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Desiree Holt - Escape The Night

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Argumento
Cuando Anya Kane escapó de la oscuridad a la cual Virgil Branson la estaba vendiendo, ella buscó la ayuda de su jefe, Gus D'Amato, un caliente y agradable agente del FBI.
Seis meses después, ella estaba fuera de su oficina y en su cama, disfrutando del
más erótico sexo imaginable y forjando un vínculo con el hombre que hacía cada
músculo de su cuerpo temblar. Pero las cosas van mal drásticamente, y entre sesiones de sexo termonuclear que los deja ardiendo, Gus se ve luchando por mantenerlos a ambos a salvo.

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  • 1. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 2222 AAggrraaddeecciimmiieennttooss AAll SSttaaffff EExxccoommuullggaaddoo:: AAnnaa__aabbcc ppoorr llaa TTrraadduucccciióónn,, aa Angie Lara, Aura, Lacosita, Tizona, Vilchu y Zaphira por la Corrección y a Kiti08 por la Diagramación y Lectura Final ddee eessttee LLiibbrroo ppaarraa eell CClluubb ddee LLaass EExxccoommuullggaaddaass…… AA llaass CChhiiccaass ddeell CClluubb ddee LLaass EExxccoommuullggaaddaass,, qquuee nnooss aaccoommppaaññaarroonn eenn ccaaddaa ccaappííttuulloo,, yy aa NNuueessttrraass LLeeccttoorraass qquuee nnooss aaccoommppaaññaarroonn yy nnooss aaccoommppaaññaann ssiieemmpprree.. AA TTooddaass…….. GGrraacciiaass!!!!!!
  • 2. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 3333 Argumento Cuando Anya Kane escapó de la oscuridad a la cual Virgil Branson la estaba vendiendo, ella buscó la ayuda de su jefe, Gus D'Amato, un caliente y agradable agente del FBI. Seis meses después, ella estaba fuera de su oficina y en su cama, disfrutando del más erótico sexo imaginable y forjando un vínculo con el hombre que hacía cada músculo de su cuerpo temblar. Pero las cosas van mal drásticamente, y entre sesiones de sexo termonuclear que los deja ardiendo, Gus se ve luchando por mantenerlos a ambos a salvo.
  • 3. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 4444 Capítulo Uno Anya Kane corrió a través de las oscuras calles, abrazando las paredes de los edificios, sus propios pasos hicieron eco tan fuerte en sus oídos que estaba segura de que Virgil podía oírla. Luchó por respirar, los pulmones le quemaban, su costado punzaba por correr tanto y tan rápido, pero no podía parar. Su rostro le palpitaba donde él la había golpeado y aún podía sentir en su seno la marca impresa de sus dedos cuando entró a la habitación. ¡Virgil! Dios, qué idiota había sido. Había escapado de una casa del terror sólo para terminar en otra. Huyendo de su pueblo natal Burdette, a la ciudad, la única manera de salir de la atrocidad que había sido su hogar. ¿Hogar? Eso era una broma. Cuatro paredes que escondían secretos de frialdad y brutalidad. Había tenido grandes esperanzas cuando se estableció en San Antonio. Incluso cuando su primer trabajo no pagaba tanto, se mantendría. Incitándose hacia adelante. Saltando del sartén al fuego. Aún podía escuchar el constante llanto, luego el terrible grito, y aquellos hombres discutiendo en voz alta. Aún oía las palabras de Virgil en su cabeza mientras describía qué haría para “prepararla” para uno de sus “clientes”. Cuan impresionada estuvo el día que corrió hacia sus amigas Amy y Stella en la cafetería donde había ido por un almuerzo. Justamente acababa de obtener un trabajo nuevo y genial, uno que no quería perder “uno que prometía ser muy excitante” y obtuvo el hábito de comer en su escritorio para actualizarse en el trabajo. Su primer pensamiento fue, ¿Qué hacen Amy y Stella aquí la mitad del día? ¿Y con un hombre tan guapo? Nunca me contaron nada sobre él. ¿Y por qué no me lo presentan?
  • 4. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 5555 El hombre era tan guapo, tan afable. Y también quiso ir a almorzar con él. Algo estaba mal pero no pudo imaginarse qué. ¿Era él la razón de que las tres no se habían visto en algunas semanas? ¿El Por qué ellas no respondían sus llamadas? Pero esto no parecía un interludio romántico. Quizá él las estaba ayudando a conseguir nuevos trabajos. ―Qué sorpresa―, dijo, parada embarazosamente cerca de la mesa. Luego miró a Amy y Stella y espetó, ―Cómo es que ustedes dos no me han devuelto ninguna de mis llamadas. ¿Están enojadas conmigo? Amy bajó la cabeza. ―Hemos… uh… estado ocupadas. ―Sí, ocupadas―, Stella repitió, y bajó la cabeza a su comida. ―Y estamos ocupadas ahora. Anya se sintió de repente muy tonta, sorprendida de que ellas la trataran de esa manera y avergonzada de su pregunta infantil, pero Virgil le brindo una cálida sonrisa. ―Esa no es la manera de tratar a su amiga―, reprendió a las mujeres, acercó una silla. ―Soy Virgil Branson. Ven a sentarte, tú, cosita dulce, y dime todo sobre ti. Él la atrajo como una polilla a una flama, tentándola, tejiendo su red. Él estaba sentado ahí entre las dos mujeres, guapo en su traje de sastre, su corte de cabello caro y su camisa de grado alto y corbata, luciendo cada pulgada de un próspero hombre de negocios. ―No me puedo quedar mucho tiempo―, dijo nerviosa. ―Mi jefe espera que regrese enseguida. Pero es realmente bueno verlas a todas. No las he visto en un tiempo, Virgil. Luego dos hombres de negocios, tan bien vestidos como Virgil, se acercaron a la mesa. Él no los presentó, sólo sonrió y asintió.
  • 5. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 6666 ―Hora de irnos, chicas―, dijo, dejando algún dinero en la mesa y empujando hacia atrás su silla. ―Anya, quizá te llame. Tal vez podemos pasar algún tiempo juntos. Ella no podía creer que le hubiera propuesto esto enfrente de sus amigas y se quedó ahí, sin saber qué decir. Stella se había tomado un momento más largo en levantarse, deteniéndose a buscar en su cartera y ponerse labial, luego borrarlo con su servilleta. ―Vamos―, Vigil la urgió, una nota de impaciencia en su voz. ―Voy, Voy―. Stella saltó tan rápido que casi tira su silla. Anya los observó mientras Virgil empujaba al grupo entero a la puerta. Se sacudió a sí misma, preguntándose si se había imaginado el episodio entero. Cuando él la llamó después, esa semana y la invitó a salir, no había visto nada malo en aceptar. Incluso había ido a una tienda y aprendió sobre maquillaje y compró nuevos vestidos. Sus ojos brillaron con interés cuando él llegó por ella e hizo un cumplido sobre su belleza. Así que salió con él de nuevo. Y luego una tercera vez. En Burdette las circunstancias le habían ofrecido pequeñas oportunidades de vida social. Esto era parte de lo que buscaba en la ciudad. Pero entonces Stella y Amy la habían llamado, primero engatusándola y luego gritándole que se mantuviera lejos de Virgil. Ella se lo atribuyó a celos. ¡Oh!, si tan sólo hubiera sido tan simple. Ella debía haberlas oído. Era muy tarde ahora. Demasiado tarde. Y ahora sabía todo sobre Virgil. Malditamente demasiado. Al momento deseaba volver a ser aquella antigua simple y ratonil mujer, no llamar la atención sobre sí misma. Para el momento en que descubrió lo que realmente pasaba, era prisionera en la casa que él tenía, con dos hombres de negocios regateando sobre su precio.
  • 6. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 7777 Esperando y observando por una oportunidad, ella realizó un escape casi excelente bajo sus narices. Sabía que cuando él fuera a su habitación estaría furioso por escape. Si no hubiera insistido que tenía que usar el baño… Si Virgil no hubiera tenido una discusión con dos de sus “clientes”… Si todo no hubiera ocurrido de la forma en que lo hizo… Su estómago se revolvió al pensar que él había estado comerciando por ella, el pánico se enroscó fuertemente en su interior. Su único vestigio de suerte hasta entonces había sido la decisión de Virgil, por la razón que fuera, de dejarla sin manosear. Pero iba a pasar, y pronto. Y ahora tenía que seguir corriendo, pero no tenía idea hacia dónde. No podía regresar a su departamento. Ese sería el primer lugar que él revisaría. No era como que pudiera encontrar un camino a su casa en Burdette. Localizarla en un pueblo tan pequeño sería un chasquido. ¿Pero a dónde podía ir? ¿Qué podía hacer? No tenía dinero, identificación y sólo tenía las ropas que llevaba. Todo en lo que había pensado fue escapar. ¿Pero ahora qué? Tenía que continuar. No podía dejar que él la atrapara. No tenía idea de dónde estaba, sólo que estaba en algún lugar al límite del centro de San Antonio. El vecindario era una mezcla de casas y residencias pero no estaba lo suficiente familiarizada con la ciudad para ser más exacta con su localización. Sólo sabía que no podía parar y que permanecer salvo significaba seguir tanto como pudiera en la sombra, esperando oír pasos siguiéndola en cualquier momento. O peor aún, ver un vehículo dirigiéndose hacia ella y Virgil saliendo de él. Se agachó entre dos casas, deteniéndose para tomar aire. Adelante vio las luces brillantes de un centro comercial del vecindario. Si podía llegar ahí, quizá podía saber qué hacer a continuación. Moviéndose tan rápido como pudo, Anya logró alcanzar el grupo de tiendas envueltas por un estacionamiento lleno de vehículos y multitudes de compradores moviéndose de una tienda a la siguiente.
  • 7. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 8888 Anya observó frenéticamente a su alrededor. ¿Podía acercarse a una de esas personas? No, pensarían que estaba loca. Pero de alguna manera necesitaba obtener ayuda. Por un momento pensó en su jefe. Sólo había estado trabajando ahí por tres semanas y no lo conocía muy bien. Pero si había un hombre que podía hacerla sentir a salvo era él. ¿Pensaría que era la víctima de una imaginación hiperactiva? Aún, él estaba en el sitio correcto… Virgil le había arrebatado su celular junto con su bolsa. Pero Anya siempre había tenido el hábito de acarrear monedas en sus pantalones. Metió las manos en sus bolsillos y sus dedos se cerraron en algunas monedas. Se permitió un pequeño suspiro de alivio. Ahora a encontrar un teléfono. Había un restaurante al final de la línea de tiendas. Parecía repleto y Anya esperaba poder entrar y salir antes de que Virgil decidiera buscarla ahí. Abrazó la pared del pequeño recibidor, esperando hasta que la anfitriona sentara a una pareja esperando ahí, antes de acercarse a ella. ―Disculpe, ¿tiene teléfonos de paga aquí?― Ella esperaba no sonar tan nerviosa como se sentía. ―Justo ahí―. La anfitriona señaló tras de ella sin mirar al cuadro de asientos que estaba marcando. Anya tomó otro respiro calmante. ―Lo siento, ¿pero tendría además un directorio telefónico que me pueda prestarme? La anfitriona le dio una mirada impaciente al tiempo que tomaba un directorio de su repisa y se lo empujó. Por favor no permitas que haya cien personas con su nombre. La suerte estaba con ella. Hubo sólo un Augustus D’Amato listado. Con dedos temblorosos deslizó la moneda en la ranura y marcó el número. * * * * *
  • 8. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 9999 ―Perdón el lugar está un poco desordenado―. Gus D’Amato abrió la puerta de su condominio y la mantuvo abierta, haciendo un gesto a Anya para que entrara. ―Realmente no esperaba compañía esta noche. ―Lo siento―, Anya empezó, pero Gus la detuvo. ―No hay problema, Anya. Sólo prepárate para un departamento de soltero. ―Oh―. Ella esbozó una pequeña sonrisa mientras él la hizo pasar a la sala. Ella notó que no había ningún desorden sino la magnífica vista del centro de San Antonio desde su sala. Una pared entera estaba revestida en vidrio. Desde la ventaja del piso quince del edificio, podía ver de cerca toda la ciudad expandida ante ella. ― ¡Wow!― era todo lo que pudo dirigir. Gus se paró detrás de ella, muy cerca pero sin tocarla. ―A veces olvido cuán impresionante es esto. ¿Quieres una bebida? ¿Café? ¿Té? ―Sólo un vaso de agua helada, por favor. Él la guió a un largo de piel sofá y esperó hasta que estuvo instalada en él. Anya estuvo agradecida por el hecho de que él no le hubiera interrogado durante el viaje a su casa desde el centro de compras. Sólo un agente del FBI podía simplemente recogerla, sin preguntas, y la traería a su hogar para indagar en qué tipo de problema estaba metida. Aún estaba temblando tanto que casi vertió el vaso de agua que él le había dado. Gus se sentó a su lado y cubrió con su mano las suyas, ayudándola a estabilizar el vaso mientras bebía. ―Gracias―. Situó el vaso abajo en el portavasos que él deslizó sobre la mesa de café. Ahora tenía que descubrir la mejor manera de explicarle su situación. Mientras estaba tratando de poner sus pensamientos en algún tipo de orden, observó por
  • 9. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 10101010 primera vez con atención al hombre que la había contratado sólo unas cortas semanas atrás y aún así fue por ella esta noche sin dudarlo. Sin el traje estándar y la corbata que todos los agentes del FBI parecían preferir, él lucía… diferente. Esta noche tenía unos jeans gastados y una camiseta negra que se aferraba a su musculoso cuerpo como una segunda piel. Su cabello lucía espeso, castaño, rayado por el sol, estaba ligeramente despeinado, lo suficiente para que Anya deseara correr sus dedos a través de él. Ojos café, color whisky, se asomaban en un rostro muy masculino que atractivo, con una quijada cuadrada, pómulos altos y ahora una sexy e insipiente barba. Los músculos ondulaban en sus brazos cuando levantó la botella de cerveza que había traído junto con su vaso de agua. ¡Detente! Estaba literalmente corriendo por su vida, aterrorizada, con la única persona al que se atrevió pedir ayuda y aquí estaba comiéndoselo con los ojos y tratando de imaginarlo desnudo. Su jefe, ¡de todas las personas! Totalmente fuera de los límites de cualquier circunstancia. Virgil debió haber revuelto su cerebro con aquel duro golpe a su cara. ―Odio dañar la mercancía―, dijo, ―Pero tienes que aprender a obedecer órdenes ¿Sabes? Pensando en eso se tocó su mejilla donde aún sentía dolor y estremecimiento al contacto. Instantáneamente Gus bajó su cerveza, se deslizó cerca de ella y cubrió su mejilla. Sus ojos la estudiaron con cuidado. Cuando su pulgar barrió sobre la sombra bajo el maquillaje, ella parpadeó y los ojos de él se oscurecieron. ―No te muevas―, le dijo y se dirigió a la cocina. Regresó sosteniendo una bolsa de hielo y una pequeña toalla. ―Sostén esto contra cara. Ayudará. ―Gracias―. Lo tomó, avergonzada de que la viera así. ¿Pero qué opción tenía?
  • 10. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 11111111 Gus sorbió su cerveza por un momento o dos, dándole la oportunidad de hacerse de una. ― ¿Todo bien?―. Su voz era calma. Tranquilizante. ― Parece como si estuvieras en algún tipo de problema o no me hubieras llamados fuera de hora. Y también estoy adivinando que es algo que no quieres que amigos y familiares sepan, o no hay alguien a quien pudieras llamar. Ella asintió, bajando el paquete de hielo lo suficiente para tomar otro trago de agua. Gus sonrió, la curva de sus labios le confirió calidez en su rostro. ―No has trabajado para mí por mucho tiempo, Anya, pero tuve una buena impresión cuando te entrevisté y en las pocas semanas de trabajo realmente me impresionaste. Supongo que confías en mí hasta cierto grado o en mi trabajo o no me hubieras llamado, entonces por qué no me cuentas cuál es el problema. Veamos cómo te puedo ayudar. Anya bajó el vaso y secó las lágrimas que quemaban sus párpados. Estaba tan avergonzada, por su estupidez e ingenuidad, y no estaba segura de dónde empezar. Gus seguía sentado cerca de ella en el sofá. Alzó una mano y gentilmente enjuagó la humedad de sus mejillas. Por un momento pequeñas sacudidas de conciencia corrieron a través de ella, una reacción tan inesperada que la sorprendió. Luego, con la misma rapidez desaparecieron, él era Sr. D’Amato, el hombre para quien trabajaba, y ella estaba viviendo una pesadilla. ―Vamos―, la urgió en voz suave. ―Veamos cuán malo es esto en realidad. Anya sabía que tenía que decirle. Él era su única fuente de ayuda. Y ciertamente su trabajo lo ponía en la posición de rescatarla, incluso si fuera de su propia estupidez. Bajó la mirada, incapaz de verlo mientras habló. ―Yo-yo me mudé a San Antonio hace un tiempo porque aspiraba algo más de lo que Burdette tenía para ofrecerme. Dos de mis amigas se mudaron aquí, también, y nos veíamos una vez a la semana.
  • 11. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 12121212 ―No suena tan mal hasta ahora―. Su voz era profunda y lenta, envolviéndola como un paño de terciopelo. Por un momento sólo quiso sumergirse en él y dar por terminada la fea historia. ―No he llegado siquiera a la parte mala aún―. Respiró inestablemente y lo dejó salir. ―Siempre he sido un poco… tímida. Nunca fui tan popular para llamar la atención de alguien. Entonces cuando me fijé en Virgil y me invitó a salir, no puse ninguna atención a lo que Stella y Amy dijeron―. Lágrimas se acumulaban otra vez y rodaron por sus mejillas. ―Luego esta noche…― Respiró en otro inestable intento. ―Tómate tu tiempo. No tenemos prisa. Le dirigió una sonrisa que casi fue una mueca. ―Debes hacer esto un mucho. Él le sonrió de vuelta. ― ¿Salvar hermosas doncellas? Su sonrisa desapareció. ―Estoy lejos de la hermosura. Es por eso que estaba tan halagada cuando Virgil… Cuando él… Pero entonces él trajo a esos hombres… Me pegó… Esos hombres… Ella se disolvió en lágrimas, incapaz de seguir adelante. Gus la atrajo gentilmente a sus brazos, con sus manos calmándola, pero ella sintió una repentina tensión en el cuerpo de él. ―No estarás hablando por casualidad de Virgil Branson, ¿no es así? Ella levantó su cabeza. ―Sí, ¿por qué? ¿Cómo conoces a Virgil? Sus manos se apretaron en ella por un breve momento. ―Cariño, Virgil Branson ha sido una espina en mi costado por más tiempo del que recuerdo. Nunca creí en el destino antes, pero estoy seguro que lo hago ahora. De otra manera ¿qué otro te haría llamarme esta noche?― ― ¿Conoces a Virgil?― Ella frunció el ceño, perpleja.
