29                       La belleza que nos salva*                                                       Miguel Ángel Estu...
30cristiana y de los rasgos claves que de ella se desprenden para su posteriorprofundización.       El horizonte en el cua...
31       En ella, con la negación de la bondad y de la verdad, acontecetambién la negación trágica de la belleza como posi...
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33se siente humillado y degradado hasta tal punto ante la profanación y lanegación de las formas, que diariamente se ve as...
34El encuentro con la belleza que salvaParadójicamente, en el mundo actual, tan dolorosamente abocado al ni-hilismo, el to...
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43a la ontología y la estética propias del creyente a su más alto despliegue,surge el anuncio del Reino como nota constitu...
44abierta mediante la cual el rostro de Dios, en el esplendor de su bellezacrucificada y resucitada, puede brillar para el...
45humana, resignificando su dignidad y abriendo el horizonte de su sal-vación, nos permite hallar –de manera profunda– el ...
46Mifsud, Tony. Moral fundamental: el discernimiento cristiano. Bogotá:      Celam, 1996.Novoa, Carlos. “El arte y la fe s...
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La belleza que nos salva

  1. 1. 29 La belleza que nos salva* Miguel Ángel Estupiñán Medina** Fecha de recepción: 25 de febrero de 2011 Fecha de aprobación: 20 de marzo de 2011ResumenLa reflexión se sitúa al interior de una estética teológica y pretende considerar laexperiencia de sentido que ha de animar la vivencia moral cristiana. Inicia conuna aproximación a la crisis moral actual, y contempla la irrupción de la bellezaen el rostro histórico del Crucificado-resucitado como posibilidad de reconocer losrasgos claves que han de definir al cristiano. Incluso el mundo del arte posibilitadescubrir que la realización auténtica de la dimensión estética del cristianismoestá emparentada con una real vivencia del carácter ético que acompaña a la fe.Palabras clave: Experiencia de sentido, moral, belleza, arte.IntroducciónEl presente trabajo, ofrecido a modo de ensayo debido a la naturaleza dela experiencia que deseo comunicar, constituye una reflexión teológicaen torno de la experiencia de sentido que ha de animar la vivencia moral* Trabajo final de investigación para la asignatura de Moral fundamental.** Licenciado en Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, con experiencia en el campo dela pastoral educativa; promueve la denominada via pulchritudinis, un camino de evangeliza-cióny de diálogo en el seno de las culturas, que procura, a partir de la educación en la percep-ción,tender puentes que nos lleven a caminar junto a los no creyentes. Correo electrónico: maem86@gmail.com reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  2. 2. 30cristiana y de los rasgos claves que de ella se desprenden para su posteriorprofundización. El horizonte en el cual se enmarcan mis preguntas es el propio deuna estética teológica, a saber, la dimensión estética de la revelación; deahí la posibilidad y validez de concebir el problema de la belleza comocategoría ético-teológica nodal del asunto moral que nos compete. Comienzo con una aproximación a la crisis moral actual, contexto–como veremos– de nuestra reflexión y acción ética. A partir de ella surgenlas principales inquietudes que desarrollaremos a lo largo del texto y quedesde ya quisiera esbozar de la siguiente forma: con el encuentro con labelleza que salva se abre para nosotros el horizonte de la vivencia moralcristiana y sus exigencias hoy. Respecto de lo anterior, la experiencia que podemos tener es tratadaen el segundo y en el tercer momento: la irrupción de la belleza en elrostro del Crucificado-resucitado y el valor del arte para la fe. A partir de allí, y habiendo podido distinguir la experiencia desentido que ha de animar la vivencia moral de los cristianos y cristianas,profundizo en rasgos claves de la misma desde la siguiente claridad: enla vivencia auténtica de la dimensión ética del cristianismo llega a surealización, de igual modo, el carácter estético que le es ineludible.La negación de la belleza en el mundo actual:interpretación de la crisis moral contemporáneaLa aproximación a la crisis moral actual, con la cual iniciaremos esteestudio teológico, podría conducirnos al cadalso de la desesperanza, allugar desde el cual lo inminente de nuestra caducidad se vuelve, en oca-siones, tortura inaguantable de este mundo de excesos. “¡En él se hacencosas que ni el hijo de Dios ni el hijo del hombre deben ver jamás!”1Estas son palabras que Oscar Wilde escribió hace muchos años, parareferirse a las negaciones de humanidad, en el presidio de Reading, quepueden actualizarse hoy, al referirnos con tristeza a la gran cárcel que esla situación actual para no pocos seres humanos.1 Wilde, La balada de la cárcel de Reading, 107.la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  3. 