La influencia del pos estructuralismo en las teorías de la comunicación

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Aqui encontraras la influencia de la corriente pos estructuralista y sus aportes a la teoria de la comunicación

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  • 1. LA INFLUENCIA DEL POS ESTRUCTURALISMO EN LAS TEORÍAS DE LA COMUNICACIÓN INTRODUCCIÓN En esta breve presentación, se intentará abordar un tema complejo dentro de la comunicación, tema que ni siquiera se ha consolidado dentro de este campo pero cuyos planteamientos pueden sernos útiles en el programa de epistemología de la comunicación y como se verá más adelante se dan aportes fundamentales en la elaboración de un estatuto para el campo de los estudios culturales en América Latina. En este espacio se tocará en primer lugar algunas críticas particulares al estructuralismo realizadas por Roland Barthes, y como la significación señalada por Saussure nos dan en parte la respuesta a cómo funcionan los signos, pero haciendo hincapié en la posición sociocultural del lector, elemento primordial a la hora de abordar el pos estructuralismo propiamente dicho. Luego se hace una breve explicación a lo que podríamos llamar el dispositivo pos estructuralista, en este sentido revisaremos los aspectos centrales del pensamiento de Jean Francois Lyotard, Gilles Deleuze, Felix Guattary y Michel Foucault. La aproximación al pensamiento de Lyotard está enmarcada en su producción teórica a finales de los años ochenta, más allá del debate modernidad – pos modernidad, la propuesta de Lyotard intenta rescatar ciertos elementos excluidos del discurso moderno, como son la problemática de los inhumano, la experimentación y la anamnesis. En el caso de Deleuze y Guattari nos centraremos en su filosofía del deseo y el cambio que se da en el agenciamiento colectivo de la enunciación. En lo que respecta a la obra de Foucault, está será revisada desde su última producción teórica, para así dar cuenta de su refleción sobre el saber y el poder. Para finalizar nuestra exposición, con los aportes del pos estructuralismo ha los estudios culturales latinoamericanos y como esta corriente de pensamiento ha influido notoriamente los trabajos de Jesús Martín Barbero y Nestor García Canclini. Quienes enfocan sus trabajos en las líneas o puntos de fuga, o aquellas cosas que están por fuera de los márgenes conocidos dentro de la investigación en el campo de la comunicación. ROLAND BARTHES Y LOS ELEMENTOS DE SEMIOLOGÍA En su Curso de lingüística general, publicado por primera vez en 1916, Saussure postuló la existencia general de los signos o la ciencia llamada semiología. La Semiología pretende, pues tomar cualquier sistema de signos, independientemente de su contenido y límites, las imágenes, los gestos, los sonidos musicales, los objetos, y las complejas asociaciones de todos estos, que forman el contenido de los rituales, la convención o lo público; estos constituyen, si no las lenguas, por lo menos sistemas de significación. El hecho es que, aunque las ideas de Saussure han hecho grandes progresos, estas siguen siendo una semiología provisional. La razón de esto puede ser simple. Saussure, pensó que la lingüística Página 1 de 11
  • 2. sólo formaba parte la ciencia general de los signos. Ahora está lejos de ser cierto que en la vida social de hoy en día, hay que encontrar los sistemas extensivos de los signos fuera del lenguaje humano. Es cierto que los objetos, las imágenes y patrones de comportamiento pueden significar , y lo hacen a gran escala, pero nunca de manera autónoma, cada sistema semiológico tiene su mezcla lingüística. Cuando hay una sustancia visual, por ejemplo, el significado es confirmado por ser duplicado en una lingüística mensaje (lo que ocurre en el caso del cine, la publicidad, cómics, fotografía de prensa, etc) Aun así, ese lenguaje no es exactamente la del lingüista: se trata de un segundo idioma orden, con sus unidades ya no monemas o fonemas, pero más grandes fragmentos del discurso refiriéndose a los objetos o episodios, cuyo significado subyace en el lenguaje, pero nunca puede existir independientemente de ella. Semiología por tanto, quizá destinada a ser absorbido por una trans-lingüística, los materiales de que puede ser mito, la narrativa, el periodismo, o en los objetos de otra parte de nuestra civilización, en la medida en que se habla (a través de de prensa, folletos, entrevistas, conversaciones y tal vez incluso el lenguaje interior, que se regirá por las leyes de la imaginación). De hecho, ahora debemos enfrentar la posibilidad de invertir la declaración de Saussure: La lingüística no es una parte de la ciencia