Forma Y Clasificacion Del Ensayo

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material sobre la forma y clasificacion de los ensayos literarios

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  • 1. Forma y Clasificación del Ensayo
  • 2. Forma del Ensayo Una vez consideradas en las secciones precedentes las características más importantes del ensayo, nos quedan ahora por examinar dos aspectos que proporcionarán, dentro de la brevedad que aquí nos proponemos, cierta visión totalizadora al estudio del ensayo como género literario. Gómez (1992), se refiere a los aspectos, más bien formales, de título, extensión, forma y clasificación del ensayo, que trataremos seguidamente; y a la relación del ensayo con los demás géneros literarios, que se estudiará en la próxima sección. Título del ensayo Juzgado el ensayo como obra literaria, debemos igualmente tener presente que la relación del título con el resto del ensayo es también una relación puramente literaria.
  • 3. En un tratado filosófico, crítico o histórico, por ejemplo, el título tiene necesariamente que corresponder al contenido y de hecho así sucede; el título tiene en estos casos únicamente un valor informativo, y tanto mejor será, cuanto con más exactitud identifique el contenido de la obra que encabeza. En el ensayo, su función es literaria; por lo tanto, aun cuando en muchos casos el título, en efecto, da una indicación, más o menos exacta, del contenido, no siempre sucede así, ni un título es mejor o más apropiado porque así lo señale . Forma del ensayo Si bien para que el estudio de la forma del ensayo pueda tener sentido, debe hacerse en su relación con los demás géneros literarios, parece conveniente aquí considerarla en su aspecto más general, y, en definitiva, preguntarnos si tiene el ensayo una forma característica. Con frecuencia se ha dicho que el ensayo es en prosa lo que el soneto en poesía; pero esta comparación, sin duda muy sugestiva, tiene únicamente valor, y quizás más que nada simbólico, en lo que a la voluntad de estilo se refiere; es decir,
  • 4. la brevedad del ensayo hace que en él se acumulen los recursos estilísticos en un intento de perfección estética. Por lo demás, nada más opuesto a la libertad formal del ensayo, que las estrictas reglas que gobiernan al soneto. En el ensayo no existe regla, por esencial que nos parezca, que en alguna circunstancia, sea ésta excepcional si se quiere, no pueda ser suprimida. La forma del ensayo es orgánica, no mecánica. Por ello, sólo debemos hablar, al tratar este aspecto, de la forma artística del ensayo, y aquí tienen aplicación las características ya estudiadas. No obstante, del mismo modo que al tratar de caracterizar la novela no decimos que la forma dialogal sea una de sus características, si bien reconocemos que hay numerosas novelas dialogadas, así también podemos afirmar que la forma por excelencia del ensayo es la prosa, y que tanto el verso como el diálogo dramático, si no se oponen a la esencia del ensayo, sí presentan a veces invencibles inconvenientes a la realización de éste.
  • 5. Extensión del ensayo Cuando al tratar de una obra literaria prestamos excesiva atención a su presentación externa, corremos el peligro de olvidar, en el proceso, el verdadero carácter de la creación literaria, donde la forma es siempre accidental. En el ensayo, quizás más que en ningún otro género, ha dado pie el aspecto de su extensión a las más dispares especulaciones. Se ha tratado incluso de buscarle un mínimo de páginas, sin las cuales no puede haber ensayo, y un máximo que no puede ser sobrepasado sin que se desvirtúe. Claro está que tales intentos, preocupados sólo por un prurito de clasificación mediante fáciles referencias externas, olvidan la esencia misma del género ensayístico. Partamos en nuestras reflexiones de la siguiente afirmación de Essie Chamberlain: "Una característica corriente en el ensayo es su brevedad. El ensayista proporciona un conciso tratamiento de su tema" (XXIII); hasta aquí la experiencia nos permite estar de acuerdo con lo dicho. Sin embargo, Chamberlain dice a continuación, al comparar los ensayos actuales con los de épocas pasadas, "hoy, como el cuento, el ensayo es relativamente breve.
