Seducción Inevitable - Kathleen O'Reilly

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Historia incluida en el dueto Seducción inevitable / Bajo control.
Ashley Larsen odiaba volar. Pero entonces David McLean se sentó a su lado y, de repente, empezó a desear que el retraso del avión se prolongara. Cuando les dijeron que el vuelo se retrasaba hasta el día siguiente, no perdieron tiempo en ir al hotel del aeropuerto.
Afortunadamente, los Estados Unidos estaban llenos de ciudades. Los Ángeles, Nueva York, Miami... Nada podía sugerir más pasión y tórrido deseo que una aventura tan cosmopolita...

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Seducción Inevitable - Kathleen O'Reilly

  1. 1. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 1
  2. 2. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 2 KKAATTHHLLEEEENN OO´´RREEIILLLLYY SSeedduucccciióónn IInneevviittaabbllee Seducción Inevitable (2010) Serie: Donde menos lo esperas 01 Título original: Hot under pressure (2009) Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Pasión 29 Género: Contemporáneo Protagonistas: David McLean y Ashley Taylor AAARRRGGGUUUMMMEEENNNTTTOOO::: Historia incluida en el dueto Seducción inevitable / Bajo control. Ashley Larsen odiaba volar. Pero entonces David McLean se sentó a su lado y, de repente, empezó a desear que el retraso del avión se prolongara. Cuando les dijeron que el vuelo se retrasaba hasta el día siguiente, no perdieron tiempo en ir al hotel del aeropuerto. Afortunadamente, los Estados Unidos estaban llenos de ciudades. Los Ángeles, Nueva York, Miami... Nada podía sugerir más pasión y tórrido deseo que una aventura tan cosmopolita... SSSOOOBBBRRREEE LLLAAA AAAUUUTTTOOORRRAAA::: Kathleen O'Reilly escribió su primer romance a la edad de once años, para su vergüenza eterna fue leído en voz alta en su clase. Después de tomarse más de veinte años para recuperarse de la profunda angustia, ahora está orgullosa de anunciar finalmente su carrera: una autora romántica. Ahora es una galardonada escritora de cerca de veinte novelas publicadas en varios países de todo el mundo. Entre las traducidas al español se encuentran: Conversaciones a medianoche (2004), Errores del pasado (2004), Citas sin amor (2004), Armas de seducción (2004), La noche más larga (2004), El fuego del amor (2006), Te quiero a ti (2009), Seducción inevitable (2010), etc. Algunas de ellas partes de una serie. Kathleen vive en Nueva York con su esposo y sus dos hijos que la engañan a diario.
  3. 3. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 3 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000111 Ashley Larsen pasó prácticamente por encima de una familia de tres al tiempo que murmuraba unas palabras de disculpa. En realidad, por muy elegante que fuera aquel avión, no había modo adecuado en el que una pudiera llegar a su asiento con la dignidad intacta. Además, el pequeño de la familia de tres no hacía más que pincharla en el trasero y reírse a carcajadas. Su madre, mientras tanto, trataba de fingir que no ocurría nada. Con una tensa sonrisa en el rostro, Ashley pasó por delante de aquel mocoso rebelde y consiguió sentarse con un suspiro de alivio. Odiaba los cinco asientos de la fila central. ¿A quién podía haberle parecido que algo así podía ser una buena idea? Afortunadamente, por fin había conseguido sentarse, aunque, a partir de aquel momento, le aguardaba su verdadero desafío: prepararse para el despegue. Sacó la bolsa de plástico de su equipaje de mano y metió su maleta debajo del asiento anterior. Entonces, con un gesto de furia, se quitó los zapatos y se colocó sus cómodas zapatillas de conejitos color rosa. Si iba a morir en el aire, al menos, quería que fuera con algo a lo que le tuviera mucho cariño. Ashley odiaba volar. Le aterraba la idea de moverse a través del cielo a miles de metros de distancia del suelo, pero tampoco le gustaba ser esclava de sus temores por lo que, como mecanismo de supervivencia, había creado un ritual propio antes de empezar a volar. Todos los meses, cuando despegaba del aeropuerto O'Hare para uno de sus viajes, seguía meticulosamente el mismo ritual para tratar de mantener la cordura. Fuera como fuera, funcionaba. Muy pronto, todos los pasajeros estuvieron sentados y las azafatas comenzaron con las comprobaciones pertinentes antes de despegar. Justo cuando Ashley terminaba de prepararse muy adecuadamente para despegar, otro pasajero entró en la cabina y reclamó el único asiento libre que quedaba en el avión. Justo el que quedaba entre Ashley y la familia de tres. Se puso a mirar hacia la ventanilla. Normalmente no era una persona grosera, pero su miedo a volar le sacaba todos los demonios que tenía dentro. Valerie, su hermana, decía que aquellos viajes le venían bien para conseguir superar sus miedos, que el único modo de superar una fobia era enfrentarse a ella. Ashley había pensado en muchas ocasiones que iba a dejar de escuchar a su hermana, pero no aquel día. Aquel día necesitaba su ritual. Un poderoso muslo rozó el suelo. Ashley se sobresaltó. —Lo siento —dijo una voz profunda y masculina. Ashley se dio la vuelta para mirarlo y la sonrisa cortés que había dibujado en el rostro se le congeló inmediatamente. ¡Vaya hombre! Iba vestido con unos pantalones de color caqui y una camisa blanca, algo arrugada, que en la mayoría de los hombres, tendría un aspecto lamentable, pero en él... En ocasiones, el hábito hace al monje, pero en aquella ocasión, era exactamente al contrario. En todas sus horas de vuelo, que Ashley había compartido con señoras de edad, familias varias y obesos hombres de negocios, nunca antes se había sentado junto a un hombre que tuviera una hermosa sonrisa, unos maravillosos ojos castaños y un magnífico cuerpo que parecía suplicar que lo dejaran al descubierto. Ashley tragó saliva. —No pasa nada —dijo ella un segundo antes de volver a apartar la mirada. «Vamos, Ashley, flirtea un poquito. Sonríele. A los hombres les gusta eso».
  4. 4. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 4 Era la voz de Valerie. La primera vez en tres años que Ashley sentía calor entre las piernas y ella se ponía a escuchar a su hermana pequeña. —Creía que no iba a conseguir llegar —comentó el hombre. Ashley no sabía qué hacer. Le habría gustado seguir charlando con aquel hombre tan guapo, pero era consciente de sus zapatillas. Trató de ocultarlas bajo el asiento, pero resultaba casi imposible por la falta de espacio. —Pero lo ha conseguido —replicó ella con una sonrisa. Entonces, se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se detuvo en seco. —He tenido que recorrerme toda la terminal corriendo porque el próximo vuelo a Los Ángeles no es hasta mañana a las seis y yo sólo quiero terminar con esto. ¿Se ha sentido así en alguna ocasión? —Siempre. Él sonrió. Entonces, frunció el ceño inmediatamente. Estaba mirando hacia el pasillo. Debía de estar casado. O al menos tener pareja. Sutil pero inconscientemente, Ashley le miró la mano izquierda. No estaba interesada. No necesitaba un hombre. Ni siquiera lo deseaba, por mucho que Valerie insistiera en ello. Por eso no entendió el saltito que le dio el corazón al comprobar que no había anillo. Mientras consideraba sus propias reacciones, observó cómo la azafata sacaba un chaleco salvavidas para demostrar los procedimientos de seguridad. Ashley se imaginó flotando sola en el océano, con las manos ateridas de frío, el rostro con un ligero color azulado y los pulmones debilitándose poco a poco. Se agarró con fuerza al reposabrazos. Sabía que el lago Michigan tenía una temperatura de unos quince grados en abril, lo que no estaba tan mal, pero había visto la maldita película de Titanic. No quería vivir la experiencia. —¿Es su primer vuelo? —preguntó el guaperas con una hermosa sonrisa que tuvo el inesperado efecto de calmar los temores de Ashley. —Desgraciadamente no. El año pasado me dieron una tarjeta platino por mis numerosos vuelos. Sencillamente, soy una cobarde de corazón. —Lo siento —dijo él. Los ojos color avellana parecían tener un cierto brillo verdoso, cálido y terrenal, que conseguía distraerla de sus temores más que el relajante muscular. Ese hecho le recordó que hacía mucho que no tenía relaciones sexuales. —No tiene por qué. Es herencia familiar. Así somos los Larsen. El desconocido volvió a sonreír. Ella sintió cómo su delator corazón volvía a palpitar con fuerza. Apartó la mirada de aquellos cautivadores ojos verdes y se fijó en el niño de la familia de tres, que parecía estar preparando su siguiente travesura. «Pregúntale su nombre». «No». «Se trata sólo de un nombre, una presentación cortés. No le estás invitando a nada». «No me importa. Cállate, Valerie». «Pero si ni siquiera estoy aquí». «Lo sé. Juro que cuando aterrice voy a ir a ver a un psicólogo». «No seas gallina, Ashley».
  5. 5. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 5 «Sé perfectamente que lo soy. No hay más». «¿Por qué me molesto contigo?» «Porque eres una sádica y disfrutas con mi dolor. Te hace sentir superior». «Ni siquiera estoy aquí...». —No me hables —murmuró Ashley mientras se preguntaba si escuchar los sermones de su hermana significaba que estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. Ciertamente eso era lo que parecía. —¿Cómo dice? —preguntó el guaperas. —Oh. No me refería a usted. Oigo voces. Él levantó las cejas. Tenía una fantástica sonrisa en el rostro, aunque no era una sonrisa completa, sino más bien un gesto de la comisura derecha de la boca, que iba adornada de un minúsculo hoyuelo. —¿Es parte de la fobia? —No. Mi hermana psicótica. ¿Tiene usted una hermana psicótica? —No. —Pues no sabe la suerte que tiene. Yo siempre he pensado que habría estado bien tener un hermano, siempre que no sermonee. —¿Y su hermana le sermonea? —Sí. Como si fuera mi madre. —Vaya, lo siento. Se había vuelto a disculpar. Ashley pensó en lo raro que resultaba oír disculparse a un hombre. Jacob jamás se había disculpado. Ni siquiera una vez. Justo en aquel momento, Júnior, que así se llamaba el niño de la familia de tres, decidió apuñalar al guaperas con una pajita en la mano. Él soltó un grito y se agarró con fuerza al reposabrazos, atrapando sin querer la mano de Ashley. Ella también soltó un grito mientras Júnior se reía como un histérico. Su madre, muy cortésmente, miró en la dirección opuesta como si estuviera completamente en paz con el mundo. Los relajantes musculares producían ese efecto en una persona. El guaperas apartó la mano de la de Ashley y la miró. Los ojos verde avellana le dedicaron una mirada de verdadero pánico. Parecía haber comprendido la seriedad de su situación: cuatro horas sentados junto al terror de los cielos. —Acaban de soltarlo —susurró Ashley—. Lo buscan en cuatro estados. Vi su rostro en un cartel que estaba colgado en la oficina de correos. El guaperas se inclinó hacia ella. Ashley sintió el cálido aliento que emanaba de sus labios contra la piel. —¿A usted también la ha apuñalado? —No, pero me ha sometido el trasero a un magreo de tercer grado. —¿De verdad? —preguntó él con una sonrisa—. Estamos frente a un cerebro criminal con muy buen gusto. «Está ligando contigo, Ashley. Está ligando». «Cállate, Valerie».
