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Capitulo 01Miedo era lo que se respiraba en las tierras agrícolas de San Joaquín cuando seoyó el ruido de un camión. Los n...
nuevo alcalde, no permite que la gente se quede en la ciudad si no puede ganarsesu sustento.El suelo del escondite vibraba...
abulón2 fue la confirmación de lo que estaban buscando. Se abrazó a su hermanade nuevo, antes de levantarse y pasar la peq...
- ¿Su nombre? - Preguntó el sacerdote.- Aisling.- Ven, - dijo. - Reúna lo que necesite. Sus servicios son necesarios.- ¿Po...
así, se sentía temblar un poco cuando el pequeño brote de esperanza fueaplastada sin piedad, cuando él abrió los ojos y di...
El miedo se desvaneció y la curiosidad fue creciendo con cada milla queviajaban. Aziel se movía para mirar por la ventana....
descubrí.El sacerdote rió en silencio y dejó pasar el asunto. Aisling devolvió su atención alpaisaje urbano que se aproxim...
Aquel lugar ennegrecido y destruido poco a poco dio paso a zonas donde losedificios estaban siendo recuperados. Almacenes ...
alfombras tejidas a mano y pulidos suelos de madera, mobiliario que eraagradable a la vista, así como funcional. No se veí...
Aisling se levantó de la cama. - Me gustaría tener de vuelta mi ropa.- Están siendo lavadas. Cuando estén limpias, te será...
creencias. Ese era el regalo de un chamán al entrar en las Tierras Fantasma, paracaminar en la otra vida y negociar para o...
y lo puso lejos de ella.Ella introdujo los dedos en la sal, la incertidumbre sobre utilizarla. Era laprotección de una bru...
Aisling resistió el impulso de suavizar sus manos sobre la ropa no existente.- ¿Estás aquí para llevarme a Elena?- Puedo h...
El gris dio paso al rosa. El color rosa oscuro se convirtió en rojo sangre. Su guíase detuvo. - Fin de la gira para mi des...
Un escalofrío se disparó bajando por la espina en el alma de Aisling, elreconocimiento profundo. No había tiempo para cues...
Capitulo 02Zurael cobró vida en el lugar exacto en el que abruptamente e involuntariamentehabía desaparecido unos momentos...
Zurael entró en la aterciopelada oscuridad de la noche y siguió al consejero de supadre en silencio cuando se movieron a t...
- Fuiste convocado, - dijo el Príncipe. Su voz era casi un silbido, pero hizo eco enel vestíbulo. Resonó a través de la me...
planear sobre la imagen de Jetrel. - Este es el momento en el que aprendimos loque nos ocurriría si matábamos a un humano ...
contra su suelto y largo pantalón.- Estaba desnuda.- dijo, odiando que su pene se hubiera endurecido delante deella tambié...
disipado cuando su padre dijo, - Al menos convocado, deberías dejar el Reino delos Djinn solo una vez.                    ...
El Padre Ursu cogió el teléfono de su bolsillo y transmitió la dirección, aunqueAisling sabía que era por el espectáculo. ...
largo y difícil.Aisling le dejó ayudarla a ponerse de pie y guiarla a su dormitorio. Estabaemocionalmente exhausta, no ser...
alguien más que el más fuerte de la Casa de la Araña.- Como desee, Príncipe Zurael. - El estudiante se inclinó otra vez. -...
llegó a sus ventanas nasales. Contempló las tazas de té y sintió la conmoción dela dificultad en su pecho. Él nunca había ...
mostrado interés en los humanos que habían sido asesinados, Malahel y Iyar seapoyaban hacia delante cuando describió a la ...
momento, su deuda era cancelar la información que había proporcionado sobreel convocador.Zurael se forzó a impulsar la taz...
visitado en siglos de existencia.- Creemos que la tabla está en Oakland, - dijo Iyar. - La ciudad a la que fuisteconvocado...
cambió la posición en el cojín con la esperanza de que su respuesta física no fueranotada.La piedra de la hembra descansab...
que a fin de lograr la tarea que había estado de acuerdo en hacer, necesitaríaencontrar a la humana que le había convocado...
Aisling dudó, insegura de si admitirlo o no. Él se tomó su demora en respuestapor la vergüenza a su ignorancia.- No import...
Aisling le acompañó a la puerta y se quedó hasta que él consiguió entrar en elcoche con chofer y se fue.A lo largo de la c...
Aisling limpió las lágrimas de sus ojos y se fue, retirándose al salón y a la cocina.Había platos sucios en el fregadero, ...
para escalar sobre su hombro y montar a una nueva aventura. Aisling sacudió sucabeza.- Quédate aquí donde sepa que estás a...
Capitulo 03Terror sintió Aisling, mudo e inmóvil. Su aliento cargado dentro y fuera de sugarganta junto con pequeños queji...
El conocimiento de que ella no solamente podía convocarlo a su voluntad, sinoque pudiera hacer que la deseara, envío ira q...
que le hiciera algo.La mirada de Zurael fue a la bolsa de yute con comestibles. Asintió, aunque susojos prometieron repres...
guiado a la pelea con algo malo. No eran cosas que ella podía deshacer y noquería hacerlo.- ¿Tienes hambre? – Preguntó ell...
con los de él, pero él no fue alcanzado por ella cuando se deslizó a su lado.A Zurael le estaba resultando cada vez más di...
La siguió con los ojos cuando ella graciosamente se sentó en un lecho de tierraapisonada en el centro de la habitación. Cu...
espalda. Se maldijo por no pensar que pudiera estar armada, aunque sería casiimposible para ella matarlo.Ella conectó los ...
- Espero que no te importe que este aquí, - dijo Elena.- No me importa.- ¿Puedo sentarme? ¿Podemos hablar? ¿O tienes un cl...
trabajara a su favor cuando se deslizó a través de la almohada y hacia Aisling, elresto de su cuerpo seguía un patrón exót...
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  1. 1. Bienvenido a un mundo post-apocalíptico, donde el más allá semantiene de tal forma que solo los más valientes pueden convocarlo, oatreverse a desearlo.Arrancada de su hogar y su familia, la shamaness Aisling McConaugheydebe adentrarse en el mundo de los espectros para salvar a la amante deun hombre rico. Pero su poder tiene un precio: debe invocar al príncipeDjinn Zurael en Caym… y rendirse a su salvaje y sensual cólera.Zurael pretende asesinar a Aisling después de utilizarla como cebo paraencontrar a un enemigo que tiene en su poder una antigua tabla. Perocuanto más saborea su espíritu inocente, más utiliza su fiero contacto paralograr que ansíe su piedad… incluso si de ese modo tejen un eróticohechizo del que Zurael no puede escapar
  2. 2. TRADUCTORAS: Veroniica Naoru Dark Lady Alejitabb Obsession Abril_tonks Anelisse Geaf Kuami Magial_90 Rihano DarkemilyCORRECTORAS: Jey Anelisse Dark Lady HellParadise Lina VirtxuRECOPILACIÓN Virtxu DISEÑO Madri
  3. 3. Capitulo 01Miedo era lo que se respiraba en las tierras agrícolas de San Joaquín cuando seoyó el ruido de un camión. Los niños fueron llamados de sus tareas y las mujeresabandonaron la colada. Las pesadas puertas y los barrotes de las ventanasestaban cerradas y bloqueadas, pedían plegarias a los dioses porque se decía quelos dioses todavía podían permanecer en un mundo alterado para siempre por laguerra, nacido en la peste.Un nudo frío de miedo se formó en el estómago de Aisling McConaugheymientras corría hacia la casa.Más allá podía ver a algunos de los otros dejándose caer en el granero, peroestaba demasiado lejos como para ir allí al seguro lugar. La puerta de la calleestaba abierta. Aisling se metió a toda prisa por delante de Geneva, la mujer encuyo umbral ella había sido abandonada cuando era un bebé.Corrió por el pasillo y se metió en el armario de almacenamiento, a continuación,en el pequeño escondite entre ella y la despensa de la cocina. Su garganta secerró con consternación cuando vio que no era la única que no había conseguidollegar hasta el granero. Una de sus hermanas más jóvenes se sentó en sus rodillasy se abrazó a su pecho, sus ojos oscurecidos por el miedo.Aisling recogió a la niña en sus brazos y reclamó un lugar en el suelo.- Vamos a estar bien, - susurró mientras abrazaba a la niña. - Probablementeestán conduciendo por aquí para asegurarse de que los huertos están siendoatendidos adecuadamente. Tal vez se están llevando trabajadores. No conoces al
  4. 4. nuevo alcalde, no permite que la gente se quede en la ciudad si no puede ganarsesu sustento.El suelo del escondite vibraba por el acercamiento de los camiones pesados.Desde la última guerra y la peste que la puso fin, sólo los ricos o aquellos queestaban en asuntos del gobierno se podían permitir el acceso a combustible parasus vehículos. Los delgados brazos se apretaron alrededor del cuello de Aisling. -¿Y si quieren a uno de nosotros?- No ha ocurrido todavía, - susurró Aisling, con ganas de calmar los temores desu hermana con una mentira, pero dándole la verdad en su lugar.Después de que la guerra y la peste mataran a gran parte de la población de laTierra, los seres sobrenaturales habían salido de su escondite. Desde entonces, losterritorios se habían labrado. Stockton y las granjas de los alrededores fueroncontrolados por los seres humanos que temían a los vampiros y loscambiaformas, así como cualquier persona dotada de habilidades sobrenaturales.El chirrido de los frenos envió una nueva oleada de miedo a Aisling. Los golpesen la puerta, acompañados por la voz de un hombre exigiendo entrada, le hizocrecer la respiración entrecortada.Arrastrando los pies con un lento progreso Geneva fue con resignación. Otros,huérfanos sin habilidades que los hicieran diferentes, se movían y el suelo crujíaa medida que tomaban posiciones por toda la casa para que todo parecieranormal.- Entren, - dijo Geneva, aunque las pisadas de las botas de sus inoportunosvisitantes estaban ya en el interior.Las náuseas irradiaban en un nudo en el estómago de Aisling mientras la casaera registrada. Cerró sus ojos y miró el espacio que compartía con otras variasmuchachas. Su pecho se oprimió cuando una voz llamó, - Capitán. Aquí. -En su imaginación seguía los pasos a su dormitorio y el tocador donde elamuleto inacabado descansaba.Las siguientes palabras del capitán fueron como hielo deslizándose por lacolumna vertebral. - ¿Dónde está la shamaness1?- Aisling supo entonces quehabían venido a por ella. El amuleto podría pertenecer a una bruja o un artista.Muchos de los no-humanos cubrían sus apuestas mediante la compra detalismanes y amuletos para protegerse. Pero para el guardia, el zorro tallado en1 Shamanees: chamán: Hechicero al que se supone dotado de poderes sobrenaturales para sanar a los enfermos, adivinar,invocar a los espíritus, etc.
