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    Compartir de corazón Compartir de corazón Presentation Transcript

    • z Autora Alba Mera Villalva
    • La señorita Adriana era maestra jardinera en una escuelaubicada en un barrio humilde. Le apasionaba su trabajo y lorealizaba con entusiasmo. Se preocupaba por cada niño enparticular y conocía a sus familias. Adriana los esperabacada mañana con una sorpresa: un títere, un muñeco nuevopara la sala, un cuento, una canción... Cada día era algodiferente.
    • Los niños entraban felices al salón. A mediamañana, la cocinera de la escuela llegaba con elcarrito. Los chicos escuchaban el ruido de lasrueditas y corrían a colocar sobre las mesas elplato y el vaso. Cuando la cocinera abría la puerta,ya estaban sentados y la recibían con un granaplauso. Ella les dejaba una jarra con chocolate,leche calentita y algo para comer.
    • También en ese aspecto, cada día había algodistinto: alfajores, galletitas, pan recién salido delhorno, facturas... Chicas y chicos tomaban conmuchas ganas la leche, especialmente los días defrío, y comían todo lo que les daban. Adriana losayudaba para que no se cayera nada y sealimentaran bien. Siempre se asombraba porqueMartín comía más rápido que los demás a pesar deser muy flaquito y pequeño.
    • En su rostro sobresalía una sonrisa enorme que nose borraba ni cuando jugaban a poner cara deenojados. Adriana pensaba que era extraño quecomiera tan rápido, porque no parecía ser de loschicos a los que les gustara mucho comer. La lechela tomaba de a poquito y, si algún día sobraba ypodía repetir, era uno de los que siempre lo hacía.Cierta vez, Adriana llevó caramelos para repartir a lasalida. A medida que los despedía, les ponía uno enel bolsillo.
    • Cuando le tocó a Martín, se dio cuenta de que tenía guardadoel pan que le habían dado a la hora de la merienda. No dijonada pero empezó a observar con más atención lo que hacíaMartín y descubrió que nunca se comía lo que le daban. Si eraun alfajor, le sacaba el papel para que ella creyera que se lohabía comido, pero lo guardaba para llevarlo a la casa.Entonces, Adriana se acercó a la mamá de Martín a la hora dela salida.
    • Le preguntó si Martín se comía loque llevaba a su casa en el bolsillo.La mamá la miró visiblementeasombrada y respondió que no, queMartín le había dicho que la cocinerasiempre le daba dos cosas, una paraél, que se la comía en la escuela, yotra para su hermanito más chico,que se quedaba en la casa al cuidadode una vecina. Todos los días, Martínle daba lo que llevaba de la escuela.
    • A Adriana se le hizo como un nudo en la garganta, no pudodecir una palabra y de inmediato entendió lo que estabaocurriendo. Esa tarde no dejó de pensar en qué podía hacer conesa situación. Al día siguiente, a la hora de repartir las cosas dela merienda, Adriana fue entregando un paquete de galletitaspara cada uno y, sin que vieran los demás, puso otro paquetitoen el bolsillo de Martín.
    • El niño agradeció en silencio y disimuladamente con una enormesonrisa. Pero la sonrisa fue más grande todavía cuando abrió elpaquete y comió las galletitas mientras acariciaba en su bolsillolo que iba a darle a su hermano. Y así fueron todos los días delaño.
    • FIN