Capítulo 11.2
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Capítulo 11.2

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Traduccion Passion Lauren Kate

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Capítulo 11.2 Capítulo 11.2 Document Transcript

  • Capítulo 11 Flechazo -segunda parte-“Seguro, supongo, pero si te dascuentas que una vez que haga sonar mis dedos, Lys tiene obligaciones en estebaile que no incluyen a Daniel. Esta no es en realidad su escena, y por ello merefiero, a que de ninguna forma los guardias van a permitir que entre un pobrechico de establo.”A Luce no le importaba nada deeso. Chico pobre de establo o no, ella lo encontraría. Ella no podía esperar.Dentro del cuerpo de Lys ella podría incluso abrazarlo, quizás incluso besarlo.La anticipación era casi abrumadora.“¿Hola?” Bill golpeo duramente sufrente con un dedo. “¿Ya estas lista? Entra ahí, ve lo que puedes ver—luego salmientras la captación sea buena, si sabes lo que quiero decir.”Luce asintió. Ella estiró el vestidonegro de Lys y elevó un poco su cabeza. “Envíame.”“Y…anda.” Bill chasqueó sus dedos.Por una fracción de segundo, lafiesta se quedo enganchada como un disco rayado. Luego cada silaba en medio deuna conversación, cada atisbo de perfume siendo trasportado por el viento, cadagota de ponche deslizándose por cada garganta enjoyada, cada nota de música decada músico en la orquesta, se elevó, se suavizo, y continuo como si nada en elmundo hubiera pasado.Solo Luce había cambiado. Sumente fue asaltada por miles de palabras e imágenes. Una enorme casa de campo con techo depaja en las laderas de Los Alpes.Un caballo color castaño llamado Gauche. El aroma de paja en todos lados. Unapeonia blanca de largo tallo descansando atravesada en su almohada. Y Daniel.Daniel. Daniel. Volviendo desde el pozo con cuatro pesados cubos de aguabalanceándose en una barra atravesada en sus hombros. Aseando a Gouche aprimera hora de la mañana de modo que Lys pudiera llevárselo de cabalgata. 1
  • Cuando se trataba de pequeños y adorables favores para Luce, no había nada queDaniel dejara pasar, incluso en la niebla de todo el trabajo que él hacía parael padre de ella. Sus ojos violetas encontrándola siempre. Daniel en sussueños, en su corazón, en sus brazos. Era como los flashes de los recuerdosde Luschka que habían venido a ella en Moscow cuando había tocado la puerta dela iglesia—pero más fuertes, más abrumadores, intrínsecamente parte de ella.Daniel estaba aquí. En losestablos o los cuartos de los sirvientes. Él estaba aquí. Y ella loencontraría.Algo se removió cerca del cuellode Luce. Ella saltó.“Solo yo.” Bill revoloteó sobrelo alto de su capa “Lo estás haciendo bien.”Las puertas doradas en la entradade la habitación fueron abiertas por dos lacayos, quienes estaban de pie a cadalado atentos. Las chicas en la línea frente a Luce comenzaron a reír disimuladay tontamente emocionadas, y luego un silencio barrió la habitación. Mientrastanto, Luce estaba buscando la forma más rápida de salir de ahí hacia losbrazos de Daniel.“Focalízate, Luce.” Bill dijo,como si estuviera leyendo su mente. “Estas a punto de ser llamada a tu deber.”Las cuerdas de la orquestacomenzaron a tocar los barrocos acordes iniciales de El Ballet de Jeunesse, y la completahabitación cambio la direcciónde su atención. Luce siguió la mirada de todos los demás y jadeo: ella reconoció al hombre queestaba de pie enla entrada mirado hacia la fiesta con un parche en un ojo.Era el Duc de Borurbon, el primodel rey.Él era alto y delgado, tan marchitocomo una planta de porotos en sequia. Su enfermamente ajustado traje deterciopelo azul estaba ornamentado con una banda color malva que hacia juegocon las medias malvas de sus piernas tan delgadas como ramitas. Suostentosamente empolvada peluca y su rostro blanco leche era ambosexcepcionalmente feos. 2
