Manifiesto sara lloyd
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  • 1. Manifiesto de una editora para el siglo XXIPor Sara LloydPan Macmillan Digital PublishingTraducción: SoybitsDe cómo los editores tradicionales pueden posicionarse en los cambiantesflujos de comunicación de una era conectada en red.Las ventas de papel impreso descienden. Según el informe del NationalEndowment for the Arts publicado en 2007 con el título To Read or not toRead1, tanto la competencia lectora como el grado de lectura voluntaria dematerial impreso tradicional entre los jóvenes muestran una tendenciadecreciente. Los editores de libros de texto se esfuerzan por vender y hacencampaña para advertir a los estudiantes de la necesidad de utilizar susproductos. La ficción en tapa dura casi ha seguido el camino de losdinosaurios. El debate sobre “acceso abierto” va en aumento. Editores ylibreros se reagrupan. Cada vez se producen más y más libros, pero en lacalle cada vez hay menos y menos elección. El tiempo de ocio se dedica cadavez menos a los libros y la lectura, incluso a la televisión, y más a la Red, awebs de relación social, blogs, mensajería instantánea, webs para compartirvídeo y música. La economía de la atención se está encogiendo, y muydeprisa. La investigación académica es, para muchos estudiantes, purabúsqueda. Afrontémoslo: para la mayoría de estudiantes, solo existe Google.¿Quién necesita ya los libros? Y más precisamente, ¿quién necesita editores?En un mundo “siempre conectado” en el que todo empieza a ser digital, en elque el contenido es cada vez más fragmentado y “a bocaditos”, en el que los“prosumidores” combinan los papeles tradicionalmente dispares de 1
  • 2. productor y consumidor, en el que la búsqueda sustituye a la biblioteca y enel que los mash-ups multimedia –no el texto– atraen a los nativos digitalesque rápidamente constituirán el mercado de masas de mañana, ¿qué papelpueden desempeñar aún los editores y cómo tendrán que evolucionar paraseguir manteniendo un papel en la cultura de la lectura y la escritura delfuturo? ¿Existirá siquiera una cultura de la lectura y la escritura tal como laconocemos? La industria editorial ¿está actuando lo bastante deprisa ytrabajando con la suficiente creatividad para adaptarse a las nuevaseconomías de la información y el ocio?La edición es una industria antigua y establecida, con los cimientosfirmemente plantados en la cultura impresa. El modelo editorial haevolucionado a lo largo de la historia de una manera muy lenta y orgánica.Los editores se han sentido cómodos con este cambio a ritmo pausado.Dicho de una manera simple, el viaje de un texto desde el autor al lector hasido un viaje lineal, en el que tradicionalmente los editores handesempeñado las funciones intermediarias de árbitro, filtro, custodio,comercializador y distribuidor. Estas funciones se han desdibujado un pocoen los bordes, se ha retocado un poco el proceso, pero sin cambios radicales.En el mundo literario, los agentes han asumido, al menos en parte, lasfunciones de árbitro y filtro. Los libreros se han convertido hasta ciertopunto en comercializadores, y ocasionalmente incluso en editores. Sinembargo, en líneas generales, las distintas etapas del proceso han estadoclaramente delimitadas y el papel del editor claramente definido. Desde elpunto de vista de la letra impresa, al menos, los editores han ofrecido unconjunto de capacidades clave relativamente único: producir, almacenar ydistribuir el producto al mercado. El auge continuado de Internet haempezado a trastornar esta estructura lineal y a introducir la circularidad deuna red. Quizá más significativamente, ha empezado a plantear la claraposibilidad de desintermediación de los editores al suprimir, más o menos,el obstáculo que justificaba la única oferta crítica hasta ahora exclusiva delos editores: la distribución.Los editores, y también los autores, deberemos aceptar cada vez más losenormes cambios culturales, sociales, económicos y educacionales, y 2
  • 3. responder a los mismos de una forma creativa y positiva. Tendremos quepensar mucho menos en productos y mucho más en contenidos; tendremosque concebir “el libro” como una estructura nuclear o básica, pero quizáscon los bordes mucho más porosos que antes. Tendremos que averiguarcómo posicionar el libro en el centro de una red más que distribuirlo alextremo de una cadena. Tendremos que reconocer que los lectores tambiénson escritores y creadores de opinión, y que estos actúan online dentro deredes y a través de ellas. Tendremos que entender que partes de librosreferencian partes de otros libros y que ahora la red de significado puedetejerse digitalmente de una manera muy real entre el contenido publicado yalojado por entidades completamente independientes. Quizá lo más radical,tendremos que considerar