deterror usaban morgues para sus escenarios. Entre la luz verde de seguridad, lacamilla rodante y los desagües en el suelo, el lugar era el escenario perfecto para uncaso de psicosis. A pesar de que había muerto e ido al cielo y toda esa mierda, sus glándulassuprarrenales todavía agitaban su bandera bastante bien. Entonces, las contracciones ~22~
  23. 23. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2eran probablemente menos por lo de los otros tipos muertos y más por el hecho deque él iba a mirar su propio cadáver a la cara. Cuando se dirigió a las cámaras frigoríficas, con sus hileras de celdas heladas,sabía exactamente lo que estaba haciendo. Cuando no matara a Isaac a tiempo, doscosas iban a suceder: Alguien más lo haría y alguien sería enviado en busca de Jim. Y esa era la razón por la que estaban aquí. Su antiguo jefe iba a querer asegurarsede que Jim había comprado la finca, por así decirlo: Matthias no creía en loscertificados de defunción, informes de autopsia, o fotografías, porque sabía muy bienlo fácil que era falsificar ese tipo de documentación. Además, él no confiaba en losfunerales, sitios de entierro, ni llorosas viudas y madres, porque había sustituidodemasiados cuerpos uno por otro a través de los años. La verificación cara a cara erala única manera de estar seguro en su libro de cuentas. Por lo general, Matthias enviaba a su segundo al mando para hacer la dobleverificación, pero Jim iba asegurarse de que el mismísimo gran hombre fuera el quelo hiciera en este caso. Era difícil hacer salir al hijo de puta de su escondite, y Jimnecesitaba un tiempo cara a cara con el tipo. La única manera de lograrlo era utilizar su propio culo congelado como señuelo. Y un poco de la magia de Eddie. Comprobando la placa con los nombres puestos en las etiquetas enfrente de laspuertas, se encontró a sí mismo entre D’Arterio, Agnes, y Rutherford, James. Girando el pestillo, abrió la puerta de 90X60cm... y sacó su cadáver de la nevera.Había una sabana cubriéndole de la cabeza a los pies, y sus brazos habían sidocuidadosamente recogidos a los costados. El aire que flotaba fuera de su agujero erafrío y seco, y olía como anticongelante. Tío, con tantos fiambres como había visto en su violenta y sangrienta vida, este leponía los pelos de punta. —Dame mis órdenes —le dijo a Eddie con gravedad. —¿Tienes el objeto de convocación? —preguntó el ángel, avanzando hasta estar depie al otro lado. Jim buscó en su bolsillo y sacó un pequeño trozo de madera que había sido talladomuchos, muchos años antes en el trópico, al otro lado del planeta. Él y Matthias nohabían estado siempre en desacuerdo y Matthias no siempre había sido el jefe. Y volviendo a cuando ambos habían sido reclutas en el nivel más bajo de lasXOps, Jim había enseñado al hombre cómo tallar. El caballo en miniatura fue hecho con sorprendente destreza, teniendo en cuentaque había sido la primera y única cosa que Matthias había tallado. Si la memoria nole fallaba, le había tomado cerca de dos horas… lo cual era por lo que la estaba ~23~
  24. 24. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2utilizando: Al parecer, los objetos inanimados hacían más que recoger el polvo. Eranesponjas para la esencia de quien quiera que los poseyera o hiciera o usara y lo quepermanecía en el espacio entre las moléculas era muy útil si sabias qué hacer con ello. Jim sostuvo el caballo. —Ahora qué. Eddie movió rápidamente la sábana de la cara gris y manchada de Jim. Por unmomento, fue difícil concentrarse en algo excepto que parecía haber muerto cuarentay ocho horas antes. Santo Infierno, la Parca no era un artista en maquillaje, eso eraseguro. Incluso los góticos tenían mejor aspecto. —Hey, no seas duro con mi gente —le cortó Adrian—. Se lo haría a uno denosotros mucho antes que a alguna Barbie del sur de California con melones deplástico y bronceado artificial. —Deja de leer mi mente, hijo de puta. Y tú se lo harías a la Barbie de todas formas. Adrian gruñó y flexionó sus pesados brazos. —Sí. Lo haría. Y a su hermana. Síp, ese ángel parecía estar sobre todo lo que el demonio Devina le había hecho lanoche de la muerte oficial de Jim. Eso o toda la automedicación con las Barbies vivasy respirando habían agotado cualquier introspección que saliera de él. Eddie tomó una lima de metal de su bolsillo y se la entrego por el mango. —Ralla un poco de esa talla en el cuerpo. En cualquier lugar está bien. Jim eligió las tetillas de su pecho, y los agudos sonidos fueron suaves en el antroalicatado de la fría sala de nuevo. —¿Dónde está tu cuchillo? Jim sacó el cuchillo de caza que le habían dado tiempo atrás cuando se unió a lasfuerzas armadas. Matthias había tenido un arma idéntica a la suya al mismo tiempoy de hecho, la había utilizado para tallar el caballo. —Córtate la palma de la mano y sostén el objeto con fuerza. Mientras lo haces,imagina con claridad en tu mente a la persona que deseas que venga aquí. Recuerdael sonido de su voz. Recuérdale en momentos concretos. Mira cómo se mueve, losgestos que hace, la ropa que usa, el olor de su colonia si la usa. Forzándose a centrarse en su cabeza, Jim trató de llamar algo, cualquier cosa,sobre Matthias el hijo de puta... La imagen que se zambulló en su lóbulo frontal estaba clara: era de noche, estabade vuelta en el desierto, con el hedor químico del explosivo en la nariz y el zumbantesonido de tiempo-de-moverse golpeando en sus oídos. Matthias no tenía piernas, el ~24~