  • Ella no reconoció al duque poralguna fotografía en un libro de historia. Ella sabia demasiado de él. Ellasabía todo. Como por ejemplo como lasseñoritas en espera reales intercambiaban obscenas bromas sobre el tristetamaño del cetro del duque. Sobre como él perdió el ojo (un accidente de caza,en un viaje al que él se había unido para apaciguar al rey). Y sobre como justoahora, el duque iba a hacer entrar a las chicas que él había preseleccionado comoapropiado material de matrimonio para el rey de doce años que esperaba dentro.Y Luce—no, Lys—era una de lasprincipales favoritas del duque para llenar la vacante. Esa era la razón del pesado y dolorososentimiento en supecho: Lys no se podía casar con el rey, porque ella amaba a Daniel. Ella lohabía amado apasionadamente por años. Pero en esta vida, Daniel era unsirviente, y ambos estaban forzados a esconder su romance. Luce sintió el miedoparalizante de Lys—que si ella se tornaba la fantasía del rey esta noche, todala esperanza de tener una vida con Daniel desaparecería.Bill le había advertido que ir en3D seria intenso, pero no había forma en que Luce pudiera haber estadopreparada para el embate de tanta emoción: cada miedo y duda que alguna vezhabía cruzado por la mente de Lys inundó a Luce. Cada esperanza y sueño. Erademasiado.Ella jadeo y miro alrededor deella hacia el baile—donde sea menos hacia el duque. Y se dio cuenta que sabíatodo lo que había que saber sobre este tiempo y lugar. Repentinamente ellaentendió porque el rey estaba buscando una esposa a pesar de que ya estabacomprometido. Ella reconoció la mitad de los rostros moviéndose a su alrededoren la sala de baile, sabia sus historias, y sabia quienes la envidiaban. Ellasabia como ponerse de pie con el vestido con corsé de modo que pudiera respirarconfortablemente. Y sabia, juzgando por el entrenado ojo que tenia sobre losbailarines, que Lys había sido entrenada en el arte del baile de salón desde laniñez.Era una sensación extraña, estaren el cuerpo de Lys, como si Luce fuera ambas el fantasma y el embrujado.La orquesta terminó la canción, yun hombre cerca de la puerta dio un paso al frente y leyó desde un rollo depapel. “Princesa Lys de Savoy.” 3
  • Luce elevó su cabeza con maselegancia y confianza de la que había esperado, y aceptó la mano del jovenhombre en la chaquetilla verde que había aparecido para escoltarla hacia lahabitación de recepción del rey.Una vez dentro de la habitacióncompletamente en color azul pastel, Luce intentó no mirar fijamente al rey. Suimponente peluca gris se veía ridícula suspendida sobre su pequeño y pintadorostro. Sus pálidos ojos azules miraban de reojo a la línea de duquesas yprincesas—todas hermosas, todas vestidas exquisitamente—en la forma en que unhombre privado de comida miraría a un cerdo en un asador.La figura llena de granos en eltrono era poco más que un niño.Louis XV había asumido la coronacuando solo tenía cinco años de edad. En conformidad a los deseos de suagonizante padre, él había sido prometido a la princesa española, la infanta.Pero ella aun era una niña recién comenzando a caminar. Era un emparejamientohecho en el infierno. No se esperaba que el joven rey, que era frágil yenfermizo, viviera lo suficiente para producir un heredero con la princesaespañola, quien también podría morir antes de alcanzar la edad donde podríatener hijos. Así que el rey tenía que encontrar una consorte para producir unhijo. Lo cual explicaba esta extravagante fiesta, y las señoritas alineándoseen exhibición.Luce jugueteo con el lazo de suvestido, sintiéndose ridícula. Las otras chicas todas se veían tan pacientes.Quizás ella de verdad queríandesposar al rodeado de acné Rey Louis de doce años, aunque Luce no veía comoeso era posible. Ella eran todas tan elegantes y hermosas. Desde la princesarusa, Elizabeth, cuyo vestido de terciopelo color zafiro tenía un cuellorodeado de piel de conejo, a Maria, la princesa de Polonia, cuya pequeña narizde botón y boca roja que la hacían vertiginosamente atractiva, todas miraban alniño rey con enormes y esperanzados ojos.Pero él estaba mirandodirectamente a Luce. Con una sonrisa de satisfacción que hizo que su estomagose retorciera.“Esa.” Él apuntó hacia ellaperezosamente. “déjame verla de cerca.” 4
