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SinopsisCat Edwards ha pasado toda su vida jugando a la flor en el viento en un esfuerzopor escapar del peso represivo del...
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madera oscura y una iluminación tenue, el lugar tenía un ambiente acogedor, casiíntimo, a pesar de su tamaño. La barra en ...
deseando no haberle prometido a Lisa quedarse una hora más.Quería desesperadamente ir a casa a cambiarse. Nunca en su vida...
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Su cuerpo, sin embargo, tenía otras ideas.Tenía la cabeza inclinada hacia un lado, con la boca apoyada sobre la suya, y Ca...
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Capitulo 3Traducido por Mir, Xhessii y VettinaCorregido por CaamilleAl final del muelle, Cat observó el reflejo de la luna...
vibrando con la misma abrumadora necesidad que serpenteaba a través de sucuerpo.―¿Qué pasa si no quiero ir a casa?Él se mo...
La sorpresa iluminó sus ojos justo antes de que cayera, la parte inferior primero,en el agua fresca del océano. El splash ...
el borde del muelle, envió un escalofrío por su columna vertebral.―¿Quieres ir a nadar? ―Con una ceja arqueada, se puso en...
golpeaban su espalda, el agua fría contrastaba contra el calor de su cuerpo contra elde ella. La perversidad brillaba en s...
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Her knight in black leather by j. m. stewart

  1. 1. http://simplybooks.foroperu.org¡Descubre tu próxima aventura!
  2. 2. Staff- Moderadoras: Clau y Mona.- Traductoras - CorrectorasClau NanisAria Brenda CarpioVettina CaamilleXhessi carosoleMirSusanauribeAkanetMonaShadowyCuritibaLectoraNelly Vanessa- Recopilación y RevisiónNanis- Diseñonanuhd
  3. 3. Indiceo Sinopsiso Capítulo 1o Capítulo 2o Capítulo 3o Capítulo 4o Capítulo 5o Capítulo 6o Capítulo 7o Capítulo 8o Capítulo 9o Capítulo 10o Capítulo 11o Capítulo 12o Sobre el autor
  4. 4. SinopsisCat Edwards ha pasado toda su vida jugando a la flor en el viento en un esfuerzopor escapar del peso represivo del nombre empañado de su madre. Arrastrada a unbar por su mejor amiga en un esfuerzo por olvidar un corazón roto, el tímido ratónde biblioteca está decidido a ser otra persona durante la noche, pero pronto se levuelve todo de cabeza. Descubre que la caballerosidad no ha muerto después detodo, cuando un misterioso extraño viene a su rescate. Viste cuero negro y unasonrisa pícara que promete ser exactamente lo que necesita.Cuando su padre, quien sufre una enfermedad terminal, sufre un revés, MichaelBrant regresa a una ciudad a la que hace diez años juró nunca volvería. Ha venidoa casa esta vez decidido a hacer las paces con el pasado que le atormenta, pero estaren casa trae memorias que no quiere volver a recordar. En su primera noche en laciudad, es capturado por una damisela en apuros. La belleza de Cat se hace aúnmás atractiva cuando se da cuenta de que ella no tiene idea de quién es. Él no puederesistirse a pasar una sola noche en sus brazos. Con ella, es sólo un hombre,desconectado de su apellido y del pasado que lo persigue aquí.A medida que la ciudad entra en erupción con la noticia de su regreso, el oscuropasado de Michael vuelve para atormentarlo, poniendo a Cat en peligro. Alguienestá amenazando su vida y la de su familia. Desesperado por evitar que la historiase repita, Michael ofrece su apellido con el fin de mantenerla a salvo. Cuando lasespirales de mentiras superen su control, ¿podrán también detener a sus corazonesde enredarse?
  5. 5. Capitulo 1Traducido por ClauCorregido por Nanis―Nena, debes estar agotada.Cat Edwards contuvo un gemido mientras Hulk el borracho musculoso, un hombremás grande que ella que se veía como si pudiera presionarla dos veces contra labanca, se apoyó con fuerza en la barra a su lado. Sus ojos hacía tiempo que estabanvidriosos y una sonrisa tonta se extendía por su rostro rojo remolacha. Movió suscejas hacia ella, como si de alguna manera esperara impresionarla. ¿Con qué? ¿Conel hecho de que incluso apoyado en la barra apenas podía mantenerse en pie?Orando porque captara la señal y se fuera, negó con la cabeza y se volvió hacia subebida. Esa era, con mucho, la peor línea que había escuchado desde que llegó haceuna hora, y la había oído bastante. Al parecer, sentarse sola en el bar y tomar unacopa de vino hacía justo su juego.Cat lanzó una mirada alrededor, buscando en la pista de baile el rostro familiar desu compañera de cuarto y mejor amiga, Lisa Caldwell.Lisa había desaparecido hace dos canciones con un tipo muy parecido al queactualmente estaba colgando de la barra al lado de Cat y no había vuelto.No podía creer que el lugar estaba lleno. Crest Point contaba con doscientos milhabitantes y estaría dispuesta a apostar que todas las personas entre veintiuno ycuarenta y cinco años estaban esta noche en la taberna. Roadie´s publicitaba lamejor barra de comida en la costa de Oregón. Según Lisa, el lugar estabanormalmente vacío y silencioso. Al parecer, había sido parte de Crest Point desdeque la ciudad comenzó, hace más de un centenar de años atrás. Con paredes de
  6. 6. madera oscura y una iluminación tenue, el lugar tenía un ambiente acogedor, casiíntimo, a pesar de su tamaño. La barra en la que se sentó era pulida hasta brillar,con bordes tallados. Una vieja máquina de discos de estilo antiguo forraba unapared, pero en la parte trasera había un pequeño escenario alrededor del cual estabareunido casi todo el mundo.El pub presentaba bandas locales los fines de semana y, al ser viernes por lanoche, el grupo presente atraía una gran multitud.Cuerpos llenaban la pista de baile y se derramaban alrededor de las mesascercanas, con apenas espacio suficiente para moverse a través de la espesa multitud.La música golpeaba por todo el lugar, todos los cuerpos saltaban y se movían con elpalpitanteritmo.Cat buscó en la pista de baile otra vez esperando detectar cualquier signo de Lisaentre el mar de carne.¿Qué pasó con "noche de chicas", de todos modos?―¿No... no me vas a preguntar por qué? ―Sus palabras eran lentas y confusas, elhombre junto a ella se deslizó encima del mostrador y luego se irguió como si élmismo se sintiese atrapado.Cat suspiró.―No.Ya se sabía el chiste: “Porque has estado corriendo en mi mente todo el día”. Yahabía oído la misma línea dos veces esta noche, cuando había sido losuficientemente ingenua como para preguntar por qué.No podía dejar de sacudir la cabeza mientras miraba sobre él de nuevo. Él sequedó mirando su pecho y no se molestó en ocultarlo.Siguiendo su mirada, miró hacia abajo a su camiseta tipo tanque color salmón,
  7. 7. deseando no haberle prometido a Lisa quedarse una hora más.Quería desesperadamente ir a casa a cambiarse. Nunca en su vida había recibidotanta atención de la población masculina. Siendo una morena de apenas un metrosesenta, la mayoría de los hombres la pasaban por alto.En su mayor parte, era así como lo prefería.La camisa era de Lisa y, dado el estilo de su mejor amiga, era ajustada y de unatalla muy pequeña. El escote redondo era peligrosamente bajo, lo que combinado conla tela de algodón elástico, hacía que su sobre-dotación destacara como un letrero deneón parpadeante. Lisa la había convencido de que se veía bien y, para el momentoen que salieron de la casa, le había creído. Ahora, una hora y cinco hombresembobados más tarde, se sentía casi desnuda.―Déjamme ccomprarrte un trago entonces.―Tengo uno, gracias. ―Sin mirarlo, levantó su copa en dirección a él, rezando paraque captara la seña y se fuera.No quería ser grosera, pero había descubierto de mala manera que cualquierinteracción era tomada como estímulo. Cat puso su codo en el borde de la barra ygolpeó su barbilla en la mano.¡Qué manera de olvidarse de un corazón roto! Hace dos meses, había capturado asu ahora ex prometido, que también era su jefe, follándose a su rubia secretaria.Normalmente, no se habría sorprendido. La mayoría de los hombres que cruzaron suvida eran iguales. Había creído en Nick, le había permitido convencerla de que loschismes estaban equivocados. Había sido un ejercicio deprimente descubrir quedebía haber escuchado a sus entrañas. Por lo tanto, Lisa insistió en venir al bar estanoche. “Lo que necesitas”, dijo Lisa dos horas antes, “es salir y vivir un poco.Mostrarle a Nick que no lo necesitas”.En ese punto, Cat estuvo de acuerdo. ¿Ahora? Bueno, ahora sentía de una forma
  8. 8. distinta.Hasta el momento, no estaba viviendo, ni siquiera un poco. Lo único que habíaconseguido por su esfuerzo era miradas lascivas y manoseos. ¿Estaba haciendo estomal?―Bueno, entonces estás libre para bailar.El hombre junto a ella le tomó la mano y tiró de su brazo. Un movimientodestinado a ser suave y fresco se presentó como otra cosa dado su estado deembriaguez. Haló demasiado duro, perdiendo el equilibrio y tambaleándose haciaatrás.Habiendo tenido sus tacones enganchados en el peldaño más bajo del banco de labarra, Cat plantó los pies para evitar que la halara hasta el suelo.―Mira. ―Cuando se enderezó, tiró su mano hacia atrás y se volvió hacia él, sinmolestarse siquiera en ocultar la frustración hinchándose en su interior―. No estoyinteresada, ¿de acuerdo?―Tranquila. ―Él dejó escapar una risa y se sentó de bruces en el taburete a su lado.Casi resbala por la orilla, pero se las arregló para mantenerse en el último segundo.Cuando recobró el equilibrio, se inclinó hacia adelante y deslizó su mano sobre sumuslo―. Solo estoy siendo amigable.La lujuria y la determinación le llenaban los ojos, lo que le puso la piel de gallina.De pronto tuvo la escalofriante sensación de ser un gusano colgando en el extremode un anzuelo a punto de ser la cena. Este era un escenario familiar, uno que habíavivido demasiado tiempo. Los chicos en la escuela secundaria pensaban que susencantos podían hacerla cambiar de opinión. No importaba cuántas veces sacara lasmanos de ellos de sus piernas, volvían, y cada vez llegaban unos centímetros másarriba, acompañadas de sonrisas más amplias. Como si, de alguna manera,pensaran que con la suficiente persistencia lograrían llegar a su cueva. Para colmo,su aliento fétido la amordazaba.Cuando él trató otro agarre, esta vez sobre la mitad del muslo y comenzó a
  9. 9. avanzar unos centímetros, decidió que era hora de dejar de jugar bien. Apretó losdientes.―Quita tus manos...El resto de la frase murió en sus labios mientras un par de suaves, cálidas manosse deslizaban sobre sus hombros desnudos, dándoles un suave apretón. Cuandosiguió avanzando, esta vez por sus brazos, su espalda se tensó y apretó los dientes.Nunca más. Nunca regresaría aquí de nuevo y mataría a Lisa por dejarla sola.―Sígueme el juego. ―Su voz fluyó en su oído, rico y suave y sensualmente oscuro. Eltipo de voz que bien podría imaginar susurrándole en la oscuridad. Añadía, además,una pequeña picazón en la mejilla y, por un momento, su mente se retorció en otradirección, llenándose de fantasías traviesas. De repente, se moría por ver el rostrodetrás de la voz. Más alto, dijo―: ¿Me extrañaste?Sedosos labios suaves rozaron su oreja mientras hablaba, combinando con lacalidad profunda y sensual de su voz, lo que enviaba deliciosos escalofríosresbalando por su espalda.Por un momento, Cat se olvidó de respirar, se olvidó de lo que se suponía quedebía estar haciendo. En algún lugar a través de la neblina que se hizo cargo de sumente, finalmente le llegó la comprensión. Su cuerpo se relajó con alivio. Tuvo larepentina urgencia de dar media vuelta y abrazar al hombre. La caballerosidad nohabía muerto con el rey Arturo, después de todo.―Llegas tarde. ―Jugando su parte, se enderezó en su taburete y se remontó paraenredar sus dedos con los de él. Dedos suaves y gruesos que llenaban su menterecalentada con visiones de ellos deslizándose sobre la piel. La mano del patánfinalmente se apartó de su muslo, y Cat se tragó un suspiro de alivio, luego girópara mirar a su salvador―. Se suponía que estarías aquí...Su tren de pensamiento se descarriló cuando se encontró cara a cara con el centro
  10. 10. de un amplio pecho. Un grueso, musculoso pecho apenas contenido por unacamiseta negra que lo cubría. Su corazón se saltó varios latidos mientras seguía losmúsculos hacia arriba, más allá de los hombros aún más amplios, hasta que sumirada chocó con un par de ojos marrón oscuro que la dejaron sin aliento.Oh, muchacho. Apretó la boca y tragó saliva. Una sombra de barba cubría unamandíbula fuerte y cuadrada, dándole un borde áspero y rugoso. Su cabello espeso ycasi negro, lamía el cuello de la chaqueta de cuero gastado, lo suficiente para serrebelde y alborotado por el viento. Sus dedos se morían de ganas de llegar arriba ydeslizarse por el cabello para ver si se sentía tan suave como parecía.―Perdóname. ―Al inclinarse a nivel de sus ojos, los vio arder con un significadooculto en sus profundidades oscuras que no pudo entender. No podía concentrarsemucho más allá del hecho de que su rostro estaba ahora a un escaso centímetro delde ella. Su suave y cálido aliento se desplegaba de sus labios, y su mirada se quedóatrapada en aquella boca que le había enviado deliciosas sensaciones zumbando através de su cuerpo hace apenas un minuto.Antes de que pudiera pensar qué demonios quería decir o llegar a una respuestaadecuada, su juego dio un paso más allá.La besó.Una mano se deslizó en su cabello, ahuecando la parte posterior de su cabeza,mientras la malvada boca se apoderaba de ella. Atrapada con la guardia baja, Catluchó con cómo responder. Él la había sacado de un problema e impedido quetuviera que hacer una escena. Odiaba hacer escenas, simplemente porque su madrelas había hecho demasiadas veces.Así que Cat había luchado toda su vida por tratar de mezclarse con la multitud,sin darle a nadie una razón para mirar en su dirección. Una parte de ella decía quedebía estar agradecida con él. Otra parte gritaba que le diera una bofetada. Estabatomándose libertades que no debería permitirle.
