(Protectors #2) hotter than wildfire by lisa marie rice

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(Protectors #2) hotter than wildfire by lisa marie rice

  1. 1. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss CCaalliieennttee qquuee eell FFuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 11 ~~
  2. 2. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss CCaalliieennttee qquuee eell FFuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 22 ~~LLIISSAA MMAARRIIEE RRIICCEEMMÁÁSSCCAALLIIEENNTTEE QQUUEEEELL FFUUEEGGOO22ºº SSeerriiee PPrrootteeccttoorreess
  3. 3. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss CCaalliieennttee qquuee eell FFuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 33 ~~
  4. 4. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss CCaalliieennttee qquuee eell FFuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 44 ~~ÍndiceAARRGGUUMMEENNTTOO ..........................................................................................................................................................55PPrróóllooggoo ............................................................................................................................................................................66CCaappííttuulloo 11................................................................................................................................................................1166CCaappííttuulloo 22................................................................................................................................................................3333CCaappííttuulloo 33................................................................................................................................................................3377CCaappííttuulloo 44................................................................................................................................................................5555CCaappííttuulloo 55................................................................................................................................................................6644CCaappííttuulloo 66................................................................................................................................................................7744CCaappííttuulloo 77................................................................................................................................................................8877CCaappííttuulloo 88............................................................................................................................................................111166CCaappííttuulloo 99............................................................................................................................................................112244CCaappííttuulloo 1100........................................................................................................................................................113377CCaappííttuulloo 1111........................................................................................................................................................114477CCaappííttuulloo 1122........................................................................................................................................................115599CCaappííttuulloo 1133........................................................................................................................................................117777CCaappííttuulloo 1144........................................................................................................................................................119900CCaappííttuulloo 1155........................................................................................................................................................221155CCaappííttuulloo 1166........................................................................................................................................................223333
  5. 5. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss CCaalliieennttee qquuee eell FFuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 55 ~~AARRGGUUMMEENNTTOOEl mundo la conoce solamente como Eve...Aunque sus canciones han vendido millones, ellaes un enigma, un misterio cautivador. Pero para el exagente Delta Force Harry Bolt, ella es un ángel cuyasensual y ronca voz le devolvió a la vida después dela pesadilla que fue Afganistán. Nada más importa.Y ahora una asustada e impotente belleza hatraspasado la puerta de su empresa de seguridadprivada de San Diego, huyendo de algo secreto, algomortal... y Harry sabe inmediatamente que esta es lamujer que le salvó.Él es la última esperanza para esta cautivadorasirena sin pasado: ni siquiera en sus sueños máscalientes se hubiera imaginado que la señorial Evepudiera ser tan tentadora, tan dolorosamentedeseable. Pero aunque arde por perderse entre lospoderosos brazos de Harry, Eve no acaba de confiaren este duro y atormentado ex soldado que prometeprotegerla. Rendirse podría significar dulce éxtasis ocondena segura. ¿Puede ella abrir su corazón, inclusosi eso significa arriesgar su vida?
  6. 6. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 66 ~~PPrróóllooggooSSaann DDiieeggooDDííaa ddee NNaavviiddaadd..Era Navidad, pero no para Harry Bolt.Toda la ciudad era presa de la fiebre de la Navidad. No se podía caminar porningún lugar del centro sin que te bombardearan villancicos y sin chocar conmolestos falsos ancianos, disfrazados con barbas blancas y trajes rojos que pedíandinero para los pobres: africanos pobres, víctimas de terremoto pobres, inmigrantesilegales pobres.Por supuesto, nadie pensaba realmente en los pobres que vivían a la vuelta de supropia esquina. Esa gente agradable de los sótanos de la iglesia, los hombres debarba blanca y trajes rojos y los escolares cantando villancicos huirían gritando situvieran que ver dónde vivía Harry Bolt con su mamá, su novio gilipollas del mes ysu hermana pequeña, Christine.No había luces de Navidad en las deprimentes calles de su barrio, ni árbol deNavidad adornando los cuartos del sótano en que vivían. Ningún árbol de Navidad,ninguna decoración, ningún regalo. Mierda, tampoco comida ni leche.Bueno, al menos Crissy comería hoy. Él había gorroneado en tres de los basurerossituados detrás de la calle de los restaurantes, meneando la cabeza ante lo que lagente tiraba; encontró pollo frito, puré de patatas, pechuga de pavo y cerca de cincoporciones de pastel.Y siguiendo con la buena racha había entrado en una tienda de juguetes y robadouna Barbie. La alarma de la puerta había sonado, pero Harry había sido rápido.Siempre era rápido y nunca lo habían atrapado.Sonrió, pensando en darle a Crissy la Barbie. Ella tendría que mantener bajos susgritos de alegría, para no molestar ni a mamá ni al gilipollas. Aunque cuando mamá
  7. 7. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 77 ~~estaba drogada, lo que parecía ser todo el tiempo últimamente, no le importaba unamierda.Al último gilipollas no le había importado una mierda, oh seh, a él le gustaban lasniñitas. Él lo había visto ponerse duro cuando, una vez, a Crissy se le vieron lasbragas. Sin embargo un cuchillo en las costillas del gilipollas y una advertencia muyclara, si de cualquier modo tocas a mi hermana te descuartizaré, lo mantuvo alejado. Al díasiguiente, Harry robó seis pares de pantalones para niñas y Crissy no volvió a usarfalda de nuevo.Ese gilipollas se fue y el actual, Rod, tomó su lugar. A este no le gustaban lasniñas, de ninguna manera, pero le gustaba golpear a la gente.Era de noche cuando Harry llegó a casa caminando. No tenía dinero para elautobús, así que tenía que ir a pie a todas partes.Bajó por las escaleras mohosas y abrió de un empujón la puerta de maderaresquebrajada. Había un silencio total y absoluto en la casa. Eso eran malas noticias.Significaba que, o tanto mamá como el imbécil habían dejado sola a una niña decinco años en una casa con las cerraduras rotas en el peor barrio del mundo, oestaban drogados. De nuevo.Vio que estaban drogados mientras cerraba la puerta desvencijada detrás de sí.Su madre estaba sentada en el sofá roto, la cabeza colgaba hacia un lado, la miradavacía. Mierda. ¿De dónde sacaba el dinero para conseguir droga?Todas las luces estaban apagadas. La única luz visible provenía de debajo de lapuerta de la habitación que compartía con Crissy.Oyó un arrastrar de pies en la esquina donde estaba la mesa. Rod, bebiendo unacerveza. Él ni siquiera volvió la cabeza cuando Harry entró.La puerta de su dormitorio se abrió. Había una bombilla de baja potencia en suhabitación y la luz se derramó en la sala de estar.—¡Hawwy! —La voz entusiasmada de Crissy se oyó. Ella corrió hacia él y seaferró a sus piernas, sonriéndole abiertamente—. ¡Volviste! ¡Filiiiz Navidad! —Erapequeña para una niña de cinco años de edad, el cabello de un rubio más claro que elsuyo, los ojos del mismo marrón claro que los de él.Sus pequeños brazos se levantaron, su juego habitual.—¡Upa, Hawwy!
  8. 8. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 88 ~~Él la levantó, sujetándola con un brazo, manteniendo las bolsas apretadas en sucostado por el otro. Crissy no pesaba nada.Harry había crecido mucho recientemente y estaba desarrollando músculos. Elgilipollas caminó vacilante alrededor de él.—Harry —vino la voz profunda del rincón—. ¿Qué tienes en las bolsas,muchacho?El corazón de Harry se vino a pique. La voz del gilipollas articulaba mal, los ojosentornados y desenfocados. Estaba más volado que una cometa.Eso era malo. Cuando se drogaba, su madre solo se quedaba dormida. El gilipollasse volvía muy cruel.Harry movió las bolsas detrás de él y las dejó caer silenciosamente al suelo. Elgilipollas tenía poca capacidad de atención. Si no las veía, probablemente se olvidarade ellas.—Nada —dijo—. Solo un poco de basura que encontré.El gilipollas volvió la cabeza por completo y el corazón de Harry comenzó apalpitar. Sus ojos eran fríos, inhumanos, como los ojos de los perros salvajes quecorrían en jaurías por esa parte de la ciudad. Cuando tenía esa expresión, losproblemas llegaban rápido.Los puños carnosos y grandes del imbécil se abrían y se cerraban sobre la mesauna y otra vez. Otra mala señal. Solo estaba esperando una excusa para estallar, paraponerse violento. Y aunque Harry era joven, fuerte y rápido, el imbécil pesaba casiciento treinta y cinco kilos y cuando estaba drogado, probablemente no podía sentirel dolor. Era como un autómata violento.Por no mencionar el hecho que Harry no podría correr rápido llevando a Crissy yél nunca la dejaría atrás.Algo malo iba a suceder. Estaba en el aire. El sótano apestoso, frío y húmedo hedíade creciente violencia a punto de ser desatada.Harry hizo la única cosa que podía hacer, lo mismo que hacía con los perrossalvajes. Él no podía luchar contra una jauría de perros y no podía luchar contra elgilipollas mientras estuviera drogado, particularmente con Crissy mirando.Así que clavó los ojos en el suelo con actitud sumisa y se calló. Lo único que elgilipollas odiaba, era lo que él llamaba un niño “bocazas”.
  9. 9. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 99 ~~Crissy estaba en completo silencio. Por lo general, no podía hacerla callar, pero ensu corta vida había aprendido quién era peligroso. Ella siempre captaba el mensajede Harry. Cuando él estaba en silencio, entonces ella también. En sus cinco años devida, la niña había visto un montón de mierda realmente repugnante de estegilipollas, del gilipollas antes que él y del anterior a ese.La mano de Harry cubrió la espalda de Crissy. Aunque ella estaba en silencio,apoyó la cabeza en su hombro para mayor comodidad, él podía sentirle elcorazoncito latiendo acelerado, agitándose por el pánico. Estaba aterrorizada.Tenía solo cinco años de edad y estaba jodidamente aterrorizada.Sin dejar de mirar al suelo, recogiendo las bolsas en silencio, Harry se alejóretrocediendo, otra vez lentamente, exactamente como si estuviera enfrentando unajauría de perros salvajes. Funcionó. Entró en silencio en la habitación y cerró lapuerta.Esperó, escuchando.Tranquilo al otro lado.La cabeza de Crissy estaba enterrada en su hombro.—¿Hawwy? —susurró ella—. ¿Está bien, ahora?—Está bien, dulzura. —Harry pegó una sonrisa a su cara y palmeó el hombro desu hermana pequeña, deseando por billonésima vez que Crissy hubiera nacido enotra familia. Una familia que la amaría por la dulce niña que era, en lugar de criarlaen este agujero de mierda, donde solo Harry se interponía entre ella y ser golpeadahasta la muerte.O algo peor.Él escuchó durante un largo tiempo, pero su madre y el gilipollas estabantranquilos. Por el momento. Principalmente, ellos estaban peleando o follando, aveces ambas cosas a la vez.Él tenía un alijo de platos y tenedores de plástico que había recuperado de uncontenedor de basura que guardaba en el armario. Los sacó y los puso sobre la cama.Crissy lo observaba, los ojos abiertos de par en par, con el pulgar en la boca.Harry había tratado una vez de quitarle ese hábito, pero finalmente se dio cuentade que ella necesitaba chuparse el dedo para consolarse. Dios sabía que no habíamucho de eso en su vida. Él trataba de protegerla tanto como le fuera posible, perono podía evitarlo todo.
