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Tema 7. amor y sexualidad conyugal
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Tema 7. amor y sexualidad conyugal

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Transcript

  • 1. Tema 7. Amor y sexualidad conyugalCurso en línea "Catequesis básica para padres"Autor: Michel Esparza | Fuente: http://sontushijos.orgA pesar de la complejidad del tema 6, habéis respondido admirablemente bien a laspreguntas.En la segunda pregunta, convenía dejar claro que la naturaleza es lo que nuncacambia, mientras que la cultura está en continua evolución, acercándose o alejándosede la verdad de la naturaleza.Vuestras unánimes respuestas a la tercera pregunta (la inmoralidad de matar a unapersona inocente) confirman la existencia de una ley moral objetiva y universal. Me hasorprendido, sin embargo, la frecuente alusión a la muerte de Cristo, pues supone uncambio de perspectiva (del asesino a la víctima); en el fondo, aquel homicidio fuetotalmente inmoral; si de él se derivó un gran bien para nosotros, fue a causa del Amorcon el que lo vivió Nuestro Señor Jesucristo, Víctima inocente por excelencia...Pasamos ahora a un ámbito moral concreto. Espero que os ayude a familiarizaros conla noción "calidad de amor", y que os sirva para ver en qué puede mejorar la calidadde vuestros amores.P. Michel Esparza------------------------1) IntroducciónEn la sesión anterior, acerca de los fundamentos de la moral, hemos postulado laexistencia de una verdad moral universal y la importancia de conjugar esta verdad conla legítima libertad de cada persona. En las siguientes sesiones, estudiaremos esa verdadmoral en ámbitos concretos del actuar humano. Hoy nos centramos en la moral sexual yconyugal.La castidad es cuestión espinosa e impopular. Ya lo decía el refrán: «Si en el sexto(mandamiento) no hay remisoria, a ver quién es el guapo que entra en la gloria». Aprincipios de los años noventa, se publicó un libro en el que un periodista, VittorioMessori, entrevistaba a Juan Pablo II a propósito de toda clase de temas candentes. ElSanto Padre no eludió ninguna cuestión, por espinosa que fuera. De modo conciso,respondía a todas las cuestiones planteadas por el periodista. Sin embargo, al llegar altema de la doctrina de la Iglesia sobre la moral sexual, me llamó la atención que el Papano entró directamente al tema. Se limitó a decir que, antes de abordar esas cuestiones,era preciso dejar claro qué se entiende por persona humana y por amor verdadero.Cuestionado sobre la impopularidad de esa doctrina católica, dijo: «¿Estas palabras noenmascaran quizá ese relativismo que es tan nefasto para el hombre? No solo con elaborto, sino también con la contracepción, se trata en definitiva de la verdad delhombre»1. En efecto, sólo si se tiene clara la dignidad de la persona y el significado delamor verdadero, se puede comprender la doctrina de la Iglesia en materia de éticasexual y conyugal. Si alguien piensa, por ejemplo, que amor es sexo y que el sexoautomáticamente es amor, parte de una visión según la cual el hombre no es más que un
  • 2. animal evolucionado. Si tiene esa concepción del hombre, no entenderá por qué laIglesia aconseja o desaconseja determinadas prácticas.Las máximas de la verdad moral que defiende la Iglesia son bastantes conocidas. Ensentido positivo, la castidad está emparentada con la calidad del amor y la unión sexualdebería ser la expresión de una entrega de lo más íntimo. Es algo sublime y representaun compromiso total entre las dos personas. Sólo desde esta perspectiva, se entiendenlos preceptos negativos; son inmorales las siguientes prácticas: fornicación o buscar elplacer sexual como un fin en sí mismo, las relaciones prematrimoniales, las relacionesmatrimoniales voluntariamente privadas de la apertura a la vida (contracepciónartificial), la esterilización y la fecundación in vitro. No es fácil explicar en media horael trasfondo de todas esas normas morales, puesto que antes habría que ponerse deacuerdo en qué es el hombre y qué es el amor. En el fondo, el diálogo sobre ética sexualdebería situarse al nivel de la esencia del amor. De todos modos, haré un intento,convencido como estoy que lo que se pide a un cristiano está de acuerdo con el sentircomún de todo hombre inteligente y honesto. Pienso que muchos no entienden la éticamatrimonial defendida por la Iglesia Católica, porque no ven con claridad la relaciónexistente entre mentalidad anticonceptiva y calidad del amor conyugal. La razón másimportante para evitar la impureza es que corta las alas del amor. Por otra parte, si laIglesia no se equivoca, la experiencia corroborará sus puntos de vista. Reflexionandosobre el amor y observando la experiencia de quienes no viven según las enseñanzas dela Encíclica Humanae vitae, encontraremos razones que confirman la validez de talesenseñanzas. Es más fácil vivir esos preceptos morales cuando uno se percata de que asíserá más feliz y le irá mejor su matrimonio.2) ¿Qué es el hombre y qué actitud tomar ante las realidades sexuales?Ciertamente el hombre no es un simple animal. Es más bien un ser creado por Dios a suimagen y semejanza, llamado a ser feliz a través del amor.Por naturaleza, el hombre está llamado a realizarse dando y recibiendo amor: sólo llegaa dar lo mejor de sí mismo cuando ama.En la persona humana encontramos tres diversas dimensiones o niveles: cuerpo, corazóny alma. No obstante, esas tres dimensiones (corporal, afectiva y espiritual) forman unaunidad. La virtud consolida esa unidad somático-espiritual, mientras que el vicio ladisgrega. Debido a esa unidad, se da una estrecha relación entre las diversasdimensiones que la integran. El cuerpo puede corromper el alma y viceversa. Comoafirma un autor, «al ser el sexo expresión de nuestra capacidad de amar, toda referenciasexual llega hasta lo más hondo, al núcleo más íntimo, e implica a la totalidad de lapersona. Y precisamente por poseer tan gran valor y dignidad, su corrupción esparticularmente corrosiva. Cada uno hace de su amor lo que hace de su sexualidad»2.Dada la unidad de la persona, la unión conyugal, aparte de su dimensión procreativa,contiene múltiples elementos unitivos. La unión sexual no puede ser reducida a suaspecto meramente genital; es también un modo sublime de fomentar intimidad y deexpresar la mutua pertenencia, la confianza y la ternura. La donación del cuerpo ayuda alos cónyuges a expresar cuánto se gustan, se quieren y se aman. Por tanto, la frecuenciacon la que los esposos practican la unión conyugal dice mucho acerca de la calidad desu amor. Pensar que sólo está en juego la satisfacción de una mera necesidad genitalsería tanto como reducir a la persona a su dimensión animal.