  • 6. Algunas veces es sólo un fragmento" (XXIII). De este modo, de lo que comenzó siendo una observación correcta de un aspecto formal del ensayo, se pasó a juzgar, contando tan sólo con esta medida externa, la característica esencial de su unidad. Además, ¿cómo explicar la contradicción implícita en tal afirmación? O es un ensayo, o sea, una totalidad, o es un fragmento, de ensayo si se quiere, pero de ningún modo puede ser ambas cosas al mismo tiempo. La unidad del ensayo, lo hemos dicho ya varias veces, no es externa sino interna, no es mecánica sino orgánica; la unidad del ensayo que debemos buscar es la unidad literaria, la unidad artística. Y ésta es independiente del número de páginas.
  • 7. Se ha dicho con frecuencia que la extensión del ensayo debe limitarse sólo a aquello que puede ser leído de una sola sentada. Aun cuando esta afirmación es comúnmente repetida por aquellos críticos que de algún modo tratan el aspecto teórico del ensayo, si se analiza detenidamente, se hace forzoso reconocer que, fuera de un contexto particular, carece de valor concreto. En efecto, si el ensayo se destina a la generalidad de los cultos, contará entre su público al lector ocasional para quien diez o veinte páginas es todo lo que su poder de concentración le permite leer de una sola sentada; pero igualmente contará con el lector asiduo, cuyo poder de concentración fácilmente llegará a las cien páginas. En realidad son muy pocos los ensayos que alcanzan tal extensión. Pero si el número de páginas es más reducido, no se debe a presiones exteriores de unos posibles lectores, sino al carácter mismo del ensayo, cuyo propósito no es el de proporcionar soluciones a problemas concretos, sino el de sugerirlas; o de manera más simple todavía, el de reflexionar sobre nuevos posibles ángulos de observar un mismo problema.
  • 8. Esto incita al ensayista a usar con predilección de dos recursos estilísticos: brevedad en la exposición y profundidad en el pensamiento. Por otra parte, al no querer limitarse en la exposición de sus pensamientos a un estricto método, que al reducir su libertad de creación y poner énfasis en una estructura externa podría convertir su obra en un tratado. Clasificación del ensayo En este aspecto, el ensayo, al igual que los otros géneros literarios, no ha podido librarse de los más variados intentos de clasificación. Y del mismo modo que la agrupación de las obras literarias en géneros, es algo externo e independiente de la creación artística misma, así también las clasificaciones del ensayo propuestas poseen únicamente valor editorial y, cuando más, valor didáctico en cuanto a la ordenación de los ensayos en un libro o a la presentación de los mismos al lector no iniciado.
  • 9. Si aceptamos esta interpretación de las clasificaciones, éstas sólo serán provechosas cuando proporcionen al lector una guía en la aproximación al ensayo. En la práctica, no obstante, al erguirse ellas mismas como fin, más bien aportan confusión al concepto de ensayo. Sírvanos como ejemplo la que nos proponen Angel del Río y José Benardete en su ya clásico libro, El concepto contemporáneo de España. Antología de ensayos. Ellos reconocen tres grandes grupos: a) "El ensayo puro", b) "El ensayo poético-descriptivo", y c) "El ensayo crítico-erudito". Al analizarlo, sin embargo, observamos que en estas tres grandes clasificaciones incluyen todos los escritos en prosa excepto aquellos decididamente ficticios. Sólo bajo la primera clasificación, "El ensayo puro", podríamos incluir lo que nosotros aquí hemos denominado ensayo. Lo que del Río y Benardete denominan "El ensayo poético-descriptivo", correspondería a la prosa poética que ya no es ensayo como lo prueba el ejemplo de Platero y yo.
  • 10. Por lo general, las clasificaciones de ensayos, que suponen ya un discurso depositario del texto literario, se han establecido a partir de dos aproximaciones distintas: a) aquellas que prestan atención a un aspecto predominante en el contenido, y que por ello mismo agrupan a los ensayos en históricos, crítico-literarios, filosóficos, sociológicos, etc.; b) aquellas otras que se fijan en el modo como el ensayista trata su tema, por lo que clasifican a los ensayos en informativos, críticos, irónicos, confesionales, etc. Podríamos concluir señalando que las clasificaciones, útiles desde un punto de vista pedagógico, varían con cada época, y que todas ellas se hacen insuficientes cuando se enfrentan con la complejidad de la obra de un ensayista.
