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Vampire Academy:Spirit Bound
 

Vampire Academy:Spirit Bound

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    Vampire Academy:Spirit Bound Vampire Academy:Spirit Bound Document Transcript

    • 1Spirit Bound
    • 2 Agradecimientos El primer he importante agradecimiento por la traducción de este libros, se lo debemos a Pau Bascur, por facilitarnos el libro en Inglés. Entre al Staff detraductoras y correctoras a EeMaría, por su constante motivación y esmero por la realización de este proyecto. A cada una de las chicas por dedicarles tiempo, al mejor trabajo que los lectores podemos hacer, poder ofrecerles la traducción de un libro tan esperado. Y sobre todo a ustedes! Que nos siguen, leen y apoyan, a pesar de todo. Mil Gracias!!! Es por ustedes este trabajo de traducción.
    • 3 Capítulo 1 Traducido por MontyHay una gran diferencia entre amenazas de muerte y cartas de amor -incluso si la persona que escribe las amenazas de muerte todavía reclamaque realmente te quiere. Por supuesto, teniendo en cuenta que una veztrate de matar a alguien que amé, tal vez yo no tenga derecho a juzgar.La carta de hoy había sido perfectamente sincronizada, no es que esperaramenos, la había leído cuatro veces hasta ahora, y aunque se estabahaciendo tarde, no pude evitar leerla por quinta vez.Mi querida Rose,Uno de los pocos defectos de ser despertado es que ya no necesitan dormir,por lo que tampoco sueñas... Es una lástima, porque si pudiera soñar, seque soñaría contigo... Soñaría con tu el olor y cómo tu pelo negro se sientecomo seda entre los dedos. Soñaría con la suavidad de tu piel y la fiereza detus labios cuando nos besamos.Sin sueños, tengo que conformarme con mi propia imaginación - que es casitan buena. Me imagino todas esas cosas a la perfección, así como la formaen que será cuando me tome tu vida de este mundo. . Es algo que lamentotener que hacer, pero he tomado una decisión inevitable. Tu negativa aunirte a mí en la vida eterna y el amor no me deja ningún otro curso deacción, y no puedo permitir que alguien tan peligroso como tu este viva.Además, aunque sea en contra de tu voluntad, ahora tienes tantos enemigosentre los Strigoi que no pasaría mucho tiempo antes de que uno de ellos tematarían… Si debes morir, será por mi mano.. De nadie más.Sin embargo, te deseo lo mejor y suerte para tus pruebas de hoy --- no esque la necesites.. Si estás son las que realmente creo --- y no tengo ningunaduda de que lo son --será una pérdida de tiempo para todos.. Eres la mejordel grupo, y esta noche llevaras tu marca de promesa. Por supuesto, esosignifica que todo será mucho más que un desafío cuando nos reunamos denuevo --- definitivamente lo voy a disfrutar.Y nos reuniremos de nuevo. Con la graduación, serás expulsada de laAcademia, y una vez que estés fuera de sus muros. No habrá lugar en estemundo donde puedas esconderte de mí. Lo estoy viendo.Con Amor, Dimitri
    • 4A pesar de sus buenos deseos, no es una carta realmente inspiradora laarroje sobre la cama y salí de la habitación, intentando no dejar que meafectara. ―No hay lugar en este mundo donde puedas esconderte de mí.‖ .No lo dudaba. Sabía que Dimitri tenía espías. Desde que se convirtió en unvampiro malo, muerto viviente, también se había convertido en unaespecie de líder entre ellos - algo que me ayudó en mi huida cuando matóa su antigua jefa. Yo sospechaba que una gran parte de sus espías eranhumanos, mirándome através de las fronteras de la escuela, ya que unStrigoi no podría quedase veinticuatro horas allí plantados. Los sereshumanos pueden, y me he enterado recientemente de que muchos de losseres humanos estaban dispuestos a servir a la Strigoi a cambio de lapromesa de convertirse en un no de ellos algún día. Los seres humanosconsideran que la vida eterna merece la pena así sea corrompiendo susalmas y matando a otros para sobrevivir. . Los seres humanos me ponenenferma."Parece que estás listo para enfrentarte a un ejército".Salí de mis pensamientos oscuros. . Estaba tan obsesionada con Dimitri ysu carta, que había estado caminando por el campus, ajena al mundo, yno me había dado cuenta de mi mejor amiga, Lissa, me había alcanzado,una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro. Que pillara por sorpresa fueuna rara, porque compartimos un lazo psíquico, que siempre me mantuvoal tanto de su presencia y sentimientos. Tenía que estar muy distraídapara no reparar en ella, y si alguna vez hubo una distracción, esa era queel hombre que yo amaba quería matarme.Lissa me dio lo que ella esperaba que fuera una sonrisa convincente. Ellasabía lo que había ocurrido con Dimitri, mi ex profesor convertido enamante se había convertido en Strogi y ahora esperaba matarme despuésde que yo había intentado matarlo a él- sin lograrlo. Sin embargo a miamiga no sabía de las cartas que recibía de él cada semana, estas lapreocuparían, y ella ya tenía suficiente para hacer frente en su vida sin míacosador no-muertos como para agregar esto a su lista.― Como que estoy frente a un ejército", señalé. Era tarde, pero a finales deverano todavía brillaba el sol en el cielo de Montana, bañándonos en unaluz dorada mientras caminábamos. Esto me encantó, pero un Moroi -vampiro pacifico que no vive eternamente - como Lissa, tiende a debilitarsecon el sol y finalmente suele ser incómodo para ella.Ella se rió y se echó el pelo platino sobre un hombro. El sol iluminaba sucolor pálido dándola un brillo angelical. "Supongo que sí. . No creí que todoesto realmente te preocupara‖.
    • 5Podría entender su razonamiento. Incluso Dimitri había dicho que seríanuna pérdida de tiempo. Después de todo, me había ido a Rusia y luchadocontra Strigoi reales --- matando a varios de ellos por mi cuenta. Tal vez nodebería haber tenido miedo, pero toda la parafernalia y toda la gente derepente presionadme. Aumento mi ritmo cardíaco. ¿Qué pasa si no puedehacerlo? ¿Qué pasa si no era tan buena como yo pensaba que era? Losprofesores a los que me enfrentaría serían un reto para mí, ellos no eranStrigoi, pero fueron entrenados y llevaban luchando mucho más tiempoque yo. La arrogancia podría meterme en un montón de problemas, y sino, estaría haciendo frente a todas las personas que se preocupaba por mí.Toda la gente que había puesto tanta fe en mí.Otra cosa que también me preocupa."Estoy preocupado acerca de cómo estas marcas afectará mi futuro", ledije. Esa era la verdad. Los ensayos eran el examen final de un tutornovato como yo. Pasando a garantizar que podría graduarse en laAcademia de San Vladimir y tomar mi lugar con verdaderos guardianes ydefender a mi Moroi asignado.A través de nuestro vínculo, sentí la compasión de Lissa --- y supreocupación propia. "Alberta cree que hay una buena probabilidad de quepodamos estar juntas --- que vas a ser mi tutor".Me hizo una mueca. "Creo que Alberta lo estaba diciendo paramantenerme en la escuela." La abandone para cazar a Dimitri hace unosmeses y luego regrese - algo que no se veía bien en mi expedienteacadémico. También estaba el hecho de que la pequeña reina Moroi,Tatiana, me odiaba y, probablemente, trataría de influir en la manera dellevar mi tarea e incluso de que no la realizara- pero esa era otra historia. ."Creo que Alberta sabe que tendría que poner a la mitad de los tutores delmundo a intentar eliminarme antes de que dejara de protegerte. Y aun así,las probabilidades serían bastante pequeñas. "Delante de nosotras, el murmullo de la gente se hizo más fuerte. Uno delos muchos campos de la escuela destinados a las clases de gimnasia sehabía transformado en un estadio deportivo al estilo de la época romana ysus gladiadores. Las gradas se habían remodelado, ampliándose desdesimples asientos de madera a bancos lujosamente acolchado. Multitud debanderines rodeaban el campo, sus colores brillantes azotando el vientoeran visibles desde nuestra posición. No lo podía ver todavía, pero sabíaque habría algún tipo de cuartel construido cerca de la entrada del estadiopara que los principiantes esperaran.
    • 6En el campo se habría un circuito de obstáculos con truco y peligros.. Y deallí provenía el sonido estruendoso de los aplausos, muchos ya estaban allípara presenciar el evento."No nos rendiremos", dijo Lissa con firmeza. A través del vínculo, yo sabíaque lo decía en serio..Eso era una de las cosas fantásticas de Lissa --- sufe inquebrantable y el optimismo de que hacía que viera las más horriblespruebas como algo fácil de superar. Era un gran contraste con mi cinismoreciente. "Y yo tengo algo que podría ayudarle hoy."Ella se detuvo y busco en el bolsillo de sus vaqueros, saco un anillo deplata con piedras pequeñas diseminadas que parecían diamantes. Yo nonecesitaba ninguna explicación `para entender lo que estaba ofreciéndome.―¡Oh, Liss ... no sé. Yo no quiero, um, una ventaja desleal‖.Lissa echo los ojos hacia tras. "Ese no es el problema, y tú lo sabes. Éstapermitido, te lo juro".El anillo que ella me ofreció estaba encantado, con una fusión de laextraña magia que ella ejercía. . Todos los Moroi tenía el control de uno delos cinco elementos: tierra, aire, agua, fuego, o espíritu. ―El Espíritu‖ era elmás raro - tan raro que había sido olvidado durante siglos. Hasta que,Lissa y algunos otros descubrieron que había surgido en ellos. . Adiferencia de los demás elementos, que son más de naturaleza física, elespíritu estaba vinculado a la mente y todo tipo de fenómenos psíquicos.Hacer encantos con el espíritu era algo con lo que Lissa apenas habíacomenzado a experimentar --- y ella no era muy buena en eso. Suespecialidad con espíritu era el poder de curación, así que ella seguíaintentando hacer hechizos de sanación. El último había sido un brazaleteque quemó el brazo."Este funciona. No es muy poderoso, pero te ayudan a mantener laoscuridad a raya durante la prueba. "Todos los dones espirituales llevaban un precio: una oscuridad quefinalmente acababa en locura. . La oscuridad que a veces se filtraba en mía través de nuestra conexión. Lissa y yo habíamos descubierto que conencantos y su curación, se podía combatir. Esto era algo que tampocoteníamos dominado aun.Le di una leve sonrisa, movida por su preocupación, y acepte el anillo. Nome quemo la mano, cosa que tomé como una señal prometedora. Erapequeño --- Lissa tienden a trabajar pedacitos de plata que encuentra --- y
    • 7sólo cabía en mi dedo meñique. No sentí nada en absoluto, una vez o tuvepuesto.Esto suele suceder con los encantos de curación. O podría significar que elanillo era totalmente ineficaz. . De cualquier manera, ningún no sufríningún daño.. "Gracias", dije. Sentí la alegría que provenía de ella a través de nuestrovinculo, y seguimos caminando.Levante la mano frente a de mí, admirando la forma en que las piedrasverdes brillaban. No era una buena idea llevar una gran joya en la clase desuplicios físicos a los que tenía que enfrentarme, pero tendría guantespara cubrirla. "Es difícil de creer que después de esto, vamos salir de aquíy enfrentarnos al mundo real", que reflexione en voz alta, sin tenerrealmente en cuanta mis propias palabras.A mi lado Lissa se tenso, y me arrepentí inmediatamente. "Estar en elmundo real" esto significa que Lissa y yo íbamos a emprender una tarea dela cual ella no estaba muy convencida, pero que desgraciadamenteprometió ayudarme hace un par de meses.Mientras estuve en Siberia, descubrí que podría existir una manera dehacer que Dimitri fue de nuevo a un Dhampir como yo. Es algo realmentedifícil de lograr, posiblemente, una mentira - y con la manera en queestaba obsesionado con mi muerte, no tenía ilusiones de que hubieraninguna otra opción que la de matarle si antes él no me mataba a mí. Perosi había una manera de salvarlo antes de que esto sucediera, tenía queaveriguarlo.Desafortunadamente, la única pista que teníamos sobre cómo hacer estemilagro realidad, la conseguimos a través de un criminal. . No cualquiercriminal, si no: Víctor Dashkov, un Moroi real que había torturado a Lissay cometió toda clase de atrocidades que había hecho de la vida de Lissa uninfierno. La justicia cumplió, y Víctor fue encerrado en la cárcel, lo quecomplicaba las cosas. Sabíamos que mientras que él estuviera destinado auna vida tras las rejas, no vería razón para compartir lo que sabía sobre suhermano, posiblemente, lo único --- --- por lo que lógicamente Víctorpodría querer dar esa información seria si le ofreció la única cosa quenadie más podía: la libertad.Esta idea no era infalible, por varias razones. En primer lugar, yo no sabíasi iba a funcionar. Esto era una cosa importante. . En segundo lugar, notenía ni idea de cómo irrumpir en una prisión, por no hablar de la prisión,donde él fue.
    • 8Y, por último, estaba el hecho de que significaría la liberación de nuestroenemigo mortal. Eso fue lo suficientemente devastador para mí, por nohablar de cuanto lo fue Lissa.Sin embargo, tanto como la idea que le preocupaba --- y créanme, lo hacía--- Ella había jurado firmemente que me ayudaría. Yo le había ofrecidolibrarla de su promesa una docena de veces en el último par de meses,pero ella se mantuvo firme. . Por supuesto, considerando que no teníamanera de encontrar ni siquiera la prisión, su promesa no era tanimportante al fin y al cabo. Pretendía acabar con el incómodo silencioentre nosotras, hablándole sobre donde podríamos celebrar por todo lo altosu cumpleaños la semana siguiente. . Mis intentos fueron interrumpidospor Stan, uno de mis instructores de toda la vida. "Hathaway", me ladró,desde el campo. "Sería muy amable por tu parte que te unieras a nosotros.¡Ven aquí ahora! ―Los pensamientos sobre Víctor desaparecieron de lamente de Lissa. Ella me dio un abrazo rápido. . "Buena suerte", susurró."No es que la necesites."La expresión de Stan me dijo que la despedida de diez segundos había sidodiez segundos más larga de lo debido. Le di las gracias a Lissa con unasonrisa, y ella se dirigió a buscar a nuestros amigos en las gradasmientras que yo corría tras Stan. "Tienes suerte de que no ser uno de losprimeros", gruñó. "La gente incluso estaba haciendo apuestas sobre siaparecerías." "¿De verdad?" Le pregunté alegremente. "¿Cómo van las apuestas?.Todavía puedo cambiar de opinión. "Entorno los ojos y me lanzó una advertencia que no necesitaba palabras alentrar a la sala de espera al lado del campo, a través de las gradas.Siempre me sorprendió en los últimos años, cuánto trabajo suponían enestas pruebas, y no me impresionó menos ahora que lo veía de cerca. Losnovatos esperaban en los cuarteles construidos en madera, con un techo.Parecía como si la estructura siempre hubiera formado parte de la cancha.Se había construido con notable rapidez y se desmontaría igual de rápido,una vez que los ensayos terminaran. Una puerta de tres hojas dejaba verparte del campo, donde uno de mis compañeros estaba esperandoansiosamente. Todo tipo de obstáculos se daban lugar allí, retos pensadospara poner a prueba el equilibrio de los estudiantes y la coordinaciónmientras esquivaban a los tutores que les acechaban alrededor de losobjetos y las esquinas. Se habían construido padres con paneles demadera en el extremo de campo, creando un laberinto oscuro y confuso.Redes y plataformas inestables colgado en otras áreas, destinadas acomprobar lo bien que luchabas en condiciones difíciles.
    • 9Algunos de los otros novatos llegaban a la puerta, con la esperanza deobtener una ventaja al mirar a los que iban delante de ellos. Yo no. A míme gustaría llegar sin ver nada, asumir lo que cualquier reto que pusierandelante de mí.Estudiar el curso ahora simplemente me haría pensar demasiado y entraren pánico. Ahora lo que necesitaba ahora era calma. Así que me apoyé enuna de las paredes del cuartel y vi que me rodeaban. Parece que realmentehabía sido la última en aparecer, y me pregunte si la gente realmentehabía perdido dinero apostando por mí. Algunos de mis compañerossusurraban en grupitos. Algunos estaban haciendo estiramientos y otrosejercicios de calentamiento.. Otros se quedaron con los instructores quefueron sus mentores. Los maestros hablaron con atención a sus alumnos,dando palabras de asesoramientos de último minuto. Yo seguíaescuchando palabras como concentración y calma. Al verlos así se meencogía el corazón. No hace mucho tiempo, así era como me habíaimaginado el día de hoy. Me imaginaba a Dimitri y a mí, de pie juntos,diciéndome que me tomara todo esto en serio y que no perdiera la calmacuando estuviera en el campo. Alberta había designado una buenacantidad de mentores para mí desde que había regresado de Rusia, perocomo capitán, que estaba en su propio campo, estaba ocupada con todotipo de responsabilidades. Ella no tenía tiempo para venir y estrechar mimano. Los amigos que podría haberme ofrecido confort --- Eddie, Meredith,y otros --estaban ocupados con sus propios temores. Yo estaba sola.Sin ella, o Dimitri --- o, bien, nadie --- Sentí un dolor extraño producto dela soledad atravesarme. Dimitri debería haber estado aquí conmigo. Así escomo se suponía que debía haber sido. Cerré los ojos y fingí que realmenteestaba allí, a sólo unos centímetros de distancia como cuando hablamos."No te preocupes, camarada. Yo puedo hacer esto con los ojos vendados.¿Qué demonios? Puede que lo haga ¿Tienes algo que yo pueda utilizar parataparme los ojos? Si me haces ese favor, puede que incluso te dejeempatar. ―Pensando que esta fantasía tendría lugar después de quehubiéramos dormido juntos y habríamos decidido que lo nuestrofuncionaria, cabía una gran posibilidad de que más tarde el me ayudara aquitarme esa venda --- entre otras cosas.Me podía imaginar perfectamente la sacudida exasperada de cabeza que élme daría en respuesta a ese comentario. "Rose, te lo juro, a veces sientoque cada día contigo es mi examen personal." Pero yo sabía que habríauna sonrisa de todos modos, y la mirada de orgullo y aliento que me daríacuando me dirigiera hacia el campo sería todo lo que necesitaría parapasar las pruebas ---
    • 10"¿Estás meditando?" Abrí los ojos, asombrada por la voz. ―¿Mamá? ¿Quéestás haciendo aquí? "Delante de mí estaba Janine Hathaway, mi madre,que era a unos cuantos centímetros más baja que yo, pero ella tenía losuficiente para lucharon alguien de dos veces mi tamaño.El aspecto peligroso de su rostro bronceado hacía que nadie la desafiara.Ella me dio una sonrisa irónica y puso una mano en su cadera."¿Sinceramente, pensaste que no vendría a verte?"―No sabía", admití, sintiéndome un poco culpable por dudar de ella. Ella yyo no habíamos tenido mucho contacto en los últimos años, y sólo losacontecimientos recientes la mayoría de ellos malos, habían hecho quecomenzáramos a restablecer la conexión entre nosotras. La mayoría deltiempo, no sabía cómo sentirme respecto a ella. Oscilaba entre lanecesidad de una niña hacia su madre ausente y el resentimiento de unadolescente por el abandono. "Me imaginé que tendrías, ya sabes, cosasmás importantes que hacer.""Nada haría que me perdiera esto", dijo con firmeza. Ella inclinó la cabezahacia la puerta, haciendo que sus rizos color caoba se balancearan. "Nitampoco tu padre.""¿Qué?"Corrí hacia la puerta y me asome al campo de pruebas. Mi punto de vistade los palcos no era fantástico, gracias a todos los obstáculos en el campo,pero fue lo suficientemente bueno. Era fácil de identificar con su barba ybigote negro, así como el pañuelo de color verde esmeralda con nudos porencima de su camisa de vestir. Incluso podía captar el brillo de sus aros deoro. Tenía que estar derritiéndose con en este calor, pero pensándolo biense necesitaría más que un poco de sudor para que rebajara su sentido dela moda. Si la relación con mi madre era incompleta, mi relación con mipadre era prácticamente inexistente. Había hablado con él en mayo, y aunentonces, no fue hasta después de que le perdí de vista que me enteré deque era su hija. Todos los dhampirs tenían un Moroi como padre o madre,y él era el mío. Todavía no estaba segura de cómo me sentía respecto a él.La mayor parte de su vida seguía siendo un misterio, pero había muchosrumores de que él estaba involucrado en negocios ilegales. La genteactuaba como si fuera un matón o un mafioso y aunque yo había vistopocos indicios de ello, no me sorprendía. En Rusia, le llamaban Zemy: laserpiente.
    • 11Mientras yo lo miraba con asombro, mi madre se acercó a mi lado. "Estarácontento de que hayas llegado a tiempo", dijo. "Fue él quien inicio lasgrandes apuestas de si se habría espectáculo. El aposto por ti, si eso tehace sentir mejor.‖Gemí. "Por supuesto. Por supuesto que él era elcorredor de apuestas de detrás de las gradas. Debería haberlo sabido tanpronto como…. Mi mandíbula cayó hasta el suelo."¿Está hablando con Adrián?" Sentado junto a Abe estaba Adrian Ivashkov--- mi más o menos pareja. Adrián era un Moroi real --- y otro usuario delespíritu como Lissa.. Había estado loco por mí desde que nos conocimos,pero yo sólo tenía ojos para Dimitri. . Tras el fracaso en Rusia, yo habíaregresado y estaba comprometida a dar Adrian una oportunidad. . Para misorpresa, las cosas habían ido... bien entre nosotros. Geniales, incluso. Élme había escrito una propuesta en la que exponía de por qué él era unabuena decisión. Había incluido cosas como "Dejare los cigarrillos a menosque realmente necesita uno" y "Preparare sorpresas románticas cadasemana, como por ejemplo: un picnic improvisado, rosas, o un viaje aParís --- bueno en realidad ninguna de esas cosas valen ya porque noserian sorpresas".No era como si hubiera estado con Dimitri, pero bueno, se supone que nohay dos relaciones que puedan ser exactamente iguales. Sigo pretendiendointentar salvar a Dimitri, pero eso no significa que mi vida no tuvieraromance nunca más --- algo que me había llevado un tiempo aceptar.Adrián me hacía feliz. Y por ahora, eso era suficiente.Pero eso no necesariamente significa que yo quería suavizar las relacionescon mi padre mafioso, tampoco. "Es una mala influencia", protesté.Mi madre me dio un resoplido. "Dudo que Adrián pudiera influenciarmucho a Abe,‖."¡No Adrián! Abe. Adrián está intentando comportarse como se debería..Abe lo estropeara todo. "Junto con el tabaquismo, Adrián había juradoque había dejado de beber y otros vicios en su propuesta de noviazgo. Losmire a través de las gradas atestadas de gente, tratando de averiguar quétema podría ser muy interesante."¿Qué están hablando?""Creo que es la menor de sus preocupaciones ahora". Janine Hathaway noera ella si no era tremendamente práctica. "Preocúpate menos por ellos ymás por este campo."―¿Crees que están hablando de mí?"
    • 12―Rose "Mi madre me dio un golpe de atención en el brazo y arrastré mimirada hacia ella." Tienes que tomarte esto en serio. Mantén la calma, y note distraigas. "Sus palabras fueron tan parecida a lo que había imaginadoque me diría Dimitri que una pequeña sonrisa se deslizó en mi cara. Noestaba sola, después de todo."¿Qué es tan gracioso?"-Preguntó con cautela."Nada", dije, dándole un abrazo. Ella se puso tensa en un principio y luegose relajó, de nuevo me abrazo brevemente antes de marcharse lejos. "Mealegro de que estés aquí."Mi madre no era del tipo excesivamente cariñoso, y la pille por sorpresa."Bueno", dijo, visiblemente nerviosa, "Te dije que no me lo perdería".Miré hacia las tribunas. "Abe, por otra parte, no estoy tan segura."O esperar. . Una extraña idea vino a mí. . No, no ara tan extraño, enrealidad. Sospechoso o no, Abe tenía contactos lo suficientemente extensoscomo para haber sido capaz de deslizar un mensaje a Víctor Dashkov en lacárcel. . Abe había pedido información sobre Robert Doru, como un favorpara mí. Cuando Víctor envío un mensaje diciendo que no tenía razón paraayudar a Abe, con lo que le pedía, deseche rápidamente la posibilidad deque mi padre pudiera ser de más ayuda y salte inmediatamente a la ideade planear una fuga en la prisión. Pero ahora ….."Rosemarie Hathaway!"Era Alberta, quien me llamaba, con su voz de timbre claro y fuerte. Eracomo una trompeta, una llamada a la batalla. Todos los pensamientos deAbe y Adrian --- y sí, incluso Dimitri --- desaparecido de mi mente. Creoque mi madre me deseó buena suerte, pero las palabras exactas seperdieron según me dirigía hacia Alberta y el campo. La adrenalina seapoderó de mí. Mi pulso se acelero una vez más. .Toda mi atención estabaahora en lo que se avecinaba: la prueba que, finalmente, haría de mí unguardián.
    • 13 Capítulo 2 Traducido por Monty, EeMaria, Aurim Corregido por Mo0shaMis pruebas fueron borrosas. Uno pensaría, que ya, que era una parteimportante de mí educación en St. Vladimir, recordaría todos los detallesperfectamente. Sin embargo, mis pensamientos anteriores eran del tipo atener en cuenta. ¿Cómo se podrían medir hasta lo que yo, ya habíaenfrentado? ¿Cómo podrían estos simulacros de combate compararse conuna turba de Strigoi descendiendo en nuestra escuela? Yo había tenidoque oponerme a desventajas abrumadoras, sin saber si mis seres queridosestaban vivos o muertos. ¿Y cómo temer a una llamada batalla coninstructores de la escuela, después de haber luchado contra Dimitri?Había sido letal como un dhampir y peor como un renacido Strigoi. No esque yo quisiera hacer ligeros los ensayos, fueron graves. Novatos leshabían fallado todo el tiempo, y me negué a ser uno de ellos. Fui atacadapor todos lados, por guardianes que habían estado luchando y defendiendoa los Moroi desde antes de que yo naciera. La arena no era plana, lo quecomplicaba todo. La habían llenado de artículos y de obstáculos, las vigaspusieron a prueba mi equilibrio - incluyendo un puente que me recordódolorosamente a la última noche que había visto a Dimitri.Lo empuje tras clavarle una estaca de plata en su corazón - un juegodurante el que había caído en plomada al río, aguas abajo. El puente delestadio era un poco diferente al de madera sólida sobre el cual Dimitri y yohabíamos luchado en Siberia. Esta era desvencijada, un caminoconstruido por tablones de madera en mal estado, con carriles de cuerdasólo para apoyarte. Cada paso que daba, columpiaba el puente entero y loagitaba, los agujeros entre los tablones me mostraban dónde estaban misantiguos compañeros de clase (por desgracia para ellos) descubrí mi puntodébil. La prueba que se me asignó en el puente fue probablemente la peorde todas. Mi objetivo era conseguir mantener a un "Moroi" lejos de ungrupo de "Strigoi", que fueron en su persecución. Mi Moroi estaba siendointerpretado por Daniel, un nuevo tutor que había llegado con los demás ala escuela para sustituir a los muertos en el ataque. Yo no lo conocía muybien, pero para este ejercicio, el estaba completamente dócil ydesamparado - incluso con un poco de miedo, como cualquier Moroi yo loestaba custodiando. El dio un poco de resistencia al pisar el puente, y yoestuve más tranquila, la mayoría de voces halagándome llegaban pordelante de donde caminaba. Al parecer, las personas teníanconocimientos, y habilidades para el combate.
    • 14No muy lejos detrás de nosotros, sabía que los guardianes en calidad deStrigoi se acercaban. Daniel salió, y yo lo seguí, mientras que todos missentidos se quedaron en estado de alerta. El puente se abrióviolentamente, con una sacudida supe que nuestros perseguidores sehabían unido a nosotros. Miré atrás y vi a tres "Strigoi" que venían trasnosotros. Los guardianes de la prueba estaban haciendo un trabajoextraordinario -se movían con mucha destreza y velocidad como haríanverdaderos Strigoi. Ellos nos iban alcanzar si no, nos movíamos."Lo estás haciendo muy bien", le dije a Daniel.Era difícil mantener el tono adecuado de mi voz. Gritando al Moroi podríaponerle en estado de shock. Si lo hacía con delicadeza le haría pensar queno era grave."sé que puedes moverte más rápido. Tenemos que seguir por delante deellos – están cada vez más cerca. Sé que puedes hacer esto. Vamos."Debí haber aprobado esa parte persuasiva de la prueba, porque él,efectivamente, empezó a tomar velocidad – no era lo suficiente rápidocomparada con la de nuestros perseguidores, pero era un comienzo. Elpuente se agito bruscamente. Daniel gritó y se quedó inmóvil, sujetando lacuerda con fuerza a ambos lados. Delante de él, vi a otro guardián-como-Strigoi esperando en el lado opuesto del puente. Creo que su nombre eraRandall, otro nuevo instructor. Yo estaba en medio entre él y el grupo a miespalda. Sin embargo, Randall se quedó quieto, esperando en la primeratabla del puente comenzando a moverla, para hacérnoslo mas difícil anosotros."Continua", insistí, en mi mente giraba. "puedes hacerlo."―! Pero hay una Strigoi! Estamos atrapados", exclamó Daniel."No te preocupes. Voy a tratar con él. Sólo tienes que moverte."En esta ocasión mi voz era feroz, Daniel se deslizó hacia adelanteimpulsado por mi mando. En estos momentos requería una sincronizaciónperfecta por mi parte. Mire a los "Strigois" que estaban a ambos lados denosotros y mantuve a Daniel en movimiento, Cuando estábamos casi atres cuartas partes de llegar le susurre,"!a cuatro patas ahora mismo! ¡Rápido!"Él obedeció. De inmediato se arrodilló, hablándome en voz baja:
    • 15"Estoy a punto de gritarte, e ignorarte." Dijo en voz más alta, en beneficiode los que vienen después de nosotros, exclamé:"¿Qué estás haciendo? ¡No podemos parar!"Daniel no se movió, y le hable en voz baja."Bien. ¿Ves las cuerdas conectadas a la base de los rieles?. Agarrarlos tanfirmemente como puedas, y no las sueltes, no importa lo que suceda.Envuelve tus manos en torno a ellas si es necesario. ¡Hazlo ahora! "Él obedeció. El reloj seguía corriendo, y no podía perder otro minuto más.En un solo movimiento, mientras todavía estaba en cuclillas, me di lavuelta y corte las cuerdas con un cuchillo que me habían dado para laprueba . La hoja, gracias a Dios, era fuerte. No corte las cuerdas alinstante, pero corte tan rápidamente que los "Strigoi" que estaban a cadalado de nosotros no tuvieron tiempo de reaccionar. Rompí las cuerdas a lavez que le recordaba a Daniel que aguantara. Las dos mitades del puentegiraron hacia los lados del andamio de madera. Daniel y yo habíamosestado preparados. Dos de los perseguidores cayeron. Uno apenas logróagarrarse a una tabla, se deslizo un poco antes de asegurar su control. Lacaída real fue de seis metros, pero parecía como si hubieran sidocincuenta – a una distancia que nos mataría a mí y Daniel si cayéramos.Contra todo pronóstico, cayó sin soltar la cuerda. Yo estaba pendiente detodo, y una vez que la cuerda y la madera se quedaron planas contra elandamiaje de los lados, empecé a trepar por ella como una escalera. No erafácil trepar sobre Daniel, pero lo hice, y me dio la oportunidad para decirleque esperara. Randall, que había estado esperando delante de nosotros, nose había caído. Había tenido los pies en el puente cuando corte la cuerda,sin embargo, le sorprendí lo suficiente para que perdiera el equilibrio. Serecupero rápido, las cuerdas estaban vibrando, trató de subir a lasuperficie sólida de arriba. Estaba mucho más cerca que yo, pero logreagarrarle la pierna y detenerlo. Lo tiré hacia mí. Él mantuvo su controlsobre el puente, y seguimos luchando. Yo sabía que probablemente nopodría tirarlo, pero era capaz de mantenerlo cada vez más cerca. Por fin,nos soltamos agarre el cuchillo de mi cinturón - algo que puso a prueba miequilibrio. La torpe posición de Randall me dio una buena posición de sucorazón, y la tomé. Para los ensayos, teníamos cuchillos que notraspasaban la piel, pero podrían ser utilizados con la fuerza suficientepara convencer a nuestros oponentes que sabíamos lo que estábamoshaciendo. Mi alineación era perfecta, y Randall, admitió que fue un golpemortal, renunció a su control y cayó desde el puente.
    • 16Eso me dejó la penosa tarea de persuadir a Daniel para subir. Le tomómucho tiempo, pero una vez más, su comportamiento no estaba fuera delcarácter de un Moroi con miedo.Sólo estaba agradecido de que no fuera un verdadero Moroi, si no, habríaperdido el equilibrio y se habría caído. Después de ese desafío vinieronmuchos más, pero no deje que el cansancio me afectara. Me deslicé enmodo de batalla, mis sentidos se centraron en los instintos básicos:luchar, esquivar, matar. Y mientras me mantuviera en sintonía con ellos,tendría que ser innovadora y no caer en un período de calma. De locontrario, no sería capaz de reaccionar ante una sorpresa como el puente.Me las arreglé para, luchar contra ellos sin otros pensamientos más allá decumplir las tareas antes que yo misma. Traté de no pensar en misinstructores, gente que yo conocía. Yo los trataba como Strigoi. Cuandofinalmente terminó, casi no me di cuenta. Simplemente estaba allí de pieen medio del campo sin atacantes cerca de mí .Estaba sola. Poco a poco,me hice más consciente de los detalles del mundo. Las multitudes en lasgradas animándome. Instructores asintiendo con la cabeza el uno al otro,No fue hasta un Alberta tiró de mi brazo con una sonrisa me di cuenta deque había terminado. La prueba que había esperado toda mi vida, terminóen lo que parecía un abrir y cerrar de ojos."Vamos¨-dijo ella, envolviendo su brazo alrededor de mi hombro y me guióhacia la salida."Necesitas un poco de agua y sentarte."Me dejé llevar fuera del campo, alrededor del cual la gente seguíaaplaudiendo y gritando mi nombre. Detrás de nosotros, escuché a algunaspersonas decir que tenían que tomar un descanso y arreglar el puente.Ella me llevó de nuevo a la sala de espera y me empujó con suavidad sobreun banco. Alguien se sentó junto a mí y me entregó una botella de agua.Miré y vi a mi madre. Tenía una expresión en su rostro que nunca habíavisto antes: radiante de puro orgullo."¿Eso es todo?" Le pregunté por fin. Me sorprendió de nuevo con una risadivertida."¿Eso es todo?" , repetí."Rose, estuviste allí casi una hora. Usted sopló a través de esa prueba concolores de vuelo - probablemente una de las mejores pruebas que estaescuela haya visto.
    • 17"¿En serio? Me parecía. . . "fácil no era la palabra correcta." Fue unaneblina, eso es todo. "Mi madre me apretó la mano." Estabas increíble. Estoy tan, tan orgullosade ti. "La realización de todo realmente, me di cuenta entonces, y sentí unasonrisa de mi propia difusión sobre mis labios."¿Y ahora qué pasa? ", pregunté." Ahora te vas a convertir en unaguardiana‖.Me habían tatuado muchas veces, pero ninguna de aquellas veces se podíacomparar con la ceremonia y la fanfarria que se produjo al obtener mimarca de la promesa. Antes, ya había recibido las marcas molnija por lasmuertes que había dado en trágicas e inesperadas circunstancias: la luchacontra Strigois en Spokane, el ataque a la escuela y el rescate –acontecimientos que eran motivos de luto, no de celebración. Después detodas esas muertes, como que perdimos la cuenta, y aunque losguardianes tatuadores todavía intentaban registrar todas las muertesindividuales, al final me habían dado una marca en forma de estrella queera una manera elegante de decir que habían perdido la cuenta.El tatuar no es un proceso rápido, incluso si estabas recibiendo unapequeña, y mi clase entera al graduarse tenía que hacérselos. Laceremonia tuvo lugar en lo que solía ser el comedor de la Academia, unahabitación que fueron capaces de transformar notablemente en algo tanespléndido y elaborado como lo que nos encontramos en la Corte Real. Losespectadores –amigos, familiares, guardianes– llenaban la sala cuandoAlberta nos iba llamando por nuestros nombres uno por uno e iba leyendonuestras calificaciones al acercarnos al tatuador. Las calificaciones eranimportantes. Se harían públicas y, junto con los grados de la escuelagenerales, influían en nuestras asignaciones. Los Moroi podían requerircierta categoría en sus guardianes. Lissa me había solicitado a mí, porsupuesto, pero ni siquiera las mejores calificaciones del mundo podíancompensar todas las notas de mal comportamiento que tenía en miexpediente.Sin embargo, no había Morois en esta ceremonia, aparte de los pocos quehabían sido invitados en calidad de invitados por los nuevos graduados.Todos los reunidos éramos dhampirs: o bien guardianes experimentados orecién llegados como yo.
    • 18Los invitados se sentaron en la parte posterior, y los guardianes veteranosse sentaron cerca de la parte delantera. Mis compañeros y yo estuvimos depie todo el tiempo, tal vez como una especie de última prueba deresistencia.No me importó. Me había cambiado mi ropa sucia y rota por pantalonessencillos y un suéter, un conjunto que parecía elegante al tiempo queconservaba un aire solemne. Fue una buena elección, porque el aire de la habitación estaba cargado detensión, todos los rostros con una mezcla de alegría por nuestro éxito yansiedad por nuestro nuevo papel letal en el mundo. Yo miraba con ojosbrillantes mientras mis amigos fueron llamados, sorprendida eimpresionada con muchas de las calificaciones.Eddie Castile, un amigo cercano, tuvo una alta puntuación en particularen una protección de Moroi cuerpo a cuerpo. No pude evitar una sonrisamientras miraba al tatuador hacerle a Eddie su marca."Me pregunto cómo llevó a su Moroi por el puente", murmuré en voz baja.Eddie era muy ingenioso.A mi lado, otra amiga mía, Meredith, me dio una mirada de perplejidad."¿De qué estás hablando?" Su voz era suave y por igual."Cuando fuimos perseguidos sobre el puente con un Moroi. El mío eraDaniel.‖ Ella todavía parecía confundida, y le di detalles. "¿Y pusieronStrigois en cada lado?""Yo crucé el puente," susurró, "pero acabé siendo perseguida. Tomé a miMoroi a través de un laberinto."La mirada fulminante de un compañero cercano nos hizo callar, y meescondí mi ceño fruncido. Tal vez no era yo la única que había pasado porla prueba aturdida. Meredith la había cagado en sus prácticas.Cuando mi nombre fue mencionado, oí unas cuantas exclamacionesahogadas cuando Alberta leyó mis calificaciones. Yo tenía las más altas dela clase con diferencia. Estaba contenta de que no leyera mis notasacadémicas.
    • 19Habrían restado totalmente algo de la gloria del resto de mi actuación. Yosiempre lo había hecho bien en mis clases de combate, pero lasmatemáticas y la historia… bueno, en esas estaba un poco escasa,particularmente ya que siempre parecía estar entrando y saliendo de laescuela.Mi pelo estaba bien recogido en un moño, con cada mechón rebelde sujetocon horquillas para que el tatuador no tuviera nada que interfiera en sutrabajo. Me incliné hacia adelante para facilitarle la visión y oí su gruñidode sorpresa. Con la parte posterior de mi cuello cubierta de marcas, teníaque ser complicado. Por lo general, un nuevo guardián proporcionaba unlienzo en blanco. Este hombre era bueno, sin embargo, y logró colocardelicadamente la marca de la promesa en el centro de la nuca después detodo.La marca de la promesa se parecía a una larga S extendida, con losextremos enroscados. Lo ajustó entre las marcas molnija, dejando que seenvolviera a su alrededor como un abrazo. El proceso dolió, pero mantuvela cara en blanco, resistiéndome a retroceder. Se me mostró el resultadofinal en un espejo antes de que lo cubriera con un vendaje, de modo quecurara limpiamente.Después de eso, me reuní de nuevo con mis compañeros de clase y vi cómoel resto de ellos recibían sus tatuajes. Lo que significaba estar de piedurante dos horas más, pero no me importó. Mi cerebro aún estabaconmocionado con todo lo que había sucedido hoy. Ya era un guardián. Unguardián de verdad, puro y duro. Y con ese pensamiento me llegaronpreguntas. ¿Qué pasaría ahora? ¿Mis calificaciones serían losuficientemente buenas para borrar mi historial de mal comportamiento?¿Sería la guardián de Lissa? ¿Y qué pasaba con Víctor? ¿Qué pasaba conDimitri?Me moví incómoda cuando el todo impacto de la ceremonia de guardianesme golpeó. Esto no era sólo sobre Dimitri y Víctor. Esto era sobre mí…sobre el resto de mi vida. La escuela había terminado. Ya no iba a tener amaestros siguiendo todos mis movimientos o corrigiéndome cuandocometiese errores. Todas las decisiones las tomaría yo cuando estuvieraahí fuera protegiendo a alguien. Los Moroi y los dhampirs más jóvenes meverían como a la autoridad. Y yo ya no podría darme el lujo de practicar lalucha un rato y después no hacer nada en mi habitación luego. Ya nohabría clases bien definidas. Estaría de servicio todo el tiempo. La idea fuesobrecogedora, la presión casi demasiado grande. Yo siempre habíaequiparado la graduación con la libertad.
    • 20Ahora no estaba tan segura. ¿Qué nueva forma iba a tomar mi vida? ¿Quédecidiría? ¿Y cómo podría llegar hasta Victor si era asignada para protegera nadie más que a Lissa?Al otro lado de la sala, me encontré con los ojos de Lissa entre el público.Quemaron con un orgullo que hacían juego con el de mi madre, y éstasonrió cuando nuestras miradas se cruzaron.‗Quita esa mirada de su cara,‘ me reprendía a través del vínculo. ‗Nodeberías parecer tan preocupada, no hoy. Tienes que celebrarlo.‘Sabía que ella tenía razón. Podía hacerme cargo de lo que estaba por venir.Mis preocupaciones, que eran muchas, podían esperar un día más… sobretodo ya que el exuberante estado de ánimo de mis amigos y familiaaseguraba que lo iba a celebrar. Abe, con esa influencia que siempreparecía ejercer, había conseguido una pequeña sala de banquetes para daruna fiesta para mí, que parecía más adecuada para una debutante real, nopara una humilde dhampir temeraria.Antes del evento, me cambié una vez más. Una ropa más bonita de fiestaparecía ahora más apropiada que el conjunto formal para la ceremoniamolnija. Me puse un vestido cruzado verde esmeralda de mangas cortas yme colgué mi nazar alrededor del cuello. El nazar era un pequeño colganteque parecía un ojo, con diferentes tonos de azul en círculos. En Turquía,de donde venía Abe, se creía que ofrece protección. Él se lo había dado ami madre hacía años, y ella a su vez me lo dio mí.Para ese momento, me había puesto maquillaje y me peiné mi desbocadopelo suelto en oscuras ondas (porque el vendaje de mi tatuaje no iba con elvestido en absoluto), apenas me parecía a alguien que fuera capaz deluchar contra monstruos o incluso lanzar un puñetazo. No… no era deltodo cierto, me di cuenta un momento después. Mirándome en el espejo,me sorprendió ver una mirada angustiada en mis ojos marrones. Habíadolor allí, dolor y pérdida que ni siquiera los mejores vestidos y maquillajespodían ocultar.Hice caso omiso y salí para la fiesta, topándome de inmediato con Adriantan pronto di un paso fuera del dormitorio. Sin decir una palabra, mearrastró a sus brazos y me asfixió con un beso. Me cogió totalmentedesprevenida. Supongo. Las criaturas no-muertas no me sorprendían, peroun impertinente Moroi de la realeza sí.Y fue todo un beso, uno que casi me hacía sentirme culpable por sumirmeen él.
    • 21Había tenido preocupaciones al principio de salir con Adrian, pero muchasde ellas habían desaparecido con el tiempo. Después de verle coqueteardescaradamente y no tomarse nada en serio durante tanto tiempo, nuncahabía esperado ver tanta devoción de él en nuestra relación. Asimismo, noesperaba encontrar que mis sentimientos cada vez se hicieran mayoreshacia él, lo que parecía muy contradictorios teniendo en cuenta quetodavía amaba a Dimitri e iba tramando imposibles maneras para salvarlo.Me reí cuando Adrián me depositó en tierra. Cerca de allí, unos pocosMoroi jóvenes habían dejado de mirarnos. Morois que salieran condhampirs no era tan poco común a nuestra edad, pero ¿una dhampir conmala fama saliendo con el sobrino-nieto de la reina Moroi? Como que esono se daba por allí… especialmente, puesto que era extensamenteconocido lo mucho que la Reina Tatiana me odiaba. Había habido unospocos testigos de mi último encuentro con ella, cuando ella me gritó paraque me mantuviera alejada de Adrián, pero ese tipo de cosas de ese tipo decosas siempre se propagaba con facilidad."¿Qué tal el espectáculo?" le pregunté a nuestros voyeurs.Dándose cuenta de que había sido descubierto, los jovencitos Moroisrápidamente siguieron su camino. Me volví hacia Adrian y sonreí."¿Qué fue eso? Fue una especie de gran beso para exponerme en público.""Eso", dijo con grandilocuencia, "fue tu recompensa por patear tantosculos en esas pruebas." Hizo una pausa. "También fue porque te vestotalmente caliente con ese vestido."Le di una mirada irónica."Recompensa, ¿eh? El novio de Meredith le consigue pendientes dediamantes."Él se agarró de mi mano y se encogió de hombros indiferente cuandoempezamos a encaminarnos a la fiesta."¿Quieres diamantes? Te voy a dar los diamantes. Te voy a bañar en ellos.Caray, voy a conseguirte un vestido hecho de ellos. Pero va a ser muyescaso.""Creo que me conformo con el beso después de todo," le dije, imaginando aAdrian vistiéndome como a una modelo de trajes de baño. O una streaper.La referencia a la joyería también me trajo de repente un recuerdoindeseado.
    • 22Cuando Dimitri me había mantenido cautiva en Siberia, adormeciéndomeen una maravillosa autocomplacencia con sus mordeduras, que tambiénme había bañado en joyería."Sabía que eras una chica mala", continuó Adrián. Una cálida brisa deverano revolvió su pelo marrón que tan laboriosamente se peinaba cadadía, y con su mano libre, distraídamente trató de ponerlo en su lugar."Pero no me di cuenta de hasta qué punto hasta que te vi alejarte de losguardianes ahí fuera.""¿Eso significa que vas a ser más amable conmigo?" me burlé."Ya soy amable contigo" dijo él con altanería. "¿Sabes lo desesperadamenteque quiero un cigarrillo en este momento? Pero no. Valientemente aguantomi retirada de la nicotina… todo por ti. Pero creo que verte ahí fuera mehará un poco más de cuidadoso contigo. Ese alocado padre tuyo como queme va a hacer también más cauteloso."Gemí, recordando cómo Adrian y Abe había estado sentado juntos.-Dios. ¿De verdad tiene que salir con él?- Hey, él es impresionante. Un poco inestable, pero impresionante.Nosotros nos llevamos bien. - Adrián abrió la puerta del edificio queestábamos buscando. -Y es un genio a su manera también. Quiero decir,cualquier otro tipo que llevaban pañuelos así. Habría que reírse de él enesta escuela. No con Abe. Habría que golpear a alguien casi tan mal comolo harías. De hecho. .. - la voz de Adrian se volvió nervioso. Le di unamirada de sorpresa.-De hecho, ¿qué?-Bueno... Abe dijo que yo le gustaba. Pero también dejó en claro lo queharía de mí si alguna vez te hago daño o algo malo.- Adrian hizo unamueca. -De hecho, describió lo que él haría con gráfico detalle. Entonces,sin más, pasó a algunos, tema al azar sin importancia. Me gusta el chico,pero me da miedo.-¡Está fuera de lugar!- Llegué a un alto frente a la sede de la fiesta. Através de la puerta, oí el rumor de las conversaciones. Nos pareció ser delos últimos en llegar. Supuse que eso significaba que había que hacer unagran entrada para los invitados de honor. -Él no tiene derecho a amenazara mis novios. Tengo dieciocho años. Un adulto. No necesito su ayuda.Puedo poner en peligro a mis novios por mí misma -Me indine con él.
    • 23-Pero eso no quiere decir que no voy a aceptar su "consejo" en serio. Micara es demasiado bonita para ponerla en riesgo.Su cara era bonita, pero eso no me impidió sacudir la cabeza conexasperación. Agarre la puerta de acceso, pero Adrian tiró de mi de nuevo.-Espera,- dijo. Me atrajo a sus brazos de nuevo, nuestros labios se unieronen un beso ardiente.Mi cuerpo estaba pegado al suyo, y me encontré confundida por mispropios sentimientos y la seguridad de que estaba llegando a un puntodonde yo podría querer algo más que besos.Está bien, -dijo Adrian cuando había roto por fin nuestra cercanía.-Ahorapodemos entrar.Tenía esa misma luz en su tono de voz, en sus ojos de color verde oscuro,vi la chispa de la pasión. No fui la única pensando en algo más que besos.Hasta ahora, habíamos evitado hablar sobre sexo, y que había estado muybien en realidad que no me presionara.Creo que él sabía que yo no estaba preparada después de Dimitri, pero enmomentos como estos, podía ver lo difícil que era para Adrian contenerse.Algo se ablando en mi interior, de pie y de puntillas, le di otro beso.-¿Qué fue eso?" -preguntó unos momentos después. Sonreí.-Tu recompensa.Cuando finalmente entramos en la fiesta, todos en la sala me recibieroncon vítores y orgullosas sonrisas. Hacía mucho tiempo, habría disfrutadode ser el centro de atención. Pero ahora, ese deseo se había desvanecidoun poco. Puse un rostro confiado y acepte con arrogancia y fingidafelicidad los elogios de mis amigos. Levanté mis manos triunfales, ganandomás aplausos y aprobación. Mi fiesta fue casi igual de borrosa que mispruebas. Nunca te das realmente cuenta de cuántas personas sepreocupan por ti hasta que todos se reúnen para apoyarte. Me hizo sentirhumilde y casi suelto un par de lágrimas. Aunque me guarde esto para mímisma, sin embargo. Me costó comenzar a gritar por mi propia victoria.Todo el mundo quería hablar conmigo, y yo estaba sorprendida yencantada cada vez que alguna persona se me acercaba. No era frecuentetener a todas las personas que más amaba en un mismo lugar, y coninquietud me di cuenta de que esta oportunidad no pudría dar otra vez.
    • 24-Bueno, finalmente conseguiste una licencia para matar. Ya era horaMe di vuelta y me encontré los ojos divertidos de Christian Ozera, unaantigua molestia que se había convertido en un buen amigo. Tan bueno,de hecho, le di gracias al el celo por él, extendí los brazos hacia él y loabracé - algo que él claramente no esperaba. Estaba sorprendiendo a todosen la actualidad.-Alto, alto,- dijo ruborizado separándose un poco. -Era de esperar. Tú eresla única chica que podía ponerse emocional en torno a la idea de matar. Yono quiero ni pensar lo que pasara cuando usted e Ivashkov estén solos.-Hey, mira quién está hablando. Tú pagarías por estar allí.Cristian se encogió de hombros mostrándose de acuerdo. Era una normaestándar en nuestro mundo: Los Guardianes protegían a los Moroi. Moroino se involucraban en las batallas. Sin embargo, tras los recientes ataquesStrigoi, un montón de Moroi - aunque apenas una mayoría - habíacomenzado a argumentar que era el momento de los Moroi de dar un pasoadelante y empezar a ayudar a los guardianes.Los usuarios del fuego como Christian son particularmente valiosos ya laquema era una de las mejores maneras de matar a un Strigoi (junto con elempalamiento y la decapitación). El movimiento para enseñar a los Moroi aluchar en la actualidad - con tal propósito-estaba estancado en el gobiernoMoroi, pero algunos no había dejado de practicar sus trucos Moroi ensecreto. Christian era uno de ellos. Al mirar a su lado, parpadeó conasombro. Había alguien con él, alguien a quien apenas había visto.Jill Mastrano flotaba cerca de él como una sombra. Una estudiante deprimer año Moroi - así, que pronto será un estudiante de segundo año -Jill se había presentado como alguien que también quería pelear. Se habíaconvertido en una especie de estudiante de Cristian.-Hey Jill, dije, dándole una cálida sonrisa. -Gracias por venir. -Jill sesonrojó. Estaba decidida a aprender a defenderse, pero su nervioso crecía,entre otros, particularmente alrededor de "celebridades" como yo.-Tuve que-dijo, apartando su lustroso, y castaño pelo largo de su cara.Como siempre, era una maraña de rizos. -Quiero decir, fue tan genial loque hiciste en las pruebas. Todo el mundo está asombrado.
    • 25Escuché que uno de los guardianes decía que nunca había visto a nadiecomo tú, así que cuando Christian me preguntó si quería venir, porsupuesto que tenía que hacerlo. ¡Oh! -Sus ojos de color verde claro sedesviaron. -Yo solo quería darte mis felicitaciones. Perdón. Felicitaciones.A su lado, Christian luchó para mantener una cara seria. Yo ni lo intente yriendo, le di un abrazo a ella también. Estaba en grave peligro deconvertirme en alguien cálido y difuso. Yo probablemente conseguiría quemi tutor revocada mi licencia de guardián si seguía con esto.-Gracias. ¿Estáis listos ya para atacar en un ejército Strigoi?- Pronto, -dijo Christian. -Pero tendremos que mantenerte como reserva.El sabía muy bien cómo sacar a un Strigoi del juego El solo con su magiadel fuego me había ayudado mucho. Pero eso era otra historia. Él y Jill seestaban aprendiendo a usar la magia ofensiva, y cuando yo había tenidotiempo entre las clases, les enseñaba unos pocos movimientos de combate.La cara Jill cayó un poco.Esto se terminara cuando Cristian se haya ido.Me volví hacia él. No fue una sorpresa que él se fuera. Todos nosmarchábamos.-¿Qué vas a hacer con tu vida?-Le pregunté.Se encogió de hombros.-Iré a la corte con el resto de vosotros. Mi tía Tasha dice que vamos a teneruna charla" sobre mi futuro. - Él hizo una mueca. Lo que sus planesfueran, parecían que no ser los mismos que los de Tasha.La mayoría de los Moroi reales iban a los colegios de élite. Yo no estabasegura de lo que Christian tenía en mente. La práctica habitual después dela graduación de nuevos guardianes era ir a la Royal Court Moroi para laorientación y para conseguir tus asignaciones. Todos estábamos por saliren un par de días. A raíz de la mirada cristiana, vi a su tía a través delcuarto, y así me ayuda, ella estaba hablando con Abe.Tasha Ozera estaba casi en los treinta años, con el mismo pelo negrobrillante y los ojos azules de hielo que Christian. Su hermoso rostro se vioempañado, sin embargo, por algunas cicatrices terribles en un lado - elresultado de lesiones infligidas por los propios padres de Cristian.
    • 26 Dimitri se había convertido en un Strigoi en contra de su voluntad, encambio los Ozeras lo habían elegido a propósito por el lujo de lainmortalidad. Irónicamente les costó la vida cuando los guardianes lescazaron.Tasha había acogido a Christian (cuando él no estaba en la escuela)y era uno de los líderes principales en el movimiento que apoya aquellosMoroi que quisieron luchar contra los Strigoi. Cicatriz o no, yo la admirabay todavía pensaba que ella era hermosa. La actitud picara de mi padre,dejaba claro que él hizo también la consideraba del mismo modo. Él lasirvió una copa de champán y dijo algo que hizo ella riera. Ella se inclinóadelante, como si ella le dijera un secreto, y él se rió. Mi mandíbula cayó.Incluso tan lejos, eran obvio que ellos coqueteaban.-Dios mío-dije con un estremecimiento, me apresure a volverme haciaChristian y Jill.Cristian estaba dividido entre la suficiencia provocada por mi malestar ysu propia inquietud al ver a la mujer que consideraba como su madre alser conquistada por un tipo mafioso y pirata. Un momento después, suexpresión se suavizó, Cristian se volvió a Jill y continuamos nuestraconversación.-Hey, no me necesitas- dijo. -Vas a encontrar a otros por aquí. Tendrás tupropio club de superhéroe antes de darte cuenta.Me encontré riendo otra vez, pero mis sentimientos amables fueroncortados de repente por una sacudida de celos. Aunque no eran míos,Eran Lissa,Atravesándome por nuestra conexión. Asustada, eché un vistazo alrededory la encontré a través del espacio, dando a Christian una mirada demuerte por como él hablaba a Jill.Vale la pena mencionar que Cristian y Lissa habían sabido mantener muybien las apariencias hasta el momento. Habían estado profundamenteenamorados, y honestamente, ellos todavía lo estaban. Lamentablemente,los acontecimientos recientes habían calado mal en su relación, yChristian había roto con ella. La había amado, pero había perdido suconfianza en ella.
    • 27Lissa tenía se salió de control cuando otro usuario espíritu llamado AveryLazar había buscado controlarla. Habíamos detenido finalmente Avery, yella estaba encerrada bajo llave en estos momentos en una instituciónmental, según lo último que había oído. Cristian ya sabía las razones delhorrible comportamiento de Lissa, pero el daño estaba hecho. Lissa habíaestado inicialmente deprimida, pero su dolor se había tornado ahora a laira.Decía que no quería saber nada más de él, pero solo mantenía lasdistancias. Ella siempre estaba celosa de cualquier chica que habló con él- en particular de Jill, con quien había estado pasando mucho tiempo enlos últimos tiempos. Yo sabía a ciencia cierta que no había nada románticoentre ellos. Jill lo idolatraban como a un sabio maestro, nada más. Si ellaestaba enamorada de alguien, era de Adrián, que siempre la trataba comouna hermana pequeña. Cristiana siguió mi mirada y su expresión seendureció. Al darse cuenta de que tenía su atención, Lissa de inmediatodio media vuelta y empezó a hablar con el primer chico que encontró, undhampir con buen aspecto de mi clase. Activo la coquetería que tanfácilmente lograban los usuarios de espíritu, y pronto, los dos estabanriendo y charlando en una forma similar a la de Abe y Tasha. Mi fiesta sehabía convertido en una ronda de citas rápidas.Cristian se volvió hacia mí.-Bueno, parece que ella tiene mucho para mantenerlo ocupado.- Hicerodar los ojos.Lissa no era la única que estaba celosa. Así como ella se enojaba cada vezque salía con otras chicas, Christian se convertía en espinoso cuandohablaba con otros chicos. Era exasperante. En lugar de admitir que aúntenía sentimientos y sólo necesitaban arreglar las cosas, esos dos idiotassimplemente seguía mostrando más y más la hostilidad hacia el otro.-¿Quieres dejar ya todo esto y tratar de hablar con ella como una personaracional de una vez?- Gemí.-Claro-dijo con amargura. -El día que empiece a actuar como una personaracional.-Oh, Dios mío. Vosotros vais a hacer que me quede calva.-Sería una pérdida de pelo bonito,-dijo Christian. -Además, ella ha dejadosu actitud perfectamente clara.
    • 28Comencé a protestar y decirle lo estúpido que era, pero no tenía intenciónde quedarse para escuchar una conferencia que había dado ya una docenade veces.-Vamos, Jill,-dijo. -Rose tiene que hablar con más gente.Rápidamente se alejó, y yo tenía casi decidido a ir a s encuentro parahacerle entrar en razón cuando una nueva voz habló.-¿Cuando vas a arreglar esto?- Tasha estaba de pie junto a mí, moviendola cabeza en dirección a la partida de Cristian. -Los dos necesitan volver aestar juntos.-Ya lo sé. Tú lo sabes. Pero parece que no pueden registrarlo en suscabezas.-Bueno, sería lo mejor para él- dijo. -Si Cristian se va a la universidad a laotra punta del país, ya será demasiado tarde.No había ni sequedad o una exasperada nota en su voz cuando ellamencionó que Cristian iría a la universidad. Lissa iba a ir a Lehigh, unauniversidad cerca de la Corte, por un acuerdo con Tatiana. Lissa llegaría aasistir a una universidad más grande que solían ir a Moroi, a cambio depasar tiempo en la Corte aprendiendo el oficio real.-Ya lo sé-dije con exasperación. -Pero ¿por qué soy yo el que tiene quearreglarlo?Tasha hizo una mueca.-Porque eres la única lo suficientemente fuerte como para hacerlos entraren razón.Decidí dejar pasar la insolencia de Tasha, sobre todo porque el quehablara conmigo significaba que ella no estaba hablando con Abe.Echando un vistazo por la habitación, de repente me puso rígida. Ahoraestaba hablando con mi madre. Retazos de la conversación llegaron a mí através del ruido.-Janine, dijo encantador, -no has envejecido ni un día. Podrías ser lahermana Rose. ¿Te acuerdas de aquella noche en Capadocia?- Mi madrerealmente se rió. Nunca había oído eso antes. Decidí que no quería volver averlo otra vez.
    • 29-Por supuesto. Y recuerdo lo ansioso que estabas por ayudarme cuando ami vestido se rompió la cremallera-Dios mío-dije-. Él es imparable.Tasha parecía perpleja, hasta que vio de lo que estaba hablando.-Abe. Él en realidad es muy encantador.Me dirigí a mis padres. Acepto que una vez tuvieron un romance - quecondujo a mi concepción - pero eso no significa que yo quisiera verlosrevivirlo. Estaban contando algunos paseos por la playa cuando lesalcancé. Rápidamente tire del brazo de Abe para distanciarlos. Estaba depie demasiado cerca de ella.-Hey, ¿puedo hablar contigo?-Le pregunté. Me miró sorprendido, pero seencogió de hombros.-Desde luego.- Le dio a mi madre una sonrisa cómplice. -Hablaremos mástarde.-¿No hay una sola mujer segura contigo por aquí?- Exigí llevándomelo-¿Qué estás hablando?-Llegamos e hicimos una parada junto a laponchera.-¡Estás flirteando con todas las mujeres de este cuarto! -Mi enfado no leafectó.-Bueno, hay muchas mujeres hermosa aquí.... ¿Es eso lo que queríashablar conmigo?- No, yo quería hablar contigo acerca de haber amenazado a mi novio. Notienes derecho a hacer eso. -Su cejas oscuras se dispararon.-¿Qué, que? Eso no era nada. Sólo un padre que mira por el futuro de suhija.-La mayoría de padres no ponen en peligro de ser destripados a los noviosde sus hijas.-Eso no es verdad. Y de todos modos, eso no es lo que realmente dije. Eramucho peor.
    • 30Suspiré. Él parecía deleitarse en mi exasperación-Piensa en ello como un regalo de graduación. Estoy orgulloso de ti. Todoel mundo sabía que sería buena, pero nadie sabía que serías tan buena.-Me guiñó un ojo. -Ciertamente no esperaba que pararas destruir supropiedad.-¿Qué propiedad?-El puente. -Yo fruncí el ceño.-Tuve que hacerlo. Era la forma más eficiente. Dios, así que era un jodidodesafío. ¿Qué hicieron los demás graduados? Ellos en realidad nolucharon en medio de esa cosa, ¿verdad?Abe negó con la cabeza, amando cada minuto de su conocimientosuperior.-Nadie más fue puesto en esa situación.-Por supuesto que sí. Todos nos enfrentamos a las mismas pruebas.-Tú no. Si bien la planificación de los ensayos, los guardianes decidieron lefaltaba algo... extra. Algo especial. Después de todo, habías estadopeleando en el mundo real.- ¿Qué? - El volumen de mi voz llamó la atención de algunos otros. Lo bajé,y las anteriores palabras de Meredith regresaron a mí. -¡Eso no es justo!Parecía como si la cosa no fuera con él.-Tú eres superior a los otros. Obligándote a hacer las cosas fáciles nohabría sido justo.Me había enfrentado a un montón de cosas ridículas en mi vida, pero estoya era el colmo.-Así que tuvieron que complicarme la vida con un truco loco en el puente.Y si se sorprendieron- corté, -¿qué diablos esperaban que hiciera? ¿De quéotra manera iba yo a sobrevivir a algo así?- Hmm -Él se acarició el mentón distraídamente. -Honestamente no creoque lo supieran.
    • 31-Oh, por el amor de Dios. Esto es increíble.-¿Por qué estás tan enfadada? Que ha pasado.-Porque me pusieron en una situación en la que ni siquiera ellos sabíancómo salir.- Le di una mirada sospechosa. -¿Y cómo se sabes tú acerca deesto? Este es todo el negocio de ser tutor.- Una expresión que no me gustóen absoluto se apoderó de su rostro.-Ah, bueno, estaba con tu madre la noche anterior y…- Whoa, está bien. Detente-le interrumpí-.No quiero oír lo que tú y mimadre estabais haciendo la noche anterior. Creo que sería peor que elpuente.Él sonrió.-Ambos están en el pasado, por lo que no hay necesidad de preocuparseahora. Disfruta de su éxito.-Lo intentaré. Pero no me hagas más favores con Adrian, ¿de acuerdo?Quiero decir, me alegro de que vinieras a apoyarme, pero eso es más quesuficiente.-Abe me dirigió una mirada astuta, recordándome que debajo deesa arrogancia él era realmente un hombre astuto y peligroso.-Estuviste más que feliz de que te hiciera un favor después de tu regresode Rusia.Hice una mueca. Tenía un punto, ya que se las había arreglado paraobtener un mensaje en una prisión de alta seguridad. Incluso si nohubiera conducido a nada, aún tiene sus puntos.-De acuerdo-admití. -Eso fue bastante sorprendente. Y te estoy agradecida.Todavía no sé cómo lo conseguiste.De pronto, como un sueño que recuerdas un día después, me acordé de laidea que había tenido justo antes de mis pruebas. Bajé la voz.-Tu realmente no irías allí, ¿verdad?- Él soltó un bufido.-Por supuesto que no. Yo no pondría los pies en ese lugar. Yo simplementeextendí mi red.
    • 32-¿Dónde está ese lugar? -Pregunté, esperando que sonara suave. No sedejó engañar.-¿Por qué lo quieres saber?-¡Porque soy curiosa! Los criminales siempre desaparecen sin dejar rastro.Soy un guardián, y yo ni siquiera sé nada acerca de nuestro sistemapenitenciario propio. ¿Hay una sola prisión? ¿Hay un montón?Abe no respondió de inmediato. Me estaba estudiando cuidadosamente. Ensu negocio, todo el mundo sospechaba de segundas intenciones. A medidaque su hija, que era probablemente doblemente sospechoso. Fue en losgenes. Tenía que haber subestimado mi potencial para la locura, porquedijo al fin…-Hay más de uno. Víctor está en una de las peores. Se llama Tarasov.- ¿Dónde está?- ¿Ahora mismo? - El sopeso-En Alaska, creo.-¿Qué quieres decir, con ahora mismo?-Se mueve todo el año. En este momento está en Alaska. Más tarde, seráen Argentina.-Él me dio una sonrisa socarrona, al parecer preguntándosecómo era de astuta. -¿Sabes por qué?-No, - esperar.- La luz del sol.-Tiene perfecto sentido. -Alaska tiene casitodo el día luz solar sin parar esta época del año, pero la noche sin pararen el invierno.- Creo que estaba más orgulloso de mi comprensión que demis pruebas.-Cualquier prisionero que intentan escapar tendría un momento difícil. -En pleno sol, ningún fugitivo Moroi llegaría muy lejos-No es que nadiepuede escapar a través de ese nivel de seguridad de todos modos.-Traté deignorar como sonó a mal presentimiento-Parece que lo habían puesto muy lejos al norte de Alaska entonces-dije,con la esperanza de sonsacar la ubicación real indirectamente-Se consiguemás luz de esa manera.Él se rió entre dientes.
    • 33-Ni siquiera yo no puedo decirte eso. Esa es la información que los tutoresmantienen vinculados, enterrado en su cuartel general.- Me quedé helada.Abe, a pesar de estar generalmente atento, no se dio cuenta de mireacción. Sus ojos estaban mirando algo en la habitación. -¿Es ReneeSzelsky? Ay, ay... Ella se ha vuelto hermosa con los años.Yo le despedí con un gesto de mala gana, en gran parte porque queríaperseguir este nuevo plan en mi mente - y porque no había nadie Reneesabía muy así, lo que le hizo pegar en una manera menos terrible.-Bueno, no dejes que yo te detenga. Ve atraer a más mujeres en tu red.Abe no necesitó mucha insistencia. Sola, dejé que mi cerebro volara,preguntándome si mi plan de desarrollo tenía alguna posibilidad de éxito.Sus palabras habían provocado un nuevo plan en mi mente. No era muchomás loco que la mayoría de los otros. Al otro lado de la habitación, meencontré con los ojos de jade Lissa de nuevo. Con la marcha de Cristian desu vista, su estado de ánimo había mejorado. Ella se estaba divirtiendo yestaba entusiasmada con las aventuras que nosotros teníamos pordelante, ahora que éramos libres en el mundo.Mi mente capto de nuevo la ansiedad que había sentido antes. Podríamosser libre ya, pero la realidad se pondría al día con nosotros muy pronto. Elreloj seguía corriendo. Dimitri estaba esperando, observando. Me preguntébrevemente si yo todavía recibiría sus cartas semanales, ahora que yo meiría de la escuela. Sonreí, sintiéndome un poco mal por estar arruinandosu estado de ánimo cuando le dije que ahora podría tener una posibilidadmuy real de reventar a Víctor Dashkov.
    • 34 Capítulo 3 Traducido por Mel B y MontyLos próximos pares de días eran extraños. Los otros novicios y yopodríamos haber tenido la más llamativa graduación, pero no éramos losúnicos en terminar nuestra educación en San Vladimir. Los Moroi teníansu propia ceremonia de graduación, y el campus creció lleno de visitantes.Luego, casi tan rápido como llegaron, los padres desaparecieron -llevándose a sus hijos e hijas con ellos. Los Moroi Reales pasan los veranoscon sus padres en las fincas de lujo - muchas en el hemisferio sur, dondelos días eran más cortos en esta época del año. Los "Ordinarios" Moroitambién se iban con sus padres, a pasar fuera las vacaciones a hogaresmás modestos, posiblemente para conseguir trabajos de verano antes de launiversidad. Y por supuesto, con la escuela vacía para el verano, todos losdemás alumnos la dejarían también. Algunos, sin familia para ir a casa,por lo general los dhampirs, permanecían durante todo el año, teniendooptativas especiales, pero eran una minoría. El campus se fue quedandovacío y cada día como mis compañeros y yo esperamos el día en queseríamos llevados a la corte real. Nos despedimos de los demás Moroi a losque aun les quedaban años en la escuela, y a los dhampirs que prontoestarían siguiendo nuestros pasos.Una de las personas por la que me sentía un poco triste era Jill. Fui a suencuentro mientras caminaba hacia la residencia de Lissa el día antes demi viaje a la Corte. Había una mujer con Jill, presumiblemente su madre,y ambas llevaban cajas. La cara de Jill se iluminó al verme.-Hey Rose me despedí de todos los demás, pero no te podía encontrar,- dijocon entusiasmo.Sonreí.-Bueno, me alegro de que me encontraras.No podía decirle que estaba de despedida también. Me había pasado miúltimo día caminando por San Vladimir por todos los sitios conocidos,empezando por los patios de primaria, donde estuve, cuando Lissa y yonos conocimos en cierto modo por primera vez.
    • 35Había explorado los pasillos y rincones de mi dormitorio, pase por delantede mis aulas favoritas, e incluso visite la capilla. Me pase también unmontón de tiempo en áreas llenas de recuerdos agridulces, como las áreasde formación donde había conocido a Dimitri por primera vez. La pista enla que antes me hacía correr dando vueltas. La cabaña en la quefinalmente nos habíamos entregado el uno al otro. Había sido una de lasnoches más increíbles de mi vida, y pensar en ella siempre me traía alegríay dolor.Jill no tenía por qué cargar con nada de eso, sin embargo. Me volví haciasu madre y empezó a ofrecerle mi mano hasta que me di cuenta de que ellano la podía mover, mientras maniobraba con la caja.-Soy Rose Hathaway. Espere, Deje que lleve eso.Tomé la caja antes de que ella pudiera protestar porque, estaba segura deque lo haría.-Gracias-dijo, sorprendida agradablemente. Seguí en el paso con ellas, yaque comenzó a caminar de nuevo.-Soy Emily Mastrano. Jill me hablo mucho de ti.-Ah, ¿sí? -Pregunté, dando a Jill una sonrisa burlona.-No mucho. Solo cómo paso el rato contigo a veces.- Hubo una ligeraadvertencia en los ojos verdes de Jill, y se me ocurrió que Emilyprobablemente no sabía que su hija practicaba de forma prohibida comomatar a un strigoi con magia en su tiempo libre.-Nos gusta tener a Jill alrededor-, le dije, sin añadir nada más. -Y uno deestos días, vamos a enseñarle a dominar ese pelo.Emily se rió.-He estado intentándolo durante casi quince años. Buena suerte.La madre de Jill era impresionante. Las dos no se parecerían mucho , almenos no superficialmente. El pelo lustroso de Emily era recto y negro,sus ojos azul profundo y largo azotado. Se movía con una gracia esbelta ymuy diferente de la de Jill siempre a pie auto-consciente. Sin embargo,pude ver los genes que compartian aquí y allá, las caras en forma decorazón y la forma de los labios.
    • 36Jill todavía era joven, y cuando ella se convirtiera en una adulta, ese día seconvertiría en una rompe corazones - algo que era probablemente ajeno aeste momento. Esperemos que su autoestima crezca.-¿Dónde está vuestra casa? - Le pregunté.-Detroit, -dijo Jill, haciendo una mueca.-No es tan malo-, se rió su mamá.-No hay montañas. Solo carreteras.-Soy parte de una compañía de ballet allí, -explicó Emily. -Así que nosquedamos donde podemos pagar las cuentas.- Creo que estaba mássorprendida que la gente fuera al ballet en Detroit que de que Emily fuerauna bailarina. Tenía sentido, observándola, y realmente, con su alta ydelgada complexión, los Moroi eran bailarines ideales en la medida que loshumanos se refiere.-Hey, es una gran ciudad,- le dije a Jill. -Disfruta de la emoción mientraspuedas antes de regresar a la aburrida escuela en medio de la nada.- Porsupuesto, el entrenamiento de combate y ataques ilícitos Strigoi eran pocoaburridos, pero yo quería hacer que Jill se sintiera mejor. -Y no será tantotiempo. - Las vacaciones de verano Moroi apenas duraban dos meses. Lospadres estaban ansiosos por regresar a sus hijos a la seguridad de laAcademia.-Supongo, -dijo Jill, no sonaba convencida. Llegamos a su coche, y metí lacarga de las cajas en el maletero.-Voy a enviarte un correo electrónico cuando pueda,- le prometí. -Yapuesto que Christian también. Tal vez incluso también puedas hablar conAdrián.Jill se iluminó, y me sentí feliz de verla emocionada y que volviera a suestado normal.-¿En serio? Eso sería genial. Quiero escuchar todo lo que sucede en laCorte. Probablemente sucedan todo tipo de cosas interesantes con Lissa yAdrián, y apuesto a que Christian encontrará toda clase de cosas... sobrelas cosas.Emily no parecía darse cuenta del intento fallido de Jill para hablar enclave y en su lugar me observo con una sonrisa bonita.
    • 37-Gracias por tu ayuda, Rose. Fue genial conocerte.-Para mí también - afortunadamenteJill se había arrojado a mí con un abrazo.-Buena suerte con todo-, dijo. -Tú eres muy afortunada, ¡vas a tener unavida tan grande ahora!Yo le devolví el abrazo, no pude explicar lo celosa que estaba de ella. Suvida era todavía segura e inocente. Ella se quejaba por pasar el verano enDetroit, pero la estancia sería breve, y pronto estaría de vuelta en elmundo familiar y fácil de San Vladimir. Ella no se preocuparía por lodesconocido y sus peligros.Fue sólo después de que ella y su madre se habían ido que me atreví aresponder a su comentario.-Espero que sí, -murmuré, pensando en lo que se avecinaba. -Así loespero.Mis compañeros de clase y selección Moroi volamos temprano al díasiguiente, dejando las montañas rocosas de Montana detrás de las colinasde Pennsylvania. La Real Audiencia se parecía mucho a lo que yorecordaba, con su imponente vista, se veía más antigua que San Vladimirtratando de transmitir con sus altos edificios y la arquitectura de piedraintrincadas. Pero la escuela también parecía querer mostrar un aire desabiduría, estudio, Considerando que el Tribunal era más ostentoso. Eracomo si los propios edificios quisieran asegurarse de que todos sabíamosque se trataba de la sede del poder y la realeza entre los Moroi. El TribunalReal quería que te sorprendieras y tal vez hacerte sentir un pocointimidado.Y aunque yo había estado aquí antes, me volvió a impresionar. Las puertasy ventanas de los edificios de piedra eran de relieve y enmarcado en unasbellas decoraciones doradas. Estaban muy lejos de la brillantez que habíavisto en Rusia, pero ahora me di cuenta de que los diseñadores de la Cortehabían remodelado estos edificios que no pertenecen a las europeas deedad - las fortalezas y palacios de San Petersburgo. En San Vladimir habíabancos y senderos en los cuádriceps y los patios, pero la Corte dio un pasomás. Las fuentes y estatuas elaboradas de los gobernantes pasadosadornaban el césped, exquisitas obras de mármol que habían sidopreviamente escondidos en la nieve. Ahora, en plena temporada de verano,eran brillantes y ostentosos. Y en todas partes, había flores en los árboles,arbustos, caminos - era deslumbrante.
    • 38Era lógico que los nuevos graduados visitaran la administración de losguardianes centrales, pero se me ocurrió que había otra razón por la quese trajo nuevos guardianes aquí en el verano. Querían que miscompañeros y yo viéramos todo esto, de sentirse abrumado y agradecidode la gloria para los que estábamos luchando.En cuanto a los rostros de los nuevos graduados, yo sabía que la tácticaestaba funcionando. La mayoría nunca había estado aquí antes. Lissa yAdrián había estado en mi vuelo, y nos agrupamos mientras caminábamoscon el grupo. Era tan caliente como lo había sido en Montana, pero lahumedad aquí era mucho más gruesa. Yo estaba sudando después de unacaminata corta.-¿Trajiste un vestido esta vez, ¿verdad?- preguntó Adrián.-Por supuesto- le dije. -Ellos tienen algunas cosas de lujo y quieren quenosotros vayamos, aparte de la recepción principal. Aunque, puede ser queme den mi negro y blanco para eso.Sacudió la cabeza, y me fijé en su mano para empezar a avanzar hacia subolsillo antes de dudar y tirando hacia atrás. Podía haber venidoavanzando en dejar de fumar, pero yo estaba bastante segura de que elsubconsciente deseo de llegar a un paquete de forma automática paracuando al aire libre era difícil deshacerse tan rápidamente.-Quiero decir para esta noche. Para la cena.Mire inquisitivamente a Lissa. Su horario en la Corte siempre ha tenidouna variedad de funciones arrojado en él que "la gente promedio" noasistía. Con mi estado de nueva e incierta, no estaba segura de si iría conella. Percibí su perplejidad por el vínculo y podría decir que ella no tenía niidea de los planes de cena especial.-¿Qué cena?-Le pregunté.-La que planee con mi familia.-La que- Llegué a un alto precipicio y se quedó mirando con los ojosabiertos, no me gustaba la sonrisa en su rostro. "¡Adrian!" Algunos de losrecién graduados les dio curiosidad y siguieron caminando a nuestroalrededor.
    • 39-Vamos, que hemos estado saliendo un par de meses. Reunión de padreses parte del ritual de citas. He conocido a tu madre. ¡Hasta conocí a tupadre miedo-culo. Ahora es tu turno. Te garantizo que ninguno de mifamilia va a hacer el tipo de sugerencias que tu padre hizo.Yo realmente había conocido al padre de Adrián en una reunión antes. O,bueno, yo lo había visto en una fiesta. Dudaba que él tuviera la menor ideade quién era yo - mi reputación era algo loca. No sabía casi nada sobre lamadre de Adrián. En realidad habla muy poco sobre los miembros de sufamilia - la mayoría de ellos.-¿Sólo tus padres?- Le pregunté con recelo. -¿Algún detalle sobre tu familiaque deba saber?-Bueno... - la mano de Adrián tembló de nuevo. Creo que esta vez queríaun cigarrillo o algún tipo de protección frente a la nota de advertencia en lavoz. ,Observé a Lissa, parecía muy divertido con todo esto. -Mi tía abuelafavorita podría pasarse.-¿Tatiana?- Exclamé. Por centésima vez, me pregunté donde estaba lasuerte de tener una relación con un hombre emparentado con líder de todoel mundo Moroi. -¡Ella me odia! ¿Sabes lo que pasó la última vez quehablamos?- Su Majestad había ido contra mí, gritando acerca de cómo yoera muy mala opción para conectar con su sobrino y cómo había grandes"planes" para él y Lissa.-Creo que ella entrara en razón.-Oh, vamos.-No, en serio.-Casi parecía que estaba diciendo la verdad. -Hablé con mimadre el otro día, y... No sé. Tía Tatiana no parece que te odie tanto.Fruncí el ceño, y los tres empezamos a caminar de nuevo.-Tal vez ella apruebe tu trabajo de vigilantes reciente, -reflexionó Lissa.-Tal vez- dije. Pero yo realmente no le creí. En todo caso, mis recientesrebeldías, debieron de haberse hecho más despreciables a los ojos de lareina. Me sentí traicionada de que Adrián hubiera planeado esta cena paramí, pero no había nada que hacer al respecto ahora.
    • 40La única esperanza que brillaba era que yo tenía la impresión de que meestaba haciendo alguna broma sobre que su tía pasar por aquí. Le dije queiría, y mi decisión lo puso de buen humor suficiente como para que nohiciera muchas preguntas, cuando Lissa y yo le dijimos que íbamos ahacer "nuestras cosas" por la tarde. Mis compañeros de clase tenían queconseguir un tour de la Corte y sus terrenos como parte de suadoctrinamiento, pero yo lo había visto todo antes y fui capaz deescaparme. Lissa y yo dejamos nuestras pertenencias fuera de nuestrashabitaciones y luego se dispuso a ir la cara oculta de la Corte, donde lagente no-tan-real vivía.-¿Vas a decirme cual es la otra parte de tu plan?- preguntó Lissa.Desde que Abe había explicado sobre la prisión de Víctor, que había estadohaciendo otra lista mental de los problemas que tendría que irrumpir enella.Principalmente, existen dos, que fue menos de lo que había tenidoinicialmente ya que hablar de Abe. No es que las cosas estuvieranrealmente fáciles. En primer lugar, no teníamos idea de en qué lugar deAlaska estaba. En segundo lugar, no sabíamos cuales eran las defensas dela prisión y el diseño. No teníamos idea de lo que teníamos que atravesar.Sin embargo, algo me dijo todas estas respuestas podrían encontrarse enuna fuente, lo que significaba que en realidad sólo había un problemainmediato: cómo llegar a esa fuente. Afortunadamente, yo conocía aalguien que podría ser capaz de ayudarnos a nosotros.-Vamos a ver a Mia-, le dije.Mia Rinaldi era una antigua compañera de clase Moroi - un antiguoenemigo, en realidad. También fue la niña del cartel para la remodelaciónde la personalidad total. Había pasado de puta intrigante que estabadispuesta a aplastar - y a dormir con - cualquier persona en su búsquedade popularidad, la niña aseguraba tener ganas de aprender a defendersepor sí misma de los demás Strigoi. Vivía aquí en la Corte con su padre.-¿Crees que Mia sabe cómo introducirse en una prisión?-Mia es buena, pero no creo que ella sea así de buena. Probablemente esinteligente y puede ayudarnos a llegar.Lissa gimió.
    • 41-No puedo creer que hayas usado la palabra inteligencia. Esto realmentese está convirtiendo en una película de espionaje.- Ella habló con ligereza,pero yo podía sentir la preocupación dentro de ella. El tono de luz era paradisimular su temor, la inquietud que aún sentía por la liberación de Víctor,a pesar de su promesa hacia mí. Los no miembros de la realeza quetrabajaban y hacían las cosas ordinarias en la corte vivían enapartamentos lejos de la parte privada de la reina.Yo había conseguido la dirección de Mia por adelantado, y comenzamos aatravesar los motivos perfectamente cuidados, gruñendo la uno a la otraen el camino sobre el día caluroso. La encontramos en su casa, vestidainformalmente con pantalones vaqueros y una camiseta con una paleta enla mano. Sus ojos se abrieron cuando nos vio afuera de su puerta.-Bueno, que me condenen, -dijo.Me eché a reír. Era el tipo de respuesta que daría.-Me alegro de verte también. ¿Podemos pasar?-Por supuesto. -Se hizo a un lado.-¿Quieres un helado?En otra ocasión. Tomé una uva y me sentó con ella y Lissa en el pequeñosalón. El lugar estaba muy lejos de la opulencia de la vivienda huéspedreal, pero era acogedor y limpio y, sin duda, muy querido por Mia y supadre.-Sabía que los graduados venían-, dijo Mia, apartándose los rizos rubios dela cara. -Pero no estaba segura si estabais con ellos o no. ¿Te hasgraduado?-Lo hice, -le dije. -Tengo la marca de la promesa y todo.- Levanté mi pelopara que ella pudiera ver el vendaje.-Me sorprende que te dejaran entrar otra vez después de tu excursión deAsesinato múltiple. ¿O te dan más crédito por eso?Al parecer, Mia había escuchado el mismo cuento de mis aventuras quetodos los demás. Eso estaba bien conmigo. No quería hablar sobre laverdad. No quería hablar de Dimitri.
    • 42-¿Crees que alguien podía dejar a Rose hacer lo que quiere?- preguntóLissa con una sonrisa. Ella estaba tratando de evitar entrar en demasiadosdetalles sobre mi pasado paradero, por lo que yo se lo agradecí.Mia se rió y crujió en un gran trozo de hielo de limón. Fue un milagro queno llegara a congelar su cerebro. "Verdad". Su sonrisa se desvaneciómientras se tragó el bocado. Sus ojos azules, siempre sagaz, meobservaron en silencio durante unos momentos.-Y Rose quiere algo ahora.-Hey, estamos felices de verte-le dije.-Te creo. Pero también creo que tienes un motivo oculto.La sonrisa de Lissa creció. A ella le hizo gracia que me hubieran atrapadoen mi juego de espionaje.-¿Por qué dices eso? Puedes leer a Rose así o sólo asumes que siempre ellatiene un motivo oculto?Ahora Mia sonrió de nuevo.-Las dos cosas.- Se escabulló hacia delante en el sofá, mirándome con unamirada seria. ¿Cuándo se había vuelto tan perceptiva? -Está bien. No tienesentido perder el tiempo. ¿Qué ayuda necesitas de mi?Suspiré, reventada.-Necesito conseguir entrar a la oficina de los guardianes de seguridadprincipal.A mi lado, Lissa hizo una especie de ruido estrangulado. Me sentí un pocomal por ella. Mientras que ella pudo ocultar sus pensamientos de mí enalguna ocasión, no había mucho que ella hiciera o dijera que fuera unaverdadera sorpresa. ¿Yo? Continuamente la dejaba noqueada a ella. Ellano tenía idea de lo que se avecinaba ni la mitad del tiempo, perohonestamente, si estuviéramos pensando en saltar a un conocido criminalde la cárcel, a continuación, entrar en una oficina de seguridad no deberíahaber sido tan chocante.-Wow, -dijo Mia. -No pierden el tiempo con cosas pequeñas.- Su sonrisatembló un poco. -Por supuesto, no me vengan con cosas pequeñas. Sé quepodría hacer eso mismo.
    • 43-¿Me puedes meter dentro?- Le pregunté. -Tú eres amiga de algunos de losguardianes aquí... Y tu padre tiene acceso a un montón de lugares.... - Yono sabía exactamente el trabajo del Sr. Rinaldi, pero pensé que erarelacionado con el mantenimiento.-¿Qué estás buscando?- preguntó. Ella levantó una mano cuando yo abríla boca para protestar. -No, no. No necesito más detalles. Sólo una ideageneral para poder resolver esto. Ya sé que no vamos allí solo para recorrerel lugar.-Necesito unos pocos registros, expliqué.Sus cejas se levantaron.-¿Del personal? ¿Tratas de conseguir un trabajo?"-Yo. No. -Huh. Eso no era una mala idea, teniendo en cuenta mi situaciónprecaria con que se me asigne a Lissa. Pero no. Una cuestión a la vez. - -Necesito saber acerca de la seguridad fuera de los registros en otroslugares, escuelas, casas reales, las prisiones. -Traté de mantener miexpresión ocasional como ya he dicho la última vez. Mia se apuntaba amuchas cosas locas, pero incluso ella tenía sus límites. -Me di cuenta deque debía haber mucho de ese tipo de material ahí-Ellos lo tienen, -dijo. -Pero la mayor parte en registros electrónicos. Y note ofendas, pero podría estar incluso más allá de tus capacidades sipudiéramos llegar a una de sus computadoras., Todo está protegido porcontraseña. Y si se alejan, se bloquearán los ordenadores. Supongo que note han convertido en un pirata informático desde la última vez que te vi.No, por cierto. Y a diferencia de los héroes de las películas de espías Lissame tomaban el pelo alrededor, no tenía amigos conocedores de latecnología, que incluso podría acercarse a romper ese tipo de encriptacióny seguridad. Maldita sea. Me miró con tristeza a mis pies, me preguntabasi había alguna posibilidad de conseguir más información de Abe.-Pero, -dijo Mia, -si la información que necesitas no es muy actual, todavíapodrían tener copias en papel.Tiré mi cabeza.-¿Dónde?
    • 44-Tienen habitaciones de almacenamiento masivo, escondido en uno de lossótanos. Archivos y archivos. Aún bajo llave, pero probablemente es másfácil llegar a dejar de luchar contra las computadoras. Una vez más,depende de lo que tú necesites. ¿Cómo es de viejo?Abe me había dado la impresión de que la prisión Tarasov había estadoalrededor por un tiempo. Seguramente hubo un registro de ello en estosarchivos. No me cabe duda de los guardianes habían pasado a ser digitaleshace un tiempo, lo que significaba que no podría encontrar detallesactualizados al minuto en la seguridad del lugar, pero yo me conformaríacon un plano.-Podría ser lo que necesitamos. ¿Podemos entrar?- Mia estuvo en silenciodurante varios segundos, y pude ver su mente zumbando.-Es posible.-Miró a Lissa. -¿Es posible obligar a la gente a ser susesclavos?Lissa hizo una mueca.-No me gusta pensar en él así, pero sí, puedo.- Era otro de los beneficiosdel espíritu.Mia consideró unos instantes más y luego hizo un gesto rápido.-Muy bien. Vuelve en torno a las dos, y veremos qué podemos hacer. - Dosde la tarde para el resto del mundo significa la mitad de la noche paraMoroi, quienes se movían en un horario nocturno. Estar en plena luz deldía no se sentía particularmente escurridizo, pero tuve que cifrar laplanificación de Mia aquí se basó en el hecho de que también habríamenos personas en torno a esa hora del día.Yo estaba tratando de decidir si deberíamos socializar más o racionalizarcuando alguien interrumpió mis pensamientos. Mia se estremeció y, derepente parecía incómoda. Se levantó para abrir la puerta y una vozfamiliar derivó por el pasillo hacia nosotros.-Siento llegar temprano, pero…Christian entró en la sala de estar. De repente, se calló cuando vio a Lissay luego a mí. Todo el mundo parecía congelado, por lo que parecía que erayo quien tenía que fingir como esta no era una situación terriblementedifícil.
    • 45-Hey, Christian,- le dije alegremente. -¿Cómo te va?-Sus ojos estaban puestos en Lissa, y le tomó un momento paraarrastrarlos a mí.-Bien.- Echó un vistazo a Mia. -Puedo volver....Lissa se levantó apresuradamente.-No.- dijo ella, con la voz fría de princesa.-Rose y yo tenemos que irnos detodos modos.-Sí,- yo estuve de acuerdo, a raíz de su ejemplo. -Tenemos... cosas... Quehacer. Y no queremos interrumpir su…- Caray, yo no tenía idea de lo queiban a hacer. No estaba segura de que quisiera saberlo.Mia había encontrado su voz.-Christian quería ver algunos de los movimientos que he estadopracticando con los guardianes de la escuela.-Genial. -Me quedé con la sonrisa en mi cara como Lissa y yo nostrasladamos hacia la puerta. Ella dio un paso en la medida en torno aChristian como pudo. -Jill estará celosa.Y no sólo Jill. Después de otra ronda de despedidas, Lissa y yo nos fuimosa recorrer los jardines. Podía sentir la ira y los celos que irradiaba a travésde su enlace.-Es sólo su club de lucha, Liss- dije, sin tener necesidad de su lado de laconversación. -Nada de lo que estás pensando. Ellos van a dar puñetazos ypatadas, y otras cosas aburridas.- Bueno, en realidad eso fue muy dulce,pero yo no iba a glorificar a Christian y Mia fuera.-Tal vez ahora no esté pasando, -gruñó ella, mirando fríamente pordelante.-¿Pero quién sabe qué podría pasar? Pasan tiempo juntos,practican algunos movimientos físicos, una cosa lleva a la otra-Eso es ridículo- dije. -Ese tipo de cosas no son románticas en absoluto.Otra mentira, ya que era exactamente como mi relación con Dimitri habíacomenzado. Una vez más lo mejor era no hablar de eso. -Además,Christian no puede estar involucrado con cada chica que pasa el tiempo.Mia, Jill , sin ánimo de ofender, pero en realidad no es que gran mujeriego.
    • 46-Él es muy guapo, -argumentó, esos sentimientos oscuros todavía hervíaen su interior.-Sí- admití, manteniendo los ojos con cuidado sobre la vía. -Pero senecesita más que eso. Y, además, pensé que no te importaba lo que hiciera-No- convino ella, ni ella misma sonaba convincente, por no hablar de mí. -No, en absoluto.Mis intentos de distraerle han demostrado ser bastante inútiles para elresto del día. Las palabras de Tasha volvieron a mí: ¿Por qué no te fijasesto? Debido a Lissa y Christian estaban siendo demasiadocondenadamente razonable, tanto atrapados en sus propios sentimientoscabreados - que eran una especie de que fueran a cambiar. Christianhubiera sido muy útil en mis aventuras ilícitas, pero tenía que mantenermi distancia por el amor de Lissa.Finalmente le dejó a su mal humor cuando la cena llegó.En comparación con su situación romántica, mi relación con un playboymalcriado semi-real de una familia de desaprobación parecía francamenteoptimista.¡Qué mundo tan triste y de miedo se estaba convirtiendo!. Le aseguré aLissa con la cabeza hacia atrás, después de la cena que íbamos a ir a ver aMia juntos. La mención de Mia no hizo a Lissa feliz, pero la idea de unposible robo hizo distraerla un momento de Christian.El vestido que había para la cena era marrón, hecho de material ligero, degasa que era grande para el tiempo de verano. El escote era decente, ypequeñas mangas casquillo le dio una ventaja con clase. Con el pelorecogido en una coleta baja que hizo un trabajo digno de ocultar el tatuajede curación, que casi parecía una novia respetable - que sólo iba a mostrarcómo engañosas apariencias, ya que era parte de un plan loco para traer ami último novio de entre los muertos.Adrián me examinó de pies a cabeza cuando llegué a la casa de la ciudadde sus padres. Mantuvieron una residencia permanente aquí en la Corte.La pequeña sonrisa en su rostro me dijo que le gustó lo que vio.- ¿Tú me aprobarías? -Pregunté, dando vueltas.Deslizó un brazo alrededor de mi cintura.
