Sinopsis
akenna James piensa que su día no puede ser peor, hasta que se
encuentra atrapada en un oscuro ascensor con un co...
Contenido
l principio, pensó que lo había imaginado: sus dedos, ejerciendo presión
contra la parte posterior de su cuello. Pero ella...
El amor no mira con los ojos, sino con la mente;
y por lo tanto es el alado Cupido pintado ciego.
—William Shakespeare
Capítulo 1
spera! Por favor, ¿puedes detenerlo?
Makenna James se enfadó ante su día de mierda mientras
corría hacia el asc...
Distraída por el bolso y su día en general, Makenna levantó la correa de su
portátil más arriba en su hombro, luego se aga...
Su día había sido una mierda, así que estaba a punto de sumarse a ella, aunque su
particular mecanismo de sobrellevarlo lo...
Pero no le importó, porque se encontró enderezándose, respirando de
nuevo con normalidad. Había combatido el pánico. Graci...
El sonido bajo de su risa la hizo sentir un poco menos ridícula.
—Así de malo, ¿eh?
—Peor —dijo Makenna y suspiró—. ¿Cuánt...
Biiiien.
Resopló enfadado y se movió. Makenna gritó sorprendida cuando algo
fuerte impactó en su tobillo.
—Mierda, lo lame...
Deseó saber cómo era Buen Sam. Su loción de afeitar era una esencia limpia.
Contuvo una risa mientras el pensamiento de de...
—¿Oye, Pelirroja? —Su voz sonó fuerte en el pequeño espacio tras los largos
momentos de calma—. ¿Cuál es tu nombre? —pregu...
—Bueno, en ese caso, he respondido más que tú. ¿Cuál es tu apellido?
—Grayson. Caden Grayson.
—¿Y qué haces, Sr. Grayson?
...
—Oye, ¿a dónde has ido?
—A ninguna parte. —No pudo evitar la brevedad en su tono, aunque su
frustración fue más consigo mi...
Capítulo 2
ueno, demonios. No lo sé. ¿Qué tal ese juego de Veinte Preguntas?
Makenna sonrió ante su brusquedad pero no pud...
—Sí. Es la cabeza de un dragón.
Makenna no tenía tatuajes, tenía demasiado miedo de que le doliera, pero
siempre había est...
—¿Una chica como yo? —Makenna frunció el ceño y esperó a que se
explicara. No podía comenzar a entender lo que quiso decir...
Caden se sintió afortunado de que Makenna fuera tan despreocupada como
era, porque si metía la pata nuevamente, estaba seg...
pudiera sentir la piel sobre su omóplato moverse donde el nombre de Sean estaba
tatuado. Y no podía ver la cicatriz en for...
—Bien. —Exageró un suspiro—. Tengo veinticinco.
—Un mero bebé.
—Cállate, anciano.
Él soltó una carcajada que la hizo reír....
Makenna pensó que sonaba agradable. Con excepción de sus amigas de la
universidad, solo una de la cuales estaba en el área...
—Muy de chico.
Él se rió entre dientes. Y se lanzó al menos a otras veinte preguntas del tipo
de minucias que aprendías so...
muchísimo mejor que desde donde había pasado la mayor parte de su
adolescencia.
—Tengo que ponerme de pie y estirarme —dij...
—¿Qué? —Makenna se atragantó dejando salir una risa incrédula—. Uh, no
lo creo.
—¿Por qué no? Ya hemos hablado de casi tod...
El paquete crujió contra la alfombra mientras Makenna lo deslizaba en su
dirección. Él extendió la mano en busca de ella. ...
—Tienes razón —dijo finalmente—. Lo hago.
La mezcla de frutos secos se acabó demasiado rápido, pero al menos estaba
al bor...
Capítulo 3
akenna se desplazó sobre su espalda y miró al techo invisible. Tenía una
gran sonrisa tonta en la cara porque C...
—¿La pizza cuenta?
Ella no pudo evitar reír. Caden era adorable.
—Para un chico de dieciséis años, claro. Lo voy a dejar p...
—M. J.
—Oye, es Makenna para ti, señor. Y la respuesta sigue siendo no. —A pesar
que sus iniciales no le molestaron el res...
—Mi primera vez fue con Shane Cafferty —comenzó Makenna, todavía
susurrando—. Tenía dieciocho años. Pasó dos semanas despu...
—Mantengo mi cabeza rapada.
—¿Por qué?
—Me gusta de esa forma. —Él no estaba dispuesto a revelar todas sus
rarezas con ell...
—¿Cómo qué?
—Como... ¿por qué un dragón?
—Uhm. —Él inclinó la cabeza en su mano. Ella sonrió. Cuando finalmente
comenzó a ...
la pasé dentro y fuera de la conciencia varias veces. Cada vez que despertaba,
estaba oscuro y seguía atrapado. Estuvimos ...
Mackenna quería sus manos sobre él también. Ahora que ella estaba
tocándolo, le preocupaba que no pudiera parar.
—No dejes...
Capítulo 4
ntre la falta de toda referencia visual, su mano acariciando su suave
cabello una y otra vez, y lograr comparti...
probablemente había hecho todo el mes pasado en conjunto. Con ella, nunca le
había dado un segundo pensamiento a la distan...
Se empujó sobre la alfombra hasta que su pecho se encontró con su
costado. Lentamente bajó la cabeza para que no la lastim...
Desde el momento en que él murmuró esas palabras dulces acerca de lo
bien que se sentía al estar con ella, supo que tenía ...
Más del rompecabezas que era Caden Grayson se unió en ese momento.
Tatuaje. Piercing. Cabello rapado. Él debía parecer rud...
Makenna estaba frustrada con la sincronización de las luces, aliviada de que
estuvieran encendidas, pero temerosa de lo qu...
en un pequeño vehículo eléctrico si el buen viejo Tom no hubiese ido y encontrado
una manera de aplicar la teoría de la el...
allá mientras golpeaba contra las rocas suplicando esperanzadamente y
decepcionantemente aterrorizado.
Mientras iba de la ...
—Antes de saber tu nombre, estaba pensando en ti como mi Buen
Samaritano. Por sostener la puerta del ascensor. —Soltó una ...
—Realmente no quiero —protestó ella en una voz susurrante.
—¿Por qué?
No respondió inmediatamente, pero finalmente dijo:
—...
hacía un sonido como un gatito ronroneando de satisfacción, animándole a
consentirla una y otra vez.
Finalmente, su cuerpo...
Capítulo 5
akenna despertó lentamente y de mala gana salió de su sueño. Estaba
acostada en una playa, el calor del sol de ...
—Puedo serlo1
—murmuró mientras la besaba otra vez.
Oh Dios.
Por su mente pasó algo ingenioso, pero todo lo que pudo conse...
hacer lo que quería, giró su rostro hacia él y nadó en la tentadora esencia fresca,
limpia de loción de afeitar y hombre.
...
por un momento, luego dijo—: Mi mamá murió cuando tenía tres. Cáncer de
mama.
Caden la abrazó más fuerte.
—Mierda, lo sien...
fue fantástica, pero demasiado corta. Su imaginación echó a correr. Todo en lo que
pude pensar era en sí mismo moliéndose ...
Caden tenía que admitirlo. Se estaba enamorando de Makenna. Antes de
esta noche, hubiera puesto dinero en contra de la ide...
La oscuridad intensificó cada sensación. El sonido de su placer estaba
amplificado. Las texturas saltaban contra la punta ...
Makenna pensó que debería estar preocupada por cuán lejos estaba yendo
esto, y cuán más lejos podría ir. Pero entonces Cad...
—¿Así? —Puntuó su pregunta tocando uno de sus pezones de nuevo
mientras tiraba ligeramente del otro. Cuando él gruñó su re...
—Quiero hacerte sentir bien.
—Me siento tan bien contigo.
—Mmm… ¿puedo hacerte sentir incluso mejor?
La cabeza de Makenna ...
se burlaban de sus pezones. No pudo resistirse a lamer y chupar el metal en su
labio, nunca imaginando cuán increíblemente...
—¡Oh! —Fue todo lo que pudo lograr decir con voz entrecortada. Él movía
sus dedos más fuerte ahora, en un círculo justo so...
Capítulo 6
akenna gruñó.
La luz bien podría haber sido un cubo de agua helada… era incómoda y
apagó el fuego que había ard...
—Supongo que la luz volvió para quedarse esta vez —dijo Caden en su oído
con una voz ronca y tensa.
—Um, sí. —Makenna puso...
El seductor ángulo de su mandíbula combinaba con sus labios llenos y
pómulos altos y una fuerte frente enmarcando intensos...
Las emociones de Caden estaban tan desperdigadas que ni siquiera podía
catalogarlas. El pánico había desatado un torrente ...
Hearts in Darkness by Laura Kaye
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Makenna James piensa que su día no puede ser peor, hasta que se encuentra atrapada en un oscuro ascensor con un completo desconocido. Distraída por una llamada telefónica y haciendo malabares con demasiadas cosas, la contadora de traje a rayas solo ve un breve atisbo de un dragón tatuado en su mano antes de que las luces se apaguen.

Caden Grayson se divierte cuando una pelirroja, literalmente, cae a sus pies. Su diversión se convierte en pánico cuando falla la energía. A pesar de sus piercings, tatuajes, y atroz cicatriz, se aterroriza de los espacios oscuros y confinados. Ahora, está atrapado en su peor pesadilla.

Para combatir el miedo, entre ambos deben alcanzar hablar y abrirse hacia el otro. Sin nociones preconcebidas basadas en la vista para sujetarse y sostenerse, descubren lo mucho que tienen en común.
En la caliente oscuridad, la atracción crece y las chispas vuelan, pero ¿sentirán lo mismo cuando las luces se enciendan de nuevo?

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Hearts in Darkness by Laura Kaye

  1. 1. Sinopsis akenna James piensa que su día no puede ser peor, hasta que se encuentra atrapada en un oscuro ascensor con un completo desconocido. Distraída por una llamada telefónica y haciendo malabares con demasiadas cosas, la contadora de traje a rayas sólo ve un breve atisbo de un dragón tatuado en su mano antes de que las luces se apaguen. Caden Grayson se divierte cuando una pelirroja, literalmente, cae a sus pies. Su diversión se convierte en pánico cuando falla la energía. A pesar de sus piercings, tatuajes, y atroz cicatriz, se aterroriza de los espacios oscuros y confinados. Ahora, está atrapado en su peor pesadilla. Para combatir el miedo, entre ambos deben alcanzar hablar y abrirse hacia el otro. Sin nociones preconcebidas basadas en la vista para sujetarse y sostenerse, descubren lo mucho que tienen en común. En la caliente oscuridad, la atracción crece y las chispas vuelan, pero ¿sentirán lo mismo cuando las luces se enciendan de nuevo?
  2. 2. Contenido
  3. 3. l principio, pensó que lo había imaginado: sus dedos, ejerciendo presión contra la parte posterior de su cuello. Pero ella siguió adelante con la constante caricia. Sólo que no estaba seguro. Concentró toda su atención en el movimiento de su mano y... no se imaginó ese momento, ¿verdad? Allí estaba otra vez, sus dedos tirando de él hacia ella. Por favor, no me dejes estar imaginando eso. Se lamió los labios y movió la cabeza hacia adelante apenas un centímetro o dos. Dios, quería besarla. Sus dedos se morían de ganas de enhebrar finalmente su camino en todo ese cabello rojo. Sus labios se abrieron en anticipación de reclamar su boca. Quería saborearla. Quería sentirla bajo él. —Makenna —dijo con voz áspera. —Sí, Caden, sí. Fue toda la confirmación que necesitó. Se empujó sobre la alfombra hasta que su pecho se encontró con su costado. Lentamente bajó la cabeza para que no la lastimara en su impaciencia ciega. Su boca encontró una mejilla primero, y presionó sus labios contra el suave rubor del mismo. Ella gimió y envolvió sus brazos alrededor de sus hombros. Su mano derecha aterrizó en un montón de rizos sedosos, y la satisfacción que sintió al finalmente tocar su cabello le hizo tragar duro. —Tan suave —murmuró él, refiriéndose a su cabello, su piel y el montículo de su seno presionando contra su pecho, desde donde estaba encima de ella. Caden dejó escapar su propio gemido cuando los labios de ella presionaron contra la piel delante de su oreja. Ella exhaló bruscamente. La prisa de su aliento sobre su piel poniéndole la piel de gallina en todo su cuello. Dejó un rastro de besos suaves por su mejilla hasta que encontró sus labios. Y entonces ya no pudo ir despacio. Y ella tampoco pudo.
