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Cyber bullying el acoso escolar en la era digital

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Sobre el acoso escolar en el internet

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  • 1. Cyber Bullying el acoso escolar en la era digital
  • 2. robin kowalski - susan limber - patricia agatston Cyber Bullying el acoso escolar en la era digital Desclée De Brouwer
  • 3. Título original: Cyber Bullying. Bullying in the Digital Age © 2008 by Robin Kowalski - Susan Limber - Patricia Agatston Blackwell Publishing, Malden, MA, USA AlI Rights Reserved. Authorised translation from the English language edition published by Blackwell Publishing Limited. Responsibility for the accuracy of the translation rests solely with Editorial Desclée de Brouwer, S.A. and is not the responsibility of Blackwell Publishing Limited. No part of this book may be reproduced in any form without the written permission of the original copyright holder, Blackwell Publishing Limited. Traducción: Francisco Campillo Ruiz © 2010, Editorial Desclée De Brouwer, S.A. Henao, 6 - 48009 www.edesclee.com info@edesclee.com ISBN: 978-84-330-2398-8 Depósito Legal: BI-1104/2010 Impresión: RGM, S.A. - Urduliz Impreso en España - Printed in Spain Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Re­ ro­ ráficos –www.cedro.org–), si necep g sita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
  • 4. Este libro está dedicado a los jóvenes que pensamos que se merecen sentirse libres de cualquier forma de acoso, tanto en el mundo real como en el mundo virtual.
  • 5. Índice Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 Capítulo 1 • Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21 Capítulo 2 • Formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 Capítulo 3 • ¿Qué es el acoso cibernético? . . . . . . . . . . . . 79 Capítulo 4 • Estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119 Capítulo 5 • Qué pueden hacer los padres . . . . . . . . . . . . . 151 Capítulo 6 • Qué pueden hacer los profesores . . . . . . . . . 199 Capítulo 7 • Normativa legal y políticas específicas . . . 243 Capítulo 8 • Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 283 Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 297
  • 6. Prólogo El 7 de octubre de 2003 será siempre el día que marcará un antes y un después en mi vida. Antes de aquel día mi hijo Ryan estaba vivo. Era un chico dulce, amable y larguirucho de 13 años de edad, adentrándose desmañadamente en los comienzos de la adolescencia, y tratando de encontrar su lugar en el tan a menudo desconcertante y difícil mundo de las relaciones sociales en los primeros años de instituto [primer ciclo de secundaria]. * Después de aquel día, mi hijo desaparecería para siempre. Muerte por suicidio. “Bullycidio” o incluso “ciberbullycidio”, sugieren denominarlo algunos. Yo lo llamo simplemente un agujero enorme en el corazón, que jamás se cerrará. 1 La vida del joven Ryan incluía natación, acampadas, monopatín, bicicleta, snowboard, juegos de ordenador y mensajes instantáneos por la red. La típica serie de actividades adolescentes “sanas” y “normales”… o eso parecía. A mi hijo le encantaba encender el ordenador, pasarse un rato conectado con los amigos después de las clases y a lo largo del verano. Pero durante el verano de 2003 empezó a pasar más tiempo delante del ordenador, principalmente con los mensajes instantáneos. Me preocupé y me sentí obligado a recordarle nuestras normas de seguridad para el uso de internet: * N. del T.: Middle school en el original inglés, lo que dentro del sistema educativo estadounidense correspondería a los tres primeros años de enseñanza media [cursos 7º a 9º, de los 11 a los 13 años de edad], por contraste con los tres años restantes [cursos 10º a 12º, de los 14 a los 16 años], que conforman la enseñanza media superior [segundo ciclo] o high school propiamente dicha [el instituto]. ONCE 11
  • 7. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Nada de mensajearse ni de chatear con desconocidos. No dar ninguna información personal (nombre/dirección/teléfono) a desconocidos. No enviar fotos a desconocidos. Nada de contraseñas secretas. La última norma era por seguridad. Les dije a mis dos hijos mayores que tenían que utilizar la clave de acceso que yo les diera para cualquier cuenta online que abrieran. Les prometí que no leería sus mensajes personales ni se me ocurriría espiarles, pero: “No quiera Dios que os saltéis las otras normas y desaparezcáis un día de estos. Necesitaré acceder inmediatamente a todo lo que hayáis estado haciendo a través del ordenador”. Jamás en toda mi vida me imaginé que esta norma acabaría convirtiéndose en la clave para desvelar el misterio de por qué mi hijo se quitó la vida. Unos días después del entierro, entré en su cuenta de mensajería instantánea, porque este era el lugar en el que se había pasado la mayor parte del tiempo los últimos meses. Entré para ver si había alguna pista que pudiera explicar lo último que mi hijo había hecho en la vida. Fue en este mundo virtual seguro que permite un cierto anonimato donde varios de sus compañe- ros me hablaron del hostigamiento y del ciberacoso que había estado teniendo lugar durante los meses que precedieron al suicidio. Un chico llevaba hostigando a mi hijo desde 5º, y durante un período breve se hicieron amigos después de que Ryan le plantara cara en una pelea que hubo en el colegio. Dejándose llevar por su lado más teatrero, mi hijo compartió una anécdota un tanto embarazosa y humorística con su nuevo amigo. El “amigo” tergiversó esta información y la convirtió en el rumor de que Ryan había intentado pro- pasarse con él y que, por tanto, debía ser “gay”. El rumor y las burlas prosiguieron aquel mismo día después de las clases… bien entrada ya la noche y durante todo el verano de 2003. Mi hijo contactó por internet con una chica guapa y “popular” del colegio, y trató de entablar una relación con ella, sin duda como una forma supuestamente infalible de acallar el rumor de que era “gay”. 12
  • 8. prólogo Cuando empezaron otra vez las clases de 8º, mi hijo abordó en persona a su nueva novia. Estoy seguro de que jamás se pudo imaginar lo que sucedería a continuación. Delante de todos sus amigos, la chica le soltó a Ryan que era un fracasado y que no quería saber nada de él. Dijo que únicamente había estado jugando con él por la red. Mi hijo se enteró de que la chica y sus amigos habían pensado que sería divertido hacerle creer que a ella le gustaba él, y así lograr que desvelara montones de cosas personales y comprometidas. La chica copió y pegó sus IMs privados convirtiéndolos en IMs a sus amigos. Todos se rieron de lo lindo a costa de Ryan. Mi hijo no ha sido desde luego el primer chico en la historia en ser humillado y sufrir el rechazo de una chica guapa. Pero cuando descubrí la existencia de un archivo lleno de IMs y más tarde hablé con sus compañeros de clase, me di cuenta de que en este caso la tecnología había sido utilizada como un arma mucho más potente y de más largo alcance que los sencillos recursos que nosotros teníamos de niños. Una cosa es que te hostiguen y te humillen delante de unos cuantos compañeros. Una cosa es sentirse rechazado y herido por una chica. Pero debe ser una experiencia totalmente diferente, comparado con una generación atrás, que este mismo desengaño y humillación sean presenciados por una audiencia adolescente virtual mucho más amplia. Estoy convencido de que mi hijo habría sobrevivido a estos incidentes de hostigamiento y de vejación si hubieran tenido lugar antes de la aparición de los ordenadores y de internet. Pero también estoy convencido de que pocos de nosotros habríamos tenido la resistencia y el aguante necesarios para soportar un ataque tan nuclear a nuestros sentimientos y a nuestra reputación al comienzo de la adolescencia, en medio de toda una serie de cambios vertiginosos, físicos y emocionales, y de la virulencia de las oleadas hormonales. Estoy convencido de que la crueldad social ejercida a través de las nuevas tecnologías tiene el efecto de acelerar y de amplificar las heridas a unos niveles que probablemente se traducirán en una elevación del porcentaje de suicidios entre los jóvenes. Las estadísticas más recientes señalan que, de hecho, el suicidio entre los adolescentes está volviendo a aumentar después de llevar muchos años descendiendo. 13
  • 9. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Mi hijo fue una de las primeras víctimas, y su muerte fue una advertencia anticipada a nuestra sociedad respecto de la conveniencia de prestar una atención más detenida al uso que le están dando nuestros hijos a las nuevas tecnologías. Necesitamos estudiar este nuevo problema social con una sensación de urgencia, pero también con un cuidado extremo. Tenemos igual­ en­e que ser muy rápidos y muy conscientes con vistas a elaborar una m t legislación y una política social para proteger a los menores respecto del mal uso de las nuevas tecnologías, contra ellos y entre ellos. Este libro demostrará ser un recurso inestimable. Primeramente, introduce al lector en el fenómeno del acoso escolar y sus efectos dañinos. A continuación, pasa a analizar las diferentes formas mediante las cuales las nuevas tecnologías se están utilizando progresivamente para propagar el fenómeno de la crueldad social a través del ciberespacio. Nos pone al tanto de los últimos hallazgos de investigación, y explica unas medidas preventivas y de actuación muy concretas, dirigidas a los padres y a los educadores. John Halligan, Padre de Ryan http://www.RyanPatrickHalligan.org 14
  • 10. Prefacio Decidimos escribir un libro sobre el acoso cibernético a raíz de trabajar juntas en diversos proyectos para la prevención del acoso escolar y dirigir algunas investigaciones preliminares sobre el acoso cibernético durante el transcurso de los últimos años. Un día nos tropezamos cara a cara con un ejemplo extremo de ciberacoso que tuvo lugar en un distrito académico del extrarradio. Patti Agatston todavía se acuerda de cuando llamó a Sue Limber hace dos años diciéndole: “Tienes que ver esta página web amenazando a una estudiante. La madre me ha pedido que le ayude a averiguar quién la ha puesto y hacer que la quiten, y no me puedo creer lo que estoy viendo”. A raíz de aquella conversación inicial, procedimos a dar los pasos necesarios para intervenir en un caso real de acoso cibernético grave, para lo cual contamos con la gran ayuda de los documentos online del Center for Safe and Responsible Internet Use [CSRIU], cuya autora es Nancy Willard. Después de aquella experiencia decisiva [una verdadera prueba de fuego], nos conocimos y hablamos de lo útil que podría ser entrevistar personalmente a los menores y a los padres, a través de grupos de discusión y de entrevistas individuales, para comprender mejor sus experiencias y sus perspectivas. Nos dimos cuenta de que las encuestas de papel y lápiz se quedaban cortas a la hora de captar el impacto emocional que ejerce en los padres y en los menores esta nueva forma de acoso escolar. Nos vino a la mente una idea de más envergadura: escribir un libro exponiendo nuestros hallazgos, que incluyera datos de entrevistas reales con los estudiantes y con los padres. QUINCE 15
  • 11. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Uno de los propósitos del libro es educar a los padres, a los profesores y a las organizaciones comunitarias en el problema creciente del ciberacoso. Pero otro de los objetivos es dotar a los adultos, dentro del seno de la comunidad, de los instrumentos necesarios para prevenir que esta nueva forma de acoso se convierta en una experiencia habitual para los jóvenes que utilizan internet y otras nuevas tecnologías. Muchos adultos y profesores se han encontrado también ellos en nuestra misma situación, viéndose obligados a recabar más información sobre el acoso cibernético en el momento en que era preciso intervenir. Esperamos que el libro ayude a los adultos a hacerse con el conocimiento y los instrumentos necesarios para poder ser una ayuda real para los jóvenes a la hora de prevenir y de actuar en los casos de ciberacoso, en lugar de que nos vean como un obstáculo o un estorbo, lo que por desgracia suele ser una percepción bastante frecuente entre los jóvenes, como tendremos ocasión de comprobar. Robin Kowalski y Sue Limber, psicólogas y miembros del cuerpo docente de la universidad de Clemson [Carolina del Sur], llevan investigando el fenómeno del acoso cibernético a través de una serie de métodos desde hace varios años, y algunas de sus novedosas investigaciones se publican por primera vez en este libro. Además, Patti Agatston, psicóloga y orientadora psicopedagógica, colaboró con Robin y con Sue para elaborar cuestionarios individuales y grupales con objeto de aplicarlos durante las entrevistas con los padres y con los estudiantes a propósito del fenómeno del acoso cibernético. Patti trabajó junto con su colega Michael Carpenter para llevar una serie de grupos de discusión durante la primavera y el otoño de 2006. Michael Carpenter fue uno de los primeros formadores acreditados a nivel nacional en el Programa Olweus para la Prevención del Acoso Escolar, y uno de los fundadores del Centro de Prevención y Actuación, que es el programa de ayuda al estudiante, reconocido a nivel nacional, correspondiente al distrito académico del condado de Cobb [Georgia], donde también trabaja Patti Agatston. Patti dirigió el grupo de discusión de mujeres, mientras que Michael llevó los grupos de discusión de hombres. Además, Patti hizo una serie de entrevistas individuales con padres y con estudiantes procedentes de diversos centros de primer y de segundo ciclo de secundaria pertenecientes al distrito acadé- 16
  • 12. prefacio mico seleccionado, que estaban dispuestos de buen grado a ser entrevistados para hablar de sus experiencias de acoso electrónico. El lector tendrá la oportunidad de enterarse de primera mano de lo que dijeron algunos de los padres y de los estudiantes que fueron entrevistados para la redacción de este libro. Mencionaremos algunas sugerencias y recomendaciones que se desprenden de la investigación y de las entrevistas realizadas. Esperamos que al lector le resulte más fiable saber que estas recomendaciones están hechas sobre la base de una investigación que ha incluido a padres e hijos comprometidos en un diálogo real, además de los métodos tradicionales de en­­­ cuesta. También somos conscientes de que surgirán nuevas tecnologías que brindarán nuevas posibilidades de acoso escolar, las cuales requerirán un diálogo continuado con los padres y los jóvenes para ayudarles a comprender las situaciones novedosas que ello pueda generar. El reto consiste en incorporar estas nuevas tecnologías de una forma que permita aumentar la calidad de nuestra vida cotidiana, en lugar de restarle valor. Son muchas las personas que han contribuido a la redacción de este libro y la realización de la investigación, y a las que les manifestamos nuestra más sentida gratitud. Primeramente, queremos dar las gracias a una serie de autoridades [directores de centros de enseñanza] del distrito académico del condado de Cobb, que hicieron posible la experiencia de los grupos de discusión y las entrevistas individuales, entre las cuales están Linda Clark, William Griggers, Susan Gunderman, Denise Magee, Janet Peeler, Geraldine Ray, Ivia Redmond, Grant Rivera y James Snell. Gracias especialmente a los siguientes orientadores psicopedagógicos por hacer mucho más de lo que les correspondía para facilitar nuestra labor: Yvonne Young, Colleen Brown, y Susan Strickland, así como al educador para la salud [health teacher] Eric Homansky. Gracias también al personal del Centro de Prevención y Actuación −Jeff Inman, Jeff Dess, Luisa Resendiz, Joyce Hutchings, Janice Mosher, y Michael Carpenter− que nos ofrecieron ánimos, apoyo, y un lugar donde poder guardar unos datos muy delicados. Rebecca Alley, de la universidad de Clemson, nos brindó una ayuda inestimable con la investigación y 17
  • 13. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston el análisis de los aspectos legales del fenómeno. Muchos estudiantes de la universidad de Clemson dedicaron mucho tiempo y energías a recoger, almacenar y analizar datos: Lindsey Sporrer, Erin Hunter, Richard Reams, Karissa Chorbajian, Kristy Kelso, Natalie Irby, Angela Gorney, Amy Scheck, Ryan Cook, Melissa Redfearn, Jessica Allen, Ann-Mac Calloway, Melinda Keith, Stephanie Kerr, Laura Singer, Jana Spearman, Lance Tripp, Jessica Farris, Kelly Finnegan, y Laura Vernon. Les estamos muy agradecidas por su ayuda. También nos gustaría dar las gracias a Christine Cardone y Sarah Coleman, de Wiley-Blackwell [grupo editorial y base de datos], por apoyar este proyecto y por sus ánimos a lo largo de todo el proceso. Estamos en deuda con ellos y con el personal de Wiley-Blackwell por su apoyo. Gracias a los muchos compañeros de trabajo, amigos y familiares, que nos apoyaron ofreciéndonos ánimos, sugerencias, y leyendo y haciendo observaciones a nuestro trabajo, entre los cuales figuran Andrew Agatston, Robert Agatston, Teresa Hubbard, Rachel Galli, Frank y Kathy Walton, y Randolph y Frances Kowalski. Finalmente, gracias a nuestros hijos, Austin, Jack, Mary, Noah, y Jordan, que nos mueven a creer que todos los jóvenes tienen el derecho de sentirse libres de cualquier forma de acoso, tanto en el mundo real como en el mundo virtual. 18
  • 14. Dice que le da miedo volver a su casa porque allí es donde se va a encontrar con el ordenador… prefacio 19
  • 15. 1 Introducción Lo que hace que el acoso electrónico sea tan peligroso… es que cualquiera puede hacerlo sin necesidad de tener que enfrentarse a la víctima. No hace falta ser fuerte ni rápido, basta con tener un teléfono móvil o un ordenador, y ganas de aterrorizar. (King, 2006) El acoso escolar deja unos recuerdos que con frecuencia se prolongan durante toda la vida. El solo hecho de oír el nombre de una persona que les acosó, incluso años o décadas después, puede bastar para que muchas personas sientan escalofríos. Cuando la mayoría de nosotros pensamos en el acoso escolar, nos viene a la mente la imagen del grandullón que aterrorizaba a los niños en el patio del colegio. Habitualmente era un chico, y era digno de temer. Por horrible que pudiera ser encontrarse con este matón1, sin embargo, el final de la jornada escolar solía ofrecer un respiro, una vez que la víctima salía del colegio y volvía a su casa. 1. Allí donde sea posible, a lo largo del libro hemos tratado de evitar referirnos a un menor de edad como un “matón” o una “víctima”. Pensamos que es crucial no etiquetar a los menores de “matones” ni de “víctimas”, ni de ninguna otra forma que implique que el hecho de acosar o de ser acosado [hostigado, intimidado, vejado, etc.] constituye una característica indeleble (lo que a su vez puede ser muy perjudicial tratándose de un menor). En lugar de ello, hablaremos del “menor que acosa” o del “menor que es acosado”, y nos centraremos en las conductas de acoso entre los menores, y no tanto en su estado o condición. Cuando esta forma de hablar se haga demasiado pesada, utilizaremos ocasionalmente los calificativos de “matón” y de “víctima”. Esperemos que en estos casos excepcionales, el lector comprenderá cuál es nuestro propósito. VEINTIUNO 21
  • 16. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston “Ciberacoso”: muchas personas no están familiarizadas con el término. Pero para aquellos que sí saben lo que es y que lo han vivido, los recuerdos, al igual que sucedía con el acoso tradicional, pueden durar toda la vida. El acoso cibernético, también conocido como acoso electrónico o crueldad social online, se define como el acoso escolar a través de correos electrónicos, mensajes instantáneos [MSN, messenger], salas de chat, página webs, o a través de mensajes o imágenes digitales enviadas a un teléfono móvil. Aunque comparten ciertas características en común con el acoso tradicional (véase el capítulo 3 para un análisis más detallado de esta cuestión), el acoso cibernético representa un fenómeno en cierto modo único, que sólo muy recientemente ha comenzado a recibir cierta atención tanto en la prensa popular como en los círculos académicos. El acoso cibernético no sólo se diferencia externamente y en sus efectos del acoso tradicional sino que, como analizaremos más adelante, plantea algunos retos absolutamente únicos a la hora de actuar, especialmente a los padres, los profesores y demás adultos que tienen trato con los menores. Al analizar la relación existente entre el acoso tradicional y el acoso cibernético, un periodista de la MSNBC* declaró: “Los niños pueden ser crueles. Y armados con las nuevas tecnologías pueden ser crueles a escala mundial” (Sullivan, 2006). Como se desprende claramente de su misma definición, el acoso cibernético es una forma de acoso relativamente reciente, que se ha hecho posible gracias a los avances tecnológicos de los últimos 10-15 años. Dos de los más notables de entre estos avances han sido internet y el teléfono móvil. 2 Una de las preguntas más interesantes que se suelen formular en relación con internet es: ¿Hasta qué punto ha cambiado las vidas de los adolescentes que lo utilizan? Pensamos que la pregunta está realmente mal planteada. Aunque internet puede haber cambiado las vidas de los padres de estos adolescentes, para los propios adolescentes su existencia siempre ha sido un hecho. Sencillamente, forma parte de sus vidas. El hecho de que los padres de estos chicos no crecieran con los móviles y los ordenadores personales, * N. del T.: Canal de noticias estadounidense, que emite por cable las 24 horas del día. Las siglas corresponden a la combinación de Microsoft y NBC. 22
  • 17. introducción mientras que estas tecnologías están a la orden del día en las vidas de los adolescentes explica, en parte, la brecha existente entre padres e hijos en la forma de entender tanto los posibles usos como los peligros de internet. Los padres, cuanto menos en principio, tienden a ver internet como un recurso útil para ayudar a sus hijos a hacer los deberes. De forma similar, tal como lo ven los padres, los móviles serían un medio para que los chicos puedan llamar a casa en caso de emergencia. Los niños y los adolescentes, por su parte, ven internet, los móviles y las tecnologías relacionadas como unos recursos indispensables para su vida social. Para la mayoría de los padres, esta tecnología es novedosa y de alguna forma extraña y, por tanto, algo respecto de lo cual sus hijos tienen que llevar cuidado. Para los niños y los adolescentes, por su parte, estos medios de comunicación han existido siempre, razón por la cual sienten un nivel de bienestar con las nuevas tecnologías que muchos de sus padres no comparten. Muchos padres admiten cándidamente que son sus hijos quienes les han enseñado la mayoría de las cosas que saben acerca de internet y de las tecnologías relacionadas. Por ejemplo, durante una entrevista en uno de nuestros grupo de discusión para hablar sobre el acoso cibernético, una adolescente declaró que fue ella quien le había enseñado a su padre a acceder al almacenamiento de búsquedas en el ordenador de su hermano. Lo importante, sin embargo, es que lo que los menores están haciendo actualmente no es tan diferente de lo que hacían sus propios padres cuando ellos mismos eran jóvenes −la única diferencia está en el instrumento a través del cual lo hacen. Por ejemplo, Lindsay Notwell se refiere a los mensajes de texto como “la manera de pasarse notas característica del nuevo milenio… el game boy [la videoconsola portátil] de la comunicación inalámbrica, para la gente que piensa con el pulgar” (Carpenter, 2003). Las personas que investigan para Media Awareness Network* (Wing, 2005), hablando de la medida en que internet les brinda a los adolescentes la oportunidad 3 * N. del T.: Organización canadiense sin ánimo de lucro radicada en Ottawa y dedicada a fomentar la actitud crítica entre los jóvenes respecto de la utilización de los medios de comunicación de masas. 23
  • 18. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston de asumir otros papeles e identidades, señalan que los niños llevan siglos jugando a “disfrazarse”. Los medios tecnológicos utilizados actualmente, sin embargo, plantean algunos retos excepcionales con los que no tuvieron que enfrentarse los menores de hace dos o tres décadas. Tradicionalmente, las notas se pasaban entre dos personas, con frecuencia dentro de la clase, y fuera de la vista del profesor y de la mayoría del resto de los estudiantes. Hoy en día, las “notas” se pasan por mensajería instantánea y por e-mail para que las vea un público mucho más amplio. Los game boys por- tátiles que hace tan sólo unos pocos años se podían utilizar mientras el menor veía la televisión en el salón, se han visto reemplazados por los X-Box Live que se juegan con otras muchas personas a través de un ordenador que muy probablemente estará instalado en la habitación del menor. Para bien o para mal, la tecnología es un hecho y es un elemento esencial en la vida de los adolescentes de hoy en día. La reciente selección de “Tú” [You] como la persona del año por parte de la revista Time parece confirmar esto (Grossmann, 2006). Al tratar de seleccionar a una persona que hubiera ayudado a configurar el curso de la historia, los redactores de la revista se percataron de que la historia del 2006 “fue una historia comunitaria y de colaboración… Giró en torno al compendio cósmico de conocimientos conocido como Wikipedia, de la red de los millones de personas interconectadas a través de los canales de YouTube, y de la metrópolis virtual de MySpace” (Grossmann, 2006). A través de grupos de discusión con estudiantes canadienses de entre 4º a 11º curso [8-15 años], los investigadores han hallado que los niños y los adolescentes consideran internet como “una oportunidad de explorar el mundo de los adultos sin la vigilancia de éstos” (Wing, 2005). Esta preferencia se corresponde con la necesidad de probar a volar fuera del nido familiar. La mayoría de los menores (57%) también utilizan la red para explorar temas que les pueden interesar durante un día normal de colegio, y una proporción significativa la utilizan para expresarse en sus propias páginas webs (28%) o en diarios online y bitácoras virtuales [blogs] (15%; Wing, 2005). 24
  • 19. introducción Los menores e internet Aunque son muchos los adultos que no saben con exactitud cómo moverse por la red, a los niños y los adolescentes se les da demasiado bien [son unos verdaderos linces en la materia]. Son tantos los menores que utilizan internet y sus muchos canales de comunicación, que se la ha definido como “la columna vertebral de la comunicación digital en la vida cotidiana de los adolescentes” (Lenhart, Madden & Hitlin, 2005, p. iii). ¿Queremos castigar a un adolescente? No tenemos más que amenazarle con quitarle el ordenador. A un adolescente, este castigo puede parecerle peor que la muerte (o, cuanto menos, un castigo que sería el equivalente de la muerte social). Varios sondeos a gran escala muestran la prevalencia del uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes de hoy en día, y algunos de los peligros potenciales con los que estos jóvenes se enfrentan. Según The 2005 Digital Future Report (Center for the Digital Future, 2005),* publicado anualmente durante los últimos cinco años, el uso de internet entre los estadounidenses no ha dejado de aumentar, al igual que el promedio general de tiempo invertido delante del ordenador. En 2005, el 79% de los estadounidenses utilizaban el ordenador, dedicándole un promedio de unas 13,3 horas por semana, lo que supone un aumento significativo en relación con los cuatro años anteriores (véase figuras 1.1 y 1.2). Según el informe de 2005, entre los estadounidenses el e-mail era la actividad online más frecuente, y la mensajería instantánea aparecía en noveno lugar dentro de la lista. Contribuyendo a la elevación del porcentaje de personas conectadas figuran los adolescentes, siendo más del 97% de los jóvenes de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años quienes utilizan internet. Esta elevada proporción del uso de internet entre los niños y los adolescentes ha llevado a personas como Bill Belsey, presidente de Bullying.org de Canadá, a referirse a los adolescentes actuales como “la generación del siempre conectados a la red”. En Canadá, el 94% de las personas encuestadas informaron de que accedían a internet 4 * N. del T.: Instituto de investigación perteneciente a la prestigiosa Annenburg [o Annenberg] USC School, escuela de comunicación y periodismo de la universidad del sur de California. 25
  • 20. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston desde sus casas; el 61% de entre éstos disponían de acceso de alta velocidad. Los menores que tenían su propio ordenador personal, por contraste con los que utilizaban un solo ordenador para toda la familia, se pasaban el doble de tiempo conectados a la red (Wing, 2005). El informe del Pew Internet & American Life Project* indica que 21 millones de adolescentes (87%) de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años utilizan el ordenador. Más de la mitad de los adolescentes encuestados informaban de que se conectaban todos los días (Lenhart et al., 2005). Casi la mitad (45%) de los adolescentes tenían sus propios teléfonos móviles, y el 33% se comunicaban a través de los mensajes de texto. El 75% de los adolescentes encuestados que se conectaban a la red decían utilizar los mensajes instantáneos, con el 48% de éstos informando de que los utilizaban a diario. El salto más grande en el uso del ordenador se produce entre 6º y 7º [en el paso de primaria a secundaria], según el informe Pew (Lenhart et al., 2005). Mientras que sólo el 60% de los alumnos de 6º indicaban que utilizaban internet, el 82% 5 Figura 1.1: Tendencias en el uso de internet. Fuente: Center for the Digital Future de la Annenburg USC School (2005), The 2005 Digital Future Report (http://www.digitalcenter.org) * N. del T.: Uno de los proyectos del prestigioso Pew Research Center, organización radicada en Washington, que facilita información sobre diversas cuestiones, actitudes y tendencias en EEUU y el mundo. 26
  • 21. introducción Figura 1.2: Horas a la semana delante del ordenador. Fuente: Center for the Digital Future de la Annenburg USC School (2005), The 2005 Digital Future Report (http://www.digitalcenter.org) de los estudiantes de 7º decían utilizar la red. El informe señala adicionalmente que los chicos (particularmente los chicos que estudian 6º) usan mucho menos internet que las chicas. Mientras que sólo el 44% de los chicos de 6º curso decían conectarse a la red, el 79% de las chicas de 6º curso decían usar internet. Las chicas también tienen más probabilidades que los chicos de utilizar los mensajes instantáneos. El 78% de las chicas y el 71% de los chicos decían que habían probado a utilizar los mensajes instantátan­ neos [messenger]. Las chicas también se inician en los mensajes ins­­ tá­ neos a una edad más precoz que los chicos. Si bien en otro tiempo pue­ e d que las chicas se pasaran más tiempo que los chicos hablando con sus amistades por un teléfono fijo, la aparición de internet les ha brindado nuevas formas de comunicarse con dichas amistades. Un informe todavía más reciente, relacionado con el Pew Internet Project (Lenhart & Madden, 2007), muestra que el 55% de los adolescentes comprendidos entre las edades de 12 y 17 años utilizan las redes sociales online, con más de la mitad de estos adolescentes (55%) teniendo sus propios perfiles virtuales. Las chicas, sobre todo las comprendidas entre las edades 27
  • 22. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston de 15 y 17 años, decían tener más probabilidades de utilizar las redes sociales online que los chicos del mismo rango de edad. En el 2000 y nuevamente en 2003, la Media Awareness Network (Wing, 2005) realizó una serie de estudios de investigación que analizaban la conducta online de los niños y los adolescentes canadienses. En 2003, la organización dirigió una serie de grupos de discusión integrados por padres y adolescentes. Dos años después, aplicaron un cuestionario a 5.272 estudiantes de 4º a 11º para analizar sus hábitos online. Entre otras cosas, el estudio encontró que el 23% de los niños y adolescentes tenían su propio teléfono móvil. El 22% de menores en edad escolar tenían webcams. Al llegar a 11º, el 31% tenían webcams personales. El uso de internet tiende a descender ligeramente cuando los menores pasan a la enseñanza media superior, porque la mayoría de ellos ya conducen [a partir de los 16 años de edad en Estados Unidos] o tienen amigos que conducen. Una vez que disponen de la capacidad de poder verse en persona, recurren menos a la tecnología para mantenerse en contacto. El 89% de los encuestados que estudiaban 4º informaban de que participaban en juegos online. A medida que aumentaba la edad de los menores, el porcentaje de los jóvenes que participaban en juegos por la red disminuía, y el porcentaje de los que utilizaban los mensajes instantáneos aumentaba. En todos los grupos de edad, los mensajes instantáneos fueron calificados como la primera opción de la actividad online por el 62% de las chicas y el 43% de los chicos. Preocupantemente, sólo el 16% de los encuestados dijo hablar de sus actividades online con sus padres. El sondeo canadiense reveló algunos datos preocupantes sobre la clase de webs que a los adolescentes les gusta visitar. De las 50 webs favoritas enumeradas, casi un tercio incluían contenidos violentos o sexuales. En Québec, la web más popular entre las chicas de 8º a 11º es Doyoulookgood.com. “En esta web radicada en Montreal, los usuarios cuelgan fotos, vídeos e información acerca de ellos mismos para que otras personas puedan votar valorando su aspecto. Los miembros de la web pueden buscar perfiles por edades, a partir de los 13 años de edad” (Wing, 2005). 28
  • 23. introducción El uso de redes sociales online, tales como MySpace, Xanga, LiveJournal y Nexopia, ha aumentado notablemente en los dos últimos años. MySpace apareció por primera vez en enero de 2004. Desde entonces, ha abierto unos 87 millones de cuentas online y añade aproximadamente unas 270.000 cuentas nuevas cada día (Granneman, 2006). En septiembre de 2006, MySpace era la web más visitada de internet, habiendo desplazado re­ ientemente c a Yahoo. Nexopia, el equivalente canadiense de MySpace, tiene un volumen de aproximadamente 899.000 usuarios, con un promedio diario de 229.000 personas accediendo a su web. Bebo, similar a MySpace, pero más relacionado con colegios y universidades, tiene tasas similares de crecimiento. En su primer año, Bebo ganó unos 25 millones de usuarios (“Focus: Brave new world”, 2006). Un cuarto del número de las cuentas online abiertas en MySpace pertenecen a menores de edad. Ernie Allen, Presidente del National Center for Missing and Exploited Children* afirma, refiriéndose a los adolescentes que cuelgan información personal en las redes sociales online: “Lo que están haciendo [cuando cuelgan información sobre ellos mismos en la red] es abrir una ventana a personas que puede que no vayan precisamente con las mejores intenciones” (Olsen, 2006b). 6 Una encuesta reciente realizada a 1.160 menores de edades comprendidas entre los 13 y los 17 años, llevada a cabo en marzo de 2006 por el National Center for Missing and Exploited Children junto con el programa “Take Charge” de la Cox Communications,** encontró que el 61% de los menores entre 13 y 17 años tenían un perfil personal en alguna red social online (“Take charge”, 2006). La mitad de estos menores habían incluido una fotografía junto con su perfil. El 95% de los encuestados daban una dirección personal de correo electrónico, y el 84% tenían un nombre de pantalla que utilizaban para los mensajes instantáneos. El 14% de los encuestados habían tenido una relación cara a cara con alguien a quien habían conocido a través de 7 * N. del T.: Organización estadounidense sin ánimo de lucro, dedicada a la gestión de los casos de menores desaparecidos y explotados. ** N. del T.: Servicio facilitado por esta compañía estadounidense de comunicación por cable, para favorecer la supervisión por parte de los padres del uso de la TV y de internet que hacen sus hijos. 29
  • 24. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston internet, incluyendo un 9% de éstos entre los 13-15 años de edad, y el 22% entre los 16-17 años de edad. El 30% indicaron que estaban pensando en la posibilidad de tener un encuentro cara a cara con alguien a quien habían conocido por la red. El 71% de los menores declararon que habían recibido mensajes por internet de alguien a quien no conocían. De éstos, casi la mitad (40%) admitieron haber pasado a mantener una conversación por la red con la persona desconocida. No es de extrañar, dado que los niños y los adolescentes se comunican con toda clase de personas a través de internet, algunas de las cuales son amigos y otras de las cuales son desconocidos, que las experiencias con internet y otras tecnologías relacionadas puedan ser positivas o negativas. Los perfiles de menores en internet y los datos sobre el tipo de contenidos a los que están expuestos los menores mientras navegan por internet, cambian con rapidez. Por ejemplo, en 2006 se publicaron (Wolak, Mitchell & Finkelhor, 2006) los hallazgos procedentes de la segunda edición de la Youth Internet Safety Survey (YISS-2). La primera edición de la Youth Internet Safety Survey (YISS-1) se había realizado aproximadamente unos cinco años atrás (Ybarra & Mitchell, 2004). Una comparación de los datos de los dos sondeos muestra que, mientras el porcentaje de niños y adolescentes que decían recibir propuestas sexuales por la red había disminuido de la YISS-1 a la YISS-2, la proporción de jóvenes que decían estar siendo hostigados por la red y expuestos involuntariamente a imágenes sexuales había aumentado. (Véase el capítulo 4 para una discusión más detallada sobre estos estudios). Una observación preocupante en relación con este aumento del número de menores que se veían expuestos a contenidos sexuales por la red, es el hecho de que en la YISS-2 un mayor número de padres (55%) informaban del uso de bloqueadores, filtros y programas de software para controlar lo que se escribía en el teclado del ordenador, por contraste con la YISS-1 (33%). Así, a pesar de este aumento del control de los padres, el número de niños y adolescentes que dijeron estar expuestos a contenidos sexuales no deseados siguió aumentando. También preocupantemente, según la YISS-2 (Wolak et al., 2006) un número cada vez mayor de hostigadores online son amigos o conocidos de la víctima: el 46% en la YISS-2 por 30
  • 25. introducción contraste con el 28% en la YISS-1. Además, la proporción de encuestados en la YISS-2 (14%) que dijeron que las personas que les hacían propuestas sexuales por la red eran amigos o conocidos fuera de la red aumentó en un 3%, por contraste con la YISS-1. Los efectos del uso de internet en niños y adolescentes Existe una polémica respecto de la medida en que el uso elevado de internet interfiere en el funcionamiento psicológico, sobre todo en los niños y los adolescentes. Por un lado, el uso de internet permite el desarrollo de posibles nuevas relaciones, y brinda una forma fácil de mantener las amistades y relaciones ya existentes. Russell y colaboradores (2003) encontraron que el uso frecuente de internet ampliaba las relaciones sociales, particularmente en el caso de las personas tímidas y que padecen ansiedad social (véase también Gross, Juvonen & Gable, 2002; McKenna & Bargh, 2000). Otra investigación relacionada (Roberts, Smith & Pollock, 2000) encontró que los sujetos que padecen ansiedad social se sentían más seguros con la comunicación electrónica por contraste con el cara a cara. Con el tiempo, sin em­ ar­ b go, esta confianza se transfería a las relaciones cara a cara. Las personas que padecían ansiedad social también tenían más probabilidades que las que no padecían esta dolencia, de comunicarse electrónicamente con extraños o con conocidos (Gross et al., 2002). Usando la analogía de Thibaut y Kelley (1959), Bargh y colaboradores (2002) compararon el uso de internet con la experiencia de hablar con “desconocidos en un tren”: la gente suele desvelar libremente a desconocidos que están sentados a su lado en un tren, aspectos de ellos mismos que no revelarían a otras personas. Internet le brinda a la gente la oportunidad de desvelar aspectos de su “verdadera personalidad” que no revelarían en las relaciones cara a cara. En razón de ello, internet tiene el potencial de aumentar las relaciones sociales de los estudiantes y de fomentar las experiencias de aprendizaje en colaboración con los demás (Beran & Li, 2005). Al mismo tiempo, sin embargo, Robert Mahaffey, investigador especializado de la unidad de delitos informá- 31
  • 26. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ticos de la Fiscalía General de Mississippi, declara que “Internet es el salvaje Oeste del siglo XXI, y debería verse desde esta perspectiva” (“FBI: Blogging can be dangerous”, 2005). Exactamente igual que ocurría en el salvaje Oeste, internet está lleno de emociones y de aventuras, pero también de peligros y a menudo de “bandidos” desconocidos. Utilizando una analogía similar, Franek (2005/2006) señala que “tenemos que ser sheriffs vigilantes en este nuevo salvaje Oeste −un cibermundo plagado de menores a tan sólo unas pocas teclas de distancia de hacer daño a otras personas, a menudo por ninguna otra razón salvo la de que los sheriffs están durmiendo. Como podrá confirmar cualquiera que haya sido víctima de acoso y hostigamiento, las balas no serán reales, pero pueden hacer mucho daño” (p. 40). Por el lado más positivo, el anonimato que ofrece internet permite ensayar distintos papeles y experimentar con diferentes “personalidades” sin el miedo a la evaluación negativa o a las consecuencias sociales perjudiciales que pudieran derivarse de dicha experimentación en las relaciones cara a cara. En el sondeo de la Pew Internet & American Life, un número significativo de adolescentes (24%) admitían haber simulado ser otras personas por la red (Lenhart et al., 2005). El 56% tenían más de una dirección de correo electrónico o más de un alias. Los usuarios pueden fingir ser más mayores o más jóvenes, hombres o mujeres, negros o blancos, liberales o conservadores, homosexuales o heterosexuales. La lista de posibles papeles que pueden desempeñar y de las identidades que pueden adoptar es interminable. Por un lado, este hecho puede ser beneficioso para el adolescente que está tratando de descubrir su propia identidad. Por otro lado, sin embargo, fingir ser quienes no son puede llevar a los niños y adolescentes a “conocer” a gente por la red, y tal vez más adelante en el mundo real, que tampoco son quienes dicen ser. De hecho, el 39% de los encuestados en el informe Pew de 2001 (Lenhart, Rainie & Lewis, 2001) admitieron haber engañado a alguien o haber fingido ser otra persona utilizando los mensajes instantáneos. El 60% de los adolescentes decían haber recibido e-mails o IMs de algún desconocido, y el 50% intercambiaron e-mails o IMs con algún extraño. El 17% de los encuestados de la Young Canadians 32
  • 27. introducción in a Wired World Survey (Wing, 2005) dijeron que “habían fingido ser otra persona ‘para poder hacer alguna maldad sin tener problemas’”. Además, el 59% de los encuestados admitían haber fingido ser alguien que no eran por la red. De éstos, el 52% fingió tener otra edad, el 26% adoptó otros rasgos diferentes a nivel de personalidad, el 24% fingió tener unas habilidades que no tenía, y el 23% afirmó tener un aspecto diferente de su verdadera apariencia real. Más del 60% de los encuestados de la NCMEC/COX Com­­ munications Survey (“Take charge”, 2006) indicaron que tenían amigos que habían mentido acerca de su edad en internet; un tercio de los encuestados declaró que tenían amigos que habían descubierto que la persona con la que se estaban comunicando por la red era de un sexo o una edad diferente de lo que habían afirmado en un principio. Las oportunidades de afirmarse y expresarse ofrecidas por internet pueden convertirse fácilmente en instrumentos de denigración y acoso cibernético. Por ejemplo, como señalamos más arriba, una web, Doyoulookgood.com, valorada como la web más popular entre las chicas canadienses de 8º a 11º curso (Wing, 2005), permite a los usuarios abrir cuentas online donde cuelgan fotos e información personal acerca de ellos mismos. La gente que visita la web puede seleccionar un perfil y votar sobre el atractivo de la persona, además de enviarle mensajes. En el momento de escribir estas líneas, había 1.376.249 miembros registrados en Doyoulookgood.com, 661.535 fotos colgadas en la web, y unos 4.429 miembros conectados en aquel instante. Además, en las anteriores 24 horas se habían sumado unos 1.615 nuevos miembros, con un porcentaje aproximadamente igual de chicos y de chicas. Aunque la persona que recibe valoraciones positivas tiene la posibilidad de elevar su autoestima, la situación contraria tiene bastantes más probabilidades −valoraciones negativas o comentarios negativos que sirven para denigrar a la persona cuya foto aparece en la website. Estos comentarios negativos colgado en la web representan tan sólo la punta del iceberg del acoso cibernético. Tal vez no sea de extrañar que exista cierta evidencia que sugiere que el aumento del uso de internet podría tener efectos psicológicos adversos. En 33
  • 28. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston uno de los primeros estudios a gran escala que analizaban los efectos psicológicos de internet, Kraut et al. (1998) encontraron que los niveles mas ele- vados en la utilización de internet aparecían asociados a niveles más elevados de depresión y de soledad. En un sondeo a escala nacional de más de 63.000 niños entre 5º y 8º, lleva- do a cabo por i-SAFE América, el 30% informaron de que habían dicho cosas malas o hirientes a otra persona por la red, con el 3% reconociendo que solían hacerlo a menudo. A la inversa, de una muestra de aproximadamente unos 20.700 estudiantes, el 37% de los encuestados reconocieron que alguien les había dicho cosas malas u ofensivas por la red. El 4% dijeron que esto les sucedía bastante a menudo. El 9% se habían sentido preocupados o amenazados durante el último año porque alguien les había estado moles- tando u hostigando por la red (i-SAFE, 2006-2007). El 34% de los encuestados de la Young Canadians in a Wired World Survey, dijeron haber sido acosados, con el 74% de éstos habiendo sido acosados en el colegio y el 27% por internet (Wing, 2005). Un 12% de los encuestados dijeron haber sido acosados sexualmente, con el 70% de éstos habiendo sido acosados sexualmente por internet. ¿Cómo de frecuente se ha vuelto el acoso cibernético? Bastante frecuente. Antes los niños se apuntaban a un campamento de verano para hacer nue- vos amigos, ganar cierta independencia, aprender nuevas habilidades, y también simplemente para tener una forma agradable de pasar parte del verano. 2 Mucho antes de la aparición de los teléfonos móviles, las agendas 8 electrónicas y los ordenadores portátiles, los campistas podían llevarse consigo una cámara de fotos para guardar un recuerdo de las cosas más chulas que veían en el campamento, y para poder tener algunas fotos de sus nue- vos amigos. Ahora, sin embargo, los campamentos de verano son una experiencia un tanto diferente. Los chicos deambulan por el campamento escu 2. No pretendemos sugerir que los menores jamás hayan sido acosados en los campamentos de verano. Ciertamente, son muchos los niños que pueden relatar experiencias traumáticas de cuando fueron cruelmente acosados [hostigados, intimidados] mientras estaban fuera de sus casas en algún campamento. 34
  • 29. introducción chando su iPod o hablando por su teléfono móvil o su blackberry. En el fondo del albergue, se les puede ver pegados al ordenador, mensajeándose con sus amigos o colgando información en su MySpace o en el de otra persona −hasta hace bien poco, por lo menos. El ciberacoso se ha convertido en una cuestión tan preocupante que algunos campamentos de verano han decidido prohibir el uso de cámaras digitales dentro del recinto (Belluck, 2006). Por supuesto, ello supone igualmente que en algunos casos hay que confiscar también los teléfonos móviles con cámara digital. ¿Cuál es el temor? Que otros campistas no tan bienintencionados tomen fotos inapropiadas de otros campistas o manipulen fotos “normales” y después cuelguen estas imágenes en internet, por ejemplo, en las redes sociales online tales como MySpace o Xanga (Belluck, 2006). En algunos casos, los campamentos están registrando comercialmente sus nombres y sus logotipos, para poder tener un recurso legal en el caso de que alguien suba a la red tales imágenes (Belluck, 2006). Por supuesto, los teléfonos móviles con cámara digital ya han sido prohibidos en muchos clubes deportivos y gimnasios, por la misma razón (Charny, 2003). Prototipos de acoso cibernético En los últimos meses, han aparecido innumerables ejemplos de acoso cibernético en los medios de comunicación, algunos de los cuales expondremos brevemente aquí como ejemplos característicos de ciberacoso. Como se podrá ver, el acoso electrónico incluye toda una gama de diversas experiencias, unas legales y otras no: En el que tal vez sea uno de los primeros y mejor conocidos ejemplos de acoso cibernético, Ghyslain Raza grabó un vídeo de él mismo el 4 de noviembre de 2002, representando una escena de La guerra de las galaxias, utilizando un palo de golf como sable de láser. Desgraciadamente, unos compañeros colgaron el vídeo en la red sin su permiso ni su conocimiento, donde lo vieron millones de personas. Finalmente, en 2004, se creó una página web que contenía algunos extractos originales y otros modificados sacados del 35
  • 30. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston vídeo original, junto con efectos especiales y música de la película. La web recibió más de 76 millones de visitas (Lampert, 2006). Además, otras webs incluyeron extractos del vídeo entrelazados con películas de acción. Algunas personas especularon que la imagen de Ghyslain había sido la más descargada del 2004. Etiquetado como “el chico de la guerra de las galaxias”, Ghyslain se vio obligado a cambiar de colegio y recibió tratamiento psiquiátrico. El 7 de abril de 2006, los padres de Raza, que habían interpuesto una demanda contra los compañeros que habían colgado el vídeo en internet, resolvieron el conflicto extrajudicialmente con las familias de estos estudiantes. Un joven, furioso porque su novia había roto con él, utilizó un editor de fotos para pegar la cabeza de la chica sobre una imagen pornográfica, y se la envió a todos los integrantes de su listado de direcciones de correo electrónico (Paulson, 2003). Jodi Plumb, de 15 años de edad, descubrió una página web dedicada enteramente a insultarla. Incluidos en la website había comentarios sobre su peso, además de la fecha de su muerte. La chica descubrió la existencia de este sitio en la red cuando un compañero de clase utilizó una cámara digital para tomarle una foto con el propósito de colgarla en la página web. La chica dijo: “Me sentí verdaderamente herida porque no sabía quién había sido” (“Cyber bullies target girl”, 2006). Phoebe Pluckrose-Oliver, de 10 años de edad, recibió mensajes de texto y llamadas de teléfono ofensivas de otras compañeras de colegio. Según Phoebe: “Empezaron llamándome y diciendo que había ingresado en el club de las vacas y que tenía que llamar al teléfono de los fracasados y todo eso” (“Girl tormented by phone bullies”, 2001). Kylie Kenney fue víctima de acoso cibernético a través de diversas modalidades. Primero apareció una página web, la “Kill Kylie Incorporated” [Matar a Kylie, S.A.], pidiendo su muerte. Ello se acompañó de innumerables e-mails y llamadas de teléfono ofensivas. Además, difundieron el rumor de que era lesbiana y enviaron mensajes procedentes aparentemente de su propia 36
  • 31. introducción cuenta de mensajería instantánea tratando de ligar con otras chicas. En una rueda de prensa sobre el tema del acoso cibernético, Kylie explicó que se vio obligada a cambiar de colegio dos veces y que tuvo que estudiar un semestre entero escolarizada dentro de su propia casa, debido al acoso cibernético al que esta siendo sometida. En la rueda de prensa, Kylie dijo: “Me sentía asustada, herida, y desconcertada. No entendía por qué me estaba pasando una cosa así. No tenía a nadie a quien recurrir, excepto mi madre” (Gehrke, 2006). Dos adolescentes de Toledo (Ohio), de 16 y 17 años de edad, fueron detenidas por colgar amenazas de muerte en MySpace contra una compañera de colegio de 15 años. La amenazaron con degollarla y aplastarle la cabeza, y hablaban de su deseo de ir juntas a la cárcel si las pillaban (“Ohio girls sentenced for MySpace threats”, 2006). Un estudiante de 8º de Pennsylvania fue condenado por colgar una imagen de “la cabeza cortada de su profesora de álgebra chorreando sangre, con una animación por ordenador de su cara metamorfoseándose en Adolph Hitler y la solicitud de contribuciones de 20 $ ‘para ayudar a pagar al asesino a sueldo’” (Poulsen, 2006). En febrero de 2006, cinco alumnos de un instituto de Kirkwood (Missouri) colgaron en Facebook una lista de las chicas de primer ciclo de secundaria según fueran “calentorras o no”. Después de descubrirse la web, cada uno de los cinco chicos fue castigado a un período de10 días expulsados del centro (Beder, 2006). Jade Prest, de 16 años, se negó a salir de su propia casa e incluso pensó en suicidarse como reacción al implacable acoso cibernético al que estaba siendo sometida por unas compañeras de colegio. El acoso electrónico comenzó por una discusión sobre un chico del colegio, e incluía “llamadas de teléfono bromeando de madrugada, una campaña de rumores en un chat de internet, mensajes de texto ofensivos, amenazas, intimidación y no dirigirle la palabra” (Crisp, 2006). 37
  • 32. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston En Pennsylvania, en 2005, un estudiante colgó un perfil en MySpace aparentemente redactado por el director de su colegio. El perfil era muy poco halagador e incluía referencias negativas a la talla del director” (Poulsen, 2006). En Nueva Zelanda, el nombre y el número de móvil de una chica de 14 años aparecieron en la red social Bebo, ofreciéndose a tener relaciones sexuales sin ninguna condición. La chica no tenía conocimiento de que el mensaje y la información personal sobre ella aparecían en la red (“Schools face new cyber bullying menace”, 2006). En el otoño de 2005, dos chicas de un instituto de la ciudad de Oregón fueron expulsadas por unos comentarios que colgaron en MySpace sobre otras 32 chicas del mismo centro. Entre los comentarios figuraba lo siguiente acerca de una de las compañeras: “Cada vez que abres la boca la única cosa que me viene a la cabeza es dónde puede estar la masa de agua más cercana, para atarte un ladrillo en el tobillo y tirarte dentro. Lo cual sería también una buena forma de hacer ejercicio, porque no es nada fácil levantar en peso a la gente gorda” (Pardington, 2005). La odisea de Mary Ellen Handy empezó porque a otra estudiante llamada Gretchen, le gustaba el mismo chico. Primero Gretchen comenzó a insultar verbalmente a Mary Ellen, y después le enviaba e-mails ofensivos. Más adelante, llevando las cosas un paso más lejos, comenzó a comunicarse a través del messenger haciéndose pasar por Mary Ellen, enviando contenidos comprometidos y amenazantes a los que, previsiblemente, recibía contestaciones insultantes en respuesta. El resultado para Mary Ellen: le salió una úlcera a causa del estrés. Dos de sus amigas, que fueron acosadas en razón de su amistad con Mary Ellen, tuvieron que cambiar de colegio (Levine, 2006). Ryan Patrick Halligan se suicidó a la edad de 13 años después de ser persistentemente acosado y humillado por sus compañeros de colegio. El acoso empezó primero en el colegio y siguió después por la red. Hacia finales de 7º, corrió por el colegio y en conversaciones por el messenger el rumor de 38
  • 33. introducción que era gay. Tras la muerte de Ryan, su padre descubrió IMs guardados en el ordenador que demostraban que había sido ciberacosado en relación con este rumor. También descubrió que Ryan había intentado ligar por internet con una compañera de clase guapa y popular, durante el verano entre 7º y 8º, supuestamente como una forma de combatir el rumor de que era gay. El primer día de vuelta a clase Ryan se enteró de que la chica únicamente había estado fingiendo que le gustaba él, y que les había estado reenviando a otras personas sus conversaciones privadas con él para humillarle. Dos semanas antes de su muerte y sólo un mes después de haber comenzado el curso escolar, Ryan le escribió un IM a un amigo diciéndole: “Esta noche va a ser, al final lo voy a hacer. Mañana lo verás en los periódicos”. El “amigo” contestó: “O sea, que vas a f…, c… ¡Pues que te lo pases de p… m…!” (J. Halligan, comunicación personal, 17 de enero de 2007). Una de las integrantes de nuestros grupos de discusión contó la siguiente anécdota: “Una vez un ex novio se volvió como medio loco. Empezó a mandarme e-mails diciéndome que iba a ir a mi casa y que me iba a matar, y disparates como que estaba vigilando a mi hermana y demás cosas por el estilo. Sabía que no iba a hacer nada, pero se lo conté a mi madre porque el tío parecía medio zumbado. La cosa empezó a parecerse a una película de miedo. Le decía también los mismos disparates por el ordenador a mis amigos, y yo estaba alucinada”. Visión general del libro Sería difícil analizar y comprender el acoso cibernético sin tener una comprensión clara del acoso escolar tradicional o en el recreo. El capítulo 2 ofrece una visión de conjunto del acoso escolar tradicional −definición del mismo, quiénes suelen ser las víctimas y los acosadores, y los efectos del acoso tradicional sobre los que lo originan y las personas que eligen como blanco. El capítulo 3 ahonda en el fenómeno del acoso cibernético. Después de definir el ciberacoso, analizaremos los métodos mediante los cuales se puede llevar a cabo, quiénes suelen ser los acosadores y quiénes las víctimas, y las 39
  • 34. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston semejanzas y las diferencias con el acoso tradicional. El capítulo finaliza con el análisis de una de las variables claves que distinguen el acoso electrónico del acoso tradicional −el anonimato, y la desinhibición que con frecuencia se deriva de ello. Aunque la investigación sobre el acoso cibernético todavía está en sus comienzos, el capítulo 4 ofrece un resumen de la investigación existente sobre el tema, incluida la evaluación de su frecuencia, los métodos para estudiar el acoso cibernético, y el análisis de las diferencias observadas entre los sexos. En particular, haremos uso de nuestra propia investigación sobre el acoso cibernético con más de 3.700 estudiantes de primer ciclo de secundaria procedentes de todo el país [EEUU], y de nuestros grupos de discusión con estudiantes de primer ciclo de secundaria. El capítulo se cierra con el examen de los efectos psicológicos del acoso electrónico. Los capítulos 5 y 6 revisan lo que los padres (capítulo 5) y los profesores y demás adultos que trabajan con los menores (capítulo 6) pueden hacer a nivel práctico para abordar el acoso cibernético. Se analizan estrategias para frenar el ciberacoso una vez que ya se ha puesto en marcha, además de métodos de prevención para evitar los casos de violencia electrónica desde los primeros indicios. En el capítulo 7, se analizan las distintas cuestiones a nivel legal y normativo [elaboración de leyes y de políticas específicas para la ciudadanía] relacionadas con el acoso cibernético. En Estados Unidos, los legisladores y el personal de los centros escolares han sido más lentos que sus colegas de Canadá o del Reino Unido a la hora de ocuparse del ciberacoso a través de la elaboración de unas leyes y de unas normativas escolares específicas (Osmond, 2006). En el capítulo 8, extraemos algunas conclusiones y brindamos algunas sugerencias de cara a futuras investigaciones y resoluciones legales. El peligro de escribir un libro sobre el acoso electrónico es que deje al lector con la impresión de que los avances tecnológicos son malos y de que los niños y los adolescentes estarían mejor si no tuvieran acceso a internet, los teléfonos móviles, etc. No es este el mensaje que pretendemos transmitir. Verdaderamente, la tecnología puede ser algo bueno. Internet abre una ven- 40
  • 35. introducción tana al mundo para muchos niños y adolescentes. No sólo brinda una fuente de conocimiento (a los adolescentes en particular) a la que sería difícil acceder de otro modo, sino que también facilita a los adolescentes y a los adultos una forma sencilla de entablar relaciones sociales y de mantenerlas. En el caso de algunas personas que padecen ansiedad social, este puede ser su salvavidas social. Y la mayoría de los niños y de los adolescentes a los que se les pregunta por su experiencia con internet y las tecnologías relacionadas, valoran positivamente su experiencia. Una de nuestras antiguas alumnas, que se estaba preparando para hacer sus estudios de postgrado, nos contó que ya había hecho amistad con dos o tres personas que iban a hacer el mismo curso. Sabiendo que todavía no había tenido ocasión de conocer materialmente a esos compañeros en persona, le preguntamos cómo es que ya se habían hecho amigos. Su respuesta: Facebook (A. Scheck, comunicación personal, 2 de agosto de 2006). En aquel momento no pudimos evitar pensar en el gran “paso” que todos aquellos estudiantes habían dado en el proceso de trasladarse a otra localidad y de comenzar un nuevo curso, simplemente porque habían utilizado una red social online para familiarizarse de antemano unos con otros. Ahora bien, el acoso cibernético es una realidad, se está dando con una frecuencia cada vez mayor, y sus efectos psicológicos pueden ser tan devastadores como los del acoso escolar tradicional, cuando no más. 41
  • 36. 2 Formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes “Si no te han acosado jamás, no se puede comprender realmente lo que se siente, ni lo difícil que es olvidar una cosa así. Verdaderamente deja una cicatriz que ni el paso del tiempo es capaz de curar”. (estudiante de 15 años, miembro de un grupo de discusión) Si bien la aparición de las cibertecnologías ha brindado nuevos espacios en los que los niños y los adolescentes pueden acosarse unos a otros, el fenómeno del acoso escolar no es nada nuevo. Con objeto de comprender mejor el ciberacoso, es importante clarificar los diversos factores que intervienen en las formas tradicionales de acoso escolar, además de cuáles serían las “mejores medidas” de que disponemos para prevenir y actuar en los casos de acoso escolar tradicional. ¿Qué es el acoso escolar? El acoso escolar es una conducta agresiva deliberada que implica un desequilibrio de poder o de fuerza (Nansel et al., 2001; Olweus, 1993a). A veces este desequilibrio implica una diferencia a nivel de fuerza física entre los menores implicados, pero con frecuencia se caracteriza más bien por la diferencia a nivel de poder o estatus social. Debido a este desequilibrio de poder social o de fuerza física, al menor que está siendo acosado le resulta difícil defenderse. De forma característica, el acoso escolar no sucede úniCUARENTA Y TRES 43
  • 37. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston camente un par de veces, sino que se repite una y otra vez en el transcurso del tiempo. Ciertamente, a veces es bastante difícil que los adultos puedan saber si una conducta ha tenido lugar reiteradamente, dado que a los menores se les suele dar bastante bien ocultar el acoso, y se muestran reticentes a hablar del acoso que viven o que presencian. Sin embargo, es importante tratar de determinar si una conducta aparece de forma aislada o si forma parte de una pauta de conducta reiterada. Si bien los adultos deben intervenir siempre que observen cualquier conducta agresiva fuera de lugar (incluso en el caso de que la conducta parezca tener una ocurrencia aislada), la forma como los adultos reaccionan ante el fenómeno del acoso escolar, por contraste con la forma como reaccionan frente a otras conductas agresivas, puede variar. ¿Cómo se reconoce externamente el acoso escolar? Jack era bajito y un tanto inmaduro para su edad. Durante los dos últimos años (desde 2º), Jack ha venido siendo objeto de bromas con motivo de su estatura. La mayoría de los chicos de su clase le llamaban “enano”. Habitualmente Jack trataba de tomarse a broma los insultos, pero últimamente parece que han ido yendo a peor. La semana pasada, varios chicos se metieron físicamente con él −poniéndole la zancadilla en el autobús escolar, y empujándole en el recreo cuando los profesores no miraban. Cuando les dijo a sus padres que se estaban metiendo con él, su padre le dio un sermón sobre las distintas formas que tenía de “defenderse”, para que no se volviera a repetir lo mismo. Tara llevaba sólo un mes en el centro de primer ciclo de secundaria de Grove Street [Invington, Nueva Jersey] pero le estaba costando encajar con sus compañeros de 7º. Sus padres eran nuevos en la ciudad, y Tara no conocía a ningún estudiante cuando se dirigió a la puerta de entrada el primer día de clase. Aunque los niños del colegio no se mostraron precisamente muy amables los primeros días, el acoso no comenzó hasta la segunda semana, durante las clases de lengua. Después de que Tara respondiera a una pregunta del profesor, una chica bastante popular insultó a Tara en voz baja, y todos los es­­ tudiantes que estaban cerca de ellas se rieron. Al poco, varios chicos populares empeza- 44
  • 38. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes ron a meterse con ella por los pasillos. Todos los días, cuando trataba de encontrar un sitio libre en la cafetería, sus compañeros hacían sonidos imitando animales u ocupaban los asientos libres colocando sus libros encima. Tara jamás había sufrido ningún acoso escolar en el otro colegio de primer ciclo de secundaria donde había estudiado, y se sentía perdida y sin saber qué hacer. Faltó mucho a clase, alegando dolor de estómago y náuseas. Cuando sus padres insistieron en ir a ver al médico, Tara finalmente se vino abajo y les contó lo que le estaba pasando. “¡No soporto ese colegio! Por favor, no me obliguéis a volver, ¡prefiero morirme!”. Como sugieren estas historias (sacadas de la vida real de los menores), las formas tradicionales de acoso escolar incluyen conductas directas, tales como pegar, dar patadas, burlas, bromas maliciosas o insultos, pero también pueden incluir conductas indirectas (y con frecuencia menos evidentes), tales como la propagación de rumores, la exclusión social o el rechazo, y manipular a las amistades (“Si sigues siendo amiga suya, ninguno de nosotros te dirigiremos la palabra”). Las formas más frecuentes de acoso escolar (tanto en el caso de los chicos como de las chicas) incluyen la utilización del lenguaje como, por ejemplo, insultos, bromas maliciosas o burlas verbales acerca del atractivo físico o de la forma de hablar (Nansel et al., 2001). ¿Con qué frecuencia se da el acoso escolar? Aunque el acoso escolar es antiquísimo, sólo en los últimos 20 años los investigadores están tratando de estudiar el fenómeno de una forma sistemática. Los primeros estudios sobre el acoso escolar fueron realizados por Dan Olweus con menores de Noruega y Suecia en los años 80 del pasado siglo (Olweus, 1993a). En un estudio anónimo realizado con más de 150.000 niños y adolescentes, Olweus descubrió que aproximadamente el 15% se habían visto implicados en algún problema de acoso escolar con cierta regularidad. El 9% de los menores habían sido acosados por sus compañeros, el 7% habían acosado a otras personas, y el 2% habían sido acosados y además habían acosado a su vez a otras personas. 45
  • 39. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Los estudios con niños y adolescentes de Estados Unidos no se realizaron hasta una década después de los primeros estudios de Olweus, y de forma característica han puesto de relieve porcentajes más elevados de acoso escolar (Melton et al., 1998; Nansel et al., 2001). El primer estudio sobre el acoso escolar realizado en EEUU en utilizar una muestra representativa a nivel nacional, se llevó a cabo con más de 15.000 estudiantes de 6º a 10º, y fue publicado en el año 2001 (Nansel et al., 2001). Utilizando cuestionarios basados en autoinformes anónimos, Tonya Nansel y sus colaboradores encontraron que, dentro del período comprendido en el primer trimestre escolar, el 17% de los niños y los adolescentes dijeron que habían sido acosados “de vez en cuando” o con más frecuencia, el 19% habían acosado a otras personas “a veces” o más a menudo, y el 6% dijeron que habían sido acosados y además habían acosado ellos también a otras personas “a veces” o con más frecuencia. A los estudiantes se les preguntó acerca de la frecuencia con la que habían sufrido cinco modalidades específicas de acoso escolar −ser “menospreciados por motivos de religión o de raza”, ser “menospreciados por el aspecto o la forma de hablar”, ser “golpeados, abofeteados o empujados”, ser “objeto de rumores”, y ser “objeto de comentarios o gestos sexuales”− y encontraron que el menosprecio a causa del aspecto físico o la forma de hablar era el fenómeno más común. En un estudio estadounidense más reciente que incluía a menores comprendidos en un rango de edad más amplio, David Finkelhor y sus colaboradores mantuvieron una serie de entrevistas telefónicas con los menores y los pa­ res, d y encontraron que el 22% de los niños y los adolescentes habían sido acosados físicamente, y el 25% habían sido humillados o acosados emo­ cionalmente en el año anterior (Finkelhor, Ormrod, Turner & Hamby, 2005). Los investigadores estimaron que unos 13,7 millones de niños y adolescentes eran acosados físicamente, y unos 15,7 millones eran humillados o acosados emocionalmente cada año en EEUU. ¿Qué variaciones aparecen en los porcentajes de acoso escolar en los menores de diferentes países? El estudio transnacional más amplio sobre el acoso escolar y demás conductas relacionadas con la salud fue el Health 46
  • 40. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes Behaviour in School-Aged Children (HBSC) Study (Currie et al., 2004; véase también Žaborskis, Cirtautienè & Žemaitienè, 2005), patrocinado por la Organización Mundial de la Salud. En el período 2001-2002, más de 162.000 niños y adolescentes (de 11, 13 y 15 años de edad) procedentes de 35 países y regiones fueron investigados en relación con una serie de cuestiones que afectaban a su salud y su bienestar, incluido el acoso escolar. Los investigadores encontraron que un total de un 11% de menores habían acosado a otras personas un mínimo de dos veces al mes durante el transcurso de los dos últimos meses, y el 11% de los estudiantes también informaron de que habían sido acosados un mínimo de dos veces al mes dentro de este mismo período de tiempo. Aparecía una enorme variabilidad en los porcentajes de menores que acosaban a otras personas y de menores acosados a lo largo de los distintos países. Los porcentajes de menores acosados oscilaban del 4% (entre las chicas de Malta y Suecia) al 36% en los chicos de Lituania. (Los porcentajes de acoso escolar entre los menores estadounidenses fueron del 10% para las chicas y del 15% para los chicos). De forma similar, los porcentajes de menores que acosaban a otras personas variaban de forma espectacular, oscilando del 2% (entre las chicas de Suecia, Irlanda, Gales y la República Checa) al 41% en el caso nuevamente de los chicos de Lituania. (Los porcentajes de menores estadounidenses que acosaban a otras personas fueron del 8% para las chicas y del 16% para los chicos). ¿Han aumento los casos de acoso escolar en los últimos años? No se puede negar que actualmente existe mucha más conciencia sobre el acoso escolar (por parte de los medios de comunicación, los profesores y los responsables políticos) que antes. La masacre de 1999 en el instituto Columbine parece haber sido decisiva a la hora de focalizar la atención sobre el fenómeno del acoso escolar en Estados Unidos. Aunque puede que jamás lleguemos a comprender totalmente las motivaciones específicas de este suceso (ni de otros tiroteos acontecidos en centros escolares), 47
  • 41. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston los relatos retrospectivos aparecidos en la prensa popular y en las publicaciones especializadas señalan el acoso escolar como un factor con­ri­ u­ t b yen­e en muchos de estos sucesos (Fein et al., 2002; Limber, 2006). Sólo t para ver cuánto había cambiado la atención concedida al acoso escolar en los últimos años en Estados Unidos, procedimos a realizar un estudio sobre la base de datos Lexis-Nexis, utilizando los términos “acoso” y “escolar” (véase la figura 2.1). En 1998, el año anterior a la matanza del Co­um­ ine, l b el acoso escolar apareció en los titulares de los periódicos, revistas y demás publicaciones estadounidenses de gran tirada unas 145 veces. Al año siguiente, el número de artículos sobre el acoso escolar se duplicó, y en el año 2001 subió a más de 750. No sólo ha aumentado notablemente la atención concedida al acoso escolar en la prensa popular desde finales de los 90, sino que también ha habido un aumento significativo de la atención concedida al acoso escolar entre los investigadores desde entonces. A fin de valorar exactamente cuánto ha cambiado el centro de interés de la investigación en los últimos años, realizamos un estudio sobre la base de datos PsychInfo (una base de datos online sobre ciencias sociales extraídos de artículos de revistas especializadas, libros, y demás publicaciones académicas, propiedad de la American Psychological Association) utilizando “acosar” o “acoso” como términos de investigación. Como ilustra la figura 2.2, encontramos únicamente cinco publicaciones en 1990. En el año 2000 (un año después de los sucesos del Columbine) el número aumentó a 94, y en 2004 aparecieron cerca de 250 de tales publicaciones. ¿La reciente atención concedida al fenómeno constituye un reflejo del au­­ mento espectacular del acoso escolar durante los últimos años? Según el suplemento de la National Crime Victimization Survey* (DeVoe, Peter, Noonan, Snyder & Baum, 2005), en el que se preguntaba a los estudiantes si habían sido acosados en el colegio (e.g., si se habían metido con ellos o les 1 * N. del T.: Estudio sistemático a nivel nacional [en el ámbito estadounidense] de la frecuencia de víctimas de distintos delitos, así como de las características y las consecuencias de la victimización. 48