si un enfoque principal en el texto es suficiente enun mundo de mash-ups multimedia. Dicho de otro modo, los editorestendremos que concebir la propia naturaleza del libro de una forma muydistinta y, en paralelo, las maneras de comercializar y vender estos “libros”en el contexto de un mundo conectado. Tendremos que averiguar, y esto escrucial, cómo podemos añadir valor en tanto que editores dentro de unentorno circular conectado en red.Uno de los cambios de percepción críticos que los editores tenemos querealizar, pues, se refiere al libro como “producto”. Mientras siganconcibiendo el libro como un objeto definible entre dos tapas, como una“unidad” singular, los editores seguirán limitando el papel que desempeñanen su producción y distribución, y esta es una manera segura de borrarseellos mismos del futuro de la creación y difusión de contenidos. En laprogresión lineal de un texto del autor al lector hay dos campos de actividadque hasta ahora han permanecido ocultos al lector: el desarrollo del texto ensí, es decir el proceso de escritura y edición, y la comercialización,distribución y venta del texto. Tradicionalmente, los lectores no handesempeñado ninguna función en el primero y solo una función muylimitada en el segundo, con recomendaciones de “boca a oreja” o márketingviral. Es probable que los nativos digitales de hoy, que se han convertido enprosumidores (productores/consumidores) con alarmante velocidad y, aúnmás alarmante, con distintos grados de aptitud, esperen participar en muchomayor medida en esos dos campos de actividad si se pretende que seinteresen en los textos. Ya hemos tenido dos grandes ejemplos en las 3
  • 4. películas de La guerra de las galaxias y en los libros y películas de HarryPotter, que han creado un público prosumidor masivo (los “superfans”) yque han originado conflictos entre las productoras cinematográficas y losfans que crean contenido.Un pequeño número de editores ya ha empezado a experimentardesdibujando estos límites tradicionalmente claros. La larga cola2 de ChrisAnderson fue un libro escrito “en público” por medio de un blog quepermitía a los lectores publicar comentarios e involucrarse en el acto mismode escribir el libro. El servicio Rough Cuts3 de OReilly convirtió en virtud elconcepto de desarrollar un libro primero online y ha establecido un modelode negocio que combina el acceso prepublicación y postpublicación. Antesde convertirse en libro, Gamer Theory de McKenzie Wark también aparecióen un blog donde los lectores publicaban comentarios y hacían sugerenciassobre la forma del libro. GAM3R 7H3ORY 1.1 fue “un primer intento de unanueva especie de libro en red, un libro que en efecto contiene lasconversaciones que ha generado y que, a su vez, lo han generado”. En http://www.futureofthebook.org/mckenziewark/ los lectores pueden acceder a laversión original (v1.1), ver la versión plenamente anotada con todos loscomentarios de los lectores junto al texto principal, leer la versión v2.0,participar en un foro de debate o contemplar visualizaciones de las teoríasincluidas en el texto.La percepción cerrada del libro como una unidad o un producto también haconducido a “estrategias” digitales que en gran medida consisten endigitalizar textos impresos ya existentes para crear ebooks. Esto a su vez haconducido a una preocupación obsesiva por los dispositivos lectores y a laidea de que la aparición de un “dispositivo definitivo” será un factor críticoen la apertura de un futuro digital para los libros como lo fue, digamos, eliPod para la música. Esta perspectiva contiene varios errores, no soloporque no tiene en cuenta la inmensa cantidad de “lectura” online o digitalque ya se está haciendo en dispositivos no específicamente para libros, comoordenadores de sobremesa, portátiles, PDAs y teléfonos móviles, sinoporque tampoco tiene en cuenta que la misma naturaleza de los libros y lalectura está cambiando y seguirá cambiando sustancialmente. Lo que está 4
  • 5. absolutamente claro es que los editores tenemos que convertirnos enposibilitadores de la lectura y de los procesos con ella relacionados (debate,investigación, anotación, escritura, seguimiento de referencias), que tienenlugar sobre una multitud de plataformas y engloban las más diversasmodalidades de actividad y estilo de vida de los lectores.Respecto a los dispositivos de lectura digitales, el Kindle de Amazon ha sidoprobablemente el primero en reconocer por lo menos la importancia de la“conectividad” entre nuestras diversas modalidades de lectura, el hecho deque a los lectores puede interesarles consultar las referencias incluidas en eltexto o hacer una búsqueda relacionada. La adición de conectividadinalámbrica al dispositivo y la capacidad (aunque frustrante por lo limitada)de conectarse a blogs, periódicos online y demás