  5. 5. abulón2 fue la confirmación de lo que estaban buscando. Se abrazó a su hermanade nuevo, antes de levantarse y pasar la pequeña puerta que conducía a unarmario aparentemente lleno de ropa guardada. En la sala de arriba el guardiavolvió a preguntar, - ¿Dónde está la shamaness, vieja? - Aisling esperaba oír elindicador de una bala en la recámara o el sonido de violencia física.Para los ricos y bien posicionados, la vida era muy diferente, la libertad y laigualdad era algo que daban por sentado. Pero para los pobres, especialmente losque no eran dueños de la tierra que trabajaban, los derechos civiles eran algo quesolo se encontraba en los libros de historia y sueños. Ella abrió la puerta oculta.Un poco de opresión abandonó su pecho cuando se encontró solo con laoscuridad. Sospechaba que sus acciones fueran hechas para dar algo deespectáculo, para intimidar más que con la esperanza de encontrar a alguien.En el pasillo, una voz diferente, dijo, - Sra. McConaughey, no queremos hacerledaño ni a usted ni a nadie a su cuidado. La Iglesia es consciente de su buentrabajo. Por desgracia, hay más en juego aquí que una mujer y su familia dehuérfanos. Me han ordenado encontrar a la shamaness y llevarla a la Diócesis deOakland. Mi búsqueda me ha llevado hasta aquí, a su casa. Sería mejor paratodos los interesados su cooperación.Aisling cerró la puerta oculta. Tomó una respiración profunda tranquilizadorapara pasar a través de los largos impermeables y mantas colgadas para cubrir laentrada al escondite. Sus dedos dejaron de lado la pequeña bolsa de cuero conamuletos que llevaba debajo de su camisa. No había otra opción más querendirse.Los guardias podrían matar a todos los de aquí y asegurar que fue para erradicaruna enfermedad o defenderse a sí mismos. Mientras los huertos, jardines y elganado no fueran destruidos, no habría ninguna protesta, ninguna indignación.Salió al pasillo y subió las escaleras de la casa de madera. Cuando llegó a la cima,la oscura figura del sacerdote se volvió. Sus ojos se encontraron, brillando consatisfacción y tal vez con algún indicio de alivio.Él dio un paso adelante, su lenguaje corporal transmitía amistad. Ella permitióun estrechamiento de manos.Sus palmas eran ásperas, sus dedos callosos contra la suavidad de la piel de bebédel sacerdote. Aisling se forzó para relajarse, fingir que aceptaba su acercamientoy no lo veía sospechoso.2 Abulón2: crustáceo
  6. 6. - ¿Su nombre? - Preguntó el sacerdote.- Aisling.- Ven, - dijo. - Reúna lo que necesite. Sus servicios son necesarios.- ¿Podré volver?Hubo un menudo parpadeo de vacilación antes de que él dijera, - Desde luego,pero no sé cuándo. Le proporcionarán ropa y alimento. No hay ningunanecesidad de embalar nada de eso.El miedo trató de salir por la garganta de Aisling. El pánico la llenó ante la ideade estar sin sus amuletos más grandes, estos permanecían en una caja fuerte delgranero excepto aquellas veces cuando viajaba a Las Tierras Fantasmas y losrequería para protegerse. No podía recuperarlos, no con la policía y el sacerdoteaquí.- Estoy lista, - dijo incapaz de mantener su voz estable.El sacerdote frunció el ceño. Las cejas plegadas enseñaron su preocupación. Unatisbo de esperanza floreció en el pecho de Aisling. Él estaba bien informado.Quizás su carencia de protecciones más fuertes la harían parecerle débil,inadecuada para cualquier tarea a la que había sido conducida.- ¿Tiene todo lo que necesita? - Preguntó. Sus ojos se fueron a su cuello ymuñecas, a los bolsillos de sus pantalones de trabajo y la cinta delgada queestaba libre de amuletos.- No he tenido ningún entrenamiento formal como shamaness, - dijo Aisling.Era la verdad. Lo que sabía, lo había aprendido por su cuenta o de los guíasespirituales que la ayudaban. Para los ricos, o para los que vivían encomunidades donde los dones sobrenaturales se aceptaban, tenían unaorientación y educación formal. Ella no se había beneficiado de eso tampoco.El sacerdote cerró los ojos, tal vez rezando. O tal vez pensaba en los otros lugaresque orientaban, aunque la Iglesia era propensa a ver esos talentos de la mismamanera que consideraban a los vampiros y los cambiaformas, como diablosnacidos o tocados por el diablo.Aisling cerró la mano en un puño. Se obligó a no mostrar ninguna emoción. Aun
  7. 7. así, se sentía temblar un poco cuando el pequeño brote de esperanza fueaplastada sin piedad, cuando él abrió los ojos y dijo, - Si usted está lista,entonces, nos vamos. Quiero estar de vuelta en la diócesis antes de la noche.Algo más allá de lo que el sacerdote dijo le llamó la atención. Cuando vio elhurón negro con los ojos dorados, un pequeño rayo de felicidad penetró en laoscuridad de su miedo a ser llevada. Aziel tenía la intención de ir con ella o él nohabría salido con la presencia de estos extraños.- Tendrá que llevar a su mascota, - dijo Geneva con su estoica expresión. - Novoy a tenerlo aquí desatendido y persiguiendo a las gallinas.- Ven, Aziel, - dijo Aisling aunque no era necesario. El hurón ya estaba corriendohacia ella. Hizo un trabajo rápido al subir la ropa y paños alrededor de su cuelloen una vida de robo.- ¿Estás segura de que tiene todo lo necesario? - Preguntó el sacerdote, con losojos a la deriva mirando al hurón brevemente antes de volver a la cara deAisling. Ella asintió, con miedo de que si se trataba de hablar, el repentino nudoque tenía en la garganta se lo impediría. Caminó hasta la puerta de entrada ymás allá vio, a los camiones pesados cogidos por la policía y los guardias cuandoviajaban al campo, era una imagen borrosa. Aisling enfocaba hacia el interior.Tratando de aislarse de lo que estaba sucediendo. Inconscientemente buscóconsuelo. Enroscó su mano alrededor de la lujosa cola de Aziel y el hurón chirrióen voz baja. Sólo dos guardias y el sacerdote habían ido a la casa, pero sentadosalrededor de la camioneta había tres hombres armados con ametralladoras. Uncuarto estaba en la parte trasera, apoyado en la ametralladora que estabamontada allí.El capitán abrió la puerta de atrás y se apartó, el sacerdote metió a Aislingdelante. Ella se resistió a la necesidad de mirar hacia atrás mientras subía. Podíasentir los ojos de los miembros de su familia mirar y también podía imaginar elmiedo que se aferraría a ellos incluso después de que el sonido del camión sedesvaneciera. Las puertas del camión se cerraron de golpe y el motor seencendió. Los guardias tomaron posiciones en la parte de atrás.- ¿Listos? - Gritó el conductor. Uno de los hombres de la parte de atrás golpeó enel techo en señal afirmativa.El sacerdote no dijo nada y pronto se encontraron en la carretera. Señalesmarcaban la distancia hasta Oakland, San Francisco y más allá, a unos mundosextranjeros y poco familiares para Aisling, lugares que nunca había visto exceptoen su imaginación o en los libros que a Geneva le gustaba reunir y compartir.
  8. 8. El miedo se desvaneció y la curiosidad fue creciendo con cada milla queviajaban. Aziel se movía para mirar por la ventana. De vez en cuando gorjeabacomo si fuera un guía señalando diversos puntos de referencia.- El hurón es inusual, - dijo el sacerdote, rompiendo el largo silencio. - ¿Loconsideras como un familiar?Aisling apartó la vista de la ventana para mirar al hombre que la había llevadolejos de su casa. Era mayor que ella, con patas de gallo en las comisuras de losojos y una boca que parecía dispuesta a sonreír.- Es un animal doméstico. Pensé que eran familiares de las brujas y brujos. ¿Loschamanes no los tienen?El sacerdote movió la cabeza. - No, no, que yo haya encontrado. - Con indecisiónmovió la mano hacia el hurón, pero Aziel se volvió rápidamente e hizo un bufidoen señal de advertencia.- No es amigable con los extraños, - dijo Aisling. Ella no quería hacerse enemigade alguien que podría llegar a ser un aliado. - ¿Por qué me están llevando paraOakland? El sacerdote inclinó ligeramente la cabeza para señalar a los doshombres del asiento delantero del camión.- No tengo libertad de discutir el asunto. - Su mirada se desvió hacia el hurónque una vez más había puesto las patas en la ventana y miraba hacia fuera.- ¿De dónde sacaste a Aziel?Su continuo interés preocupaba a Aisling. Sospechaba que él no admitiría laposesión de dones sobrenaturales, al menos no con ella, pero le preocupaba quehubiera adivinado que Aziel era algo más, aunque ella misma no estaba segurade que era exactamente su compañero.No pensaba en Aziel como un familiar. Si le diera un rol sería un guardián deespíritu. Quizás una bruja lo interpretaría de una manera similar.Lamentablemente las pocas brujas que conocía eran reservadas y formaban partede un aquelarre. No eran mujeres de las que compartían confidencias ni a las quese podía preguntar nada.Cuando el sacerdote no se apartó de ella, dijo, - Lo encontré. Creo que estaba enuna caravana de feria. Probablemente los pollos de granja lo sacaron de uno delos vehículos. Un día o algo más después de que ellos siguieran adelante, lo
  9. 9. descubrí.El sacerdote rió en silencio y dejó pasar el asunto. Aisling devolvió su atención alpaisaje urbano que se aproximaba rápidamente.- No sé mucho sobre Oakland ni quien lo gobierna.- En este momento tiene un alcalde y un consejo de supervisores. La Iglesia estárepresentada, como varios grupos de humanos. Es bastante seguro durante el díapero la noche pertenece a los depredadores.A Aisling se le puso la piel de gallina en los brazos y se extendió aún más por elcuerpo cuando alcanzaron la ciudad y fueron saludados por edificios quemados.Después de que la peste hubiera seguido su curso y los sobrenaturales revelaransu presencia, la anarquía había reinado durante un tiempo.Las calles, sobre todo en las grandes ciudades, llenas de violencia y miedo, y conla cruda necesidad de sobrevivir en un lugar donde el refugio era abundante,pero los alimentos y el combustible escaseaban. Finalmente, las fuerzas armadasy de la Guardia trajeron el orden, pero las ciudades todavía seguían marcadaspor su pasado. Y aunque los Estados Unidos aún existían como una nación, noera la nación gloriosa que había sido una vez. Todo sucedió mucho antes de queella naciera, y había parecido irrelevante para la vida cotidiana hasta ahora.Nunca hubiera esperado ver alguna de las grandes ciudades. No había ningunarazón para ir allí y tampoco había dinero para hacerlo, a menos que una personafuera rica, tuviera enchufe o se uniera a una caravana de mercaderes. Los viajeseran caros y peligrosos.Aisling se sorprendió cuando los hombres en la parte trasera de la camionetaempezaron a disparar rápidamente con sus ametralladoras. El sacerdote dijo, -No hay nada de lo que preocuparse. Estos son sólo disparos de advertencia.Estudió la escena de delante de ella: edificios caídos, cristales rotos, automóvilesabandonados y la desaparecida basura. Ya sea algo real o imaginario, de repentese sintió vigilada. - ¿Quién vive aquí? - Susurró a pesar de la imposibilidad deque alguien fuera del camión oyera algo.- Descontentos. Los locos. Los no-aptos y marginados.- ¿Humanos?- En su mayor parte, aunque me imagino que esto es un coto de caza para losdepredadores.
  10. 10. Aquel lugar ennegrecido y destruido poco a poco dio paso a zonas donde losedificios estaban siendo recuperados. Almacenes de pie fuertemente custodiadosjunto a los abandonados. Apartamentos oscuros y deteriorados con barras dehierro, situados junto a edificios en un contorno de luz amarilla suave.Las medianas ajardinadas y los árboles plantados marcaban el punto donde lapobreza y la lucha daban paso a la comodidad, a pesar de las barras quequedaban en las ventanas y las puertas. Los policías armados y los guardiaspatrullaban las calles. Hombres, mujeres y niños estaban vestidos con ropas decolores, mientras se apresuraban a llevar a cabo su negocio antes de que luz deldía se desvaneciera. Aisling miró su propia ropa usada y manchada por eltrabajo. Pensó en la vacilación del sacerdote cuando le había preguntado sivolvería a casa.El temor se alojaba en su pecho y garganta de nuevo mientras se preguntaba sisería capaz de sobrevivir en esta ciudad, una tarea que había llevado a hombresarmados y a un servidor de la Iglesia de San Joaquín, con el fin de encontrarla.Aziel se apartó de la ventana. Su nariz húmeda encontró su oído en unenraizamiento, con un gesto cariñoso que transmitía su convicción de que todoestaría bien.Sonrió a pesar de sus agitadas emociones y de la visión de la Iglesia que se alzabadelante cuando el camión giró en una calle estrecha. Pasaron por una puertafuertemente custodiada, y luego redujeron sus pasos hasta pararse.- Aquí estamos, - dijo el sacerdote. Se alisó la tela negra de la sotana mientrasmiraba las rayas de color rojo que se veían por la inminente puesta de sol.Lujo, riqueza, cuadros pintados por maestros que habían muerto cientos de añosantes de La Última Guerra. Esas fueron las impresiones con las que se quedóAisling cuando se dirigía por los pasillos con una mujer con su hábito de monja.- Ahora que sé tu tamaño, me encargaré de tu ropa limpia, - dijo la monja cuandointrodujo a Aisling en una habitación pequeña y confortable.- Toma una ducha. Tendrás comida esperando cuando termines. - Miró al huróncon curiosidad. - ¿Necesitas algo para tu mascota?- Una caja de arena.La monja asintió con la cabeza y cerró la puerta. Un bloqueo se deslizó en sulugar con un clic casi silencioso, Aisling estaba atrapada en una habitación con
  11. 11. alfombras tejidas a mano y pulidos suelos de madera, mobiliario que eraagradable a la vista, así como funcional. No se veía como una prisión, peroincluso aunque la puerta no estuviese cerrada, la desconocida ciudad y la falta dedinero o de aliados la convertían en una.Miró hacia el cielo casi oscuro y dejó que fluyeran sus pensamientos sobre laducha de agua caliente y la comida que le había sido prometida. Eran losprisioneros de la noche y por los que esperaban los depredadores.Aisling sacó a Aziel de su hombro y lo puso en el borde posterior de la silla antesde ir al baño. Se quitó su ropa, y se estremeció de placer cuando caminó por elagua caliente. Se quedó hasta que una sombra anunció el regreso de la monja. Laconsternación la llenó al salir de la ducha y encontrar que faltaban sus ropas,estas habían sido sustituidas por un vestido negro largo con una amplia falda.Era una prenda de vestir modesta, destinada a ocultar la forma femenina. Aislingno quería usarlo, pero el vestido era su única opción a no ser que se envolvieraen una toalla o una sábana. Sus ojos se agrandaron cuando vio un secador junto ala pileta. Era un lujo, un gasto de electricidad a la que no estaba acostumbrada.En su disfrute del agua caliente, se había empapado el pelo completamente.Cuando se desató el grueso pelo rubio rizado cayó alrededor de sus nalgas ypodría tardar horas en secar.Usar el secador de pelo era casi tan maravilloso como la ducha. Tardó variosminutos más allí en el punto donde su pelo podría ser trenzado y lo enrollódetrás de su cabeza.Aziel comía un pedazo de pollo cuando Aisling salió del cuarto de baño. Se rióde sus travesuras. Él no habría desafiado a subirse a la mesa de la cocina en casa,Geneva tendría...Un nudo apareció en la garganta de Aisling. Parpadeó repentinamenteabrumada por la nostalgia y la preocupación.El hurón levantó la vista de la carne que estaba cruzada entre sus patas. Gorjeócon excitación.Aisling aferró todos sus pensamientos para agradecer por la comida delante deella. Se unió a Aziel en la mesa y comió. Cuando comprobó la puerta, la encontrócerrada. Sin libros para leer y nadie con quien hablar, se acostó en la cama conAziel acurrucado en la almohada.Ya era tarde cuando el sonido de la puerta al abrirse la despertó. - Vamos, estánesperando por ti, - dijo la monja que la había acompañado a la sala.