  10. 10. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1100 ~~Bien, incluso Crissy y él se merecían que algo pasara por Navidad.Le cortó en pedacitos la pechuga de pavo sobre el plato, sacó algunas cucharadasde puré de papa y se lo dio con cuidado. Ella estaba hambrienta, él sabía que ellatenía hambre porque nadie habría pensado en darle de comer durante todo el día,pero esperó hasta que su propio plato estuvo lleno y él tuvo el tenedor en la mano.—Come, Crissy —le dijo, y ella lo hizo, pero solo después que él empezara acomer.Era gracioso. Su madre había ignorado a Crissy toda su vida. Ella habría abortado,salvo que se enteró demasiado tarde de que estaba embarazada y ningún doctorhabría estado dispuesto a practicar el aborto.Había recaído en Harry la responsabilidad de criar a Crissy, aunque sabía unamierda acerca de criar a una niña y él era un medio salvaje. Así que, aunque habíahecho de todo para mantenerla alimentada, abrigada y al menos moderadamentelimpia, ciertamente no había hecho nada para inculcarle modales.Y a pesar de eso, era como si Crissy hubiera nacido en algún puto palacio de unreino lejano. Nadie nunca le había enseñado a comer. Lo había aprendido sola,mirando a Harry. Excepto que donde Harry comía como un lobo, ella comía condelicadeza, sin liar nunca un desastre.Era una pequeña princesa atrapada entre los gnomos.Ella bajó su tenedor pulcramente y le sonrió.Harry extendió el brazo y hurgó en la bolsa, sacando la caja. Por supuesto, elregalo no estaba envuelto, pero a Crissy sin duda no le importaría.—Aquí, mocosa —dijo, tendiéndosela—. Feliz Navidad.El rostro de Crissy se iluminó. Su otra muñeca era algo andrajoso a lo que lefaltaba un brazo, pero ella la amaba y mimaba durante horas.Una Barbie completamente nueva, Crissy estaba en el cielo de las muñecas.—¡Oh, Hawwy! ¡Una Balbi! —chilló ella. Él trató de callarla, pero ya erademasiado tarde.La puerta de la habitación se abrió violentamente rebotando contra la pared, y elgilipollas estaba de pie allí, la cabeza casi tocando la parte superior del marco.Se tambaleó, sacando rápidamente una mano para sostenerse. Su cabeza sebamboleaba mientras tratada de enfocar y Harry pensó: Oh hombre, esto va a ser malo.Realmente malo.
  11. 11. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1111 ~~Rod finalmente se focalizó en Harry, quien había puesto a Crissy detrás de él. Ellase aferraba a la parte de atrás de sus piernas, totalmente callada ahora. Nunca hacíaun sonido cuando Rod estaba de ese humor. Rod estaba respirando con dificultad,por algún motivo ya enfurecido.—¿Qué está escondiendo esa mocosa? —Rod empujó la cabeza hacia adelantecomo un toro dispuesto a embestir—. ¿Hmm? ¿Qué mierda tiene en la mano?Rod avanzó con pesadez y Harry se puso delante de él. Podía sentir a Crissydetrás de él aferrándose a sus vaqueros.—Nada. Ella no tiene nada. Déjala en paz.Rod levantó los ojos, parecía más una criatura de la noche que un ser humano.Harry tenía solo doce años de edad, pero supo que estaba mirando al maldirectamente a la cara.Rod se agachó y Harry trató de no echarse para atrás ante el olor de su aliento. Asíde cerca, también podía oler el sudor, la grasa y la locura. Era un olor aterrador.—Entonces, ¿qué coño está ocultando? —gritó Rod, dándole un puñetazo en elpecho. Harry retrocedió, pero no cayó.Notó un movimiento a su derecha. Harry bajó la mirada. Una mano pequeñatendía la muñeca. A Harry se le retorció el corazón. Crissy estaba sacrificando suBarbie al monstruo para salvar a su hermano.Harry trató de empujar su manita hacia atrás, pero ya era demasiado tarde. Losojos de Rod se iluminaron con un brillo salvaje. Le arrebató la muñeca. Se veíaridículamente pequeña y llena de volantes en su enorme zarpa.Él la miraba de la manera que lo haría un simio, sosteniéndola de un lado al otro.Harry casi podía ver el cerebro enloquecido de Rod echar humo mientras se ibacalentando hasta enfurecerse.Sacudió la muñeca en la cara de Harry.—Entonces, ¿de dónde coño has conseguido el dinero para comprar esto? ¿Me hasestado ocultando algo? —Su voz se elevaba con cada palabra hasta que al final estabacasi chillando. A Harry se le erizaron los pelos de la nuca.El monstruo dio un paso atrás, dejando colgada la muñeca de su mano. Setambaleó, se balanceó de manera inestable y luego encontró el equilibrio de nuevo.—¡Tienes dinero aquí! ¡Lo sabía! —El gilipollas gritaba a viva voz y le arrancó lacabeza a la Barbie, luego los dos brazos y las piernas. Trató de meter un dedo enorme
  12. 12. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1122 ~~en los agujeros, no pudo hacerlo y arrojó descuidadamente el tronco de la muñeca.Miró a su alrededor, entornando los ojos cuando vio el bate de béisbol de Harry. Lolevantó, dándole unos cuantos golpes de prueba contra su mano izquierda.Harry reculó lentamente, su corazón martillando.El gilipollas dio un paso adelante, haciendo un giro en el aire con el bate. El silbidodel aire desplazado sonó fuerte en la habitación.—¿Qué más has estado escondiendo de mí, pequeña mierda? Apuesto a que tienesun montón de cosas, no eres tan estúpido como pareces. Apuesto a que tienes unpuñetero montón de cosas que ¡estás escondiéndome! —lo último fue dicho en unbramido mientras se daba la vuelta y bajaba el bate con fuerza en el rectángulo deaglomerado apoyado sobre dos caballetes que servía como escritorio de Harry.El rectángulo se pulverizó en un instante, el polvillo se levantaba por lahabitación.El gilipollas hurgó en las ruinas por un momento con la punta del bate.—No hay nada aquí —gruñó y golpeó el bate contra las cajas de maderas dondeCrissy y Harry conservaban sus escasas pertenencias. Las cajas estallaron, lanzandohacia arriba vaqueros, sudaderas con capucha, diminutas camisetas y zapatos.Él se volvió para mirar de frente a Harry. Sus ojos bajaron hacia Crissy y luegoregresaron. Él le sonrió a los ojos.—Sé lo que te hará hablar. Pegaré con el bate a esa mocosa y tú hablarás, oh sí. —Él lo giró de repente, con saña, contra la pared, abriendo un agujero en el cementoquebradizo.—¿Así, gamberro? —gritó—. ¿Cómo va a verse la cabeza de la pequeña perra, eh?Como una puta sandía que ha caído al suelo, así se verá. ¡Dime dónde tienes tuscosas de mierda ya! ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya!Él estaba gritando, azotando el bate violentamente por el aire, avanzandolentamente. Harry dio un paso atrás, casi tropezándose con Crissy, quien se aferrabaa sus piernas. Podía sentirla temblar descontroladamente.No se atrevía a levantarla, ni siquiera a admitir su existencia. El gilipollas parecíahaberse olvidado de ella por el momento y Harry quería que siguiera siendo así.—¿Qué estás escondiendo, muchacho? —¡Un golpe fuertísimo! Otro gran agujerohecho en la pared—. ¡Dímelo ya!Otro giro, apenas errando a Harry.
  13. 13. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1133 ~~—¿Rod? —La madre de Harry estaba en la puerta, tambaleante. Sus ojos estabanvidriosos—. ¿Por qué tanto alboroto?Harry nunca había sido capaz de entenderlo. Su madre vivía como unadrogadicta... era una drogadicta, aunque le doliera el corazón tener que admitirloporque a pesar de todo la amaba, pero hablaba como una verdadera dama.El monstruo se detuvo, se volvió lentamente, los procesos del pensamiento casidolorosamente claros.Él sonrió, mostrando sus dientes podridos.—Tu hijo de mierda. Me esconde cosas y yo las quiero. Ha escondido algo dedinero en algún lugar, solo para él. ¿Qué coño le importamos nosotros? ¿Nuestrasnecesidades? Lo único que le importa es la mocosa.La madre de Harry estaba tratando de procesar esto a través de la niebla de sucabeza.—¿Harry? —dijo lentamente.Miró alrededor de la habitación vacía.—¿Escondes algo? ¿Qué? ¿Dónde?El monstruo pareció inflamarse de rabia mientras se acercaba amenazante a lamadre de Harry.—Tú, puta, apuesto a que estás confabulada con él. ¡Vosotros tres, es unaconfabulación, estáis robándome y guardándoos lo que es mío! —Su voz se elevó a laaltura de un grito brutal—. ¡Vosotros tres pensáis que sois muchísimo mejores queyo! ¡Hijos de puta presumidos, ya veréis!La madre de Harry frunció el ceño.—Oye, Rod, no hay necesidad de...—¡Y tú eres la peor de todos, tú, cabrona! —rugió y giró el bate directamente a sucabeza.El golpe sonó fuerte en la habitación, mientras ella se desplomaba en el suelo, elrojo brillante manchando su largo cabello rubio. La mujer se quedó inmóvil, uncharco de color rojo se formaba en torno a su cabeza.—¡Hijo de puta! —La cabeza de Harry se llenó de rabia—. ¡La mataste! ¡Mataste ami mamá!
  14. 14. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1144 ~~Rod se detuvo un momento, la boca abierta, los dientes podridos de un idiotacomo oscuros tocones.Harry se le echó encima, los puños volando. Había peleado desde que tenía cincoaños y aunque no tenía entrenamiento, sabía lo que estaba haciendo. Los primerosgolpes tomaron por sorpresa a Rod, luego sacudió la cabeza y gritó a viva voz confuria.Con un golpe de revés, azotó a Harry contra la pared, derribándolo. Harry sedesvaneció por un instante, y recobró el conocimiento justo cuando Rod, gritando,bajaba el bate con fuerza sobre sus piernas.Él gritó mientras sus huesos crujían.El dolor lo atravesó como un rayo, tan intenso que casi se desmayó de nuevo.Luchó para permanecer consciente con todo lo que tenía, ignorando la ferocidad deldolor, porque Rod se había enderezado, sabiendo que Harry estaba fuera decombate, y ahora se estaba acercando de manera amenazante a Crissy, paso a paso,gritando palabras que Harry no podía entender.Crissy se apretaba contra la pared, temblando mientras lo observaba acercarse conojos enormes y aterrorizados.Harry temblaba de rabia. Rod había matado a su madre. El gilipollas no iba aconseguirlo también con Crissy. De ninguna manera.Trató de levantarse, pero se desplomó en feroz agonía. No había manera, ambaspiernas estaban rotas, el pantalón vaquero ya estaba empapado de sangre. Unpedazo de hueso había atravesado la piel, y sobresalía del muslo izquierdo,perforándole los vaqueros. Su mano fue en busca de su única esperanza mientrasCrissy se alejaba velozmente de las manazas grandes y peludas de Rod meciendo esebate.Bajo el colchón estaba el móvil del gilipollas, el que usaba para hacer sus negocios.Harry se lo había robado un par de días atrás. Algún instinto le había advertido quenecesitaría tener una manera de pedir auxilio.Rod estaba gritando ahora, completamente fuera de control, abalanzándose haciaCrissy, quien serpenteaba para mantenerse fuera de su agarre. Con las manostemblorosas, tanteando por el miedo, Harry marcó 9-1-1 y rápidamente dio ladirección. Los bramidos de Rod podían oírse en segundo plano.—De prisa —susurró.
