Her knight in black leather by j. m. stewart
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×
 

Her knight in black leather by j. m. stewart

on

  • 1,303 views

 

Statistics

Views

Total Views
1,303
Views on SlideShare
1,303
Embed Views
0

Actions

Likes
0
Downloads
10
Comments
0

0 Embeds 0

No embeds

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Adobe PDF

Usage Rights

© All Rights Reserved

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

Her knight in black leather by j. m. stewart Her knight in black leather by j. m. stewart Document Transcript

  • http://simplybooks.foroperu.org¡Descubre tu próxima aventura!
  • Staff- Moderadoras: Clau y Mona.- Traductoras - CorrectorasClau NanisAria Brenda CarpioVettina CaamilleXhessi carosoleMirSusanauribeAkanetMonaShadowyCuritibaLectoraNelly Vanessa- Recopilación y RevisiónNanis- Diseñonanuhd
  • Indiceo Sinopsiso Capítulo 1o Capítulo 2o Capítulo 3o Capítulo 4o Capítulo 5o Capítulo 6o Capítulo 7o Capítulo 8o Capítulo 9o Capítulo 10o Capítulo 11o Capítulo 12o Sobre el autor
  • SinopsisCat Edwards ha pasado toda su vida jugando a la flor en el viento en un esfuerzopor escapar del peso represivo del nombre empañado de su madre. Arrastrada a unbar por su mejor amiga en un esfuerzo por olvidar un corazón roto, el tímido ratónde biblioteca está decidido a ser otra persona durante la noche, pero pronto se levuelve todo de cabeza. Descubre que la caballerosidad no ha muerto después detodo, cuando un misterioso extraño viene a su rescate. Viste cuero negro y unasonrisa pícara que promete ser exactamente lo que necesita.Cuando su padre, quien sufre una enfermedad terminal, sufre un revés, MichaelBrant regresa a una ciudad a la que hace diez años juró nunca volvería. Ha venidoa casa esta vez decidido a hacer las paces con el pasado que le atormenta, pero estaren casa trae memorias que no quiere volver a recordar. En su primera noche en laciudad, es capturado por una damisela en apuros. La belleza de Cat se hace aúnmás atractiva cuando se da cuenta de que ella no tiene idea de quién es. Él no puederesistirse a pasar una sola noche en sus brazos. Con ella, es sólo un hombre,desconectado de su apellido y del pasado que lo persigue aquí.A medida que la ciudad entra en erupción con la noticia de su regreso, el oscuropasado de Michael vuelve para atormentarlo, poniendo a Cat en peligro. Alguienestá amenazando su vida y la de su familia. Desesperado por evitar que la historiase repita, Michael ofrece su apellido con el fin de mantenerla a salvo. Cuando lasespirales de mentiras superen su control, ¿podrán también detener a sus corazonesde enredarse?
  • Capitulo 1Traducido por ClauCorregido por Nanis―Nena, debes estar agotada.Cat Edwards contuvo un gemido mientras Hulk el borracho musculoso, un hombremás grande que ella que se veía como si pudiera presionarla dos veces contra labanca, se apoyó con fuerza en la barra a su lado. Sus ojos hacía tiempo que estabanvidriosos y una sonrisa tonta se extendía por su rostro rojo remolacha. Movió suscejas hacia ella, como si de alguna manera esperara impresionarla. ¿Con qué? ¿Conel hecho de que incluso apoyado en la barra apenas podía mantenerse en pie?Orando porque captara la señal y se fuera, negó con la cabeza y se volvió hacia subebida. Esa era, con mucho, la peor línea que había escuchado desde que llegó haceuna hora, y la había oído bastante. Al parecer, sentarse sola en el bar y tomar unacopa de vino hacía justo su juego.Cat lanzó una mirada alrededor, buscando en la pista de baile el rostro familiar desu compañera de cuarto y mejor amiga, Lisa Caldwell.Lisa había desaparecido hace dos canciones con un tipo muy parecido al queactualmente estaba colgando de la barra al lado de Cat y no había vuelto.No podía creer que el lugar estaba lleno. Crest Point contaba con doscientos milhabitantes y estaría dispuesta a apostar que todas las personas entre veintiuno ycuarenta y cinco años estaban esta noche en la taberna. Roadie´s publicitaba lamejor barra de comida en la costa de Oregón. Según Lisa, el lugar estabanormalmente vacío y silencioso. Al parecer, había sido parte de Crest Point desdeque la ciudad comenzó, hace más de un centenar de años atrás. Con paredes de
  • madera oscura y una iluminación tenue, el lugar tenía un ambiente acogedor, casiíntimo, a pesar de su tamaño. La barra en la que se sentó era pulida hasta brillar,con bordes tallados. Una vieja máquina de discos de estilo antiguo forraba unapared, pero en la parte trasera había un pequeño escenario alrededor del cual estabareunido casi todo el mundo.El pub presentaba bandas locales los fines de semana y, al ser viernes por lanoche, el grupo presente atraía una gran multitud.Cuerpos llenaban la pista de baile y se derramaban alrededor de las mesascercanas, con apenas espacio suficiente para moverse a través de la espesa multitud.La música golpeaba por todo el lugar, todos los cuerpos saltaban y se movían con elpalpitanteritmo.Cat buscó en la pista de baile otra vez esperando detectar cualquier signo de Lisaentre el mar de carne.¿Qué pasó con "noche de chicas", de todos modos?―¿No... no me vas a preguntar por qué? ―Sus palabras eran lentas y confusas, elhombre junto a ella se deslizó encima del mostrador y luego se irguió como si élmismo se sintiese atrapado.Cat suspiró.―No.Ya se sabía el chiste: “Porque has estado corriendo en mi mente todo el día”. Yahabía oído la misma línea dos veces esta noche, cuando había sido losuficientemente ingenua como para preguntar por qué.No podía dejar de sacudir la cabeza mientras miraba sobre él de nuevo. Él sequedó mirando su pecho y no se molestó en ocultarlo.Siguiendo su mirada, miró hacia abajo a su camiseta tipo tanque color salmón,
  • deseando no haberle prometido a Lisa quedarse una hora más.Quería desesperadamente ir a casa a cambiarse. Nunca en su vida había recibidotanta atención de la población masculina. Siendo una morena de apenas un metrosesenta, la mayoría de los hombres la pasaban por alto.En su mayor parte, era así como lo prefería.La camisa era de Lisa y, dado el estilo de su mejor amiga, era ajustada y de unatalla muy pequeña. El escote redondo era peligrosamente bajo, lo que combinado conla tela de algodón elástico, hacía que su sobre-dotación destacara como un letrero deneón parpadeante. Lisa la había convencido de que se veía bien y, para el momentoen que salieron de la casa, le había creído. Ahora, una hora y cinco hombresembobados más tarde, se sentía casi desnuda.―Déjamme ccomprarrte un trago entonces.―Tengo uno, gracias. ―Sin mirarlo, levantó su copa en dirección a él, rezando paraque captara la seña y se fuera.No quería ser grosera, pero había descubierto de mala manera que cualquierinteracción era tomada como estímulo. Cat puso su codo en el borde de la barra ygolpeó su barbilla en la mano.¡Qué manera de olvidarse de un corazón roto! Hace dos meses, había capturado asu ahora ex prometido, que también era su jefe, follándose a su rubia secretaria.Normalmente, no se habría sorprendido. La mayoría de los hombres que cruzaron suvida eran iguales. Había creído en Nick, le había permitido convencerla de que loschismes estaban equivocados. Había sido un ejercicio deprimente descubrir quedebía haber escuchado a sus entrañas. Por lo tanto, Lisa insistió en venir al bar estanoche. “Lo que necesitas”, dijo Lisa dos horas antes, “es salir y vivir un poco.Mostrarle a Nick que no lo necesitas”.En ese punto, Cat estuvo de acuerdo. ¿Ahora? Bueno, ahora sentía de una forma
  • distinta.Hasta el momento, no estaba viviendo, ni siquiera un poco. Lo único que habíaconseguido por su esfuerzo era miradas lascivas y manoseos. ¿Estaba haciendo estomal?―Bueno, entonces estás libre para bailar.El hombre junto a ella le tomó la mano y tiró de su brazo. Un movimientodestinado a ser suave y fresco se presentó como otra cosa dado su estado deembriaguez. Haló demasiado duro, perdiendo el equilibrio y tambaleándose haciaatrás.Habiendo tenido sus tacones enganchados en el peldaño más bajo del banco de labarra, Cat plantó los pies para evitar que la halara hasta el suelo.―Mira. ―Cuando se enderezó, tiró su mano hacia atrás y se volvió hacia él, sinmolestarse siquiera en ocultar la frustración hinchándose en su interior―. No estoyinteresada, ¿de acuerdo?―Tranquila. ―Él dejó escapar una risa y se sentó de bruces en el taburete a su lado.Casi resbala por la orilla, pero se las arregló para mantenerse en el último segundo.Cuando recobró el equilibrio, se inclinó hacia adelante y deslizó su mano sobre sumuslo―. Solo estoy siendo amigable.La lujuria y la determinación le llenaban los ojos, lo que le puso la piel de gallina.De pronto tuvo la escalofriante sensación de ser un gusano colgando en el extremode un anzuelo a punto de ser la cena. Este era un escenario familiar, uno que habíavivido demasiado tiempo. Los chicos en la escuela secundaria pensaban que susencantos podían hacerla cambiar de opinión. No importaba cuántas veces sacara lasmanos de ellos de sus piernas, volvían, y cada vez llegaban unos centímetros másarriba, acompañadas de sonrisas más amplias. Como si, de alguna manera,pensaran que con la suficiente persistencia lograrían llegar a su cueva. Para colmo,su aliento fétido la amordazaba.Cuando él trató otro agarre, esta vez sobre la mitad del muslo y comenzó a
  • avanzar unos centímetros, decidió que era hora de dejar de jugar bien. Apretó losdientes.―Quita tus manos...El resto de la frase murió en sus labios mientras un par de suaves, cálidas manosse deslizaban sobre sus hombros desnudos, dándoles un suave apretón. Cuandosiguió avanzando, esta vez por sus brazos, su espalda se tensó y apretó los dientes.Nunca más. Nunca regresaría aquí de nuevo y mataría a Lisa por dejarla sola.―Sígueme el juego. ―Su voz fluyó en su oído, rico y suave y sensualmente oscuro. Eltipo de voz que bien podría imaginar susurrándole en la oscuridad. Añadía, además,una pequeña picazón en la mejilla y, por un momento, su mente se retorció en otradirección, llenándose de fantasías traviesas. De repente, se moría por ver el rostrodetrás de la voz. Más alto, dijo―: ¿Me extrañaste?Sedosos labios suaves rozaron su oreja mientras hablaba, combinando con lacalidad profunda y sensual de su voz, lo que enviaba deliciosos escalofríosresbalando por su espalda.Por un momento, Cat se olvidó de respirar, se olvidó de lo que se suponía quedebía estar haciendo. En algún lugar a través de la neblina que se hizo cargo de sumente, finalmente le llegó la comprensión. Su cuerpo se relajó con alivio. Tuvo larepentina urgencia de dar media vuelta y abrazar al hombre. La caballerosidad nohabía muerto con el rey Arturo, después de todo.―Llegas tarde. ―Jugando su parte, se enderezó en su taburete y se remontó paraenredar sus dedos con los de él. Dedos suaves y gruesos que llenaban su menterecalentada con visiones de ellos deslizándose sobre la piel. La mano del patánfinalmente se apartó de su muslo, y Cat se tragó un suspiro de alivio, luego girópara mirar a su salvador―. Se suponía que estarías aquí...Su tren de pensamiento se descarriló cuando se encontró cara a cara con el centro
  • de un amplio pecho. Un grueso, musculoso pecho apenas contenido por unacamiseta negra que lo cubría. Su corazón se saltó varios latidos mientras seguía losmúsculos hacia arriba, más allá de los hombros aún más amplios, hasta que sumirada chocó con un par de ojos marrón oscuro que la dejaron sin aliento.Oh, muchacho. Apretó la boca y tragó saliva. Una sombra de barba cubría unamandíbula fuerte y cuadrada, dándole un borde áspero y rugoso. Su cabello espeso ycasi negro, lamía el cuello de la chaqueta de cuero gastado, lo suficiente para serrebelde y alborotado por el viento. Sus dedos se morían de ganas de llegar arriba ydeslizarse por el cabello para ver si se sentía tan suave como parecía.―Perdóname. ―Al inclinarse a nivel de sus ojos, los vio arder con un significadooculto en sus profundidades oscuras que no pudo entender. No podía concentrarsemucho más allá del hecho de que su rostro estaba ahora a un escaso centímetro delde ella. Su suave y cálido aliento se desplegaba de sus labios, y su mirada se quedóatrapada en aquella boca que le había enviado deliciosas sensaciones zumbando através de su cuerpo hace apenas un minuto.Antes de que pudiera pensar qué demonios quería decir o llegar a una respuestaadecuada, su juego dio un paso más allá.La besó.Una mano se deslizó en su cabello, ahuecando la parte posterior de su cabeza,mientras la malvada boca se apoderaba de ella. Atrapada con la guardia baja, Catluchó con cómo responder. Él la había sacado de un problema e impedido quetuviera que hacer una escena. Odiaba hacer escenas, simplemente porque su madrelas había hecho demasiadas veces.Así que Cat había luchado toda su vida por tratar de mezclarse con la multitud,sin darle a nadie una razón para mirar en su dirección. Una parte de ella decía quedebía estar agradecida con él. Otra parte gritaba que le diera una bofetada. Estabatomándose libertades que no debería permitirle.
  • Su cuerpo, sin embargo, tenía otras ideas.Tenía la cabeza inclinada hacia un lado, con la boca apoyada sobre la suya, y Catolvidó hasta su nombre.La forma en que sus cálidos labios de terciopelo cubrían los de ella, hacía que sucabeza nadara, jugara y tomara parte en un gentil pero demandante intercambio.Como un amante regular que sabía cómo hacerla fundir a su antojo. No tenía esesabor amargo a cerveza que le daba ganas de vomitar.Sólo calor, humedad embriagadora que le drenaba, haciéndole tirar su cabezahacia atrás y abrirse para él. Un pequeño gemido de rendición salió de su boca y,antes de que pudiera pensar en detenerse, Cat se apoyó en él.Tan abruptamente como la había besado, se apartó. Mareada y sin aliento, Catabrió los ojos y se agarró del borde del mostrador para mantener el equilibrio, yluego trató de concentrarse en calmar el feroz latido de su corazón.Mirándola fijamente, con asombro danzando en sus ojos oscuros, su salvadormurmuró:―Lo siento, amigo, ella está tomada.Sus mejillas ardieron cuando la realización la golpeó. Oh, ella no acaba de hacerlo.No había besado a un desconocido en medio de un ruidoso bar.Buen Dios. Había hecho exactamente eso.No sólo le había gustado, sino que además le había devuelto el beso.La emoción agitaba dentro de ella, una sensación de vértigo que brotaba comodemasiado champán, cálido y hormigueante. La sensación mezclada con undesasosiego la había dejado temblando.Antes de salir del apartamento, Lisa le había dicho: “Sólo por esta noche, Cat, dejade ser tú y déjate ir. Date permiso para tener un poco de diversión”. ¿Era eso lo quesu intrépida mejor amiga entendía por “dejarse ir”? ¿El simple lujo de permitirse
  • disfrutar de besar a un desconocido?Bueno, está bien, tal vez no lo era. La Idea de Lisa de soltarse implicabageneralmente grandes cantidades de alcohol, música fuerte y hombres con grandesmúsculos. Seres que por lo general llegan a casa con ella. El lema de Lisa era "sólose vive una vez".Sin embargo Cat tenía que admitir, que el hombre era fenomenal besando. Sólo así misma se admitiría alguna vez que lo había, de hecho, disfrutado.El borracho se alejó a trompicones. Cuando su salvador se sentó en el taburetejunto a Cat, todo dentro de ella se apretó. Le temblaban las manos y estruendosasmariposas se dieron a la fuga en su estómago. Oh Dios, ¿qué debía decir? No habíahecho nada de esto en meses. No había salido con nadie, excepto Nick en más de unaño y medio.Diablos, ¿a quién quería engañar? No había salido mucho y punto.―Lo siento ―dijo su salvador a su lado―. Fue lo único que se me ocurrió.Ella se giró para mirarlo.Un hombro se levantó en un gesto a medias, pero ese brillo travieso no habíadesaparecido de sus ojos.Ella le ofreció una sonrisa de agradecimiento.―Aprecio el esfuerzo. Gracias.―Se podría decir que ya recibí mi agradecimiento. ―Le guiñó un ojo, su bocacurvándose en una sonrisa de medio lado que le hacía aparecer un hoyuelo en lamejilla.Cat no podía dejar de mirar fijamente su sonrisa deslumbrante. Se preguntócuántas mujeres había cautivado con ese hoyuelo.También se preguntó qué mirada cruzaría sus ojos oscuros actualmente bailandoante ella, si se inclinaba y lo besaba. Su estómago revoloteó en respuesta, llevando
  • sus latidos a otro nivel. Que Dios la ayudara, el hombre era atractivo sexualandante. Un chico malo que pertenecía a la parte trasera de una Harley, todo alto,oscuro y misterioso. Solo mirarlo hacía que su lengua se anudara. Toda ella era unnudo.Sonrió de nuevo, esta vez más blando, más relajado y extendió la mano.―Soy Michael.Algo en esa sonrisa, sin embargo, provocó un cambio en su interior. Tan natural yrelajado, aliviaba los nudos nerviosos en su vientre. Dibujando en el calor queirradiaba de él, ella deslizó su mano en la suya.―Cat.Él arqueó una ceja, divertido, bromeando.―¿Alguien alguna vez te llamo gatito?Cat quiso rodar sus ojos. Durante años la gente se había burlado de ella con eseapodo tantas veces que no podía contarlas todas con las dos manos y los diez dedosde los pies. Por lo general, las llamadas a Cat venían con rondas de "aquí, gatito,gatito, gatito" y risas de los chicos. Los ojos de Michael bailaban con una potentemezcla de diversión y diabluras que hacían que su corazón dejara de latir. Se sintiófuertemente presionada a no reírse en respuesta.Entrecerró los ojos juguetonamente.―Nadie que valore su vida. ―Luego levantó una ceja, devolviendo la pelota a sucancha. Dos podían jugar ese juego―. ¿La gente te llama Mike?La comisura de su boca se torció.―Nadie que en realidad quiera que responda.El camarero, un rubio un poco mayor que la multitud de veinteañeros que llenabael lugar, apareció delante de ellos, inclinó sus manos sobre la barra y se volvió haciaMichael.―¿Cerveza?Michael asintió con la cabeza.
  • ―Lo que sea que hay en el barril.―¿Quieres una recarga, cariño? ―Asintió el barman en la dirección de su copa mediovacía.―No, gracias. ―Después de haber visto a su madre beber debajo de la mesademasiadas veces, se conocía. Dos era definitivamente su límite. Le permitíadisfrutar de un par de copas de vino con sus amigos sin llegar a tener la mentenublada.Michael apoyó el codo en la barra, con la cabeza casualmente apoyada sobre supuño.―Una mujer como tú no tiene ninguna oportunidad en un lugar como este, ya sabes.¿Era su versión de una línea de levante? Si lo fuera, funcionaba. Estaba intrigada.Ella arqueó una ceja.―¿Una mujer como yo?―Mm. ―Las comisuras de su boca se relajaron, su expresión se suavizó, divertida.Su mirada revoloteó sobre ella, deslizándose por su cuerpo detalladamente. Cuandola miró de nuevo, una llamarada de calor llenó sus ojos. Un casi murmullo desatisfacción hizo que cada centímetro de ella de repente se avivara ante laconciencia―. No parece como que pertenecieras aquí.Haciendo caso omiso a la piel de gallina ahora haciéndose presente en la superficiede su piel, se obligó a concentrarse en sus palabras.―Ni tú. Te ves más como si deberías estar en un bar de moteros en algún lugar,rodeado de hombres barbudos vestidos de cuero manejando Harleys.Una risa retumbó fuera de él.―Es verdad, pero te quedarías fuera. Eres un poco blanda para ese lugar. Te vesmás como si pertenecieras a una biblioteca. ―Las comisuras de sus labios securvaron en una sonrisa suave―. También parecías incómoda. Es por eso que medetuve a ayudarte.
  • Quería reír. Él la había analizado.―En realidad, tienes razón. ―Dejó escapar un suspiro―. No suelo ver la necesidad dellegar a un bar. Si quiero una copa de vino, compro una botella y disfruto de ellamientras leo. Una amiga me convenció de que viniera y luego me abandonó.―Levantó su vaso y bebió un sorbo de vino, lanzando una mirada de reojo―. Podríahaberlo manejado, ya sabes. Mi madre me enseñó autodefensa.Él arqueó una oscura ceja y la estudió por un momento.―Habría pagado un buen dinero por verte ponerlo en su lugar, pero odiaría verte conlos nudillos fracturados por darle un puñetazo. Su mandíbula parecía muy sólida.―Éltomó su mano de donde reposaba sobre su muslo, deslizando el pulgar sobre susnudillos, haciéndola sentir más escalofríos que ponían la carne de gallina en subrazo.Tenía las manos más fantásticas. Muy masculinas, de palma amplia y dedoslargos, con una almohadilla gruesa en la base del pulgar, sin embargo, su piel erasuave como la seda y libre de callos. No encajaba con la imagen salvaje quemostraba. Según su experiencia, manos como éstas pertenecían a hombres quepermanecían sentados detrás de un escritorio todo el día, que llevaban pantalonesarrugados y corbatas de seda. El pensamiento hacía que Cat se preguntara quéhacía para ganarse la vida. Luego le hizo preguntarse cómo se sentirían esas manosdeslizándose sobre su piel...Se sacudió el pensamiento y levantó las manos en señal de derrota.―Está bien, tú ganas. Estaba en desventaja y me rescataste. Te debo una.Las comisuras de su boca se curvaron, la satisfacción y gratificación iluminaronsus ojos.―¿Entonces, viniste por la banda?El camarero regresó con la bebida, y Michael le dio las gracias antes de volverse
  • hacia ella y enrollar su mano alrededor de la copa.―Nope. Sólo quería una cerveza. ―Levantó un hombro de una manera pocoentusiasta.Ella no pudo evitar sonreír.―Por suerte para mí entraste cuando lo hiciste.―Suertuda ―le dijo y le sostuvo la mirada, de párpados pesados y una expresiónsuave y cautivadora durante el tiempo que le llevó tomar un tembloroso suspiro.Líquidos y profundos como piscinas, tenía la sensación de que podría perderse enesos ojos. El hombre tenía ojos de dormitorio, pero lo encontraba extrañamenteabierto y honesto, como si no sintiera la necesidad de esconderse detrás depretextos. Sí, definitivamente había cautivado a decenas de mujeres con esos ojos yesa sonrisa. De hecho, ahora hacía que se le cayeran las bragas.Agarró el tallo de su copa con dedos temblorosos y le dio vueltas sobre elmostrador. El instinto le decía que se levantara y fuera a buscar a Lisa.Pensamientos como aquellos la meterían en un mundo de problemas. Ya lo habíanhecho. Había dejado que nublaran su juicio, haciéndola creer en Nick, y en un“felices para siempre”. Ahora sabía la verdad, ¿no era así?Su corazón se retorció con un dolor familiar, y la ira se levantó de nuevo. Volvió aoír en su cabeza la voz de Lisa. “Uno no puede simplemente sentarse aquí yrevolcarse en la autocompasión Cat. ¡Fuera, regresa a ese caballo y demuéstrale aNick que no lo necesitas!".Ella miró a Michael. Todavía la miraba, pero el calor de antes se había derretidoen algo más sombrío. No haría daño sentarse y tomar algunos tragos... ¿verdad?Arqueó las cejas mientras levantaba su copa hacia la boca y bebió un sorbo.―¿Te quedarás un rato o simplemente de paso? No puedo decir que conozco a todo elmundo en la ciudad, pero estoy bastante segura de que me acordaría de ti.―Me quedaré por un tiempo. Vine a visitar a la familia. ―Algo brilló en sus ojos, una
  • pizca de algo que se fue antes de que hubiera captado lo que había sido―.Simplemente hace tiempo que no vuelvo.Su reacción molestaba el fondo de su mente. Parecía, que por un momento, estuvoa punto de encerrarse. Su cuerpo se puso rígido a su lado, la chispa traviesa que lehacía tan peligroso y tan sexy a la vez se borró de su comportamiento entero.Así como una muy ligera insinuación de una herida que no podía ocultar. Sentarseallí y ver la pesadez de repente colgar sobre él, le hizo preguntarse qué significabapara él venir a esta ciudad. También le daba un sentido de camaradería con él.Regresar a la ciudad hace tres años tampoco había sido fácil para ella.Había ido a vivir con su padre cuando tenía dieciséis años y rápidamente aprendióque Crest Point era la clase de ciudad pequeña en la que todos se conocían. Lo quesignificaba que todo el mundo estaba metido en tus asuntos y la gente tenía ciertasexpectativas. Podría ser muy pintoresco y encantador. Hay gente aquí que daría suvida por los demás.La gente también hablaba porque no tenía nada mejor que hacer. Vivir aquísiempre la hacía sentir como si viviera en una pecera. No podía ocultarse. Eso eradesconcertante.¿Había llegado a la barra por la misma razón que ella, para escapar de algo? labibliotecaria conservadora en ella insistía en que debía levantarse, pero unabrumador deseo de entablar conversación con él se apoderaba de ella, aunque sólofuera para ver ese brillo travieso alcanzar de nuevo sus ojos.―Entonces. ―Levantó su vaso y bebió un sorbo de vino―. ¿Asumo que acabas dellegara la ciudad, entonces?Volvió la cabeza, parecía estudiarla un momento y luego asintió.―Vine directamente de la carretera.―¿De dónde?―Los Ángeles.
  • Sorprendida, alzó las cejas.―Es un largo viaje. Debes estar cansado.Se encogió de hombros, relajado y sin arrepentimientos.―Me tomé mi tiempo, conduje por la costa.La simple afirmación le dijo mucho sobre él. Es decir, que no tenía demasiadaprisa como para no apreciar la belleza de la naturaleza. En la superficie parecíantan diferentes, sin embargo ya tenían algo en común.―Hay hermosas playas durante toda la ruta. También algunos de los mejoresatardeceres que he visto.La sorpresa se encendió en sus ojos, las cejas aumentando.―¿Haz estado por allí?Ella asintió con la cabeza.―Cuando tenía trece años. Mi madre y yo nos mudamos de Los Ángeles a Seattle.Uno de los recuerdos más agradables que tenía de su infancia y de la mujer que lacrió.―Algo en común ―murmuró él las palabras, con asombro y diversión en su voz.Relajó su postura, el calor llenaba sus ojos con un triunfo creciente en su pecho.Tomó un sorbo de su cerveza―. Y, ¿dónde está tu amiga?―Oh, Lisa me abandonó por un tipo con grandes bíceps. ―Ella se inclinó más, logróencontrar realmente a Lisa entre la multitud reunida en la pista de baile, y laseñaló―.¿Ves a la niña en el vestido rojo apretado? Esa sería mi cita de esta noche. ¿Ves alchico con ella? El tipo que despachaste habría sido simplemente su tipo.Francamente, me iría, pero le prometí que al menos trataría de pasar un buen rato.Eso es lo que se supone que estoy haciendo aquí.Ella suspiró y apoyó la cara en su mano.¿Sonaba tan patética como se sentía?―Tienes razón. Normalmente me paso los sábados por la noche acurrucada con unbuen
  • libro. Toda esta escena de bar no es lo mío. Es un poco abrumador, en realidad. Lamúsica es un poco demasiado fuerte, el ritmo hace latir mi cabeza, y el gran númerode personas me vuelve un poco claustrofóbica.Se había sentado en la barra, porque allí la multitud era menos numerosa, y notenía que gritar para que la escucharan. Era patético, realmente. Tenía veinticincoaños pero parecía de cuarenta. Este tipo de escena debería ser exactamente lo quealguien de su edad buscaba. Siempre se había sentido mayor a su edad.―Entonces, si se supone que deberías estar muy divertida, ¿por qué no estásbailando por ahí?― Él levantó una ceja en un divertido reto.Ella le lanzó una sonrisa irónica.―Oh, eso es fácil. Me acobardé. Me siento como un pez fuera del agua aquí. Lisa selevantó a bailar, pero yo no pude ser tan audaz. ―Negó con la cabeza―. Bailar solase siente patético.Sus ojos se estrecharon. Se sentó estudiándola durante tanto tiempo y con talintensidad, que se removió bajo el calor de su mirada, apretó las manos temblorosasy jugueteó con la servilleta. Le hizo preguntarse qué era lo que veía, la hizo sentirsecomo ese pez en la pecera de nuevo, y el alhelí dentro de ella quería de repentefundirse con el suelo.Cuando se bajó del taburete y se puso de pie junto a ella, su corazón dio un vuelco.Grandioso. El único hombre interesante que había conocido en toda la noche, ylograba ahuyentarlo siendo la misma aburrida tonta.―Baila conmigo.Ante el sonido de su voz, sacudió la cabeza en dirección a él, incapaz de detener lasorpresa que rebotaba dentro de su pecho. Se había quitado la chaqueta y colocadoenel taburete, manteniendo una mano en silenciosa invitación. La suavidad de sus ojoscasi le invitó a aceptarlo.La voz de Lisa resonó en su cabeza. "Sal y vive un poco, Cat. Sé alguien que noeres”.
  • Lisa tenía razón. ¿Cómo podía herirla un baile?Cuando deslizó la mano en la suya, él le sonrió, luego le tomó la otra y suavementela ayudó a ponerse de pie. Por un momento, se quedaron mirándose el uno al otro,esos ojos negros encapuchados, llenos con un algo misterioso que la hacía temblar denuevo con esa abrumadora sensación de auto conciencia.Tenía a su mente recordándole ese beso de nuevo, y de pronto, sintió que moríapor otra probada. No parecía estar sola en ese sentimiento, por su mirada, elhambre brillaba en sus ojos, moderada, pero de todos modos presente.Un instante después, le soltó la mano y se volvió, conduciéndola en silencio através de la multitud de gente hacia el centro de la pista de baile. La canción que labanda tocaba cambió, y los acordes de un ritmo más suave llenaron la habitación.La gente alrededor de ellos se emparejó. Sus nervios saltaron. Enaproximadamente dos segundos iba a envolverla en sus brazos. Sentiría su cuerpolargo y duro contra el de ella, y cada deliciosa sensación parecía dirigirse hacia elsur, presionando entre sus muslos.Sin embargo, Michael no envolvió sus brazos alrededor de su cintura de la maneraque esperaba. En su lugar, posó una mano en la parte baja de su espalda mientrasla haló contra él. Su otra mano apretó la de ella y se las guardó en su pecho.La posición formal de baile la sacó de balance de nuevo y contradijo la imagensalvaje que ofrecía. Insinuaba más sorpresas debajo de la superficie, y el cielo laayudara, pero anhelaba descubrir todos y cada uno de ellos, para encontrar alhombre detrás de la máscara.Una parte de su mente gritaba en advertencia. ¿Estaba loca? Acaba de conocer aeste hombre. Ella no hacía este tipo de cosas. Este era el estilo de Lisa, no el suyo.No importaba que su compromiso con Nick acabara de terminar. Lo último quenecesitaba era involucrarse de nuevo tan pronto.Michael abrumaba sus sentidos.
  • Su presencia exigía atención. Sospechaba que donde quiera que fuera, destacabaentre la multitud. No por lo que dijera o hiciera, sino por la confianza que emanabade su comportamiento. Como si no le importara lo que pensaran las demás personas.Sin embargo, había una abierta honestidad en él que la desarmaba completamente.Justo en lo que no debería confiar.Por el momento, con ese cuerpo fuerte y todos esos músculos apretados contra ella,no podía ni recordar su nombre, mucho menos por qué ésta era una mala idea. Él laabrazaba tan cerca que sus senos rozaban el sólido muro de su pecho. Susmusculosos muslos se deslizaban contra los de ella, mientras se movían al ritmo dela suave música. Su olor, una mezcla de jabón, algo de cuero y todo de hombre, laenvolvía, llenando sus pulmones en una fuerte ráfaga cada vez que inhalaba. Paraese momento, se sentía... envuelta en él. Un lugar en el que de repente anhelabaestar.―Entonces, ¿quién fue el que te rompió el corazón y te envió a un lugar como este atratar de olvidar? ―Su voz sonó como un zumbido silencioso en su oído, su alientocaliente contra su lóbulo sensible, enviando pequeños temblores por su espinadorsal. No le fue mucho mejor cuando se apartó para ver sus ojos. Esos fondososcuros, líquido a fuego lento con deseo pulsaban a través de ella. Sin embargo, algoacerca de ellos irradiaba un calor honesto que la hacía sentir reconfortada.―Eres muy perspicaz.―He estado allí. ―Él se encogió de hombros despreocupadamente, pero sus ojosmostraban la verdad. Alguna vez, alguien había roto su corazón.Ese conocimiento era otra pieza que se filtraba dentro y le daba ese sentido decompañerismo.―Encontré a mi prometido con su asistente en su oficina. Además él era mi jefe. Letiré el anillo en la cara y renuncié al trabajo. El solo pensar en ese día me haceenojar de nuevo. Me había olvidado de mi bolso y regresé, encontrándolo con lospantalones enredados en sus tobillos. Ni siquiera se había molestado en cerrar lapuerta de su oficina.
  • Ella bajó la mirada al suelo, el rubor de la humillación calentaba sus mejillas.¿Cómo podía haber sido tan ingenua, tan ciega? Nick era de una de las familiasmás prominentes de la ciudad, ricos y poderosos. No había sido más que un juguetepara él, una excursión. Un año de su vida desperdiciada.―Es su pérdida, si me preguntas. ―La voz de Michael retumbó baja y ronca al ladode su oreja. La arrancó de esos pensamientos, volviendo a centrarse en el hombreque la sujetaba. Un hombre cuya intensa mirada la hacía sentir como la única mujeren la habitación. Algo que, ahora tarde reconocía, Nick no le había hecho sentir. Unacálida sonrisa tiró de las comisuras de la boca de Michael. Le guiñó un ojo―. Pero miganancia.Mientras lo miraba, eso la golpeó.El corazón le retumbaba en sus oídos, amenazando con golpearla directamente enel pecho. Lisa tenía razón. Ya era hora de dejar de vivir en las sombras. Esta nochequería libertad. Eso era lo que Michael representaba, una oportunidad de libertad.Con él, no tenía que fingir ni preocuparse por el qué dirán. Podía ser... Cat. Inclusosi lo único que hacían era bailar.Permitiéndose a sí misma ese momento, se apretó tímidamente y apoyó la cabezacontra su pecho. El brazo de él se apretó alrededor de su cintura y la envolvió en supoderoso abrazo, un lugar inquietante en el que estar, simplemente porque se sentíatan natural, tan cómodo. El hombre la llenaba de calor y la confortaba.Cuanto más tiempo se balanceaban con la suave música, más sus brazos seubicaban exactamente donde quería que estuvieran.―No bailas como un hombre que corre una moto.―¿Cómo sabes que corro? ―Su voz retumbó en su pecho, su corazón martillandodebajo de la oreja, diciéndole que no era el único afectado por su proximidad.Ella levantó la cabeza, mirando hacia él.―Conjetura afortunada.
  • ―¿Alguna vez has montado? ―Algo intenso destelló en sus ojos.Ella asintió con la cabeza.―Una vez, cuando era pequeña. El novio de mi madre. Nos estrellamos, y me rompíel brazo. ―Se estremeció ante el recuerdo. Después de eso pasó una semana en elhospital. Eran máquinas hermosas y nunca había olvidado la alegría y la libertad deviajar, pero la visión de hacerlo todavía la hacía vacilar―. Les he tenido miedo desdeentonces.Él se quedó en silencio durante tanto tiempo que podría jurar haber escuchado losengranajes girando en su cerebro. Por último, apoyó la cabeza junto a su oreja.―Estarías a salvo conmigo ―susurró las palabras, moviendo los labios contra suoreja sensible, enviando escalofríos por su espina dorsal.Sus palabras inspiraron imágenes: sentada detrás de él, con el frente enteropresionado íntimamente contra su espalda. Si cerraba los ojos, podía sentir todosesos músculos mientras enrollaba sus brazos alrededor de él y se agarraba confuerza. La emoción del viento en su cabello, el motor debajo de ella y un magníficohombre al que aferrarse...Esos ojos oscuros, una vez más la atraparon y la mantuvieron prisioneravoluntaria.―¿Es una promesa?Él negó con la cabeza, su mirada cociendo a fuego lento con la promesa delmomento.―No. Podría fácilmente ser golpeado de refilón por un idiota hablando por teléfono.A veces tienes que estar dispuesto a correr el riesgo. Si no lo haces, no estásrealmente vivo.Un estremecimiento la recorrió, una mezcla de miedo y excitación corriendo por suespina dorsal ante esas familiares palabras. Tenía que ser una señal.Todo lo que alguna vez había aprendido mientras crecía le gritaba que le dijera
  • que no. Esta no era ella. Normalmente no haría nunca algo tan atrevido como esto, yMichael no era normalmente su tipo. Pero, ¿no era ese el punto? ¿Ser alguien máspor una noche? ¿Ser libre?Michael tiró de ella imperceptiblemente más cerca.―Toma un paseo conmigo, Cat.Su tono de voz casi le suplicaba que dijera que sí. Su mirada grabada en ella.¿Estaba pensando en la idea de ella aferrándose a su espalda como una segundapiel? ¿La sensación de sus manos sosteniéndolo cerca? Otro escalofrío se deslizó porsu espalda, agrupándose caliente y deliciosamente en su vientre.―Me encantaría.
  • Capitulo 2Traducido por Aria y VettinaCorregido por Brenda Carpio―Aquí, ponte esto.De pie con Cat en el borde de la acera fuera del bar, Michael Brant deslizó suchaqueta por sus hombros y se la extendió. Para ser principios de julio, era unanoche balsámica, más cálida de lo normal, y el cielo estaba despejado. Una nocheperfecta para dar una vuelta. El pueblo estaba silencioso; el único sonido venía de lamúsica palpitante de detrás de ellos.―En caso de choque. ―Cat miró su chaqueta mientras él cerraba la pequeñadistancia que los separaba, y aunque ella ofreció una sonrisa burlona, un perceptivoindicio de temor brilló en sus ojos.Preciosos ojos de jade enmarcados por largas y oscuras pestañas la hacían parecertan exótica como el perfume pegado a su piel. Sutil pero poderoso a la vez, lafragancia le recordaba especias calientes. Algo sobre eso le hacía querer enterrar surostro en su cuello.Ese perfume y esos ojos. Se había quedado prendado desde el momento en que ellase dio la vuelta en ese taburete. En vez de dirigirse a la parte trasera del club paraencontrar a su hermano mayor, de la forma en que había previsto, se quedóalrededor. Había venido a Roadie para obtener la verdad de Gabe antes de quetuviera que dirigirse al hospital en la mañana. Quería saber en qué se estabametiendo antes de ir a ver a su padre. Luego había chocado con el desenfrenadodeseo en esos preciosos ojos. Lo había sentido en su beso. No había sido capaz deresistir su tentación.―Estás mostrando un poco demasiada piel para mi gusto. ―Mientras giraba la
  • chaqueta por detrás de ella y la ponía sobre sus hombros, le ofreció una sonrisatranquilizadora―. Por supuesto, me haría sentir mucho mejor si estuvieras usandopantalones, pero vamos a arreglarnos con lo que tenemos. ―Le guiñó un ojo,esperando hacerla sentir cómoda, ganándose una sonrisa suave que encendió esosojos.―Si hubiera sabido que iba a dar una vuelta contigo cuando salí de casa esta noche,habría usado pantalones vaqueros. ―Metió sus brazos por las mangas, con un brillocómplice en sus ojos, luego se volvió hacia su moto. Con la cabeza inclinada, caminóla longitud desde el guardabarros trasero hasta la rueda delantera, arrastrando susdedos a lo largo de las colinas y los valles de cuero y metal.El estómago de Michael se hizo un nudo mientras la observaba. La visión de ellaen su chaqueta tiró de algo más profundo. Hundió su pequeña y delgada forma ycolgaba más allá de su trasero. Sus manos se habían perdido en las mangas, perolucía extrañamente bien en ella. Alguna parte de él insistía en que no debería estaraquí con ella. No necesitaba más complicaciones ahora mismo. Había venido a casapara poner a descansar su pasado, y no necesitaba ninguna distracción mientrasestaba aquí.Mientras Cat redondeaba el guardabarros delantero y bajaba de la acera a la calle,lanzó una sonrisa sobre su hombro.―Tienes una bonita moto, Michael.En cualquier otra, esa mirada habría sido un obvio flirteo, una mujer provocando,haciéndose la tímida. En ella era simple y honesto.Lo cual resumía qué sobre ella le había atrapado como a un pez en el anzuelo.Tenía una cualidad dulce e inocente. La mayoría de las mujeres habrían tumbado aese tipo en el bar, pero Cat pareció estar fuera de su elemento. Apostaría dinero aque era leal y de corazón blando, el tipo de mujer que un hombre encontrabaesperándolo cuando volvía a casa por la noche. No podía recordar la última vez que