  12. 12. Aisling se levantó de la cama. - Me gustaría tener de vuelta mi ropa.- Están siendo lavadas. Cuando estén limpias, te serán devueltas.Era una cosa pequeña, teniendo en cuenta todo lo que había sucedido y, sinembargo lo que podría haber ocurrido, pero el conocimiento que pronto tendríapuesta su propia ropa levantó los ánimos de Aisling. – Gracias, - susurró,mientras Aziel se posaba en su hombro.La expresión de la monja se suavizó. – Ven, - dijo, su voz más cálida. - Estánesperando por ti. Creo que debe ser importante, dada la presencia del alcalde.Aisling fue conducida a una habitación. Hacía frío, como si no se utilizara muchoy por eso no se calentaba a menudo.Aunque la monja había dicho que el alcalde esperaba, sólo había dos hombres enla habitación, uno era el sacerdote que había ido a por ella, el otro un hombremucho mayor, usando sotana de color rojo sangre.- Has conocido al Padre Ursu, - dijo el sacerdote desconocido. - Soy el obispo,Routledge. Sus servicios son necesarios. A cambio de un desempeño exitoso deellos, se le concederá una licencia para practicar sus habilidades en Oakland.Usted dispondrá de una residencia en la zona de la ciudad, donde otros concontroversiales capacidades se han establecido. También recibirá vales paracomida y transporte, así como una pequeña entrada, a fin de facilitar sutransición.Comenzó a alejarse. Aisling dijo, - Padre Ursu me dijo que me estaría permitidoregresar a casa.El obispo se detuvo. Sonrió, aunque no alcanzo sus ojos. - Regresar a casa conuna recompensa financiera es una posibilidad. Pero primero vamos a ver sitienes éxito esta noche.Aisling trató de parecer con confianza, sin miedo. Su voz y palabras confirmabanlo que ya sabía.No había ninguna posibilidad de decidir si sí o no los ayudaría. - ¿Qué serviciotengo que llevar a cabo por el que me han traído aquí? - Preguntó, y sin embargosabía que sólo podía ser una cosa lo que querían de ella, entrar en la Tierra de losEspíritus (Spiritlands) donde los muertos esperaban la sentencia o elrenacimiento, donde encontraban el cielo o el infierno, dependiendo de las
  13. 13. creencias. Ese era el regalo de un chamán al entrar en las Tierras Fantasma, paracaminar en la otra vida y negociar para obtener respuestas y ayuda de los seresencontrados allí.- Un componente importante necesita ayuda. Me pidió que actuara deintermediario. Una conocida mujer suya ha desaparecido. La policía no ha sidocapaz de averiguar qué pasó con ella. Nuestros constituyentes quieren el cierre,incluso si las noticias son malas. No es algo que la Iglesia normalmente tolera otoma parte, pero hay circunstancias atenuantes. Tenemos la esperanza de que unchamán o shamaness podría ser capaz de localizarla, especialmente si su alma yaha salido.El Obispo Routledge recuperaba una fotografía de una mesa que Aisling no sehabía percatado. Le entregó la imagen. - El nombre de la mujer es ElenaRousseau. Me temo que el tiempo es esencial. El Padre Ursu permanecerá conusted. Tengo otros asuntos que atender.El obispo salió de la habitación sin decir otra palabra. El Padre Ursu indicó unasilla al lado de la mesa. - He sido testigo de este tipo de cosas antes. No voy ainterferir.- Cogió un cáliz y se lo entregó a ella.Aisling logró contener su expresión y sus pensamientos cuando miró hacia abajopara encontrar granos de sal en la copa de plata. Aziel charlaba alegrementecuando el enterró sus manos en los gránulos blancos y lanzó algo de la sal en elsuelo.El Padre Ursu se aclaró la garganta. Su rostro era tensó. - Es casi medianoche. Lapolicía ha descubierto varios cuerpos recientemente. Tenemos razones para creerque las víctimas fueron todos asesinados durante la hora de la bruja.Aisling se preguntaba de nuevo qué habilidades poseía. El miedo se escondíadentro de sus ojos, como si hubiera visto el comienzo de algunos de los primerosdibujos a las horas muertas de la noche.Ella se trasladó al centro de la sala y se sentó en el desnudo y frío suelo. Sihubiera estado en casa, hubiera puesto a Aziel en su regazo y cerrado a los dosen un círculo de tiza o de ceniza, o rodeado con amuletos que usaba cuandoquería proyectar su propio ser astral en lo que la mayoría pensaba como la TierraFantasma.Aunque en realidad era una tierra de espíritus, un lugar antiguo conteniendomucho más que las almas humanas. Pero aquí, bajo la atenta mirada delsacerdote, guiada más por intuición que la razón, arrancó el hurón de su hombro
  14. 14. y lo puso lejos de ella.Ella introdujo los dedos en la sal, la incertidumbre sobre utilizarla. Era laprotección de una bruja, no de ella. Se preguntó si otros chamanes utilizaban lasal para abrir una puerta hacia el mundo espiritual.Efímeramente Aisling se encerró a sí misma en un círculo de sal. Aunque teníalos ojos cerrados, era consciente de que el Padre Ursu miraba. Era consciente deotra presencia también, de alguien cercano y capaz de ser testigo de lo queocurriría.Trató de aquietar el pánico más profundo dentro de ella, se sentía atrapada enuna telaraña mortal, donde la lucha se volvió completamente enredada. Se centróen su respiración, en estabilizar el ritmo de su corazón, y despejar su mente delmiedo.Había signos que usualmente dibujaba, pero una vez más el instinto le advirtiócontra la revelación de la más sagrada parte de su ritual. Se concentró en cambioen la visualización de estos, en hacerlos reales en su mente mientrassilenciosamente llamaba por el verdadero nombre a uno de los que ofrecía suprotección en Las Tierras de los Espíritus.Su ritmo cardíaco se triplicó cuando las densas nubes grises del mundo de losespíritus se apresuraron hacia ella. Se tenía a si misma abierta y el vientofantasma soplaba a través de ella, en busca de resistencia, debilidad, llenándolacon el terror de la muerte sin fin, incluso si ellos la aceptan y la reclamaban.Cuando se calmó y se estableció, miró hacia abajo y vio su cuerpo, allí y sinembargo no allí, desnuda como siempre aparecía en Las Tierras Fantasma, supelo como cortina por su espalda.Sin previo aviso, un hombre salió de la bruma gris. Su rostro mostraba lostatuajes de un trasgresor de la ley. Se lamió los labios mientras miraba su cuerpodesnudo. Su propio cuerpo estaba cubierto con ropa que parecía cara. Se inclinóligeramente hacia delante, haciendo hincapié en el hecho de que sus manosestaban atadas detrás de él, como había sido en el momento de su muerte. Uncable de metal servía como lazo para colgar al hombre. Se retorcía en torno a sucuello luego se arrastraba hacia abajo por la espalda antes de desaparecer en labruma a sus pies.- Veo que han enviado un chivo sacrificable, - dijo con voz ronca. - O tal vez esees el papel de Elena. - Ladeó la cabeza. - Una vez más, tal vez la tercera es lavencida.
  15. 15. Aisling resistió el impulso de suavizar sus manos sobre la ropa no existente.- ¿Estás aquí para llevarme a Elena?- Puedo hallarla, si debo hacerlo. La sangre llama a la sangre y todo eso, - inclinóla cabeza. - Y en pocos minutos habrá un montón de sangre. Puede ser que no menecesites de todos modos para entonces.- ¿Qué quieres a cambio de tu ayuda?- Si sólo se tratara de una cuestión de lo que quiero. Personalmente dejaría aElena a su suerte. Una vez que comience a coleccionar las obras de arte facial, mihermana no tendrá nada que ver conmigo.- Sonrió y algunos de los tatuajes quecatalogaban sus crímenes se fusionaron. Sus ojos reflejaban un goce cruel. - Essólo cuestión de tiempo antes de que Elena se convierta en desechable. Cuandousted hace su cama en un nido de víboras, eventualmente consigue ser mordido.Pero el tiempo se desperdicia. A cambio de mi ayuda estará de acuerdo en tomarel buen ofrecimiento del obispo. Quedarse en Oakland, - se rió, - es posible quetambién. Ellos no tienen la intención de que se vaya. Esto es sólo el principio delacto si sobrevive, por supuesto. Te das cuenta de eso, ¿no?El corazón Aisling latía en su pecho. Sus palabras sonaron con la misma verdadoculta que había oído en la voz del obispo. - ¿A quién sirven?- A uno cuyo nombre no está destinada a conocer por el momento, - rodó sushombros, y el cable con el que había sido colgado brilló, una correa larga de plataque conducía a un invisible maestro.Aisling lo estudió. Bueno o malo, dañino o benéfico, sin formación académicasolo tenía su instinto para confirmar en cuando vendrían las guías espirituales yentidades que se encontraban en las Tierras Fantasma. - Voy a quedarme enOakland, por un tiempo.El hombre inclinó la cabeza como si estuviera escuchando una voz tácita. -Suficientemente bueno, - dijo antes de girar y caminar más profundo en el paisajegris.No tenía sentido del tiempo o de distancia en Las Tierras de los Espíritus. Podíanhaber viajado durante unos segundos u horas, metros o millas. Tenía la sensaciónde ser observada, pero Aisling no podía estar segura de en que plano estaba, lapresencia del Padre Ursu en la sala donde su cuerpo esperaba su regreso. Calor yfrío rozaron a través de sus tobillos; de vez en cuando había un toque fantasmalen la parte posterior de su mano.
  16. 16. El gris dio paso al rosa. El color rosa oscuro se convirtió en rojo sangre. Su guíase detuvo. - Fin de la gira para mi desgracia, - le dio una patada a la niebla roja asus pies. - Una lástima. No me importaría ver cómo a Elena le está yendo.-Inclinó la cabeza. - Ella no está gritando. Podría ser un buen signo o uno malo. Sise escapa de su destino, asegúrese de decirle que su querido hermano John tienela esperanza de verla pronto, - rió antes de tomar un paso atrás y ser tragado porla Tierra Fantasma.Aisling cerró los ojos y se dejó caer en el mundo físico mientras permanecía en elastral. Fue recibida por el sonido del canto, por el fuerte olor del inciensomezclado con sangre. Su aliento atrapado en su garganta cuando abrió los ojos yse encontró en una escena de pesadilla de velas parpadeando montadas sobrecabezas de cabra, figuras de sotanas oscuras que rodeaban un altar donde Elenaestaba desnuda y extendida como un águila. Signos pintados en los párpados ylos labios, en las palmas y las plantas de sus pies. El constante aumento y la caídade su pecho era la única indicación de que aún estaba viva.El brillo de una hoja que comenzaba a levantarse desvió la atención de Aisling aun hombre al lado del altar. Llevaba el tocado de una cabra en su cabeza. Elcanto se detuvo cuando comenzó a hablar en una voz profunda y fascinante.Las palabras eran desconocidas para Aisling, pero se podía adivinar susignificado, su propósito. Los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos.Ella no tenía presencia física real aquí. Era sólo un testigo de los hechos.Aún cuando saliera de la habitación y determinara donde estaba Elena, almomento en que regresara a su propio cuerpo y transmitiera la ubicación, seríademasiado tarde.Piel caliente rozaba sus tobillos. Miró hacia abajo y se sorprendió por la vista deAziel. Siempre antes, tocaba su cuerpo físico con el de ella y entraba en lasTierras Fantasma con ella, o no aparecía en absoluto.Las llamas de las velas parpadeaban y se refleja en sus ojos amarillos cuando seencontró la mirada de Aisling. Sus mentes se tocaban de una manera que lohacían sólo cuando ambos estaban en forma espiritual. Es un nombre que puedessusurrar a los vientos del espíritu, un ser que puedes convocar.Era su elección. Siempre lo era. Pero había un precio que pagar. Dímelo.El hurón se subió a su hombro. Su cara pegada a la suya, como para garantizarque el nombre que se daba sólo fuese oído por ella. Zurael en Caym. Heredero de laSerpiente. Hijo de quien es el príncipe.