  25. 25. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2ojo izquierdo había desaparecido casi de su cuenca, y el uniforme de campaña estabacubierto con tierra pálida y sangre de color rojo brillante. —…Dan…ny…boy…mi Danny boy… —estaba diciendo. Jim puso el cuchillo en el centro de la palma de su mano y lo arrastró a través de lapiel, dejando escapar un siseo mientras el acero mordía profundo y limpio. La voz de Eddie cortó a través de la memoria y el dolor helado. —Ahora toma tu mano y frótala sobre las virutas de madera. Luego saca tumechero y enciéndelo. Levantando tu mano, sopla a través de la llama y hacia elcuerpo, manteniendo esa imagen en tu mente. Jim hizo lo que le dijeron... y se sorprendió al ver un resplandor azul que se uníaen el extremo de su Bic, como si la cosa lo hubiese convertido mágicamente en unsoplete. Y el ¡eh!-comprueben-esto no terminó ahí. La llamarada se colocó alrededordel cuerpo, cubriéndolo con un resplandor. —Lo has hecho —dijo Eddie. Jim sacudió su Bic y se quedó mirándose a sí mismo, preguntándose lo queMatthias iba a pensar. Hubo un tiempo, hacía mucho, cuando él y el tipo habían estado unidos. Pero amedida que los años habían pasado, el hijo de puta se había ido por un lado y Jimpor otro. Y eso fue antes de todo lo de estar muerto, ángel caído. Pero esto no era acerca de él y Matthias. Jim volvió a poner la sábana a su lugar para cubrir su propio rostro, y se preguntócuánto tiempo tardaría el hechizo en llamar aquí a Matthias y a Jim para ver alhombre de nuevo Deslizó la camilla en la cámara frigorífica y cerró la puerta, cortando ese brillo azulfosforescente. —Vamos a hacer volar esta conexión. Él estaba tranquilo de camino hacia la salida, perdido en los malos recuerdos de loque había hecho y a quién había matado mientras estaba en las XOps. Y adivina qué.Además de sus glándulas suprarrenales, parecía que sus demonios personalestambién habían sobrevivido a su muerte. De hecho, tenía la sensación de que susculpas eran su eterna carga: la parte no tan interesante de ser inmortal era que nohabía ninguna finalidad para ser alcanzada, sin posibilidad de bajar del viaje cuandolas cosas se pusieran difíciles y abrumadoras... y te despreciabas. Cuando él y sus compañeros resurgieron en el césped de la funeraria, estaba denuevo a la caza de Isaac Rothe. ~25~
  26. 26. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 —Tengo que encontrar a ese hombre —dijo con gravedad. A pesar de que no eraprobable que ellos hubieran olvidado lo que estaban haciendo. Cerrando los ojos, convocó lo que le llevaría kilómetros entre Caldwell y dondeIsaac había sido visto por última vez... Las enormes alas de Jim desplegadas en su espalda, el montón de plumasiridiscentes estiradas y flexionadas como las extremidades que se habían encogido.Cuando levantó los párpados, Eddie y Adrian estaban ejercitando las suyas también,los dos magníficos ángeles caídos de otro mundo a la luz de las farolas. Cuando un coche pasó por la calle, éste no chirrió para detenerse o descarrilarsede su carril. Las alas, como él y Eddie y Adrian, no estaban ni allí ni no allí, ni real niirreal, ni tangibles ni intangibles. Sólo estaban. —¿Estás listo? —preguntó Eddie. Jim miró atrás donde su forma terrenal no sólo estaba dura y congelada sinosiendo un faro para un hombre que había llegado a odiar. A pesar de que le salvó al hijo de puta la vida. —Sí, vamos a hacerlo. Arriba, arriba y lejos, y toda esa mierda: En un abrir y cerrar de ojos, estabanvolando por el cielo oscuro y las estrellas brillantes en las fuerte y firmes alas deAerolíneas Angel, como él la llamaba. Sano y a salvo, reanudaba su búsqueda de un hombre perseguido… y se dirigió aBoston con todo un arsenal de proverbiales armas centelleando. ~26~
  27. 27. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Capítulo 3 El demonio Devina estaba tan cerca de ser todopoderosa como podía sin ser elque había creado la Tierra y el cielo: podía asumir toda clase de semblantes ycuerpos, convertirse en cualquiera en cualquier momento y lugar. Podía encarcelaralmas durante una eternidad. Comandaba un ejército de no muertos. Y si te cruzabas con ella, podía hacer de tu vida un infierno. Literalmente. Pero tenía un pequeño problema. —Siento llegar tarde —dijo mientras entraba deprisa en la cómoda oficina roja—.He tenido una reunión que ha durado más de lo que pensaba. Su terapeuta sonrió desde su sillón. —No te preocupes. ¿Te gustaría un minuto para calmarte? Devina estaba verdaderamente agotada, y mientras se sentaba, puso su bolso dePrada al lado. Respirando profundamente, se tocó la ilusión corpórea de cabellomoreno que la mujer humana veía y se colocó los pantalones de cuero conestampado de lagarto, los cuales realmente existían. —El trabajo ha sido un infierno —dijo, echando un vistazo para comprobar que elbolso estuviera cerrado. Había manchas de sangre en la sudadera de dentro, laúltima cosa que necesitaba era tener que explicarlas—. Un absoluto infierno. —Me alegro de que llamaras para la sesión extra nocturna. Después de la semanapasada, he estado pensando en ti y en lo que sucedió. ¿Cómo lo llevas? Devina salió lentamente del caos del que venía y se concentró en sí misma. Lo cualno era algo feliz. Instantáneamente, las lágrimas saltaron a sus ojos. —Estoy… No bien. Se forzó a decir algo. —Los de la mudanza ya lo han llevado todo a mi nueva casa, y la mayor parte estátodavía en cajas. He pasado toda la tarde tratando de desembalar, pero hay tanto ytengo que asegurarme de que está correctamente ordenado. Debo verificar que mi… ~27~