    • 47-Por desgracia, sí. Tenía la esperanza de que aparecieras con algo más dezorra. Algo que escandalizaría a mis padres. A veces es como si ni siquierase preocupan por mí como persona,- observó que a medida que entró. -Escomo si estuvieras usando solo para conmocionarme.-Es a la vez, un poco dhampir. Me preocupo por ti, y yo estoy usando elvalor de la conmoción.Me escondí una sonrisa mientras el ama de llaves de los Ivashkovs nosllevó hacia el comedor. El Tribunal de Justicia en realidad habíarestaurantes y cafés escondidos dentro de sus edificios, pero miembros dela realeza como los padres de Adrián consideraría más clase para teneruna cena de lujo en su casa. Yo, yo habría preferido estar fuera en público.Más opciones de escape.-Tú debes de ser Rose.Mi evaluación de las salidas fue interrumpida cuando una gran mujer alta,muy elegante Moroi entró en la habitación. Llevaba un vestido largo yoscuro de raso verde que inmediatamente me hizo sentir fuera de lugar yque encajaba perfectamente con el color de ella - y los ojos de Adrian. Supelo oscuro estaba tirante en un moño, y ella me sonrió con calidezgenuina y me cogió la mano.-Soy Daniella Ivashkov,- dijo. -Es muy agradable conocerte por fin¿Era realmente? Mi mano automáticamente sacudió la suya a cambio.-Encantada de conocerla también, Señora Ivashkov.-Llámame Daniella, por favor.- Se volvió hacia Adrián y chasqueó la lenguacuando ella le arregló el cuello de la camisa abotonada. -Sinceramente,cariño-, dijo.-¿Podrías mirarte en un espejo antes de salir por la puerta?Tu pelo es un desastre.Él le esquivó al llegar a la cabeza.-¿Estás bromeando? Me pase horas delante del espejo para que se vea deesta manera.Ella dio un suspiro atormentado.-Algunos días no puedo decidir si tengo suerte o no de tener ningún otroniño.
    • 48Detrás de ella, la servidumbre tranquila estaba colocando los alimentos enla mesa. El vapor se levantó de los platos, y me rugió el estómago. Tenía laesperanza de que nadie más escuchara. Daniella echó un vistazo por elpasillo más allá de ella.-Nathan, date prisa. La comida se está enfriando".Momentos después, sonaron unos pasos pesados en el suelo de maderaadornado, y Nathan Ivashkov irrumpió en la habitación. Al igual que suesposa, estaba vestido formalmente, el raso de la corbata azul brillantejunto a la crudeza de su abrigo pesado traje negro. Me alegré de que habíaaire acondicionado aquí, o que habría sido la fusión en que los tejidospesados. La característica de él que se destacaron los más era lo que yorecordaba de antes: una cabeza clara de plata de pelo y bigote. Mepregunté si el pelo de Adrián se parecería cuando él fuera más viejo. No, yonunca debería averiguarlo. Adrian probablemente se teñiría el cabello a laprimera señal de gris - o de plata.El padre de Adrian podría ser exactamente como yo lo recordaba, peroestaba claro que él no tenía idea de quién era yo. De hecho, parecía estarrealmente sorprendido al verme.-Se trata de Adrián, y su amiga, Rose Hathaway,- dijo Daniellasuavemente.-¿Te acuerdas ?,dijo que la traería esta noche.-Es un placer conocerle, Señor Ivashkov.A diferencia de su esposa, él no se ofreció a ser llamado por su primernombre, lo que me alivio un poco. El Strigoi que había convertido a Dimitripor la fuerza se llamaba Nathan también, y no era un nombre que quisieradecir en voz alta. El padre de Adrián me miró de arriba-abajo, pero no fue con laapreciación que Adrian había mostrado antes. Era más como si fuera unarareza. "Oh. La chica dhampir."Él no fue grosero con exactitud, sólo desinteresado. Quiero decir, no eracomo él me llamó puta sangre ni nada. Todos nos sentamos a comer, yaunque Adrián mantuvo su sonrisa típica diablo-poder-cuidado de surostro, yo obtuve una vez más el ambiente que él realmente quería uncigarrillo. Probablemente licor fuerte, también. Estar cerca de sus padresno era algo de lo que disfrutaba. Cuando uno de los criados nos sirvió todoel vino, Adrian parecía inmensamente aliviado y no se echaron atrás.
    • 49Le lance una mirada de advertencia a la que él no hizo caso.Nathan logró devorar rápidamente sus medallones de cerdo balsámicoglaseado mientras que todavía parecía elegante y apropiado.-Entonces-dijo, la atención se centró en Adrian, -ahora que Vasilissa segraduó, ¿qué vas hacer? Tú no te vas a mantener en los barrios bajos conestudiantes de secundaria, ¿verdad? No tiene sentido el que tú estéspresente más.-No sé, -dijo Adrian perezosamente. Sacudió la cabeza, con el pelo másdesordenado y cuidadosamente despeinado. -Me gusta salir con ellos.Piensan que soy más divertido de lo que soy.-No me sorprende, -respondió su padre. -Tú no eres nada gracioso. Eshora de hacer algo productivo. Si no se va a volver a la universidad, almenos debes comenzar a sentarte en algunas de las reuniones de laempresa familiar. Tatiana se estropea, pero puedes aprender mucho deRufus.Sabía lo suficiente acerca de la política real para reconocer el nombre. Elmiembro de mayor edad de cada familia solía ser su "príncipe" o "princesa"y mantuvo una posición del Consejo Real - y fue elegido para convertirseen rey o reina. Cuando Tatiana había quitado la corona, Rufus se habíaconvertido en príncipe de la familia Ivashkov ya que era el mayor.-Es verdad- dijo Adrian inexpresivo. Él no estaba comiendo tanto como elimpulso de su comida alrededor.-Realmente me gustaría saber cómo mantienes a tus dos amantes ensecreto a tu mujer.-¡Adrian!- Daniella rompió, derramando un rubor sobre sus mejillaspálidas.-No diga cosas como esas en nuestra mesa y menos en frente deun invitado.Nathan parecía fijarse en mí otra vez y se encogió de hombros desdeñoso.-Ella no tiene importancia.Me mordí el labio en que, reprimiendo las ganas de ver si podía lanzar miplato de porcelana al estilo frisbee y golpearlo en la cabeza. Decidí nohacerlo.
    • 50 No sólo sería la ruina de la cena, pero la placa probablemente noalcanzaría el ascensor que yo necesitaba. Nathan se volvió de nuevo con suceño fruncido hacia Adrian.-Pero si lo haces. Yo no tengo que sentarme sin hacer nada, y utilizarnuestro dinero para tu financiación.Algo me dijo que debería mantenerme al margen de esto, pero yo no podíasoportar ver a Adrian embestido así por su padre molesto. Adrian lo hizosentarse y perder el dinero, pero Nathan no tienen derecho a burlarse de élpor ello. Quiero decir, claro, yo hice todo el tiempo. Pero esto era diferente.-Tal vez tú podrías ir a Lehigh con Lissa,- le ofrecí. -Mantener el espírituestudiar con ella y luego... Por lo demás que estaba haciendo la última vezque estaban en la universidad....-Beber y saltarse las clases,- dijo Nathan.-Arte, -dijo Daniella. -Adrian tomó clases de arte.--¿En serio?, -Pregunté, volviéndome hacia él, sorprendida. De algunamanera, me lo imaginaba como un tipo de artista. Encajaba en supersonalidad errática. -Entonces eso sería perfecto. Tú podrías acogerlo denuevo.Se encogió de hombros y terminó su segundo vaso de vino.–No lo sé. Este colegio probablemente tendría el mismo problema que elúltimo.Fruncí el ceño. ¿Y cuál sería?-Tareas.-Adrián, -gruñó a su padre.-Está bien, -dijo Adrian despreocupadamente. Apoyó el brazo casualmenteen la mesa. - realmente no necesito un empleo o dinero extra. Después deque me case con Rose, los niños sólo voy a vivir de su sueldo de guardia.Todos se congelaron, incluso yo. Sabía perfectamente que era una broma.Quiero decir, incluso si albergara fantasías de matrimonio y los niños (y yoestaba bastante segura de que no lo hizo), el bajo salario de un tutornunca sería suficiente para mantenerlo en la lujosa vida que necesitaba.
    • 51El padre de Adrian, sin embargo, claramente no pensaba que estababromeando. Daniella parecía indecisa. Yo, yo estaba incómoda. Fue unmuy, muy mal tema para que aparezca en una cena como esta, y yo nopodía creer lo que Adrian había dicho allí. Yo ni siquiera creí que el vinofuera el culpable. A Adrian le gustaba mucho atormentar a su padre.El terrible silencio creció cada vez más. Mi instinto para llenar los huecosde la conversación estaba en su apogeo, pero algo me dijo que me quedaratranquila. El aumento de la tensión. Cuando sonó el timbre, los cuatrocasi saltamos de la silla.El ama de llaves, Torrie, se escurrió para responder a ella, y me dieron unrespiro de alivio mental. Una visita inesperada ayudaría a aliviar latensión. O quizá no.Torrie se aclaró la garganta cuando regresó, evidentemente nerviosa,mientras miraba de Daniella a Nathan.-Su Majestad la Reina Tatiana está aquí.No, de ninguna manera.Los tres Ivashkovs se levantaron bruscamente, y medio segundo después,me uní a ellos. No me lo había creído antes, cuando Adrian dijo queTatiana podría venir.De su rostro, parecía muy sorprendido ahora también. Pero, efectivamente,allí estaba ella. Se deslizó en la habitación, elegante en lo que debió sercasual de negocios para ella: pantalones a medida negro y chaqueta deseda roja y blusa de encaje por debajo. Pocas joyas, un broches brillaba ensu pelo oscuro y los ojos imperiosos miró hacia abajo a todos nosotroscuando le ofrecimos reverencias apresuradas. Incluso su propia familiaseguía el protocolo.-Tía Tatiana,-dijo Nathan, obligando a lo que parecía una sonrisa en surostro. No creo que lo hacía muy a menudo. -¿No quiere usted unirse anosotros para la cena?Ella hizo un gesto con la mano despectivamente.-No, no. No puedo quedarme. Estoy en mi camino a reunirme con Priscilla,pero pensé en pasar cuando me enteré de que Adrian había regresado. -Su mirada se posó sobre él. -No puedo creer que has estado aquí todo eldía y no has venido a visitarnos.-Su voz era fría, pero juro que había unbrillo divertido en sus ojos.
    • 52Daba miedo. Ella no era alguien que yo consideraba cálida y difusa. Todala experiencia de verla fuera de una de sus salas de recepción eratotalmente irreal.Adrian le sonrió. Era evidente que era la persona más cómoda en la salaen este momento. Por razones que nunca entendí, Tatiana amaba ymimaba a Adrian. Eso no quiere decir que ella no amaba a los miembrosde su familia, era claro que él sólo era su favorito. Lo que siempre mesorprendio, teniendo en cuenta lo sinvergüenza que era a veces.-Ah, pensé que tenía cosas más importantes que hacer que verte conmigo ,-le dijo. -Además, dejé de fumar, así que ahora no vamos a poder fumarfurtivamente cigarrillos detrás de la sala de los tronos juntos.-¡Adrian!- reprendió Nathan, volviéndose de color rojo brillante. Se meocurrió entonces que podría haber basado en un juego que bebe alrededorde cuántas veces, exclamó el nombre de su hijo de desaprobación. -Tía, mesor.. -Tatiana levantó una mano de nuevo.-Oh, calla, Nathan. Nadie quiere oírte.-Casi me ahogaba. Estar en lamisma habitación que la reina era horrible, pero casi valió la pena ver a superra bofetada verbal hacia el Señor Ivashkov. Se volvió de nuevo a Adrián,con cara de descongelación. -¿Has dejado de fumar? Ya era hora. Supongoque esto lo hace por ti.Me tomó un momento para darme cuenta de que me estaba hablando amí. Hasta ese momento, me gustaría que hubiera un tipo de esperanza deque ella no me notara. Parecía que la única explicación para que ella nome gritará era para quitar la puta rebelde poco de sangre. Fue impactante.Su voz no era acusatoria, tampoco. Lo fue. . . impresionado.-Bu-bueno, no fui yo, Majestad- le dije. Mi mansedumbre fue muy lejos demi comportamiento en nuestra última reunión. -Adrián fue el que tuvo, eh,la determinación de hacerlo.- Así me ayude, Tatiana se rió entre dientes.-Muy diplomático. Deberían asignarte a un político.Nathan no le gustó la atención que presto en mí. No estaba seguro de quehice bien, o no.-¿Estás esta noche y Priscila en un negocio? O simplemente van a teneruna cena agradable?Tatiana arrastró su mirada de mí.
    • 53-Las dos cosas. Ha habido algunas disputas intrafamiliares. No en público,pero se está saliendo. La gente está haciendo ruido por la seguridad.Algunos están listos para empezar a entrenar ahora mismo. Otros sepreguntan si los guardianes pueden ir sin dormir.- Ella enrollo los ojos.-Yson más dóciles en las sugerencias.No hay duda al respecto. Esta visita se había vuelto mucho másinteresante.-Espero contar con que vamos a cerrar a los aspirantes a militantes paraeso,- gruñó Nathan. -Nosotros luchando junto a los guardianes esabsurdo.-Lo que es absurdo, -dijo Tatiana, -está teniendo la lucha entre las clasesreales. Eso es lo que queremos cerrar para callar.- Su tono se hizo nobles,muy de reina.-Somos los líderes entre los Moroi. Tenemos que dar ejemplo. Tenemos queestar unidos para sobrevivir.La estudié con curiosidad. ¿Qué significaba eso? Ella está de acuerdo o endesacuerdo con la postura de Nathan en la lucha contra Moroi. Sólo habíamencionado que se establece la paz entre su pueblo. Pero, ¿cómo? ¿Era sumanera de alentar el movimiento nuevo o equipo? La seguridad fue unagran preocupación para todo el mundo después del ataque, y cayó sobreella para averiguarlo.-Suena muy duro para mí, -dijo Adrián, jugando ajeno a la gravedad de lacuestión. -Si aún deseas un cigarrillo después, voy a hacer una excepción.-Me conformo con que hayas venido a realizar una visita correcta mañana,-dijo ella con sequedad. -Deja el cigarrillo su sitio.- Echó una mirada a sucopa de vino vacía.- Y otras cosas.Un destello de su firme determinación cruzó su mirada, y aunque sederretía tan rápido como había llegado, me sentí casi aliviada. Allí estabael hielo Tatiana sabía. Saludó. "Se tomó nota."Tatiana nos dio al resto de nosotros breves miradas.-Tengan una buena noche,- fue su despedida solamente.Nos hizo otra reverencia, y luego se dirigió hacia la puerta principal.Mientras lo hacía, oí voces y forcejeos en murmuros. Ella había estadoviajando con un séquito, me di cuenta, y había dejado a todos en elvestíbulo mientras ella vino a saludar a Adrian.
    • 54La cena fue tranquila después de eso. La visita de Tatiana nos dejó a todosatónitos. Al menos eso significaba que no tenía que escuchar a Adrian y supadre discutir más. Daniella sobre todo mantuvo lo poco que había deconversación, tratando de indagar sobre mis intereses, y me di cuenta deque no había dicho una palabra durante la breve visita de Tatiana.Daniella se había casado con uno de los Ivashkovs, y me pregunté siencontraba a la reina intimidante. Cuando llegó el momento de irnos,Daniella era todas sonrisas mientras Nathan se retiró a su estudio.-Tienes que venir más a menudo,- dijo a Adrian, alisando el pelo a pesarde sus protestas. -Y te invitamos en cualquier momento, Rose.-Gracias- dije, pasmada. Yo seguí estudiando la cara para ver si estabamintiendo, pero no pensé que así fuera. No tenía ningún sentido. LosMoroi no estaban de acuerdo con las relaciones a largo plazo condhampirs. Real Moroi especialmente no lo hacía. Y el Real Moroi enrelación con la reina no hizo todo, al menos si la experiencia pasada fueninguna indicación. Adrian suspiró.-Tal vez si él no está. Oh, maldita sea. Eso me recuerda. Dejé mi abrigoaquí la última vez, Yo quise salir muy rápido.-Tienes, como, cincuenta abrigos- comenté.-Pregúntale a Torrie, -dijo Daniella. -Ella sabrá dónde está.Adrián se fue a buscar al ama de llaves y me dejó con su madre. Me hanhecho para hablara con finura, pequeños gestos intrascendentes, pero micuriosidad era conseguir lo mejor de mí.-La cena fue realmente genial,- le dije con sinceridad. -Y espero que ustedno tomará a mal... Pero me refiero... Bueno, parecen estar bien con queAdrián y yo salgamos.Ella asintió con la cabeza serena.-Lo estoy.-Y... - Bueno, tenía que ser dicho. -Tat – la Reina Tatiana parecía estarbien con eso también."-Lo es.Me aseguré de que mi mandíbula no caería al suelo.
    • 55-Pero... Quiero decir, la última vez que hablé con ella, estaba muy enojada.Ella me decía una y otra vez que nunca se nos permitiría estar juntos en elfuturo o que nos casaran ni nada de eso.- Me encogí, recordando la bromade Adrián. -Me imaginé que iba a sentir lo mismo. El Señor Ivashkov.Realmente no puede querer a su hijo con un dhampir para siempre.Daniella con su sonrisa fue amable, pero irónica.-¿Piensas en estar con él para siempre? ¿Planeas casarte con él alinstalarte?La pregunta me cogió totalmente por sorpresa.-Yo... No... Quiero decir, no quiero ofender a Adrian a sí que no. No hayplanes de futuro en absoluto- Ella asintió con la cabeza sabiamente.-Eso es lo que yo pensaba. Créeme, sé que Adrian no estaba hablandoantes. Todo el mundo está saltando a conclusiones que ni siquiera hanocurrido. He oído hablar de ti, Rose, todo el mundo habla. Y te admiro. Y apartir de lo que he aprendido, estoy adivinando que no eres del tipo quedejaría de ser un guardián para ser ama de casa.-Tienes razón-admití.-Entonces no veo el problema. Los dos son jóvenes. Tenéis derecho adivertiros y hacer lo que querais ahora, pero tú y yo sabemos, que inclusosi tú ves con Adrián el resto de tu vida, no se van a casar o a establecer. Yno tiene nada que ver con lo que Nathan o alguien dice. Es la manera delmundo. Es el tipo de persona que eres. Puedo verlo en tus ojos. Tatiana seha dado cuenta también, y por eso se relajó.Tienes que estar ahí luchando, y eso es lo que vas a hacer. Por lo menos sitienes realmente la intención de ser un guardián.-La tengo. -Yo la miraba con asombro. Su actitud fue increíble. Ella fue laprimera Moroi Real que conocí que no se había asustado a cabo deinmediato y se ha vuelto loca ante la idea de una pareja entre un Moroi yuna dhampir. Si otras personas compartían su opinión, haría de la vida delos demás más fáciles. Y tenía razón. No importaba lo que Nathan pensara.No hubiera importado si aun Dimitri hubiera estado alrededor. Elresultado final fue que Adrián y yo no estaríamos juntos por el resto denuestras vidas porque siempre estaría en servicio de guardián, no sentadaahí como él lo hizo.
    • 56 Al darse cuenta de que las cosas liberadas. . . sin embargo, me hizoponerme un poco triste también.Detrás de ella, pude ver a Adrian que se acercaba por el pasillo. Daniellase inclinó hacia delante, lanzando su voz de bajo para mí. Había una notanostálgica a sus palabras al hablar, el tono de una madre preocupada.-Sin embargo, ¿Rose? Mientras yo estoy bien con vosotros y el con suscitas sea feliz, por favor trata de no romper demasiado su corazón cuandollegue el momento.
    • 57 Capítulo 4 Traducido por Dany Corregido por EeMaríaDecidí que sería mejor no hablarle a Adrian, de mi conversación con sumadre. No necesitaba poderes psíquicos para sentir su estado de ánimomixto, mientras caminábamos de regreso al área de huéspedes. A su padrele había molestado, pero la aceptación aparente de su madre lo habíaalegrado.No quería hacerle daño, al permitir que Adrian supiera que ella sólo estabade acuerdo por nuestra cita porque pensó que era una cosa temporal, dediversión.-―Así que, ¿saldrás con Lissa?" -preguntó cuando llegamos a mihabitación.-"Sí, lo siento. Tú sabes - cosas de chicas". Y por cosa de chicas, me referíaa allanamiento de morada.Adrian parecía un poco decepcionado, pero sabía que él no envidia nuestraamistad. Me dio una pequeña sonrisa y envolvió sus brazos alrededor demi cintura, inclinándose para darme un beso. Nuestros labios seencontraron, y la calidez que siempre me sorprendía se propagó a travésde mí. Después de unos dulces momentos, nos separamos, pero la miradaen sus ojos me dijo que no era fácil para él.-"Hasta luego", le dije. Me dio un beso más rápido y, después me dirigí asu habitación.De inmediato busque a Lissa, que estaba en su propia habitación. Ellaestaba mirando fijamente a una cuchara de plata, y a través de nuestraunión, podía sentir su intento. Ella estaba tratando de infundirle espírituen coacción, de modo que quien lo sostuviera le levantara el ánimo. Mepregunté si ella lo intentaba por sí misma o lo acababa de experimentar alazar. No mire su mente para averiguarlo.-"¿Una cuchara?" -Le pregunté con diversión.Ella se encogió de hombros y la dejó.
    • 58-"Hey, no es fácil de seguir recibiendo un poder de la plata. Tengo quetomar lo que puedo conseguir."-―Bueno, lo harías para cenas de gala."Ella sonrió y puso los pies sobre la mesa del café de ébano que estaba enel medio de su pequeña sala de estar. Cada vez que la veía, no podía dejarde recordarme a los muebles en negro brillante, que habían estado en mipropia prisión-suite en Rusia. Había luchado con Dimitri, de hecho con lapata de una silla.-―Por cierto... ¿Cómo fue tu cena de gala?"-"No fue tan malo como yo pensaba", admití. "Nunca me di cuenta de loimbécil que era el padre de Adrian, sin embargo. Su madre era realmentelinda. Ella no tuvo problemas con que nosotros saliéramos."-Sí, la he conocido. Ella es agradable... Aunque nunca pensé que fuera losuficientemente agradable para estar bien con una cita escandalosa. Nocreo que Su RealMajestad se presentara? "Lissa estaba bromeando, así que mi respuesta ladesconcertó-"Ella lo hizo, y... No fue horrible".-"¿Qué? ¿Has dicho « NO »?-Lo sé, lo sé. Era tan loco. Fue una visita muy rápida para ver Adrian, yella actuó como que yo no era gran cosa." No me molesté en profundizar enla política de Tatiana y sus puntos de vista sobre la formación Moroi parala batalla. "Por supuesto, ¿quién sabe qué hubiera pasado si se quedaba?Hubiera alucinado… Habría necesitado toda vajilla de plata -- para quedejara de tirarle cuchillos."Lissa gimió.- "Rose, no se puede hacer ese tipo de bromas."Sonreí.-"Yo soy la que dices las cosas, tu eres demasiado miedosa."Esto hizo que su sonrisa regresara.-"Ha pasado mucho tiempo desde que he escuchado algo así ", dijo en vozbaja. Mi viaje a Rusia había fracturado nuestra amistad, que había ido apara mostrarme lo mucho que significaba para mí.
    • 59Pasamos el resto del tiempo fuera, hablando de Adrián y otros chismes. Mesentí aliviada al ver que había superado su estado de ánimo sobreChristian, pero según avanzaba el día, su angustia crecía sobre nuestramisión pendiente con Mia.-"Va a estar bien-le dije cuando llegó el momento. Nos dirigimos al otrolado del Tribunal de Justicia, vestidas con pantalones vaqueros ycamisetas cómodas.Fue bueno estar libre del toque de queda de la escuela, pero una vez más,estar bajo la luz del sol, no me hacía sentir muy encubierta.-"Esto va a ser fácil".Lissa me cortó con la mirada, pero no dijo nada. Los guardianes son laseguridad vigente en nuestro mundo, y esta es su sede. Romperla iba a sercualquier cosa menos fácil.Mia nos miró cuando llegamos a ella, sin embargo, y sentí que estabaalentada por su actitud – iba toda de negro. Es cierto que no servirá demucho a la luz solar, pero que hizo todo esto se sienten más legítimo.Me moría por saber qué había pasado con Christian y Lissa, erademasiado. Una vez más, era uno de esos temas que era mejor dejar sinexplicación.Mia, sin embargo, empezó a explicar su plan para nosotras, yhonestamente sentía que había una probabilidad del 65 por ciento detrabajo. Lissa se sentía incómoda con su papel para utilizar la fuerza, peroera un soldado de caballería y estaba de acuerdo en hacerlo. Pusimos todoen detalle un par de veces más y luego propusimos el edificio quealbergaba las operaciones de la guarda. Yo había estado allí una vez antes,cuando Dimitri me había llevado a ver a Víctor a los calabozos junto a losguardianes." HQ*.(* Cuartel General (en inglés Headquarters o HQ) es el nombre que recibe el lugar enel que se concentran la mayoría de, si no todas, las funciones...es.wikipedia.org/wiki/HQ)Nunca antes había pasado mucho tiempo en las oficinas principales, ycomo Mia había predicho, tenían un personal reducido a estas horas deldía.Cuando entramos, nos recibieron de inmediato por una zona de recepcióncomo encontrarías en cualquier oficina administrativa. Un severo guardiase sentó en un escritorio con un ordenador, archivadores y mesas a sualrededor.
    • 60Era probable que no tuvieran mucho que hacer en estos momento de lanoche, pero estaban claramente en alerta. Más allá de él había una puerta,que presto mi atención. Mia nos había explicado que era una puerta deentrada a todos los secretos de los guardianes, a su historial y principalesoficinas - y zonas de vigilancia que monitoreaban las regiones de altoriesgo de la Corte.Severo o no, el tipo le dio una pequeña sonrisa de Mia.-"¿No es un poco tarde para ti? no estarás aquí para las lecciones,¿verdad? "Ella le devolvió la sonrisa. Debió haber sido uno de los guardianes con losque había entablado amistad durante su tiempo en la corte.-"Nah, sólo con unas amigas, quería mostrarle el lugar. "Él arqueó una ceja mientras nos tomaba en cuenta a Lissa y a mí. Le dioun ligero gesto de reconocimiento. ―Princesa Dragomir. GuardiánHathaway".Al parecer, nuestra reputación nos precedió. Era la primera vez que habíaestado dirigida por mi nuevo título. Me sorprendió - y me hizo sentirculpable por traicionar al grupo que acababa de convertirme en miembro.-"Este es Don", explicó Mia. "Don, la princesa tiene que pedirle un favor."Ella miró significativamente a Lissa.Lissa respiró hondo, y sentí como quema la mágica de la coacción a travésde nuestro vínculo, como centró su mirada en él.-"Don", dijo con firmeza, "danos las claves y códigos a los registros de laplanta baja de archivos. Y luego, asegúrese de que las cámaras en lasáreas estén cerradas."Frunció el ceño. "¿Por qué?-" Pero a medida que sus ojos siguieroninfluenciados por los suyos, se podía ver la compulsión apoderarse de él.Las líneas en su cara se alisaron en cumplimiento, y me pude suspirar dealivio.Muchas personas eran lo suficientemente fuertes para resistir lacompulsión - en particular la de un Moroi ordinario. Pero Lissa era muchomás fuerte porque tenía el espíritu, aunque no se sabía si alguien lo podíaromper.
    • 61-"Por supuesto-dijo, poniéndose de pie. Abrió un cajón del escritorio y leentregó a Mia un juego de llaves, que rápidamente me dio a mí.-"El código es 4312578".Lo aprendí de memoria, y nos hizo señas a través de la puerta deltodopoderoso. Más allá, los corredores en todas las direcciones. Señalóuna a nuestra derecha.-"Allá abajo. Ir a la izquierda hasta el final, bajar dos plantas y es la puertade la derecha¨ Mia me miró para asegurarse de que lo había entendido.Asentí, y ella se volvió hacia él.-"Ahora asegúrese de que la vigilancia está apagada."-"Llévanos allí", dijo Lissa con firmeza.Don no pudo resistirse a sus órdenes, y ella y Mia lo siguieron, dejándomesola. Esta era la parte del plan que me tocaba a mí, y me apresuré por elpasillo. La instalación podría tener un personal reducido, pero aún podríallegar hasta alguien - y no tendría obligación de ayudarme a hablar con misalida de problemas.Las direcciones de Don eran exactas, pero todavía no estaba preparadacuando introduje el código y entré en la cámara acorazada. Filas y filas deficheros se extendía por un pasillo enorme. No pude ver el final de lamisma. Los cajones se apilaban por cinco de alto, y con la iluminacióntenue y misteriosa reinaba un silencio espeluznante. Toda la informaciónde los Guardianes de antes eran ahora digital. Sólo Dios sabía de quéfecha eran estos registros. ¿A la época medieval en Europa? De pronto mesentí intimidada y me pregunté si podría salir del paso.Me acerqué a la primera caja a mi izquierda, aliviada al ver que estabaetiquetada.AA1 leí. Seguido de AA2 y así sucesivamente. ¡Dios mío! Esto iba atomarme varios gabinetes para desquitarse de la medida. Estabaagradecida de que la organización fuera tan simple como el ordenalfabético, pero ahora entendía, que era por qué estos gabinetes eran parasiempre.Tenía que atravesar más de tres cuartas partes de los camino a través dela habitación para llegar al "TS". Y no fue hasta que llegué al cajón TA27que encontré el archivo de la Prisión Tarasov.Me quedé boquiabierta. El archivo era grueso, lleno de todo tipo dedocumentos.
    • 62Eran páginas de la historia de la prisión y sus patrones de migración, asícomo planes para cada una de sus localidades. Casi no lo podía creer.Tanta información. . . pero ¿qué necesito? ¿Cuál sería útil? La respuestafue rápida: todo. Cerré el cajón y metí la carpeta bajo el brazo. Está bien.Era momento para salir de aquí.Me di vuelta y empecé a dirigirme hacia la salida. Ahora Tenía lo quenecesitaba, la urgencia de escapar presionaba dentro de mí. Estaba casien la salida cuando oí un chasquido suave, y se abrió la puerta.Me quedé inmóvil cuando un dhampir, que no reconocí pasó por mi lado.Se quedó paralizado, claramente sorprendido, y lo tomé como una pequeñabendición, que no respondiera de inmediato, me sujeto contra la pared yempiezo a interrogarme.-"Tú eres Rose Hathaway," dijo.¡Qué barbaridad! ¿Hay alguien que no supiera quién era yo? Me pusetensa, sin saber qué esperar ahora, hablaba como si reunirnos aquítuviera sentido.-¨ ¿Quién eres?"-"Mikhail Tanner", dijo, todavía perplejo. "¿Qué estás haciendo aquí?"-"haciendo un recado‖, le dije despreocupadamente. Le indique elarchivo."El guardián de turno necesitaba algo."-"Estás mintiendo", dijo. "Yo soy el guardián de turno de los archivos. Sialguien necesitaba algo, me habrían enviado a mi".Oh, mierda., un extraño pensamiento me vino. Su aparición no estabafamiliarizado en absoluto: rizado cabello castaño, estatura media, treintaaños. Muy buen aspecto, de verdad. Pero su nombre. . . algo en sunombre. . .-"La señora Karp," me cortó la respiración. "Usted es el... Usted estuvoinvolucrado con la Sra. Karp".Se puso rígido, estrecho sus ojos azules con cautela.-"¿Qué sabe tu acerca eso?"
    • 63Tragué saliva. Lo que había hecho - o intentado hacer por Dimitri - no era,sin precedente.-"quería…. Saliste a matarla después de que... Después de que ella seconvirtiera."La Sra. Karp había sido nuestra maestra hace unos años. Ella había sidouna usuario del espíritu, y con los efectos comenzó a conducir su locura,había hecho la lo único que podía salvar a su mente: convertirse en unStrigoi. Mikhail, su amante, había hecho lo único que había conocido a finde su mal estado: buscarla y matarla. Se me ocurrió que yo estaba de piecara a cara con el héroe de una historia de amor casi tan dramática comola mía.-"Pero nunca la encontraste,‖ le dije en voz baja.Tomó mucho tiempo para responder, los ojos me pesan mucho. Yo mepregunte lo que estaba pensando. ¿En ella? ¿En su propio dolor? ¿O eraSu análisis de mí?-―No‖-dijo finalmente-. "Tuve que parar. Los guardianes me necesitabamás."Habló de manera calmada y controlada que se destacaban los guardianes,pero en sus ojos, vi el dolor - un dolor que nadie más entendía. Dudé antesde decir nada más la única oportunidad que tenía de no ser descubierta yterminar en una cárcel móvil.-"Lo sé... Sé que tienes razón para sacarme de aquí y a su vez deberías. Eslo que se supone que debes hacer - lo que haría también. Pero lo que pasaes esto. . . "Una vez más asintió con la cabeza-." Bueno, estoy tratando de hacer lo que hiciste. Estoy tratando de salvara alguien."Se quedó en silencio. Probablemente podría adivinar a quién me refería y"salvar" significaba "matar". Si sabía quién era yo, sabía quién había sidomentor. Pocos sabían acerca de mi relación sentimental con Dimitri,-"Es inútil, ya sabes," dijo Mikhail al fin. Esta vez, su voz se agrieto.-"Traté de... me he esforzado tanto en encontrarla. Pero cuandodesaparecen. . . cuando no quieren ser encontrados. . . "Negó con lacabeza.
    • 64-"No hay nada que podamos hacer. Entiendo por qué quieres hacerlo.Créeme, Pero es imposible. Nunca lo encontraras si no quiere. Me preguntécuánto debía contarle a Mikhail. Entonces se me ocurrió, que si habíaalguien más en este mundo que entendía lo que estaba pasando, sería estehombre. Además, yo no tenía muchas opciones aquí.-"La cosa es que creo que puedo encontrarle, le dije lentamente. "me estábuscándome".-"¿Qué?" Mikhail levanto las cejas. "¿Cómo lo sabes?"-Porque, bueno, me envía cartas al respecto".Me hecho una mirada feroz de guerrero.-"Si usted sabe esto, si lo puedes encontrar. . . usted debe recibir unacopia de seguridad para matarlo."Me dio un respingo en esas últimas palabras, una y otra vez temía lo quetenía que decir a continuación.-"¿Me creerías si te dijera que había una manera de salvarlo?-"¿Me quieres decir mediante su destrucción?."Negué con la cabeza. -No... Me refiero a realmente salvarlo. Una manera derecuperar su estado, su estado original".-"No," dijo Mikhail rápidamente. "Eso es imposible."-"Puede que no lo sea. Conozco a alguien que lo hizo - que resultó ser unStrigoi. "Bien, eso era una pequeña mentira. Yo en realidad no sabía deesa persona, pero no iba a entrar en la cadena de saber-de-alguien-que-conocía-a-alguien. . .-"Eso es imposible-repitió Mikhail. "los Strigoi están muertos. Son no-Muertos. Es lo mismo. "-"¿y si hay una oportunidad?" Le dije. "¿Qué pasa si se puede hacer? ¿Ysi la Sra. Karp - si Sonya - podría convertirse en Moroi otra vez? ¿Quépasaría si vosotros podríais estar juntos otra vez? ―también sería quevolvería a estar loca otra vez, pero eso fue un tecnicismo que miraríamosmás adelante.
    • 65Paso una eternidad antes de responder, y creció mi ansiedad. Lissa nopodía obligarme para siempre, y le había dicho a Mia que sería rápida.Este plan iba a desmoronarse si no salía pronto. Sin embargo, lo observedeliberadamente, pude ver su cara vacilar. Después de tanto tiempo,todavía amaba a su Sonya.-"Si lo que estás diciendo es verdad - y yo no lo creo - entonces voy a ircontigo. "Whoa, no. Este no era el plan. "No puedes-le dije rápidamente. "Ya haygente en tu lugar." Otra pequeña mentira."Añadir más podría arruinar lascosas.-―No voy a hacerlo sola ", le dije, cortando lo que me imaginé que sería supróxima argumento. "Si de verdad quieres ayudarme - en verdad quierestener una oportunidad para traerla de vuelta - tienes que dejarme ir."-"No hay manera de que puede ser verdad", repitió. Pero había duda en suvoz.-"¿Se puede correr ese riesgo?"Más silencio. Yo estaba empezando a sudar. Mikhail cerró los ojos porun momento y respiró hondo. Luego se hizo a un lado e hizo un gesto a lapuerta. "vete". Me hundí en relieve de la puerta y de inmediato tome elpomo-"Gracias. Muchas gracias."-" podría meterme en un montón de problemas por esto", dijo concansancio. "todavía no creo que sea posible. "-"Pero espero que sea." Yo no necesitaba una confirmación de él para saberque yo estaba en lo correcto. Abrí la puerta, pero antes de atravesarla, hiceuna pausa y lo miré. Esta vez, no ocultó su dolor. -Si en serio. . . si quiereayudar. . . podría haber una forma."Otra pieza del rompecabezas se había desentrañado para mí, otra manerapodríamos salir del paso. Le expliqué lo que necesitaba de él y mesorprendí de lo rápido que estuvo de acuerdo. Realmente era como yo, medi cuenta. Los dos sabíamos que la idea de traer de vuelta Strigoi eraimposible. . . y sin embargo, era tan, tan querido creer que se podía hacer.Me puse a subir sola después de eso. Don no estaba en su escritorio, y mepregunte qué había hecho Mia con él. No esperé a saber y en su lugar .Salíhacia fuera a un pequeño patio que habíamos establecido como nuestropunto de encuentro.
    • 66Mia y Lissa estaban esperándome allí, paseando. No distraje con laansiedad, y fui hasta ellas, sentí la agitación de Lissa .-"Gracias a Dios-dijo cuando me vio. "Creíamos que había sido capturada."-Bueno... Es una larga historia. Una que no se molestó contar. "Obtuve loqueNecesitamos. Y. . . De hecho creo que podemos hacerlo".Mia me dio una mirada que era a la vez irónica y melancólica.-"Claro que sí, sabía que vosotras estabais tramado algo."Negué con la cabeza cuando los tres nos alejamos. -No-le respondí.-"pero no sé si estás segura de lo que haces. "
    • 67 Capítulo 5 Traducido por Angie Corregido por AurimDecidí que era mejor que Lissa y yo volviéramos a su habitación y nosquedáramos despiertas hasta tarde, estudiando detenidamente losdocumentos. Tuvo un remolino de sentimientos cuando le hablé delencuentro con Mikhail, que yo no le había mencionado a Mia. PrimeroLissa reaccionó con sorpresa, pero había otras cosas también: el miedo alos problemas en los que me podría haber metido, un poco deromanticismo también sobre lo que Mikhail y yo estábamos dispuestos ahacer por lo que amábamos. Se preguntaba si ella haría lo mismo siChristian se encontrara en esa situación. Ella decidió al instante que suamor por él era todavía así de fuerte. Luego se dijo que ya no le importabaél, que me habría encontrado molesta si no estuviera tan distraída.-¿Qué pasa? -le pregunté.Ella había suspirado con consternación sin darse cuenta mientras yomiraba en sus pensamientos, no deseaba saber que yo estaba leyendo sumente detenidamente. Me señaló los papeles extendidos sobre la cama-Tratando de darle sentido a esto. -No estaba tan lejos de la verdad.El diseño de la prisión era complejo. Las celdas ocupaban dos pisos y eranpequeñas, sólo había un preso por celda. En los documentos no seexplicaba el porqué, pero la razón era obvia. Venía de lo que Abe habíadicho sobre impedir que los criminales se convirtieran en Strigoi. Si yofuese encerrada por años, lejos en una prisión, podría entender latentación de atacar y matar a mi compañero de habitación para hacermeStrigoi y fugarme. Las celdas estaban también ubicadas en el mismísimocentro del edificio y rodeadas de guardias, oficinas, habitaciones de―ejercicio‖, una cocina y una sala de alimentadores. En los documentos seexplicaba la rotación de guardias, así como los horarios de alimentación delos prisioneros. Ellos eran al parecer cuidadosamente escoltados de unoen uno hasta los alimentadores y sólo se les permitían pequeños tomas desangre. Una vez más, todo para que los prisioneros estuvieran débiles y nopudieran convertirse en Strigoi.
    • 68Todo era buena información, pero no había ninguna razón para creer queesto aún era así, porque el archivo tenía cinco años. También era probableque hubiesen instalado nuevos equipos de vigilancia por toda la prisión.Probablemente lo único que seguiría siendo igual era la localización dellugar y el diseño del edificio.-¿Cómo te sientes con tus habilidades para hacer hechizos? -le pregunté aLissa.A pesar de que ella no había sido capaz de poner tanto espíritu decuración en mi anillo como la mujer que conocí llamada Oksana, me habíadado cuenta de que mi oscuro temperamento inducido se había calmadoun poco. Lissa hizo también otro anillo para Adrian, aunque ciertamenteno sabría decir si era eso lo que le estaba ayudando a controlar sus viciosúltimamente, vicios que por lo general usaba para controlar el espíritu.Ella se encogió de hombros y rodó sobre su espalda. El agotamiento lallenó, pero estaba tratando de mantenerse despierta por mí.-Cada vez mejor. Me gustaría poder practicar con Oksana.-Tal vez algún día -dije vagamente. La verdad es que pensaba que Oksananunca dejaría Siberia. Había ido con su guardián y quería mantener unperfil bajo. Además yo no quería a Lissa allá en ningún momento despuésde mi experiencia-.¿Has podido poner la curación en otra cosa? -Unmomento después, respondí a mi propia pregunta-. Oh, está bien. Lacuchara.Lissa hizo una mueca, pero se convirtió en bostezo.-No creo que haya funcionado tan bien.-Hmm.-¿Hmm?Volví a mirar los planos.-Estoy pensando que si pudieras hacer unos cuantos más de hechizos decoacción, sería un gran avance para ayudar a esto. Tenemos que hacerque la gente vea lo que queremos que vean.Seguramente, si Víctor, cuyos poderes de coacción no se acercaban ni delejos a los de ella, había podido con un hechizo de lujuria, Lissa podríahacer lo que necesitábamos. Sólo necesitaba más práctica.
    • 69Ella sabía los principios base, no tuvo problemas para hacer que los otroshicieran lo que quisiera en el pasado. El único problema era que al hacereso, estaban usando demasiado el espíritu. Incluso si los efectossecundarios no vinieran de inmediato, lo más probable era que llegaran enel futuro.Ella me miró con curiosidad, pero cuando bostezó de nuevo le dije que nose preocupara. Yo se lo explicaría mañana. Ella no se opuso y después deun rápido abrazo, cada una fue hacia su cama. No íbamos a dormirmucho, pero teníamos que descansar todo lo que pudiéramos. Mañana eraun gran día.Yo había llevado una variación de la vestimenta formal de los guardianescuando fui al juicio de Victor. En situaciones normales el guardaespaldasusa ropa de calle. Pero para los eventos importantes, tenían que lucirserios y profesionales. La mañana después de nuestro robo, conseguí laverdadera muestra de la moda de guardián.Había usado mi ropa de segunda para el juicio de Víctor, pero ahora teníaun equipo oficial, que se adaptaba exactamente a mi medida: pantalonesnegros, botas largas, una blusa blanca de botones, y una chaqueta de trajenegro que encajaba perfectamente. Por cierto, no estaba destinado a sersexy, pero la forma en que se ajustaba a mi estómago y a mis caderashacían cosas buenas por mi cuerpo. Me sentí satisfecha con mi reflejo enel espejo, y después de varios minutos de pensar, me recogí el cabello enun moño perfectamente trenzado que dejaba ver mis marcas molnija. Lapiel aún estaba irritada, pero al menos el vendaje se había ido, yo parecíamuy… profesional. Realmente me recordaba a Sydney. Una alquimista,una humana que trabajaba con dhampirs y Morois para ocultar laexistencia de los vampiros en el mundo. Con su buen sentido para lamoda, siempre parecía lista para una reunión de negocios. Seguíapensando en enviarle un maletín por Navidad.Si alguna vez había una ocasión para exhibirme, hoy era el día. Despuésde las pruebas y de la graduación, este era el paso más grande paraconvertirse en guardián. Era un almuerzo al que todos los reciéngraduados debían asistir. Los Moroi que requerían elegir nuevosguardianes también asistirían, confiando en ver y conocer a loscandidatos. Nuestras calificaciones en la escuela y las pruebas habríansido de conocimiento público para entonces, y esta era una posibilidadpara los Moroi de encontrar y poner una oferta por los que querían paracustodiarlos. Naturalmente la mayor parte de los invitados serían parte dela realeza, pero otros Moroi importantes también tendrían derecho.
    • 70Realmente no tenía ningún interés en conocer y conectarme con unafamilia de lujo. Lissa era la única a la que yo quería proteger. Aun así teníaque causar una buena impresión. Debía dejarles claro que yo era la quedebía estar con ella.Lissa y yo fuimos al salón del baile real juntas. Era el único lugar concapacidad suficiente para todos nosotros, porque no sólo los graduados deSt. Vladimir estaban presentes. Todas las escuelas de Estados Unidoshabían enviado a sus nuevos reclutas, y por un momento me encontré enun mar de blanco y negro vertiginoso. Los puntos de color –miembros de larealeza vestidos con sus mejores ropas- animaban el cuadro un poco. Anuestro alrededor, los muros al fresco hacían parecer brillar la pared.Lissa no llevaba un traje de fiesta ni nada, pero se veía muy elegante consu vestido verde azulado de seda.La realeza se mezclaba con la facilidad característica en la reunión, peromis compañeros se movían con inquietud. A nadie parecía importarle.Nuestro trabajo no era socializar con otros; sólo teníamos que estar cerca.Todos los graduados llevaban etiquetas con el nombre –grabado en metal-nada de pegatinas con ―HOLA MI NOMBRE ES…‖ Las etiquetas deidentificación eran para que los miembros de la realeza pudieran venir yhacer los interrogatorios.No esperaba que nadie viniera a hablar conmigo, excepto mis amigos, porlo que Lissa y yo nos fuimos directamente hacia el buffet y luego a ocuparun lugar tranquilo donde zamparnos nuestro caviar y canapés. Bueno,Lissa comía caviar. A mí me recordaba demasiado a Rusia.Adrian, por supuesto, nos vino a buscar. Le di una sonrisa torcida.-¿Qué estás haciendo aquí? Sé que no requieres de un guardián.Sin planes concretos para su futuro, se suponía que Adrian simplementevivía en la Corte, y como tal no tenía necesidad de ninguna protecciónexterior, aunque seguramente lo necesitaría si decidiera emprender algo enel mundo.-Es cierto, pero difícilmente podría faltar a una fiesta -dijo.Tenía una copa de champagne en la mano y me pregunté si los efectos delanillo de Lissa se habrían acabado.
    • 71Por supuesto, la bebida ocasional no era el fin del mundo, y el lenguaje dela propuesta de salir juntos había estado aligerando en esa área. Era deltabaco de lo que yo quería que se mantuviera alejado.-¿Se te ha acercado una docena de personas esperanzadas? Negué con lacabeza.-¿Quién quiere a la imprudente Rose Hathaway, la que abandona laescuela antes de tiempo para hacer sus propias cosas?-Muchísimos -dijo-. Seguro que yo sí. Pateaste traseros en la batalla, yrecuerda, todo el mundo piensa que te fuiste de juerga a una matanza deStrigoi. Algunos podrían pensar que vale la pena tu loca personalidad.-Tiene razón -dijo de pronto una voz.Miré hacia arriba y vi a Tasha Ozera de pie cerca de nosotros, unapequeña sonrisa en su rostro lleno de cicatrices. A pesar de ladesfiguración, pensé que hoy se veía hermosa, más que nunca de todas lasveces que la había visto. Su largo pelo negro brillaba, llevaba una faldaazul marino y una camisa sin mangas negra de encaje. Incluso llevabatacones altos y joyería, algo que estaba segura que nunca le había vistousar.Estaba feliz de verla, no sabía que vendría la Corte. Un pensamientoextraño se me ocurrió.-Finalmente, ¿te permiten tener un guardián? -Los miembros de la realezatenían un montón de formas cortezas de rechazar a los que estaban endesgracia. En el caso de los Ozera, su asignación de guardianes había sidocortada completamente como una especie de castigo por lo que los padresde Christian habían hecho. Era totalmente injusto. Los Ozera merecían losmismos derechos que cualquier familia real.Ella asintió con la cabeza.-Creo que esperan que eso me tape la boca sobre Morois luchando junto adhampirs. Es una clase de soborno.-Un soborno en el que tú no caerás, estoy segura.-No. En todo caso sólo me dan a alguien con quien practicar. -Su sonrisase desvaneció y echó inciertas miradas sobre nosotros-. Espero que no sesientan ofendidas… pero presenté una solicitud por ti, Rose.
    • 72Lissa y yo intercambiamos miradas de sorpresa.-Oh. -No sabía qué más decir.-Espero que te den a Lissa -agregó Tasha apresuradamente, visiblementeincómoda-. Pero la reina parece bastante motivada a tomar sus propiasdecisiones. Si ese es el caso…-Está bien -le dije-. Si no puedo estar con Lissa, realmente preferiría estarcontigo.Era la verdad. Yo quería a Lissa más que a nadie en el mundo, pero si nosseparaban, prefería absolutamente a Tasha en vez de a un snob real.Desde luego, estaba bastante segura de que mis posibilidades de serasignada a ella eran tan malas como las de tener a Lissa. Los que seenfadaron conmigo por escapar tratarían de ponerme en la situación másdesagradable posible. Y aunque ella iba a tener un guardián, tuve lasensación de que las preferencias de Tasha no tendrían muchaimportancia. Mi futuro todavía era un signo de interrogación.-Oye -exclamó Adrian, ofendido de que no lo había nombrado como misegunda opción.Negué con la cabeza hacia él.-Tú sabes que me asignarían a una mujer de todos modos. Además, tienesque hacer algo con tu vida para ganar un guardián.Lo dije medio en broma, pero una pequeña mueca me hizo pensar que enverdad podría haber herido sus sentimientos. Tasha por su parte, parecióaliviada.-Me alegro de que no les importe. Mientras tanto haré lo que pueda paraayudarlos. -Puso los ojos en blanco-. No es que mi opinión cuente mucho.Compartir mis dudas acerca de la posibilidad de ser asignada a Tasha notenía sentido. En cambio, empecé a darle las gracias por la oferta. Peroentonces otra visitante se nos unió: Daniella Ivashkov.-Adrian -le reprendió suavemente, con una pequeña sonrisa-. No puedesmantener a Rosa y a Vasilisa siempre contigo. -Se volvió hacia Lissay hacia mí-. La reina quiere verlas a las dos.Perfecto. Ambas nos pusimos de pie, pero Adrian se quedó sentado, noparecía tener deseos de visitar a su tía.
    • 73Tasha al parecer tampoco. Al verla, Daniella hizo un seco gesto de cortesía.-Lady Ozera... -y luego se alejó, suponiendo que la seguiríamos. Me parecíairónico que Daniella estuviera dispuesta a aceptarla, pero a pesar de subuena intención aún mantenía el típico prejuicio-Ozera. Supongo que laamabilidad no significaba mucho por ahora.Tasha, sin embargo, hacía tiempo que se había hecho inmune a ese tipo detrato.-Que se diviertan -dijo, luego se giró hacia Adrian-. ¿Más champagne?-Lady Ozera -respondió con elocuencia-, tú y yo tenemos dos mentes conun mismo y único pensamiento.Dudé antes de seguir a Lissa hacia Tatiana. La apariencia de Tasha mehabía impresionado, pero recién ahora me daba cuenta de un detalle.-¿Todas tus joyas son de plata? -le pregunté.Ella tocó distraídamente el collar de ópalos en su cuello. Sus dedosestaban adornados con tres anillos.-Sí -dijo confundida-. ¿Por qué?-Esto va a sonar realmente extraño… Bueno, tal vez no tanto como mirareza normal. Pero ¿podríamos, umm, pedirte prestados todos tusanillos?Lissa me lanzó una mirada y de inmediato adivinó mis intenciones.Necesitábamos practicar los encantos del espíritu, y en plata era mejor.Tasha arqueó una ceja, pero al igual que la mayoría de mis amigos, teníauna notable capacidad de lidiar con ideas extrañas.-Claro -dijo ella-. Pero, ¿te los puedo dar más tarde? De verdad, no quierodespegarme de mis joyas en medio de esta fiesta.-No hay problema.-Te las mandaré a la habitación.Lissa y yo caminamos hacia donde estaba Tatiana rodeada deadmiradores. Daniella debía estar equivocada sobre que la reina queríavernos a las dos.
    • 74El recuerdo de ella gritándome por Adrian aún ardía en mi cabeza. Y lacena con los Ivashkov no cambió mi pensamiento sobre la reina, no noshabíamos convertido para nada en mejores amigas.Para mi sorpresa, cuando nos vio, ella era toda sonrisas.-Vasilissa. Y Rosemarie. -Ella nos hizo una señal para acercarnos y elgrupo se separó para dejarnos pasar.Me acerqué con Lissa, con pasos titubeantes. ¿Me gritaría delante de todaesta gente?Parece que no. Siempre había nuevos miembros de la realeza por conocer yTatiana presentó por primera vez a Lissa ante todos ellos. Todo el mundosentía curiosidad por la princesa Dragomir. A mí también me presentó,aunque las alabanzas no fueron tan buenas como las que usó con Lissa,por lo menos reconoció que había hecho cosas increíbles.-Vasilissa -dijo Tatiana una vez que las formalidades se hubieronterminado-. He estado pensando que debes ir de visita a Lehigh pronto. Seestán tomando las medidas para tu ingreso en..., oh, tal vez una semana ymedia. Pensamos que sería un buen regalo de cumpleaños. Serena y Grantte acompañarán, naturalmente, y voy a enviar a algunos más. -Serena yGrant eran los guardianes que sustituían a Dimitri y a mí como protecciónde Lissa. Por supuesto que irían con ella... Pero entonces, Tatiana dijo lomás impresionante de todo-: Y tú, Rose, puedes ir también si lo deseas.Vasilissa difícilmente no podría celebrar sin ti.Lissa se iluminó. La Universidad de Lehigh. La oferta que le había hechoaceptar una vida en la Corte. Lissa anhelaba tanta educación como podía,y la reina le había dado la oportunidad. La perspectiva de una visita lallenó totalmente de ilusión y entusiasmo, especialmente si podría celebrarsus dieciocho años allí conmigo. Eso era suficiente como para distraerla deVíctor y Christian, que ya era decir.-Gracias, Su Majestad. Eso sería estupendo.Había una posibilidad importante, yo lo sabía, de que no pudiéramos ir aesa visita programada, no si mi plan para Víctor funcionaba. Pero noquería arruinar la felicidad de Lissa, y yo apenas podía mencionar esto enmedio de la multitud real.
    • 75También me sorprendía la invitación que me había hecho delante detodos. Después de decirlo, la reina no me dijo nada más y siguió hablandocon los otros que estaban a su alrededor. Sin embargo, había sidoagradable – por lo menos para de ella– mientras hablaba conmigo, igualque en la casa de los Ivashkov. No podía decir que fuera simpática como lamejor amiga, pero ciertamente tampoco era una perra loca de remate. Talvez Daniella había tenido razón.Todo el mundo siguió charlando y haciendo bromas, todos tratando deimpresionar a la reina, y pronto se hizo evidente que yo ya no eranecesaria. Al mirar alrededor del cuarto, encontré a alguien que sínecesitaba hablar y silenciosamente me separé del grupo, sabiendo queLissa podría valerse por sí misma.-Eddie -le llamé al llegar al otro lado del salón de baile-. Al fin solos.Eddie Castile, un viejo amigo mío, sonrió cuando me vio. Él también eraun dhampir, alto, de rostro largo y estrecho que aún tenía unaspecto lindo y juvenil. Había domado su pelo rubio arena oscuro, paravariar. Lissa una vez quiso que Eddie y yo fuéramos pareja. Pero él y yoéramos estrictamente sólo amigos. Su mejor amigo había sido Manson, unchico dulce que estuvo loco por mi y que fue asesinado por un Strigoi.Después de su muerte, Eddie y yo tomamos la actitud de protectores delos demás. Fue secuestrado después durante el ataque a St. Vladimir, y suexperiencia lo convirtió en un guardián serio y decidido... a veces un pocodemasiado serio. Yo quería que se divirtiera más y estaba encantada de verun brillo feliz en sus ojos color avellana.-Creo que toda la realeza en la sala está apostando por ti -me burle. No eradel todo una broma. Lo estuve vigilando todo el tiempo, y casi siemprehabía alguien cerca de él. Su record era estelar. Sobrevivir a los terriblesacontecimientos de su vida lo había marcado, y reflejaba bien sushabilidades. Obtuvo grandes elogios y calificaciones en las pruebas. Y lomás importante era que no tenía mi reputación de imprudente.Definitivamente era un buen partido.-Eso parece -se echo a reír-. De verdad que no lo esperaba.-Eres muy modesto. Eres la cosa más caliente en esta sala.-No comparado contigo.-Sí. Como demuestra la gente que hace fila para hablar conmigo. TashaOzera es la única que me quiere, y Lissa, por supuesto.
    • 76La cara de Eddie se arrugó en señal de meditación.-Podría ser peor.-Va a ser peor. De ninguna manera me quedaré con alguna de ellas.Nos quedamos callados, y una repentina ansiedad me llenó. Había venidoa pedirle un favor a Eddie, y ya no me parecía una buena idea. Eddieestaba en ciernes de una brillante carrera. Era un amigo leal, y yo estabasegura de que me ayudaría con lo que necesitaba… pero no me sentíacapaz de pedírselo. Al igual que Mia, sin embargo, Eddie era observador.-¿Qué pasa Rose? -Su voz era de curiosidad, de la naturaleza protectora.Negué con la cabeza. No podía hacerlo.-Nada.-Rose -dijo en señal de advertencia.Aparté la vista, incapaz de mirarlo a los ojos-No es importante. En serio. -Iba a encontrar otra manera. A otra persona.Para mi sorpresa, él se acercó y levantó mi barbilla, atrapando mi miradade manera que no pudiera escapar.-¿Qué necesitas?Le miré fijamente durante mucho tiempo. Estaba siendo egoísta,arriesgando la vida y la reputación de los amigos que me importaban. SiChristian y Lissa pudieran, también se lo pediría. Pero Eddie era lo únicoque me quedaba.-Necesito algo… algo que es muy extremo.Su rostro seguía siendo grave, pero una pequeña sonrisa irónica tiró desus labios.-Todo lo que haces es extremo, Rose.-No como esto. Esto es… Bueno, es algo que podría arruinarte todo.Ponerte en un gran problema. No te puedo hacer eso.Esa media sonrisa se desvaneció.
    • 77-No importa -dijo con fiereza-. Si me necesitas, lo haré. No importa lo quesea.-No sabes lo que es.-Confío en ti.-Es algo ilegal. Incluso traición.Eso lo desconcertó un poco, pero enseguida se repuso.-Dime lo que necesitas. No me importa, te cubriré las espaldas. -Yo habíasalvado la vida de Eddie dos veces, y sabía qué quería decir con eso. Sesentía en deuda conmigo. Iriá donde quiera que yo lo necesitara, no poramor romántico, sino por amistad y lealtad.-Es ilegal -repetí-. Tendrías que escaparte de la Corte… esta noche. Y no sécuándo volveremos. -Era muy posible que no regresáramos. Si nosencontrábamos con los guardianes de la prisión… Bueno, podrían tomarmedidas letales para cumplir con su deber. Era para lo que se habíanentrenado. No podía enfrentarlo sólo con la coacción de Lissa. Necesitabaotro luchador que me respaldara.-Sólo dime cuándo.Y eso fue todo. No le conté todo el plan, pero le di el lugar de encuentro y ledije que debía estar listo. Nunca me cuestionó, sólo dijo que estaría allí.Una nueva familia real llegó a hablar con él en ese momento, y lo dejésabiendo que lo vería más tarde. Era duro, pero dejé de lado misentimiento de culpa por poner en peligro su futuro.Eddie llegó tal como había prometido, a la hora en el que el plancomenzaba. Lissa también. Una vez más, la noche significaba a plena luzdel día. Sentí la misma ansiedad que cuando nos habíamos colado aquícon Mia. La luz nos exponía a todos, pero a esta hora, la mayoría de lagente dormía. Lissa, Eddie y yo aún nos movíamos a través de losdominios de la Corte tan secretamente como pudimos, encontrándonoscon Mikhail en una sección donde estaban estacionados todo tipo devehículos. Los garajes eran grandes edificios de metal, de aspectoindustrial, situados en la periferia de la Corte, y nadie más merodeaba.Nos deslizamos en el garaje que había indicado ayer por la noche y mesentí aliviada al no encontrar a nadie más por allí. Él nos echó una miradaa los tres, sorprendido de mi equipo de ataque, pero no hizo preguntas yno hizo ningún intento de unirse a nosotros. Más culpa surgía dentro demí. Aquí había otra persona más que arriesgaba su futuro por mí.
    • 78-Va a ser un viaje apretado -reflexionó.Forcé una sonrisa.-Estamos todos los amigos aquí.Mikhail no se rió de mi broma, en su lugar nos señaló la cubierta de unDodge Charger negro. Él no estaba bromeando acerca de lo del viajeapretado. Era el más nuevo, lo que era bastante vergüenza. Los modelosmás antiguos eran más grandes, pero los guardianes no mantienen suscosas por ser espaciosas.-Una vez que estemos lo suficientemente lejos, me pararé y les permitirésalir.-Vamos a estar bien -le aseguré-. Lo conseguiremos.Lissa, Eddie y yo nos metimos en el maletero.-Oh, Dios -murmuró Lissa-. Espero que nadie sea claustrofóbico.Era como un mal juego de Twister. El maletero era lo suficientementegrande para un poco de equipaje, pero no estaba hecho para trespersonas. Estábamos apretados, y el espacio personal no existía. Todosestábamos demasiado cerca. Satisfecho de que estuviésemos cómodos,Mikhail cerró el maletero y la oscuridad nos envolvió. El motor comenzó asonar un minuto más tarde, y sentí el movimiento del coche.-¿Cuánto tiempo crees que tardemos? -preguntó Lissa-. ¿O moriremos porintoxicación con monóxido de carbono?-Ni siquiera hemos salido aún de la Corte -señaló Eddie. Ella suspiró.El coche partió y no demasiado tiempo después, llegamos a una parada.Mikhail debería haber llegado a las puertas y estaría conversando con losguardias. Me había dicho antes que iba a salir con la excusa de unmandado, y no teníamos ninguna razón como para creer que los guardiasrevisarían el coche. La Corte no estaba preocupada porque la gente salieraa hurtadillas, como lo estaba nuestra escuela. La mayor preocupación allíera la gente que se quedaba dentro.Pasó un minuto y comencé a preguntarme si habría algún problema.Luego el coche se movió otra vez y los tres exhalamos el aire con fuerza.
    • 79Tomamos velocidad y después de más o menos una milla el coche sedesvió y se detuvo. El maletero se abrió y casi corrí fuera de él. Nuncahabía estado tan agradecida del aire fresco. Me metí en el asiento delcopiloto al lado de Mikhail, y Lissa y Eddie en los asientos traseros. Unavez que todo estuvimos acomodados, Mikhail siguió conduciendo sin unapalabra más.Me permití unos momentos más de culpa por la gente que habíaparticipado, pero luego lo deje ir. Era demasiado tarde para arrepentirse.También dejé la culpa por Adrian. Hubiera sido un buen aliado, pero nopodía pedir su ayuda en esto.Y después de aquello, me volví a acomodar y regresé mis pensamientos altrabajo que teníamos ante nosotros. Nos llevaría aproximadamente unahora llegar al aeropuerto y, desde allí, tres de nosotros partiríamos deAlaska.
    • 80 Capítulo 6 Traducido por Galadriel, Monty, EEMaría y Aurim-"¿Sabes lo que necesitamos?"Estaba sentada entre Eddie y Lissa, en nuestro vuelo de Seattle aFairbanks. Como el más corto -marginalmente hablando - y el cerebro seme había pegado en el asiento del medio.-"¿Un nuevo plan?" preguntó Lissa.-"¿Un milagro?" -preguntó Eddie.Hice una pausa y mire a los dos antes de responder.-¨¿Desde cuándo os convertisteis en comediantes? "-¨no cosas, necesitamos artilugios si estamos en esto y vamos a hacerlo‖Tome el plano penitenciario que había estado en mi regazo casi toda laparte de nuestro viaje. Mikhail nos había dejado en un pequeño aeropuertoa una hora de distancia de la Corte. Habíamos cogido un vuelo diariodesde Filadelfia, y desde allí a Fairbanks Seattle y de ahí hasta elaeropuerto. Lo que me recordó un poco los vuelos locos que había tenidoque tomar de nuevo a Siberia desde los EU. El viaje había sido también através de Seattle. Estaba empezando a creer que esta ciudad era unapuerta de entrada a los lugares oscuros.-"Pensé que las únicas herramientas que necesitábamos eran nuestrosingenios", reflexionó Eddie.Él se tomaba en serio su trabajo de guardián la mayor parte del tiempo,pero su humor también se encendía cuando estaba relajado. No es queestuviese muy a gusto con nuestra misión aquí, ahora que él sabía más(pero no todos) los detalles. Yo sabía que él volvería a su mismo estado unavez que aterrizásemos. Había estado comprensiblemente conmocionadocuando me reveló que estábamos liberando a Víctor Dashkov. Yo no lehabía dicho a Eddie nada de Dimitri o el espíritu, sólo conseguí decirle queVíctor acabaría desempeñado un mayor papel por un bien mayor.
    • 81Eddie confiaba en mí de una manera tan implícita que se había tomado apecho cada una de mis palabras, y decidí no llevar las cuestiones máslejos.. Me pregunté cómo reaccionaría cuando se enterara de la verdad.-"Por lo menos, vamos a necesitar un GPS," dije. "Sólo hay latitud ylongitud en esta cosa. No hay indicaciones reales‖.-"No debería ser difícil" dijo Lissa, girando una pulsera una y otra vez ensus manos. Ella había abierto la bandeja y extendió la joyería de Tasha.-"Estoy segura de que incluso Alaska tiene la tecnología moderna. "Habíaconvertido también su actitud en algo gracioso, incluso la ansiedad seirradiaba a través de la confianza.El buen humor de Eddie se perdió.- "Espero que no estés pensando en armas ni nada de eso. "-"No. Por supuesto que no. Si esto funciona como queremos, nadie se darácuenta de que estamos allí. "un enfrentamiento físico era probable, peroesperaba minimizar las lesiones graves. Lissa suspiró y me entregó elbrazalete. Ella estaba preocupada porque una Gran parte de mi plandependía de sus encantos - literal y figurativamente hablando. -No sé siesto va a funcionar, pero a lo mejor nos dará más resistencia‖.Tomé el brazalete y la deslizó en mi muñeca. No sentí nada, pero rara vezsentía algo con los objetos encantados. Le había dejado a Adrian una notadiciendo que Lissa y yo habíamos querido salir y hacer una "escapada deniñas" antes de mi misión y su visita a la universidad. Yo sabía que élestaría herido. El ángulo de escapada de niñas¨ podía llevar mucho peso,él se sentiría herido por no haber sido invitados a lo largo de lasvacaciones - si creía que estábamos en una. Es probable que me conocierabastante bien por ahora supongo que la mayoría de mis acciones teníanmotivos ulteriores.Mi esperanza era que se extendiera la historia hasta los funcionarios de laCorte cuando nuestra desaparición se notara. Íbamos a tener problemasde todos modos, pero un fin de semana salvaje era mejor que una fuga dela prisión. Y Honestamente, ¿las cosas se podrían ponen peor para mí? Elúnico error aquí era que Adrián podía visitar mis sueños y me mostrarle loque realmente estaba pasando.La habilidad con el espíritu fue una de las cosas más interesantes - ymolesta en ocasiones - Lissa no había aprendido a caminar por los sueños,pero tenía una comprensión de ello algo cruda en el principio. Entre eso yla coacción, había tratado de encantar la pulsera de manera que pudiesebloquear a Adrian cuando durmiera...
    • 82El avión comenzó a aterrizar en Fairbanks, miré por la ventana los altospinos y los trozos de tierra verde. En los pensamientos de Lissa, leí, quehabía esperado glaciares y bancos de nieve, a pesar de saber que eraverano aquí. Después de Siberia, había aprendido a mantener una mente abierta sobreestereotipos regionales. Mi mayor preocupación era el sol. Había sidocompletamente de día cuando había dejado la Corte, y como nuestro viajenos llevó al oeste, el tiempo cambio de zona e hizo que el sol permanecieracon nosotros. Ahora, sin embargo eran casi las nueve de la noche, tuvimosun cielo lleno, de un azul luminoso, gracias a nuestra latitud norte.Era como una manta de seguridad gigante. No les había mencionado estoa Lissa o Eddie, pero parecía que Dimitri tenía espías por todas partes. Mehabía hecho intocable en San Vladimir y la Corte, pero sus cartas habíandicho claramente que me estaría esperando fuese de esos límites. Yo nosabía el alcance de su logística, pero seres humanos espiando el Tribunalen pleno día no me habría sorprendido. Y aunque me escondiera en unbaúl cavia la posibilidad de que Dimitri ya estuviera persiguiéndome...Pero la misma luz de vigilancia de los presos nos mantendría a salvo anosotros también. Habíamos tenido apenas unas horas de la noche paraprotegernos, y si nos retiramos rápidamente, estaríamos fuera de Alaska,en cualquier momento. Por supuesto, eso no podría ser tan buen.Perderíamos el sol.Nuestra primera complicación se produjo después de aterrizar y tratar dealquilar un coche.Eddie y yo teníamos dieciocho años, pero ninguna de las empresas decoches de alquiler tenia opción para alguien tan joven. Después de latercera negativa, mi ira comenzó a crecer. ¿Quién hubiera pensado quenos retrasaríamos por algo tan tonto? Por último, al cuarto intento, unamujer nos dijo que había un tipo a unas millas del aeropuerto queprobablemente nos alquilaría un coche si teníamos una tarjeta de crédito yun depósito lo suficientemente grande.Hicimos el recorrido con un clima agradable, pero me di cuenta de que elsol estaba empezando a molestar a Lissa en el momento en que llegamos anuestro destino. Bud - Alquiler de coches Bud – parecía de tan malacalidad como habíamos esperado, efectivamente, pudimos alquilar el cocheen cuanto le dimos el dinero suficiente. A partir de ahí, tuvimos unahabitación en un modesto motel y nos dirigimos de nuevo con nuestrosplanes.
    • 83Toda nuestra información indicaba que la cárcel funcionaba en un horariovampiro, lo que significaba que este era el momento más activo del día.Nuestro plan era quedarnos en el hotel hasta el día siguiente, cuando la―noche‖ Moroi llegara, y así dormiríamos un poco antes. Así lissa teníamás tiempo a Lissa para que trabajara en sus encantamientos.Nuestra habitación era fácil para defender.Mi sueño estuvo libre de Adrian, lo cual se lo agradecí enormemente, yaque significaba que había aceptado nuestro viaje de chicas o que no podíaromper la pulsera de Lissa. A la mañana, comimos rosquillas para eldesayuno y un poco de fuerte café.Correr contra nuestro horario vampírico nos estaba cansando a todos unpoco. El azúcar ayudó para empezar, Eddie y yo salimos sin Lissaalrededor de las diez para ir a hacer algo de exploración. Compramos unGPS y unas pocas cosas más en una tienda de artículos deportivos por elcamino y lo usamos para navegar por las carreteras remotas del país, queparecían conducir a ninguna parte. Cuando el GPS nos indico queestábamos a unas millas de la prisión, nos retiramos a un lado, en uncampo pequeño lleno de tierra y partimos a pie a través de un sendero dehierba alta que se extendía sin cesar ante nosotros.-¨Pensé que Alaska era desierta‖ dijo Eddie, haciendo crujir los tallos. Elcielo estaba claro otra vez, con sólo unas pocas nubes que no hacían nadapor mantener el sol alejado. Llevaba una chaqueta ligera, pero la atealrededor de la cintura, mientras empezaba a sudaba.Ocasionalmente, venia alguna ráfaga de viento so, aplastando el césped yazotando mi cabello.-¨Supongo que no en todas partes. Quizás tenemos que ir más al nortepara encontrarla. Ah, oye. Esto parece que promete mucho¨Nos detuvimos frente a una valla de alambres de púas con un enormeletrero que decía:PROPIEDAD PRIVADA. SÓLO PERSONAL AUTORIZADO. Las letras eranrojas, Personalmente, hubiera agregado un cráneo y unos huesos cruzadospara enfatizar el mensaje.Eddie y yo estudiamos la valla por unos momentos, y nos dimos unamirada.-¨Lissa nos curará si nos lastimamos¨. Dije con optimismo
    • 84Subir a través de un alambre de púas no era imposible, pero tampoco eradivertido. Tire mi chaqueta sobre los alambres me protegió un poco, peroaún así acabé con algunos rasguños y con la ropa rota. Una vez queestuvimos arriba, bajé de un salto, calculando el duro aterrizaje antes dehacerme más rasguños. Eddie hizo lo mismo, haciendo una mueca antesdel duro impacto.Andamos un poco más lejos, una oscura línea de un edificio entró ennuestra vista. Nos detuvimos al mismo tiempo y nosarrodillamos, intentado cubrirnos con con el césped. El archivo de laprisión nos había indicado que tenían cámaras por fuera, lo cualsignificaba que nos arriesgábamos a ser descubiertos si nos acercábamosmás. Habíamos comprado unos auriculares junto con el GPS, ylos agarre y estudie el exterior del edificio.Los auriculares eran buenos, realmente buenos, considerando su algoprecio. El nivel de detalle era asombroso. Como tantas creaciones de losMoroi, el edificio era una mezcla de lo antiguo y lo nuevo. Las paredesestaban hechas de bloques de piedra, grises, siniestras, casi oscurecían laprisión, cuyo techo apenas podía verse. Un par de figuras se movieron porencima de la pared. El lugar parecía una fortaleza, impenetrable eineludible. Era merecedor de estar en un precipicio rocoso, con un cielonegro detrás. El campo y el sol de aquí parecían estar fuera de lugar.Entregué los auriculares a Eddie. Él hizo su propia evaluación y entoncesme hizo gestos a la izquierda.-¨Allí¨. Concentrándome, apenas puede ver un camión y un SUV subiendohacia la prisión. Recorrió la parte de detrás y desapareció de la vista.-¨Nuestra única forma de entrar¨ murmuré, recordando el plano. Sabíamosque no teníamos ninguna posibilidad de escalar las paredes ni acercarnoslo suficiente a pie sin ser vistos. Necesitábamos entrar por la puertaprincipal, y ahí es donde el plan se volvía algo complicado.Eddie se quito los auriculares y me echó un vistazo, con el ceño fruncido.-¨ Antes quise decir lo que dije, sabes. Yo confío en ti. Cualquier razón quetengas para hacer esto sé que es una buena. Pero, antes de que las cosasempiecen a complicarse, ¿estás segura de que esto es lo que quieres?¨Le di una sonrisa dura. -¨¿Lo que quiero? No. Pero es lo que debemoshacer¨
    • 85-¨Es suficiente para mí¨ asintióObservamos la prisión un rato más, mirando a través de ángulosdiferentes pero aun manteniendo un gran perímetro. El lugar era lo quehabíamos esperado, pero tener una visión en 3D hubiera sido útil.Después de cerca de media hora, volvimos al hotel. Lissa estaba sentadacon las piernas cruzadas en una de las camas, todavía trabajando en losencantamientos. Los sentimientos que venían de ella eran tibios y felices.El espíritu siempre la hacía sentirse bien, incluso si tuviera efectossecundarios posteriores, pensé que estaba progresando.-"Adrian llamó a mi teléfono móvil dos veces", me dijo cuando entramos.-"¿Pero no me contestaste?-No. Pobre chico. Me encogí de hombros.-"Es mejor así." Le dimos un resumen de lo que habíamos visto, y su buenhumor comenzó a desplomarse. La visita que íbamos a hacer más tarde seiba a convertir en algo real. Y trabajar con tanto brío ya la había puestomuy nerviosa. Unos momentos más tarde, sentí como se tragaba su miedo.Me dijo que iba a hacer esto y que tenía la intención de cumplir supalabra, a pesar de que temía cada segundo por atraerla más cerca deVíctor Dashkov.Almorzamos, y una hora después, era el momento de poner el plan enmarcha. Era tarde para los seres humanos, lo que significaba que la nochevampírica llegaría pronto a su fin. Era ahora o nunca. Lissa nerviosamentedistribuidos los encantamientos que había hecho para nosotros, estabapreocupada de que no funcionaran. Eddie iba vestido con su reciénotorgado uniforme de guardián en blanco y negro, mientras que Lissa y yoíbamos con ropa de calle - con un par de modificaciones. el pelo de Lissaera marrón color tierra, era una coloración temporal. Yo llevaba el pelofuertemente atado debajo de una peluca pelirroja que incómodamente merecordó a mi madre. Nos sentamos en el asiento trasero del coche mientrasque Eddie nos hacía de chofer, nos llevó nuevamente por la carretera quehabíamos tomado antes. A diferencia de antes, no nos detuvimos.Permanecimos conduciendo por la carretera hasta llegar a la prisión, omás bien dicho hasta su puerta. Nadie habló mientras nos dirigíamos,pero la tensión y la ansiedad crecían y crecían dentro de nosotros. Antesde que pudiéramos acercarnos a la pared exterior, había un puesto decontrol de un guardia.
    • 86 Eddie acerco el coche y traté de mirar la calma. Bajó la ventanilla, elguardián de turno se acercó y se agacho para que estuviera a la mismaaltura.-"¿Cuál es su negocio aquí?" Eddie entregó un pedazo de papel, su actitudera confiada y despreocupada, como si esto fuera algo normal. "DejarNuevo alimentadores." El archivo contenía todo tipo de formas ydocumentos para las empresas de prisión, incluidos los informes y lashojas de pedido para suministro - como alimentadores.Habíamos hecho una copia del pedido para ser alimentador y larellanamos..-"no fue notificada la entrega ", dijo el guardián, un yanto sospechoso yperplejo. Miró el papeleo.-" Esta es la forma vieja " Eddie se encogió de hombros.-" Esto es lo que me dieron soy nuevo en esto. ―El hombre sonrió.-¨apenas tienes la edad para estar fuera del colegio ¨. "Miró hacia Lissa yhacia mí, a pesar de que tenia control me puse tensa. El guardián fruncióel ceño mientras nos estudiaba. Lissa me había dado un collar, y ellallevaba un anillo, ambos hechizados para que los demás pensaran queéramos. Hubiera sido mucho más sencillo haber usado a nuestra víctima ya verle obligado a pensar que éramos humanas. Era fácil pero no eraposible. La magia era mucho más difícil de esa forma.Entrecerró sus ojos, nos miraba como si estuviera mirando atreves de unaneblina. Si los encantos habían funcionado a la perfección, no nos volvió aechar una segunda mirada. Los encantos habían sido defectuosos. Habíancambiado nuestra apariencia pero no como nosotros esperábamos. Por esonos habíamos tomado la molestia de alterar nuestros cabellos: si la ilusióncambiaba podríamos proteger nuestra identidad. Lissa se preparo paratrabajar con la coacción directa, aunque esperábamos que no tuviera querecurrir a ello con cada persona que nos encontráramos.. Momentosdespués, el guardián se volvió hacia nosotros, al parecer pensó que siéramos humanos después de todo Exhale y aflojó mis puños. Ni siquierame di cuenta de que lo estaba haciendo.-"Espera un minuto, mientras llamo ", le dijo a Eddie.El guardián se apartó y cogió un teléfono que había dentro de su cabina.Eddie nos miro.
    • 87- "¿Hasta ahora todo bien?"-"si sobre todo la forma vieja", me queje.- "¿No hay manera de saber si mi encantamiento está funcionando?" –mepreguntó Eddie.Lissa le había dado uno de los anillos encantados de Tasha, para hacerleparecer bronceado y de pelo negro. No estaba alteraba su raza, la magiasólo difuminaba su cara. Al igual que nuestros encantos humanos,sospechaba que no era la imagen exacta que él hubiera esperado, solo erapara alterar su apariencia lo suficiente para que nadie lo identificara.Con nuestra resistencia a la coacción –sabíamos que el lugar tenía unhechizo y los efectos no funcionarían con nosotros.-"Estoy segura de que está bien", dijo Lissa con tono tranquilizador. Elguardián volvió-"Dicen que paséis lo solucionaremos allí. "-" Gracias, "dijo Eddie,El Guardia tomo la actitud implícita al suponer que se trataba de un erroradministrativo. Seguían siendo diligentes, pero la idea de alguienhaciéndose pasar por alimentadores en una prisión no era el tipo de cosaque uno podría esperar - o ver como un riesgo de seguridad. Pobre tipo.Dos guardianes nos recibieron cuando llegamos a la puerta en la murallade la prisión. Los tres bajaron y fuimos llevados a los terrenos entre lapared y la propia prisión. Considerando que San Vladimir y el recinto de laCorte había sido exuberante y lleno de plantas y árboles, la tierra aquí eradura y solitaria. Ni siquiera la tierra tenía malas hierbas. ¿Era esto lo queservía como área de ―ejercicio‖ para los prisioneros? Me sorprendió que nohubiera un foso de algún tipo.El interior del edificio era tan sombrío como su exterior. Las celdas dedetención en la corte eran estériles y fríos, metal y blanco por todas lasparedes. Yo esperaba algo similar. Pero el que había diseñado Tarasovhabía renunciado a la imagen moderna y en su lugar emulaba el tipo deprisión que se podría haber encontrado de nuevo en Rumania en la épocamedieval. Las paredes de piedra dura continuaban por el pasillo, gris yamenazante, y el aire era frío y húmedo. Tenía que hacerse desagradablestrabajar como tutores asignados aquí con estas condiciones.
    • 88Al parecer, se quería garantizar que la fachada intimidante se extendierapor todas partes, incluso para los primeros pasos de los prisioneros nadamás entrar por la puerta. De acuerdo con nuestra información, había unapequeña sección de dormitorios donde los empleados vivían. Esperábamosque esos fueran más agradables.Decoración Edad Media o no, pasamos por delante de alguna cámara devez en cuando mientras caminábamos por el pasillo. La seguridad dellugar no era primitiva. De vez en cuando oímos el golpear de una puertapesada, pero en general, hubo un silencio absoluto, inquietante, que eracasi más escalofriante que si fueran gritos y más gritos.Nos llevaron a la oficina del alcaide, un cuarto que aún tenía la mismaarquitectura sombría aún que estuviera llenó de los accesoriosadministrativos habituales: escritorio, ordenador, etc Parecía eficiente,nada más. Nuestros escoltas explicaron que íbamos a ver al directoradjunto, ya que su superior estaba todavía en la cama. Me figure que elsubordinado estaba quedado atascado con el turno de noche. Tenía laesperanza de que eso significara que estaba cansado y distraído.Probablemente no. Rara vez pasaba eso con los tutores, sin importar susasignaciones.-Theo Marx, -dijo el director asistente, estrechando la mano de Eddie. Eraun dhampir no mucho mayor que nosotros, y me pregunté si hubiera sidorecientemente asignado allí.-Larry Brown, -respondió Eddie.Le dimos un nombre aburrido, que no llamaría la atención, y lo habíautilizado en la documentación. Theo no dijo nada a Lissa o a mí, pero síque nos dio una desconcertada mirada, la misma que el primer chico tuvocuando intento ver a través de la de ilusión. Otro repaso después, perouna vez más, lo logramos. Theo volvió su atención a Eddie y tomó la hojade pedido.-Esto es diferente de lo habitual, -dijo.-No tengo idea, -dijo Eddie en tono de disculpa. -Esta es mi primera vez.Theo suspiró y miró el reloj.-El guardián estará de servicio hasta dentro de unas horas, deberíamosesperar aquí para resolver todo esto.
    • 89Había pocas instalaciones Moroi en el país que contaran conalimentadores - aquellos al margen de la sociedad humana, que secontentaban con pasar sus vidas sumidos en las endorfinas de vampiro - yluego los distribuían. Sommerfield era el nombre de una de esasinstalaciones, ubicado en Kansas City.-Yo no pedí recibir gente nueva,-dijo Eddie. -Tal vez alguien se confundió.-Típico, -resopló Theo. -Bueno, pueden tomar asiento y esperar. Puedotraeros un café si quieres.- ¿Cuando obtenemos una mordida?- Pregunte de pronto, con la miradadeseosa, y la voz más ensoñadora que pude.-Ha sido tanto tiempo.- Lissa siguió mi ejemplo. -Dijeron que podría ser encuanto llegáramos aquí.Eddie puso los ojos en lo que fue la típica conducta de un alimentador .-¿Van a estar así todo el tiempo?-Puedo imaginarlo, -dijo Theo. -Hum. Alimentadores.La puerta de su despacho fue parcialmente entreabierta y llamó a alguienpor ella. --Hey, ¿Wes? ¿Podéis venir?- Uno de los guardianes escolta metió la cabezadentro.-¿Sí?- Theo nos dio una ola de rechazo.-Lleva a estas dos hasta el área de alimentación para que no nos saquende quicio. Por Si pasa alguien, que las pueda utilizar.Wes asintió con la cabeza y nos animo a seguirle. Eddie y yo hicimos unbrevísimo contacto con los ojos. Su rostro no delataba nada, pero yo sabíaque él estaba nervioso. Ahora era cuando nuestro trabajo con Victorcomenzaba, y a Eddie no le gustaba que fuéramos a la guarida del dragón.Wes nos llevó a través de más puertas y otros controles de seguridad amedida que se profundizábamos en la cárcel. Me di cuenta de que porcada capa de seguridad que atravesábamos para entrar, iba a tenerla quecruzar de nuevo para salir.
    • 90 Según el plan, el área de alimentación se encontraba en el lado opuesto dela prisión. Yo había asumido que tomaríamos alguna ruta a lo largo de laperiferia, pero no que atajaríamos cruzando directamente por el centro deledificio - donde los presos eran retenidos. El estudiar los planos me habíadado un sentido de la disposición, pero Lissa no se dio cuenta hacia dóndenos dirigíamos hasta que una señal nos alertó: ADVERTENCIA - AHORAentrar en la zona de los PRISIONERO (penal). Yo creí que era un texto untanto extraño. ¿No eran todos aquí criminales?Pesadas puertas dobles bloqueaban esta sección, y Wes utilizó tanto uncódigo electrónico y como una llave física para abrir. El ritmo de Lissa nocambió, pero yo sentía el aumento de su ansiedad cuando entramos en unlargo pasillo recubierto por celdas cubiertas de barras. Yo no me sentíamejor que ella, pero Wes, que estaba todo el tiempo alerta, no mostróningún signo de temor. Entraba en esta área continuamente, me dicuenta.Él conocía su seguridad. Los detenidos podrían ser peligrosos, pero elpasar entre ellos era una actividad de rutina para él.Aún así, espiar dentro de las células estuvo a punto de causarme unaparada cardíaca. Los pequeños compartimentos eran tan oscuros ysombríos como la nada, sólo contenían mobiliario escueto. La mayoría delos presos estaban durmiendo, por suerte. Unos pocos, sin embargo,vieron como pasábamos por allí. Nadie dijo nada, el silencio era casiaterrador. Algunos de los Moroi encerrados allí se parecían a la gentecomún que te pasa cuando vas caminando por la calle, y yo mepreguntaba lo que podían haber hecho para terminar allí. Sus carasestaban tristes y desprovistas de toda esperanza. Al ver a dos dhampirsencarcelados me di cuenta de que algunos de los presos no eran Moroi; .Tenía sentido, pero de todos modos me pilló con la guardia baja. Mi propiaespecie tenía también criminales que debían ser ajusticiados.Pero no todos los prisioneros parecían benignos. Otros parecían quedefinitivamente pertenecían Tarasov . Había una maldad en ellos, unasensación siniestra en cómo sus ojos se fijaban en nosotros y no losretiraban. Ellos nos estudiaron sin perderse detalle, aunque ¿por quérazón?, no pude decir. ¿Estaban buscando cualquier cosa que pudieraofrecerles esperanzas para escapar? ¿Pueden ver a través de nuestrasfachadas? ¿Era que simplemente tenían hambre? Yo no lo sabía, pero mesentía agradecida por los guardianes silenciosos difundidos en toda lasala. También me alegré de que no ver a Víctor y asumí que él vivía en unasala diferente. No podíamos arriesgarnos a ser reconocido todavía.
    • 91Finalmente salimos del corredor de los prisioneros a través de otra serie depuertas dobles y, por fin llegamos a la zona de alimentación. También éstase sentía como una mazmorra medieval, pero las apariencias tenían quemantenerse por el bien de los prisioneros. Decoración a un lado, el diseñode la sala de alimentación era similar a la que había en San Vladimir,excepto que era más pequeña. Unas pocas cabinas que ofrecían unaprivacidad moderada y un tipo de aspecto aburrido, Moroi, que estabaleyendo un libro en un escritorio, pero parecía a punto de quedarsedormido. Sólo había un alimentador en la sala, un humano de medianaedad que estaba sentado en una silla con una sonrisa tonta en la cara,mirando a la nada.El Moroi se estremeció cuando entramos, los ojos se le ensancharon. Eraevidente que era la cosa más emocionante que le pasaba en toda la noche.No tuvo ese momento de desorientación cuando nos miró a, al parecertenía una baja resistencia a la compulsión, era bueno saberlo.-¿Qué es esto?-Dos nuevas acaban de llegar, -dijo Wes.-Pero es que no se debe, dijo el Moroi. -Y nunca nos los traen tan joven.Siempre nos dan los más utilizados.-No me preguntes, -dijo Wes, dirigiéndose hacia la puerta una vez quehabía indicado los asientos para Lissa y para mí. Estaba claro que habíaencontró escolta para los alimentadores, alguien por debajo de él. -Marxlos quiere aquí hasta que Sullivan se levante. Mi conjetura es que va aresultar ser un error, pero se quejaban de que necesitan una solución.–Marx las quiere aquí hasta que Sullivan se levante. Mi suposición es queva a resultar ser un error, pero se estaban quejando de que necesitabanuna dosis.–¡Genial! –Gruñó el Moroi–. Bien, nuestra próxima alimentación es enquince minutos, así que puedo darle a Bradley un descanso. Está tan ido,dudo que se dé cuenta si otra persona da sangre en vez de él.Wes asintió con la cabeza.–Llamaremos abajo cuando tengamos esto solucionado.El guardián se fue, y el Moroi cogió un sujetapapeles, suspirando. Yo teníala sensación de que todo el mundo aquí estaba bastante cansado de sutrabajo. Podía entender el porqué. Aquel debía de ser un lugar deprimentepara trabajar. Sin duda, a mí que me dieran el ancho mundo.
    • 92–¿Quién debe alimentarse en quince minutos? –pregunté.El Moroi alzó la cabeza con asombro. No era el tipo de pregunta que haríaun alimentador.–¿Qué has dicho?Lissa se alzó y le interceptó con la mirada.–Responda a la pregunta.La cara del hombre se aflojó. Era fácil de coaccionar.–Rudolf Kaiser.Ninguna de nosotras lo conocía. Bien podría haber estado allí porasesinato en masa o desfalco por todo lo que yo sabía.–¿Cuándo es la toma de Victor Dashkov? –preguntó Lissa.–En dos horas.–Cambie el programa. Dígales a sus guardias que ha habido un reajuste yél tiene que venir ahora en vez de Rudolf.La mirada vacía del Moroi –ahora realmente de aspecto tan aturdido comola de Bradley, el alimentador– pareció necesitar un momento para procesaraquello.–Sí –respondió él.–Esto es algo que podría suceder normalmente. No despertará sospechas.–No despertará sospechas –repitió él en un tono monótono.–Hágalo –le ordenó ella, con voz enérgica–. Llámelos, dispóngalo así, y nome quite ojo de encima.El Moroi accedió. Mientras hablaba por el teléfono, se identificó a sí mismocomo Northwood. Cuando colgó, las disposiciones ya estaban hechas.Ahora no teníamos nada más que hacer sino esperar. Mi cuerpo enteroestaba fuertemente ovillado por la tensión. Theo había dicho que teníamoscomo una hora hasta que el alcaide estuviera de nuevo a cargo.
    • 93 Nadie haría preguntas hasta entonces. Eddie simplemente tenía quematar el tiempo con Theo y no levantar sospechas tras el erroradministrativo.‗Cálmate, Rose. Puedes hacer esto.‘Mientras esperábamos, Lissa coaccionó a Bradley, el alimentador,sumergiéndolo en un profundo sueño. Yo no quería ningún testigo, nisiquiera uno drogado. Asimismo, yo volví ligeramente la cámara deseguridad de la sala, de forma que ésta ya no pudiera ver la mayor partede la estancia. Naturalmente, tendríamos que ocuparnos del sistema devigilancia entero de la prisión antes de marcharnos, pero por ahora, nonecesitábamos al personal de seguridad de observando y atisbando lo queestaba a punto de suceder.Yo acababa de acomodarme en uno de los cubículos cuando la puerta seabrió. Lissa había permanecido en su silla cerca del escritorio deNorthwood, de forma que pudiese mantener su coacción sobre él. Leordenamos que yo fuera la alimentadora. Yo estaba aislada, pero a travésde la visión de Lissa vi al grupo entrar: dos guardianes… y Victor Dashkov.La misma angustia que había sentido ella cuando lo vio en su juicio sedisparó en su interior. Su corazón aceleró sus latidos, las manos letemblaban… Lo único que finalmente le había vuelto a la calma en el juiciofue la resolución que tuvo de todo esto, saber que Victor sería encerradobajo custodia para siempre e incapaz de volver a hacerle daño de nuevo.Y ahora nosotras estábamos a punto de cambiar todo eso.Por la fuerza, Lissa sacó el miedo de su mente para poder mantener supoder sobre Northwood. Los guardianes que flanqueaban a Victor estabanserios y listos para la acción, aunque en realidad no necesitaran estarlo.La enfermedad que le había asolado durante años –de la que Lissa le habíasanado temporalmente– estaba empezando a levantar la cabeza otra vez.La falta de ejercicio y aire fresco parecían haberle pasado factura también,como les sucedía teóricamente a los prisioneros con restricción de sangre.Los guardias lo tenían atenazado con grilletes a modo de una precauciónextra, y la pesada carga tiraba de él, haciéndole casi arrastrar los pies.–Por allí –dijo Northwood, señalándome a mí–. A esa.Los guardianes dejaron que Victor pasara junto a Lissa, y él apenas lededicó un segundo vistazo. Ella estaba empleándose en una coaccióndoble: mantener a Northwood bajo su control y utilizar una rápida ráfagapara hacerse insignificante ante Victor cuando pasó por al lado.