3. 31 En ella, con la negación de la bondad y de la verdad, acontecetambién la negación trágica de la belleza como posibilidad última,expresión definitiva con la cual quisiéramos recoger los más ocultosanhelos de la existencia humana. A la belleza, tan maltrecha, prodi-garemos nuestra atención; superando el miedo a ser tachados de insen-satos, en ella anhelamos poner nuestras esperanzas y tornar nuestrasmiradas con el fin de contemplar cómo es crucificada actualmente ycómo, sin razón alguna, sigue siendo apertura a nuevos horizontes,posi-bilidad de algo más, de algo distinto de aquella triste referencia a lodesesperanzador de nuestro contexto, atravesado y permeado hoy portanta falta de sentido. Ahora bien, “la verdadera belleza es negada dondequiera que el malparece triunfar, dondequiera que la violencia y el odio toman el puestodel amor, y la vejación, el de la justicia”.2 Actualmente esto sobreviene toda vez que la dignidad humana,pisoteada hasta sus límites, gime herida entre imágenes desoladoras;cuando ella, sin cesar de advertirnos los alcances del egoísmo, sigue po-niendo en crisis las búsquedas de bienestar particular que, sin importarle,violentan los derechos de millones de personas; cuando el feo espectáculode las atrocidades a las cuales puede llegar la inhumanidad se hace presenteante nuestros ojos y tantas fotografías, conocidas en los últimos tiempospor un sin número de personas –no siempre con el debido respeto–,más allá de herir sensibilidades, han perdido la fuerza de ser verdaderadenuncia en un mundo, que al ver lo vulgar prefiere volver la miradahacia donde convenga sencillamente para no ser incomodado. El mal parece triunfar cuando lo anterior no acaece ingenuamente,sin razón alguna, sino cuando lo dramático de la situación es provocadopor la monstruosa y egocéntrica estructura del individualismo cultural,estandarte de la sociedad contemporánea; cuando éste pareciese conver-tirse en una criatura de miles de tentáculos que, pretendiendo impedirtodo movimiento de éxodo y solidaridad, adormece las conciencias conel soma del consumo y la idolatría de lo efímero.2 Martini, ¿Qué belleza salvará al mundo?, 27. reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  4. 4. 32 Parece triunfar también cuando la verdad de la dignidad intrínsecae innegable de todo ser humano se ve envuelta por intereses relativosque la asumen o abandonan; cuando la verdad, hecha fría pieza de co-lección de multiplicidad de propuestas divergentes de pensamiento, hadejado de ser aquella fuerza capaz de orientar desde el bien a quien labusca con sensibilidad viva y éste, al tiempo que pierde ante el mundoaquel poder de atracción y esplendor que le es propio, se ha hecho con-cepto indefinible como exigencia universal para quienes nos vemos tandesesperadamente impedidos para entrar en consenso; cuando, por elcontrario, es el egoísmo el que, de tan múltiples maneras se ha vueltoexperto en mostrarse excitante, atractivo y “bello”; cuando es lo “estético”el canto de sirena que dirige a miles de barcas contra las rocas del yoabsolutizado en la soledad del individuo o en el contexto superficial delgrupo. Y, finalmente, cuando nos hemos hecho incrédulos ante la bellezaen su trascendentalidad y “la hemos convertido en una apariencia parapoder librarnos de ella sin remordimientos”3; cuando lo bello, comodice Bruno Forte, al ser reducido a bien de consumo, ha pasado a serespectáculo y ya no apuesta dolorosa4; cuando para poder sobrevivir enmedio de la angustia del hoy nos narcotizamos con la mentira de una“belleza falaz, falsa, que ciega y no hace salir al hombre de sí mismo[…], una belleza que no despierta la nostalgia por lo indecible, la dispo-nibilidad al ofrecimiento, al abandono de uno mismo, sino que provocael ansia, la voluntad de poder, de posesión y de mero placer”5; cuando, aconsecuencia de lo anterior, el arte es convertido en el bufón de turno,a quien tortura la esclava razón del positivismo económico, haciéndoloinstrumento inmanente de enmudecida e intrascendente voz en favordel sometimiento por la publicidad. Al llegar a este punto, la ansiedad nos circunda y quisiéramos de-nigrar toda palabra sobre el futuro. “Hay épocas en las que el hombre3 Balthasar, Gloria, 22.4 Forte, La esencia del cristianismo, 148.5 Ratzinger, “La contemplación de la belleza”, Multimedios. Biblioteca Electrónica Cristiana, http://www.multimedios.org/docs/d001310/ (consultado el 6 de mayo de 2008).la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  5. 