  15. 15. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1155 ~~Estaba a punto de desmayarse por el dolor, y tuvo que apretar los dientes parapermanecer consciente.La mano enorme de Rod atrapó a Crissy por el brazo y Harry casi vomitó cuandooyó el chasquido repentino de su huesito al quebrarse.—¡Harry! —gritó Crissy, los ojos aterrados encontrándose con los de él, mientrasél se acercaba a ella con los brazos, moviéndose tan rápido como podía.Pero no fue lo suficientemente rápido.Rod levantó a Crissy como si fuera la Barbie que había sujetado hacía unosinstantes y la azotó contra la pared. La sangre salpicaba mientras el diminuto cuerpode Crissy caía al suelo.—¡Hijo de puta! —gritó Harry cuando su mano encontró el bate que Rod habíadejado caer. Lo balanceó con todas sus fuerzas contra la rótula del gilipollas y oyó elchasquido cortante de su rodilla estallando.Rod cayó como un toro derribado y Harry estuvo encima de él, balanceando elbate sobre su cabeza una y otra vez, hasta que la cara de Rod era una máscara detejido blando y rojizo que no tenía parecido con un rostro humano.Jadeando, arrojó el bate lejos y se arrastró con sus brazos hacia Crissy, ignorandoel feroz dolor mientras se abría paso arrastrándose por el suelo. Recogió sucuerpecito flojo, abrazándola contra él, acariciándole el cabello rubio y suave.Lloraba, el sonido crudo en la habitación.En la distancia las sirenas sonaban, la última cosa que oyó antes de que laoscuridad se apoderara de él.
  16. 16. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1166 ~~CCaappííttuulloo 11PPrriinneevviillllee,, GGeeoorrggiiaaVVeeiinnttee aaññooss ddeessppuuééss22 ddee AAbbrriillGerard Montez se paseaba por su estudio mientras escuchaba una pista del CD. Lacanción era hermosa, aunque a Gerard le importaba una mierda eso. Beethoven, LosBeatles... le sonaba todo igual.Pero esta canción... oh, sí. Era importante para él.“Turning a Blind Eye” por Eve. Sin apellido. Solo Eve. Como Madonna o Cher.Había leído algunas críticas en Internet de la canción. Había un montón. Estamujer, Eve, ocupaba una cantidad desmesurada de tiempo y espacio en la red,porque nadie podía dilucidar quién era.Su voz es cálida y suave, perfectamente contrarrestada por los instrumentos acústicos:guitarra y trompeta con sordina. Ella incorpora algo a las notas, una por una, a vecesconstruyendo un exotismo melancólico con citas extensas de música mediterránea del SigloXIV y algo de Monk1. Brillante.Gerard no tenía idea de qué coño se trataba. Lo único que sabía era quién locantaba.Eve. La mujer misteriosa.Solo que no tanto. Porque aunque la publicidad de la cubierta dijese que lamisteriosa cantante Eve había escrito la canción, él había oído a otra mujertarareándola un año antes.Ella ni siquiera se había dado cuenta de que él estaba allí. Había estado tarareandocierta melodía que Gerard no reconoció, pero había notado que era bonita. Ella1 Famoso pianista y compositor de jazz (N.T.)
  17. 17. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1177 ~~tarareaba y cantaba mientras trabajaba en el ordenador en su oficina. Tarareaba elcuerpo de la canción y el estribillo era turning a blind eye.Gerard recordaba la escena con total claridad, porque eso era lo que él hacía.Observar y recordar cosas. Había construido un puto imperio porque observaba yrecordaba cosas.Se había asegurado de recordar esa canción. No solo eso, sino que había estadoabsolutamente flipado de que fuera Ellen la que estaba tarareando y cantando.¿Quién lo hubiera dicho?Ellen. La convencional, mojigata, acartonada y confiable Ellen, que escondía sufigura y era una contable fantástica. Tenedora de libros. Oh sí, ella tenía un título encontabilidad, pero básicamente ella mantenía sus libros, así que era su tenedora delibros. Y los mantenía muy bien. Demasiado bien.La Ellen formal, vehemente y recatada hizo salir esos sonidos guturales ysensuales de su garganta. Sonidos que él ni siquiera podía comenzar a imaginar queella pudiera hacer. Sonidos que le hicieron mirarla dos veces como una mujer. Y fueentonces cuando descubrió que ella había estado escondiendo su verdadera valía.La mayoría de las mujeres trabajaban en sí mismas como locas. Gruesas capas demaquillaje, bolsas plásticas de silicona para levantar los pechos, tacones altos, faldascortas, melenas largas y abultadas... la mitad del tiempo, cuando Gerard despertabajunto a una tía que se había follado, se daba cuenta de que no era para nada guapa,simplemente sabía cómo aplicarse el maquillaje.Hombre, echando un segundo o tercer vistazo a Ellen... a la Ellen seria y adicta altrabajo, cuya ropa por lo general la cubría del cuello a los pies... él podía ver que eramuy guapa... auténtica. Si se tomase la molestia, entonces llamaría la atención. Eraobvio que no quería llamar la atención, que quería llevar la contabilidad.Cuando él se dio cuenta que ella estaba empezando a escarbar en la forma en queél había hecho fortuna, supo que tendría que despedirla o matarla. O... casarse conella.Esa idea lo había sorprendido.Fue su voz la que lo hizo. A Gerald le gustaban las mujeres experimentadas, sexysy no demasiado brillantes. Le gustaba el sexo duro. Incluso después de darse cuentade lo hermosa que era Ellen, no había querido follarla.Pero esa mujer cantando... oh sí. Esa era follable. Había una sensualidad, unmeneo allí, que decía soy fabulosa en la cama. Algo tan impropio de Ellen que élincluso había revisado el escritorio de su ordenador para ver si había un iPod con
  18. 18. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1188 ~~altavoces. Pero no, esa chica follable era Ellen.Ellen, en la cama. En realidad podría ser fácil de enseñar. Sin embargo, cómo fueraen la cama no era tan importante, porque el mundo estaba lleno de mujeres queamaban a los hombres ricos y él era muy, muy rico.Lo importante era tener una esposa presentable cuando fuera a Washington anegociar los contratos. Todos esos imbéciles que tenían importancia en Washingtoneran fanáticos de los “valores familiares” a pesar de que ellos mismos teníanbomboncitos de uno y otro sexo al lado.Seh... una esposa recatada y censora jurada de cuentas con una suave voz.Perfecta.Así que había comenzado una campaña para meterla en su cama, algo que por logeneral le llevaba alrededor de cinco minutos. Media hora tal vez, como máximo.Se había quedado absolutamente sorprendido cuando se dio cuenta de que noestaba funcionando. Ella no tenía interés.¿Qué mierda pasaba?Él era rico, guapo y poderoso. Tenía a las mujeres trepando por sus pantalones.¿Era lesbiana? Pero él tenía dos hombres que la seguían a todas partes y ella no teníaamantes, ni femeninos ni masculinos, no tenía nada. Trabajaba, regresaba a su casa,veía algo de televisión, leía, se iba a la cama temprano, madrugaba y comenzaba denuevo.Jesús, casarse con ella sería como casarse con una monja. ¿Pero a quién leimportaba? Todo lo que tenía que hacer era echarle un polvo de vez en cuando; esono tendría que interferir con su vida sexual. Hacer que pariera unos cuantos críos.Entonces ellos no podrían decirle nada al puto Pentágono acerca de dónde se estabangastando su dinero.Había empezado a maquinar todo en su cabeza cuando la cabrona va y desaparecedespués de conversar en una fiesta de la compañía con uno de sus hombres, queestaba realmente borracho. Arlen Miller, que habló demasiado sobre Iraq y habíapagado el precio.Y luego Ellen se esfumó. Desaparecida durante un puto año completo, en el que élsudó por si se lo estuviera soltando todo al FBI.Uno no fastidia a Montez. Eso era ley. Porque si lo haces, Montez te devolverá elgolpe con tanta ferocidad que estarán encontrando pedazos tuyos durante lospróximos diez años.Ahora la tenía. Ellen... sosa, hermosa Ellen Palmer, que ni siquiera usaba lápiz
  19. 19. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 1199 ~~labial, por el amor de Dios... era Ellen, cuya voz era puro sexo.La identidad de Eve era ese gran misterio tras el que iba todo el mundo. ¿Quiénsabía quién era, bla bla bla? Nada de info personal en los CDs, ningún sitio web... lasgrabaciones se hacían bajo el nombre de una empresa que tenía una capa tras otra.Algo que Ellen sabría cómo hacer hasta con los ojos cerrados.La gente no sabía qué pensar al respecto.Eve tenía un agente y ese agente tenía un nombre: Roddy Fisher. Vivía en Seattle.Roddy Fisher iba a estar muy, muy apenado por haber aceptado a Eve como cliente.Montez activó el intercomunicador y ordenó al personal de su avión que estuvierapreparado con un plan de vuelo a Seattle.* *CCoorroonnaaddoo SShhoorreess..SSaann DDiieeggoo..Él lo revivía una y otra vez en sus pesadillas. Crissy siempre terminaba con sucuerpecito destrozado por completo, y él se despertaba empapado en sudor y con elcorazón acelerado. Incluso cuando volvió de Afganistán con el cuerpo destrozado,cortesía de un lanzagranadas de mano antitanque afgano, soñaba con su hermanamenor muerta a los cinco años. Asesinada por un monstruo.Se levantó desnudo y salió al balcón pequeño y bien resguardado que daba alPacífico.Algunas noches bajaba en la oscuridad y nadaba una hora.Al principio, cuando todavía estaba medio muerto, apenas podía caminar y noestaba del todo seguro si alguna vez sería algo más que un patético lisiado... bien, enesas noches había estado tentado de bajar rengueando a la playa y simplementenadar hasta agotarse, adentrarse hasta donde nunca pudiera regresar y solo hundirsebajo las olas.Aterraba como el infierno que el pensamiento fuera tan jodidamente atractivo.Y fue entonces cuando descubrió que sus compañeros, que vivían en el mismoedificio en Coronado Shores, se turnaban para permanecer despiertos paraasegurarse que no hiciera precisamente eso.Durante los primeros meses también le quitaron sus armas. Los había insultado a
  20. 20. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2200 ~~gritos, pero tanto Sam como Mike eran decididos y tenían un ladrillo en vez decabeza. Le habían devuelto las armas cuando estuvieron seguros de que estaba fuerade la zona del suicidio.Fue entonces cuando empezó a beber, dañándose en silencio noche tras noche. Lodejaron. Se necesitaba mucho tiempo y esfuerzo para beber hasta matarte y Harrysimplemente no podría hacerlo. Odiaba despertarse con resaca, la boca seca y lacabeza martillando, tambalearse hasta el cuarto de baño para vomitar unas gachasaguadas de cerveza y whisky sin ningún tipo de alimento porque no tenía apetitopara nada.Hasta él mismo se había asqueado.Finalmente, resolvió que si iba a tener que vivir... porque sus jodidos hermanos nolo dejarían morir... entonces bien podría ponerse fuerte de nuevo. Así, Sam y Mikehabían reclutado a Bjorn, el nazi noruego, y le habían ayudado a instalar un gimnasiototalmente equipado en el cuarto de invitados, y durante meses se ejercitaba por lanoche hasta que le dolían los músculos, hasta que hubiera sudado cada gota dehumedad de su cuerpo, hasta que estuvo tan exhausto que no podía ni pensar.El sueño no llegaba, pero al menos no había imágenes en su cabeza.Pero ahora estaba otra vez en forma. Los pesos simples o la rutina no podríanhacerlo olvidar sus problemas, así que había encontrado otra muleta.Regresó a la sala de estar y se hundió en el sofá. Su sala de estar... su casa entera...era como su vida: alta tecnología y vacío. Tenía aparatos de gimnasia, un puesto detrabajo y un centro de entretenimiento que eran súper avanzados. El resto era puradesolación. Una cama, un escritorio y un sofá.Su equipo de sonido era un Bose de primerísima calidad y él deslizó su nuevadroga por la ranura, se puso los auriculares y se estiró en el sofá. Los primeroscompases de una bella voz llegaron y fue como debía ser ese primer chute de heroínapara un drogadicto.Ahhh...Eve. Se había hecho súper famosa en estos tres últimos meses, pero Harry habíaestado enganchado desde la primera canción que le había oído cantar, cuando aúnera desconocida, una versión en jazz de "Stand by Me”.Su voz era pura magia. Después de las primeras notas, Harry se había olvidado desus problemas, transportado a otra parte, un lugar mejor. Un lugar donde loshombres no mataban chiquillas. Donde no se azotaba hasta la muerte a una mujersolo por haberle oído las pisadas sobre el suelo, donde no tratarían de hacer saltar a
  21. 21. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2211 ~~nadie por los aires con lanzagranadas. Donde no se anhelaba la paz de la muerte.Eve tenía una voz ronca y aterciopelada, clara como una campana, perfectamenteafinada en cada canción. Podía cantar cualquier cosa: rock provocador, jazz ardiente,tiernas baladas. No había nada que no pudiera hacer tan perfectamente que jamáspodrías imaginarte la canción cantada de ninguna otra manera, aun cuando lahubieras oído mil veces antes a mil cantantes distintos.La mitad de sus canciones eran versiones, que se convertían en la versióndefinitiva... ningún otro cantante necesitaba aplicarse. La otra mitad le había dejadoasombrado al leer en la propaganda de la cubierta que habían sido compuestas porella. Y aunque no se especificaba en ninguna parte, Harry tenía la impresión de queella tocaba el teclado para algunas de las baladas sencillas.Todo era muy misterioso. Tal vez incluso una táctica de marketing. Si lo era, erabrillante, porque Internet estaba lleno de miles de versiones sobre ¿quién era ella?,mientras los admiradores acudían en masa a comprar sus CDs. Tenía decenas demillones de visitas en YouTube, aunque las imágenes solo eran puestas de sol, mar yárboles meciéndose en el viento.Porque nadie sabía quién era.No había fotografías, nunca había sido entrevistada, nunca había dado unconcierto. La identidad era un secreto muy bien guardado.Los periódicos amarillistas conectados a Internet se volvían locos.Decían que era negra, blanca, hermosa, fea más allá de las palabras, vieja, joven... aHarry no le importaba una mierda. Podía haber sido un hipopótamo de ciento treintay cinco kilos con siete barbas, para lo que le importaba. Todo lo que Harry sabía eraque cuando se ponía uno de sus CDs y los auriculares, el mundo... y con este él...simplemente se desvanecían.¿QUIÉN ES EVE? Era materia prima de la prensa amarilla. Secciones completas dePeople and US Weekly eran destinadas a develar su identidad. Según el NationalEnquirer era la hija de un amor secreto de Bill Clinton o de George Clooney. O delPapa. Dependiendo de la semana. Harry estaba esperando que Eve fuera unaextraterrestre.¿Qué mierda le importaba?Se recostó, cerró los ojos y le dejó llevarlo lejos, hasta que el cielo del lado deafuera de las ventanas de su sala de estar pasó del negro al estaño y de ahí al perlado.A las siete, de mala gana se sacó los auriculares y se dirigió a la ducha.Hora de enfrentarse a un nuevo día.