  4. 4. El amor no mira con los ojos, sino con la mente; y por lo tanto es el alado Cupido pintado ciego. —William Shakespeare
  5. 5. Capítulo 1 spera! Por favor, ¿puedes detenerlo? Makenna James se enfadó ante su día de mierda mientras corría hacia el ascensor que esperaba. Su teléfono celular sonó en el bolsillo de la chaqueta de su traje. Cambió sus bolsas sobre su hombro derecho para sacarlo. El chillido del timbre era tan molesto como el despertador en la mañana, pero probablemente era porque la maldita cosa no había dejado de sonar en toda la tarde. Alzó la mirada lo suficiente para vislumbrar una enorme mano tatuada sosteniendo la puerta del ascensor abierta cuando finalmente liberó el pequeño teléfono negro. Lo giró en su mano para responder y lo dejó caer, estrellándose y resbalando a lo largo del piso de mármol pulido. —¡Mierda! —murmuró, ya pensando en la botella de vino que se iba a beber una vez que llegara a casa para darle un rápido y apacible fin a su día. Al menos su teléfono resbaló hacia el ascensor todavía en espera. Dios bendiga al Buen Samaritano que lo sujetaba. Makenna se agachó para recuperar el teléfono, y luego, entró a trompicones en el ascensor. Su larga cabellera balanceándose en su cara, pero como no tenía manos libres no lo apartó. —Gracias —murmuró al Buen Samaritano mientras la correa de su portátil caía de su hombro, llevando su bolso al suelo. El ascensor pitó con impaciencia a pesar de que el hombre ya había retirado su mano y las puertas se cerraron. —No hay problema —balbuceó una voz profunda detrás de ella—. ¿Qué piso? —Oh, um, el lobby, por favor. ¡
  6. 6. Distraída por el bolso y su día en general, Makenna levantó la correa de su portátil más arriba en su hombro, luego se agachó para buscar su bolso. Lo arrojó sobre su brazo una vez más y bajó la mirada hacia su teléfono para ver de quién era la llamada que había perdido. La pantalla LED estaba negra. —¿Qué demo…? —Dio vuelta el teléfono y encontró un enorme agujero rectangular donde debería estar la batería—. Perfecto. No había manera de que Makenna pudiera estar sin teléfono. No con su jefe llamando cada cinco minutos para revisar el progreso de su trabajo. Que fuera viernes por la noche y el comienzo del fin de semana no hacía diferencia alguna para él si se trataba del final de un proyecto. Estaría contenta cuando este contrato estuviera terminado. Con un suspiro, estiró una mano cansada hacia el panel y apretó el botón para regresar al sexto piso. Por el rabillo de su ojo, atisbó lo alto que era su Buen Samaritano. Entonces el ascensor se sacudió hasta detenerse y todo se puso oscuro. Caden Grayson intentó no reírse por la pelirroja hecha polvo corriendo hacia el ascensor. ¿Por qué las mujeres llevaban tantos bolsos de todos modos? Si algo no cabía en los bolsillos de sus jeans desgastados, no lo llevaba. Cuando la mujer se agachó para levantar su teléfono, otra cosa que Caden se negaba a llevar a menos que él fuera quien llamaba, se encontró hipnotizado por la manera en que su cabello cayó sobre su hombro en una larga cascada roja suave y ondulada. Cuando la mujer finalmente entró en el ascensor, murmuró distraídamente que iba al lobby. Él retrocedió hasta la pared trasera y agachó su cabeza como hacía siempre. No le importaba realmente si las personas miraban sus piercings y tatuajes, pero eso no significaba que se complicara la vida al ver las miradas de desaprobación, o peor aún, de miedo. Caden sacudió la cabeza divertido debido a la mujer que seguía haciendo malabares con sus pertenencias y escupía una sarta de malas palabras en voz baja.
  7. 7. Su día había sido una mierda, así que estaba a punto de sumarse a ella, aunque su particular mecanismo de sobrellevarlo lo había hecho buscar el humor de la situación. Y encontró a la Pelirroja malditamente graciosa. Estuvo agradecido por la distracción. Pelirroja extendió la mano frente a él para presionar un botón. Caden casi rió cuando lo apretó al menos cinco veces. Pero la risa murió en su garganta cuando atrapó el aroma del champú de ella. Una de las cosas que más le gustaba de las mujeres: sus cabellos siempre olían a flores. Y ese aroma, combinado con el rojo, la suavidad, la ondulación… Caden metió las manos en los bolsillos de sus jeans para evitar deslizar sus dedos a través de la masa espesa de cabello. Pero, Cristo, cómo lo quería hacer, sólo una vez. Y entonces Pelirroja desapareció, junto con todo lo demás, a la vez que el ascensor se sacudía hasta detenerse y las luces se apagaban. Caden jadeó y se tropezó en la esquina del ascensor. Apretando los ojos, bajó la cabeza a sus manos y contó de diez hacia atrás, tratando de recordar sus técnicas de respiración, tratando de evitar volverse loco. El espacio confinado del ascensor era una cosa: años de terapia le habían ayudado a superarlo. En su mayor parte. ¿Pero espacios confinados sin luces? De ninguna manera. El latido de su corazón y la tirantez de su pecho le dijo que era un maldito quiebre. Estaba en cinco cuando se dio cuenta que Pelirroja estaba haciendo ruido. Logró atravesar su miedo lo suficiente para escucharla riendo. Histéricamente. Caden abrió los ojos aunque eran inútiles. Pero pudo decir por la risa de Pelirroja que ella seguía cerca de la orilla de los botones. Y, sorprendentemente, mientras más se enfocaba en ella, más rápido remitía el pánico… o, al menos, no empeoraba. Dios, deseó poder verla. Casi podía imaginar sus hombros temblando, sus ojos llorando y agarrándose el estómago con fuerza debido a la fuerza de su risa ahora una que quitaba el aliento. Cuando ella resopló, Caden tuvo que curvar el labio en una sonrisa torcida, mientras sus ruidos tan poco agraciados sonaban otra vez debido a la risa que empezaba una vez más.
  8. 8. Pero no le importó, porque se encontró enderezándose, respirando de nuevo con normalidad. Había combatido el pánico. Gracias a ella. Makenna hubiera gritado si hubiera podido, pero se estaba riendo con tanta fuerza que apenas podía respirar. ¡Perfecto! ¡Esto era malditamente perfecto! Nadie creería el gran pedazo de mierda que había sido su día. Empezó cuando rompió el tacón de su par favorito de sandalias de tiras subiendo las escaleras para salir del metro. Había tenido que darse la vuelta y hacer el viaje de veinte minutos de regreso a su apartamento para cambiar de zapatos, simultáneamente haciéndose llegar tarde al trabajo y ganando ampollas en sus dedos meñiques por escoger los únicos otros zapatos, un par nuevo de tacones, que combinaban con su traje. Todo había ido cuesta abajo desde entonces. Y ahora esto. Era como… alguna estúpida comedia. Con risas grabadas y todo. Resopló ante el pensamiento. Lo ridículo del sonido, de la situación y del maldito día la tuvo riendo nuevamente hasta que su costado derecho se acalambró y sus mejillas ardieron por lo tanto que reía. Finalmente, soltó los bolsos en alguna parte del suelo junto a ella y extendió una mano hasta que sintió una fría pared de metal. Equilibrándose mientras trataba de calmarse, usó su mano libre para limpiar sus lágrimas y abanicarse el calor arrastrándose en su rostro cuando recordó al Buen Sam junto a ella. Oh Dios. Probablemente piensa que soy una completa lunática. —Perdón, perdón —dijo ahogada a medida que las risas se convertían en ocasionales risitas. Ahora ella se estaba riendo de sí misma. El Buen Sam no dijo nada. —Um, ¿hola? ¿Sigues conmigo? —Sí, estoy aquí. ¿Estás bien? —Su voz resonó en el confinado espacio, rodeándola. —Um, sí. No tengo idea. —Se echó el cabello hacia atrás y sacudió la cabeza.
  9. 9. El sonido bajo de su risa la hizo sentir un poco menos ridícula. —Así de malo, ¿eh? —Peor —dijo Makenna y suspiró—. ¿Cuánto crees que estaremos aquí? —Quien sabe. Esperemos que no mucho. —Su voz tuvo un filo que Makenna no entendió. —Sí. ¿Estas cosas por lo general no tienen luces de emergencia? —Deslizó sus dedos sobre los botones y apretó al azar algunos buscando el botón de la alarma, pero ninguno de ellos pareció hacer nada. Y ella sabía debido a trabajar en este edificio por los pasados dos años que faltaba el receptor del cable del teléfono de emergencia. Los peligros de trabajar en una edifico de 1960, aparentemente. —Los nuevos lo tienen. Makenna finalmente abandonó los botones. Se volvió hacia la puerta y golpeó los nudillos contra el metal tres veces. —¡Oigan! ¿Hay alguien ahí? ¿Pueden escucharme? Estamos atascados en el ascensor. —Presionó la oreja contra la fría superficie de las puertas, pero tras varios minutos estuvo claro que nadie la escuchó. Makenna apostaba que el ascensor se había detenido en algún lugar entre el tercer y cuarto piso, el cual albergaba oficinas satelitales de la Administración de Seguridad Social. La agencia cerraba a las cinco y era una ciudad fantasma quince minutos después. Ciertamente eso explicaría la falta de respuesta. Suspirando, levantó la mano, pero no pudo verla, incluso cuando su mano estuvo cerca de tocar su nariz. —Maldición, esto es la definición de oscuro como boca de lobo. Ni siquiera puedo ver mi mano frente a mi rostro. El Buen Sam gruñó. Makenna dejó caer su mano. —¿Qué? —Nada. —Su voz sonó entrecortada, apretada.
  10. 10. Biiiien. Resopló enfadado y se movió. Makenna gritó sorprendida cuando algo fuerte impactó en su tobillo. —Mierda, lo lamento. ¿Estás bien? Makenna se agachó y se frotó donde, aparentemente, el zapato de él la había pateado. —Sí. ¿Te sentaste? —Sí. Bien podría ponerme cómodo. Aunque, no quise patearte. No me di cuenta… —¿Qué? ¿No me viste aquí? —Ella se rió, intentando aligerar la situación y romper el hielo un poco, pero su falta de respuesta resonó fuerte en el pequeño espacio. Makenna suspiró y usó su mano para guiarse de regreso a “su lado” del ascensor. Se tropezó cuando su pie izquierdo se atoró en la correa de uno de sus bolsos. Su tacón resbaló. Se sacó el otro con derrota. Cayó… en alguna parte en la oscuridad. —Supongo que también podría ponerme cómoda, entonces —dijo ella, tanto para llenar el silencio oscuro como para entablar una pequeña charla con él. Encontró la esquina posterior del ascensor y se sentó, entonces cuidadosamente estiró las piernas frente a ella y se cruzó de tobillos. Se alisó la falda sobre las piernas y luego puso sus ojos en blanco ante sus acciones. No es como si él pudiera echarle un vistazo ahora mismo de todas maneras. No podía precisar el tiempo que pasó. La oscuridad era tan desconcertante. Ni un atisbo de luz se filtraba en alguna parte. Su impulso fue utilizar el LED de su teléfono para arrojar algo de luz azulada en su apuro, pero su batería estaba actualmente en alguna parte en el lobby del ascensor de su piso. Y, porque este día era lo que era, había drenado la batería de su laptop antes, por lo que no tenía ningún uso tampoco.
  11. 11. Deseó saber cómo era Buen Sam. Su loción de afeitar era una esencia limpia. Contuvo una risa mientras el pensamiento de deslizar su nariz hacia arriba por su garganta se disparaba a través de su cabeza. Giró sus pulgares, contando hasta cien giros mientras también sacudía sus tobillos hacia atrás y adelante. ¿Por qué no estaba hablando? Quizás es tímido. O quizás lo sorprendiste y se asombró con tu agraciada entrada, elegante crisis nerviosa, y sexy resoplidos. Sí, claramente era eso. Caden deseó que Pelirroja riera de nuevo, o al menos hablara. Sus recordatorios de cuán malditamente oscuro estaba en esta sofocante caja de ascensor habían vuelto a despertar rápidamente su ansiedad. Cuando la tensión se instaló en su pecho, se había sentado para no avergonzarse desmayándose o alguna mierda y la había pateado cuando estiró sus piernas. Ella no había pronunciado más de dos oraciones desde entonces. Bien hecho, hombre. La escuchó moviéndose inquieta, suspirando y luego removiéndose incómoda. Él empezó a concentrarse en el sonido de las piernas de ella sacudiéndose contra la alfombra del piso del ascensor, y la distracción lo ayudó a calmar su respiración. La respiración profunda que finalmente aspiró a sus pulmones lo alivió y sorprendió. Caden era del tipo solitario. Tenía pocos amigos cercanos, personas que lo habían conocido la mayor parte de su vida y sabían lo que pasó cuando tenía catorce años, pero por el contrario, no pasaba mucho tiempo hablando con personas que no conocía. Parte de eso lo hacía él mismo. Los tatuajes, los piercings y el cráneo recortado al ras desprendían una vibra antisocial, aunque eso era más imagen que realidad. Así que era extraño para él sacar calma de otra persona de la manera que estaba haciendo con Pelirroja. Ni siquiera conocía su aspecto, por Dios, o cuál era su nombre. Había una manera de arreglar eso.
  12. 12. —¿Oye, Pelirroja? —Su voz sonó fuerte en el pequeño espacio tras los largos momentos de calma—. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó en una voz más baja. Ella carraspeó. —Todos me llaman M. J. ¿Y tú? —Caden. ¿Tu nombre es M. J. o sólo es cómo te llaman todos? Ella rió. —Bueno, Caden —el énfasis que puso en su nombre trajo a su rostro una inesperada sonrisa—, mi nombre es Makenna, pero M. J. parece pegar. —¿De qué es la J? —Mi apellido es James. —Makenna James —susurró él. Le gustaba su nombre. Encajaba con todo ese espeso, exquisito cabello—. Deberías seguir con Makenna. Te queda. —Caden sonrió en tanto esperaba su reacción ante su opinión no solicitada. Su boca había trabajado más rápido que su cerebro. —Hmmm —contestó evasivamente. Pensó que la había ofendido hasta que ella continuó—: Bueno, una ventaja del M. J. es que no me hace destacar en mi firma. —¿Qué quieres decir? —Soy la única mujer. —¿Qué haces? —¿Ahora estamos jugando a Veinte Preguntas? Él sonrió. Le gustaba una mujer que era tan buena como podía. Por un instante, la oscuridad se sintió casi liberadora, ella no lo juzgaría por su apariencia. Y él disfrutaba de su franqueza. —¿Por qué no? Ella rió con suavidad.