5. 33se siente humillado y degradado hasta tal punto ante la profanación y lanegación de las formas, que diariamente se ve asaltado por la tentaciónde desesperar de la dignidad de la existencia y renegar de un mundo querechaza y destruye su propio ser-imagen”.6 Esta es una de esas épocas. Entonces nos preguntamos: ¿Qué podrá salvarnos? ¿Qué podráredimir nuestro ultrajado anhelo de lo excedente? Tres puntos suspensivossiguen al suspiro desconsolado… Viendo la aridez de la tierra en la cual fue sepultado el cadáver delsoldado condenado a muerte, Oscar Wilde, compañero de su amarguradurante el tiempo que precedió a su muerte, escribió en su hermosa“Balada de la cárcel”, de Reading:Piensan que el corazón de un asesino pudriríaCualquier semilla que sembraran.¡No es cierto! La buena tierra de DiosEs más bondadosa de lo que creen los hombresY la rosa roja florecería más roja,Y más blanca la rosa blanca.7 ¡Qué más podría haber en el corazón de alguien que en medio detan cruel situación profiere tales palabras sino la herida indisoluble de labelleza auténtica, percibida en medio del vacío aterrador! ¿Podrá acasoella misma florecer también hoy en la desolación de este mundo asesinopara salvarnos? ¿Podremos nosotros percibirla? Aunque parezca un tanto extraño, con sus palabras, el poetairlandés ha sido en cierta forma profeta de la misión que tenemos hoylos cristianos en un mundo trasgredido por la honda crisis moral queevidenciamos, esto es, poner nuevamente de relieve la totalidad, es decir,la verdad, la bondad y la belleza del todo no ideológico, que con sutrascendencia, su fuerza unificadora, puede asomarse en el fragmentopara redimirlo.6 Balthasar, Gloria, 28.7 Wilde, La balada de la cárcel de Reading, 97. reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  6. 6. 34El encuentro con la belleza que salvaParadójicamente, en el mundo actual, tan dolorosamente abocado al ni-hilismo, el todo de la belleza que salva se nos revela con todo su poderde excedencia en el hoy de la cruz de Cristo aconteciendo en la historiade quienes, viviendo la audacia –casi inhumana– de hacerse evento dela libertad divina en medio de un sinnúmero de condicionamientos,se convierten en lugar de la manifestación del Crucificado-resucitado.Paradójicamente porque es éste, sin duda, un camino trágico; “he aquípor qué la belleza por la que el mundo será salvado habrá de ser otra dis-tinta a la de todos los sueños y todos los posibles deseos de armonía…”8 Al repasar las situaciones en las cuales tal belleza ha salido a miencuentro, me hallo inicialmente ante la dificultad de delimitar siste-máticamente el misterio del todo divino que se autocomunica gratuita-mente a sí mismo desde el fragmento de la fragilidad humana. Entonces,evidencio que lo único posible, en un primer momento, es la contem-plación del milagro del cual se intenta dar razón, antes de decir lo que–desde la limitación del lenguaje– llegue a ser fiel a la revelación de Dios,que en la revelación cristológica del amor crucificado llega a su puntoculminante como belleza que salva. “Sin pasar a través de su negación –que es el escandaloso espec-táculo del mal que cubre la tierra– ninguna belleza podrá salvarse ysalvar.”9 Cuando ante la bondad humana, en su más auténtico intentode donación, la maldad irrumpe con toda la fuerza de su poder de ne-gación, hiriendo a la persona en su más honda realidad, pero ésta se vemovida desde dentro a seguir existiendo en el extraño éxodo desde símisma; cuando la impotencia se alza frente a quien pretende asumir suvida desde una verdad liberadora y el contexto sociocultural en el cualvive, aun poniendo ante sus ojos las contradicciones más dolorosas quepuedan golpear tan entrañable pretensión, no logra ser obstáculo absolutofrente a su anhelo; cuando la vida de quien desde aquí existe halla, sinembargo, la posibilidad de realizarse gratuitamente en medio de tan8 Forte, La esencia del cristianismo, 153.9 Idem, En el umbral de la belleza, 60.la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  7. 7. 