  11. 11. Su cuerpo, sin embargo, tenía otras ideas.Tenía la cabeza inclinada hacia un lado, con la boca apoyada sobre la suya, y Catolvidó hasta su nombre.La forma en que sus cálidos labios de terciopelo cubrían los de ella, hacía que sucabeza nadara, jugara y tomara parte en un gentil pero demandante intercambio.Como un amante regular que sabía cómo hacerla fundir a su antojo. No tenía esesabor amargo a cerveza que le daba ganas de vomitar.Sólo calor, humedad embriagadora que le drenaba, haciéndole tirar su cabezahacia atrás y abrirse para él. Un pequeño gemido de rendición salió de su boca y,antes de que pudiera pensar en detenerse, Cat se apoyó en él.Tan abruptamente como la había besado, se apartó. Mareada y sin aliento, Catabrió los ojos y se agarró del borde del mostrador para mantener el equilibrio, yluego trató de concentrarse en calmar el feroz latido de su corazón.Mirándola fijamente, con asombro danzando en sus ojos oscuros, su salvadormurmuró:―Lo siento, amigo, ella está tomada.Sus mejillas ardieron cuando la realización la golpeó. Oh, ella no acaba de hacerlo.No había besado a un desconocido en medio de un ruidoso bar.Buen Dios. Había hecho exactamente eso.No sólo le había gustado, sino que además le había devuelto el beso.La emoción agitaba dentro de ella, una sensación de vértigo que brotaba comodemasiado champán, cálido y hormigueante. La sensación mezclada con undesasosiego la había dejado temblando.Antes de salir del apartamento, Lisa le había dicho: “Sólo por esta noche, Cat, dejade ser tú y déjate ir. Date permiso para tener un poco de diversión”. ¿Era eso lo quesu intrépida mejor amiga entendía por “dejarse ir”? ¿El simple lujo de permitirse
  12. 12. disfrutar de besar a un desconocido?Bueno, está bien, tal vez no lo era. La Idea de Lisa de soltarse implicabageneralmente grandes cantidades de alcohol, música fuerte y hombres con grandesmúsculos. Seres que por lo general llegan a casa con ella. El lema de Lisa era "sólose vive una vez".Sin embargo Cat tenía que admitir, que el hombre era fenomenal besando. Sólo así misma se admitiría alguna vez que lo había, de hecho, disfrutado.El borracho se alejó a trompicones. Cuando su salvador se sentó en el taburetejunto a Cat, todo dentro de ella se apretó. Le temblaban las manos y estruendosasmariposas se dieron a la fuga en su estómago. Oh Dios, ¿qué debía decir? No habíahecho nada de esto en meses. No había salido con nadie, excepto Nick en más de unaño y medio.Diablos, ¿a quién quería engañar? No había salido mucho y punto.―Lo siento ―dijo su salvador a su lado―. Fue lo único que se me ocurrió.Ella se giró para mirarlo.Un hombro se levantó en un gesto a medias, pero ese brillo travieso no habíadesaparecido de sus ojos.Ella le ofreció una sonrisa de agradecimiento.―Aprecio el esfuerzo. Gracias.―Se podría decir que ya recibí mi agradecimiento. ―Le guiñó un ojo, su bocacurvándose en una sonrisa de medio lado que le hacía aparecer un hoyuelo en lamejilla.Cat no podía dejar de mirar fijamente su sonrisa deslumbrante. Se preguntócuántas mujeres había cautivado con ese hoyuelo.También se preguntó qué mirada cruzaría sus ojos oscuros actualmente bailandoante ella, si se inclinaba y lo besaba. Su estómago revoloteó en respuesta, llevando
  13. 13. sus latidos a otro nivel. Que Dios la ayudara, el hombre era atractivo sexualandante. Un chico malo que pertenecía a la parte trasera de una Harley, todo alto,oscuro y misterioso. Solo mirarlo hacía que su lengua se anudara. Toda ella era unnudo.Sonrió de nuevo, esta vez más blando, más relajado y extendió la mano.―Soy Michael.Algo en esa sonrisa, sin embargo, provocó un cambio en su interior. Tan natural yrelajado, aliviaba los nudos nerviosos en su vientre. Dibujando en el calor queirradiaba de él, ella deslizó su mano en la suya.―Cat.Él arqueó una ceja, divertido, bromeando.―¿Alguien alguna vez te llamo gatito?Cat quiso rodar sus ojos. Durante años la gente se había burlado de ella con eseapodo tantas veces que no podía contarlas todas con las dos manos y los diez dedosde los pies. Por lo general, las llamadas a Cat venían con rondas de "aquí, gatito,gatito, gatito" y risas de los chicos. Los ojos de Michael bailaban con una potentemezcla de diversión y diabluras que hacían que su corazón dejara de latir. Se sintiófuertemente presionada a no reírse en respuesta.Entrecerró los ojos juguetonamente.―Nadie que valore su vida. ―Luego levantó una ceja, devolviendo la pelota a sucancha. Dos podían jugar ese juego―. ¿La gente te llama Mike?La comisura de su boca se torció.―Nadie que en realidad quiera que responda.El camarero, un rubio un poco mayor que la multitud de veinteañeros que llenabael lugar, apareció delante de ellos, inclinó sus manos sobre la barra y se volvió haciaMichael.―¿Cerveza?Michael asintió con la cabeza.
  14. 14. ―Lo que sea que hay en el barril.―¿Quieres una recarga, cariño? ―Asintió el barman en la dirección de su copa mediovacía.―No, gracias. ―Después de haber visto a su madre beber debajo de la mesademasiadas veces, se conocía. Dos era definitivamente su límite. Le permitíadisfrutar de un par de copas de vino con sus amigos sin llegar a tener la mentenublada.Michael apoyó el codo en la barra, con la cabeza casualmente apoyada sobre supuño.―Una mujer como tú no tiene ninguna oportunidad en un lugar como este, ya sabes.¿Era su versión de una línea de levante? Si lo fuera, funcionaba. Estaba intrigada.Ella arqueó una ceja.―¿Una mujer como yo?―Mm. ―Las comisuras de su boca se relajaron, su expresión se suavizó, divertida.Su mirada revoloteó sobre ella, deslizándose por su cuerpo detalladamente. Cuandola miró de nuevo, una llamarada de calor llenó sus ojos. Un casi murmullo desatisfacción hizo que cada centímetro de ella de repente se avivara ante laconciencia―. No parece como que pertenecieras aquí.Haciendo caso omiso a la piel de gallina ahora haciéndose presente en la superficiede su piel, se obligó a concentrarse en sus palabras.―Ni tú. Te ves más como si deberías estar en un bar de moteros en algún lugar,rodeado de hombres barbudos vestidos de cuero manejando Harleys.Una risa retumbó fuera de él.―Es verdad, pero te quedarías fuera. Eres un poco blanda para ese lugar. Te vesmás como si pertenecieras a una biblioteca. ―Las comisuras de sus labios securvaron en una sonrisa suave―. También parecías incómoda. Es por eso que medetuve a ayudarte.
  15. 15. Quería reír. Él la había analizado.―En realidad, tienes razón. ―Dejó escapar un suspiro―. No suelo ver la necesidad dellegar a un bar. Si quiero una copa de vino, compro una botella y disfruto de ellamientras leo. Una amiga me convenció de que viniera y luego me abandonó.―Levantó su vaso y bebió un sorbo de vino, lanzando una mirada de reojo―. Podríahaberlo manejado, ya sabes. Mi madre me enseñó autodefensa.Él arqueó una oscura ceja y la estudió por un momento.―Habría pagado un buen dinero por verte ponerlo en su lugar, pero odiaría verte conlos nudillos fracturados por darle un puñetazo. Su mandíbula parecía muy sólida.―Éltomó su mano de donde reposaba sobre su muslo, deslizando el pulgar sobre susnudillos, haciéndola sentir más escalofríos que ponían la carne de gallina en subrazo.Tenía las manos más fantásticas. Muy masculinas, de palma amplia y dedoslargos, con una almohadilla gruesa en la base del pulgar, sin embargo, su piel erasuave como la seda y libre de callos. No encajaba con la imagen salvaje quemostraba. Según su experiencia, manos como éstas pertenecían a hombres quepermanecían sentados detrás de un escritorio todo el día, que llevaban pantalonesarrugados y corbatas de seda. El pensamiento hacía que Cat se preguntara quéhacía para ganarse la vida. Luego le hizo preguntarse cómo se sentirían esas manosdeslizándose sobre su piel...Se sacudió el pensamiento y levantó las manos en señal de derrota.―Está bien, tú ganas. Estaba en desventaja y me rescataste. Te debo una.Las comisuras de su boca se curvaron, la satisfacción y gratificación iluminaronsus ojos.―¿Entonces, viniste por la banda?El camarero regresó con la bebida, y Michael le dio las gracias antes de volverse
  16. 16. hacia ella y enrollar su mano alrededor de la copa.―Nope. Sólo quería una cerveza. ―Levantó un hombro de una manera pocoentusiasta.Ella no pudo evitar sonreír.―Por suerte para mí entraste cuando lo hiciste.―Suertuda ―le dijo y le sostuvo la mirada, de párpados pesados y una expresiónsuave y cautivadora durante el tiempo que le llevó tomar un tembloroso suspiro.Líquidos y profundos como piscinas, tenía la sensación de que podría perderse enesos ojos. El hombre tenía ojos de dormitorio, pero lo encontraba extrañamenteabierto y honesto, como si no sintiera la necesidad de esconderse detrás depretextos. Sí, definitivamente había cautivado a decenas de mujeres con esos ojos yesa sonrisa. De hecho, ahora hacía que se le cayeran las bragas.Agarró el tallo de su copa con dedos temblorosos y le dio vueltas sobre elmostrador. El instinto le decía que se levantara y fuera a buscar a Lisa.Pensamientos como aquellos la meterían en un mundo de problemas. Ya lo habíanhecho. Había dejado que nublaran su juicio, haciéndola creer en Nick, y en un“felices para siempre”. Ahora sabía la verdad, ¿no era así?Su corazón se retorció con un dolor familiar, y la ira se levantó de nuevo. Volvió aoír en su cabeza la voz de Lisa. “Uno no puede simplemente sentarse aquí yrevolcarse en la autocompasión Cat. ¡Fuera, regresa a ese caballo y demuéstrale aNick que no lo necesitas!".Ella miró a Michael. Todavía la miraba, pero el calor de antes se había derretidoen algo más sombrío. No haría daño sentarse y tomar algunos tragos... ¿verdad?Arqueó las cejas mientras levantaba su copa hacia la boca y bebió un sorbo.―¿Te quedarás un rato o simplemente de paso? No puedo decir que conozco a todo elmundo en la ciudad, pero estoy bastante segura de que me acordaría de ti.―Me quedaré por un tiempo. Vine a visitar a la familia. ―Algo brilló en sus ojos, una
  17. 17. pizca de algo que se fue antes de que hubiera captado lo que había sido―.Simplemente hace tiempo que no vuelvo.Su reacción molestaba el fondo de su mente. Parecía, que por un momento, estuvoa punto de encerrarse. Su cuerpo se puso rígido a su lado, la chispa traviesa que lehacía tan peligroso y tan sexy a la vez se borró de su comportamiento entero.Así como una muy ligera insinuación de una herida que no podía ocultar. Sentarseallí y ver la pesadez de repente colgar sobre él, le hizo preguntarse qué significabapara él venir a esta ciudad. También le daba un sentido de camaradería con él.Regresar a la ciudad hace tres años tampoco había sido fácil para ella.Había ido a vivir con su padre cuando tenía dieciséis años y rápidamente aprendióque Crest Point era la clase de ciudad pequeña en la que todos se conocían. Lo quesignificaba que todo el mundo estaba metido en tus asuntos y la gente tenía ciertasexpectativas. Podría ser muy pintoresco y encantador. Hay gente aquí que daría suvida por los demás.La gente también hablaba porque no tenía nada mejor que hacer. Vivir aquísiempre la hacía sentir como si viviera en una pecera. No podía ocultarse. Eso eradesconcertante.¿Había llegado a la barra por la misma razón que ella, para escapar de algo? labibliotecaria conservadora en ella insistía en que debía levantarse, pero unabrumador deseo de entablar conversación con él se apoderaba de ella, aunque sólofuera para ver ese brillo travieso alcanzar de nuevo sus ojos.―Entonces. ―Levantó su vaso y bebió un sorbo de vino―. ¿Asumo que acabas dellegara la ciudad, entonces?Volvió la cabeza, parecía estudiarla un momento y luego asintió.―Vine directamente de la carretera.―¿De dónde?―Los Ángeles.