  • 42. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes nº citas Figura 2.1: Número de veces que en la base de datos Lexis-Nexis aparece el término “acoso” en titulares y “escolar” en el texto de un artículo años nº artículos Figura 2.2: Número de veces que en la base de datos PsychInfo aparecen los términos “acosar” o “acoso” años 49
  • 43. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston habían obligado a hacer cosas que no querían hacer) durante los seis meses anteriores al estudio, apareció un ligero aumento en los porcentajes de acoso escolar entre 1999 y 2001 (de aproximadamente unos tres puntos) en los escolares estadounidenses, pero ningún cambio entre 2001 y 2003. Por consiguiente, buena parte de la reciente atención concedida al fenómeno en Estados Unidos refleja probablemente un aumento del interés (o de la preocupación) por el tema del acoso escolar (sobre todo después de los sucesos del Columbine), más que un cambio radical en la probabilidad de que los menores sean acosados. Diferencias de edad y acoso escolar ¿A qué edad es más probable que los menores se vean envueltos en algunas de las formas tradicionales de acoso escolar? La respuesta a esta pregunta depende de si nos referimos a los casos de menores que acosan a otras personas o que son acosados. La mayoría de los estudios señalan que los menores tienen más probabilidades de ser acosados por los demás durante la enseñanza primaria. Tienen ligeramente menos probabilidades de ser acosados durante el primer ciclo de secundaria y menos probabilidades todavía de ser acosados durante el segundo ciclo de secundaria. Por ejemplo, en su estudio de niños y adolescentes entre 2 y 17 años de edad, Finkelhor y colaboradores (2005) encontraron que los menores de edades comprendidos entre los 6 y los 12 años arrojaban los porcentajes más elevados de acoso escolar físico. Los estudiantes de preescolar arrojaban el segundo porcentaje más elevado de acoso escolar físico, y los adolescentes (entre los 13 y los 17 años de edad) el porcentaje más bajo. Los menores entre 6 y 12 años también arrojaban el porcentaje más elevado de burlas o de acoso escolar emocional de entre los tres grupos. Resultados similares fueron encontraron por Tonya Nansel y sus colaboradores en su estudio nacional con estudiantes estadounidenses de 6º a 10º curso (Nansel et al., 2001). Aunque el 24% de los estudiantes de 6º dijeron que habían sido acosados a veces o con más frecuencia, sólo el 16% de los 50
  • 44. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes estudiantes de 8º y el 9% de los estudiantes de 10º dijeron haber sido acosados en el colegio. Rigby (2002) también encontró una disminución en los porcentajes de casos de acoso entre los menores australianos comprendidos entre los cursos de 4º y 12º, con una excepción importante. El año que los estudiantes iniciaban por primera vez la enseñanza secundaria, se producía un aumento transitorio en los porcentajes de casos de acoso escolar. El panorama es absolutamente diferente, sin embargo, si nos concentramos en los porcentajes de menores que acosan a otras personas. La mayoría de los investigadores han hallado que los menores tienen más probabilidades de acosarse unos a otros (según unos cuestionarios anónimos de autoevaluación respecto de las formas tradicionales de acoso escolar) entre principios y mediados de la adolescencia (Eisenberg & Aalsma, 2005; Espelage & Swearer, 2003). Por ejemplo, en su estudio de alumnos comprendidos entre 6º y 10º [10-14 años], Nansel y colaboradores encontraron los porcentajes más elevados de acoso a otras personas en 8º [12 años] (el 24%, por contraste con el 19% en 6º y el 16% en 10º). ¿Qué explicaría la diferencia en estas tendencias a nivel de edad entre acosar a otras personas o ser acosado? Una posible explicación sería que de forma característica los niños y los adolescentes suelen acosar a compañeros de su misma edad o bien a niños y adolescentes más jóvenes que ellos. Similitudes y diferencias entre los sexos en las formas tradicionales de acoso escolar Aunque tanto las chicas como los chicos aparecen implicados en problemas de acoso escolar con frecuencia, los investigadores han debatido respecto de qué sexo tiene más probabilidades de practicar el acoso escolar y de sufrirlo. Los estudios que han utilizado algún instrumento de autoevaluación anónimo habitualmente han encontrado que los chicos tienen más probabilidades que las chicas de acosar a otras personas (Currie et al., 2004; Nansel et al., 2001; Olweus, 1993a), pero los hallazgos son menos consistentes al analizar las diferencias entre los sexos en relación con la experiencia de ser 51
  • 45. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston acosados. Unos estudios han encontrado que los chicos refieren porcentajes más elevados de casos de ser acosados que las chicas, mientras que otros estudios no han encontrado diferencias, o únicamente diferencias muy leves, entre los chicos y las chicas. Probablemente, más importante que la comparación entre los porcentajes de acoso escolar entre los chicos y las chicas sea la comparación entre las moda- lidades de acoso escolar en las que aparecen implicados los chicos y las chicas. Es más probable que los chicos sean acosados físicamente por sus igua- les (Finkelhor et al., 2005; Nansel et al., 2001; Olweus, 1993a; Rigby, 2002), mientras que las chicas tienen más probabilidades de ser acosadas mediante la propagación de rumores o a través de comentarios o gestos sexuales (Nansel et al., 2001). También es importante señalar que, aunque habitualmente los chicos suelen ser acosados por otros chicos (y rara vez por chicas), las chicas son acosadas tanto por chicos como por otras chicas (Finkelhor et al., 2005; Nansel et al., 2001; Olweus 1993a). Los chicos que son acosados por otros chicos tienen más probabilidades de referir que fueron acosados física- mente y verbalmente. Las chicas son acosadas por otras chicas más comúnmente a través de la exclusión social (e.g., dejar a la otra chica fuera de las actividades sociales del grupo, y hacerlo de una forma hiriente y a propósito; Olweus, comunicación personal, 23 de febrero de 2002). Aspectos raciales y étnicos en las formas tradicionales de acoso escolar Aunque la raza y la etnia desempeñan claramente un papel en algunos casos de acoso escolar, las personas que han investigado el fenómeno le han concedido una atención relativamente escasa a esta cuestión. Nansel y colaboradores (2001) encontraron que, entre los estudiantes de 6º a 10º que habían sido acosados, un 25% dijeron haber sido menospreciados por su raza o religión cuanto menos una vez durante el semestre escolar en curso, y el 8% habían sufrido este tipo de acoso una vez por semana o más. 52
  • 46. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes Una serie de estudios han analizado las similitudes y las diferencias en los porcentajes de acoso escolar entre los menores de diferentes razas (Graham & Juvonen, 2002; Nansel et al., 2001), pero es mucho lo que todavía queda por estudiar, como por ejemplo: (1) ¿Varían los porcentajes de acoso escolar dependiendo de si los menores pertenecen a una mayoría o una minoría racial? Y de ser así, ¿cómo?; (2) ¿Se relaciona el acoso escolar con alguna jerarquía a nivel de estatus (e.g., la movilidad económica y social) de los menores de distintos grupos raciales y étnicos?; (3) ¿De qué forma influyen las percepciones y las vivencias culturales en relación con la agresividad en los porcentajes de acoso escolar entre los compañeros? (Graham & Juvonen, 2002). El acoso escolar en el medio urbano, el extrarradio y el entorno rural Es interesante advertir que aunque el acoso escolar se ha venido viendo con frecuencia como un problema principalmente de los colegios urbanos, no parece haber una evidencia que apoye esta afirmación. De hecho, se ha documentado la presencia del acoso escolar en diferentes núcleos de población a lo largo de EEUU (y a lo largo del mundo). En uno de los pocos estudios que investigan las diferencias entre las áreas urbanas, suburbanas y rurales en los porcentajes de acoso escolar, Tonya Nansel y l b r d sus co­a­ o­ a­ ores (2001) encontraron que los estudiantes de 6º a 10º tenían las mismas probabilidades de ser acosados en las áreas urbanas, el ex­­ trarradio, las poblaciones más pequeñas y el medio rural. Estos autoc ­ res en­ ontraron únicamente diferencias muy pequeñas en los casos de estudiantes que decían haber acosado a otras personas, con los jóvenes del extrarradio teniendo ligeramente menos probabilidades que los demás de decir que habían acosado a sus compañeros “de vez en cuando” o con más frecuencia, y los jóvenes del entorno rural teniendo ligeramente más probabilidades que los demás de haber acosado alguna vez a sus compañeros. 53
  • 47. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Los menores implicados en el acoso escolar Los investigadores y los profesionales han prestado mucha atención recientemente a analizar las características y las experiencias de los menores que aparecen implicados de diversas formas en el fenómeno del acoso escolar −incluidos los menores que son acosados, los que acosan, y la mayoría que corresponde a los testigos presenciales o los meros espectadores ocasionales del acoso escolar. Los menores que son acosados Los menores que son acosados en el ámbito escolar habitualmente suelen pertenecer a alguna de las dos categorías generales siguientes −los menores que son pasivos o sumisos, y un porcentaje más pequeño al que se considera como “víctimas provocadoras” o “víctimas/matones”. Las características y las experiencias de las víctimas pasivas se analizarán en esta misma sección; las de las víctimas/matones se analizarán más adelante. Es importante señalar que, aunque en la bibliografía especializada relativa a la investigación y la actuación en los casos de acoso escolar, se habla con frecuencia de los menores “pasivos”, “sumisos” o “provocadores”, estos términos no pretenden tener ningún cariz peyorativo. Ni tampoco deben ser utilizados en modo alguno para culpar a los menores del acoso que puedan sufrir. Características de los menores acosados. Si bien no existe un perfil único de las víctimas pasivas del acoso escolar, los investigadores sugieren que es probable que estos menores presenten una o más de las siguientes características (Olweus, 1993a): � Suelen ser habitualmente jóvenes callados, cautelosos, sensibles, a los que se puede hacer llorar con facilidad. � Puede que sean inseguros, con poca confianza en sí mismos, y que tengan una baja autoestima. � Suelen tener pocos amigos y estar aislados socialmente. 54
  • 48. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes � Puede que tengan miedo de que les hagan daño. � Pueden mostrar ansiedad o depresión. � Tienden a ser físicamente más débiles que sus iguales (especialmente en el caso de los chicos). � Puede que les resulte más fácil estar con adultos (padres, maestros, profesores particulares) que con sus compañeros de su misma edad. Como veremos más adelante, la baja autoestima, la ansiedad y la depresión pueden ser consecuencias bastante habituales del acoso escolar, pero también pueden favorecer el acoso, en el caso de algunos menores. Las in­ es­ v ti­ a­ iones señalan que los menores que presentan estas características tieg c nen de hecho más probabilidades de convertirse en víctimas del acoso escolar (Fekkes, Pijpers, Fredriks, Vogels & Verloove-VanHorick, 2006; Swearer, Grills, Haye & Cary, 2004). Es probable que la ansiedad, la depresión y la baja autoestima les “indiquen” a sus compañeros que estos menores pueden ser un blanco fácil para el acoso escolar. Grupos de menores con alto riesgo de ser acosados. Si bien cualquier menor puede ser acosado por sus compañeros (y si bien no siempre es evidente por qué determinados menores en particular son elegidos como blanco), algunas investigaciones recientes han comenzado a centrar la atención en los grupos de menores que pueden tener un riesgo particularmente alto de ser acosados. Son relativamente escasas las investigaciones realizadas que estudian la relación entre las dificultades de aprendizaje y el acoso escolar, pero los primeros hallazgos sugieren que los menores con dificultades de aprendizaje tienen un mayor riesgo de ser objeto de bromas y de ser acosados físicamente (Martlew & Hodson, 1991; Nabuzoka & Smith, 1993; Thompson, Whitney & Smith, 1993). Los menores con un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) también tienen más probabilidades que otros menores de ser acosados (y de acosar a sus compañeros; Unnever & Cornell, 2003). Los menores que necesitan cuidados médicos especiales o que padecen enfermedades crónicas pueden ser blancos frecuentes del acoso escolar. Por ejemplo, los investigadores han encontrado porcentajes elevados de acoso escolar entre los menores que padecen dolencias que afectan a su apariencia 55
  • 49. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston física (e.g., parálisis cerebral, distrofia muscular, espina bífida, parálisis parcial), y los menores que tienen diabetes (Dawkins, 1996; Storch et al., 2004a, 2004b; Yude, Goodman & McConachie, 1998). La obesidad también puede colocar a los menores en un alto riesgo de ser acosados. En un estudio con más de 5.700 menores canadienses de edades comprendidas entre los 11 y los 16 años, los investigadores encontraron que las chicas (de 11 a 16 años) y los chicos (de 11 a 12 años) con sobrepeso y obesidad tenían más probabilidades que los compañeros con un peso normal de que se burlaran o se rieran de ellos, y de sufrir acoso relacional (e.g., ser excluidos o marginados socialmente). Las chicas con sobrepeso y obesidad (pero no los chicos) también tenían más probabilidades de ser acosadas físicamente (Janssen, Craig, Boyce & Pickett, 2004). Finalmente, los adolescentes que eran gays, lesbianas o bisexuales, los que podían tener dudas respecto de su sexualidad, y los que podían ser considerados como “demasiado femeninos” (en el caso de los chicos) o “demasiado masculinas” (en el caso de las chicas) podían tener más probabilidades de ser acosados (Eisenberg & Aalsma, 2005; Garofalo, Wolf, Kessel, Palfrey & DuRant, 1998; Harris Interactive & GLSEN, 2005). Efectos del acoso. Las investigaciones realizadas durante la última década confirman que el acoso escolar puede afectar seriamente a la salud mental y física de los menores y a su rendimiento académico. Los menores que son acosados tienen más probabilidades de manifestar ansiedad (Craig, 1998; Fekkes, Pijpers & Verloove-VanHorick, 2004; Juvonen, Graham & Schuster, 2003; Olweus, 1978), depresión (Craig, 1998; Fekkes et al., 2004; Hodges & Perry, 1996; Juvonen et al., 2003; Kumpulainen, Raasnen & Puura, 2001; Olweus, 1978; Rigby & Slee, 1993), y de padecer una baja autoestima (Eagan & Perry, 1998; Hawker & Boulton, 2000; Hodges & Perry, 1996; Olweus, 1978; Rigby & Slee, 1993). También tienen más probabilidades que otros menores de pensar en quitarse la vida. Por ejemplo, en un estudio con menores australianos, Ken Rigby encontró que los menores que eran acosados con frecuencia (i.e., un mínimo de una vez a la semana) tenían dos veces más probabilidades que otros menores de desear estar muertos o de admitir tener pensamientos recurrentes de suicidio (Rigby, 1996). Curiosamente, la rela- 56
  • 50. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes ción entre el acoso escolar y la depresión (y también entre el acoso escolar y las ideas de suicidio) es más fuerte en el caso de las formas indirectas de acoso, por contraste con las formas más directas (Van der Wal, de Wit & Hirasing, 2003). En otras palabras, puede haber más razones para preocuparse por el estado psicológico de los menores que son marginados por sus compañeros (“Hacen como que no me ven”) que de los menores que son acosados físicamente (“Me pegan”). Dado que los menores tienen una necesidad tan fuerte de integrarse y de ser aceptados, a muchos de ellos les resulta mucho más penoso que sus iguales los excluyan a que los maltraten físicamente. Los menores acosados ya no sólo pueden tener problemas psicológicos de resultas del acoso, sino que también pueden presentar dolencias físicas. Por ejemplo, en un estudio con 2.766 escolares holandeses de entre 9 y 12 años, los investigadores compararon los problemas de salud de los menores acosados y los menores no acosados, y encontraron que los menores acosados tenían aproximadamente tres veces más probabilidades de tener dolores de cabeza, sentirse decaídos, y mojar la cama. También tenían aproximadamente el doble de probabilidades de tener problemas de sueño, dolores de estómago, tensión, cansancio y pérdida de apetito (Fekkes et al., 2004). El acoso escolar también puede afectar a nivel académico. Los menores acosados tienen más probabilidades de querer evitar ir al colegio (Kochenderfer & Ladd, 1996) y de hecho tienen porcentajes más elevados de absentismo escolar (Rigby, 1996; Smith, Talamelli, Cowie, Naylor & Chauhan, 2004). Tienen más probabilidades de decir que no les gusta el colegio, y sus profesores perciben que son menos felices que sus compañeros. También sacan notas más bajas que los estudiantes que no sufren acoso (Arsenault et al., 2006; Eisenberg, Neumark-Sztainer & Perry, 2003). La mayoría de los estudios que relacionan el acoso escolar y las dificultades de adaptación al colegio son correlacionales; por consiguiente, los hallazgos procedentes de dichos estudios deben ser interpretados con cautela porque, a diferencia de los estudios longitudinales, los estudios correlacionales no demuestran la existencia de una relación causal entre el acoso escolar y el funcionamiento académico. En uno de los escasos estudios longitudinales realizados sobre esta cuestión 57
  • 51. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston hasta la fecha, Buhs y colaboradores realizaron el seguimiento de unos casi 400 menores estadounidenses que abarcaban desde el parvulario hasta 5º curso (Buhs, Ladd & Herald, 2006). Los autores observaron que los menores que eran rechazados por sus compañeros de preescolar (i.e., sus compañeros del parvulario decían que no querían “juntarse” con ellos) tenían más probabilidades de que sus compañeros les hicieran el vacío y se metieran con ellos durante la enseñanza primaria. Los menores rechazados por sus compañeros tenían, a su vez, menos probabilidades de participar en clase y finalmente obtuvieron unos resultados inferiores en una prueba de conocimientos. Los estudiantes con los que sus compañeros se metían tenían menos probabilidades de asistir a clase. Aunque se necesita investigar más para comprender mejor los efectos del acoso escolar sobre la actitud de los menores hacia el colegio, la asistencia a clase y sus logros académicos, existen razones para preocuparse de que el estrés y las alteraciones provocadas por el acoso escolar pongan a los menores en una situación de riesgo académico. Como sugieren Nancy Eisenberg y sus colaboradores: “Los jóvenes maltratados por sus compañeros pueden no querer ir al colegio y, por consiguiente, pueden desaprovechar los beneficios de relacionarse con otros estudiantes, además de la posibilidad de avanzar en su desarrollo educativo” (Eisenberg, Neumark-Sztainer & Perry, 2003, p. 315). En algunos casos, los efectos devastadores del acoso escolar pueden hacerse sentir mucho después de que haya finalizado. Por ejemplo, en un estudio con adultos jóvenes, Dan Olweus encontró que los chicos que habían sido acosados durante el primer ciclo de secundaria tenían más probabilidades de padecer baja autoestima y depresión una década después de que el acoso hubiera terminado (Olweus, 1993b). Otros investigadores han encontrado que los sujetos que habían sido humillados con frecuencia durante la niñez tenían más probabilidades de sufrir depresión y ansiedad en la adultez (Roth, Coles & Heimberg, 2002). Roth et al. sugieren que “los menores que han sido reiteradamente humillados pueden desarrollar la creencia de que el mundo es un lugar peligroso, y de que tienen un control escaso sobre lo que pueda pasarles en la vida” (p. 161). 58
  • 52. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes ¿Informan los menores a los adultos de que están siendo acosados? A pesar de la elevada prevalencia del acoso escolar y del daño que puede generar, son muchos los menores que no informan de lo que estaban viviendo a los adultos en el colegio o en sus casas. Las investigaciones sugieren que entre el 50% y el 75% de los estudiantes que habían sido acosados no le hablaban a ningún profesor ni a ningún otro adulto del colegio de lo que les estaba pasando (Boulton & Underwood, 1992; Fonzi et al., 1999; Harachi, Catalano & Hawkins, 1999; Melton et al., 1998; Whitney & Smith, 1993). Los niños más mayores y los varones parecían ser especialmente reacios a informar de que estaban siendo acosados (Melton et al., 1998; Rivers & Smith, 1994; Whitney & Smith, 1993). Los menores tienen algo más de probabilidades de hablar con sus padres u otros adultos de casa, sobre su experiencia de estar siendo acosados (Boulton & Underwood, 1992; Olweus, 1993a; véase, no obstante, Ortega & Mora-Merchan, 1999). Puede que se sientan más cómodos informando de sus experiencias de acoso a sus amigos (Rigby, 2002; Rigby & Slee, 1999). Desgraciadamente, un número preocupante de menores (14-17%) al parecer no le hablan a nadie de que están siendo acosados (Harris, Petrie & Willoughby, 2002; Naylor, Cowie & del Rey, 2001). ¿Por qué son tan reticentes los menores a informar del acoso escolar? En algunos casos (sobre todo, los niños más mayores), el significado negativo que puede tener que los tachen de “acusicas” o “soplones” puede hacer que se lo piensen dos veces a la hora de informar de que están siendo acosados. Los varones pueden sentir una presión adicional a esforzarse por hacerle frente al acoso por su propia cuenta, y no parecer “débiles” por buscar la ayuda de un adulto. En el caso de otros menores, su reticencia a informar del acoso al personal docente puede reflejar una falta de confianza en la capacidad que piensan que pueden tener los profesores y demás autoridades del centro para manejar los casos de acoso escolar. Por ejemplo, en un sondeo entre alumnos de instituto en EEUU, unos dos tercios de los alumnos que habían sido acosados tenían la impresión de que el personal del colegio respondió de forma deficiente ante los casos de acoso acontecidos en el centro; únicamente el 6% creían que el personal docente había sabido manejar muy 59
  • 53. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston bien este problema (Hoover, Oliver & Hazler, 1992). Como se­­ ñaló un chico dentro de un grupo de discusión organizado por los promotores de la Campaña Nacional para la Prevención del Acoso Escolar (Smith, 3 de enero de 2003, comunicación personal): “Los adultos, o muestran una falta de reacción ante el acoso escolar o, por el contrario, reaccionan excesivamente. Rara vez reaccionan bien”. Con la edad, los menores tienen cada vez menos probabilidades de percibir que los adultos les ayudarán a frenar el acoso (Fonzi et al., 1999). Para ser justos con el personal docente, puede que sea extraordinariamente difícil para los adultos identificar la presencia de un posible acoso escolar, particularmente cuando es sutil, no se menciona, o es negado por los estudiantes. Los alumnos también pueden no darse cuenta de los esfuerzos del personal por tratar de abordar los casos de acoso con el mayor tacto y de forma confidencial. No obstante, los adultos debemos tomarnos muy en serio las preocupaciones de los menores, si queremos aumentar el número de los que decidan informarnos de que están siendo acosados. Signos indicativos de acoso. Dado que los menores no suelen informar a los adultos de que están siendo acosados, es importante que los padres, los profesores y demás adultos que trabajan con los menores, estén alerta respecto de la aparición de signos indicativos de un posible acoso en el colegio. Un menor puede haber sido acosado (o estar siendo víctima de un acoso en curso), si: � Vuelve a casa con prendas de ropa, libros u otras pertenencias rasgadas, dañadas o extraviadas. � Lleva cortes, moratones y arañazos para los que no ofrece una explicación. � Tiene pocos o ningún amigo. � Parece que tiene miedo de dirigirse al colegio, de ir y venir andando del colegio, de subir al autobús del colegio, o de participar en actividades organizadas con sus compañeros (tales como, por ejemplo, clubes). � Toma un camino muy largo, “ilógico” para ir o volver del colegio. 60
  • 54. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes � Ha perdido el interés por los estudios o de repente empieza a bajar su rendimiento en el colegio. � Parece triste, de humor cambiante, lloroso, o deprimido cuando vuelve a casa. � Se queja con frecuencia de dolor de cabeza, dolor de estómago, o de alguna otra dolencia física. � Tiene problemas de sueño o tiene pesadillas con frecuencia. � Tiene poco apetito. � Se muestra ansioso, con una baja autoestima (Olweus, Limber & Mihalic, 1999). Si un menor muestra una o más de estas características, es importante hablar con él (y con sus padres, profesores y demás adultos pertinentes) para determinar si el menor puede estar siendo acosado por sus compañeros, y ayudarle a abordar cualquier problema que pueda estar teniendo (al margen de que finalmente estos problemas demuestren o no estar relacionados con el acoso escolar). Los menores que acosan Al igual que los menores acosados no comparten todos los mismos rasgos o características, tampoco existe un “perfil” único correspondiente a los menores que acosan. Sin embargo, la investigación sugiere que los niños y los adolescentes que acosan suelen tener una o más de las siguientes características (Olweus, 1993a): � Tienen una personalidad dominante y les gusta afirmarse valiéndose de la fuerza. � Tienen mucho genio, son impulsivos y se sienten frustrados con facilidad. � Muestran una actitud más positiva hacia la violencia que los demás menores. � Tienen dificultades en cumplir las normas. 61
  • 55. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston � Parecen ir de duros y demuestran escasa empatía o compasión por los compañeros que están siendo acosados. � Con frecuencia se relacionan con los adultos de manera agresiva. � Se les da bien escabullirse de las situaciones difíciles. � Se enzarzan tanto en agresiones proactivas (i.e., agresiones deliberadas con el fin de alcanzar un objetivo) como en agresiones reactivas (i.e., reacciones defensivas ante el hecho de ser provocados; Camodeca & Goossens, 2005) Los menores que acosan son a veces alumnos catalogados de “solitarios” que carecen de habilidades sociales, pero este no suele ser habitualmente el caso (Cairns, Cairns, Neckerman, Gest & Gariépy, 1988; Nansel et al., 2001; Olweus, 1978; Juvonen et al., 2003). De hecho, las investigaciones indican que los menores que acosan se sienten menos deprimidos, son menos ansiosos socialmente y menos solitarios que los otros estudiantes. Sus compañeros de clase tienden a valorarlos altamente en términos de estatus o prestigio social, y sus profesores confirman que los menores que acosan suelen ser los estudiantes más populares de la clase (Juvonen et al., 2003). Aunque no todos los menores que acosan sean populares, la mayoría tienen cuanto menos un pequeño grupo de amigos (de “secuaces” o “acólitos”, entre los chicos o las chicas), que apoyan sus conductas de acoso (Olweus, 1978; 1993a). A los menores que acosan también se les da muy bien adivinar las actitudes y las emociones de sus compañeros y manipularlos (Sutton, Smith & Swettenham, 1999a, 1999b). ¿Por qué acosan los menores? No existe una respuesta sencilla a esta pregunta, dado que los menores pueden acosar por toda una variedad de motivos personales, debido a la dinámica familiar, e incluso a factores escolares, comunitarios y sociales. Los investigadores que han analizado los motivos personales para acosar se han centrado principalmente en los chicos. Parece haber cuanto menos tres motivos principales para explicar el acoso escolar entre los chicos (Olweus, 1993a; Olweus et al., 2007), que podrían ser igualmente válidos para las chicas: 62
  • 56. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes 1. Tienen una necesidad de dominio y de poder. 2. Encuentran una satisfacción en el hecho de causar sufrimiento o daño emocional o físico a los demás. 3. Se ven recompensados por su conducta. Estas recompensas pueden ser materiales (e.g., dinero, tabaco, otras cosas materiales sustraídas a sus víctimas) o pueden ser psicológicas (e.g., prestigio o la percepción de tener un elevado estatus social). No sólo puede haber motivos individuales para las conductas de acoso escolar, sino que también puede haber factores familiares que aumenten la probabilidad que pueda tener el menor de acosar a los demás. Estos factores incluyen la falta de calidez y de implicación emocional por parte de los padres; la falta de un seguimiento adecuado; y una disciplina física e inconsistente con castigos físicos contradictorios o arbitrarios (Duncan, 2004; Olweus, 1993a; Olweus et al., 1999; Rigby, 1993, 1994). Los menores que acosan tienen más probabilidades que sus compañeros de estar expuestos en sus casas a la violencia doméstica (Baldry, 2003) y de ser víctimas del maltrato infantil (Shields & Cicchetti, 2001). También tienen más probabilidades que sus compañeros de acosar a sus propios hermanos (Duncan, 1999). La influencia de los compañeros y del colegio también puede desempeñar un papel en la propensión del menor a acosar. Los menores que acosan tienden a asociarse con otros menores agresivos, que pueden hacer de modelos a imitar o bien alentar la conducta de acoso. El acoso escolar también es más probable en determinados contextos escolares −a saber, aquellos contextos en los que los estudiantes y el personal docente muestran una actitud indiferente o favorable respecto del acoso (Olweus, 1993a), donde existe una escasa supervisión por parte de los adultos (Boulton, 1994; Pellegrini & Bartini, 2000; Olweus, 1993a; Smith & Sharp, 1994), y allí donde los profesores demuestran ser ineficaces en su capacidad de mantener el control. Preocupación por los menores que acosan. Existen razones para preocuparse por las conductas de acoso −no sólo debido a los efectos que el acoso pueda tener en las víctimas, sino también porque puede indicar la presencia 63
  • 57. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston de otras conductas problemáticas por parte de los alumnos que acosan. Los menores que acosan a los demás tienen más probabilidades de verse implicados en una gran cantidad de conductas antisociales, violentas o preo­ u­ c pan­es, incluidas peleas, robos, vandalismo, posesión de armas, aban­ ono t d de los estudios, y bajo rendimiento académico (Byrne, 1994; Haynie et al., 2001; Nansel et al., 2001; Olweus, 1993a). También tienen más pro­ a­ i­i­ a­ b bld des que sus compañeros de beber alcohol, fumar (Nansel et al., 2001; Olweus, 1993a), y de tener un arma de fuego por razones peligrosas (i.e., para ganarse el respeto o para asustar a los demás; Cunningham, Henggeler, Limber, Melton & Nation, 2000). El acoso escolar también puede ser un indicador precoz de que los chicos corren el riesgo de enzarzarse en conductas delictivas ulteriores (Olweus, 1993a; Pellegrini, 2001). En un estudio a largo plazo realizado por Dan Olweus (1993a) en Noruega, los chicos que fueron identificados como acosadores durante el primer ciclo de secundaria tenían cuatro veces más probabilidades que sus compañeros de acumular tres o más condenas delictivas. Los menores que son acosados y acosadores Como dijimos más arriba, algunos menores son acosados con regularidad, pero también acosan a otros compañeros. Estos menores, a los que se alude con frecuencia como “víctimas/matones”, “víctimas provocadoras” o “víctimas agresivas”, tienden a ser hiperactivos (Kumpulainen & Raasnen, 2000), inquietos, y con dificultades de concentración (Olweus, 1993b, 2001). Tomados como grupo, son más torpes e inmaduros que sus compañeros, y suelen tener problemas en interpretar las indicaciones sociales que les lanzan los otros menores. Las víctimas/matones tienden a ser de genio vivo y puede que traten de responder físicamente cuando se sienten insultados o atacados (aun cuando este no sea el caso; Olweus, 1993b, 2001). No sólo a sus compañeros les resulta difícil relacionarse con estos menores, sino que los profesores y demás miembros del personal del colegio informan con frecuencia de que estos menores figuran entre los alumnos más difíciles a la hora de trabajar con ellos dentro del contexto escolar. 64
  • 58. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes Las investigaciones confirman que existen razones específicas para preocuparse por el fenómeno de las víctimas/matones, dado que presentan muchas de las dificultades sociales y emocionales de las víctimas “pasivas” y tam- bién de los problemas de conducta asociados a los acosadores. Comparados con los otros menores (los que son “víctimas pasivas”, los que acosan, y los que no aparecen implicados en conductas de acoso), las víctimas/mato- nes obtienen valores más deficientes en una variedad de áreas, incluidas conductas problemáticas, autocontrol, competencia social, influencias negativas de los compañeros, adaptación y vinculación al colegio, y depresión (Haynie et al., 2001). En un estudio de casi 2.000 alumnos de 6º curso, Juvo- nen et al. (2003) analizaron los autoinformes, los informes de los compañe- ros y las valoraciones que hacían los profesores de las víctimas/matones por contraste con el resto de los estudiantes. Las víctimas/matones fueron el gru- po de menores destacados por sus compañeros como los alumnos más evita- populares, con dos del colegio. Los profesores los calificaron como muy im­­ muchos problemas de conducta y despegados respecto del colegio. Preocupantemente, las víctimas/matones también tienen más probabilidades que los otros niños y adolescentes de referir conductas suicidas o autolesivas e ideas de suicidio (Kim, Koh & Leventhal, 2005). Finalmente, los autores de dos estudios retrospectivos sobre actos de violencia en el colegio (incluidos los tiroteos con arma de fuego, pero sin limitarse a los mismos), señalan que muchos de los jóvenes violentos que aparecen en sus estudios también habían sido ellos mismos acosados en el colegio (Anderson et al., 2001; Fein et al., 2002). Anderson y colaboradores sugieren que estos menores “podrían representar a las víctimas ‘provocadoras’ o ‘agresivas’… que suelen desquitarse de forma violenta en respuesta al hecho de estar siendo acosados” (p. 2702). Los menores que presencian el acoso Los adultos suelen ver el acoso escolar como un problema entre dos menores −el menor que acosa y su víctima. Pero el acoso escolar se explica mejor como un fenómeno grupal en el que los menores pueden desempeñar una 65
  • 59. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston variedad de papeles. Olweus (1993a; Olweus et al., 1999) describe ocho de dichos papeles como parte de un continuum al que denomina el “círculo del acoso”: 1. El menor que inicia el acoso. 2. Los seguidores o los secuaces, que toman parte activamente en el acoso, pero no lo inician. 3. Los partidarios, que apoyan abiertamente el acoso (e.g., los que se ríen o de alguna otra forma prestan atención al acoso), pero no asumen un papel activo. 4. Los partidarios pasivos, que disfrutan del acoso, pero no lo apoyan abiertamente. 5. Los observadores neutrales, que no participan ni se sienten responsables de intervenir para detener el acoso. 6. Los posibles defensores, que desaprueban el acoso y piensan que tienen la obligación de hacer algo para ayudar, pero no lo hacen. 7. Los defensores, que desaprueban el acoso y tratan de ayudar a quienes están siendo acosados. 8. El estudiante que sufre el acoso. Es importante observar que estos papeles (particularmente los papeles 3 a 7) no son estáticos, sino que pueden cambiar de una situación a otra. En una situación, un menor puede ser un partidario pasivo del acoso dirigido a un estudiante nuevo al que no conoce; en otra situación, puede defender a un amigo que está siendo acosado. Durante la clase de educación física, un menor puede ser objeto de acoso. Avanzado el día, el mismo menor puede meterse con otros estudiantes más jóvenes en el autobús del colegio. Los papeles de los menores dependen del contexto social específico, y de la interrelación entre los estudiantes dentro de dicho contexto. Actitud de los menores hacia el acoso escolar. Dado que el acoso escolar prospera en los contextos en los que los menores y los adultos muestran actitudes indiferentes o favorables hacia el acoso, es importante comprender 66
  • 60. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes cómo ven el acoso los menores. La mayoría de los menores tienen reacciones bastante negativas hacia el acoso y sentimientos positivos o compasivos hacia los compañeros que están siendo acosados (Baldry, 2004; Rigby & Slee, 1993; Unnever & Cornell, 2003). Desgraciadamente, la compasión no suele traducirse en hechos. Por ejemplo, en un estudio con estudiantes de primer ciclo de secundaria, Unnever y Cornell (2003) encontraron que la vasta mayoría de los estudiantes decían sentir lástima por los compañeros acosados. Sin embargo, unos dos tercios también admitían que sus compañeros de colegio rara vez trataban de hacer algo para frenar el acoso. Si la mayoría de los menores se sienten tan afectados ante el fenómeno del acoso, ¿por qué no tratan de ponerle freno? Muchos de ellos pueden no estar seguros respecto de cuál podría ser la mejor forma de responder, o bien pueden tener miedo de que su intervención pueda empeorar la situación de la víctima. Otros pueden tener la impresión de que lo que hagan no servirá de nada a menos que otros compañeros les apoyen, y dudan de que puedan encontrar a muchos partidarios. Muchos de ellos probablemente tienen miedo de convertirse ellos también en posibles blancos, en el caso de decidirse a intervenir para frenar el acoso. Las razones que subyacen a la falta de reacción de los menores explicarían algunos de los efectos negativos que el acoso escolar puede tener en los espectadores. Como testigos presenciales del acoso, los menores pueden sentir miedo, impotencia para cambiar la situación, y culpa por su falta de reacción. Con el tiempo, si no ven intervenir a los adultos o a otros compañeros para frenar el acoso, pueden acabar sintiendo menos empatía por los estudiantes acosados (“Si llevan tanto tiempo acosándolos, ¡será porque de alguna forma se lo han ganado!”). De no frenarlo en el colegio (o en otros contextos donde se juntan los menores), el acoso puede acabar afectando seriamente a la mayoría silenciosa de estudiantes que presencian el acoso. De este modo, el fenómeno del acoso escolar puede erosionar la atmósfera social general del colegio. 67
  • 61. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Condiciones que rodean al fenómeno del acoso escolar Con objeto de prevenir el fenómeno del acoso, es importante comprender mejor las condiciones características que rodean a los casos de acoso escolar, incluidos los lugares más comunes donde aparece, así como el número y la identidad de los acosadores. ¿Dónde aparece el acoso escolar? El acoso tiende a prosperar en cualquier lugar, ya sea un colegio o una comunidad, donde los adultos no estén presentes o no estén alerta. Aunque las “zonas candentes” para las formas tradicionales de acoso pueden variar de un colegio a otro y de una comunidad a otra, es posible identificar algunos de los puntos conflictivos más habituales. A través de los sondeos mediante autoinformes, los menores nos informan de que las formas tradicionales de acoso son más frecuentes dentro del colegio (en el edificio o en el recinto del colegio) que en el trayecto de ida o de vuelta del colegio como, por ejemplo, en el autobús escolar, en la parada de autobús, o en algún otro lugar dentro de la comunidad (Harris et al., 2002; Nansel et al., 2001; Olweus, 1993a; Rivers & Smith, 1994; Unnever, 2001). Los emplazamientos más comunes para el acoso dentro del colegio incluyen el recreo y/o las instalaciones deportivas (especialmente entre los alumnos de primaria), el aula, el comedor, los pasillos y los aseos. Número e identidad de los acosadores Los menores que son acosados suelen indicar habitualmente que su acosador es otro menor o un grupo muy pequeño de compañeros (Melton et al., 1998; Olweus, 1993a; Unnever, 2001). Es mucho menos frecuente que los menores sean acosados por grupos grandes, si bien las víctimas/matones pueden ser la excepción a esta regla. En algunos casos, las víctimas/ matones pueden ser acosados por muchos compañeros −ocasionalmente por toda una clase. La mayoría de las veces, los menores son acosados 68
  • 62. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes por compañeros de la misma edad o mayores. Como señalamos más arriba, de forma característica los chicos son acosados por otros chicos, mien- tras que las chicas son acosadas indistintamente por otras chicas o por otros chicos. Prevención eficaz del acoso escolar En respuesta a la preocupación por el acoso escolar, el personal de los colegios ha venido adoptando una variedad de estrategias para abordar las formas tradicionales de acoso, incluidos: (a) los esfuerzos por aumentar la conciencia respecto del acoso escolar (e.g., durante las asambleas del colegio, guardias de los profesores, reuniones con los padres); (b) los esfuerzos por denunciar e investigar los casos de acoso en el centro escolar; (c) intervenciones terapéuticas para los menores que acosan y para los menores que son acosados; (d) mediación entre los estudiantes y resolución de conflictos para abordar el acoso escolar; (e) programas de estudio centrados en el fenómeno del acoso escolar; y (f) programas multifactoriales para la prevención del acoso escolar. ¿Cuáles son los errores más comunes en la prevención y la actuación en el fenómeno del acoso escolar? Desgraciadamente, en los últimos años se han venido desarrollando una serie de estrategias de actuación y de prevención erróneas, por parte de adultos bienintencionados (Health Resources and Services Administration, 2006; Limber, 2003, 2004): Políticas de tolerancia cero. Algunos colegios y distritos académicos han adoptado la política de tolerancia cero o de “a la tercera, quedas expulsa- do” en relación con el acoso escolar, según lo cual los menores que acosan a otras personas son suspendidos temporalmente o expulsados defini- tivamente. A primera vista, y a la luz de los trágicos casos recientes de 69
  • 63. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston tiroteos en centros escolares, puede parecer que este enfoque tiene su razón de ser. Sin embargo, estas políticas suscitan una serie de problemas. En primer lugar, afectan potencialmente a un número muy elevado de estudiantes. Aproximadamente uno de cada cinco estudiantes dice haber acosado a otros compañeros con cierta regularidad. Evidentemente, sería una mala política expulsar de nuestros colegios a estos unos de cada cinco alumnos. En segundo lugar, uno de los objetivos de las iniciativas para la prevención del acoso escolar debe ser alentar a los estudiantes a informar de los casos conocidos o sospechosos de acoso entre los compañeros de colegio. Amenazar con castigar severamente a los estudiantes que acosen puede tener la consecuencia no deliberada de desalentar a los menores y los adultos de poner en conocimiento los casos de acoso. Finalmente, como señalamos más arriba, los menores que acosan a sus compañeros corren el riesgo de implicarse en otras conductas antisociales (tales como absentismo escolar, peleas, robos y vandalismo). Los menores que acosan ne­ e­ i­an disponer de modelos a imitar positivos, prosociales que benefic st cien a los demás, o que tengan consecuencias sociales positivas, incluidos los compañeros y los adultos de su colegio. La suspensión temporal y la expulsión de los estudiantes puede ser necesaria en un pequeño número de casos, para garantizar la seguridad de los menores y de los adultos dentro del colegio, pero estas medidas no son re­ o­ en­ a­ les como estrac m d b tegia de prevención o de actuación en el fenómeno del acoso escolar. Tratamientos grupales para los menores que acosan. Otras medidas menos drásticas requieren que los menores que acosan a otros sean agrupados conjuntamente para proceder a un tratamiento terapéutico, que puede incluir el manejo de la agresividad, el fomento de la empatía, o el desarrollo de determinadas habilidades. Desgraciadamente, estos grupos suelen ser ineficaces, a pesar de los esfuerzos de los coordinadores y orientadores bienintencionados y cualificados, y de hecho pueden hacer que el acoso empeore, dado que los miembros del grupo pueden reforzarse mutuamente sus conductas de acoso. En su lugar, los menores que acosan necesitan verse expuestos a la influencia de compañeros prosociales que puedan modelar 70
  • 64. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes una conducta positiva y ayudar a transmitir el mensaje de que el acoso es una conducta inaceptable. Resolución de conflictos/mediación entre los estudiantes. Dada la popularidad de los programas de resolución de conflictos y de mediación entre compañeros para abordar los problemas entre los estudiantes, son muchos los colegios que utilizan igualmente estas técnicas para abordar los problemas de acoso escolar. Esta práctica no está recomendada. ¿Por qué? Pri­ e­ o, m r como señalamos más arriba, porque el acoso escolar es una forma de mal- trato, y no un conflicto. Segundo, porque la mediación puede perjudicar adi- cionalmente al menor acosado. Puede ser extremadamente doloroso ponerle delante de su atormentador para que tenga que mediar con él. Finalmente, la mediación en los casos de acoso escolar puede transmitir un mensaje inapropiado a los estudiantes implicados. El mensaje no debe ser: “Los dos tenéis razón en parte, y en parte estáis equivocados, de modo que tenemos que buscar la forma de solucionar este conflicto que tenéis entre vosotros”. En su lugar, el mensaje apropiado para el menor acosado debe ser: “Nadie se merece que lo acosen, así que vamos a ver la forma de acabar con esto”. Y el mensaje para los menores que acosan debe ser: “Vuestra conducta es inaceptable, va contra las normas del colegio y tiene que acabar inmediatamente”. Soluciones sencillas, rápidas. Con la presión cada vez mayor a abordar el problema del acoso, son muchos los educadores que (comprensiblemente) buscan soluciones sencillas y rápidas. El acoso puede ser el tema de una asamblea con todo el colegio, abordarse dentro del plan de estudios con una frecuencia mensual, o ser el tema a tratar aprovechando una guardia del personal del colegio. Aunque cada uno de estos esfuerzos puede repre- sentar un elemento importante dentro de una estrategia integral a largo plazo para la prevención del acoso escolar, probablemente no reducirá sig- nificativamente el acoso si se pone en práctica de forma fragmentada o poco sistemática. 71
  • 65. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ¿Qué ha dado los mejores resultados a la hora de prevenir el acoso escolar? En su prestigiosa e histórica Campaña Nacional para la Prevención del Acoso Escolar, the Health Resources and Services Administration (HRSA) identificó 10 estrategias que representarían las “mejores medidas” en el ámbito de la prevención y la actuación en los casos de acoso escolar (2006): 1. Concentrarse en el entorno escolar. Lo que se necesita para reducir el acoso en los colegios no es otra cosa que un cambio en la atmósfera general [el clima, el estado psicológico prevaleciente] del colegio y en los parámetros sociales. Como señala la campaña de la HRSA: “Tenemos que lograr que ‘no mole’ acosar, que ‘mole’ ayudar a los menores que son acosados y que lo normal sea que el personal del colegio y los estudiantes avisen cuando un menor está siendo acosado o marginado” (2006). Para ello se requieren los esfuerzos de todos dentro del entorno escolar −el personal docente, los directivos, el personal no docente, los padres y los alumnos. 2. Evaluar el acoso escolar presente en nuestro centro. Dado que a los adultos no suele dárseles particularmente bien estimar la naturaleza y la magnitud del acoso dentro de su colegio, es útil valorar las percepciones del acoso entre los estudiantes del centro, el personal del colegio y los padres. Una forma eficaz de hacer esto es realizando un sondeo anónimo. Los hallazgos procedentes de la evaluación pueden ayudar a motivar a los adultos a adoptar alguna medida contra el acoso que, de lo contrario, se podría pasar por alto o minimizar. Estos datos también pueden ayudar al personal del colegio a adaptar una estrategia para prevenir el acoso a las necesidades particulares del colegio en cuestión. Finalmente, estos datos serían importantes de cara a ayudar a los directivos a evaluar los progresos en la reducción del acoso escolar a lo largo del tiempo. 3. Recabar el apoyo del personal del colegio y de los padres para prevenir el acoso escolar. La prevención del acoso escolar no debe ser de la sola responsabilidad de ningún directivo, orientador, profesor o individuo aislado 72
  • 66. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes dentro del colegio. Para poder ser efectivos, los esfuerzos para prevenir el acoso escolar suelen requerir habitualmente el apoyo de la mayoría del personal del colegio y de los padres. 4. Crear un grupo que coordine las actividades para prevenir el acoso dentro del colegio. Los esfuerzos para prevenir el acoso escolar parecen dar los mejores resultados si son coordinados por un grupo representativo del propio colegio. Este grupo coordinador (que puede incluir un directivo, un profesor de cada uno de los cursos, un miembro del personal no docente, un orientador psicopedagógico o algún otro profesional de la salud mental que trabaje en el colegio, una enfermera escolar, un policía escolar, y un padre) deben reunirse con regularidad para revisar los datos procedentes del sondeo realizado en el centro; planificar políticas, normas y actividades para la prevención del acoso escolar; motivar al personal; recibir feedback del personal, los estudiantes y los padres acerca de qué está funcionando y qué no esta funcionando; y garantizar que los esfuerzos se prolonguen a lo largo del tiempo. También se puede formar un consejo o grupo asesor de estudiantes cuyo propósito sea centrarse en la prevención del acoso escolar y brindar sugerencias y feedback a los profesores. 5. Formar al personal del colegio en prevención del acoso escolar. Todos los directivos, profesores y empleados del colegio deben recibir una formación respecto de las mejores medidas para la prevención y la actuación en los casos de acoso escolar. La formación apropiada puede ayudar al personal a comprender mejor la naturaleza del acoso, sus efectos perjudiciales, cómo reaccionar ante el acoso, y cómo trabajar con las demás personas dentro del colegio para ayudar a prevenir el acoso. Los directivos deben hacer un esfuerzo por formar a todos los adultos del colegio que tengan trato con los estudiantes, incluidos profesores, orientadores psicopedagógicos, enfermeras, especialistas en medios de comunicación, ayudantes de comedor y del tiempo de recreo, conductores de autobuses, conserjes y empleados de la cafetería. 73
  • 67. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston 6. Diseñar y hacer cumplir unas normas y una política dentro del colegio en relación con el fenómeno del acoso escolar. La mayoría de las norma de conducta de los colegios prohíben implícitamente el acoso, pero muchas no utilizan el término “acoso” ni dejan bien claro cómo se espera que se comporten los estudiantes en relación con el acoso (como testigos presenciales y como partes implicadas). Redactar unas normas claras y sencillas respecto del acoso escolar puede ayudar a garantizar que los estudiantes sean conscientes de las expectativas de los adultos, respecto de que se abstengan de acosar y ayuden a los estudiantes que estén siendo acosados. Las normas y las políticas del colegio deben ser conocidas por el personal, y ser enviadas y discutidas con los estudiantes y los padres. Será preciso establecer las oportunas consecuencias positivas y negativas de seguir o no seguir las normas del colegio para combatir el acoso escolar. 7. Aumentar la supervisión por parte de los adultos en los lugares donde tiene lugar el acoso escolar. Dado que el acoso escolar prospera en los lugares donde los adultos no están presentes (o no están vigilando), el personal del colegio debe encontrar formas creativas de aumentar la presencia de los adultos en los “puntos conflictivos” que los estudiantes identifiquen como posibles escenarios del acoso escolar. 8. Dedicar un tiempo dentro de las clases a la prevención del acoso escolar. Los programas de prevención del acoso escolar deben incluir una parte a desarrollar dentro del aula. Las reuniones de la clase que se concentren en analizar el acoso escolar y las relaciones con los compañeros dentro del colegio, pueden ayudar a los profesores a mantenerse al corriente de las preocupaciones de los estudiantes, disponer de un tiempo para hablar abiertamente sobre el fenómeno del acoso y sobre los daños que puede causar, y brindan los instrumentos para que los estudiantes puedan abordar el problema del acoso escolar y otros problemas sociales. También se pueden incluir temas específicos y mensajes en contra del acoso a lo largo de todo el plan de estudios del colegio. 74
  • 68. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes 9. Intervenir de forma consistente y oportuna en las situaciones de acoso. Todos los miembros del personal deben poder intervenir en el acto para detener el acoso. El personal designado (e.g., orientadores o directivos del colegio) también debe tener reuniones de seguimiento, llevadas con mucho tacto, con los menores que están siendo acosados y (separadamente) con los menores que están acosando. Los padres de los estudiantes afectados deben ser incluidos siempre que ello sea posible y apropiado. 10. Proseguir estos esfuerzos a lo largo del tiempo. No debe haber ninguna “fecha límite” para los esfuerzos por prevenir el acoso escolar. La prevención del acoso debe quedar definitivamente entretejida dentro de la estructura del día a día del colegio, y proseguir a lo largo del tiempo. Modelos multifactoriales para prevenir el acoso escolar En los últimos años, se han venido desarrollando una serie de programas multifactoriales de ámbito escolar [integrales y de aplicación a la totalidad del centro] para la prevención del acoso en los colegios, que incluyen actuaciones a nivel del aula, y también actuaciones dirigidas al entorno escolar más amplio.1 Entre estos programas, el más antiguo, y probablemente el más ampliamente investigado, es el Programa Olweus para la Prevención del Acoso Escolar (véase la tabla 2.1). El programa Olweus incluye una serie de componentes a nivel de todo el colegio, intervenciones dentro de la clase, intervenciones individuales, y una serie de componentes a nivel de la comunidad [la población, la agrupación humana] en cuestión (Olweus et al., 2007). 2 Desarrollado e investigado inicialmente en Noruega, este programa, dirigido a primaria y primer ciclo de secundaria, ha sido aplicado y evaluado en Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y Alemania, y se ha comprobado que genera una reducción significativa de los casos de acoso escolar y de maltrato referidos por los estudiantes (Black, 2003; Black & Jackson, en prensa; 1. Para ver el listado y la descripción de los modelos multifactoriales (además de curriculares) para la prevención del acoso escolar, el lector puede visitar: http://www.bullyingresources. org/ stopbullyingnow/indexAdult.asp?Area=ProgramResources. 75
  • 69. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Tabla 2.1 Componentes del Programa Olweus para la Prevención del Acoso Escolar Componentes a nivel de todo el colegio: � Creación de un equipo coordinador para la prevención del acoso escolar, que se reúna con regularidad y coordine el programa. � Administración de un cuestionario sobre el acoso escolar a los estudiantes de 3º curso en adelante. � Formación del equipo y de todo el personal en prevención del acoso escolar. � Grupos de discusión constantes entre el personal para prevenir el acoso escolar. � Desarrollo de unas normas del colegio y de unas medidas disciplinarias en relación con el fenómeno del acoso escolar. � sistema de supervisión que conceda un interés especial al acoso escolar. Un � Eventos inaugurales para promocionar el programa, con la participación de los estudiantes y los padres. � Implicación de los padres. Componentes a nivel de la clase: � Dar a conocer y hacer cumplir las normas del colegio para combatir el acoso escolar. � Mantener reuniones generales con toda la clase para tratar el tema del acoso escolar y de las relaciones con los compañeros. � Mantener reuniones regulares con los padres, a ser posible. Componentes individuales: � Supervisión de las actividades de los estudiantes. � Intervenciones inmediatas efectivas para abordar el acoso escolar. � Reuniones de seguimiento con los estudiantes que están siendo acosados y (separadamente) con los estudiantes que acosan. � Reuniones con los padres de los alumnos implicados. � Planes de intervención individualizados para los alumnos implicados. Componentes comunitarios: � Inclusión de miembros de la comunidad en la comisión para la coordinación de la prevención del acoso escolar. � Creación de asociaciones con otros miembros de la comunidad para apoyar el programa del colegio. � Difusión, dentro de la comunidad, de mensajes antiacoso y de los principios que subyacen a las medidas que mejor han funcionado. 76
  • 70. formas tradicionales de acoso entre niños y adolescentes Charach, Pepler & Zieler, 1995; Olweus, 1993a, 1994, 2004a, 2004b; Limber, 2006; Limber, Nation, Tracy, Melton & Flerx, 2004; Melton et al., 1998; Whitney, Rivers, Smith & Sharp, 1994). También se ha traducido en una mejora en las percepciones de los estudiantes respecto del clima social de las clases, y una reducción de los casos de conducta antisocial referidos por los estudiantes (tales como vandalismo, peleas, absentismo escolar y robos). Los programas multifactoriales para la prevención del acoso escolar que incluyen los principios correspondientes a las me­ idas que mejor han funcionado son d los más prometedores con vistas a reducir significativamente las conductas de acoso entre los menores en edad escolar. Resumen Aunque las experiencias de niños como Jack y Tara no so nuevas, sólo en los últimos diez años la comunidad científica (con varias excepciones notables) y algunas personas vinculadas a la prensa popular, han comenzado a conceder atención a sus sufrimientos. Numerosos estudios realizados desde principios de los 90 han confirmado que el acoso escolar afecta a millones de niños en edad escolar cada año −ya sea directa o indirectamente. Las víctimas del acoso escolar pueden sufrir serias consecuencias a nivel de salud física, salud mental, y consecuencias académicas. Los menores que acosan a otras personas tienen un riesgo más elevado de implicarse en una amplia variedad de conductas antisociales, violentas o perturbadoras. Los efectos del acoso también pueden “revertir” en el entorno escolar en su conjunto, afectando igualmente a los espectadores ocasionales y a los adultos. Como señala Limber (2006): “Aunque el hecho de ser acosado, maltratado y excluido son experiencias comunes para muchos niños en edad escolar, no tenemos necesariamente que aceptar ni debemos aceptar que sean experiencias inevitables” (p. 326). De hecho, los modelos integrales aplicados a la totalidad del colegio han demostrado poder reducir el acoso entre los estudiantes dentro del colegio cuando se aplican fielmente. Si bien se precisa investigar más para comprender mejor y abordar los muchos y diferentes factores de riesgo y factores de 77
  • 71. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston protección en relación con el acoso escolar, incluidas las influencias sociales o culturales más amplias que pueda haber en juego, los investigadores han hecho importantes avances durante la última década en la comprensión de este fenómeno. Sabemos mucho menos sobre el muy novedoso fenómeno del acoso cibernético, sin embargo. La investigación de esta nueva modalidad de acoso escolar está claramente en sus comienzos. En los capítulos 3 y 4, resumiremos lo que se sabe actualmente acerca de la naturaleza y la prevalencia del acoso cibernético, además de las similitudes y las diferencias respecto de las formas más tradicionales de acoso escolar. 78
  • 72. 3 ¿Qué es el acoso cibernético? La tecnología… casi ha logrado borrar el período de reflexión que existió en otro tiempo entre concebir una travesura intrascendente (o un hecho absolutamente serio) y pasar a realizar verdaderamente el acto propiamente dicho. (Franek, 2005/2006) Hace diez años, este libro no se habría escrito porque no habría sido necesario. Hace una década, la tecnología no había avanzado hasta el punto de que el acoso cibernético llegara a suponer ni tan siquiera un problema. Pero los tiempos han cambiado y, desgraciadamente, los niños se mantienen al corriente de los cambios con mucha más facilidad que los adultos. Como prueba de ello, probemos a preguntarle a cualquier niño o adolescente por el significado de las abreviaturas que aparecen en la tabla 3.1. La mayoría sabrán inmediatamente lo que significan. Probemos a preguntarle a algún adulto, y nos encontraremos con unas miradas de perplejidad. Aunque el acoso en el recinto del colegio, como los casos que describimos en el capítulo anterior, continúa sucediendo con regularidad, los niños de hoy en día están viviendo una nueva forma de acoso que se ha vuelto posible gracias a los nuevos avances tecnológicos, tales como el teléfono móvil e internet. Además, con la accesibilidad que brindan los servicios de correo electrónico gratuitos, tales como Hotmail y Yahoo (“Internet bullies”, 2006), un solo niño que practique el acoso cibernético puede comunicarse con una víctima utilizando diferentes identidades y diferentes direcciones de correo electrónico. SETENTA Y NUEVE 79
  • 73. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Como señalamos en el capítulo 1, este nuevo tipo de acoso se conoce con el nombre de acoso cibernético, crueldad social online, y acoso electrónico. Una página web dedicada a educar a los padres acerca del fenómeno del acoso cibernético, lo definió acertadamente como “terrorismo social a través de las nuevas tecnologías” (“Cyber bullying”, 2006). En una de las secciones del magazine de noticias Primetime de la cadena ABC* (Ross, 2006), Diane Sawyer se refirió al acoso cibernético como una “salvajada emocional” y como un “ir derecho a la yugular emocional”. Al margen de la formulación específica que utilicemos para captar su esencia, el acoso cibernético, entendido en un sentido amplio, se refiere al acoso que incluye el uso de correos electrónicos, mensajes instantáneos, mensajes de texto e imágenes digitales enviadas a través de teléfonos móviles, páginas web, bitácoras web (blogs), salas de chat o coloquios online, y demás tecnologías asociadas a la comunicación digital (Health Resources and Services Administration, 2006; Patchin & Hinduja, 2006; Shariff & Gouin, 2005; Willard, 2006). 1 Buena parte de la atención concedida en la prensa popular y las publicaciones especializadas se ha concentrado en los depredadores sexuales que buscan a sus víctimas a través de canales online tales como Facebook y MySpace. Este interés por los depredadores sexuales no es en absoluto sorprendente, dada la seriedad de la cuestión y la variedad de recursos legales disponibles para tratar tales casos cuando aparecen. Además, la mayoría de los padres y de los adolescentes comprenden su importancia y hablan de los peligros de los depredadores sexuales. No se puede decir lo mismo del acoso cibernético. Se le ha dedicado significativamente menos atención −popular, académica y/o legal− al tema del ciberacoso o acoso electrónico. La realidad, sin embargo, es que la mayoría de los menores de edad tienen más probabilidades de ser elegidos como blanco por una persona que practique el acoso cibernético que por un extraño que hayan conocido por internet y que pretenda concertar un encuentro real fuera de la red. * N. del T.: American Broadcasting Company, una de las cuatro cadenas estadounidenses más importantes, constituida por varias divisiones: televisión, radio, noticias, deportes, entretenimiento, etc. 80
  • 74. ¿qué es el acoso cibernético? Tabla 3.1 Acrónimos frecuentes utilizados por internet [argot cibernético] 121 one to one 411 information AAR at any rate A/S/L age, sex, location BAK back at the keyboard BF boyfriend BRB be right back CUL see you later DKDC don’t know don’t care DQMOT don’t quote me on this EMFBI excuse me for butting in IHAIM I have another instant message JK just kidding JT just teasing LMIRL let’s meet in real life LSHMBB laughing so hard my belly is bouncing NIFOC nude in front of computer NP nosy parents NTK nice to know PA parent alert P911 my parents are coming! PAW parents are watching PIR parent in room POS parent over shoulder right back at ya RBAY RBTL read between the lines TAW teachers are watching TTYL talk to you later YGBK you gotta be kiddin [de tú a tú] [información] [en todo caso] [edad, sexo, población] [de vuelta al teclado] [novio] [vuelvo enseguida] [hasta luego] [si no se enteran, no pasará nada] [no me nombres en relación con esto] [perdona por entrometerme] [he recibido otro mensaje instantáneo] [era sólo una broma] [sólo lo decía de guasa] [podemos vernos en persona] [me tiembla la barriga de tanto reírme] [desnudo delante del ordenador] [padres fisgones] [encantado de conocerte] [padre/madre alerta] [¡que vienen mis padres!] [mis padres están mirando] [mi padre/mi madre está en la habitación] [mi padre/mi madre está mirando por encima del hombro] [lo mismo te digo] [lee entre líneas] [los profesores están mirando] [luego hablamos] [debes estar de broma] Fuente: www.missingkids.com/adcouncil/lingo.html 81
  • 75. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Definición de acoso cibernético Cada vez que los investigadores comienzan a estudiar un ámbito nuevo apa- recen, como es lógico, algunos problemas conceptuales que hay que resol- ver. El acoso cibernético no constituye ciertamente una excepción. La definición de los distintos parámetros que caracterizan al acoso electrónico (e.g., qué tecnologías digitales se utilizan, de qué forma se les puede dar un mal uso, qué es lo que se dice a quién, y qué efecto genera) ha demostrado ser una tarea difícil, en parte porque los métodos utilizados para acosar electrónicamente son muy variados. Para complicar todavía más las cosas, el cibe- racoso puede a veces ser un tanto ambiguo, de la misma forma en gran medida que las bromas entre la gente también pueden ser ambiguas. ¿El intercambio acalorado de IMs entre dos personas es acoso cibernético, o simplemente una discusión en letra impresa? Al igual que sucede con las bromas, el que algo se considere ciberacoso dependerá probablemente de a quién se lo preguntemos. Los destinatarios de e-mails maliciosos y crueles, o “linchamientos verbales” como los definió Diane Sawyer (Ross, 2006), tie- nen más probabilidades que los autores de los mismos de calificar la con­ ducta en cuestión de acoso cibernético (véase también Kowalski, 2000). Existe también cierta confusión en torno a la edad a la que puede tener lugar el acoso cibernético. Según Parry Aftab, abogada especializada en cuestiones de seguridad por internet y directora ejecutiva de WiredSafety.net, una de las principales páginas web de internet dedicadas al acoso cibernético, éste debe tener lugar entre menores de edad. Cuando un adulto aparece implicado, la conducta se califica de hostigamiento cibernético o ciberperse- cución. Según Aftab (2006), “el ciberhostigamiento o la ciberpersecución obsesiva por parte de un adulto JAMÁS recibe el nombre de ciberacoso”. Nos gustaría sugerir que esta conducta, si bien justifica ciertamente la califi- cación de ciberhostigamiento y de ciberpersecución (junto con las medidas legales que se desprenden de ello), también es una modalidad de acoso cibernético. De hecho, la British National Association of Schoolmasters/ 82
  • 76. ¿qué es el acoso cibernético? Union of Women Teachers (NAS/UWT)* subrayó el hecho de que los profesores suelen ser acosados electrónicamente por sus alumnos. En un caso en concreto, la NAS/UWT tuvo que presionar para defender los derechos de una profesora a negarse a dar clase a un alumno que le había hecho una foto del escote y había distribuido la imagen entre los compañeros de clase. También se ha informado de casos similares en los que fotos de las cabezas de los profesores han sido superpuestas a cuerpos desnudos (“Pupils not the only victims of cyber bullies”, 2006). Más recientemente, un estudio realizado por la Teacher Support Network y la Association of Teachers and Lecturers** puso de manifiesto que el 17% del profesorado habían sido ciberacosados (Smith, 2007). Una de nosotras mantuvo recientemente una conversación con una reportera de un periódico que hablaba de las docenas de e-mails que recibía frecuentemente censurándola por algún artículo que hubiera escrito. Llevaba muchos años en el oficio de periodista, y decía que la malignidad y la crueldad de los e-mails de la gente superaba con creces lo que pudieran escribir a través de las cartas postales o decir llamando por el teléfono tradicional. Dado que refería varios ejemplos de haber recibido este tipo de e-mails, se trataba claramente de casos de acoso cibernético. 2 3 La confusión conceptual respecto del término también se deriva del hecho de que el acoso cibernético, al igual que las formas más tradicionales de acoso, puede ser tanto directo como indirecto. Aftab (2006) hace una interesante distinción entre acoso cibernético directo y acoso cibernético por delegación o indirecto. Esta autora define los ataques directos como el envío de mensajes directos a otros niños o adolescentes. El acoso cibernético por delegación implica “utilizar a otras personas para ayudar a acosar cibernéticamente a la víctima, ya sea con o sin el conocimiento de estos cómplices”; en otras palabras, hacer que otra persona se encargue del trabajo sucio (Aftab, 2006). Aftab alega que esto último es más peligroso por * N. del T.: Sindicato de enseñantes británicos, uno de los más importante dentro del ámbito del Reino Unido, que engloba a directores y maestras de escuela. ** N. del T.: Organización británica de ayuda al profesorado, junto con otro de los sindicatos de la enseñanza más importantes dentro del ámbito británico, que engloba a maestros de primaria y profesores de secundaria, y a profesores de universidad. 83
  • 77. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston que ello puede incluir a personas adultas en el hostigamiento. La mayoría de las veces, son cómplices no deliberados y no saben que están siendo utilizados por el ciberacosador. Lo que Aftab denomina como la “guerra de las advertencias” o la “guerra de los avisos” son un ejemplo. Los menores pulsan los botones de alarma de la pantalla de mensajería instantánea o de las pantallas del correo electrónico o del chat, y alertan al proveedor de servicios de internet (ISP) de que aparece algún contenido objetable en algo que haya escrito la persona elegida como blanco. Las víctimas que reciben un determinado número de advertencias finalmente pierden sus cuentas con la website en cuestión. Los ciberacosadores suelen tenderle la trampa a sus víctimas poniéndolos furiosos para que reaccionen con alguna observación airada o violenta. Una vez que la víctima reacciona de esta forma, el acosador “advierte” o “da parte” al proveedor. Un adulto que no sospecha nada anula entonces la cuenta online, convirtiéndose en cómplice del acoso cibernético. El acoso cibernético por delegación también puede tener lugar cuando alguien piratea la cuenta de la víctima y envía mensajes hostigadores, impertinentes y odiosos a los amigos y familiares de la lista de contactos. (Una lista de contactos, la mayoría de las veces asociada a AOL [American Online] y demás ISPs [proveedores] relacionados, es una ventana que aparece en el dispositivo y que incluye los nombres de pantalla [los alias online] de amigos, familiares, compañeros de trabajo y conocidos, a los que hemos elegido incluir en la lista y con los que queremos poder comunicarnos por mensajería instantánea una vez que se suscriban al ISP; Webopedia.com; véase la figura 3.1). Otra posibilidad es que el ciberacosador pueda ser un amigo al que la víctima le ha comunicado su nombre de usuario y su contraseña, de modo que el acceso a la cuenta es todavía más fácil. Los receptores de los mensajes hostigadores dan por supuesto que éstos proceden del usuario original de la cuenta (i.e., la víctima), quien a raíz de ello puede perder amistades, sentirse humillado y perder la confianza en sí mismo (Aftab, 2006). 84