  17. 17. Un escalofrío se disparó bajando por la espina en el alma de Aisling, elreconocimiento profundo. No había tiempo para cuestionar la reacción oagonizar por su decisión. La oración del sacerdote oscuro subía en crescendo.Cuando lo alcanzara, la daga en la mano se hundiría en el corazón de Elena.- Zurael en Caym. Heredero de la Serpiente. Hijo de quien es el príncipe. tellamo, - dijo Aisling. - Yo te llamo a mí y te ordeno poner fin a esta ceremoniaantes de que el sacrificio se realice.Las sotanas oscuras de acólitos chillaron cuando Zurael apareció, alas negras ygarras. Con un golpe casual le cortó la yugular al sacerdote oscuro y enviósangre salpicando sobre el altar. En el pánico de los participantes por tratar deescapar, sólo para que los atraparan y los asesinaran, sus cuerpos cayeroncasualmente al suelo, sus corazones dejaron de latir y sus almas escaparon.El terror y el horror llenó a Aisling a la vista del demonio, a la destrucción querealizó con tan poco esfuerzo.Su rostro y su cuerpo desnudos eran humanos, pero sus ojos brillaban como eloro fundido. Cuando el último de los participantes en la masa negra estuvomuerto, fue a presentarse ante ella, recubierto de sangre, su expresión prometíaretribución por ser llamado y ordenado.Un anillo estalló a la vida a sus pies, rodeándola, protegiéndola. Zurael con ojosrasgados recorría con su mirada, recorría la dimensión de ella y su pene comenzóa engrosarse. - Saborea estos momentos donde me tienes esclavizado, niña delodo. Esto va a costarte la vida, - dijo antes de desaparecer tan repentinamentecomo había llegado.
  18. 18. Capitulo 02Zurael cobró vida en el lugar exacto en el que abruptamente e involuntariamentehabía desaparecido unos momentos antes. Las alas y las garras no estaban, comola sangre, pero la furia continuaba, mortífera y concentrada. Los vientosdesérticos ondeaban a través de las ventanas de las que colgaba una delgada telade gasa. Más que calmarle y aliviarle, la brisa le hacía pensar en la mujer quehabía susurrado su nombre en los Vientos de los Espíritus, quien le había retadoa convocar a un príncipe Djinn y ordenarle.Ella pagaría con su vida. No podía permitirse que semejante magia se levantaraotra vez.Sonó un golpe en la puerta. Era el consejero de su padre. Zurael podía sentir sufirma de energía. Sabía que no le llevaría mucho tiempo el enterarse de lo quehabía ocurrido al alcanzar al Príncipe.Zurael fue a la puerta y la abrió. Miizan en Rumjal retrocedió, la inclinación desu cabeza le indicaba a Zurael que tenía que seguirle. Sus gestos no dieroninsinuaciones de sus pensamientos, y Zurael no había tenido intención depreguntar por ellos. Aunque Miizan estaba atado a la Casa del Escorpión y no ala Casa de la Serpiente, su lealtad hacia el Príncipe fue forjada hacia miles deaños, cuando solo había un lugar que había sido profanado por los humanos yrobado del Djinn en una conquista sangrienta y contaminada, esclavizando a lamagia.
  19. 19. Zurael entró en la aterciopelada oscuridad de la noche y siguió al consejero de supadre en silencio cuando se movieron a través de la corte y debajo de elegantesarcos. Las cortinas pastel en las ventanas le hacían pensar en florecientes floresde noche, su color era revelado por el suave brillo de las velas. Aunque podíanhaber adoptado un sinfín de formas y haber viajado rápidamente, caminaronhasta que Miizan paró delante de una puerta de entrada.- Él espera abajo.Los labios de Zurael se curvaron en una nefasta sonrisa cuando abrió la puerta ycomenzó a descender las largas escaleras hacia el Vestíbulo de la Historia. Nonecesitaba preguntarse cuál era el humor de su padre. Siempre era el más oscurocuando El Príncipe pensaba en el pasado.Era como la boca del lobo, pero Zurael andaba con la facilidad de alguien que lohabía hecho durante siglos. Como era digno para algunas personas creadas delfuego desde el mismo comienzo, cuando la Tierra bullía y hervía, mudando lasrocas y el inconsciente deseo de traer la vida, el aire alrededor de Zuraelaumentaba en calor con la profundidad y la cercanía cuando llegaba a donde supadre esperaba.Al pie de las escaleras, los débiles colores comenzaron su lucha contra la negruraen una metáfora sardónica para la historia de un Djinn, fuego, recuerdo y sangrede ángel. Zurael se agachó a través de un corredor abovedado y entró en elVestíbulo.Su padre estaba de pie delante de un mural en el que se representaba la primerallamada y el primer vínculo. Pero a diferencia del Djinn que había en el mural, elcual se parecía mucho a Zurael, con el pecho desnudo y descalzo, una larga ynegra trenza que pasaba por sus hombros y acababa en sus caderas. El Príncipehabía tomado la forma de una pesadilla, el demonio que había sido llamadocuando el dios le maldijo y retorció su forma en algo espantoso como una lecciónpara todo Djinn.Sus dedos estaban ondulados en garras. Correosas alas de murciélago emergíande su espalda, sus bordes cubrían elegantemente sus antebrazos. Como la cola deuna serpiente enrollada alrededor de sus piernas.Los humanos creían que estaban formados a la imagen de su dios. La verdad eraque estaban formados a la imagen de un Djinn, no porque el Djinn lo quisiera,sino porque el dios se entretenía a sí mismo con experimentos a los que habíadado forma y habían demostrado ser eficaces.
  20. 20. - Fuiste convocado, - dijo el Príncipe. Su voz era casi un silbido, pero hizo eco enel vestíbulo. Resonó a través de la mente de Zurael como una maldición lanzadaen el pasado.- Sí. La mataré si tú me concedes el permiso para pasar a través de las puertas.La lengua del Príncipe salió, bifurcada para mantener la imagen que habíaelegido para el proyecto, aunque desde hacia tiempo había roto la maldición queuna vez le atrapó en una abominación de Djinn y bestia.Lentamente, los ojos rojos del demonio giraron para volverse negros. La cola sedesenrolló, así como las alas y las garras, cayeron cuando su padre se giró paraestudiar el mural una vez más.Zurael miró el mural y la representación del primer Djinn no solo convocadosino que estaba ligado a un recipiente de modo que sirviera para crear criaturas apartir del barro. Aunque no admitiría nunca el miedo, un dedo congelado bajópor su espina cuando miró el destino de Jetrel y destellos de ese momento en elque él mismo fue convocado. Si ellos dos hubieran estado uno al lado del otro,pocos habrían sido capaces de decir la diferencia entre el hijo primogénito de supadre y el hijo más mayor de su padre, así de cerca era la semejanza.Su padre había perdido docenas de hijos e hijas antes que él, junto con losmayores poderes de los ancestros, había creado el Reino de los Djinnintensamente con las Tierras Fantasma. Después hubo unos pocos nacimientosde cualquiera de las razas, incluso el Príncipe.El silencio reinó, pesado y lleno de recuerdos oscuros en el Vestíbulo donde elPríncipe había pedido que pintaran la historia de los Djinn usando la sangre deángel y los colores del mundo que una vez había sido suyo para gobernar.Su padre inclinó su cabeza como si escuchara voces que solo él podía oír, oquizás alcanzó a ver un destello del futuro, como si eso le dijera qué hacer.- Hay pocos ancianos para recordar, pero este es el momento cuando incluso esosque pertenecían a la Casa de la Paloma se dan cuenta que no había uncompromiso con el dios que vino aquí desde un lugar más allá de nuestracomprensión y reclamó nuestras tierras como su propio patio de recreo.Nosotros, quienes fuimos creados del fuego de la Tierra, fuimos ordenadosarrodillarnos ante las criaturas de barro y someternos a sus deseos. Cuando nosnegamos, prefiriendo luchar hasta la muerte más que ceder, a ellos lespermitieron convocarnos y atarnos a un recipiente para que pudiéramos serutilizados cuando quisieran los familiares. - La mano del Príncipe se levantó para
  21. 21. planear sobre la imagen de Jetrel. - Este es el momento en el que aprendimos loque nos ocurriría si matábamos a un humano que nos mantenía esclavizados.Esto es cuando aprendimos lo que significaba convertirse en un invocado, unalma contaminada, alguien cuyo nombre no puede ser dicho en voz alta durantemucho tiempo, alguien cuyo espíritu no puede ser guiado de vuelta y renacerdentro de una nueva vida.Su padre bajó la mano. Zurael luchó con la urgencia de repetir su pregunta,señalar lo que su padre ya sabía, que él aún no había sido atado y que podíamatar al único humano que le había convocado sin convertirse en un invocado.- Aunque pocos lo recuerdan y los que lo hacen no hablan de esto, - dijo supadre. - Antes de este momento, cuando sabíamos que debíamos crear un reinoseparado de nosotros mismos, hubo Djinn que encontraron a los humanosseductores. El hijo cuya pérdida es una profunda cicatriz en mi corazón era unode esos. Nuestras mujeres eran abundantes entonces y nuestros niños fáciles deconcebir. Aún así él se llegó a obsesionar con una mujer humana, negándose aabandonarla cuando lo demandé. Ella se convirtió en su debilidad, el cebo usadopara atraparle. Su sangre fue usada en el primer hechizo lanzado para convocary atar a un Djinn.La espina de Zurael se tensó a lo que su padre insinuaba. - No tengo interés en lahembra humana más que para matarla.- Camina conmigo, - dijo su padre. - Háblame de la invocación.La anterior rabia de Zurael regresó en un latido. El cuadro del Vestíbulo se apagódesde su conciencia.- No hubo aviso,- dijo. - Ninguna indirecta de que había sido cogido. No oí minombre y con eso una orden para acabar la ceremonia antes de que el sacrificiopudiera ser hecho. Como todos nosotros hemos sido educados a hacer desde laniñez, tomé la forma que los humanos llaman demonio. Había figuras con togasnegras reunidas en una sala con velas y cantaban alrededor de un altar. Suoscuro sacerdote tenía una daga levantada y estaba dirigida hacia el corazón deuna mujer. Les maté y hubiera matado a la que me había convocado, pero estabaprotegida. Cuando conseguí acercarme, un círculo cobró vida a su alrededor y nopude atravesarlo. Me fui antes de que me ordenara más cosas o me atara.- Esta mujer que te convocó, ¿estaba desnuda o vestida?El cuerpo de Zurael se tensó cuando su ojo metal viajó otra vez sobre la figura dela mujer. Se apartó con el fin de esconder la repentina erección que presionaba
  22. 22. contra su suelto y largo pantalón.- Estaba desnuda.- dijo, odiando que su pene se hubiera endurecido delante deella también.- Entonces no era su forma física la que te convocó sino su espiritual. ¿Habíasímbolos en el círculo rodeándola?- No. - El desasosiego se deslizó por la espina de Zurael cuando se dio cuenta queno había visto su nombre entero escrito en cenizas o llamas como debería, ni queella le había convocado con la recitación de un hechizo como debería haberhecho.Su padre dejó de caminar y se giró para enfrentarle. A sus lados acababa elmural. Ellos estaban en la cúspide del presente. Más allá de donde estaban depie, el Vestíbulo continuaba en la interminable oscuridad, el futuro aún nocapturaba las paredes.- Una pregunta final y luego responderé a la única que me hagas. ¿Estuvisteobligado a matar a los humanos, o lo hiciste porque ellos se lo merecían y túquerías hacerlo?Zurael cerró sus ojos y recordó el instante cuando había tomado forma en unmundo que raramente había visitado, aunque como mucho, lo había observado yhabía soñado con el día en que los Djinn lo reclamarían. La pregunta de su padreera un susurro en sus pensamientos cuando revivió el hedor del mal que erareemplazado por el olor de la sangre. El horror le llenó cuando se dio cuenta deque no había distinción entre las órdenes de su convocador y su propiosentimiento de libertad, pero no se apartaría del espectro de eso cuandorespondiera la pregunta de su padre con honestidad.- Quise parar el sacrificio. Maté a los humanos porque podía.Él abrió sus ojos y vio a su padre estudiándole de cerca, quizás estaba dispuestoa que le dijera más, para admitir que era la hembra y no la violencia lo que habíatomado forma en su ingle dentro de una rígida línea contra la parte delantera desus pantalones. Zurael no dijo nada y el silencio era como una respiraciónmantenida. Todas las paredes, las escenas pintadas allí brillaban con emocióncapturada. No estaba dispuesto a que su mirada viajara a la distancia que suspies habían cubierto y parado en la imagen del primer hijo y la primeraconvocación.El terror congelador encontró su camino hacia el corazón de Zurael. No se había
  23. 23. disipado cuando su padre dijo, - Al menos convocado, deberías dejar el Reino delos Djinn solo una vez. ***Aisling se estremeció cuando miró la carnicería delante de ella. El miedo laatrapó en el círculo protector. La promesa del demonio de castigarla congeló susmiembros y atrofió su coraje, incluso aunque sabía que necesitaba averiguardónde estaba, así podía volver a su cuerpo físico.Cerró sus ojos y giró su cara para enterrarla en la comodidad del cálido pelo deAziel. Su corazón aflojó el paso, casi con un dolor necesario para volver a laúnica familia que había conocido.- Atravesemos esto. - Susurró a Aziel antes de abrir sus ojos y salir del anillofantasma.El pecho de Elena se levantó y cayó en un ritmo regular. Las señalesensangrentadas pintadas sobre sus párpados y boca, sobre sus palmas y lassuelas de sus pies, removieron un recuerdo en Aisling, pero sabía que era unrecuerdo de shaman y no uno personal.Subió las escaleras y, moviéndose a través de la casa, salió a la oscuridad a fin debuscar una dirección. La noche era tranquila, pero la presencia de losdepredadores que deambulaban no la estaba ocultando como debería haber sido,si su espíritu y su cuerpo físico estuvieran unidos.Aisling podía sentir la firma de frío helado de un vampiro buscando una presa.Más allá un solitario Were merodeaba, su cálida energía era un faro aunque noestaba lo suficientemente cerca para que ella determinara su forma animal.Dentro de la otra casa en la calle podía oír una conversación apagándose. Podíasentir el terror que la noche agarraba para los ocupantes que se protegían detrásde las ventanas protegidas y miraban a las puertas.Al final del bloque en una curva un palo aún llevaba un cartel de la calle. Aislinglo leyó y permitió tomar conciencia de los apagados alrededores. El gris de lasTierras Fantasma pasaba con una rapidez que la dejó mareada. Cuando abrió susojos encontró al Padre Ursu cerniéndose justo a unas pulgadas del círculoprotector.- 3574 de Rhine Street, - dijo ella.