  28. 28. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 —Devina, deja de hablar de los objetos. —La terapeuta hizo una pequeñaanotación en su libro negro—. Podemos llegar a la planificación hacia el final de lasesión. Quiero saber cómo estás. Háblame de cómo te sientes. Devina echó un vistazo a la alfombra de cañamazo y se preguntó, no por primeravez, qué pensaría la mujer si supiera que estaba tratando a un demonio. Desde queDevina había estado en Caldwell, había estado yendo a ver a la psicóloga… durantemás o menos un año. Mantenía su verdadera identidad oculta bajo su piel favorita deuna mujer sexy, elegante y morena, pero bajo la superficie… especialmente despuésde su primera pérdida contra Jim Heron… era un lío de mierda. Y esta humana realmente la ayudaba. Devina sacó un pañuelo de la caja que había sobre la mesa a su lado. —Yo sólo... odio mudarme. Me siento totalmente fuera de control. Y perdida. Y...asustada. —Sé que te sientes así. —Una calidez emanó positivamente de los poros de lamujer—. Cambiar de casa es lo más duro para alguien como tú. Estoy muy orgullosade ti. —No tuve tiempo. Ningún tiempo para hacerlo bien. —Más lágrimas. Lo queodiaba. Pero, Dios, había tenido que sacar sus colecciones de sus sitios legítimos encuestión de horas, peleando, tirándolas en cajas—. Todavía no he podido revisartodo y asegurarme de que nada se haya roto o perdido. Oh, Dios... perdido. El pánico se abrió paso en su pecho e hizo que el corazón que había adquiridolatiera tres veces más rápido. —Devina, mírame. Tuvo que forzar los ojos para enfocarse a través del ataque de pánico. —Lo siento —se ahogó. —Devina, la ansiedad no es por las cosas. Es por tu lugar en este mundo. Es elespacio que declaras como tuyo emocional y espiritualmente. Debes recordar que nonecesitas objetos para justificar tu existencia o para hacerte sentir segura y a salvo. Bien, todo eso sonaba bien y perfecto, pero sus posesiones en la tierra eran lo quela ataban a las almas que poseía abajo, el único lazo que tenía con sus "niños".Durante siglos, había acumulado posesiones personales de cada alma que habíatomado: botones, gemelos, anillos, pendientes, dedales, agujas de hacer punto, gafas,llaves, plumas, relojes... la lista seguía y seguía. Prefería objetos hechos de metalprecioso, pero cualquier clase de metal servía: del mismo modo que la sustanciareflejaba la luz, también exhalaba ecos de los que lo habían poseído, gastado outilizado. ~28~
  29. 29. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 La impresión irradiada de esos humanos era lo único que la calmaba cuando nopodía bajar a su santuario para una visita personal. Dios, odiaba tener que trabajar en la tierra. Con un estremecimiento, se secó las lágrimas. —No puedo soportar el estar tan lejos de ellas. —Necesitas tu trabajo. Me los has contado. Y tu ex marido está mejor preparadopara ocuparse del cuidado diario de tus niños. —Lo está. —Había tenido que meter con calzador en sus antecedentes algunaapariencia de circunstancias humanas. No había ex marido, era innecesario decirlo,pero la analogía funcionaba. Sus almas estaban a salvo donde las había dejado.Simplemente la mataba estar lejos. No había un lugar mejor donde prefiriera estarque en el fondo de su pozo, mirando cómo la multitud atrapada para siempre en susmuros se retorcía y chillaba. Jugar con ellos era divertido, también. —¿Dónde acabaste? —preguntó la terapeuta—. Después de que tu novio y tudecidierais terminar vuestra relación, ¿a dónde fuiste aquí en la ciudad? Ahora su ansiedad se trocó en enojo. No podía creer que hubiera perdido laprimera batalla contra Jim Heron… o que ese jodido bastardo se hubiera infiltrado ensu espacio privado. Gracias a él y a ésos otros dos ángeles, ella había tenido quecoger todo lo que tenía y desocupar ese loft deprisa y corriendo. —Tengo un amigo que tiene un edificio vacío. —No un amigo realmente. Sóloalgún tipo al que había jodido hasta que firmó todos los papeles. Luego le habíamatado, rellenado un bidón de desechos peligrosos con su cuerpo y lo habíaprecintado bien. Ahora estaba en su propio sótano, descomponiéndosecómodamente. —¿Y la mudanza se ha completado? —Sí, todo está allí. Pero como he dicho, no lo he colocado apropiadamente. —Sinembargo, había encontrado otra virgen, a la que había sacrificado inmediatamente ydado un buen uso protegiendo el espejo que la devolvía al Infierno—. Aunque hepuesto un sistema de seguridad. Si cualquiera violaba el sello de sangre del cuarto donde estaban la mayoría de susmás preciadas posesiones, lo sabría en un instante. Era así cómo había sabido elinstante en el que Jim y sus compañeros ángeles habían violado su espacio. Cómohabía salvado sus cosas. Aunque encontrar vírgenes estos días era un dolor en el culo. Con todos teniendotanto sexo, lo que una vez había sido pan comido conseguir ahora se estabaconvirtiendo en más y más raro. Nunca mataba niños; eso estaba mal, sería como si ~29~