  13. 13. —Bueno, en ese caso, he respondido más que tú. ¿Cuál es tu apellido? —Grayson. Caden Grayson. —¿Y qué haces, Sr. Grayson? Tragó saliva ante el sonido de ella diciendo su apellido de esa manera. Le… hacía cosas. —Um… —carraspeó—. Soy paramédico. —Caden había sabido lo que quería ser desde que era un adolescente. No era fácil ver a otras personas, otras familias, en situaciones como esa que había cambiado su vida, pero se había sentido decido a hacerlo. —Vaya. Es fantástico. Muy impresionante. —Sí. Paga las facturas —dijo Caden, avergonzado por el cumplido. No estaba acostumbrado a recibirlos. Mientras lo pensaba, rozó una mano hacia atrás y adelante contra el corto cabello recortado en la cima de su cabeza. Sus dedos se arrastraron sobre su prominente cicatriz—. ¿Qué hay de ti? —Cuando ella rió, se preguntó qué la divertía. —Soy contadora, y, antes que de que te mueras de aburrimiento, hago contabilidad forense, así que no es tan malo como suena. Se encontró riendo, aunque no estuvo realmente seguro de la razón. Algo acerca de ella lo hacía sentir bien. —Bueno, es muy… interesante. —Cállate. —Ella rió de nuevo. Él sonrió ampliamente. —Buena contestación. Ella resopló y su voz sonó divertida: —Si pudiera verte, te golpearía. La súbita referencia a la oscuridad ahuyentó la sonrisa de su rostro. Tragó una bocanada de aire a través de su apretada garganta.
  14. 14. —Oye, ¿a dónde has ido? —A ninguna parte. —No pudo evitar la brevedad en su tono, aunque su frustración fue más consigo mismo que con ella. A él no le gustaba soltar su mierda, y ciertamente no en frente de otras personas. —Lo siento. Um… no te pegaría realmente, ya sabes. Y tan sólo así, ella lo reorientó, y él estuvo flirteando una vez más. —Oh, bueno, me siento mejor ahora —dijo. Era verdad. Rodó la cabeza sobre sus hombros para liberar algo de la tensión de su cuello. Ella se mantuvo callada por un rato, haciendo que se preguntara si realmente pensó que él se había molestado con su comentario. No le gustaba la idea de que ella pudiera sentirse mal—. Um, soy un poco claustrofóbico, eso es todo. Entonces, si pudieras, quizás, dejar de mencionar que está oscuro aquí, a pesar de que… mierda. —¿Qué? —Bueno, obviamente está oscuro, pero no puedo evitar pensar en lo apretado y… cerrado que está aquí cuando estás hablando… sólo, habla de algo más. —Frotó una mano con fuerza sobre su cráneo recortado sabiendo que sonó como un completo idiota; esa era la razón por la que no conocía a menudo a nadie fuera de su pequeño círculo. Pero la respuesta de ella sonó completamente seria. —Oh, bien. Bueno, entonces, ¿de qué debo hablar?
  15. 15. Capítulo 2 ueno, demonios. No lo sé. ¿Qué tal ese juego de Veinte Preguntas? Makenna sonrió ante su brusquedad pero no pudo culparlo. Ella estaría volviéndose loca si fuera claustrofóbica y pensó que él tenía que ser fuerte para sentarse tan calmadamente allí. Se preguntó si esa fue la razón de que haya estado tan callado antes y decidió ayudarlo a atravesar su esperanzadoramente confinamiento temporario. —Bien. Vas primero. —Bien. —Se quedó callado por un momento, y luego dijo—: ¿Qué es un contador forense? —Un contador que analiza la contabilidad y las prácticas de negocios como parte de una investigación, como en casos de litigio. —Oh, bueno, eso en realidad suena interesante. Como trabajo de detective. Ella agradeció su esfuerzo, pero estaba tan acostumbrada a que las personas desarrollaran narcolepsia ante la simple mención de ser contadora que no estaba segura de si él estaba hablando en serio. —¿Te estás burlando de mí? —Para nada —contestó. La rapidez de sus palabras confirmó su sinceridad. —Bien, entonces. ¿Mi turno? —Dispara. Makenna sonrió. —¿Vi un tatuaje en tu mano? No respondió de inmediato.
  16. 16. —Sí. Es la cabeza de un dragón. Makenna no tenía tatuajes, tenía demasiado miedo de que le doliera, pero siempre había estado fascinada por ellos. —¿Es sólo la cabeza? —Oye, es mi turno ahora. —Esa no era una nueva pregunta —discutió ella—, era simplemente una aclaración de mi pregunta previa. —Pensé que eras contadora, no abogada. —Se rió—. Bien. El dragón está en todo en mi brazo y su cabeza en el dorso de mi mano. Ahora, ¿es mi turno, abogada? Makenna no pudo evitar reírse ante su sarcasmo. Crecer con tres hermanos le había enseñado el fino arte de gastar bromas. —Puedes proceder. Él rió y a ella le gustó como sonó. —Qué magnánimo de tu parte. —Oooh, ¿con que sacando esas palabras ahora? —¿Qué? ¿Un sujeto con un tatuaje no puede utilizar palabras de cuatro sílabas? Makenna inspiró profundo, luego suspiró. —Ojalá pudiera verte la cara para así poder decir si estás hablando en serio o no. —Entonces, en caso que su referencia indirecta a la oscuridad le molestara, se apresuró a agregar—: Eso no es para nada lo que quise decir. Sólo tira la cadena. Es tu turno, ya. Su risita entre diente la hizo sonreír con alivio. —Sí, sí. Bien. ¿Qué hace que una chica como tú se haga contadora? ¿Una chica como yo?
  17. 17. —¿Una chica como yo? —Makenna frunció el ceño y esperó a que se explicara. No podía comenzar a entender lo que quiso decir él. Crecer en una casa llena de chicos la había vuelto una marimacho desde que tenía memoria. Aunque sus compañeras de universidad la introdujeron en las cosas femeninas como vestidos, faldas, ropa interior y maquillaje, todavía pensaba en ella como uno de los chicos. Nada destacable. Ciertamente no el tipo de chica por el que sus hermanos babearían. —Sólo… —Caden suspiró y murmuró algo que ella no pudo entender—. Eres bonita. Makenna pasó de sentirse halagada a perturbada y de nuevo a lo anterior. Al final, no pudo decidir cuál emoción predominaba. —Um, mierda, eso no se escuchó bien. Quiero decir, eres bonita, pero claro que las chicas bonitas pueden ser inteligentes. Es decir… mierda, sólo voy a dejar de hablar ahora. Makenna finalmente se decidió por sentirse divertida y se echó a reír. —Sí, ahora sería un buen momento para bajar la pala. —Poniéndose más seria, dijo—: Bueno, y esto sin duda aumentará mi factor geek para ti, pero siempre fui muy buena en matemáticas, y los números me resultan fáciles. No quería ir realmente a la parte teórica del mismo y enseñar. Y luego mi hermano mayor se convirtió en policía. Él me habló de la contabilidad forense. Caden no respondió, y Makenna casi estaba segura de que lo había puesto a dormir. Pero entonces dijo, casualmente—: Realmente me gusta el sonido de tu voz. El rubor de Makenna se extendió hacia el cuello de su blusa de seda. Decir que ella era bonita no la había perturbado, pero que dijera que le gustaba su voz liberó mariposas en su estómago. —A mí también. Digo, tu voz. Me gusta, también. Tu voz, eso es todo. — Makenna se mordió el labio para cortar el espectacular torrente de tonterías que salieron de su boca, luego pretendió golpearse a sí misma en la frente. En ese momento, estuvo agradecida por la oscuridad.
  18. 18. Caden se sintió afortunado de que Makenna fuera tan despreocupada como era, porque si metía la pata nuevamente, estaba seguro de que ella cumpliría su amenaza de golpearlo. Primero, saltó a conclusiones precipitadas, asumiendo que lo había juzgado cuando se enteró de su tatuaje. Simplemente había estado tan decepcionado de que ella pudiera desaprobarlo sin siquiera verlo. Luego, su filtro verbal falló, y la había llamado bonita. Había estado pensando en su cabellera rojiza otra vez y, sin lugar a dudas, era bonita, incluso hermosa, pero se deslizó de su boca sin pensar en la manera cavernícola que había sonado la cuestión. Y después había admitido que le gustaba su voz. Era cierto, pero no necesitaba estar diciendo esas tonterías en voz alta. Pero entonces había dicho que a ella también le gustaba. Y la dinámica volvió a cambiar a su favor. Ella se había tropezado con su propio elogio. Él pensó que quizás, sólo quizás, disfrutó de él diciéndole que le gustaba su voz. Rebuscó en su mente pensando en otra pregunta, una con la que corriera menos riesgo de encontrarse lastimado por la mano de ella. Finalmente se le ocurrió. —¿Cuántos hermanos tienes? —Probablemente debería haber pensado en algo más, pero las palabras salieron de su boca. Su voz sonó como si ella estuviera sonriendo. —Tres. Patrick es el mayor. Él es quien se hizo policía. Ian es el siguiente. Y Collin es un año más joven que yo. ¿Tienes hermanos? —Su nombre era Sean. Era dos años más joven que yo. —Caden esperó, sospechando que Makenna notaría su uso del pasado. Finalmente, su respuesta llegó. —Lo lamento. No puedo imaginar perder a uno de mis hermanos. Debió haber sido difícil. ¿Puedo preguntar hace cuánto tiempo él… lo perdiste? Algo acerca de la oscuridad hacía que fuera más fácil compartir un poco de su historia. Ella no podía ver su mueca, o el brillo vidrioso de sus ojos. No podía saber acerca de la manera en que él flexionaba su hombro derecho de modo que
  19. 19. pudiera sentir la piel sobre su omóplato moverse donde el nombre de Sean estaba tatuado. Y no podía ver la cicatriz en forma de medialuna en el lado derecho de su cabeza la cual siempre tocaba cuando se encontraba enredado en los recuerdos de su hermano. —Lo siento. No tienes que hablar de ello. —No te disculpes. No hablo de él a menudo, pero quizás debería. Murió cuando tenía catorce años. Él tenía doce. Eso fue hace catorce años. —A medida que decía las palabras, Caden apenas podía creer que había vivido tanto tiempo sin que Sean haya estado con él. Había sido el mejor amigo que Caden había tenido. Makenna ardía por llegar hasta él. Metió las manos debajo de sus muslos para impedir buscar una mano que sostener o un hombro que apretar. Ella no conocía a este hombre para nada, pero sentía su dolor. Hace dos años cuando Patrick recibió un disparo en la línea del deber, había experimentado un tipo de terror que nunca quiso volver a sentir. Y sólo podía imaginar la manera en que ese sentimiento habría sido amplificado si él no se hubiera recuperado. Pudo escucharlo en la voz de Caden. Pero no se podía resistir a tener un pequeño gesto, así que dijo: —Gracias por compartir eso, Caden. Fue tan malditamente joven. Realmente lo lamento. —Gracias —vino su respuesta en un susurro—. Entonces… —se aclaró la garganta—, ¿cuántos años tienes? Makenna se dio cuenta que él apreciaría que aligerara las cosas, así que dijo con su voz más altiva: —¿Por qué, Sr. Grayson, qué tipo de pregunta es esa para hacerle a una dama? —Estás fascinada con los números, así que pensé que estarías contenta de decirme algo con respecto a eso. Ella sonrió a medida que el buen humor volvía a su voz.
  20. 20. —Bien. —Exageró un suspiro—. Tengo veinticinco. —Un mero bebé. —Cállate, anciano. Él soltó una carcajada que la hizo reír. Un silencio cómodo los envolvió. Pero ahora, sin la conversación para distraerla, Makenna estaba caliente. Bien podía ser finales de septiembre, pero la temperatura diurna todavía se sentía como la de mediados de verano. La falta de aire acondicionado estaba empezando a hacer una diferencia en el interior del viejo ascensor, y su blusa de seda se aferraba incómodamente. Makenna se removió sobre sus rodillas y consiguió sacarse la chaqueta de su traje. La dobló tan cuidadosamente como pudo y la lanzó suavemente en dirección general a sus bolsas. —¿Qué estás haciendo? —preguntó Caden. —Oh, sólo quitándome la chaqueta. Me estoy acalorando un poco. Me pregunto cuánto tiempo ha pasado. —Despegó su blusa y sacudió el dobladillo para abanicarse el abdomen. —No lo sé. ¿Quizás una hora, hora y media? —Sí —concordó Makenna, calculando que eran alrededor de las 8 p.m. Se instaló en su esquina, pero giró un poco en su cadera. A pesar de que estaba alfombrado, el suelo era duro. Su trasero se estaba quedando dormido. —Entonces, ¿de quién es el turno? —preguntó ella. Caden rió entre dientes. —Ni idea. Aunque, puedes seguir. —¿Qué grandes planes tenías para esta noche? —No tengo grandes planes, en realidad. Iba a encontrarme con algunos amigos para jugar al billar. Trabajo mucho en turnos nocturnos, así que no paso mucho tiempo con ellos como me gustaría.
  21. 21. Makenna pensó que sonaba agradable. Con excepción de sus amigas de la universidad, solo una de la cuales estaba en el área D.C. con ella, no tenía muchas amigas con las que pasar el rato. Por alguna razón, siempre tuvo más facilidad de hacerse amiga de los chicos. Culpó al hecho de estar rodeada por sus hermanos y todos sus amigos al crecer. —¿Qué hay de ti? —Oh, tenía una cita muy importante con mi sofá y una botella de vino. —Bueno, estoy seguro de que ellos lo reprogramarán. —Sí. —Makenna se rió, para luego suspirar—. Casi siempre están disponibles. Bien… pasando de ese tema deprimente… —¿Estás viéndote con alguien? —preguntó Caden, no dejando pasar el tema deprimente en absoluto. —Obviamente no. ¿Tú? —No. A Makenna le dio más placer su respuesta de lo que pensó que debería. Quizás estaba contenta de no ser la única persona soltera que anda por ahí. Todos sus amigos parecían estar casados o comprometidos. Era como una fila de dominós cayendo, solo que ella no parecía estar en la fila. —Bien —dijo Caden con un aplauso que resonó fuerte en el pequeño espacio—, color favorito. —¿En serio? —De vuelta a lo básico, Pelirroja. Sonrió ampliamente ante el apodo por el que tantos otros la habían llamado pero que a ella nunca le había gustado hasta ahora. —Azul. ¿El tuyo? —Negro. Ella sonrió.