general de los signos, incluso una parte privilegiada, es la semiología, que es una parte de la lingüística: para ser precisos, es la parte que cubre las grandes unidades significantes del discurso. En conclusión para Saussure, la lengua es una “institución social”, mientras que la palabra es un acto individual, para Roland Barthes se define a la semiología como aquella disciplina que tiene como objeto todo sistema de signos, cualquiera que sea su sustancia, cualesquiera que sean sus límites: las imágenes, los gestos, los sonidos melódicos, los objetos y los complejos de estas sustancias que se encuentran en ritos, protocolos o espectáculos constituyen, sí no lenguajes, sí al menos sistemas de significación. Además para Saussure no se pensaba en el significado como un proceso de negociación entre escritor/lector y texto. Dio mayor énfasis al texto, no a la manera como los signos que lo constituyen interactúan con la experiencia cultural y personal del lector, ni como a la manera como las convenciones en el texto interactúan con las convenciones conocidas y esperadas por él mismo. La denotación y connatoción son dos elementos fundamentales en la idea de la significación por ejemplo la palabra calle denota una vía urbana o lo largo de ella hay edificios o casas; mientras que la connotación se refiere a la interacción que ocurre cuando el signo encuentra los sentimientos o emociones del lector y los valores de su cultura. Estas pueden ser mucho más sociales y menos personales. INTRODUCCIÓN AL DISPOSITIVO POS ESTRUCTURALISTA Página 2 de 11
  • 3. Un dispositivo es un entramado de fuerzas (poderes), enunciados (saberes), objetividades (líneas de visibilidad que recortan los objetos) y subjetividades (líneas de fuerza y visibilidad que se vuelven sobre sí mismas constituyéndose prácticas de sí), todos estos aspectos se interrelacionan conformando procesos de pensamiento siempre cambiantes. Según Deleuze un dispositivo se puede concebir como una madeja en la que se entrecruzan líneas en diferentes sentidos, conformando realidades pluridimensionales en constante transformación. Transformación que se produce a través de las líneas de subjetivación, líneas de fuga que fracturan el orden de las prácticas, constituyendo nuevos sujetos. Los saberes pos estructuralistas se vinculan a ciertas líneas de enunciación, estás definen, mediante regímenes enunciativos, objetos en el orden de lo visible y de lo enunciable. Constituyen nuevos campos del saber, nuevas realidades a tener en cuenta, demarcando nuevos territorios de los saberes contemporáneos. Paralelamente, una reflexión sobre el poder atraviesa este dispositivo, entendiéndolo como fuerzas que lo penetran de forma invisible e indecible, determinando lo que se puede ver o decir. Estas fuerzas constituyen la dimensión siempre presente del poder. Una reflexión sobre la formación de subjetividades, entendiéndolas como un corrimiento en las líneas de fuerza preexistentes, líneas de fuga que escapan al sistema de fuerzas establecido. Procesos de individuación que producen fracturas en las prácticas existentes, generando nuevas tecnologías del yo. Ningún dispositivo es estático, es un proceso continuo donde los desequilibrios dan lugar a rupturas, fisuras, fracturas que interactúan entre sí provocando mutaciones de disposición, nuevos dispositivos. En esta corriente filosófica no hay un interés por los “universales” se centra en los efectos de la verdad, subjetividad, visibilidad específicos de cada uno de ellos sin remitirse a modelos suprahistóricos y metahistóricos. Solamente en función de las prácticas concretas se pueden valorar los sistemas y la validez de los dispositivos por sus características inmanentes no trascendentes; en la filosofía pos estructuralista hay una preocupación más allá de lo eterno y es por lo nuevo. Lo novedoso se halla en la posibilidad de superar la regularidad de las enunciaciones. Esto no se consigue mediante la originalidad de la enunciación, sino en la renovación del régimen enunciativo. Los saberes propios del pos estructuralismo siempre intentan escapar de las dimensiones del saber y del poder, preexistentes. Estas líneas de fuga posibilitan la consolidación de nuevas prácticas que finalmente producen la ruptura con el antiguo dispositivo, conformando lo que Foucault llama ACTUALIDAD. En el dispositivo debemos distinguir lo que somos, es decir, lo que dejamos de ser y lo que estamos siendo. La inmensa producción pos estructural nos invita a pensar de otro modo, las líneas de fuga parten desde nuestro presente hacia lo desconocido. FILOSOFÍA ANÁMNESIS E INFANCIA EN EL PENSAMIENTO DE LYOTARD La problemática posestructuralista y el debate en torno a la postmodernidad resultan ser temáticas íntimamente vinculadas con la noción de lo inhumano. Inhumanidad del entramado social que tiende cada vez más a la complejidad. Una aceleración en los procesos que se vinculan Página 3 de 11