  18. 18. Sorprendida, alzó las cejas.―Es un largo viaje. Debes estar cansado.Se encogió de hombros, relajado y sin arrepentimientos.―Me tomé mi tiempo, conduje por la costa.La simple afirmación le dijo mucho sobre él. Es decir, que no tenía demasiadaprisa como para no apreciar la belleza de la naturaleza. En la superficie parecíantan diferentes, sin embargo ya tenían algo en común.―Hay hermosas playas durante toda la ruta. También algunos de los mejoresatardeceres que he visto.La sorpresa se encendió en sus ojos, las cejas aumentando.―¿Haz estado por allí?Ella asintió con la cabeza.―Cuando tenía trece años. Mi madre y yo nos mudamos de Los Ángeles a Seattle.Uno de los recuerdos más agradables que tenía de su infancia y de la mujer que lacrió.―Algo en común ―murmuró él las palabras, con asombro y diversión en su voz.Relajó su postura, el calor llenaba sus ojos con un triunfo creciente en su pecho.Tomó un sorbo de su cerveza―. Y, ¿dónde está tu amiga?―Oh, Lisa me abandonó por un tipo con grandes bíceps. ―Ella se inclinó más, logróencontrar realmente a Lisa entre la multitud reunida en la pista de baile, y laseñaló―.¿Ves a la niña en el vestido rojo apretado? Esa sería mi cita de esta noche. ¿Ves alchico con ella? El tipo que despachaste habría sido simplemente su tipo.Francamente, me iría, pero le prometí que al menos trataría de pasar un buen rato.Eso es lo que se supone que estoy haciendo aquí.Ella suspiró y apoyó la cara en su mano.¿Sonaba tan patética como se sentía?―Tienes razón. Normalmente me paso los sábados por la noche acurrucada con unbuen
  19. 19. libro. Toda esta escena de bar no es lo mío. Es un poco abrumador, en realidad. Lamúsica es un poco demasiado fuerte, el ritmo hace latir mi cabeza, y el gran númerode personas me vuelve un poco claustrofóbica.Se había sentado en la barra, porque allí la multitud era menos numerosa, y notenía que gritar para que la escucharan. Era patético, realmente. Tenía veinticincoaños pero parecía de cuarenta. Este tipo de escena debería ser exactamente lo quealguien de su edad buscaba. Siempre se había sentido mayor a su edad.―Entonces, si se supone que deberías estar muy divertida, ¿por qué no estásbailando por ahí?― Él levantó una ceja en un divertido reto.Ella le lanzó una sonrisa irónica.―Oh, eso es fácil. Me acobardé. Me siento como un pez fuera del agua aquí. Lisa selevantó a bailar, pero yo no pude ser tan audaz. ―Negó con la cabeza―. Bailar solase siente patético.Sus ojos se estrecharon. Se sentó estudiándola durante tanto tiempo y con talintensidad, que se removió bajo el calor de su mirada, apretó las manos temblorosasy jugueteó con la servilleta. Le hizo preguntarse qué era lo que veía, la hizo sentirsecomo ese pez en la pecera de nuevo, y el alhelí dentro de ella quería de repentefundirse con el suelo.Cuando se bajó del taburete y se puso de pie junto a ella, su corazón dio un vuelco.Grandioso. El único hombre interesante que había conocido en toda la noche, ylograba ahuyentarlo siendo la misma aburrida tonta.―Baila conmigo.Ante el sonido de su voz, sacudió la cabeza en dirección a él, incapaz de detener lasorpresa que rebotaba dentro de su pecho. Se había quitado la chaqueta y colocadoenel taburete, manteniendo una mano en silenciosa invitación. La suavidad de sus ojoscasi le invitó a aceptarlo.La voz de Lisa resonó en su cabeza. "Sal y vive un poco, Cat. Sé alguien que noeres”.
  20. 20. Lisa tenía razón. ¿Cómo podía herirla un baile?Cuando deslizó la mano en la suya, él le sonrió, luego le tomó la otra y suavementela ayudó a ponerse de pie. Por un momento, se quedaron mirándose el uno al otro,esos ojos negros encapuchados, llenos con un algo misterioso que la hacía temblar denuevo con esa abrumadora sensación de auto conciencia.Tenía a su mente recordándole ese beso de nuevo, y de pronto, sintió que moríapor otra probada. No parecía estar sola en ese sentimiento, por su mirada, elhambre brillaba en sus ojos, moderada, pero de todos modos presente.Un instante después, le soltó la mano y se volvió, conduciéndola en silencio através de la multitud de gente hacia el centro de la pista de baile. La canción que labanda tocaba cambió, y los acordes de un ritmo más suave llenaron la habitación.La gente alrededor de ellos se emparejó. Sus nervios saltaron. Enaproximadamente dos segundos iba a envolverla en sus brazos. Sentiría su cuerpolargo y duro contra el de ella, y cada deliciosa sensación parecía dirigirse hacia elsur, presionando entre sus muslos.Sin embargo, Michael no envolvió sus brazos alrededor de su cintura de la maneraque esperaba. En su lugar, posó una mano en la parte baja de su espalda mientrasla haló contra él. Su otra mano apretó la de ella y se las guardó en su pecho.La posición formal de baile la sacó de balance de nuevo y contradijo la imagensalvaje que ofrecía. Insinuaba más sorpresas debajo de la superficie, y el cielo laayudara, pero anhelaba descubrir todos y cada uno de ellos, para encontrar alhombre detrás de la máscara.Una parte de su mente gritaba en advertencia. ¿Estaba loca? Acaba de conocer aeste hombre. Ella no hacía este tipo de cosas. Este era el estilo de Lisa, no el suyo.No importaba que su compromiso con Nick acabara de terminar. Lo último quenecesitaba era involucrarse de nuevo tan pronto.Michael abrumaba sus sentidos.
  21. 21. Su presencia exigía atención. Sospechaba que donde quiera que fuera, destacabaentre la multitud. No por lo que dijera o hiciera, sino por la confianza que emanabade su comportamiento. Como si no le importara lo que pensaran las demás personas.Sin embargo, había una abierta honestidad en él que la desarmaba completamente.Justo en lo que no debería confiar.Por el momento, con ese cuerpo fuerte y todos esos músculos apretados contra ella,no podía ni recordar su nombre, mucho menos por qué ésta era una mala idea. Él laabrazaba tan cerca que sus senos rozaban el sólido muro de su pecho. Susmusculosos muslos se deslizaban contra los de ella, mientras se movían al ritmo dela suave música. Su olor, una mezcla de jabón, algo de cuero y todo de hombre, laenvolvía, llenando sus pulmones en una fuerte ráfaga cada vez que inhalaba. Paraese momento, se sentía... envuelta en él. Un lugar en el que de repente anhelabaestar.―Entonces, ¿quién fue el que te rompió el corazón y te envió a un lugar como este atratar de olvidar? ―Su voz sonó como un zumbido silencioso en su oído, su alientocaliente contra su lóbulo sensible, enviando pequeños temblores por su espinadorsal. No le fue mucho mejor cuando se apartó para ver sus ojos. Esos fondososcuros, líquido a fuego lento con deseo pulsaban a través de ella. Sin embargo, algoacerca de ellos irradiaba un calor honesto que la hacía sentir reconfortada.―Eres muy perspicaz.―He estado allí. ―Él se encogió de hombros despreocupadamente, pero sus ojosmostraban la verdad. Alguna vez, alguien había roto su corazón.Ese conocimiento era otra pieza que se filtraba dentro y le daba ese sentido decompañerismo.―Encontré a mi prometido con su asistente en su oficina. Además él era mi jefe. Letiré el anillo en la cara y renuncié al trabajo. El solo pensar en ese día me haceenojar de nuevo. Me había olvidado de mi bolso y regresé, encontrándolo con lospantalones enredados en sus tobillos. Ni siquiera se había molestado en cerrar lapuerta de su oficina.
  22. 22. Ella bajó la mirada al suelo, el rubor de la humillación calentaba sus mejillas.¿Cómo podía haber sido tan ingenua, tan ciega? Nick era de una de las familiasmás prominentes de la ciudad, ricos y poderosos. No había sido más que un juguetepara él, una excursión. Un año de su vida desperdiciada.―Es su pérdida, si me preguntas. ―La voz de Michael retumbó baja y ronca al ladode su oreja. La arrancó de esos pensamientos, volviendo a centrarse en el hombreque la sujetaba. Un hombre cuya intensa mirada la hacía sentir como la única mujeren la habitación. Algo que, ahora tarde reconocía, Nick no le había hecho sentir. Unacálida sonrisa tiró de las comisuras de la boca de Michael. Le guiñó un ojo―. Pero miganancia.Mientras lo miraba, eso la golpeó.El corazón le retumbaba en sus oídos, amenazando con golpearla directamente enel pecho. Lisa tenía razón. Ya era hora de dejar de vivir en las sombras. Esta nochequería libertad. Eso era lo que Michael representaba, una oportunidad de libertad.Con él, no tenía que fingir ni preocuparse por el qué dirán. Podía ser... Cat. Inclusosi lo único que hacían era bailar.Permitiéndose a sí misma ese momento, se apretó tímidamente y apoyó la cabezacontra su pecho. El brazo de él se apretó alrededor de su cintura y la envolvió en supoderoso abrazo, un lugar inquietante en el que estar, simplemente porque se sentíatan natural, tan cómodo. El hombre la llenaba de calor y la confortaba.Cuanto más tiempo se balanceaban con la suave música, más sus brazos seubicaban exactamente donde quería que estuvieran.―No bailas como un hombre que corre una moto.―¿Cómo sabes que corro? ―Su voz retumbó en su pecho, su corazón martillandodebajo de la oreja, diciéndole que no era el único afectado por su proximidad.Ella levantó la cabeza, mirando hacia él.―Conjetura afortunada.