  6. 6. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 6 —¿Para qué va usted a Los Ángeles? —preguntó Ashley, comenzando también a flirtear con el desconocido—. ¿Se debe a trabajo, vacaciones o simplemente para tener un cambio de aire? —Trabajo —respondió él mientras golpeaba suavemente con los pies la bolsa de un ordenador—. Soy analista empresarial. ¿Y usted? —Voy a comprar ropa. El desconocido la miró de la cabeza a los pies y se dio cuenta por fin de las zapatillas de conejito que ella llevaba puestas. —¿Tanto le gusta ir de compras? —Soy dueña de algunas boutiques —dijo. Se había comprado las tiendas como regalo para sí misma tras su divorcio. Había tratado con ello de reinventar su vida, pero el negocio no había funcionado como ella esperaba. El olfato empresarial de Ashley no había aparecido mágicamente, tal y como Valerie había esperado. El hecho de tener buen ojo para los colores y los estilos no bastaba. De hecho, en los últimos meses, sobre todo cuando tenía que pagar sus innumerables facturas, había pensado en vender. Además, le habían subido el alquiler por segunda vez en dos años y ella había empezado a sentirse convencida de que no estaba capacitada para llevar un negocio. De repente, cuando sintió que el avión comenzaba a dar marcha atrás, sintió el ya familiar vacío en el estómago. —¿Asustada? —Estoy bien —replicó Ashley. Y así sería. A pesar de sus muchos problemas, Ashley era una superviviente. Cuando se encontraba trabajando en un escaparate nuevo, rodeada de maniquíes ataviadas de hermosas prendas, era capaz de recuperar el sueño. Podría conseguirlo. Lo único que necesitaba era mantener la fe. Le dedicó al desconocido una débil sonrisa. Él no había retirado la mano. Se la mantenía agarrada en un gesto que se suponía que debía ser reconfortante. «Si movieras un poquito el pulgar, a modo de pequeña caricia...». «Cállate, Valerie». Él tenía las manos grandes, cálidas, con largos dedos que parecían ofrecer infinitas posibilidades. —¿Va todo bien? —Genial. Justo en aquel momento, los motores comenzaron a rugir. Rápidamente, Ashley sacó una bolsita para vomitar. Por si acaso. David McLean no se había sentido muy emocionado ante la perspectiva de ir a Chicago para ver a su hermano. Ex hermano. Chris había perdido todo el derecho a utilizar aquel título familiar después de acostarse con la esposa de David. Habían pasado ya cuatro años desde aquello, pero a David aún le escocía. Sin embargo, al ver a la desconocida enfundada con unas zapatillas de conejito que tenía a un
  7. 7. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 7 lado y al pequeño monstruo que tenía al otro, sintió que algo muy poco familiar se le dibujaba en el rostro. Una sonrisa. La mujer le gustaba. Tenía el cabello oscuro, casi negro, unos dulces ojos pardos y una nariz que era demasiado grande como para ser simplemente respingona. Sin embargo, le daba algo distintivo a su rostro: carácter. Además, tenía una hermosa boca de labios gruesos que estaban siempre ligeramente separados, como si fueran los de un niño que ve el mundo por primera vez... o una mujer que está a punto de tener un orgasmo. Algo se le estaba despertando en los pantalones y suponía un gran problema. El sexo convertía a los hombres en perros estúpidos. Como ejemplo, lo que le había ocurrido a Chris con Christine. Cuando le presentó a su hermano por primera vez a la que iba ser su futura esposa, los tres se rieron de lo parecidos que eran los nombres de éstos. Cuando los encontró a los dos en la cama, la cosa dejó de tener gracia. Lanzó una mirada furtiva a las zapatillas de conejito. —Me llamo David —dijo. —Ashley. —¿Eres de Chicago? —Nacida y criada aquí. Seguramente moriré también en esta ciudad. ¿Y tú? ¿Eres también de Chicago? —No. De Nueva York. De repente, algo hizo que David mirara hacia la ventanilla. El avión había dejado de avanzar por la pista de despegue y se dirigían de nuevo a la puerta por la que habían embarcado en la nave. Ashley también se dio cuenta. —Ocurre algo, ¿verdad? Estaba a punto de llamar a la azafata para que la informara cuando el capitán comenzó a hablar por la megafonía del avión con una voz tranquila y sosegada, que sólo consiguió que Ashley se pusiera más nerviosa. —Señoras y caballeros, acabamos de tener una avería mecánica sin importancia. Nada de lo que preocuparse. Voy a regresar a la puerta de embarque para que los mecánicos puedan realizar las comprobaciones necesarias. Tendremos que estar aquí durante un rato, así que podrán desembarcar si quieren. Les recuerdo que necesitarán su tarjeta de embarque para poder volver a montar en el avión. —¿Significa eso que no vamos a volar? —preguntó ella. David notó inmediatamente el alivio que se le había reflejado en la voz. —Claro que vamos a volar —respondió David. Quería tranquilizarla, pero, más que nada, necesitaba regresar a Los Ángeles. Cuando antes se marchara de Chicago, mejor. —No me pienso quitar las zapatillas. No me pueden hacer eso. —No pasa nada. Estoy seguro de que no tardaremos mucho. —¿Qué clase de problemas mecánicos crees que tiene el avión? Una vez, yo tenía que ir en avión a Miami. Pensaron que había problemas con el tren de aterrizaje, pero luego resultó que todo estaba bien.
  8. 8. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 8 —En una ocasión, yo iba a Houston. El motor se paró... —dijo él. Entonces se percató de que ella había abierto los ojos como platos. Decidió no dar más detalles—. Lo siento. No pasó nada. Aterrizamos bien. Tienen motores de refuerzo, por si falla algo. Se dio cuenta de que no la estaba ayudando, por lo que decidió que era mucho mejor callarse. Maldita sea... Le gustaba hablar con ella. Normalmente, durante los vuelos sacaba su ordenador y se ponía a trabajar, pero, aquella tarde, estaba un poco confuso. Dos semanas atrás le había dicho a su ex esposa que tenía que ir a Chicago para una reunión de trabajo. No debería haberla llamado. Christine le había dicho que estaba embarazada. Al final, David había decidido mentir y le había dejado un mensaje en el que le comunicaba que, después de todo, no iba a pasar por Chicago. A David no le gustaba ser un cobarde. Jamás lo había sido. Tan sólo en esa ocasión. Lo del embarazo le había dolido. No se trataba de que quisiera recuperar a Christine, pero le había escocido mucho que prefiriera a su hermano, que la palabra «fidelidad» no formara parte de su vocabulario y que él, como profesional que evaluaba negocios que movían millones de dólares a diario, no hubiera sabido elegir a la esposa perfecta. —Conozco un pequeño café en la Terminal 1 — comentó. No quería quedarse allí sentado evaluando las implicaciones sociales que tenía el hecho de tener un sobrino que era el hijo de su ex esposa. Algo de comer resultaba mucho más atrayente. Entonces, le miró los pies—. Huy. No importa. —¿El que hay al lado de la Puerta 12? —Sí. ¿Lo conoces? —Claro. Como allí en muchas ocasiones —dijo ella. Separó aún más los labios, atrayendo los ojos de David. Aquello olía a problemas—. Hay pocas cosas que me animen a quitarme mis zapatillas, pero lo hago por un perrito caliente y un motor de avión averiado. Vayámonos antes de que Júnior engulla otra barrita de chocolate.
  9. 9. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 9 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000222 Se llamaba David McLean. Tenía el cabello castaño, con un corte muy conservador que le sentaba muy bien. Sí. Jamás se parecería a un modelo de pasarela, pero había algo en él que le fascinaba. Era curioso e inteligente. Preguntaba sobre todo, pero no parecía tan dispuesto a hablar sobre sí mismo. Al final, descubrió por qué. Estaba divorciado. La mandíbula se le tensó al mencionarlo, por lo que Ashley estaba segura de que no había sido un divorcio amistoso. El restaurante estaba tranquilo, sumido en una tenue luz. Los camareros y camareras trabajaban con eficacia y los pequeños cubículos resultaban perfectos para las confidencias. —No es fácil, ¿verdad? —comentó ella pensando en su propio divorcio. Dos semanas de orgullo herido, muchas más en la que tuvieron que solucionar el tema económico para dividir entre ambos las pertenencias que tenían y cinco meses de preguntas incómodas y de consejos bienintencionados por parte de los amigos. Entonces, Ashley se levantó una fría mañana de diciembre y supo que todo iba a salir bien. Iba a poder sobrevivir. Mientras estaba en ese estado tan frágil Valerie la convenció para que hiciera algo radical con su vida, para que viviera su sueño y comprara una cadena de cuatro pequeñas boutiques en Chicago. Para volver a empezar. —¿No te va muy bien? —le preguntó David cuando ella le dijo a lo que se dedicaba. —¿Por qué dices eso? —No sé. No pareces tener la joie de vivre que tienen los dueños de muchos pequeños negocios cuando las cosas van bien. —¿Es que ves a muchos dueños de muchos pequeños negocios? —Oh, sí. De Omaha a Oahu. Kalamazoo a Klondike. He visto muchos. —Oh. —Ser el dueño de su propio negocio implica mucho trabajo. Yo me siento y les explico a esas personas cuánto vale su negocio, lo que están haciendo mal y recomiendo a nuestros inversores si deberían entrar en ese negocio o no. Mi trabajo es la parte más fácil. Después, examino la operación, hablo con unos cuantos clientes y proveedores, hago números y me voy al siguiente negocio. A la siguiente oportunidad. —Yo antes era agente de reclamaciones de seguras —comentó ella. David hizo un gesto divertido con los labios. Ella lo interrumpió—. No me lo digas. Lo sé. Tengo todo el aspecto. —No. De una agente de seguros, no. Tal vez de una librera o de una pastelera. Algo más personal. —Yo creo que eso es un cumplido. —Lo es. Eres demasiado mona para el negocio de los seguros. ¿Por qué el mundo de la moda? «Mona. Cree que eres mona». «Es de Nueva York» «¿Y a quién le importa? Aprovéchate, Ash». Durante un segundo, ella lo miró a los ojos... algo más osadamente de lo que solía. —Quiero demostrar algo. Quiero tomar una planta y alimentarla, cuidarla, regarla y ver cómo
  10. 10. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 10 florece. —Florista. Te veo de florista —afirmó él, chascando los dedos. Ashley se echó a reír. —No, no... De florista nada. Quería hacer algo que pudiera dirigir. Algo que me representara un desafío. Me sentía atrapada y necesitaba demostrar que podía hacer algo diferente. —¿Y la moda representa un desafío? —Sí —respondió ella. Los hombres no tenían ni idea. A ella le había llevado dos horas decidirse por la falda amarilla, una camiseta verde pálida perfecta y un collar de cuentas de cristal. El atuendo le quedaba maravillosamente con su cabello y, lo mejor de todo, no dejaba arrugas en los viajes. —Buena suerte. —Gracias. —Bueno —dijo él, reclinándose en el asiento. Entonces, observó los monitores en los que se anunciaban las salidas—, creo que es mejor que regresemos a la puerta de embarque. —¿Tienes muchas ganas de marcharte de aquí? —preguntó ella, tras notar la tensión que se le había reflejado en el rostro. —No. No es eso. Ashley sabía lo que le ocurría. —Negación. No te preocupes. Las cosas mejorarán. —¿Han mejorado en tu caso? —Oh, sí —mintió ella. No habían empeorado, pero tampoco habían mejorado. Estaba sumida en una especie de limbo pos-divorcio del que no sabía cómo salir. —¿Cuándo fue la última vez que saliste con alguien? —No hace mucho tiempo. —¿Cuánto? Ashley se rebulló en su asiento. —No sé... —respondió vagamente. Llevaba tres años y ocho meses divorciada, pero no le apetecía la idea de volver a salir con nadie. Le parecía que estaba mal. Tenía treinta y dos años y no podía salir para ir simplemente a sentarse en un bar. Si se apuntaba en una agencia matrimonial tenía miedo de que nadie la eligiera. Además, la mayoría de las citas a ciegas que había tenido habían sido decepcionantes. —¿Hace más de un año? —Tal vez, pero he estado ocupada. David permaneció en silencio durante un instante antes de contestar. —Lo comprendo. Yo no soy uno de esos hombres que tiene que estar casado. Cocino y me lavo yo solo la ropa. Soy muy independiente. —En ese caso me parece que estás en la situación idónea... —Eso creo. ¿Y tú? —Oh, sí... De repente, decidió dejar de fingir. David estaba en su misma situación. Sabía exactamente lo
  11. 11. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 11 que se sentía. ¿Por qué no decir la verdad? Ashley echaba de menos cocinar para dos, despertarse los domingos por la mañana y no tener que planear el día. Regresar del trabajo y comentar lo ocurrido en su jornada laboral. Había estado casada siete años. No había sido el mejor matrimonio del mundo, pero... —A veces lo es, pero a veces no. Bueno, ya sabes. Hay cosas que echo de menos. —Sí... —Por la noche me siento sola. —Exactamente. —Es decir, sé que puedo pedirle a Valerie que venga a ver una película conmigo, pero a mí me encantan las películas de terror por la noche y a mi hermana le dan mucho miedo. Lo único que vemos son dramas históricos. De algún modo, ver televisión resulta más entretenido si es con otra persona. —Claro. Creo que deberíamos volver al avión. —¿Volver al avión? ¿Al lado de ese niño? Debes de ser tan sádico como Valerie —comentó ella riendo. —Tal vez esté dormido. Cuando volvieron al avión, no tuvieron esa suerte. Júnior estaba muy activo, seguramente por todo el chocolate que parecía haberse comido a juzgar por las manchas que tenía en la cara. No hacía más que saltar encima del asiento, pero, al menos, no parecía tener a mano ningún tipo de objeto que pudiera utilizar como arma. David observó cómo Ashley se cambiaba de nuevo de zapatos y se dio cuenta de que tenía unos pies verdaderamente bonitos. Suaves, compactos, con bonitas curvas. Sintió que su miembro viril se rebullía un poco y apartó la mirada. ¿Excitado por unos pies? Estaba perdido... completamente perdido. Hacía mucho tiempo desde la última vez que había estado en compañía de una mujer soltera. Después del divorcio, se había consagrado por completo a su trabajo porque le gustaba y se le daba bien. Si no podía tener una vida familiar, al menos podría asegurarse la jubilación. Aquel día había sido como sumergirse en un océano profundo. Todo había vuelto: los nervios, el deseo... «Si por lo menos ella no hubiera mencionado la palabra "sexo"...». En realidad, ella no había mencionado el sexo para nada. Sólo había pronunciado la palabra «por las noches». La imaginación de David había hecho el resto. Deseaba sinceramente que no estuvieran en un aeropuerto. No hacía más que preguntarse si la falda se le levantaría tan fácilmente como parecía para poder acariciarle los muslos. Piel tostada, cremosa, suave... Piel deliciosa frotándose contra la de él... Mientras trataba de evitar mirarle la piel, levantó los ojos y se encontró de pleno con el pecho de Ashley. Muchas curvas ahí también. Después de eso, apartó la mirada y se encontró con los ojos de Júnior. El niño parecía saber lo que él estaba pensando. A una altitud de treinta mil pies, no le iba a resultar mucho más fácil. Era mejor concentrarse en otras cosas menos excitantes. Júnior le lanzó un bloque de Lego. Cosas como la supervivencia.
