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Eduardo de la_vega_-_los_rostros_del_deficiente
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Eduardo de la_vega_-_los_rostros_del_deficiente

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  • 1. LOS ROSTROS DEL DEFICIENTEEduardo de la Vega, Universidad Nacional de Rosario, UNR, Argentina. El trabajo realizado sobre el cuerpo –primero en ámbitos de la elite y laburguesía, y posteriormente en los sectores populares– se cerraba sobre las figurasmás extremas de la infancia marginal. La escuela especial se constituía allí para sustituir las antiguas instituciones deluniverso correccional. Asilos, horfanatos, prisiones dejaban paso a las estrategiasreeducativas para la recuperación del niño deficiente. Los primeros destinatarios del circuíto especial recibieron los estigmas de unaradical exclusión. Dicho gesto fue programado por el horror médico ante los cuerposdesahuciados cuando la sensibilidad moderna tuvo que diseñar las vias de suintegración. El cuerpo defectuoso fue el principio de discriminación que organizó lasclasificaciones de la primera Psicología Diferencial. El defecto físico,inmediatamente visible, inadecuadamente exhibido, contrastaba con el cuerpo bello,educado y virtuoso que la escuela promovía. Contrastaba también con la destreza,habilidad e inteligencia del cuerpo que se lucía en el juego popular. El cuerpo deforme se hundía en un espacio de silencio y clasificación. En lo másprofundo del mundo anormal toda una población de niños huérfanos, malalimentados, lesionados, apestados y enviciados van a ser privados de todo aquelloque prometía la escuela y las demás instituciones de la normalidad. Hubo un discurso médico de la infancia deficiente, elaborado en los gabinetes,en los consultorios y en muchas de las instituciones destinadas a su exclusión. Allíse programaron las distancias que diseñaban su institucionalización a la vez queformulaban los fundamentos para la nueva segregación. Hubo también un discurso escolar del deficiente que no coincidía del todo con lamirada médica. La experiencia escolar identificó demasiado pronto al alumnoatrasado con el niño anormal y se constituyó en la verdad más inmediata de aqueldiscurso segregador. De todos modos, el discurso escolar no fue homogéneo. Desde la mismaescuela pero con distintos emplazamientos se opusieron argumentos y sedesplegaron estrategias para detener el avance de los médicos en la promoción dela educación especial. Finalmente, hallamos una experiencia estética que recupera rostros, voces,lenguajes, cuerpos allí donde se había elaborado una separación radical. Arlt,Ebequer, Quiroga, algunos escritores del grupo de Boedo, recorren el paisajeciudadano y recogen el testimonio de un mundo silenciado que insiste en serreconocido en la superficie misma de su cotidianeidad. El cuerpo defectuoso. El discurso de la pedagogía terapéutica –más allá de las tecnologías sofisticadasque acompañaban su rápida expansión– tenía en la psicología diferencial el núcleoduro de su eficacia y operatividad. La edad mental y el coeficiente intelectual, ya lohemos dicho, establecían los valores que permitían diferenciar la población escolar.
  • 2. Sin embargo, si atendemos más atentamente a las referencias teóricas y a loscuadros clínicos promovidos desde la nueva clasificación, veremos al cuerpodefectuoso recortarse sobre el telón de fondo de la patología diferencial. La teoría del atavismo –que postulaba la regresión a un estado anterior de laespecie– había sido abandonada, y en su lugar surgían otras nuevas, confirmandola acción degenerativa sobre las células germinales provocada por la sífilis, elalcohól, la tuberculosis, etc. Por otra parte, al impugnarse la equivalencia entre inteligencia y moral, sedisolvían las antiguas confusiones a la vez que se promovían las nuevas formas delmal. Del mundo trinitario de la deficiencia se rescataba a los grandes deficientes(idiótas e imbéciles) y se condenaba a aquellos que habitaban las fronteras de lanormalidad (débil mental). Se producía así una novedosa inversión; el idiota y elimbécil pasaban ahora a ser inofensivo, mientras se demonizaba a la debilidadmental. 