Relatos de la Cumbiamba (Óscar López Doria)
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  • 1. CERETE 2004
  • 2. – ó
  • 3. Los relatos que pretendeleer son reales, nocorresponden a laimaginación del autor, lalabor de este se redujo a labúsqueda de las fuentesorales y al cotejo para lareconstrucción de lashistorias. Convencidosestamos del compromisode recoger parte de lo quequeda de la tradición oralde esos tiempos y luego completar o modificar. A la memoria sedebería en una parte considerable la proliferación de variantes quesuele resultar del cotejo de las fuentes”, anota Margit Fren en “LaPoesía Oralizada y sus mil Variantes”.Tenemos nosotros el compromiso como docentes y como padres, deescribir para no dejar a la tradición de la memoria la pureza de esashistorias de los abuelos. La oralidad necesita ser escrita. En esto nosda la licencia Siervo Mora en su texto las Manifestaciones Folclóricas,cuando anota “La oralidad sigue siendo el soporte de toda creaciónliteraria”.
  • 4. Entonces esta oralidad al pasar a la escritura llevará el tinte delescritor, será modificada por el estilo y la necesidad de presentarla lomás llamativo al lector, es el riesgo que se corre, pero de ahí enadelante será eterna, la escritura es la eternización de la oralidad.Estos personajes y sus historias son para la familia, para que seanleídos y luego contados y vueltos a contar para revertir el proceso,que vuelvan a la oralidad y alimenten la memoria.También son para la escuela, en manos de los docentes, su usodepende de la creatividad y la complejidad con que se miren,pueden llegar a ser mágicos. Se pretende, sobre todo que sea untexto comunitario, lo lea, cuente y para ser muy atrevidos, oambiciosos, lo enseñe. El Autor
  • 5. Cuando Cereté aún era casa de peces y llegaban lanchas cargadas con productos de la tierra y el agua, todavía a principio de siglo, los comerciantes, pescadores, campesinos y pobladores, al caer la tarde, se reunían en cada puerto para olvidarse de los enredos del día, alrededor de una fogata.Venían tamboreros de todos los pueblos vecinos y de la sábana. Deapellido Carrillo, era uno venido del palenque de San Basilio, negrofornido, de cejas encontradas y ojos penetrantes, vestía solamentepantalones y abarcas, se hacía acompañar de tres mujeres; cuentanlos abuelos que eran sus concubinas ganadas en otros pueblos.Este Carrillo tocaba la hembra con tal magia y verseaba con tantafacilidad que apostaba sus mujeres a los padres de la muchachaque le gustara esa noche, fue creando así una referencia misteriosade su poder para tocar el tambor. Al principio los sinuanos sufrían porel rosario de mozas que acompañaban a Carrillo, después muchas
  • 6. jóvenes fueron enviadas a otros pueblos cuando se sabia de lallegada del tamborero.Las cumbiamberas completaban el cuadro ancestral de nuestro ritode gaitas y tambores, cuando los abuelos, en las fiestas de pascua,se reunían debajo de las guamas, techo de los puertos, y deespaldas al río; aparecían ellas, venían de todos los rincones de lanoche sinuana, venían solas, con sus amantes, con sus maridos, consus novios y con sus padres, las que aún guardaban el pudor naturaldel indígena.
  • 7. Las cumbiambas a orillas del Bugre era asunto de historiasmaravillosas contadas por los pescadores, de piqueria de tamborerosy verseadores, donde se jugaba el amor, la gracia, el pudor, la honray hasta la vida. En ellas las cumbiamberas controlaban el movimientode los hombres con sus largos cabellos sueltos, redundados debelleza con icacos, ataviadas de faldas llenas de flores inundaban laatmósfera con olores de baños de hierbas.Las cumbiamberas eran una invitación a embriagarse con el sudordel tambor; con el lamento de la gaita y con el movimiento de suscaderas olorosas a bonche y espiga.Victoriana Luna era una de ellas, bailaba sin parar durante toda lanoche y en una ocasión lo hizo sobre las brasas de una fogata sinhacerse daño; parecía ser fuego ella misma. La última vez que se levio en Cereté fue cuando se encontró con Carrillo, el Tamborero.Carrillo apareció esa noche por los lados donde muere el sol con sutambor al hombro. En esta ocasión seis mujeres lo acompañaban.Cuando vio a Victoriana danzar sobre llamas, bajó su tambor y lohizo sonar tanto que, serpientes, conejos y saltarroyos desaparecieronde estas riberas. Al terminar el silencio se apoderó del mundo. Carrilloy Victoriana se miraron, él la tomó con una sola mano, la bajó de lasllamas y lanzó su primer verso: ¿Cuál es esa bailadora que se parece a la luna? Si yo la fuera enamorando esa fuera mi fortuna.