  12. 12. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 12 Dos horas más tarde seguían sin despegar. Estaban esperando o una pieza nueva u otro avión. Los pilotos no parecían estar seguros de qué era lo que iba a llegar primero, pero seguían pensando que iban a despegar aquella noche. A la luz de aquellos hechos, hacía mucho que Ashley había abandonado su miedo a volar. Resultaba evidente que no iban a marcharse a ningún sitio, al menos en los próximos minutos. Tenía el muslo apretado contra el de David. El de él era fuerte. Los brazos tampoco estaban mal. Hacía treinta minutos que se había remangado y a ella le resultaba imposible apartar la mirada de aquellos bíceps. Era un hombre fuerte y corpulento, tal vez demasiado para un asiento de avión. Sus brazos no hacían más que rozar los de ella, provocándole pequeñas descargas eléctricas. Además, él no se lo estaba poniendo demasiado fácil. La conversación había cesado hacía media hora y ella lo había sorprendido mirándole el pecho, momento en el que los dos apartaron cortésmente la mirada. Ashley no hacía más que cruzar y descruzar las piernas. Sentía unos profundos deseos de pedirle que se reuniera con ella en el cuarto de baño. Sacó una revista para tratar de distraerse, pero no lo consiguió. Lo único que sí conseguía que dejara de prestarle atención era Júnior, lo que decía mucho sobre lo desesperada que se encontraba. Observó cómo el niño escribía algo sobre la mano de David y luego contó las veces que el pequeño correteó por el pasillo, tratando de no fijarse en el ligero abultamiento que David tenía en los pantalones. Pasaron otros treinta minutos. Las azafatas comenzaron a repartir unas bebidas. Alcohol, el más potente afrodisíaco. Cuando las azafatas se detuvieron en su fila, David negó con la cabeza. Ashley hizo lo mismo, mientras que los padres de Júnior optaron por un vodka con tónica doble cada uno. En el exterior, las luces del aeropuerto estaban comenzando a hacerse más tenues. Si bajaba un poco la mano, le tocaría el muslo. Si tenía cuidado, incluso parecería un accidente. Júnior derramó un poco de zumo de naranja en los pantalones de David. Éste se hizo rápidamente hacia un lado y se produjo un rápido intercambio de contactos. La mano de él, el pecho de ella, el muslo de él... Mientras tanto, la madre de Júnior trataba de disculparse. Los pezones de Ashley se irguieron, como si fueran ellos los que estaban listos para despegar. Poco después de que los pechos de Ashley volvieran a la normalidad, el capitán anunció lo que todos estaban esperando. —Señoras y caballeros, lo hemos intentado. Las condiciones meteorológicas en Nueva York son malas y no hemos podido conseguir el avión que estábamos esperando. En cuanto a la pieza, no podrá llegar aquí hasta mañana. Por lo tanto, siento mucho decirles que no vamos a ir a ninguna parte. Si alguno de ustedes necesita alojamiento en el aeropuerto, una azafata podrá darles los detalles pertinentes. Un hotel. De repente, la palabra adquirió nuevas connotaciones. Un hotel implicaba una cama, intimidad, algo mucho más cómodo que un pequeño cuarto de baño diseñado por Boeing. Un hotel implicaba sexo. Las luces se encendieron y todos los pasajeros comenzaron a levantarse. Todos iban quejándose y protestando, pero Ashley se sentía muy feliz. No quería mirar a David. No quería asumir nada. Principalmente, no quería comportarse como si no supiera lo que estaba haciendo.
  13. 13. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 13 Después de todo, era una mujer madura, adulta, y después de estar ocho horas sentada junto a él, sentía que podría explotar con tan sólo una caricia. David se volvió a mirarla e inclinó ligeramente la cabeza. Ashley lo miró a los ojos. Las sensaciones fueron muy carnales. Ella se lamió los labios mientras David seguía el movimiento de la lengua. Los dos sabían lo que querían. Él se inclinó sobre ella y le colocó la boca cerca de la oreja. —Deberías saber que, en estos momentos, soy un hombre muy feliz. —Me alegro... Iba a tener relaciones sexuales con David. Iba a quitarle la camisa, a sentir los músculos de su torso desnudo apretándose contra su pecho. Le arrancaría los calzoncillos. Su instinto le decía que serían blancos, apretados, con el miembro viril destacándose claramente. Entonces, por fin, él se hundiría en ella, llenándola plenamente... Sintió que los músculos se le contraían una. Dos veces. La boca se le tensó. Miró a David y vio que él le estaba observando. Sus ojos eran casi negros. Ashley asintió una vez. —Creo que tenemos que irnos. Ahora. David agarró el equipaje de mano de ambos y los dos echaron a correr por el aeropuerto. Las zapatillas de conejito de Ashley cooperaron adecuadamente.
  14. 14. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 14 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000333 La primera parada fue el quiosco de prensa para comprar preservativos. ¡Preservativos! «No me puedo creer que estés ahí viendo cómo ese hombre compra preservativos. Es decir, me alegro y todo esto, pero, ¿y si es un asesino en serie? Esto no es muy inteligente. ¿Qué es lo que sabes sobre ese hombre?» «Sé lo suficiente como para querer acostarme con él, no para dormir, sino para tener relaciones sexuales. Quiero besarlo. Me gusta ver cómo los ojos se le ponen oscuros de deseo. Te sorprendería saber lo que una averigua sobre un hombre cuando se está atrapada a su lado en un avión durante ocho horas. No es un asesino en serie». «Esto es tu entierro». «Cállate, Val. Tú no estás aquí y él sí». Ashley sacó los zapatos del equipaje de mano y se quitó las zapatillas. No iba a necesitarlas hasta el día siguiente. Después de unos minutos casi eternos, David regresó de nuevo a su lado. Estaba ligeramente sonrojado. No parecía la clase de hombre que estaba acostumbrado a comprar preservativos en el aeropuerto. Por supuesto, tampoco parecía un asesino en serie. —No llevo —dijo a modo de disculpa. —Lo comprendo —replicó ella. Entonces, decidió que era mejor no seguir hablando del tema. El traslado al hotel fue rápido y silencioso. De hecho, los llevó a su destino demasiado rápidamente. David no la tocó. No tenía que hacerlo. Ella podía sentirlo, notar sus ojos, leer sus pensamientos. Cuando llegaron al hotel, David tomó el equipaje de mano de Ashley. Le rozó el brazo con el suyo y provocó que ella se sobresaltara. Ashley se sentía muy excitada. En recepción, David se ocupó de conseguir una habitación. Segundos más tarde, regresó a su lado. Había llegado el momento. —No tienes muy buen aspecto. ¿Quieres beber algo? Podemos charlar un poco más —dijo él. —Deberíamos tomarnos una copa —admitió ella, aunque se moría de ganas por subir a la habitación. Se dirigieron al bar del hotel, un lugar oscuro, íntimo y elegante, con enormes y cómodos sillones y un imponente espejo en la pared. —Yo tomaré un tequila doble —le dijo Ashley al camarero. —Que sean dos —añadió David. Mientras él esperaba las copas, Ashley se fue a buscar dos butacas que quedaran lejos de la barra, pero no del espejo. David se reunió con ella y dejó las copas sobre la mesa. Entonces, se sentó a su lado. —Deberías saber que he recibido clases de conducción en situaciones de peligro, he estado casado sólo una vez, no tengo enfermedades contagiosas ni que se transmitan sexualmente y jamás ligo con mujeres desconocidas en los aeropuertos. Por alguna razón, esas palabras hicieron que Ashley se sintiera mucho mejor. —Yo tampoco. Bueno, es decir, en mi caso, hombres. Jamás ligo con hombres desconocidos en
  15. 15. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 15 los aeropuertos —dijo ella. Tras pronunciar estas palabras, se lamió la sal que se le había quedado pegada a los labios. David se inclinó sobre ella y le besó la comisura de la boca. —Sabe a sal... —Sí —respondió ella automáticamente sin dejar de mirar la de él. Tenía una bonita boca. Ashley se tomó un buen trago de tequila. —Si pensaras que me estoy mostrando demasiado lanzada, me lo dirías, ¿verdad? —Por supuesto —mintió él. —Qué estupidez... —Podemos pedir dos habitaciones —sugirió él. Era la viva imagen del hombre que se moría por tener relaciones sexuales, pero que ansia mostrarse ético. Ashley miró a David y se decidió inmediatamente. No tuvo duda alguna. —Quiero tener relaciones sexuales contigo. Quiero hacer algo nuevo y excitante, al menos una vez antes de morirme, seguramente en un accidente aéreo. El sexo con desconocidos es muy excitante... —¿Sexo con desconocidos? —Sí, bueno, ya sabes. Lo desconocido, lo prohibido. Se miró en el espejo. Parecía la misma, pero, al mismo tiempo, era diferente. Tenía una expresión salvaje en los ojos. Entonces, se dejó llevar por completo y lo besó. Una vez. En la comisura de la boca. Luego, colocó los labios plenamente sobre los suyos. Fue casi un beso. Una suave presión. Un intercambio de alientos. No era suficiente. Mágicamente, se convirtió en un beso lleno de pasión. David McLean besaba estupendamente. Era sincero, ansioso, y era así como la hacía sentirse a ella. Se olvidó del espejo, de la habitación del hotel, y se centró sólo en una cosa: en el modo perfecto en el que la lengua de él encajaba perfectamente con la suya. David sabía a sal, a lima y a sexo cálido y sudoroso. Tal vez esa última apreciación era sólo la opinión de su subconsciente o la provocaba la humedad que se le había ido formando entre las piernas, pero no lo creía. Se acercó un poco más a él, ejerciendo de seductora. Cuando él le agarró la mandíbula, la inmovilizó mientras aquella lengua mágica entraba y salía libremente intensificando el placer que sentía entre las piernas. Cuando David rompió por fin el beso, los ojos color avellana estaban oscuros y tenían una mirada somnolienta e irresistible. —¿Dos habitaciones? —preguntó él. Ashley negó con la cabeza sin dudarlo ni un instante. Se dirigieron a los ascensores sin tocarse. Ella no quería tocarlo en aquel momento. Un roce físico implicaba combustión y ni el vestíbulo ni el ascensor de un hotel eran el lugar adecuado para ello. Ni para Ashley ni, aparentemente, para David. «Ya no hay vuelta atrás, Ash. Estás segura de que no es un asesino en serie, ¿verdad? ¿Y si te estrangula o algo así? David la miró. Su hambrienta mirada volvió a centrarse en su boca.