  • El duque apareció al lado deLuce, gentilmente empujándola de sus hombros hacia delante con sus largos yfríos dedos. “Preséntese princesa,” él dijo suavemente. “Esta es unaoportunidad única en la vida.”La parte Luce de ella gimióinternamente, pero en el exterior, Lys estaba a cargo, y ella prácticamenteflotó hacia adelante para saludar al rey. Ella hizo una reverencia con laperfectamente apropiada inclinación de cabeza, extendiendo su mano para él besode él. Era lo que su familia esperaba de ella.“¿Te vas a poner gorda?” el reydejó escapar hacia Luce, mirando su cintura apretada por el corsé. “Me gustacomo se ve ahora,” él le dijo al duque. “pero no quiero que se ponga gorda.”Si ella hubiera estado en supropio cuerpo, Luce le haría dicho al rey exactamente lo que ella pensaba de supoco atractivo físico. Pero Lys tenía perfecta compostura, y Luce se sintió asi misma responder, “Espero siempre complacer al rey con mi imagen y mitemperamento.”“Si, por supuesto,” el duqueronroneó, caminando en un apretado círculo alrededor de Luce. “Estoy seguro quesu Majestad puede mantener a la princesa en la dieta de su elección.”“¿Qué hay respecto a la caza?” elrey preguntó.“Su Majestad,” el duque comenzó adecir, “eso no es propio de una reina. Usted tiene muchos otros compañeros decaza. Yo, por ejemplo—““Mi padre es un excelentecazador,” Luce dijo. Su cerebro estaba girando, trabajando n algo—cualquiercosa—que pudiera ayudarla a escapar de esta escena.“¿Debería acostarme con tu padre,entonces?” el rey se burló.“Sabiendo que Su Majestad gustade lar armas,” Luce dijo, esforzándose por mantener su tono educado, “He traídopara usted un regalo—el rifle de caza más preciado de mi padre. Él me ha pedido 5
  • que se lo traiga esta tarde, pero no estaba segura cuando tendría el placer deconocerlo.”Ella tenia la atención completadel rey. Él estaba apostado en el borde de su trono.“¿Cómo se ve? ¿Tiene joyas en laempuñadura?”“El…el mango es tallado a mano enmadera de cerezo,” ella dijo, alimentando al rey con los detalles que Billenumeraba desde donde estaba de pie junto a la silla del rey. “el calibre fueprocesado por—por—““Oh, ¿Qué sonaría impresionante?Por un herrero ruso que desde ese momento ha trabajado para el Zar.” Bill seinclinó sobre los pasteles del rey y olio hambriento. “Esto se ve bien.”Luce repitió las líneas de Bill yluego añadió, “Puedo traérselo Su Majestad, si tan solo me deja ir y traerlodesde mi recamara—““Un sirviente pueda traer el armamañana, estoy seguro,” dijo el duque.“Quiero verla ahora.” El rey cruzó sus brazos,luciendo incluso más joven de lo que era.“Por favor.” Luce se giró haciael duque. “Me daría un gran placer presentar el rifle a Su Majestad enpersona.”“Anda.” El rey chasqueo susdedos, despidiendo a Luce.Luce quería girarse en sustobillos, pero Lys sabia mejor—uno nunca debía darle la espalda al rey—y ellahizo una reverencia y camino de espaldas hasta salir de la habitación. Ellamostró el más gracioso autocontrol, planeando como si no tuviera pies—solohasta que llego al otro lado de la puerta con espejos. 6
  • Entonces ella corrió.A través del salón de baile,pasando por las esplendidas parejas danzantes y la orquesta, zumbando por unahabitación amarillo pastel hacia otra decorada completamente en profundomonasterio. Ella corrió pasando damas jadeantes y gruñones caballeros, sobrepisos de madera y gruesas, opulentas alfombras persas, hasta que las luces sesuavizaron y los participantes de la fiesta se espaciaron, y al fin ellaencontró las puertas parteluz que llevaban afuera. Ella las empujó abriéndolas,jadeando en su corsé para hacer entrar el fresco aire de libertad en suspulmones. Ella se deslizó en el enorme balcón hecho de mármol blanco brillanteque rodeaba el segundo piso del palacio.La noche estaba brillante deestrellas; todo lo que Luce quería hacer era estar en los brazos de Daniel yvolar hacia esas estrellas. Si tan solo él estuviera a su lado para llevárselalejos de todo esto—“¿Qué estás haciendo aquí?”Ella se giró. Él había venido porella. Él estaba de pie al otro lado del balcón en sus simples ropas desirviente, luciendo confundido y alarmado y trágica e inevitablementeenamorado.“Daniel.” Ella se lanzó hacia él.