  22. 22. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2222 ~~* *SSeeaattttllee..Roddy Fisher fue arrojado dentro del trastero por dos de sus hombres, McKenzie yTrey.Gerald Montez estaba sentado en una cómoda silla porque pensaba que podíallevar mucho tiempo sacar a golpes algo de información de ese tío. Sin embargo,mirando al gusano, pensó: Tal vez no. Tal vez podrían lograr terminar esto rápido.Roddy Fisher, agente de talentos, era pequeño y rollizo, y ya estaba gimoteando,incluso sin que todavía lo hubieran maltratado. Todo estaba por venir.Montez utilizaba soldados, hombres que habían sido entrenados, muy entrenados,para ser duros, para resistir.Este tío era un blanco fácil, el más fácil. Ropas de moda, manos con manicura yninguna definición de músculos en absoluto.Gerald no sabía qué aspecto tenía Fisher aún, porque sus hombres lo habían traídocon una capucha sobre la cabeza. Interrogatorio 101: mantenlos desorientados yasustados.El tío estaba muy asustado. Incluso se había meado los pantalones.Puto cobarde.Montez hizo señas con la mano y una luz brillante se encendió, dejando el resto dela habitación a oscuras. Uno de sus hombres le quitó la capucha y a Fisher se lejodieron los ojos con la luz de mil vatios.Montez sabía que no podía verlo, no podía ver nada en realidad, pero a pesar deeso mantuvo el rostro inexpresivo, aunque estaba asqueado. Los ojos de Fisherestaban cerrados por la hinchazón de las lágrimas, y los mocos le bajaban por la cara,haciendo que la cinta adhesiva sobre su boca brillara. Nadie lo había tocado más alláde meterlo atado en un vehículo y ponerle una capucha sobre la cabeza y míralo. Yaen crisis.
  23. 23. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2233 ~~Ni siquiera había visto a los hombres detrás de él, de pie, listos junto a unabandeja llena de instrumentos que parecían ideados para trabajos de carpintería.Trabajos de carpintería en humanos; para cortar, tirar y tallar. Y Fisher no habíanotado la lona debajo de su silla para capturar el sudor, la sangre, el ADN.Trey extendió la mano y le arrancó la cinta adhesiva de la boca. Joder, Fisherrespingó cuando se le arrancó la cinta. Qué nenaza.—Oh Dios —moqueó Fisher. La voz alta y llorona, gorjeando con fluidoscorporales—. ¿Dónde estoy? ¿Qué queréis? —Frunció las cejas—. ¡Dinero! ¡Eso es loque queréis! Tomadlo, en el bolsillo de mis pantalones. —En su excitación olvidó quesus manos estaban encadenadas. Escarbó en los bolsillos. Finalmente, levantó una delas cadenas—. Aquí dentro. Tengo tres tarjetas de crédito, podéis llevároslas todas.No las denunciaré como robadas. Y tengo dos mil dólares en efectivo. Tomadlos.Tomad absolutamente todo. —Levantó la cara esperanzada a la luz.Montez esperó hasta que se hizo evidente incluso para el idiota de la silla que élno quería dinero.Fisher se desplomó, derrotado.Después de otro largo silencio, Montez finalmente habló.—¿Dónde está Ellen Palmer? —le preguntó en voz baja. Sería genial si pudieranhacer esto de la manera fácil. Conseguir la información, matar al tío y largarse.Montez tenía mucho que hacer antes de que este lío hubiera terminado y el tiempotranscurrido lejos del negocio era dinero perdido.—¿Quién? —Fisher arrugó la frente confundido, total y completamentedesorientado. Probablemente no pudiera ser tan buen actor. No bajo presión. No unfrágil civil.—Eve.Las facciones de Fisher se despejaron.—Oh, Eve. Lo siento, esa información es altamente confidencial.Todo el aire salió de él con el puñetazo que le arreó Trey. Ni siquiera fue unverdadero puñetazo, solo uno para hacerlo callar y que prestara atención. Sinembargo, el gilipollas comenzó a aullar como una sirena. Jesús. Montez esperó hastaque el ruido disminuyó y Fisher moqueaba.—Eve —dijo Montez de nuevo.Fisher negó con la cabeza.—No puedo, hombre. Mi contrato dice...
  24. 24. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2244 ~~Otro golpe en la cabeza, ni siquiera lo suficientemente duro para hacerle castañearlos dientes y los aullidos comenzaron de nuevo.—Vale. Vale. ¡Hablaré!Cristo. Si no hubiese tenido un profundo interés en el resultado, entonces habríadejado esto a sus hombres. Qué desperdicio de tiempo interrogar a este imbécil.Montez se desplazó hacia adelante en la silla para que Fisher lo pudiera ver, abrióun expediente que tenía en su regazo y sacó una serie de fotos. Levantó la primera, elretrato formal que había estado en el sitio web Bearclaw, lo giró, así Fisher lo podíaver con claridad.Montez golpeó ligeramente la foto.—¿Es esta Ellen Palmer?Los ojos de Fisher se abrieron de par en par.—No —dijo y levantó las manos atadas en defensa cuando la mano de Trey semovió de nuevo—. ¡No me pegues! Yo la conozco como Irene Ball. Ella utiliza elnombre de Eve para cantar. Nunca he oído hablar de una Ellen Palmer.Trey lo miró y Montez asintió levemente con la cabeza. Trey bajó la mano y elcapullo exhaló aliviado.—Entonces. —Montez se inclinó un poco hacia adelante—. ¿Cómo la encontraste ydónde?Fisher se movía en un territorio familiar, él podría asegurarlo. Incluso se relajó unpoco, lo cual solo venía a probar que los civiles eran completamente imbéciles.—Soy agente de talentos, trabajo fuera de Seattle. ¿Nunca has oído hablar deBroken Monkeys, Pursuit o Isabel? —El gilipollas realmente miraba con esperanzas aMontez, tratando de impresionarle. Este solo le clavó la mirada hasta que los ojos deFisher cayeron hacia sus rodillas—. Bien... —Respiró profundamente—. Deambulopor clubes y bares porque el escenario musical de Seattle es grandioso y produce unmontón de talentos. Una noche estaba en el club, el Blue Moon. Estaba allí parahablar con un tío, no como cazatalentos. Blue Moon llevaba con el mismo cantantepatético toda la vida, no tiene voz, y apesta tocando el teclado, pero ¿qué mierdaimporta? La cerveza es buena y las sillas son cómodas. Estaba pensando que hablaríacon el tío y me largaría. Pero resulta que el cantante estaba muerto y cantaba estachica. Y hombre... a la mitad de su versión de “Every Breath You Take” supe que eraoro, oro puro. Le pregunté al dueño quién era y se encogió de hombros. Dijo que erauna de las camareras, la chica solo se presentaba un día. No tenía contrato ni nada,pero el propietario... no era detallista. La mitad de su personal está en negro. Cinco
  25. 25. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2255 ~~minutos después que ella comenzó a cantar, no se escuchaba un ruido en el club, ycuando terminó, recibió una ovación de pie. Nunca había visto nada igual. Así queme acerqué a ella, pensando que era una desconocida, que estaba hambrienta... ¡quéera una camarera de mierda por el amor de Dios!... La contrataría y ella me loagradecería, ¿sabes lo que quiero decir?Fisher miró a su alrededor, buscando un poco de solidaridad masculina. Monteznegó con la cabeza. Iba a ser un placer librar al mundo de esta mierda.—Continúe —dijo en voz baja—. La contrató, ¿correcto?—Seh, pero tío esa perra también impuso duras condiciones. —Un enervantegimoteo se empezó a notar en su voz.—La mayoría de los músicos no saben una mierda del negocio de la música.Aprenden sobre la marcha. Algunos nunca lo hacen. Pero Irene... Eve... mierda, eracomo si hubiera nacido para eso. Ella negoció el contrato más exigente que algunavez he visto, línea a línea. Esa perra conoce sus números.Sí, ya lo creo. Pensó Montez amargamente. La perra conoce sus números. Y los míos.—Y esa fue la parte fácil. Porque cuando empecé a hablar de conciertos ygrabaciones, tío, ella se volvió loca. Dio órdenes terminantes. Ningún concierto, solograbaciones. El estudio de grabación tenía que estar vacío, los músicos y el ingenierode sonido en otra habitación con entrada independiente. Ninguna entrevista, ni fotos,ni sitio web, ni nada, y esas fueron sus férreas condiciones, y te digo, casi me alejéporque, ¿quién necesita esta mierda? Pero entonces, diablos... —El idiota sonrió connostalgia, olvidando dónde estaba—. Ese primer álbum fue disco de oro, el segundode platino. Fue una maniobra de marketing inteligente.Esto se estaba volviendo tedioso. Montez quería terminarlo.—Entonces, ¿dónde vive esa Irene, o Eve?Fisher negó con la cabeza.—No tengo ni la más mínima idea.Esta vez, el golpe de Trey lo hizo sangrar. Cuando el idiota dejó de gritar, Montezlo intentó de nuevo.—¿Dónde vive?—¡Mierda, no lo sé! —gritó—. ¡Ella no me lo dijo! La dirección en el contrato esuna casilla postal en Seattle. Nadie sabe dónde vive.Fisher era demasiado cobarde para mentir. Mierda.