  • 8. Todos los Presentes se miraron asombrados, esperando tal vez quealgún gaitero o tamborero respondiera.Pasaron segundos que sumaban una perla al collar de Carrillo.Fue la misma bailadora, con una voz venida de la ciénaga, la querespondió: “Yo soy la Victoriana la del corazón morao echo humo por la boca y candela por los costao”.Me contó el abuelo que Carrillo, al oír aquella contesta, cargonuevamente su tambor y nadó por el río hasta Lorica, donde matótodos los caimanes por la decepción de haber perdido a la mujerque se parecía a la luna.Victoriana tampoco volvió a Cereté, viajó a las Sabanas y se llevó lacumbia a los Montes de María.
  • 9. Si el rió hablara nos contaría la verdadera historia de José Blas, el delpito embrujao. Yo sólo sé lo que me contó mi abuelo.Dicen que era deArache, que conocía laciénaga y todos loscaños del Sinú, losrecorría a media nochetocando su gaita. Elembrujo era tal quebocachicos, charúas,mojarras y sábalossaltaban a su canoa ymorían a sus pies. Sólo susgaitas eran losinstrumentos para lapesca. Tenía siete pitoscabeza e’ cera y losutilizaba según la clasede pez que quería, losque luego vendía enCereté sin bajarse de su canoa. Antes del encuentro con Carrillo, elTamborero, nadie lo vio caminar. Cuentan que en lugar de piernas
  • 10. tenía una cola de sábalo que le dejó un pacto con el Espíritu delSinú.Fue una noche mientras pescaba que se le apareció el demonio y leentregó las siete gaitas que le darían toda clase de peces, si lastocaba bajo la luna de Cereté; por eso a esta luna le dicen “La LunaGaitera”.José Blas tendría cola de sábalo en vez de piernas hasta queencontrara un hembrero capaz de devolver con el sonido de sutambor los peces al río.Una noche cuando tocaba su gaita a la luna de Cereté. Cerca a lacurva de la bonga, los peces saltaron de su canoa al rió y el sonidode un tambor se sintió en su pecho, no era su corazón, era el tamborde Carrillo que sonaba en la cumbiamba.Corno pudo se arrastró hacía la fogata. Cuando cumbiamberas,verseadores y tamboreros lo vieron se detuvo la piqueria. Por unsegundo solo se escuchó el crepitar del fuego y el tambor de Carrillo.José Blas se quitó la camisa y sacó de entre sus costillas la séptimagaita: era un pito machijembriao de seis huecos, que posó en suboca y sonó acompañando a Carrillo.Entonces el tiempo se adelanto y los días y las noches fueron unosolo, la cumbiamba se hizo eterna. Parecía que no acabaría, hastacuando se sintió un olor intenso a bonche y heliotropos, había
  • 11. llegado Amelia Luna, la Cumbiambera más bella que haya pisadoestas tierras. Una cumbia, mezcla de gaita y tambor, se escuchaba,pero que se fue transformando. Era la sensación producida por elbaile de Amelia en los músicos.José Blas fue bajoniando y las manos de Carrillo parecían noobedecerle. El cerraba los ojos y era el mismo Espíritu del Sinú el quehacia sonar el tambor, la cumbia se volvió porro.Cuando Carrillo abrió los ojos, José Blas, el gaitero, se perdía en elhorizonte con la bailadora, entonces sintió que algo se revolvíadentro de el y sus manos sonaron la hembra con tal fuerza que lascaderas de las mujeres querían partirse y los hombres convulsionabanen gestos y ademanes. A ese ritmo le llamaron puya, porque eso eralo que sentían por dentro.Dicen que Amelia y José Blas se juntaron. De Carrillo quedo eljuramento que volvería por una cumbiambera como esa.