    • 94 Los guardianes lo llevaron hasta una silla junto a mí y luego dieron unpaso atrás, con él aún a la vista. Uno de ellos entabló conversación conNorthwood, comentando sobre nuestra novedad y juventud. Si alguna vezhacíamos esto de nuevo, haría que Lissa nos hiciera un hechizo con el queaparentáramos ser mayores.Sentándose a mi lado, Victor se inclinó hacia mí y abrió la boca.Alimentase era una acción tan instintiva, los movimientos siempre eran losmismos, que él apenas tenía que pensar sobre lo que hacía. Era como si nisiquiera me viese.Salvo que luego… lo hizo.Se quedó paralizado, con sus ojos abriéndose como platos. Ciertascaracterísticas señalaban a las familias reales Morois, y los ojos verdesjades claros se daban en ambas, la de los Dashkovs y los Dragomirs. Elaspecto de cansada resignación desapareció de él, y el filo astuto que tantolo caracterizaba –la inteligencia perspicaz que yo conocía bien– tomó sulugar repentinamente. Me recordó de forma inquietante a algunos de losprisioneros junto a los que habíamos pasado antes.Pero él estaba confuso. Como con las demás personas con las que noshabíamos encontrado, mi hechizo estaba embarullando sus pensamientos.Sus sentidos le decían que yo era humana… aunque la ilusión no eraperfecta. Estaba también el hecho de que Victor, como fuerte usuario decoacción no de espíritu, era relativamente resistente a ella. Y al igual queEddie, Lissa y yo habíamos sido inmunes a los hechizos unos de otrosporque sabíamos nuestras identidades verdaderas, Victor experimentabael mismo efecto. Su mente podría insistir en que yo era humana, pero susojos le decían que yo era Rose Hathaway, incluso con aquel pelo. Y una vezese conocimiento se hubo solidificado, la ilusión de humana desapareciópara él.Una sonrisa lenta e intrigante se extendió por su rostro, mostrandodescaradamente sus colmillos.–Oh, Dios mío. Esta debe de ser la mejor alimentación que he tenidojamás. –Su voz era apenas perceptible, solapada por la conversación de losotros.–Pon tus dientes en cualquier parte cerca de mí y será tu última comida –murmuré, con mi voz igual de queda–. Pero si quieres una oportunidad desalir de aquí y ver el mundo otra vez, haz exactamente lo que te digo.
    • 95Él me dirigió una mirada inquisitiva. Yo respiré profundamente, temiendolo que tenía que decir a continuación.–Atácame.
    • 96 Capítulo 7 Traducido por Aurim–No con tus dientes –añadí a toda prisa–. Lánzate sobre mí. Blande tusgrilletes. Cualquier cosa que puedas hacer.Victor Dashkov no era un estúpido. Otros puede que hubieran vacilado ohecho más preguntas. Él no. Él puede que no supiera exactamente qué eslo que estaba sucediendo, pero advirtió que ésta era una oportunidad deconseguir la libertad. Posiblemente la única que tendría. Él era alguien quehabía pasado una gran parte de su vida planeando y organizandocomplejos complots, así que era un profesional en meterse de cabeza enellos.Sosteniendo sus manos en alto tanto como pudo lograr, me embistió,haciendo una magnífica demostración de intento de ahogarme con lacadena de entre sus puños. Cuando lo hizo, yo proferí un gritodesgarrador. En un instante, los guardianes estuvieron allí para detener alprisionero enloquecido que estaba atacando sin sentido alguno a unapobre chica. Pero cuando lo alcanzaron para someterlo, di un salto y yo lesataqué. Incluso aunque hubiesen esperado que fuera peligrosa –y no lohabían hecho– yo les había sorprendido tanto que no tuvieron tiempo parareaccionar. Casi me sentí mal por lo injusto que era esto para ellos.Le di un puñetazo al primero con fuerza suficiente para hacerle perder suagarre sobre Victor y caerse hacia atrás, golpeando el muro cerca de dondeLissa estaba compeliendo frenéticamente a Northwood a permanecer encalma y no llamar a nadie en mitad de aquel caos. El otro guardián tuvoalgo más de tiempo para reaccionar, pero aún fue lento en soltar a Victor yvolverse hacia mí. Yo aproveché la oportunidad y conseguí pegarle,obligándonos a sumirnos en un combate de forcejeos. Él era grande eimponente, y una vez me juzgó como una amenaza, no se reprimió. Ungolpe dirigido a mi hombro me mandó un disparo de dolor por el brazo yrespondí con un rápido rodillazo en su estómago. Mientras tanto, sucompañero estaba ya en pie dirigiéndose hacia nosotros. Tenía queterminar con esto rápido, no sólo por mi propio bien, sino también porqueellos sin duda alguna pedirían refuerzos si se les daba la oportunidad.
    • 97Agarré más cerca de mí al que tenía y le empujé con tanta fuerza comopude contra una pared, de cabeza. Él se tambaleó, aturdido, y lo volví ahacer de nuevo, sólo hasta que su compañero me alcanzó. Ese primerguardián se desplomó en el suelo, inconsciente. Odiaba hacer aquello, perouna parte de mi entrenamiento había sido aprender a diferenciar entreincapacitar y matar. Él sólo debía de tener dolor de cabeza. Eso esperaba.Sin embargo, el otro guardián estaba muy a la ofensiva, y él y yo nosacechamos en círculo el uno al otro, dirigiendo algunos asaltos yesquivando otros.–¡No puedo noquearle! –le grité a Lissa–. Lo necesitamos. Compélele.Su respuesta vino a través del vínculo. Ella podía compeler a dos personasal mismo tiempo, pero eso tomaría mucho de su fuerza. No habíamossalido aún de esto, y no podía arriesgarse a consumirse tan pronto. Dentrode ella la frustración sustituyó al miedo.–Northwood, vete a dormir –le ladró ella–. Ahora mismo. A tu escritorio.Estás agotado y dormirás durante horas.Por el rabillo del ojo, vi a Northwood desplomarse, con su cabezagolpeando el escritorio con un ruido sordo. Todos los que trabajaban allítendrían una conmoción cerebral para cuando hubiéramos terminado. Mearrojé entonces sobre el guardián, utilizando todo mi peso para ponerle enla línea de visión de Lissa. Ella se aproximó hacia donde nosotrosluchábamos. Él le lanzó una mirada, sorprendido, y eso fue todo lo queella necesitó.–¡Detente!Él no respondió con tanta celeridad como Northwood, pero titubeó. Aqueltipo era más resistente.–¡Deja de luchar! –le repitió ella enérgicamente, intensificando su voluntad.Fuerte o no, él no pudo alzarse contra tal espíritu. Sus brazos cayeron alos lados, y dejó de luchar conmigo. Di un paso atrás para recuperar elaliento, volviendo a colocar mi pelo en su lugar.–Contenerlos va a ser difícil –me advirtió Lissa.–¿Difícil como cinco minutos o cinco horas?–En algún lugar en medio de eso.
    • 98–Entonces, movámonos. Cógele a él la llave de Victor.Ella ordenó al guardián que le diera la llave de los grilletes. Éste nos dijoque las tenía el otro guardián. En efecto, cacheé el cuerpo inconsciente, élrespiraba con regularidad… gracias a Dios, y recuperé la llave. Ahora volvítoda mi atención hacia Victor. Una vez hubo comenzado el enfrentamiento,él se apartó del camino y simplemente se quedó observando en silenciomientras sin duda alguna toda suerte de nuevas posibilidades se formabaen su retorcida mente.Me acerqué y puse mi cara de película de terror mientras alzaba la llave.–Voy a liberar tus manos ahora –le anuncié con una voz al mismo tiempodulce y amenazadora–. Vas a hacer exactamente lo que te digamos quehagas. No vas a correr, empezar a pelear o nada que interfiera en nuestrosplanes.–¡Oh! ¿También tú estás utilizando la coacción ahora, Rose? –preguntó élsecamente.–No lo necesito. –Abrí los grilletes–. Puedo dejarte inconsciente tanfácilmente como a ese tío y hacer que dure. A mí me da igual.Las pesadas cadenas y esposas cayeron al suelo. Aquella mirada maliciosay petulante permanecía en su rostro, pero sus manos se tocaron condelicadeza las muñecas. Me di cuenta entonces de que había en ellasverdugones y moratones. Esos grilletes no estaban pensados para lacomodidad, pero me negué a sentir pena por él. Victor volvió a alzar lamirada hacia nosotras.–Qué encantador –reflexionó él–. De todas las personas que intentaríanrescatarme, jamás habría esperado en vosotras dos… y aun así, enretrospectiva, vosotras erais probablemente las más capacitadas.–No necesitamos tus comentarios en directo, Hannibal –le solté–. Y noutilices la palabra ‗rescatar‘. Hace que suene como si fueras un héroeinjustamente encarcelado.Él enarcó una ceja, como si creyera que, de hecho, ése era el caso. En vezde cuestionarme, hizo un movimiento con la cabeza hacia Bradley, quehabía estado realmente dormido durante la refriega. En su estado drogado,la coacción de Lissa había sido más que suficiente para noquearle.
    • 99–Entrégamelo –dijo Victor.–¿Qué? –exclamé–. ¡No tenemos tiempo para eso!–Y yo no tengo fuerzas para lo que sea que tengáis en mente –silbó Victorentre dientes. Esa máscara agradable y sabelotodo desapareció,reemplazada por una feroz y desesperada–. El encarcelamiento conllevamás que barrotes, Rose. Nos privan de alimento y sangre, tratando demantenernos débiles. Caminar por aquí es el único ejercicio que tengo, yese no es esfuerzo suficiente. A menos que realmente tengáis intención desacarme de aquí, ¡dadme sangre!Lissa interrumpió cualquier respuesta que yo pudiera dar.–Sé rápido.La miré estupefacta. Yo había estado a punto de negárselo a Victor, pero através del vínculo sentí una extraña mezcla de sentimientos venir de ella.Compasión y… comprensión. Oh, ella aún lo odiaba, desde luego. Perotambién sabía cómo era vivir con restricciones de sangre.Por fortuna, Victor fue rápido. Su boca estuvo en el cuello del humanoprácticamente antes de que Lissa terminara de hablar. Aturdido o no,sentir los dientes en su cuello fue suficiente para espabilar a Bradley. Sedespertó repentinamente, con su rostro adoptando el deleite que losalimentadores conseguían de las endorfinas de los vampiros. Una cortatoma de sangre era todo lo que Victor necesitaría, pero cuando los ojos deBradley comenzaron a abrirse mucho por la sorpresa, me di cuenta de queVictor estaba tomando más que un trago rápido. Di un salto al frente yalejé de un empujón a Victor del alimentador desparramado.–¿Qué demonios estás haciendo? –le exigí, sacudiendo a Victor con fuerza.Era algo que yo había querido hacer desde hacía mucho tiempo–. ¿Te creesque puedes drenarle y convertirte en Strigoi justo enfrente nuestra?–Difícilmente –señaló Victor, haciendo una mueca de dolor ante el agarreque yo ejercía sobre él.–Eso no es lo que estaba haciendo –indicó Lissa–. Sólo perdió el control porun segundo.Con su lujuria de sangre satisfecha, el porte tranquilo de Victor habíaregresado.
    • 100–Ah, Vasilisa. Siempre tan comprensiva.–No hagas ninguna suposición –gruñó ella.Yo los fulminé a ambos con la mirada.–Tenemos que irnos. ¡Ahora! –Me volví hacia el guardián compelido–.Llévanos a la sala desde donde se monitoriza todo el material de seguridad.Él no me contestó y, con una señal, miré expectante a Lissa. Ella repitiómi orden, y él inmediatamente comenzó a abandonar la estancia. Miadrenalina corría velozmente por la lucha, y estaba ansiosa por terminarcon todo aquello y salir de allí. A través del vínculo, sentí el nerviosismo deLissa. Podía haber defendido la necesidad de sangre de Victor, peromientras caminábamos ella se mantenía tan lejos de él como le era posible.La comprensión descarnada de quién era él y de lo que estábamoshaciendo estaba entrando sigilosamente en ella. Ojalá hubiera podidoconsolarla, pero no había tiempo.Seguimos al guardián –Lissa le preguntó su nombre, era Giovanni– através de más pasillos y puestos de control. El camino por el que él nosguió iba rodeando la zona carcelaria, en vez de a través de las celdas. Yocontuve la respiración casi todo el tiempo, temiendo que nosencontráramos con alguien. Teníamos demasiados factores en contranuestra; no necesitábamos también eso. Sin embargo, nuestra suerteduraba y no nos cruzamos con nadie, de nuevo probablemente el resultadode hacer aquello cerca del final de la noche y de no pasar por una zona dealta seguridad.Lissa y Mia también habían utilizado a los guardianes de la Corte paraborrar el material de seguridad allí, pero yo no fui testigo de ello. Ahora,cuando Giovanni nos condujo al interior de la sala de vigilancia de laprisión, no pude evitar una pequeña exclamación. Los monitores cubríanlas paredes y había consolas con complejos botones e interruptoressituadas frente a ellos. Había escritorios con ordenadores por todas partes.Sentía que aquella sala tenía el poder para lanzar un cohete al espacio.Todo en la prisión estaba a la vista: cada celda, varios pasillos e incluso eldespacho del alcaide, donde Eddie estaba sentado charlando con Theo.Otros dos guardianes estaban allí, y me preguntaba si nos habrían visto enlos pasillos. Pero no, estaban demasiados atentos a otra cosa: una cámaraque había sido girada para enfocar una pared vacía. Era la que yo habíaajustado en la sala de alimentación.
    • 101Los guardianes estaban inclinados hacia ésta, y uno de ellos estabadiciendo que deberían llamar a alguien para que la revisara allá abajo.Luego, ambos alzaron la mirada y nos vieron.–Ayúdala a someterlos –le ordenó Lissa a Giovanni.De nuevo hubo vacilación. Nos habría ido mejor con un ―ayudante‖ conuna voluntad más débil, pero Lissa no tenía ni idea cuando lo eligió. Comoantes, él finalmente entró en acción. También al igual que antes, lasorpresa fue de gran ayuda para conseguir dominar a aquellos dosguardianes. Yo era una desconocida, inmediatamente los puse en guardia,pero aún parecía una humana. Giovanni era su compañero; no esperabanun ataque viniendo de él.No obstante, aquello no se les puso fácil el derrotarnos. Conseguirrefuerzos fue un arduo camino, y Giovanni era bueno en su trabajo.Dejamos inconsciente a un guardián con bastante rapidez, utilizandoGiovanni una llave de estranguladora para brevemente arrebatarle el aireal tipo hasta que cayera rendido. El otro guardián se mantuvo a distanciade nosotros, y me di cuenta de que sus ojos se desviaban continuamentehacia una de las paredes. Allí había un extintor, un interruptor de la luz yun redondo botón plateado.–¡Esa es una alarma! –exclamó Victor, justo cuando el guardián se lanzóhacia ésta.Giovanni y yo le hicimos placaje al mismo tiempo, deteniendo al tipo justoantes de que su mano rozara el botón y enviara una legión de guardianessobre nosotros. Con un golpe en la cabeza, también este guardián quedósin conocimiento. Con cada persona que me quitaba de encima en estafuga de la prisión, un nudo de culpabilidad y náusea se retorcía más ymás fuerte en el estómago. Los guardianes eran buenos tipos, y no podíaevitar sino seguir pensando que yo estaba del lado del mal.Ahora que estábamos libres, Lissa supo cuál era el siguiente paso.–Giovanni, inutiliza todas las cámaras y borra las últimas horas degrabación.Hubo una gran indecisión por su parte esta vez. Hacer que luchara contrasus amigos había requerido de mucha y enérgica coacción por parte deella. Mantenía su control pero se estaba cansando, y eso sólo iba a hacermás difícil que él obedeciera nuestras órdenes.
    • 102–Hazlo –rugió Victor, situándose junto a Lissa.Ella se estremeció con su proximidad, pero cuando su mirada fija se unióa la de ella, Giovanni accedió a la orden y comenzó a accionar botonessobre la mesa de mando. Victor no podía igualar el poder de Lissa pormucho tiempo, pero su pequeña ráfaga de coacción había reforzado la deella.Uno por uno, los monitores fueron quedando en blanco, y luego Giovanniintrodujo unos cuantos comandos en el ordenador que guardaba elmaterial digital de las cámaras. Las luces rojas de error se encendieronsobre la mesa de mando, pero no había nadie allí ahora para fijarse enellas.–Incluso aunque él lo borre, habrá quienes puedan ser capaces derecuperarlo del disco duro –señaló Victor.–Es un riesgo que tendremos que correr –dije con irritación–. Reprogramaro de lo que se trate no está realmente dentro del abanico de mishabilidades.Victor puso los ojos en blanco.–Quizá, pero la destrucción desde luego que sí.Me llevó un momento comprender a qué se refería, pero luego caí en lacuenta. Con un suspiro, agarré el extintor de la pared y golpeé elordenador hasta que no hubo más que un montón de fragmentos deplástico y metal. Lissa hacía un gesto de dolor con cada golpe y seguíamirando hacia la puerta.–Espero que esté insonorizada –murmuró.–Parece maciza –afirmé con seguridad–. Y ahora es hora de marcharse.Lissa ordenó a Giovanni que nos llevara de regreso al despacho del alcaide,en la parte delantera de la prisión. Él cumplió la orden, conduciéndonos denuevo a través del laberinto por el que habíamos atravesado antes. Susclaves y sus pases de seguridad nos dieron acceso en cada puesto decontrol.–¿Debo suponer que no puedes compeler a Theo para que nos deje salir? –le pregunté a Lissa.
    • 103Su boca era una severa línea. Negó con la cabeza.–Ni siquiera sé cuánto tiempo más puedo mantener a Giovanni. Nuncaantes he utilizado a alguien como si fuera una marioneta.–Está bien –le dije, tratando de que ambas nos tranquilizáramos–. Casi lohemos conseguido.Pero íbamos a tener otra batalla entre manos. Después de dar una paliza ala mitad de los Strigois de Rusia, aún me sentía segura respecto mi propiafuerza, pero esa sensación de culpabilidad no me abandonaría. Y si nosencontrábamos con una docena de guardianes, ni siquiera mi fuerza iba aresistirlo.Yo me había desorientado del trazado, pero resulta que el camino de vueltade Giovanni al despacho principal estaba llevándonos a través de unbloque de celdas después de todo. En otro rótulo elevado se leíaADVERTENCIA, NO ENTRAR, ZONA DE RECLUSOS (PSIQUIÁTRICO).–¿Psiquiátrico? –pregunté sorprendida.–Desde luego –murmuró Victor–. ¿Dónde si no crees que envían a losprisioneros con problemas mentales?–A hospitales –le respondí, reprimiendo un chiste sobre que todos losmalhechores tenían problemas mentales.–Bueno, eso no es siempre…–¡Deteneos!Lissa le interrumpió y se detuvo abruptamente ante una puerta. El restode nosotros casi chocamos con ella. Lissa se apartó de golpe, dando variospasos atrás.–¿Qué pasa? –le pregunté.Ella se volvió hacia Giovanni.–Encuentra otro camino hacia el despacho.–Este es el camino más rápido –indicó él.Lissa negó con la cabeza lentamente.
    • 104–No me importa. Encuentra otro, uno en el que no nos encontremos connadie.Él frunció el ceño, pero su coacción aún funcionaba. Se volvióbruscamente y nosotros salimos corriendo tras él para seguirle el ritmo.–¿Qué pasa? –repetí. La mente de Lissa estaba tan embarullada que meera imposible extraer sus razonamientos.Ella hizo una mueca.–Sentí auras del espíritu allí atrás.–¿Qué? ¿Cuántas?–Al menos dos. No sé si ellos me sintieron a mí o no.Si no hubiera sido por el avance de Giovanni y la urgencia que nosatenazaba, me habría detenido.–Usuarios del espíritu…Lissa había buscado durante tanto tiempo y con tanta desesperación aotros como ella… ¿Quién habría pensado que nos encontraríamos con ellosahora? En realidad… tal vez deberíamos haber esperado aquello. Sabíamosque los usuarios del espíritu se las veían con la demencia. ¿Por qué noterminarían en un lugar como aquel? Y, teniendo en cuenta los problemasque nos había acarreado saber de la prisión, no era de extrañar que esosusuarios del espíritu hubieran permanecido ocultos. Dudaba de que nadieque trabajara allí tan siquiera supiese qué eran ellos.Lissa y yo intercambiamos breves miradas. Sabía lo desesperadamente quedeseaba ella investigar aquello, pero ahora no era el momento. Victor yaparecía estar demasiado interesado en lo que habíamos dicho, así que lassiguientes palabras de Lissa fueron en mi cabeza:‘Estoy bastante segura de que cualquier usuario del espíritu vería a travésde mis hechizos. No podemos arriesgarnos a que nuestras descripcionesfísicas reales sean descubiertas… ni siquiera aunque se trate de personasque estén supuestamente locas.’Asentí con la cabeza a modo de acuerdo, poniendo a un lado la curiosidade incluso el remordimiento. Tendríamos que inspeccionar aquello en otromomento… digamos, como en la próxima ocasión que decidiéramos asaltaruna prisión de máxima seguridad.
    • 105Finalmente, llegamos al despacho de Theo sin más incidente, aunque meestuvo golpeteando el corazón con furia durante todo el camino mientrasmi mente seguía gritándome, ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Adelante! Theo y Eddieestaban charlando de política de Corte cuando nuestro grupo entró.Inmediatamente Eddie se abalanzó y fue a por Theo, dándose cuenta deque había llegado la hora. Dominó a Theo con una llave de asfixia contanta eficiencia como lo había hecho anteriormente Giovanni, y me alegréde que alguien más estuviera haciendo este trabajo sucio a mi lado.Desafortunadamente, Theo dio un buen aullido antes de quedarinconsciente y caer al suelo.De inmediato, los dos guardianes que nos habían escoltado anteriormenteirrumpieron en el despacho. Eddie y yo nos metimos en la refriega, y Lissay Victor incitaron a Giovanni para que entrara en ella también. Para hacerlas cosas aún más difíciles, justo después de que sometiéramos a uno delos guardianes, Giovanni se liberó de la coacción y comenzó a lucharcontra nosotros. Peor aún, corrió hacia la pared en la que descubrí –demasiado tarde– que había otro plateado botón de alarma. Dio un golpecon el puño contra él, y un bramido penetrante llenó el aire.–¡Mierda! –grité.Las habilidades de Lissa no estaban en la lucha física, y Victor no eramucho mejor. Todo recaía en Eddie y en mí para acabar con estos dosúltimos, y teníamos que hacerlo rápido. El segundo de los guardianesescoltas sucumbió, y luego fuimos sólo Giovanni y nosotros. Él consiguiódarme un buen porrazo, uno que golpeó mi cabeza contra la pared. No lobastante bueno para dejarme inconsciente, pero todo me dio vueltas y mebailaban puntos blancos y negros tras los ojos. Me dejó inmóvil por unmomento, pero entonces Eddie estuvo sobre él, y pronto Giovanni dejó deser una amenaza.Eddie me agarró del brazo para estabilizarme, y luego, inmediatamente,nosotros cuatro salimos corriendo de la habitación. Eché un vistazo atrás,hacia los cuerpos inconscientes, de nuevo odiándome a mí misma poraquello. Pero, no había tiempo para sentirse culpable. Teníamos que salirde allí. ¡Ya! Todo guardián de la prisión estaría allí en menos de unminuto.Nuestro grupo corrió hacia las puertas de entrada, sólo para descubrir queestaban cerradas desde el interior. Eddie soltó una maldición y nos dijoque esperáramos. Corrió de vuelta al despacho de Theo y regresó con unade las tarjetas de seguridad que Giovanni había utilizado en las puertas.
    • 106 Efectivamente, ésta nos dejó salir y nos lanzamos en una carreradesesperada hacia el coche de alquiler. Nos subimos y me alegré de queVictor nos siguiera el ritmo a todos nosotros y no hiciera ninguno de susfastidiosos comentarios.Eddie arrancó el coche y se dirigió de nuevo hacia el camino por el quehabíamos venido. Yo me senté a su lado delante.–Te aseguro que el tipo de la puerta va a saber de la alarma –le advertí.Nuestra idea original había sido salir simplemente y decirle que habíahabido un lío administrativo después de todo.–Sip –estuvo de acuerdo Eddie, con rostro tenso. En efecto, el guardián dioun paso fuera de su garita, ondeando los brazos.–¿Eso es una pistola? –exclamé.–No voy a pararme a descubrirlo. –Eddie pisó a fondo el acelerador y,cuando el guardián se dio cuenta de que íbamos a pasar a toda costa,saltó apartándose de la trayectoria.Chocamos contra el brazo de madera que bloqueaba el camino, dejandoatrás un lío de astillas.–El amigo va a quedarse con nuestro depósito –dije yo.Detrás de nosotros, pude oír el sonido de los disparos. Eddie maldijo otravez, pero a medida que nos alejábamos a toda prisa, los tiros se hicieronmás débiles y pronto estuvimos fuera de alcance. Eddie exhaló.–Si nos hubieran dado en los neumáticos o en las ventanas, habríamostenido mucho más de lo que preocuparnos que del depósito.–Van a mandar a gente tras nosotros –señaló Victor desde el asientotrasero. Una vez más, Lissa se había apartado tanto como podía de él–.Probablemente, las furgonetas deben de estar saliendo ahora mismo.–¿No crees que ya hemos adivinado eso? –le espeté yo.Sabía que estaba tratando de ser útil, pero él era la última persona a laque quería oír en aquel momento. Incluso mientras hablaba, miré haciaatrás con atención y vi las formas oscuras de dos vehículos devorando atoda velocidad la carretera detrás de nosotros.
    • 107Estaban ganando terreno rápidamente, sin dejar lugar a dudas de que losSUV pronto alcanzarían a nuestro pequeño compacto. Miré en nuestroGPS.–Tenemos que girar pronto –le advertí a Eddie, aunque no es que élnecesitara mi asesoramiento.Habíamos planeado una ruta de huída con antelación, una que suponíamontones y montones de curvas serpenteantes en aquellas remotascarreteras secundarias. Por fortuna, había muchas de ellas. Eddie hizo ungiro cerrado a la izquierda y luego, casi de inmediato, a la derecha. Aunasí, los vehículos que nos perseguían continuaban tras nosotros en elespejo retrovisor. No fue hasta unas cuantas curvas después que el asfaltotras nosotros quedó despejado.Un tenso silencio llenó el coche mientras esperábamos que los guardianesnos alcanzaran. No lo hicieron. Habíamos hecho demasiados girosconfusos, pero me llevó casi diez minutos aceptar que realmente podíamoshaberles dado esquinazo.–Creo que les hemos perdido –señaló Eddie, el asombro de su vozconcordaba con mi sensación. Su rostro aún seguía fruncido con lapreocupación y sus manos apretadas con fuerza al volante.–No les perderemos hasta que pasemos Fairbanks –indiqué yo–. Estoysegura de que lo inspeccionarán, y aquello no es muy grande.–¿A dónde vamos? –preguntó Victor–. Si se me permite preguntar.Yo me revolví en mi asiento de forma que pudiera mirarlo a los ojos.–Eso nos lo vas a decir tú. Tan difícil como resulta de creer, no hemoshecho todo esto sólo porque echábamos de menos tu agradable compañía.–Pues sí que es difícil de creer.Entorné la mirada.–Queremos encontrar a tu hermano, Robert Doru.Tuve la satisfacción de pillar momentáneamente a Victor con la guardiabaja. Luego su mirada astuta regresó.
    • 108–Desde luego. Esto es un seguimiento a petición de Abe Mazur, ¿no es así?Debería haber sabido que no aceptaría un no por respuesta. Desde luego,jamás habría supuesto que vosotros estuvierais aliados con él.Al parecer Victor no sabía que yo estaba en realidad entre los aliadosfamiliares de Abe, y no estaba por iluminarle ahora.–No viene al caso –le dije fríamente–. Ahora vas a llevarnos hasta Robert.¿Dónde está?–Olvídalo, Rose –susurró Victor–. Tú no eres aquí la que ejerce coacción.–No, pero soy la que puede atarte, tirarte en la cuneta y hacer una llamadaanónima a la prisión con tu paradero.–¿Cómo sé que no conseguirás lo que quieres de mí y luego me devolverásde todos modos? –preguntó él–. No tengo motivo para confiar en ti.–Tienes razón. Estoy segura como el Infierno de que no confiarías en mí.Pero si la cosa sale bien, hay una oportunidad de que podamos dejartemarchar luego. –No, en realidad no la había–. ¿Es eso algo por lo quecorrerías el riesgo? Nunca tendrás otra oportunidad como esta, y lo sabes.Victor no tuvo una salida ocurrente para aquello. ¡Me apunté otro tanto!–Así que –continué–, ¿vas a llevarnos hasta él o no?Los pensamientos que yo no podía leer se revolvían detrás de sus ojos. Sinduda estaba confabulando sobre cómo podría llevar esto a su terreno,seguramente pensando cómo escapar de nosotros antes de que siquierallegáramos a Robert. Era lo que yo habría hecho.–Las Vegas –dijo finalmente Victor–. Tenemos que ir a Las Vegas.
    • 109 Capítulo 8 Traducido por EeMaría y MontyDespués de la tontería que le había hecho a Abe, sobre ir a jodidos lugaresremotos ¡ay! me entusiasme con la idea de ir a la ciudad del pecado. Teníaalgunas reservas acerca de mi próximo viaje épico. En primer lugar, LasVegas sería el último lugar donde esperé que estuviera un recluso medio-loco. Por lo que había oído, Robert había salido fuera del radar y quequería estar solo. Una ocupada ciudad llena de turística en realidad noencajar en esa descripción.En segundo lugar, las ciudades eran perfectas, lugares atestados para laalimentación de descuidados Strigoi. Bajo inhibiciones. Muy fácil para lagente a desaparecer - cuando la mayoría de ellos fueron sobre todo por lanoche. Una parte de mí estaba segura de que esto tenía que ser una bromapor parte Víctor. Las Vegas se convirtió en nuestro próximo destino. Noteníamos mucho tiempo para debatir lo más importante de todos modos, asabiendas de que los guardianes estarían buscando Fairbanks paranosotros. Era cierto, los encantos de Lissa habían alterado nuestraapariencia ya que no estaban buscando gente con nuestras descripciones.Sin embargos, ellos sabían quién era Víctor, así que cuanto antes nosfuéramos de Alaska, mejor. Desafortunadamente, tuvimos un pequeñoproblema.-"Víctor no tiene identificación," dijo Eddie. "No podemos llevarlo en avión."Era cierto. Todas las posesiones de Víctor habían sido tomadas por lasautoridades penitenciarias, y en medio de desactivar la vigilancia y sacarlode entre medias de madia docena de guardianes, que había tenido apenastiempo para ir en busca de sus cosas personales. la coacción de Lissa fuefenomenal, pero estaba agotada después de tanto blandiendo en la prisión.Además, los guardianes probablemente estuvieran vigilando aun elaeropuerto. Nuestro "amigo" Bud el que alquilaba los coches, nos propusouna solución. No se emocionó cuando Eddie le devolvió su coche lleno dearañados con su conducción temeraria, pero con suficiente dinero enefectivo por fin había dejado de murmurar sobre "alquilar a un grupo deniños." Fue Víctor quien pensó en un plan alternativo y le dijo a Bud:-"¿Hay un aeropuerto privado cercano? ¿Podríamos alquilar un avión?
    • 110- "Claro", dijo Bud. "Pero no será barato."-"No es un problema", le dije. Bud nos miró de reojo.-"¿te dedicaste a robar alguno banco o algo así?No, pero estaban empacando un lote de divisas. Lissa tenía un fondo defideicomiso** **(es un contrato o convenio en virtud del cual unapersona, llamada fideicomitente o también fiduciante, transmitebienes, cantidades de dinero o derechos, presentes o futuros, de supropiedad a otra persona)Que repartía su dinero cada mes hasta que ella tuviera los dieciocho años,así como un límite alto en su tarjeta de crédito. Yo tenía una tarjeta decrédito, de cuando Adrian me financió mi viaje a Rusia. Dejé de lado elresto de mis bienes, como la cuenta bancaria enorme que había creado.Pero, para bien o para mal, había decidido mantener una tarjeta cerca,sólo en caso de emergencia. Sin duda se trataba de una emergencia, asíque utilizamos la tarjeta para pagar una parte del avión privado. El pilotono podía llevarnos hasta Las Vegas, pero nos llevaría hasta Seattle, dondesería capaz de contactar con otro piloto que nos llevaría el resto delcamino. Más dinero. "Y Seattle otra vez", reflexioné, justo antes de que elavión despegara. En el interior del pequeño jet habían cuatro asientos, dosa cada lado uno frente al otro. Me senté junto a Víctor, Eddie se sentófrente a él. Pensamos que era la mejor medida de protección.-"¿Qué hay en Seattle?" -preguntó Eddie, perplejo.-No importa. "Los jets privados no eran tan rápidos como los aviones comunes, y nuestroviaje duró gran parte del día. Durante el mismo, continué preguntando aVíctor sobre el papel de su hermano en Las Vegas y finalmente obtuve larespuesta que quería. Víctor nos lo habría contado, pero creo que habíaconseguido una emoción sádica en la espera de la respuesta.-"Robert no vive justo en Las Vegas", explicó. "Tiene una pequeña casa enel Cañón Red Rock, a unos kilómetros de la ciudad. "Ah. Ahora sí que era esto lo que yo espera. Lissa se puso tensa ante lamención de una cabaña, me sentí molesta a través del vínculo. CuandoVíctor le había secuestrado, la había llevado a una cabaña en el bosque yla había torturado allí. Le di una mirada tranquilizadora. En momentoscomo estos me hubiera gustado que el vínculo funcionara en ambossentidos para así poderle enviar sentimientos de comodidad.
    • 111- "¿Así que vamos a salir?" Víctor resoplo.-"De ninguna manera. Robert valora demasiado su vida privada. Nopermití que los extranjeros vayan a su casa. Pero él vendrá a la ciudad sise lo pido. "Lissa me miró. Víctor nos podría estar tendiendo una trampa. Teníamucha gente como sus seguidores. Ahora que él estaba fuera, podía llamara Robert para reunirse con nosotros. Le di una pequeña inclinación decabeza, de nuevo deseando poder establecer el vínculo con ella. Esimperativo nunca dejaríamos solo a Víctor para que hiciera llamadas sinsupervisión. Y en realidad, este plan para satisfacer en Las Vegas sí mehizo sentir mejor. Por nuestra propia seguridad, era mejor estar en laciudad y no medio de la nada.-"Viendo que he sido de gran ayuda", dijo Víctor, "Tengo el derecho a saberqué queréis de mi hermano‖. Miró a Lissa. "¿estás buscando lecciones parael espíritu? Has tenidos que haber hecho un excelente trabajo paraaveriguar cosas de él¨- "No tienes derecho a saber nada acerca de nuestros planes", repliquébruscamente.-"¿en serio? He sido el más útil aquí. Te queda mucho camino por recorrerpara ponerte al día después de lo que hicimos en Tarasov."El resto de nuestro vuelo se llevo a cabo de noche, era de madrugadacuando aterrizo en las Vegas. Estábamos seguros de la luz solar. Mesorprendió lo lleno que estaba el aeropuerto. La parte privada en Seattletena una buena cantidad de aviones, pero el aeropuerto de Fairbanksestaba casi desierto. Esta área estaba llena de pequeños aviones, muchosde ellos gritando "lujo". Las Vegas fue el escenario de las celebridades yotras personas ricas, muchas de las cuales probablemente no podríarebajarse a volar con pasajeros comerciales ordinarios. Había taxis allí,nos ahorra la odisea de alquilar otro coche. Pero cuando el conductor nospreguntó a dónde íbamos, todos nos quedamos en silencio. Se volvió haciaVíctor.-"Al centro de la ciudad, ¿no? "-"Sí", aceptó.Estaba segura, Robert quería quedar en lugares públicos con desconocidospara así poder huir fácilmente.
    • 112-"El centro es un lugar muy grande," dijo el conductor. "¿Tienes algúnlugar en particular o os dejo en el medio de la calle?"El silencio cayó sobre nosotros. Lissa me lanzó una mirada significativa.-"¿The witching Hour (La hora de las brujas)?" Lo consideré.Las Vegas era el lugar preferido para algunos Moroi. El brillante sol lohacía menos atractivo para los Strigoi, casinos sin ventanas, atmósferasoscuras. La hora de las brujas era un hotel y casino del cual habíamosoído todos. A pesar de que había un montón de clientes humanos, eraactualmente propiedad de un Moroi, por lo que había un montón decaracterísticas clandestinas para que fuera una gran salida de losvampiros. Alimentadores de trastienda. Salas especiales para moroi. Unbuen número de guardianes patrullando. Guardianes. . . Negué con lacabeza y miró de reojo a Víctor.- "No podemos llevarlo allí." De todos los hoteles en Las Vegas, la hora delas brujas era el último que nos apetecía ir. La huida de Víctor tuvo queser noticias de última hora en todo el mundo Moroi. Trayéndolo a la mayorconcentración de moroi y guardianes en las Vegas era probablemente lopeor que podíamos hacer en este punto. La cara del conductor nos miroimpaciente desde el espejo retrovisor.- "El Luxor." Fue Eddie quien contesto finalmenteÉl y yo estábamos en el asiento trasero, con Víctor entre medias denosotros.-¿De dónde ha salido eso? "" Pone distancia entre nosotros y la hora de lasbrujas ". Eddie repente pareció avergonzado.- "Y siempre he querido quedarme allí. Quiero decir, si vas a venir a LasVegas, ¿por qué no quedarse en una pirámide?"-"No se puede culpar a esa lógica," dijo Lissa.-"El Luxor¨- le dije al conductor.Viajamos en silencio - a excepción de Víctor - mirando con temor a loslugares de interés. Incluso de día, las calles de Las Vegas estabanatestadas de gente. Jóvenes glamurosos caminaban con parejas mayoresvenidas de Sudamérica. Los hoteles y casinos por donde pasábamos eranenormes, llamativo y atractivo. Y cuando llegamos a la Luxor. . . yup.
    • 113 Fue exactamente igual como Eddie había dicho. Un hotel con forma depirámide. Me quedé mirando cuando bajamos del coche, tratando de nodejar caer mi mandíbula como turista que era. Le pagué al conductor ynos dirigimos al interior.No sabía durante cuánto tiempo nos íbamos a quedar, perodefinitivamente necesitaba una habitación para nuestra base deoperaciones. Entramos al hotel, era como estar de nuevo en uno de esosclubs nocturnos de San Petersburgo y Novosibirsk. Las luces intermitentesy el olor del humo eran abrumadores. Y el ruido. Ruido, ruido, ruido. Lasmáquinas de juego sonaban y sonaban, las fichas caían, la gente gritaba,consternada con deleite, habían repiqueteos en voz baja que llenaban lahabitación como abejas zumbando. Hice una mueca. Los estímulos rallaron en mis sentidos. Pasamos por el borde del casinopara llegar a la recepción, donde el empleado ni parpadeo cuando vio atres adolescentes y un anciano pedir una habitación para los tres juntos.Nuestra habitación era de tamaño medio, con dos camas dobles, y tuvimossuerte ya que teníamos unas vistas impresionantes. Lissa estaba en laventana, fascinada por los lugares de interés por las personas y los cochesque estaban en la zona. Pero salté directamente al negocio.-"Está bien, llámalo," le dije a Víctor.Se había instalado en una de las camas, con las manos cruzadas yexpresión serena, como si en verdad estuviera de vacaciones. A pesar desu sonrisa de suficiencia, podía ver la fatiga dibujada en su rostro. Inclusocon su sustento de sangre, el viaje fue largo y agotador, los efectos de suenfermedad fueron volviendo lentamente, naturalmente, a hacer estragosen su fuerza física. Víctor se acerco de inmediato al teléfono del hotel, peronegué con la cabeza.- "Liss, permítele utilizar tu teléfono móvil. Quiero tener registrado estenúmero‖Ella le pasó el teléfono con cuidado, como si fuera a contaminarla. Él lotomó y me dirigió una mirada casi angelical-.-"¿No puedo tener algo de privacidad? Ha pasado mucho tiempo desde queRobert y yo hablamos"- "No", le dije. La dureza de mi voz me sorprendió incluso a mí, Lissa nofue la única que sufrió la conexión del espíritu. Víctor se encogió dehombros y comenzó a marcar.
    • 114 Nos había dicho en uno de los vuelos que había memorizado el número deRobert, tuve que confiar en que estaba llamándolo a él. Esperábamos queRobert no hubiera cambiado de número. Por supuesto, incluso si Víctor nohabía visto a su hermano en años, Víctor había sido encarcelado un cortotiempo y probablemente había mantenido conversaciones con Robeantemano.La tensión llenó la habitación mientras esperábamos que el teléfonosonara. Un momento después, escuché una voz a través del altavoz delteléfono – aunque No podía distinguir exactamente las palabras.- "Robert", dijo Víctor agradablemente-, soy Víctor. "Este recibió una respuesta frenética. Sólo pude escuchar la mitad de laconversación, pero fue intrigante. Primero Victor tuvo que estar un ratopara convencer a Robert de que ya estaba fuera de la cárcel. Al parecer,Robert no estaba tan alejado de la sociedad Moroi para estar fuera delcontacto de las noticias actuales de la sociedad. Víctor le dijo que revelaríalos detalles más tarde, luego le comento que tenía que venir a conocernoscosa que le llevo mucho tiempo. Tenía la sensación de que Robert vivía enel miedo de la paranoia, me recordó a la Sra. Karp cuando había estado enlas etapas avanzadas de la locura del espíritu. Lissa se quedó fija mirandopor la ventada durante toda la llamada, pero sus sentimientos se reflejaronen mí: miedo a lo que algún día podría deparar su destino. O el mío, si erasacados los efectos espíritu. La imagen del signo Tarasov aparecióbrevemente en su mente:ADVERTENCIA – ZONA DE PRISIONERO (psiquiátrica).Víctor voz era sorprendentemente halagadora mientras hablaba con suhermano, aunque suave. Me acordé de los viejos tiempos, antes de quehubiera sabido acerca de los planes dementes de Víctor de la dominaciónMoroi. Entonces, él nos había tratado con amabilidad, había sidoprácticamente un miembro de la familia de Lissa. Me pregunté si en algúnmomento habría sido sincero o si todo había sido una actuación. Porúltimo, después de casi veinte minutos, Víctor convenció a Robert paraque viniera a vernos. Las palabras inteligibles en el otro extremo delteléfono estaban llenas de ansiedad, y en este momento, me sentíconvencida de que realmente Víctor estaba hablando con su hermano locoy no uno de sus cómplices. Víctor estableció una reunión, una cena enuno de los restaurantes del hotel y por fin colgó.-"¿una cena?" -Le pregunté cuando Víctor cerró el teléfono. "¿No estápreocupado por estar fuera esta noche?"
    • 115-¿No estarás preocupada por estar fuera de noche? Es una cena temprana,-respondió Víctor. -Cuatro y media. Y el sol no caerá hasta casi las ocho.-¿Cuatro y media? - Le pregunté. -¡Dios mío. ¿Estamos tratando con lasmanías de la tercera edad?Pero se anoto un punto sobre el tiempo y el sol. Sin la seguridad de la luzde Alaska en verano casi sin pausa, yo estaba empezando a sentirmeahogada por la presión de la salida y los límites de la puesta del sol, apesar de que era verano aquí. Por desgracia, una cena temprana seguraaún significaba que teníamos que esperar horas. Víctor se recostó en lacama, con los brazos detrás de la cabeza. Creo que estaba intentandotener un aire despreocupado, pero mi suposición es que en realidad era elagotamiento de la planificación lo que le llevaba a buscar la comodidad dela cama.-¿Cuándo piensas probar suerte con las escaleras*?- Miró a Lissa. -Losusuarios de Espíritu son muy buenos jugadores de cartas. No tengo quedecirte lo bien que viene la lectura de mentes. -Ella no respondió.-Nadie se va de esta habitación-dije-. No me gustaba la idea de todosnosotros estando encerrados allí, pero no podía arriesgarme a un intentode fuga o a los Strigoi que acechan en los rincones oscuros del casino.Después de la ducha el tinte de pelo, Lissa acercó una silla a la ventana.Ella se negó a estar más cerca de Víctor. Me senté con las piernascruzadas sobre la cama segunda, donde había mucho espacio para que sesentara Eddie también, pero se mantuvo en posición vertical contra unapared, en la postura perfecta de tutor, mientras observaba a Víctor. No mecabía duda Eddie podría mantener esa posición durante horas, no importalo incómodo que fuera. Habíamos estado todos capacitados para soportarlas más duras condiciones. Hizo un buen trabajo mirando al frente, perode vez en cuando, me gustaría atraparlo estudiando a Víctor concuriosidad. Eddie había estado conmigo en este acto de traición, pero aúnno sabía por qué lo había hecho. Habíamos estado allí unas cuantas horascuando alguien llamó a la puerta. Me levante de un salto.Eddie y yo nos copiamos el gesto mutuamente, ambos enderezados con laatención rígida, las manos sobre nuestras armas. Habíamos ordenó elalmuerzo hacía una hora, pero el servicio de habitaciones hacía tiempoque había ido y venido. Era demasiado temprano para Roberto, y además,él no sabía el nombre bajo el cual estaba registrada nuestra habitación .Sin embargo, no hubo náuseas. No había Strigoi llamando a nuestrapuerta.
    • 116Me encontré con la mirada de Eddie, un mensajes silenciosos pasó entrenosotros sobre qué hacer. Pero fue Lissa quien actuó en primer lugar,levantándose de la silla y dando unos pasos por la habitación.-Es Adrian.-¿Qué? -Exclamé. -¿Estás segura?Ella asintió con la cabeza. Los usuarios del Espíritu por lo general sóloveían auras, pero podían sentirse unos a otros si estaban losuficientemente cerca, tal como lo había sido en la prisión. Sin embargo,ninguno de nosotros se movió. Ella me dirigió una mirada seca.-Sabe que estoy aquí, señaló. -Puede sentirme con demasiada claridad.Suspiré, manteniendo la mano en el arma, y me dirigí hacia la puerta.Mire por la mirilla. De pie, con una expresión divertida e inquieta, estabaAdrián. No pude ver a nadie más, y sin indicaciones de Strigois cerca, porfin abrí la puerta. Su rostro se iluminó de alegría al verme. Apoyado en el,me dio un rápido beso en la mejilla antes de entrar en la habitación.-Realmente no pensabas que podrías salir por un fin de semana fiesta sinmí, ¿verdad? Especialmente aquí entre todos los lugares - Se quedóparalizado, y fue uno de esos raros momentos en que los que AdriánIvashkov era total y completamente pillado con la guardia baja- ¿Sabíasque, -dijo lentamente, -que Víctor Dashkov está sentado en tu cama?-Sí-le dije. -Fue una especie de shock para nosotros.Adrian arrastró la mirada de Víctor y miró a su alrededor, dándose cuentade la presencia de Eddie por primera vez. Eddie había estado tan tranquiloque casi parecía parte del mobiliario. Adrian se volvió hacia mí.-¿Qué diablos está pasando? Todo el mundo le está buscando.Las palabras de Lissa me llegaron a través de nuestro vínculo. Ytextualmente me dijo, algo que yo ya sabía. ―Tu sabes que él no se iráahora.‖ Ella tenía razón. Yo no sabía cómo Adrian nos había encontrado,pero ahora que lo había hecho, no había manera de que él se fuera. Mirevacilante a Eddie, quien adivinó mis pensamientos.-Vamos a estar bien, -dijo. -Ve a hablar. Yo no permitiría que algosucediera.
    • 117- Y yo soy lo suficientemente fuerte otra vez que podría doblegarle siintenta algo, -agregó Lissa. Suspiré.-Muy bien. Estaremos de vuelta. -Tomé el brazo de Adrián y lo lleve afuera.Tan pronto como nos encontrábamos en el pasillo, empezó de nuevo.-Rose, ¿qué narices...?Negué con la cabeza. En nuestro tiempo allí, había oído el ruido losuficiente de otros huéspedes en el salón para saber que mis amigospodían oír nuestra conversación, si hablamos allí. En su lugar, Adrian y yopasamos de largo el ascensor y nos metimos bajó las escaleras, donde elruido del casino enmascararía nuestras palabras. Encontramos un rincón,y Adrián prácticamente me empujó contra la pared, con oscura expresión.Su actitud me molestaba a veces, pero yo lo prefería cuando estabamolesto, en gran parte porque temía que el espíritu le volviera inestable.-¿Me dejaste una nota diciendo que te marchabas ilegalmente a la últimafiesta de fin de semana, y en su lugar te encuentro escondida con uno delos más notorios criminales de todos los tiempos? Cuando me fui de laCorte, eso es lo único que todo el mundo estaba hablando! ¿Que chico nointenta matarte? -le respondí a su pregunta con otra pregunta.-¿Cómo, nos has encontrar?-La tarjeta de crédito, dijo. -Yo estaba esperando a que la utilizaras.- Misojos se abrieron.-¡Tú me prometiste que cuando llegara el momento no me espiarías!Desde mis cuentas y tarjetas había venido con su ayuda, yo sabía quetenía acceso a los registros, pero le creí cuando él me dijo que respetaríami privacidad.-Cuando estabas en Rusia, respete esa promesa. Esto es diferente.Mantuve el control y la comprobación con la empresa, y tan pronto comola actividad con el vuelo chárter se presentó, me llamó y me entere dedónde ibas.La llegada de Adrian aquí tan pronto después de la nuestra no era tanincreíble después de saber que lo hizo por el control de la tarjeta. Una vezque había tenido la información que necesitaba, podía fácilmente haberreservado un vuelo.
    • 118Con un avión comercial sin escalas se había recorrido en un momento lomismo que nosotros en nuestro lento, viaje multiparada.-No había manera de que me pudiera resistir a las Vegas, continuó. -Asíque pensé que te sorprenda y no te molesta si me unía a la diversión.Yo había usado mi tarjeta para pagar la habitación, me di cuenta, que denuevo había delatado nuestra ubicación. No había nadie más ligado a mi oa las tarjetas de Lissa, pero la facilidad con la que había seguido dar connosotros me puso nerviosa.-No deberías haber hecho eso, -gruñí.- Podemos estar juntos, pero haylímites que tienes que respetar. Esto no es asunto tuyo.- ¡No es que yo estuviera leyendo tu diario! Yo sólo quería encontrar a minovia y - hubo una señal de malestar en Adrian, su mente estaba ahoraempezando a retroceder y a poner las piezas juntas.- ¡Oh Dios. Rose, porfavor dime, ¿Qué vosotros no sois los que le secuestraron? Todos estánbuscando a dos chicas humanas y un chico dhampir. Las descripciones nocoinciden en absoluto. . .-Gimió-.-Pero fuiste tú, ¿no? De alguna manera,irrumpieron en una prisión de máxima seguridad. Con Eddie.-No debe ser tan segura, -comenté a la ligera.-¿Rose? Este tipo tiene revolvió la vida de ambas. ¿Por qué ponerlo enlibertad?- Porque. . . -Vacilé. ¿Cómo explicarle esto a Adrian? ¿Cómo podríaexplicar lo que, por todas las pruebas en nuestro mundo, era imposible?¿Y cómo podría yo explicar lo objetivo, en particular, estaba manejandoesto?- Víctor tiene información que necesitamos. O, bueno, él tiene accesoa alguien que necesitamos. Esta era la única forma de poder conseguirlo.-¿Qué diablos puede saber para que se haga todo esto?Tragué saliva. Entré en las cárceles y los nidos de Strigoi, pero decir leporque lo a Adrian me llenó de temor.-Porque podría haber una manera de regresar a un Strigoi. Para que ellosvuelvan a ser lo que eran. Y Víctor... Víctor conoce a alguien que podríahaber hecho esto. -Adrián me miró durante varios segundos, e incluso enmedio del casino del movimiento y el ruido, era como si el mundo sequedara quieto y en silencio.
    • 119-Rose, eso es imposible.-No puede serlo.-Si hubiera una manera de hacer eso, lo sabríamos.-Se trata de usuarios de espíritu. Y apenas se sabe de ellos.- Eso no significa que Es. ¡Oh. Que veo. - Sus profundos ojos verdesbrillaban, y esta vez, está enojado. -Es él, ¿no? Este es tu último intentoloco para llegar a él. Para Dimitri.-No sólo por él,-dije vagamente. -Podría salvar a todos los Strigoi.-Pensé que esto había terminado!- Adrian exclamó. Su voz era losuficientemente fuerte para que algunas personas cercanas a lasmáquinas tragaperras miraran por encima. - Tú me dijiste que todo habíaterminado. Tú me dijiste que podías seguir adelante y estar conmigo.-Lo dije en serio, -le dije, sorprendida por la nota desesperada de mi voz. -Es algo de lo que apenas me acabo de enterar. Teníamos que intentarlo.-¿Y luego qué? ¿Qué pasa si esta estúpida fantasía funciona? Si tu liberasa Dimitri en algún acto milagroso, ¿Dónde me deja a mí eso -Chasqueó losdedos.-No sé-dije con cansancio. -Tú y yo estamos descubriendo esto a la vez. Meencanta estar contigo. En serio. Pero no puedo ignorar esto.-Por supuesto que no.- Volvió los ojos hacia el cielo. -Los sueños, sonsueños. No son reales, y yo estaba viendo uno. Me engañe con esto. Es unmilagro que haya podido descubrir la realidad, nada más.El extraño sonido de su voz me ponía nerviosa. Pude reconocer uno de suslapsos un poco locos, inducido por el espíritu. Luego, se volvió a mí con unsuspiro.-Necesito un trago.- Cualquiera que fuera la pena que había sentido por élse volvió ira.-Oh, bueno. Eso lo arreglara todo. Me alegro de que en un mundoenloquecido, todavía tengas tus viejos recursos.- Me dio una miradaasesina. Él no lo hacía muy a menudo, y cuando lo hacía, era una cosa degran alcance.
    • 120-¿Qué esperas que haga? , me preguntó.-Puedes... puedes…- Oh Dios. -Bueno, ahora que estás aquí, nos podríaayudar. Además, este plan está funcionando. Eres otro usuario de espíritu.Adrian no traicionó a sus pensamientos, pero tenía una sensación de quehabía despertado su interés.-Sí, eso es exactamente lo que quiero. Para ayudar a mi novia a recibir asu antiguo novio de vuelta. - Se volvió de nuevo, y le oí murmurar: -Necesito dos tragos.-Cuatro y media, le grite -Estaremos reunidos a las cuatro y media.- Nohubo respuesta, y Adrián se fundió en la multitud.Volví a la sala en una nube oscura que tenía que ser obvio para todos.Lissa y Eddie fueron lo suficientemente inteligentes como para no hacerpreguntas, pero Víctor, por supuesto, no tenía tales reservas.-¿Qué? ¿El Sr. Ivashkov no está con nosotros? Había estado tan ansiosoacerca de su participación.-Cállate, -le dije, cruzando los brazos y apoyadote en la pared cerca deEddie. -No hables a menos que te dirijan la palabra.Las horas próximas pasaron lentas. Estaba convencida de que encualquier momento, Adrián volvería y de mala gana estaría de acuerdo enayudarnos. Podríamos utilizar su compulsión si las cosas salían mal, apesar de que no podía competir con Lissa. Sin duda. . . seguro que me amólo suficiente como para venir en mi ayuda. Él no me abandonaría. Eresuna idiota, Rose. Era mi propia voz la que me reprendió en mi cabeza, nola de Lissa. Le había dado ninguna razón para ayudar. Acaba de hacerledaño una y otra vez. Al igual que lo hice con Masón. Cuando las cuatroquince llegaron, Eddie me miró.-¿Si vamos a nuestra mesa?-Sí. -Estaba inquieta y molesta.Yo no quería quedarme en esa sala por más tiempo, atrapada con lossentimientos oscuros que no se iban. Víctor se levantó de la cama, y seestiro como si se levantara de una siesta. Sin embargo, yo habría juradoque había un brillo ansioso oculto en las profundidades de sus ojos.
    • 121En todos los sentidos, él y su medio hermano estaban cerca, aunque yohabía visto ningún indicio de que Víctor muestra el amor o la lealtad anadie. ¿Quién sabía? Tal vez en alguna parte había verdadero afecto porRobert.Formamos una especie de formación de protección conmigo en la partedelantera, Eddie en la espalda, y el Moroi entre nosotros dos. Abrí lapuerta de la habitación y me encontró cara a cara con Adrián. Su mano selevantó como si hubiera estado a punto de llamar. Él arqueó una ceja.-Oh, bueno,-dijo. Adrian tenía su habitual expresión relajada en el rostro,aunque su voz era un poco tensa.Yo sabía que él no estaba contento con nada de esto. Lo pude ver en lalínea estricta de la mandíbula y la agitación en sus ojos. No obstante,estaba poniendo buena cara a los demás, cosa que agradecí. Lo másimportante, que había vuelto. Eso era lo que importaba, y yo podía ignorarel olor de alcohol y humo que desprendía.-Así que... He oído que hay alguna fiesta. ¿Te importa si me uno avosotros.Le di una débil sonrisa, agradecida.-Vamos.- Nuestro grupo ahora con un total de cinco, nos dirigimos por elpasillo hacia el ascensor.-Yo estaba arrasando en el póker, tu sabes no, -añadió Adrián.-Eso está bien. Bueno, No sé si estará bien,- reflexione yo. Las puertas delascensor se abrieron. -Pero creo que va a ser memorable.-Entramos en elinterior, a ver a Robert Doru. Y lo que podría ser la única salvación deDimitri.----------------------------------------------* Escalera: jugada de poker, consistente en 5 cartas de númeroscorrelativos.
    • 122 Capítulo 9 Traducido por Anae Corregido por Mo0shaROBERT DORU FUE FÁCIL DE RECONOCER.No porque se pareciera a Víctor. Ni siquiera fue la cosa típica de losreencuentros dramáticos en los que corren al encuentro entre ellos. Por elcontrario, era la mente de Lissa la que me avisó. Vi a Robert a través desus ojos, el aura de oro de un usuario del espíritu iluminando el rincón delrestaurante como una estrella. Eso la tomó por sorpresa, y ella tropezóbrevemente.Los usuarios del Espíritu también eran demasiado raros de ver para queella por lo que se encontraba totalmente enajenada con él. El ver las aurasera algo que podía sintonizar dentro o fuera, y justo antes de "volver alfrente", note que a pesar de su brillantez, como el oro que había visto enAdrian, también había una sensación de inestabilidad en la misma. Laschispas de otros colores brillaban también allí, temblaban entre ellos yparpadeaban. Me pregunte si se trataba de una marca de la locura delespíritu que se posicionaba internamente.Sus ojos se iluminaron cuando Víctor se acercó a la mesa, pero ninguno delos dos se abrazo ni toco. Victor, simplemente se sentó al lado de suhermano. El resto nos quedamos de pie con torpeza por un momento. Todala situación era demasiado extraña. Pero era la razón por la que habíamosllegado, y después de varios segundos más, mis amigos y yo nos unimos alos hermanos en la mesa.-Víctor...-balbuceaba Robert, con los ojos muy abiertos. Robert podríahaber tenido algunos de los rasgos faciales de los Dashkov, pero sus ojoseran de color marrón, no verde. Sus manos jugaban con una servilleta. -Nolo puedo creer.... He querido verte por tanto tiempo....Víctor era amable con su voz, como lo había sido en el teléfono, como siestuviera hablando con un niño. -Lo sé, Robert. Yo también te he echadode menos.-¿Te quedas? Puedes volver a vivir conmigo?- Una parte de mí queríacontemplar que se trataba de una idea ridícula, pero la desesperación enla voz de Robert provocó un poco de compasión en mí.
    • 123Permanecí en silencio, simplemente mirando el drama que se desplegabaante mí. -Me encantaría quedarme. Sería genial. Solo nosotros dos.- Víctorvaciló. Él no era estúpido.A pesar de mis vagas afirmaciones en el avión, él sabía que lasprobabilidades de dejarlo ir consigo no existían. -No, lo sé-, dijo en vozbaja. -No, lo sé.La llegada del camarero nos sacó de nuestra nube, y todos ordenamosbebidas. Adrian ordenó un gin-tonic y fue incluso sin identificación. Noestaba seguro si era porque se veía de veintiuno o fue lo suficientementeconvincente utilizando el espíritu. De todos modos, yo no estaba muycontenta con él. El alcohol apagaba al espíritu. Estábamos en unasituación precaria, y me habría gustado que él estuviera en plenorendimiento. Por supuesto, teniendo en cuenta que había estado bebiendoantes, probablemente no importaba ahora. Después de que el camarero sefue, Robert pareció darse cuenta del resto de nosotros. Sus ojos pasaronde Eddie rápidamente en punta, por Lissa y Adrián, y se quedó en mí pormucho tiempo. Me puse rígida, no me gustaba su escrutinio. Por último,se volvió hacia su hermano.-¿A quién has traído, Víctor?- Robert todavía tenía ese aire absorto, ydispersoPero en el brillaba la sospecha. El miedo y la paranoia.-¿Quiénes son estos niños? Dos usuarios del espíritu y...- Su mirada seposó en mí otra vez. Estaba leyendo mi aura. -Y a una besada por lassombras?- Por un momento, yo estaba admirado el uso del término.Entonces me acordé de lo que Mark, el marido de Oksana, me había dicho.Robert había estado una vez unido a un dhampir - y el dhampir habíamuerto, y eso acelero drásticamente el deterioro de la mente de Robert.-Son amigos-, dijo Víctor sin problemas. -Amigos a quienes les gustaríahablar contigo y hacerte algunas preguntas.Robert frunció el ceño. -Estás mintiendo. Puedo decir que no te consideraun amigo. Están tensos. Mantienen su distancia hacia ti.Víctor no negó la afirmación de amigos. -Sin embargo, necesitan tu ayuda,y se las prometí. Era el precio para mí, para que se me permitiera visitarte.-No deberías haber hecho promesas por mí.- la servilleta de Robert estabaen pedazos. Yo quería darle la mía.
    • 124-Pero ¿no quieres verme?- preguntó Víctor victorioso. Su tono era cálido,su sonrisa casi real. Robert parecía preocupado. Confundido. Me acordé denuevo de un niño y fue a partir de ahí que tuve mis dudas de que esteindividuo se hubiera transformado alguna vez a un Strigoi.Él se salvó de una respuesta una vez más, cuando llegaron nuestrasbebidas. Ninguno de nosotros la había tomado, incluso hasta nuestrosmenús, para gran disgusto evidente del camarero. Se fue, y yo abrí el míosin verlo realmente.Víctor después nos presento a Robert, formalmente como en cualquierfunción diplomática. La cárcel no le había quitado su sentido de la etiquetareal. Víctor dio nombres solamente. Robert se volvió hacia mí, todavía conel ceño fruncido en su rostro, y miró entre Lissa y yo. Adrian había dichoque siempre que estábamos juntas, nuestras auras demostraban queestábamos ligadas.-Un lazo... ya casi había olvidado lo que era... Pero Alden. Nunca heolvidado a Alden...- Sus ojos grises soñadores y casi vacíos. Estabareviviendo un recuerdo.-Lo siento- dije, el se sorprendió al oír la simpatía de mis palabras. Este noera el interrogatorio agresivo que había imaginado. "Sólo puedo imaginar loque debió haber sido... Perderlo....Sus ojos de ensueño crecieron fuertes y duros. -No. No puedes. No es comonada que tú puedas imaginar. Nada. Ahora... Ahora... Usted tiene elmundo. Un universo de los sentidos más allá del de los demás, lacomprensión de otra persona que nadie puede tener. Para bajar de eso...para arrancarlo... le hará desear la muerte.Wow. Robert había sido bastante bueno para matar la conversación, ytodos sentados esperábamos a que el camarero volviera en este momento.Cuando lo hizo, todos realizamos a medias, el pedido de nuestrosalimentos - a excepción de Robert - la mayoría de nosotros decidimos almomento. El restaurante servía comida asiática, yo ordene lo primero quevi en el menú: un simple rollo de huevo.Con los alimentos ya pedidos, Víctor continuó tomando la manofirmemente de Robert que yo parecía incapaz de registrar.
    • 125-¿Vas a ayudarlos? ¿Vas a responder a sus preguntas?- Tenía la sensaciónde que Víctor estaba empujando a Robert para que este no se negara, nocomo una forma de devolver lo de su rescate, sino más bien porque lanaturaleza intrigante de Víctor se moría por conocer los secretos de todassus motivaciones.Robert lanzó un suspiro. Cuando miró a Víctor, no era tan fuerte suexpresión de devoción e incluso idolatría. Robert probablemente no podíarechazar nada que pidiera su hermano.Él era el tipo perfecto para jugar en los planes de Víctor, y me di cuenta deque posiblemente debería estar agradecido de que Robert había crecidoinestable. Si hubiera estado en pleno control de sus poderes, Víctor nuncahabría molestado a Lissa la última vez. Él ya tenía a su propio portador delespíritu privado, sin embargo él lo quería."¿Qué quieres saber?" preguntó Robert cansado. Él se dirigió a mí, alparecer, reconocía mi liderazgo.Miré a mis amigos por apoyo moral y no recibí respuesta alguna. Ni Lissani Adrian aprobaban esta misión, en primer lugar, y Eddie seguía sinsaber su propósito. Tragué saliva, y dirigí mi atención a Robert.-Escuchamos que liberó a un Strigoi una vez. Y que ha podido convertirle -o convertirla - de nuevo a su estado original.Sorpresa brilló en el rostro por lo general imperturbable de Víctor. Desdeluego, no esperaba eso.-¿Dónde has oído eso?- exigió Robert.-De una pareja que conocí en Rusia. Sus nombres son Mark y Oksana.-Mark y Oksana...- De nuevo, la mirada de Robert se perdió por unmomento. Y Tuve la sensación de que paso mucho tiempo, pero enrealidad no fue así. -Yo no sabía que todavía estaban juntos.-Ellos lo están. Y lo están haciendo realmente bien.- Necesitaba queregresara al presente. -¿Es cierto? ¿Hizo lo que dijeron ? ¿Es posible?- Lasrespuestas de Robert eran siempre precedidas por una pausa. -Ella.-¿Eh?-Era una mujer. Yo la libere.
    • 126Yo jadeaba, tratando, de procesar sus palabras, a pesar de mí misma.-Estás mintiendo.- Fue Adrián quien habló, su tono era áspero.Robert le miró con expresión divertida y burlona. -¿Y quién eres tú paradecir eso? ¿Cómo puedes tu saberlo? Has golpeado y abusado tanto de tuspoderes, que es un milagro que no puedes afectar más la magia. Y todasestas cosas que te haces a ti mismo... y que no te ayudan realmente,¿verdad? Es un castigo, el Espíritu todavía te afecta... pronto no seráscapaz de distinguir la realidad de los sueños....Las palabras sorprendieron a Adrian por un momento, pero él siguió suargumento. -Yo no necesito ningún signo físico para ver que usted estámintiendo. Sé que lo eres, porque lo que estás describiendo es imposible.No hay manera de salvar a un Strigoi. Cuando se van, se van. Se estámuerto. Muerto. Por siempre.-Los que están muertos no siempre se quedan muertos....- Dijo Robert ylas palabras no estaban dirigidas a Adrian. Me hablaba a mí. Meestremecí.-¿Cómo? ¿Cómo lo hiciste?-Con una estaca. Ella fue asesinada con una estaca, y al hacerlo, fuetraída de vuelta a la vida.-De acuerdo- dije -Eso es mentira. He matado a un montón de Strigoi conestacas, y créame, se quedan muertos.-No cualquier estaca-. Los dedos de Robert bailaron a lo largo del borde dela copa. -Una estaca especial."Una estaca encantada con el espíritu", dijo Lissa de repente.Alzó los ojos hacia ella y sonrió. Era una sonrisa escalofriante. -Sí. Eresuna chica inteligente e ingeniosa. Una chica inteligente. Tierna y amable.Puedo verlo en tu aura.Mire fijamente a la mesa, con un plan en marcha. Una estaca encantadacon el espíritu. Las estacas de plata estaban encantadas con los cuatroelementos principales Moroi: tierra, aire, agua y fuego. La infusión de lavida, que destruyó la fuerza de los no-muertos Strigoi.
    • 127Con nuestro reciente descubrimiento de cómo los objetos encantados conel espíritu, infundidos en una estaca, nunca se nos habían ocurrido anosotros. El Espíritu sana.El Espíritu podría haber traído a los muertos. Al unirse con los otroselementos dentro de un estaca, era realmente posible que la oscuridadretorcida que se apoderó de los Strigoi pudiera ser borrada, por lo tanto elrestablecimiento de esa persona a su estado correspondienteYo estaba agradecida por la llegada de los alimentos, debido a que micerebro todavía se movía lentamente. El rollo de huevo me proporcionaríauna buena oportunidad para pensar.-¿Es realmente tan fácil?- Le pregunté por fin. Robert se burló. -No esnada fácil.-Pero usted acaba de decir... acabas de decir que necesitamos laparticipación del espíritu encantado.Y entonces matar a un Strigoi con ella. -O bien, no matar. Los aspectostécnicos no eran pertinentes.Su sonrisa volvió. -No para usted. Usted no puede hacerlo.-Entonces, ¿quién...- Me detuve, con el resto de mis últimas palabras enmis labios.-No. No.-Un besado por la sombra no tiene el don de la vida. Lo tiene El espíritubendecido- explicó. -La pregunta es: ¿Quién es capaz de hacerlo? La chicatierna o la bestia borracha?- Sus ojos se fijaron entre Lissa y Adrian. -Miapuesta sería por la chica tierna.Esas palabras fueron lo que me sacó de mi estado aturdido. De hecho, sedestrozó todo esto, este inverosímil sueño de salvar a Dimitri.-No- repetí. -Incluso si es posible, y no estoy segura si creerle a usted, nopuedo hacerlo. Yo no sé los permitiré.Y en un giro de los acontecimientos casi tan asombrosa como la revelaciónde Robert, Lissa giró hacia mí, y sentí la ira inundando nuestro vínculo. -¿Y desde cuándo puedes tu decirme lo que puedo o no puedo hacer?
    • 128-Ya no te acuerdas como tomaste la formación de tutores y aprendizaje deljuego con un Strigoi,- respondí de manera uniforme, tratando de mantenerla voz calmada. -Sólo le diste un puñetazo a Reed, y te fue bastante difícil.-Cuando Avery Lazar había tratado de apoderarse de la mente de Lissa, yhabía enviado a su hermano el besado por la sombra a hacer el trabajosucio. Con mi ayuda, Lissa le había golpeado y le mantuvo alejado. Habíasido bellamente ejecutado, pero ella lo había odiado.-Lo hice, ¿no? -exclamó ella.-Liss, lanzar un puñetazo no es nada comparado a estacar a un Strigoi. Yeso no es todo, contando con el hecho de que tienes que acercarte a unoen primer lugar. ¿Crees que podrías conseguir llegar a uno antes de que terompa el cuello? No.-Voy a aprender.- La determinación en su voz y su mente era admirable,pero le tomaría décadas con tutores aprender lo que habíamos hecho - y lacantidad suficiente que yo aun no sé.Adrian y Eddie parecían incómodos en medio de este debate, pero Víctor yRobert estaban intrigados y divertidos. No me gustó eso. No estábamosaquí para su entretenimiento. Traté de desviar el tema peligroso, y darvuelta atrás a Robert. -Si un usuario del espíritu trae un Strigoi, entoncesesa persona se convertiría en un besado por la sombras?No señale la conclusión obvia a Lissa. Parte de lo que había conducido aAvery la loca (aparte de su estado de ánimo anormal) es que se habíaligado con más de una persona. Si lo hace, crea una situación muyinestable que rápidamente se llevó a todas las personas involucradas a laoscuridad y locura.Los ojos de Robert crecieron de ensueño mientras miraba más allá de mí. -Los lazos se forman cuando alguien muere, cuando el alma ha salido, y setraslada hacia el mundo de los muertos. Traer de vuelta es lo que los hacebesados por la sombra. La marca de la muerte está sobre ellos.- Su miradase rompió de repente sobre mí. -Así como tú.Me negué a evitar sus ojos, a pesar de la frialdad, que sus palabrasenviaban través de mí. –Los Strigoi están muertos. Guardar significaríaque su alma fue traída desde el mundo de los muertos también.-No,- argumentó. -Sus almas no siguen adelante. Sus almas permanecen...Ni en este mundo, ni en el otro.
    • 129Es incorrecto y antinatural. Es lo que los convierte en lo que son. Matar osalvar a un Strigoi envía el alma a un estado normal. No hay lazo.-Entonces no hay peligro-, me dijo Lissa.-Aparte de que un Strigoi te este matando,- señale.-Rose…-Vamos a terminar esta conversación más tarde.- Le di una mirada dura.Continuamos la mirada un momento más y luego se volvió hacia Robert.Todavía había obstinación por parte de ella en el vínculo, no me gustó."¿Cómo se encanta la estaca?- le preguntó. -Todavía estoy aprendiendo.Una vez más comenzó a preguntar ella y luego se lo pensó mejor.Tal vez Robert se equivocó. Tal vez todo lo que realmente lo llevó aconvertir a un Strigoi era un juego del espíritu infundido. Sólo pensó queun usuario del espíritu tenía que hacerlo porque él lo había hecho. Segúndice. Además, yo preferiría que Lissa se preocupara por encantar que conluchar. Si la parte del encanto sonaba demasiado duro, ella podría quererrenunciar a todo.Robert me miro y luego a Eddie. -Uno de ustedes debe tener un interés enti. Yo te mostraré.-No se puede hacer una participación en público,- exclamó Adrián, en loque fue una observación muy sabia. -Puede ser que sea extraño para losseres humanos, pero sigue siendo evidente que se trata de un arma.-Tiene razón,- dijo Eddie.-Podríamos volver a la sala después de la cena,- dijo Víctor.Hacía parecer perfectamente agradable y suave su rostro. Le estudié con laesperanza de que mi expresión mostrara desconfianza. A pesar de su celo,yo podía sentir la vacilación de Lissa también. Ella no tenía interés enseguir cualquier sugerencia de Víctor. Habíamos visto en el pasado ahoracuán desesperadamente Víctor iría a tratar de cumplir sus planes. Habíaconvencido a su propia hija que a su vez era Strigoi de ayudarle a escaparde la cárcel. Por todo lo que sabía, él mismo era la planificación --Eso es- murmure, sintiendo como mis ojos lo miraban fijamente.
    • 130-Eso es qué?- preguntó Víctor.-Por eso es que has convertido a Natalie. Pensaste... Usted sabía sobreesto. Lo que Robert había hecho. Usted iba a utilizar su fuerza de Strigoi yluego la iba a regresar.La cara pálida de Víctor se torno aun más y parecía de mayor edad antenuestros ojos. Su mirada con aire satisfecha desapareció, y él miró haciaotro lado. -Natalie ha muerto hace mucho tiempo- dijo con frialdad. -Nohay sentido discutir sobre ella.Algunos de nosotros hicimos el intento de comer después de eso, pero mirollo de huevo parecía de mal gusto ahora. Lissa y yo estábamos pensandolo mismo. Entre todos los pecados de Víctor, yo había considerado siempreque convencer a su propia hija de ser Strigoi era el más terrible. Era lo quehabía sellado el acuerdo realmente para mí, que él era un monstruo.De repente, me vi obligada a reevaluar las cosas. Si hubiera sabido quepodía regresarla de Nuevo, que hizo lo que lo había hecho terrible - pero notan terrible. Todavía estaba mal en mi mente, no hay duda. Pero si élhabía creído que podía traer de vuelta Natalie, entonces eso significabaque él creía en el poder de Robert. Todavía no había manera en que yodejara a Lissa, cerca de un Strigoi, pero esta increíble historia se habíaconvertido en algo más real. No podía dejarla ir sin más investigación.-Podemos ir a la sala después de esto,- dije por fin. -Pero no por muchotiempo.Mis palabras fueron para Víctor y Robert. Robert parecía habersedesvanecido en su propio mundo de nuevo, pero asintió con la cabeza aVíctor.Eddie me dio un vistazo rápido y una inclinación de cabeza cortante de untipo diferente a la suya. Comprendía el riesgo de ir con los hermanos a unlugar privado. Eddie me indicaba que sería extra vigilante - no es que él nolo estuviera ya. En el momento en que terminamos la cena, Eddie y yoestábamos rígidos y tensos. El caminó cerca de Robert, y yo me quedé conVictor. Seguimos a Lissa y Adrian entre los hermanos. Sin embargo, aunmanteniéndonos cerca, era difícil a medida que atravesábamos el casinolleno de gente. La gente no dejaba el camino libre , se acercaba a nuestroalrededor, a través de nosotros. . . era un caos. Dos veces, nuestro grupose dividió por los turistas inconscientes. No estábamos muy lejos de losascensores, pero yo estaba inquieta por la posibilidad de que Víctor oRobert corrieran entre la multitud de personas.
    • 131-Tenemos que salir de entre esta gente,- me gritó Eddie.Me dio otro de sus rápidos movimientos de cabeza y dio un giro brusco a laizquierda que me pilló por sorpresa. Dirigí a Víctor en esa misma dirección,y Lissa y Adrian eludieron el mantenerse con nosotros. Yo estaba perpleja,hasta que vi que nos acercábamos a una sala con un signo de Salidas deEmergencia en ella. Lejos del bullicio del casino, el nivel de ruidodisminuía.-Figuraba que probablemente hubiera escaleras aquí,- explicó Eddie.-Que guardia tan astuto.- Le dedique una sonrisa.Otra vez, nos mostró un armario de limpieza a nuestra derecha y pordelante de nosotros: una puerta con un símbolo de la escalera. La puertaparecía conducir tanto fuera como a los pisos superiores.-Brillante-, le dije.-Tú también lo eres, al décimo piso,- señaló Adrián. Era la primera vez quehabía hablado en un rato.-No hay nada como un poco de ejercicio – maldita sea-. Lleguéabruptamente delante de la puerta. Tenía una pequeña señal deadvertencia diciendo que la alarma se apagaría si la puerta se abría. -Figuras.-Lo siento- dijo Eddie, como si fuera personalmente responsable.No es culpa tuya- le dije, dando vuelta. -De regreso, nos vamos.-Tendríamos que aprovechar nuestras oportunidades entre la multitud. Talvez el desvío había cansado a Víctor y Robert lo suficiente para hacer pocoatractivo el escapar. Ninguno de ellos dos era joven y Víctor todavía estabaen mal estado.Lissa estaba demasiado tensa para pensar mucho acerca de ser conducidapor ahí, pero Adrián me dio una mirada que claramente dijo que pensabaque esta caminata era una pérdida de tiempo. Por supuesto, élconsideraba que todo lo de Robert era una pérdida de tiempo. Mesorprendió sinceramente que fuera a venir con nosotros de nuevo a lahabitación. Yo habría esperado que se quedase en el casino con suscigarrillos y otra bebida.Eddie, que llevaba a nuestro grupo, dio unos pasos hacia el casino por elpasillo. Y entonces me di cuenta.
    • 132"¡Alto!" Grité.Respondió al instante, se detuvo en el estrecho espacio. Con un poco deconfusión seguida. Victor tropezó con Eddie en sorpresa, y luego tropezócon Lissa. El instinto hizo llegar a Eddie a su juego, pero el mío ya estabafuera. Me agarró tan pronto como la náusea me había barrido. Había unStrigoi entre nosotros, en el casino.
    • 133 Capítulo 10 Traducido por Amanda Corregido por EeMariaUNO DE ELLOS… UNO DE ELLOS…-―No‖ grite mientras saltaba hacia el que estaba más cerca de mi--- unamujer. Parecía que había tres Strigoi alrededor de nosotros.Eddie se movía también, entre los dos estábamos tratando de poner al losMoroi detrás de nosotros. Ellos no necesitaban que los afanáramos. Alprimer signo de un Strigoi, ellos ya estaban retrocediendo-- creando unaespecie de embotellamiento. Entre los rápidos reflejos de Eddie y el miedode los Miroi, nadie había visto lo que yo había visto.Dimitri estaba en medio de ellos.No, no, no, me decía a mi misma esta vez. Él me había advertido. Una yotra vez el me había dicho en sus cartas, que tan pronto como estuvierafuera sin seguridad, el vendría por mí. Le había creído pero… verlo en larealidad era una cosa diferente. Habían pasado tres meses, pero en eseinstante, un millón de recuerdos pasaron por mi mente como cristalesafilados. Mi cautiverio con Dimitri. La manera en que su boca—tan, tancálida, a pesar de que su piel era tan fría—me había besado. El cómosentía sus colmillos en mi cuello y la dulce felicidad que seguía después…El lucia de la misma manera también, con esa blanquecina palidez, ojosbordeados con rojo que peleaban con la suavidad de su cabello castañosque le llegaba a la altura de la barbilla, además de las otras hermosaslíneas de su cara. Él tenía su guardapolvo de cuero puesto. Tenía que seruno nuevo, viendo como su anterior abrigo se había arruinado en nuestraúltima pelea en el puente. ¿Donde seguía el consiguiéndolos?-―Salgan‖ grite.Mis palabras eran para los Moroi, mientras que mi estaca estaba en elcorazón de la Strigoi mujer. La momentánea confusión con todos nosotrosen el pasillo la había distraído más a ella que a mí. Tuve una buena visiónde ella, fue totalmente claro que ella no esperaba que yo fuera tan rápida.Había matado a muchos Strigoi porque ellos me subestimaban.Eddie no tenía mi suerte, tropezó cuando Victor lo empujo para pasarlo,permitiendo a los otros Strigoi—un chico—en frente tirar a Eddie contra lapared.
    • 134 De cualquier manera esas eran el tipo de cosas a las que nosenfrentábamos todo el tiempo, y Eddie respondió maravillosamente. Elrecupero inmediatamente del golpe y con lo Moroi fuera del camino ahoraEddie era capaz de ir hacia el Strigoi y ocuparse de él.¿Y yo? Mi atención estaba en Dimitri.Pase por encima del Strigoi caído sin siquiera mirarla, Dimitri se habíaacercado por la espalda, enviando sus hombres al frente de la línea debatalla. Tal vez era porque conocía a Dimitri tan bien, pero sospechabaque él no se había sorprendido de que yo acabara con uno de ellos tanrápido y que Eddie estaba resistiendo con otro, No dudaba que a Dimitri leimportaba si vivían o morían, Ellos eran solo una distracción para poderllegar hasta mí.-―Te lo había dicho‖ dijo Dimitri, con los ojos divertidos y afilados. Élestaba mirando cada uno de mis movimientos, cada uno de nosotrossubconscientemente imitando al otro mientras esperábamos porque el otroatacara abiertamente.-―Te dije que te encontraría‖.-―Si‖ dije tratando de ignorar los gruñidos de Eddie y del otro Strigoi. Eddiepodía con él, yo lo sabía. ―recibí las notas‖Algo parecido a una sonrisa crispo los labios de Dimitri, exponiendo loscolmillos, eso de alguna manera me hizo sentir una mezcla de deseo y deaborrecimiento al mismo tempo. Instantáneamente aparte esospensamientos. Había dudado antes con Dimitri y casi había muerto poreso. Me rehusaba a dejar que eso pasara de nuevo, y la adrenalina quecorría por mi cuerpo me servía como un recordatorio de que esta era unasituación crítica.Él hizo el primer movimiento, pero yo lo esquivé- casi como si lo hubierasentido venir. Ese era nuestro problema, nos conocíamos tan bien—conocíamos lo movimientos del otro tan bien, claro que eso no quería decirque coincidiéramos. Inclusive en vida, el tenia mucha más experiencia queyo, y sus habilidades elevaron la escala.-―Y de todas maneras aquí estas‖ dijo él, todavía sonriendo -―Estúpidamente, caminando afuera cuando deberías haberte quedado enla seguridad de la corte. No podía creerlo cuando uno de mis espías me lodijo‖.No dije nada, en cambio estaba tratando de golpearlo con mi estaca, él lovio venir y salto hacia un lado. El que tuviera espías no me sorprendía—incluso de día.
    • 135 Él controlaba una red de Strigoi y humanos de la misma forma y sabíaque tenía ojos y oídos observando la corte. La pregunta era: Cómodemonios había conseguido estar en el hotel en medio del día?, incluso convigilantes humanos en el aeropuerto o monitoreando las tarjetas de créditocomo Adrian había hecho, Dimitri y sus amigos Strigoi tendrían que haberesperado hasta que anocheciera para poder llegar aquí.No, no necesariamente, me di cuenta un momento después. Los Strigoiocasionalmente hacían trabajos durante el día, tenían camiones y vanscon cabinas completamente selladas y oscuras. Entradas subterráneas, losMoroi que querían pasar por el casino Witching Hour sabían de acerca delos túneles que conectaban algunos edificios. Dimitri debía de saber esotambién, si él estaba esperando que yo saliera fuera de las guardias, élhubiera hecho cualquier cosa para llegar a mí. Yo sabía mejor que nadiecuan recursivo era él.También sabía que estaba tratando de distraerme mientras hablábamos.-―Pero lo más extraño de todo‖ él continuo, -―es que no viniste sola, trajisteMorois, siempre tomas riesgos con tu vida, pero no esperaba que fuerastan precipitada con la de ellos‖.Algo se me ocurrió en ese momento. Aparte del débil sonido del casino alfinal del otro pasillo y los sonidos de nuestra pela todo lo demás estaba ensilencio. Estábamos perdiéndonos un importante sonido, digamos, como laalarma de la puerta de incendios.-―!Lissa!‖ Grite ―!sal de aquí! Sácalos a todos ellos de aquí‖. Ella deberíahaberlo sabido. Todos ellos deberían de haberlo sabido, esa puerta llevabaa los pisos de arriba—y afuera. Aun había sol, no importaba si la alarmatraía a todo el equipo de seguridad del hotel hacia nosotros. Infiernos, esopodría asustar a los Strigoi, lo que importaba era que los Moroi estuvieranseguros.Pero al comprobar por nuestra conexión me di cuenta del problema. Lissaestaba congelada, asombrada, de repente se había dado cuenta con quienyo estaba peleando, y el golpe de esto era grande. El saber que Dimitri eraun Strigoi era una cosa, verlo—de verdad verlo—bueno, eso era diferente.Yo sabía por experiencia personal incluso después estar preparada, que suaparición todavía me atemorizaba. Ella estaba aturdida incapaz de pensaro moverse.Solo me tomo un latido del corazón evaluar sus sentimientos, pero en unapelea con un Strigoi, un solo segundo podría hacer la diferencia entre lavida y la muerte.
    • 136 La conversación de Dimitri había funcionado, aunque lo mire y pesabaque tenía mi guardia arriba, el paso me empujo contra la pared, susmanos fijando mis brazos dolorosamente que perdí mi agarre de la estaca.Él puso su cara justo en frente de la mía, tan cerca que nuestras frentes setocaban-―Roza…‖ murmuro, su aliento era cálido y dulce contra mi piel, deberíahaber olido como a muerte o decadencia, pero no -―¿Por qué?¿ Por quétienes que ser siempre tan difícil? Deberíamos haber pasado la eternidadjuntos…‖Mi corazón retumbaba en mi pecho, estaba asustada y aterrada de lamuerte que sabía que tardaría solo segundos. Y al mismo tiempo estaballena de dolor por haberlo perdido. Viendo los rasgos de su cara, oyendo elmismo acento en su voz que incluso ahora me envolvía como terciopelo…Sentí mi corazón rompiéndose de nuevo. ¿Por qué? ¿Por qué nos habíapasado esto? ¿Por qué era el universo tan cruel?.Me las arregle para encender el interruptor de nuevo, una vez mássabiendo que este era Dimitri, éramos depredador y presa—y yo estaba enpeligro de ser comida.-―Lo siento‖ le dije con mis dientes apretados, empujando fuerte—yfallando—para romper su agarre. -―Mi eternidad no involucra ser parte dela mafia de los muertos‖-―Lo sé‖ él dijo y podría jurar que había visto tristeza en su cara, pero meconvencí de que tal vez me la había imaginado. -―La eternidad serásolitaria sin ti‖.De repente escuche un chillido, los dos nos estremecimos. Los ruidos queintentaban asustar a los humanos eran un infierno para personas con eloído tan sensible como el de nosotros. Aun así no pude evitar sentir alivio.La puerta de incendios. Finalmente, estos idiotas—y si, no tenia reparos enllamar a mis amigos idiotas cuando actuaban en esa forma—habíandejado el edificio. Sentí la luz del sol por medio de mi conexión y me sentíaliviada, mientras que los colmillos de Dimitri estaban cerca de la arteriaque derramaría la sangre y vida de mi cuello.Esperaba que la alarma lo distrajera, pero él era demasiado bueno. Luchecon él una vez más, esperando poder sorprenderlo, pero no había forma.Lo que lo sorprendió fue la estaca de Eddie que estaba enterrada en suestomago.
    • 137Dimitri gruño con dolor y me soltó volviéndose hacia Eddie. La cara deEddie era seria, y no parpadeo. Si ver a Dimitri lo desconcertó, mi amigono lo demostró. Por todo lo que sabía, Eddie ni siquiera lo veía comoDimitri. Probablemente todo o que él veía era a un Strigoi, esa era la formaen que nos habían entrenado. Los veíamos como monstruos, no comogente.La atención de Dimitri no estaba en mi por el momento, el quería planearmi muerte, Eddie simplemente era un molestia de la que quería librarsepara poder continuar con su juego.Eddie y Dimitri se sumergieron en un baile, similar al que yo había tenidocon él momentos antes, excepto que Eddie no conocía los movimientos deDimitri como yo lo hacía, por lo cual Eddie no era totalmente capaz deesquivarlo Dimitri lo agarro por el hombro y lo empujo hacia la pared.La maniobra pretendía romper el cráneo de Eddie, pero Eddie se lasarreglo para que fuera su cuerpo el que tomara la mayor parte delimpacto. De cualquier manera debería doler, pero estaba vivo.Todo esto sucedió en milisegundos. Y en esos breves momentos miperspectiva cambio, cuando Dimitri había estado inclinado sobre mí, cercade morderme, me las había arreglado para vencer ese impulso de pensaren él cómo Dimitri, la persona que una vez había amado. Continuamenteforzada en la posición de una víctima, con mi vida a punto de terminar,seguía intentando estar en modo de pelea.Ahora viendo alguien más pelear con Dimitri… viendo la estaca de Eddiesaliendo de él… bueno, de repente perdí mí objetividad. Recordé porquehabía venido aquí, lo que solo hace un momento aprendido habíamosaprendido de Robert. Frágil, todo era tan frágil. Me había jurado que si elmomento que si llegaba el momento en que Dimitri estuviera a punto dematarme y no había aprendido como salvar a un Strigoi, lo haría, lomataría y esta era mi oportunidad.Entre Eddie y yo podríamos acabar con Dimitri, podríamos cavar son eseestado de maldad, así como él un día lo quiso.Pero… menos de una hora antes, me habían dado la pequeña esperanza deque un Strigoi pudiera ser salvado. Verdad, esa parte en que el la personaque usaba el espíritu tendría que estacarlo era totalmente absurda, peroVíctor lo había creído. Y si alguien como él lo había creído…No podía hacerlo, Dimitri no podía morir, no todavía.
    • 138Salí disparada con mi estaca, un golpe duro que hirió a Dimitri en la partede atrás de la cabeza, él dejo salir un rugido de rabia y se las arreglo paraempujarme contra la pared mientras él seguía enfrentándose con Eddie.Dimitri era así de bueno. Pero la estaca de Eddie estaba acercándose alcorazón de Dimitri, y la mirada de mi amigo era firme en el intento dematarlo.La atención de Dimitri variaba entre los dos, y en un pequeño lapso—soloen medio respiro—vi que Eddie tenía su estaca lista en el sitio y a punto dedispararla al corazón de Dimitri, un disparo que podría haber tenido éxitodonde el mío había fallado.Y fue por porque, con un movimiento fluido, me moví con mi estaca enmedio de los dos hiriendo la cara de Dimitri y golpeando el brazo de Eddiepara ponerlo aparte. Era un cara bonita, y odie el estropearla, pero sabíaque Dimitri sanaría. Mientras hacia ese ataque, lo empuje para pasarlo,empujando a Eddie tan fuerte que él y yo tropezamos contra la puerta deincendios mientras que él continuaba chillando su advertencia. La cara de piedra de Eddie se vio algo sorprendida que por un momentopensé que nos encontrábamos estancados: Yo empujándolo a él contra lapuerta y el empujándome hacia Dimitri, vi pensé ver un momento de duda:La posición en la que se encontraba era muerta, y Eddie estaba en el limitea punto de empujarme hacia un Strigoi, lo cual su entrenamiento no lepermitía.Dimitri estaría mirando la oportunidad, su mano agarro mi hombrotratando de jalarme de nuevo. Eddie me agarro por el brazo y meempujaba hacia él. Grite por la sorpresa y el dolor, se sentía como sifueran a partirme en dos. Dimitri era de lejos el más fuerte, pero atrapadaen el medio, mi peso jugaba un papel y me impulse hacia el lado de Eddie,lo que nos sirvió para ganar algún terreno. Aun así era muy lento, comocaminar en la miel, por cada paso que me las arreglaba para dar haciaadelante, Dimitri me arrastraba hacia atrás.Pero Eddie y yo hacíamos un lento—y muy, muy doloroso—progreso haciala puerta. Algunos momentos después, escuche el ruido de unos pies yvoces-―Seguridad‖, gruño Eddie dándome un tirón.-―Mierda‖ dije yo.
    • 139-―No puedes ganar‖ siseo Dimitri, se las arreglo para poner las dos manosen mis hombros y ahora era más fuerte que nosotros-―¿De verdad?, estamos a punto de tener la completa patrulla de ataquedel Luxor aquí‖-―Estamos a punto de tener un pila de cuerpo humanos aquí‖ dijo él condesdén.Los humanos nos alcanzaron. No estaba segura de cuáles fueron susimpresiones. ¿Algún tipo atacando a dos jóvenes? Ellos nos gritaron quenos detuviéramos y nos marcháramos, instrucciones que los tresignoramos para seguir con la lucha. Debieron haber puesto sus manosencima de Dimitri, todavía me tenia agarrada pero su asimiento se aflojo lobastante para que un tirón de Eddie casi me hiciera caer y fuera libre.Eddie y yo no miramos hacia atrás, ni siquiera cuando los guardias nosestaban gritando a nosotros también.Ellos no eran los únicos gritándonos, justo antes de abrir la puerta,escuche a Dimitri llamándome. Había una burla en su voz-―No se ha acabado Roza. ¿En realidad piensas que hay algún sitio en elmundo donde puedas ir y yo no pueda encontrarte?‖. La mismaadvertencia, siempre la misma advertencia.Hico lo mejor que pude por ignorar el miedo que esas palabras meinspiraban. Eddie y yo hacia el aire desértico y hacia la luz solar que habíaallí, a pesar de que casi era de noche.Estábamos en el parqueadero del Luxor que no estaba lo suficientementeatestado para que nos pudiéramos esconder. Sin decirnos ni una solapalabra, él y yo caminamos a toda velocidad hacia la multitud. Conociendoque nuestras habilidades físicas nos permitirían pasar a cualquierhumano que nos persiguiera y así dejarnos mesclar con la gente.Funciono. Nunca vi cuantos nos persiguieron. Mi suposición era que elequipo de seguridad había volcado toda su atención en el tipo alto queestaba matando gente en el hotel. Las voces que nos gritaban se perdierony Eddie y yo finalmente empezamos a disminuir la velocidad hasta que nosdetuvimos en frente de New York- New York, y de nuevo, sin decir unapalabra entramos al hotel. Tenía una disposición rara y estaba mucho másatestada que el Luxor y fácilmente nos perdimos, mientras encontrábamosun lugar vacio en el lugar más alejado del casino del hotel.La huida había sido difícil incluso para nosotros, y nos tomo un momentorecuperar el aliento mientras estábamos allí.