1 El débil mental y todos los fronterizos (moron, dulls, borderline) constituían elnuevo ejército de anormales que comenzaban a encontrarse por todas partes, enlos asilos, las cárceles, los reformatorios y en la población. Algunos mitos eran derribados y sustituidos por otros que gozaban de unamayor cientificidad. Tras el régimen de las transformaciones permanecía sinembargo inalterable una admonición al cuerpo y a las rarezas físicas que mostrabansu obscena vacuidad. En sus primeras versiones, el discurso de la pedagogía terapéuticatransparentaba cláramente estas líneas que lo mantenían todavía muy apegado a laantigua psiquiatría, y que luego se irá a ocultar, sin desaparecer –al menos en lapráctica diferencial. En las clasificaciones, en las descripciones clínicas encontramos en primerplano la referencia corporal. La inferioridad biológica; la altura y el peso disminuido,junto a la inteligencia; la asimetría facial; los defectos dentales, como el malemplazamento y la desigualdad; el prognatismo; las orejas contrahechas, enormes;el escaso desarrollo de los genitales; la atípica distribución del cabello; etc., fijabanlos atributos más visibles de una subjetividad pobre y carente de adaptación. 2 Entre estos deficiente constitucionales –representaban el 70 u 80 % de lapatología– se encontraban los débiles y fronterizos (tipo familiar), junto a unatipología variada que mostraba en su superficie los signos manifiestos del defectocorporal (sifilítico constitucional, hipofísico, cretino, mongoliano, indiferenciado,diplégico y microcefálico). Más allá de la “deficiencia verdadera” se recortaba otro grupo, que también seráincluido en dicha geografía. Este grupo, que no carecía en absoluto de importancia,lo componían los faltadores habituales, los neuróticos, los incorregibles y los pre-delincuentes o delincuentes. Todos ellos provenían de un estado de desequilibrio elemental del sistemanervioso –que en sí mismo no era una deficiencia– donde deberá agregarse algúntrastorno accidental o del desarrollo, como la astenia, para que se configure elsíndrome diferencial.1 - “Hay una gran diferencia entre los defectivos inferiores y los de alto grado. El comportamiento social de unidiota, un imbécil y un morón (débil mental) es extremadamente diferente. Los dos primeros pueden formar ungrupo casi inofensivo, pero el último tiene una gran importancia en el estudio de la delincuencia infantil. Desdeeste último punto tienen más importancia los subnormales que los anormales propiamente dichos.” C. TobarGarcía. Educación de los Deficiente Mentales en los Estados Unidos. Necesidad de su Implantación en laArgentina. H. Andreotta. Buenos Aires. 1933. Pp- 232 - Ibidem. 35.
  • 3. Los trastornos neurológicos, en estos casos, se manifestaban a través de lainestabilidad y la hiperemotividad. La primera producía agitaciones contínuas ymovimientos del cuerpo (tics, muecas, etc.), y parecían progresar hasta la pequeñaepilepsia, que precipitaba al cuerpo convulsivo en su paroxismo motriz. El inestablecubría un amplio espectro de conductas que iba de la pereza, indisciplina ynegativismo; pasaba por la sugestibilidad, plasticidad y tendencias a la imitación;para llegar a la rigidez, impulsividad, hostilidad y a la masturbación. La emotividad podía estar exaltada o inhibida. En el primer caso se trataba deniños demostrativos que al ser interrogados tenían crisis de sudor, reaccionesvasomotrices vivas y lágrimas. En el segundo, había inhibición, palidez, voz baja ynegatividad. Uno podía evolucionar hacia la histeria, mientras que el otro podíahacerlo hacia la esquizofrenia. Este segundo grupo –que componía los “behavior problems”– era el de losatrasados escolares, que podían evolucionar hacia la neurosis ya establecida, ladelincuencia infantil y el crimen, El tratamiento médico-pedagógico, tras la rápidasegregación era el instrumento adecuado para una correcta intervención. Elambiente familiar y social (hijo natural, primogénito, relaciones familiares, malostratos o defectos de crianza durante la infancia, etc.) era el directo responsable deldestino final. En la neurosis, a pesar del fondo constitucional, aparecía indicado el recurso a lapsicoterapia –el psicoanálisis entre éllas– a la vez que se señalaba su presencia enlos niños con coheficiente normal o superior. Este recurso, que va a abrir los circuitos extraescolares de la normalización psi,trazará los segmentos para una original división. Por un lado los “anormalesverdaderos”, destinatarios privilegiados de la segregación escolar; por el otro, “losfalsos anormales”, que podrán o no deslizarse hacia sus contornos según respondael hogar, la escuela o la intervención psi. Ambos circuitos estarán atravesados por otra línea que corta longitudinalmentetodo el recorrido de su particular extensión. Se trata de una línea que recorta elcuerpo y sus defectos físicos, para condensar en él toda las antiguas condenas(morales, intelecuales, sociales, etc.) que el encierro había hundido en el cuerpo dela infancia miserable y marginal. 