  16. 16. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 16 Ashley ordenó inmediatamente a las voces que se callaran. Mientras trataba de introducir la tarjeta llave en la cerradura, David notó que le temblaba la mano. Cuando por fin abrió la puerta, se dijo que debía tomarse las cosas con calma. Entonces, decidió dejar a un lado tanta cautela. Agarró inmediatamente a Ashley y cerró la puerta de una patada. Ella le enredó las manos en el cabello y lo estrechó contra su cuerpo. Juntos, se dirigieron a trompicones hacia la cama. Aquella actitud no era propia de él. Entonces, ¿quién era el hombre que le quitaba la camiseta y le subía la falta a Ashley antes de apoderarse de nuevo de su boca? Y qué boca... Ashley besaba tal y como vestía. No del todo elegantemente, pero con osadía y atrevimiento. David oyó un gemido. Había sido ella. Se tumbó encima de ella sobre la cama sin ningún miramiento, pero, por suerte, a ella no pareció importarle. Le enredó las piernas alrededor de la cintura, ofreciéndose a él mientras las manos le volaban a la bragueta. Los senos se apretaban contra el torso de él, suaves montículos cubiertos de algodón blanco. Ansiaba apartar el sujetador para poder ver... De repente, la habitación comenzó a temblar. ¿Qué había sido eso? Oyó el motor de un avión y recordó que estaban en el aeropuerto. Tenía que permanecer tranquilo. Un preservativo. Demonios, necesitaba un preservativo. —Espera… Necesitaba controlarse, respirar. Bajo la tenue luz de la lámpara de la mesilla de noche, vio que ella lo observaba, con la ropa descolocada, dejando ya al descubierto más piel de la que ocultaba. Y qué piel. Oro y rosa mezclados como si fuera madreperla. Llevaba braguitas de algodón. Con lo que le gustaba a él el algodón blanco. Le resultaba muy sensual. Como ella. Mientras le quitaba el sujetador, las manos le temblaban. Parecía que no tuviera experiencia alguna. «Tranquilízate. Va a pensar que hace meses que no haces esto...». Y estaría en lo cierto, pero no quería darle publicidad al hecho. Abrió el paquete tal y como se suponía que tenía que abrirse. Entonces... —Permíteme a mí —susurró ella, con voz ronca y sensual. Aquella mujer, que viajaba con zapatillas de conejitos, que temblaba desesperadamente a los diez mil pies, parecía en aquellos momentos más poderosa que una reina guerrera. Oh, no... Aquellas hábiles manos le habían agarrado el miembro viril, provocándole una descarga de diez mil voltios. «Concéntrate en otra cosa. En los pechos, por ejemplo». No funcionó. No iba a durar. Iba a explotar y todo iba a terminar allí mismo. Ni hablar. La empujó sobre los almohadones con cierta brusquedad y entonces... Sí. Ashley estaba tensa y húmeda. David abrió los ojos y miró los de ella. Tragó saliva. ¿Cómo había podido olvidar que el sexo pudiera ser tan maravilloso?
  17. 17. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 17 —Oh... Ashley sonrió. Le pareció una sonrisa maravillosa. Se alegró mucho del fallo mecánico del avión. Estar así, con ella, merecía la pena. Comenzó a moverse dentro de ella, hundiéndose cada vez más. La sonrisa de Ashley se convirtió en un gesto serio. Entonces, él ya no pudo seguir pensando. La biología, el deseo y el sexo se hicieron cargo. Se hundió en ella profundamente. Ella tenía las pupilas dilatadas y la boca... la boca era exactamente como él había imaginado. No, era mejor aún. Ashley trataba de hablar, pero no podía. Le arañaba la espalda con las uñas y después el trasero. Aquel fue el dolor más placentero que David hubo disfrutado nunca. Sabía que debía hacer más por ella, estimularla y tocarla, pero su cuerpo se movía como guiado por un piloto automático, moviéndose rápida y duramente. A ella no parecía importarle. Le había colocado las manos en los hombros y tiraba de él sin delicadeza alguna. David jamás había tenido una experiencia sexual tan placentera ni arrebatadora en toda su vida. , Despegó otro avión y la cama volvió a moverse, sólo que en aquella ocasión no fue por los motores. La habitación no dejó de dar vueltas hasta casi una hora después, cuando ya no despegaba ningún avión más. ¿Sexo con desconocidos? ¿Era eso lo que significaban aquellas tres palabras? Iban a tener que volver a hacerlo. Ashley rodó hacia el borde de la cama. Una no se acurrucaba junto a un hombre al que hacía menos de veinticuatro horas que conocía. En realidad, una mujer no suele compartir la habitación de un hotel con un hombre al que hace tan poco tiempo que conoce, pero en ese caso, después de dos horas, creía que podía relajar un poco tan firmes reglas. —¿Te encuentras bien? —le preguntó él acercándose a ella. Estaban tan cerca, tan desnudos, aunque en realidad no lo estaban del todo... —Sí —respondió ella. —¿Cómo de bien? —insistió él. —Muy bien... —Me alegro. Yo nunca había hecho algo como esto y es... No sé... Es simplemente, genial. —Es cierto —susurró ella. David asintió y ella sonrió—. ¿Por qué no es siempre así? —preguntó, sin comprender por qué aquel encuentro sexual había sido diferente. ¿Por qué él, en aquella habitación y en aquel momento? Tal vez la razón era que hacía casi dos años que no tenía relaciones sexuales. —No es siempre así porque no todos los hombres son como yo —comentó entre carcajadas—. Sea lo que sea, no es por el ambiente —añadió, mirando a la aburrida decoración de hotel de aeropuerto que había en la habitación. Ella sabía que David tenía razón. Entonces, tiró de la sábana para taparse el pecho discretamente. David McLean, por el contrario, no se mostraba en absoluto tímido. Tenía las piernas fuertes, bronceadas... Un trasero suave, firme... como el... ¿De qué estaban hablando? Tenía que centrarse en la conversación. —¿Por qué ha sido tan especial? Si te conociera mejor, ¿desaparecería la magia?
  18. 18. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 18 —La magia nunca dura. Yo he tenido algunas primeras citas maravillosas y luego, cuando uno llega a la tercera, se pone a pensar en quién será esa persona. —Es cierto —admitió ella, acurrucándose por fin junto a él—. La familiaridad. A partir de ese momento todo cae en picado... —Gracias —dijo él, de repente. —¿Gracias por qué? —Por hacer esto. Por quedarte conmigo esta noche. Me siento muy bien. Como si pudiera correr una maratón. Vivo o, al menos, no tan muerto. No sabía que podía tener relaciones sexuales con una desconocida en la habitación de un hotel sin sentirme culpable. Sin tratar de analizarlo todo. —Estás analizándolo todo. —Es deformación profesional —afirmó él. Se reclinó sobre las almohadas y suspiró—. No debería resultar tan difícil volver a empezar. Sólo una cita. Para mí, ése es el Santo Grial. Quiero encontrar una mujer con la que salir y pasar una velada agradable. Conversar un poco, divertirme. —Estoy segura de que hay cientos de mujeres que quieren salir contigo. —Desgraciadamente, parece que todas las mujeres que conozco son raras, neuróticas o demasiado necesitadas. O tienen dieciocho años. Yo tengo ciertas condiciones. —Pues siento que no hayas tenido suerte. Todo eso tiene que ver con los estrógenos... menos lo de tener dieciocho años. ¿Has probado en Internet? Una amiga mía conoció a su esposo en la red. —La gente normal no hace esas cosas, ¿no te parece? —Ya no es así —afirmó Ashley—. Todo el mundo está demasiado ocupado para salir y conocer a otras personas con la esperanza de conocer al... Elegido. O a la Elegida. David no parecía estar muy convencido. —Un servicio de citas. A mí me suena algo frustrante —Anímate. Estoy segura de que las mujeres se pelearán por ti. —¿De verdad te parece una buena opción? —Sí. —¿Y me juras que los que se apuntan son personas normales? —Por mi honor como profesional de la moda. —No sé... —Pruébalo —lo animó ella. David necesitaba encontrar a una mujer que supiera apreciarlo. Después de un momento de consideración, él suspiró y asintió. —Lo haré. Sólo para probarlo. Me has animado. Tras haber decidido aquel punto, David la miró y ella volvió a sentir un profundo hormigueo por el cuerpo. Eso no era valor, no señor, sino lujuria. Ashley le daba valor a él. David le daba lujuria. La ecuación no parecía estar muy equilibrada. —Tú también deberías hacerlo —añadió él. Ashley no quería salir con un hombre. Tenía frente a ella lo único que deseaba. Un hombre alto, fuerte y completamente desnudo en la cama. Jamás se hubiera creído capaz de hacer algo así
  19. 19. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 19 —Yo no quiero tener una cita. Quiero una aventura. —Deberías vivir en Nueva York. Si vivieras en Nueva York, yo tendría una aventura contigo. —No, gracias. Yo no me voy a mover de Chicago. Aunque tenga que marcharme mañana a Los Ángeles, siempre regresaré a Chicago. Mientras Ashley analizaba lo que acababa de decir, se produjo un profundo silencio entre ellos. Eran completos desconocidos. Ni siquiera vivían en el mismo estado. Después de aquel viaje a Los Ángeles, ella no volvería a verlo jamás. —¿Te apetecería que cenáramos juntos en Los Ángeles? —preguntó él. —¿No te parece que estaríamos tentando al destino? —¿Sólo por cenar juntos? —Por el hecho de tener una cita. ¿Y si eso destruye la chispa que ha saltado entre nosotros? ¿Y si el único modo de experimentar algo así es reunirse en la habitación de un hotel perdiéndonos por completo en un instante de salvaje abandono? —¿Se te ha ocurrido todo eso sólo por un tequila y un coito? —No. He estado pensando. —¿Has podido pensar? Yo no. ¿Y por qué lo has hecho? —No he pensado antes. Lo estoy haciendo ahora. Yo creo que la situación se merece cierta consideración. —Está bien. Reúnete conmigo en una habitación de un hotel de Los Ángeles. El Château Marmont. Podemos ser el señor y la señora Jones. Así pondremos a prueba esta teoría. —Podríamos intercambiar simplemente el número de una habitación de hotel. Entonces, yo podría llamar tres veces a la puerta y... —Sí. O simplemente podríamos reunimos en el vestíbulo —dijo él con tono práctico. —Eres demasiado pragmático. En eso no existe en absoluto sentimiento de aventura. —¿Y esto me lo dice una mujer que lleva zapatillas de conejito? —Ahora no —replicó ella levantando un pie. —Piel desnuda. Muy seductora... —¿Tú crees? —susurró ella levantando de nuevo el pie. —Sí. Tienes unos pies muy sensuales. Estuve observándolos en el avión. —¿De verdad crees que mis pies son sensuales? No te irás a poner ahora en plan raro y vas a empezar a querer chuparme los dedos de los pies, ¿verdad? David debía tener algún defecto. Eso lo explicada todo. Afortunadamente, él pareció horrorizado. —No, pero podría empezar por el empeine del pie e ir subiendo a ver dónde termino. Ashley miró fijamente al apéndice que tanto interés había despertado. —Eso suena... excitante. —Antes, siento no haberte buscado tus puntos de placer, pero me dejé llevar. Resultaba tan agradable... Creo que no cumplí adecuadamente con mis deberes como hombre. —Pues adelante —dijo ella, agitando los dedos de los pies—. Cumple con tu deber, mi esclavo de placer.