  • 78. ¿qué es el acoso cibernético? Figura 3.1 Ejemplo de lista de contactos En otros casos de acoso cibernético por delegación, los ciberacosadores pueden amañar las claves de acceso de la cuenta de la víctima para que la persona en cuestión vea bloqueado el acceso a su propia cuenta. Importante de señalar, y que acrecienta la dificultad a la hora de poder identificar siempre claramente cuándo se trata o no de acoso cibernético, algunas personas pueden reajustar la clave de acceso de un amigo simplemente para gastarle una broma. Lo que distingue las “bromas graciosas” del ciberacoso es el propósito agresivo que puede haber detrás del acoso electrónico. Pero, una vez más, el propósito está en el ojo del que mira. Al igual que alguien que se da cuenta de que sus bromas han ido demasiado lejos puede decir que “sólo estaba bromeando”, del mismo modo igualmente la persona que acosa electrónicamente puede negar que hubiera ningún propósito malicioso detrás de su conducta; en otras palabras, la víctima está demostrando ser excesivamente susceptible. En situaciones todavía más amenazantes, los menores que acosan electrónicamente a veces colgarán información en la red sobre la persona ele- 85
  • 79. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston gida como blanco, que coloca a la cibervíctima en una situación de riesgo considerable de recibir algún perjuicio. Por ejemplo, pueden colgar “información en salas de chat y paneles de discusión utilizados por los pederastas, ofertando a su víctima para tener relaciones sexuales. Después se sientan cómodamente y esperan a que los miembros del grupo violento en cuestión o del grupo de pederastas ataquen o se pongan en contacto con la víctima por la red, y a veces fuera de la red” (Aftab, 2006). Recientemente, sucedió exactamente una situación de estas características. Una familia formada por cuatro personas, incluidas dos gemelas de 14 años, la madre y el padrastro, se mudaron de California a Montana porque tenían la sensación de que la población en la que vivían antes no era “lo bastante blanca”. Las dos gemelas, Lynx y Lamb Gaede, crearon una banda a la que pusieron de nombre Prussian Blue, a fin de utilizar la música para difundir sus opiniones sobre la supremacía de los blancos. Los vecinos de la población de Montana, preocupados por la actitud de los nuevos residentes, distribuyeron folletos por toda la población que decían: “No queremos ninguna clase de odio aquí”. Sin embargo, según los reportajes informativos, las webs, incluidos grupos violentos, vinculadas a la website de Prussian Blue, procedieron a colgar nombres, direcciones y números de teléfono de personas que habían repartido los folletos (Redeker, 2006). Queda claro, pues, por qué es difícil definir el acoso electrónico en un par de frases. El acoso cibernético abarca una amplia variedad que engloba toda una serie de distintos tipos de conductas. Sin embargo, en esencia el acoso cibernético incluye el acoso a través del uso de las nuevas tecnologías tales como internet y los teléfonos móviles. Al igual que sucede con el acoso tradicional, el acoso cibernético también se distribuye a lo largo de un continuum de gravedad. En el extremo menos severo del continuum, el ciberacoso puede a veces ser difícil de identificar. En el otro extremo, el acoso cibernético ha llevado al asesinato y al suicidio (véase, por ejemplo, www.ryanpatrickhalligan.org). Como tendremos ocasión de comprobar en las secciones que aparecen más adelante, los métodos que utiliza la gente para perpetrar el acoso cibernético son tan variados como los diferentes tipos de conductas que lo constituyen. 86
  • 80. ¿qué es el acoso cibernético? Tipos y métodos de acoso cibernético Es preciso hacer una distinción entre los métodos a través de los cuales se realiza el acoso cibernético (e.g., e-mails, chats, etc.), y el tipo de conducta o de interrelación que se transmite a través de dicha metodología y que conduce a calificarla de acoso cibernético. Primeramente, hablaremos de las conductas que pueden calificarse de acoso cibernético, al margen de los medios específicos a través de los cuales se puedan llevar a cabo. A continuación, dirigiremos nuestra atención a algunos de los mecanismos más comunes utilizados para acosar cibernéticamente a otras personas. En uno de los primeros libros consagrados al tema del acoso cibernético, Cyberbullying and Cyberthreats, Nancy Willard (2006), abogada y directora del Center for Safe and Responsible Internet Use, enumeraba una serie de conductas que según ella alega constituyen casos de ciberacoso. Entre dichas conductas figuran los insultos electrónicos acalorados, el hostigamiento, la denigración, la suplantación, el desvelamiento y el sonsacamiento, la exclusión y el ostracismo, y la ciberpersecución. A esta lista, nosotras añadimos la paliza feliz. A continuación, pasaremos a describir cada una de estas conductas. Insultos electrónicos Los insultos por la red se refieren a un intercambio breve y acalorado entre dos o más personas, que tiene lugar a través de alguna de las nuevas tecnologías de comunicación. De forma característica, sin embargo, estos insultos suelen tener lugar en contextos “públicos”, tales como salas de chat o foros de debate, por contraste con el intercambio de e-mails privados. Si se suceden una serie de intercambios insultantes, se inicia lo que se conoce como flame war [guerra de insultos electrónicos enardecidos] (Willard, 2006). A primera vista, los insultos por la red parecen estar teniendo lugar entre dos personas que se encuentran en igualdad de condiciones. Sin embargo, una reacción agresiva inesperada por parte de uno de los individuos puede generar un desequilibrio en el terreno de juego, tanto mayor por el hecho de 87
  • 81. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston que el atacado, cuanto menos a corto plazo, no puede saber con seguridad quién más, además del atacante, podría decidirse a sumarse a la guerra de insultos electrónicos. Así, lo que a los observadores puede parecerles un terreno de juego nivelado, tal vez no sea percibido de la misma forma por las personas directamente implicadas en el intercambio de insultos. Hostigamiento Algunos autores e investigadores utilizan el término hostigamiento y acoso cibernético indistintamente. Anteriormente mencionamos en este mismo capítulo el uso que propone Aftab (2006) del término “hostigamiento cibernético” para referirse al acoso electrónico entre adultos. El Black’s Law Dictionary* (2004, p. 733) define el hostigamiento como “palabras, conductas o actos (habitualmente reiterados o persistentes) que, dirigidos a una persona específica, molestan, alarman, o generan una alteración emocional sustancial en dicha persona”, y adicionalmente señala que algunas modalidades de hostigamiento, pero no todas, son susceptibles de ser perseguidas (i.e., se pueden llevar a juicio). En la bibliografía especializada relacionada con el acoso cibernético, el hostigamiento electrónico generalmente se contempla como una modalidad específica de acoso cibernético que incluye mensajes ofensivos reiterados enviados a la persona elegida como blanco. La mayoría de las veces el hostigamiento tiene lugar a través de las vías de comunicación personales como, por ejemplo, el correo electrónico, pero los mensajes hostigadores también pueden ser difundidos en foros públicos, tales como salas de chat y foros de debate. Una forma de hostigamiento, a la que se alude como la guerra de los textos, incluye uno o más hostigadores y una única víctima. El hostigador (u hostigadores) envía cientos o miles de mensajes de texto al teléfono móvil de la persona elegida como blanco, dejando a la víctima ya no sólo con una gran canti4 * N. del T.: Prestigioso diccionario de derecho estadounidense, fundado originalmente por Henry Campbell Black, y que constituye una de las opciones preferidas y con más autoridad a la hora de citarla, tanto en los informes de derecho como en los fallos de las cortes estadounidenses. 88
  • 82. ¿qué es el acoso cibernético? dad de mensajes hostigadores, sino también con una cuenta de teléfono más que considerable. Aunque conceptualmente similar, de forma característica el hostigamiento suele diferir de los insultos electrónicos en dos sentidos. Primero, el hostigamiento es más a largo plazo que los insultos electrónicos enardecidos. Segundo, el hostigamiento es más unilateral, incluyendo a uno o más ofensores frente a una única persona elegida como blanco. En el caso de los insultos electrónicos, por el contrario, se produce un intercambio mutuo [recíproco] de insultos entre las personas implicadas. El hostigamiento también tiene lugar entre grupos específicos de acosadores online conocidos como griefers [atormentadores]. Los atormentadores son personas que deliberadamente hostigan a otros jugadores en los video­ juegos por la red que incluyen a varias personas. A un atormentador le preocupa menos ganar en un juego en particular que la posibilidad de estropearles el juego a los demás (Pham, 2002; Swartz, 2005). Varios de los integrantes de nuestros grupos de discusión informaron de que les habían hostigado electrónicamente de esta forma o que tenían amigos que lo habían sido por este tipo de atormentadores. Denigración La denigración es información despectiva y falsa respecto de otra persona. La información puede ser colgada en una página web o puede ser difundida a otras personas por vía de e-mails o de mensajes instantáneos. Incluidos dentro de esta categoría de acoso cibernético está el colgar o enviar fotos de alguien alteradas digitalmente, sobre todo de forma que refleje actitudes sexuales o que puedan perjudicar a la persona en cuestión. En un caso de acoso cibernético que nos encomendaron, unos estudiantes grabaron una canción burlándose de otro estudiante. Después colgaron la canción en una página web para que los otros compañeros la pudieran escuchar. Uno de los miembros de nuestros grupos de discusión refirió la anécdota de una estudiante que había sufrido el acoso cibernético de otros compañeros de clase que habían colgado en la red 89
  • 83. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston una foto de ella alterada digitalmente para dar la impresión de que estaba embarazada. Los “cuadernos de opiniones” online, creados para reírse a costa de otros estudiantes, constituyen una forma de denigración. Los estudiantes crean una página web donde aparece una lista con los nombres de compañeros de clase, y los estudiantes escriben comentarios maliciosos y desagradables sobre los estudiantes elegidos como blanco. Similares a este fenómeno son también las listas negativas que se crean para que aparezcan en la red. Por ejemplo, una chica confeccionó una lista online de alumnas a las que califi- caba como las “putonas” del colegio. Otras listas pueden incluir información relativa a quién se acuesta supuestamente con quién, etc. Suplantación En la suplantación, el acosador se hace pasar por la víctima, la mayoría de las veces utilizando la clave de acceso de la víctima para acceder a sus cuentas online, y a continuación enviando contenidos negativos, crueles o fuera de lugar a otras personas, como si la propia víctima fuera quien estuviera manifestando dichos pensamientos. En cierta ocasión, robaron la clave de acceso de una cuenta de mensajería instantánea de un estudiante, y enviaron una serie de mensajes sexualmente explícitos a sus compañeros de clase por parte de alguien que se hacía pasar por él. El estudiante se sintió humillado y perdió muchas amistades a raíz del incidente. Adicionalmente, el suplantador puede robar la clave de acceso de la víctima con objeto de poder cambiar su perfil personal en las listas de contactos o en alguna red social online, con el propósito de incluir información fuera de lugar u ofensiva. O puede robar la clave de acceso para poder enviar e-mails hostigadores a otras personas, como si procedieran de la propia víctima. Como señalamos anteriormente, en los casos más extremos el suplantador puede colgar una observación o un comentario ofensivo en el tablón de anuncios de algún grupo organizado violento o bien de algún otro tipo de grupo organizado haciéndose pasar por la víctima, incluyendo su nombre, 90
  • 84. ¿qué es el acoso cibernético? dirección, y número de teléfono, por si los miembros del grupo violento deciden ir a por él. Llevado a este nivel, la suplantación puede realmente poner en peligro la vida de la víctima. Desvelamiento y sonsacamiento El desvelamiento se refiere a revelar información, a menudo comprometida, a otras personas a las que jamás se habría pensado en revelar nada semejante. Ello puede adoptar la forma de recibir un e-mail o un mensaje instantáneo de la víctima, que contiene información y/o fotos privadas y potencialmente comprometidas, y a continuación reenviar dicho e-mail a otras personas. El sonsacamiento se refiere a engatusar a alguien para que revelen alguna información personal acerca de ellos mismos, y después difundir dicha información a otras personas. Exclusión y ostracismo Dentro o fuera de la red, los menores suelen percibir si están “in” o están “out”. Si no están dentro [in-group, en el endogrupo], ello significa que están fuera [out-group, en el exogrupo]. Los psicólogos sociales han constatado que las personas tienen una necesidad humana básica de ser aceptados por otras personas, de ser incluidos dentro de su círculo o endogrupo. Buena parte de nuestra conducta social está guiada por nuestros intentos de ser aceptados por los demás y evitar quedar excluidos, lo que algunos denominan “muerte social” (Sudnow, 1967; Williams, Cheung & Choi, 2000). No es de extrañar que la exclusión dentro del mundo de la red, el ciberostracismo, pueda tener unas consecuencias emocionales tan serias. El Dr. Larry Koenig (28 de septiembre de 2006, comunicación personal), antiguo terapeuta de familia y líder en el desarrollo de programas para padres e hijos, lo resumió bastante bien diciendo que “con el acoso cibernético se puede destruir totalmente a un menor emocionalmente”. La exclusión online puede tener lugar en cualquier entorno protegido por una clave de acceso, o bien por la eliminación de la víctima de las listas de 91
  • 85. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston contactos. En algunos casos, el ostracismo puede ser más subjetivo que real, como cuando alguien no responde a un IM o un e-mail tan rápidamente como nos gustaría. Según Bill Belsey, creador de www.bullying.org, una de las principales fuentes online de información sobre el acoso escolar, y de www.cyberbullying.ca, la primera página web dedicada específicamente al acoso cibernético, el no responder inmediatamente en el mundo de la red se considera como una “verdadera metedura de pata social”. Kip Williams y colaboradores (2000) realizaron dos estudios analizando los efectos del ciberostracismo. En el primer estudio, los participantes jugaban un juego de lanzamiento de disco en el ciberespacio aparentemente con otros dos jugadores. En realidad, los jugadores habían sido creados por el ordenador. Los investigadores manipularon el grado en el que los participantes quedaban incluidos o excluidos del juego de lanzamiento de disco. Cuantas más personas iban quedando excluidas del juego, peor se iban sintiendo los participantes y más bajaba su autoestima. En un segundo estudio, los investigadores se sirvieron de la imagen un lanzamiento de pelota simulado para determinar la relación entre la exclusión y el deseo de restablecer los vínculos sociales a través de la conformidad. Al igual que en el primer estudio, los investigadores manipularon el grado en el que los participantes quedaban incluidos o excluidos del juego de lanzamiento de pelota. Cuantos más participantes quedaban excluidos, más probable era que manifestasen su conformidad con los miembros de un grupo totalmente distinto del grupo que los había marginado. Curiosamente, esto sugiere que las personas que son acosadas cibernéticamente, sobre todo a través del método del ciberostracismo, pueden sumarse a otros grupos de la red más fácilmente que los individuos que no han sido marginados. Estos grupos pueden ser foros de debate o salas de chat, o pueden ser grupos elegidos para buscar vengarse del grupo original. El sumarse a otros grupos y sentirse aceptados nuevamente puede ayudar a aliviar algunos de los sentimientos negativos asociados a la experiencia de haber sido ciberacosados y cibermarginados. Además, el ser más de uno da seguridad [la unión hace la fuerza]. Sentirse conectado a 92
  • 86. ¿qué es el acoso cibernético? otro grupo de personas puede conducir a la víctima a verse alentado a tomarse la revancha, ya sea a título individual o solicitando la ayuda de los miembros del nuevo grupo. Ciberpersecución La ciberpersecución se refiere al uso de las comunicaciones electrónicas para perseguir a otra persona a través de comunicaciones reiteradas hostigadoras y amenazantes. El Black’s Law Dictionary (2004, p. 1440) define “perseguir” [acechar] como: “(1) El acto o la instancia de seguir a otra persona con sigilo; (2) el delito de seguir o de rondar cerca de otra persona, con frecuencia de forma disimulada, con el propósito de molestar o de hostigar a dicha persona, o de cometer algún otro delito adicional como, por ejemplo, una agresión o lesiones”. Aunque claramente relacionado con el hostigamiento, la ciberpersecución implica más una serie de amenazas que un hostigamiento propiamente dicho. Un orientador psicopedagógico del distrito académico donde llevamos los grupos de discusión contó la anécdota de una mujer miembro de una banda de música que fue perseguida obsesivamente por un fan después de colgar su dirección de correo electrónico en la web de la banda. Una chica de un grupo de discusión, que también fue víctima de una ciberpersecución, contó la siguiente anécdota: “Una vez un ex novio se volvió como medio loco. Empezó a mandarme e-mails diciéndome que iba a ir a mi casa y que me iba a matar, y disparates como que estaba vigilando a mi hermana y demás cosas por el estilo”. Paliza feliz La paliza feliz es un método relativamente nuevo de acoso cibernético que comenzó en los vagones del metro y ha arraigado en Inglaterra. La gente, habitualmente adolescentes, van andando y le dan un guantazo a alguien, mientras que otra persona, también habitualmente otro adolescente, graba la agresión sirviéndose de un teléfono con cámara incorporada. La conducta, sin embargo, suele ir habitualmente más allá de un mero “sopapo”, y 93
  • 87. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston con frecuencia constituye una auténtica agresión con ramificaciones legales asociadas. Una variante de la paliza feliz, conocida como hopping [frenesí], que de forma característica incluye agresiones directas, se da cada vez con más frecuencia en Estados Unidos y otros lugares (Kohler, 2007). Tanto en el caso de la paliza feliz como del frenesí, el vídeo con la grabación del incidente se cuelga después en la red para que lo vean miles de personas. La víctima puede ser alguien conocido o desconocido para el agresor. En cierta ocasión, un chico de 11 años fue atacado sin piedad en los pasillos del colegio mientras los observadores grababan el incidente en sus teléfonos móviles. Las imágenes del chico fueron después enviadas por e-mail a los amigos de los agresores y de los observadores (Blair & Norfolk, 2004). En otra ocasión, Triston Christmas murió de resultas de una paliza feliz. Triston tenía 18 años cuando fue golpeado tan brutalmente que cayó de espaldas y su cabeza chocó contra el asfalto. Las imágenes del teléfono móvil muestran al joven desangrándose mientras trataba de hablar (Watt, 2006). No murió hasta pasada una semana. Mientras yacía en el suelo después de haber sido atacado, su asesino y los amigos del asesino se fueron a una fiesta y colgaron en la red las imágenes de Triston. En otros casos, los menores se han suicidado a raíz de haber sido “felizmente apaleados”. En un caso acontecido en abril de 2005, un menor de 15 años llamado Shaun Noonan se ahorcó después de haber sido acosado físicamente y de recibir una “paliza feliz” (“Bullycide memorial page”, 2006). En un foro de debate online sobre el fenómeno de la paliza feliz, uno de los participantes declaró: “Vivo en Londres y lo puedo confirmar −lo he visto un par de veces. Es triste, pero es verdad. Generalmente ‘atacan’ en grupo y se piensan que es muy divertido. Pero yo he visto a personas que se han quedado verdaderamente trastornadas y marcadas a raíz de la experiencia” (Dybwad, 2005). Algunos colegios de Inglaterra han “prohibido los móviles con videocámara debido a las preocupaciones de que la moda pasajera pudiera conducir a un aumento de los casos de acoso escolar en el recreo” (Honigsbaum, 2005). Al igual que sucede con otros tipos de conductas de acoso, dependiendo de la naturaleza de la situación los casos de paliza feliz también pueden constituir delitos. 94
  • 88. ¿qué es el acoso cibernético? Modalidades de comunicación elegidas para la práctica del acoso cibernético Aunque de las descripciones de estas conductas se desprende claramente que se pueden llevar a cabo a través de una serie de modalidades de comunicaciones electrónicas diferentes, algunas de dichas conductas se prestan más a ciertos espacios o ámbitos que a otros. Por ejemplo, los insultos electrónicos tienen más probabilidades de llevarse a cabo en espacios de comunicación públicos, mientras que el hostigamiento es más probable que se limite a modalidades de comunicación digital más personales, tales como el correo electrónico. Debido a la diversidad de las nuevas tecnologías de comunicación que se pueden utilizar para acosar electrónicamente a otras personas, describiremos brevemente los métodos que se suelen utilizar más habitualmente. Mensajería instantánea Como analizaremos en el capítulo 4, la mensajería instantánea constituye una de las formas más frecuentes que tienen los adolescentes de acosarse electrónicamente unos a otros. La mensajería instantánea o “mandar IMs” se refiere a la comunicación en tiempo real a través de internet con otras personas de una lista de contactos. El ciberacoso a través de los mensajes instantáneos puede adoptar una serie de formas diferentes (Aftab, 2006). En el caso más evidente, los acosadores pueden enviar mensajes agresivos o amenazantes a otra persona. O bien, pueden crear un nombre de pantalla que se asemeje mucho al nombre de pantalla de la persona elegida como blanco, o pueden utilizar el nombre de pantalla real de la víctima. A continuación, envían contenidos improcedentes a otras personas haciéndose pasar por la víctima. También pueden enviar fotos o vídeos comprometedores de otra persona a través de IM. Correo electrónico El correo electrónico, o e-mail, es uno de los medios de comunicación digital más utilizados. Los e-mails son un método frecuente de acosar cibernética- 95
  • 89. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston mente a otras personas, principalmente por dos razones. Primero, es posible enviar un e-mail a cientos e incluso a miles de personas con tan sólo pulsar una única tecla. Alguien que quiera hostigar o humillar a otra persona, puede enviar un e-mail conteniendo imágenes o alguna información censurable respecto de alguien a cientos o miles de personas a la vez. Segundo, aunque por lo general el origen de los e-mails se puede identificar fácilmente, no existe la certeza de que la persona de cuya cuenta de correo electrónico procede el e-mail fuera realmente la misma persona que lo envió. En algunos casos, los ciberacosadores suscriben a sus víctimas a diversas webs pornográficas y listados comerciales online, de manera que reciban un aluvión de e-mails ofensivos y hostigadores. Mensajes de texto Los mensajes de texto también se conocen como Short Message Service (SMS). La velocidad con la que los menores de hoy en día se envían mensajes de texto a través de los móviles es pasmosa. Aunque no sea un medio de comunicación en tiempo real, los mensajes de texto continúan siendo una forma importante de comunicación, sobre todo entre los adolescentes. Si bien constituyen ciertamente un recurso inestimable para mantenerse en contacto con los demás, los teléfonos móviles y los mensajes de texto también tienen sus inconvenientes. Más de un profesor ingenuo ha caído en la cuenta demasiado tarde de que a través de los móviles se habían hecho fotos de un examen y se habían enviado a otras personas, o de que otros estudiantes desde fuera de la clase habían enviado, a través de mensajes de texto, las respuestas a las preguntas de un examen a amigos que estaban dentro de la clase. Fuera del contexto académico, los mensajes de texto también se pueden utilizar para acosar electrónicamente a otras personas. Abundan un sinfín de historias de chicas y chicos adolescentes recibiendo cientos, cuando no miles, de mensajes de texto porque habían ofendido a alguien. Además del daño generado por los mensajes en sí mismos, está también el coste económico asociado a recibir los mensajes de texto. 96
  • 90. ¿qué es el acoso cibernético? Redes sociales online En abril de 2006, existían aproximadamente unas 200 redes sociales online, millones de usuarios registrados, y cientos de miles de personas nuevas registrándose cada día (“Social networking sites”, 2006). El número de personas que se comunican unas con otras a través de esta modalidad es verdaderamente pasmoso. Las redes sociales online se conocen por muy diferentes nombres. Entre las más populares están Facebook, MySpace, LiveJournal, Friendster, Nexopia, Xuga, Xanga, Imbee, y Bebo. Tal como las definió el Buró Federal de Investigación o FBI (“Social networking sites”, 2006), las redes sociales online son “websites que alientan a la gente a colgar perfiles de ellos mismos −incluyendo fotos, intereses, e incluso diarios online− a fin de encontrar amigos afines. La mayoría también ofrecen salas de chat. La mayoría de estas webs son gratuitas; algunas limitan la inscripción según la edad”. Como señala Swinford (2006), las redes sociales online son “una ventana a la cultura juvenil”. Nos permiten ver quién está haciendo qué, dónde, y con quién. Los recientes cambios en los bancos de noticias online realizados por Facebook permiten ponerse al corriente casi en tiempo real de lo que está sucediendo en las vidas de sus usuarios (véase la figura 3.2). A través de estas fuentes web, sabemos quién es amigo de quién, quién ha cortado con quién, quién ha colgado fotos nuevas y quién está teniendo un mal día, por mencionar sólo unos pocos ejemplos. Cualquier cambio realizado en el perfil de un individuo es notificado inmediatamente a los “amigos” que tienen acceso al perfil de esta persona. Incluso los propios usuarios dicen que va demasiado lejos como ventana a lo que los usuarios de Facebook están haciendo en el día a día. Y con frecuencia suele ser una ventana cruel a lo que los niños y los adolescentes están haciendo. Swinford (2006) cita a Chris Cloke, responsable de la protección al menor de la National Society for the Prevention of Cruelty to Children (NSPCC), cuando señala: “tenemos a nuestro alrededor un mundo totalmente desaforado. Personalmente, yo lo compararía con una especie de Señor de las Moscas en versión moderna. Los menores de 97
  • 91. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston edad dicen cosas que son mucho más radicales y mucho más vengativas de lo que dirían en la vida corriente”. Echando leña al fuego a una situación ya de por sí candente, los propietarios de Facebook, S.A., junto con los directivos de Verizon Wireless, Cingular, y Sprint Nextel, están posibilitando que la gente cuelgue mensajes en Facebook o busque números de teléfono y direcciones de correo electrónico desde sus teléfonos móviles. MySpace ha llegado a un acuerdo similar con la compañía inalámbrica Hello S.A. (Yuan, 2006). Figura 3.2 Ejemplo de banco de noticias online 98
  • 92. ¿qué es el acoso cibernético? Una variante de las redes sociales online son las webs sociales donde la gente puede subir, compartir y comentar vídeos. Conocidas como YouTube, Google Video y demás, estas webs se están haciendo cada vez más populares entre los adolescentes. YouTube fue fundada en febrero de 2005 por tres empleados de PayPal [empresa dedicada al comercio electrónico]. En aproximadamente un año y medio ha crecido hasta tener más de 50 empleados, y actualmente es catalogada por Alexa [compañía de información web] como la 15ª web más popular. Aproximadamente unos 65.000 vídeos nuevos son colgados diariamente, unos 20 millones de personas la visitan cada mes, y más de 100 millones de videoclips son vistos cada día (YouTube, 2006). Aunque algunos de los vídeos pretenden ser graciosos, otros son de muy mal gusto. Como es lógico, una búsqueda por el cursor de YouTube desvelará rápidamente algunos ejemplos de ciberacoso. Una website muy similar a YouTube, conocida como Kazaa, aunque tradicionalmente utilizada para compartir música, fue la web en la que se colgó originalmente el vídeo del “chico de la guerra de las galaxias” mencionado en el capítulo 1 (Dyrli, 2005). También se han creado variantes de redes sociales online en memoria de personas fallecidas que tenían perfiles en redes sociales. Por ejemplo, MyDeathSpace.com contiene homenajes a antiguos miembros de MySpace que ya no viven. Al pulsar en la foto de la persona en cuestión aparece la página de MySpace donde la gente sigue colgando mensajes dirigidos a la persona. Aunque tal vez estas webs puedan tener un valor catártico para algunas personas, las webs también brindan la oportunidad de que la gente cuelgue comentarios y respuestas, muchos de ellos negativos y virulentos. Sólo hacen falta unos pocos minutos para localizar diversos ejemplos de acoso cibernético a través de esta website, lo que no tiene nada de extraño dado que existe una sección entera dedicada a los mensajes odiosos. Colgados dentro de esta parte del foro de debate de la página están los e-mails odiosos que han sido enviados a la website. En otro ejemplo, una madre, cuya hija había fallecido y cuya foto y página de MySpace fueron incluidas en MyDeathSpace.com, colgó un comentario diciendo lo ofensiva que le parecía la web y que haría todo lo que estuviera en su mano para conseguir que la quitaran. A ello le siguió un aluvión de respuestas de los defensores de 99
  • 93. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston MyDeathSpace.com, muchas de las cuales encajarían con la definición de acoso cibernético. Chats Las salas de chat son lugares donde la gente puede entrar en la realidad virtual para hablar de toda una serie de cuestiones. De forma característica, una sala de chat estará, cuanto menos en apariencia, diseñada para centrarse en un tema o temas específicos. Los participantes escriben co­­ mentarios que después aparecen en las pantallas de otras personas que están suscritas al chat. Otras salas de chat, sin embargo, están pensadas exclusivamente para ofrecerle a la gente un lugar donde pueden conocer a otras personas y comunicarse con ellas en tiempo real. En algunos de estos chats, la gente pulsa un avatar o un símbolo (e.g., un animal o un personaje) que piensan que les representa. A través de este avatar se comunican con los demás en el chat (www.netlingo.com). Al igual que sucede con cualquier otra comunicación virtual en tiempo real, sin embargo, las salas de chat ofrecen un foro en el que puede tener lugar el acoso cibernético. Los miembros del chat pueden ponerse a denigrar a alguien en particular, pueden marginar a algún miembro del grupo del chat, o algunos miembros concretos pueden enzarzarse mutuamente en una guerra de insultos elec­rónicos. t Por si ello fuera poco, la gente suele asumir una identidad en los chats que difiere mucho de su verdadera identidad en la vida real. Se pueden inventar la edad, el sexo, la ocupación, o cualquier otra característica personal identificable. Si bien esto puede ser catártico para la persona que trata de hacerse pasar por alguien diferente de quien verdaderamente es, en algunos casos los ciberperseguidores y los ciberdepredadores sexuales buscan a sus inocentes víctimas falsificando su identidad. Además, a pesar del valor catártico que pueda tener para la persona el hecho de asumir una identidad ficticia, los compañeros de chat suelen ponerse furiosos si llegan a descubrir, o cuando a la larga descubren, que les han engañado y se han estado comunicando con alguien que no es la persona que pensaban. Por ejemplo, la gente de los chats y de los foros de debate suele decir que se comunican de 100
  • 94. ¿qué es el acoso cibernético? una forma diferente en función de si piensan que la otra persona es hombre o mujer, decidiéndose supuestamente a revelar más cosas de ellos mismos a una mujer que a un hombre. Es posible imaginar el disgusto y la rabia que siente la persona que se ha estado comunicando con una “mujer” al descubrir que se trataba de un hombre. Tales circunstancias podrían sentar las bases de una situación de acoso cibernético, avivada por la rabia de la persona que se siente “estafada”. Blogs Los blogs, o bitácoras de red, se refieren a los diarios online. Los blogs se han vuelto extraordinariamente populares. De hecho, se estima que cada segundo se crea un nuevo blog (www.netlingo.com). Una página web dedicada exclusivamente a rastrear blogs, Technorati.com, busca páginas web según el tema del blog. El objetivo es permitir que los usuarios puedan ver lo que se está diciendo respecto de una serie de temas y a continuación aportar los propios comentarios. Las estimaciones actuales señalan que Technorati.com tiene un promedio de 1,2 millones al día de blogs nuevos subidos a la website (www.netlingo.com). Aunque los blogs se pueden utilizar para toda una serie de fines positivos, también se pueden usar para ciberacosar a otras personas. Los niños pueden utilizar estos blogs para dañar la reputación de otros niños o invadir su privacidad. Por ejemplo, se han dado casos de novios o novias abandonados que pueden crear una serie de blogs con información degradante y vergonzosa sobre la ex pareja, logrando incluso que sus amigos cuelguen también alguna información negativa en la red. Páginas web Las página webs son lugares o espacios dentro de la red mundial [world wide web] que contienen una página de acceso o portada [home page] junto con una serie de enlaces [links] a otras posibles páginas. Son muchas las personas que tienen su propia portada personal utilizada para promover sus negocios, subir información personal para los familiares y amigos, 101
  • 95. o vender productos. Las páginas web también se pueden crear, sin embargo, para acosar electrónicamente. En muchos casos, las páginas web se crean con el único propósito de colgar información y/o imágenes ofensivas de otra persona. Por ejemplo, se pueden tomar fotos de un compañero de clase y a continuación manipularlas de forma que refleje a la persona en una actitud sexualmente provocativa. La información personal para contactar con la persona en cuestión, incluido el nombre, la dirección y el número de teléfono, se pueden facilitar después a través de la página web creada al efecto. En otros casos, las páginas web se crean para hacer encuestas a través de internet. Las encuestas por la red se pueden utilizar con el propósito de humillar a la persona elegida como blanco. Los estudiantes, por ejemplo, pueden ser alentados a entrar en la página web y votar por la chica más fea de la clase, o por el niño más gordo del colegio. Aunque los sitios online que existen con el propósito de crear tales páginas web disponen de unas normas contra los abusos y unos sistemas de aviso de notificación de incidencias, de denuncias, no suelen estar estrictamente regulados (Belsey, 2006). Tablones de encuentros sociales Aunque con frecuencia se equiparan con las salas de chat porque le brindan a la gente la oportunidad de charlar virtualmente unos con otros, los tablones de encuentros sociales se parecen más a los espacios de “votación” en internet. De hecho, existen tablones de comunicados online donde las personas pueden colgar la información que quieran acerca de cualquier persona o de cualquier tema. Juegos por internet Hoy en día muchos menores juegan a juegos interactivos online a través de instrumentos lúdicos como X-Box Live y Sony Play Station 2 Network. También juegan a través de sus ordenadores domésticos, en algunos casos pagando una cuota de suscripción mensual. Algunos de los juegos incluyen 102
  • 96. ¿qué es el acoso cibernético? a un único jugador, son juegos basados en mensajes de texto, mientras que otros son juegos complejos, con más de un jugador e interactivos dentro del mundo virtual. Al igual que la gente manifestaba su frustración 20 años atrás cuando jugaban con los videojuegos de Nintendo, los jugadores online también descargan su insatisfacción con los otros jugadores. Sin embargo, coincidiendo con la mayoría de las restantes modalidades de acoso cibernético, la expresión de la insatisfacción y la frustración en el mundo virtual, donde las personas se comunican de forma anónima utilizando pseudónimos, tien- de a ser más insultante, amenazante y degradante. Además, los jugadores pueden bloquear el juego de los otros jugadores y lograr acceder sin su auto- rización a sus cuentas de juego online (Aftab, 2006). Uno de los juegos online multiplayer a gran escala más populares es World of Warcraft. Los jugadores se apuntan a los gremios para realizar diversas tareas. Los jugadores pueden ser ascendidos por el líder del gremio, pero también pueden ser expulsados del gremio o degradados. Ello puede generar bastante alteración emocional en algunos jugadores. ¿Quién suele acosar cibernéticamente? Desgraciadamente, aunque se especula mucho sobre los “ciberacosadores” en la prensa popular, en realidad es muy poco lo que sabemos acerca de las características de estos sujetos o sobre los distintos motivos que subyacen a su conducta. Más abajo revisaremos lo poco que se conoce, a partir de la literatura científica consagrada al tema, sobre los menores que practican el acoso cibernético, y también expondremos algunas posibles hipótesis (nues- tras, y de otras personas), que será preciso estudiar más detenidamente a través de la investigación oportuna. Características de los menores que acosan cibernéticamente En el capítulo 2 analizamos las características que comparten los menores que acosan a otras personas, las cuales incluían (Olweus, 1993a): 103
  • 97. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston � Tienen una personalidad dominante y les gusta afirmarse valiéndose de la fuerza. � Tienen mucho genio, son impulsivos y se sienten frustrados con facilidad. � Muestran una actitud más positiva hacia la violencia que los demás menores. � Tienen dificultades en cumplir las normas. � Parecen ir de duros y demuestran escasa empatía o compasión por los compañeros que están siendo acosados. � Con frecuencia se relacionan con los adultos de manera agresiva. � Se les da bien escabullirse [exculparse verbalmente] de las situaciones difíciles. � Se enzarzan tanto en agresiones proactivas (i.e., agresiones deliberadas con el fin de alcanzar un objetivo) como en agresiones reactivas (i.e., reacciones defensivas ante el hecho de ser provocados; Camodeca & Goossens, 2005). Aunque es razonable suponer que los menores que acosan electrónicamente comparten algunas (o incluso muchas) de estas características, también es probable que existan algunas diferencias importantes que será preciso estudiar en futuras investigaciones. En el capítulo 2 también analizamos las diferencias existentes entre los sexos en las formas tradicionales de acoso escolar, y señalamos que los chicos tienen más probabilidades que las chicas de acosar en el colegio. Al analizar las similitudes y las diferencias en las distintas modalidades de acoso que sufren los chicos y las chicas, la investigación sugiere que los chicos tienen más probabilidades de ser acosados físicamente por sus compañeros (Finkelhor et al., 2005; Nansel et al., 2001; Olweus, 1993a; Rigby, 2002), mientras que las chicas tienen más probabilidades de ser acosadas utilizando algunas de las formas indirectas de acoso, tales como el difundir rumores, además de a través de los comentarios o los gestos sexuales (Nansel et al., 2001). Cu­ io­ a­ en­e, las chicas tienen más probabilidades de informar de r s m t ser acosadas y acosadoras cibernéticas. Sin embargo, entre las personas que se ven envueltas en el acoso cibernético, los chicos aparecen con mayor frecuencia que las chicas. En el capítulo 4 volveremos a retomar nuevamen- 104
  • 98. ¿qué es el acoso cibernético? te esta cuestión de las diferencias entre los sexos en el fenómeno del acoso cibernético. Debido a la sugerencia de que los sujetos que padecen ansiedad social pueden tener más probabilidades de: (a) utilizar las nuevas tecnologías como un medio de comunicarse con los demás; y (b) practicar el acoso cibernético como una forma de vengarse del acoso sufrido en el colegio, procedimos a analizar la relación entre la predisposición de una persona a padecer ansiedad social y su experiencia en relación con el acoso cibernético (Kowalski & Limber, 2006). Como veremos con más detalle en el capítulo 4, nuestros datos pusieron de manifiesto que entre los acosadores, los niveles más elevados de ansiedad social fueron referidos por los estudiantes de 8º curso que acosaban electrónicamente a otras personas un mínimo de dos veces al mes. Cuanto más frecuente era el acoso cibernético, más elevado era el nivel de ansiedad social, lo que apoyaría nuestra hipótesis de que el ciberacoso y la ansiedad social están relacionados. Curiosamente, sin embargo, en una comparación realizada entre sujetos que acosan y sujetos que son acosados electrónicamente, las puntuaciones en la valoración de la ansiedad social son más elevadas en las cibervíctimas que en los ciberacosadores. Si bien existen otra serie de rasgos de personalidad que podrían tener en común muchos de los jóvenes que practican el acoso cibernético, probablemente no exista un perfil único de este tipo de menores. Unos se enzarzan en la violencia electrónica un tanto inconscientemente, sin darse cuenta de que lo que están haciendo sería de hecho acoso cibernético, par­i­ u­ar­ en­e en el caso de responder, poniéndose al mismo nivel, a los tc l m t comentarios negativos que les han enviado a través de e-mails o de mensajes instantáneos. Otros sujetos, sin embargo, acosan electrónicamente con el propósito expreso de hacer daño y de humillar a sus víctimas. También existen niños y adolescentes que acosan electrónicamente porque están aburridos y piensan simplemente que el hecho de enviar mensajes amenazantes o degradantes a otra persona puede ser divertido. Su mayor interés estriba en combatir su propio aburrimiento, más que pensar en los efectos que su conducta pueda tener sobre sus víctimas. 105
  • 99. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ¿Qué mueve a los menores a acosar cibernéticamente? La respuesta a la pregunta de “¿quién practica el acoso cibernético?” también suscita la cuestión de “¿qué es lo que puede llevar a una persona a hacer este tipo de cosas?”. Al igual que existe toda una variedad de posibles motivos para practicar las formas tradicionales de acoso escolar (véase el capítulo 2), existe también una larga lista de razones por las cuales los adolescentes pueden decidirse a practicar el acoso cibernético. Unos pueden acosar electrónicamente como una forma de reafirmar su poder o de canalizar sus energías agresivas. Otros pueden extraer placer, prestigio, y demás satisfacciones del acoso cibernético. Otros pueden acosar como una forma de materializar sus fantasías agresivas a través de la red. Parry Aftab (2006) relata un encuentro con un adolescente que era lo que algunas personas podrían considerar como el “chico perfecto” en la vida real −tranquilo, educado, y buen estudiante. Sin embargo, en la red este chico se convertía en alguien completamente diferente −violento y agresivo. Cuando le preguntó por qué lo hacía, su respuesta fue: “Porque puedo hacerlo”. Sin embargo, en las entrevistas que realizamos en nuestros grupos de discusión a estudiantes de primer y segundo ciclo de secundaria, aparecieron una serie de motivos concretos adicionales. Estos incluían: aburrimiento, ansia de poder, malicia, como una forma de vengarse por haber sido acosados ellos mismos, para llamar la atención, para parecer molones y duros, y por celos o envidias. Otras razones claves eran que el acoso cibernético era menos arriesgado que el acoso escolar tradicional porque era anónimo y por ello había menos probabilidades de que los pillaran, y también era más fácil porque no implicaba un enfrentamiento cara a cara. Otro motivo es el placer de hacer daño. Como señala Alex Pham (2002), del Chicago Tribune, en su análisis de los atormentadores online: “Para un atormentador, lo divertido no es eliminar [ganar, matar], porque el combate es inherente a muchos de estos juegos. Es el dolor que ello les genera a los otros jugadores. ‘Los atormentadores se alimentan de las reacciones negativas de la gente a la que eliminan’, nos confiesa Frerichs, que saborea su personaje maligno online y guarda todos los e-mails des- 106
  • 100. ¿qué es el acoso cibernético? agradables que recibe de las personas con las que se ha enfrentado. ‘No hay nada más dulce que cuando eliminas a alguien y recibes una sarta de insultos durante horas. Entonces es cuando te das cuenta de que le has dado de verdad. Suena verdaderamente cruel, pero es muy divertido’”. Parry Aftab (2006) describe cuatro tipos de menores que practican el acoso cibernético: (a) el ángel vengador; (b) el hambriento de poder; (c) las chicas malas; y (d) el ciberacosador accidental o “porque puedo hacerlo”. Si bien estas cuatro categorías pueden brindar una heurística útil con vistas a reflexionar sobre los diferentes motivos que tienen los menores que acosan electrónicamente, se necesita una evidencia empírica para corroborarlos. Según Aftab (2006), el “ángel vengador” se ve a sí mismo buscando justicia para reparar los daños infligidos ya sea a ellos mismos o bien a otras personas. Muchos de estos ciberacosadores son niños y adolescentes que han sido víctimas de acoso en el colegio y ahora se están desquitando. Pueden ser los rechazados que han sido víctimas del acoso escolar tradicional (Willard, 2006). Evidencia en favor del hecho de que los menores suelen buscar venganza de una forma u otra después de haber sido acosados, se puede encontrar en un estudio del Departamento de Educación y del Servicio Secreto de Estados Unidos, que mostraba que el 75% de los francotiradores de los colegios habían sido víctimas del acoso tradicional (Fein et al., 2002; véase también Leary, Kowalski, Smith & Phillips, 2003). Los comentarios que colgaron en la red Eric Harris y Dylan Klebold, que dispararon sobre los estudiantes y los profesores del instituto Columbine, hablaban en términos dramáticos de la rabia que sentían por sufrir la experiencia del acoso en el colegio. De forma similar, Kimveer Gill, que mató a un estudiante en el Dawson College de Montreal (Canadá) en septiembre de 2006, había colgado muchos comentarios en vampirefreaks.com, donde hablaba de la rabia que sentía por estar siendo acosado: “Dejad ya de reíros unos de otros por las ropa que lleváis o por la forma de hablar de la gente o de comportarse, o por cualquier otra razón que tengáis para reíros los unos de los otros. Todo es por culpa de los machitos y de los guasones” (Lackner, 2006). 107
  • 101. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston El “ciberacosador hambriento de poder”, según Aftab (2006), se asemeja mucho al típico matón del patio del colegio, en su deseo de ejercer control, poder y autoridad sobre los demás. Mientras que el acosador tradicional suele utilizar, además de las estrategias indirectas, los ataques verbales directos o las agresiones físicas para inducir temor en los demás, el ciberacosador se sirve de las amenazas o de los comentarios humillantes en la red para generar miedo. A diferencia del ángel vengador, que la mayoría de las veces actúa solo, el ciberacosador hambriento de poder se crece ante una audiencia que le observe o que aplauda lo que hace. Aftab sugiere que existe un subtipo de ciberacosadores hambrientos de poder que buscan tener poder sobre los demás, pero como una forma de compensar sus propias deficiencias subjetivas. Estas personas pueden ser víctimas del acoso tradicional y puede que sean menos altos y menos fuertes que muchos de sus compañeros. El acoso cibernético puede ser una forma de desquitarse y de parecer más grandes de lo que verdaderamente son, sirviéndose para ello de la tecnología, en la que puede que sean particularmente expertos. Incluidos dentro de la categoría de los ciberacosadores hambrientos de poder están los niños y los adolescentes que no han sufrido ningún acoso escolar, pero que acosan a otras personas por la red simplemente para descargar su agresividad o su hostilidad (Levine, 2006). Estos menores pueden tener la sensación de que sus vidas están fuera de control por razones que no tienen nada que ver con sus compañeros de colegio ni con ningún acoso escolar en el recreo (e.g., un divorcio, una separación, la enfermedad de alguno de los padres). El acoso cibernético puede ofrecerles a estos niños y adolescentes una forma de liberar la agresividad que llevan dentro en respuesta a su situación actual, y de sentir que tienen el control de algo (o de alguien). La categoría de “chicas malas” que propone Aftab (2006) alude a los menores que acosan por aburrimiento. Como ya señalamos anteriormente, el acoso cibernético motivado por el aburrimiento tiene lugar más por el placer y por el entretenimiento del ciberacosador que por ningún deseo en particular 108
  • 102. ¿qué es el acoso cibernético? de hacer daño a la víctima, si bien es evidente que una parte del valor de entretenimiento del acoso cibernético residiría en saber que lo que hacen ha servido para avergonzar o humillar a otra persona. Esta descripción, no obstante, subraya el hecho de que la denominación de “chicas malas” es un tanto equívoca. En primer lugar, aunque el acoso cibernético sea más común en las chicas que en los chicos (véase el capítulo 4), también los chicos lo practican por aburrimiento. En segundo lugar, el término implica que existe una maldad inherente en los niños y adolescentes que se sienten movidos a practicar el acoso cibernético porque se aburren. Mucho antes de que la tecnología llegara al nivel actual, los niños y los adolescentes se metían en toda clase de problemas porque estaban aburridos. Aburrimiento, sin embargo, no es lo mismo que maldad. Si bien es claramente cierto que son muchas las personas que acosan electrónicamente para hacer daño a los demás, no sería apropiado (ni tampoco demasiado útil) tachar de “malos” a los menores que practican el acoso cibernético. El ciberacosador “accidental” alude a los sujetos que se convierten en ciberacosadores al responder al mismo nivel a los mensajes negativos que reciben, o que se han visto envueltos involuntariamente en el acoso cibernético por delegación. En qué se diferencia el acoso cibernético de otras formas de acoso escolar Consciente de que nuestro conocimiento del acoso cibernético está todavía en sus comienzos, Parry Aftab (2006) afirma que: “los motivos y la naturaleza de las comunicaciones cibernéticas, así como los datos demográficos y el perfil del ciberacosador, difieren de su equivalente fuera de la red”. Sin embargo, el acoso cibernético, por definición, continúa siendo una forma de acoso. Por tanto, comparte con el acoso tradicional las tres características fundamentales que expusimos en el capítulo 2, aunque con ligeras variaciones: (a) la conducta es agresiva; (b) existe un desequilibrio de 109
  • 103. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston poder entre la víctima y el agresor; y (c) la conducta se repite. Es importante señalar que el desequilibrio de poder puede ser un tanto diferente en el ciberespacio por contraste con las relaciones cara a cara. Debido a la naturaleza misma del ciberespacio (y particularmente al anonimato que puede suponer, aspecto éste sobre el que volveremos más adelante), un menor que pudiera tener un poder escaso sobre una víctima cara a cara, puede ejercer una gran cantidad de poder (y de temor) en el ciberespacio. Más concretamente, está el poder de ser anónimo, de asumir una identidad fal- sa, de tener la capacidad de difundir rumores y mentiras a una audiencia muy amplia, y de ser capaz de importunar o atormentar a alguien en cualquier parte y en cualquier mo­­ mento. Además, aunque de forma característica el acoso, por definición, no sucede una sola vez o un par de veces a lo sumo, sino que se trata de una con- ducta reiterada, el panorama se vuelve un tanto más confuso en el ciberespacio. Un único gesto (e.g., un e-mail ofensivo o un mensaje de texto virulento) se puede reenviar a cientos o miles de menores durante un perío- do de tiempo. Contemplado desde su perspectiva, la víctima puede sentirse reiteradamente acosada, por no hablar del hecho de que puede volver a leer el e-mail o el mensaje de texto muchas veces, lo que le conduciría asimismo a la sensación de estar siendo acosado reiteradamente. Si bien pudo haber un solo hecho inicial, éste puede haberse perpetrado a través de muchas personas y a lo largo del tiempo. Si bien ciertamente, como sus propias denominaciones y este breve deba- te implican, el acoso tradicional y el acoso cibernético comparten algunas características en común, también presentan claramente algunas diferencias importantes. A continuación, procederemos a revisar cuatro de estas diferencias. El malo por conocido… Por muy malo que pueda ser el matón del patio del colegio, por lo menos es una entidad conocida. Habitualmente es posible identificarlo con facilidad, y 110
  • 104. ¿qué es el acoso cibernético? también cabe la posibilidad de evitarlo. El ciberacosador, por su parte, suele ser anónimo. En razón de ello, la víctima se queda preguntándose si se trata de una única persona o de un grupo de personas. ¿Es una chica o es un chico? ¿Un amigo o un enemigo? ¿Un extraño o un conocido? ¿Es alguien mayor o más joven? ¿Es alguien del colegio o de otra parte? Más abajo en este mismo capítulo retomaremos esta cuestión del anonimato y de las consecuencias que ello puede tener tanto para la víctima como para el agresor. Accesibilidad La mayoría de los menores de edad que utilizan las formas tradicionales de acoso escolar, atormentan a sus víctimas en el colegio, en el autobús escolar, o en el camino de ida y vuelta del colegio. Aunque el acoso también puede tener lugar en otros lugares dentro de la comunidad, habitualmente suele haber un período circunscrito de tiempo durante el cual los acosadores tradicionales pueden acceder a sus víctimas. (Y, en el peor de los casos, la mayoría de los menores que son acosados por sus compañeros pueden disfrutar de un respiro al llegar a casa, a menos que también allí sean acosados por sus hermanos). Los menores que practican el acoso cibernético, por su parte, pueden causar estragos las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Un niño incluido en un estudio realizado por Glenn Stutzky, profesor auxiliar de la universidad estatal de Michigan, lo resumió muy bien al decir: “Es como estar amarrado a tu atormentador” (Meadows et al., 2005, p. 152). De hecho, la mayoría de los casos de acoso cibernético tienen lugar no dentro sino fuera del recinto del colegio. Si bien es cierto que los niños y los adolescentes que son ciberacosados pueden apagar sus ordenadores y sus móviles, tan pronto como los vuelven a encender los mensajes reaparecen, los comentarios siguen colgándose en las webs, y los e-mails acumulándose. El hecho de que el ciberacoso suceda la mayoría de las veces fuera del colegio en lugar de dentro del recinto también limita el papel que los colegios pueden desempeñar a la hora de intervenir en los casos de violencia electrónica. Si el acoso cibernético tiene lugar utilizando los ordenadores del cole- 111
  • 105. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston gio, los directivos del centro pueden aplicar unas sanciones. Si la violencia electrónica tiene lugar fuera del ámbito del colegio, a pesar de que ello pueda afectar al rendimiento y las relaciones académicas, el personal del colegio puede sentirse menos obligado a intervenir. Hablaremos sobre esto con más detalle en los capítulos 6 y 7. Miedo al castigo Una forma mediante la cual los acosadores tradicionales ejercen su poder es amenazando a sus víctimas si se lo dicen a alguien o si dejan de entregar un dinero o de realizar determinadas tareas. En razón de ello, las víctimas del acoso tradicional pueden tener mucho miedo de que el acoso aumente en escalada si le hablan a alguien de sus padecimientos. Aunque el miedo al justo castigo también acompaña al acoso cibernético, el temor de quedarse sin los privilegios asociados al ordenador y al teléfono es todavía mayor en muchas de las víctimas del acoso cibernético. Para muchos de los padres que se enteran de que sus hijos son víctimas de la violencia electrónica, este podría ser, de entrada, el primer paso más lógico. Sin embargo, dado que el ordenador y el teléfono móvil son elementos claves de la vida social del menor, retirar los privilegios tecnológicos equivale a castigar a la víctima (¡una vez más!). Espectadores ocasionales La mayoría de los casos de acoso tradicional tienen lugar en presencia de otras personas, que desempeñan el papel de espectadores ocasionales o testigos presenciales. Si bien algunos de estos espectadores pueden ya sea incitar al acosador o bien defender a la víctima, la mayoría se quedan parados y se limitan a presenciar los hechos. Su presencia, aunque silenciosa, no deja de transmitir un mensaje inequívoco tanto a la víctima como al agresor. Para el agresor, el silencio de un espectador pasivo viene a ser una forma de aprobación; para la víctima, la mera presencia del espectador puede agravar una situación ya de por sí dolorosa y humillante. 112
  • 106. ¿qué es el acoso cibernético? En el caso del acoso cibernético, los espectadores desempeñan un papel ligeramente diferente, y puede haber espectadores voluntarios e involuntarios. El papel que desempeña el espectador también depende del medio a través del cual se lleva a cabo el ciberacoso. En las salas de chat, por ejemplo, un espectador puede limitarse simplemente a presenciar el episodio entre la víctima y el agresor, o bien puede optar por sumarse al acoso electrónico. En otros casos, el ciberacosador puede utilizar el nombre de pantalla de un “espectador” inocente con objeto de acosar a otra persona, creando de este modo las condiciones para el acoso cibernético por delegación que describimos más arriba en este mismo capítulo. Aunque se necesitan datos empíricos para confirmar o refutar la afirmación, nos aventuramos a hipotetizar que los espectadores de la violencia electrónica tienen más probabilidades de acabar tomando parte en el acoso cibernético que los espectadores del acoso tradicional. ¿Por qué? En primer lugar, porque el acoso cibernético no requiere ni la capacidad física ni el arrojo social que se pueda necesitar para practicar el acoso tradicional. Por ejemplo, el tamaño no cuenta en el acoso cibernético; el más pequeño de los niños puede sumarse fácilmente al acoso electrónico. Segundo, como tendremos ocasión de señalar a lo largo del libro, el anonimato asociado a internet y la tendencia a olvidarse del lado humano de la persona elegida como blanco de la violencia electrónica, hacen que sea más fácil sumarse al acoso cibernético que al acoso tradicional. El fenómeno de la desinhibición El anonimato posibilitado por internet puede mover a las personas a llevar sus conductas más allá de lo que pudieran estar dispuestos a hacer en otras condiciones. Cuando no es posible identificarlos, con frecuencia la gente dirá y hará cosas que no harían si se conociera su identidad, lo que se conoce como el fenómeno de la desinhibición. En un estudio de psicología social ya clásico, Williams, Harkins y Latané (1981) encontraron que los participantes reducían la cantidad de esfuerzo que desplegaban en una actividad grupal 113
  • 107. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston en la medida en que pensaran que nadie se podía dar cuenta de que estaban escatimando sus esfuerzos o dedicándose a holgazanear. Una vez que su identidad se desvelaba, sin embargo, los participantes desplegaban el máximo esfuerzo. Irónicamente, este mismo anonimato es lo que hace que algunas personas se decidan a acosar. Los niños y los adolescentes que son menos altos y físicamente menos fuertes que muchos de sus compañeros, tienden a acosar a otras personas dentro del colegio con menos frecuencia, por la sencilla razón de que esas otras personas son más grandes que ellos. Pero con la aparición de las comunicaciones electrónicas, pueden ocultarse detrás de una identidad falsa y hacer estragos. Debido a que la gente tiene la capacidad de ocultarse detrás de unos pseu- dónimos cuando se mueven por la red mientras se dedican a acosar a otras personas, algunos autores se han referido al ciberacoso como “la forma más cobarde de acoso escolar” (Belsey, 2006). Otros han sugerido que el anonimato asociado a las cibertecnologías les brinda a los agresores un “manto de invisibilidad” (Carrington, 2006). Sin la amenaza del castigo o de la desaprobación social, la gente puede ir mucho más lejos de lo que normalmente harían. Curiosamente, sin embargo, este anonimato es más una ilusión que una realidad. Como señala Nancy Willard (2006, p. 47), “la gente no es totalmente invisible ni anónima cuando utilizan las tecnologías asociadas a la información y la comunicación. En la mayoría de los casos, suelen dejar una serie de ‘ciberhuellas’ a su paso”. Además, incluso en el caso de ser identificados, los agresores siempre pueden alegar que otra persona estuvo utilizando su nombre de pantalla, a fin de poder mantenerse ajenos a cualquier responsabilidad personal. El anonimato posibilitado por las comunicaciones electrónicas es un factor mucho más importante de lo que se pudiera pensar a primera vista, y podría ser el responsable de que el acoso cibernético lleve asociado un elemento tan fuerte de intimidación. En un sondeo que realizamos para ver la inciden- cia del ciberacoso entre más de 3.700 menores de primer ciclo de secundaria, cerca del 50% de los sujetos desconocían la identidad del acosador. 114
  • 108. ¿qué es el acoso cibernético? Una de las personas encuestadas en nuestros grupos de discusión dijo: “Yo personalmente pienso que el ciberacoso no es algo en lo que te pones a pensar y te dices que te apetece acosar electrónicamente a alguien. Puede que sea incluso accidental, pero le puedes decir algo a alguien que verdaderamente le haga daño y puedes simplemente mantenerte en lo que has dicho. Puedes pensar que te estás divirtiendo, pero no puedes oír el tono de voz de la otra persona por el messenger ni por e-mail, por lo que ni siquiera sabes si lo estás haciendo”. Tal como refleja esta afirmación, dado que el acoso cibernético tiene lugar a través de las nuevas tecnologías por contraste con las relaciones cara a cara, los agresores no pueden ver la reacción emocional de sus víctimas. En muchas de las relaciones cara a cara, la gente se modera cuando ven el efecto que su conducta está teniendo sobre los demás (e.g., nerviosismo, aumento de la ansiedad, etc.). En otras palabras, nuestra conducta en la vida real suele verse modulada por las reacciones emocionales de los demás. Cuando le bromeamos de buenas a otra persona, pero nos damos cuenta, por las reacciones de su cara, de que ha malinterpretado nuestra broma o de que se la ha tomado demasiado en serio, habitualmente solemos disculparnos y dejamos de insistir. Cuando no podemos ver la reacción emocional de la otra persona, como sería el caso de las tecnologías cibernéticas, no tenemos un barómetro emocional que nos permita moderar nuestra conducta. Como señaló un estudiante de instituto al preguntarle por el ciberacoso: “Es difícil acordarse de que la otra persona lo está viendo de verdad”. Viene a ser casi como si los acosadores se olvidaran de que verdaderamente están comunicándose con otro ser humano, aunque no lo vean. La incapacidad de “leer” la reacción emocional del otro también se aplica al agresor. No hay indicaciones contextuales que la víctima pueda utilizar para interpretar los mensajes que está recibiendo. En las relaciones cara a cara, las víctimas pueden sondear la cara de los posibles acosadores o de los sujetos que les parece que están hiriendo sus sentimientos, en busca de signos que pudieran indicar que se trata únicamente de una broma. Las bromas que vienen acompañadas de guiños, sonrisas y demás, pueden transmitir información a la victima respecto del carácter prosocial de la broma. Cuando 115
  • 109. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston se están comunicando electrónicamente, sin embargo, las personas elegidas como blanco no pueden ver la cara del agresor. En razón de ello, no tienen forma de “leer” las intenciones del agresor a través de las conductas no verbales. Con la excepción de los emoticonos (e.g., caras sonriendo), el correo electrónico, por ejemplo, carece de contenidos no verbales. Como señala Kruger y colaboradores (2005, p. 926): “Esta limitación puede ser un terreno abonado para las malinterpretaciones, y en particular para la falta de conciencia respecto de dicha malinterpretación”. En dos estudios que investigan la discrepancia entre cómo pensaban los sujetos que se comunicaban por e-mail y cómo se comunicaban realmente de hecho, Kruger et al. (2005) encontraron que las personas creían que se comunicaban por e-mail mejor de lo que verdaderamente lo hacían. En uno de estos estudios, se les pidió a 12 participantes que escribieran dos afirmaciones sobre cada uno de un total de 10 temas (e.g., citas amorosas, fraternidades estudiantiles). Una de las afirmaciones tenía que ser una declaración en serio y la otra tenía que ser una declaración sarcástica. Las afir­ a­ io­ es eran enviadas después por e-mail a otro participante, al que se m c n le pedía que identificara cuáles eran las declaraciones que iban en serio y cuáles eran las declaraciones sarcásticas. Si bien los participantes estimaron que el 97% de sus afirmaciones serían identificadas correctamente por el receptor, de hecho sólo el 84% fueron calificadas correctamente de serias o de sarcásticas. Los investigadores concluyeron que, debido a su egocentrismo, las personas que enviaron los e-mails sobrevaloraron su capacidad de comunicarse con claridad; en otras palabras, dado que el mensaje estaba claro para ellos, daban por supuesto que también estaría claro para el re­­ ceptor. Cuando nos ponemos sarcásticos, por ejemplo a través del correo electrónico, podemos “oír” el sarcasmo que ponemos en nuestras afirmaciones mientras las estamos escribiendo. Sin embargo, el mismo tono sarcástico no está presente para el que lo recibe. En razón de ello, lo que puede empezar como una broma “inocente” por e-mail o por mensajería instantánea, puede ser interpretado de una forma diferente a como se pretendía. El resultado puede ser una guerra de insultos electrónicos o alguna otra modalidad de acoso cibernético. 116
  • 110. ¿qué es el acoso cibernético? Resumen Una de las dificultades a la hora de analizar el acoso cibernético y de tratar de diseñar unos programas de actuación y de prevención relacionados con el ciberacoso, estriba en el hecho de que no existe una definición sencilla del fenómeno, ni tampoco existe un perfil único para describir al ciberacosador. En su lugar, el acoso cibernético es una conducta que puede tener lugar a través de diversas modalidades (e.g., mensajería instantánea, e-mail, salas de chat), aparece bajo una serie de formas (e.g., hostigamiento, insultos electrónicos, suplantación), y puede ser practicado de forma anónima por sujetos de los que menos podríamos sospechar que se dedican a acosar a otras personas. Con el tiempo, sin embargo, y prosiguiendo la investigación sobre el problema, deberíamos ser capaces de identificar mejor las circunstancias bajo las cuales es más probable que tenga lugar el acoso electrónico. En el próximo capítulo revisaremos la investigación adicional relacionada con el fenómeno del acoso cibernético. 117
  • 111. 4 Estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético En comparación con la investigación sobre el acoso tradicional, sólo unos pocos estudios se han centrado específicamente en el acoso cibernético en los niños y los adolescentes. Los estudios realizados han utilizado toda una variedad de métodos para obtener información sobre la frecuencia del acoso cibernético, cómo se acosan electrónicamente entre sí los niños y los adolescentes, y los efectos del ciberacoso tanto en la víctima como en el agresor. El resultado final muestra ciertas irregularidades leves en las cifras reales (e.g., la frecuencia de aparición) que se mencionan en los diferentes estudios. Aunque revisaremos muchos de estos estudios e informaremos de sus resultados, la variabilidad en la frecuencia exacta con la que tiene lugar el acoso cibernético, por ejemplo, es mucho menos importante que las conclusiones reiteradas de los estudios respecto de que el acoso electrónico constituye un problema, de que está creciendo entre los niños y los adolescentes, y de que es preciso investigar más y desarrollar unas normativas específicas para abordar el problema. Consideraciones importantes a tener en mente al comparar los estudios serían las similitudes y las diferencias culturales tanto en relación con la prevalencia de la investigación sobre el tema del acoso cibernético como en relación con la prevalencia del acoso cibernético en sí mismo dentro de cada cultura. Aunque evidentemente la frecuencia del acoso cibernético estaría directamente relacionada con la disponibilidad de las nuevas tecnologías CIENTO DIECINUEVE 119
  • 112. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston dentro de una cultura, en las culturas desarrolladas el acoso cibernético no es específico de ninguna cultura en particular. En otras palabras, el acoso electrónico se está convirtiendo cada vez más en un problema para la mayoría, si no la totalidad, de los países desarrollados. Procedentes de todas partes del mundo han aparecido informes sobre la creciente prevalencia del acoso cibernético, incluido el Reino Unido, Australia, Japón, Canadá, Corea y Estados Unidos, por nombrar unos pocos. Kraft (2006) resumió recientemente la tendencia a nivel mundial en relación con el ciberacoso y revisó las variaciones transculturales en los efectos del acoso electrónico. Kraft encontró que el número de cibervíctimas oscilaba entre el 10% y el 42%, y que, mientras que el medio más popular de acoso cibernético en Australia y Reino Unido era el teléfono móvil, en Estados Unidos y Canadá era internet. Métodos para el estudio del acoso cibernético La mayoría de las investigaciones existentes sobre el acoso cibernético, ya sea en Estados Unidos o en otros países, se basan en las encuestas. Unas han consistido en encuestas anónimas de papel y lápiz (e.g., Kowalski & Limber, 2006), otras se han llevado a cabo por la red (e.g., Kowalski & Witte, 2006), y otras a través del teléfono (e.g., Ybarra, Mitchell, Wolak & Finkelhor, 2006). Una de las razones principales para confiar tan ampliamente en las encuestas es que son fáciles de administrar y pueden ser contestadas por un gran número de personas en un período relativamente breve. Sin embargo, las encuestas no dejan de tener sus problemas, como recogemos en el cuadro 4.1. Otra razón para la popularidad de las encuestas es la dificultad asociada a tratar de reproducir el acoso cibernético en una situación de laboratorio. A pesar de esta dificultad, sin embargo, los productores de Primetime, el magazine de noticias de la cadena ABC, reprodujeron de hecho dicha situación obteniendo unos resultados muy interesantes (Ross, 2006). Asesorados por tres investigadores de la Brigham Young University y por Teri Schroeder, directora de i-SAFE, organización dedicada a educar sobre 120
  • 113. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético cuestiones de seguridad en el mundo de internet, los productores crearon una situación de role-play que se prolongó durante el transcurso de un fin de semana. El objetivo era ver si aparecía o no el acoso cibernético entre extraños durante un período relativamente breve de tiempo. A once chicas adolescentes que anteriormente no se conocían entre sí se les facilitaron teléfonos móviles, ordenadores con acceso a internet, y webcams. Un segundo grupo, que incluía chicos y chicas ligeramente más mayores, representaba a un grupo “popular”. Como resumió la periodista de la ABC Keturah Gray (14 de septiembre de 2006): “durante el transcurso del fin de semana, las chicas pusieron su arsenal a pleno rendimiento, trabajando diligentemente para llegar a la cima de la jerarquía social”. Las chicas “compitieron” por captar la atención de los integrantes del grupo popular y, cuando ello fue necesario, recurrieron a las tácticas propias del acoso cibernético para lograr el estatus social deseado. En un informe posterior que siguió al role-play, una de las chicas comentó que no tenía ni idea de que pudiera ser tan mala. Un método adicional que ha sido utilizado para estudiar el acoso cibernético ha sido los grupos de discusión. En nuestra propia investigación con grupos de discusión, se elaboraron una serie de preguntas para permitir a los investigadores sondear ya no sólo la frecuencia del acoso cibernético, sino también recabar información más específica sobre los casos reales de ciberacoso que los adolescentes hubieran vivido o presenciado. Una entrevistadora y un entrevistador llevaron 12 grupos de discusión con un número reducido de chicas y de chicos, respectivamente, procedentes de cuatro institutos de primer y segundo ciclo de secundaria del extrarradio de Georgia, que representaban diferentes niveles socioeconómicos. Se realizaron entrevistas individuales adicionales con las víctimas y los ciberacosadores, además de con las madres de los sujetos que habían sido acosados electrónicamente. Como tendremos ocasión de ver a lo largo de este capítulo, una de las ventajas claves de los grupos de discusión es que brindan mucha más información sobre los incidentes y los sentimientos específicos relacionados con el acoso cibernético de la que se pueda recabar a través de una encuesta. 121