  22. 22. —Muy de chico. Él se rió entre dientes. Y se lanzó al menos a otras veinte preguntas del tipo de minucias que aprendías sobre una persona después de un par de meses saliendo: banda favorita, película favorita, comida favorita, lugar favorito, todos los demás favoritos que él pudo pensar, más momentos vergonzosos, y el mejor día de todos, aunque saltó preguntarle a cambio el peor día. Makenna estuvo contenta, no pensaba que iba a poder resistir tocarlo si hablaba sobre su hermano otra vez. Makenna disfrutó de la conversación. En algún momento en el medio de la discusión sobre los favoritos, ella se tendió en el suelo y se apoyó en su codo. A pesar de estar atrapada en un ascensor a oscuras por un par de horas con un extraño, se sentía sorprendentemente relajada. El más pequeño pensamiento se coló en el fondo de su mente: no tenía muchas ganas que la energía regresara y tomaran caminos separados. E, incluso más que eso, tenían una cantidad sorprendente de cosas en común. Ambos amaban la comida italiana y tailandesa. Ella incluso podía pasar por alto el amor que él sentía por el sushi ya que era un gran fanático de Kings of Leon, la absoluta banda favorita de ella. Ambos disfrutaban de ir a los partidos de béisbol, más que sentarse en el sol y beber cervezas con los amigos, y ninguno entendía el objetivo del golf en absoluto. También compartían un amor por las estúpidas películas de comedia, a pesar de que no lograron estar de acuerdo en sus puntuaciones sobre ellas. Fue la conversación más entretenida que Makenna había tenido en mucho tiempo. Caden parecía genuinamente interesado en sus respuestas. Y él debatió y discutió cada pequeño punto de una manera que la hizo querer callarlo con un beso. Le gustaba la manera en que se sentía cerca de este hombre, a pesar del hecho de que nunca había puesto los ojos en él. Caden no podía recordar la última vez que había tenido una conversación tan sencilla o la última vez que había reído o incluso sonreído tanto. Se sentía… bien, lo que era notable. Tendía a operar entre un “bien” y un “bastante bien” la mayoría de los días. Y hacía tiempo que había hecho las paces con eso. Era
  23. 23. muchísimo mejor que desde donde había pasado la mayor parte de su adolescencia. —Tengo que ponerme de pie y estirarme —dijo él de la nada. —Sí, lo sé. Este piso deja un poco que desear. —Por lo menos es alfombrado y no de mármol o azulejos. Tus piernas estarían frías si lo fuera. —Caden llevó sus brazos sobre su cabeza y giró su torso hacia atrás y adelante mientras recordaba la forma en que su pequeña falda del traje gris abrazaba su bien proporcionado trasero. Su columna vertebral traqueteó cuando se giró hacia la izquierda. —El frío podría sentirse bien en este momento. Makenna tenía razón. Se había ido esa sensación de aire acondicionado que tiene la mayoría de los edificios de oficinas durante el verano a una cómoda calidez. No estaba caliente todavía, pero se encaminaba en esa dirección. Mientras Caden se recostaba en el piso nuevamente y trataba de encontrar una posición que no agravara el hormigueo en su trasero y caderas, Makenna reabrió las preguntas. —Así que, yo trabajo en este edificio, ¿pero qué te hizo aterrizar en este agradable ascensor el día de hoy? —La asignación de la herencia de mi padre. Su socio en la oficina de abogados está en el séptimo piso. —Oh, lo sien… —No lo hagas. Mi padre fue un hombre muy infeliz por un tiempo muy largo. Y no nos llevábamos bien. Tiene que estar en un lugar mejor. De todos modos, sólo tenía que firmar unos papeles. Él apenas escuchó el suave “Oh” de Makenna. —Entonces —dijo él, queriendo alejarse de otro tema aún deprimente—, primera vez: con quién, cuándo, dónde, cuán bueno.
  24. 24. —¿Qué? —Makenna se atragantó dejando salir una risa incrédula—. Uh, no lo creo. —¿Por qué no? Ya hemos hablado de casi todo lo demás. Incluso voy a ir de primero. Makenna se quedó callada por un momento y luego empezó a moverse. Ella sonaba más cerca de lo que había estado antes. —¿Qué estás haciendo? —No voy a entretener la idea de hablar sobre esto hasta que no haya por lo menos partido el pan contigo. Y me estoy muriendo de hambre aquí. Había estado tratando de ignorar su estómago por los pasados... infiernos, ni siquiera sabía cuánto tiempo. Pero la mención de la comida le hacía agua la boca. Makenna estaba murmurando: —¡Vamos, vamos, dónde está! No en esa bolsa. —Ella casi le sorprendió con su triunfante—: ¡Ja! Muy bien, Sr. Grayson, ¿preferiría una barra de granola o una pequeña bolsa de frutos secos mezclados? Él sonrió, no esperando que ella compartiera con él, y ciertamente no tenía la intención de pedírselo. —No, no. Todo tuyo. —Vamos, tienes que comer algo. Tengo dos, así que hay uno para cada uno. Dado que este es mi edificio, es algo así como que eres mi invitado. Así que tienes que elegir: la barra de granola o la mezcla de frutos. —Caden pudo escuchar el bamboleo de las bolsas mientras ella continuaba diciendo con voz cantarina—: Barra de granola o frutos secos, barra de granola o frutos secos. Él sonrió. —Está bien, me quedo con la mezcla de frutos secos. —Hecho. Uhm, ¿por aquí?
  25. 25. El paquete crujió contra la alfombra mientras Makenna lo deslizaba en su dirección. Él extendió la mano en busca de ella. Cuando por fin se reunieron en algún lugar en el medio de la oscuridad, Caden arrastró su mano sobre la de ella. Era pequeña y suave. Él se sorprendió al pensar que quería mantener el agarre de su mano más de lo que quería la comida. Ella no se apartó. Los dos se rieron nerviosamente. —Aunque, vamos a tener que compartir el agua. Sólo tengo una botella. —¿Cuántas cosas más tienes ahí? —Oye, no te metas con mis bolsas. Sin ellas, no estaríamos compartiendo esta comida gourmet en estos momentos. —De acuerdo. Lo siento —dijo mientras se echaba hacia atrás el primer puñado de nueces y pasas. Comieron en silencio, y la sal de la mezcla de frutos secos le hizo tener sed. Se sintió incómodo preguntando, pero la idea del agua lo torturaba. —¿Puedo tener un trago ahora? —Por supuesto. Déjame estar segura de que está bien cerrada para que no se derrame. —Ellos encontraron sus manos a mitad del ascensor. Caden sonrió cuando una vez más sus dedos se detuvieron tocándose antes de alejarse. Él desenroscó la tapa e inclinó la botella a sus labios. —Oh, Dios. Eso es bueno. —Lo sé. No me di cuenta de lo sedienta que estaba hasta que tomé un sorbo. —Gracias por compartir tus cosas conmigo. —Por supuesto. ¿Qué iba a hacer? ¿Sentarme aquí y comer delante de ti? Vamos, me conoces mejor que eso. Creo. Caden estuvo de acuerdo. Cada historia que había compartido con él revelaba una parte de su carácter; y todo lo que había aprendido hablaba de una persona que era amable, compasiva y generosa.
  26. 26. —Tienes razón —dijo finalmente—. Lo hago. La mezcla de frutos secos se acabó demasiado rápido, pero al menos estaba al borde. Pasaron el agua hacia atrás y adelante hasta que casi había desaparecido, entonces Caden insistió en que Makenna tomara el último trago. Se sentaron en el calor del oscuro ascensor durante varios minutos antes de que Caden finalmente mirara en su dirección y dijera: —No creas que tu pequeña táctica con los bocadillos me distrajo de la pregunta actual sobre la mesa. —No, en absoluto. Pero dijiste que irías primero.
  27. 27. Capítulo 3 akenna se desplazó sobre su espalda y miró al techo invisible. Tenía una gran sonrisa tonta en la cara porque Caden estaba a punto de contarle de su primera vez, mientras que ella no tenía absolutamente ninguna intención de compartir la suya. —Está bien. Voy a empezar entonces. Soy, después de todo, un hombre de palabra. Mi primera vez fue con Mandy Marsden… —¿Mandy? —Makenna arrugó la nariz y sonrió. —Oye, estoy contando una historia aquí. Mantén los comentarios editoriales al mínimo. —Oh, está bien, lo siento. Por favor, continúa. —Su sonrisa se hizo más amplia. —Como estaba diciendo... mi primera vez fue con Mandy Marsden, en el sofá de la sala de estar de sus padres, mientras estaban durmiendo arriba. Tenía dieciséis años y no tenía ni idea qué demonios estaba haciendo. Lo recuerdo como algo agradable, pero me imagino que Mandy podría haber estado… decepcionada. Makenna encontró la sonrisa en su voz al final tan entrañable. A ella le gustaba un chico que podía reírse de sí mismo. Debe estar muy confiado en la cama ahora para compartir una historia como esa; la idea la puso aún más caliente de lo que ya estaba. —Suena muy romántico. —Logró decir. —¿Quién sabe de romance cuando tienes dieciséis años? —Bueno, eso es cierto, supongo. ¿Al menos compraste su cena de antemano?
  28. 28. —¿La pizza cuenta? Ella no pudo evitar reír. Caden era adorable. —Para un chico de dieciséis años, claro. Lo voy a dejar pasar. —Qué amable de tu parte. Bien, entonces, tu turno, Pelirroja. Ella no respondió. —¿Pelirroja? —Siguiente pregunta. Lo escuchó rodar a un lado. Su voz sonaba más cerca. —De ninguna manera. Teníamos un trato. —¿Podría el reportero de la corte, por favor volver a leer la transcripción para determinar que la Señorita James nunca estuvo de acuerdo con contar esta historia? Él bufó. —Está bien, me doy cuenta de que hemos estado aquí por un tiempo, pero por favor dime que ya no estás perdiendo la cordura. —No, en absoluto, sólo planteando los hechos como son. —Vamos. ¿Cuál es el problema? Casi se alegró de que no pudiera verlo, si sus ojos eran tan persuasivos y cercanos como su voz, ella sería “hombre muerto”. —Sólo... no —dijo a través de una risa ante su alegato. —No puede ser peor que la mía. —No. —Pelirroja. —No.
  29. 29. —M. J. —Oye, es Makenna para ti, señor. Y la respuesta sigue siendo no. —A pesar que sus iniciales no le molestaron el resto de su vida, había algo en la forma en que su nombre caía de su lengua que realmente le gustaba. No quería que él la tratara como todo el mundo lo hacía, al igual que uno de los chicos. —Esto debe ser algo de historia. Te das cuenta de que estás construyendo expectativas aquí. Ella gimió. —No, no, no, no. —Dímelo y te llevaré a comer pizza. Puedes incluso elegir los ingredientes. —Sólo estaban bromeando, pero Caden se encontraba esperando que ella aceptara ir por la pizza, aunque no obtuviera la historia de ella. Quería como el infierno estar fuera de esta caja, pero no tenía en absoluto ganas de alejarse de Makenna. O que ella se alejara de él. Makenna no respondió de inmediato. Caden deseó poder ver la expresión de su rostro, el conjunto de sus ojos. —¿De qué color son tus ojos? —susurró, una vez más, perdiendo el filtro entre el cerebro y la boca. —Azules —susurró ella—. Y, sí. —Sí, ¿qué? —preguntó Caden, distraído por el deseo de extender la mano y tocar su rostro. El susurro hizo sentir su conversación intensa e íntima. Y de repente, todo su cuerpo volvió a la vida. Esta vez, sin embargo, su pulso acelerado y su corazón golpeando eran resultado de la excitación en lugar del pánico. —Sí, voy a comer pizza contigo. Si vas a ver una película conmigo. Caden imaginó sus palabras deslizándose sobre su cuerpo. Deseó que fueran sus pequeñas manos suaves en su lugar. Pero estaba feliz de que hubiera accedido a salir con él, y que ella lo hubiera vuelto en una cita a toda regla. —Sí. Pizza y una película, entonces. —Él frotó su mano sobre su cabello mientras la oscuridad ocultaba la sonrisa iluminando su rostro.
  30. 30. —Mi primera vez fue con Shane Cafferty —comenzó Makenna, todavía susurrando—. Tenía dieciocho años. Pasó dos semanas después de la fiesta de graduación. Estuvimos saliendo más o menos durante todo el verano antes de ir a distintas universidades. Pero, esa noche, llevamos una manta afuera y la pusimos delante del montículo del lanzador en el diamante de béisbol de la secundaria. Oh, Dios, esto es tan vergonzoso —se quejó. —No lo es, termina con ello. —Se sorprendió que finalmente hubiera cedido, pero su apertura lo hizo sentirse esperanzado. —Él había estado en el equipo de béisbol de la secundaria. Era bueno, en béisbol, quiero decir, Dios… de todos modos, tener una manta por ahí en la noche fue en cierto modo nuestra cosa. La primera vez fue dulce. Corta —se rió—, pero dulce. Sin embargo, se puso mejor. —Esa es una buena historia. Mucho mejor que la mía. Gracias por compartir. Ves, no fue difícil. Ella suspiró. —No, supongo que no. —Se detuvo por un momento y luego dijo—: Sabes, tienes una ventaja injusta sobre mí. Me viste cuando entré en el ascensor, pero yo estaba demasiado distraída para verte. —Sí. —Él le sonrió a través de la oscuridad—. Lo recuerdo. Pero no vi tu rostro, tampoco, porque tu cabello estaba en el camino. —¿De qué color es tu cabello y ojos? —Ella se movió mientras hablaba y su voz se hizo un poco más cercana. Caden moría de ganas de estirar una mano y medir lo cerca que estaban. Sus sentidos le decían que estaba a su alcance. El pensamiento hizo que le doliera el brazo por la sensación de ella. —Ambos cafés, aunque no tengo mucho cabello del cual hablar. —¿Po… por qué? La risa se derramó de él. Rompió el silencio entre ellos, pero no la intensidad.
