Sísifo en la smart city
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Tecnologías urbanas en la impredecibilidad y complejidad de las ciudades @manufernandez

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    Sísifo en la smart city Sísifo en la smart city Document Transcript

    • Sísifo en la smart city Tecnologías urbanas en la impredecibilidad y complejidad de las ciudades Manu Fernández
    • Este documento recoge una serie de posts publicados en el blog Ciudades a EscalaHumana. En ellos podrás encontrar otros links y fuentes utilizadas:De la ciudad sostenible a la smart city. No perder la perspectivaSmart City. Más allá de la gestión energética inteligente y las tecnologías digitalesSmart city. Estrategia comercial empresarial y marca de nuevos desarrollos urbanosSmart City como movilización de capacidades tecnológicas locales y oportunidadesindustrialesSmart city. Implicaciones políticas y socialesA compilation of resources on smart citiesDónde estamos, hacia dónde vamos y hasta dónde confiar en las tecnologías urbanasSentient City. El futuro del espacio urbanoEveryware, la tecnología que ya está aquí y en todos ladosUna ciudad sin personas no es un laboratorio urbanoEscenas cotidianas en una ciudad inteligenteLa inteligencia de la ciudad está en la calle Julio 2012 2
    • De la ciudad sostenible a la smart city. No perder la perspectivaSmart cities por todos lados. Ahora toca hablar de esto. Borrón y cuenta nueva, quellegan nuevos aires y nuevos generadores de discurso en torno a la ciudad. Sueñosimaginarios de ciudades perfectas en un mar de ubicuidad digital donde la informaciónfluye perfecta, la ciudadanía se conecta a los flujos de información urbana para operaren tiempo real y la web nos da otro paraíso más. Tengo la impresión de que tenemosque correr un poco menos. Que la tecnología está bien, pero en su medida y, total,siempre depende del uso que hagamos de ella. Y, según de quién venga y del controlque tengamos sobre ella, la cosa tiene una pinta u otra.Si utilizamos como barómetro la presencia del tema en publicaciones noespecializadas, al poner todas las referencias juntas entendemos bien que estamosante una nueva ola. De una selección desordenada podemos destacar casos comoTIME, que dedica un especial al tema, Guardian publica una sección (de nuevo con IBMde por medio) titulada Smater Cities, The Times también dedicó un suplemento altema hace unos meses, Financial Times tiene un completísimo especial dedicado a Thefuture of cities que, si bien, es de todos los ejemplos, el de mirada más amplia, dedicaatención especial al papel de la tecnología en la transformación de las ciudades,National Building Museum (en colaboración con IBM) abre un programa de reflexión(Intelligent Cities Initiative), Institute for the Future publica un completo mapa detecnologías que afectarán a las ciudades en el futuro, GOOD destaca entre laspublicaciones digitales con Cities rethought, e incluso El País publicó un reportajesobre el tema. Por no hablar de medios más especializados, tanto desde ámbitos deanálisis urbano como desde entornos más vinculados a lo digital en sentido amplio.Mi impresión desde hace un tiempo es que todo esto es demasiado confuso, fruto delos acercamientos y disciplinas diversas que se están aproximando al tema (lo cual esbueno) y también fruto de visiones más interesadas por vincular el término a unascuestiones más que a otras (lo cual es un poco más preocupante). Así que estos sonunos apuntes más bien fragmentarios pero con los que intento al menos organizar laspiezas del debate y desbrozar un poco los aspectos más críticos. Y, como ha quedadoun poco largo, lo publicaré poco a poco. Este primer post es una introducción a laconfusión terminológica, y después vendrán otros sobre la relación de este tema con laenergía y el mundo digital, sobre su vinculación a determinados sectores industriales yla oportunidad de transformación tecnológica que puede representar y, también, unarevisión de los proyectos que hoy en día se están definiendo como "smart cities".Terminaré con una revisión de las consecuencias sociales y políticas de estosplanteamientos.Parto, en primer lugar, de una constatación que apuntaba Nate Berg hace unassemanas (Smart Growth Replaced by Intelligent Cities) a partir de un artículo en USAToday (Will intelligent cities put an end to suburban sprawl?): smart cities comonuevo eslabón léxico en el discurso urbano que sustituye a otros que hemos utilizadoen los últimos tiempos como ciudades sostenibles o smart growth, dos términos queno son sinónimos exactamente pero comparten -frente a smart cities- la exclusión delo tecnológico como elemento central de las propuestas de mejora urbana. ¿Se acabó 3
    • el sueño de la sostenibilidad local y empieza la utopía de la ciudad tecno-inteligente?¿Gato por liebre?Tengo muchas dudas de que la solución a los problemas de sostenibilidad a todos losniveles -también a escala local- venga de la mano de milagrosas solucionestecnológicas. Es una duda de principio que, después, admite que, evidentemente, laeco-innovación aplicada al funcionamiento urbano tiene mucho que ofrecer en formade mejora de eficiencia en el metabolismo urbano pasivo, es decir, todo aquello dondeel uso humano de la tecnología y los patrones de comportamiento y consumo notengan mucho que decir. Por poner un ejemplo: las smart grids suenan bien, ygenerarán una gestión por parte de los propietarios de la red y de las empresasdistribuidoras más eficientes, pero hasta ahí. El eslabón débil de la cadena es elconsumidor final donde, se me ocurre, que es mucho más eficaz ambientalmente unsistema de precios inteligente más que contador inteligente.Además, como casi todo en esta época, la ola smart city no tiene memoria y corre elriesgo de olvidar los desarrollos teóricos y las propuestas previas. ¿No habíamosquedado en que las estrategias sostenibles eran, sobre todo, una manera inteligentede vivir? ¿Qué va a venir a enseñarnos ahora la smart city? Quizá un poco cínico pero,ojo, que no se nos olvide. Leo estas once ideas y me parecen un acercamiento muchomás inteligente a la ciudad inteligente y sostenible. No son necesariamenteincompatibles, pero a veces lo parecen y, sobre todo, lo nuevo -smart city- noconstruye realmente sobre lo que hasta ahora parecía algo que empezaba a asentarse.Esto lo explica muy bien Brent Toderian en "Intelligent City Model" ComplementsSmart Growth - Doesnt Replace It!, con una anécdota en España precisamente y quecomparto completamente:At