  • 114. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Cuadro 4.1 Popularidad y problemas de las encuestas A pesar de la popularidad del uso de las encuestas en las investigaciones sobre el fenómeno del acoso cibernético, y en la mayoría de los restantes temas de estudio relacionados con la cuestión, no existe una investigación que esté exenta de problemas, incluidos los problemas metodológicos, los problemas de muestreo, y los problemas analíticos. La investigación sobre el ciberacoso no es una excepción. Dos de las encuestas más importantes realizadas constituyen dos buenos ejemplos de esto: la encuesta online de Parry Aftab que figura en www.wiredsafety.org, y nuestra propia encuesta (Kowalski & Witte, 2006) que figura en www.camss.clemson.edu/KowalskiSurvey/servlet/Page1. Ambas encuestas han brindado unos datos muy útiles en relación con el acoso cibernético que se revisarán en las páginas que aparecen más adelante. La naturaleza online de estos sondeos implicaba que cualquiera podía ir a la página web y responder a la encuesta. A primera vista, esta podría parecer una situación ideal que aumentaría la representatividad de la muestra y el número de personas que podrían responder. Sin embargo, la encuesta de la wiredsafety.org estuvo alojada en la propia página web. En razón de ello, las personas que accedían a la web para rellenar la encuesta representaban a aquellos sujetos que probablemente ya estaban preocupados por el problema del ciberacoso o que estaban interesadas en saber más cosas sobre el tema. En el caso de nuestra propia encuesta (Kowalski & Witte, 2006), colgamos un enlace para acceder a la encuesta en dos redes sociales online: LiveJournal y Nexopia. Aunque fuera una forma útil de acceder a los sujetos que estaban dispuestos de buen grado a responder a la encuesta, el hecho de que estuvieran moviéndose por una red social online cuando vieran el enlace para ir a la encuesta sugiere que podrían ser unos usuarios más habituales de internet que alguien que no entrara con regularidad en una red social. Mencionamos estas dificultades para que los lectores puedan hacer uso de su capacidad crítica a la hora de evaluar cualquier estudio de investigación, ya sea que guarde relación con el ciberacoso o no, que aparezca en un libro, en la prensa popular, o se trate de un artículo aparecido en una publicación académica especializada. 122
  • 115. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético Prevalencia del acoso cibernético Dado que los métodos utilizados para estudiar el acoso cibernético han sido un tanto variables, no es de extrañar que sea difícil disponer de unas estadísticas exactas en relación con la prevalencia del fenómeno. Los informes relativos a las frecuencias del acoso cibernético dependen del país en el que se hayan recogido los datos, de la definición de acoso cibernético que se maneje, de si a los participantes se les pregunta si han sido acosados electrónicamente alguna vez, o si han sido acosados electrónicamente durante los dos últimos meses, y de las edades de los encuestados. Con estas advertencias en mente, continúa existiendo una notable concordancia entre los distintos estudios en lo referente a los porcentajes de prevalencia de los casos de acoso cibernético referidos por las víctimas y por los agresores, y en los métodos más frecuentes a través de los cuales se vive la experiencia del ciberacoso, como víctimas y como agresores. En las páginas que siguen, expondremos una breve sinopsis de los principales hallazgos extraídos de cada uno de los estudios más importantes que se diseñaron para centrarse exclusivamente en el fenómeno del ciberacoso, además de uno de nuestros propios estudios que analizó el fenómeno del ciberacoso junto con el uso de internet más en general (Kowalski & Witte, 2006). La tabla 4.1 ofrece un resumen de los datos relativos a la prevalencia del acoso cibernético extraídos a partir de dichos estudios. El estudio del National Children’s Home (NCH) En el primer estudio que investigó de forma sistemática el acoso cibernético, los investigadores británicos del National Children’s Home (NCH, 2002) realizaron una encuesta a niños y adolescentes de edades comprendidas entre los 11 y los 19 años, y encontraron que el 16% habían sido acosados alguna vez a través de los mensajes de texto por el teléfono móvil, el 7% a través de alguna sala de chat de internet, y el 4% a través del correo electrónico. De las personas que habían sido acosadas electrónicamente, el 69% le habían hablado a alguien del acoso que sufrían. Los confidentes más probables 123
  • 116. 124 Nº de Edades participantes * Véase el texto para las definiciones y los períodos temporales manejados National Children’s Home 2002 856 11-19 (NCH) Mobile Bullying Survey 2005 770 11-19 2006 92 11-16 Anti-Bullying Alliance Online Victimization Survey 2000 1.501 10-17 YISS-1 2004 1.501 10-17 YISS-2 2006 1.500 10-17 Patchin & Hinduja 2006 384 <18 >3.000 Cursos 5º, 8º, 11º Colorado Multi-site Eval. Study 2006 2006 503 6-11 Fight Crime Preteen Fight Crime Teen 2006 512 12-17 Kowalski & Limber 2006 3.767 Cursos 6º-8º Agatston & Carpenter 2006 257 Cursos 6º-8º Youth Internet Survey 2006 >700 >11 WiredSafety 2006 >900 >7; 44% >16 Estudio Año 16% vía mensajes de texto; 7% vía salas de chat; 4% vía e-mail 20% 22% 6% 4% 9% 29% 21% 17% 36% 18% 18% 11% 53% % que habían sido ciberacosados* Tabla 4.1 Investigaciones claves sobre el acoso cibernético 11% − − 12% − 11% 18% − − 11% 5% 3% 23% − % que habían ciberacosado* Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston
  • 117. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético eran los amigos (42%) y los padres (32%), seguidos de los hermanos (14%), los profesores (12%) y la policía (7%). Las chicas tenían el doble de probabilidades que los chicos de informar de que habían sido acosadas a través de los mensajes de texto (21% vs. 12%). A la inversa, los chicos tenían casi el doble de probabilidades que las chicas de informar de que habían sido acosados a través de algún chat de internet (9% vs. 5%). Las chicas (3%) y los chicos (5%) variaban poco en la proporción en la que eran acosados a través del correo electrónico. Entre marzo y abril de 2005, el NCH se sumó a Tesco Mobile para llevar a cabo una encuesta a través del teléfono móvil sobre el acoso (“Putting U in the Picture – Mobile bullying survey 2005”, 2005). En respuesta a una encuesta de papel y lápiz, el 20% de los niños y los adolescentes de edades comprendidas entre los 11 y los 19 años, dijeron que alguna vez habían sido acosados electrónicamente. El 14% habían sido acosados a través de los mensajes de texto, el 5% en las salas de chat, y el 4% a través del correo electrónico. El 26% desconocía la identidad del acosador, y el 28% jamás le habían hablado a nadie de que estaban siendo acosados electrónicamente. El 11% de los encuestados admitieron haber acosado electrónicamente alguna vez a alguien. El estudio de la Anti-Bullying Alliance En otro estudio británico (Smith, Mahdavi, Carvalho & Tippett, 2006), el 22% de los estudiantes encuestados, cuyas edades oscilaban entre los 11 y los 16 años, informaron de que habían sido acosados electrónicamente como mínimo una vez durante los dos meses anteriores a la encuesta. Los méto- dos más comunes a través de los cuales había tenido lugar el ciberacoso eran las llamadas de teléfono, los mensajes de texto, y los e-mails. Los porcentajes de sujetos acosados eran significativamente más elevados entre las chicas que entre los chicos. Alrededor de un tercio de las víctimas no le habían hablado a nadie del acoso cibernético que estaban padeciendo, y muchos de ellos desconocían la identidad del acosador. 125
  • 118. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Encuesta sobre el maltrato online Un estudio patrocinado por el National Center for Missing & Exploited Children encontró que 1 de cada 17 menores estadounidenses encuestados (6%) de edades comprendidas entre los 10 y los 17 años informaron de que habían sido amenazados u hostigados a través de internet, con unos porcentajes aproximadamente iguales de chicos y de chicas acosados (Finkelhor, Mitchell & Wolak, 2000). Los investigadores definieron el hostigamiento como “las amenazas de agredir o dañar a los jóvenes, a sus amigos, a sus familiares, o a sus propiedades, así como los intentos de avergonzarles o humillarles”. Casi unos tres cuartos (70%) de los casos de hostigamiento les habían ocurrido a menores que tenían un mínimo de 14 años de edad. Los acosadores eran principalmente del sexo masculino (54%), menores de edad (63%), y desconocidos para el acosado (72%). Los medios más habituales a través de los cuales había tenido lugar el hostigamiento eran la mensajería instantánea (33%) y las salas de chat (32%), seguido de los e-mails (19%; Finkelhor et al., 2000). La Youth Internet Safety Survey [YISS] Durante el otoño de 1999 y la primavera de 2000, se recogieron una serie de datos de unos 1.501 usuarios habituales de internet de los Estados Unidos y de edades comprendidas entre los 10 y los 17 años, junto con uno de los padres o un tutor de cada uno de los encuestados, para comparar las características de los agresores, de las víctimas, y de las víctimas/agresores (personas que habían sido objetos y sujetos de hostigamiento a través de internet o de acoso online; Ybarra & Mitchell, 2004). El 19% de los encuestados habían estado implicados alguna vez en alguna agresión online (i.e., amenazas o comentarios hostigadores realizados a través de internet), el 4% como víctimas online exclusivamente, el 12% como agresores online exclusivamente, y el 3% como víctimas/agresores exclusivamente. Pocas de las víctimas conocían al hostigador en persona (31%), pero el 84% de los acosadores informaban de que sí conocían a la persona elegida como blanco. La mayoría de las víctimas (55%) habían sido hostigadas más de una vez por la 126
  • 119. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético misma persona; el 16% habían sido ciberacosados cuatro o más veces por el mismo sujeto. Un tercio de los sujetos que habían sido acosados por la red informaron de que se sentían emocionalmente alterados de resultas del acoso, con las víctimas/acosadores refiriendo los niveles más elevados de alteración emocional. En un estudio de seguimiento, que se tradujo en la segunda Youth Internet Safety Survey (YISS-2; Ybarra et al., 2006), el 9% de los encuestados, de edades comprendidas entre los 10 y los 17 años, indicaron que habían sido amenazados u hostigados a través de internet durante el transcurso del año anterior. Ybarra et al. señalaron que ello suponía un aumento de un 50% en la frecuencia del hostigamiento a través de internet encontrada en el estudio de la YISS-1. Cerca de la mitad (45%) conocían al acosador con anterioridad al incidente, y unos dos tercios le habían hablado del incidente a otra persona. Casi un tercio (32%) de las víctimas informaban de que habían sido hostigadas unas tres veces como mínimo durante el año anterior. Aunque la tendencia era que había más chicas que chicos que informaban de haber sido acosadas, la diferencia no era significativa. El 38% de las personas elegidas como blanco indicaban que se habían sentido muy alteradas a raíz de ser hostigadas por la red. El estudio de Patchin & Hinduja Apoyándose en la investigación de Ybarra y Mitchell (2004), Patchin y Hinduja (2006) realizaron una encuesta por internet sobre el tema del ciberacoso. Un enlace a la encuesta aparecía en la página web de una famosa cantante. Aunque cualquiera que entrara en la web podía responder a la encuesta, la mayoría de los encuestados procedían de países angloparlantes, sobre todo de Estados Unidos (59,1%), Canadá (12%) y Reino Unido (9,1%). Entre los encuestados menores de 18 años, el 11% confesaron haber acosado electrónicamente a otras personas, y el 29% informaron de que habían sido víctimas del acoso cibernético. Casi la mitad (47%) de la población de menores de edad indicaron que habían presenciado casos de acoso cibernético mientras se movían por la red. Entre las víctimas, los ámbitos más frecuentes de 127
  • 120. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ciberacoso eran las salas de chat (21,9%), seguido de los mensajes instantáneos (13,5%) y los e-mails (12,8%). Los agresores tenían más probabilidades de acosar electrónicamente a través de los chats (7,6%) y los mensajes instantáneos (5,2%). El Colorado Multi-site Evaluation Study El estudio de evaluación multilocal de Colorado es una iniciativa de 3 años de duración para la prevención del acoso escolar patrocinada por colegios y organizaciones radicadas en la comunidad en 32 condados repartidos a lo largo de Colorado. Williams y Guerra (2006) encuestaron a más de 3.000 estudiantes de los cursos 5º, 8º y 11º, preguntándoles por sus experiencias con el acoso físico, verbal, y por internet. Los investigadores también analizaron las variables que podrían predecir la participación en cada una de las tres modalidades de acoso, en calidad de víctima o de agresor. Los datos del primer año del estudio revelaron que el 21% de los estudiantes habían sido acosados electrónicamente alguna vez, y un 18% habían acosado electrónicamente a otras personas. La incidencia del acoso cibernético alcanzaba su punto más álgido durante el primer ciclo de secundaria, y descendía bruscamente entre los estudiantes de 11º. Los estudios de la Fight Crime con preadolescentes y con adolescentes Las encuestas por teléfono realizadas a preadolescentes de entre 6 y 11 años residentes en Estados Unidos, mostraron que el 17% habían sido acosados electrónicamente durante el año anterior (www.fightcrime.org/ cyberbullying/cyberbullyingpreteen.pdf). De estas víctimas de acoso cibernético, el 23% informaron de que el ciberacoso había tenido lugar a través del correo electrónico, el 12% a través de los mensajes instantáneos, el 19% mediante comentarios colgados en una página web, el 18% en una sala de chat, el 11% a través de fotos vergonzosas difundidas sin el consentimiento de la víctima, y el 7% a través de los mensajes de texto. Casi la 128
  • 121. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético mitad (45%) de las personas elegidas como blanco no sabían quién les había acosado electrónicamente. El 16% de las víctimas no le habían hablado del ciberacoso a nadie. Entre los que sí le habían hablado a alguien de que estaban siendo acosados electrónicamente, el 51% se lo dijeron a sus padres, el 44% a un amigo, el 31% a un hermano, el 27% a un profesor, y el 11% a otro adulto. Un estudio similar realizado con adolescentes de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años (www.fightcrime.org/cyberbullying/cyberbullyingteen.pdf) indicaba que el 36% de los adolescentes habían sido acosados electrónicamente durante el año anterior. Los medios a través de los cuales había tenido lugar el acoso cibernético incluían: el 44% a través de los mensajes instantáneos, el 34% a través del correo electrónico, el 30% a través de comentarios colgados en una página web, el 19% a través de los mensajes de texto, el 14% en salas de chat, y el 13% a través de la difusión de fotos vergonzosas de la víctima sin su consentimiento. El 26% desconocían la identidad del ciberacosador. El 16% no le habían hablado a nadie de sus padecimientos. Entre los que sí lo habían contado, el 72% se lo dijeron a un amigo, el 35% a sus padres, el 34% a un hermano, el 9% a un profesor, y el 11% a otro adulto. El acoso cibernético entre los estudiantes de primer ciclo de enseñanza secundaria En nuestra propia investigación (Kowalski & Limber, 2006), 3.767 estudiantes de 6º a 8º curso rellenaron un cuestionario anónimo de papel y lápiz preguntándoles por sus experiencias con el acoso tradicional y con el acoso cibernético. Los estudiantes rellenaron una versión revisada del Cuestionario Acosador/Víctima de Dan Olweus (Olweus, 1996/2004) que consistía en 39 preguntas que pasaban revista a su experiencia general en relación con el acoso. Se añadieron otras 23 preguntas que se centraban específicamente en el acoso cibernético (e.g., “¿Con qué frecuencia te han acosado electrónicamente durante los dos últimos meses?”). Definimos el acoso cibernético como el acoso a través del correo electrónico, los mensajes instantáneos, en 129
  • 122. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston una sala de chat, en una página web, o bien a través de un mensaje de texto enviado a un teléfono móvil. Los participantes en el estudio también rellenaron la Escala de Ansiedad Relacional (Leary, 1983) y la Escala de Autoestima de Rosenberg (Rosenberg, 1965). El 18% de los estudiantes dijeron haber sido acosados electrónicamente una vez como mínimo durante los dos últimos meses, y el 6% habían sido acosados electrónicamente un mínimo de 2-3 veces al mes. El 11% de los es­u­ t diantes informaron de que habían acosado electrónicamente a otra persona una vez como mínimo durante los dos últimos meses y el 2% habían acosado electrónicamente un mínimo de 2-3 veces al mes. De los estudiantes que dijeron haber sido acosados electrónicamente una vez como mínimo, los encuestados indicaron que habían sido acosados sobre todo por otro estudiante del colegio (52%), seguido de un amigo (36%). Un poco más del 13% informaron de que habían sido acosados electrónicamente por algún hermano. A destacar el hecho de que casi la mitad (48%) indicaron que desconocían quién les había acosado electrónicamente. De forma similar, de los agresores que habían acosado electrónicamente a otras personas cuanto menos una vez, el 41% informaron de que habían acosado a otro estudiante del colegio, el 32% había acosado a un amigo, y el 12% había acosado a algún hermano. Aunque excede el alcance de este capítulo, estos datos tienen interesantes implicaciones para la investigación del acoso escolar dentro de la propia familia, dada la prevalencia relativamente elevada del ciberacoso entre hermanos. La comparación de las estadísticas de nuestra investigación con las de otros estudios pone de manifiesto que nuestras frecuencias son habitualmente más bajas en términos de los porcentajes generales de casos de ciberacoso, lo que no es de extrañar dado que utilizamos una medida temporal diferente de la de varios otros investigadores. Nuestras preguntas interrogaban a los encuestados sobre si se habían visto implicados en algún caso de acoso cibernético durante los dos últimos meses. La mayoría de los otros estudios (véase, sin embargo, Smith et al., 2006) no ponen un límite de tiempo para las respuestas de los encuestados, sino que en lugar de ello les preguntan si 130
  • 123. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético han vivido de cerca alguna vez el acoso cibernético. Parry Aftab (2006) estima que alrededor de un 85% de los menores de edades comprendidas entre los 12 y los 13 años han vivido de cerca alguna vez el acoso cibernético. En el estudio de Kowalski y Limber (2006), la mensajería instantánea fue la forma más frecuente a través de la cual los estudiantes de primer ciclo de secundaria dijeron ser víctimas y agresores cibernéticos. Entre las víctimas de primer ciclo de secundaria, el 67% habían sido acosados a través de los mensajes instantáneos, el 25% habían sido acosados en las salas de chat, y el 24% habían sido acosados a través de mensajes por e-mail. Los agresores, de forma similar, dijeron utilizar los mensajes instantáneos (56%) sobre todo para acosar electrónicamente a otras personas, seguido de los chats (23%) y los mensajes por e-mail (20%). Un estudio relacionado (Agatston & Carpenter, 2006) que incluía una en­­ cuesta anónima administrada a 257 estudiantes de primer ciclo de secundaria, puso de manifiesto que el 18% de los estudiantes (el 27% de las chicas y el 9% de los chicos) dijeron haber sido acosados electrónicamente por lo menos una vez durante los dos últimos meses. El medio utilizado más habitual a través del cual había tenido lugar el ciberacoso eran los mensajes instantáneos (52%) y a través de alguna página web (52%). El aumento de la prevalencia de las páginas web como instrumento de acoso cibernético entre las personas elegidas como blanco dentro de la muestra, por contraste con el estudio de Kowalski y Limber (2006), cuyos datos habían sido recabados en 2005, refleja probablemente la creciente prevalencia de las redes sociales online como instrumentos de comunicación interpersonal entre los adolescentes. La Youth Internet Survey Se recabaron una serie de datos adicionales a partir de la labor de una de las autoras de este libro, a través de una encuesta online que analizaba, en más de 700 encuestados (predominantemente estudiantes de instituto), el uso de páginas web personales y sus experiencias con el acoso cibernético (Kowalski & Witte, 2006). A diferencia del estudio de Kowalski y Limber (2006), no 131
  • 124. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston se fijó un límite de tiempo en el que el acoso cibernético debiera haber ocurrido. Los datos revelaron que el 11% de los participantes dijeron haber sido acosados electrónicamente alguna vez, con sólo el 3% informando de que habían acosado electrónicamente a otra persona alguna vez. Al igual que en el caso de nuestra encuesta con menores de primer ciclo de secundaria, los mensajes instantáneos fueron la forma más frecuente de acoso, con el 42% de los encuestados diciendo que habían sido acosados electrónicamente a través de la mensajería instantánea, seguido de las salas de chat (23%) y el correo electrónico (13%). Los ciberacosadores preferían por igual los mensajes instantáneos (33%) y las salas de chat (33%). La tabla 4.2 contiene una muestra del contenido de algunos de los casos de acoso cibernético que habían tenido lugar. También les preguntamos a los participantes si su amigos habían acosado o había sido acosados electrónicamente alguna vez y, en caso afirmativo, cómo. Los encuestados que tenían amigos que habían sido víctimas del acoso cibernético refirieron que dichos amigos habían sido ciberacosados principalmente a través de los mensajes instantáneos (37%), seguido de las redes sociales online (33%) y del correo electrónico (10%). El 50% de los amigos que habían acosados electrónicamente a otras personas lo habían hecho a través de los mensajes instantáneos. El sondeo de la Wired Safety Parry Aftab tiene una amplia página web dedicada a facilitar consejos prácticos y recursos relacionados con la seguridad en la red. Como parte de ello, esta autora llevó a cabo una encuesta online para investigar las experiencias de la gente con el acoso por la red (http://www.wiredsafety.org/forms/interactive/poll_archive/poll.html). Los encuestados eran más de 900 sujetos con una edad mínima de 8 años; casi la mitad de los encuestados (44%) tenían más de 16 años. Los porcentajes de ciberacoso referidos por Aftab son notablemente más elevados que los encontrados en la mayoría de otros estudios, con el 53% de los encuestados diciendo que habían sido acosados electrónicamente. El 23% dijeron que habían acosado a otras personas. El 132
  • 125. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético 55% jamás le habían hablado a nadie del acoso, y la mayoría de quienes sí lo habían contado se lo habían dicho a algún amigo (54%). El 57% desconocía la identidad del ciberacosador. Tabla 4.2 Contenidos del acoso cibernético Víctimas � “Una amenaza de muerte”. � “Comentarios rabiosos y maliciosos que no me habrían dicho en persona”. � “Se burlaban de mí. Ante cualquier cosa que dijera, me insultaban. Me insultat ban por cualquier cosa que tuviera que ver conmigo, i.e., por alguna carac­erística física, por mi personalidad, por mi manera de hablar, etc.”. � “Me amenazaban con darme una paliza y con que me iban a pegar un tiro”. � “Ese tío estaba loco y me amenazaba con ir diciendo por ahí que era una puta y que su nueva novia me iba a dar una paliza, y demás cosas por el estilo”. � “Yo tratando de darle ánimos, y ellos diciendo que yo era una mierda por decir que lo que hacían era una bajeza… que yo no sabía nada… y luego vinieron los ataques personales contra mí”. � “Cosas sexuales”. � “Alguien sabe el nombre de pantalla de mi amiga y lo está utilizando en su contra. Quien sea está arruinando su reputación y diciendo cosas que mi amiga no diría jamás”. Agresores � “Me reía de ellos”. � “Solía buscar nombres de pantalla al azar en los chats, y si ponían el nombre de su novia o de su novio en su perfil, les mandaba un IM haciéndome pasar por ellos y después decía que había decidido cortar”. � “Les llamaba novatos” [noob, e.g., en los videojuegos y en los chats]. � amigo entró en Facebook y cambió algunos detalles de la información que “Mi aparecía en el perfil de la persona”. � “De hecho era una página web, por ejemplo, www.hatedevin.com [odio a Devin] (no era así, pero algo parecido). Sobre todo para ver hasta qué punto caía mal alguien en concreto de la clase”. 133
  • 126. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Diferencias entre sexos Durante las dos o tres últimas décadas, la investigación sobre las agresiones ha puesto de manifiesto que los hombres inician formas más directas de agresión, tales como pegarse, y las mujeres inician formas más indirectas de agresión, tales como chismorrear o difundir rumores (Bjorkqvist, Lagerspetz & Osterman, 1992; Lagerspetz, Bjorkqvist & Peltonen, 1988). Curiosamente, la definición propugnada por Bjorkqvist y colaboradores para la agresión indirecta parece notablemente similar a la propuesta por Parry Aftab para el acoso cibernético por delegación (véase el capítulo 3). Bjorkqvist et al. definen la agresión indirecta como “una forma de manipulación social; el agresor manipula a los demás para atacar a la víctima o, a través de otros medios, hace uso de la estructura social con el fin de hacer daño a la persona elegida como blanco, sin implicarse personalmente en el ataque” (p. 52). El análisis cualitativo de por qué las chicas tienen más probabilidades que los chicos de iniciar una agresión indirecta puso de relieve algunas observaciones muy interesantes. Owens, Shute y Slee (2000) llevaron unos grupos de discusión con 54 chicas adolescentes en Australia. Los investigadores concluyeron que las chicas inician agresiones indirectas para combatir el aburrimiento y como parte del proceso de la amistad, incluido el llamar la atención, asegurarse de ser aceptadas como miembros del endogrupo por contraste con el exogrupo, pertenecer al grupo acertado, como medida de autoprotección, por celos/envidias, y por venganza. En consonancia con esto, no es de extrañar, pues, en absoluto que el acoso cibernético parezca en general tener lugar con más frecuencia en las chicas que en los chicos (E. Mishkin, comunicación personal, 20 de enero de 2006). Entre los estudiantes de primer ciclo de secundaria que contestaron a nuestra encuesta sobre el ciberacoso (Kowalski & Limber, 2006), el 25% de las chicas y el 11% de los chicos dijeron que habían vivido el ciberacoso por lo menos una vez durante los dos últimos meses; el 5% de las chicas y el 2% de los chicos indicaron que habían vivido el ciberacoso unas “2 o 3 veces al mes”, y el 3% de las chicas y el 2% de los chicos dijeron que habían sido 134
  • 127. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético acosados electrónicamente aproximadamente “una vez a la semana” en los dos últimos meses. Pero en el nivel correspondiente a la frecuencia más elevada −los que eran acosados “varias veces a la semana”− los chicos (1,4%) sobrepasaban ligeramente a las chicas (1,2%). El 13% de las chicas y el 9% de los chicos dijeron que habían acosado a otras personas a través de la tecnología por lo menos una vez durante los dos últimos meses. Un porcentaje idéntico de chicas y de chicos (1%) dijeron que habían acosado electrónicamente a otras personas unas “2-3 veces al mes”. Menos chicas (0,7%) que chicos (1,2%) dijeron que habían participado en un acoso electrónico “una vez a la semana” en los dos últimos meses. El doble de chicos (0,8%) que de chicas (0,4%) informaron de que habían acosado electrónicamente a otras personas “varias veces a la semana”. A efectos de comparación, evaluamos la frecuencia del acoso tradicional entre las chicas y los chicos de nuestro estudio (Kowalski & Limber, 2006). Encontramos que el 40% de las chicas y el 38% de los chicos informaron de haber sido acosados en el colegio por lo menos una vez en los dos últimos meses. El análisis de los porcentajes de prevalencia de los niveles de frecuencia más elevados puso de manifiesto que un porcentaje idéntico de chicas y de chicos (6%) dijeron haber sido acosados unas “2 o 3 veces al mes”; el 3% de las chicas y el 4% de los chicos informaron de que habían sido acosados “aproximadamente una vez a la semana”; el 3% de las chicas y el 5% de los chicos indicaron que el acoso había tenido lugar “varias veces a la semana”. Entre los acosadores, el 27% de las chicas y el 35% de los chicos indicaron que habían acosado a otra persona por lo menos una vez durante los dos últimos meses. Los valores en los niveles de frecuencia más elevados mostraban diferencias entre las chicas y los chicos; pero estas diferencias no eran estadísticamente significativas. El 3% de las chicas y el 5% de los chicos habían acosado a otros estudiantes un promedio de “2 o 3 veces al mes”; el 1% de las chicas y el 1% de los chicos habían acosado a otras personas “aproximadamente una vez a la semana”; el doble de chicos (2%) que de chicas (1%) había acosado a otras personas “varias veces a la semana”. 135
  • 128. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Si bien algunos estudios no han encontrado diferencias significativas en el fenómeno del acoso cibernético entre los chicos y las chicas, otros han obtenido unos resultados que guardan un paralelismo con los de nuestra propia investigación. Por ejemplo, Smith et al. (2006) encontraron que las chicas tenían significativamente más probabilidades que los chicos de ser acosadas electrónicamente. En relación con los métodos específicos utilizados, los autores encontraron que los porcentajes de incidencia en las chicas sobrepasaban los de los chicos en todos los métodos utilizados, excepto en el caso de las páginas web y de los montajes fotográficos. Los datos procedentes de las encuestas de la Fight Crime [Lucha contra el Crimen] a preadolescentes y adolescentes (www.fightcrime.org) ponen de manifiesto unos hallazgos entremezclados respecto de las diferencias entre los sexos. En el estudio con preadolescentes, no se observaron diferencias significativas entre los chicos y las chicas en la frecuencia de haber vivido la experiencia del acoso cibernético. El 15% de los chicos y el 19% de las chicas informaron de que habían sido acosados electrónicamente durante el transcurso del último año. Entre los adolescentes, sin embargo, apareció una diferencia significativa. Casi el doble de chicas (44%) que de chicos (28%) informaron de que habían sido acosados electrónicamente en el año anterior. Los miembros de nuestros grupos de discusión reconocieron la relación entre el sexo y el acoso cibernético. Cuando se les preguntó qué se podía hacer para prevenir el acoso cibernético, en uno de los grupos de discusión dijeron lo siguiente: “Depende de si es un chico o una chica, o de lo malos que sean. Habrá gente que lo hará de todos modos. Es más difícil plantarle cara a una chica. Porque a un chico le puedes decir: ‘Deja de molestarme’. A mí no me da miedo de que un chico me vaya a pegar, pero las chicas son más maliciosas. Te la devuelven de una forma más sutil”. En consonancia con esto, un encuestado de un grupo de discusión de chicos, cuando le preguntaron qué haría si fuera acosado electrónicamente en su casa por otro estudiante, dijo que “imprimiría las páginas y le diría: ‘¿pero de qué vas, tío?’”. Otro estudiante del sexo masculino respondió de forma similar: “Simplemente acercarme a ellos y soltarles: ‘¿por qué no me lo 136
  • 129. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético habéis dicho a la cara?’”. Ninguna de las chicas encuestadas de nuestros grupos de discusión sugirió una respuesta similar. Como muestran algunos de estos datos, al analizar las diferencias entre los sexos en el acoso electrónico, es importante tener presente el método a través del cual se lleva a cabo el acoso. Aunque las chicas pueden exceder en número a los chicos en términos de la frecuencia general con la que tiene lugar el acoso cibernético, como señala el estudio de Smith et al. (2006), también aparecen variaciones entre los sexos según el método de acoso utilizado (véase también Keith & Martin, 2005). Tendencias evolutivas La investigación ha evidenciado la presencia de variaciones relacionadas con la edad en los porcentajes de prevalencia del acoso tradicional. Como vimos con más detalle en el capítulo 2, los porcentajes de víctimas del acoso tradicional son más elevados en primaria, disminuyendo la frecuencia en el primer y segundo ciclo de secundaria (Finkelhor et al., 2005). Sin embargo, la frecuencia de acosadores tradicionales alcanza su punto más alto a finales del primer ciclo y comienzos del segundo ciclo de secundaria. Evidencia en favor de esto se encontró en el estudio de Kowalski y Limber (2006). Entre los sujetos que habían acosado a otras personas en el colegio por lo menos una vez (a través de los métodos “tradicionales”), los estudiantes de 8º habían acosado significativamente más frecuentemente que los estudiantes de 6º o de 7º. Al igual que sucede con el acoso tradicional, parece haber algunas variaciones relacionadas con la edad en el acoso cibernético. El primer ciclo de secundaria parece ser el momento cumbre durante el cual emergen los problemas relacionados con el ciberacoso. La encuesta de la Fight Crime (www. fightcrime.org) con preadolescentes apoyaría esta conclusión. Entre los preadolescentes, los menores comprendidos entre los 6 y los 8 años de edad tenían significativamente menos probabilidades que los niños de edades comprendidas entre los 9 y los 11 años, de haber sido acosados electrónicamente durante el año anterior (13% y 21% respectivamente). 137
  • 130. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston También entre los estudiantes de primer ciclo de secundaria se han observado variaciones en los porcentajes de acoso cibernético. En nuestra propia investigación (Kowalski & Limber, 2006), encontramos diferencias significativas entre los cursos en la frecuencia con la que los adolescentes habían acosado electrónicamente a otras personas, con los estudiantes de 8º ciberacosando más frecuentemente que los estudiantes de 6º o de 7º (véase también Williams & Guerra, 2006). No encontramos ninguna diferencia entre los alumnos de 6º, 7º y 8º en la frecuencia con la que habían sido víctimas del acoso cibernético. Sin embargo, se observaron diferencias entre los cursos en las cibervíctimas en función del método mediante el cual había tenido lugar el acoso electrónico. Los estudiantes de 8º decían haber sido acosados a través de los mensajes instantáneos en una proporción significativamente mayor que los estudiantes de 6º o de 7º. De forma similar, los estudiantes de 8º también refirieron una proporción más elevada de acoso a través de los mensajes de texto que los alumnos de 6º. Los estudiantes de 6º curso utilizaban los mensajes instantáneos para practicar el acoso cibernético con menos frecuencia que los estudiantes de 7º o de 8º. Los estudiantes de 6º también utilizaban los mensajes de texto con menos frecuencia que los estudiantes de 8º. Características y experiencias de los menores implicados en el acoso cibernético Un vistazo rápido a las referencias que se incluyen en este libro o a las fechas de los estudios sobre el ciberacoso que se han realizado, pone de relieve que esta línea de investigación se encuentra en sus comienzos. Si bien estamos logrando hacernos una buena idea de la frecuencia con la que tiene lugar el acoso cibernético, es menos lo que sabemos de las características de las cibervíctimas y de los ciberagresores, tema éste al que procederemos a dirigir nuestra atención. Un elemento que ha recibido cada vez más atención es el solapamiento en las experiencias de los menores de edad con el acoso cibernético y con el acoso tradicional. 138
  • 131. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético Solapamiento con el acoso tradicional Ybarra y Mitchell (2004) encontraron que muchos de sus encuestados que habían sido ciberacosadores o cibervíctimas también habían sido blancos del acoso convencional. El 56% de las víctimas/agresores de las agresiones online también decían ser objeto de acoso fuera de la red (por contraste con el 49% de los encuestados que sólo eran agresores y el 44% que sólo era víctimas). Como señalan los autores: “En el caso de algunos de los adolescentes acosados, internet puede ser simplemente una prolongación del recreo, con el maltrato prosiguiendo después de sonar el timbre y ya entrada la noche” (p. 1313). Para otros estudiantes que han sido víctimas del acoso convencional, internet puede brindarles un instrumento para acosar a los demás “como compensación por el hecho de ser acosados en persona” (p. 1313). Es importa señalar, congruentemente con la investigación sobre las víctimas/agresores tradicionales, que Ybarra y Mitchell (2004) encontraron que las víctimas/agresores cibernéticos tenían una frecuencia mayor de conductas problemáticas (e.g., beber, fumar) y un desenvolvimiento psicosocial más limitado (e.g., depresión). En nuestra investigación (Kowalski & Limber, 2006), a fin de evaluar más directamente la relación entre el acoso tradicional y el acoso cibernético revisamos las respuestas de los participantes a las dos cuestiones que les preguntaban si habían sido acosados en el colegio o habían acosado a alguna otra persona en el colegio por lo menos una vez. Sobre la base de estas respuestas, los participantes fueron divididos en cuatro categorías: víctimas (21%), agresores (13%), víctimas/agresores (18%) y ninguno de los anteriores (48%). Dado que estábamos interesados en investigar la relación entre el acoso tradicional y el acoso cibernético, analizamos el porcentaje de sujetos dentro de cada una de estas cuatro categorías que habían sido acosados electrónicamente por lo menos una vez, y el porcentaje de sujetos dentro de cada una de las categorías que había acosado electrónicamente a otras personas por lo menos una vez. Entre las víctimas del acoso tradicional, el 9% habían acosado electrónicamente a otros y el 23% habían sido acosados electrónicamente. Entre los acosadores tradicionales, el 20% habían ciberacosado y el 139
  • 132. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston 19% habían sido ciberacosados. Las víctimas/agresores refirieron los porcentajes más elevados asociados a ser víctimas del ciberacoso (36%) y practicar el acoso cibernético (23%). Entre los sujetos que no habían vivido el acoso tradicional, sólo el 5% habían acosado electrónicamente a otras personas y el 9% habían sido acosados electrónicamente ellos (véase la tabla 4.3). De forma similar, sobre la base de si habían sido víctimas o perpetradores del acoso cibernético por lo menos una vez, dividimos a nuestros participantes en cuatro grupos en relación con el acoso cibernético: cibervíctimas, ciberacosadores, víctimas/agresores cibernéticos, o ninguno de los anteriores. A continuación procedimos a analizar el porcentaje de sujetos dentro de cada uno de estos cuatro grupos que hubieran sido víctimas o perpetradores del acoso dentro del colegio por lo menos una vez. Entre las cibervíctimas, el 61% habían sido víctimas del acoso tradicional y el 39% habían practicado el acoso en el colegio (véase la tabla 4.4). Entre los ciberacosadores, el 39% habían sido víctimas del acoso tradicional, mientras que el 55% habían practicado el acoso tradicional. Las víctimas/agresores volvían a destacar como el grupo más problemático. El 64% de los sujetos que habían sido cibervíctimas y ciberagresores también eran víctimas del acoso tradicional. El 66% habían practicado el acoso tradicional. Un tercio de los encuestados (33%) que no habían estado implicados en ningún ciberacoso, habían sido víctimas del acoso tradicional, y un cuarto (25%) habían practicado el acoso tradicional. El fenómeno de la desinhibición que describimos en el capítulo 3 podría explicar, al menos en parte, la fuerte relación entre la condición dentro del acoso cibernético y la experiencia asociada al acoso tradicional. Una vez que los sujetos han practicado de forma anónima el acoso electrónico y han vivido la sensación de poder asociada al mismo, además del refuerzo procedente de los compañeros, la práctica del acoso tradicional dentro del colegio se vuelve más fácil (y viceversa). Además, la comodidad con la que la gente puede maltratarse mutuamente a través de internet y de los teléfonos móviles sienta fácilmente las bases para el desarrollo de unas relaciones conflictivas en el colegio que, de lo contrario, podrían haber seguido siendo neutrales o amistosas. 140
  • 133. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético Tabla 4.3 Relación entre la condición dentro del acoso tradicional y la experiencia asociada al acoso cibernético Condición dentro del acoso Víctima cibernética tradicional Víctima exclusivamente Agresor exclusivamente Víctima/agresor No implicados Agresor cibernético 23% 19% 36% 9% 9% 20% 23% 5% Tabla 4.4 Relación entre la condición dentro del acoso cibernético y la experiencia asociada al acoso tradicional Condición dentro del acoso Víctima tradicional cibernético Víctima exclusivamente Agresor exclusivamente Víctima/agresor No implicados 61% 39% 64% 33% Agresor tradicional 39% 55% 66% 25% A destacar el hecho de que también investigamos la relación entre ser un ciberacosador y ser acosado electrónicamente, y entre ser un acosador tradicional y ser acosado en el colegio. La correlación entre acosar y ser acosado electrónicamente (r = .43) fue bastante elevada. En otras palabras, acosar electrónicamente y ser objeto del acoso cibernético tienden a ir juntos. Por el contrario, la correlación entre ser un acosador tradicional y ser acosado en el colegio fue mucho más baja y de tan sólo .22. Características de las víctimas y de los agresores Además del sexo, la investigación sobre el acoso electrónico y el hostigamiento a través de internet sugiere que existen otras características que podrían estar relacionadas con la condición de cibervíctima o de ciberagre- 141
  • 134. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston sor. La investigación ha dedicado significativamente más atención a las características asociadas a las personas elegidas como blanco por contraste con los agresores en el caso del acoso cibernético. Li (2006) encontró que la mitad de las cibervíctimas sacaban notas por encima de la media, mientras que eran menos de un tercio los ciberacosadores que sacaban unas notas por encima del promedio. Ybarra et al. (2006) observaron que las víctimas del hostigamiento a través de internet tenían más probabilidades que los sujetos que no eran cibervíctimas de hostigar a otras personas por la red, de tener problemas sociales, y de ser maltratados en otros contextos. También tenían más probabilidades de utilizar los mensajes instantáneos, los blogs y los chats, un hallazgo nada sorprendente dado lo que sabemos ahora sobre los medios preferidos para acosar electrónicamente. Hallazgos paralelos se obtuvieron en el estudio online de Kowalski y Witte (2006). En comparación con los sujetos que no habían sido acosados, las personas elegidas como blanco tenían más probabilidades de dedicarle tiempo al correo electrónico, la mensajería instantánea, las compras online, los blogs, navegar por internet, las páginas personales y los juegos por la red. No se encontraron di­e­ f ren­ ias entre los dos grupos en relación la cantidad de tiempo que empleac ban investigando por la red o hablando en las salas de chat. Nuestra propia investigación (Kowalski & Limber, 2006) ha encontrado una relación entre la ansiedad social, la autoestima, y el acoso cibernético. Como ya adelantamos más arriba, además de rellenar unos instrumentos de medida del acoso tradicional y del acoso cibernético, cerca de unos 4.000 estudiantes de primer ciclo de secundaria realizaron la Escala de Ansiedad Relacional de Leary (1983) y la Escala de Autoestima de Rosenberg (1965). La Escala de Ansiedad Relacional es un instrumento de 15 ítems que mide la disposición individual a la ansiedad social: cómo de nervioso se siente habitualmente el sujeto en las situaciones sociales. Un ítem característico sería: “Suelo sentirme nervioso en las reuniones informales”. Las puntuaciones se suman y pueden oscilar de 15 a 75, con los valores más altos indicando unos niveles de ansiedad social más elevados. La Escala de Autoestima de Rosenberg es un instrumento de 10 ítems que mide cómo se siente la persona en relación consigo misma. Un ítem característico de esta escala sería: “Pienso que ten- 142
  • 135. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético go una serie de cualidades notables”. Las puntuaciones de los sujetos en la escala de autoestima pueden oscilar de 10 a 50, con los valores más altos indicando unos niveles de autoestima más elevados. Comparamos los niveles de ansiedad social y de autoestima entre los ciberagresores, las cibervíctimas, las víctimas/agresores cibernéticos, y las personas que no habían estado implicadas en ningún caso de acoso cibernético. Realizamos estos análisis dos veces para la ansiedad social y dos veces para la autoestima, a fin de investigar las diferencias individuales en estos instrumentos de medida entre los sujetos que informaron de haber vivido la Tabla 4.5 Condición dentro del acoso cibernético, ansiedad social y autoestima Condición (implicados una vez mínimo) Valores de ansiedad social Ciberagresor exclusivamente Cibervíctima exclusivamente Cibervíctima/ciberagresor No implicados 35.4 38.2 37.4 36.3 Condición (implicados 2-3 veces al mes mínimo) Valores de ansiedad social Ciberagresor exclusivamente Cibervíctima exclusivamente Cibervíctima/ciberagresor No implicados 36.7 40.5 41.6 36.3 Condición (implicados una vez mínimo) Valores de autoestima Ciberagresor exclusivamente Cibervíctima exclusivamente Cibervíctima/ciberagresor No implicados 20.4 19.2 19.2 22.7 Condición (implicados 2-3 veces al mes mínimo) Valores de autoestima Ciberagresor exclusivamente Cibervíctima exclusivamente Cibervíctima/ciberagresor No implicados 20.8 18.1 15.1 22.1 143
  • 136. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston experiencia del acoso cibernético por lo menos una vez durante los dos últimos meses, y los que habían vivido el acoso cibernético un mínimo de unas 2-3 veces al mes durante los dos meses anteriores al estudio. Los datos procedentes de estos análisis aparecen en la tabla 4.5. Utilizando el criterio de ocurrencia de “por lo menos una vez durante los dos últimos meses”, las cibervíctimas obtuvieron valores de ansiedad social más elevados que los estudiantes que no habían vivido la experiencia del acoso cibernético. Los menores que no habían estado implicados en ningún caso de acoso cibernético tenían una autoestima más elevada que los menores de los tres grupos restantes. Utilizando el criterio más estricto de ocurrencia del ciberacoso de unas 2-3 veces o más al mes, las cibervíctimas y las cibervíctimas/ciberagresores tenían valores de ansiedad social más elevados que los ciberacosadores y que los menores que no habían estado implicados en ningún caso de acoso cibernético. Las cibervíctimas y las cibervíctimas/ciberagresores tenían unos valores de autoestima más bajos en comparación con los menores que no tenían antecedentes de acoso cibernético, y también con los menores que habían practicado el acoso. Los niños y los adolescentes que tienen ansiedad social pueden optar por evitar a los amigos y retraerse de las situaciones sociales como una forma de evitar la sensación de ansiedad social asociada a dichas situaciones. Desgraciadamente, como veremos a lo largo del libro, el hecho de que los ciberacosadores puedan atacar las 24 horas al día los 7 días de la semana, y de que buena parte de las relaciones “sociales” de los adolescentes tengan lugar actualmente por la red, hace que a los adolescentes les sea difícil evitar totalmente los contextos “sociales” que generan emociones adversas. Dado que los padres y los educadores rara vez quieren alentar a los niños y los adolescentes a evitar las situaciones sociales cuando se sientan ansiosos o a que vayan a internet para tener “contacto social”, sabiendo que podrían ser aislados y maltratados todavía más, los resultados de este estudio sugieren que el entrenamiento en habilidades sociales y la práctica en contextos seguros puede estar indicada en el caso de los menores que están siendo acosados electrónicamente. Debido a la naturaleza correlacional de estos hallazgos, no es posible saber si la ansiedad y la baja autoestima pue- 144
  • 137. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético den llevar a ser víctima del ciberacoso, o si más bien pueden ser el resultado de la experiencia de ser acosado electrónicamente (lo que será el centro de interés de la próxima sección). Posibles efectos del acoso cibernético en la víctima y en el agresor Al existir pocas investigaciones sobre el acoso cibernético en sí mismo, son menos todavía los estudios que analizan los efectos sobre la víctima y sobre el agresor. Para complicar todavía más cosas, los efectos sobre la víctima son sumamente variables y abarcan desde las víctimas que se suicidan, como en el caso de Ryan Patrick Halligan, o que matan, como en el caso de la estudiante de 6º curso en Japón que se vengó de una amiga y compañera de clase que había hecho unos comentarios despectivos sobre ella en una web (“Archive of CRN home page topics”, 2004), a los casos que tienen pocas consecuencias o ninguna. Más frecuentemente, sin embargo, los efectos del acoso cibernético tienden a guardar un paralelismo con los del acoso tradicional. Las víctimas del acoso tradicional en el recinto del colegio suelen referir depresión, baja autoestima, indefensión, ansiedad social, problemas de concentración, distanciamiento, e ideas de suicidio (véase el capítulo 2). Aunque existen muy pocas investigaciones hasta la fecha, las cibervíctimas parecen informar de unos efectos similares en relación con la experiencia del acoso electrónico (Ybarra & Mitchell, 2004). Hablando de los efectos del acoso electrónico sobre una de sus amigas, una integrante de uno de nuestros grupos de discusión dijo: “Les hace estar de malas durante un tiempo. No quieren hacer planes con nadie, no quieren tener trato con nadie. Les afecta en su estado de ánimo, en sus relaciones. Les afecta a nivel académico. Faltó a clase durante unos días”. Los efectos a largo plazo de ser víctima del acoso cibernético se derivan en parte del carácter deliberado de la conducta de acoso. “Ya no es sólo el hecho de que te hagan daño… la gente sale lesionada de los accidentes. Es el hecho de que alguien tomara la decisión de hacerte daño intencionadamente” (Akwagyiram, 2005). 145
  • 138. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Datos del estudio online de Kowalski y Witte (2006) subrayan el coste emocional que puede tener la experiencia de ser víctima del acoso cibernético. Cuando les preguntamos: “¿Cómo te sentiste cuando te acosaron electrónicamente?”, los encuestados dijeron sentirse rabiosos, tristes, deprimidos, heridos, estresados, y confundidos. Una encuestada escribió que se sintió “débil y pequeña… muy sola e indefensa”. Por el contrario, otro encuestado, si bien representaba claramente a una minoría, declaró que se sintió “atraído, como en una pelea o una actividad deportiva combativa”. Este mismo encuestado prosiguió diciendo: “Lo que la mayoría entiende por ‘acoso’ yo lo veo como un reto o una invitación a ‘jugar’”. Otro encuestado dijo relatando los efectos del acoso cibernético sobre una amiga: “De hecho está hundida en una especie de depresión y piensa en el suicidio muchas veces”. Hallazgos similares han sido referidos por Patchin y Hinduja (2006). Una comparación interesante sería las respuestas de los agresores a la pregunta de “¿Cómo te sentías cuando acosabas electrónicamente a alguien?”. Entre las respuestas recogidas en el estudio de Kowalski y Witte (2006) figuraban las siguientes: agresivo, vengativo, feliz, satisfecho. Otro de los en­­­ cuestados dijo: “Bien, porque se lo merecían, como si les estuviera dando a probar de su propia medicina”. Auque todavía no existen datos longitudinales que brinden una evidencia empírica a favor, son muchos los investigadores y las personas que escriben sobre el fenómeno del acoso cibernético (e.g., Ybarra & Mitchell, 2004; Willard, 2006) y que creen que los efectos a largo plazo del ciberacoso son tan negativos, cuando no peores, que los asociados al acoso tradicional. Una de las razones sería porque los adolescentes no pueden huir del acoso cibernético. Un menor que es acosado en el colegio por lo menos se libra del acoso real cuando está lejos del colegio, o no está subido al autobús escolar. El menor que está siendo acosado electrónicamente jamás está verdaderamente libre, salvo que deje de comunicarse electrónicamente, elección que tendría otras consecuencias, tales como cortar la red de comunicación social del menor. Por tanto, incluso cuando duerme, el adolescente puede estar siendo inundado de mensajes de texto o de e-mails con contenidos hostigadores o denigrantes. 146
  • 139. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético También, en comparación con el acoso tradicional, el carácter público del acoso cibernético aumenta el impacto negativo potencial de la crueldad por contraste con el acoso tradicional. Por espantoso y vergonzoso que pueda ser que te humillen y te desprecien delante de los compañeros del colegio, dicha humillación se puede multiplicar por cien o por mil en los casos como el “chico de la guerra de las galaxias” descrito en el capítulo 1. De hecho, en casos como éste, escenas extraídas del vídeo original continúan apareciendo en los lugares más inesperados como, por mencionar el ejemplo más reciente, en un fragmento del vídeo musical “White and Nerdy” de “Weird Al” Yancovic (http://video.google.com/videoplay?docid=1384277706451157121 &q=white+and+nerdy, 2006). En lugar de saber quién es el matón y los espectadores, las víctimas del acoso cibernético van de acá para allá con frecuencia sin saber quién es el acosador y, desde luego, sin saber en modo alguno cuántas serán las innumerables personas que conocen esta humillación, o que han contribuido a ella. Dependiendo de la modalidad que adopte el ciberacoso, en algunos casos el peligro asociado al acoso cibernético puede ser ciertamente muy real. Los agresores que suplantan a otra persona y cuelgan mensajes violentos (y que les identifican personalmente) en los chats, pueden estar poniendo en peligro la vida de dicha persona. Los participantes del chat, ofendidos por los mensajes violentos, pueden decidir utilizar los datos personales para localizar a la persona que supuestamente ha colgado los mensajes. Ha habido cierto debate, aunque todavía no contamos con datos empíricos, respecto de la medida en que las redes sociales online pueden favorecer el “efecto de contagio del suicidio” (Zayas, 2006). La investigación previa sobre los suicidios por imitación que se publicó mucho antes de la existencia de las redes sociales online, mostraba un aumento de los suicidios a raíz de la difusión de un suicidio en la portada de un periódico. Conocido como el efecto Werther (Becker & Schmidt, 2005), los investigadores encontraron que los sujetos que habían estado dándole vueltas a la posibilidad de suicidarse tenían más probabilidades de intentarlo de verdad si veían una noticia en un periódico que hablaba de alguien que se parecía a ellos de alguna forma. El efecto de contagio del suicidio a través de internet funcionaría en 147
  • 140. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston gran parte de la misma manera. Un usuario de MySpace cambió su nombre de pantalla por el de “Adiós” inmediatamente antes de suicidarse. Otro dejó un mensaje en su página de MySpace para que sus amigos y sus familiares no estuvieran tristes una vez que se hubiera ido (Zayas, 2006). La idea, obviamente, es que las personas psicológicamente vulnerables y con características similares a las de estos sujetos, pueden ver estas webs y decidir que también ellos podrían lograr su propósito en su intento de suicidarse o pasar a “mejor” vida. Una consecuencia adicional del acoso cibernético, en el caso cuanto menos de algunos agresores, es la culpa y el pesar. Aunque, ciertamente, algunas de las personas que acosan, ya sea electrónicamente o en el sentido tradicional, no sienten ningún remordimiento por lo que han hecho, otros sí, sobre todo aquellos que tienen una mayor afinidad con los efectos negativos que el acoso pueda tener sobre la víctima. Una de las entrevistas dentro de nuestros grupos de discusión, realizada a una persona que había acosado electrónicamente a una estudiante de otro colegio, pone de relieve este pesar. Cuando se le preguntó qué sentía en relación con lo que había escrito, la persona declaró: “Bueno, ahora me doy cuenta… de lo mal que en realidad debió sonar. Quiero decir, que ya sé que sonará muy poco convincente, pero verdaderamente no me di cuenta de lo que espantoso que era en realidad”. En respuesta a la pregunta de “¿Lamentas lo que hiciste?”, la persona que había acosado electrónicamente respondió: “Claro, primero porque probablemente, no digo yo que se haya quedado marcada de por vida, pero probablemente le haya hecho daño mentalmente o algo así, por ejemplo haciendo que sea más miedosa o algo así; y segundo porque he perdido parte de la confianza que mis padres tenían en mí y tengo que volver a ganármela otra vez y quién sabe el tiempo que me va a llevar”. Conclusiones A medida que avance la investigación sobre el tema del acoso cibernético, cabe suponer que se pondrán en vigor una serie de programas y de norma- 148
  • 141. estado actual de la investigación sobre el acoso cibernético tivas con objeto de disminuir su incidencia. Al igual que sucede con el acoso tradicional, sin embargo, es improbable que el acoso electrónico llegue a desaparecer completamente. En razón de ello, necesitamos investigar más utilizando diversas metodologías a fin de estudiar las características de las personas elegidas como blanco y de los agresores en el fenómeno del acoso cibernético, así como de las personas que lo contemplan o lo presencian. Necesitamos saber más respecto de quién le hace qué a quién, y con qué efecto, de manera que los esfuerzos de prevención y de actuación, tales como los que analizaremos en los dos próximos capítulos, puedan adoptar un planteamiento más específico a fin de aumentar su efectividad. 149
  • 142. 5 Qué pueden hacer los padres Brandy1 estudia 9º en un gran instituto del extrarradio situado en las afueras de Atlanta (Georgia). Es guapa, popular y actúa de animadora en los encuentros deportivos. También tiene una página web en una red social online llamada Xanga, con fotografías de ella y donde añade anotaciones en su diario online hablando de sus intereses y sus actividades personales. Un día, durante el paréntesis del verano, recibe un comentario en su web que dice: “¡Ven a mi Xanga, zorra!”. Cuando le da al enlace que aparece en la pantalla, entra en otro blog dedicado a ella. Este blog, que también está en Xanga, contiene obscenidades y un lenguaje degradante tachándola de puta fea y gorda. El blog tiene una tonalidad muy oscura y cuando se abre la página comienza a sonar una música siniestra. El encabezamiento de la web de Xanga dice: “Mañana vas a morir”. El nombre de pantalla del autor de este blog aparece como “Que te f…, f…me”. El blogger desconocido ha puesto en la lista de sus intereses personales: “acechar y matar”. Aunque se siente muy alterada por estos contenidos, Brandy decide guardárselo para ella y no responder a los comentarios colgados en el blog, porque piensa que la otra persona sólo quiere ver cómo reacciona. Brandy evita también hablarles a sus padres acerca del incidente. Seis meses después, aparece otro comentario en la web de Xanga dedicada a Brandy que dice: “Óyeme, zorra de m…. Sé dónde fuiste la otra noche. Vas a tener una muerte de p… m… gracias a mí… Qué se siente al ser tan odiada… Ya me lo dirás mañana… Te veré mañana porque ¡¡voy a darte una paliza de la h...!!! Disfruta mientras estés viva, puta, disfruta mientras puedas. No vas a vivir mucho tiempo. Me aseguraré de que tengas una muerte bien l-e-n-t-a. ¡¡¡Muérete ya de una p… vez, gil…!!! 1. Los nombres de todas las personas que aparecen en los casos de acoso cibernético extraídos de la vida real, han sido cambiados para proteger su identidad. CIENTO CINCUENTA Y UNO 151
  • 143. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Brandy McClain hizo lo que hacen muchos jóvenes cuando reciben mensajes hostigadores a través de una web, o un mensaje instantáneo, un mensaje de texto o un e-mail. Se lo dijo a una amiga, pero evitó decírselo a sus padres. Afortunadamente para Brandy, su amiga pensó que era algo lo bastante serio como para decírselo a su propia madre, quien a su vez le habló a la madre de Brandy de la existencia de la web. Imaginemos por un momento que somos Mrs McClain, la madre de Bran- dy. Después de recibir la advertencia de otra madre, entramos en la red social online llamada Xanga y nos encontramos con una página de tona­ lidades oscuras que amenaza con matar a nuestra hija al día siguiente. Imaginemos el miedo y el dolor que nos generaría una web de tales características. Como dijo Mrs McClain más adelante: “No sabía si dejarla ir al colegio al día siguiente. Se supone que tenía una reunión para preparar los ánimos antes de un partido. ¿Trataría alguien de matarla?”. Mrs McClain también habló del aluvión de emociones y de los pensamientos más espantosos que se le pasaron por la cabeza. “Empiezas a volverte paranoide. Empiezas a darle vueltas a todas las amistades de tu hija y a mirarlos de una forma diferente. Sospechas de todo el mundo cuando no sabes quién ha escrito semejante cosa. ¡Empecé a pensar si debía escolarizar a mi hija en casa!”. ¿Qué hizo Mrs McClain? Empezó por donde muchos padres empiezan cuando se preocupan por un mensaje amenazante dirigido a un hijo. Llamó a la orientadora psicopedagógica del instituto de Brandy. Desgraciadamente, muchos orientadores escolares no saben con seguridad qué hacer cuando se ven delante de esta nueva forma de acoso escolar. Muchos creen que si el acoso electrónico tiene lugar fuera del colegio, es poco lo que el colegio puede hacer para ayudar a las familias. Aunque el colegio pueda tener unas opciones limitadas en relación con lo que puede hacer para sancionar al agresor (véase también el capítulo 7), siempre hay unos pasos que el co­egio l puede dar para ayudar a los familiares de la víctima. El capítulo 6 analizará los pasos que la dirección y los orientadores del colegio pueden dar para 152
  • 144. qué pueden hacer los padres ayudar a los estudiantes afectados por el acoso electrónico. Este capítulo se centrará en los pasos que los familiares pueden dar para prevenir y abordar los problemas relacionados con el ciberacoso. Es verdad que la orientadora escolar de Brandy se vio ante un problema muy difícil. No sabía quién había creado la inquietante web eligiendo como blanco a Brandy, ni si el agresor era o no un compañero del colegio. Afortunada- mente, la orientadora derivó a Mrs McClain al programa de asistencia al estudiante de su distrito académico, sabiendo que este programa era responsable de muchos de los esfuerzos de prevención del acoso escolar realizados dentro del distrito, y que estaban empezando a concentrar su atención igualmente en el fenómeno del acoso cibernético. La orientadora también hizo algo muy sabio: le sugirió a Mrs McClain que se pusiera en contacto con la policía porque los contenidos que aparecían en la web incluían amenazas físicas. Inclusión de los padres en la actuación y la prevención del acoso cibernético Los estudiantes de nuestros grupos de discusión indicaron que la mayoría de los acosos cibernéticos tienen lugar fuera de las horas de clase, cuando los menores están en casa bajo la supervisión de sus padres. Esto coincide con los datos de la encuesta de la Fight Crime: Invest in Kids (2006), que informan de que los adolescentes reciben el 70% de los mensajes dañinos en casa, y el 30% en el colegio. Sin embargo, sus datos sobre los preadolescentes sugieren una distribución más homogénea, con los encuestados informando de que tenían las mismas probabilidades de recibir mensajes dañinos en el colegio (45%) y en casa (44%). Si bien los padres de la generación actual han sido tachados de “padres helicópteros” por su tendencia a “sobrevolar” innecesariamente sobre las actividades escolares y extraescolares de sus hijos, ello no se aplica a los padres que vigilan las actividades online de los menores. 153
  • 145. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Los padres no suelen estar presentes en el entorno online de los menores Una encuesta de i-SAFE América (2005-2006) encontró que, mientras que el 93% de los padres pensaban que tenían una idea razonablemente buena de lo que hacían sus hijos por internet, el 41% de los estudiantes de los cursos comprendidos entre 5º y 12º dijeron que no le decían a sus padres lo que hacían o dónde entraban mientras se movían por la red. Otra encuesta de i-SAFE (2004-2005) también indicaba que más de la mitad (52%) de los menores preferían navegar por la red solos. Además, las redes sociales online como MySpace y Xanga se han vuelto enormemente populares entre los adolescentes y los jóvenes. Los adultos más mayores están menos familiarizados con estos recursos y es menos probable que tengan un perfil colgado en una red social online, lo que conduce a una situación en la que los jóve- nes no tienen prácticamente apenas ninguna vigilancia o supervisión mientras crean sus perfiles online. Los padres que de forma regular discuten con sus hijos la importancia de llevar el casco de seguridad y los “consejos de seguridad para cuando se que- den solos en casa”, suelen guardar silencio cuando introducen un nuevo elemento tecnológico como, por ejemplo, un teléfono móvil o un ordenador dentro del entorno doméstico. ¿Por qué no dicen nada los menores? En nuestro caso, Brandy evitó decirles nada a sus padres sobre las amenazas por la red que estaba recibiendo. Es muy probable que los menores eviten hablarles a sus padres de los incidentes relacionados con el acoso electrónico, salvo que en casa se haya hablado previamente del tema. La encuesta de la Fight Crime: Invest in Kids encontró que, mientras que el 51% de los preadolescentes que habían sido acosados electrónicamente le hablaron de ello a sus padres, sólo el 35% de los adolescentes cibera- cosados lo habían dicho en casa (2006). La comunicación con los hijos es 154
  • 146. qué pueden hacer los padres la clave. Los padres tienen que escuchar atentamente lo que dicen sus hijos sobre sus experiencias online, y familiarizarse ellos mismos con las webs y con los instrumentos que sus hijos están utilizando para relacionarse por la red. Los estudiantes de nuestros grupos de discusión dieron algunas respuestas muy interesantes respecto de por qué tanto ellos como sus amigos no siempre les hablan a sus padres de tales incidentes. A continuación tenemos algunas de las respuestas de los estudiantes cuando les preguntamos por qué sus amigos no decían nada: “Tenía miedo de que si se lo decía a sus padres, le impusieran alguna restricción, por eso mi amiga no quería que lo supieran”. “Claro −porque sus padres no les dejarían utilizar la red social” − chica de primer ciclo de secundaria. “Puede que tengan miedo de decírselo a sus padres, porque sus padres podrían decir: ‘Te lo dije, ya te dije yo que no tuvieras ese blog” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Si se lo cuentas a tus padres, la mayoría de la veces querrán intervenir” − chico de primer ciclo de secundaria. “Reaccionan de una forma exagerada” − chico de primer ciclo de secundaria. Los temores de los estudiantes fueron confirmados por una integrante de un grupo de discusión de primer ciclo de secundaria, que contó que no le habían vuelto a dejar utilizar el messenger porque había recibido unos mensajes instantáneos intimidatorios procedentes de un antiguo compañero de clase. Es tentador ver estas nuevas tecnologías en términos de blanco o negro, bueno o malo, y reaccionar en consecuencia. Pero los menores rara vez se benefician ni aprenden cuando los padres son reactivos y responden inmediatamente imponiéndoles unas restricciones o castigándoles. Se benefician más cuando los padres son proactivos y educan. Si bien los padres pueden 155
  • 147. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston sentirse inclinados a culpar a la tecnología y a internet de poner a sus hijos en peligro, la actitud antitecnología es infructuosa. La realidad es que tenemos internet para rato y que es un instrumento valioso. Si bien el menor que maltrata a los demás a través de internet puede necesitar recibir algunas consecuencias negativas, tales como la limitación del acceso a determinadas webs o aplicaciones, la víctima que no ha hecho nada malo no debe ser castigada a perder tales privilegios, De lo contrario, puede que el menor no le diga nada a los padres si sucede otro incidente. Las reacciones reflejas de los padres que se precipitan a echarle la culpa a la víctima no se limitan, por supuesto, a los casos de acoso cibernético. Consideremos, por ejemplo, las reacciones de algunos padres ante un hijo que desvela una experiencia de abusos o agresiones sexuales. Si un menor le dice a sus padres que alguien le ha tocado indebidamente, el padre o la madre puede sentirse trastornado instintivamente y responder con una declaración del tipo de: “¿Pero qué me estás diciendo? ¿Por qué no le dijiste que parara?”. Esta o similares respuestas pueden dañar adicionalmente al menor, culpabilizándolo por los actos de otra persona. También sienta las bases para que el menor evite esta reacción de los padres en lo sucesivo no dándoles ninguna información que pudiera provocar una respuesta de tales características, como, por ejemplo, que estuvieron en una fiesta donde se bebió alcohol o se consumieron drogas. Los padres se pueden beneficiar de iniciar todas las respuestas a las revelaciones del hijo, por perturbadoras que puedan ser, diciendo: “Te agradezco que me lo hayas contado. Has hecho lo que debías hacer al decírmelo”. Por difícil que pueda ser, los padres que mantienen la calma durante las revelaciones de los hijos, se asegurarán con ello de que la línea de comunicación con el menor permanezca abierta, y los padres estarán entonces en mejores condiciones de ofrecer una orientación en el futuro cuando su hijo se vea enfrentado a diferentes retos. Los menores tienden a decir más cosas cuando han aprendido que se puede confiar en que sus padres van a reaccionar de una forma equilibrada y tranquilizadora. 156
  • 148. qué pueden hacer los padres Signos de alarma de que un menor puede estar siendo acosado electrónicamente Dado que muchos jóvenes son reticentes a hablarle a un adulto del acoso electrónico, existen varios signos de alarma que pueden indicar que un menor está siendo ciberacosado, aunque también pueden indicar la presencia de otros problemas: � El menor parece alterado después de estar con el ordenador. � El menor parece alterado después de ver un mensaje de texto. � El menor se retrae de las relaciones sociales con sus compañeros. � Posible descenso del rendimiento académico. El signo más evidente de un posible acoso cibernético es cuando el menor se muestra visiblemente afectado o retraído después de haber estado delante del ordenador. También pueden mostrar signos de alteración emocional después de ver un mensaje de texto. Un descenso de las notas o del rendimiento en el colegio también puede ser un signo que advierta de un posible acoso cibernético (véase, e.g., Willard, 2005a, 2005b). Ahora bien, dado que también puede ser un signo de otros muchos problemas, es posible que no sea un indicador muy útil. Algunos de los estudiantes de nuestros grupos de discusión parecían quitarle importancia al efecto que el acoso electrónico pudiera tener sobre el rendimiento académico de amigos que habían sido ciberacosados, alegando que sus amigos podían separar el acoso cibernético de sus obligaciones académicas, como se puede ver en los siguientes comentarios: Entrevistador: ¿Crees que el acoso electrónico tuvo algún efecto sobre su rendimiento académico? “No. No creo” − chica de segundo ciclo de secundaria. “No hubo ningún cambio” − chico de segundo ciclo de secundaria. “Quizás, depende de lo que le dijeran [i.e., de los contenidos hostigadores]” − chica de primer ciclo de secundaria. 157