  23. 23. ―¿Alguna vez has montado? ―Algo intenso destelló en sus ojos.Ella asintió con la cabeza.―Una vez, cuando era pequeña. El novio de mi madre. Nos estrellamos, y me rompíel brazo. ―Se estremeció ante el recuerdo. Después de eso pasó una semana en elhospital. Eran máquinas hermosas y nunca había olvidado la alegría y la libertad deviajar, pero la visión de hacerlo todavía la hacía vacilar―. Les he tenido miedo desdeentonces.Él se quedó en silencio durante tanto tiempo que podría jurar haber escuchado losengranajes girando en su cerebro. Por último, apoyó la cabeza junto a su oreja.―Estarías a salvo conmigo ―susurró las palabras, moviendo los labios contra suoreja sensible, enviando escalofríos por su espina dorsal.Sus palabras inspiraron imágenes: sentada detrás de él, con el frente enteropresionado íntimamente contra su espalda. Si cerraba los ojos, podía sentir todosesos músculos mientras enrollaba sus brazos alrededor de él y se agarraba confuerza. La emoción del viento en su cabello, el motor debajo de ella y un magníficohombre al que aferrarse...Esos ojos oscuros, una vez más la atraparon y la mantuvieron prisioneravoluntaria.―¿Es una promesa?Él negó con la cabeza, su mirada cociendo a fuego lento con la promesa delmomento.―No. Podría fácilmente ser golpeado de refilón por un idiota hablando por teléfono.A veces tienes que estar dispuesto a correr el riesgo. Si no lo haces, no estásrealmente vivo.Un estremecimiento la recorrió, una mezcla de miedo y excitación corriendo por suespina dorsal ante esas familiares palabras. Tenía que ser una señal.Todo lo que alguna vez había aprendido mientras crecía le gritaba que le dijera
  24. 24. que no. Esta no era ella. Normalmente no haría nunca algo tan atrevido como esto, yMichael no era normalmente su tipo. Pero, ¿no era ese el punto? ¿Ser alguien máspor una noche? ¿Ser libre?Michael tiró de ella imperceptiblemente más cerca.―Toma un paseo conmigo, Cat.Su tono de voz casi le suplicaba que dijera que sí. Su mirada grabada en ella.¿Estaba pensando en la idea de ella aferrándose a su espalda como una segundapiel? ¿La sensación de sus manos sosteniéndolo cerca? Otro escalofrío se deslizó porsu espalda, agrupándose caliente y deliciosamente en su vientre.―Me encantaría.
  25. 25. Capitulo 2Traducido por Aria y VettinaCorregido por Brenda Carpio―Aquí, ponte esto.De pie con Cat en el borde de la acera fuera del bar, Michael Brant deslizó suchaqueta por sus hombros y se la extendió. Para ser principios de julio, era unanoche balsámica, más cálida de lo normal, y el cielo estaba despejado. Una nocheperfecta para dar una vuelta. El pueblo estaba silencioso; el único sonido venía de lamúsica palpitante de detrás de ellos.―En caso de choque. ―Cat miró su chaqueta mientras él cerraba la pequeñadistancia que los separaba, y aunque ella ofreció una sonrisa burlona, un perceptivoindicio de temor brilló en sus ojos.Preciosos ojos de jade enmarcados por largas y oscuras pestañas la hacían parecertan exótica como el perfume pegado a su piel. Sutil pero poderoso a la vez, lafragancia le recordaba especias calientes. Algo sobre eso le hacía querer enterrar surostro en su cuello.Ese perfume y esos ojos. Se había quedado prendado desde el momento en que ellase dio la vuelta en ese taburete. En vez de dirigirse a la parte trasera del club paraencontrar a su hermano mayor, de la forma en que había previsto, se quedóalrededor. Había venido a Roadie para obtener la verdad de Gabe antes de quetuviera que dirigirse al hospital en la mañana. Quería saber en qué se estabametiendo antes de ir a ver a su padre. Luego había chocado con el desenfrenadodeseo en esos preciosos ojos. Lo había sentido en su beso. No había sido capaz deresistir su tentación.―Estás mostrando un poco demasiada piel para mi gusto. ―Mientras giraba la
  26. 26. chaqueta por detrás de ella y la ponía sobre sus hombros, le ofreció una sonrisatranquilizadora―. Por supuesto, me haría sentir mucho mejor si estuvieras usandopantalones, pero vamos a arreglarnos con lo que tenemos. ―Le guiñó un ojo,esperando hacerla sentir cómoda, ganándose una sonrisa suave que encendió esosojos.―Si hubiera sabido que iba a dar una vuelta contigo cuando salí de casa esta noche,habría usado pantalones vaqueros. ―Metió sus brazos por las mangas, con un brillocómplice en sus ojos, luego se volvió hacia su moto. Con la cabeza inclinada, caminóla longitud desde el guardabarros trasero hasta la rueda delantera, arrastrando susdedos a lo largo de las colinas y los valles de cuero y metal.El estómago de Michael se hizo un nudo mientras la observaba. La visión de ellaen su chaqueta tiró de algo más profundo. Hundió su pequeña y delgada forma ycolgaba más allá de su trasero. Sus manos se habían perdido en las mangas, perolucía extrañamente bien en ella. Alguna parte de él insistía en que no debería estaraquí con ella. No necesitaba más complicaciones ahora mismo. Había venido a casapara poner a descansar su pasado, y no necesitaba ninguna distracción mientrasestaba aquí.Mientras Cat redondeaba el guardabarros delantero y bajaba de la acera a la calle,lanzó una sonrisa sobre su hombro.―Tienes una bonita moto, Michael.En cualquier otra, esa mirada habría sido un obvio flirteo, una mujer provocando,haciéndose la tímida. En ella era simple y honesto.Lo cual resumía qué sobre ella le había atrapado como a un pez en el anzuelo.Tenía una cualidad dulce e inocente. La mayoría de las mujeres habrían tumbado aese tipo en el bar, pero Cat pareció estar fuera de su elemento. Apostaría dinero aque era leal y de corazón blando, el tipo de mujer que un hombre encontrabaesperándolo cuando volvía a casa por la noche. No podía recordar la última vez que
  27. 27. una mujer había sido sincera con él. Lo cual la hacía irresistible.Cruzó sus brazos sobre su pecho.―Gracias. Estoy enamorado de ella.Cat tenía un paso lento y sencillo mientras se movía alrededor de la parte traserade la moto, todavía arrastrando sus dedos. Su mirada se clavó en el suave balanceode sus caderas, la manera en que el ligero material de su falda se arremolinabaalrededor de sus delicados tobillos. Caminaba con una gracia fluida, cada paso ligeroy suave y completamente hipnotizante. Estaría bastante satisfecho de quedarse aquíy observarla caminar por la acera.―Así que, ¿cómo un hombre como tú consigue poner sus manos en una moto comoesta,de todas formas? ―Cerrando el círculo, redondeó el guardabarros trasero y subió a laacera, deteniéndose a pocos centímetros frente a él―. Parece personalizada. Lasmotos como esta, no son baratas.Michael no pudo detener su estúpida sonrisa. Cat tenía que ser la única personaen Crest Point que parecía no tener ni idea de quién era él. Un hecho que encontrótotalmente demasiado atractivo. Ansiaba el anonimato, que alguien le viera con ojosnuevos sin ideas preconcebidas. No había previsto encontrar eso en Crest Point. Laúltima vez que estuvo aquí, la gente lo evitaba. Gente con el corazón roto quetodavía le culpaban de una tragedia. Infiernos, todavía se culpaba a sí mismo.Cat sólo le miraba como a un hombre. Con ella, podía ser él mismo, desconectadodel nombre de su familia y el pasado que lo atormentaba. Incluso si sólo eran unaspocas preciadas horas, quería deleitarse en el tiempo que tenía con ella.―¿Cómo sabes eso? ―Levantó una ceja mientras se inclinaba alrededor de ella paratomar su casco desde donde colgaba en el manillar. Su cuerpo rozó el de ella, susesbeltas curvas presionándose ligeramente a lo largo de su longitud desde su pechohasta sus muslos.
  28. 28. Era una cercanía que sabía que ella notaba también, porque sus ojos abiertosbuscaron los suyos. Su respiración se atrapó, su pecho subiendo y bajando a unritmo cada vez más rápido. Dos veces su mirada cayó a sus labios, su lengua sedeslizó fuera para mojar su labio inferior.―Mi madre salió con un hombre que poseía una tienda de motos. ―Su voz salióentrecortada y distraída mientras le miraba fijamente.―¿El mismo que chocó? ―Él se enderezó, se obligó a dar un paso atrás, antes de quesorprendiera a los dos besándola otra vez. La primera vez había sido unaprovocación juguetona. Ella había capturado su atención, y él había presionado susuerte. No esperó que ella respondiera, que le devolviera el beso.Ella había construido un anhelo profundo en sus entrañas de saborearla otra vez.De sentirla gemir y apoyarse contra él, envolver su cuerpo alrededor del suyo. Ellale recordaba demasiado bien cuánto había pasado desde la última vez que sostuvo auna mujer. Dios, cómo echaba de menos la sensación de las suaves curvas femeninascontra él mientras dormía. Y aquí estaba ella, mirándole con un suave pero no poreso menos potente deseo en sus ojos.Su garganta se movió arriba y abajo cuando tragó, por un momento luciendo igualde nivelada por la atracción como se sentía él. Se aclaró la garganta y asintió, unaimpresionante mezcla de diversión y desafío brillando en sus ojos.―¿Y?―¿Me creería si dijera que la he construido? ―Aceptando el desafío y lanzándoselo aella, él levantó una ceja mientras sostenía el casco de la moto hacia ella.Cuando tomó el casco, su mirada se deslizó sobre él, hasta sus pies y de vuelta.―Podría ver eso. No tienes manos de mecánico, sin embargo. Demasiado suaves.Esperaba que me dijeras que trabajas en alguna oficina corporativa en alguna partey que montar en moto era un pasatiempo.Se le escapó una sonrisa por la ironía de su comentario. Su padre deseaba que
  29. 29. trabajara en una oficina corporativa, esperó que sus dos hijos entraran en el negociofamiliar. Que Michael no sólo no lo hubiera hecho sino que trabajara con sus manoscomo un peón inexperto irritaba al viejo hasta el extremo.―Montar en moto no es un pasatiempo. Es un estilo de vida. ―Le guiñó un ojo ymetió su mano libre en el bolsillo, pescando sus llaves―. Se podría decir que hederrochado. La construí hace diez años. No necesito mucho, francamente. Dame untejado sobre mi cabeza y una cama para dormir y soy feliz. El resto del dinero quegané fue a esta moto.Bien, así que esa era la verdad en su mayor parte. Era dueño de un apartamentoen L.A., amueblado sólo con lo necesitaba para vivir, y todo lo que tenía se lo habíaganado él mismo. Se fue de su pueblo hace diez años con nada más que su chaquetaen su espalda y la moto bajo él, determinado a probarle a su padre, al pueblo y a élmismo, que no era el jodido que todo asumían que era. Deliberadamente omitió lariqueza que había amasado en los últimos diez años. Había construido su empresadesde cero y lo había hecho bastante bien por sí mismo.Nada de lo que quería que ella supiera. Al menos no ahora, no esta noche. Estanoche simplemente quería ser él mismo.―Un hombre simple. ―Su expresión se suavizó; la calidez irradió de sus ojos.―Mm. ―Se deslizó alrededor de ella y se subió a la moto, montándola y soltando elpie de apoyo antes de mirarla de reojo.Ella se mantuvo inmóvil en la acera, el casco metido bajo un brazo. Laincertidumbre parpadeó en las profundidades de sus ojos. Su expresión le atrapó. Lesurgió un proteccionismo que no había sentido en años. Tenía un deseo abrumadorde tomarla en sus brazos y calmar su miedo. Aunque sabía que su miedo iba dirigidoa su moto, le recordó demasiado a las miradas que obtuvo andando por el pueblohace diez años. La expresión se alojó en sus entrañas como algo totalmente malo y lehizo más determinado a borrarla de sus ojos de forma permanente. Ganar su
  30. 30. confianza de repente se volvió muy importante.―Puedo llevarte a casa si quieres. O llamar a un taxi. La elección es tuya.―¿A dónde vamos?Inmediatamente su casa le vino a la mente.―Tengo un sitio en la playa. Es silenciosa y pacífica, pero está oscuro y el sitio esprivado, así que entiendo si decides que prefieres ir a casa.Ella tocó la correa del casco por un momento.―¿Debería tenerte miedo?Su estómago se hizo un nudo. No quería que ella se fuera, no quería llevarla acasa. Quería pasar la noche deleitándose con esos ojos seductores, pero la eleccióntenía que ser de ella y sólo de ella.―No. Soy tan inofensivo como se puede ser. Ni siquiera mato arañas, y odio a lospequeños bichos. No deberías de tomarme la palabra, sin embargo. Las mujeressalen lastimadas todo el tiempo en L.A. enamorándose por líneas como esa.Ella levantó una ceja, la diversión iluminando sus ojos.―¿Un hombre que teme a las arañas?Él sonrió. Que ella eligiera enfocarse en su miedo hacia las arañas decía mucho.―No puedo soportarlas. Me dan escalofríos. Con sus millones de patas y pequeñoscuerpos peludos. ―A pesar de sí mismo, un escalofrío recorrió la longitud de sucolumna vertebral.Aparentemente ella atrapó su reacción porque su sonrisa se amplió.―¿Cómo las sacas sin tocarlas?―Las atrapo en un bote. La aspiradora funciona en un apuro, también. ―Le guiñóun ojo.Ella rió, el sonido luz, aire y música para sus oídos. Con un obstinadolevantamiento de su mentón, se puso el casco en la cabeza y ató la correa, esos ojosbrillando.