  26. 26. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2266 ~~—¿Cuál es su número de móvil?Los ojos se le iluminaron con esperanza. Recitó de un tirón un número con unprefijo de Seattle, y Montez se dio cuenta que era todo lo que iba a conseguir de estegilipollas.—Vale, hemos terminado aquí. —Montez paró y los ojos de Fisher lo siguieron conilusión. El idiota pensaba que todo había terminado. Echó una mirada a Trey—.Ocúpate de esto —le dijo en voz baja y salió del cuarto.Apenas pudo oír el disparo en el corredor. Trey había usado un silenciador, talcomo le habían dicho.* *SSaann DDiieeggooEllen Palmer comprobó la dirección en la pequeña placa fuera de un edificioelegante y súper moderno en el centro de San Diego con las palabras garabateadas enuna servilleta de papel y verificó que fuera la misma.No necesitaba hacer aquello. Tenía una memoria casi fotográfica, y si habíanúmeros envueltos, nunca los olvidaba, jamás.Edificio Morrison, 1147 Birch Street.Sí, esa era.Ellen reconoció lo que estaba haciendo. Estaba haciendo tiempo, lo que era muypoco propio de ella. Estaba viva porque había sido capaz de tomar decisionesapresuradas y actuar inmediatamente. Ya estaría a tres metros bajo tierra si nohubiera actuado rápido. Hacer tiempo era muy poco propio de ella.Pero estaba tan malditamente cansada. Cansada de huir, cansada de mentir,cansada de tener la cabeza gacha, en el más literal de los sentidos. Las cámaras deseguridad estaban por todas partes hoy en día y su enemigo tenía un poderosoprograma de reconocimiento de rostros. Durante el año anterior casi no se habíapresentado en público a rostro descubierto a la luz del día.Incluso ahora, cuando estaba apostando su vida al hecho de que estaba yendohacia la seguridad, tenía unas enormes gafas de sol y su actualmente largo cabello
  27. 27. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2277 ~~estaba echado adelante alrededor de su rostro. Necesitaba comprarse un sombreroenorme.Había dos cámaras de seguridad justo a la entrada de las puertas exteriores de seismetros del Edificio Morrison, pero Ellen mantuvo la cabeza agachada mientrasentraba, caminaba por el gigantesco vestíbulo de mármol y se subía en el ascensorhasta el noveno piso. Seguir siendo anónima en el ascensor era difícil. Las cuatroparedes estaban recubiertas de bronce pulido que reflejaba tan bien como espejoshacia la pequeña cámara de seguridad de la esquina.La puerta de RBK Security estaba guardada por dos cámaras de seguridad y, otenías que llamar al timbre, o tenías que manejar un tablero de alta seguridad situadoen el lado derecho, porque la puerta no tenía manija.Inclinó la cabeza incluso más cuando un sonido de zumbido le llegó desde lo altode su cabeza. ¡Buen Dios, tenían cámaras motorizadas!Bueno, era una compañía de seguridad, y se le había asegurado que eranrealmente buenos.Más valía que lo fueran, porque si no estaba muerta.Llamó al timbre. Se oyó un clic y la puerta se deslizó silenciosamente hasta abrirse.Ellen entró, dubitativa, con el corazón empezando a latir con fuerza.¿Era una buena idea? Porque si no, si se estaba poniendo en las manosequivocadas, no había vuelta atrás, y ella sería la que pagaría el precio final.El vestíbulo era maravilloso, lujoso pero cómodo, con plantas enormes yfrondosas, suave música clásica de fondo, el más ligero perfume a cera de limón yprofundas y mullidas butacas. Había una secretaria sentada tras un mostrador enforma de U. Le sonrió, dándole la bienvenida.—¿Es usted la señorita Charles? El señor Reston estará listo en breve. Por favor,siéntese.Durante un segundo Ellen no respondió, pensando que la recepcionista estabahablando con otra persona. Pero no había nadie más allí.Cerró los ojos, abochornada. Por supuesto.Había hecho la cita bajo el nombre de Nora Charles, lo que era una idiotez.Cualquier cinéfilo habría reconocido que era un nombre falso, pero había estado tandesesperada cuando llamó que la noche anterior, en San Francisco, se había tragadode una sentada la trilogía de “La Cena de los Acusados”, “Ella, él y Asta” y “La Sombrade los Acusados”, mientras esperaba el primer bus para San Diego. Una sesión demadrugada en el cine fue lo único que se le ocurrió para estar apartada de las calles.
  28. 28. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2288 ~~Había empezado su viaje antes de ayer en Seattle y no había dormido más de unahora o dos en tres días.Pero estar exhausta no era una excusa.Olvidar su supuesto nombre era terroríficamente peligroso. Estaba viva porquesiempre estaba alerta, siempre. Olvidar su nombre solo durante un segundo erainvitar a la muerte. Y si había una cosa que el año anterior le había enseñado, era queno quería morir. Quería, desesperadamente, vivir.Nora Charles era su quinto nombre en doce meses. Olvida todos los anteriores yconcéntrate en este, se dijo.Estaba creando mentalmente una falsa biografía para Nora, solo para darle unpoco de peso en su cabeza, cuando de repente la recepcionista dijo:—Sí, señor, lo haré.Ellen estaba realmente agotada, porque no podía imaginarse con quién estabahablando la recepcionista.No había nadie más en el vestíbulo y no estaba hablando al teléfono. Entonces vioel muy mono, pequeño y caro auricular pegado a una oreja y entendió.Guau. Debería haberse dado cuenta antes.Esto era de verdad peligroso. Su cansancio estaba acabando con ella. Se sentíaidiota por el cansancio.La gente idiota moría, muy malamente. En particular los que Gerald Montez y suejército perseguían.—¿Señorita Charles?Ellen levantó la mirada.—¿Sí?—El señor Reston se ha retrasado. Pero el señor Bolt está libre. Ambos son sociosde la compañía.—Cuánto... ¿Cuánto tiempo se retrasará el señor Reston?—No lo sabe. —La recepcionista tenía una mirada amable, algo poco habitual enunos ambientes tan lujosos.Normalmente los empleados de una compañía tan elegante y obviamente exitosaeran estirados y distantes. Esta mujer parecía amable. Como si, de alguna manera,comprendiera.
  29. 29. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 2299 ~~—Puede que sea bastante tiempo. El señor Bolt es también muy bueno.Ay, Dios. Kerry, la mujer que le había hablado de RBK Security había tratado conSam Reston, quien le había salvado la vida. No tenía ni idea de quién era este talseñor Bolt. Tal vez Sam Reston trabajaba en los bajos fondos para rescatar mujeres enpeligro y este Bolt no sabía nada de eso. ¿Y entonces qué?Ellen cerró los ojos por un instante, deseando poder rebobinar su vida un añoatrás y luego tirar adelante un año entero en el futuro, cuando una de dos, oestuviera asentada en su nueva vida, o estuviera muerta. Porque si no hacía algoahora, estaba segura de que se le acercaba una muerte lenta y dolorosa.Gerald Montez no perdonaba.Pero ella seguía tomando estas decisiones a toda velocidad, sin entrenamiento enello, sin manera de sopesar si estaba haciendo una buena elección o si estaba tirandosu vida por la ventana.Cara o cruz, todo el tiempo, todos los días.Y ahora añade agotamiento y falta de sueño a la mezcla. ¿Cómo elegir?Miró a la recepcionista a los ojos. Ellen era buena juzgando a la gente, y ahoratenía que confiar en sus instintos. La recepcionista le devolvió la miradacalmadamente, al parecer impasible ante la lunática señora que se veía como si nohubiera dormido en tres días porque no lo había hecho, la miró a la cara, tomándoseunos minutos para decidir algo que debería haber decido en pocos segundos.Solo que, como todas sus decisiones del último año, su vida colgaba de la balanza.La recepcionista se mantuvo calmada, los ojos amables. Tal vez estabaacostumbrada a la gente desesperada. Tal vez los desesperados caían a su puertadiariamente.—De acuerdo —dijo finalmente Ellen, apretándose las manos. Por favor, que sea unabuena elección. Envió la oración a quien fuera que estuviera allí arriba, que habíaestado notablemente ausente últimamente—. Veré al señor Bolt. Gracias.La recepcionista asintió.—La segunda puerta a su derecha. El nombre del señor Bolt está en la puerta. Laestá esperando.Ellen asintió y lentamente fue hacia el gran pasillo a la derecha. Mientras pasabadelante del escritorio, la recepcionista alzó la mirada y Ellen vio comprensión en susojos.
  30. 30. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3300 ~~—Todo irá bien —dijo la recepcionista suavemente—. No se preocupe. El señorBolt hará que así sea.No, no todo estaría bien. No volvería a estar bien de nuevo.* *Harry se sentó en su escritorio, intentando aclarar su mente de su última cliente,London Harriman, heredera de un imperio de inmobiliarias. Quería que él detuvierala publicación de una cinta de vídeo sexual en un tabloide online.No le importaba que la cinta sexual acabara en la red, no. Oh, no. La habíagrabado específicamente para que fuera liberada y le aseguró a él que había sidograbada “profesionalmente”. No, lo que la ponía de los nervios era que no estaríacontrolando el tiempo de duración ni el momento de soltar el vídeo.Quería que él evitara que la web de cotilleos la colgara. Le había dado una copiacon una sonrisa coqueta, diciendo que quería que él la viera. Para que comprendiera.London había ido a por él, a lo bestia, pero entonces Harry se imaginó que Londoniba a por cualquier cosa con pene, especialmente si ese hombre podía incluso ayudarde forma marginal en su objetivo de convertirse en la Diosa Sexual de las Socialitéesdel Mundo.Era hermosa, y la habían pulido hasta darle brillo, llevaba lo que él se imaginaba,así, a grosso modo (la esposa de Sam, Nicole, seguramente sabría las cantidadesexactas de dólares) lo que sería unos ciento cincuenta mil dólares de... cosas, desde elbolso de diseñador, los zapatos de diseñador, las gafas de sol de diseñador, hasta lasgrandes y llamativas joyas de diseñador.Ella había cruzado y descruzado cuidadosamente las piernas, mostrando unaentrepierna sin bragas que estaba afeitada excepto por una pequeña tira de vello enel medio, así que ella también tenía el coño diseñado.Harry odiaba aquella mierda, pero había sido designado por Sam y Mike como elchico para los clientes gilipollas, y les debía demasiado a sus dos hermanos, así queaceptó el Escuadrón de los Gilipollas sin quejarse.Además, ambos sabían que era constitucionalmente incapaz de ser maleducado odescortés con una mujer.Su maldición.