  30. 30. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2alguien le arrebatara una de sus almas. Pero tratar de encontrar a alguien de más dedieciocho que no hubiera pasado por el aro. Podías estar en ello durante días. Larga vida al movimiento de abstinencia, era todo lo que podía decir. —Espera, ¿edificio? —dijo la terapeuta—. ¿No te estarás alojando en algúnedificio, verdad? —¿Qué?, no. Estoy en un hotel durante un tiempo. El trabajo me lleva fuera de laciudad. Hasta Boston, en realidad. —Porque era hora de la segunda batalla con sunémesis. Y maldición, iba a ganar ésta. —Devina, ese es un gran avance. —La terapeuta se palmeó la rodilla con la manoy sonrió—. Vives lejos de tus cosas. Has hecho un progreso. No realmente, teniendo en cuenta que podría estar en cualquier sitio en un abrir ycerrar de ojos. —Ahora cuéntame, ¿qué tal el trabajo? Sé que la semana pasada fue dura. La mano de Devina encontró su bolso y acarició el cuero suave. —Mejorará. Lo haré mejor. —Tu nuevo colaborador. ¿Cómo van las cosas con él? Sé que ha habido algunafricción inicial. ¿Fricción? Sí, podía decirse así. Pensó en ella y en Jim Heron en el aparcamiento del Iron Mask, con él enterradoprofundamente en ella, con ella cabalgándole con fuerza. A pesar del hecho de que leodiara con pasión, no le importaría tener unos pocos momentos privados más con él. Devina enderezó la espalda. —Él no va conseguir la vicepresidencia. No me importa lo que tenga que hacer,pero he trabajado demasiado tiempo y demasiado duro para que algún tipo seentrometa y se lleve lo que es mío. Siete almas. Siete oportunidades para que ganara el bien o el mal. Y la primerahabía ido al otro lado. Tres más a favor de Jim Heron y ella no solo estaría fuera del"trabajo," sino que los ángeles tomarían el control de la Tierra y todas y cada una desus almas se redimirían. Todo su trabajo para nada: sus colecciones idas. Su ejército ido. Ella misma... ida. Miró fijamente a su terapeuta. —No permitiré que gane. La mujer asintió. ~30~
  31. 31. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 —¿Tienes un plan? Devina tocó su bolsa. —Sí. Absolutamente que lo tengo. * * Después de la sesión, Devina se dirigió hacia el noreste, lanzándose al aire comouna sombra y volando a través de la noche. Se materializó en Boylston Street,enfrente del Jardín Público de Boston, donde los sauces llorones sobre la charcaestaban reverdeciendo. La recatada caja de ladrillos del Hotel Four Seasons ocupaba casi el bloque entero,entre su entrada, el porche cubierto y los ventanales de los restaurantes. Aunque elexterior fuera bastante simple, el interior era de madera cálida y brocado elegante, yhabía flores siempre frescas. Podía proyectarse en su habitación, pero era malgastar su conjunto: sus pantalonesEscada de estampado lagarto y la blusa de Channel eran despampanantes, por nodecir de su gabardina de Stella McCartney. Y se sabía, sólo su segunda noche aquí y los porteros y el personal de recepción yala saludaban mientras entraba majestuosamente en el vestíbulo, sus Louboutinsrepiqueteando sobre el mármol Lo cual servía para recordarle lo que ya sabía: de todos los trajes corpóreos deilusión que había llevado alguna vez, éste, el de una mujer morena con piernas queno acababan y un par de senos que hacían tropezar a los humanos con sus propiaslenguas, era el que le quedaba mejor. Aunque técnicamente ella fuera un asexual"ello" la experiencia había demostrado que su arsenal de armas era mejor esgrimidopor una mano con manicura. Además le gustaban más las ropas femeninas. Follar, también. Su suite en el último piso tenía una vista magnífica del jardín y del parque BostonCommon, muchos cuartos grandes así como un excelente servicio de habitaciones. Elramillete de rosas era un toque agradable y gratis. Que era lo que conseguías cuando pagabas miles y miles y miles de dólares por elalojamiento. Atravesó el salón y el dormitorio principal hacia el baño de mármol. En elmostrador entre los dos lavabos, dejó su bolso y sacó la sudadera que había tomadodel octágono de MMA. La sudadera con gorro era del color de la niebla y una tallaXXL. Se encontraba en cualquier Wal-Mart o Target, era una de esas prendas de ~31~
  32. 32. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2vestir anónimas que podían haber sido llevadas por cualquier hombre, algo que erafácil de encontrar, fácil de comprar. Nada especial. Excepto que esta era única. Especialmente dadas las manchas de sangre. Gracias a Dios esos policías habían aparecido cuando lo habían hecho. De otromodo, se habría perdido la cita con su terapeuta por completo. Rápidamente se despojó de su ropa, trató de dejarla en un lío arrugado... y duróaproximadamente un minuto y medio. El desorden hacía que su cabeza zumbara ytuvo que recogerlas, ir a zancadas al armario y colgarlo todo donde debía estar.Había llevado un sujetador que puso en el escritorio. Nada de bragas por las quepreocuparse. Estaba decididamente más tranquila cuando volvió al trabajo en la encimera delmostrador del cuarto de baño. Sacando un par de tijeras doradas de su maletín de maquillaje, cortó un círculo enla sudadera donde el corazón del hombre que la llevó habría estado. Luego cortó encuadrados la tela, las fibras de algodón cedían fácilmente y cayeron en el mármol lisoen una pila pequeña. Utilizó un lado de las tijeras para cortarse la palma, y su sangre manó de un colorgris sucio mientras caía en el nido que había hecho. Por un momento, se quedó paralizada de desilusión. Deseaba que su sangre fueraroja, mucho más atractiva. La verdad sea dicha, Devina odiaba su aspecto. Se sentía mucho mejor con estecuerpo. Y los otros. Recogiendo los trozos de la sudadera y aplastándolos en la palma manchada desangre, se imaginó al hombre que había llevado la tela contra la carne, viendo su cararuda, la barba recortada y los tatuajes de su cuerpo. Todavía aplastando en la mano y manteniendo la imagen de Isaac Rothe en lacabeza, Devina caminó desnuda al dormitorio y se sentó en el edredón. En la mesita,abrió una caja color ébano y sacó una pieza de ajedrez tallada a mano, larepresentación de la reina no tan hermosa como su traje de carne. No había visto aJim Heron al tallar la gran dama, pero él la había hecho y se lo imaginó haciéndola ensu mente, se lo imaginó encorvado sobre el afilado cuchillo, las manos segurasesgrimiendo un borde de acero para revelar el objeto dentro de la madera.Apretando lo que él había hecho en la palma manchada de sangre, junto con lasfibras de la sudadera, los fundió, los fusionó. Entonces se inclinó y cogió una velaque encendió a voluntad. Acostándose, sopló a través de la llama, las esencias de lostres se mezclaron y fluyeron sobre la llama. ~32~