  31. 31. ―No quiero ir a casa todavía.Él se giró sobre su cintura y palmeó el asiento detrás de él.―Toma un paseo por el lado salvaje conmigo.Agarró su falda y la mirada de Michael se pegó al movimiento. Centímetro acentímetro ella subió el material suave y fluido sobre sus rodillas, revelando unaspantorrillas afiladas y las mitades inferiores de los tensos muslos. Su piel estaba sintocar por el sol, cremosa y suave. Mientras pasaba una preciosa pierna por encimade la moto y se hundía en el asiento detrás de él, apretó su agarre en el manillarpara evitar extender la mano y acariciar su muslo.Cuando sus manos rodearon su cintura, él tragó fuerte. El pensamiento de esosmuslos elegantes y desnudos descansando contra su espalda tenía adolorido y tensoa su cuerpo de la manera más primitiva.Metió la llave en el contacto, luego la miró sobre su hombro.―Agárrate fuerte e inclínate conmigo en las vueltas.Ella asintió. La deliciosa sensación de su cálido cuerpo llenó su espalda, y él eraclaramente consciente de sus pechos presionados contra él. La mujer le tentaba,como un caramelo ofrecido a un niño, y maldita sea si podía resistirlo, sin importarlo mucho que sabía que debía hacerlo.Veinte minutos después, Michael se detuvo en un camino de grava corto frente a lacasa oscura de dos pisos. El sitio estaba al borde del pueblo en un barrio queconsistía en tal vez una docena de casas, todas alineadas en un largo tramo a doskilómetros de la playa. El Océano Pacífico se extendía por kilómetros más allá.Mientras apagaba el motor, la jadeante voz de Cat ronroneó en su oído.―Eso ha sido increíble.No necesitaba ver su rostro para saber que una sonrisa acompañaba su tonoentusiasta. Lanzó una sonrisa sobre su hombro. Había sido un paseo tranquilo, conella simplemente pegada a su espalda. La noche era cálida, el cielo despejado,
  32. 32. haciendo un viaje precioso. Reacio a abandonar la sensación, había estado tentado atomar las carreteras secundarias alrededor de las afueras del pueblo. Lástima quelos caminos de grava estaban llenos de curvas. Combinado con el hecho de que sufalda dejaba desprotegida su piel, no había querido arriesgarse.―Había olvidado la emocionante que es. ―Ella liberó su cintura, se bajó de la moto,y se quitó el casco. Su decepción momentánea se evaporó tan rápido como vinocuando se lo entregó, luego echó la cabeza hacia atrás y se pasó sus esbeltos dedospor el cabello. De la forma en que él anhelaba.Ella se volvió entonces y casi saltó por el camino de grava, una marcha infantilque le hizo sonreír, a pesar de sí mismo.Cruzó sus brazos sobre su pecho y la observó por un momento. Esa mirada ahímismo haría que toda su estancia en Crest Point valiera cada minuto. Queríahacerla sonreír así otra vez, y muchas veces.Ella se detuvo a mitad del camino de entrada, echó su cabeza hacia atrás, yextendió los brazos, como ofreciendo su agradecimiento al cielo.―El rugido del motor en mis oídos, nada más que nosotros y la carretera.―No diré que te lo dije. ―Colgó el casco en el manillar.Ella levantó la cabeza. La chispa de coqueteo en sus ojos hizo que su corazóndejara de latir. Una respiración más tarde, ella se dio la vuelta, lentamente escaneólos alrededores.―¿Esta es tu casa?Él extrajo la llave y la metió en su bolsillo derecho, luego se deslizó de la moto y fuehacia arriba tras ella.―Sí. Me quedo aquí mientras estoy en el pueblo. Vamos. Hay una vistaimpresionante del cielo en la playa. ―Sacudió su cabeza en la dirección, unos cienmetros más o menos frente a ellos, y empezó a caminar más lejos en el camino deentrada. Cat redujo el paso a su lado.
  33. 33. ―Es un lugar precioso. ―Su voz contenía un tono bajo y temeroso mientras él ladirigía más allá de la casa y hacia fuera al césped.Hizo un sonido de acuerdo en la parte posterior de su garganta y escaneó el jardínlargo y rectangular que se extendía frente a él. Amaba este sitio sólo por la vista,pero lo compró antes de que se desatara todo el infierno. Cuando era losuficientemente arrogante para pensar que el mundo era su ostra.―Por eso me gusta estar aquí fuera. ―Sacudiéndose los pensamientos opresivos, leofreció una sonrisa amable―. Soy el tipo de hombre tranquilo y pacífico.―He notado eso sobre ti. ―Una sonrisa se hizo eco a través de su rostro, calor en susojos.Al llegar a una parada donde la hierba se disipaba y empezaba la arena, el silenciolos envolvió. Él estaba demasiado consciente de ella a su lado y demasiadoconsciente del hecho de que ahora estaban solos. El mismo conocimiento hacía ecoen los ojos de ella y la tensión creció, fina y dulce, entre ambos.―Iré por una manta.Él tocó su brazo antes de dirigirse a la casa. Después de recuperar una manta acuadros roja de un armario, se reunió con ella en la playa y la extendió sobre laarena.Sonrió, y él quedó atrapado durante un momento en esos ojos seductores. Sucuerpo vibró con el recuerdo de ella presionado contra él, la sensación de tenerla ensus brazos. La misma emoción se hizo eco en la mirada que le devolvió y el aireentre ellos se cargó. Un nervioso rubor se extendió a través de sus mejillas.Ella inclinó la cara hacia el cielo, rompiendo el hechizo con efectividad.―Tienes razón. La vista es fantástica.Agarró los bordes de la chaqueta, recorrió el cuero suave y usado entre sus dedos yse la quitó. Miró por encima de él, deseo y timidez en sus ojos, luego se hundió en lamanta con toda la calma y gracia que él esperaba de ella, alisando su falda pordebajo. Después de dejar la chaqueta a su izquierda, se quitó los zapatos, luego se
  34. 34. apoyó en sus manos.―No ves un cielo despejado como este en Seattle. Normalmente está cubierto denubes.―¿Así que eso significa que no creciste en Crest Point? ―Él se hundió en la arenajunto a ella, totalmente demasiado constante de cada movimiento que hacía. Cadarespiración y suspiro. Todo le hacía más y más consciente de lo preciosa que era, consu cabello ondeando tras su cuello en la ligera brisa, su piel brillando a la luz de laluna. Había pasado mucho tiempo desde que una mujer le había hipnotizado, perohabía algo sobre Cat.―Bueno, técnicamente, nací aquí. Nos fuimos cuando tenía doce. Mamá y yo nosmudamos de vuelta al final de mi penúltimo año de secundaria. Cerca de nueve añosatrás. ―Estiró sus piernas, enterrando sus dedos en la arena. La felicidadcruzándola ensombreciendo sus rasgos lo capturo.―Entonces eso te haría, que, ¿de veinticinco? ―La brisa captó las puntas de sucabello, soplando detrás, y Michael tuvo el repentino anhelo de sentirlo rozar supecho.―Mn-hmm. ―Su sonrisa divertida derretida en su cara cuando giró su cabeza y loatrapo mirándola. Se quedó quieta, como atrapada por la misma cosa que lo teníaatrapado. Un resplandor de deseo destelló entre ellos, caliente y tangible.Él estaba completamente demasiado consiente de cuán desesperadamente ansiabaprobar su boca otra vez. Consiente que los vecinos eran pocos y alejados entre ellosaquí, y la mayoría se habían ido a la cama horas atrás. Su mente se burlaba de élcon embriagante conocimiento, que debajo de la cubierta de oscuridad, nadie podíaverlos. Podría hacerle el amor en la fresca arena, con nada más que el cielo azulencima y su cálida piel debajo de él. Apostaría dinero que su piel era suave comohilo de seda.Un rubor se deslizó a través de sus mejillas, suave y seductor, y bajó la mirada asu regazo, echando un vistazo por debajo de sus pestañas. La mirada suave.
  35. 35. Seductora. Tentadora.―¿Cuántos años tienes?―Lo suficientemente mayor para saber mejor, pero aún lo suficientemente jovenpara hacerlo otra vez. ―Él se apoyó en sus manos y le ofreció un guiño juguetón.La dulce tensión del momento se rompió cuando ella dejó escapar una risa, unsonido bajo, ronco que lo inundó como una cálida caricia e hizo a su pecho hincharseen triunfo. Escucharlo lo hizo sonreír a pesar de sí mismo. Dios, cómo amaba esesonido. Había algo tan honesto sobre él.―¿Ahora, cómo adiviné que dirías algo como eso? ―Sus ojos centellaron en la luz dela luna, coquetos pero claramente juguetones mientras lanzaba su burla a él.No pudo detener la risa que se escapó.―Tengo treinta.―Un hombre mayor. ―Los ojos de ella se entrecerraron y se sentó en silencio por unmomento, estudiándolo―. De alguna manera eso solo se agrega a todo el oscuro ypeligroso misterio que tienes.El tono serio de su voz le dijo que la afirmación era una inocente y meramenteobservación. Más que eso, sin embargo, el comentario lo hizo preguntarse qué veíacuando lo veía a él. La mayoría de las personas solo veían el nombre de su familia ydinero.―¿Oscuro y misterioso? ―Él alzó una ceja.Ella asintió y agitó un dedo hacia él, con un gesto desde su cabeza a sus botas.―Los colores oscuros, la chaqueta de cuero, la moto. ―Conocimiento brillo en lasprofundidades de sus ojos, como si hablara por experiencia. Se inclinó hacia él,apoyándose a sí misma en una mano―. ¿Eres un buscador de emociones, Michael?¿O solo un vagabundo?Su cercanía tenía sus respiraciones soplando frente a su boca en cortas ráfagas deaire caliente, y tentador. La forma en que su nombre sonaba en su lengua le llegó,
  36. 36. suave y sensual de alguna manera inocente pero torturador al mismo tiempo. Si laescuchaba lo suficiente, podría casi escucharla gemir su nombre en el calor delmomento.Él no era el único que notó su cercanía, ella se quedó quieta a su lado. Su pecho seelevó y cayó incrementando su ritmo. Una seductora mezcla de deseo y timidezllenaron su mirada cuando se movió a su boca. El aire entre ellos cargado, unaatracción tan intensa que era todo lo que él podía hacer para detenerse deinclinarse.―Ninguno. Yo soy solo yo. ―Su mirada cayó a su boca, acariciando sobre su carnosolabio inferior, la necesidad de probarla otra vez golpeando a través de él―. No meregodeo con subidones de adrenalina.―¿Con que te regodea entonces? ―Su voz viajó hacia él en la brisa, en voz baja yronca.Reprimió un gemido pero no pudo resistir el deseo de tocarla, así que se extendió,acariciando con sus dedos su mentón. Su pulgar acarició su labio inferior,deleitándose en la dificultad de su suave respiración y la forma en que su boca seabrió.―¿Cómo es que ya me descifraste? ¿Soy así de transparente?―No. ―Sacudió su cabeza ligeramente, su tono igual de distraído que como él sesentía―. Mi madre era una vagabunda. Nos mudamos mucho cuando estabacreciendo.Su suave confesión lo dejó impactado, y dejó caer su mano pero no pudo obligarse aalejarse. A pesar de saber que él nunca la había visto antes ―y estaba bastanteseguro de que conocía a casi todos en la ciudad― habría adivinado que había pasadotoda su vida aquí. Tenía la apariencia de chica de pueblo, como si perteneciera aquí,y ese pensamiento solo lo hizo mucho más curioso.―Eres una sorpresa en cada giro. Pensarías que crecer así te advertiría contrachicos como yo.