  31. 31. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3311 ~~Después de cargarle el doble de su tarifa habitual, Harry obtuvo los detalles, lacopia de la cinta de la deliciosa London follándose al tipo du jour2y el nombre de laweb de los llamados periodistas que iban a sacar la cinta mañana por la mañana.Cinco minutos después de que se cerrara la puerta tras de London, Harry encontróel archivo en los servidores del tabloide online, lo corrompió, dejó algunos spyware yun mensaje muy claro de que cualquier intento de colgar el archivo causaría quetodos los demás archivos del sitio estuvieran corrompidos más allá de todareparación, poniéndolos de esa manera fuera del negocio. Jugueteó con la idea defirmar el mensaje como “El Vengador del Coño”, pero decidió que no.Por el momento era cuestión de entrar y salir.Cinco minutos, cincuenta mil dólares. Nada mal. Y veinticinco mil de esoscincuenta iban a ir a la Fundación Los Perdidos, su Tren Subterráneo personal.Veinticinco mil dólares del fideicomiso de London no se usarían para comprarseunas pieles, una semana en un spa de moda, una lujosa rehabilitación o un par deRólex. Ese dinero se gastaría en mujeres maltratadas que huían para salvar sus vidas.La mayoría de las mujeres que venían a ellos habían dejado su casa al amparo de laoscuridad con nada más que la ropa puesta, a veces (trágicamente) con sus hijos. Y lohacían porque si se quedaban las golpearían hasta matarlas.Harry y sus hermanos les daban una nueva vida y dinero suficiente para empezardicha vida.Genial, un sentimiento genial. Tal vez debería haberle cobrado a London el triplede su tarifa habitual. Comprar un poco de seguridad para un montón de críospequeños, para eso serviría.Estaba frunciendo el ceño al pensarlo cuando Marisa anunció al siguiente cliente,una tal señorita Nora Charles.Ella tenía una cita con Sam, pero Sam había llamado para decir que Nicole seencontraba mal, con náuseas y que llegaría cuando ella estuviera mejor.Harry conocía a su hermano Sam. Ni una amenaza nuclear lograría que Sam seapartara del lado de Nicole si ella no se sentía bien. Sam se quedaría junto a ella hastaque estuviera mejor. En pocas palabras.Harry respetaba eso. Nicole le gustaba mucho. Y le gustaba que ella hiciera a Samtan feliz. Bueno, feliz... Sam parecía realmente feliz con ella cuando no estabaentrando en pánico por algún peligro imaginario sobre Nicole a la vuelta de cadaesquina. Y ahora que había un crío en camino, guau.2 « Del día », en francés en el original (N.T.)
  32. 32. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3322 ~~Sam iba a tener que regular un poco esa loca sobreprotección, aunque Harrydudaba que pudiera. Sam Reston, grande, enorme, chico duro, bueno con el rifle,bueno con sus puños, era un total blandito en lo que concernía a su esposa. ¿Y lachiquilla en camino? Sam probablemente la guardaría bajo guardias armadosdurante su niñez y la dejaría citarse con chicos cuando pasara de los treinta. Tal vez.Mike estaba fuera en una acción de reconocimiento para un joyero que habíarecibido amenazas de muerte.Así que hoy le tocaba a Harry.Nora Charles, ¿eh? ¿Es que se pensaba que nadie se acordaría de las películas de“La Cena de los Acusados”? Él hizo una pequeña oración. Dios, otra heredera con nombrefalso no, por favor. Harry había cubierto ya su cuota del año de herederas con Londonincluso aunque fuera solo abril.Se estaba dando ánimos a base de tonterías cuando su puerta se abrió.Y entonces Marisa dio dos veces al intercomunicador, su código, y él pensó: Ay,mierda. Nora Charles había llamado a su línea especial, el tren subterráneo.Y entonces la mujer más hermosa que jamás había visto entró a su oficina.Las mujeres casi nunca eran clientes de RBK Security, al menos de la parte másevidente y conocida.La mayoría de la clientela era corporativa (algo hacía que goteara dinero y ellostenían que hacer que parara). O querían actualizar su sistema de seguridad. Él, Sam ymayormente Mike trataban con sus opuestos del mundo corporativo, los jefes deseguridad, o con el Gran Tipo en persona, el CEO3. En su mayoría hombres. Y, porsupuesto, las herederas extrañas.Pero la mujer que entraba a su oficina definitivamente no era una heredera. Nocon aquellas ropas sosas e indescriptibles que estaban tan arrugadas que parecíacomo si hubiera dormido con ellas. No con aquellas uñas mordisqueadas hasta elnudillo. No con aquel glorioso cabello rojo suelto salvajemente alrededor de sushombros. No con aquellas ojeras oscuras debajo de sus hermosos ojos verdes que sedejaron ver cuando ella apartó sus enormes gafas de sol.No, pensó Harry tristemente mientras se levantaba y la saludaba. No era unaheredera malcriada. Era una de Los Perdidos.3 Director General (N.T.)
  33. 33. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3333 ~~CCaappííttuulloo 22Ellen entró insegura a la oficina. Su amiga Kerry había tenido tratos con la R deRBK, Sam Reston. Así que esta era la B. Harry Bolt.Kerry le había hablado de Sam Reston y no había dicho nada sobre los otros dossocios.Tal vez Ellen estaba cometiendo un gran error. Tal vez este Bolt la entregaría aGerald. Tal vez estaba firmando su sentencia de muerte en ese mismo momento,pensó mientras la puerta se cerraba silenciosamente tras de sí. Ella se giró durante unsegundo, alarmada porque la puerta no tenía ni manija ni bisagras.No había forma de salir.Le llevó casi un minuto entero comprender que el botón de la pared a la derechaera probablemente el mecanismo de apertura.Con el corazón latiendo fuertemente, Ellen se giró de nuevo justo cuando HarryBolt se alzaba. Y se alzaba. Y se alzaba.Era increíblemente alto. Increíblemente... grande. Enorme, fuerte, y no sonreía.Un montón de los trabajadores de Gerald tenían ese aspecto. Intenso, concentrado,peligroso. Entrenado para hacer daño.Ellen empezó a dar un paso hacia atrás, pero se detuvo. Si había una cosa quehubiera aprendido en el último año era a no mostrar miedo. Le sudaban las palmasde las manos, sí, pero no tenía la intención de estrecharle la mano, así que no teníapor qué saberlo.—¿Señorita Charles? Por favor, entre. Póngase cómoda. —Harry Bolt tenía unavoz profunda y calmada.La observaba cuidadosamente, sin moverse. Tal vez comprendía que su tamañoera amenazante y hacía lo único que podía para tranquilizarla: quedarse quieto.Con el corazón en un puño, Ellen caminó cuidadosamente, atravesando la granoficina y se sentó en una de las dos sillas frente a su mesa. Sillas para los clientes,
  34. 34. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3344 ~~claramente. Esto era de verdad, si lo que Kerry le había dicho era verdad, y si esteHarry Bolt hacía lo que Sam Reston hacía, entonces un montón de mujeresaterrorizadas se habían sentado en esta misma silla.¿Estaban todas vivas? ¿Habían sido traicionadas? ¿Estaban pudriéndose ahora enel fondo de algún lago, golpeadas hasta la muerte?Solo había una manera de averiguarlo.Y aunque estaba tan asustada, era difícil encontrar oxígeno para hablar. Tuvo queesperar hasta estar segura de tener la voz lo suficientemente fuerte y no temblar.Este Harry Bolt no parecía tener problemas para esperar. Había tomado asientodespués de que ella se sentara, y la observaba.Sus ojos eran de un color extraordinario. Un castaño claro que parecía casi dorado,como los ojos de un águila. Ellen meneó la cabeza mentalmente. Venga ya, tienes cosasmás importantes en las que pensar que en los ojos de este tipo. Como por ejemplo, tu vida.Ella respiró, dentro y fuera, durante un tiempo, haciendo acopio de su valor.Harry Bolt sencillamente estuvo sentado esperando, sin mostrar signos deimpaciencia.Empieza dando un rodeo, pensó. Sería un pequeño test. Si él no tenía ni idea de loque estaba hablando, saldría y esperaría a Sam Reston, incluso si le tomara días.Aunque probablemente ella no tenía días. Puede que no viviera hasta ver ponerseel sol.Respiración profunda.—Lo primero que quiero decir es que paloma dice ‘hola’. Dice que le va todo bieny que quiere agradecérselo.Ya estaba. Lo había hecho.Harry Bolt le observó el rostro intensamente, luego asintió con la cabeza.—Estoy contento —dijo sobriamente—. Sam me dijo que era una buena chica.Respuesta correcta. De acuerdo.‘Paloma’ era Kerry Robinson, y ella era una buena chica, pero había tenido la malasuerte de estar casada con un borracho violento que casi la mata. Kerry Robinson noera su verdadero nombre, y ella había conocido a Ellen como Irene Ball. Noimportaba que sus nombres no fueran los verdaderos porque el peligro para ellas sílo era.
  35. 35. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3355 ~~Hacía un año, Ellen había entrado en el mundo en el que las mujeres cambiabansus nombres porque había monstruos buscándolas. De algún modo, Ellen tambiénhabía entrado en una clase de hermandad en la que no había que decir mucho paraser entendida.Hacía algún tiempo Kerry le había dicho que un hombre había estadopreguntando por ella. Resultó que estaba buscando solo una cita, pero Kerry habíavisto lo asustada que estaba Ellen. Y lo supo. Así que le dio a Ellen la tarjeta especialcon el número especial que conducía a RBK.—¿Está usted en la misma clase de aprieto? —preguntó Harry Bolt sombríamente.—Sí —susurró.—¿Va a necesitar desaparecer?Entre otras cosas.—Sí.Él se inclinó hacia delante ligeramente, apoyando su torso sobre unos musculososantebrazos. Ellen observó sus manos cuidadosamente. Eran grandes, con cicatrices,poderosas. Él notó su mirada y mantuvo sus manos muy quietas.Ella levantó los ojos hasta los suyos.—Yo no soy el enemigo —dijo suavemente.Tal vez. O tal vez no.No se podía permitir que su vigilancia cayera, ni durante un segundo. Estehombre parecía tan peligroso como cualquiera de los sicarios de Gerald. Máspeligroso incluso. Era perfectamente capaz de reprimir esas vibraciones del tipomacho me-la-juegas-y-eres-carne-muerta que todos los hombres de Gerald emitían,incluido el propio Gerald.Este hombre era tan grande y fuerte como el más grande y el más malvado de loshombres de Gerald. Y había sido un soldado de las fuerzas especiales. Ellen habíaleído las biografías del tamaño de un pulgar de los tres socios de RBK en un caféInternet, esperando su cita. Iba a poner su vida en las manos de la compañía y queríasaber con quién estaba tratando. Así que este Harry Bolt había sido un soldado de lasfuerzas especiales y estaba en la cima en lo que a dureza se refería, pero susvibraciones eran... calmas. Serenas.Su intensa ansiedad se redujo en medio grado.Se miraron el uno al otro, la habitación estaba en silencio mortal.
  36. 36. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3366 ~~Ellen estaba recorriendo el máximo de posibilidades en su cabeza cuando él dijo,con voz todavía calma:—Pero sí tiene un enemigo.Ella asintió con la cabeza, sus movimientos bruscos.Ay Dios, esto era tan duro.—¿Por qué no empieza por el principio?Ella inspiró aliento profundamente. El principio. De acuerdo.—Yo, hum, soy contable. Una Censora Jurada de Cuentas. —Pensó en ello, en lashumeantes ruinas de su existencia—. O lo era. En otra vida.