  20. 20. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 20 David le tomó un pie y comenzó a besarle suavemente el puente haciendo que ella soltara la carcajada. Cuando subió hasta las pantorrillas, las cosquillas se transformaron en una sensación muy diferente. Un hormigueo cálido entre las piernas. —Oh... —murmuró ella—. ¿Tienes más preservativos? —Una caja entera. Ahora, deja que reanude mis tareas... Ashley se dejó caer sobre las almohadas. En el momento en el que los labios de David le tocaron la parte interior del muslo, dejó de reír. Ya sólo se escucharon suspiros y respiraciones entrecortadas. Ella sonaba plenamente como una mujer a la que le están tocando muy placenteramente todos sus puntos erógenos. En ocasiones dos veces. —Me alegra mucho que compraras una caja entera… David comenzó a besarle en la parte posterior de la rodilla y siguió subiendo a una firme, pero adecuada velocidad para procurarle a Ashley un orgasmo. «Ash, eres demasiado fácil». «Cállate, Val».
  21. 21. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 21 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000444 Utilizaron cuatro preservativos más hasta las cinco de la mañana. No resultó necesario el despertador. Ashley estaba muy cansada. No lo había estado tanto desde hacía años. —No podemos volver a hacer esto —le dijo, con el rostro enterrado contra la almohada. David se echó a reír. —Podremos dormir en el avión —comentó. —He dicho que no deberíamos volver a hacer esto. David comprendió por fin a lo que ella se refería. —Esta noche nos hemos divertido mucho. Ha sido como vivir la vida de otra persona a la que siempre he envidiado en secreto, pero si salimos a cenar o nos reunimos en un hotel, temo que perderé esta fantasía. Prefiero que terminemos con un buen sabor de boca. —Es una actitud muy derrotista. —No. Algunas veces, las cosas son demasiado buenas como para estropearlas —le espetó ella. —¿Vas alguna vez a Nueva York? —Algunas veces. ¿Y tú? ¿Vienes a Chicago? —No si puedo evitarlo. —Esto ha sido divertido —repitió ella. Se levantó de la cama. En el exterior. Las ventanas comenzaron de nuevo a estremecerse por los motores de un avión. El aeropuerto volvía a despertarse. Se dirigió a la ducha, sintiendo que le dolían músculos que ni siquiera sabía que tenía. —Yo podría echarte una mano. —En la ducha. Estaba allí, tumbado de espaldas sobre la cama, con la cabeza recostada sobre las almohadas. Alto, fuerte y preparado una vez más. ¿Cansado? ¿Quién ha dicho que estaba cansado? «Tú». —Vamos —le ordenó ella, con una voz ronca que no sabía que pudiera poseer. No tuvo que pedirlo dos veces. Más tarde, ya en el avión, no se hablaron. El vuelo de las 6:00 de la mañana con destino a Los Ángeles estaba lleno, pero, por suerte, Júnior y sus papás no estaban presentes. Ashley tuvo que sentarse junto a un comercial de productos de fontanería de Portland que parecía tener muchas ganas de hablar. Sacó sus revistas y fingió estar interesada en ellas, pero no hacía más que mirar hacia la parte delantera del avión. Hacia el asiento 16 A para ser exactos. Allí podía ver la parte posterior de la cabeza de David. Ashley había tardado dos horas en atreverse a acariciar el cabello de David. Aún podía sentir los suaves mechones entre los dedos, aún olía el champú y el jabón. Aún olía el sexo. «No pienses en eso, Ash y mucho menos con el que tienes sentado a tu lado ahora...». Dejó de mirar hacia el asiento 16 A y se centró en sus revistas. Poco a poco, se le fueron
  22. 22. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 22 cerrando los ojos. Se despertó tres horas más tarde. Se había pasado todo el vuelo dormida. En el regazo, tenía un trozo de papel. Una tarjeta de visita. David McLean Brooks Capital. Analista. En el reverso, con firme caligrafía, estaba anotado un número de teléfono móvil y dos únicas palabras: Cuando quieras. Aquellas dos palabras fueron suficientes para hacerle suspirar. Guardó la tarjeta cuidadosamente en su cartera, bien oculta detrás de su permiso de conducir. Era un recuerdo, un souvenir de una ocasión que no olvidaría jamás. Desgraciadamente, algunos momentos era mejor no repetirlos... Excepto en sueños. En Chicago hacía calor, viento y había mucho ruido por todas partes. Ashley tomó un taxi para regresar a la casa de los Larsen en Naperville, donde hacía el mismo calor, algo menos de viento y había bastante menos ruido. No era Nueva York ni Los Ángeles, pero era su hogar. Comenzó a sentirse cargada de una energía positiva. Después de su divorcio, se había mudado con Val, con Brianna, la hija de ésta y con Joyce, la madre de las dos hermanas. Había tres generaciones de mujeres Larsen compartiendo un mismo tejado. Frank Larsen, el padre de las dos hermanas, andaba ya por su cuarto matrimonio y había elegido pasar los dorados años de su madurez con una secretaria de veintitantos en Malibú. Ashley arrojó su equipaje de mano sobre el sofá y se dirigió a la cocina. Val estaba hablando por teléfono al tiempo que preparaba la cena y veía las noticias. Cuando por fin terminó de hablar, Valerie agitó un cucharón a modo de saludo. —¿Qué tal el viaje? —Productivo. Muy productivo —respondió sin entrar en detalles. —¿Puedes cuidar del monstruo mientras yo me marcho a una reunión? —¿Mamá aún no ha llegado del trabajo? —No. Tiene inventario. —Claro que puedo. Ni siquiera tienes que preguntar. Val tenía treinta años y era madre soltera. Siempre le habían gustado las cosas que no eran buenas para ella. Tenía una mirada dura que Ashley estaba segura de que nunca perdería y de la que ésta culpaba a Marcus, el batería que la había dejado embarazada y sola para luego marcharse y no volver a aparecer. —¿Por qué estás tan nerviosa? —preguntó Val, como si presintiera algo de lo que le había ocurrido a su hermana mayor. —Siempre lo estoy. Lo de volar me agota. —Eres una hermana un poco rara, Ash, pero eres la única que tengo. En aquel momento, un pequeño tornado entró corriendo en la cocina.
  23. 23. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 23 —¡Ashley! —exclamó Brianna, que tenía la característica nariz de los Larsen y más energía que Val y Ashley juntas a sus ocho años. Valerie no dejaba de mirar atentamente a su hermana. La notaba distinta que en otras ocasiones. —¿Estás segura de que te encuentras bien? —Claro que sí. Venga, márchate. Yo me hago cargo de la cena. ¿Qué hay esta noche? — preguntó Ashley, dándole un cierto tono de preocupación a su voz que pareció tranquilizar a su hermana. —Mi especialidad —respondió Val. —Es decir, macarrones con queso. Val le dedicó una mirada reprobatoria a su hija. —Con espinacas, jovencita. A todas aquí nos encanta la comida verde —dijo. Entonces, la pequeña se le acercó y Val le revolvió el cabello—. Escucha, mocosa. Tienes que hacerle caso a la tía Ash. Yo regresaré dentro de un par de horas. Ash, no te olvides de la comida verde. Brianna se resistió todo lo que pudo, pero, al final Ashley consiguió que se comiera todas las espinacas. Poco después, Val regresó a casa de su reunión y también la madre de las dos hermanas. Las cuatro Larsen se sentaron en el sofá para ver Orgullo y Prejuicio en la versión de Colin Firth. Efectivamente, no hay ningún otro lugar como el hogar. Cada vez que había una crisis, la familia siempre estaba cerca. Cada vez que Ashley se sentía sola, sabía que podía contar con su familia. No eran la típica unidad familiar, pero, en muchas maneras, la típica unidad familiar no tenía nada que envidiarle a las cuatro mujeres Larsen. Ashley jamás se había imaginado divorciada. Siempre había creído que su matrimonio con Jacob sería para siempre. Los dos estaban muy cómodos. ¿Por qué querría alguien abandonar esa comodidad? Sin embargo, Jacob lo había querido y a Ashley no le quedó ningún sitio al que ir más que su casa. Cuando dieron las once en el reloj, la madre se había quedado dormida en el sofá, al igual que Brianna, que se había quedado dormida sobre el regazo de su madre. Val la levantó en brazos e hizo un gesto de dolor al comprobar el peso de su hija. —Creo que se está excediendo con los macarrones con queso... —Sólo tiene ocho años. Es demasiado temprano para que empiece a hacer dietas —replicó Ashley. —Tú no eres su madre, sólo la tía —dijo Val. Entonces, miró con cariño a su hija—. ¿Cómo conseguí esta niña? —Pues del modo tradicional. —¿Y si le fastidias la vida por mimarla tanto? —comentó Val entre carcajadas. —Te aseguro que no lo haré... —¿Me lo juras? —Te lo juro. —Está bien —comentó Val con una sonrisa—, pero te creo sólo porque, en secreto, las dos sabemos que tú eres la lista. —Tú eres más inteligente de lo que crees, Val
  24. 24. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 24 Val, que estaba acostumbrada a realizar movimientos de increíble flexibilidad, apagó la televisión con la rodilla. —No debemos mentirnos, Ash. Una no puede considerarse muy inteligente cuando tiene el tercer trabajo en cinco meses —dijo Val. Como siempre que quería demostrar sus puntos de vista, Val había subido un poco la voz. Brianna se rebulló en brazos de su madre. —Eh, escandalosas. Estoy tratando de dormir. —¿Te importa despertar a mamá? —le dijo Val a Ashley. Ésta trató de contener un bostezo y se levantó del sofá. Entonces, se dirigió al lado de su madre y le frotó suavemente el hombro. —Mamá, tienes que irte a la cama. Mañana tienes que trabajar. Joyce Larsen parpadeó y se despertó. —¿Me he perdido las noticias? —Sí, mamá. —Vaya, quería escuchar el tiempo. Estoy segura de que mañana va a llover. Deberías haberme despertado. —Te estoy despertando ahora. Vete a la cama, mamá. —Me alegro de que hayas vuelto, Ashley. Siempre me preocupo cuando tienes que tomar un avión. Algún día, te vas a estrellar y te vas a morir. —Lo sé, mamá. Vete a dormir. Y la gente se preguntaba de dónde le venía aquella fobia a Ashley. Treinta minutos más tarde, Val entró en la cocina. Evidentemente, sabía que Ashley estaba allí. Cuando había complicaciones en su vida, Ashley siempre se refugiaba en la cocina, para ser más preciso en el queso. —¿Qué hago? —preguntó mientras cortaba unos trocitos —¿Sobre qué? —replicó Val—. ¿Sobre tu patética vida amorosa? En aquel momento, Ashley estuvo a punto de confesárselo todo, pero no lo hizo. ¿Cómo podía contarle a su hermana algo que ni siquiera ella entendía y que seguía sin creerse? —Estoy hablando de las tiendas. —Vas a descubrir qué es lo que les pasa y lo vas a arreglar. Sonaba tan fácil, tan sumamente fácil... Entonces, ¿por qué no lograba averiguarlo? Ashley cortó otro trozo de queso antes de dárselo a su hermana. —¿Por qué las mujeres de Chicago no se dan cuenta de que no sólo les proporciono prendas originales a un buen precio, sino que también, al comprar en mis tiendas, están contribuyendo a la supervivencia de diseñadores de moda poco conocidos por todo el país? —Podrías hacer unas grandes rebajas... —No creo que ésa sea la solución —replicó ella. Una vez más, volvió a centrar toda su furia en el queso. —Dime cómo te sientes de verdad. —Necesito algo vibrante, especial. —Lo encontrarás.