  • 149. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Sin embargo, una estudiante habló de que una amiga se había visto afectada a nivel académico: “A mi amiga le afectó a nivel académico. Faltó a clase durante unos días”. Estos estudiantes admitieron de buen grado, sin embargo, que el acoso cibernético le había afectado a las relaciones sociales de sus amigos, y que sus amigos sintieron desconfianza y temor hacia otras personas de su círculo social (sobre todo si el acoso electrónico era anónimo). A continuación tenemos algunos de los comentarios extraídos de un grupo de dis­­ cu­­ sión de chicas de segundo ciclo de secundaria, explicando cuál fue la reacción social y emocional de sus amigos ante el acoso electrónico: “Mi amiga pensaba que las chicas que lo habían hecho eran amigas suyas, y por eso perdió esas amistades”. “Mi amiga estaba muy alterada. No quería seguir siendo amiga de esa gente nunca más”. “Estaba asustada, y miraba a uno y otro lado constantemente”. “Dijo: ‘Ni siquiera sé quién ha sido’. Me parece que estaba como asustado”. Un chico de primer ciclo de secundaria dijo lo siguiente: “El acoso les hizo tener una peor opinión de ellos mismos. Porque cada vez que alguien se pone rabioso, dicen cosas que no deben, y entonces ellos las personas elegidas como blanco tienen peor opinión de ellos mismos”. El siguiente comentario lo hizo un chico de segundo ciclo de secundaria: “El chico del que estoy hablando se lo toma todo demasiado en serio. Todo le afectaba… se ponía a llorar y todo eso. Le trastornó mucho”. 158
  • 150. qué pueden hacer los padres Parece difícil imaginar que se pueda seguir rindiendo al máximo cuando un estudiante está asustado, angustiado y desconfía de sus compañeros de colegio. En razón de ello, prestar atención a las relaciones sociales del menor y a cualquier cambio que pueda aparecer en dichas relaciones, puede ayudar a alertar a los padres respecto del posible acoso cibernético. Algunos padres prefieren leer todos los e-mails y los mensajes instantáneos de sus hijos, pero esto puede ser vivido por los jóvenes como una invasión enorme de la privacidad, y con razón. Es más útil que los padres le dediquen un tiempo a hablar con sus hijos sobre la manera apropiada de relacionarse por la red, y sobre las normas de casa para utilizar el ordenador. Es importante que los padres y los hijos lleguen a un consenso sobre las circunstancias bajo las cuales los hijos deben hacerles saber a los padres si reciben mensajes negativos o ven contenidos perjudiciales por la red. También es razonable que si un hijo cuelga información en una red social online como, por ejemplo, MySpace o Xanga, para que la gente en general lo pueda ver, los padres lo puedan ver de cuando en cuando. Es útil que los padres informen a sus hijos con tiempo de que de vez en cuando le echarán un vistazo a su red social online, pero que no tienen intención de leer todas las comunicaciones electrónicas de sus hijos a diario. Pero si los padres están alertados de un posible acoso cibernético, deberán supervisar las comunicaciones electrónicas de sus hijos más estrechamente. Sugerencias para abordar el acoso cibernético que hayan sufrido los menores ¿Qué pueden hacer los padres si su hijo está siendo víctima del acoso electrónico? Dado que los casos de ciberacoso pueden variar ex­raor­ inariamente t d en el método utilizado, la intensidad y la duración, no existe ninguna línea de acción establecida que los padres puedan seguir. Sin embargo, hablaremos de algunos pasos básicos, además de posibles opciones de actuación, que los padres deben considerar cuando respondan al acoso cibernético dirigido contra un hijo. 159
  • 151. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Guardar las pruebas Los padres deben enseñar a sus hijos a guardar cualquier prueba de acoso electrónico. Si bien ignorar o bloquear los mensajes del remitente puede ser la mejor respuesta ante los casos leves de ciberacoso, podría ser útil no obstante guardar copias de las conversaciones del messenger, por si la cosa fuera a más. A menos que los padres hayan añadido adicionalmente algún programa específico que por sistema guarde los mensajes instantáneos, la mayoría de los ordenadores no van a guardar automáticamente los mensajes instantáneos que reciba el menor. A los menores se les debe enseñar a imprimir cualquier e-mail o mensaje instantáneo amenazante u hostigador que puedan recibir. Deben evitar borrar los e-mails. Todos los programas de mensajería instantánea también tienen un mecanismo de “guardado”, pero puede que haga falta asesorar al menor para que aprenda a manejarlo. Los padres deben pedirles a los meno- res que les enseñen los mensajes que incluyan contenidos amenazantes u hostigadores. Si los padres y el menor desconocen quién envió los mensa- jes, los padres deben guardar los mensajes en el disco duro del ordenador y a continuación trasladar estas comunicaciones electrónicas al proveedor de servicios de internet con objeto de intentar localizar al agresor. Los menores también tienen que saber que si alguna vez reciben fotos ofensivas o los llevan a entrar en una web ofensiva o espantosa, deben apagar la pantalla (no el ordenador) e informar a los padres. Con frecuencia, los menores reaccionarán apagando el ordenador, lo que podría borrar las pruebas. Al apagar la pantalla, pero dejar el ordenador encendido, pueden dejar de ver los contenidos perturbadores, pero éstos seguirán presentes para que los padres puedan revisarlos (y si es necesario guardar las pruebas). A los niños más mayores se les puede instruir para que guarden las páginas web e impriman copias de las webs o de las redes sociales online que incluyan contenidos ofensivos. Es importante que se les diga que no respondan a los comentarios ofensivos, salvo que lo hayan consultado antes con un adulto. 160
  • 152. qué pueden hacer los padres Cuándo ignorar, bloquear, o responder Un mensaje de un amigo diciendo “¡Idiota!” puede parecerle perturbador a un menor de edad, pero puede que simplemente le falten un par de palabras cruciales (e.g., “es de broma” o “jk”) que habrían trans­­ mitido una sensación totalmente diferente. En la situación del ejemplo, una respuesta apropiada s podría ser pedir una aclaración o ignorar el mensaje. Las per­ onas que de forma habitual se comunican utilizando palabrotas u obscenidades deben ser advertidos y, si ello fuera necesario, bloquearles el envío de mensajes instantáneos al menor. Los nombres de pantalla de los mensajes ins­an­á­ t t neos y los números de los teléfonos móviles (utilizados para enviar mensajes de texto) se pueden bloquear. Obviamente, algunos usuarios elegirán unos nombres de pantalla diferentes para hostigar a otras personas. Llevado a ese punto, el acoso cibernético ha adoptado un carácter hostigador y deberá ser abordado más directamente poniéndose en contacto con los padres del ciberacosador, posiblemente con el orientador escolar si el acosador va al mismo colegio, y tal vez con la policía. Contactar con los padres del ciberacosador se analizará más adelante en este mismo capítulo. Habitualmente, la mejor repuesta a un comentario malicioso o desagradable es no responder. Los estudiantes de nuestros grupos de discusión comentaron que el hecho de responder no suele hacer más que agravar la situación. A continuación tenemos algunas de las respuestas a la pregunta de “¿Qué harías si fueras acosado electrónicamente por alguien a quien conocieras?” “Borrarlo” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Ignorarlo” − chico de segundo ciclo de secundaria. “No hacer caso, a menos que sucediera con frecuencia” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Ignorarlos. Bloquearlos” − chico de segundo ciclo de secundaria. “Bloquearlos para que no pudieran seguir mandándome e-mails” − chica de primer ciclo de secundaria. 161
  • 153. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston La persona que envía un único correo electrónico, mensaje de texto o mensaje instantáneo desagradable, puede ser ignorada. Con frecuencia, ello pondrá fin al ciberacoso, al margen de que la identidad del emisor sea conocida o no. Si continúan, los mensajes del remitente pueden ser bloqueados utilizando el dispositivo de bloqueo de la cuenta de mensajería instantánea. WiredSafety.org explica cómo se puede evitar recibir transitoriamente mensajes de texto apagando la función de los mensajes entrantes durante unos días. Esto puede disuadir a la persona de enviar los mensajes de texto, dado que puede pensar que el número de teléfono ha cambiado. Las cuentas de correo electrónico también se pueden ajustar para que bloqueen los mensajes entrantes de determinados remitentes. Por supuesto, el ignorar o bloquear los mensajes ofensivos no siempre impedirá que se sigan recibiendo. En ocasiones, el ciberacoso prosigue a través de la creación de nuevas cuentas electrónicas y nuevos nombres de pan­alla. Dado que la identidad del remitente no puede ser confirmada, no t es posible ponerse en contacto con los padres del ciberacosador. Si a pesar de ignorar los comentarios maliciosos y de bloquear los mensajes del remitente, el acoso electrónico continúa, los padres pueden considerar la utilidad de enviar un mensaje indicando que se procederá a avisar a las autoridades, si los mensajes persisten. Responder asertivamente ha sido útil en algunos casos de acoso cibernético. Daremos un ejemplo más adelante en este mismo capítulo de una situación en la que una madre utilizó esta estrategia con éxito. Localizar la procedencia de los e-mails y de los mensajes de texto En muchos de los casos es posible identificar la procedencia de los e-mails y de los mensajes de texto. A los estudiantes de nuestros grupos de discusión les preguntamos: “¿Qué harías si el ciberacosador fuera alguien a quien no conocieras?”. Algunas de sus respuestas fueron: 162
  • 154. qué pueden hacer los padres “Bloquearlos” − chico de segundo ciclo de secundaria. “Averiguar de dónde vienen” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Me preocupa que me acechen. Se lo diría a mis padres para que supieran lo que estaba pasando” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Me preguntaría cómo han conseguido mi número, si fuera un mensaje de texto” − chica de primer ciclo de secundaria. Es alentador que algunos estudiantes sean conscientes de opciones tales como localizar la procedencia y bloquear los mensajes inapropiados. Padres e hijos también deben tratar de identificar a la persona que está llevando a cabo el acoso electrónico. Si los mensajes amenazantes proceden de un teléfono móvil a través de un mensaje de texto, es posible identificar el número de teléfono e infor- mar al proveedor de telefonía móvil. Una vez más, si bien lo mejor sería ignorar uno o dos mensajes de texto maliciosos, si el hostigamiento es constante habría que informar del maltrato y, si fuera necesario, se puede cambiar el número de teléfono. El Center for Safe and Responsible Inter- net Use recomienda que el maltrato que tiene lugar a través del correo electrónico se comunique al proveedor de internet del agresor (Willard, 2005a). También se puede reenviar al proveedor una copia del e-mail ofensivo. El e-mail reenviado se puede remitir a support@internetservice- provider. Un ejemplo sería: support@aol.com. También puede haber una dirección específica de correo electrónico que figure en la página de ayuda del proveedor de internet, que facilite instrucciones para denunciar un abuso. No olvidemos la importancia de informar de los mensajes inapropiados tan pronto como podamos. Los proveedores de internet sólo podrán localizar la procedencia de la información durante un determinado período de tiempo. 163
  • 155. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Localizar la procedencia y responder a los comentarios que aparecen en las redes sociales online y en las webs La orientadora (y coautora de este libro) le preguntó a Mrs McClain si había hablado con la policía, y la madre respondió afirmativamente que había hablado con un detective de la unidad de delitos tecnológicos. Estaba tratando de conseguir un apercibimiento judicial, tal y como requería Xanga.com, para poder desvelar el nombre de proveedor de servicios de internet que había sido utilizado para colgar los contenidos en la web de Xanga. La orientadora sugirió que informara también al oficial de policía del instituto acerca de las amenazas, para que el oficial pudiera revisar la situación en el centro escolar, en el caso de que las amenazas procedieran de un compañero de clase. Mrs McClain dio por supuesto que el autor era otro estudiante del mismo centro donde estudiaba su hija. Se sorprendió al enterarse unos días después, por mediación del detective de la unidad de delitos tecnológicos, de que el ciberacosador era de hecho una estudiante de 9º que iba a un instituto diferente. Las dos chicas habían estudiado juntas anteriormente durante el primer ciclo de secundaria. “Se conocían”, declaró Mrs McClain con una voz perpleja, “pero en realidad ni tan siquiera eran amigas”. Mrs McClain tuvo la suerte de poder identificar al autor de las amenazas electrónicas dirigidas a su hija, poniéndose en contacto con la unidad de delitos tecnológicos del departamento de policía de su localidad. Muchas ciudades están creando unidades de delitos informáticos y formando a los detectives en conductas ciberdelictivas (Franek, 2005/2006). Sin embargo, no todos los contenidos amenazantes colgados en internet serán lo bastante específicos o serán considerados lo bastante graves como para que los tribunales permitan aplicar la ley para averiguar la identidad del agresor. El Center for Safe and Responsible Internet Use recomienda que, si un comentario colgado en una web incluye amenazas de violencia, acecho, extorsión, hostigamiento, o bien es obsceno o pornográfico, deberá informarse de ello a la policía (Willard, 2005a). Otra madre que fue entrevistada para la redacción de este libro descubrió en una red social online una página web dirigida a su hija y titulada: “Lisa Smith 164
  • 156. qué pueden hacer los padres debe morir”. La página incluía comentarios de odio hacia Lisa, pero no aparecían amenazas específicas. Mrs Smith fue, no obstante, derivada a la unidad de delitos tecnológicos de la policía local, pero en este caso el abogado de distrito no dictó ningún apercibimiento judicial. Aunque Mrs Smith se sintió decepcionada por este resultado, sí logró que quitaran la página colgando el siguiente mensaje asertivo en la página web: “Soy la madre de Lisa Smith. Mañana pienso enseñarle esto a la policía. También entregaré una copia en el colegio. Tus padres no estarían orgullosos de lo que estás haciendo. Si fueras inteligente, se te ocurrirían otras cosas mejores que hacer para matar el tiempo”. Al día siguiente, la página web había sido cerrada por la persona que la había creado. Además, una de las autoras del libro sugirió que Mrs Smith concertara una entrevista con la orientadora escolar de 7º curso del centro donde estudiaba Lisa, para enseñarle una copia impresa de la página web y pedirle ayuda. Mrs Smith estaba bastante segura de que detrás de la página web había algunos compañeros de clase, y la orientadora estaba más que dispuesta a hablar con los profesores para pedirles que estuvieran atentos a la aparición de cualquier incidente de acoso escolar y escuchar lo que dijeran los compañeros de clase y que pudiera tener como blanco a Lisa. Independientemente de si podemos averiguar la identidad del agresor o no, siempre se pueden dar algunos pasos con objeto de abordar la situación. Al igual que sucede con los mensajes instantáneos, los mensajes de texto y los e-mails, por lo general tampoco se recomienda que la víctima o los padres de la víctima respondan a ninguno de los comentarios maliciosos o de los contenidos ofensivos colgados en la página web. Ahora bien, cuando la identidad del agresor no se puede confirmar y prosiguen los comentarios por la red, puede ser útil que los padres cuelguen un comentario asertivo, como hizo Mrs Smith. Desgraciadamente, si el menor elegido como blanco responde a los comentarios maliciosos, habitualmente ello suele añadir leña al fuego, y el agresor (o agresores) responderá a su vez de una forma más agresiva después de que la víctima haya tratado de defenderse. 165
  • 157. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Pedir a la web o la red social online que retire los contenidos ofensivos Como ya dijimos anteriormente, lo mejor es ignorar los casos leves de acoso electrónico tales como uno o dos mensajes instantáneos, comentarios subidos a la red, o un mensaje de texto desagradable. La información colgada en una web, sin embargo, puede seguir perjudicando a un estudiante cuando se deja como está para que todo el mundo la pueda ver. Aunque los padres pueden querer identificar a los agresores y asegurarse de que sean castigados, habitualmente el menor se contenta simplemente con que cese el acoso. Lisa, por ejemplo, sólo quería que quitaran la página web. Afortunadamente, el comentario que colgó su madre logró hacer que los agresores retirasen los contenidos ofensivos. La madre también habría podido pedirle a la red responsable del alojamiento web [que había dado cabida a la página] que retirase los contenidos ofensivos. La mayoría de las redes sociales online (como también de los programas de mensajería instantánea) disponen actualmente de ajustes de perfiles que permiten al usuario bloquear a otros usuarios para que no puedan contactar con ellos ni colgar comentarios en su web. Si un usuario ha creado una web amenazante tomando como blanco a un menor, los padres o el menor pueden pedir que la red social online retire la web ofensiva. Los padres también deben ponerse en contacto con la justicia en dichos casos. La mayoría de las webs tienen una normativa contra los abusos que permite quejarse de los comentarios vertidos en la red. Los padres podrán acceder habitualmente a la normativa contra los abusos a través de un enlace, o a veces también en la sección “FQA” (frequently asked questions, preguntas más frecuentes) de la web. Cualquiera puede quejarse de una web ofensiva y pedir que se retire. La mayoría de las webs tienen un enlace a su departamento de atención al cliente, que permite informar de la existencia de una página ofensiva para que la retiren de la red. Dos de las redes sociales online más populares mencionadas en nuestros grupos de discusión fueron MySpace y Xanga. MySpace se asoció recientemente con WiredSafety.org para brindar consejos prácticos sobre seguridad 166
  • 158. qué pueden hacer los padres a sus usuarios, además de enlaces para informar del acoso cibernético. Xanga.com enumera las siguientes razones por las que pueden decidir cerrar una página web: � Tiene la única finalidad de insultar o de hostigar a otra persona o grupo étnico. � Es descaradamente pornográfica. � Contiene una amenaza explícita de muerte (o una amenaza física) dirigida a otra persona. Aunque no sea una red social online per se, YouTube.com se ha convertido en una website muy popular entre los jóvenes para subir y difundir vídeos realizados por los usuarios. Hemos observado la presencia de algunos videoclips dirigidos a compañeros de clase que constituían casos de acoso. YouTube.com tiene un dispositivo en vigor que permite a los usuarios informar de dichos vídeos ofensivos, que no cumplen las directrices de la web para que los vídeos sean considerados aptos. ¿Conviene prohibir a los menores acceder a las redes sociales online? Aunque son muchos los padres que reaccionan al acoso electrónico prohibiendo totalmente el uso de las redes sociales online, con ello les están pidiendo a sus hijos que renuncien a un pasatiempo enormemente popular entre los estudiantes, que posibilita el desarrollo de la identidad y la exploración de sí mismo. Los niños más pequeños probablemente no tienen el juicio necesario para usar sin peligro dichas redes, pero los adolescentes más mayores disfrutan expresándose y explorando su identidad a través de la red. Los padres pueden permitir el acceso, pero tienen que establecer unas normas y, de cuando en cuando, visitar la web. Según su website, www.My Space.com, el mínimo actual de edad de MySpace es de 14 años; pero es muy fácil que un niño mienta a propósito de su edad y cree un perfil. Los padres deben dar su aprobación para la red social online únicamente si su 167
  • 159. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston hijo acepta las directrices de la web, y les comunica a los padres el nombre de su perfil y su contraseña. El menor y los padres también deben acordar que los padres podrán ver el perfil de vez en cuando, por lo menos hasta que no estén más avanzados en la adolescencia [18-19 años]. También se están creando ahora websites sólo para los adolescentes más jóvenes [13-14 años] que aseguran una experiencia online más segura, tales como YFLY. com. WiredSafety.org se asoció con YFLY.com para brindar consejos prácticos a sus usuarios adolescentes, y su uso está restringido actualmente a los usuarios comprendidos entre los 13 y los 19 años de edad [la adolescencia]. BlogSafety.com incluye también consejos útiles para los adolescentes sobre la forma más segura y apropiada de llevar un blog. A los padres puede serles útil recurrir a estas webs como una base para que su hijo aprenda a colgar contenidos en las webs de una forma segura. Las redes sociales online continúan siendo enormemente populares durante los años de universidad (cuando los hijos ya no están bajo el techo ni el control de sus padres), por lo que el brindarles a los adolescentes unas normas ajustadas a su edad para utilizar las redes sociales online puede ser la mejor solución por parte de los padres. La clave está en ayudar a los hijos a comprender que se están haciendo con una fama dentro del ciberespacio, que les acompañará en lo sucesivo. Esto lo analizaremos con más detalle en la sección sobre el seguimiento de la reputación online del menor. Contactar con los padres de ciberacosador Los creadores de programas de prevención del acoso escolar generalmente alegan que es arriesgado o ineficaz que los padres de una víctima se pongan en contacto con los padres de un agresor en el caso del acoso tradicional (e.g., Olweus, 1993a). Con frecuencia, los padres del menor que acosó se muestran indiferentes o a la defensiva en relación con el acoso y tachan la conducta de sus hijos como “los niños ya se sabe”. No es infrecuente que los padres hagan declaraciones como: “Prefiero que los chicos solucionen esto entre ellos”, lo que supone la existencia de un terreno de juego nivelado para las distintas partes implicadas. Desgraciadamente, con el acoso escolar sabe- 168
  • 160. qué pueden hacer los padres mos que no existe tal cosa; se trata de un abuso de poder similar en algunos aspectos al maltrato infantil y la violencia doméstica (Olweus, 1993a). El ciberacoso puede ser excepcional en que los estudiantes que en condiciones normales no acosarían a nadie, se sienten autorizados a participar en conductas de acoso a través de internet. Si bien los porcentajes de acoso tradicional son más elevados entre los chicos (Nansel et al., 2001; véase el capítulo 2), el acoso cibernético parece ser más común entre las chicas (Kowalski & Limber, 2006; véase el capítulo 4). El ciberacoso reactivo tiene lugar cuando los menores que se sienten maltratados o desalentados en su vida cotidiana se descargan, a menudo de forma anónima, en internet. Dado que la dinámica del acoso cibernético es un tanto diferente de la del acoso tradicional, procede alentar a los padres de la víctima a mostrar las pruebas del ciberacoso a los padres del acosador en determinados casos. El lenguaje del acoso electrónico suele ser muy amenazante, ofensivo y estar lleno de palabrotas. Será difícil para unos padres normales que insistan en defender a su hijo cuando se vean delante de una copia que contenga un lenguaje tan ofensivo. Después de descubrir la identidad del agresor, Mrs McClain se sintió desorientada respecto de cuál debía ser el siguiente paso que tenía que dar. El detective declaró que si bien podía presentar cargos contra la agresora de 9º curso, la estudiante era en esencia una “buena chica” procedente de una “buena familia” que asistía a un programa para alumnos aventajados en un instituto de la localidad. “No quiero presentar cargos”, le confesó Mrs McClain a la orientadora escolar, “pero sí quiero hacer algo. No quiero que la chica piense que lo que ha hecho se puede aceptar. ¿Cree que estaría bien que hablara con los padres? El detective me dio los nombres y el número de teléfono. Dijo que la madre era muy receptiva”. “Pienso que estaría bien”, respondió la orientadora. “También estaría dispuesta a reunirme con todos vosotros, si pensáis que podría ser útil −una especie de mediación o de reunión para rendir cuentas, si todos están de acuerdo. Brandy puede elegir si quiere estar presente o no. No queremos en absoluto que vuelva a sentirse perjudicada”. 169
  • 161. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston En el caso de Mrs McClain, la madre de la agresora, Mrs Jones, se mostró muy preocupada por la conducta de su hija y muy receptiva ante la posibilidad de reunirse para tratar la situación. Después de que Mrs Jones acordara reunirse con Mrs McClain, la orientadora del programa de ayuda contactó con ambas partes y quedó en reunirse con los padres de las dos chicas, además de con la estudiante que había creado la web amenazante, en un lugar elegido de común acuerdo. Brandy no quiso estar presente durante la sesión, pero sus padres sí. Mrs Jones mostró su preocupación por el incidente cuando le notificaron su existencia, pero cuando trató de ver la página web real, ya la habían quitado. Después de que le mostraran una copia impresa de los contenidos del blog que Mrs McClain había guardado, Mrs Jones se quedó impresionada y horrorizada por la conducta de su hija. Una cosa era oír que su hija había ame­ a­ n zado a otra estudiante, y otra bien distinta ver unos comentarios plagados de palabrotas y de una brutalidad impresionante. Pocos padres podrían justificar tales contenidos con un simple “los niños ya se sabe”. A raíz de ver las pruebas, Mrs Jones se sintió muy motivada a tomar medidas para ocuparse del acoso cibernético y supervisar lo que su hija hiciera por la red. En los casos de acoso tradicional en que las agresiones tienen lugar en el colegio, el orientador escolar o el director del centro habitualmente se ponen en contacto con los padres tanto de la víctima como del agresor. Los padres de un menor que ha sido acosado en el colegio necesitan saber que sus preocupaciones están teniendo una respuesta, que la dirección se está reuniendo con los padres del agresor y que, en caso de proceder, se aplicarán las correspondientes sanciones a la conducta de acoso. Estos padres también pueden trabajar con la dirección para elaborar un “plan de seguridad” que incluya una mayor supervisión por parte de los adultos y posibles cambios en el horario de clases de cualquiera de las partes implicadas, para ayudar a minimizar la exposición de su hijo a la conducta de acoso. Los padres del acosador necesitan tomar conciencia de la situación y ser conscientes de las consecuencias que se aplicarán ante la conducta de acoso, actual o futura, instigada por su hijo. 170
  • 162. qué pueden hacer los padres Dado que a menudo suele suceder fuera del ámbito del colegio, el acoso electrónico puede requerir una respuesta diferente. Con frecuencia suele tener lugar entre los compañeros de colegio, pero también puede ocurrir entre estudiantes que van a diferentes centros, como demuestra el caso de nuestro ejemplo. En razón de ello, en algunos casos puede ser apropiado que los padres de la víctima se pongan en contacto con los padres del agresor. No existe ninguna garantía de que los padres del agresor vayan a responder de una forma que resulte útil, pero con frecuencia se tomarán la situación en serio cuando les aporten alguna prueba visual del acoso. En algunos casos, puede ser eficaz enviar una carta a los padres con una copia impresa del acoso electrónico y una petición por escrito solicitando que cesen los mensajes ofensivos. Los padres de la víctima deberán acordar cuáles van a ser los pasos siguientes en caso de proseguir el acoso electrónico, tales como, por ejemplo, contactar con las autoridades o con un abogado (cuando ello sea apropiado), pero esto se debe hacer con tacto y con calma. Se aconseja a los padres que describan la conducta de acoso, en lugar de tachar al otro estudiante de matón. Solicitar la ayuda del colegio para intervenir Los estudiantes de nuestros grupos de discusión dijeron que era más probable que hablaran con alguno de sus padres que con cualquier otro adulto, acerca de la situación de acoso cibernético. Tal vez los padres puedan investigar y manejar la situación de acoso cibernético por sí solos o con la ayuda de la comunidad, pero en algunos casos los padres necesitarán la ayuda del colegio para averiguar si el acoso electrónico o el acoso tradicional está teniendo lugar dentro del campus [el conjunto de terrenos y edificios del centro]. El colegio también puede brindar recursos y ayuda para intervenir. Mostrar al colegio las pruebas disponibles Los colegios necesitan ser informados de las situaciones de acoso escolar que incluyan a estudiantes de su centro, con objeto de poder velar eficaz- 171
  • 163. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston mente por la seguridad de los estudiantes. Es útil que los padres impriman una copia de la prueba del acoso electrónico y la den a conocer al orientador psicopedagógico o el director del colegio, al margen de que conozcan la identidad del agresor o no. El orientador o el director correspondiente pueden investigar si el acoso está teniendo lugar en el colegio, así como a través de internet. Aunque los colegios pueden no estar capacitados para aplicar sanciones por los casos de acoso cibernético que tengan lugar fuera del horario de las clases (véase el capítulo 7), es posible que los incidentes (ya sea de acoso electrónico o de acoso tradicional) estén teniendo lugar también en el campus del centro. En tales situaciones, el colegio puede tener alguna normativa en vigor para abordar el acoso tradicional y el acoso electrónico que suceda dentro del campus. El personal del colegio puede ayudar a vigilar la situación Mostrar las pruebas al colegio le permitirá a la dirección vigilar más estrechamente las posibles situaciones de acoso y, si fuera necesario, crear un plan de seguridad para el alumno. Si se averigua que las ofensas se están produciendo utilizando la tecnología del colegio, el distrito académico tiene la responsabilidad de abordar la situación. Estos incidentes deben ser documentados por los padres para proveer al orientador o al director de la mayor información posible sobre cuándo y dónde están ocurriendo los incidentes. Si un estudiante está utilizando un teléfono móvil para acosar electrónicamente a otro estudiante mientras está en el colegio, la dirección también podría intervenir. Solicitar la ayuda del colegio para contactar con los padres Si los padres de un menor acosado tienen razón en dudar de que los padres del ciberacosador vayan a reaccionar adecuadamente a su solicitud de que cede el acoso electrónico, o si el acoso electrónico aparece acompañado del acoso tradicional dentro del colegio, puede que los padres tengan que solicitar que el orientador escolar o el director del colegio se ponga en contacto 172
  • 164. qué pueden hacer los padres con los padres del agresor para notificarles el incidente. Seamos conscientes, no obstante, de que si bien los colegios públicos pueden ayudar alertando a los padres de los alumnos implicados a través de una llamada de teléfo- no o de una carta enviada a casa, puede que no estén capacitados legalmente para sancionar a los estudiantes por los comentarios online o los contenidos colgados en la red que se realicen desde sus casas, por temor a violar los derechos de los estudiantes a la libertad de palabra y la libertad de expresión que recoge la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos (véase el capítulo 7). Los colegios privados tienen más opciones en este ámbito, y pueden estar capacitados para imponer sanciones por el acoso electrónico que tenga lugar fuera del campus. Si las ofensas son de carácter delictivo, el oficial de policía del colegio podría estar capacitado para inter­ enir o derivar a los padres al funcionario de justicia más apropiado. Los v colegios también pueden estar capacitados para proveer materiales o recur- sos educativos para los padres en relación con el acoso cibernético y la seguridad en el ámbito de internet. El distrito académico puede tener orientadores psicopedagógicos que estén dispuestos a ayudar a las partes implicadas concertando una reunión extraoficial para buscar una solución. El capítulo 6 incluye algunos consejos prác- ticos para los orientadores escolares que deseen mediar en una resolución extraoficial o aplicar la estrategia de la “reunión par rendir cuentas” que puede ser útil en algunos casos, y que se utilizó con éxito en el caso de Mrs McClain. Opciones legales Mrs McClain no quiso presentar cargos legales contra la estudiante de 9º que acosó a su hija, pero lo podría haber hecho. A veces el hecho de amenazar con llamar a la policía o ponerse en contacto con un abogado es suficien- te para asegurarse de que cese el acoso electrónico. Hay que llamar a la policía si el acoso electrónico incluye: 173
  • 165. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston � Amenazas de daño físico a un individuo. � Importunación [acecho obsesivo] u hostigamiento. � Imágenes pornográficas. � Extorsión (Willard, 2005a). En casos excepcionales, los padres pueden optar por denunciar al ciberacosador o a los padres del ciberacosador. En algunas jurisdicciones los tri­ bu­ a­es han dictaminado que los padres del menor pueden ser declarados n l económicamente responsables si el menor comete una fechoría como consecuencia de la falta de vigilancia de los padres (Willard, 2005). Los padres pueden consultar con un abogado especializado en daños personales si el menor ha sido hostigado o amenazado de tal forma que ha ge­ e­ a­ o una n r d alteración emocional grave, o si su reputación ha quedado gra­ e­ en­e v m t dañada de resultas de subir información falsa a la red. Los padres del menor implicado en el acoso cibernético que no hayan respondido a las quejas previas, probablemente se mostrarán más receptivos ante la situación cuando se encuentren con una carta de unos padres o de un abogado exponiendo brevemente las posibles acciones legales. Los padres comprobarán que merece la pena dedicar un tiempo a revisar y guiar las actividades de sus hijos por internet, cuando se vean ante la perspectiva de ser demandados en respuesta a las declaraciones escritas por sus hijos en la red, o de que presenten cargos legales contra sus hijos. Esta podría ser otra razón adicional para que los padres se muestren proactivos concienciándose e informándose respecto de internet y co­ u­ i­ an­ m nc do unas directrices y unas expectativas respecto de cómo deben com­ or­ p tar­ e sus hijos cuando naveguen por la red. Sería una lástima que los actos s de un menor condujeran a abrir un expediente penal al menor o bien a otras acciones legales contra los padres, pero, a menos que los padres asuman una parte razonable de responsabilidad por los actos de sus hijos y reconozcan que el hecho de ser padres debe proseguir en el mundo virtual, dicha eventualidad sería una posibilidad real. El cuadro 5.1 incluye un resumen de distintos consejos legales y de otro tipo para responder al acoso cibernético (véase el capítulo 7 para una información más en profundidad sobre cuestiones legales y acoso electrónico). 174
  • 166. qué pueden hacer los padres Cuadro 5.1 Sugerencias de actuación para responder al acoso cibernético � Guardar las pruebas. Imprimir copias de los mensajes y de las páginas web. Hacer uso del dispositivo de guardado en el caso de los mensajes instantáneos. � Primera ofensa (si es de carácter leve) − ignorar, borrar o bloquear al remitente. Los programas de mensajería instantánea, el correo electrónico, y los teléfonos móviles habitualmente suelen tener unos dispositivos de bloqueo. � un perfil falso u ofensivo eligiendo a nuestro hijo como blanco aparece en Si una red social online, informemos de ello a la website. El enlace para informar de los casos de acoso cibernético y de los perfiles falsos aparecerá en las secciones de ayuda de muchas de las websites. MySpace tiene un centro de ayuda en su website que incluye un enlace para denunciar la presencia de perfiles ofensivos. Asegurémonos de apuntar el enlace (la dirección de la website) al sitio web, por si tuviéramos que informar de algún incidente. � Investigar la presencia de nuestro hijo en la red. Crear una alerta en Google, o buscar el nombre de nuestro hijo de cuando en cuando sirviéndonos de distintos dispositivos de búsqueda. � el responsable es otro estudiante, mostrarle las pruebas al orientador psiSi copedagógico del colegio. Asegurarnos de comprobar si puede estar pro­­ du­ cién­ ose algún caso de acoso escolar dentro del colegio. ­­ d � el responsable es una persona conocida y el acoso electrónico es contiSi nuado o grave, ponernos en contacto con los padres del menor y mostrarles las pruebas que tenemos (si nos sentimos capaces de hacerlo). Pedirles que se aseguren de que cese el acoso electrónico y de que se retiren los contenidos que aparecen en la red. � los padres del ofensor no se muestran receptivos y la conducta sigue Si adelante, los padres de la persona elegida como blanco pueden ponerse en contacto con un abogado o enviar una carta certificada exponiendo brevemente las posibles opciones civiles y legales a las que recurrirán, en el caso de que la conducta de acoso no cese o de que no se retiren de la red los contenidos ofensivos. � Informar del acoso electrónico a la policía o a la unidad de delitos tecnológicos de nuestra zona, si el acoso contiene amenazas, intimidación, o alguna forma de explotación sexual. � nuestro hijo manifiesta un desarreglo emocional o ideas de hacerse daño, Si pedir ayuda inmediatamente al orientador psicopedagógico del colegio o algún otro profesional de la salud mental. 175
  • 167. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Sugerencias para abordar el acoso cibernético que los menores practican o presencian La investigación sobre el acoso escolar ha demostrado que la mayoría de los jóvenes no se han visto jamás en el papel de acosadores ni de víctimas (Olweus, 1993a). La mayoría de los jóvenes han sido testigos del acoso. Pueden desempeñar toda una variedad de papeles como testigos presen- ciales o espectadores ocasionales, incluido el de observadores externos neutrales o posibles defensores (un menor que ve la conducta de acoso y no le gusta, pero no sabe con seguridad qué debe hacer). Los adultos tienen que ayudar a los jóvenes a comprender que tienen un papel importante que desempeñar como espectadores. Los padres pueden hablar con sus hijos de las diversas opciones que tienen a su alcance cuando presencien las conductas de acoso en el mundo real, y el ciberacoso en el mundo vir- tual. Con demasiada frecuencia, los jóvenes presencian el acoso, se sienten mal, y no hacen nada. A continuación tenemos algunos de los comentarios que hicieron los estudiantes explicando lo que sentían cuando presenciaban el acoso electrónico: “Me quedé sorprendida y eso, porque eran amigos míos y yo sabía que ella no les caía bien, pero pensaba que era una bajeza hacer eso, pensaba que estaba mal, y por eso me sorprendió que lo hicieran” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Me sentí mal por ella, porque se metían con su aspecto físico y eso, y ella no podía hacer nada” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Me sentí muy mal porque todo el mundo se estaba comportando de una forma tan mezquina” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Me sentí mal por ella, porque eran muchas chicas haciéndole una cosa así a una sola chica… en MySpace” − chico de primer ciclo de secundaria. “Estaba furioso” − chico de primer ciclo de secundaria. 176
  • 168. qué pueden hacer los padres A pesar de sentirse afectados o decepcionados por la conducta de sus amigos, los espectadores ocasionales no le hablaron a ningún adulto de lo que estaba pasando en la enorme mayoría de los casos de acoso electrónico debatidos en nuestros grupos de discusión. En razón de ello, es crucial que los padres hablen con sus hijos sobre qué hacer cuando sean testigos del acoso cibernético. Si nuestro hijo presencia el ciberacoso Los padres pueden ayudar a sus hijos a convertirse en espectadores “autorizados” analizando las siguientes estrategias con sus hijos: 1. Manifestarse en contra del acoso electrónico. Los menores pueden hacer saber a los ciberacosadores que piensan que lo que están haciendo está mal, y que tienen que dejar de acosar a otras personas. Esta puede ser o no una opción segura para algunos espectadores. Si bien ciertamente no será de ayuda si el ciberacosador se vuelve contra ellos, algunos jóvenes se verán capaces de enfrentarse a otras personas que estén acosando a los demás. Estos jóvenes son lo bastante asertivos y tienen el suficiente apoyo social como para obrar así. La unión hace la fuerza. Un estudiante puede no querer ponerle freno al ciberacosador él solo, pero el lograr que un grupo de amigos le hagan frente al ciberacosador cara a cara o por la red puede dar resultados positivos. 2. Apoyar al alumno que está siendo acosado. Hablar con las víctimas cara a cara (o a través del ciberespacio) y hacerles saber que sus compañeros piensan que el ciberacoso está mal, puede brindar el tan necesario apoyo emocional a las víctimas. Ante el silencio, muchos de los menores que están siendo acosados tienen la impresión de que todo el mundo piensa igual, siente simpatía o está de parte del ciberacosador. En semejante situación, es fácil que la víctima sienta que no tiene ningún amigo. En el caso de Lisa Smith (de cuya web de “Lisa debe morir” hablamos más arriba), sus amigos colgaron comentarios positivos en la web para contrarrestar los mensajes negativos. En una entrevista de seguimiento en relación con el incidente, la madre de Lisa comen- 177
  • 169. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston tó que a su hija le ayudó a sobrellevar la situación, cuando vio los comentarios positivos y los mensajes de apoyo de sus amigos colgados en la red. 3. Decírselo a un adulto. Desgraciadamente, son muchos los espectadores, al igual que las víctimas, que evitan decirle nada a un adulto sobre los casos de acoso cibernético. Como ya dijimos más arriba, algunos tienen miedo de hablar de ello porque piensan que pueden perder sus privilegios electrónicos. A los padres puede serles útil aclararles a sus hijos que no van a ser castigados por la conducta de acoso de otra persona ni por su reticencia a intervenir para detener el acoso electrónico. El objetivo de los padres debe ser ayudar a mejorar la situación, en lugar de censurar. Los padres también pueden hablar con sus hijos para identificar quiénes son los adultos en los que tienen la impresión de que pueden confiar o a los que se pueden dirigir, si necesitan ayuda o consejo. Si bien los padres suelen preferir que sus hijos acudan a ellos cuando tengan un problema, es útil que los jóvenes tengan un círculo más amplio de adultos a los que poder acudir para pedir ayuda. Si un compañero de clase está siendo acosado electrónicamente, el adulto más apropiado al que dirigirse puede ser el orientador escolar o un profesor servicial. Los padres deben explicarles a sus hijos que estos adultos necesitan conocer la situación para poder ayudar a frenar el acoso. Los dilemas sociales más difíciles que muchos niños tienen que afrontar son en condición de testigos o espectadores. Una cosa es evitar tomar parte en una conducta maliciosa, poco honesta o poco ética. Pero se requiere todavía más fibra moral para actuar cuando los menores observan a otros compañeros emprender dicha conducta. A los padres puede serles útil admitirles a sus hijos que a veces los adultos tampoco son capaces de hablar claramente ni de intervenir cuando presencian una conducta que no está bien. Pensemos en lo reticentes que los padres A se muestran a llamar a los padres B aunque sepan que el hijo de los padres B está tomando parte en una conducta perjudicial que puede ser dañina para él mismo o para los demás. Los padres pueden necesitar mirarse al espejo para asegurarse de que están predicando con el ejemplo. 178
  • 170. qué pueden hacer los padres Si nuestro hijo ha tomado parte en el ciberacoso Imaginemos que el orientador escolar nos llama por teléfono para hacernos saber que nuestra hija ha tomado parte junto con otros estudiantes en la creación de una página web para reírse de una compañera de clase. En la página web, los estudiantes colgaron comentarios negativos sobre el aspecto físico de la chica y la describieron en unos términos sexualmente des­ ec­ p tivos. Dado que los comentarios se imprimieron y se mostraron en el colegio, la dirección del centro es de la opinión de que los estudiantes deben ser sancionados por su participación en la conducta de acoso, y solicitan que vayamos al colegio para tener una reunión. ¿Cuál sería nuestra reacción? � Negamos que nuestra hija pueda haber participado en semejante cosa y amenazamos con llevar el asunto hasta sus últimas consecuencias. Pedimos que nos muestren las pruebas que tengan de que nuestra hija tomó parte en los hechos, y amenazamos con interponer una demanda judicial si han cometido un error. � Acusamos al colegio de reaccionar de una forma desproporcionada y explicamos que son simplemente “cosas de niños”. Puntualizamos que los “cuadernos sarcásticos” entre los alumnos de secundaria han existido siempre y que aunque puedan ser un poco malintencionados, tampoco es para tanto. “¿De verdad tenemos necesidad de celebrar ninguna reunión para hablar de esto?”. � Escuchamos detenidamente lo que nos dicen y expresamos nuestra preocupación por la conducta de nuestra hija y de sus compañeros de clase. Accedemos a asistir a la reunión y le garantizamos al colegio que apoyamos su actitud de tomarse en serio el acoso electrónico. Nos hacemos también el propósito de hablar seriamente con nuestra hija, para comprender mejor el papel que desempeñó en el incidente. Pocos padres estarán dispuestos a admitir que sus hijos son capaces de hacer una crueldad o de tomar parte en una conducta de acoso. Nuestra experiencia es que muchos profesores se muestran muy vacilantes a la hora de utilizar el término “acoso” para describirles a los padres la conducta de 179
  • 171. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston sus hijos, porque los padres suelen reaccionar desproporcionadamente al oír la expresión. “¡Mi hijo no es ningún acosador!” y “¿Me está diciendo que mi hijo es un acosador?” son respuestas habituales de los padres. En lugar de ponerse a la defensiva, los padres de los estudiantes que participan en la conducta de acoso deben reconocer que la mayoría de las personas son capaces de apoyar o de participar directamente en una conducta de acoso en algún momento de su vida. El menor que participa en una conducta de acoso no es necesariamente un “acosador” durante el resto de sus días. La aparición de internet y de las comunicaciones electrónicas, combinado con la posibilidad de colgar información de forma anónima, ha influido para que algunos jóvenes hagan comentarios negativos por la red, que sería mucho menos probable que hicieran si los comentarios aparecieran acompañados de sus nombres. No obstante, algunos de los jóvenes que acosan electrónicamente también practican otras formas de acoso. Si la investigación sobre un incidente de acoso cibernético sugiere que un menor está acosando a otro estudiante en el colegio además de por la red, los padres se enfrentan con una situación muy seria que tal vez se pueda corregir de la mejor forma mediante una combinación de sanciones, orientación psicopedagógica y posiblemente algún servicio comunitario. Las consecuencias y la orientación deben centrarse en corregir las creencias erróneas sobre los derechos [i.e., el supuesto derecho a hacer lo que hizo], en tanto que el servicio comunitario (utilizado adecuadamente) puede ayudar a aprender a ser empático. También es importante en este caso supervisar mucho más detenidamente el uso de internet que haga el menor. Instalar un programa de rastreo sería una forma de verificar que el menor se está comunicando únicamente de una forma positiva por la red y accediendo únicamente a las páginas web acordadas. Si el menor parece verdaderamente arrepentido de sus actos, sería apropiado que le escribiera pidiendo disculpas al menor acosado y a los restantes miembros de la familia a los que haya podido hacer daño. Pero jamás es una buena idea obligar a disculparse, lo que puede hacer más mal que bien. El 180
  • 172. qué pueden hacer los padres menor que ha sido acosado electrónicamente reconocerá que el gesto no es sincero y puede sentirse más dolido adicionalmente por el incidente. Los padres del menor que participó en el acoso electrónico pueden hacer que un orientador escolar revise la nota de disculpa para asegurarse de que parezca sincera y apropiada, antes de dársela a la familia del menor elegido como blanco. Los padres deben recordar que todo reto que los menores tengan que afrontar supone igualmente una oportunidad de aprender. Consideremos las enseñanzas que los menores pueden extraer de una experiencia semejante. Cuando los padres pillan a un menor tomando alcohol u otras drogas, o participando en alguna otra conducta de alto riesgo, es normal reaccionar emocionalmente y ver sólo los aspectos negativos del incidente. Es mucho más útil, sin embargo, reconocer que ello brinda la oportunidad de corregir una situación a la que es preciso prestar atención. Esta es una oportunidad para volver a enseñar, volver a guiar, y volver a transmitir unos valores a unos hijos que necesitan oír estos mensajes. Los padres pueden reflejar con su actitud que ha llegado el momento de centrarse detenidamente en cuestiones que son importantes para la familia. La otra opción es que los padres adopten la actitud de que su hijo no debe ser declarado responsable de sus actos, y que las direcciones de los centros escolares o los demás padres están reaccionando de forma desproporcionada. En este caso, el menor puede sacar la conclusión de que lo que hizo estuvo bien, pero que lo inaceptable es que te pillen. Tales enseñanzas contribuirán escasamente a frenar el acoso escolar y demás conductas antisociales. Al enseñar a ser empáticos y modelar la compasión hacia los demás, los padres tendrán menos probabilidades de ver que sus hijos participan en conductas de acoso. No hay garantías, sin embargo, de que, al verse expuestos a la dinámica de un grupo de compañeros, los menores vayan a optar siempre por no tomar parte en el acoso y demás conductas negativas. En razón de ello, los padres deben discutir activamente la conducta de acoso y las distintas estrategias de actuación de quienes lo presencian, a fin de preparar a sus hijos para enfrentarse a las situaciones con las que se pueden encontrar. 181
  • 173. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Si nuestro hijo está siendo acosado, pero también está acosando electrónicamente para vengarse “Una vez acosé electrónicamente a esta persona porque él había difundido una serie de rumores sobre mí… Colgué una página entera en Xanga hablando de él. Propagué el rumor de que estaba engañando a su novia, y de hecho su novia rompió con él” – chico de segundo ciclo de secundaria. Existen algunos casos de acoso electrónico que suceden cuando un estudiante que ha sido víctima del acoso en el colegio decide desquitarse por la red. Un estudiante que carece del apoyo social o de las habilidades asertivas necesarias para hacerle frente a la conducta de acoso dentro del colegio, ocasionalmente puede servirse del anonimato que brinda internet para responder o atacar a un acosador percibido como tal. Si los padres descubren que su hijo ha tomado parte en algún acoso electrónico, es importante asegurarse de que el menor no está siendo objeto de otras conductas de acoso dentro del colegio. El menor que emprende un acoso electrónico en venganza puede encajar en la categoría de la “víctima/agresor” o de la “víctima provocadora” analizada en el capítulo 2. Estos menores pueden tener unas habilidades sociales deficientes que les sitúan en un riesgo más elevado de ser acosados en el colegio, y se podrían beneficiar de un grupo de apoyo dentro del colegio que enfatizara el desarrollo de las habilidades sociales (tales como, por ejemplo, las “habilidades para hacer amigos”). Estos menores también se podrían beneficiar de la orientación psicopedagógica individual, sobre todo si no existen grupos de apoyo. Si bien la venganza online no debe consentirse, abordar el acoso dentro del colegio reducirá la probabilidad de desquitarse por la red. Los padres tienen que enfatizar que dicha venganza está fuera de lugar, pero empatizando con la frustración que sus hijos puedan sentir. Será crucial solicitar la ayuda del colegio para abordar la situación de acoso dentro del campus; sin embargo, los padres del menor que ha emprendido el ciberacoso tendrán que dar todos los pasos necesarios para asegurarse de que cese el acoso electróni- 182
  • 174. qué pueden hacer los padres co. Los padres también tendrán que apoyar la política del colegio en relación con el acoso cibernético, si ha tenido lugar dentro del campus o a través de la utilización de la tecnología del colegio. Pero también deben asegurarse de que el colegio sea consciente del acoso escolar que influyó en el desquite. Los padres pueden solicitar tener una reunión con el colegio a fin de encontrar a un adulto apropiado al que su hijo pueda dirigirse si sufriera algún acoso adicional dentro del colegio. Como ya dijimos más arriba, el orientador escolar o el director del centro pueden ayudar a los padres y al menor a elaborar un plan de seguridad que incluya un aumento de la supervisión por parte de los adultos de aquellas situaciones en las que habitualmente tenga lugar la conducta de acoso escolar. Ello puede incluir ajustar los horarios de clase (de cualquiera de las partes, pero preferible del estudiante que tomó parte en el acoso cibernético), en caso de necesidad. Además, los padres pueden elaborar un acuerdo por escrito en casa con el menor, explicando el uso apropiado del ordenador y aclarando que la utilización de internet para hostigar o degradar a los demás no se puede aceptar. El acuerdo tiene que incluir unas consecuencias claras, tales como la pérdida de privilegios electrónicos, en el caso de que la conducta vuelva a repetirse. Los padres pueden hacer que sus hijos firmen una copia del acuerdo y conservarla como referencia en el caso de producirse cualquier otra infracción con el ordenador. Sugerencias para que los padres puedan prevenir el acoso cibernético Muchos padres dan por supuesto que simplemente con que les digan a sus hijos que tienen que tratar a los demás con respeto, ya han hecho suficiente para prevenir el acoso electrónico. Después de años de investigación, los expertos en prevención han aprendido que los adultos no pueden transmitir un mensaje una única vez y esperar que los menores lo hayan recibido y lo incorporen a su práctica. Muchos especialistas en prevención utilizan el modelo de la inmunización como ejemplo. La vacuna contra la gripe puede 183
  • 175. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ser eficaz para prevenir la gripe, pero es preciso repetirla cada año. Lo mismo sucede con los mensajes sobre las conductas sanas. Decirle a un menor una sola vez que no tome alcohol ni otras drogas, no será suficiente para que logre abrirse paso a través de los años de la adolescencia cuando el consumo de alcohol y de drogas entre los menores de edad se vuelve más frecuente. Exponerle a un menor el ideal de conducta una única vez, no será suficiente para contar con que siempre va a tratar a los demás como le gustaría que le trataran a él. Se recomienda, pues, que los padres hablen con sus hijos respecto de las normas para cada nuevo elemento tecnológico que entre en casa (Franek, 2005/2006). Dichos debates deben incluir las cuestiones relativas al mantenimiento, la seguridad y los usos vetados. Además, los padres tienen que asegurarse de cumplir las normativas en relación con los mínimos de edad de las distintas websites. Por ejemplo, el mínimo de edad para ingresar en MySpace es de 14 años, pero de forma regular los menores suelen mentir acerca de su edad para poder crear perfiles a edades más tempranas. Dado que los padres están rara vez presentes en el mundo online de los niños y los adolescentes, es crucial crear un entorno doméstico que favorezca la supervisión. Uno de los consejos prácticos más básicos sobre seguridad en internet para las familias, es colocar el ordenador en el cuarto de estar o en la cocina, donde los adultos puedan verlo fácilmente cuando están en casa. Esta directriz razonable se vuelve más difícil a medida que aumenta el número de hogares con conexión inalámbrica y los ordenadores portátiles se pueden llevar de una habitación a otra y seguir entrando en internet. Establecer unas normas familiares de antemano que insistan en que los ordenadores deben estar fuera de los dormitorios, ayudará a prevenir el acceso a la red sin ninguna vigilancia. La celebración de reuniones familiares semanales favorece la comunicación respecto de cualquier cuestión que pueda afectar a la familia. Estas reuniones semanales son el momento ideal para sacar a colación las normas básicas para usar un nuevo accesorio tecnológico y hablar de sus posibles usos inapropiados. Los padres pueden definir y explicar el acoso electrónico en 184
  • 176. qué pueden hacer los padres dichas reuniones familiares y recordarles a los hijos las normas de la familia al presentar las novedades tecnológicas. Los padres no sólo deben repetir y reforzar algunos mensajes importantes cuando hablan con sus hijos; también deben ayudar a los menores a aplicar estos mensajes a las nuevas situaciones. Este principio se puso de manifiesto en nuestros esfuerzos por abordar el fenómeno novedoso del acoso cibernético como parte del Programa Olweus para la Prevención del Acoso Escolar en los colegios del condado de Cobb (Georgia). A pesar de nuestros esfuerzos por alentar a los estudiantes a evitar participar en la conducta de acoso o apoyarla, descubrimos que algunos estudiantes no reconocían que su conducta maliciosa y hostigadora por la red fuera ningún acoso escolar. Esta es una importante enseñanza para los padres. Los padres tienen que ayudar a los menores a hacer la transición a lo largo de su aprendizaje en base a transmitir unos mensajes reiterados sobre las conductas apropiadas y aplicarlos a las nuevas situaciones y contextos, incluidos los contextos online. “Dedicadle un tiempo a la formación”, era la expresión preferida que el psicólogo Rudolph Dreikurs dirigía a los padres en sus charlas (Dreikurs & Stoltz, 1991). Los padres tienen que buscar todos los días las oportunidades de educar a sus hijos y de transmitirles sus valores a través del debate, más que de los sermones. A los padres puede serles útil pedirles a sus hijos que les hablen acerca de sus nuevas experiencias, a fin de que puedan comprender los retos que los jóvenes tienen que afrontar a medida que van atravesando los años de la adolescencia. Los estudiantes comunican sus consejos a los padres En cada uno de nuestros grupos de discusión, les preguntamos a los estudiantes qué podían hacer los adultos para prevenir el acoso electrónico. Tenían pocos consejos para los profesores, porque pensaban que la mayoría de los casos de acoso cibernético tienen lugar fuera del horario de clases. No obstante, algunas de las chicas de segundo ciclo de secundaria tenían bastantes consejos para sus padres. A continuación tenemos algunos de estos consejos prácticos: 185
  • 177. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston � Establecer unas directrices apropiadas a la edad. “Pienso que en mi caso los padres no tienen que dejar que los niños de 11 años entren en MySpace ni cosas de esas. O sea, ya sé que yo empecé a entrar en internet a los 13, pero entonces no había MySpace ni nada de eso. Tienen que ejercer de padres y hacerse cargo de lo que hagan sus hijos”. “Decirle a los niños que no cuelguen ninguna información confidencial en sus blogs ni cosas de esas”. “Cantidad de padres te dicen que no puedes tener un blog, pero si no pones nada personal, yo no veo ningún problema, y entonces los jóvenes se abrirían más en la relación con sus padres y les contarían más cosas”. � Hablar de las formas más apropiadas de abordar los conflictos. “Yo pienso que los padres tienen que hablar más con sus hijos. Por ejemplo, en mi casa, cuando mi hermano y yo nos peleamos, mis padres nos paran, pero no nos preguntan qué es lo que ha pasado, y la verdad es que podrían ayudarnos un poco”. � Revisar el uso que hacen sus hijos de internet. “Que vean qué están haciendo sus hijos en internet. Limitarles el acceso”. “Le enseñé a mi padre a utilizar el registro de entradas, para que vean a qué sitios están entrando en internet”. “Algunos padres ni siquiera saben cuánto tiempo se pasan sus hijos delante del ordenador. Por lo menos tendrían que preguntarles qué hacen, y eso”. “Yo pienso que podrían ayudar a controlar el uso de internet”. “Por lo menos deberían preguntarnos qué estamos haciendo con el orde- nador”. � Supervisión, no “fisgovisión”. “Los padres no deberían grabarlo todo, no soporto que me hagan eso, porque tengo una amiga que sus padres sí lo hacen. Les gusta ver todas sus búsquedas y la información almacenada y todo eso”. 186
  • 178. qué pueden hacer los padres “Mi mamá sí me supervisa. Como mi mamá ve Oprah y sale por MySpace, entonces viene y se queda de pie detrás de mí y yo le suelto: “¿Qué haces?”, y ella dice: “Sólo quiero asegurarme de que todo va bien”. � Vigilar la aparición de posibles signos de alarma. “Habitualmente un padre puede decir si su hijo está raro, o reservado, o si sus padres entran en la habitación y los hijos pegan un salto o le dan al ratón para borrar lo que sea”. � No culpar a la víctima (ni castigarles por lo que haya hecho otra persona). “Puede que tengan miedo de decírselo a sus padres porque les pueden decir: ‘te lo dije, te dije que no tuvieras ningún blog”. “Los padres no deberían castigarte antes siquiera de que hayas hecho nada −eso sólo va a servir para que el niño haga las cosas todavía más a escondidas. Hablar más con el hijo de lo que está bien y lo que está mal, y de lo que es normal”. � Formarse ellos mismos. “Deberían hacer algo para los padres, como, por ejemplo, un seminario para los padres o algo a lo que puedan ir los padres y que les hablen del ciberacoso”. Explicar los riesgos de comunicarse por la red Los padres pueden empezar por explicarles a sus hijos que las comunicaciones electrónicas se prestan al malentendido debido a la ausencia de indicaciones no verbales. Las personas utilizan con facilidad las indicaciones no verbales en las conversaciones cotidianas, para ver si alguien está siendo amable, está de broma, o enfadado. Los emoticonos (las caras sonriendo y ceñudas que se utilizan en los e-mails y en los mensajes instantáneos −por ejemplo: J L) se crearon para ayudar a los usuarios a identificar el sentido emocional que pudiera haber detrás de los mensajes. Los padres tienen que explicarles a los hijos que es más difícil comunicarse objetivamente sin indicaciones no verbales, y que tienen que tener cuidado y evitar el sarcasmo y 187
  • 179. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston demás emociones similares que puedan llevar a herir a la otra persona. Es útil enseñar a los menores a hacer uso de los emoticonos, a fin de evitar los malentendidos. Los menores también deben considerar si la persona que está al otro lado del cibermensaje verá que se trata de una broma, antes de darle al botón de enviar. Los padres tienen que insistirles de forma regular a sus hijos que es inaceptable hostigar, difundir rumores, o hacer comentarios maliciosos o des­ re­ ia­ p c ti­ os hacia otras personas por la red. Los padres también pueden hablar con v sus hijos de la importancia de tomarse todo el tiempo que haga falta para “tranquilizarse” si se alteran o se enfadan con un amigo o con un compañero de clase, antes de enviar o de colgar un mensaje electrónico. Una vez enviado un mensaje agresivo, puede ser reenviado a otros compañeros de clase o contemplado por otras personas y provocar un conflicto en escalada. Es mejor hablar cara a cara con un amigo o con un compañero, si tienen algún problema. Se puede recuperar un e-mail, pero sólo si el destinatario aún no lo ha abierto. Esta opción puede ser un salvavidas para los usuarios que tienen una sensación inmediata de remordimiento después de enviar e-mail negativo o desagradable. Ahora bien, una vez que el destinatario ha abierto el mensaje, no se puede anular. Esta opción le vino bien a una de las madres a las que entrevistamos. Cuando se dio cuenta de que su hija de 11 años le había reenviado un e-mail amenazante en cadena a otra compañera de clase, la madre utilizó esta opción para recuperar el mensaje antes de que lo abrieran. No somos invisibles por la red El fenómeno de la “desinhibición” se analizó con detalle en el capítulo 3. La desinhibición es un término utilizado para aludir al hecho de que en el ciber­ espacio la gente dice y hace cosas que normalmente no dirían ni harían cara a cara, porque se sienten anónimos. Utilizar un nombre de pantalla anónimo o crear una página web de forma anónima puede permitirle al usuario creerse que no lo van a declarar responsable por colgar comentarios maliciosos u ofensivos en la red. Los padres deben comunicarles a sus hijos que, de 188
  • 180. qué pueden hacer los padres hecho, no son invisibles por la red. Cualquier contenido colgado en la red o enviado electrónicamente puede habitualmente ser investigado hasta localizar a la persona que originariamente subió o envió el mensaje. Por supuesto, no todas las comunicaciones electrónicas se juzgarán dignas de que se despliegue semejante esfuerzo; ahora bien, los casos de amenazas violentas, hostigamiento, persecución obsesiva, difamación, extorsión, y difusión de imágenes pornográficas, deben ser localizados y son muchos los departamentos de policía que disponen de una unidad de delitos tecnológicos que puede ser de ayuda en tales circunstancias. Dado que en muchos estados norteamericanos los padres pueden ser declarados responsables por los actos de un menor, los padres deben hablar con sus hijos de que lo que hagan puede perjudicar a la propia familia, además de a los menores que están eligiendo como blanco. Proteger las contraseñas Los padres deben hablar con sus hijos de la importancia de proteger las contraseñas para acceder a las redes sociales online, los programas de mensajería instantánea, e incluso sus cuentas para los juegos por internet. Un estudiante que envía mensajes instantáneos puede hacerse pasar fácilmente por otra persona si conoce su nombre de pantalla y su contraseña. Además, se sabe de adolescentes que modifican los perfiles online de sus compañeros cuando saben sus contraseñas. Desgraciadamente, el compañero que hoy es un buen amigo, al día siguiente puede volverse contra uno, o puede simplemente pecar de indiscreción, de modo que las contraseñas deben ser siempre privadas. Pero los padres sí tienen que saber las contraseñas, los nombres de pantalla y las cuentas online de sus hijos, por si surge alguna emergencia o hubiera que denunciar algún abuso. Filtrar versus supervisar Los padres siempre han tenido que hacerse cargo de la difícil tarea de tener que supervisar a sus hijos, al tiempo que permitiéndoles gradualmente tener más libertad a medida que se van haciendo mayores y demuestran 189
  • 181. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston tener más responsabilidad. Desgraciadamente, con la aparición de internet muchos padres dan por supuesto que si sus hijos están en casa delante del ordenador, no corren ningún peligro. En razón de ello, les conceden a sus hijos completa libertad para entrar en internet. El uso de webs de filtrado o de bloqueo que ocultan determinados contenidos es una forma de prevenir que los menores, que son curiosos por naturaleza, tropiecen con webs que pueden ser peligrosas o perjudiciales para ellos. Ajustar los mandos de los padres al “marco más apropiado para un niño o un adolescente” seguirá permitiendo que los menores visiten la mayoría de las webs de interés, pero protegerá de las webs violentas, pornográficas o inapropiadas en algún otro sentido. A veces una web favorita quedará bloqueada por error, debido a los términos utilizados en la descripción de la página. En tales casos, los padres pueden ajustar los mandos para permitir el acceso a determinadas webs que les parezcan apropiadas y que sus hijos utilizan por sistema. John Halligan, el autor del prólogo de nuestro libro, recomienda que los padres les hagan saber a sus hijos de antemano que se ha instalado un programa de supervisión para asegurarse de que se sigan las normas de seguridad de la familia y que no se “cuele” ningún contenido o actividad inapropiado en el ordenador familiar (J. Halligan, comunicación personal, 17 de enero de 2007). En los casos en que los padres tienen sus razones para creer que sus hijos han abusado de sus privilegios online o han ofendido a otras personas, pueden instalar algún programa de rastreo que registre todas las webs que visite el menor y todas las teclas que pulse. Spectorsoft y IamBigBrother son ejemplos de este tipo de programas de rastreo. Tengamos en mente, no obstante, que estos programas transmiten una falta de confianza entre los padres y el menor. Como señalan los directores de BlogSafety.com, Larry Magid y Anne Collier (2007), en su libro MySpace Unraveled, estos dispositivos deben utilizarse únicamente como último recurso. Los padres también pueden revisar el registro de las webs visitadas por la red, si tienen sus razones para creer que sus hijos están entrando en webs inapropiadas. La barra de herramientas tiene la opción de “ver” que le per- 190
  • 182. qué pueden hacer los padres Figura 5.1 Pantalla de ordenador mostrando el registro de búsquedas mite al usuario ver el registro de entradas más recientes, o bien el usuario puede presionar simultáneamente la tecla de control y la tecla de la “H” para mostrar la historia de búsquedas en la mayoría de los ordenadores. La figura 5.1 incluye una muestra de una pantalla de ordenador con el registro de búsquedas a la izquierda de la pantalla. Los padres tienen que recordar que los filtros, los programas de rastreo, y demás formas de revisar la actividad online de los menores, deben ir siempre acompañados de una educación, unas directrices y una comunicación abierta por parte de los padres. A medida que van creciendo los menores, los filtros se vuelven menos útiles. Muchos padres y profesores creen que sus ordenadores están fuera 191
  • 183. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston de peligro al tener instalados estos programas de filtrado y de bloqueo, pero cuando los menores llegan a los años de la adolescencia, muchos aprenden la forma de sortear los filtros y los programas de bloqueo. Nada puede reemplazar a colocar el ordenador en una zona común de la vivienda como, por ejemplo, el cuarto de estar y, lo que es más importante, llegar a un consenso familiar respecto de qué tipos de webs están vetadas y por qué. A pesar de tener programas de filtrado que bloqueen los contenidos pornográficos en el ordenador doméstico, el menor puede ir a un servidor web delegado que ofrece “navegar de forma anónima por internet” y acceder a contenidos pornográficos si quiere poner a prueba los límites. Un servidor delegado es un tercero que oculta la dirección IP real de la vista. Escribe Biersdorfer (2006) en su artículo “Cómo ocultar digitalmente algo a la vista de todos” que la web delegada funciona abriendo un navegador dentro de la página web real, de manera que el usuario pueda visitar las webs bloqueadas sin necesidad de poner la dirección web real en su propio buscador. Con ello, el usuario puede navegar por internet en privado. Los estudiantes de nuestros grupos de discusión nos alertaron de la existencia de este truco, y una de las autoras se sintió consternada al confirmar que sus propios bloqueadores domésticos podían ser eludidos con facilidad. En razón de ello, hablar con el adolescente de por qué es inconveniente ver pornografía o enviar mensajes maliciosos a sus compañeros, puede ser mucho más útil que confiar en la eficacia de un programa de filtrado. Sin embargo, los filtros tienen ciertamente sus beneficios. Los filtros ayudan a prevenir que los menores puedan entrar inocentemente en las webs. También les permiten a los padres ajustar el momento del día en que determinadas aplicaciones van a estar disponibles (tales como los mensajes instantáneos y los juegos online), para que no tengan que darles la lata a sus hijos para que dejen el ordenador al final del día, ni preocuparse de que sus hijos puedan deslizarse a hurtadillas por la noche para conectarse a su videojuego online favorito. A medida que aumenta el número de menores que tienen acceso a sistemas inalámbricos fuera de casa, a través de aparatos transportables tales 192