  • 3. Las diversas dimensiones que componen la persona están entrelazadas. Así, la lujuria noproviene sólo del deseo desenfrenado de placer venéreo. Hay en ella también gérmenesde soberbia o egoísmo espiritual. Es como si la corrupción espiritual se vistiese decarne. El varón prepotente tiende a servirse de su instinto sexual para dominar a lamujer, convirtiéndola en mero objeto de deseo. Y si una mujer coquetea, no lo hacetanto para satisfacer deseos carnales, cuanto para sentirse importante. Por lo demás, seve mucha soledad detrás de la lujuria, tanto solitaria como compartida.¿Qué importancia hay que dar a la sexualidad en nuestra vida?En la actitud ante la sexualidad, hay dos posibilidades extremas: darle demasiadaimportancia o no darle ninguna importancia. Los puritanos dan demasiada importancia ala impureza, mientras que los hedonistas no le dan ninguna. Pienso que la impureza, almenos en solitario, es una importante bobada. Hay vicios más importantes, por ejemploel orgullo. Como escribe Lewis, «un hipócrita frío y autocomplaciente que acuderegularmente a la iglesia puede estar mucho más cerca del infierno que una prostituta.Aunque, naturalmente, es mejor no ser ninguna de las dos cosas»3.Ciertamente la sexualidad tiene su importancia, tanto para bien como para mal, ya que,según cómo se viva, pone o quita alas a nuestra capacidad de amar. Sirve tanto paratransmitir la vida y expresar la entrega incondicional de la totalidad de la persona, comopara prostituirse y convertir al amado en un objeto meramente útil o placentero. Detodos modos, también hay que saber desdramatizar lo referente al sexo, ya que tambiénes algo biológico regulado por hormonas. Puesto que soy un hombre normal, me atraenlas mujeres: por eso no las miro demasiado. Y punto. En un libro de Lewis, dice unexperimentado demonio, que da consejos a otro sobre el mejor modo de tentar alhombre: «En esta materia, como en cualquier otra, debes mantener a tu hombre en unestado de falsa espiritualidad; nunca le dejes darse cuenta del lado médico de lacuestión»4.La actitud ideal respecto a las pasiones consiste al mismo tiempo en asumir ytrascender. Primero se asume lo inferior, y después se transciende, poniéndolo alservicio de lo superior. Ante cualquier realidad inferior -como la sexualidad, lasemociones, las pasiones y los estados síquicos- se debe aplicar la misma regla.Asumir significa no extrañarse de sentirlo, examinarlo y sopesar lo que tiene de bueno yde malo. Trascender significa ordenarlo, ponerlo en el lugar que le corresponde,resolverlo establemente. En el ámbito sexual, los puritanos transcienden pero noasumen, y los hedonistas asumen pero no transcienden. Asumir sin trascender lleva aquedarse prisionero de lo inferior. Trascender sin asumir conlleva reprimir y lleva acrisparse. Curiosamente los extremos se tocan: tanto los puritanos como los hedonistasterminan obsesionándose con esta materia.A los puritanos, habría hacerles ver la puerilidad de una «fobia obsesiva por las cosas dela carne;5. El precepto de no buscar consciente y deliberadamente el placer sexual comoun fin en sí mismo, no significa que sea malo. Como afirma Lewis, «la actitud cristianano significa que haya nada malo en el placer sexual, como tampoco lo hay en el placerde comer. Significa que no debemos aislar el placer e intentar obtenerlo por sí mismo,del mismo modo que no debemos intentar obtener el placer del gusto sin tragar nidigerir, masticando cosas y escupiéndolas después»6.
  • 4. Los hedonistas deberían recordar las esclavitudes que genera el consumismo sexual.Viendo las lecciones que nos da la historia, es muy ingenuo quien no se percate de lospeligros del sexo sin compromiso. Como afirma Chesterton, «la pretensión modernasegún la cual el sexo sería libre como cualquier sentido, y el cuerpo, bello como una floro un árbol, es una descripción del paraíso terrenal, o bien un fragmento de pésimapsicología que ya hace dos mil años cansó al mundo»7.En la educación sexual, hay que hablar siempre en tono positivo, mostrando la relaciónexistente entre la castidad y la calidad del amor. «Discurrir sobre este tema significadialogar sobre el Amor»8. La castidad exige un esfuerzo de entrenamiento constante,pero no es una mera negación, sino una afirmación del amor. Precisamente porquequiero aumentar mi capacidad de amar, me conviene purificar mi imaginación, mimemoria, mis sentimientos y mis deseos: no permito que, fuera de su verdaderocontexto, algo excite mi instinto sexual. La educación sexual no consiste sólo eninformar sobre los peligros inherentes al hedonismo, sino también en ayudar también aasumir esas realidades sexuales, para que la virtud de trascender no conlleve reprimir.Además, cuanto mejor se asuma una realidad, -entendiendo tanto su importancia comosu trivialidad-, más fácil resulta trascenderla. Por eso, a los adolescentes, habría queenseñarles gradualmente, a través de una educación personalizada -adaptada a cadapersona y sexo-, a perder la ingenuidad sin perder la inocencia. Hay que hablar claro,sin olvidar las implicaciones éticas: ir siempre con la verdad por delante.3) ¿A qué tipo de amor nos referimos?La palabra “amor” se ha manoseado mucho. Por eso, conviene ponerse de acuerdo encuanto a los términos empleados para saber a qué tipo de amor nos referimos.Inspirándonos en la distinción de tres dimensiones en la persona humana, podemoshablar de tres tipos de amor. Ya los griegos distinguían tres clases de amor:* sexual* afectivo (entre hombre y mujer, eros, o ternura en general, storgé)* espiritual o amor de amistad (philía).En el lenguaje común, no es lo mismo decir que alguien te gusta, que decir que lequieres, o que le amas. Alguien te gusta porque te atraen sus cualidades. Querer aalguien es encariñarse: al tratarle, se ha establecido una corriente de simpatía; el afectosuele ser máximo en el enamoramiento entre personas de distinto sexo. El término amarlo solemos reservar para el amor espiritual.El te amo habría que reservarlo para un compromiso para toda la vida. En su acepciónmás pura, amar a alguien significa que se está libremente dispuesto a entregarlo todo sincondiciones para hacerle feliz. «Si una persona -escribe M. Santamaría- le dice a otraque le ama, el mismo lenguaje supone la expresión para siempre. No tiene sentido decir:- Te amo, pero probablemente sólo me durará unos meses, unos años, mientras sigassiendo simpática y complaciente, o no encuentre otra mejor, o no te pongas fea con laedad. Un te amo que implica sólo por un tiempo no es un amor de verdad. Es más bienun me gustas, me apeteces, me lo paso bien contigo, pero ni por asomo estoy dispuestoa entregarme entero a ti, ni a entregarte mi vida»9.En todo caso, ya se ve que reducir amor a sexo es algo que jamás hacían los antiguos.Para nosotros, personas del siglo XXI, al leer a los antiguos, puede resultar ciertamente
