(Passion quartet, #2) Patience by lisa valdez

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Una mujer llamada Patience. Un deseo que puede poner su nombre, y su amor, a prueba.
Patience Emmalina Dare, conocida por su excepcional belleza, ha sufrido la persecución de sus admiradores desde siempre. Pero ninguno de ellos ha conseguido inspirarle amor... o deseo. Segura de que nunca encontrará un hombre que le cale hasta lo más hondo, decide olvidar las expectativas de matrimonio y dedicarse a la música. Pero justo cuando Patience piensa que su vida está bajo control, un apasionado beso del enigmático hermano de su
cuñado despierta en ella una poderosa necesidad. ¿Cómo logrará reconciliar ese deseo que siente por él y el deseo de una vida propia? ¿Y qué hará cuándo él le muestre una parte profunda y oculta de sí misma que nunca supo que
existiera? Cuando el secreto de su nacimiento ilegítimo destierra a Matthew Morgan Hawkmore del lugar que ocupaba en la sociedad, el oscuro y guapo
hermanastro del Conde de Langley trama su resurrección y su venganza. Traicionado y abandonado por la mujer que creía que le amaba, jura no dejarse controlar nunca más por el amor. Pero, a pesar de su juramento, es incapaz de
resistirse a la hermosa Patience, cuya fortaleza y confianza en sí misma esconde una necesidad que él es perfectamente capaz de satisfacer. ¿Podrá Matthew tenerla sin amarla? ¿Qué estará dispuesto a dar con tal de
conservarla a su lado? Y ¿será la apasionada rendición de Patience lo único que evitará que Matthew cometa un trágico error que podría destruirles a ambos...?

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(Passion quartet, #2) Patience by lisa valdez

  1. 1. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Traducido por el GRUPO MR Página 1
  2. 2. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión LISA VALDEZ Patience 2° de la Serie Pasión Patience (2010) ARGUMENTO: Una mujer llamada Patience. Un deseo que puede poner su nombre, y su amor, a prueba. Patience Emmalina Dare, conocida por su excepcional belleza, ha sufrido la persecución de sus admiradores desde siempre. Pero ninguno de ellos ha conseguido inspirarle amor... o deseo. Segura de que nunca encontrará un hombre que le cale hasta lo más hondo, decide olvidar las expectativas de matrimonio y dedicarse a la música. Pero justo cuando Patience piensa que su vida está bajo control, un apasionado beso del enigmático hermano de su cuñado despierta en ella una poderosa necesidad. ¿Cómo logrará reconciliar ese deseo que siente por él y el deseo de una vida propia? ¿Y qué hará cuándo él le muestre una parte profunda y oculta de sí misma que nunca supo que existiera? Cuando el secreto de su nacimiento ilegítimo destierra a Matthew Morgan Hawkmore del lugar que ocupaba en la sociedad, el oscuro y guapo hermanastro del Conde de Langley trama su resurrección y su venganza. Traicionado y abandonado por la mujer que creía que le amaba, jura no dejarse controlar nunca más por el amor. Pero, a pesar de su juramento, es incapaz de resistirse a la hermosa Patience, cuya fortaleza y confianza en sí misma esconde una necesidad que él es perfectamente capaz de satisfacer. ¿Podrá Matthew tenerla sin amarla? ¿Qué estará dispuesto a dar con tal de conservarla a su lado? Y ¿será la apasionada rendición de Patience lo único que evitará que Matthew cometa un trágico error que podría destruirles a ambos...? SOBRE LA AUTORA: Lisa Valdez nació en Baltimore, Maryland, pero se crió en Los Ángeles, California. Tras el instituto, Lisa se graduó en literatura Inglesa en la universidad de U.C.L.A. Con la poesía de Chaucer y Shakespeare reverberando en su corazón, Lisa trabajó para Nordstrom, donde se hizo cargo del departamento de compras de trajes de baño. Durante estos ocupados años, Lisa se casó con su novio del instituto y comenzó a escribir. En la actualidad, Lisa sigue casada con el mismo hombre y es esposa, madre y escritora. Ama cocinar para su familia, bailar flamenco y hablar de sexo, política o literatura con sus amigos. Traducido por el GRUPO MR Página 2
  3. 3. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión CRÉDITOS ÍNDICE: TRADUCIDO POR: CORREGIDO POR: Una carta con pequeñas […] Karin Laura Capítulo 01 Karin Laura Capítulo 02 Sonyam Vanesa Capítulo 03 Nicole & Norma S. Deysy & Masoliz Capítulo 04 Valen Adriana & Masoliz Capítulo 05 Eva26p Deysy Capítulo 06 Esperanza Deysy & Luciana Capítulo 07 Katherine Vanesa Capítulo 08 Mariló Luciana Capítulo 09 Ivette Anahí Capítulo 10 PepiTa Luciana Capítulo 11 Luciana Laura Capítulo 12 La Cuis Masoliz Capítulo 13 Masoliz Anita Capítulo 14 Kary Sonyam Capítulo 15 Masoliz Ana María Capítulo 16 Misha Vanesa Capítulo 17 Esperanza Ana María A. Capítulo 18 Gaby & Masoliz Ana Mª A, PepiTa & Luciana Capítulo 19 Caro & Masoliz Luciana Capítulo 20 Karin Anita Capítulo 21 Valen Sonyam Capítulo 22 Victoria P. Belmar Masoliz Capítulo 23 Yolanda Sonyam Capítulo 24 Esperanza Deysy & Luciana Capítulo 25 La Cuis Deysy & Sonyam Capítulo 26 Norma S. Vanesa Capítulo 27 Mariló Marian & Luciana Capítulo 28 Mónica G. Masoliz Epílogo Mónica G. Masoliz Corrección General: Ana María y Mara Adilén. Traducido por el GRUPO MR Página 3
  4. 4. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Coordinación: Ana María. Edición: Mara Adilén. Traducido por el GRUPO MR Página 4
  5. 5. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Una Carta con pequeñas consecuencias… 13 de junio 1851. Mi querida Henrietta: ¡Simplemente no puedes imaginarte todos los acontecimientos escandalosos! ¡Te lo estás perdiendo todo! ¡Justo ahora tenías que estar en Italia! Te lo digo, querida, es imposible que haya un entretenimiento más grande en toda nuestra vida. Y espera hasta que oigas quién está en el centro de todo. Me atrevería a decir que jamás lo adivinarías. Hasta antes de su compromiso, se le consideraba uno de los solteros más codiciados de Inglaterra. ¿Lo has adivinado? Es nada menos que el mismo hombre con quien querías emparejar a tu hija. Sí, ¡el señor Matthew Hawkmore Morgan! Ah, Henrietta, ¿por dónde debo empezar? Permíteme decir que una vez que hayas escuchado lo que sucedió, agradecerás que el señor Hawkmore no se fijara en tu Amarantha. Ahora estarías envuelta en un escándalo del que nunca te recuperarías. ¡Nunca, te digo! ¿Estás lista, querida? (Debes sentarte si aún no estás sentada) Resulta que el rico, encantador, guapo y popular señor Hawkmore ¡es un bastardo! ¡Sí! Y para empeorar las cosas, su verdadero padre era ¡un jardinero! ¡De verdad! Y todo salió a la luz de la forma más indecorosa e impactante. ¿Te acuerdas que te conté en mi última carta que el hermano del señor Hawkmore (debo decir medio hermano ahora, ¿verdad?), El Conde de Langley, se había comprometido con una plebeya de nombre Charlotte Lawrence? Bueno, resulta que la madre de la muchachita estaba chantajeando al conde para que se casara con su hija. La mujer tenía en su poder unas cartas que revelaban la verdad de la paternidad del señor Hawkmore ―¡cartas escritas por nada menos que el conde y la madre del señor Hawkmore, lady Lucinda Hawkmore! ¡Sí, ella escribió las cartas que condenaron a su hijo bastardo y a ella misma! Henrietta, cómo una madre ―una dama ―podría escribir cartas tan repugnantes, nunca lo sabré. Una se imprimió de verdad, querida, y se extendió por todo Londres. Yo misma la vi en el salón de Lady Winston, y era una barbaridad. En ella, la condesa se vanagloriaba, y hablaba de cómo la complacía ver a su pequeño bastardo vestido con las ropas de los Hawkmore. ¡Incluso hablaba de la posibilidad de que heredara el condado algún día! ¿Te imaginas? De todos modos, el plan del chantaje se reveló en las páginas sociales del Times. Aunque no se mencionaron nombres, todos saben exactamente a quién se está refiriendo. Ah, y resulta que este descubrimiento ha sido muy favorable para el hermano del señor Hawkmore, el Conde de Langley. Quién lo hubiera pensado, pero parece que en realidad está enamorado de una plebeya ―sólo que no es la señorita Charlotte Lawrence. ¡Es una viuda de Lincolnshire! La señorita Passion Elizabeth Reddington (¿alguna vez has oído un nombre tan extraño?). Al parecer, él está locamente enamorado de ella, y se van a casar dentro de quince días. Algunos piensan que ella es un pariente lejano de esta Traducido por el GRUPO MR Página 5
  6. 6. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión señorita Lawrence, pero no lo puedo asegurar. De todos modos, es muy romántico, y todos se están muriendo por conocerla. Y sobre el desgraciado señor Hawkmore, bueno, su prometida, Lady Rosalind Benchley, ha roto su compromiso con él. Y su padre, Lord Benchley, está totalmente furioso. Él cree que el señor Hawkmore siempre supo lo de su bastardía, lo cual podría ser cierto. Esto, por supuesto, haría de Matthew Hawkmore no sólo un bastardo, sino también un mentiroso y un fraude. Dios sabe cuál es la verdad realmente. En este momento, las opiniones parecen estar divididas al respecto. Algunos están de acuerdo con Benchley, otros están inseguros, pero todos están borrando al señor Hawkmore de sus listas de invitados, así que supongo que en realidad no importa. Ahora es persona non grata, un exiliado, un paria. Si regresaras a casa, Henrietta, no querrías perderte de todo lo que está por venir ―porque, seguramente, hay más por venir. ¿Quién es esta novia del conde? ¿Tiene familia? ¿Lady Rosalind se irá a comprometer de nuevo? Si es así, ¿con quién? Y lo más interesante de todo, ¿qué será del señor Matthew Morgan Hawkmore? Atentamente, Augusta. Traducido por el GRUPO MR Página 6
  7. 7. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión CAPÍTULO 01 PATIENCE… He aquí que tú eres hermosa, amada mía; He aquí eres bella; tus ojos son como palomas. SALOMÓN: CANTAR DE LOS CANTARES 1:15 30 de junio 1851 Wiltshire, Inglaterra —Casa Hawkmore, Sede del Condado del Conde y la Condesa de Langley. Su verga palpitaba y la sangre corría por sus venas. Apretando la mandíbula, Matthew Morgan Hawkmore respiraba de una forma lenta y silenciosa. Había estado hirviendo bajo una avalancha de furia y resentimiento. Pero entonces ella había entrado, y su presencia había llevado sus pasiones en una dirección completamente diferente. La vio hacer una pausa justo en la amplia entrada, en tanto la luz de la luna, suave y perlada, se filtraba por las ventanas alineadas a un lado de la larga galería de retratos. Ella avanzó lentamente, su bata de satén brillando suavemente, mientras se detenía aquí y allá para estudiar las caras de los Hawkmores, con quienes estaba relacionada ahora por matrimonio. Patience Emmalina Dare, su nueva cuñada. Con sus emociones ya desbocadas, su reacción ante la hermosa visión entrando y saliendo de la luz de la luna, fue fuerte e inmediata. Con avidez, siguió su lento caminar por la galería. Su corazón se aceleró y su verga se inflamó. Como un lobo viendo una oveja descarriada, se sentó tranquilo y tenso en las sombras, mientras ella se acercaba cada vez más. La vio echar un vistazo a dos retratos de tamaño natural ―el de su madre y el del hombre al que antes había llamado padre. Una mesa estrecha separaba a los dos retratos, como para mantenerlos separados. Vio cómo Patience avanzaba un paso, alcanzando el papel que él había dejado allí. Lo recogió, y lo alzó hacia la brillante luz de la luna. Sus hombros se tensaron. Debía detenerla. Pero no lo hizo. No dijo nada mientras la veía leer las palabras que se habían marcado a fuego en su cerebro. Señor Hawkmore, Me molesta la necesidad de esta carta. Pero ya que usted se niega a aceptar conversar con mi padre acerca de la disolución de nuestro compromiso, me encuentro en la situación incómoda de tener que escribirle yo misma. Por favor, acepte todo lo que voy a decir como mis verdaderos y sinceros sentimientos. Traducido por el GRUPO MR Página 7