35abruptas situaciones, al encontrar una puerta hacia la libertad, es la bellezade la revelación divina la que se manifiesta; es ella la que hiere a quien,con mirada atenta, puede hacerse testigo de tan indómita situación. Este es el lugar del verdadero absurdo, donde el nihilismo puede serrefutado desde dentro; la región oscura para todo iluminismo racional-especulativo; el acontecer de un misterio que ilumina al conocimiento,pero que no puede ser iluminado del todo por él. Nos encontramos en elpaís de la contemplación, del cual la teología se aparta cuando absolutizala razón y al cual sólo puede volver por la vía estética inherente a ella,por el único camino en el cual le será posible a los cristianos confesarhoy a Dios como el Dios digno de ser amado, el Dios significativo, enla belleza de su revelación. Decíamos previamente: ¿Qué podrá salvarnos? ¿Qué podrá redimirnuestro ultrajado anhelo de lo excedente? La respuesta es una: el en-cuentro con esta belleza salvífica. Desde aquí nos topamos con que la fe no es más que “la experienciamás alta posible en este mundo de la belleza, que vence el dolor y lamuerte”10; la percepción de la “forma” de Cristo, que irrumpe como eltodo en el fragmento que, más allá de revelarle al ser humano su fragi-lidad, abre para él, hombre y mujer, el horizonte de su más alta dignidad. Revelada en la irrupción de la gloria divina a la cual nos acercamos,la dignidad de todo ser humano reside en el hecho de ser-imagen; de serinterioridad y, al mismo tiempo, simultánea capacidad de comunicacióndel ser.11 Este es –según Von Balthasar– el fenómeno primordial: que elser humano sea, al mismo tiempo, espíritu-presente-así-mismo y posi-bilidad de total expresión. La profundidad de lo anterior radica en que la persona no es en símisma el paradigma de su propio ser, sino el movimiento de “convertirseíntegramente, en cuerpo y espíritu, en espejo de Dios, e intentaradquirir aquella trascendencia y aquel poder de irradiación que hande encontrarse en el ser mundano”.12 Lo esencial del ser humano está,10 Ibid., 84.11 Balthasar, Gloria, 24.12 Ibid., 25. reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  8. 8. 36pues, en su capacidad de llegar a ser forma, posibilidad de expresión dela belleza de quien, con su encarnación, ha hecho de lo humano la frasede su posible revelación y el evento de la plenitud de lo que llega a sercuando se expresa el ser y la esencia divinos insertos en la ontología y laestética del ser creados.13 Con la revelación de la belleza divina en la experiencia de cruzde esos en quienes ella adquiere su presente, acontece la revelación dela encarnación del Dios bello en lo humano, de un Dios digno de seramado, que en la cruz del Crucificado-resucitado se manifiesta en todala profundidad de su ser trinitario, ya que “la belleza del Abandonadoes transgresión, arrebatamiento del sujeto humano hacia la abismalprofundidad del misterio divino e irrupción del Dios tres veces santo enla historia de la humanidad y en el corazón de quien cree”.14 Decía Karl Rahner que, por la encarnación, “está abierto paranosotros el misterio de la Trinidad, y sólo allí se nos promete en formadefinitiva e históricamente aprehensible el misterio de nuestra parti-cipación divina”.15 Pues bien, por el encuentro con la belleza que salva seabre para nosotros la posibilidad del encuentro con un Dios encarnadocomo Trinidad, es decir, como “misterio de comunión […] haciendo que,como personas, seamos cada vez más capaces de entrega y de amor”.16 En un mundo de individualismos en el cual el sujeto, al cerrarsea la experiencia trascendental de su ser-imagen, suele levantarse comoel paradigma de su propia realización, haciendo del mal la permanentetentación frente a la absolutización de sus búsquedas de bienestar par-ticular, el encuentro con la belleza del amor divino en libre éxodo de símismo y transgresión de los condicionamientos de la historia humanase convierte en apertura hacia la lo último y definitivo. De ahí que la vida cristiana, a partir de la experiencia de sentido quees por sí misma la encarnación del ser interpersonal de Dios, sea motorde la esperanza en el mundo. Al ser en sí misma forma, y estar envuelta13 Ibid., 31.14 Forte, En el umbral de la belleza, 84.15 Rahner, Curso fundamental sobre la fe, 254.16 Boff, La santísima Trinidad es la mejor comunidad, 91.la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  9. 9. 