  25. 25. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 25 Ashley observó cómo su hermana se metía un trozo de queso en la boca. Se alegraba de ver que su nivel de confianza volvía a ser normal. Val podía perder la confianza con sólo una palabra, una mirada o una duda. Al contrario de la mayor parte de la gente, cuando Val se hundía, no tardaba sólo unos minutos o unas horas el levantarse, sino semanas o meses. Ashley se aseguraba de que no se hundiera nunca. —¿Qué horario tienes para mañana? —le preguntó. —De siete a tres. ¿Por qué? —Tengo muchas cosas con las que ponerme al día en las tiendas. El gerente de Lakeview no me devuelve los mensajes, por lo que sólo Dios sabe con qué desastre voy a encontrarme cuando entre por la puerta. No me vais a ver mucho. ¿Lo tenéis todo organizado mamá y tú con Brianna? —Sí. —Buenas noches, hermanita —dijo Ashley. —Buenas noches. Tomó el último trozo de queso y apagó la luz. Oyó cómo Val la seguía por el pasillo. Terminó la noche del mismo modo que siempre. —Val, estoy orgullosa de ti. —Deberías estarlo. Ashley sonrió. Cuando estuvo por fin metida en la cama, Ashley sacó la tarjeta. Debería haberle dado a él también la suya, pero no lo había hecho. Le había podido la cobardía. Por ello, si quería volver a verlo, tendría que ser ella quien diera el primer paso. «Ash, vas a Manhattan en muchas ocasiones. Ve a ver a ese nuevo diseñador del Lower East Side. Hace tiempo que te mueres de ganas por ver su trabajo. Ésta es tu oportunidad». ¿Cuál era la hora más adecuada para llamar a un hombre a quien se le ha dicho expresamente que sería un error volver a verse? Sonrió al recordar el tacto de la piel de David bajo las manos. Recordó el placer que le había proporcionado su miembro viril.... No. No era una mujer superficial. David McLean le gustaba. Le hacía sentirse cómoda consigo misma. Con todo en realidad. Ésa era precisamente la atracción de David. No era un hombre esnob ni engreído. Simplemente, era el hombre que ella deseaba. Miró fijamente la tarjeta. Al recordar cómo la voz de él le había susurrado el oído, lo supo. Tomó su decisión. Concertaría una cita en Nueva York. Entonces, lo llamaría y, con un poco de suerte, él estaría dispuesto y disponible para ella. Una aventura a larga distancia. Sonrió. Estuvo toda la noche soñando con David. La tienda de Lakeview era un completo desastre. Su gerente había dimitido, una dependienta llegaba tarde y unos vestidos de verano sin tirantes se vendían a un veinte por ciento más barato
  26. 26. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 26 del precio que ella había pagado para comprarlos. Todo ello era suficiente para echarse a llorar, pero Ashley no iba hacerlo. Aún seguía con la moral muy alta por el recuerdo del estupendo sexo que había compartido con David. Trabajó dieciocho horas al día para volver a poner en orden la tienda. Lo primero que hizo fue contratar nuevo personal. A mediados de semana, la tienda de Lakeview iba un poco mejor y las de Naperville, State Street y Wicker Park estaban aguantando el tirón. Se sentía dispuesta para hacer la llamada. Decidió realizarla a última hora del miércoles. Por suerte, él respondió tras la primera llamada. —¿Sí? —¿David? Soy Ashley —dijo, rezando para que él no preguntara qué quién era. —Hola —respondió él. Respuesta correcta. —Voy a ir a Nueva York... —¿Cuándo? —Dentro de dos semanas. Si no estás ocupado... —No lo estoy —dijo él enseguida—. Podríamos salir a cenar. O a ver un espectáculo. ¿O acaso te parece esto demasiado normal? No tenemos por qué hacer cosas normales. Puedes alojarte aquí si quieres. Tengo sitio de sobra. —No. He reservado una habitación en un hotel —observó ella con firmeza. Los hoteles resultaban más misteriosos, más pecaminosos. Los apartamentos eran cálidos, hogareños y mucho más mundanos. Si se acomodaban en lo hogareño y lo mundano, ¿qué ocurriría con su tórrida pasión? ¿Desaparecería como si no hubiera existido? No iba a ocurrir. Le gustaba aquella pasión y pensaba hacer todo lo posible por mantenerla. —¿Está tu hotel cerca del aeropuerto? Ashley trató de no soltar la carcajada, pero fracasó estrepitosamente. —No. —Menos mal. ¿Cómo va tu trabajo? —No muy bien, pero me muestro optimista. —Mucho mejor que ser derrotista. —Probablemente. Pensó en todas las demás cosas que podría decirle a David, pero no sonaban ni excitantes ni propias de una aventura sexual, por lo que prefirió contener la lengua. —Ahora tengo que dejarte —dijo. —Llámame cuando llegues. Que tengas muy bien viaje. Y no te olvides de meter en el equipaje tus zapatillas de conejito. Ashley... —¿Sí? —Gracias, por llamar. —No hay de qué —susurró ella antes de colgar rápidamente.
  27. 27. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 27 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000555 A la semana siguiente, David tuvo que viajar a Portland, Houston, Seattle y dos veces a Washington D.C.. Mientras estaba en la pista de aterrizaje, esperando a que el avión despegara para llevarlo de vuelta a Nueva York, recibió una llamada de Christine. —He estado pensando mucho tiempo si debía llamarte o no, esperando al mismo tiempo que tú volvieras a llamar, pero no lo has hecho. Por lo tanto, he decidido que debía hacerlo yo. Significaría mucho para mí y para Chris que vinieras a visitarnos. David miró la bolsa para vomitar que había en el asiento y sintió náuseas al escuchar aquellas palabras. Al final, consiguió librar a sus compañeros de viaje de una experiencia tan desagradable. Tenía treinta y cuatro años, no cuatro. —Lo intentaré —mintió. —Tal vez puedas volver a programar esa reunión. Él te echa de menos. Es tu único hermano. —Mira, Christine, lo siento. Nos están pidiendo que apaguemos todos los aparatos electrónicos. Tengo que colgar. —David, no tienes por qué comportarte de este modo... Como sí tenía por qué, David colgó inmediatamente el teléfono. Era el miércoles por la tarde. Era el inicio de la temporada de ganancias y en los despachos de Brooks Capital sólo se oía hablar de estimaciones, ganancias y cifras millonarias. El despacho de David estaba en el piso cuarenta y siete, uno por debajo del que ocupaban los altos ejecutivos, pero eso a él no le preocupaba. Su jefe lo apreciaba mucho y él también le tenía mucha estima. Todo iba bien. Sólo en Brooks Capital podía aprender de los mejores, que eran Andrew y Jamie Brooks. Sobre su escritorio tenía tres monitores, uno de los cuáles comprobaba el estado de los mercados, uno para el correo electrónico y el último para poder trabajar en lo que le ocupaba en aquel momento, Portland Plastics. La puerta se abrió y su jefa, Jamie Brooks entró y se sentó sobre el escritorio. Jamie era la esposa de Andrew, al que David siempre había admirado. —¿Tienes los últimos detalles de Houston Field Works? —le preguntó. David le entregó inmediatamente una carpeta. Sabía que era una prueba. A Jamie le encantaba ponerlo a prueba. David aún no le había fallado. —¿Algo más? —¿Te marchas a Omaha el viernes? —le preguntó ella sin levantar la vista de los documentos que estaba examinando. —Sí. ¿Te puedo hacer una pregunta? —Tú dirás. —¿Conoces el mundo de la moda? Me refiero al lado empresarial, a lo que hace que una empresa funcione o no funcione. ¿Qué gusto tienen las mujeres a la hora de vestir?
  28. 28. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 28 —¿Acaso estás ampliando tus horizontes hacia el mundo de la moda? —preguntó Jamie—. Vaya, eres muy valiente y no te dan miedo los estereotipos. —¿Qué me puedes contar? —Bueno, en las clases altas imperan las últimas tendencias. A un nivel medio, tiene más que ver con los clásicos y con la originalidad y, al nivel más bajo, no hay nada más que interés en precios de ganga. ¿Qué es lo que te interesa? David pensó en el atuendo que llevaba Ashley e hizo una suposición. —El nivel medio. ¿Y dices que, a ese nivel, predominan los clásicos y la originalidad? —Sí. Es la mentalidad de El próximo diseñador de éxito de los Estados Unidos. A las mujeres no nos gusta ponerse algo que lleva otra mujer. En lo de la moda, somos muy territoriales. —¿Qué es eso de El próximo diseñador de éxito de los Estados Unidos? —Un programa de televisión. Tiene una cuota de pantalla anual del diez por ciento y lleva tres años en pantalla. Han lanzado a cuatro diseñadores de éxito y uno no tanto, pero yo creo que fue porque sus diseños eran bastante flojos. —¿Me estás diciendo que se trata de un programa sobre costura? —Tienes que verlo. Es divertido. ¿A qué viene el interés ahora? —Es para una amiga. Tiene unas boutiques de ropa y está teniendo algunos problemas. Pensé que podría darle algunos consejos o tratar de averiguar qué es lo que está haciendo mal. La semana próxima Ashley iba a acudir a Nueva York y, para entonces, él quería comprender la industria de la moda, ayudarla a señalar los problemas que tenía y también gozar de placenteros momentos con ella hasta el domingo. Era mucho lo que quería conseguir, pero no resultaba imposible, aunque podría significar que tenía que ver aquel programa de televisión. Sobreviviría. Al menos, eso esperaba. —¿Y todo esto es por una mujer? —preguntó Jamie frunciendo el ceño. Justo entonces, la pantalla del correo electrónico se iluminó, indicando que se acababa de recibir un mensaje. David, me encantaría conocerte. Tengo diecinueve años, más joven de lo que tú pedías en tu perfil, pero soy muy madura para mi edad... Él se echó hacia delante, tratando de bloquear la visión de la pantalla, pero sin lograr evitar que Jamie se fijara en ella. Tras observar la pantalla, la mujer observó atentamente a David. Él prefirió guardar silencio. Parecía lo más prudente. —¿Estás saliendo con alguien? Él se encogió de hombros, de un modo que parecía indicar claramente que no quería hablar de su vida privada. Sin embargo, Jamie no pareció, o no quiso, entender lo que él quería decir. —Me parece muy bien. Deberías haberlo hecho hace mucho tiempo. Tengo algunas amigas que... —No —la interrumpió él secamente. Jamie sacudió la cabeza y sonrió. —Está bien. Como quieras, pero si cambias de opinión, te juro que son todas mujeres muy
  29. 29. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 29 agradables. Cuando Jamie se marchó, David se secó el sudor de la frente y abrió el correo electrónico. A pesar de lo que Ashley le había dicho, sentía que no estaba preparado para aquello. Le parecía que estaba mal. Se sentía como un idiota y eso era algo que no le gustaba. Después de ver la fotografía, la sensación de ser un idiota se acrecentó aún más. Sí. Había una fotografía en aquel mensaje, una imagen que a la mayoría de los hombres les aceleraría el pulso. No se podía decir que estuviera bien ver algo así en el trabajo. Era una mujer atractiva, quizá demasiado. Carne firme, pechos pequeños... No. No quería seguir pensando. Minimizó la ventana y optó por una hoja de cálculo, mucho más segura y tranquilizadora. En ese momento, su teléfono móvil comenzó a sonar, ahorrándole tener que mirar la fotografía de una chica de diecinueve años en topless. —¿Sí? —¿David? —Soy yo. —Me llamo Martina. Soy de Yo-corazón-Tú.com. Me han dicho que habías dado permiso para que se te llamara por teléfono. David cerró los ojos. Valor. Sólo necesitaba valor. Podía hacerlo. —Sí, te recuerdo —murmuró mientras trataba de recordar—. Veintisiete años... —Veinticuatro. —¿Y eres... abogada? —No. Editora. —Claro. Es que acabo de hablar con una abogada. A veces, mi cerebro es como un agujero negro. Demasiadas noches acostándome tarde. —Quería llamarte para hablar contigo. Para ver cómo sonabas. —Sí. Pues así es como sueno —dijo él, sin saber que responder a aquel comentario. —¿Trabajas en Wall Street? —Sí. —Me gusta. Debe de ser muy emocionante. David miró la pantalla del ordenador y luego su informe. Frunció el ceño. —Sí, muchísimo. ¿Por qué has elegido un servicio de citas? ¿Has conocido a alguien interesante? —Son todos mejores que mi ex. Era un cerdo. Me engañó una vez, pero yo permanecí firme. Lo saqué de mi vida de una patada. ¿Qué podía David decir a eso? Observó el índice Dow, tratando de encontrar algo de normalidad. —Lo siento. ¿Te gustaría que quedáramos a almorzar? —Me encantaría. ¿Qué te parece mañana? —No puedo —dijo él. Comprobó su calendario. No quería hacerlo. De verdad que no quería, pero había llegado el momento de comportarse como un hombre, de dar un paso al frente y volver a vivir—. ¿Te viene bien el miércoles que viene, el día veintidós de abril? ¿A mediodía?