  33. 33. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 El resplandor púrpura que emanaba del lado lejano la cubrió, envolviéndola enfosforescencia... llamando a los propietarios de las cosas a juntarse, llamándolos aella. Jim Heron no iba a saber que le había golpeado esta vez. Quizás había ganado laprimera partida, pero eso no iba a suceder otra vez. ~33~
  34. 34. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Capítulo 4 Cuando se trabajaba en la central de procesamiento de la cárcel del condado deSuffolk en el centro de Boston, se veía un montón de mierda. Y alguna era de la claseque hacía posponer el café y los donuts. Otras clases… eran solo alucinantemente extrañas. Billy McCray había sido primero un poli de ronda en Southi, sirviendo al lado desus hermanos, primos y su viejo. Después había recibido un disparo, unos quinceaños atrás. El sargento lo había arreglado para que tuviera este trabajo de escritorio…y había resultado que no solo instalaba su silla de ruedas perfectamente bajo el bordedel mostrador, también era malditamente bueno empujando papeles. Habíaempezado registrando arrestos y haciendo fotografías para las fichas, pero ahoraestaba al cargo de todo. Nadie se sonaba ni siquiera la nariz en este lugar hasta que Billy no les decía queestaba bien usar un kleenex Y él adoraba lo que hacía, incluso si se volvía extraño de cojones algunas veces. Como lo primero de esta mañana. Seis a.m. Había registrado a una mujer blancaque había estado vistiendo un par de latas de Coca-cola como pezoneras, los dosnúmeros de aluminio pegados en la parte de debajo de sus tetas y apuntandodirectamente fuera. Tenía la sensación de que aquella foto iba a terminar en la webde “LOS MAS BUSCADOS” y probablemente ella iba a disfrutar de la exposición,pero no, ella quería mostrar sus… bueno, latas. Gente. Sinceramente. Sacado el pegamento fue fácil dejarla, pero le estaban sirviendo las bebidas ensimples vasos de papel solo por si acaso tenía otra brillante idea… Cuando la puerta de acero se abrió al fondo del vestíbulo, Billy se enderezó en susilla. La mujer que entró era una visión digna de contemplar, correcto, pero no por larazón que la mayoría de los frikis que estaban aquí. Medía 1.75 m y tenía el cabellorubio que siempre estaba recogido en una trenza sobre la cabeza. Vestía un traje ~34~
  35. 35. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2perfectamente entallado y un abrigo largo y formal, él sabía sin preguntar que subolso y su maletín valían más de lo que él tenía en su plan de jubilación 401. Por no decir nada sobre aquel enorme collar de oro alrededor de su cuello. Cuando un par de polis la adelantaron, ellos también enderezaron sus columnas ybajaron la voz… e inmediatamente miraron sobre el hombro para echar un vistazo asu espalda. Y cuando ella llegó ante la partición de plexiglás delante de él, estuvo encantadode haberla deslizado hacia atrás, porque pudo oler su perfume. Dios… siempre era el mismo. El aroma de rico y opulento. —Hola, Billy ¿Cómo le va a Tom en la Academia de Policía? Como muchos de la clase de Beacon Hill, la entonación de Grier Childe hacía queuna simple pregunta pareciera mejor que algo que Shakespeare hubiera escrito. Peroa diferencia de aquellos culos-apretados, ella no era una insolente y su sonrisa eragenuina. Siempre le preguntaba por su hijo y su esposa y lo miraba de verdad,encontrando sus ojos como si él fuera más que sólo un jinete de escritorio. —Lo está haciendo muy bien —Billy sonrió ampliamente y cruzó los brazos sobresu hinchado pecho—. Se graduará en junio. Trabajará en Southie. Es un tirador comosu papá… el chico podría darle a una lata desde un kilómetro. Desafortunadamente, eso le recordó a la chica-Cocacola, pero empujó la imagenfuera del camino. Mucho mejor disfrutar de la vista de la señorita Childe, abogada. —No me sorprende que Tommy sea un as. —Firmó dentro de la tablilla y apoyóuna cadera contra el mostrador—. Como tú dices, ha salido a ti. Incluso después de dos años de esto, todavía no podía creer que ella se detuviera ahablar con él. Sí claro, los tipos del fiscal del distrito y los defensores públicoshabituales le daban jabón, pero ella venía de uno de aquellos colegios de prestigio ybufete con solera… y con frecuencia eso quería decir que solo importaban los datossobre donde estaban sus clientes. —¿Así que, qué está haciendo tu Sara? Mientras hablaban, él tecleó su nombre en el programa para sacar a quien le habíasido asignada. Aproximadamente cada seis meses o así, ella comparecía en larotación de los defensores públicos. Era, por supuesto, pro bono para ella. Sus tarifashorarias eran indudablemente tan caras, que él estaba condenadamente seguro deque los clientes que atendía aquí no podían permitirse más de dos palabras con ella,mucho menos una hora completa…o, Cristo, ni el valor del caso en tiempo. Cuando vio el nombre que estaba junto al de ella, frunció el ceño. —¿Está todo bien?—preguntó ella. ~35~
