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Historia del aguador Pedro Gil (recordando a Gloria Fuertes)
 

Historia del aguador Pedro Gil (recordando a Gloria Fuertes)

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Milenio del Reino de Granada e insertando poemas de Gloria Fuertes

Milenio del Reino de Granada e insertando poemas de Gloria Fuertes
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    Historia del aguador Pedro Gil (recordando a Gloria Fuertes) Historia del aguador Pedro Gil (recordando a Gloria Fuertes) Presentation Transcript

    • Escrito por: Remedios Torres FernándezC.E.I.P. “Capitulaciones”. Santa Fe (Granada).Ilustraciones: María Matilde Navarro Merino.MILENIO REINO DE GRANADA (RECORDANDOA GLORIA FUERTES).
    • Adaptación de un cuento de WashingtonIrving (“Leyenda del legado del moro”), de suobra “Cuentos de la Alhambra.”
    • INTRODUCCIÓN:Con este trabajo cumplo dos objetivos en los que creoprofundamente:- Interculturalidad.- La poesía de Gloria Fuertes, en concreto dospoemas que se prestan perfectamente a la temáticadel cuento, me parece una poesía llena de humanidad,que invita a la cooperación, nos llena de optimismovital… pero no las vamos a ver en este documentosino en el de las actividades al cuento (Documento 2).
    • Hace mucho tiempo, pero que muchísimo tiempo habíauna profesión que hoy nadie la realiza porque las casasy pisos tienen agua corriente. Con abrir un grifotenemos toda el agua que necesitamos. Peroantiguamente no había grifos en los hogares. Por esoexistía el oficio de “aguador”, ese personaje que iba porlos pueblos y ciudades vendiendo agua a la gente.Pues bien, nuestra historia comienza en el Norte deEspaña, concretamente en Galicia. De allí era PedroGil, un aguador que acarreaba agua del Río Miño paravenderla. Él era feliz porque tenía muy buen carácter.Pero un día en la ribera del río vio a un duende que ledijo:- No seas tonto. Vete al Sur a Andalucía. Mejor aGranada que tiene dos ríos maravillosos, el Darro y elGenil. Y también la Alhambra que es un monumentobien hermoso para alegrar los cinco sentidos.
    • Y sin pensarlo mucho se encaminó hacia Granada. Cuandollegó de tan larguísimo viaje, se informó del lugar donde elagua salía más buena y fresca.Le informaron que en la Alhambra había un pozo morisco,abierto en la roca, con agua fría como el hielo y limpia como elcristal. Así que un día subió a la Alhambra y se encontró elmencionado pozo y además allí vio a una mujer joven y muyguapa, que bailaba muy bien tocando las castañuelas. Y seenamoró perdidamente de ella. Se enteró de donde vivía yPedro Gil le cantó la siguiente canción, para que ella seenamorase también de él:Donde yo te conocísé que se llama la Alhambray si a mi alcance estuvieraallí me iría a vivircontigo de compañera.Parece que a la mujer le gustó mucho el cante porque secasaron muy pronto.
    • En Granada la gente comenzó a comerse la “d” de Pedro yse quedó en “Pero Gil”. Hasta que un día comenzaron allamarle Perejil y se quedó con este nombre para siempre.Perejil el Gallego comenzó el negocio con sólo un cántarode barro que llevaba al hombro, pero poco a poco mejoró deposición y pudo comprarse un burro que acarreaba loscántaros cubiertos con hojas de higuera para protegerlosdel sol. Y se hizo un famoso aguador que trabajabamuchísimo para alimentar a su mujer y a sus niños.
    • Pero una noche de verano se encontró el pozo desierto, aexcepción de un hombre vestido de moro, que estabasentado en un banco de piedra a la luz de la luna. Alprincipio, Perejil lo miró con sorpresa y temor, mas elmoro le hizo señas para que se acercara:- Me siento desfallecido y enfermo –le dijo- , ayúdame avolver a la ciudad y te daré el doble de lo que podríasganar con tus cántaros de agua.Perejil que tenía muy buen corazón decidió ayudar aldesconocido. Así que lo subió a su burro (jumento) y partiómuy lentamente hacia Granada, ya que el musulmánestaba muy débil y tuvo que sujetarlo sobre el animal paraevitar que se cayese al suelo.Al entrar en la ciudad, le preguntó que dónde lo dejaba.- No tengo casa ni habitación; soy un extraño en este país-. Déjame reclinar la cabeza, por esta noche, bajo tu techo,y serás generosamente recompensado.