contenido basado en la Redempieza a reconocer esta necesidad, además de reconocer la naturalezafragmentaria y “siempre conectada” de los actuales hábitos de lectura de lamayoría de la gente, permitiendo a los lectores cambiar de modotransparente entre leer unas páginas de una novela y, por ejemplo, picarunas cuantas noticias antes de echar un vistazo a las fuentes RSS de un parde blogs. Esto no significa de ninguna manera que el Kindle haya fijado elfuturo de la lectura digital y definido cómo ha de ser la experiencia; lejos deello. Pero sí señala un cambio de paso en cuanto conecta unidades digitalesdescargables de material de lectura (“ebooks”) con el estilo más exploratoriode la lectura y la investigación online, y es el primer dispositivo que estáintrínsecamente conectado a una plataforma de ebooks comercialmenteviable. Sin embargo, el Kindle es únicamente un dispositivo con unaspretensiones muy específicas, y por tanto solo constituye un elemento,pequeño y bastante defectuoso, de la imagen que se está configurando delfuturo de la lectura digital.La lectura no es una actividad que pueda definirse de una manera sencilla ycon frecuencia se la describe como una experiencia solitaria e inmersiva,como la experiencia de leer una novela durante horas seguidas. Pero esta essolo una clase de lectura, y es importante tener en cuenta que la ficciónnarrativa representa menos de un 25% del mercado total del libro. Encualquier caso, aunque un lector dedique un tiempo a la lectura solitaria, a 5
  • 6. los lectores siempre les ha gustado intercambiar puntos de vista e ideassobre el contenido de los libros, doblar las esquinas de las páginas en queaparecen pasajes favoritos para volver a ellos más tarde y escribir notas almargen. La lectura es una actividad mucho menos pasiva de lo que parece aprimera vista, y está conectada con muchas y muy diversas actividadesrelacionadas. Internet no ha creado un enfoque de la lectura más activo oproactivo, pero lo ha mejorado, ha permitido que se produzca a lo ancho deredes más dispares y que se pueda grabar, registrar, agregar y enlazar demaneras nuevas y emocionantes. El modo en que los libros podrían empezara “vivir” en Internet será quizá la encarnación más palpable de las teorías deRoland Barthes en La muerte del autor, en las que el autor ya no es el foco deinfluencia creativa sino un simple escriba, y cada obra es “eternamenteescrita aquí y ahora” con cada relectura, porque el “origen” del sentido sehalla exclusivamente en “la lengua misma” y sus impresiones en el lector.4Los editores tenemos que aportar las herramientas de interacción ycomunicación en torno al contenido de los libros y mostrarnos activos en losespacios digitales donde los lectores discuten e interactúan con esecontenido. Sin duda llegará a ser normal que los textos digitalesproporcionen funciones de mensajería y comentario junto al texto núcleo,para que los lectores puedan conectarse con otros lectores del mismo texto yabrir un diálogo con ellos. Los lectores ya se están conectando entre sí pormedio de blogs, foros de debate, webs de bookmarking social, webs decatalogación de libros y wikis. Si los editores pretendemos seguir teniendoun papel, necesitamos estar en el centro de estas conversaciones digitales,impulsar su desarrollo y aportar las herramientas para que los lectorespuedan relacionarse con el texto y entre sí. Bob Stein, del Institute for theFuture of the Book (http://www.futureofthebook.org/), habla del “libro enred”; “el libro como lugar, como software social, pero básicamente ... el libroen lo más esencial, una experiencia intelectual estructurada y sostenida, unagitador de ideas, reinventado en una ecología peer-to-peer”.5Me gusta un relato de Chris Meade que ilustra cómo los editores nodeberíamos aferrarnos demasiado a la orilla mientras zarpamos hacia aguasfuturas: 6
  • 7. [Un amigo novelista y yo] visitamos una pescadería a la orilla del río que sehabía inundado. Justo acababan de abrir un anexo construido a la alturarecomendada por un pescador vecino de la zona que les había asegurado:“Hasta ahí llegó la marea hace nueve años... Aquí estarán seguros”. No fue así.Los bloggers mezclan texto con imágenes y fotos y con vídeo enlazado deYouTube, etc. Los jóvenes dan por supuesta esta combinación de medios, y entanto que consumidores todos lo hacemos: vemos adaptaciones televisivas denuestros libros preferidos, utilizamos la Red para obtener información sobre elautor que se comenta en nuestro grupo de lectura. Una nueva generación delector más conscientemente “transliterato” dará por sentado que el texto estárodeado de búsquedas, imágenes, redes de respuesta de otros lectores, hasta elpunto en que todo ello pasa a formar una parte completamente integral de laobra de arte, en que la voz creativa del autor resuena