  36. 36. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Bueno, no, no realmente. —Sí, está bien. Porque él se iba a encargar de que ella lo estuviera. Alargó la mano a un lado a por un montón de expedientes. —Aquí está la documentación de tu cliente. Si vas al número uno, te lo sacaremos. —Gracias, Billy. Eres el mejor. Después de que él la llamara a través de la puerta principal dentro de la unidad derecepción y procesamiento de la cárcel, ella se fue a la habitación que le había dado…la cual resultó ser justo la más próxima a su oficina. Tomando una nota en suordenador, él levantó el teléfono y llamó a las celdas. Cuando Shawn C respondió, él dijo: —Sube al número cinco-cuatro-ocho-nueve-setenta, apellido Rothe. Para nuestraseñorita Childe. Un pequeño silencio. —Es un tipo grande. —Sí, y escucha… ¿podrías hablar con él? Quizás recordarle como ser educado consu abogada le hará las cosas más fáciles. Hubo otra pausa. —Y estaré justo fuera de la puerta cuando esté con ella. Tony me cubrirá aquíabajo. —Bien, sí, eso está bien. Gracias. Cuando Billy colgó, se dio la vuelta para enfrentar las pantallas del sistema deseguridad. En el más bajo de la izquierda, observó como la señorita Childe se sentabaen la mesa, golpeó abierto el expediente, y miró los informes que contenía. Iba a mantener los ojos sobre ella hasta que estuviera a salvo fuera de allí. El asunto era que abajo, en la jaula, había dos clases de gente: los asiduos y losocasionales Los ocasionales recibían un trato educado y todo eso, pero los asiduos…particularmente agradables, jóvenes internos con bonitas sonrisas y un montón declase… de esos tenían que cuidarse. Y eso quería decir que Shawn C., el guardia, estaría aparcado fuera en el vestíbulo,mirando a través de la ventanilla de tela de gallinero todo el tiempo que aquelmaníaco homicida que había sido arrestado por luchar en jaula estuviera con suchica. ~36~
  37. 37. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Si aquel cabrón tan solo respiraba mal cerca de ella, bien… bastaba con decir queen la tienda de Billy, nadie estaba por encima de una pequeña acción correctiva.Todos los guardias y el personal conocían la esquina oscura en los sótanos donde nohabía cámaras de seguridad y nadie podía oír a un gilipollas gritando cuando elcastigo les hacía gritar como putas. Billy se recostó en su silla y sacudió la cabeza. Una agradable chica la que estabaallí, realmente agradable. Por supuesto dado lo que había ocurrido con suhermano… Las vidas duras tenían una forma de dirigirse a lo agradable, verdad. * * Grier Childe se sentó enfrente de una mesa de acero inoxidable en una fría silla deacero inoxidable que estaba frente a otra silla de acero inoxidable. Todo el mobiliarioestaba atornillado al suelo y las únicas instalaciones eran la cámara de seguridadsobre la esquina y un foco en el techo que tenía una caja alrededor. Las paredes eranbloques de hormigón que habían sido pintadas tantas veces que eran casi suavepapel pintado, y el aire olía como matarratas para limpiar el suelo, la colonia delúltimo abogado que había estado en la habitación, y cigarrillos viejos. El lugar no podía ser más diferente de donde ella trabajaba habitualmente. Lasoficinas de Boston de Palmer, Lods, Childe, Stinton & Dodd eran como un museo demobiliario y grabados del siglo diecinueve. PLCS&D no tenía guardas armados,detectores de metal, y nada estaba atornillado en su sitio para que no pudiera serrobado o lanzado por alguien. Allí los uniformes procedían de Brooks Brothers y Burberry Ella había estado trabajando como abogada de oficio durante dos años, y le habíallevado al menos doce meses llegar a buenos términos con la recepción, el equipo ylos guardas. Pero ahora, cuando llegaba aquí, era como estar en el viejo hogar, yhonestamente amaba a la gente. Montones de buena gente haciendo trabajos difíciles en el sistema. Abriendo el informe sobre su nuevo cliente, revisó los cargos, formularios deentrada e historia. Isaac Rothe, edad veintiséis, apartamento bajo en Tremont Street.Sin trabajo. Sin antecedentes previos. Arrestado con otros ocho como parte de unaredada la noche anterior en un garito y cuadrilátero clandestinos. No se necesitabaorden de detención porque los boxeadores estaban entrando ilegalmente enpropiedad privada. De acuerdo con el informe policial, su cliente estaba en elcuadrilátero en el momento que la policía se infiltraba. Aparentemente el tipo con elque estaba luchando estaba siendo tratado en el Mass General. Son las nueve de la mañana de un sábado por la mañana... ¿Sabes dónde está tu vida? Manteniendo la cabeza baja, Grier apretó los ojos cerrados. ~37~
  38. 38. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 —Ahora no, Daniel. Solo estoy diciendo. Mientras la voz de su hermano muerto flotaba dentro y fuera desu cabeza desde detrás, el incorpóreo sonido la hizo sentirse completamente loca.Tienes treinta y dos años, y en lugar de tratar de quedar bien con algún buen muchacho, estássentada aquí en la comisaría con un café de mierda. —No tengo ningún café. En aquel momento, la puerta giró ampliamente y Billy apareció. —Creo que te gustaría algo para despertarte. Bingo, dijo su hermano. Cállate. Arriba, le recordó ella. —Billy, eso es realmente amable de tu parte. Tomó lo que el supervisor le ofrecía, el calor de la taza de papel derramándose ensu palma. —Bueno, ya sabes. Es agua sucia. Todos lo odiamos —Billy sonrió—. Pero es unatradición. —Seguro que lo es —frunció el ceño cuando él se rezagó—. ¿Algún problema? Billy palmeó la silla vacía próxima a él. —¿Te importaría sentarte aquí, por mi? Grier bajó la taza. —Por supuesto que no, pero por qué… —Gracias cariño. Pasó un segundo. Claramente, Billy estaba esperando que ella se cambiara de sitioy no se inclinaba a dar explicaciones. Arrastrando el archivo todo el trayecto, ella fue al otro asiento, la espalda ahorahacia la puerta. —Esa es mi chica. Le dio un apretón en el brazo y salió. El cambio de posición significaba que podía ver la vaporosa aparición de su joveny amado hermano. Daniel estaba apoyado distraídamente en la esquina más alejadade la habitación, los pies cruzados por los tobillos, los brazos cruzados en el pecho. Elcabello rubio sano y limpio, llevaba un polo color coral y unos pantalones cortos demadrás. ~38~