37en el milagro que “garantiza el más hermoso desarrollo de una formaespiritual”17, la vocación cristiana está llamada a realizarse siendo ocasiónde que la belleza de la revelación divina, belleza que nos salva, irrumpaen un mundo que en pro de lo bello se ha acostumbrado a representarcon lo inhumano los extremos de la fealdad. Finalmente, puede decirseque la misión del cristiano sólo ocurre …cuando deviene efectivamente esa forma querida y fundada por Cristo, en la que lo externo expresa y refleja de un modo creíble para el mundo lo interno, y esto último queda verificado y justificado a través del reflejo externo, con- virtiéndose así en algo digno de ser amado en su radiante belleza.18El arte como apertura al misterio divinoAl ubicarnos en esta exigencia para el cristianismo, de hacerse en el mundoimagen diáfana de la belleza que salva, nos encontramos de repente –masno de forma casual– con el valor ineludible de la dimensión espiritualque subyace a la experiencia artística. Por ser este trabajo el desarrollode un planteamiento ético-teológico y partir de la dimensión estéticade la fe, la reflexión que llevaremos a cabo en torno del arte pretendeconducir a la búsqueda de nuevos accesos hacia la experiencia de sentidoque ha de orientar la vivencia moral de los cristianos y con la cual noshemos encontrado ya, al confesar la revelación de la gloria divina en lairrupción de la belleza del amor crucificado. Nos decía Juan Pablo II, en su “Carta a los artistas”, que “el arte,incluso más allá de sus expresiones más típicamente religiosas, si esauténtico, tiene una íntima afinidad con el mundo de la fe”19; pues bien,lo anterior está lleno de una profundidad monumental… Lo artístico, si es genuino, aun desde la independencia que le espropia como lenguaje cultural, se presenta hoy a nuestra experiencia comoposibilidad de apertura al misterio de Dios que acontece al interior de17 Balthasar, Gloria, 31.18 Ibid.19 Juan Pablo II, “Carta a los artistas”, Vatican, http://www.vatican.va, No. 10 (consultado el 6de mayo de 2008). reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  10. 10. 38toda persona humana. En cada una de sus formas de expresión, frentea las cuales el cristiano o la cristiana pueden hallarse como autores ointérpretes, reside para nosotros el milagroso riesgo de ser heridos porel dardo de la belleza capaz de llevarnos a encontrar lo mejor de nuestrahumanidad, que alcanza su más alta cuota de realización en el com-promiso existencial que ella misma motiva. Esta belleza difiere, sin em-bargo, de otra, que es falsa: …belleza falsa que, según Ratzinger, ciega y no hace salir al hombre de sí mismo […] que no despierta la nostalgia por lo indecible, la disponibilidad al ofrecimiento, al abandono de uno mismo, sino que provoca el ansia, la voluntad de poder, de posesión y de mero placer.20 Advirtamos que nos referimos a aquel tipo de arte que por laautenticidad de su ejercicio se diferencia radicalmente de tantos esfuerzosque, al servicio del individualismo, contribuyen a la alienación, “inducenfalsos modelos y suscitan falsas necesidades, incitando a eliminar la dis-tancia entre deseo y realidad por vía de imposición o de apropiaciónmeramente egoísta y violenta”.21 Hablamos aquí, por el contrario, del arte auténtico con profundoraigambre ético e incluso profético-escatológico22 capaz de movilizarnos alas regiones de esperanza presentes en nuestra persona; del desinteresadoacceso a la realidad por el cual los intentos de absolutización se frustranante la libertad del todo que en el fragmento irrumpe con la potencia deuna donación originaria y frente al cual al ser humano “le correspondela tarea de reconocerlo, de acoger su misteriosa presencia, de dejarseiluminar por la paradoja del mínimo Infinito”.23 La experiencia artística así vivida es, en definitiva, una experienciainterrelacional por la cual se abre, para la persona, un encuentro que20 Ratzinger, “La contemplación de la belleza”, Multimedios. Biblioteca Electrónica Cristiana,http://www.multimedios.org/docs/d001310/ (consultado el 6 de mayo de 2008).21 Forte, En el umbral de la belleza, 136.22 Para profundizar en tal intuición remito a un texto de Romano Guardini titulado “Sobre laesencia de la obra de arte” (Guardini, Obras, 329).23 Forte, En el umbral de la belleza, 92.la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  11. 11. 39reactiva y recrea algo en su interioridad.24 Por ella, “lo bello nos vieneal encuentro, se hace íntimo, próximo, emparentado con la sustanciamisma de nuestro ser”25, y permite conocernos a nosotros mismos, ala realidad del entorno y a aquel totalmente otro frente a quien somoscapaces de conocimiento, ya que en la experiencia estética, la belleza,tal y como deviene de la contemplación o de la expresión, se hace formainestimable de conocimiento. Y éste, al tocar al hombre y a mujer contoda la profundidad de la verdad, exige a la teología y a la pastoral sernuevamente asumida, si éstas quieren favorecer el actual encuentro delos seres humanos con la hermosura de la fe.26 El arte, entonces, se convierte en lenguaje “sagrado” cuandodeviene en evento de la posible comunicación hacia la trascendencia,cuando media entre un posible “exceso” hacia la alteridad divina capazde poner en juego el conjunto de los dones y talentos del artista y detodo