  8. 8. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Debería ser obvio para usted que no vamos a adecuarnos. La sorprendente revelación de su paternidad, la publicación de la repugnante carta de su madre en la que se deleita por su nacimiento ilegítimo, y el escándalo que acompañó a su divulgación, han hecho que un compromiso entre nosotros sea absolutamente imposible. También debería ser obvio para usted que yo jamás, nunca, podría casarme con el hijo de un jardinero. Ahora, mientras una vez yo sentí un cierto aprecio por usted, ya no albergo ni el menor sentimiento. De hecho, creo que se dará cuenta de que siempre usted se preocupaba más por mí que yo por usted. Por lo tanto, tal vez su desgracia sea realmente una bendición, ya que me ha salvado ―y a usted ―de un matrimonio que habría resultado insatisfactorio con el tiempo. Por último, como mi padre ya le había dicho, encontramos sus protestas de inocencia en este asunto, completamente increíbles. Si fuera un hombre de honor admitiría que siempre supo lo de su bastardía, pero es evidente que su mala semilla no permite tal honestidad. Señor Hawkmore, exijo que no me escriba más, o trate de visitarme. Mi padre ya le ha informado de que ni usted ni sus cartas traspasarán nuestro umbral. No me avergüence con más intentos. Sinceramente, Rosalind Benchley Post Data: Su madre haría bien en quedarse en Austria, donde oí decir que ella había huido. Tal vez debería reunirse con ella allí. Con una breve exhalación, ella bajó la carta de Rosalind Benchley. ¿Por qué dejó que la leyera? ―Ahora que ya le has echado una mirada, me quedaré con eso. Patience se sobresaltó, se dio la vuelta y miró hacia las sombras que pesaban alrededor de él. Tenía la cabeza inclinada, y él supo el momento en que lo distinguió en la penumbra. Dio un paso hacia él. Su ceño fruncido se profundizó. Acostumbrado a las sombras, él podía verla bien. Pero ella ¿qué veía? ¿Un bastardo? ¿El hijo de un jardinero haciéndose pasar por un caballero? ¿Un hombre abandonado por las mujeres que habían proclamado amarlo? Ella se acercó un paso más. Sus hombros se tensaron más, debería irse. Pero cuando ella dio un paso más, pareció que no se podía. Por mucho que su mente se lo decía, su cuerpo no tenía voluntad para irse. Su piel iluminada por la luna demandaba que la tocara. Sus labios, llenos y suaves, pedían besos y más. Y sus gruesos rizos rojos, cayendo por la espalda en un salvaje desorden, rogaban por el agarre de su mano. Traducido por el GRUPO MR Página 8
  9. 9. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Su belleza era potente, con una sensualidad incontenible. Y, sin embargo ―su polla pulsaba mientras se acercaba, ―ella estaba completamente controlada. Sus ojos se lo habían dicho desde el principio ―sus profundos ojos verdes que le recordaban el césped sin cortar. Aunque no podía distinguir su color a la luz de la luna, lo miraban fijamente ahora, impávidos e inquebrantables. Su corazón latió más rápido cuando ella cerró la distancia entre ellos. Haciendo una pausa ante él, le tendió la carta. La jodida carta. Arrebatándosela, la aplastó en el cojín del sofá junto a él. ―Perdóname por la leer tu correspondencia privada, Matthew. Él la miró y se asombró del efecto calmante que su voz tuvo sobre él. ―¿No debería llamarte Matthew?―preguntó ella. ―Sé que nunca hemos hablado. Pero ya que tu hermano se casó con mi hermana esta mañana, no creo que sea impropio de mi parte utilizar tu nombre de pila ―hablaba con un tono casual, como si no fuera ni un poco inusual para ellos quedarse solos en la galería en medio de la noche. Un músculo en su brazo saltó cuando ella se dirigió hacia el sofá. La vio y sus manos se movieron con nerviosismo. Sus oídos registraron el silbido suave de su bata. Se le hizo la boca agua. Se sentó a su lado. No podía quitar sus ojos de ella. Les separaba poco más que el espacio de una persona. Él respiró hondo. Dios, ella olía a gardenias, dulce y embriagadora. Se apoyó en el sillón de respaldo alto, pero no lo miró. ―Es una hermosa noche, ¿no? No se hizo para dormir. Matthew agarró el brazo del sofá. No, no para dormir. Metió uno de sus rizos detrás de la oreja. ―Mi hermana menor siempre dice que noches como éstas se hacen para los secretos y la magia ―hizo una pausa momentánea antes de finalmente volver la cabeza para mirarlo. Su corazón latía con fuerza mientras miraba la belleza de su rostro entre las sombras. ―No sé si tiene razón. Pero por si acaso la tiene, ¿te gustaría contarme un secreto? En otra ocasión, él habría sonreído. Pero no ahora. Su polla estaba dura y lista y su cuerpo estaba tenso por la contención. La deseaba. La había deseado desde que la vio por primera vez, cuando todavía estaba comprometido con Rosalind. Y ahora no estaba comprometido con nadie. Ahora, su corazón estaba a punto de estallar, y su cuerpo sufría de agonía. Tenía la cabeza inclinada. ―Tal vez no ―ella apartó la mirada. Su cuerpo temblaba mientras ella hacía un ademán para levantarse e irse. ―Quédate, Patience ―su voz sonó seca. Él estrechó su mano y respiró suavemente. ―Quédate ―dijo con más gentileza. Patience se quedó quieta. Ella miró su mano sobre la suya antes de alzar sus ojos hacia él. Dios, ¿alguna vez había observado una cara más hermosa? ―Quédate ―murmuró otra vez. Traducido por el GRUPO MR Página 9
  10. 10. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Manteniendo la mirada fija en él, ella se echó hacia atrás. En lugar de liberar su mano, él curvó sus dedos sobre los de ella. Pensó que podría alejarse, pero no lo hizo. Apoyó la cabeza contra el respaldo del sofá cuando ella apoyó la suya. Se quedaron quietos y silenciosos, sus ojos fijos. El silencio se prolongó. Su polla palpitaba y su piel se sentía viva. ―No tengo más secretos ―aunque trató de mantener la voz calmada, su furia estaba tan cerca de la superficie como su deseo, e infectaba sus palabras con un filo acerado. ―Todo lo que debe ser secreto o privado para mí, es forraje para el cotilleo público. Un ceño arrugó la frente lisa de Patience. ―Lo sé ―su mano se movió ligeramente bajo la suya. ―Pero no debe preocuparte demasiado el cotilleo. Esto pasará. El cotilleo nunca se pega a las buenas personas. Él la miró y algo en su pecho se apretó. ―¿Cómo sabes que soy una buena persona? Ella lo miró fijamente durante un buen rato, en silencio. Sus ojos parecían oscuros en la penumbra. ―Tengo un olfato para la gente ―dijo finalmente. ―Además, mi hermana te estima muchísimo ―una breve sonrisa volvió a sus labios. ―Y si Passion cree que eres bueno y decente, entonces lo eres. El corazón de Matthew latió con fuerza. Mientras pienses así. Apartando los ojos de ella, señaló hacia el retrato, iluminado por la luna, del hombre que siempre había creído que era su padre. ―Hablaste de magia. ¿Existe algo mágico que me pueda hacer de verdad hijo de ese hombre? Los hermosos e inteligentes ojos de Patience, nunca se apartaron de él. ―¿Es eso lo que quieres, Matthew? ¿Si pudieras tener sólo un deseo? Sí. Pero entonces pensó en la boda de su hermano. Mark y Passion permanecerían unidos a pesar de todo. Su amor era absoluto. ―No. Habría deseado amor ―amor y lealtad. Acarició con el pulgar la mano de Patience. Su piel era muy suave. ―Habría podido soportar cualquier cosa entonces. ―¿Habrías deseado? ¿Ya no? Le recorrió el despiadado aguijón del rechazo de Rosalind. ―No, ya no ―estudió la tranquila mirada de Patience. Sus hombros se relajaron. Ahora mismo, yo sólo te deseo. ―Quizás desearía venganza ―dijo con más tranquilidad. ―¿Venganza?―frunció un poco el ceño. ―Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos... orad por los que os ultrajan y os persiguen... Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto ―hizo una pausa. ―El Evangelio según San Mateo. Traducido por el GRUPO MR Página 10
  11. 11. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión ¿Realmente lo creía capaz de tal generosidad? Una tranquila calidez le llenó por completo. ¿Y ella sabía lo hermosa que era, citando los Evangelios en bata? Su polla se sintió llena cuando giró sobre su cadera para mirarla de frente. ―No soy San Mateo, Patience ―él sintió su tensión ante la súbita proximidad, pero ella no se movió ni apartó la mirada. ―No soy San Mateo, y no soy perfecto. Sus pestañas revolotearon. ―Ninguno de nosotros lo es. Sin embargo, debemos aspirar a la perfección ―ella lo miró por un momento. ―Dime que no buscarás la venganza, Matthew. La venganza nunca es gratis. Su mano se sentía cálida bajo la suya y su expresión tenía una suave seriedad. Él miró su boca carnosa y seductora. ¿Qué se sentiría besar unos labios tan hermosos? ―Muy bien ―murmuró. ¿Qué se sentiría al saborearla y abrazarla? ―Bien ―lanzó un suspiro y luego miró al otro lado de la galería de los retratos. Matthew estudió su perfil iluminado por la luna, mientras el silencio se prolongaba entre ellos. ¿Era su mejilla tan suave como parecía? Quería tocarla. Finalmente, se volvió hacia él. ―Sabes, Matthew, creo que un día Rosalind se arrepentirá de su decisión de romper contigo. Matthew pensó en la carta arrugada a su lado. ―Lo dudo ―respondió, la amargura filtrándose en su tono. ―No, creo que lo hará ―insistió Patience con suavidad. Sus ojos miraban más allá de él mientras seguía hablando ―Un día, ella te verá en alguna parte, quizás incluso desde lejos, y se detendrá para mirarte. Los recuerdos la inundarán. Recordará cómo se sentía al estar en tu presencia, lo que sentía con tu contacto y tu sonrisa. Te anhelará, y "¿qué hubiese pasado si…?" resonará en su cabeza. Porque ella sabrá que pudo haberte tenido, si no te hubiera repudiado. Patience se quedó mirando a lo lejos. Entonces sus largas pestañas parpadearon y pareció volver a él. Ella levantó los hombros en un breve encogimiento. ―Y tú seguirás caminando alegremente, sin saberlo, pero satisfecho con la vida que has hecho sin ella. Matthew la miró fijamente y no pudo dejar de fruncir el ceño. Ella hablaba por experiencia. ¿Quién la había lastimado? ¿Y quién tenía esos recuerdos íntimos de ella ―su contacto y su sonrisa? ¿Ella lo anhelaba aún? Una oleada de celos lo atravesó. Su ceño fruncido se profundizó. ―Bésame, Patience. Su mirada lo recorrió y sus labios se entreabrieron. Se le escapó un suspiro. La sangre de Matthew fluyó velozmente y su polla le dolió. Se obligó a relajar su ceño, entonces repitió su orden. ―Ven. Bésame, Patience. Traducido por el GRUPO MR Página 11
  12. 12. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Sus hermosos ojos estaban oscurecidos de deseo e incertidumbre. Un hermoso contraste. ―No creo que sea una buena idea. ―¿Por qué no? ―Porque tú y yo no debemos hacer nada que nos pueda crear conflictos en el futuro. Eres mi cuñado, Matthew. No quiero arrepentimientos entre nosotros ―hizo una pausa, y sus ojos se posaron un instante en su boca. ―Además, incluso cuando pienso que deseo los besos, siempre terminan decepcionándome. Matthew le soltó la mano y lentamente extendió su brazo sobre el respaldo del sofá. ―En este momento, no quiero hablar de arrepentimientos. Sólo quiero un beso, Patience ―le tocó uno de sus gruesos rizos. Era suave. ―Y si el beso es decepcionante... Bueno, no lo volveremos a hacer, ¿verdad? Ella pareció considerar sus palabras mientras fijaba en él una mirada inquisitiva. Se sentó tenso, esperando. ¿Lo rechazaría? ―Bésame ―susurró. Su mirada se dirigió tentativamente hasta su boca. Luego, lentamente, se volvió hacia él y con cuidado se movió hacia adelante. El corazón de Matthew dio un vuelco y su respiración se volvió irregular. Se detuvo a pocos centímetros de él. Aspiró el aroma de gardenias que parecía adherido a ella. ¿Habían pasado sólo tres semanas desde que había posado sus ojos en ella por primera vez? ¿Por qué sentía como si la hubiera deseado siempre? ―¿Qué estás esperando?―inquirió. Ella agitó su cabeza. ―No lo sé. Muchos hombres me han pedido un beso. Muchos hombres me han besado sin preguntar ―hizo una pausa y un pequeño ceño arrugó su frente. ―Pero ninguno ha exigido que lo bese. Clavó la mirada en su bello rostro y se dio cuenta que había dejado de respirar. Exigencias era lo que ella necesitaba. Inhaló. ―Hazlo ahora. Vio que su indecisión se debilitaba. Entonces pasó su mano lentamente sobre su hombro y sus labios se entreabrieron. El corazón de Matthew golpeaba en su pecho, mientras ella bajaba sus pestañas. Sus dedos cálidos tocaron su nuca, tirando de él hacia ella con una presión suave. Y entonces su boca tocó la suya, no con un beso de labios fruncidos, sino uno completo, suave, y explorador. Un calor ardiente surgió a través del cuerpo de Matthew, encendiendo algo profundo en su interior. Sin embargo, se quedó quieto como una estatua mientras una y otra vez, entre suspiros entrecortados, ella presionaba sus labios suaves, entreabiertos contra los suyos. Con cada beso, ella se demoraba un poco más. Sus ojos se cerraron y su otro brazo lo rodeó. Él respiró fuerte y sus manos comenzaron a temblar mientras ella se acercaba aún más. Y más... Traducido por el GRUPO MR Página 12