  39. 39. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Era como un modelo fantasma en un anuncio de Ralph Lauren, cien por cienamericano, un privilegiado besado por el sol listo para sacar un velero deHyannisport. Excepto que no le estaba sonriendo, como solía hacer. Lo quieren de cara a la puerta,de manera que el guarda del exterior pueda mantener los ojos sobre él. Y no te quierenatrapada en la habitación. Facilitar el sacarte de la habitación si se pone agresivo. Olvidando la cámara de seguridad, y el hecho de que nadie más que ella estabahablando en el enrarecido aire, se inclinó —Nadie va a volverse loco. Tienes que dejar esto. Deja de intentar salvar a la gente y ten una vida —Exactamente como te di la espalda a ti. Deja de rondarme y vete a la eternidad. Lo haría. Pero tú no me dejas irme. Con aquel comentario, la puerta tras ella se abrió y su hermano desapareció. Grier se tensó cuando escuchó el tintineante sonido de cadenas y el arrastrar depies. Y entonces lo vio. Santa… María… Madre… De… Lo que había sido traído de Retención por Shawn C. era un metro noventa y trescentímetros de sólido músculo. Su cliente estaba “vestido”, lo que quería decir quellevaba su atuendo de prisionero, y sus manos y pies estaban engrilletados y unidoscon una cadena de acero que pasaba por delante de sus piernas y le rodeaba lacintura. Su dura cara tenía el tipo de mejillas hundidas que acompañaban a cerograsa corporal, y el oscuro cabello estaba cortado como el de un militar. Teníaalgunos moratones desvaneciéndose alrededor de los ojos, una tirita en el nacimientodel cabello… y un enrojecimiento alrededor del cuello, como si muy muyrecientemente hubiera sido maltratado Su primer pensamiento fue… que estaba encantada de que el viejo y bueno deBilly McCray la hubiera hecho cambiar de asiento. No estaba segura de cómo losabía, pero tenía la sensación de que si su cliente lo elegía, podía haber tenidotumbado a Shawn C. en un abrir y cerrar de ojos… a pesar de las esposas y el hechode que el guarda tuviera la constitución de un buldog y años de experienciamanejando hombres grandes e inestables. Los ojos de su cliente no se encontraron con los suyos, sino que permanecieronfijos en el suelo mientras el guardia lo metía en el estrecho espacio entre la silla vacíay la mesa. Shawn C. se inclinó hacia la oreja del hombre y le susurró algo. ~39~
  40. 40. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Le gruñó algo, más bien. Luego, el guarda lanzó una mirada hacia Grier y sonrió muy tenso, como si no legustara todo el asunto pero fuera muy profesional sobre esto. —Oye, estaré justo al otro lado de la puerta. Si necesitas algo solo grita y estaréaquí —en un tono más bajo, dijo—: Estaré vigilándote, muchacho. Por alguna razón no estaba sorprendida por las precauciones. Solo sentarse frentea su cliente la ponía recelosa. No podía imaginárselo moviéndose alrededor de lacárcel. Dios, era grande. —Gracias Shawn —dijo ella tranquilamente. —Sin problemas, señorita Childe. Y entonces estuvo sola con el señor Isaac Rothe. Midiendo el tremendo tamaño de sus hombros, ella notó que no estabaretorciéndose ni inquieto, lo que tomó como un buen signo… nada de metadona ococa en su organismo, afortunadamente. Y no la estaba mirando inapropiadamente omirando la parte delantera de su traje ni lamiéndose los labios. En realidad, no la estaba mirando para nada, los ojos permanecían fijos en la mesafrente a él. —Soy Grier Childe… he sido asignada a su caso. —Cuando él no levantó los ojosni asintió, continuó—. Cualquier cosa que me diga es privilegiada, lo que quieredecir que dentro de los límites de la ley, no se lo revelaré a nadie. Aún más, esacámara de seguridad allí arriba no tiene audio, de manera que nadie más puede oírlo que usted me cuente. Ella esperó… y aún así él no replicó. Sólo estaba sentado allí, respirando conregularidad, todo poder contenido con sus manos esposadas apoyadas sobre eltablero de la mesa y su enorme cuerpo encajonado en la silla. En el primer encuentro, la mayoría de los clientes que había tenido allí serepantingaban y hacían la rutina huraña, o bien jugaban todos indignados yofendidos, con un poco de parloteo exculpatorio. Él no hizo nada. Su columna estabatan tiesa como un palo de escoba, y estaba completamente alerta, pero no dijo unapalabra. Ella se aclaró la garganta. —Los cargos contra usted son serios. El tipo con el que estaba luchando fueenviado al hospital con una hemorragia cerebral. Ahora mismo usted está acusadopor asalto en segundo grado e intento de homicidio, pero si muere, eso es asesinatoen segundo grado u homicidio involuntario. ~40~