  • 5. extraño lo poco que los antiguos latinos y griegos hablaron del sexo, que no era paraellos tema a dilucidar. Lo que les interesaba era el amor. Nos suena la expresión eros,pero los griegos no la empleaban para designar el sexo. Para eso empleaban la palabraphylon..., un término zoológico.De modo análogo a como existen tres clases de amor según se entregue algo material-corporal, cariño o lo más profundo de uno mismo, podemos distinguir también tresclases de egoísmo:* posesividad corporal* posesividad afectiva* amor propio.La primera (impureza) es en el fondo menos peligrosa que la tercera (soberbia), puesésta última es más fácil de esconder, lleva a ser dominante e informa todas las demás.La corrupción espiritual engendra tanto la corrupción del corazón como la corrupciónsexual. Cuanto más espiritual es un egoísmo, más sutil es y menos claro hacia elexterior. No es de extrañar que haya egoísmos que sólo se descubren después de años deconvivencia con una persona, de ahí la importancia, por ejemplo, de aprovechar a fondoel noviazgo para conocer bien los defectos propios y ajenos. En el matrimonio, a lalarga, lo que más molesta no es el egoísmo sexual, sino el egoísmo espiritual: cuandouno de los dos no respeta la libertad del otro y se impone, le domina y le coacciona, alas claras, de modo autoritario, o a través de toda clase de chantajes afectivos.4) Lo espiritual se apoya en lo pasional y lo transciendeEn el hombre lo inferior -los aspectos pasionales del gustar y del querer- está informadopor lo superior -el amar o el amor propio-; a la vez, el amor pasional es como unaplataforma sobre la que se asienta el amor espiritual. Así pues, en la dinámica del amorhumano, los tres tipos de amor o de egoísmo están íntimamente relacionados entre sí. Elcariño, por ejemplo, facilita la entrega de uno mismo, y las disposiciones espiritualesimpregnan desde dentro la conducta sexual y afectiva.El amor, como libre autoentrega, radica en la voluntad, más o menos ayudada por laatracción física y afectiva. El amor humano comienza con una atracción(concupiscencia) y culmina con una voluntad de donación desinteresada (benevolencia).La benevolencia se desarrolla tanto gracias como a pesar de la concupiscencia. Laconcupiscencia inicia el amor y la benevolencia es su elemento correctivo. El deseo deposesión del amado no es lo mismo que el afán posesivo del egoísta. La evoluciónposterior muestra la veracidad de un amor incipiente. Si sólo hubiese egoísmo, sedespersonaliza al amado: se le cosifica, se le convierte en mero bien útil. Si la evoluciónes positiva, el hombre supera libre y deliberadamente el deseo de apropiación egoísta enfavor del deseo de donación, manteniendo ese sano deseo de unión con la personaamada, que es inherente a todo amor.Cuando una relación entre novios evoluciona favorablemente, se nota en que, porencima de la pasión que conlleva el enamoramiento, se hacen muy amigos: confidentes.Quizá, si hubiesen puesto el acento en lo sexual, esa amistad no hubiera podidodesarrollarse. La pasión facilita la confidencia, pero si es egoísta, la ahoga. En unanovela, el protagonista, recordando la época de su noviazgo, relata: «Otras veces nos
  • 6. besábamos, aunque no cada vez que nos veíamos, y ni siquiera pensaba en ir más allá.No había ninguna necesidad. Era bueno, precioso y encantador, y suficiente para mí»10.Por tanto, en los mejores casos, la sexualidad permite acrecentar el afecto, y éste a suvez facilita la autoentrega espiritual. Al revés, si impera el egoísmo, la impureza terminapor pervertir al corazón, y el afán posesivo de éste afectiva seca las fuentes espirituales.La unión conyugal que sólo se inspira en el sexo, se deshumaniza, porque, como afirmaPieper, en esa relación «no se advierte el menor rastro de una relación con el ´Tú´; hayquizá un ´Yo´, o dos, si se quiere, pero ningún ´Tú´»11.Cuando se pone el acento en el placer sexual, se desintegra la armonía entre loscomponentes corporales, afectivos y espirituales del amor. El resultado no es sólo que launión sexual se deshumaniza, sino que, además, la sexualidad, al convertirse engenitalidad, pierde gran parte de su encanto. Lo que podría ser una sublime experienciade comunión total -una sola carne, un solo corazón y una sola alma- se convierte así enuna especie de autosatisfacción sexual de uno en otro.5) La unión conyugal debe ser un acto de donación personal desinteresadaNo hay que confundir el amor con el deseo de hacer el amor. Como afirma un autor, «lafrase hacer el amor no es una frase afortunada, porque puede ser que lo que se haga seael desamor. Depende de a quién se busque en esa relación, a uno mismo o al otro.Cuántas veces haciendo el amor, una de las dos personas, generalmente la mujer,termina llorando porque se siente no querida»12. Y es que el sexo, desligado del amor,es un mero impulso de atracción entre cualquier macho y cualquier hembra, mientrasque el amor entre un hombre y una mujer busca la máxima individualización ypersonalización. Amar es darse uno mismo para hacer feliz a la persona amada.Quien ve al hombre como un animal evolucionado piensa que la Iglesia descarta lacontracepción artificial porque es antinatural desde el punto de vista biológico. Pero lanaturaleza humana no es sólo fisiológica, sino también espiritual. El hombre es racionalpor naturaleza, y el espíritu integra lo biológico en la unidad de la persona. Por eso, launión conyugal es digna y conforme a la naturaleza humana sólo cuando es lamanifestación de la entrega propia de un amor auténtico. Como escribe Juan Pablo II,«en cuanto espíritu encarnado, es decir, alma que se expresa en el cuerpo informado porun espíritu inmortal, el hombre está llamado al amor en esta su totalidad unificada. Elamor abarca también el cuerpo humano y el cuerpo se hace partícipe del amorespiritual»13.El sexo como expresión de amor es mucho más que la mera satisfacción de unanecesidad biológica. Es «una entrega; una forma profunda de decir: "te amo con todo miser". Esta entrega es la unidad de dos cuerpos, que, como dice la Escritura, se harán"una sola carne". La Iglesia trata el sexo con tanto respeto y seriedad porque esta unidadprofunda de una entrega mutua representa un compromiso total de una persona conotra»14. Puesto que la unión sexual debería comportar un compromiso de entrega mutuay permanente, debería darse sólo dentro del matrimonio. Otra razón para desaconsejarlas relaciones prematrimoniales está ligada a la procreación. El matrimonio es elcontexto adecuado para la unión sexual porque de ella emerge el misterio de una nuevavida. Aunque la posibilidad de procrear fuera mínima -ningún medio anticonceptivo,salvo la esterilización, evita 100% el embarazo-, sería injusto realizar una acción cuya