  13. 13. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Con un gemido colocó rápidamente sus brazos alrededor de ella, atrayéndola completamente contra él y capturando su tierna boca con la suya. El deseo lo inflamó, caliente y feroz. Impulsado por su reprimido anhelo por ella, alimentado por emociones que ni siquiera podía nombrar, causando estragos en él. Embistió con su lengua. Sus labios se separaron y su abrazo se apretó. Ella sabía a té, a limón y a necesidad. Su corazón latía con fuerza. Llevaba corsé, pero aun así, sentía la presión de sus senos y las curvas de su cuerpo. Era suave, pero firme, y el perfume de gardenias llenó su cabeza mientras la besaba y la besaba, empujando su lengua un poco más profundo dentro de la tibieza su boca con cada embestida. Su sangre fluía velozmente por sus venas y su polla estaba adolorida. Él aumentó la presión de su abrazo y pasó sus manos por sobre las curvas de su trasero, agarrándolo mientras se hinchaba contra ella. Su boca abierta aferrada a la suya, y sus dedos enredados en su pelo. Ella gimió y entonces jadeó, pero no podía dejar de besarla. No podía parar... En ese momento, ella era la compensación de todo lo que no podía tener ―Rosalind; el hombre que siempre había creído que era su padre; sus tan llamados amigos, que bruscamente habían llegado a ser muy escasos; su antigua vida. Todo se había ido. Pero este beso era suyo ―este beso, con Patience. La aplastó contra él, arrastrándola hacia abajo sobre el sofá. Apretó su cuerpo al suyo. Si él podía tenerla, entonces tal vez... Ella gimió y se estremeció. Apartando bruscamente su boca de la suya, Matthew bajó la mirada hacia ella mientras respiraba irregularmente. La había tumbado bajo él. Cristo, sus ojos medio cerrados brillaban de pasión y suaves jadeos escapaban de sus labios hinchados por los besos. Aunque sus manos se aferraban de las mangas de su camisa, yacía sin fuerzas y sin aliento bajo él, sus rizos brillantes esparcidos por todos lados. Su verga palpitaba hambrienta contra su muslo. Ella respiró hondo y sus párpados aletearon. Podía tomarla ahora. Justo en el sofá. Una lujuria oscura se apoderó de él. ¡Hazlo! Tú tienes el control. Tómala y triunfa. Con un gemido, se inclinó y enredó los dedos en su pelo. Pero en el momento en que lo hizo, un agudo aguijón se extendió hasta sus nudillos. Se quedó paralizado mientras el dolor pequeño y desagradable cercenaba su deseo. Apartando los pesados rizos de Patience, se quedó mirando la carta arrugada de Rosalind y la esquina aguda que lo había cortado. Justo por encima de ella, pudo ver su firma fuerte y perfecta. ¡Perra! Su ira bullía. Aplastó su mano sobre la cosa mientras volvía la mirada hacia Patience. Mirándola, su lujuria estalló inmediatamente. Pero eso sólo sirvió para enfurecerlo más. Él no estaba controlado, estaba completamente fuera de control. ¿Cómo diablos podía ser tan condenadamente débil ―tan patéticamente desesperado por estar en los brazos de una mujer? Su puño se apretó alrededor de la carta. ¡No había aprendido nada! Traducido por el GRUPO MR Página 13
  14. 14. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión ―Te lo dije ―la voz suave de Patience era casi un susurro ―no deberíamos haberlo hecho. Matthew frunció el ceño ante su mirada. Vio la tensión en sus hermosos ojos, pero sin censura. Su polla palpitaba y se odiaba por desearla tan desesperadamente. Sus manos se alejaron de él. ―Vete. Sí. Vete. ¿Por qué no fue él? Los ojos de Patience nunca lo abandonaron, mientras él obligaba a sus músculos a moverse, se obligaba a alejarse. Si su cuerpo hubiera tenido una voz, habría gemido en señal de protesta y resentimiento mientras lentamente se iba apartando de ella. Y cuanto más se retiraba, más se intensificaban esos sentimientos. Hasta que, para el momento en que se puso en pie, estaba rígido de furia amarga. Girando lentamente, se enfrentó al retrato de su madre: la mujer hermosa, mentirosa, que siempre había afirmado que lo amaba. Ella era la fuente de todo su dolor. Quería arrancar el cuadro de la pared. Quería hacerlo pedazos y arrojar los restos por la ventana. La odiaba. Y despreciaba que ella lo "amara". Porque incluso antes del escándalo, su carácter había sido muy conocido. ¿Qué decía de él que una mujer de su clase lo amara? Cristo, había pasado toda su jodida vida tratando de compensar el hecho de ser amado por ella. Había sido honesto y honorable, amable y de buen humor. En la escuela, él se ocupaba de sus estudios. Una vez fuera, había construido una fortuna. Se había movido en los más altos círculos sociales. Y, al mismo tiempo, había buscado un amor por el que nunca tuviera necesidad de pedir disculpas ―un amor digno, un amor noble. Un amor fiel e incondicional. Levantando el puño, estrujó la carta arrugada de Rosalind hasta hacerla un duro bulto sin aire. Toda su maldita existencia había sido o un rechazo contra el amor que había tenido, o una búsqueda por el amor que había deseado. Había permitido que el amor le gobernase para terminar siendo controlado por ese deseo. ¡De poco le había servido! Dejó caer la mano. ¡Nunca más! Respirando hondo, captó el sutil olor a gardenias. ¿Ni siquiera por ella? Patience… Su corazón se detuvo y su cuerpo tembló de deseo. ¡Carajo! Sólo vete. Vete y no mires atrás. Cuadrando los hombros, puso un pie delante del otro hasta que la galería ―y Patience ―quedó muy lejos, detrás de él. Traducido por el GRUPO MR Página 14
  15. 15. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Patience se quedó mirando el techo alto. Sus miembros temblaban y su coño le dolía. Sentía sus pezones erectos y su piel hormigueaba. Los sentimientos eran familiares en su entorno, pero totalmente desconocidos por su intensidad. Ella cerró los ojos y se quedó completamente inmóvil. Todo va a estar bien. Estás sola y todo está bien. Apretó los puños. Fue sólo un beso. Te han besado docenas de veces. Sólo un beso... Pero sin importar cuánto trató de razonar con su corazón acelerado, no podía calmarse. Su cuerpo parecía extrañamente indiferente a las órdenes de su mente. Obligándose a incorporarse, ella juntó con fuerza sus temblorosas piernas mientras se frotaba las sienes. Ella trató de delimitar sus sentimientos ―fraccionarlos en partes comprensibles y reconocibles, ―separando lo físico de lo emocional. Pero no pudo. Con un suspiro frustrado, ella se puso de pie y avanzó a propósito desde la galería. Notó que sus muslos estaban mojados y su estómago estaba temblando, pero se obligó a ignorar las sensaciones. Al pasar por los balcones que daban al silencioso salón de baile, se encaminó hacia las escaleras y descendió dos tramos en un solo paso. Una vez en la planta principal, descendió por el pasillo y no se detuvo hasta que llegó a las amplias puertas dobles que daban al salón de música. Grandes ventanas paladianas permitían que la luz de la luna entrara a la gran habitación. Vio a su violonchelo con claridad. Descansando a la luz nacarada, brillaba su hombro de madera de arce. Justo al lado estaba el estuche de su chelo. Manteniendo los ojos desviados del gran retrato sobre la repisa de la chimenea, cruzó la habitación. Sus zapatillas golpeaban suavemente el piso de parquet. Su bata se elevó cuando se agachó apoyándose sobre sus talones. Abrió la tapa de su estuche. En el interior, el forro de seda de color ocre estaba viejo, pero ella había arreglado todos los pequeños desgarros que habían aparecido con el tiempo. Todos menos uno. Deslizando sus dedos por detrás de la parte donde el forro estaba suelto, sacó el papel doblado que había puesto por primera vez hace siete años. Se detuvo brevemente antes de abrir los pliegues muy gastados, y alzar la carta a la luz. Sus ojos se posaron sobre las palabras que había leído una y mil veces. Patience, Ayer te sorprendí mirándome, y me di cuenta inmediatamente por qué tu rendimiento en los últimos tiempos ha sido tan deplorable. A pesar que trataste de ocultarlo, vi amor en tus ojos. Me causó repulsión. Tu amor por Traducido por el GRUPO MR Página 15
  16. 16. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión mí ha infectado tu música. Tu forma de tocar se ha vuelto suave e insípida, ya no puedo soportar escucharla por más tiempo. Te dije cuando te convertiste en mi alumna que la búsqueda del arte y la búsqueda del amor son anti—éticas. Creí que lo entendías. Sin embargo, mira lo que has hecho. Has arruinado un gran talento, y has robado casi un año de mi vida, durante el cual podría haber enseñado a alguien más digno. Debería haberlo pensado mejor antes de depositar mi confianza en una muchacha de quince años. Cometí el error de creer que estabas por encima de las respuestas emocionales tan comunes en las mujeres. Es evidente que me equivoqué ―ustedes sois todas iguales. Como tú misma has demostrado ser incapaz de la perfección, y por lo tanto, de la grandeza, harías bien en dejar de tocar por completo y casarte con uno de esos jóvenes de rostro ansioso, que siempre están corriendo detrás de ti. Sí, dale tu amor a uno de ellos, y disfruta la dicha de las búsquedas más sencillas asignadas a tu sexo ―el matrimonio y la crianza. Henri Goutard Patience se quedó mirando las palabras garabateadas. Con los años, el dolor de la carta se había desvanecido en la nada. Pero esta noche, ella sintió una breve punzada de la vieja agonía. Y aunque vino y se fue en un instante, funcionó como una zambullida en agua fría, atemperando las cálidas emociones que el beso de Matthew había provocado. Ella respiró hondo, calmando su respiración, y lentamente volvió a doblar el papel. Cuando lo regresó a su escondite, pensó cuán similares era la carta de Henri a la de Lady Benchley. Matthew se sentiría herido por algún tiempo. Cerró la tapa de su estuche. Pero con el tiempo se recuperaría, como lo había hecho ella. Y tal vez encontraría el amor nuevamente. Una imagen de Matthew abrazando a una mujer sin rostro, de cabello oscuro, apareció de repente en su mente. Ella frunció el ceño ante la amarga sensación que le causó la visión. Expulsándola de sus pensamientos, miró a su violonchelo. Su instrumento era su amor. Poniéndose de pie, lo miró por un momento. Era su consuelo. Sentándose, lo puso entre sus rodillas. Era tarde, pero ella tocaría suavemente… Inspirando y expirando profundamente, desterró a Matthew de su mente e imaginó las primeras notas del Emperador de Beethoven. Cuidadosamente ―con precisión ―presionó las cuerdas adecuadas contra el diapasón, entonces pasó su arco. Impecablemente ejecutadas, las primeras notas llenaron con el sonido la sala vacía. Patience procedió de una nota a la siguiente tocando cada una en una pura y perfecta sucesión. Ella escuchaba la música con su oído, pero también la veía en su cabeza, casi como a una serie de ecuaciones matemáticas ―cada una a resolver con exactitud infalible y, por supuesto, en el orden correcto. Traducido por el GRUPO MR Página 16
  17. 17. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Mientras tocaba, Patience evitaba cualquier error, cualquier mal cálculo que pudiera perturbar la perfección de la pieza. Le daba un inmenso placer tocar con precisión. De hecho, en cada momento que se sentaba con su violonchelo, su objetivo era acercarse a la perfección que Henri había proclamado era incapaz de alcanzar. Dejando que las notas finales se desvanecieran en el silencio, Patience suspiró con satisfacción. Esto era lo que amaba ―su música y la búsqueda de la perfección. Miró su instrumento. El amor romántico no era para ella. Una vez más, los hermosos, penetrantes ojos de Matthew aparecieron en su mente. Ella se estremeció. Pero, ¿qué hay del deseo? Incorporándose, ella devolvió el violonchelo a su estuche. El deseo era una necesidad física que no sería capaz de evitar para siempre. Y ella deseaba a Matthew con más fuerza de la que había deseado a ningún hombre. Había algo entre ellos, algo fuerte e inevitable. Volviéndose, alzó los ojos lentamente hacia el retrato de tamaño natural que había evitado mirar antes. Matthew, sentado con su propio violonchelo, le devolvió la mirada. Su hermana le había dicho que él tocaba el instrumento de manera brillante. Un cálido rubor calentó la piel de Patience cuando lo miró. Su postura era abierta, con su brazo derecho caído indolentemente sobre el respaldo de la silla. Su arco colgaba de sus dedos laxos, y la otra mano se apoyaba en el hombro de su violonchelo, el cual estaba inclinado entre sus piernas bien extendidas. Patience se humedeció los labios mientras su sangre se aceleraba. La mirada de Matthew parecía salir directamente de la pintura, su expresión ociosa y sensual. La curva llena de su boca se había representado bien, pero nada podría superar la increíble belleza y la intensidad de sus ojos oscuros. Esta noche, la miraban con un interés conocedor. Esta noche, parecían decir tú eres mía. Patience contuvo el aliento mientras sus labios hormigueaban. Los tocó ligeramente. No fue sólo un beso. No. Su abrazo estremecedor había sido un preludio… Traducido por el GRUPO MR Página 17