    • Como era tan bueno el Señor Perejil condujo al moro a suhogar, que era una pobre choza. Los chiquillos, que salieron,como siempre, con la boca abierta, al escuchar las pisadasdel burro, retrocedieron espantados al ver al desconocido delturbante, y se ocultaron detrás de su madre, que muyenfadada dijo:- ¿Por qué traes a casa a estas horas a un moro? ¿Y si es unladrón?- Cállate, mujer –contestó el Gallego-; es un pobre extranjeroenfermo, sin amigos ni hogar; ¿serías capaz de echarle amorir a la calle?Perejil no escuchó a su mujer que seguía protestando y ayudóal pobre musulmán a descabalgar y extendió una esterasobre el suelo, en la parte más fresca de la casa.Al poco rato el moro se puso muy malito aunque Perejil locuidaba refrescándole la cabeza con un paño húmedo.El musulmán muy agradecido le dijo:- Si muero, te dejo esta caja en premio de tu caridad.Y al ratillo se murió el pobre.
    • La mujer de Perejil se puso muy enfadada. Pero ayudó a sumarido a subirlo en el burro para enterrarlo en la arena aorillas del Genil. Y Perejil se puso en camino con tan malasuerte que lo vio Pedrillo Pedrugo, un barbero muy chismosoy con malas intenciones.Pedrillo Pedrugo se fue a casa del alcalde para afeitarle y decamino contarle que Perejil el Gallego había robado yasesinado a un moro.Se daba el caso que este alcalde era muy malísimo yegoísta. Y viendo que podía coger mucho dinero del robomandó a su alguacil, un ayudante que tenía, para queapresara a Perejil.Interrogaron al Gallego y éste les dijo que no había matadoal moro. Sino que estaba muy enfermo y se murió. Y que porhaberle ayudado le había regalado una caja de sándalo.El alcalde comprendió que Perejil le había dicho la verdad. Ypermitió que se llevara la cajita pero le quitó el burro.
    • La mujer de Perejil estaba muy enfadada con él porque sehabía quedado sin el burro. No paraba de dar voces. Por elloPerejil tiró la caja de sándalo al suelo y se abrió la tapasaliendo un pergamino. Lo recogió y se lo guardó en el pecho,y a la mañana siguiente, cuando pregonaba su agua por lascalles, se detuvo ante la tienda de un moro, natural de Tánger(Marruecos), que vendía chucherías y perfumes en el Zacatín,y le pidió que le explicase su contenido.Leyó el moro el pergamino con atención, y finalmente le dijo:Este manuscrito es una fórmula de encantamiento pararecuperar el tesoro escondido bajo el poder de un hechizo.- Tú sabes leer el árabe. Suponte que vamos juntos a la torrey probamos el efecto del encanto; si falla, no habremosperdido nada; pero si sale bien, nos repartiremos por igual eltesoro que descubramos –dijo Perejil.- ¡Un momento!-respondió el musulmán-. Este escrito no bastapor sí solo; hay que leerlo a medianoche, a la luz de una velacompuesta y preparada de una manera especial, cuyosingredientes no están a alcance. Sin ella, el pergamino nosirve de nada.- ¡No me digas ya más! –exclamó el Gallego-. Tengo esa velaen mi poder y voy a traerla al momento.
    • Diciendo esto corrió a su casa y regresó al instante con el cabode vela de cera amarilla que había encontrado en la caja desándalo.Mientras se halle encendida la vela, permanecerán abiertos losmuros y cuevas. Pero ¡desgraciado del que continúe dentro hastaque se apague, porque se quedará encantado con el tesoro!Esa misma noche subieron a la Alhambra y se acercaron aaquella espantosa torre. A la luz de una linterna se abrieron pasoentre los arbustos y sobre las piedras caídas, hasta llegar a lapuerta de una bóveda (como una cueva) que había bajo la torre.Temblorosos bajaron muchos escalones hasta llegar a unabóveda húmeda y fría. Cuando el reloj dio las doce encendieron lavela de cera, que difundió un olor muy agradable.
    • El moro comenzó a leer apresuradamente. Apenashabía acabado cuando se produjo un ruido como deun trueno. Temblaron de miedo, descendieron por ély, a la luz de la linterna, se encontraron en otrabóveda cubierta de inscripciones árabes. En elcentro había una gran arca, y a cada lado se sentabaun moro encantado. Delante del arca había variasorzas llenas de oro, plata y piedras preciosas.Metieron los brazos hasta el codo en la mayor deellas, sacando cada vez puñados de grandes yamarillas monedas de oro, o brazaletes y adornos deoro y algún que otro collar de perlas orientales. Sellenaron los bolsillos y corriendo escaleras arribaapagaron la vela cerrándose la bóveda con unatronador ruido.