con claridad pero ya notan solitaria.Los campos inundados pueden ser muy bonitos y ya se hace difícil recordarcómo era antes el paisaje. La naturaleza se adapta instantáneamente alcambio; trazar nuevos mapas lleva más tiempo.6No todos los libros tienen por qué ser libros en red. En el futuro siemprehabrá lugar para esa experiencia de sumergirse profundamente en la lecturasolitaria, o eso espero. Pero, aun así, más les vale a los editores que seanellos quienes definan cuál ha de ser la forma de un “libro en red”, porque sino lo hacen pueden estar bien seguros de que otros lo harán.Y mientras los límites del libro se van volviendo más porosos, el concepto de“libro como una unidad” desaparece lentamente en la historia y empiezan asurgir nuevos modelos de negocio. El valor de la cadena se desplaza desdeun modelo que entremezcla contenido y distribución hacia un modelo quevalora simplemente el contenido. Tim OReilly lo detectó hace años y suempresa creó Safari Books Online como un servicio de suscripción al que seaccede con un navegador, que ahora produce unos ingresos superiores a los 7
  • 8. que se citan para todo el conjunto de la industria de ebooks descargables.Como señala en su blog OReilly Radar, en un artículo titulado Bad Mathamong eBook enthusiasts (5 de diciembre de 2007):...en cuanto al tipo de libros que no se leen de principio a fin, sino que solo seutilizan para una tarea como buscar cierta información o aprender algonuevo, el modelo de suscripción “buffet libre” puede ser más adecuado [que unprecio por unidad]. Con Safari, hemos pasado cada vez más de un modelo“estantería” (en el que pones los libros en una estantería y solo puedescambiarlos a fin de mes) a un modelo “buffet libre”, porque hemos descubiertoque la gente consume más o menos la misma cantidad de contenido sin queimporte cuánto ponemos a su disposición. El modelo de precios buffet librepermite que la gente coja lo que desea de entre un mayor número de libros,pero no incrementa la cantidad total de contenido que consumen.Simplemente cambia la distribución y, en particular, favorece la larga colamás que la cabeza.7Como señala Scott Karp a propósito de los comentarios de OReilly en suartículo The Future of Print Publishing and Paid Content (6 de diciembre de2007) en el blog Publishing 2.0:El acceso completo e inmediato a una biblioteca digital con posibilidad debúsqueda es una forma de distribución radicalmente distinta a comprar librosde referencia de uno en uno y colocarlos en tu estantería. Pero esto es lofascinante: “no incrementa la cantidad total de contenido que consumen”. Lagente sigue valorando y utilizando el contenido más o menos de la mismamanera, a pesar del modelo de distribución radicalmente distinto. Al disponerestos libros en una biblioteca digital, los consumidores esencialmente losreorganizan buscando y seleccionando fragmentos específicos de contenido.Así pues, aunque los consumidores valoran el contenido lo suficiente comopara pagar dinero por él, intuitivamente comprenden que al editor no lecuesta ni mucho menos lo mismo presentar el contenido digitalmente que loque le costaba poner todos esos libros físicamente en una estantería. Por eso 8
  • 9. los consumidores no están dispuestos a pagar el equivalente de comprarTODOS los libros impresos. No se puede poner el mismo precio a un billete deautobús que a un billete de avión por la única razón de que los dos te llevandel punto A al punto B. Cuesta mucho menos mover un autobús que mover unavión.8La editorial de ciencia ficción online Baen Books presenta una oferta de“webscripciones” (http://www.webscription.net/) en la que atribuye unvalor a la prepublicación de materiales y que es un ejemplo de éxito delcambio de una distribución por unidades a un modelo de suscripciónflexible. Esta recreación en la web de la novela por entregas utilizandotítulos de ciencia ficción publicados por Baen Books ofrece las novelaspublicadas en tres segmentos, con un mes entre uno y otro, empezando tresmeses antes de la fecha de publicación. Cada mes sacan cuatro libros por 15$ al mes. Unos quince días después de publicar en la web la última entrega,se distribuyen a las librerías las versiones impresas de los libros.Los editores también se van dando cuenta lentamente de que, si el libroonline ya no siempre puede permitirse ser una isla, tampoco el editor puedepermitírselo. A los consumidores de libros les importa muy poco, si es quellega a importarles algo, la marca del editor. Algunos autores son marcas,pero los editores suelen ser prácticamente invisibles para los consumidores,en términos de branding. En el espacio online, los editores han decomprender que los lectores simplemente quieren el contenido que lesinteresa, y lo quieren ya, de una manera sencilla, sin barreras ni muros queencierren selecciones aleatorias de contenido por la única razón de que unaporción de contenido pertenece a un editor y otra porción a un segundoeditor distinto. Una red de libros que sea útil casi siempre cruzará, de formainevitable, las fronteras entre diversas editoriales. En el mundo de losperiódicos esto ya se ha reconocido y se ha resuelto mediante plataformasconjuntas y sistemas de enlaces como CrossRef (http://www.crossref.org/)e IngentaConnect (http://www.ingentaconnect.com/). A medida que loslibros se vayan desplazando a Internet, se necesitarán soluciones similarespara conectar las múltiples referencias entre libros publicados por muchaseditoriales distintas, pero los editores están siendo mucho más lentos que 9