  • 4. al desarrollo vertiginoso de la tecnociencia conducen a una complejización de la experiencia, puesta en práctica de la humanidad inherente a lo inercial de todo sistema de desarrollo acelerado Esta complejidad creciente tiene como imperativo la simplicidad en la transmisión de la información. Un llamado al orden, a dejar atrás toda posible experimentación, recorre el entramado socio cultural, “dejemos atrás los excesos vanguardistas, busquemos la transparencia comunicativa”, parece decirnos una sociedad de la undimensionalidad. Aceleración, abreviación pueden servir como otros nombres para designar la unidimensionalidad de nuestra cultura. La aldea global requiere de uniformidad para sostener la ilusión de universalidad, ya hace tiempo perdida. Si bien los metarrelatos, las grandes narraciones dadoras de sentido, sufren un descreimiento cada vez más notorio, eso no implica que su lugar haya quedado vacante. Los criterios pragmáticos, ocupan el lugar que antes era ocupado por relatos de emancipación. El sistema social se autolegitima en la optimización de su funcionamiento. La máquina social, con sus engranajes bien aceitados en perfecto funcionamiento, parece no necesitar ningún discurso para legitimarse, salvo por el discurso de los hechos, la aceptación de cosas como el único orden posible. El progreso vaciado de su sentido emancipatorio, se convierte en simple desarrollo, el cual cuestiona los ideales del humanismo, perversión del télos moderno que nos conduce al malestar en la cultura, a mayor civilización, mayor barbarie, inhumanidad de los sistemas que funcionan con una lógica que ya nada tiene que ver con lo moderno. El diferendo radica en la confrontación de la inhumanidad del sistema con otra inhumanidad, la cual se encuentra en lo excluido del proceso de racionalización emprendido por la modernidad. En este sentido frente a la inhumanidad Lyotard propone una suerte de resistencia. Esta resistencia intenta explotar el poder transgresivo de esa otra inhumanidad que se opone al estado de las cosas, esta inhumanidad, opuesta a la ley del sistema, representa el espacio utópico en el que se desarrolla todo pensamiento crítico. Dicho espacio que no puede ser asimilado por el sistema puede ser la corporalidad, lo figural, el deseo y, más concretamente, la infancia. El diferendo es un disenso imposible de consenso, un enfrentamiento entre dos inhumanidades, la inhumanidad asfixiante del sistema, es decir de las instituciones, de la regla, de los intercambios regulados, de lo determinado y del otro lado –si es que todavía podemos hablar de otro lado- la inhumanidad de lo indeterminado, del evento, del poder transgresor de lo excluido, en definitiva de lo olvidado. Afortunadamente, olvido no necesariamente significa ausencia. La filosofía, el arte, la escritura han intentado explorar estos terrenos que se encuentran más allá o más acá del dominio de la ley, territorios no dominados por el lenguaje, el poder, el saber. Experimentación que se dirige a conducir su creación a su límite. La búsqueda de nuevos lenguajes emprendidas por los vanguardistas es una posible resistencia frente a la unidimensionalidad del sistema. La labor del artista y del filósofo se entrecruzan, ambos exploran zonas oscuras del arte o del pensamiento, no sólo con el fin de arrojar luz sobre ellas, sino también con el fin de testimoniar a favor de lo que todavía no existe. Creación que apunta al surgimiento de nuevas frases, imágenes, Página 4 de 11
  • 5. pensamientos, sonidos, colores. Creaciones que transgreden las reglas artísticas y de pensamiento, cuestionando lo existente, abriendo una puerta hacia lo desconocido. Lyotard representa la idea de lo inhumano en su texto The inhuman con la metáfora de la niñez, la cual representa lo inhumano de lo humano, lo que debe ser abolido por un largo proceso de aprendizaje; aprendizaje que introduce al niño en el mundo del adulto, al universo del orden, del lenguaje, de la ley. La paradoja radica en que el sujeto pierde su inhumanidad primigenia por la inhumanidad del sistema. Sin embargo, la niñez continua en el adulto como una fuerza contrasistémica, como un pathos transgresor, revolucionario con la esperanza de humanidad. La resistencia se concreta en las Micrologías, en pequeños relatos, éstos articulan la voz de aquello excluido, de lo heterogéneo, de lo que no puede ser asimilado por la totalidad del sistema. Sin embargo estas voces