3 Encontramos en estos primeros trazos toda una población de seresextraordinarios que la nueva sensibilidad imponía integrar. Ante la promoción delcuerpo virtuoso y saludable contrastaba fuertemente la aparición de esos rostrossilenciados que el internamiento estaba conminado a liberar. El niño desnutrido y raquítico; el de la calle, con sus vicios y libertades; el niñoabandonado, vagabundo, trabajador con sus cuerpos deformados por laenfermedad; el niño rebelde y aquel que la intimidación le impedía hablar, salíanahora a la luz del día y poblaban el horizonte cotidiano que se debía encaminar. Junto a estas figuras de la pobreza y la miseria vemos surgir una nueva,vinculada a ella, pero que se diferenciaba por algunos rasgos que le aportabansingularidad. El discurso médico designaba a esta figura como la ”deficienciaverdadera”, en tanto situaba los sindromes que demostraban el peso evidente de laorganicidad. 4 La sensibilidad moderna que predicaba el cuidado de la infancia había permitidola aparición de los nuevos cuadros diferenciales. El síndrome de Down, la3 - Tales condenas quedarían fijadas al cuerpo defectuoso en la medida en que el nuevo discurso laspreservaba detrás del disfraz teórico y doctrinal.4 - Dentro de esta categoría debemos ubicar también, las esperiencias del sufrimiento psíquico, que emergendesde una superficie amplificada por la problemática social y cultural, tal como veremos enseguida.
  • 4. enfermedad de Tay-Sachs, de Wilson, la esclerosis degenerativa, etc..,comenzaban a conocerse en los ámbitos médicos y desde allí progresaban haciauna mayor visibilidad. No es que estos cuadros no hayan existido antes de su descubrimiento sino quela gran mayoría de los niños que presentaban alguno de ellos eran ocultados omorían debido al escaso progreso de la medicina o a la poca predisposición familiarpara su cuidado. 5 En la conjunción de las nuevas subjetividades que surgían y las antiguasexclusiones que se liberaban se elaboró una original geografía. En élla, el cuerpodeforme, vicioso y enfermo irá a desatar los horrores que la medicina y la educaciónespecial deberán conjurar. El atavismo volvía amplificado por el discurso médico que iluminaba los rostrosde aquellos que eran identificados como los sujetos de una intervención especial. Una nueva subjetividad anormal había surgido en el mismo lugar dónde seesperaba encontrar los cuerpos magníficos y dóciles del disciplinamientoinstitucional. El deficiente pasó a metaforizar los antiguos temores producidos porlas taras orgánicas de las clases bajas, que quedaban excluidas del aparatoproductivo, a la vez que desataban los nuevos fantasmas de la anormalidad. El discurso psiquiatrico-escolar que institucionalizó a la educación especialestaba atravesado por una hipocrecía central. El mismo gesto que promocionabalas nuevas y neutras clasificaciones y promovía las formas benévolas de laintervención, establecía un espacio de brutal segregación para el niño que definíacomo deficiente mental. El nuevo encierro, edificado fuera de los margenes de laescuela común, recuerda a aquella otra experiencia que, desde el fondo de laépoca clásica, condenó a los locos y a todos los que habitaron el mundo de la sin-razón. El retrasado escolar Es posible distinguir algunas diferencia entre las formulaciones de los médicos yaquellas que surgían directamente de la experiencia escolar. Estas últimas, más vinculadas con la cotidianeidad de la escuela, establecían lascoordenadas de una percepción de la práctica que adquiría las marcas de suespecificidad. El discurso médico que se elaboraba y progresaba, tenía efectos en dichaproducción. Fue allí, sin duda, donde se expresó la verdad más inmediata de lo queaquél formulaba en la complejidad de su teorización. El discurso pedagógico sobre la deficiencia hizo coincidir –en forma mucho másdirecta y sin demasiadas mediaciones teóricas– la anormalidad con el retrasoescolar. El niño repetidor era la figura principal de la ideología diferencial, en tanto5- Hacia mitad del siglo XX, cuando en Europa había disminuido en pocos años la mortalidad infantil del 20 al 2%, existía todavía un alto porcentaje con relación a los niños anormales. En 1955 una estadística atribuía un 60% de mortalidad a los niños con síndrome de Down que sobreviven hasta el quinto año. R. S. Record y A.Smith. Incidence, mortaly and sex distribution of mongoloid defectives. Brit. J. prev. soc. Med. 9, 10 (1955). EnChr. Wunderlich. El Niño Mogólico. Ed. Científico Médica. Barcelona. 1972. P. 7. Moragas afirmaba que las causas de dicha mortalidad había que buscarla, en muchos casos, en elescepticismo de los padres, quienes "no han hecho nada para procurarles una vida sana y no se sintieron con ánimos para luchar contra las enfermedades cuando éstas llegaron.” J. de Moraga. Las Oligofrenias. Ed.Augusta, S.A. Barcelona. 1969. P. 65.