  18. 18. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión CAPÍTULO 02 LA MASCARADA1 Mi amado habló y me dijo: Levántate, mi amor, hermosa mía, y ven conmigo. CANCIÓN DE SALOMÓN 2:10 Tres meses después… Wiltshire, Inglaterra —Baile de mascaras en Hawkmore House, Capital del Condado del Conde y la Condesa de Langley. Nunca la dejaban sola. Como orgullosos machos persiguiendo a un ciervo solitario, sus admiradores brincaban a su alrededor. Siguiéndola donde quiera que fuera, se empujaban y competían por su atención, cada uno con la esperanza de ser el único en ganar su consideración, aunque fuera brevemente. Y todo el tiempo, aunque ella sonreía y les saludaba con la cabeza, y los satisfacía, él podía sentir su desinterés. Mi pobre Patience. ¿Cómo lo soportabas? Matthew cruzó sus brazos sobre su pecho. Inclinándose en un rincón en sombras de la galería superior, mantuvo sus ojos sobre ella. Aunque su hermosa cara estaba medio cubierta por una medio—máscara, su magnífico pelo rojo hacia su identidad inconfundible. Cayendo sobre su espalda en gruesos rizos, era como un señuelo llameante en un moteado mar de brillantes matices. Una corona de flores descansaba en lo alto de su brillante cabeza, y más flores decoraban su traje de delicadas capas blancas que se extendían a través de sus hombros y se acampanaba antes de su delgada cintura. Ella era una incomparable belleza. En los tres meses desde su beso, había sido incapaz de alejarla de sus pensamientos. A pesar de sus problemas, las imágenes habían llenado su mente. Había intentado resistirse al principio. Pero según iban pasando las semanas, se había resistido cada vez menos, hasta que parecía que cada mañana y cada noche, su primer y último pensamiento habían sido de ella. Sus sueños y fantasías eran de ella. Y cuánto más pensaba en ella, más la deseaba. Y cuanto más la deseaba, más le había merecido la pena vencer el escándalo que se había precipitado para arruinar tanto su vida social como la financiera. El escándalo que había sido maliciosamente conducido y extendido por el padre de Rosalind. Puñetero Benchley. Archibald Philip Benchley, el Muy Honorable Conde de Benchley, cuyo linaje era tan viejo que su título y su apellido seguían siendo los mismos. Lord Benchley, cuyo condado era demasiado ilustre y puro para ser manchado por sangre bastarda. 1 La mascarada era una tipo de fiesta cortesana de entretenimiento que floreció a principios del siglo XVII en Europa. Traducido por el GRUPO MR Página 18
  19. 19. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Matthew estrechó sus ojos sobre la pululante multitud de abajo. Aunque vestían con sedas y satenes, eran como una manada de animales salvajes. Durante los pasados tres meses, habían observado a Benchley arañándolo y rasgándolo. Pero no estaba muerto. Y había lamido sus heridas. Recuperaría su lugar entre ellos, no luchando contra todos, sino desgarrando la garganta de uno sólo. Si. Mientras que la manada miraba, derribaría a Benchley. Y cuanta más sangre hiciera correr, mejor sería. Para después de que todo se calmara, nadie se atrevería a lastimarlo otra vez. Matthew casi sonrió. Su espía había estado en la casa familiar de Benchley durante dos semanas. Debería informarle pronto. Dejó caer su mirada sobre Patience. Esta noche, era su meta primordial. Su estómago apretado con anticipación. Él y ella tenían un negocio inacabado, y él estaba hambriento de ella. —Por Dios, realmente eres tú. Has resucitado. Matthew estudió los irónicamente arreglados rasgos de Roark Fitz Roy, el hijo más joven del Marqués de Waverley. Hablando de hijos bastardos, la rama ancestral del marqués brotó de uno de los hijos bastardos de Carlos II. Roark Fitz Roy alzó una negra ceja. —Aposté en Hollingsworth cien libras que los rumores de tu presencia eran pura fabricación. Matthew se encogió de hombros cuando volvió su mirada al salón de baile de abajo. —Nunca apuestes sobre rumores. —Sí, bien... desafortunadamente para ti y el Gran Ferrocarril del Oeste, demasiada gente está apostando sobre rumores. Matthew se puso tenso. —Ese es su error. —Y será el tuyo si no haces algo pronto. Matthew miró enfurecido a Fitz Roy. El hombre era un favorito de la Reina, pero él nunca había sido alguien que buscara el favor y no estaba a punto de comenzar. —No te he visto desde mi caída en desgracia, Fitz Roy, y ahora estás interrumpiendo la soledad a la que me he acostumbrado. Así pues, si hay algo que quieras decirme, ¿por qué solo no lo dices? Fitz Roy estaba de pie con las manos en los bolsillos de su traje. Sus hombros se levantaron con un pequeño gesto. —Muy bien, pero me temo que son malas noticias. Matthew levantó sus cejas con falsa sorpresa. —¿De verdad? Malas noticias, ¿cierto? —Borró la expresión de su cara. — Copias de las cartas de mi madre declarando su alegría por mi nacimiento bastardo, pueden todavía encontrarse flotando en las aguas residuales de Londres. El artículo del periódico que contenía el complot de chantaje contra mi hermano, por el que casi pierde a su gran y único amor por mi culpa, todavía Traducido por el GRUPO MR Página 19
  20. 20. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión está pasando por los salones de mis antiguos pares. Y por si no fuera bastante, mi antigua prometida y su padre, —aplastó las palabras —han hecho su total y completo rechazo de mí una materia de masticación pública. Como la gente mastica los deliciosos chismes de mí caída, —su voz volviéndose progresivamente más dura, —Lord Benchley y su hija han continuando añadiendo sal y condimentos al banquete con sus declaraciones públicas y mentiras sobre mí. —Se inclinó hacia delante. —Y mientras Benchley calumnia mi carácter públicamente, privadamente contagia a mis socios de negocios con su vil influencia. Apostaría mi último billete de una libra que él es quién está en el corazón de los negativos rumores que hablas. Matthew retrocedió. —¿Malas noticias? Toda mi maldita vida son malas noticias. Siguió un largo momento de silencio, pero la expresión desdeñosa de Fitz Roy no cambió. —Bien, puesto que lo has expuesto de esa manera... Lord Wollby acaba de informarme que se propone vender todas sus acciones de tu compañía. —Sus negras cejas levantadas. —He oído rumores sobre el Gran Ferrocarril del Oeste… pronto no podrás permitirte comprar un solo trozo de carbón, a menos que el Gran Ferrocarril del Oeste, o en otras palabras, tú, estés dispuesto a pagar el doble de su valor. Matthew sintió su sangre agitarse. Ya estaba pagando más por el carbón de lo que podía permitirse, y estaba tambaleándose a punto del desastre financiero. La venta de Wollby podía incitar una imparable ola de vertidos de acciones. Y su ruina. —Probablemente él no pueda hacer nada mientras esté aquí —dijo Fitz Roy. —Tienes algún tiempo para convencerle de que lo considere. Mientras que su mente se revolvía, Matthew miró fijamente a la masa de sociedad que giraba velozmente abajo. Encontró a Patience en el centro de la pista de baile. Su polla se estremeció. ¿Convencerlo de que lo considere? ¿Con qué fin? El baile era la mazurca2, y su ceño se acentuó cuando vio a la pareja de Patience, el Vizconde Montrose, muy cerca de tocar su pecho. Una posesividad repentina calentó sus venas. Se giró a Fitz Roy. —No. No voy a convencer a Wollby de nada. Yo construí el Gran Ferrocarril del Oeste. Ella es mía, y que me condenen si voy a ir de rodillas a pedir la indulgencia de todos los sangrientos accionistas. —Levantó sus hombros para aliviar la tensión. —O creen en GFO, y en mí, o no. —Volvió su mirada a Patience. Su polla palpitó y la llamada para reclamarla le llenó de una urgente determinación, especialmente cuando Montrose se inclinó para decir algo cerca de su oído. —Cualquiera sea el caso, tendré cuidado de lo que es mío, —dijo en voz baja. 2 Mazurca: Baile de salón, de origen polaco, para una, cuatro u ocho parejas. Traducido por el GRUPO MR Página 20
  21. 21. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión —Muy bien, entonces. —Fitz Roy hizo una pausa. —Oh, a propósito, nunca podrás imaginarte quien se me acercó en el baile de los Cromley y plantó discretas preguntas sobre ti. —Realmente no me preocupa, —murmuró Matthew, manteniendo su ojos en las manos de Montrose mientras miraba a Patience moviéndose con gracia con los pasos de la danza. —Sí, bueno, fue Lady Rosalind. Matthew se puso rígido y se volvió a Fitz Roy. —¿Rosalind? —gruñó. —Lady Rosalind puede irse al diablo. —Así que entiendo que no quieres la nota de dulce aroma que ella sigilosamente me pidió que te diera. Matthew miró fijamente a Fitz Roy. —Después de todo lo que sucedió debido a las sórdidas cartas de mi madre, Rosalind no sería lo bastante estúpida para escribir una nota secreta. —En realidad, lo fue. —Fitz Roy sacó un pequeño papel doblado del bolsillo de su pecho y se lo tendió. —Lo atribuyo a la desesperación. Matthew miró el papel rosa doblado. Debería cogerlo, pero le repugnaba. Bajó la mirada hacia Patience. Sus brillantes, hermosos rizos brillaban con la luz. Sus latidos del corazón acelerados y sus testículos apretados mientras que la miró pasar por debajo del brazo de Montrose. Ella era la única que él deseaba. La única que él anhelaba. Rosalind ya no importaba. Sí, él sabía muy bien que las cartas podían ser poderosas herramientas, herramientas que podían ser usadas contra los propios enemigos. Levantando sus ojos de Patience, Matthew le arrebató la nota antes de que cambiara de opinión. La abrió rápidamente mientras Fitz Roy se giraba a su espalda. Mat, Querido, se que debes estar enojado conmigo, así que quizá te complacerá saber que estoy sufriendo. Pero quiero que sepas que pienso en ti todos los días cuando Padre hace desfilar pretendiente tras pretendiente ante mí, ninguno tan hermoso o tan "audaz" como tú. Querido, si lamentas nuestra ruptura tanto como yo, entonces envíame una palabra. Me ruborizo al decir esto, pero solo porque no podamos casarnos, no quiere decir que no podamos estar juntos. Tuya, R. Matthew resopló burlonamente mientras sacudía su cabeza. Si no estuviera mirando fijamente la pequeña nota de Rosalind, apretada en su mano, no podría creer lo que había leído. Oh, qué cambio habían forjado los meses. Y, oh, qué posibilidades esta inesperada misiva planteaba. Doblando la nota, la deslizó con seguridad en el bolsillo de su pecho. Necesitaba tiempo para considerar como hacer el mejor uso, tanto de la nota como de Rosalind, pero, mirando abajo a Patience, ahora no era el momento. La vio salir de la pista de baile con Montrose, quien parecía poco dispuesto a perder su mano. Inmediatamente, una muchedumbre de hombres la rodeó. Él los conocía a todos, y sus hombros se tensaron cuando vio al Duque de Danforth apretujarse demasiado cerca de su espalda. El intestino de Matthew Traducido por el GRUPO MR Página 21