  • 7. consecuencia pueda ser engendrar una persona al margen de una familia bienestablecida. Todo niño tiene derecho a tener padres normales.Durante el noviazgo no sólo conviene excluir la unión conyugal, sino también otrasintimidades sexuales. Por un lado, porque de lo uno suele venir lo otro. Ya lo dice elrefrán popular: «Abrazos y besos no hacen chiquillos, pero tocan a vísperas». Por otrolado, porque conviene fomentar el amor verdadero. Las intenciones sexuales y afectivassuelen estar mezcladas. Si recuerdas a una pareja de novios la importancia de dejar loestrictamente sexual para cuando se hayan comprometido ad vitam, suelen replicar queen su caso es ternura auténtica la que origina sus intimidades. Eso es cierto -y hay quereconocer que muchas veces las intimidades de los recién enamorados son más rectasque entre casados-, pero también es verdad que si centran su atención sobre otrosaspectos, si ahondan por ejemplo en la amistad, construyen su amor sobre una basemucho más estable y duradera que la mutua atracción. La amistad permanece, mientrasque la pasión, con el paso del tiempo, sufre vaivenes y disminuye. Lo mejor sería quelos novios dedicasen mucho tiempo a charlar sobre toda clase de temas. Recuerdo unchico que estaba de acuerdo en evitar relaciones prematrimoniales pero no entendía porqué convenía evitar intimidades sexuales, hasta que él mismo se dio cuenta de que surelación se había empobrecido mucho mientras se oyó decir: -Pero si no tenemos esasintimidades, ¿qué vamos hacer cuando nos veamos cada semana? Nos vamos a aburrircomo una ostra...La mujer, si no ha sido pervertida, entiende mejor estas cosas. Sabe que, «bajo lacaricia, se suele arriesgar muy poco en la entrega de uno mismo»15. Intuitivamente, algole dice que su novio tiene intencione rectas si evita las intimidades sexuales. Cuandomostré mi perplejidad a una chica que había decidido irse a vivir con su novio, ella seincomodó: “¿Piensa usted que ese chico no me quiere y se quiere aprovechar de mí?”,dijo enfadada. Pero, poco después, ella misma se dio la respuesta, cuando argumentó deeste modo: -Tenga usted en cuenta que ese chico me ha respetado corporalmentedurante tres meses... Entendió que una mujer debería exigir algo más que tres meses...Las relaciones prematrimoniales nos llevan al tema del concubinato. Cuando uno se fíadel amor, apuesta fuerte y se casa. En el fondo, ese vivir juntos sin compromiso establesignifica compartir lo más íntimo con alguien de quien no te fías del todo. No hay amorperdurable sin compromiso. Suele ser la mujer la que sale perdiendo. Es aleccionador loque cuenta un experto en comunicación:«En una charla-coloquio que tuve en Londres una mujer me preguntó de repente, confuerza, yo diría que con excesivo interés:»-Estoy saliendo con chicos desde joven, tengo cuarenta años y una hija, pero ¿cómohacer que un hombre se comprometa? Porque nunca he conseguido un verdaderocompromiso.»La pregunta me cogió por sorpresa y se la devolví:»-¿Qué me diría usted?»-Pues no teniendo relaciones sexuales con él hasta que no se haya comprometido, perocon papeles.
  • 8. »Me quedé pensando, le di las gracias por la opinión y pensé que el hombre, cuandoconsigue su objetivo, si no hay compromiso, se pone a mirar para otro lado»16.Evidentemente, no basta con casarse para que todo sea trigo limpio. La unión conyugalcomo expresión corporal de la entrega de la totalidad de la persona conlleva tambiénciertas obligaciones a la hora de consumar esa unión. Para vivir el matrimonio conformeal plan divino reflejado en la naturaleza humana, cada uno de los esposos no puedelimitar el horizonte de esa unión a lo “técnicamente correcto”, sino que debe acudir conuna disposición de darse, buscando por tanto el agrado del otro cónyuge antes que elsuyo propio. Para entender los preceptos morales derivados de la castidad matrimonial,habría que situar siempre esta virtud en el contexto más amplio de la caridad conyugal.En esa línea, es preciso que los cónyuges sepan que tienen una psicología y fisiologíadistintas. Así, por ejemplo, el varón que quiere adaptarse a su mujer, debe tener encuenta, en lo psicológico, que ella pide ser “conquistada” con afecto. Un marido nopuede olvidar que es importante seguir cortejando a su mujer. Así, pasados ya años dematrimonio, es importante salir a pasear o ir de viaje de vez en cuando. No es fácilintimar entre pucheros. Cuando el marido propone la unión conyugal, debe percatarsede que un frío requerimiento ya de por sí suele ser algo frustrante, y peor aún cuando seañade alguna desconsideración como pedir el débito después de discutir sin hacer laspaces, no atender al cansancio u otra circunstancia negativa de la mujer, estar algodescontrolado por culpa del alcohol, etc. Por lo demás, en lo fisiológico, la mujer suelereaccionar más lentamente, lo cual supone un esfuerzo de contención para el varón. Unmarido incontinente es egoísta porque se desinteresa del goce que ha de experimentartambién su mujer.El varón que se queja de que su mujer no es generosa en las relaciones matrimoniales,olvida que la mujer necesita que se construya un clímax romántico. La mujer disfrutadel sexo en la medida en que confía en el amor del varón. Entonces está dispuesta a“perderse” en él. Pero si su marido ni siquiera se muestra efusivo al saludarle cuandollega a casa, ¿cómo se va a alegrar ella ante la perspectiva de tener relacionesmatrimoniales? Pretender que ella quiera tener relaciones en frío es como decirle a élcuando, apenado, necesita consuelo: «Ven, aquí tienes mi hombro para que llores».Los malentendidos se dan en ambas direcciones. También la mujer suele olvidar quecuando pone trabas a la unión conyugal, humilla profundamente a su marido. Ésteexperimenta ese rechazo como si se pusiera en duda su virilidad. Su reacción suele servisceral. La mujer tendría que mostrar más comprensión con el apetito sexual de sumarido. Así como le alegra la vida preparando platos que a él le gustan, podríaalegrársela siendo más generosa con su cuerpo. Pero si el marido no es casto, si esincapaz de contenerse, su mujer pensará que no la quiere de verdad: que sólo desea sucuerpo.Ilustrémoslo con el pasaje de una novela escrita por una mujer. El personaje femeninointenta explicar a su marido por qué le quiere abandonar. Tenía la impresión de que a élno le importaban sus sentimientos. En un momento dado de la explicación, ella «lollamó egoísta. Se quejó de que cuando llegaba a casa de un viaje estaba demasiadocansado para pensar en ella, o para hablar, hasta que se iban a la cama y él quería hacerel amor. Pero esa era su forma de establecer contacto, explicó él, demostraba más sussentimientos que sus palabras. Pero en realidad sólo demostraba la diferencia que existíaentre los hombres y las mujeres»17.