  • una mujer había sido sincera con él. Lo cual la hacía irresistible.Cruzó sus brazos sobre su pecho.―Gracias. Estoy enamorado de ella.Cat tenía un paso lento y sencillo mientras se movía alrededor de la parte traserade la moto, todavía arrastrando sus dedos. Su mirada se clavó en el suave balanceode sus caderas, la manera en que el ligero material de su falda se arremolinabaalrededor de sus delicados tobillos. Caminaba con una gracia fluida, cada paso ligeroy suave y completamente hipnotizante. Estaría bastante satisfecho de quedarse aquíy observarla caminar por la acera.―Así que, ¿cómo un hombre como tú consigue poner sus manos en una moto comoesta,de todas formas? ―Cerrando el círculo, redondeó el guardabarros trasero y subió a laacera, deteniéndose a pocos centímetros frente a él―. Parece personalizada. Lasmotos como esta, no son baratas.Michael no pudo detener su estúpida sonrisa. Cat tenía que ser la única personaen Crest Point que parecía no tener ni idea de quién era él. Un hecho que encontrótotalmente demasiado atractivo. Ansiaba el anonimato, que alguien le viera con ojosnuevos sin ideas preconcebidas. No había previsto encontrar eso en Crest Point. Laúltima vez que estuvo aquí, la gente lo evitaba. Gente con el corazón roto quetodavía le culpaban de una tragedia. Infiernos, todavía se culpaba a sí mismo.Cat sólo le miraba como a un hombre. Con ella, podía ser él mismo, desconectadodel nombre de su familia y el pasado que lo atormentaba. Incluso si sólo eran unaspocas preciadas horas, quería deleitarse en el tiempo que tenía con ella.―¿Cómo sabes eso? ―Levantó una ceja mientras se inclinaba alrededor de ella paratomar su casco desde donde colgaba en el manillar. Su cuerpo rozó el de ella, susesbeltas curvas presionándose ligeramente a lo largo de su longitud desde su pechohasta sus muslos.
  • Era una cercanía que sabía que ella notaba también, porque sus ojos abiertosbuscaron los suyos. Su respiración se atrapó, su pecho subiendo y bajando a unritmo cada vez más rápido. Dos veces su mirada cayó a sus labios, su lengua sedeslizó fuera para mojar su labio inferior.―Mi madre salió con un hombre que poseía una tienda de motos. ―Su voz salióentrecortada y distraída mientras le miraba fijamente.―¿El mismo que chocó? ―Él se enderezó, se obligó a dar un paso atrás, antes de quesorprendiera a los dos besándola otra vez. La primera vez había sido unaprovocación juguetona. Ella había capturado su atención, y él había presionado susuerte. No esperó que ella respondiera, que le devolviera el beso.Ella había construido un anhelo profundo en sus entrañas de saborearla otra vez.De sentirla gemir y apoyarse contra él, envolver su cuerpo alrededor del suyo. Ellale recordaba demasiado bien cuánto había pasado desde la última vez que sostuvo auna mujer. Dios, cómo echaba de menos la sensación de las suaves curvas femeninascontra él mientras dormía. Y aquí estaba ella, mirándole con un suave pero no poreso menos potente deseo en sus ojos.Su garganta se movió arriba y abajo cuando tragó, por un momento luciendo igualde nivelada por la atracción como se sentía él. Se aclaró la garganta y asintió, unaimpresionante mezcla de diversión y desafío brillando en sus ojos.―¿Y?―¿Me creería si dijera que la he construido? ―Aceptando el desafío y lanzándoselo aella, él levantó una ceja mientras sostenía el casco de la moto hacia ella.Cuando tomó el casco, su mirada se deslizó sobre él, hasta sus pies y de vuelta.―Podría ver eso. No tienes manos de mecánico, sin embargo. Demasiado suaves.Esperaba que me dijeras que trabajas en alguna oficina corporativa en alguna partey que montar en moto era un pasatiempo.Se le escapó una sonrisa por la ironía de su comentario. Su padre deseaba que
  • trabajara en una oficina corporativa, esperó que sus dos hijos entraran en el negociofamiliar. Que Michael no sólo no lo hubiera hecho sino que trabajara con sus manoscomo un peón inexperto irritaba al viejo hasta el extremo.―Montar en moto no es un pasatiempo. Es un estilo de vida. ―Le guiñó un ojo ymetió su mano libre en el bolsillo, pescando sus llaves―. Se podría decir que hederrochado. La construí hace diez años. No necesito mucho, francamente. Dame untejado sobre mi cabeza y una cama para dormir y soy feliz. El resto del dinero quegané fue a esta moto.Bien, así que esa era la verdad en su mayor parte. Era dueño de un apartamentoen L.A., amueblado sólo con lo necesitaba para vivir, y todo lo que tenía se lo habíaganado él mismo. Se fue de su pueblo hace diez años con nada más que su chaquetaen su espalda y la moto bajo él, determinado a probarle a su padre, al pueblo y a élmismo, que no era el jodido que todo asumían que era. Deliberadamente omitió lariqueza que había amasado en los últimos diez años. Había construido su empresadesde cero y lo había hecho bastante bien por sí mismo.Nada de lo que quería que ella supiera. Al menos no ahora, no esta noche. Estanoche simplemente quería ser él mismo.―Un hombre simple. ―Su expresión se suavizó; la calidez irradió de sus ojos.―Mm. ―Se deslizó alrededor de ella y se subió a la moto, montándola y soltando elpie de apoyo antes de mirarla de reojo.Ella se mantuvo inmóvil en la acera, el casco metido bajo un brazo. Laincertidumbre parpadeó en las profundidades de sus ojos. Su expresión le atrapó. Lesurgió un proteccionismo que no había sentido en años. Tenía un deseo abrumadorde tomarla en sus brazos y calmar su miedo. Aunque sabía que su miedo iba dirigidoa su moto, le recordó demasiado a las miradas que obtuvo andando por el pueblohace diez años. La expresión se alojó en sus entrañas como algo totalmente malo y lehizo más determinado a borrarla de sus ojos de forma permanente. Ganar su
  • confianza de repente se volvió muy importante.―Puedo llevarte a casa si quieres. O llamar a un taxi. La elección es tuya.―¿A dónde vamos?Inmediatamente su casa le vino a la mente.―Tengo un sitio en la playa. Es silenciosa y pacífica, pero está oscuro y el sitio esprivado, así que entiendo si decides que prefieres ir a casa.Ella tocó la correa del casco por un momento.―¿Debería tenerte miedo?Su estómago se hizo un nudo. No quería que ella se fuera, no quería llevarla acasa. Quería pasar la noche deleitándose con esos ojos seductores, pero la eleccióntenía que ser de ella y sólo de ella.―No. Soy tan inofensivo como se puede ser. Ni siquiera mato arañas, y odio a lospequeños bichos. No deberías de tomarme la palabra, sin embargo. Las mujeressalen lastimadas todo el tiempo en L.A. enamorándose por líneas como esa.Ella levantó una ceja, la diversión iluminando sus ojos.―¿Un hombre que teme a las arañas?Él sonrió. Que ella eligiera enfocarse en su miedo hacia las arañas decía mucho.―No puedo soportarlas. Me dan escalofríos. Con sus millones de patas y pequeñoscuerpos peludos. ―A pesar de sí mismo, un escalofrío recorrió la longitud de sucolumna vertebral.Aparentemente ella atrapó su reacción porque su sonrisa se amplió.―¿Cómo las sacas sin tocarlas?―Las atrapo en un bote. La aspiradora funciona en un apuro, también. ―Le guiñóun ojo.Ella rió, el sonido luz, aire y música para sus oídos. Con un obstinadolevantamiento de su mentón, se puso el casco en la cabeza y ató la correa, esos ojosbrillando.
  • ―No quiero ir a casa todavía.Él se giró sobre su cintura y palmeó el asiento detrás de él.―Toma un paseo por el lado salvaje conmigo.Agarró su falda y la mirada de Michael se pegó al movimiento. Centímetro acentímetro ella subió el material suave y fluido sobre sus rodillas, revelando unaspantorrillas afiladas y las mitades inferiores de los tensos muslos. Su piel estaba sintocar por el sol, cremosa y suave. Mientras pasaba una preciosa pierna por encimade la moto y se hundía en el asiento detrás de él, apretó su agarre en el manillarpara evitar extender la mano y acariciar su muslo.Cuando sus manos rodearon su cintura, él tragó fuerte. El pensamiento de esosmuslos elegantes y desnudos descansando contra su espalda tenía adolorido y tensoa su cuerpo de la manera más primitiva.Metió la llave en el contacto, luego la miró sobre su hombro.―Agárrate fuerte e inclínate conmigo en las vueltas.Ella asintió. La deliciosa sensación de su cálido cuerpo llenó su espalda, y él eraclaramente consciente de sus pechos presionados contra él. La mujer le tentaba,como un caramelo ofrecido a un niño, y maldita sea si podía resistirlo, sin importarlo mucho que sabía que debía hacerlo.Veinte minutos después, Michael se detuvo en un camino de grava corto frente a lacasa oscura de dos pisos. El sitio estaba al borde del pueblo en un barrio queconsistía en tal vez una docena de casas, todas alineadas en un largo tramo a doskilómetros de la playa. El Océano Pacífico se extendía por kilómetros más allá.Mientras apagaba el motor, la jadeante voz de Cat ronroneó en su oído.―Eso ha sido increíble.No necesitaba ver su rostro para saber que una sonrisa acompañaba su tonoentusiasta. Lanzó una sonrisa sobre su hombro. Había sido un paseo tranquilo, conella simplemente pegada a su espalda. La noche era cálida, el cielo despejado,
  • haciendo un viaje precioso. Reacio a abandonar la sensación, había estado tentado atomar las carreteras secundarias alrededor de las afueras del pueblo. Lástima quelos caminos de grava estaban llenos de curvas. Combinado con el hecho de que sufalda dejaba desprotegida su piel, no había querido arriesgarse.―Había olvidado la emocionante que es. ―Ella liberó su cintura, se bajó de la moto,y se quitó el casco. Su decepción momentánea se evaporó tan rápido como vinocuando se lo entregó, luego echó la cabeza hacia atrás y se pasó sus esbeltos dedospor el cabello. De la forma en que él anhelaba.Ella se volvió entonces y casi saltó por el camino de grava, una marcha infantilque le hizo sonreír, a pesar de sí mismo.Cruzó sus brazos sobre su pecho y la observó por un momento. Esa mirada ahímismo haría que toda su estancia en Crest Point valiera cada minuto. Queríahacerla sonreír así otra vez, y muchas veces.Ella se detuvo a mitad del camino de entrada, echó su cabeza hacia atrás, yextendió los brazos, como ofreciendo su agradecimiento al cielo.―El rugido del motor en mis oídos, nada más que nosotros y la carretera.―No diré que te lo dije. ―Colgó el casco en el manillar.Ella levantó la cabeza. La chispa de coqueteo en sus ojos hizo que su corazóndejara de latir. Una respiración más tarde, ella se dio la vuelta, lentamente escaneólos alrededores.―¿Esta es tu casa?Él extrajo la llave y la metió en su bolsillo derecho, luego se deslizó de la moto y fuehacia arriba tras ella.―Sí. Me quedo aquí mientras estoy en el pueblo. Vamos. Hay una vistaimpresionante del cielo en la playa. ―Sacudió su cabeza en la dirección, unos cienmetros más o menos frente a ellos, y empezó a caminar más lejos en el camino deentrada. Cat redujo el paso a su lado.
  • ―Es un lugar precioso. ―Su voz contenía un tono bajo y temeroso mientras él ladirigía más allá de la casa y hacia fuera al césped.Hizo un sonido de acuerdo en la parte posterior de su garganta y escaneó el jardínlargo y rectangular que se extendía frente a él. Amaba este sitio sólo por la vista,pero lo compró antes de que se desatara todo el infierno. Cuando era losuficientemente arrogante para pensar que el mundo era su ostra.―Por eso me gusta estar aquí fuera. ―Sacudiéndose los pensamientos opresivos, leofreció una sonrisa amable―. Soy el tipo de hombre tranquilo y pacífico.―He notado eso sobre ti. ―Una sonrisa se hizo eco a través de su rostro, calor en susojos.Al llegar a una parada donde la hierba se disipaba y empezaba la arena, el silenciolos envolvió. Él estaba demasiado consciente de ella a su lado y demasiadoconsciente del hecho de que ahora estaban solos. El mismo conocimiento hacía ecoen los ojos de ella y la tensión creció, fina y dulce, entre ambos.―Iré por una manta.Él tocó su brazo antes de dirigirse a la casa. Después de recuperar una manta acuadros roja de un armario, se reunió con ella en la playa y la extendió sobre laarena.Sonrió, y él quedó atrapado durante un momento en esos ojos seductores. Sucuerpo vibró con el recuerdo de ella presionado contra él, la sensación de tenerla ensus brazos. La misma emoción se hizo eco en la mirada que le devolvió y el aireentre ellos se cargó. Un nervioso rubor se extendió a través de sus mejillas.Ella inclinó la cara hacia el cielo, rompiendo el hechizo con efectividad.―Tienes razón. La vista es fantástica.Agarró los bordes de la chaqueta, recorrió el cuero suave y usado entre sus dedos yse la quitó. Miró por encima de él, deseo y timidez en sus ojos, luego se hundió en lamanta con toda la calma y gracia que él esperaba de ella, alisando su falda pordebajo. Después de dejar la chaqueta a su izquierda, se quitó los zapatos, luego se
  • apoyó en sus manos.―No ves un cielo despejado como este en Seattle. Normalmente está cubierto denubes.―¿Así que eso significa que no creciste en Crest Point? ―Él se hundió en la arenajunto a ella, totalmente demasiado constante de cada movimiento que hacía. Cadarespiración y suspiro. Todo le hacía más y más consciente de lo preciosa que era, consu cabello ondeando tras su cuello en la ligera brisa, su piel brillando a la luz de laluna. Había pasado mucho tiempo desde que una mujer le había hipnotizado, perohabía algo sobre Cat.―Bueno, técnicamente, nací aquí. Nos fuimos cuando tenía doce. Mamá y yo nosmudamos de vuelta al final de mi penúltimo año de secundaria. Cerca de nueve añosatrás. ―Estiró sus piernas, enterrando sus dedos en la arena. La felicidadcruzándola ensombreciendo sus rasgos lo capturo.―Entonces eso te haría, que, ¿de veinticinco? ―La brisa captó las puntas de sucabello, soplando detrás, y Michael tuvo el repentino anhelo de sentirlo rozar supecho.―Mn-hmm. ―Su sonrisa divertida derretida en su cara cuando giró su cabeza y loatrapo mirándola. Se quedó quieta, como atrapada por la misma cosa que lo teníaatrapado. Un resplandor de deseo destelló entre ellos, caliente y tangible.Él estaba completamente demasiado consiente de cuán desesperadamente ansiabaprobar su boca otra vez. Consiente que los vecinos eran pocos y alejados entre ellosaquí, y la mayoría se habían ido a la cama horas atrás. Su mente se burlaba de élcon embriagante conocimiento, que debajo de la cubierta de oscuridad, nadie podíaverlos. Podría hacerle el amor en la fresca arena, con nada más que el cielo azulencima y su cálida piel debajo de él. Apostaría dinero que su piel era suave comohilo de seda.Un rubor se deslizó a través de sus mejillas, suave y seductor, y bajó la mirada asu regazo, echando un vistazo por debajo de sus pestañas. La mirada suave.
  • Seductora. Tentadora.―¿Cuántos años tienes?―Lo suficientemente mayor para saber mejor, pero aún lo suficientemente jovenpara hacerlo otra vez. ―Él se apoyó en sus manos y le ofreció un guiño juguetón.La dulce tensión del momento se rompió cuando ella dejó escapar una risa, unsonido bajo, ronco que lo inundó como una cálida caricia e hizo a su pecho hincharseen triunfo. Escucharlo lo hizo sonreír a pesar de sí mismo. Dios, cómo amaba esesonido. Había algo tan honesto sobre él.―¿Ahora, cómo adiviné que dirías algo como eso? ―Sus ojos centellaron en la luz dela luna, coquetos pero claramente juguetones mientras lanzaba su burla a él.No pudo detener la risa que se escapó.―Tengo treinta.―Un hombre mayor. ―Los ojos de ella se entrecerraron y se sentó en silencio por unmomento, estudiándolo―. De alguna manera eso solo se agrega a todo el oscuro ypeligroso misterio que tienes.El tono serio de su voz le dijo que la afirmación era una inocente y meramenteobservación. Más que eso, sin embargo, el comentario lo hizo preguntarse qué veíacuando lo veía a él. La mayoría de las personas solo veían el nombre de su familia ydinero.―¿Oscuro y misterioso? ―Él alzó una ceja.Ella asintió y agitó un dedo hacia él, con un gesto desde su cabeza a sus botas.―Los colores oscuros, la chaqueta de cuero, la moto. ―Conocimiento brillo en lasprofundidades de sus ojos, como si hablara por experiencia. Se inclinó hacia él,apoyándose a sí misma en una mano―. ¿Eres un buscador de emociones, Michael?¿O solo un vagabundo?Su cercanía tenía sus respiraciones soplando frente a su boca en cortas ráfagas deaire caliente, y tentador. La forma en que su nombre sonaba en su lengua le llegó,
  • suave y sensual de alguna manera inocente pero torturador al mismo tiempo. Si laescuchaba lo suficiente, podría casi escucharla gemir su nombre en el calor delmomento.Él no era el único que notó su cercanía, ella se quedó quieta a su lado. Su pecho seelevó y cayó incrementando su ritmo. Una seductora mezcla de deseo y timidezllenaron su mirada cuando se movió a su boca. El aire entre ellos cargado, unaatracción tan intensa que era todo lo que él podía hacer para detenerse deinclinarse.―Ninguno. Yo soy solo yo. ―Su mirada cayó a su boca, acariciando sobre su carnosolabio inferior, la necesidad de probarla otra vez golpeando a través de él―. No meregodeo con subidones de adrenalina.―¿Con que te regodea entonces? ―Su voz viajó hacia él en la brisa, en voz baja yronca.Reprimió un gemido pero no pudo resistir el deseo de tocarla, así que se extendió,acariciando con sus dedos su mentón. Su pulgar acarició su labio inferior,deleitándose en la dificultad de su suave respiración y la forma en que su boca seabrió.―¿Cómo es que ya me descifraste? ¿Soy así de transparente?―No. ―Sacudió su cabeza ligeramente, su tono igual de distraído que como él sesentía―. Mi madre era una vagabunda. Nos mudamos mucho cuando estabacreciendo.Su suave confesión lo dejó impactado, y dejó caer su mano pero no pudo obligarse aalejarse. A pesar de saber que él nunca la había visto antes ―y estaba bastanteseguro de que conocía a casi todos en la ciudad― habría adivinado que había pasadotoda su vida aquí. Tenía la apariencia de chica de pueblo, como si perteneciera aquí,y ese pensamiento solo lo hizo mucho más curioso.―Eres una sorpresa en cada giro. Pensarías que crecer así te advertiría contrachicos como yo.
  • ―¿Chicos como tú?Su corazón latía ante lo que sabía que tenía que decirle después. Ella no sabía deEve, pero no tenía deseo de ser el que pusiera más decepción en sus hermosos ojos.―Sí. Dejé el pueblo hace diez años, determinado a nunca volver, y no planeoquedarme mucho.Sus cejas se elevaron en incredulidad, y ella se alejó.―¿Eres de Crest Point?―Nacido y criado. ―Él mostró una media sonrisa―. ¿Por qué es eso sorprendente?Sus ojos se deslizaron sobre su cara luego se detuvieron en su boca. Oh, sabía queeso era lo que miraba ella. Lo sentía a través de cada poro de su cuerpo. Cuando ellalo atrapó dándose cuenta, su mirada se escabulló y se giró hacia el agua.―No lo sé. Pareces un vagabundo. Como que estás pasando por este pueblo en tucamino a un lugar más grande.―En realidad, casi estás en lo correcto. De verdad no tengo nada que me arraigueaquí, que me haga querer quedarme.Lo que no soportaba decirle era que había pasado los últimos diez años huyendodel dolor de los recuerdos. Este pueblo era el último lugar en el que quería estar.Aquí los recuerdos eran más fuertes, más vividos. El dolor más agudo. Cadamirada desdeñosa de los habitantes ―de su padre― solo aumentaba la culpa que sesentaba fuerte y fría en sus entrañas por demasiados años. Había estado ahí portanto tiempo que se había convertido en una vieja amiga, algo de lo que estabaseguro se llevaría a la tumba. No quería saber si ella había escuchado de él, si habíaescuchado la historia, lo que pensaba de esto.Cat volvió su mirada a él, una delicada ceja elevada.―¿Qué hay de tu familia?Se rió.―Eres una mujer muy intuitiva, ¿sabes?
  • Ella se encogió de hombros con indiferencia.―Eres fácil de leer. Eres muy abierto.Él sacudió su cabeza.―Lo gracioso es que, no soy así de abierto con nadie más. ―Se detuvo, su vozbajando, suavizándose con la emoción que crecía en su pecho―. Hay algo acerca de tique continua sacando cosas de mi boca que no estoy siquiera seguro debería decirte.Tienes razón ahí, también. Mi padre está en el hospital. Sufre de una falla cardiacacongestiva, y ha tenido una complicación.Tal vez era el silencio de la noche. Quizás era el suave sentir femenino de ella a sulado o la manera que parecía aceptarlo como era. Lo que sea que fuera, lanaturalidad que se sentaba entre ellos lo atrapó. Debería haberlo advertido degirarse y huir, y aun así las palabras fluyeron de la punta de su lengua.―Mi padre y yo no nos llevamos bien. Toda mi vida ha sido una guerra entrenosotros.Él tiene grandes expectativas que no veo que sea capaz de alcanzar. Nada de lo quehacía parecía correcto, y tenía un chip en mi hombro tan grande como el estadocompleto. Si él no podía aceptarme de la manera que era, entonces estabadeterminado a ser lo que odiaba. ―Liberó un pesado suspiro, arrepentimientoasentándose como una roca en sus entrañas―. Pero ésta enfermo, y yo he crecido,estoy cansado de huir de mi pasado. Volví para hacer las paces con él antes de quemuera. La parte triste es, que he intentado esto una vez antes. Volví hace dos años,pero no me fue bien.Era uno de sus grandes arrepentimientos. Volvió para hacer las paces y en sulugar había dejado que viejas heridas salieran y se interpusieran en el camino.―¿Qué pasó? ―Una suave curiosidad llenó su mirada, su cara abierta, sin juicio enlas profundidades de sus ojos, y nuevamente lo llamó como un faro. Mientras algunaparte de él le decía que no debía decirlo, las palabras salieron de su boca decualquier manera.
  • ―Fue de la manera que siempre lo hacía. Discutimos, dije cosas que no debí,decidido que mi padre no había cambiado un poco, y nada cambiaría nunca, y mefui.De la misma manera que lo había hecho hace diez años.Dejó escapar un suspiro, dibujando círculos sin rumbo en la arena con la punta desu dedo.―Ahora sólo parece… infantil. Permití que mi orgullo herido se metiera en elcamino. Si no hago las paces ahora, puede que nunca tenga otra oportunidad.Aun así otro arrepentimiento se agregaba al montón ya colmado en su alma. Nopodía hacerlo más.―Lo siento. ―Ella se extendió y coloco una mano en su brazo―. ¿Le queda mucho?El toque lo sorprendió. La calidez de su mano en su piel calmó el nervio desigualdentro de él que encontró confortante e inquietante al mismo tiempo. Alivio seasentó alrededor como un cálido fuego en una fría noche.Él encogió un hombro.―Nadie sabe realmente. Por lo que he escuchado, está tan bien como puedeesperarse. Mi padre es muy orientado en sus objetivos. Un infante de marinaretirado. Odia no ser capaz de hacer algo y odia ser tratado como un inválido inclusomás. Por lo que me dice mi hermano, está volviendo locas a las enfermeras delhospital.La preocupación en sus ojos se envolvió alrededor de él y se asentó profundamenteen su centro. La emoción hizo a Michael anhelar cosas que sabía no debía, cosas quetiempo atrás había desistido de tener. Sus miradas se encontraron y semantuvieron; esa fina, dulce tensión se colocó entre ellos otra vez.Él levanto una mano, y acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja,recordando la sensación sedosa de pasar sus dedos cuando la besó antes.―Dime algo. ¿Qué haces exactamente conmigo aquí afuera?Era una pregunta atrevida, una que la puso en el lugar, pero él tenía que saber en
  • dónde estaba parado.Un suave rubor rosa cubrió sus mejillas.―Atrapada in fraganti. La verdad es, no lo sé. Lo estoy haciendo según surge. ―Ellase giró para enfrentar el agua. Su voz bajó, volviéndose casi pensativa―. ¿Algunavez has querido salir de ti mismo, dejar de importarte un demonio lo que todospiensen o qué dirán, y sólo ser quien siempre quisiste ser?Otra cosa en común.―Tuve que ir todo el camino hasta Los Ángeles para encontrar eso.Ella lo miró.―El pueblo me llega a veces. He pasado toda mi vida jugando la parte de lamarginada, siempre guardándome para mí misma, rogando mezclarme, que nadieme notara. Tratando de no darle a nadie una razón para mirar demasiado cerca.Que se sintiera lo suficientemente cómoda para decirle eso tocó un punto débildentro de él. Un lugar que había separado por un muro hace tanto que se habíaolvidado que existía.―Los entrometidos. ―Asintió. Entendiendo más de lo que ella sabía, más de lo quepodía o quería decirle―. Yo solía hacer exactamente lo opuesto.―De alguna manera no estoy sorprendida. ―Diversión revoloteó a través de sus ojos,desapareciendo tan rápido como apareció. Algo más suave, más intenso, se deslizóentre ellos, llamándolo como una canción de sirena―. ¿Por qué me besaste?Su pregunta lo sorprendió, y por un momento, buscó una respuesta. No escapó quenotara, tampoco, que su mirada se moviera a su boca otra vez. Esta vez se detuvoahí. Su lengua salió y se deslizó sobre su labio inferior de manera distraída. Eratodo lo que él podía hacer para no inclinarse y reclamar esos labios otra vez. Lasensación suave de ellos contra los suyos lo estremeció a través de los recovecos desu memoria.Al final, decidió ser honesto.
  • ―Porque te giraste alrededor de ese banco y me diste una mirada que no había vistoantes.Su mirada se movió a la suya.―¿Cuál fue?―Como si no supieras si deberías tener miedo de mí o no.Un rubor se deslizó en sus mejillas.―No eres un hombre pequeño. ¿Debes de medir qué, un metro ochenta y dos? ¿Unmetro ochenta y cinco?Él sonrió.―Un metro ochenta y siete.―Y estabas de pie ahí vestido en negro y cuero con este travieso brillo en tus ojosque retaba a cualquiera a juzgarte. ―Ella se detuvo, miró la arena entre ellos, luegolo miró a través de sus pestañas―. Era muy sexy.Calor se deslizó a través de él. Una cruda y dolorosa necesidad envolvió susentrañas, de arrancar su ropa y envolver su cuerpo alrededor de ella.―Podría preguntarte lo mismo. ―Extendió su mano y ahueco su mejilla en supalma―. ¿Por qué me besaste de vuelta? No lo había esperado. Que lo hicieras fuetoda la razón por la que me sentara junto a ti.Sus párpados se cerraron y su boca se abrió, una exhalación entrecortada, susurrosuave escapó de sus labios. Un momento después, sus ojos se abrieron, llenos con undeseo tan tangible, que encendió fuego en su estómago que se extendió como unfurioso infierno a través de su sistema.―No pude evitarlo. ―Su voz era baja, suave, vulnerable, como si admitiera algo queno estaba segura debía decir, tampoco--. Eres un buen besador.Sus palabras se asentaron en su interior, y todo dentro de él se tensó y dolió. Nodebería involucrarse mientras estuviera aquí. Lo último que quería era otro corazónroto en su conciencia cuando se fuera del pueblo en un mes. Lo había hecho
  • demasiadas veces. Había sido un montón de cosas en los últimos años, algunos deellas podridas hasta la médula, pero tener que romper el corazón de alguien no eraalgo que le gustara. Hace dos años, cuando otra relación terminó mal, decidió que nopodía hacerlo más. Las aventuras que una vez lo habían mantenido cuerdo habíanperdido su atractivo.Sin embargo, aquí se encontraba. El efecto de Cat en él lo confundía.―¿Qué si te dijera que quiero besarte otra vez? ―Incapaz de evitarlo, rozó su pulgara lo largo de su labio inferior, la necesidad de tocarla, sentir su suavidad una vezmás, demasiado fuerte para negarlo.Sus ojos se cerraron, y ella respiró un silencioso, tembloroso aliento que parecíavibrar a través de todo su cuerpo. Su pecho subía y bajaba a un ritmo rápido. La luzde la luna acariciaba su rostro, resaltando sus mejillas enrojecidas, sus pesadospárpados.Una respiración más tarde, ella abrió sus ojos. Por un momento, algo caliente ytangible llenó el espacio entre ellos. Parecía igualmente nivelada con esto que élsentía. Como si hubieran sido arrastrados por algo más poderoso que las mareas delocéano y fueran incapaces de detenerlo.Rompiendo el contacto visual, ella se puso de pie y caminó en dirección al muelle apocos metros de distancia.Su deseo palpitaba en sus oídos. Su cuerpo dolía con necesidad y se tensabadolorosamente contra su cremallera. No podía hacer mucho más que mirar detrás deella, observando el vaivén sensual de sus caderas.―¿A dónde vas?―Estoy caliente. Quiero sumergir mis pies en el agua. ―Cuando lanzó una tímidasonrisa por encima de su hombro, una tentadora mirada de “ven a buscarme”, unsonido que era mitad risa, mitad gemido se escapó.Con un movimiento de su cabeza, se quitó sus botas y calcetines, luego echó acorrer para alcanzarla.
  • Capitulo 3Traducido por Mir, Xhessii y VettinaCorregido por CaamilleAl final del muelle, Cat observó el reflejo de la luna llena en la superficie del agua.Una suave y cálida brisa sopló su falda contra sus piernas e hizo que la imagen de laluna ondulara. Llenó sus pulmones con el olor salado del aire, luego exhalólentamente.El muelle debajo de ella se movió y se sacudió. Cuanto más se acercaban lostranquilos pasos de Michael, más temblaba con anticipación y emoción. No tenía lamenor idea de lo que estaba haciendo, nunca había hecho nada remotamente tanaudaz en toda su vida. Se había pasado todo su tiempo escondida en las sombras,demasiado asustada para que la ciudad probara que tenía razón; realmente era lahija de su madre.Se sentía bien. Malditamente bien. Su corazón martillaba. Una estimulantesensación de libertad llenaba su pecho, no muy diferente de la sensación que habíatenido al montar en su motocicleta. Como si estuviera parada en el borde de unprecipicio.Cuando el balanceo y los pasos cesaron, la presencia de Michael llenaba suespalda. Estaba de pie tan cerca, que el calor de su cuerpo y su aroma, a jabón y acuero, invadía sus fosas nasales cada vez que inhalaba, junto con el vago aroma delagua salada en el aire. Sin embargo, no la tocó. El gesto lo decía todo y hacía eco enla necesidad que latía en su vientre. Estaba dándole espacio para oponerse, paraalejarse. No es que pudiera o quisiera.―Di la palabra y te llevaré casa. ―Su voz era un murmullo bajo detrás de ella,
  • vibrando con la misma abrumadora necesidad que serpenteaba a través de sucuerpo.―¿Qué pasa si no quiero ir a casa?Él se movió a su lado, se volvió de espaldas al agua y metió las puntas de susdedos en los bolsillos.―¿Qué es lo que quieres?Sus ojos oscuros estaban fijos en ella, llenos con tanto calor y deseo que temíaderretirse a través de las tablas y caer en el agua que estaba debajo. El aire entreellos crepitaba, sin embargo, había una pregunta tácita en sus ojos. Una queclaramente decía que no estaba asumiendo nada pero estaba, en cambio, poniendo laelección en sus manos.El corazón le latía en la garganta. Quería caer en sus brazos y apoderarse de suboca, saborearlo de nuevo, sentir la pasión que esos ojos prometían. Sumergirse enla libertad y disfrutarla. Quería perderse en la fantasía que daba. Eso es lo que élera: una fantasía en carne y hueso. Toda la noche era un sueño maravilloso. Muypronto, se despertaría, y la fría y dura luz de la realidad vendría, llevándoselo conella.La pregunta era, ¿estaba lista para dar ese paso? ¿Saltar del acantilado hacia elolvido?Pareciendo sentir su vacilación, él levantó una ceja.―Dilo, Cat. ―Se mofó con su tono. El travieso brillo en sus ojos la desafió―. Dimequé es lo que quieres.Algo en esa mirada le dio exactamente lo que necesitaba. Le estaba diciendo que ladeseaba, también, pero trataba de ponerla a gusto. Funcionó. Una vez más, susacciones le decían mucho sobre el tipo de hombre que era.Le dio a su sonrisa descarada una de las suyas.―Lo que quiero ―apoyó las manos contra su pecho―, es ir a nadar.Luego inclinó su peso contra él y empujó.
  • La sorpresa iluminó sus ojos justo antes de que cayera, la parte inferior primero,en el agua fresca del océano. El splash sonó a través del silencio de la noche,salpicando con agua su ropa.Agarró la cintura de su falda, lista para sacársela y saltar detrás de él. Nuncahabía sido tan espontánea antes. Diablos, fue infantil, y Nick se hubiera puestofurioso.En cuanto la cabeza de Michael desapareció bajo el agua turbia, su mente llevósus pensamientos un paso más allá y su sonrisa cayó. El corazón le latía al ritmo delpánico en su pecho. ¿Y si no sabía nadar? No había pensado en la temperatura delagua, tampoco. Había sido un verano caluroso hasta ahora. Debería estar losuficiente cálida, aun así, algunos veranos estaba congelada. ¿Estaría enojadocuando finalmente saliera a la superficie?Él apareció momentos después, escupiendo.Y riendo.―Pequeña descarada.El alivio la inundó primero; obviamente, sabía nadar.A continuación, un nudo de culpabilidad se hundió en su estómago.―Lo siento. Eso fue muy infantil. No debería haberlo hecho.―Tienes razón. No debiste. Soy un hombre vengativo, Cat. Si fuera tú… ―Él seaferró al borde del muelle y vigorosamente negó con la cabeza mientras se subía. Lamitad inferior todavía colgaba en el agua, la sujetó con juguetones ojosentrecerrados―… empezaría a correr ahora.Sabía que debía seguir su advertencia, pero no podía moverse. La visión de él laatrapó. Su camiseta mojada ahora se aferraba a su piel, haciendo gala de todos lossólidos músculos, cada pico y valle, hasta su estrecha cintura y vientre plano.―Cuando salga del agua… ―Él levantó una rodilla en el borde del muelle―. Vas aconseguirlo.El áspero y bajo timbre de su voz, la forma en que se dejó caer prolijo y relajado en
  • el borde del muelle, envió un escalofrío por su columna vertebral.―¿Quieres ir a nadar? ―Con una ceja arqueada, se puso en pie con toda la agilidadde un enorme gato, luego se levantó a su plena altura.Cuando dio un paso amenazador hacia ella, se dio cuenta que no estababromeando. Su pulso dio un salto y luego se aceleró, pero fue la mirada en sus ojos loque finalmente puso en libertad el nudo de culpabilidad en su estómago. Susprofundos ojos oscuros brillaban con diversión. Diversión… y castigo.Con un pequeño chillido, pivoteó y corrió. El sonido de sus pies descalzosgolpeando la madera sonaban, además de los que la seguían detrás, y no pudodetener la risa insana que salía de ella. Se sintió de nuevo como una adolescente,libre, ligera, juguetona y corría por el simple placer de dejar que la atrapara.Mientras subía en la arena, su mente daba vueltas. ¿Qué le haría una vez quetuviera sus manos en ella? ¿Cuál era la idea de tortura de un chico malo? Elpensamiento envió un estremecimiento por sus venas, calentando su sangre.No tuvo que preguntarse demasiado. Dos pasos después, un brazo fuerte la agarrópor la cintura, levantándola abruptamente. Apenas tuvo tiempo de registrar lo fríode su ropa mojada contra ella antes de que la levantara.Con la repentina ingravidez, dejó salir un grito de sorpresa y sus ojos se abrieron.―Es tiempo de cobrar, señorita Kitty. ―Le disparó una sonrisa juguetona y seencaminó al agua, sus zancadas ya no eran lentas y suaves, sino largas ydeterminadas.―Entonces, te llevaré conmigo. ―Envolvió los brazos en su cuello y se encontró consu mirada estrecha. Una risa salió antes de que pudiera detenerla, contradiciendo lafuerza de su declaración.―Cariño, ya estoy mojado. ―Una risa baja salió de él mientras entraba al agua,cargándola como si su peso no fuera más que una pila de plumas.Se detuvo cuando le llegó hasta la cintura y la estudió. Las olas que había creado
  • golpeaban su espalda, el agua fría contrastaba contra el calor de su cuerpo contra elde ella. La perversidad brillaba en sus ojos. No podía ser capaz de leer su mente.¿Estaría teniendo los mismos pensamientos pecadores que ella?Las esquinas de su boca se curvaron.―Toma un respiro hondo, Cat, porque de una manera u otra, quedarás mojada.No tuvo tiempo de reflexionar sobre su declaración, apenas era capaz de registrar losexy que se veía. Sus ojos se encogían con una retribución juguetona, su cabelloestaba mojado y revuelto, el agua caía por sus rasgos cincelados. En un rápidomovimiento, pivoteó su rostro hasta la playa y cayó de espaldas al agua,llevándosela con él. La piel de gallina la atravesó y era arrastrada tomando unrespiro antes de que el agua la tragara.En alguna parte en el proceso de luchar por enderezarse, los brazos de Michael laliberaron. Finalmente encontrando el fondo arenoso, se empujó y salió a lasuperficie. Jadeaba mientras escupía agua salada.Michael salió después de ella, riéndose y sacudiendo su cabeza mientras separaba.―Ahí. Ahora estamos iguales.―Eres realmente malo. ―Se rió y pasó su mano por la superficie del agua,mojándolo.―Tú empezaste ―le dijo él, sus ojos bailaban.Su risa combinada, el juego, se desvaneció, se llevó su animada expresión con él.Mientras continuaban mirándose el uno al otro, el aire entre ellos estaba clavadocon intensas necesidades y deseos. Sus ojos quemaban en los de ella, haciendopromesas sensuales y hechiceras, y respondiendo con una ola de pereza y calordeseoso.Estaba a medio camino hacia él, cuando se dio cuenta de que se había movido. Elinstante en que se presionó contra sus brazos largos y fuertes, una ola de dulce
  • placer la atravesó. Aquí era donde quería estar. Su respiración se aceleró, luegoconvirtiéndose en jadeos silenciosos y desesperados. Se sintió más viva, máspoderosa de lo que se había sentido en mucho tiempo, si no es que nunca. Su pielpalpitaba, su corazón latía salvaje, con un ritmo errático.Aún no podía dejar de temblar. El poder puro de este hombre la asustaba hasta lamuerte. Lo necesitaba con algo que no entendía.Los brazos de él la rodeaban firmemente. Michael inclinó su frente contra la deella, su expresión era suave y sombría, sus ojos escrutiñadores.―Tengo una confesión que hacer.―Está bien.―Esta ciudad también me molesta, y juro que hace mucho que no le daba nada. Perotú… tú no me miras como los demás. ―Sus ojos quemaban en los de ella y eran uncamino directo a su alma, la ternura estaba mezclada con la pasión―. Eres unatentación que no puedo resistir. Quédate conmigo esta noche.Sus ojos, la manera en que la penetraban y la envolvían alrededor de su corazón,la hacían derretirse hasta la punta del pie. El chico malo tenía un punto vulnerable,y lo había puesto justo a sus pies.¿Cómo era posible tener tal conexión con el hombre que conoció apenas hace doshoras? Como si pudiera ver en sus ojos y decirle todo.Sólo sabía lo que sabía. Mirándolo a los ojos, medio pesados y brillantes denecesidad, le hablaron, le decían todo lo que quería saber.―Mientras estamos confesándonos, tenga una que hacer. ―Deslizó sus manostemblorosas arriba y debajo de su espalda y las dejó jugar contra el músculo cálido ysolido―. Toda mi vida la gente me ha observado, esperando que termine como mimadre. Aquí es demasiado. Siempre me sentí viviendo debajo de un microscopio.También me fui, justo después de la preparatoria. Regresé hace tres años cuando mimadrastra se enfermó. No quería iniciar de nuevo, así que lo he estado guardandopara mí misma. He estado sofocada, tratando de ser alguien que no soy.
  • Atrapada en la prisión sin ventanas, ni aire.―¿Y esta noche?―Esta noche quiero escapar. ―Con las manos en sus caderas, los dedos en suestómago, se levantó sobre los dedos del pie y lamió su labio inferior―. Te necesito.Sus brazos se apretaron a su alrededor, jalándola tan cerca que podía sentir cadalatido, cada respiración.Él se inclinó, rozó su boca con la suya, y su beso fue ligero y electrizante.―Ídem ―murmuró contra sus labios, y Cat se derritió en él.Se puso de puntillas e inclinó su boca sobre la de él.Un silencioso gemido retumbó fuera de él, un sonido de asentimiento, y su lengua semovió rápidamente dentro de la boca de ella mientras la devoraba y se daba unfestín.El hombre hacía que su cabeza diera vueltas. El sabor embriagador de su cálidaboca, la flexible sensación de sus labios contra los suyos. Podría ser alto, oscuro ypeligroso, pero se sentía segura con él. Sus besos prometían el cielo y hacían que susrodillas temblaran. Haciéndola olvidar todo, menos la necesidad de sentir el calorsuave de su piel contra la de ella.Se giró y lentamente caminaron fuera del agua, con la boca sin soltar la suya, luegola dejó caer sobre la manta. Le dio la vuelta y tiró de ella para que quedara sobre él,y se perdió en la abrumadora sensación del hombre. El calor y la solidez de sucuerpo por debajo de ella, la gruesa y dura longitud de su excitación presionando ensu vientre suave. A pesar de la fiereza de su beso, tenía un toque suave. Sus manosla acariciaban, provocaban, prendiendo fuego a sus terminaciones nerviosas.Pequeños temblores sacudían su cuerpo, mientras sus manos lo buscaban,temblando de necesidad por tocarlo en todas partes, por sentir cada parte de él. Lasdeslizó por su pecho y sobre sus anchos hombros antes de enredar los dedos en susespesos y húmedos mechones y aferrándose a ellos por vida.