  • 5. centraban todas las preocupaciones y determinaban la urgencia al recursosegregador. Existe una espontaneidad y una verdad en este discurso sobre el deficiente quelo distingue de las descripciones, clasificaciones y elaboraciones teóricas de losmédicos. El discurso pedagógico dice en su simplicidad y sin necesidad de invocar elfondo psíquico, el terreno constitucional, el temperamento o el carácter, quien es elniño deficiente y cual es el destino que se irá a programar. El niño deficiente era el alumno que no aprendía como los otros, el que seatrasaba, repetía, se rebelaba o se ausentaba, y debía ser segregado del medionatural. El deficiente era al alumno atrasado, era también el sujeto anormal En algunos discursos esta verdad adquiría una generalidad extrema. InésGomez, una maestra de Catamarca, describía la situación de la escuela de suprovincia hacia mitad del siglo XX, en especial con relación a la situación del niño“difícil o irregular” 6 . Aseguraba que al no existir en toda la provincia de Catamarcaningún instituto especial de educación diferencial –lo que constituía un problema–era necesario que estos niños asistieran a la escuela común, donde en la mayoríade los casos eran postergados en el grupo escolar. Se trataba de niños tímidos, quepresentan falta de madurez social y verbal, que era la consecuencia de unasituación social inferior o del hogar adoptivo. La observación no registraba “taras oanomalías profundas”, en tanto se afirmaba que “los niños irregulares expresaban,por lo general, trastornos de conducta.” Otro informe, esta vez de dos maestra de La Plata 7 , permitía identificar mejor alos atrasados del discurso escolar. Los “niños de aprendizaje lento”, según ladenominación utilizada en la provincia de Buenos Aires, integraban los grados ”A”del circuito diferencial. En el área del lenguaje, estos niños presentaban inmadurezen la expresión oral y escrita, aunque estuvieran en condiciones de “superar lasdificultades del aprendizaje de la lecto-escritura.” Entre los factores que incidían enla producción del retraso se incluía la indiferencia o miseria moral y física de lospadres; el idioma extranjero que se hablaba en mucho de los hogares de dondeprovenían estos alumnos; el trabajo pesado que producía torpeza motora y limitabael aprendizaje de la escritura; la falta de contacto social; la timidez del niño retraido;la exitación del inquieto; la “zurdería”, etc. La profesora Victoria S. de Costafreda, de la dirección de Excepcionales de lamisma provincia, situaba de manera precisa a la población de la escuela diferencial: “En los grados de la escuela común suele haber niños que no siguen a los demás, dan muestras de abulia, de inhibición, no se interesan por la clase, indiferentes a toda iniciativa, no cumplen ninguna tarea y constituyen una rémora para el maestro. Para atender a estos niños que sin tener una deficiencia profunda, nunca debe bajar el nivel mental de 60, deben crearse los grados diferenciales anexos a las escuelas comunes, sobre todo en los lugares donde no hay escuela especial ni tampoco la posibilidad de crearse dependencias para tal fin.6 - I. Gomez: Observaciones Psicosociales del Irregular en Catamarca. Segundas Jornadas de PedagogíaAsistencial. San Luis. 1958. En Anales del Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas. Op. cit. Pp. 94.7 - M. Guido Lavalle y María E. Albina: El Problema del Lenguaje en los Grados Diferenciales. SegundasJornadas de Pedagogía Asistencial. San Luis. 1958. En Anales del Instituto de InvestigacionesPsicopedagógicas Op. cit. Pp- 48.