  31. 31. —Mantengo mi cabeza rapada. —¿Por qué? —Me gusta de esa forma. —Él no estaba dispuesto a revelar todas sus rarezas con ella todavía, porque no quería asustarla. Estaba medio contemplando sacar sus piercings faciales antes de que pudiera verlos, pero decidió, de alguna manera, que eso se sentía deshonesto. —¿Sólo cortado al ras de la cabeza o afeitado como el suave trasero de un bebé? —Dame tu mano —ofreció Caden—. Puedes sentir por ti misma. Makenna tragó su entusiasmo por finalmente llegar a hacer lo que ella se había estado muriendo por hacer la mayor parte de la noche. Sin su vista, anhelaba otra manera de hacer una conexión más tangible con Caden. Y a pesar de la charla de sexo —que podría haber sido clasificación para todo público—, los planes para una cita, el susurro y la sensación de su cuerpo estando cerca del de ella, el cuerpo de Makenna estaba empezando a vibrar con una embriagadora sensación de anticipación que le hacía revolotear el estómago y que su respiración surgiera un poco más rápida. Aún acostada sobre su espalda, Makenna acercó cautelosamente sus manos. —¿Dónde estás? —Justo aquí. —Caden atrapó su mano derecha en la suya, y Makenna jadeó ante el contacto. Su mano envolvió la suya mientras la llevaba a su cabeza. El pulso de Makenna se aceleró cuando rozó su mano sobre la cabeza de Caden. Su cabello estaba afeitado tan cerca que se sentía suave y delicado mientras frotaba los dedos sobre él. Mucho tiempo después del que fuera necesario, Makenna siguió acariciando su cabello. Ella no quería dejar de tocarlo. Y cuando él deslizó su cuerpo un poco más cerca para que ella no tuviera que extender su brazo tan lejos, sonrió, pensando que a él le gustaba, también. —Dime otra cosa —dijo Makenna en voz baja, ya no susurrando, pero hablando lo suficientemente suave para no ahuyentar cualquier magia que estuviera sucediendo entre ellos.
  32. 32. —¿Cómo qué? —Como... ¿por qué un dragón? —Uhm. —Él inclinó la cabeza en su mano. Ella sonrió. Cuando finalmente comenzó a hablar, sus palabras llegaron en una corriente ininterrumpida—. El dragón es mi miedo. Me lo puse en el brazo para recordarme a mí mismo que lo he domado. Nosotros, uh, nos dirigíamos a casa de unas vacaciones en la playa. Era una pequeña carretera nacional de dos carriles, y era tarde por la noche porque Sean y yo habíamos convencido a nuestros padres para que nos dejaran todo el domingo en la playa. Makenna contuvo el aliento ante la gravedad de lo que estaba compartiendo con ella. Su mano se detuvo sobre su cabeza mientras se preguntaba si debía decir algo, o si simplemente debería dejarlo hablar. Ella se sorprendió al sentir su cálida grande palma presionar su mano contra su cabeza, y lo tomó como una señal de que quería que ella siguiera frotándola. Y así lo hizo. —Mi padre era muy estricto por conducir al límite de velocidad. Nunca le importó si veinte autos se alineaban detrás de él, tocando sus bocinas y parpadeando sus luces. Podías rebasar pasar a los otros autos en estas carreteras secundarias en las rectas. La gente lo hacía todo el tiempo. Para el momento en que estábamos cerca de una hora lejos de la playa, todo el camino estaba oscuro. No vi lo que pasó al momento, pero supe después que un camión con remolque nos pasó, pero se regresó a su carril muy rápido. Mi padre se desvió para evitar ser golpeado. Los ojos de Mackenna se llenaron con lágrimas en anticipación de a dónde se dirigía la historia. —La siguiente cosa que supe, fue que el auto estaba al revés. Enclavado en un canal de riego grande en el borde de un campo. El lado del pasajero tuvo el peor daño cuando el auto rodó, el lado en donde Sean y mi madre estaban sentados. Fue el único que todavía estaba consiente después del accidente. Pero no me podía mover porque muchas de nuestras cosas de la parte trasera del auto, era una minivan, de todas las cosas, habían caído hacia adelante en el asiento trasero y me enterraron. Mi hombro estaba dislocado, y no pude lograr apalancar las cosas para salirme. Seguí llamando sus nombres. Pero ninguno despertaba. Me
  33. 33. la pasé dentro y fuera de la conciencia varias veces. Cada vez que despertaba, estaba oscuro y seguía atrapado. Estuvimos allí durante unas cuatro horas antes de que otro camión con remolque finalmente pasara y viera el auto volteado en la zanja y llamara por ayuda. Para cuando nos sacaron, mamá y Sean ya se habían ido. —Oh, Dios mío, Caden. —Mackenna deseó hacerle sentir el consuelo y la paz que tanto deseaba que él tuviera. Por lo que él había dicho antes, ella no se había percatado que también había perdido a su madre. Ella realmente deseó que no fuera otra cosa que tuvieran en común—. Lo siento mucho. No es de extrañar… Él suavemente tomó su mano y la deslizó en torno a su mejilla. Mackenna gimió cuando lo sintió presionar su rostro contra la palma de su mano. Para ella, su gesto le pareció valiente. Ella admiraba su capacidad de pedir lo que necesitaba. Su pómulo se sintió prominente debajo de sus dedos y una ligera barba de pocos días picó contra su palma. Ella frotó su pulgar suavemente de atrás hacia delante. —Cuando finalmente superé lo peor de la claustrofobia, me hice el dragón. Quería ser fuerte por Sean. Y quería que él supiera que no iba a vivir mi vida con miedo, cuando él no podría vivir en absoluto. Mackenna estaba nadando en emoción. El dolor que sentía por él era palpable; éste corría por sus sienes en la línea de su cabello y comprimía su garganta. Su deseo de protegerlo —de asegurarse que nada lo lastimara, asustara, tomara de él, nunca más— surgió de la nada, pero ella sintió el tipo de parentesco con Caden que siempre había sentido con sus hermanos. No importaba que todavía pudiera contar la cantidad de tiempo que lo había conocido en minutos. Y, Dios, ella lo quería. Ella quería empujarlo encima de ella. Deseaba sentir su peso acomodarse sobre su cuerpo, sus labios sobre los de ella, sus manos en su cabello y deslizándose sobre su piel. Habían pasado once meses desde la última vez que había estado con alguien, y nunca había sentido este tipo de conexión.
  34. 34. Mackenna quería sus manos sobre él también. Ahora que ella estaba tocándolo, le preocupaba que no pudiera parar. —No dejes de hablarme, Mackenna. Necesito tus palabras. Tu voz. —No sé qué mas decir. Quiero quitarte tu dolor. Su mejilla se levantó en una sonrisa bajo su mano. —Gracias. Pero a veces creo que lo necesito. Me recuerda que estoy vivo. Y hace que los buenos momentos se sientan mucho mejor. Como ahora mismo, estando aquí, contigo.
  35. 35. Capítulo 4 ntre la falta de toda referencia visual, su mano acariciando su suave cabello una y otra vez, y lograr compartir la historia de la muerte de su madre y Sean sin acercarse a entrar en pánico, Caden estaba casi mareado por el triunfo. Era Makenna, era todo lo que estaba haciendo Makenna. Y él la adoraba por eso. Nadie había conseguido nunca entrar en el corazón de él como ella lo había hecho, y sin duda alguna nunca tan rápido. La voz de Makenna interrumpió sus pensamientos. —Dices las cosas más dulces, Caden Grayson. Te lo juro. Caden sonrió contra su mano, aún sosteniendo su mejilla, y se echó a reír finalmente. —¿Qué es tan gracioso? Se encogió de hombros, pero entonces recordó que ella no percibía el lenguaje corporal. —Dulce no es una palabra que las personas normalmente aplican conmigo. —Bueno, entonces, las personas no te conocen. Él asintió. —Tal vez sea así. —Sería el primero en admitir que mantenía a las personas lejos. No le gustaba la sensación de cargar a otros con su equipaje. A veces la distancia era más fácil que actuar, o explicar. —Sin duda es así —replicó ella. A Caden le gustaba su carácter argumentativo. Ella era alegre y luchadora, y lo había hecho hablar y reír más en este par de horas que la conocía de lo que
  36. 36. probablemente había hecho todo el mes pasado en conjunto. Con ella, nunca le había dado un segundo pensamiento a la distancia. Caden casi gimió cuando ella deslizó su mano arriba en su rostro y comenzó a acariciar su sien, por encima de su oreja, y abajo hasta su cuello. Su boca se entreabrió. Su respiración se aceleró. Él no pudo evitar inclinarse hacia su toque sorprendentemente sensual. Cerró sus ojos por un momento y se dejó llevar por la sensación de ello. Podía escuchar la respiración de ella y pensó que no se estaba imaginando que su respiración iba más rápida, también. La posibilidad de que ella pudiera desearlo de la misma manera que él la deseaba, todo al mismo tiempo, lo hizo ponerse duro. Gruñó bajo en su garganta antes de poder detenerse. —Makenna. —Caden. Tragó con fuerza y movió sus caderas. Los botones de sus jeans estaban aflojados, pero no lo suficiente para acomodar su erección sin molestias. Al principio, pensó que lo había imaginado: sus dedos, ejerciendo presión contra la parte posterior de su cuello. Pero ella siguió adelante con la constante caricia. Sólo que no estaba seguro. Concentró toda su atención en el movimiento de su mano y... no se imaginó ese momento, ¿verdad? Allí estaba otra vez, sus dedos tirando de él hacia ella. Por favor, no me dejes estar imaginando eso. Se lamió los labios y movió la cabeza hacia adelante apenas un centímetro o dos. Dios, quería besarla. Sus dedos se morían de ganas de enhebrar finalmente su camino en todo ese cabello rojo. Sus labios se abrieron en anticipación de reclamar su boca. Quería saborearla. Quería sentirla bajo él. —Makenna —dijo con voz áspera. —Sí, Caden, sí. Fue toda la confirmación que necesitó.
  37. 37. Se empujó sobre la alfombra hasta que su pecho se encontró con su costado. Lentamente bajó la cabeza para que no la lastimara en su impaciencia ciega. Su boca encontró una mejilla primero, y presionó sus labios contra el suave rubor del mismo. Ella gimió y envolvió sus brazos alrededor de sus hombros. Su mano derecha aterrizó en un montón de rizos sedosos, y la satisfacción que sintió al finalmente tocar su cabello le hizo tragar duro. —Tan suave —murmuró él, refiriéndose a su cabello, su piel y el montículo de su seno presionando contra su pecho, desde donde estaba encima de ella. Caden dejó escapar su propio gemido cuando los labios de ella presionaron contra la piel delante de su oreja. Ella exhaló bruscamente. La prisa de su aliento sobre su piel poniéndole la piel de gallina en todo su cuello. Dejó un rastro de besos suaves por su mejilla hasta que encontró sus labios. Y entonces ya no pudo ir despacio. Y ella tampoco pudo. Caden gimió cuando su primer beso trajo su lleno labio inferior a su boca. Ambas manos encontraron su camino hacia su rostro, y acunó sus manos alrededor de sus mejillas para así él poder guiar sus movimientos. El agudo gemido de Makenna acompañó a sus manos agarrando la parte posterior de su cabeza y cuello. Cuando su boca se abrió por completo, Caden aceptó la invitación como un hombre hambriento en un banquete. Él deslizó su lengua en su boca dulce y disfrutó de las caricias tentadoras que trazaron sus lenguas. Makenna acarició su cabeza, masajeó su cuello, y se agarró a sus hombros. Caden se acercó más a ella, tanto como podía, sólo que no lo suficiente. Necesitaba estar más cerca. Necesitaba más de ella. Makenna estaba flotando en el placer que el tacto de Caden le brindaba. La oscuridad combinada con la intensidad de su conexión la hizo sentir como si nada más existiera en el mundo. Nunca había experimentado esta clase de pasión antes, por lo menos, no a partir de sólo un beso.
  38. 38. Desde el momento en que él murmuró esas palabras dulces acerca de lo bien que se sentía al estar con ella, supo que tenía que darle un beso. Tenía que probar la boca del hombre que había sobrevivido a semejante tragedia, pero que logró conservar tanta gentileza, tanta dulzura. Ella pensó que habían compartido la conversación más honesta y más agradable de su vida. Anhelaba más, como una forma de grabar esto en su memoria para siempre. En su mente, Makenna estaba diciendo: “Bésame, bésame, bésame,” pero no era tan segura como Caden parecía ser acerca de pedir lo que ella necesitaba. Así que le acarició la cabeza y empujó suavemente de su cuello. Y la expectación que podría ser que él de hecho se diera cuenta de lo que ella estaba sugiriendo, la hizo mover sus muslos ante la humedad notable en sus bragas. Todo esto, y ella nunca lo había visto. Al menos, no con sus ojos. Jadeó cuando el peso caliente de su pecho firme cayó sobre sus senos. Su mano acunó largos mechones de su cabello mientras su boca se presionaba suavemente contra su mejilla. Ella no pudo contener un gemido ante la bondad de sentirlo finalmente de esta manera. Necesitando más de él, acunó su cabeza, sujetándolo a ella, luego deslizó sus manos más abajo, deleitándose con las crestas esculpidas de sus anchos hombros y bíceps sólidos. Entonces sus labios reclamaron los suyos. Aunque Makenna amaba los dulces besos de mariposa que él trazó sobre su pómulo, su necesidad de conectar con él era demasiado grande como para ir despacio. Su boca se abrió después de su primer beso, y Caden no la defraudó. Apoyó más de su torso encima de ella y exploró su boca con su lengua desenfrenada. Algunas veces él empujaba otra veces ella lo frenaba. Cada movimiento provocando que su corazón golpeara contra su caja torácica y su cuerpo hormigueara en anticipación. Cuando Caden se apartó y presionó pequeños besos en sus labios, Makenna aprovechó la oportunidad de seguirlo esta vez. Ella agarró la parte posterior de su cabeza y levantó la suya a medida que besaba su boca y chupaba su labio inferior. Se quedó sin aliento cuando sintió algo de metal a un lado de la boca de él y estaba tan ardida ante lo inesperado de ello que gimió y lo lamió. Su gruñido en respuesta retumbo en su vientre bajo. Sus labios se curvaron en una sonrisa rápida ante la esplendida atención en lo que ella finalmente se dio cuenta era un piercing de algún tipo.