  • 12. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 13131313 ―Lo conoceré aún mejor. Vamos a por un té caliente para ti, con un poco de brandy en el, y vamos a tener una larga conversación. Quiero escuchar todo lo que puedas decirme acerca de Virgil Branson. Todo.
  • 13. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 14141414 Capítulo Dos Seis Meses Después Anya sonrió cuando Gus apagó la luz del baño, se quitó sus bóxers y se deslizó a la cama junto a ella. Amaba la sensación de su gran, duro cuerpo y la calidez que exudaba. Aún no podía creer todo lo que había pasado desde esa noche que lo llamó temiendo por su vida. En los pasados seis meses Virgil Branson había sido arrestado por dirigir una red de prostitución, una que estaba respaldada por un cartel muy importante y que enviaba mujeres por todo el mundo. Vendiéndolas como mercancías. Anya, Stella y Amy habían sido principales testigos en su juicio. Actualmente sus amigas habían sido reubicadas, Virgil estaba en una prisión federal, y ella y Gus estaban construyendo una vida juntos. Algo que nunca hubiera imaginado ni en sus sueños más salvajes. Gus deslizó un brazo debajo de ella y la empujó hacia él. Ella amaba la sensación de su cuerpo contra el suyo, los duros músculos bajo piel lisa. Y él siempre olía tan bien esa deliciosa combinación de jabón, aire libre y hombre que era distintivo en Gus. Presionando su nariz contra su hombro, inhaló profundamente, tomando su esencia dentro de sí. ―Me pregunto si alguna vez podré acariciarte lo suficiente―. Su voz ya era más profunda por deseo. ―Todavía tengo que pellizcarme para creer que esto está pasando― Le dijo. ―Oh, creo que podría ser yo el que te pellizque―. Él tomó un pezón entre el pulgar y el dedo índice y lo apretó ligeramente. El calor fue como una flecha directa a su coño, la humedad la inundó y su pulso palpitó a toda marcha. ¿Podía hacerle esto con un solo toque?
  • 14. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 15151515 Anya pasó una mano ligeramente sobre el espeso vello en su pecho, rizando los dedos en él y buscando sus pezones. Cuando raspó gentilmente sobre la superficie de ellos, el aliento de él silbó lentamente. ―Cariño, te gusta encender mi fuego, ¿no es así?―. Sumergió su cabeza para capturar el lóbulo de su oreja en sus dientes, luego arrastró su lengua por la base de su cuello. Anya se estremeció en anticipación. Nunca había soñado que una mujer de tanta sexualidad viviera en su interior. Su experiencia había sido limitada y su autoestima muy baja, especialmente después de la dulce plática con Virgil sobre ella con el único propósito de vender su cuerpo a los más altos postores. Pero desde esa primera noche, cuando lo llamó pidiendo ayuda, Gus la había cuidado y protegido, persuadiéndola para salir de su timidez. Le había enseñado que el sexo con la persona correcta podía ser maravilloso. Que la mayoría de los hombres no eran como los pocos con los que había estado, torpes e inexpertos. O brutales, como Virgil y sus clientes. Le había enseñado a cómo responder a las necesidades de sus cuerpos. Y a dar bienvenida a su toque. Gus le había dado la fuerza para testificar contra Virgil y convencer a Amy y Stella de hacer lo mismo. Él la había protegido en su departamento y luego en su cama, enseñándole los placeres del amor erótico. Mientras el lazo emocional entre ellos crecía, se abrió a él como una flor. Al presente no pasaba un solo día que no rogara por el toque de su boca, sus dedos, su polla en su interior. Había sido transferida a otra oficina, por supuesto, pero con suerte había una vacante en el mismo piso. Cada vez que él paraba a inspeccionarla, se preguntaba si alguien notaba las miradas ardientes que intercambiaban. Ahora frotó su cuerpo contra el suyo de una manera que alimentó el placer en ambos. Gus movió una mano por sus curvas con un ligero movimiento como de plumas que enviaron temblores por su cuerpo.
  • 15. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 16161616 ―Siempre te sientes tan bien para mí―, él murmuró, con su cabeza sumergiéndose para capturar un pezón entre sus labios. ―Tu piel se siente como seda fresca pero hay tanto calor debajo―. Mordió su barbilla. ― ¿Pero ese calor es sólo para mí, verdad, cariño? ―Por supuesto―, respiró. Como si cualquier otro hombre le atrajera. Su boca continuó su sensual viaje por su cuello, deteniéndose en el hueco de su garganta para presionar la lengua al lugar donde su pulso latía con tanta furia. Y todo el tiempo su mano la recorría por todos lados —sus muslos, sus brazos, sus hombros. Anya ancló sus dedos con ardor, al grosor de su pelo, aferrándose a él con fuerza mientras pequeñas ondas de placer corrieron a través de cuerpo. Una palma acarició un seno mientras su boca encontró el pezón, con su lengua lamiéndolo, sus labios tirando de él, sus dientes aguijoneando pequeños pellizcos. Anya sintió la humedad en su vagina y los labios estaban hinchados por la necesidad. Cuando él atormentó el pezón, hinchándolo, él se movió al otro, amasando la carne blanda de su pecho mientras usaba su boca y dientes en el brote hinchado. Anya se movió contra él, presionándose a sus labios y manos. Dejó que una de sus manos se deslizara a la deriva hacia abajo, alcanzando el duro y grueso eje contra su muslo, queriendo tocarlo, igualmente. ―Uh-uh―, Gus murmuró, con su boca contra su cuerpo. ―Este es mi tiempo de jugar. Sus labios bajaron más por su cuerpo, hasta que alcanzaron los suaves rizos que cubrían su coño. Moviéndose para así arrodillarse entre sus muslos, los abrió ampliamente, bajando la cabeza y abriendo los labios de su coño. Anya había descubierto que él amaba observarla completamente expuesta, con sus ojos devorándola. Pequeños destellos de calor viajaron a través de ella.
  • 16. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 17171717 ―Podría pasar el resto de mi vida comiendo de tu coño―. La voz de Gus era baja y cruda por la necesidad. ―Dobla tus rodillas para mí, cariño. De la manera que me gusta. Anya plantó sus pies en el colchón, con rodillas dobladas y piernas tan separadas como podía tenerlas. Gus tomó un largo, lento, delicioso barrido de su lengua por la longitud de su raja, sin correr, sin apresurarse. Tomándose su tiempo para disfrutar cada bocado. Anya quiso gritar para apresurarlo, pero ahora sabía que lento y fácil era su manera favorita de amar. Él sabía cómo volverla loca. Para el momento en que estaba listo para entrar en ella, estaría tan estimulada que alcanzaría el clímax de una vez, luego otra vez mientras la follara. Con sus pulgares Gus separó los labios de su coño, y luego cerró sus labios sobre su palpitante clítoris. Anya se zarandeó, sus caderas alzándose del colchón cuando se elevó para encontrar su boca. Gus tomó con fuerza pero sin prisa a su demandante carne, alternadamente chupando el brote caliente y dando lametazos a cada pulgada de los labios de su coño. Para el momento en que él hundió su lengua dentro de su húmedo canal ella estaba medio loca de deseo. Él era tan diestro con esa lengua, empujándola dentro y fuera como haría después con su polla. Rozaba rítmicamente contra las paredes flexibles de su coño, alcanzando en profundidad y encrespando la punta para llegar a ese oh, lugar tan dulce, que la envió girando en espiral. Empujando sus caderas hacia él trató de llevarlo más profundo en su interior. En su lugar, él retiró la lengua y dibujó círculos concéntricos alrededor de su clítoris. Una y otra vez, dando vueltas y vueltas. Anya se aferró a la sábana, cavando sus puños en ella y afirmando sus pies en el colchón. Quería que la dejara venirse, para llevarla a ese lugar maravilloso de fuegos artificiales y terciopelo negro, pero ese no era el estilo de Gus. Ella ya lo había aprendido. Elevando su cabeza, lamió el interior de cada muslo con tentadores golpes fuertes de su lengua ancha y plana, dejando su coño vibrando con necesidad. Plantando besos en el interior de cada rodilla, él deslizó sus manos arriba, del lado exterior de
  • 17. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 18181818 sus muslos luego alrededor de las mejillas de su trasero. Con un hábil movimiento la volteó sobre su estómago y la incitó a estar de rodillas. Entonces besó su trasero, esos toques ligeros de mariposa que hacían que el lento pulso en su vientre tamborileara con excitación. Gus se desplazó entonces, su cuerpo estuvo sobre el de ella, rodeó sus muñecas y levantó sus manos, apretando sus dedos alrededor de los listones en la cabecera. ―Agárrate fuerte, cariño―. Su voz era ronca y tosca. ―Quédate así. Él alcanzó sus almohadas y las puso bajo ella, apilándolas para que así su cuerpo pudiera descansar en ellas. Anya tembló con anticipación. La primera vez que Gus la había tomado por detrás había estado asustada, excitada, presa del pánico, un torbellino de emociones en conflicto. Pero como con todo lo demás, él había sido lento, amoroso, aplastando su propia necesidad en aumento para excitarla al punto donde ella lo deseaba tanto como él. Aún así, él nunca la había tomado por ahí. ¿Sería esta noche ‘la noche’? Como había llegado a conocer muy bien a Gus en los pasados seis meses, aprendió que era un hombre de grandes apetitos sexuales. También descubrió que él mantenía una gran parte de sí mismo escondida, receloso de asustarla, sabiendo, cómo su corto encuentro con Virgil y su operación la habían traumatizado. ¿No sabía que confiaba en él más que en cualquier otro hombre que hubiera conocido jamás? ¿Que estaba lista para cualquier cosa que él quisiera? ¿Y Lo deseaba? Ella movió el trasero, esperando enviarle una señal de algún tipo. Su risa era baja y ronca. ―Poniéndote ansiosa, ¿no es así? Me gusta eso. Mi pequeña tímida flor se está volviendo una flor abierta―. Poso un beso con los abiertos en cada mejilla de su trasero antes de apoyarse sobre ella y frotar su clítoris con dedos talentosos. Él sabía exactamente dónde y cómo tocarla para calentar su sangre y hacer chisporrotear a sus terminaciones nerviosas. La urgencia dentro de ella en explorar
  • 18. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 19191919 más a fondo con él, empujar la erótica envoltura, crecía más fuerte cada vez que hacían el amor. Anya se apoderó de los listones de la cabecera y sacudió sus caderas al tiempo que los dedos de Gus pellizcaron su clítoris, frotando los labios de su coño y exploró profundamente dentro de su canal hambriento. Cerró los ojos, entregándose al placer que surgía a través de su cuerpo. ¡Más, más, más! Las palabras vociferadas en su cabeza. Luego ella escuchó el bienvenido sonido de papel rasgándose y visualizó a Gus desenrollando el condón en su grueso hinchado pene. Los músculos dentro de su coño se cerraron en anticipación. Al siguiente segundo sintió la punta de su eje probando su entrada. Sus manos sosteniéndola de las caderas mientras empujaba lenta pero constantemente hacia adelante, entrando en ella un poco cada momento. ¡Todo el camino! ¡Todo el camino, Gus! No soy una muñeca de porcelana. ― ¿Te estoy lastimando?― Ella escuchó la tensión en su voz mientras luchaba por controlarse. ―No.― Ella se echó hacia atrás en dirección a él. ―Maldita sea, Gus. Te lo sigo diciendo. No tengo miedo contigo. Tómame. Duro. ―Está bien, cariño.― Se deslizó fuera lentamente, luego se estrelló en ella. Ella sintió la cabeza ancha empujando a la entrada de su vientre y tembló de placer. ―Sí―. Se echó otra vez hacia atrás. ―Eso es lo que quiero. No me romperé, Gus. Jódeme, duro. ―Sostente fuerte, entonces.
  • 19. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 20202020 Sus caderas giraron cuando él salió, deslizándose de nuevo dentro, cada golpe más fuerte y rápido que el anterior. Manteniendo una mano en una cadera para estabilizarse, Gus alcanzó su clítoris y tiró de él entre dos dedos. Mientras se hundía dentro y fuera de ella, sus dedos jalaban atrás y adelante al mismo ritmo. Más y más rudamente Gus se adentro en ella, trabajándola para llevarla al límite. Anya sintió un helado y caliente cohete a través de sí y un clímax construyéndose bajo su vientre. Surgió a través suyo explotando justamente cuando sintió a Gus endurecerse detrás de sí por su propio orgasmo. Y luego ellos colisionaron juntos, temblando con la fuerza de su liberación, con los músculos de su coño ordeñándolo. Él gritó su nombre mientras se vaciaba dentro de ella, los calientes chorros de su semen vertiéndose en el delgado protector de látex. Al final estaban agotados. Gus alcanzó a abrir sus dedos, luego se inclinó hacia ella, su corazón golpeando contra su espalda y mezclándose con su propio latido. El único sonido en la habitación era el áspero raspar de sus respiraciones mientras peleaban por llevar aire a sus pulmones. Cuando se concentró lo suficiente, Gus se retiró de ella y se dirigió al baño para desechar el condón. Anya empujó las almohadas hacia la cabecera y giró sobre su espalda, con una sensación de lasitud satisfecha arrastrándose a través de ella, haciendo sus miembros débiles. Se rió de sí misma, recordando cada momento de placer carnal que su acoplamiento le traía. Cómo había cambiado su vida en sólo seis meses. Su éxito en el trabajo le dio confianza. Su relación con Gus la hizo creer en sí misma, creer que podía tenerlo todo. Supuso que era la única cosa por la que tenía que agradecerle a Virgil Branson. Si no fuera por él, no hubiera llamado a Gus esa noche y no estaría donde se encontraba ahora. Gus se deslizó dentro de la cama, a su lado y levantó su cabeza para besarla, su lengua trazó la línea de su boca antes de probarla por dentro. Pero este no era un
  • 20. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 21212121 beso hambriento. Era gentil. Tierno. Un beso que prometía tantas cosas. Se deleitó en él, jalando la cabeza de Gus más cerca de ella, anclando sus dedos en su cabello. Ella amaba que cada vez que hacían el amor él la abrazara después, mostrando sus sentimientos en tantas maneras. Se había puesto como cuchara contra él, sus brazos envueltos alrededor suyo, cuando el teléfono sonó. ―Mierda. ¿Quién infiernos me necesita ahora?― Él alcanzó el teléfono. ―Es mejor que esto sea malditamente importante―. Pero entonces su cuerpo entero se tensó. ― ¿Qué? ¿Estás bromeando? Maldito sea el infierno ―. Él escuchó algo más. ―Está bien, está bien. Vamos en camino―. Él ubicó en su lugar al teléfono, se inclinó y besó su mejilla. ―Necesitamos levantarnos, Anya. Tenemos que ir a la oficina. ― ¿Qué está mal?― Su corazón estuvo cerca de parar de latir. ― ¿Qué está pasando, Gus? Podía sentir la ira, creciendo en ondas en él. ―Virgil Branson escapó.
  • 21. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 22222222 Capítulo Tres Había diez personas en el cuarto de conferencias junto a la oficina de Gus. Anya conocía a dos de nombre. Los otros eran extraños excepto por su jefe, Jimmy Broughton. Todos tenían tazas llenas de café y otra cafetera estaba en preparación en una pequeña mesa en la esquina. Trató de dar sentido a lo que todos estaban diciendo pero su cerebro parecía estar atrapado en primera marcha. Nada había oído desde que Gus le había dado la terrible noticia. Se sentó junto a Gus, temblando por dentro pero haciendo todo lo posible para mantener el control en el exterior. En su prisa se puso unos pantalones y camiseta que sintieron no sólo arrugados sino expuestos también, como si todos en la habitación pudieran ver debajo de su ropa e identificar lo que ella y Gus habían estado haciendo. Aunque él era todo profesionalismo, Gus había tomado su mano entre las suyas, sosteniéndola con fuerza, su calidez y fuerza se filtraron en ella con una tranquilidad que necesitaba desesperadamente. ―Ese es el truco más viejo del libro― él dijo nuevamente. ―Pretender estar enfermo, ser transferido a la enfermería de la prisión y después salir de la prisión. Pero tuvo que tener ayuda. Y lo tuvo que planear de antemano. Jimmy Broughton caminaba arriba abajo. Lo había hecho desde que todos ellos llegaron y determinaron el problema. ―Tengo a alguien en ello―, les dijo. ―Estamos revisando los registros de visitas, también sus registros de actividades durante los meses pasados. La mejor conjetura es, aparte de la ayuda externa, que compró a alguien de la enfermería. Estamos buscando el historial de todos los que trabajan ahí.―
  • 22. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 23232323 Un hombre en pantalones y una camisa polo arrugada se levantó a rellenar su taza de café. ―Si me preguntan, es demasiada mierda la que está pasando en este momento. ―Es verdad―, Jimmy acordó, ―Pero esto no resuelve nuestro problema. Tenemos que encontrar quién y cómo. Y más importante, dónde está Branson ahora. Ese hombre es un psicópata peligroso. Sus palabras helaron a Anya hasta los huesos. Ciertamente no necesitaba recordar la fría y torcida mente de Virgil escondida detrás de esa apariencia de encantadora. O las cosas que él había planeado para ella después de que ―la rompiera―. Anya apretó los dedos alrededor de los de Gus y él le dio un apretón en respuesta. Ella se preguntó si alguna vez estaría a salvo de ese hombre. Alguna vez sería capaz de relajarse y disfrutar de su nueva vida con Gus. ―Debes dejarnos ponerla en una casa de seguridad lejos de aquí―, Jimmy continuó, mirando directamente a Gus. ―Ella estará fuera de peligro y tú puedes ayudarnos a acorralar a este bastardo. ―No―, Gus no gritó pero no había error en el poder en su voz. ―Ella se queda conmigo―. ―Al infierno, Gus. Toma una decisión con tu cerebro para variar. Podrías poner a ambos en peligro―. ―Lo manejaré. Ella se queda. Jimmy agitó sus manos a través de su cabello. ―Escucha, sólo estoy… ―Jimmy. El hombre a la cabeza de la mesa habló. Anya lo reconoció como Dean Barton, el Agente Especial Encargado de la oficina de San Antonio y el hombre al que ambos Gus y Jimmy se reportaban. Anya sólo lo había visto una vez pero los agentes hablaban de él con completo y absoluto respeto.