no son fáciles de escuchar. El debate de lo postmoderno y moderno según Lyotard se enmarca de la siguiente manera toda obra para ser considerada moderna debe ser en principio postmoderna. Es decir, marcar una ruptura con su pasado moderno, renacer de las propias cenizas de la modernidad. Según la metáfora, lo moderno es la infancia de lo postmoderno. En su artículo “Reescribiendo la modernidad”, Lyotard descentra su posición del debate modernidad postmodernidad. El télos de la modernidad es exacerbarse a sí misma, por tanto el empleo del término postmodernidad resulta inadecuado para designar nuestro tiempo. El concepto de reescritura parece ser más adecuado escapando del fantasma periodizador. El prefijo “re” no es asimilable al prefijo “pre” es decir no es una estrategia para situarnos en el origen, no representa un retorno al paraíso, significa entonces una translaboración en sentido psicoanalítico; que según Freud distingue tres aspectos fundamentales: Repetición, recordar y el trabajo “a través de”, un concepto íntimamente vinculado con la anamnesis. Esto lo ejemplifica Lyotard a través del siguiente ejemplo: Marx ha diagnosticado el funcionamiento oculto del capitalismo, sin embargo, la simple denuncia del mal no es suficiente a la hora de eliminar su enfermedad. Todas estas formas de relecturas, reescritura encierran un destino trágico, una paradoja circular. Lo que se intenta eliminar vuelve aparecer por la puerta trasera. El deseo de encontrar el origen, el fin, clausura la posibilidad de una reelaboración posible, el deseo del fin es el fin del deseo. El recuerdo y la anamnesis se oponen. El primero es animado por el deseo del fin, mientras que la anamnesis es la translaboración, puede ser definida, como un trabajo sin fin. Un trabajo que se inicia y se reinicia, sin un principio y un final posibles, reescribiendo la modernidad a través de la infinidad de micrologías que la componen. Podríamos decir que la anamnesis es la única forma de prestar oído a las micrologías, al susurro del lenguaje, una apertura toral hacia sonidos, imágenes y palabras. La anamnesis se emparenta con la Techne y el Arte en la experimentación. Página 5 de 11
  • 6. Esta escucha a la alteridad presente del arte, el lenguaje, el pensamiento, la historia constituye un éthos del trabajo de la reescritura. Una labor no meramente intelectual, sino también imbrincada con el sentimiento, con la escucha del sentimiento, es decir el afecto inconsciente, ó en términos lacanianos, la cosa. La labor de la experimentación en Lyotard no apunta a consolidar un lenguaje universal, sino a investigar el misterio del acontecimiento cerrado en cada nueva frase. Este pensar se ubica en lo paradójico no en la regla. Lidiar con todas estas opacidades, moverse en las márgenes del lenguaje y del pensamiento, moverse en los pliegues, en los claro oscuros, en los límites. La escritura y el arte anhelan expresar el evento, el acontecimiento, lo nuevo, el por venir. La perversidad polimórfica del niño contrasta con la determinación de lo regulado, es decir, con el terreno representacional en el que nos vemos inscritos, cuando el lenguaje instituye la representación donde antes sólo existía la informidad irrepresentable de la niñez. In fans significa etimológicamente “el que no habla” del que está privado de lenguaje. Si entendemos la infancia como el discurso que carece del estatuto del lenguaje, nos percatamos del poder transgresor de lo excluido, el lenguaje del cuerpo, el lenguaje del deseo. ¿Qué significa este devenir inhumano sino el deseo de experimentar más allá del lenguaje, dirigiendo la mirada hacía un horizonte pre lingüístico de nuestra infancia de nuestra inhumanidad primigenia? Distorsión del orden discursivo, donde la traducción se vuelve problemática, donde el lenguaje experimenta sus límites y sus opacidades, es definitiva un discurso desde la incertidumbre. GILLES DELEUZE Y FELIX GUATTARI Y UNA CARTOGRAFÍA DEL DESEO El procedimiento de preguntas y respuestas sirve para alimentar los dualismos. Siempre hay una máquina binaria que preside la distribución de los papeles y que hace que todas las respuestas deban pasar por preguntas prefabricadas, puesto que las preguntas ya están calculadas de antemano en función de las posibles respuestas a tenor de las SIGNIFICACIONES DOMINANTES. Así se constituye un patrón tal que todo lo que no pase por él no puede ser oído. Aunque pensemos que uno está hablando en nombre propio siempre está hablando en nombre de otro que no podrá hablar. Uno está forzosamente atrapado, poseído o mas bien desposeído. No es cierto que la máquina binaria exista por razones de comodidad. Se dice que la base de