  • 9. Puesto que muchos preceptos morales sólo se entienden si se tiene en cuenta las grandesdiferencias que existen entre hombres y mujeres, vamos a profundizar en ello.6) Diferencias entre la sexualidad masculina y femeninaMuchos problemas de comunicación existentes entre hombres y mujeres provienen dedesconocer su psicología diferencial. Al no tener en cuenta sus diferencias, tienentendencia a proyectar en el otro su propio modo de ser. Los hombres y las mujeres soncomplementarios y están destinados a complementarse. Me atrevería incluso a afirmarque la mayoría de los preceptos de moral conyugal no serían los mismos si la vivenciasexual masculina fuese como la femenina.El modo de experimentar la sexualidad es distinto en el hombre y en la mujer. Pornaturaleza, la mujer suele ser más afectiva que el varón, mientras que el apetito sexualmasculino es más intenso. La mujer suele ignorar hasta qué punto eso es así. No sabeque lo que, por razones hormonales, a ella le apetece uno o dos días al mes, al varón leapetece diez veces más y todos los días. En él prima el aspecto genital. En ella, elaspecto sensual. Basta mirar las estadísticas. En los varones, la lujuria solitaria y pagardinero a cambio de sexo es miles de veces más frecuente que en mujeres. Está todavíapor ver que una mujer abuse de su fuerza física para violar a un hombre por la calle...El hombre tiende a fingir amor para obtener sexo. La mujer tiende a fingir sexo paraobtener amor. El hombre se excita sexualmente deseando a una mujer, mientras que éstase excita siendo deseada por un hombre. En la vivencia sexual masculina, es fácildesligar el sexo del amor. En cambio, a una mujer le atrae el sexo por otras razones. Enla vivencia sexual femenina, es más importante la ternura, la necesidad de sentirseatractiva y la confianza. Para una mujer, una relación sexual es como la continuación deun beso. Sólo está dispuesta, si confía en el amor de quien la besa. Pero si se ve forzadaa tener relaciones, se siente fatal. «Muchas mujeres -escribe Gary Smalley- me hancontado que se sienten como prostitutas cuando, estando resentidas con sus maridos,éstos les fuerzan a hacer el amor»18. Para el varón el acto matrimonial tiende a serreducido a un encuentro entre cuerpos, mientras que la mujer desea un encuentro entrepersonas. La verdad es que la mujer sabe más de entrega amorosa que el varón. Ella seentrega en cuerpo y alma, no se siente a gusto si se separa el cuerpo del alma. «La mujer-afirma Carlos Goñi- vive la sexualidad con tanta biología como el hombre, pero conmuchos más ingredientes: psicológicos, sentimentales e intelectuales. Reducir lasexualidad a lo puramente biológico, es decir, a la relación sexual propiamente dicha, esmuy poco femenino, porque supone descontextualizarla, sacarla fuera de su argumentobiográfico»19.No estar al corriente de estas diferencias de sensibilidad da lugar a muchosmalentendidos... y chascos. Con razón escribe M. Santamaría:«Muchas veces, la mujer se equivoca, cuando aplica su propio modo de vivir lasexualidad a los hombres. Los hombres son más directamente carnales. Sin serparticularmente brutos, pueden experimentar el simple valor sexual del cuerpo de unamujer, totalmente al margen de la afectividad o de su valor personal. El hombre es así.Y es bueno que la mujer lo sepa. Del mismo modo que es bueno que el hombre sepa quelas mujeres no son como él, para que no interprete que están en la misma onda que él.
  • 10. Un hombre se puede sorprender del rechazo de una mujer, cuando él creía que ellaestaba ya hace tiempo metida en su propia dinámica de excitación. Pero es que la mujerestaba interpretando aquello como cariño. Y sólo más tarde se da cuenta de que aquellono es el amor limpio que ella quería, y por eso lo rechaza.Hay hombres que saben esto y, por eso, saben que, para alcanzar lo que quieren, setienen que hacer los enamorados. Engañar a una mujer, en este sentido, es relativamentefácil, porque ella está predispuesta a interpretar como cariño las manifestaciones delhombre. Interpreta, de entrada, benignamente la actitud del varón. Si ella se expresarade esa manera sin un cariño profundo detrás, se sentiría como una verdadera prostituta.Por eso tiende a pensar lo mismo del hombre. Y le gusta sentirse querida. No se dacuenta de que el hombre, ante la proximidad del cuerpo de mujer, reacciona,naturalmente y sin maldad, experimentando la atracción sexual de ese objeto apetitoso.Para evitar tratar a la mujer como objeto, el hombre tiene que ejercer una tarea deautodominio que no le es fácil. Si el afán que la mujer experimenta por sentirse querida,no tiene en cuenta esta realidad del modo de ser del varón, pondrá a éste en situacionesequívocas, en las que el posible cariño puede quedar fácilmente suplantado por elapetito sexual»20.La cultura cambia, pero no la naturaleza. Hoy en día se tiende a minimalizar esasdiferencias, pero basta abrir los ojos. Si una mujer lleva minifalda, los varones se ponennerviosos. En cambio, las mujeres no suelen ir a la playa para ver a chicos en traje debaño, sino para tomar el sol. Cuando una mujer se encuentra con un hombre, se suelefijar en si es un hombre interesante, no tanto guapo, sino atento, delicado y cariñoso. Encambio, la tendencia natural del hombre es ver si una mujer está buena. Esta entrega esla unidad de dos cuerpos, que, como dice la Escritura, se harán uno. La mujer suelerobar cuerpos, mientras que el hombre suele robar corazones. Al varón, le excita lavista; a la mujer, el tacto. Los hombres se enamoran a través de la vista, mientras que alas mujeres se las seduce por el oído porque así perciben la interioridad de otra persona.Ellos se fijan más en lo que ven; ellas se fijan más en lo que se les dice. En eso, lasmujeres tienen suerte, porque, como dice una mujer en una novela, «una chica guapa -que es lo que les entra a los hombres por los ojos- puede ser tonta, inculta e incluso,mala. En tanto que por las palabras que dice un chico, y que es lo que a nosotras nosentra por los oídos, se sabe si es listo y si es bueno»21.Incluso desde el punto de vista meramente fisiológico, la forma de vivir la sexualidad esmuy diferente en hombres y mujeres. Así lo explica delicadamente un orientadorfamiliar:«El hombre es una llama de gas, la mujer es una llama de carbón lenta para encendersey lenta para apagarse. La mujer conquista por la belleza que entra por los ojos; el armadel hombre es la palabra que entra por el oído. El varón necesita conquistar y poseer,mientras que la mujer necesita ser deseada y conquistada.El hombre es más sexual, mientras que la mujer es más sensual. La mujer necesitaaperitivo, el hombre prefiere cuanto antes el plato fuerte. Si uno y otro olvidan, noconocen o no quieren ser consecuentes con estas reglas, que la naturaleza ha marcado enla psicología de cada uno, pueden ir derechos al fracaso»22.