  • 184. qué pueden hacer los padres como las videoconsolas portátiles y los teléfonos móviles, también aumenta la posibilidad de navegar por internet al margen de los controles de los padres (Olsen, 2006a, 2006b). Además, los adolescentes que son unos linces tecnológicos pueden optar por utilizar el sistema inalámbrico abierto del vecino para eludir los controles de los padres en casa, o entrar a un cibercafé con acceso a internet gratuito. Los padres deben prestar atención a las aplicaciones de los aparatos que les compran a sus hijos, y dedicar un tiempo a establecer unas normas básicas sobre el uso aceptable e inaceptable de los dispositivos inalámbricos de acceso a internet que introduzcan en sus hogares. Finalmente, los padres tienen que explicarles a sus hijos que quieren saber si alguien les envía contenidos o mensajes inapropiados. De esta forma, los padres y el hijo podrán abordar la situación juntos antes de que la cosa vaya a peor. Tranquilizar a los menores respecto de que no van a ser castigados por los comentarios o los actos ofensivos de otra persona, les permitirá sentir que no va a pasarles nada cuando informen a sus padres si han visto algo inconveniente. Vigilar la reputación de nuestro hijo por la red Es importante que los padres les expliquen a sus hijos que, si eligen utilizar una red social online, cualquiera podrá ver lo que pongan. Los jóvenes suelen dar por sentado que solamente sus amigos van a ver sus comentarios, pero, como evidencian las noticias de los medios de comunicación, los ciberdepredadores se alimentan habitualmente de las víctimas con las que se han puesto en contacto a través de las redes sociales online. A los padres puede serles útil explicarles a sus hijos que, si cualquiera puede leer sus perfiles de MySpace, es razonable que los padres también puedan. Parry Aftab junto con WiredSafety.org recomienzan que los padres revisen sus directrices con sus hijos a propósito de los perfiles más seguros, y a continuación les digan que tienen la intención de visitar su sitio web en un futuro próximo para ver si cumple con estas directrices (Reese, 2006). Ello le dará al menor la oportunidad de corregir cualquier informa- 193
  • 185. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ción personal o inapropiada que colgaran en la web. Como señala David Walsh, psicólogo y presidente del National Institute on Media and the Family, los cerebros de los adolescentes no están plenamente desarrollados, especialmente a nivel de la zona del córtex prefrontal, que es la que valora los riesgos y toma en consideración las consecuencias. Esta es la razón de que los adolescentes suelan tener la impresión de que las situaciones peligrosas tales como que los ciberdepredadores contacten con ellos “no me va a pasar a mí”. Walsh aclara que nuestra labor como padres es la de hacer las veces de “córtex prefrontal auxiliar” en base a establecer unas expectativas y unas consecuencias claras (Walsh, 2004). Esta imagen es de utilidad para comprender por qué los padres tienen que saber manejar las nuevas tecnologías informáticas. La figura 5.2 muestra el área correspondiente al córtex prefrontal dentro del cerebro. Padres e hijos tienen que hablar de las posibles repercusiones de colgar comentarios negativos en las webs de otras personas, y de que ello puede afectar igualmente a su reputación dentro de la red. Los estudiantes de nuestros grupos de discusión nos contaron muchos casos de usuarios que se habían intercambiado comentarios maliciosos en las webs de sus redes sociales online. Figura 5.2 El córtex prefrontal Córtex prefrontal 194
  • 186. qué pueden hacer los padres “Las webs para bloguear como Xanga suelen colgar comentarios maliciosos” − chica de primer ciclo de secundaria. “En mi barrio había un chico como este y todos estábamos hasta la coronilla de él y tenía una web en Xanga… así que le dijimos una sarta de cosas en su Xanga” − chico de segundo ciclo de secundaria. “Alguna gente cierra sus webs porque la gente les dice cosas en sus webs o contactan con ellos y los trastornan” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Había un profesor que no nos caía bien… así que decidimos, por así decir, reírnos de él… y tenemos un blog en Facebook hablando de ese profesor” − chico de segundo ciclo de secundaria. Son muchas las webs que animan a bloguear y los usuarios suelen escribir anotaciones a la manera de un diario online hablando de cómo les ha ido el día. Los estudiantes que difunden sus secretos o su estado emocional pueden verse ridiculizados o elegidos como blanco de comentarios de­ a­ ra­ s g dables. Los conflictos entre compañeros que aparezcan aireados en un blog pueden aumentar en escalada hasta llegar a tener enfrentamientos en el colegio. En razón de ello, es preciso aconsejar a los jóvenes que eviten revelar información muy personal que pudiera utilizarse contra ellos o contra sus compañeros de clase en los casos de acoso cibernético. Otra repercusión que puede afectar significativamente a los estudiantes de instituto y de facultad es que un número cada vez mayor de supervisores de las solicitudes de ingreso en la facultad y de empleadores buscan por la red los nombres de los posibles candidatos para averiguar más cosas sobre ellos (Hass, 2006). ¿De verdad quieren los adolescentes que un orientador responsable del ingreso en la facultad pueda leer sus correrías sexuales o sus borracheras? ¿Una entrada en un blog plagada de palabrotas puede favorecer a sus posibilidades de ser seleccionado por un posible empleador? El empleador o el delegado universitario que vea un perfil personal mostrando una falta de discreción, pueden pasar rápidamente a ocuparse de otro candidato. Los padres deben ayudar a sus hijos a reconocer que los comen- 195
  • 187. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston tarios colgados hoy en la red pueden afectar mañana a su reputación y a su futuro de forma que puede dar un giro total a su vida. Recursos para los padres Vigilar la reputación de nuestro hijo en internet es un papel nuevo e importante para los padres. Si bien es muy difícil ser padres en un mundo tecnológico que evoluciona vertiginosamente, ser un padre vigilante hoy en día es un requisito imprescindible. Lo bueno es que internet puede ser igualmente un aliado de los padres en este ámbito. Existen muchas webs que facilitan magníficas herramientas de aprendizaje para los padres que pretenden aprender más cosas respecto de cómo supervisar el uso que hacen sus hijos de internet. Netsmartz.org, WiredSafety.org, i-SAFE.org, y iKeepSafe.org facilitan excelentes directrices para los padres respecto de cómo supervisar a sus hijos por internet. La campaña Stop Bullying Now realizada a través del Departamento de Salud y Recursos Humanos, de la Health Resources and Services Administration (HRSA), también incluye consejos prácticos útiles para los padres sobre el acoso escolar y la prevención del acoso cibernético. Las siguientes páginas web ofrecen información útil sobre seguridad en internet y/o acoso cibernético, y el listado incluye nuestra propia web, www.cyberbullyhelp.com:  NetSmartz (www.netsmartz.org)  i-SAFE Inc. (www.isafe.org)  iKeepSafe Internet Safety (www.ikeepsafe.org)  WiredSafety (www.wiredsafety.org)  Stop Bullying Now (www.stopbullyingnow.hrsa.gov)  Cyber Bully Help (www.cyberbullyhelp.com) Los padres deben buscar de vez en cuando en Internet (a través de Google o de las redes sociales más habituales) los nombres de sus hijos además de los suyos propios, para ver qué información aparece colgada en la red acerca de la familia. Los padres pueden ir simplemente al buscador web de goo- 196
  • 188. qué pueden hacer los padres gle.com, insertar el nombre y apellido de su hijo, y ver lo que aparece colgado en la red hablando de ellos. Obviamente, esto da mejor resultado si el nombre del menor no es extremadamente común. Los padres también pueden necesitar comprobar los errores más comunes de trascripción del nombre de un menor, además de sus nombres de pantalla. Además, los padres pueden utilizar la función de alerta de google.com para hacer búsquedas sistemáticas online de los nombres de sus hijos. Google notificará a los padres por e-mail cada vez que el nombre del menor aparezca por la red. Los adultos harían bien en revisar también la información que aparezca por la red hablando de ellos mismos. Es sorprendente e incluso preocupante enterarse de la cantidad de información personal que se puede encontrar con tan sólo teclear un buscador. Dejar que los menores sean los expertos Por último, recordemos que los menores pueden ser una fuente importante de información para averiguar de qué forma se están relacionando por la red los estudiantes de su colegio. A los padres les resultará útil, para mantener abierta la línea de comunicación, permitir que sus hijos sean los “expertos” de cuando en cuando. Los jóvenes suelen sentirse muy contentos de enseñarles a los adultos las websites más populares donde entran sus compañeros de clase cuando navegan por internet. Hace falta valor para admitir que los menores pueden tener más información que los adultos sobre las últimas tecnologías, pero también es una oportunidad excelente de que los padres cultiven una relación positiva con sus hijos, dejando que, para variar, sean ellos los profesores. Resumen Aunque los padres están empezando a asumir un papel más activo a la hora de comunicarles a sus hijos unas directrices para garantizar la seguridad personal ante su temor a los ciberdepredadores, la mayoría de los padres 197
  • 189. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston son menos conscientes del problema del ciberacoso y todavía tienen pendiente la tarea de darles a sus hijos unas normas básicas para comunicarse por la red. En lugar de prohibir el uso de internet, los padres deben asegurarse de que sus hijos comprenden que es inaceptable hostigar, propagar rumores, ni hacer comentarios maliciosos o despectivos hacia los demás por la red o a través de otros accesorios digitales. Los padres también deben establecer unas directrices evolutivamente apropiadas a la edad, a la hora de presentarles las nuevas tecnologías a sus hijos. Además, los padres tienen que ayudar a los menores a comprender los pasos que pueden dar en el caso de que los acosen electrónicamente o presencien que un compañero está siendo ciberacosado. Alentar a los es­ ec­a­ p t do­ es o testigos ocasionales a manifestarse en contra de tales acciones, r será una de las estrategias más eficaces que los padres y los profesores pueden seguir para reducir el ciberacoso. 198
  • 190. 6 Qué pueden hacer los profesores “Me siento muy mal por él, porque ya le había dicho a mamá que no quería ir al colegio porque no creía que fuera a hacer ningún amigo, y ahora se siente excluido de todo”. (hermana de un chico de 15 años que fue ciberacosado) Hace justamente un año, un superintendente de área le pidió a una de las autoras de este libro que hablara del acoso cibernético en una reunión de directores a la que asistía el antiguo director de su hijo. Cuando el director le preguntó cuál era la razón de su presencia en el grupo, ella respondió: “Estoy aquí para hablar del acoso cibernético”. ¿Y cuál fue la respuesta del director? “¿Qué es el acoso cibernético?”. Desde aquel entonces, el tema del ciberacoso ha aparecido con frecuencia en los medios de comunicación. Pero, si bien la cuestión de la seguridad en internet se debate con regularidad en los colegios y en los hogares, el problema del acoso electrónico continúa recibiendo mucha menos atención. ¿Es esta la razón por la cual la mayoría de los adultos, al igual que el director mencionado más arriba, en gran medida no son conscientes del fenómeno, su prevalencia, y sus posibles consecuencias? ¿O porque se considera que es una cuestión que tiene que ver con el entorno doméstico, pero no con los colegios? En este capítulo, analizaremos si el acoso cibernético está afectando de hecho al entorno escolar. También veremos cómo pueden intervenir los profesores, facilitar recursos a las familias, y ayudar a prevenir el acoso cibernético. Nuestros grupos de discusión y las entrevistas individuales CIENTO NOVENTA Y NUEVE 199
  • 191. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston con los estudiantes y con los padres sugieren que son pocos los profesores que hablan de acoso cibernético en el aula. Por nuestra parte, esperamos que este capítulo les anime a dar los pasos necesarios para prevenir y actuar en los casos de acoso cibernético entre sus estudiantes. ¿Es un problema para los colegios? Como analizamos en el capítulo 4, los hallazgos procedentes de nuestra encuesta anónima con estudiantes sugieren que el acoso cibernético supone un problema para muchos alumnos, con el 18% informando de que habían sido ciberacosados por lo menos una vez durante los dos últimos meses (y el 6% habían sido acosados unas 2-3 veces al mes, o más), y el 11% admitiendo que habían acosado electrónicamente a otras personas por lo menos una vez (y el 2% admitió haberlo hecho al menos unas 2-3 veces al mes; Kowalski & Limber, 2006). Aunque la mayoría de los menores no son acosados en el edificio del colegio, la mitad de los estudiantes ciberacosados señalaron que habían sido elegidos como blanco por otro estudiante del colegio. Los hallazgos de este sondeo se vieron confirmados por las respuestas de los estudiantes de primer y segundo ciclo de secundaria dentro de una serie de grupos de discusión que organizamos para comprender mejor el alcance del problema y sus efectos (de haberlos) sobre el entorno escolar. Si bien algunos estudiantes no tenían la sensación de que el acoso electrónico fuera ningún problema, otros no lo veían así. Sus respuestas variaban enormemente, dependiendo de si conocían persoti­­ nalmente a alguien que hubiera sido acosado electrónicamente. A con­­­ nuación tenemos una muestra de algunas de las respuestas: Entrevistador: ¿El acoso cibernético supone un problema en tu colegio? “No” − chico de segundo ciclo de secundaria. “La verdad es que no” − chica de primer ciclo de secundaria. 200
  • 192. qué pueden hacer los profesores “Pienso que sí es un problema, pero la gente se lo guarda para ellos” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Sí −porque pasa mucho” − chico de primer ciclo de secundaria. “Sí. Es un problema específicamente de este colegio” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Me acuerdo que la primera vez que utilicé internet no conocía a nadie que hubieran acosado electrónicamente, y ahora está fatal, la cosa se está poniendo mucho peor conforme pasa el tiempo. Tengo la sensación de que se está poniendo peor entre la gente joven, en los primeros años de instituto, en el primer ciclo de secundaria” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Sí, se está poniendo mucho peor −incluso entre los niños de primaria” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Pienso que se está extendiendo por el colegio” − chico de segundo ciclo de secundaria. Ejemplos de acoso cibernético Cuando les preguntamos también a los estudiantes si conocían a alguien que se hubiera visto afectado por el acoso cibernético, a las chicas de segundo ciclo de secundaria se les dio especialmente bien poner ejemplos: “Mi mejor amiga de primer ciclo de secundaria, tenía un Xanga y alguien colgó esa web horrible sobre ella, dedicada a ella”. “Había oído que había gente que sabía la contraseña de alguien y entraban y cambiaban sus perfiles de MySpace”. “Sólo lo he visto hacer entre personas que se conocen. No que venga de un desconocido, sino que vamos a suponer que ella no me cayera bien, entonces yo podría colgar algún comentario hablando de ella”. “He oído de gente que entra en los chats y la toma con alguien”. 201
  • 193. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston “Conozco a gente que subió fotos de varias personas, sólo para reírse de ellos”. “A esta chica le habían robado la contraseña de su MySpace o de su Facebook, y colgaron en su perfil unas fotos espantosas y todo eso. Sus padres lo vieron y se pusieron furiosos y llamaron a la policía”. “Mi hermano tiene un perfil en MySpace y le está dando muchos problemas. Los chicos la están tomando con él en MySpace. Acaba de cumplir 11 años. Me parece ridículo, porque ni siquiera lo conocen”. “Conozco a alguien que recibió mensajes de texto bastante maliciosos”. “En mi antiguo colegio había como una especie de algo para poner comentarios, en donde todos esos críos se dedicaron a atacarla en grupo. No era un blog, sino una web de comentarios”. ¿Les afecta a los estudiantes el acoso cibernético? Si bien algunos estudiantes de nuestros grupos de discusión indicaron que el hecho de recibir unos comentarios maliciosos por la red no les suponía un gran problema y simplemente había que ignorarlos, muchos otros conocían a compañeros que se habían visto afectados más negativamente por el acoso electrónico. A continuación transcribimos algunos de los comentarios de los estudiantes en relación con los efectos del acoso cibernético en el caso de ellos mismos y de otros compañeros de clase: “El ciberacoso les hace tener una peor opinión de ellos mismos. Porque cada vez que alguien se pone rabioso, dicen cosas que no deben y entonces las víctimas tienen peor opinión de ellos mismos” − chico de primer ciclo de secundaria. “El acoso electrónico me pone auténticamente furioso. Es algo personal −mío y de ella− y yo tengo muy mal genio, así que… no me afecta a mi rendimiento académico, pero cada vez que veo su nom- 202
  • 194. qué pueden hacer los profesores bre siento ganas de ir a por él” − chico de segundo ciclo de secundaria (explicando cómo se siente cada vez que ve algún comentario en la red procedente de un compañero de clase que la tomó con él y su novia). “Lloraba mucho. Le decían cosas malas y ella no podía quitarlo porque no tenía la contraseña. Durante un tiempo estuvo verdaderamente afectada” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Pensaba que las chicas que lo habían hecho eran amigas suyas, y por eso perdió esas amistades” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Las cosas que dijeron los ciberacosadores le afectaron verdaderamente. No sé si yo sería capaz alguna vez de decir cosas se­ e­an­ m j tes. Era sencillamente absurdo. Le hizo estar a malas con la gente durante un tiempo. No quería hacer ningún plan con nadie; no quería saber nada. Le afectó en su estado de ánimo, y en sus relaciones. Le afectó a nivel académico. Faltó a clase durante unos días” − chica de segundo ciclo de secundaria. “Le daba miedo pasear por el colegio y tenía miedo de que todo el mundo fuera a ir contra ella. Las personas que la estaban acosando [electrónicamente] se lo dijeron a otra gente para que todos la tomaran con ella” − chica de primer ciclo de secundaria. Como ya señalamos en el capítulo 2, las formas tradicionales de acoso escolar pueden generar un aumento de los niveles de ansiedad, quejas somáticas, depresión e ideas de suicidio en los estudiantes, y una disminución del rendimiento académico. Aunque actualmente existen muy pocas investigaciones sobre los efectos del acoso cibernético sobre los menores (como víctimas o como espectadores; véase el capítulo 4), los participantes de nuestros grupos de discusión estaban convencidos de que el acoso electrónico podía tener efectos muy serios sobre los estudiantes. Adicionalmente, los estudiantes que vivían la experiencia del acoso en el colegio y además del acoso electrónico en casa podían correr un riesgo especial. Podían tener la 203
  • 195. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston sensación de que ya no les quedaba ningún sitio donde estuvieran fuera de peligro. Los menores no pueden dar lo mejor de ellos mismos en el colegio cuando tienen miedo o cuando no se sienten integrados. ¿Cuánto del acoso cibernético tiene lugar en el colegio? Es posible que algunos profesores no sean concientes del problema del acoso cibernético porque habitualmente suele tener lugar fuera del horario de clases, y los estudiantes pueden mostrarse reacios a hablarles de ello a los profesores o a los directores. Si bien el ciberacoso puede tener lugar dentro del campus a través de la tecnología del colegio, los estudiantes de nuestros grupos de discusión señalaron que la utilización de la tecnología del centro para acosar electrónicamente era algo bastante excepcional. Los estudiantes parecían perplejos cuando se les preguntaba si habían sido acosados electrónicamente dentro del colegio. “¿Cómo se puede acosar electrónicamente dentro del colegio?” era una pregunta habitual que nos hacían. Sus respuestas indicaban que la mayor parte del acoso cibernético tenía lugar después de acabar las clases, a través del uso de mensajes instantáneos o de comentarios colgados en las redes sociales online. Si bien los estudiantes señalan que a veces es posible acceder a la mensajería instantánea y a las redes sociales online dentro del colegio (a pesar de tener bloqueado el acceso al servidor de distrito), la mayoría de los estudiantes de los grupos de discusión evitaban utilizar estas aplicaciones dentro del colegio. Esta situación puede cambiar a medida que aumenta el número de estudiantes que empiezan a llevar teléfonos móviles con acceso a internet y mensajería instantánea, tendencia ésta que tuvimos ocasión de empezar a ver hacia el final de nuestros grupos de discusión. Sin embargo, los estudiantes no mencionaron que los mensajes de texto dentro del colegio eran tal vez una de las formas de que los estudiantes pudieran acosarse electrónicamente dentro del colegio. Cuando les preguntamos si la mayoría de los estudiantes enviaban mensajes de texto durante el horario de clases a pesar de las normas del distrito académico, muchos se reían y decían: “Sí, todo el día, todos los días”. Cuando les preguntamos si 204
  • 196. qué pueden hacer los profesores se lo dirían a algún adulto del colegio si los acosaran electrónicamente dentro del colegio a través de los mensajes de texto, muchos de los estudiantes respondieron con comentarios similares al siguiente: “No, porque se supone que no debemos llevar los móviles encendidos dentro del colegio ni mandar mensajes de texto. Por eso no le puedes decir a un adulto que te están mandando mensajes de texto diciéndote cosas malas, porque puedes tener problemas por llevar el móvil encendido”. Además, muchos estudiantes tenían la sensación de que no había ninguna razón para hablarle del ciberacoso a ningún adulto del colegio, porque era poco lo que podían hacer. Las siguientes son algunas de las respuestas que recibimos cuando preguntamos qué podían hacer los adultos del colegio para prevenir el acoso cibernético: “No me pasa estando dentro del colegio, por eso no lo diría” − chica de segundo ciclo de secundaria. “La verdad es que no pienso que puedan hacer gran cosa, porque me pasa estando en casa, y no dentro del colegio, por eso creo que no pueden hacer gran cosa” − chico de primer ciclo de secundaria. “Nada” − chico de segundo ciclo de secundaria. ¿Se habla en el colegio del acoso cibernético? A fin de hacernos una idea respecto de en qué medida el problema del acoso electrónico se trataba en casa o en el colegio, les preguntamos a los estudiantes de nuestros grupos de discusión si habían oído hablar del ciberacoso antes de venir al grupo. En su mayoría, los estudiantes señalaron que era excepcional que los padres o los profesores les hablaran del acoso cibernético. Ahora bien, los estudiantes de uno de los colegios de primer ciclo de secundaria que está aplicando un programa para la prevención del acoso escolar, indicaron que sí les hablaban en clase del acoso electrónico. 205
  • 197. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Durante el transcurso de nuestros grupos de discusión, muchos estudiantes nos comentaron que habían visto casos en los informativos hablando de los ciberdepredadores, y que sus padres o sus profesores les habían hablado de la seguridad en internet. Sin embargo, muchos estudiantes no habían oído hablar del ciberacoso antes de venir a los grupos de discusión (aunque muchos de estos mismos estudiantes podían mencionar ejemplos de conductas crueles u hostigadoras por la red, que habían presenciado ellos mismos o que les habían ocurrido a sus amigos). Si bien algunos profesores pueden insistir en que la conducta online de un menor es responsabilidad de sus padres, en realidad los profesores enseñamos y alentamos buena conducta y habilidades sociales en los estudiantes a través de las clases de educación del carácter, de las clases de orientación sobre resolución de conflictos, y de las clases de educación para la salud que enseñan habilidades para decir “no” a fin de prevenir el consumo de drogas. Si bien lo padres tienen que asumir la responsabilidad principal respecto de la conducta online de sus hijos, dado que las nuevas tecnologías se han convertido en una parte tan integrante del entorno educativo, los profesores deberían hacer de la conducta apropiada por la red una parte integrante igualmente de la educación tecnológica. ¿Qué puede hacer el personal del colegio para prevenir el acoso cibernético? Existen de hecho muchos pasos preventivos que los profesores pueden dar para ayudar a reducir el número de incidentes de acoso cibernético que tienen lugar dentro del colegio y fuera del colegio. Dos de las autoras de este libro han dedicado una cantidad importante de tiempo a formar a los profesores de los colegios para aplicar un esfuerzo de prevención del acoso, basado en la investigación y conocido como el Programa Olweus para la Prevención del Acoso Escolar. Este enfoque sistémico para la prevención del acoso se analizó en el capítulo 2 y ha demostrado una reducción significativa de las conductas de acoso entre los estudiantes, pero requiere un compromiso a 206
  • 198. qué pueden hacer los profesores largo plazo por parte de todo el cuerpo docente para generar un clima que desaliente el acoso escolar. Los colegios que ya están aplicando estos programas llevan ventaja a la hora de luchar contra el acoso cibernético. Los profesores, los padres y los estudiantes que ya están trabajando para abordar las conductas de acoso pueden incluir el ciberacoso como parte integrante de su foco de atención. Los componentes esenciales de un programa eficaz para la prevención del acoso escolar pueden adaptarse fácilmente a fin de incluir algunas secciones sobre el acoso electrónico. Evaluar el acoso cibernético Un primer paso importante para aplicar un programa eficaz de prevención del acoso escolar es evaluar exhaustivamente el problema. Como analizamos en el capítulo 2, una buena forma de hacer esto es que los estudiantes rellenen un cuestionario anónimo sobre las conductas de acoso dentro del colegio. La inclusión de preguntas sobre el acoso cibernético ayudará a los profesores a profundizar en su conocimiento respecto del nivel de acoso electrónico que está teniendo lugar entre los estudiantes. Un buen instrumento de medida debe definir el acoso cibernético e incluir preguntas sobre el acoso electrónico a través de diversos medios, incluidos mensajes instantáneos, e-mails, mensajes de texto, blogs, y redes sociales online tales como MySpace y Facebook. Dichos sondeos no sólo le permitirán a la dirección ver lo común que pueda ser el acoso cibernético, sino que también le ayudarán a saber si está teniendo lugar durante el horario normal del colegio o después de las clases, y qué medios digitales se prestan más al abuso. Será útil analizar las respuestas de los estudiantes por cursos y por sexos. Por ejemplo, si el ciberacoso alcanza su punto más elevado entre las chicas de 7º, podría ser ideal introducir algunas estrategias de prevención dirigidas a los alumnos de 6º. Una buena evaluación ayudará a la dirección del colegio a delinear unas normas y unas estrategias para prevenir que el ciberacoso se produzca en el colegio, abordar eficazmente el acoso electrónico que tenga lugar dentro del recinto del colegio, y trabajar con los padres para prevenir y abordar el acoso cibernético que tenga lugar fuera del colegio. 207
  • 199. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Ofrecer al personal una formación en acoso cibernético Muchos profesores ya hablan con sus alumnos de la importancia de la seguridad en internet, pero también tienen que hablarles acerca de la debida “ciberetiqueta” (la etiqueta de la red) que define y analiza el fenómeno del ciberacoso y de las ciberamenazas. Para que ello sea eficaz, probablemente necesitarán tener cierto grado de formación sobre el acoso cibernético y sobre el uso de las cibertecnologías entre los menores. Aunque no es necesario que la totalidad del profesorado sean unos expertos en acoso cibernético, todos deben estar familiarizados con el problema, y determinados miembros del personal (i.e., orientadores psicopedagógicos, directiva escolar y especialistas en medios de comunicación) deben estar capacitados para reconocer y responder a las cuestiones relativas al acoso cibernético que afecten a los estudiantes y al entorno escolar. Incluir una formación en acoso cibernético dentro de la formación del personal para la pre- vención del acoso escolar es una manera de que los colegios puedan educar al profesorado en esta importante materia. A fin de poder comprender plenamente las muchas formas que tienen los estudiantes de utilizar la tecnología para acosar y hostigar a otras personas, los profesores tienen que formarse en los distintos medios más populares de comunicación online que utilizan los estudiantes, tales como, por ejemplo, los mensajes instantáneos, las redes sociales online y los mensajes de texto. MySpace y Facebook se están convirtiendo en un requisito cultural entre los estudiantes de primer y de segundo ciclo de secundaria. Los profesores tienen que conocer los usos adecuados de dichas tecnologías, además de los posibles abusos. La formación también debe incluir consejos prácticos para prevenir el ciberacoso, además de cómo actuar en un caso real. La formación debe incluir un debate sobre la normativa del distrito académico respecto del acoso escolar en general, y del acoso cibernético en particular. También sería útil que la formación incluyera posibles recursos para los profesores, tales como ejemplos de guiones de clases sobre el ciberacoso y páginas web para recabar una información adicional. Dicha formación le permitiría al profesora- 208
  • 200. qué pueden hacer los profesores do coordinarse con los padres para facilitarles a los menores unas directrices respecto del uso más apropiado de las nuevas tecnologías. Definir el acoso cibernético Una de las primeras cosas que los colegios deben hacer al abordar el problema del acoso escolar es ofrecer una definición clara de la conducta de acoso que puedan entender los estudiantes, la directiva del centro escolar, el profesorado, y el personal no docente. Lo mismo se puede aplicar al ciberacoso. Si los colegios quieren prevenir el acoso cibernético, primero tienen que definirlo y hablar de ello, de manera que los estudiantes y el cuerpo docente sean claros respecto de qué es acoso cibernético y qué no lo es. La definición debe incluir los diversos métodos que emplean los estudiantes para acosarse cibernéticamente, incluido el correo electrónico, los mensajes instantáneos, los men­ a­es de texto, las redes sociales online, y los blogs, tal s j como analizamos en el capítulo 3. Los profesores y los estudiantes deben hablar respecto de por qué dicha conducta puede herir a los demás (y a veces ser un delito), y qué pueden hacer los alumnos para prevenir el uso del ciberacoso entre los compañeros de clase. Los profesores pueden incluir en dichos debates cuándo, por qué, y cómo informar del acoso electrónico. El colegio puede enviar a casa documentación complementaria para que los padres puedan comprender mejor el fenómeno del acoso cibernético y la política del colegio, posibles formas mediante las cuales pueden ayudar a prevenir y abordar el acoso electrónico en casa, y adónde pueden acudir para recibir ayuda adicional, en caso necesario. Elaborar unas normas y una política clara respecto del acoso cibernético Como expondremos con más detalle en el capítulo 7, los colegios deben elaborar unas normativas que se ocupen específicamente del acoso cibernético. Estas normativas pueden incluirse dentro de una política ya existente que regule “el uso de la tecnología por parte de los estudiantes”, o bien como 209
  • 201. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston una entidad separada. La normativa debe incluir unas disposiciones que prohíban utilizar la tecnología del distrito académico para acceder, enviar, crear o colgar en la red contenidos o comunicaciones electrónicas que sean dañinos, ofensivos, obscenos, amenazantes o degradantes para otras personas. La normativa debe utilizar un lenguaje claro y hablar de lo que se espera de los estudiantes y del personal, así como de las consecuencias que tendrán las infracciones. La sección de la página web del Departamento de Justicia de EEUU (2006), dedicada a los delitos informáticos y la propiedad intelectual (www.usdoj.gov/criminal/cybercrime) incluye un modelo de normativa respecto del uso aceptable de la tecnología, que las directivas de los colegios pueden revisar y tomar como punto de partida para elaborar un borrador de su propia normativa. Los distritos académicos deben facilitar a los estudiantes y a sus padres una copia de la normativa, que incluya una definición del acoso cibernético, ejemplos de ciberacoso, y las consecuencias que tendrán tales actos. Comunicar esta información a los estudiantes y a los padres al comienzo del año reducirá probablemente las infracciones. Aunque los colegios públicos probablemente necesitarán limitar las consecuencias aplicadas por el centro al hecho de abusar de la tecnología dentro del campus (debido a la existencia de protecciones legales para garantizar la libertad de expresión), también deben incluir ejemplos de acoso cibernético que serán denunciados a la policía. Como ana­i­ a­ e­ os con detalle en el capítulo 7, las organizaciones gubernalz r m mentales (incluidos los colegios) están muy limitadas en su capacidad de censurar lo que se diga fuera del campus; sin embargo, los colegios privados podrían posiblemente tener una normativa que se ocupara igualmente de la conducta fuera del campus. Como siempre, los colegios deben consultar con un abogado de la zona para recabar unas directrices a la hora de esbozar unas políticas de uso aceptables. Con la elaboración de una normativa abarcadora y fácilmente comprensible, los estudiantes y los padres podrán tener claras las expectativas del distrito académico, así como sus derechos. Puede ser útil que los padres y los estudiantes firmen y devuelvan una copia de la normativa que regula el uso aceptable de la tecnología dentro del distrito académico, para asegurarse de que la han leído. 210
  • 202. qué pueden hacer los profesores Alentar a que se informe de los casos de acoso cibernético Los estudiantes tienen que saber que existen unas personas a su disposición, a las que se pueden dirigir si están siendo acosados o ciberacosados, y que estos adultos pueden ayudarles a ver la forma de solucionar el problema. El establecimiento de un sistema de notificación repartido por todo el colegio ha demostrado ser útil para los estudiantes que quieran informar de la conducta de acoso escolar, pero que no saben con seguridad cómo pueden hacerlo. Muchos colegios ponen a disposición, en diferentes buzones repartidos por el centro, impresos que los estudiantes pueden rellenar (de forma anónima o no) para informar del acoso escolar. La inclusión de una sección sobre el ciberacoso dentro de estos impresos, les brindará a los estudiantes un mecanismo para informar del acoso electrónico, así como de otras modalidades de acoso escolar o de conductas problemáticas. A los estudiantes se les puede pedir que describan el incidente de acoso cibernético y, allí donde proceda, facilitar una dirección web si tienen conocimiento de que un compañero de clase está siendo ridiculizado o humillado por la red. El impreso de muestra que aparece más abajo se puede utilizar para informar de la conducta de acoso en el colegio (figura 6.1). Informar a los padres de los recursos existentes Dado que la mayoría de los casos de acoso cibernético tienen lugar fuera del horario de clases, los padres suelen ser los primeros en enterarse del acoso electrónico por boca de sus hijos. Los estudiantes de nuestros grupos de discusión señalaron que sería más probable que se lo dijeran a sus padres que a un adulto del colegio, en el caso de sufrir algún acoso por la red. En razón de ello, los padres deben conocer las estrategias para prevenir y abordar el ciberacoso. Los colegios pueden ayudar a los padres enviándoles hojas informativas a sus casas conteniendo información sobre el acoso cibernético y organizando seminarios sobre el tema dirigidos a los padres. Los padres tienen que conocer los problemas legales que pueden aparecer si su hijo hostiga o amenaza a otro menor por la red. También pueden beneficiarse de los consejos prácticos sobre cómo educarse ellos mismos (y a sus hijos) res- 211
  • 203. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Figura 6.1 Ejemplo de hoja de notificación Primer ciclo de secundaria Hoja de notificación de acoso escolar/acoso electrónico (Por favor, entrégalo a algún miembro del personal del centro o en alguno de los buzones del departamento de orientación escolar) Nombre: ________________ Equipo deportivo: ________________________ Fecha: _________________ Profesor delegado: _______________________ ¿Qué ha pasado o está pasando? _______________________________________________________________ _______________________________________________________________ _______________________________________________________________ _______________________________________________________________ ¿Cuánto tiempo lleva pasando? ¿Cuándo y dónde está pasando? (Indica la dirección de la web o incluye una prueba impresa, si procede) _______________________________________________________________ ¿Vio alguien lo que sucedió? ___________________________________ ¿Has informado de la situación? Sí/No En caso afirmativo, ¿a quién? __________________________________ ¿Cómo prefieres que nos pongamos en contacto contigo? (por favor, marca la casilla o casillas que correspondan y rellena la información para establecer el debido contacto, en caso necesario) Teléfono de casa: ____________________ e-mail: _____________________________ Me gustaría hablar con un orientador del centro Me gustaría hablar con un directivo del centro Preferiría que no me llamen Gracias por tu notificación. ¡Los estudiantes valientes como tú están marcando una diferencia en el colegio de primer ciclo de secundaria de ___________! 212
  • 204. qué pueden hacer los profesores pecto de la forma más segura de utilizar internet. Como vimos en el capítulo 5, existen muchas páginas web útiles que los padres pueden utilizar para enseñar a sus hijos a navegar sin peligro por internet, tales como WiredSafety.org, Netsmartz.org, iKeepSafe.org, y i-SAFE.org. Estas webs también les ofrecen a los padres sugerencias respecto de cómo supervisar la conducta online de sus hijos. El departamento de orientación de cada colegio en particular puede ser el mejor recurso para poner dicha información a disposición de los padres. Las cartas o las hojas informativas dirigidas a los padres deben incluir la siguiente información: � La debida ciberetiqueta para moverse por la red. � Directrices para garantizar la seguridad online. � Definición de acoso cibernético. � Ejemplos de acoso cibernético. � Cómo informar del acoso cibernético entre los estudiantes del colegio. � Consejos prácticos para responder al acoso cibernético (como, por ejemplo, ignorar, bloquear o alertar de ello). � Formas seguras de utilizar las redes sociales online y cómo informar a estas webs de posibles abusos. � Cuándo avisar a la policía. � Posible responsabilidad de los padres por la conducta online de los menores. � Con quién pueden contactar para más información o ayuda. A continuación tenemos un ejemplo donde un director informó a los padres de algunos consejos prácticos y posibles recursos a raíz de su preocupación en relación con la conducta online de algunos de sus estudiantes. Después de que una de las autoras del libro diera un curso de formación dirigido al cuerpo docente de un centro de primer ciclo de secundaria en torno al tema del acoso escolar y del acoso cibernético, el director hizo algunas averiguaciones para ver qué estaban colgando los estudiantes de su centro en una red social online muy popular. Se sintió consternado al ver la cantidad de información personal que los alumnos difundían por la red, además de algunas fotos con actitudes inapropiadas. Este director reaccionó de una forma 213
  • 205. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston positiva trabajando con su departamento de orientación para informar a los padres de su inquietud acerca de lo que los estudiantes estaban colgando en la red, y enviarles a casa algunos consejos prácticos sobre seguridad online y ciberacoso. Si bien es imposible que la dirección del centro escolar vigile la conducta online de todos los estudiantes, revisar de vez en cuando las webs que sean más populares entre los alumnos puede ayudar a detectar si existe algún problema que haya que abordar con el personal del colegio y con los padres. Como ya dijimos más arriba, los padres tienen la responsabilidad principal en lo relativo a vigilar la conducta de sus hijos por la red, pero los profesores pueden ayudar a los padres alentándoles a asumir un papel activo a la hora de facilitar unas directrices adecuadas para navegar por internet sin correr ningún peligro. Hablar realmente con los padres cuando surja algún problema, y organizar seminarios para los padres y distribuir “boletines informativos” sobre el acoso cibernético y la seguridad online, prevendrá que muchos problemas se desarrollen dentro de la comunidad escolar. Más abajo (figura 6.2) se incluye una muestra del tipo de carta que la dirección del centro pueda utilizar cuando se sientan preocupados por el uso que los estudiantes puedan estar haciendo de las redes sociales online. Dedicar un tiempo de clase al tema del acoso cibernético Como ya dijimos más arriba, la mayoría de los estudiantes de nuestros grupos de discusión tenían la sensación de que los profesores podían hacer poca cosa para abordar el problema del ciberacoso; sin embargo, una chica de segundo ciclo de secundaria señaló una sugerencia útil dirigida a los profesores: “Tal vez introducir a los niños en el tema del acoso cibernético a una edad más temprana, hablar del tema en las clases y de los posibles signos de ciberacoso, para que puedan saber si está pasando en su colegio, y que no tengan miedo de contárselo a sus padres y demás” − chica de segundo ciclo de secundaria. Esta estudiante ya había reconocido la importancia de dedicar un tiempo dentro de la clase a hablar del acoso escolar y del acoso cibernético. La 214
  • 206. qué pueden hacer los profesores importancia de mantener debates y reuniones con la clase de forma regular para abordar el problema del acoso tradicional ya se señaló en el capítulo 2. Es importante incluir en estos debates en clase el tema del ciberacoso y la forma apropiada de comunicarse por la red, para asegurarse de que los estudiantes comprenden que tampoco se puede aceptar el acoso escolar dentro del ciberespacio. Temas a tratar en los debates en clase sobre el ciberacoso. ¿Qué cuestiones se deben tratar durante las reuniones dentro de la clase para hablar del acoso cibernético? Al principio, los profesores probablemente querrán asegurarse de que los menores comprenden: (a) qué es el acoso cibernético; (b) cuál es la política y la normativa del colegio en relación con el acoso cibernético; (c) qué mecanismos existen en el colegio para informar del acoso cibernético; y (d) cuál sería la mejor forma de responder al acoso cibernético (como, por ejemplo, cuándo es mejor ignorar, bloquear, o informar de ello). Si el uso de las redes sociales online es muy popular entre los estudiantes, los profesores deben hablar de las “directrices para el uso apropiado” que figuran en dichas webs. Muchos estudiantes creen que tienen un derecho a expresarse libremente que les permite decir cualquier cosa por la red. Las directrices de la web y los pasos para informar de los abusos pueden ayudar a desvanecer este mito. También se debe tratar el papel del espectador ocasional del acoso cibernético, para que los estudiantes comprendan que presenciar el ciberacoso y no hacer nada es una opción perjudicial. Es importante ayudar a los estudiantes a desarrollar la empatía hacia los compañeros de clase que están siendo elegidos como blanco del acoso cibernético, dado que los estudiantes que se burlan u ofenden a un compañero de clase por la red no ven la reacción emocional de este estudiante, como sucedería con el acoso cara a cara. Los profesores pueden poner deberes por escrito donde los estudiantes adopten la perspectiva de alguien que está viviendo la experiencia del acoso tradicional o del acoso electrónico, y hablar de sus reacciones ante la conducta de acoso. La capacidad de adoptar la perspectiva de otra persona es un elemento esencial en el desarrollo de la empatía, y puede ayudar a los estudiantes a desempeñar el papel de espectadores positivos 215
  • 207. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Figura 6.2 Ejemplo de carta Estimados padres: La seguridad de nuestros estudiantes, además de su educación, constituye una preocupación fundamental para el colectivo de segundo ciclo de enseñanza secundaria del centro __________. Nos han llamado la atención sobre el hecho de que muchos estudiantes están entrando en redes sociales online tales como, por ejemplo, ___________. Cuando se utilizan con cuidado, estos alojamientos web ofrecen a los jóvenes y a los adultos la posibilidad de comunicarse entre sí. Pero cuando se utilizan de forma inapropiada, se pueden convertir en un espacio hiriente o peligroso para todos los estudiantes. Nos han informado de que algunos estudiantes están utilizando estas webs de una manera ofensiva e irrespetuosa. A estas webs se accede principalmente fuera del colegio desde los ordenadores domésticos, dado que el cortafuegos comarcal [el sistema de seguridad online del distrito académico] impide acceder a ellas dentro del colegio. Los estudiantes vienen al centro comentando lo que han leído en estas webs acerca de otros estudiantes, o bien se traen de casa copias impresas de los mensajes instantáneos, las páginas web y demás contenidos, lo que genera rumores e influye en el medio escolar y en el entorno educativo. Estamos viendo que los estudiantes están creando perfiles negativos de sus compañeros de clase y/o subiendo a la red comentarios negativos acerca de otros estudiantes y adultos. Consideramos que tales incidentes constituyen una forma de acoso cibernético. El acoso cibernético alude al hecho de que alguien utiliza internet u otros aparatos portátiles para enviar mensajes maliciosos o hirientes con objeto de hostigar y/o degradar a los demás. Por favor, hablen con su hijo del acoso cibernético y de la importancia de no colgar jamás en la red nada que pueda ser malicioso o hiriente en relación con otras personas. Además, los estudiantes están difundiendo identificadores informáticos personales que ponen en peligro su seguridad o la seguridad de otros estudiantes. A raíz de visitar varias de estas webs, vimos que los estudiantes habían colgado en ellas los siguientes contenidos que facilitaban información personal:  Fotos.  Fecha de nacimiento.  El nombre y apellidos reales del estudiante.  El nombre de pantalla del messenger [IM]. 216
  • 208. qué pueden hacer los profesores  Nombres de pantalla con información que permite identificarlos.  Los números de teléfono de casa y del móvil.  Anotaciones en diarios online personalmente identificables.  El nombre del colegio.  La dirección del colegio.  Información personal sobre los compañeros de clase. Cuando los estudiantes difunden sus datos personales junto con imágenes de ellos mismos, corren el riesgo de atraer la atención de los ciberdepredadores, que pueden utilizar esta información para encontrar posibles víctimas. Los ciberdepredadores pueden hacerse pasar por adolescentes o por personas jóvenes, con objeto de entablar relaciones con los menores. Su objetivo suele ser concertar un encuentro cara a cara, y es muy fácil averiguar la dirección de casa una vez que el estudiante cuelga en la red su número de teléfono, o su apellido y la población donde vive. Además, al colgar en la red su nombre de pantalla del messenger [IM] o su dirección de correo electrónico, los estudiantes aumentan la probabilidad de que los importunen sexualmente por la red o de que les envíen contenidos pornográficos no deseados. Por favor, tómense todo el tiempo necesario para repasar las normas de seguridad que tengan en casa para utilizar internet con prudencia. Algunas páginas web útiles sobre posibles acuerdos y debates sobre seguridad en internet con sus hijos son: www.netsmartz.org www.isafe.org www.ikeepsafe.org (para los estudiantes más jóvenes) Recuerden que al igual que tenemos unas normas y unas directrices para moverse por el mundo real, tenemos que facilitar una orientación a nuestros hijos a la hora de moverse por el mundo virtual. El director ______________________________________________ 217
  • 209. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston que contribuyan al desarrollo de un clima de solidaridad y de comprensión dentro del colegio. Crear un clima que anime a los espectadores a manifestarse abiertamente en contra de las conductas de acoso. El hecho de sentirse anónimo dentro del ciberespacio parece alentar a algunos jóvenes a establecer unas normas sociales insanas para comportarse por la red. La impulsividad de los jóvenes combinada con la creencia de que “todo vale” dentro de la red, es una forma segura de buscarse problemas, en el caso de no existir unas normas sociales positivas que hagan de freno. El contrarrestar estas normas sociales erróneas sería uno de los cometidos fundamentales de los profesores y de los padres para garantizar una atmósfera positiva dentro de la red. Una forma eficaz de fomentar unas normas sociales más positivas es a través de acciones que centren la atención en el papel positivo que los espectadores pueden desempeñar para frenar el acoso. Como vimos en el capítulo 2, los jóvenes pueden asumir toda una variedad de distintos papeles en los casos de acoso escolar. Cuando se produce un incidente relacionado con el acoso escolar, la mayoría de los estudiantes asumen el papel de espectadores (e.g., de observadores externos neutrales o de posibles defensores). Aunque son muchos los estudiantes que se sienten ofendidos por el acoso cibernético y otras formas de acoso escolar, con frecuencia no saben exactamente cómo reaccionar cuando lo presencian. Con el oportuno roleplaying y los debates en clase, a estos estudiantes se les puede alentar a informar de las conductas de acoso electrónico cuando las observen. Los estudiantes también pueden aprender posibles formas de ayudar a un compañero de clase que está siendo ciberacosado, a través de comentarios positivos, cartas, y mensajes instantáneos o e-mails. Hablar de los diferentes pasos que los espectadores ocasionales pueden dar cuando tenga lugar el acoso cibernético, es un muy buen tema para discutir en clase. Las posibles opciones incluyen: � No ver los contenidos maliciosos. � No chismorrear ni difundir rumores por la red, ni hablar de ello en el colegio. 218
  • 210. qué pueden hacer los profesores � Apoyar a la víctima −¡subir a la red o enviarle mensajes positivos! � Si conocemos a la persona acosada, invitarla a pasar un tiempo con nosotros. � Decírselo a un adulto en casa y en el colegio. � Imprimir las pruebas para enseñárselas a un adulto. � Desalentar al estudiante que está acosando electrónicamente, si no es peligroso obrar así, y dejarle claro que pensamos que lo que está haciendo no está bien. Enseñar a los estudiantes una “ciberetiqueta”, a bloguear sin riesgos, y a vigilar su reputación por la red Las habilidades para guardar la etiqueta de la red se están volviendo esenciales a medida que la tecnología se está incorporando cada vez más a la mayoría de las salidas profesionales. Muchos colegios animan a los profesores a llevar blogs donde poder colgar deberes para clase y para casa que los estudiantes pueden consultar. A los estudiantes se les pide que suban los deberes a la red. Es crucial aconsejar sobre la forma apropiada de colgar información y sobre la etiqueta de la red como parte del aumento de la incorporación de la tecnología dentro del aula. Como parte de los debates en clase, los profesores pueden ayudar a los estudiantes a crear un blog de la clase, donde se les pueda enseñar la conducta apropiada por la red. Los estudiantes pueden elegir si los blogs van a ser públicos (para que los vea todo el mundo) o privados (sólo para que los vean y los comenten los alumnos de la clase). Como clase y con la orientación del profesor, los estudiantes pueden responder a los comentarios realizados en el blog por sus compañeros y explicar cómo les hicieron sentirse dichos comentarios. Existen webs para ayudar a las personas y los grupos, tales como una clase, a crear blogs que se puedan utilizar con este propósito. Los orientadores escolares deben dar clases para guiar a los estudiantes sobre la importancia de mantener una reputación positiva por la red como parte de la orientación profesional y universitaria. Dichas clases deben ayudar a los estudiantes a reconocer que el perfil personal que aparece en una 219
  • 211. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston red social online puede tener un efecto positivo o negativo sobre su futuro. Demostrar (sin avergonzar a nadie) lo fácil que es buscar estas páginas web y acceder a información personal, garantizará que los estudiantes se enteren de que los comentarios que cuelgan en la red son información pública y, como tal, puede volverse contra ellos en un futuro. Los responsables de la orientación deben asegurarse de que los estudiantes son conscientes de que hay gente que ha perdido su trabajo, han sido procesados, y expulsados de los equipos universitarios de atletismo, a raíz de la información personal y de las declaraciones ofensivas que han colgado en las redes sociales online. Formar y sacar provecho de los mentores estudiantiles La web i-SAFE.org tiene excelentes recursos gratuitos para educadores, incluido un programa de mentoría donde los estudiantes trabajan con los compañeros de clase o con estudiantes más jóvenes para darles clases sobre ciberacoso, ciberdepredadores, ciberseguridad, y propiedad intelectual. La i-Mentor Network [web de mentoría electrónica] está dirigida a los alumnos de primer y de segundo ciclo de secundaria, y les ofrece a los estudiantes unas instrucciones sencillas para preparar y realizar actividades y eventos solidarios. Los estudiantes comienzan por ver los vídeos de formación en mentoría electrónica. Después de hacer la videoformación y sus distintos componentes para el certificado de mentor, los estudiantes pueden planificar diversas actividades solidarias para su colegio y su comunidad. El hacer uso de dichas estrategias realizadas por los jóvenes garantizará que los estudiantes fomenten la influencia positiva entre los compañeros para reducir todas las formas de acoso escolar. Hacer uso de la pericia de los estudiantes Muchos colegios reconocen el poder del liderazgo juvenil para desarrollar un clima que favorezca la aceptación y la ayuda a los demás. Los jóvenes, de forma habitual, hacen de ayudantes de sus compañeros, de mediadores de sus compañeros, y de representantes del centro, desarrollando con ello unas habilidades que les servirán para toda la vida. Los estudiantes también pue- 220
  • 212. qué pueden hacer los profesores den hacer de mentores de otras personas enseñando habilidades y mo­ e­ d lan­ o conductas sanas. En muchos distritos académicos, los estudiantes d reciben clases sobre prevención de drogas, aplazamiento de las relaciones sexuales, y conocimientos sobre los distintos medios de comunicación, por mencionar solamente algunas de las posibles opciones. Hacer uso de la pericia de los estudiantes en el tema de la seguridad online y del ciberacoso puede transmitir un mensaje muy potente a los compañeros de clase y a los estudiantes más jóvenes. El grupo de compañeros suele tener más legitimidad que el profesor de cara a tratar cuestiones sociales, de modo que el servirse de los líderes estudiantiles par dar clases sobre seguridad en internet y acoso cibernético constituye una formidable estrategia de prevención. Como ya dijimos anteriormente, el programa de mentoría para jóvenes de la i-SAFE América ofrece material práctico y contenidos que los estudiantes pueden utilizar para ayudar a sus compañeros de clase y a los estudiantes más jóvenes. Los estudiantes también son una magnífica fuente de información respecto de cuál es la mejor forma de abordar los “puntos más conflictivos” en relación con el acoso tradicional o el acoso electrónico que pueda estar sucediendo en un colegio en particular. Hemos visto que la popularidad de las webs entre los estudiantes cambia muy rápidamente, y que los jóvenes suelen ser los primeros en incorporarse a las nuevas tecnologías. En razón de ello, los profesores tienen que estar al corriente a través de los jóvenes de los sitios web más populares y de las nuevas tecnologías que están siendo adoptadas por la población estudiantil. Asociaciones escolares y comunitarias Si bien hemos mencionado una variedad de pasos que los profesores pueden dar para prevenir el acoso cibernético, las organizaciones juveniles también tienen un papel importante que desempeñar en la prevención del acoso electrónico (y de todas las formas de acoso escolar). Muchos estudiantes se apuntan a programas y actividades fuera del horario de clases, que incluyen el uso de ordenadores y de las nuevas tecnologías, y el desarrollo de las habilidades sociales suele ser uno de los objetivos de las muchas organiza- 221
  • 213. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ciones juveniles existentes dentro de la comunidad. Dichas orga­ izaciones n pueden ayudar a los profesores y a los padres subrayando el mensaje relativo a la importancia del uso apropiado de la tecnología, la ciber­ tiqueta y la e seguridad personal, elaborando y aplicando directrices, clases, actividades grupales y mentorías individuales entre los estudiantes sobre la etiqueta de la red y la seguridad online. Guías de redes sociales online para educadores Aunque aludimos a las redes sociales online a lo largo del todo el libro, es esencial que los profesores se tomen el tiempo necesario para familiarizarse con uno de los fenómenos sociales más importantes que afectan a los adolescentes y a los jóvenes estadounidenses. Según la Pew Internet & Ame­ i­ r can Family Life Project, más del 55% de los adolescentes norteamericanos de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años, utilizan las redes sociales online (Lenhart & Madden, 2007). Los perfiles individuales en las redes sociales online son similares a los registros en el anuario escolar, pero con muchos dispositivos de comunicación que les brindan a los jóvenes una forma de “quedar” en el ciberespacio. Dependiendo de la web, existen opciones similares al correo electrónico, tablones de anuncios para colgar mensajes dirigidos a los amigos, y aplicaciones para bloguear que permiten colgar anotaciones similares a un diario hablando de cómo les ha ido el día. Si bien los adultos continúan comunicándose electrónicamente en gran medida a través de e-mail, los adolescentes se comunican principalmente a través de los mensajes instantáneos y con la ayuda de accesorios tales como MySpace, Facebook, y demás webs similares. En el momento de escribir estas líneas, MySpace era con mucho la web más popular; sin embargo, Facebook estaba aumentando su popularidad entre los estudiantes y parecía ser la opción preferida entre muchos de los estudiantes de los colegios privados (Jenkins, 2006). Si bien hasta hace poco Facebook ha estado limitada a determinadas poblaciones de profesionales, estudiantes y antiguos alumnos, cualquiera puede 222
  • 214. qué pueden hacer los profesores abrir una cuenta gratis en MySpace. Ello significa que algunos adultos (principalmente los más jóvenes) están utilizando MySpace, pero su popularidad entre los estudiantes de segundo ciclo de secundaria es enorme. Los adultos que no están familiarizados con estas webs y trabajan con jóvenes, harían bien en visitarlas para comprender mejor el uso que les están dando los adolescentes. Los jóvenes utilizan estas webs como una forma de explorar y delimitar su propia identidad. Muchos se sienten absolutamente cómodos (y de hecho disfrutan) compartiendo sus pensamientos y sus sentimientos más privados por la red. Por supuesto, al difundir información personal de forma indiscriminada, los jóvenes pueden convertirse en un blanco perfecto para la explotación por parte de los depredadores o para el maltrato por parte de los compañeros de clase. Las redes sociales online tienen su mérito, sin embargo, y es importante aceptar la realidad de que estas webs se han convertido en el punto de encuentro de los adolescentes dentro del “ciberbarrio”, a la manera de los garitos adolescentes que muchos de nosotros frecuentábamos de jóvenes. Dado que los jóvenes tienen menos posibilidades de quedar en el mundo real debido a la sobrecarga de actividades extraescolares o a la preocupación por la seguridad, los jóvenes han encontrado una forma de seguir rela- cionándose, explorar su identidad y compartir los misterios de la cultura juve- nil. Dichas interrelaciones siempre han tenido lugar; la diferencia está en que había algún adulto a la vista para facilitar cierta supervisión cuando el lugar de alterne de los adolescentes de la localidad era una pizzería o una bolera. Relacionarse prin­ i­ al­ en­e por la red, lejos de la vista de cualquier adulto cp m t responsable, puede desembocar en los problemas a los que nos vemos enfrentados actualmente, i.e., los ciberdepredadores, el ciberacoso y las ciberamenazas. La mejor solución está en encontrar la forma de hacer que estas webs sean más seguras, a través de una combinación de estrategias localizadas en la propia web (consejos prácticos sobre el uso seguro y cómo informar de posibles abusos), y a través del aumento de la supervisión y de unas directrices sensatas para su utilización, transmitidas por los padres, por los profesores y por la comunidad en general. 223
  • 215. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Obviamente, el acoso escolar siempre ha existido, pero el ciberacoso que tiene lugar en las redes sociales online tiene la posibilidad de trastornar más la jornada escolar, debido a que una mayoría de la población escolar puede o bien presenciar el incidente y/o difundir vertiginosamente chismes y rumores a los compañeros de clase en relación con el incidente. Que sean tantos los compañeros de clase que se enteren de la humillación, combinado con el maltrato que tiene lugar fuera del horario de clases (habitualmente el momento más seguro del día para el estudiante acosado dentro del colegio), puede conducir a que los estudiantes acosados tengan la impresión de que no existe un lugar seguro donde poder ir, ni ninguna parte a la que poder dirigirse. En razón de ello, los profesores deben desempeñar un papel y ocuparse del uso que hacen los estudiantes de las redes sociales online, al margen de que estas webs queden fuera del servidor del distrito académico, o no. Una reciente encuesta por correo electrónico aplicada a profesores, dirección y miembros del consejo escolar representados en la National School Boards Association Annual Technology+Learning Conference, indicaba que sólo el 35% de los encuestados dijeron que sus distritos académicos tenían normativas en relación con el uso de las redes sociales online, con el 50% indicando que sus distritos no tenían ninguna normativa y el 15% indicando que no sabían con seguridad si tenían alguna normativa o no (“Social networking sites confound schools”, 2007). Al margen de su accesibilidad desde colegio, el uso de dichas webs en casa afectará al entorno educativo cuando se utilicen para acosar y hostigar a los compañeros de clase. Además, muchos estudiantes están accediendo a estas websites dentro del colegio a través del uso de asistentes digitales personales (PDAs) [ordenadores de bolsillo] o de teléfonos móviles con acceso a internet. Hablar con los estudiantes respecto del uso apropiado de las redes sociales online, de cómo informar de los posibles incidentes, y de cómo ayudar a un compañero de clase que haya sido elegido como blanco, son contenidos nuevos que los educadores proactivos deberán empezar a tratar en clase. 224
  • 216. qué pueden hacer los profesores ¿Qué puede hacer el personal del colegio para intervenir eficazmente en los casos de acoso cibernético? Aunque los esfuerzos de prevención habitualmente reducirán la probabilidad de que los estudiantes se vean envueltos en incidentes de acoso cibernético, el personal del centro escolar, indudablemente, se verá enfrentado con casos periódicos de ciberacoso. En esta sección, analizaremos de qué forma pueden responder mejor los profesores cuando les informen de la aparición de un incidente relacionado con el acoso electrónico. Notificarlo a los padres de todos los menores implicados (en el caso de saber quiénes son) Sobre la base del contenido y de la gravedad de los mensajes, los padres del estudiante que ha sido ciberacosado pueden querer iniciar una toma de contacto con los padres del estudiante responsable de la conducta de ciberacoso. El capítulo 5 contiene algunos consejos prácticos para los padres en relación con la posibilidad de ponerse en contacto con otros padres. Pero si el acoso electrónico parece ser de naturaleza más grave o más perturbador para el entorno escolar, debido a que sucede reiteradamente o ha sido contemplado por muchos estudiantes (como en el caso de una web ofensiva), los padres del estudiante elegido como blanco pueden necesitar la ayuda del orientador escolar o de un directivo del colegio de su hijo. En algunos casos, será importante que la dirección del colegio lo notifique a los padres de las partes implicadas. Para poder hacerlo de forma eficaz, es importante que los profesores dispongan de pruebas del ciberacoso. Estas pruebas se pueden conseguir a través de los padres o de los estudiantes acosados, o yendo a la web real en cuestión. Las webs se pueden guardar dándole al botón de imprimir que aparece en la pantalla y guardándolo como un archivo. Si un estudiante o un adulto reconocen el número de teléfono, se podrá identificar al remitente de un mensaje de texto, y éste debe ser documentado con la fecha y la hora con objeto de indicar si los mensajes están siendo enviados durante el horario de clases. (La compañía de telefonía puede averiguar el 225
  • 217. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston número de teléfono, si el estudiante no está seguro de quién le está eligiendo como blanco). Si la evidencia confirma que los responsables van todos al mismo colegio, y ello ha generado una alteración en el entorno académico, tiene sentido que la dirección avise a los padres de las partes implicadas. Son muchas las cuestiones que entran en juego cuando un incidente de acoso cibernético altera la jornada escolar. El ciberacoso puede estar teniendo lugar dentro del colegio, lo que justificaría una respuesta mucho más clara por parte de la dirección. La mayoría de los distritos académicos disponen actualmente de unas normativas en relación con el mal uso de la tecnología del colegio, que se pueden aplicar cuando el acoso electrónico tenga lugar dentro del campus. Mucho más frecuentes, sin embargo, son los incidentes de ciberacoso que tienen lugar fuera del horario de clases, pero que generan cierta alteración en el entorno académico dado que los estudiantes implicados van al mismo colegio. En tales casos, el profesor puede asumir el papel de facilitar sugerencias, apoyo y posibles recursos a la familia del estudiante elegido como blanco, así como a la familia del estudiante responsable de la conducta de acoso electrónico. Sugerir diversas opciones de respuesta Si la conducta de ciberacoso es un incidente leve (soltarle un taco a alguien) entre dos estudiantes y ha ocurrido únicamente en un par de ocasiones, habitualmente la mejor línea de acción consiste en que el estudiante acosado ignore la conducta. El menor que acosa electrónicamente quiere ver la reacción del estudiante elegido como blanco, y si los comentarios se ignoran, puede que opte por dejarlo. Muchas tecnologías permiten a los usuarios bloquear a otros usuarios específicos. La mensajería instantánea y los teléfonos móviles tienen dispositivos de bloqueo, los correos electrónicos tienen filtros, y las redes sociales online permiten a los usuarios bloquear a determinados sujetos respecto de comentar o de colgar contenidos en su sitio web. Estos pasos serán habitualmente suficientes para abordar los incidentes leves de ciberacoso. Los profesores pueden ayudar a los padres y a los estudiantes instruyéndoles acerca de cómo utilizar las funciones de bloqueo y de 226
  • 218. qué pueden hacer los profesores alarma de diversos medios tecnológicos. Continúa siendo importante guardar las pruebas, en el caso de que el acoso electrónico continúe a pesar de ignorar o de bloquear al usuario. En las siguientes secciones analizaremos qué pasos se pueden dar si el ciberacoso es persistente o más grave. Facilitar consejos prácticos/posibles recursos para retirar los contenidos ofensivos La mayoría de las redes sociales online tienen acuerdos con el usuario que prohíben el ciberacoso, las ciberamenazas, la suplantación, y demás conductas peligrosas. Los profesores pueden ayudar a los estudiantes y a los padres buscando las diversas normativas para los usuarios de estas redes sociales online, tales como MySpace, que explican cómo informar de los abusos o de las amenazas. MySpace tiene una sección de preguntas más frecuentes (FQA) que facilita enlaces a consejos prácticos sobre seguridad, además de enlaces a cómo informar de una suplantación de identidad, de un uso por debajo de la edad mínima permitida, del ciberacoso, y de las infracciones del copyright. Los estudiantes, los padres y los profesores pueden utilizar los mecanismos de las webs para informar de las conductas que violen estos acuerdos con los usuarios. El colegio puede ser un recurso valioso para los padres, informándoles de los diversos pasos que pueden dar para lograr que retiren los contenidos ofensivos. Las webs como MySpace, Xanga y Facebook, cerrarán por sistema un sitio web si incurre en una violación de su normativa de uso, porque incluya amenazas y hostigamiento a otras personas. Los profesores también pueden informar a los estudiantes de que la web que tantas horas les ha llevado crear, dejará de estar abierta si violan estas directrices. Ponerse en contacto con la policía Aunque la legislación varía según la jurisdicción, alegaciones serias como las amenazas de daño físico, el acoso sexual, la difusión online de fotos de desnudos o de imágenes comprometidas, la extorsión o la conducta de per- 227
  • 219. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston secución obsesiva, deben ser denunciadas a la policía inmediatamente, y la policía pondrá en marcha su propia investigación (Willard, 2005b). Si se está cursando una denuncia a la policía, los directivos del colegio deben consultar con las autoridades para decidir sobre lo apropiado o no de que el centro se ponga en contacto con los padres de las partes implicadas. Puede que la ley no quiera que se llame a los padres del presunto autor, debido a la posibilidad de que se destruyan las pruebas de la conducta delictiva. Comunicar nuestras preocupaciones a la comunidad escolar En muchos casos, el solo hecho de facilitar unas referencias y enviar a casa un boletín informativo sobre cómo responder al acoso cibernético, será una intervención efectiva para la familia de la víctima elegida como blanco fuera del campus. También merece la pena enviar un comunicado a todos los padres del colegio o a los padres de un determinado curso en particular, explicando que ha tenido lugar un caso de ciberacoso entre los estudiantes del colegio e invitar a los padres a coordinarse con el colegio para supervisar el uso de la tecnología por parte de los estudiantes. Advertir a los padres de los menores que han sido amenazados Una de las entrevistas individuales que realizamos para la preparación de este libro incluyó a una madre a la que el colegio no informó de que su hija había sido amenazada por la red. Aunque los directivos del colegio fueron alertados por un padre de los contenidos negativos y de naturaleza amenazante que aparecían en una web, la dirección no avisó a los padres de los estudiantes elegidos como blanco, que permanecieron sin saber que sus hijos habían sido amenazados. El personal del colegio siempre debería alertar a los padres del menor que ha sido amenazado por la red, cuando les informen de la existencia de dichas amenazas. Los siguientes comentarios extraídos de nuestra entrevista con esta madre ilustran la frustración que sintió al enterarse de que el colegio no le había informado del ciberacoso. Según la madre, una compañera de colegio de su hija había colgado 228
  • 220. qué pueden hacer los profesores una foto del colegio en una red social online con las palabras “el infierno” escritas encima, y amenazaba con volarlo todo por los aires. La estudiante, según informa la madre, incluía una lista de compañeras de clase que no le caían bien. Entrevistadora: ¿Cuál fue su reacción al enterarse del acoso electrónico que incluía a su hija como blanco? Madre: Una rabia enorme de que el colegio no me hubiera avisado, porque la madre que me informó de todo esto había estado en el colegio para ver a la directora a primera hora de la mañana, para llamar su atención sobre ello, y la reacción inicial de la directora fue que no podía creer que la volvieran a molestar “otra vez” con este asunto, porque ya había habido otro incidente en relación con esta misma web en particular hacía unos pocos meses. Mi segunda reacción fue de miedo, de pensar qué podía suponer para mi hija, ya que ella figuraba en aquella lista. Y ahora qué hacemos, cuáles son nuestros derechos como padres, adónde nos podemos dirigir, porque jamás nos habíamos visto antes en esta situación. Esta madre puso una denuncia en la policía por su propia cuenta, sin saber qué otra cosa podía hacer. Habría sido mucho mejor que el colegio hubiera reaccionado con preocupación, y hubiera ayudado a los padres a buscar los recursos adecuados con objeto de abordar la situación. Los padres no pudieron ver a la directora al día siguiente, pero sí vieron a una auxiliar de dirección, que desconocía los detalles del incidente. También comunicaron su inquietud en el despacho del comisario de policía. Entrevistadora: ¿La subdirectora tenía alguna línea de acción que pudiera recomendar? Madre: Inicialmente no. Hizo venir al agente de policía del colegio, que por casualidad estaba en el colegio en aquel momento. Este hombre arrojó alguna luz sobre el asunto y dijo que ya había pasado antes, pero dado que no había ocurrido dentro del recinto del colegio y utilizando el equipo del colegio, no podían hacer nada. La subdirectora indicó que se 229