    • 140Sabía que las cosas se habían puesto serias cuando Eddie finalmente segiro hacia mí y la rabia encendía su cara. Eddie era siempre el retrato de lacalma y el control, desde que los Strigoi lo habían secuestrado el añopasado. Eso lo haba enfurecido, haciéndolo más determinado al momentode encarar cualquier reto. Pero oh, el estaba furioso con migo.-―¿Qué demonios fue eso?‖ dijo Eddie ―!Lo dejaste ir!‖Puse mi mejor cara de pensativa, pero parecía que no funcionaria hoy.- ―Qué, ¿te perdiste la parte donde lo estacaba?‖-―! Tenía su corazón! Tenía la oportunidad y tú me detuviste‖-―Seguridad estaba llegando. No teníamos tiempo, necesitábamos salir deahí, y no podíamos dejar que ellos nos vieran matándolo‖-―No creo que haya quedado nadie para que `pueda reportar haber vistoalgo‖, Eddie respondió, parecía que estaba tratando de recobrar el control -―Dimitri dejo un pila de cuerpos allá. Lo sabes. Personas murieron porquetu no me dejaste estacarlo‖.Me estremecí, dándome cuenta que Eddie tenía razón. Esto debió haberterminado allá.No había visto la cantidad de guardias de seguridad. ¿Cuántos habíanmuerto?, eso no era relevante. Solo importaba el hecho de que genteinocente había muerto, incluso uno era demasiado y eso era mi culpa.Mi silencio hizo que Eddie presionara sobre esta ventaja-―¿Cómo pudiste tu de todas las personas olvidar la lección?, sabía que élsolía ser tu instructor—solía ser, pero ahora el no él es mismo. Nostaladraron con eso una y otra vez. No pienses en él como una persona‖.-―Lo amo‖ solté sin querer hacerlo. Eddie no lo sabía. Solo unas personassabían acerca de mi relación romántica con Dimitri y lo que había pasadoen Siberia.-―¿Qué?‖ Eddie grito en medio de un jadeo. Su rabia se habíatransformado a consternación.-―Dimitri… él es más que mi instructor‖
    • 141Eddie continuo mirándome por varios segundos -―Era‖ dijo al final.-―¿Huh?‖-―Él era más que tu instructor, tu lo amabas‖. La momentánea confusiónde Eddie se había ido. Era de nuevo el duro guardián sin simpatía -―Lolamento, pero está en el pasado, cualquier cosa entre ustedes. Tienes queentenderlo, la persona que amabas se ha ido, ¿el tipo que acabamos dever? No es el mismo‖.Despacio sacudí mi cabeza-―Yo… lo sé. Sé que no es él. Sé que él es un monstruo pero podemossalvarlo… si podemos hacer lo que Robert nos estaba contando…‖Los ojos de Eddie se abrieron de par en par y por un momento el pareciómudo por la sorpresa.-―¿Es esto de los que se trata? Rose, es totalmente ridículo, no puedescreer eso. Los Strigoi están muertos, se han ido de entre los vivos. Robert yVíctor estaban hablando un montón de estupideces‖Ahora era yo la sorprendida-―¿entonces por qué estas todavía aquí? ¿Por qué te has quedado connosotros?‖Eddie alzo sus manos con exaspero-―Porque tú eres mi amiga. Me quede contigo durante esto… ayudar aescapar a Víctor, escuchar a su hermano loco… porque sabía que menecesitabas. Todos ustedes, para ayudarles a mantenerse a salvo. Penséque tenias una verdadera razón para liberar a Víctor—y que después lodevolveríamos a prisión, te suena eso loco?. Si, de pronto pero eso esnormal para ti, siempre has tenido una buena razón para hacer lo quehaces‖. Suspirando dijo -―Pero esto… esto es cruzar la línea. Dejar a unStrigoi escapara por tratar de alcanzar una idea—una idea queposiblemente no funcione—es diez veces peor de lo que hicimos con Víctor.Cientos de veces peor. Otro día que Dimitri camina por el mundo, es otrodía que personas van a morir‖Me derrumbe sobre la pared y cerré mis ojos, sintiéndome enferma, Eddietenía razón. Lo había estropeado todo.
    • 142Me había prometido que mataría a Dimitri si lo encontraba antes de poderperseguido la solución de la que nos había hablado Robert. Todo deberíade haber acabado hoy… pero me había aturdido de nuevo.Abrí mis ojos y me enderece necesitando encontrar un nuevo propósito,antes de que estallara en lágrimas en medio del casino.-―Tenemos que encontrar a los demás, están desprotegidos‖.Esa era probablemente la única manera que podría para a Eddie deseguirme regañando. El deber nos llamaba. Proteger a los Moroi-―Puedes saber donde esta Lissa‖La conexión nos había mantenido en contacto con ella durante el escape,pero no me había permitido ir más lejos de saber que estaba viva y bien.Profundice un poco más la conexión ahora ―cruzando la calle en el MGM‖.Había visto el enorme hotel cuando entramos en este, pero no me habíadado cuenta que Lissa estaba allí. Ahora la podía sentir, escondiéndose enuna multitud como nosotros, asustada pero no herida. Pensé que tal vezella y los otros habían optado por estar bajo el sol, pero instintivamente sehabían dirigido hacia la seguridad detrás de las paredes.Eddie y yo no hablamos más acerca de Dimitri mientras caminábamos ycruzábamos el camino atestado. El cielo se estaba tornando anaranjado,pero todavía se sentía seguro estar fuera, mucho más seguro que lospasillos del Luxor.Por la conexión siempre podría encontrar a Lissa y sin dudar guie a Eddiea través de MGM por todos los sitios y giros de este—honestamente laapariencia de estos lugares se ponía cada vez más confusa—hasta quevimos a Lissa y Adrian cerca de una fila de maquinas. Él estaba fumando.Apenas me vio Lissa, corrí sobre mí y me abrazo.-―Por Dios, estaba tan preocupada, no sabía que les había pasado austedes, odio que esta conexión sea de un solo lado‖Forcé una sonrisa para ellos -―Estamos bien‖-―Solo algo magullada‖ reflexiona Adrian acercándose sin duda.En medio de la adrenalina de la pelea, era fácil no darse cuenta de lasheridas y el dolor. Después cuando la lujuria de la pelea se había ido, tedabas cuenta de todo por lo que había pasado tu cuerpo.
    • 143Estaba tan agradecida de ver a Lissa que había olvidad algo que Eddiehabía notado- ―¿Chicos, dónde están Víctor y Robert?‖.La felicidad abandono la cara de Lissa e incluso Adrian dejo de sonreír-―Demonios‖ dije sin necesidad de dar ninguna explicación.Lissa asintió, con los ojos abiertos de par en par y culpables-―Los perdimos.‖
    • 144 Capitulo 11 Traducido por Anae Corregido por Mo0shaQUE BIEN. PERFECTO.Para decidir nuestro próximo curso de acción, nos tomó un tiempo.Tiramos ideas débiles para realizar un seguimiento a Robert y Víctor, todaslas cuales finalmente fueron derribadas. El teléfono de Robert era uncelular, y mientras que la CIA podía rastrear ese tipo de cosas, ciertamentenosotros no. Incluso si la dirección de Robert fue incluida en la guíatelefónica, sabía que Víctor no lo hubiera dejado volver allí. Y mientras queAdrian y Lissa podrían detectar el aura de un usuario del espíritu,podíamos ir vagando sin rumbo en una ciudad y esperando encontrar algo.No estaba de suerte con esos dos fuera. No había nada que hacer porahora, solo bajar la cabeza ante la corte y enfrentar el castigo que nosesperaba. Nosotros - yo - la habíamos jodido.La puesta del sol se acercaba - y viendo que ya no teníamos a undelincuente conocido por nosotros que nos metiera en problemas - migrupo con tristeza decidió dirigirse al Witching Hour (el casino) para hacernuestros planes de viaje. Lissa y yo teníamos el potencial de serreconocidas por allá, pero las chicas fuera de control, no entraban dentrode la misma categoría de traidores fugitivos.Decidimos lanzar los dados (sin juego de palabras) y colgar alrededor delos lugares con más riesgos de ataques de Strigoi, a guardianes, antes desalir de Las Vegas.Witching Hour no era diferente de cualquiera de los otros casinos en quehabíamos estado - a menos que uno supiera que buscar. Los sereshumanos no estaban demasiado interesados en el encanto de los juegos yla ostentación. Se notaba que muchos de los demás clientes eranuniformes, altos, delgados y pálidos. En cuanto a la dhampirs? Los sereshumanos no podían decir que no eran humanos. Sólo el extraño sentido dedhampirs, morois, nos permitía saber quién era quién.Esparcidos entre los vítores, charlando, y - a veces – protestas, entre lamultitud estaban guardianes. Al igual que en la demanda como tutores,sólo un puñado se podían asignar a tiempo completo a un lugar como este.Afortunadamente, sus números fueron reforzados por los ricos y poderososque habían llegado a jugar.
    • 145Emocionado un Moroi gritó sobre las máquinas tragamonedas o la ruleta,mientras que en silencio, los guardianes vigilantes flotaban detrás de ellos,vigilando en todo momento que ningún Strigoi estuviera aquí.-¿Y ahora qué?- preguntó Lissa, casi gritando por el ruido. Era la primeravez que ninguno de nosotros había hablado, desde que decidimos veniraquí. Habíamos parado cerca de algunas mesas de blackjack, justo enmedio de todo.Suspiré. Mi estado de ánimo estaba tan oscuro, que ni siquiera necesitabade cualquier efecto secundario del espíritu. Perdí a Víctor, perdí a Víctor.Mis propias acusaciones mentales estaban en un espiral sin fin.-Encontremos su centro de negocios y reservemos entradas fuera de aquí-dije. -Dependiendo de cuánto tiempo hasta que podamos tomar un vuelo,tendremos que conseguir una habitación de nuevo.-Los ojos de Adrianexploraron la acción en torno a nosotras, más persistentes en uno de losmuchos bares. –No, nos va a matar pasar un poco de tiempo aquí.Chasque -¿En serio? Después de todo lo que pasó, eso es todo lo quepuedes pensar?Su mirada embelesada se volvió hacia mí y se convirtió en un ceñofruncido. -Hay cámaras aquí. La gente las puede reconocer. Obtenerpruebas sólidas de que estabas en este casino y no en Alaska es un buenmotivo.-Es cierto- admití. Creo que el aire hastiado típico de Adrian enmascarabasu malestar. Fuera de esto aprendimos, porque realmente había que llegara Las Vegas, el también había corrido con Strigois- Dimitri entre ellos. Esonunca es una experiencia fácil para cualquier Moroi. -Aunque nosotrosaun no teníamos coartada del porque actualmente nos encontrábamos enAlaska-En tanto que Víctor no se vea llegar por aquí, nadie va a hacer laconexión.- La voz de Adrian se convirtió en amarga. -Lo que realmentedemuestra lo estúpidos que son todos.-Nos ayudó que Víctor pusiera distancia,- dijo Lissa. -Nadie pensara quenosotros seriamos tan locos como para dejarlo salir.Eddie, permaneciendo en silencio, me dirigió una mirada y asintió.
    • 146-Entonces, está arreglado-, dijo Adrian. -Alguien vaya por los boletos. Voya tomar un trago y probar a algunos juegos. El universo me debe algo debuena suerte.-Voy a buscar los boletos-, dijo Lissa, escaneo una señal que indicaba lasinstrucciones de la piscina, servicios sanitarios - y centro de negocios.-Iré contigo-, dijo Eddie. Considerando que antes su expresión eraacusatoria, ahora parecía estar evitando mi mirada por completo.-Muy bien- dije, cruzando los brazos. -Avísenme cuando hayan terminado,y nos vayamos a encontrar-. Esa fue Lissa, es decir, ella me decía a travésdel lazo.Convencido de que era libre, Adrián se dirigió directamente a la barra, mearrastre tras él.-Un Tom Collins,- le dijo al cantinero Moroi. Era como si Adrian tuviera undiccionario de mezclas, mental en la cabeza y apenas hizo la revisión unopor uno. Yo casi nunca le vi beber la misma cosa dos veces.-La quieres fortalecida?- preguntó el cantinero. Que vestía una impecablecamisa blanca y corbata de lazo negro y no parecía mayor que yo.Adrian hizo una mueca. "No"El camarero se encogió de hombros y se volvió para hacer la bebida."Fortalecida" era el código Moroi para poner una inyección de sangre en labebida. Había un par de puertas detrás de la barra, las que probablementeconducían a los alimentadores. Al mirar hacia abajo la barra, podía verMoroi riendo feliz con bebidas teñido de rojo. Algunos le gustaba la idea detomar la sangre con alcohol. La mayoría - como Adrián, al parecer – notomaban muestras de sangre a menos que fuera "directamente de lafuente." Supuestamente no tenía el mismo sabor.Mientras esperábamos, un Viejo Moroi de pie junto a Adrian me observo yasintió con la aprobación. –Tú, tienes una Buena-, le dijo a Adrian. -Joven,pero esa es la mejor manera.- Un chico, que también bebía vino tinto o desangre pura, volvió la cabeza hacia los otros que estaban en el bar. -Lamayoría de ellas se emplean y acaban.Seguí su gesto, incluso a través de no ser necesario.
    • 147Intercaladas entre los seres humanos y Moroi varias mujeres dhampir,vestidas, llenas de glamour en seda y vestidos de terciopelo, que dejabapoco a la imaginación. La mayoría eran mayores que yo. Las cuales teníanuna mirada cansada en sus ojos, a pesar de su risa coqueta. Putas desangre. Fulmine con la mirada al Moroi."No te atrevas a hablar de ellas así, o te rompo la copa de vino en la cara."Los ojos del chico se abrieron como platos, y miró a Adrian. -Valiente-.-No tienes ni idea-, dijo Adrian. El camarero volvió con el Tom Collins. -Ella ha tenido una especie de mal día.El gilipollas chico Moroi no volvió su mirada a mí. Al parecer el no tomo miamenaza tan en serio como debería haberla tomado. -Todo el mundo tieneun mal día. Escuchan la noticia?Adrian parecía relajado y divertido, mientras tomaba su bebida, pero depie tan cerca de él, lo sentí tensarse un poco. -¿Qué noticias hay?-Víctor Dashkov. Ya sabes, ese tipo que secuestró a la chica Dragomir yconspiraba contra la reina? Se escapó.Las cejas de Adrian se elevaron. -Escapo? Eso es una locura. Oí que élestaba en algún lugar de máxima seguridad.-Lo estaba. Nadie sabe lo que pasó realmente. Ellos supone que sereshumanos se involucraron... Y luego la historia se vuelve extraña.-Qué tan extraña?- pregunté.Adrián pasó un brazo alrededor de mí, que sospechaba era un mensajesilencioso para dejarlo sentarse a hablar. Ya sea porque él creía que era elcomportamiento "correcto" de una puta sangre o porque le preocupaba quele diera un puñetazo al chico, no podría decirlo.-Uno de los guardias que estuvo ahí - pensaba que estaba bajo control.También convenientemente dice que todo es una bruma y no puederecordar mucho. Les he oído a algunos miembros de la realeza que estánayudando con la investigación.Adrián se echó a reír, dando un buen trago a su bebida. -Eso esconveniente. Suena como un trabajo interno para mí. Víctor tiene unmontón de dinero. Suficiente para sobornar a un guardia. Eso es lo quecreen que pasó.
    • 148Había una suavidad agradable en la voz de Adrian, y una sonrisa algotonta apareció en el rostro del otro tipo, me di cuenta de que Adrián habíautilizado un poco de compulsión. -Apuesto a que tienes razón.-Usted debe decirle a sus amigos reales-, añadió Adrian. -Un trabajointerno.El chico asintió con vehemencia. -Lo haré.Adrian le sostuvo la mirada unos instantes más y, finalmente, miró haciaabajo para el Tom Collins. El aspecto cristalino de los ojos del hombredesapareció, pero yo sabía que el fin de Adrián para difundir el trabajo de"dentro" de la historia se quedaría. Adrian se tragó el resto de la bebida ydejo el vaso vacío sobre la barra. Estaba a punto de volver a hablar cuandoalgo de la habitación llamó su atención. El hombre Moroi también lo noto,seguí sus miradas para ver lo que a ellos los tenía cautivados por su fama.Gemí. Las mujeres, por supuesto. Al principio pensé que eran dhampirs demi tipo, las que parecía estar llamando la atención de la mayor parte de losdulces ojos aquí. Una reacción tardía revelo para mi sorpresa: las mujereseran Moroi. Moroi bailarinas, para ser precisos. Había varias de ellas,vestidas con vestidos cortos, con lentejuelas de corte bajo. Solamente,cada una llevaba un color diferente de joya en tonos: cobre, azul de pavoreal. . . Las plumas y diamantes de imitación brillaban en el pelo, ellassonreían y reían a su paso por la multitud, de una manera bella y sexydiferente de mi carrera.Lo que no fue una sorpresa. Yo tendía a notar como los hombres Moroi secomía con los ojos a las mujeres dhampir más a menudo, simplementeporque yo era un dhampir. Pero, naturalmente, los hombres se sentíanatraídos por Moroi y se enamoraban de sus propias mujeres. Así era comosu raza sobrevivió, y aunque los hombres Moroi puede ser que deseenperder el tiempo con dhampirs, casi siempre terminan con su propiaespecie.Las bailarinas eran altas y elegantes, de apariencia brillante, lo que mehizo pensar que su camino era la actuación. Yo solo podía imaginar lapantalla brillante de danza que debían tener. Pude ver claramente comoAdrian las apreciaba más, a juzgar por su mirada con los ojos abiertos. Ledi un codazo.-Hey!
    • 149La última de las bailarinas desapareció entre la multitud del casino, frentea un cartel que decía: TEATRO, como había sospechado. Adrian volvió amirarme, torneando una sonrisa canalla.-No hay nada malo con mirar.- Me dio una palmadita en el hombro.El Moroi junto a él asintió con la cabeza. -Creo que podría asistir a unespectáculo hoy.- Él se arremolinaban alrededor de su bebida. -Todo esteasunto Dashkov y el desorden con los Dragomirs... Me hace triste, pobreEric. Era un buen tipo.Puse una mirada dudosa. -Usted sabía de Lissa - Eric Dragomir?-Claro que sí.- El Moroi indicó con un gesto. -He sido gerente aquí poraños. Él estaba por aquí todo el tiempo. Créanme, él tenía aprecio poralgunas mujeres.-Estás mintiendo-, dije con frialdad. -Adoraba a su esposa.- Yo había vistoa los padres de Lissa juntos. Incluso en una edad joven, yo había podidover el loco amor que se tenían.-No estoy diciendo que hiciera algo. Al igual que su novio, dijo, nada malocon mirar. Pero mucha gente sabía que al príncipe Dragomir le gustabacontinuar la fiesta donde quiera que fuera - especialmente si habíacompañía femenina.- El Moroi suspiró y levantó su copa. –Es una lástima,maldita sea, lo que le ocurrió. Aquí tenemos la esperanza de que capturena Dashkov ese hijo de puta y dejen a la niña de Eric tranquila.No me gustaba este tipo de insinuaciones acerca del padre de Lissa yagradecí que ella no estuviera allí. Lo que me inquietaba es lo que habíaencontrado recientemente del hermano de Lissa, André también había sidouna especie de chico fiestero y un rompecorazones. ¿Ese tipo de cosas sonde familia? Lo que André había hecho no estaba bien, pero había una grandiferencia entre las hazañas de un adolescente y las de un hombre casado.No me gusta admitirlo, pero incluso la mayoría de los hombres en el amorsiguen protegiendo a otras mujeres. Adrián era una prueba. Aún así,pensé que a Lissa no le gustaría la idea de ver a su padre coquetear conotras mujeres. La verdad sobre André había sido bastante difícil, y yo noquería tener nada que ver con destruir los recuerdos angelicales de suspadres.Le di a Adrian una mirada que decía que de seguir escuchando a estehombre por más tiempo realmente se reduciría a una pelea a puñetazos.Yo no quería estar aquí si Lissa llegaba en busca de nosotros.
    • 150Adrian, siempre más astuto de lo que parecía, me sonrió.-Bueno, mi dulce, vamos a probar suerte? Algo me dice que vamos avencer las probabilidades, como siempre.Yo le di una mirada. "Lindo".Adrian me guiñó un ojo y se levantó. -Encantado de hablar con usted-, ledijo al Moroi.-Yo también-, dijo el hombre. La esclavitud de la compulsión se estabadisipando. –Deberías de vestirla mejor, ya sabes.-No estoy interesado en poner ropa sobre ella - dijo Adrian mientras meconducía a distancia.-Mira eso-, advertí con los dientes apretados -o tú podrías ser el quetermine con una copa de vino en la cara.--Estoy jugando en parte, pequeña dhampir. Uno que va asegurándose queno se metan en problemas.- Nos detuvimos cerca de sala de póquer delcasino, y Adrián me evaluó con la mirada de cabeza a pies. –Sin embargo,ese tipo tenía razón acerca de la ropa.Apreté los dientes. -No puedo creer que él dijera esas cosas acerca delpapá de Lissa.-Los chismes y rumores nunca desaparecerán, todas las personas quierensaberlos. No importa si estás muerto. Además, esa conversación fue enrealidad nuestra, y me refiero a tu ventaja. Alguien más, probablemente,teniendo en cuenta el trabajo que hiciste. Ese tipo puede ayudarnos asaber más, eso va a garantizar que incluso los mejores guardianes no sevean involucrados.-Supongo-. Por fuerza, empuje mi temperamento hacia abajo. Yo siemprehabía sido explosiva, y sabía a ciencia que había recogido ciertos códigosde la oscuridad de Lissa en las últimas veinticuatro horas fueronempeorando la situación, como había temido. Cambié de tema, endirección a terrenos más seguros. -Estás siendo muy agradable ahora,teniendo en cuenta lo disgustado que estaba antes.-Yo no estoy tan feliz, pero he hecho algunas reflexiones-, dijo Adrian.-Oh? ¿Podrías Iluminarme?
    • 151-Aquí no. Ya hablaremos más tarde. Tenemos cosas más importantes dequé preocuparnos.-Que, el encubrimiento de un delito y salir de esta ciudad sin ser atacadospor Strigoi?-No. Me gustaría ganar dinero.-¿Estás loco?- Pregunte a Adrian, lo que nunca era una buena idea.Acabamos de escapar de un montón de monstruos sedientos de sangre, yen lo único que puedes pensar es en el juego?-El hecho de que estamos vivos significa que debemos vivir-, argumentó. -Sobre todo si tenemos el tiempo, de todos modos.-Tú no necesitas más dinero.-Lo haré por si mi padre no me da más. Además, realmente disfruto deljuego.Por "disfrutar del juego", rápidamente me di cuenta de que para Adriansignificaba "hacer trampa". Si se considera hacer trampa utilizar alespíritu. Porque no era tanto el poder mental ligado al espíritu, sususuarios eran muy buenos en la lectura de personas. Víctor había tenidorazón. Adrian bromeó y siguió ordenando bebidas, pero me di cuenta queestaba prestando mucha atención a los demás. Y aunque se cuidó de nodecir nada de forma explícita, sus expresiones hablan por sí - confiado,seguro, molesto. Sin palabras, todavía era capaz de proyectar lacompulsión y un fanfarronear a los otros jugadores.-Enseguida vuelvo-, le dije, sintiendo el llamado de Lissa.Me despidió con la mano, sin preocuparse. Yo no estaba preocupada porsu seguridad, ya que había unos cuantos guardianes en la sala. Lo que mepreocupaba era la posibilidad de que algunos guardias del casino se dierancuenta de su compulsión y nos echaran a todos hacia fuera. Todos losvampiros ejercían la compulsión hasta cierto punto, pero los usuarios delespíritu la ejercían con mayor intensidad. Su uso se considera inmoral,por lo que fue prohibido entre los Moroi. Un casino sin duda tendría razónde sobra para mantenerla fuera de este.El centro de negocios resultó estar cerca de la sala de póquer, y meencontré con Lissa y Eddie rápidamente. -¿Cuál es el informe? -Lespregunté mientras caminábamos de regreso.
    • 152-Tomaremos un vuelo en la mañana,- dijo Lissa. Ella dudó. -Podríamoshaber salido esta noche, pero...No necesitaba finalizar. Después de lo que habíamos enfrentado hoy, nadiequería arriesgarse a la más mínima oportunidad de encontrarse con unStrigoi.El camino al aeropuerto sólo requeriría de un viaje en taxi, pero aún así,eso significaría que tendríamos que correr un riesgo en la oscuridad.Negué con la cabeza y los conduje hacia la sala de póquer. -Hiciste locorrecto. Tenemos tiempo para matar ahora.... ¿Quieres conseguir unahabitación y dormir un poco?-No- Ella se estremeció, y sentí su miedo. -No quiero dejar esta multitud. Yyo estoy un poco asustada de lo que podría soñar…Adrián podría ser capaz de actuar como si no se preocupara por losStrigoi, pero recordaba los rostros expectantes e inquietantes de Lissa- enespecial el de Dimitri. -Bueno- dije, con la esperanza de hacerla sentirmejor -quedarnos aquí nos ayudará a seguir detrás del horario delTribunal. También puede ser que Adrian nos arroje a la seguridad delcasino.Como esperaba, efectivamente Lissa se distrajo viendo a Adrian engañarcon el espíritu tanto que ella se intereso en jugar de la misma manera.Genial. Le instó a aumentar la seguridad de juegos y recapituló cómoAdrian había plantado la idea de un trabajo interno en la cabeza del chicode Moroi. Dejé a un lado la parte de padre de Lissa. La noche transcurriósin incidentes milagrosamente – sin uno de los Strigoi o el tipo deseguridad - y un par de personas, incluso reconocieron a Lissa, esoayudaría a nuestra coartada. Eddie no me dirigió la palabra durante todala noche.Salimos de la Witching Hour por la mañana. Ninguno de nosotros estabafeliz por perder a Víctor o por el ataque, pero el casino nos había calmadoa todos un poco - al menos hasta que llegamos al aeropuerto. En el casino,habíamos sido inundados con noticias Moroi, aislados del mundo humano.Pero a la espera de nuestro avión, no podía dejar de mirar el televisor queparecía estar en todas partes.La historia titular de la noche, era todo sobre un asesinato en masa másen el Luxor, que había dejado pistas para la policía. La mayoría de losguardias de los casinos involucrados habían muerto con el cuello roto, yno se encontraron los demás cuerpos.
    • 153Mi conjetura era que Dimitri los había arrojado afuera, donde el sol losconvertía nuevamente en ceniza. Mientras tanto, Dimitri se habíaescapado, sin dejar tras de él, otros testigos. Incluso las cámaras nohabían grabado nada, lo cual no me sorprendió. Si pudiera desactivar lavigilancia en una prisión, Dimitri ciertamente lo conseguiría en un hotel dehumanos.Cualquier mejoría del estado de ánimo que había conseguido, al instantedesapareció, y no hablamos mucho. Yo me quedé fuera de la mente deLissa, porque no tenía la necesidad de sus sentimientos depresivos paraamplificar los míos.Habíamos organizado un vuelo directo a Filadelfia y luego cogería un vuelode vuelta directo al aeropuerto cerca de la Corte. Lo que habría frente anosotros una vez allí. . . bueno, eso probablemente sería la última denuestras preocupaciones.Yo no estaba preocupada por un ataque de Strigoi en nuestro avióndurante el día, y sin ningún tipo de presos a mirar, me dejé caer en elsueño que tanto necesita. No podía recordar la última vez que habíarecibido alguna en este viaje. Yo dormía profundamente, pero mis sueñoseran acosados por el hecho de que yo había dejado tras de una de lasMoroi, el escape de delincuente y que permitió a un Strigoi caminar libre,consiguiendo a un montón de seres humanos asesinados. Celebre queninguno de mis amigos fueran los responsables. Este desastre fue todogracias a mí.
    • 154 Capitulo 12 Traducido por DanyLo cual fue confirmado cuando finalmente regresamos a la Corte Real.Yo no era la única en problemas, por supuesto. Lissa fue convocada paraser castigada por la reina, aunque yo sabía que no iba a sufrir ningúncastigo real.No como Eddie y yo. Puede que estuviéramos fuera de la escuela, peroestábamos técnicamente bajo la jurisdicción de los guardianes oficialesahora, lo que significa que nos enfrentábamos a tantos problemas comocualquier empleado desobediente. Solo Adrian escapaba de lasconsecuencias. Él era libre de hacer lo que quisiera.Y realmente mi castigo no fue tan malo como podría haber sido.Honestamente, ¿Qué tengo que perder en estos momentos? Misposibilidades de proteger a Lissa habían sido incompletas, y nadie mequerría como guardián, salvo Tasha de todos modos.Un loco fin de semana en las Vegas-que era nuestro tema de portada-apenas lo suficiente para disuadirla de tomarme. Era suficiente, sinembargo, para hacer algunas de las perspectivas de Eddie, retirar suspeticiones para que él fuera su guardián.Muchos lo querían todavía a él, no estaba en peligro de perder una buenaposición, pero me sentí terriblemente culpable. Él no dijo ni una palabra anadie sobre lo que había hecho, pero cada vez que me miraba, podía ver lacondena en sus ojos.Y vi a un montón de eso en los días siguientes. Resultó que los guardianestenían un sistema para hacer frente a los desobedientes.-"Lo que hizo fue tan irresponsable que puede ser que deban regresar a laescuela. Infierno, escuela primaria, incluso."Estábamos en una de las oficinas de los guardianes, recibiendo los gritosde Hans Croft, el encargado de todos los guardianes en la corte y alguienque fue instrumental en trabajos de guardianes.Era un dhampir de unos cincuenta años, con un frondoso bigote gris yblanco. También era un imbécil. El olor a humo del cigarro siempre lerodeaba. Eddie y yo estábamos sentados humildemente ante él, mientrasse pasaba las manos detrás de su espalda.
    • 155-―Pudieron haber conseguido matar a la última Dragomir - por nomencionar al muchacho Ivashkov. ¿Cómo crees que hubiera reaccionadola reina con su sobrino-nieto? ¡Y hablando sobre la sincronización! Ustedessalen de la fiesta justo cuando el hombre que intentó secuestrar a laprincesa se escapa. No es que vosotros sepáis que pasó, ya que estabaisprobablemente muy ocupados en las máquinas tragamonedas y usandosus tarjetas de identidad falsas¨.Hice una mueca por la referencia de Victor, aunque supongo que debería(de estar aliviada de estar fuera de toda sospecha de su fuga.) haberle sidorevelado que estábamos encina de toda sospecha para su fuga. Hans leyómi gesto como una admisión de culpabilidad.-―Es posible que se hayan graduado‖ declaró ―Pero no quiere decir quesean invencibles.‖Este encuentro me recordó a cuando Lissa y yo habíamos regresado a SanVladimir, cuando había sido castigada por la misma cosa: salir corriendoimprudentemente, poniéndola a ella en peligro. Solo que esta vez no estabaDimitri para defenderme. Esa memoria me hizo un nudo en mi garganta alrecordar su rostro, serio y hermoso, sus ojos marrones intensos yapasionados mientras hablaba por mí y convencía a los otros de mi valor.Pero no. Dimitri no estaba aquí. Éramos solo Eddie y yo, frente a lasconsecuencias de un mundo real.-―Tú‖ Hans apuntó con un dedo regordete a Eddie- ―tú podras tener lasuerte suficiente como para salir (fuera) de esto sin demasiadasconsecuencias. Por supuesto, tendrás un punto negro en tu registro parasiempre. Y has jodido (arruinado) por completo tus posibilidades de habertenido una posición de élite real con el apoyo de otros guardianes. ¡Ustedobtendrá alguna asignación, sin embargo. Trabajando solo con algunos denobleza menor, probablemente.‖Los miembros de la realeza de más alto rango, tenían más de un guardián,que siempre hacia la protección mucho más fácil.El punto de Hans fue que la asignación de Eddie sería a humildes- Lacreación de más trabajo y peligro para él. Arrojándole una mirada de reojo,vi esa mirada dura, determinada en su cara otra vez. Parecía decir que nole importaba si tenía que guardar una familia por sí mismo. O incluso diezfamilias. De hecho el emanaba el poder de que podrían dejarlo caer solo enun nido de Strigois y él los tomaría a todos.
    • 156-―Y tú‖ voz aguda de Hans tiró mi mirada hacia él -―Serás afortunada siconsigues un trabajo‖.Como siempre hablé sin pensar. Debí haber tomado silencio como Eddie.-―Por supuesto que voy a tener uno. Tasha Ozera me quiere. Y usted estádemasiado corto de guardianes como para mantenerme sentada‖.Los ojos de Hans brillaron con amarga diversión.-―Sí, estamos cortos en guardianes. Pero hay todo tipo de trabajos quenecesitamos hacer- no solo la protección personal. Alguien necesitapersonal en nuestras oficinas. Alguien tiene que sentarse a guardar laspuertas delanteras.‖Me quedé helada. Un trabajo de escritorio. ¡Hans me estaba amenazandocon un trabajo de escritorio!. Todas mis horribles imaginaciones habíanparticipado en custodiar a un Moroi cualquiera, alguien a quien noconocía y que posiblemente odiara. Pero en cualquiera de los escenarios,me gustaba estar en el mundo. Me gustaba estar en movimiento. Megustaba estar luchando y defendiendo.Pero ¿esto? Hans tenía razón. Los guardianes eran necesarios para eltrabajo administrativo de la corte. Es cierto que solo se conserva unpuñado--que éramos demasiado valiosos--pero alguien tenía que hacerlo.(Convertirme en una de ellos)Ser algunos de ellos, me era demasiadoterrible de comprender.Sentados alrededor todos los días durante horas y horas. . . como losguardias de Tarasov. La vida de guardián había tenido todo tipo detrabajos poco glamorosos- pero necesarios – (tareas) misiones.En verdad, en verdad me di cuenta entonces de que estaba en el mundoreal. El miedo se estrelló en mí. Me había tomado en el título de guardián,cuando me gradué, pero yo ¿entendí realmente lo que significaba? Si¿había estado jugando a hacer-creer-que-goza de los privilegios eignorando las consecuencias? Yo estaba fuera de la escuela. No habríaninguna detención por esto. Esto era real. Esta era la vida y la muerte.Mi cara debió haber revelado mis sentimientos. Hans me dio una pequeñay cruel sonrisa.-―Así es. Tenemos todo tipo de maneras para domar alborotadores. Porsuerte para usted, su destino final aún se está decidiendo. Y mientrastanto, hay un montón de trabajo que hacer por aquí y que ustedes dos,van a estar ayudando con el.‖
    • 157Ese "trabajo" en los días siguientes resultó ser serviles de Mano de obra.Honestamente, no era demasiado diferente de la detención, y yo estababastante segura de que acababa de ser creado para dar a los malhechorescomo nosotros algo horrible que hacer.Trabajamos doce horas al día, en gran parte al aire libre transportandopiedras y tierra para construir un nuevo patio, bastante para un conjuntode casas de ciudad real. A veces nos pusieron a limpiar, lavar los pisos. Yosabía que había trabajadores Moroi para este tipo de cosas y,probablemente, están recibiendo unas vacaciones en este momento.Aun así, era mejor que el otro trabajo que Hans nos daría: clasificar yarchivar las montañas y montañas de papel. Eso me dio una nuevaapreciación por la información a la fase digital. . . y otra vez me hizopreocuparme por el futuro.Una y otra vez, me quedé pensando en esa primera conversación conHans. La amenaza de que ésta podría ser mi vida. Que yo nunca sería unguardián - en el verdadero sentido -de Lissa o cualquier otro Moroi. A lolargo de mi formación, que siempre había tenido una mantra: Ellos son loprimero. Si hubiera real y verdaderamente jodido mi futuro, me gustaríatener un nuevo mantra* Una es lo primero. A continuación, B, C, D. . .*(Una mantra Puede tomarse como una frase espiritual. En este caso Rose lo catalogacomo la creencia que siempre han tenido los Dhampirs acerca de los Morois “Ellosson lo Primero”. Entre las mantras más conocidas hay una del budismo es OM,utilizada regularmente para la meditación.http://es.wikipedia.org/wiki/Mantra)Los días de trabajo me mantuvieron lejos de Lissa, y el personal enrecepción dentro de nuestros respectivos edificios halló su manera demantenernos separadas también. Fue frustrante. Podría hacer unseguimiento de ella a través de la relación, pero yo quería hablar con ella.Yo quería hablar con alguien. Adrian se quedó demasiado alejado y no semolestó con los sueños, lo que hacía pregunte cómo se sentía. Nuncahabíamos tenido nuestra "conversación" después de Las Vegas. Eddie y yoa menudo trabajamos uno con el otro (juntos), pero él no hablabaconmigo, lo que me dejó horas de estar atrapada con mis propiospensamientos y la culpa.Y créeme, yo tenía un montón de cosas para intensificar mi culpa.Alrededor de Corte, la gente realmente no notaba a los trabajadores. Asíque si yo estaba dentro o fuera, la gente siempre hablaba como si yo noestuviera allí. El mayor tema era Víctor. El peligroso Víctor Dashkov andasuelto.
    • 158¿Cómo pudo haber sucedido? ¿Tenía poderes nadie lo sabía? La gentetenía miedo, algunos incluso estaban convencidos de que aparecería en lacorte, para tratar de matar a todos mientras dormían. La teoría de ―trabajointerno" corría desenfrenada, que consiguió mantenerme fuera de todasospecha.Por desgracia, eso significó un gran número de personas preocupadas porlos traidores dentro de nosotros. ¿Quién sabía que podría estar trabajandopara Víctor Dashkov? Los espías y los rebeldes podrían estar al acecho enla Corte, en la planificación de todo tipo de atrocidades. Yo sabía que todaslas historias eran exageradas, pero no importaba. Todos provenían de unnúcleo de verdad: Víctor Dashkov se había ido caminando por el mundocomo un hombre libre. Y sólo yo - y mis cómplices - sabían que era por miculpa.Ser vistos en Las Vegas habia seguido prestando una coartada para la fugade la prisión y había vuelto lo que habíamos hecho, parecer aún mástemerario. La gente estaba horrorizada porque había dejado que laprincesa Dragomir huyera ahora que un hombre peligroso andaba suelto -el hombre que la había secuestrado a ella! Gracias a Dios, todo el mundo,dijo, que la reina nos había sacado de allí antes de que Victor nosencontrara. El viaje de Las Vegas había abierto también una nueva líneade especulación - que me había involucrado personalmente.-―Bueno, eso no me sorprende sobre Vasilisa," Escuché a una mujer decirmientras yo estaba trabajando un día al aire libre. Ella y algunos amigosse paseaban a lo largo hacia el edificio de los alimentadores y ni siquierame vieron. -"Ella ha escapado antes, ¿verdad? Los Dragomirs pueden sersalvajes. Probablemente irá directamente hacia la primera fiesta que puedaencontrar, una vez que capturen a Víctor Dashkov".-"Estás equivocada", dijo su amiga. -"Esa no es la razón por qué se fue.Ella es en realidad bastante sensata.―Es la dhampir que siempre anda con ella, la chica Hathaway. He oído queella y Adrian Ivashkov fueron a Las Vegas para fugarse. La gente de lareina apenas llegó a tiempo de detenerlos. Tatiana está furiosa, sobre todoporque Hathaway declaró que nada la mantendrá alejada de Adrian."Whoa. Eso era una especie de shock. Quiero decir, supuse que era mejorque la gente pensara que Adrian y yo nos estábamos fugando, a que meacusaran de haber ayudado a un fugitivo, pero aún así. . . Estaba un pocosorprendida por la conclusión que se había producido. Tenía la esperanzade que Tatiana no hubiera oído hablar de nuestra supuesta fuga. Estababastante segura de que arruinaría cualquier progreso que ella y yohubiéramos hecho.
    • 159Mi primer contacto social real vino en la forma de una fuente improbable.Yo estaba paleando la tierra en un macizo de flores recién plantadas ysudando como loca. Era casi la hora de acostarse para los Morois, lo quesignificaba la gloria de pleno sol de verano. Al menos para nosotros, habíaun sitio de bastante trabajo: la iglesia gigante de la corte.Había pasado mucho tiempo en la capilla de la Academia, pero rara vezhabían visitado esta iglesia ya que estaba alejada de los edificiosprincipales de la Corte. Era Ortodoxa Rusa – la religión Moroipredominante- me recordó mucho de algunas de las catedrales que habíavisto cuando estuve en Rusia, aunque esta no era tan grande. Aunque noera tan grande. Estaba hecha de hermosa piedra roja, sus torres cubiertascon cúpulas de azulejos verdes, que a su vez fueron cubiertos con crucesde oro.Dos jardines marcaban los extensos límites de los terrenos de la iglesia, enuno de los cuales estábamos trabajando. Cerca de nosotros estaba uno delos lugares más notables de la Corte: una gigantesca estatua de unaantigua reina Moroi que era casi diez veces mi estatura. Una estatua deadecuación de un rey en pie en el lado opuesto de los motivos. Nuncapodía recordar sus nombres, pero estaba bastante segura de que habíaoído sobre ellos en una de mis clases de historia. Habían sido visionarios,cambiando el mundo Moroi de su tiempo.Una figura apareció en mi periferia, y asumí que era Hans veniendo adarnos otra terrible tarea. Mirando hacia arriba, me quedé asombrada alver que era Christian.-―Imagino", le dije. "Que sabes que te meterás en problemas si alguien te vehablándome."Christian se encogió de hombros y se sentó de forma parcial en el borde deun muro de piedra.- "Lo dudo. Tú eres la que va a meterse en problemas, y yo realmente nocreo que las cosas pueden ponerse peor para ti."-―cierto‖ gruñí.Se sentó en silencio durante unos instantes, mirándome luego a la paladespués un montón de tierra. Por último, preguntó:-"Está bien. Entonces, ¿cómo y por qué lo hiciste?"
    • 160-"¿Hacer qué?"-"sabes exactamente qué. tu pequeña aventura".-"Teníamos un avión y volamos a Las Vegas. ¿Por qué? Hmm. Vamos apensar." Hice una pausa para limpiarme el sudor de mi frente. "Porque¿dónde más vamos a encontrar hoteles con temas de piratas y camarerosque no pidan tarjetas?Christian se burló. -"Rose, no me mientas. Vosotros no fuisteis a LasVegas".-"Tenemos los billetes de avión y recibos de hotel para demostrarlo, por nomencionar gente que vio a la princesa Dragomir ganar ¡en las máquinastragamonedas! ".Mi atención estaba en mi trabajo, pero yo sospechaba Christian estabasacudiendo la cabeza con exasperación.-"Tan pronto como oí que tres personas habían sacado Víctor Dashkov dela cárcel, yo sabía que tenías que ser tú. ¿Los Tres han ido? No hay duda."No lejos de allí, vi a Eddie, endurecer la vista a nuestro alrededor coninquietud. Yo hice lo mismo. Podría haber estado desesperada porcontacto social, pero no en el riesgo de que personas peligrosas nosescucharan. Nuestros crímenes saliendo a la luz harían parecer el trabajoen el jardín como vacaciones. Estábamos solos, pero aún así bajé mi voz eintenté una cara honesta.-"He escuchado que los humanos fueron contratados por Víctor.‖ Ese eraotra teoría salvaje, al igual que esta: "En realidad, creo que se volvióStrigoi".-―De acuerdo‖-dijo Christian sarcásticamente. Él me conocía demasiadobien como para creerme.-―Y yo también escuché que uno de los guardianes no tiene memoria de loque le hizo atacar a sus amigos.Él jura que estaba bajo el control de alguien. Cualquiera que hiciera esetipo de compulsión probablemente podría hacer que otros vieran sereshumanos, mimos, canguros..."Me negué a verlo y estrellé la pala contra el suelo duro.Me mordí el labio en cualquier réplica enojada.
    • 161-"Lo hizo porque ella piensa que los Strigoi pueden volver a su formaoriginal." Mi cabeza se disparó, y mire a Eddie con incredulidad, asombroque había hablado. "¿Qué estás haciendo?"-"A decir verdad-respondió Eddie, no dejando de trabajar. "El es nuestroAmigo. ¿Crees que nos va a delatar? "No, el rebelde Christian Ozera no iba a delatarnos. Pero yo no quería decireso. Era un hecho de la vida: Mientras más personas conocieran unsecreto, era más probable que tenga fugas.Como era de esperar, la reacción Christian no era tan diferente de todoslos demás.-"¿Qué? Eso es imposible. Todo el mundo sabe eso".-"No, de acuerdo con el hermano de Víctor Dashkov", dijo Eddie.-"¿Vas a parar?" -Exclamé.-"Puedes decírselo tú o lo haré yo."Suspiré. Los pálidos ojos azules de Christian nos miraban, grandes ysorprendido. Como la mayoría de mis amigos, después de hacer rodar conideas locas, pero esto fue empujando la línea de loco.-"Pensé que Víctor Dashkov era hijo único", dijo Christian.Negué con la cabeza.-―No. Su padre tuvo una aventura, por lo que Víctor tiene un mediohermano ilegítimo. Robert. Y es un usuario de espíritu‖.-"Sólo tú", dijo Christian. "Sólo tú pudiste encontrar algo como esto."No hice caso de lo que parecía ser un retorno a su cinismo habitual.-"Robert afirma haber curado a un Strigoi - mató a los muertos vivientes yla trajo de vuelta a la vida."-"El Espíritu tiene límites, Rose. Es posible que hayas sido traída deregreso, pero los Strigois se han ido."-"No sabemos sobre la gama completa del espíritu", señalé. "Siguesiendo un misterio. "
    • 162-"Sabemos de San Vladimir. Si él pudiera restaurar Strigoi, ¿no crees queun tipo como él lo habría estado haciendo? Quiero decir, si eso no es unmilagroso, ¿Qué es? Algo como eso habría sobrevivido en las leyendas ",argumentó Christian.-―Tal vez sí. Tal vez no." Me ate mi cola de caballo, recordando de nuevonuestro encuentro con Robert en mi mente por centésima vez. -"Tal vezVladimir no sabía cómo hacerlo. No es tan fácil."-―Sí‖-asintió Eddie. "Esta es la parte buena."-"Oye", le disparé hacia él. -"Sé que estás enojado conmigo, pero conChristian aquí, realmente no necesito a nadie más haciendo comentariossarcásticos‖.-"No sé", dijo Christian. -"Para que algo como esto, en realidad sepueda hacer se necesita dos personas. Ahora se explica cómo este milagroes supuestamente hecho".Suspiré. -"añadir el espíritu a una estaca, junto con los otros cuatroelementos. "Los encantos con el Espíritu eran todavía un nuevo concepto paraChristian.-"Nunca he pensado en eso. Supongo que el espíritu puede sacudir lascosas patas arriba. . . pero no puedo imaginarme que atacando con unaestaca encantada con espíritu será suficiente para traer a un Strigoi devuelta. "-¨Bueno... Esa es la cosa. De acuerdo con Robert, yo no puedo hacerlo.Tiene que ser realizado por un usuario de espíritu".Más silencio. Había dejado sin habla a Christian una vez más.Al final, dijo: -¨No conocemos a muchos usuarios del espíritu. Por nohablar de uno que pueda luchar o estacar a un Strigoi".-"Sabemos de dos usuarios del espíritu". Fruncí el ceño, recordandoOksana en Siberia, y Avery bajo llave. . . ¿dónde? ¿Un hospital? ¿Un lugarcomo Tarasov? -No, cuatro. Cinco, contando Robert. Pero sí, ninguno deellos puede hacerlo. ".-"No importa, porque no se puede hacer," dijo Eddie.
    • 163-"¡No sabemos eso!" La desesperación en mi propia voz me sobresaltó.-"Robert lo cree. Victor incluso cree." Dudé. "Y Lissa también lo hace."-"Y quiere hacerlo", dijo Christian, cayendo en cuenta, rápidamente.-"Debido a que ella haría cualquier cosa por ti."-"Ella no puede."-"¿Porque ella no tiene la capacidad o porque no se lo permites?"-"Ambos", exclamé. -"No la voy a dejar en ninguna parte cerca de unStrigoi. Ella ya está. . ." Gemí, odiando a revelar lo que había descubiertoen nuestro tiempo separados por el vínculo." Ella tiene en una bodega unaestaca y está tratando de encantarlo. Hasta el momento, no ha tenidomucha suerte, gracias a Dios. "-"Si esto fuera posible", comenzó poco a poco Christian. "Podría cambiarnuestro mundo. Si es capaz de aprender. . ."-"¿Qué? ¡No!" Estaba tan ansiosa por a hacer creer a Christian y ahoradesee no haberlo hecho. La gracia salvadora en todo esto era que ningunode mis amigos pensaba que esto era posible, ninguno de ellos habíaconsiderado la posibilidad de que Lissa en realidad tratara de lucharcontra un Strigoi. "Lissa no es ningún guerrero. Ningún usuario delespíritu que conocemos es, así que al menos que encontremos un,prefiero..." Me hizo una mueca. "Prefiero a Dimitri muerto."Esto hizo que por fin Eddie dejara de trabajar. Tiró la pala.-"¿En serio? Nunca hubiera imaginado que." El sarcasmo de rivalizar conel mío.Me dio la vuelta y me dirigí hacia él, los puños apretados.-¨Mira, ¡No puedo aguantar esto más! Lo siento. No sé qué más decir. Yo séque metí la pata. Dejé que Dimitri escapara. Dejé que Víctor escapara¨.-"¿Dejaste que Víctor escapara? preguntó Christian, sobresaltado.No le hice caso y continué gritando a Eddie.-"Fue un error.Con Dimitri. . . fue un momento de debilidad. Yo fracasé en mi formación.Sé que lo hice. Los dos lo sabemos. Pero tú sabes que yo no tenía laintención de los daños que causé. Si eres realmente mi amigo, tienes que
    • 164saberlo. Si pudiera retroceder. . . "Tragué saliva, sorprendió al sentir misojos en llamas. "Yo lo haría. Juro que lo haría, Eddie."Su rostro estaba completamente inmóvil.-―Te creo. Yo soy tu amigo, y yoSé. . . Sé que no pretendías que las cosas salieran como lo hicieron.Me hundí en el alivio, sorprendida de que verdaderamente mipreocupación era que había estado a punto de perder su respeto yamistad. Mirando hacia abajo, me sorprendió ver mis puños cerrados. Losrelajé, sin poder creer que había estado tan molesta. "Gracias. Muchasgracias."-"¿Qué son todos eso gritos?"Los dos nos volvimos y vimos a Hans caminando hacia nosotros. Mirabamolesto. También me di cuenta entonces de que Christian habíadesaparecido prácticamente en el aire. Así como así.-"¡Este no es el tiempo social!" Hans gruñó. "Ustedes todavía tienen otrashoras por delante. Si ustedes van a distraerse, entonces tal vez deberíanser separados." Le hizo señas a Eddie.-―Vamos. Hay un poco de trabajo dearchivo con tu nombre en él. "Le disparé a Eddie una mirada simpática cuando Hans se lo llevó. Sinembargo, me sentí aliviada de que no fuera yo quien tuviera que hacer elpapeleo.Continué mi trabajo, mi mente girando con las mismas preguntas queTenía toda la semana. Había querido decir lo que le dije a Eddie. Yodeseaba tanto que este sueño que estaba guardando por Dimitri fueraverdad. Lo quería más que nada - excepto a Lissa arriesgando su vida. Nodebí haber dudado. Debí haber matado Dimitri. Víctor no hubieraescapado. Lissa no habría guardado las palabras de Robert dos veces ensu mente.Ella estaba en su habitación, haciendo un embalaje de última hora antesde ir a la cama. Mañana era su visita a Lehigh. Como era de esperar, miinvitación a ir con ella había sido revocada a la luz de los recientesacontecimientos. Su cumpleaños - algo que había sido horriblementepasado por alto en medio de este lío – era este fin de semana también, y noparecía bien para mí estar lejos de ella durante el mismo. Tendríamos quehaber estado celebrando juntas. Sus pensamientos se turbaron, y ella fueconsumida por ellos para que un golpe repentino en la puerta la hicierasaltar.
    • 165¿Cuestionándose por saber quién podría ser su visita a esta hora, abrió lapuerta y quedó sin aliento al ver de pie a Christian allí. Fue surrealistapara mí también. Una parte de mí todavía seguía pensando que estábamosen nuestros dormitorios de la escuela, cuando las normas - en teoría -chicos y chicas mantienen fuera de sus respectivas habitaciones. Pero yano estábamos allí. Nosotros éramos técnicamente adultos. Debió de haberido directamente a su habitación después de verme, me di cuenta.Fue sorprendente la rapidez con la que la tensión incremento entre ellos.Un manojo de emociones estalló en el pecho de Lissa, la habitual mezcladade rabia, dolor y confusión.-"¿Qué estás haciendo aquí?" -preguntó.Las mismas emociones estaban en su rostro.-"Quería hablar contigo."-"Es tarde", dijo ella con frialdad. "Además, creo recordar que no te gustahablar."-"Quiero hablar de lo sucedido con Víctor y Robert."Eso fue suficiente para asustar a salir de su ira. Echó una mirada inquietaal pasillo y luego le hizo una seña en su interior.- "¿Cómo sabes eso?" siseó, se apresura a cerrar la puerta.-"Acabo de ver a Rose".-"¿Cómo llegaste a verla? No puedo verla." Lissa estaba tan frustrada comoyo sobre cómo nuestros superiores nos habían mantenido separadas.Christian se encogió de hombros, con cuidado de mantener una distanciasegura entre ellos en la pequeña suite sala de estar. Ambos tenían losbrazos cruzados a la defensiva, aunque no creo que se dieran cuenta decómo se habían duplicado entre sí.-"Yo entré en su campo de prisioneros. La Tienen paleando tierra con paladurante horas."Lissa hizo una mueca. Con la forma en que nos habían mantenidoseparadas, no había conocido mucho acerca de mis actividades.-"Pobre Rose".
    • 166-"Ella se las está arreglando. Como siempre." los ojos de Christian sevolvieron hacia el sofá y la maleta abierta, donde una estaca de plataestaba encima de una blusa de seda.Yo dudaba de que la camisa sobreviviera el viaje sin un millón de arrugas.-―interesante lo que llevas para ponerte en una visita a la universidad."Lissa rápidamente cerró la maleta.-"Eso es no asunto tuyo."-"¿De verdad lo crees?" -preguntó, haciendo caso omiso de su comentario.Dio un paso hacia delante, al parecer, su afán de hacer que se olvidara dequerer mantener a distancia.A pesar de que estaba distraído por la situación, Lissa de inmediato se diocuenta de su nueva proximidad, la forma en que olía, la forma en que laluz brillaba en su pelo negro. . .-"¿Crees que podrías traer de nuevo a un Strigoi?"Se volvió su atención hacia la conversación y negó con la cabeza.-¨No lo sé. La verdad es que no. Pero me siento como... Me siento como quetengo que intentarlo. Si nada más, quiero saber qué espíritu en un juegova a hacer. Eso es bastante inofensivo."-"No, lo es de acuerdo a Rose".Lissa le dio una sonrisa triste, se dio cuenta de lo que estaba haciendo, yrápidamente la dejó caer.-―No, Rose no quiere ir a ninguna parte cerca de esta idea‖- aunque ellaquiere que sea real".-―Dime la verdad". Su mirada la quemaba a ella. "¿Crees que hayacualquier posibilidad de estacar a un Strigoi?"-¨No-admitió¨-. "Casi no puedo lanzar un golpe. Pero... Como dije, sientoque debería intentarlo. Debo tratar de aprender. Para un estacar, quierodecir. "Christian reflexionó un momento y luego hizo un gesto hacia la maleta denuevo.
    • 167- "¿Vas a Lehigh en la mañana?"Lissa asintió con la cabeza.-"¿Y Rose fue retirada del viaje?"-―Por supuesto. "-"¿La oferta de la reina permitía llevar a otro amigo?"-"Lo hizo", admitió Lissa. "En particular, sugerí a Adrian. Pero él estáenfadado. . . y no estoy realmente segura de si estoy en el estado de ánimopara él. "Christian se mostró complacido por la noticia.-"Entonces llévame a mí."Mis amigos pobres. No estaba segura de cuanta conmoción podríanmanejar ellos hoy en día.-"¿Por qué diablos te llevaría yo?" -exclamó ella. Toda su ira regresó a supresunción. Era un signo de su agitación que había jurado.-―Porque‖-dijo-, calma la cara, "te puedo enseñar como estacar a unStrigoi".
    • 168 Capítulo 13 Traducido por Dany y EeMaría"EL INFIERNO! ¡Que Si Puede!", dije en voz alta sin dirigirme a nadie.-¨No, no se puede ", dijo Lissa, con una expresión que hacía juego con mipropia incredulidad. "Sé que has estado aprendiendo a luchar con el fuego,pero no has estacado nuca".La cara de Christian se mostró inflexible. "Lo he hecho - un poco. Y puedoaprender más. Mia tiene algunos amigos guardianes aquí que le hanestado enseñando combate físico, y ha aprendido algo de él."La mención de él y trabajando junto con Mia no hacía mucho paramejorar la opinión de Lissa. "Apenas has estado aquí una semana! Y tusuenas como si hubiese estado entrenando durante años con algúnmaestro."-"Es mejor que nada", dijo. "¿Y dónde más vas a aprender? ¿Rose?‖La indignación y la incredulidad de Lissa se atenuaron un poco. –―No‖-admitió-. "Nunca. De hecho, Rose me sacaría arrastrada si me sorprendehaciéndolo". Maldita sea, seguro que lo haría. De hecho, a pesar de los obstáculos y elpersonal que la mantuvo alejada de mí, me sentí tentada a marcharme deallí ahora mismo.―-Entonces esta es tu oportunidad ", dijo. Su voz se volvió irónica. "Mira, séque las cosas no están. . . muy bien entre nosotros, pero eso es irrelevantesi se van a aprender esto. Dile a Tatiana quieres llevarme a Lehigh. A ellano le va a gustar, pero ella te dejará. Te voy a mostrar lo que sé en nuestrotiempo libre. Entonces, cuando nos den espalda, te llevaré con Mia y susamigos."
    • 169Lissa frunció el ceño.-"Si Rose lo sabe..."-"Por eso vamos a comenzar cuando estemos lejos de la corte. Ella estarádemasiado lejos de ti para hacer cualquier cosa."Oh, por el amor de Dios. Me gustaría darles algunas lecciones sobrelucha - comenzando con un puñetazo en la cara de Christian.-"Y cuando volvamos?" preguntó Lissa. "Se dará cuenta. Es inevitablecon el vínculo".Se encogió de hombros. -"Si ella todavía está en servicio paisaje, seremoscapaces de salirnos con la nuestra. Quiero decir, ella sabrá, pero no podráinterferir. Mucho‖.-"Tal vez no sea suficiente", dijo Lissa con un suspiro. "Rose tenía razónsobre que - no puedo esperar aprender en unas semanas, lo que le tomóaños para hacerlo. "Semanas? Esa fue su línea de tiempo en esto?-"Hay que intentarlo", dijo, casi dulce. Casi.-"¿Por qué estás tan interesado en esto?" Lissa preguntó con suspicacia.-"¿Por qué te importa tanto traer a Dimitri de vuelta? Quiero decir, sé quea ti te gustaba él, pero absolutamente no tienes la misma motivación quela que tiene Rose. "-"Era un buen tipo", dijo Christian. "Y si hubiera una manera de dar vueltaatrás y regresarlo a dhampir? Sí, eso sería increíble. Pero es más que eso. ..más que él. Si había una manera de salvar a todos los Strigoi, que iba acambiar nuestro mundo. Quiero decir, no es que quemarlos este biendespués de que hayan desaparecido en juergas de matar, pero sipudiéramos poner fin a esas juergas de asesinato en primer lugar?Esa es la clave para salvarnos. Todos nosotros. "Lissa se quedó muda por un momento.
    • 170Christian había hablado con pasión, y había una esperanza radiante fuerade él que simplemente no había esperado. Eso fue. . . Conmovedor.Se aprovechó de su silencio. - "Además, no se sabe lo que haría sinninguna orientación. Y me gustaría reducir las probabilidades de queconsigas que te maten, porque incluso si Rose quiere negarlo, sé que tuestarás va a seguir empujando esto".Lissa se quedó tranquila una vez más, pensando en la situación. Heescuchado a sus pensamientos, no me gustaba en absoluto a donde sedirigían.-"Nos vamos a las seis-dijo al fin. "¿Me puede esperar en las escaleraslas cinco y media?" Tatiana no se emocionará cuando se entere de lanuevaelección de invitados, pero Lissa estaba bastante segura de que podíahablar rápidamente con él por la mañana.Él asintió con la cabeza.-"Voy a estar allí."De vuelta en mi habitación, yo estaba totalmente horrorizada. Lissa se ibaa tratar de aprender a estacar a un Strigoi – a mis espaldas - y ella se ibacon Christian para ayudarla. Los dos se habían estado gruñendo el uno alotro desde su rompimiento. Yo me habría sentido halagada de queesconderse de mí hiciera que volvieran juntos, pero no lo estaba. Estabaenojada.Yo consideraba mis opciones. Los edificios en los que estábamos Lissa y yono tenían el tipo de seguridad en la entrada que nuestros dormitorios en elcolegio, pero el persona de aquí había sido instruido para advertir a laoficina de guardianes si tenía demasiada vida social. Hans también mehabía dicho que me quedara lejos de Lissa hasta nuevo aviso. Reflexionetodo por un momento, pensando que podría valer la pena que Hans mearrastrara desde la habitación de Lissa, finalmente pensé en un Planalternativo. Ya era tarde, pero no demasiado tarde y salí de mi habitaciónhacia la puerta de al lado. Llamando a la puerta, esperaba que mi vecinaestuviera aun despierta.Era una dhampir mi edad, un recién graduada de una escuela diferente.Yo no tenía un teléfono celular, pero yo la había visto hablando por uno, eldía de hoy.
    • 171Ella abrió la puerta unos instantes después y, afortunadamente, noparecía haber estado en la cama.-"hey", dijo ella, comprensiblemente sorprendida.-"Hey, ¿puedo enviar un mensaje de texto con tu teléfono?"Yo no quería apropiarme por la fuerza de su teléfono con unaconversación, y además, apenas puede ser que Lissa simplemente mecuelgue. Mi vecina se encogió de hombros, dio un paso en el cuarto, yregresó con el teléfono. Había memorizado el número de Lissa y le envió lasiguiente nota:Ya sé lo que vas a hacer, y es una MALA idea. Voy a patear sus culoscuando los encuentre.Le pasé el teléfono a su dueña. "Gracias. Si alguien te responde almensaje, puedes, hacérmelo saber? "Ella me dijo que lo haría, pero yo no esperaba los mensajes de retorno.Tengo mi respuesta de otra manera. Cuando regresé a la sala y la mentede Lissa, estaba allí cuando su teléfono sonó. Christian se había ido, y ellaleía mi texto con una sonrisa triste. Mi respuesta llegó a través del enlace.Ella sabía que yo estaba viendo.Lo siento, Rose. Es un riesgo que tendré que tomar. Estoy haciendo esto.Me daba vueltas la noche, todavía estaba enojada por lo que Lissa yChristian estaban tratando de hacer. Yo jamás pensé en quedarmedormida, pero cuando llegó a Adrian mí en un sueño, se hizo evidente queel agotamiento de mi cuerpo había derrotado a mi mente agitada.-"Las Vegas?" Le pregunté.Los sueños Adrian siempre se producen en diferentes lugares de suelección. Esta noche, nos quedamos en el Strip, muy cerca de donde Eddiey yo nos habíamos reunido con Lissa y él en el hotel MGM Grand.
    • 172Las luces brillantes y de neón de los hoteles y restaurantes brillaban en laoscuridad, pero todo el escenario era extrañamente silencio, frente a larealidad. Adrian no había traído los coches o la gente real aquí en LasVegas. Era como un pueblo fantasma.Sonrió, apoyado en un poste cubierto en los anuncios de papel paraconciertos y los servicios de escolta. "Bueno, realmente no tuve laoportunidad de disfrutar de ella mientras estábamos allí. "-"Cierto". Me quedé unos metros de distancia, con los brazos cruzadossobre el pecho. El tenía pantalones vaqueros y una camiseta, junto con minazar. Adrian aparentemente había decidido no más trajes esta noche,para lo cual se lo agradecí. Podría haber terminado como una de lascoristas Morois, con plumas y lentejuelas. "Pensé que estabas evitándome." Todavía no estaba del todo segura de dónde estaba nuestra relación, apesar de su actitud impertinente de vuelta en la hora de las brujas.Él soltó un bufido. –―No es por mi elección, pequeña dhampri. Losguardianes están haciendo lo posible por mantenerte sola. Bueno más omenos.‖Christian logró colarse para hablar conmigo antes", le dije, con laesperanza. Para evitar el problema que tenía que estar en la mente deAdrián: que yo había arriesgado la vida para salvar a mi ex-novio. "Él va atratar de enseñar a Lissa a estacar un Strigoi".Esperé que Adrián se uniera a mi indignación, pero pareció laxo ysardónico, como de costumbre. "No me sorprende que vaya a intentarlo. Loque me sorprende es que haga lo posible en ayudar con alguna teoríaloca".-"Bueno, es lo suficientemente loco como para atraerlo a él... Y al parecerpuede dominar su odio mutuo en los últimos tiempos. "Adrian ladeó la cabeza, haciendo que algunos cabellos cayeran sobre susojos. Un edificio con luces de neón azules y árboles de palma fundido unmisterioso resplandor en el rostro de él, me dio una mirada decomplicidad. –―Vamos, ambos sabemos por qué lo está haciendo."
    • 173-"Porque él piensa que su grupo después de la escuela con Jill y Miacalificapara enseñar esas cosas? "-Porque le da una excusa para estar cerca de ella - sin que parezca que éldio el primer paso. De esa manera, él todavía puede parecer viril. "Cambié un poco de posición para que las luces del cartel de publicidadgigante sobre máquinas tragamonedas no me brillara en los ojos. —Eso esridículo —especialmente la parte acerca deChristian siendo varonil.-"Los muchachos hacen las cosas ridículas por el amor." Adrian metió lamano en el bolsillo y levantó un paquete de cigarrillos. "¿Sabes lo muchoque quiero uno de estos ahora mismo? Sin embargo, sufro, Rose. Todo porti."-―No te vuelvas romántico conmigo‖, le advertí, intentando ocultar misonrisa. ―No tenemos tiempo para eso, no cuando mi mejor amiga quiere ira cazar monstruos.‖-―Sí, pero ¿cómo ella va a encontrarlo a él? Eso es una especie deproblema. "Adrian no necesidad de elaborar en el" él".-―Es cierto‖-admití.-"Y no ha sido capaz de encantar la estaca pero de todas maneras, hastaque lo haga, todas las habilidades de kung fu en el mundo no importa.""Los Guardianes no hacen kung-fu. ¿Y cómo se enteró de laestaca?""Ella ha solicitado mi ayuda un par de veces", explicó."¿Eh. Yo no lo sabía."-Bueno, tú has estado muy ocupada. No es que incluso hayas tenido unpensamiento para tu pobre y anhelante novio.
    • 174Con todas mis tareas, no me había gastado una cantidad enorme detiempo en meterme en la cabeza de Lissa- hey, yo te hubiera preguntadoen cualquier día. "Yo había estado tan asustado que Adrian se pondría furioso conmigodespués de las Vegas, sin embargo, aquí estaba, ligero y juguetón. No lotengo claro. Yo quería que él se centrara en el problema en cuestión. -¿Cuál es tu opinión acerca de Lissa y sus encantamientos? ¿Está cerca deconseguirlo?Adrian distraídamente juega con los cigarrillos, y me fue tentadopara decirle que siga adelante y que tome uno. Este era su sueño, despuésde todo. "No queda claro. No he tomado a los encantos de la manera queella lo hace. Es raro que teniendo los demás elementos de allí. . . hace quesea difícil de manipular el espíritu.""¿La Estás ayudando a ella de todos modos?" Le pregunté con recelo.Sacudió la cabeza, divertido. "¿Qué te parece?Dudé. "Y-yo... No sé. Tú la has ayudado a ella con muchas cosas delespíritu, pero ayudándola a ella con esto significaría…‖"... Ayudar a Dimitri?‖Asentí, sin confiar en mí mismo para más detalles."No," dijo Adrian en el último. "Yo no la estoy ayudando a ella,simplemente porque no sé cómo hacerlo. "Exhalé con alivio. "Realmente me siento," le dije. Exhalé con alivio. -Deverdad lo siento -le dije-Por todo...Por mentir acerca de dónde estaba y qué estaba haciendo. Fue un error. Yno entiendo... bueno, yo no entiendo por qué estás siendo tan amableconmigo.-"Debo ser malo?" me guiñó un ojo. "¿Es esa la clase de cosa que te gusta?"Por supuesto que no. Pero, quiero decir ¡No!, Que estás tan enojadocuando vino a las Vegas y se enteró de lo que estaba pasando. Acabo depensar. . . No sé. Yo Pensaba que me odiabas."La diversión desapareció de su rostro. Se acercó a mí y apoyó las manosen mis hombros, sus ojos de color verde oscuro estaban serios.
    • 175"Rose, nada en este mundo podría hacer que te odie".-"Ni siquiera tratando de traer a mi ex-novio de la muerte?"Adrian me agarró, e incluso en el sueño, pude oler su piel ycolonia. –―Sí, voy a ser honesto. Si Belikov caminara alrededor en estemomento, vivo como solía ser? No habría ningún problema. Yo no quieropensar qué pasaría con nosotros sí. . . así, no vale la pena perder eltiempo. Él no está aquí."-"Yo todavía... Todavía quiero intentarlo", le dije humildemente. "Todavía lointentaría, incluso si está de vuelta. Acabo de tener un tiempo difícil dejara alguien que me importa ir".-"Lo sé. Hiciste lo que hiciste por amor. No puedo estar enojado contigo poreso. Fue una estupidez, pero así es el amor. ¿Tienes alguna idea de lo queharía por ti? Para mantenerte a salvo? "-"Adrian..."No podía mirarlo a los ojos. De pronto me sentí indigna. Era tan fácil desubestimar. Lo único que podía hacer era apoyar la cabeza contra supecho y él envolvió sus brazos alrededor de mí.-¨Lo siento¨-¨Siéntelo porque me mentiste¨ dijo, dándome un beso en la frente. -¨No losientas por haberlo amado. Eso es parte de ti, una parte que tienes quedejar ir, pero esto te ha hecho ser quien eres¨ Una parte que tienes que dejar ir… Adrian estaba en lo cierto y esto medaba malditamente miedo admitirlo. Había tenido mi oportunidad. Habíatenido mi apuesta para salvar a Dimitri y había fracasado. Lissa no llegaríaa ninguna parte con la estaca, lo que significaba que realmente tenía queintentar pensar en Dimitri como todos los demás lo hacían: estaba muerto.Tenía que seguir adelante.-¨Maldita sea¨ murmure.-¨¿Qué?¨ pregunto Adrian.-¨Odio cuando eres el cuerdo. Ese es mi trabajo¨
    • 176 -¨Rose¨ dijo, intentando mantener un tono serio, -¨Se me ocurren muchaspalabras para decirte, sexy y caliente en la parte alta de la lista. ¿Sabes loque no está en la lista? Cuerda¨ Me eche a reír.-¨Esta bien, bueno, entonces mi trabajo es ser menos loca¨ él lo considero. -¨Eso puedo aceptarlo¨ Acerque mis labios a los suyos, yaunque todavía quedaban algunas inestabilidades en nuestra relación, nohubo incertidumbre en la forma en que nos besamos. Besar en sueños sesentía exactamente como en la vida real. El calor apareció entre nosotros ysentí un escalofrió recorrer todo mi cuerpo. Soltó mis manos y me envolviópor la cintura, para acercarnos más. Me di cuenta de que era el momentopara empezar a creer lo que decía. La vida debía seguir adelante. Dimitri sehabía ido, pero podía haber algo con Adrian, al menos hasta que mitrabajo me llevara lejos. Eso, asumiendo que tuviera uno. Maldita sea, siHans me mantenía aquí en trabajos de oficina y Adrian continuaba en suestado perezoso, podríamos estar juntos para siempre. Adrian y yo nosbesamos durante mucho tiempo, acercándonos cada vez más cerca. Por finrompí el contacto. Si tenías relaciones sexuales en un sueño, ¿significabaque lo habías hecho en la realidad? No lo sabía y desde luego no iba aaveriguarlo. No estaba preparada todavía para eso. Di un paso atrás yAdrian capto la idea.-¨Búscame cuando consigas cierta libertad¨ -¨Esperemos que sea pronto¨ le dije. -¨Los guardianes no me puedensancionar para siempre¨ Adrian miro con incredulidad, pero dejo que elsueño se disolviera sin más comentarios.Volví a mi cama y a mis propios sueños. Lo único que me impedía deinterceptar a Lissa y Christian cuando se reunieron temprano en larecepción al día siguiente, era que Hans me llamara para trabajar inclusoantes de lo esperado. Me puso a hacer papeleo, en las bóvedas,irónicamente-dejándome trabajar mientras Lissa y Christian aparecían através de mi vínculo. Lo tome como una señal de mi multitarea- habilidad,el que yo fuera capaz de ordenar alfabéticamente y espiar a la vez. Sinembargo, mis observaciones fueron interrumpidas cuando una voz dijo:-¨No esperaba encontrarte aquí de nuevo¨ Parpadee saliendo de la cabezade Lissa y levante la vista de mis papeles. Mikhail apareció frente mí.
    • 177Con las complicaciones que me habían venido con el incidente de Víctor,me había olvidado casi de la participación de Mikhail en nuestra ¨huida¨.Deje mis archivos y le di una sonrisa.-¨Si, extraño mi trabajo, ¿eh? En realidad ellos solo me quieren aquí¨ -¨Por supuesto. Me han dicho que estas metida en un montón deproblemas¨ Mi sonrisa se convirtió en una mueca.-¨Cuéntame¨ Mire a mí alrededor aunque sabía que estábamos solos. -¨Noestás en problemas, ¿verdad?¨ Negó con la cabeza.-¨Nadie sabe lo que hice¨ -¨Bien¨ Al menos una persona había salido ilesa de todo esto. No podríasoportar que también lo hubieran atrapado a él.Mikhail se arrodillo para estar al mismo nivel que yo, apoyó los brazossobre la mesa en la que yo estaba sentada.-¨¿Tuviste éxito? ¿Valió la pena?¨-¨Es una pregunta algo difícil de contestar¨ arqueo una ceja. -¨Hubo algo… no ocurrió nada exitoso. Pero encontramos lo quequeríamos saber—o más bien, creemos¨ Contuvo la respiración.-¨¿Como restaurar a un Strigoi?¨―Creo que sí. Si nuestro informador dice la verdad, si. Incluso si lo está,no es tan fácil de hacer. Es casi imposible, en realidad.¨-¨¿Qué es?¨ Dude. Mikhail nos había ayudado, pero no estaba en micírculo de confidentes. Sin embargo, incluso ahora, vi esa miradaembrujada en sus ojos, la que antes había visto. Aun le atormentaba elperder a su amada. Era probable que siempre lo hiciera. ¿Estaría haciendomás mal que bien al decirle lo que había averiguado? ¿Dolería esaesperanza fugaz? Finalmente me decidí a decírselo. Incluso si se lo contabaa los demás, y no creía que lo hiciera -, se reirían de él. No haría ningúndaño. El verdadero problema vendría si le contaba a alguien sobre Víctor yRobert, pero en realidad no tenía que mencionar su participación. Adiferencia de Christian, a Mikhail no se le había ocurrido que la intrusióngigantesca de las noticias Moroi pudiera haber sido perpetrada por losjóvenes que ayudo a salir a escondidas.
    • 178Mikhail probablemente no podía prescindir de un pensamiento que nofuera salvar a su Sonya.-¨Se necesita a un usuario espíritu¨ le explique. ―Uno con una estacaencantada, y entonces el… o ella… tiene que estacar al Strigoi¨-¨Espíritu…¨ Ese elemento era todavía ajeno a la mayoría de Moroi ydhampirs, pero pera el no. -¨Al igual que Sonya. Sé que el espíritu las hace ser más atractivas… perote juro, ella no lo necesitaba. Ella era hermosa¨ Como siempre, el rostro deMikhail tenía esa misma mirada triste que ponía cada vez que mencionabaa la Sra Karp. Nunca le había visto realmente feliz desde la reunión. Derepente pareció avergonzado por su momento romántico y volvió a losnegocios. -¨¿Que usuario del espíritu puede estacar?¨-¨Nadie¨ dije rotundamente. -Lissa Dragomir y Adrian Ivashkov son losúnicos usuarios de espíritu que conozco -¨ además de Avery Lazar¨ estabadejando fuera de esto a Oksana y Robert. -¨ pero ninguno de los dos tienela habilidad para hacer esto, lo sabes tan bien como yo. Y Adrian no tieneningún interés en hacerlo de todos modos.¨ Mikhail fue asusto, y capto loque dije.-¨Pero Lissa si ¿verdad?¨ -¨Si¨ admití. - ¨Pero necesitaría años para aprender a hacerlo. Además ellaes la última de su estirpe. No puede arriesgarse de esa manera¨ La verdad de mis palabras le golpeo y no pude dejar de compartir su dolory la decepción. Como yo, había puesto mucha fe en nuestro últimoesfuerzo por reunirse con su amor perdido. Acababa de afirmar que eraposible… y sin embargo, imposible. El suspiro y se levanto.-¨Bueno… te agradezco que fueras después de todo. Siento que tu castigosea por nada.¨ Me encogí de hombros. -¨Esta bien. Valió la pena., Espero…¨ su rostro se volvió vacilante.-¨Espero que termine pronto y no te afecte para nada¨ -¨¡¿Afecte en qué?!¨ pregunte bruscamente, cogiendo su tono de voz.
    • 179-¨Simplemente… bueno, los guardianes que desobedecen ordenes a vecesse enfrentan a largos castigos¨-¨Oh. Eso¨ Se refería a mi miedo constante por estar pegada a una mesade escritorio. Trate de mostrarme impertinente y no mostrar lo mucho queme asustaba esa posibilidad. -¨Estoy segura de que Hans se echa un farol. Quiero decir, realmente mehacen hacer esto solo porque me escape y…¨ Me detuve, con la bocaabierta, mientras un destello apareció en los ojos de Mikhail. Había oídohace mucho tiempo como había intentado localizar a la Sra Karp, pero laverdad no me había golpeado hasta ahora. Nadie había condenado subúsqueda que había tenido que dejar por su cuenta, rompiendo elprotocolo y a verla acechado cuando finalmente la hubiera localizado. Elhabría estado aquí por tantos problema como yo por ir por la mía.-¨Es por…¨ trague saliva. -¨¿Es por eso que… que trabajas ahora aquí ?¨Mikhail no respondió a mi pregunta. En su lugar me miro con una levesonrisa y señalo a un montón de papeles.-¨La F va antes de la L¨ dijo antes de girarse y salir.-¨Maldita sea¨ murmure, mirando hacia abajo. Estaba en lo cierto. Nopodía ordenar alfabéticamente mientras veía a Lissa. Sin embargo, una vezque estuve sola, no me impedido volver a estar en sintonía con su mente.Quería saber lo que estaba haciendo… y no quería pensar en cómoprobablemente a los ojos de los guardianes había hecho cosas peores osimilares que Mikhail. Lissa y Christian estaban en un hotel cerca delcampus de Lehigh. Mediodía para la vida vampirice significaba la nochepara los humanos universitarios. El tour de Lissa no iba a comenzar hastala mañana del día siguiente, lo que significaba que tendría que estar en elhotel e intentar ajustarse a un horario humano.Los nuevos guardianes de Lissa, Serena y Grant, estaban con ella, juntocon tres más que la reina había enviado también. Tatiana había permitidoque Christian fuera y no se había opuesto de la manera que Lissa habíatemido, algo que me hizo preguntarme si la reina era en realidad tanhorrible como había creído. Priscilla Voda, una cercana consejera de lareina a mí y a Lissa nos gustaba mucho, también acompañaba a Lissamientras vio la facultad. Dos de los guardianes adicionales se quedaroncon Priscilla y el tercero se quedó con Christian. Cenaron en grupo y luegose retiraron a sus habitaciones. En realidad Serena se quedo en lahabitación con Lissa mientras que Grant se quedó de guardia en la puerta.
    • 180 Ver todo esto me hizo sentir una punzada. Pareja de guardianes, esto erapara lo que había sido entrenada. Lo que toda mi vida había esperadohacer por Lissa.Serena era un ejemplo perfecto de guardián. Un golpe en la puerta puso aSerena en acción. Enseguida su estaca estuvo en su mano y se dirigióhacia la puerta, observando a través de la mirilla. No pude dejar deadmirar reacción.-¨Échate atrás¨ le dijo Serena a Lissa.Un momento después, la tensión de Serena se fue, abrió la puerta. Grantestaba allí de pie con Christian.-¨está aquí para verte¨ dijo Grant, como si no fuera obvio.Lissa asintió. -¨Um, si. Ven y entra¨ Christian entro cuando Grant se hizoa un lado. Christian le dio una mirada significativa mientras lo hacía,haciendo un guiño hacia Serena.-¨Hey, um, ¿te importaría darnos algo de privacidad?¨ Tan pronto como laspalabras salieron de la boca de Lissa, todo se volvió rosa brillante.-¨Quiero decir… nosotros solo… solo necesitamos hablar de unas cosas,eso es todo.¨Serena mantuvo su cara neutra, pero estaba claro que pensaba que iban ahacer algo más que hablar. El promedio de parejas adolescentes no teníamuchos cotilleos calientes, pero Lissa, con su fama, atrajo la atención consus asuntos románticos. Serena debía saber que Christian y Lissa habíanroto. Por lo que ella podía suponer, ellos estaban de nuevo juntos. Lainvitación de Lissa a este viaje sin duda lo insinuaba.Serena miro a su alrededor con cautela. El equilibrio entre la protección yla privacidad siempre era difícil entre Moroi y guardianes, y la habitaciónno la hacía nada fácil. Si estuviéramos en un horario vampírico, con todoel mundo durmiendo durante el día, no cabía duda que Serena se habíamarchado al pasillo con Grant. Pero en la oscuridad, e incluso en unquinto piso podría ser complicado.Lissa no se mostro muy complacida en salir de su nuevo cargo. La suitedel hotel de Lissa tenía una amplia sala de estar y un área de trabajo, conuna habitación accesible atreves de unas puertas francesas.
    • 181Serena asintió con la cabeza. -¨¿Qué tal si entro ahí?¨ Una idea inteligente. Daba privacidad, pero semantenía cerca. Entonces, Serena se dio cuenta de las implicaciones y seruborizo.-¨Quiero decir… a menos que tú quieras ir allí.-¨No¨ exclamo Lissa, cada vez mas y mas avergonzada. -¨Esto está bien.Nos quedaremos aquí. Solamente tenemos que hablar¨ No estaba segurade para quien era beneficioso esto, si para Serena o para Christian. Serenaasintió y desapareció hacia dormitorio con un libro, que me recordóextrañamente a Dimitri. Cerró la puerta. Lissa no estaba segura si seescucharía algo, así que encendió la televisión.-¨Dios, esto es miserable¨ Se quejo. Christian parecía totalmente a gustomientras se apoyaba contra la pared. El no era el tipo de persona formal,pero se había puesto ropa de vestir para la cena y aun la llevaba.-¨¿Por qué?¨-¨Porque ella se cree que nosotros estamos.., que estamos bien, ya sabes¨-¨Y ¿Cual es el problema?¨ Lissa rodo los ojos.-¨Eres un hombre. Por supuesto que a ti no te importa¨ -¨Hey, no es como si no lo hubiéramos hecho. Además, mejor para ellapensar eso que saber la verdad.¨ La referencia a su pasada vida sexualinspiro una mezcla de emocione, vergüenza, ira, y deseo, pero se negó ademostrarlo.-¨Bien. Vamos a acabar con esto. Hemos tenido un largo día y nuestrosueño va a estar trastornado. ¿Por dónde empezamos? ¿Quieres que cojala estaca?¨-¨No hay necesidad todavía. Solo vamos a practicar algunos movimientosdefensivos básicos.¨ Se irguió y se dirigió hacia el centro de la habitación,arrastrando una mesa que estaba en medio. si no fuera por el contexto,observarlos entrenar para el combate por sí mismos, habría sido divertido.-¨Esta bien¨ dijo. -¨Ya sabes cómo golpear¨
    • 182-¨¿ Qué? ¡No es cierto!¨ Frunció el ceño.-¨Tu derribaste a Reed Lazar. Rose lo menciono, unas cien veces. Nunca lahe oído estar más orgullosa de nada¨ -¨Le di un puñetazo a una persona¨ Señalo. -¨Y Rose me estaba guiando.No sé si sabría hacerlo de nuevo¨ Christian asintió, viéndose decepcionado,no por sus habilidades si no porque tenía un carácter impaciente y queríaentrar de lleno en la realidad de la lucha entre otras cosas. Sin embargo,demostró ser un maestro paciente, que sorprendentemente se acercabamucho al arte de golpear. Muchos de sus movimientos en realidad loshabía cogido de mí. Había sido un estudiante decente. ¿Estaba al nivel delos guardianes? No. pero por muy poco. ¿Y Lissa? Ella era inteligente ycompetente, pero ella no estaba hecha para el combate, sin importar lomucho que quisiera ayudar en esto. El puñetazo a Reed Lazar había sidosorprendente, pero no parecía algo que llevara en su naturaleza.Afortunadamente, Christian empezó con algo simple como esquivar a susoponentes. Lissa era solo una principiante pero mostraba un gran arte.Christian parecía ayudar con sus habilidades instructivas, pero siemprehabía creído que los usuarios de espíritu tenían una especie de instintosobrenatural que otros no podrían tener. Dudaba que eso funcionara conun Strigoi sin embargo. Después de un rato, Christian regreso a la parteofensiva y ahí es cuando las cosas fueron mal.Lisa era gentil, de naturaleza curativa, no encajaba con eso y ella senegaba a golpear con toda su fuerza, por temor a hacerle daño. Cuando élse dio cuenta de lo que realmente estaba pasando, su temperamentoempezó a aumentar.-¨¡Vamos! No te contengas¨ -¨No lo hago¨ protesto ella, dándole un puñetazo en el pecho que nodejaba duda su opinión. Se paso una mano por el pelo con irritación.-¨¡Tu sabes más que esto! Te he visto llamar a una puerta más fuerte de loque me estas golpeando¨ -¨Eso es una metáfora ridícula¨ -¨Y…¨ agrego, -¨tú no estás cogiendo micara como objetivo.-¨¡No quiero dejarte marcas¨
    • 183 -¨Bien, al paso que vamos, no creo que haya peligro de eso¨ murmuro el.-¨Además, luego puedes curármelo.¨ Me hizo gracia sus peleas, pero no como su ocasional utilización delespíritu. Dando un paso hacia adelante, Christian la agarro por la muñeca y tiro deella hacia él. Apretó los dedos con la otra mano y lentamente le demostrócómo lanzar un puñetazo tirando el puño hacia su cara. El estabainteresando en enseñar la técnica y el movimiento, por lo que solo fue unroce.-¨¿Ves? tira hacia arriba. Haz el impacto justo aquí. No te preocupes porhacerme daño¨-¨No es así de simple…¨Su protesta se desvaneció y de repente, los dos parecieron darse cuenta dela situación en la que estaban. Había poco espacio entre ellos y sus dedosestaban envueltos todavía alrededor de su muñeca. Sentí el calor atrevesde la piel de Lissa enviando electricidad a través del resto del cuerpo. Elaire entre ellos parecía espeso y pesado, como si los envolviera y tirara deellos juntándolos cada vez más. Por los ojos de Christian y la forma decoger aire, estaba dispuesta a apostar que estaba teniendo una reacciónsimilar por estar tan cerca de su cuerpo. Dándose cuenta el mismo, derepente soltó la mano y dio un paso atrás.-¨Bueno¨ dijo bruscamente, aunque nervioso por la proximidad. -¨Supongoque vas en serio acerca de ayudar a Rose¨ A pesar de la tensión sexual, elcomentario encendió la ira de Lissa. Ella apretó el puño y cogiendo aChristian con la guardia baja saco el puño y le golpeo en la cara. No teníala misma gracia que cuando golpeo a Reed pero le dio a Christian un durogolpe. Por desgracia perdió su equilibrio en la maniobra y se tambaleohacia delante hacia él. Los dos cayeron juntos, golpeándose contra el sueloy tirando con ellos una pequeña mesa y una lámpara. La luz se apago. Mientras tanto, Lissa había aterrizado sobre Christian. Los brazos de élinstintivamente la abrazaron, y si el espacio entre ellos antes había sidopequeño, ahora era inexistente. Se miraron a los ojos y el corazón de Lissagolpeo ferozmente su pecho.Esa sensación tentadora llenaba el alrededor de ellos, el mundo para ellaparecía centrarse en sus labios.
    • 184Ambas, ella y yo nos preguntamos más tarde si podrían haberse besado,pero justo entonces, Serena irrumpió desde el dormitorio. Ella estaba enun estado de máxima alerta Guardián, el cuerpo tenso y lista paraenfrentarse a un ejército de Strigoi con su estaca en la mano. Ella frenocuando vio la escena ante ella: lo que parecía ser un interludio romántico.En cierto modo, algo raro, la lámpara rota y la hinchazón marcaba elrostro de Christian. Era bastante incomodo para todos y el modo deataque de Serena se desvaneció a uno de confusión.-¨Ah¨ dijo ella con incertidumbre. -¨Lo siento¨ La vergüenza inundo aLissa, así como el auto resentimiento por haber sido afectada porChristian.Ella estaba furiosa con él, después de todo. Rápidamente, ella se separo yse sentó, en estado nervioso, sentía la necesidad de dejar claro que nohabía nada romántico en lo que estaba pasando.-¨Esto...esto no es lo que parece¨ balbuceo ella, mirando cualquier partemenos a Christian, quien estaba de pie y parecía tan mortificado comoLissa.-¨Estábamos luchando. Es decir, practicando la lucha. Quiero aprender adefenderme de los Strigoi. Y atacarlos. Christian estaba ayudándome, esoes todo¨ Había algo bonito en ella y me recordó al encanto de Jill. Serenavisiblemente relajada, estaba claro que eso le hizo gracia.-¨Bueno¨ dijo ella, -¨no se ve que estéis haciendo un buen trabajo¨Christian se volvió indignado mientras se acariciaba la mejilla.-¨¡Hey! Nosotros también sabemos. Yo le enseñe esto¨ Serena seguíapensando que todo era divertido, pero un destello de seriedad, empezó aformarse en sus ojos.-¨Eso pareció más afortunado que cualquier cosa¨ Ella vacilo, como siestuviera al borde de una gran decisión. Finalmente dijo.-¨Mira, si vais enserio acerca de esto, entonces necesitáis aprender de laforma correcta. Os mostrare como hacerlo.¨No. De ninguna forma. Yo estaba a punto de escapar de la corte y hacerautostop hasta Lehigh para realmente enseñarles como dar un golpe, conSerena como ejemplo, cuando algo me sacudió lejos de Lissa y de nuevo ami propia realidad. Hans. Le di un sarcástico saludo con los labios, perono me dio más oportunidad.
    • 185-¨Olvídate de esto y sígueme. Te han llamado¨-¨¿Yo?¨ dije sorprendida. -¨¿llamada a donde?¨ Su rostro era sombrío.-¨Para ver a la reina¨
    • 186 Capítulo 14 Traducido por MontyLa última vez que TATIANA había querido gritarme, ella simplemente mehabía llevado a una de sus salas de estar privada. Se había resultado unambiente extraño, como si estuviéramos en la hora del té, excepto por logeneral la gente no gritan a otras personas durante la hora del té. No teníaninguna razón para creer que esto sería de otra forma. . . hasta que me dicuenta de mi escolta me conducía a los edificios oficiales principales de laCorte, los lugares donde se llevaba a cabo todos lo concerniente a las leyesreales. Mierda. Esto era más grave de lo que esperaba.Y de hecho, cuando fui conducida finalmente a la habitación dondeTatiana esperaba. . . bueno, casi llegó a un punto muerto y no pudeentrar. Sólo un ligero toque en la espalda de uno de los guardianes que meacompañaban me mantuvo andando. El lugar estaba lleno.Yo no sabía a ciencia cierta en que sitio de sitio Moroi estaba entrando. Larealeza mantiene una sala lustrosa para el trono de su rey o una reina,pero yo no pensaba que esto era eso. Este cuarto estaba todavía másdecoradas, transmitiendo la sensación del tipo de realeza al estilo viejomundo, con tallados florares cuidadosamente moldeados y candelabros deoro brillando en las paredes. Había velas encendidas en ellos también. Suluz se reflejada en los adornos metálicos de la sala. Todo brillaba, y mesentí como si me hubiera caído en una producción teatral.Y de verdad, que bien podría ser. Porque después de observar unmomento, me di cuenta de dónde estaba. La gente en la sala estabadivididas. Doce de ellos sentados en una mesa larga sobre un estrado en loque se entiende claramente a ser el punto focal de la habitación. Tatianase sentó a la mitad de la tabla, con seis Moroi por un lado y cinco en elotro. El otro lado de la sala se llenaba simplemente con hileras de sillas,también muy elaboradas y con cojines de raso, que se llenaron tambiéncon Moroi. El público.
    • 187Las personas sentadas a ambos lados de Tatiana me dieron la pista. EranMorois mayores, pero de los que llevaban un encanto histórico. Once Moroi para las once actuales familias reales. Lissa no teníadieciocho años - aunque estaba a punto de cumplirlos, me di cuentaentonces, y por lo tanto no tenía un lugar entre ellos todavía. Alguienestaba sentado en el sitio de Priscilla Voda. Estaba buscando en elConsejo, los príncipes y princesas del mundo Moroi. El miembro de mayoredad de cada familia reclamó el título real y un lugar de asesoramiento allado de Tatiana. A veces el mayor renunciaba al puesto y se lo cedía aalguien de la familia que se sintiera más capaz, pero la minima rondabacasi siempre por lo menos los cuarenta y cinco. El Consejo elegía al rey ola reina Moroi, cargo que ocupaba hasta su muerte o jubilación. En rarasocasiones, con el respaldo suficiente de las familias reales, un monarcapodría ser desplazados por la fuerza de su cargo.Cada príncipe o princesa en el Consejo a su vez era asesorado por unconsejo de familia, y mirando hacia atrás en la audiencia, me di cuenta deque había grupos de miembros de la familia sentados juntos: Ivashkovs,Lazars, Badicas. . . Las filas más atrás parecían ser observadores. Tasha yAdrian se sentaron juntos, y yo sabía a ciencia cierta que no eranmiembros del Consejo Real o consejos familiares. Aún así, eso metranquilizo un poco.Yo me quedé cerca de la entrada a la sala, cambiando el peso coninquietud de un pie a otro, preguntándome lo que sucedería. No acababade ganar una simple humillación pública, me parecía que la que habíaganado se daría delante de los más importantes Moroi del mundo.Maravilloso.Un desgarbado Moroi con el pelo blanco se adelantó, por el lado de la largamesa, y se aclaró la garganta. Inmediatamente, el zumbido de laconversación murió. El silencio llenó la habitación.-En esta sesión del Consejo Moroi Real se encuentra ahora en el orden, -declaró. -Su Majestad, Tatiana Marina Ivashkov, como presidente.Le dio una ligera inclinación de cabeza en su dirección y luego se dirigiódiscretamente a un lado de la sala, de pie cerca de algunos tutores que sealineaban en las paredes como si fueran decoración.
    • 188Tatiana tenía vestidos de gala como los que le había visto en las fiestas,pero para un evento formal de este tipo, ella vestía como una verdaderareina. Su vestido era de seda azul marino de manga larga, y una corona depiedras brillantes de azul y blanco se sentaba encima de su cabellotrenzado elaboradamente. En un concurso de belleza, yo habría jurado quetal conjunto de gemas y diamantes eran imitación. En ella, no puse enduda por un momento que eran zafiros y diamantes reales.-Gracias, -ella dijo. También utilizando su voz real, resonante eimpresionante, llenando la habitación.- Vamos a continuar nuestraconversación de ayer.Espera. . . ¿qué? Ellos habían estado discutiendo sobre mí, también ayer?Me di cuenta entonces que había envuelto mis brazos alrededor de mímisma en una especie de postura de protección, de inmediato los baje. Yono quería parecer débil, no importaba lo que tenía reservado para mí.-Hoy vamos a oír el testimonio de un tutor recién hecho.- Tatiana posó suaguda mirada sobre mí. La sala entera lo hizo.- Rosemarie Hathaway,haga el favor de presentarse.Lo hice, manteniendo la cabeza alta y la postura de confianza. Yo no sabíaexactamente dónde colocarme, por lo que escogí el centro de la habitación,directamente frente a Tatiana. En caso de que iba a ser exhibida enpúblico, hubiera querido que alguien me hubiera avisado para llevar miuniforme blanco y negro de tutor. Lo que fuera. Yo no mostraría miedo,incluso con unos vaqueros y una camiseta. Me dio una pequeñareverencia, adecuada y luego me miró a los ojos directamente,preparándose para lo que vendría.-¿Por favor diga su nombre? -me preguntó. Ella ya lo había hecho por mí,pero aún si dije:-Rosemarie Hathaway.-¿Cuántos años tienes?- Dieciocho.-¿Y cuánto tiempo hace que tienes dieciocho años?- Unos meses.