  • 11. Un cónyuge generoso se adapta a los gustos del otro. Pero suele suceder que el hombreimponga sus apetitos sexuales a la mujer. Cuando el hombre domina a la mujer -ocuando, a causa de cierto complejo de inferioridad, la mujer se mete en la cabeza eldeseo de ser como el hombre-, se le obliga a adoptar un comportamiento sexualmasculino. Como observa un experto en comunicación, «hay una tendencia a hacercreer a la mujer que tiene que comportarse en el terreno sexual como el hombre, siquiere ser moderna»23. Pero no se puede engañar impunemente a la naturaleza. En losprimeros cinco o diez años del matrimonio, la vida sexual de los cónyuges suele ser´masculinamente activa´. Si la mujer protesta, se le dice que no es ´normal´. Pero lo quele hace protestar es algo difícil de expresar: el sentimiento de no ser amada sinoutilizada, lo cual puede dar lugar a penosos desengaños y humillaciones. Cuando elmarido no ha aprendido a moderar su apetito sexual, la mujer termina por dudar de él.Se pregunta por ejemplo: “¿porqué está tan amable en la cama, y tan antipático en lascomidas...?”. Como afirma el mismo autor, «esa superficialidad en el terreno de loíntimo es percibida por la mujer como una entrega del otro en busca de placer, "seentrega al placer, no a mí", "le gusta mi cuerpo, no yo". Un sentimiento de desasosiegopuede aparecer: sólo me busca cuando quiere relaciones. "Y si yo no le diera placer,¿cómo me trataría?"»24.Se evitarían muchos desengaños femeninos si desde el noviazgo ayudasen más a susnovios a vivir la castidad. Pero cuando la educación es deficiente y el ambiente noayuda, ocurre que muchas chicas, en vez de establecer las bases de un amor duradero,den más importancia a la vanidad de sentirse codiciadas a causa de sus encantos físicos.Rememorando sus años universitarios, escribe una poetisa inglesa: «Es difícil darsecuenta ya a los dieciocho años que ser amada a causa del atractivo físico significa en elfondo lo más contrario a ser amada. Me sentía como un animalito perseguido porcazadores ávidos por capturar mi piel»25. Llama la atención la ingenuidad de las “chicasfáciles”. Olvidan que cuanto más se deja llevar el varón por su instinto sexual, máscambia el objeto de sus “amores”, que no son otra cosa que apetencias. En una novela,se dice de una mujer que entregó fácilmente su cuerpo: «Con su romanticismo a flor depiel, no sabía todavía que las mujeres que como ella se dan con tanta facilidad, seolvidan también del mismo modo»26.Si las novias supiesen las dificultades que tienen sus novios para dominar su instintosexual, les exigirían mayor continencia y respeto hasta que se casen. Si las mujeressupiesen que toda la moral sexual matrimonial, tal como la defiende la Iglesia Católica,es la mejor garantía para que los maridos respeten a sus mujeres, no pararían de dargracias a Dios... y al Papa.7) Escarmentar en cabeza ajenaConviene echar una mirada a nuestro alrededor para percatarnos del efectodeshumanizador del consumismo sexual. Vivimos un tiempo en el que el sexo es unobjeto de consumo muy asequible. En este ambiente hedonista, no es de extrañar quemucha gente esté obsesionada con este tema. Leí hace poco que en Internet hay 70.000páginas Web de sexo de pago, y que las ganancias anuales de la industria pornográficaen Estados Unidos ascienden a 10.000 millones de dólares. Son dolorosas esas cifras sise piensa en cuánto contribuye la pornografía a despersonalizar a la mujer. Lo másexpresivo y revelador de la interioridad humana es el rostro. Si una mujer se vistedecentemente, la atención del hombre recae espontáneamente en su rostro, pero si seviste de modo provocativo, se despersonaliza: entonces el varón se fija en lo que esa
  • 12. mujer, con pocas diferencias, tiene en común con todas las demás. De ahí que lamodestia en el vestir contribuya a salvaguardar la propia dignidad.La pornografía hace daño, y no sólo a los adolescentes. También en los adultos, lasimágenes eróticas contribuyen a fomentar una mentalidad en la que el sexo es desligadodel amor. Como afirma Thibon, «¿no es el erotismo un cheque sin fondos de lasexualidad que desfallece y del amor ausente?»27. Las intimidades sexuales deberíanestar refrendadas por la capacidad de sacrificio y la buena comunicación afectiva, envez de ser un pasatiempo para parejas hastiadas. La pornografía saca de contexto lasexualidad y es especialmente perniciosa para los jóvenes.Irrumpir en sus primeros movimientos sexuales con la mano grosera de lasobreexcitación erótica daña torpemente la relación entre chicos y chicas. Acabanpensando que desligar el sexo del amor verdadero es lo más normal del mundo. Losadolescentes no se suelen corromper por sí mismos. Reflexionando sobre la formagramatical pasiva del verbo “corromper”, observa Pieper: «la juventud, en efecto, no secorrompe tan fácilmente como se pone rancia la mantequilla o se agria la leche. Peropuede ser corrompida por otros. Se la puede corromper, por ejemplo, enseñándole abuscar sólo el placer antes de enseñarle a enamorarse y a amar, por el sistema de laseducción y de las manipulaciones comerciales del tema»28.El bombardeo hedonista es persistente. En muchas películas y novelas se da porsupuesto que si un hombre y una mujer se enamoran, lo más lógico es que, antes decomprometerse en matrimonio, tengan relaciones sexuales. En una novela deRosamunde Pilcher, en 1944 una mujer infeliz en su matrimonio conoce y se enamorade un galán encantador. Ambos son muy liberales. El galán le invita a pasar una semanacon él en casa de Helena, una señora que él conoce. Ella piensa que tendrán que vivir enhabitaciones separadas, pero él le dice: «No creo que aparezcan problemas de ese tipo.Helena es famosa por su mentalidad abierta. Creció