  22. 22. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión se tensó. Conocía a Danforth desde Harrow, pero nunca le había gustado. Era un caliente, arrogante asno, un jugador empedernido y un mal perdedor. Si movía una viscosa mano sobre ella... De repente, el desgarbado alto hombre hizo una mueca, saltó hacia atrás, levantó su pie. Patience se giró y, con una oh—lo siento tanto —sacudida de su cabeza, articuló lo que parecía ser una disculpa. Fitz Roy se rió entre dientes. —Nada como un duro pisotón en el empeine para disuadir imbéciles. Matthew frunció el ceño. Casi se había olvidado de que Fitz Roy estaba allí. —A propósito —Fitz Roy se giró hacia él, —¿has oído las últimas noticias sobre Danforth? ¿Ahora qué? —¿Qué noticias? —Bueno, probablemente no debería decir una palabra. Danforth probablemente no cabe en sí de entusiasmo ante la perspectiva de trasmitírtelo él mismo. —Fitz Roy examinó brevemente sus uñas. —Pero, puesto que amo echar a perder el regocijo de los idiotas, te lo diré. —Inclinó su cadera en la parte baja de la galería. —El empobrecido Duque de Danforth acaba de comprometerse con nadie más que con la misma señora cuya nota de dulce aroma acabas de meter en el bolsillo de tu chaqueta. Matthew se congeló por un momento y esperó a sentir algo, o nada. Nada vino. —¿Cuándo ocurrió esto? —Fue ultimado este mismo día. Danforth está absolutamente mareado sobre el total arreglo porque su futuro suegro ha acordado pagar todas sus deudas y renovar su desmoronada mansión. —¿Eso es así? —Matthew miró fijamente abajo hacia Danforth. El hombre era incapaz de no meterse en deudas. Sería una enorme responsabilidad para Benchley. Y el hijo de puta todavía permanecía demasiado sangrientamente cerca de Patience. —Entonces seguramente él estará en las mesas de juego esta noche, —dijo firmemente. Fitz Roy resopló. —¿Sabe un perro mantenerse alejado de una ristra de salchichas? Por supuesto que estará en las mesas de juego. —Se alejó de la pared y enderezó sus puños. —Bien, debo irme. Soy la pareja de Señorita Dunleigh y sus doscientas yardas de tul rosa para el siguiente vals. Matthew cabeceó y volvió su mirada a Patience. Su corazón golpeaba y su polla vibraba ansiosamente. Era el tiempo de que él se fuera también. —Oh, —se detuvo Fitz Roy, —se que no te importa, pero Lady Rosalind me pidió que te dijera que estará en la cacería de otoño de los Filberts por si deseabas arreglar un encuentro privado con ella. Traducido por el GRUPO MR Página 22
  23. 23. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Matthew se tragó su desagrado y mantuvo sus ojos sobre Patience. No deseaba más pensamientos de Rosalind. Solo una mujer le importaba ahora, y estaba parada debajo de él. —Buenas noches, Fitz Roy. —Buenas noches, Hawkmore. Matthew observó los rojos rizos de Patience rebotar sobre sus desnudos hombros cuando se giró para dirigirse a uno de sus admiradores. Trazó las curvas de su cuerpo con sus ojos. Dibujando una respiración profunda, podía sentir su excitación cambiando hacia la controlada contención que alimentaba sus dominantes pasiones. Esta noche sería el comienzo, un nuevo comienzo con Patience. El la deseaba. Había venido por ella. Y aunque ella todavía no lo supiera, ella le pertenecía. —¡Ella no lo hace! —exclamó Lord Farnsby. —He oído que ella lo hace. —Solo porque lo hayas oído, no tiene que ser verdad, Danforth. —Un billete de diez libras a que lo hace, —ofreció Lord Asher. —Hecho, —respondió Farnsby. —¡Una apuesta! ¡Una apuesta! —exclamó otro de los caballeros. La risa masculina llenó el círculo. —Así pues, —Lord Danforth los silenció, y todos los ojos giraron hacia ella. — Le pregunto de nuevo, Señorita Dare. ¿Es verdad que usted realmente toca el violonchelo? Desde detrás de su semi—máscara, Patience elevó una sonrisa para la muchedumbre de caballeros que la rodeaban. Algunos disfrazados, otros no, todos ellos usaban mascaras. Sin embargo, sus mascaras se levantaron ahora y todos los ojos estaban fijos sobre ella. A la luz del enorme salón de baile, ella podía observarlos bien. Varios eran inofensivos, pero también vio lujuria encubierta como amistad, vanidad disfrazada como encanto, inseguridad haciéndose pasar como bravuconería y, volvió su mirada a Lord Danforth, un depredador, no disimulado. —Sucede, Lord Danforth, que tiene usted razón. Toco el violonchelo. En dos semanas, empezaré la formación en Londres con el renombrado Fernando Cavalli. Estoy orgullosa de ser la primera mujer estudiante en ganar su tutela. Mientras un coro de "ahs" llenaba el círculo y bromas sobre las dudas eran lanzadas, Lord Danforth se inclinó. —Sabia que usted era la clase de mujer que podía sostener un gran instrumento entre las piernas. Ella solo había oído esto alrededor de un centenar de veces. Patience sofocó el deseo de poner en blanco sus ojos y excusarse a sí misma. Evidentemente los hombres eran iguales en todas partes, incluso si tenían título. En cambio, se rio suavemente y bajó su voz. Traducido por el GRUPO MR Página 23
  24. 24. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión —Si quería herirme, milord, me temo que su pequeño pinchazo ha errado el blanco. Un lento ceño frunció la frente de Lord Danforth. —¿Perdóneme? Patience levantó sus cejas inocentemente. —No, perdóneme usted, milord. Con un toque en su brazo, Lord Farnsby, disfrazado como Napoleón, atrajo su atención del odioso Lord Danforth. —Usted debe perdonar mi incredulidad, Señorita Dare. Su belleza por si sólo complementaria cualquier experiencia musical. —Tiró de su chaleco hacia debajo de su corpulenta cintura. —Es sólo que el violonchelo es un instrumento tan grande y tan poco manejable, y por lo tanto no está bien adaptado a la naturaleza delicada y suave sensibilidad de las mujeres. Patience asintió con la cabeza. Había oído eso antes también, demasiadas veces. Dios prohibió que las mujeres pudieran tocar el violonchelo, o montar a horcajadas, o hacer cualquier cosa que requiriera la apertura de sus piernas. No importaba que cada hombre que estaba allí de pie hubiera nacido de entre las piernas de una mujer. ¿Cómo podían pensar que afectaba a la naturaleza delicada y suave sensibilidad de la mujer? Sonrió. —No le entiendo completamente, milord. Pero desde temprana edad yo toco el violonchelo, no tenía ni idea de la fragilidad de mi naturaleza, y mis sensibilidades estaban bien decididas. Sólo tiene que preguntárselo a mi padre. Mientras que los hombres se reían y hacían bromas sobre sus decididas juventudes, Patience cogió el hilo de una conversación detrás de ella. —No puedo creer que Matthew Hawkmore esté realmente aquí esta noche. Patience se quedó quieta. ¿Matthew estaba aquí, en el baile? El súbito recuerdo de su caliente beso trajo un cálido rubor a sus mejillas. —¿Matthew Hawkmore? ¿No querrás decir Matthew Gardener? Patience se puso tensa cuando las señoras rieron nerviosamente. —Bien, no puedo creerlo, —la primera continuó. —¿No pensará que será aceptado nuevamente entre la gente educada? Quiero decir, en realidad… El debería, por lo menos, tener la decencia de no asistir, especialmente después de mentirnos a todos. —Pero, querida mía, he oído que nunca supo de su ilegitimidad. —Has odio mal. Lord Benchley me informó que Hawkmore lo sabía de toda la vida. Y yo, por mi parte, no aprecio ser engañada, y menos aun por algún cachorro de un desconocido jardinero3. Las incesantes bromas de los admiradores de Patience se apagaron en sus oídos mientras escuchaba, con creciente indignación, a las mujeres detrás de ella. Sabia por su hermana que Matthew había estado sufriendo socialmente. 3 Juego de palabras con el significado del apellido de Matthew en inglés: Gardener = Jardinero. (N. de T.) Traducido por el GRUPO MR Página 24
  25. 25. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Pero esta altiva, mal educada maldad era inconcebible. ¿Era esta la cortesía de la nobleza? —Tú sabes, escuché por casualidad a mi marido decir que nadie va a hacer negocios con Hawkmore. Dijo que podía vender sus acciones en la compañía de ferrocarril de Hawkmore. —¿Y por qué no iría tu marido a hacer eso? ¿Quién quiere hacer negocios con un mentiroso y un impostor? Recuerden mis palabras, señoras. De un momento a otro, Matthew Hawkmore será a la vez un bastardo y un mendigo. Patience apretó sus manos en sus faldas. Por Dios, si había algo que odiara, era la crueldad y la injusticia. Empezó a girarse para dar a las maliciosas mujeres una parte de sus pensamientos, pero en ese momento un alto y delgado caballero, mal vestido como el campechano Rey Enrique VIII, se empujó entre los caballeros ante ella y apretó su mano. Patience retrocedió con un respingo. —Mi querida Señorita Dare, ¡está usted aquí! La he estado buscando por todas partes. Creo que este es nuestro baile. Patience escuchó la obertura de un vals. Echó un vistazo sobre su hombro solo para encontrar que tres caballeros llenaban el espacio detrás de ella. ¿Dónde estaban las horribles mujeres? Apenas capaz de ocultar su frustración, retiró suavemente la mano del impaciente hombre delante de ella y bajo la mirada a su tarjeta de baile que colgaba de su cintura. —Pues sí, Lord Fenton, así es. —Sangrienta grosería, alejando a la hermosa Señorita Dare de nosotros, —se quejó Lord Farnsby. —En efecto, —dijo Lord Montrose. —Sí, no vaya muy lejos con ella, Fenton, —Le advirtió Lord Danforth mientras cepillaba una mota de pelusa de su traje de noche. —El siguiente baile es mío. —Y después mío, —reclamó Lord Asher. El impaciente Lord Fenton simplemente la sonrió torciendo la boca bajo su máscara mientras que se la llevaba de su círculo de admiradores y salía a la pista de baile. Patience suspiró. ¿Estaba Matthew realmente allí, entre los bailarines? Fugazmente, miró por la abarrotada pista, pero al momento se reprendió a sí misma. El obviamente no la había buscado, así que ¿qué importaba? Esbozó una sonrisa a Lord Fenton cuando comenzó el vals, pero pronto hizo muecas de dolor cuando él la pisó varias veces sobre los dedos de sus pies. —Lo siento terriblemente, Señorita Dare. Mil de perdones. El hombre estaba tan concentrado en su escote, que no la llevaba. Lo hacia ella. —Aquí, ahora, —Lord Fenton hizo una mueca. —Hemos encontrado la manera ahora. —Desde luego que lo hacemos, —agregó Patience. —Puede tomarme un momento, pero siempre encuentro la manera. Traducido por el GRUPO MR Página 25
  26. 26. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión —¿De verdad? —contestó ella distraídamente. ¿Por qué intentaba engañarse a sí misma? Si Matthew estaba allí, al menos deseaba verle. Solo por un momento. La mañana después de su beso, él se fue de Hawkmore House. Tres días después, ella se fue a casa, a la vicaria con su padre, su hermana pequeña y su prima. Había decidido alejar a Matthew de su mente, pero no importaba lo duro que ella lo había intentando, él había persistido en invadir sus pensamientos, especialmente en la tranquilidad de la noche. De hecho, su hermoso rostro había venido a su mente tantas veces que su cara se había arraigado en su memoria, el duro ángulo de su mandíbula y la suave curva de su boca. Y además, por supuesto, estaban sus oscuros y conmovedores ojos. Frunciendo el ceño, reflexionó. ¿Había habido un día que ella no pensara en él? No lo creía. ¿Dónde estaba él? Levantó su barbilla, examinó a la multitud mientras que giraba a los apremiantes acordes del vals. Caras enmascaradas llenaban su vista. Medio expuestas, medio ocultas, giraban alrededor de ella en un caleidoscopio de color. Más juerguistas enmascarados rodeaban la pista de baile del enorme salón, moviéndose en una siempre—cambiante marea. Incluso los sirvientes de librea, disfrazados con semi—mascaras negras, parecían bailar entre la pululante multitud mientras giraban sus bandejas de burbujeante champán. Pero, ¿dónde estaba Matthew? La música creció. Un hormigueo de reconocimiento vibró bajo la espina dorsal de Patience. Súbita anticipación fluyó por ella. Se dio la vuelta. Matthew. Estaba cruzando a zancadas decididamente a través de la pista de baile, sus oscuros y penetrantes ojos fijos firmemente en ella. Patience exhaló un suspiro. El sentido de la inevitabilidad que la había invadido después de su beso la atravesó incluso más fuerte ahora. Y deseo, ardiente, urgente deseo. Ella no podía alejar los ojos de él. ¿Estaba más delgado que la última vez que le había visto? Su alta figura estaba adornada con un severo traje de noche negro. Ninguna máscara cubría su increíblemente hermoso rostro. Aquello había sido un movimiento intencionado, estaba segura. De hecho, la dura e inexpugnable expresión que él usaba parecía decir: Malditos todos, este es quién soy y no me esconderé. En el fondo de su cuerpo algo pulsaba. ¿Era orgullo? Él se acercó más. Una pareja de baile delante de ella, la bloqueó la vista de él. —Digo, Señorita Dare, que creo que usted no ha escuchado una palabra que he dicho. Patience regresó su atención a Lord Fenton. —Perdóneme, milord. Uh… —parpadeó —¿Estaba usted diciendo…? Traducido por el GRUPO MR Página 26