a conference late last year in Spain, I found myself on panels discussing newtechnologies that will improve cities, surrounded by tech-company reps hard-pitchingto a global audience. I likely disappointed them, by stating that in my opinion the"technologies" that will do the most good, are not new - compact, mixed-use, walkablecommunities; bikes, separated bike lanes and bike sharing; transit; small scaleinnovation like wheeled-luggage; simple techniques that weve forgotten like passivebuilding design; or globally-understood tech like district/neighbourhood energy basedon renewable resources. But those big companies werent selling those products. Theywere selling smart city solutions.De lo anterior podemos constatar, en segundo lugar, puestos a pensar sólo enterminología, que tenemos dos términos que aluden a conceptos diferentes o que,entiendo, tenemos que evitar que sean sinónimos. Intelligent cities y smart cities. Elsegundo de ellos está bastante más extendido y es el que representa la novedadconceptual, porque es el que evoca la carga tecnológica vinculada a las smart grids, lastecnologías de la información o las infraestructuras inteligentes.La disputa terminológica no llega a más, es lo de menos. Más importante es que estépresente la inteligencia, con o sin tecnología. ¿Es Masdar una ciudad inteligente? Puesyo creo que no, por muy inteligente que sea toda la técnica puesta al servicio delmodelo más completo de construcción ex-novo de una ciudad. No, no es inteligente 4
    • construir en el desierto de esa manera. ¿Es más inteligente una ciudad por disponerde, digamos, un sistema de metro hiper-tecnológico pero no equilibra suficientementelos diferentes modos de movilidad urbana? ¿Es una ciudad más inteligente pordesarrollar un nuevo barrio con todas las prestaciones de una smart city mientrasdispone de solares, edificios y locales sin uso?Posiblemente cínico. O no. Simplemente, que corremos el riesgo de tener la miradademasiado focalizada, de perder el horizonte y el objetivo. Podrían decir que no tienenada que ver la línea de desarrollo de la sensórica aplicada, digamos, a la gestión deltráfico con la regeneración y recuperación de la ciudad ya construida. Y aquí es dondevolvemos a encontrar otro riesgo de perdernos algo: una ciudad pensadainteligentemente, no una ciudad con artefactos inteligentes. 5
    • Smart City. Más allá de la gestión energética inteligente y las tecnologíasdigitalesSigo con el tema, tras De la ciudad sostenible a la smart city. No perder la perspectiva,post en el que seguramente no conseguí aclarar demasiadas cosas.Toca hablar de loscomponentes de una smart city o, mejor, de los componentes a los que se estáasociando. Aunque aquí cada uno establece diferentes clasificaciones en función de suorientación particular, básicamente tenemos dos:  Propuestas desde el mundo de la gestión energética, que proponen nuevas soluciones tecnológicas para gestionar de manera más eficiente la entrada de materiales y flujos de recursos y la salida de residuos en el metabolismo urbano.  Propuestas desde el mundo de las tecnologías digitales, que promueven aplicaciones, dispositivos y lógicas propias de la red para plantear nuevas formas de gestionar la información en la ciudad y, en especial, todo lo que tiene que ver con los flujos de información que, evidentemente, se concentran en el estilo propio de la vida urbana.¿De dónde viene la preocupación por las smart cities? O, mejor, ¿de dónde viene estainflación de su presencia? No podría asegurarlo, pero sospecho que la emergencia deltérmino ha corrido paralela al de smart grids, la nueva generación de redesinteligentes de gestión de la generación y distribución energética, que se beneficiaránde la aplicación de soluciones digitales para un uso más eficiente de la red y un controlmás integrado y en tiempo real de las demandas y los flujos energéticos a lo largo deuna red distribuida de puntos de consumo y generación. Más o menos. Estas smartgrids son necesariamente una cuestión urbana por razones obvias. Y ahí es dondetenemos la confusión de la parte por el todo. Puesto que tenemos un proyecto parainstalar un proyecto piloto de red inteligente en la ciudad, la ciudad puededenominarse smart city.De nuevo, es fantástico poder avanzar hacia un modelo energético más distribuido,que ofrezca posibilidades reales de multiplicar los nodos de producción energéticapara acabar con un sistema altamente centralizado que impide el desarrollo de otrasfuentes energéticas renovables. Genial también si permiten que su gestión pueda sermucho más eficiente acompasando la producción a las diferentes necesidades de losusuarios. Y todavía mejor si esto permite el desarrollo dentro de la industria energéticade nuevas posibilidades de desarrollo tecnológico e industrial más localizado.Aquí creo que está por ver qué inteligencia le ponemos los usuarios a la red. Porqueesa red va a servir electricidad para mantener nuestro estilo de vida y el de una buenaparte del mundo que, ahora sí, se ha subido al tren del consumo de las clases medias(China, India, etc.). Y el uso individual y colectivo que hacemos de la energía requierede mucha inteligencia. Que esa red sea capaz de darme una lectura en tiempo real enmi contador de última generación de mi consumo no me va a llevar necesariamente a,digamos, reducir mi consumo energético. Y tampoco hará nada si el regulador nopermite utilizar en toda su capacidad las posibilidades de esa red liberalizando el 6
    • mercado energético en su totalidad y permitiendo el juego en igualdad de condicionesde los grandes y los pequeños productores de energía. O si, de nuevo, el regulador noactúa con inteligencia en la política de precios y en la fiscalidad sobre el consumoenergético.Boulder, (Colorado, Estados Unidos), fue una de las primeras ciudades en abrir esta víacon un proyecto de implantación que, tres años después, parece estancado. Muchasotras se han subido al carro (Malta, Estocolmo (en el desarrollo Stockholm RoyalSeaport,...) e incluso tenemos en nuestro entorno proyectos en Málaga o Bilbao en lalínea de salida.El segundo componente proviene del sector digital en un sentido amplio. Aquí, frenteal componente energético, dominado por una tecnología englobadora, las redesinteligentes, lo que tenemos es una amalgama de diseños, propuestas teóricas,elucubraciones, proyectos experimentales y, en general, muchas propuestas difícilesde catalogar porque van evolucionando con la velocidad propia de estos temas y lafascinación que