  30. 30. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 30 —Me encantaría —respondió Martina. Dios Santo. Tenía una cita. Además de la de Martina, tuvo cuatro citas sin importancia. Con una tal Kim, otra con Pam y con dos Ashleys, que, desgraciadamente, no tenían nada que ver con la original. Todas las mujeres eran bastante agradables y guapas, pero no hubo conexión alguna con ellas. David tuvo la sensación de que simplemente estaba hojeando una revista, admirando las hermosas fotografías. Ashley se había equivocado, pero David había tenido que seguir sus consejos, aunque sólo fuera con el único propósito de poder decirle que se había equivocado cuando volviera a verla. La única cita que resultó algo agradable fue con Martina. Era una mujer agradable, rubia, vestida casi totalmente de negro. Se encontraron en un café de la calle 52 y, durante cuarenta y cinco minutos, él la escuchó hablar de Barney, su ex. David terminó sintiéndose completamente responsable de los pecados de todo el género masculino. —Debe de molestarte escucharme hablar de este modo —le dijo ella mientras tomaban el postre. —No me importa. De verdad —replicó él. Mientras Martina monopolizara la conversación, él no tendría que decir ni una sola palabra. —Algunas veces pienso que sigo enamorada de él. Le gustaba flirtear y, en ocasiones, se dejaba llevar demasiado. Eso me convierte en una estúpida, ¿no te parece? —No es eso. El amor no es fácil. Uno siempre cree que debería ser perfecto, que si dos personas están juntas, permanecen leales. Si no se consigue, ¿se trata verdaderamente de amor? —Yo creo que podría ser. —Tu ex era un hombre débil. —Eso no es cierto. Era muy fuerte, pero a veces... Trabaja también en Wall Street. En el Chase. No debería haberte llamado. Debería estar buscando policías, bomberos o taxistas. Otro tipo de hombre. En vez de eso, lo único que hago es desear llamarlo y decirle que me gustaría volver a intentarlo. —No hagas eso. —¿Por qué no? —Porque es un cerdo. Tú misma me lo has dicho. No querrás enamorarte de un cerdo. —Tienes razón. —Lo sé. Ella comenzó a hacer girar el tenedor en el plato y a realizar círculos con la salsa de frambuesa. —¿Conoces a alguien que trabaje en el Chase? —¿Estás pensando en ligar con uno de sus compañeros de trabajo? —¿Y traicionarlo? Oh, no. Sólo quiero ver cómo le va. David sintió deseos de golpearse la cabeza con la mesa. Martina estaba cediendo. Sería capaz de llamar a su ex, volver con él y pasar una vez más por lo mismo. Una triste historia. ¿Por qué la gente se hacía ese tipo de cosas? Sin embargo, ¿quién era él para juzgar? —Si me entero de algo, te lo diré —prometió, a pesar de que sentía que Martina debería estar
  31. 31. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 31 escapando de aquel payaso todo lo rápidamente que pudiera. Era una mujer muy agradable. Era una pena que él no pudiera ayudarla. Hmm... Tal vez sí podía... Para David, Ashley estaba tardando demasiado en llegar a Nueva York. Faltaban tres días y sus noches iban mejorando. Dos noches atrás, había soñado que ella le enviaba una foto por correo electrónico que no era apropiada para verla en el trabajo. La noche anterior, estaba con ella en su avión privado. Ashley estaba vestida de azafata. Se acercaba a él y se le sentaba en el regazo. Entre fantasía y fantasía, había estado investigando un poco sobre el mundo de la moda. Incluso había leído las principales revistas, aunque eso no lo había ayudado mucho. Seguía sin comprender el lado empresarial de aquella industria y había comprendido por fin que no sabía nada sobre el mundo de la moda. Las mujeres eran muy raras. Su ex sí entendía de moda. Christine siempre había ido muy bien vestida y cuidaba muchos sus complementos. A David no le preocupaba nada de eso. Para él, había dos estados: vestido y desnudo y, como hombre, debía admitir sinceramente que prefería el último. No obstante, examinaba atentamente las páginas del Vogue. Podía ayudar a Ashley. Aún no sabía cómo, pero lo haría. Como analista, lo llevaba en la sangre. El martes llegó por fin. David trató de convencerse de que no era para tanto, aunque lo hizo después de sacar una corbata que no se había puesto desde hacía siete años, desde el día de su primer almuerzo en Brooks Capital. En realidad, después de dos semanas de citas con mujeres, fe preocupaba la idea de volver a ver a Ashley. Se preguntaba si la realidad igualaría a la imagen mental que se había hecho de ella. Después de todas las mujeres con las que había salido en los últimos días, dudaba bastante de su buen juicio. Se suponía que debía reunirse con Ashley después de una reunión que ella tenía en un pequeño estudio de Brooklyn. Recogerla en el aeropuerto era demasiado corriente, tal y como ella había afirmado. Por lo tanto, había tomado un taxi y se encontraba en aquellos momentos en una calle en la que se respiraba modernidad y ambiente alternativo. En la parte delantera del edificio había un enorme escaparate en el que se mostraban maniquíes negros. Algunos estaban vestidos, otros no y David sospechaba que todo ello era intencionado. No obstante, a él no le interesaban los maniquíes. No hacía más que buscar a Ashley con la mirada. La encontró casi enterrada en un perchero repleto de vestidos. Ella no lo vio. Estaba demasiado abstraída por lo que veía como para darse cuenta. David aprovechó para comparar, durante un segundo la realidad con lo que él había imaginado. Tres semanas se deshicieron en nada. La boca se le quedó seca. ¿Por qué ella? ¿Qué era lo que Ashley tenía que lo atraía tanto? ¿Su cabello? No era largo ni corto. Le llegaba justamente por los hombros. Tampoco tenía unas curvas de impresión. Simplemente eran las justas y adecuadas, perfectas para sus manos... y para su sexo. Se dijo que no debía pensar en eso. Les quedaban varias horas antes de poder llegar a eso. Entonces, ella se apartó el cabello negro del rostro y comenzó a charlar con el diseñador. David recordó ese cabello rozándole contra el torso y... oh, sí...
  32. 32. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 32 Demonios. Su autocontrol había desaparecido y no había nada que pudiera hacer al respecto. De repente, Ashley se giró y lo miró a los ojos. David no pudo apartar la mirada. Quería poseerla allí mismo. El pene se le apretó contra el pantalón, exactamente como si ése fuera de verdad el plan. El sexo. El que lo decide todo. Centró la mirada en la acera para tratar de desprenderse de la lujuria que sabía que se le había reflejado en los ojos. Cuando atravesó la puerta, volvía a tener de nuevo un pleno control sobre sí mismo.
  33. 33. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 33 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000666 El autocontrol duró aproximadamente unos siete minutos, porque fueron precisamente siete minutos lo que David tardó en decidir que odiaba a Enrique a muerte. El muchacho no hacía más que echarle miradas de superioridad a Ashley, como si ella no debiera estar dentro de su espacio personal en aquel minúsculo taller que, además, seguramente estaba infestado de ratas. —Me gusta tu trabajo con los estampados —comentó ella. —La gente rehúye los estampados grandes, pero son estos los que envuelven el cuerpo y capturan el espíritu con un sensual abrazo de tela. Es fabuloso. No hay otra palabra para definirlo. —Me gustaría vender algunos de tus diseños en Chicago. —Mi trabajo debe quedarse aquí, en Nueva York. Al lado de modelitos provincianos, mis prendas no pueden respirar. Y necesitan respirar —dijo, mientras aspiraba profundamente y dibujaba círculos con la mano. —Ashley... —comenzó David. Ella le dedicó una sonrisa nerviosa. —Un momento, David. Te aseguro que es una oportunidad muy buena, Enrique. Yo no compro mucha ropa para mis tiendas. Me interesa más la calidad que la cantidad. —Pues Enrique no piensa lo mismo —dijo el diseñador con una sonrisa muy pagada de sí misma. David tampoco. Se colocó al lado de Ashley. Había llegado el momento de intervenir. —Si Enrique no ve la oportunidad que le estás ofreciendo, no es el visionario que estás buscando, Ashley. Necesitas diseños que destaquen por encima de los demás —afirmó. Entonces, miró a su alrededor con un cuidado gesto de aburrimiento—. Éstos no lo son. Enrique enrojeció vivamente. —Mis diseños sí destacan —le espetó—. ¿Quién es usted? Había ocasiones en las que Wall Street tenía un cierto caché y ésa era una de ellas. David se sacó una tarjeta y se la entregó a Enrique. —Estamos apoyando a la señorita Larsen en Chicago. Se trata de un programa similar a El próximo diseñador de éxito en los Estados Unidos. Queremos encontrar sólo a los mejores diseñadores y dejar que los jueces y la clientela vean quién es el que más se merece el premio. Ashley se quedó boquiabierta. En el rostro de David se reflejaba una aburrida arrogancia. —¿Vais a crear un reality show? —preguntó Enrique, mirando por fin a Ashley con el debido respeto. Ashley le suplicó a David con la mirada que no siquiera por aquel camino. David no le hizo caso. La idea le había brotado automáticamente, pero se había dado cuenta de que era magnífica. —Oh, no. En absoluto. Vamos a crear exclusividad —afirmó—. Como tú has dicho. Por supuesto, habrá publicidad. Prensa, posiblemente algún programa matinal... Sin embargo, lo que queremos es que todo se centre en los diseños más que en el circo que suele rodear a los diseñadores. Ashley lo miraba fijamente. —¿Y por qué no en Nueva York? —preguntó Enrique. Los símbolos del dólar habían empezado
  34. 34. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 34 a reflejársele en los ojos. —Eso, ¿por qué no en Nueva York? —repitió Ashley. No había símbolos del dólar en su mirada, pero parecía sentir una enorme curiosidad. David sonrió. —Ya ha ocurrido en Nueva York. Y en Los Ángeles. En este caso, se trata de una experiencia a nivel de boutique, no de algo para la prensa sensacionalista. Nos pareció que las tiendas de Ashley tenían la mezcla adecuada de frescura e impulso. La imagen lo es todo. —¿Me lo puedo pensar? —preguntó Enrique. Ashley asintió. David se retorció las manos. No se sentía muy contento de estar trabajando con Enrique. Aquel imbécil tendría que aprender primero a tratar a Ashley con respeto. —Tienes doce horas para decidirte. Tenemos otros diseñadores a los que visitar. No hay tiempo que perder. Enrique miró el reloj que tenía en la pared. —Lo haré —dijo. David asintió una vez. No había tenido ninguna duda al respecto. —Te enviaremos los contratos. Ashley se volvió a mirar a David con una sonrisa nerviosa en el rostro. —¿Contratos? ¿Qué contratos? David se colgó la bolsa de viaje de Ashley al hombro y salió por la puerta. Ella lo siguió inmediatamente. —Te has metido en un buen lío —dijo ella, tan pronto como Enrique no pudo escucharlos—. No me puedo creer que hayas sido capaz de inventarte algo así. David se detuvo en seco y la miró muy serio. —No. Yo estoy seguro de que puedes hacerlo. ¿Y tú? ¿Hablaba en serio? —Por supuesto que creo que puedo hacerlo — mintió ella. —No deberías dudar de ti misma, Ashley —comentó él mientras los dos comenzaban a caminar por las calles de Brooklyn. —Mira, David. Yo sólo estaba buscando diseños interesantes para vender en mis tiendas, no para conseguir salir en las noticias. —Te aseguro que no vas a salir en las noticias. Vamos a por los programas de las mañanas. Buenos días, Chicago. Tal vez incluso el de Oprah. No será demasiado, porque queremos que la gente vaya a tus tiendas a ver tus diseños. Será tan sólo una pincelada. Es lo único que necesitas. Oprah... Dios. David estaba hablando de Oprah como si estuvieran comentando los excedentes de la temporada pasada. Observó cómo los taxis pasaban a su lado sin detenerse. —¿Es que no hay taxis vacíos en Brooklyn? —Es una hora muy mala. Todo el mundo sale ahora de Manhattan, no entra —explicó él. Aún
  35. 35. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 35 tenía el brazo extendido por si acaso. —¿Cuánto tiempo vamos a tener que esperar? —No mucho. Ashley observó el tráfico y miró el puente. Sus opciones se estaban reduciendo rápidamente. Una vez más, miró a David, tan capaz, tan seguro de sí mismo. Él estaba seguro de que ella podía conseguirlo. De verdad creía que podía convencer a los diseñadores del futuro para que llevaran sus últimos diseños a sus tiendas. Tal vez podía hacerlo. Tal vez no era tan difícil. Entonces, ¿por qué se lo parecía? Miró hacia el puente y se miró los tacones. «Ash, no seas tonta. Sólo vas a conseguir quedar en ridículo». «David no lo cree» «No sabe que estás pensando en cruzar ese puente con tacones. ¿Sabes lo que esos agujeritos que hay en el suelo de metal les hacen a los tacones?». «Sé que puedo hacerlo». «Adelante. No me escuches. Pero si te atascas... Te aseguro que me moriré de la risa». Ashley levantó la barbilla. Agarró la bolsa de viaje que David le llevaba en aquellos momentos. —Vayamos andando. —Te aseguro que encontraremos un taxi, Ashley. Podemos esperar. —No —replicó ella. Se dirigió hacia el puente como si se dispusiera a escalar el Everest. Estaba a punto de ir andando a Manhattan. Sinceramente, no parecía estar tan lejos. Además, el puente tenía un paseo especial para peatones justo por encima del tráfico. Por supuesto, el paseo estaba muy alto. Muy, muy alto. Demasiado. —¡Ashley! —Bueno, ¿qué? ¿Vas a venir? —No creo que sea buena idea —replicó él. A pesar de todo, echó a andar a su lado. —¿Y la tuya sí? —repuso ella con ironía. David le tomó de nuevo la bolsa de viaje y siguió andando a su lado sin hablar. —Sí, creo que sí —contestó por fin. —¿De verdad estás pensando en financiarme? David negó con la cabeza. Ashley se sintió aliviada y desilusionada a la vez. Aliviada porque el dinero venía acompañado de mucha responsabilidad y desilusionada porque habría resultado muy agradable saber que David estaba dispuesto a apoyarla y, con dinero, ella sería capaz de hacer cosas maravillosas. —No necesitas capital, Ashley. Eso es lo mejor de la idea. Tal vez algunos anuncios. Deberías realizar algunas fiestas para las exhibiciones. ¿Te gusta la idea? —Tal vez —respondió ella mientras trataba de mantener el paso de David. Caminaba muy rápido. Sus piernas eran mucho más largas que las de ella, pero lo estaba consiguiendo. Habían comenzando a caminar ya por encima del puente. El tráfico rugía bajo sus pies y, más abajo, fluían las oscuras aguas del East River. No sabía lo frío que el río podría estar en mayo, pero probablemente no tanto como el lago Michigan. No obstante, parecía peligroso. Ashley aminoró la marcha.