  • 6. Los alumnos que integrarán estos grupos son aquellos que señalamos como rezagados, sin llegar a tener una deficiencia grave, son los que no siguen al maestro y que con el tiempo van a engrosar las filas de los resentidos, inadaptados y hasta delincuentes.” 8 En otra ponencia se hacía referencia a un censo realizado en Santiago delEstero 9 que arrojaba un porcentaje –para la capital de la provincia– del 21,4 % dealumnos con nivel intelectual inferior o muy inferior, y otro del 42,8 % conrendimiento escolar malo o regular. Otras cifras daban cuenta del porcentaje dealumnos que terminaban de completar la escuela primaria (12,6 en promedio en laprovincia, que llegaba al / % en zonas boscosas). Las cifras permitían dimensionarel problema, para considerar “el número de escuelas especiales y gradosdiferenciales” que se necesitaban para resolverlo. Sin embargo, el discurso pedagógico no fue solamente el eco del discursomédico en su verdad más inmediata y brutal, sino que también se enfrentó a susestrategias discriminatorias y a la fundación de los espacios de segregación. No existen demasiadas huellas de aquel enfrentamiento. Carolina Tobar Garcíaalude al mismo en varias oportunidades, incluso publica un libro destinado adesarmar las impugnaciones que avanzaban desde la escuela y la Higiene Mental.Citando a Sancte De Santis, escibía: “existe todavía entre pedagogos y médicosuna vieja y curiosa controversia. Los primeros sostienen que los anormalespsíquicos no son enfermos, sino solamente retardados en el desarrollo psíquico” 10 El texto –que en realidad apunta a demostrar con absoluta contundencia lapropiedad médica del dominio cuestionado– no dejaba de registrar que algunosmaestros y muchos inspectores técnicos de la Capital Federal se oponían al avancedel discurso diferencial. Anotaba también, que en el Congreso de Higiene Escolarrealizado en La Plata en 1937, un grupo de médicos escolares se enfrentaba aaquellos colegas que sostenían que el niño retrasado era un sujeto anormal. 11 Los maestros ponían freno al avance de la psiquiatría y la psicología en elámbito de la escuela. Sin embargo, no era hora todavía de desplazar a los médicos,quienes avanzaban en la fundación de la educación especial. El cuerpo del dolor. Restaría interrogar la experiencia misma del niño anormal. Rescatar su voz,escuchar su discurso recorrer sus silencios. Empresa difícil, tal vez imposible. Nohay testimonios directos de todos esos seres que poblaron los primeros circuitos dela escuela especial. La medicina los clasificó y condenó, la pedagogía los reconoció y desplegó lasoperaciones que fijaban en sus cuerpo los rasgos que aquélla encontraba en laherencia, el medio o la fatalidad. Sin duda, ninguno de los discurso que se ocupó de8 - V. S. de Costafreda: Educación del Deficiente Mental. Organización de Grados Diferenciales. SegundasJornadas de Pedagogía Asistencial. En Anales ... Op. cit.. Pp. 115.9 - R. V. Moreno: Investigaciones Psicoloógicas y Educación diferencial.. Segundas Jornadas de PedagogíaAsistencial. En Anales ... Op. cit Pp-117.10 - C. Tobar García. Temas de Psiquiatría Escolar. Sobre el Concepto Psicológico de Retardo Pedagógico. S.de Amorrortu e Hijos. Bs. As. 1939. Pp. 511 - Ibid. Pp. 6.