generan por su atractivo.Dejando aparte que las smart grids, en realidad, descansan en buena medida en lasposibilidades que ofrece hoy la tecnología digital, en este apartado nos encontramosaplicaciones de sensórica dirigidas a la mejora del flujo del tráfico y la gestión delaparcamiento en superficie en la ciudad a través de sensores y dispositivos de controldel tráfico en tiempo real; la gestión eficiente de los sistemas de transporte público;plataformas de interacción de los datos generados por los individuos a través dedispositivos móviles; sistemas de control remoto del estado de capacidad de loscontenedores de residuos sólidos urbanos; sistemas de control eficiente de lasactividades logísticas en la ciudad; mecanismos de tele-asistencia ciudadana; sistemasde información al público de información práctica por parte de las autoridades;intervenciones de realidad aumentada para amplificar determinadas experiencias de lavida urbana; posibilidades de desarrollo de redes distribuidas de toma de datos para elcontrol de la calidad del aire; y otras propuestas por el estilo. Todas ellas, también,acaban apuntando a la smart city.El discurso smart city vinculado a las tecnologías digitales se basa en conceptos comostreet as platform, city as civic lab,internet of things o connected city, entre otros, y enUrban Scale han escrito un buen post ordenando estas ideas. Aquí encontraremos unamezcla de propuestas que inciden en el modelo bottom-up, es decir, que lasposibilidades que ofrecen actualmente las tecnologías digitales pueden favorecer laextensión de nuevas formas de acción urbana (una suerte de urbanismo 2.0 ourbanismo emergente), frente a otras propuestas directamente a impulsar porgestores públicos o privados de servicios urbanos, pasando por modelos que exploranlas posibilidades del espacio híbrido fruto de la integración de los espacios físicos y losespacios digitales. En Next American City podemos leer un artículo que intentareconducir el optimismo de pensar que la disponibilidad de más datos e informaciónen tiempo real sobre el comportamiento de los ciudadanos y la evolución de los flujosdel funcionamiento de la ciudad vaya a mejorar sustancialmente la provisión deservicios públicos de calidad. Discutible, pero necesaria la dosis de realismo. Proyectos 7
    • constructivos como PlanIT Valley, Songdo o Masdar atraen hoy la atención como lossustitutivos del reclamo eco-ciudades, cambiando la atención hacia el "todoconectado" como nueva solución y utopía para una perfecta vida urbana.Aquí mi impresión personal se sitúa por ahora entre la sensación de que algunaspropuestas excesivamente teorizantes y con una terminología excesivamente complejapara poder ser entendida por el común de los mortales -algo que, en general, observoen todo lo relacionado con la web- y el riesgo de caer en la totalización de lo digitalcomo la nueva tabla de salvación para conseguir todo lo que la ciudad no haconseguido hasta ahora: ser más integrador, más incluyente, más sostenible, másproductiva, etc. Pero, evidentemente, es una línea de investigación emergente conmúltiples derivadas y que promete alternativas para la gestión de la complejidadurbana y para entender los mecanismos de funcionamiento de la vida colectiva. 8
    • Smart city. Estrategia comercial empresarial y marca de nuevosdesarrollos urbanosDespués de comentar en días anteriores sobre las cuestiones terminológicas y loscomponentes principales de eso llamado smart city, creo que es interesante ampliaralgo de información revisando su clara utilización como estrategia de marketing ycomo emblema urbanístico.Si en el anterior capítulo relacionaba las smart grids como el componente tecnológicoque más ha hecho por extender el uso del término smart city, no hay ninguna duda deque ha sido su incorporación al argumentario de grandes empresas tecnológicas eldetonante principal de la actual explosión que estamos viendo. Al menos CISCO, IBM,Siemens y Philips han creado estrategias de visibilización de sus productos y solucionestecnológicas aplicables a los servicios urbanos, sin descartar a otras más pequeñas.Pero, en buena medida, esas son las principales protagonistas de una estrategia demarketing novedosa en muchos aspectos, sobre todo por la capacidad que han tenidode penetrar en medios generalistas con herramientas comunicativas muysignificativas (secciones especiales en las ediciones en papel y digitales de losprincipales periódicos del mundo, páginas web propias que actúan como aglutinadorasde casos y referencias, eventos patrocinados, sistemas de concursos dirigidos aayuntamientos de todo el mundo que reciben como premio inversiones "gratuitas" entecnologías, etc.).No es sólo una cuestión de marketing. Estas empresas, grandes corporacionesdisponen de fuertes capacidades tecnológicas para renovar y transformar la gestióndel tráfico, la tecnologización de las infraestructuras urbanas y de realizar inversionesmasivas. Esto, en sí mismo, está bien. Siempre viene bien, pero plantea varias dudas.Agenda-setting o algo así le llaman en los círculos del análisis político. La capacidad desituar un tema en el centro del debate, un tema inesperado para distraer la atención opara crear un relato nuevo que sitúe nuevas prioridades y discursos alternativos. Es lasensación que tengo con la "explosión" del debate sobre las smart cities, que en losúltimos tiempos aparece recurrentemente aunque lleva al menos diez años derecorrido y que, sin embargo, ahora estas empresas parecen estar capitalizando enuna determinada dirección.No, no planteo nada relacionado con la conspiranoia. Yo no, al menos. Si alguien tienealgo que ofrecer, sin problemas. La cuestión es qué necesidades cubren, sobre todopensando en los ayuntamientos, destinatarios últimos de este tipo de soluciones y queson siempre el eslabón más débil de la financiación pública. ¿Dónde poner el límite?¿Son estas soluciones -en este caso, las soluciones que ofrecen estas empresas,siempre high-tech- las más adecuadas? Ya que vamos a hablar de inteligencia urbana,¿no existirán soluciones inteligentes que no pasen por la sofisticación tecnológica delos servicios sino por una gestión más racional (soluciones low-tech o no-tech)? ¿Nonos distraerán de lo importante?El segundo de los detonantes es la vinculación del concepto de smart city a nuevosdesarrollos urbanos. Como mencionaba en el post anterior, PlanIT Valley, Songdo o 9