  • 23. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 24242424 ―¿Sí, jefe?― Jimmy dejó de pasear y giró al AEE. ―Deja que Gus maneje esto a su manera. Nuestra orden del día es encontrar quién ayudó a Virgil. Eso nos dará una idea de dónde podría estar escondido. O por lo menos a quién preguntarle. ―Me gustaría tener a ese en mis manos, sea quien sea―, Gus gruñó. ―Derramarían sus tripas en diez segundos. Dean sacudió la cabeza. ―De hecho, Gus, vas a mantener un perfil bajo aquí. ―Espere un minuto―, Gus empezó. Dean lo cortó. ―Tienes otras prioridades―. Él miró a Anya. ―La seguridad de la señorita Kane está en lo alto de la lista. Lo haré tu asignación personal toma la responsabilidad de esto. Anya sintió a Gus endurecerse a su lado. ―Ya lo suponía. Pero eso no significa… ―Lo que significa es que ninguno de ustedes puede volver a su casa. Ni siquiera para recoger sus pertenencias personales. Anya apretó su agarre en la mano de Gus mientras se inclinaba hacia adelante. ― ¿Pero a dónde iremos, Sr. Barton? Él les procuró una tensa sonrisa. ―Tengo una casa de seguridad establecida. Sólo los aquí presentes en esta habitación sabrán cuál es. Se lo prometo, estarán a salvo ahí, señorita Kane. Sus palabras fueron algo tranquilizadoras pero puso toda su confianza en Gus. Y le dejaría los detalles a él. Él le prometió la noche que lo había llamado que nunca la decepcionaría y no lo había hecho.
  • 24. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 25252525 ―Es muy importante para mí tener una fuente de información sobre lo que está pasando, ― Gus protestó. Dean asintió. ―Y la tendrás. Jimmy será tu contacto cuando yo no esté disponible. Sabrás todo lo que está pasando todo el tiempo. Voy a tener que recurrir a tu memoria porque llevaste el caso original. ― ¿Qué hay de refuerzos? ¿Alguien con ojos y oídos cuando estemos dormidos? ―Esa es una de las cosas que discutiremos después de esta reunión. Anya recostó en su silla, dejando que el resto de la discusión se arrastrara por ella. Aún estaba intentando absorber el hecho de que Virgil Branson estaba en libertad. Él la miró a los ojos cuando ella salió de la corte y pronunció, ―Te mataré, cosita dulce. No te puedes esconder de mí―. Un escalofrío se deslizó por ella mientras recordaba la promesa mortal y movió su silla más cerca de Gus. Finalmente parecía que la reunión acabó. Cada quien tenía sus tareas y se dirigía a sus escritorios o a sus carros para empezar. Dean Barton los dejó por un momento, luego regresó llevando un largo maletín de aluminio, que le entregó a Gus. Luego cerró la puerta y se sentó al otro lado de Anya y Gus, empujando el maletín hacia Gus. ―Tu bolsa de viaje―, le dijo. ―Ábrela cuando se estén marchando. Gus asintió y esperó a que el AEE continuara. ―Obviamente no sabemos qué tan extensa es la red de Branson―, les dijo. -―Es más larga de lo que pensamos. Gus, es completamente posible de que sepa de tu relación con la señorita Kane y está consciente de que los dos están viviendo juntos. Podría incluso tener a alguien vigilando su casa―. ―Me lo imaginé―, Gus le dijo. ―Tan pronto como acabemos algunos detalles aquí, saldremos de edificio y haremos algún artículo gancho.
  • 25. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 26262626 Anya intentó concentrarse mientras Dean repasó los detalles con Gus. Él explicó, entre otras cosas, que alguien ya les había comprado ropas y cualquier otro artículo de primera necesidad que requirieran. Que todo estaba esperando por ellos en la casa de seguridad. Pero todo lo que ella escuchó era un zumbido en su cabeza, como resultado de la tensión que la embargaba. ¿Por qué había aceptado esa primera cita con Virgil? Había sido tan estúpida, crédula, tonta de pueblo. Realmente no había estado consciente hasta el juicio de cuán lejano distaba Virgil de ser un ―buen hombre ―. Más bien era un demonio, un vicioso empresario negociando con carne humana, con una red que se extendía por todo el globo. Anya miró a Gus, su ceño aumentó en preocupación. ― ¿Qué pasa con mis amigas Stella y Amy? Él irá tras ellas, también. La pena brilló en los ojos de Dean. ―Odio decir esto, señorita Kane, pero si estaban con Virgil de buena gana cuando las vio la última vez, es posible que estén ya como su fuente de información. ―Oh, Dios, espero que no―. Retorció sus manos. ― ¿Puede inspeccionarlas? ¿Por favor? ¿Es eso posible? Dean asintió. ―Me aseguraré de mandar a agentes a analizar la situación. Si aún están por aquí, les ofreceremos protección. ―Gracias―, ella respiró. ―Está bien, entonces―. Dean se levantó y golpeó con su mano la mesa. ―Hora de irse― dijo, y miró directamente a Gus. ― ¿Estás listo? Gus asintió y apuró a Anya a salir su silla. Inclinándose a su cabeza, le susurró, ―Te prometo que todo estará bien. Te cuidaré y te mantendré a salvo. ―Confío en ti―, susurró en respuesta. Pero aún estaba asustada. Se aferró a Gus mientras Barton los llevó del cuarto de conferencia al elevador. Alrededor de ellos la actividad bullía en varios cubículos, a pesar de ser tan tarde.
  • 26. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 27272727 En lugar de apretar el botón del estacionamiento, Dean tomó una llave de su bolsillo y la metió en un pequeño candado en el panel del ascensor. ―No necesitamos compañía ahora, ― les dijo. ―Esto es sólo en caso. Él presionó el botón de arriba y ellos viajaron silenciosamente al techo. En el momento en que Dean apretó el botón de abrir la pesada puerta de metal con salida al techo Anya oyó un nada familiar sonido y una fuerte brisa casi la tiró de sus pies. Ella protegió sus ojos contra el viento y miró un helicóptero negro esperando con su rotor ya en movimiento. Se dirigieron hacia el helicóptero, agachándose para evitar el arrollador rotor. Gus ayudó a Anya primero y le hizo un gesto para que se pusiera el cinturón. Luego subió al lado del piloto, asintió hacia Dean y cerró la puerta. En segundos estaban despegando del techo. Anya cruzó las manos con fuerza en su regazo y trato de no mirar la ciudad a sus pies. * * * * * Anya desempacó el maletín que habían dejado para ella casi sin interés. Apreciaba el hecho de que alguien se había tomado la molestia de aprender —o haciendo un buen trabajo en adivinar— sus tallas e intentó escoger cosas que le pudieran gustar, pero ropa era la última cosa en su mente. Sus movimientos eran casi automáticos cuando guardó sus cosas y las de Gus en el armario de roble y el gran clóset de vestíbulo. Gus estaba en la sala con John Randolph, el agente que se reunió con ellos en el campo de aterrizaje y los condujo aquí a este barrio bonito y tranquilo. John los había llevado a través de la casa, mostrándoles todas las precauciones de seguridad —los sensores alrededor de la parte externa de la casa, las cámaras ambas en el techo y en los árboles que alimentaban la computadora en el estudio, los cables alrededor de las puertas y ventanas. Ahora los dos hombres estaban trabajando en su horario de servicio. Ella esperaba que John tomara las noches y así pudiera sentir el cálido cuerpo de Gus a su lado por la noche. De otra manera ella no estuvo segura de que pudiera dormir.
  • 27. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 28282828 Él me encontrará, no importa lo que hagan. Nunca se da por vencido. Nadie alguna vez fue contra él. ¿Por qué había pensado que podía ser la excepción? Una escena destelló en su mente, la segunda noche que estuvo en la gran casa de Virgil. Escuchó sonidos provenientes de la plata baja, discusiones y luego llantos. Cautelosamente abrió la puerta del cuarto en que la había atrapado. El hombre que siempre estaba de guardia en la sala de arriba oyó crujir la puerta abierta y estuvo en ella en un instante. ―Cierra la maldita puerta, perra―. Se cernió sobre ella, una fea montaña de hombre. ―Se te ha dicho que no dejes la habitación. Eso significa mantener la puerta cerrada. Anya la cerró pero la dejó lo suficientemente abierta para ver y oír. El llanto continuó, un sonido roto, sin esperanzas. ―Maldito seas, Virgil―. Una fuerte voz de hombre. ―Se supone que la ablandarías para mí. ¿Qué infierno pasó? Anya sabía todo sobre el ablandamiento. Virgil le había explicado en gran detalle cómo sería preparada para los hombres con pollas extremadamente largas. Cómo sus hombres tomarían turnos con ella hasta que aprendiera a complacerlos y desarrollara la actitud adecuada para sus clientes. Clientes por supuesto era un eufemismo para los muy ricos hombres que habían comprado mujeres, como tanto mercancía. A veces por las noches, cuando esperaba con miedo ver si él mandaba a alguien, escuchaba los gritos de otras mujeres siendo maltratadas, y asentaba la almohada sobre su cabeza, tratando de borrar el sonido. Pero ese día conoció a un hombre muy rico de Asia que había llegado a hacer su selección. Virgil había visitado a cada una de ellas y les informó.
  • 28. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 29292929 ―No tú, cosita dulce―, le dijo a Anya, sosteniendo su babilla en un agarre brutal. ―No he conseguido que estés apropiadamente preparada todavía. Ella esperó, aterrorizada, para ver si realmente lo quiso decir o si sería jugada para la selección con las otras. Luego escuchó el llanto y el grito, ¡un fuerte chasquido!, como una bofetada seguida de un grito que heló la sangre de Anya. ― ¡Idiota!― el hombre de Asia había gritado. ―No las quiero si las cortas en piezas. ―No hay problema―, Virgil había dicho en esa tranquila voz de él. ―Tengo muchas más de donde ella provino. Fue en ese momento en que Anya supo que tenía que escapar a cualquier costo. Estar muerta era mejor que lo que Virgil había reservado para ella. Le creyó ese día en la corte cuando le dijo que la mataría. Ni siquiera Gus o todos los otros agentes del FBI lo podrían detener. El frío conocimiento se había instalado en su interior, absorbiendo su vida. Deprimida, se sentó en la cama, aún sosteniendo un suéter en sus manos, enterró la cara en la suave tela. ― ¡Ey, ey, ey! ¿Qué es esto? No había escuchado a Gus entrar a la habitación pero de repente él estaba ahí, tomando el suéter de sus manos, levantándola y luego sentándose con ella en su regazo. ― ¿Qué sucede, cariño?― Una cálida mano acarició arriba y abajo su columna. ―Tienes un mal semblante. Anya enterró la cara en su pecho. No le gustaba hablar de estas cosas con Gus, aunque le había contado todos horribles, dolorosos detalles la noche que la rescató. Luego lo tuvo que repetir todo para su declaración formal y otra vez en la corte. Pero sólo el pensamiento de lo que podía haberle pasado —lo que le pasó a otras—
  • 29. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 30303030 la hacía sentir sucia. No quería hurgar lo que tenía con Gus, no cuando habían llegado tan lejos con su relación. ―Él nunca me va a dejar ir―. Su voz sonaba apagada contra la camisa de él. Gus deslizó su cálida mano bajo sus cabellos y acarició su cuello, e inclinando su cabeza atrás para mirarla. ―Sí, lo hará. Lo dijo con tanta resolución que casi pudo creerle. ―Escúchame, cariño―. Le besó la frente. ―Te doy mi palabra de que vas a estar a salvo. Branson será atrapado y encerrado de nuevo en prisión. Esta vez no va a haber ningún desliz, una vez que pongamos nuestras manos en él. Te lo garantizo. Anya aferró su camisa en sus puños y excavó en la pared dura de su pecho. ―Tú no sabes cuán malvado es. Oh, Gus, estoy tan asustada. ―Vamos a salir de esto―. Él dejó ligeros besos a su frente y mejillas, acunándola contra su cuerpo. ―Tomó muchas agallas para que me contaras lo que pasó y luego superarlo. E incluso más para ti pararte en la corte y repetir todo, con Virgil Branson sentado justo ahí. Pero lo hiciste. Y vamos a salir de esto juntos. Sus manos estaban vagando por su cuerpo, caricias queridas para calmar y tranquilizar. Pero a pesar de la precariedad de su situación, las caricias pronto se convirtieron en algo más. Anya sintió su polla endurecer por debajo de su regazo, la sensación de humedad brotó de su coño y endureció sus pezones. La boca de Gus se movió a sus labios, la lengua trazó la forma de ellos. Una mano se movió en torno a cubrir un seno a través del material blando de su camiseta, su pulgar raspando el pezón. Su eje flexionado contra sus nalgas. Anya dio un pequeño gemido suave y se estrujó a su toque, con su boca abriéndose para aceptar la lengua de él. Luego sin advertencia él separó su boca, se levantó y la puso de vuelta en la cama.
  • 30. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 31313131 ―Dame un minuto. Necesito asegurarme de que John está preparado y le diré que vamos a dormir un poco más antes de que salga el sol. Para el momento en que él regresó a la habitación Anya se había desnudado y estaba en la cama con las cobijas haladas hasta su barbilla. Estaba temblando tanto de miedo como por el aire frío. Necesitaba el calor de Gus para ahuyentar los escalofríos y el terror. Cuando Gus subió a la cama junto a ella, ella fue a sus brazos y se acurrucó contra él. ―Aún no sé cómo puedes siquiera tocarme― Ella susurró. ―Sabes, después de todo lo que te dije. ―Lo que me contaste no fue sobre de ti―, le dijo. ― Fue sobre Virgil Branson y su perverso negocio. Sé que lo que pasó esta noche trajo todo de vuelta, cariño, pero nada que haya hecho o intente hacer Virgil podría hacer una diferencia en quién eres o lo que siento por ti. Has llegado tan lejos, Anya. Estamos construyendo algo tan bueno. No dejes que él tome eso de ti. De nosotros. ―Oh, Gus― Medio sollozó. ―Ayúdame. ―Cierra tus ojos― la instruyó. ―Eso es. Ahora. Sólo piensa en mí. Esta es mi mano moviéndose sobre ti. Mi boca chupando y tomando. Mi lengua bebiendo a lengüetadas de tu cuerpo. Sólo yo, Anya. Sólo yo. Su mano vagó a través de sus pechos, cubriendo cada uno antes de pellizcar suavemente cada pezón. Trazó una línea desde el pulso en su garganta hasta su ombligo con la punta de su lengua, levantando su cuerpo cuando pasó la lengua y lamió. De repente Anya supo lo que tenía que hacer. Lo que necesitaba hacer para creer en esto, en ella y él, y no la pesadilla que había pensado que finalmente había desaparecido. Pulsando hacia él rodó hasta estar en sus rodillas y lo empujó de espaldas. Sus manos la alcanzaron y aferraron sus brazos. ―No necesitas hacer esto.
  • 31. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 32323232 ―Sí―, protestó. ―Tengo que. Y lo quiero. Los primeros tres días Virgil la había mantenido en la casa, viniendo a su habitación a todas horas, meloso mientras la desnudaba y la examinaba como si fuera un paquete en exhibición, ella se convenció de lo atacaría de cualquier forma que pudiera si él trataba de follarla. Penetrarla. Introducir su polla en su interior. Pero eso no había sido lo número uno en su lista para hacer. La boca, le dijo. Ahí es donde estaba su talento, y el suyo era sólo hacer lo que él quisiera. Por semanas después de mudarse con Gus ella respiraba con dificultad sólo al recordar la imagen de sí misma arrodillándose en el piso, desnuda, con manos atadas detrás de su espalda, mientras Virgil agarraba su cabeza y se hundía dentro y fuera de su boca. Le había tomado semanas a Gus convencerla de que lo que Virgil hizo y lo que él quería para ellos dos eran dos cosas muy distintas. La primera vez que ella había vacilantemente tomado su rígido eje en su boca, probando la piel aterciopelada con su lengua y lamiendo la liza cabeza, se había movido lentamente, empujando a la fuerza a Virgil de su mente. Pero el placer que le estaba dando había sido tan intenso que realmente esperaba con interés hacerlo de nuevo. Y de nuevo. Ahora supo qué era lo que necesitaba para poner esta nueva pesadilla en su lugar. Para lidiar con lo que estaba pasando y saber en su mente que lo que tenía con Gus era verdaderamente algo especial. Arrodillándose a un lado, cubrió su pesado saco con una mano y envolvió los dedos de la otra alrededor de su pulsante polla. Con la suave luz de la lámpara, ella podía ver cuán oscura estaba la cabeza, cuan espesa era la pequeña gota de fluido ya filtrándose de la hendidura. Tomó un tentativo golpetazo con su lengua a través de la superficie, sintiendo poder surgir de ella cuando un estrangulado gruñido rodó de la garganta de él. El sonido la empoderó. Apretó su agarre de la base de su polla y bajó su cabeza sobre él, tomándolo en su boca tan profundo como pudo. Esperó tensamente por la
  • 32. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 33333333 sensación de temor, la que Gus había sepultado con cariñosa paciencia y atención. Pero la esencia de Gus la llenó completamente, no dejando espacio para algo más. Rodando su saco con sus dedos, chupó su polla tan profundamente como pudo, estableciendo un ritmo constante. La gruesa vena que envolvía alrededor de su eje pulsó contra su lengua, con su erección flexionándose e inflamándose mientras ella tiraba y la atraía. Su pequeño puño se movió de arriba y abajo al ritmo de su boca mientras sus dedos continuaron exprimiendo y jugando con sus bolas. Gus levantó una de sus manos para enredar los dedos en su cabello pero tiró de ella hacia abajo rápidamente. Ella le había descrito tan vívidamente cómo Virgil había sostenido su cabeza, y en su lugar el se había adiestrado a sí mismo a no repetir algo que pudiera recordarle esa acción. Pero esta noche ella necesitaba que él lo hiciera, para borrar cualquier vestigio en su memoria de ese horroroso tiempo. Momentáneamente agitando sus dedos en su polla, alcanzó las manos de él y las puso contra su sien. Ella sostuvo su cadera en un fuerte agarre hasta que él finalmente enroscó sus dedos en sus cabellos, con sus labios formando pequeños sonidos de satisfacción. Anya sonrió a través del ancho de su polla, deleitándose en su toque. El deslizamiento de sus dedos a través de su cabello le recordó que este era Gus, no alguien a quien temer. Gus, quien le enseñó cómo disfrutar de su cuerpo y el de él. Gus, quien le dio santuario y un futuro. Mientras movía su cabeza y dedos arriba y abajo se perdió en el ritmo y el sabor de él. Todo se desvaneció excepto Gus, su cuerpo, y su maravillosa respuesta a ella, él se tensó, con las manos cerradas en puños, el cuerpo arqueándose hacia arriba para encontrar su boca. Su sabor era intoxicante, su respuesta lo era aún más. Más rápido y más rápido, ella se movió, con sus dedos afanosamente manipulando sus bolas en la suave piel de su pesado saco. ― ¡Jesús!― él gruñó.