  • 221. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston pondría en contacto con la policía de distrito, pero que estaba tan en blanco, dado que la directora le había dado muy pocos detalles, que verdaderamente no sabía qué hacer. No tuvimos la impresión de que fueran a hacer nada ni a tomar ninguna medida lo bastante rápida para proteger a los estudiantes que aparecían en la lista, así que me encargué yo misma de llevar el asunto al despacho del comisario. El comisario de policía de nuestra zona se tomó la cosa muy en serio y lo consultó con sus asesores legales. Fue únicamente entonces cuando se avisó a los demás padres de los estudiantes afectados. Entrevistadora: ¿Había algún comentario en la web que le hiciera preocuparse por la seguridad de los estudiantes? Madre: Sí. La chica había colgado una foto del colegio en la web con las palabras “¡El infierno!” escritas encima en rojo, y decía que estaba cansada de que estas chicas pensaran que eran qué se yo, que se iba a encargar ella personalmente de arreglarlo, que lo iba a volar todo por los aires… La policía pensó que sonaba lo bastante amenazante como para abrir una investigación. Pongámonos en el lugar de esta madre por unos momentos. Es extremadamente angustioso para un padre ver mensajes amenazantes dirigidos a un hijo. De hecho, algunas de nuestras entrevistas pusieron de manifiesto que los padres se sentían más perturbados por el acoso electrónico y las amenazas que el propio menor que había sido elegido como blanco. En cualquier caso, los padres probablemente se sentirán muy preocupados por las amenazas y el hostigamiento dirigidos a su hijo, y necesitan saber que el colegio les va a ayudar y les va a apoyar en el intento de abordar la situación, incluso si los mensajes han sido colgados en un ordenador de casa fuera del horario de clases. Cuando esta madre sintió que el colegio no se mostraba receptivo, dio un paso más y fue a la oficina de distrito del colegio. Afortunadamente, el superintendente de distrito encargado de la zona mostró su preocupación, se comprometió a ocuparse del incidente, y avisó a las otras partes implicadas. Una gran parte del miedo, la frustración y la rabia de los padres podría haber encontrado algún alivio si la directora del colegio se hubiera mostrado más 230
  • 222. qué pueden hacer los profesores proactiva desde un principio, avisando a los padres de los estudiantes amenazados, y comunicando a las autoridades los comentarios amenazantes. Los padres de los estudiantes que emprenden conductas de acoso cibernético también deben ser informados por la dirección del colegio de las acciones de sus hijos tan pronto como sea posible. Si bien es cierto que algunos padres pueden ver el ciberacoso como un hecho insignificante o normal en un adolescente, muchos padres se sentirán consternados al saber que su hijo ha participado en dichas conductas negativas, y agradecerán que se les haya avisado. Dicha notificación les permitirá adoptar una serie de pasos para vigilar más de cerca la conducta de su hijo por la red. Los padres de los estudiantes que participan en el acoso cibernético pueden necesitar algunas referencias que les informen de cómo hablar con sus hijos sobre el uso apropiado que deben hacer de la red, y algunas sugerencias respecto de cómo supervisar la presencia de su hijo en la red. Los colegios pueden derivarlos a sitios web tales como www.stopbullyingnow.hrsa.gov, www.cyberbully.org, www.netsmartz.org, www.ikeepsafe.org, www.wiredsafety.org, y nuestra propia web, www.cyberbullyhelp.com, para averiguar más cosas respecto de cómo pueden seguir la conducta online de sus hijos. En ocasiones, los comentarios online pueden ser lo bastante graves como para justificar una derivación a la consulta de un terapeuta. Los estudiantes que cuelgan comentarios expresando el deseo de hacerse daño a sí mismos o a los demás (ciberamenazas) deben ser derivados para que les hagan una evaluación psicológica que determine el potencial suicida u homicida. El orientador escolar puede coordinarse con la dirección del colegio para realizar dichas derivaciones. Esto lo analizaremos con más detalle en la sección que habla de las derivaciones justificadas a salud mental. Sanciones escolares para el acoso cibernético −una cuestión delicada Los padres de la cibervíctima suelen querer saber si habrá alguna sanción para los estudiantes que acosaron a su hijo. Si un estudiante ha violado la 231
  • 223. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston normativa del centro utilizando la tecnología del colegio para acosar electrónicamente a otro estudiante, el colegio deberá aplicar unas sanciones para la conducta de ciberacoso e informar a los padres del estudiante elegido como blanco de que se está siguiendo la normativa. Si el estudiante utilizó su propia tecnología (como, por ejemplo, un teléfono móvil), pero envió los mensajes estando en el colegio, su conducta también puede justificar unas sanciones impuestas por el colegio. Esta es la razón de que sea tan importante tener pruebas del día y la hora en que los mensajes fueron enviados. Muchos distritos académicos prohíben el uso de teléfonos móviles durante el horario de clases, pero después hacen la vista gorda cuando los estudiantes envían mensajes de texto durante la jornada escolar. Las normativas que son sistemáticamente ignoradas por la dirección se prestan a los abusos por parte de los estudiantes. Es esencial establecer una normativa clara respecto de la posesión y el uso de los teléfonos móviles, unido a las consecuencias para los infractores, si los colegios quieren poner freno a las alteraciones del entorno académico. Resulta especialmente difícil para el colegio, sin embargo, sancionar cuando la conducta de acoso electrónico tiene lugar fuera del horario de clases, desde los ordenadores de casa o los teléfonos móviles. Si bien muchos directivos escolares piensan que deben poder sancionar a los estudiantes por las conductas de ciberacoso que alteran la jornada escolar, el criterio para proceder a ello es muy exigente. El ciberacoso debe incluir una amenaza grave o importante de alteración del entorno académico, y el expresar libremente el propio “punto de vista” suele estar protegido por la Primera Enmienda (Willard, 2005b). Incluso si el estudiante sube a la red o envía electrónicamente comentarios vejatorios sobre un compañero de clase o un profesor, si ello tiene lugar en el ordenador de casa, puede ser libertad de expresión protegida constitucionalmente. Los colegios públicos pueden ser recusados legalmente si imponen sanciones al derecho de los estudiantes a la libre expresión. Algunos colegios públicos que han expulsado temporalmente a los estudiantes por comentarios despectivos subidos a la red desde los ordenadores de sus casas, han sido demandados, según informa Parry Aftab. “De forma habitual, los colegios son demandados cuando adoptan medidas 232
  • 224. qué pueden hacer los profesores disciplinarias por insultar gravemente por la red a un profesor o acosar electrónicamente a un menor” (Kennedy, 2006). Los colegios privados tienen más margen para sancionar por tales infracciones, debido a que no son entidades gubernamentales. Los colegios públicos pueden estar capacitados para sancionar el ciberacoso, si les han exigido a sus estudiantes firmar un código de conducta estudiantil que incluye las conductas de acoso cibernético como algo inaceptable, incluso en el caso de que sucedan fuera del colegio. La mejor línea de actuación para los directivos escolares es consultar con un abogado antes de sancionar a los estudiantes por la conducta de ciberacoso que haya tenido lugar fuera de la jornada escolar, pero seguir ayudando a la familia del estudiante elegido como blanco, ofreciendo apoyo y referencias a las que dirigirse, en caso apropiado. Véase el capítulo 7 para un análisis más detallado de las cuestiones legales relacionadas con el acoso electrónico. Cuando los orientadores o los directivos escolares se enteran de que uno de sus estudiantes ha sido objeto de acoso cibernético, deben buscar pruebas del posible acoso tradicional que haya podido ocurrir dentro del colegio a la vez que las conductas de ciberacoso. Los colegios que aplican normativas contra el acoso escolar pueden imponer sanciones por las conductas de acoso dentro del colegio que acompañen a las conductas de acoso electrónico fuera del colegio. Si éste es el caso, los colegios deben seguir la normativa y las directrices de su distrito para responder al acoso escolar tradicional, pero también tomarse el tiempo suficiente para averiguar el alcance real del acoso escolar, incluido el acoso cibernético y el acoso tradicional. El acosador (o acosadores) y la víctima (o las víctimas) deben ser entrevistados por separado, transmitiendo un mensaje muy firme en contra de cualquier posible represalia de uno u otro lado. Si el blanco es un miembro del profesorado También se sabe de estudiantes que han elegido como blanco a algún miembro del profesorado a través de alguna web. Un estudiante de segundo ciclo 233
  • 225. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston de secundaria y miembro de uno de nuestros grupos de discusión, realizó el siguiente comentario: “Había un profesor que no nos caía bien… así que decidimos, por así decir, reírnos de él… y tenemos un blog en Facebook hablando de ese profesor”. Los pasos que analizamos anteriormente en relación con las posibles líneas de actuación y la retirada de los contenidos ofensivos, se aplican igualmente en el caso de que un estudiante o estudiantes elijan como blanco a un miembro del profesorado; ahora bien, la dirección del colegio podría necesitar tomarse un tiempo para valorar detenidamente los motivos de los alumnos. Existe una variedad de razones por las que los menores pueden elegir como blanco a un profesor en particular. Pero también hay que contar siempre con la posibilidad de que el estudiante o los estudiantes estén tomando represalias por lo que ellos perciben como una conducta de acoso por parte del profesor (Willard, 2006). Si dichos motivos parecen plausibles, la dirección podría tener que intervenir para abordar la situación. Valoración de la amenaza Hace un par de años, una madre llamó al despacho de asistencia al estudiante de una de las autoras del libro pidiendo orientación sobre unos comentarios que su hija había colgado en su blog, dentro de una red social online. En este blog, su hija pedía a los demás usuarios que le comentaran si debía quitarse la vida o no. La autora recomendó que la hija viera a un terapeuta inmediatamente, y explicó el proceso por el cual podía concertar una evaluación para su hija. “¿Le ha respondido alguien?”, le preguntó a la madre. “No”, respondió ésta con voz angustiada. La hija fue evaluada y hospitalizada aquel mismo día en razón de su potencial suicida. La autora se percató en aquellos momentos de que el personal del colegio se estaba adentrando en una nueva era en la que los adultos dispondrían de nuevas posibilidades para entrever mucho más profundamente la psique íntima de los jóvenes − les gustara o no. 234
  • 226. qué pueden hacer los profesores Muchos distritos académicos utilizan un protocolo de valoración del potencial suicida y homicida para orientar a los profesores a la hora de intervenir en el caso de un estudiante que haya hecho comentarios sobre la posibilidad de herirse a sí mismo o a los demás. Se recomienda que los distritos académicos procedan a realizar un análisis de las amenazas cuando les informen de cualquier caso de acoso electrónico que aluda al suicidio o al homicidio (Willard, 2006). El departamento de asistencia al estudiante mencionado anteriormente cuenta con un miembro del personal que está “de guardia” diariamente en una centralita para ayudar a los orientadores escolares a decidir si envían a un estudiante para evaluación en razón de alguna conducta de riesgo. Hace ya varios años, los orientadores de guardia comenzaron a ver que cada vez eran más los estudiantes que reclamaban su atención de resultas de las amenazas que otros compañeros les habían enviado por e-mail, por mensajería instantánea o a través de comentarios colgados en alguna red social online. Se recomienda que los profesores respondan a las ciberamenazas exactamente igual que lo harían en el caso de las amenazas verbales o por escrito, incluyendo las ciberamenazas en sus trámites para la valoración de las amenazas en general y adoptando las medidas apropiadas, ya sea disciplinarias, de derivación a otros recursos o de notificación a la policía, que indicamos más arriba. Derivación a los recursos de salud mental El estudiante que ha participado en actos de acoso cibernético debe ser evaluado detenidamente para averiguar qué dinámica existe en su casa y en su vida escolar, que puede haber influido en sus actos. Willard (2006) sugiere que los orientadores y los directivos escolares analicen el contenido del acoso cibernético, así como las relaciones en general que tiene el estudiante, a fin de determinar si están delante de unos contenidos “depositados” por un aspirante a acosador movido por la búsqueda de poder, o con unos contenidos “devueltos” generados por una víctima frustrada. Los datos preliminares sugieren que un porcentaje considerable de estudiantes que practican el acoso cibernético pueden ser víctimas/acosadores o víctimas pasivas que se 235
  • 227. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston están desquitando por la red (Kowalski & Limber, 2006). Si el estudiante ha sido acosado en el colegio y está reaccionando ante estos hechos lanzando ciberamenazas o ciberacosando a los demás, necesita ayuda y apoyo para hacerle frente al acoso escolar. El director, el orientador escolar, los padres y el menor deben trabajar juntos para elaborar un plan de seguridad u otras estrategias dirigidas al estudiante, que reduzcan las posibilidades de que el menor sea acosado en el colegio. También se debe evaluar el nivel de habilidades sociales del estudiante, y ofrecer unos recursos o unas derivaciones al alumno que tenga alguna limitación en dichas habilidades. Con frecuencia, el orientador escolar suele ser la persona más apropiada para reunirse con el estudiante y con sus padres para hacer las oportunas recomendaciones de tratamiento externo. El incidente de ciberacoso puede ser, de hecho, una oportunidad de facilitarle al estudiante los tan necesitados recursos y derivaciones para tratar los problemas sociales y conductuales que están afectando a su rendimiento académico. Es imperativo, sin embargo, que a los estudiantes que son acosados dentro del colegio se les brinde atención y apoyo para acabar con el acoso escolar, en lugar de suponer que hay que culparlos por el hecho de acosar. Resoluciones informales/reuniones para rendir cuentas La mediación no se suele recomendar para abordar las conductas de acoso tradicional. El desequilibrio de poder es tal que el convocar juntos a la víctima y al acosador, y pedirles que colaboren para solucionar el conflicto puede se vivido como una reiteración del maltrato por parte del estudiante elegido como blanco. Una analogía útil sería pensar en juntar a un maltratador in­­ fantil y a su víctima y decirles a los dos: “Vamos a resolver este caso de maltrato a través de la mediación”. El niño no tendría la suficiente fuerza ni la suficiente seguridad dentro de este contexto, con el agresor delante de él, y podría mostrar su conformidad con todo lo que dijera el maltratador (o la persona implicada en el acoso). Esta es la razón de que el Programa Olweus para la Prevención del Acoso Escolar (y de hecho la mayoría de los programas de prevención, así como la Campaña Nacional para la Prevención del 236
  • 228. qué pueden hacer los profesores Acoso Escolar, de la HRSA) recomiende firmemente que los menores que acosan y los menores que son acosados sean entrevistados por separado, y se elabore un plan de seguridad para los estudiantes que están siendo acosados en el colegio y que incluya un aumento de la supervisión por parte de los adultos, sanciones para el acosador, y unas vías claras para que la víctima pueda pedir ayuda e informar de maltratos adicionales (Olweus et al., 2007). La introducción de cambios en los horarios de clase puede ser necesaria (preferiblemente trasladando al menor que acosa), para asegurarse de que el menor elegido como blanco no vuelva a ser maltratado. Dado que los colegios suelen estar limitados en relación con las sanciones que pueden aplicar en los casos de acoso cibernético, nos interesan las alternativas positivas a los pleitos civiles o los procesos judiciales, que los colegios puedan recomendar a los padres. En algunos casos de acoso escolar, puede ser beneficioso tomar prestado un modelo de intervención desarrollado por el sistema legal que se conoce con el nombre de “justicia restaurativa”, la cual se define como: …una teoría del enjuiciamiento criminal que se concentra en el crimen como un acto contra otro individuo o contra la comunidad, más que contra el Estado. La víctima desempeña un papel principal en el proceso y recibe algún tipo de restitución del ofensor. La justicia restaurativa adopta muchas formas diferentes, pero todos los sistemas tienen unos aspectos en común. Las víctimas tienen la oportunidad de explicar el pleno alcance del impacto que el delito ha tenido sobre sus vidas, de recibir una respuesta a cualquier posible pregunta que tengan pendiente en relación con los hechos, y de participar en declarar al ofensor responsable de sus actos. Los ofensores pueden relatar su versión respecto de por qué ocurrieron los hechos, y de qué forma les ha afectado igualmente a sus vidas. Se les ofrece la oportunidad de arreglar las cosas con la víctima en la medida de lo posible a través de alguna forma de compensación (word IQ, 17 de julio de 2006). Este tipo de intervención implica convocar a las víctimas y a los ofensores arrepentidos conjuntamente de buen grado, siguiendo un proceso en forma de guión en el que las víctimas pueden expresar el impacto que las acciones 237
  • 229. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston del ofensor han tenido sobre sus vidas, y los ofensores tienen la oportunidad de pedir disculpas por sus actos y de reparar el daño que han hecho. Se requiere estar muy formado para administrar adecuadamente los programas de justicia restaurativa dentro del sistema legal, y es necesario hacer una gran labor preliminar de preparación. Aunque un programa completo de justicia restaurativa puede ser demasiado largo para la mayoría de los directivos escolares, una de las autoras del libro ha utilizado con éxito lo que nosotras llamamos una “reunión para rendir cuentas” dentro del marco del colegio, a raíz de asistir a un programa de formación en justicia restaurativa. La reunión para rendir cuentas combina algunos de los principios de la justicia restaurativa con los principios de la mediación. Creemos que los orientadores y los directivos escolares (que tengan una formación) pueden hacer uso de estos principios para intervenir en los casos más graves de acoso electrónico (así como en otros incidentes escolares) cuando los padres de las partes implicadas estén dispuestos, cuando el estudiante elegido como blanco esté también dispuesto y emocionalmente preparado, y cuando el estudiante que inició la conducta de ciberacoso (y sus padres) hayan demostrado algún remordimiento. Burssens y Vettenburg (2006) hablan de una modalidad similar de justicia restaurativa denominada “encuentros grupales restaurativos”, que se han venido aplicando con éxito en varios países. Los autores señalan que se debe reservar para las ofensas más graves dentro del colegio debido al tiempo que lleva, y su estudio investigó el uso de los encuentros grupales restaurativos dentro del colegio en casos de robos graves, extorsión, intimidación física a un profesor, acoso a otros estudiantes, y una pelea grave en la que algunos estudiantes resultaron lesionados. Su investigación sugiere que los encuentros grupales restaurativos eran juzgados como muy positivos y que el proceso “suavizaba e incluso eliminaba las tensiones existentes en la clase o en el colegio” (p. 12). Antes de aplicar estas estrategias, la dirección del colegio debe comprender que el centro de interés de las reuniones para rendir cuentas estriba en reparar el daño hecho, más que en las consecuencias punitivas. Los colegios interesados en saber más cosas sobre los métodos de la justicia restaurativa pueden visitar: www.restorativejustice.org. Sin este 238
  • 230. qué pueden hacer los profesores tipo de intervención, los colegios se pueden quedar con la sola alternativa de ofrecerles a los padres la única opción de interponer demandas judiciales o pleitos civiles en respuesta al ciberacoso que tenga lugar fuera del recinto del colegio. Pasos para llevar una reunión para rendir cuentas. Habitualmente el orientador escolar o algún otro profesional del departamento de asistencia al estudiante suele ser la persona más apropiada para concertar una reunión para rendir cuentas entre las partes implicadas. El orientador escolar hace las veces de facilitador dentro de esta situación. El orientador debe contactar con los padres de la víctima y los padres del ofensor para asegurarse de que parecen estar dispuestos de buen grado y ser capaces de hacer de la reunión una experiencia constructiva. La víctima debe siempre tener el derecho de negarse a asistir a la reunión o decir que la reunión no debe celebrarse. Se puede concertar una reunión para rendir cuentas con los padres de la víctima, más que con la víctima propiamente dicha, como se hizo en el caso de los McClain que describimos en el capítulo 5. Si bien Brandy, la hija de Mrs McClain, no quiso asistir a la reunión, sí se mostró de acuerdo en que fueran sus padres. Los padres de Brandy sentían imperiosamente el deseo de reunirse con la ofensora y con los padres de ésta. Todas las partes debían ser conscientes de que la reunión era voluntaria y podía finalizar en cualquier momento, si las directrices previamente convenidas no eran seguidas debidamente por las partes implicadas. El facilitador debía explicar a la víctima (en caso de que se decidiera a participar) y a sus padres que tendrían la oportunidad de explicar de qué forma les había afectado el incidente individualmente y a nivel familiar, y qué medidas, de haber algunas, les gustaría ver tomar para resolver la situación. Los padres del ofensor también tienen la oportunidad de explicar de qué forma les ha afectado igualmente el incidente, y de expresar su remordimiento por lo que ha hecho su hijo. El ofensor tendrá la oportunidad de manifestar su remordimiento y de informar de las circunstancias que rodearon a su conducta. Después de que el facilitador sintetice las vivencias de las distintas partes implicadas, se acuerdan los pasos que hay que dar para reparar el daño. Las medidas reparadoras se 239
  • 231. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston recogen por escrito y son firmadas por todas las partes asistentes, dejando constancia de las fechas fijadas y de la responsabilidad de vigilar la conducta en lo sucesivo. El cuadro 6.1 incluye una muestra de un guión que el facilitador puede aplicar en una reunión para rendir cuentas. Una reunión para rendir cuentas que salga bien puede ser una verdadera experiencia de aprendizaje para todas las partes implicadas y ayudar a sanar las relaciones que habían quedado dañadas de resultas del incidente de Cuadro 6.1 Guión para rendir cuentas Preguntas para el estudiante ofensor: � ¿Qué pasó? � ¿Qué estabas pensando en ese momento? � ¿En qué has pensado después del incidente? � ¿Quién crees que se ha visto afectado por lo que has hecho? � ¿Cómo les ha afectado? Preguntas para el estudiante ofendido: (Estas preguntas también se pueden hacer a los padres de las distintas partes implicadas). � ¿Cuál fue tu reacción la primera vez que viste la web/los mensajes/etc.? � ¿Qué sientes en relación con todo lo que ha pasado? � ¿Qué ha sido lo más duro de todo esto para ti? � ¿Cómo reaccionaron tu familia y tus amigos cuando se enteraron de esto? Sintetizar y proseguir con: � ¿Cuáles serían las cuestiones más importantes a resolver? � ¿Qué resultados esperáis lograr de esta reunión? Resolución/acuerdo firmado que incluya: � Compensación y/o asesoramiento � tema de la seguridad El � tema de las represalias El � Reuniones de seguimiento, en caso necesario 240
  • 232. qué pueden hacer los profesores ciberacoso. El estudiante que ha sido acosado electrónicamente (y sus padres) tienen la oportunidad de describir su experiencia con detalle y de hacer una petición asertiva para remediar la situación. El estudiante que inició la conducta de ciberacoso tiene la oportunidad de volverse más empático, de contemplar su conducta desde una perspectiva diferente, y de ofrecer una compensación por dicha conducta. El resultado es que los participantes ganan en capacidad y el entorno escolar se vuelve más seguro debido a que los estudiantes asumen la responsabilidad respecto de sus actos. Resumen A medida que el acoso a través de internet de vuelve cada vez más frecuente, los profesores deben estar igualmente preparados para abordar esta nueva forma de acoso escolar. Evitar abordar tales incidentes equivale a ignorar una modalidad importante de interrelación social entre nuestros estudiantes. Los educadores siempre se han ocupado de instruir a los menores en la conducta apropiada, y el uso apropiado de las nuevas tecnologías no debe ser una excepción. Dado que vivimos en una sociedad de la información donde los estudiantes deben tener unas habilidades avanzadas en tecnología para poder competir, y donde una buena parte de la vida social va a tener lugar cada vez más a través de los accesorios tecnológicos, los educadores deben familiarizarse con las estrategias para la prevención y la actuación en las conductas de acoso cibernético, con el fin de asegurarse de enseñar urbanidad [civismo] de manera consistente en todas las modalidades de interrelación social, ya sea cara a cara o por la red. 241
  • 233. 7 Normativa legal y políticas específicas Como señalamos más arriba, la atención concedida al acoso entre los estudiantes en los medios de comunicaciones estadounidenses se disparó a raíz de los trágicos sucesos del instituto Columbine. Después de 1999, también se produjo un aluvión de leyes estatales relacionadas con el acoso escolar, dado que en menos de ocho años fueron 30 los estados norteamericanos que aprobaron leyes sobre el acoso escolar (Alley & Limber, en prensa). Al mismo tiempo, varios juicios ampliamente difundidos por los medios de comunicación suscitaron inquietud entre muchos profesores sobre cuáles eran sus opciones y sus responsabilidades legales respecto de prevenir y de abordar el fenómeno del acoso escolar en sus colegios. Con la aparición de las cibertecnologías, ha habido un revuelo de reciente atención mediática al acoso y al hostigamiento cibernéticos, y una incertidumbre consiguiente por parte de muchos profesores respecto de cómo satisfacer las obligaciones éticas y legales para proteger a los estudiantes del ciberacoso sin infringir sus derechos recogidos en la Constitución estadounidense. En este capítulo, analizaremos las leyes estatales recientes que se ocupan del acoso escolar en general y del acoso electrónico en particular. También resumiremos la jurisprudencia actual, con vistas a responder a tres cuestiones fundamentales: (1) ¿Cuándo se puede considerar que el personal del colegio es responsable (según las leyes federales o estatales) de no haber actuado en los casos de acoso electrónico?; (2) ¿Bajo qué circunstancias puede ocuparse el personal del colegio de los incidentes de acoso elecDOSCIENTOS CUARENTA Y TRES 243
  • 234. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston trónico sin temor de violar el derecho de los estudiantes a la libertad de expresión recogido en la Primera Enmienda?; y (3) ¿Bajo que circunstancias puede revisar o investigar el personal del colegio las actividades electrónicas de los estudiantes, sin temor de violar la protección constitucional contra los registros y las incautaciones ilegales? Finalmente, nos ocuparemos de la elaboración de posibles normativas escolares sobre el acoso electrónico, a la luz de la reciente legislación. Antes de abordar estas cuestiones, conviene hacer algunas advertencias. Primero, este capítulo se limita en su análisis legal al contexto de los colegios públicos estadounidenses. Desgraciadamente, la revisión de la legislación y de las normativas internacionales estaba fuera del alcance de este libro. Segundo, aunque el presente capítulo expone la legislación estatal actual sobre el acoso cibernético, y describe la probable aplicación de la jurisprudencia existente a los casos de acoso electrónico dentro del ámbito de los colegios públicos estadounidenses, no pretende sustituir en modo alguno al asesoramiento de los abogados locales, que están en mejores condiciones de valorar las leyes y las normativas locales, así como el panorama legal rápidamente cambiante. Recomendamos encarecidamente a los directivos escolares que consulten con los abogados de distrito en relación con estas cuestiones. Las leyes estatales y su aplicabilidad al acoso cibernético Un primer paso importante al analizar las obligaciones legales para abordar el acoso electrónico es que el personal del colegio se familiarice con las correspondientes leyes estatales que se ocupen del acoso escolar. En el momento de escribir estas líneas, 30 estados norteamericanos tenían leyes relacionadas con el acoso escolar y al menos otros 10 estaban considerando ampliar la legislación (Alley & Limber, en prensa). Estos estatutos varían bastante en sus definiciones del acoso escolar y en sus requisitos específicos, pero todos ellos requieren o alientan a las autoridades estatales o locales a establecer unas normativas contra el acoso entre los estudiantes en los colegios públicos. 244
  • 235. normativa legal y políticas específicas En el momento de escribir estas líneas, sólo cinco legislaciones estatales (Arkansas, Idaho, Iowa, Carolina del Sur y Washington) se ocupaban explícitamente del acoso escolar a través de las comunicaciones electrónicas. Otros varios estados estaban considerando dichos proyectos de ley. La legislación de Arkansas (Act 115, 2007) incluye los actos electrónicos en su definición de acoso escolar (véase la tabla 7.1). El “acto electrónico” se define como “una información o una imagen trasmitidos a través de un aparato electrónico, incluidos, sin limitarse a ellos, el teléfono tradicional, el teléfono inalámbrico u otros aparatos de comunicación inalámbricos, ordenadores o localizadores”. La legislación requiere que los consejos escolares elaboren normativas para prohibir el acoso escolar en distintos lugares dentro de las instalaciones del colegio (incluido el equipamiento tecnológico del colegio), y en los eventos patrocinados o autorizados por el colegio, pero también prohíbe explícitamente el acoso escolar: …mediante un acto electrónico que derive en una alteración importante del funcionamiento ordenado dentro del entorno escolar o educativo… independientemente de que el acto electrónico se origine o no dentro del inmueble del colegio o con el equipamiento tecnológico del colegio, si dicho acto electrónico está dirigido específicamente a estudiantes o a miembros del personal del colegio, y concebido maliciosamente con el propósito de trastornar la vida del colegio, y tiene una elevada probabilidad de lograr dicho propósito. La legislación de Idaho (Idaho Code, 2006) define el acoso escolar como: cualquier gesto intencionado, o cualquier acto o amenaza intencionado, escrito, verbal o físico, realizado por un estudiante que: (a) Una persona razonable, dadas las circunstancias, debe saber que tendrá el efecto de: (i) herir a un estudiante, o (ii) dañar la propiedad de un estudiante, o (iii) infundir en un estudiante un miedo razonable a recibir un daño a su persona, o (iv) infundir en un estudiante un miedo razonable a recibir un daño contra su propiedad; o (b) Es suficientemente grave, persistente o generalizado como para generar un entorno educativo intimidatorio, amenazante o vejatorio para el estudiante. 245
  • 236. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Tabla 7.1 Leyes sobre el ciberacoso en distintos estados norteamericanos (a fecha de 6 de febrero de 2007) Leyes estatales que abordan explícitamente el acoso electrónico: Arkansas La legislación de Arkansas (Act 115, 2007) define el acoso escolar como: “...el hostigamiento, intimidación, humillación, ridiculización, difamación intencionados, o las amenazas o la incitación a la violencia por parte de un estudiante contra otro estudiante o empleado de un colegio público, a través de un acto escrito, verbal, electrónico o físico que genera o crea un peligro evidente y real de: (i) Daño físico a un empleado o un estudiante de un colegio público, o de daño a la propiedad del empleado o estudiante del colegio público; (ii) Interferencia sustancial con la educación del estudiante o con la función que desempeña el empleado del colegio público dentro de la educación; (iii) Un entorno educativo hostil para uno o más estudiantes o empleados de colegios públicos debido a la gravedad, la persistencia o el carácter generalizado del acto; o (iv) Alteración sustancial del funcionamiento ordenado del colegio o del entorno educativo”. El decreto define además el “acto electrónico” como “una información o una imagen trasmitidos a través de un aparato electrónico incluidos, sin limitarse a ellos, el teléfono tradicional, el teléfono inalámbrico u otros aparatos de comunicación inalámbricos, ordenadores o localizadores”. La legislación requiere que los consejos escolares elaboren normativas para prohibir el acoso escolar en distintos lugares dentro de las instalaciones del colegio (incluido el equipamiento tecnológico del colegio), y en los eventos patrocinados o autorizados por el colegio, pero también prohíbe explícitamente el acoso escolar “mediante un acto electrónico que derive en una alteración importante del funcionamiento ordenado dentro del entorno escolar o educativo… independien­­ temente de que el acto electrónico se origine o no dentro del inmueble del colegio o con el equipamiento tecnológico del colegio, si dicho acto electrónico está dirigido específicamente a estudiantes o a miembros del personal del colegio, y concebido maliciosamente con el propósito de trastornar la vida del colegio, y tiene una elevada probabilidad de lograr dicho propósito”. 246
  • 237. normativa legal y políticas específicas Tabla 7.1 Continuación Idaho La legislación de Idaho (Code § 18-917A, 2006; como parte del código penal del estado) define el acoso escolar como “cualquier gesto intencionado, o cualquier acto o amenaza intencionado, escrito, verbal o físico, realizado por un estudiante que: (a) Una persona razonable, dadas las circunstancias, debe saber que tendrá el efecto de: (i) herir a un estudiante, o (ii) dañar la propiedad de un estudiante, o (iii) infundir en un estudiante un miedo razonable a recibir un daño a su persona, o (iv) infundir en un estudiante un miedo razonable a recibir un daño contra su propiedad; o (b) Es suficientemente grave, persistente o generalizado como para generar un entorno educativo intimidatorio, amenazante o vejatorio para un estudiante”. La legislación señala adicionalmente que: “Los actos de hostigamiento, intimidación o acoso también se pueden cometer a través del uso de una línea de tierra, de un teléfono de un coche o de un teléfono inalámbrico, o a través del uso de datos o programas informáticos a los que se acceda a través de un ordenador, un sistema informático o una red informática”. Iowa La legislación de Iowa (SF 61, 007) define el hostigamiento y el acoso escolar como “cualquier acto o conducta electrónico, escrito, verbal o físico dirigido a un estudiante, sobre la base de algún rasgo o característica del estudiante, real o percibido como tal, y que genera un entorno escolar objetivamente hostil que satisface una o más de las siguientes condiciones: “(1) Infunde en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño a su persona o a su propiedad; (2) Tiene un efecto sustancialmente perjudicial sobre la salud física o mental del estudiante; (3) Tiene el efecto de interferir sustancialmente en el rendimiento académico del estudiante; (4) Tiene el efecto de interferir sustancialmente en la capacidad del estudiante de participar o de beneficiarse de los servicios, actividades o privilegios brindados por el colegio”. Carolina del Sur La legislación de Carolina del Sur (S.C. Code Ann. § 59-63-120, 2006) define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “un gesto, una comunicación electrónica, o un acto escrito, verbal, físico o sexual, que pueda ser razonablemente percibido como teniendo el efecto de: (a) herir a un estudiante física o emocionalmente, o dañar la propiedad de un estudiante, o infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño per- 247
  • 238. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Tabla 7.1 Continuación sonal o un daño a la propiedad; o (b) insultar o rebajar a un estudiante o grupo de estudiantes generando una alteración sustancial, o una interferencia sustancial, en el funcionamiento ordenado del colegio”. Washing- La legislación de Washington (SB 5288, 2007) requiere que los distritos académicos adopten normativas que prohíban “el hostigamiento, la intiton midación, o el acoso de ningún estudiante”. El estatuto define el hos­i­ a­ tg mien­o, la intimidación o el acoso como “cualquier acto intencionado, t electrónico, escrito, verbal o físico, incluido, pero sin limitarse al mismo, el que demuestra estar motivado por alguna característica recogida en el RCW [Revised Code of Washington] 9A.36.080(3) [sobre el hostigamiento malicioso], u otras características distintivas, cuando el acto intencionado, electrónico, escrito, verbal o físico: (a) Hiera físicamente a un estudiante o dañe la propiedad del estudiante; o (b) Tenga el efecto de interferir sustancialmente en la educación del estudiante; o (c) Sea tan grave, persistente o generalizado que genere un entorno educativo intimidatorio o amenazante; o (d) Tenga el efecto de alterar sustancialmente el funcionamiento ordenado del colegio”. La legislación requiere que la asociación estatal de directores de colegio de Washington elabore una normativa de referencia “prohibiendo los actos de hostigamiento, intimidación o acoso realizados por un estudiante a través de medios electrónicos, estando dentro del recinto del colegio y durante el horario de clases”. Otras definiciones legales del acoso escolar: Alaska 248 La legislación de Alaska (Ak. Stat. § 14.33.250, 2007) define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “un acto intencionado, escrito, verbal o físico, cuando el acto es llevado a cabo con la intención de amenazar, intimidar, hostigar o atemorizar al estudiante, y: (A) hiere físicamente al estudiante o daña la propiedad del estudiante; (B) tiene el efecto de interferir sustancialmente en la educación del estudiante; (C) es tan grave, persistente o generalizado que genera un entorno educativo intimidatorio o amenazante; o (D) tiene el efecto de alterar sustancialmente el funcionamiento ordenado del colegio”.
  • 239. normativa legal y políticas específicas Tabla 7.1 Continuación Colorado Connecti- cut La legislación de Colorado (C.R.S. 22-32-109.1, 2006) define el acoso escolar como “cualquier manifestación escrita o verbal, o acto o gesto físico, o la presencia de una pauta reiterada en relación con esto mismo, que tenga la intención de generar una alteración emocional [inquietud, preocupación, angustia, etc.] en uno o más estudiantes del colegio, en el recinto del colegio, en vehículos del colegio, en una parada oficial del autobús escolar, o durante actividades escolares o eventos autorizados por el colegio”. La legislación de Connecticut (Conn. Gen. Stat. § 10-222d, 2006) define el acoso escolar como “cualquier acto manifiesto por parte de un estudiante o grupo de estudiantes, dirigido contra otro estudiante con el propósito de ridiculizar, humillar o intimidar al otro estudiante dentro del recinto del colegio o durante una actividad patrocinada por el colegio, actos éstos que se repiten contra el mismo estudiante a lo largo del tiempo”. Georgia La legislación de Georgia (O.C.G.A. § 20-2-751.4, 2006) define el acoso escolar como “cualquier intento o amenaza deliberada de infligir lesiones a otra persona, cuando se acompañan de la presencia de una capacidad aparente de llevarlo a cabo; o… cualquier demostración intencionada de fuerza de tales características que le daría a la víctima una razón para temer o esperar un daño físico inmediato”. Indiana La legislación de Indiana (Ind. Code Ann. § 20-33-8-0.2, 2006) define el acoso escolar como “actos o gestos manifiestos y reiterados, que incluyen: (1) comunicaciones verbales o escritas transmitidas; (2) actos físicos cometidos; o (3) cualesquiera otras conductas cometidas; por un estudiante o grupo de estudiantes contra otro estudiante, con el propósito de hostigar, ridiculizar, humillar, intimidar o hacer daño al otro estudiante”. Louisiana La legislación de Louisiana (R.S. 17:416.13, 2006) define el hostigamiento, la intimidación y el acoso escolar como “cualquier gesto o acto escrito, verbal o físico intencionado, que: (a) Una persona razonable, dadas las circunstancias, debe saber que tendrá el efecto de hacer daño a un estudiante o dañar su propiedad, o infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño para su vida o su persona o un daño contra su propiedad; y (b) Es tan grave, persistente o generalizado que genera un entorno educativo intimidatorio, amenazante o vejatorio para el estudiante”. 249
  • 240. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Tabla 7.1 Continuación Maryland La legislación de Maryland (Md. Education Code Ann. § 7-424, 2006) insta a los consejos escolares a informar de los incidentes de “hostigamiento o intimidación”, que define como “la conducta, incluida la conducta verbal, que: (1) Genera un entorno educativo hostil interfiriendo sustancialmente en los beneficios, las oportunidades educativas o el rendimiento académico de un estudiante, o en el bienestar físico o psicológico del estudiante, y: (i) está motivado por una característica personal real o percibida como tal, del tipo, por ejemplo, de la raza, país de origen, estado civil, sexo, orientación sexual, identidad sexual, religión, o discapacidad; o (ii) resulta amenazante o gravemente intimidatorio; y (2) Tiene lugar dentro del edificio del colegio, durante una actividad o evento del colegio, o en el autobús del colegio”. Missouri La legislación de Missouri (§ 160.775 R.S.Mo., 2007) insta a los distritos académicos a adoptar normativas contra el acoso escolar y define el acoso escolar como “la intimidación o el hostigamiento que genera en un estudiante un miedo razonable por su seguridad o por su propiedad”. El estatuto prosigue declarando que “el acoso escolar puede consistir en acciones físicas, incluidos gestos, o comunicaciones orales o escritas, y la amenaza de tomar alguna represalia en el caso de informar de tales actos”. Nevada La legislación de Nevada (Nev. Rev. Stat. Ann. § 388.135, 2006) prohíbe el hostigamiento o la intimidación “dentro del recinto de cualquier colegio público, durante una actividad patrocinada por un colegio público o dentro de un autobús escolar”. La ley define el hostigamiento como “un acto o una línea de actuación deliberada y no autorizada por la ley, y que: (1) Resulta sumamente ofensiva para una persona razonable; y (2) Tiene el propósito de provocar, y de hecho provoca realmente, que otra persona sufra una alteración emocional grave”. Nueva Jersey La legislación de Nueva Jersey (N.J. Stat. § 18A:37-14, 2007) define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “cualquier gesto o acto escrito, verbal o físico, que sea razonablemente percibido como motivado por alguna característica real o percibida como tal, del tipo, por ejemplo, de la raza, color, religión, ascendencia, país de origen, sexo, 250
  • 241. normativa legal y políticas específicas Tabla 7.1 Continuación orientación sexual, identidad y modales sexuales, o bien alguna limitación mental, física o sensorial, o bien motivado por alguna otra ca­­­ racterística distintiva, y que tiene lugar dentro del recinto del colegio, en alguna función patrocinada por el colegio o dentro de un autobús escolar, y que: (a) una persona razonable debe saber, dadas las circunstancias, que tendrá el efecto de hacer daño a un estudiante o de dañar la propiedad del estudiante, o de infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño a su persona o un daño contra su propiedad; o (b) tiene el efecto de insultar o de menospreciar a un estudiante o grupo de estudiantes de forma tal que genera una alteración sustancial o una interferencia sustancial en el funcionamiento ordenado del colegio”. Ohio La legislación de Ohio (ORC Ann. 3313.666, 2006) insta a los distritos académicos a establecer normativas “que prohíban el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar de cualquier estudiante dentro del recinto del colegio o durante los eventos patrocinados por el colegio”. La ley define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “cualquier acto intencionado, ya sea escrito, verbal o físico, que un estudiante haya dirigido a otro estudiante en particular más de una vez, y la conducta en cuestión: (1) Genera un daño mental o físico al otro estudiante; y (2) Es lo bastante grave, persistente o generalizada como para generar un entorno educativo intimidatorio, amenazante o vejatorio para el estudiante”. Oklahoma La legislación de Oklahoma (70 Okl. St. § 24-100.3, 2006) define el hostigamiento, la intimidación, y el acoso escolar como “cualquier gesto, manifestación escrita o verbal, o acto físico, que una persona razonable debe saber que hará daño a otro estudiante, dañará la propiedad de otro estudiante, infundirá en otro estudiante un miedo razonable a recibir un daño a su persona o un daño contra su propiedad, o insultará o menospreciará a algún otro estudiante o grupo de estudiantes de forma tal que altera o interfiere en los objetivos educativos del colegio o en la educación de otro estudiante”. La ley prosigue declarando que “el hostigamiento, la intimidación y el acoso incluye, pero sin limitarse a ello, un gesto o un acto escrito, verbal o físico”. 251
  • 242. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Tabla 7.1 Continuación Oregón La legislación de Oregón (ORS § 339.351, 2006) define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “cualquier acto que interfiera sus- tancialmente en los beneficios, las oportunidades o el rendimiento educa- tivo de un estudiante, que tiene lugar dentro del recinto del colegio o su inmediaciones adyacentes, durante una actividad patrocinada por el colegio, dentro del transporte facilitado por el colegio o en una parada oficial del autobús escolar, y que tiene el efecto de: (1) Herir físicamente a un estudiante o dañar la propiedad de un estudiante; (2) Infundir a sabiendas en un estudiante un miedo razonable a recibir un daño físico o bien un daño contra su propiedad; o (3) Generar un entorno educativo hostil”. Rhode Island La legislación de Rhode Island (R.I. Gen. Laws § 16-21-26, 2007) insta a los distritos académicos a “adoptar una normativa que prohíba el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar dentro del colegio”. La ley define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “un acto intencio- nado, ya sea escrito, verbal o físico, o la amenaza de un acto físico que, dada la totalidad de las circunstancias: (i) Una persona razonable debe saber que tendrá el efecto de: herir físicamente a un estudiante, dañar la propiedad de un estudiante, infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño contra su persona, o infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño contra su propiedad; o (ii) Es lo suficientemente grave, persistente o generalizado como para crear un entorno educativo intimidatorio, amenazante o vejatorio para el estudiante”. Tennessee La legislación de Tennessee (Tenn. Code Ann. § 49-6-1015, 2006) define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “cualquier acto que interfiera sustancialmente en los beneficios, las oportunidades o el rendimiento educativo de un estudiante, que tiene lugar dentro del recinto del colegio, durante una actividad patrocinada por el colegio, o dentro de un transporte facilitado por el colegio, o en una parada oficial del autobús escolar, y que tiene el efecto de: (1) Herir físicamente a un estudiante o dañar la propiedad de un estudiante; (2) Infundir a sabiendas en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño físico o bien un daño contra su propiedad; o (3) Crear un entorno educativo hostil”. 252
  • 243. normativa legal y políticas específicas Tabla 7.1 Continuación Texas La legislación de Texas (Tex. Educ. Code § 25.0341, 2006) define el acoso escolar como “realizar una manifestación escrita o verbal o una conducta física que el consejo de administración del distrito académico o los delegados del consejo determinan que: (1) tendrá el efecto de herir físicamente a un estudiante, dañar su propiedad, o infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño contra su persona o bien contra su propiedad; o (2) es lo suficientemente grave, persistente o generalizado como para que la acción o la amenaza genere un entorno intimidatorio, amenazante o vejatorio para el estudiante”. Vermont La legislación de Vermont (16 V.S.A. § 11, 2006) define el acoso escolar como “cualquier acto manifiesto o combinación de actos dirigidos contra un estudiante por parte de otro estudiante o grupo de estudiantes, y que: (A) se repite a lo largo del tiempo; (B) tiene el propósito de ridiculizar, humillar, o intimidar al estudiante; y (C) tiene lugar durante la jornada escolar dentro del recinto del colegio, en un autobús escolar, o durante una actividad patrocinada por el colegio, o bien antes o después de la jornada escolar en un autobús del colegio o durante una actividad patrocinada por el colegio”. Virginia Oeste La legislación de Virginia Oeste (W. Va. Code § 18-2C-2, 2006) define el hostigamiento, la intimidación o el acoso escolar como “cualquier gesto intencionado, o cualquier acto intencionado o amenaza, ya sea escrito, verbal o físico, que: (a) Una persona razonable, dadas las circunstancias, debe saber que tendrá el efecto de: (1) herir a un estudiante; (2) dañar la propiedad de un estudiante; (3) infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño contra su persona; o (4) infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño contra su propiedad; o (b) Es lo bastante grave, persistente o generalizado como para generar un entorno educativo intimidatorio, amenazante o vejatorio para el estudiante”. 253
  • 244. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Adicionalmente, esta legislación señala que: Los actos de hostigamiento, intimidación o acoso también se pueden cometer a través del uso de una línea de tierra, de un teléfono de un coche o de un teléfono inalámbrico, o a través del uso de datos o programas informáticos a los que se acceda a través de un ordenador, un sistema informático o una red informática. La legislación de Idaho no especifica que tales actos deban tener lugar con el equipamiento del colegio ni en el recinto del colegio. Las tres legislaciones estatales restantes que se ocupan del ciberacoso son más limitadas debido a centrarse en el acoso electrónico que tiene lugar dentro del recinto del colegio o durante los eventos patrocinados por el cole- gio. La legislación de Washington (SB 5288, 2007) requiere que los distritos académicos adopten normativas que prohíban “el hostigamiento, la intimidación, o el acoso de ningún estudiante”. El estatuto define el hostigamiento, la intimidación o el acoso como: cualquier acto intencionado, electrónico, escrito, verbal o físico, incluido, pero sin limitarse al mismo, el que demuestra estar motivado por alguna característica recogida en el RCW [Revised Code of Washington] 9A.36. 080(3) [sobre el hostigamiento malicioso], u otras características distintivas, cuando el acto intencionado, electrónico, escrito, verbal o físico: (a) Hiera físicamente a un estudiante o dañe la propiedad del estudiante; o (b) Tenga el efecto de interferir sustancialmente en la educación del estudiante; o (c) Sea tan grave, persistente o generalizado que genere un entorno educativo intimidatorio o amenazante; o (d) Tenga el efecto de alterar sustan­ cialmente el funcionamiento ordenado del colegio. La legislación requiere que la asociación estatal de directores de colegio de Washington elabore una normativa de referencia “prohibiendo los actos de hostigamiento, intimidación o acoso realizados por un estudiante a través de medios electrónicos, estando dentro del recinto del colegio y durante el horario de clases”. 254
  • 245. normativa legal y políticas específicas Las leyes de Iowa (SF 61, 2007) que tratan del hostigamiento y del acoso escolar incluyen las comunicaciones electrónicas, que el estatuto define como “cualquier comunicación que implique la transmisión de información a través de medios alámbricos, radiales, por cable óptico, electromagnéticos, o similares”, y señala que ello incluye, pero sin limitarse a ello, “las comunicaciones a través del correo electrónico, las comunicaciones a través de internet, los servicios de localización de personas, los teléfonos móviles, y los mensajes de texto”. La legislación requiere adicionalmente que los consejos escolares elaboren normativas contra el hostigamiento y el acoso escolar “dentro del edificio del colegio, en el recinto del colegio, y en cualquier acto escolar o actividad patrocinada por el colegio, al margen de su ubicación”. Finalmente, la legislación de Carolina del Sur (S.C. Code Ann, 2006) define el hostigamiento, la intimación o el acoso1 como: un gesto, una comunicación electrónica, o un acto escrito, verbal, físico o sexual, que pueda ser razonablemente percibido como teniendo el efecto de: (a) Herir a un estudiante física o emocionalmente, o dañar la propiedad de un estudiante, o infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño personal o un daño a la propiedad; o (b) Insultar o rebajar a un estudiante o grupo de estudiantes generando una alteración sustancial, o una interferencia sustancial, en el funcionamiento ordenado del colegio. La legislación señala adicionalmente que “colegio” significa “dentro del aula, en el edificio del colegio, en el autobús escolar u otros vehículos relacionados con el colegio, en una parada oficial del autobús escolar, en una actividad o evento patrocinado por el colegio, independientemente de que se celebre o no dentro del edificio del colegio, o en cualquier otro programa o función 1. Es de lamentar que varios estados (al menos nueve, en el momento de escribir estas líneas) equiparen el acoso con el hostigamiento (Alley & Limber, en prensa). Aunque ambos términos incluyen una pauta agresiva de conducta, el hostigamiento implica una discriminación contra determinadas clases de personas protegidas. Como señalan Alley y Limber: “si bien los matones pueden actuar agresivamente hacia su víctima por alguna razón, o por ninguna razón en absoluto, los autores del hostigamiento actúan de manera discriminatoria sobre la base de alguna característica de la víctima”. Como analizaremos más adelante en este capítulo, existen prohibiciones contra el hostigamiento a nivel federal y a nivel estatal. La reciente ola de legislación sobre el acoso escolar es sólo a nivel estatal. 255
  • 246. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston en donde el colegio sea responsable del menor”. De los 25 estados restantes que tienen leyes sobre el acoso escolar, todos excepto uno (Georgia) se puede afirmar que cubren cuanto menos algunos casos de acoso cibernético. Quince de estas legislaciones incluyen definiciones de acoso escolar que, en mayor o menor grado, se puede interpretar que incluyen diversos actos de acoso electrónico. Ocho (Arizona, California, Illinois, Maine, Minnesota, New Hampshire, Nueva York, Virginia) abordan el acoso escolar, pero no definen el término, y dos (Maryland y Nevada) abordan “el hostigamiento o la intimidación”, pero no de forma específica el acoso escolar.2 La legislación de Georgia sobre el acoso escolar (O.C.G.A., 2006) se centra únicamente en conductas de naturaleza física (“cualquier intento o amenaza voluntaria de infligir lesiones a otra persona, cuando se acompañan de la presencia de una capacidad aparente de llevarlo a cabo”) y, por consiguiente, probablemente no incluye los casos de acoso cibernético (a menos, tal vez, que el ofensor estuviera en presencia de la víctima cuando ésta recibiera el mensaje). Algunas de estas legislaciones estatales (e.g., Colorado, Connecticut, Nueva Jersey, Oregón, Tennessee y Vermont) tratan el acoso escolar en determinados lugares dentro del edificio del colegio o eventos patrocinados por el colegio. Por ejemplo, según las leyes de Colorado, el acoso escolar incluye los actos que tienen lugar “dentro del edificio del colegio, en el recinto del colegio, en los vehículos para ir al colegio, en una parada oficial del autobús del colegio, o en actividades escolares o en eventos autorizados por el colegio” (C.R.S., 2006). Presumiblemente, el acoso cibernético (o cualquier forma de acoso escolar) que tenga lugar fuera de estos ámbitos (e.g., a través de un ordenador localizado en una vivienda o en una biblioteca municipal) no quedaría cubierto por estas leyes estatales, aunque, como analizaremos más adelante, la responsabilidad legal de los profesores respecto de las con 2. El Departamento de Educación de Maryland ha sugerido, a veces, que el acoso escolar aparece incluido dentro de esta definición; véase, por ejemplo, el impreso que propone el Departamento de Maryland para informar de los casos de hostigamiento o intimidación (acoso), en: http:// www.marylandpublicschools.org/nr/rdonlyres/0700b064-c2b3-41fc-a6cfd3dae4969707/7243/ harassmentorintimidationbullyingreportingform.pdf. 256
  • 247. normativa legal y políticas específicas ductas de acoso escolar que tienen lugar fuera del campus académico, no está enteramente clara. Litigios La reciente atención legal concedida al acoso escolar no se ha limitado, sin embargo, a las medidas tomadas por las legislaciones estatales (Alley & Limber, en prensa). También se ha especulado sobre el aumento del interés de los tribunales por el acoso escolar, tal vez de la manera más visible bajo la forma de demandas presentadas por los padres contra los colegios por los daños causados a los hijos que han sufrido acoso (e.g., Seper, 2005). Por ejemplo, en 2004 el distrito académico de Anchorage (Alaska) pagó 4,5 millones de dólares para resolver una demanda interpuesta por la familia de un estudiante de primer ciclo de secundaria que había intentado suicidarse a raíz de haber sido acosado en el colegio (Pesznecker, 2004). Al año siguiente, un tribunal de apelación de Nueva Jersey confirmó la indemnización, establecida por un jurado, de unos 50.000 dólares a un estudiante de secundo ciclo de secundaria que había sido física y verbalmente maltratado por sus compañeros, que pensaban que era gay (Mikle, 2005). A pesar de los casos mediáticos más destacados, es extremadamente difícil documentar si los litigios relacionados con el acoso escolar pueden haber aumentado realmente en los últimos años, y en qué medida (Alley & Limber, en prensa). ¿Por qué? Primero, porque muchas, si no la mayoría, de las demandas legales por acoso escolar se resuelven probablemente fuera de los tribunales, lo que hace que las actas judiciales de dichos litigios sean escasas y en modo alguno representativas. Segundo, no existe un sistema nacional que permita llevar el recuento y consultar las demandas relacionadas con los incidentes de violencia escolar que verdaderamente llegan a los tribunales. Tercero, las principales bases de datos legales, en las que se basan los abogados y los peritos legales, incluyen únicamente las decisiones judiciales que han sido apeladas. Ello significa que los casos decididos a 257
  • 248. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston nivel del tribunal de primera instancia y que no se han apelado, no aparecen representados en estas bases de datos. En razón de ello, estas bases de datos pueden estar sesgadas en el sentido de representar excesivamente los casos “cerrados” y representar deficientemente los casos “fáciles” que tienen más probabilidades de resolverse fuera de los tribunales o no llegan a los tribunales de apelación. A estas dificultades generales de investigar la tendencia de los litigios relacionados con el acoso escolar se añade el reto de investigar los desarrollos legales relacionados con el acoso cibernético en particular. El ciberacoso es un fenómeno relativamente nuevo, y la jurisprudencia publicada aplicable al acoso electrónico es escasa y continúa estando poco clara, sobre todo en lo relativo a la conducta que tiene lugar fuera del recinto del colegio (véase también Willard, 2006). Con estas advertencias en mente, retomaremos algunas de las cuestiones legales que tendrían más relevancia para el personal del colegio afectado por el acoso cibernético, a saber: (1) ¿En qué casos podría el personal del colegio ser responsable de no actuar para abordar el problema del acoso electró- nico?; (2) ¿En qué circunstancias puede intervenir el personal del colegio para abordar el problema del acoso cibernético sin violar el derecho de los estudiantes a la libertad de expresión recogido en la primera enmienda?; y (3) ¿En qué circunstancias puede el personal del colegio revisar o investigar las actividades electrónicas de los estudiantes, sin violar las restricciones a los registros y las incautaciones ilegales recogidas en la cuarta enmienda? ¿En qué circunstancias puede el personal del colegio ser declarado responsable de no actuar ante el acoso cibernético? El personal del colegio tiene el deber de proteger a los estudiantes que tiene a su cargo, y de asegurarse de que nada interfiera sustancialmente en su derecho a recibir una educación (Willard, 2006). Los distritos académicos pueden ser declarados responsables de no poner freno al acoso escolar (y, más concretamente, al acoso electrónico), si se descubre que el per- 258
  • 249. normativa legal y políticas específicas sonal ha actuado con negligencia, o si violan las disposiciones de las leyes federales o estatales pertinentes. Responsabilidad legal. Aunque no exista actualmente una legislación federal contra el acoso escolar per se, dependiendo de las circunstancias las víctimas y sus padres pueden demandar por daños amparándose en una serie de leyes federales que prohíben el hostigamiento contra determinadas clases de personas protegidas (Alley & Limber, en prensa). Las leyes federales que habitualmente se suelen aplicar con más frecuencia en tales casos aluden al hostigamiento sexual o la violencia de género, la hostilidad racial, y la hostilidad hacia los discapacitados. Las quejas de hostigamiento sexual o de discriminación sexual se basan habitualmente en el Título IX del Decreto de 1972 que recoge las Enmiendas a la Educación. Según este estatuto federal, “ninguna persona… podrá, en razón de su sexo, ser excluida de participar, negársele los beneficios, o ser sujeta a discriminación alguna en relación con ningún programa de educación o actividad educativa que reciba ayuda económica federal” (Education Amendments Act of 1972, 2006). En el caso Davis v. Monroe County Board of Education (1999), la Corte Suprema de EEUU dictaminó que, según el Título IX, los colegios y los distritos académicos (pero no el personal del colegio a título individual) pueden ser responsables del hostigamiento sexual entre los estudiantes, cuando se pueda demostrar que el colegio o el distrito académico actuó con una “indiferencia deliberada” hacia el hostigamiento, el cual ha sido “tan grave, generalizado y objetivamente ofensivo” (p. 650) que le niega a la victima la igualdad de acceso a la educación. Para demostrar que un colegio actuó con una “indiferencia deliberada”, el tribunal debe hallar que el personal del colegio tuvo un conocimiento real del hostigamiento y que su respuesta fue claramente poco razonable a la luz de las circunstancias conocidas. Además, el tribunal debe hallar que el hostigamiento ha ejercido un efecto significativo sobre el acceso del estudiante a la educación, evidenciado por algo más que “un mero descenso de las notas” (p. 652). Finalmente, la Corte Suprema distinguió los actos de hostigamiento de las formas más frecuentes de acoso escolar, señalando que: 259
  • 250. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston No es suficiente con demostrar… que se han “reído” de un estudiante, o le han “llamado… cosas ofensivas”. Las comparaciones con “la niña que tiene sobrepeso y se salta las clases de gimnasia porque los demás chicos se burlan de su gordura”, el estudiante “que se niega a ponerse gafas para evitar las mofas de que le llamen ‘cuatro-ojos’” y “el niño que se niega a ir a la escuela porque el matón del colegio le llama ‘miedica’ en el recreo”, están fuera de lugar y pueden conducir a equívocos (p. 652). Posteriores resoluciones judiciales de menor nivel han aplicado el precedente Davis a otras formas de hostigamiento entre compañeros de colegio, además del hostigamiento sexual. Existen, por ejemplo, otros dos contextos, además del hostigamiento sexual entre iguales, en los que las víctimas pueden interponer una demanda amparándose en el Título IX (Alley & Limber, en prensa). El primero incluye el hostigamiento no sexual de estudiantes del sexo femenino en razón de su sexo (e.g., insultos por razones de sexo). El segundo incluye el hostigamiento de estudiantes en razón de su aparente orientación sexual o de “no satisfacer los estereotipos asociados a su sexo” (aunque muchos tribunales no han hallado que el Título IX prohíba el hostigamiento en razón de la orientación sexual; Alley & Limber, en prensa). El precedente Davis también se ha aplicado a las demandas por hostilidad racial. Según el Título IV de la Ley de Derechos Civiles de 1964, “ninguna persona… podrá, en razón de su raza, color, o país de origen, ser excluida de participar, negársele los beneficios, o ser sujeta a discriminación alguna en relación con ningún programa o actividad que reciba ayuda económica federal”. Los estudiantes pueden demandar al colegio o al distrito académico por hostilidad racial entre los compañeros de clase, amparándose en el Título IV. No obstante, para que salga bien, deben demostrar que el colegio o el distrito académico actuó con una indiferencia deliberada hacia el hostigamiento, el cual es tan grave, generalizado y objetivamente ofensivo que priva a la víctima de acceder a las mismas oportunidades educativas. Los estudiantes o sus padres también pueden interponer una demanda contra un colegio o un distrito académico por hostigamiento entre compañeros de colegio en razón de la discapacidad física o mental de la víctima (Alley & 260
  • 251. normativa legal y políticas específicas Limber, en prensa). De forma característica, dichas demandas se interponen amparándose en la Sección 504 de la Ley de Rehabilitación de 1973 y en el Título II de la Ley sobre los Ciudadanos con Discapacidades de 1990 (Americans with Disabilities Act, ADA, 2006), que incluye unas disposiciones similares. La Sección 504 dispone que “ninguna persona con discapacidad y cualificada en otros ámbitos… podrá, exclusivamente en razón de su discapacidad, ser excluida de participar, negársele los beneficios, o ser sujeta a discriminación alguna en relación con ningún programa o actividad que reciba ayuda económica federal”. De forma similar, el Título II de la ADA declara que: “ninguna persona cualificada que tenga alguna discapacidad podrá, en razón de dicha discapacidad, ser excluido de participar o negársele los beneficios de los servicios, programas o actividades de una entidad pública, o ser sujeto a discriminación por ninguna de tales entidades”. Los tribunales que han tomado en consideración las demandas basadas en la Sección 504 y el Título II a menudo se apoyan en el precedente Davis, alegando que un distrito académico o un colegio pueden ser responsables en relación con el hostigamiento estudiantil a otro estudiante en razón de la discapacidad de la víctima, cuando el colegio o el distrito académico actuara con una indiferencia deliberada hacia el hostigamiento, el cual fue tan grave, generalizado y objetivamente ofensivo que negó a la víctima el acceso igualitario a los medios y las oportunidades educativas (Alley & Limber, en prensa; véase, e.g., K.M. v. Hyde Park Central School District, 2005). Aunque los tribunales han variado en sus fallos judiciales respecto de qué tipos de hostigamiento (e.g., violencia física, insultos verbales) son suficientes para satisfacer el precedente Davis, algunos de ellos, cuanto menos, han dictaminado que los actos no físicos, tales como las burlas verbales y la marginación social de las víctimas evolutivamente discapacitadas, pueden ser de hecho lo suficientemente graves como para cumplir los requisitos del precedente Davis (e.g., K.M. v. Hyde Park Central School District, 2005). ¿Bajo qué condiciones pueden los individuos (e.g., profesores, directores, u otros miembros del personal del colegio) ser declarados responsables según 261
  • 252. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston las leyes federales en los casos de hostigamiento entre los estudiantes? Como ya dijimos anteriormente, sólo los distritos académicos o los colegios −y no los miembros del personal a título individual− pueden ser declarados responsables en relación con la discriminación sexual según el Título IX o la hostilidad racial según el Título IV. No está tan claro si los individuos pueden ser declarados responsables en relación con el hostigamiento por discapacidad entre los estudiantes según la sección 504 o el Título II. Algunas jurisdicciones han admitido estas demandas, en tanto que otras no (Alley & Limber, en prensa). Existe al menos otra legislación federal que puede permitir a los estudiantes y a sus padres interponer demandas contra el personal del colegio a título individual amparándose en las leyes federales. La Sección 1983 de la Ley de Derechos Civiles es una legislación federal que permite a los ciudadanos interponer demandas por daños dirigidas contra funcionarios estatales, incluidos los profesores de los colegios, directores y demás empleados del distrito académico, que les privaron de sus derechos recogidos en las leyes federales. Aunque los derechos federales implicados varían, en los litigios relacionados con los casos de hostigamiento o acoso escolar, el derecho federal en cuestión suele ser la Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. Existen dos cláusulas de la Decimocuarta Enmienda que serían de aplicación (Alley & Limber, en prensa). La primera, conocida como la cláusula del debido proceso legal, declara que “ningún estado deberá… privar a ninguna persona de la vida, la libertad, o la propiedad, sin el debido proceso legal”. Los tribunales han hallado que los derechos relativos al debido proceso legal pueden ser violados cuando los funcionarios estatales muestran una conducta de una naturaleza tan flagrante como para estremecer a las conciencias (County of Sacramento v. Lewis, 1998), pero, como señalan Alley y Limber (en prensa), “se han mostrado reacios a imponer ninguna responsabilidad sobre los funcionarios estatales por no impedir que una persona como, por ejemplo, un alumno de un colegio, reciba un daño de una tercera persona como, por ejemplo, otro alumno del colegio” (véase DeShaney v. Winnebago County Department of Social Services, 1989). En los casos relacionados con la violencia escolar, algunos tribunales han pues- 262
  • 253. normativa legal y políticas específicas to un listón todavía más elevado y han establecido el requisito de la indiferencia deliberada por parte del personal del colegio para poder hallarles responsables en relación con el hostigamiento o los ataques entre los estudiantes basándose en la Sección 1983 (véase, e.g., Stevenson v. Martin County Board of Education, 2001). La segunda cláusula de la Decimocuarta Enmienda, conocida habitualmente como la cláusula de protección igualitaria, también se tiene en cuenta ocasionalmente en los procesos relacionados con el hostigamiento a estudiantes por parte de otros estudiantes. La cláusula de protección igualitaria declara que “ningún estado deberá… negarle a ninguna persona… la misma protección legal”. Para lograr su propósito, el demandante debe demostrar que el demandado (e.g., un profesor del colegio) lo discriminó en su condición de miembro de un determinado grupo social identificable, y que la discriminación fue intencionada (véase Flores v. Morgan Hill Unified School District, 2003). Dicha discriminación puede basarse en una serie de características grupales, incluido sexo, raza, discapacidad y religión. En el caso del hostigamiento entre estudiantes dentro del colegio, los estudiantes (o los padres en su representación) que interponen la demanda deben demostrar que el funcionario del colegio les trató de forma diferente a otros estudiantes, como sería el caso si el director no hiciera cumplir la normativa del colegio contra el acoso escolar para prevenir el hostigamiento hacia los estudiantes gays, si bien este mismo director hizo cumplir la normativa para proteger al resto del cuerpo estudiantil (Alley & Limber, en prensa). Como señalan Alley y Limber (en prensa), “existen numerosos obstáculos muy elevados para los litigantes que interponen demandas en los tribunales federales” por daños derivados del acoso escolar o del hostigamiento entre compañeros. Algunos han logrado su propósito, sobre todo allí donde una víctima ha sufrido gravemente y los funcionarios del colegio conocían de la existencia de una pauta de hostigamiento contra la víctima, pero no tomaron ninguna medida. Sin embargo, son muchas las víctimas del acoso escolar que no pueden interponer una demanda amparándose en las leyes federales, porque no son miembros de ningún grupo social protegido. 263