    • Masdar son ciudades que se han presentado al mundo como smart cities, pero no sonlas únicas. Yokohama es el laboratorio donde Japón experimentará sus propiassoluciones, Taipei ha anunciado el inicio de un nuevo desarrollo urbanístico altamentetecnologizado (FarGlory) y Shenyang (China), Sisak en Serbia o Lavasa en India tomantambien el mismo camino. Pero tenemos muchas otras, catalogadas en listados más omenos acertados de las 10 smartest cities on the planet o Top Seven IntelligentCommunities of 2011, que presentan modelos de ciudades enteras, barriosdeterminados o acciones específicas. En realidad, todas ellas, caen en la falta deperspectiva que hemos mencionado en capítulos anteriores. Apelan a la ciudadinteligente cuando, en realidad, son aproximaciones sectoriales de contenidoenergético o de experimentación de la ubicuidad digital. ¿Son estas las ciudades másinteligentes del mundo? Aquí creo que nos va a pasar lo mismo que con la promesa delas eco-ciudades, que con la excusa de que necesitamos laboratorios dondeexperimentar nuevas soluciones constructivas y urbanísticas basadas en modelos desostenibilidad (en nuestro caso, basadas en la tecnologización masiva de la ciudad)podemos caer en la trampa de apoyar desarrollos innecesarios o que nonecesariamente nos conducen a una mejor gestión urbana ni a menores niveles deinsostenibilidad urbana.En definitiva, el argumento de que se necesitan laboratorios y ciudades que sean lasprimeras en experimentar buscando con ello también mejorar los servicios urbanosque ofrecen a su ciudadanía, es válido pero no es absoluto. En principio, será másrealista si esa no es la estrategia única para una gestión urbana inteligente y si lainteligencia de la ciudad no se circunscribe únicamente a lo tecnológico ni muchomenos a las soluciones de high-tech. En este sentido, Kaid Benfield está muy acertadoen el artículo Is there a downside to "intelligent cities" or "smart cities"?:But futuristic technology wont fix many of our basic urban problems, any more than"gizmo green" add-ons to buildings will overcome the unsustainability inherent in lousybuilding locations or lousy architecture. Sprawl will still be sprawl; disinvestment willstill be disinvestment; traffic will still be traffic; sprawl-aided obesity will still be obesity. 10
    • Smart City como movilización de capacidades tecnológicas locales yoportunidades industrialesEl argumento que más me interesa en todo lo relacionado con las smart cities es elque apela a las posibilidades que ofrece de dinamizar el tejido económico local paraplantear soluciones a las necesidades propias de sus territorios y encontrar con elloposibilidades de disponer de soluciones, productos y servicios que sean competitivosen un mercado creciente de servicios urbanos. Málaga, Valladolid y Palencia, Barcelonao Santander son ciudades que ya se han apuntado a la corriente, cada una conproyectos de perfiles heterogéneos y que inciden en aspectos diferentes (como vimoshace unos días, bien vinculados a proyectos digitales, bien a proyectos de gestiónenergética), pero todas comparten la intención de conseguir que la idea sea unelemento dinamizador de las capacidades tecnológicas locales, apoyadas en empresasasentadas en el territorio y en otras empresas ajenas al mismo pero que esperanencontrar en estas ciudades las posibilidades de experimentación de sus diferentestecnologías y soluciones a aplicar en la gestión energética o de la movilidad.Siguen así el camino iniciado por ciudades que son pioneras en este tema, que hancreado o atraído centros de desarrollo tecnológico que aspiran a reunir las capacidadesexistentes y transformarlas en desarrollo de productos. Singapur (a través de unainiciativa conjunta de la ciudad con IBM denominada Smarter Cities ResearchCollaboratory), Helsinki (con Forum Virium, plataforma de innovación de la ciudad),Dublin (con el Smarter Cities Technology Centre que IBM ha abierto en colaboracióncon la ciudad), Estocolmo (apoyándose en Kista Science City, uno de los parquestecnológicos más exitosos del mundo) o Amsterdam (a través de la iniciativaAmsterdam Innovation Motor) llevan un tiempo de adelanto en la utilización deaproximaciones de laboratorio y experimentación en beta de diferentes aplicacionesdigitales a la gestión urbana como fórmula de mejora del funcionamiento de la ciudady de impulso de los agentes de sus respectivos ecosistemas de innovación urbana.Recientemente hemos conocido que CISCO ha acordado con el Ayuntamiento deBarcelona promover un centro de innovación urbana en la ciudad y también el alcaldeBloomberg ha creado el New York City Urban Technology Innovation Center (NYCUTIC), organismo creado en colaboración con la Universidad de Columbia, el InstitutoPolitécnico de New York y la Universidad de New York, dirigido a la investigación y lacomercialización de soluciones de edificación sostenible.Hay dinero que ganar en un mercado de servicios urbanos aún por definir y del queno es fácil precisar (como vimos, en parte por la confusión conceptual que se estádando) sus límites ni unas previsiones realistas de dimensión. Pero, en cualquier caso,es evidente que en la aplicación de la tecnología al funcionamiento urbano hay muchomargen, tanto en nuevos desarrollos urbanos (principalmente en mercadosemergentes) como en la reconversión urbana de la ciudad construida tanto en losmercados desarrollados como en los emergentes. La cuestión es hasta qué punto estosprocesos de impulso de los sistemas innovadores locales realmente van a ser capacesde identificar oportunidades en este ámbito y, sobre todo, salir al exterior. 11
    • Smart city. Implicaciones políticas y socialesEl último de los posts que me propuse dedicar a este tema busca sacar algunasconclusiones y, sobre todo, explorar algunas derivadas políticas y sociales, que sonahora mismo las que más me interesan. Dado que todo esto ha pasado a ser parte dela agenda urbana en muy poco tiempo pero está generando suficientes movimientos,prácticas, investigaciones y posicionamientos, seguramente estamos prestando aúnpoca atención a sus implicaciones.Se trata de tecnologías que no son neutras ni independientes del uso que hagamos deellas. No nacen sin significado social ni son ajenas al mundo ni a los responsables quelas diseñan y las aplican. Son, en este sentido, como cualquier otra solución que ofrecepromesas demasiado elevadas y, por tanto, caen en el mismo terreno de juego. Unterreno de juego donde las tecnologías y las formas cambian, pero los conflictossiguen siendo los mismos. Lo público frente a lo privado; los poderes centralizadosfrente a los poderes