  37. 37. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3377 ~~CCaappííttuulloo 33Está aterrada, pensó Harry. Las palabras no la tranquilizarían, así que hizo lo únicoque podía hacer, permaneció inmóvil y permitió que se abriera a él. Exactamente loque se haría con un animal asustado y herido.¿Estaría herida? Harry se aseguró de no mover los ojos por debajo del cuello, perotenía una excepcional vista y visión periférica. Ningún hueso roto visible, ningunaescayola, ningún vendaje. Nada de ojos morados, pero sí bordeados de rojo.Era bueno que Harry no pudiera ver ningún daño visible, porque no sabía sipodría seguir inmóvil si hubiera estado cubierta de moratones.Nunca fallaba, siempre le cabreaba cómo algunos hombres podían herir a mujeresy niños. No tenía la menor idea de cómo podían hacerlo, pero lo hacían. Lo habíavisto todo, brazos rotos, mandíbulas dislocadas, ojos morados e hinchados, bazosreducidos a pulpa...Siempre era horrible, pero en esta mujer... la bilis le subió a la garganta ante elpensamiento de que ejercieran violencia sobre ella. Era esbelta, delicada, con la pielpálida y cremosa de una pelirroja que nunca debería llevar ninguna clase demagulladura, mucho menos causada por la violencia.No tenía ninguna herida interna, porque se había movido elegante y rápidamentecuando entró en la sala, como si se forzara a ello. No se permitía retroceder.Si le hubieran dado un puñetazo donde no se viera, se habría movido lentamente,con cuidado. Algunas mujeres tenían que respirar muy superficialmente porquealguien les había fisurado o roto una costilla. Había visto mucho de eso.—¿Cómo podemos ayudarla? —preguntó, aunque sabía la respuesta: Apartándolade los tipos malos.Por fin, ella respiró hondo.—Como decía, era contable, auditora de cuentas, y una buena.
  38. 38. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3388 ~~Se escuchó una nota de orgullo en su voz y el Harry interior se alegró. No lahabían tirado por los suelos. Todavía no. Y ahora que estaba aquí, no lo sería nunca.Se encargaría personalmente de ello.—Estoy seguro de eso, señora Charles —contestó suavemente.Los ojos de ella parpadearon, porque claramente ese no era su nombre. Tío, era unamentirosa malísima. Personalmente, Harry podía mentir como un profesional. Podríadecirle a cualquiera que su nombre era Rumpelstiltskin y no se le movería ni unmúsculo.—Sí, pues... —agarró su mochila con una intensidad que le puso los nudillosblancos—, encontré un trabajo muy bueno al salir de la universidad, con una... unagran compañía con sede a unos cincuenta kilómetros de Savannah. Una compañíacon contratos con el extranjero. Era un desafío, pero excitante.Se detuvo, mirándole. Harry simplemente respiró, manteniendo la cara neutral.Ella se lo contaría a su propio ritmo.Miró a un lado y se sobresaltó.—Me pusieron a cargo del departamento de cuentas inmediatamente. Lo cual fuealgo realmente grande para alguien que acababa de salir de la universidad con untítulo recién sacado y con la tinta apenas seca en su licencia. Pensé... pensé que quizásel propietario de la compañía había verificado mis notas, que eran sobresalientes, yhabía decidido darme una oportunidad aunque no tuviera ninguna experiencia.—¿Y? —aguijoneó Harry cuando se calló.—No fueron mis notas. —Miró a su regazo, luego arriba otra vez con la bocafirme—. Mi inexperiencia era una gran ventaja a sus ojos. Las cuentas eran unverdadero lío. Tampoco había pagado sus impuestos. Me llevó dos años empezar aponer algo de orden en sus asuntos. Me sorprende que la Hacienda Pública noviniera, aunque la compañía trabajaba principalmente para el gobierno de EEUU, asíque él quizás tenía... bien, amigos bien situados.Ni por un momento Harry se permitió sentir una punzada leve de malestar. Lasúnicas compañías que trabajaban para el gobierno de EEUU y también para elextranjero, eran contratistas de defensa o compañías de seguridad. Y conocía a todaslas compañías de seguridad de los Estados Unidos.—Mientras tanto, aunque estaba realmente feliz de tener el trabajo, dirigir unaoficina de cinco personas y manejar las cuentas de una compañía multimillonaria,algo... algo más empezó a suceder. —Tragó convulsivamente—. El propietarioempezó a rondar a mí alrededor. Y no aceptaba un no por respuesta, ¿sabe?
  39. 39. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 3399 ~~Oh Cristo, pensó Harry. Aquí viene. Conscientemente suavizó su rostro. Suexpresión predefinida era un ceño feroz que, según le habían contado, era aterrador,y no quería asustarla.—Sí —dijo calladamente—. Lo sé.Los ojos de ella se encontraron con los suyos. Ella no vaciló en mirarle fijamente,valorándolo, y él se lo permitió.No fue difícil. Ella tenía los ojos más hermosos que jamás había visto, aún máshermosos que los de la esposa de Sam, Nicole. Pero donde Nicole tenía una bellezaque dejaba pasmado, de las que hacían girar la cabeza, esta mujer atraía de unamanera más silenciosa. Tenías que mirarla dos veces para ver lo bonita que era, perouna vez que lo hacías... guau.Mantén la cabeza en el juego, se dijo Harry con severidad. La mujer estaba enproblemas, quizás a un día de ser gravemente herida, o peor, de que la mataran.Meditar sobre sus expresivos ojos verde mar, su piel cremosa y su cara en forma decorazón, no iba a ayudarla.Ella asintió de repente. Él había pasado aparentemente alguna clase de prueba.Por suerte, la dama no parecía poder leer la mente, de otro modo su pequeñaexplosión sobre sus ojos la habría asustado. Definitivamente no estaba a la pesca unhombre, eso estaba claro. No estaba vestida para seducir, de hecho, su ropa erabarata y estaba arrugada. Ninguno de sus movimientos tenía esas insinuacionesinconscientes que tantas mujeres atractivas desarrollaban.No la culparía si intentaba una pequeña seducción. Obviamente estaba aquíbuscando protección y él era un hombre dispuesto a ofrecerla. Añade un poco de sexo ala mezcla, mételo a él a bordo, vincúlalo. Tenía sentido.Pero las vibraciones que emanaban de ella eran ansiedad, temor y un ciertoempeño, no un protégeme y haré que valga la pena.Ella respiró profundamente.—Entonces, él, pues... paraba mucho por mi oficina, ponía el brazo alrededor demí... —Tensó la cara ante el recuerdo—. Bastante pronto toda la compañía tuvo laimpresión de que yo era su... su amante y nada de lo que decía podía convencerles delo contrario. Acabé por ganarme esas sonrisas astutas y esas insinuaciones pesadasde que me habían contratado por algo más aparte de mis estudios. Y de algún modo,tuve que vigilar mis palabras, porque él era, ya sabe, el jefe.—Apuesto a que se puso peor —dijo Harry.Ella parpadeó con sorpresa.
  40. 40. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 4400 ~~—Tiene razón. —Como si él fuera un asombroso mago con una bola de cristal. Nolo era. Solo conocía a los imbéciles. Si la Imbecilogía fuera una carrera, tendría undoctorado.—Ya era bastante malo que la gente creyera que éramos amantes, pero pronto lapalabra que empezó a sonar fue que estábamos prometidos. —Se estremeció—. Oí queestaba comparando precios para un anillo. Un anillo grande, porque todo lo quehace, lo hace a lo grande. Eso es más o menos lo que hizo. Por mucho que odiaradejar el trabajo, empecé a buscar otro, pero en esta economía...Harry asintió. RBK iba bien, pero era la clase de compañía que prosperaba entiempos de problemas. Ahora prosperaba.—La situación llegó a ser imposible. ¡Actuaba como si estuviéramoscomprometidos, y ni siquiera nos habíamos besado! Aunque tiene una personalidadtan poderosa, que toda la compañía dio por hecho que éramos pareja. Entonces, haceun año, hubo una fiesta de tipo corporativo para celebrar un gran contrato delgobierno. La compañía alquiló la sala de baile del Hyatt Regency en Savannah, y lacomida fue servida por su chef estelar. —Arqueó la boca—. Había barra libre, y máso menos, todos se emborracharon menos yo. Mi cuerpo no soporta bien muchoalcohol. Así que, desafortunadamente, estaba sobria cuando uno de los empleados seme acercó y se jactó de cuán listo era el jefe. Había robado veinte millones de dólaresal gobierno de EEUU, y, ¿no era yo afortunada al casarme con él?Harry abrió los ojos de par en par y ella asintió.—Sí, es verdad. Y francamente, tenía mucho sentido, porque muchas de lascuentas de los primeros días de la compañía no tenían lógica. Había más ingresos delos que podían justificarse. Creo que el jefe sabía que yo estaba excavando de algúnmodo, pero yo no sabía qué buscaba.Harry frunció el ceño.—¿Pidió detalles a ese tipo? ¿Cuál era su nombre?Ella vaciló y él comprendió que todavía estaba sopesando cuánto contarle.—Francamente, el tipo estaba tan borracho que apenas podía articular. Pero, ¡deverdad que se estaba jactando! Cuando dije que no le creía, sacó un teléfono móvil yme mostró una fotografía de él con el jefe y otros dos tipos. Soldados, en Irak. Al ladode lo que parecían cientos de palés amontonados y llenos de paquetes de dólares enforma de ladrillos. El tipo se caía de borracho, pero las fotos eran claras. Entonces,dijo que todo ese dinero se fue al día siguiente y jamás lo notó nadie.—¿Qué sucedió luego? —preguntó Harry con tranquilidad.
  41. 41. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 4411 ~~Tenía la sensación de saber a dónde iba todo esto. Pero también tenía problemaspara concentrarse en su historia. Era fascinante, pero la cualidad de su voz era másfascinante aún. Suave y nítida, con un matiz remoto del sur. Hipnotizaba y eratentadoramente familiar. Lo cuál era, por supuesto, una locura, dado que Harrynunca la había visto en su vida. Estaba alucinando, lo que no era bueno.Necesitaba dormir al menos tanto como entrenaba. Una buena regla militar.—Mientras me contaba la historia, tan borracho que casi se desmayaba, mi jefe nosdivisó a través del cuarto. Me miró a mí y luego al tipo borracho, y nunca antes hevisto una expresión más amenazadora en una cara humana. —Tembló ante elrecuerdo—. Ciertamente hizo que el tío borracho se despejara. Se puso blanco comola ceniza, dijo que olvidara lo que había dicho, y desapareció tan rápido que juraríaque pude ver el polvo. Estaba asustada. El jefe empezó a acercarse y me escondídetrás de una columna para marcharme. Necesitaba pensar en ello, porque toda lahistoria sonaba muy real. Y explicaba todas las anomalías que había encontrado enlas cuentas.Harry la miraba, tratando de concentrarse en sus palabras en vez de en el timbrede su voz, sintiendo la cabeza un poco ligera. Quizás esta mujer era como una de esassirenas de la mitología griega cuyas voces eran tan hechizantes que hacían que losmarineros chocaran contra las rocas. Jesús, no le sorprendería.—¿Y entonces?Ella resopló de furia y agarró con fuerza su mochila, su sistema nervioso se tensó.—Al día siguiente encontraron el cuerpo de ese tipo. El borracho con el que habíahablado. Lo oí en las noticias de la mañana. Parecía que había sido un atraco, pero nocreo que fuera del tipo que se deja agarrar por sorpresa. Encontraron su cuerpo a unlado de la carretera con una bala en la cabeza, y todo su dinero y tarjetas de créditohabían desaparecido.—¿Cuál era el calibre de la bala?Ella abrió los ojos sorprendida.—¿Perdón?Se podía decir mucho por el calibre, pero ella no sabría eso.—No importa —dijo Harry—. Siga.—Era demasiado. Yo... supongo que estaba asustada. No fui a trabajar ese día, nillamé para decir que estaba enferma. Simplemente... no aparecí. Lo que fue estúpido,porque cualquiera que me conociera sabría que eso era raro.