  39. 39. Más del rompecabezas que era Caden Grayson se unió en ese momento. Tatuaje. Piercing. Cabello rapado. Él debía parecer rudo en su exterior. Pero era grande, dulce, considerado, a veces vulnerable y suave en su interior. Y ella quería llegar a conocer ambos lados mucho mejor. Era imposible saber cuánto tiempo estuvieron besándose en la oscuridad… el tiempo pareció perder todo significado. Pero Makenna estaba sin aliento, necesitada y húmeda para el momento en que él trazó besos y pellizcos desde la línea de su mandíbula hasta su oreja y, desde allí, por su cuello. Su incipiente barba dejó una estela de fuego sobre su piel mientras él se movía. Ella dobló las piernas hacia él, necesitando sentir más de él presionado contra ella. El gemido que soltó cuando enganchó su rodilla a través de la parte posterior de su muslo la hizo gimotear y mecer sus caderas contra él. Él se acercó más y deslizó una rodilla entre sus piernas, evitando que ella contorsionara su espalda en la forma que había estado haciendo. No es que realmente lo hubiera notado. Caden chupó el diamante pequeño que perforaba el lóbulo de su oreja mientras su mano derecha fantasmal bajaba por su cuerpo y se instalaba en su cadera ceñida alrededor de él. —Oh, Dios, Caden. Su mejilla dibujó una sonrisa donde se apretaba contra ella, pero a ella no le importaba su sonrisa cuando lamía, besaba y succionaba su cuello de la manera en que lo hacía. Ella inclinó la cabeza hacia un lado para abrirse a él, y pasó las manos de vuelta para ofrecer caricias animadas a su cuello y cabeza. Fue entonces cuando lo sintió. Los dedos de su mano izquierda trazaron claramente lo que solo podía ser una cicatriz en el costado de su cabeza. Vaciló durante menos de un segundo, pero él lo sintió y se apartó un poco. —Te voy a contar todo sobre eso —susurró contra su cuello—, lo prometo. Aspiró una bocanada para responder cuando el ascensor se sacudió y la luz estalló en el pequeño espacio. Makenna gritó y apretó los ojos con fuerza. Caden gruñó y enterró su cara en el hueco de su cuello. Después de horas de mirar en la oscuridad, la luz era dolorosa, cegándolos.
  40. 40. Makenna estaba frustrada con la sincronización de las luces, aliviada de que estuvieran encendidas, pero temerosa de lo que les pasaría a ella y a Caden ahora que volvía. Y entonces el ascensor se estremeció. Se hundieron de nuevo en la oscuridad. Ambos volvieron a gemir y se envolvieron alrededor del otro mientras trataban de ajustar el efecto estroboscópico que las luces dejaron detrás de sus párpados. Makenna pasó de estar ciega a ver un caleidoscopio arremolinándose de desconcertantes manchas rojas y amarillas. —Mierda —dijo Caden con voz áspera. Makenna dejó de preocuparse por sus ojos tensos y se fijó en él otra vez, sólo para darse cuenta que su cuerpo se había puesto rígido encima de ella. Oh no. —¿Caden? Su única respuesta fue un gemido ahogado bajo en su garganta y su mano izquierda agarrada un poco más fuerte de su hombro. Ella entendió lo que estaba pasando. Podía sólo haber conocido a este hombre por un puñado de horas. Podía nunca haberlo visto. Pero lo conocía. Y sabía que él la necesitaba. —Oye, oye —le susurró mientras le acariciaba el cabello—. Está bien. No se relajó en absoluto, pero ella sintió que la estaba escuchando, o tratando de hacerlo. —Estoy aquí. Y estamos bien. Vamos a estar bien. No estás solo. —Esta vez, agregó Makenna para sí misma. Estaba mentalmente maldiciendo a ese burlón y temporario regreso de la electricidad, porque le ofreció a Caden el más esclarecedor recuerdo de toda la noche estando atrapado en una pequeña caja de metal negro como el carbón. Se encontró a sí misma furiosa en nombre de Caden. Mientras continuaba dándole ligeras caricias y ofreciéndole el ocasional murmuro de consuelo, mentalmente maldecía al inventor del ascensor, la compañía de electricidad, su lector de medida, y, mientras estaba en eso, lanzó unas cuantas palabras para Thomas Edison, también, porque, bueno, Caden no estaría atrapado
  41. 41. en un pequeño vehículo eléctrico si el buen viejo Tom no hubiese ido y encontrado una manera de aplicar la teoría de la electricidad. Tampoco estaba muy feliz con Ben Franklin y esa maldita cometa. Los hombros de Caden finalmente se enderezaron. Se estremeció e inhaló. Makenna dejó escapar el aliento que no sabía que estaba conteniendo. —Ya te tengo, Buen Sam —lo dijo con una aliviada sonrisa. Él asintió infinitesimalmente, pero lo sintió sin embargo. —Ven aquí —le ofreció Makenna mientras guiaba su cabeza desde donde había estado enterrada en su cuello hacia su hombro opuesto para que así él pudiera tenderse al lado de ella. Se estiró para envolver sus brazos alrededor de él y apenas fue capaz de sujetar sus dedos entre sí mientras lo sostenía. El choque de luz intermitente inició un ataque de pánico tan inesperado, que Caden tuvo un momento difícil respirando. La única cosa que lo mantenía de perderse completamente era la calmante esencia del cabello y cuello de Makenna. Él no necesitaba preguntarse por qué la luz lo había alarmado. De pronto fue absorbido catorce años en el pasado, colgando boca abajo con la cabeza encajada entre la consola central delantera y el asiento del pasajero, enterrado en un montón de equipaje y suvenires de las vacaciones. Algo afilado clavado en su costado, haciendo difícil tomar un profundo respiro sin empeorar el corte. Su cabeza daba vueltas y palpitaba. Algo húmedo corría por debajo de su cabello. Y su hombro derecho se encontraba muy cerca de su quijada para ser natural. Por el tiempo más largo en su vida, la oscuridad y el silencio fueron completamente siniestros. Pero luego el completo horror de su situación sería completamente iluminado por el destello de luz de un auto pasando. La primera vez que pasó, Caden había estado lleno de alivio y usó lo que le quedaba de energía para gritar—: ¡Estoy Aquí! ¡Estamos aquí! Pero ninguna ayuda llegó. No muchos faros pasaron a medida que la hora pasaba y se hacía más tarde, pero con cada uno, la fe de Caden su elevó y embistió, su maltratado cuerpo más
  42. 42. allá mientras golpeaba contra las rocas suplicando esperanzadamente y decepcionantemente aterrorizado. Mientras iba de la conciencia a la inconsciencia, esos raros momentos fueron incluso más difíciles de resistir, porque se volvía arduo para él distinguir la realidad de la pesadilla. Para el momento en que pasó un camión remolque y finalmente se detuvo para ayudar, varias horas después, Caden estaba tan seguro que no sobreviviría al choque que no respondió cuando el conductor gritó para preguntar si alguien podía escucharlo. —Dios, Caden, eso es horrible. Él frunció el ceño y sin pensarlo movió la cabeza para mirar al todavía oculto rostro de Makenna. —¿Qué? —preguntó, su voz carrasposa. —Dije que eso fue una cosa horrible por la que tuviste que pasar. Lo lamento tanto. Con un sobresalto, entendió que dijo en voz alta lo que pensó que sólo estaba recordando. Y aún así, aquí estaba Makenna, todavía sosteniéndolo, reconfortándolo, aceptándolo completamente a pesar de su irritante miedo de la infancia. Demonios, debía ser él, el que debería estarla reconfortando por esta terrible experiencia. Apoyó la cabeza de nuevo en el hueco de su cuello y respiró profundamente. Sin haber visto más de Makenna que su hermoso cabello rojo y su pequeño trasero apretado, Caden estaba seguro de que sería capaz de reconocerla en una multitud sólo por su delicioso aroma. Mientras se relajaba profundamente, algo que ella dijo regresó a él. —¿Por qué me llamaste “Buen Sam”? Ella apretó sus brazos alrededor de él. Y pudo sentir la sonrisa en su voz cuando habló.
  43. 43. —Antes de saber tu nombre, estaba pensando en ti como mi Buen Samaritano. Por sostener la puerta del ascensor. —Soltó una risita—. Realmente necesitaba que algo bueno me pasara hoy, y tú siendo lo suficientemente paciente para esperar hizo que te ganaras el sobrenombre. Caden sonrió. —Lo que tú digas, Pelirroja. —Sabes, estoy lo suficientemente cerca para darte un golpe ahora. —Adelante, quizás me guste. —Su ansiedad casi se había apagado. Se estaba sintiendo más como él mismo otra vez. Ahora su cuerpo empezó a responder al recuerdo de su fenomenal beso y la manera en que ella estuvo envuelta alrededor de él. Cuando Makenna tosió fuerte y se rió, Caden sonrío más ampliamente por el hecho de que ella no salió con una ingeniosa respuesta. Le gustaba que su comentario la aturdiera. Caden tragó densamente y deseó que tuvieran más agua. Estaba demasiado cálido y cubierto en un reluciente sudor inducido por el pánico, aunque ninguna incomodidad le hizo pensar en quitar el igualmente sobrecalentado cuerpo de Makenna. Una de las manos de Makenna dejó su hombro justo cuando escuchaba el inconfundible sonido de un bostezo. —¿Cansada ya de tu compañero varado de ascensor? —preguntó Caden, pero también preocupado de que pudiera ser verdad, particularmente una vez que lo viera. —Nunca —dijo a través del final del bostezo—. Lo siento. Han sido unas largas horas antes de que tuviera el placer de conocerte. Y el calor me está poniendo soñolienta. Y tú eres cómodo —agregó en una pequeña, tentativa voz. —Igual tú. —La apretó con el brazo tendido sobre su torso y metió sus dedos bajo su espalda para mantener su agarre firme—. Cierra los ojos, Pelirroja. Caden pensó que seguramente podría quedarse dormido en los brazos de esta mujer, pero odiaba la idea de perderse incluso uno de lo que estaba seguro serían unos de los pocos minutos cautivo con ella.
  44. 44. —Realmente no quiero —protestó ella en una voz susurrante. —¿Por qué? No respondió inmediatamente, pero finalmente dijo: —Porque estoy… disfrutándote. Caden escondió su sonrisa en su cuello y se inclinó hacia delante para presionar una lluvia de besos sobre su suave piel. Trazó su nariz hasta la esbelta columna desde su garganta hasta su oreja. —Yo, también —suspiró, disfrutando su temblor. Presionó un beso contra la base de su oreja y agregó—: Lo lamento, por lo de antes. Una de sus manos siguió su camino hasta su rostro, donde ella tiernamente ahuecó el fuerte ángulo de su quijada. —Por favor, no lo estés. Simplemente estoy feliz de estar aquí para ti. Él descansó su cabeza de regreso en su hombro. —Pero quiero estar aquí para ti. —Lo estás. —Él se quejó y ella apretó su brazo alrededor de él—. Te propongo un trato: te ayudaré con tu claustrofobia, y tú puedes ayudarme con las arañas. —¿Arañas? —se rió. —Esas cosas tienen muchas patas para ser aceptables. Ni siquiera me hagas empezar con los ciempiés. —Trato. —Él se rió, pero por dentro estaba rebosante de alegría porque su proposición sólo tenía sentido si iban a pasar tiempo juntos fuera de este maldito ascensor. Y él realmente quería eso. Esperanzado, Caden sacó la mano debajo de su espalda y acarició su larga cabellera, trazando sus dedos a través de él desde el cuero cabelludo hasta las puntas rizadas. Cuando sus dedos se demoraban sobre el cuero cabelludo, ella
  45. 45. hacía un sonido como un gatito ronroneando de satisfacción, animándole a consentirla una y otra vez. Finalmente, su cuerpo se relajó bajo el de él. Se quedó dormida. Y entonces era su turno para sentirse satisfecho… satisfecho de que esta mujer que apenas lo conocía y que jamás lo había visto se sintiera lo suficiente segura en sus brazos para entregarse a sí misma a la vulnerabilidad del sueño. Era un voto de confianza que él nunca rompería.
  46. 46. Capítulo 5 akenna despertó lentamente y de mala gana salió de su sueño. Estaba acostada en una playa, el calor del sol de verano caía sobre ella, y sus brazos y piernas estaban enlazados con los de su amado. Casi podía sentir su peso cubriéndola. Y entonces se despertó lo suficiente para darse cuenta que al menos parte de lo que soñó era real. La noche volvió a ella precipitadamente. El ascensor. Caden. Los besos. Sonrió en la oscuridad. No podía adivinar cuánto tiempo había estado dormida, pero fue lo suficiente para que su espalda protestara por la dureza del suelo. —Hola. —La voz de Caden era ronca, gruesa con sueño. —Hola. Lamento si te desperté. —Nah. He estado entre dormido y despierto. —Oh. —Makenna cubrió un bostezo. —Tú roncas —dijo Caden después de un minuto. —¡Claro que no! —Al menos, no pensaba que lo hiciera. Había pasado mucho tiempo desde que había dormido con alguien más. Se cubrió sus ojos y gruñó. Cuando Caden empezó a reír, Makenna dejó caer su mano, girando su cara en dirección a la de él. —No, no lo haces. Sólo quería fastidiarte. —Eres un idiota —dijo Makenna a través de su propia risa. Caden se movió hacia adelante y presionó sus labios contra su garganta. Su beso se volvió una succión mientras recorría su piel con su boca. Ella jadeó. Después de unos segundos la dejó ir.