aquel que con la contemplación de la obra se vea dinamizado enlo más auténtico de sí mismo por aquella fuerza creadora que movilizaal “éxodo”. A partir de aquí se entiende la expresión de Juan Pablo II, según lacual cada persona está llamada a hacer de su vida una obra de arte, unaobra maestra27, y que para que ello ocurra, sólo se requiere la docilidadpropia del artista con relación a aquel misterio fontal de su inspiraciónestética, que al ser dominado, lleva a que –por medio del cuerpo delartista– la obra surja como expresión de su ser íntimo y como evocacióny apertura al Ser absoluto. Existe –como vemos– una íntima relación entre la experienciaartística y la dimensión ética de nuestra fe, por la que el ser de cadacristiano y cristiana despliega sus más hondas posibilidades. Sólo situadosen una revalorización del carácter estético de la revelación nos será posible24 Salamanca, La obra de arte, lugar de teofanía, 67.25 Forte, En el umbral de la belleza, 92.26 Ratzinger, “La contemplación de la belleza”, Multimedios. Biblioteca Electrónica Cristiana,http://www.multimedios.org/docs/d001310/ (consultado el 6 de mayo de 2008).27 Juan Pablo II, “Carta a los artistas”, Vatican, http://www.vatican.va, No. 2 (consultado el 6de mayo de 2008). reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  12. 12. 40considerar –según profundizaremos a continuación– que en la vivenciaética cristiana (orientada a partir de la experiencia de sentido que esen sí misma la encarnación de un Dios cercano y bello que irrumpegratuitamente en la condición humana) llega a su realización, de igualmanera, la vocación estética de los cristianos.La realización de la dimensión estética del creyenteen la vivencia ética inherente a la feComo hemos podido evidenciar hasta el momento, con la contemplaciónde la belleza divina que sale a nuestro encuentro en el rostro del Cru-cificado-resucitado y hacia la cual podemos encontrar una apertura enel arte en cuanto mediación de trascendencia, se abre para nosotros elacceso a la experiencia de sentido que ha de animar la vivencia éticacristiana. Y para llegar más lejos en la aproximación estético-teológicaque hemos venido realizando hasta el momento, con las siguientes líneastrataremos de esbozar algunos de los rasgos constitutivos de la dimensiónmoral cristiana que de ella se desprenden y algunas de sus más urgentesexigencias para el hoy. La moral propia del cristianismo es la dinámica por la cual cadacreyente está llamado a “adquirir aquella trascendencia y aquel poderde irradiación que han de encontrarse en el ser mundano”.28 Tal es lavía estrecha por la cual los cristianos, tras haber sido alcanzados por eldardo de la hermosura divina encarnada en su historia, pueden hacerseen este mundo evento de la posible revelación de la belleza que salva,dejándose crear y dominar por quien, con su encuentro, llena el corazónde indecible nostalgia de realización. Ahora bien, como es de notar, la vivencia ética a la cual estamosllamados como cristianos y cristianas, atravesada como lo está por el di-namismo de Dios en cuanto Trinidad, llega a su plenitud al asumir laexperiencia de Dios en la profundidad de su ser personal y su relacióncon nosotros.28 Balthasar, Gloria, 25.la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  13. 13. 41 Si volvemos sobre los aportes de la teología de la liberación, nosparece acertado que la ética cristiana sea considerada en definitiva comoel seguimiento histórico del Hijo que, vivido según el Espíritu, nos lleva ala búsqueda y al cumplimiento de la voluntad del Padre.29 Aquí reside elfundamento de una auténtica moral cristiana, el dinamismo subyacentea esta experiencia estético-ética, la razón por la cual no podemos reducirjamás nuestra vida a la observancia autómata de normas extrínsecas,sino que hayamos de perseguir la realización en nosotros de la esenciamisma de Dios en cuanto comunión de amor y “continuo movimientode éxodo de sí mismo como amor amante; de acogida de sí como amoramado; de regreso a sí y de infinita apertura al otro como Espíritu delamor trinitario”.30 Según Von Balthasar, “el camino de la vivencia de fe como amores, en sí mismo, estético”31; enmarcado en lo que puede considerarseun momento entusiástico, integra nuestra capacidad de percibir la formaespiritual que nos es propia por la autocomunicación de Dios y de mo-vilizarnos según nuestra apertura a la realización de la misma por vía ética. Será, entonces, en la auténtica experiencia del amor, en su caráctertrinitario, corazón de la moral cristiana, donde la dimensión estética dela revelación llegue a su máxima plenitud; de ahí que en ningún lugarcomo en la