  24. 24. El Padre Ursu cogió el teléfono de su bolsillo y transmitió la dirección, aunqueAisling sabía que era por el espectáculo. Justo antes, sintió otra presencia, alguienmás observando la sala. Esta vez miró alrededor y notó el pequeño espejo en lapared sobre la mesa donde el cuadro de Elena había estado y donde Aziel ahoraestaba acurrucado aparentemente durmiendo.- Encontraste a un poderoso demonio,- dijo el Padre Ursu, llamando la atenciónde Aisling de vuelta a él y haciendo que su corazón tronara con renovado miedo.- ¿Cómo lo supo? - Su voz salió un poco más que un susurro.El Padre Ursu gesticuló al anillo ennegrecido de sal a su alrededor. - ¿Quéocurrió?La respiración de Aisling era corta cuando miró al círculo protector. Seestremeció cuando la maravillosa cara del demonio y las palabras de muertellenaron su mente. Durante un momento el terror la agarró completamente en suabrazo. Impidiendo a la muerte cubrirla con una mortaja de seguridad. Tanpronto como rompiera el círculo protector, el demonio vendría a ella. Intentóencontrar las palabras y falló. Un suave golpe sonó cuando Aziel saltó de lamesa. Correteó a través de la sala como si percibiera su angustia y su necesidadde comodidad.Delante del sacerdote podía agarrarle, él cruzó el círculo, barriendo la salennegrecida con sus pies y rabo. Saltó a su posición favorita en los hombros deAisling. Parloteó como si la estuviera regañando, recordándola que él era elúnico que la había dado el nombre de Zurael para susurrar a los Vientos de losEspíritus.Aisling tembló cuando el terrible miedo la dejó en un repentino apuro. Cerró susojos y se concentró en responder la pregunta del sacerdote.- Había una masa oscura. Estaban cantando, pero un demonio llegó antes de queacabaran la ceremonia. - Tomó una fuerte e involuntaria respiración cuando loseventos pasaron por su mente.La culpa se enredó con el alivio de haber salvado a Elena. Ella había querido queel sacrificio parara, pero ahora las muertes caía sobre su conciencia. Habíaordenado a Zurael parar la ceremonia y él había obedecido. Miró al sacerdote ydijo, - Todos están muertos, todos excepto Elena.El Padre Ursu asintió. - La magia negra es peligrosa. - Él estaba de pie y ofreciósu mano. - Ven, niña. Yo te llevaré de vuelta a tu dormitorio. Has tenido un día
  25. 25. largo y difícil.Aisling le dejó ayudarla a ponerse de pie y guiarla a su dormitorio. Estabaemocionalmente exhausta, no sería capaz de preocuparse por mucho tiempo si élera un aliado o un enemigo. ***Zurael empujó la puerta y salió a la noche. La generosa brisa y los ricos olores lesaludaron sin hacer nada para tranquilizar el desorden de sus pensamientos, elconflicto de sus deseos, las preguntas sin hablar que le había hecho su padre yque él no había respondido.Durante un instante estuvo tentado de reunir la arena a su alrededor en unremolino, enfureciendo la masa y rugiendo a través del desierto hasta que susemociones se resolvieran. Estuvo tentando a tomar la forma de un halcón y volarhasta que estuviera demasiado exhausto para pensar o preguntar. Pero estas eranlas reacciones de un niño y había sido uno hace siglos.Sobre él, el cielo estrellado y sin luna estaba negro como la boca del lobo. Si fueraa cazar a alguien que le convocara, necesitaría hacerlo durante el día. La humanaque estaba buscando no saldría entre los depredadores de la noche.Zurael volvió a trazar la ruta que había caminado con el consejero de su padre.Se movía con una gracia casual, apenas consciente de su alrededor. Con cadapaso la urgencia de encontrar a la que le había convocado crecía y se extendíahacia fuera como el veneno del mordisco de una araña.Vaciló con el pensamiento, y lentamente paró. Estaba en el jardín en el queraramente se entretenía. A su izquierda había un camino con arcos que rara vezencontraba la necesidad de atravesar. Durante los largos momentos quecontemplaba lo que eso podría haberle costado. Pero al final giró y tomó elcamino dirigido a la Casa de la Araña.Un joven macho Djinn, llevando el simple pantalón blanco de un estudiante,abrió la puerta. Retrocedió para hacer paso a Zurael con una reverencia.- Bienvenido, Príncipe Zurael en Caym de la Casa de la Serpiente. Nos honra consu presencia. ¿Desea llamar a aquel que lidera nuestra casa? ¿O a otro que lesirva?- Veré a Malahel en Raum, - dijo Zurael. El pago requería que fuese empapado,pero no quería compartir los detalles de su vergüenza, su convocación, con
  26. 26. alguien más que el más fuerte de la Casa de la Araña.- Como desee, Príncipe Zurael. - El estudiante se inclinó otra vez. - Si me sigue, lellevaré a la sala que ella preparó.Como las paredes del Vestíbulo de la Historia, las paredes de la Casa de la Arañaestaban cubiertas de cuadros. Las imágenes estaban capturadas en seda tejida entapiz más que pintadas en sangre. Algunas de las escenas eran recordatorios delas que su padre había creado. Pero donde la historia del Príncipe estaba llena deguerra, con pequeñas victorias y muchas más derrotas, con el robo de la tierra delos Djinn; la historia que se encontraba en las paredes en la Casa de la Arañaestaban entretejidas con decepciones carnales de humanos, ángeles y Djinnentrelazados.Los labios de Zurael se movieron en una silenciosa maldición cuando la imagende la hembra que le había convocado llenó sus pensamientos y su ingle seendureció en respuesta. Apartó su atención de los sedosos hilos giradoscubriendo las paredes y forzándose a pensar en lugar del miedo que habíasentido en ese instante cuando su nombre había sido susurrado en los Vientos delos Espíritus y su cuerpo se desmaterializó en contra de su voluntad.La rabia volvió a llenar el lugar grabado por el terror. Pensaba en los humanos ysus negras capas, sus imprudentes deseos de llamar a esos atrapados en elinfierno de las Tierras Fantasma. En un parpadeo sus muertes pasaron a travésde su mente, y antes de que pudiera pararse a si mismo estaba una vez más depie delante de la hembra.El pene de Zurael latió. Sus labios retrocedieron, un silencioso gruñido en desafíoal calor que se levantaba hacia arriba, girando a través de su pecho, cuello y cara.No había escondido la erección que presionaba contra la parte delantera de suspantalones. Asintió rígidamente cuando el estudiante paró en una puerta y seinclinó dentro de una pequeña habitación.- Le rogaría a su señoría que espere aquí.La habitación estaba desnuda de influencias. Las paredes estaban pintadas delgris de las Tierras Fantasma. Tres largas almohadas grises servían como asientoalrededor de una mesa de madera solo a pulgadas del suelo. Tres tazas de téesperaban en una bandeja en el borde de la mesa. Cerca había una tetera decerámica situada en un brasero, el brillo del carbón caliente un símbolo del Djinn,cuyo reino de prisión estaba rodeado por las frías tierras de los espíritus.En cuatro zancadas Zurael estaba al lado de los cojines. El olor a té de jazmín
  27. 27. llegó a sus ventanas nasales. Contempló las tazas de té y sintió la conmoción dela dificultad en su pecho. Él nunca había sido alguien que frecuentara esta casa.Se giró al oír la puerta abrirse. Malahel en Raum estaba de pie en la puerta. Ellallevaba la túnica ocultando a un morador del desierto, aunque como lahabitación, eran grises. En deferencia a su posición, Zurael se inclinó ligeramentey dijo, - Gracias por atenderme.- Otro te atendería también,- dijo Malahel, entrando en la habitación.El pulso de Zurael se clavó a la vista del Djinn que entraba por la puerta. ComoMalahel, Iyar en Batrael de la Casa del Cuervo estaba vestido con la toga queocultaba a un viajero del desierto. Su piel era tan negra como el material quecubría todo su cuerpo y la mayor parte de su cara. Solo el dorado de sus ojos erafácilmente visible.- Entra, - dijo Zurael, agradeciendo a Iyar con una inclinación de igualprofundidad a la que le había dado a Malahel. Los tres se sentaron en los cojines.- ¿Deseas servir? - Preguntó Malahel, indicando las tazas que esperaban con unpequeño rápido movimiento de sus dedos y dando a Zurael la elección si llevabala conversación o no.Zurael levantó la tetera y llenó las tazas de cerámica.- Fui convocado.Tanto Malahel como Iyar liberaron la parte medio baja de sus caras del materialdel camuflaje. Los oscuros dedos de Iyar rompieron la mitad de una taza.- ¿El Príncipe ha dado su permiso para pasar a través de las puertas con el fin dematar al que te convocó?- Sí.Iyar asintió y llevó la taza a sus labios. Malahel dejó su taza. Sus iris estaban tannegros como la piel de Iyar.- Háblanos de la convocación, - dijo ella.Zurael repitió lo que le había dicho a su padre, dudando durante un instantepero finalmente incluyó la rareza de la habilidad del convocador para llamarle ensu estado astral con poco más que su nombre. Donde su padre no había
  28. 28. mostrado interés en los humanos que habían sido asesinados, Malahel y Iyar seapoyaban hacia delante cuando describió a la negra masa y a la mujer cuyosacrificio había impedido.- ¿Dónde estaban escritas las señales? - Dijo Iyar.Zurael conjuró la escena, enfocándose en un aspecto que había sido insignificanteen el momento. Apenas había mirado a la mujer en el altar, y aún con laincitación de Iyar él era capaz de responder.- Sus ojos, boca, las palmas de ambas manos.- ¿Las plantas de los pies?- No lo sé.Iyar se encogió de hombros.- Lo que viste fue suficiente.- ¿Suficiente para qué? - Preguntó Zurael, el malestar regresó con la mirada quepasó entre Malahel y Iyar.Malahel situó su taza en la baja mesa y estableció sus manos sobre sus rodillas.- ¿Cuál es el deseo de la Casa de la Araña?- ¿Qué quería? ¿Qué le ha impulsado a tomar el camino hacia aquí?Zurael sorbió su té cuando sus pensamientos bailaron de una escena a otra,siempre regresando a la hembra que le había convocado y al miedo de quehubiera sido atado a su servicio antes de que pudiera asegurar su libertad paramatarla. La intuición era uno de los regalos de las Arañas.- Saber que poder tiene la humana sobre mí para que ella sea capaz deconvocarme de la manera en que lo hizo.La cabeza de Malahel se ladeó ligeramente. El pecho de Zurael se tensó cuandose imaginó a si mismo cogido en su telaraña. Los oscuros ojos soportaban lossuyos, sin parpadear, los pensamientos detrás de ellos completamenteescondidos.Siempre había un precio que pagar por venir a la Casa de la Araña. Por el