datos es la más fácil. Pero de hecho la máquina binaria es una pieza importante de los aparatos de poder. Se establecerán tantas dicotomías como sean necesarias para que sea clavado en la pared, metido en un agujero. Hasta los márgenes de desviación serán calculados según el procedimiento de elección binario: no eres ni blanco ni negro, ¿Serás árabe?, ¿mestizo?; no eres ni hombre, ni mujer, ¿serás travesti?. Cada cual debe tener el rostro que corresponde a su papel. Nada menos personal que el rostro. Hasta el loco debe tener un rostro conforme a lo que se espera de él. El modelo de base a primer nivel es el rostro del europeo medio de hoy; a partir de ahí se determinarán por dicotomías sucesivas, todos los tipos de rostros. Si la misma lingüística procede por dicotomías (los árboles de Chomsky, en los que la máquina binaria trabaja el interior del Página 6 de 11
  • 7. lenguaje), si la informática procede de una sucesión de elecciones duales, la cosa no es tan inocente como podría creerse. Quizás sea que la informática es un mito y que el lenguaje no es esencialmente informativo, no es neutro, no está hecho para ser creído sino para que se le obedezca. Cuando la maestra explica una operación a los niños o cuando les enseña la sintaxis no puede decirse propiamente hablando que les dé información, les da órdenes, les transmite consignas, les obliga a producir enunciados correctos, ideas justas necesariamente conformes a las significaciones dominantes. Habría que modificar el esquema de la informática. El esquema parte de una información teórica que se supone máxima; en el otro extremo coloca el ruido como interferencia, antiinformación, y entre los dos la redundancia, que disminuye la información teórica, pero que al mismo tiempo permite vencer el ruido. Lo contrario sería: arriba, la redundancia como modo de existencia y propagación de las órdenes, (los periódicos, las noticias proceden por redundancia), abajo, la información-rostro, que correspondería al mínimo requerido para la comprensión de las órdenes; y más abajo aún algo que podría corresponder tanto al grito como al silencio, también al tartamudeo, y que sería algo así como la línea de fuga del lenguaje, hablar con su propia lengua como extranjero, hacer un uso minoritario del lenguaje.... También podría hablarse de deshacer el rostro, de hacer que el rostro escape. De todos modos si en la actualidad la lingüística y la informática desempeñan con tanta facilidad un papel de represor es porque ellas mismas funcionan como máquinas binarias en esos aparatos de poder y constituyen, mas que una ciencia pura de unidades lingüísticas y contenidos informativos abstractos, una formalización de consignas. En Diferencia y repetición (obra de Deleuze) se refería al inventario de todas esas imágenes que proponen al pensamiento fines autónomos para mejor obligarlo a servir a fines poco confesables; todas se resumen en la consigna "tened ideas justas". Buena voluntad del pensador que busca "la verdad". Imagen de un "sentido común" (armonía de todas las facultades de un ser pensante) luego la de reconocer, la del error y por último la imagen del saber como lugar de verdad, y la verdad como lo que sanciona respuestas y soluciones a preguntas y problemas supuestamente "dados". Lo interesante es precisamente lo inverso: 1- Pensamientos que no procederían de una buena naturaleza y de una buena voluntad, sino que vendrían de una violencia sufrida por el pensamiento. 2- Pensamiento que no se ejercerían a través de un acuerdo sino que llevarán a cada facultad al límite de discordancia con las demás. 3- Pensamientos que no se encerrarían en el reconocimiento, sino que se abrirían a encuentros y se definirían siempre en función a un Exterior. 4- Pensamientos que no tendrían que luchar contra el error, sino que tendrían que desprenderse de un enemigo más poderoso, la tontería. 5- Pensamientos que se definirían en el movimiento de aprender y no el de saber, y que no dejarían a nadie, a ningún poder, el papel de "plantear" preguntas o de "poner" problemas. Página 7 de 11