realización ética de los santos puede reflejarse de maneramás diáfana la hermosura del amor crucificado que resplandeció en elcalvario. Ahora bien, al detenernos en el fundamento por excelencia de lamoral cristiana, consideremos un elemento que le hace posible alcanzaresa autenticidad que le ha de ser propia. Inherente a la vida cristiana, está la ética; y en el fondo de estaúltima, el discernimiento. Al ser alcanzados por la belleza que salva, qui-siésemos poder asirla por completo y encontrar de modo absoluto el29 Novoa, Una perspectiva latinoamericana de la teología moral, 59.30 Forte, La esencia del cristianismo, 91.31 Citado por Novoa, “El arte y la fe son sinónimos. Teología, ética y estética en el diseño ar-quitectónico”, 447. reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  14. 14. 42placer que perseguimos en medio de las contingencias de nuestra exis-tencia, la total plenitud de nuestro ser-imagen en el que irrumpe ennuestra cotidianidad como el todo en el fragmento. Sin embargo, la herida del encuentro con Cristo, principio de la fe,más allá de prodigarnos todas las certidumbres que quisiéramos, imprimeen nosotros la nostalgia de una vida que para llegar a su realización hade animar una constante actitud de búsqueda, y nos recuerda con ello laescatología propia de nuestra fe y el estrecho vínculo que la une –comoveremos adelante– con la región de la ética. La búsqueda de la voluntad del Padre, por la cual llegamosa convertirnos en verdaderos seguidores de Cristo, es el centro dela espiritualidad propia de nuestra vivencia moral. Envuelta en laincertidumbre, la complejidad de conocer el camino verdadero en larealización del amor en nuestra vida nos hace necesario discernir. DiceMifsud que “aquel que se deja guiar por el Espíritu y vive según suinspiración cumple lo más importante del contenido de la ley: el amora Dios y al prójimo”.32 Pues bien, por el discernimiento hacemos posible la obra delEspíritu creador en nosotros, el arte divino que nos lleva a traslucir através de nuestro ser-forma la belleza de Cristo, al hacer la voluntad delPadre, y ello nos permite vencer la fuerza del mal que tiende a cerrarnos ennosotros mismos, al pretender triunfar sobre la verdad y el bien. Caminode cada día, “el discernimiento ético es el modo de proceder normal delseguidor de Jesucristo en la vivencia de la realidad cotidiana”.33 Ahora, ante esta actitud de búsqueda que es el discernimiento,apertura existencial a una realización que está siempre por llegar comopromesa de excedencia, el seguidor de Cristo identifica además que algoen su interior riñe contra toda pretensión totalitarista que pueda surgiren el camino de la esperanza. Decíamos antes que de la dimensión esca-tológica de nuestra fe surge un lazo inquebrantable que la une al terrenode lo ético. ¡Todo en el cristianismo forma parte de un conjunto integral!De la experiencia de inmediatez respecto del acontecer de Dios, que lleva32 Mifsud, Moral fundamental: el discernimiento cristiano, 488.33 Ibid., 488.la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  15. 15. 43a la ontología y la estética propias del creyente a su más alto despliegue,surge el anuncio del Reino como nota constitutiva del actuar moral delos cristianos. Al asumir la experiencia ética que brota del acontecimiento estéticode Dios en cuanto belleza salvífica siempre en movimiento, identificamosque la salvación que ofrece la revelación divina nos moviliza a una libe-ración integral de los diversos ámbitos en los cuales ella misma puedemanifestarse y llegar a su realización. Quien ha tenido la experiencia deser alcanzado por la belleza sentirá, en lo hondo de sí, un movimiento quelo motiva a defender todo lugar de la posible expresión libre de la bellezaen el mundo, especialmente aquellos donde el poder negativo del malha irrumpido de manera más cruda. Consecuentemente, del anuncio cristiano del Reino brota la luchaasidua en pro de la justicia como exigencia global, en la cual se recogenlas diversas demandas que, a partir del contexto sociocultural en el cualnos encontramos, devienen hoy para la vivencia moral de los cristianosy las cristianas. Sin embargo, explicitemos de manera particular algunosmatices que, dada la realidad presente de nuestro mundo, resultanurgentes. Desde la opción por la justicia propia del anuncio del Reino, loscristianos y las cristianas están llamados a defender de manera acérrimala dignidad intrínseca de cada ser humano. Como hemos podido veren páginas anteriores, el valor de cada persona reside en la gramáticatrascendental que le atraviesa al ser su humanidad el evento de la auto-comunicación de Dios mismo, el espacio a través del cual se nos revelalibremente a pesar de cualquier posible condicionamiento. Si la promesa de realización está llegando a ser, en cada ser hu-mano, la frustración de la dignidad humana producida por los diversossistemas totalitarios, al pisar la fragilidad humana y promover estructurasegocéntricas que impiden contemplar el valor real de cada persona, nopuede pasar desapercibida para los creyentes. Esto es necesario, ante todo, de cara a quienes sufren en este mundolas más agudas condiciones de pobreza, ya que tales personas han deser estimadas de manera eminente como lugar teológico, humanidad reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