distribuidos; el hard power y el soft power; la capacidad de laspersonas y colectivos para actuar y construir sus propias conexiones sin pasar por losfiltros jerarquizados; etc.Este smart city skepticism, ya lo hemos ido viendo en anteriores posts, proviene dediferentes vertientes, desde aquellas que consideran que es un planteamientoexcesivamente basado en la eficiencia y no tiene en cuenta la paradoja de Jevons,hasta aquellas que encuentran que no significa más que una nueva deriva hacia laproducción/consumo de nuevos productos sin tener en cuenta los procesos reales queintervienen en los servicios que prestan esos productos. Esto, desde el enfoqueambiental-energético de las smart cities, donde se sustenta una especie deescepticismo sobre la eficacia de los resultados prometidos por nuevas tecnologíasque suman capacidad de eficiencia a un modelo institucional y social defuncionamiento urbano y de relación con el consumo energético ineficiente.Desde el lado del enfoque digital, las implicaciones políticas parecen más importantesy apuntan a un escepticismo democrático que Adam Greenfield ha sintetizado:In fact, if theres a way to characterize the current relationship between networkedinformatics and metropolitan experience, its that the former tend to cut against theways we have historically understood city life and the things we have relied on cities todo for us. As we shall argue, the ability to trivially search the space of a city is leachingaway at the constitution of a quality we have always recognized as urban savvy orsavoir faire. The persistent retrievability of personal information is undermining thecitys capacity to act as a chrysalis for personal reinvention. Technologies like high-resolution positioning and algorithmic facial recognition are destroying any promise ofanonymity we thought the metropolis offered.It is only by consciously and carefully transforming the urban landscape into ameshwork of open and available resources that we can redress this imbalance. Thistransformation would neither have to be directed from the top down, nor accomplishedall at once. But the greater the number of resources available, the greater the extent to 12
    • which they are described properly and are capable of being used without furtherconfiguration, the better off well all be. We will collectively stand that much greater achance of winding up with networked places that reflect something of our own localvalues and traditions, wherever we live and whatever those values might encompass.Dicen que la ciudad se llenara de sensores y dispositivos fijos y móviles que prometenmultiplicar nuestra capacidad de gestionar la información en tiempo real, los flujos deesa información, los "puntos calientes" de la ciudad, cada bit de información precisapara gestionar de manera eficaz los servicios urbanos y el funcionamiento de la ciudada nivel colectivo, y nos darán también a los individuos la capacidad de entender lo quepasa a nuestro alrededor. La ciudad hiper-conectada del ciudadano-hiperconectado.¿Quién establece los mecanismos, protocolos y plataformas, el sistema operativo bajoel cual funciona todo esto? Parece que ciertas aplicaciones pueden ser completamenteneutras -el control automatizado y en tiempo real, por ejemplo, de los consumosenergéticos- pero, ¿qué límites vamos a poner al uso de esa información? ¿Quién la vaa utilizar? ¿Dónde empieza y termina la privacidad?Todo son datos pero, ¿qué datos realmente importan? ¿A quién? ¿Merece la penacontrolar todos los datos? ¿Quién los seleccionará? ¿Para qué los controlará? Comodecía al principio del artículo, ya que, aunque las cosas están precipitándose demanera sorprendente, estamos en el inicio de todo esto es oportuno plantearse dudas.Ramón Sangüesa recordaba hace ya unos meses los dos extremos de todo esto a partirde The street as platform que reflejan precisamente la tensión que está por resolver: 1. La ciudad híbrida (http://liftconference.com/design-hybrid-city-near-future) como una realidad tanto de información como de infrastructuras clásicas y de actividad de ciudadanos donde los éstos son capaces de crear y analizar sus propios datos o en mezcla con los de las administraciones. Los ciudadanos pasan a la toma de decisiones sobre la propia ciudad a partir de la interpretación de estos datos. Una de las referencias aquí también podría ser el proyecto Sentient City. 2. La ciudad controlada donde un actor (sea administración o empresas) centraliza y atesora la información recogida por miles de nuevos sensores, interconecta bases de datos públicas y privadas en incluso información captada desde los propios ciudadanos (nuestros móviles son una fuente inagotable de información sobre nuestros desplazamientos, preferencias y acciones).La misma Saskia Sassen ha aportado su visión particular de este tema en Talking backto your intelligent city. Desde el reconocimiento de la necesidad de los actualesproyectos que están experimentando con nuevas soluciones tecnológicas, apunta auna segunda fase donde emergerán los problemas de control político y las tensionessobre los derechos ciudadanos. Utiliza para plantear este temor un juego de palabrasun poco endeble, pero suficiente,From experimentation, discovery, and open-source urbanism, we could slide into amanaged space where "sensored" becomes "censored." What stands out is the extentto which these technologies have not been sufficiently "urbanized." 13
    • Donde, entiendo, "urbanized" apela a la integración de las tecnologías y la lógica queimplican en las características locales y en las condiciones supuestas a una ciudad encuanto a garantía de libertad, de acceso y de facilitación real de capacidades a laciudadanía. El control de la ciudad, de su funcionamiento, de las vidas reales quetienen lugar en ella,...ahí residen las principales implicaciones de la oleada de"digitalización" urbana. Frente a la poderosa desafección democrática que sufrimos,¿pueden estas soluciones llevarnos a una mayor concentración del poder político -através del control informacional- y a una centralización de ese poder? Ya que estamosempezando a explorar estos temas, por una vez no viene mal mirarse en los extremos,aunque sólo sea para encontrar imágenes en las que mirarnos. En este sentido, ¿quéhay de las pesadillas que a través de la ciencia ficción hemos conocido sobre poderescentrales que controlan la ciudad? ¿Qué riesgo podemos asumir de privatización de laciudad? ¿En manos de quién está la instalación y la gestión de este tipo de servicios?En esta entrevista, Andrew Comer es bastante explícito:When one considers the cost involved in deploying technologies and retrofitting cities--the meters, sensors, regulators, connecting systems and networks, etc.--and given thatpublic sector funds are very low right now, the onus will naturally fall to the privatesector for financing. When you have a big corporate entity offering to put all thisresource-saving technology into play, they will quite rightly look to profit by taking apart of any cost savings or market opportunity. But, how much is fair for them to take?Cant the community, the individual, share in this windfall? Who is brokering theseagreements? Who is making sure people get a fair deal? Who in local or regionalgovernment has the skills and the experience to negotiate these kinds of deals? 14