  • En el primer contacto de sus manos sobre la piel mientras se deslizaban por debajode la blusa, inspiró una respiración sibilante. Eran tan cálidas y suaves, mucho másexquisitas de lo que había previsto, y se estremeció con la simple fuerza de lasensación. Podría quedarse así para siempre, perdida en su sabor embriagador,dejando que sus manos recorrieran su cuerpo a voluntad.Cuando las alejó de nuevo, gimió con decepción. La emoción se convirtió en unrecuerdo cuando deslizó esas gloriosas manos por su espalda y levantó su falda porencima de sus rodillas. Se puso en posición vertical, luego obligándola a colocarse ahorcajadas sobre sus muslos, y los dos se congelaron. Un estremecimiento la recorriócuando su calor le rozó el bulto en sus pantalones.Con su respiración tan dura como la suya, agarró el dobladillo de su camiseta, sinque sus ojos dejaran los de ella ni una sola vez mientras la quitaba sobre su cabeza.Cuando arrojó su camiseta por encima del hombro, una esquina de su boca selevantó más alto que la otra. Aterrizó con un suave sonido en la hierba en algunaparte detrás de él, y una risita tranquila se le escapó. Ese lado malo que ellaanhelaba tanto. Él la liberó.El viento soplaba a través de su piel todavía húmeda y se estremeció. El fríocontrastaba con el fuego que ardía en su vientre. El infierno se propagaba entreellos. Parecía tomarlo todo. Sus ojos la recorrieron, con los párpados pesados yreluciendo con deseo y hambre, quemando un camino a través de su piel.―Dios, eres hermosa.Un estremecimiento la recorrió y cerró los ojos, dejando que su cabeza cayerahacia atrás, inmersa en las gloriosas sensaciones. Michael la hacía sentir hermosa,deseable y atractiva. El primer hombre en un largo tiempo que la hacía sentir de esamanera.En el primer contacto de sus manos contra sus costillas, su mente flotaba de nuevoen las nubes y se dejó ir. Se deslizaron sobre su piel, una tentadora sensación detortura.
  • Cuando capturó sus pechos con sus palmas, ella soltó un suspiro tembloroso.Acarició su carne, hizo rodar sus pezones entre sus dedos expertos, volviéndola localentamente, haciendo que sus entrañas se agitaran. Momentos más tarde, cuandofue todo lo que pudo hacer para evitar derretirse en su regazo, él reemplazó susdedos con el calor de la boca.Ella arqueó la espalda, desesperada porque no detuviera la dulce tortura. Al igualque un hambriento, chupaba su carne sensible, dejando su necesidad a punto decaramelo, con una quemazón de dolor que exigía satisfacción.Cuando su boca dejó la tortura insoportable, no pudo evitar la protesta que se leescapó. Él se quedó quieto, como esperando algo, finalmente la persuadió para queabriera los ojos. Parpadeó ante las estrellas, brillando como diamantes en un cielode terciopelo negro y levantó la cabeza.Cuando su mirada se encontró con la de Michael, su aliento se le atoró en lagarganta. El deseo oscuro ardía allí, caliente e intenso. Sin embargo, sus manostemblaban mientras se deslizaban por sus caderas para acariciar su trasero. Lasminúsculas acciones decían mucho, y otra parte de él se envolvió alrededor de sucorazón. A pesar de su presencia poderosa, seguía siendo tan vulnerable como ella.Tiró de ella más cerca, acunándola contra el espeso pulso de su excitación. Una olade placer rodó a través de ella, jadeó y sus ojos volvieron a cerrarse. Cadaterminación nerviosa se sentía como si estuviera en llamas, hacía que su piel fueraultrasensible a todo. Suaves y cálido viento soplaba en su espalda, poniéndole lacarne de gallina por su piel húmeda. La arena debajo de las rodillas era grumosa,pero suave.Una noche abrumadora con un hombre increíble. Michael se movió lentamente, sutacto suave, no pedía más de lo que estaba dispuesto a dar. Ese conocimiento sóloaumentó la necesidad que quemaba en su interior, de darle mayor cantidad enretribución.Apoyó las manos temblorosas contra su pecho, con los dedos extendidos, y acarició
  • su vientre plano. Su corazón latía tan fuerte debajo de sus palmas como el suyo. Sucálido aliento soplaba fuerte y desigual contra su piel mientras mordisqueaba suhombro.Cuando encontró la cintura de sus pantalones, liberó su camiseta de un tirón, lasubió y la sacó sobre su cabeza antes de tirarla a la hierba junto a la de ella.Se quedó sin aliento ante la vista de él. Era magnifico, su cuerpo delgado yesculpido, y no podía resistir tocarlo. Cerrando sus ojos, colocó sus manos contra supecho y se permitió el simple placer de perderse en sentirlo.Se deleitó en la calidez, la suavidad de su piel, las colinas y valles de los músculosdebajo de sus palmas. Encantada moviendo sus dedos a través de los gruesos rizoscubriendo el centro de su pecho. Bajaba por su plano estómago, reduciéndose, dandolugar a más finos, suaves pelos que desaparecían debajo de su pretina.Siguiéndolos, se atrevió a hundir sus dedos dentro y provocarlo. Los músculos desu estómago saltaron en satisfactoria respuesta. Con un gruñido silencioso, Michaelaprisionó sus muñecas y las apartó.Haciéndolos girar, se arrastró sobre ella, su cuerpo temblando mientraspresionaba la espalda de ella en la arena fresca. Sosteniéndose sobre sus codos, lamiró, las piscinas liquidas de sus ojos ardiendo con necesidad.Inclinó su cabeza, mordisqueando su labio inferior y trazó besos calientes yhúmedos a través de su mandíbula.―No puedo soportarlo más. Quiero sentirte completamente.―Sí. ―La palabra dejó sus labios en un gemido suave cuando una ola de fuego seapoderó de ella y la hundió.No podía creer cuánto quería a este hombre, necesitaba todo lo que sus malvadosy traviesos ojos prometían. La libertad que podría traer.Aparentemente satisfecho, se apartó y se arrodilló entre sus piernas. Sus ojosnunca dejaron los suyos mientras tiraba de su falda. Dejó la ropa en la arena junto a
  • él y se sentó sobre sus talones. La luz de la luna brillaba sobre su espalda, dejandosus rasgos en las sombras, pero su ardiente mirada acarició su cuerpo.―Wow. ―Se inclinó hacia adelante y deslizó sus sedosas manos por sus piernas,lento y seductor, encendiendo sus terminaciones nerviosas de nuevo. Cuandoalcanzó sus muslos, sus pulgares se sumergieron en el medio y rozó su piel a travésde la tela de sus bragas, y su aliento quedó atrapado en su garganta, su cuerpoviajando a ese buen y dulce borde.―Eres definitivamente una sorpresa. ―Sus dedos se deslizaron dentro de los bordesde sus bragas―. Supuse que eras el tipo de chica de algodón.Sabía que se refería al encaje negro que eligió para llevar esta noche y un ruborsubió a sus mejillas. Otra sugerencia de Lisa.―Ponte algo que realmente quieres que alguien vea.La sensación se evaporó tan rápido como llegó cuando él la besó ahí, dónde susdedos tentaban su delicada piel. Jadeó, un estremecimiento de placer cortó a travésde ella, la necesidad disparándose hacia desesperadas y dolorosas alturas. Incapazde soportarlo más, se acercó a él, pero se había ido, y abrió sus ojos. Él bajo susbragas por sus piernas.Acostada desnuda ante él, tembló tanto por la falta de su calor contra ella comopor el ultra vulnerable sentimiento que la llenaba. Estaba abierta y expuesta, connada más que esconder. Aun así segura. La embriagante cosa sobre él era cuanextrañamente segura se sentía. Debajo del rudo y rebelde exterior estaba unsensible y vulnerable corazón. Un hombre con un toque tierno.Su mirada lo siguió mientras se levantaba, de pie elevándose sobre ella. Cuandotocó el botón superior de sus pantalones vaqueros, su aliento quedó atrapado en sugarganta. Era hermoso, su pecho desnudo, a la luz de la luna cayendo sobre su pielbronceada.Estaba hipnotizada, su corazón latiendo a un ritmo salvaje, mientras éldesabrochaba los botones de sus pantalones. Trabajó en ellos lentamente, botón por
  • tortuoso botón, y ella curvó sus dedos en la arena para no saltar y ayudarlo.No podía evitar sonreír. Si la estaba provocando, funcionaba.Todo sentido de burlas voló un instante después, y él hizo un trabajo rápido en suspantalones. Era como el cielo cuando por fin se reunió con ella, cubriendo su cuerpocon el suyo. El calor la envolvió, y la sensación la tragó. La textura sedosa de su pieldesnuda contra la suya, sus pechos aplastados contra su pecho, el vello grueso ensus piernas.Su excitación liberada acarició su calor, y por un momento se quedó inmóvil, suspárpados cerrados, un silencioso gemido escapando de sus labios. Su cuerpo se hizoeco de la misma necesidad al rojo vivo, y envolvió sus brazos alrededor de él,aferrándose.Cuando sus ojos se abrieron, una vez más desafió la indomable imagen que ellatenía de él. Pasó sus dedos por su cabello y se inclinó para suavemente capturar suboca. La besó largo y lento, su lengua deslizándose dentro de ella para acariciar lasuya, y la hizo temblar con ternura y ansia preguntándose si le haría el amor de lamisma manera.La llevó al borde de la locura y la dejó desesperada por unirse con él, para apagarel infierno que había incendiado en su interior. Deslizó sus manos por su suave ylisa espalda para acariciar su trasero y arquear sus caderas contra las suyas.Michael dejó su boca para dejar suaves besos a través de su mandíbula y su cuello,antes de levantar su cabeza otra vez. Incluso en la oscuridad, la diablura brillaba ensus ojos.―¿Te estoy volviendo loca?Cerró sus ojos, movió su cabeza de lado a lado, y se aferró a su firme trasero másfuerte en sus manos.―Sí.Una risa baja retumbó fuera de él, y movió su lengua sobre su lóbulo de la oreja.
  • ―Bien. Eso es exactamente lo que me estás haciendo a mí.Su calor la dejó de nuevo, y el sonido tranquilo de un paquete de plástico siendoabierto viajó en el viento. Unos instantes después, regresó y rozó su boca sobre la deella.―Mírame, Cat.Abrió sus pesados ojos. Una por una, capturó sus manos, sujetándolas sobre sucabeza, y sabía que la acción no era sólo otra provocación. Era una atrevidadeclaración de posesión. Estaba en sus ojos. Ardían con tal intensidad que lacautivaron, dejándola sin aliento con anticipación. Cuando se arqueó contra ella, yla llenó, se tragó un grito suave, sintió esa posesión hasta las puntas de los dedos delos pies.Sin embargo, contradijo la feroz declaración cuando comenzó a moverse dentro deella. Le hizo el amor con una lentitud agonizante, estableciendo un profundo ylánguido ritmo que la llevó al borde de la locura. Fue electrizante y emocionante. Nopodía tocarlo, no podía envolver sus brazos alrededor de él y aferrarse a su cuerpo.Sólo podía sentir, no tuvo más opción que dejarse ir, dejarlo elevarla.Así que se entregó a él. Disfrutando el increíble placer de ser tan completamenteposeída, tan ligera y libre, apenas capaz de recuperar su aliento.Cada movimiento medido los impulsó hacia adelante, enviándolos bruscamentehacia el borde a un ritmo cada vez más frenético. Dejó caer su frente contra la deella, mirando tan profundo que lo sintió tocar su alma. Las profundidades oscuras lehablaron, dijeron más de lo que las palabras podían, haciendo eco de todas lasemociones vibrando a través de ella. Se necesitaban el uno al otro, con algo quetrascendía el placer físico y la liberación sexual. Era una unión de espíritus, dealmas. La libertad que podría dar al otro, que esperaba al otro lado. Ella se elevó,levantándose a encontrarlo, dejarlo tomar su cuidadoso mundo y girarlo fuera decontrol.
  • Como una erupción volcánica, su orgasmo golpeó, intenso, eufórico, liberador.Michael capturó su boca, tragando sus gritos, mientras ola tras ola sin fin de placerderritiendo sus huesos se desplazaba a través de ella. Pérdida de todo salvo élmoviéndose sobre ella, dentro de ella, voló sobre ese borde dentro del dulce olvido yse elevó por los cielos.En algún lugar en medio, su cuerpo se tensó contra ella. Alejó su boca y liberó susmanos. Su nombre se escapó de sus labios en un largo gemido que parecía arrancadode su pecho. Con un último impulso profundo, su propia liberación lo reclamó, sucuerpo temblando contra ella.Dejó caer su frente en la curva de su hombro, su respiración caliente y dura en suoído. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cintura y se aferró a él, su cuerpohaciendo eco de los pequeños temblores, las réplicas que todavía lo sacudían.Se acostaron de esa manera, por algún tiempo, silenciosos e inmóviles. Tenía miedode moverse, de dejarlo ir, miedo de que despertara para descubrir que era sólo unsueño.Con la estabilización de su propia respiración, lentamente se volvió consciente delo que la rodeaba de nuevo, del agua fría lamiendo sus dedos de los pies, y el hechode que estaban al descubierto, expuestos.―¿Michael? ―Acarició su espalda.―¿Hm? ―Su respuesta flotó ahogada y con sueño desde su garganta. No movió ni unmúsculo.―Deberíamos entrar a la casa.―Cierto. En cuanto recuerde cómo moverme.Su risa tranquila resonó en la noche.* * *Michael despertó a la mañana siguiente en un suave y cálido capullo dealmohadas y mantas enredadas. Curvas claramente femeninas moldeadas a él, la
  • piel de Cat suave y atractiva. Ignoró la luz del sol tratando de convencer a sus ojos aabrirse y en su lugar apretó su brazo alrededor de su cintura.No podía recordar a qué hora finalmente entraron anoche. Había estadodemasiado ocupado para preocuparse. Una sonrisa cruzó su boca ante elpensamiento. Había dejado caer su ropa mojada en la lavadora y se dirigió escalerasarriba. Una ducha significaba provocarla y lavar arena pegajosa que se habíaconvertido en un juego erótico, del que no se olvidaría pronto. La mujer le habíadado una nueva vida por una noche. Le debía mucho.Cat se movió en su sueño y su trasero se movió contra él, al instante despertandosus sentidos. Abrió sus ojos, escudriñando a través de la penetrante luz queimpregnaba la habitación, y dejando vagar su mirada sobre ella. Estaba acostada alestilo cuchara frente a él, la sábana blanca caía baja sobre la curva de su cadera,dejándola desnuda de la cintura para arriba.Incapaz de resistirse a la llamada de su piel, deslizó su mano sobre la curva de sucadera y la dejó sumergirse en su estrecha cintura, disfrutando de la texturacremosa. No se había sentido tan relajado desde antes de que su madre lo llamarados días atrás para darle las malas noticias sobre su padre. Un nudo permanenteformado en su estómago que sólo se había ajustado más fuerte y más grande cuandohabía salido de la autopista y realizado el recorrido de treinta minutos al pueblo.Ahora el nudo se había ido y él estaba… asombrado de ella.Cuando se deslizó alrededor de su caja torácica y arriba a reclamar un pechocompleto, su pezón se endureció bajo su toque. Su cuerpo respondió con toda sufuerza, su sangre bombeando caliente y duro a través de sus venas. Como esperaba,Cat ronroneó y presionó su espalda contra él.―Buenos días. ―Se inclinó para morder la curva de su hombro. Su brazo se apretóreflexivamente alrededor de su cintura, y movió sus caderas contra ella.Lo recompensó con otro suave gemido, pero se apartó y se giró para enfrentarlo.Alegría brillaba en sus ojos. El sol filtrándose en la habitación jugaba con reflejos r
  • ojos en sus ahora enredados mechones y añadía un cierto brillo a las profundidadesde sus ojos. Lucía gloriosamente desordenada y tan a gusto como se sentía él.―Eres el más hermoso espectáculo que he visto en mucho tiempo, ¿sabes eso? ― Tiróde ella más cerca.―¿No estás nunca satisfecho? ―Una sonrisa descarada jugaba en las comisuras desu boca, deseo ardiendo en sus ojos, mientras deslizaba una esbelta pierna sobre sucadera y se arqueaba contra él.Fuego inundó sus venas, enviando su latido resonando a sus oídos.―Hay una mujer hermosa y desnuda en mi cama. ―La giró sobre su espalda y lametió debajo de él, moldeado su cuerpo en sus suaves curvas―. ¿Cómo me puedoresistir?Se inclinó y acarició su garganta, luego pasó sus labios por su mandíbula,saboreando la dulzura de su piel. Arqueó su cuello para darle mejor acceso yarrastró las puntas de sus uñas ligeramente arriba y abajo de su espalda, losescalofríos, la sensación sólo alimentó el infierno ardiendo en su interior. Cuandosus caderas se levantaron para encontrarse con las suyas, su cuerpo ardió con laintensa necesidad de sumergirse en su calor, de perderse de nuevo.El final que sabía iba a venir quedó grabado en el fondo de su mente.―Además. ―Levantó su cabeza―. Quiero hacerte gritar una vez más antes de tenerque llevarte a casa.Quería decir el comentario como una broma, para disipar el peso estableciéndoseen su pecho y él retándolo a reconocer la necesidad girando en sus entrañas. Unaimperiosa necesidad de volver a verla. Una que firmemente pretendía ignorar.Dejándolo en una noche era lo mejor para los dos. Una noche era simple, sincomplicaciones.―Dúchate conmigo. ―Él rozó su boca sobre la de ella, aliviado cuando se inclinóhacia su beso.
  • ―Suena celestial. ―Ella sonrió, alivio reflejándose en sus ojos y asintió.Salió de la cama, tiró de ella con él y la llevó al cuarto de baño contiguo.Por mucho que quería lo contrario, su relación debía permanecer como estaba. Seiría en un mes. Quería reparar el puente entre él y su padre. Con un poco de suerte,tendría el coraje de visitar a los Hartmans y decir todas esas cosas que deberíahaber dicho hace diez años, tal vez pasar por la tumba de Kaylee, y aliviar la heridaen su alma por aquella noche de pesadilla. Su corazón, sin embargo, no estaba eneste pueblo, y al final, volvería de nuevo a L.A. La última cosa que quería era traerledolor o decepción.Al cruzar el umbral hacia el cuarto de baño, lo empujó a sus brazos, elevándosesobre sus dedos, y mordiendo su labio inferior. Mientras estaba de pie mirando haciaabajo en sus hermosos ojos, la verdad lo golpeó. No podía hacerlo, no podía dejar quela noche terminara con una mentira. Le debía la verdad. Era momento que dejarade huir del pasado, y comenzara con ella. Una noche o veinte, si lo iba a aceptar porquien era, tenía que ser directo.
  • Capitulo 4Traducido por susanauribe, y SOS clau, Vettina, AkanetCorregido por carosoleCat se recostó contra el mesón de la cocina. Detrás de ella, la máquina de cafégoteaba, llenando el pequeño espacio con el sonido de líquido cayendo en la taza devidrio e impregnando el aire con el delicioso aroma de un café fresco. Su ducha conMichael había sido fenomenal. Sus adentros todavía vibraban y mientras se habíansecado, él la había besado suavemente y le había dicho que quería decirle algo. Lehabía pedido que bajara e hiciera café mientras se afeitaba.La noche había sido exactamente lo que había querido que fuera. Una noche únicacon un hombre hermoso que la hizo sentir verdaderamente viva por primera vez enmucho tiempo. Volteó su cabeza, escaneando la cocina que la rodeaba. La mismacasa era pequeña y pintoresca. Una habitación, que ocupaba el piso superior,conteniendo el único baño. Una sala de estar abierta y un pequeño comedor quehabía pasado de camino a la cocina. Los muebles eran escasos y modestos, todos decolores cálidos y terrosos. El lugar tenía una sensación humilde y hogareña que laenvolvía, de alguna manera concordando con el hombre que había llegado a conocer.La cafetera comenzó a funcionar y se volteó, planeando buscar en los gabinetes portazas cuando una foto de la pared opuesta a la estufa atrapó su atención. Ahí,Michael estaba como una mujer de cabello oscuro en un banco de madera de grantamaño. Él era más joven, apenas un adolescente y la mujer parecía estar a finalesde los cuarenta. Apretaba la mano de Michael, su sonrisa brillante iluminando surostro.
  • Reconoció a la mujer. Abby Brant. Los Brant eran una familia prominente enCrest Point. Jugaban un papel importante en apoyar la comunidad, eran deconfianza y muy respetados. Había habido un Brant en Crest Point desde antes quela ciudad se formara hace más de cien años. Eran de dinero por herencia. Había unrumor que la familia era parte de unos pobladores que vinieron durante la fiebre deloro en los 1800. De todas maneras, tenían una cadena de restaurantes de cincoestrellas en toda la Costa Oeste.Eran dueños del bar donde había conocido a Michael. De acuerdo con WeeklyTribune, el pequeño periódico de la ciudad, lo mantenían vivo como parte denostalgia.―No fui completamente honesto anoche contigo.Con el sonido de su voz, Cat se dio vuelta para encontrar a Michael en la entradade la cocina. Tenía jeans y una camisa blanca que se pegaba a su torso como unasegunda piel, resaltando cada músculo sólido. Su cabello mojado todavía tenía unlook despeinado, como si simplemente hubiera pasado sus dedos por este, pero ahorasu mandíbula estaba recién afeitada y suave. Se veía… delicioso.Deseaba moldear su cuerpo a su longitud y pasar sus dedos por su barbilla reciénafeitada pero resistió la urgencia. Su noche se había acabado y era tiempo deseparar sus emociones.―¿Sobre qué?―Sobre quién soy. ―Se alejó de la puerta, entrando a la habitación con ritmo lento yrelajado.La expresión de su rostro hizo que un malestar se posara en su estómago. Se habíaido el brillo juguetón de sus ojos que hizo de la ducha algo que no olvidaría pronto.La preocupación se había filtrado en sus ojos. Como si tuviera malas noticias, o talvez estaba atemorizado de cómo reaccionaría ella.Ella dejó escapar una risa nerviosa.―No puede ser tan malo, ¿verdad?
  • Su mirada pasó por el rostro de ella, como si estuviera midiendo su reacción.―No lo creo, pero depende de a quién le preguntes. ―Sacó la foto de la pared y moviósu pulgar por el vidrio―. Este soy yo.Ella asintió.―Con Abby Brant. Juzgando por la mirada de su rostro, te aprecia mucho.―Eso espero. ―Dejó salir una risa suave y mientras su tono decía que era en broma,cuando encontró su mirada, la preocupación de sus ojos era palpable―. Es mi madre.Su sonrisa decayó justo cuando sus palabras tuvieron sentido. Ella lo conocía.Bueno, no lo conocía pero sabía de él.―Eres Michael Brant.Tan pronto como sus palabras salieron de su boca, recuerdos inundaron su mente,pasando como el flash de una cámara. Cuando ella tenía doce años, su madre habíatenido un romance con el senador Randall Brant, un hombre muy casado y muymayor. Fueron vistos en numerosas ocasiones. Incluso había rumores de que élhabía dejado a su esposa por ella. Al final, el senador le pagó a su madre una gransuma de dinero para que desapareciera y se mantuviera callada. Es la razón por laque sus padres se divorciaron y el por qué se fueron de Crest Point hace tantos años.Si ella estaba sumando bien, Randall Brant sería el abuelo de Michael.―Oh Dios. ―El estómago de Cat se revolvió mientras la fantasía de la noche hacía¡poof! ante sus ojos.Michael era heredero de una fortuna. Y aquí estaba ella, la hija de una mujer queuna vez había sido muy conocida por las cosas que hacía que las mejillas sesonrojaran.Cat cerró sus ojos, bloqueando las imágenes. Había pasado toda su vida adultaalejándose del alboroto de la reputación de su madre. Y ahora aquí estaba,mirándola de nuevo.Un sonido de un pequeño golpe contra la pared llegó hasta ella, y el aroma deMichael, ahora familiar, invadió sus sentidos. Sus dedos suaves y cálidos acariciaron
  • su mejilla.―Di algo, Cat.Abrió sus ojos, de nuevo atrapada como un pez con un anzuelo en esos ojos. Élestaba aquí, diciéndole esto, porque no había duda de que se preguntaba quépensaba de él. La preocupación en esos ojos oscuros que buscaban, no hacían másque gritarle. Pero, ¿qué pensaría cuándo se enterara de quién era ella?Rompiendo el contacto, se volteó hacia las alacenas, abriendo una para buscartazas de café.―¿Por qué no me dijiste quién eras?¿Que eras alguien que ni siquiera en mis sueños nunca podría tener? Queríaaferrarse a la fantasía de su noche con él, amarla. Ahora, la fantasía se habíaevaporado. Había demasiado entre ellos. Demasiadas complicaciones. Lasdiferencias entre Michael y ella se habían vuelto mucho más que el problema de élsiendo un errante. Eran de dos mundos diferentes. Hombres como él, de familiascomo la suya, coqueteaban a mujeres como ella desde el lado equivocado de la vía.Nick le había enseñado eso. Incluso la secretaria con la que la había atrapado habíasido un simple juguete para él.Un momento de silencio pasó y Michael dejó escapar una profunda exhalación, unsonido de aceptación, derrota y rechazo. Se movió detrás de ella, su cuerpo cálido ysólido presionándose contra su espalda, atrapándola donde estaba. Estirándose,abrió la puerta de un gabinete, revelando un estante lleno de vasos y tazas.―Porque tenía miedo. ―Sus palabras y la verdad de éstas le dolieron en el pecho.Ella conocía esa sensación. Muy bien.―¿De qué?―¿Qué necesitabas de mí, anoche, Cat?Su aliento caliente acarició su cuello, la piel sensible debajo de su oreja e imágenesinvadieron su mente. De su boca estando ahí, dejando su marca. La mirada posesivade sus ojos cuando arremetió dentro de ella, reclamándola como suya.
  • Simultáneamente, cuán equivocado y acertado se sintió ser reclamada de esamanera. Eran extraños, sin embargo, profundamente, no podía negar que le habíadado una parte suya anoche.―Quería la fantasía. Eras un poco salvaje y peligroso. Un chico malo que conduceuna Harley y que se viste de cuero, uno con un brillo retorcido en los ojos desafiandoa cualquiera a que te juzgue.Una risita desvanecida sonó detrás de ella, tan infecciosa que una esquina de suboca se curvó en respuesta.―Eras todo lo que quería y exactamente el tipo de hombre con el que no estaría.―¿Es por eso que diste ese paseo conmigo? ¿Pasaste la noche conmigo? ¿Porque soydiferente?Ella vaciló, su corazón martillando en su pecho, luego negó con la cabeza. Habíapasado la noche con él porque su fachada la había intrigado. El magnetismoinexplicable entre ellos y el deseo inhabitado en sus ojos la atrapó. La suavidad desu toque la sobrecogió. Él la sobrecogió.―No. Lo hice porque me sentí segura contigo.Segura para complacer una fantasía sin miedo de salirse de control, sin miedo deque se enterara de que era tan peligroso como aparentaba ser. Y aunque no podíaexplicar cómo lo sabía, apostaba cada último centavo que tenía a que lo únicopeligroso de Michael Brant eran sus ojos sagaces.―Eso es exactamente lo que necesitaba de ti. El anonimato. Eres la única personaen la ciudad que no parecía saber quién era yo, que no se había fabricado unaopinión de mí. Con los años, me convencí de que no me importaba lo que pensaranlas personas pero siempre esperaba juicios. Hay personas que no me quieren. Ycontigo, por una noche, simplemente era un hombre. No tenía nombre, niobligaciones, ni expectativas.Se movió más cerca, su cuerpo rozando su espalda, su calor filtrándose en su piel.―Te necesitaba. ―Su aliento contra su piel sensible la hizo estremecer―. Era
  • simplemente… yo. No estaba seguro de si alguna vez habías escuchado sobre mí,qué pensabas de Michael Brant.Sus manos pasaron por encima de las de ella, su toque ligero y vacilante como sino se pudiera resistir pero quisiera darle espacio para objetar. Cuando ella no lohizo, ―no podía―, esas manos pasaron por sus antebrazos, por encima de susmuñecas, despertando cada nervio y haciendo que los pelos se le pusieran de punta.Sus manos se deslizaron más allá, por encima de las de ella, envolviéndolas. Pielcálida contra piel cálida, un simple punto de contacto y cada célula de su cuerpo seestremeció con el alivio, el placer puro. Ella dejó escapar una respiración suave yentrecortada, sabía que le debía la verdad a cambio de la suya, pero las palabras sereusaron a salir de su boca. No quería arruinar la noche que habían tenido.En cambio, le dijo una versión de la verdad.―He escuchado de tu familia. Sé que eres heredero de una fortuna. Tu padre esdueño de hoteles lujosos. Mi papá tiene una librería en la ciudad. Luchamos parallegar a fin de mes. La verdad, es que anoche fue una casualidad. Tú y yo no nosmovemos en el mismo círculo.Respiró profundamente, forzándose a darse vuelta y enfrentarlo y puso una manoen su pecho.―Pero nada de eso importa, porque necesito que esto se quede en sólo una noche,Michael.―Yo también. ―Frotó sus manos por sus brazos―. Al menos, déjame hacertedesayuno antes de que te lleve a casa.Ella le ofreció una suave sonrisa y asintió.―Eso suena bien.* * *Una extraña melancolía llenó el pecho de Cat cuando se estacionaron en el últimoespacio disponible de su apartamento una hora y media después. La Madre
  • Naturaleza les había dado una hermosa mañana, un cielo azul despejado, avescantando y parloteando y el opresivo calor que ya hacía presencia. Envuelta en lachaqueta de Michael, Cat se aferró a su espalda, todavía emocionada por montar ensu moto.―El final perfecto a una noche perfecta.Las palabras salieron de su boca con un suspiro feliz mientras Michael apagaba elmotor. Hizo un sonido de asentimiento en la parte posterior de su garganta peromientras sacó la llave del encendido, el último trozo de emoción se evaporó. Despuésde quitarse el casco, volteó su cabeza y descansó su mejilla contra su hombroderecho. Tomó el casco y lo colgó en el manubrio. Ninguno hizo un movimiento parabajarse y tampoco hablaron.Los segundos pasaron mientras ella luchaba con qué decir. Su cuerpo se tensócontra el de ella y mariposas bailaron en su estómago. Pasó toda la nocheexplorando cada centímetro de este hombre pero no tenía la menor idea de qué decir.¿Gracias por el buen rato, que tengas una buena vida?Con un largo suspiro, se alejó y se bajó de la moto. Bajó su mirada y enderezó sufalda. Le dio algo qué hacer con sus manos al menos.―Lamento traerte a casa tan temprano. ―Michael dirigió esa sonrisa rebelde endirección a ella―. Mi familia en verdad me esperaba desde ayer y a mi padre no legusta cuando llego tarde.Ella no pudo evitar regresar la sonrisa. La mirada en sus ojos le decía que no leimportaba si llegaba a tiempo o no. Él se bajó de la moto, puso sus manos en susbolsillos y se quedó mirándola con ojos sombríos y suaves. Una corriente eléctrica dedeseos no expresados y necesidades zumbó en el aire entre ellos. Esa pequeña partede ella todavía quería volver a verlo y en las profundas oscuridades de esos ojosestaba el mismo sentimiento.Tenía que terminar esto aquí. Antes de que abriera su bocota y se pusiera en elcamino de la destrucción al pedirle eso exactamente.
  • ―Está bien. ―Negó con su cabeza―. No tienes que acompañarme hasta la puerta.Una sonrisa tocó las esquinas de su boca, y arqueó una ceja con desafío.―¿Estás ansiosa por deshacerte de mí?Ella suspiró. ¿Por qué tenía que ser tan difícil? Era una noche, con un extraño. ¿Nose supone que debería ser fácil?―Es sólo que… ―Hizo una pausa y negó con su cabeza, una lástima para decir más.―Incómodo. ―Él asintió―. Sí, lo sé.Ella puso una mano contra su pecho, su calor irradiando contra sus dedos.―No quiero que me sigas hacia arriba por las escaleras. Preferiría recordarte de lamanera como te conocí.Sus ojos se entrecerraron, de manera juguetona.―¿Oscuro y peligroso?Dejó salir una risa suave, mitad de nervios y mitad de alivio.―Algo así.Él le había dado algo más intangible, más valioso que el dinero. Inmersa en nadamás que él, sin una preocupación en el mundo, había sido libre del miedo y lavergüenza que habían gobernado la mayor parte de su vida. Mientras ella deseabaretraerse a ese sentimiento, también sabía que no podía dejarlo avanzar.Michael, sin embargo, no era nada más que persistente. Con un brillo dedeterminación en sus ojos que la retaba a no dejar que fuera un caballero, deslizó sumano en la de ella. Con un gentil tirón de su brazo, se movió a la acera y miró eledificio.―Así que, ¿dónde estás tú?―Justo ahí. ―Con un suspiro de derrota, asintió hacia la escalera de madera oscurafrente a ellos―. Segundo piso.Con sus dedos todavía juntos, se quedó atrás mientras ella subía las escaleras.Otra vez, el silencio reinó como supremo, haciéndola preguntarse, qué estabapensando. ¿También sentía la misma incomodidad que movía su estómago?
  • Al final de la escalera, se volteó para mirarlo, su corazón latiendo en su pechocuando subió con ella. Más alto que ella, el deseo brillaba en sus ojos, enviandonuevos estremecimientos por su columna. En un paso, cerró la distancia entre ellos,sus manos en su cintura. La tiró contra sí, pero el gesto juguetón de su toque sederritió en algo más suave, más intenso y necesitado en el instante que sus cuerposse encontraron.Inclinó su frente contra la de ella.―No creíste que te iba a dejar ir tan fácil, ¿verdad?La silenciosa posesividad de esas palabras, el deseo de su voz, llenó su pecho conun torrente de emociones confusas. Lentamente en la noche, la oscura y misteriosafachada se había desvanecido. Había tenido un vistazo del corazón de este hombre yle había gustado lo que había visto. Era mejor que la fantasía.Aquí, en sus brazos, tenía la extraña sensación de que todo estaba bien. Y susojos… sus ojos le hablaron, conectándose a una parte de ella, muy adentro. Anoche,esas sensaciones hicieron algo increíble. Michael la había llevado a alturas que nisiquiera sabía que eran posibles.En la cruel luz del día, la asustaban hasta el demonio. No quería ver que era comoun hombre, no quería ver sus fallas, porque no podía permitirse que saliera comoNick. Un mujeriego que sólo quería jugar con su corazón.Los pensamientos se alejaron cuando bajó su cabeza y mordió la curva de sucuello. Una mano se deslizó dentro de su chaqueta que ella tenía puesta, su toque,ligero y seductor, rozó el costado de su pecho y no pudo contener el gemido que se leescapó. Las puntas de sus dedos acariciaron su piel mientras movía su cuello a unlado, tomando la tira de su top con esto. Depositó un suave beso en sus hombrosantes de enderezarlo.Tocó la solapa de la chaqueta.―Me temo que necesito esto de regreso.
  • ―Demonios. Y pensé que me ibas a dejar quedármela como un recuerdo. ―Ellaentrecerró sus ojos y juguetonamente cerró las solapas.―No lo creo. ―Dejó salir una suave risita y negó con su cabeza.Se movió para darle espacio. Bajó su mirada y tocó las solapas antes de llevárselasa la nariz e inhalarlas. Cuando dejó que el suave cuero saliera de sus hombros, unaoleada de remordimiento tensó su estómago. No quería soltarla.―Huele a ti. ―Como cuero, jabón y aire fresco.―Eso me imaginé.Mientras le entregaba la chaqueta, sus dedos se rozaron, quietos, conectados porun mini segundo, antes de que ella finalmente los retirara.―Adiós, Michael. ―Simple y efectivo, sin embargo las palabras no parecíansuficientes.Su expresión se puso sobria de nuevo, acunó su barbilla y ociosamente pasó sudedo por su piel.―Adiós, Cat.Dejó caer su mano y pasó su chaqueta por encima de su hombro, luego se volteó yse alejó, su paso lento y casual. Ella se recostó contra la puerta del apartamento y loobservó hasta que desapareció de vista al final de las escaleras. Cuando su motorrugió, su pecho se oprimió por la finalidad y la ironía de su salida de su vida. Sehabía ido de la misma manera que había llegado, en silencio y modesto, pero sinembargo poderoso al mismo tiempo.Con un suspiro, se volteó y abrió la puerta de su apartamento. Sólo necesitabacambiarse de ropa, luego se dirigiría a la tienda de su padre. Su papá había abiertouna pequeña librería hace veinte años. Después de su matrimonio hace diez años, ély su madrastra, Judy, llevaban el lugar juntos. Era un lugar pequeño y ecléctico,vendiendo libros usados y nuevos y se había convertido en un punto de referenciapara Main Street.Hace dos años, la tragedia atacó a la pequeña familia cuando su madrastra murió
  • por un cáncer cervical agresivo. Desde entonces, Cat había estado ayudando a supadre en la tienda los fines de semana. Ahora que había dejado de trabajar paraNick, lo ayudaría a tiempo completo hasta que encontrara otro trabajo.―Oh, me alegra que estés en casa temprano.Dos pasos dentro del apartamento y Cat se sobresaltó, volteándose hacia el sonidode la voz. Lisa estaba en la cocina a diez metros delante de ella, sus ojos mirando losde Cat como una madre preocupada que había esperado despierta toda la noche aque su hija errante llegara a casa.―¿No recibiste mi mensaje? ―Cat entró al apartamento y se dirigió a la cafetera. Apesar de que ya había desayunado, el olor de café recién hecho todavía la atraía―.Anoche llamé a tu celular, traté de encontrarte pero desapareciste.―Sí, pero supuse, dado tu mensaje, que todavía no habías visto las noticias. ―Lisa sepuso de pie y cruzó la cocina, lanzándole el periódico―. Tú y Michael están enprimera página.Un fuerte nudo de temor se formó en su estómago, Cat puso su café a un lado yestiró su mano para tomar el periódico. Weekly Tribune se hacía llamar un periódicopero más adecuadamente podía ser llamado una revistilla de chismes. Tendía amostrar los rumores locales, quién es quién y quién está haciendo qué de la pequeñaciudad en vez de las noticias del mundo. La mujer que lo dirigía era dulce ysimplemente amaba la ciudad y a las personas que la habitaban, pero erademasiado ruidosa para su propio bien. Por la mirada del rostro de Lisa, Cat tenía elpresentimiento de que no quería saber qué había leído ella.Una mirada a la primera plana y Cat puso una mano sobre su boca.―Oh Dios mío.El encabezado decía, “Regresa el hijo pródigo” pero la imagen de abajo tenía ácidosubiendo por su garganta. Era una vista de perfil de ella y Michael mientrasestaban en la playa, justo después de haberse metido al agua. Sus brazos estaban
  • alrededor del otro. La imagen había sido tomada con un teleobjetivo así que losrostros eran claros, a pesar de la oscuridad y era muy obvio que se estaban besando.Un momento íntimo capturado.Cat gruñó, incapaz de detener las emociones que se movieron dentro de ella.―Sabes, esto en verdad me molesta. Están invadiendo mi privacidad y también la deél. ¿Quiénes se creen que son para poner algo así en un periódico matutino?Esta es la clase de cosa que esperaba evadir desde que regresé a la ciudad y larazón por la que me fui hace años. ―Se movió al sofá de la sala y se sentó, unasensación inquietante de invasión le subió por la columna. Cat negó con su cabeza ymiró a Lisa―. Pero sabes, encuentro esto bastante molesto, Lisa. No había nadiemás en la playa excepto nosotros dos. Es propiedad privada y el vecindario estabacallado y oscuro. Ningún flash se encendió.―Significa que alguien te estaba espiando. ―Lisa frunció el ceño, el mismo sentidode preocupación tensando el estómago de Cat, subiendo a sus ojos. Reclamó suasiento en la mesa y puso sus manos alrededor de la taza de café―. ¿Quién demoniosse queda en los arbustos para tomarle fotos a ustedes dos?Cat asintió.―Exactamente. ¿Quién demonios hace eso?El timbre del teléfono interrumpió y Cat se estiró para tomar el teléfonoinalámbrico de la mesa frente a ella.―¿Hola?Silencio en la línea.―¿Hola? ―dijo Cat de nuevo pero sólo el silencio le hizo eco. Presionó “fin” y puso elteléfono en el sofá a su lado.―¿Quién era? ―Lisa levantó su mirada.Cat volteó su cabeza y se encogió de hombros.―No lo sé. No dijeron nada.