  • 10. los periódicos a la hora de desarrollar plataformas multieditorial, quizáporque la naturaleza crítica de las citas en la edición de periódicospresentaba un incentivo estratégico y comercial más claro en el mundo de laprensa. En el mercado de la educación, por lo menos, no cabe duda de que lademanda de publicaciones personalizadas, en las que instituciones,académicos y alumnos puedan construir libros de texto y materiales deenseñanza a medida, irá cada vez más en aumento, y los editores tendránque esforzarse mucho más en descubrir maneras de abandonar sus torresde marfil y trabajar conjuntamente.La personalización, sin embargo, no se reducirá a combinar múltiples textos.Algo que ha confundido a las empresas tradicionales quizá más que ningunaotra cosa del mundo Web 2.0 es el deseo de los consumidores de producir ycompartir sus propios contenidos multimedia en vez de, o además de, serconsumidores pasivos de los contenidos que les hacen llegar lascorporaciones. La explosión de los blogs, la popularidad de las webs dondecompartir fotos, el éxito más o menos repentino de YouTube, el auge del“periodismo ciudadano”, el desarrollo de “machinima” (la creación depelículas o videoclips por parte de jugadores que manipulan los personajesde videojuegos), todo ello demuestra el intenso deseo de las personas deexpresarse, expresar su creatividad y compartir sus producciones con elmundo a través de la Red. Como observa Jeff Gomez en su libro Print is Dead,la incipiente generación de nativos digitales pasó rápidamente de la“generación Download” a la “generación Upload”, una generación que está“empezando a definirse a sí misma mezclando, juntando y combinandoelementos dispares que han extraído de Internet para convertirlos en otracosa”.9 Si los editores quieren seguir aportando una experiencia lectora queatraiga a la “generación Upload”, tendrán que proporcionar los materiales ylos medios para que estos nuevos “prosumidores” puedan personalizar lostextos publicados, crear su propio contenido complementario y enlazarlo alcontenido original. Y mientras una nueva generación de lectores interactúacon los textos online, los editores avisados procurarán situarse en unaposición que les permita sacar partido de los datos de red y la inteligenciacolectiva producida por la creación de contenido y la anotación social, lasuma de la “sabiduría de las masas”, y aplicarlo todo a su futura producciónde contenidos y a su márketing. 10
  • 11. Pero a medida que los textos se entrelazan cada vez más y los comentarios yel contenido complementario generado por los prosumidores van enaumento, y a medida que el modelo de distribución se traslada de la cadenaa la red, el poder de la búsqueda –o sea, Google, al menos en el mundo dehoy– seguirá creciendo. La economía de la distribución se ha devaluado aconsecuencia de la corriente de contenido digital, pero el acceso –y labúsqueda– han adquirido una importancia absoluta. Es muy posible que loseditores comerciales –y también Amazon– estén dedicando demasiadaatención al futuro de las descargas. ¿Podría ser que Amazon estuvieraapostando por el caballo equivocado, suponiendo que dispositivo (Kindle)más plataforma de distribución (la tienda online de Amazon eBook) serán lacombinación definitiva? Muchos editores están siguiendo el espacio móvilcon gran interés, y más aún observan a Apple con particular atención paraver cómo se portan el iPhone y el iTouch, y si alguno de los dos consigueimplantarse como dispositivo de lectura. Los dos dispositivos ya presentanbuenas capacidades para texto, y es probable que Apple aún las mejore.Como escribe Adam Hodgkin en el artículo Amazon versus Google for eBooks,publicado en noviembre del 2007 en su blog Exact Editions:Google con su programa BookSearch y sus alianzas con editoriales ybibliotecas se dispone a ocupar el lugar que de otro modo pareceríacorresponder a Amazon como nuestra fuente preferida de acceso a literaturapublicada. Parece que Amazon ha dado un paso en falso al suponer que ladistribución, más que el acceso y la búsqueda, es el desafío clave para laedición digital.El blog TeleRead ha venido dando la cobertura más completa a los dispositivosde lectura Kindle y Sony Reader. David Rothman, que publica muchos de losartículos de TeleRead, reconoce que está próximo a ser un fan del Kindle:probablemente lo sería si renunciara de una vez al DRM y apostara por .epub,el estándar Open Ebook. Pero ¿qué diría Google del formato .epub? Googleignorará el .epub, que es contrario a su modelo de negocio basado en lapublicidad. El enfoque de Google Book Search quita toda la importancia a lasdescargas (las descargas que proporciona GBS son muy burdas, con una 11