    • La inteligencia de la ciudad está en la calleRecomiendo escuchar detenidamente esta intervención de Adam Greenfield, fundadorde Urbanscale y una de las personas con las ideas más claras sobre el papel que puedejugar la tecnología en la vida urbana. Como pionero del urban computing, su libroEveryware: The dawning age of ubiquitous computing es una referencia sobrecomputación ubicua y su presencia en el entorno construido. Un trabajo más breve enforma de entrevista, Urban Computing and its Discontents, también cuenta entre laslecturas obligatorias de cualquiera que se acerque a estos temas para entender losdilemas de la interacción de lo digital y el espacio físico de la ciudad. Son trabajos quecuentan con suficiente tiempo como para entender que, en primer lugar, que nada delo que cae bajo la etiqueta de smart city es nuevo (aquí tienes una buena selección delibros sobre el tema en los últimos diez años que dan algo de perspectiva) y, ensegundo lugar, nos permiten tomar algo de distancia para ver cuántas de las promesasse han cumplido y cuanto ha habido y hay de exageración optimista sobre el valor delas tecnologías digitales en las ciudades.Smart City es una expresión que procuro evitar, precisamente porque su actualidad noha hecho más que confundir las cosas. Prefiero hablar de tecnologías para elfuncionamiento urbano cuando pienso en la mejora de los servicios públicos, ytecnologías de empoderamiento cívico cuando se trata de nuevas formas deintervención digital en la creación colectiva de la ciudad o simplemente de laexperiencia de la vida en la ciudad. Es, además, una expresión absolutamente equívocay que, quienes la usan más a menudo, reconocen que no saben qué significa. Hay quebajar la escala, a pie de calle, por ejemplo para comprender el valor de la tecnologíaen la vida cotidiana. Mirar la ciudad desde arriba tal como hace la idea genérica desmart city, nos permite ver ciertas necesidades (las redes de distribución energética,los flujos de tráfico, etc.) pero no nos da nitidez suficiente para fijarnos en la vida realde la ciudad y sus ciudadanos. Y esa vida se da en una escala más pequeña y es ahídonde sí podemos descubrir las pequeñas interacciones cotidianas entre las personas yde las personas con los servicios urbanos y encontrar nuevas innovaciones realmentenecesarias y que tengan mejores perspectivas de éxito. Es la escala que nos permitecomprender qué necesidades reales tenemos para usar más el transporte público, quéobstáculos reales existen para crear modelos de negocio viables para los sistemas deautomatización en tiempo real de la información de aparcamiento. La calle es elespacio dinámico donde podemos encontrar aplicaciones más cotidianas que nospermitan utilizar todo el potencial de la ciudad en su interacción entre lo físico y lodigital. La calle como plataforma lo llamó Dan Hill hace ya tiempo.Tenemos a nuevos agentes hablando intensamente de la ciudad y prometiendo queserá inteligente. Son recién llegados a la discusión sobre la ciudad y están actuandocon un exagerado optimismo y una ausencia casi total de perspectiva sobre la ciudad ala que pretenden servir. Una retórica vanguardista a la que le suman objetivos desostenibilidad para legitimar sus estrategias comerciales, pero sin saber apenas nadasobre ecología urbana, sobre sociología urbana o simplemente sobre la vida social delos espacios públicos. Ni tan siquiera las diferentes industrias parecen ponerse deacuerdo. Sobre esto, Anthony Townsend plantea una idea que creo que es 15
    • fundamental a la hora de enfocar los desarrollos tecnológicos que las empresasquieren hacer en las smart cities:But have only the foggiest notions about what people might do with it. Its a vision ofthe city driven by a product. Weve made that mistake before. In the 20th century,when we let General Motors convince us to design our cities around cars. We cantmake that mistake again.Es evidente que las empresas que cuentan con productos tecnológicos que ofrecer hande centrarse en sus productos para venderlos. Pero no basta con agregar ciertastecnologías añadidas o revestir los productos de toda la vida con una capa mássofisticada. Si de verdad queremos contribuir a un mejor desarrollo urbano, hará faltadiseñar desde el origen esos productos pensando en los servicios urbanos a los quecontribuyen. Ahí encontraremos variables no tecnológicas para su diseño que van aser decisivas para que los productos sean útiles. Sí, Masdar, Incheon o Songdo songrandes proyectos que nos dan una idea de la naturaleza y la escala con la que somoscapaces de intervenir en el territorio. Pero no son más que ideas contrarias al propioconcepto de ciudad como lugar con memoria, con historia, de conflicto. Son sóloejemplos de un desorbitado optimismo tecnológico y un pesimismo injusto sobre lasciudades que tenemos, y nos despistan del objetivo principal, que no es otro quedisponer de mejores condiciones para la satisfacción de las oportunidades ycapacidades de las personas allí donde viven. Lavasa (India) es el ejemplo perfectopara explicar la desconexión de lo smart con lo urbano, tal como se está vendiendo.En todo el 2011 he llegado a contar no menos de diez eventos de cierto nivel enEspaña donde el lema principal era las smart cities. Y en todos ellos faltaba siempreuna perspectiva integral de la ciudad, una visión amplia de la ciudad como lugar y nocomo mero espacio sobre el que implantar sofisticadas redes o desarrollar aplicacionesmóviles. Eventos donde se repiten lemas, ejemplos y promesas, en los que se mezclanpor igual aportaciones sobre la enésima reinvención de las redes sociales, las smartgrids o las últimas aplicaciones de la sensórica, en un totum revolutum