  • 8. Hablar de un autor (Foulcaut, el orden del discurso), es someter el pensamiento a una imagen y hacer de la escritura una actividad diferente de la vida, que tendría una finalidad en sí misma. En el trabajo con Guattari se opuso rizoma a árbol. Nos plantan árboles en la cabeza: el de la vida, el del saber, etc. Todo el mundo reclama raíces. El poder es siempre arborescente. Casi todas las disciplinas pasan por esquemas de arborescencia: la biología, la informática, la lingüística (los autómatas o sistemas centrados). Lo del árbol no es una metáfora, es todo un aparato que se planta en el pensamiento, un funcionamiento para obligarlo a ir por el buen camino, el de las ideas justas. En el árbol hay todo tipo de caracteres hay un punto de origen, germen o centro; es una máquina binaria o principio de dicotomía con sus ramas repartidas y reproducidas perpetuamente, sus puntos de arborescencia; eje de rotación que organiza los círculos alrededor del centro y las cosas en círculos; es estructura, sistema jerárquico de transmisión de órdenes, con instancia central y memoria recapituladora; hay un futuro pasado, una raíces y una copa, toda una historia, una evolución, un desarrollo o momento de desarrollo. Pero hay multiplicidades que no dejan de desbordar las máquinas binarias y que no se dejan dicotomizar. Por todas partes hay centros como agujeros negros que no se dejan aglomerar. Líneas que no tienen que ver con el trayecto de un punto y que se escapan a la estructura. LÍNEAS DE FUGA, devenires, devenires sin futuro ni pasado, sin memoria. Evoluciones no paralelas que no proceden por diferenciación, sino que saltan de una línea a otra entre seres totalmente heterogéneos. Esto es el RIZOMA. Pensar en las cosas entre las cosas; eso es hacer rizoma y no raíz, trazar la línea y no pararse a recapitular. Lo que cuenta es un camino, lo que cuenta es una línea nunca es ni el principio, ni el final, siempre es el medio, involucionar es decir tener un andar más sencillo, más sobrio, económico; no es lo contrario de evolucionar. El devenir consiste en involucionar. El devenir no tiene historia. Involucionar es estar entre, en el medio. El estructuralismo es un sistema de puntos y posiciones, que en lugar de proceder por estallidos y crecimientos actúa por grandes cortes significantes y obstruye las líneas de fuga en lugar de continuarlas, destrozarlas, en el campo social. Hay todo un sistema social que podríamos llamar sistema pared blanca - agujero negro. Siempre estamos prendidos con alfileres en la pared de las significaciones dominantes, hundidos en el agujero de nuestra subjetividad, en el agujero negro de nuestro querido Yo. Pared en la que se inscriben todas las determinaciones objetivas que nos fijan, que nos cuadriculan, que nos identifican y nos obligan a reconocer: agujero en el que habitamos con nuestra conciencia, nuestros sentimientos, nuestras pasiones, nuestros secretitos demasiado conocidos, nuestro deseo de darlos a conocer. El rostro además de ser producto de nuestro sistema, es una producción social. Ancho rostro de mejillas blancas con el agujero negro de los ojos. Nuestras sociedades tienen necesidad de producir rostro. La unidad real mínima no es la palabra, ni la idea o el concepto, ni tampoco el significante. La unidad real mínima es el agenciamiento. Siempre es un agenciamiento el que produce los enunciados. Los enunciados no tienen como causa un sujeto que actuaría como sujeto de la enunciación, ni tampoco se relacionan con los sujetos como sujetos de enunciado. El enunciado es Página 8 de 11
  • 9. un producto de un agenciamiento, que siempre es colectivo y que pone en juego, en nosotros y fuera de nosotros, poblaciones, multiplicidades, territorios, devenires, afectos, acontecimientos. El nombre propio no designa un sujeto, designa algo que ocurre cuando menos entre dos términos, que no son sujetos, sino agentes, elementos. Los nombres propios no son nombres de personas, son nombres de pueblos y de tribus, de faunas y de floras, de operaciones militares o de tifones, de colectivos, de sociedades anónimas y de oficinas de producción. El autor es un sujeto de enunciación, pero el escritor no, el escritor no es un autor. El escritor inventa agenciamientos a partir de agenciamientos que le han inventado, hace que una multiplicidad pase a formar parte de otra. Las estructuras.... Es muy difícil hablar de la ciencia actual, de lo que hacen los científicos, pero, en la en la medida en que uno puede comprender, se tiene la impresión de que el ideal de la ciencia ya no es ni axiomático ni estructural. Una axiomática consistiría en aislar una estructura que hacía homogéneos u homólogos los elementos variables a los que se aplicaba. Era operación de recodificación, de reordenación de la ciencia. Y es que la ciencia nunca ha dejado de delirar, de hacer pasar flujos de conocimiento y de objetos totalmente descodificados siguiendo líneas de fuga que van cada vez más lejos. Pero hay toda una política que exige que esas líneas sean bloqueadas, que se establezca un orden. Piensesé el papel que ha jugado en la física Luis de Broglie, impidiendo que el indeterminismo fuera demasiado lejos, frenando la locura de las partículas: toda una reordenación. En la actualidad da la sensación de que en la