  • 12. usabilidad mucho menor que GBS online). De hecho, para Google las descargasestán tan pasadas de moda y son tan innecesarias como el DRM.Google y Apple ya tienen entre los dos la solución para los ebooks (y no setrata de descargas). Lea y busque en su iPhone y acceda con un navegadorweb; de esta manera se puede manejar cualquier material impreso. Másprecisamente, de esta manera se puede manejar todo el material impreso.Todo se buscará en la Red, a todo se accederá desde la Red. Las descargasvienen a ser algo irrelevante. La cuestión es: ¿qué piensan hacer al respecto losautores y editores?Respuesta: “¿Tal vez los editores deberían probar a vender / conceder accesodirecto?”. Aparte de Google con su Book Search, los editores son la otravariable del mercado que tendrá una oportunidad prometedora si el sistemade Amazon basado en descargas y el Kindle no funciona. Después de todo, laseditoriales científicas y técnicas han hecho un intento razonable de crear unmercado digital conjunto para sus revistas STM (científicas, técnicas ymédicas). Los editores de libros tienen que crear oportunidades de acceso eingeniar la manera de vender digitalmente.10En realidad, la pregunta ya no es “¿Leerán en pantalla los consumidores delfuturo?” ni “¿Se encontrará todo el contenido en Internet?”. La pregunta esmás bien “¿Cómo leerán en pantalla los consumidores del futuro?” y “¿Cómose encontrará todo el contenido en Internet?”. Y puesto que los editores hanllegado tarde a la fiesta online, la pregunta que acecha detrás de todo esto es¿qué papel tendrán los editores en el futuro digital, si es que tienen alguno?Es un futuro no muy lejano, en el que los textos están potencialmente cadavez más interrelacionados, se mezclan múltiples fuentes de información ytipos de contenido, y una combinación de búsqueda y redes socialesproporciona la pasarela y la guía al contenido online. Quizá los editorespodrían posicionarse en nuevos papeles de intermediación: ayudar a losautores a escribir por medio de plataformas, o reunir autores y lectores deformas nuevas y creativas. Sin embargo, en gran medida, al menos en unplano estrictamente técnico, los editores no son en absoluto necesarios paraestas funciones. Hay una enorme cantidad de aplicaciones de softwaredisponibles online que pueden ocuparse de todo esto. Iniciativas como el 12
  • 13. CreateSpace de Amazon ponen en contacto a autores y lectores y aplican la“sabiduría de las masas” para facilitar que el contenido mejor y más popularaflore a la superficie. Quizá podría aducirse que siempre se necesitaráneditores que se hagan cargo –o al menos compartan– el riesgo financiero depublicar una obra, pero el caso es que, con la distribución de materialimpreso fuera de la ecuación, y con la impresión bajo demanda que permiteimprimir un único ejemplar para cada pedido único, desaparece eldesembolso presupuestario en términos de producción, almacenamiento delproducto y distribución. Los editores tienen que trabajar a toda prisa paradefinir cuál es la quintaesencia de la edición, cuál es el valor central queaporta el editor, más allá de los tecnicismos de reunir el contenido con loslectores. Cuando se les presiona para que den una respuesta al margen detecnicismos, mucho de lo que los editores tienen que decir es cualitativo másque cuantitativo: administración, asesoría e imprimátur. ¿Seguirán losautores valorando estas cosas lo suficiente para creer que los editores soncríticos para la publicación de sus obras?Una cuestión interesante es la de la escala. ¿Deberían los editores unirfuerzas para crear plataformas multieditorial, para dominar redes decontenido que desarrollen una masa crítica a través de distintos tipos decontenido y faciliten que ese contenido se entrelaza de las maneras másenriquecedoras y valiosas? Si es así, es muy probable que los editores seequivoquen al ceder este papel a Google. En su forma actual, Google BookSearch ya está proporcionando la llave de acceso a contenido textualmultieditorial. Está creando, en efecto, la plataforma de libros online. Demomento hace muy poco para enlazar entre sí los distintos textos, pero seríaun próximo paso lógico. Cualquier editor que siga considerando Google unsocio benigno que le ayuda a difundir su valioso contenido en Internet tienela cabeza firmemente enterrada en la arena, pero en el espacio de Internet,que los editores intenten plantar cara a Google es un poco como si unpequeño banco de peces intentara detener una marea de fondo. De hecho, esposible que “plantar cara a Google” no sea en absoluto la respuesta, peroencontrar maneras de complementar a Google resulta difícil, cuando estegigante de Internet es capaz de moverse tan fácilmente para ocupar nuevosespacios digitales. Y el discreto anuncio de Google de que invitará a losusuarios de Internet a producir “Knols” (Knowledge units, unidades de 13