  29. 29. momento, su deuda era cancelar la información que había proporcionado sobreel convocador.Zurael se forzó a impulsar la taza a sus labios con una mano firme y drenarla desu contenido. Cuando la dejó en la mesa, Malahel dijo, - Leeré las piedras de tuparte si tú aceptas una tarea.- ¿Qué tarea?Los ojos de Malahel giraron hacia Iyar. Iyar dijo, - El oscuro sacerdote quemataste estaba intentando convocar a una entidad de las Tierras Fantasma yatarla a una forma humana. Los símbolos en los ojos, boca, palmas y plantas delos pies significan que le da al sacerdote el completo control del ser. Esta no es laprimera vez que semejantes cosas han ocurrido en el pasado reciente. Hay Djinnperdidos para nosotros, malditos para pasear en las Tierras Espirituales de loshumanos porque sus almas están contaminadas por lo que ellos asesinaron,haciéndoles invocados. Sus nombres no se dicen, tachándoles en el Libro de losDjinn. La Casa del Cuervo no tendría convocados otra vez, atados y usados otravez por los humanos.- Ni yo, - dijo Zurael.- Creemos que la masa negra que tú interrumpiste es la prueba de que unhumano está en posesión de una tabla de piedra ancestral que creíamos perdida,- dijo Malahel. - Encuentra a quienquiera que esté en posesión de esteconocimiento y mátalo, luego tráenos la tabla sin demora.Las cejas de Zurael cayeron juntas en consternación y confusión. Para aceptar latarea tenía que recordar el riesgo de ser convocado y atado por la hembrahumana.- La Casa del Escorpión está llena de asesinos capacitados para hacer lo quepides.Las manos de Malahel dejaron sus rodillas para flotar sobre la mesa en un gestoque abarcaba todo.- Lo que dices es cierto, pero ninguno de ellos ha sido convocado como tú.Ninguno de ellos ha vuelto a la Casa de la Araña a por su destino.Una inclinación de su cabeza, un gracioso reconocimiento del té y la compañía, yZurael estaría libre para escapar con sus preguntas sin respuesta. Pero no podíanegarse a la rareza de encontrarse a sí mismo en un lugar que raramente había
  30. 30. visitado en siglos de existencia.- Creemos que la tabla está en Oakland, - dijo Iyar. - La ciudad a la que fuisteconvocado.Así estaría cerca de la hembra humana, pensó Zurael.- Aceptaré la tarea, - dijo.Malahel aplaudió. Inmediatamente la puerta se deslizó abriéndose. El machoDjinn que le había guiado entró en la sala a través de la puerta del pasilloseguido por dos hembras que llevaban más ropa blanca de la que marcaba a unestudiante. Sin hablar sofocaron el carbón y removieron el brasero tan bien comola mesa antes de cerrar la puerta detrás de ellos.Zurael se inclinó hacia delante para estudiar la losa de cuarzo claro fantasmalque había sido escondido por la mesa. Brillaba con secretos, cristales defantasmas atrapados en el más largo. La superficie estaba grabada con líneas dearañas, sus diseños una espiral de entretejidos patrones que encontrabaimposible de desenmarañar.Cerca de la tabla estaba un tazón de cerámica con diminutos piedras, cada unapulida y redondeada perfectamente, con sus colores mezclados. Podía poner ciende ellos en su mano ahuecada. Un segundo tazón contenía largas piedras, lamitad del tamaño de la uña de su dedo meñique. Eran redondeadas y pulidastambién. Fue este tazón el que Malahel levantó. Ella se la ofreció.- Elige la piedra que irá por tu nombre. Cuando la hayas encontrado, sitúala en eltazón con las que tirarás.Zurael metió la mano en el tazón y dejó que las piedras volaran a través de susdedos como agua. Reconoció muchas de las piedras y supo lo que significaban enlas enseñanzas de su propia casa, pero no cometió el error de pensar quesignificarían lo mismo en esta casa. Cerró sus ojos para que las piedras lesusurraran y le guiaran a la que le representaría. En la parte de encima del tazónencontró lo que buscaba y la capturó. Abrió los ojos y miró a la obsidiana quehabía seleccionado. Entonces hizo lo que se le había instruido y la tiró dentro deltazón conteniendo las diminutas piedras pulidas.- Elige la piedra que representará a la que te convocó, - dijo Malahel.Otra vez Zurael cerró los ojos. Inmediatamente la imagen de la hembra vino a sumente y su cuerpo se tensó, su ingle se endureció. Su mandíbula se apretó y
  31. 31. cambió la posición en el cojín con la esperanza de que su respuesta física no fueranotada.La piedra de la hembra descansaba cerca de la parte superior. El recelo de haberretrasado su propia tarea llenó a Zurael cuando abrió sus ojos y vio la angelitaazul y blanca con motas de rojo. En la Casa de la Serpiente era una piedra quesignificaba un enemigo, uno que era tocado por un ángel y peligroso. Él la situócerca de la obsidiana.Malahel dejó el tazón con las piedras largas al lado. Ella levantó el segundo tazóny se lo entregó a Zurael.- Mezcla las piedras como desees. Di tu pregunta cuando las lances.Zurael cerró sus ojos en un esfuerzo por concentrarse. No había vuelta atrás, notenía escape de la red que le agarraba. Hizo como Malahel ordenó. Cuando sintióque el momento era el correcto tiró el tazón y dijo, - Quiero conocer el poder quela humana tiene sobre mí y porque fue capaz de convocarme de la manera enque lo hizo.Las piedras diminutas giraron alrededor del cuarzo fantasmal del altar de unaaraña. Había miles de líneas para capturar y agarrar, pero muchos de las de colorvivo huyeron, rodando dentro de un estrecho canalón en los bordes de la tabla.Zurael miró lo que estaba a la izquierda, las sombras grises de las TierrasFantasma y el rojo arcilla de los humanos, el rojo intenso de los ángeles y elnegro de las fuerzas poderosas, todo en círculo, atrapando a la obsidiana y a laangelita juntas.Malahel estudió las piedras durante largos momentos antes de inclinarse haciadelante. La punta de su dedo planeó sobre las piedras. Trazó la curva queatrapaba a la obsidiana cerca de la angelita. Silenciosamente señaló que laobsidiana estaba de pie sola, sin ser tocada por nada excepto la angelita, mientraslas piedras rojas, grises y negras todas se reunían contra la que representaba a lahumana que le había convocado.- El que posee la tabla que tú buscas estará atraído por la que te convocó, - dijoMalahel. - Ella está profundamente conectada a las Tierras Fantasma. Nació deellos y puede llamar a los Vientos de los Espíritus cuando lo desee. Así es comofue capaz de traerte hacia ella. Es bueno que ya intentes matarla. Es peligrosapara nosotros y será incluso más si aprende lo que está escrito en la tabla.Malahel situó sus manos sobre su rodilla y Zurael supo que había acabado dehablar. Había respondido a su pregunta justo cuando las piedras ahora revelaban
  32. 32. que a fin de lograr la tarea que había estado de acuerdo en hacer, necesitaríaencontrar a la humana que le había convocado y vigilarla hasta que la ancestraltabla fuera recuperada y el que la poseía fuera destruido. ***La casa con los símbolos de shaman pintados en ella parecía desgastada ycansada, encantada por el fracaso y tristeza. Era pequeña, vieja, las puertas yventanas tenían barrotes como las casas de alrededor.La mano del Padre Ursu dejó el bolsillo de su toga.- Puedes hacer los honores, - dijo, presionando una llave dentro de la palma deAisling.Ella abrió la puerta de barrotes, entonces abrió la puerta de madera de detrástambién. La casa olía a polvo, a cerrado y a muerte.La luz del sol luchaba contra la oscuridad de las cortinas que cubrían lasventanas. Pequeños rayos se deslizaban para capturar las motas de polvo, lapenumbra y los muebles destrozados. La percha de hurón sobre el hombro deAisling parloteó en excitación al tener una oportunidad para explorar.- El alojamiento es tuyo, y por el momento, en apreciación a tus servicios, notendrás que preocuparte por pagar la electricidad, - dijo el Padre Ursu.Su mano desapareció dentro de su bolsillo. Esta vez cuando emergió contenía unpuñado de papeles.- ¿Deberíamos ponerlos sobre la mesa?Aisling asintió. Dejó la puerta de madera y después dejó la bolsa que contenía suropa nueva en el suelo antes de desviarse a las ventanas para abrirlasligeramente por aire fresco y retirar las cortinas para no encender las luces. Nohabía fallado en notar la formulación exacta del sacerdote y la advertencia quecontenía. Por el momento no sería necesaria, pero eso podía cambiar en cualquiermomento. Era un viejo juego, uno existente incluso antes de La Última Guerra yla plaga, esclavizando a quien no tenía nada para permitirles fortalecer su deudapor el coste de la comida, ropa y refugio.Cuando se unió al Padre Ursu en la mesa, él ya había dejado los papeles.- Este es el mapa más reciente de Oakland, - dijo. - ¿Puedes leerlo?
  33. 33. Aisling dudó, insegura de si admitirlo o no. Él se tomó su demora en respuestapor la vergüenza a su ignorancia.- No importa, - dijo, empujando el mapa a un lado. - No dudo de que harásamigos aquí y establecerás clientes rápidamente. Ellos te ayudaran a navegar porla ciudad.El Padre Ursu levantó una mano con una tarjeta que tenía una banda magnéticaen la parte de atrás.- Esto es una pase de transporte. Hay autobuses para muchas áreas de la ciudady a San Francisco. Casi cualquiera que requieras está lo bastante cerca para ir apie, pero si necesitas tomar un autobús, asegúrate que tendrás bastante tiempopara regresar a casa. No hay transporte público pasada la puesta de sol o antesdel amanecer y cualquier conductor no parará para coger a un pasajero alanochecer. Para entrar en San Francisco requieres papeles de autorización. Ven ala iglesia y pregunta por mí si te encuentras necesitándolos. No intentes ir sola.Incluso las horas del día son controladas por los vampiros.Situó la tarjeta sobre la mesa y levantó un libro de vales. Lo tiró a travésrápidamente para su beneficio. Había palabras en las páginas pero las imágenesservían también. Leche. Carne. Fruta enlatada. Buenos surtidos.- Cuando dejes la casa, si vas a la derecha y sigues recto, llegarás a una tienda decomestibles. Ellos aceptarán estos vales.Dejó los vales a un lado y tiró el final del artículo sobre la mesa, una pequeña pilade billetes de dólares.- Cualquier cosa que encuentres en la casa es tuya para mantener o disponer deello como veas. Este es el dinero que te prometí. - Dudó entonces asintió. -Deberías estar bastante segura aquí durante el día, pero sé cuidadosa. Losresidentes aquí no pagan por el área para que sea patrullada por la policía.Aisling estudió el surtido de artículos sobre la mesa. El pánico amenazó conlevantarse en su interior. Estaba sola y no había nadie en quien pudiera confiar.Un afilado mordisco en el lóbulo de su oreja la hizo sonreír. El pánico se hundiócuando Aziel se lanzó fuera de su hombro y fue a la mesa.- Necesito irme, - dijo el Padre Ursu.