ciencia se produce un nuevo brote de delirio. Y no solo por la búsqueda desenfrenada de partículas raras, sino porque la ciencia se convierte cada vez mas en ciencia de acontecimientos, y deja de ser estructural. Más que construir axiomáticas traza líneas y caminos, da saltos. Ya no se trata de una estructura que encuadra dominios isomorfos, sino de un acontecimiento que atraviesa dominios irreductibles. ¿Qué es un agenciamiento?. Es una multiplicidad que comporta muchos géneros heterogéneos y que establece uniones, relaciones entre ellos, a través de edades, de sexos y de reinos de diferentes naturalezas. Lo importante no son las filiaciones sino las alianzas y las aleaciones; ni tampoco las herencias o las descendencias sino los contagios, las epidemias, el viento. Un animal se define menos por el género y la especie, por sus órganos y sus funciones que por los agenciamientos de que forma parte. Por ejemplo un agenciamiento del tipo hombre-animal- objeto manufacturado; HOMBRE-CABALLO-ESTRIBO. Lo primero que hay en un agenciamiento es algo así como dos caras o dos cabezas. Estados de cosas, estados de cuerpos; pero también enunciados, regímenes de enunciados. Los enunciados no son ideología. Son piezas de agenciamiento, en un agenciamiento no hay ni infraestructura ni superestructura. Los enunciados son como dos formalizaciones no paralelas, de tal forma que nunca se hace lo que se dice, y nunca se dice lo que se hace, sin que por ello se mienta; no se engaña a nadie ni tampoco se engaña a si mismo. Lo único que uno hace es agenciar signos y cuerpos como piezas heterogéneas de una misma máquina. En la producción de enunciados no hay sujetos, siempre hay agentes colectivos. ANTI-EDIPO: el deseo no está ligado a la ley en absoluto, y no se define por ninguna carencia esencial. La santa castración, el sujeto escindido, la pulsión de muerte, la extraña cultura de la muerte. ¿Qué duda cabe que es así cada vez que se piensa al deseo como a un puente entre un sujeto y un objeto: en ese caso el sujeto del deseo solo puede estar escindido, y el objeto perdido de antemano. Nosotros intentamos demostrar como el deseo está fuera de esas coordenadas personológicas y objetales. Nos parecía que el deseo era un proceso, y que desarrollaba un plano Página 9 de 11
  • 10. de consistencia, un campo de inmanencia, un "cuerpo sin órganos" como decía Artaud, recorrido por partículas y flujos que se escapan tanto de los objetos como de los sujetos. El deseo no es pues interior a un sujeto ni tampoco tiende hacia un objeto: es estrictamente inmanente a un plano al que no preexiste, a un plano que es necesario construir, y en el que las partículas se emiten y los flujos se conjugan. Lejos de suponer un sujeto el deseo sólo puede alcanzarse en el momento en que uno pierde la posibilidad de decir yo. Los tres contrasentidos sobre el deseo son, relacionarlo con la carencia o con la ley; como una realidad natural o espontánea; con el placer o incluso y sobre todo con la fiesta. El deseo siempre está agenciado maquinado, en un plano de inmanencia o de composición que debe construirse al mismo tiempo que el deseo agencia y maquina. Y no sólo está determinado históricamente sino que es el operador efectivo que en cada caso se confunde con las variables de un agenciamiento. Ni la carencia ni la privación, producen deseo: si hay carencia es con relación a un agenciamiento del que está excluido, si hay deseo es en función de agenciamiento en el que está incluido, (tanto que sea una asociación para el bandolerismo o para la revuelta). Máquina, maquinismo, "maquínico": ni es mecánico, ni orgánico. La mecánica es un sistema de progresiones progresivas entre términos dependientes. La máquina por el contrario es un conjunto de "vecindad" entre términos heterogéneos independientes (la vecindad topológica es independiente de la distancia y de la contigüidad). Lo que define un agenciamiento maquínico es el desplazamiento de un centro de gravedad sobre una línea abstracta. Y, como la marioneta de Kleist, es ese desplazamiento el que engendra las líneas o los movimientos concretos. Si la máquina totaliza sus movimientos es porque una de las piezas es un hombre. Siempre hay una máquina social que es anterior respecto a los hombres y a los animales que incluye en su "phylum". UN RECORRIDO POR LOS CONCEPTOS DE SABER Y PODER Y SUBJETIVIDAD EN LA FILOSOFÍA DE MICHEL FOUCAULT En Defender la sociedad, en la primera lección del 7 de enero de 1976, Michel Foucault nombra a la anterior idea como la hipótesis de Nietzsche. Para entender mejor esta idea, será necesario adentrarnos, de una vez, en la noción foucaultiana de poder. Si renunciamos a una definición