  • 12. ÓEl sonido del tambor arrancó del puerto, se dividió y corrió por las doscalles: Rabissa y las Flórez. Tocando a cada puerta, entrando por lasventanas de bolillos, inundando los patios donde las gallinaspresurosas trepaban a los mangos. Pum pum pam, Ya llegó ya está aquí, Pam pam pum pá Llegó Carrillo a tocá Pim pim pim pam Vengan todos a bailáEran las seis de la tarde y un hormiguero humano seguía guiado porel tambor camino al puerto.Rabissa, era una calle larga que comenzaba en el río, atravesaba elcentro del pueblo y terminaba trescientos metros después de laiglesia, al fondo se unía con las Flórez por la otra calle transversal, lacalle de las Vacas. Por allí durante todo el día viajaba el ganadorumbo al puerto donde se embarcaba hasta Cispatá.Las Flórez era una red de callejones que desembocaban a la calleprincipal paralela a Rabissa, estaba limitada al fondo por el Cañitode los Sábalos, donde llegaban pescadores de todo el país en busca
  • 13. de un pez maravilloso con escamas de níquel y ojos de diamantes,que concedía deseos y curaba enfermedades.En pocos minutos el puerto, así como en la mañana, era unhervidero humano, pero la intención ahora era la historia del díatransformada en verso, los retos en golpes de tambor y los amores ensentimiento de gaita.Enseguida había que definir quién encendería la fogata; lo cual eraun honor y cada día era disputado con el lenguaje. Carrillo quehabía hecho la convocatoria dio un paso adelante: Yo soy Feliciano Carrillo Hermano de la primavera Me atrevo a encendé una vela En la punta de un cuchilloCarrillo encendió la fogata.Entonces aparecieron cabellos largos untados de manteca negrita,adornados con bonches y heliotropos, vestidos con faldas de floresque invadían los sentidos con olores exóticos, eran lasCumbiamberas.Gaiteros, tamboreros y maraqueros se unieron al unísono paradeclarar iniciada la rueda de gaita. Desde ese momento el destinode las mujeres era incierto. Cada una llegaba por su cuenta y riesgo,sabedoras de la magia en su baile confiaban en la disputa con el
  • 14. verso de sus maridos, en sus golpes de tambor o en el sentimiento dela gaita. Algunas sacaban trucos de su repertorio e improvisaban enel baile.María de los Hierros, una de ellas, bailaba con una rodaja de pan yuna totuma de chicha sobre su cabeza. Ella esa noche tenía encimalos ojos de Carrillo el Tamborero y de José Blas Pacheco, el del pitoembrujao.Feliciano Carrillo al verla se quitó las abarcas y con ellas sonó sutambor; el reto estaba marcado. Todos boquiabiertos, entreasombrados y temerosos escucharon el verso. Desde aquí te estoy mirando, Como a rama a la flor, Si te tiro y no te mato, Para mí será un dolorTodas las cabezas giraron hacia José Blas, éste se quitó la gaita de sulabio partido y verseó.
  • 15. Me la llevo, me la llevo, Si me la dejan llevá, Todas las mujeres bonitas, Son pa’ José Bla’.Todos lanzaron un guapirreo que se escuchó del otro lado de laciénaga.Carrillo levantó los brazos, arrancó bellos de sus axilas y luego sonó sutambor. El gaitero tenía que seguirlo en todos los ritmos quepropusiera.La Cumbiamba continuaría hasta cuando alguno abandonara, elotro se llevaría a la cumbiambera. Las horas corrieron, el sol aparecióvarias veces entre los maizales y se ocultó por el Cañito de LosSábalos. Tamborero, gaitero y bailadora seguían en su carreracontra el destino. José Blas no consumía nada, su gaita estabaadherida al canal de su labio leporino.Las mujeres de Carrillo secaban su sudor y le daban ron en la bocaque era lo único que aceptaba.La noticia de la piqueria en la Cumbiamba recorrió ríos, caños yCiénagas hasta la Depresión Momposina, de donde llegaron músicosy comerciantes que improvisaban ferias para ofertar ungüentos yvender el último almanaque Bristol.