    • 189Esperó un par de momentos para sopesar el dato, como si fuerainformación importante.-Señorita Hathaway, entendemos que en esa época, es en la que se escapode la Academia de San Vladimir. ¿Es esto correcto?¿Era eso de lo que se trataba? ¿No era sobre el viaje con Lissa a las Vegas?-Sí. -Yo no ofrecí más información.Oh Dios. Yo esperaba que ella no entrara en el tema Dimitri. Ella nodebería haber sabido acerca de mi relación con él, pero era imposible saberqué información podría extenderse por aquí.-Usted fue a Rusia a cazar un Strigoi.-Sí.-Como un tipo de venganza personal tras el ataque a Vladimir s de San?- Er... Sí.Nadie dijo nada, pero mi respuesta definitivamente causó un revuelo en lasala. La gente se movió incómoda y miró a sus vecinos. Los Strigoi siempreinspiraban miedo, y alguien en busca de ellos era todavía un conceptopoco común entre nosotros. Curiosamente, Tatiana parecía muy contentapor esta confirmación. ¿Se iba a utilizar como más munición contra mí?-Queremos asumir entonces-continuó-, que usted es uno de los que creenen ataques directos contra los Strigoi?-Sí.-Muchos tuvieron reacciones diferentes a la terrible atentado en SanVladimir,- ella dijo. -Usted no es el único dhampir que quería devolver elgolpe contra los Strigoi, aunque eran sin duda los más jóvenes.Yo no tenía conocimiento de otras personas que en juergas de vigilantes ,bueno, aparte de algunas dhampirs imprudente en Rusia. Si ésa era lahistoria de mi viaje estaba dispuesta a creer, que estaba muy bienconmigo.
    • 190-Tenemos informes de ambos tutores y alquimistas en Rusia que fueronun éxito.- Esta fue la primera vez que había oído mencionar a losAlquimistas en público, pero por supuesto que sería un tema común entreel Consejo. -¿Me puede decir cuántos mataste? -Yo…- susurre con sorpresa. -No estoy segura, Su Majestad. Por lomenos…- Me devanaba los sesos. -Siete. -Podría haber sido más. Ellapensaba lo mismo.-Eso podría ser una cifra modesta en comparación con lo que nuestrasfuentes dicen,- ella observó grandiosamente. -Sin embargo, todavía unnúmero impresionante. ¿Realizaste las muertes por ti misma? -A veces lo hice. A veces tenía ayuda. No se... Algunos dhampirstrabajaron conmigo de vez en cuando.- Técnicamente, había recibidoayuda Strigoi, pero yo no iba a hablar de ello.-¿Eran de su edad?-Sí.Tatiana no dijo nada más, y como si recibiera una señal, una mujer juntoa ella habló. Yo creía que ella era la princesa Conta.-¿Cuando mató a su primera Strigoi?- frunció el ceño.-El pasado mes de diciembre.-¿Y tenías diecisiete años?-Sí.-¿Hiciste la matanza tu misma?-Bueno... Sobre todo. Un par de amigos ayudaron con la distracción.Tenía la esperanza de que no fueran a presionar para obtener másdetalles. Mi primer asesinato ocurrió cuando Mason había muerto, yaparte de los acontecimientos que rodearon Dimitri, que la memoria meatormentaba más.Pero la princesa Conta no quería muchos otros detalles. Ella y los otros,que pronto se unieron en el interrogatorio, en su mayoría quería sabersobre mis matanzas.
    • 191Ellos estuvieron poco interesados en saber cuántos otros dhampirs mehabían ayudado, pero no quisieron entrar en cuanta ayuda Moroi habíatenido. También pasaron por alto mi expediente disciplinario, cosa que mepareció desconcertante. El resto de mis datos académicos fueronmencionados - mis notas de combate excepcional, cómo había sido uno delos mejores cuando Lissa y yo había huido nuestro segundo año y larapidez con que había recuperado el tiempo perdido para ser superior enmi clase otra vez (al menos en cuanto a la lucha ). Hablaron también sobrecómo había protegido a Lissa siempre estábamos solas en el mundo y,finalmente, concluyó con mi excepcional puntuación en mi prueba final.-Gracias, Guardián Hathaway. Usted puede marcharse.La desdeñosa voz de Tatiana no dejaba lugar a dudas. Ella me quería fuerade allí. Yo estaba más que deseosa de cumplir, dando otra inclinación, yluego corriendo hacia fuera. Eché un vistazo rápido a Tasha y Adriáncuando lo hice, y la voz de la reina sonó como yo cruce la puerta,-Con esto concluye nuestra sesión de hoy. Vamos a convocar de nuevomañana.- No me sorprendió cuando Adrian me alcanzó unos minutos mástarde. Hans no me hubiera mandado a regresar y trabajar después de lasesión, así que había decidido disfrutar de la libertad.-Está bien, - le dijo, deslizando la mano en Adrián. -Ilumíname con tusabiduría sobre la política real. ¿Qué fue todo eso?-No tengo idea. Yo soy la última persona en preguntar cosas sobre política,-dijo. -Yo ni siquiera voy a esas cosas, pero Tasha me encontró en elúltimo minuto y me pido que viniera con ella. Supongo que ella tiene unchivatazo de que ibas a estar allí - pero ella estaba tan confundida.Ni de nosotros había dicho nada, pero me di cuenta que lo llevaba haciauno de los edificios que ocupa el comercio restaurantes -, tiendas, etc, derepente me estaba muriendo de hambre.-Tuve la impresión de que esto era parte de algo que ya había estadohablando ,, ella mencionó su último período de sesiones.-Ha sido cerrado. Al igual que mañana. Nadie sabe lo que están hablando.
    • 192-¿Entonces por qué hacer este con público? - No me parecía justo que lareina y el Consejo pudieran tomar y elegir lo que compartían con losdemás. Todas las audiencias deberían ser públicas. Fruncí el ceño.-Probablemente porque ellos van a celebrar una votación en breve, y queserá pública. Si tu testimonio juega algún papel, entonces, el Consejo talvez quiera asegurarse de que haya otros testigos Moroi , de modo que todoel mundo entienda la decisión cuando se tome . -Hizo una pausa. -Pero,¿qué sé yo? Yo no soy político.-Haces que suene como si ya estuviera decidido, -me quejó yo.-¿Por qué habría que votar en todas las? ¿Y por qué tendría yo que tenernada que ver con el gobierno?Abrió la puerta a un pequeño café que vendía comida para un almuerzoligero, hamburguesas y sándwiches. Adrián prefería los restaurantes delujo con alimentos de gourmet. Creo que él lo prefería, pero también sabíaque no me gustaba estar siempre en la pantalla o que se nos recuerde queyo estaba con una persona de una real familia de élite. Me gustó que élhubiera sabido que había hoy sólo quería algo ordinario.Sin embargo, solo con estar juntos nos habíamos ganado unas pocasmiradas curiosas y susurros de los clientes del restaurante. En la escuela,que había sido una fuente de especulación, ¿pero aquí en la Corte?Éramos la atracción del principal escenario. La imagen era importantes enla corte, y la mayoría de las relaciones Moroi dhampir se llevaron a cabo ensecreto.Nosotros siendo tan abiertos, especialmente teniendo en cuenta lasconexiones de Adrian - resultaba escandaloso y chocante, y la gente nosiempre era discreta con sus reacciones. Yo había oído todo tipo de cosasdesde que regrese a la corte. Una mujer me había llamado sinvergüenza.Otro había especulado en voz alta por qué Tatiana simplemente no había"acabado conmigo."Afortunadamente, la mayoría de nuestro público se contentaba con mirarnuestro mundo, haciendo que fueran fáciles de ignorar. Hubo unapequeña línea de pensamiento en la frente de Adrian cuando nos sentamosen una mesa.
    • 193-A lo mejor están votando para que se haga de guardiana de Lissa,después de todo. -Estaba tan sorprendida que no pude decir nada durantevarios segundos cuando la camarera se apareció de repente. Finalmentebalbucee mi pedido y luego mire a Adrian con los ojos muy abiertos.-¿En serio?- La sesión había sido la deun examen de mis habilidades,después de todo. No tiene mucho sentido. Salvo. . . -No, el Consejo no ibaa tomarse la molestia de reunirse para la asignación de su tutor. - Misesperanzas cayeron. Adrian se encogió de hombros en señal dereconocimiento.-Es verdad. Pero esto no es una misión ordinaria para aprobar a un tutor.Lissa es la última de su estirpe. Todo el mundo, incluyendo a mi tía, tieneun interés especial en ella. Dándole a alguien como tú que es... -Le di unamirada peligrosa para que midiera sus palabras. -...Controvertida podríamolestar a algunas personas.- Y es por eso que en realidad me quería allí para describir lo que hehecho. Para convencer a la gente en persona que soy competente. -Inclusomientras decía aquellas palabras, todavía no me atrevía a creer en ellas.Era demasiado bueno para ser verdad.-Simplemente no puedo imaginarlo,ya me parece ser en gran parte tantos problemas con los guardianes.- Yo no lo sé, -dijo.- Es sólo una suposición. ¿Quién sabe? Tal vez crea quelo de Las Vegas fue sólo una broma inofensiva. -Había un tono amargo ensu voz sobre eso.- Y yo te dije que la tía Tatiana está cambiando de pareceren torno a ti. Tal vez ella te quiere como guardiana de Lissa ahora, perotiene que hacer una exposición pública que lo justifique.Era una idea sorprendente.-Pero si me pongo al cuidado de Lissa, ¿qué vas a hacer? ¿Convertirte enun tipo respetable y entrar a la universidad también? -No sé, -dijo, con sus ojos verdes pensativos mientras tomaba su bebida. -Tal vez lo haré. Eso también fue inesperado, y mi conversación con su madre regresó a mimente. ¿Qué pasa si era el guardián de Lissa en la universidad y estabacon nosotros durante los próximos cuatro años? Yo estaba bastantesegura de Daniella había pensado que estaríamos separados este verano.
    • 194 Yo pensaba lo mismo. . . y me sorprendi al sentir cómo me aliviaba el queyo podría llegar a quedarme con él. Dimitri siempre dejó mi corazón llenode dolor y nostalgia, pero yo todavía quería Adrian en mi vida. Sonreí y leapoyé la mano sobre la suya.-No estoy segura de lo que haría contigo si fueras respetable.Levantó mi mano a hasta sus labios y la besó.-Tengo algunas sugerencias, -me dijo. Yo no sabía si era su palabra o eltacto de su boca en mi piel lo que me hizo temblar. Yo iba a preguntar loque esas sugerencias eran cuando nuestro interludio fue interrumpidopor…-¿Hans?-Hathaway,-dijo, con una ceja arqueada mientras permanecía de pie juntoa nosotros. -Tú y yo tenemos algunas ideas muy diferentes sobre ladefinición de la palabra castigo‖ Él tenía razón. En mi mente, en el castigo participan las cosas fáciles,como cables de anclaje y el hambre. No los presente. En su lugar, merespondí:-Tú no me dijiste que tenía que volver después de haber visto a la reina.-Él me dio una mirada exasperada.- Tampoco te dije que te fueras a una cita. Vamos. Volveremos a lasbóvedas.-Pero ya he pedido y no tardaran en servirme.-Tendrás tu hora del almuerzo en otro par de horas como el resto denosotros.- Traté de reprimir mi indignación. No me habían estado dandode comer pan y agua durante las costras de mi castigo, pero la comida nohabía estado mucho mejor. En ese momento, la camarera regresó con lacomida. Agarré el sándwich antes de que ella incluso dejara los platossobre la mesa l y lo envolví en una servilleta.-¿Puedo llevármelo?
    • 195-Si te lo puede comer antes de que regresemos. -Su voz era escéptica, ya labóveda estaba muy cerca. Evidentemente, estaba subestimando micapacidad de consumir los alimentos.A pesar de la expresión de desaprobación de Hans, Adrián me dio un besode despedida y una mirada que le dijo que tal vez continuaríamos connuestra conversación. Él me dio una sonrisa feliz, sabiendo que sólo lavería por un segundo antes de que Hans me llamara desde la distancia.Fiel a mis expectativas, me las arreglé para comerme el sándwich antes deregresar al edificio de los guardianes, aunque me sentí unas pocasnáuseas por la siguiente media hora más o menos.Mi almuerzo era casi a la hora de la cena de Lissa, en el mundo humano.Volviendo a mi castigo miserable, me animé un poco a dejarme llevar porsu alegría a través de nuestro enlace. Había pasado todo el día de su girapor el campus Lehigh, y era todo lo que ella esperaba que podría ser. Legustaba todo. Ella amaba los bellos edificios, los jardines, los dormitorios.. . y sobre todo las clases. Un vistazo al catálogo de cursos abrió unmundo de educación superior incluso a la que San Vladimir, nos habíaofrecido. Quería ver y hacer todo lo que la escuela tenía que ofrecer.E incluso si ni si quisiera yo estaba allí. Lissa estaba emocionada todavíapor el hecho de que era su cumpleaños. Priscila le había dado un poco dejoyería elaboradas y había prometido una cena de lujo esa noche. No eraexactamente el tipo de celebración que Lissa había esperado, pero laemoción de su décimo octavo cumpleaños todavía intoxicante,especialmente en lo que vio a su alrededor en la escuela de ensueño a laque había de asistir pronto.Lo confieso, sentí una punzada de celos. A pesar de la teoría de Adriánsobre por qué la reina me había llamado en el día de hoy, yo sabía que, aligual que Lissa , que las probabilidades de que fuera a la universidad conella todavía eran nulas. Una parte pequeña de mi no podía entender cómoLissa por lo tanto puede estar tan excitada sobre la universidad sinsiquiera saber si yo iba a estar allí. Infantil de mí, lo sé.No tuve mucho tiempo para ponerme de mal humor, sin embargo, porqueuna vez que todas la gira se hizo, la comitiva de Lissa regresó al hotel.Priscilla les dijo que podían prepararse, ducharse y esas cosas duranteuna hora o así antes de ir a cenar.
    • 196Para Lissa, esto significa más tiempo para practicar la lucha.Mi estado de ánimo melancólico de inmediato se volvió furioso. Las cosasse pusieron peor cuando me di cuenta que al principio del día, Serenahabía dicho a Lissa acerca del deseo aprender a defenderse con Cristian.Al parecer, pensó que era una buena idea también. Sería figura. Lissatenía dos guardianes. ¿Por qué no podía haber llegado alguna persona, dela vieja escuela que se horrorizara ante la idea de que un Moroi siquierapensara en luchar de un Strigoi?Así que, mientras yo estaba sentada impotente e incapaz de entrar enrazón a golpe cualquiera de ellos, Christian ahora tenía dos personas parahacer de instructor. Esto no sólo significa más oportunidades deaprendizaje, también significaba Serena había un socio competente parademostrar con ciertos movimientos. Ella y Grant discutido, explicando almismo tiempo las maniobras de Lissa y Cristian, vistos con los ojosabiertos.Por suerte (bueno, no para Lissa), ella y yo pronto notamos algo. Losguardianes no sabían la verdadera razón por la que Lissa estabainteresada en la lucha. No tenían ni idea - ¿cómo podrían tenerla? Queella quería ir a cazar y jugar con un Strigoi con la débil esperanza detraerlo de regreso a la vida. Ellos pensaban que sólo quería aprenderdefensa básica, algo que parecía muy sensible a ellos. Así que eso fue loque ellos enseñaban. Grant y Serena también Lissa y la práctica Cristianen sí. Yo sospechaba que había un par de razones para esto. Una era queLissa y Christian no tienen la habilidad para hacer mucho daño el uno alotro. La segunda razón era que se divertía con los guardianes.No divertir a Lissa y Christian. Todavía había tanta tensión entre ellos,tanto sexual como de enojo, resentido a estar en un contacto tan estrecho.Grant y Serena detuvieron al Moroi de hacer dos golpes más directos a lacara, pero esquivarlos a menudo significaba simple roce de unos contraotros, los dedos deslizándose sobre la piel en el calor de la acción. De vezen cuando, los guardianes tenían que pedir a alguien que jurara el rol deStrigoi, y Lissa o Cristian se ponían a la ofensiva. Los dos Moroi daban labienvenida hasta cierto punto, después de todo, los ataques directos eranlo que quería aprender
    • 197Pero, cuando Christian (jugando el rol de Strigoi) arremetió contra Lissa yla empujó contra una pared, aprender en la clandestinidad de pronto no lepareció tan buena idea para ella.La maniobra los presionó al uno contra el otro, con los brazos de elsosteniendo los de ella. Podía oler y sentirle y se vio abrumada por lafantasía de él sólo detonando y la besó.-Creo que ustedes dos deberían volver a la defensa básica, -dijo Grant,interrumpiendo sus sentimientos traidores. Sonaba como si estuviera máspreocupado por ellos hiriéndose entre sí que la posibilidad de quepudieran empezar a hacerlo allí mismo.A Lissa y Christian les llevo un momento para centrarse, incluso en suspalabras, y mucho menos tiempo en acordarse de los demás que allíestaban. Cuando lo hicieron, trataron de evitar el contacto visual yregresaron al sofá. Los guardianes se lanzaron a más ejemplos de cómoevitar que un atacante. Lissa y Christian lo habían visto muchas veces,ellos sabían la lección de memoria, y su atracción anterior dio paso a lafrustración. Lissa era demasiado educada para decir nada, pero despuésde quince minutos de Serena demostrando la forma de bloquear con susbrazos y esquivar a alguien llendo hacia a ti, Christian habló por fin.-¿Qué tal jugue de Strigoi?- Serena se quedo congelada en las palabras deCristian.-¿Ha dicho juego?- En lugar de ser sorprendido, Grant se rió entre dientes.-No creo que eso es algo que deba preocuparnos. Tú debes centrarse enalejarte de un Strigoi, no en estar más cerca.Lissa y Christian intercambiaron una mirada inquieta.-Me ayudó a matar Strigoi antes, -señaló Cristian al cabo. -Yo usaba elfuego en la escuela de ataque. ¿Está diciendo que no está bien? ¿Que yono lo tendría que haber hecho? Ahora Serena y Grant intercambiaron miradas. Ja, pensé. Esos dos nofueron tan progresistas como yo pensaba. Venían desde el punto de vistade la defensa, no del ataque.-Por supuesto que deberías, -dijo Grant en el último. -Lo que hiciste fueincreíble. Y en una situación similar. Claro que sí.
    • 198No quisiera que estuvieras indefenso. Pero de eso se trata, de usar tufuego. Si todo se redujera a la lucha contra un Strigoi, tu magia va a ser elcamino a seguir. Tú ya sabes cómo usarlo, y te informaremos de cuál es laforma segura de quedar fuera de su alcance.- ¿Y yo qué? Preguntó Lissa. -No tengo ningún tipo de magia de esamanera.-Nunca te acerques lo suficiente a un Strigoi para que eso sea unproblema, -dijo Serena con fiereza. -No le dejes que se aproxime tanto.Además-añadió con cara de diversión- nunca repitas ese truco del besofuera de aquí. Aunque Yo hubiera dado cualquier cosa para que un strogise me acercara de esa manera si llevara una estaca conmigo.Lissa se mordió el labio y se negó a hacer contacto visual con Christianotra vez, por miedo de mostrar sus intenciones. Esto no iba de acuerdocon su plan de loco. Cristiano volvió a tomar la delantera.-¿Puedes al menos hacer una demostración? -preguntó, para intentar, ytener éxito, que se viera como alguien que buscara algo sensacional yemocionante. ¿Es difícil de hacer? Parece que todo lo que tienes que haceres apuntar y golpear.Grant soltó un bufido.-No lo creo. Es mucho más que eso. Lissa se inclinó hacia delante, juntando las manos mientras seguía elaplomo Cristian.-Bueno, entonces no te preocupes por nosotros, tu solo enséñanos. Sólomuéstranoslo.- Sí. Vamos a ver. - Cristian cambió sin descanso a su lado. Mientras lohacía, sus brazos barriendo, y de inmediato se movió alejándose.-No es un juego, -dijo Grant. No obstante, se acercó a su abrigo y saco suarma. Serena le miró con incredulidad.-¿Qué vas a hacer? -le preguntó. -¿Estacarme?Le dio risa y registraron la habitación con sus agudos ojos.-Por supuesto que no. ¡Ah!. Ya está.- Se acercó a un pequeño sillón quehabía una almohada decorativa. Lo levantó y puso a prueba su anchura.
    • 199Era gordo y grueso lleno de algún tipo de relleno denso. Volvió a Lissa y leindicó que se pusiera de pie. Para asombro de todos, que le siguió el juego.Bloqueo su cuerpo en una posición rígida, él se apoderó de la duraalmohada entre las manos y lo extendió a un par de pies frente a él.-Adelante, -dijo. -Es el objetivo y golpéalo.-¿Estás loco? preguntó Serena-No te preocupes-, dijo. La Princesa Voda puede permitirse los imprevistos.Estoy probando un punto. Golpea la almohada.Lissa vaciló sólo un momento más. Una emoción que parecíainusualmente intenso la lleno. Yo sabía que ella había estado ansiosa poraprender esto, pero su deseo parecía más alto que antes. Apretando losdientes, ella se adelantó y torpemente trato de atravesar la almohada consu juego. Ella se mostró cautelosa, por temor a hacerle daño a Grant ,pero no había necesidad de que se preocupara. Ni siquiera le movió, y loúnico que logró con la ataque fue un enganche ligero de los tejidos en lasuperficie. Intentó un par de veces más, pero no logro mucho más.-¿Eso es todo lo que pueda hacer?-dijo Cristian. Evidente, le entregó eljuego.-¿Tu puedes hacerlo mejor?- Cristian se puso en pie, con una sarcásticasonrisa desapareciendo mientras estudiaba la almohada de manera críticaantes de dar el golpe. Mientras lo hacía, Lissa miró a su alrededor y vio el humor en los ojos delos guardianes. Incluso Serena se había relajado. Ellos estaban haciendosu punto, demostrando que estacar no era algo fácil de aprender. Mealegré, y mi opinión de ellos se levantó.Cristian finalmente hizo su movimiento. Lo que hizo en realidad perforo latela, pero la almohada y su relleno fue demasiado para romper. Y denuevo, Grant no fue sacudido en absoluto. Después de más intentosfallidos, Christian volvió a sentarse y le entregó la estaca. Fue bastantedivertido ver la actitud arrogante de Christian derribándose. Incluso Lissalo disfruto, a pesar de su propia frustración sobre lo difícil que era llegar ahacer daño a un enemigo.
    • 200-El relleno tiene demasía resistencia, -se quejó Cristian. Grant entregó suarma a Serena.-¿Qué es que, y tú te crees que un cuerpo de Strigoi va a ser más fácil deatravesar? ¿Con los músculos y las costillas en el camino?Grant regresó a su posición, y sin vacilar, Serena golpeó con la madera. Apunto de reventar por el otro lado de la almohada, que se detuvo justo enfrente del pecho de Grant como pequeñas piezas de relleno cayendo haciael suelo. Ella lo tiró hacia fuera y se lo entregó como si hubiera sido la cosamás sencilla del mundo. Tanto Christian como Lissa miraron conasombro.-Déjame intentarlo otra vez , -dijo. En el momento en que Priscilla los llamó a cenar, no había una almohadaen la habitación de hotel sin ser tocada. Boy, iba a ser sorprendidocuando recibiera la factura. Lissa y Christian decidieron acabar con eljuego, mientras que los guardianes miraban con aire de superioridad,seguros de que su mensaje se está entregando. Matar Strigoi no era fácil.Lissa finalmente lo consiguió. Se dio cuenta de que de alguna manera,atravesando una almohada - o un Strigoi - no era siquiera el principio.Claro, que me había oído hablar de lo complicado que llegar hasta elcorazón y esquivar las costillas, pero esto la hizo entenderlo mejor. Muchode ello era fuerza - fuerza que físicamente ella no tenía todavía. Serena,aunque aparentemente pequeña, había pasado la formación de susmúsculos y podría conseguir que a atravesar prácticamente cualquiercosa. Una lección de una hora no daría Lissa ese tipo de fuerza, y ella lesusurró esto a Cristian cuando el grupo salió a cenar.-¿Tú has dejar de fumar ya? -preguntó con voz igualmente baja, ya queviajaba en el asiento trasero de un SUV. Con Grant, Serena, y un tercerguardián que también estaba allí.-¡No!-Lissa susurró de nuevo. -Pero tengo que hacerlo, al igual queentrenar más antes de lograr nada.-Al igual que levantar pesas.-Yo... No sé.-Los otros seguían hablando entre sí, pero el tema de Lissaera demasiado peligroso para correr el riesgo de que la oyeran.
    • 201Ella se acercó a Christian, desconcertándolo una vez más en su cercanía yfamiliaridad. Trago saliva, trató de mantener su rostro impasible yadherirse a este tema.-Pero no sólo soy lo suficientemente fuerte. Es físicamente imposible.Parece que nunca estás consiguiéndolo.-¡Hey! ¿No atravesaste bien algunas de las almohadas .- Él se sonrojóligeramente.-Casi lo logre con una de color verde.-¡No quedo casi nada en ella!-Sólo necesito más práctica.-Tú no necesitas hacer nada, -replicó ella, luchando por mantener la voztranquila a través de su ira. -Esta no es tu lucha. Es mía.-Oye, -le espetó, con los ojos brillando como diamantes azules pálidos, -estás loca si crees que voy a dejar que vayas a arriesgarte - Cortó dando laespalda y en realidad se mordió los labios, como si por sí solo no era losuficientemente fuerte para que dejar de hablar. Lissa se lo quedómirando, y los dos comenzaron a preguntarse por que habrían terminado.¿No la había puesto en riesgo dejándola sola con sigo misma,abandonándola? Pienso Lissa. Aun sin hablar, habló a todo volumen consu expresión. A través de los ojos de Lissa, lo vi beber en suscaracterísticas y tratando de ocultar sus emociones. Por fin, él se apartó yrompió ese espacio íntimo entre ellos, llegando hasta ella desde que pudo.-Bien. Haz lo que quieras. No me importa.Ninguno de los dos habló después de eso, y como era la hora del almuerzopara mí, regresé a mi propia realidad, y destacaron la presentación dedescanso, sólo para estar informado de Hans que tenía que seguirtrabajando.-¡Vamos! ¿No es la hora del almuerzo? Tienes que darme de comer -exclamé. -Eso va un poco más allá de la crueldad. Por lo menos échamealgunas migajas. -Y te alimentaste. O, bien, te distes de comer cuando te zampaste eseemparedado. Quisiste adelantar tu hora del almuerzo.
    • 202Lo conseguiste. Ahora a seguir trabajando.- Cerré los puños contra losmontones interminables de papel delante de mí.-¿No puedo por lo menos hacer algo más? ¿Pintar los edificios? ¿Lanzarrocas?-Me temo que no.- Una sonrisa torció las comisuras de sus labios. -Haymucho de la presentación que necesitamos hacer.-¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo me vas a castigar?- Se encogió dehombros.-Hasta que alguien me dice que me detenga.-Él me dejó sola de nuevo, yme recosté en mi silla, tratando de no lanzar la mesa delante de mí. Penséque me haría sentir mejor momento, pero también significaba que tendríaque rehacer el trabajo que había hecho. Con un suspiro, volví a mi tarea.Lissa estaba cenando cuando sintonizado de nuevo con ella más tarde.Podría haber sido técnicamente en honor a su cumpleaños, pero enrealidad, todo era una conversación real con Priscilla. Que no habíamanera de pasar un cumpleaños, decidí. Tengo que hacer esto a ella cadavez que ganaba la libertad. Tendríamos una verdadera fiesta, y yo seríacapaz de darle mi regalo de cumpleaños: botas de cuero precioso queAdrián me había ayudado a adquirir en la escuela.Estar en la cabeza de Cristian podría haber sido más interesante, perocomo que no era una opción, volví a la mía y reflexionó sobre mi charlaanterior con Adrián. ¿Fue este castigo, finalmente va a terminar? Sería unreal decreto oficial, Lissa y yo juntas al fin a pesar de la política de losguardianes.Tratar de averiguar era como estar en una rueda de hámster. Un montónde trabajo. Sin avances. Pero me consiguió a través de la conversacióndurante la cena, y antes de darme cuenta, el grupo de Lissa se levantó y sedirigió a la puerta del restaurante. Estaba oscuro a ahora, y Lissa nopodía dejar de sentir la extrañeza de estar en un horario humanos. Deregreso a la escuela o la Corte, ésta sería la mitad del día. En su lugar,ahora estaban regresando a su hotel y se iba a la cama. Bueno,probablemente no de inmediato. No tenía duda de que si Lissa y Christiansalían de su actual Huff, que estaría de vuelta a apuñalar más almohadas.
    • 203Por mucho que no quisieran estos dos se estaban citando de nuevo, nopude evitar pensar que eran mucho más seguro a que estuvieranseparados. O quizá no. El grupo había perdido bastante tiempo en elrestaurante después de la hora de comer normal, así que la suerte estabaa punto de acabarse, mientras caminaban a través de ella.Los guardianes no habían estacionado exactamente en la parte trasera,pero no estaban cerca de la entrada principal tampoco. Tenían, sinembargo, hizo un punto de estacionamiento al lado de uno de los farolesiluminando el coche. Pero no estaba encendido ahora. La luz se había roto.Grant y Priscilla guardián se dio cuenta de inmediato. Era el tipo de detallepoco que se capacitó a destacar: algo inusual, algo que podría habercambiado. En un instante, los dos de ellos tenían participaciones a cabo yse flanquea el Moroi. Sólo tardó unos segundos para Serena y el tutorasignado a Cristian a seguir su ejemplo. Eso era otra cosa que estábamosentrenados para hacer.Estar en guardia. Reaccionar. Sigan a sus colegas. Ellos eran rápidos.Todos ellos eran rápidos. Pero no importaba. Porque de repente, habíaStrigoi en todas partes.No estoy del todo seguro de dónde venían. Tal vez había estado detrás delos coches o en los bordes del estacionamiento. Si hubiera tenido una vistade pájaro de la situación o estado allí con mi "alarma náuseas," yo podríahaber tenido un mejor sentido de todo. Pero yo estaba viendo la escena através de los ojos de Lissa, y los guardianes iban a salir de su camino a sucaza de la Strigoi que parecía haber aparecido de la nada, en la medidaque a ella concernía. La mayoría de las acciones eran un borrón para ella.Sus guardaespaldas fueron empujando a su alrededor, tratando demantenerla a salvo, con los ojos enrojecidos rostros aparecía por todaspartes. Ella lo vio todo a través de una niebla llena de temor.Pero al poco tiempo, alguno de nosotros podía ver gente muerta. Serena,tan rápido y fuerte como ella había estado en la habitación del hotel,atravesó a un varón Strigoi limpiamente a través del corazón. Entonces, acambio, una mujer Strigoi saltó sobre el guardián de Priscila y le rompióel cuello. Lissa estaba lejanamente conscientes de lo que sucedía a sualrededor del brazo de Christian, apretándola contra la camioneta y sublindaje con su propio cuerpo.
    • 204Los guardianes restantes también fueron formando un anillo de protecciónlo mejor que pudieron, pero se distrajeron. Su círculo estaba fallando, yque estaban cayendo.Uno por uno, los Strigoi mataron a los guardianes. No fue por falta dehabilidad por parte de los guardianes. Simplemente eran superados ennúmero. Una Strigoi arrancó la garganta de Grant con los dientes.Serena tuvo un duro revés contra el asfalto, cayendo boca abajo en suaterrizaje y no se movía. Y, horror de horrores, los Strigoi no parecían sercaritativos con los Moroi tampoco. Lissa - empujada tan duro contra lacamioneta que parecía que podría llegar a ser uno con ella - miró con losojos abiertos como un Strigoi arrancó con agilidad y eficiencia el cuello dePriscilla, haciendo una pausa para beber su sangre. La mujer Moroi nisiquiera tuvo tiempo para poner cara de sorpresa, pero al menos no hahabido sufrido realmente. Las endorfinas atenuaba el dolor a través de susangre y la vida fue drenada de su cuerpoLas emociones de Lissa cambiaron a algo más allá del miedo, algo que casino se siente como nada en absoluto. Ella estaba en shock. Adormecida. Ycon una certeza fría y dura, sabía que su muerte se acercaba y loaceptaba. Su mano se encontró con la de Cristian, apretando con fuerza, yvolviéndose hacia él, tomó un pequeño consuelo en conocer la últimaimagen que vería en la vida fue el hermoso azul y cristalino de sus ojos. Dela expresión de su cara, sus pensamientos estaban con temas similares.No había miedo en sus ojos, el calor y el amor y Total y completo asombro.Abrió los ojos, concentrándose en algo justo detrás de Lissa. En ese mismomomento, una mano agarró el hombro de Lissa y la azotado a sualrededor.En esto una pequeña voz dentro de ella en voz baja: Aquí es donde moriré.Entonces, ella entendió el asombro Cristian. Ella se enfrentaba a Dimitri.Como yo, ella tenía ese sentido surrealista de que era Dimitri aún sin serDimitri. Así que muchas de sus características eran las mismas. . . y sinembargo, tantas eran diferentes. Trató de decir algo, cualquier cosa, peromientras las palabras formadas en sus labios, ella no lograba sacarlas.Intenso calor de pronto estalló detrás de ella, y una luz brillante palideciólas características de Dimitri. Ni Lissa ni yo necesitábamos ver a Cristianpara saber que había producido una bola de fuego con su magia.
    • 205O bien el shock de ver a Dimitri o el temor de que Lissa había impulsado ala acción de Cristian. Dimitri entrecerró los ojos un poco por la luz, perouna cruel sonrisa torció sus labios y la mano apoyada en el hombro sedeslizó hasta el cuello-Para, -dijo Dimitri. -Ponle fin o ella muere.- Lissa finalmente encontró suvoz, incluso con el aire entrecortado.-No le hagas caso a él,- jadeó ella-Él nos va a matar de todos modos. Pero detrás de ella, el calor murió. Las sombras cayeron sobre el rostro deDimitri, una vez más. Cristian no se arriesgaría a ello, a pesar de que ellatenía razón. Casi no parecía importar.-En realidad, -dijo Dimitri, voz agradable en medio de la escena sombría -Preferiría que vosotros dos se mantuvieran con vida. Al menos por untiempo más.- Sentí que la cara de Lissa se tornaba a un ceño fruncido. Nome habría sorprendido si Cristian también lo hiciera, a juzgar por laconfusión en su voz. Ni siquiera podía manejar un comentario sarcástico.Sólo podía preguntar lo obvio:-¿Por qué?Los ojos de Dimitri brillaron.-Porque yo necesito que seas el cebo para Rose.
    • 206 Capítulo 15 Traducido por GrexxCON MI MENTE LLENA DE PÁNICO, JUSTO entonces, levantarme y correra pie hacia Lehigh- a pesar de estar a millas y millas de distancia- parecíaun plan completamente sólido. Un latido después, supe que estaba fuerade mi liga. Muy, muy fuera de mi liga. Mientras salía disparada de mimesa y arrancaba de la habitación, sentí una repentina nostalgia porAlberta. La había visto saltar a la acción en San Vladimir y sabía que podíahacerse cargo de cualquier situación. En este punto de nuestra relación,ella respondería a cualquier amenaza que llevara a ella. Los guardianes dela Corte todavía eran extraños para mí. ¿A quién podría ir? ¿Hans? ¿Eltipo que me odiaba? Él no me creería, no como Alberta y mi madre.Corriendo por los tranquilos pasillos, rechacé todas esas preocupaciones.No importaba. Yo lo haría creer. Encontraría a alguien que pudiera.Alguien que pudiera sacar a Lissa y Christian de esto. Solo tú puedes, unavoz susurró en mi cabeza. Tú eres a la que Dimitri quiere. Ignoré esepensamiento también, mayormente porque en mi distracción, choqué conalguien al doblar la esquina. Di un grito ahogado que sonó como-¨Omph¨ mientras mi rostro se estrellaba contra el pecho de alguien. Miréhacia arriba. Mikhail. Hubiera estado aliviada, excepto que estabademasiado llena de adrenalina y preocupación. Agarré su manga y empecéa tirar de él hacia las escaleras.-¨¡Vamos! ¡Tenemos que conseguir ayuda!¨ Mikhail se quedó donde estaba,no cediendo ante mi agarre. Él frunció el ceño, con el rostro calmado.-¨¿De qué estás hablando?¨ -¨¡Lissa! Lissa y Christian. Han sido llevados por Strigoi, por Dimitri.Podemos encontrarlos. Yo puedo encontrarlos. Pero tenemos queapurarnos.¨ La confusión de Mikhais creció.-¨Rose… ¿cuánto tiempo has esto aquí abajo?¨ Yo no tenía tiempo para esto. Dejándolo, huí escaleras arriba al nivelprincipal del complejo.
    • 207 Un momento después escuché sus pasos detrás de mí. Cuando alcancé laoficina principal, esperaba que alguien me reprendiera por dejar micastigo, excepto…nadie pareció siquiera notarme. La oficina estaba encaos. Guardianes corrían de un lado a otro, llamadas eran hechas, y lasvoces se elevaban a niveles frenéticos. Ellos sabían, me di cuenta. Ellos yasabían. -¨¡Hans!¨ Llamé, empujando mi paso a través de la multitud. Él estaba alotro lado de la habitación y acababa de colgar una llamada por celular.-¨Hans, sé donde están. Donde el Strigoi llevó a Lissa y Christian¨ -¨Hathaway, no tengo tiempo para tu…¨, su expresión amenazadora setambaleó. Ustedes tienen ese lazo.¨ Lo miré con asombro. Había estadolista para que el me despachara como una molestia. Había estado listapara una larga lucha para convencerlo. Le di un rápido asentimiento.-¨Lo vi. Vi todo lo que sucedió¨ Ahora yo fruncí el ceño.-¨¿Cómo es que ya saben ustedes?¨-¨Serena¨ dijo él sombríamente.-¨Serena está muerta…¨ Él sacudió su cabeza.-¨No, no aún. Sin embargo ella ciertamente sonaba así al teléfono. Lo quesea que sucedió, le tomó todo lo que tenía para hacer esa llamada.Tenemos alquimistas yendo a buscarla, y…limpiando.¨ Reproduje los eventos, recordando como Serena había sido azotada contrael asfalto. Había sido un duro golpe, y cuando no se movió, yo habíaasumido lo peor. Aún si había sobrevivido, y aparentemente así debió ser,yo apenas podía formar una imagen de ella sacando su celular de subolsillo con las manos ensangrentadas… Por favor, por favor déjala vivir,pensé, sin saber a quién le estaba rezando.-¨Vamos¨ dijo Hans. -¨Te necesitamos. Ya hay equipos formándose.¨Eso fue otra sorpresa. No había esperado que él me llevara tan fácilmente.Un nuevo respeto por Hans se apoderó de mí. Quizás el actuaba como unimbécil, pero él era un líder. Cuando veía un activo, lo usaba. En unaráfaga de movimiento, él estaba corriendo fuera de la puerta, variosguardianes siguiéndolo. Luché para mantenerles el paso y vi a Mikhailvenir también.
    • 208-¨Harán un rescate¨ le dije a Hans.-¨Eso es…extraño¨ Dudé inclusive decir las palabras.Ciertamente no quería desalentarlos. Pero los rescates a Monroi no erannormales. Cuando Strigoi se los llevaban, ellos a menudo lo considerabanmuerto. El rescate que habíamos hecho después del ataque a la Academiahabía sido una rareza, una que había requerido de mucha persuasión.Hans me dio una mirada irónica.-¨También lo es la princesa Dragomir¨ Lissa era preciada para mí, valíamás que cualquier cosa en el mundo. Y para los Monroi, me di cuenta, ellaera invaluable también. La mayoría de los Monroi capturados por Strigoipodrían ser considerados muertos, pero ella no era como la mayoría de losMonroi. Ella era la última de su linaje, la última de las doce familiasantiguas. Perderla no sería solo golpear la cultura Monroi. Sería una señal,un presagio de que los Strigoi en verdad nos estaban derrotando. Por ella,los guardianes se aventurarían a una misión de rescate. De hecho, parecíaque se aventurarían a muchas cosas. Mientras llegábamos al garaje dondelos vehículos de la Corte eran almacenados, vi masas de otros guardianesllegando, junto con Monroi.Reconocí unos pocos. Tasha Ozera estaba con ellos, y como ella, los otrosera usuarios de fuego. Si habíamos aprendido algo, era cuan valiosos eranellos en una pelea. Parecía que la controversia de los Monroi yendo a labatalla estaba siendo ignorada justo ahora, y yo estaba asombrada de lorápido que este grupo había sido convocado. Los ojos de Tashaencontraron los míos, su rostro grave y demacrado. No me dijo nada. Nonecesitó hacerlo. Hans estaba ladrando órdenes, dividiendo gente engrupos y vehículos. Con cada poco de autocontrol que pude juntar, esperépacientemente junto a él. Mi naturaleza inquita me hizo querer saltar yempezar a exigir saber lo que podía hacer. Él llegaría a mí, me aseguré amí misma. Él tenía un papel para mí; yo solo debía esperar.Mi autocontrol también estaba siendo probado con Lissa. Luego de queDimitri se hubiera llevado a ella y a Christian, abandoné su mente. Nopodía volver, no todavía. No podía soportar verlos, ver a Dimitri. Sabía quetenía que hacerlo una vez que empezara a dirigir a los guardianes, peropor ahora, me mantuve afuera. Sabía que Lissa estaba viva. Eso era todolo que importaba por el momento. Aún así, estaba tan acabada y llena detensión que cuando alguien tomó mi brazo, casi me volteó contra ellos conmi estaca.
    • 209-¨Adrian…¨ jadeé. -¨¿Qué estás haciendo aquí?¨Él se paró allí mirándome,y su mano gentilmente acarició mi mejilla.Yo solo había visto tal mirada grave y sombría un par de veces en surostro. Como de costumbre, no me gustó. Adrián era una de esas personasque siempre debería sonreír.-¨Tan pronto como escuché la noticia, supe donde estarías.¨ Sacudí micabeza.-¨Sucedió como…no lo sé, ¿hace diez minutos?¨ El tiempo de habíadesdibujado para mí.-¨¿Cómo podrían todos saberlo tan rápido?¨-¨Fue dicho por radio a toda la Corte tan pronto como se enteraron. Tienenun sistema de alerta inmediata. De hecho, la reina está más o menosencerrada.¨-¨¿Qué? ¿Por qué?¨ De alguna manera, eso me molestó. Tatiana no era laque estaba en peligro.-¨¿Por qué desperdiciar recursos en ella?¨ Un guardián cercano me dirigióuna mirada crítica por eso. Adrián se encogió de hombros.-¨¿El ataque del Strigoi fue relativamente cerca? Ellos lo toman como unaamenaza bastante seria a nuestra seguridad.¨ Relativamente era la palabraclave. Lehigh estaba cerca de una hora y media de la Corte. Los guardianes estaban siempre alerta, sin embargo con cada segundoque pasaba, deseé que se movieran más rápido y estuvieran en alerta. SiAdrián no hubiera aparecido, estaba bastante segura de que hubieraperdido mi paciencia y dicho a Hans que se apurara.-¨Es Dimitri¨ dije en voz baja. No había estado segura si debía decirle aalguien más eso.-¨Él es el que se los llevó. Los está usando para atraerme allí.¨El rostro de Adrián se volvió más oscuro.-¨Rose, no puedes…¨ Sé calló, pero yo sabía lo que quería decir.
    • 210-¨¿Qué opción tengo?¨ exclamé. -¨Tengo que ir. Ella es mi mejor amiga, yyo soy la única que puede llevarlos a ella.¨-¨Es una trampa.¨-¨Lo sé. Y él sabe que lo sé.¨-¨¿Qué haré ?¨ De nuevo, sabía exactamente lo que Adrián quería decir.Miré hacia abajo a la estaca que inconscientemente había sacado antes.-¨Lo que tengo que hacer. Tengo que… tengo que matarlo.¨-¨Bien¨ dijo Adrián, alivio inundaba sus rasgos. -¨Me alegro¨ Por algunarazón, eso me molestó.-¨Dios¨ espeté.-¨¿Estás tan ansioso de deshacerte de cualquier competencia?¨ El rostrode Adrián permaneció serio.-¨No. Solo sé que mientras él todavía este vivo, o, bueno, más o menosvivo, entonces tú estás en peligro. Y yo no puedo soportar eso. No puedosoportar saber que tu vida está en la balanza. Y lo está, Rose. Nuncaestarás a salvo hasta que él se haya ido. Te quiero a salvo. Te necesito asalvo. Yo no puedo…no puedo soportar que nada te suceda¨ Mi broté decólera desapareció tan rápido como había llegado.-¨Oh, Adrián, lo siento…¨ Le permití llevarme a sus brazos. Descansandomi cabeza en su pecho, sentí su latido y la suavidad de su camisa, mepermití a mi misma un breve y fugaz momento de comodidad. Solo queríahundirme en él allí mismo. No quería ser consumida por estossentimientos de miedo: miedo por Lissa y miedo de Dimitri. Me helé tanpronto como la compresión cayó sobre mí. Sin importar lo que sucediera,perdería a uno de ellos esta noche. Si rescatábamos a Lissa, Dimitrimoriría. Si él sobrevivía, ella moriría. No había final feliz para esta historia,nada podía salvar mi corazón de ser roto en pedazos.Adrián rozó mi frente con sus labios y luego los llevó hacia mi boca.-¨Sé cuidadosa, Rose. Sin importar lo que suceda, por favor, por favor sécuidadosa.No puedo perderte.¨
    • 211 No sabía que decir a eso, como responder a toda esa emoción brotando deél. Mi propia mente y corazón se inundaron de tantos sentimientosencontrados que apenas podía formar un pensamiento coherente. En vezde eso, dirigí mis labios hacia los suyos y lo besé. En medio de toda lamuerte de esta noche –la muerte que ya había sucedido y esa que aúnestaba por venir- ese beso pareció más poderoso que cualquier otro que ély yo habíamos compartido. Estaba vivo, estaba vivo y quería quedarme así.Quería traer a Lissa de regreso, y quería regresar otra vez a los brazos deAdrián, regresar a sus labios y toda esta vida…-¨¡Hathaway! Buen Dios, ¿Tengo que echarte una manguera?¨Me separéabruptamente de Adrián y vi a Hans mirándome. La mayoría de lasfurgonetas estaban cargadas. Ahora era mi turno de actuar. Le di a Adriánuna mirada de despedida, y él forzó una pequeña sonrisa que supusedebía ser de valiente.-¨Sé cuidadosa¨ repitió él , Tráelos de regreso, y tráete a ti también.¨Le di un rápido asentimiento y luego seguí a un impaciente Hans dentro deuna de las furgonetas. La más extraña sensación de deja- vu se apoderó demi mientras me deslizaba en el asiento trasero. Esto fue parecido a la vezque Víctor había secuestrado a Lissa. Entonces, también, había viajado enuna furgoneta parecida, dirigiendo por los guardias hacia la ubicación deLissa. Solo que había estado Dimitri sentado a mi lado, el grandioso yvaliente Dimitri que yo había conocido hace tanto tiempo.Sin embargo, esos recuerdos estaban tan grabados en mi mente y corazónque podía imaginar cada detalle: la forma que ponía su cabello detrás desu oreja, la mirada feroz en sus ojos marrones mientras pisaba elacelerador para llevarnos más rápidos hacia Lissa. Él había estado tandeterminado, tan listo para hacer lo que era correcto. Este Dimitri, Dimitriel Strigoi, también estaba determinado. Pero de una manera muydiferente.-¨¿Vas a ser capaz de hacer esto?¨ Preguntó Hans desde el asientodelantero. Una mano apretó suavemente mi brazo, y me sorprendió ver aTasha a mi lado. Ni siquiera había notado que ella estuviera con nosotros.-¨Contamos contigo¨ Asentí, queriendo ser digna de su respeto. Con lamejor manera de un guardián, mantuve mis emociones fuera de mi rostro,tratando de no sentir ese conflicto entre los dos Dimitri.Tratando de no recordar en la noche que habíamos ido detrás de Lissa yVíctor, había sido la misma noche que había caído presa del encanto de lalujuria…
    • 212-¨Dirígete hacia Lehigh¨ dije con voz fría. Yo ahora era un guardián.-¨nos dirigiremos cuando nos acerquemos¨ Solo habíamos estado en lacarretera por unos veinte minutos cuando sentí el grupo de Lissadetenerse. Dimitri aparentemente había escogido un escondite no muylejos de la universidad, lo que lo haría más fácil encontrarla que si sehubieran estado moviendo.Claro, tuve que recordarme a mi misma que Dimitri quería ser encontrado.Sabiendo que los guardianes conmigo, no necesitarían mis instruccioneshasta que estuviéramos cerca de Lehigh, me armé de valor y entre en lacabeza de Lissa para ver lo que estaba pasando. Lissa y Christian nohabían sido lesionados o atacados, aparte de ser empujados y arrastrados.Estaban sentados en lo que parecía un cuarto de almacenamiento, uncuarto de almacenamiento que no había sido utilizado en mucho tiempo.El polvo lo cubría todo con una pesada capa, tanto, que era difícildistinguir alguno de los objetos apilados en los estantes.Algunas herramientas. Papeles aquí y allá, así como también cajas. Unabombilla era la única luz de la habitación, dándole a todo una sensaciónsucia. Lissa y Christian estaban sentados con la espalda apoyada en sillasde maderas, sus manos atadas detrás de sus espaldas con cuerdas. Por unmomento, el deja vu me golpeó de nuevo. Recordé el invierno pasadocuando yo también, junto con mis amigos, habíamos estado atados asillas, cautivos por Strigoi. Ellos habían bebido de Eddie, y Mason habíamuerto… No. No pienses así, Rose. Lissa y Christian están vivos. Nada lesha sucedido aún. Nada les sucederá.La mente de Lissa estaba aquí y ahora, pero una vista rápida me permitióver como el edificio había lucido cuando ella había sido llevada dentro.Parecía ser un almacén, uno viejo, y abandonado, lo que lo hacía un buenlugar para que los Strigoi refugiaran prisioneros. Había solo cuatro Strigoien la habitación, pero era Lissa quien importaba. Dimitri. Entendí su reacción. Verlo como Strigoi había sido difícil para mí.Surrealista. Me había adaptado, simplemente por todo el tiempo que habíapasado con él. Aún así, incluso yo me sorprendía algunas veces al verloasí. Lissa no había estado para nada preparada y estaba conmocionada. Elcabello castaño oscuro de Dimitri estaba suelto alrededor de su barbilla,una apariencia que siempre había amado en él, se paseaba rápidamente,causando que el polvo girara a su alrededor. Una gran parte del tiempo, suespalda daba a Lissa y Christian, lo que lo hizo mucho más preocupantepara ella. Sin ver su cara, ella casi podía creer que era el Dimitri quesiempre había conocido.
    • 213Él estaba discutiendo con los otros tres mientras caminaba hacia atrás yhacia adelante en el pequeño lugar, la agitación irradiaba de él en una olacasi palpable.-¨Si los guardias realmente están viniendo¨ gruñó un Strigoi, -¨entoncesdeberíamos estar apostados ahí afuera¨ Ella era una alta y desgarbadapelirroja que parecía haber sido Moroi cuando se convirtió. Su tonoimplicaba que no creía que los guardianes en verdad fuéramos.-¨Ellos vienen¨ dijo Dimitri en voz baja, ese encantador acento hizo quemi corazón doliera. -¨Sé que viene¨-¨¡Entonces déjame salir allí y ser útil! ¨Espetó ella. -¨No nos necesitas anosotros para cuidar de estos dos¨ Su tono era despectivo. Desdeñoso. Eraentendible. Todos en el mundo vampírico sabían que los Monroi no sedefendían, y Lissa y Christian estaban firmemente atados.-¨No los conoces¨ dijo Dimitri. -¨Son peligrosos. Ni siquiera estoy seguroque esto sea una protección suficiente¨ -¨¡Eso es ridículo!¨ En un suave movimiento, Dimitri se volteó y la golpeócon el dorso de su mano. El golpe la lanzó hacia atrás unos metros, susojos ampliándose con furia y conmoción. Él volvió a colocarse como sinada hubiera sucedido. -¨Tú te quedarás aquí, y los custodiarás hasta queyo te diga que lo hagas, ¿entiendes?¨ Ella lo miró y tocó su propio rostropero no dijo nada. Dimitri miró a los otros.-¨vosotros os quedareis también. Si los guardianes llegan hasta aquí, senecesitarán más que sus servicios de vigilancia¨ -¨¿Cómo lo sabes?¨ preguntó otro Strigoi, uno con el cabello negro quequizás había sido humano una vez. Una rareza entre los Strigoi.-¨¿Cómo sabes que vendrán?¨ Los Strigoi tenían un oído asombroso, perocon sus discusiones, Lissa tuvo una breve oportunidad de hablarle aChristian sin ser detectada.-¨¿Puedes quemar mis cuerdas?¨ Murmuró ella con una voz casi inaudible.-¨¿Como con Rose?¨ Christian frunció el ceño. Cuando él y yo habíamossido capturados, era lo que él había hecho para liberarme. Había dolidocomo el infierno y dejo ampollas en mis manos y muñecas.-¨Ellos lo notarán¨ susurró
    • 214. La conversación no fue más lejos porque Dimitri se detuvo abruptamentey se volteó hacia Lissa. Ella susurró ante el repentino e inesperadomovimiento. Rápidamente acercándose a ella, se arrodilló delante de ella yla miró a los ojos.Ella se estremeció a pesar de sus mejores esfuerzos. Ella nunca habíaestado tan cerca de un Strigoi, y el hecho de que fuera Dimitri lo hizomucho peor. Los anillos rojos alrededor de sus pupilas parecían arder enlas de ella. Sus colmillos parecían a punto de atacar. Su mano se deslizóhacia afuera y agarró su cuello, inclinando su rostro hacia arriba parapoder tener una mejor visión de sus ojos.Sus dedos se hundieron en la piel de ella, no lo suficiente para cortar suaire pero si lo suficiente como para provocarle hematomas después. Sihabía un después.-¨Sé que los guardianes vendrán porque Rose está mirando¨ dijo Dimitri. -¨¿No es así Rose?¨ Soltando un poco su agarre, corrió sus dedos sobre lapiel de la garganta de Lissa, tan gentilmente…sin embargo, no había dudaque él tenía el poder para romper su cuello.Era como si él estuviera mirando mis ojos en ese momento. Mi alma.Incluso sentí como si él estuviera acariciando mi cuello. Sabía que eraimposible. El lazo existía entre Lissa y yo. Nadie más podía verlo. Aún así,en ese momento, era como si nadie más existiera a parte de él y yo. Eracomo si Lissa no estuviera entre nosotros.-¨Estás allí, Rose¨ Una sonrisa despiadada bailó sobre su boca. -¨Y no abandonarás a ninguno de ellos. Tampoco eres lo suficientementetonta como para venir sola, ¿no? Quizás una vez lo fuiste, pero ya no.¨ Me sacudí fuera de su cabeza, incapaz de mirar esos ojos , y verlosdevolverme la mirada. Ya fuera mi propio miedo o un reflejo del de Lissa,descubrí que mi cuerpo estaba temblando también. Lo forcé a detenerse ytraté de frenar mi acelerado corazón. Tragando grueso, miré alrededor paraver si alguien lo había notado, pero todos estaban preocupadosdiscutiendo la estrategia, excepto Tasha. Sus helados ojos azules meestudiaban, su rostro demacrado por la preocupación.-¨¿Qué viste?¨ Sacudí mi cabeza, incapaz de mirarla.-¨Una pesadilla¨ murmuré. -¨Mi peor pesadilla haciéndose realidad.¨
    • 215 Capítulo 16 Traducido por EEMARIANo sabíamos cuantos Strigois estaban en el grupo de Dimitri. Gran partede lo que había visto a través de Lissa se había difuminado con laconfusión y el terror. Los guardianes, sabían que estábamos esperando,simplemente tenían que hacer una conjetura sobre cuántos enviar. Hanshabía esperado que una fuerza abrumadora hiciera perder el elementosorpresa. Había enviado guardianes de la Corte.Era cierto que el Tribunal estaba protegido por salas, pero aún así nopodíamos dejarla totalmente indefensa. Tener a recién graduados no habíaayudado mucho. La mayoría de ellos los habíamos dejado atrás, lo que nospermitía tener a guardianes con experiencia para partir hacia la caza. Esonos dejó con unos cuarenta más o menos. Era tan inusual como habergrandes grupos de Strigoi. Por lo general los Guardianes fueron enviadosde dos en dos, tal vez como mucho en grupos de tres, con las familiasMoroi. Este grupo era grande tenía una fuerza para provocar una batallaque rivalizaba con el ataque de la Academia. Sabiendo que a escondidas enla oscuridad no funcionaría, Hans detuvo nuestro convoy en la bodegadonde los Strigoi se refugiaron. El edificio estaba situado en una vía deservicio de la carretera. Era una zona industrial, un sendero desierto enmedio del bosque, los negocios y las fábricas fueron cerrados a la noche.Salí de la camioneta, dejando que la envoltura de la noche calentara míalrededor. Estaba húmedo, y la humedad en el aire se sentíaespecialmente opresiva cuando ya estaba sofocada por el miedo. De piejunto a la carretera, no sentí náuseas. Dimitri no se había enviado Strigoihasta aquí, lo que significa que, nuestra llegada todavía iba a ser unasorpresa. Hans se me acercó, le di la mejor ubicación que pude sobre lasituación, con base a la información tan limitada que teníamos.-"¿Pero podrás encontrar Vasilisa?", preguntó. Asentí con la cabeza. -"Tan pronto como este en el edificio, el enlace mellevará directamente a ella." Se volvió y miró hacia la noche donde loscoches pasaban veloces junta a la autopista cercana.
    • 216- "Si ya están esperando fuera, nos van a oler y a oír mucho antes de quenosotros los vemos." Los faros iluminaban su rostro pensativo.-"¿dijiste que hay tres capas de Strigoi?"-"Por lo que yo podría decir. Hay algunos a Lissa y Christian, después hayalgunos fuera". Hice una pausa, tratando de pensar lo que haría Dimitri enesa situación. Lo conocía lo suficientemente bien, incluso siendo Strigoi,para calcular su estrategia. -Entonces, otra capa en el interior del edificio -antes de llegar a la sala de almacenamiento. ―no lo sabía a ciencia cierta,pero no se lo dije a Hans. Teníamos que hacer por mis propios instintos, loque yo haría y lo que pensaría y haría Dimitri. Me imaginé que sería mejorque Hans preveía las tres capas de Strigoi. Y eso es exactamente lo quehizo.-" Vamos somos tres grupos tu lideraras uno grupo y entraras por laextracción. Otro equipo acompañará al tuyo y finalmente nos separaremos.Luchará quien este en el interior, dejando a la cabeza de grupo a loscautivos."Sonó muy. . . militarista. Extracción, cautivos. Y yo. . . un jefe de equipo.No tiene mucho sentido de la confianza, en el pasado, siempre habíanutilizado mis conocimientos y luego me dejaban al margen. Bienvenida ala vida de guardiana, Rose. En la escuela, habíamos llevado a cabo todotipo de ejercicios, utilizábamos diferentes escenarios y los instructores sehacían pasar por strigoi. Sin embargo, ahora en la bodega, todos losejercicios parecían una comedia, ningún juego podía medir lo que yo ahoramismo iba a enfrentar. Durante medio segundo, la responsabilidad de todoparecía desalentador, pero rápidamente hice a un lado esaspreocupaciones. Esto era por lo que yo había sido entrenada, para lo queyo había nacido. Mis propios temores no importaban. Ellos eran loprimero. Era hora de demostrarlo.- "¿Qué vamos a hacer sino podemos acercarnos sigilosamente a ellos?" Lepregunté. Hans tenía un punto sobre detectar con antelación al strigoi. Una sonrisacasi maliciosa apareció en su rostro, y nos explicó su plan al mismotiempo que dividía los grupos. El enfoque de su táctica fue audaz ytemerario. Mi tipo de plan. Y así, nos fuimos. Un extraño nos podría haberdicho que estábamos en una misión suicida. Tal vez lo fuera.
    • 217Honestamente, no importaba. Los guardianes no abandonarían a la últimaDragomir. Y yo nunca hubiera abandonado Lissa, aunque hubiera un millón deDragomirs. Así que, con la sorpresa descartada, Hans optó por un ataqueen toda regla. Nuestro grupo volvió fuimos por la calle con una velocidadilegal. Tomamos toda la anchura de la carretera, ya que no había tráfico ensentido contrario Dos camionetas llevaban a los otros equipos.Conducimos hasta el final del camino, nos detuvimos con un derrape en laparte delantera del almacén bajamos de las camionetas, el sigilo no era yauna opción íbamos a ir rápidos y con furia. Algunos de los Strigoi sesorprendieron. Era evidente que nos habían visto, pero sucedió tan rápidoque habían tenido muy poco tiempo para reaccionar. Por supuesto,cuando eras mortal y tan rápido como un Strigoi, un poco de tiempo eranecesario. Un grupo de ellos se nos echaron encima, y "El equipo exteriorde Hans" empiezo a atacar dejando a mi grupo y a otro entrar en elinterior.Los usuarios Moroi del fuego habían sido asignados al grupo exterior, portemor a incendiar el edificio en llamas una vez dentro. Mi equipo setrasladó a la batalla, fue inevitable cruzarnos con algún Strigoi, algunosque no habían ido a pelear con el primer grupo. Con mucha concentración,no hice caso de las náuseas que tenia por haber cerca un strigoi. Hanshabía ordenado no interrumpir el plan a menos que un strigoi se pusieraen mi camino y otro guardián no pudiera venir en mi ayuda. No quería quenada me retrasara en el rescate de Lissa y Christian, Luchamos en nuestrocamino hacia el almacén, hasta llegar a un sala sucia bloqueada porstrigoi Me había equivocado en que Dimitri haría capas de seguridad. Unpequeño hueco se formo en el espacio y por un momento las coas sevolvieron caóticas. Lissa estaba tan cerca. Era como si estuvierallamándome, ardía de impaciencia mientras esperaba que saliera a liberar.Mi equipo estaba en la parte de atrás, dejando al otro grupo e la lucha. ViStrigoi y guardianes por igual trate de dejar que no m distrajera. Lucharahora, el duelo seria mas tarde. Lissa y Christian. Tenía que concentrarmeen ellos.- "No", dijo Hans, tirando de mi brazo.Una brecha se había formado delante de nosotros.
    • 218Todavía había un montón de Strigoi, pero fueron distraídos por miscompañeros, me deslice a través de ellos. Nos deslizamos por el pasillo,que daba a un gran espacio vacío en el corazón del almacén. Basura yescombros era todo lo que quedaba de las mercancías cuando se guardabaaquí.Abrí las puertas de la sala, pero ahora no fue necesario el vínculo para quesupiera dónde estaba Lissa.Tres Strigoi montaron guardia fuera de una puerta. Mas seguridad, Dimitriiba un paso por delante de mí. No importaba. Mi grupo tenía diezpersonas.Los Strigoi gruñeron, anticipándose para la lucha. A través de una señaltácita, la mitad de mi grupo lucho. El resto de nosotros tiramos la puertaabajo. A pesar de mi intento de llegar hasta Lissa y Christian, un pequeñopensamiento bailo por mi cabeza. Dimitri.No había visto a Dimitri con los strigoi que habíamos encontrado. Con todami atención puesta en nuestros atacantes, no me había metido en lacabeza de Lissa para verificar la situación, pero estaba totalmente segurade que aún estaba dentro de la habitación. Él se habría quedado con ella,sabiendo que vendría. Estaría esperando para hacerme frente. Uno de ellosmoría esta noche. Lissa o Dimitri.Después de haber alcanzado nuestro objetivo, ya no necesitaba protecciónadicional. Hans clavo su estaca al primer strigoi que había encontrado,empujándome salto para luchar. El resto de mi grupo hizo lo mismo.Habíamos entrado en la habitación, pensaba que antes había sido uncaos, eso no era nada comparado con lo que nos enfrentamos. Todosnosotros - guardianes y Strigoi - apenas cabíamos en la sala, lo quesignificaba que estábamos peleando muy, muy cerca. Una mujer de Strigoi- la había abofeteado Dimitri antes - vino hacia mí. Luché en pilotoautomático, apenas consciente de mi estaca le atravesaba el corazón. Enesta sala, llena de gritos y de muerte, sólo habían tres personas en elmundo que me importaba ahora: Lissa, Christian, y Dimitri. Lo habíaencontrado por fin. Dimitri estaba con mis dos amigos contra la pared delfondo. Nadie estaba peleando con él. Se puso de pie con los brazoscruzados, el rey en su reino una mientras sus soldados lucharon contra elenemigo.
    • 219Sus ojos se fijaron en mí, con expresión divertida y expectante. Allí eradonde todo iba a terminar. Los dos lo sabíamos.Me abrí paso entre la multitud, esquivando Strigoi. Mis colegas empujaronla lucha, abriéndome camino. Los dejé a su lucha, avanzando hacia miobjetivo. Había llegado el momento: el enfrentamiento final entre Dimitri yyo.-"Eres hermosa en la batalla", dijo Dimitri. Su voz fría me llego claramente,incluso por encima del rugido de la lucha. -"Como un ángel vengador caídodel cielo para impartir justicia."-¨divertido", le dije, cambiando mi posición con la estaca.-"Eso es por lo qué estoy aquí."- "los ángeles también caen, Rose."Casi lo alcance. A través del vínculo, sentí un breve de dolor de Lissa. Unardor. No había nadie que le hiciera daño todavía, pero cuando vi susbrazos moverse por el rabillo del ojo, me di cuenta lo que había sucedido.Christian había hecho lo que había pedido: Había quemado sus cuerdas.La vi desatarse y entonces mi atención se centró de nuevo a Dimitri. SiLissa y Christian estaban libres. Sería más fácil hacer su huida, una vezestuviera todo limpio de Strigoi. Si llegábamos a hacerlo. -¨Has causado un montón de problemas para que yo llegara hasta aquí¨ ledije a Dimitri. -"Mucha gente va a morir – tuya y mia." Él se encogió dehombros, indiferente.Yo estaba casi allí. Frente a mí, un guardián luchaba con un strigoi calvo.Esa falta de pelo no era nada atractiva, con su piel blanca como la tiza.-"No importa", dijo Dimitri. Se puso tenso cuando me acerqué. "Ninguno deellos importa. Si mueren, entonces, obviamente, no son dignos."- "Presa y predador", murmuré, recordando lo que me había dichomientras me tenía prisionera.Había llegado hasta él. Nadie se interpondría entre nosotros. Esto eradiferente no era como nuestras luchas pasadas, donde habíamos tenidomucho espacio y planes de ataque.
    • 220Todavía estábamos en la habitación, y para mantener nuestra distanciade los demás, habíamos cerrado distancia entre nosotros. Esa fue unadesventaja para mí.Los Strigoi superaban físicamente a los guardianes, más espacio nosayudaría a compensar la capacidad de maniobra. Yo no tenía necesidad demaniobrar todavía, sin embargo. Dimitri estaba tratando de esperar a queyo hiciera el primer movimiento. Tenía una buena posición, sin embargo,no pude conseguir un tiro claro en su corazón. Podía hacerle algún daño sile estacaba en otros lugares, pero era probable que se divirtiera con miproximidad. Así que también traté de esperar. -"Toda esta muerte es por ti y lo ", dijo. -"Si dejaras que te despertara...podríamos estar juntos... Bueno, nada de esto habría sucedido. Podríamosestar en Rusia, en los brazos del otro, y todos tus amigos estarían aquí asalvo. Ninguno de ellos habría muerto. La culpa es tuya."-" Y... ¿qué pasa con la gente que habría que matar en Rusia? "-Pregunté.Había cambiado el peso. ¿Era eso una apertura?-"No estaría seguro siyo…-"Un sonido a mi izquierda me sorprendió. Christian, era libre, acababa degolpe con una silla a un Strigoi que estaba con un guardián. El Strigoi seencogió de hombros como si Christian fuera una mosca. Christian volóhacia atrás, chocando contra una pared y aterrizó en el suelo con unamirada aturdida. A pesar de mí misma, le di un vistazo y vi s Lissa correr asu lado. Para mi asombro la vi con una estaca en la mano. ¿Cómo la habíaconseguido?, no tenía ni idea. Tal vez la había cogido de un guardián. Talvez ninguno de los Strigoi la había registrado cuando entró, después detodo, ¿por qué llevaría un Moroi una estaca?-"¡Basta manteneros fuera de su camino!" les gritó,Me volví hacia Dimitri. Dejar que estos dos me distrajeran me habíacostado. Al darme cuenta de Dimitri estaba a punto de atacar, me lasarreglé para esquivar sin ni siquiera ver lo que estaba haciendo. Resultóque había estado llegando a mi cuello y mi evasión imprecisa me habíaperdonado el daño completo. Aún así, me cogió del hombro, golpee miespalda casi tan lejos como le había sucedido a Christian.
    • 221A diferencia de mi amigo, yo tenía años de entrenamiento que me habíanenseñado a recuperarme de algo así, había perfeccionado mucho elequilibrio y las habilidades de recuperación. Me tambaleé sólo un poco,pero rápidamente recupere el equilibrio.Sólo podía rezar para que Christian y Lissa me escucharan y no hicierannada tonto. Mi atención debía permanecer en Dimitri, o haría que memataran, si yo moría, Lissa y Christian seguro que morían también.Mi impresión, mientras luchábamos hacia el interior, había sido que nossuperaban en número. Aunque eso significaba a veces poco. Sin embargo,tenía la esperanza de que mis colegas terminaran con nuestros enemigos,dejando que yo hiciera lo que tenía que hacer. Dimitri se rió anti mi formade esquivar.-"Me impresionó que lucharais como niños de diez. Ahora tus amigos...Bueno, también luchan a un nivel de diez años. ¿Y para Moroi? Eso esrealmente bueno. "-" Sí, bueno, ya veremos cuál es tu evaluación cuando te mate ", le dije.Hice una finta pequeña para probar lo mucho que le estaba prestandoatención. Esquivo casi sin previo aviso, tan elegante como un bailarín.-"No puedes, Rose. ¿A estas alturas? ¿No lo has visto? no puedederrotarme. No me puedes matar. Incluso si pudieras, no serias capaz dehacerlo. No, yo no lo haría. Eso es lo que no comprendía. Había cometido un errorpor traer a Lissa aquí. Ella estaba aquí. Ella era real. Su vida estaba enjuego, y por eso... por eso, no dudaría.Dimitri se canso de esperar. Agarro mi cuello con su mano. Y de nuevo leeludí, dejando que mi hombro tomara la peor parte de la respuestapositiva. Esta vez se aferró a mi hombro. Me tiró hacia él, le quemaban losojos rojos por el triunfo. El espacio que teníamos, era probablemente todolo que necesitaba para matarme. Tenía lo que quería. Sin embargo, él noera el único que me quería. Otro Strigoi, tal vez pensando que ayudaría aDimitri, vino hacia nosotros, llegó hasta mí. Dimitri mostró sus colmillos, ala otra Strigoi, una mirada de puro odio y furia.-"¡Mía!" Siseo Dimitri
    • 222Llegando a los otros Strigoi de una manera que tenía claro que él no seesperaba. Y esa fue mi entrada. Una breve distracción de Dimitri le habíahecho aflojar su control sobre mí. Esa misma cercanía que le hizo tan letalahora me hacia peligrosa a mí. Estaba cerca de su pecho, de su corazón,tenía mi estaca en la mano. Nunca diría con certeza cuánto tiempo duroserie de acontecimientos. En cierto modo, se sentía como un latido. Almismo tiempo, era como si estuviéramos congelados en el tiempo. Al igualque el mundo entero se había detenido. Mi estaca se movía hacia él, y vicomo los ojos de Dimitri caían sobre mí una vez más, creí que finalmentelo mataría. No dudaría. . Mi estaca estaba allí - Y entonces no estaba. Algome golpeó en mi lado derecho, me empujo lejos de Dimitri y arruino mioportunidad. Tropecé, apenas evite golpear a nadie. Aunque siempretrataba de vigilar las cosas a mí alrededor en una lucha, baje la guardia enesa dirección. Los Strigoi y los guardianes estaban a mi izquierda.El muro - y Lissa y Christian – estaban a mi derecha. Eran Lissa yChristian quienes me habían empujado fuera del camino. Creo que Dimitriestaba tan asombrado como yo. También estuvo igualmente asombradocuando Lissa se acercó a él con una estaca en la mano. Y como un rayo através del vínculo, leí lo que muy, muy cuidadosamente se había guardadoel último día: Había conseguido el encantamiento del espíritu en la estaca.Fue la razón por la que había estado tan excitada durante su últimoperíodo de sesiones prácticas con la participación de Grant y Serena.Sabiendo que tenía la herramienta que necesitaba había alimentado sudeseo de utilizarla ocultarme toda esa información fue una hazaña a la parque utilizarla. No es que importara ahora.Encantada o no, ella no podía acercarse a Dimitri. Él lo sabía también, ysu sorpresa inmediatamente cambió a la diversión - casi indulgente, comola forma que mira un niño algo adorable. El ataque de Lissa era incómodo.Ella no era lo suficientemente rápida. Ella no era lo suficientemente fuerte.-"¡No!" grité, saltando hacia ellos, aunque casi seguro que no iba a ser losuficientemente rápida.De repente, un muro de llamas apareció ante mí, el fuego había surgidodesde el suelo, formando un anillo alrededor de Dimitri que me mantuvoalejada de él. Fue desconcertante por un momento. Sabía que era obra deChristian.
    • 223-"¡Ya basta!" no sabía qué hacer, si debía atacar a Christian o saltar haciael fuego."¡nos vas a quemar vivos a todos!" El fuego fue controlado - Christiantenía mucha habilidad - pero en una sala de este tamaño, incluso un fuegocontrolado era mortal. Incluso los otros Strigoi retrocedieron. Las llamas seacercaron a Dimitri, creciendo más y más fuerte. le oí gritar, podía ver lamirada de agonía, incluso a través del fuego. Comenzó a consumir suabrigo, el humo se derramaba por el incendio. Algún instinto me dijo quetenía que parar esto. . . y, sin embargo, ¿qué importaba? había venido amatarlo. ¿Importaba si alguien lo hacía por mí? Y fue entonces cuando medi cuenta de que Lissa estaba todavía en la ofensiva. Dimitri estabadistraído, gritando mientras las llamas envolvían su cuerpo. Yo estabagritando también. . . por él, por ella. . . era difícil de decir.Lissa lanzo el brazo por entre las llamas, y de nuevo, el dolor aumentó através del vínculo - dolor que pesaba más que las anteriores veces cuandoChristian había quemado sus cuerdas. Sin embargo, ella siguió su camino,haciendo caso omiso de la agonía del fuego. Su alineación estaba en locierto. Ella tenía la estaca dirigida al corazón. La estaca entró, pinchándoloa él. Bueno, más o menos. Al igual que cuando había practicado con laalmohada, que no acababa de tener la fuerza para poner la estaca dondedebía. Sentí que volvía a hacerlo, y lo hizo con todas las fuerzas que tenia.Tiro todo su peso y empujó otra vez, usando ambas manos. La estaca sehundió todavía más dentro. Todavía no era suficiente. Este retraso habríacostado la vida en una situación normal. Esto no era una situaciónnormal.Dimitri no tenía medios para bloquearla, el fuego poco a poco lo estabanconsumiendo. Logró una pequeña lucha y aflojo la estaca, deshaciendo lospocos progresos que había hecho. Hizo una mueca, y lo intentó de nuevo,empujando la estaca de vuelta a su posición anterior. Sin embargo, no fuesuficiente. Mis sentidos llegaron, sabiendo que tenía que parar todo esto.Lissa se iba a quemar si seguía clavándole la estaca. Ella carecía de lahabilidad. La que necesitaba estacar era yo o dejaría que se quemara paraacabar con todo esto. Avancé. Lissa me vio por el rabillo del ojo y me envióun sentimiento a través de la coacción.¡No! Permítanme hacer esto! El mandato me golpeó duro, un muroinvisible que me hizo venir arriba.
    • 224Me quedé allí aturdida, tanto de la propia coacción y la impulsión que ellalo había usado en mí. Sólo tomó un momento quitármela de encima. Ellaestaba demasiada distraída para poner todo su poder en orden, y yo erabastante resistente a la obligación de todos modos. Sin embargo, ese ligeroretraso me había impedido llegar a ella. Lissa lo intento por última oportunidad, sabiendo que no tendría otraoportunidad. Una vez más, lucho contra el dolor del abrasador fuego, echótodo lo que había para empujar la estaca hasta el fondo del corazón deDimitri. Su intento fue torpe, que todavía necesitan un poco más y lo hizo contanta fuerza como lo haría un guardián. Finalmente lo hizo. Le atravesó elcorazón. Y mientras lo hacía, sentí la magia de la vinculación, la magiafamiliar que había sentido tantas veces cuando realizaba una curación.Salvo que. . . esto era cien veces más potente que todo lo que había sentidoantes.Me heló. Me sentía como si todos mis nervios estuvieran explotando, comosi acabara de caer un rayo. La luz blanca de repente se hizo a sualrededor, una luz que empequeñecido el brillo del fuego. Era como sialguien hubiera dejado caer el sol en el centro de la habitación.Grité, mientras mis manos protegían mis ojos, di un paso hacia atrás. Porlos gritos de la sala supe que los demás estaban haciendo lo mismo. Porun momento, fue como si no hubiera ningún lazo. No sentí nada de Lissa -ni dolor ni magia. El vínculo fue tan incoloro y vacío como la luz blancaque llenaba la habitación. El poder que había usado había superado yabrumado inundado nuestro vínculo, se adormeció. A continuación, la luzdesapareció. No desapareció poco a poco. Simplemente…..se fue en unabrir y cerrar los ojos. Al igual que un interruptor cuando se apaga. Sehizo el silencio en la sala, a excepción de unas pocas murmuraciones demalestar y confusión. Esa luz debió haber sido tóxica para los sensiblesojos de los Strigoi. Fue bastante difícil para mí. Estrellas bailaban delantede mis ojos. No podía concentrarme en nada, una imagen residual debrillo quemaba a través de mi visión.Por fin - bizqueando - pude ver de nuevo. El fuego se había ido, a pesar demanchas negras de la pared y el techo marcando su presencia, al igualque algunos rescoldos de humo.
    • 225En mi opinión, debería haber mucho más daño. Podría no escatimartiempo, sin embargo, otro milagro tenía frente de mí. No era un milagro. Sino un cuento de hadas. Lissa y Dimitri estaban en el suelo. Sus ropas estaban quemadas ychamuscadas. Horribles mancas de color rojo y rosa marcaban hermosapiel, desde donde el fuego los había afectado más. Sus manos y muñecaseran las más afectadas. Podía ver manchas de sangre donde las llamashabían quemado su piel en la distancia. Quemaduras de tercer grado,estaba recordando mis clases de fisiología. Sin embargo, ella no parecíasentir ningún dolor, no afectaban a los movimientos de sus manos. Ella leacaricio el pelo Dimitri. Mientras estaba sentada en posición vertical, él seencontraba en una posición desgarbada. Su cabeza reposaba en su regazo,y Lissa le pasaba los dedos por el pelo con movimientos suaves yrepetitivos - como cuando uno quiere consolar a un niño o un animal. Surostro, incluso estropeado por el fuego, estaba radiante y lleno decompasión.Dimitri me había llamado ángel vengador, Lissa era un ángel de lamisericordia mientras le miraba y le decía palabras tranquilizadoras. Conel estado de su ropa y lo que había visto en el fuego, esperaba encontrarcenizas- la pesadilla de un esqueleto. Sin embargo, cuando giro la cabeza,dándome mi primera visión completa de su cara, vi que no se había hechoabsolutamente nada. No tenía la cara quemada- esa piel tan cálida ycurtida como lo había sido el primer día que lo había conocido. Eche unvistazo a sus ojos, antes de que se cubriera la cara contra la rodilla deLissa. Vi profundidad, infinito color café, un color que había caído en éltantas veces. No había ojos rojos.Dimitri. . . no era un Strigoi.Y él estaba llorando.
    • 226 Capítulo 17 Traducido por EEMARIAToda la sala pareció contener la respiración. Aún haciendo frente a losmilagros, los guardianes o Strigoi, eran difíciles de distraer. Las luchasque se habían detenido, fueron reanudadas con furiosa intensidad. Losguardianes tenían la sartén tomada por el mango, los que no estabanencargándose de los últimos Strigoi superviviente que de repente saltabanhacia Lissa, intentando separarla de Dimitri. Para sorpresa de todos, ellaempezó a sujetar a Dimitri con fuerza e hizo algunos intentos débiles deluchar contra los que los rodeaban. Ella era feroz y protectora, como unamadre defendiendo a su niño. Dimitri se sujetaba de ella intensamente,pero él y Lissa fueron superados en números. Los guardianes finalmentelos separaron. Hubo gritos confusos mientras los guardianes intentabandeterminar si deberían matar a Dimitri. No hubiera sido difícil. Él estabaindefenso. Apenas podía mantenerse en pie cuándo lo levantaron de untirón. Eso me despertó. Había estad mirándolos, congelada, estupefacta.Sacudiéndome mi estupor, di un salto hacia adelante, aunque no estabasegura hacia a quién iba: Lissa o Dimitri.- "¡No! ¡No lo hagas! Grité, viendo algunos guardianes que se movían paraconseguir las estacas.-"¡Él no es lo que pensáis! ¡Él no es un Strigoi! ¡Mírarle!" Lissa y Christiangritaban algo parecido. Alguien me sujetó y tiró de mí indicándome quedejara a los demás solucionar eso. Sin pensarlo, giré y le di puñetazos a mi captor en la cara, viendodemasiado tarde que era Hans. Él se tambaleo, parecía más asombradoque ofendido. Atacarle fue lo suficiente para atraer la atención de los otros,sin embargo, pronto tuve mi propio grupo de guardianes con los quepelear. Mis esfuerzos no sirvieron de nada, primero porque era un grannumero y segundo porque no podía luchar con ellos como lo hacía con losstrigoi.Mientras los guardianes me sacaban afuera, noté que Lissa y Dimitri yahabían sido sacados del cuarto. Les exigí saber dónde estaban, gritandoque tenía que verlos. Nadie me hizo caso. Me llevaron arrastrando, fueradel almacén, pasando por encima de cuerpos humanos. Muchos eranStrigoi, pero reconocí algunas caras del custodio de la Corte. Hice unamueca, no los había conocido bien.
    • 227 La batalla había acabado, y nuestro lado había ganado a un costo muyalto. Los guardianes supervivientes empezaron a hacer la limpieza. Nosorprendida que los Alquimistas apareciesen, pero por el momento, no mepreocupaban ninguno de ellos.- ¨¿Dónde está Lissa?" exigí mientras me lanzaban al interior de un SUV. Dos guardias entraron conmigo, uno sentado a cada lado. No reconocí aninguno de ellos.-"¿Dónde está Dimitri?"-¨La princesa ha sido llevada a seguridad," dijo uno de los guardianes.Él y el otro tipo miraban fijamente al vacio, me di cuenta que ninguno deellos iba a responder mi pregunta sobre Dimitri. Él no existía para ningunode ellos.-―¿Dónde está Dimitri?" Repetí, hablando más alto con esperanza de teneruna respuesta. ¨¿está con Lissa?¨ Obtuve una reacción.-"Claro que no," dijo el guardián que había hablado antes.-"Él está… ¿Está vivo?¨ Fue una de las preguntas más difíciles que algunavez hubiera hecho, pero tenía que saberlo. Odié admitirlo, pero si estuviera en el lugar de Hans, no hubierabuscando milagros. Habría exterminando cualquier cosa que percibieracomo amenaza.- "Sí," dijo al fin el conductor. ¨Él. . . Eso. . . Está vivo". Y eso fue todo loque pude sacarles, por mucho que discutí y exigí ser liberada del coche - ycreerme, intenté hacerlo.Su habilidad para ignorarme fue bastante impresionante. En honor a laverdad, no estaba segura de saber lo que sucedió. Todo había ocurrido tanrápido. La única cosa que estos dos sabían era que habían recibidoórdenes para escoltarme fuera del edificio. Estuve esperando que alguienconocido se nos uniese al coche, pero no, Sólo más y más guardianesdesconocidos. Ni Christian o Tasha. Ni Hans , por supuesto, eso tuvosentido. Él probablemente estaba asustado por el puñetazo accidental quele di.Cuando nos pusimos en marcha, finalmente me di por vencida y mehundí en el asiento.
    • 228Otros SUV se habían unido al nuestro, pero no tenía ni idea de si misamigos se encontraban en ellos. La unión entre Lissa y yo estaba aúnentumecida. Después de esa sacudida inicial donde no había sentido nada,lentamente fui recuperando una ligera sensación suya, indicándome queestábamos conectadas y que ella estaba viva .Eso fue todo. Con todo esepoder que había estallado a través de ella, fue casi como si nuestro vinculose hubiese frito. La magia entre nosotras era muy frágil. Cada vez queintentaba usar la unión para averiguar acerca de ella, era como si miraraalgo brillantemente que me cegaba.Asumí que estaría con ella pronto porque necesitaba saber lo que habíasucedido. Todavía estaba aturdida, y el largo paseo de regreso a la Corteme dio tiempo para procesar los pocos hechos a los tuve acceso.Inmediatamente necesitaba ver a Dimitri pero antes tenía empezar desdeel principio si en realidad quería analizar todo lo que había ocurrido. Primero Lissa había hechizado una estaca y me había ocultado esainformación. ¿Cuándo? ¿Antes de su viaje a la universidad? ¿En Lehigh?¿Mientras estuvo cautiva? No tenía importancia. En segundo lugar, apesar de sus intentos fallidos con la almohada, había conseguido estacar aDimitri en el corazón. Esto había sido una lucha, pero el fuego deChristian lo había hecho posible. Me estremecí, recordando la quemaduraque Lissa había sufrido durante el proceso extremadamente duro. Habíasentido su dolor antes de que el vinculo se cerrara, también había visto lasmarcas en ella. Adrian no era el mejor sanador del mundo, pero esperabaque su magia fuera suficiente para encargarse de sus lesiones. El tercero yúltimo acto… Bien. . . ¿era un hecho? Lissa había estacado a Dimitri yhabía usado la misma magia para sanarlo… ¿Y luego? Esa era la granpregunta. Que había sucedido, ¿Realmente vi lo que pensé que habíavisto?Dimitri había… Cambiado.Él ya no era un Strigoi. Lo sentía en mi corazón. Había sido suficientepara dejarme ver la verdad. Los rasgos Strigoi habían desaparecido. Lissahabía hecho todo lo que Robert le había indicado que necesitaba hacerpara restaurar a un Strigoi, y ciertamente después de toda esa magia…Bien, era fácil creer que cualquier cosa era posible. Aquella imagen deDimitri volvió a mí, aferrado a Lissa con lágrimas cayendo por su cara.Nunca lo había visto tan vulnerable. En cierta manera, no creí que unStrigoi pudiera llorar.Algo en mi corazón se retorció dolorosamente, y parpadeé rápidamentepara evitar llorar. Eche un vistazo alrededor, me concentré de nuevo en mientorno.
    • 229 En el exterior del coche, el cielo se iluminaba. Se aproximaba la salida delsol.Los guardianes que estaban conmigo mostraban señales de cansancio ensus caras, pero las expresiones de alerta en sus ojos nunca vacilaron.Había perdido la noción del tiempo, pero mi reloj interno me indicaba quehabíamos estado de camino bastante tiempo. Teníamos que estar casi enla Corte. Tentativamente, roce la unión y encontré que estaba restauradapero seguía siendo frágil. Fue como si se tambalease dentro de mí. Esofue suficiente para tranquilizarme, y darme un alivio. Cuando la unión nosllego por primera vez hace años, había sido tan extraño. . . irreal. Ahora lohabía aceptado como parte de mi vida. La ausencia hoy la había sentidoantinatural. Miré a través de los ojos de Lissa, en el SUV donde ella estaba, esperé vera Dimitri con ella. Aquel vistazo de él en el almacén no había sidosuficiente. Necesitaba verlo otra vez, necesitaba ver si este milagrorealmente había ocurrido. Quise beber de aquellos rasgos, contemplar alDimitri de hace tanto tiempo. El Dimitri que amé. Pero él no estaba conLissa. Christian estaba allí, y él la recorría la mirada mientras ella semovía. Había estado dormida y todavía se sentía algo atontada. Eso,combinado con los efectos secundarios de ese poder abrasador, dejónuestra conexión un poco borrosa. Las cosas las sentía desenfocadas, peroglobalmente, podía seguir lo que estaba ocurriendo.-"¿Cómo te sientes?¨ Le pregunto Christian. sus ojos la observaban llenosde afecto, era imposible que ella no se dirá cuenta. Pero de nuevo, ellaestaba preocupada ahora mismo.-"Cansada. Desgastada. Como... No sé. Como haber sido tirada dentro deun huracán. O atropellada por un coche. Escoge algo horrible, y así escomo me siento". Él le dio una pequeña sonrisa y amablemente tocó sumejilla. Abriéndome más a sus sentidos, sentí el dolor de sus quemadurasy a él explorando su piel, aunque teniendo el cuidado de mantenerse lejosde ella. -¨¿Está fatal ?¨ Ella le preguntó -¨¿dejando de lado toda mi piel derretida?¿Me veo como una extraterrestre?¨- "No," le respondió, con una pequeña sonrisa. -"No es para tanto. Esta tanbella, como siempre. Se necesitaría mucho para que eso sucediera".
    • 230El dolor que palpitaba en ella la hacía pensar que tenía más daño del queél admitía, pero el cumplido y la manera en que él se lo había dicho, fueuna forma de calmarla. Por un momento, su existencia entera se enfocó ensu cara y en la forma en que el sol naciente comenzaba a iluminarla.Entonces el resto de su mundo cayó con estrépito en ella. "¡Dimitri!¡Necesito ver a Dimitri!" Había guardianes en el coche, y ella les echó unvistazo mientras hablaba. Al igual que conmigo, nadie pareció estardispuesto a reconocer lo que había sucedido.-―¿Por qué no puedo verlo? ¿Por qué lo alejaron de mi?¨ Esto fue dirigido acualquier persona que contestase, y al final, fue Christian quien contesto.-"Porque piensan que él es peligroso.¨- "Él no lo es. Él está simplemente… me necesita. Sufre". Los ojos deChristian repentinamente se ampliaron, hubo pánico en su cara.-"Él no está… no estás vinculada a él, ¿verdad?¨ Sospeché por la miradaen la cara que Christian recordaba a Avery y como el vincularse conmúltiples personas la había empujado por el borde de un precipicio .Christian no había estado allí el dia que Robert nos explico sobre el almayendo al mundo de los muertos y como el Strigoi recuperado no quedabavinculado. Lissa negó con la cabeza lentamente.-"No… Sólo lo sé. Cuando Yo… Cuando lo sané, hicimos esa conexión, y losentí. Lo que tuve que hacer… No lo puedo explicar".Ella se pasó la mano por su pelo, frustrada por no poder expresar conpalabras su magia. El cansancio comenzó a golpearla.-"fue como si hubiera hecho una cirugía en su alma," dijo al fin.-"Piensan que él es peligroso," repitió Christian amablemente. "-"¡Él no lo es!¨ Lissa miró encolerizadamente al resto de los ocupantes delcoche, los cuales miraban a otra parte. -"ya no es Strigoi".-"Princesa," comenzó a decir uno de los guardianes ansiosamente, - "Nadiesabe lo que sucedió. No puedes tener la seguridad de que…."-"¡Estoy segura!" dijo ella, con voz fuerte en un lugar tan pequeño. Huboun aire regio, dominante. - "Lo Sé. Lo salvé. Lo traje de vuelta. ¡Sé concada parte de mí que él no es un Strigoi!"
    • 231Los guardianes se vieron incómodos, se quedaron callados. Pensaba quesolamente estaban confusos, y realmente, ¿cómo no lo estarían?.-"Shhh," dijo Christian, poniendo su mano en la de ella. -"No hay nada quepuedas hacer hasta que estemos otra vez en la corte. Todavía estas heriday exhausta¨.Lissa sabía que él estaba en lo correcto. Ella estaba dolida, y estabaexhausta. Esa magia la había desgarrado. Al mismo tiempo, lo que habíahecho para Dimitri le había creado una unión con él, no uno mágico, sinouno psicológico. Ella realmente había sido como una madre. Se sintiódesesperadamente protectora y preocupada.-"Necesito verle," le indicó. ¿Ella qué? ¿Qué sobre mí?-" Lo harás," le respondió Christian, sonaba más seguro de lo que yohubiera sospechado. -"Pero ahora sólo intenta descansar‖.- "No puedo" le dijo, incluso mientras bostezaba. Esa sonrisa, osciló através de sus labios, y movió su brazo alrededor de ella, atrayéndola tancerca como los cinturones de seguridad lo permitían.-"Inténtalo," le dijo. Ella reclinó su cabeza contra su pecho, y su cercaníafue un tipo de sanación por mérito propio. La Inquietud y preocupaciónpor Dimitri todavía la perturbaba, pero las necesidades de su cuerpo eranmás fuerte. Al fin, ella fue hacia la deriva en el sueño en los brazos deChristian, a duras penas le oyó susurrar,-"Feliz Cumpleaños".Veinte minutos más tarde, nuestro convoy regresó a la Corte. Pensaba queesto significaba libertad inmediata, pero mis guardianes se tomaron sutiempo en salir, en espera de alguna señal o indicaciones que nadie sehabía molestado en contarme. Resultó que estaban esperando a Hans.-"No," dijo, firmemente poniendo una mano en mi hombro cuando salídisparada del coche e intenté correr con todas mis fuerzas hacia fuerapara… Bien, no estaba segura donde. Donde quiera que Dimitri estuviera.-¨Quédate¨.-¨¡Tengo que verlo!¨ Exclamé, intentando empujarlo.Hans se inter puso como una pared del ladrillo
    • 232. Visto que él había luchado con mucho más Strigoi que yo esta noche,hubiera pensado que estaría cansado.-"Tienes que decirme donde esta". Para mi sorpresa, Hans lo hizo.-"Encerrado lejos. Muy Lejos, fuera de tu alcance. O de cualquier otro. Séque él solía ser tu tutor, pero es mejor si se le mantiene alejado por ahora".Mi cerebro, cansado por la actividad nocturna y abrumada por la emoción,tardó un momento en procesar eso. Recordé Las palabras del Christian.-"Él no es peligroso," le expresé. -"Él ya no un Strigoi¨.- "¿Cómo puedes estar tan segura?" La misma pregunta que le habíanhecho a Lissa. ¿Cómo podríamos responder a eso? Lo sabíamos porquehabíamos pasado por increíbles dolores para descubrir cómo transformara un Strigoi, y cuando habíamos completados esos pasos, hubo unabomba atómica de magia. ¿Eso no era suficiente? Cómo se veía Dimitri…¿no era suficiente? En lugar de eso, mi respuesta fue parecida a la de Lissa.-¨lo sé". Hans negó con la cabeza, y pude ver que en realidad estabaexhausto.- "Nadie sabe qué está pasando con Belikov. Los que estábamos allí. . .Bien, no estoy seguro de lo que vi. Todo lo que sé es que él mandaba a losStrigoi hasta hace poco, y ahora está bajo el sol. No tiene ningún sentido.Nadie sabe lo que él es".- "Él es un dhampir".-"Y hasta que lo sepamos," él continuó, ignorando mi comentario, "Belikovtiene que permanecer arrestado mientras lo examinamos. ¿Examinar? Nome gustó como sonaba eso.Convertir a Dimitri en un animal de laboratorio. Mi temperamento flaqueo,y comencé casi a gritarle a Hans. Un momento más tarde, logrecontrolarme.-"Entonces necesito ver a Lissa".-"Ella ha sido llevada al centro médico, el cual necesita urgentemente. Túno puedes ir hasta allí," añadió, anticipando mi siguiente respuesta.