Él se movió hacia ella también, sus ojos violetas encendiéndose; él abrió susbrazos, radiante. Cuando ellos finalmente se juntaron y Luce envolvió susbrazos alrededor de él, ella pensó que podría explotar de felicidad.Pero no lo hizo.Ella solo se quedo ahí, su cabezaescondida contra el maravilloso y amplio pecho de él. Ella estaba en casa. Susbrazos estaban envueltos alrededor de su espalda, descansando en la cintura deella, mientras la empujaba tan cerca de él como era posible. Ella lo sintiórespirar, y olió el aroma de paja en su cuello. Luce lo besó justo bajo suoreja izquierda, luego bajo su mandíbula. Suaves, y delicados besos hasta quellego a sus labios, los cuales se abrieron contra los de ella. Luego el beso seextendió, lleno de un amor que parecía brotar de las mismas profundidades delalma de ella. 7
  • Después de un momento, Luce seseparó y miró fijamente en los ojos de Daniel. “Te he extrañado tanto.”Daniel se rió. “Yo también te heextrañado en las pasadas…tres horas. ¿estas—estas bien?”Luce paso sus dedos por el sedosocabello dorado de Daniel. “Solo necesitaba algo de aire, para encontrarte.”Ella lo apretó con fuerza.Daniel entrecerró sus ojos. “Nocreo que deberíamos estar aquí, Lys. Deben estar esperándote volver a lahabitación de recepciones.”“No me importa. No voy a volver aentrar ahí. Y nunca me casaría con ese cerdo. Nunca me casare con nadie que noseas tú.”“Shhh.” Daniel hizo una mueca,acariciando su mejilla. “Alguien podría escucharte. Ellos cortan cabezas pormenos de eso.”“Alguien ya te escuchó,” una voz dijo desde la puerta abierta. ElDuc de Bourbon estaba de pie con sus brazos cruzados sobre su pecho, sonriendoburlonamente a la visión de Lys en brazos de un sirviente común. “Creo que elrey debería escuchar sobre esto.” Y luego se había ido, desapareciendo dentrode palacio.El corazón de Luce se aceleró,empujado por el miedo de Lys y el propio: ¿Había alterado la historia? ¿Sesuponía que la vida de Lys procediera de forma diferente?Pero Luce no podría saber,¿cierto? Eso era lo que Roland le había dicho. Cualquier cambio que ellahiciera en el tiempo, ellos inmediatamente serian parte de lo que había pasado.Pero Luce aun estaba ahí, así que si ella había cambiado la historia porabandonar al rey—bueno, no parecía importar para Lucinda Price en el sigloveintiuno.Cuando ella le habló a Daniel, suvoz era tranquila. “No me importa si ese vil duque me mata. Preferiría morirque renunciar a ti.” 8
  • Una ola de calor barrió sobreella, haciéndola desbalancearse donde ella estaba. “Oh,” ella dijo, apretandouna mano contra su cabeza. Ella la reconoció al instante, como algo que ellahabía visto miles de veces antes pero nunca le había puesto atención.“Lys,” él susurró. “¿Tu sabes loque viene?”“Si,” ella susurró.“¿Y tú sabes que estaré contigohasta el final?” Los ojos de Daniel la perforaron, llenos de ternura ypreocupación. Él no le estaba mintiendo. Él nunca le había mentido. Nunca loharía. Ella sabia eso ahora, lo podía ver. Él le había revelado solo lo justopara mantenerla viva unos pocos momentos más, para sugerir todo lo que Luceestaba comenzando a aprender sola.“Si.” Ella cerró sus ojos. “Perohay tanto que aun no entiendo. No sé como para esto. No sé cómo romper esta maldición.”Daniel sonrio, pero había lagrimasrodeando sus ojos.Luce no estaba asustada. Ella se sentíalibre. Mas libre de lo que se había sentido antes.Un extraño y profundoentendimiento se estaba desenvolviendo en su memoria. Algo volviéndose visibleen la niebla de su cabeza. Un beso de Daniel abriría una puerta, liberándola deun matrimonio sin amor con un malcriado niño, de la prisión de su cuerpo. Este cuerpono era quien ella era en realidad. Era solo una coraza, parte de un castigo. Y porlo tanto la muerte de este cuerpo no era una tragedia para nada—era simplementeel fin de un capitulo. Una hermosa y necesaria liberación.Pasos resonaron en las escalerastras ellos. El duque retornando con sus hombres. Daniel apretó los hombros deella.“Lys, escúchame—“ 9