  34. 34. Aisling le acompañó a la puerta y se quedó hasta que él consiguió entrar en elcoche con chofer y se fue.A lo largo de la calle, otros coches estaban aparcados desplazando pasajeros oempujando el freno para retirar clientes fuera del área dejando un lado para esoscon habilidades controvertidas. Además de los barrotes, vio que muchas casas dela calle habían separado las cortinas y abierto las ventanas o puertas, como si losresidentes en esta parte de la ciudad no tuvieran miedo de lo que podría entrar ala luz del día. Aisling se apoyó contra el umbral de la puerta y cerró sus ojos.Instantáneamente la imagen del cuerpo cubierto de sangre de Zurael y losardientes ojos llenaron su mente, su amenaza susurrada envió un temblor demiedo directo a su corazón.Había protecciones grabadas en la madera alrededor de la puerta y ventanas dela casa del shaman, pero no pudo asegurarse de que la protegieran del demonioque había convocado.- Déjame estar a salvo. - Susurró, levantando su cara para que el sol pudieraacariciarla.Quiso encontrar la fuerza para enfrentar lo que fuera que estaba por venir, paratener el coraje para conocer su destino. Aziel le dio el nombre de Zurael como élle había dado muchos otros nombres.No había mentido cuando le dijo al sacerdote que el hurón apareció pocodespués de que una caravana comerciante visitara la granja. Lo que no le habíadicho era que antes el hurón había sido un cuervo, y antes del cuervo había sidouna serpiente, y antes de la serpiente, un gato, y todos eran Aziel.Aisling abrió sus ojos y dejó el umbral de la puerta a favor de explorar. La casaera más larga que ancha. El salón y la cocina eran un simple espacio separadopor una encimera. A la derecha de la puerta delantera había otra habitación. Laaprensión llenó a Aisling cuando entró y vio las fetiches. Había otra percha enlugares donde sus fuerzas podían ser preparadas. Estaban situadas para guardary mirar.Un banco de trabajo contra la pared, cuyas piedras y cristales tenían filos sinacabar, su creación interrumpida. Las herramientas necesitaban girar la rocadentro de algo más que se diseminaba cerca de ellas.Una cama de mugre estaba en el centro de la habitación. Era la puerta de unpobre hombre dentro de las Tierras Fantasma, era nostálgico ver el suelo delgranero donde había comenzado tantos viajes que una ola de añoranza la asaltó.
  35. 35. Aisling limpió las lágrimas de sus ojos y se fue, retirándose al salón y a la cocina.Había platos sucios en el fregadero, sus superficies tenían polvo. La nevera teníaun cartón de leche estropeada y un cajón de verduras podridas. Los armariosestaban vacíos excepto por una pequeña colección de tazones y platos. Losanillos marcaban los lugares donde las latas de comida habían estadoalmacenadas.El cuarto de baño estaba a través de la cocina. La cuchilla de un hombredescansaba en el lavabo. Una pastilla de jabón dejada en la parte superior de unaenorme bañera con patas que pertenecía a un pasado antes de la Última Guerra.Había una ducha también.La sólida puerta de metal al final del pasillo se abría a un jardín trasero. Aislingmiró fuera luego cerró la puerta otra vez.En el dormitorio un escaso y gastado surtido de ropa colgaba en el armario. Lascamisas y los pantalones estaban hechas para un hombre cuyo volumenexplicaba el tamaño de la bañera y la ducha. Tentativamente Aisling alcanzó elarmario y tocó un par de pantalones. Ella sabía que el hombre que una vez fuepropietario estaba muerto, no porque sintiera a los fantasmas o porque supieraque su espíritu estaba en las Tierras Fantasma, sino porque la evidencia de supaso llenaba la casa.Sin intentarlo, la imagen del hermano de Elena vino a su mente. Sus palabras nollevaban más comodidad ahora que lo que llevaban cuando las dijo en las Tierrasde los Espíritus. Veo que ellos han enviado un cordero sacrificable. O quizás es el papelde Elena. Entonces otra vez, quizás a la tercera sea la vencida.Aisling cambió las sábanas. Volvió a la cocina y se dispuso a tirar la leche y lasverduras podridas.Un cajón de la cocina tenía bolsas de compra almacenadas. Las echó sobre subrazo antes de levantar el libro de los vales de comida de la mesa del salón.Aziel emergió del trabajo de shaman y la sala de ceremonias. Correteó a suencuentro en la puerta delantera. Ella le dejó salir y esperó a que él se ocupara desus asuntos.Pero aunque él había persistido en explorar, Aisling rió y dijo, - Tendremos unanoche larga y hambrienta si no encuentro la tienda de comestibles.El hurón volvió a su lado. Se levantó sobre sus piernas traseras en disposición
  36. 36. para escalar sobre su hombro y montar a una nueva aventura. Aisling sacudió sucabeza.- Quédate aquí donde sepa que estás a salvo.Su reprimenda la hizo sonreír pero no cedió a su petición. En su lugar le levantóy le puso un beso a través de su frente. Frotó su mejilla contra su suave pelo y lepuso dentro de la casa.- Volveré.La tienda estaba a una milla de distancia. Normalmente la distancia de un viaje yel peso de los comestibles no cansarían a Aisling. Pero los eventos de las últimasveinticuatro horas, y las noches sin sueño que había pasado cuando se preocupópor el demonio Zurael, finalmente la alcanzaron. Sus pasos se arrastraban en elmomento en que volvía a la casa del shaman. Sus manos se sacudían con unaprovocación sin nervios por la falta de sueño y los vestigios de miedo.Aisling hurgó en los bolsillos por la llave y la deslizó en la cerradura. Su espinahormigueaba con la conciencia de alguien que sabía que estaba siendo observaday que no era el objetivo de un depredador. Con un clic la primera cerraduracedió. Abrió la puerta de barrotes de metal y encontró la llave para la de madera.Unos pocos segundos después la abrió también.El olor a humedad se había ido, reemplazado por una especia exóticadesconocida. Eso fue su aviso antes de que una mano se cerrara alrededor de sugarganta y una afilada garra peleara ligeramente sobre su yugular.- Saludos, niña de barro.
  37. 37. Capitulo 03Terror sintió Aisling, mudo e inmóvil. Su aliento cargado dentro y fuera de sugarganta junto con pequeños quejidos. Su única concentración estaba en lasgarras de Zurael.La escena de la noche pasada se apresuró a través de su mente, imágenesempapadas de sangre de gente que él había asesinado con una fuerza casual. Lasbolsas de comestibles se cayeron al suelo y ella tembló, y como un gato jugandocon un ratón, Zurael la giró para hacerle frente.Excepto por las uñas alargadas en garras, tenía un cuerpo humano vestido depiel negra, pantalones moldeados a su piel y un chaleco abierto mostrando unpecho bronceado. Un tatuaje en forma de serpiente estaba en el camino haciabajo de su antebrazo y mano, tan real que Aisling bizqueó para tener sus ojossolamente a unos centímetros de distancia de ella.Su cabello estaba recogido en una trenza, revelando los oídos tachonados conobsidiana. Una ira ardiente bailó en el centro de las pupilas rodeada de unlíquido oro, haciendo que su rostro prometiera muerte.Zurael cerró su mandíbula contra las sensaciones bombardeándolo. El miedo deella lo golpeó en su palma. Irradiaba fuera de ella y aún por debajo de su esenciafue una fragancia embriagadora que inundó su nariz y lo tentó con imágenespeligrosas de acoplamiento con ella. Fue alentado, no a causa de su terror, perotambién lo llamaba.
  38. 38. El conocimiento de que ella no solamente podía convocarlo a su voluntad, sinoque pudiera hacer que la deseara, envío ira que quemaba sus venas. Ella eradébil, frágil, su vida se alargó un día en comparación con la suya. Ella trabajabaduro apenas notando al Djinn, y todavía le resultó imposible dejar de mirarla.Ella tenía unos ojos angelicales y brillantes, indefensa como un ciervo y delicadocomo uno. No tardaría en matarla. Un movimiento en su muñeca y estaría hecho.Lentamente él lo pensó. Con un pensamiento, las garras cortarían y limpiaría lasuñas.- ¿Por qué no te presentas? - Preguntó. Ella pestañeó. Una pequeña lenguahumedeció sus labios, y se irguió con un impulso de deseo, y se escapo unpensamiento de excitación a través de él. Zurael cerró sus manos en puños yrepitió, - ¿Por qué no te presentas?- Aisling.Su voz fue apenas un susurro pero su nombre entró hasta su alma. Dio un pasopara atrás involuntariamente cuando hizo eco, clamando, resonando dentro de símismo diciendo que su nombre combinaba con el de él para formar un acordemelodioso que le diera poder sobre él.Era la razón por la que los Djinn nunca hablaban de theifrit, es un espíritumaldito. Decir su nombre en voz alta era invitar a la suerte.El miedo dejó a Aisling con un sentimiento de náuseas y debilidad. Fue hacia susrodillas e inclinó su cabeza, ocultando la falta de fuerza en sus piernasrecogiendo los comestibles tirados en la bolsa de yute.Ella buscó en el cuarto a Aziel. La preocupación dio paso al alivio cuando unhurón se deslizó por debajo del sofá como si detectara su temor por suseguridad. El habló con ella, su voz la tranquilizó aunque permaneció al abrigode una mesa de café.Desde bajo sus pestañas, la atención de Aisling regresó al demonio. Él era comoun gigante gato, color oro a punto de saltar.Ella se puso de pie con piernas inestables. Sus ojos se encontraron con los deZurael y se estremeció. Él podría matarla con facilidad. El conocimiento estabaentre ellos como un abismo.- Necesito poner los alimentos lejos, - susurró, cuando dio un paso por miedo a
  39. 39. que le hiciera algo.La mirada de Zurael fue a la bolsa de yute con comestibles. Asintió, aunque susojos prometieron represalias si ella hacia algo que lo amenazara.Aisling estaba contenta de que la casa fuera pequeña. Solo la fuerza de suvoluntad la llevó a la pequeña cocina. Zurael la siguió hasta la puerta.Sus manos temblaban cuando ella se ocupó de los comestibles bajo la miradainescrutable de Zurael. Su estómago se había encogido con hambre mientrascaminaba, pero ahora el pensamiento de la comida hizo una rebelión.Aziel reunió su coraje y se escurrió dentro de la cocina. Subió por la pierna desus pantalones y se mantuvo en sus hombros, su presencia familiar le diocomodidad.Aisling ligeramente giró su cabeza y cerró sus ojos. Enterró su cara en su suavepiel y se concentró en el débil ritmo de su corazón y calidez. La vibración de suestómago hizo que sonriera. Volvió a la tarea de hacerle frente a las cosas quehabía comprado. Un paquete de pechugas de pollo se quedó en la encimeracuando terminó.Aziel hubiera sido feliz si se comía los alimentos crudos, pero ella lo necesitabapara mantener sus manos y mente ocupadas. Lavó una tabla para cortar despuéscomprobó con una nerviosa mirada al demonio antes de tirar del cuchillo en unbloque de roble.Su sonrisa era como un salvaje destello blanco en una cara digna de un Diosantiguo.Su corazón se agitó. Sus mejillas se ruborizaron con calor, y se obligó a mirar aotra parte. Recordaba muy bien como sus ojos viajaron a través de su cuerpodesnudo, y su pene había crecido en respuesta. Se preguntó si la razón de que élno la hubiera matado era porque estaba interesado en usarla primero.La cola de Aziel se movió. Sus garras afiladas se hincaron en la carne como sisintiera la dirección de sus pensamientos y quisiera hacer aparecer su miedoantes de que se elevara y la consumiera.Aisling tomó una respiración profunda y cortó una pechuga de pollo en rodajasbuscando el aceite y una sartén. El olor de la carne friéndose hizo aparecer suhambre. Colocó más pollo. Su mirada se desvío hacia el demonio con facultadpara satisfacer sus ojos, para reclamar su coraje cuando hablara con él.Su nombre fue dado por Aziel. Lo había convocado con un corazón puro y
  40. 40. guiado a la pelea con algo malo. No eran cosas que ella podía deshacer y noquería hacerlo.- ¿Tienes hambre? – Preguntó ella.La sorpresa pasó por la cara de Zurael. Le siguió un endurecimiento de susmúsculos y un refuerzo de su columna vertebral, como si de algún modo lehubiera golpeado con su pregunta de algún modo que no podría con el cuchillo.- No.Aisling regresó su atención al pollo. Quitó unas tiras para Aziel y las puso aenfriar. Mientras que lo que quedaba se cocinaba, abrió el armario y estudió laslatas que trajo a casa. Ninguna etiqueta decía fruta fresca o verduras, la pequeñacantidad de dinero que le había dado el padre Ursu apenas podía pagar por laensalada. Tenía que sembrar un jardín una vez que encontrara el modo deprotegerlo de humanos y animales carroñeros.La nostalgia atravesó el pecho de Aisling. Su mano fue hacia sus pantalones detrabajo. Tocó el dinero dentro del bolsillo. En ese momento parecía imposible quetuviera suficiente dinero para regresar a la granja. Viajar era un lujo para quienespodían permitirse las casetas en la carretera y el costo de protección, así como untransporte.Sacó una lata de judías verdes y la abrió, después las lavó en una sartén y calentólas verduras en la estufa. Cuando la carne se terminó de cocer, la puso en unplato. Puso la cena de Aziel en un platillo antes de sentarse en el suelo.Había una mesa en la esquina de la sala pero Aisling permaneció en la cocina,consciente de que estaba allí Zurael. Aziel comió ávidamente, despuésdesapareció dentro del cuarto de trabajo del chaman. Aisling se acabó su comidalentamente. Era difícil comer cuando Zurael la miraba, pero la perspectiva deacabarse su comida y caminar a su lado fue igualmente nerviosa. Lavó los platoscuando terminó de usarlos. Su estómago se contrajo cuando Aziel reapareciósosteniendo la imagen de un halcón en su boca.Era el momento de pagar por el nombre que se le había dado. El hurón se fue a lasala de ceremonia del chaman. Aisling endureció su columna vertebral y seacercó a Zurael. Trató de concentrarse en el pequeño espacio entre el borde delcontador y donde él se apoyaba en el marco de la puerta.Era imposible mantener los ojos lejos de la piel expuesta, los pantalonesfuertemente ajustados. La serpiente tatuada enrollada alrededor de su brazo. Sumirada se fue hacia arriba cuando él cambio de posición. Sus ojos se encontraron
  41. 41. con los de él, pero él no fue alcanzado por ella cuando se deslizó a su lado.A Zurael le estaba resultando cada vez más difícil mantenerse al margen. Lohabía tomado desprevenido con su oferta de consumir su comida. Sabía que lavida era dura para los seres humanos sin riquezas o privilegios. Él habíaasumido que una mujer con la capacidad de convocar a un Djinn debía emanararrogancia y mantener una posición de poder. En su lugar se encontró a Aislingvulnerable y extrañamente inocente. Era una combinación embriagante.Desde el momento en que había regresado a casa, él había surgido sin querer.Había sido asaltado por oscuras fantasías eróticas y el aroma de la dulcerendición.Su temor había disminuido. Su mirada se había desviado para permanecerencima de su carne. Su mente se llenó de imágenes que la dejó pestañeando yruborizándose. Él podría tenerla si lo deseara. Los Djinn no eran promiscuos,pero no tenían miedo del lado carnal de su naturaleza tampoco.Zurael apretó sus manos en puños. Obligó a sus pensamientos a dejar ladirección que estaban tomando. Recordó que una vez que hubiera honrado sudeuda con la Casa de la Araña entonces estaría libre para terminar lo que habíaido a hacer allí, no sólo para sí mismo, sino para su pueblo. No podía permitirque Aisling viviera, no si era capaz de convocar a alguno de ellos a voluntad y talvez un día se unirían.El recelo apareció a través de él. Había pensado que sería fácil matarla, peroahora no había apuro de rabia para catapultarle a la acción. No había satisfacciónen las imágenes sangrientas de la retribución.No pudo precisar el momento en que su decisión se había debilitado. ¿Era suofrecimiento de compartir su comida? ¿Fue el instante en que valientemente sehabía enfrentado a él y sus ojos vieron sus garras bailando sobre su yugular y elterror golpeó contra su palma?Ya no estaba seguro de que pudiera matarla, pero sabía con certeza de un asesinode la Casa de la Escorpión que podría enviar en caso de que regresara al Reinode los Djinn y ella estuviera con vida. Un ser humano que podía convocar a unDjinn era una amenaza para todos ellos.Zurael se encogió de hombros y dejó los pensamientos de lado. No tenía muchosentido pensar en el futuro y su parte en este. Por el momento Aisling era uncebo para la presa más peligrosa.