  • 14. conocimiento o introducciones a temas que aparecerán cuando un usuariorealice una búsqueda sobre ese tema) se ha presentado generalmente comouna competencia directa de la Wikipedia, pero, más al caso, señalafirmemente la intención del buscador de entrar directamente en el espacioeditorial.Quizá la única manera de responder a todo esto consista en que los editoresvuelvan a centrarse en desarrollar un conocimiento especializado en nichosverticales, aprovechando el “nicho profundo” que se encuentra en el mundode larga cola de Internet, como tan bien lo describe Michael Jensen en suartículo sobre el tema en el Journal of Electronic Publishing11. En estecontexto, los editores centrarían el valor en torno a su pericia técnica en eltema o el género y su conocimiento íntimo y directo del mercado,proporcionando funciones editoriales y de comercialización más allá de lasmeramente “técnicas”. En este escenario los editores tendrían queretroceder hacia el territorio de filtro y asesor editorial y reconcentrar lasenergías en su papel (con frecuencia olvidado) de cultivadores de la carrerade los autores (una función al menos compartida por los agentes en elespacio comercial). También deberían crear marca en torno a nichos detema o género, de manera que sus plataformas puedan ganar tracción sobrelas de sus competidores, y mejorar mucho, mucho en venta directa ymárketing. Si quieren convertirse en un puente eficaz entre autores ylectores, los editores tendrán que introducirse más en el espacio delvendedor final y desarrollar relaciones directas con los consumidores de sucontenido. Cualquiera que sea la forma que adopte el futuro, parece que loseditores no van a sobrevivir a menos que recuperen algunas de las funcionesque con los años han ido cediendo a otros partners en la cadena dedistribución.Los editores siempre se han enorgullecido de su papel como custodios delcopyright, preservadores de la cultura, pero ¿cuánto han hecho en realidadpara asegurar la existencia de un archivo digital? Este –junto con eldesarrollo de interconexiones entre archivos de contenido de múltipleseditoriales– sería un papel claro que podrían asumir los editores, pero ¿ya seles ha adelantado Google también ahí? El mundo editorial estadounidense 14
  • 15. espera el resultado de la batalla legal de Google contra el Gremio de Autores,pero en cierto modo todo el escándalo ante la interpretación generosa quehace Google de la cláusula de fair use solo sirve para ocultar una sensaciónde vergüenza por el hecho de que no fueran los editores los primeros eninvertir en la digitalización de nuestros archivos impresos y en desarrollarlos medios para acceder a ellos. Muchos historiadores, archivistas ybibliotecarios están preocupados por el posible impacto sobre la calidad delcontenido a manos de una megacorporación interesada principalmente enextender la búsqueda, incrementar su potencial de ingresos publicitarios yproporcionar una información “lo bastante buena” para los actualesconsumidores con déficit de atención. Robert B. Townsend señala algunosde los fallos en el contenido y los metadatos proporcionados por GoogleBook Search y se pregunta:¿Qué prisa hay? En el caso de Google la respuesta parece muy clara. Comocualquier gran empresa con mucho dinero de sobra, la compañía parecededicada a acaparar la mayor cuota de mercado posible, expulsando a lacompetencia fuera del terreno, y hacer crecer el número de personas que ven(y clican) sus sumamente lucrativos anuncios o “alquilan” los libros. Pero noacabo de ver por qué los demás hemos de compartir esta sensación deapresuramiento. Sin duda las bibliotecas que aportan el contenido, y cualquierotra persona que se interese por un entorno digital rico, tienen quepreocuparse por el coste potencial de crear una “biblioteca universal” llena deerrores y de una niebla cada vez más impenetrable de (des)información.En tanto que historiadores, debemos ponderar qué coste tendrá para lahistoria que las verdaderas bibliotecas acepten versiones digitales llenas deerrores de determinados libros y entierren los originales en un oscuro archivoo en el vertedero. Y debemos sopesar el coste para los estudios históricos si laúnica información sustantiva que se puede obtener de Google es precisamentela clase de fechas y datos superficiales que dan a las clases de historia tanmala reputación. Es hora, parece, de pensar de forma cuidadosa y sistemáticaen cómo afectará todo esto a nuestra disciplina, y los nuevos aparatos y modosde formación que permitirán manejar el volumen y los fallos del paisaje digitalemergente.12 15