  27. 27. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión —Estaba diciendo que nosotros bailamos también juntos que quizá podríamos considerar emparejarnos para otras actividades. —Sonrió en lo que ella estaba segura era una seductora costumbre. —Estoy absolutamente seguro de que estamos hecho el uno para el otro. —Y yo estoy absolutamente seguro de que no lo están. —La profunda voz de Matthew les llevó a detenerse. La sangre de Patience se aceleró cuando él cogió su mano en la suya y se inclinó con una mirada fría a Lord Fenton. — Ahora, si me disculpa, mi interrupción. Lord Fenton frunció el ceño. —He estado esperando la mitad de la noche para este baile con Señorita Dare, Hawkmore. Los dedos de Matthew se curvaron calientes y posesivos sobre los suyos. —Entonces no le importará esperar más tiempo. Lord Fenton echó su máscara hacia atrás, revelando un repentina y desagradable mirada. —Piérdase, Hawkmore. Supongo que la interrupción no debería parecer como una conmoción viniendo del hijo de un jardinero. Patience jadeó su cólera y habló desde un lado de Matthew. —¿Se supone que eso es un juego de palabras, milord? Si es así, es uno pobre. Ahora, si nos disculpa, declaro que estoy de acuerdo con mi cuñado. Usted y yo no estamos hechos el uno para el otro. Lord Fenton se giró arrogantemente a Matthew como si hubiera sido él el que hubiera hablado. —Nunca me gustó, Hawkmore. Veo que tenía razón en solicitar su expulsión del White´s. Ignorando al hombre, Matthew la arrastró entre sus brazos y la hizo girar entre la multitud que bailaba el vals. Sus rasgos eran duros con furia, así que ella bajó sus ojos para darle un momento. A pesar del incomodo intercambio, la alegría y el alivio recorrieron el cuerpo de Patience. Se encontraba a sí misma inclinada en Matthew, tanto ofreciendo apoyo como ofreciendo socorro. La sujetaba tan cerca que podía oler la vetiver4, intensa y amaderada, que se aferraba a él. Ella podía sentir la presión de la parte inferior de su cuerpo y el roce de sus piernas. Su hombro era fuerte debajo de su mano mientras la conducía con inquebrantable garantía. Todo esto la llevó a la última vez que había sentido el poder de sus brazos alrededor de ella y la presión de su cuerpo contra el suyo. Cerró sus ojos y deseó solo poder poner su cabeza contra su hombro. Dios, no se había dado cuenta de lo cansada que estaba, demasiado cansada del constante ataque de mala atención. La atención de hombres equivocados. —Mírame, Patience. Su cuerpo zumbó con sensual apreciación ante el sonido de su voz. Levantó su mirada a sus oscuros y excesivamente azotados ojos. ¿Qué veía ahora ella? ¿Determinación? ¿Orgullo? ¿Deseo? 4 Vetiver: (vetiveria zizanoides) planta de la familia de las gramíneas, nativa de las indias, se usa para aceites y lociones corporales. (N. de T.) Traducido por el GRUPO MR Página 27
  28. 28. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Dios, sus ojos eran más hermosos de lo que recordaba. Él era más hermoso de lo que ella recordaba. Reflejos de oro iluminaban su pelo marrón, que estaba corto en su nuca y largo en la parte superior. Caía sobre su frente y ella de repente sintió el deseo de desplazarlo, para verlo caer hacia delante sobre sus sienes, como había estado la noche de su encuentro a la luz de la luna. —¿Qué te tomó tanto tiempo? —preguntó ella. —Te he estado esperando. Aunque sus palabras la sorprendieron a ella misma, sabía que eran verdad. Las ventanas de la nariz de Matthew se ensancharon y sus ojos parecieron oscurecer. —Estoy aquí ahora. —Sus dedos presionando contra su espalda. —¿Estás preparada para darme lo que deseo? Los profundos y resonantes tonos de su voz la rozaban como una caricia. —Bien, no sé, —contestó ella. —La última vez que te di lo que deseabas, en contra de mi mejor juicio podría añadir, te fuiste. Sus hermosos ojos marrones no vacilaron ante los suyos. —No ha pasado un día en que no me haya arrepentido de dejarte aquella noche. Dime que es lo que deseas, y no te arrepentirás. —¿Qué es lo que deseas? Él no contestó. Sin embargo su mirada bajó a su bajo y cubierto de flores escote. —Tu vestido es encantador. ¿Cómo quien estás disfrazada? Patience exhaló una respiración artificial. —Perséfone. —Ah, qué apropiado. Perséfone, el heraldo de la primavera, la diosa. —Su baja voz la cautivó y la hizo girar con la música. —Entonces yo soy Plutón, el dios del inframundo, y te deseo. Te voy a llevar lejos y te ocultaré en mi sombra. Voy a tomar todo de ti, y al hacerlo, te daré todo lo que desees. Algo oscuro y oculto retumbó en el corazón de Patience. Como un golpe sobre un diapasón, fluía sobre ella en ondas, llenando su vientre, y el pulsante corazón entre sus piernas con un desesperado pero irreconocible hambre. Sus labios se separaron con un silencioso suspiro. Su mirada descendió a su boca. —Y tú—tú deberás iluminar mi oscuro mundo. Patience recordó las crueles palabras de la mujer y su corazón se apretó. —¿Cómo voy a hacer eso Matthew? Sus ojos volvieron a los de ella y fueron insondables. —No sé, quizá hablando en mi nombre como acabas de hacer. —Una chispa cayó desde su corazón a su vientre. Su voz era tan tierna. —Quizá he perdido mi camino. —Hizo una pausa después se retiró un poco cuando él la giró. — ¿Realmente importa, siempre y cuando yo te de todo lo que desees? —Esto me importa. —Cuando él no respondió, Patience suspiró luego le dio una leve sonrisa. —Hablas de conocer mis deseos. Sin embargo, ¿cómo puedes hacerlo? —Sacudió su cabeza. —Sólo hemos compartido un beso. Traducido por el GRUPO MR Página 28
  29. 29. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión No le devolvió la sonrisa. —Fue más que un beso, y lo sabes. Su sangre corrió. —Sí, —admitió en voz baja. —Pero eso no quiere decir que conozcas mis deseos. Él la abrazó con su mirada. —Oh, he estado observándote, Patience. Eres la bella del baile. Todo hombre te desea. Prácticamente tropiezan unos con otros para llegar a ti. ¿No es eso verdad? Lo miró a sus ojos de largas pestañas. —Sí. —¿Y no es verdad que tus zalameros admiradores se te agolpan, casi más allá de lo soportable, en su urgencia por impresionarte. No es verdad que ellos te ahogan en continuos cumplidos que carecen de sentido para ti? ¿Qué te asfixian con sus inofensivos pero interminables atenciones? —Sus oscuros ojos parecieron llegar dentro de ella. —¿No es verdad, Patience? ¿No ha sido siempre así? Ella frunció el ceño en su casi hipnótica mirada. —Sí. —La palabra llegó en un susurro. ¿La había oído él? Él se inclinó más cerca. —Y sin embargo les sonríes y caen rendidos a tus pies… Ella respiró en vetiver. —…creo que ninguno de ellos inspira tu pasión… La mejilla de él tocó la sien de ella. —…por no hablar de tu amor. Patience tembló. ¿Amor? El amor no era para ella. ¿Pero lo de la pasión? Su necesidad por la sensual entrega a menudo la cabalgaba con fuerza, y ella estaba cansada de ser su propia amante. Miró a la orgullosa y apuesta cara de Matthew. —Tienes razón en casi todo. Pero no tengo deseos de un amor romántico, ni tampoco de matrimonio. Amo a mi familia y amo mi violonchelo. Es suficiente para mí. —¿De verdad? —Una oscura ceja se elevó. —¿Estás segura? Patience exhaló un suspiro pero a continuación hizo una pausa. ¿Por qué no brotó un "si" de sus labios? Frunció el ceño cuando se encontró con la inquisitiva mirada. —La búsqueda del amor y la búsqueda del arte son incompatibles. Una no puede vivir frente de la otra. —¿Quién te dijo eso? El hombre que amo. —Un antiguo maestro de música mío. —¿Y tú lo crees? Traducido por el GRUPO MR Página 29
  30. 30. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión —Lo sé. —¿Cómo que lo sabes? —Experiencia. —Estás siendo críptica. —Sí. Las esquinas de la boca de Matthew se levantaron ligeramente. —Muy bien. Voy a permitirlo por ahora. Un cosquilleo se movió por la piel de Patience. Elevó sus cejas. —¿Lo permitirás? Matthew asintió. —Sí. Por ahora. —Continuó antes de que ella pudiera hacer más comentarios. —Vergüenza para todos tus admiradores que no saben que has elegido tu violonchelo antes que a ellos. Patience se encogió de hombros cuando Matthew la giró con la música. —No importa si les dije. Ellos nunca me creen. —No, no imagino que lo hagan. Cada uno quiere creer que será el único que ganará tu corazón. —Sus bellos ojos ahondaron en los de ella. —Eterna esperanza, Patience. —Sí. —Él tenía una tan sensual y besable boca. —Eterna esperanza. —Pobres almas, con su desesperada esperanza. —Su cabeza se inclinó más cerca. —Ninguno de ellos te tendrá jamás, ¿verdad? —No. —No. Porque ellos no saben lo que necesitas —La mano de Matthew apretaba alrededor de su cintura mientras que la giraba entre los bailarines. — Pero yo sé lo que necesitas, Patience. Soy el contraste perfecto para tus necesidades. El corazón de Patience se aceleró. Ella miró fijamente a sus oscuros ojos, tan profundos y atractivos ojos. La tentaba, casi más allá de su resistencia, por lo que parecía que él sabía algo que ella no, algo que la tocaba con una profunda e inexplicable fuerza. Y sin embargo, no podía controlarse, pero se acordaba de su tensa despedida en la galería. Ella no deseaba ser una sustituta de Rosalind. —Nunca es bueno ser el único que sigue los pasos de un amor perdido, Matthew. Y como ya he dicho, no puedo ofrecerte amor. Por lo tanto, quizá deberías tener una vuelta con otra persona. El conjunto de la boca de Matthew se suavizó y sus largas pestañas parpadearon con un suave pestañeo. —Eso sería una completa pérdida de tiempo, Patience. Eres la única mujer que deseo, la única mujer que puede satisfacerme. —Sus oscuros ojos sujetaron los suyos cuando él se apoyó cerca. —Quieres ser mía. Y voy a tenerte. Traducido por el GRUPO MR Página 30
  31. 31. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión La boca de Patience se secó, incluso cuando la humedad mojó sus muslos. Estaba segura de que ese día llegaría. Pero ahora que el momento estaba sobre ella, no sabía si podría pasar por ello. —Se que lo sientes —dijo él suavemente. —Siempre ha sido así, planeando entre nosotros. Lo sentiste en la galería la noche que nos besamos. Puedes sentirlo ahora. —Te veo. Te siento. —Sí, —respiró. —¿Pero por qué yo? ¿Por qué no otro? ¿Por qué no Montrose o Asher, o alguno de las otras docenas de hombre que te desean? Porque tú eres el hombre que me llama. —¿Por qué sólo es conmigo, Patience? Sus ojos eran hipnóticos. Ella no podía mantener la mirada lejos de ellos. —No sé porqué. Sólo sé que es así. Su mano se movió en su cintura, acercándola incluso más. Su voz llegó baja y suave. —Dame esta noche, sólo esta noche, y te explicaré por qué. ¡Esta noche! El calor inundó el útero de Patience y su corazón dio un vuelco en su pecho cuando rasgó sus ojos en los suyos. Señor, le deseaba, totalmente desesperada. Pero... ¿Qué si resultaba un error? —Patience. Miró de nuevo a la penetrante mirada de Matthew. —Un día cederás —dijo suavemente. —Porque yo te perseguiré hasta que lo hagas. Así que, ¿por qué aplazar el placer que podría ser tuyo esta noche? —El habló con tono casual. —No te estoy pidiendo amor, Patience. Ni tu mano. — Sus hombros se elevaron en un pequeño gesto. —Sólo quiero esta noche. —Se inclinó cerca de su oído. —Dame esta noche. Patience exhaló un tembloroso aliento. Él tenía razón. Un día cedería. Solo deseaba que él no lo supiera. Matthew la había hecho girar hasta el borde de la pista de baile y entonces apretó su muñeca. —Vamos. Ella se tensó y se detuvo. —¿Ir dónde? Escondidos en los pliegues de su falta, sus dedos acariciaron sus palmas. —Donde quiera que yo diga. Mirando fijamente sus oscuros ojos, su respiración se aceleró y un escalofrío la recorrió. No fue la respuesta que ella había esperado. Deseaba ir con él, anhelaba ir con él. Era como si hubiera una cadena invisible entre ellos, y él estuviera tirando. Pero, que Dios la ayudara, ¿dónde la llevaría? Miró a las parejas que daban vueltas alrededor de ellos y exhaló su última protesta. —¿Cómo puedo? Se inclinó más cerca y su voz baja era firme. Traducido por el GRUPO MR Página 31