  • Tomando un sorbo de café, el teléfono sonó de nuevo. Cat lo levantó.―¿Hola?Más silencio enervante. Molesta, colgó.―¿Nadie de nuevo? ―Lisa volteó la página.Cat asintió.―Llamadas de broma, supongo.Cuando sonó una tercera vez, el ID decía “Número desconocido.” Cat tomó elteléfono, su voz menos que amigable.―Me estoy cansando de este juego.Esta vez, la respiración hizo eco en la línea, baja pero diferente y unestremecimiento recorrió su columna. Enervada, colgó y lanzó el teléfono al otro ladodel sofá. Se volteó hacia Lisa.―Bueno, eso fue lindo y extraño.Lisa enarcó una ceja rubia.―¿Qué dijeron?Cat negó con su cabeza.―Nada. Sólo alguien respirando.Lisa se encogió de hombros.―Probablemente es sólo un niño.Cat asintió pero el malestar se estableció en su estómago. No sería la primera vezque les hubieran hecho llamadas de broma. En Halloween, los molestos salían ajugar. Nunca había tenido unos de este tipo. No pudo evitar notar la coincidencia.La aparición de Michael en su vida. La foto en el periódico, lo cual había ocurridomientras ella estaba segura de que estaban solos.―Sí, estoy segura de que eso es todo.* * *La cadencia de sus botas golpeando el piso hacían eco en las paredes mientrasMichael caminaba por el corredor del hospital. El lugar era espeluznantemente
  • silencioso, el único sonido venía de las conversaciones susurradas del escasopersonal que pasaba. Se concentró en su destino, tratando de mantener su menteenfocada en lo que había venido a hacer pero cada paso tensaba más fuerte el nudoen su estómago.Al llegar a la última puerta del pasillo, se detuvo. Mientras sus ojos pasaban porlos números de metal adornando la estructura de madera, respiró profundamente.Este día se había demorado diez años. Si tenían suerte, el encuentro con la muertehabía calmado a su padre un poco. Tal vez el viejo lo había olvidado y finalmentepodían seguir adelante.Sí, y tal vez los cerdos volarían hacia el sur en invierno.Decidiendo no aplazarlo más, se estiró para tomar la manija pero la puerta seabrió antes de que pudiera agarrarla. La forma de Gabe llenó la entrada y ojososcuros que se habían estado moviendo en busca de algo se posaron en Michael.No pudo evitar el suspiro de alivio con el pequeño aplazamiento―Ya era hora de que llegaras. ―Una esquina de su boca se alzó mientras pasaba porel umbral y cerraba la puerta detrás de él―. Papá puede cantalearte por un cambio.Michael no pudo evitar la risa irónica que se le escapó. Al menos, no era la únicavíctima de su padre.―¿Cómo están Lilly y las chicas?Su hermano mayor había hecho todo exactamente bajo el plan de su padre. Sehabía casado con su novia de la secundaria hacía cinco años y tenía dos niñas.Incluso había seguido los pasos de su padre. Gabe normalmente se manejaba entrehoteles tan bien como en una mesa en el bar del pueblo. Sin embargo, teniendo Lillyactualmente de ocho meses de embarazo de su tercer hijo, Gabe prefería apegarse albar.―Ah, están bien. ―Una sonrisa orgullosa se desplegó por la cara de su hermano. Setomó un momento y luego le dio una palma en el hombro―. Se suponía que pasaríaspor el bar anoche, ¿qué pasó?
  • ¿Qué pasó? Unos brillantes ojos verdes y una sonrisa tímida. Se sumergió por unmomento en sus recuerdos. La manera en que sus manos se moldeabanperfectamente a sus delicadas curvas femeninas. Su calor, su piel cremosaresbaladiza por la transpiración, deslizándose contra la suya. Su esencia sutil yexótica se había incrustado en su mente o en su chaqueta, pues podía jurar quetodavía la olía a ella.Se reenfocó en su hermano y se encogió de hombros un poco indiferente.―Me distraje un poco.―Debió ser bonita si capturó tu atención. ―Señaló Gabe, pero un latido de corazónmás tarde, su sonrisa juguetona se derritió en un ceño fruncido―. Espero que valierael esfuerzo, hombre, porque casi te ganas el infierno por eso. Papá no es un campistafeliz.¿Valió la pena? La respuesta se deslizó en su mente apenas un respiro después.Aun si no volvía a verla de nuevo, Cat le había dado algo que no había tenido en diezaños: una noche de paz. Paz de los recuerdos que lo perseguían, a donde quiera quefuese. Paz del peso opresivo de ser quien era. Por una noche, fue simplemente unhombre, y estaría por siempre agradecido de eso.―Sí. ―Michael no pudo resistirse a sonreír―. Definitivamente valió la pena.―¿Planeas verla de nuevo? ―Gabe cruzó los brazos sobre su pecho.Los hombros de Michael se hundieron con la fuerza de la emoción que lo atrapó.De todas las preguntas, Gabe había hecho la que más pesaba en su mente. No podíacreer cuán duro había sido dejar ir a Cat hace una hora. ¿Quería verla de nuevo?Con cada gramo de su ser. La mujer picaba su curiosidad y despertaba su deseocomo ninguna otra. ¿La vería de nuevo?―No.No se involucraría con una mujer de este maldito pueblo.―No puedes quedarte soltero para siempre, sabes. Han pasado años, hombre. ―Gabe
  • le dio una pequeña sacudida en la cabeza―. Tienes que dejarlo ir.Su hermano se refería, por supuesto, a aquella horrible noche. La razón exacta porla cual dejó el pueblo en primer lugar. Hacía ya diez año, el cuatro de Julio, unacelosa ex novia mató a su mejor amigo frente a él, luego tomó el arma contra símisma, matando a su hijo no nacido en el proceso. Las crudas imágenes estabanquemando en su cerebro.Michael bajó la mirada y se pasó una mano por el cabello.―Desafortunadamente, es más fácil de decir que de hacer. ―Cerró los ojos, con elrecuerdo quemando como ácido. El arma, los cuerpos, la sangre―. No puedo dejar dever a Kaylee golpear el suelo y preguntarme si pude haber hecho algo paradetenerlo.La imagen se repetía una y otra vez como un disco rayado. Lo cazaba en sueños, ycada vez que veía esa noche, la culpa le pesaba como un ancla.―Bueno, viniste a casa. Eso es un comienzo. ―Gabe asentó un brazo fraternalalrededor de sus hombros un rápido y familiar abrazo, que le recordó todos esos añosde su infancia. Michael abrió los ojos y le sonrió en agradecimiento. Su hermanosiempre lo apoyaba―. Deberías ir a ver a Taylor. Ha preguntado por ti.Taylor Johnson, el hermano mayor de Kaylee y la única persona a la quenecesitaba ver pero no había tenido el coraje de enfrentar. Había allí otraconversación de diez años preparándose. Gabe tenía razón. Se lo debía a esa familia.Gabe lo soltó y alejó.―Debería advertirte. Conmigo despidiéndome de los hoteles hasta después de queLilly tenga el bebé y se establezca, papá está ansioso por encontrar a alguien quetome mi posición hasta que regrese. Tres suposiciones sobre a quién tiene en mente.Michael sacudió su cabeza.―Lo siento, pero él puede continuar buscando. Tengo mi propia tienda que dirigir.Sé jodidamente bien que es sólo su manera de tratar de atraer mi atención.
  • La idea de dirigir los hoteles no era lo que le molestaba. Uh, seguro, él odiaba usartrajes. Dale un cómodo par de pantalones vaqueros por una corbata cualquier día.La felicidad era estar cubierto hasta los codos en un motor y de grasa. Pero podríatrabajar en los hoteles si tenía que hacerlo.Era lo principal de ello que le llegaba. Al crecer, su padre siempre pareció estartratando de moldearlo en algo que no era. Michael había construido algo por sucuenta, y estaba orgulloso de ello. Quería que su padre estuviera orgulloso de él,viera su tienda en L.A como el logro que era, pero papá sólo parecía ver que su hijomás joven no había entrado en el negocio familiar. Desde el punto de vista de supadre, Michael le dio la espalda a su familia.Gabe palmeó su hombro.―Bueno, buena suerte entonces. Papá no estará feliz de escucharlo.―¿Está alguna vez feliz conmigo? ―Michael dio un miserable movimiento con sucabeza y abrió la puerta, armándose de valor para lo que estaba por venir. Dos pasosadentro, se detuvo en seco. Un sentimiento de mortalidad, la propia, al igual que lade su padre, lo sujetó por la garganta. Lo que sea que estaba esperando, no era esto.El viejo hombre sentado en la cama no se veía nada como el padre que habíaconocido toda su vida. Su padre había envejecido en los últimos dos años. El oscurocabello casi negro se había vuelto gris. Su piel era más pálida, sus ojos máshundidos y bordeados con sombras. Era mucho más frágil debajo de esa manta azulbebé tejida que cubría sus caderas. Nada en absoluto como el fuerte, Marin de losEstados Unidos retirado que dirigía su familia como un militar a un pelotón yesperaba lo mismo de ellos.No importaba ya lo que había pasado entre ellos. Necesitaban perdonarse, olvidary seguir adelante. Demasiados años habían pasado en silencio, y tenía que terminaraquí. Su madre tenía razón, la próxima vez podría ser muy tarde.Cejas grises prolijamente cortadas se unieron cuando ojos entrecerrados de color
  • carbón lo miraron.―No podías aparecer cuando prometiste, ¿cierto?En otras palabras, lo arruinaste otra vez. Michael soltó un profundo suspiro y dejócaer sus hombros. Si esa no era la historia de su vida.―Gusto de verte, también, papá. ―Sacudió su cabeza mientras se movía másadentro en la habitación.Su padre no iba hacer esto fácil.* * *Una hora más tarde, Michael se paseaba por la misma línea invisible en el piso delhospital, de ida y vuelta entre dos sillas de cocina de cuero falso que estaban contrala ventana. Con sus ojos en las baldosas a cuadros blanco y negro, sujetó las llavesen su bolsillo derecho hasta que el metal pinchó su mano. Sólo por su respeto a lacondición cardíaca de su padre, mantuvo el montón de réplicas que estaban posadasen su lengua de dejar sus labios.Todo crispaba sus nervios, su cuerpo más en el borde con cada paso que daba. Elolor estéril. Las paredes blancas cerrándose sobre él. Los constantes sonidos de lasmaquinas aumentaban el golpeteo en su cráneo. El despotricar de su padre no sehabía detenido desde el inicio. Había intentado conjurar imágenes de Cat, pararecuperar el alivio que sentía en sus brazos, pero el viejo continuó hablando en untono de regaño que lo hizo sentir como el adolescente que alguna vez había sido.Igual que entonces, ninguna cantidad de distracción funcionó. Ninguna cantidad deexplicación calmó la diatriba de su padre.―Tal vez si te hubieras casado con esa chica como debías…Michael puso los ojos en blanco. El mismo argumento. Comenzó exactamente comoGabe le dijo que lo haría, con su padre insistiendo que diera un paso adelante ytomara su lugar en el negocio familiar, y descarrilara cuesta abajo desde allí.Esperaba que lo hubiera superado para ese momento. Que tal vez, de alguna
  • manera, el tiempo hubiera aliviado la herida.―No vayas ahí otra vez, papá. ―Michael lentamente enfrentó a su padre―. Yahemos hablado de esto un millón de veces. No quería casarme con ella.―Ella llevaba a tu hijo. ―Golpeó su puño temblando en la cama, el suave colchónabsorbió el sonido. Ira irradiaba de sus ojos negros―. Era tu responsabilidad hacerlo correcto por ella.Diez años atrás, la voz de su padre habría tronado por la habitación, pero ahorasalió débil y sin aliento. A pesar de la desgracia de ver su estado de debilidad,Michael no podía impedir que la vieja y familiar ira aumentara en su estómago.Y pensar que había renunciado a una mañana de ocio que podría haber pasado enlos brazos de Cat para poder escuchar a su padre decirle repetidamente que fracasóy la decepción que era. ¿Qué demonios lo hizo pensar alguna vez que podía salvar ladistancia entre ellos? El hombre escuchaba y creía sólo lo que él quería.―Maldita sea, papá. ―Frunció su ceño y se encontró con la caliente mirada del viejohombre con una de las suyas―. ¿Alguna vez se te ocurrió preguntar si el bebé eramío?Cuando su padre se quedó en silencio, Michael tomó su chaqueta del sillón gris enla esquina al lado de él y salió de la habitación. Si no salía de allí, su cabezaexplotaría.También terminaría diciendo algo de lo que probablemente se arrepentiría mástarde. Como dónde podía meterse su actitud condescendiente o sugerirle al viejo ir adarse una larga mirada en el espejo antes de señalar con cualquier maldito dedohacia él.Su madre esperaba en el pasillo. Sus ojos normalmente brillantes se llenaron detristeza. Lo tomó de la mano y en silencio lo llevó a la sala de espera al final delpasillo. Una vez allí, lo jaló hacia un asiento junto a ella y se volvió hacia él, con lascejas fruncidas con preocupación.
  • ―Tienes que decirle la verdad, Michael.Su expresión triste hizo que la culpa en la boca de su estómago aumentara. Lasúplica en los ojos de ella lo penetró y lo hizo sentir como si tuviera quince años denuevo, atrapado saliendo a escondidas de la casa.―Lo sé. ―Agachó su cabeza y se pasó las manos por el cabello, liberando su ira enuna respiración contenida―. Lo siento. Él simplemente... llega a mí. Ni siquieraescucha. Sólo dice lo que quiere, y esa se supone que sea la verdad.―Tu padre es un hombre duro, cariño. Es así porque te ama demasiado. ―Hizo unapausa, mirándolo fija e intensamente―. Todo lo que quiere es verte feliz. Sepreocupa por ti.―Sí que tiene una manera extraña de demostrarlo.―Sé que la tiene. ―Suspiró―. Sé que quieres que te dé el beneficio de la duda, perohay demasiada agua bajo el puente. Ha habido errores cometidos por ambas partesy lo sabes.Sólo pudo asentir. Ella tenía razón. Él había sido un adolescente odioso lleno dedemasiada rabia contenida.―Tiene que empezar por ti, cariño. Le das y él te dará. ―Le tocó el brazo―. Ve ahacer las paces con él, Michael. Haz esto bien. Puede que no tengas otraoportunidad.Con los hombros caídos en derrota, asintió con la cabeza y se puso de pie. Ésta erala única razón por la que regresó hace dos años, pero el día había pasado ocho añosen preparación, y no había estado listo para la pelea que había conseguido.Demasiados años de silencio y dolor habían pasado entre ellos, demasiadas cosasdichas con ira que sabía muy bien que ninguno de ellos realmente quería decir, yhabía dejado la ciudad de la misma manera que lo había hecho la primera vez,enojado y herido.Su madre tenía razón. El ciclo sin fin tenía que parar con él. Ya no era ese chico deveinte años de edad. Era un adulto, y era el momento de poner esto a descansar.
  • Volviendo a la habitación de su padre, Michael se sentó en la silla junto a la cama.El rostro de su padre era sombrío, con un borde duro en sus ojos. El anciano seestaba muriendo, pero todavía estaba preparado para una pelea.Michael respiró hondo y le tocó la mano.―Tenemos que hablar, papá.
  • Capitulo 5Traducido por Akanet.Corregido por Brenda CarpioCon un profundo suspiro, Cat apoyó su cabeza contra el hombro de su padre, unacombinación de nervios y preocupación pura, dejando a su estómago en un caosturbulento. Ambos se quedaron de pie lado a lado en el mostrador de la partedelantera de su pequeña librería, mirando el periódico expuesto sobre el mostrador.La mayoría de los días le encantaba estar aquí. Ella siempre se sentía muy a gustoentre los libros. Le encantaba la investigación y había trabajado en la biblioteca dela ciudad hasta que cerró hace dos años. Ahora que había renunciado a su trabajocon Nick, trabajar para su padre se sentía como volver a casa de nuevo.Hoy, sin embargo, Cat deseaba poder estar en cualquier otro lugar.Desafortunadamente, su padre ya tenía el periódico fuera cuando entró en la tiendahace cinco minutos y había visto la foto en la portada.Su silencio continúo probaba el infierno en su cordura. Su padre mirando esasfotos le daba ganas de arrastrarse dentro de un agujero. Disfrutó su noche conMichael. Disfrutó de lo femenina y deseada que la hacía sentir. Esto había sido suyoy sólo suyo. Ahora estaba por toda la portada del periódico de la ciudad. ¿La genterecordaría a su madre? ¿Se preguntaría si esto significaba que se había vuelto justocomo ella? ¿O le darían el beneficio de la duda esta vez? No estaba segura de quequisiera saberlo.―¿Él fue bueno contigo?Giró hacia su padre. Sus ojos no contenían nada más que gentileza y comprensión,pero la mirada no hizo nada para aliviar sus nervios.―Él fue un caballero, sí.
  • Su padre asintió con la cabeza antes de girar de nuevo hacia el periódico.―Eso es todo lo que importa.Se dio la vuelta hacia una caja de libros en el mostrador y abrió las solapas de untirón. ¿Era en verdad así de simple? ¿Podría serlo?―¿Crees que esto afectará las ventas? ―preguntó más por una necesidad de llenar elsilencio incómodo que por una necesidad real de saber.Él dejó escapar una risa silenciosa, con los hombros temblando.―Cuando te mudaste a la ciudad hace nueve años, eso en realidad aumentó lasventas. Todos ellos vinieron aquí para mirar boquiabiertos. ―Su padre bromeó alrespecto en aquel entonces, también. Siempre parecía tomar las cosas con calma. Notodo lo molestaba alguna vez. Era un rasgo de personalidad que deseaba compartir,pero por desgracia, no había sido capaz de reír al respecto hace nueve años y nopodía reír ahora, tampoco.Ella dejó escapar un profundo suspiro.―Ellos realmente no tienen vergüenza en ello, ¿no? ―Su padre tiró su brazoalrededor de los hombros de ella, atrayéndola suavemente contra su lado―. Tepreocupas demasiado, cariño. Es sólo un beso.―Papá, todo el pueblo ahora piensa que yo... ―Sus mejillas se calentaron, laspalabras rehusándose a salir de su boca. Tragó saliva y lo intentó de nuevo―. Sabenquién era mamá, y esto es sólo otro feo recordatorio.―Nunca debí haber dejado que tu madre se fuera contigo. ―El arrepentimiento segrabó en la voz de su padre. Sus manos agarraron los hombros de ella. La giró haciaél y acunó su cara en sus las manos―. No eres tu madre, Catherine. Nunca olvideseso.En algún lugar muy dentro, sabía que él tenía razón, pero todavía se sentía bienoírlo decir las palabras. Estaría eternamente agradecida con su padre. Él siemprehabía sido su mayor apoyo. Sin él, la vergüenza sobrante se la habría tragadocompleta hace mucho tiempo.
  • ―Gracias, papá.Él dejó caer las manos a los costados y se volvió hacia el periódico.―La ciudad lo superará por sí misma y pasará a las noticias más grandes y mejores.Siempre lo hace.Ella esperaba que él tuviera razón. A pesar del horrible chisme, Crest Point era sucasa. Judy había sido más una madre que la suya, y cuando murió hace dos años,Cat sintió la pérdida casi tan intensamente como su padre.Había permitido que la presión la hiciera irse una vez. Ella y su madre habíanvivido en Crest Point hasta que Cat tenía doce años. Después de que el senadorBrant le pagó a su madre para irse en silencio, habían pasado unos cuantos añosyendo de ciudad en ciudad, por todas partes, desde Seattle a Las Vegas. Cuando sumadre la dejó aquí a los dieciséis años, los rumores llegaron a ser más de lo quepodía manejar. Los chicos, por desgracia, podrían ser muy crueles los unos con losotros. Así que se había ido, terminando en San Diego. Después de haber crecido consu madre, tratando con el estigma que ella dejaba en cada ciudad, todo lo que Catquería era paz. Ser finalmente capaz de ubicarse por su cuenta y ser juzgada por suspropios méritos. Si las personas de Crest Point iban a juzgarla, entonces, al diablocon ellos.Pero Judy se había enfermado, y Cat se dio cuenta de que había permitido a laciudad alejarla del único hogar que alguna vez había conocido. Volvió decidida ademostrar que era todo lo contrario a su madre. Determinada a que no laempujarían lejos de su casa de nuevo.Y ahora esto. Las viejas heridas eran duras de eliminar. A pesar de saber que notenía nada de que avergonzarse, su estómago todavía se anudaba preguntándosequé diría la gente. Todavía quería esconderse en un agujero.La campana sobre la puerta sonó, señalando la entrada de un cliente. Ella y supadre giraron. La visión que recibió detuvo su corazón.
  • Michael.Él se quedó congelado dos pasos dentro de la entrada, con una mano sosteniendola puerta abierta. Sus ojos muy abiertos. El corazón de ella martilleaba comopistones mientras lo miraba fijamente. Había sabido que tendría que encontrarsecon él tarde que temprano, la ciudad simplemente no era tan grande, pero no estabapreparada para la realidad de la misma. Mirándolo, oyó de nuevo cada exquisitezpecadora que él murmuró en su oído, volvió a sentir sus manos suaves y cálidasdeslizándose sobre su piel...Calor brilló en los ojos de él, diciéndole que también recordaba. Electricidadpasaba entre ellos, caliente y tangible, engrosando el aire. No se había dado cuentade lo mucho que deseaba volver a verlo hasta este mismo momento. Todo dentro deella dolía con la necesidad de ir hacia él, para presionarse contra él. Anhelaba estarde vuelta en su abrazo, perdida en el urgente calor de su beso.Él estaba completamente fuera de su alcance. Sin embargo, allí estaba, y sucorazón se agitó con esperanzas, incluso mientras el miedo se estiraba paraagarrarla por la garganta. Se suponía que fuera una noche de pasión. Ella nosuponía que lo viera de nuevo...Juntando sus cejas, sacudió la cabeza con miserable confusión.―¿Qué estás haciendo aquí?* * *La mente de Michael se quedó en blanco. Las palabras que había estado a puntode decir se evaporaron en el aire mientras se sumergía en la visión de Cat. Habíaestado en su mente toda la mañana y de repente aquí estaba. Se veía aún mejor quecuando se separó de ella, vestida simplemente con una camiseta y pantalones cortosde color caqui. La forma en que la camiseta abrazaba las curvas de su cuerpo,delineando la forma de sus pechos, hizo que las palmas de sus manos sudaran. Lohizo recordarse ahuecando los pesados montículos en sus manos...
  • Miró al hombre mayor junto a ella, un hombre en los mediados o a finales de loscincuenta, con la cabeza llena de cabello negro con canas, y se dio cuenta delperiódico abierto en el mostrador frente a él. Fácilmente reconoció la foto en laportada.Cuando Gabe se lo mostró hace una hora, esperaba de alguna manera que Cat nolo hubiera visto. A juzgar por la expresión en su rostro, era evidente que lo habíahecho. Su corazón dio un vuelco. No sólo significaba que ella sabía quién era, sinoque la fea historia entera había sido readaptada en el periódico. Ahora sabía por quése fue hace diez años.Cat se retorció las manos juntas, confusión bailando en sus ojos. Él no podía dejarde preguntarse, ¿conocer la verdad cambiaba su opinión de él?Su vida entera la gente lo trató de manera diferente, sus padres sosteniéndolohacia normas casi imposibles, todo porque su familia era muy conocida. El romancede su abuelo había arrastrado su nombre hacia abajo junto con él, y la vida siemprehabía sido acerca de reparar el daño y ponerlo en la imagen correcta. Una imagen enla que prosperó para ir en contra del erase una vez, porque se sentía comprimido yacorralado por la presión. Su rebelión había conseguido no a una, sino a trespersonas muertas, todo eso indicado en el maldito artículo. Todo eso lo hizopreguntarse: ¿Podría importarle a Cat? ¿Cambiaría la forma en que lo veía?Tomando una respiración profunda, giró hacia el señor mayor al lado de ella,obligando a su mente a volver a la razón por la que vino aquí en primer lugar. Unaalternativa más segura por el momento.―En realidad… ―Él dio un paso más, entrando en la tienda, la puerta crujiendo alcerrarse detrás de él, haciendo que la campana repicara otra vez―. Vine en busca deJonathan Edwards. Me dijeron que podía encontrarlo aquí.La decepción se dibujó en los rasgos de Cat mientras se volvía hacia la caja en elmostrador y empezaba a sacar libros. La mirada retorció algo en su estómago,haciéndole desear que estuvieran solos.
  • Ya sea ajeno a la tensión entre él y Cat o demasiado educado para decir algo, elhombre mayor le dedicó una agradable sonrisa y le tendió la mano a modo de saludo.―Lo encontró.Deteniéndose ante el mostrador, aceptó el apretón de manos del hombre e hizotodo lo posible por no mirar fijamente a Cat. O inclinarse sobre el mostrador einhalar el ahora familiar aroma de su piel.―Michael Brant. Vengo en nombre de mi padre. ¿Me dijeron que fue usted quien loencontró?Jonathan asintió.―En un lado de la carretera, justo fuera de la autopista. Parecía como si estuvierateniendo un ataque al corazón. ¿Cómo le está yendo?―Bien, gracias a usted. Mi madre me dijo que lo siguió todo el camino hasta elhospital y se quedó con él hasta que ella llegó.Una sonrisa tocó la boca de Jonathan.―Nunca me hubiera perdonado si algo le hubiera pasado. Mi difunta esposa solíadecir que nadie debería morir solo.Michael le ofreció una sonrisa cortés.―Mi familia está muy agradecida con usted. Mi padre dijo que cuatro autos lopasaron, pero el suyo fue el único que se detuvo. A él le gustaría agradecerle enpersona. De hecho, he venido a extender una invitación. Mis padres realizan unabarbacoa todos los años para el cuatro de Julio, sólo familiares y amigos, nadaenorme, y les gustaría que usted viniera.Halado por el poder de su presencia, miró a Cat. Ella le dio un vistazo desdedebajo de sus pestañas mientras apilaba los libros sobre el mostrador. Algo brilló ensus ojos de jade, pero rápidamente desvió su mirada antes de que él pudiera darsecuenta de lo que había sido. Eso lo carcomió. No parecía complacida de verlo.Parecía... rota, atormentada. ¿La maldita foto en el periódico tenía algo que ver coneso?
  • Esperanza se agitó en su estómago mientras una idea revoloteó por su mente.Mantuvo una estrecha vigilancia sobre la expresión de ella.―Mi madre dijo que me asegurara de decirle que lleve a su familia.Como lo esperaba, Cat levantó la vista.―Desde que murió mi esposa, somos sólo nosotros dos. ―Jonathan envolvió un brazoalrededor de Cat, algo parecido a la diversión y el desafío parpadeando en los ojosdel anciano―. Esta es mi hija, Catherine, pero sospecho que eso ya lo sabes.Con su rostro calentándose, Michael se frotó la parte posterior de su cuello. Bueno,eso confirmaba su sospecha de que Jonathan era su padre. Regresando a la ciudad,esperaba evitar este problema exactamente.Con un suspiro, él negó con la cabeza.―Sí, lo siento por eso. Regresé una vez antes y logré no terminar en el periódico.Claramente no tuve tanta suerte esta vez.Michael se detuvo, giró la cabeza y miró fijamente a Cat. Estaba jugando con fuegoy debería dejar las cosas tranquilas. Implicarse mientras estaba aquí no era unabuena idea. Sin importar que tuviera que irse cuando dijo que tenía que hacerlo.Tenía una entrevista con una gran revista de motos el primer día del mes siguiente.Recientemente había construido unas pocas motos personalizadas de un par decelebridades bastante conocidas, y la publicación quería hacer un artículo sobre él.Eso significaba más promoción para la tienda. Por primera vez en su vida, se habíahecho un nombre por sí mismo separado de su familia.Involucrarse con ella más allá de la noche anterior no era una buena idea, sinembargo las palabras salieron de su boca de todos modos.―Ambos son más que bienvenidos.Él oró porque ella entendiera su invitación silenciosa, que ella estaría en labarbacoa, porque él tenía que saberlo. Quería averiguar si saber lo que él habíahecho cambiaba su visión de él. En un esfuerzo por simpatizar y ser de apoyo, el
  • artículo tranquilamente dijo un secreto que él preferiría olvidar. Era importante queCat supiera que era el mismo hombre de anoche. Por primera vez en un largotiempo, la opinión de alguien más acerca de él le importaba.* * *De pie en la sombra de la glorieta, Cat se agarró de la barandilla de maderamientras escudriñaba el mar de gente recubriendo el parque al otro lado de la calle.Las celebraciones siempre eran un gran asunto en Crest Point, y el cuatro de Juliono era la excepción. Payasos vagaban por ahí con globos para los niños. Vendedoresde todo tipo se alineaban en la acera. El olor del carbón encendido, carne a laparrilla, palomitas de maíz y algodón dulce flotaban en la brisa ligera y cálida.Había un murmullo general de charla tranquila, de vez en cuando interrumpida porlas risas de los niños y chillidos, prestándole a la noche un aire de energía yemoción.Ella no podía compartir ese sentimiento. Una vez más, su vida se había convertidoen un circo de tres anillos. Había pasado una semana desde que Michael se presentóen la librería. Desde la foto del periódico. Cada día había recibido más llamadas. Suteléfono sonaba a todas horas del día y la noche, a veces tan tarde como las dos de lamañana. Siempre eran lo mismo, espeluznantes y pesadas respiraciones. Alprincipio, ella y Lisa las tomaron como travesuras, asumiendo que algún chicoestaba recibiendo alegría. Ahora estaba empezando a preguntarse. Habíancomenzado a llamarla también a su celular, y habían aumentado en gran númerohasta que estaba respondiendo dos o tres por hora. Tal vez estaba paranoica, peroseguro que parecía como si alguien la estuviera acosando.―¿Alguien alguna vez te llamo Kitty?La rica voz de barítono de Michael la estremeció haciendo su camino por suespalda, debilitando sus rodillas, y el agarre de Cat se apretó en la barandilla demadera. No había podido dejar de pensar en él desde que fue a la librería de su
  • padre la semana pasada. Desde que la había invitado a la barbacoa de sus padres.Lanzó una mirada hacia atrás. Su forma oscura llenaba la entrada al mirador.Cada centímetro de su cuerpo hormigueaba con conciencia. No había podido dejar dedesear estar cerca de él, ansiaba estar de regreso en el lugar feliz donde sólo eran ély ella. Antes de que el mundo real hubiera entrado en su fantasía, rompiendo lo quehabía sido la noche.De repente ahí estaba él, lo suficientemente cerca para tocarlo.―No estabas en la barbacoa. Esperaba que estuviera allí.―Lo sé. Lo siento ―Había visto el anhelo inconfundible en sus ojos, la preguntasilenciosa cuando invitó a su padre. Casi había ido. Sufría por el conocimiento, porver su vida, dónde y cómo vivía. Por aprender acerca de su carácter, de cómointeractuaba con su familia. Por ver el hombre detrás de la fachada. Todo lo que laspalabras nunca podrían describir―. Si voy a ser honesta, tenía miedo de ir.El deseo de verlo había sido abrumador. Eso significaba que se había convertido enalguien más importante de lo que debería, que estaba empezando a permitirsepensar en él más allá de una noche, y no podía permitirse hacer eso.Una tabla suelta crujió bajo su peso, y Cat agarró la baranda con más fuerza, susoídos centrándose en el sonido de sus pasos cada vez más cerca. Cada arrastré desus botas a través de los tablones hizo que su corazón latiera como las alas de uncolibrí en su pecho.Cuando el crujido se detuvo, su calor radiaba en su espalda, haciendo que la pielde gallina se esparciera a lo largo de su piel. No la tocó, pero no tenía que hacerlo.Su cercanía, su presencia, electrificaba sus terminaciones nerviosas y su cuerpozumbaba con la necesidad de sentir las duras líneas de su cuerpo moldeándose a suespalda, sus fuertes brazos envolviéndola. Trayéndola de vuelta a un lugar seguro ycómodo, donde podría ser quien quisiera sin preocuparse de qué parte del pasado desu madre colgaba sobre su cabeza.
  • ―¿Miedo de qué? ―su voz sonó tan tranquila como la noche, pero era extrañamentetranquila y calmante, devolviéndola a la facilidad y consuelo que sentía yaciendo ensus brazos.―De enfrentarte. ―La facilidad con la que las palabras salieron de sus labios lasorprendió. Cuánto quería, necesitaba, finalmente responder la pregunta que ardíaen su interior―. Tampoco fui totalmente honesta contigo esa mañana. Escondiste tuidentidad de mí esa noche por el anonimato. La oportunidad de ser tú mismo.―Sí.―Yo también Toda mi vida he estado manchado por la vida que mi madreeligió.Cuándo me mudé a la ciudad hace nueve años, me fue mal. Los niños sonniños,¿sabes? Pero estaba cansada de ello, así que me fui. Cuando regresé hace tres años,la gente finalmente había olvidado y seguido adelante. Ahora hay una foto denosotros en el periódico y la gente va a empezar a poner dos y dos juntos.―¿Y?Ella dejó escapar un suspiro tembloroso. Le debía la verdad.―Mi madre... es la mujer que tuvo un romance con tu abuelo. Cuando su relaciónsalió a la luz, estaba por todo el país. Me imagino que eso creó un gran escándalopara tu familia. Dudo que tus padres quieran ser vistos conmigo. Sólo puedoimaginar lo que la gente dirá, lo que ya están diciendo.Las manos de Michael se deslizaron por las de ella, ambos brazos envolviéndosefirmemente alrededor, abarcándola en su poderoso abrazo.Él giró su cabeza, su voz baja en su oído.―Pregúntame si me importa un bledo lo que todo el mundo piensa.Un escalofrío pasó por la longitud de su columna vertebral, una sensación de alivioinundando su sistema. Allí estaba el chico malo por el que había estado tan atraída.Dio la vuelta en sus brazos. Otro cohete explotó en el aire de la noche, enviandomúltiples colores en oleadas a través de sus rasgos.
  • Otro destello iluminó su rostro en azul, blanco y rojo, iluminando sus ojos. Laintensidad allí la hizo temblar.―Tienes razón. Fue un escándalo en el que mis padres gastaron mucho dinerotratando de suavizarlo. La vida se hizo todo acerca de exhibir la imagen correcta. Yono ayudé a mejorar las cosas. También he hecho cosas de las que no estoy orgulloso,Cat. Los demonios que me atormentan. Ese maldito artículo lo resume todo. Es poreso que no vuelvo mucho a esta ciudad. ―Bajó la voz, suavizada a un susurro―. Hepasado años tratando de olvidar, pero aquí, en Crest Point, los recuerdos son másfuertes. No puedo huir de ellos aquí.Estaba ese lado suave y vulnerable de él. Una vez más, se abrió a ella, y que Diosla ayudara, no podía resistirse. Sin importa lo mucho que sabía que debía hacerlo.―¿Qué pasó?Bajó la mirada hacia ella.―No leíste el artículo.Ella negó con la cabeza.―No. No quería saber lo que decía. No me importaba. ―Sabía de primera mano loque era saber que la gente hablara de ti a tu espalda, acusándote de cosas quesimplemente no eran ciertas.Envolvió sus brazos alrededor de ella más apretados. Incapaz de resistirse, ellapresionó su mejilla contra su pecho. Durante un largo momento, se quedaron de esamanera, la misma necesidad que ella recordaba de su noche juntos, flotando entreellos tan fuertemente como lo había hecho entonces. Cerró los ojos y aspiró, llenó suspulmones con el aroma de jabón y cuero, una fragancia que había llegado aconsiderar como de él, y se permitió deleitarse en el momento.―Tenía veinte años. ―Su voz tranquila retumbó a través de su pecho―. Había estadosaliendo con esta chica, Trish Hartman. Habíamos estado saliendo por más o menosun año cuando me enteré de que estaba viendo a mi mejor amigo a mis espaldas. En
  • realidad, los atrapé en el acto. Así que lo terminé. Un mes más tarde, me dijo queestaba embarazada, y el bebé era mío. Estaba herido, enojado. Sabía muy bien queno era el único padre posible, por lo que exigí una prueba de paternidad. Le dije quesi el bebé era mío, la apoyaría completamente, pero hasta que pudiera demostrarlo,no conseguir un maldito centavo de mí. Nunca oí de ella otra vez.Hizo una pausa e inhaló un cansado aliento, su cuerpo tensándose. El tono de suvoz, tranquilo y grabado con dolor y lamento, le tocó el corazón. Era una herida paraél, una profunda cicatriz que dejaba al descubierto ante ella.―Un par de meses pasaron y una nueva chica se mudó a la ciudad, Kaylee Johnson.Tenía el cabello negro como el carbón y la piel pálida, vestía ropa oscura, ahumada,y llevaba anillos en todos los dedos. No puedo recordar cuántos tatuajes tenía.Señor, esa chica se destacaba como un letrero de neón parpadeante.Otro cohete explotó sobre sus cabezas, iluminando la noche. La memoriaobviamente se reproducía a través de su mente, y estaba reacia a inmiscuirse, aromper el hechizo que lo mantenía atado. Así que sostuvo su aliento y simplementeesperó a que continuara.―Caminaba por la calle y la gente se volvía, la señalaba, y susurraba. Ya sabes cómova, pero mantuvo su cabeza en alto y orgullosa, retando a las personas a juzgarla.Cat no pudo evitar sonreír ante eso. Sonaba como alguien más que ella conocía.―La primera vez que la vi caminar por el pueblo de esa manera, me dije a mímismo, tengo que conocer a esa chica. Terminó convirtiéndose en una buena amiga.Pasamos un montón de tiempo juntos. No éramos novios, pero todos supusieron quelo éramos. Ella dijo que no le importaba lo que pensaran. El cuatro de Julio de eseaño estábamos en el centro de la ciudad, viendo los fuegos artificiales desplegándosedesde por allá. ¿Ves esas rocas, en el borde del parque? ―Levantó una mano yseñaló delante de él luego la miró.Siguió donde él señalaba y asintió con la cabeza. Le frustraba que no podía ver sucara, sus ojos, sólo podía esperar que le dijera lo que pasaba en su mente.
  • ―¿Estás segura de que quieres oír esto? ―Levantó una mano y le apartó el cabello dela cara, el toque tan tierno que su corazón se derritió.―Sólo si me quieres decir. ―Ella presionó su oreja en su pecho y envolvió sus brazoscon fuerza alrededor de él―. Estoy escuchando si necesitas compartirlo.Su corazón latía con un ritmo rápido, feroz, debajo de su oreja, un sonido que ledecía, más de lo que las palabras podrían, lo difícil que era para él. Largosmomentos pasaron en silencio, y no estaba segura de que continuaría.Finalmente respiró profundo, apretando sus brazos alrededor en respuesta.―Nos sentamos allí, observando el despliegue, hablando, cuando Trish apareció dela nada. Estaba enojada, y llevaba una pistola. Me acusó de abandonarla, me acusóde engañarla. Discutimos. Se volvió ruidoso y feo. Dije cosas que no debería haberdicho. Estaba enojado como el infierno. Trish siempre había sido propensa a lateatralidad, así que no pensé ni por un segundo que alguna vez en realidad usara elarma. Hasta que apuntó el cañón hacia Kaylee y apretó el gatillo. Cuándo Kayleecayó, Trish usó el arma en sí misma.Cat no pudo detener el escalofrío que corrió a través de ella y apretó su agarre enél. Había visto a dos personas que le importaban morir justo frente a él. Levantó lacabeza. No podía imaginar el tipo de cicatriz que eso dejaba en el alma de unapersona.―Lo siento muchísimo. Qué horrible.Otro cohete explotó, otro rocío de colores iluminando su rostro. Él mirabafijamente hacia la noche por delante de él, la mandíbula tensa. Como si la sintieramirándolo, miró hacia abajo, el pesar y la tristeza palpable en sus ojos oscuros.―La madre de Trish me culpó. Dijo que si no la hubiera puesto tan molesta, ambastodavía podrían estar vivas.Cat pasó una mano sobre los duros músculos de su espalda.―No fue tu culpa.
  • ―No. Hay muchas cosas que debería haber hecho de otra manera, sin embargo. ―Éldio una sacudida lenta y triste con la cabeza y luego presionó su frente contra la deella―. El punto es, me importa un bledo quién fue tu madre, lo que hizo, o lo que lagente piensa de algo de eso. También tengo esqueletos en mi armario. Lo que meimporta es lo que tú piensas.―¿Sonríen para la cámara?Ella y Michael volvieron sus cabezas hacia la voz en el mismo momento, peroantes de que tuvieran tiempo de reconocer a la mujer de pie en la entrada delmirador, un destello brilló.―Para la difusión del cuatro de Julio. ―Ella sonrió y se marchó antes de quetuvieran la oportunidad de decir algo en respuesta.Michael vio a la mujer alejarse por un momento antes de girarse hacia Cat.―Salgamos de aquí. ―Antes de que ella tuviera la oportunidad de objetar, la liberó yla tomó de la mano, tirando de ella a sus espaldas fuera del mirador y calle abajo―.Conozco un lugar donde podemos obtener una mejor vista de los fuegos artificiales.