  • 33. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 34343434 Anya lo trabajó más duro, la boca extendiéndose alrededor de su erección, la lengua lamiendo, los dedos ocupados, hasta que el cuerpo de él se tensó y se arqueó inmediatamente fuera de la cama. Él explotó en su boca, viniéndose en grandes chorros. Ella lo tragó tan rápido como pudo, su semen cubriendo su lengua y su garganta, el deslizar de él calentó su cuerpo y mandando sacudidas de pasión a su coño. Lo chupó hasta que lo último de su liberación brotó de su cuerpo y luego lentamente deslizó su boca hasta la longitud de la cabeza, dejando sus labios deslizarse sobre ella en una última caricia. Gus aún tenía sus dedos enredados en su cabello y él ejerció una gentil presión para urgirla a moverse sobre él. Sus pulmones esforzándose por aire y cuando ella descansó su cabeza en su pecho, pudo escuchar el latir intenso de su corazón, un sonido que le daba inmensa comodidad. ―Eres asombrosa―, él dijo cuando pudo respirar de nuevo. ―Increíble. Maravillosa. Extraordinaria. Ella sonrió contra su pecho. ――No lo creo, pero amo esas palabras. Él deslizó sus manos debajo de sus brazos y tiró de ella hasta que su cara estuvo nivelada con la suya. ― ¿Te sientes mejor, cariño? ―Mm―hmm―. Su calor se filtró en ella, enjuagando los últimos vestigios del frío. ―Pero creo que no hicimos esto bien―. Él inclinó su cabeza así que ella miró directamente a sus ojos. ― ¿Q―qué quieres decir? ―Quiero decir, se suponía que yo te cuidara. Haciéndote sentir mejor―. Sus dedos bailaron arriba y abajo por su columna.
  • 34. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 35353535 ―Uh―uh. Tú siempre me estás haciendo sentir mejor que bien. Esta noche quise saber que puedo hacerlo por ti. Que tu placer provino de mí. Él miró duramente a los ojos, como si tratara de ver lo más profundo de su alma. ― ¿No sabes que me haces sentir bien sólo estando conmigo? Anya, lo mejor que he tenido no se acerca a cuan bueno es esto. Y sólo contigo. Virgil Branson es un animal, un insecto, y vamos a aplastarlo. No voy a dejarte pensar menos de ti por su causa. El nudo que se había reforzado en su estómago cuando recibió aquella llamada telefónica, que parecía alcanzar cada parte de su cuerpo y enroscarse más apretadamente que un carrete de alambre, ¡se desplegó con un característico chasquido! Ella inhaló la maravillosamente y familiar esencia de Gus y dejó un camino de besos ligeros como plumas en su barbilla y línea de la mandíbula. ― ¿Qué haría sin ti?― ella suspiró. ―Eso es algo que no intento averiguar―. Él la rodó sobre su costado, la puso en postura de cuchara contra él y tiró de las cobijas sobre ambos. ―Hora de dormir, cariño. Tengo el presentimiento de que mañana va a ser un día ocupado.
  • 35. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 36363636 Capítulo Cuatro A pesar de toda la actividad de la noche anterior “de todo tipo” Gus estuvo de pie a las seis la mañana siguiente, demasiado agitado para estar en cama. Se bañó y se vistió tan silenciosamente como pudo, cubriendo con las cobijas a Anya y rozó un beso su mejilla antes de dirigirse a la cocina. Así dormida, parecía indefensa y vulnerable y su corazón dolió por lo que había sufrido. Cuando encontrara al hijo de perra que había sacado a Branson sus compañeros tendrían un momento difícil conteniéndolo para no matar al hombre con sus manos desnudas. Aún lo asombraba lo mucho que había crecido la relación entre Anya y él desde la noche que lo llamó, frenética pidiendo ayuda. Su historia lo había hecho arder de enojo contras las personas como Branson que no eran nada más que vendedores ambulantes de carne. Ella había sido la clave para abrir el caso que había estado tratando de construir contra Branson, un inesperado regalo había caído en sus manos. Y fuera de todo, había consigo una relación que reveló hasta las esquinas más oscuras de su alma y les dio luz. Le había tomado un montón de paciencia cimentar su confianza, y aún más enseñarle que el amor erótico en todas sus formas era placentero para los participantes. Anya se sentía sexualmente ineducada y asustada a muerte después de su experiencia con Branson. Pero ellos habían llegado tan lejos ahora. Pensando en la noche anterior él sonrió, recordando la sensación de su boca alrededor de su hinchada polla. Había desaparecido su timidez, sustituida por una mujer cuyos apetitos habían crecido para coincidir con los suyos. Con la imprevisibilidad de su trabajo, por no mencionar la oscuridad con la que trabajaba constantemente, nunca había esperado tener este tipo de relación. Y él se iba a asegurar que nada le sucediera. Una jarra de café recién hecho estaba en la máquina sobre el mostrador. John Randolph entró por la puerta de atrás cuando Gus terminó de llenar una taza.
  • 36. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 37373737 ― ¿Todo bien ahí afuera?― Gus preguntó. John asintió. ―Silencioso como una tumba. ¿Cómo está nuestra chica? ―Durmiendo. Quiero darle tanto descanso como sea posible. ¿Ninguna noticia del jefe? ―Él llamó hace una hora―. John llenó su propia taza. ―Dijo que tienen un montón de cabos sueltos pero nada concreto. Envió un equipo a la cárcel para entrevistar a todos por ahí. Especialmente la gente de la enfermería. Y tiene a Jimmy trabajando con la gente de los registros de visitantes. ―Me gustaría matar al idiota yo mismo―, Gus murmuró. ―A Branson y a quien sea que lo ayudó―. Tomó un largo trago del caliente líquido. ― ¿Quieres algo de desayunar antes de terminar tu turno? ―Claro, si tú cocinas. ―Me mantiene ocupado―. Gus le dijo, y rebuscó en el armario por cacerolas. Sólo había roto huevos en un cuenco cuando su celular sonó. Tirando las cáscaras de huevo en el fregadero, desenganchó el celular de su cinturón y lo acercó a su oído. ―D’Amato. ―Es Jimmy. ― ¿Tienes algo?― Hubo una larga pausa, suficiente para poner a Gus nervioso. ――Jimmy, esa no es una pregunta difícil. Sólo una respuesta de sí o no. ―No exactamente―. La voz del hombre sonó extraña. ― ¿Estás solo? Gus miró sobre su hombro. John había desaparecido en algún lugar, quizá fue comprobar las cámaras de seguridad. ―Por el momento. ¿Qué diablos anda mal?
  • 37. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 38383838 ―Me encontré con algunas cosas mientras escudriñaba los registros de visita―. Otra pausa. ―Gus, algo no está registrado aquí. ― ¿Qué quieres decir?― Gus se tensó, dejando los huevos por el momento. ― ¿Los nombres en el registro de Branson? Ninguno de ellos es real. Gus casi dejó caer el teléfono. ― ¡Qué carajo! ¿Qué quieres decir con que no son reales? Jimmy estaba casi susurrando ahora. ―Quiero decir, hay firmas en los registros e incluso algunas secuencias de video, pero los nombres no conducen a nada. Todos son falsos. Gus apretó con más fuerza el celular, casi triturándolo. ―Si eso es cierto, esto es más que un par de matones de Virgil Branson averiguando una manera de liberarlo. Lo sabes. ―Entendido. Esto significa que hay una manzana podrida en la prisión. Gus tragó un surgimiento de bilis. ―O en la oficina. Más silencio. ―Gus, odiaría pensar que lo último es verdad. Ponemos nuestras vidas en la línea todos los días por la gente con la que trabajamos. John había vuelto a la habitación y estaba mirando inquisitivamente a Gus. ― ¿Problemas? Gus negó con la cabeza. ―Nada de lo que no sepamos ya. O para ser más exactos, más cosas para las que no tenemos respuesta. El desayuno estará listo en poco tiempo si quieres tomar una ducha primero. Cuando John se dirigió al baño, Gus volvió su atención a la llamada. ――Jimmy, si tienes razón, eso significa que podemos confiar uno en el otro y eso es todo.
  • 38. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 39393939 ―Ni siquiera en Dean―, Jimmy acordó, ―Aunque no creo que nuestro intrépido líder esté en nuestra lista de sospechosos. ―En este momento, por mucho como odie decirlo, todo el mundo está en la lista. ¿Te mantendrás buscando, verdad? ―Sí, voy a revisar las cintas de los visitantes yo mismo, así como llamare a la guardia. Y empezare a investigar a todo el mundo aquí en la oficina para ver si puedo encontrar alguna conexión con Branson. ―Mantén el perfil bajo― Gus le advirtió. ―De hecho, decidí ir a casa y trabajar desde ahí. Puedo entrar a los archivos que necesito desde mi computadora. ―Jimmy, no hackees el sistema― Gus advirtió. ―Van a encontrar tus huellas cibernéticas. ―Confía en mí, amigo, sé lo que estoy haciendo. Y quedar atrapado en algo no está en mi agenda. Pero si alguien en nuestra oficina está relacionado con Virgil Branson, eso quiere decir que en realidad no obtuvimos la historia completa en su juicio. ―Muy cierto― Convino Gus. ―Nunca supimos cómo contactó a su clientela, ni cómo obtuvo a las mujeres o cómo las manejaba. ―Así es. Sólo nos centramos en la operación aquí en San Antonio. Todo bien. Cuida tu espalda, ¿de acuerdo? ―Lo mismo. Gus desconectó la llamada. Volviendo a poner el teléfono en la funda de su cinturón, volvió su atención al desayuno. John estaría fuera del baño en poco tiempo y Gus necesitaba recuperarse para asegurarse de no dejar nada filtrarse, hacer o decir algo que le diera a John una pista de lo que estaba pasando.
  • 39. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 40404040 Pensó en pedir un remplazo en la guarda de noche pero sabía que eso se vería sospechoso. Él sólo tenía que encontrar la manera de manejar eso cuando estuviera dormido. Lástima que no podía tener a Jimmy aquí pero el otro agente tenía trabajo que hacer. Sin él Gus quizá nunca podría entender cómo esto le había estallado en sus caras. Si había una persona en la que confiaba era Jimmy. Eran amigos desde la universidad que habían aplicado juntos para el FBI, pasando por la formación en Quantico juntos, y consiguieron ser asignados a la oficina del mismo campo. Pero le dolió pensar que algún otro hombre y mujer con quien trabajara pudiera estar mezclado en esto. Especialmente su jefe, Dean Barton. Pero aprendió hace mucho tiempo que las personas a menudo no eran lo que parecían. En este momento las únicas personas de su confianza eran Jimmy, Anya y él mismo. * * * * * El día se había prolongado interminablemente, o así le pareció a Anya. Gus estaba nervioso como un tigre enjaulado, aunque hizo su mejor esfuerzo en ocultarlo. Estaba segura de que algo nuevo había surgido, aunque no importó cuántas veces se lo preguntó, él simplemente siguió negándolo. Intercambió varias llamadas telefónicas con Jimmy, todas las hizo en voz baja, a menudo incluso saliendo de la habitación para hablar. ―No me mantengas fuera de esto―, finalmente le dijo, abordándolo en el patio justo cuando finalizó una llamada. ―No lo hago, cariño. Te lo prometo, cuando haya algo concreto, serás la primera en saberlo. Pero no la miraba a los ojos cuando lo dijo y su estómago se osciló con ansiedad. Él se tomó un tiempo para mostrarle cómo trabajaban las cámaras de seguridad, donde se colocaron, donde se encontraban los sensores y donde estaban los controles todos aquellos. Todo parecía bien, pero no pudo librarse de la sensación de malestar que la aquejaba.
  • 40. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 41414141 Por último le hizo la pregunta que nadie había estado dispuesto a responder hasta ahora. ― ¿Cómo Virgil ejecutó la fuga? Obviamente él no pudo hacerlo solo. Ni siquiera en la enfermería. Gus justo se había servido una taza de café recién hecho. Luego hizo otro para ella y se sentaron en la mesa de la cocina. ―Parece que alguien —una de las visitas que estamos comprobando— De alguna manera le llevó algo que pudo utilizar para hacerlo sentir mal. Cuando lo llevaron a la enfermería se quedó solo con la enfermera y un guardia. Jimmy piensa que ambos pueden estar implicados. Es lo único que explica cómo salió del hospital tan fácilmente. Ella arrugó la frente. ― ¿Qué quieres decir? ―Ellos tuvieron que ser los que llamaron a la falsa ambulancia y los dejaron llevarlo en la camilla. ―Pensé que el señor Barton dijo que envió a alguien a la cárcel para hablar con ellos― Señaló. Gus asintió. ―Lo hizo, pero no consiguió nada. Dicen que hicieron la llamada habitual por una ambulancia y eso es todo. Sólo que los registros de telefónico no muestran una llamada saliente de la fuente que la prisión usan y ni el guardia ni la enfermera dicen otra cosa. Después de la primera visita de los agentes, ellos se han defendió legalmente y eso es todo. Anya pasó un dedo por el borde de la taza. ― ¿Eso significa que nunca vamos a encontrar algo? ¿Especialmente a dónde fue Virgil y si sabe dónde estoy? ―Cariño― Gus la alcanzó sobre la mesa. ―Vamos a averiguarlo. Te lo prometo. Y no hay forma de que pueda saber dónde estás―. Le dio una sonrisa torcida. ―Además, ¿cómo puedes preocuparte conmigo aquí para protegerte?
  • 41. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 42424242 Ella trató de entretenerse el resto del día, pero la televisión no lograba ningún interés ni podía concentrarse en cualquiera de los libros en la estantería. Quien había arreglado esta casa se había ocupado de todo excepto de cómo controlar su miedo y instalar paz en su mente. A la hora de la cena John hizo su aparición y Gus asó carne a la parrilla para todos ellos mientras que Anya hizo una ensalada. Por lo menos eso le dio algo que hacer. Insistió en limpiar mientras John y Gus se disponían a cambiar los turnos. Finalmente fue lo suficientemente tarde que podía vagar por el dormitorio, esperando que esta noche fuera capaz de dormir. Ella justo recogió sus pantalones y una camiseta y se dirigía al baño cuando se abrió la puerta y la presencia de Gus llenó la habitación. ―Sólo iba a tomar una ducha― le dijo. ―Pensé que me ayudaría a relajarme y dormir mejor. Él vino detrás de ella, posando sus manos en su cintura e inclinó la cabeza para mordisquear su oreja. ―Creo que tengo una receta mejor para relajarte. ― ¿Ah, sí?― Ella se inclinó en él. ― ¿Y qué podría ser? ―Vamos a entrar en la ducha y te lo mostraré. Anya lanzó su sujetador y bragas sobre el resto de ropa mientras Gus se desnudó y lanzó su propia ropa a un lado. Caminó delante de ella al baño, encendiendo la regadera y ajustando el rocío. Cuando el agua estuvo lo suficientemente caliente para satisfacerlo, levantó a Anya y entró en la gran ducha con ella. Ella se deslizó por su cuerpo para estar delante de él y lo miró. Sus ojos se habían oscurecido a un chocolate profundo y pequeñas luces ámbar bailaban en el iris. Hambre profundizando las líneas de su rostro. Cuando su boca bajó a la suya ella elevó su cara para encontrarlo, sus labios entreabiertos. Cubriendo su cara en sus grandes palmas, él le chupó suavemente el labio inferior, tirándolo con suavidad y lamiendo con la punta de la lengua.