  42. 42. La siguió con los ojos cuando ella graciosamente se sentó en un lecho de tierraapisonada en el centro de la habitación. Cuándo cruzó sus piernas y agachó lacabeza, no pudo apartar la vista de la delicada curva de su cuello.Se puso una cadena de cuero fino, hasta que una pequeña bolsa surgió desdedebajo de su camisa. Zurael entró en la habitación vigilando los fetiche cuandoella abrió la bolsa y arrojó una docena de pequeñas esculturas en su mano antesde que se dispersaran en la tierra.Los hueso de fetiches brillaron contra el suelo de arcilla roja. El hurón corrió a sulado. Dejó caer el halcón que llevaba en la boca a una corta distancia de lacolección de trozos sobre la tierra apisonada.Zurael se acercaba. En su pecho sintió malestar cuando se dio cuenta de que elhurón había estado con ella cuando ella lo había llamado en su estado astral.Antes no lo había recordado. En el ojo de su mente no había visto a la criatura, ysin embargo, recogió una serpiente y la colocó en la mano de Aisling, losrecuerdos de Zurael más temprano estaban cubiertos con unas frescas imágenescon Aziel sobre los hombros como él había estado en la cocina. No podía sentirnada del otro mundo sobre el animal, pero ahora su presencia le preocupaba. Sehizo preguntas que no podía contestar. Un fetiche cuervo siguió a la serpiente,una araña vino después. Los pensamientos de Zurael brillaron a su visita conMalahel, donde una araña, un cuervo y una serpiente se habían reunido en tornoa un altar cristalino cuando las piedras se emitieron.Aziel vaciló. Inclinó la cabeza como si estuviera escuchando una voz que sólo élpudiera oír. Cuando su atención volvió a los fetiches dispersos, tomó unacerveza. Una vez que estaba en la mano de Aisling, araño la tierra hasta que lastallas restantes estuvieran en una pila.Aisling juntó los cuatro que tenía en la mano y recogió los demás. Los devolvió ala bolsa de piel y la dejó caer debajo de la camisa.Zurael se pasó a la otra tira de madera, una de las cuatro trampas de la tierra enun cuadrado. La mirada de Aisling era nerviosa en su cara y luego volvió a loque estaba haciendo.Se agachó, pero no interfirió cuando ella seleccionó el cuervo y lo puso sobre latierra. La araña seguía, a la derecha y hacia abajo, al este hacia el norte delcuervo. El sur estaba marcado por la serpiente, al oeste por el oso. Ella recogió elhalcón que descansaba en el centro de los otros cuatro y lo puso aparte.Zurael se tensó cuando sacó una pequeña daga de una vaina escondida en su
  43. 43. espalda. Se maldijo por no pensar que pudiera estar armada, aunque sería casiimposible para ella matarlo.Ella conectó los cuatro fetiches con las líneas arqueadas de manera que sedirigían en un círculo. Cuando volvió la palma hacia arriba y vio que tenía laintención de arrastrar la hoja del cuchillo sobre ella, Zurael reaccionó sin pensar.El miedo y la rabia lo inundaron. Le quitó la daga de su mano y la llevó a latierra con la rapidez de un puma saltando.- No me vas a atar, - dijo.La confusión en su rostro lo calmó tan rápido como la vista de ella preparándosepara hacer una ofrenda de sangre que lo impulsó a defenderse. En lugar de la iray el miedo fue la conciencia, de la suavidad de su cuerpo por debajo de él, de suolor, de la dureza de su parte presionándose contra la unión de sus muslos.Ella se humedeció los labios en un gesto nervioso y él quiso taparle la boca con lasuya. Quería meter su lengua en la profundidad climatizada y el gusto de suesencia.La impresión le hizo apartarse de ella. Para el Djinn, el intercambio de aliento erael intercambio de espíritu, y no tenía ningún deseo de dar un pedazo de su almaa alguien, especialmente a una de las creaciones del dios extranjero. Aisling sesentó. Sus palabras resonaban en su mente. El calor de su cuerpo y unaconciencia fuerte de su excitación apareció.Ella dudó un segundo antes de decir, - No tengo ningún deseo de atarte, eincluso si quisiera, sé cómo hacerlo. No soy una bruja o una hechicera. La irabrilló en los ojos del demonio. Ella sabía que estaba recordando como lo convocó.- No me hubieras llamado si la necesidad no fuera urgente. Si hay otro nombreque pudiera haber usado por el contrario, lo habría hecho.Su admisión lo sorprendió. Su mirada viajó a los fetiches que se habíandispersado que cubrían el suelo. Ella podía ver la pregunta formándose, peroantes de que pudiera preguntar, alguien llamó a la puerta, y le siguió el sonidode una puerta abriéndose y la voz de una mujer diciendo, - Hola. ¿Hay alguienen casa?Aisling se levantó y se arregló. Aziel se precipitó a la sala de estar delante de ella.La sorpresa inundó a Aisling en la puerta durante un segundo cuando reconocióa la mujer que estaba con el sacerdote oscuro y sus seguidores que tenían laintención de sacrificarla.
  44. 44. - Espero que no te importe que este aquí, - dijo Elena.- No me importa.- ¿Puedo sentarme? ¿Podemos hablar? ¿O tienes un cliente contigo?- Por favor, siéntate. Puedo darte agua o hacer té caliente.- No. Estoy bien. - Elena tomó una silla.Aisling se sentó en el sofá mientras Aziel se acurrucaba en la segunda silla.- Luther dice que salvaste mi vida la otra noche, - dijo Elena.Aisling no creía que Elena se refiriera al padre Ursu o al obispo Routledge.- ¿Luther?- Luther Germaine, - los ojos de Elena se ampliaron ligeramente cuando Aislingno respondió. - Él es el alcalde de Oakland.- Hasta ayer vivía fuera de Stockton.Elena sonrió. Su mirada recorrió la habitación. - Eso explica mucho. Alguien contus habilidades... - Sus ojos se encontraron con los de Aisling. Había unaintensidad febril en ellos. - Quiero contratarte para averiguar lo que me pasóanoche.El estómago de Aisling se agitó nerviosamente. - ¿Qué quieres decir?Un movimiento en la esquina distrajo a Aisling. Su ritmo cardíaco se disparócuando movió la cabeza y vio la serpiente moviéndose hacia ellos en unfascinante deslizamiento de escalas sobre la madera. Su semejanza con laserpiente tatuada en el brazo de Zurael era inconfundible. Elena se quedó sinaliento y empezó a levantarse de su silla.- Está bien, - dijo Aisling automáticamente, aunque no tenía ni idea de si lo era ono. La serpiente era venenosa, el demonio era tan letal en esta forma como encualquiera otra.Unos ojos dorados brillaban en la sala oscura cuando Zurael cerró la distanciaentre ellos. Con facilidad encontró el borde del sofá y siguió con la parte superiordel cuerpo hasta que llegó al reposabrazos bajó la cabeza para que la gravedad
  45. 45. trabajara a su favor cuando se deslizó a través de la almohada y hacia Aisling, elresto de su cuerpo seguía un patrón exótico de negro y oro.El pulso de Aisling se aceleró. Su respiración se acortó cuando la parte superiordel cuerpo de Zurael subía más, balanceándose como una cobra lista para atacar.Su rostro estaba sólo a pulgadas de distancia del de ella, pero ella no se acobardóo se apartó de él. Ella se negó a encogerse cada vez que la ponía a prueba.Su lengua salió para tocar su mejilla, para probar su miedo y medirlo. Por uninstante, ella pensó que vio la aprobación en el fondo oro de sus ojos cuando nose inmutó.Se enredó a sí mismo alrededor de su brazo y apoyó la cabeza en la parteposterior de su mano en la imitación perfecta del tatuaje que llevaba en su formahumana. Sus escamas eran suave y cálidas en su piel, su lengua un susurró através de los nudillos.Aisling miró al hurón acurrucado en la silla y sonrió. Si Zurael pensaba que lahorrorizaba y aterraba, entonces se había equivocado. Aziel había llevado elcuerpo de una serpiente rey enorme, en gran medida en bandas. Había pasadohoras con lo que le cubría la nuca o en espiral alrededor de su cintura.Elena se dejó caer en su asiento. Aisling regresó su atención a su huésped.- Quiero contratarte para averiguar lo que me pasó anoche, - repitió Elena, tomódel bolsillo de su chaqueta y sacó un monedero con costura de fantasía. Lo tirósobre la mesa de café entre ellos.El sonido de eso golpeando la mesa fue como un arma de fuego en la habitación.Aisling vio muy de cerca a Elena entonces. En lugar las imágenes de una mujerdesnuda pintada con sigilo y postrada en un altar, vio el corte de ropa de Elena,el tejido caro, las joyas que llevaba en sus dedos y en las muñecas, el cuello y lasorejas.-Siga adelante y cuenta con eso, - dijo Elena con un gesto insignificante de lamano hacia la mesa de café.Aisling abrió la bolsa. Sus manos temblaban un poco al ver las piezas de plata.Eran más valiosas que las monedas y billetes creados por el Tesoro. Inclusoahora, mucho después de la última guerra y de la peste, la desconfianza de algomás que piedras preciosas o metales finos como pago le vino a la mente.Con monedas de plata suficiente para poder regresar a casa. Ella podríadevolverle algo a la mujer que la había sacado de su casa como un niñoabandonado y se crió con amor y aceptación. Aisling contó los trozos de plata.

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