  • 7. la infancia defectuosa pudo registrar algo que surgiera del corazón mismo deaquella experiencia de la subjetividad. Existe, no obstante, un registro que cabría indagar. Se trata de la evidenciainmediata que aporta una ficha clínica, una historia relatada, la presentación decasos, una derivación. Testimonios que, pese a remitir al dominio médico o de laescuela, escapan siempre a la mediación que le aporta el trabajo de formalización. En el curso para maestras de anormales que fue publicado en 1926 por elMonitor 12 , se realizaban presentaciones de casos, a la manera de Charcot. Ungrupo de niños había sido convocado para demostrar cómo un timbre defectuososde voz y una incorreccta emisión de sonidos vocales, podían ser corregidos. Uno deesos niños mostraba sus defectos ante las maestras y el especialista, quiencorregiría exitosamente al alumno para confirmar su disertación. Iniciaba el ritual un niño que se interrumpía a cada instante, tanto para hablarcomo para leer, y que emitía una voz demasiado débil. Exhibida su anormalidad, elniño se convertía en el fetiche que sancionaba el saber del especialista y laignorancia de las maestras. El médico demostraba que el síntoma del niño anormal era debido a una simpleincapacidad de inspirar y de expirar con la debida energía, y procedía luego a lacorrección. En otra oportunidad, era presentado un niño repetidor, un retardado pedagógicoque hacía tres años que concurría a la escuela sin poder avanzar. Recién llegado ala ciudad de Buenos Aires, este alumno que tenía capacidad de observación,reflexión, juicio y discernimiento moral, llamaba la atención por algunas de susparticularidades que servían para emitir un diagnóstico diferencial. La descripcióndel cuadro tomaba cada detalle de la conducta del niño: – “Observen Uds., además, esas alteraciones de risa y llanto, que no puedeprovocar un auditorio distinguido como éste”; y luego: – “Llamo la atención deustedes, sobre la manera de conjugar los verbos y usar en la oración los adverbios,adjetivos, conjunciones, etc. ” 13 El hecho de que el niño no acepte el dinero que se le pretendía regalar, decideal médico a emitir un diagnóstico que lo alejaba del anormal grave, quien no poseíaesa consciencia moral. La sospecha moral , el lenguaje impuro, las voz débil, el espíritu intimidado ydesorientado de quien no sabe si es un idiota y llora o un elegido que debe sonreirreaparecen en todos estos testimonios que muestran los rostros olvidados ydesplazados por un discurso que elabora el mapa de la anormalidad. Otro testimonio nos acerca mejor a aquellos rostros. Se trata de una carta,escrita en 1917 por un médico del Hospital Muñiz, dirigida al director del Patronatode la Infancia: “Sr. Dr. Jorge N. Williams. Mi estimado amigo: Tengo el gusto de presentarle al dador de ésta. Es un caso práctico de un niño abandonado, llegado a hombre después de haber transmigrado por las instituciones de beneficiencia que la caridad costea. El Monitor de la Educación Común: La Enseñanza de Anormales. 6ª Confeencia. Nº 641. 1926. Pp. 32412 -13- El Monitor de la Educación Común. La Enseñanza de Anormales. Curso de Perfeccionamiento para laEnseñanza de Retardados Anormales. 20ª Conferencia. Nº 658. 1927. Pp.776.
  • 8. Obsérvelo un instante: le falta el ojo derecho y el izquierdo ha quedado maltrecho después de un prolongado sufrimiento; en la piel del cráneo existen indelebles cicatrices. Y, sin embargo, este muchacho no ha estado en ningún combate, no ha asistido a ninguna batalla, pero en cambio ha sostenido una lucha tenaz por la vida en sus pocos años y ha sido en ella que uno de los órganos de los sentido más nobles ha sido mutilado. Contémplelo pensando que desde su más tierna niñes no tuvo una madre cariñosa que endulzara su existencia, que careció de la dirección de un padre que supiera encaminarlo por la buena senda, que fue creciendo y su razón se abrió entre extraños en el Asilo o en el Hospital, y que allí donde debiera haber hallado el buen ejemplo, la sabia dirección, la instrucción necesaria, sólo encontró la conjuntivitis granulosa que casi lo deja ciego y tuerto ciertamente, la tiña que al fin parece extinguida, y, por último, una educación tan rudimentaria de que dará una prueba la autobiografía que tengo el agrado de adjuntarle. Como Ud. verá, ha desempeñado las más extrañas ocupaciones: ha sido colchonero, cochero, peón, dependiente, sirviente, mucamo, empleado de correo, agente de policía, soldado y no sé qué más. Lo original de este muchacho es su apego a la Casa de Aislamiento, donde contraje el cólera en 1886. Siempre que la suerte lo abandona vuelve a la Casa de Aislamiento, como quien diría a la casa paterna, que en la mente de todo ser se graba como un recuerdo indeleble y a la cual siempre se vuelve aunque más no sea con la imaginación para sentir la ilusión feliz de las caricias paternales, el placer sin igual de contemplar otra vez los mudos testigos de nuestros juegos de la niñez. Para este hombre sus lares son el Hospital, y allí torna siempre que la fatalidad de su destino lo abandona. Reflexione sobre este caso, uno de los más felices, pues no deseo ofrecerle otros más desgraciados, que pueblan las cárceles y presidios, y piense todo lo bueno que puede Ud. hacer al frente de esa institución del ‘Patronato de la Infancia’, para que los niños abandonados que recoge alcancen un porvenir mejor. Y entretanto haga de su parte todo lo que pueda protegiéndolo con su influencia; hágalo colocar en algún empleo modesto, en la seguridad que habrá realizado una buena obra, que este individuo la tendrá en cuenta toda su vida, porque es agradecido. Se lo estimará especialmente, su atento amigo. José Penna” 14 La palabra del médico, sin mediaciones, más cercana a los sentimientos quecuando queda filtrada por el aparato conceptual, encendida por el entusiasmo deuna buena obra prometida y merecida, acorta la distancia que separa todateorización del referente que se pretende invocar. La descripción aporta las referencias: el cuerpo devastado, la infancia perdida,las instituciones tutelares, la desocupación, la derelicción de un hombre que desdeniño circula entre el asilo, el hospital, la escuela diferencial y la calle. La clínica escolar nos ofrece también algunos testimonios. Una presentación dehistorias clínicas destinada a fundamentar la necesidad del emplazamiento especial14 N. Lozano: La Escuela del Niño Débil. Op. cit. Pp. 152.
