La Ultima Cena De Leonardo Da Vinci Pts

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Una lección de la historia que nos enseña que el bien y el mal, están siempre del lado que uno lo maneja y cuanto puede cambiar tu vida por tus actos.

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La Ultima Cena De Leonardo Da Vinci Pts

  1. 1. LA ÚLTIMA CENA DE LEONARDO DA VINCI Siete largos años tardaron para que el genio pudiera acabar uno de sus cuadros más famosos: el conocido como La Última Cena. El gran escultor, pintor e inventor, sabía que si lograba plasmar todo su sentimiento y arte en ese cuadro, lo admirarían los hombres con el venir de los siglos. Para poder pintar a cada uno de los personajes, Leonardo decidió elegir, con sumo cuidado, a modelos reales, de carne y hueso, que se asemejaran lo más posible a las características del personaje. Decidió iniciar con Jesús. No fue tarea fácil encontrar a una persona que reflejara pureza, nobleza y bellos sentimientos, además de algunas características físicas deseables y que no tuviera las cicatrices y las líneas duras que deja una vida marcada por el pecado. Por fin encontraron a un joven que se apegaba al estereotipo buscado. En él pudo ver a su alma a través de sus ojos y finalmente, después de seis meses, pintó a Jesús, el personaje central de la obra. Durante seis años el proceso se repitió. Once personas posaron como modelos, dejando para el final a Judas Iscariote, el apóstol que traicionó a Jesús por 30 monedas de plata. Por meses estuvo Da Vinci, junto con sus ayudantes, buscando a un hombre maduro con una expresión dura y fría, cuyo rostro mostrara las huellas de la avaricia, la hipocresía, el crimen y la traición. 

  2. 2. Por meses buscaron sin hallar a tan peculiar modelo, hasta que llegó a los oídos de Leonardo que en Roma acababan de apresar a un terrible criminal, y fue personalmente a visitarlo al calabozo donde se encontraba. Era exactamente lo que estaba buscando: un hombre casi muerto en vida, cuyo maltratado cabello largo ocultaba dos ojos llenos de rencor y odio. Ese hombre tenía en su haber una serie de robos y asesinatos, por lo que le esperaba una larga condena. Era el modelo perfecto para pintar a Judas. Por medio de un permiso otorgado por el rey, llevaron al reo, encadenado y custodiado por dos guardias, al estudio del pintor en Milán. Por varios meses aquel hombre se sentó silenciosamente frente al maestro, sin dar muestra de emoción alguna, mostrándose siempre distante e indiferente. Por fin llegó el último trazo. Cuando Da Vinci ordenó a los guardias que se lo llevaran de nuevo a Roma, el prisionero rompió en llanto y gritándole le increpó: “Da Vinci, obsérvame, mírame bien. ¿No me reconoces?” Leonardo, entre sorprendido y perplejo, lo estudió cuidadosamente y le respondió: “Nunca te había visto en mi vida hasta aquella tarde en el calabozo en Roma. ¿Te debería de conocer de antes?”. El prisionero cayó de rodillas mirando al cielo y con una voz llena de nostalgia y arrepentimiento exclamó: “¡Oh dios, tan bajo he caído!. Maestro… ¡Yo soy aquel joven que en esta misma silla, hace siete años pintaste como Jesús!” EXTRAIDO DEL LIBRO LECCIONES DE LIDERAZGO DE LUIGUI VALDES. LA ÚLTIMA CENA DE LEONARDO DA VINCI Pág. 50 
 


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