  • 16. Treinta y ocho horas después José Blas se derrumbó cianótico ysangrando por sus oídos.Carrillo no se percató de la partida, tenía los ojos cerrados, tocabaen trance su tambor.El sonido duro, sólido, inmaleable, se disolvió en el aire, luego en elagua y por último en el músculo y al hablar los dientes imitaban elsonido del tambor..Ochenta horas después con los brazos acalambrados, con unaespuma espesa y verde saliendo por su boca, Carrillo se desmayórodeado de ocho mujeres. Parecía morirse y balbuceó algo que fuerepetido por sus compañeras y amplificado por el río. Si Carrillo se muriera, Que lo entierren en la paja Que la plata de Carrillo, Solo sirve pa’ baraja.
  • 17. ÁHabía pasado casi diez años desde la última vez que se vio aFeliciano Carrilloen Cereté, sujuramento quevolvería en buscade una nuevacumbiamberacomo VictorianaLuna, aún estabapor cumplirse.En esa época seabrió unacarretera quecomunicaba aCerete conMontería, pordonde intentóllegar el primerCarro pero quequedó enterradoen el lodo a la altura de Mocarí, sólo la fuerza de las inundaciones loimpulsaron en su viaje, esta vez hasta Cispatá donde el Sinú llevabasus lamentos.
  • 18. Su paso por Cereté fue todo un acontecimiento y el pueblo entero sevolcó a ver el Cadillac rojo decir adiós en una travesía que no sehabía planeado para su destino.Gaiteros, tamboreros; bailadoras y verseadores comenzaron lacumbiamba, porque sin duda esa era una señal de la llegada delprogreso en manos del gobierno Liberal. Cereté además de las inundaciones, Soportaba una invasión decomerciantes que al parecer llegaron a quedarse, porque su partidase postergaba cada semana y ofrecían promociones permanentes.Eran libaneses, sirios, árabes e italianos, pero a todos se les llamabaturcos: Sakr, Umar, Chagüi y Milanes eran los apellidos de los queinstalaron carpas y tiendas en el callejón paralelo al río, dondevendían candados, agujas, sedas, espejos, peines y sombrillasmulticolores que protegían del sol y la lluvia mejor que los sombrerosde caña flecha de Tuchín.Después del adiós del Cadillac, las cumbiambas se prolongaron por15 días. Al quinto, los cumbiamberos entraron en una especie detrance monótono, donde los versos se repetían y las bailadorasdespeinadas y con los pies enlodados bailaban con la energíasobrante en pos de no perder la competencia.Al sexto día José Blas Pacheco, el del pito embrujado, tocaba ‘elsapo viejo’, el cansancio se notaba en sus ojos pero aún un gaiterode Ciénaga de Oro de nombre Valentín le daba la pelea.
  • 19. El reloj de la iglesia dio las doce y. la piquería parecía no acabar,José Blas decidió finalizar la contienda y mostró su séptima gaita queestaba hechizada.Cuando José Blas comenzó a bajonear el cielo se oscureció, lostoldos de los turcos abatidos por el viento pasaron por encima de loscumbiamberos y una gran nube de humo invadió la calle Rabissa. Lafigura de un hombre de raza negra emergió del mismo centro de lanube, tenía un estuche de cuero en su mano izquierda y un granhabano en la derecha, entonces los presentes entendieron el origende la nube.El negro era un antillano que había llegado la mañana del Cadillac yse había dedicado a caminar el pueblo, sin instalarse en ningunaparte, preguntando por Carrillo, el tamborero.Los cumbiamberos se inquietaron con la presencia del forastero, sinembargo la competencia continuó.El bajoneo de José Blas imprimía una nueva energía y los guapirreosse volvieron a escuchar intercalados completando el cuadromelódico.Nuevamente la turbamulta sinuana llegaba al éxtasis cuando depronto se escucharon mil gaitas al unísono.El sonido no venía del pito de José Blas, ni del de Valentín. Entoncestodos giraron hacia el negro que había convertido su habano en un
  • 20. gran pito de metal, aseguraron que su sonido se había escuchadoese día hasta en Arache, Chinú y Murrucucú.La multitud rodeó el instrumento mágico. Hasta los turcos se sintieronatraídos por su sonido, que al poco tiempo aceptarían en la iglesia,donde la gaita se miraba como instrumento profano.José Blas con un paisaje de sorgo en sus ojos, se disolvió en laoscuridad del puerto, gotas de sangre que caían de su labio partidomarcaron su camino al rió, subió en su canoa que había amarradoseis días antes y arrojó su pito cabeza de cera al Bugre. Todavía lasaguas se mueven extrañamente originando un vacío que se traga alos que se bañan. Sus gritos de auxilio son ahogados por el sonido deuna gaita triste tocada por el Espíritu del Sinú que reclama lascumbiambas.