  • 9. muestran el anudamiento entre el atraso y ciertas experiencias de sufrimientopsíquico. Niños con extravagancias, conductas bizarras, fobias, terrores,obsesiones, crisis depresivas, compulsiones, delirios, deseos de suicidio, etc.,quienes habían sido derivados por la escuela al consultorio médico-psiquiátricoaparecen situados en el texto dentro de la categoría de la enfermedad mental. Veamos una de estas historias: “A.H. F., historia núm. 2.066. Tiene 13 años. Presenta grandes anomalías del comportamiento, humor variable, irascibilidad, impulsividad. Es celoso, egoísta, agresivo con sus hermanos y su madre, aunque tiene arrepentimiento fácil. En una oportunidad agredió a su madre con un cuchillo. Manifiesta el paciente que se da cuenta de ello, pero que no lo puede evitar, como si se tratara de una obsesión impulsiva. En otras oportunidaddes amenaza denunciar al padre si lo castiga o lo echa de la casa, pues tiene la obligación de mantenerlo hasta los 21 años, por ser enfermo. Manifiesta también que conoce por anticipado cuándo le van a venir sus ‘ataques’, ‘porue se siente más bueno y obediente y tiene ganas de trabajar’. En esas oportunidades se levanta de noche, limpia y arregla la casa, barre, etc. Otras noches, en cambio, se escapa hasta la estación Lanús, que dista más de veinte cuadras despobladas, vaga o toma el tren a constitución. Hurta dinero a su madre, y se justifica diciendo que, de todos modos, ‘ella es una tonta que fía a los clientes’. 15 El texto psiquiátrico anota también que este niño ha sufrido ataques de tipoepiléptico, que no progresa en la escuela porque es lento, pobre de ideas eimaginación, que posee relativa capacidad crítica, viscosidad psíquica, explosividad,psicoplasticidad y personalidad bipolar; en definitiva, se trata “realmente” de unenfermo mental. Rarezas de la conducta, extravagancias, locura son medicalizadas e incluidas enun abanico de intervenciones que fijan las coordenadas de una subjetividadanormal. Estas historias nos muestran una figura nueva que se recorta del universo de laintervención médico-escolar. El retraso y la enfermedad mental configuraron unparticular anudamiento que va a ingresar tempranamente en dicho espacioconfusional. Sería necesario ampliar el contexto de tal anudamiento, y situar en la atmósferatardía de los treinta –en el espacio trágico que va entre las dos guerra– la crisisprofunda de la sociedad, del pensamiento y de la consciencia ética. La ciencia, lareligión, la escuela, y en general la mayoría de las instituciones modernas eranconmovidas por la irrupción caótica de las transformaciones económicas,intelectuales, culturales y morales, mientras que una suerte de angustia existencialsurgía tras las formas diversas del síntoma social. En ese contexto, lejos de los dispositivos institucionales, se elaboró unaexperiencia estética y filosófica vinculada al universo que la elaboración psiquiátricaconseguía silenciar. Dicha experiencia, se hacía especialmente sensible en unazona de la narrativa porteña, que alcanzaba en la obra de Roberto Arlt su mayordensidad. La narrativa arltiana nos trae los rostros y las voces olvidados de toda unapoblación de delirantes y anormales que habitaba los bordes de la ciudad. La15 - C. Tobar García: Temas de Psicquiatría Escolar. Op. cit. Pp. 28.