    • Amigo Perejil –añadió el moro-, tú eres hombrediscreto y no dudo que guardarás el secreto; perotienes mujer.- Ella no lo sabrá –contestó Perejil.Pero cuando llegó a su casa su mujer se puso allorar:-¡Estamos bien pobres! ¡Los niños se mueren dehambre! Y tú llegas a las tantas sin dinero. ¡Quédesgraciada soy!¡Tendré que salir a pedir con losniños, a todas las calles!El pobre Perejil sintió mucha pena de su mujer y lecontó toda la historia del tesoro que habíanencontrado en la Alhambra. Y además le entregótodas las monedas y joyas que llevaba en losbolsillos.
    • A los pocos días Perejil vendió una moneda de oro ycon el dinero compró nuevas ropas para sus hijos, yjuguetes de todas clases y muchísima comida. Asíque cuando llegó a casa los chiquillos se pusieron abailar alrededor suyo, mientras él brincaba en elcentro, como el más feliz de los padres.Pero un día la mujer de Perejil se puso todas las joyasdel tesoro y se salió a la puerta para que la gente quepasaba por la calle se quedara embobada al verletantas joyas. Con tan mala suerte que PedrilloPedrugo, el entrometido barbero, la vio. Corriendo sefue a casa del alcalde para contarle que la mujer dePerejil estaba muy enjoyada. El alguacil detuvo aPerejil que cayó de rodillas e hizo un relato del tesoroencantado. También detuvieron al moro de Tángerque le dijo a Perejil:-No te había dicho que no le dijeras nada a tu mujer.
    • Y como este moro era muy sabio le dijo al alcalde:- En la cueva hay riquezas suficientes para enriquecernos atodos. Prometed un reparto justo y todo se sacará. Si no, lacueva permanecerá cerrada para siempre.El alcalde consultó con el alguacil que le dijo que aceptase.Que luego ellos se quedarían con todo y no le darían nada aPerejil ni al moro del Zacatín. Y que si pedían el tesoro losmeterían en la cárcel.Al llegar la medianoche, el alcalde salió secretamente,seguido del alguacil y del barbero chismoso. Llevabanprisioneros al moro y al aguador. También al burro dePerejil. Llegaron a la torre, y atando el burro a una higuera,descendieron hasta la cuarta bóveda de la torre.
    • Se sacó el pergamino, se encendió la vela de cera amarilla yel moro leyó la fórmula del hechizo. Tembló la tierra comoantes y se abrió el pavimento con un atronador ruido, dejandoabierto el estrecho tramo de escalones. El alcalde, el alguacily el barbero se quedaron helados y no podían descender. Elmoro y el aguador entraron en la bóveda inferior y hallaron alos dos moros sentados como antes, callados e inmóviles.Cogieron dos de los grandes jarrones repletos de monedas deoro y piedras preciosas. El aguador los subió con muchoesfuerzo.- Contentémonos con esto por ahora –dijo el moro-; aquí estántodos los tesoros que podemos llevarnos sin ser vistos, ysuficientes para enriquecernos a todos.-Pero ¿quedan más tesoros abajo? –preguntó el alcalde.- El mayor premio de todos –dijo el moro- , un enorme cofrelleno de perlas y piedras preciosas.- Subamos el cofre, sea como sea –gritó el codicioso alcalde.- Yo no bajo por más –respondió el moro.- Y yo tampoco bajo –dijo Perejil.- Ayudadme a subir el cofre, y repartiremos su contenidoentre nosotros –dijo el alcalde al alguacil y al barbero.
    • Diciendo esto, bajó los escalones, seguido por elalguacil y el barbero.Entonces el moro apagó la vela amarilla; se cerró elpavimento con su acostumbrado estruendo y los trespersonajes quedaron enterrados en la cueva (en susentrañas).Luego subió aprisa los distintos tramos de escalerasdiciéndole a Perejil:- Por malos y egoístas se van a quedar encantadoshasta que alguna vez alguien rompa el encanto. ¡Alá loha querido! -. Y dicho esto tiró el cabo de vela a unosmatorrales.
    • El moro regresó a África, a su ciudad natal deTánger, y el Gallego, con su mujer, sus hijos, y suasno, se fue a Portugal. Donde vivieron muy felicescomiendo perdices compradas con el oro deltesoro. Y allí Perejil se puso un nuevo nombre: donPedro Gil. Pero también me dijeron una vez quePerejil no llegó nunca a Portugal, sino que regresócon su familia a su querida Galicia.En cuanto al alcalde y sus adjuntos,permanecieron encerrados bajo la gran torre delos Siete Suelos, y allí siguen hechizados todavía.