en Kenia y por alguna razón lasdamas que han sido educadas en Kenia rara vez están sujetas a remilgadasconvenciones»29. Es increíble la naturalidad con la que se justifica una unión adúlteracon motivos sentimentales. Quien, en defensa del vínculo matrimonial, se oponga a lasrelaciones prematrimoniales, más aún si son adúlteras, será tachado de conservadorempedernido, insensible ante los imperativos del “amor”.Pero el tiempo muestra que muchos sueños románticos de mujer terminan por sucumbirbajo el peso de la impureza masculina, no sin connivencia femenina. En una novela, laprotagonista rememora en estos términos su primer amor en el Madrid de los añosochenta: «Me enteré bastante pronto de lo que tiene que hacer una chica para noquedarse embarazada, empecé la carrera y la seguí con altibajos, me gustaba gustar(tendencia que se ha ido matizando), me atuve a las recetas de rigor para sacar partidode ser joven (...) Cuando por fin Roque empezó a mirarme y a dejarse mirar por mí,saboreé la certeza de que era él, el del sueño, y al cabo de los años lo que brilla ypermanece de mi relación con Roque es sobre todo la primera etapa de silenciosacomplicidad, los preparativos del viaje. Porque luego, cuando pasó lo que tenía quepasar sin remedio, aquella cueva donde depositar verbalmente mis incertidumbres ysueños, fue convirtiéndose exclusivamente ?si he de ser sincera? en el temblorinsoportable y ciego de mi cuerpo esclavo de los caprichos del suyo»30.Entre jóvenes emancipados desaparecen aquellos hermosos estados de enamoramientotan presentes en la literatura universal. En una novela de Susanna Tamaro, la
  • 13. protagonista, una madre que fue muy liberal en la educación de su ya fallecida hija(Ilaria), escribe una carta a su nieta en la que rememora la influencia de los años sesentasobre la difunta hija (y madre de la nieta). Describe esos años en estos términos: «Eranlos años de la liberación sexual, la actividad erótica estaba considerada como unafunción normal del cuerpo: se había de llevar a cabo cada vez que una tuviera ganas, undía con uno, otro día con otro. Vi aparecer junto a tu madre docenas de jóvenes, norecuerdo ni uno solo que durara más de un mes. Ya inestable de por sí, Ilaria fuearrollada en esa precariedad amorosa. Aunque no le impedí nada, ni jamás la critiqué deninguna manera, me sentía más bien perturbada por esa repentina libertad de suscostumbres. No era tanto la promiscuidad lo que me chocaba, como el granempobrecimiento de los sentimientos. Caídas las prohibiciones y la unicidad de lapersona, había caído también la pasión. Ilaria y sus amigas me parecían las invitadas deun banquete afligidas por un fuerte resfriado: por educación comían todo lo que lesofrecían, pero sin percibir su sabor. Zanahorias, asados y pastelitos tenían para ellas elmismo sabor»31.8) La contracepción artificialLa moral conyugal de la Iglesia enseña que el matrimonio, y la unión conyugal, tienendos fines -unitivo y procreativo- y que nunca es bueno separarlos artificialmente. Lacontracepción es “hacer el amor sin hacer el hijo”, mientras que la fertilización in vitroconlleva “hacer el hijo sin hacer el amor”. En cuanto a esto último, podríamos haceraquí consideraciones acerca de las frustraciones que trae consigo el ver a los hijos comoun derecho en vez de verlos como un don. Pero debido a las implicaciones bioéticas quetienen esas técnicas de reproducción asistida -es impresionante el esfuerzo semánticoque se hace hoy en día para camuflar el verdadero contenido de lo que se hace-,conviene dejarlo para la siguiente sesión. Terminamos, pues, con lo relativo a lacontracepción.¿Cómo explicar que la anticoncepción artificial es gravemente inmoral?Dejo de lado lo referente a esos medios anticonceptivos cuya inmoralidad está agravadapor ser además medios abortivos. Pero en circunstancias en las que, en conciencia, no esaconsejable el embarazo, ¿por qué no servirse de los avances no abortivos de la ciencia?Para entenderlo, hay que tener presente todo lo visto acerca de la calidad del amorconyugal. La experiencia corrobora que tanto la falta de generosidad a la hora deprocreación como la anticoncepción artificial entrañan de introducir el virus delegoísmo en el primer nivel del amor. Tanto esa mentalidad anticonceptiva que lleva aevitar la procreación sin razones graves, como la realización de acciones concretasencaminadas a impedir la procreación, suelen poner en peligro la calidad de la uniónconyugal. Dice Saint-Exupéry que «amar no es mirarse uno a otro; es mirar juntos en lamisma dirección». Cuando los cónyuges, en vez de mirar juntos en la dirección del hijoque pueden engendrar, ciegan las fuentes de la vida, corren el riesgo de terminarmirándose uno a otro, y no de modo altruista, sino consumando un egoísmo compartido.Lo que contribuya a viciar la intención de la unión sexual, deshumaniza la pasiónafectiva. «Max Horckheimer -cuenta Pieper- hizo observar, en una entrevista que fuepor muchos recibida con desagrado, pero cuya amarga verdad apenas si puedediscutirse: "La muerte del amor erótico será el precio que tendremos que pagar por lapíldora"»32. La apertura a la procreación es el remedio más seguro para evitar egoísmosrecíprocos entre los esposos. El hijo, escribe con gran acierto Gustave Thibon, «rompe