difícil deentender y en el que todo, cualquier cosa, puede tener la etiqueta de #smartcity. Peroapenas hay rastro de cómo enfrentar socialmente la generalización de tecnologías devideovigilancia y control facial, de cómo abordar la sostenibilidad del modeloenergético más allá de las tecnologías, de cómo entender un modelo inteligente demovilidad urbana, por ejemplo.Sí, tenemos los datos. Sí, tenemos importantes desarrollos tecnológicos. Tenemos,incluso con trademark, un urban operating system. Pero nada de eso va a funcionar,puedo apostar lo que sea, sin entender la ciudad en su contexto. Igual que nofuncionaron las futuristas visiones de hace años. Hablemos de ciudades, perfecto,porque en ello nos va el futuro de este mundo urbano. Pero pongamos perspectiva alas cosas antes de equivocarnos como siempre se hna equivocado las ensoñacionessobre el futuro de la ciudad. Empiecen por Jane Jacobs. Cualquier párrafo de Vida ymuerte de las grandes ciudades puede leerse hoy en día y encontrar implicacionessobre el valor real de la tecnología en la ciudad. Porque la fascinación que producenlos renders maravillosos de nuevas ciudades en recónditos rincones del mundo, el 16
    • interés que despierta cualquier nueva app para el iphone, el potencial que tiene laliberación de los datos públicos o el carácter innovador de las smart grids no son nadasin contexto. Y el contexto es urbano y brilla por su ausencia en gran parte de losreclamos alrededor de la smart city.El mayor exponente de esto último es esa noticia que, como muchas otras, circulóacríticamente hace unas semanas. Nada menos que una ciudad sin personas en eldesierto de Nuevo Mexico, construida como laboratorio de tecnologías smart para lasciudades. Aceptar este tipo de ideas es alejarse de un modelo de investigación abiertaen el que las tecnologías se prueben con los usuarios. Sal a la calle, que es el principallaboratorio y encontrarás más respuestas sobre cómo orientar el desarrollo que estáshaciendo.La verdadera inteligencia de la ciudad está en el casi milagroso orden inestableespontáneo en el que se da la vida en la ciudad. Son las relaciones sociales, laspersonas, las que generan la inteligencia del funcionamiento de las ciudades.Imperfectas, conflictivas, desastrosas a veces, mejorables siempre. La tecnología sólofacilitará ciertos procesos, y la lógica de la vida colectiva derrotará cualquier intento deimplantar sistemas que sobrepasen el nivel necesario de sofisticación. La tecnologíaque da inteligencia a la ciudad y que hace que las cosas funcionen es invisible y tieneque ver con la diversidad, la confianza recíproca, el encuentro del otro o la capacidadde apropiarse y construir la ciudad de forma conjunta. El determinismo tecnológicochocará irremediablemente con la impredecibilidad y la complejidad de la vida urbanasi se imponen las estrategias top-down de sofisticación tecnológica en un momento,además, de dificultades presupuestarias para las entidades locales. 17
    • Escenas cotidianas en una ciudad inteligenteSeguramente estas notas parecerán algo naif, pero no me resisto a compartirlas. Antela abundancia de promesas sofisticadas alrededor de la idea de la ciudad inteligente,proponer hechos cotidianos como prueba de que la ciudad inteligente desborda la ideade las tecnologías puede parecer una ligereza.Pongamos el caso del transporte público. Nos esforzamos por crear soluciones queautomaticen los procesos de información en tiempo real a los usuarios, ofreciendopantallas, aplicaciones móviles para conocer el tiempo de espera, actualizando mapaspara situar la flota en la ciudad, sistemas de aviso por SMS, etc. Queremos informacióninstantánea en tiempo real para tomar la decisión de coger el autobús en una parada oen otra, acelerar el paso para intentar llegar a tiempo a su paso.Y una mujer ve el autobús en la parada y empieza a correr para tratar de alcanzarlo.¿Llegará? ¿Corre porque ha mirado su móvil y le ha avisado de que el autobús está apunto de salir? No, simplemente, lo tiene a la vista y ha notado que todos los pasajerosque esperaban ya han subido. Son apenas 30 metros que separan la distancia temporalde tener que esperar 30 minutos al siguiente. Y alcanza a subirse al bus, gracias a doscomportamientos inteligentes: un grupo de chavales se han apartado al verla empezara correr, facilitándole así su recorrido acalorado. Y una señora, que esperaba otroautobús, se ha acercado al bus a punto de marchar y le ha pedido al conductor queespere, señalando a la mujer a la que le quedaban apenas 10 metros cuando elautobús parecía acelerar.Un metro que llega. Las pantallas digitales anuncian que está a punto de reanudar sumarcha. Pasajeros acelerados pasan sus tickets con información "invisible" sobre eltipo de billete, la estación de origen, la tarifa que han pagado. Algunos incluso acercansu tarjeta inteligente, que incluye un sistema de conexión con su banco para pagar losviajes sin preocuparse de recargarla o de comprar billetes. Cuatro puertas de salida,que sólo se abrirán si el pasajero tiene su billete válido. Son las cuatro mismas puertasdisponibles para entrar. Treinta personas salen, ocupando todas las puertas, imposibleentrar para las dos personas que han visto desde fuera cómo llegaba el metro.Perderán el tren, incluso ahora que tienen su tarjeta inteligente. Pero de entre los quesalían, una persona se ha detenido y en lugar de validar su ticket de salida, ha decididoliberar esa puerta, hacer que los que están detrás de ella esperen, para poder dejarpasar a esas personas que querían subirse al tren. Estas dos personas, finalmente,consiguen subirse al tren, sin saber muy bien como han conseguido hacerlo.Un semáforo en rojo para los peatones. Con sus LEDs y automatizado desde un centrode control integrado del transporte de la ciudad. Un joven espera a que se ponga enverde para poder pasar, en una vía por la que circulan coches a unos 50 km/h. Espera ynota, por instinto, que un niño pequeño se acerca. Mecánicamente, casi sin pensarlo,extiende su brazo y detiene la carrera del niño, a punto de cruzar el paso de peatones.No sabe muy bien qué le ha hecho extender la mano, pero mientras lo piensa, elsemáforo se pone en verde y empieza a andar, mientras los abuelos del niño seacercan y le explican al niño que no vuelva a soltarse de su mano. 18