  37. 37. ―¿Chicos como tú?Su corazón latía ante lo que sabía que tenía que decirle después. Ella no sabía deEve, pero no tenía deseo de ser el que pusiera más decepción en sus hermosos ojos.―Sí. Dejé el pueblo hace diez años, determinado a nunca volver, y no planeoquedarme mucho.Sus cejas se elevaron en incredulidad, y ella se alejó.―¿Eres de Crest Point?―Nacido y criado. ―Él mostró una media sonrisa―. ¿Por qué es eso sorprendente?Sus ojos se deslizaron sobre su cara luego se detuvieron en su boca. Oh, sabía queeso era lo que miraba ella. Lo sentía a través de cada poro de su cuerpo. Cuando ellalo atrapó dándose cuenta, su mirada se escabulló y se giró hacia el agua.―No lo sé. Pareces un vagabundo. Como que estás pasando por este pueblo en tucamino a un lugar más grande.―En realidad, casi estás en lo correcto. De verdad no tengo nada que me arraigueaquí, que me haga querer quedarme.Lo que no soportaba decirle era que había pasado los últimos diez años huyendodel dolor de los recuerdos. Este pueblo era el último lugar en el que quería estar.Aquí los recuerdos eran más fuertes, más vividos. El dolor más agudo. Cadamirada desdeñosa de los habitantes ―de su padre― solo aumentaba la culpa que sesentaba fuerte y fría en sus entrañas por demasiados años. Había estado ahí portanto tiempo que se había convertido en una vieja amiga, algo de lo que estabaseguro se llevaría a la tumba. No quería saber si ella había escuchado de él, si habíaescuchado la historia, lo que pensaba de esto.Cat volvió su mirada a él, una delicada ceja elevada.―¿Qué hay de tu familia?Se rió.―Eres una mujer muy intuitiva, ¿sabes?
  38. 38. Ella se encogió de hombros con indiferencia.―Eres fácil de leer. Eres muy abierto.Él sacudió su cabeza.―Lo gracioso es que, no soy así de abierto con nadie más. ―Se detuvo, su vozbajando, suavizándose con la emoción que crecía en su pecho―. Hay algo acerca de tique continua sacando cosas de mi boca que no estoy siquiera seguro debería decirte.Tienes razón ahí, también. Mi padre está en el hospital. Sufre de una falla cardiacacongestiva, y ha tenido una complicación.Tal vez era el silencio de la noche. Quizás era el suave sentir femenino de ella a sulado o la manera que parecía aceptarlo como era. Lo que sea que fuera, lanaturalidad que se sentaba entre ellos lo atrapó. Debería haberlo advertido degirarse y huir, y aun así las palabras fluyeron de la punta de su lengua.―Mi padre y yo no nos llevamos bien. Toda mi vida ha sido una guerra entrenosotros.Él tiene grandes expectativas que no veo que sea capaz de alcanzar. Nada de lo quehacía parecía correcto, y tenía un chip en mi hombro tan grande como el estadocompleto. Si él no podía aceptarme de la manera que era, entonces estabadeterminado a ser lo que odiaba. ―Liberó un pesado suspiro, arrepentimientoasentándose como una roca en sus entrañas―. Pero ésta enfermo, y yo he crecido,estoy cansado de huir de mi pasado. Volví para hacer las paces con él antes de quemuera. La parte triste es, que he intentado esto una vez antes. Volví hace dos años,pero no me fue bien.Era uno de sus grandes arrepentimientos. Volvió para hacer las paces y en sulugar había dejado que viejas heridas salieran y se interpusieran en el camino.―¿Qué pasó? ―Una suave curiosidad llenó su mirada, su cara abierta, sin juicio enlas profundidades de sus ojos, y nuevamente lo llamó como un faro. Mientras algunaparte de él le decía que no debía decirlo, las palabras salieron de su boca decualquier manera.
  39. 39. ―Fue de la manera que siempre lo hacía. Discutimos, dije cosas que no debí,decidido que mi padre no había cambiado un poco, y nada cambiaría nunca, y mefui.De la misma manera que lo había hecho hace diez años.Dejó escapar un suspiro, dibujando círculos sin rumbo en la arena con la punta desu dedo.―Ahora sólo parece… infantil. Permití que mi orgullo herido se metiera en elcamino. Si no hago las paces ahora, puede que nunca tenga otra oportunidad.Aun así otro arrepentimiento se agregaba al montón ya colmado en su alma. Nopodía hacerlo más.―Lo siento. ―Ella se extendió y coloco una mano en su brazo―. ¿Le queda mucho?El toque lo sorprendió. La calidez de su mano en su piel calmó el nervio desigualdentro de él que encontró confortante e inquietante al mismo tiempo. Alivio seasentó alrededor como un cálido fuego en una fría noche.Él encogió un hombro.―Nadie sabe realmente. Por lo que he escuchado, está tan bien como puedeesperarse. Mi padre es muy orientado en sus objetivos. Un infante de marinaretirado. Odia no ser capaz de hacer algo y odia ser tratado como un inválido inclusomás. Por lo que me dice mi hermano, está volviendo locas a las enfermeras delhospital.La preocupación en sus ojos se envolvió alrededor de él y se asentó profundamenteen su centro. La emoción hizo a Michael anhelar cosas que sabía no debía, cosas quetiempo atrás había desistido de tener. Sus miradas se encontraron y semantuvieron; esa fina, dulce tensión se colocó entre ellos otra vez.Él levanto una mano, y acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja,recordando la sensación sedosa de pasar sus dedos cuando la besó antes.―Dime algo. ¿Qué haces exactamente conmigo aquí afuera?Era una pregunta atrevida, una que la puso en el lugar, pero él tenía que saber en
  40. 40. dónde estaba parado.Un suave rubor rosa cubrió sus mejillas.―Atrapada in fraganti. La verdad es, no lo sé. Lo estoy haciendo según surge. ―Ellase giró para enfrentar el agua. Su voz bajó, volviéndose casi pensativa―. ¿Algunavez has querido salir de ti mismo, dejar de importarte un demonio lo que todospiensen o qué dirán, y sólo ser quien siempre quisiste ser?Otra cosa en común.―Tuve que ir todo el camino hasta Los Ángeles para encontrar eso.Ella lo miró.―El pueblo me llega a veces. He pasado toda mi vida jugando la parte de lamarginada, siempre guardándome para mí misma, rogando mezclarme, que nadieme notara. Tratando de no darle a nadie una razón para mirar demasiado cerca.Que se sintiera lo suficientemente cómoda para decirle eso tocó un punto débildentro de él. Un lugar que había separado por un muro hace tanto que se habíaolvidado que existía.―Los entrometidos. ―Asintió. Entendiendo más de lo que ella sabía, más de lo quepodía o quería decirle―. Yo solía hacer exactamente lo opuesto.―De alguna manera no estoy sorprendida. ―Diversión revoloteó a través de sus ojos,desapareciendo tan rápido como apareció. Algo más suave, más intenso, se deslizóentre ellos, llamándolo como una canción de sirena―. ¿Por qué me besaste?Su pregunta lo sorprendió, y por un momento, buscó una respuesta. No escapó quenotara, tampoco, que su mirada se moviera a su boca otra vez. Esta vez se detuvoahí. Su lengua salió y se deslizó sobre su labio inferior de manera distraída. Eratodo lo que él podía hacer para no inclinarse y reclamar esos labios otra vez. Lasensación suave de ellos contra los suyos lo estremeció a través de los recovecos desu memoria.Al final, decidió ser honesto.
  41. 41. ―Porque te giraste alrededor de ese banco y me diste una mirada que no había vistoantes.Su mirada se movió a la suya.―¿Cuál fue?―Como si no supieras si deberías tener miedo de mí o no.Un rubor se deslizó en sus mejillas.―No eres un hombre pequeño. ¿Debes de medir qué, un metro ochenta y dos? ¿Unmetro ochenta y cinco?Él sonrió.―Un metro ochenta y siete.―Y estabas de pie ahí vestido en negro y cuero con este travieso brillo en tus ojosque retaba a cualquiera a juzgarte. ―Ella se detuvo, miró la arena entre ellos, luegolo miró a través de sus pestañas―. Era muy sexy.Calor se deslizó a través de él. Una cruda y dolorosa necesidad envolvió susentrañas, de arrancar su ropa y envolver su cuerpo alrededor de ella.―Podría preguntarte lo mismo. ―Extendió su mano y ahueco su mejilla en supalma―. ¿Por qué me besaste de vuelta? No lo había esperado. Que lo hicieras fuetoda la razón por la que me sentara junto a ti.Sus párpados se cerraron y su boca se abrió, una exhalación entrecortada, susurrosuave escapó de sus labios. Un momento después, sus ojos se abrieron, llenos con undeseo tan tangible, que encendió fuego en su estómago que se extendió como unfurioso infierno a través de su sistema.―No pude evitarlo. ―Su voz era baja, suave, vulnerable, como si admitiera algo queno estaba segura debía decir, tampoco--. Eres un buen besador.Sus palabras se asentaron en su interior, y todo dentro de él se tensó y dolió. Nodebería involucrarse mientras estuviera aquí. Lo último que quería era otro corazónroto en su conciencia cuando se fuera del pueblo en un mes. Lo había hecho
  42. 42. demasiadas veces. Había sido un montón de cosas en los últimos años, algunos deellas podridas hasta la médula, pero tener que romper el corazón de alguien no eraalgo que le gustara. Hace dos años, cuando otra relación terminó mal, decidió que nopodía hacerlo más. Las aventuras que una vez lo habían mantenido cuerdo habíanperdido su atractivo.Sin embargo, aquí se encontraba. El efecto de Cat en él lo confundía.―¿Qué si te dijera que quiero besarte otra vez? ―Incapaz de evitarlo, rozó su pulgara lo largo de su labio inferior, la necesidad de tocarla, sentir su suavidad una vezmás, demasiado fuerte para negarlo.Sus ojos se cerraron, y ella respiró un silencioso, tembloroso aliento que parecíavibrar a través de todo su cuerpo. Su pecho subía y bajaba a un ritmo rápido. La luzde la luna acariciaba su rostro, resaltando sus mejillas enrojecidas, sus pesadospárpados.Una respiración más tarde, ella abrió sus ojos. Por un momento, algo caliente ytangible llenó el espacio entre ellos. Parecía igualmente nivelada con esto que élsentía. Como si hubieran sido arrastrados por algo más poderoso que las mareas delocéano y fueran incapaces de detenerlo.Rompiendo el contacto visual, ella se puso de pie y caminó en dirección al muelle apocos metros de distancia.Su deseo palpitaba en sus oídos. Su cuerpo dolía con necesidad y se tensabadolorosamente contra su cremallera. No podía hacer mucho más que mirar detrás deella, observando el vaivén sensual de sus caderas.―¿A dónde vas?―Estoy caliente. Quiero sumergir mis pies en el agua. ―Cuando lanzó una tímidasonrisa por encima de su hombro, una tentadora mirada de “ven a buscarme”, unsonido que era mitad risa, mitad gemido se escapó.Con un movimiento de su cabeza, se quitó sus botas y calcetines, luego echó acorrer para alcanzarla.
  43. 43. Capitulo 3Traducido por Mir, Xhessii y VettinaCorregido por CaamilleAl final del muelle, Cat observó el reflejo de la luna llena en la superficie del agua.Una suave y cálida brisa sopló su falda contra sus piernas e hizo que la imagen de laluna ondulara. Llenó sus pulmones con el olor salado del aire, luego exhalólentamente.El muelle debajo de ella se movió y se sacudió. Cuanto más se acercaban lostranquilos pasos de Michael, más temblaba con anticipación y emoción. No tenía lamenor idea de lo que estaba haciendo, nunca había hecho nada remotamente tanaudaz en toda su vida. Se había pasado todo su tiempo escondida en las sombras,demasiado asustada para que la ciudad probara que tenía razón; realmente era lahija de su madre.Se sentía bien. Malditamente bien. Su corazón martillaba. Una estimulantesensación de libertad llenaba su pecho, no muy diferente de la sensación que habíatenido al montar en su motocicleta. Como si estuviera parada en el borde de unprecipicio.Cuando el balanceo y los pasos cesaron, la presencia de Michael llenaba suespalda. Estaba de pie tan cerca, que el calor de su cuerpo y su aroma, a jabón y acuero, invadía sus fosas nasales cada vez que inhalaba, junto con el vago aroma delagua salada en el aire. Sin embargo, no la tocó. El gesto lo decía todo y hacía eco enla necesidad que latía en su vientre. Estaba dándole espacio para oponerse, paraalejarse. No es que pudiera o quisiera.―Di la palabra y te llevaré casa. ―Su voz era un murmullo bajo detrás de ella,
  44. 44. vibrando con la misma abrumadora necesidad que serpenteaba a través de sucuerpo.―¿Qué pasa si no quiero ir a casa?Él se movió a su lado, se volvió de espaldas al agua y metió las puntas de susdedos en los bolsillos.―¿Qué es lo que quieres?Sus ojos oscuros estaban fijos en ella, llenos con tanto calor y deseo que temíaderretirse a través de las tablas y caer en el agua que estaba debajo. El aire entreellos crepitaba, sin embargo, había una pregunta tácita en sus ojos. Una queclaramente decía que no estaba asumiendo nada pero estaba, en cambio, poniendo laelección en sus manos.El corazón le latía en la garganta. Quería caer en sus brazos y apoderarse de suboca, saborearlo de nuevo, sentir la pasión que esos ojos prometían. Sumergirse enla libertad y disfrutarla. Quería perderse en la fantasía que daba. Eso es lo que élera: una fantasía en carne y hueso. Toda la noche era un sueño maravilloso. Muypronto, se despertaría, y la fría y dura luz de la realidad vendría, llevándoselo conella.La pregunta era, ¿estaba lista para dar ese paso? ¿Saltar del acantilado hacia elolvido?Pareciendo sentir su vacilación, él levantó una ceja.―Dilo, Cat. ―Se mofó con su tono. El travieso brillo en sus ojos la desafió―. Dimequé es lo que quieres.Algo en esa mirada le dio exactamente lo que necesitaba. Le estaba diciendo que ladeseaba, también, pero trataba de ponerla a gusto. Funcionó. Una vez más, susacciones le decían mucho sobre el tipo de hombre que era.Le dio a su sonrisa descarada una de las suyas.―Lo que quiero ―apoyó las manos contra su pecho―, es ir a nadar.Luego inclinó su peso contra él y empujó.