  • 21. Ú Que el Habanero le ganara a Carrillo, el Tamborero, con ayuda de la tecnología, habría significado no solo la desaparición de las gaitas, sino también que se quedara con cinco mujeres que en esemomento el Tamborero tenía como propiedad.A diferencia de Carrillo, el Habanero no cargaba con sus mujeres, atodas las ubicó en su lugar de origen. Con cada una de ellas habíatenido hijos, los cuales crecieron al lado de sus madres en San Pelayo,Manguelito y Ciénaga de Oro; excepto uno cuya madre muriópisoteada por la multitud en la última cumbiamba de la que se tienememoria en Cereté.El negro tomó a su hijo de solo dos meses, lo acomodó en un estuchede bombardino y lo dejó a merced de la corriente del rió con unanota para quien lo encontrara.
  • 22. Aguas abajo la encomienda fue hallada por un viejo pescador delZapal, quien necesitó cuatrocientos setenta días para encontrar aalguien que le pudiera leer la nota dejada por el Habanero.Al niño, el viejo lo llamaba Rembe y lo llevó a la dirección queindicaba la hoja escrita en fina caligrafía.Era el almacén de un Turco quien al leer el mensaje, sin mediarpalabra le entregó otro estuche. Por un momento el viejo pensó queera otro hijo que el destino le había enviado. Sin embargo no lo abrióhasta llegar a su casa, un rancho construido sobre un alubión en lasorillas del Bugre. Al destapar el estuche un brillo de oro lo encegueciópor varios segundos. Era una trompeta, tal vez la primera que habíallegado a Cereté. Alzando el instrumento y en actitud premonitoria, elviejo le dijo a su hijo: “Moisés fue salvado de las aguas, tu Rembefuiste salvado por la música”.Rembe se convirtió en un hombre tranquilo a pesar de ser robusto yde apariencia violenta por sus fuertes músculos y serio mirar. Llegabatodos los días al puerto como a eso de las ocho y media de lamañana y vendía el producto de la pesca a precio muy bajo, lo quetraía discusiones con los demás pescadores.“Después que tenga para el ron y la comida, estoy contento, la platano entra al cielo”, respondía a sus reclamos.
  • 23. Fue el mejor trompeta en todo el Sinú, inventó porros y fandangos delos cuales nunca reconoció autoría, así que la música lo único que ledejó fue una abultada bemba y un gran amor por el trago.Cuando decidió dejar la música subió a su canoa y está se convirtióen su vivienda hasta cuando desapareció, dicen que borracho, sedejó llevar por el río hasta Tinajones donde el mar se lo tragó, pareceser en busca de su verdadero padre.Rembe vivió en otro rancho, al lado del viejo, su compañera era unaindia de cabellos largos que le arrastraban, cosa que mantenía elsuelo del rancho barrido y los cabellos con un olor a barro, alombrices podridas, que excitaban al negro y le hacía hervir la sangrecada vez que se le acercaba.Rembe era un tipo práctico, le tenía prohibido usar ropa interior, asíque cuando llegaban se iban a la hamaca y hacían el amor hasta elcansancio.Ese fue un amor engendrado bajo las velas de un fandango,después que cayeron las últimas lluvias y empezaron las fiestas de laCandelaria.El negro la descubrió en la rueda del fandango, eran las doce de lanoche de un dos de febrero. Un manojo de velas brillaba en su rostro,un collar de perlas saltaba en su boca mientras sonreía, las olas de lafalda dominaban un circulo de dos metros de diámetro al cual searriesgaba a entrar un hombre menudito que se movía como