  • 10. prostituta visca, el miserable sordo, el delirante castrado, el rufián melancólico, eltuberculoso, el jorobado muestran en sus cuerpos impuros las marcas másgenuinas que produce un anudamiento singular. En el cruce –siempre polémico yconflictivo– del sujeto y la realidad colectiva, vemos cómo la angustia de esa épocainfame se hacía cuerpo y síntoma social. En los laberintos de esta singular experienca estética, aprendemos los distintosnombres de la angustia y la forma en que el sujeto encalla en el dolor y ladesesperación. Allí apreciamos la dimensión más inmediata de esos cuerpoanatemizados, que aullan, pierden consistencia o reclaman una muerte imposible,cuando no programan un exterminio o el reinado del mal. En el paisaje arltiano hay una invocación constante a la simbología másrecurrente de aquella época infame. La ciencia y la tecnología, Nietzsche y Marx,Dios o los dioses, el capitalismo, el anarquismo, la violencia, el hambre y laprostitución recorren el universo del mundo marginal y atraviesan los cuerpos queconstituyen dicha humanidad. Pero también hay una referencia permanente al cuerpo y al dolor. En realidad, elcuerpo es el dolor y aquél no es otra cosa que la Verdad que sufre. La existenciasubjetiva no se revela allí más que cuando el cuerpo es presentificado por laexperiencia del dolor. 16 En los márgenes, el cuerpo no es otra cosa que sufrimentoreclamado como evidencia existencial. Cuando la angustia se vuelve extrema, la subjetividad se desliza hacia unaexperiencia del cuerpo que es estallido, despedazamiento o caída en el abismo. 17Las alternativas a ese destino escabroso parecen resumirse en el delirio, lainvención siempre postergada o las diversas expresiones de una maldad que estambién perversidad. El cuerpo del dolor mostraba en sus efectos de delito y locura el quiebre de unailusión. La armonía perdida de la belle epoque se revelaba crudamente en esapoblación de anormales que de repente surgía, tan próxima y tan distante a la vez,al tiempo que enunciaba la razón más inmediata de su inequívoca verdad. Brúscamente, un rayo ilumina el paisaje y muestra la línea muy débil que separaese mundo obscuro y terrible del espacio sagrado de la razón. Por un segundopermanece visible esa temible unidad que había sido recorrida ya por Nietzsche,Goya, Van Gogh, que también atraerá a Ebequer –muy cerca de Arlt – e irá aextraviar el alma de Artaud. Razón y locura parecen aproximarse en una intimacercanía y deslizarse de una a otra en una peligrosa confusión. Esa grieta que se abría en el corazón de la época y que era expresada en unasingular experiencia colectiva de la angustia parece sellar la suerte de un discursoque se preparaba para dar respuesta al conflicto que rasga toda la superficie social.El psicoanálisis podrá ocupar un lugar en la cultura, luego del primer recibimientoindiferente y de su posterior despliegue que amplía considerablemente la superficiede esa recepción.16 - “A su vez –reflexiona el astrólogo– los ingenieros y los políticos dicen: Para que el nervio no duela sonnecesarios tantos estrictos metros cuadrados de sol, y tantos gramos de mentiras poéticas, de mentirassociales, de narcóticos psicológicos, de mentiras noveladas, de esperanzas para dentro de un siglo... y elCuerpo, el Hombre, la Verdad, sufren porque mediante el aburrimiento tienen la sensación de que existen, comoel diente podrido existe para nuestra sensibilidad cuando el aire toca el nervio.” R. Arlt. Los Lanzallamas.Claridad. Bs. As. S/F. Pp. 16.17 - Erdosain en el paroxismo de su angustia experimenta el estallido corporal: “En cuanto se rompa el retén, micabeza volará a las estrellas. Me quedaré con el cuerpo sin cabeza, la garganta volcando como un caño,chorros de sangre...” Hipólita, ante la tristeza extrema experimenta en su cuerpo la operación real de unamutilación: “Tengo la sensación que me arrancaron el alma con una tenaza, la pusieron sobre un yunque ydescargaron tantos martillazos, hasta dejármela aplastada por completo.” Ibidem, Pp. 50 y 12.También encontramos esta experiencias de desintegración corporal en Horacio Quiroga
  • 11. Una particular experiencia estética permitió rescatar del silencio a locos yanormales. Privados del lenguaje y recluidos por el dispositivo escolar-psiquiátrico-tutelar, todo un conjunto de seres desterrados comenzaba a salir a la superficie,invocando con su inquietante presencia a los monsturos de la razón.