  • 42. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 43434343 El calor disparó a través de ella, las paredes de su coño hormigueando y sus pezones tironeando por presionarse en su duro y musculoso pecho. Él mordisqueó y chupó el labio hasta que cada parte de su cuerpo parecía estar en llamas y sus piernas temblaron. Agarró sus brazos, amando la sensación de su piel como el agua surcaba sobre él. Cuando su lengua barrió dentro de su boca ella se reunió con la suya, en duelo con él, absorbiéndolo, tirándolo profundamente dentro de la caverna húmeda de su boca. Sus manos se deslizaron hasta sus costillas y alrededor para cubrir sus pechos. Los pulgares rozando sus ya doloridos pezones. Anya se apretó a su cuerpo, el grosor de su pene empujando contra su vientre, abrasándola con su tacto de fuego. Anya deslizó una mano bajo él para envolver sus dedos alrededor de su grueso eje, acariciándolo arriba y abajo como había hecho la noche anterior, provocando un gemido desde lo más profundo de su garganta. Él le mordió la lengua y arrastró sus dientes a través de la superficie antes de dejar su boca para hacer un sendero de besos húmedos en la longitud de la mandíbula y el cuello. Ella frotó su pulgar sobre la cabeza aterciopelada de su pene, ejerciendo una ligera presión en la ranura. Gus sacudió sus caderas en su toque mientras dejaba un camino de besos por el cuello, al pulso en la garganta y abajo en el valle entre sus pechos. Sin previo aviso movió su mano lejos de él y la levantó para incorporarla en el banco. Dejando caer sus rodillas, él dio un codazo para separar sus muslos y hundió su lengua a través de sus rizos mojados a los labios ya pulsando de su coño. Anya tuvo que apuntalarse en sus hombros mientras su muy hábil lengua se hundió y lamió y envolvió, sin dejar parte de su coño sin tocar. Ella se sacudió con necesidad mientras los estremecimientos corrieron a través de ella, con las uñas cavando en los hombros de Gus, ella trató de mantenerse en posición vertical. El clímax comenzó a construirse en su vientre y echó su cabeza hacia atrás, esperando que la sorprendiera. Pero a medida que colgó en el borde,
  • 43. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 44444444 Gus se hizo hacia atrás y de pronto la giró. Sus dedos se envolvieron alrededor de ella mientras levantaba sus brazos y ponía sus manos contra la pared. ―No te muevas―, dijo con voz áspera. ―Quédate así. Anya cerró los ojos y se apoyó en la pared, todavía temblando, y en un momento sintió las fuertes manos de Gus rozando espuma en su cuello y los músculos de la espalda. Se estremeció cuando sus dedos masajearon y rozaron y trabajaron las torceduras que ni siquiera sabía que tenía. Luego sus manos se movieron hasta los tobillos, frotando y masajeando, barriendo la longitud de sus piernas arriba y abajo, los dedos rozando en la ranura debajo de sus rizos. Gus posó sus labios cerca de su oído. ―Toma una respiración profunda, cariño. Te prometo que esto se va a sentir muy bien. Sus manos grandes palmearon sus nalgas, rozando y amasando, antes de pasar a frotar la espuma en la hendidura entre las mejillas. Sus dedos se movieron arriba y abajo, frotando la longitud del estrecho valle, cada vez atravesando el estrecho músculo de su ano. Y cada vez ella se estremeció, el pulso en su coño latió pesadamente, un calor de hielo corrió a través de ella. ¡Hazlo! Ella quería gritar las palabras. Quería sentir al menos sus dedos dentro de ella. Para abrazar la oscuramente erótica sensación que sabía la estaba fuera de su alcance. Y entonces lo hizo, empujando un dedo atravesando esos apretados músculos, deslizando el dedo recubierto resbaladizo en su recto en un lento y constante deslizamiento. Ella contuvo el aliento y se apretó alrededor de él. ―Tranquila―, él canturreó. ―Respira tranquila, cariño. Esto te hará sentir muy, muy bien. Anya respiró hondo y exhaló lentamente, y cuando lo hizo Gus deslizó otro dedo al lado del primero. Él los movió, haciendo como tijeras con ellos, estirando los
  • 44. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 45454545 muy apretados tejidos, el movimiento de esos dedos envió fragmentos de calor directamente a su coño. Ella apretó su cara contra la pared resbaladiza por el agua, sus pechos echados contra las baldosas cuando Gus exploró más profundo y más fuerte. Una de sus manos serpenteó alrededor de su frente y esparció espuma en círculos sobre sus pechos, por el vientre, en sus rizos y finalmente entre los labios de su coño. Y todo el tiempo sus hábiles dedos se movieron dentro y fuera de su recto con un movimiento constante. Esta vez no sintió el clímax construirse. La golpeó sin advertencia, sacudiéndola como una hoja en una brisa de otoño, sus piernas temblaron, con cada músculo de su cuerpo apretando. El dedo de Gus folló su culo y su coño con movimientos coordinados, ganando su placer, llevándola cada vez más alto hasta que estaba segura que no había otro lugar a dónde ir. Mientras ella seguía temblando y teniendo espasmos, Gus retiró las dos manos y la giró. ―Noooo―, ella se lamentó, agitando las manos a él. ―Está bien―. Su voz era espesa y ronca. ―Espera. Sus ojos estaban cerrados, pero ella escuchó la rotura del papel de aluminio, el chasquido del látex y luego Gus la estaba levantando y empalándola en su polla dura como una roca. ―Pon tus piernas alrededor de mí― La instó. Ella cerró sus tobillos en la parte baja de su espalda con los brazos alrededor de su cuello. Su boca tomó la suya, mientras que la lengua empujó en su interior. Y luego comenzó a moverse, balanceando sus caderas, la lengua moviéndose adentro y afuera de su boca en el mismo ritmo que su eje se movía dentro y fuera de su cuerpo. El orgasmo que no había terminado de devorarla rugió de nuevo a la vida más fuerte que nunca. El cuerpo de Gus se puso rígido, sus manos apretadas sobre
  • 45. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 46464646 ella y aplastó su boca contra la de ella mientras su propia liberación lo consumía. Ella fue arrojada en un torbellino fuera de control. Cada parte de su cuerpo tembló esforzándose, Gus aporreó dentro de ella una y otra vez. Ella no podía hacer nada excepto agarrarse. Sólo el agua volviéndose fría la sobresaltó a la conciencia de dónde estaba y qué estaba pasando. No había un músculo de su cuerpo que no se sintió como si hubiera sido estirado y suavizado como el acero templado. Estaba segura que si intentaba ponerse en pie por su cuenta caería sobre su rostro. Gus hundió su rostro en su hombro durante mucho tiempo. Por último él utilizó lo que quedaba de agua caliente para aplicar champú al cabello de ella, con las yemas de los dedos masajeando el cuero cabelludo como lo habían hecho con su cuerpo. Cuando ambos estaban enjuagados y la piel de gallina estuvo finalmente brotando de la piel de ella, Gus cerró el agua, la levantó de la ducha y la envolvió en una toalla grande. Él se trató de forma rápida antes de volver su atención a ella. Sus manos eran suaves mientras la secaba, borrando el agua de su pelo y su piel. Incluso usó un secador de pelo y un cepillo del aparador y tomó tiempo para secar el pelo, todo el tiempo murmurando palabras de consuelo para ella. Cuando la llevó al dormitorio y la colocó suavemente sobre la cama, estuvo segura de que un tazón de gelatina tenía más sustancia que ella en ese momento. Gus se trepó por detrás y tiró de ella apretándola contra él, su brazo alrededor de su cintura y su mano palmeando su pecho. Anya suspiró con satisfacción, casi “pero no del todo” sintiéndose a salvo y segura. El arma de Gus en la mesita de noche, sin embargo, le recordó que la pesadilla estaba lejos de terminar. * * * * * Debido a la llamada de Jimmy, Gus dormitó. Podía llegar a su arma con poco esfuerzo y su celular estaba en la mesita de noche. Al principio pensó que era el teléfono lo que lo despertó y se puso al instante en alerta. Pero cuando se estiró
  • 46. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 47474747 sobre Anya para recogerlo, la pantalla estaba oscura y el teléfono no estaba vibrando o sonando en el bajo volumen en que lo había puesto. Teniendo cuidado de no molestar a Anya, se deslizó fuera de la cama y tiró de sus pantalones y camiseta. Se acercó de puntillas a la puerta de la habitación y giró la cerradura en silencio, dejando la puerta abierta sólo un poquito. Se puso de pie en la oscuridad escuchando atentamente, preguntándose qué exactamente lo había despertado. ¿Por qué diablos estaba todas las luces apagadas? ¿Y dónde infiernos estaba John? Se movió silenciosamente por el pasillo, cerrando la puerta con cuidado para que el chasquido de la cerradura no se oyera. Abrazado a la pared se dirigió a la sala de estar, su arma firme en su control. La luz de la pantalla del televisor parpadeaba en la oscuridad mientras las imágenes bailaban en ella. Cuando sus ojos se ajustaron a la oscuridad miró a su alrededor para ver si John se había quedado dormido en el sofá, o en la gran silla reclinable. Si lo hubiera hecho, Gus planeaba masticar su culo. El centinela nocturno no iba a dormir en el trabajo. Pero John no estaba a la vista. Aún moviéndose como un gato sigiloso, Gus comprobó el comedor, la cocina, el pequeño cuarto que utilizaban como estudio donde los electrónicos se habían puesto. Nada. Sin John. Sin sonido. La picazón que Gus siempre tuvo en la parte posterior de su cuello cuando algo no iba bien se estaba produciendo ahora como si hubiera caído en un lecho de hormigas de fuego. El monitor en el estudio aún trabajaba, la pantalla dividida en cuadrantes, las páginas constantemente cambiando como las vistas de las cámaras se introdujeron en ellas. Gus las escaneó rápidamente, en busca de alguna señal de actividad pero de nuevo no había nada que ver. Los patios del frente y atrás parecían claros. Nada se movía. ¡Maldita sea! Algo lo despertó y no se iba a rendir hasta descubrir que era. Y dónde había metido John.
  • 47. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 48484848 Abrazando la pared de nuevo, cuidadosamente abrió la puerta que daba al porche trasero. Al hacerlo, algo cayó dentro de la casa y cayó a sus pies. Se agachó, pensando que era un paquete de algo, sólo para encontrar el cuerpo de John Randolph cubierto sobre sus pies. ¡Mierda! Lo agarró por el cuello de la camisa, tiró de él hacia dentro de la casa y empujó la puerta para cerrarla. Pero antes de que pudiera asegurarla alguien se lanzó sobre él, golpeándolo hacia atrás, sobre el cuerpo de John. Instintivamente apretó su agarre en su arma y atacó a quien fuera, gruñendo de satisfacción cuando conectó con la cabeza del hombre en el primer golpe. Gus estrelló el cañón de su pistola contra la sien del hombre una vez más por si acaso, a continuación lo empujó fuera de sus piernas y se tambaleó sobre sus pies. Comprobó dos veces que las persianas de la ventana de la cocina y la puerta de atrás estaban cerradas herméticamente, luego rebuscó en un cajón de la cocina por la linterna que sabía estaba guardada ahí. Dirigió la luz por primera vez al intruso, revisando para asegurarse que el hombre aún estaba inconsciente, a continuación echó una ojeada sobre sus facciones. Un extraño. Nadie que Gus conociera o que hubiera visto siquiera en una ficha policial. Luego volvió su atención a John. Buscó el pulso y no lo encontró, pero la sangre en su cara y cuello por el agujero de la bala en la sien contó la historia. ¿Cómo diablos se había metido el extraño en la propiedad sin alertar a John? ¿O había disparado una alarma silenciosa y se protegió con sacos de arena de John cuando el agente salió a ver? Lo único bueno que salió de esto fue que por lo menos sabía que John no estaba trabajando con o para Virgil Branson. Excavando en los bolsillos de John encontró dos pares de esposas flexibles y ató las manos y los pies del intruso. Saqueó sus bolsillos buscando cualquier tipo de identificación, pero por supuesto no había nada. Finalmente volvió a entrar al estudio, encontró el rollo de cinta adhesiva en el escritorio ahí, regresó a la cocina y la pegó a la boca del extraño para silenciarlo.
  • 48. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 49494949 Luego hizo su camino de vuelta a la habitación. Era hora de despertar a Anya y salir huyendo de ahí. * * * * * ― ¿Qué quieres decir, cómo pudo burlar la seguridad?― Gus hizo rechinar sus dientes de frustración. ― ¿Cómo diablos voy a saberlo? Yo no estaba en guardia. Casi estaba gritando en el teléfono a Jimmy. Tomando una respiración profunda, retrajo su ira y escuchó a su amigo. ―Lo sé, lo sé―. Jimmy estaba tratando de calmarlo, pero Gus podía oír la tensión en la voz de su amigo que coincidía con la suya. ―Sabes lo que esto significa, ¿no? ― ¿Qué Dean está involucrado? Yo no me lo trago. Todavía no. ―Sé sensato. Alguien tenía que saber a dónde enviar a ese tipo tras de ustedes. Gus agarró el celular aún más fuerte, obligándose a una cierta apariencia de calma. Miró a Anya, acurrucada en la cama en la habitación de un motel barato del culo, abrazando sus rodillas, con los ojos abiertos y la cara tan pálida como las sábanas de la cama. Por su bien él tenía que mantenerlos juntos. Ella ya estaba suficientemente asustada. Él le había prometido mantenerla a salvo y maldita sea, eso era lo que iba a hacer. ―Será mejor enviar un equipo de limpieza a la casa― dijo ahora. ―Ya está atendido― le dijo Jimmy. ―No estoy diciendo una palabra al respecto a nadie aquí, tampoco. No hasta que sepamos a ciencia cierta lo que está pasando. ―Branson obviamente tiene una organización más grande de lo que nos dimos cuenta, y tiene un montón de gente en su bolsillo.
  • 49. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 50505050 Jimmy soltó un bufido. ―No me digas. Hay mucho dinero ahí. Gus. El dinero cambia a la gente. Los hace avaros. Los hace olvidar lo que deben y lo que no deben estar haciendo. ―En eso tienes razón ― ¿De dónde estás llamando?― preguntó Jimmy. ― ¿Casi no contesto el teléfono porque no reconocí el número? ―Teléfono desechable― Gus le dijo. ―Y no es personal, pero no creo que en este momento sea recomendable decirle a nadie dónde estamos. Ni siquiera a ti. Es más seguro de esa manera tanto para ti como para nosotros. ― ¿A dónde planeas ir? No puedes pasear de un lugar a otro. Sigo pensando que deberías dejarme esconder a Anya en algún lugar para que así puedas ser libre de hacer lo que necesitas. ―Todavía no lo sé. Algún lugar donde estemos seguros. Donde pueda llamar a mis contactos y averiguar qué coño está pasando. Pero como dije, ella se queda conmigo. ―Su funeral―. Jimmy se detuvo. ―Bueno, el escape está en todas las noticias. El director está saliendo en todo Barton al respecto. Si él es el contacto de Branson, espero que esté consiguiendo el dinero suficiente para retirarse a una isla tropical. Gus desconectó la llamada, puso el teléfono en la mesilla de noche y se tendió junto a Anya. Cuando tocó su piel estaba fría como hielo. Tirando de ella a sus brazos, frotó su espalda y brazos, tratando de infundir calor en ella. ―Lo hiciste bien, cariño―, la elogió. Y de hecho lo hizo. Cuando la despertó y le explicó la situación, no había discutido o derrumbado, a pesar de que él pudiera ver cuán asustada estaba. Él había calculado que tenían unos minutos todavía. Cuando nadie vino después del chico que él había golpeado
  • 50. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 51515151 en frío, tuvo que asumir que nadie estaba ahí. Pero estarían cuando su hombre fallara en reportarse. Ellos se vistieron y arrojaron sus pocas pertenencias en una bolsa de lona que Gus encontró en el armario. Antes de subir al coche Gus había comprobado en todos lados, especialmente bajo en vehículo, ya sea por un artefacto explosivo o un rastreador GPS, pero por suerte, estaba limpio. Él había tenido que abrir la puerta del garaje manualmente ya que la electricidad aún estaba cortada y no quería alertar a alguien tan pronto para restaurarla. Anya se había acurrucado sobre sí misma en el asiento, en un silencio fantasmal mientras él los llevaba lejos de la casa de seguridad sobre la carretera interestatal. Había sido muy cuidadoso buscando ver que los seguían. Una parada para comprar celulares desechables en una tienda de toda la noche antes de tomar rumbo a Austin, una ciudad donde podrían perderse hasta que él pudiera averiguar qué hacer. ―Tengo miedo, Gus―. Su voz era pequeña, ahogada contra su hombro. ―Lo sé, lo sé. Y con buena razón. Pero vamos a salir de esto. ― ¿Qué pasó?― Era la primera pregunta que le había hecho desde que la había despertado. El hecho de que sólo se había ido con él, siguiendo sus instrucciones, era un buen indicador del nivel de confianza que había depositado en él. No tenía intención de hacer albor de ello. Pero ella se merecía algunas respuestas. Se movió un poco en la cama y la rodó así estuvo sobre él, con sus brazos apretados alrededor de ella. ―Hemos tenido un pequeño fallo― Empezó. ―Diría que es más que pequeño si tuvimos que salir a escondidas en medio de la noche― ella señaló. ―Sí, más que un poco―. Hizo todo lo posible para mantener el mismo nivel en voz. No tenía sentido introducir pánico en Anya más de lo que ya estaba. ―Jimmy
  • 51. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 52525252 llamó antes de que fuéramos a la cama para decirme que cree que nuestra oficina del FBI se ha visto comprometida. ― ¿Comprometida?― Ella levantó su cabeza para mirarlo a los ojos. ― ¿Exactamente qué significa eso? No tenía sentido endulzarlo. ―Significa que alguien en nuestra oficina está en la cama con Virgil Branson y puede darle tu localización. Pero eso no es todo. ―¿Es por eso que tuvimos que irnos de la manera en que lo hicimos? ¿Y qué pasa con el otro agente? Él podía sentir los latidos irregulares de su corazón contra su pecho y apretó sus brazos aún más. ―No sé lo que me despertó esta noche pero estoy contento de que algo lo hiciera. Anya, John está muerto, y alguien trató de entrar en la casa. Sospecho que tenía órdenes de matar a ambos. ― ¿Matar? Ahora ella estaba temblando tanto que él tuvo miedo de que se rompiera. Él besó su frente y sus mejillas, esperando tomar el borde. ―Lo atrapé cuando aún estaba fuera de balance, lo dejé atado y llamé a Jimmy para recogerlo. Pero tengo que ser honesto. Estamos casi por nuestra cuenta aquí. Al menos hasta que Virgil sea capturado. ―P―pero incluso entonces no estaremos a salvo―, protestó. ―No a menos que sepamos quién está haciendo su trabajo sucio. ―Lo que haremos―, le aseguró. ―No estoy totalmente sin recursos. Anya se acurrucó en una bola encima de él. ― ¿Pero a dónde podemos ir?
  • 52. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 53535353 Él la besó suavemente. ―No te preocupes. Tengo un lugar en mente. Mientras tanto estamos lo suficientemente seguros donde estamos por un rato. Debemos dormir un poco. Vamos a necesitarlo. ― La levantó de su cuerpo. ―Vamos a quitarnos la ropa y a meternos debajo de las sábanas.