    • 233-"La mitad de los guardianes están allí. Es un caos, y tú te pondrías enmedio".-"¿Entonces qué mierda se supone que tengo que hacer?"-¨Consigue dormir un poco". Me dio una mirada sarcástica-"Aún pienso que tienes una mala actitud, pero después de lo que vi allí. . .Bien, diré esto. Sabes cómo pelear. Te necesitamos, para algo más que solopapeleo. Ahora cuídate a ti misma".Y eso fue todo. El despido en su voz fue claro, y mientras los guardianes sereunían a su alrededor, fue como si yo no existiera. No importa elproblema de antes todo parecía olvidado. Todo sería archivado. ¿Pero quése supone que tenía que hacer? ¿Estaba Hans loco? ¿Cómo podría dormir?Debía hacer algo. Tenía que ver a Dimitri, pero no sabía dónde lo habíanllevado. Probablemente a la misma prisión donde Victor estabaencarcelado, la cual era inaccesible para mí. También necesitaba ver aLissa, pero estaba en el centro médico. No tenía poder aquí. Necesitabatraer alguien con influencia. ¡Adrian! Si buscaría a Adrian, tal vez élmoviera algunos hilos. Tenía conexiones con la realeza. Caramba, la reinalo amaba, a pesar de sus descuidadas formas. Tanto como me mataba elaceptarlo, me daba cuenta que el conseguir ver a Dimitri enseguida eracasi imposible. ¿Y el centro médico? Adrian podría hacerme ingresar paraver a Lissa, aun si estuviese lleno y caótico. La unión estaba todavía pocodefinida, y hablar con ella personalmente me dejaría conseguir respuestasmás rápidas sobre Dimitri. Además, quise ver por mi misma que ellaestaba bien. Pero cuando llegué a la vivienda de Adrian que se ubicaba enla Corte, el portero me informó que Adrian había salido hacia unosinstantes, irónico, camino al centro médico.Gemí. Por supuesto que él ya estaba allí. Con sus habilidades de curación,lo habían llamado. Débil o no, él definitivamente podría ayudar.-¨¿Estuviste allí¨ me preguntó el portero mientras comenzaba amarcharme.-―¿Qué?¨ Por un minuto pensé que él me hablaba del centro médico.-"¡La batalla con el Strigoi! El rescate. Hemos estado oyendo toda clase decosas".
    • 234- "Ya ¿Qué has oído?" Los ojos del tipo eran amplios y excitados.-"Dicen que casi todos los guardianes murieron. Pero que vosotroscapturasteis a un Strigoi y lo trajisteis de vuelta".-"No, no... Hubo más lesionados que muertos. Y sobre lo otro..." Por unmomento, no pude respirar. ¿Qué sucedió? ¿Qué había ocurrido realmentecon Dimitri?- "Un Strigoi cambió volviéndose a convertir en dhampir". Elportero se quedó con atónito.-¨¿Te diste un gran golpe en la cabeza?¨-"¡Te digo la verdad! Vasilisa Dragomir lo hizo. Con el poder del espíritu.Haz correr la voz sobre eso". Le dejé con la boca abierta, no tuve másopciones.Volví a mi cuarto sintiéndome derrotada pero demasiada excitada paradormir. Al menos, eso era pensaba. Después caminar un instante, mesenté sobre la cama intentando pensar un plan. Sin embargo, al pocotiempo sentí que caía en un sueño profundo. Me desperté sobresaltada,confundida y completamente adolorida, no me había dado cuenta de querecibí golpes en la lucha. Miré fijamente el reloj, asombrada por el tiempoque había dormido. En el horario vampírico, la mañana había avanzado.En el transcurso de cinco minutos, me había dado una ducha y me habíavestido con ropas sin rasgar y sin manchar de sangre. Y así como así,estuve fuera. La gente estaba afuera ocupándose de los asuntos diarios,pero las parejas o grupos con los que me crucé parecían hablar de labatalla en el almacén, y sobre Dimitri.-"Tú sabes que ella puede curarse," oí a un tipo Moroi decirle a su esposa."¿Por qué no a un Strigoi? ¿Por qué no a los muerto?¨- "Es una locura" le respondió la mujer.- " de cualquier forma nunca hecreído en estas cosas de espíritu. Es una mentira para ocultar el hechoque la chica Dragomir nunca se especializó".No oí el resto de su conversación, pero los otros a los que escuché decíancosas similares. La gente estaba convencida de que todo era una farsa oconsideraban a Lissa como una santa. De cuando en cuando, oía algoextraño, como que los guardianes habían capturado a muchísimos Strigoipara experimentar. En todas las especulaciones, sin embargo, nunca oí elnombre de Dimitri y supe lo que realmente ocurría.
    • 235Seguí el único plan que tuve: Ir al edificio de los guardias que custodiabanla prisión de la Corte, aunque dudaba en lo que haría al llegar allí. Noestaba completamente segura de dónde se encontraba Dimitri, pero mepareció el lugar más probable. Cuando pasé a un guardia a lo largo delcamino, necesite de varios segundos para percatarme de que le conocía.Me detuve y giré hacia él.- "¡Mikhail!" Él echó un vistazo atrás y, al reconocerme, se detuvo.-¿Que sucede?¨ le pregunté, aliviada de ver una cara amistosa.-¨¿han dejado salir a Dimitri?¨ negó con la cabeza.-"No, están todavía tratando de entender que ha sucedió. Todo el mundoestá confundido, si bien la princesa todavía jura y jura que él no es unStrigoi". Hubo admiración en la voz de Mikhail y tristeza también. Éldeseaba que fuese cierto, que pudiese haber una probabilidad para que suamor se salvase. Mi corazón le compadeció. Deseaba que él y Sonyapudiesen tener un final feliz.- "Un momento. ¿Qué dijisteis?¨ Sus palabras me sacaron de mispensamientos románticos y se detuvieran abruptamente. -"¿Dijiste queLissa lo vio? ¿Quieres decir después de la pelea?¨ traté de alcanzar launión. Gradualmente era más nítida, pero Lissa estaba dormida, así queno supe nada.-"Él preguntó por ella," me aclaro Mikhail. -"Así que la dejaron pasar,protegida, por supuesto". Me quedé mirándolo fijamente, mi mandíbulacasi cayó al suelo. Dimitri tenía visitantes. De verdad le dejaban tenervisitas. El conocer esto iluminó mi oscuro estado de ánimo que habíaestado creciendo en mí. Me gire dando media vuelta.- "Gracias, Mikhail".-"Espera, Rose-" Pero no me detuve. Corrí a toda velocidad al edificio de losguardianes ajena a como me veía. Estaba entusiasmada, también revividacon esta nueva información. Podría ver a Dimitri. Finalmente estaría conél, de la manera como debía de ser.-"No lo puedes ver.¨ Me detuve abruptamente cuando el guardián queestaba de servicio en el área de recepción me detuvo.
    • 236-"¿Qué? Necesito ver a Dimitri".-"Ninguna visita".-"Pero Lissa, eh…, Vasilisa Dragomir puedo verlo¨.-"Él preguntó por ella". Me quedé mirándolo incrédulamente.-"Él debió preguntar también por mi¨ El guardián se encogió de hombros.-"Si lo hizo, nadie me ha dicho¨ La cólera que había reprimido la nocheanterior finalmente despertó.- "¡Entonces ve y encuentra a alguien que sepa! Dimitri quiere verme.Tenéis que dejarme entrar. ¿Quién es vuestro jefe?¨ El guardián me miróceñudamente.-"No iré a ningún lugar hasta que mi guardia haya acabado. Si eresautorizada, alguien te lo hará saber. Hasta entonces, nadie sin un permisoespecial puede ir hasta allí abajo".Después de haberme encargado de una parte de la seguridad de Tarasov,me sentí bastante segura de que podía ocuparme de este individuo. Sinembargo, me sentí igualmente segura de que una vez que me acercara alos pisos inferiores donde se ubicaban las celdas de la prisión, me toparíacon muchos más guardianes. Por un segundo, sacarlos me pareció muyrazonable. Era Dimitri. Haría cualquier cosa por él. Una leve agitación enel vínculo me hizo ver la razón. Lissa acababa de despertarse.-"Estupendo," me dije. Alcé la barbilla y le di una mirada arrogante. -"Gracias por la ayuda‗." No necesitaba a este perdedor. Buscaría a Lissa.Ella se hospedaba en el lado opuesto de la Corte de donde se encontraba elárea de contención. Cuando finalmente la localice, ella abrió la puerta desu cuarto, vi que se había preparado casi tan rápido como lo lo hice yo. Dehecho, sentí que estaba a punto de salir. Estudiando su cara y sus manos,me sentí aliviada al ver que la mayoría de las quemaduras habíandesaparecido. Algunos puntos rojos permanecían aún en sus dedos, peroeso fue todo, para eso era el trabajo de Adrian. Ningún doctor habríapodido hacer que ocurriera.
    • 237Con una camiseta sin mangas en tono azul claro, con su cabello rubiorecogido, no se veía como si alguien hubiera pasado por una pruebaextremadamente dura e importante en menos de veinticuatro horas.-¨¿Estás bien?¨ me preguntó. A pesar de todo lo que había ocurrido, ellanunca había dejado de preocuparse por mí.- "Sí, estupenda". Físicamente, al menos. "¿y tú?¨Ella asintió con la cabeza. -"Estupenda".-"te ves bien," le respondí. "Anoche. . . Digo, me asusté bastante. Con elfuego. . ." Yo no podía terminar.-"Sí," me dijo, mirando lejos de mí. Parecía nerviosa e incómoda. -"Adrianes un gran sanador". -¨¿vas allí?¨ Hubo agitación e inquietud en la unión.Eso tenía sentido si queria ir al centro médico y ayudar también. Exceptoque… Una revisión más profunda me dio la verdad sorprendente.-"¡vas a ver a Dimitri!"-"Rose…"-"No," dije ansiosamente. "perfecto. Iré contigo. Estuve ahí, pero no medejaron entrar".-"Rose-" Lissa se veía muy incómoda ahora.-"Me dijeron algunas estupideces sobre que él había preguntado por ti y nopor mí y que por eso no me podrían dejar entrar. Pero si tú vas, tendránque dejarme".-"Rose," me habló firmemente, finalmente interrumpiendo mi parloteo. "nopuedes ir".-¨¿Yo….qué?¨ Repitió sus palabras, por si las había escuchado mal.-"Por supuesto que puedo. Necesito verlo. Sabes que hacer. Y él necesitaverme". Ella lentamente negó con la cabeza, aun nerviosa, pero tambiéncompasiva.-"Ese guardián estaba en lo correcto," me respondió. "Dimitri no ha estadopreguntando por ti. Sólo pregunto por mí". Toda mi ansia, todo ese fuego,se congeló. Estaba estupefacta, confundida más que cualquier cosa.
    • 238-"Bien…" Recordé cómo él se había aferrado a ella la noche anterior, esamirada desesperada en su cara. Odié admitirlo, pero todo tuvo sentidoporque me lo había pedido primero. -"Por supuesto que él querría verte.Todo es tan nuevo y extraño, y tú fuiste quien lo salvó. Una vez que él seestabilice, querrá verme también".- "Rose, no puedes ir". Esta vez la tristeza en la voz de Lissa se reflejó en elvínculo, inundándome. -"No es sólo que Dimitri pidió no verte. Él pidióespecíficamente no verte".
    • 239 Capítulo 18 Traducido por Anae Corregido por Mo0shaLo que realmente apestaba de estar vinculada psíquicamente a alguien esque uno tiene una idea bastante buena de cuando está mintiendo -o, eneste caso, no mintiendo. Sin embargo, mi respuesta fue inmediata einstintiva.-―Eso no es cierto."-"No es cierto?" Ella me lanzó una mirada mordaz. Ella también sabía queyo podía sentir la verdad de sus palabras.-"Por eso... No puedo..." Yo no me perdía entre palabras a menudo - yciertamente no con Lissa. Con mucha frecuencia en nuestra relación, yotenía que ser asertiva y explicarle a ella él, porque las cosas tenían que sercomo lo eran. Por seguir mi camino no me di cuenta, Lissa había perdidoesa fragilidad.-―Lo siento‖ - dijo, su voz seguía siendo amable, pero también firme. Elvínculo la traicionaba, ella odiaba mucho el decirme cosas desagradables.-"Él me pidió... Me dijo específicamente que no te dejara entrar. No quiereverte."Me la quedé mirando suplicante, mi voz era casi infantil. -"¿Pero, por qué?¿Por qué dice eso? Por supuesto que me quiere ver. Él debe estarconfundido...."-"No sé, Rose. Lo único que sé es lo que me dijo. Lo siento mucho." Llegó amí y me abrazo, pero me aparte. Mi cabeza aún estaba conmocionada.-"Iré contigo de todos modos. Esperaré arriba con los otros guardianes.Luego, cuando le digas a Dimitri que estoy allí, va a cambiar de opinión."-― No creo que debas", dijo. -"Parecía realmente serio acerca de ti, no séqué ajuste - casi frenético. Creo que sabiendo que le molestaras."
    • 240-"Molestarlo a él? Molestarlo a él? Liss, soy yo! Él me ama. Él me necesita."Ella dio un respingo, y me di cuenta que le había estando gritando. -"Estoyinformándote lo que dijo. Es todo tan confuso... Por favor. No me pongasen esta posición. Solo... Espera a ver qué sucede. Y si quieres saber loque está pasando, siempre puedes..."Lissa no terminó, pero yo sabía lo que estaba sugiriendo. Ella estabaofreciendo que viera a Dimitri a través del vínculo. Fue un gran gesto desu parte - no es que ella me hubiera detenido si quisiera hacerlo. Noobstante, a ella no le suele gustar la idea de mi "espionaje". Esto fue lomejor que ella podía pensar que me haría sentir mejor.No es que realmente lo hiciera. Todo esto era todavía una locura. Meestaban negando el acceso a Dimitri. Quien supuestamente no queríaverme! ¿Qué demonios? Mi reacción instintiva fue hacer caso omiso detodo lo que acababa de decir y, exigir el acceso cuando ella llegara. Sinembargo, los sentimientos en el enlace me estaban rogando. Ella no queríacrear problemas. Ella no podría entender los deseos de Dimitri, perosentía que debían ser cumplidos, hasta que la situación pudiera ser mejorevaluada.-Por favor- pidió ella. La palabra quejumbrosa finalmente me agrietaba.-"Está bien". Me mató a mí decirlo. Fue como admitir la derrota. Pensé enello como en una retirada táctica.-"Gracias". Esta vez sí me abrazo. -"Juro que obtendré más información yaveriguare lo que está pasando, ¿de acuerdo?"Asentí con la cabeza, todavía abatida, y salimos del edificio juntas. Conrenuencia sombría, me separé de ella cuando llegó el momento, de dejarlair fuera del edificio de los guardianes, mientras me dirigía hacia mihabitación. Tan pronto como ella estuvo fuera de mi vista, inmediatamenteentre en su cabeza, mirando a través de sus ojos mientras caminaba por elcésped perfectamente cuidado. El vínculo era todavía un poco nebuloso,pero creciente, más claro por el momento.Sus sentimientos eran un revoltijo. Ella se sentía mal por mí, culpable deque se había tenido que negar. Al mismo tiempo, ella estaba ansiosa devisitar a Dimitri.
    • 241Tenía que verlo también - pero no de la misma manera que yo. Ella todavíatenía ese sentimiento de responsabilidad para con él, que instaba aprotegerlo.Cuando ella llegó a la oficina principal del edificio, el guardián que mehabía dejado, le dio un gesto a modo de saludo y luego hizo una llamadatelefónica. Unos momentos más tarde, tres guardianes entraron y leindicaron a Lissa que los siguiera en las profundidades del edificio. Todosse envolvieron inusualmente en la sombra, incluso los guardianes.-"Usted no tiene que hacer esto", uno de ellos le dijo a Lissa. -"Sólo porqueno cesa de preguntar..."-"Está bien", dijo con aire fresco, digna de cualquier reina. -"No meimporta.""Habrá un montón de guardias alrededor, al igual que la última vez. Ustedno necesita preocuparse por su seguridad."Ella dio a todos ellos una mirada penetrante. "Nunca estuve preocupadapor eso, para empezar."Su descenso a los niveles más bajos del edificio trajo dolorosos recuerdosde cuando Dimitri y yo habíamos visitado a Víctor. Ese había sido elDimitri que había tenido una unión perfecta conmigo, me había entendidodel todo. Y después de esa visita, él se enfureció con Víctor y con lasamenazas en mi contra. Dimitri me amó tanto que él había estadodispuesto a hacer cualquier para protegerme.Una puerta con llave de tarjeta protegida finalmente permitió el acceso anivel mas controlado, consistía principalmente en un largo pasillorecubierto por celdas. No tenía la sensación deprimente que había tenidoen Tarasov, pero estas celdas eran de acero duro y forjadasindustrialmente, no inspiraban exactamente sentimientos cálidos ydifusos.Lissa apenas podía caminar por el pasillo, porque estaba tan llena deguardianes. Todos para la seguridad de una persona. No era imposible queun Strigoi rompiera barras de acero de una celda, pero Dimitri habíavuelto. ¿Por qué no veían eso? ¿Eran ciegos?
    • 242Lissa y su acompañante se dirigieron a través de la multitud y sedetuvieron frente a una celda. Era tan fría, como todo en esta área de laprisión, sin más muebles que los absolutamente necesarios. Dimitri sesentó en una cama estrecha, las piernas encogidas hacia él mientras seapoyaba en una esquina de la pared, siguió de espaldas a la entrada de lacelda.No era lo que yo esperaba. ¿Por qué no fue él jugando en los bares? ¿Porqué no exige ser puesto en libertad, diciéndoles que no era un Strigoi? ¿Porqué estaba tomando todo esto con tanta calma?-"Dimitri".La voz de Lissa era suave y dulce, llena de un calor que destacaban sobrela dureza de la celda. Era la voz de un ángel.Vi como Dimitri lentamente se daba vuelta, era obvio que él pensaba lomismo. Su expresión se transformo ante nuestros ojos, al pasar de ladesolación a interrogativa.Él no era el único lleno de asombro. Mi mente podría haber sido atada a lade Lissa, pero al otro lado de la Corte, mi propio cuerpo casi dejó derespirar. La visión que había recibido de él la noche anterior había sidoincreíble. Pero esto. . . estaba pleno-en vista de que él miraba a Lissa - amí - fue impresionante. Fue una maravilla. Un regalo. Un milagro.En serio. ¿Cómo puede alguien pensar que era un Strigoi? Y ¿Cómo eraposible dejar de creer que el Dimitri con el que había estado en Siberiafuera este? Estaba limpio de la batalla, llevaba jeans y una sencillacamiseta de color negro. Su cabello castaño estaba atado en una coletacorta, y una leve sombra en la región inferior de su cara mostraba quetenía que afeitarse. Probablemente nadie lo dejaba acercarse a unamaquinilla de afeitar. De todos modos, eso le daba un aspecto más sexy -más real, más dhampir. Más vivo. Sus ojos eran lo que realmente hacíandel todo un conjunto. Su piel blanca como la muerte - ya no existía -siempre había sido sorprendente, pero los ojos rojos habían sido lo peor.Ahora ellos eran perfectos. Exactamente como lo que solían ser. De unmarrón cálido y añorado. Yo los podría haber mirado para siempre."Vasilisa", exhaló su aliento. El sonido de su voz hizo que mi pecho seapretara. Dios, me había perdido oírlo hablar. "Volviste".
    • 243Tan pronto como empezaron a acercarse a las barras, los guardianes seempezaron a cerrar en torno a Lissa, listos para detenerlo en caso de queefectivamente el atravesara un cambio. "Retírense!" dijo Lissa utilizandoun tono de voz típico de la realeza, mirando a todos a su alrededor. "Denosun poco de espacio". Nadie reaccionó de inmediato, y tuvo que poner máspoder en su tono de voz. "Lo digo en serio! Den un paso atrás!"Sentía el más mínimo hilo de magia fluir a través de nuestro vinculo. Noera una cantidad enorme, pero le daba respaldo a sus palabras, un pocode espíritu y de coacción inducida. Ella apenas podía controlar a un grupotan grande, pero el mandato tenía la fuerza suficiente para que quedaranclaras y crearan un espacio entre ella y Dimitri. Volvió su atención haciaél, cambiando su actitud al instante en una menos feroz.-"Por supuesto que volví. ¿Cómo estás? ¿Son..." Dirigió una miradapeligrosa en los guardianes de la sala. "¿Están tratándote bien?"Se encogió de hombros. -Muy bien. Nadie me ha herido.- Si él se parecía asu antiguo yo, él nunca habría admitido si alguien le estaba haciendodaño. -"Sólo un montón de preguntas. Demasiadas preguntas." Su vozsonaba cansada, de nuevo. . . a diferencia de un Strigoi que nuncanecesitaba descansar. -"Y mis ojos. Mantenían el escrutinio de los suyos. -"Pero, ¿cómo te sientes?"- le preguntó. -"En tu mente? En tu corazón?" Sitoda la situación no hubiera sido tan seria, le habría hecho gracia. Eramucha la línea terapéutica del interrogatorio – Una cosa a la vez, Lissa yyo habíamos experimentado una gran cantidad de tiempo con él. Yo odiabaesas preguntas, pero ahora realmente quería saber cómo se sentía Dimitri.Su mirada, que tanta atención había prestado a ella, ahora era lejana yfuera de enfoque. -"Es... Es difícil de describir. Es como si hubieradespertado de un sueño. Una pesadilla. Como estar viendo a alguien másque actúa a través de mi cuerpo - como si estuviera en una película oreproduciendo un archivo. Pero no era otra persona. Era yo. Todo ello erayo, y ahora aquí estoy, y todo el mundo ha cambiado. Y siento que estoyvolviendo a aprender todo de nuevo. "-"Ya se le pasará. Estarás más acostumbrado a ello, una vez que te acoplesde nuevo a tu viejo yo." Esa fue una suposición de su parte, pero uno sesentía seguro.
    • 244Él inclinó la cabeza hacia los guardianes que se reunieron. -"No lo creo."-"Ellos", dijo categóricamente. -"Sólo necesitan más tiempo". Un brevesilencio cayó, y Lissa vaciló antes de hablar sus siguientes palabras. -"Rose... Quiere verte."Dimitri de ensueño, su actitud taciturna se quebró en un latido delcorazón. Sus ojos se centraron de nuevo en Lissa, y conseguí mi primervistazo de emoción verdadera, intensa de él. -"No. Cualquiera menos ella.No puedo verla. No la dejes venir aquí. Por favor."Lissa se atraganto, sin saber cómo responder. El hecho de que había unpúblico lo hacía más difícil. Lo mejor que podía hacer era bajar la voz paraque los demás no escucharan. -Pero... Ella te ama. Ella está preocupadapor ti. ¿Qué ha pasado... con ustedes ella te salvo? Bueno, mucho de ellofue gracias a ella. "-"Usted me salvó."-"Sólo hice la pieza final. El resto... Bueno, Rose hizo, eh, mucho." Comodecir, la organización de una fuga de la prisión y la liberación de losfugitivos.Dimitri pasó a Lissa, y el fuego que había encendido brevemente en surostro se desvaneció. Se acercó a un lado de la celda y se apoyó contra lapared. Cerró los ojos durante unos segundos, respiró hondo, y luego losabrió.-―Cualquiera menos ella", repitió. "No después de lo que hice con ella. Hicemuchas cosas... Cosas horribles." Le dio la mano con la palma haciaarriba y se quedó así por un momento, pude ver la sangre. "Lo que hicecon ella fue lo peor de todo - sobre todo porque era ella. Ella vino asalvarme de ese estado, y yo..." Negó con la cabeza. -"Hice cosas terribles.Les hice cosas terribles a los demás. No puedo ver su rostro después deeso. Lo que hice es imperdonable".-"No", dijo Lissa con urgencia. -"No era usted. En realidad no. Ella te va aperdonar."
    • 245-"No. No hay perdón para mí, no después de lo que hice. Yo no la merezco,no merezco siquiera estar a su alrededor. Lo único que puedo hacer..."Caminó hacia atrás de Lissa, y ante el asombro de los dos, se hincó derodillas ante ella. -"Lo único que puedo hacer - la redención sólo puedotenerla para - pagarte por salvarme."-"Dimitri", comenzó con inquietud: -"Yo le dije -"-―Sentí ese poder. En ese momento, sentí florecer mi alma de nuevo. Sentíque se curó. Esa es una deuda que nunca podre pagar, pero te juro quepasaré el resto de mi vida tratando." Estaba mirando a ella, con su rostromirando hacia atrás.-"Yo no quiero eso. No hay nada que pagar."-"Hay todo para pagar", argumentó. -"Le debo mi vida - mi alma. Es laúnica manera que puede acercarse a mí, nunca pagare por todas las cosasque hice. Todavía no es suficiente... Pero es todo lo que puedo hacer."Juntó las manos. -"Le juro, lo que sea necesario, cualquier cosa - si estáen mi poder – voy hacerlo. Voy a servirla y protegerla a usted por el restode mi vida. Voy a hacer todo lo que me pida. Usted tiene mi lealtad parasiempre."-―Dimitri…-"Por favor. Voy a hacer cualquier cosa por usted, pero si la veo... dolerádemasiado."Esa es probablemente la única razón que podría haber hecho a Lissacambiar de tema. Eso y la mirada desesperada y abatida en el rostro deDimitri. Fue una que ella nunca había visto antes, y que yo no había vistotampoco. Siempre había sido tan invencible ante mis ojos, y esta señal devulnerabilidad no lo hacía parecer más débil ante mí. Simplemente lo hizomás complejo. Me hizo amarlo más - y querer ayudarlo.Lissa sólo pudo dar una señal, como respuesta antes que uno de losguardianes en turno le dijera que tenía que irse. Dimitri estaba todavía derodillas, y la escoltó fuera, mirándola con una expresión que decía que erala más cercana a cualquier esperanza que le quedaba en este mundo.Mi corazón retorcido con tanto dolor y celos - y un poco de rabia también.Yo era quien debía estar en ese lugar.
    • 246¿Cómo se atrevía? ¿Cómo se atreve a actuar como si Lissa fuera la cosamás grande del mundo? Si había hecho mucho para salvarlo, es cierto,pero yo era la que había viajado por todo el mundo por él. Yo era la quehabía arriesgado continuamente la vida por él. Lo más importante, yo eraquien lo amaba. ¿Cómo podía darle la espalda a eso?Ambas Lissa y yo estábamos confundidas y molestas al salir del edificio.Las dos estábamos angustiadas por el estado de Dimitri. A pesar de loenojada que estaba por su negativa a verme, yo todavía me sentía muy malal verlo en ese estado. Me mató. Nunca había actuado de esa maneraantes.Después del ataque de la Academia, que había sido ciertamente triste yfatal por esas pérdidas. Este era un sentimiento diferente, ladesesperación. Fue un profundo sentimiento de depresión y culpa de losque no me sentía capaz de escapar. Lissa y yo estábamos conmocionadaspor eso. Dimitri había sido siempre un hombre de acción, alguienpreparado para levantarse después de una tragedia y luchar contra lapróxima batalla.Pero esto? Esto fue diferente a todo lo que habíamos visto en él, y Lissa yyo habíamos tenido ideas salvajemente diferentes sobre cómo resolverlo.Su enfoque era suave y simpático, su idea era seguir hablando con él y almismo tiempo persuadir a los funcionarios de la Corte, de que Dimitri yano era una amenaza. Mi resolución a este problema era ir con Dimitri, noimportaba lo que él decía que quería. Me reventó dentro y fuera de unaprisión. Entrar en una celda de la cárcel debía ser la cereza del pastel.Todavía estaba segura de que una vez que él me viera, cambiaria deopinión acerca de toda esta redención. ¿Cómo pensaba realmente que nolo perdonaría? Yo lo amaba. Entendí. Y en cuanto a los funcionarios aconvencer de que no era peligroso. . . así, mi método aun estaba un pocoborroso, pero tenía la sensación de que implicaría una gran cantidad degritos y golpes en las puertas.Lissa sabía perfectamente que yo había observado su encuentro conDimitri, así que ella no se sentía obligada a venir a verme, no cuando ellasabía que la podían requerir más en el centro médico. Había escuchadoque Adrián había derrochado casi toda su magia, ya que había ayudadoa otros. Parecía tan característico de él, tan desinteresado. . . que habíahecho obras sorprendentes, con un gran costo para sí mismo.
    • 247Adrian.Ha habido un problema. Yo no había tenido la oportunidad de verlo desdeque volvimos después de la pelea en el almacén. Y aparte de oír acerca deél por los demás y su curación, yo realmente no había pensado en él enabsoluto. Me dije que si Dimitri realmente podría salvarse, no significaríael fin entre Adrian y yo. Sin embargo, Dimitri apenas había regresado devuelta, veinticuatro horas, y ahí estaba yo, ya obsesionada. --"Lissa?"A pesar de que había regresado de nuevo a mi propia mente, parte de míseguía distraída siguiendo la de Lissa. Christian estaba de pie fuera delcentro médico, apoyado contra la pared. Desde su postura, parecía como sihubiera estado allí por un tiempo esperando algo - o mejor dicho, alguien.Ella se detuvo, e inexplicablemente, todos los pensamientos de Dimitridesaparecieron de su mente. Oh, vamos. Yo quería que los dos arreglaransus diferencias, pero no teníamos tiempo para esto. El destino de Dimitriera mucho más importante que tontear con Christian.Christian no se veía como si estuviera en un estado de ánimo irritable, sinembargo. Su expresión era curiosa y preocupada cuando él la miró. -"¿Cómo te sientes?", le preguntó. No habían hablado entre sí desde el viajede vuelta, y ella había sido en gran parte incoherente con ellos.-"Bien". Ella le tocó la cara distraída. -"Adrián me curó."-"Supongo que es bueno para algo." Bueno, tal vez Christian se sentía unpoco sarcástico el día de hoy. Pero sólo un poco.-"Adrián es bueno para muchas cosas", dijo, aunque no pudo evitar unapequeña sonrisa. -"Se estuvo aquí en el suelo toda la noche‖-"¿Y tú? Sé quién eres. Tan pronto como se fueron hacia arriba,probablemente fuiste allí a su lado."Ella negó con la cabeza. -"No. Después de que me sanó, me fui a ver aDimitri."Toda la alegría desapareció de la cara de Christian. -Has hablado con él? ""Dos veces. Pero sí. Lo hice."
    • 248-"¿Y?"-"¿Y qué?"-"¿Cómo es él?"-"Es como Dimitri." De pronto frunció el ceño, reconsiderando suspalabras. -Bueno... No es como Dimitri. "-"¿Qué hace, aún tienen algo de Strigoi en él?" Christian se enderezó, consus ojos azules intermitentes. -"Si él es todavía peligroso, tú no tienesporque estar alrededor de él."-"¡No!" -exclamó ella. -"No es peligroso. Y..." Ella dio unos pasos haciaadelante, volviendo su mirada. -"Incluso si así fuera, no tiene sentido queme digas lo que puedo o no puedo hacer!"Christian suspiró dramáticamente. -"Y yo que pensaba que Rose era laúnica metida en situaciones estúpidas, y que independientemente lapodrían matar.‖La ira de Lissa se encendió rápidamente, probablemente debido a todo elespíritu que había estado usando. -"Oye, ¿no tuviste algún problema enayudarme a estacar a Dimitri! Me entrenaste para ello."-"Eso fue diferente. Estábamos en una situación mala y ya, y si las cosassalían mal... Bueno, yo lo hubiera podido incinerar." Christian la miró depies a cabeza, y había algo en su mirada. . . algo que parecía más que unaevaluación objetiva. -"Pero yo no tenía que hacerlo. Estuviste increíble. Túdiste el golpe. Yo no sabía si podrías, pero lo hiciste... Y el fuego... No teinmutó en absoluto, pero pudo haber sido fatal.... "Hubo un temblor en su voz mientras hablaba, como si estuviera reciénahora realmente evaluando las consecuencias de lo que le podría habersucedido a Lissa. Su interés y admiración la hizo al ras, ella ladeó lacabeza - un viejo truco - para que los mechones de pelo que se habíaescapado de su cola de caballo cayeran hacia adelante, y ocultaran surostro. No era necesario eso. Christian estaba mirando fijamente el suelo.-"Tuve que hacerlo", dijo al fin. -"Tenía que ver si era posible".Miró hacia arriba. -"Y así fue... ¿No? Realmente no hay ningún rastro deStrigoi?"
    • 249-"Ninguno. Soy positiva. Pero nadie lo cree."-"¿Puedes culparlos? Quiero decir, me ayudó a salir de dudas y yo queríaque fuera cierto... Pero no estoy seguro de que alguna vez realmente, nopensé que alguien podía volver de eso."Alzo su vista de nuevo, su miradadescansando sobre una lila. Lissa podía oler su aroma, pero su mirada era distante y con problemasen su cara, entendí que sus pensamientos no estaban en el momento. Niellos estaban en Dimitri, me di cuenta. Estaba pensando en sus padres. ¿Ysi hubiera habido algo del espíritu en torno a la conversión de los Ozerasen Strigoi? ¿Y si hubiera habido una manera de salvarlos?Lissa, no adivino sus pensamientos, y dijo: -"Yo ni siquiera sé bien como,yo creía. Pero tan pronto como pasó, bueno... lo sabía. Lo sé. No hayStrigoi en él. Tengo que ayudarlo, tengo que hacer que los demás se dencuenta. No puedo dejar que este encerrado para siempre - o algo peor."Cuando Dimitri estaba fuera del almacén, sin los otros guardianes pararescatarle no había sido nada fácil para ella, y ella se estremeciórecordando los primeros segundos después de su cambio cuando todo elmundo había estado gritando para matarlo.Christian se volvió y miró sus ojos con curiosidad. "¿Qué quisiste decircuando mencionaste que era como Dimitri pero no como Dimitri?Su voz temblaba un poco al hablar. "Él es... esta triste.""¿Triste? Parece que él debe ser feliz, fue salvado."-No... Tú no entiendes. Él se siente mal por todo lo que hacía como unStrigoi. Culpable, deprimido. Esta castigándose a sí mismo por ello porqueno cree que pueda ser perdonado."-"Mierda", dijo Christian, claramente tomándonos por sorpresa. Algunaschicas Moroi caminaban en ese momento y lo observaron escandalizadas,por su lenguaje. Se fueron de prisa, murmurando entre ellas. Christian noles hizo caso. "Pero no puede evitarlo -"-Lo sé, lo sé. Lo qué pasó con él. "-"Puede ayudar Rose?
    • 250-"No," dijo Lissa sin rodeos.Christian esperaba, aparentemente con una esperanza que había pensado.Creció su molestia con lo que dijo. -"¿Qué quiere decir que no puede? Elladebe ser capaz de ayudarnos más que nadie!"-"No quiero entrar en su mente." Mi situación con Dimitri le molestabamucho. Eso hizo que fuéramos dos ya. Lissa se volvió hacia el edificiomédico. Parecía de la realeza y como un castillo en el exterior, ella secolocó un mecanismo estéril y moderno como en cualquier hospital. -"Mira, tengo que entrar. Y no me mires así."-"¿Cómo?" -preguntó, dando algunos pasos hacia ella.-"Esa desaprobación, tu cabreada mirada que consigues cuando norecibes lo que quieres".-"No tengo esa mirada!"-"Lo haces ahora mismo." Ella se apartó de él, moviéndose hacia la puertadel centro. -"Si quieres toda la historia, podemos hablar más tarde, ahoritano tengo tiempo... Y honestamente... no tengo ganas de contarlo".Eso cabreo mas su mirada - y tenía razón, él la tenía - se perdió un poco.Casi con nerviosismo, dijo, -"Está bien. Luego entonces. Y Lissa..."-"Hmm?"-"Me alegro de que estés bien. Lo que hiciste anoche... Bueno, fuerealmente increíble."Lissa lo miró fijamente durante varios segundos, su ritmo cardíacoaumento ligeramente mientras observaba como una ligera brisa volaba consu pelo negro. -"No podría haberlo hecho sin tu ayuda", dijo al fin. Conesto, se volvió y entró al edificio, y yo regrese por completo a mi propiacabeza.Y al igual que antes, yo estaba pérdida aun. Lissa estaría ocupada el restodel día, y yo de pie y gritando en la oficina de los guardianes "no meayudaría mucho llegar a Dimitri. Bueno, suponía que existía la remotaposibilidad de que podría molestar a la gente tanto que me metieran a lacárcel también.
    • 251A continuación, Dimitri y yo estaríamos uno al lado del otro. Rápidamentedesestime dicho plan, temiendo perder lo único que me era másimportante mi formación.¿Qué podía hacer? Nada. Necesitaba volver a verlo, pero no sabía cómo.Odiaba no tener un plan.El encuentro de Lissa con Dimitri no había sido siquiera lo suficiente paramí, y de todos modos, sentí que era importante el tenerlo a través de misojos, no de ella. Y oh, qué tristeza. . . esa mirada de desesperanzaabsoluta. Yo no lo podía soportar. Quería abrazarlo, decirle que todoestaría bien. Quería decirle que lo perdonaba y que íbamos a hacer todo loposible para que todo fuera como lo solía ser. Podríamos estar juntos, tal ycomo habíamos planeado.La idea trajo lágrimas a mis ojos, y me dejó sola con mi frustración einactividad, regresé a mi habitación y me deje caer sobre la cama. Sola, alfin pude soltar el llanto que había estado reteniendo desde anoche. Nisiquiera sabía por todo lo que estaba llorando. El trauma y la sangre delúltimo día. Mi propio corazón roto de dolor por Dimitri. Las circunstanciascrueles que habían arruinado nuestras vidas. En realidad, había unmontón de opciones.Me quedé en mi cuarto una buena parte del día, perdida en mi propiodolor e inquietud. Una y otra vez, repetí la reunión de Lissa con Dimitri, loque había dicho y lo que parecía. Perdí la noción del tiempo, cuandoescuche un golpe en la puerta, mis propias emociones eran sofocantes.Rápidamente frotando un brazo sobre mis ojos, abrí la puerta paraencontrar que Adrian estaba afuera. -Oye- le dije, un poco sorprendida porsu presencia - por no hablar de culpabilidad, teniendo en cuenta quehabía estado lamentándome sobre otro tipo. No estaba preparada parahacer frente a Adrian todavía, pero al parecer no tenía otra opción ahora. -"¿Tu... ¿Quieres entrar?"-"Ojala pudiera, pequeña dhampir." Parecía tener prisa, no como sihubiera llegado a tener una corta conversación sobre nuestra relación. -"Pero esta visita es sólo para una invitación."-"Invitación?‖ Le pregunté. Mi mente estaba todavía en Dimitri. Dimitri,Dimitri, Dimitri.
    • 252"Una invitación a una fiesta."
    • 253 Capítulo 19 Traducido por Aurim–¿Estás loco? –le pregunté.Él me dedicó la misma mirada sin palabras que siempre ponía cuando yole hacía esa pregunta.Suspiré y volví a intentarlo.–¿Una fiesta? Eso es ir demasiado lejos, hasta para ti. ¡Acaba de morirgente! Guardianes. Priscilla Voda. –Por no mencionar personas que habíanvuelto de la muerte. Probablemente lo mejor sería omitir esa parte–. Esteno es el momento para emborracharse y jugar al Beer Pong* (*Juego clásico en fiestas consistente en acertar a tirarmonedas en un vaso, por cada tirada fallida se debe beber unchupito).Esperaba que Adrian dijera que siempre era buen momento para jugar aBeer Pong, pero él se mantuvo serio.–En realidad, es porque ha muerto gente que va a haber una fiesta. No esdel tipo barrilada. Tal vez fiesta no sea siquiera la palabra adecuada. Esuna… –Él frunció el ceño, tratando de buscar las palabras paraexpresarlo–. Un evento especial. Uno de élite.–Todas las fiestas de la realeza son de élite –señalé.–Sí, pero en ésta no está invitada toda la realeza. Es… Bueno, la élite de laélite. En realidad, eso no es que ayudara mucho.–Adrian…–No, escucha. –Él hizo ese gesto familiar suyo que indicaba frustración,pasándose las manos por el pelo–. No es tanto una fiesta, sino más bienuna ceremonia. Una tradición muy, muy antigua de… No sé. De Rumanía,creo.
    • 254Lo llaman Guarda de la Muerte. No es más que una manera de honrar alfallecido, algo secreto que ha sido transmitido a través de los linajes másantiguos.Me vinieron a la mente flashes de recuerdo de una destructiva sociedadsecreta en el St. Vladimir.–Esto no será nada del Mana, ¿no?–No, te lo juro. Por favor, Rose. Yo tampoco estoy muy interesado en todoeso, pero mi madre me hace ir y me gustaría realmente que estuvieras allíconmigo.Élite y linaje eran palabras de advertencia para mí.–¿Habrá otros dhampirs allí?–No. –Luego añadió rápidamente–: Pero lo he dispuesto para que algunaspersonas que te caen bien estén allí. Eso lo hará más agradable paraambos.–¿Lissa? –supuse. Si alguna vez hubo un linaje estimado, ese era el suyo.–Sí. Acabo de encontrarme con ella en el centro médico. Su reacción hasido justo igual a la tuya.Aquello me hizo sonreír. También despertó mi interés. Quería hablar máscon ella sobre lo que había sucedido durante su visita a Dimitri y sabíaque me había estado evitando por eso. Si asistir a un estúpido ritual de larealeza o lo que sea que fuera aquello me llevaba hasta ella, entonces tantomejor.–¿Quién más?–Gente que te gustará.–Está bien. Sé misterioso. Iré a la reunión de tu secta. –Aquello medevolvió la sonrisa.–Difícilmente, secta, pequeña dhampir. De verdad que es una manera depresentar los últimos respetos a las personas que han muerto en esacontienda.
    • 255–Alargó la mano y me la pasó por la mejilla–. Y me alegra… Dios, me alegratanto que tú no hayas sido una de ellas. No sé qué… –Se le trabó la voz,con su sonrisa displicente titubeando por un momento antes deestabilizarse de nuevo–. No sabes lo preocupado que estaba. Cada minutoque no estuviste, cada minuto que no supe qué te había sucedido… fueuna agonía. Y ni siquiera después de oír que estabas bien, dejé depreguntarle a todo el mundo en el centro médico qué era lo que sabían. Site habían visto luchar, si habías resultado herida… Sentí un nudo en la garganta. No había sido capaz de ver a Adriancuando regresé, pero debería haber mandado un mensaje, al menos. Leapreté la mano y traté de bromear con algo que realmente no tenía gracia.–¿Qué te dijeron? ¿Que era una pateaculos? –Sí, de verdad. No podían dejar de decir lo asombrosa que eras en labatalla. También le llegó a mi tía Tatiana lo que hiciste, y hasta estabaimpresionada. Guau. Eso era una sorpresa. Empecé a hacer otra pregunta, pero sussiguientes palabras me demolieron. –También oí que estuviste gritando a todo el que pudiste para saberde Belikov. Y que estuviste aporreando las puertas de los guardianes estamañana. Aparté la mirada. –Ah, sí. Yo… Mira, lo siento, pero tenía que… –¡Eh! Oye. –Su voz era profunda y seria–. No te disculpes. Lo entiendo. Alcé la mirada para mirarle. –¿Lo entiendes? –Mira, no es que no esperara esto si él volvía. Volví a mirarle, vacilante, estudiando su seria expresión. –Lo sé. Recuerdo lo que me dijiste… Él asintió con la cabeza, luego me dirigió otra mirada triste.
    • 256 –Desde luego realmente no esperaba que nada de esto funcionara.Lissa trató de explicarme la magia que utilizó… Pero, ¡santo Dios! No creoque yo pueda hacer jamás nada parecido a lo que hizo ella. –¿Lo crees? –le pregunté–. ¿Crees que él ya no es un Strigoi? –Sí. Lissa dijo que no lo era, y yo la creo. Y lo vi a él desde ladistancia, fuera al sol. Pero no estoy seguro de que sea una buena ideaque tú trates de verle. –Son tus celos los que hablan. –En absoluto tenía derecho a sonaracusadora, considerando la manera en la que mi corazón estabatotalmente trastornado por Dimitri. –Por supuesto que son celos –admitió Adrian con despreocupación–.¿Qué esperas? El primer amor de tu vida regresa… de la muerte, porincreíble que parezca. No es algo que realmente me entusiasme. Pero no teculpo por sentirte confusa. –Ya te dije que… –Lo sé, lo sé. –Adrian no sonaba especialmente alterado. De hecho,había un tono sorprendentemente paciente en su voz–. Sé que dijiste quesu regreso no afectaría a las cosas entre nosotros. Pero decir una cosaantes de que algo suceda y decirla después de que haya sucedido son doscosas diferentes. –¿A dónde quieres llegar? –le pregunté, bastante confundida. –Te quiero, Rose. –Él apretó mi mano con más fuerza–. Siempre te hequerido. Quiero que estés conmigo. Me gustaría ser como otros tipos ydecirte que también quiero cuidar de ti, aunque… Bueno. Cuando la cosase pongo fea, seguramente seas tú la que cuide de mí. Tuve que reírme a mi pesar. –Algunos días pienso que corres más peligro de ti mismo que de nadamás. Ya sabes, hueles a tabaco. –¡Eh! Nunca, jamás, te he dicho que fuera perfecto. Y estásequivocada. Seguramente tú seas la cosa más peligrosa en mi vida. –Adrian…
    • 257 –Espera. –Con la otra mano, presionó sus dedos sobre mis labios–.Sólo escucha. Sería estúpido por mi parte pensar que el regreso de tuantiguo novio no va a tener ningún efecto sobre ti. Así que, ¿me gusta quequieras verlo? No, por supuesto que no. Es instintivo. Pero es más que eso,ya sabes. Yo creo que él sea un dhampir de nuevo. Absolutamente. Pero… –¿Pero qué? –Ahora las palabras de Adrian me despertaban lacuriosidad más que nunca. –Pero, sólo porque él no sea un Strigoi no significa que eso se hayaido completamente de él. ¡Espera! –Adrian pudo ver que mi boca se abríacon desaprobación–. No estoy diciendo que él sea malvado o desee sermalvado, ni nada por el estilo. Pero por lo que él ha pasado… es enorme.Épico. Realmente no sabemos mucho sobre el proceso de cambio. ¿Quéefectos ha tenido esa clase de vida sobre él? ¿Hay partes violentas de élque podrían desatarse repentinamente? Es eso lo que me preocupa, Rose.Te conozco. Sé que no vas a ser capaz de remediarlo. Tendrás que verlo yhablar con él. Pero, ¿es seguro? Eso es lo que no sabe nadie. No sabemosnada acerca de esto. No sabemos si él es peligroso. Christian le había dicho lo mismo a Lissa. Examiné a Adrianatentamente. Sonaba a una excusa muy oportuna para mantenernos aDimitri y a mí apartados. Aun así, vi la verdad en aquellos profundos ojosverdes. Lo decía de verdad. Estaba nervioso respecto a lo que Dimitripudiera hacer. Adrian también había sido sincero acerca de estar celoso, loque no podía sino admirar. Él no me había ordenado que no viera a Dimitrio tratado de dictar mi comportamiento. También me gustó aquello. Extendími mano y entrelacé mis dedos con los de Adrian. –Él no es peligroso. Él... está triste. Triste por lo que le ha pasado. Laculpa lo está matando. –Puedo imaginarlo. Seguramente yo tampoco podría perdonarme si derepente me diese cuenta de que he estado asesinando brutalmente apersonas durante los últimos cuatro meses. –Adrian tiró de míacercándome a él y me besó la parte superior de la cabeza–. Y por el biende todos… Sí, incluso por su bien, realmente espero que él seaexactamente igual a cómo era. Sólo ten cuidado, ¿vale? –Lo tendré –dije, besando su mejilla–. Ya que siempre lo tengo. Él sonrió abiertamente y me soltó.
    • 258 –Eso es a lo más que puedo aspirar. Por ahora, tengo que dirigirme denuevo a casa de mis padres durante un rato. Volveré a por ti a las cuatro,¿vale? –Está bien. ¿Hay algo que debiera llevar a esa misteriosa fiesta? –Un vestido bonito estará bien. Se me ocurrió algo. –Si eso es tan elitista y prestigioso, ¿cómo vas a conseguir que entreuna humilde dhampir como yo? –Con esto. –Adrian alcanzó una bolsa que había soltado al entrar, yme la entregó. Abrí la bolsa con curiosidad y me quedé boquiabierta con lo que vi.Era una máscara, una que sólo cubría la mitad superior de la caraalrededor de los ojos. Estaba intrincadamente elaborada con oro, hojasverdes y flores hechas de joyas. –¿Una máscara? –exclamé–. ¿Vamos a llevar máscaras a esa cosa?¿Qué es eso, Halloween? Él me guiñó un ojo. –Te veo a las cuatro. En realidad no nos pusimos las máscaras hasta que llegamos a laGuarda de la Muerte. Como parte de la naturaleza secreta y misteriosa detodo aquello, Adrian dijo que no querríamos llamar la atención sobrenosotros mientras nos dirigíamos allí. Así que cruzamos a pie los feudos dela Corte bien vestidos –yo con el mismo vestido que llevé a la cena en casade sus padres– pero sin llamar mucho más la atención de lo que lohacíamos habitualmente cuando estábamos juntos. Además, era tarde, yuna gran parte de la Corte estaba preparándose para irse a la cama. Me sorprendió nuestro destino. Era uno de los edificios en los quevivían trabajadores de la Corte no pertenecientes a la realeza, uno queestaba muy cerca del de Mia.
    • 259 Bueno, supongo que el último lugar en el que buscarías una fiestareal sería en la casa de un plebeyo. Salvo que no íbamos a ninguno de losapartamentos de su interior. Una vez pusimos un pie en el vestíbulo deledificio, Adrian me indicó que deberíamos ponernos nuestras máscaras.Después me llevó a lo que parecía ser un armario del conserje. No lo era. En vez de eso, la puerta se abría a unas escaleras quedescendían en la oscuridad. No podía ver el fondo, lo que me puso enalerta máxima. Instintivamente quise conocer los detalles de cadacircunstancia en la que entraba. Adrian parecía tranquilo y confiadocuando se dirigió hacia abajo, así que tuve fe en que no me estuvieraconduciendo hacia algún altar de sacrificio. Odiaba admitirlo, pero lacuriosidad por esto de la Guarda de la Muerte estaba apartandotemporalmente de mi cabeza a Dimitri. Finalmente, Adrian y yo llegamos a otra puerta, y ésta tenía dosguardias. Los dos hombres eran Morois, ambos enmascarados comoAdrian y yo. Sus posturas eran firmes y defensivas. No dijeron nada, sinoque se quedaron simplemente mirándonos expectantes. Adrian dijo unaspocas palabras que sonaban como a rumano, y un momento después, unode los hombres abrió la puerta y nos hizo un gesto hacia el interior. –¿Contraseña secreta? –murmuré a Adrian mientras pasábamos. –Contraseñas, en realidad. Una para ti y una para mí. Cada invitadotiene una diferente. Entramos en una estrecha galería iluminada tan sólo por antorchassujetas en las paredes. Mientras pasábamos, sus danzantes llamasarrojaban sombras fantasmagóricas. Desde lo lejos, nos llegaba el débilmurmullo de conversaciones. Sorprendentemente sonaba normal, comocualquier conversación que oirías en una fiesta. Basándome en ladescripción de Adrian, medio me había esperado oír cánticos o tambores. Negué con la cabeza. –Lo sabía. Guardan una mazmorra medieval bajo la Corte. Mesorprende que no haya cadenas en las paredes. –¿Asustada? –bromeó Adrian, alargando su mano para tomar la mía. –¿De esto? Difícilmente. A ver, en la Escala de lo que Da Miedo deRose Hathaway, esto es apenas un…
    • 260 Salimos del pasillo antes de que pudiera terminar. Una vasta sala contechos abovedados se extendía ante nosotros, algo que dejó alucinado a mideficiente sentido del espacio mientras intentaba recordar cuántoexactamente habíamos descendido en el subsuelo. Una araña de hierroforjado colgaba del techo con velas encendidas, arrojando la misma luzfantasmal que las antorchas. Los muros estaban hechos de piedra, pero deuna muy selecta y bonita: gris con un moteado rojizo, pulida en lisossillares redondeados. Alguien había querido mantener la sensación demazmorra del Viejo Continente pero teniendo el lugar aún un aspectoelegante. Era una típica línea de pensamiento de la realeza. Cincuenta y tantas personas pululaban por la sala, algunos apiñadosen grupos. Al igual que Adrian y yo, vestían ropas formales y llevabanmáscaras que les cubrían la mitad del rostro. Todas las máscaras erandiferentes. Unas tenían motivos florales como la mía, mientras que otrasestaban decoradas con animales. Algunas simplemente tenían diseñosgeométricos o en espiral. Incluso aunque los antifaces ocultaban sólo lamitad de los rostros de los invitados, la tenue iluminación impedíabastante el ver con claridad cualquier otro rasgo que los identificara. Losescudriñé con cuidado, con la esperanza de poder reconocer detalles quedescubrieran a alguien. Adrian me alejó de la entrada y me llevó hacia una esquina. Cuandomi perspectiva de la zona se amplió, pude ver una gran pira en medio de laestancia, alojada en el suelo de piedra. En ella no ardía ningún fuego, pero todos se mantenían bienapartados. Por un momento, tuve un desorientador atisbo de déjà vu, queme recordó mi estancia en Siberia. También allí había estado en unaespecie de ceremonia conmemorativa –aunque no precisamente en unacon máscaras y contraseñas– y todo el mundo se habían acomodado entorno a una fogata al aire libre. Había sido en honor a Dimitri, mientrastodos aquellos que lo habían querido se sentaban y contaban historiassobre él. Intenté tener mejor visión de la pira, pero Adrian estaba decidido amantenernos detrás de la masa de gentío. –No atraigas la atención sobre ti –me advirtió. –Sólo estaba mirando.
    • 261 –Sí, pero cualquiera que te vea de cerca se va a dar cuenta de queeres la persona más baja de aquí. Sería bastante obvio que eres unadhampir. Esto es antigua sangre de élite, ¿recuerdas? Le fruncí el ceño tanto como pude a través de la máscara. –Pero pensé que dijiste que lo habías arreglado para que yo estuvieraaquí. –Gruñí cuando él no respondió–. ¿―Hacer preparativos‖ sólo significacolarme a hurtadillas? De ser así, esos tíos son una mierda de seguridad. Adrian se burló. –¡Oye! Teníamos las contraseñas correctas. Eso es todo lo que hacíafalta. Yo las robé…, que diga, las tomé prestadas de la lista de mi madre. –¿Tu madre es una de las personas que ayudaba a organizar esto? –Sip. Su rama de la familia Tarus ha sido importante dentro de estegrupo desde hace siglos. Por lo visto tuvieron una ceremoniaverdaderamente notable aquí después del ataque a la escuela. Le di vueltas a todo eso en mi cabeza, intentando decidir cómosentirme. Odiaba cuando la gente estaba obsesionada con el estatus y lasapariencias, aunque era difícil recriminarles por querer honrar a aquellosque habían sido asesinados, especialmente cuando una mayoría de elloshabían sido dhampirs. El ataque de los Strigois al St. Vladimir era unrecuerdo que me perseguiría por siempre. Antes de que pudieraconsiderarlo mucho más, me recorrió una sensación familiar. –Lissa está aquí –señalé, mirando al rededor. La podía sentir cercapero no la encontré de inmediato en el mar de máscaras y sombras–. ¡Allí! Se encontraba apartada de los demás, con un vestido de tonos rosas yuna máscara de blanco y oro con cisnes. A través de nuestro vínculo, sentíque estaba buscando a alguien que conociera. Por impulso empecé a irhacía ella, pero Adrian me contuvo, diciéndome que esperara mientras éliba a por ella. –¿Qué es todo esto? –preguntó ella cuando llegó hasta mí. –Me imaginé que tú lo sabrías –le dije–. Va de todo eso del alto secretoen la realeza.
    • 262 –Demasiado alto secreto para mí –opinó ella–. Mi invitación viene de lareina. Me dijo que era parte de mi cultura y que me lo guardara para mí, yluego Adrian vino y me dijo que tenía que venir por tu bien. –¿Tatiana te invitó directamente? –exclamé. Quizás no deberíahaberme sorprendido. Difícilmente habría necesitado Lissa colarse ahurtadillas como lo había hecho yo. Me imaginé que alguien se habríaasegurado de que ella tuviese una invitación, pero yo había asumido quetodo había sido cosa de Adrian. Eché un vistazo en derredor, inquieta–.¿Tatiana está aquí? –Probablemente –respondió Adrian, con una voz fastidiosamentedespreocupada. Como era normal, la presencia de su tía no tenía el mismoimpacto en él que en el resto nosotros–. Ah, mirad. Allí está Christian. Conel antifaz de fuego. No sé cómo Adrian encontró a Christian, aparte de por la metáfora notan sutil de la máscara. Con su altura y su cabello oscuro, Christian semezclaba con facilidad con los demás Morois que lo rodeaban, y hastahabía estado charlando con una chica que estaba cerca de él, lo que no erahabitual. –Es imposible que él haya conseguido una auténtica invitación –señalé. Si alguno de los Ozera hubiera sido considerado lo bastanteespecial para asistir a aquello, Christian no habría sido uno de ellos. –No lo hizo –corroboró Adrian, haciéndole un pequeño gesto aChristian para que se uniera a nosotros–. Le di una de las contraseñas querobé de mi madre. Dirigí a Adrian una mirada sorprendida. –¿Cuántas has robado? –Las suficientes para… –Atención a todos. La retumbante voz de un hombre resonó a través de la sala,deteniendo las palabras de Adrian y los pasos de Christian. Con unamueca, Christian volvió a donde había estado, quedando separado ahorade nosotros al otro lado de la estancia. Parecía que después de todo no ibaa tener la oportunidad de preguntarle a Lissa a cerca de Dimitri.
    • 263 Sin más indicación, los demás en la sala comenzaron a formar uncírculo alrededor de la pira. La sala no era lo bastante grande como paraque hiciéramos un círculo de una sola fila, así que aún pude quedarmedetrás de otros Morois mientras contemplaba el espectáculo. Lissa estabaa mi lado, pero su atención estaba fija al otro lado de nuestra posición, enChristian. Estaba desilusionada porque él no hubiese sido capaz de unirsea nosotros. –Esta noche hemos venido a honrar a los espíritus de aquellos quemurieron luchando contra el gran mal que nos ha asolado durante tantotiempo. –Este era el mismo hombre que nos había llamado a atender. Elantifaz negro que llevaba brillaba con espirales plateadas. Él no era nadieespecial que yo reconociera. Probablemente, era seguro suponer que seríaalguien de algún linaje importante que daba la casualidad de que teníauna buena voz para dirigirse a los allí reunidos. Adrian lo confirmó. –Ese es Anthony Badica. Siempre lo reclutan como maestro deceremonias. Anthony se parecía más a un líder religioso que a un maestro deceremonias en ese momento, pero no quería replicar y atraer la atenciónde nadie. –Está noche los honramos –continuó Anthony. Me estremecí cuando casi todos los que nos rodeaban repitieronaquellas palabras. Lissa y yo intercambiamos miradas sorprendidas. Alparecer, había un guión del que no nos habían hablado. –Sus vidas nos fueron arrebatadas demasiado pronto –prosiguióAnthony–. –Está noche los honramos. Está bien, ese guión puede que no fuera tan difícil de seguir despuésde todo. Anthony siguió hablando de lo terrible que fue la tragedia, ynosotros repetíamos la misma respuesta. Aún me parecía raro todo elconcepto de la Guarda de la Muerte, pero la tristeza de Lissa impregnabael vínculo y empezaba a afectarme a mí también. Priscilla siempre habíasido buena con ella, y educada conmigo. Grant podía haber sido elguardián de Lissa sólo por un corto tiempo, pero él la había protegido yayudado.
    • 264 De hecho, si no fuera por la labor de Grant con Lissa, puede queDimitri aún fuera un Strigoi. Así que, lentamente, la gravedad de todoaquello comenzó a afectarme y, aunque pensaba que había formas mejoresde llorar a los ausentes, apreciaba el reconocimiento que los fallecidosestaban recibiendo. Después de unos cuantos estribillos más, Anthony hizo un gestohacia alguien. Una mujer con una centelleante máscara de coloresmeralda se adelantó con una antorcha. Adrian se movió a mi lado. –Mi querida madre –murmuró él. Efectivamente. Ahora que él lo había señalado, podía distinguirclaramente los rasgos de Daniella. Ella lanzó la antorcha en la pira, y éstase encendió como el Cuatro de Julio* (*Día de celebración nacional enEstados Unidos; entre las muchas actividades desarrolladas estánlas hogueras y los fuegos artificiales). Alguien debía de haber empapado esa madera con gasolina o vodkaruso. Tal vez con ambos. No es de extrañar que los demás invitadoshubiera mantenido la distancia. Daniella se mezcló con la multitud, y otramujer emergió sosteniendo una bandeja con cálices de oro. Caminandoalrededor del círculo, le entregó una copa a cada persona. Cuando se leagotaron, otra mujer apareció con una bandeja. Mientras los cálices eran repartidos, Anthony explicó: –Ahora brindaremos por los fallecidos, para que sus espíritus siganadelante y encuentren la paz. Me moví incómoda. La gente hablaba de espíritus sin descanso y demuertos encontrando la paz sin saber de verdad lo que significaba eso. Seruna shadow-kissed venía con la habilidad de ver a los difuntos sindescanso, y me había llevado mucho tiempo adquirir el control para noverlos. Éstos siempre estaban a mi alrededor; tenía que esforzarme paramantenerlos apartados. Me pregunté qué vería ahora si bajaba misdefensas. ¿Estarían merodeando a nuestro alrededor los fantasmas deaquellos que habían sido asesinados la noche del ataque de Dimitri? Adrian olió su copa tan pronto como la tuvo y frunció el ceño. Por unmomento, sentí pánico hasta que olfateé la mía también.
    • 265 –Vino. Gracias a Dios –le susurré–. Por tu cara, pensé que era sangre.–Recordé lo mucho que él odiaba la sangre que no viniera directamente dela fuente. –No –respondió con un murmullo–. Sólo es una mala cosecha. Cuando todo el mundo tuvo su vino, Anthony alzó su copa sobre lacabeza con ambas manos. Con el fuego detrás de él, tenía un aspecto casisiniestro, de otro mundo. –Brindamos por Priscilla Voda –dijo. –Brindamos por Priscilla Voda –repitieron todos. Él bajó el cáliz y tomó un sorbo. Así lo hicimos todos los demás…Bueno, salvo Adrian. Él, mala cosecha o no, se pimpló la mitad del vino. Anthony alzó su copa sobre la cabeza nuevamente. –Brindamos por James Wilket. Mientras repetía las palabras, me di cuenta de que James Wilket erauno de los guardianes de Priscilla. Este alocado grupo de la realezaverdaderamente le estaba mostrando sus respetos a los dhampirs.Pasamos por los demás guardianes uno a uno, pero mantuve mis sorbospequeños, quería mantener la cabeza fría esta noche. Estaba bastantesegura de que para cuando llegase el final de la lista de nombres Adrianestaría fingiendo sus sorbos, porque ya se habría quedado sin bebida. Cuando Anthony terminó de nombrar a todos los que habían muerto,alzó su copa de nuevo y avanzó hacia el fuego encendido, que habíaempezado a hacer el pequeño habitáculo incómodamente caluroso. Laparte de la espalda de mi vestido se estaba humedeciendo con el sudor. –A todos aquellos que perdimos por el gran mal, honramos vuestrosespíritus y esperamos que sigan adelante en paz hacia el otro mundo. –Después vertió el resto de su vino en las llamas. Toda esta charla sobre espíritus atorados en el mundo desde luegoque no estaba en consonancia con las creencias cristianas habitualessobre la vida más allá de la muerte, que dominaban la religión de losMorois. Eso sólo me hizo preguntarme por lo antigua que era estaceremonia en realidad.
    • 266Una vez más, tuve el impulso de dejar caer mis barreras y ver si algo deesto realmente había atraído a fantasmas hacia nosotros, pero temía loque pudiera encontrar. Además, de inmediato me distraje cuando todos enel círculo empezaron a verter su vino en el fuego también. Una a una,puntualmente, todas las personas se fueron aproximando. Todo fuesilencio mientras esto sucedía, salvo por el chisporroteo en la pira y elcrepitar de la leña. Todos observaban con respeto.Cuando llegó mi turno, luché con fuerza por no temblar. No había olvidadoque Adrian me había colado allí. No se admitía a Morois humildes, nodigamos dhampirs. ¿Qué harían ellos? ¿Declarar el lugar profanado?¿Lincharme? ¿Arrojarme al fuego?Mis miedos resultaron infundados. Nadie dijo o hizo nada inusual cuandoderramé mi vino, y un momento después, Adrian dio un paso al frente consu turno. Me volví a camuflar junto a Lissa. Cuando el círculo entero sehubo acercado, nos sumimos en un momento de silencio por los difuntos.Habiendo sido testigo del secuestro y posterior rescate de Lissa, teníamuchas muertes que considerar. Ninguna porción de silencio les haríajusticia jamás.Otra señal tácita pareció atravesar la sala, el círculo se dispersó y latensión se disipó. La gente se volvió a reunir en pequeños grupos queconversaban, justo igual que en cualquier otra fiesta, aunque vi lágrimasen las caras de algunos.–Priscilla debía de caerle bien a mucha gente –comenté.Adrian se volvió hacia una mesa que había sido misteriosamente dispuestadurante la ceremonia. Estaba situada contra la pared del fondo y llena confruta, queso y más vino. Por supuesto, se sirvió un vaso.–No todos están llorando por ella –dijo él.–Encuentro difícil de creer que estén llorando por los dhampirs –señalé–.Ninguno de los de aquí los conocía siquiera.–Eso no es verdad –repuso él.Lissa supo inmediatamente a qué se refería.–La mayoría de las personas que fueron al rescate serían guardianesasignados a Morois. Todos no podían ser guardianes de la Corte.
    • 267Me di cuenta de que ella tenía razón. Habíamos tenido a muchísima gentecon nosotros en el almacén. Indudablemente, muchos de estos Moroishabían perdido a guardianes que habían llegado a ser cercanos para ellos.A pesar del desdén que a menudo yo sentía por este tipo de realeza, sabíaque algunos probablemente habían establecido auténticas amistades ycariño con sus guardaespaldas.–Esta es una fiesta lamentable –dijo repentinamente una voz. Nos dimos lavuelta y vimos que Christian por fin se había acercado a nosotros–. Nosabría decir si se supone que estamos celebrando un funeral o invocandoal demonio. Ha sido una especie de torticero intento de ambas cosas.–¡Basta ya! –espeté, sorprendiéndome a mí misma–. Esas personas hanmuerto por vosotros la noche pasada. Sea lo que sea esto, aún siguenaciendo del respeto por ellos. El rostro de Christian se tornó sombrío.–Tienes razón. A mi lado, había sentido a Lissa iluminarse por dentro cuando lo vio.Los horrores de su terrible experiencia los había acercado más, y recordéla ternura que habían compartido en el viaje de vuelta. Ella le ofreció unacálida mirada y a cambio recibió una sonrisa insegura. Tal vez podríasurgir algo bueno de todo lo que había sucedido. Tal vez ellos fuerancapaces de resolver sus problemas.O tal vez no.Adrian esbozó una sonrisa.–¡Hola! Me alegro de que lo hayas hechoPor un momento, pensé que él estaba hablando con Christian. Luego miréy vi que una chica con una máscara de pavo real se nos había unido. Conla gente entremezclándose y las máscaras, no me había dado cuenta deque ella estaba cerca de nosotros intencionadamente. La miré condetenimiento, viendo tan sólo ojos azules y tirabuzones dorados antes deque finalmente la reconociera. Mia.–¿Qué estás haciendo aquí? –le pregunté.
    • 268Ella sonrió ampliamente.–Por lo visto Adrian ha consiguió contraseñas para media fiesta.Él se veía muy satisfecho de sí mismo.–¿Ves? –dijo, sonriéndome–. Te dije que haría que esto valiera la pena.Toda la pandilla está aquí. Casi.–Esta es una de las cosas más raras que he visto nunca –opinó Mia,echando un vistazo a su alrededor–. No veo por qué tiene que ser unsecreto que las personas fueron asesinadas eran héroes. ¿Por qué nopueden esperar al funeral conjunto?Adrian se encogió de hombros.–Ya te lo dije, esta es una antigua ceremonia. Es un vestigio del AntiguoContinente, y esta gente piensa que es importante. Por lo que yo sé, solíaser mucho más elaborado. Esta es la versión modernizada.Me di cuenta entonces de que Lissa no había dicho una sola palabra desdeque notamos que Christian había venido con Mia. Me abrí al vínculo parasentir una avalancha de celos y resentimiento. Yo aún mantenía que Miaera una de las últimas personas con las que Christian tendría unarelación. (Está bien, me era difícil imaginarlo en una relación con nadie.Su tiempo junto a Lissa había sido monumental.) Sin embargo, Lissa nopodía ver eso. Todo lo que ella veía era a él pasando tiempo continuamentecon otras chicas. A medida que nuestra conversación continuaba, laactitud de Lissa se hacía más glacial y las miradas amables que él habíaestado dedicándole empezaron a marchitarse.–Entonces, ¿es cierto? –preguntó Mia, totalmente ajena al drama que sedesarrollaba a su alrededor–. ¿Realmente Dimitri está… de vuelta?Lissa y yo intercambiamos miradas.–Sí –dije con firmeza–. Él es un dhampir, pero nadie lo cree aún. Porqueson unos idiotas.–Simplemente pasa, pequeña dhampir. –El tono de Adrian era suave,aunque el tema claramente lo había incomodado también–. No puedesesperar que todos se convenzan de inmediato.–Pero son imbéciles –dijo Lissa con fiereza–. Cualquiera que hable con élpuede ver que no es un Strigoi. Estoy presionando para que le dejen salirde su celda y así la gente pueda verlo por sí misma.
    • 269Ojalá ella presionara un poco más para que yo consiguiera verle, peroahora no era el momento para hablar de eso. Mirando la sala, me preguntési algunas personas tendrían problemas para aceptar a Dimitri por supapel en las muertes de sus seres queridos. Él no había sido dueño de símismo, pero eso no era suficiente para regresar de la muerte.Aún incómoda cerca de Christian, Lissa estaba impacientándose. Tambiénquería marcharse y ver a Dimitri.–¿Cuánto tiempo tenemos que permanecer aquí? ¿Hay más que…?–¿Quién demonios eres tú?Nuestro pequeño grupo se dio la vuelta como uno solo y nos encontramoscon Anthony de pie junto a nosotros. Teniendo en cuenta que la mayoríade nosotros estábamos allí ilícitamente, él podía haberle hablado acualquiera. Pero, basándonos en dónde estaba fija su mirada, no hubodudas de a quién se refería. Él me estaba hablando a mí.
    • 270 Capítulo 20 Traducido por Angie―¡No eres Moroi! El continúo. No gritaba, pero definitivamente habíamos captado laatención de la gente que está cerca de nosotros.―Tú eres Rose Hathaway, ¿Verdad? ¿Cómo te atreves tú y tu sangreimpura a invadir la santidad de nuestro--- ―Es suficiente,- una suave voz hablo repentinamente. ―Yo me haré cargode aquí en adelante. Incluso con el rosto cubierto, no hubo error en esavoz. Tatiana se deslizo al lado del tipo, llevaba una máscara de plata conflores y un vestido gris con mangas largas. Probablemente la había vistoantes en la multitud y ni siquiera me di cuenta. Hasta cuando hablo,estuvo mezclada entre los demás. Toda la sala estaba en silencio ahora.Daniella Ivashkov se escurrió detrás de Tatiana, con los ojos cada vez másgrandes detrás de su máscara cuando me reconoció. ―Adrian-- Ella inicio. Sin embargo, Tatiana se apodero de la situación."Ven conmigo". No había duda de que la orden era para mí y que tenía queobedecerla. Se dio la vuelta y caminó rápidamente hacia la entrada de lahabitación. Corrí detrás de ella, al igual que Adrián y Daniella. Tan prontocomo salimos de la sala iluminada por antorchas, Daniella ataco a Adriancon palabras.―¿En que estabas pensado? Sabes que no me importa invitar a Rose aciertos eventos, pero este era --- ―Inapropiado, dijo Tatiana secamente. ―Aunque, tal vez sea convenienteque un dhampir vea cuanto se respetan los sacrificios de su pueblo. Esonos sorprendió a todos llevándonos a un momento de silencio. Daniella serecuperó primero.―Sí, pero la tradición afirman que—―Tatiana la interrumpió de nuevo.
    • 271―Soy muy consciente de la tradición. Es una violación de etiqueta, pero siestá Rosemarie aquí eso ciertamente no arruina nuestras intenciones. Laperdida de Priscilla… Tatiana no sintió un nudo en la garganta, noexactamente, pero perdió algo de su compostura habitual. Nunca creí quealguien como ella tuviera una buena amiga, pero Priscilla había estadocerca de eso. ¿Cómo actuaria yo si perdiera a Lissa? No tancontroladamente como ella.―La perdida de Priscilla es algo que lamentaré por largo, muy largo tiempo,Tatiana logro decir por fin. Sus agudos ojos estaban puestos en mí.―Y espero que realmente entiendas lo mucho que necesitamos yestimamos a todos los otros guardianes y a ti. Sé que a veces tu raza sesiente poco apreciada. Pero no es así. Los que han muerto han dejado unenorme agujero en nuestras filas, uno que nos deja un poco másindefensos, tanto que estoy segura que lo debes saber. Asentí, todavíasorprendida de que Tatiana no estuviera gritándome para que me largara.―Es una gran pérdida- dije.―Y eso empeora la situación ya que los números son lo que nos perjudicala mitad del tiempo--- especialmente cuando los Strigoi forman grandesgrupos. No siempre podemos igualarlos. Tatiana asintió, aparentandograta sorpresa de que hubiéramos estado de acuerdo en algo.―Sabía que lo entenderías. Sin embargo… Ella se dirigió hacia Adrian.―No debiste haber hecho esto. Algunas líneas de la decencia deben sermantenidas Adrian fue sorprendentemente manso.―Lo siento, tía Tatiana. Pensé que esto era algo que Rose debía ver. ―Lo mantendrás en secreto, ¿Verdad? pregunto Daniella, girándose haciamí. ―Muchos de los invitados son muy, muy conservadores. A ellos no lesgustaría que esto saliera a la luz. ¿Que se encontraron con la luz del fuegoy jugaron a disfrazarse? Si, puedo verlos deseando que esto quedara ensecreto.―No le diré a nadie Les aseguré.
    • 272―Bien dijo Tatiana. ―Ahora, aún podrías irte antes de ---- ―¿Es eseChristian Ozera?- Sus ojos se habían desviado hacia la habitación llena degente.―Sí, dijimos Adrian y yo.―El no estaba invitado exclamo Daniella.―¿Esto es tu culpa también? ―No es culpa mía, al igual que mi ingenio" dijo Adrian. ―Dudo que alguiense entere, siempre y cuando se porte bien, dijo Tatiana con un suspiro-―Y estoy segura de que tomaría cualquier oportunidad que pudiera parahablar con Vasilisa.―Oh dije, sin pensar.―¿Esa no es Lissa?, Lissa le había dado la espalda a Christian y estabahablando con alguien más mientras lanzaba miradas ansiosas hacia mí.―¿Quien es ella?, pregunto Tatiana. Mierda.―Ella es, um, Mia Rinaldi. Ella es una amiga nuestra de St. Vladimir. Casi consideré lo de mentirle y mejor darle un nombre real. Algunasfamilias eran muy grandes así que era imposible hacer un seguimiento detodo el mundo.―Rinaldi. Tatiana frunció el ceño.―Creo que conozco a un sirviente con ese nombre. Me impresiono muchoque conociera la gente que trabajaba para ella. Una vez más, mi opiniónsobre ella cambió.―¿Un sirviente? pregunto Daniella, dándole a su hijo una mirada deadvertencia. ―¿Hay alguien más de quien yo debería saber?
    • 273 ―No. Si hubiera tenido más tiempo, probablemente habría traído a Eddieaquí. Demonios, tal vez incluso a Jailbait... Daniella miro escandalizada.―¿Acabas de decir Jailbait‗?―Es solo una broma, Le dije apresuradamente, sin querer empeorar estasituación. Tenía miedo de cómo Adrián podría responder.―Es que a veces llamamos así a nuestra amiga Jill Mastrano. Ni Tatiana niDaniella parecía pensar que era una broma en absoluto.―Bueno, nadie parece notar que ellos no pertenecen aquí, dijo Daniella,señalando a Christian y a Mia.―Aunque las malas lenguas que aquí, sin duda, se han desmadrado con laforma en que Rose interrumpió este evento.―Lo siento, dije, sintiéndome mal por haberla meterla en líos.―No se hará nada por ahora, dijo Tatiana cansinamente. ―Deben irse ahora mismo para que todo el mundo piense que han sidocastigado severamente. Adrian, vuelve con nosotros y asegúrate de que tusotro -huéspedes‗no llamen la atención. Y no vuelvas a hacer esto. ―No lo hare, dijo, casi de forma convincente. Los tres comenzaron aalejarse, dejándome atrás para esconderme afuera, pero Tatiana se detuvoy miró hacia atrás.―Incorrecto o no, no olvides lo que has visto aquí. Realmente necesitamosguardianes. Asentí mientras un arrebato de orgullo me recorría por suaceptación. Luego ella y los demás regresaron a la habitación. Los mirécon nostalgia, odiando que todo el mundo en la reunión pensara que yohabía sido sacada a patadas deshonrosamente.Teniendo en cuenta que pudo haber sido mucho peor para mí, decidíenumerar mis bendiciones. Me quite la máscara ya que no tenía nada másque esconder, e inicie retirada hacia el segundo piso y la puerta de salida.No había llegado muy lejos cuando alguien se puso delante de mí. Fue unsigno de preocupación que casi salto tres metros en el aire.―Mikhail, exclame,
    • 274―Me asustarte tanto que casi medio muero. ¿Qué haces aquí? ―De hecho, te he estado buscando, Había una mirada inquieta y nerviosaen él.―Pasé por el edificio más temprano, pero no estabas por ahí.―Sí, estuve en la Mascarada de los Condenados. Me miró sin comprender.―No importa. ¿Qué sucede? " "Creo que podríamos tener unaoportunidad."―¿Una oportunidad para qué? ―He oído que trataste de ver hoy a Dimitri, Ah, sí. El tema del quedefinitivamente más quería hablar.―Si. Tratar es bastante optimista. El no quiere verme, no importa elejercito de guardias que bloqueen mi camino. Mikhail se movió incómodo,mirando alrededor como un animal asustado.―Es por eso que vine a buscarte. ―Ok, realmente no estoy entendiendo nada de esto. Además empecé asentir dolor de cabeza por el vino. Mikhail tomó una profunda respiracióny exhaló.―Creo que puedo hacer que te escabullas dentro para verlo. Esperé unmomento, preguntándome si había un chiste por venir o si tal vez todoesto era un engaño que nacía de mis tensas emociones. Nop. El rostro deMikhail estaba muy serio, y aunque yo todavía no lo conocía tan bien,había recogido lo suficiente como para darme cuenta de que en realidad noera una broma.―¿Cómo? Pregunte. ―Yo traté y …. Mikhail hizo una seña para que losiguiera. "Vamos, y te explicaré. No tenemos mucho tiempo." No estabadispuesta a desperdiciar esta oportunidad así que corrí tras él. "¿Hapasado algo?" pregunte, una vez que había alcanzado su paso largo.―¿El... Él preguntó por mí? Era más de lo que me atreví a esperar. Mikhailuso la palabra escabullirse, aunque en realidad yo no apoyo esa idea.
    • 275 ―Han aligerado su guardia", explicó Mikhail. ―¿En serio? ¿Cuánto?, habíauna docena allá abajo, cuando Lissa lo visitó, incluyendo a su escolta. Sihabían llegado a sus cabales y se hubieran dado cuenta de que sólonecesitaba un chico o dos sobre Dimitri, entonces eso era un buen auguriopara que todo el mundo aceptase que ya no era un Strigoi.―Está custodiado por mas o menos cinco ―Oh, No es genial pero tampoco es horrible. "¿Creo que incluso esosignifica que están un poco más cerca de creer que está a salvo ahora?"Mikhail se encogió de hombros, manteniendo los ojos en el camino delantede nosotros. Había llovido durante el Death Watch y el aire, todavíahúmedo, se había enfriado un poco.―Algunos de los guardias creen. Pero va a tomar un real decreto real delConsejo para declarar oficialmente lo que en realidad es. Casi me detuve.―¿Declarar lo que en realidad es?, exclame.―¡El no es una cosa! Es una persona. Es un Dhampir como nosotros.―Lo sé, Pero está fuera de nuestras manos.―Tienes razón, Lo siento, gruñí. No hay necesidad de matar al mensajero.―Bueno, Espero que traigan su trasero aquí y lleguen a una decisiónpronto, El silencio que siguió habló a la armada. Le di una mirada aguda aMikhail. "¿Qué pasa? ¿Qué es lo que no me estás diciendo?" Pregunté. Seencogió de hombros. "Hay un rumor de que hay alguna otro asunto grandesiendo debatida en el Consejo justo ahora, algo que tiene prioridad." Esotambién me enfureció. ¿Qué cosa en el mundo podría tener prioridad sobreel caso de Dimitri? Calma, Rose, Cálmate. Concéntrate. No dejes que laoscuridad empeore esto. Siempre he luchado por mantenerlo enterrado,pero a menudo estalla en momentos de estrés. ¿Y este? Si, Este era unmomento muy tensionante. Cambie de nuevo al tema original. Llegamos aledificio de contención, y di pasos dos en dos. "Incluso si han aligerado losguardias de Dimitri, aun así no me dejaran entrar. Los que están allísabrían que me ordenaron mantenerme alejada.
    • 276 ―Un amigo mío está cubriendo el frente justo ahora. No tendremos muchotiempo, pero él le dirá a los guardias en el área de contención que tú fuisteautorizada para venir. Mikhail estaba a punto de abrir la puerta, cuando lodetuve, poniendo mi mano en su brazo.―¿Por qué estás haciendo esto por mi? El consejo Moroi podría no pensarque Dimitri es un gran problema, aunque los guardias si lo crean. Puedesmeterte en un gran problema. El me miro, de nuevo con esa pequeña yamarga sonrisa.―¿Tienes que preguntarlo? Lo medite.―No, dije suavemente.―Cuando perdí a Sonya… Mikhail cerró los ojos por un instante, y cuandolos abrió, parecían estar mirando fijamente en el pasado.―Cuando la perdí, no quería continuar viviendo. Ella era una buenapersona--- en verdad así era. Ella saco a los Strigoi de la desesperación.Ella no vio otra manera de salvarse del espíritu. Daria lo que fuera--- Loque fuera--- Por una oportunidad para ayudarla, para arreglar las cosasentre nosotros. No sé si esto sea posible para nosotros, pero sé que si esposible para ustedes justo ahora. No puedo permitir que pierdas laoportunidad. Y así, nos dejó entrar, y efectivamente, había un guardián diferente deservicio. Justo como Mikhail había dicho, el hombre bajó a decirles a losguardias de la cárcel que Dimitri tenía un visitante. El amigo de Mikhailparecía increíblemente nervioso, lo que era comprensible. Sin embargo,estuvo dispuesto a ayudar. Era increíble, Pensé, lo que un amigo haría porotro amigo. Estas dos últimas semanas fueron una prueba innegable deello. Justo como cuando ocurrió la visita de Lissa, dos guardias sepresentaron para escoltarme hacia el primer piso. Les reconocí desde elmomento en que había estado en la cabeza de Lissa; parecíansorprendidos de verme. Si hubieran escuchado a Dimitri diciendorotundamente que él no quería que yo lo visitara, entonces mi presenciasería realmente impactante. Pero en lo que ellos sabían, alguien en elpoder ha perdonado que yo esté aquí, por lo que no hicieron preguntas.
    • 277Mikhail nos arrastraba a medida que hacíamos nuestro propio caminohacia abajo, y sentí que mi ritmo cardíaco y la respiración crecíanrápidamente. Dimitri. Estaba a punto de ver a Dimitri. ¿Qué podríadecirle? ¿Qué podría hacer? Era casi demasiado como para podercomprender. Tuve que abofetearme mentalmente para mantenermeconcentrada, o de lo contrario iba a caer estupefacta. Cuando llegamos alpasillo que contenía las celdas, vi a dos guardias de pie frente a la celda deDimitri, uno en el extremo final, y a otros dos en la entrada por la quehabíamos atravesado para llegar.Me detuve, inquieta por el pensamiento de que los demás me escucharanhablar con Dimitri. Yo no quería un público como Lissa había tenido, perocon el énfasis en la seguridad aquí, no podría hacer ninguna elección.―¿Puedo tener un poco de privacidad? pregunte. Uno de mis escoltassacudió la cabeza. "Órdenes Oficial. Dos guardianes tienen que estarpuestos en la celda todo momento."―Ella es un guardia señaló Mikhail ligeramente.―Yo también lo soy. Déjennos ir. El resto puede esperar en la puerta, Letransmití a Mikhail una mirada de agradecimiento. Puedo hacerme cargoteniéndolo al lado. Los otros, decidiendo que estaríamos lo suficientementeseguros, se trasladaron discretamente hacia los extremos del vestíbulo. Noera una total y completa privacidad, pero de esta forma los guardias nopodrían escucharlo todo. Mi corazón se sentía a punto de estallar en mipecho mientras Mikhail y yo nos acercábamos a la celda de Dimitri y laenfrentábamos. Estaba sentado casi como había estado cuando Lissallegó: en la cama, acurrucado sobre sí mismo, con la espalda hacianosotros. Las palabras se estancaron en mi garganta. Los pensamientoscoherentes huyeron de mi mente. Fue como si hubiera olvidado porcompleto la razón por la que había venido aquí.―Dimitri, dije. Al menos, eso es lo que traté de decir. Me emocioné unpoco, así que los sonidos que salían de mi boca eran ilegibles. Parece quefue suficiente, pensé, ya que la espalda de Dimitri de repente se pusorígida. El no se dio la vuelta.―Dimitri, repetí, más claramente esta vez. ―Soy…yo. No hubo necesidadpara mí de decir nada más. Él había sabido a partir de aquel primerintento de pronunciar su nombre quién era yo. Tuve el presentimiento deque habría conocido mi voz en cualquier situación. Probablementereconoció el sonido de los latidos de mi corazón y mi respiración. Así las
    • 278cosas, creo que deje de respirar mientras esperaba su respuesta. Cuandollegó, fue un poco decepcionante.―No.―¿No qué? pregunte ―En qué sentido, no, ¿Qué no soy yo? Él suspiró con frustración, un sonido casi - pero no del todo - como el quesolía hacer cuando yo hacia algo particularmente ridículo en nuestrosentrenamientos.―No, en el sentido en que no quiero verte. Su voz estaba cargada deemoción. "Se suponía que no te dejarían entrar"―Sí, bueno, he encontrado algo así como un trabajo por aqui. ―Por supuesto que lo hiciste. Todavía no se enfrentaría a mí, lo que fueuna agonía. Mire a Mikhail, que me dio un guiño de aliento. Supuse quedebería estar contenta de que Dimitri me estuviera hablando.―Tenía que verte. Tenía que saber si estabas bien―Estoy seguro que Lissa ya te ha actualizado.―Tenía que verlo yo misma―Bueno, ahora lo ves―Todo lo que veo es tu espalda Era desesperante, sin embargo, cada palabra que salió de él fue un regalo.Se sentía como si hacia mil años no escuchaba su voz. Al igual que antes,me pregunté cómo pude haber confundido al Dimitri de Siberia con éste.Su voz había sido idéntica en ambos lugares, el mismo tono y el acento,sin embargo, como un Strigoi, sus palabras siempre habían dejado unescalofrío en el aire. Este Dimitri era cálido. Dulce, aterciopelado y todaclase de cosas maravillosas envolviéndose a mi alrededor, no importabanlas cosas terribles que estaba diciendo.―No quiero que estés aquí, Dimitri dijo rotundamente. ―No quiero verte.
    • 279Me tomé un momento para evaluar la estrategia. Dimitri todavía estabadeprimido, se sentía la desperanza a su alrededor. Lissa se había acercadocon bondad y compasión. Ella había conseguido atravesar sus defensas,claro que mucho de eso fue porque él la consideraba como su salvadora.Podría tratar una táctica similar. Podría ser amable, comprensiva y muyamorosa--- todo lo cual era cierto. Lo amaba. Yo quería ayudarlodesesperadamente. Sin embargo, no estaba segura de que ese método enparticular funcionaría para mí. Rose Hathaway no siempre fue conocidapor un abordaje suave. Lo hice, así y todo, jugar sobre su sentido deobligación.―No puedes ignorarme. dije, tratado de mantener el volumen de mi vozfuera del alcance de los otros guardianes. ―Estas en deuda conmigo. Yo tesalve.Pasaron unos minutos de silencio.―Lissa me salvo dijo cuidadosamente.La ira ardía en mi pecho, solo eso había bastado cuando había visto aLissa visitarlo. ¿Cómo es que podía el tenerla en tan alta estima a ella y amí no? "¿Cómo crees que llegó a ese punto?" ―¿Cómo crees que aprendió la manera de salvarte? ¿Tienes alguna ideade lo que nosotros – de lo que yo—tuve que atravesar para conseguir esainformación? ¿Crees que ir a Siberia era una locura? Créeme, ni siquieratienes que estar muy cerca para ver que tan loco es. Me conoces. Sabes delo que soy capaz. Y rompí mi propio record esta vez. Tu. Estas en deuda.Conmigo Fue duro, pero yo necesitaba una reacción de él. Alguna clase de emoción.Y la obtuve. Él se dio la vuelta, los ojos brillando y el poder crepitando através de su cuerpo. Como siempre, sus movimientos eran feroces yagraciado. Del mismo modo, su voz era una mezcla de emociones: ira,frustración y preocupación.―Entonces lo mejor que puedo hacer es…. Se quedó paralizado. Los ojoscolor café que se habían reducido por la exasperación de repente sevolvieron anchos por el… ¿Por el que? ¿Asombro? ¿Temor? ¿O quizás esesorprendido sentimiento fue el que yo tuve por verlo a él? Porque derepente, estuve segurísima de que él estaba experimentando la misma cosaque yo había experimentado anteriormente. Me había visto un montón de
    • 280veces en Siberia. Me había visto la otra noche en el almacén. Pero ahora. .. ahora estaba realmente viéndome con sus propios ojos. Ahora que ya noera Strigoi, todo su mundo era diferente. Su punto de vista y sentimientoseran diferentes. Incluso su alma era diferente.Era como uno de esos momentos cuando la gente hablaba sobre sus vidasrelampagueando ante sus ojos. Porque mientras nos miramos el uno alotro, cada parte de nuestra relación se repitió en mi mente. Recordé lofuerte e invencible que había sido cuando nos conocimos, cuando no habíavenido a traernos a Lissa y mi de nuevo a los pliegues de la sociedadMoroi. Recordé la suavidad de su tacto cuando había vendado mis manosensangrentadas y maltratadas. Recordé que me llevaba en sus brazosdespués de que la hija de Víctor, Natalie, me hubiera atacado. Por encimade todo, Recordé la noche que habíamos estado juntos en la cabina, justoantes de que el Strigoi se lo hubiera llevado. Un año. Nos habíamosconocido tan sólo hace un año, pero habíamos vivido toda una vida en el.Y él también se dio cuenta de esto, lo supe, mientras me estudiaba. Sumirada era todo-poderosa, cogiendo cada una de mis características yarchivándolas. Vagamente, traté de recordar lo que vestía el día de hoy.Todavía llevaba el vestido de la reunión secreta y sabía que se veía bien enmí. Mis ojos estaban probablemente inyectados de sangre por haberllorado antes, y sólo tuve tiempo para cepillar rápidamente mi cabelloantes de salir con Adrian.De alguna manera, dudo que nada de eso importe. La manera en queDimitri me estaba mirando… confirmó todo lo que había sospechado. Lossentimientos que antes había sentido por mí, habían regresado--- lossentimientos que habían sido manipulados, mientras que era Strigoi----Estaban todos ahí. Tenían que estar. Tal vez Lissa fue su salvadora. Talvez el resto de la Corte pensaba que Lissa era una diosa. Supe, en esemismo momento, que no importa cuán desaliñada yo luciera o cuanblanco o que tan vacía tratara el de mantener su cara, yo era una diosapara él. Tragó saliva y por la fuerza tomó el control de sí mismo, al igualque siempre lo hacía. Algunas cosas nunca cambian.―Entonces lo mejor que puedo hacer, continuo calmadamente, ―Es estarlejos de ti. Esa es la mejor forma de pagar la deuda. Fue difícil para mí mantener el control y mantener algún tipo deconversación lógica. Estaba tan asombrada como él. Incluso yo estabaindignada.
    • 281―¡Te ofreciste a pagarle a Lissa permaneciendo a su lado para siempre!-"A ella No le hice las cosas..." Él desvió la mirada por un momento, unavez más luchando por mantener el control, y luego encontró la mía una vezmás. ―A ella No le hice las cosas que te hice a ti‖ "¡Tu no eras tú! No meimporta." Mi temperamento comenzaba a encenderse de nuevo.―¿Cuantos? el exclamo. ―¿Cuantos guardias murieron la otra nochedebido a lo que yo hice? ―Creo…Creo que seis o siete, Duras pérdidas. Sentí una pequeñapunzada en el pecho, recordando los nombres leídos en ese sótano.―Seis o siete, Dimitri repetía llanamente con la angustia en su voz.―Muertes en una noche. Por mi culpa.―¡No actuaste tu solo! Y te lo dije, Tú no eras tú. No podías controlarte a timismo. Eso no es lo que me importa --- ―¡Me importa a mí! gritó, el repique de su voz atravesó el pasillo. Losguardianes en cada extremo cambiaron de posición, pero no se acercaron.Cuando Dimitri hablo de nuevo, mantuvo su voz más baja, pero seguíatemblando por las emociones salvajes. ―Me importa a mí. Eso es lo que túno entiendes. No puedes entenderlo. No puedes entender lo que es saber loque hice. Todo este tiempo siendo Strigoi… Es como un sueño ahora, peroes lo único que recuerdo claramente. No puede haber perdon para mí. ¿Yqué paso contigo? Recuerdo la mayor parte de todos. Todo lo que hice.Todo lo que quería hacer. ―No vas a volver a hacerlo ahora, rogué. ―Así que olvídalo. Antes de---antes de que todo sucediera, dijiste que estaríamos juntos. Quetendríamos la misión de estar cerca uno de otro y….―Roza. Interrumpió,el apodo perforó mi corazón. Creo que fue un desliz, el verdaderamente noquería llamarme así. Hubo una sonrisa torcida en sus labios, una sinhumor.―¿Realmente crees que me dejaran ser un guardián otra vez? ¡Sera unmilagro si me dejan vivir!