  45. 45. La sorpresa iluminó sus ojos justo antes de que cayera, la parte inferior primero,en el agua fresca del océano. El splash sonó a través del silencio de la noche,salpicando con agua su ropa.Agarró la cintura de su falda, lista para sacársela y saltar detrás de él. Nuncahabía sido tan espontánea antes. Diablos, fue infantil, y Nick se hubiera puestofurioso.En cuanto la cabeza de Michael desapareció bajo el agua turbia, su mente llevósus pensamientos un paso más allá y su sonrisa cayó. El corazón le latía al ritmo delpánico en su pecho. ¿Y si no sabía nadar? No había pensado en la temperatura delagua, tampoco. Había sido un verano caluroso hasta ahora. Debería estar losuficiente cálida, aun así, algunos veranos estaba congelada. ¿Estaría enojadocuando finalmente saliera a la superficie?Él apareció momentos después, escupiendo.Y riendo.―Pequeña descarada.El alivio la inundó primero; obviamente, sabía nadar.A continuación, un nudo de culpabilidad se hundió en su estómago.―Lo siento. Eso fue muy infantil. No debería haberlo hecho.―Tienes razón. No debiste. Soy un hombre vengativo, Cat. Si fuera tú… ―Él seaferró al borde del muelle y vigorosamente negó con la cabeza mientras se subía. Lamitad inferior todavía colgaba en el agua, la sujetó con juguetones ojosentrecerrados―… empezaría a correr ahora.Sabía que debía seguir su advertencia, pero no podía moverse. La visión de él laatrapó. Su camiseta mojada ahora se aferraba a su piel, haciendo gala de todos lossólidos músculos, cada pico y valle, hasta su estrecha cintura y vientre plano.―Cuando salga del agua… ―Él levantó una rodilla en el borde del muelle―. Vas aconseguirlo.El áspero y bajo timbre de su voz, la forma en que se dejó caer prolijo y relajado en
  46. 46. el borde del muelle, envió un escalofrío por su columna vertebral.―¿Quieres ir a nadar? ―Con una ceja arqueada, se puso en pie con toda la agilidadde un enorme gato, luego se levantó a su plena altura.Cuando dio un paso amenazador hacia ella, se dio cuenta que no estababromeando. Su pulso dio un salto y luego se aceleró, pero fue la mirada en sus ojos loque finalmente puso en libertad el nudo de culpabilidad en su estómago. Susprofundos ojos oscuros brillaban con diversión. Diversión… y castigo.Con un pequeño chillido, pivoteó y corrió. El sonido de sus pies descalzosgolpeando la madera sonaban, además de los que la seguían detrás, y no pudodetener la risa insana que salía de ella. Se sintió de nuevo como una adolescente,libre, ligera, juguetona y corría por el simple placer de dejar que la atrapara.Mientras subía en la arena, su mente daba vueltas. ¿Qué le haría una vez quetuviera sus manos en ella? ¿Cuál era la idea de tortura de un chico malo? Elpensamiento envió un estremecimiento por sus venas, calentando su sangre.No tuvo que preguntarse demasiado. Dos pasos después, un brazo fuerte la agarrópor la cintura, levantándola abruptamente. Apenas tuvo tiempo de registrar lo fríode su ropa mojada contra ella antes de que la levantara.Con la repentina ingravidez, dejó salir un grito de sorpresa y sus ojos se abrieron.―Es tiempo de cobrar, señorita Kitty. ―Le disparó una sonrisa juguetona y seencaminó al agua, sus zancadas ya no eran lentas y suaves, sino largas ydeterminadas.―Entonces, te llevaré conmigo. ―Envolvió los brazos en su cuello y se encontró consu mirada estrecha. Una risa salió antes de que pudiera detenerla, contradiciendo lafuerza de su declaración.―Cariño, ya estoy mojado. ―Una risa baja salió de él mientras entraba al agua,cargándola como si su peso no fuera más que una pila de plumas.Se detuvo cuando le llegó hasta la cintura y la estudió. Las olas que había creado
  47. 47. golpeaban su espalda, el agua fría contrastaba contra el calor de su cuerpo contra elde ella. La perversidad brillaba en sus ojos. No podía ser capaz de leer su mente.¿Estaría teniendo los mismos pensamientos pecadores que ella?Las esquinas de su boca se curvaron.―Toma un respiro hondo, Cat, porque de una manera u otra, quedarás mojada.No tuvo tiempo de reflexionar sobre su declaración, apenas era capaz de registrar losexy que se veía. Sus ojos se encogían con una retribución juguetona, su cabelloestaba mojado y revuelto, el agua caía por sus rasgos cincelados. En un rápidomovimiento, pivoteó su rostro hasta la playa y cayó de espaldas al agua,llevándosela con él. La piel de gallina la atravesó y era arrastrada tomando unrespiro antes de que el agua la tragara.En alguna parte en el proceso de luchar por enderezarse, los brazos de Michael laliberaron. Finalmente encontrando el fondo arenoso, se empujó y salió a lasuperficie. Jadeaba mientras escupía agua salada.Michael salió después de ella, riéndose y sacudiendo su cabeza mientras separaba.―Ahí. Ahora estamos iguales.―Eres realmente malo. ―Se rió y pasó su mano por la superficie del agua,mojándolo.―Tú empezaste ―le dijo él, sus ojos bailaban.Su risa combinada, el juego, se desvaneció, se llevó su animada expresión con él.Mientras continuaban mirándose el uno al otro, el aire entre ellos estaba clavadocon intensas necesidades y deseos. Sus ojos quemaban en los de ella, haciendopromesas sensuales y hechiceras, y respondiendo con una ola de pereza y calordeseoso.Estaba a medio camino hacia él, cuando se dio cuenta de que se había movido. Elinstante en que se presionó contra sus brazos largos y fuertes, una ola de dulce
  48. 48. placer la atravesó. Aquí era donde quería estar. Su respiración se aceleró, luegoconvirtiéndose en jadeos silenciosos y desesperados. Se sintió más viva, máspoderosa de lo que se había sentido en mucho tiempo, si no es que nunca. Su pielpalpitaba, su corazón latía salvaje, con un ritmo errático.Aún no podía dejar de temblar. El poder puro de este hombre la asustaba hasta lamuerte. Lo necesitaba con algo que no entendía.Los brazos de él la rodeaban firmemente. Michael inclinó su frente contra la deella, su expresión era suave y sombría, sus ojos escrutiñadores.―Tengo una confesión que hacer.―Está bien.―Esta ciudad también me molesta, y juro que hace mucho que no le daba nada. Perotú… tú no me miras como los demás. ―Sus ojos quemaban en los de ella y eran uncamino directo a su alma, la ternura estaba mezclada con la pasión―. Eres unatentación que no puedo resistir. Quédate conmigo esta noche.Sus ojos, la manera en que la penetraban y la envolvían alrededor de su corazón,la hacían derretirse hasta la punta del pie. El chico malo tenía un punto vulnerable,y lo había puesto justo a sus pies.¿Cómo era posible tener tal conexión con el hombre que conoció apenas hace doshoras? Como si pudiera ver en sus ojos y decirle todo.Sólo sabía lo que sabía. Mirándolo a los ojos, medio pesados y brillantes denecesidad, le hablaron, le decían todo lo que quería saber.―Mientras estamos confesándonos, tenga una que hacer. ―Deslizó sus manostemblorosas arriba y debajo de su espalda y las dejó jugar contra el músculo cálido ysolido―. Toda mi vida la gente me ha observado, esperando que termine como mimadre. Aquí es demasiado. Siempre me sentí viviendo debajo de un microscopio.También me fui, justo después de la preparatoria. Regresé hace tres años cuando mimadrastra se enfermó. No quería iniciar de nuevo, así que lo he estado guardandopara mí misma. He estado sofocada, tratando de ser alguien que no soy.
  49. 49. Atrapada en la prisión sin ventanas, ni aire.―¿Y esta noche?―Esta noche quiero escapar. ―Con las manos en sus caderas, los dedos en suestómago, se levantó sobre los dedos del pie y lamió su labio inferior―. Te necesito.Sus brazos se apretaron a su alrededor, jalándola tan cerca que podía sentir cadalatido, cada respiración.Él se inclinó, rozó su boca con la suya, y su beso fue ligero y electrizante.―Ídem ―murmuró contra sus labios, y Cat se derritió en él.Se puso de puntillas e inclinó su boca sobre la de él.Un silencioso gemido retumbó fuera de él, un sonido de asentimiento, y su lengua semovió rápidamente dentro de la boca de ella mientras la devoraba y se daba unfestín.El hombre hacía que su cabeza diera vueltas. El sabor embriagador de su cálidaboca, la flexible sensación de sus labios contra los suyos. Podría ser alto, oscuro ypeligroso, pero se sentía segura con él. Sus besos prometían el cielo y hacían que susrodillas temblaran. Haciéndola olvidar todo, menos la necesidad de sentir el calorsuave de su piel contra la de ella.Se giró y lentamente caminaron fuera del agua, con la boca sin soltar la suya, luegola dejó caer sobre la manta. Le dio la vuelta y tiró de ella para que quedara sobre él,y se perdió en la abrumadora sensación del hombre. El calor y la solidez de sucuerpo por debajo de ella, la gruesa y dura longitud de su excitación presionando ensu vientre suave. A pesar de la fiereza de su beso, tenía un toque suave. Sus manosla acariciaban, provocaban, prendiendo fuego a sus terminaciones nerviosas.Pequeños temblores sacudían su cuerpo, mientras sus manos lo buscaban,temblando de necesidad por tocarlo en todas partes, por sentir cada parte de él. Lasdeslizó por su pecho y sobre sus anchos hombros antes de enredar los dedos en susespesos y húmedos mechones y aferrándose a ellos por vida.
  50. 50. En el primer contacto de sus manos sobre la piel mientras se deslizaban por debajode la blusa, inspiró una respiración sibilante. Eran tan cálidas y suaves, mucho másexquisitas de lo que había previsto, y se estremeció con la simple fuerza de lasensación. Podría quedarse así para siempre, perdida en su sabor embriagador,dejando que sus manos recorrieran su cuerpo a voluntad.Cuando las alejó de nuevo, gimió con decepción. La emoción se convirtió en unrecuerdo cuando deslizó esas gloriosas manos por su espalda y levantó su falda porencima de sus rodillas. Se puso en posición vertical, luego obligándola a colocarse ahorcajadas sobre sus muslos, y los dos se congelaron. Un estremecimiento la recorriócuando su calor le rozó el bulto en sus pantalones.Con su respiración tan dura como la suya, agarró el dobladillo de su camiseta, sinque sus ojos dejaran los de ella ni una sola vez mientras la quitaba sobre su cabeza.Cuando arrojó su camiseta por encima del hombro, una esquina de su boca selevantó más alto que la otra. Aterrizó con un suave sonido en la hierba en algunaparte detrás de él, y una risita tranquila se le escapó. Ese lado malo que ellaanhelaba tanto. Él la liberó.El viento soplaba a través de su piel todavía húmeda y se estremeció. El fríocontrastaba con el fuego que ardía en su vientre. El infierno se propagaba entreellos. Parecía tomarlo todo. Sus ojos la recorrieron, con los párpados pesados yreluciendo con deseo y hambre, quemando un camino a través de su piel.―Dios, eres hermosa.Un estremecimiento la recorrió y cerró los ojos, dejando que su cabeza cayerahacia atrás, inmersa en las gloriosas sensaciones. Michael la hacía sentir hermosa,deseable y atractiva. El primer hombre en un largo tiempo que la hacía sentir de esamanera.En el primer contacto de sus manos contra sus costillas, su mente flotaba de nuevoen las nubes y se dejó ir. Se deslizaron sobre su piel, una tentadora sensación detortura.