  • 53. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 54545454 Capítulo Cinco Anya se despertó lentamente aún ubicada contra el gran cuerpo de Gus, enfocando sus ojos en su entorno. Nada parecía familiar. Al principio pensó que estaba de vuelta en la casa de seguridad. Entonces todo volvió a ella. No estaban en la casa de seguridad, sino en un extraño motel aparentemente huyendo de todos. Se movió más apretada contra Gus y sintió el duro grosor de su erección insistiendo en su culo. El brazo de él haciendo una banda cruzaba su abdomen apretado. ―Sigue haciendo esto y no querré levantarme de la cama―. Su voz era cálida y aún profunda del sueño reciente. ―Tal vez eso es lo que quiero―. Ella sólo estaba medio bromeando. ―Tenemos que empezar a movernos―, le recordó. ―Lo sé. Pero te necesito, Gus. Necesito tu fuerza. Ella sabía que tener relaciones sexuales —hacer el amor— no era necesario en su agenda en este momento en particular, pero necesitaba desesperadamente esa conexión. Suspiró cuando la mano de él se ahuecó en su pecho, el pulgar acariciando perezosamente hacia atrás y adelante contra su pezón. Ronroneando con satisfacción se apretó con más fuerza contra él. Su aliento silbó en el oído de ella y su polla se flexionó contra la hendidura de sus nalgas. ―Me estás matando, cariño. ―No―, le dijo. ―Te estoy necesitando. Su mano fue a la deriva de su pecho bajando para acariciar suavemente su abdomen, abajo a través de los rizos en su coño donde ella sabía que la iba a encontrar húmeda y con ganas. Ella se echó para adelante y para atrás, dándole la
  • 54. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 55555555 bienvenida a la presión de los dedos sobre su clítoris, deleitándose con el calor en respuesta que se disparó a través de ella. La mano de Gus la dejó, su brazo alcanzando su cartera en la mesita de noche. Fue torpe abriéndola con una mano, pero finalmente se las arregló para recuperar el condón que siempre llevaba ahí ―Nunca sabes dónde puedes terminar―, bromeó una vez— arrancó la envoltura con los dientes y torpemente manipuló envainarse. Levantando su pierna él se la pasó por sí mismo, abriéndola para él. Trabajando su mano entre ellos agarró su polla y empujó la cabeza en la abertura de su coño. No hubo juego previo. El peligro de sus circunstancias los había despertado hasta el punto donde ninguno lo necesitaba. Él empujó con fuerza contra ella y la llenó, cada pulgada de su coño extendida con su eje hinchado. ―Juega con tu clítoris―, él murmuró. ―Hazlo por mí. Obedientemente, ella movió una mano entre sus muslos, encontrando la protuberancia hinchada, saltando al primer contacto eléctrico. Movió sus dedos hacia arriba y abajo en la forma que amaba a Gus hacerlo, marcando el ritmo de sus trazos con su eje dentro y fuera de ella. Su brazo hizo una banda apretada a través de ella, su mano sosteniendo sus pechos. Él mordisqueó su lóbulo de la oreja y luego trazó las líneas en ella con la punta de la lengua. Ella se estremeció ante las sensaciones que se deslizaron a través en su interior. Gus tomó el ritmo de sus golpes y Anya sacudió sus caderas con él, llevándolo tan profundo como pudo con cada empuje. Su mano sobre su clítoris se movió más y más rápido. El eje duro dentro suyo se flexionó y el cuerpo de Gus se tensó detrás de ella, indicando la proximidad de su clímax. Anya pellizcó su clítoris duro, y ellos cayeron juntos sobre el borde. La brevedad de sus clímax en modo alguno era una indicación de su intensidad. Anya sacudió sus caderas con fuerza contra Gus mientras él se conducía dentro suyo, una y otra vez, su polla pulsando cuando eyaculó en grandes chorros dentro
  • 55. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 56565656 del condón. Las paredes de su coño convulsionaron a su alrededor, aferrándolo y ordeñando hasta la última gota. Durante un largo momento los únicos sonidos en la habitación eran sus dificultosas respiraciones y el lloriqueo de la barata unidad de aire acondicionado. Anya pensó que su corazón podría salirse fuera de su pecho antes de que finalmente se estableciera a un ritmo más constante. Pero a pesar de todo eso, a pesar de la urgencia de su situación, a pesar de la brevedad de su acoplamiento, había un profundo sentido de satisfacción y pertenencia resolviéndose dentro de ella. No importa lo que pasaba, sabía que Gus se haría cargo de ella y siempre estaría a su lado. En medio de todo esto, una puerta finalmente se cerró a su pasado y le había dado esperanzas para el futuro. Ella exhaló un lento suspiro de alegría, deseando que nunca tuvieran que moverse de esta posición. Pero muy pronto Gus golpeó suavemente la cadera y se retiró de ella. ―Odio tener que decírtelo, pero tenemos que levantarnos y ponernos en movimiento. ―Lo sé―, ella suspiró. ―La realidad muerde, ¿no? Gus ya estaba rumbo al cuarto de baño. ―Ducha, ropa y desayuno―, gritó por encima de su hombro. ― ¿Tienes alguna idea de a dónde vamos?― ella preguntó, cuestionándose si sólo iban a seguir moviéndose de hotel en hotel. ―Sí. Tan pronto como comamos voy hacer una llamada. Entonces vamos a salir a la carretera. * * * * * Debo estar loco para pensar en esto.
  • 56. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 57575757 Gus devanó su plan ida y vuelta en su mente, tratando de pensar en cualquier otra alternativa. No había hablado con su hermano en diez años, y la última vez había estado lejos de ser amigable. Incluso ahora no podía creer que se habían metido en una pelea real justo después del funeral de su padre. En ese momento él había tenido tanta rabia acumulada en su interior, furia hacia su padre por divorciarse de su madre, rabia hacia Rafe por robarle su mujer a Gus. Ira hacia el mundo. Ahora todo parecía demasiado trivial, especialmente desde que Anya había entrado en su vida. No podía siquiera recordar lo que había visto en Linda Grogan o por qué se había distanciado de lo que quedaba de su familia. Pero estaba corto de opciones y necesitaba un lugar seguro para Anya y gente en la que realmente pudiera confiar. Sólo podía esperar que Rafe no guardara rencores. Se comió el desayuno sólo porque sabía que necesitaba fuerza, la misma razón por la que instó a Anya a comer. Lo pospuso el tiempo que pudo, se metió en el baño de hombres, marcando un número en su celular que en todos estos años no había olvidado. Gus tamborileó sus dedos contra la pared mientras el teléfono soñó en el otro extremo y esperó por alguien que le contestara. ¿Sería Linda? ¿Le permitiría hablar con su marido? O sería Rafe, probablemente colgándole el teléfono. ― ¿Hola? La voz era más profunda pero por lo demás seguía siendo igual de familiar. ―Hola, Rafe. Se preguntó cuánto tiempo se iba a extender el silencio antes de que su hermano dijera algo. ―Voy a ser condenado―, dijo finalmente. ―Esta es una llamada que no esperaba recibir. ―Tienes todo el derecho a colgar―, Gus le dijo, ―Pero espero que no lo hagas. Lo primero que quiero decir es lo siento. Por todo.
  • 57. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 58585858 ―Es una buena cosa que no guarde rencores como tú―, dijo su hermano. Su voz no era acogedora ni hostil. Desconfiada, Gus pensó. Al igual que sería la suya si la situación se invirtiera. ―Tengo que decirlo una vez más, Rafe. Lo siento. Fui un idiota. Rafe realmente se rió entre dientes. ― También siento mucho que fueras un idiota. Ahora que sacamos eso del camino, ¿qué te impulsó a hacer esta llamada después de diez años ―Necesito un favor―, Gus empezó, escogiendo sus palabras con mucho cuidado. ¿Le colgaría Rafe, diciendo que si él no había llamado antes, cuando no había problemas, por qué lo debería escuchar ahora? Pero Rafe lo sorprendió. ― ¿Dime qué puede hacer un ranchero pobre por un agente gordo del FBI? Gus habría terminado la llamada si la voz de Rafe hubiera sido hostil, en su lugar, incluso después de esta llamada salida de la nada, mantuvo el mismo sentido del humor que recordaba como una parte integral de la personalidad de su hermano. ―Necesito salir al rancho y quedarme por unos días. Necesito un lugar que esté fuera del radar. ― ¿Estás en problemas? Rafe siempre parecía saber qué tipo de efecto poner en las cosas. ―Sí y no―. ¿Cuánto había que decirle? ―No yo, realmente. Una… muy buena amiga. Gus se dio cuenta que cuán corajudo era esto. Él había estado distanciado de su hermano por diez años, ahora quería que lo dejara llevar peligro a la vida segura que él había construido.
  • 58. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 59595959 ―Escucha, no importa―. No podía hacerlo. Qué demonios había estado pensando, de todos modos. Anya. Él había estado pensando en ella. ―Encontraré otra solución. ― ¿Qué tan lejos estás? ―Alrededor de una hora y media. Rafe hizo una pausa de nuevo, Gus casi podía oírlo pensando. ―Ven aquí. Le diré a Linda. Luego puedo llevarlos, a los niños y ella, con mis suegros. Niños. Mierda, no había pensado en eso. ―Rafe… ―Nos vemos luego. Gus se encontró sosteniendo un teléfono muerto. Bueno, esto no era lo que había esperado, ¿verdad? Sólo esperaba no hacer que su hermano muriera ahora que por fin habían intercambiado palabras de nuevo. * * * * * Gus condujo directamente al rancho como si nunca lo hubiera dejado, su coche dirigiéndose hacia el blanco como un perro siguiendo un olor. Le había dicho a Anya a dónde estaban yendo y ella lo miró sorprendida, pero cualquier cosa que había visto en su rostro había sido suficiente para matar las preguntas que sabía que se estaban formando en su cerebro. Giró en la estrecha carretera de dos carriles conduciendo al rancho y la primera cosa que vio fue el pesado bosque de árboles que crecieron desde la línea de la cerca a la casa. El roble, el cedro de montaña y el mezquite habían estado allí desde siempre. Su padre siempre dijo que le gustaba la intimidad que les daba; Rafe y
  • 59. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 60606060 Gabe habían usado la privacidad de los árboles para juegos de niños y otras, menos lúdicas, cosas a medida que crecían. Siguió el camino de grava a través de los árboles hasta que llegaron al claro donde la tierra del rancho comenzaba. Y ahí sentado, el lugar que había evitado durante tanto tiempo. Rafe había pintado la casa del rancho y hecho un montón de trabajo duro consiguiendo mantener el lugar en forma. Era muy evidente. Gus se tomó un momento para beber la escena —la casa rodeada por robles proporcionaban un dosel de sombra. Pastos sin fin extendiéndose hacia el norte, dos de ellos llenos de ganado, hombres a caballo controlándolos. Pastoreándolos. Gus recordó todos los años de crecimiento cuando su padre les había enseñado tanto a los niños los entresijos de la ganadería de éxito pero Rafe fue el único que lo había aprendido enserio. Y hablando del diablo, él debió haberlos oído venir y los estaba esperando en el porche delantero, su cuerpo tan alto y delgado como siempre pero ahora más musculoso. Su pelo oscuro cortado muy corto y su piel bronceada por trabajar al aire libre. Junto a él estaba una esbelta rubia, apretada contra su lado. ¡Linda! No la había visto desde la horrible noche cuando había dejado el rancho. Ahora esperaba que el agudo dolor de la traición le picara, pero ella bien podría haber sido una extraña. Su mente y corazón sólo tenían sitio para Anya. Gus estacionó el coche en la zona de grava al lado de la casa y dio la vuelta para abrir la puerta a Anya. Ella vaciló pero él tomó su mano firmemente y tiró de ella. ―Todo irá bien―, le dijo. ―Te lo prometo―. Él le había dado una explicación esquemática de su situación familiar en el camino de Austin, no endulzando su comportamiento. No era una conversación garantizada para hacer que cualquiera de ellos se sintiera a gusto. Especialmente la parte acerca de Linda, que él había pasado por alto. Pero con ningunas otras buenas opciones disponibles, estaba determinado a hacer lo mejor con la situación y mantener a Anya a salvo. Y
  • 60. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 61616161 esperar después de diez años que él y Rafe pudieran encontrar la manera ser hermanos de nuevo. Anya apretó sus dedos alrededor de los de suyos mientras la guiaba al porche. Él esperó a Rafe para dar el primer paso pero sorprendentemente fue Linda quien tomó la iniciativa. Dejando el lado de su esposo, corrió escaleras abajo a Gus, le dio un breve abrazo, luego se volvió a Anya. ―Estoy muy feliz de conocerte―, dijo con su voz suave. ―Sólo deseo que hubiera sido en circunstancias diferentes. Bienvenida a nuestro hogar―. ―Gracias―. La voz de Anya fue igualmente suave y más moderada. ―Siento que estemos irrumpiendo así. Linda sonrió, la sonrisa que una vez había calentado el corazón de Gus y luego lo destrozó. Ahora era simplemente… una sonrisa. Ella enlazó su brazo a través del de Anya y tiró de ella lejos de Gus. ―Vamos dentro de la casa. Debes estar cansada del viaje. Tengo café y té así que sólo dime cuál prefieres―. Ella guió a Anya hasta los escalones del porche y dentro de la casa, manteniendo su charla suave. Haciendo a Anya no se sintiera tan fuera de lugar. Gus y Rafe se quedaron en la zona de estacionamiento mirándose uno al otro. Tomando sus medidas. Dejando que el pasado se lavara sobre ellos… y lejos de la esperanza. Gus se aclaró la garganta. ―No puedo decirte lo mucho que aprecio que nos dejaras venir aquí. Por un momento Rafe no dijo nada. Luego dio un paso adelante y estrechó a su hermano en un abrazo de oso. ―Bienvenido a casa, Gus. Ya era la maldita hora.
  • 61. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 62626262 Gus no podía decir nada. Su garganta estaba demasiado obstruida por la emoción. Sólo se quedó ahí colgando de su hermano. ―No estaba seguro―, empezó, luego se detuvo. ―No sabía si tú… Rafe apretó sus hombros. ―La familia es la familia, Gus. Hemos dejado que esta cosa siga por mucho tiempo. Supongo que es porque tú y yo somos unos pendejos muy tercos. Lástima que tuvo que pasar algo como esto para derribar todo―. ―Mi mal―, Gus dijo duramente. ―Todo sobre mi cabeza. ―No importa. Estás aquí ahora y vamos a hacer todo lo que podamos para ayudar. ― ¿Pensé que habías dicho que Linda iba a estar con sus parientes con los niños? Y por cierto, ¿cuántos niños tienes? Me avergüenza decir que ni siquiera lo sé. Rafe se echó a reír. ―Déjame decirte, esa es una mujer obstinada. Dijo que no iba a ser trasladada. Además, pensó que podría ayudar a tener a otra mujer aquí. La garganta de Gus se apretó de nuevo. ―Gracias―, fue todo lo que pudo manejar. No tenía derecho a esperar nada de estas dos personas aún así ellos abrieron su casa como si el pasado nunca hubiese ocurrido. ―Y tenemos dos —Jared que tiene ocho años y Elissa que tiene seis. Espero que llegues a conocerlos cuando todo esto termine. ―Cuenta con ello. ―Por qué no entras―, dijo Rafe al fin. ―Puedes contarme acerca de los problemas merodean tus talones. Supongo que tiene algo que ver con la hermosa mujer que puso esa mirada de Ella es mía para siempre en tus ojos. Anya y Linda ya estaban sentadas en la mesa de la cocina cuando los hombres entraron a la casa. Gus miró rápidamente a Anya para asegurarse de que estaba bien, y estaba aliviado de verla platicando con Linda. La mujer rubia levantó la
  • 62. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 63636363 vista cuando entraron, le sonrió a Rafe con una expresión de amor en sus ojos y le hizo un guiño a Gus. Cuando todos ellos tenían tazas llenas de café, Gus explicó la situación a Rafe y Linda con gran detalle. No dejó nada, especialmente el episodio en la casa de seguridad que los había puesto en marcha. ―No serán capaces de llegar hasta aquí―, Rafe prometió. ―Pero ¿qué vas a hacer con la bolsa de mierda, Virgil Branson? Si te conozco, no serás feliz sólo sentándote y esperando porque alguien más haga las cosas caminar. Especialmente si no puedes confiar en tu propia gente. ―Lo último que puedo permitirme hacer es sentarme con los brazos cruzados―, dijo Gus. ―Tan pronto como acomodemos nuestras cosas y Anya esté establecida, voy a hacer algunas llamadas. Pondré a trabajar a mis soplones. ―Yo me encargo de Anya―, dijo Linda. ―Tengo la gran habitación de huéspedes en la parte superior de las escaleras lista para ustedes. Trae todo lo que necesites y ve a trabajar. Anya y yo podemos tomar nuestro café en el porche de atrás―. Miró a Anya. ―Puedo asegurar que no le vendría mal un tiempo de chicas para variar. Gus se puse de pie y metió sus manos debajo del codo de Anya, guiándola para levantarla de la silla. Ignorando a los demás en la mesa, apretó un suave beso en sus labios. ―Todo irá bien―, le aseguró. ―Estamos a salvo aquí. Estás a salvo, y eso es lo más importante para mí―. La jaló con fuerza contra él por un momento, apretando su cuerpo contra el suyo en un abrazo rápido y duro. ―Ve con Linda ahora. Voy a hacer algunas llamadas. Cuando las mujeres se instalaron en el porche trasero Gus se sentó en su silla de nuevo y sacó su celular de la funda en el cinturón. Rafe estaba viéndolo desde el otro lado de la mesa con una expresión indescifrable. Gus frunció el ceño. ― ¿Qué?
  • 63. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 64646464 ―Ella es encantadora, Gus. ¿Y la forma en que la ves? Tú nunca, jamás miraste a Linda así. Gus bajó la cabeza. ―Sí, acerca de eso… ―Nada que decir―. Rafe le dio una palmada en el hombro. ―Tienes con Anya lo que Linda y yo tenemos. No digo más, ¿de acuerdo? Gus asintió. ―Está bien―. Y justo así, sorprendentemente, la realidad era así. Rafe terminó su café y salió a dirigirse hacia el granero. Gus empezó a marcar los números de memoria, esperando llegar a alguien que pudiera darle una pista de dónde estaba encerrado Virgil Branson y quién le estaba ayudando a tirar de los hilos. Para el momento en que terminó de reunir información de sus contactos, la sensación de malestar en la boca del estómago había crecido a enormes proporciones. Se alegró de que Linda estuviera manteniendo ocupada a Anya porque necesitaba obtener el control sobre sí mismo antes de compartir cualquier información con ella. Incluso entonces tenía que ser muy cuidadoso con lo que le dijera. Sabía que ella apenas se mantenía completa y algo de lo que había aprendido podría destruir su frágil autocontrol. ―Te ves como si hubieras mordido una manzana ácida―, Rafe dijo, entrando en la cocina por la puerta trasera. ― ¿Quieres hablar de ello? Gus asintió. ―Sí y no. Realmente me gustaría tomar a Anya y correr a algún lugar donde nadie pudiera encontrarnos. El problema con eso es que siempre estaríamos huyendo mientras Branson todavía ande suelto―. Rafe cayó hacia abajo en la silla frente a él. ―Está bien. Vamos a escuchar lo que tienes. Quizá entre nosotros podamos diseñar un plan.