  • Capitulo 6Traducido por Mona y ShadowyCorregido por NanisSentado encima de su moto, Michael deslizó una mano a lo largo del suave brazoque se envolvía fuertemente alrededor de su cintura. Cat sentada detrás de él, sumejilla apoyada contra la parte posterior de su hombro.La sensación de su cuerpo contra el suyo le devolvió a la dichosa libertad de yaceren su abrazo, excepto que no podía conseguir que su mente dejara de revolverse.Estaban estacionados en lo alto de los acantilados, un pequeño lugar en el bordede la carretera de montaña que pasaba por lo alto de la ciudad. Llegaron hace variosminutos, pero hasta ahora, ninguno había dicho nada. La ladera de las montañas asus espaldas, las luces de la ciudad brillaban más abajo. El cielo encendido con elcoro de fuegos artificiales siendo lanzados, en la más grande demostración anual queviene del centro de la ciudad, con otras, más pequeñas demostraciones personalesdispersas en todas partes.No debería estar aquí con ella, debería haber dejado las cosas como estaban. Elpensamiento de lastimarla cuando se marchara, dejó su estómago atado en nudos,pero ella era la llama y él era la polilla, atraído por su resplandor. Simplementeestar en su presencia lo llenaba de una serenidad que no había sentido en unadécada. Una sensación a la que no podía resistirse, sin importar cuánto debería.Contarle esa historia había sido la cosa más difícil que alguna vez había hecho.Seguro, la gente en Crest Point sabía lo que pasó porque estaban allí cuando todo sevino abajó, pero personalmente, no había compartido la historia con nadie. Laherida siempre había sido demasiado grande, la culpa demasiado que soportar. Nosabía que esperar de Cat. Sólo que, una vez más, algo en sus ojos sacó las palabrasde su boca.
  • Había llevado el peso de la culpa por lo que sucedió esa horrible noche de Julio ensu juventud. Si le preguntaras, la reacción de todos los demás habría sido solo lo quese merecía.Cat lo sorprendió. En vez del juicio que esperaba encontrar, el eco de dolor ytristeza en sus ojos era exactamente lo que su corazón necesitaba. Siempre estaríaagradecido con ella. Ahora si sólo pudiera conseguir lo mismo de Kaylee, podríaperdonarse a sí mismo.―Tienes razón. ―Cat apoyó su cabeza contra la parte posterior de su hombro―. Lavista es fantástica.―¿Verdad? Solía pasar mucho por aquí. ―Otra serie de explosiones iluminó el cielode la noche, como para demostrar la belleza del cielo, y de algún modo, se alegró, deno estar solo.―¿Traes a chicas aquí todo el tiempo, verdad?La traviesa burla de su voz arrastró una risa tranquila de él. Él deslizó su mano alo largo de su brazo, disfrutando de la suavidad de su piel.―No. Vengo porque es tranquilo y pacífico. A mí me gusta la vista.Su risa entrecortada, tranquila desapareció tan rápido como vino. A medida que elsonido se apagó en sus labios, ella se tensó contra su espalda, estaba tan tranquiloque él simplemente esperó para que su voz expresara lo que estaba en su mente.―Esa foto va a estar en el periódico de mañana.―¿Eso te molesta mucho, verdad?El miedo en su voz y la rigidez de su cuerpo contra su espalda decía mucho.―Es verdad lo que ellos dicen sobre mi madre. No todo es mentira.En sus suaves palabras, él escuchó otra vez lo que le dijo su primera noche: “Hepasado mi vida jugando la parte de tímida, tratando de no dar a nadie ningunarazón para mirar demasiado cerca”. Ahora sabía lo que quiso decir. Esto lo hizocompadecer a la niña que debía haber sido. Le hizo desear que de alguna manerapudiera mitigar la herida dentro de ella. Sabía exactamente cómo se sentía.
  • ―Olvida la ciudad. No deberías dejar que te afecten. No todos piensan de esamanera.La necesidad de tocarla era demasiado grande para ignorarla, se apartó de ella losuficiente para bajarse de la moto. Se sentó a horcajadas sobre el asiento otra vez,esta vez frente a ella, agarró sus muslos detrás de las rodillas, y tiró de ella máscerca, colocando sus piernas sobre la parte superior de las de él. El calor de ellacolocado íntimamente contra él puso su libido a zumbar.No había esperado encontrar aceptación en sus ojos cuando ella supo sus verdades.De algún modo, esto sólo la había hecho más hermosa.Ahora estaba sentada mirándolo, su rostro bañado con la luz de la luna, iluminadaocasionalmente por las luces coloreadas en el cielo de la noche. Parecía igualmenteestable por lo que pasaba entre ellos como él se sentía.Él levantó una mano, acariciando con su pulgar a lo largo de su labio inferior. Elimpulso repentino de tomar su boca lo golpeó con fuerza. En cambio, la atrajo haciaél, y ella presionó su mejilla contra su pecho, envolviendo sus brazos fuertementealrededor de él, un gesto de confianza, intimidad y el momento se convirtió en algocompletamente distinto. Algo primordial fluyó entre ellos, la necesidad de sostener yser sostenido, sentarse en el abrazo de alguien y sentirse seguro. Una sensación depaz se apoderó de él otra vez.Se sentaron juntos sobre el acantilado hasta mucho después de que lademostración anual en la ciudad terminara, luego se quedaron para mirar las máspequeñas demostraciones personales. Era pasada la medianoche cuando finalmentela llevó a su casa. Mirándola mientras permanecía fuera de su apartamento lerecordó la mañana pasada. No había querido dejarla entonces, y no quería dejarlaahora. Quería volver a verla, quería verla tan a menudo como pudiera mientrasestuviera aquí, para perderse en la felicidad que su presencia le daba. Ella era laprimera mujer en recordarle todo el vacío que lo consumía en su pecho.
  • En recordarle cuán despojada había llegado a ser su vida, que algo faltaba, algo quesu alma anhelaba.Algo que su hermano había encontrado.Las relaciones de Michael eran una serie de aventuras destinadas a mantener alas personas a distancia.Cat era la primera mujer en hacerlo querer más.Juntando sus cejas con miseria, negó con la cabeza.―Dios sabe que quiero verte otra vez, pero no pienso quedarme en la ciudad muchotiempo. Soy propietario de una tienda de motos en Los Ángeles, y realmente tengoque regresar a ella. ―Ahuecó su mejilla en su mano durante un momento,permitiéndose deleitarse con la cercanía, con la manera que ella apoyó su cabeza ensu palma―. No quiero hacerte daño, Cat.El mismo pesar formando un nudo en su vientre brillaba hacia él desde laprofundidad de sus ojos.―Necesito esto para quedarme una noche.Él asintió.―Es lo mejor, creo.Ella levantó una mano y tocó su mejilla, tierna, cariñosa.―Cuídate, Michael.Él besó su mejilla, luego esperó hasta que ella estuviera en su apartamento antesde dar la vuelta y alejarse. Cuando montó en su moto, pesar y necesidad pelearonpor la supremacía en su intestino. Había pasado diez años construyendo paredes,pero una noche, un pequeño resbalón de mujer se había metido bajo su piel. Puedeque nunca la volviera a ver, pero era evidente que nunca la olvidaría.* * *―¿Entonces? ¿Qué tan malo es?Cat se sirvió una taza de café, más por la necesidad de mantener sus manosocupadas que por una necesidad real de cafeína, mientras esperaba la respuesta de
  • Lisa. Sentada en la mesa del comedor, su compañera de habitación otra vez tenía elperiódico delante de ella, buscando las fotografías de ella y Michael.―Bueno, no es súper malo, considerando todas las cosas. ―La ligera vacilación en eltono de Lisa tenía una piedra de temor cayendo en el estómago de Cat―. Ustedeschicos acabaron en la sección de Sociales. Hay dos de ellas.―¿Dos? ―Sólo había visto al fotógrafo tomar una anoche. Cat se movió para estardetrás de Lisa y miró por encima de su hombro. Las fotografías estaban una al ladode la otra, estilo splash. La primera era la que habían tomado de ella y Michael en elmirador del centro de la ciudad. Esperaba esa.La respiración de Cat quedó atrapada en su garganta, la náusea se arremolinabaen su estómago, cuando vio la segunda. Los dos estaban sentados encima de sumoto, en los acantilados, mirando los fuegos artificiales. Michael la enfrentaba, ysus muslos reposando en la parte superior de los suyos.Un vez más, tenían sus brazos envueltos fuertemente alrededor el uno del otro, sucabeza descansando sobre su pecho. Al igual que la foto de la playa, alguien la habíatomado desde la distancia, pero podías ver claramente los rostros, a pesar de laoscuridad.Una sensación extraña de invasión se arrastró hasta su columna, y las llamadasescalofriantes que continuaba recibiendo volvieron precipitadamente hacia ella.Cat sacudió su cabeza.―No había nadie más con nosotros allí, Lisa. Ningún flash salió. La primerafotografía que terminó en el Tribune, supuse que había sido una casualidad. Esto sesiente completamente como si alguien nos estuviera espiando.Lisa se dio vuelta en su asiento para mirar atrás hacia ella. Su frente fruncida, lamisma sensación de preocupación arrastrándose en sus ojos.Cat echó un vistazo a la nota debajo de la foto.“Cierto par fue visto mirando los fuegos artificiales desde los acantilados”.Ella gimió.
  • ―Tenían que mencionar los acantilados.Cualquier persona sabía que los acantilados eran muy conocidos para interludiosrománticos. “Punto del Besuqueo” lo llamaban.―Déjalo pasar. Entonces estás saliendo con alguien. Gran acontecimiento.Cat negó con la cabeza.―No llamaría exactamente al tiempo que Michael y yo pasamos juntos una cita. Fueun rollo de una sola noche. Y añade todas esas llamadas telefónicas.Ella se movió hacia la sala de estar, se hundió en el sofá, y se dio vuelta hacia laventana.Tenues nubes blancas serpenteaban a través del cielo azul. Preocupación anudabasu estómago mientras su conversación de anoche con Michael volvía a ella.Le lanzó una mirada a Lisa.―No crees que esto tenga algo que ver con nuestras familias, ¿verdad? técnicamente,la hija de Chloe Edwards está saliendo con el nieto del senador Brant.Su estómago se anudó. No debería haber salido con Michael anoche, no deberíahaber permitido la cercanía entre ellos, pero cuando la tocó, su cuerpo se derritió.Sentada con él arriba en esos acantilados fue lo más relajada que se había sentidodesde que dejó su trabajo con Nick. No permitiría que esto lo arruinara.―No veo por qué. Estás saliendo con Michael Brant. Él es noticia por acá. ―Lisa lededicó una sonrisa tranquilizadora y un encogimiento de hombros despreocupado―.Quienquiera que sea, se aburrirán. Ya lo verás.Cat mordió su labio inferior.―Eso espero.Cuando el teléfono timbró sobre la mesa de centro delante de ella, la inquietud searremolinó en el estómago de Cat. Respiró profundamente y rezo porque esto nofuera otra broma, se estiró para alcanzar el receptor inalámbrico.El identificador de llamada mostraba “número no disponible” como siempre.La ira se elevó como una tempestuosa avalancha a través de su sistema. Cat
  • apretó el botón de “hablar”, su voz menos que amistosa. Estaba harta de todo lo quesea que fuera este juego.―¿Qué quiere?―Tu vida. ―La voz era computarizada. Alguien obviamente había realizado grandesesfuerzos para disfrazarse, y el conocimiento llevaba un peso enorme que se hundíaen su estómago. La malicia envenenando el tono envolvía el miedo alrededor de supecho como una serpiente enroscada.Sus manos temblaron.―¿Perdón?―Pagarás por tus indiscreciones, perra.Respirando hondo en un esfuerzo por controlar la náusea que se arremolinaba ensu estómago, Cat se inclinó hacia adelante.―¿Quién es?―Eres una puta, igual que tu madre. Pagarás por tus indiscreciones.La línea se cortó. Su cuerpo entero comenzó a temblar. Cat arrojó el teléfono alotro lado del sofá como si fuera metal caliente quemándole la mano.Lisa levantó la vista del periódico.―¿Qué te dijeron?Los ojos de Cat se ampliaron. Juntó sus manos en un vano intento de parar sutemblor.―Acabo de ser amenazada.Ya no podía considerar las llamadas telefónicas una broma. No podía ignorar laaparente sincronización, tampoco.La aparición de Michael en su vida. Las fotos constantes en el periódico, dos de lascuales ocurrieron en momentos en que estaba segura de que estaban solos. Alguienlos siguió, pero quienquiera que fuera era evidente que no lo quería a él. Su objetivoparecía ser ella.
  • El mismo miedo que actualmente anudaba el estómago de Cat llenó los ojos deLisa.―Tienes que llamar a la policía, Cat.* * *De pie al lado de su moto fuera del bar, con el estruendo de la música a todovolumen detrás de él, Michael echó un vistazo hacia la calle. La pequeña librería depropiedad del padre de Cat estaba situada en la esquina de Main y Elm, unamanzana más abajo sobre el lado opuesto de la calle.Que Cat estaría allí en este momento de la noche era una ilusión de su parte. Eranpasadas las diez y, a excepción del bar, todo en Crest Point cerraba a las nueve y lohacía desde que tenía uso de razón.Tres días habían pasado desde que la dejó en su apartamento, pero no había salidode su mente ni por un momento. Esta era la primera vez en diez años que no podíadejar de pensar en una mujer. O desearla.O ansiaba volver a verla otra vez, para inhalar el suave olor de su piel. Sobre todopara sentir sus brazos envueltos alrededor de él.El pensamiento lo dejó en conflicto. Cat era encantadora, de naturaleza confiada, yno se introduciría en su vida sólo para hacerle daño. No importa que convinieranque su "relación" tenía que quedarse donde comenzó.Sin embargo cada noche venía al bar por una cerveza, para relajarse y pasar eltiempo con su hermano. Viviendo en Los Ángeles, extrañaba las cosas simples, comoel tiempo con su familia.Cada noche, cuando dejaba el bar para volver a casa, se paraba en este malditolugar, esperando un vistazo de ella.El sentimiento lo aterrorizaba.Giró de nuevo hacia su moto, forzándose a irse a casa, cuando notó un movimientopor la esquina de su ojo. Giró a tiempo para ver una familiar forma femeninaemerger a la luz suave que iluminaba la acera. Su corazón dio un vuelco.
  • Dios, era hermosa. Vestía una camiseta y una falda a la altura de los tobillos, losrecuerdos de su noche juntos llenaron sus pensamientos. Todavía podía sentir lacremosidad de sus muslos bajo sus manos, la manera en que su cuerpo se estremecióen sus brazos.Estaba a mitad de camino hacia ella antes de que incluso se diera cuenta que sehabía movido, como si alguna extraña compulsión lo empujara hacia ella. Ellaestaba cerrando la puerta cuando se acercó por detrás. En su brazo izquierdo, unabolsa de plástico, llena de libros supuso, colgaba de su muñeca, y su pequeño bolsonegro estaba metido bajo su brazo.―Hey.Ella se sorprendió y se giró para afrontarlo, enviando a su cabello azotando portodo su rostro. Cuando sus miradas chocaron, ella puso una mano en su pecho yrespiró aliviada.―Me asustaste. No te oí.Él se echó a reír.―Trataré de hacer más ruido la próxima vez.Ella no se rió. Más bien negó con la cabeza, su rostro sombrío mientras se volvíahacia la puerta, tirando de la llave en la cerradura.―He estado un poco nerviosa todo el fin de semana.Él levantó sus cejas en una pregunta silenciosa.Sus ojos buscaron su rostro, cambiante y ansioso.―He estado recibiendo llamadas de broma desde el sábado. Desde que aquellasprimeras imágenes aparecieron en el periódico.La inquietud se instaló en su estómago. Él cruzó sus brazos sobre el pecho.―¿De qué tipo?Cat negó con la cabeza.―Hasta esta mañana, sólo una respiración pesada, a todas horas del día y la noche.―Sus manos se sacudían tanto que las llaves en su mano tintineaban.
  • Las alarmas se dispararon en su cabeza. Cat no estaba sólo nerviosa. Estabaasustada.Le tocó el brazo, esperando aliviar el miedo que hacía todo excepto gritarle desdesus ojos.―¿Qué pasó esta mañana?La cabeza de Cat se volvió mientras lanzaba una mirada a su alrededor, antes deque su mirada se instalara finalmente en él otra vez.―Fui amenazada. Una voz digitalizada muy enojada me insultó y me dijo quepagaría por mis indiscreciones.La ira surgió en su pecho, colocado sus entrañas como carbones calientes queprendieron fuego a su sangre. Ese maldito artículo. Alguien la arrastró a sudesastre.―¿Has llamado al alguacil?Ella asintió.―Sí, pero no me hizo ningún bien. Dijo que registraría la denuncia y le avisara siconseguía algo más, pero a menos que esté siendo amenazada en persona, no haymucho que pueda hacer. Las llamadas son procedentes de uno de esos celularesprepago, pero el teléfono estaba registrado a nombre de alguien que no existe.―Un nombre falso.Ella asintió y se volvió para mirar al suelo, toda su actitud asumiendo unavulnerabilidad suave que retorcía su interior. Las llamadas claramente laasustaban, y una necesidad irresistible de protegerla surgió en sus entrañas.El rebelde en él se encendió a la vida como un viejo amigo familiar. Cada vez quealguien presionaba injustamente, algo dentro de él siempre devolvía la presión. Laforma en que ella se veía ahora le recordaba demasiado el dolor que oyó en su vozmientras estaban en la glorieta durante los fuegos artificiales. Estaba siendoamenazada, y la intimidación funcionó. La ira surgió en su sangre. Maldita sea si sesentaba y permitía que alguien tomara ese fuego de ella.
  • Antes de que pudiera detenerse, tomó su rostro en sus manos y se apoderó de suboca. Se permitió un momento para deleitarse en la dulzura de sus labios, la formaen que se derretían bajo los suyos mientras el cuerpo de ella se inclinaba tansutilmente en el suyo, y luego la soltó.―Deja que se opongan a esa indiscreción. ―Él frunció el ceño, sin molestarse enocultar el desprecio en su tono―. Quien sea que te tiene en su mira, ahora me tienepara enfrentarlo. Vamos, te llevaré a casa.Extendió su mano hacia ella. Después de un momento de vacilación, ella deslizósus dedos en los suyos. Caminaron en silencio por la cuadra. A mitad de camino, latensión abandonó su cuerpo.Cuando llegaron a su moto, Cat se volvió hacia él. Una esquina de su boca se curvóhacia arriba. Su linda media sonrisa aligeró su corazón.―Realmente eres malo, Michael.―Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. ―Le hizo un guiño, pero sepuso serio una respiración más tarde, y extendió su mano para acariciar sumejilla―. Maldita sea si voy a sentarme y dejar que ellos te asusten.Dejó caer su mano y se ocupó de quitarse su chaqueta. La mantuvo abierta paraella, pero ella no dio un paso inmediatamente adentro. Más bien, se paró por unmomento, mirando la moto debajo de él, con algo suave en su expresión.―Igual que esa noche ―susurró las palabras, mirándolo mientras deslizaba susbrazos por las mangas―. Aquí es donde todo empezó.El asombro y la reminiscencia de su tono lo atraparon. Mientras deslizaba lachaqueta sobre sus hombros, no se atrevió a soltarla. La sostuvo allí, se permitió unmomento para sumergirse en la conexión simple. Su espalda se presionabaligeramente contra el frente, suave y seductora, e inclinó su cabeza al lado de suoreja, el suave aroma a especias cálidas girando a su alrededor.―Sigues siendo difícil de resistir, también.Ella volvió la cabeza para mirar atrás hacia él, el calor y el deseo en sus ojos
  • llamándolo como un faro en la oscuridad. Besarla otra vez había sido la cosaincorrecta a hacer. Ahora recordaba lo dulce y embriagadora que sabía, la forma enque siempre respondía a él, como si no pudiera evitarlo, ponía su cuerpo en llamas.La mujer lo hacía anhelar cosas que no había tenido en un maldito largo tiempo.Por primera vez desde la muerte de Kaylee, lo quería. Los ojos de Cat derretíancada resolución que tenía. Una parte de él, en el fondo, preguntó: ¿Por qué nodebería pasar tiempo con ella? ¿Disfrutar el tiempo que tengo?Las puertas del bar se abrieron. Un pequeño grupo de mujeres salió a la acera. Catse sobresaltó y se alejó de él, el hechizo del momento roto.Ella asintió y tomó el casco, colocándolo en su cabeza. Él se ocupó de encender lamoto y ponerla en marcha, pero cuando ella se subió al asiento detrás de él, todo ensu interior gimió en dulce agonía. Sus muslos envueltos alrededor de sus caderasinvadieron sus pensamientos.El viaje a su apartamento fue demasiado corto, con Cat simplemente aferrándosea su espalda. En su puerta, se volvió hacia él con ojos de ciervo, amplios y redondos,y tocó las solapas de su chaqueta antes de quitársela y sostenerla hacia él. Era undulce déjà vu.―Gracias por el aventón. Podría haber manejado. Pudiste haberme seguido a casa,pero tengo que admitir que me siento segura contigo. No me pude resistir. ―Sevolvió para mirar al suelo por un momento, algo tímido y vulnerable en sus ojos quelo atrapó y lo sostuvo mientras ella le echaba un vistazo de nuevo.Cat le había hecho reflexionar sobre su futuro por primera vez en su vida adulta.Le había hecho imaginar la posibilidad de que en realidad podría tener uno.Construiría una vida por sí mismo fuera de la ciudad, fuera del nombre de sufamilia. No tenía ningún deseo de romperle el corazón cuando se fuera. El tirón deestar con ella lo llamó de todos modos. ¿Podría comprometer la dirección de su vidapor ella?
  • ―Me alegro. ―Acarició con una mano el brazo de ella―. Vendré por la mañana, tellevaré a la tienda para que puedas conducir tu auto a casa mañana en la noche. ¿Aqué hora debería venir?Ella arqueó una ceja.―¿Tal vez a las ocho y media?Asintió, incapaz de resistir burlarse de ella, sólo por el lujo de ver sus ojosiluminarse.―Buenas noches, señorita Kitty.Sus ojos se estrecharon, pero una sonrisa se curvó en las comisuras de su boca,suavizando la advertencia.―Eres la única persona que se sale con la suya llamándome así, sabes.Sonrió y le hizo un guiño.―Bien. ―Poniéndose serio con su siguiente pensamiento, suavizó su tono y tomó unade sus manos―. Llámame si me necesitas, ¿de acuerdo? Si recibes más llamadas osimplemente te asustas, no lo dudes.Ella asintió, ofreciéndole una sonrisa suave.―Gracias.―Nos vemos mañana, Cat.Asintió de nuevo.―Hasta mañana.Retrocedió, metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, queriendo asegurarsede que estaba seguramente encerrada adentro antes de irse. Mientras ella se volvíahacia su puerta y alcanzaba el picaporte, la puerta se abrió, ya entreabierta. Lanzóuna mirada hacia atrás a él, su sonrisa desaparecida, el temor levantándose en susojos.La alarma se instaló duro y frío en su estómago. Le tocó el hombro, haciéndolesaber que no estaba sola, y luego se movió a su alrededor.―Quédate aquí. ―Empujó la puerta abriéndola más y se deslizó cuidadosamente
  • adentro. Una sola lámpara estaba encendida en la sala de estar, iluminando laesquina lejana, y el lugar estaba tranquilo. Se deslizó por el apartamento a oscuras,encendiendo las luces a su paso, moviéndose lentamente de una habitación a otra.La primera habitación a la derecha parecía que no había sido tocada. Una camadoble cubierta con una colcha de color rosa brillante estaba perfectamente hecha, laparte superior apilada con cuatro almohadas y un montón de osos de peluche. Semovió a la segunda habitación, al otro lado del el pasillo. Lo que yacía dentro lodetuvo en seco. Los cobertores estaban en un montón en el suelo. Manchas rojassalpicaban la sábana blanca.―¿Michael?La voz de Cat, llena de alarma, se hizo eco a través del apartamento.―Ya voy. ―Apagó la luz y salió de la habitación.El sonido de las sandalias de Cat en el piso de baldosas se hizo eco por el pasillo,corriendo si su audición era correcta. Su pecho se tensó; sus entrañas se hicieronnudos. La encontró a medio camino del pasillo.―¿Qué pasa?Su teléfono celular estaba apretado en una mano, las lágrimas no derramadasbrillaban en sus ojos, su miedo era palpable.―Lisa está en el hospital. Ha sido atacada.* * *Parado junto a la cama de hospital veinte minutos más tarde, una mezcla de rabiay temor luchaban por la supremacía en el estómago de Michael. Lisa yacía deespalda, la cama en una posición reclinada, permitiéndole sentarse un poco derecha.Las náuseas se arremolinaron en su estómago mientras asimilaba su rostro. Ambosojos estaban negros y azules y cerrados por la hinchazón. Su nariz estaba rota yhabía sido vendada en gaza blanca. Feos moretones cubrían sus mejillas y lamandíbula inferior. Toda su cara estaba hinchada. Según la enfermera que habíaestado en la habitación cuando llegaron, también tenía varias costillas rotas.
  • Cat estaba a su lado, blanca como la sábana en la cama y casi tan rígida. Qué lamantenía allí, no estaba del todo seguro, pero había reclamado un agarre en sumano en el momento en que había tomado una mirada a su amiga.Cat extendió su mano libre y apretó suavemente la de Lisa, donde esta yacía en lacama. Lamentablemente, la mano de la chica parecía la única parte no magullada orota.―¿Cómo sucedió esto? ¿Quién te hizo esto?Los ojos de Lisa se llenaron de lágrimas, y dio una sacudida lenta con su cabeza.―No lo sé. ―Hizo una mueca y estiró su mano para tocar el corte en su labio inferior.Se había abierto y ahora contenía tres puntos de sutura―. Estaba durmiendo en tuhabitación. Estaba tan cansada cuando llegué a casa del trabajo, debo haber ido allípor error. Me desperté en la oscuridad con alguien encima de mí. Ella me estabagolpeando en la cara con algo sólido y maldiciéndome.Alarma se deslizó a lo largo de su columna. Michael frunció el ceño.―¿Ella? ¿La viste? ¿La reconociste?Lisa sacudió la cabeza de nuevo, su mirada cambiando a él.―Sólo escuché su voz. Vestía toda de negro y una máscara de esquí. Azul brillante…―Lisa hizo una mueca otra vez y tragó―. Ojos. Seguía llamándomeputa. Me dijo que pagaría por mis indiscreciones. Seguía repitiendo eso, que iba apagar.Cat dejó escapar un jadeo silencioso, el sonido lleno de miedo y reconocimiento. Élsabía exactamente lo que iba a decir antes de que las palabras salieran de su boca.―Las llamadas telefónicas. ―La mano de ella en la suya empezó a temblar mientrasle lanzaba una mirada a él―. Oh, Dios, Michael.Lisa apretó la otra mano de Cat y luego se volvió hacia él de nuevo.―Dijo algo más. Dijo que Michael era de ella, y que yo no tenía derecho a él. ―Lisaalzó una ceja, sus ojos lanzando dagas a él―. ¿Novia celosa?
  • El cuerpo de Cat se puso rígido a su lado, su mano aflojándose en la suya.―Ella pensó que eras yo. ―Las palabras dejaron su boca en un susurro desnudo,temblando. Mientras Cat se volvía para enfrentarlo, sus ojos muy abiertos yredondos. La vulnerabilidad pura sólo añadió leña al fuego que se encendió en suvientre el instante en que entró en la habitación del hospital.En los últimos días, había oído los rumores, los escuchó de los borrachos a sualrededor mientras se sentaba con su hermano en el bar esta noche. Podíamanejarlos hablando de él. Infiernos, estaba acostumbrado a ello, pero le hervía lasangre al oír las cosas vulgares que decían sobre ella. Sólo el peso de la mano de suhermano en su hombro lo mantuvo en su asiento.Añade a eso las llamadas telefónicas amenazantes y ahora esto... se estremeció alpensar en qué más podría pasarle a ella o a su familia. Alguien se metió con ella, yél era la razón.Necesitando aliviar su temor obvio, le soltó la mano y poniendo su brazo alrededorde ella, la atrajo hacia él. Ella fue de buena gana, su cuerpo suave rindiéndose a sufuerza. Una parte de él se deleitó con la cercanía, pero Cat no sólo envolvió susbrazos a su alrededor, sino que enterró el rostro en su pecho y se aferró a él, sucuerpo temblando.Después de un momento, volvió la cabeza para mirar a Lisa, las lágrimas nadandoen sus ojos. Su labio inferior temblando, su voz temblaba.―Oh, Dios, Lisa, lo siento mucho.Lisa ofreció una sonrisa valiente y le apretó los dedos.―No es tu culpa, cariño.―Es mía.La mirada de Lisa pasó bruscamente a él, sus ojos entrecerrados.―Estoy de acuerdo. ―Su tono era duro y helado, igualando la mirada de sus ojos
  • azules―. Todo comenzó la noche que ella pasó contigo. ―Movió su mirada a Cat―.Tienes que dejar de verlo, o va a hacer que te maten.Cat negó con la cabeza.―No es su culpa, Lisa.Las palabras llenas de ira de Lisa golpearon una cuerda sensible, presentándoseen ese lugar oscuro en sus entrañas. No podía ignorar esto por más tiempo y laesperanza se fue. No quería pensar en lo que todavía podría sucederle a Cat. Lanoche que Trish y Kaylee murieron, él lo hizo todo mal, pero eso no pasaría esta vez.Incluso si lo mataba, haría todo bien de nuevo. Cat merecía paz, y de una manera uotra, se la daría. No permitiría una repetición de lo que ocurrió hace diez años.―No, ella tiene razón. Esto no habría pasado si no fuera por mí, y voy a arreglarlo.―Se volvió hacia Lisa y metió su mano libre en su bolsillo―. Lamento más de lo quepuedo decir que fueras involucrada en esto. Voy a llamar al servicio de seguridadque utiliza mi padre y les enviaré a dos de sus mejores hombres. También voy ahacer que cambien las cerraduras de su apartamento antes de que te dejen salir deeste lugar.Lisa lo observó detenidamente por un momento.―Lo aprecio. Gracias. ¿Qué hay de Cat? Es tras ella que están realmente.―Ella no va a estar sola. ―Se volvió hacia Cat, alcanzó su mano y acarició con elpulgar sobre sus nudillos. Se preparó para un rechazo enfático―. Puedo quedarmeen tu casa o te puedes quedar en la mía. De cualquier manera, vas a estar viendomucho de mí, porque de ahora en adelante, a donde tú vas, yo voy.Cat se quedó mirándolo fijamente. Él no tenía que preguntar para saber lo queestaba pensando. El miedo y la incertidumbre brillaban en sus ojos escrutadores.Tenía miedo de ser vista con él en caso de que terminaran en el periódico,provocando que más repercusiones se amontonaran sobre ella. Toda la noción dejóun mal sabor en su boca.Él negó con la cabeza mientras atrapaba y sostenía su mirada, implorándole.
  • ―No voy a aceptar un no por respuesta. No me voy a sentar a esperar hasta quesuceda algo peor. La única manera en que realmente puedo estar seguro de ello es siestás conmigo en todo momento.Michael contuvo el aliento. No quería presionarla, no quería forzarse a sí mismoen su vida, pero ésta era un área en la que no estaba dispuesto a ceder. Estabasiendo amenazada, y él era la causa. Lo mataba pensar que podría ser Cat yaciendoen esa cama de hospital. Eso traía cosas que no quería recordar más, pero que lomiraban a la cara de todos modos. Específicamente, que se preocupaba por ella. Másde lo que quería. En el poco tiempo que la conocía, se había metido bajo su piel, y legustaba allí. Se había vuelto importante para él. La idea de perder a alguien máspor quien se preocupaba desgarraba una vieja herida en su interior.Finalmente, ella asintió, y el nudo en su pecho se alivió.―Creo que me sentiría mejor, también.
  • Capitulo 7Traducido por Curitiba y lectoraCorregido por carosoleLlegaron a la casa de Michael una hora más tarde. Cat se detuvo en el umbral. Laluz de luna que entraba por las ventanas suavemente iluminaba el oscuro espacio.Los recuerdos inundaron su mente. Había perdido la cuenta de cuántas veces habíahecho el amor con este hombre dentro de estas paredes.Ahora, de pie sobre la pequeña alfombra del vestíbulo, estaba consciente delhombre cuando se puso a su lado. Cerró la puerta detrás de él, depositó su pequeñamaleta en el piso, y encendió el interruptor de luz. Ninguno dijo nada durante unlargo momento. La tensión, delicada, dulce y dolorosa, se elevó entre ellos. Llevadapor el poder de su presencia, lo miró. Él le devolvió el gesto con los ojos líquidos,suaves y atentos aún llenos con un hambre palpable que la hizo temblar por esepoder de su mirada.―Puedes quedarte con la cama de arriba. ―Su expresión se mantuvo en blanco ydifícil de leer―. Me quedaré en el sofá.Ella giró la cabeza, mirando el sofá negro de cuero mullido que indicó. Laalternativa más segura en este momento.―No me gusta apoderarme de tu cama. El sofá no parece muy cómodo.―¿Sugieres que compartamos la cama?La indirecta con un trazo de burla en su voz la hizo volverse para contemplarlo. Latravesura brillaba en sus ojos, las comisuras de la boca temblaban mientrasaguantaba una sonrisa.Tal vez fue su manera de aligerar el momento de tensión, y su lado de chico maloseguro de sí, pero el pensamiento le envió un dolor dulce rodando a través de suvientre. Aquellos ojos le decían que no era la única afectada por su presencia en su
  • casa. La desafiaban a dar un paso adelante, para presionarse contra él y apoderarsede su boca. Tuvo que admitir que este estilo protector lo hacía increíblemente sexy.Después de un momento, una sonrisa incómoda torció un lado de su boca y él leagarró un hombro.―Lamento mi asquerosa tentativa de romper el hielo. Te ves tan nerviosa como mesiento.Ella se retorcía las manos.―Tienes razón, sabes.―¿Sobre qué?Ella captó su mirada.―Me siento más segura contigo. Eso es lo que me asusta de ti. Lo fácil que es estarcontigo.El calor estalló en las oscuras piscinas, un hambre no disimulado que inundó eldeseo a través de cada centímetro de ella. La necesidad de sostener y ser sostenida,de barrer la noche haciendo el amor donde y cuando el estado de ánimo golpeara.Libre para ceder ante los deseos de sus cuerpos. Nick había sido su primer amor,pero no podía recordar alguna vez quererlo como quería a Michael. Esto era unhambre que no era capaz de saciar.Sacudió miserablemente su cabeza.―Tú mismo lo dijiste, Michael. Tarde o temprano te irás de Point Crest, y no soy deaventuras.Las relaciones de corta duración no eran su estilo. Eran de su madre, y ella no erasu madre.Dio un paso hacia ella, le colocó las manos en sus caderas y la tiró contra él. Tododentro de ella suspiró con alivio.―Me gustaría poder decir que yo tampoco, pero es todo lo que tengo. La verdad esque no he tenido una relación real en años. Ni siquiera si sé cómo hacerlo. Sólo
  • quiero pasar contigo todo el tiempo que me queda en Point Crest. Tú me das esa pazque no he tenido desde que Kaylee murió. A pesar de toda la mierda que estápasando contigo y tu familia, todavía estás aquí conmigo. Francamente, estoysorprendido por eso.Ella puso una mano sobre su pecho.―Nada de esto es tu culpa.Él sonrió y le acarició los dedos sobre su mejilla.―Lo sé, pero no esperaba encontrar aceptación aquí. Obviamente, aún hay gente quetodavía guarda rencor. Diablos, ni siquiera mi padre lo ha olvidado o perdonadotodavía. Encontrar alguien a mi lado para variar es un cambio bien agradable. Megustaría deleitarme con ello mientras estoy aquí.La confusión la sorprendió en el pecho.¿Sabía el efecto que tenía sobre ella? ¿Con qué facilidad podría enamorarse de él?¿Con esto? Lo anhelaba. Todo dentro de ella gritaba por él. No podía recordar unamaldita buena razón por la cual no debía arrojarse a sus brazos y rogarle que lehiciera el amor. Caer en todo lo que ofrecía y disfrutarlo, mientras lo tenía.La soltó y dio un paso atrás, se inclinó para recoger su maleta, se volvió y sedirigió hacia las escaleras. Cuando alcanzó el último escalón, se detuvo y le devolvióla mirada.―Quise decir lo que dije esa primera noche, Cat. A veces hay que estar dispuesto asaltar en la parte más profunda. Si no, no estarás realmente viviendo. No pienses enello. Siéntelo. Haz algo solamente para ti, simplemente porque lo quieres.Desapareció en la curva de la escalera en forma de L, dejándola mirando a suespalda mientras se alejaba. No la estaba presionando sino simplementeestableciendo la oferta sobre la mesa. La pregunta era, ¿podría extender la mano ytomarlo?* * *
  • Horas más tarde, Cat estaba a oscuras, mirando el techo. El resto de la nochehabía sido incómodo. Se sentaron en la pequeña terraza en la parte de atrás,mirando a la luna y las estrellas brillando a lo largo de la superficie del agua yescuchando las olas alcanzando lentamente la orilla. Debería haber sido relajante,excepto que el clima entre ellos estaba lleno con una sutil y dulce tensión. Cualquiercharla que intentaran era dolorosa. No había sido capaz de concentrarse mucho másallá de la forma desesperante en que quería introducirse en sus brazos. Michaelparecía sufrir de la misma dolencia. Cada vez que sus ojos se encontraban, estabanllenos de hambre.Finalmente, fingió agotamiento, le deseó buenas noches y fue acostarse, pero yacióen la cama por casi una hora, sin poder dormir. La cama parecía estar impregnadadel olor de Michael, y no pudo conseguir que su mente se desconectara. Allí estaba,de nuevo donde había estado, todavía asfixiándose porque tenía miedo de vivir.Dejaba al miedo de ser como su madre gobernar su vida mientras abajo estaba elhombre que la podía liberar. Con miedo a amar porque temía que todo hombre quese le acercara terminaría como Nick.Michael le ofrecía a algo simple, a él mismo, pero lo hizo con su todo corazón. Todolo que tenía que hacer era extender la mano y tomarlo. ¿Qué diablos estoy haciendoaquí? ¿Sola?Dios, ¿podría hacerlo? ¿Permitir perderse en el aquí y ahora, en el hombre?Tomaría una noche y la extendería. El consentimiento a la complacencia desatisfacer los deseos de su cuerpo con un hombre que la hacía sentirse segura, librecon un simple toque. En el fondo le golpeaba un pensamiento que se negaba a dejarir, si no aprovechaba esta oportunidad, lo lamentaría por el resto de su vida.Con el corazón martillando como pistones, retiró la sábana y salió de la cama,bajando por las escaleras en camiseta de dormir y sus bragas. Se detuvo en la parteinferior de las escaleras, su pulso tronando. Michael estaba acostado de lado en el
  • sofá, transformado en una cama. La luz de la luna bañaba suavemente su pechodesnudo y una sábana blanca lanzada sobre sus caderas. Aunque la oscuridadhiciera imposible ver sus ojos, sabía que la observaba. Sintió sus ojos deslizándosesobre ella. Cada centímetro de su cuerpo cosquillaba urgente en anticipación por sutoque.―Tienes razón. Vengo a esto desde el punto de vista del miedo. Tengo miedo de loque la gente va a pensar. He vivido toda mi vida según las reglas. La reputación demi madre nos seguía a todas partes, y aprendí a mezclarme con las sombras. Si lagente no podía verme, no hablaba. Ahora esto... el fiasco, lo trajo todo de nuevo. Miinstinto es querer correr y esconderme. ―Sus manos temblaban con el nerviosismo.Bajó la voz con la sensación de vulnerabilidad que se deslizaba a través de ella. Siiba a ser honesta, podría ir con todo―. También tengo miedo de enamorarme de ti.―Yo también.La intensidad suave de su voz la emocionó. Todavía no podía ver sus ojos, pero unavez más, la fuerza de su mirada la sostuvo atada.―No me he permitido amar a nadie desde que Kaylee murió. Si me preguntas, no lomerezco. Francamente, dulzura, asustas el infierno fuera de mí. No sé dónde vaesto. O si va a cualquier lugar. Todo lo que sé es que me gusta cómo me sientocuando estoy contigo. Ya desistí de tratar de resistirme a ti. ―Sacó la sábana en unasilenciosa invitación―. Da un paseo salvaje, Cat.Sin decir una palabra, cruzó el espacio entre ellos, y se deslizó a su lado,presionando su cuerpo al de él y reclamando sus labios. Sin la sábana entre ellos, latumbó de espalda, metiéndola debajo y colocándose entre sus muslos. Su excitaciónpalpitaba contra su núcleo a través de las capas de ropa que los separaban, y ella searqueó contra él, deslizando sus manos por la espalda y en sus bóxers. La intensidaddel momento inundó cada una de sus células. Su alma voló y la dejó ir, se permitiótomar el placer de él.