    • Nueve de la noche, hora de bajar la basura. El contenedor amarillo rebosa de residuos.El hombre duda: ¿dejo la bolsa al lado del contenedor? ¿La dejo en el contendor azul?Lo piensa un segundo más. Decide volver a subirla a casa y probar al día siguiente.Un parque de juegos. Un caos de gritos, bicis, balones, críos corriendo y adultoscharlando en diferentes círculos. Nadie lo sabe, pero una niña llora porque noencuentra a su madre y en el otro lado del parque, un padre busca inquieto a su hija,que hace un tiempo que no la ve. Es un parque con poca iluminación, pero al menoshay cámaras de seguridad. Un chico cruza rápido el parque, tiene prisa. Pero ve a laniña y se para. Habla con ella, descubre que está perdida. Es un adulto, un extraño,hablando con una niña. Se queda con ella hasta que aparece su padre que, asustado,apenas alcanza a dar las gracias al joven mientras este se marcha mirando su reloj.Llegará un poco más tarde a su cita.En cualquiera de estas situaciones, y cada vez, la tecnología está presente. No latecnología a la que hoy llamamos smart, sino artefactos en el sentido más amplio. Unbanco en la calle también es tecnología. La promesa smart -en tiempo real, ubicua,etc.- es sólo un aditivo que podemos sumar gracias al adelanto técnico. Pero enninguno de los casos es decisiva para resolver circunstancias cotidianas, vivenciasreales de personas que comparten la vida en la ciudad y dan soluciones reales a otraspersonas que viven en esa misma ciudad. Cuando escribía que la inteligencia de laciudad está en la calle, en parte hago referencia a estas situaciones. No es unacontraposición a la sofisticación tecnológica. Al contrario, es el recordatorio de queesta sofisticación necesita tener en cuenta la vivencia cotidiana en la ciudad para nocaer en la trampa del determinismo tecnológico ni pensar que la tecnologíasolucionará el día a día de la gente.Todos los días, en cada calle, miles de actos voluntarios e involuntarios facilitan (odificultan) la vida. La actitud del cuidado y la conciencia de estar compartiendo unmismo espacio son, en todos los casos, lo más relevante del desenlace de la historia.No sé si son comportamientos inteligentes, pero sí son relevantes. Incluir estas clavesen el diseño de soluciones tecnológicas para el funcionamiento urbano es clave paraque estas soluciones estén orientadas al usuario, estén dimensionadas al alcance realde los límites que la solución tecnológica puede ofrecer, sean entendibles y tengan unafunción urbana útil. Incluir este tipo de claves en la implantación en la ciudad deproyectos tecnológicos ayudaría a entender mejor cómo funciona la ciudad, cómo secomportan los ciudadanos y cómo integrar la impredecibilidad como algoconsustancial a la vida urbana. 19
    • Una ciudad sin personas no es un laboratorio urbanoHace ya unos meses que dediqué unos párrafos a lo que por entonces era sólo unproyecto en sus primeros inicios: un laboratorio urbano sin personas en medio deldesierto de Nuevo México. Entre otras cosas, ya vimos que estos mega-escenarios noson unos desconocidos en la historia. Ahora sabemos un poco más y vuelve acelebrarse acríticamente en los medios y las redes sociales, que se hacen eco de estainiciativa. Por entonces, a falta de más detalles, ya parecía una idea bastante alejadade cómo debería enfocarse la investigación tecnológica para acertar a la hora dediseñar nuevos servicios urbanos que realmente respondan a las necesidades de lavida en la ciudad. Ahora tenemos un poco más de detalles.Esta ciudad sin habitantes se llamará Center for Innovation Testing and Evaluation y sepresenta así:The Center for Innovation, Testing and Evaluation (CITE) will be the first of its kind, inscale and scope, fully integrated test, evaluation and certification facility dedicated toenabling and facilitating the commercialization of new and emerging technologies.CITE will be modeled after a mid-sized modern American city, integrating real-worldurban and suburban environments along with all the typical working infrastructureelements that make up todays cities. This will provide customers the uniqueopportunity to test and evaluate technologies in conditions that most closely simulatereal-world applications.Impulsada por el holding Pegasus, esta ciudad ofrecerá un marco de pruebas para unaserie de tecnologías que podrán probarse en un marco aséptico sin interferencias deciudadanos, usuarios, contratiempos o eventos inesperados. Con un marco deinvestigación tan acotado, se hacía evidente que tan sólo una serie de tecnologíastendrían sentido ser testeadas aquí: sistemas de transporte inteligente, generación deenergías alternativas, smart grids, infraestructuras de telecomunicación, seguridad,etc. En este tiempo he visto cómo incluso en foros donde se trataba de impulsar temascomo la innovación abierta se aplaudía este proyecto como el último gran avance deldiscurso de las smart cities. Pero ahora, conociendo más en detalle el proyecto, sigo enlas mismas.Las tecnologías que inciden en la vida urbana van mucho más allá de las apuntadas.Pero incluso estas, que tienen un gran componente de infraestructura "dura" yaparentemente pasivas, van a depender necesariamente del uso que se haga de ellas.Podríamos pensar que quizá necesiten pruebas previas a su uso para ajustar y analizarcuestiones de diseño y de operativa. Sin embargo, ¿no debería anticiparse al máximoesta "salida a la calle"? Es otro marco metodológico muy diferente del living lab, porejemplo, que busca, a grandes rasgos, acercar las fases de conceptualización y diseño acondiciones reales en las que los usuarios de esas tecnologías sean los protagonistas.Las instalaciones, sin embargo, apelan a su tamaño medio como el escenario ideal enel que probar tecnologías que se pretenden implantar después en la tipología típica de 20
    • ciudades norteamericanas (de hecho, en su diseño se ha querido replicar la ciudad deRock Hill en Carolina del Sur), utilizando CITE como un laboratorio urbano para simularescenarios y recoger datos de los ensayos en un entorno de interacción cero conusuarios. Posiblemente, disponer de condiciones asépticas de laboratorio en unaparente contexto urbano (en realidad, piénsalo, lo de hacer una ciudad es tan sólo unescenario que funciona como reclamo) puede tener cierta utilidad para investigadoresy empresas que quieran implantar este tipo de tecnologías con ensayos previos sobreel terreno (y terreno no es lo mismo que calle), pero la relevancia de esos ensayos,parece, será muy limitada mientras no se enfrente a condiciones reales de uso. Nopodemos despistarnos mucho si realmente queremos acertar a la hora de desplegar enla ciudad la tecnología suficiente, necesaria y cercana. 21