  • 16. Mientras que Google ha tomado la iniciativa de hacer que el contenido de loslibros puede “descubrirse” online, los editores han sido lentos a la hora deaprovechar las técnicas de la web para promocionar y vender libros, tantoimpresos como en formato digital. Muchos, muchos editores están todavíamuy lejos de gestionar siquiera lo básico, de crear, almacenar y “sembrar”sistemáticamente capítulos de muestra, extractos, entrevistas en audio ovídeo a los autores, programas de apariciones en público de los autores,enlaces a artículos, material en websites de relación social y materialbibliográfico. Está por ver si los editores encontrarán la manera de cohabitarcon Google y los demás motores de búsqueda, de asegurarse de que sucontenido sea localizable mediante búsquedas pero en sus propios términos,de recuperar la iniciativa como especialistas en la comercialización y ventade libros, de contenidos. Ciertamente, los editores podrían desempeñar unpapel tratando de trabajar con Google y los restantes motores de búsquedapara garantizar que se respeten los más altos criterios de calidad, que losmetadatos sean correctos y precisos, que los futuros usuarios del archivodigital encuentren más que una información apenas “lo bastante buena” ypuedan explorar una rica corriente de materiales de márketing digitales enapoyo de los autores y de sus libros.Esperemos por un momento que esto sea posible. Sea como fuere, para quelos editores rompan sus límites tradicionales y se conviertan en lasempresas editoras de mañana se necesitará un cambio de paso en su forma,su cultura y su enfoque. Las estrategias de publicación digital tendrán quepasar de defensivas y protectoras a creativas y liberales, con una atenciónespecial en permitir que los lectores compartan y modifiquen lo que leen. Unalejamiento del texto como centro de atención exclusivo en dirección a losformatos multimedia sin duda será clave, y esto tendrá repercusiones en eltipo de derechos que los editores deberán negociar así como en lashabilidades que requerirán a sus empleados. Los editores tendrán que versecomo configuradores y facilitadores en vez de como productores ydistribuidores, adoptar un enfoque basado en el proyecto más que en elproducto y aceptar que su posición es meramente la de un elementocomponente de una circularidad entre lector, escritor y editor. Deberánadoptar nuevos modelos de negocio, y quizá deban incluso convertirse en 16
  • 17. empresas multimedia en vez de empresas editoras. Tendrán quecomprender a sus lectores, conocerlos y conectar con ellos de una maneramucho, mucho mejor, y deberán cultivar marcas que confieran el mayorprestigio a los autores y que implican unos valores que atraigan a loslectores en torno a nichos identificables. En último término, quizá debanprepararse, más temprano que tarde, para una lucha a muerte no solo consus actuales partners en la cadena de distribución sino también concompetidores no tradicionales que ya están devorando a toda velocidad elespacio que hasta hace poco les estaba reservado a los editores.Sara LloydPan Macmillan Digital PublishingTraducción: SoybitsNotas:(1) NEA, To Read or Not to Read: A Question of National Consequence, Nov. 2007.http://www.nea.gov/research/ToRead.pdf(2) Chris Anderson, The Long Tail, Why the Future of Business is Selling Less of More, 2006.http://www.longtail.com/(3) http://www.oreilly.com/roughcuts/(4) Roland Barthes, La muerte del autor, 1967.(5) Bob Stein, The Social life of Books, Library Journal.com, 15/05/2006.(6) Chris Meade, Not Drowning but Waving, if:book blog, 20/11/2007.http://www.futureofthebook.org/blog/archives/2007/11/not_drowning_but_waving.html(7) Tim O’Reilly, Bad Math among eBook enthusiasts O’Reilly Radar, 5/12/2007.http://radar.oreilly.com/archives/2007/12/bad_math_ebooks_kindle.html(8) Scott Karp, The Future of Print Publishing and Paid Content, Publishing 2.0 blog, 6/12/2007.http://publishing2.com/2007/12/06/the-future-of-print-publishing-and-paid-content/(9) Jeff Gomez, Print is Dead, Palgrave Macmillan, 2007.(10) Adam Hodgkin, Amazon versus Google for eBooks?, Exact Editions blog, Nov. 2007.http://exacteditions.blogspot.com/2007/11/amazonversus-google-for-ebooks.html(11) Michael Jensen, The Deep Niche, The Journal of Electronic Publishing, vol 10 no 2, 2007.(12) Robert B Townsend, Google Books: Is It Good for History?, Perspectives, Sept. 2007. 17