  • 64. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 65656565 Una vez más Gus sintió una oleada de emoción en él y una oleada de gratitud porque su hermano y su cuñada hubieran dejado el pasado de lado y le dieran la bienvenida como lo hicieron. ―Me estoy dando cuenta de que sólo rasguñamos la superficie de la operación de Virgil Branson―, empezó.―Lo cerramos en Texas y cortamos sus lazos con México, pero aparentemente él opera en otras ciudades, también. Se ha quedado por debajo del radar del FBI porque alguien lo ha estado ayudando todo este tiempo. Alguien dentro―. Las palabras dejaron un sabor agrio en su boca. ― ¿Y ese alguien lo está ayudando a esconderse? ¿A atrapar a Anya? Gus asintió. ―Eso es lo que mi informante clave está diciéndome. Y está tan asustado de lo que podría sucederle que tuve que sacarle cada palabra haciendo palanca. Me dijo que no lo volviera a llamar, dijo que podría terminar enterrado en una prisión federal por siempre. ― ¿Realmente piensas que es tu jefe, como Jimmy dijo?― Rafe quiso saber. ―Es la respuesta más lógica. Él podría fácilmente haber diseñado el escape de la prisión y proveer a Branson con un escondite, recurso, o lo que sea. Y una pista de dónde esté Anya. ― ¿Y ahora qué? ―Voy a llamar a Jimmy. Ver qué ha encontrado y ver si podemos armar algún plan, para localizar a Branson e identificar al agente sin escrúpulos. ―Déjanos saber qué podemos hacer, ¿de acuerdo? ―Lo están haciendo―, Gus le dijo. ―Sólo por tenernos aquí. Linda sirvió chile y pan de maíz para el almuerzo, luego Rafe volvió fuera para trabajar con el ganado, Linda dijo que iba a la oficina en el granero para trabajar en los libros del rancho y Gus llevó una temblorosa Anya al piso de arriba a acostarse. Él había llamado a Jimmy, quien dijo que tenía que cavar aún más fuerte. Pensó
  • 65. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 66666666 que tal vez podía entrar en los archivos personales de Dean Barton y ver lo que podía encontrar y que Gus le debía llamar más tarde. Para entonces podría ser capaz de poner en marcha un verdadero plan conjunto. ―Estoy tan asustada―, dijo Anya, escondiéndose en sus brazos. ―Sólo quiero que todo esto termine. ―Yo también, cariño―. Gus frotó su espalda y hombros. ―Pero si Jimmy puede indagar la información sobre Barton que necesitamos, así será. ― ¿Y si no puede? ―Si está ahí, Jimmy la encontrará. Y sé que está ahí―. Él inclinó la cabeza de ella hacia atrás. ―Mis informantes saben, por lo menos, que Virgil sigue en San Antonio. Alguien lo está ocultando y probablemente ayudándole a reubicarse y recuperar su ―negocio― en marcha y funcionando de nuevo. ―Tu hermano y cuñada son maravillosos por dejarnos venir aquí―. Ella frunció el ceño hacia él. ―Ella es la persona de la que estabas enamorado, ¿verdad? Él rozó sus labios contra los de ella. ―Lo que sentí por Linda no era amor. Fue lujuria juvenil―. Él lamió suavemente la parte exterior de sus labios. ―Lo que siento por ti es amor. En caso de que no lo sepas. ― ¿Me amas?― Lágrimas se formaron en las esquinas de sus ojos. ―Ya lo creo. Debí habértelo dicho mucho antes de esto―. Él usó su pulgar para ahuyentar las lágrimas. ―Cuando salgamos de esto, vamos a hacer algunos planes definitivos. ― ¿No quieres decir si...? ―No, dije cuando esto termine y eso es lo que quiero decir. Linda sugirió que podrías querer acostarte y descansar y le dije que vería que lo hicieras. Así que no transformes en un mentiroso.
  • 66. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 67676767 La levantó en sus brazos y la llevó a la cama King-size. Apartando las sábanas con una mano, la sentó en el borde y comenzó a desvestirla con infinito cuidado. Anya se estremeció mientras él la desprendía su ropa. ―Gus, Linda y Rafé están sólo en la planta baja. No podemos hacer esto ahora. ―Cariño, te prometo que incluso con un rancho que dirigir, cuando los niños están fuera de la casa Linda y Rafe sacan el máximo de provecho. Ellos probablemente estarían decepcionados de mí si no aprovecho esta oportunidad para hacerte sentir mejor. Además, están ocupados con su propio trabajo en este momento. ―Pero van a escuchar… Él posó con un dedo entre sus labios. ―No si somos realmente silenciosos. Ella no podía decir que no. Como esta mañana Anya necesitó el toque de sus manos y boca, la sensación de su polla en su interior para ahuyentar los demonios. ¡Y él había dicho que la amaba! Estaba segura de que su corazón se rompería porque estaba tan henchido. Había sabido que él tenía sentimientos por ella. En los seis meses que habían estado viviendo juntos era difícil pasar eso por alto. ¿Pero amor? Apenas se había permitido esperar que un hombre como Gus sintiera eso por una mujer como ella. ―Deja de pensar tanto―, él bromeó. ―Si estás pensando es que no estoy haciendo bien mi trabajo―. Él se arrodilló para quitarle sus pantalones y las bragas. Ella unió sus manos detrás del cuello de él. ―Justo estaba pensando eso… es decir, que tú… Eso es… ―Cualquier cosa tonta que estés tejiendo en tu mente sólo déjala a un lado. Te amo, Anya. Eres exactamente lo que quiero. Así que aférrate a ese pensamiento. Él inclinó la cabeza para deslizar su lengua por la hinchada parte superior de sus pechos. Sus pezones se endurecieron a la vez en respuesta. Él continuó trazando
  • 67. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 68686868 líneas a través de su carne, sin tocarla otro sitio, sus manos apoyadas a ambos lados de ella. Anya gimió y se arqueó hacia él. ―Sostén tus senos para mí―, dijo con voz áspera. ―Tómalos en tus palmas. Sí, así. Apriétalos para mí. Chispas se agitaron en ella, directamente a su coño. Gimió cuando Gus movió su lengua para dar un golpecito contra cada pezón en turnos. El hecho de que él todavía tenía la ropa puesta mientras ella estaba desnuda la excitó aún más. Se retorcía en la cama cuando el pulso en su coño aumentó su ritmo. Gus pareció tomarse una eternidad bañando sus pechos y sus pezones antes de arrastrar su lengua abajo más allá de su ombligo. Pero en lugar de ponerse en cuclillas para llegar a su coño, se puso de pie. Cuando ella levantó sus ojos para encontrar los suyos vio deseo quemando en ellos, flamas ámbar parpadeando en las piscinas calientes, de color marrón oscuro. Muy lentamente se quitó sus ropas, echando a un lado una pieza a la vez, sacando sus zapatos y finalmente bajando sus bóxers y saliendo de ellos. Su polla saltó libre como si sólo esperara por una oportunidad. Su duro grosor apuntó hacia ella, la aterciopelada cabeza ciruela oscura, un diminuto botón de líquido sentado en el ojo como una estrella en una corona. Anya seguía sosteniendo sus pechos, esperando por Gus para que le dijera que debía hacer a continuación. Había descubierto que le excitaba tenerlo haciendo eso. ―Inclínate hacia adelante y lámeme―, él dijo. ―Sólo la cabeza. No uses tus manos, sólo tu lengua. Ella hizo como le pidió, inclinándose hacia adelante y deslizando su lengua sobre la cabeza, capturando la gota de líquido que le rogaba tomarla. El gran cuerpo de Gus se estremeció al primer azote de su lengua. ―Jesús, eso se siente tan bien. Hazlo de nuevo, cariño. Justo así.
  • 68. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 69696969 Él se puso de pie con las piernas abiertas, el saco pesado con sus bolas descansando en sus musculosos muslos. Cada vez que deslizaba su lengua sobre él, su pene se flexionaba. Anya sabía que se estaba mojando más y más y Gus ni siquiera la estaba tocando. Sin advertencia él se alejó, Anya jadeó, sus manos apretando sobre sus pechos. Gus se acercó a ella y la empujó suavemente hacia atrás sobre la cama. Doblando sus rodillas y abriendo sus piernas. Luego se arrodilló en el suelo delante de ella y separó los labios de su coño. ―Sabes―, dijo con una voz ronca, ―Cuando volvamos a casa voy a afeitar estos hermosos rizos. Quiero ver tu hermoso coño desnudo para mí. Quiero frotar mi polla por todas partes y no sentir nada excepto piel desnuda. ¿Te gustaría eso? ¿Le gustaría eso? ¿No podía ver más líquido filtrándose de ella? ―Sí, sí, sí―, gritó ella. ―Quiero eso. Y lo quería. Eso y más. Todos estos meses Gus la había engatusado para disfrutar su sexualidad. Para dejar el pasado atrás y pensar sólo en ellos dos. Y ella había estado haciendo eso. Ahora, incluso en medio de esta crisis, se le ocurrió que nada que este hombre podría sugerir la repugnaría. Ella quería todo con él. Lo quiero todo. ―Y eso es lo que obtendrás, créeme. Oh, dios, ¿lo había dicho en voz alta? Pero en el momento siguiente incluso se olvidó cómo hablar cuando Gus bajó su boca y lanzó un chorro de aire caliente dentro de su coño y le lamió la raja a todo lo largo. Gimió de nuevo, cabalgando la cresta de calor que se disparó a través de ella. Sus manos en puño en la ropa de cama y sus talones excavando en el colchón. ―Tócate, Anya. Toca tu clítoris para mí. Frótalo mientras te follo con mi lengua.
  • 69. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 70707070 La llamarada de excitación que la inundó la impresionó en su intensidad. Deslizó una mano hacia abajo sobre su vientre para encontrar su clítoris debajo del nido de rizos y lo apretó entre dos dedos. ―Frótalo, Anya. Duro. Hazlo. Cuando lo hizo Gus metió la lengua dentro de ella y la agitó contra sus paredes resbaladizas. Luego comenzó el lento, constante, movimiento dentro y fuera que la volvía loca. Cuanto más rápido movía sus dedos más rápido el movió su lengua. El clímax se arraigó bajo en su vientre, extendiéndose hacia arriba y hacia afuera, consumiéndola con un calor carnal. Sus manos se deslizaron para cubrir las mejillas de su culo, frotándolas y suavemente pellizcándolas. Un dedo delgado se metió en su coño con su lengua, lo retiró cubierto con sus jugos, y apretó en su ano. Anya casi convulsionó ante las sensaciones de escarcha caliente que rodaron sobre ella. Oh dios oh dios oh dios. ―No pares―, le rogó, temiendo que él se detuviera en el medio como había hecho antes. Pero esta vez Gus la dirigió hasta el final, su mano, la lengua, sus dedos creando tan poderosas sensaciones dentro de ella que estalló en una explosión totalmente incontrolada. Convulsionó, con las caderas empujando hacia la boca de Gus, su mano frotando, frotando, frotando para sacar los espasmos. Ella se resistió y se arqueó las caderas levantándose de la cama, mientras la malvada lengua de Gus y sus dedos la tocaron como un instrumento bien afinado. Cuando por fin los espasmos se acabaron, Gus se levantó, se inclinó para chupar cada pezón endurecido, pellizcándolos suavemente con el borde de sus dientes, antes de girarla de un tirón. Una ola de erotismo se apoderó de Anya. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Sería este el momento que la follara por el culo? Ella movió sus
  • 70. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 71717171 caderas, tratando de instarlo a ello. Pero después de que había rasgado y abierto el paquete con el condón dentro, rodó el látex en su polla gruesa, y tiró de ella hasta sus rodillas, apretó la cabeza de su eje contra su abertura vaginal. Un giro de sus caderas y él estaba instalado totalmente, sus bolas golpeando contra la parte posterior de sus muslos. En el momento en que la cabeza de su polla golpeó la boca de su vientre, otro clímax comenzó a construirse en su interior. Gus agarró sus caderas, sus dedos manteniéndola en su lugar mientras se conducía en su interior una y otra vez. Sus dedos apretados, su cuerpo tenso, y cuando su propio orgasmo bordeó la cúspide Gus gimió su nombre, su liberación salió en borbotones en el condón, pulsando contra el agarre de sus paredes vaginales. Ambos se derrumbaron, respirando con dificultad, los corazones tronando. Gus envolvió sus brazos alrededor de ella y enterró su rostro en su cuello, murmurando su nombre una y otra vez. Al final se retiró de ella, eliminó el condón y se metió en la cama con ella, girándolos para que así sus cabezas estuvieran sobre las almohadas. ―Tengo que hacer algunas llamadas más―, murmuró mientras besaba su mejilla. ―Pero quiero que tomes una buena siesta. Te despertaré mucho antes de la cena. ― ¿Y tú? Apenas has podido dormir unas horas anoche. ―Estoy bien. Quiero pasar un tiempo con Rafe mientras pueda, también. ―No me dejes todavía, ¿de acuerdo?― Ella se moldeó a su cuerpo. ―No hasta que estés dormida, Anya. Cierra tus ojos. Estoy justo aquí.
  • 71. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 72727272 Capítulo Seis Una vez que estuvo seguro de que Anya estaba durmiendo, Gus se duchó y se puso las ropas de nuevo, luego se dirigió escaleras abajo. Linda y Rafe seguían ocupados con sus propias actividades, por lo que se sirvió una taza de café recién hecho y se sentó a pensar acerca de a quién más podía llamar. Nadie podía llamarlo, ya que él estaba usando teléfonos desechables y eliminándolos después de unas horas, por si acaso. Tanto lo enfermó como lo entristeció pensar que su jefe, por quién siempre había tenido el mayor respeto, podría estar asociado con Virgil Branson en su sucio negocio. Si eso era cierto, ciertamente había engañado a un montón de gente. Pero mentalmente recorrió la lista de agentes de la oficina de San Antonio, no parecía haber un montón de otras opciones. Él supo que tenía que ser alguien en condiciones de tener acceso a toda la información y a la ubicación de los testigos, ¡pero mierda! ¿Dean Barton? Por supuesto, eso explicaría muchas cosas. El resto de los soplones que llamó no habían dicho una palabra. La mayoría parecían más asustados de lo que nunca los había escuchado. Pero si eran atrapados entre Virgil Branson y el FBI podía entender por qué. Estaba sentado en la mesa con la cabeza en las manos, cuando Linda llegó del estudio. ― ¿Cómo está Anya?― preguntó. ―Durmiendo. No tuvimos mucho descanso anoche y ella había estado aguantando como un calambre hoy. Le dije que tomara una buena siesta. ―Ella parece muy agradable, Gus―. Linda se ocupó de terminar de preparar la ensalada de la nevera. ―Estoy muy contenta de que encontraras a alguien.
  • 72. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 73737373 Él dejó escapar un largo suspiro. ―Escucha Linda―, comenzó. ―Está bien―. Ella se volvió y le sonrió. ――No tienes que decir ni una palabra. No teníamos nada salvo lujuria entre nosotros hace diez años. Te debo pedir disculpas ya que en realidad era a Rafe a quien quise todo el tiempo. Gus le dio una sonrisa cansada. ――Creo que lo sabía. En ese entonces, sin embargo, estaba exaltado con más bolas que cerebro. ―No más que tu hermano. Menos mal que lo he domesticado―. Ella le guiñó un ojo. Rafe entraba por la puerta de atrás, golpeando su sombrero contra su pierna para sacudirle el polvo y colgarlo de un gancho junto a la puerta. ― ¿Cómo está nuestra chica? ― ¿Nuestra chica?― Gus ladeó una ceja. ―Creo que sólo llegarás a robarme una mujer―. Pero él sonrió para mostrar que era una broma. Luego pasó sus manos por su pelo y se echó hacia atrás. ―Creo que se me acabaron las ideas, Rafe. Sera mejor salir con algo rápido. Es genial finalmente estar de vuelta aquí, pero Anya y yo no podemos escondernos aquí para siempre. ― ¿Qué hay de que tú y yo tomemos una copa en el estudio y salgamos del camino de Linda mientras hace la cena? Puedes recorrer todo conmigo y ver si una mente fresca ayuda. ―Me gustaría ayudar con la cena. Todos se volvieron para ver a Anya parada en el umbral. Gus estaba satisfecho de notar que ella se veía más descansada que antes, pero las líneas de tensión alrededor de sus ojos y las sombras debajo de ellos estaban todavía allí. Linda le hizo señas hacia la cocina. ―Vamos, entonces. Siempre puedo necesitar ayuda.
  • 73. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 74747474 A pesar de que Gus le contó todo a su hermano y vieron el problema de todas las maneras posibles, Rafe no llegó a ninguna solución más de las que Gus había hecho. ―Lo que estoy pensando―, reflexionó Gus, bebiendo bourbon añejo, ―Es que quizá podría dejar a Anya aquí con ustedes y volver a la ciudad yo mismo. Hay una mejor oportunidad de que pueda excavar más en persona que tratando de perseguir por teléfono. Se había resistido a la idea cuando Jimmy lo mencionó primero, pero luego ellos habían estado hablando de una casa de seguridad del FBI. Esto era muy diferente. Una definitivamente más desconocida. ― ¿Has hablado con Jimmy otra vez? ―Pensé en localizarlo después de la cena. Ver si él ha llegado a algo. Sé que él ha estado en casa todo el día encerrado con su computadora. No hay duda de que participa en todo tipo de intromisión ilegal. ―Hola. Si eso pone la mercancía en el agente corrupto, vale la pena, ¿verdad? ―Cualquier cosa vale la pena―, coincidió Gus, ―si significa que Anya está segura otra vez. ―Te conseguiste un verdadero premio, hermano. Enhorabuena. Me alegra que hayas encontrado a alguien, también. Una gran cantidad de palabras no dichas estaban entre ellos pero ninguno sintió la necesidad de decirlas. Después de que Anya ayudó a Linda a limpiar la cocina, Gus la tomó por el codo y la condujo fuera por la puerta principal. ― ¿A dónde vamos?― ella quería saber.