  • 24. marioneta, sus senos asomaban con violencia de su blusa y repetíandel sonido del bombo; bum, bum. bum.El negro Rembe sentado sobre la hierba de la corraleja, vació dosbotellas de ron sin dejar de mirar la sonrisa blanca de la india, luegose levantó y dando empujones a diestra y siniestra, cargó a la mujer ydesapareció en la oscuridad de la plaza de Santa Clara.Esa noche la llevó al rancho y sin decir palabra la amó en lahamaca.Ella se quedó hasta cuando apareció la desgracia.Desde que la trajo hasta que se marchó no se hablaron, las palabrasnunca hicieron falta, era una relación fundada en la proximidad y elcalor de los cuerpos, en la profundidad de las miradas y en laviolencia del beso.Fue una relación sin historias, sin nombre, sin familiares, sin tiempo,sólo la hamaca como péndulo de amor y testigo de los cuerpos.El idilio comenzó a resquebrajarse cuando los compañeros de labanda colocaron nombres a sus porros; como el negro cachón y elcacho caío. Esos nombres a composiciones que el había decidido nonombrar y las risas y los silencios con su llegada clavaron dardos a sueterna tranquilidad.La noche que llegó de Lorica y no la vio esperando como siemprebajo los tulipanes de enfrente, no la amó, la hizo orinar en una
  • 25. totuma y salió para donde María de los Hierros a llevarle los orines dela india.María de los Hierros era una vieja pequeña condenada a andar conlos pies forrados con hierbas, por quemaduras que nunca sanaroncuando intentó bailar sobre una fogata en una de las cumbiambas.En contraste con su piel debajo de sus anchas ropas se podíaimaginar un cuerpo hermoso que se contemplaba con una miradade perdón permanente.María de Los Hierros miró los orines y le dijo al negro que cuandocuatro goleros bajaran hasta donde él esté tocando, fuera a su casay los encontraría. El usa sombrero blanco.Como forma de pago Maria le pidió dos cosas: que le hiciera el amorcomo si fuera la india y que no los matara, que los dejara conocer elmar, ese seria su castigo.Pasaron siete semanas y las fiestas del Campesino en Rabolargohabían comenzado, los goleros bajaron esa noche cuando la bandatocaba un porro viejo. El negro los miró y pensó en el mar por dondeescapó su padre dejándolo en el río en un estuche de bombardino.Apretó la trompeta sobre su pecho y luego la lanzó al río y tomandoun atajo por el maíz de Juan Berrocal se fue a su casa.Se acercó agachado como quien caza turrugullas, el currao cantóvarias veces, una iguana se estrelló contra el agua.
  • 26. Había una oscuridad absoluta, risas y quejidos llegaron hasta él. Seinquietó, la brisa trajo la voz de Maria de los Hierros: “déjalos conocerel mar”. El negro Rembe sacó el machete de la vaina guindada en elhorcón, acarició el filo mojado por sus lagrimas, lo sonó contra elhorcón y con una voz que no reconoció como suya dijo: ¡Vamos aver quien es el macho, no joda!. Entonces una sombra blanca saliódisparada y se lanzó al río.El negro Rembe no volvió a tocar, se metió en una canoa y no volvióa salir del río hasta cuando se fue al encuentro con el mar.En ocasiones llegaba al puerto de Cereté a vender la pesca y lagente admiraba la larga cabellera negra que llegaba hasta el agua,guindada en una vara de mangle a manera de asta y un sombreroblanco en la punta.
  • 27. Ñ La sombra de la mujer con su niño en brazos, se proyecta sobre la pared de boñiga como una repetición de sus angustias. El hombre en el chinchorro, fuma un tabaco. Piensa que no van a abandonar su rancho. Se levanta, toma una almohada y vuelve al chinchorro. Lamujer le entrega el niño. Un olor a lombrices podridas llega con la brisahúmeda.La mujer siente el olor, prende una vela y la coloca en el altar, frente a unalámina del Señor de los Milagros.El niño llora, entonces el hombre le habla del pez de níquel y le prometeque en la mañana irán a pescar. El niño acepta el trato y se duerme.Sueña con el maravilloso pez, del que también le había hablado su abueloantes de morir, sueña con traerlo al rancho para hacer adornos denavidad con el brillo de sus escamas.El hombre se levanta, su sombra no cabe en el rancho, entrega al niño consus sueños a la mujer, y prepara unos sacos de arena.Metros arriba, la inundación arrasa ranchos y niños con sueños plateados. Imágenes Tomadas de: http://images.google.es/