  16. 16. 44abierta mediante la cual el rostro de Dios, en el esplendor de su bellezacrucificada y resucitada, puede brillar para el mundo. Cooperar a que tal milagro se dé –como está llamado a darse entodo ser humano–, es tarea que brota de la experiencia estético-éticapropia del cristianismo. Así, en aquellos en quienes la herida del malsocial que nos atraviesa es sufrida con mayor dolor, puede reconocersede manera particular a Dios como el todo de la belleza que irrumpe enmedio de la fragilidad del fragmento, revistiéndolo de su más notabledignidad, tal como ocurrió el Viernes Santo en la cruz de Jesús. “Siempre que la auténtica forma del mundo deviene problemática,son los cristianos quienes han de asumir la responsabilidad de la forma”34,quienes han de poner de manifiesto su dignidad. La protección de estaforma –nos dice también Von Balthasar–, de la que emana la belleza dela existencia humana, está confiada de modo urgente a nuestra vocación.Constituye, pues, misión propia de los cristianos llevar a su más altarealización la experiencia ética inherente a la fe, con todas las exigenciasque le son propias en el mundo actual; sólo así podrá ponerse de ma-nifiesto, en el hoy, el esplendor de la forma que en Cristo ha llegado aexpresarse como belleza que salvará al mundo.ConclusiónAl finalizar estas páginas, en las cuales hemos querido abordar –desdela dimensión estético-teológica de nuestra fe– la experiencia de sentidode la vivencia ética cristiana y el tipo de realización moral que de allí sedesprende para los creyentes, quisiéramos terminar recogiendo en pocaspalabras las claridades encontradas en el itinerario realizado, y con esto,dejar abierto el camino para ulteriores profundizaciones. Al partir de una aproximación a la realidad contextual que nosrodea, de la cual han surgido las inquietudes que dieron lugar a esteensayo, hemos podido contemplar que en un mundo como el actual,donde la crisis moral ensombrece el panorama de nuestras posibilidadesde esperanza, el encuentro con la belleza que irrumpe en la condición34 Balthasar, Gloria, 30.la belleza que nos salva miguel ángel estupiñán medina
  17. 17. 45humana, resignificando su dignidad y abriendo el horizonte de su sal-vación, nos permite hallar –de manera profunda– el centro de la vivenciaética a la cual, de cara a este mismo contexto, estamos siendo llamadoshoy. La experiencia de sentido que ha de animar el actuar moral de loscristianos y las cristianas no es otra que la profunda experiencia de unDios infinitamente cercano al dolor y a la miseria humanas, un Dios decomunión interpersonal que se ha encarnado en nuestra realidad y queen el rostro del Crucificado-resucitado irrumpe con todo su poder deexcedencia, como belleza que salva para revelar a los seres humanos sumás hondo valor y el camino de su realización. De este modo, la ética cristiana, que en el arte puede encontrarun valioso estímulo, resulta ser el acontecimiento estético que surge deser arrebatados por la belleza que salvará al mundo. Y al precisar el dis-cernimiento espiritual, por la incertidumbre en la cual acaecen nuestrasvidas, esta experiencia nos lanza a proteger los diversos ámbitos en loscuales ella misma puede revelarse hoy.BibliografíaBalthasar, Hans Urs von. Gloria: Una estética teológica. Vol. 1. Madrid: Encuentro, 1985.Boff, Leonardo. La santísima Trinidad es la mejor comunidad. Bogotá: Paulinas, 1992.Casa Otero, Jesús. Belleza y salvación. Barcelona: Sant Cugat del Vallés, 2000.Forte, Bruno. La esencia del cristianismo. Salamanca: Sígueme, 2002._____. En el umbral de la belleza. Valencia: Edicep, 2004.Guardini, Romano. Obras. Madrid: Cristiandad, 1981.Juan Pablo II. “Carta a los artistas.” Vatican, http://www.vatican.va (con- sultado el 6 de mayo de 2008).Martini, Carlo María. ¿Qué belleza salvará al mundo?. Navarra: Verbo Divino, 2000. reflexiones teológicas 7 (29-46) enero-junio 2011. bogotá, colombia - issn 2011-1991
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