  42. 42. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 4422 ~~—Una trabajadora dura —murmuró Harry y ella levantó la cabeza con expresiónde orgullo.—Sí, lo soy. No he faltado ni un día por enfermedad y he estado trabajando desdeque tenía doce años. —Se sacudió—. De todos modos, pensé toda la noche en ir a lapolicía, pero el asunto es que el jefe de la policía local es un buen amigo de mi jefe, ymuchos de los policías practican gratis en sus campos de tiro. Mi jefe insiste encontribuir muy generosamente al Fondo de Familias Supervivientes. Ellos nunca mecreerían, ni en un millón de años; no sin pruebas, y yo no las tenía. Cuando llegaronlas noticias sobre la muerte del tío borracho, me di cuenta de inmediato de que iba atener que ir a la policía o yo sería la próxima. Y entonces miré por la ventana y vi unafurgoneta aparcada al otro lado de la calle, enfrente de la entrada de mi apartamento,y unos hombres empezaron a salir de ella. Estaban armados y eran de Ge... hombresde mi jefe.Harry se congeló.—¿Qué hizo usted?—Huí —dijo simplemente.Ellen podía recordar claramente el pánico brillante y deslumbrador que le estallóen la cabeza cuando vio a los hombres salir de esa camioneta.El puro instinto tomó el control. Ni siquiera se paró a pensar en lo que estabahaciendo. No hizo ninguna maleta, no hizo nada más que agarrar las llaves del cochey los mil dólares que siempre guardaba en efectivo en una antigua copia de “Orgulloy Prejuicio”, y correr por la escalera de atrás al cuarto de la ropa sucia, que llevaba aun pasillo subterráneo que salía al estacionamiento de atrás, donde estaba su coche.Condujo al cajero automático más hacia el este en el que pudo pensar, retiró tantodinero como el sistema permitía y luego giró hacia el oeste y empezó el largo y arduoviaje al punto más lejano que se le ocurrió: Seattle.—Huyó —repitió Harry Bolt amablemente. Su voz profunda era callada ytranquila.Ella asintió.—Sabía que tenía que salir del sistema, porque mi jefe, mi ex jefe, es buenoencontrando cosas. Esa es una de las cosas que hace. Y sabía que nunca iba aolvidarlo. Creo... —Ellen levantó la mirada hacia los ojos de Harry Bolt y le miró a lacara, buscando algo evasivo.Alguna sensación de que él comprendía completa y totalmente lo que ella estabadiciendo. Lo encontró. Inhaló profundamente.
  43. 43. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 4433 ~~—Creo que él es de la clase de hombre que me seguirá buscando hasta que estémuerta. ¿Puede creer eso?—Absolutamente —fue la tranquila respuesta.Bien. Bien. Quizás esto iba a funcionar.—Conduje toda la noche y dormí en moteles durante el día. A veces paré duranteuna semana o dos y serví mesas donde no pidieran documentación. Por fin, lleguéa... una ciudad del norte. Alquilé un cuarto en la parte dura de la ciudad. Pagué alcontado, ninguna pregunta. La dueña no iba a informar de mi alquiler a Hacienda.Después de un par de días, encontré trabajo como camarera en un antro. Le di al jefeun nombre falso y no le mostré ningún papel. El propietario fue, fue bueno para mí.Creo... creo que comprendió.Mario Russo, uno de los tipos buenos de la vida. Grande y de aspecto duro, consolo una mínima parte de la piel visible sin cubrir por tatuajes tribales. Dirigía un barhediondo frecuentado por una variedad asombrosa de humanidad, pero no aguabasus bebidas, no hacía preguntas y si te comportabas podías permanecer para siempreen su lugar con una cerveza. Especialmente los días fríos.Aunque no tenía que hacerlo, Mario le pagó un poco más que el salario mínimo,que con las propinas fue suficiente para pagar por su cuarto y comida. Nunca hizopreguntas, pagó todos los viernes por la noche, y de algún modo siempre estuvo allísi un cliente se ponía un poco pesado con ella.—Aproximadamente una semana después de huir, averigüé que... —la gargantase le cerró y tragó con dificultad. Como siempre cuando pensaba en ello, el estómagopareció deslizarse hacia su tráquea.Ellen vio a Harry Bolt mirarla. Una vez más, no mostraba signos de impacienciamientras esperaba a que ella continuara la historia. No se le movía ni un músculo delcuerpo. De repente, comprendió algo, él esperaría a que ella contara la historia a sumanera, sin importar el tiempo que le llevara.Hasta ahora la preocupación de Ellen había sido simplemente, ¿es este hombre mienemigo? ¿Voy a conseguir que me maten al contárselo abiertamente?Pero ahora se relajó un poco y notó otras cosas acerca del hombre. Para empezar,era muy alto. Incluso sentado, se cernía sobre el escritorio. Estaba bien construidotambién, compacto, delgado, con grupos apretados de músculos sin nada de grasa.Hombros asombrosamente anchos, quizá los más anchos que jamás había visto.Aunque por asombroso que fuera su físico, no era lo primero que notabas sobre él.No, lo que atraía tu atención como virutas de hierro a un súper imán, eran sus ojos.
  44. 44. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 4444 ~~De un castaño tan brillante que casi podía ser llamado dorado. Ojos intensos einteligentes que parecían ver más que la mayoría.—Encontró algo la semana después de huir —aguijoneó con suavidad.Inhaló profundamente.—Sí. Al principio, no puse atención a las noticias. Caía en la cama agotada cadanoche. Pero al final, una tarde decidí averiguar qué pasaba en casa. —Los dedosapretaron la lona de su mochila mientras trataba de evitar que las manos letemblaran—. Mi jefe informó a su amigo, el jefe de policía, que yo había malversadocasi un millón de dólares de la compañía.Le miró a la cara, mientras se sentaba allí tensa y miserable, reviviendo el golpe dela acusación. No había dormido durante dos días después de eso.Él parpadeó con esos ojos dorados.—Eso es ridículo —dijo él, y ella dejó salir el aliento en un suspiro largo y aliviado.—Sí. Sí, lo es, pero él obviamente lo hizo sonar convincente. Hubo una entrevistacon él en las noticias locales y va y dice: no sabemos qué la llevó a hacer esta cosa terrible,aunque ha estado bebiendo mucho últimamente.Ellen le miró a los ojos y sintió esa puñalada caliente de indignación de nuevo.—No sé cómo pudo decir eso sin que un rayo le golpeara. Yo rara vez bebo ynunca malversaría. Pero empeora.—Le acusó de ser la amante del tipo muerto, e insinuó que lo mató. —Harry Boltlo dijo con calma, con esa voz profunda, segura y constante, sin ningún problema,como si dijera que el sol sale por el este.Ellen casi dejó caer la mandíbula.—Sí. ¿Cómo lo ha sabido?—El tipo suena como un agente. Tuvo varios elementos con los que tratar, y alensartarlos de ese modo se quitó de en medio y la puso a usted ahí, se aseguró quesiguiera permaneciendo oculta y de que nadie creyera una palabra de lo que dijera.Como matar dos pájaros de un tiro.Dolía que hubiera sido tan fácil para Gerald. Parte de ello era su propia culpa.Había llevado una vida aislada en Prineville. Él podía inventar cualquier historia quedeseara sobre ella.Suspiró.
  45. 45. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 4455 ~~—Así supe que tenía que permanecer bajo el radar de todos, y lo hice durante unaño. No era una vida maravillosa, pero al menos estaba viva. Entonces, hace tresdías, algo sucedió.—¿Murió otra persona?—No. No que yo sepa. Pero me asustó mucho. Al volver a casa desde el trabajonoté que un hombre merodeaba delante de un escaparate en mi calle. Estaba vestidocomo una persona sin hogar pero, por pura casualidad, reconocí a uno de los últimoscontratados por mi jefe hacía un año. Si no lo hubiera reconocido probablemente yaestaría muerta. Hasta ahora he logrado permanecer viva por pura suerte, pero nopuedo contar con que dure para siempre. Me hice amiga de la mujer a la que conocecomo paloma. A ella nunca le conté nada, pero creo que lo sabe. Y creo que ellaestaba en la misma situación. Me dio esto y dijo que si necesitaba ayuda, llamara. Ypreguntara por Sam Reston.Ellen abrió su mochila y deslizó una pequeña tarjeta de visita a través de la mesa.Las manos le temblaban. Harry lo vio. Esos feroces ojos de águila vieron sus manostemblorosas y ella las curvó en el regazo.Harry Bolt apenas echó un vistazo a la tarjeta, pero por supuesto sabía lo que era.No era una tarjeta normal.La parte superior de la tarjeta tenía un hermoso pájaro en vuelo, el paradigma dela libertad en unos pocos esbozos y un número telefónico impreso en el centro de latarjeta. Nada más. Ninguna palabra. Ningún nombre, ninguna dirección. Solo elsímbolo de la libertad y un número.El número tampoco correspondía a ninguno de los números oficiales de RBKSeguridad. No había ninguna otra información en la tarjeta. Solo el pájaro estilizadoy un número gratuito. Al cual ella había llamado. Una de las secretarias de lacompañía le había informado a Ellen de la ciudad y la dirección cuando llamó.Era una línea de teléfono especial. Obviamente la línea para mujeres desesperadasa la fuga.Bolt la miró con cuidado.—¿Tiene alguna idea de cómo la han localizado esos hombres?Aquí viene, pensó ella.—Sí, desafortunadamente sí. ¿Recuerda que le dije que trabajé en aquel bar? ¿Másbien un antro, en realidad?Él asintió con la cabeza gravemente.
  46. 46. LLiissaa MMaarriiee RRiiccee MMááss ccaalliieennttee qquuee eell ffuueeggooPPrrootteeccttoorreess 0022~~ 4466 ~~—Bien, el lugar presentaba música en directo todos los martes y jueves por lanoche. La música era proporcionada por un antiguo cantante de jazz que no erarealmente... eh... muy bueno. Su voz se había ido al infierno por años de fumar ybeber, y tenía artritis en las manos, pero había estado tocando allí durante veinteaños, los clientes estaban acostumbrados a él y, conociendo al jefe, permaneceríaotros veinte. Una noche no apareció. Averiguamos más tarde que su corazón serindió. —Honorius Lime. Había sido uno de los tipos buenos que simplemente habíaencontrado que la vida era demasiado dura para encararla sin la ayuda de la botella.Había tenido talento una vez, pero lo había tirado, igual que su vida, por el retrete.Ellen había crecido con personas como esas. Con talento, pero débiles, viviendo deilusiones hasta que no quedaba nada, excepto la caridad y luego la tumba.Ella había estudiado y trabajado muy duramente toda su vida para salir de eseagujero y ahora, mírala.Era signo de su agotamiento que se permitiera esos pensamientos en su cabeza,porque era malgastar energía y ella no podía permitirse ese lujoRespiró profundamente.—Así que mi jefe se quedó sin espectáculo en directo. Yo... esto... me ofrecí.Por primera vez, ella vio luminosidad en su cara. No fue una sonrisa, pero algo ledivertía.—¿Tiene usted algún talento?Bien, ese era el problema.—Algunos. Más que el pobre y viejo Honorius, de todos modos. Así que empecé acantar todos los martes y jueves, y el lugar se llenó. El jefe me dio los miércoles yviernes libres. Dijo que atraía a tantos nuevos clientes que me quería fresca. Yentonces, una noche, hará seis meses, después de haber estado cantando allí duranteun par de semanas, un agente estuvo en la audiencia. Hablamos después de laactuación y me pidió que grabara algunas canciones, y lo hicimos. Él conocía esegran estudio y lo hicimos en un solo día, una sola toma. Lo bastante para dos CDs.Una voz, teclados, un bajo, un saxo y una batería. Versiones, en su mayor parte.También había algunas canciones que yo... esto... había compuesto. Solo por... haceralgo.El consuelo de la música. Cuán agradecida había estado ese año de terror y huidade poder encontrar consuelo en la música.—No pensé demasiado en ello. Creía que utilizaría las grabaciones para algúnpropósito privado o algo así. Para ponerlas en fiestas. Pero no lo hizo. Puso los dos

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