  • Él gruñó bajo en su oído mientras su boca se separó de la de ella y se fue,arrastrando tortuosamente lento a lo largo de su mandíbula y abajo a su cuello,dejándola temblando bajo su cuerpo.―Dios, me vuelves loco, Cat.―Michael... ―Su nombre salió de su boca en un gemido necesitado, con toda lacoherencia que era capaz. Necesitaba hacerle comprender, expresarle todo de sucorazón, pero las palabras simplemente no quisieron venir. Se aferró a su espalda,tratando de mostrarle que esta emoción iba más allá de algo que pudiera entender.―Lo sé, cariño. Lo sé ―susurró las palabras contra su piel, su voz un murmullo llenode tanta necesidad como ella sentía, mientras estampaba besos a través de suhombro. Se movió lentamente por su cuerpo, dejando un rastro de fuego a su paso.Sus cálidos y suaves labios rozando su cuello y entre sus pechos. Se detuvo unmomento para rastrillar sus dientes sobre cada pezón a través de su camisón dedormir antes de dedicarse a su estómago.La besó en la piel debajo de su ombligo mientras sus manos halaban el camisónhacia arriba por su cuerpo. Se lo quitó por encima de su cabeza y sus manossiguieron hacia abajo, para llegar a la cintura de sus bragas. Besó detenidamentesus piernas, bajando sus bragas por ellas, sus dientes de vez en cuando raspando supiel, terminando con un pellizco a su empeine antes de que sacara sus bragas y lasarrojara al suelo.Salió de la cama el tiempo suficiente para librarse de su ropa interior, y luego seinclinó para sacar un pequeño paquete cuadrado del bolsillo de sus vaqueros. Seacercó, los ojos ardiendo de nuevo sobre ella, haciendo malvadas promesas, y se pusoel condón. Justo cuando estaba segura de que no podía soportar la dulce tensión pormás tiempo, regresó a ella y cubrió su cuerpo con el suyo.―Voy a ir más despacio la próxima vez, te lo prometo. ―Mordisqueó su labio inferior,deslizando sus manos debajo de ella, y acarició su espalda mientras se arqueabacontra ella, enterrándose hasta el fondo en su interior―. Te necesito demasiado.
  • Ella jadeó, una mezcla de placer y alivio que la elevó en las nubes. Con sus dedosenterrados en su piel se arqueó en su contra, reuniéndose con él para empujardesesperadamente. Conocía esa necesidad, ese dulce deseo, esencial para unirse, deestar lo más cerca posible, y luego, queriendo más aún. Su cuerpo se sacudió conello, su necesidad de él tan feroz que la asustaba.Él tomó su boca en un suave beso. Ella se aferró a su espalda, cerró sus piernasalrededor de sus caderas para retenerlo allí, levantándose a su encuentro. Suscuerpos trabajando juntos en un ritmo ardiente, con las manos entrelazadasfirmemente, hasta que simplemente se mezclaron juntos como uno solo. Élincrementó su excitación, elevándola hasta esa placentera y dulce cima tanrápidamente que todo el aliento abandonó sus pulmones.Cada vez que estaban juntos la sorprendía cuán intensamente respondía su cuerpoal de él. Nunca había sido así con Nick. Cuando ella cayó en el borde, un gemido sele escapó, y él levantó la cabeza y la agarró sosteniéndole la mirada. Una íntimaconexión, como si hubiera entrado directamente en su piel y sus almas se mezclaron.Que el cielo la ayudara, no quería que este momento se acabara nunca.Acabaron juntos, con su cuerpo temblando con el suyo, su corazón, su placer, ensus ojos. Esto dejó un sentimiento abierto y vulnerable. Sin embargo, lassensaciones sólo la alzaron más alto, rompiendo el cielo en un millón de blancosfragmentos calientes, segura frente al factor de que él estaba allí con ella, sinataduras, juntos en la felicidad.Cuando finalmente volvió a respirar normalmente, le dio un beso prolongadorecorriendo toda su boca y luego salió de encima.―Ya regreso. ―La besó de nuevo y lentamente salió de la cama.Cat se volteó para mirarlo mientras se alejaba, disfrutando de la vista trasera, laforma en que los músculos de su trasero flexionaban mientras caminaba hacia elpiso de arriba al cuarto de baño. Regresó unos minutos más tarde y se reunió con
  • ella, acurrucándose contra su espalda, su abrazo apretado y posesivo. Cerró los ojosy se quedó dormida abarcada en su calor, en la idoneidad absoluta de yacer en susbrazos.* * *Cat despertó a la mañana siguiente por la radiante luz del sol penetrando suspárpados cerrados, el olor de café recién hecho y huevos fritos con tostadasburlándose de sus sentidos. Echó un vistazo al espacio a su lado. El lado de Michaelestaba vacío, pero los sonidos reveladores proveniente de la cocina le dijo dóndeestaba.Emociones encontradas la golpearon cuando miró fijamente a la marca de lacabeza dejada en la almohada. No podía estar segura de si estaría más decepcionadaal encontrar que se había ido y no tener el placer de despertar en sus brazos, ocontenta por la fracción de tiempo para respirar que le dio.Quedarse dormida en sus brazos la noche anterior había sido demasiado íntimo, lahabía llenado con una emoción con la que no sabía cómo lidiar. Un hombre al quehabía conocido por meras semanas y que ya no se sentía más como un extraño sinocomo alguien que había conocido por siempre. Dormir así se sentía tan natural comorespirar.Con un suspiro, salió de la cama, forzándose a enfrentar el día. Encontró sucamisón y bragas tirados en el suelo, se los puso antes de seguir los olores a lacocina. Michael estaba en frente de la estufa, usando nada más que un par dedescoloridos jeans, su torso deliciosamente desnudo. Estaba revolviendo con unaespátula los huevos que chisporroteaban en la sartén.Se sentía extraño observarlo allí, viéndose tan doméstico. Lo había visto antes, enuna mañana siguiente, pero la vista aún la asombraba. Iba en contra de la imagende chico malo que tenía de él, pero era otra faceta intrigante. Otra pieza del hombredetrás de la máscara que se revelaba.
  • ―Buenos días. ―Roció un lado de los huevos con una mezcla de queso y pimientoscortados en cubitos, luego cerró la tortilla y le lanzó una mirada. La ternura brillóen sus ojos. Una sensación de intimidad fluyó en el espacio entre ellos atrayéndolamás cerca en la habitación.Se detuvo junto a él, mirando detenidamente por sobre su hombro a la sartén. Noera la comida que le provocaba hambre. Con las manos en puños, aplacó elabrumador deseo de presionarse contra su espalda y envolver sus brazos alrededorde él. Se sentía... rara, un poco fuera de lugar. Nunca había tenido una aventuraantes. Tan tonto como parecía, no tenía ni idea de si podría hacer eso, de presionarsecontra su espalda y tomar lo que quería.Él levantó la pequeña sartén con una mano y deslizó la tortilla hecha en unpequeño plato blanco al lado de la estufa.―¿Tienes hambre?Asintió y le ofreció una sonrisa.―Muerta de hambre, en realidad.―Yo también. No soy una persona de desayunar, pero de algún modo logré despertarcon apetito esta mañana. ―Le guiñó un ojo, enviando un tirón a su estómago, y aúnlogró que se sintiera cómoda al mismo tiempo. Puso un pedazo de pan tostado encada uno de los platos antes de recogerlos y se los entregó―. Toma estos. Voy a traerel café. ¿Cómo te gusta el tuyo?―Con crema, por favor. ―Llevó los dos platos al comedor adjunto y los puso sobre lamesa.Michael se unió un momento más tarde, dos tazas enganchadas en una mano,tenedores en la otra. Puso una taza y un tenedor delante de ella antes de sentarse asu lado en la pequeña mesa redonda. Como con el resto de la casa, el comedor erapequeño y pintoresco, compuesto sólo de una mesa y cuatro sillas. La tela de lascortinas dejaba entrar el sol de la mañana, llenando la habitación con un destello
  • dorado. El brillo que esto confería a la habitación hacia juego con cómo se sentía,sentada allí con Michael, brillante, feliz y relajada.Tomó un bocado de sus huevos y suspiró suavemente mientras los sabores semezclaban en su lengua. Los chiles salteados, el queso derretido y pegajoso, loshuevos perfectamente hechos. Él no era un principiante en la cocina comoimaginaba.―Mis felicitaciones al chef. ¿Tu madre te enseñó a cocinar?Asintió, tragó el bocado en su boca, luego tomó un sorbo de su café.―Mamá insistió para que Gabe y yo aprendiéramos a cuidar de nosotros mismos.―Cocinas muy bien. ―Ella le echó un vistazo mientras tomaba otro bocado―. Tengoque admitir que estoy sorprendida.―¿La cosa esa de oscuro y peligroso? ―Arqueó una ceja divertido, con las comisurasde la boca temblando.El hombre tenía una manera de convertir su interior en puré.―Algo así.El silencio cayó entre ellos, la sonrisa fundiéndose en su cara. La intimidad llenóel espacio entre ellos, tranquila y sencilla, pero profunda. La escena era doméstica ycómoda, como si lo hubieran hecho todas las mañanas por años.Su relación entera había cambiado, y no sabía qué hacer con él. Ni siquiera sabíasi quería hacer algo con él. Sólo sabía que la hizo entrar en su mundo, un lugar delque de repente tenía muchas ganas de ser una parte.Él tomó otro sorbo de su café antes de mirarla fijamente.―Pensé en darte un viaje a la tienda esta mañana, si eso está bien.Cat sonrió, recordando sus palabras la noche anterior, que él tenía la intención deser su nueva sombra, y arqueó una ceja.―¿Tengo otra opción?Dejó escapar una risa suave y le dio una mordida a su tortilla.
  • ―No. En realidad no. ―Le guiñó un ojo―. Me temo que estás atascada conmigo,nena.El doble sentido ocasionó una oleada de la tensión en la sala. Su sonrisa cayó y élarrastró su mirada hacia su plato. Ella movió la cabeza y levantó su taza con losdedos inestables. No iba a sobrevivir a una vida con él y ya se estaba convirtiendo endemasiado importante.* * *Cuando se detuvieron frente a la tienda media hora más tarde, dos coches depolicía se estacionaron junto a la acera. La inquietud se instaló en la boca de suestómago. ¿Qué estaba haciendo la policía en la tienda?Volvió la cabeza hacia la librería. Un suspiro salió de su garganta. Puso una manotemblorosa sobre su corazón que latía de repente.―Oh, Dios.Alguien había pintado con spray las palabras: "Te lo advertí, puta" en las ventanasdelanteras. La pintura roja brillante goteaba por el vidrio claro, dando al mensajeun escalofriante parecido con la sangre. El desayuno en su estómago se revolvió. Lacara de Lisa magullada e hinchada cruzó por su mente como un letrero de neón, y elpánico, rápido e intenso, se apoderó de su pecho en un vicio.―¡Papá! ―Ella se deslizó de la motocicleta y corrió a la tienda, con el miedodesgarrándola. Si algo le pasaba, nunca se lo perdonaría.El vidrio de la puerta principal se había roto. Al entrar, el impacto del desastre lagolpeó. Libros y papeles esparcidos por el suelo. La caja registradora yacía decostado más allá del mostrador. Mirando hacia la parte trasera de la tienda, variaspilas de libros habían sido empujadas y yacían derribadas como fichas de dominó.¿Estuvo su padre aquí para cuando quien fuera que sea entró? Su corazón saltó a lagarganta.―¿Papá? ―Cuando comenzó pisando el desorden, en dirección a la parte trasera dela tienda, uno de los policías asomó la cabeza por la pila que no había sido tirada.
  • Había ido a la escuela con él. Uno de los pocos chicos que alguna vez la trataron conrespeto.Le ofreció una sonrisa suave y señaló con la cabeza en dirección a la parte traserade la tienda.―Él está bien. En la oficina con el sheriff Dewitt.Asintió, aliviada, pero la tensión se negó a liberar su pecho.―Gracias.La cabeza de su padre se asomó por la puerta de la oficina. Alivio inundó su rostro.―Gracias al Señor. Ven aquí, cariño.Se echó a correr, saltando por encima de los montones de libros en su camino.Cuando entró en la oficina, el sheriff Dewitt y otro de sus delegados se apartaron desu padre. Ambos asintieron con la cabeza en señal de un saludo cortés cuando entró.Se volvió hacia su padre, le echó los brazos al cuello y lo apretó firmemente.Su padre le devolvió el abrazo antes de retirarse. Tomándola por los hombros, laapartó de él y la miró.―¿Estás bien? La madre de Lisa llamó. He estado llamándote toda la mañana, perono has contestado. ¿Supongo que no estabas en casa cuando fue atacada?Negó con la cabeza.―Lo siento. No he comprobado mi teléfono todavía. No, no estuve en casa la nocheanterior. ―El calor subió a sus mejillas, la pequeña habitación de repente erasofocante. Otra conversación que no quería tener con su padre―. Cuando vi laventana, estaba muy preocupada. No estuviste aquí cuando ocurrió, ¿verdad?Ofreció una sonrisa tranquilizadora y negó con la cabeza.―No, cariño. Quien haya hecho esto activo la alarma. Los chicos del sheriff y élllegaron primero.Algo le llamó la atención, y desvió la mirada. Cat se volvió, siguiendo su miradahacia fuera de la puerta de la oficina, hacia la parte delantera de la tienda. Michaelse dirigía por el pasillo central, con cuidado pasando por encima del lío.
  • Su padre se volvió hacia el sheriff.―Supongo que esto está conectado a esas llamadas que ha estado recibiendo.Cat retorció las manos, los recuerdos llegando a ella.―Por el tiempo que he estado pasando con Michael. ―Las lágrimas inundaron susojos.―No es tu culpa. ―Michael llegó a su lado, deslizando su brazo alrededor de sushombros, atrayéndola protectoramente contra su costado.Esta era una acción que su padre no pasaría por alto. Se le ocurrió que debíasentirse incómoda sobre el espectáculo, pero la fuerza sólida de Michael contra sulado se sentía demasiado bien como para rechazarla. Hizo que el temblor que lahabía abarcado hasta el momento se detuviera hasta que finalmente cesó. Unasensación de calidez y seguridad finalmente se estableció en torno a ella.La mirada de su padre se trasladó al sheriff. Él negó con la cabeza, con un gesto depreocupación estropeando su frente.―Esto tiene que detenerse, Joe.―Mis hombres espolvorearán para las huellas digitales. ―El sheriff le llamó suatención, su expresión suave y tranquilizadora―. Vamos a atrapar al que hizo esto.Estoy poniendo patrullas extra alrededor de su edificio, así como aquí en la calleprincipal. Usted no tiene que preocuparse. Me aseguraré de que usted y su familiaestén a salvo.―Mientras tanto ―Michael se dirigió a su padre―, ella va a quedarse conmigo.Su padre miró a Michael durante un largo rato, y Cat tuvo la clara impresión deque Michael estaba siendo pesando y medido.Michael se dio cuenta también, porque dejó caer los brazos a los costados.―Es mi culpa que ella este en este lío. No voy a dormir sin saber si está o no segura.Ella y yo hemos hablado de esto, pero no me importa decirle a usted también. Sequeda conmigo o acampo en su sala de estar. Diablos, voy a acampar en la puerta de
  • su casa si tengo que hacerlo. De un modo u otro, no voy a dejar su lado hasta queesto termine. Hasta que no sepa que va a estar a salvo.Los ojos de su padre se iluminaron con una sonrisa secreta que curvaba su boca.Como si supiera algo que ellos no. Su mirada pasó a ella, con una ceja levantada.―¿Asumo que esto está bien contigo, cariño?Cat se mordió el labio inferior y asintió. Tomando en cuenta todo lo que estabapasando en la casa de Michael, fue probablemente la última cosa que deberíahacer. Hasta el momento, no había hecho otra cosa que meterla en problemas.Alguien le había hecho daño a causa de su relación, pero él la hacía sentir segura.Después de todo lo que había sucedido, no podía pensar en otro lugar que queríaestar más que durmiendo segura y cálida en su abrazo.Su padre se volvió hacia Michael y sonrió otra vez.―En ese caso, aprecio eso, hijo. Gracias.* * *Con las manos en los bolsillos, Michael se quedó mirando a Cat caminando de unlado a otro en la acera frente a él. Habían pasado las últimas horas ayudando a supadre a limpiar la tienda. Cuándo la librería finalmente comenzó a parecerse a unpequeño negocio de vuelta, su padre los echó. Cat empezó a dar vueltas en elmomento en que salieron. Con su barbilla pegada a su pecho, retorcía las manosmientras caminaba.Le corroía verla, su agitación convirtiéndose en miedo. Conocerla fue un regalo. Ledio paz por primera vez en diez años. Le hizo creer que el futuro podría ser posible.Haciendo que deseara uno. Sin embargo, todo lo que había hecho era traer a su vidaun infierno.―No estás sola en esto, Cat, lo sabes ¿verdad?Cat se detuvo a media zancada y giro su cabeza en su dirección, una mezcla deternura y miedo en sus ojos.
  • ―Lo sé. Me siento más segura contigo, pero estando juntos no hace esto mejor. Lohace peor. No puedo evitar preguntarme qué más va a pasar. ―Sacudió la cabeza, suvoz sonó un poco demasiado pequeña, mansa y asustada para su gusto―. Nosabemos aún qué la provocó esta vez.El estómago de Michael se hizo un nudo. Odiaba tener que decirle esto. Si lo hacía,sólo aumentaría el miedo en sus ojos. Viendo ese miedo sentía un proteccionismoque nunca había sentido antes que brotaba como un tifón dentro de él. Entonces,haría cualquier cosa para asegurarse de que nunca apareciera esa mirada de nuevo―Más fotos, me temo.Cat se quedó inmóvil, incluso la subida y bajada de su pecho pareció detenerse. Sumiedo era palpable.―¿De qué?Él dio dos pasos, cerrando de la distancia entre ellos, y frotó sus brazos en unesfuerzo de quitar la ansiedad que salía en oleadas.―De nosotros, cuando te traje a la casa anoche.Su rostro palideció. Frunció el ceño, meneó la cabeza, y dijo con un tono mezcladocon repugnancia e incredulidad:―¿Lo publicaron en el periódico?Su privacidad fue invadida, a lo grande, por alguien que parecía seguir cadamovimiento que hacía. Él trago. Las palabras le sentaron como ácido en su lengua.Se merecía la verdad, pero todo dentro de él se rebelaba por tener que decirle.―No. Estaban en la parte de atrás porche cuando salía a nadar esta mañana.―Había crecido nadando como un pez. Aunque no lo hacía a menudo, esta mañanala tensión había llegado a él. Despertarse antes que ella le había dado tiempo parapensar.―Deberías habérmelo dicho. ―Parpadeó, en un tono acusador.―Lo sé. ―Alcanzó su mano y oró para que lo entendiera―. Lo siento. Ya estás lo
  • bastante aterrorizada con esto. No quería asustarte más de lo que tenía que hacerlo,pero esto cambia las cosas.Cat apartó la mano de la de él y cruzó los brazos sobre su pecho.―Aprecio el gesto, pero soy una chica grande, Michael.Él le acarició la mano por el brazo, con la esperanza de tranquilizar las cosas entreellos.―Tienes razón. Debería habértelo dicho. Odio haberte traído esto a ti.La ira ardía en su sangre. Se había hecho una promesa a sí mismo la noche queKaylee murió. Algo así nunca volvería a suceder. No podía cambiar el pasado, haríalas cosas bien que había hecho. No traería de vuelta a Kaylee. Pero no quería perdera alguien que le importaba. A pesar de su postura, Cat parecía tan vulnerable allí,con los ojos abiertos y cautelosos. Eso saco su proteccionismo, de nuevo, y le tomó lamano, la atrajo hacia él, contento cuando llegó voluntariamente a sus brazos.―Tenemos que llevar esto un paso más allá. ―Envolvió sus brazos alrededor de ella,con la esperanza de detener su temblor.Ella se apartó lo suficiente para encontrarse con su mirada, sus ojos buscando ensu cara.―¿Qué quieres decir?Respiró hondo y se preparó a sí mismo por su negativa.―Quiero hacerte parte de mi familia.Frunció el ceño.―¿Matrimonio?―No, no matrimonio, pero casi. Un compromiso. Mi familia se protege a sí misma.Estarás a salvo con nosotros. Mi padre se asegurará de ello. También resuelve elproblema de nosotros siendo vistos juntos. Si estamos comprometidos, la gente loespera. Quiero hacer nuestra relación completamente pública, por lo que vamos atener que hacer esto real. Lo que significa que nadie más que tú y yo puede saberque no lo es. Quiero que los que hicieron esto, sepan que están jugando conmigo
  • ahora, y por defecto, con mi familia, también. Quiero que sepan que no me voy arendir y hacerme el muerto. Si quieren una pelea, tienen una.―Sólo no hemos conocido por unas pocas semanas. ―Un rubor intenso se filtró ensus mejillas. Con las manos apoyadas en su pecho, se alejó de su abrazo―. ¿Qué dirála gente?―No tienen que saberlo. Regresé hace dos años. Todo lo que saben es que nosconocimos entonces, y hemos estado viéndonos en secreto todo este tiempo. Es más,estoy dispuesto a apostar que les encantará. Las personas se regodean de esta clasede cosas.Cruzó los brazos sobre su pecho y volvió la mirada hacia la acera.―Vas a través de una gran cantidad de problemas por mí. ¿Por qué harías eso?Más allá de esas paredes vio a la pequeña chica que debió haber sido una vez,atormentada por algo que no era su culpa. Que cuestionara sus motivos le dijo queno estaba acostumbrado a la gente que deseaba protegerla. Toda la idea hizo que laacercara en sus brazos, refugiándola del mismo mundo contra el que luchaba. Élextendió su brazo y levantó su barbilla.―Quise decir lo que le dije a tu padre. Es culpa mía que estés en este lío. Esefotógrafo estaba siguiéndome a mí, no a ti.―¿Qué consigues con esto?Deslizó sus manos en su cabello, atrayéndola más cerca.―Tú. A salvo. Me mataría si algo te pasara, Cat.La ternura brillaba en sus ojos. Por un largo rato, se miraron el uno al otro,perdidos en la conexión comprimida entre ellos, tan fuerte que lo aturdió con lasimplicidad de la misma. Ella tenía una influencia en él que no podía ignorar más,una que encontró simultáneamente temporal y terrorífica. Anhelaba, más que nada,entregarse y dejar que esta mujer entrara en su corazón por primera vez. Dios, cómole hacía desear la dulce paz que esos ojos le prometían. Tenía ganas de envolverse
  • en ella y nunca más salir.Incapaz de contenerse, rozó su boca sobre la de ella. A pesar del hecho de queestaban de pie en la acera, en público, con sus labios fundidos bajo los suyos. Ella selevantó sobre sus pies, con las manos apoyadas en su pecho, abrazando la telademasiado fina. Cuando por fin se retiró, estaba sin aliento y temblando. Presionósu frente contra la de ella por un momento para recuperar el aliento. Para recuperarun poco la apariencia de control. Dios, el poder que ejercía sobre él.―No voy a dejar Crest Point hasta saber que estas a salvo.Sacudió la cabeza, con los ojos brillando con ternura, gratitud y una pizca deremordimiento.―Eso es muy dulce. Nadie más que mi padre ha hecho eso por mí. No puedo dejarque pierdas tu vida por mí.Acarició con sus dedos sobre su piel.―No voy a renunciar a nada, Cat. ―Luego sonrió, con la esperanza de aliviar elmomento, para ver algo aparte de preocupación iluminando sus ojos―. Además, noes tu elección. Estás atrapada conmigo, nena.
  • Capitulo 8Traducido por Nelly Vanessa, Mir y XhessiiCorregido por Brenda Carpio―Buenos días, hermosa.Cat se despertó con la sensación de los labios suaves y la espinosa barbilla sinafeitar del lado de su cuello. El murmullo de la voz de Michael en su oído, junto conla tibia piel de terciopelo contra su desnudo costado, su erección presionando contrasu cadera, puso su pulso en un zumbido. Su perversa boca despertó cadaterminación nerviosa en su camino mientras él plantaba una línea de besos sobre suhombro, sobre su clavícula y hacia abajo entre sus pechos. El hombre avivó su fuegodentro, la tenía ya balanceándose en el borde y quemándose por él.Un tranquilo gemido escapó de ella, y se agachó y tiró de él.―Michael... por favor.Él dejó que lo tirara hacia arriba y le dio un suave y prolongado beso en sus labioscuando se puso sobre ella. Le quitó el cabello de la cara.―Nunca dejo de desearte.Le mordió el labio inferior, y luego salió de ella. Abrió los ojos y volvió la cabeza yvio que rasgaba un paquete de aluminio y se cubría a sí mismo.La colocó debajo de él de nuevo, sosteniendo su peso sobre los codos, deslizándosecentímetro a centímetro en su agonía.La amó con exquisita lentitud, sus cuerpos se balancearon juntos en un suave,ritmo tierno. Lo abrazó con fuerza, con la espalda inclinándose fuera de la camamientras su cuerpo se esforzaba por encontrarse con su necesidad que la dejójadeando y temblando. Con demasiada rapidez, la llevó a su clímax, su gemido fuetranquilo en su oído mientras la seguía al delicioso abismo.Acostados juntos después, Cat se acurruco a su lado, con su brazo alrededor de sus
  • hombros, con las piernas enredadas. Cómoda y saciada. Como si hubieran sidoamantes durante años, y la despertara de esta forma todas las mañanas. Se dejóatrapar, su corazón se enredó en un lío del que no quería salir. Había vivido su vida,con miedo a la intimidad, con miedo de que la gente entrara, temerosa de lasentencia. Con miedo de descubrir que tenían razón, que en realidad era la hija desu madre. Que nadie querría nada más de ella.Michael era una incursión en la recuperación de su vida, reclamándola a sí misma.Temía que el precio final fuera al corazón.―Si vamos a hacer esto verdadero, necesitaremos un anillo.La voz de Michael se desvió hacia ella en un murmullo vago, sus dedos seocuparon en acariciar su espalda, como si le dijera acerca de su día. Sólo parecíareforzar la extraña sensación de intimidad que se apoderó de su pecho.Se movió, moviéndose a su costado, y echando la cabeza hacia atrás para verle lacara.―Está bien.Él le dio un beso en la boca.―Pensé que podríamos elegir uno juntos esta noche, cuando salgas del trabajo. Mifamilia siempre se reúne para cenar el domingo. Es una tradición que mi madreinsiste que mantengamos. No he estado en casa en unos pocos años y ella se muerdelas uñas. Dejó un mensaje en mi buzón de voz anoche, recordándomelo. Pensé quesería un buen momento para hacer el anuncio, sobre nosotros. Para rodar la pelota,por así decirlo.Ella no pudo evitar que el pánico se asentar en su estómago. Esto era muy pronto.Apenas se había acostumbrado a la idea.―¿Cenar con tu familia? ¿Mañana?Él esbozó una mueca de disculpa.―Sé que es poco tiempo, pero creo que es un momento perfecto para decírselos. Todoel mundo estará ahí.
  • ―Tu familia entera. ―Ella se mordió el labio¿Sonaría con tanto pánico cómo se sentía?Una esquina de su boca se arqueó.―Más o menos. Te evitarás a un tío o dos.Ella dejó escapar una tranquila, risa nerviosa.―Nada complicado.De repente, la idea de un compromiso fue un poco demasiado real.* * *Dentro de la joyería esa noche, de pie delante de una clara vitrina de cristal, Cat yMichael contemplaron una serie de anillos de compromiso de diamantes. Catnormalmente cerraba la librería de su padre, pero esa noche le había pedido lanoche libre. Él no había preguntado por qué, y por eso se alegraba. Hubiese tenidoque mentirle, y no quería hacerlo más de lo que tenía que hacerlo.Su estómago se retorció en un nudo nervioso. Michael estaba detrás de ella, con lamano izquierda en su cadera. El hombre la dejó deslizarse sobre el borde de nuevo,era muy consciente de su proximidad, tan cerca cada vez que inhalaba, que su narizse llenaba de su aroma. Consciente de que no estaban solos, ella sintió los ojos de lastres personas en la pequeña tienda de joyas mirándolos.La pequeña morena frente a ellos no estaba haciendo las cosas más fáciles. Unaobvia romántica, el brillo de ensueño en sus ojos azules decía claramente sucompromiso de emoción hasta la muerte. Y no sólo porque estaban a punto de gastardinero en su tienda.Cat sabía que tendrían que decirles la misma farsa a todos. Él tendría que tocarlaasí todo el tiempo. De alguna manera tenía que recordar que era para el espectáculo.No se sentía igual. Su toque se sentía tan natural, que se apoyó en él, dentro de él.Su cuerpo lo anhelaba. No podía olvidar haber estado en sus brazos esta mañana yquería, más que nada, estar allí de nuevo.
  • Se suponía que debía estar dibujando una línea en alguna parte. Era sólo unaaventura. Dos personas simplemente disfrutando del cuerpo del otro.Puramente físico. Ahora esta farsa borraba las líneas. Estar con él se sentía tannatural como el sol poniéndose, y llenaba su corazón de sueños. Con visiones debebés morenos, con ojos verdes.La realidad era que Nick la había arrojado a un lado como la ropa interior de undía antes. Había conseguido aburrirse y avanzar. Michael le había dichorotundamente que no había tenido una relación seria en diez años. La verdad eraque, al final, cuando todo terminara, él se iría de la ciudad. Volviendo a su vida.Dejándola atrás.―¿Confías en mí? ―La voz de Michael fue baja y ronca en su oído.La inmensa sensación de él detrás de ella se esparció por su cerebro, peroconsiguió asentir.―Sí.Él miró a la mujer detrás del mostrador.―Estoy pensando en algo un poco menos... tradicional.Su calor dejó su espalda mientras se alejaba de ella. Le tomó la mano en su lugar,enredando sus dedos y tirando de ella con él mientras se movía por el mostrador. Atres vitrinas de distancia, se detuvo de nuevo y golpeó el cristal con su dedo índice.―Estoy pensando en algo más parecido a eso.―Una excelente opción, señor Brant.La mujer sonrió y metió la mano en la vitrina para sacar un hermoso anillo deesmeralda. Había sido creado en oro blanco, una sola talla en un cojín solitariorodeado de diamantes. Simple, pero impresionante.Él tomó el anillo y se volvió hacia ella, deslizándolo en su dedo. Algo eléctrico secomprimió entre ellos. Su mirada se levantó a la de ella. Sus ojos oscuros ardíanpero mantuvieron un toque de algo que hizo que sus manos temblaran.Algo demasiado real.
  • Esta farsa estaba haciendo mella en su salud mental, ya que si era sincera consigomisma, sabía lo que quería ver en sus ojos. Ya estaba en camino por encima de sucabeza. A medio camino de enamorarse de él. Mirándolo a los ojos, no podía pensaren una buena razón por la que fuera tan malo.Ella miró el anillo, no pudiendo evitar el temblor.―Es hermoso.―Hace juego con sus ojos. ―El consultor le dirigió el tipo de sonrisa de placer que ledijo a Cat que nunca se aburría de ayudar a las parejas a elegir el anillo decompromiso perfecto, a pesar de que debía haberlo hecho cientos de veces.Michael sonrió también, sabiéndolo, con una mirada de satisfacción en sus ojos.―Exactamente.Hizo que ella se probara varios otros, pero al final, se fueron con el anillo deesmeralda.Se detuvieron en la acera fuera de la tienda de su padre, una hora más tarde.La torpeza rodó entre ellos.Michael metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros, y Cat jugó con eldobladillo de su camiseta. Ninguno dijo nada durante un largo rato.Conseguir el anillo había sido destinado sólo a sentar las bases, para que fueramás creíble cuando les dijeran a sus familias. El acto de elegir, sin embargo, habíadesplazado el aire entre ellos. La intensidad brilló hacia ella desde el fondo de susojos, como si él la retara a ver la emoción, a negar su existencia. O no acabara denegársela a sí mismo. Uno que le decía muy claramente que no había estado sola ensus pensamientos dentro de esa tienda. Él lo había notado también, la fuerza de laintimidad entre ellos.―Hay una razón por la que no quería un anillo tradicional. ―Él sacó sus manos desus bolsillos, se quitó la chaqueta y la abrió para ella―. Cuando esto termine, megustaría que lo conservaras.El corazón le dio un vuelco. Ella negó.
  • ―No tienes que hacer eso.Sus manos eran un peso suave sobre sus hombros mientras caminaba detrás deella y le ponía su chaqueta. Él la envolvió en su calor y en su olor, que se sentía muyparecido a él envuelto en sí mismo.―Considérala una muestra de agradecimiento.La ternura de su voz se deslizó a su alrededor, y ella sólo pudo asentir, anonadadapor el gesto. Nadie había hecho algo así por ella antes, le había dado algo tan...sentimental. Era lo que el gesto significaba, sin embargo. Cuando terminara el falsocontrato y ambos volvieran a sus vidas, tendría un recuerdo, algo para recordarlo.Su tierno amarse de esa mañana rodó por su mente, desde donde se habíanaferrado el uno al otro con las consecuencias. Siempre estarían unidos ahora, y esteanillo reforzaba esa idea. Una parte de ella era suya, y tenía la sensación de quesiempre lo sería.Cuando se fuera de la ciudad, Michael se llevaría un pedazo de ella con él.Él sonrió, rompiendo el hechizo del momento.―Ahora viene la parte difícil.Ella asintió, con un nudo en el estómago.―Decirle a nuestros padres.* * *―¿Estás lista para esto?Fuera, en la acera frente a la librería de su padre la noche siguiente, Michael atrajoa Cat de la cintura. Se dijo a sí misma que el gesto era para el espectáculo, por lafarsa, pero sabía muy bien que estaba en sus brazos, porque él la quería lo máscerca que podía llegar. Hasta el momento, desde que se había mudado a su casa, élhabía pasado todas las noches acurrucado a su alrededor después de hacer el amorhasta que estaba agotaba. Él estaba más saciado de lo que había estado en su vida,y no había dormido tan bien en años. Se estaba ahogando, y lo sabía.
  • Los ojos de Cat se ampliaron y negó con la cabeza.―Nunca le he mentido a mi padre antes. Nunca lo he necesitado. Siempre le hedicho todo.―Déjamelo a mí. ―Acarició con sus dedos su barbilla, tratando de controlar unanecesidad casi desesperada de reclamar su boca, luego la soltó. En su lugar le tomóla mano y la llevó dentro de la tienda. Su padre no estaba a la vista, pero el sonidode alguien revolviendo que venía de las estanterías de libros le dijo dónde podríaencontrarlo.Cat se detuvo en el mostrador.―¿Papá?―Aquí. ―La cabeza de su padre apareció alrededor de una pila de libros hacia laparte trasera de la tienda, una sonrisa grabada en su rostro―. Llegó un envío delthriller que salió.Los dedos de Cat se apretaron alrededor de los suyos, y le dirigió una miradainsegura, con el ceño fruncido. Él le dio un apretón tranquilizador e inclinó la cabezapara que sólo ella pudiera oír.―Pan comido.Con una inclinación de cabeza, dio un paso hacia delante, tirando de él detrás deella mientras se dirigió a la parte trasera de la tienda. Cuando llegó a su padre, susdedos se apretaron más fuerte alrededor de los de él, y su pecho subió cuandorespiró profundo.―Papá, Michael y yo tenemos algo que decirte. ―Las palabras salieron de su boca enuna rápida expulsión de respiración.Los ojos de su padre se dirigieron de ella a él y de nuevo a ella antes de hacer ungesto vacilante.―Está bien...La mano le temblaba en la suya, y Michael se acercó por detrás. Puso una mano
  • sobre su hombro y apretó su cuerpo contra su espalda, haciéndole saber que noestaba sola en esto, y luego se volvió para hacer frente a su padre.―Le he pedido a su hija que se case conmigo.Su padre se quedó atónito por un momento, mirando de ella a él y viceversa. Luegouna lenta sonrisa se dibujó en su rostro, sus ojos se arrugaron en las esquinas,mientras se iluminaban.―Bueno, que me condenen. Mi bebé se va a casar.* * *Diez minutos más tarde, otra vez estaban juntos en la acera de la librería. Todavíase estaban tocando, todavía estaban de la mano. En aras de la farsa se dijo él,porque su padre estaba detrás del mostrador de entrada en el interior.Excepto que ninguno de los dos hizo un movimiento para separarse.Cat puso sus manos contra el pecho de él. Esa mirada estaba de vuelta. La miradade cervatillo atrapado ante las luces de un auto. Un poco desconcertada e incómoda,pero mezclada con ternura y un toque del deseo inexplicable que se levantaba tanfácilmente entre ellos. La expresión coincidía con las exactas emociones quezumbaban a través de él.―Gracias por ayudar.―No hay de qué. ―Le ofreció una sonrisa, acariciaba con sus manos su espalda, conla esperanza de liberarla de la tensión que se generaba como una entidad viva entreellos. Estaban atrapados en una trampa de su propia creación, como una mosca enuna tela de araña. Excepto que él sabía que era un sacrificio que con gusto haría porel tiempo pasado con ella.―Tengo que admitir que fue más fácil de lo que esperaba. Él se creyó totalmente lahistoria que le diste.Le dio la historia que habían discutido, que se conocieron cuando él habíaregresado hacía dos años y habían estado en contacto en secreto desde entonces,volviendo a juntarse cuando regresó a la ciudad hacía dos semanas. Su padre aceptó
  • la historia, sin hacer preguntas.Michael negó con la cabeza.―Me temo que difícil va a ser mi padre. ―Era una conversación que no esperaba conansias.Sus ojos buscaron los suyos.―¿Ustedes se están llevando algo mejor?Michael negó con la cabeza.―Las cosas son más fáciles, pero raras. Ya no sabemos cómo relacionarnos. Él quiereque vuelva a casa, pero no estoy listo todavía. Para ser honestos, en parte estoyhaciendo esto por él. Creo que un compromiso lo haría feliz. Un punto intermedio.No podía dejar de ver las lágrimas en los ojos del anciano que estaba sentado allado de su cama por la mañana. Cuando finalmente llegaron más allá de laspalabras hirientes y años de demasiada distancia, habían encontrado algo de pazentre ellos. Por primera vez en su vida, entendió la posición de su padre y se sintióescuchado a cambio.―Sólo una vez en mi vida, quiero hacer algo para darle a mi padre una razón paraestar orgulloso de mí. Quiero reparar una vida de hacer las cosas mal.―No puedes haber sido tan malo.Hubo burla en su voz, y una esquina de su boca se levantó, pero el humor noalcanzó sus ojos.Él acunó su barbilla en su palma y acarició con su pulgar la piel. Que ahoratuviera lo que había encontrado le hacía muy difícil resistirse a ella. Tenía uncorazón gentil, y esos suaves ojos le dijeron que él entendía su dolor y queintentaban calmar la herida.―Estarías sorprendida de cómo un niño puede rebelarse cuando quiere. Mi padreera un militar muy estricto, y lo odiaba. Beber, fumar, nómbralo, yo lo hice. Tomé elMercedes de papá sin decirle una vez que fui lo suficientemente mayor para
  • conducir. Diablos, era una ocurrencia regular por un tiempo. Aunque, solo hasta quefui atrapado por el sheriff Dewitt, dos veces.Él guiñó, y ella le dio una risa silenciosa, suave y delicada. El triunfo se expandiópor su pecho, y de alguna manera sabía que se hubiera hecho pasar por un tontosolo para hacerla reír de nuevo.―Salía con las personas equivocadas solo porque sabía que mi padre no lasaprobaría. Me metí en un par de peleas, fui suspendido de la escuela por unasemana por una de ellas. Probablemente pasar una buena semana hacía que lasnoches en la cárcel valieran la pena por beber y ser menor de edad. Abandoné laescuela, salía a hurtadillas por la noche, ya sabes, todo el cliché. ―Él sacudió sucabeza con los recuerdos y le dio una sonrisa socarrona―. Estaba podrido por todoslados.―Un chico malo reformado. Imagínatelo. ¿Cómo en el mundo pasó?Esta vez su humor era genuino, y la burla en su voz lo hizo sonreír.Mirándola, lo sabía. Él estaba tan dentro en su cabeza con ella que ya no podíadistinguir la superficie.Debería poner una distancia firme entre ellos, tener una razón por la que ya nodebería verla, y hundirse en el trabajo. De la manera en que siempre lo hacíacuando necesitaba que algo fuera más allá de lo que intentaba ser.Excepto, que no podía dejarla, no quería dejarla. El anillo en su dedo no ayudaba.Significaba, por todos los intentos y propósitos, que ella era suya. Y a él le gustaba.Demasiado. Una parte de él ya la había reclamado como suya.―Crecí. ―Él se inclinó, sorbió contra su boca, murmurando contra sus labios―.Vámonos a casa. Tenemos un par de horas antes de tener que estar con mis padres ypuedo pensar en varias maneras de ocupar el tiempo.* * *Varias horas después, Cat estaba parada asombrada en el porche delantero de lafinca de los Brant. De cuatro pisos de altura, el acabado natural de madera le daba a
  • la casa la apariencia de una cabaña en el bosque. Asentada entre varios acres, lacasa estaba acunada entre altos árboles de pino, con un largo camino de entradaalineado por filas de setos bien cuidados. Al menos tres de las modestas casas derancho de su padre encajarían en esta, con mucho espacio de sobra.Aunque a pesar de su belleza, Cat se sentía fuera de lugar. Mientras crecía, se lasapañaban la mayoría del tiempo con el modesto salario de su madre como mesera.Este lugar tenía lujos más allá de su comprensión. Era más casa de lo que nuncasabría qué hacer con ella.Parándose silenciosamente detrás, Michael se giró y deslizó su mano en la de ella.―Creo que es justo que te advierta.Un nudo se asentó en su estómago, pero asintió.―Está bien…―Mi padre es un hombre duro. No confía en las personas, y prefiere ser directo. Dicelo que significa, y significa lo que dice. Él va a ponerte entre tus pasos.El falso coraje que se había puesto, en este punto flaqueaba, y dejó que sushombros se hundieran. Una silenciosa risa nerviosa salió de sus labios.―¿Estás intentando ponerme nerviosa? Porque está funcionando.Él se rió y sacudió la cabeza, con arrepentimiento en sus ojos.―Lo siento, pero no podía simplemente lanzarte a los lobos. Créeme, es más fácilhacerse cargo si sabes lo que está viniendo. Sólo intenta que no te intimide.―Bien. ―Se giró a mirar la oscura entrada principal y sacó aire―. Está fácil.¿En qué mundo se había metido?Él le dio un apretón en el brazo, jalándola gentilmente hacia él.―No estarás sola. ―Su voz sonaba bajito en su oído, tan cerca que su respiración leacariciaba, poniéndole la piel de gallina en el cuello y en su columna.Sus palabras la llenaron con calor, y sus ojos brillaban con intensidad. De algunamanera, el pensamiento de su presencia le quitó los nervios y la alivianó. Tenía la