  51. 51. Cuando capturó sus pechos con sus palmas, ella soltó un suspiro tembloroso.Acarició su carne, hizo rodar sus pezones entre sus dedos expertos, volviéndola localentamente, haciendo que sus entrañas se agitaran. Momentos más tarde, cuandofue todo lo que pudo hacer para evitar derretirse en su regazo, él reemplazó susdedos con el calor de la boca.Ella arqueó la espalda, desesperada porque no detuviera la dulce tortura. Al igualque un hambriento, chupaba su carne sensible, dejando su necesidad a punto decaramelo, con una quemazón de dolor que exigía satisfacción.Cuando su boca dejó la tortura insoportable, no pudo evitar la protesta que se leescapó. Él se quedó quieto, como esperando algo, finalmente la persuadió para queabriera los ojos. Parpadeó ante las estrellas, brillando como diamantes en un cielode terciopelo negro y levantó la cabeza.Cuando su mirada se encontró con la de Michael, su aliento se le atoró en lagarganta. El deseo oscuro ardía allí, caliente e intenso. Sin embargo, sus manostemblaban mientras se deslizaban por sus caderas para acariciar su trasero. Lasminúsculas acciones decían mucho, y otra parte de él se envolvió alrededor de sucorazón. A pesar de su presencia poderosa, seguía siendo tan vulnerable como ella.Tiró de ella más cerca, acunándola contra el espeso pulso de su excitación. Una olade placer rodó a través de ella, jadeó y sus ojos volvieron a cerrarse. Cadaterminación nerviosa se sentía como si estuviera en llamas, hacía que su piel fueraultrasensible a todo. Suaves y cálido viento soplaba en su espalda, poniéndole lacarne de gallina por su piel húmeda. La arena debajo de las rodillas era grumosa,pero suave.Una noche abrumadora con un hombre increíble. Michael se movió lentamente, sutacto suave, no pedía más de lo que estaba dispuesto a dar. Ese conocimiento sóloaumentó la necesidad que quemaba en su interior, de darle mayor cantidad enretribución.Apoyó las manos temblorosas contra su pecho, con los dedos extendidos, y acarició
  52. 52. su vientre plano. Su corazón latía tan fuerte debajo de sus palmas como el suyo. Sucálido aliento soplaba fuerte y desigual contra su piel mientras mordisqueaba suhombro.Cuando encontró la cintura de sus pantalones, liberó su camiseta de un tirón, lasubió y la sacó sobre su cabeza antes de tirarla a la hierba junto a la de ella.Se quedó sin aliento ante la vista de él. Era magnifico, su cuerpo delgado yesculpido, y no podía resistir tocarlo. Cerrando sus ojos, colocó sus manos contra supecho y se permitió el simple placer de perderse en sentirlo.Se deleitó en la calidez, la suavidad de su piel, las colinas y valles de los músculosdebajo de sus palmas. Encantada moviendo sus dedos a través de los gruesos rizoscubriendo el centro de su pecho. Bajaba por su plano estómago, reduciéndose, dandolugar a más finos, suaves pelos que desaparecían debajo de su pretina.Siguiéndolos, se atrevió a hundir sus dedos dentro y provocarlo. Los músculos desu estómago saltaron en satisfactoria respuesta. Con un gruñido silencioso, Michaelaprisionó sus muñecas y las apartó.Haciéndolos girar, se arrastró sobre ella, su cuerpo temblando mientraspresionaba la espalda de ella en la arena fresca. Sosteniéndose sobre sus codos, lamiró, las piscinas liquidas de sus ojos ardiendo con necesidad.Inclinó su cabeza, mordisqueando su labio inferior y trazó besos calientes yhúmedos a través de su mandíbula.―No puedo soportarlo más. Quiero sentirte completamente.―Sí. ―La palabra dejó sus labios en un gemido suave cuando una ola de fuego seapoderó de ella y la hundió.No podía creer cuánto quería a este hombre, necesitaba todo lo que sus malvadosy traviesos ojos prometían. La libertad que podría traer.Aparentemente satisfecho, se apartó y se arrodilló entre sus piernas. Sus ojosnunca dejaron los suyos mientras tiraba de su falda. Dejó la ropa en la arena junto a
  53. 53. él y se sentó sobre sus talones. La luz de la luna brillaba sobre su espalda, dejandosus rasgos en las sombras, pero su ardiente mirada acarició su cuerpo.―Wow. ―Se inclinó hacia adelante y deslizó sus sedosas manos por sus piernas,lento y seductor, encendiendo sus terminaciones nerviosas de nuevo. Cuandoalcanzó sus muslos, sus pulgares se sumergieron en el medio y rozó su piel a travésde la tela de sus bragas, y su aliento quedó atrapado en su garganta, su cuerpoviajando a ese buen y dulce borde.―Eres definitivamente una sorpresa. ―Sus dedos se deslizaron dentro de los bordesde sus bragas―. Supuse que eras el tipo de chica de algodón.Sabía que se refería al encaje negro que eligió para llevar esta noche y un ruborsubió a sus mejillas. Otra sugerencia de Lisa.―Ponte algo que realmente quieres que alguien vea.La sensación se evaporó tan rápido como llegó cuando él la besó ahí, dónde susdedos tentaban su delicada piel. Jadeó, un estremecimiento de placer cortó a travésde ella, la necesidad disparándose hacia desesperadas y dolorosas alturas. Incapazde soportarlo más, se acercó a él, pero se había ido, y abrió sus ojos. Él bajo susbragas por sus piernas.Acostada desnuda ante él, tembló tanto por la falta de su calor contra ella comopor el ultra vulnerable sentimiento que la llenaba. Estaba abierta y expuesta, connada más que esconder. Aun así segura. La embriagante cosa sobre él era cuanextrañamente segura se sentía. Debajo del rudo y rebelde exterior estaba unsensible y vulnerable corazón. Un hombre con un toque tierno.Su mirada lo siguió mientras se levantaba, de pie elevándose sobre ella. Cuandotocó el botón superior de sus pantalones vaqueros, su aliento quedó atrapado en sugarganta. Era hermoso, su pecho desnudo, a la luz de la luna cayendo sobre su pielbronceada.Estaba hipnotizada, su corazón latiendo a un ritmo salvaje, mientras éldesabrochaba los botones de sus pantalones. Trabajó en ellos lentamente, botón por
  54. 54. tortuoso botón, y ella curvó sus dedos en la arena para no saltar y ayudarlo.No podía evitar sonreír. Si la estaba provocando, funcionaba.Todo sentido de burlas voló un instante después, y él hizo un trabajo rápido en suspantalones. Era como el cielo cuando por fin se reunió con ella, cubriendo su cuerpocon el suyo. El calor la envolvió, y la sensación la tragó. La textura sedosa de su pieldesnuda contra la suya, sus pechos aplastados contra su pecho, el vello grueso ensus piernas.Su excitación liberada acarició su calor, y por un momento se quedó inmóvil, suspárpados cerrados, un silencioso gemido escapando de sus labios. Su cuerpo se hizoeco de la misma necesidad al rojo vivo, y envolvió sus brazos alrededor de él,aferrándose.Cuando sus ojos se abrieron, una vez más desafió la indomable imagen que ellatenía de él. Pasó sus dedos por su cabello y se inclinó para suavemente capturar suboca. La besó largo y lento, su lengua deslizándose dentro de ella para acariciar lasuya, y la hizo temblar con ternura y ansia preguntándose si le haría el amor de lamisma manera.La llevó al borde de la locura y la dejó desesperada por unirse con él, para apagarel infierno que había incendiado en su interior. Deslizó sus manos por su suave ylisa espalda para acariciar su trasero y arquear sus caderas contra las suyas.Michael dejó su boca para dejar suaves besos a través de su mandíbula y su cuello,antes de levantar su cabeza otra vez. Incluso en la oscuridad, la diablura brillaba ensus ojos.―¿Te estoy volviendo loca?Cerró sus ojos, movió su cabeza de lado a lado, y se aferró a su firme trasero másfuerte en sus manos.―Sí.Una risa baja retumbó fuera de él, y movió su lengua sobre su lóbulo de la oreja.
  55. 55. ―Bien. Eso es exactamente lo que me estás haciendo a mí.Su calor la dejó de nuevo, y el sonido tranquilo de un paquete de plástico siendoabierto viajó en el viento. Unos instantes después, regresó y rozó su boca sobre la deella.―Mírame, Cat.Abrió sus pesados ojos. Una por una, capturó sus manos, sujetándolas sobre sucabeza, y sabía que la acción no era sólo otra provocación. Era una atrevidadeclaración de posesión. Estaba en sus ojos. Ardían con tal intensidad que lacautivaron, dejándola sin aliento con anticipación. Cuando se arqueó contra ella, yla llenó, se tragó un grito suave, sintió esa posesión hasta las puntas de los dedos delos pies.Sin embargo, contradijo la feroz declaración cuando comenzó a moverse dentro deella. Le hizo el amor con una lentitud agonizante, estableciendo un profundo ylánguido ritmo que la llevó al borde de la locura. Fue electrizante y emocionante. Nopodía tocarlo, no podía envolver sus brazos alrededor de él y aferrarse a su cuerpo.Sólo podía sentir, no tuvo más opción que dejarse ir, dejarlo elevarla.Así que se entregó a él. Disfrutando el increíble placer de ser tan completamenteposeída, tan ligera y libre, apenas capaz de recuperar su aliento.Cada movimiento medido los impulsó hacia adelante, enviándolos bruscamentehacia el borde a un ritmo cada vez más frenético. Dejó caer su frente contra la deella, mirando tan profundo que lo sintió tocar su alma. Las profundidades oscuras lehablaron, dijeron más de lo que las palabras podían, haciendo eco de todas lasemociones vibrando a través de ella. Se necesitaban el uno al otro, con algo quetrascendía el placer físico y la liberación sexual. Era una unión de espíritus, dealmas. La libertad que podría dar al otro, que esperaba al otro lado. Ella se elevó,levantándose a encontrarlo, dejarlo tomar su cuidadoso mundo y girarlo fuera decontrol.
  56. 56. Como una erupción volcánica, su orgasmo golpeó, intenso, eufórico, liberador.Michael capturó su boca, tragando sus gritos, mientras ola tras ola sin fin de placerderritiendo sus huesos se desplazaba a través de ella. Pérdida de todo salvo élmoviéndose sobre ella, dentro de ella, voló sobre ese borde dentro del dulce olvido yse elevó por los cielos.En algún lugar en medio, su cuerpo se tensó contra ella. Alejó su boca y liberó susmanos. Su nombre se escapó de sus labios en un largo gemido que parecía arrancadode su pecho. Con un último impulso profundo, su propia liberación lo reclamó, sucuerpo temblando contra ella.Dejó caer su frente en la curva de su hombro, su respiración caliente y dura en suoído. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cintura y se aferró a él, su cuerpohaciendo eco de los pequeños temblores, las réplicas que todavía lo sacudían.Se acostaron de esa manera, por algún tiempo, silenciosos e inmóviles. Tenía miedode moverse, de dejarlo ir, miedo de que despertara para descubrir que era sólo unsueño.Con la estabilización de su propia respiración, lentamente se volvió consciente delo que la rodeaba de nuevo, del agua fría lamiendo sus dedos de los pies, y el hechode que estaban al descubierto, expuestos.―¿Michael? ―Acarició su espalda.―¿Hm? ―Su respuesta flotó ahogada y con sueño desde su garganta. No movió ni unmúsculo.―Deberíamos entrar a la casa.―Cierto. En cuanto recuerde cómo moverme.Su risa tranquila resonó en la noche.* * *Michael despertó a la mañana siguiente en un suave y cálido capullo dealmohadas y mantas enredadas. Curvas claramente femeninas moldeadas a él, la

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