  47. 47. —Puedo serlo1 —murmuró mientras la besaba otra vez. Oh Dios. Por su mente pasó algo ingenioso, pero todo lo que pudo conseguir fue un quejido mientras él alejaba sus labios. Caden los movió, empujando a Makenna hacia su costado para estar frente a él. Ella jadeó, pero no de placer. Su espalda se quejó en protesta. —¿Estás bien? —Sí, es solo que… mi espalda está un poco adolorida. ¿Te importa si nos sentamos? —Por supuesto que no. Makenna lamentó perder el sentimiento del cuerpo de Caden, pero sentarse alivió tanto su espalda que gimió. —Ven aquí —dijo Caden, su voz ahora más distante de ella. —¿Dónde estás? —En la esquina… puedes recostarte contra mí. Makenna sonrió a su consideración —y su continuo deseo de tocarla— mientras se arrastraba en sus manos y rodillas hacia donde pensó que pudiera estar él. Sus dedos tocaron un zapato, y siguió su camino arriba de sus jeans mientras se arrastraba entre sus rodillas dobladas. Su mano tocó su muslo, y él jadeó. Ella mordió su labio y sonrió. Cuidadosamente, se giró alrededor y colocó su cuerpo de espalda contra su fuerte y cálido pecho. Ella dudó sólo por un momento, y luego permitió a su cabeza caer en su hombro. Él acarició su nariz contra su cabello. Ella pudo haber jurado escucharlo olerlo, lo que le recordaba su anterior pensamiento errante sobre recorrer su nariz a través de su garganta. Complacida de que finalmente pudiera 1 I can suck: En el texto original hacen un juego de palabras con “suck” que significa “succionar” “chupar” o también “apestas” “eres malo” “estúpido”, y por eso él le responde que “puede serlo” cuando ella le dice “you suck” (eres un idiota).
  48. 48. hacer lo que quería, giró su rostro hacia él y nadó en la tentadora esencia fresca, limpia de loción de afeitar y hombre. Cuando él envolvió sus brazos alrededor de su cintura, ella suspiró, luego cubrió sus brazos con los suyos. —¿Mejor? —preguntó él. —Mmm, mucho. Gracias. Lo sintió asentir y sonrió cuando él presionó un beso en su cabello. Makenna estaba cansada, pero no pensó que pudiera dormir. Estaba sofocante en el ascensor. Ella sospechaba que el calor era tan responsable por su cansancio como la hora. —¿Tienes más preguntas? —preguntó ella después de un tiempo, queriendo escuchar su voz otra vez. Caden río entre dientes y su pecho retumbó contra su espalda. —Hmm… ¿dónde vives? —¿Conoces el centro de compras en Clarendon, donde está el Barnes y Noble, y Crate y Barrel? —Sí. —Vivo en los apartamentos arriba de eso. —Esos son bastantes nuevos, ¿cierto? —Sí. He estado allí cerca de un año. Es genial para ver a la gente. Me siento bastante en mi balcón y miro a los niños correr alrededor del parque infantil y a las personas caminar entra las compras. ¿Qué tal tú, dónde vives? —Tengo un piso en Fairlington. Trabajo en la estación de bomberos de allí, así que es bastante conveniente. ¿Tu familia vive cerca de aquí, también? —No. Mi papá, Patrick, e Ian todavía viven en las afuera de Philadelphia, donde crecí. Y Collin se graduará de la universidad en Boston. —Makenna dudó
  49. 49. por un momento, luego dijo—: Mi mamá murió cuando tenía tres. Cáncer de mama. Caden la abrazó más fuerte. —Mierda, lo siento, Makenna. Yo seguía y seguía con… —Detente, en serio. No quise decir nada antes cuando me dijiste sobre tu madre, porque… bueno, quiero decir, esto sonará un poco mal. Pero no recuerdo a mi madre. Así que, mientras más crecía, fue más una idea de alguien que en realidad una persona a la que conocí lo suficiente para extrañar. No se compara por lo que tú pasaste. —Seguro que sí —instó Caden—. No me importa si tenías ya sea tres o catorce… un niño necesita a su madre. A la edad que tenías, probablemente la necesitaste más de lo que yo necesité a la mía. Makenna acarició de nuevo el pecho de Caden, amando la protección que escuchó en su voz. —No lo sé. Quizás, pero esa es la cosa. No sé cómo lo hizo él, pero mi papá fue tan bueno, que logró llenar sus zapatos y los de ella. Patrick es siete años mayor que yo. Él hizo bastante para ayudarme y a Collin también. Y la hermana de mi padre se mudó a Philadelphia algún tiempo después que mi mamá murió. La tía Maggie siempre estuvo allí cuando tenía un problema y no podía acudir a ningunos de los hombres. Así que, aunque es triste pensar sobre no tener una madre, tuve una buena infancia. Era feliz. —Bien —susurró Caden—. Eso es bueno. Caden no podía creer que ella perdió a su madre también. Explicaba bastante sobre ella: claramente entendía la pérdida, incluso si su experiencia era diferente a la de él. Pero no tenía ninguna duda que la suya le había enseñado la empatía y compasión que mostró cuando le contó su historia. Él finalmente pensó que entendió a lo que las personas se referían cuando hablaban de almas gemelas. La espalda de Makenna se arqueó cuando se estiró y bostezó, y Caden ahogó un gemido cuando su trasero se presionó hacia atrás en su ingle. La fricción
  50. 50. fue fantástica, pero demasiado corta. Su imaginación echó a correr. Todo en lo que pude pensar era en sí mismo moliéndose contra su trasero apretado y sintiendo las curvas sensuales de sus caderas en sus manos mientras la sostenía hacia él. Estaba sorprendido de sus fantasías cuando ella no se inclinó contra su pecho de nuevo, sino que en su lugar se dio la vuelta para enfrentarlo. Podía decir que estaba sentada en sus piernas porque sentía sus rodillas presionando contra el interior de sus muslos. El contacto lo hizo ponerse duro. Apretó y liberó sus puños, tratando tan condenadamente mal dejarla tomar la iniciativa. No quería empujarla más allá de dónde ella quisiera ir. Pero su iniciativa fue jodidamente sexy. Cuando sus manos se apoyaron en su pecho, su polla se retorció y se endureció por completo. Movió sus caderas para ponerse más cómodo. Ella se apoyó en él. Gimió su apreciación cuando sus senos cayeron sobre su pecho mientras sus labios encontraban su barbilla. —Hola —susurró ella. —Hola. —Envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo y la abrazó a él. Entonces sus labios encontraron los suyos. Caden gimió cuando ella se centró primero en el piercing doble en el lado de su labio inferior. Se sintió aliviado de que parecían gustarle sus picaduras de araña, como eran llamados sus piercings, aunque sospechaba, que por esta mujer, los arrancaría de golpe si no le gustaban. Su beso fue suave y lento, explorando, y él saboreó cada tirón de sus labios, deslizamiento de su lengua, y cambio de presión de su cuerpo. Pasó sus manos arriba y abajo por su espalda disfrutando de la forma en que la seda de su blusa rozaba contra su cuerpo. Cuando pequeños gemidos y quejidos acompañaron sus besos, la erección de Caden se retorció. Movió sus caderas. Él quería más de ella. Quería reclamarla, hacerla suya. Pero también quería verla mientras la tomaba. Quería aprender todo sobre su cuerpo. Quería mirar sus reacciones mientras usaba su boca y manos para complacerla. Y definitivamente quería que ella tuviera más que una follada rápida en el suelo. Se merecía algo mejor que eso. Mucho mejor. Y pensó que tal vez él quería darle todo.
  51. 51. Caden tenía que admitirlo. Se estaba enamorando de Makenna. Antes de esta noche, hubiera puesto dinero en contra de la idea de ser capaz de enamorarse de alguien después de sólo conocerse por un día. Buena cosa que nunca había puesto esa apuesta. Las manos de Makenna ahuecaron sus mandíbulas. Se apoyó en él aún más, aplastando sus senos contra su pecho. Caden enhebró su mano izquierda en el grosor de su cabello y tomó el control del beso, inclinando su cabeza hacia atrás para así él poder tener mejor acceso a su boca. Sabía fenomenal y, combinado con el aroma de su sudor intensificado, lo estaba volviendo loco. Movió sus caderas de nuevo, aunque ella estaba frustrantemente demasiado lejos para proporcionarle la fricción que buscaba. Ella chupó con fuerza su lengua mientras tiraba su cabeza hacia atrás. Él gruño y tiró de un puñado de su cabello. Ella cedió a su exigencia implícita e inclinó su cabeza, luego Caden lamió su lengua contra su garganta, prestando especial atención al punto debajo de su oreja que la hacía retorcerse cada vez. —Quiero tocarte, Makenna. ¿Puedo? Ella tragó con fuerza bajo sus labios. —Sí. —Todo lo que tienes que decir es para. —Está bien —susurró mientras ahuecaba la parte trasera de su cabeza con una de sus pequeñas manos. Con su mano izquierda todavía enredada en su cabello, Caden deslizó la derecha alrededor de su cuerpo y acunó la parte inferior de su pecho. Se detuvo allí, dejando que se acostumbrara a la sensación, dándole tiempo para detener sus movimientos si quería. Gimió su aprobación en la suave piel de su cuello cuando ella se presionó contra su toque. Apretó suavemente y pasó su pulgar hacia atrás y adelante. Cuando acarició su pezón, Makenna se levantó sobre sus rodillas y reclamó su boca. Él tragó vorazmente su gemido apreciativo y se dedicó a provocar otros, repitiendo el movimiento hasta que ella estuvo quejándose.
  52. 52. La oscuridad intensificó cada sensación. El sonido de su placer estaba amplificado. Las texturas saltaban contra la punta de sus dedos. Estaba nadando en su esencia. No podía esperar para verla, pero mientras se sentaba sosteniendo a esta mujer sensual en sus brazos, no se quejaba de que no pudiera. Deslizó su mano izquierda de su cabello y la pasó por su cuerpo hacia su otro pecho. Ella apoyó su frente contra la suya. Él gimió ante la sensación de sus pechos cálidos y firmes llenando sus manos mientras su cabello caía en cascada alrededor de sus caras. Entre jadeos, ella presionaba besos contra su frente mientras él mimaba, acariciaba y se burlaba de sus senos. Ella trabajó sus labios y lengua por su sien y él se preparó para su reacción a lo que encontraría en el borde de su ceja. Finalmente, sintió su lengua, justo ahí. Ella jadeó. —Oh Dios, ¿más? —susurró. Caden no tenía idea de si su reacción fue positiva o negativa hasta que la escuchó gemir mientras chupaba ligeramente la barra de la perforación en su boca. Gruñó su placer por su aceptación entusiasta y le agradeció concentrando sus dedos sobre sus pezones. Ella chilló, su aliento abanicando en su oído. No pudo evitar empujar sus caderas de nuevo. Estaba duro y dolorido y no creía que alguna vez hubiera estado tan encendido antes por besar. —Debajo —suplicó Makenna. Le tomó un momento para que su cerebro se desempañara y se diera cuenta de lo que estaba pidiendo. Diablos, sí. Juntos buscaron a tientas los pequeños botones de perla de su blusa. Caden deslizó sus dedos en el interior del satén de la copa de su sujetador y encontró cálida piel femenina erguida. La prueba de su excitación se sentía increíble, pero todo en lo que su mente podía pensar era cuán bien sabía que ella sabría.
  53. 53. Makenna pensó que debería estar preocupada por cuán lejos estaba yendo esto, y cuán más lejos podría ir. Pero entonces Caden halaba de su cabello o chupaba en ese punto sensible debajo de su oreja o le pedía permiso para ir sólo un paso más allá, y perdía toda capacidad de contención. Una y otra vez, la boca y los dedos de Caden jugaron con ella justo de la forma correcta, como si la hubieran complacido muchas veces antes. Ya pensaba en él como un amante atento, mientras repetía cada acción que provocaba un gemido o un retorcijón de ella. Estaba caliente, húmeda y necesitaba sus grandes manos sobre su cuerpo. No dejaría que esto fuera demasiado lejos, pero tenía que tener algo, tenía que tener más. Y no podía recordar la última vez que se había sentido tan sexy, tan apasionada. Tan viva. Las yemas de sus dedos eran ásperas y se sintieron fenomenales mientras frotaban y tiraban suavemente de sus pezones sensibles. Podía decir que su sujetador estaba restringiendo sus movimientos, así que ella liberó sus manos de vagar por su cuerpo y se estiró para tirar las copas satinadas fuera de su camino. —Te sientes tan bien, Makenna —murmuró Caden alrededor de sus besos. Ella gimió mientras lo sentía golpeando sus pulgares a través de la hendidura exagerada creada por la forma en que su sujetador desaliñado empujaba hacia arriba y adentro. Necesitando sentirlo también, las manos de Makenna cayeron en su estómago. Tiró de la suavidad de su camiseta de algodón hasta que pudo deslizar sus manos por debajo. Caden gimió y se retorció cuando sus dedos aterrizaron en el rastro de pequeños rizos que llevaban debajo de su cinturilla. Jugó con ellos mientras lentamente pasaba sus dedos hacia arriba, luego finalmente extendió sus dedos hasta que sus manos estuvieron planas sobre él. Su estómago se retorció y encogió bajo los toques burlones de sus manos. Makenna frotó sus muslos juntos. Pronto encontró sus pezones y ligeramente arañó con sus uñas cortas sobre ellos. —Aw, diablos, Pelirroja —gimió él.