  • sensación de que podía superar todo mientras él estuviera con ella.Su corazón se tambaleó con el pensamiento.¿Qué estaba haciendo?Michael señaló con la cabeza en dirección de la puerta mientras agarraba el pomocon una mano, sosteniendo su mano con la otra.―Vamos. Si ayuda, mi mamá es lo opuesto. Mi mamá ama a todos. Le agradarás.Cat forzó una sonrisa.―Genial.La comodidad de las palabras que le dio no vino hasta que lo siguió dentro de lacasa.
  • Capitulo 9Traducido por AriaCorregido por NanisCat no pudo evitar que su mandíbula cayera abierta cuando Michael la llevó por elumbral y cerró la puerta detrás de ellos. El interior de la casa era tan grande comoparecía desde fuera y tan hogareño. El lugar tenía techos altos, y todo, desde lasparedes hasta las vigas que sostenían la estructura del techo estaban hechos demadera de roble claro, todo pulido para que brillaba.Lo que parecía ser una sala de estar se desplegaba frente a ellos, mullida y hechaen tonos tierra. En la pared trasera había una chimenea de piedra, actualmenteardiendo con un hermoso fuego. Una preciosa mesa de centro de madera tallada;ventiladores encendidos; cuadros estratégicamente colocados con marcos hogareñosmás naturales; alfombras para añadir estallidos de color. Todo brillaba, tan limpio ysin manchas que parecía que nadie vivía aquí. Era exquisito. El lugar parecía comosi hubiera salido de una revista, y dentro de él, todavía se sentía fuera de lugar.―¿Creciste aquí? ―No pudo ocultar el temor en su voz.Michael dio una risa silenciosa detrás de ella, sin duda porque estaba con la bocaabierta.―Es algo, ¿no? Gabe y yo solíamos juagar al escondite cuando éramos pequeños. Aveces me llevaba horas encontrarle. Espera hasta ver el jardín trasero.―Es tan… limpio. ―Ella miró a la brillante superficie de la mesa redonda de café enel medio de la habitación. Apostaría dinero a que no había ningún aro en esa mesa,como las que había en casa de su padre.―Mi madre es una fanática. Una de esas mujeres que piensan que la limpieza estácerca de lo divino. Le diré que has dicho eso. Te amará.
  • Ella dejó salir una risa silenciosa y se dio la vuelta. Michael la observaba con ojosdulces que instantáneamente derritió sus nervios.―No va contigo. ―Con pantalones vaqueros usados y chaqueta de cuero negro,parecía tan fuera de lugar en esta casa como se sentía ella.―Es hermoso pero es un poco demasiado para mi gusto. ―Él se encogió dehombros―. Nunca pude averiguar por qué mis padres necesitaban cuatro pisoscuando nunca usamos la mitad de las habitaciones.―Eres un hombre simple. ―Sus palabras la noche que se conocieron volvieron a ellaotra vez.Él sonrió, el reconocimiento parpadeando en sus ojos.―Algo como eso. ―Se encogió de hombros, se quitó la chaqueta y la dejó en unapercha en la puerta, luego estiró la mano y entrelazó sus dedos―. Vamos.La puso a sus espaldas mientras se movía hacia una puerta a la izquierda. Lahabitación quedó a la vista, pero Michael se detuvo tímido de entrar en ella. Lahabitación de la familia, adjuntada a la cocina, se extendía frente a ellos, tan grandecomo la sala de estar. Sentados en torno a varios de los muebles de cuero mullidohabía cinco personas que asumió que eran su familia. Todo el mundo parecía estarenfrascado en una conversación. Ninguno de ellos se dio cuenta de ella y Michael.Michael se movió para ponerse tras ella. Una mano colocada alrededor de sucintura, sosteniéndola contra él, mientras inclinaba su cabeza junto a su oreja. Suvoz era un zumbido bajo e íntimo que la hipnotizó.―Quiero señalar a todos antes de que se den cuenta de que estamos aquí y se juntena tu alrededor. Ese ―señaló a un hombre imponente que sostenía una niña concoletas―, es mi hermano, Gabe. La niña pequeña es su hija Mia. Sentada frente a élestá su esposa, Lilly. Gabe lleva la gestión para mi padre, pero como puedes ver,Lilly está embarazada. Así que, por el momento, él está llevando el Roadie’s.Cat le miró.
  • ―Así que el bar sí que pertenece a tu familia.Michael sonrió, calidez en sus ojos.―Sí. Ha estado en nuestra familia durante generaciones. Empezó como un antiguosalón para los buscadores de oro. Papá odia el lugar, pero mamá no le dejo venderlo.Dice que es historia.Cat se volvió hacia la habitación. Una mujer de cabello oscura sentada en el sofásostenía otra niña ligeramente más pequeña.―¿Esa que sostiene a la niña pequeña es tu madre?Abby Brant parecía diferente de la foto en la pared de su cocina. Más vieja, laslíneas de su rostro más pronunciadas. Su cabello era más largo y ahora tenía untoque de gris.―Mm. Ten cuidado, le gusta abrazar.La burla en su voz la hizo sonreír, a pesar de sí misma, alivió otro nudo en suestómago.―Gracias por la advertencia.La risa retumbó fuera de él, suave e íntima. Se acercó más, su brazo apretándosealrededor de ella.―La niña pequeña en su regazo es Amy. Tiene dos años. La segunda de Gabe y Lilly.El hombre en el sillón a la izquierda es mi padre.Recordando sus advertencias, su estómago se encogió, pero no tuvo tiempo parareflexionar sobre el pensamiento mientras Michael continuaba con suspresentaciones.―La mujer de aspecto formidable que está discutiendo con él ―diversión y cariño semezclaban en su tono cuando señaló a una mujer de cabello blanco que parecía estaren sus mediados setenta―, es mi abuela. La madre de mi padre. Ella y mi madrehacen turnos para cocinar los domingos. Esta noche es su turno.―¿No tienen un cocinero? ―¿No tenían todos los ricos, cocineros y sirvientas y
  • mayordomos?―Bueno, normalmente a mi madre y mi abuela no se les ocurriría contratar a uno.Mi abuela es muy tradicional. Mamá finalmente se rindió hace unos pocos años ycontrató a Silvia, pero le dan libres los domingos. Cenar juntos como una familia esuna tradición.Ella le miró.―¿Los echabas de menos?Algo suave encendió sus ojos mientras la estudiaba.―Sí, en realidad lo hacía. Echaba de menos la comida de mi abuela, la incesantenecesidad de mi madre de abrazar, echaba de menos pasar el tiempo con mihermano, pero… Papá es una espada de doble filo. Las cosas siempre eran difícilescon él. ―Estuvo callado un momento, mirando a la habitación más allá, su humorpesado y melancólico, luego se sacudió. Una sonrisa se dibujó en las comisuras de suboca, la maldad brillando de repente en sus ojos―. Puedes echarte atrás ahora siquieres. No te han visto.Su burla destinada a ponerla nerviosa, pero para sorpresa de Cat, tuvoexactamente el efecto contrario.―¿Estás tan tenso como yo? ―Ella le sonrió. Seguro que él no lo parecía. Parecía tanrelajado como siempre. Como si nada le perturbara.Él se encogió de hombros.―¿Honestamente? Un poco. No tengo ni idea de cómo va a reaccionar mi padre.La pregunta le molestaba en la parte posterior de su mente, exigiendo que fueradicha en voz alta.―¿Puedo hacerte una pregunta personal?―Puedes preguntarme lo que sea. ―Los dedos en su cintura acariciaron suavemente,una ternura en su voz le hizo cosquillas en los dedos del pie―. No tengo mucho queocultarte.
  • El corazón le dio un vuelco. Tenía un poco de miedo de preguntar, pero estabacuriosa de todos modos.―¿Dónde está tu abuelo?―Se divorciaron hace años. Cuando… ―Su voz se apagó, pero no necesitabaterminar la declaración. Ella sabía lo que quería decir. Sus abuelos se divorciaronpor su madre. El brazo alrededor de su cintura se apretó, cálido y tranquilizador―.Lo siento.Ella suspiró, agradecida pero todavía asustada.―Está bien. Es sólo que…―No van a usarlo contra ti. Si lo hacen… ―Él le guiñó un ojo―. Me tienes a mí.Fue la silenciosa sinceridad en su expresión lo que llegó a ella, finalmentecalmando el último de sus nervios. Una vez más, su silenciosa fuerza y apoyoprobaron exactamente lo que ella necesitaba.―¡Michael! Ahí estás.Ambos se volvieron hacia la voz femenina. Su madre se levantó del sofá y se movióen su dirección. Todos los ojos se pusieron en ellos, y el estómago de Cat dio un giro,su corazón tomando un sitio firme en su garganta.Michael se inclinó hacia ella otra vez.―No muestres miedo ―susurró las palabras en su oído, su cálido alientoatormentando la zona sensible debajo de su oreja―. Pueden sentirlo.Un escalofrío recorrió la longitud de su columna vertebral, en dirección contrariaal temblor nervioso. Ella le miró.Una sonrisa pícara tiraba de las comisuras de su boca.Ella se vio presionada para no devolvérsela.―Eso ayuda. Gracias.―Cuando quieras. ―Michael guiñó un ojo.El brillo coqueto en sus ojos la dejó sin aliento. Por un momento, estuvo atrapada
  • en un deseo intenso de volverse y capturar su boca. Él estaba en buena forma estanoche, obviamente tratando de tranquilizarla. Le estaba agradecida por eso. Lehacía irresistible. Bajo el cuero y el duro margen exterior se encontraba el corazónde un hombre sensible. Uno que estaba capturando su corazón muy rápidamente.Cuando su madre se detuvo frente a ellos, lanzó una mirada entre ellos dos,ofreciéndole a Cat una sonrisa amable que iluminó su rostro.―Esa debe ser tu sorpresa.Michael se volvió hacia su madre, poniendo ambos brazos en la cintura de Cat,sosteniéndola contra él. Un atrevido movimiento posesivo que los ojos de su madreno se perdieron.―Mamá, esta es Cat.Sin estar segura de cómo saludar a la mujer, Cat incómodamente extendió sumano, rezando por que la mujer no se diera cuenta de cómo temblaban sus dedos.―Cat Edwards. Es un placer conocerla.Los ojos de la mujer mayor se arrugaron en las esquinas mientras negaba con lacabeza.―En esta familia abrazamos, cariño.Ignorando completamente su mano, su madre la sacó del agarre de Michael a susbrazos, envolviéndola en un abrazo apretado y una nube de perfume suave floral.Inmediatamente arrastrada por el calor de su madre, Cat le devolvió el abrazo.―Edwards. ―Agarrándola por los hombros, su madre la empujó hacia atrás derepente, su ceño fruncido―. Eres la hija de Jonathan.Cat sonrió tímidamente y asintió, un poco más que aliviada de que su madrerecordaba a su padre y no su madre.―Sí, señora.―¿Cómo está tu padre, cariño? ―La Sra. Brant elevó las cejas, un interés sincero ensus ojos que decía que no estaba simplemente siendo educada, sino que realmente se
  • preocupaba.―Está bien. Envía sus saludos.Su madre liberó sus hombros y tomó su mano en su lugar, palmeando su palma.―Bueno, dile que le llamaré en unos pocos días. Nos reuniremos otra vez para cenarmuy pronto.Cat asintió.―A él le gustaría eso.Volviéndose para mirar a Michael, el ceño de su madre se frunció otra vez. Suexpresión se ensombreció, suave y maternal.―No has traído alguien a casa para que conozca a la familia en años, querido.Michael puso sus manos en los hombros de Cat, sus palmas cálidas ytranquilizadoras. Ella tragó fuerte. Ahí va eso.―Tengo que hacer un anuncio, pero quiero dar a Cat la oportunidad de conocer atodos primero.Su madre le miró por un momento, luego la comprensión apareció en sus ojos.―Por supuesto. ―Volviéndose hacia Cat, agarró su mano, dirigiéndola a lahabitación―. Ven conmigo, querida. Te presentaré.* * *Sentada en el sofá entre su madre y su abuela media hora después, Cat volvió lacabeza buscando a Michael. Estaba con su hermano junto a la chimenea, las manosmetidas casualmente en sus bolsillos. Los dos hombres parecían enfrascados en unaconversación. Como si sintiera su mirada, Michael volvió la cabeza y atrapó sumirada. Algo tierno y lleno de calor pasó entre ellos. La silenciosa intensidad envióun delicioso pequeño escalofrío por su columna vertebral, sólo para asentarse cálidoy familiar en la boca de su estómago.En la última media hora, él la había confiado al cuidado de su madre pero parecíacernirse cerca. Nunca estaba más lejos de unos pocos metros y siempre la
  • observaba con ojos intensos que la hacían estremecerse. Su continua atención le diouna extraña sensación de familiaridad y pertenencia. Como si esto no fuera unpretexto en absoluto, sino que sus vidas habían sido verdaderamente unidas. Ahoraesos ojos oscuros tenían un indicio de posesión.Su hermano palmeó su hombro luego se volvió y serpenteó hacia su esposa,actualmente sentada con las piernas cruzadas en el suelo con las dos niñas.Manteniendo su mirada, Michael extendió su mano en una invitación silenciosa.Ella tocó el brazo de su madre, murmuró sus disculpas, y se levantó, cruzando lahabitación hacia él como si fuera empujada por algo más fuerte que la gravedad dela tierra.Cuando su mano se deslizó en la de él, la trajo hacia él, poniendo sus manos en suscaderas.―¿Cómo lo estás llevando?Ella sonrió.―Tenías razón. Tu madre es la calidez personificada, pero no creo que le guste a tupadre.Michael frunció el ceño, su boca estableciéndose en una línea fina y dura.―Te ha hecho la Inquisición Española.―Sí. Demandó saber quién era, de dónde era, y cuáles eran mis intenciones hacia suhijo. ―Había sido una experiencia estresante. Sólo rezó por darle las respuestas queél quería.Michael negó con la cabeza.―Lo siento. Espero que no sea demasiado, pero no quiero arriesgarme a contarle laverdad a todos. Creo que estarás más segura si todos piensan que es real.Ella colocó sus manos en su pecho, disfrutando la calidez y solidez de su cuerpo. Letranquilizó. Después de estar entre extraños, estar con él se sentía como ir a casa.―No tienes que hacer esto, lo sabes.
  • Esa intensidad se filtró de nuevo en su mirada.―Creo que ya hemos discutido esto. Haré lo que haga falta para mantenerte a salvo.Mi padre es un hombre duro, pero a la hora de la verdad, no dudará en defender asu familia. Tú eres familia ahora.Eso era lo que más la asustaba. Podía imaginar fácilmente que esto fuera algosemanal, cenar todos los domingos con su familia. El pensamiento caló en sushuesos, cálido y familiar. Había anhelado ese sueño toda su vida, tener una familiapara volver a casa todos los días. Ahora Michael hizo que su anhelo fuera una partepermanente de su mundo.―La cena está lista, todos.Con el sonido de la voz, Cat se dio la vuelta. La Sra. Brant estaba en la partetrasera de la habitación, una cálida y orgullosa sonrisa en su rostro.―Vengan, vengan. ―Sacudió las manos―. A comer.Lentamente, uno por uno, todos salieron de la habitación. Con la mano en la partebaja de su espalda, Michael la guió a un comedor formal por el pasillo. Otrahabitación que la asombró.―¿No hay habitaciones pequeñas en esta casa, no? ―Asimiló la habitación alrededorde ella mientras Michael la guiaba a un asiento cerca del final de la mesa.Tomando asiento junto a ella, Michael rió silenciosamente.―Sólo los armarios.La habitación contenía una gran mesa de caoba en el centro, con un mantel deencaje blanco, en el centro del cual había pequeñas velas en candelabros dorados acada lado de un gran ramo de lirios tigre naranja. Una araña dorada colgaba deltecho, las pequeñas bombillas se asemejaban a velas, bañando el espacio en una luzsuave y cálida.La comida resultó ser simple y hogareña pero espectacular. Una olla con asado decarne cocida con zanahorias y cebollas y a un lado cremoso puré de patatas, todo ello
  • servido con rebanadas de pan caliente y una ensalada fresca.―La comida está deliciosa, Sra. Brant. ―Cat sonrió a través de la mesa a la mujermayor.Los ojos de su madre se arrugaron en las esquinas con su cálida sonrisa.―Por favor, llámame Abby, querida. Sra. Brant me hace sentir muy vieja. ―Riósilenciosamente y miró su plato para pinchar un poco de asado antes de levantarotra vez la vista. Sus cejas se levantaron en una pregunta silenciosa―. ¿Concinas,querida?Cat se encogió de hombros, tomando un momento para masticar y tragar antes deresponder.―Funcional. Autodidácticamente en su mayoría. Me temo que ninguno de mispadres cocinaba.Abby le lanzó una mirada mientras tomaba una cucharada de patatas.―Nunca tuviste a nadie que te enseñara entonces.Cat negó con la cabeza mientras pinchaba un trozo de carne asada.Abby hizo una pausa, su tenedor deteniéndose en el aire, se le iluminó el rostro.―Tú y yo deberíamos juntarnos entonces. Hay mucho que puedo enseñarte. Enseñéa mis dos chicos a cocinar. ―Sonrió con orgullo antes de volver un ceño fruncidosevero y maternal hacia Michael a su lado―. Asegúrate de volverla a traer elsiguiente domingo.―Sí, señora ―Michael sonrió, educado y agradecido, antes de elevar su vaso de aguaa sus labios y tomar un sorbo.―Ven temprano. ―Su madre se volvió otra vez a Cat―. Puedes ayudarme a hacer lacena.Una calidez inexplicable floreció en el estómago de Cat.―Me gustaría eso.La mirada de su madre cambió, ya no era educada y cálida, sino más sombría.
  • ―Michael, querido, este anuncio que tienes que hacer. ¿Piensas hacernos saber de tupequeño secreto pronto? ―Sus cejas se elevaron en expectación.Cat tragó. Oh chico. El momento de la verdad había llegado.―Sí, Michael, libéranos del anzuelo. Nos estamos muriendo aquí. ―Al final de lamesa, un destello pícaro se encendió en los ojos de Gabe que casi hizo que Catquisiera reír por su familiaridad. Aparentemente, ambos hermanos compartían elcarácter travieso.―¿Estás lista? ―La voz de Michael fue un suave zumbido en su oído.Se volvió para mirarle a él otra vez. Parecía asombrosamente calmado mientras suestómago se estaba retorciendo en un nudo.―Tanto como lo estaré.Su mano se deslizó sobre la de ella donde descansó en su muslo bajo la mesa.―Está bien. Supongo que es la hora. Le he pedido a Cat que se case conmigo.Expresiones pasmadas les dieron la bienvenida, la habitación volviéndoseextrañamente silenciosa. Mariposas nerviosas empezaron a volar en su estómago,haciendo que Cat tuviera náuseas. Mirando a Michael, le lanzó una sonrisatranquilizadora, pero sus dedos se apretaron alrededor de los suyos, diciéndole queél no estaba tan seguro como parecía. El conocimiento le dio consuelo. Al menos noestaba sola en esto.En la mesa, las cejas de Gabe se elevaron.―¿Tú quieres casarte? ―Habló como si fuera la cosa más absurda que nunca habíaescuchado.Los ojos de su madre se movieron entre Cat y Michael, confusión reflejándose ensu frente.―Cariño, has estado en el pueblo por dos semanas.El Sr. Brant, sin embargo, se limitó a gruñir antes de dar una mirada dedesaprobación a través de la mesa a Michael.
  • ―¿Tengo que recordarte qué pasó la última vez que quisiste casarte con alguien?¿Cómo es que estás tan seguro de que ella es la indicada? ¿Que no terminará comola última?Michael se puso rígido junto a ella, sus dedos congelándose en los suyos.―Y yo que pensé que ya habíamos superado eso.El tono abatido de su voz hizo que Cat lo mirara.Él miró a la mesa, su ceño fruncido. Después de un momento, levantó la cabeza.―Sabes, no tenía que haber traído a Cat a casa. Dije esto en el hospital, y lo diréotra vez, lo que pasó hace diez años no fue culpa mía. Yo no apreté el maldito gatillo.Admitiré que he cometido mis errores, papá, pero he madurado. Deseo como elinfierno que dejes de colgarlos sobre mí. Cada persona en esta habitación hacometido errores. Incluyéndote a ti.El silencio una vez más cayó sobre la habitación. El Sr. Brant levantó la barbilla,un destello obstinado en sus ojos. Aparentemente, el hombre mayor se negaba aceder.―No he venido aquí a pedir tu aprobación. Pensé que tal vez después de todo estetiempo podríamos enmendar una valla en alguna parte, pero obviamente estabaequivocado. ―Michael negó con la cabeza y se puso de pie, tirando su silla haciaatrás con sus rodillas. Lanzó una mirada de disculpa a Cat―. Lo siento. Necesito unpoco de aire.Su sincera admisión de la noche del cuatro volvió a ella, sus palabras dichassuavemente grabadas con dolor. Su corazón dolió por él. Obligada a ofrecer algúnpequeño consuelo, tomó su mano y le dio a sus dedos un suave apretón.Sus rasgos se relajaron. La ternura y la gratitud destellaron en sus ojos, y susdedos se apretaron alrededor de los de ella.―Michael, siéntate. ―La voz autoritaria vino desde el otro extremo de la mesa,donde la Sra. Brant estaba sentada con la bebé Amy en su regazo, su ceño fruncido
  • con enfado―. He observado esto durante demasiado tiempo y he mantenido milengua, esperando que ustedes dos eventualmente maduraran y superaran sus egos.Los dos hombres más obstinados que he conocido. Testarudos y actuandocomo niños. Ambos son tan parecidos que ni siquiera pueden verlo. Esto terminaaquí. Ahora. ―Se levantó, se movió alrededor de la mesa y entregó Amy a Gabeantes de volverse hacia Michael―. ¿Qué es lo que ves en esta chica?Michael puso los ojos en blanco.―¿Realmente importa, mamá?La Sra. Brant volvió a su asiento, su expresión calmada pero inflexible.―Te he hecho una pregunta, joven, espero una respuesta.Michael se volvió para estudiar el rostro de Cat. Después de un largo momento,sus ojos se suavizaron, y se hundió en la silla detrás de él.―Eso es fácil. Me toma como soy. No espera nada de mí, no pregunta por más de loque yo quiero decir. Me acepta por mí mismo. Pasado feo y todo. Ha pasado por nadamás que el infierno desde que yo llegué aquí, pero de alguna forma, aún dijo sí.La intensidad en sus ojos la hizo temblar. Algo real, algo suave y tierno, pasó de éla ella y de vuelta. Era un gesto simple pero uno que decía mucho, y el momentoenvolvió su corazón. Era otra parte de él por la que quería estar ahí para siempre.Una conexión para toda la vida con un hombre que la hacía sentir, por primera vezen su vida, que su corazón finalmente había encontrado un hogar.Un hecho que encontraba simultáneamente consolador y terrorífico. Había soñadotoda su vida con ser querida por quien era, con que la gente finalmente la vieraaparte del pasado sórdido de su madre. Que la juzgaran basándose en sus méritos.Ahí estaba, haciendo eco desde el fondo de sus ojos.―Seis meses.Todos los ojos se volvieron al Sr. Brant, quien estaba empujando la comidaalrededor de su plato. Él tomó un bocado, masticó y tragó, antes de mirar a Michael
  • con una expresión impasible.―Quiero seis meses.Michael se volvió hacia su padre, con las cejas levantadas en sorpresa.―¿Quieres que esperemos seis meses antes de que nos casemos?El Sr. Brant asintió y sacudió su tenedor hacia él.―Si ustedes dos pueden aguantar seis meses, les daré mi bendición.Michael estudió la expresión de su padre.―¿Y estarás feliz con ello? ¿Sin comentarios negativos o malos deseos? Porque alfinal voy a casarme con Cat con o sin tu bendición.Otra vez el Sr. Brant se tomó su tiempo para responder y pinchó un poco decomida.―La expresión en el rostro de ella cuando respondiste la pregunta de tu madre meha dicho todo lo que necesito saber. Sospecho que tu madre sabe eso. ―Lanzó unamirada tierna a su mujer antes de apuntar el tenedor en la dirección de Cat―. Puedeque sea un viejo tonto y testarudo, pero si no me equivoco, esa chica está enamoradade ti. Así que sí…El Sr. Brant continuó hablando, pero Cat dejó de escuchar. No podía oír porencima del repentino rugido en sus oídos. La sangre se drenó de su rostro mientraslas palabras del hombre hacían eco por su mente. Esa chica está enamorada de ti.La comprensión se apoderó de ella como la marea. ¿Se había enamorado de él?Una mirada a los ojos de Michael, al calor y la ternura que había ahí, y supo quesí. En las profundidades de sus ojos oscuros, también vio el mismo miedo queagarraba su pecho. Algo había pasado entre los dos que ninguno había anticipado.
  • Capitulo 10Traducido por yanliCorregido por carosole―Manejaste muy bien a mi padre.Michael le echó un vistazo a Cat, caminando junto a él por el laberinto del patiotrasero. El patio era de varias hectáreas de tierra. Las celebraciones y reunionesfamiliares se llevaban a cabo más cerca de la casa, alrededor de la terraza trasera.Aquí en el “área inútil”, como su padre a menudo lo llamaba, en su mayoría erapaisajismo. Hileras de rosales de cada color favorito de su madre, junto con unelaborado laberinto.Cuando dejaron la mesa, había tomado la mano de Cat en parte para beneficio desu familia, pero habían caminado durante diez minutos ahora. Habían dejado lasmiradas indiscretas de su familia bien atrás, pero aun así ninguno de ellos se moviópara deshacer el contacto íntimo. No tenía ningún deseo. Su anuncio dio un giro quetenía la esperanza de evitar, y el intercambio había tomado mucho de él. Justoentonces, Cat proporcionaba una presencia reconfortante. El pequeño y sencillogesto de su mano en la suya lo llenó de paz.―Tengo que admitir que estoy sorprendido. Tomaste de frente el desafío de mipadre, sin siquiera parpadear, incluso cuando las cosas se pusieron feas. No puedodejar de admirarte condenadamente por eso. ―Le disparó a Cat una sonrisa tierna,bajó la voz con el deseo apoderándose de él―. Es endemoniadamente atractivo.Su mirada atrapó la suya, algo eléctrico tirando entre ellos. Un suave color rosadoinundó sus mejillas, justo antes de que su boca deliciosa se curvara.―No estuviste tan mal. Tomaste lo tuyo.La condujo rodeando otra esquina del laberinto y dejó escapar un pesado suspiro.
  • ―Siento que hayas tenido que ver eso. Sabía que era una posibilidad que se fuerapor allí, pero esperaba que no lo hiciera, que nosotros lo hubiéramos superado.Cat apretó su mano.―¿Estás bien?Él miró hacia su rostro que estaba vuelto hacia arriba y por un momento, lacompasión y el eco del dolor que irradiaba de sus ojos lo atrapó. En un par desemanas, tenía que irse, volver a su vida, y ese pensamiento lo dejó con un vacío conel que no sabía qué hacer.―No debería haber dejado que me afectara.Ver el deterioro de su padre lo llenó de remordimientos que no sabía cómomanejar. Había tantas cosas que hubiera hecho de manera diferente, queríacambiarlas ahora. Llegó a casa hace dos años para hacer las paces y falladoentonces, también. Ahora, de alguna manera, hacerlo parecía más importante.Ella le ofreció una sonrisa tranquilizadora que simultáneamente iluminó susentrañas y calmó el lugar herido profundamente en su interior.―Al final, cedió. Todo resultó muy bien.―Mm. Eso es lo que me preocupa. Esto significa que sabe que se está muriendo. Medijo que quiere verme acomodado antes de morir.Olas de doble culpa y pesada preocupación colgaron en su pecho, la mortalidad desu padre lo aplastaba. Esto había estado un tiempo llegando. Hasta que pudieranencontrarle a su padre un corazón donado, el tiempo del anciano estaba pasando,como la arena en un reloj de arena drenándose de arriba hacia abajo sin forma dedetenerlo.Doblando otra esquina, alcanzaron el centro del laberinto. Se trasladó a la granfuente en el claro y se sentó en el borde, tirando de Cat en su regazo. Deslizó susmanos en su cabello, deleitándose con las sedosas hebras filtrándose a través de susdedos y la besó suavemente.
  • Una exhalación suave salió en susurros de su boca, y se inclinó hacia él, suslabios abriéndose por debajo de los suyos. Se permitió perderse en el embriagadorsaborde su lengua entrelazada con la de ella, en el suave sonido de lloriqueo que dejósalir. Sus manos encontraron sus hombros y lo arrastró más cerca, hasta que suspechos se comprimieron contra su pecho y sus dedos se sumergieron en su cabello.Lo que sea que sucedía entre ellos lo dejó atrapado. La muerte de Kaylee le hizoun agujero que no había reparado. Diez años de tratar de olvidar la culpainsoportable de su papel en su muerte. Había establecido límites en todas susrelaciones, más o menos simples y sin complicaciones. Lo que sentía por Cat rebasalo complejo. Le gustaba la idea de envolver su vida en torno a ella. Ver lo queclaramente sentía por él brillando de vuelta hacia él en las profundidades de susojos, hizo la idea más tentadora. La pregunta era, ¿tenía siquiera el derecho a lafelicidad cuando sus necesidades egoístas habían conseguido, no una, sino a trespersonas muertas?Se alejó de la boca de Cat para dejar un rastro de besos por su largo cuello y suhombro, saboreando la sensación dulce, aterciopelada de su piel. Ella se aferró a sushombros como si necesitara cada pedazo, tanto como lo necesitaba él. Cerró sumente. No quería pensar más. Quería beber de ella, perderse en ella.Arrastro sus labios por el costado de su cuello y raspó con los dientes sobre ellóbulo de su oreja.―Sabes, nadie puede vernos aquí atrás.Ella se echó hacia atrás, sus párpados pesados buscándolo con incertidumbre,desasosiego.―¿Aquí?Él arrastró su labio inferior entre los suyos y chupó suavemente, levantó susmanos y ahuecó sus pechos en sus palmas, dejó sus pulgares arrastrarse por las
  • endurecidas puntas. Sus parpados revolotearon cerrándose, un suave gemido se leescapó cuando dejo caer su cabeza hacia atrás.―Te necesito ―susurró contra su piel mientras inclinaba su cabeza para saborear lacolumna expuesta de su garganta―. Ahora.Fue toda la explicación que pudo reunir. Todo lo que sabía era que la deseaba. Lanecesitaba. Necesitaba sentir su cuerpo uniéndose con el suyo, sentir la conexiónintensa entre ellos. Quería reclamar su cuerpo, su corazón, su alma, y lo quería conuna ferocidad que lo sacudió. Necesitaba ser una parte de ella, tomar una parte deella con él cuando se fuera.Levantó la cabeza y buscó su mirada. El reconocimiento pasó entre ellos, silenciosoy caliente. Luego se puso de pie, sus ojos ardiendo mientras se subió su falda porencima de sus rodillas y se montó a horcajadas en su regazo. Dios, nunca dejaba desorprenderlo. Si era posible estar más encendido por ella, se quemaría donde estabasentado.―Tendremos que ser rápidos. ―Su voz estaba sin aliento mientras llegaba entreellos y arrancaba los botones de sus vaqueros abriéndolos.―Y callados. ―Él sorbió sus labios, ya metiendo su mano en su bolsillo trasero.Rápidamente se enfundó a sí mismo, luego deslizó sus manos por sus muslos,movió a un lado sus bragas y la tiró sobre él.El susurro de un suave gemido se deslizó de sus labios mientras se arqueabacontra él, un sonido de agonía y delicioso abandono que sólo sirvió para aumentar elansia. Gimió en voz baja, una combinación de placer y alivio se disparó a través deél mientras su apretada y sedosa calidez lo rodeaba. Se movió con ella,acomodándose en lo más profundo, deleitándose en la sensación de su cuerpouniéndose con el suyo. Ella lo encontró empuje tras empuje y con cada golpe,aumentó su ritmo. Clavó sus dedos en su trasero, necesitándola más cerca. Ellacurvó sus dedos en su piel, sus uñas clavándose en la parte trasera de sus hombros.
  • Se aferraron el uno al otro, balanceándose juntos en un ritmo rápido y furioso quelo dejó sintiéndose como si se saliera de control, perdiendo poco a poco todo elsentido de sí mismo como siendo separado de ella. En cuestión de minutos, ella lollevó al borde de la locura y luego lo arrojó de cabeza al vacío ardiente. Mordió sulabio inferior y lanzó su cabeza hacia atrás mientras su cuerpo se estremeció contraél, en torno a él, masajeando su calor, sacando su clímax a una intensidad que losacudido hasta la médula. Nunca en su vida se había perdió a sí mismo en unamujer. Nunca en su vida lo había querido.Terrorífico y estimulante al mismo tiempo, la dulce intensidad lo sacudió. Eso lodejó sin aliento, su cuerpo anhelando más. Sin embargo, al mismo tiempo, parte enel fondo de él quería nada más que alejarse de ella y recuperar cierta semblanza decontrol sobre sus desbocadas emociones.Ella apoyó su cabeza contra su hombro, sus brazos apretándose en torno a sucintura, su pecho subiendo y bajando con su falta de aliento, aferrada a su cuerpo yel conflicto enroscándose en su corazón. Sus brazos se apretaron en torno a ella porsí solos, un pensamiento haciendo eco a través de su mente atormentándolo, en unaspocas semanas, su tiempo juntos terminaría. Se aseguraría que estuviera a salvoprimero, pero finalmente tenía que irse a casa. Volvería a construir motos para losricos y famosos, mientras que Cat se quedaba atrás en Crest Point. Ese había sido elplan desde el principio. La pregunta era, ¿todavía quería marcharse de esa manera?¿Estaba preparado para ir a casa solo? ¿Volver a una vida que, aunque completa,todavía lo dejaba vacío en el interior? O, ¿estaba dispuesto a intentarlo otra vez?¿Finalmente pondría en arriesgo su corazón?No lo sabía, y eso lo aterrorizaba.* * *
  • ―Wow.Ante el sonido de su voz, Cat se volvió del espejo del baño a tiempo para ver aMichael apoyarse contra la puerta. El hambre ardió en sus ojos mientras larecorrían.La miraba como si quisiera comérsela viva y un escalofrío corrió la longitud de suespina dorsal.Un murmullo de placer retumbó de su garganta.―Te ves increíble.Una semana había pasado desde que habían anunciado su compromiso a suspadres. Esta noche era la fiesta de compromiso. La madre de él había insistido.Después de esta noche, quien quiera que estuviera tras ella tendría más munición.―¿Es demasiado?Cat se volvió hacia el espejo, alisando su vestido con las manos. De cuello de barcocon mangas capsuladas, el vestido abrazaba sus curvas, la ajustada falda caía hastasus rodillas. El busto y escote contenían un elaborado diseño Azteca en negro,morado, marrón y amarillo suave. Era el vestido más elegante que poseía. Habíagastado dos semanas de salario en él cuando salía con Nick y nunca lo había usado.Viendo el hambre en los ojos de Michael ahora repentinamente hizo que el derrochevaliera totalmente la pena.Entró al baño detrás de ella, sus palmas calientes resbalando sobre sus caderas yen torno a su estómago mientras envolvía sus brazos a su alrededor e inclinaba lacabeza hacia su cuello.―Demasiado. Quítatelo ―murmuró contra su piel mientras sus labios rozaban suhombro, enviando un delicioso escalofrío deslizándose por su espina dorsal, luegolevantó su mirada, reuniéndose con la suya en el espejo. Su voz bajó a un murmulloapreciativo que coincidió con la ternura en sus ojos―. Te ves increíble.Ella pasó sus manos por sus antebrazos y miró su reflejo. Notando la chaqueta
  • oscura que de alguna manera, acentuaba la anchura de los hombros, con la camisablanca debajo, abierta en el cuello.―Luce muy bien usted también Sr. Brant. Nunca lo he visto en otra cosa sino dejeans y cuero.Él arqueó una ceja, divertido y juguetón.―¿Lo apruebas?―No. ―Mordió su labio, tratando de ocultar su sonrisa. Dios, ¿qué había en estehombre que le hacía temblar las entrañas? No podía conseguir suficiente de él―.Quítatelo.―Sigue así ―mordisqueó juguetonamente en su hombro―, y es posible que nuncalleguemos a la fiesta.Ante la mención de la fiesta de compromiso, su diversión la abandonó. Se volvió asus reflejos, su mente girando en una dirección llena de miedo.―Ha pasado más de una semana. ―Nueve días desde que Lisa terminó en el hospitaly comenzó su farsa. Nueve días de lo que debería haberse sentido como libertad―.No hemos escuchado ni pío de ella.Todo se había parado repentinamente. Las llamadas telefónicas, las amenazas. Lapolicía no había podido rastrear al acosador todavía. Habían puesto su apartamentopatas arriba pero no habían encontrado nada excepto la sangre de Lisa en lassábanas. Ni huellas dactilares. Ni cabellos perdidos. Nada que le dijera quién laamenazaba. Cat se sentía como si estuviera esperando en el filo de la navaja por elpróximo ataque.Un muy palpable humor sombrío se apoderó de Michael, diciéndole que suspensamientos la seguían.―Mi madre invitó a un par de personas del periódico a la fiesta esta noche. Quiereque se anuncie a primera hora del lunes por la mañana. ―Su cuerpo se tensó contrasu espalda―. En la portada.
  • Cat no pudo detener el escalofrío que la atravesó. El miedo se estableció como unaroca en su estómago, dándole náuseas. La cara de Lisa apenas había comenzado asanar. Hasta ahora, había podido ignorar el miedo a perderse a sí misma enMichael, quedando atrapada en la farsa. La emoción volvió con una venganza. Algoque Michael debió haber capturado, por los brazos apretados a su alrededor.―Hey. ―Su cabeza descendió al lado de su oído, su voz cálida y reconfortante―.Estaré contigo cada segundo. No dejaré tu lado hasta que atrapen a quien quieraque sea. Si vienen tras de ti otra vez, tendrán que pasar sobre mi primero. ¿Estábien?Su mirada se encontró con la de ella en el espejo, la de él sobria y fuerte, y el nudoen su estómago se alivió. Asintió.―Gracias.La liberó y tomó su mano.―Vamos. El auto de mi padre está esperando al frente. Vamos a disfrutar denosotros mismos.* * *Un par de horas más tarde, Cat logró encontrar un momento a solas y entró en lahilera de coloridos rosales. Su agradable fragancia perfumaba el aire. Respiróprofundamente y dejó que el aroma calmara sus agitados nervios.Más de trescientas personas se mezclaban en el patio trasero de los Brant.Fotógrafos, amigos de la familia, parientes lejanos. Hasta esta noche, ella y Michaelse habían puesto en un espectáculo. Fingiendo estar locamente enamorados. Fueuna constante lluvia de toques, sonrisas y besos para la cámara. Cada toque, cadatierna caricia, cada beso, se sentía demasiado real. Además, el posible peligro quepodría estallar mañana dejó su estómago atado en nudos imposibles. Se estabatomando su peaje en su cordura, y se había escapado para recuperar el aliento.Pasos a través de hierba sonaron detrás de ella, un segundo antes de que fuertesbrazos familiares la rodearan por la cintura desde atrás. La forma alta, masculina
  • de Michael se presionó contra su espalda, envolviéndola con su aroma a jabón dehombre y aire fresco.―Finalmente, te tengo toda para mí.Sus suaves labios rozaron el costado de su cuello.Cat se estremeció, incapaz de resistir inclinarse hacia la familiar calidez de sucuerpo, pero no podía invocar el mismo deseo. Su corazón estaba en guerra consigomisma. Por el contrario, deslizó su brazo por el suyo.―Hola.Pareció entender que algo estaba mal, porque apoyó su mejilla contra ella.―¿Estás bien?Le lanzó una sonrisa sobre su hombro y esperó que no pareciera tan forzada comose sentía.―Sí. Sólo necesitaba un poco de aire. La multitud es un poco abrumadora.Eso no era de todo una mentira, pero no era toda la verdad tampoco. Por la últimahora, habían estado atrapados mezclándose con los invitados, quienes habían venidopara felicitarlos por su compromiso y quienes habían venido a curiosear. Estabaatrapada en la trampa de su madre mientras la mujer daba la vuelta al patio,presentándose a los huéspedes.Al igual que la primera noche que había cenado con su familia, sin embargo,Michael rondaba cerca. La farsa sólo parecía avivar el incendio que se desató entreellos. Cuando no estaban juntos, se miraban el uno al otro a través del patio, unapotente hambre quemando entre ellos que la tenía lista para arder. Era la ternuraen sus ojos, sin embargo, lo que la tenía atada con nudos. Esos ojos le dijeron que loque estaba ocurriendo entre ellos no era en un solo sentido.Estar con él de esta manera se sentía natural. Al igual que despertar en lamañana y tomar un respiro. O ver la salida del sol. Ese conocimiento la dejórondando en el borde de una realidad aterradora. Tan pronto como el sheriffatrapara a quien la amenazaba, Michael volvería a su vida. Demasiado pronto, no