  41. 41. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Nada. —Señor Rothe, me gustaría preguntarle algo, ¿puedo? Sin respuesta. Grier se recostó. —¿Puede usted oírme? Justo cuando ella se estaba preguntando si él tenía una discapacidad no revelada,habló. —Si, ma’am La voz era tan profunda y llamativa que ella dejó de respirar. Aquellas dospalabras fueron pronunciadas con una suavidad tal que era un contraste total con eltamaño de su cuerpo y la severidad de su cara. Y su acento… vagamente sureño,decidió. —Estoy aquí para ayudarle, señor Rothe. Entiende eso, ¿verdad? —No es falta de respeto, ma’am, pero no creo que pueda. Definitivamente sureño. Hermosamente sureño en realidad Sacudiendo la cabeza para aclararla, ella dijo. —Antes de que usted me despida, le sugiero que considere dos cosas. Ahoramismo no hay fianza señalada para usted, de manera que va a estar metido aquímientras su caso avanza. Y podrían ser meses. Además, quien se representa a símismo en realidad tiene a un loco por cliente… que no es solo un dicho. No soy elenemigo. Estoy aquí para ayudarle. Por fin él la miró. Sus ojos eran del color de la escarcha en el cristal de las ventanas, y llenos desombras de hechos que manchaban el alma. Y cuando esa adusta y exhausta miradala perforó hasta el fondo de su cabeza, se le congeló el corazón: ella supo al instanteque no era solo algún matón callejero. Era un soldado, pensó. Tenía que serlo... su padre tenía la misma mirada en susojos durante las noches tranquilas. La guerra le hacía eso a la gente. —¿Irak? —le preguntó en voz baja—. ¿O Afganistán? Enarcó un poco las cejas, pero esa fue la única respuesta que obtuvo. Grier dio golpecitos sobre el expediente. —Déjeme fijarle una fianza. Solo déjeme empezar por ahí, ¿de acuerdo? No tieneque decirme nada sobre por qué fue arrestado o qué ocurrió. Solo necesito saber sus ~41~
  42. 42. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2vínculos con la sociedad y donde vive. Sin arrestos previos, pienso que podemosintentar… Paró cuando se dio cuenta de que él había cerrado los ojos. De acuerdo. La primera vez que ella tenía un cliente que se echaba una cabezadaen mitad de una reunión. Quizás Billy y Shawn C. tenían menos de lo quepreocuparse de lo que pensaban. —¿Le estoy aburriendo, señor Rothe? —le preguntó un momento después. ~42~
  43. 43. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 Capítulo 5 No. Difícilmente. La voz de su abogada de oficio era una espacie de nana en los oídos de Isaac, laaristocrática inflexión y la perfecta gramática le tranquilizaban tanto que estabaextrañamente asustado de ella. Al principio, había cerrado los ojos porque ella erasimplemente demasiado bonita para mirarla, pero había conseguido un beneficioañadido con los ojos cerrados. Sin la distracción de su perfecta cara y la miradainteligente, era capaz de concentrarse completamente en las palabras. La forma en que hablaba era poética. Incluso para un tipo que no estaba metido enla rutina de corazones y flores. —Señor Rothe. No era una pregunta, era una exigencia. Evidentemente estaba empezando ahartarse de su culo. Abriendo un poquito los párpados, sintió el impacto de su uña contra elesternón… y trató de decirse a sí mismo que ella estaba causándole tan granimpresión porque habían pasado años desde que había estado cerca de una autenticadama. Después de todo, la mayoría de las hembras que había follado o trabajado conellas habían estado rozando los límites de la ley, exactamente como él. De maneraque esta, meticulosamente peinada, claramente educada y exóticamente perfumada,al otro lado de la mesa era alguna clase de anormalidad deslumbrante. Dios, probablemente ella se desmayaría si viera su tatuaje. Y saldría corriendo y dando alaridos si supiera lo que había estado haciendo paravivir en los últimos cinco años. —Déjeme arreglar su fianza —repitió—. Y luego vernos donde estamos. Tuvo que peguntarse por qué ella se preocupaba tanto por algún chiflado quenunca había visto antes, pero había una misión innegable en sus ojos, y quizásaquello lo explicaba: evidentemente, estaba exorcizando algún tipo de demonio,bajando aquí con la chusma. Quizás era un caso de culpabilidad por riqueza. Quizásera un tema religioso. Lo que quiera que fuera, ella estaba condenadamente decidida. ~43~
  44. 44. J.R. Ward Gula Angeles Caídos 2 — Señor Rothe. Déjeme ayudarle. No la quería envuelta en su caso… pero si ella podía sacarlo libre, él podría salir yestaría indudablemente más seguro en el mundo exterior: su antiguo jefe no tendríaproblema en enviar a un hombre dentro de esta cárcel con un cargo y organizar elasesinato justo bajo las narices de los guardias. Para Matthias, eso sería un juego de niños. Isaac sintió su conciencia, la cual había estado mucho tiempo en silencio, lanzar ungrito, pero la lógica era sólida: ella parecía la clase de abogado que podía conseguirque las cosas se hicieran en el sistema, y por mucho que odiara involucrarla en eldesastre en que estaba metido, quería seguir vivo. —Le agradecería si pudiera hacerlo, ma’am. Ella respiró profundamente, como si se estuviera tomando un respiro en medio deuna maratón. —Bien. Todo bien entonces. Ahora, dice aquí que usted vive en Tremont. ¿Cuántotiempo ha estado allí? —Solo dos semanas. Pudo decir por la forma como sus cejas se juntaron que eso no iba a ayudarlemucho. —¿Está sin trabajo? El término técnico era Ausente Sin Permiso, pensó. —Si, ma’am —¿Tiene alguna familia? ¿Aquí o en algún lugar del estado? —No. Su padre y hermanos pensaban que estaba muerto, y eso estaba bien para él. Y lomejor para ellos con toda probabilidad. —Al menos no tiene antecedentes. —Cerró el expediente—. Estaré frente aljuzgado en una media hora. La fianza va a ser excesiva… pero conozco a algunosfiadores que podríamos abordar para poner el dinero. —¿A cuánto piensa que podría subir? —Veinte mil… si tiene suerte. —Puedo cubrirlo. Otro ceño mientras ella abría el expediente, echando un segundo vistazo a suspapeles. —Declaró aquí que no tenía ingresos ni ahorros. ~44~

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