  32. 32. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión —Puedes por tu hambre por algo que no conoces, algo que tienes miedo de reconocer siquiera. Pero voy a hacerlo fácil y simple para ti, porque lo que necesitas no puede ser preguntado; sólo puede ser tomado. Y soy el único que puede tomarte. Soy el único. —Retrocedió. —Ahora, no más palabras. A continuación presionó su mano contra su cintura y, empujándola por delante de él, la guió a través de la muchedumbre con la simple presión de la palma de su mano contra la parte baja de su espalda. La sangre de Patience se aceleró en sus venas. Sus tranquilas órdenes eran sorprendentes. Sin embargo, su reacción a ellas lo era más. Parte de ella quería girarse y rechazarle. Pero la parte más fuerte, ¿o la más débil?, sentía una caliente emoción y una urgencia por obedecer. Tirando de su brazo junto al suyo, la condujo de manera pausada y fueron saludando con la cabeza a la gente cuando les pasaban. Cejas levantadas y miradas especulativas les siguieron. Ella pensó en los horribles chismes y levantó su barbilla. No estaba avergonzada de ser vista con él. De hecho, no había ningún hombre con el que prefiriera estar. ¿Y por qué no debían ser vistos juntos? Era su cuñado después de todo. Pero cuanto más cerca llegaban a las puertas del amplio salón de baile, más rápidos eran los latidos cardiacos de Patience. Duda y deseo, incertidumbre y confianza, todo luchando por la preeminencia. Las puertas se avecinaban ante ella. Sus pasos vacilaron. Matthew bajó la mirada hacia ella y sus oscuros ojos parpadearon. —Vamos Patience. Sin dulces palabras, sin convencimientos. Él apretó su brazo en el suyo y una pesada palpitación pulsaba entre sus piernas. Sus firmes órdenes sublimaron su resistencia de una manera en que ninguna persuasión sería capaz. Caliente y nerviosa, cruzó el umbral. Cruzaron el amplio hall y subieron las escaleras que conducían a la tercera planta. Enmascarados huéspedes subían y bajaban a su alrededor, moviéndose desde la galería superior que pasaba por arriba del salón de baile. Mientras los acordes de otro vals flotaban desde la galería de los músicos, subieron al rellano y se dirigieron hacia el corredor que llevaba al ala de la familia. Allí se detuvieron. Matthew soltó su brazo y, mientras mantenía su expresión casual, habló en voz baja. —Justo en el pasillo del salón privado de tu hermana hay una mesa con una gran urna de flores en ella. ¿Sabes de qué hablo? —Sí. —Bien. Ve allí y espérame. —A continuación inclinó su cabeza como si fuera a ofrecerle las buenas noches. Ruborizándose, Patience asintió y se giró hacia el corredor. Los candelabros de pared iluminaban su camino con una parpadeante luz, y el sonido del baile se desvaneció. El silencio aumentó, más aumentaron sus nervios. Consideró darse la vuelta, pero parecía cobarde hacerlo ahora. Además, su deseo por él invalidaba su nerviosismo, por lo que pasó el pasillo que llevaba a su Traducido por el GRUPO MR Página 32
  33. 33. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión habitación y siguió adelante. Ella lo había recorrido muchas veces con el fin de visitar a su hermana. Pero esta noche, su destino final era... ¿dónde? Pasó el salón y apenas había alcanzado la mesa con la urna, cuando Matthew dio un paso desde una puerta junto a ella. Apenas tuvo tiempo para exhalar un suspiro de sorpresa antes de que él cogiera su mano y tirara de ella hacia él. Su pulso se aceleró mientras que él la giraba hacia un segundo corredor alejándola de los caminos familiares. No había estado nunca en esta parte de la casa. Estaba vacía y silenciosa. No podía oír casi nada del baile y su respiración sonaba fuerte. Echó una mirada a Matthew. Uno de los largos mechones de su ondulado cabello había caído hacia delante. Sin embargo, su fuerte perfil revelaba nada más que una deliberada intención. Él no dijo nada. Y entonces, cuando giraron otra esquina, tiró de ella para ponerla frente a él y la soltó. Patience miró fijamente un gran tapiz. Sólo dos puertas se enfrentaban en el pequeño pasillo. Ella se dio la vuelta. Tirando de sus guantes, Matthew la miró con unos ojos oscuros, entrecerrados. Su sensual boca estaba abierta pero no sonreía. —Quítate los guantes, Patience. A medida que desataba el pequeño botón del interior de su muñeca, se dio cuenta que ni siquiera se había parado a considerar si debía obedecerlo, sólo lo hizo. Tirando suavemente de la blanca piel de cabrito de sus dedos, alivió un brazo y después el otro de los largos guantes. Sosteniéndolos en una mano, de repente sintió una pequeña desprotección en sus desnudos brazos. Estaba quieta, prendida al lugar, mientras él la contemplaba. Pero sus dedos comenzaron a temblar, a medida que él se acercaba lentamente. Vio que sus pantalones formaban una tienda de campaña por una formidable erección. Una estela de deseo chorreó a través de ella. Tragó la humedad que se agrupaba en su boca y trató de calmar sus nervios mientras que él se detenía frente a ella. Él no dijo nada, sino que tendió su mano, con la palma hacia arriba. Sin estar segura, Patience puso sus guantes allí. Él los dobló y los puso en su bolsillo. A continuación dio un paso más cerca y levantó sus manos. Ella pensó que iba a abrazarla, pero en su lugar las deslizó a las cintas de su máscara y la arrancó. Patience exhaló cortas respiraciones mientras que la intensa mirada de él corría lentamente sobre sus rasgos. Señor, ¿él se perdía algún detalle de ella? El aire se sentía estático. ¿Iba a besarla, a abrazarla? Estaba parada, tensa. Sin embargo cuando él finalmente se movió, fue sólo para inclinarse contra el quicio de la puerta a su izquierda. Alcanzando el tirador, tiró de él hacia abajo y dejó que la puerta se abriera. Ella miró a sus oscuros ojos y después a la oscura habitación. Algunas parpadeantes luces enviaban tenues sombras bailando sobre la pared. Pero de pie en el iluminado pasillo, pudo ver poco más. Recordó las palabras de él. Te ocultaré en mi sombra… te encadenaré a mi lado… te daré todo lo que desees. Su clítoris vibró con hambre. Traducido por el GRUPO MR Página 33
  34. 34. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Ella miró hacia atrás al pasillo mal iluminado. Esta era su última oportunidad de cambiar de opinión. Pero, ¿qué sería de ella si regresaba? ¿A las interminables danzas con hombre que estaban demasiado ocupados mirándola embobados para bailar con ella apropiadamente? ¿A incesantes charlas con hombres que estaban más interesados en contarla sus opiniones que descubrir las suyas? ¿A insignificantes relaciones con hombres que solo querían estar entre sus piernas? Levantó su mirada hacia Matthew. Por supuesto, él deseaba estar entre sus piernas, también. ¿Cómo podía darle eso? Pensó en su hermana. Vestida como Afrodita, las entretelas de su vestido no bastaban para ocultar su embarazo de cinco meses. El baile y la caza serían su último evento social antes de su confinamiento. Patience puso su mano sobre su estómago liso. No podía arriesgarse a un niño por una noche. Volvió a mirar a Matthew. Sus hermosos ojos parecían desafiarla. Sin embargo no sabía si el desafío era para huir o para quedarse. Habló en una apurada respiración. —Soy virgen. Y tengo la intención de seguir así. Él levantó sus cejas. —¿Para siempre? —Por ahora. Él bajó sus ojos y pareció considerar todo por dos segundos antes de asentir. —Muy bien. Hasta que me digas lo contario, estoy de acuerdo en dejarte intacta. Patience asintió, incluso mientras pensaba en su otra preocupación. —Y si entro por esa puerta, ¿puedes asegurarme que pase lo que pase será entre nosotros? ¿Qué no estarás pensando en Rosalind? Matthew ni siquiera parpadeó. —Rosalind, ¿quién? —Eso es muy divertido, pero lo digo en serio. —Yo también. Patience miró a su inquebrantable mirada, pero no vio la menor pizca de humor allí. Volvió sus ojos a la oscura cámara. Vamos. Descubre el secreto que afirma tener. Es sólo una noche… Cerrando sus ojos, exhaló una profunda respiración. Dios y San Mateo me protejan. Entonces, con los ojos abiertos con determinación, caminó delante de él y cruzó el último umbral. Traducido por el GRUPO MR Página 34
  35. 35. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión CAPÍTULO 03 0 TODO LO QUE ELLA DESEE …Su mano izquierda está debajo de mi cabeza, y su mano derecha me abraza... CANCION DE SALOMÓN 2:6 Mientras la puerta se cerraba ruidosamente detrás de ella, oscureciendo la habitación, Patience se dio vuelta con un sobresalto. Repentinamente Matthew emergió, como un oscuro fantasma, de las sombras. —Bienvenida a mi inframundo, Perséfone. Patience jadeó mientras él la jalaba contra él, su brazo pasando apretadamente alrededor de su cintura y su mano deslizándose en su cabello. Ella apenas tomó un aliento antes de que su boca se abalanzara sobre la de ella. Sus ojos se cerraron y su sangre corría mientras su lengua empujaba entre sus labios separados. Su mano, acunando la parte de atrás de su cabeza, no permitió ninguna retirada de su beso exigente. La retirada no era una opción. Ese momento había pasado. Ella gimió y le sujetó más cerca. Su cuerpo estaba duro contra el de ella y su lengua acariciaba su paladar y rozaba sus dientes. Ella saboreó un indicio de brandy, mientras el olor a vetiver, rico y ámbar, llenaba sus sentidos. Sus brazos la soportaban y su presencia poderosa pareció rodearla. La humedad goteó sobre sus muslos mojados, y ella podía inhalar sólo pequeños suspiros mientras su lengua se conducía más profundamente en su boca abierta. Como un río, toda sensación pareció correr de su boca a la de ella, entonces en oleadas, con fuerza imparable, hacia el pulsante bienestar de su cuerpo de mujer. Con salvaje deseo, ella subió contra él, dándole beso por beso. Nada importaba sino este abrazo interminable. Ni siquiera respirar. Su cabeza giro y, a pesar de la palpitación que había empezado en sus oídos, ella oyó su gemido, bajo y profundo. Su mano se apretó en su pelo y entonces la otra estaba agarrando su barbilla. Él urgió a su boca a abrirse más mientras conducía su lengua más profundo, pareciendo probar las profundidades de ella. La sangre corría hacia su pulsante clítoris y su aire parecía desaparecer. Patience gimió y luego jadeó mientras él arrancaba sus labios de los de ella. Sus tibias respiraciones jadeantes se tocaron mientras él arrastraba los dedos a través de su boca temblorosa. —Nunca debería haberme alejado de ti antes, —él murmuró toscamente. — Nunca. —Él besó la curva de su mandíbula. El corazón de Patience dio un vuelco y luego se aceleró cuando él deslizó su dedo entre sus labios separados. Instintivamente, ella curvó la lengua y lo chupó en una exploración sensual. —Oh, Patience, eso es bueno, —susurró Matthew, introduciendo adentro otro dedo. —Muéstrame lo caliente y húmeda que tu boca puede ser. —Sus caderas se inclinaron contra ella. Traducido por el GRUPO MR Página 35
  36. 36. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Patience tembló de excitación y su clítoris pulsó mientras chupaba ávidamente sus largos dedos. Recordó las muchas veces que ella y sus hermanas habían espiado a Wilson, su mayordomo, mientras él había entregado su dosis diaria de eyaculación en la boca de Mary, la criada de arriba. Eso las había fascinado y las había excitado, pero fue ella la que había estado más encantada. Fue ella la que en verdad había hablado de atreverse a tomar el lugar de la criada. Fue ella la que había comenzado a robar a hurtadillas pepinos jóvenes del huerto en su cuarto, donde entre risas habían practicado el acto que tan ávidamente observaron. Ahora, mientras Matthew empujaba sus dedos en los húmedos recovecos de su boca, ella los chupó y su excitación jadeante llameo en una aun más urgente necesidad. Él levantó sus ojos de largas pestañas hacia los de ella y reflejando su feroz deseo. —Comprendes lo que quiero, ¿verdad? De hecho, estás deseosa de eso, ¿no es así? ¡Sí! Patience pestañeó lentamente. Su voz fue una baja y suave contradicción para la dura mirada que él dirigió sobre ella. —Eso es bueno. ¿Pero me pregunto... —él deslizó los dedos más profundo... —cómo sabe la hija virginal de un vicario tales cosas? —Él acercó su boca a la de ella. —¿Qué has estado haciendo, mi pequeña virgen? ¿Eres más Impaciencia que Paciencia5? Ella le contestó con un lento movimiento de su lengua a lo largo de la longitud de sus dedos mientras él los retiraba. Su boca, tan cercana, cubrió la de ella en un beso profundo, impresionante. El latido entre sus piernas aumentó. Sus rodillas se debilitaron. Y justo cuando ella pensó que podría colapsar a sus pies, él rompió el beso, y habló contra su boca jadeante. —Tienes la clase de belleza que pone duros a los hombres, Patience. Dime, ¿exactamente cuántas pollas has saboreado? —El fuego en sus ojos desmentía la calma de su voz. Su vagina se apretó. Con tantos pretendientes entusiastas como ella había tenido, la oportunidad había surgido muchas veces, pero ella nunca la había tomado. Nunca la había tomado porque nadie le había hecho sentirse así. —Nunca, —ella respiró. —Nunca, ninguna vez. Sus rasgos se endurecieron coléricamente y su mano se apretó en su pelo. —No me mientas. Lo que sea que ocurra entre nosotros, nunca me mientas. Ella se encontró con su mirada oscura. —No estoy mintiendo. —Ella sintió sus mejillas sonrojándose. —Pero he visto hacerlo, muchas veces. Nuestro mayordomo… y la criada del piso de arriba… La expresión de Matthew se suavizo al instante. —Ah, los sirvientes. Son maestros inestimables, ¿no es así? —Él besó la esquina de su boca. —Dime, ¿te excitó observarlos? 5 Juego de palabras. Patience (En inglés) = Paciencia (En español) (N. de T) Traducido por el GRUPO MR Página 36