  • 14. el exclusivismo de la pareja: sustituye la adoración recíproca que encadena por un fincomún que libera»33. Ya vimos que las vivencias sexuales masculinas y femeninas sonmuy diferentes, de modo que es preciso que el varón aprenda a contenerse. Por eso,desligar artificialmente y sin esfuerzo lo unitivo de lo procreativo, dificultará suautocontrol. Si se daña así la calidad del amor, tarde o temprano, surgirán problemas.Como afirma un experto en comunicación, «la separación radical de la sexualidad y laapertura a la vida es una bomba de relojería en la relación»34.Habría que entender, por último, la diferencia entre la anticoncepción artificial y elrecurso a los medios naturales para regular la fertilidad, de modo que nadie piense estoúltimo es una especie de anticoncepción católica. Como afirma Juan Pablo II, «se tratade una diferencia bastante más amplia y profunda de lo que habitualmente se cree, y queimplica en resumidas cuentas dos concepciones de la persona y de la sexualidadhumana, irreconciliables entre sí. La elección de los ritmos naturales comporta laaceptación del tiempo de la persona, es decir de la mujer, y con esto la aceptacióntambién del diálogo, del respeto recíproco, de la responsabilidad común, del dominio desí mismo»35.No hay obstáculo moral alguno para usar del matrimonio en periodos infecundos(embarazo, esterilidad, menopausia). En sede específicamente moral, lo que se valora enla continencia periódica no es el uso de los periodos infecundos en sí mismo (mientrasesa infecundidad no sea provocada voluntariamente), sino más bien la renuncia autilizar periodos fecundos: se trata ante todo de la moralidad de una continencia. A lavez, no se trata de exaltar la continencia como si la sexualidad conyugal fuese algomalo, excepcionalmente tolerado. Al contrario, ya vimos cuánto puede favorecer lacomunión conyugal. De hecho, puesto que el consorcio conyugal está orientadoesencialmente a la unión y a la procreación, es necesario que haya una razónproporcionalmente grave para acudir a la continencia periódica (al valorar la proporciónse tiene en cuenta el intervalo de tiempo por el que se quiere mantener). Al tomar estasdecisiones, los cónyuges deben recordar que la moral no trata de lo lícito frente a loilícito, sino de la práctica de la virtud, que en un cristiano se inscribe en el ámbito -aveces heroico- de la lucha por la santidad. Y no sólo deben dialogar entre ellos. Sondecisiones que deben tomar en conciencia, esto es, en diálogo con Dios. También a Élhay que dejarle opinar.--------------------------------------1. Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janés, Barcelona 1994, p.177.2. A. Aguiló, Sexo y sentimientos: ¿es necesario aprender?, en www.interrogantes.n et.3. C.S. Lewis, Mero cristianismo, Rialp, Madrid 1995, p. 117.4. C.S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Rialp, 4ª ed., Madrid 1994, p. 83.5. G. Thibon, La crisis moderna del amor, Fontanella, 4ª ed., Barcelona 1976, p. 76.6 . C.S. Lewis, Mero cristianismo, o.c., p. 119.7. G. K. Chesterton, San Francisco de Asís, Editorial Juventud, octava edición,Barcelona 1994, p. 34.8. J. Escrivá, Amigos de Dios, n. 178.9. M. G. Santamaría, Saber amar con el cuerpo. Ecología sexual, Ed. artística Gerekiz,Bilbao 1993, pp. 15-16.10. N. Sparks, Un paseo para recordar, Emecé, Barcelona 2000, p. 148.11. J. Pieper, El amor, Rialp, Madrid 1972, p. 206.
  • 15. 12. J. M. Contreras, Pequeños secretos de la vida en común, Planeta, Barcelona 1999, p.55.13. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 11.14. J. Haaland Matlary, El amor escondido. La búsqueda del sentido de la vida,Belacqua, Barcelona 2002, p. 273.15. A. de Saint-Exupéry, Courrier Sud, París 1929, p. 73.16. J. M. Contreras, Pequeños secretos de la vida en común, o.c., p. 22.17. Danielle Steel, El fantasma, Plaza & Janés, Barcelona 1999, p. 15.18. G. Smalley, If only he knew. What no woman can resist, Zondervan PublishingHouse, Michigan 1996, p. 11.19. C. Goñi Zubieta, Lo femenino, EUNSA, Pamplona 1996, p. 83.20. M. G. Santamaría, Saber amar con el cuerpo. Ecología sexual, o.c., 44-46.21. T. Luca de Tena, Primer y último amor, Planeta, Barcelona 1997, p. 99.22. A. Vázquez, Momentos íntimos de él y ella, en “Hacer familia”, n. 56, julio-agosto1994, p. 17.23. J. M. Contreras, Pequeños secretos de la vida en común, o.c., p. 122.24. Ibidem, p. 119.25. K. Raine, The Land Unknown, Londres 1975, p. 61.26. L. de Castresana, Vida del bandido español Luis Candelas, Rialp, Madrid 1992, p.49.27. G. Thibon, El equilibrio y la armonía, Belacqva, Barcelona 2005, p. 84.28. J. Pieper, El amor, o.c., p. 191.29. R. Pilcher, Los buscadores de conchas, Plaza & Janés, Colección de bolsillo,Barcelona 2001, p. 508.30. C. Martín Gaite, Lo raro es vivir, Anagrama, Barcelona 1996, p. 138 y 139.31. S. Tamaro, Donde el corazón te lleve, Seix Barral, decimoquinta edición, Barcelona1995, pp. 103-104.32. M. Horckheimer, Die Sehnsucht nach dem anderen, Hamburgo 1970, p. 74; en J.Pieper, El amor, o.c., p. 19633. G. Thibon, La crisis moderna del amor, o.c., p. 67.34. J. M. Contreras, Pequeños secretos de la vida en común, o.c., p. 122.35. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 32.-------------------Comentarios al autor: P. Michel Esparzamichel.esparza@g mail.comComentarios al monitor del foro: Xavier Villaltaxvillalta@catholic.netPREGUNTAS SOBRE EL TEMA1) ¿Qué peligros entraña separar amor y sexualidad, es decir: sexo desligado del amor(hedonismo)?2) ¿Qué les dirías, en muy pocas palabras, a personas no casadas para disuadirles detener relaciones sexuales?3) ¿Qué consecuencias para los cónyuges puede tener el uso de la contracepciónartificial?
  • 16. 4) Si las mujeres son las que más agradecidas tendrían que estar a la Iglesia por susenseñanzas en materia de moral sexual, ¿cómo explicarías por qué no hay más mujeresque se rebelen contra el mercado pornográfico y contra otros síntomas del egoísmosexual de los varones?El enlace para participar en el foro de esta lección es:http://www.es.catholic.net/foro/viewtopic.php?f=252&t=20834Para ver las lecciones anteriores haz click Aquí

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