  • “Bésame,” ella pidió. El rostrode Daniel cambió, como si no necesitara escuchar nada más. Él la levantó delpiso y la apretó contra su pecho. un hormigueo caluroso se extendió por sucuerpo mientras ella lo besaba más fuerte y profundo, dejándose ircompletamente. Ella arqueo su espalda e inclino su cabeza hacia el cielo y lobeso hasta que estaba mareada de felicidad. Hasta que los oscuros rastros delas sombras se revolvieron y oscurecieron las estrellas arriba. Una sinfonía obsidiana.Pero tras de ello: había luz. Por primera vez, Luce pudo sentir la luzbrillando a través.Era absolutamente glorioso.Era tiempo para que ella sefuera.Sal mientras la captación sea buena, Bill le había advertido. Mientrasella aun estaba viva.Pero ella aun no podía irse. No mientrastodo era tan tibio y adorable. No con Daniel aun besándola, loco de pasión. Ellaabrió sus ojos y todos los colores del cabello de él y su rostro y la noche ensi misma flameaban más brillante y más hermoso, encendidos por un brillointenso.El brillo estaba viniendo desdedentro de Luce.Con cada beso, su cuerpo completose acercaba mas a la luz. Esta era la única forma verdadera de volver a Daniel.Fuera de una vida mundana hacia la otra. Luce moriría felizmente miles de vecesmientras pudiera estar con él de nuevo en el otro lado.“Quédate conmigo,” Daniel pidió inclusomientras ella se sentí a si misma encandecer.Ella gimió. Las lagrimas vertiéndosepor su rostro. La más suave de las sonrisas separó sus labios.“¿Qué pasa?” Daniel preguntó. Él nopararía de besarla. “¿Lys?” 10
  • “Es…tanto amor,” ella dijo, abriendo sus ojos justo cuando el fuego florecía através de su pecho. Una enorme columna de luz explotó en la noche, mandandocalor y llamas a lo alto del cielo, empujando a Daniel, empujando a Luce fuerade la muerte de Lys y hacia la oscuridad, donde ella estaba fría como el hieloy sin poder ver nada. Una temblorosa oleada de vértigo la poseyó.Luego: el más pequeño brillo deluz.El rostro de Bill apareció en lavista, cerniéndose sobre Luce con una mirada preocupada. Ella estaba deespaldas sobre una superficie plana. Ella tocó la suave piedra bajo ella, escuchó elagua goteando cerca, olio el frio y mohoso aire. Ella había salido al interiorde un locutorio.“Me asustaste,” Bill dijo. “No sabía…quierodecir, cuando ella murió, no sabía cómo…no sabía si quizás podrías habertequedado atrapada en algún lado…pero no estaba seguro.” Él agitó su cabeza comopara disipar el pensamiento.Ella intentó ponerse de pie, perosus piernas estaban temblorosas y toda ella se sentía increíblemente fría. Ellase sentó a piernas cruzadas contra la muralla de piedra. Estaba de nuevo en elvestido negro con el borde verde esmeralda. Las zapatillas verde esmeraldaestaban una junto a la otra en la esquina. Bill debía de habérselas sacado yhaberla recostado después de que ella…después de que Lys…Luce aun no podía creerlo.“Podía ver cosas, Bill. Cosas que no sabía antes.”“¿Cómo?”“Como que ella estaba felizcuando murió. Yo estaba feliz. Extasiada. Todo era hermoso.” Su mente corría.“Sabiendo que él estaría para mí en el otro lado, sabiendo que todo lo queestaba haciendo era escapar de algo peor y opresivo. Que la belleza de nuestroamor sobreviviría a la muerte, a todo. Era increíble.”“Increíblemente peligroso,” Billdijo secamente. “No lo hagamos de nuevo, ¿sí?”“¿No lo entiendes? Desde que perdí 11
  • a Daniel en el presente, esto es lo mejor que me ha pasado. Y—“Pero Bill había desaparecido enla oscuridad de nuevo. Ella escuchaba el goteo de la cascada. Un momento mástarde, el sonido de agua hirviendo. Cuando Bill reapareció, él había hecho té. Éltraía una tetera en una delgada bandeja de metal y le pasó a Luce un tazónhumeante.“¿Dónde conseguiste eso?” ellapreguntó.“Dije, no lo hagamos de nuevo, ¿sí?”Pero Luce estaba demasiadoenvuelta en sus propios pensamientos para de verdad escucharlo. Esto era lo máscercano que ella había estado de alguna claridad. Ella iría en 3D-- ¿Cómo lo habíallamado él? ¿Hendirse?—de nuevo. Ellavería sus vidas hasta sus finales, una tras de otra hasta que en una de esas vidas,ella descubriría exactamente por qué pasó.Y luego ella rompería la maldición.Web: The Fallen SagaFuente: Purplerose1Traducido por: cowdiem 12