  37. 37. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión —Sí. —Sus caderas se inclinaron mientras él llenaba su boca con otro beso minucioso que terminó casi tan como pronto como comenzó. —¿Soñabas con hacerlo? —Él preguntó. —¿Pensabas en eso mientras acariciabas tu dulce vagina? ¿Te corrías mientras te imaginabas cómo podría ser tener una agradable polla dura entre tus labios? Patience gimió. El brote de carne entre sus piernas se sentía como si fuera a estallar. —¿Lo hiciste? Ella miró perdidamente hacia los ojos oscuros de Matthew. —Sí, —ella admitió en un susurro. —Sí...muchas veces. —Bueno. —Su mandíbula se apretó y, tomando su mano, él la atrajo entre ellos. —¿Crees que puedes lograr poner tu bonita boca alrededor de esto? Patience jadeó mientras Matthew presionaba su mano en su erección. Su pene estaba duro y pesado, y ¡oh! tan grueso. Más grueso que el de Wilson, seguramente —más grueso aun que el de Jeremy Snap, el hijo del alfarero, aquel cuyo gran placer en la vida era mostrar vislumbres de su formidable pene a todas las señoritas de Lincolnshire. —No, ninguno de esos vigorosos órganos masculinos se comparaba con el que ella sentía ahora. Una humedad repentina llenó su boca y más goteó de su vagina mientras ella ansiosamente lo exploraba. La mandíbula de Matthew se apretó y sus caderas se flexionaron contra ella. —¿Lo quieres? —Sí. —Patience presionó un beso urgente en sus labios. —Sí, por favor. Él suavemente deslizó la corona de flores de su cabeza mientras su otra mano se movía tranquilizadoramente contra su cuero cabelludo. —Qué apropiadamente respondes, —él murmuró. —Pero, ¡ay de mí! no te complaceré. —¿Qué? —Patience retrocedió confundida. —Pero yo… Pero yo quiero… —¿Tú quieres? —Sus cejas oscuras se alzaron. —Mi dulce Patience, no estamos aquí para lo que tú quieres. Estamos aquí para lo que yo quiero. Patience pestañeó e intentó pensar después del bombardeo de sensaciones intoxicantes que corrieron a través de ella. —Pero tú hablaste de conocer mis deseos… La más suave, más bella sonrisa volvió a sus labios. —Sí, lo hice. —Él rozó su boca contra la de ella. —Eso es un gran acertijo, ¿verdad? Patience miró su cara bien parecida y sintió a sus pezones cosquillear. —No entiendo. Él la atrajo ante el calor de la hoguera de la chimenea. —Eso está bien. Lo harás, —él murmuró suavemente. Él colocó su corona de flores en la repisa de la chimenea y luego puso sus guantes allí también. Cuando él se volvió hacia ella, algo tembló en su mano. —A su tiempo, todo se hará evidente para ti. Es tan simple, realmente. —Él dio un paso cerca. Traducido por el GRUPO MR Página 37
  38. 38. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Ella alzó su boca para su beso. Pero ningún beso llegó. En lugar de eso, sintió un firme tirón hacia abajo en el frente de su vestido. Ella jadeó mientras su bajo corpiño repentinamente se aflojó y se zafó de sus hombros. Agarrándolo firmemente, ella miró hacia abajo y vio que Matthew había cortado los cordones de su traje estilo provinciano. Sus brazos la rodearon. Ella sintió otro tirón rápido en su cintura, y antes de que ella la pudiera agarrar, su falda cayó al piso en un montón vaporoso. Dando un paso atrás, él acercó un cuchillo delgado y lo puso en el bolsillo de su abrigo. Entonces extendió su mano hacia ella. —Dame tu vestido, —él le ordeno tranquilamente. Aturdida, Patience bajó la mirada a su corpiño flojo y el círculo de tela a sus pies. Ella pensó en rehusarse, ¿Pero qué sentido tenía negarse? Tal y como estaba, el vestido no le serviría. Ciertamente, tenía que idear alguna reparación para dejar la cámara. Temblando, ella salió de su corpiño y recogió sus faldas. Al menos todavía llevaba su ropa interior. Ella le dio el montón del traje descartado a él y luego casi se murió del susto cuando él lanzó todo en el fuego. Un pequeño grito se escapó de ella. El cuarto inmediatamente se oscureció. Ella podía oír sólo su rápida respiración. Y entonces el fuego llameo, más alto que antes, y Matthew estaba allí. Sus manos alcanzaron las de ella y, con un duro tirón, él desgarró la tela frágil de su cubrecorsé. Eso, también, alimentó el insaciable fuego. Ella permaneció, a la vez conmocionada y cautivada, mientras observaba su hermoso vestido convertirse en cenizas. Pero cuando él trató de alcanzar sus pololos6, los agarró. —No, —ella jadeó. Sus cejas se alzaron. —¿No? —Él encontró y sostuvo su mirada. —Tú no me dirás "no" a mí, Patience. Si hay algo que verdaderamente no puedas soportar, y quiero decir verdaderamente, entonces puedes decirlo, con la pena debida, no te puedo obligar en este momento. ¿Está eso claro? —Sí, —ella respiró, y entonces frunció el ceño ante la inmediatez de su respuesta. ¿No debería considerarlo antes de contestar? —Eso es bueno, —él dijo suavemente. Entonces, moviendo sus manos a la abertura en sus pololos, él partió la tela en la costura central. Él amortiguó su jadeo sorprendido con un beso tranquilizador. Fue tan suave, tan gentil. Parecía en contradicción completa para lo que él estaba haciendo, y todavía parecía completamente estar bien. Patience gimió, y sus brazos lo rodearon. Sin las capas de sus faldas, su erección presionaba dura y firme contra ella. —No pasa nada, ¿ves? —Él murmuró contra sus labios. —Todo está bien. — Retrocediendo, él la recorrió con la mirada y acarició con sus dedos su mejilla. —¿Verdad? Pololos: Pantalones bombachos cortos que se ponían debajo de la falda y la enagua, y formaban parte de la ropa interior femenina. (N. de T.) 6 Traducido por el GRUPO MR Página 38
  39. 39. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión De algún modo lo era. —Sí, —admitió Patience. Una sonrisa pequeña y breve volvió a sus labios. —Sí, por supuesto que lo es. —Entonces, con la ayuda del cuchillo, desgarró su pololo haciéndola trizas. Patience permaneció en mudo asombro, echando sus manos sobre el triángulo de rizos rojos entre sus piernas mientras la última de sus prendas de ropa interior era arrancada en jirones. Nada quedó sino algunos puntos de tela asomándose desde abajo de su corsé. Ella levantó sus amplios ojos hacia Matthew cuando él cortó los tirantes de su camisola para que los altos montículos de sus pechos estuvieran expuestos. Mientras ella clavaba los ojos en él, no pudo contener un gesto interrogativo. Aunque el calor del fuego calentaba su piel desnuda, ella tembló —no de frío, sino de deseo. —Parecía que cada cosa chocante que él hacía sólo hacia su deseo más y más feroz, hasta que ella tembló como un resorte enroscado. Matthew dio un paso hacia atrás para mirarla. Su cara bien parecida estaba tensa con el deseo, y sus ojos oscuros reflejaron la luz del fuego, haciéndolos parecer arder desde el interior. —Mueve tus manos, —él ordeno. Patience sintió a su sangre elevarse a sus mejillas y bajar hasta su ya hinchado clítoris. Sus dedos temblaron protectoramente sobre el brote de pulsante carne. Ella no podía obligarse a poner los brazos en sus costados. Nadie aun se había atrevido siquiera a soltarle el cabello, y mucho menos a exponerla de ese modo. Es por eso que lo necesitas. Él se atrevía a lo que otros no harían. Y todavía… —No puedo. —Su voz se quebró. Ella no quería dar una negativa absoluta, pero ella no podía moverse tampoco. Él la miró y su mirada se suavizó. —Temo que debes hacerlo, Patience, o lo haré yo. Patience apretó los ojos cerrados. Debería gritarle con justa indignación. ¿Dónde estaba su indignación? Ella intentó convocarla, pero encontró sólo una pasión ardiente, innegable en su lugar. Y aún... ella miró hacia abajo a sus manos... ella no podía moverse. Se estremeció mientras cuerpo, mente, pasión y orgullo, batallaban dentro de ella. Matthew dio un paso más cerca. —¿Es tan difícil? —Él susurró. Patience sintió manar unas lágrimas repentinas. ¡Dios mío, ella nunca lloraba! Pero estaba semidesnuda y vulnerable. No debería sentirse bien. Y aún así lo hacía. Se sentía perfecto y emocionante. —Sí. —Ella subió su mirada a la de él y contuvo las lágrimas. —Sí, es difícil. Traducido por el GRUPO MR Página 39
  40. 40. Patience LISA VALDEZ 2° de la Serie Pasión Un gemido bajo pareció atorarse en su garganta, y sus ojos bellos se clavaron en su rostro con absorta adoración. La dejó sin aliento. —Ah, mi dulce Patience, yo adoro la lucha en tus ojos, y las lágrimas que tú no te permitirás pues aprecio más eso que no es dado fácilmente. —Él agarró su polla a través de sus pantalones y lentamente se acarició a sí mismo. Su vientre se estremeció ante la vista, pero levantó su vista de nuevo a la de él mientras continuaba. —Cada emoción que experimentas ante mis órdenes me honra. Aprecio mucho cada una. Pero en última instancia... —él se soltó y depositó un beso tierno en su frente —Tu lucha siempre debe ser hacia la obediencia. Ahora, mueve las manos. La vagina de Patience latió con un deseo profundo, casi doloroso; El brote pulsante de carne que siempre le traía placer la torturaba ahora con su ardiente deseo de liberación. Cada palabra que él pronunciaba la encendía más, la hacía desearlo más. ¿Qué estaba mal con ella? ¿Y por qué debía obedecer? ¿Por qué quería obedecer? Sus emociones guerreaban dentro de ella pero, de alguna manera, la batalla sólo venía a aumentar su excitación. Ella bajó la mirada a sus manos otra vez y, con el máximo esfuerzo, forzó a sus brazos a sus costados. Sus músculos tiesos y rígidos por la tensión, ella presionó sus dedos contra sus muslos. —Ahí, —él susurró. —Eso está bien. Su alabanza, dicha tan quedamente, la calmó y la calentó. Pero en el siguiente momento, sus ojos se atormentaron otra vez ante la comprensión de lo que sus simples palabras podían afectarla. ¿Qué poder ejercía él sobre ella? Ella agachó la cabeza. —No, Patience. No escondas nada de mí. —Él inclinó la cara y presionó un beso suave contra sus labios. —¿No lo ves? Codicio cada respuesta tuya. Cada reacción preciosa que experimentas es un regalo para mí. —Sus ojos oscuros se movieron sobre su cara con una intensidad que ella nunca había visto. Nadie alguna vez la había mirado con tal concentración apasionada. —¿Comienzas a ver lo qué yo quiero de ti? —Sus manos calientes se movieron arriba de sus brazos en una caricia suave que envió un temblor abajo de su columna vertebral. —Quiero que me des todo lo que pido. Y quiero que no escondas nada de mí como lo haces. Una corriente de deseo corrió a través del cuerpo de Patience, dejando atrás un anhelo que estaba matizado con euforia y agitación. Él acarició con sus dedos a lo largo de la cima de sus hombros, entonces los arrastró sobre los lados de su cuello hasta su mandíbula, inclinándola hasta él. —Quiero ver cada lucha y cada victoria. Quiero ver cada lágrima preciosa y cada sonrisa magnífica. —Bajando las manos, él caminó lentamente detrás de ella. Ella se estremeció mientras sus dedos se doblaban sobre su trasero desnudo, apretando suavemente. —Quiero todo de ti, cada pizca de ti, todo para mí. —Patience suspiró y cerró los ojos mientras él besaba la piel suave detrás de su oído. —¿Sabes por qué quiero esto, mi dulce Patience? Ella gimió mientras él envolvía los brazos alrededor de ella y presionaba su cuerpo entero contra su espalda. Traducido por el GRUPO MR Página 40

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