    • 282 ―Eso no es cierto. Una vez que se den cuenta de que has cambiado y queeres realmente como el de antes…. Todo volverá a ser como solía ser.Sacudió la cabeza con tristeza.―Eres muy optimista….tu creencia de que puedes hacer que algo suceda.Ah, Rose. Es una de las cosas más maravillosas acerca de ti y es tambiénuna de las cosas más exasperantes.- "Yo creía que podías volver a no ser un Strigoi", señalé. ―Tal vez miscreencias en lo imposible no sea tan locas después de todo. Estaconversación fue tan intensa, tan dolorosa, pero aún así me recordabaalguna de nuestras sesiones de práctica. Él trataría de convencerme dealgún punto de vista serio, y yo se la combatiría con la lógica-Rose. Por logeneral, ganaba una mezcla de diversión y exasperación. Tuve la sensaciónde que la situación era un poco diferente, que tendría esa misma actitudahora. Pero esta no era una sesión de práctica. Él no sonreiría y pondríalos ojos en blanco. Esto era serio. Esto era vida y muerte.―Estoy agradecido por lo que hiciste, dijo formalmente, aun luchando paradominar sus sentimientos. Este era otro rasgo que compartíamos, los dos trabajamosconstantemente para mantener el control. Él Siempre había sido mejor eneso que yo. ―Estoy en deuda contigo. Y es una deuda que no puedo pagar.Como dije, lo mejor que puedo hacer es quedarme fuera de tu vida.―Si eres parte de la vida de Lissa, entonces no podrás evitarme ―La gente puede existir alrededor de los otros sin… sin que sea nada másque eso dijo firmemente. Esa era una cosa tan característica de Dimitri. LaLógica luchando contra la emoción. Y fue entonces cuando lo perdí. Comohe dicho, el siempre fue mejor manteniendo el control. ¿Yo? No tanto. Melancé contra los barrotes, tan rápidamente que ni siquiera Mikhail sesobresalto.―¡Pero yo te amo! susurre. ―Y se que también me amas. ¿De verdad creesque puedes pasar el resto de tu vida ignorándolo cuando estás a mialrededor?La parte preocupante es que por un tiempo muy largo en la Academia,Dimitri se había convencido de que podía hacer exactamente eso. Y había
    • 283estado dispuesto a pasar su vida actuando sin sus sentimientos hacia mí.―Tú me amas, repetí. ―Sé que lo haces. Estiré el brazo entre los barrotes. Era un largo camino para tocarlo, peromis dedos se acercaron desesperadamente, como si de repente pudierancrecer y ser capaces de establecer contacto. Era todo lo que necesitaba. Untoque de él para saber que todavía le importaba, un toque para sentir elcalor de su piel y –―No es verdad, dijo Dimitri en voz baja. ―¿estás involucrada con AdrianIvashkov?Mi brazo se cayó. ―¿Do---donde Escuchaste eso?―Las cosas viajan por doquier, dijo, haciendo eco en Mikhail.―Ciertamente lo hacen, murmuré.―Entonces, ¿estás con él? preguntó mas obstinadamente. Dudé antes decontestar. Si le dijera la verdad, tendría más terreno para hacer sucomentario acerca de mantenernos separados. Era imposible para mímentirle, pensé.-Sí, pero…―Bien,No estoy segura de como espere que reaccionara. ¿Celoso?¿Conmocionado? En lugar de eso, mientras se apoyaba contra la pared,miró. . . aliviado.―Adrian es mejor persona de lo que él se acredita. El será bueno para ti.―Pero… ―Es ahí donde está tu futuro, Rose. Un poco de esa desesperada, ActitudHastiada del mundo regresaba. ―Tú no entiendes lo que es aparecer porentre de lo que hice - volviendo de ser un Strigoi. Eso cambia todo--- Nosolo lo que te hice a ti es imperdonable. Todos mis sentimientos…. Misemociones por ti…. Han cambiado. No siento lo mismo que sentía. Yo
    • 284podría ser un Dhampir otra vez, pero después de lo que pasé…. Bueno, measusta. Esto altero mi alma. No puedo amar a nadie ahora. No puedo---yono—Te amo, No hay nada mas entre tú y yo. Mi sangre se puso fría. Me rehúse a creer sus palabras, no después de laforma en que me miró antes.―¡No! ¡Eso no es verdad! Yo te amo y tú… ―¡Guardias! Grito Dimitri, con voz tan fuerte que fue una maravilla quetodo el edificio no se agitara. ―Sáquenla de aquí. ¡Sáquenla de Aquí! Con reflejos asombrosos, los guardias bajaron a la celda en un instante.Como un prisionero, Dimitri no estaba en posición para hacer solicitudes,pero las autoridades de aquí seguramente no se iban a enfrentar a unasituación que daría lugar a una conmoción. Comenzaron a empujarnos aMikhail y a mí hacia afuera, pero me resistí.―No, Esperen…- "No luches contra esto", murmuró en mi oído Mikhail. "Nuestro tiempoestá acabando, y de todos modos no hubieras podido hacer algo mas hoy."Quise protestar, pero las palabras se agolparon en mis labios. Deje que los guardias me condujeran a la salida, pero no antes de que lediera a Dimitri una última mirada, persistente. Tenía una perfectaapariencia de guardia-tajante en su cara. Pero la forma penetrante en laque me miró me hizo confirmar que muchas cosas estaban pasando dentrode él.El amigo de Mikhaíl todavía estaba vigilando en piso de arriba, lo que nospermitió deslizarnos sin meternos en - muchos - más problemas. Tanpronto como estuvimos en la puerta de salida, Me detuve pateandomalhumorada uno de los escalones.-"¡Maldita sea!" Grité. Un par de Moroi que cruzaban el patio-probablemente dirigiéndose a casa de una fiesta-me dieron miradassorprendidas.―Cálmate, dijo Mikhail. ―Esta es la primera vez que lo has visto desde elcambio. Hay tantos milagros que puedes esperar de inmediato. El va aentrar en razón.
    • 285 ―No estoy tan segura, gruñí. Suspirando, levanté la vista al cielo.Pequeñas y tenues nubes se movían perezosamente, pero yo apenas mefije. ―No lo conoces como yo.Porque mientras una parte de mí pensaba que mucho de lo que Dimitrihabía dicho era de hecho una reacción a la conmoción de volver en símismo, había otra parte de mí que se preguntaba si sería así. Conocía aDimitri. Conocía su sentido del honor, sus convicciones firmes sobre loque era correcto y lo incorrecto. El estaba en pie por esas dos creencias. Elvivió su vida por ellas. Si él realmente, realmente creyera que la cosa másadecuada que hacer era evitarme y dejar que la relación entre nosotros sedesvanezca, bueno… había una buena posibilidad de que él pudiera fingirmuy bien sobre esa idea, sin importar el amor que fluía entre nosotros.Como había dicho antes, el ciertamente mostraría mucha resistencia comola de San Vladimir. En cuanto al resto. . . la parte de que él ya no me amao que no es capaz de amar a nadie. . . bueno, si eso fuera cierto sería unproblema diferente estando todos juntos. Tanto Christian como Adrian sepreocuparían de que hubiera alguna pieza de Strigoi en él, pero sustemores habían sido acerca de la violencia y derramamiento de sangre.Nadie se hubiera imaginado esto: que la vida como Strigoi hubieraendureció su corazón, matando toda posibilidad de amar a alguien.Matando toda posibilidad de él amándome.Y estaba segurísima de que si ese era el caso, entonces una parte de mitambién moriría.
    • 286 Capítulo 21 Traducido por Kira Corregido por AnaeHabía muy poco de lo que Mikhail y yo pudiéramos decirnos el uno al otrodespués de eso. Yo no quería que se metiera en problemas por lo que habíahecho, y yo lo deje guiarnos hacia la salida del edificio de guardianes en silencio.Cuando salimos fuera, yo podía ver el cielo color púrpura en el este. El sol estabacasi arriba, señalando el centro de nuestra noche. Brevemente me metí a lamente de Lissa, leí que la ceremonia de la muerte había terminado por fin, y ellaestaba en su camino de regreso a su habitación - preocupada por mí y todavíamolesta de que Christian se hubiera presentado con Mia.Seguí el ejemplo de Lissa, preguntándose si el sueño podría aliviar la agonía queDimitri había dejado en mi corazón. Probablemente no. Sin embargo, le dio lasgracias a Mikhail por su ayuda y el riesgo que había tomado. Él se limitó aasentir, como si no hubiera nada por qué darle las gracias. Era exactamente loque él hubiera querido que hiciera por él, si nuestros papeles se hubieraninvertido y la Sra. Karp fuera la única en la cárcel.Caí en un profundo sueño de vuelta en mi cama, pero mis sueños se turbaron.Una y otra vez, yo seguía escuchando a Dimitri decirme que no me podía querermás. Batió en mí una y otra vez, rompiendo mi corazón en pedacitos. En unmomento dado, se convirtió en más de una golpe de ensueño. Oí golpes. Alguienestaba golpeando a mi puerta, y poco a poco, me sacaron de mis sueñoshorribles.Con la vista cansada, me fui a la puerta y me encontré a Adrian. La escena eracasi un espejo de la noche anterior cuando había venido a invitarme a la fiesta dela Guardia de la Muerte. Sólo que esta vez, su cara era mucho más sombría. Porun segundo, pensé que había oído sobre mi visita a Dimitri. O que tal vez sehabía metido en más problemas de lo que me había dado cuenta por meterme aescondidas de sus amigos en un funeral secreto.-"Adrian... Esto es temprano para ti...." le lance una mirada al reloj, descubriendoque en realidad me dormí muy tarde.
    • 287-"No es temprano, en lo absoluto", confirmó, su cara todavía seria. "Un montón decosas están pasando. Tuve que venir a decirte la noticia antes de que loescucharas en otro lugar."-"¿Qué noticias hay?"-"El veredicto del Consejo. Finalmente pasó esa gran resolución que han estadodebatiendo. Por el cual fuiste".-―Espera. ¿Terminaron?" Recordé lo que Mikhail había dicho, que una cuestiónmisteriosa había mantenido al Consejo ocupado. Si se terminó, entonces ellospodrían pasar a otra cosa - por ejemplo, como, declarar oficialmente a Dimitridhampir de nuevo. -"Eso es una gran noticia." Y si esto en realidad estaba atadoa cuando Tatiana me había hecho venir para describir mis habilidades. . . así,¿que realmente hay una oportunidad que podría ser nombrada guardiana deLissa? ¿Podría la reina realmente haber llegado? Ella parecía bastante amistosaanoche.Adrian me miró con algo que nunca había visto de él: compasión.-"No tienes ni idea, ¿verdad?"- "¿No tengo idea de qué?"-¨Rose..." Suavemente apoyó una mano en mi hombro. "El Consejo acaba deaprobar un decreto de reducción de la edad de guardianes a dieciséis. LosDhampirs se graduaran cuando son estudiantes de segundo año y luego saldrána asignaciones."- "¿Qué?" Ciertamente había oído mal.-"Tus sabes cómo entraron en pánico por su protección y no tienen suficientesguardines, ¿verdad?" Suspiró. "Esta fue la solución para aumentar sus números."-"¡Pero son demasiado jóvenes!" Lloré. "¿Cómo puede alguien pensar que alguiende dieciséis años están listos para salir a luchar?"-―Bueno‖ dijo Adrián, "porque tu declaraste que lo eran".Mi boca se redujo, y se congelo todo a mi alrededor. Tú declaraste que eran. . . Nopodía ser posible. Adrian empujó suavemente mi brazo, tratando de despertarmede mi estupor.-"Vamos, que todavía están terminando. Se hizo el anuncio en una sesión abierta,y alguna gente esta... Un poco molesta."
    • 288-―Sí, puedo imaginarlo‖. No necesitaba que me dijera dos veces. De inmediatocomencé a seguirlo, entonces me di cuenta que estaba en mi pijama. Me cambierápidamente y se cepille mi cabello, todavía escasamente capaz de creer lo queacababa de decir. Mi preparación duró cinco minutos, y luego salimos por lapuerta. Adrian no era demasiado atlético, pero mantuvo un buen ritmo mientrasnos dirigimos hacia la sala del Consejo.-"¿Cómo sucedió esto?" Le pregunté. "Tu realmente no quieres decir que... ¿Quelo que he dicho jugaba un papel?" Yo quería decir que mis palabras fueran unademanda, pero salieron con más de una nota de súplica.Encendió un cigarrillo sin romper el paso, y no me molesté en castigarlo por ello.-"Al parecer ha sido un tema candente por un tiempo. Fue una votación muyestrecha. La gente estaba presionando para eso y sabía que había que mostraruna gran cantidad de pruebas para ganar. Tú fuiste su gran premio: unaadolescente dhampir asesinando Strigoi de izquierda a derecha, mucho antes dela graduación."-"No es tanto tiempo", murmuré, mi furia encendiéndose. ¿Dieciséis? ¿Es enserio? Era ridículo. El hecho de que sin saberlo, yo había sido utilizada paraapoyar este decreto me enfermo del estómago. Había sido una tonta, pensandoque había ignorado todas las veces que infringí las reglas y simplemente habíadesfilado para alabarme. Me habían utilizado. Tatiana me había usado.Cuando llegamos, la sala del Consejo se encontraba en un caos más del queAdrián me había dado a entender. Es cierto que yo no había pasado muchotiempo en este tipo de reuniones, pero yo estaba bastante segura de que la gentede pie, en grupos y gritando a otros no era normal. El Consejo del heraldoprobablemente no suele estar gritando como loco y tratando de poner orden en lamultitud. El único punto de calma fue Tatiana misma, sentada pacientemente ensu asiento en el centro de la mesa, al igual que la etiqueta del Consejo dictada.Parecía muy satisfecha de sí misma. El resto de sus colegas habían perdido todosentido de decoro y se pusieron en pie, como la audiencia, argumentando entre sío cualquier otra persona dispuesta a comenzar una pelea. Observe con asombro,sin saber qué hacer en todo este desorden.- "¿Quién votó por qué?" Le pregunté.Adrian estudio a los miembros del Consejo y señalo con los dedos.-"Szelsky, Ozera, Badica, Dashkov, Conta y Drozdov. Estaban en contra de ella."-"¿Ozera?¨-Pregunté, sorprendida. No conocía a la princesa Ozera - Evette –muybien, pero me había parecido siempre bastante fuerte y desagradable.
    • 289Tuve un nuevo respeto por ella. Adrian asintió con la cabeza hacia donde estabafuriosa Tasha quien dirigía a un grupo grande de personas, los ojos brillantes yagitando los brazos frenéticamente.-"Evette fue persuadida por algunos de los miembros de la familia de ella."Eso me hizo sonreír también, pero sólo por un momento. Fue bueno que Tasha yChristian estaban siendo reconocidos entre sus clanes de nuevo, pero el resto denuestro problema estaba todavía vivo y coleando. Podría deducir el resto de losnombres.-"Así que... El príncipe Ivashkov voto a favor," dije. Adrian se encogió de hombrosa modo de disculpa por su familia.-"Lazar, Zeklos, Tarus, y Voda." Eso que la familia Voda votara a favor de unaprotección adicional no era del todo una sorpresa, considerando la masacrereciente de uno de sus miembros. Priscilla ni siquiera estaba en su tumba, y sinembargo, el nuevo príncipe Voda, Alexander, parecía estar claramente sin saberqué hacer con su ascenso repentino.Di a Adrian una mirada penetrante. -"Eso es sólo cinco a seis. Oh." Realizaciónde deslumbro, -―Mierda. Desempate Real".El sistema de votación Moroi se ha creado con doce miembros, uno por cadafamilia, a continuación, cualquiera que sea el rey o la reina reinante. Es ciertoque a menudo significaba que un grupo recibió dos votos, ya que el monarca raravez votaba en contra de su propia familia. Se sabía que sucedía.Independientemente, el sistema debería haber tenido trece votos, la prevención delos lazos. Salvo. . . Un problema reciente se había desarrollado. No hay Dragomirsen el Consejo ya, es decir, los vínculos podrían ocurrir. En tal caso, pocofrecuente, la ley dictaba que el monarca Moroi llevaba a votación el peso extra. Yohabía oído que había sido siempre controvertido y, sin embargo, al mismo tiempo,no había mucho que hacer por él. Los empates en el Consejo no significaría nadaalguna vez que se asentaron, y puesto que los monarcas fueron elegidos, muchoslo tomaron en la fe que iban a actuar en el mejor interés de los Moroi.-"Tatiana fue la sexta," dije. "Y ella se balanceaba." Miró a su alrededor, vi unpoco de rabia en los rostros procedentes de las familias que habían votado encontra del decreto. Al parecer, no todo el mundo creía que Tatiana había actuadoen el mejor interés de los Moroi. La presencia de Lissa me cantó a través delenlace, así que su llegada unos minutos más tarde no fue una sorpresa. Lasnoticias se habían extendido rápidamente, aunque ella aún no conocía losdetalles finos. Adrian y yo le hicimos señas con las manos. Estaba tan asombradacomo nosotros.
    • 290-"¿Cómo pudieron hacer eso?" - preguntó.-"Están demasiado asustados de que alguien pueda hacer que aprendan adefenderse. Los miembros del grupo de Tasha se estaban haciendo ruidosos."Lissa negó con la cabeza. –―No, no, sólo eso. Quiero decir, ¿por qué estaban aúnen período de sesiones? Debemos estar de luto después de lo que pasó el otro día- en público. Toda la corte, no sólo una parte secreta de ella. ¡Uno de losmiembros del Consejo, incluso murió! ¿No podían esperar a que terminara elfuneral?"- En la mente de ella, pude ver las imágenes de aquella nocheespantosa, donde Priscilla había muerto justo ante los ojos de Lissa.-"Pero era fácilmente reemplazable," dijo una nueva voz. Christian se había unidoa nosotros. Lissa dio unos pasos de distancia de él, todavía molesta por Mia. "Yen realidad, es el momento perfecto. La gente que quería que esto tuviera unaoportunidad. Cada vez que hay una gran lucha Strigoi, abunda pánico en todo elmundo. El miedo hace que un montón de gente acepte esto. Y si alguno de los delConsejo estaban indecisos antes de esto, la batalla probablemente les empujó".Ese fue bastante racional para Christian, y Lissa quedó impresionada, a pesar desus sentimientos por él ahora mismo. El heraldo del Consejo finalmente logrohacerse oír sobre los gritos de la audiencia.Me pregunté si el grupo se hubiera calmado si Tatiana hubiera comenzado agritar que se callaran. Pero no. Eso probablemente estaba por debajo de sudignidad. Seguía sentada tranquilamente, como si nada inusual estuvierapasando. No obstante, tomó unos instantes para que todos pudieran establecersey tomar sus asientos. Mis amigos y yo a toda prisa tomamos los primeros queencontramos. Con la paz y tranquilidad lograda por fin, el cansado, heraldo cedióla palabra a la reina.Sonriendo con grandilocuencia a la asamblea, se dirigió a ellos en su voz másimperiosa. -"Nos gustaría agradecer a todos por venir hoy y expresar sus...opiniones. Sé que algunos todavía no están seguros acerca de esta decisión, perola ley Moroi se ha seguido aquí - leyes que han estado vigentes durante siglos.Tendremos otra sesión antes de escuchar lo que tienen que decir de una maneraordenada". Algo me decía que era un gesto vacío. La gente puede hablar todo loque quería, y ella no escucharía. "Esta decisión - este veredicto - beneficiará a losMoroi. Nuestros guardianes son ya tan excelentes". Ella asintió con la cabezacondescendiente hacia los guardianes ceremoniales de pie a lo largo de lasparedes de la habitación. Llevaban las caras neutrales normalmente, pero sesuponía que, como yo, probablemente querían golpear a la mitad del Consejo."Ellos son tan excelentes, de hecho, que formaran a sus estudiantes para queestén preparados para defendernos a una edad temprana.
    • 291Todos estarán más seguros ante tragedias como la que ocurrió recientemente."Ella bajó la cabeza un momento en lo que debe haber sido una muestra de duelo.Recordé la noche anterior cuando había estado consternada por Priscilla. ¿Si esohabía sido un acto? ¿La muerte de su mejor amiga era conveniente para queTatiana realizara su propia agenda?. Sin duda. . . sin duda, no era tan fría.La reina levantó la cabeza y continuó. "Y además, estamos felices de escuchar yregistrar su opinión, aunque por nuestras propias leyes, este asunto se resuelva.Además las sesiones tendrán que esperar hasta que un período adecuado deduelo haya pasado por el desgraciado asunto." Su tono y el lenguaje corporaldaban a entender que ese era el final de la discusión. Entonces, una vozimpertinente de pronto rompió el silencio de la habitación.Mi voz.-―Bueno, me gustaría algo así como registrar mi opinión ahora."Dentro de mi cabeza, Lissa me gritaba: ¡Siéntate, siéntate! Pero yo ya estaba depie, moviéndome hacia la mesa del Consejo. Me detuve en una respetuosadistancia, que permitiría que me notaran pero no me abordaran por susguardianes. Y oh, me di cuenta. El heraldo se puso rojo brillante por míinfringiendo las reglas-"¡Usted está fuera de lugar y en violación de todos los protocolos del Consejo!Siéntese ahora mismo antes de que la retiren". Echó una mirada a losguardianes, como si esperara que vinieran a la carga hacia delante en esemomento. Ninguno de ellos se movió. O no me percibían como una amenaza, o sepreguntaban qué iba a hacer. Yo también me pregunte esto.Con un pequeño y delicado gesto con la mano, Tatiana le ordeno al heraldo quese retirara.-―Me atrevería a decir que hoy ha habido tantas violaciones al protocolo que unincidente más no hará una diferencia.‖ Ella me miró con una sonrisa amable,una que al parecer tenía la intención de hacernos ver como amigas. –―Además,La Guardiana Hathaway es uno de nuestros activos más valiosos. Siempre meinteresa lo que ella tiene que decir.‖¿Hablaba en serio? Era tiempo de descubrirlo. Así que dirigí mis palabras alConsejo.-―Lo que acaba de suceder es total y absolutamente descabellado‖ Consideré queera una gran hazaña por mi parte que no usara malas palabras existentes porquehabía tenido algunos adjetivos en mi mente que eran mucho más apropiados.
    • 292 ¿Quién dijo que yo no entendía la etiqueta del Concejo? -¨¿Cómo alguien puedepensar que está bien enviar a chicos de dieciséis años a arriesgar sus vidas?-―Sólo son dos años de diferencia‖ dijo el príncipe Tarus. –―No es como siestuviéramos enviando a niños de diez años‖Dos años es demasiado pensé por un momento, cuando yo había tenido dieciséis.¿Qué había ocurrido en esos dos años? Había escapado con Lissa, había visto amis amigos morir, había viajado alrededor del mundo, y me habíaenamorado…‖Se puede vivir toda una vida en dos años. Y se desean que estemosen las primeras líneas, que es lo que estamos dispuestos hacer cuando nosgraduamos, entonces deben darnos esos dos años‖ Esta vez, miré a la audiencia.Las reacciones eran variadas. Algunas claramente de acuerdo conmigo,asintiendo a lo largo del salón. Algunos parecían como si nada en el mundopudiera cambiar su manera de pensar sobre el decreto. Otros encontraron mimirada… ¿Había influido en ellos? ¿Estaban inseguros? ¿Se habían avergonzadode su propio egoísmo? Ellos podrían ser la clave.-―Créanme, me encantaría ver a su gente disfrutar su juventud‖ Este era NathanIvashkov hablando. –―Pero en este momento, esa no es una opción que tengamos.Los Strigoi nos están acorralando. Estamos perdiendo todos los días muchosMoroi y guardianes. Sacar más luchadores pararía esto, y en realidad, sóloestamos dejando que esas habilidades Dhampir se desperdicien por esperar unpar de años. Este plan protegerá a las dos razas."-―¡Eso matará mi raza más rápido!‖ dije. Dándome cuenta de que podía empezar agritar si perdía el control, tomé un profundo respiro antes de continuar. –―Ellosno estarán listos. No tendrán todo el entrenamiento que necesitan.‖Y allí Tatiana entro en su gran actuación. -―Si, pero por tu propia confesión,fuiste ciertamente preparada a temprana edad. Mataste antes de que tuvierasdieciocho a más Strigoi que los que algunos guardianes han matado en toda suvida.‖La mire fijamente y entrecerré mis ojos. –―Yo‖ dije con frialdad, -―Tuve unexcelente instructor. Uno que actualmente tienen bajo llave. Si quieren hablaracerca de habilidades que se desperdician, entonces busquen dentro de su propiaprisión.‖Hubo una leve conmoción en la audiencia y el rostro ―somos amigas‖ de Tatianase volvió frío. –―Ese no es un asunto que nos ocupa hoy. Sin embargo aumentarnuestra protección, si lo es. Creo que incluso tú has comentado en el pasado quelas filas de los guardianes están bajos de números.‖
    • 293Mis propias palabras, me llevaron de regreso a la noche anterior. –―Las filasnecesitan ser llenadas. Tú y muchos de tus compañeros, han probado que soncapaces de defendernos.‖-―¡Nosotros éramos excepciones!‖ Eso era egoísta, pero era la verdad. –―No todoslos novatos han alcanzado ese nivel.‖Un peligroso destello apareció en sus ojos y su voz de nuevo salió como la seda. –―Bueno, entonces, tal vez necesitan una formación más excelente. Tal vezdeberíamos enviarte a St. Vladimir o a alguna otra academia y así puedes mejorarla educación de tus jóvenes colegas. Tengo entendido de que tú próximaasignación será administrativa y permanente aquí en la Corte. Si tú quieresayudar a que este decreto sea exitoso, podríamos cambiar esa asignación yhacerte una instructora. Eso podría acelerar tu regreso a la asignación comoguardaespaldas.‖Le di una peligrosa sonrisa. –―No lo haga‖ le advertí, -―Nunca trate deamenazarme, sobornarme o chantajearme. No le gustaran las consecuencias.‖Eso había ido demasiado lejos. Las personas que estaban en la audiencia sesorprendieron e intercambiaron miradas. Algunas de sus expresiones fueron dedisgusto, como si no pudieran esperar nada mejor de mí. Reconocí a unos pocosde esos Moroi. Ellos eran los que yo había oído hablar de mi relación con Adrian yen como la reina lo odiaba. También supuse que allí, había un número demiembros de la realeza que estuvieron anoche en la ceremonia y que tambiénestaban hoy aquí. Ellos habían visto a Tatiana sacarme de la ceremonia y sinduda pensaban que mi arrebato y mi falta de respeto hoy era un tipo devenganza.Los Moroi no fueron los únicos que reaccionaron. Independientemente de sicompartían mis opiniones o no, unos pocos guardianes dieron un paso adelante,me aseguré de permanecer exactamente donde estaba y la falta de miedo deTatiana los hizo mantener en su lugar.-‖Nos estamos cansando de esta conversación,‖ Tatiana dijo, cambiando al tratoque normalmente nos dábamos. –―Tu puedes hablar más y hacerlo en la formaapropiada cuando nosotros tengamos nuestra próxima reunión y abramos el usode la palabra para los comentarios. Por ahora, te guste o no, esta resolución hasido aprobada. Es la ley.¨¡Ella te está dejando escapar! La voz de Lissa estaba de vuelta en mi cabeza.¡Retírate de esto antes de que hagas algo que te meta en un problema real!.¡Discute más tarde!
    • 294Era irónico porque había estado a punto de estallar y dejar que mi rabia salierapor completo. Las palabras de Lissa me detuvieron, pero no por su contenido. Erapor Lissa. Cando Adrian y yo habíamos hablado antes de los resultados, yo habíanotado una pieza defectuosa.-―No fue una votación justa,‖ declaré. –―No es legal.‖-―¿Es usted abogada, señorita Hathaway?‖ La reina estaba divertida y sudisminución hacia mi titulo de guardiana había sido una falta de respeto. –―Si seestá refiriendo a que el voto de la Monarca carga más peso que los otros en elConcejo, entonces le podemos asegurar que es una ley Moroi que ha sido usabapor siglos en estas situaciones.‖ Ella miró a sus compañeros miembros delConsejo, ninguno hizo una protesta. Incluso aquellos que votaron en contra nopodían encontrar fallas en su punto.-―Si, pero todo el Consejo no voto,‖ dije. –―Han tenido un lugar vacío en el Consejopor los últimos años, pero ya no.‖ Me di vuelta y señale hacía donde mis amigosestaban sentados. –―Vasilisa Dragomir ahora tiene dieciocho años y puede ocuparel lugar de su familia.‖ En todo este caos, su cumpleaños había sido pasado poralto, incluso por mí.Los ojos en la habitación se dirigieron hacia Lissa- algo que a ella no le gustaba.Sin embargo, Lissa estaba acostumbrada a estar en el ojo público. Ella sabía quese esperaba de alguien de la realeza, sabía cómo debía verse y comportarse. Asíque en lugar de encogerse, se levantó y miró hacia adelante con frescura y con untoque real que decía que podría caminar a esa mesa y exigir su derecho denacimiento. Ya fuera sólo por la magnífica actitud o quizá por un poco delcarisma del espíritu, era casi imposible apartar la mirada de ella. Su belleza eraluminosa como de costumbre y alrededor de la sala, muchos de los rostros teníanel mismo temor hacia ella que yo había observado alrededor de la Corte. Latransformación de Dimitri era todavía un enigma, pero aquellos que creían queera una realidad la miraban como a alguna especie de santa. Ella habíacomenzado a ser demasiado grande ante los ojos de mucha gente, tanto con elnombre de su familia, los misteriosos poderes, y ahora la supuesta habilidad pararestaurar Strigoi. Orgullosa, volví a mirar a Tatiana.-―¿No son los dieciocho la edad legal para votar?‖ Jaque mate, zorra.-―Si,‖ ella dijo alegremente. –―Si los Dragomirs tuvieran un quórum*‖*Es un término jurídico que se refiere al número requerido de asistentes a unasesión de cualquier cuerpo de deliberación o parlamentario para que sea posibleadoptar una decisión válida.
    • 295Este terminó se toma generalmente para decir si hay suficientes senadores odiputados (depende la situación), para poder comenzar un sesión en el Congreso.No podría decirse que mi sensacional victoria se quebró a ese punto, perociertamente perdió credibilidad y brillo. –―¿Un qué?‖-―Un quórum. Por ley, para que una familia Moroi tenga derecho a votar en elConsejo, tienen que tener una familia. Ella no lo tiene. Es la única.‖Miré con incredulidad –―¿Qué?, ¿estás diciendo que ella necesita tener un niñopara poder votar.‖ Tatiana hizo una mueca.-―Ahora no, por supuesto. Algún día, estoy segura. Para que una familia puedavotar deben tener al menos dos miembros, y uno de ellos debe ser mayor dedieciocho años. Es la ley Moroi, de nuevo, una ley que ha estado en los libros porsiglos.‖Unas cuantas personas cruzaron miradas de confusión y sorpresa. Estaclaramente no era una ley con la que estuvieran familiarizados. Por supuesto,esta situación, una línea real reducida a una sola persona, no era que hubieraocurrido en la historia reciente, no había ni siquiera pasado algo parecido.-―Es verdad,‖ dijo Ariana Szelsky a regañadientes. –―Lo he leído.‖Está bien, fue así como mi victoria quedo destrozada totalmente. La familiaSzelsky era una en las que yo confiaba y Ariana era la hermana mayor del chicoque mi mamá protegía. Ariana era una especie de aficionada por los libros yparecía como si hubiera votado en contra del cambio de edad para losguardianes, parecía poco probable que ella ofreciera ese tipo de evidencia si nofuera verdad. Sin más municiones, recurrí a los viejos recursos.-―Esa,‖ le dije a Tatiana, -―Es la ley más estúpida que he escuchado.‖Eso lo logro. La audiencia rompió en una cháchara conmocionada y Tatianarenuncio a cualquier pretensión de amistad que estaba demostrando. El Heraldose adelanto antes de que pudiera dar una orden.-―¡Sáquenla!‖ Gritó Tatiana, incluso con el ruido que estaba creciendo, su vozsonó claramente a través de la habitación. –―¡No vamos a tolerar este tipo decomportamiento vulgar.‖En un abrir y cerrar de ojos los guardianes llegaron a mí. Honestamente, con lafrecuencia con la que había sido arrastrada de varios lugares últimamente, ya sehabía hecho familiar últimamente. No peleé con los guardianes mientras medirigían a la puerta, pero tampoco les deje sacarme sin unas palabras dedespedida.
    • 296-―¡Podrías cambiar la ley del quórum si quisieras, ¡perra santurrona!.‖ Grité. –―¡Estas torciendo la ley porque eres egoísta y tienes miedo! Estas cometiendo elpeor error de tu vida. ¡Te arrepentirás! ¡Espera y versa, desearás nunca haberlohecho!‖No sé si alguien escucho mi acalorado discurso porque para entonces, el salónestaba de vuelta al caos en que había estado cuando yo entré. Los guardianes,tres de ellos, no me soltaron hasta que estuvimos fuera. Una vez me soltaron,permanecimos allí torpemente por un momento.-―¿Y ahora qué?‖ Pregunté. Trate de sacar la ira de mi voz. Todavía estaba furiosay exaltada, pero no era la culpa de estos tíos. –―¿Van a encerrarme?¨ Aceptandoque si me llevaban junto a Dimitri, sería casi un premio.-―Solo dijeron que te sacáramos,‖ Uno de los guardianes dijo. –―Nadie dijo quehacer después de eso.‖Otro guardián, viejo y canoso pero todavía aguerrido, me dio una mirada irónica.–―Te dejare ir, antes de que ellos decidan como castigarte.‖-―No es que no te vayan a encontrar si en realidad lo quieren.‖ añadió el primerguardián.Con eso, los tres se dirigieron de regreso al interior, dejándome confundida ymolesta. Mi cuerpo estaba todavía acelerado para una pelea y yo estaba llena defrustración que siempre solía experimentar cada vez que me enfrentaba con unasituación en la que me sentía importante. Todo lo que había gritado no habíaservido para nada. No había logrado nada.-―¿Rose?‖Desvié mis agitadas emociones y miré hacia el edificio. El guardián más viejo nohabía entrado y estaba todavía parado en la puerta. Su cara era estoica, pero creoque vi un brillo en sus ojos.-―Por si te sirve de algo,‖ me dijo, -Creo que estuviste fantástica.‖No tenía muchas ganas de sonreír, pero mis labios me traicionaron. -―Gracias‖ ledije.Bueno, tal vez había logrado algo.
    • 297 Capítulo 22 Traducido por Kira y SoniaNo hice caso a la advertencia de los tipos de marcharme de allí, aunque tampocome quedé sentada en los escalones de la entrada. Me quede cerca de un grupo decerezos, pensando en que sólo sería cuestión de tiempo que la asambleaterminara y que la gente se derramase por las puertas. Después de que pasaronvarios minutos sin que nada sucediese, le eche un vistazo a la mente de Lissa ydescubrí que las cosas aun estaban a pleno rendimiento.A pesar de que Tatiana ya había declarado dos veces ahora que el período desesiones había terminado, la gente estaba todavía de pie por los alrededores,discutiendo en grupos. Tasha estaba en uno de esos grupos junto a Lissa yAdrián, y estaba dando uno de esos discursos apasionados que tan bien se ledaban. Tasha podía no ser tan fría y calculadora como Tatiana cuando se tratabade movimientos políticos, pero aun así tenía un gran conocimiento del sistema yreconocía las oportunidades cuando éstas llegaban. Estaba en contra del decretode disminución de la edad. Defendía la idea de enseñar a los Moroi a luchar. Conninguno de ellos conseguiría llegar muy lejos, así que saltó a la siguiente mejorcosa: Lissa.-"¿Por qué estamos discutiendo sobre la mejor forma de matar a un Strigoicuando podemos salvarlos?" Tasha puso un brazo alrededor de Lissa y el otroalrededor de Adrian, trayéndolos hacia adelante. Lissa todavía llevaba esa miradade serena confianza, pero Adrian parecía estar a punto de huir a la menoroportunidad. -"Vasilisa a quien por cierto, se le niega injustamente tener sucorrespondiente voz aquí gracias a una arcaica ley ha demostrado que un Strigoipuede volver a la vida. "-"Eso aún no ha sido probado", exclamó un hombre entre la multitud.-"¿Estás bromeando?" preguntó una mujer a su lado. "Mi hermana estaba con elgrupo que lo trajo de vuelta. Dice que es definitivamente un dhampir. ¡Estuvoincluso bajo el sol! " Tasha hizo un gesto de aprobación hacia la mujer.-"Yo estaba allí también. Y ahora tenemos a dos poderes de espíritu capaces dehacer esto para otros Strigoi".Por mucho que respetase a Tasha, no estaba del todo de acuerdo con ella en esteasunto.
    • 298La cantidad de energía, por no mencionar el esfuerzo necesario para llevarlo acabo -,que Lissa había tenido que utilizar con Dimitri había sido asombrosa.Había incluso dañado temporalmente nuestra conexión. Eso no significaba queno pudiera hacerlo de nuevo. Tampoco es que no quisiera hacerlo de nuevo. Ellaera tan ingenuamente compasiva como para ponerse a sí misma en la línea defugo solo para ayudar a los demás. Pero yo sabía que cuanto más poder deespíritu utilizase, más rápido viajaría hacia el camino de la locura. Y Adrian. . .Bueno, era algo casi sin sentido. Incluso si quisiese ir curando Strigoi, no tenía eltipo de energía curativa que se necesitaría para restaurar a uno - al menos noahora. Esto no era raro, los Moroi utilizaban sus elementos de diferentes formas.Algunos usuarios del fuego, como Christian, eran expertos controlando la autoincineración. Otros sólo podían usar su magia, por ejemplo, para calentar el aireen una habitación. De igual manera, Lissa y Adrian tenían sus puntos fuertescon su poder de espíritu. Su mayor triunfo era la curación en lo referentefracturas, mientras que Lissa no podía caminar en los sueños, no importaba lomucho que practicase. Así que, realmente, Tasha solo tenía un usuario de poderde espíritu capaz de salvar a un Strigoi, y éste difícilmente podría transformar alegiones de esos monstruos. Tasha parecía reconocerlo un poco.-"El Consejo no debería perder el tiempo con las leyes de edad", continuó. -"Necesitamos hundir nuestros recursos en la búsqueda de más usuarios deespíritu y reclutarlos para ayudar a salvar Strigois." Fijó su mirada en alguienentre la multitud. -"Martín, ¿no fue tu hermano convertido contra su voluntad? Sitrabajamos lo suficiente, podríamos hacer que regresase a ti. Vivo. Como loconocías antes. De lo contrario, él simplemente va a ser estacado por Guardianescuando le encuentren - y por supuesto, él va a matar a muchos inocentes por elcamino. "Sí, Tasha era buena. Podía pintar una imagen buena y casi hacer que ese talMartin derramara lágrimas. Realmente no mencionaba a la gente que se habíaconvertido en Strigoi voluntariamente. Lissa, todavía de pie junto a ella, noestaba segura de cómo sentirse ante la idea de un ejército de poderes de espíritusalvadores de Strigoi, pero sí reconocía cómo todo esto era solo una parte demuchos otros planes que Tasha tenía- incluyendo uno para conseguir el derechode voto de Lissa. Tasha jugaba con las habilidades de Lissa y su carácter,mofándose de que una ley claramente obsoleta como esta, nunca podría haberprevisto esta situación. Tasha señaló además que un Consejo completo por lasdoce familias enviaría un mensaje a todo el mundo sobre la unidad Strigoi Moroi.Yo no quería oír nada más. Dejaré a Tasha ejercen su magia política, ya hablariacon Lissa después. Aun me encontraba tan agitada por lo que había sucedidocuando le grite al Consejo que no pude soportar ver esa habitación durante mástiempo.
    • 299Salí de su mente y volví a la mía, gritando cuando vi una cara justo enfrente demí. -"¡Ambrose!"Era uno de los dhampirs más guapos del planeta -,después de Dimitri porsupuesto - me brindó una reluciente sonrisa de estrella de cine.- "Estabas tan quieta, pensé que tal vez estabas tratando de ser una dríade. "Parpadeé. -"¿Una qué?"Hizo un gesto hacia los árboles de cerezo. -"Espíritus de la naturaleza. Lasmujeres hermosas que se unían a los árboles. "-"No estoy segura de si eso es un cumplido o no", le dije. - "Pero me alegro deverte otra vez. "Ambrose era una verdadera rareza en nuestra cultura: un varón dhampir que nohabía hecho votos para ser guardián ni había ido a esconderse entre loshumanos. Las mujeres dhampirs a menudo optaban por no unirse a losguardianes con el fin de centrarse en cuidar de sus familias. Es por eso que lasmujeres guardianas somos tan raras. ¿Pero los hombres? No tenían ningunaexcusa, es lo que la mayoría de la gente pensaba. En lugar de esconderse fuera yvivir en desgracia, Ambrose ya había decidido quedarse y simplemente trabajarpara los Moroi de otra manera. Él era esencialmente un sirviente - uno de clasesuperior que servía las bebidas en las fiestas de la élite y le daba masajes a lasmujeres de la realeza. También, si los rumores eran ciertos, servía a Tatiana deun modo ―físico. Sin embargo, eso era tan espeluznante, que rápidamente salióde mi mente.-"Yo también", me dijo. -"Pero si no estás en conjunto con la naturaleza, ¿quéestás haciendo? "-"Es una larga historia. Algo asi como que me han echado de una reunión delConsejo."Él parecía impresionado. -"¿Literalmente expulsada?¨-"Me sacaron a rastras, supongo. Me sorprende que no te hubiese visto por ahí,"dije divertida. -"Por supuesto, he estado un poco, eh, distraída la semanapasada."-"Eso me han dicho", dijo, dándome una mirada simpática. "Aunque, en realidadhe estado fuera. Acabo de regresar anoche.¨-"Justo a tiempo para la diversión", murmuré.
    • 300La mirada inocente de su rostro me dijo que todavía no había oído hablar sobre eldecreto.-"¿Qué estás haciendo ahora?", me preguntó. "Esto no parece ser un castigo.¿Acabaste ya con tu sentencia? "-¨Algo así. Estoy esperando a alguien ahora. Estaba a punto de marchar a mihabitación."-¨Bueno, si estás matando el tiempo, ¿por qué no vienes a ver a la tía Rhonda?¨-"¿Rhonda?" Fruncí el ceño. -¨No te ofendas, pero tu tía realmente no meimpresionó con sus habilidades la última vez¨-"No me ofendo", dijo alegremente. "Pero ella ha estado preguntando por ti. Y porVasilissa. Por lo tanto, si solo estas dando una vuelta. . . "Dudé. Tenía razón respecto a que no tenía nada mejor que hacer en estemomento. Estaba atrapada entre ambas opciones, lo de Dimitri y las resolucionesdel Consejo de idiotas. Sin embargo, Rhonda, con su fortuna y diciéndole tíaMoroi , no era alguien a quien realmente quisiese volver a ver. A pesar de mispalabras simplistas, la verdad era que en retrospectiva, algunas de laspredicciones de Rhonda se habían hecho realidad. Pensé que no me gustabacomo habían sucedido.-¨Muy bien¨ dije, tratando de parecer aburrida. "Que sea rápido."Volvió a sonreír, como si pudiera ver a través de mi astucia, y me llevó fuera deun edificio en el que había estado en otra ocasión. Allí había un lujoso salón yspa frecuentado por la Realeza Moroi. Lissa y yo nos habíamos hecho la manicuraallí, y mientras Ambrose y yo hacíamos nuestro camino hacia la guarida deRhonda, sentí una extraña punzada en mi interior. Manicura y pedicura. . .parecían las cosas más triviales del mundo. Pero ese día había sido maravilloso.Lissa y yo nos habíamos reído y nos habíamos unido aun más. . . antes de que laescuela fuese atacada y todo se viniese abajo. . . . Rhonda dictaba la fortuna enun cuarto trasero que estaba lejos del spa. A pesar de la sensación de malamuerte, hizo que su negocio creciese muy rápido e incluso tenia recepcionistapropia. O, bueno, solía tenerla. Esta vez, el escritorio estaba vacío, y Ambrose mellevó directamente a la habitación de Rhonda. Era exactamente igual que antes,como estar dentro de un corazón. Todo era rojo: el papel tapiz, la decoración, ylos almohadones que cubrían el suelo. Rhonda estaba sentada en el suelo,comiendo una taza de yogur, lo que parecía terriblemente común para alguienque supuestamente ejercía poderes místicos. Su rizado cabello negro caía encascada sobre sus hombros, haciendo que los grandes aros de oro de sus orejasbrillan.
    • 301-"Rose Hathaway," dijo alegremente, dejando el yogur a un lado. "¡Qué agradablesorpresa!"-"¿No me has visto venir?" Le pregunté secamente.Sus labios temblaban con la diversión. -"Ese no es mi poder".-"Perdón por interrumpir tu cena", dijo Ambrose, cruzándo con gracia sumusculoso cuerpo al sentarse. "Sin embargo, Rose no es fácil de pillar."-"No me lo imagino", dijo. "Estoy impresionada de que haya llegado hasta aquí.¿Qué puedo hacer por ti hoy, Rose? ¨Me encogí de hombros y me senté junto a Ambrose. -¨No lo sé. Sólo estoy aquíporque Ambrose me habló de venir. "-"No cree que su última lectura fuese muy buena", dijo.-"¡Hey!" Le lanzé una mirada casta. "Eso no es exactamente lo que dije."La última vez, Lissa y Dimitri habían estado conmigo. Las tarjetas del tarot queRhonda había tirado para Lissa, la habían mostrado coronada con el poder y laluz - no es de extrañar. Rhonda había dicho que Dimitri perdería lo que másvaloraba y lo que tenía: su alma. ¿Y yo? Rhonda sin rodeos me había dicho quemataría a los no-muertos. Me burlé ya que sabía que tenía por delante una vidaque dedicaría matar a Strigoi. Ahora me preguntaba si "No muertos" significa laparte Strigoi de Dimitri. Incluso aunque no hubiera usado la estaca, yo habíajugado un papel ciertamente importante.-"¿Tal vez otra lectura ayudaría a darle más sentido a la anterior?" me ofreció ella.Mi mente se estaba preparando para otro fraude de broma psíquica. Por eso fuetan sorprendente que mi boca dijera:-"Ese es el problema. La otra tenía sentido. Me temo. . . Tengo miedo de qué otracosa me puedan mostrar las cartas".-"Las cartas no hacen el futuro", dijo amablemente-. -¨Si algo está destinado aser, será, sin importar lo que veas aquí. Y aun así… bien, el futuro siempre estácambiando. Si no tuviéramos opciones, no habría ningún punto bueno en lavida.¨-¨Mira ahora¨ dije con ligereza. -¨ese es el tipo de respuesta vaga agitada que meesperaba¨
    • 302-¨Roma¨ corrigio ella. -¨No gitana¨ A pesar de mi insulto todavía parecía estar debuen humor. Actitudes parecidas deben haber ocurrido en su familia. -¨¿Quiereslas cartas o no?¨¿Quería? Ella estaba en lo cierto en una cosa , el futuro se desarrollaría viendo osin ver las cartas. E incluso si las cartas se mostraban, probablemente no loentendería hasta después.-¨De acuerdo¨ dije. -¨solo para divertirme. Quiero decir, la última vez fuesimplemente suerte.¨Rhonda rodo los ojos pero no dijo nada cuando ella empezó a barajar sus cartasdel tarot. Lo hizo con tal precisión que las cartas parecían moverse ellas solas.Cuando finalmente se detuvo, me entrego el mazo para que cortara. Lo hice y ellalas puso de nuevo juntas.-¨Hicimos tres cartas ¨ dijo ella, -¨Tenemos tiempo para hacer más si quieres.¿Cinco tal vez?¨-¨Cuantas más, más probable es que cualquier cosa pueda tener explicación.¨-¨Si tu no crees en ellas no debería ser un problema entonces¨-¨Muy bien entonces. Cinco¨Ella se puso seria cuando volcó las cartas, estudiándolas con la miradacuidadosamente. Dos de las tarjetas habían salido del revés. No lo tome comouna buena señal. La última vez me entere de que lo que aparentemente era felizno era tan feliz. La primera era un dos de copas, enseñando a un hombre y unamujer juntos en un campo cubierto de hierbas, un amor perfecto y floreciente deemociones felices. Pero el hecho de estar invertida.-¨¿Sabes qué?¨ interrumpí. -¨Creo que estoy recibiendo el golpe de esto. Puedesomitir esta. Tengo una buena idea de lo que significa.¨Podía vernos a Dimitri y a mí en esa carta, la copa vacía y llena de angustia… noquería escuchar a Rhonda analizar lo que estaba desgarrando mi corazón. Asíque paso a la siguiente: La reina de espadas, también hacia abajo.-¨Cartas como esta se refieren a personas especificas¨ me dijo Rhonda. La reinade espadas tenía un aspecto muy impreciso, con el pelo Castaño rojizo y túnicasde plata. -¨ La reina de espadas es inteligente. Se nutre de conocimientos, puedeser mas lista que sus enemigos y es ambiciosa.¨Suspire. -¨Pero al revés…¨
    • 303-¨Al revés¨ dijo Rhonda. -¨Todos esos rasgos se tuercen. Ella todavía esinteligente, aun intentando salirse con la suya… pero lo está haciendo a través deinsinceras formas. Hay mucha más hostilidad y engaño aquí. Diría que tienes unenemigo.¨-¨Si¨ dije, mirando la corona. -¨Creo que puedo adivinar quién. Acabo de llamarlaputa estúpida¨Rhonda no hizo ningún comentario y se traslado al siguiente. Se enfrentaba de lamanera correcta, pero desee que no lo hiciera. Tenía un monton de espadasclavadas en el suelo, y una mujer atada y con los ojos vendados. El ocho deespadas.-¨Oh vamos¨ exclame. -¨¿Que pasa conmigo y las espadas? Tú me diste estamisma la última vez.¨ Esta enseñaba una mujer llorando frente a una pared deespadas.-¨Esa fue el nueve de espadas¨ ella estuvo de acuerdo. -¨Puede ser mucho peor.¨-¨Tengo una idea de eso¨Cogió el resto y escaneo, por ultimo sacando una carta. El diez de espadas. -¨Podrías haber tenido esta. ¨Mostraba un muerto tendido en el suelo con unmontón de espadas atravesándolo.-¨Entendido¨ le dije. Ambrosio se echo a reír a mi lado. -¨¿Que quiere decir elnueve?¨-¨El nueve es estar atrapado. No poder salir de una situación. También puedesignificar calumnia o acusación. Invocar coraje o valor para escapar de algo.¨Mire a la reina pensando en las cosas que le había dicho en la habitación delconsejo. Aquello definitivamente contaría como acusaciones. ¿Y quedar atrapada?Bueno siempre había una posibilidad de vida rodeada de papeles…Suspire. -¨Muy bien. ¿Cuál es la siguiente?¨ Era el más guapo, el seis de espadas.Había un montón de gente en un barco, remando bajo la luz de la luna.-¨Un viaje¨ dijo.-¨He hecho algún viaje. Unos cuantos de ellos.¨ La mire con recelo. -¨joder, estono será como, algún tipo de viaje espiritual o algo así ¿no?¨Ambrose se echo a reír. -¨Rose, me gustaría que te leyeran el tarot todos los días.¨Rhonda hizo caso omiso de él. -¨Si fuera de copas tal vez. Pero son espadastangibles. Acción. Uno de verdad, ida y vuelta diaria.¨
    • 304¿Dónde diablos iba a ir? ¿Significaba eso que viajaba a la academia como Tatianahabía dicho? O era posible, que a pesar de haber roto las reglas y haberle dichocosas a su alteza real, ¿en realidad fuera asignada a una misión después de todo?¿Una fuera de la corte?-¨Podrías estar buscando algo. Puede ser un viaje físico combinado con unoespiritual¨ dijo ella, sonando como si se estuviera cubriendo las espaldas. -¨Estoúltimo…¨ su ceño se frunció sobre la quinta carta. -¨Esta se oculta ¨La mire. -¨El paje de copas. Parece bastante obvio. Es un paje, um, con copas¨-¨Por lo general, tengo una visión clara… las cartas me hablan en la forma queellas se conectan. Esta no está claro.¨-¨Lo único que no está claro es si es una niña o un niño¨ La persona en la cartaparecía joven, pero tenía un pelo y una cara andrógina que hacía imposibledeterminar el género. Las medias azules y la túnica no ayudaban, aunque elcampo soleado del fondo parecía prometedor.-¨Puede ser¨ dijo Rhonda. -¨Es la más baja en la clasificación de las cartas querepresenten a la persona de cada palo: rey, reina, caballero, y a continuación elpaje. El paje es alguien digno de confianza y creativo. Optimista. Lo que podríasignificar que alguien va a hacer el viaje contigo, o tal vez sea el motivo de tuviaje¨Cualquier optimismo o verdad que hubieran tenido las cartas desapareció coneso. Dado que ella acababa de decir un centenar de cosas que podrían ser, enrealidad no lo consideraba autentico. Por lo general, ella se daba cuenta de miescepticismo, pero su atención todavía estaba en la tarjeta mientras fruncía elceño.-¨Pero yo no puedo decir… hay una nube a su alrededor. ¿Por qué? No tienesentido.¨Algo acerca de su confusión provoco un escalofrío que me recorrió la espalda.Siempre me dije que esto era falso, pero si se hubiera inventado todo… bien, ¿nopodría haber hecho algo acerca del paje de copas? Ella no estaba poniendo algomuy convincente en esta última carta si no que se hacia la pregunta a sí misma.La idea de que tal vez hubiera una fuerza mística por ahí bloqueando susobriedad ante mi actitud cínica.Con un suspiro, ella alzo la vista al fin. -¨Lo siento es lo único que puedo decirte.¿Te ayudan el resto?¨
    • 305Recorrí las cartas. Angustia. Un enemigo. Acusaciones. Atrapada. Viajes. -¨ medice cosas que ya se. El resto me deja más preguntas.¨Ella sonrió con complicidad. -¨Así es como suele ser.¨Le di las gracias por la lectura, en secreto alegre de que no tuviera que pagar porello. Ambrose me acompaño fuera y yo intente sacudirme el estado de ánimo porla fortuna que Rhonda me había dejado. Tenía suficientes problemas en mi vidapara dejar que unas estúpidas cartas me molestaran.-¨¿Vas a estar bien¨ me pregunto cuando finalmente salimos. El sol estabasaliendo .La corte real pronto se iría a la cama, terminando lo que había sido undía turbulento. -¨Yo…yo no te habría traído si hubiera sabido cuanto te molesta.¨-¨No, no,¨ le dije. -¨No son las cartas. No exactamente. Hay un montón de cosaspasando… probablemente debes saberlo.¨No había querido que las noticias salieran a luz cuando me había ido con él, perocomo dhampir el tenia derecho a saber lo que había sucedido. Su rostro inmóvilmientras hablaba, con excepción de los ojos café oscuro, que se ampliaban,mientras la historia avanzaba.-¨Hay algunos errores¨ dijo el al final. -¨Ellos no harían eso. Ellos no se lo haríana alguien con dieciséis años de edad.¨-¨Bueno, bien, yo tampoco lo pensaba, pero ellos al parecer iban losuficientemente serios para echarme cuando yo, eh, lo cuestione.¨-¨Puedo imaginarte cuestionándolo. Todo esto va a hacer aun que más dhampirsabandonen la idea de ser guardianes… a menos, por supuesto, que los jóvenesestén más disponibles para el lavado de cerebro.¨-¨Algún tipo de área sensible para ti, ¿eh?¨ pregunte. Después de todo, el tambiénera un guardián desertado.Negó con la cabeza. -¨Mantenerse en esta sociedad era casi imposible para mí. Sialgunos de esos chicos deciden abandonar, ellos no tendrán los poderosos amigosque yo tenía. Estarían excluidos. Eso es todo lo que esto va a provocar. O matar alos adolescentes o separarlos de su propia gente.¨Me pregunte que amigos poderosos había tenido, pero este no era momento paraaprender la historia de su vida. -¨Bueno, a esa perra real no parece importarle¨La mirada pensativa, de repente se afilo. -¨No la llames así ¨ advirtió con unamirada. -¨Esto no es culpa suya.¨
    • 306Whoa. Que sorpresa. Yo casi nunca había visto al sexy, carismático Ambrose sercualquier cosa menos fácil. -¨¡Por supuesto que es su culpa! Ella es la jefasuprema de los Moroi, ¿recuerdas?¨Su ceño se frunció profundamente. -¨El consejo voto también. No solo ella.¨-¨Si, pero ella voto a favor de este decreto. Ella movió la balanza de la votación.¨-¨Debe de haber tenido una razón. Tú no la conoces como yo. Ella no querría estetipo de cosas.¨Empecé a preguntarle si estaba fuera de lugar, pero me detuve cuando me acordede su relación con la reina. Esos rumores románticos me marearon, pero sifueran verdad, supongo que podría haber legítima preocupación por ella.También decidí que era probable que el conociera mejor de lo que yo lo hacía a lareina. Las marcas en el cuello sin duda eran muestra de algún tipo de actividadíntima.-¨Lo que está pasando entre vosotros es tu problema, le dije con calma, pero ellalo utilizo para engañarte haciéndote creer que ella es alguien que no es. Ellatambién lo hizo conmigo y también caí. Todo eso es una estafa.¨-¨No lo creo¨ dijo todavía con la cara fría. -¨Como reina, ella esta puesta en todotipo de situaciones difíciles. Tiene que haber más en esto, ella podría cambiar eldecreto, estoy seguro de eso¨-¨Como reina¨ dije , imitando su tono, -¨ella debería tener la habilidad de ….¨Mis palabras cayeron cuando una voz hablo en mi cabeza. Rose, vas a querer veresto. Pero tienes que prometerme que no causaras ningún problema. Lissa meindico una ubicación, junto con el sentido de la urgencia.La mirada de Ambrose pasó de duda a preocupación. -¨¿Estás bien?¨-¨Yo, si. Lissa me necesita.¨ Suspire. -¨Mira, no quiero pelear, ¿de acuerdo? Esevidente que cada uno tenemos diferentes puntos de vista de la situación… perocreo que estamos de acuerdo sobre el punto clave.¨-¨¿Que los niños no deben ser enviados a morir? Si, podemos estar de acuerdo eneso.¨Nos sonreímos provisionalmente el uno al otro y la rabia entre nosotros se volviódifusa.-¨Voy a hablar con ella Rose. Voy a averiguar la historia real y te la hare saber,¿vale?¨
    • 307-¨Ok¨ Me costó mucho creer que alguien realmente pueda tener el corazón deTatiana, pero de nuevo, podía haber más en su relación de lo que me había dadocuenta. -¨Gracias, Fue bueno verte¨-¨Lo mismo digo. Ahora ve con Lissa.¨No necesite más apremiante. Junto con el sentido de urgencia, Lissa habíapasado otro mensaje a través del enlace que hizo que mis pies volaran: es acercade Dimitri.
    • 308 Capítulo 23 Traducido por Kira y SoniaNo necesitaba del enlace para encontrar a Lissa. La multitud me guió haciadonde ella y Dimitri estaban. Mi primer pensamiento fue que estaban haciendoalgún tipo de lapidación o fusilamiento medieval. Entonces me di cuenta de quela gente de pie ahí estaba simplemente mirando algo. Me abrí paso a través deellos, sin preocuparme de las miradas enojadas que me dirigían, hasta que meparé en la primera fila de espectadores. Lo que encontré me hizo detenerme degolpe.Lissa y Dimitri estaban sentados lado a lado en un banco mientras tres Moroi seencontraban frente a ellos. Los guardianes estaban esparcidos a su alrededor,tensos y listos para actuar, al parecer por si las cosas salían mal. Antes deincluso escuchar una palabra, yo ya sabía exactamente lo que estaba pasando.Se trataba de un interrogatorio, una investigación para determinar lo que Dimitriera exactamente. En la mayoría de casos, este sería un lugar extraño para unainvestigación formal. Era, irónicamente, uno de los patios en los que Eddie y yohabíamos trabajado, el que estaba a la sombra de la estatua de la joven reina. Laiglesia del Tribunal se encontraba cerca. En esta zona de césped no eraprecisamente suelo santo, pero estaba lo suficientemente cerca de la iglesia paraque la gente pudiera correr allí en caso de emergencia. Los crucifijos no dañabana los Strigoi, pero no podían entrar a una iglesia, mezquita, o a cualquier otrolugar sagrado. Entre eso y el sol de la mañana, este era probablemente el lugar yel momento más seguro en el que los funcionarios podían reunirse para llevar acabo el interrogatorio a Dimitri. Reconocí a uno de los interrogadores Moroi,Reece Tarus. Estaba relacionado con Adrián por el lado de su mamá, perotambién había hablado a favor del decreto de edad. Así que sentí una antipatíainstantánea hacia él, especialmente teniendo en cuenta el tono altanero queutilizaba hacia Dimitri.-"¿Encuentra el sol encandilador?", preguntó Reece.Había un cuaderno delante de él y parecía estar leyendo una lista de verificación.-"No", dijo Dimitri, con voz suave y controlada.Su atención estaba totalmente centrada en sus interlocutores. No tenía ni idea deque yo estaba allí, y me gustó que fuera de esa manera.
    • 309Quería simplemente poder mirarlo por un momento y admirar sus características.-"¿Y si miras fijamente al sol?"Dimitri vaciló, y no estoy segura de que alguien aparte de mi haya notado eldestello repentino en sus ojos, o supiera lo que significaba. La pregunta eraestúpida, y creo que Dimitri, tal vez, sólo tal vez- sintió ganas de reír. Con sudestreza habitual, mantuvo su compostura.-"Cualquiera podría quedar ciego si mira hacia el sol el tiempo suficiente",respondió. -"No me gustaría pasar por lo que nadie aquí haría."A Reece no pareció gustarle la respuesta, pero no había ninguna falla en sulógica. Apretó los labios y pasó a la siguiente pregunta.-"¿Tiene quemaduras en la piel?"-"No por el momento."Lissa miró hacia la multitud y me vio. Ella no me podía sentir de la manera queyo podía a través de nuestro vínculo, pero a veces parecía que tenía una extrañasensación cuando yo estaba cerca. Creo que sentía mi aura si estaba losuficientemente cerca, ya que todos los usuarios del espíritu veían que el campode luz alrededor de las shadow kissed por la sombra eran muy distintos. Ella medio una pequeña sonrisa antes de volver a poner atención en el cuestionario.Dimitri, siempre alerta, notó su pequeño movimiento. Miró por encima de ellapara ver lo que la había distraído, me vio, y vaciló un poco en la siguientepregunta de Reece, que fue:-"¿Ha notado si sus ojos de vez en cuando se vuelven color rojo?"-"Yo...", Dimitri se me quedó mirando unos instantes y luego volvió la cabezahacia Reece.-"No he estado frente a muchos espejos. Pero creo que mis guardias se habríandado cuenta, y ninguno de ellos ha dicho nada."- Allí cerca, uno de losguardianes hizo un pequeño ruido. Apenas logró mantener una cara seria, perocreo que él también había querido reírse del ridículo cuestionario. Yo no podíarecordar su nombre, pero cuando había estado en la corte hace mucho tiempo, ély Dimitri habían charlado y reído un poco cuando estuvieron juntos. Si un viejoamigo estaba empezando a creer que Dimitri era un dhampir de nuevo, entonceseso tenía que ser una buena señal. El Moroi junto a Reece miró alrededor,tratando de averiguar de dónde había venido el ruido, pero no descubrió nada. Elinterrogatorio continuó, esta vez tenía que ver con el hecho de si Dimitri entraríaen la iglesia si se lo pidieran.
    • 310-"Puedo ir ahora mismo", les dijo. -"Iré a los servicios de mañana si quieren."Reece hizo otra nota, sin duda preguntándose si podría conseguir que elsacerdote bañara a Dimitri en agua bendita.-"Todo esto es una distracción", dijo una voz familiar en mi oído. "Humo yespejos. Eso es lo que dice la tía Tasha". Cristian estaba a mi lado.-"Tienen que hacerlo", murmuré. "Tienen que confirmar que él no sea más unStrigoi."-¨Sí, pero recién hemos firmado la ley la edad. La reina dio el visto bueno paraesto tan pronto como la sesión del Consejo termino, porque es sensacional y haráque la gente preste atención a algo nuevo. Es la mejor forma en que podrán tapartodo. ¡Hey, ve y mira el show!."Casi podía oír Tasha decir esas palabras. De todos modos, había algo de verdaden ellas. Me sentía en un conflicto. Dimitri quería ser libre. Yo quería que fuerade la forma en que solía ser. Sin embargo, no me gustaba que Tatiana hicieraesto por su propio beneficio político y no porque realmente se preocupaba de loque era correcto. Esta seria posiblemente la cosa más monumental que sucedieraen nuestra historia. Tania que ser tratada como tal.El destino de Dimitri no debía ser solo una distracción conveniente o un "show"para distraer la atención de todos de una ley injusta.Reece estaba pidiendo a Lissa y Dimitri que describieran exactamente lo quehabían experimentado la noche de la redada. Tenía la sensación de que era algoque les costaba un poco. Aunque Dimitri había dado una imagen de composturaamenazante hasta el momento, yo todavía notaba las sensaciones quedesprendían, la culpa y el tormento que sentía por lo que había hecho comoStrigoi. Sin embargo, cuando volvió a escuchar a Lissa decir su versión de lahistoria, su rostro se iluminó con asombro. Pavor. Culto. Los celos se hicieronpresentes en mí. Sus sentimientos no eran románticos, pero no importaba. Loque importaba era que él me había rechazado, pero la miraba a ella como la cosamás grande del mundo. Él me había dicho que nunca hablara con él de nuevo yjuro que haría cualquier cosa por ella. Una vez más sentí esa sensación petulantede ser tratada injustamente. Me negué a creer que él no me podía querer más. Noera posible, no después de todo lo él y yo habíamos pasado juntos. No después detodo lo que habíamos sentido el uno por el otro.-"Ellos parecen muy cercanos", señaló Cristian, con una nota sospechosa en suvoz. No tuve tiempo de decirle que sus preocupaciones eran infundadas porquequería escuchar lo que Dimitri tenía para decir.
    • 311La historia de su cambio fue difícil de seguir para los demás, en gran parteporque el espíritu todavía era incomprendido. Reece se mantuvo tan al margencomo pudo y luego continúo con el interrogatorio a Hans. Hans, siempre práctico,no dio necesidad de un interrogatorio extenso.Era un hombre de acción, no palabras. Agarrando una estaca, le preguntó aDimitri si podía tocarla. Los guardianes se pusieron de pie tensos,probablemente, en caso de que Dimitri tratara de agarrar la estaca y secomportara como un loco. En su lugar, Dimitri con calma extendió la mano y tocola parte superior de la estaca por unos momentos. Hubo un silencio colectivocuando todo el mundo esperaba que gritara de dolor ya que un Strigoi no podíatocar plata encantada. En su lugar, Dimitri parecía aburrido. Luego sorprendió atodos. Retiro la mano hacia atrás, y tendió la parte inferior de su musculosoantebrazo hacia Hans. Como el día estaba soleado, Dimitri llevaba una camiseta,dejando al descubierto su piel.-"Córtame con ella", le dijo a Hans.Hans arqueó una ceja.-"Cortarte con esto te perjudicará, no importa lo que seas."-"Sería insoportable si yo fuera un Strigoi", señaló Dimitri.Su rostro era duro y decidido. Era el Dimitri que había visto en batalla, el Dimitrique nunca se echaba atrás.-"Hazlo. No me lo hagas sencillo."Hans no reaccionó en un primer momento. Era evidente que se trataba de uncurso de acción inesperado. La decisión finalmente cruzó por su rostro, y semovió, clavando la punta de la estaca en la piel de Dimitri. Como Dimitri habíapedido, Hans no se contuvo. La clavo profundamente, y la sangre brotó. VariosMoroi, que no estaban acostumbrados a ver sangre (a menos de la que no sebebe), abrieron la boca por la impresión. De a uno, todos se inclinaron haciaadelante. La cara de Dimitri demostró que definitivamente sentía dolor, pero laplata encantada en un Strigoi no sólo lo perjudica sino que arde. Yo habíacortado a un montón de Strigoi con estacas y los oí gritar de agonía. Dimitri hizouna mueca y se mordió el labio mientras la sangre fluía por el brazo. Lo juro,había orgullo en sus ojos por su habilidad para mantenerse fuerte. Cuando sehizo evidente que no comenzaría a gritar, Lissa se dirigió hacia él. Sentí susintenciones: quería curarlo. -"Espera," dijo Hans. -"Un Strigoi se curaría de esto en cuestión de minutos."-Tuve que dar crédito a Hans. Había ideado dos pruebas en una sola.
    • 312Dimitri le lanzó una mirada de agradecimiento, y Hans asintió con la cabeza enacuse de recibo. Hans le creía, lo note. Cualesquiera que fueran sus defectos,Hans realmente pensaba que Dimitri era un dhampir de nuevo. Y lo amaré porsiempre por eso, no importa cuánto trabajo me hizo hacer.Por lo tanto, todos nos quedamos allí mirando al pobre Dimitri sangrar. Era unaespecie de prueba enfermiza, realmente, pero funcionó. Era obvio para todos queel corte no iba a sanarse. Finalmente se le dio permiso a Lissa para que lo curara,lo que provocó una reacción mayor entre la multitud. Murmullos de asombro merodeaban, y miradas extasiadas se mostraban en los rostros de la gente.Reece miró a la multitud.-"¿Alguien tiene alguna pregunta para agregar a las nuestras?"Nadie hablaba. Todos estaban estupefactos por el espectáculo delante de ellos.Bueno, alguien tenía que dar un paso al frente. Literalmente.-¨Si¨ dije, avanzando hacia ellos.No, Rose, rogó Lissa. Dimitri tenía una mirada igual de disgustada. En realidad,también casi todo el mundo sentado cerca de él. Cuando la mirada de Reece cayósobre mí, tuve la sensación de que me estaba viendo en la sala del Consejo denuevo, llamar a Tatiana perra mojigata. Puse mis manos en mis caderas, sinimportarme lo que ellos pensaban. Esta era mi oportunidad para forzar a Dimitria reconocerme.-"Cuando solías ser Strigoi,", empecé a decir, dejando en claro que yo creía que lofue en el pasado, -"tenias muchos contactos. Sabías sobre el paradero de unmontón de Strigoi en Rusia y los EE.UU., ¿verdad?"Dimitri me miró con cuidado, tratando de averiguar a dónde iba.-"Sí."-"¿Todavía los recuerdas?"Lissa frunció el ceño. Ella pensó que inadvertidamente iba a implicar a Dimitri sirespondía que seguía en contacto con otros Strigoi.-"Sí", dijo. -"Siempre y cuando ninguno de ellos se haya mudado."La respuesta fue más rápida en esta ocasión. No estaba segura de si habíaadivinado mi táctica o solo confiaba en que la-¨Rose lógica¨ iría hacia algún lugar útil.
    • 313-"¿Compartirías esa información con los guardianes?", Le pregunté. -"¿Nospodrías decir todos los escondites de los Strigoi para que vayamos a la guerra encontra de ellos?"Eso genero una reacción. Cazar Strigois era algo tan debatido como los demástemas dando vueltas en este momento, con opiniones fuertes en todos los lados.Oí las opiniones reiteradamente detrás de mí en la multitud, algunas personasdecían que yo estaba sugiriendo un suicidio, mientras que otros reconocían queteníamos una herramienta valiosa. Los ojos de Dimitri se iluminaron. No era lamirada de adoración que a menudo daba a Lissa, pero no me importaba. Erasimilar a las que compartíamos, en esos momentos cuando nos entendíamos tanbien, sin siquiera necesidad de decir lo que estábamos pensando. Esa conexiónbrilló entre nosotros, al igual que su aprobación y gratitud.-¨Si¨, contestó, con voz fuerte y sonora. -"Les puedo decir todo lo que sé acerca delos planes de los Strigoi y sus lugares. Puedo enfrentarlos con ustedes oquedarme atrás, como ustedes quieran."Hans se inclinó hacia delante en su silla, con expresión ansiosa.-"Eso podría ser muy valioso."Más puntos para Hans. Él estaba en el lado de golpear contra los Strigois antesde que ellos llegaran a nosotros. Reece se sonrojó, o tal vez solo lo afecto el sol.En sus esfuerzos por ver si Dimitri se quemaba en la luz, los Moroi estabanexponiéndose a la incomodidad.-"Esperen un momento", exclamó Reece por encima del ruido cada vez mayor. -"Esa nunca ha sido una táctica con la que estemos de acuerdo. Además, el podríaestar mintiendo.¨Sus protestas fueron aisladas por un grito femenino. Un pequeño niño Moroi,de no más de seis años, había aparecido de repente entre la multitud y corríahacia nosotros. Fue su madre quien había gritado. Me moví para detenerlo,agarrando su brazo. Yo no tenía miedo de que Dimitri le hiciera daño, sólo que ala madre del niño le daría un ataque al corazón. Ella se acercó, agradecida.-"Tengo algunas preguntas¨, dijo el muchacho, obviamente tratando de sonarvaliente, con un hilo de voz.Su madre llegó hacia él, pero yo levanté la mano.-¨Espere un segundo¨, sonreí hacia él. "¿Qué quieres preguntar? Adelante."
    • 314Detrás de él, el miedo iluminaba el rostro de su madre, y le echó una miradainquieta a Dimitri.-"No voy a dejar que nada le pase", le susurré, aunque ella no tenía manera desaber si yo podría evitarlo. No obstante, se quedó donde estaba. Reece puso losojos en blanco.-"Esto es ridic"-"Si usted es un Strigoi", el muchacho interrumpió en voz alta, -"entonces ¿porqué no tiene cuernos? Mi amigo Jeffrey dijo que los Strigoi tienen cuernos."Los ojos de Dimitri no miraron hacia el niño o hacia mí ni por un momento. Unavez más, una chispa se disparo entre nosotros. Luego, con cara suave y grave,Dimitri se volvió hacia el muchacho y respondió:-"Los Strigoi no tienen cuernos. E incluso si los tuvieran, no importaría porque nosoy un Strigoi."-"Los Strigoi tienen los ojos rojos", expliqué. -"¿Sus ojos se vean rojos?"El muchacho se inclinó hacia delante.-"No. Son marrones."-"¿Qué más sabes de los Strigoi?", Le pregunté.-"Ellos tienen colmillos como nosotros", respondió el muchacho. "¿Tienescolmillos?"-, Le pregunté a Dimitri con voz cantarina.Tuve la sensación de que ya estábamos en un territorio cubierto, pero adquiríauna nueva sensación cuando se le preguntaba desde la perspectiva de un niño.Dimitri sonrió, una sonrisa plena y maravillosa que me pilló con la guardia baja.Ese tipo de sonrisas eran tan raras en él. Incluso cuando estaba feliz o divertido,por lo general sólo era una media sonrisa. Esta era auténtica, mostrando todossus dientes, que eran tan planos como los de cualquier humano o dhampir. Sincolmillos. El muchacho parecía impresionado.-¨Muy bien, Jonathan¨, dijo su madre con ansiedad. -"Ya preguntaste. Vamos airnos ahora."-"Los Strigoi son súper fuertes", continuó Jonathan, que, posiblemente, aspirabaa ser un futuro abogado. -"Nada puede hacerles daño."No me molesté en corregirlo, por temor a que él quisiera verme clavar una estacaa través del corazón de Dimitri. De hecho, fue sorprendente que Reece no lohubiera solicitado.
    • 315Jonathan observo a Dimitri con una mirada penetrante.-"¿Eres súper fuerte? ¿Puedes ser herido?"-"Por supuesto que puedo", respondió Dimitri. -"Yo soy fuerte, pero todo tipo decosas todavía pueden hacerme daño."Y luego, al ser Rose Hathaway, dije algo que realmente no debería haberle dichoal niño-"Puedes darle puñetazos y averiguarlo."La madre de Jonathan volvió a gritar, pero era un pequeño bastardo rápido,eludiendo a su madre. Corrió hasta Dimitri antes de que nadie pudiera detenerlo-bueno, yo podría haberlo hecho- y golpeó con su pequeño puño la rodilla deDimitri.Luego, con los mismos reflejos que le permitieron esquivar los ataques enemigos,Dimitri inmediatamente cayó hacia atrás, como si Jonathan le hubiera derribado.Agarrándose la rodilla, Dimitri gimió como si tuviera un terrible dolor. Variaspersonas se echaron a reír, y para entonces, uno de los guardianes agarró aJonathan y lo devolvió a su casi histérica madre. Mientras era arrastrado,Jonathan miró por encima de su hombro a Dimitri.-"No parece muy fuerte para mí. No creo que él sea un Strigoi."Esto provocó más risas, y el tercer interrogador Moroi, que había estadotranquilo, resopló y se levantó de su asiento.-"He visto todo lo que necesito. No creo que debamos descuidarnos, pero no esningún Strigoi. Denle un lugar para quedarse y sólo mantengan guardias con élhasta que tomemos las últimas decisiones."Reece salto.-"Pero…¨El otro lo despidió con la mano.-"No perdamos más tiempo. Hace calor, y quiero ir a la cama. No digo queentiendo lo que pasó, pero este es el menor de nuestros problemas en estemomento, mas aun con la mitad del Consejo queriendo romper las cabezas por eldecreto de edad. En todo caso, lo que hemos visto hoy es una cosa buena,milagrosa, incluso. Que podría alterar la manera en que hemos vivido. Voy ainformar a Su Majestad."- Y así, el grupo comenzó a dispersarse, pero habíaasombro sobre algunas de sus caras.
    • 316Ellos también estaban empezando a darse cuenta de que si lo que le habíasucedido a Dimitri era real, entonces todo lo que habían conocido sobre losStrigoi estaba a punto de cambiar. Los guardianes se quedaron con Dimitri, porsupuesto, cuando él y Lissa se levantaron. Me dirigí de inmediato hacia ellos,deseosa de festejar nuestra victoria. Cuando había sido "derribado" por elpequeño Jonathan, Dimitri me había dado una pequeña sonrisa, y mi corazónhabía saltado. Entonces supe que yo tenía razón. Todavía sentía algo por mí. Peroahora, en un abrir y cerrar de ojos, esa relación se había ido. Al verme caminandohacia ellos, la cara de Dimitri se volvió fría de nuevo.Rose, dijo Lissa a través del vínculo. Vete ahora. Déjalo en paz.-"Diablos que lo haré", le dije, en voz alta y dirigiéndome a él. -"Yo te ayude."-"Estábamos haciéndolo bien sin ti", dijo Dimitri rígido.-"¿Ah, sí?"- No podía creer lo que estaba escuchando. -"Parecías muy agradecidohace un par de minutos cuando se me ocurrió la idea de que nos dé ayudaras encontra de los Strigoi."Dimitri se volvió a Lissa. Su voz era baja, pero llegaba a mí.-"No quiero verla."-"¡Tienes que hacerlo!" Exclamé.Algunas de las personas que salían se detuvieron para ver lo que estaba pasando.-"No me puedes pasar por alto."-"Haz que se vaya", gruñó Dimitri.-"No voy…."¡ROSE! Lissa gritó en mi cabeza, mareándome. Esos ojos de jade punzantes se mequedaron mirando. ¿Quieres ayudarlo o no? ¡Estar aquí y gritarle va a hacerlosentir aún más molesto! ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres que la gente vea eso?¿Hacerlo enojar y gritarle sólo para que no te sientas invisible? Necesitan verlocalmado. Tienen que verlo... normal. Es verdad, acabas de ayudar. Pero si no tevas ahora mismo, podrías arruinar todo.Me quedé mirando horrorizada a los dos, mi corazón latía con fuerza. Suspalabras se habían sentido por toda en mi mente, pero Lissa se veía muytranquila. Mi temperamento se disparó aún más. Yo quería ir a despotricar contraellos, pero la verdad de sus palabras penetraron a través de mi ira.
    • 317Hacer una escena no ayudaría a Dimitri. ¿Pero era justo que me echaran? ¿Erajusto que los dos se fueran juntos y haciendo caso omiso de lo que yo acababa dehacer? No. Pero no iba a dejar que mi orgullo herido arruinara lo que habíaalcanzado. La gente tenía que aceptar a Dimitri. Les dirigí a los dos una miradaque dejara mis sentimientos claros y luego me aleje. Los sentimientos de Lissainmediatamente cambiaron a simpatía, pero yo los bloqueaba. No queríaescucharlos. Me estaba apenas acercando a la iglesia cuando me topé conDaniella Ivashkov. El sudor empezaba a difuminar el maquillaje perfectamenteaplicado, haciéndome pensar que había estado aquí un rato largo mirando elespectáculo de Dimitri. Parecía tener un par de amigos con ella, pero manteníansu distancia y charlaban entre sí cuando se detuvo delante de mí. Calmando mienojo, recordé que ella no había hecho nada que me enojara. Forcé una sonrisa.-"Hola, Lady Ivashkov."-"Daniella", dijo amablemente. -"No hay títulos."-"Lo siento. Todavía es una cosa extraña."Asintió con la cabeza hacia dondeDimitri y Lissa se alejaban con sus guardias. –-¨Te vi ahí, hace un momento. Ayudaste a su causa, creo yo. Reece se fuebastante nervioso."- Recordé que Reece estaba relacionado con ella.-"OH... Lo siento. Yo no tenía intención de…"-"No te disculpes. Reece es mi tío, pero en este caso, yo creo en lo que Vasilisa yel Sr. Belikov están diciendo."A pesar de lo furiosa que Dimitri me acababa de poner, mi instinto resintió elabandono de su título de "guardián". Sin embargo, pude perdonarla, teniendo encuenta su actitud.-"Usted... ¿Usted cree que Lissa lo curo? ¿Que los Strigoi se pueden restaurar?¨Me daba cuenta de que había mucha gente que lo creía. La multitud lo habíademostrado mucho, y Lissa estaba construyendo un grupo de devotos. De algunamanera, mi línea de pensamiento siempre tendía a asumir que todos losmiembros de la realeza estaban en mi contra. La sonrisa de Daniella se volvióirónica.-"Mi hijo es un usuario del espíritu. Por lo que he tenido que aceptar un montónde otras cosas que no creía que fueran posibles."-¨Supongo que sí¨ admití.
    • 318Más allá de ella, me di cuenta de un hombre Moroi que estaba de pie cerca dealgunos árboles. Sus ojos de vez en cuando nos miraban, y yo hubiera jurado quelo había visto antes. Las siguientes palabras de Daniella hicieron dirigir miatención hacia ella.-¨Hablando de Adrián... estaba buscándote. Algunos de los familiares de Nathantendrán un cóctel en una hora, y Adrián quería que vayas."Otra fiesta. ¿Eso era todo lo que hacían en la Corte? Las masacres, los milagros...no importaban. Todo era motivo de fiesta, pensé con amargura. Probablemente yohabía estado con Ambrose y Rhonda cuando Adrián, salió a buscarme. Erainteresante. En la transmisión de la invitación, Daniella también decía que mequería allí. Por desgracia, era un momento difícil para ser de lo más abierta conella. La familia de Nathan significaba mucho para los Ivashkovs, y no sería fácil.-"¿La reina estará allí?"- pregunté con recelo.-¨No, ella tiene otros compromisos."-"¿Está segura? ¿Nada de visitas sin previo aviso?"Ella se echó a reír.-"Estoy segura de ello. Los rumores dicen que ustedes dos en la misma sala dereuniones... No es muy buena idea."Sólo podía imaginar las historias que circulaban sobre mí en el Consejo, enparticular desde que el padre de Adrián había estado allí para presenciarlo.-¨No, no después de ese fallo. Lo que ella hizo..."La ira que había sentido antes empezó a brillar de nuevo.-"Es imperdonable."Ese tipo raro por el árbol aún estaba esperando. ¿Por qué? Daniella no confirmo onegó mi declaración, y me pregunté qué opinaba ella sobre el tema.-"Ella aún te tiene cariño."Me burlé-"Me cuesta creer eso."Por lo general, las personas que te gritaban en público no tenían demasiado"cariño" hacia uno, incluso cuando Tatiana había perdido la compostura cercadel final de nuestra disputa.
    • 319-"Es cierto. Pero esto resonara mas, y podría incluso ser una oportunidad paraque puedas ser asignada a Vasilisa."-"No puede estar hablando en serio", exclaméDebería haberlo sabido mejor. Daniella Ivashkov realmente no parecía del tipo demujer que hacia bromas, pero yo realmente creo que cruce la línea con Tatiana.-"Después de todo lo que ha pasado, no quieren perder a los buenos guardianes.Además, ella no quiere que haya enemistad entre ustedes."-"¿Sí? Bueno, ¡yo no quiero sobornos! Si ella piensa que por poner a Dimitri enlibertad y conseguirme un trabajo real va a hacerme cambiar de opinión, seequivoca. Es una mentirosa, intrigante-"- Me detuve abruptamente. Mi voz sehabía vuelto muy fuerte ya que los amigos cercanos a Daniella ahora estabanmirándonos. Y yo realmente no quería decir los nombres que pensaba queTatiana merecía frente a Daniella.-¨Lo siento¨ le dijeTraté de civilizarme.-"Dile a Adrián que voy a ir a la fiesta... Pero ¿realmente quieres que vaya?¿Después de que lo que paso en la ceremonia de la otra noche? ¿Y después,bueno, de las otras cosas que he hecho?"Ella negó con la cabeza.-"Lo que sucedió en la ceremonia es también culpa de Adrián. Ya está hecho, yTatiana lo dejara pasar. Esta fiesta es un acontecimiento mucho más alegre, y siél te quiere allí, yo quiero que sea feliz."-Voy a ducharme y cambiarme para reunirme con él en una hora."Ella tuvo el suficiente tacto para ignorar mi arrebato de antes-"Maravilloso. Sé que él estará feliz de escuchar eso."Me negué a decirle que yo estaba realmente feliz con la idea de hacer alarde de mídelante de algunos Ivashkovs con la esperanza de que se lo comunicaran aTatiana. Yo ya no creía que ella aceptaba lo que estaba pasando entre Adrián yyo. Y la verdad, quería verlo. No habíamos tenido mucho tiempo para hablarrecientemente. Después de que Daniella y sus amigos se fueran, me imaginé queera el momento de llegar al fondo de las cosas. Me dirigí directamente hacia elMoroi que había estado al acecho, con las manos en mis caderas.
    • 320-¨Está bien¨- exigí. -¿Quién es usted y qué quiere?"-Era sólo unos años mayor que yo y no parecía en absoluto amedrentado por miactitud de chica dura. Me dirigió una sonrisa torcida, y yo otra vez mepreguntaba donde lo había visto.-"Tengo un mensaje para usted", dijo. -"Y algunos regalos."Me entregó una bolsa de tela. Miré dentro y encontré una computadora portátil,cables, y varias piezas de papel. Lo mire fijamente con incredulidad.-"¿Qué es esto?"-"Algo que necesita para obtener algo, y no deje que nadie más lo vea. En la notase le explica todo."-"¡No juegues conmigo a la película de espías! No voy a hacer nada hasta que…"Su rostro me hizo hacer un clic. Yo lo había visto antes en San Vladimir, en laépoca de mi graduación, siempre flotando en el fondo. Gemí, de pronto comprendíel carácter secreto y la actitud arrogante.-"Usted trabaja para Abe."
    • 321 Capítulo 24 Traducido por Aurim y MontyÉl sonrió abiertamente. –Hace que suene como si fuese algo malo. Le puse cara larga y volví a mirar de nuevo en el bolso con nuevaapreciación. –¿Qué es lo que sucede? –Soy el mensajero. Sólo hago recados para el señor Mazur. –¿Esa es una bonita forma de decir que espías para él? ¿Averiguar lossecretos sucios de la gente para que él pueda utilizarlos contra ellos y seguirdesempeñando su papel? Abe parecía saberlo todo sobre todo el mundo, especialmente de los políticosde la realeza. ¿Cómo, si no, podía conseguirlo sin tener ojos y oídos por todaspartes? Digamos que, ¿en la Corte? Por todo lo que yo sabía, él tenía mihabitación cableada con micrófonos. –Espiar es una palabra muy dura. –Noté que el tipo no lo negaba–. Además,él paga bien. Y es un buen jefe. –Hecho el trabajo, se dio la vuelta, pero me hizouna última advertencia–. Como he dicho… el factor tiempo cuenta. Lea la notatan pronto como pueda. Casi me dieron ganas de lanzarle el bolso al tipo. Estaba acostumbrándomea la idea de ser la hija de Abe, pero eso no significaba que quisiera vermeenvuelta en alguna absurda conspiración de las suyas. Uno bolso con materialinformático parecía una premonición. Sin embargo, me lo llevé a mi suite y vacié su contenido sobre la cama.Había unas cuantas hojas de papel, la primera de arriba era una carta depresentación. ―Rose: Espero que Tad sea capaz de entregarte esto de la manera oportuna. Y esperoque no seas demasiado mala con él. Estoy haciendo esto en nombre de alguien quequiere hablar contigo acerca de un asunto urgente. Sin embargo, es unaconversación que nadie más debe oír.
    • 322 El portátil y el modem por satélite que hay en este bolso te permitirán teneruna conversación privada, siempre y cuando estés en un lugar privado. He incluidoinstrucciones paso a paso de cómo configurarlo. Tu reunión tendrá lugar a las 7a.m.No había nombre a pie de texto, pero no lo necesitaba. Dejé la carta y me quedémirando el revoltijo de cables. Quedaba menos de una hora para las siete. –¡Oh vamos, viejo! –exclamé. Había que reconocérselo a Abe, los folios adjuntos traían indicaciones muybásicas que no requerían de ser ingeniero informático para entenderlas. El únicoproblema era que había un montón de ellas, detallando dónde iba cada cable, quécontraseña introducir, cómo configurar el modem, etcétera. Por un momentoconsideré ignorarlo todo. Aunque, cuando alguien como Abe utilizaba la palabra‗urgente‘, me hacía pensar que tal vez no debería ser tan rápida en desecharlo.Así que, preparándome para algunas acrobacias técnicas, me puse a seguir susinstrucciones. Me llevó casi todo el tiempo que tenía, pero conseguí conectar elmodem y la webcam, y acceder al programa seguro que me permitiría tener unavideoconferencia con el misterioso contacto de Abe. Terminé unos minutos antesde cumplirse el tiempo del que disponía y esperé a que éstos pasaran mirandofijamente una ventana negra en mitad de la pantalla, preguntándome en qué líome había metido. Exactamente a las siete, la ventana volvió a la vida, y apareció un familiar –aunque inesperado– rostro. –¿Sydney? –pregunté sorprendida. El vídeo tenía ese mismo estilo ligeramente entrecortado que tenían lamayoría de las conexiones de Internet, aunque no obstante, el rostro de mi amiga(en cierto modo) Sydney Sage me devolvía la sonrisa. La suya era de un humormordaz, pero eso era típico en ella. –¡Buenos días! –saludó ella, sofocando un bostezo. Dado el estado de su pelorubio hasta la barbilla, era probable que acabara de salir de la cama. Hasta conla pobre resolución relucía el tatuaje dorado de un lirio sobre su mejilla. Todoslos Alquimistas tenían ese mismo tatuaje. Constaba de tinta y sangre de Moroi,aportándole la buena salud y la longevidad de los Morois a su portador. Tambiéntenía un poco de coacción en la mezcla para guardar a la sociedad secreta de losAlquimistas de revelar nada indebido sobre los vampiros. –Noches –le corregí–, no mañanas. –Podemos discutir sobre vuestro jodido y maldito horario en otro momento –dijo ella–. No es para eso que estoy aquí.
    • 323 –¿Para qué estás aquí? –le pregunté, aún asombrada de verla. LosAlquimistas hacían su trabajo casi a regañadientes y, aunque yo le caía mejor aSydney que la mayoría de los Morois y dhampirs, ella no era del tipo que hacíallamadas de teléfono (o videoconferencias)–. Espera… No puedes estar en Rusia.No si es por la mañana… –Traté de recordar el cambio horario. Sí, para loshumanos de por allí, el sol se estaría poniendo o a punto de hacerlo ahoramismo.–Estoy de vuelta en mi país natal –dijo ella con simulada dignidad–. Conseguí unnuevo destino en Nueva Orleans. –¡Guau, qué bueno! –Sydney había odiado ser asignada a Rusia, aunque miimpresión había sido que a ella le había tocado cargar con el muerto allí hastaque terminase sus prácticas de Alquimista–. ¿Cómo lo has logrado? Su pequeña sonrisa se volvió una expresión de incomodidad. –Oh, bueno. Abe, esto…, podemos decir que me hizo un favor. Él lo hahecho posible. –¿Has hecho un trato con él? –Sydney debía de odiar realmente Rusia. Y lainfluencia de Abe debía de ser realmente profunda si podía afectar a unaorganización humana–. ¿Qué le has dado a cambio? ¿Tu alma? Hacer una broma como esa a alguien tan religiosa como ella no era muyapropiado. Por supuesto, creo que ella pensaba que los Morois y los dhampirsdevorábamos almas, así que tal vez mi comentario no estaba tan fuera de lugar. –Esa es la cosa –señaló ella–. Fue una especie de arreglo a lo ‗Te lo harésaber cuándo necesite un favor en el futuro‘. –Imbécil –dije. –Oye –espetó ella–. No tengo por qué estar haciendo esto. De verdad te estoyhaciendo un favor al hablar contigo. –¿Por qué estás hablando conmigo exactamente? –Quería hacerle máspreguntas acerca de su trato abierto con el demonio, pero me imaginé que sóloconseguiría que me desconectara. Ella suspiró y se apartó el pelo de la cara. –Necesito preguntarte algo. Y te juro que no iré con el chisme de que tú…Sólo necesito saber la verdad para que no perdamos nuestro tiempo en algo. –Está bien… –―Por favor, no me preguntes por Victor‖, imploré. –¿Has entrado sin permiso en algún lugar últimamente?
    • 324 ¡Maldición! Mantuve mi cara perfectamente neutral. –¿A qué te refieres? –A los Alquimistas se nos ha robado algunos documentos recientemente –explicó. Ella ahora se había puesto toda seria y profesional–. Y todo el mundo seestá volviendo loco intentando averiguar quién lo ha hecho y… por qué. Mentalmente, respiré aliviada. Está bien. No se trataba de Tarasov. Graciasa Dios había un delito del que yo no era culpable. Luego me golpeó el totalsignificado de sus palabras. La fulminé con la mirada. –Espera. ¿A tus chicos les roban y yo soy de la que tú sospechas? Pensé queestaba fuera de tu lista de criaturas malvadas. –Ningún dhampir está fuera de mi lista de criaturas malvadas –indicó ella.Esa media sonrisa suya había regresado, pero no sabía decir si ella estababromeando o no. La sonrisa se desvaneció rápidamente, señalando lo importanteque era esto para ella–. Y créeme, si alguien puede llegar hasta nuestros archivos,esa eres tú. No es fácil. Prácticamente imposible. –Um, ¿gracias? –No estaba segura de sí debería sentirme halagada o no. –Desde luego –continuó ella con desdén–, sólo se llevaron documentos enpapel, lo que es estúpido. Hoy en día todo tiene una copia digital de seguridad,así que no estoy segura de por qué irían a escarbar en archivos del Pleistoceno. Yo le podía dar un montón de razones por las que alguien haría aquello,pero averiguar por qué yo era su sospechosa número uno era más importante. –Eso es estúpido. Así que, ¿por qué crees que yo lo haría? –Por lo que fue robado. Era información sobre un Moroi llamado EricDragonir. –Y… ¿qué? –Esa es tu amiga, ¿verdad? Es decir, ella es su hija. –Sí… –Casi me quedé muda. Casi–. ¿Vosotros tenéis expedientes sobreMorois? –Tenemos expedientes sobre todo –señaló ella con orgullo–. Pero cuandotraté de pensar en quién podría cometer un delito como éste y estuvieseinteresado en un Dragonir… bueno, tu nombre me vino a la cabeza. –Yo no lo he hecho. Hago muchas cosas, pero eso no. Ni siquiera sabía quetuvierais ese tipo de documentos.