  • tendría una razón para quedarse en Crest Point. Se iría, llevándose su corazón conél. Lo había sabido desde el principio.Sus brazos se apretaron a su alrededor, su voz un bajo, preocupado zumbido en suoído.―¿Qué te pasa, bebé? ¿Son los reporteros del periódico? Podemos marcharnos si lodeseas.―Te vas a ir, Michael ―susurró las palabras, el dolor se atascó en la garganta.Por un momento, no dijo nada, su cuerpo tan inmóvil detrás de ella que fue comosi pudiera sentirlo pensando.―Siempre podrías irte conmigo, ya sabes.El pecho de Cat se apretó. Su corazón se desbordó y se rompió al mismo tiempo.Ansiaba darse la vuelta y lanzar sus brazos alrededor de su cuello. Darse cuenta quese había enamorado de él la golpeó duro. Estaba segura que sólo era una aventurapara él. Había intentado prepararse para el momento en que tendría que dejarlo ir.Saber, escuchar, que la conexión entre ellos no era unilateral, que él también lasentía, hizo que su corazón quisiera estallas.―No puedo. ―Dio un gesto negativo, tragándose el nudo que subía por su garganta.Las lágrimas quemaban en sus ojos y su corazón latía fuertemente, pero unaimposible esperanza se expandía en su pecho y Cat se aferró a ella. Deslizó susmanos por sus brazos, envolviéndolas fuertemente sobre las suyas. Las palabras quelo harían comprenden abandonaron su boca en un desesperado aleteo y una oración.―Cuando todo el fiasco con tu abuelo salió a la luz hace tantos años, mi madre seprestó a salir de la ciudad. Desde ese momento, se convirtió en una nómada. Nosmudábamos todo el tiempo, a veces dos o tres veces al año. Mamá se aburrió. Un díase aburrió de mí. Dos semanas antes de mi cumpleaños número diecisiete, me dejóen el regazo de mi padre, me dijo que lo sentía y se fue. Nunca oí de ella otra vez.Los dolorosos recuerdos llenaron su mente, trayendo de vuelta todos esos
  • sentimientos sin esperanzas.Michael permaneció en silencio, simplemente escuchando.―La gente me trató diferente. Yo era una novedad. Los chicos querían que fuera delmismo modo que mi madre. Lo odiaba. Tan rápido como cumplí los dieciocho, me fui.Pero echaba de menos a mi padre. Regresé cuando su esposa, Judy, enfermó. Nopuedo dejarlo otra vez. Él es todo lo que tengo. ―Vaciló, tragó fuerte, luego dejó salirlas esperanzadas palabras―. Siempre podrías quedarte, ya sabes.Se tensó, sus brazos la liberaron y se enderezó.―No puedo. He creado una vida en Los Ángeles. Una de la que estoy orgullosoporque es mía. No de mi padre, sino mía. La construí, desde cero, sin nada más quemis manos y un sueño. No estoy listo para dejarla.Guardó silencio un momento, sus dedos acariciaron la longitud de su hombrobajando por su brazo.―Lo siento. Aún no estoy listo para volver a casa. Es muy doloroso.* * *Cat colocó el último de los libros en el estante con un suspiro. Ya era tarde. Lalibrería había cerrado hace una hora, la ciudad hace mucho que se había calmado,pero se quedó para arreglar los nuevos productos en los estantes y limpiar un pocola tienda. Necesitaba algo, cualquier cosa, para hacer. Michael no quería queregresara a su apartamento sin él. Las repercusiones de la fiesta de compromiso aúnno habían sido vistas. No quería ir a casa de él, tampoco. Todavía no. Su mente nodejaba de girar, no paraba de rebobinar hacia la noche anterior.Después de su franca conversación en la fiesta de compromiso, algo cambió entreellos. Michael pasó a través de los movimientos, pero se encerró en sí mismo. No lamiraba del mismo modo, no la tocaba de la misma manera, no la miraba a los ojos.Cuando regresaron a su casa, sin embargo, se estiró hacia ella casi condesesperación. Habían hecho el amor anoche con una intensidad que la dejó
  • sacudida. No podía quitarse la sensación de que de alguna manera estaba diciéndoleadiós. Eso la dejó dividida entre querer acariciar el último momento juntos ynecesitar poner distancia entre ellos.La campana de la puerta sonó, anunciando la entrada de un cliente.―Lo siento, pero estamos cerrados.Dejo el último libro en el estante y salió al pasillo.Inmediatamente reconoció a la mujer parada en la tienda. Era la señora Hartman.La madre de Trish Hartman. La Trish de Michael. La anciana se había convertidoen un cliente habitual en las últimas semanas. Estaba dentro de la puerta, luciendoun poco perdida, usando, de todas las cosas, un largo abrigo marrón. Totalmentedemasiado caliente para el clima húmedo.Le sonrió a la mujer mayor mientras se movía por el pasillo hacia el mostrador.―Le pido disculpas por las molestias, señora Hartman. Me temo que se me olvidócerrar la puerta.Por un momento, la señora Hartman no se movió. Permaneció en silencio con lasmanos en los bolsillos de su abrigo, su rostro impasible. Finalmente, se movió haciael mostrador.―¿No podías dejar las cosas tranquilas, verdad? ―Un toque de animosidad contenidatembló en su voz.Un escalofrío corrió por la columna de Cat, el desasosiego se torció en su estómago.―¿Cómo dice?El rostro de la señora Hartman se retorció con furia, y sacó la mano derecha de subolsillo para revelar una pequeña pistola negra, la boca del cañón apuntando a Cat.―Te advertí que permanecieras lejos. Que pagarías por tus indiscreciones si no lohacías, pero no escuchaste.Cat se congeló. Por unos instantes, el caos giró a su alrededor, su ritmo cardíaco
  • latiendo en sus oídos mientras su mente corría a un millón de kilómetros por hora.―Señora Hartman, por favor, baje la pistola.―Sé quién era tu madre. Has sido justo igual que ella desde que regresaste a estaciudad. Te acuestas con cualquier cosa que camine erguida. Es repugnante.¿Realmente pensaste que podrías simplemente bailar el vals aquí y llevártelo?¿Realmente crees que le permitiría a una pequeña vagabunda como tú deshacer todonuestro duro trabajo? ―La anciana se mofó de ella, su voz aumentando mientrasagitaba la pistola, su dedo sorprendentemente inestable en el gatillo.Las palabras de la señora Hartman cayeron como una bola de plomo hacia supecho. Escenas de su vida pasaron por su mente. La pequeña niña que había sidouna vez, viendo a su madre arrastrándola de pueblo en pueblo como equipaje,demasiado ocupada viviendo su vida para molestarse con ella. Dejándola soladurante horas y horas, sólo para traer a casa hombres tras hombres. Algunosquienes fueron agradables, algunos quienes la miraban de manera que le hacíasentir sucias.La chica de dieciséis años de edad, una recién llegada a la ciudad, esquivando aotros hombres quienes asumían que ella se "abriría de piernas" y no aceptaban unno por respuesta.Todas las noches de llanto hasta quedarse dormida, deseando poder ser cualquierotra persona.En esos recuerdos se levantó la ira, el resentimiento. Hirviendo desde la boca desu estómago, expandiéndose como un fuego incontrolado sobre un campo seco,consumiendo todo a su paso, hasta que sus manos se cerraron en puños a suscostados. No. Ésta era la última vez.Cuadrando sus hombros, encontró la mirada de la señora Hartman con una de lassuyas.―No he visto ni escuchado de mi madre desde que me abandonó con mi padre hacenueve años. No soy ni ahora, ni he sido nunca ella. Ni soy culpable de los fracasos de
  • su hija. Michael es un hombre adulto, capaz de tomar sus propias decisiones. Me heacostado con un total de tres hombres en toda mi vida. Cualquier historias que haescuchado fue escupida por chicos con grandes egos que no podían soportar que lesdijeran que no.Cuando las palabras salieron de su boca, dejaron en su lugar una sensación defortaleza que nunca había tenido antes. Desde este día en adelante, era sólo Cat.Con una elevación de la barbilla, se mantuvo firme, pero envió una silenciosaoración para que la señora Hartman volviera en sí y bajara el arma.El rostro de la señora Hartman se retorció de ira. Dejó escapar un grito primitivo yse lanzó hacia adelante.―¡Tú, estúpida pequeña golfa! ―Su voz se fue elevando mientras agitaba la pistola―.Él no te pertenece, ¿me oyes? ¡No eres nada! No eres más que una pequeña cazafortunas vagabunda, que…―Basta.Cat se giró en dirección de la voz. Michael estaba parado en la entrada, una manomanteniendo la puerta abierta. Su corazón tamborileó y se hinchó al mismo tiempo,una mezcla de alivio y miedo retumbó en su interior. Si tuviera que elegir a quiénquería que se mostrara justo entonces, habría sido él.Excepto la Sra. Hartman que se dio la vuelta y apuntó la pistola en dirección a supecho. El corazón de Cat se detuvo mientras el miedo se elevaba como una marea ensu interior.―¡No te muevas! ―escupió la Sra. Hartman, su voz temblando de furia.Michael soltó la puerta, haciendo tintinear las campanas otra vez, la preocupacióndestello en sus ojos.―¿Estás bien?Asintió y deseó poder correr hacia él y envolver sus brazos a su alrededor.―Estoy bien.
  • Se volvió hacia la Sra. Hartman.―¿Qué estás haciendo?La cara de la Sra. Hartman se retorcido de furia.―Esto es tu culpa. Mi hija pagó el precio por amarte. Con su vida. Mi pobre Trish.―Su voz se quebró, la pena inundó las facciones de la mujer, y por un momento lapistola bajó un poco.Un respiro más tarde sin embargo, cuadró los hombros y redirigió la pistola.―Ahora es tu turno para pagar. Te llevaste algo de mí, ahora me voy a llevar algo deti.Con la atención de la mujer mayor lejos de ella, Cat se arriesgó y corrió hacia elotro extremo del mostrador. Se las arregló para levantar el teléfono cuando la Sra.Hartman sacudió el arma en su dirección.―Dile adiós, Michael.Al instante en que se volvió, Michael arremetió contra la Sra. Hartman. Agarró sumuñeca y le dio un tirón, alejando la boca del cañón de Cat. Sorprendida, la Sra.Hartman se retiró y giró hacia él. Su rostro retorcido cuando aulló de rabia. Cerrósus dedos sobre el gatillo, balanceando su brazo para aflojar su control. Él juró,luchando por ganar el control. En alguna parte de la lucha, el sonido de un disparoresonó en la tienda, el olor a pólvora llenó el aire.El corazón de Cat saltó en su garganta.―¡Michael! ―Las lágrimas empañaron sus ojos, el horror de perderlo inundando sumente. Agitó su cabeza hacia la Sra. Hartman, mirando fijamente a la anciana―. Ledisparaste.La Sra. Hartman parpadeó, ya no enojada sino con los ojos muy abiertos en shock.La pistola tembló violentamente en su mano.―No quise dispararle ―susurró las palabras y negó con la cabeza. Un latido cardíacomás tarde, su frente se surcó de ira, y sacudió la pistola hacia Cat―. ¡Estaba
  • apuntándote a ti!En un rápido movimiento, la mano de Michael salió disparada desde su costado.Capturó la parte superior de la pistola y giró de vuelta hacia la señora Hartman. Lamuñeca y el brazo se voltearon en una espeluznante, antinatural posición, y laanciana lanzó el arma con un grito de dolor y cayó al piso.Jadeando, con la frente surcada, Michael bajó la mirada hacia la mujer.―No quiero hacerle daño Sra. Hartman, pero lo haré si tengo que. Quédese ahí.El corazón de Cat latía en sus oídos mientras lo observaba despojarla del arma.Bajó el seguro en la base del mango y luego ladeó la parte superior de la pistola,sacando la bala de la cámara. Arrojó la pistola vacía hacia el frente de la tiendaantes de volverse hacia ella con la preocupación en su mirada.―¿Estás bien?Cat sólo podía mirarlo fijamente, aturdida y abrumada.―Te disparo.―Estoy bien.Sin bajar la mirada, Michael tiró de la camiseta de sus vaqueros y la levantó losuficiente para mostrarle la herida. La sangre rezumaba de lo que parecía ser unprofundo arañazo en su costado.―¿Ves? Sin agujero de bala. Apenas un rasguño.Cat dejó salir el aliento que no sabía que estaba conteniendo, el alivio inundándolay envolvió sus brazos a su alrededor.―Estoy bien ―habló más suave esta vez y caminó en su dirección.Las lágrimas empañaron sus ojos. Asintió y sus miembros empezaron a temblar.Las sirenas aullaban afuera, ruidosas y espeluznantes, arrastrando su atención ala ventana delantera. Varios vehículos llegaron en una chirriante parada delante dela tienda, las luces azules y rojas girando, coloreando la noche, los edificios y elinterior de la tienda.
  • Mientras Michael llegaba a su lado y envolvía un brazo alrededor de su espalda, elsheriff Dewitt irrumpió por la puerta principal, arma en mano. Miró la pistola vacíaen el piso, luego a ellos preocupado y confundido.―¿Están bien chicos?Michael asintió.―Estamos bien. Me las arreglé para quitarle su arma.El sheriff asintió y enfundó su arma antes de sacar las esposas de su cinturón.Levantó a la Sra. Hartman del piso y ajustó las esposas antes de escoltarla alexterior.Cuando la puerta se cerró detrás del sheriff, la campana tintineó, Michael envolviósus brazos alrededor de Cat, aplastándola contra él, y enterró el rostro en su cabello.―Jesús. Pensé por un momento que iba a perderte.Sacudiéndose con una abrumadora sensación de alivio y sobras de miedo, se aferróa él a cambio.―Eres quien recibió un disparo. ―Retrocedió, necesitaba ver su cara, ver sus ojos. Suvoz tembló―. Fue una cosa estúpida lo que hiciste.Negó con la cabeza mientras se estiraba y acariciaba su mejilla.―¿Qué se supone que debía hacer, dejar que te disparara? ―Hizo una pausa y bajó lavoz―. Nunca me di cuenta cuán profundamente la muerte de Trish afectó a sumadre. No podía dejarlo pasar otra vez. Nunca me perdonaría si algo te sucedía a ti.―Podrías haber sido realmente herido.Las palabras se le escaparon de sus labios con menos intensidad de lo quepensaba, su voz temblorosa. El pensamiento de él dejando la ciudad dolía, peroimaginar un mundo sin él le asustaba más de lo que quería admitir, incluso a símisma.Acarició su mejilla.
  • ―No lo fui. Estoy bien. Es sólo un rasguño. ―Levantó el dobladillo de su camiseta,alzando la mirada hacia ella mientras lo hacía―. ¿Ves? Estoy bien.Las lágrimas inundaron sus ojos, cada parte de ella repentinamente temblabaincontrolablemente mientras los acontecimientos se precipitaban sobre ella. Lascosas podrían haber resultado tan diferentes...Michael la tiró contra él y envolvió sus brazos firmemente a su alrededor. Susmanos acariciaban su espalda, y murmuró en su oído.―Está bien, nena, te tengo. Estás a salvo.* * *Permaneciendo con Michael en la trastienda una hora más tarde, Cat mordió sulabio inferior mientras presionaba una toalla de papel humedecida a la herida en sucostado, limpiando suavemente la ahora sangre seca.Después de que el sheriff se llevó a la señora Hartman fuera, un circo de trespistas estalló en la tienda. Los agentes se apresuraron para asegurarse de que losdos estaban bien, eventualmente, tomaron sus declaraciones. En algún lugar enmedio de todo, alguien llamó a su padre, quien estuvo al frente de la limpieza deldesorden que había creado la bala cuando explotó en una estantería. Finalmente ellugar fue despejado, dejando finalmente a Cat y a Michael solos.El aire entre ellos se había cargado en el instante en que lo llevó a la trastiendapara limpiar su corte.―¿Está seguro de que no vas a ir al hospital? No soy médico, Michael. Realmentedeberías tener una revisión en esto.Enjuagó lo último de la sangre, luego arrojó la toalla en una papelera cercana y seestiró por el tubo de ungüento antibiótico en el mostrador al lado de la caja deprimeros auxilios. Estaba tratando de distraerse a sí misma.―No serían capaces de hacer más de lo que tú ahora. ―Bajó la voz, suavizándola―.Estoy bien.Su tranquilidad no alivió la preocupación situada en su pecho. Mientras pasaba su
  • dedo suavemente sobre la herida, el chasquido de los disparos resonó en su mente, yse estremeció. Él extendió una mano y le tocó la barbilla.―Escuché lo que le dijiste a ella. Estoy muy orgulloso de ti.Negó con la cabeza.―He terminado. Terminado de ser esa persona, el chivo expiatorio de mi madre. Soysólo yo, y si eso no es suficiente para ellos, entonces al diablo con todos ellos.―Estoy muy contento de escuchar eso. ―Una suave sonrisa nostálgica tiró de lasesquinas de su boca. Dejó caer su mano―. Enfrenté esta noche a mis propiosdemonios. Es a donde me fui cuando te dejé antes. Fui a ver a la familia de Kaylee.Su corazón le dio un vuelco y puso una mano contra su pecho.―¿Cómo fue?Se volvió para mirar al suelo.―Mejor de lo que esperaba. Nunca he sido capaz de hacerles frente. Dejé que miculpa me convenciera de que nunca me perdonarían, que me lo merecía.―¿Y? ―Mordió su labio, nerviosa por él.Levantó su cabeza. Una suave sonrisa se curvó en su rostro, el alivio palpable ensus ojos.―He hablado con su hermano, Taylor. Resulta que nunca me culparon en primerlugar. Dijo: “Las personas cometen errores. Todos hacemos cosas que lamentamos.Tú no jalaste del gatillo que la mató, y eso es lo que importa”.La alegría se instaló como calidez en sus huesos. Demasiado bien, recordó el doloren su voz cuando le contó la historia, y su corazón se hinchó a punto de estallar defelicidad por él. Le sonrió.―Eso es maravilloso. Debe ser un gran alivio.Asintió.―Aligera la carga por mucho. Creo que necesitaba oírlo.Mientras continuaba mirando fijamente en sus ojos oscuros, un solo pensamiento
  • vibró por su mente, burlándose, ya no había nada que lo mantuviera con ella.Ahora que habían agarrado a la persona que la amenazaba y había ajustado susdeudas, no había ninguna razón para que se quedara en la ciudad por más tiempo.Lo que significaba que Michael estaría de vuelta en su vida. Sin ella. Su pechodolía con lo erróneo de ello. Por todas las cosas que quería, pero no podía tener.Michael ahuecó su rostro en la calidez de sus palmas. Sus negros ojos atrapandolos suyos, estirándose, buscando, con una expresión casi dolida.―Ven conmigo.Sus ojos se inundaron y se desbordaron. Se acercó y puso su mano sobre la de él.―Quédate.El pesar y el dolor destellaron en sus ojos. El aire pesado colgaba entre ellos.Estaban en un callejón sin salida. Ella no podía irse y él no podía quedarse. El finalque había sabido que vendría había llegado, y no había nada que pudiera hacer alrespecto. Se estaba llevando una gran parte de su corazón con él.
  • Capitulo 11Traducido por NELLY VANESSACorregido por Nanis―Entonces, Abby me dice que Michael dejará la ciudad esta noche.Engañosamente ligera y casual, Cat siguió el sonido de la voz de su padre donde seencontraba en el mostrador. Él le dirigió una sonrisa.Cat suspiró. Conocía ese tono. Él estaba cavando. Lo que significaba que sabía quealgo estaba pasando. Ella se había quedado de compras para ayudarlo en lugar degastarse sus últimas horas con su supuesto novio, quien se iba de la ciudad porquién sabe cuánto tiempo.El cuchillo se retorció en su pecho. Abby la había llamado esta mañana también. Lahabía llamado para charlar, para asegurarse de que Cat llegara a la noche deldomingo para su primera lección de cocina. Por supuesto, su madre casualmentetambién había mencionado los planes de Michael de salir de la ciudad esta noche yle había hecho la pregunta, la cual Cat no estaba preparada a responder, ¿por quéno se iba con él?Había conseguido salir de esa, pero desde su conversación, un dolor permanentehabía echado raíces en su interior, las lágrimas se habían juntado para siempre ensus ojos. Sabía muy bien que Michael se iba de la ciudad, y había sido incapaz depensar en nada más desde entonces.―Sí, papá. ―Se volvió hacia el estante y re-enderezó la misma línea de libros―. Losé.―No tienes que estar aquí, sabes.Su corazón brincó. Sí, tenía que estar. Si se iba a casa, Lisa sólo trataría deconvencerla de que, una vez más, fuera a evitar que Michael se marchara. Esta vez,podría tener éxito.
  • Ese era el problema. Quería ver tanto a Michael que le dolía el pecho de lanecesidad. ¿De qué serviría? Nada cambiaría. Verlo sólo prolongaría lo inevitable ylos haría a los dos más miserables.Había aprendido de su madre, que cuando había que ponerle fin a algo, debería serrápido y limpio. Su madre había hecho lo mismo con todas las relaciones que habíatenido. Cuando terminaban, simplemente cortaba la pérdida y pasaba a la siguiente.Era más fácil y menos doloroso, decía su madre.Por otra parte, su madre no había tenido nunca que quedarse a superar lasemociones. Las emociones eran cosas inútiles que se ponían en tu camino.―Está bien. ―Ella volvió a la parte delantera con otra pila de libros―. No iré a suencuentro. Deberías irte a casa. Yo cerraré.Su padre cruzó el pequeño espacio entre ellos, tomó suavemente su barbilla con supalma y la obligó a mirarlo.―Hay algo que no estás diciéndome. ―El tono tranquilo de su voz era uno queconocía bien. El que siempre se hundía en su corazón con la necesidad de quederramara todo.La misma emoción en sus ojos y la verdad burbujeó de su boca antes de quepudiera detenerla. Mientras ponía sus manos juntas y miraba al suelo, derramótoda la historia, acerca del pretendido compromiso y de por qué lo habían hecho, ymás importante, por qué estaba aquí en vez de con Michael, donde quería estar.―El compromiso no era real. Fue un espectáculo. Para mantenerme a salvo. Nuestrarelación, si es que se puede llamar así, fue sólo una aventura. Se acabó.Su padre estaba de pie con los brazos cruzados y una mirada pensativa en su cara.Cat se mordió el labio inferior.―¿Estás enojado? Michael quería que la farsa fuera lo más real posible. ―Su padretenía una sola regla al crecer: Ella siempre le diría la verdad. Nunca le habíamentido antes, nunca había sido capaz de hacerlo. No podía evitar preguntarse si
  • estaría enojado porque le había mentido no sólo a él, sino a todo el mundo.Sólo esperaba que entendiera el por qué.Su padre la miró por un momento.―¿Lo amas, cariño?Una pesadez se deslizó en su pecho. No podía hacer que la mentira en la punta desu lengua dejara su boca. Había hecho la única cosa que había jurado no hacer.Se había enamorado de Michael. Se había enamorado de su sencilla personalidad,del lado travieso que la hacía reír. Se había enamorado de la libertad que sentíacuando estaba con él. Que por primera vez en su vida no era más que ella misma.Sin estar atada a las expectativas que venía de ser la hija de Chloe Edwards.Ahora él se iría, y tendría que verlo irse cuando su corazón gritaba que fuera trasél y le rogara que se quedara.¿A dónde los llevaría eso? Crest Point era su casa. La primera casa que nuncahabía tenido. No quería dejarlo, no quería dejar a su padre a su suerte solo. Michaelno tenía planes de quedarse. Podían también estar en extremos opuestos de latierra.Ella negó.―No es tan simple.Su padre frunció el ceño, su expresión fue severa, exigiendo la verdad.―Eso no es lo que te pregunté. Te pregunté si lo amabas.Ella suspiró.―Sí.Las comisuras de sus labios se movió, sus ojos fueron tan suaves como su voz.―¿Entonces por qué te quedas aquí conmigo? Ve a buscar a ese chico antes de queabandone la ciudad.El corazón le dio un vuelco, la tristeza le llenó el pecho de nuevo.―Ya hablamos sobre eso. Él no se quedará. Odia esta ciudad. Tiene malos recuerdos
  • para él. Está construyendo toda una vida en Los Ángeles que no quiere dejar.Su padre tomó su cara entre sus tibias manos, con una determinación suave ensus ojos azules.―Entonces vete con él.Las lágrimas ardieron tras sus párpados. ¿Él tenía alguna idea de lo mucho quequería decir que sí cuando Michael le había hecho la misma pregunta?Ella salió de su abrazo y volvió a la caja sobre el mostrador.―No puede hacer eso. Tú me necesitas.Su padre se echó a reír.―Cariño, soy viejo, pero no estoy desamparado. He estado cuidando de mí mismo pormucho tiempo.Ella le lanzó una mirada por encima del hombro y captó su atención.―Si me voy, estarás solo.Ella sabía demasiado bien lo que se sentía estar solo en el mundo, había sentido sunitidez cuando su madre se había ido hace nueve años. No podía hacerle eso.Eran todo lo que tenían en el mundo.Él se rió, sus ojos se arrugaron en las esquinas y centellearon con diversión.―No lo creo. Estoy bastante seguro de que su madre me adoptó. Llama todos los díaspara revisarme, viene a la tienda tres días a la semana, y me informó que meesperará para comer cada domingo a partir de ahora. También está la señoraHannigan en la casa de al lado que insiste en traer un pay más de una vez a lasemana, y tengo a todo el mundo de la iglesia. Nadie está jamás solo en Crest Point,cariño. Tú, más que nadie, deberías saberlo. ―Envolvió sus brazos alrededor de ella,jalándola a un abrazo, su voz bajó, ablandándose―. Todos hablamos demasiado eluno del otro, pero también nos vigilamos entre sí. Es poreso que he estado en esta ciudad desde que tu madre y yo la encontramos hacetreinta años. Es mi hogar.
  • Él estaba en lo cierto. En los últimos tres días, más personas la habían detenido enla calle para expresarle su preocupación por su seguridad o para ofrecerlefelicitaciones por su compromiso.Dejaría de hacer una tragedia al cambiar su percepción de esta ciudad. Michaelhabía dejado su huella en su vida.―Bueno, no me iré. ―Ella salió de sus brazos y agarró la caja vacía del mostrador yse volvió para dirigirse a la parte de atrás.Su padre la atrapó descansando una mano en su hombro.―¿Qué es a lo que realmente le tienes miedo, cariño?Ella se volvió hacia él con lágrimas en los ojos, y vaciló antes de permitir que laverdad se derramara de sus temblorosos labios.―¿Y si él no siente lo mismo? ¿Qué pasa si sólo fui una aventura para él?¿Y si se iba con él y hacía una vida con él por ahí y al final decidía que no la queríadespués de todo?De la forma en que su madre había hecho.La sensación era infantil y lo sabía, pero no podía evitar el miedo abrumador.Después de todo, no había sido lo suficientemente especial para que hubiera estadodispuesto a quedarse. No podía dejar que su corazón se rompiera así de nuevo.Su padre sonrió, con los ojos brillantes, como si supiera un secreto que ella no.―¿Lo amas?―Sí. ―Esta vez, su voz tembló con la emoción que ya no pudo sostener.―Apostaría dinero a que él te ama, también. A veces hay que darle una oportunidad,cariño. Es de lo que se trata el amor. De contener la respiración y saltar a lodesconocido.―¿Alguna vez lo hiciste tú?Él se echó hacia atrás, con los ojos vidriosos mientras miraba a algo más allá deella.
  • ―Después de que tu madre se fue, no estaba seguro de que quería otra relación, ymucho menos un matrimonio. Entonces llegó Judy. Ella volteó mi mundo al revés.Fue paciente, esperando en silencio, tomando sólo lo que yo estaba dispuesto a dar.Un día decidí que no podía vivir sin ella. ―Sus ojos azules se reorientaron haciaella―. ¿Puedes vivir sin él, Cat?Ella negó.―No estoy segura de saber cómo.Una leve sonrisa iluminó su rostro.―Entonces, ¿por qué sigues parada aquí? Ve a buscarlo.Ella se mordió el labio inferior. ¿Podría hacer eso? ¿Tomar una respiraciónprofunda y saltar? ¿Era lo que quería? Sí y lo sabía. Después de todo, ¿no era eso loque había querido desde el principio? ¿Tener la libertad de ser lo que quisiera, detomar lo que quería de la vida? ¿Para no sólo enfrentarse a sus miedos, sino dejarlosatrás?No quería volver a vivir sin él. Más al punto, si no hacía esto, nunca lo sabría.Pasaría el resto de su vida lamentando no haber probado. Lamentando haber dejadoque los temores rigieran su vida una vez más.―Eres el mejor, papá. ―Ella sonrió, con la anticipación latiendo en su pecho, ylevantándose sobre los dedos de los pies para plantar un beso en la mejilla de supadre.Metió la mano en el bolsillo por su celular, y luego lo pensó mejor. No. Queríadecírselo a la cara. ¿En dónde estaría a las siete en un martes?Llegó a Roadie’s dos minutos después, sin aliento, su corazón amenazaba consalirse limpiamente de su pecho. Nunca había hecho algo tan audaz en su vida.La pesadez hundió su pecho mientras se paraba en la acera de enfrente.La moto de Michael no estaba estacionada allí como siempre, pero entró de todosmodos. Tal vez estaba estacionada en la parte trasera.
  • Después de mostrar su identificación al cuidador de la puerta, se lanzó delante deél, corriendo entre la multitud del bar. Se inclinó sobre el mostrador.―¿Dónde puedo encontrar a Gabe?―En la oficina. Todo el camino de regreso, subiendo las escaleras. ―Él dejó lacerveza en el mostrador delante de un cliente, después levantó una mano y señaló elcamino.Ella siguió lo que le señaló, viendo la manchada ventana del espejo de dos vías enla parte posterior del edificio, y luego se echó a trotar.―¡Gracias! ―Agitó una mano con gratitud mientras se movía a través de la pequeñamultitud en la pista de baile, y luego corría por las escaleras.En la parte superior había una puerta maciza, pintada de blanco, rotulada conletras mayúsculas negras, “Oficina”. Tomó una respiración profunda y tocó.―Adelante ―gritó la voz de Gabe desde dentro.Abrió la puerta, con el corazón en la garganta. Gabe estaba sentado en la silladetrás del escritorio, mirando la pantalla del ordenador.Volvió la cabeza mientras Cat entraba en la habitación.―¿Ya se fue?Los oscuros ojos de Gabe se llenaron inmediatamente de pesar.―Me temo que sí. Hace cerca de media hora.Una piedra se hundió en sus entrañas, su esperanza se había encontrado con labarra de evaporación mientras las lágrimas pinchaban detrás de sus párpados. Él yase había ido. No había duda de que había llegado a la carretera ya. Sólo tomabaveinte minutos llegar desde la ciudad. Estaba ya de regreso a su vida.Sin ella.Había llegado demasiado tarde para detenerlo.Gabe levantó el teléfono negro, sin cables del escritorio y lo tendió a su lado.―Llámalo. No puede haber llegado muy lejos.
  • Ella negó, sintiéndose de pronto pequeña y estúpida.―Está manejando.Gabe se levantó de su asiento y dio un paso hacia ella, empujando el teléfono haciaella.―No responderá, pero la vibración puede hacer que se detenga.* * *Sentado encima de su moto en el borde de la carretera, Michael miró la rampa queestaba frente a él. Arriba, en la carretera, un mar de luces mostraban brillantes eltono de lo contrario, negro, y la noche era tranquila, salvo el zumbido ocasional deun coche pasando. Se había sentado en este lugar por veinte minutos ahora, pero nopodía moverse hasta la rampa y a la carretera.Tenía toda una vida atrás en California. Nada de eso importaba en lo más mínimoen ese momento, ya que regresar significaba que tenía que alejarse de Cat. Se habíaenamorado de ella. La idea de dejarla hacía un gran agujero en su pecho, como sidejara alguna pieza vital de sí mismo atrás. No podía dejar de pensar en lo tonto quesería si se alejaba de ella.La pregunta era, ¿qué haría al respecto?Sabía lo que quería hacer. La idea se había derramado alrededor de su cerebro pormás de una semana, burlándose de él, desafiándolo a tomar lo que quería, a ir adonde su corazón lo llevara. Retándolo a dejar el pasado atrás de una vez por todas ya moverse al futuro... con Cat. No podía negar más eso.Metió la mano en el bolsillo interior de la chaqueta y sacó su celular, marcado elnúmero memorizado largamente desde entonces.La tienda no cerraba hasta las nueve, y sabía que siempre que la tienda estuvieraabierta, Casey, su compañera, estaría allí.Casey levantó al tercer timbre.―Hola, Case. Escucha, quiero consultarte algo. ¿Tienes un minuto?
  • Quince minutos más tarde, la conversación terminó, sus ideas ahora eran un gelde posibilidades concretas, su celular vibró en el bolsillo de su chaqueta. El númerodel bar apareció en la pantalla, y Michael contestó en la segunda ronda devibraciones.―Hola hermano, ¿qué pasa?―Está tranquilo. ¿Estás en la carretera?En lugar del estruendo de su hermano, la voz familiar de Cat, suave y segura, sedeslizó sobre él como una caricia cálida, y su corazón dio un vuelco. Miró a sualrededor.―En realidad, estoy sentado en el borde de la ciudad.Ella dejó escapar un suspiro de prisa, como si lo hubiera estado sosteniendo.―Entonces, ¿aún no te has ido?El gran alivio en su voz tenía la misma emoción de la expansión en su pecho y unasonrisa vertiginosa apareció en él.―No.―¿Por qué?―Porque no puedo obligarme a dejarte. ―Sabía muy bien que no tenía nada queesconder de ella ahora.Un momento de silencio sonó sobre la línea, después, su voz salió suave perosegura.―Vine al club a encontrarte. A decírtelo. Tu hermano dijo que ya te habías ido.Su pulso se aceleró. Ella había ido en pos de él.―¿Decirme qué?Ella se quedó en silencio por un momento.―Tenía la esperanza de decírtelo a la cara.―Di las palabras, nena. Necesito escucharlas, y necesitas decirlas.―Vine a decirte que te amo. Que quiero estar donde quiera que estés. Si eso significa
  • mudarse a Los Ángeles, estoy bien con eso. ―Su voz bajó a un tranquilo y vulnerablesusurro―. No puedo soportar estar sin ti.Sus palabras fueron alrededor de él, cálidas, y la satisfacción y el sentido de locorrecto llenaron su pecho. Era como si hubiera esperado toda su vida escuchar esaspalabras de su boca.―Es curioso. He estado sentado aquí pensando exactamente lo mismo.―¿Qué me amas?Una sonrisa distinta afectó su voz. Él sólo podía ver la forma en que una de lasesquinas de su boca se levantaba un poquito más alto que la otra y sus ojosbrillaron.Sus labios se curvaron en respuesta.―Que te amo y quiero estar donde quiera que tú estés. ―Citó sus palabras,centrándose por un momento en el latido tranquilo de la música en el fondo. Sabíaexactamente donde quería estar en ese momento y no era en la maldita carretera―.¿Todavía estás en el club?―Sí.―Quédate ahí. Iré por ti.
  • Capitulo 12Traducido por NELLY VANESSACorregido por NanisCat se paseaba delante del club, a lo largo de los mismos cuatro cuadrados decemento gris apagado y de regreso, retorciéndose las manos mientras lo hacía. Susoídos estaban entrenados para el silencio a su alrededor mientras esperaba,sabiendo que en cualquier momento, Michael estaría allí, de pie delante de ella. Encuestión de minutos, finalmente podría envolver sus brazos a su alrededor. Eltiempo, por desgracia, parecía pasar lentamente. Los segundos pasaban volviéndosedolorosos minutos.No estaba del todo segura de lo que debía esperar, o de cómo saldría. Los conflictostodavía se interponían entre ellos. Había llamado a su madre hace diez minutos,después de colgar con Michael. La señora Brant le aseguró que su padre no estaríasolo, pero no había podido atajar el incómodo nudo retorciéndose en su estómago. Osofocar las preguntas.Sólo sabía que no podía dejar de escuchar su voz ronca en su oído, sus palabrashabían sido tan fuertes como la emoción expandiéndose en su pecho. Ese “Te amo yquiero estar donde quiera que estés”.Cuando por fin se oyó el familiar estruendo de su moto en esa esquina final haciala calle principal, se volvió para observar su progreso. Su corazón se aceleró, perocuando él se detuvo a su lado y apagó el motor, una emoción se destacó por encimadel resto: necesidad. Su padre estaba en lo cierto; el amor era todo lo que importaba.Sólo que no tendría que renunciar a él.Apenas había desmontado, dejando el casco en el manillar izquierdo y sacando sus
  • llaves, antes de que ella se adelantara.De pie en la calle, le echó los brazos alrededor de su cintura, hundiendo la cara ensu pecho y respirando su olor, a jabón y a cuero y a algo único, masculino y todoMichael.―Estaba tan asustada de no volverte a ver nunca.Sus brazos se cerraron alrededor de ella, y enterró su cara en su cabello.―He estado sentado al lado de la carretera intentando pensar en una buena razónpara seguir adelante. ―Su voz fue baja en su oído.Sin soltar su agarre, ella se retiró lo suficiente para mirarlo.Sus ojos oscuros brillaron hacia ella, tan tierno que su corazón se derritió en uncharco a sus pies. Si dudaba de lo que sentía por ella, no lo hacía ahora.―¿Y a que conclusión llegaste?―Que no puedo soportar estar sin ti, tampoco. Decidí que mi padre está en locorrecto. Es tiempo de volver a casa. ―Apoyó la frente contra la suya―. Creo que sólonecesitaba algo para volver a casa.Ella se quedó sin aliento. ¿Se podía atrever a creerle a sus oídos?―¿Te mudarás de vuelta a Crest Point?―Sí y no. Me tomará algún tiempo reorganizarme, pero podría abrir una tiendaaquí. Mi pareja, Casey, piensa que es una buena idea. Es hora de que amplíe mishorizontes. ―Sus ojos ardieron en los de ella, bajando la voz a un murmullo áspero―.Tú me haces sentir... completo. La muerte de Kaylee me persigue, pero de algunamanera, cuando estoy contigo, no siento nada más que paz. ―Él levantó una mano yle quitó el cabello de la cara―. No estoy dispuesto a renunciar a eso.―Te amo. ―Las palabras salieron de su boca en un susurro ahogado. No le hicieronjusticia a la emoción atrapada en su pecho ni a la que obstruía su garganta, pero eratodo lo que tenía.―Te amo, también. ―Él la besó suavemente quedándose allí por un largo, tiernomomento antes de retroceder―. Cásate conmigo. En serio.
  • Sus ojos se llenaron y desbordaron, calientes lágrimas cayeron por sus mejillas,haciendo que no pudiera hablar. Por no tener que renunciar a él de nuevo, paraestar allí cuando abriera sus ojos cada mañana, doblándose en él cada noche,mientras dormía. Ya se pertenecían el uno al otro. Cada uno había reclamado al otrola primera noche. Esto sería simplemente hacerlo oficial.―Me gusta la idea. ―Se las arregló para empujar las palabras a través de sugarganta, de su voz quebrada.―El Palacio de Justicia abre a las ocho y media mañana. ―Su no tan sutil sentidoquemó en sus ojos oscuros.Ella dejó escapar una risa tranquila, quitando la humedad de sus mejillas.―Tu madre nos matará.Él sonrió, siempre el chico malo.―¿Quién dice que tiene que saberlo? Nos casamos mañana, y no se lo decimos anadie. Mi madre todavía puede tener su gran boda. Todo el mundo estará feliz.Ella puso los ojos en blanco, apretándose en él.―Estará por toda la ciudad para la hora del almuerzo.Sus brazos se apretaron alrededor de ella.―Mm.―O podríamos esperar. ―No pudiendo resistirse a burlarse de él, se mordiójuguetonamente el labio inferior y agitó sus pestañas hacia él.Las comisuras de sus labios se movieron, pero para su crédito, no sonrió. En sulugar, entrecerró los ojos, juguetón, en reto.―¿Todavía no puedes decidir si me quieres?Ella se levantó de puntillas, susurrando contra su boca.―Estoy muy segura de que te quiero. Creo que lo supe esa primera noche.Él bajó la voz, ronca y tentadoramente.―Entonces cásate conmigo.
  • ―Nada me encantaría más que eso ―susurró contra su boca mientras lo besaba denuevo.Él la besó lentamente, sus labios navegaron por los de ella en un tiernointercambio que la hizo fusionar su cuerpo en el suyo. Después de un largo,persistente momento, él se retiró.―Todavía tengo que volver. Tengo una entrevista la próxima semana y con las cosastan cambiantes, Casey y yo tenemos un montón por clasificar. ¿Te irás conmigo?Podrás volver en cualquier momento que desees. O tu padre podría volar para ir avernos.―¿No me tendrás prisionera?Él se inclinó y pasó los dientes sobre su oreja.―Ya habrá tiempo para eso después. ―Se apartó, sus ojos buscaron en los de ella―.Entonces, ¿irás?¿Él tenía miedo de que realmente no lo hiciera?―Quiero estar contigo, Michael.Ella colocó una mano sobre su corazón.―Siempre.―Vamos a casa. ―Él rozó sus labios sobre la de ella.Ella apretó su cuerpo contra el suyo, afirmando su agarre en él mientras selevantaba sobre los dedos de sus pies y se reunía con él a mitad de camino.―Ya estoy en casa.FinFinFinFin
  • Sobre el Autor:JM escribe lo que le gusta llamar dulce y picantenovela contemporánea. Es un ama de casa que viveen Seattle, Washington, con su esposo, dos hijos ysus dos cachorros muy mimados. Ha estadodevorando novelas desde que tiene uso de razón.Escribir se ha convertido en su pasión.¿Dónde puedes encontrarla en la web?- Website: http://authorjmstewart.com- Twitter: https://twitter.com/#!/JMStewartWriter- Facebook: www.facebook.com/pages/Author-JMStewart- Blog: http://jmstewart.blogspot.com/- Goodreads: www.goodreads.com/author/show/3159044