  • 11. El Ensayo Literario. Proyecciones del Ensayo Montalvino
  • 12. Uno de los géneros literarios más antiguos y fecundos en Hispanoamérica es el del ensayo. Apareció éste en las primeras centurias de la época colonial. Su destino ilustre siguió un compás de ascensión y desarrollo semejante al de la poesía. Ha habido poetas notables, pero igualmente ensayistas de real importancia, a través de los diferentes períodos históricos y culturales. Ello es evidente en el Ecuador.   En lo que concierne a la producción ensayística, nos hemos referido a Gaspar de Villarroel, a Eugenio Espejo, a Juan Montalvo, a Gonzalo Zaldumbide, de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, respectivamente. Pero no son los únicos, si bien parecen los más destacados. Acaso, sin pretenderlo, el gran suscitador en tal campo fue Montalvo. No escribió pro­piamente para conseguir discípulos literarios... aquella su gracia de gestos personales y su riqueza idiomática insuperable, aparte de los fuertes efectos políticos de algunas de sus páginas, atrajeron a varios imitadores.
  • 13. El ensayo crítico y biográfico se vio robustecido con la producción de Remigio Crespo Toral (1860-1939). Poseyó éste una índole cierta y firme de escritor. No dio tregua a su pluma, a pesar de los menesteres de su actividad pública. Se expresó en verso y en prosa. El estilo de ésta atrae por la plenitud de la frase y el ritmo de la emoción. A veces aparece en sus páginas algún rasgo de grandilocuencia, algún alarde expresivo inútil, pero lo común es el atinado gobierno de lo que dice. Es un prosador consciente de sus responsabilidades literarias. Su posición es romántica y conservadora. Es fácil advertirlo por sus sentimientos, sus gustos y sus ideas. En un ensayo biográfico hizo la apoteosis del teócrata García Moreno. Pero no fue un dogmático. Mostró una encomiable penetración de crítico. A ello debió, más que a su enorme producción de poeta de gusto romántico, laureado en 1917, en que figuran sus composiciones de largo aliento ("Mi poema", "Leyendas de Arte", "Genios", "Leyenda de Hernán", "Plegarias", "La canción del agua"), la docencia intelectual que ejerció durante muchos años.
  • 14. Lo destacado en él fue pues su personalidad de ensayista. Son dignos de mención sus trabajos sobre Simón Bolívar y sobre la nacionalización de la literatura. Otra prosa igualmente noble, cuidadosa de la claridad de los conceptos, fue la del Arzobispo de Quito Federico González Suárez (1944-1917). La suya fue también una naturaleza de romántico y conservador. Pero asimismo sintió repugnancia por las actitudes dogmáticas, por las ideas de cuño intransigente.   También religioso y hombre de mucho saber fue Aurelio Espinosa Pólit (1894-1961). Fue un jesuita entregado a las lecturas clásicas y a la profesión docente. Dominó como pocos el griego y el latín. Al extremo de realizar traducciones de escritores de la antigüedad que se han estimado como sobresalientes en tono el ámbito de la lengua castellana. Sófocles y Virgilio fueron, principalmente, los autores sobre los que probó su capacidad de traductor, de estudioso, de exégeta y de crítico. Pero también dirigió su lúcido interés a las letras ecuatorianas, en cuyo campo destaca su ensayo sobre la vida, la obra literaria y el epistolario de José Joaquín Olmedo .