  • 254. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston En tales casos, las víctimas pueden optar, alternativamente, por interponer una demanda amparándose en una serie de leyes estatales que abordan cuestiones tales como la provocación intencionada de alteración emocional, negligencia, y violación de la privacidad; así como en una serie de disposiciones incluidas en los decretos estatales sobre educación. Tal vez los procesos más habituales incluyen demandas debidas a que el personal del colegio obró con negligencia para prevenir o atajar el acoso escolar. Negligencia. La negligencia es “el fallo en brindar la asistencia normal que una persona razonablemente prudente habría brindado en una situación similar” (Black’s Law Dictionary, 2004, p. 1061). La negligencia puede incluir: (a) hacer algo que una persona razonable no habría hecho en unas circunstancias similares; o (b) no hacer lo que una persona razonable habría hecho en unas circunstancias similares. Las demandas por negligencia se basan en las leyes estatales relacionadas con las condiciones en las cuales se puede exigir responsabilidad a los funcionarios públicos. Como señala Willard (2006), algunos estados tienen leyes de inmunidad que protegen a los funcionarios públicos frente a las demandas por negligencia, mientras que otros estados no. En consecuencia, puede haber una variación considerable de un estado a otro en la manera como se deciden las demandas por negligencia. Generalmente, la persona que presenta una demanda por negligencia contra el personal de un colegio, debe demostrar: (a) la existencia de una obligación legal (e.g., la obligación de anticiparse a los peligros predecibles en el cuidado de los estudiantes, y el deber de adoptar las precauciones necesarias contra dichos peligros); (b) la existencia de un incumplimiento de dicha obligación (no aplicar los cuidados razonables dentro del contexto de un riesgo predecible); (c) cuál fue la causa más inmediata (el incumplimiento de la obligación fue un factor sustancial que condujo a las lesiones o a los daños); y (d) cuáles fueron las lesiones, pérdidas o daños reales (Willard, 2006). Willard analiza estos elementos dentro del contexto de la obligación que tiene el personal del colegio de proteger a los estudiantes de los posibles daños ocasionados por el uso de las cibertecnologías dentro del colegio. 264
  • 255. normativa legal y políticas específicas ¿Tienen realmente la dirección del colegio el deber de proteger la seguridad de los estudiantes que utilizan internet dentro del colegio a través del sistema informático del distrito académico? Concluye Willard: “Rotundamente sí” (p. 69). El personal del colegio tiene la obligación general de ofrecer unos colegios seguros, libres de peligros y amenazas, y la adecuada supervisión de los estudiantes que están a su cuidado. Una obligación más específica aparece expuesta en la Ley de Protección de Menores en Internet (Children’s Internet Protection Act, CIPA, 2007). La CIPA es una ley federal promulgada para tratar las cuestiones relativas al acceso a contenidos ofensivos por internet en los ordenadores de los colegios y de las bibliotecas. La ley impone determinados requisitos aplicables a cualquier colegio o biblioteca que reciba ayuda financiera para acceder a internet, o conexiones internas al programa “E-rate” [tarifa electrónica] que hace que ciertas tecnologías sean más asequibles para los colegios y las bibliotecas que cumplan los requisitos necesarios. Entre los requisitos de la CIPA figura el que los colegios adopten y apliquen una normativa para garantizar la seguridad y la integridad de los menores cuando utilicen el correo electrónico, las salas de chat, y demás modalidades de comunicaciones electrónicas directas. Alega Willard (2006) que ya no sólo el personal del colegio tiene la obligación de proteger la seguridad de los estudiantes que utilizan internet mientras están en el colegio, sino que tienen una obligación similar en los casos en que los distritos académicos brindan a los estudiantes la posibilidad de acceder al sistema de internet del colegio mientras están fuera del campus académico, en los casos en que los colegios permiten a los estudiantes llevarse a casa ordenadores que son propiedad del distrito académico, y en los casos en que los colegios permiten a los estudiantes utilizar teléfonos móviles u otros medios de comunicación transportables dentro del colegio. Ya no sólo los funcionarios del colegio tienen la obligación legal de garantizar la seguridad y la protección de los estudiantes en tales situaciones, sino que también deben ser capaces de prever que los estudiantes pueden utilizar las tecnologías cibernéticas para hacer daño a otros estudiantes. Dada la 265
  • 256. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston creciente evidencia de que los estudiantes utilizan dichas tecnologías para acosarse, amenazarse, y hostigarse mutuamente, y dada la gran atención mediática concedida a esta cuestión, estas conductas no deberían venirles de sorpresa a los funcionarios de los colegios. Dado que los funcionarios escolares tienen la obligación legal de proteger la seguridad y la integridad de los estudiantes, y que deben poder prever el mal uso de las cibertecnologías para hacer daño, una cuestión esencial a la hora de determinar la negligencia es: “¿Cuál sería la asistencia normal razonable que se debe esperar que el personal del colegio proceda a ofrecer para proteger a los estudiantes?”. Hasta que los tribunales no aborden directamente el tema, será difícil responder a esta cuestión. Sin embargo, por “normal” se suele entender habitualmente “lo que una persona razona- blemente prudente haría en unas circunstancias similares” (Willard, 2006, p. 70). Pensamos que una directiva escolar razonablemente prudentes debería, como mínimo: (a) elaborar unas reglas y unas normativas que prohíban el uso de los ordenadores y demás tecnologías cibernéticas del distrito académico para acosar u hostigar a los demás; (b) establecer unas normativas y unos procedimientos que limiten el uso que hagan los estudiantes de los ser- vicios de internet del colegio para fines no académicos; (c) educar a los estudiantes y al personal en el fenómeno del acoso electrónico y en las normativas y procedimientos del colegio (véase el capítulo 5); (d) facilitar la adecuada supervisión y seguimiento de los estudiantes (incluido el uso que le dan a internet; véase el capítulo 6); (e) establecer unos mecanismos efica- ces para que los estudiantes y el personal puedan informar del presunto acoso electrónico y otros malos usos de las nuevas tecnologías electrónicas (véase el capítulo 6); y (f) establecer unos procedimientos eficaces para responder a estas denuncias (véase el capítulo 6; véase también Willard, 2006, a propósito de unas recomendaciones similares a los directivos de los colegios). Si hacen esto, pensamos que será improbable que condenen a ningún directivo escolar por negligencia. 266
  • 257. normativa legal y políticas específicas ¿En qué circunstancias puede intervenir el personal del colegio para abordar el acoso cibernético sin temor de violar los derechos de los estudiantes recogidos en la primera enmienda? En sus esfuerzos por proteger a los estudiantes de los daños predecibles, los profesores pueden a veces infringir los derechos de los estudiantes recogidos en la Constitución estadounidense, incluidos el derecho a la libertad de palabra y de expresión recogido en la Primera Enmienda, y el derecho a no verse afectados por los registros y las incautaciones injustificadas recogido en la Cuarta Enmienda. La Corte Suprema de Estados Unidos ha afirmado claramente que “Los derechos de la Primera Enmienda… se extienden a los profesores y a los estudiantes” y que los estudiantes no “se despojan de sus derechos constitucionales a la libertad de palabra o de expresión en la puerta del colegio” (Tinker v. Des Moines Independent Community School District, 1969, p. 506). No obstante, la Corte Suprema también ha establecido una serie de limitaciones a dicha libre expresión. La libre expresión de los estudiantes no está protegida por la Constitución (y, por consiguiente, puede ser censurada o castigada) si: (1) constituye una amenaza; (2) es obscena, vulgar o blasfema; (3) está (o parece estarlo) avalada [patrocinada] por el colegio; o (4) altera materialmente de alguna otra forma al colegio o invade los derechos de los demás. Aunque la Corte Suprema no se haya ocupado directamente de ningún caso que incluya cuestiones a la Primera Enmienda suscitadas por la “libre expresión electrónica”, varias resoluciones germinales se pueden aplicar probablemente a tales casos, y procederemos a analizarlas brevemente. Las declaraciones que incluyen amenazas. En el caso Watts v. United States (1969), la Corte Suprema resolvió que las amenazas reales no están protegidas por la Constitución. Varios años después, la Corte clarificó que, para constituir una amenaza, una declaración debe ser amenazante de hecho, y también debe haber “pruebas de que la persona pretendía que la declaración se tomara como una amenaza” (Rogers v. United States, 1975, p. 48), incluso en el caso de que no hubiera intención de llevarla a cabo. Presumi- 267
  • 258. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston blemente, sobre la base de las resoluciones de la Corte Suprema, cualquier declaración de un estudiante que se encuentre que constituye una “amenaza real” (incluidos los mensajes enviados a través del ciberespacio) puede ser regulada sin temor de violar los derechos de los estudiantes recogidos en la Primera Enmienda. Las declaraciones obscenas, vulgares o blasfemas. En el caso Bethel School District v. Fraser (1986), la Corte Suprema dictaminó en favor de un distrito académico que había expulsado temporalmente a un estudiante de segundo ciclo de secundaria por intervenir dentro del colegio salpicando su discurso de indirectas sexuales. La Corte señaló que “la Primera Enmienda no impide que los funcionarios del colegio determinen que el hecho de… permitir un lenguaje vulgar y obsceno socavaría el objetivo educativo fundamental” (p. 685). Una opinión concordante clarificó que probablemente el mismo lenguaje habría sido protegido por la Primera Enmienda, sin embargo, de haber tenido lugar fuera del recinto del colegio. En razón de ello, se puede afirmar razonablemente que el ciberlenguaje que sea obsceno, vulgar o blasfemo puede ser regulado, cuanto menos si tiene lugar dentro del colegio. Las declaraciones que están avaladas por el colegio. Los profesores están autorizados a controlar las publicaciones patrocinadas por los colegios, las representaciones teatrales y demás “actividades expresivas” que pudiera parecer razonablemente que están avaladas por el colegio, en la medida en que lo que resuelvan hacer los profesores “viene determinado razonablemente por unos intereses pedagógicos legítimos” (Hazelwood School District v. Kuhlmeier, 1988, p. 271). En el caso Hazelwood, el director de un colegio decidió eliminar dos artículos de unas publicaciones de los estudiantes, porque temía que el contenido (que incluía referencias a la sexualidad y al control de la natalidad) fuera inapropiado para los lectores más jóvenes, y que pudiera suscitar algún problema en relación con la privacidad de varias personas que se mencionaban en los artículos. La Corte dictaminó que el periódico no era un foro para manifestarse públicamente, sino que estaba avalado por el colegio y que, por ello, los directivos educativos podían introducir legí- 268
  • 259. normativa legal y políticas específicas timamente algunas limitaciones con fines educativos en la libre expresión de los estudiantes. Es probable que la libre ciberexpresión que tiene lugar dentro del colegio y que parece estar avalada por el colegio (e.g., el estudiante que envía mensajes electrónicos con el logotipo del colegio) pueda ser legítimamente regulada. Las declaraciones que perturban al colegio o los derechos de los demás. Las declaraciones que quedan fuera del ámbito de estos casos (i.e., las declaraciones que no constituyen ninguna amenaza; que no son obscenas, vulgares o blasfemas; y que no están patrocinadas por el colegio, o parezcan estarlo) estarían protegidas por la Primera Enmienda, a menos que se dictamine que perturban el funcionamiento del colegio o los derechos de los demás. En el caso Tinker v. Des Moines Independent Community School District (1969), la Corte Suprema dictaminó que la directiva del colegio habían sancionado indebidamente a los estudiantes por llevar brazaletes negros para protestar contra la guerra de Vietnam, cuando no había ninguna prueba de que el llevar los brazaletes hubiera alterado la labor del colegio o hubiera afectado a los derechos de ningún individuo dentro del colegio. La Corte dictaminó que la libre expresión de los estudiantes no podía verse limitada por “el mero deseo de evitar la incomodidad y el desagrado que siempre acompañan a los puntos de vista menos populares” (p. 512). Ahora bien, sí puede ser censurada en el caso de que “altere materialmente la labor de clase o implique un desorden sustancial o una invasión de los derechos de los demás” (p. 512). La Corte clarificó que la libre expresión ya no sólo está protegida dentro de las clases, sino también “en la cafetería, o en el campo de deportes, o en el campus académico durante el horario establecido” (p. 512). La Corte no se pronunció expresamente sobre si dicha libre expresión estaría protegida fuera del campus. Las declaraciones realizadas fuera del campus. Como señalamos más arriba, aunque la Corte Suprema no se pronunciara directamente sobre los derechos de los estudiantes a expresarse libremente en el ciberespacio (e.g., a través del correo electrónico o en las páginas web a las que se acce- 269
  • 260. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston de a través de los ordenadores del colegio), los casos citados más arriba presumiblemente se aplican a las distintas formas de “ciberexpresión” que tienen lugar dentro del campus académico. No está tan claro si el personal del colegio puede, y en qué medida, restringir legítimamente la libre expresión de los estudiantes que tenga lugar fuera del campus (Chaker, 2007; Willard, 2006). Aunque el precedente de Fraser probablemente no se aplique a la libre expresión obscena fuera del campus, el precedente Tinker (que requiere una alteración material de la labor de clase, un desorden sustancial o una invasión de los derechos de los demás) probablemente sí. Varias resoluciones judiciales de menor nivel en casos de ciberacoso o ciberamenazas dirigidas a otros estudiantes y al personal del colegio serían aplicables y pueden servir de orientación a los profesores. En el caso Coy v. Board of Education of the North Canton City Schools (2002), un juzgado de distrito revisó un caso en el que un estudiante fue expulsado durante cuatro días a raíz de utilizar un ordenador del colegio para acceder a una web que había creado en su casa con su ordenador personal. La web incluía blasfemias e insultos, describía a un grupo de estudiantes como “perdedores” y, según el juzgado, contenía “un número deprimentemente elevado de faltas de ortografía y de errores gramaticales” (p. 795). El juez dictaminó que el precedente Tinker se podía aplicar a este caso, pero concluyó que “ninguna de las pruebas sugiere que los actos de Coy al acceder a la página web tuvieran ningún efecto sobre la capacidad por parte del distrito académico de mantener la disciplina dentro del colegio” (p. 801). El caso de J.S. v. Bethlehem Area School District (2000) presenta el caso de un estudiante de 8º, J.S., que creó una web titulada “Mi profesora es una mierda” [Teacher Sux] La web, que había sido creada fuera del recinto del colegio, incluía comentarios sexuales y amenazantes sobre la profesora de álgebra del estudiante, incluida una imagen de su cabeza cortada chorreando sangre, una imagen de la profesora transformándose en Adolph Hitler, y la solicitud de aportaciones económicas para cubrir los gastos del asesino a sueldo. J.S. también animaba a los demás estudiantes a colgar comentarios 270
  • 261. normativa legal y políticas específicas despectivos en la página. En su resolución, el juzgado señaló que “es evidente que los juzgados conceden autorización a los funcionarios escolares para sancionar a los estudiantes por las conductas que tengan lugar fuera del recinto del colegio, cuando se establezca que la conducta interfiere materialmente y sustancialmente en el proceso de educación” (p. 421). Aplicando el precedente Tinker, el juzgado concluyó que el distrito académico había obrado razonablemente al solicitar una vista sobre la expulsión del estudiante, dado que existían pruebas de que la persona elegida como blanco se había visto seriamente afectada por la web. (Fue incapaz de acabar el curso académico y se tomó una excedencia médica para el curso siguiente). En el caso Killion v. Franklin Regional School District (2001), el tribunal tomó en consideración si la dirección del colegio habían violado el derecho a la libertad de expresión de un estudiante, después de expulsarlo temporalmente por difundir a través del correo electrónico una lista conteniendo comentarios despectivos sobre el director de atletismo. La lista de los “diez mejores” fue enviada por e-mail desde el ordenador de la casa del estudiante a una serie de amigos. Si bien el estudiante no llevó la lista al colegio, otro estudiante sí lo hizo y la lista circuló ampliamente. El juez dictaminó que “aunque la jurisprudencia sobre el tema es escasa, los juzgados que han tomado en consideración la libre expresión que tiene lugar fuera del recinto del colegio han concluido… que la autoridad de los funcionarios escolares sobre la libre expresión fuera del campus académico es mucho más limitada que sobre la libre expresión dentro del recinto del colegio” (p. 454). Aplicando el precedente Tinker, el juzgado concluyó que no existían pruebas de alteración en el funcionamiento del colegio generada por la lista y, en razón de ello, el estudiante había sido expulsado indebidamente. Actualmente pendiente de resolución ante la Corte Suprema estadounidense está un caso que, aunque no esté relacionado con el acoso escolar, puede responder directamente a la pregunta de si los funcionarios de los colegios públicos pueden censurar la libre expresión de los estudiantes que tenga lugar fuera del campus (Frederick v. Juneau School Board, 2006). El director de un colegio de Juneau (Alaska) expulsó temporalmente a un estudiante 271
  • 262. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston por desplegar una pancarta que ponía “Un canuto de maría, por el amor de Dios” [Bongs Hits 4 Jesus] en la otra acera de la calle del colegio, donde los estudiante se habían congregado para ver el relevo de la antorcha de los Juegos Olímpicos de invierno. La Corte de Apelaciones de Estados Unidos correspondiente al Noveno Circuito concluyó que no había pruebas de que la presencia de la pancarta, que había sido desplegada fuera del recinto del colegio y durante una actividad extraacadémica, hubiera interferido de algu- na forma con el objetivo educativo fundamental del colegio. Como señaló un comentarista (Chaker, 2007): “la resolución de la Corte Suprema en este caso puede tener consecuencias para otras formas de expresión fuera del campus tales como, por ejemplo, los contenidos subidos a la red” (p. D4). ¿Cuándo puede el personal del colegio revisar o investigar las actividades electrónicas de los estudiantes? Además de analizar en qué condiciones el personal del colegio puede censurar la libre ciberexpresión o sancionar a los estudiantes por participar en ella, es importante determinar si el personal del colegio puede, y en qué medida, supervisar o investigar las actividades electrónicas de los estudian- tes en busca de indicios de acoso cibernético y demás libre expresión inapro- piada. El personal del colegio puede tratar de ocuparse del ciberacoso en base a revisar e investigar las actividades electrónicas de los estudiantes realizadas dentro del campus. ¿En qué condiciones son permisibles tales acciones, y cuándo pueden violar las prohibiciones recogidas en la Cuarta Enmienda en relación con los registros y las incautaciones injustificadas? En el caso de New Jersey v. T.L.O. (1985), la Corte Suprema tomó en consideración si los funcionarios escolares habían violado los derechos de una estudiante de segundo ciclo de secundaria, cuando un subdirector adjunto le registró la cartera y encontró marihuana y pruebas de tráfico de drogas. La Corte dictaminó que los profesores y demás funcionarios escolares pueden registrar legítimamente a un estudiante si: (a) existen indicios razonables para sospechar que el registro facilitará pruebas de que el estudiante ha violado (o 272
  • 263. normativa legal y políticas específicas está violando actualmente) la ley o alguna normativa del colegio; y (b) las medidas adoptadas para proceder al registro están “razonablemente relacionadas con los objetivos del registro, y no son excesivamente importunas dada la edad y el sexo del estudiante y la naturaleza de la infracción” (p. 342). En vista de la resolución de la Corte Suprema en el caso T.L.O., la mayoría de los colegios han elaborado normativas para regular los registros y las incautaciones en relación con los pupitres y las taquillas de los estudiantes. De forma característica, estas normativas señalan que los estudiantes deben dar por hecho que tendrán una privacidad limitada en relación con los contenidos de sus pupitres y de sus taquillas, y estipulan que se puede proceder a realizar inspecciones generales de forma regular (Willard, 2006). Se pueden realizar registros más específicos de pupitres o taquillas individuales, cuando el personal del colegio tenga la sospecha razonable de la presencia de elementos ilegales, o que puedan brindar pruebas de la realización de actividades ilegales o contrarias a las normas del colegio. Como señala Willard (2006): “estos mismos precedentes [criterios] se pueden aplicar en el contexto de la investigación de los registros que reflejen el uso de internet y de los archivos de los ordenadores” (p. 61). Normativas escolares relacionadas con el acoso cibernético Como ya dijimos anteriormente en este mismo capítulo, más de la mitad de los estados norteamericanos han aprobado leyes sobre el acoso escolar que alientan o instan a los colegios a desarrollar normativas que aborden el problema del acoso escolar entre los estudiantes. Muchos directivos escolares han elaborado dichas normativas aun cuando no hayan sido instados legalmente a hacerlo. Con la reciente atención concedida al acoso electrónico entre los estudiantes, los directivos están esforzándose cada vez más por dilucidar si abordar, y de que forma, el acoso cibernético y las conductas relacionadas con el mismo dentro de las normativas escolares en relación con el acoso escolar y dentro de las normativas que regulan los usos acepta- 273
  • 264. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston bles de la tecnología por parte de los estudiantes. Analizaremos las tendencias en el desarrollo de dichas normativas y ofreceremos ejemplos del lenguaje utilizado, extraídos de las normativas reales y de normativas tentativas en relación con este ámbito. Al establecer cualquiera de dichas normativas, alentamos nuevamente a los directivos escolares a consultar a sus asesores legales y ser conscientes de la necesidad de proteger los derechos de los estudiantes recogidos en la Primera Enmienda (como estableció la Corte Suprema de Estados Unidos en sus resoluciones sobre los casos Tinker, Fraser, y Hazelwood), así como los derechos recogidos en la Cuarta Enmienda (en consonancia con el fallo de la Corte Suprema en el caso T.L.O.) que esbozamos brevemente más arriba. Normativas sobre el acoso escolar Las normativas sobre el acoso escolar varían espectacularmente de un distrito a otro, como lo hacen los ejemplos y modelos [tentativos] de normativas sobre el acoso escolar elaboradas por los departamentos estatales de educación y demás organizaciones de nivel estatal (Alley & Limber, en prensa). Estas normativas pueden incluir: disposiciones que prohíban la conducta de acoso, definiciones y ejemplos de acoso escolar, procedimientos para denunciar e investigar el presunto acoso, sanciones para los estudiantes implicados en el acoso escolar, ayuda a las víctimas del acoso escolar, y directrices para la formación y los esfuerzos de prevención. Allí donde la directivas de los colegios han elaborado (o están considerando la elaboración de) normativas sobre el acoso escolar, deben considerar detenidamente la aplicación de tales normativas a las diversas modalidades de acoso cibernético. Algunas de las normativas sobre el acoso escolar se refieren específicamente a las conductas de acoso electrónico, pero la mayoría ofrecen definiciones más generales del acoso escolar, las cuales, en muchos de los casos, se puede interpretar que incluyen los actos de acoso electrónico. En una revisión de unos 14 modelos o ejemplos de normativas estatales elaboradas por los departamentos de educación y otras varias organizaciones relevantes a nivel estatal (véase Alley & Limber, en prensa, para más infor- 274
  • 265. normativa legal y políticas específicas mación sobre dichas normativas), vimos que sólo unas pocas abordaban directamente el ciberacoso. El ejemplo de normativa de Massachussets (“Promoting civil rights”, 2005) define el acoso escolar como: cualquier manifestación verbal o escrita, o actos o gestos físicos, dirigidos a otra persona o personas para intimidar, asustar, ridiculizar, humillar, o causar daño a la otra persona, cuando la conducta en cuestión no está relacionada con la pertenencia de la persona a un grupo social protegido (e.g., raza, sexo). El acoso escolar puede incluir, pero sin limitarse a ello, las burlas reiteradas, las amenazas de daño, la intimación verbal o física, el ciberacoso a través de e-mails, mensajes instantáneos o páginas web, empujar, dar patadas, pegar, escupir, o coger o dañar la propiedad de otra persona (p. 13; el subrayado es nuestro). El modelo de normativa sobre el acoso escolar propuesto por la School Management Association de Maine (2006), incluye ejemplos de conductas que pueden constituir acoso escolar, incluidas las “amenazas de hacer daño a un estudiante, a sus posesiones, o a otros individuos, ya sean éstas transmitidas verbalmente, por escrito, o a través del ciberespacio” (el subrayado es nuestro). El modelo de normativa sobre el hostigamiento, las novatadas y el acoso escolar, de la School Board Association del Estado de Nueva York (2006) incluye en su definición “las comunicaciones intencionadas, escritas, verbales o las comunicaciones electrónicas…” (el subrayado es nuestro). Más comunes son las definiciones que no se refieren explícitamente al ciberacoso ni al acoso escolar a través de comunicaciones electrónicas, si bien pueden incluir implícitamente estas conductas. Por ejemplo, el modelo de normativa de Ohio contra el hostigamiento y el acoso escolar (Ohio Resource Network for Safe and Drug Free Schools, n.d.) define el acoso escolar como: cualquier acto escrito, verbal o físico que tenga lugar dentro del recinto del colegio o sus inmediaciones adyacentes… y que una persona razonable, dadas las circunstancias, debe saber que tendrá el efecto de: (a) infundir en el estudiante un miedo razonable a recibir un daño físico o un daño contra su propiedad; (b) herir físicamente a un estudiante o dañar su propiedad; (c) insultar o menospreciar a cualquier estudiante o grupo de estudian- 275
  • 266. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston tes, de forma tal que altere o interfiera en el objetivo educativo del colegio o en la educación de cualquier estudiante. La mayoría de las modalidades de ciberacoso que tienen lugar dentro del campus académico incluyen actos escritos o verbales (con la posible excepción del envío de fotos o dibujos digitales) y, por consiguiente, probablemente se incluirían dentro de este modelo de normativa. Sin embargo, también merece la pena resaltar que la mayoría de los actos de acoso electrónico también tienen lugar fuera del campus, por contraste con “dentro del recinto del colegio o sus inmediaciones adyacentes”. Normativas sobre el uso de la tecnología por parte de los estudiantes La mayoría de los colegios han elaborado normativas sobre el uso aceptable de la tecnología por parte de los estudiantes, y sobre las cuestiones relativas a la seguridad y la protección en internet. (Como señalamos más arriba, todos los colegios que reciban ayudas del programa “E-rate”, están obligados a acogerse a la Children’s Internet Protection Act [CIPA, 2001]). Dentro de estas normativas, los directivos de los centros escolares deben incluir unas prohibiciones claras contra el acoso electrónico y las conductas relacionadas, y explicar los procedimientos para supervisar e investigar los movimientos de los estudiantes por internet. Prohibiciones contra el uso de las cibertecnologías para ciberacosar. Son muchos los colegios que han prohibido expresamente el ciberacoso y las conductas relacionadas en sus normativas sobre el uso aceptable de la tecnología. Por ejemplo, en sus normas administrativas el Cobb County (Georgia) School District (2006) no prohíbe el “ciberacoso” per se, pero sí prohíbe a los estudiantes utilizar los recursos tecnológicos del colegio para exhibir o difundir contenidos inapropiados. Los contenidos inapropiados no cumplen un propósito instructivo ni educativo, e incluyen, pero sin limitarse a ello, lo siguiente: 276
  • 267. normativa legal y políticas específicas � Son blasfemos, vulgares, obscenos, ofensivos, indecentes, sexualmente explícitos, pornográficos o amenazantes; � Abogan en favor de actos ilegales o peligrosos; � Generan alteración al distrito académico [del condado de Cobb], a los empleados o a los estudiantes; � Abogan en favor de la violencia; � Contienen información reconocidamente falsa, imprudentemente falsa, o difamatoria; o � Dañan de alguna otra forma a los menores de edad, tal como recoge la Children’s Internet Protection Act [CIPA]. Como señalamos más arriba, el Departamento de Justicia de Estados Uni- dos (2006) presenta un modelo de normativa sobre el uso aceptable de las tecnologías de la información dentro de los colegios, el cual requiere, en parte, que los estudiantes: � Respeten y practiquen los principios de la comunidad. � Se comuniquen únicamente de forma amable y respetuosa. � Informen a un profesor de los contenidos amenazantes o desagradables. � No accedan intencionadamente a contenidos, ni transmitan, copien, o creen contenidos que violen las normas de conducta del colegio (como, por ejemplo, mensajes pornográficos, amenazantes, groseros, discriminatorios, o que tengan el propósito de hostigar). � No accedan intencionadamente, ni transmitan, copien, o creen conte- nidos que sean ilegales (como, por ejemplo, obscenidades, cosas robadas, o copias ilegales de obras protegidas). � No utilicen el equipamiento para otros actos adicionales que sean delictivos o que violen el código de conducta del colegio. � No envíen correos basura, cartas que circulen en cadena, ni demás envíos masivos no solicitados. � No compren, vendan, anuncien, ni negocien de ninguna otra forma, a menos que esté aprobado como un proyecto escolar. 277
  • 268. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston En sus normativas sobre el uso aceptable de la tecnología o sobre el código de conducta, algunos distritos académicos también se ocupan del uso de las tecnologías fuera del recinto del colegio. Al proceder a ello, deben tener cuidado de hacerlo conforme al precedente Tinker, que permite censurar la libre expresión si se produce una alteración material de la labor docente, un desorden sustancial, o la invasión de los derechos de los demás. Por ejemplo, en su Código de Conducta, las Prince William (Virginia) Schools (2006) señalan que los usos inaceptables de la tecnología incluyen: El uso de la tecnología fuera de las instalaciones del colegio, que tenga un efecto material sobre el funcionamiento o sobre el bienestar general del Departamento Escolar, influya en la integridad del proceso educativo, amenace la seguridad y el bienestar de los estudiantes, el personal o las instalaciones del colegio, suceda cuando el estudiante se encuentre bajo la autoridad del colegio in loco parentis [en sustitución de los padres], o invada de alguna otra forma los derechos de los estudiantes o del personal. Notificación de los límites a la privacidad de los estudiantes. Con objeto de asegurarse de que las normativas del colegio no violen los derechos de los estudiantes recogidos en la Cuarta Enmienda (i.e., de que estén en consonancia con las normas del precedente T.L.O.), y para ayudar a impedir el uso inapropiado de los ordenadores del colegio, se aconseja a la directiva escolar que establezcan unas normativas para los usuarios que avisen a los estudiantes respecto de los límites a su privacidad, y de la probabilidad de inspecciones rutinarias de sus archivos. Willard (2006) recomienda el siguiente lenguaje aplicado a los modelos de normativa: Los usuarios deben esperar una privacidad limitada respecto de los contenidos de sus archivos personales, archivos de comunicación, y registros de los movimientos que hayan hecho por la red con el sistema de internet del distrito académico. El mantenimiento y la supervisión rutinarios, utilizando tanto los sistemas técnicos de supervisión como la supervisión por parte del personal, pueden llevar a descubrir que un usuario ha violado la normativa del distrito académico o las leyes vigentes. Se llegará a cabo una investigación individual, si existe la sospecha razonable de que el usuario ha violado la normativa 278
  • 269. normativa legal y políticas específicas del distrito o la ley. Los padres de los estudiantes tienen derecho a solicitar ver los contenidos de los archivos y los registros de los movimientos de sus hijos (p. 62). Willard (2006) recomienda también que los directivos escolares coloquen advertencias en las pantallas y en la sala de ordenadores del colegio, recordando las limitaciones que cabe esperar en la privacidad de los estudiantes. Conclusiones Con el reciente aluvión de interés del público por el acoso cibernético y la atención concedida a los daños que puede generar, son muchos los directivos escolares que se preocupan por cumplir con su obligación ética y legal de proteger a los estudiantes sin infringir sus derechos constitucionales. Algunos directivos están reflexionando sobre si el acoso electrónico entra dentro, y de qué forma, de sus normativas ya existentes sobre el acoso escolar y/o el uso apropiado de la tecnología del colegio. Otros, tal vez movidos por las leyes estatales que instan cada vez más a elaborar unas políticas a nivel de los distritos académicos o de los colegios en relación con el ciberacoso, están desarrollando nuevas normativas que incluyen la atención explícita al acoso electrónico. Ya sea elaborando nuevas normativas o puliendo las ya existentes sobre el acoso escolar, alentamos a los directivos a familiarizarse con la investigación actual sobre el uso que hacen los estudiantes de las nuevas tecnologías, la naturaleza y la prevalencia del ciberacoso y demás formas de acoso escolar entre los niños y los adolescentes, y las mejores medidas para prevenir y abordar el acoso escolar; dicha investigación ha hallado que la mejor forma de abordar el acoso escolar es a través de los esfuerzos que incluyan a la totalidad del colegio. Dado que las normativas locales tendrán la máxima eficacia allí donde reflejen los recursos y las necesidades únicas de la comunidad en cuestión, alentamos a los directivos a elaborar dichas normativas mediante un proceso que incluya la aportación de todos los participantes relevantes, incluidos los profesores, los padres y los estudiantes (véase tam- 279
  • 270. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston bién Alley & Limber, en prensa). Finalmente, los directivos (y sus asesores legales) deben tener conocimiento de la variedad de leyes estatales y federales que podrían aplicarse a dichas normativas. Como suele ser el caso en cualquier panorama legal rápidamente cambiante, continúa habiendo ciertas dudas respecto de cómo se puede aplicar la legislación estadounidense a las distintas modalidades de ciberexpresión, particularmente de aquellas que tienen lugar fuera del recinto del colegio. Sin embargo parece evidente que los colegios pueden, en determinadas circunstancias, ser declarados responsables según las leyes estatales o federales de no actuar para atajar el ciberacoso o el ciberhostigamiento. Amparándose en muchas leyes estatales, los estudiantes (o los padres en su representación) pueden interponer demandas por negligencia contra el personal del colegio por no prestar la asistencia razonable para proteger a los estudiantes de los daños predecibles generados por el acoso electrónico. Según una serie de leyes federales, los estudiantes que sean miembros de grupos sociales protegidos pueden presentar cargos contra los colegios o los distritos académicos por daños derivados del hostigamiento [la hostilidad] entre los compañeros de colegio en razón de la raza, sexo o discapacidad. En sus esfuerzos por proteger a los estudiantes de los daños generados por el acoso cibernético, parece que los directivos pueden censurar legítimamente la ciberexpresión que tenga lugar dentro del recinto del colegio, según determinadas condiciones: (a) Si las declaraciones constituyen una amenaza real; (b) si son obscenas, vulgares o blasfemas; (c) cuando las declaraciones están (o parecen estarlo) avaladas por el colegio; o (d) cuando alteran materialmente al colegio o los derechos de los demás. Además, siguiendo el precedente establecido por los casos que incluyen registros de taquillas y pupitres escolares, parece que los estudiantes deben esperar disfrutar de una privacidad limitada respecto de los contenidos de sus ordenadores dentro del colegio, y que los directivos pueden realizar inspecciones generales de los ordenadores del colegio y de las cuentas en internet, de forma regular. Es posible llevar a cabo investigaciones más concretas de ordenadores y de cuentas específicas, cuando el personal del colegio tenga la sospecha razo- 280
  • 271. normativa legal y políticas específicas nable de la posible presencia de contenidos ilegales, o que puedan facilitar pruebas de de la realización de actividades ilegales o contrarias a las normas del colegio. Para que nuestra revisión legal no deje a los lectores con la impresión equivocada de que el objetivo principal de los directivos debe ser evitar la responsabilidad, concluimos este capítulo recordando que, al elaborar y al hacer cumplir unas normativas sólidas centradas en la prevención del acoso escolar (incluido el ciberacoso), los directivos ya no sólo reducirán las posibilidades de que se interpongan acciones legales contra los colegios ni contra los distritos académicos, sino que también, y lo que es más importante, disminuirán la probabilidad de que los menores continúen sufriendo por el hecho de ser acosados. 281
  • 272. 8 Conclusión Una estudiante de 8º, Lauren, se alarmó cuando iba por el hall del colegio una mañana y un estudiante le dijo: “Eh, Lauren, anoche vi tu perfil en MySpace”. Lauren se quedó perpleja porque no tenía ningún perfil en “MySpace”, y ni siquiera sabía con seguridad qué era eso. Afortunadamente, tenía una relación de confianza con la psicóloga del colegio y fue a verla para pedirle consejo. La psicóloga se puso en contacto con la madre de Lauren para informarle del incidente, y le dio un enlace para acceder a la página de MySpace que permite denunciar la presencia de un perfil falso. La psicóloga y la madre fueron incapaces de localizar el perfil real y no estaban seguras del nombre de pantalla que se había utilizado para crearlo, dado que la búsqueda con el nombre y apellido de Lauren no mostró la presencia de ningún perfil. Afortunadamente, los directivos del colegio no permitieron que dicho obstáculo les detuviera a la hora de seguir investigando el incidente. La psicóloga habló con el chico que le había hecho el comentario a Lauren y le pidió que la ayudara a localizar el nombre del perfil. Además, le pidió a Lauren que viera si alguno de sus amigos sabía algo del perfil. De hecho, una amiga de Lauren oyó por casualidad en el autobús del colegio decir a dos compañeras de clase que habían creado el perfil de MySpace. El director y la psicóloga llamaron a las compañeras de clase por separado y les explicaron la gravedad de suplantar a otra persona por la red, y les advirtieron de que era una forma de ciberacoso. Les pidieron que quitaran el perfil, y les advirtieron frente a cualquier posible represalia que pudieran tomar contra Lauren. La psicóloga y el director les hicieron saber que vigilarían de cerca la situación con Lauren. También se pusieron en contacto con los padres de las chicas implicadas. Si bien las estudiantes admitieron haber creado el perfil, inicialmente se precipitaron a echarse la culpa mutuamente. La dirección, sin embargo, subrayó la gravedad y la crueldad del incidente, y una de las estudiantes se sintió tan afectada por la conversación que dijo: “¡Voy ahora mismo a pedirle disculpas a Lauren!”. DOSCIENTOS OCHENTA Y TRES 283
  • 273. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston Hemos tratado de presentar una revisión exhaustiva de nuestros conocimientos actuales sobre el fenómeno del acoso cibernético; en qué se asemeja y en qué difiere de las formas tradicionales de acoso escolar; qué estrategias pueden adoptar los profesores, los padres y los miembros de la comunidad para prevenir el ciberacoso; y cómo pueden intervenir eficazmente los adultos cuando el acoso electrónico tenga lugar. Como subrayamos en el capítulo 4, existen todavía muchos aspectos en los que quedan preguntas por contestar que requieren una mayor investigación y, como señalamos en el capítulo 7, las leyes y las normativas relevantes todavía están en proceso de desarrollo. Estas limitaciones, sin embargo, no deben frenar a los adultos a la hora de responder y de abordar el ciberacoso. Como se demostró en el incidente que se describe más arriba y que ocurrió realmente en un colegio en el que trabaja una de las autoras, los adultos pueden mostrarse proactivos ante la falta de información y de unas normativas escolares específicas. La disposición de los adultos a supervisar la conducta online, enseñar habilidades sociales, y proteger a los jóvenes que sean hostigados dentro del colegio o bien fuera del campus, ya sea a través del acoso tradicional o del ciberacoso, nos permitirá responder eficazmente al deseo de nuestros hijos de relacionarse por la red. Qué sabemos y qué nos preguntamos Hemos venido señalando a lo largo de todo el libro que los jóvenes se pasan una cantidad importante de tiempo delante del ordenador, y que la abrumadora mayoría (90%) de los preadolescentes y de los adolescentes tienen acceso a internet (Ybarra et al., 2006). También hemos analizado las muchas formas mediante las cuales los jóvenes acosan a otras personas por la red, ya sea a través de los mensajes instantáneos (la forma más común de acoso escolar entre los menores estadounidenses), el correo electrónico o contenidos colgados en las redes sociales online tales como MySpace. Los jóvenes suplantan la identidad de otras personas robando sus contraseñas para acceder a las cuentas de correo electrónico o de mensajería instantánea, y 284
  • 274. conclusión crean webs enteras para elegir como blanco a compañeros de clase o profesores. También se está dando el ciberacoso a través del uso de teléfonos móviles y de ordenadores de bolsillo (PDAs, asistentes digitales personales), y es especialmente difícil que los padres y los profesores puedan vigilarlo, porque los móviles y los PDAs son por naturaleza más privados y suelen estar fácilmente al alcance del ciberacosador. En el momento de escribir estas líneas, Cingular acaba de anunciar su intención de asociarse con MySpace para que los usuarios puedan acceder a sus perfiles de MySpace a través del teléfono móvil de Cingular Wireless [AT&T]. Este acuerdo une a MySpace con el mayor proveedor de servicios de telefonía móvil de Estados Unidos (Leith, 2006). Parece razonable esperar que aumente el ciberacoso a través de los teléfonos móviles, dado que a los estudiantes les resultará más fácil elegir como blanco a sus compañeros colgando comentarios en MySpace además de enviarles mensajes de texto todo el día. Como señalamos en los capítulos 3 y 4, nuestra revisión de la investigación indica que el ciberacoso es una forma de acoso escolar que va en aumento y alcanza su punto más álgido durante el primer ciclo de secundaria (Kowalski & Limber, 2006; Ybarra et al., 2006). Es importante reconocer que, al igual que sucede con el acoso tradicional, los jóvenes tienen más probabilidades de practicar el acoso cibernético si piensan que los adultos y los espectadores ocasionales tienen pocas probabilidades de intervenir (Williams & Guerra, 2006). Esta misma investigación indica que los estudiantes perciben que los adultos tienen unas probabilidades mínimas de intervenir en el acoso escolar que se produce a través de internet, lo que puede contribuir a explicar el aumento que venimos observando en las conductas de ciberacoso. La investigación también sugiere que las chicas tienen más probabilidades que los chicos de acosar electrónicamente a otras personas y de ser objeto de acoso electrónico en determinados cursos específicos del plan de estudios (Kowalski & Limber, 2006; Ybarra et al., 2006), a diferencia de algunas modalidades específicas del acoso tradicional (e.g., el acoso físico) y de los porcentajes generales de acoso tradicional. Ello concuerda con la investigación que muestra que las chicas tienen más probabilidades que los chicos de participar 285
  • 275. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston en formas indirectas de agresión, como analizamos en el capítulo 4. Sin embargo, fueron menos chicas que chicos quienes informaron de participar en las frecuencias temporales más elevadas de ciberacoso (i.e., varias veces a la semana). Si bien está en sus comienzos, la investigación sobre el ciberacoso se ex­­ tiende a diversos países. Como analizamos en el capítulo 4, aunque los porcentajes de prevalencia y los métodos de ciberacoso varían ligeramente de un país a otro, la mayoría de los países desarrollados, si no todos, se están viendo obligados a enfrentarse con este fenómeno. A medida que la atención concedida al ciberacoso continúe aumentando, será importante que los investigadores y los legisladores adopten un enfoque interdisciplinario y multicultural para abordar el tema. Si bien son cada vez más las cosas que sabemos sobre el acoso electrónico, todavía es mucho lo que nos falta por saber acerca de esta nueva modalidad de acoso escolar. La investigación sobre el acoso tradicional presentada en el capítulo 2 nos brindó un contexto para analizar en qué se asemeja y en qué difiere el acoso cibernético del acoso tradicional. La definición más extendida del acoso tradicional incluye la conducta reiterada, intencionadamente agresiva y sobre la base de un desequilibrio de poder. El acoso cibernético suele cumplir el criterio de la conducta intencionadamente agre­ iva. s Si bien el ciberacoso comparte esta característica, pueden surgir interrogantes respecto de la reiteración de las conductas online. ¿Se podría considerar como acoso cibernético las visiones reiteradas de un mensaje agresivo colgado una única vez en la red? Esta cuestión precisa una mayor clarificación e investigación. De forma similar, la naturaleza del desequilibrio de poder online también requiere una mayor atención. Sospechamos que internet es un instrumento tan poderoso (y con frecuencia anónimo) que la capacidad de llegar a vastas audiencias con tan sólo darle una vez al ratón, con frecuencia desplazará el desequilibrio de poder en favor del ciberacosador. Una vez más, esta es una cuestión que precisa un mayor estudio por parte de los investigadores. El capítulo 2 también explicaba los miles de consecuencias dañinas que pueden 286
  • 276. conclusión padecer tanto los autores como las víctimas del acoso tradicional. Es pro­­ bable que el ciberacoso pueda tener unos efectos sobre los instigadores y sobre las personas elegidas como blanco similares a los observados en el acoso tradicional. En el capítulo 4 vimos que la investigación realizada por dos de las autoras sugiere que los menores que sufren ciberacoso o que son víctimas provocadoras tienen porcentajes más elevados de ansiedad que los estudiantes que acosan a otras personas o que no han estado implicados de ninguna forma en el acoso escolar (Kowalski & Limber, 2006). La investigación reciente también ha confirmado que 2 de cada 5 jóvenes que son objeto de hostigamiento en internet padecen alguna alteración emocional, sobre todo los preadolescentes (Ybarra et al., 2006). Nuestras entrevistas individuales y en nuestros grupos de discusión sugieren que cuanto menos algunos estudiantes [cibervíctimas] evitan ir al colegio, ven alterado su rendimiento académico, y sus relaciones se ven perjudicadas después de padecer el acoso electrónico, pero otros jóvenes salen relativamente ilesos de estos incidentes. En el capítulo 4 señalamos que existe incluso menos investigación respecto de los ciberacosadores; sin embargo, el estudio de Kowalski y Limber (2006) sugiere que los estudiantes que ciberacosan a otras personas tienen una autoestima ligeramente más baja que los estudiantes que no han estado implicados de ninguna forma en el ciberacoso (aunque las cibervíctimas y las víctimas/matones cibernéticos parecen tener una autoestima todavía más baja que los ciberacosadores). También vimos en el capítulo 4 que las personas que practican el acoso cibernético mencionan la sensación de placer, poder y/o venganza entre los motivos de sus actos (Kowalski & Limber). Tales motivos son causa evidente de preocupación, y merecen un mayor estudio. ¿Cómo podemos utilizar esta información para prevenir el acoso cibernético? Como sabemos de resultas de la investigación sobre el acoso tradicional, cuando los jóvenes participan en actividades con escasa o ninguna supervisión adulta, el acoso suele prosperar. El uso que hacen los jóvenes de la tec- 287
  • 277. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston nología no supone una excepción, y esperamos que este libro sea una llamada de atención para los padres y los profesores respecto de que los jóvenes necesitan más orientación, formación y supervisión cuando utilizan la multitud de tecnologías que están incorporando sucesivamente. Dicha orientación también debe ofrecerse de una forma evolutivamente apropiada, reconociendo que la supervisión de un menor de 10 años será diferente de la supervisión de un adolescente de 16 años. Al igual que los padres y los educadores ofrecen una supervisión evolutivamente adecuada de las actividades en casa y en el colegio, los adultos deben facilitar dicha supervisión y orientación respecto de las actividades online de los menores, igualmente. La siguiente conversación que tuvo lugar durante uno de nuestros grupos de discusión con chicas de primer ciclo de secundaria pone de manifiesto el alcance de la implicación de los padres en las vidas online de sus hijos. Los comentarios fueron hechos por estudiantes de 13 y 14 años de edad que integraban el grupo: “Si tienes un MySpace, deja que tus padres le echen un vistazo”. “Mi madre no sabe que tengo un MySpace”. “¡Ni hablar!” “A mi madre no le cuento lo que pasa en el colegio… si mi madre viera mi MySpace, seguro que me acribillaría a preguntas”. “A mi madre no le gustarían muchos de mis amigos. No querría que vinieran a mi casa porque algunos de mis amigos son muy malhablados”. “Pues yo no tengo comentarios indecentes en mi MySpace”. No olvidemos que no son chicas de 17 años las que están hablando de My­ Space; la mayoría de estas chicas tenían 13 años de edad. Esta es claramente una edad en la que sería apropiado que los padres ofrecieran orientación a un menor que quiere crear un perfil personal en la red. Sin embargo, sólo dos de las participantes en el grupo de discusión sugirieron que su MySpace obtendría la aprobación de sus padres.1 1. Dado que la edad mínima para entrar en MySpace es de 14 años, también es razonable dar por supuesto que algunos de estos estudiantes están violando la normativa de la website al tener un perfil. 288
  • 278. conclusión También recomendamos que los padres se informen respecto de cada novedad tecnológica que piensen adquirir para que sus hijos la utilicen, y que dediquen un tiempo a hablar con sus hijos de los usos aceptables e inaceptables de dichas tecnologías y de las posibles consecuencias que tendrán las infracciones. Los padres que aprenden a utilizar las tecnologías que manejan sus hijos, estarán mejor preparados para supervisar el uso que le puedan dar. Mantenerse al corriente de las tecnologías más populares entre los jóvenes facilitará una mayor comunicación entre padres e hijos respecto de tales accesorios. Los padres pueden informarse acerca de las diversas tecnologías hablando con los vendedores, los expertos en ordenadores, y buscando información por la red. Además, el colegio y las organizaciones comunitarias pueden ayudar organizando con frecuencia talleres dirigidos a los padres para hablarles de internet, además de otras tecnologías populares entre los jóvenes. Estos talleres sobre “las nuevas tecnologías y los jóvenes” deben incluir tanto los usos positivos como los posibles abusos, y ayudarían enormemente a los padres a manejarse en el vertiginoso mundo de los avances tecnológicos. Además de supervisarles, los adultos tienen que enseñarles a los jóvenes a comunicarse bien por la red. Los adultos pueden hacer uso de algunos de los hallazgos de investigación más importantes que se describen en este libro con objeto de ayudar a darle forma a los mensajes evolutivamente más apropiados que les transmiten a los jóvenes en relación con la conducta en internet. Dado que parece que las conductas de ciberacoso alcanzan su punto más álgido durante el primer ciclo de secundaria, hay que empezar con los mensajes de prevención antes de llegar a este período. Los padres y los profesores de los menores de 9 y 10 años de edad (3º y 4º curso) deben empezar a transmitir mensajes sobre la conducta apropiada por la red cuando se comuniquen con otras personas, de manera que los jóvenes reciban unos mensajes consistentes desde pequeños. Sabemos que tanto las chicas como los chicos practican el ciberacoso y, por consiguiente, es preciso lanzar unos mensajes de prevención dirigidos a unos y otros por igual. Pero como vimos en el capítulo 4, parece haber más ciberacosadores así como más cibervíctimas entre las chicas de 289
  • 279. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston determinados cursos, cuanto menos en las poblaciones estadounidenses. Por consiguiente, tiene sentido que las organizaciones comunitarias se dirijan a las estudiantes más jóvenes para abordar específicamente este tema, e.g., Girl Scouts, Girls Inc., y Girls on the Run. Como analizamos en el capítulo 4, dado que el ciberacoso puede ser una forma de desquite online por parte de las víctimas del acoso tradicional, alentamos a los profesores a que hagan todo lo posible por abordar el acoso tradicional dentro del colegio para evitar que los conflictos entre las víctimas y los acosadores aumenten en escalada por la red. La incorporación de programas de prevención del acoso escolar basados en la investigación que hablen también del acoso cibernético, constituye un paso importante en la prevención del ciberacoso en los colegios. Si bien algunos colegios pueden querer incorporar específicamente el tema del ciberacoso dentro de sus planes de estudio, recomendamos que dichos planes de estudios se combinen con un programa multifactorial para la prevención del acoso escolar, que conceda especial atención a los distintos pasos que los espectadores ocasionales pueden dar para prevenir o intervenir en cualquier forma de conducta de acoso escolar entre sus compañeros de colegio. Además de educar a los estudiantes en el fenómeno del ciberacoso, los profesores y los directivos deben informar respecto de la seriedad del ciberacoso, y los distritos académicos deben incluir el ciberacoso en las normativas que regulen el uso aceptable de la tecnología de los colegios y en las normativas relativas al acoso escolar. Los jóvenes que se piensen que el ciberacoso no es más que una forma de “pasatiempo electrónico” necesitan que sus colegios y sus comunidades les transmitan el mensaje de que dicha conducta constituye, de hecho, una forma de acoso escolar que es maliciosa y que puede tener consecuencias de largo alcance. Los proveedores de servicios de internet, así como los sitios web más populares entre los jóvenes, suelen tener normativas de uso que incluyen directrices para utilizar sus servicios, además de exponer las consecuencias de las infracciones. Muchas de estas webs dirigidas a los jóvenes incluyen también consejos prácticos sobre seguri- 290
  • 280. conclusión dad y directrices para guardar la debida ciberetiqueta, que los padres pueden revisar con sus hijos. Los jóvenes también tienen que ser conscientes de que algunas formas de acoso escolar online están consideradas como actos delictivos. Si bien las leyes difieren de un país a otro y de un estado a otro, dentro de una comunidad dada el ciberacoso puede encajar en la definición de difamación, hostigamiento, persecución obsesiva, o incluso explotación sexual. El mito del anonimato online es otra de las cuestiones presentadas en el capítulo 3 que es preciso abordar en nuestros esfuerzos de prevención. Los jóvenes que se piensan erróneamente que colgar contenidos en la red amparándose en un nombre de pantalla les permite proteger su verdadera identidad, tendrán más probabilidades de abstenerse de ciberacosar a otras personas si toman conciencia de que continúa siendo posible seguir el rastro de los comentarios colgados en la red hasta dar con sus cuentas personales. Los medios de comunicación también pueden ser un instrumento de prevención al abordar estos mitos incorporando campañas publicitarias, dirigidas tanto a los padres como a los jóvenes, sobre los efectos dañinos del ciberacoso, así como sobre la ausencia de un verdadero anonimato. Los jóvenes deben recibir unos mensajes coherentes de los padres, los educadores, y los miembros de la comunidad (incluidos los miembros de la comunidad virtual) respecto de que nadie es invisible por la red, de que el ciberacoso es perjudicial y posiblemente delictivo, y de que con frecuencia los mensajes dañinos pueden ser investigados hasta dar con el autor. ¿Cómo podemos utilizar esta información para intervenir en el acoso cibernético? En los capítulos 5 y 6 hemos tratado de ofrecer algunos consejos prácticos de utilidad tanto para los padres como para los profesores a fin de que puedan responder al acoso electrónico, y en el capítulo 7 hemos tratado de bosquejar las obligaciones legales de los enseñantes. Si bien es 291
  • 281. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston posible toda una variedad de medidas para abordar el acoso cibernético, son muchos los profesores y los padres que no están familiarizados respecto de cómo intervenir (o no están seguros de cuáles son sus obligaciones ni sus límites legales, en caso de intervenir) y no se deciden a informarse hasta que un hijo u otro estudiante se ve afectado. Además, los adultos no pueden intervenir si no saben que está teniendo lugar ningún acoso. Como hemos venido diciendo a lo largo de todo este libro, los participantes de nuestros grupos de discusión señalan que los estudiantes son reacios a denunciar el acoso electrónico porque dudan de la capacidad de los adultos para ayudarles o intervenir eficazmente sin empeorar las cosas. El castigar a las víctimas prohibiéndoles que usen la tecnología en cuestión, o decirles a los estudiantes que los profesores no pueden intervenir en los casos de ciberacoso, se traducirá en que los jóvenes no tendrán confianza en que los adultos puedan actuar de una forma útil, lo que les desanimará a denunciar los abusos. Los adultos tienen que alentar a los jóvenes a denunciar el acoso electrónico hablando con frecuencia del ciberacoso, facilitando unos mecanismos para informar al colegio sin correr riesgos, y explicando y tranquilizando a los estudiantes respecto de que los adultos pueden ser de utilidad. Los adultos de casa pueden responder proactivamente recordándoles a los menores que, en el caso de que los acosen electrónicamente, les apoyarán en lugar de castigarles, si se lo dicen a un adulto. Los adultos que le dedican un tiempo a familiarizarse ellos mismos con las tecnologías que son más populares entre los jóvenes, tendrán más probabilidades de intervenir con rapidez y con calma cuando tenga lugar el ciberacoso. Además, los directivos escolares deben trabajar estrechamente con las autoridades locales cuando el ciberacoso y las ciberamenazas sean de carácter delictivo. Señalamos en el capítulo 5 que si los padres de un estudiante elegido como blanco se enteran de que el autor del ciberacoso es un estudiante que va al mismo colegio que su hijo, puede que tengan que reunirse con los funcionarios del colegio y pedir ayuda para acabar con el maltrato. Los padres deben prepararse para aportar pruebas del ciberacoso y tam- 292
  • 282. conclusión bién solicitar una investigación respecto de cualquier indicio de acoso tra- dicional que pueda estar teniendo lugar dentro del campus académico. Los profesores tienen que apoyar a los estudiantes elegidos como blanco y a sus padres, investigando y, allí donde sea apropiado, hablando seriamente con los estudiantes implicados en las conductas de acoso electrónico. También deben avisar a los padres del estudiante implicado en la conducta de ciberacoso, si tienen pruebas que confirmen las quejas del estudiante elegido como blanco. Por supuesto, los padres también pueden ponerse en contacto con los padres del ciberacosador por su propia cuanta cuando no se trate de un compañero del mismo colegio, o bien cuando quieran intentar primero poner freno al acoso electrónico sin la intervención del colegio. Ahora bien, tales contactos pueden estar muy cargados emocionalmente y ser muy difíciles de manejar. Finalmente, las personas encargadas de la asistencia al estudiante (directivos, orientado- res psicopedagógicos, psicólogos, y trabajadores sociales) pueden buscar un modelo de justicia restaurativa, como expusimos en el capítulo 6, que ayude a tratar de resolver las situaciones de ciberacoso de una forma que sea beneficiosa para todas las partes implicadas. En los capítulos 5 y 6 vimos cómo denunciar los abusos colgados en la red o enviados a través de mensajes de texto, correos electrónicos, mensajes instantáneos, y redes sociales online, señalando que muchos de los sitios web dirigidos a los jóvenes disponen de enlaces para denunciar el ciberacoso, y los proveedores de servicios de internet y de telefonía móvil suelen mostrarse por lo general bastante receptivos a las denuncias de ciberacoso perpetrado a través de sus redes online. Sin embargo, tenemos que reconocer que seguirán apareciendo nuevas tecnologías y nuevos sitios web que ofrecerán nuevas posibilidades de maltrato. Esta es la razón de que también recomendemos que los adultos se sirvan de los jóvenes como posibles recursos, ya no sólo para hacer de mentores de sus compañeros sobre el uso apropiado de internet, sino también para informar a los adultos sobre las actividades online que más frecuentan los jóvenes. 293
  • 283. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston ¿Qué nos queda por hacer? Fue necesario que estrecháramos nuestro interés para dirigir la atención hacia esta forma de maltrato online que ha irrumpido vertiginosamente dentro de nuestro panorama. Pero en realidad debe formar parte de un diálogo más amplio acerca de la educación respecto de la utilización de los medios de comunicación, diálogo que está teniendo lugar en Estados Unidos y en muchos países del planeta. Se ha concedido mucha atención al papel que la televisión ha desempeñado en configurar nuestra cultura durante los últimos 50 años. Las sugerencias que los expertos en la materia les dan a los padres para ayudarles a que sus hijos se eduquen respecto de los medios de comunicación y a mitigar los mensajes negativos contemplados por la televisión también son aplicables, en cierta medida, a internet. El reto hasta la fecha estriba en que “navegar por internet” constituye en gran medida un hábito solitario; sin embargo, hacer de ello una experiencia más familiar o más co­ u­ itaria les m n ayudará a los padres, educadores y líderes juveniles a afrontar algunas de las preocupaciones actuales que tenemos por delante. Consideremos los siguientes consejos prácticos recomendados por Ronald Slaby, experto en educación sobre el uso apropiado de los medios de comunicación: Los padres, profesores y demás adultos pueden influir directamente en los efectos de la violencia que ejercen los medios de comunicación sobre los niños y los adolescentes, cuando ven programas de televisión y películas con ellos al tiempo que comentando de forma crítica la imagen que transmiten de la violencia, y hablando respecto de las alternativas no violentas; también pueden enseñar habilidades de educación en los medios de comunicación, que permitan que los espectadores más jóvenes puedan “entrever” la falsedad de determinadas imágenes mediáticas (Slaby, 2002, p. 329). Además de ver programas de televisión y películas con ellos, ha llegado el momento de “navegar por internet” con nuestros hijos y enseñarles las habilidades necesarias para asegurarse de que el uso de internet suponga una contribución educativa y social, en lugar de ser una fuerza negativa en 294
  • 284. conclusión sus vidas. El 11º Annual MediaWise Video Game Report Card [National Institute on Media and the Family] señala que “todo menor de edad que se interesa por los videojuegos está llevando a cabo un poderoso experimento evolutivo −los resultados del cual no alcanzamos a comprender” (Walsh, Gentile, Walsh & Bennett, 2006). Lo mismo se puede decir de los menores que le dedican una cantidad enorme de tiempo a las comunicaciones electrónicas, ya sea a través de las redes sociales online, los juegos online, los mensajes instantáneos, o los mensajes de texto. A medida que van apareciendo múltiples nuevas formas de relacionarse por la red, el reto para los adultos en general y para los padres en particular estriba en familiarizarse con la gran cantidad de nuevos métodos mediante los cuales los jóvenes emprenden actividades online, y participar activamente en estas nuevas tecnologías. Los padres y los educadores tienen que ocuparse de las expe- riencias online de los menores comunicando unas directrices para utilizar los medios de comunicación y unas expectativas respecto del uso apropia- do, exponiendo y explicando por qué determinadas actividades son inapropiadas, estableciendo unos límites de tiempo, y ejerciendo el control como padres o bien haciendo uso de los filtros del distrito escolar. Como sugiere el Video Game Report Card, los adultos también tienen que “ver lo que ven nuestros niños, jugar a lo que juegan nuestros niños” (Walsh et al., 2006, p. 2). Aplicado al mundo virtual, el consejo de Walsh se podría adaptar con objeto de incluir: “visitar las webs que visitan nuestros hijos, utilizar las tecnologías que utilizan nuestros hijos”. En lugar de centrarse exclusivamente en los aspectos negativos de internet, los padres y los educadores pueden buscar la manera de convencer a los jóvenes para que utilicen con sentido las tecnologías más populares. Como dijimos en el capítulo 5, una forma de incorporar la tecnología juvenil popular sería enseñándoles a los jóvenes a utilizar las redes sociales online para promocionarse de una forma positiva, que pueda atraer a los futuros seleccionadores de las solicitudes de admisión en las universidades, a p d los em­ lea­ ores y, por supuesto, a los amigos. Los educadores pueden idear clases que enseñen a los estudiantes a colgar apropiadamente sus 295
  • 285. Cyber Bullying robin kowalski – susan limber – patricia agatston opiniones en los sitios web que permiten bloguear, sirviéndose de temas que fomenten el interés de los jóvenes, tales como el medio ambiente, la política y el servicio a la comunidad. ¡También puede haber algunos adultos que se podrían beneficiar de este tipo de formación! Interesar a nuestros jóvenes en una variedad de actividades de las que puede que estén “desconectados”, hará que sea más fácil limitar el tiempo que inviertan en las comunicaciones electrónicas. Invitar a los menores a participar en actividades físicas regulares y en formas creativas de expresarse tales como el arte y la música, será más eficaz que el mero hecho de regañarle a un hijo para que apague el ordenador. Finalmente, a través del esfuerzo concertado de participar en la experiencia digital de nuestros hijos, puede que se abran las líneas de comunicación y ganemos una mayor comprensión, ya no sólo respecto de los usos dañinos de los avances tecnológicos, sino de los muchos beneficios que les esperan a nuestros jóvenes que utilizan las nuevas tecnologías sabiamente. 296
  • 286. Bibliografía Act 115, 86th Gen. Assembly (Ar. 2007). Aftab, P. (2006). http://www.wiredsafety.net. Agatston, P., & Carpenter, M. (2006). Electronic bullying survey. Unpublished manuscript. Akwagyiram, A. (2005, May 12). Does “happy slapping” exist? Retrieved July 3, 2006, from http://news.bbc.co.uk/l/hi/uk/4539913.stm. Alaska Stat. 14.33.250 (2007). Alley, R., & Limber, S. P. (in press). Bullying issues in schools: Legal issues for school personnel. In S. M. Swearer & D. Espelage (Eds.), Bullying prevention and intervention: Realistic strategies for schools. New York: Sage. Americans with Disabilities Act of 1990, Title Il, 42 U.S.C.§ 12134 (2006). Anderson, M., Kaufman, J., Simon, T. R., Barrios, L., Paulozzi, L., Ryan, G., Hamnond, R., Modzeleski, W., Feucht, T., Potter, L., & the School-Associated Violent Deaths Study Group (2001). School-associated violent deaths in the United States, 19941999. Journal of the American Medical Association, 286, 2695-2702. Archive of CRN home page topics for discussion: On the fatal stabbing of a sixth­ rade g girl (2004, june 11). Retrieved November 13, 2006, from http://www. childrensearch. net/cgi-bin/topics/column.pl?no=00215&page=1. Arseneault, L., Walsh, E., Trzesniewski, K., Newcombe, R., Caspi, A., & Moffitt, T. E. (2006). Bullying victimization uniquely contributes to adjustment prob­ems in young l children: A nationally representative cohort study. Pediatrics, 118, 130-138. Baldry, A. C. (2003). Bullying in schools and exposure to domestic violence. Child Abuse & Neglect, 27, 713-732. Baldry, A. C. (2004). “What about bullying?” An experimental field study to under­ tand s students’ actitudes towards bullying and victimization in ltalian middle schools. British Journal of Educational Psychology, 74, 583-598. Bargh, J. A., McKenna, K. Y. A., & Fitzsimons, G. M. (2002). Can you see the real me? Activation and expression of the “true self’ on the Internet. Journal of Social Issues, 58, 33-48. DOSCIENTOS NOVENTA Y SIETE 297
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  • 302. AMAE Directora: Loretta Cornejo Parolini Adolescencia: la revuelta filosófica, por Ani Bustamante El síndrome de Salomón. El niño partido en dos, por María Barbero de Granda y María Bilbao Maté La adopción: Un viaje de ida y vuelta, por Alfonso Colodrón Gómez-Roxas Esto, eso, aquello... también pueden ser malos tratos, por Ángela Tormo Abad La adolescencia adelantada. El drama de la niñez perdida, por Fernando Maestre Pagaza Riqueza aprendida. Aprender a aprender de la A a la Z, por Roz Townsend Los padres, primero. Cómo padres e hijos aprenden juntos, por Garry Burnett y Kay Jarvis PNL para profesores. Cómo ser un profesor altamente eficaz, por Richard Churches y Roger Terry EmocionArte con los niños. El arte de acompañar a los niños en su emoción, por Macarena Chías y José Zurita Muñecos, metáforas y soluciones. Constelaciones Familiares en sesión individual y otros usos terapéuticos, por María Colodrón Madre separada. Cómo superan las mujeres con hijos la separación, por Katharina Martin y Barbara Schervier-Legewie Rebelión en el aula. Claves para manejar a los alumnos conflictivos, por Sue Cowley ¿Hay algún hombre en casa? Tratado para el hombre ausente, por Aquilino Polaino Cyber Bullying. El acoso escolar en la era digital, por Robin Kowalski, Susan Limber y Patricia Agatston
  • 303. Este libro se terminó de imprimir en los talleres de RGM, S.A., en Urduliz, el 10 de mayo de 2009.