economicista, si nos apartamos de los conceptos de soberanía y represión, si nos alejamos de la concepción del poder como una sustancia o una cualidad, y si entendemos que para Foucault no hay vacíos ni caras del poder, sólo entonces podremos comprenderlo como una relación. Para Foucault el poder no se deriva de nada, no hay nada anterior a él; éste no tiene centro, ni arriba ni abajo; más bien circula, es algo que funciona en cadena, en red. Si el poder fuese únicamente represivo, si no hiciera nunca otra cosa más que decir no ¿cree realmente que se le obedecería? Lo que hace que el poder se aferre, que sea aceptado, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho circula, produce cosas, induce al placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo más como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social que como una instancia negativa que tiene como función reprimir. Tomar el campo social como un entramado de relaciones de poder es fundamental para enunciar la teoría del discurso desarrollada también por Foucault. Es imprescindible entender la guerra Página 10 de 11
  • 11. como principio de análisis de esas relaciones de poder. Es central, pues, la famosa inversión del aforismo de Carl von Clawsewitz, de “la guerra es la continuación de la política por otros medios” a “la política es la continuación de la guerra por otros medios”. Dicho de otro modo, la política no es la terminación de la guerra, no es sinónimo de paz, sino, muy por el contrario, de enfrentamiento. Esto, en un sentido muy cercano a la relación entre política, conflicto y poder que explica Chantal Mouffe. La política implica poder, y, por tanto, tensión, conflicto y lucha; de lo que se trata aquí es de reconocer que tanto en el poder como en la política se tejen lo que Carl Schmitt denominó relaciones entre amigos y enemigos, y lo que Mouffe elevará a la categoría de adversario. Entender que la política envuelve poder es comprender el poder en términos foucaultianos de relación que produce. Componer un orden, un consenso o una identidad siempre trae consigo acciones de exclusión. Nunca se es completamente inclusivo ni neutral. Toda política, todo consenso, implica una dimensión de coerción. Las diferencias, las distorsiones, los antagonismos y los conflictos están siempre presentes en las relaciones sociales; por tanto, no es posible hablar de neutralidad. “En lugar de intentar hacer desaparecer las huellas del poder y la exclusión, la política democrática requiere ponerlas en primer plano, para hacerlas visibles de modo que puedan entrar en el terreno de la controversia” (Mouffe, 1999, p. 202). Es hora, entonces, de afrontar un problema mayor que envuelve a la representación y que reconoce las luchas propias de su producción: el discurso. Primero, es preciso entender lo social como espacio discursivo; es decir, como relaciones de representación que conciben lo político, no como una superestructura, sino como un rasgo ontológico de lo social. Ya hemos argumentado cómo en el campo social hay multiplicidad de relaciones de poder que se enredan en un entramado que podemos llamar discurso. Pero ¿cómo podríamos definir mejor este concepto? Discurso, en esta línea, puede ser entendido como aquel edificio pesado hecho de historia, cultura, verdad, razón, poder, estratificación y regularidad; es decir, debemos entenderlo aquí, no como un simple modo de hablar, sino, más bien, como una telaraña que está llena de hilos articuladores y puntos que conectan diferentes posiciones o nodos; también podría definirse como esa “totalidad” estructurada y relacional producto de una práctica articuladora que tiende a la regularización, al control y a la imposición. Jacques Derrida, en La escritura y la diferencia, sostiene que el discurso es un sistema de diferencias donde no hay significado trascendental ni originario, y que, por ello, no se debe hablar de él como un orden racional perfectamente medido, sino como la regularidad en la dispersión, como ese movimiento continuo de diferencias, ese intento por establecer un centro, o por organizar el desorden. Pero que quede claro que el discurso no es mera gramática; él levanta o desoculta no solamente una retórica, sino una acción. Aunque en principio sí puede definirse como una serie de enunciados, es fundamental comprender que esos enunciados cumplen una función estratégica en medio de un juego de tácticas. El discurso es inmanente al poder y, al mismo tiempo, es un poder generador de cristalizaciones, de órdenes, de definición, de demarcaciones, de fronteras, de verdades y de regímenes de verdad; es un poder que promueve el mundo, la existencia y la realidad. Página 11 de 11