  • 15. Los juicios de Espinosa Pólit son por lo común bastante ponderados (aunque a veces el entusiasmo le lleva a adjetivaciones generosas). Su prosa es limpia y persuasiva. Demuestra cierta aproximación a las maneras expresivas de Gonzalo Zaldumbide. Escribió también versos de estructura clásica e inspiración religiosa.   En la misma línea hay que situar a otro jesuita ilustre fallecido tempranamente en 1968: Miguel Sánchez Astudillo. Buen conocedor de los clásicos también. Inclinado, además, a los estudios filosóficos y a las lenguas modernas. Ese necesario connubio de literatura y filosofía y esa variedad de lecturas lograron delinear singularmente la personalidad de Sánchez Astudillo. Esta, por otra parte, mostró los atributos de la finura lírica y el vigor selectivo. De modo que en sus trabajos se puede notar una conciencia más ávida de las nuevas revelaciones estéticas que en las producciones de su antecesor el Padre Espinosa Pólit. Entre sus estudios críticos hay varios alentadores, optimistas, sobre autores noveles, y los hay también sobre figuras ya reconocidas, como la de Gonzalo Zaldumbide, cuyo estilo consideró el más brillante de la prosa castellana de nuestros días.
  • 16. Isaac J. Barrera (1884-1970) ha acumulado su producción a través del ensayo y el artículo periodístico. La crítica literaria, la biografía y la historia han imantado su interés. Sobre todo la historia, porque aun en sus estudios sobre las letras abundan las digresiones de aquella índole. Efectivamente, su trabajo más respetable -"Historia de la literatura del Ecuador"- debe especialmente su extensión a la presentación de épocas y de hechos sobresalientes de la vida del país, en cuya escena va ubicando a los escritores que estudia. Barrera expone con orden y claridad, aunque quizás le faltan sentidos de penetración y una visión más amplia para señalar corrientes y establecer comparaciones. Tiene una doble virtud, muy rara en América y que nadie se atrevería a disputársela: su pacientísima in­vestigación de la cultura nacional y la nobleza de ánimo con que juzga y admira, nunca enturbiada por el egoísmo, la intransigencia o el rencor. Ha conseguido levantarse así a la imponderable jerarquía del maestro.
  • 17. El caso de Augusto Arias (1903) tiene parecido con el de Isaac j. Barrera. Cuando se cita a uno de ellos hay que también citar al otro. Sus ensayos se han enderezado hacia la crítica y la biografía. Ha escrito muchos artículos de periódico. Ha publicado un "Panorama de la literatura ecuatoriana" para uso de las aulas. Jamás ha sido la suya una pluma convicta de pasiones. Ha preferido encarecer y estimular. Por eso su juicio adolece de limitaciones semejantes a las de Barrera. En los trabajos de ambos, por exceso de contemporización y ausencia de severidad crítica, hay decenas de nombres que sin merecerlo han sido recogidos con alabanza, produciendo desorientación en el que contempla desde afuera el horizonte literario del Ecuador.
  • 18. César Andrade y Cordero y Jorge Carrera Andrade poetas altamente representativos los dos son también autores de ensayos críticos y de interpretación de la cultura del país cuya contribución al desarrollo del género no puede ser olvidada. Como tampoco ha de serlo el tan inteligente estudio de Ángel F. Rojas narrador y ensayista sobre la novela ecuatoriana. Hombre de consistencia intelectual y viva sensibilidad, Rojas ha expuesto allí apreciaciones acertadas, en las que prevalecen la sobriedad del juicio y de la frase, la claridad de la mente y de la palabra, la lógica del razonamiento y de la composición externa de su ensayo. Explica la producción de los narradores en el marco de las mudanzas políticas y económicas del país.
  • 19. Ensayistas de igual linaje son Raúl Andrade, Benjamín Carrión, Leopoldo Benítez, Alejandro Carrión. El primero de ellos recogió en "Gobelinos de niebla" ensayos en que seduce la brillantez de su prosa, ágil, precisa, penetrante, renovadora. En esas páginas realizó una crítica original sobre la generación modernista ecuatoriana. Pero el relieve de Andrade es mayor dentro de su profesión periodística. Quizá en dicho género es la figura más representativa de las letras ecuatorianas. Uno de sus instrumentos es el de la ironía, aguda y valiente, para juzgar la vida pública y el ejercicio cínico y usurario de la política nacional. Condiciones parecidas, de ensayista y de articulista satírico, aparte de sus excelen­cias de poeta y narrador, se encuentran en Alejandro Carrión.