  54. 54. —¿Así? —Puntuó su pregunta tocando uno de sus pezones de nuevo mientras tiraba ligeramente del otro. Cuando él gruñó su respuesta, ella sonrió con malicia contra sus labios. Estuvo sorprendida y decepcionada cuando sus manos dejaron sus pechos. Pero entonces las deslizó bajo sus brazos y la levantó más alto en sus rodillas. —Oh, Dios, Caden —chilló cuando él besó un círculo alrededor de su pecho derecho, luego frotó su nariz hacia atrás y adelante sobre su pezón. Su anticipación estaba casi en su punto de ruptura por la sensación de su boca allí. No la hizo esperar mucho tiempo. Uno de sus brazos la envolvió, encerrándola en su boca, mientras su otra mano se burlaba del pecho desatendido. La empujó con tanta fuerza contra él que finalmente tuvo que liberar una de sus manos de debajo de su camisa para apoyarse contra la pared detrás de ellos. Su boca sobre ella era un motín de sensaciones. Su lengua se movía rápidamente en sus pezones. Sus dientes pellizcaban suavemente. Sus labios chupaban, hacían cosquillas y se burlaban. Su piercing mordía emocionantemente en su piel. Hacia atrás y adelante, fue entre sus pechos hasta que pensó que perdería su siempre amada mente. Makenna apretó sus muslos rítmicamente, tan ida por su estimulación a sus pechos que no importaba si la sentía moviéndose a sí misma contra él. —Sabes tan bien, Makenna. Te sientes tan bien. —Dios, me estás matando. Hundió su lengua en su escote y lentamente lamió su pecho. Era erótico, emocionante y lascivo. Gimió imaginándolo metiendo esa lengua hábil en otro lugar. Sus dedos volvieron a sus pezones, pellizcó y retorció mientras inclinaba su cabeza hacia atrás. Makenna apoyó sus manos sobre sus anchos hombros y miró hacia abajo, sintiéndolo a él rodeándola toda aunque no pudiera verlo. Se inclinó lentamente hasta que sus bocas se redescubrieron una a la otra en la oscuridad. Caden se retiró un poco y frotó su mejilla áspera contra la suya.
  55. 55. —Quiero hacerte sentir bien. —Me siento tan bien contigo. —Mmm… ¿puedo hacerte sentir incluso mejor? La cabeza de Makenna se mareó por la promesa de lo que estaba ofreciendo. No podía creer que estaba siquiera considerándolo, pero su cuerpo le gritaba por pensar que podría rechazarlo. Asintió, su cara contra la de él. —Dime, Pelirroja, tienes que decirlo en voz alta. No puedo ver tu cara o tus ojos, y no quiero cometer ningún error aquí. Si había estado sólo un poco insegura un momento antes, no lo estaba más. —Sí. Por favor… hazme venir. —Oh, demonios, no puedes decir una mierda como esa justo ahora. Sus palabras provocaron una sonrisa en su cara. Esperaba que ella estuviera afectándolo tanto como la afectaba a ella. Sus palabras también la hicieron sentir más audaz, así que se burló de él, sólo un poco. —Necesito venirme, tan mal. ¿Por favor? —Se mordió su labio inferior por su descaro. Caden gruñó. —Mmm, sí. —Sus manos se movieron rápido a sus caderas. Trató de levantarla sobre su regazo, pero su falda era demasiado apretada. Sus muslos no podían separase lo suficientemente ancho para sentarse a horcajadas en él—. ¿Puedo…? No tuvo necesidad de preguntar. Las manos de Makenna ya estaban a los lados de sus muslos subiendo su falda para así poder poner sus piernas sobre las de él. Estaba inestable con necesidad y anticipación. Él le ayudó guiándola. Ambos gimieron de necesitada satisfacción cuando la unión caliente de sus muslos cayó sobre el bulto en sus jeans. Caden la movió cuidadosamente contra ello. Lo adoró por eso. Él comenzó de nuevo con su boca, explorándola con su lengua mientras sus pulgares e índices
  56. 56. se burlaban de sus pezones. No pudo resistirse a lamer y chupar el metal en su labio, nunca imaginando cuán increíblemente sexy encontraría esos piercings. Y especialmente le encantaba cómo su atención a ellos lo hacía gruñir de satisfacción. Ahora que Makenna tenía una fuente de fricción, tenía que usarla. Se movió contra su considerable dureza y gimió de lo bien que se sentía, allí. Sus manos cayeron detrás de ella y la meció contra él aún más fuerte. Con un agarre firme en su trasero, Caden la ayudó a encontrar un ritmo, animándola a usarlo para su placer. Makenna gemía cada vez que la atraía contra él, aunque eso era nada comparado con lo que sintió cuando finalmente bajó su mano izquierda a la parte exterior de sus bragas. Sus dedos allí la desquiciaron. Chilló y tragó fuerte, luchó por respirar para aliviar el vértigo de placer causado. Él ahuecó su montículo y gruñó. —Dios, estás tan húmeda. —Tú culpa —jadeó. Su voz destilaba arrogancia. —Feliz de ser culpable de esto. —Aún te golpearía —logró decir ella mientras sus dedos comenzaban a moverse, a frotar, sobre el satén empapado. —Tal vez más tarde —dijo con voz áspera—. Dios, te sientes fantástica. Gimiendo apreciativamente, Makenna se aferró a los hombros anchos de Caden mientras la ayudaba a empujar contra él con una mano mientras la acariciaba con la otra. —Oh Dios. —Todo: tensión, mariposas, hormigueo, temblores… todo se agrupó en la parte baja de su abdomen. —Desearía que pudiera verte venir para mí, Makenna.
  57. 57. —¡Oh! —Fue todo lo que pudo lograr decir con voz entrecortada. Él movía sus dedos más fuerte ahora, en un círculo justo sobre los nervios en la cima de su sexo. Y era justo lo correcto. Exactamente lo que necesitaba para llegar allí. —Sí. Está bien, nena. Suéltalo. —Caden. —Dejó escapar un gemido agudo mientras la presión se acumulaba bajo su mano atormentadora. Su boca cayó abierta. Él aceleró sus movimientos sólo un poco. Presionó sólo un poquito más fuerte. Su orgasmo iba a ser tremendo. La mitad de todo su cuerpo estaba ya tenso por la acumulación de presión hormigueando que se sentía imposiblemente difícil de contener. Sus dedos eran tan buenos. Se concentró fuerte en la forma que él estaba acariciándola, en la conexión entre él y el centro de su excitación, y se entregó por completo a la búsqueda del placer. Dios, sólo un poco más… casi… oh Dios. El ascensor zumbó y se sacudió. Las luces se encendieron de nuevo.
  58. 58. Capítulo 6 akenna gruñó. La luz bien podría haber sido un cubo de agua helada… era incómoda y apagó el fuego que había ardido furiosamente en su cuerpo sólo segundos antes. Cerró los ojos con fuerza contra el inesperado resplandor y enterró el rostro en el cuello de Caden. La luz pareció afectarlo a él también. Sus dedos ahora inmóviles permanecían apretujados entre sus cuerpos, pero su rostro estaba acurrucado en ella para bloquear el ataque cegador de las luces. Pasaron varios momentos. Las luces permanecieron encendidas. Makenna supuso que iban a quedarse así. Todavía escondida en Caden, experimentó abriendo los ojos lo suficiente para acostumbrarse al brillo de nuevo. Era sorprendentemente difícil. Sus ojos protestaron, parpadeando y lagrimeando por lo que parecieron minutos. Finalmente, fue capaz de abrir los ojos del todo. Sus hombros se relajaron contra el amplio pecho de Caden. Y entonces se dio cuenta. ¡Santo Dios! Estoy medio desnuda. Con un completo extraño. ¡Quien actualmente tiene su mano debajo de mi falda! Un extraño que nunca he visto. ¡Quien nunca me ha visto! ¿Y si piensa que soy una trol? Una trol poco atractiva. O casera… Dios, siempre he odiado esa palabra. Casera. Casera. De todas formas, ¿qué clase de palabra es esa para describir a una persona? Oh Dios, estoy loca. La cercana pérdida de su orgasmo tampoco ayudaba. Su cuerpo se sentía fuertemente acordonado y como una temblorosa gelatina todo al mismo tiempo.
  59. 59. —Supongo que la luz volvió para quedarse esta vez —dijo Caden en su oído con una voz ronca y tensa. —Um, sí. —Makenna puso los ojos en blanco ante su brillantez conversacional, segura de que estaba en proceso de perder cualquiera que sea la mística que había tenido con las luces apagadas. Todavía apoyando la cabeza en su hombro, Makenna miró hacia abajo entre ellos y jadeó. La camiseta de Caden estaba levantada alrededor de sus costillas y bajando por todo el lado izquierdo de su tonificado abdomen yacía un tatuaje abstracto de remolinos que se envolvía alrededor de su espalda. Era impresionante contra su piel, la cual no era ni de cerca tan blanca como la suya. Antes de que en realidad lo pensara, su dedo trazó una curva de oscuro diseño. Su estómago se contrajo, y él contuvo el aliento ante su toque. Ella sonrió. De repente, tenía que ver el resto de él. Lentamente, levantó la cabeza y se recostó sobre su regazo, manteniendo los ojos en su estómago todo el tiempo. Le preocupaba cómo pudiera lucir él, luego se odió a sí misma por siquiera pensar algo tan superficial. Finalmente resolvió poner a un lado esas preocupaciones. Makenna admiraba mucho lo que ya sabía sobre Caden, no había manera de que no percibiera su belleza interior en su apariencia física, cualquiera que fuese. Luchó con el instintivo deseo de cubrirse, de tirar de ambos lados de su blusa de seda abierta para cerrarla, pero no quería herir sus sentimientos. No quería bloquearse a sí misma para él después de todo lo que habían compartido. Su piel hormigueaba por todas partes, como si pudiera sentir el camino que quemaban los ojos de él mientras se movían a través de su cuerpo. Finalmente, tomó un profundo aliento y arrastró los ojos hacia arriba por su estómago, sobre su raída camiseta negra ajustada, a lo largo de los duros ángulos de su fuerte mandíbula que ella había mordisqueado, hasta su rostro. No pudo evitar temblar, su cuerpo inesperadamente se inundó con adrenalina mientras se empapaba de Caden a través de su último sentido. Él era… ¡Oh Dios mío!... de facciones tan jodidamente duras y… masculinas… y simplemente… oscuramente hermoso.
  60. 60. El seductor ángulo de su mandíbula combinaba con sus labios llenos y pómulos altos y una fuerte frente enmarcando intensos ojos marrones con pestañas increíblemente largas y llenas. Su cabello marrón oscuro afeitado al ras terminaba en un pico de viuda en el centro de su frente. Dos pequeños aros de plata abrazaban el lado izquierdo de su labio inferior. El piercing en su ceja derecha era de metal negro con forma de pesas. Tenía un rostro que, si colocaba los ojos y la mandíbula de cierta forma, fácilmente podría parecer rudo e intimidante. Pero ella sabía que no era ninguna de las dos. Con un tembloroso suspiro y tragando saliva, Makenna se armó de valor para mirarlo a los ojos. Él estaba viéndola inspeccionarlo, sus ojos cautelosos. No fríos, pero tampoco cálidos. A pesar de la forma íntima en la que seguían tocándose, los hombros de Caden estaban agrupados con tensión, y se le marcaba el músculo de la mandíbula. Ella tuvo la clara sensación de que él se estaba preparando para el rechazo. Ella sólo había estado ahí mirándolo boquiabierta sin decir ni una palabra. Odiando la idea de que él pudiera interpretar su silencio de la forma equivocada, dijo sin querer: —¡Eres jodidamente hermoso! —Los ojos casi se le salieron de las órbitas ante su honestidad sin filtrar. Puso una mano de golpe sobre su boca y sacudió la cabeza por la vergüenza. Deseaba que las luces se apagaran de nuevo a medida que el rubor rugía en su piel. Él sonrió. Y eso cambió todo su rostro. Sus ojos volvieron a la vida, brillando con diversión y alegría. Se formaron profundos hoyuelos en sus mejillas, realzando un encanto juvenil que de otra forma no sería evidente en sus fuertes rasgos masculinos. Él le enarcó una ceja mientras su sonrisa cambiaba a una sonrisita de suficiencia tan juguetona y sexy que los dedos de sus pies se curvaron contra la parte exterior de los muslos de él. Dejó caer las manos que cubrían su boca y las apoyó contra la firmeza del estómago de él. Su carácter juguetón sacó a relucir el de ella y, cuando sintió su mano retorcerse donde estaba metida bajo ella, gimió y se movió de prisa hacia él.
  61. 61. Las emociones de Caden estaban tan desperdigadas que ni siquiera podía catalogarlas. El pánico había desatado un torrente de adrenalina a través de su sistema cuando las luces se encendieron. Pronto quedó claro que iban a permanecer así y, cuando el pánico disminuyó —gracias una vez más al calmante bálsamo del toque reconfortante de Makenna y su aroma elemental— la frustración ante la terrible sincronización del regreso de la luz hizo que Caden rechinara los dientes cuando intentó aclimatar sus ojos al resplandor. La posición de su cabeza en la suave curva de su cuello le permitió empaparse de la sexy desnudez de Makenna. Y ella era… toda brillante piel perfecta, respingones pezones color rosa y curvas femeninas. Una vía láctea de pecas corría a lo largo de la parte superior de su pecho derecho y Caden tragó con fuerza contra su deseo de probar esa parte de piel decorada con una larga lamida de su lengua. La cremosa palidez de sus muslos destacaba el bronceado de su brazo tatuado con el dragón donde todavía estaba apretujado entre ellos, con su mano desapareciendo bajo el dobladillo de la falda de ella que estaba subida. Incluso desde el exterior de la sedosa tela de sus bragas, Caden podía sentir la cálida humedad de su excitación. Su mano vibraba completamente por reanudar sus movimientos. Esperaba como el infierno que ella le diera la oportunidad. Caden estaba tan perdido en su placer ante la vista de su cuerpo que al principio no se dio cuenta que ella estaba alejándose hasta que desapareció el peso de su cabeza en su hombro. Contuvo el aliento y se preparó a sí mismo. Su mente se aceleró con preocupación sobre lo que ella pensaría sobre él. Makenna era una mujer profesional, educada y sumamente inteligente. Donde ella era equilibrada, él era ansioso y retraído. Ella lucía elegante en su traje gris con sus pequeñas rayas blancas, mientras que él ni siquiera tenía un traje y raramente usaba otra cosa que no fuesen jeans excepto cuando trabajaba. Su piel era tan pura e inmaculada, mientras la suya estaba tatuada, perforada, llena de cicatrices. Caden llevaba su pasado sobre su cuerpo; de hecho, había usado el dolor de las pistolas de tatuajes y perforaciones para buscarle solución a su culpa por sobrevivir. Caden se avergonzó y apretó la mandíbula mientras se preguntaba lo que el hermano policía de ella pensaría si alguna vez se conocían.

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