  36. 36. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 36 —Si no te gusta, no lo hagas —afirmó él. —Es una idea brillante, pero... ¿Te podrías detener un instante? —gritó ella. —¿Cómo dices? David se volvió para mirarla. Centró la mirada en ella. Su rostro estaba arrebolado y no era por el calor. Estaba excitado. Dios... —Te estoy hablando —susurró—. ¿No podrías haber hablado de esto conmigo en vez de soltarlo de repente? —Se me ha ocurrido de repente, Ashley. Si lo hubiera pensado antes, te lo habría comentado, pero, sinceramente, creo que es la solución perfecta. Tienes a Enrique, que es un patán, pero bueno, lo tienes. ¿Cuál es el problema? Si no quieres hacerlo, no tienes por qué —afirmó, observándola cuidadosamente—. Regresaré a ese estudio y le diré a Enrique que todo ha sido un engaño y me disculparé con él. Después, tú podrás seguir tratando de encontrar más ropa para tus tiendas. ¿Es eso lo que quieres? Ashley miró hacia el otro lado del puente, a través de la tela de araña que formaban los cables de acero que se levantaban hacia la línea del cielo de Manhattan. ¿Por qué no? —Voy a hacer que esa idea funcione —anunció, casi sin miedo—. ¿Crees que podré conseguirlo? —Sí. —¿De verdad? —Claro que sí. —Gracias —dijo ella con una sonrisa. David reanudó el paso. —Ya iba siendo hora de que me dieras las gracias. Ahora, me gustaría que me dijeras adonde vamos. No tengo ni idea de adonde nos dirigimos. —Al hotel Wilde. El nombre no sonaba aburrido. —Tú no eres aburrida. —Pero podría ser más exótica, más llamativa, más decidida... David se detuvo y dejó la bolsa de viaje en el suelo. Entonces, se apoyó contra la barandilla de metal. A continuación, le tomó la mano y se la colocó sin vacilar sobre el firme abultamiento que tenía en la bragueta. —No necesitas más impulso. Créeme. Ashley sintió que le costaba respirar. Sólo notaba un vibrante vacío entre las piernas. Habían pasado tres semanas desde que sintió, o llenó, ese vacío. En Chicago, Ashley había tratado de no pensar en ello, pero, en aquel instante, al sentir aquel miembro caliente contra la mano, supo con toda seguridad que su vacío se iba a llenar. «Hola, Nueva York». Sin poder evitarlo, le tiró de la corbata y le tocó los labios con los suyos. Lo que iba a ser el beso que se le da a alguien al verlo por primera vez, se transformó en una explosión de pasión. Ashley se sintió por completo pegada a él. Las manos de David le agarraron la blusa, tirando de ella y retorciéndosela. Los labios de él se deslizaban por los suyos, y ella pudo sentir el fuego que le ardía
  37. 37. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 37 bajo la piel, los latidos del corazón de David contra sus senos. Se sentía tan excitada... Le hundió las manos en el cabello y dejó que aquella firme columna se le apretara con firmeza contra la entrepierna. No sintió miedo por estar en el puente, sino excitación. Lo miró a los ojos y le leyó el pensamiento. Iban a volver a acostarse juntos muy pronto e iba a ser mejor que en la ocasión anterior. Los dos iban a desnudarse... Pasarían dieciocho horas desnudos antes de que Ashley tuviera que regresar a casa. Dieciocho horas no iban a ser suficientes. La habitación del hotel tenía las paredes pintadas de rojo. Encima de la cama, colgaba una pintura moderna de la boca de una mujer o, al menos, David esperaba que fuera una boca. Roja. Húmeda. Giró la cabeza. No. No era una boca. Vaya. Ashley estaba en el cuarto de baño refrescándose. Aunque no debían haber cruzado el puente, se alegraba de haberlo hecho. Así se había podido deshacer de parte de su exceso de energía. No habría podido meterse en un taxi con ella sin comenzar a tocarla. Y él no era la clase de hombre que no sabía controlar sus impulsos. Era analista. Su sexo pareció no estar de acuerdo con ese pensamiento. —El cuarto de baño es genial. Deberías ver esto —gritó Ashley. Entonces, salió del cuarto de baño ataviada con una camiseta de tirantes a rayas, una falda azul y unas sandalias. Resultaba más sexy que el encaje negro. No había botones, ni corchetes, ni cremalleras. Sólo tela. —¿Sigues enfadado? —le preguntó ella. David tardó un instante en darse cuenta de que ella quería decir emocionalmente, no mentalmente. —No estaba enfadado —respondió él. Ashley se dirigió hacia él y, entonces, David pudo oler su aroma. Cerró los ojos y lo absorbió por completo. Llevaba una hora pensando sólo en tocarla, en hundirse en ella. Habían pasado tres semanas desde que la vio por última vez. Tres semanas era mucho tiempo. Un hombre podía desear mucho en tres semanas. Era la explicación más lógica, aunque la lógica desaparecía cuando estaba con ella. Abrió los ojos y vio que ella seguía allí, esperando a que ella hiciera algo. —David... —susurró. Los ojos le brillaban como si fueran de fuego. Cayeron en la cama. Él le levantó la falda, pero no le quitó las braguitas. Simplemente se las apartó a un lado. Se colocó rápidamente el preservativo. La cremallera de la bragueta se abrió sin problemas y pudo hundirse en ella en cuestión de segundos. Tardó un instante en recuperar la respiración y en que el corazón volviera a latirle, pero su miembro viril no necesitó que lo animara en modo alguno. No. Había encontrado él sólo el paraíso. Una vez más, no hubo delicadeza alguna. En realidad, tras tres semanas de espera, fue mucho más frenético que antes. Rezó para que a ella no le importara. Efectivamente, el hambre ciega que se reflejaba en sus ojos le dijo que así era. Todo fue rápido, furioso. Quizá demasiado. Ella alcanzó el orgasmo con un largo y profundo
  38. 38. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 38 gemido que lo desgarró por dentro. Su propio orgasmo estuvo a punto de matarlo a él. Cuando llegó al clímax, se derrumbó sobre las almohadas. Como en ocasiones anteriores, Ashley se deslizó hasta llegar al borde de la cama. David extendió la mano hacia ella, pero no se atrevió a tocarla. No sabía qué hacer. Tenían una relación que se veía definida por el sexo. Todo lo que no fuera sexo resultaba completamente ajeno. ¿Esto era realmente algo malo? Observó la espalda que tenía frente a los ojos. Admiró el tono dorado de su piel, la esbelta curva de la espalda y decidió que sí. Sí lo era. Aquello iba a tener que cesar. Él iba a tener que conseguirlo. Le gustaba Ashley. Disfrutaba hablando con ella. La primera vez que estuvieron juntos disfrutaron de un sexo maravilloso. Hablaron al respecto y se rieron. Fue tan extraordinario, que se podría decir que fue la experiencia mejor de su vida. ¿Y la segunda vez? ¿Qué se puede decir cuando uno se da cuenta de que no es una experiencia única en la vida, sino que se produce en todas las ocasiones? No iba a tratar de buscar respuestas precisamente en aquel momento. —Ashley... —susurró. Ella pareció relajarse un poco. Se dio la vuelta y, al hacerlo, el cabello le cubrió los ojos. David quería vérselos, pero ella los mantenía ocultos—. ¿Te encuentras bien? —Sí. —¿Estás enfadada? Ashley negó con la cabeza. —¿Es que no piensas volver a hablarme? Ella se echó a reír. Levantó el rostro y David pudo ver que en sus ojos se reflejaba la alegría. Sintió un profundo alivio. —¿Tienes hambre? —preguntó él. —No, gracias. —¿Cómo fue el vuelo? Ashley se le acercó un poco más. —Sin novedad. —¿Y el despegue? —Me tomé cuatro tranquilizantes. —¿Y el aterrizaje? —Estaba dormida. Creo que fueron las pastillas y las dos copas de vino que me tomé —dijo. David observó las curvas que quedaban ocultas bajo la sábana negra y sintió que su miembro viril volvía a cobrar vida. No era de extrañar, teniendo en cuenta que estaba en una cama de raso negro con los órganos sexuales de una mujer artísticamente representados en la pared. —Voy a tener que encontrar más diseñadores —afirmó—. ¿Crees que me podrías ayudar? —Si tú quieres... —Sí. Es lo que quiero. ¿Te gusta el hotel? —le preguntó con una picara sonrisa en los labios. —Me encanta —respondió él sin ser del todo sincero. En realidad, no estaba tan mal. De hecho,
  39. 39. KATHLEEN O´REILLY Seducción Inevitable 1° de la Serie Donde menos lo esperas Escaneado por VERO – Corregido por Isabel Luna Página 39 cada vez le gustaba más. Le gustaban las paredes pintadas de rojo, las sábanas negras... No, en realidad, se estaba mintiendo. Lo que de verdad le gustaba era la idea de tener a Ashley debajo de él. Ella, tal vez presintiendo la dirección de los pensamientos que David estaba teniendo, se incorporó en la cama y dejó que la sábana le cayera sobre el regazo. Entonces, sonrió. —Deberías ver la ducha —dijo. Se puso de pie. Al verla completamente desnuda, David sintió que empezaba a perder el control—. Es deliciosa. Caben catorce personas ahí dentro. Lo único que David necesitaba eran dos.

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