    • 325 Sydney me observó con recelo. –¡Es la verdad! –Como he dicho antes –me aseguró–. No te voy a delatar. En serio. Sóloquiero saberlo para que pueda hacer que la gente deje de perder el tiempo conciertas pistas. –Su suficiencia se templó–. Y, bueno, si lo hiciste tú… tengo quemantener la atención lejos de ti. Se lo prometí a Abe. –Por mucho que te cueste creerme, ¡yo no lo he hecho! Pero ahora soy yo laque quiere saber quién lo ha hecho. ¿Qué ha robado? ¿Todo lo de él? Ella se mordió el labio. Deberle un favor a Abe podía significar hacer cosas aespaldas de su propia gente, pero por lo visto ella tenía limites en lo más o menosque podía traicionar. –¡Vamos! Si tenéis copia de seguridad digital, tienes que saber lo que ha sidotomado. Es de Lissa de quien estamos hablando. –Me vino una idea–. ¿Podríasmandarme una copia? –No –me contestó rápidamente–. Rotundamente no. –Entonces, por favor… ¡Sólo una pista acerca de qué va! Lissa es mi mejoramiga. No puedo dejar que nada le suceda.Estaba preparándome totalmente para una negativa. Sydney no parecía muyagradable. ¿Tenía amigos? ¿Podía entender lo que yo sentía? –En su mayor parte cosas biográficas –dijo finalmente–. Algo de la historiade él y observaciones que hemos hecho. –Observa… –Lo dejé, decidiendo que realmente no quería saber más de loque ya sabía sobre lo que los Alquimistas espiaban de nosotros–. ¿Algo más? –Registros financieros. –Ella frunció el ceño–. En particular acerca de unosimportantes ingresos que él hizo en una cuenta bancaria de Las Vegas. Ingresosque él tuvo su manera de encubrir. –¿Las Vegas? Acabo de estar allí… –No es que eso fuera relevante. –Lo sé –repuso–. Vi algunas cintas de seguridad del Witching Hour de tuaventura. El hecho de que salieras corriendo así es parte del porqué hesospechado de ti. Parecía lógico. –Ella titubeó–. El tipo que iba contigo…, el Moroialto con el pelo oscuro… ¿es ese tu novio? –Esto…, sí.
    • 326 Le llevó mucho tiempo y un gran esfuerzo para ella reconocer la siguienteafirmación: –Es guapo. –¿Para ser una malvada criatura de la noche? –Desde luego. –Ella volvió a titubear–. ¿Es verdad que fuisteis allí parafugaros? –¿Qué? ¡No! ¿También a vosotros os llegan esas historias? –Negué con lacabeza, casi riéndome de lo ridículo que era todo, pero sabiendo que necesitabavolver a los hechos–. Así que, ¿Eric tenía una cuenta en Las Vegas en la queingresaba dinero? –No era suya. Era de una mujer. –¿Qué mujer? –Nadie… Bueno, nadie a quien podamos seguirle la pista. Ella sólo estabaregistrada como ‗Jane Doe‘. –Original –murmuré–. ¿Por qué estaría haciendo él eso? –Eso no lo sabemos. Ni nos importa realmente. Sólo queremos saber quiénirrumpió y robó nuestras cosas. –La única cosa que sé sobre eso es que no fui yo. –Viendo su miradaescrutadora, levanté las manos–. ¡Vamos! Si yo quisiera saber acerca de él,simplemente se lo preguntaría a Lissa. O robaría nuestros propios archivos. Siguieron unos instantes de silencio. –Está bien. Te creo –concedió ella. –¿De verdad? –¿Quieres que no te crea? –No, es que ha sido más fácil convencerte de lo que pensaba.Ella lanzó un suspiro. –Quiero saber más sobre estos documentos –dije con ferocidad–. Quierosaber quién es Jane Doe. Si pudieras conseguirme otros documentos… Sydney negó con la cabeza.
    • 327 –Nop. Aquí es donde te corto. Ya sabes demasiado. Abe quiere que temantenga alejada de problemas y lo he hecho. He hecho mi parte. –No creo que Abe vaya a dejarte marchar tan fácilmente. No si has hecho untrato abierto. Ella no contestó a eso, pero la mirada de sus ojos castaños me hizo pensarque estaba de acuerdo. –Buenas noches, Rose. Mañanas…, lo que sea. –Espera, yo… La pantalla se quedó en negro. –¡Maldita sea! –gruñí, cerrando el portátil con más fuerza de la debida. Toda aquella conversación había sido un shock, empezando por Sydney yterminando por que alguien había robado documentación de los Alquimistassobre el padre de Lissa. ¿Por qué se preocuparía nadie por un hombre yafallecido? ¿Y por qué robar los documentos? ¿Para saber algo? ¿O para intentarocultar información? Si esto último fuera cierto, entonces Sydney estaba en locierto respecto a que había sido un esfuerzo inútil.Volví a repetirlo todo en mi mente mientras me preparaba para irme a la cama,mirando mi reflejo mientras me cepillaba los dientes. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Porqué? ¿Por qué hacer eso? ¿Y quién? No necesitaba más intrigas en mi vida, perocualquier cosa que implicara a Lissa tenía que ser tratado con seriedad.Desafortunadamente, pronto se hizo evidente que no entendería nada esta noche,y me quedé dormida con todos aquellos interrogantes dando vueltas en micabeza. Me desperté a la mañana siguiente sintiéndome un poco menos abrumada…aunque todavía corta de respuestas. Me debatía en si decirle o no a Lissa lo quehabía sabido y, finalmente, decidí que debería decírselo. Si alguien estabareuniendo información sobre su padre, ella tenía derecho a saberlo, y además,esto difícilmente era igual a los rumores sobre su… Me asaltó un pensamiento en mitad del lavado de mi cabello. Había estadodemasiado cansada y sorprendida para conectar las piezas la noche anterior. Esetipo en el Witching Hour había dicho que el padre de Lissa iba por allí mucho. Yahora los registros de Sydney informaban que él había hecho importantesingresos en una cuenta de Las Vegas. ¿Coincidencia? Tal vez. Pero con el paso eltiempo, yo estaba empezando a dejar de creer en las coincidencias. Una vez presentable, me puse en camino hacia el lado de la Corte de Lissa,aunque no llegué muy lejos…
    • 328 Adrian estaba esperándome abajo, en el vestíbulo de mi edificio, desplomadoen un sillón. –Es temprano para ti, ¿no? –me burle, viniendo a detenerme frente a él. Esperaba una sonrisa como respuesta, pero Adrian no parecíaparticularmente alegre esta mañana. De hecho, lucía bastante desaliñado: supelo carecía de su habitual estilo cuidado, y su ropa –inusualmente elegante paraesta hora del día– estaba arrugada. El aroma de los cigarrillos de clavo flotaba asu alrededor. –Es fácil que resulte temprano cuando no consigues dormir mucho –respondió–. Estuve despierto gran parte de la noche esperando a alguien. –Esperando a… ¡Oh, Dios mío! –La fiesta. Me había olvidado por completo dela fiesta a la que me había invitado su madre. Abe y Sydney me habían distraído–Adrian, lo siento muchísimo. Él se encogió de hombros y no me tocó cuando me senté en el brazo de susillón. –Da igual. Probablemente ya no debería sorprenderme. Estoy empezando adarme cuenta de que me he estado engañando a mí mismo. –No, no. Yo iba a ir, pero, luego, no te vas a creer lo que… –Ahórratelo, por favor. –Su voz sonaba cansada y sus ojos estaban rojos–.No es necesario. Mi madre me dijo que te vio en el interrogatorio de Dimitri. Fruncí el ceño. –Pero no es por eso que me perdí la fiesta. Había un tipo que… –No se trata de eso, Rose. Se trata de que te las arreglaste para sacar tiempopara eso… y para una visita a su celda, si lo que oí es cierto. Pero, no pudistemolestarte en aparecer en donde dijiste que irías…, o tan siquiera en mandar unmensaje. Eso era todo lo que tenías que hacer: decir que no podías ir. Te esperécerca de una hora en casa de mis padres antes de darme por vencido. Iba a decir que él podría haber intentado ponerse en contacto conmigo,pero, sinceramente, ¿por qué debería hacerlo? No era responsabilidad suya. Yofui la que le había dicho a Daniella que me encontraría con él allí. Fue culpa míano presentarme. –Adrian, lo siento. –Le apreté la mano, pero él no me la estrechó enrespuesta–. De verdad, no era mi intención, pero… –No –me interrumpió de nuevo–. Desde que Dimitri regresó… No, borra eso.Desde que te obsesionaste con cambiarlo, te has estado apartado de mí.
    • 329 No importa lo que haya pasado entre nosotros, nunca te has entregadorealmente en nuestra relación. Yo quería creer en lo que me decías. Pensaba queestabas preparada… pero no lo estabas. A mis labios afloraron las protestas, pero una vez más las detuve. Él teníarazón. Yo había dicho que hacía una buena tentativa al salir con él. Incluso mehabía sumido en el cómodo papel de ser su novia, pero todo el tiempo… todo eltiempo una parte de mí se había estado consumiendo por Dimitri. Yo lo habíasabido también, pero había seguido viviendo esa doble vida. Me vino a la cabezaun extraño flashback de mi tiempo con Mason. Había llevado la misma doble vidacon él, y Mason había sufrido por ello. Yo era un desastre. No conocía a mi propiocorazón. –Lo siento –le volví a decir–. De verdad que quiero que tengamos algo… Hasta para mí las palabras sonaron lamentables. Adrian me ofreció unasonrisa de complicidad. –No me creo eso. Ni tú tampoco. –Se puso en pie y se pasó la mano por elpelo, sin que sirviera de mucho–. Si de verdad quieras estar conmigo, entoncestendrías que haberlo demostrado esta vez. Odiaba verlo tan adusto. En especial odiaba ser la razón de ello. Lo seguíhasta la puerta. –Adrian, espera. Sigamos hablando. –Ahora no, pequeña dhampir. Necesito dormir algo. Simplemente no puedointerpretar este papel en este momento. Podría haber ido tras él. Podría haberle hecho un placaje en el suelo. Perono habría valido la pena… porque no tenía respuestas para darle. Él había tenidorazón en todo, y hasta que no pudiera aclarar mi confundida mente no teníaderecho a obligarle a hablar. Además, considerando el estado en el que seencontraba, dudaba que ninguna conversación hubiera sido productiva. Pero, cuando empezaba a salir, no pude evitar mis siguientes palabras. –Antes de que te vayas… y entiendo por qué tienes que hacerlo…, hay algoque tengo que preguntarte. Algo que no tiene que ver con nosotros. Afecta…afecta a Lissa. Esto hizo que viniera a detenerse lentamente. –Siempre un favor. –Con un suspiro de cansancio del mundo, me miró porencima de su hombro–. Que sea rápido.
    • 330 –Alguien ha irrumpido en los archivos de los Alquimistas y ha robadoinformación sobre el padre de Lissa. Parte de ello eran cosas de historialbiográfico corriente, pero había algunos documentos que iban de ingresosclandestinos en una cuenta bancaria de Las Vegas. En la cuenta bancaria de unamujer. Adrian esperó unos instantes. –¿Y? –Y estoy intentando averiguar por qué alguien haría eso. No quiero quenadie fisgonee sobre su familia. ¿Tienes alguna idea de qué estaría haciendo supadre? –Ya escuchaste al tipo en el casino. Su padre iba mucho por allí. Tal veztenía deudas de juego y estaba pagando a un usurero. –La familia de Lissa siempre tuvo dinero –señalé–. No podría haberse llegadoa endeudar tanto. ¿Y por qué a alguien le interesaría tanto como para robar esainformación? Adrian levantó las manos. –No lo sé. Eso es todo lo que tengo, por lo menos por la mañana tantemprano. No tengo capacidad intelectual para la intriga. No obstante, de verdadque no puedo imaginar cómo nada de esto puede representar una amenaza paraLissa. Asentí con la cabeza, decepcionada. –Está bien. Gracias. Él siguió su camino y yo le observé mientras se marchaba. Lissa vivía cercade él, pero no quería que creyese que le estaba siguiendo. Cuando él pusosuficiente distancia entre nosotros, salí también afuera y empecé a dirigirme en lamisma dirección. El débil sonido de unas campanas hizo que me detuviese.Vacilé, repentinamente insegura de a dónde ir. Quería hablar con Lissa y contarle lo que me había dicho Sydney. Lissaestaba sola para variar; este era el momento perfecto. Y aun así… las campanas.Era domingo por la mañana. La misa estaba a punto de comenzar en la iglesia dela Corte. Tuve una corazonada sobre algo y, a pesar de todo lo que habíasucedido –incluido lo de Adrian–, tenía que ver si estaba en lo cierto. Así que hice un sprint hacia la iglesia, yendo en dirección opuesta al edificiode Lissa. Las puertas estaban cerradas cuando alcancé mi destino, pero unoscuantos rezagados estaban tratando rápidamente de colarse con sigilo.
    • 331 Entré junto a ellos, deteniéndome un momento para orientarme. Nubes deincienso flotaban en el aire y a mis ojos les llevó un momento adaptarse de la luzdel sol a la de las velas. Puesto que aquella iglesia hacía parecer pequeña lacapilla del St. Vladimir, estaba atestada de mucha más gente de la que yo estabaacostumbrada a ver en misa. La mayoría de los asientos estaban ocupados. Pero no todos. Mi corazonada había sido acertada. Dimitri estaba sentado en uno de losbancos de atrás. Con unos cuantos guardianes sentados cerca de él, porsupuesto, pero eso era todo. Incluso en una iglesia abarrotada, nadie más sehabía unido a él en el banco. Reece le había preguntado ayer a Dimitri si él podíaponer un pie en una iglesia, y Dimitri había ido más allá y le había contestadoque incluso iría a los servicios del Domingo. El sacerdote ya había comenzado a hablar, así que me deslicé en el banco deDimitri tan discretamente como pude. El sigilo no importaba, pensé, porque aunasí atraje bastante la atención de las personas que estaban cerca, quienes sesorprendían de verme sentarme junto al Strigoi convertido en dhampir. Los ojosmiraban con fijeza y estallaron varios cuchicheos entre susurros. Los guardianes habían dejado algo de espacio cerca de Dimitri, y cuando mesenté a su lado, la expresión de su rostro mostraba que, al mismo tiempo, aquellole sorprendía y no le sorprendía. –No lo hagas –dijo él en voz queda–. No empieces… aquí no. –Ni lo sueñes, camarada –le murmuré en respuesta–. Sólo vengo por el biende mi alma, eso es todo. Él no necesitó decir una palabra para hacerme llegar que dudaba muchoque estuviera allí por ninguna razón piadosa. Sin embargo, me quedé en silenciodurante toda la misa. Incluso respeté algunos límites. Después de variosminutos, la tensión en el cuerpo de Dimitri disminuyó un poco. Se había vueltocauteloso cuando me uní a él, pero en algún momento debía de haber decididoque yo mantendría mi buen comportamiento. Su atención se desvió de mí y secentró en los cánticos y las oraciones, y yo hice todo lo posible por observarlo sinque fuese demasiado evidente. Dimitri acostumbraba a ir a la capilla de la escuela porque le aportaba paz.Él siempre había dicho que, aunque sus asesinatos destruían la maldad en elmundo, aun así sentía la necesidad de venir a pensar en su vida y buscar elperdón por sus pecados. Mirándolo ahora, me di cuenta de que eso era másverdad que nunca. Su expresión era exquisita. Yo estaba tan acostumbrada a verle ocultar susemociones que fue un poco desconcertante que él de repente tuviera una grancantidad de ellas en su rostro.
    • 332 Estaba absorto en las palabras del sacerdote, con su hermoso rostrocompletamente concentrado. Y me di cuenta de que él se estaba tomandopersonalmente todo lo que el sacerdote estaba diciendo acerca del pecado. Dimitriestaba repitiéndose todas las cosas horrorosas que había hecho como Strigoi. Porla desesperación de su cara, pensarías que el mismísimo Dimitri era responsablede todos los pecados del mundo de los que el sacerdote hablaba. Por un momento, creí ver esperanza también en el rostro de Dimitri, sólo undestello de ésta mezclada con su culpa y dolor. No, me di cuenta. No eraesperanza. La esperanza implica que creas que tienes una oportunidad de algo.Lo que vi en Dimitri era anhelo. Melancolía. Dimitri deseaba que al estar allí, enaquel lugar sagrado, y escuchar los mensajes que le llegaban, podría encontrarredención por lo que había hecho. Y aun así… al mismo tiempo, era manifiestoque no creía que fuera posible. La ansiaba, pero nunca podría alcanzarla en loque a él respecta. Ver aquello en él me dolía. No sabía cómo reaccionar ante ese tipo de actitudsombría. Dimitri pensaba que no había esperanza para él. ¿Yo? No podíaimaginar un mundo sin esperanza. Yo tampoco me habría imaginado nunca volviendo a citar las enseñanzaseclesiásticas, pero cuando el resto de la muchedumbre se puso en pie para tomarla comunión, me encontré a mí misma diciéndole a Dimitri: –¿No crees que si en teoría Dios puede perdonarte, es algo egotista de tuparte que no te perdones a ti mismo? –¿Cuánto tiempo has estado esperando a utilizar ese argumento conmigo? –preguntó. –En realidad, me ha venido solo. Bastante bueno, ¿eh? Apuesto a quepensabas que nunca prestaba atención. –No, no lo hacías. Nunca lo haces. Me estabas mirando. Interesante. Para saber que yo lo estaba mirando, ¿Dimitri tenía de habermemirado mirándole? Aquello aturdió mi mente. –No has respondido a mi pregunta. Mantuvo la mirada en la fila para la comunión mientras elaboraba surespuesta. –Eso es irrelevante. No tengo por qué perdonarme, aunque Dios sí lo haga. Yno estoy seguro de que Él lo haría. –Ese cura acaba de decir que Dios lo haría. Ha dicho que Dios lo perdonatodo. ¿Estás llamando mentiroso al cura? Eso es bastante sacrílego.
    • 333 Dimitri gruñó. Nunca pensé que sentiría dicha martirizándolo, pero lamirada de frustración en su rostro no era por su dolor personal. Era porque yoestaba siendo impertinente. Había visto esa expresión en él un centenar de veces,y la familiaridad de aquello me entibió, por descabellado que sonase. –Rose, tú eres la que está siendo sacrílega. Estás retorciendo la fe de estasgentes para tus propósitos propios. Nunca has creído en nada de esto. Y aún nolo haces. –Yo creo que los muertos pueden volver a la vida –señalé con seriedad–. Laprueba está sentada justo a mi lado. Si eso es verdad, entonces creo queperdonarte a ti mismo no es sino un paso más. Su mirada se endureció, y si estaba rezando por algo en ese momento, eraporque el proceso de la comunión se acelerara y él pudiera salir de allí y alejarsede mí. Los dos sabíamos que tendría que esperar a que terminara la misa. Si nose quedaba, eso le haría parecer un Strigoi. –No sabes de lo que estás hablando –dijo. –¿No lo sé? –dije entre dientes, acercándome más. Lo hice para ponerénfasis, pero todo lo que conseguí (al menos yo) fue tener una mejor vista de laforma en la que la luz de las velas brillaba sobre su cabello y de lo delgado queestaba su cuerpo. Al parecer alguien había decidido que podía ser seguro que seafeitase, y su cara estaba suave, mostrando sus maravillosas y perfectas líneas.-Sé exactamente lo que estoy hablando, -continúe, tratando de ignorar que supresencia me afectaba. -Sé que tú has pasado por muchas cosas. Yo sé que hashecho cosas terribles, las vi. Pero eso fue en el pasado. Estaba más allá de sucontrol. No es como si fueras a hacerlo de nuevo.Una mirada extraña, embrujada cruzó su rostro.-¿Cómo lo sabes? Tal vez el monstruo no se fue. Quizá todavía hay algo de Strigoial acecho en mí. -Entonces tú necesitas derrotarlo para seguir adelante con tu vida. Y no sólo através de tu caballeresca promesa de proteger a Lissa. Tú necesitas vivir denuevo. Necesitas abrirte a las personas que te aman. Un Strigoi no haría eso. Asíes como te vas a salvar.-No puedo permitir que la gente me ame - gruñó. -Yo soy incapaz de querer anadie a cambio.-¡Tal vez debería probar en vez de sentir lástima por ti mismo!-No es tan fácil.
    • 334-Da -apenas me contuve de maldecir en una iglesia -Nada de lo que he hecho hasido fácil! Nuestra vida antes, antes del ataque no era fácil, y lo conseguimos apesar de eso! Podemos superar esto también. Podemos lograrlo a través decualquier cosa juntos. No importa si tú depositas tu fe en este lugar. No meimporta. Lo que importa es que pongas tu fe en nosotros.- No hay nosotros. Ya te lo he dicho.-Y tú sabes que, no soy un oyente muy bueno.Estábamos manteniendo nuestra voz baja, pero creo que nuestro lenguajecorporal indicaba claramente una disputa. Los otros practicantes estaban demasiado distraído para notarlo, pero losguardianes de Dimitri nos estaban observando cuidadosamente. Una vez más, meacorde acerca de lo que Lissa y Mikhail habían dicho .Sobre que, el que Dimitri semostrara enfadado en público no lo iba a hacer ningún favor. El problema eraque todavía tenía que decir algo que lo haría enojar.-Desearía que no hubieras venido aquí, -dijo al fin. -Es realmente mejor paranosotros estar separados.-Es gracioso porque yo podría jurar que una vez dijiste que estábamosdestinados a estar juntos.-Yo quiero que te quedes lejos de mí,- dijo, ignorando mi comentario. -Yo noquiero que sigas tratando de traer de vuelta sentimientos que se han ido. Eso esel pasado. Nada de eso va a suceder de nuevo. Nunca. Es mejor para nosotros siactuamos como extraños. Es mejor para ti.El amor, y los sentimientos de compasión que él había movido dentro de mícalienta, se fueron.-Si usted va a decirme lo que puedo o no puedo hacer, -gruñí sin apenas voz -,entonces por lo menos ten la valentía de decírmelo a la cara! Él se dio la vuelta tan rápidamente que pudo haber sido hecho por un Strigoi. Surostro estaba lleno de. . . ¿qué? No era la depresión de antes. No ira, buenoaunque hubo un poco de ira. Había más, sin embargo. . . una mezcla dedesesperación, frustración, y quizás incluso de miedo. Subrayando todo condolor, al igual que un sufrimiento terrible, y una exquisita agonía.-No quiero que estés aquí, dijo, con los ojos llameantes. Las palabras me dolieron,pero algo sobre todo me emocionó, al igual que la agitación antes había tenidocon en mis comentarios frívolos. Esta no era la mirada fría y calculadora de unStrigoi.
    • 335Este no era el hombre derrotado en la celda. Este era mi instructor de antaño, miamante, el que atacaba a todo en la vida con intensidad y pasión.-¿Cuántas veces tengo que decirte que es necesario que te mantengas alejada demí?-Pero tú no vas a hacerme daño. Ahora lo sé.-Ya te he lastimado. ¿Por qué no puedes entenderlo? ¿Cuántas veces tengo quedecirlo?-Tú me dijiste... tú me dijiste antes de salir que me amabas. Mi voz tembló. -¿Cómo puedes dejar que me valla?-¡Porque es demasiado tarde! ¡Y es mejor que no recuerde lo que hice! - Su controlse rompió, haciéndose eco en su voz a través de la parte de atrás de la iglesia. Elsacerdote y los que estaban tomando la comunión no se dieron cuenta, perohabía conseguido definitivamente la atención de aquellos en la mitad posterior dela iglesia. Algunos de los guardianes se pusieron rígidos, y otra vez, tuve querepetirme la advertencia a mí misma. No importa lo furiosa que estaba conDimitri, no importa cómo me sentía de traicionada por que se había alejado demí. . . No podía arriesgarme a que otros pensaran que era peligroso. Dimitri casiparecía que iba alanzase al cuello de alguien, él estaba claramente molesto, yuno podría confundir a la frustración y el dolor con algo más siniestro.Me alejé de él, tratando de calmar el batido que eran mis emociones. Cuandomiré hacia atrás, con los ojos cerrados, sentí el poder y la electricidad entrenosotros. Dimitri podía pasar por alto que todo lo que quisiera, pero la llamaprofunda de nuestras almas, aún estaba allí. Yo quería tocarlo, no sólo con esteroce de mi pierna, con todo. Yo quería tomarle entre mis brazos contra mí, lotranquilizador que sería poder hacer algo juntos. Sin darme cuenta, llegué a él,necesitaba que le tocaran. Él se levantó como si fuera una serpiente, y todos sustutores salieron disparados hacia adelante, se preparaban para lo que podríahacer.Pero él no hizo nada. Nada, salvo mirarme con una mirada que hizo que se mehelara la sangre. Como si yo fuera algo raro y malo.-Rose. Favor para. Por favor, mantente alejada. -Él estaba trabajando duro paramantener la calma.Me levante, ahora tan enojada y frustrada como él. Tenía la sensación de que mequedaba algo por decir en cuanto a nosotros. En un susurro, murmuré:-Esto no ha terminado. No voy a rendirme contigo.
    • 336-He renunciado a ti, me dijo de nuevo, con voz suave. -El amor se desvanece. Elmío lo hizo.Lo miré con incredulidad. Durante todo este tiempo, nunca había lo expresó así.Sus protestas han sido siempre sobre algún bien mayor, alrededor de losremordimientos que sentía por haber sido un monstruo o cómo se le habíamarcado el amor. ―He renunciado a ti. El amor se desvanece. El mío lo hizo.‖ Yoestaba segura de que no olvidaría aquellas palabras, la picadura de esas palabrasme pego tan fuerte como si me hubiera abofeteado.Algo cambió en su rostro, como si tal vez él supiera lo mucho que me habíaherido. Yo no me quede para averiguarlo.En su lugar, me abrí paso fuera del pasillo y salí corriendo por la puerta trasera,temía que si me quedaba más tiempo, todos en la iglesia me verían llorar.
    • 337 Capítulo 25 Traducido por Galadriel Corregido por Mo0shaNo quise ver a nadie más después de eso. Volví a mi cuarto tan rápido comopude, apenas notando los obstáculos y las personas en mi camino. Una y otravez las palabras de Dimitri se repetían en mi cabeza: ―el amor se desvanece. Elmío lo hizo‖. De alguna manera esa fue la peor cosa que pudo haber dicho. Nome malentiendan: el resto tampoco fue fácil. El que me dijera que me va aevitar y que va a ignorar la relación que tuvimos antes también me hizo sentirhorrible. Aun así, con todo eso, sin importar lo mucho que dolía, aun existía lapequeña esperanza de que aun hubiera alguna chispa de amor entresnosotros. De que él aun me amaba.Pero. . . el amor se desvanece.Eso era algo completamente diferente. Significaba que lo que teníamos morirá,se volverá cada vez más débil hasta que se derrumbara y quedara a la derivacomo hojas secas llevadas por el viento. El solo pensarlo causaba dolor en mipecho y estomago, me enrosque en la cama, rodeándome con los brazos comosi eso pudiera aminorar el dolor. No podía aceptar lo que había dicho. Nopodía aceptar que de alguna forma, luego de esta odisea, su amor por mihubiera desaparecido.Quería quedarme en mi cuarto por el resto del día, enroscada en la oscuridadde mis sabanas. Olvide la conversación de Sydney y mi preocupación sobre elpadre de Lissa. Incluso solté a la mismísima Lissa. Ella tenía algunos encargosque hacer hoy, pero cada cierto tiempo, un mensaje me llegaba a través denuestra conexión: ¿Vienes?Cuando no la contacte, empezó a preocuparse. Repentinamente tuve miedo deque ella—o alguien más—pudiera venir a mi habitación buscándome. Así quedecidí irme. No tenía un verdadero destino en mente; solo tenía que seguirmoviéndome. Camine por la cancha, explorando lugares que nunca anteshabía visto. Esto tenía más estatuas y fuentes de lo que me había imaginado.Aunque, su belleza pasaba desapercibida para mí, cuando volví a mihabitación horas después, estaba exhausta por tanto caminar. Oh bueno. Almenos logre evitar tener que hablar con alguien.
    • 338¿O no? Ya era tarde, pasaba de la hora en que usualmente me voy a dormir,cuando alguien toco mi puerta. Dude en contestar. ¿Quién vendría tan tarde?¿Quería la distracción que me proporcionaría o prefería mantener mi soledad?No tenía idea de quien pudiera ser, a excepción de que estaba segura que noera Lissa. Dios. Por lo que sabía podía ser Hans, reclamando una explicaciónde porque no me había aparecido para mi trabajo. Luego de mucha meditación(y de que seguían tocando persistentemente), decidí abrir.Era Adrian.—Pequeña dhampir —dijo con una pequeña y cansada sonrisa—. Luces comosi hubieras visto un fantasma.No exactamente un fantasma. Créeme, reconozco los fantasmas cuando losveo. —Yo… yo no esperaba verte después de esta mañana…Entro y se sentó en mi cama, y estaba contenta de ver que se había limpiadodespués de la charla que tuvimos. Llevaba puesta ropa limpia, y su cabellohabía vuelto a su usual perfección. Aun logre sentir el residual olor a clavo(algo similar a la marihuana), pero con todo lo que lo hecho pasar, teníaderecho a sus vicios.—Sip, bueno, yo tampoco pensaba pasar —admitió—, pero… veras… hicisteque pensara sobre algo.Me senté a su lado, manteniendo una distancia saludable. —¿Nosotros?—No. Lissa.—Oh —acuse a Dimitri de ser egoísta, pero aquí estaba yo, asumiendo que elamor por mi era lo único que pudo haber traído a Adrian.Sus ojos se volvieron especulativos. —Sigo pensando en lo que me dijiste,sobre su padre. Y tenías razón—sobre las apuestas. El tendría el dinero parapoder pagar cualquier deuda. No tendría por qué tenerlo en secreto. Así que lepregunte a mi madre.—¿Qué? —pregunte—. No se supone que nadie sepa…—Si, Si. Me imagine que tu información seria de máxima seguridad. No tepreocupes. Le dije que cuando estuvimos en las Vegas, escuchamos a algunaspersonas hablando al respecto—respecto al padre de Lissa haciendo depósitossecretos.
    • 339—¿Que dijo ella?—Lo mismo que yo. Bueno, en realidad, primero me regaño. Dijo que EricDragomir era un buen hombre y que no debería andar esparciendo rumoressobre los muertos. Dijo que tal vez era adicto a las apuestas, y que si era asílas personas no deberían enfocarse en eso, cuando el hizo tantas cosasmagnificas. Después de la vigilia, creo que tiene miedo que provoque másescenas públicas.—Tiene razón. Sobre Eric —dije. Tal vez alguien había robado esos archivoscomo parte de una sucia campaña. Aunque francamente, el esparcir rumoressobre los muertos no tenía sentido, pero quizás alguien quería ensuciar lareputación Dragomir y ¿deshacerse de cualquier oportunidad de que Lissacambiara la ley del voto? Le iba a decir eso a Adrian cuando me interrumpiócon algo aun más impactante.—Y entonces mi padre nos escucho, y dijo: Probablemente mantenía unaamante. Tienes razón—era un buen sujeto. Pero le gustaba coquetear. Y legustaban las damas‖. —Adrian rodo los ojos—. Esa es una cita: Le gustabanlas damas‖. Mi padre es un idiota. El suena como si tuviera el doble de suedad.Apreté el brazo de Adrian sin darme cuenta. —¿Que dijo luego de eso?Adrian encogió los hombros pero dejo mi mano donde estaba. —Nada. Mimadre se molesto y le dijo lo mismo que me había dicho, que era cruel esparcirhistorias que nadie podía probar.—¿Crees que sea cierto? ¿Crees que el padre de Lissa tenía una amante? ¿Eraeso por lo que estaba pagando?—¿Honestamente? No lo sé, pequeña dhampir. Mi padre es del tipo que saltasobre cualquier rumor que pueda encontrar. O crea uno. Digo, sabemos que alpadre de Lissa le gustaban las fiestas. Es fácil saltar a ciertas conclusionesdesde ahí. Él probablemente tenía algún sucio secreto. Diablos, todos lostenemos. Tal vez el que robo esos archivos solo quería explotar eso.Le dije sobre mi teoría de que fuera usado contra Lissa. —O —dije,reconsiderando—, tal vez alguien que la apoya lo tomo. Para que no saliera ala luz.Adrian asintió. —De cualquier manera, no creo que Lissa se encuentre enpeligro mortal.
    • 340El comenzó a levantarse, y lo traje de vuelta. —Adrian, espera… yo… —trague—, quería disculparme. Por la manera en que te he estado tratando, loque he estado haciendo… no es justo para ti. Lo lamento.El miro a un lado, lejos de mí, con sus ojos enfocados en el piso. —No puedescambiar lo que sientes.—La cosa es… que no sé lo que siento. Y eso suena estúpido, pero es laverdad. Me importa Dimitri. Fue estúpido de mi parte pensar que no meafectaría que el volviese. Pero me di cuenta… ―el amor se desvanece. El mío yalo hizo‖ me di cuenta que lo nuestro termino. No digo que sea algo fácil desuperar. Tomara algo de tiempo, y nos mentiría a ambos si dijera que no esasí.—Eso tiene sentido —dijo Adrian.—¿En serio?Me miró, con una hebra de entretenimiento en sus ojos. —Sí, pequeñadhampir. Algunas veces tiene sentido lo que dices. Continua.—Yo… bien, como dije… voy a sanar. Pero si me importas… incluso creo quete amo un poquito —eso consiguió una sonrisa—. Quiero intentarlo de nuevo.Realmente quiero. Me gusta tenerte en mi vida, pero ya antes he saltadodemasiado pronto. No tienes razón alguna para quererme después de lamanera en que te he tratado, pero si quieres que volvamos a estar juntos,entonces yo también lo quiero.Me estudio por largo rato, y deje de respirar. No quise decir eso: El tiene todoel derecho de terminar lo que hay entre nosotros… y aun así, el pensar quepueda hacerlo me aterroriza.Al fin, me jalo contra él y se acostó en la cama. —Rose, tengo todo tipo derazones para quererte. No he sido capaz de mantenerme lejos de ti desde quete vi en el albergue de Ski.Me moví más cerca de Adrian en la cama y presione mi cabeza contra supecho. —Podemos hacer que esto funcione. Sé que podemos. Si arruino lascosas otra vez, puedes irte.—Si tan solo fuera tan fácil —rio—. Te olvidas que tengo una personalidadadictiva. Soy adicto a ti. De alguna manera pienso que tú podrías hacermetodo tipo de cosas malas, y aun así regresaría a ti.
    • 341Solo quiero que todo entre nosotros sea sincero, ¿de acuerdo? Dime lo queestas sintiendo. Si sientes algo por Dimitri que te confunde, dímelo. Loarreglaremos juntos.Quería decirle que—pese a mis sentimientos—no tenía nada de quépreocuparse respecto a Dimitri porque Dimitri ya me había rechazado variasveces. Podría perseguir a Dimitri todo lo que yo quisiera, y no serviría de nada.―El amor se desvanece‖. Esas palabras ardían, y no podía soportar darle voz aese dolor. Pero mientras Adrian me sostenía y yo pensaba sobre locomprensivo que era respecto a todo esto, alguna parte herida de mí tambiénreconoció que lo opuesto también era verdad: El amor crece. Lo intentaría conél. Realmente lo intentaría.Suspire. —No se supone que seas tan sabio. Debes ser superficial eirrazonable y… y…Me dio un beso en la frente. —¿Y?—Mmmmmm. . . . ridículo.—Ridículo, puedo serlo. También las otras cosas… pero solo en ocasionesespeciales.Estábamos entrelazados, cada vez más cerca, y levante un poco la cabeza paraestudiarlo, lo altos pómulos y el cabello artísticamente alborotado lo hacíantan apuesto. Recuerdo las palabras de su madre, que sin importar lo quedeseásemos, el y yo eventualmente tendríamos que tomar distintos caminos.Tal vez así es como iba a ser mi vida. Siempre perdería a los hombres queamo.Lo jale con fuerza hacia mí, besando su boca con una fuerza que incluso a éllo tomo por sorpresa. Si algo he aprendido sobre la vida y el amor, es que erancosas tenues que podían acabar en cualquier segundo. La precaución era loesencial—pero no a costa de desperdiciar tu vida. Hoy decidí que no la iba adesperdiciar.Mis manos ya se encontraban quitándole la camisa a Adrian antes de terminarese pensamiento. El no lo cuestiono ni dudo en empezar a quitarme la ropa.Puede que él tenga momentos profundos y comprensivos, pero seguía siendo…pues, Adrian. Adrian vivía su vida en el ahora, haciendo las cosas que deseabasin pensárselo dos veces. Y me había deseado por mucho tiempo.También era muy bueno en este tipo de cosas, razón por la cual mi ropatermino en el piso antes que la de él.
    • 342 Sus labios eran calientes y entusiastas contra mi garganta, pero eracuidadoso en nunca dejar que sus colmillos rozaran mi piel. Yo era un pocomenos gentil, sorprendiéndome a mi misma cuando enterré mis uñas en lapiel desnuda de su espalda. Sus labios se movieron más abajo, trazando lalínea de mi clavícula mientras me quitaba hábilmente el sujetador con unamano.Estaba un poco asombrada por la reacción de mi cuerpo mientras ambospeleábamos por quitarle los jeans al otro primero. Me había convencido a mimisma que nunca más querría sexo luego de Dimitri, pero, ¿pero en esteinstante? Oh, yo quería tenerlo. Tal vez era una reacción psicológica al rechazode Dimitri. Tal vez se trataba de un impulso por vivir el momento. Tal vez eraamor por Adrian. O tal vez era solo lujuria.Lo que fuera, me dejaba impotente bajo sus manos y boca, las cuales parecíantener la intención de explorar cada parte de mi. La única vez que se detuvo fuecuando finalmente toda mi ropa había desaparecido y yacía desnuda ahí conél. Casi estaba desnudo, pero yo aun no había llegado a sus bóxers. (Eran deseda porque, honestamente, ¿qué más usaría Adrian?). El tomo mi rostroentre sus manos, sus ojos llenos de intensidad y deseo—y un poco demaravilla.—¿Que eres, Rose Hathaway? ¿Eres real? Eres un sueño dentro de un sueño.Temo que el tocarte me despierte y tu desaparezcas —Reconocí un poco deltrance poético en el que el cae a veces, los momentos que me hacenpreguntarme si estaría comenzando a sufrir un poco de la locura inducida porel espíritu.—Tómame y averígualo —dije, acercándolo a mí.El no volvió a dudar. La última pieza de su ropa cayó, y todo mi cuerpo secalentó al sentir su piel y la manera en que sus manos se deslizaban sobre mí.Mis necesidades físicas estaban rápidamente pisoteando cualquier lógica yrazón. No había pensamientos, solo nosotros, y la fiera urgencia que nosacercaba. Tenía una ardiente necesidad y deseo y sensación y…—Oh, mierda.Salió como una especie de murmuro ya que nos estábamos besando, nuestroslabios buscando los del otro con entusiasmo. Con reflejos de guardián, apenaspude hacerme a un lado, justo cuando nuestros labios empezaban a juntarse.El perder la sensación de él contra mí me impacto, aun más que a él. Estabaatontado, simplemente mirando fijamente con asombro mientras me alejabade él hasta que finalmente logre sentarme en la cama.
    • 343—¿Qué… qué sucede? ¿Cambiaste de parecer?—Primero necesitamos protección—dije. ¿Tienes algún condón?El proceso duro por unos cuantos segundos y luego suspiro. —Rose, solo tuescogerías este momento para recordar eso.Era un punto justo. Mi sincronización apestaba. Aun así, era mejor querecordarlo después. Pese al deseo desenfrenado de mi cuerpo—que seguía ahícréanme—repentinamente tuve una alarmante, y vivida imagen de Karolina lahermana de Dimitri. La conocí en Siberia, y ella tenía un bebe de seis meses.El bebe era adorable, como suelen ser los bebes, pero por Dios, era demasiadotrabajo. Karolina tenía un empleo de mesera, y tan pronto como regresaba acasa, su atención se dirigía al bebe. Cuando estaba en el trabajo, la madre deDimitri se encargaba del bebe. Y el bebe siempre necesitaba algo: comida, quelo cambiaran, que lo salvaran de ahogarse con cosas pequeñas. Su hermanaSonya estaba a punto de tener un bebe, y por cómo había dejado las cosas consu hermana menor, Viktoria, no me sorprendería enterarme que tambiénestuviera embarazada dentro de poco. Grandes cambios en la vida porpequeñas y descuidadas acciones.Así que estaba bastante segura que no quería un bebe en mi vida justo ahora,no siendo tan joven. Con Dimitri, no había preocupación gracias a lainfertilidad dhampir. ¿Con Adrian? Era un problema, al igual que el hecho deque mientras que las enfermedades eran raras entre nuestras especies, no erala primera chica con la que Adrian había estado. O la segunda. O tercera…—¿Entonces tienes alguno? —pregunte impaciente. Solo porque estaba enmodo responsable, eso no significaba que deseaba menos el sexo.—Si —dijo Adrian, sentándose también—. En mi habitación.Nos miramos el uno al otro. Su habitación estaba muy lejos, en la secciónMoroi del Campus.El se deslizo más cerca, colocando su brazo alrededor mío y succionando mioreja. —Las probabilidades de que algo malo pase son muy bajas.Cerré los ojos e incline la cabeza hacia atrás hasta dar con él. Tomo miscaderas en sus manos y acaricio mi piel. —¿Que eres, un doctor? —pregunte.El se rio suevamente, con su boca besando cierto lugar tras mi oreja. —No.Solo alguien dispuesto a arriesgarse. Puedes decirme que no quieres esto.
    • 344Abrí los ojos y me aleje para poder verlo directamente. El tenía razón. Yodeseaba esto. Esto era malo, muy malo. Y una parte de mí—que erabásicamente la mayor parte de mí—que se quemaba con la lujuria estabatratando de ganar. ¿Las probabilidades eran bajas, cierto? ¿Acaso no habíapersonas que siempre trataban de quedar embarazadas y no podían? Mi deseotenía un buen argumento, así que fue una sorpresa cuando mi lógica gano.—Yo no puedo arriesgarme —dije.Ahora Adrian me estudio, y al final, asintió. —De acuerdo. Sera en otraocasión. Esta noche seremos. . . responsables.—¿Eso es todo lo que dirás?El frunció el ceño. —¿Que mas podría decir? Tú dijiste no.—Pero tú… pudiste usar la compulsión.Ahora el realmente estaba asombrado. —¿Quieres que la use?—No. Claro que no. Solo se me ocurrió que… bueno, que tú podrías hacerlo.Adrian tomo mi rostro entre sus manos. —Rose, hago trampa con las cartas, lecompro licor a menores. Pero nunca, jamás te forzaría a hacer algo que noquieres. Ciertamente no esto…Sus palabras se cortaron porque me presione contra él y comencé a besarlonuevamente. La sorpresa debió haber evitado que hiciera algo de inmediato,pero pronto, el me alejo con lo que parecía ser una gran reluctancia.—Pequeña dhampir —dijo secamente—, si quieres ser responsable, esta no esuna buena manera de serlo.—No tenemos que dejar pasar esto. Y podemos ser responsables.—Todas esas historias son…El se paró en seco cuando quite mi cabello del camino y le ofrecí mi cuello.Logre voltearme ligeramente para poder ver sus ojos, pero no dije nada. Notuve que hacerlo. La invitación era obvia.—Rose… —dijo inseguro—pese a que pude ver la añoranza en su rostro.
    • 345El beber sangre no era como el sexo, pero era una añoranza que todos losvampiros tenían, y el hacerlo mientras se está excitado—según habíaescuchado—era una experiencia asombrosa. También era tabú y rara vez sehacía, según decía la gente. Ese era el inicio de la definición de puta desangre: dhampirs que daban su sangre durante el sexo. La mera idea que undhampir diera su sangre era una desgracia, pero ya antes lo había hecho: conLissa cuando necesitaba comida y con Dimitri cuando era Strigoi. Y había sidoglorioso.El trato de nuevo, esta vez su voz era más segura. —¿Rose, sabes lo que meestas pidiendo?—Si —dije firmemente. Gentilmente recorrí un dedo por sus labios y luego lointroduje para tocar sus colmillos. Le lance sus propias palabras. — Puedesdecirme que no deseas esto.El si quería esto. En un instante, su boca estaba en mi cuello y sus colmillosestaban penetrando mi piel. Grite ante el dolor repentino, un sonido que sesuavizo hasta ser un gemido cuando las endorfinas que venían con cadamordida de vampiro fluyeron dentro de mí. Una dicha exquisita me consumió.El me jalo fuertemente contra él mientras bebía, casi sobre su regazo,presionando mi espalda contra su pecho. Yo estaba distantemente conscientede sus manos sobre mi cuerpo, de sus labios en mi cuello. Mas que todo, de loque estaba consiente era que me ahogaba en pura y exquisita dulzura. Ladroga perfecta.Cuando se alejo, fue como perder una parte de mi misma. Como estarincompleta. Confundida, y necesitándolo de regreso, trate de alcanzarlo.Gentilmente el alejo mi mano, sonriendo mientras lamia sus labios.—Con cuidado, pequeña dhampir. Tarde más de lo que debía. Tuprobablemente podrías tener alas y volar justo ahora.En realidad no sonaba como una mala idea. Sin embargo, en unos cuantosinstantes más, la intensa, y loca parte de la sensación se desvaneció, y volví ami misma. Aun me sentía de maravilla y mareada; las endorfinas habíanalimentado el deseo de mi cuerpo. Mi razonamiento lentamente volvió a mí,permitiendo (más o menos) que pensamientos coherentes penetraran la felizniebla. Cuando Adrian estuvo convencido que estaba lo suficientementesobria, se relajo y se acostó en la cama. Me le uní al siguiente momento,enroscándome a su lado. El parecía tan contento como yo.—Eso —dijo— fue el mejor no-sexo que jamás he tenido.
    • 346Mi única respuesta fue una sonrisa adormilada. Era tarde, y mientras másbajaba de la nube de las endorfinas, mas adormitada me sentía. Una pequeñaparte de mi dijo que pese a que yo quise esto y que me importaba Adrian, todohabía estado mal. No lo había hecho por las razones correctas, en vez de esome había dejado llevar por mi angustia y confusión.El resto de mi decidió que eso no era cierto, la molesta voz pronto sedesvaneció por lo exhausta que estaba. Caí dormida contra Adrian, y conseguíla mejor noche de sueño que había tenido en un largo tiempo.No estaba completamente sorprendida de haber podido salir de la cama,bañarme, vestirme, e incluso secarme el cabello con la secadora sin queAdrian despertase. En el pasado mis amigos y yo habíamos pasado cadamañana tratando de sacarlo de la cama. Con resaca o sobrio, el dormíaprofundamente.Pase más tiempo con mi cabello de lo que lo había hecho por algún tiempo. Lamarca de la mordida de vampiro estaba fresca en mi cuello. Así que use elcabello suelto, cuidando de estilizarlo a manera que el largo cabello onduladocolgara espesamente sobre el lado donde se encontraba la mordida. Satisfechaque el moretón quedaría camuflajeado, me pregunte qué haría después. Enuna hora más o menos el Concilio escucharía los argumentos de las diferentespartes con variadas ideas sobre el nuevo decreto de la edad, la lucha Moroi, yel voto Dragomir. Considerando que me dejaran entrar, no tenía la intenciónde perderme los debates en el actualmente tema más candente en nuestromundo.Aun no quería despertar a Adrian. Estaba enredado en mis sabanas ydurmiendo pacíficamente. Si lo despertaba, me vería obligada a quedarme enlo que él hasta que estuviera listo. A través de nuestro enlace sentí a Lissasentada sola en una cafetería. Quería verla y desayunar, así que decidí queAdrian se podía cuidar solo. Le deje una nota sobre donde estaba, ya que lapuerta se cerraría con llave una vez que saliera, y dibuje un montón de X yO´s.Aunque cuando estaba a medio camino del café, sentí algo que arruino miplan del desayuno. Christian se había sentado con Lissa.—Vaya, Vaya —murmure. Con todo lo que había estado sucediendo no lehabía prestado atención a la vida personal de Lissa. Después de lo ocurrido enla guarida, no estaba completamente sorprendida de verlos juntos, pese a quesus sentimientos me decían que no había habido una reconciliaciónromántica… todavía. Esta era un difícil intento de ser amigos, unaoportunidad de superar los constantes celos y desconfianza.
    • 347Lejos de intervenir en el trabajo del amor. Conocía otro lugar cerca del edificiode los guardianes que también tenía café y donas. Eso serviría, si es que nadieahí recordaba que técnicamente seguía a prueba y había creado una escenaen la sala real.Las probabilidades de eso no eran buenas.Aun así decidí intentarlo y dirigiéndome hacia allá, mirando el cielo con unmal presentimiento. La lluvia no le ayudaría en nada a mi estado de ánimo.Cuando llegue al café, descubrí que no tenía nada de qué preocuparmerespecto a que alguien me pusiera atención. Había un objetivo mejor: Dimitri.Él había salido con su guardia personal, y pese a que estaba feliz de quetuviera algo de libertad, la actitud de que el todavía necesitaba que lo vigilarande cerca me molestaba. Al menos hoy no había una multitud gigante. Laspersonas que entraban en busca de su desayuno no podían evitar quedárselemirando, pero pocos permanecían haciéndolo. Esta vez el tenia cinco guardias,lo que era una reducción significativa. Esa era una buena señal. El se sentabasolo en una silla, con un café y una dona glaseada a medio comer. Estabaleyendo una novela que yo podía apostar que era del oeste.Nadie se sentaba con él. Su guardia simplemente mantenía un aro deprotección, un par cerca de las paredes, uno en la entrada, y dos en las mesascercanas. La seguridad parecía sin sentido. Dimitri estaba completamentemetido en su libro, ignorante de los guardias o los ocasiónales espectadores—osimplemente estaba dando un buen show de que no le importaba. Parecíabastante inofensivo, pero las palabras de Adrian regresaron a mí. ¿Habíaquedado algo de Strigoi en él? ¿Alguna parte oscura? El mismo Dimitriclamaba que aun llevaba la parte que siempre le impidió amarverdaderamente a alguien.El y yo siempre hemos podido sentir cuando el otro está cerca. En un cuartolleno de gente, siempre podía encontrarlo. Y pese a su interés en el libro, elalzo la mirada cuando camine hacia el mostrador del café. Nuestras miradasse encontraron por un milisegundo. Su rostro no tenía ninguna expresión… yaun así, tenía la sensación que estaba esperando por algo.Por mí, comprendí asombrada. Pese a todo, a nuestra pelea en la iglesia… élaun pensaba que lo perseguiría y le haría una súplica por nuestro amor. ¿Porqué? ¿Esperaba que yo fuera tan irracional? ¿O era posible… era posible queél quisiera que me le acercara?Bueno, por la razón que sea, decidí que no lo haría. Ya me ha heridosuficientes veces.
    • 348 Me dijo que me alejara, y si eso era parte de algún elaborado plan para jugarcon mis sentimientos, no iba a jugar. Le di una mirada altiva y me di la vueltarápidamente mientras caminaba hacia el mostrador. Ordene un te chai ypastel de chocolate. Luego de un momento de considerarlo ordene un segundopastel de chocolate. Tenía el presentimiento que iba a ser uno de esos días.Mi plan era comer fuera, pero cuando mire a la ventana, pude levemente verlas marcas de gotas de lluvia golpeando los paneles. Demonios. Brevementeconsidere enfrentar los elementos e ir a algún otro lugar con mi comida, perodecidí que no iba a dejar que Dimitri me sacara asustada de aquí. Vigilandouna mesa lejos de él, me dirigí a ella, haciendo lo posible por no mirarlo osiquiera reconocer el hecho que estaba ahí.—Hey Rose. ¿Iras al Concilio hoy?Me detuve. Uno de los guardianes de Dimitri había hablado, dándome unasonrisa amistosa igual que él. No podía recordar el nombre del tipo, peroparecía buena persona cada vez que nos encontrábamos de casualidad. Noquise ser maleducada, así que, reluctantemente, conteste—incluso cuando esosignifico permanecer cerca de Dimitri.—Sip —dije, asegurándome que mi atención estuviera enfocada únicamente enel guardián—. Solo tomare algo de comer antes.—¿Te dejaran entrar? —pregunto otro de los guardias. Él también estabasonriendo. Por un instante pensé que se estaban burlando de mi últimosobresalto. Pero no… no era eso. Sus rostros mostraban aprobación.—Esa es una excelente pregunta —admití. Le di una mordida a mi pastel—.Pero creo que debería intentarlo. También tratare de comportarme.El primer guardia rio. —En verdad espero que no. Ese grupo merece toda laangustia que les puedas dar sobre esa estúpida ley de la edad —los otrosguardianes asintieron—¿Qué ley de la edad? —pregunto Dimitri.Reluctantemente, mire hacia él. Como siempre me dejo sin aliento. Detente,Rose, me regañe a mí misma. ¿Estás molesta con el recuerdas? Y ahoraescogiste a Adrian.—El decreto donde la realeza piensa que el enviar a dhampirs de dieciséisaños a luchar contra los strigois es lo mismo que enviar dhampirs de dieciochoaños —dije, y tome otra mordida.
    • 349La cabeza de Dimitri se levanto tan rápido que casi me ahogue con elmordisco. —¿Cuales de dieciséis están peleando contra los Strigoi? —susguardianes se tensaron pero no hicieron nada más.Me tomo un momento tragar el pedazo de pastel. Cuando finalmente pudehablar, casi tenía miedo de hacerlo. —Ese es el decreto. Los Dhampirs segradúan cuando tiene dieciséis ahora.—¿Cuando sucedió esto? —demando.—Hace poco. ¿Nadie te dijo? —voltee a ver a los otros guardias. Uno de ellos seencogió de hombros. Tenía la impresión de que realmente creían que Dimitriera un Dhampir pero que no estaban listos para ponerse conversadores con él.Su único contacto fuera de ellos seria Lissa y sus interrogadores.—No —las cejas de Dimitri se fruncieron mientras meditaba las nuevas.Comí mi pastel en silencio, esperando que eso lo hiciera hablar más.Funciono.—Es una locura —dijo—. Dejando lo moral de lado, ellos no están listos a tancorta edad. Es un suicidio.—Lo sé. Tasha realmente dio un buen argumentó en contra, y yo también.Dimitri me dio una mirada de sospecha ante esa última parte, particularmentecuando un par de guardianes sonrió.—¿Fue un voto cerrado? —pregunto. Pregunto en modo de interrogación, en laseria y enfocada manera que lo había definido cuando era guardián. Eramucho mejor que la depresión, decidí. También era mejor que él diciéndomeque me aleje.—Mucho. Si Lissa hubiera podido votar, no la hubieran aprobado.—Ah —dijo él, jugando con la orilla de su taza de café—. El quorum.—¿Sabes de eso? —pregunte sorprendida.—Es una vieja Ley Moroi.—Eso escuche.—¿Que está tratando de hacer la oposición? ¿Tratando de cambiar la opinióndel Concilio o que le devuelvan a Lissa el voto Dragomir?
    • 350—Ambos. Y otras cosas.El negó con la cabeza, colocando un mechón de cabello tras su oreja. —Nopueden hacer eso. Necesitan escoger una causa y enviar todo su peso tras ella.Lissa es la opción más inteligente. El Concilio necesita de vuelta a losDragomir, y he visto la manera en que las personas la miran cuando ella mepresta atención —solo el más leve hilo de amargura que llevaban sus palabras,me indicaron como se sentía respecto a eso. Luego estaba de vuelta a losnegocios—. No sería difícil obtener el apoyo para eso—si no dividen susesfuerzos.Comencé con mi segundo pastel, olvidando mi anterior resolución deignorarlo. No quería distraerlo del tema. Era la única cosa que le habíaregresado el viejo fuego a sus ojos, la única cosa en la que parecíaverdaderamente interesado—bueno, aparte de jurarle devoción de por vida aLissa y decirme que me quedara fuera de su vida. Me gustaba este Dimitri.Era el mismo Dimitri de hace tiempo, el que era fiero y estaba dispuesto aarriesgar su vida por lo que era correcto. Casi desee que volviera a ser elmolesto y distante Dimitri, el que me dijo que me alejara. Verlo ahora traíademasiados recuerdos—sin mencionar la atracción que pensé había aplastado.Ahora con toda esa pasión sobre él, lucia más sexy que nunca. El usaba esamisma intensidad cuando peleamos juntos. Incluso cuando teníamos sexo. Asíera como se suponía que Dimitri debería de ser: Poderoso y al mando. Estabaagradecida y aun así… viéndolo de la manera en que lo ame, solo hacía que elcorazón me doliera mucho más. Lo había perdido.Si Dimitri sabía lo que yo sentía, no lo mostro. Me miro de frente, y, comosiempre, el poder de su mirada me envolvió. —¿La próxima vez que veas aTasha, le dirías que venga a verme? Necesitamos hablar sobre esto.—¿Así que Tasha puede ser tu amiga pero no yo? —las filosas palabrassalieron de mi boca antes que pudiera detenerlas. Me sonroje, avergonzadapor haberlo dicho frente a los otros guardianes. Aparentemente Dimitritampoco quería una audiencia. Miro al que primero se había dirigido a mí.—¿Hay forma de que pudiéramos tener algo de privacidad? —sus guardiasintercambiaron miradas, y entonces, casi como un solo ser, ellosretrocedieron. No era una gran distancia, y aun mantenían un aro alrededorde Dimitri. Sin embargo, era lo suficiente para que nadie escuchara nuestraconversación. Dimitri se volvió hacia mí. Me senté.—Tasha y tú tienen situaciones completamente diferentes. Ella puede estar asalvo en mi vida. Tu no.
    • 351—Y aun así —dije mientras quitaba molesta un mechón de mi cabello—,aparentemente está bien que esté en tu vida cuando es conveniente—digamos,como, haciendo mandados, o pasando mensajes.—No parece que realmente me necesites en tu vida —el asintió secamente,inclinando su cabeza ligeramente hacia mi hombro.Me tomo un momento entender que había sucedido. Al mover mi cabello,expuse mi cuello—y la mordida. Trate de no sonrojarme nuevamente, sabiendoque no tenía nada de que sentirme avergonzada. Coloque el cabellonuevamente en su lugar.—No es asunto tuyo —sisee, esperando que no hubieran visto los otrosguardianes.—Exactamente —sonó triunfante—. Porque necesitas vivir tu propia vida, lejosde mi.—Oh, Por Dios —exclame—. Dejarías la mier…Mis ojos se quitaron de su rostro por que repentinamente un ejércitodescendió sobre nosotros.De acuerdo, no era exactamente un ejército, pero bien pudo haberlo sido. Unminuto solo éramos Dimitri, yo, y los guardias, y repentinamente—el lugarestaba nadando en guardias. Y no de cualquier tipo. Ellos usaban el uniformeblanco—y—negro que los guardianes usualmente utilizaban en ocasiones,pero un pequeño botón rojo los marcaba como guardianes específicamenterelacionados a la seguridad de la reina. Al menos había como veinte de ellos.Eran letales y asesinos, lo mejor de lo mejor. A través de la historia, asesinosque habían atacados a los monarcas se habían encontrado rápidamentevencidos por la guardia real. Ellos eran la muerte andante—y nos estabanrodeando. Tanto Dimitri como yo nos pusimos de pie, inseguros respecto a loque estaba sucediendo, pero seguros de que era con nosotros, su mesa y sillasestaban entre nosotros, pero aun así nos colocamos en la posición estándar depelea cuando estábamos rodeados por enemigos: espalda—a—espalda.La guardia de Dimitri llevaba ropa ordinaria y lucían un poco impresionados alver a sus superiores, pero con la eficiencia de los guardianes, la escolta deDimitri rápidamente se unió a la guardia de la reina. No había más chistes osonrisas. Quería lanzarme frente a Dimitri, pero en esta situación, era un pocodifícil.
    • 352—Tienes que venir con nosotros ahora —dijo uno de los guardias de la reina—.Si te resistes, te llevaremos a la fuerza.—Déjenlo en paz —grite, mirando de un rostro al otro. Esa ira oscura explotodentro de mí. ¿Cómo podrían seguir sin creer? ¿Por qué seguíanpersiguiéndolo? — ¡El ahora no ha hecho nada! ¿Por qué no pueden aceptarque el ahora es un dhampir?El hombre que hablo arqueo una ceja —No estaba hablando de él.—¿Están… están aquí por mi? —pregunte. Trate de pensar en algún nuevoespectáculo que pudiera haber causado últimamente. Considere la loca ideade que la reina se hubiese enterado que yo había pasado la noche con Adriany estaba más que molesta por ello. Aunque eso difícilmente era razónsuficiente ¿como para enviar a la guardia del palacio a buscarme…. ¿o no?¿Había ido demasiado lejos?—¿Por qué? —demando Dimitri. Ese alto y maravillo cuerpo—que podía sertan sensual a veces—estaba lleno de tensión y amenaza ahora.Él hombre mantuvo su mirada sobre mí, ignorando a Dimitri. —No meobligues a repetirlo, ven con nosotros pacíficamente, o te obligaremos —lasesposas que traía en sus manos brillaban.Mis ojos se agrandaron —¡Esto es una locura! No iré a ningún lado hasta queme digan cómo diablos esto…Ese fue el momento en que al parecer ellos decidieron que no iba a irmepacíficamente. Dos de los guardias reales se lanzaron contra mí, y aun cuandotécnicamente trabajábamos en el mismo bando, mis instintos se activaron. Noentendía nada de lo que estaba sucediendo aquí a excepción del hecho que meiban a llevar como algún tipo del amo del crimen. A uno de los guardias le tirela silla en la que me había estado sentada y le lance un puñetazo a otro. Fueun extraño lanzamiento, empeorando por el hecho que el guardián era másalto que yo. Esa diferencia en estatura me permitió esquivar el siguienteintento por agarrarme y cuando pateé fuerte sus piernas, un pequeño gruñidome dejo saber que había acertado.Escuche unos cuantos grititos esparcidos. Los que trabajaban en el café seescondieron detrás del mostrador como si esperaran que sacáramos armasautomáticas. Los otros que habían estado comiendo el desayuno rápidamentese levantaron de sus mesas, botando los platos y la comida. Ellos corrieronhacia las salidas las cuales seguían bloqueadas por más guardias. Esoprovoco más gritos, aun cuando las salidas estaban bloqueadas para mí.
    • 353Mientras tanto otros guardianes se estaban uniendo a la pelea. Aunque logredar unos buenos golpes, sabía que los números de ellos eran sobrecogedores.Un guardián tomo mi brazo y comenzó a tratar de ponerme las esposas. Sedetuvo cuando otro par de manos me tomo por el otro lado y me jalo.Dimitri.—No la toques —gruño.Había una nota en su voz que me hubiera asustado de haber sido dirigida amí. Me empujo tras él. Colocando su cuerpo protectoramente frente al mío ydejándome contra una mesa. Los guardianes se lanzaron contra nosotros detodas las direcciones, y Dimitri empezó a hacerse cargo de ello con la mismagracia mortal que había hecho que una vez la gente lo llamase ―Dios‖. El noasesinó a ninguno de los que pelearon con él, pero se aseguro que quedaranfuera de acción. Si alguien pensó que sus ordalías como Strigoi, o el serencarcelado habían disminuido su habilidad de combate, estabanterriblemente equivocadas. Dimitri era una fuerza de la naturaleza lograndomanejar a los que nos atacaban y detenerme cada vez que trate de unirme a lapelea. Puede que los guardianes de la reina sean lo mejor de lo mejor, peroDimitri… bueno, mi antiguo amante e instructor estaba en una categoríacompletamente diferente. Sus habilidades de combate estaban más allá quelas de los demás, y en las estaba usando para defenderme.—Quédate atrás —me ordeno—. Ellos no te pondrán una mano encima.Al principio, estaba sobrecogida por lo protector que era—incluso si odiaba noser parte de la pelea. El verlo luchar nuevamente era fascinante. Él hacía queluciera hermoso y letal al mismo tiempo. Él era el ejército de un solo hombre,el tipo de guerrero que protegía a sus seres queridos e instigaba terror en susenemigos…Y fue entonces que una horrible revelación me golpeo.—¡Alto! —grite repentinamente—. ¡Iré con ustedes! ¡Iré con ustedes!Nadie me escucho al principio, estaban demasiado envueltos en la pelea. Losguardianes seguían tratando de pasar a Dimitri, pero el parecía presentirlos yempujaría hacia ellos sillas o cualquier cosa que pudiera tomar—mientraslograba seguir golpeando con puños y patadas a los que se le enfrentabandirectamente. ¿Quién lo sabría? Tal vez el realmente podía encargarse de unejército por sí mismo.Pero no podía dejar que lo hiciera.
    • 354Tome el brazo de Dimitri. —Detente —repetí—. Ya no pelees mas.—Rose…—¡Detente!Estaba bastante segura que nunca antes en mi vida había gritado tan alto unapalabra. Resonó por todo el lugar. Por lo que sabía, resonó por todo el campus.Exactamente no logre que se detuvieran, pero muchos de los guardias fueronmás despacio. Unos cuantos de los que trabajaban en el café sacaron un pocolas cabezas sobre los mostradores para vernos. Dimitri seguía en movimiento,aun listo para encargarse de todos, y yo prácticamente me había lanzadohacia él para que me notara.—Detente —esta vez, mi voz era un susurro. Un intranquilo silencio habíacaído sobre todos—. Ya no luches contra ellos. Iré.—No. No dejare que te lleven.—Tienes que —le rogué.Él estaba respirando fuertemente, cada parte de él tensa y lista para atacar.Nuestras miradas se encontraron, y un millón de mensajes parecieron fluirentre nosotros mientras la vieja electricidad crujía en el aire. Solo espere quereviviera el mensaje correcto.Uno de los guardianes tentativamente dio un paso adelante—teniendo querodear el cuerpo inconsciente de su colega—y la tensión de Dimitri se rompió.Comenzó a bloquear al guardián y a defenderme nuevamente, pero yo mecoloque entre ellos, tomando entre las mías la mano de Dimitri y manteniendomi mirada fija en la suya. Su piel era cálida y se sentía, tan, pero tan bientocando la mía.—Por favor. No más.Vi en ese instante que el finalmente comprendió lo que estaba tratando dedecirle. La gente aun le temía. Nadie sabía lo que él era. Lissa había dicho queel hecho que se comportara normal y calmadamente ayudaría a aliviar lostemores. ¿Pero esto? ¿Él luchando contra un ejército de guardianes? Eso no leiba a ganar puntos por buena conducta. Por lo que sabía, ya era demasiadotarde después de esto, pero tenía que intentar controlar los daños. No podíadejar que lo volvieran a encerrar—no por culpa mía.
    • 355Mientras me miraba, parecía enviarme un mensaje: que aun seguiría peleandopor mí, que pelearía hasta colapsar para evitar que me llevaran.Negué con la cabeza y le apreté la mano como señal de despedida. Sus dedoseran justo como los recordaba, largos y elegantes, con callos creados por losaños de entrenamiento. Lo solté y me di la vuelta para enfrentar al tipo quehabía hablado en un principio. Asumí que era un tipo de líder.Sostuve mis manos hacia delante y lentamente camine. —Iré tranquilamente.Pero por favor… no vuelvan a encerrarlo. Él solo pensó… solo pensó queestaba en problemas.La cosa era, que cuando las esposas se cerraron en mis muñecas, Yo comencéa pensar que estaba en problemas. Mientas los guardianes se ayudabanmutuamente a levantarse, el líder tomo un aliento profundo e hizo laproclamación que había estado tratando de hacer desde que entro. Trague,esperando escuchar el nombre de Víctor.—Rose Hathaway, estas bajo arresto por alta traición.No era exactamente lo que me esperaba. Esperando que mi sumisión mehiciera ganar algunos puntos, pregunte, —¿Qué tipo de alta traición?—El asesinato de su real majestad, La Reina Tatiana.
    • 356 Capítulo 26 Traducido por Galadriel Corregido por Mo0shaQuizás fue el enfermo sentido del humor de alguien, pero terminé en la ahora-vacante celda de Dimitri. Yo había venido en silencio luego que ese guardiaimpusiera los cargos sobre mí. De hecho, me había puesto en estado de comaporque demasiado de lo que había dicho era imposible de procesar.Ni siquiera pude llegar realmente a la parte sobre mí. No pude sentir ultraje oindignación por la acusación porque todavía estaba atascada en la parte deTatiana estando muerta. No solo muerta. Asesinada. ¿Asesinada? ¿Cómohabía sucedido eso? ¿Cómo había sucedido eso aquí? Esta Corte era uno delos lugares más seguros en el mundo, y Tatiana en particular siempre estabaprotegida –por el mismo grupo que había caído sobre mí y Dimitri tan rápido.A menos que ella hubiera dejado la Corte –y yo estaba bastante segura que nolo había hecho- ningún Strigoi pudo haberla matado.Con las constantes amenazas que enfrentábamos, asesinato entre dhampirs yMoroi era casi inaudito. Seguro, sucedía. Era inevitable en cualquier sociedad,pero con la forma que los nuestros eran cazados rara vez teníamos tiempo devoltear la mirada hacia los nuestros (poniendo los gritos en las reuniones delConsejo a un lado). Eso era parte del por qué Víctor había sido tan condenado.Sus crímenes eran tan malos como se volvían las cosas. Hasta ahora. Una vezque superé la idea imposible de Tatiana estando muerta, fui capaz de hacer laverdadera pregunta: ¿Por qué yo? ¿Por qué me acusaban a mí? Yo no eraabogado, pero estaba bastante segura que llamar a alguien una perra mojigatano era evidencia suficiente en un juicio. Traté de obtener más detalles de losguardias fuera de la celda, pero ellos permanecieron con los rostros severos ysilenciosos. Luego de dejar mi voz ronca de tanto gritar, me dejé caer en lacama y fui a la mente de Lissa, donde estaba segura que obtendría másinformación.Lissa estaba frenética, tratando de sacar algunas respuestas de quien pudiera.Christian todavía estaba con ella, y ellos estaban parados en el interior delrecibidor de uno de los edificios administrativos, el cual estaba lleno con unaintensa actividad. Dhampirs y Monroi por igual, corrían por todas partes,algunos atemorizados de esta nueva inestabilidad de gobierno y otrosesperando tomar ventaja de ella.
    • 357Lissa y Christian se pararon en medio de todo, como hojas arrastradas por lafuria de una tormenta. Mientras Lissa era ahora técnicamente un adulto, ellahabía permanecido siempre bajo el ala de alguna persona mayor en la corte –usualmente Priscila Voda, y ocasionalmente incluso Tatiana. Ninguna de ellasestaba disponible ahora, por obvias razones. Mientras muchos de la realeza larespetaban, Lissa no tenía una fuente real a quien recurrir. Viendo suagitación, Christian apretó su mano.― La tía Tasha sabrá lo que está sucediendo, dijo él.― Ella aparecerá tarde o temprano. Sabes que ella no dejará que nada lesuceda a Rose. Lissa sabía que había un poco de incertidumbre en esa afirmación pero no lomencionó. Tasha quizás no quería que nada me sucediera, pero ellaciertamente no era todopoderosa. ―¡Lissa! La voz de Adrián causó que Lissa y Christian se dieran la vuelta.Adrián acababa de entrar, junto con su madre. Adrián lucía como si hubieraido directo de mi habitación hacia aquí. Él usaba la ropa de ayer, un pocoarrugada, y su cuerpo estaba peinado sin su usual cuidado. En comparación,Daniella lucía fina y confeccionada, la imagen perfecta de una mujer denegocios que no había perdido su feminidad. ¡Por fin! Aquí había personas quequizás dieran respuestas. Lissa se precipitó hacia ellos con gratitud.― Gracias a Dios, dijo Lissa. ― Nadie nos dice que sucedió….excepto que la reina está muerta y Rose estáencerrada. Lissa miró el rostro de Daniella suplicante.― Dime que ha habido alguna clase de error.Daniella palmeó el hombro de Lissa y le dio una mirada tan reconfortantecomo pudo, dadas las circunstancias.― Me temo que no. Tatiana fue asesinada anoche, y Rose es la principalsospechosa.― ¡Pero ella nunca hubiera hecho eso! exclamó Lissa. Christian se unió a ellacon ira justificada.― Sus gritos al Consejo ese día no son suficientes para condenarla porasesinato. Christian y yo teníamos la misma línea de razonamiento. Era casiaterrador.― Tampoco cae en ― La Sombra del Mal.― Tienes razón. No es suficiente, coincidió Daniella.
    • 358 ― Pero tampoco la hacen ver bien. Y aparentemente, tienen otra evidencia quedicen que prueba su culpabilidad.― ¿Qué clase de evidencia? exclamó Lissa. Daniella se volteó compungida.― No lo sé. Eso sigue siendo parte de la investigación. Tendrán una audienciapara presentar la evidencia e interrogarla sobre su paradero, posiblesmotivos…esa clase de cosas.Ella miró a su alrededor a la gente corriendo.― Si es que incluso llegan tan lejos. Este tipo de cosas…no han sucedido endécadas. El Consejo gana absoluto control hasta que un nuevo monarca eselecto, pero aún así habrá caos. La gente tiene miedo. No me sorprenderá si laCorte va bajo ley marcial. Christian se volteó hacia Lissa con esperanza en surostro.― ¿Viste a Rose anoche? ¿Estaba contigo? Lissa frunció el ceño. ― No. Creo que estaba en su habitación. La última vez que la vi fue el díaantes de ayer.Daniella no lucía feliz sobre eso. ― Eso no va a ayudar. Si ella estaba sola,entonces no tiene coartada.― Ella no estaba sola. Tres pares de ojos se voltearon en dirección a Adrián.Era la primera vez que hablaba desde que llamó a Lissa al principio. Lissa nose había enfocado demasiado en el aún, lo que significaba que yo tampoco.Ella solo había observado su apariencia superficial cuando llegó, pero ahorapodía ver los pequeños detalles. La preocupación y la angustia habían dejadosus marcas, haciéndolo lucir mayor de lo que era. Cuando ella entró ensintonía con su aura, vio el dorado usual de los usuarios del espíritu, pero esey sus otros colores estaban enturbiados y teñidos de oscuridad. Había unparpadeo allí también, una advertencia de la inestabilidad del espíritutomando control. Esto había llegado demasiado rápido como para permitirlereaccionar, pero sospechaba fumaría y bebería tan pronto como tuviera unmomento libre. Era así como Adrián le hacía frente a un montón de cosas.― ¿Qué estás diciendo? Preguntó Daniella con brusquedad. Adrián se encogióde hombros.― Ella no estaba sola. Estuve con ella toda la noche. Lissa y Christian hicieronun buen trabajo manteniendo expresiones neutrales, pero el rostro de Daniellaregistró la conmoción que cualquier padre tendría al oír sobre la vida sexualde su hijo. Adrián notó su reacción también.― Ahórratelo, le advirtió él.
    • 359― Tu moral, tus opiniones… nada de eso importa ahora. Él hizo un gestohacia la gente llena de pánico corriendo de un lado a otro, gritando comoVíctor debía haber llegado sin duda a la Corte a matarlos a todos.Adrián sacudió su cabeza y volvió su mirada hacia su madre. ― Yo estaba conRose. Eso prueba que ella no lo hizo. Lidiaremos con tu desaprobaciónmaternal sobre mi vida amorosa después.― ¡Eso no es lo que me preocupa! Si ellos tienen pruebas contundentes y tú temezclas en esto, podrías estar bajo sospecha también. La compostura con laque Daniella había entrado empezaba a resquebrajarse. ― Ella era mi tía, exclamó Adrián con incredulidad. ―¿Por qué íbamos Rose yyo a matarla?― Porque ella desaprobaba su relación.Y porque Rose estaba molesta por la regla de la edad. Esto vino de Christian.Lissa lo miró, pero él solo se encogió de hombros. ― ¿Qué? Solo estoyresaltando lo obvio. Alguien más lo haría si no era yo. Y todos hemosescuchado las historias- la gente ha inventado cosas que son extremas inclusopara Rose. Un comentario fuerte de hecho.― ¿Cuándo? preguntó Daniella, apretando la manga de Adrián. ― ¿Cuándoestuviste con Rose? ¿Cuándo llegaste allí?― No lo sé. No recuerdo, dijo él.Ella apretó su agarre. ― ¡Adrián! Tómate esto en serio. Esto va a hacer unagran diferencia en como las cosas se procesen. Si llegaste allí antes de queTatiana fuera asesinada, entonces no serán relacionados a eso. Si estuvistecon Rose después-―― Entonces ella tiene una coartada, interrumpió él.― Y no hay problema.― Espero que eso sea verdad, murmuró Daniella. Sus ojos ya no parecíanenfocarse en mis amigos. Las ruedas en su cabeza daban vueltas, suspensamientos saltaban hacia adelante mientras ella trataba de pensar lamejor manera de proteger a su hijo. Yo había sido un caso desafortunado paraella. Él era, comprensiblemente una emergencia de alerta roja para ella.― Aún así vamos a conseguirte un abogado. Hablaré con Damon. Tengo queencontrarlo antes de la audiencia de esta noche. Y Rufus tendrá que saber deesto también. Maldita sea.
    • 360Adrián arqueó una ceja ante eso. Yo tenía la impresión de que la damaIvashkov no maldecía muy a menudo. ― Tenemos que averiguar a qué hora estuviste allí. Adrián aún llevaba suaflicción como una capa y lucía como si fuera a derrumbarse si lo recibíanicotina o alcohol pronto. Odiaba verlo así, particularmente por mi causa.Había fuerza en su interior, sin duda, pero su naturaleza –y los vagos efectosdel espíritu- estaban copando esta fuerza. Aún así, a través de su agitación, selas arregló para arrancar un recuerdo y así ayudar a su frenética madre.― Había alguien en la entrada del edificio cuando entré… un portero o algo,creo. Nadie frente al escritorio, sin embargo. La mayoría de los edificiosusualmente mantenían miembros del personal en los alrededores paraemergencias o servicios de conserjería. El rostro de Daniella se iluminó.― Eso es. Eso es todo lo que necesitamos. Damon averiguará la hora a la quellegaste allí así podemos liberarte y aclarar esto.― ¿Y también puede defenderme si las cosas resultan mal?― Claro, respondió ella con rapidez.― ¿Qué hay de Rose?― ¿Qué hay con ella? Adrián todavía parecía a punto de derrumbarse, perohabía seriedad y enfoque en sus ojos verdes. ― Si descubren que la TíaTatiana fue asesinada antes que yo llegara allí, y Rose es arrojada a los lobos,¿será Damon su abogado?Su madre se tambaleó. ― Oh, bueno, cariño… Damon en verdad no hace esaclase de cosas… ― Lo hará si tu se lo pides, dijo Adrián con severidad.― Adrián, dijo ella con cansancio, ― no sabes de lo que estás hablando. Ellosdicen que la evidencia en su contra es mala. Si nuestra familia muestra apoyo-― ¡No es como si estuviéramos apoyando al asesino! Tú conociste a Rose. Teagradó. ¿Puedes mirarme a los ojos y decirme que está bien para ella ir allácon cualquier mediocre defensa que ellos encuentren para ella? ¿Puedes? Daniella palideció, y yo maldije, ella en verdad se encogió hacia atrás. No creoque estuviera acostumbrada a tal fiera resolución de su despreocupado hijo. Yaunque sus palabras fueron perfectamente sensatas, había una especie deloca desesperación en su tono y actitud que era un poco aterradora. Si eso eracausado por el espíritu o por él mismo, no lo sabría decir.― Yo… hablaré con Damon, dijo Daniella al final. Ella había tenido que tragargrueso algunas veces antes de lograr que las palabras salieran.
    • 361Adrian dejó escapar una exhalación profunda y algo de esa fuera se fue coneso. ― Gracias.Ella se escabulló lejos, fusionándose con la multitud dejando a Adrián solocon Christian y Lissa. Los dos parecían solo un poco menos aturdidos queDaniella. ― ¿Damons Tarus? Adivinió Lissa. Adrián asintió.― ¿Quién es ese? preguntó Christian.― El primo de mi mamá, dijo Adrián. ― El abogado de la familia. Un verdaderotiburón. Un poco sórdido también, pero más o menos puede sacar acualquiera de cualquier cosa.― Eso es algo, supongo, reflexionó Christian. ― ¿Pero es lo suficientementebueno para pelear esta tan mencionada fuerte evidencia?― No lo sé. En verdad no lo sé. Adrián distraídamente estiró la mano hacia subolsillo, el lugar habitual de los cigarrillos, pero él no tenía ninguno hoy.Suspiró. ― No sé que evidencia es o siquiera como murió la Tía Tatiana. Todolo que escuché fue que la encontraron muerta esta mañana. Lissa y Christian intercambiaron muecas. Christian se encogió de hombros, yLissa se volteó de nuevo hacia Adrián, tomando el rol de mensajero.― Una estaca, dijo Lissa. ― La encontraron en su cama con una estaca deplata en medio de su corazón.Adrián no dijo nada, y su expresión en verdad no cambio. Se le ocurrió a Lissaque en medio de toda esta charla sobre inocencia, evidencia, y abogados, todoshabían de alguna manera pasado por alto que Tatiana había sido la tía deAdrián. Él no aprobaba algunas de las decisiones de ella y había hecho unmontón de chistes sobre ella a sus espaldas. Pero aún así era su familia,alguien que él había conocido toda la vida. Él tenía que estar sintiendo el dolorde su muerte sobre todo lo demás. Incluso yo estaba un poco en conflicto. Laodiaba por lo que me había hecho, pero nunca la había querido muerta. Y nopude evitar recordar que ella ocasionalmente me había hablado como si yofuera una persona real. Quizás había sido fingido, pero estaba bastante seguraque había sido sincera la noche que ella había estado donde los Ivashkovs.Ella había estado callada y pensativa, más que nada preocupada por llevarlepaz a su gente.Lissa miró a Adrián irse, simpatía y pesar fluyeron a través de ella. Christiangentilmente tocó su brazo. ― Vamos, dijo. ― Hemos encontrado lo quenecesitábamos. Estamos solo atravesados aquí.Sintiéndose inútil, Lissa dejó que él la llevara afuera, esquivando másmultitudes en pánico.
    • 362El bajo sol naranja le daba a cada hoja y árbol una dorada y cálida sensación.Había habido mucha gente afuera cuando regresamos del almacén conDimitri, pero era nada comparado con esto. La gente zumbaba con miedo,apresurándose a pasar la noticia. Algunos ya estaban de luto, vestidos denegro, con lágrimas en sus ojos.Me pregunté cuanto de eso era real. Inclusive en medio de la tragedia y elcrimen, los de la realiza se pelearían por el poder. Cada vez que escuchaba minombre, Lissa se ponía más y más furiosa. Era una ira mala también, esa quese sentía como humo negro en nuestro lazo y a menudo la hacía arremetercontra algo. Era la maldición del espíritu. ― ¡No puedo creer esto! Le dijo ella aChristian. Noté, incluso si ella no, que él la llevaba a toda prisa a un lugardonde no hubiera gente.― ¿Cómo alguien puede pensar eso de Rose? Es una trampa. Tiene que serlo.― Lo sé, lo sé, dijo él. Él conocía las peligrosas señales del espíritu también yestaba tratando de calmarla. Ellos habían llegado a una pequeña áreacubierta de hierba a la sombra de un gran árbol de avellana y se sentaron enla tierra. ― Nosotros sabemos que ella no lo hizo. Eso es todo lo quenecesitamos. Lo probaremos. Ella no puede ser castigada por algo que no hizo.― No conozco este grupo, se quejó Lissa. ― Si alguien quiere llegar a ella, pueden hacer todo tipo de cosas posibles.Con solo la más mínima conciencia, atraje un poco de la oscuridad de ellahacia mí, tratando de calmarla. Desafortunadamente, solo me enfureció más.Christian se rió. ― Olvidas algo. Yo crecí alrededor de este grupo. Yo fui a laescuela con niños de este grupo. Yo los conozco -pero no entraremos enpánico hasta que sepamos más, ¿bien? Lissa exhaló, sintiéndose mucho mejor. Yo iba a tomar mucha oscuridad si noera cuidadosa. Ella le dio a Christian una pequeña y tentativa sonrisa. ― No terecuerdo siendo tan razonable antes.― Es porque todos tienen diferentes definiciones de ‗razonable‗. La mías y essolo mal entendida, es todo. Su voz era sabia.― Creo que debes ser muy mal entendido, ella se rio.Los ojos de él sostenían los de ella, y la sonrisa en su rostro se transformoen lago más suave y cálido.― Bueno, espero que esto no sea mal entendido. De lo contrario, podríaobtener un puñetazo. Inclinándose, él llevó sus labios a los de ella. Lissarespondió sin dudar o pensamiento alguno, perdiéndose a sí misma en lasuavidad del beso. Desafortunadamente, yo fui arrastrada con ella.
    • 363Cuando se alejaron, Lissa sintió su corazón acelerarse y sus mejillassonrojarse.― ¿Cuál exactamente era la definición de eso? Preguntó ella, reviviendo comosu boca se había sentido.― Significa ‗Lo siento,‗ dijo él.Ella miró a otro lado y nerviosa tiró algo de la hierba. Finalmente con unsuspiro, ella lo miró de nuevo. ― Christian… ¿algunas vez…alguna vez huboalgo entre tú y Jill? ¿O Mía?Él la miró con sorpresa. ― ¿Qué? ¿Cómo puedes pensar eso?― Pasas mucho tiempo con ellas.― Hay solo una persona a la que siempre he querido, dijo él. La firmeza de sumirada, esos ojos azules de cristal, no dejaban duda de quién era esa persona.― Nadie más se ha acercado nunca a mí. A pesar de todo, incluso con Avery-―Christian, siento mucho eso ―― No tienes que ―― Si ―― Demonios, dijo él. ―¿Me dejarás terminar una ora….― No, lo interrumpió Lissa. Y ella se inclinó y lo besó, un fuerte y poderosobeso que ardió por todo su cuerpo, uno que le dijo que no había nadie más enel mundo para ella tampoco.Bueno. Aparentemente Tasha había tenido razón: yo era la única que podíavolverlos a juntar. De alguna manera no había esperado que mi arrestojugara ese papel. Me aparté de su cabeza para darles algo de privacidad ysalvarme a mi misma de verlos besándose. No les envidiaba su momento. Nohabía nada tampoco que pudieran hacer por mí, y ellos merecían sureencuentro. El único curso de acción era esperar por más información, y enverdad, su método para pasar el tiempo era mucho más saludable que lo quefuera que probablemente estaba haciendo Adrián. Me tumbé en la cama mimiré fijamente el techo. No había nada a parte de metal simple y coloresneutrales a mí alrededor. Me volvía loca. No tenía nada que mirar, nada queleer. Me sentía como un animal atrapado en una jaula. La habitación parecíavolverse cada vez más pequeña. Todo lo que pude hacer fue repasar lo quehabía sabido a través de Lissa, analizando cada palabra de lo que se habíadicho.
    • 364Tenía preguntas sobre todo, por supuesto, pero lo que se quedó conmigo fueDaniella mencionando una audiencia. Necesitaba saber más de eso. Tuve mirespuesta- horas después. Había caído en una especie de bruma adormecida ycasi no reconocí a Mikhail parado en el frente de la puerta de mi celda. Saltéde mi cama a las barras y vi que estaba abriendo la puerta. La esperanzasurgió a través de mí.― ¿Qué está sucediendo? Pregunté. ― ¿De verdad me dejarán ir?― Me temo que no, dijo él. Su punto fue demostrado cuando, después de abrirla puerta, rápidamente puso mis manos en esposas. No luché. ― Estoy aquípara llevarte a tu audiencia. Entrado al pasillo, vi otros guardias reunidos. Mipropio equipo de seguridad. Un espejo del de Dimitri. Encantador. Mikhail yyo caminamos juntos, y gracias a Dios, y habló en el camino en lugar demantener ese horrible silencio que parecía ser un tratamiento común para losprisioneros. ― ¿Qué es la audiencia exactamente? ¿Un juicio? ― No, no.Demasiado pronto para un juicio. Una audiencia decide si vas a juicio o no.― Eso suena un poco como una pérdida de tiempo, señalé.Salimos del edificio de guardianes, y ese aire fresco y húmedo fue la cosa másdulce que jamás había probado. Es una pérdida de tiempo mayor si vas a unjuicio en toda regla, y ellos se dan cuenta que no hay caso que sostener. En laaudiencia, ellos exponen toda la evidencia que tienen, y un jurado –o, bueno,alguien actuando como jurado- decidirá si deberías tener un juicio. El juicio lohace oficial. Ahí es donde dan el veredicto y reparten el castigo.― ¿Por qué se tomarían tanto tiempo para la audiencia? ¿Por qué me haríanesperar en la celda todo el día? Él se rio, pero no porque pensara que era gracioso. ― Esto es rápido, Rose.Muy rápido. Puede tomar días o semanas obtener una audiencia, y si vas ajuicio, permanecerás encerrada hasta entonces.Tragué grueso. ― ¿se moverán rápido con eso también? ― No lo sé. Ningúnmonarca ha sido asesinado en casi cien años. La gente esta desbocada, y elConsejo quiere establecer orden. Ellos ya están haciendo grandes planes parael funeral de la reina –un gigante espectáculo que distraerá a todos. Tuaudiencia es también un intento de establecer el orden. ― ¿Qué? ¿Cómo? ― Mientras más pronto condenen al asesino, más seguros se sentirán todos.Ellos piensan que este caso en tu contra es sólido, quieren apresurar lascosas. Quieren que seas culpable. Quieren enterrarla sabiendo que su asesinose mueve hacia la justicia, así todos pueden dormir tranquilos cuando elnuevo rey o reina sea electo.― Pero yo no…― Dejé ir mi negación. No tenía sentido.
    • 365Delante de nosotros, el edificio que albergaba las salas de la corte se alzaba.Había parecido prohibido la primera vez que había estado aquí para el juiciode Víctor, pero eso había sido por miedo a los recuerdos que él provocaba enmí. Ahora… ahora era mi propio futuro en la línea. Y aparentemente no solomi propio futuro –el mundo Moroi estaba observando y esperando, con laesperanza de que yo fuera una villana que sería encarcelada para siempre.Tragando grueso, le di a Mikhail una mirada nerviosa. ― ¿Crees… crees queme enviarán a juicio?Él no respondió. Uno de los guardias sostuvo la puerta abierta para nosotros.― ¿Mikhail? Insté. ¿Realmente me pondrán en juicios por homicidio?― Sí, dijo él con simpatía. ― Estoy bastante seguro de que lo harán.
    • 366 Capítulo 27 Traducido por MontyEl entrar en la sala del tribunal fue una de las experiencias más surrealistasde mi vida - y no sólo porque yo era quien iba a ser acusado. Simplemente merecordaba al juicio de Víctor, y la idea de que yo estaba ahora en su lugar fuecasi demasiado raro para asimilarlo.Entrar a una sala con una tropa de tutores hace que la gente mire, y créanme,había una gran cantidad de personas congregadas allí, así que naturalmente,no me escondí o sentí vergüenza. Caminé con confianza, con la cabeza bienalta. Otra vez más tuve un flashback extraño sobre Víctor. Él también habíacaminado de forma desafiante, y me había horrorizado que alguien que habíacometido sus crímenes pudiera comportarse de esa manera. ¿Y si esta gentepensaba lo mismo de mí?En la tarima en la parte delantera de la habitación había una mujer que noreconocí. Entre los Moroi, un juez era generalmente un abogado que habíasido nombrado para el cargo para los fines de la audiencia o lo que sea. Eljuicio en sí , por lo menos en uno grande como el de Victor , había sidopresidido por la reina. Ella había sido la encargada de decidir en últimainstancia, el veredicto final. Aquí, los miembros del Consejo serían los quedeberían decidir llegada esa fase. El juicio lo hace oficial. Ahí es donde pasanel veredicto y repartir el castigo.Mi acompañante me llevó a los asientos delanteros de la sala, más allá de labarra que separaba a los principales actores de la audiencia, y me hizo ungesto hacia un lugar junto a una Moroi de mediana edad vestida con un trajede diseñador muy formal y negro. El objetivo estaba claro, la reina habíamuerto, y él había ido a buscar su vestimenta al departamento moda de―mostrar mi dolor―. Su cabello era un rubio pálido, ligeramente mezclado conlos primeros signos de plata. De alguna manera, hizo que se viera bien.Supuse que se trataba de Damon Tarus, mi abogado, pero no dijo unapalabra.Mikhail se sentó junto a mí también, y me alegré de que le hubieran elegidopara ser el que, literalmente, no se separara de mi lado. Mirando hacia atrás,vi a Daniella Ivashkov y Nathan sentados con otros miembros de la realezade alto rango y sus familias. Adrian había optado por no unirse a ellos.
    • 367Se sentó más atrás, con Lissa, Christian, y Eddie. Todos los rostros estabanllenos de preocupaciónEl juez , una anciana, de pelo gris, Moroi que parecía que aún podía patearteel culo, llamó la atención de la sala, y se volvió para mirar hacia adelante denuevo. El Consejo estaba entrando, y anunció una por una. Dos grupos debancos se habían preparado para ellos, dos filas de seis años con un treceavoen la parte trasera levantada. Por supuesto, sólo once de los lugares estabanllenos, y yo trataba de no fruncir el ceño. Lissa debería haber estado sentadaallí.Cuando el Consejo se resolvió, el juez se volvió hacia el resto de nosotros yhabló en una voz que resonó en la habitación.-Esta audiencia está en orden, en el que determinará si hay pruebassuficientes para…Un golpe en la puerta le interrumpió, y todo público estiro el cuello para verqué estaba pasando.-¿A qué se debe esta perturbación?- el juez exigió. Uno de los guardianes teníala puerta entreabierta y se inclinaba hacia fuera, al parecer hablando conquien estaba en la sala. Se metió de nuevo en la habitación.-El abogado de los procesados está aquí, Su Señoría.- el Juez miró a Damon Ely yo en seguida miramos con el ceño fruncido al tutor.-Ella ya tiene un abogado.El guardián se encogió de hombros y pareció cómico, indefenso. Si hubierahabido un Strigoi allí, él habría sabido qué hacer. Esta interrupción extrañade protocolo fue más allá de su conjunto de habilidades. El juez suspiró.-Muy bien. Envía a quien quiera que sea aquí y vamos a resolver esto.Abe entro en la sala.-¡Ay señor!- dije en voz alta.Yo no tuve reprimenda por hablar fuera de turno, porque un rumor deconversaciones de inmediato llenó la habitación. Mi teoría fue que la mitadestaban asustados porque sabían quién era Abe y su reputación. La otramitad probablemente sólo estaban sorprendidos por su aspecto.Llevaba un traje de casimir gris, considerablemente más ligera que el negrosombrío de Damon. Debajo se trataba de una camisa de vestir que era tanbrillante de color blanco, que parecía brillar, especialmente junto a la corbatade seda carmesí brillante que llevaba.
    • 368Otros puntos de color rojo fueron esparcidos sobre su equipo - un pañuelo enel bolsillo, gemelos de rubí. Naturalmente, todo estaba tan perfectamenteadaptado y era tan caro como el conjunto de Damon. Sin embargo, Abe no seveía como si estuviera de luto. Ni siquiera parece que iba a venir a un juicio.Era más como si hubiera sido interrumpido en su camino a una fiesta. Y porsupuesto, lucía su habituales pendientes de aro de oro y la barba negra.El juez silenció a la habitación con un movimiento de mano mientras sepavoneaba a ella.-Ibrahim Mazur,- dijo ella,