  • 74. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 75757575 ―No he besado a una chica bajo de la luna del Texas Hill Country en mucho tiempo―, Gus bromeó. ―Pensé que era hora de hacerlo. Y quiero hacerlo en mi lugar favorito. Le tomó la mano mientras se alejaban de la casa hacia la carretera, al espeso bosque de árboles que cubrían la superficie entre la casa y la carretera y por muy buen fuera del camino a la izquierda. Fueron sólo unos pocos pasos entre ellos cuando fueron tragados por una oscuridad aún familiar para Gus. Este había sido su refugio, su patio de recreo, su santuario. Incluso su lugar para besarse cuando había traído una cita a casa a dar un paseo bajo la luna. Unos pasos más y la casa eran apenas visible. ―Me sorprende que tus padres nunca tiraran estos―, dijo Anya. ―Todo lo demás por aquí es muy abierto. ―Ellos siempre dijeron que deliberadamente dejaron estos aquí así por lo menos tenían la ilusión de un bosque―, le dijo. ――Mi mamá se crió en Maine, que cómo sabes tiene más árboles que gente. Además, todos estos árboles en el jardín solían ser una buena cobertura para Rafe y para mí. ― ¿Cómo es eso? ―Nos salíamos a hurtadillas de la casa y fumábamos cigarrillos, luego entrábamos a escondidas así nuestro padre no podía atraparnos―. Él rió. ―No sabíamos que él podía ver las puntas encendidas desde la casa y estaba al acecho. Lo mismo la noche que nos colamos aquí con una botella de su whisky. Pero él esperó hasta que llegamos muy enfermos antes de caer sobre nosotros. ―Apuesto a que fueron infernales―, Anya bromeó. Él se alegró de ver que se había relajado un poco. Estar aquí era bueno para ella. ―Oh, sí. Solíamos jugar a vaqueros e indios en estos árboles, también, cuando éramos unos niños. A veces nos gustaba traer algunos amigos con nosotros. Si uno de nosotros era capturado, le gritábamos a otro. Alguna estupidez como ‘estoy buscando la luna’. Teníamos señales estúpidas que inventamos.
  • 75. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 76767676 ―Entonces, ¿qué pasaba? ―Cualquiera que fuera que estuviera libre tomaba un rifle de plástico que teníamos, se escondía en el otro lado de los árboles y capturaba a un delincuente. Nos dio una buena oportunidad de practicar las habilidades de seguimiento que un trabajador del rancho nos había enseñado. Ella negó con la cabeza. ―Cigarrillos. Rifles de juguete. Los tiempos han cambiado desde entonces. ―Estos árboles viejos seguro han visto su parte de acción―. Él se rió entre dientes. ―A veces solía traear a mis citas aquí, robarles un beso donde nadie pudiera vernos. Tal vez intentar algunas otras cosas. Anya arrugó la nariz. ―No creo que quiera más detalles―. Miró a su alrededor. ―Me gustan los árboles. Te dan un montón de privacidad del tráfico en el camino. ―Es por eso que hicimos tan buen uso de ellos―. Gus la llevó a la parte más gruesa de los árboles y la giró para enfrentarla. ―Momento de conseguir mi beso. ―Que sea uno bueno―, dijo una voz desde pulgadas de distancia. ―Puede ser tu último. Anya ahogó un pequeño grito. Gus se congeló en su lugar. Lentamente se volvió, poniendo a Anya detrás de él. Jimmy Broughton, sosteniendo una 9 mm en sus manos, parado a pulgadas lejos de él, fuera de los fragmentos de luz de luna que lograban perforar la cubierta de árboles. Y juró porque no había llevado su arma con él, porque tenía la seguridad de que este era el único lugar seguro en el mundo. ―Probablemente soy el único que sabe que este solía ser tu hogar―, Jimmy le dijo. ―Nadie más podría pensar en indagar aquí por ti. ―Eres un cabrón―, escupió Gus. ―Eres tú, ¿no? Tú eres el infiltrado―. Pero la pregunta era retórica.
  • 76. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 77777777 ―Más como el socio silencioso―, se jactó Jimmy. ―Virgil y yo hemos hecho un poco de dinero en los últimos años. ―Lo protegiste―, Gus adivinó. ―Así es como evitó quedar atrapado todos estos años. ―Y si no hubiera sido por esa pequeña perra oculta detrás de tu espalda, todavía estaría montando en dinero fácil. Pero estoy encargándome de eso ahora―. Suspiró. ―Simplemente no me escuchaste y mandaste a esa perra lejos, ¿verdad? Yo podría haber cuidado de ella sin alguien más sabio―. Tuvo una breve carcajada. ―Te dije que sería tu entierro. Gus no podía creer que el hombre que consideraba su mejor amigo era su peor pesadilla hecha realidad. ―Mi hermano y su esposa están justo en esa casa, Jimmy. No sé cómo esperas salirte con la tuya. ―Fácil. Sólo vamos a salir de aquí, usando los árboles para cubrir, saltar la valla y entrar en mi coche. ―Vas a tener que matarme, porque yo no me muevo―. Ira derramaba a través de Gus, pero la mantuvo cuidadosamente controlada. No podía permitirse dejar que la emoción lo distrajera. Una puerta se cerró. ―Hey, Gus. ¿Están por ahí?― Rafe, en el porche delantero. ― ¿Están bien? ―Dile que están bien. Y estarán ahí en poco tiempo. ―Estoy buscando la luna―, gritó Gus. Hubo un momento de silencio antes de que Rafe le contestara. ―Está bien. Lo tengo. La puerta se cerró de nuevo.
  • 77. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 78787878 ―Ahora bien―, dijo Jimmy. ―Vamos a movernos en silencio. Tengo un… amigo esperando en el coche para ayudarme con ustedes dos. Gus podía sentir las uñas de Anya enterrándose en su cintura, donde lo sostenía. Él la bendijo por ser el tipo de mujer que podía mantener su cabeza en una situación como ésta y seguir su ejemplo. ―Si nos vas a disparar, Jimmy, es posible que igualmente lo hagas aquí, porque no me voy a mover. ―Tal vez le dispararé a la perra primero―, escupió. ―Tendrás que pasar a través de mí para hacerlo―, Gus señaló, aun manteniendo su cuerpo entre el de Anya y el agente. ― ¿Y cómo explicarás dos cadáveres en el rancho de mi hermano? ―Tal vez sólo te disparare y la me la lleve conmigo―, se burló Jimmy. ―Tener un poco de diversión antes de deshacerme de ella. Después de todo, fue una de las chicas de Virgil, ¿verdad? ―Error―, Gus escupió, ―Y tú lo sabes. Y si eres esa baba de socio, debes saber que la mayoría de las mujeres no iba de buena gana. Sigue hablando. Mantenlo concentrado en mí. Vamos, Rafe, muévete. ―No importa. De todos modos, he terminado de hablar―. Hizo un gesto con la cabeza. ―Vamos a seguir adelante. Ahora. ―Yo no planearía ir a alguna parte, si fuera usted―. La voz de Rafe era un sonido sin cuerpo en la oscuridad, pero la luz de luna brillaba en el cañón de la pistola que ahora presionaba contra el cuello de Jimmy. ―Suelta el arma. ―Dispárame y les dispararé―. La voz de Jimmy tenía un tono frío.
  • 78. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 79797979 ―Quizá. Pero piensa en el daño que un rifle puede hacer en la parte posterior del cuello. Ellos estarán buscando piezas de tu cabeza en el condado vecino. ¿Eso es lo que quieres? Gus mantuvo sus ojos pegados a la cara de Jimmy pero era difícil distinguir la mirada en ella en ausencia de luz real. Quería decirle a Anya que corriera, se dirigiera a la casa, pero tenía miedo de que Jimmy fuera tan estúpido como para tratar de conseguir un tiro. ―Mejor deja caer el arma, Jimmy―. Mantuvo su voz baja e incluso, a pesar de la creciente rabia que lo atravesaba. Por un largo momento nada ocurrió. Entonces Jimmy bajó su mano y dejó caer el arma al suelo. Los pies de Rafe barrieron y golpearon las piernas de Jimmy, tirándolo al piso. Los dos hombres estaban sobre él al instante, inmovilizándolo con la cuerda que Rafe se había colocado sobre un hombro. Entonces lo llevaron a la fuerza de vuelta a la casa, el rifle de Rafe apuntando a la espalda del hombre durante todo el tiempo. ―Lo bueno es que recordaste esa señal―, Gus comentó, todavía temblando de ira. ―Algunas cosas nunca las olvidas―, Rafe le dijo. ―Como el hecho de que los hermanos son siempre hermanos, no importa qué. Con eso finalmente selló su pasado roto y destrozado y generó los primeros hilos de paz ganados a través de Gus. * * * * * Era la una de la mañana antes de que todo fuera resuelto. Jimmy fue llevado por dos agentes en el helicóptero de la oficina de San Antonio. El coche con el amigo de Jimmy se había ido pero Dean Barton, que había volado con los agentes, aseguró a todos cuando barrieron los pedazos de la organización de Virgil que no tenían duda de atraparlo. Por fin se puso de pie en el porche trasero dándole la mano a Gus.
  • 79. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 80808080 ―No puedo decirte cuánto lo siento que hayas tenido que pasar por esto―, dijo, no por primera vez.―Debería haber sido lo suficientemente inteligente para ver que esto estaba sucediendo. O para poner a alguien más en el caso cuando no pudimos encontrar de dónde provenía todo el soporte a Virgil Branson. ―Leche derramada―, Gus le dijo a su jefe. ――Nadie podría haberlo visto. ―Nos metimos en todos sus archivos personales y descubrimos el montón de propiedades que posee, por aquí así como en otros estados. Estoy dirigiendo un esfuerzo coordinado para golpearlos a todos de una vez estoy seguro de que encontraremos a Virgil en una de ellas y que será su final. Me ocuparé de ello personalmente―. ―Gracias. Y le agradezco por ocuparse de esto usted mismo. Dean se encogió de hombros. ―Ciertamente es lo menos que puedo hacer. Unos minutos después el helicóptero despegó. Gus miró hasta que sólo fue un punto en el cielo antes de volver a la casa. Quería decirle a Anya de nuevo lo orgulloso que estaba de ella por la forma en que se había manejado. Sabía que había estado asustada de muerte pero sólo se mantuvo silenciosa, confiando en él para cuidarla, desmoronándose sólo después de que habían regresado a la casa y pudo dejar que fluyeran las lágrimas. Se sentó con ella en su regazo y le dio de comer té con coñac, murmurándole palabras tranquilizadoras hasta que sus párpados empezaron a caer. Todo el mundo finalmente se fue a la cama, sólo para ser despertado siete horas después por una llamada de Dean Barton avisando que Virgil Branson se encontraba bajo custodia. La pesadilla finalmente había terminado. ―Voy a recoger a los niños―, anunció Linda cuando habían terminado el desayuno. ―Ellos estarán muy contentos de finalmente conocer a su Tío Gus.
  • 80. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 81818181 ―Vamos a salir más tarde hoy―, Gus le dijo. ―El peligro ha terminado y tenemos que dejarlos en paz. Rafe y Linda intercambiaron una larga y conocedora mirada. Rafe se aclaró la garganta. ―Realmente nos gustaría que puedan pasar unos días aquí. Dennos a todos la oportunidad de reconstruir esta familia. ―No creo…― Gus empezó. Anya le puso una mano pequeña en su brazo. ―Gracias. Nos gustaría mucho. Estoy segura de que Gus no les ha dicho nada, pero mi vida familiar le dio un nuevo significado a la palabra disfuncional. Esto significa tanto para mí como lo es para Gus. ―Es reiterada entonces―, dijo Rafe. ―Necesito salir y trabajar con el ganado un poco mientras Linda va por los niños. Después del almuerzo vamos a hablar de algunas cosas y hacer algunos planes. Gus asintió. ―Nos gustaría eso. Cuando sólo eran ellos dos en la casa, Gus levantó a Anya de su silla, la acunó contra su pecho y la besó como un hombre que estaba muriendo de hambre. ―Se acabó, cariño, y tengo una gran manera de celebrarlo. ¿Qué dices? ―Yo digo que sí―, le dijo, todavía tratando de recuperar el aliento. A ella le encantaba estar desnuda con él, nada entre ellos, piel con piel. Sus manos eran como las herramientas de un artista, tocándola en todos los lugares correctos, encendiendo fuego en todas partes. ―Te amo―, él susurró, a horcajadas sobre su cuerpo.
  • 81. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 82828282 Él inclinó la cabeza para capturar un pezón con su boca, chupando con fuerza, presionándolo contra el paladar y la lengua. Anya enroscó sus dedos a través de la gruesa seda de su cabello, presionando su cabeza contra su cuerpo. Cuando él acarició un pezón con pulsante dureza, fue a trabajar en el otro. Sus dedos suavemente pellizcaron el pezón aún húmedo de su boca. Picos gemelos de calor dispararon directamente a su coño, haciéndola moverse sin descanso con creciente necesidad. Ella estaba sorprendida cuando él levantó su cabeza y cambió su peso por lo que fue más arriba en su cuerpo. Su inundado pene estaba entre sus pechos, la cabeza ciruela oscuro refrenada a pulgadas de sus labios. Su lengua se deslizó hacia afuera y golpeó sobre la piel suave, encantada de verla flexionar con cada toque. Las caderas de Gus se movieron adelante y atrás, su eje rozando contra su piel con erótica fricción. Sus manos apretaron los senos, manteniéndolos contra su polla mientras mantenía su ritmo. Anya alzó una mano para agarrarlo pero él la alejo. ―No, cariño. Justo así. Déjame disfrutar la sensación de estos maravillosos montículos contra mi polla. En el momento en que estuvo dispuesta a desafiarlo y envolver sus dedos alrededor de su erección de todos modos, él dio marcha atrás, se deslizó por su cuerpo, le abrió las piernas y sin aviso hundió su lengua dentro de su tembloroso coño. ― ¡Gus!― Su nombre salió como una ráfaga desde lo profunda de ella, mientras el placer se disparó a través suyo. ―Oh, dios, Gus. Su lengua era un hilo conductor encendiendo fuegos dentro de sus muros con espasmos. Ella envolvió sus piernas alrededor de su cuello, tirando de él, moviéndose en cadencia con su ingeniosa, ingeniosa lengua. Pero muy pronto él cambió su posición, deslizando dos dedos en su coño y trayéndolos fuera goteando con su miel. Con movimientos suaves él untó el líquido en el anillo apretado de su ano, acariciando la piel con la punta de sus dedos. Muy despacio y con cuidado, él insertó un dedo en su túnel caliente, empujando más allá de los tensos músculos
  • 82. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 83838383 hasta que sus tejidos se flexionaron alrededor de él. Se tomó su tiempo presionando hasta que su dedo entero estuvo dentro, luego lo sacó y agregó un segundo. Su movimiento de tijera estiraron la rigidez de su recto, con la humedad permitiéndoles moverse en resbaladiza facilidad. ― ¿Estás bien?― Su voz estaba cargada de lujuria. ―Mmm―, fue lo único que podía manejar. Cuando ella comenzó a empujar hacia su mano él la volteó como había hecho el día anterior, tirando de ella de rodillas y reforzándola con almohadas debajo de ella. Ella escuchó el sonido familiar de un paquete de aluminio siendo abierto y supo que él estaba poniéndose un condón. Luego sus manos extendieron las mejillas de su trasero, la cabeza de su pene se acercó a su agujero y con presión constante la penetró. Las paredes calientes oscuras de su recto lo aferraron con fuerza mientras él se introducía más y más profundo. Su coño estaba apretando en respuesta, el pulso que batía ahí aumentando su intensidad, el sentimiento familiar de frío y calor deslizándose a través de ella. ¡Lo está haciendo! ¡Lo está haciendo! Gus se detuvo cuando se introdujo hasta la empuñadura, con las manos apoyadas en sus caderas. ― ¿Estás bien, cariño? Ella asintió, incapaz de hablar. ―Respira conmigo―, él la instruyó. ―Adentro, afuera, adentro, afuera.
  • 83. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 84848484 Ella hizo lo que él le indicó, respirando adentro cada vez que él se retiraba y afuera cada vez que él se sumergía. Por fin ella se sintió completamente poseída por él, totalmente suya. Las últimas barreras cayeron. Gus se inclinó sobre ella mientras la follaba sin parar. ―Te quiero para siempre, Anya. Te amo. ― ¡También te… amo…! Su agarre sobre ella se apretó como su ritmo creciente. La transpiración cubría su cuerpo y su corazón estaba zumbando fuertemente en su pecho. Ella se sacudió con él, haciéndose hacia atrás cada vez para encontrarlo. Lo sintió llegar, rodando desde lo más profundo de su interior, al mismo tiempo Gus golpeó duro dentro de ella. ―Ahora―, él gritó, y dijo su nombre mientras inundó el condón con su liberación, el cuerpo sacudiéndose con cada chorro. El coño de Anya convulsionó una y otra vez, espasmos se sacudieron su cuerpo, nada existía excepto ella y Gus su conexión más íntima. Finalmente se dejó caer hacia adelante, Gus sobre ella, balanceándose en sus antebrazos. Ella no estaba segura de que alguna vez sería capaz de respirar normalmente de nuevo pero no le importó. No quería que esto acabara nunca. Estuvo a punto de gritar su objeción cuando Gus se retiró de su cuerpo y salió de la cama para disponer del preservativo. Pero luego estuvo de regreso, limpiándola con un paño caliente, besando sus mejillas y sus párpados, escalando bajo las sábanas con ella y tirando de su cuerpo tembloroso en su contra. Ella frotó la nariz contra el suave vello de su pecho y se deleitó con la sensación de su piel a su lado. ―Te amo―, él le dijo, esta vez más tranquila pero no menos intensamente.
  • 84. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 85858585 ―También, te amo, ―, ella le dijo, su calor disparándose cuando la felicidad la inundó. Él cubrió con sus labios su frente. ―Cásate conmigo, Anya. Sé parte de mi vida, finalmente he llegado a casa. Ella sujetó sus brazos alrededor de su cuello y lo miró a los ojos. Lo que vio ahí le dio más felicidad de lo que esperaba jamás encontrar. ―Sí. Sí, me casaré contigo. En cualquier momento que quieras. ― ¿Aquí? ¿En el rancho? ―Por supuesto. Absolutamente. ―Debemos decirle a Linda y Rafe―, dijo. Anya se rió. ―Probablemente deberíamos ponernos algo de ropa primero. Él sonrió. ―Buen punto―. Luego sus ojos se oscurecieron de nuevo. ―Pero no hasta que te folle de nuevo. Ella arqueó las cejas. ― ¿Tan pronto? ―Es lo que me haces. No creo que alguna vez voy a tener suficiente de ti, cariño. ―Espero que no. Ella sonrió para sus adentros mientras las manos de él se movieron sobre ella otra vez, demostrándole con movimiento lo que él le había dicho con palabras: exactamente lo mucho que significaba para él. Fin
  • 85. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 86868686
  • 86. El Club de las Excomulgadas DesireeHolt–FugaEnLaNoche 87878787 Si deseas saber más de Nuestros Proyectos o Ayudarnos a Realizarlos Visítanos!!! http://informativoexcomulgado.blogspot.com/

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