TARDE DE PESCA
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TARDE DE PESCA

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Relato "TARDE DE PESCA", (c) Luis Tamargo.

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TARDE DE PESCA TARDE DE PESCA Presentation Transcript

  • TARDE DE PESCA Luis Tamargo.
  • Una vez más los consejos de Inma obraban milagros. Aquella tarde Eliseo se acercó solo al río siguiendo su indicación; venía haciéndolo con cierta regularidad, le servía de relajación además de propiciar alguna trucha para la cena. La pesca le devolvía a los años de infancia cuando en el pueblo dedicaba tardes enteras a vagabundear por las orillas en busca de fácil entretenimiento. Sin embargo ahora le servía de pretexto para ocupar el rato cuando se avecinaba demasiado vacío, sin menospreciar las cualidades terapéuticas que Inma le achacaba para tratar de convencerle. Esta vez no pudo colocarse donde tenía acostumbrado: una pareja de jóvenes rezongaba entregados a su amor temprano bajo la sombra del enorme sauce. Le gustaba aquel sitio por el frescor que desprendía en verano; ahora aún podía disfrutarse esa sensación de paz que sólo perseguían las parejas o algún transeúnte a la búsqueda de sosiego. Algunos muchachos aún se acercaban hasta allí en bicicleta igual que lo hizo él a sus años. Siguió orilla abajo en busca de un lugar no demasiado vistoso, las truchas se las sabían todas y tenían además buen oído.
  • A una veintena de metros distinguió un grupo de abedules, allí los berros también estaban crecidos por lo que podía estar resguardado a la vista de las truchas; echó la caña y se sentó en la hierba, apoyado con la espalda en el cesto y las piernas estiradas. Luego, extrajo el libro que estaba leyendo dispuesto a proseguir la lectura, pero apenas llegó a abrirlo... Un grito agudo cruzó la tarde apacible y, de un golpe, Eliseo se descubrió en cuclillas, alertado, listo para saltar, tal vez para salir huyendo. Reconoció a la pareja que le había quitado el sitio de pesca, la chica corría delante sin cesar de gritar, señalaba con insistencia hacia el río, mientras el chico la seguía sin hacer nada por callarla. Eliseo se incorporó cuando de la sombra de los abedules surgieron más espectadores hasta entonces ocultos. Un remolino de gente contemplaba ahora la zona hacia donde la chica había señalado; el novio la abrigó con su chaqueta y, abrazados, contemplaron atónitos el cadáver que flotaba en el centro de la corriente. Al principio Eliseo no distinguió nada, se acercó hasta ellos cuando dejaron de correr y por fin ella dejó de chillar. View slide
  • Pero no cabía ninguna duda, aquello era el cuerpo de un hombre semihundido que la leve corriente conducía río abajo. Un grupo poblado de berros altos le detuvo en su descenso y el cadáver quedó parado, trazando un semicírculo en dirección a la orilla, hasta que por fin se detuvo. Alguien debió de preocuparse en avisar a la policía porque en cuanto llegaron los agentes el grupo de personas que presenciaban la escena era inusual para aquella hora en aquel lugar de paseo. A Eliseo le intrigó la escena, desde luego, sobre todo después de aquel susto que le había interrumpido su tarde de descanso, pero tampoco halló especial motivo para interesarse en un hecho fortuito que había alborotado en exceso la tranquilidad del lugar. Por eso recogió la caña, el cesto y optó por marcharse; de repente aquello se había llenado demasiado… Cuando se lo contó a Inma lo hizo con indiferencia, mostrando su pesar por la tarde desperdiciada. Ella le recriminó: -Más desperdiciado está ese pobre hombre, sea quien sea… View slide
  • Al día siguiente no se hablaba de otro tema en Santander, una ciudad pequeña donde raras veces ocurría algo digno de destacar, salvo las últimas inundaciones fluviales, que hacía cinco años atrás desbordaron los márgenes del río a causa de un tremendo temporal de lluvias torrenciales. Pero siempre que se les mencionaba en los periódicos era con motivo del río. Los habitantes casi se alegraban de que toda noticia se reservara a su protagonismo, señal de que el tesoro de su rutinario bienestar seguía intacto. Pero no fue hasta ese domingo cuando la prensa local dio buena cuenta del acaecido suceso. Inma regresaba de comprar el periódico y el pan cuando Eliseo le increpó por su chaqueta americana desde la habitación. Con el rostro hundido entre la ropa que colgaba del armario, Inma le escuchaba con dificultad. -¿Qué te pondrás para la entrevista de mañana? –le gritó a su vez desde la sala. -Eso estoy buscando, la americana diplomática, iré bien así…
  • Inma leía cada domingo los anuncios de trabajo con un obsesivo ritual. Sin despojarse aún del abrigo, recién llegada de la calle, hojeaba las páginas a la búsqueda de una posible oferta adecuada para su marido. Era demasiado tiempo sin encontrar empleo y la subvención finalizaría en dos meses, luego habría que seguir cubriendo sus necesidades y, además, a Eliseo le gustaba su trabajo, le mantenía en orden y ocupado, sincronizado con la realidad; no era precisamente un candidato ideal para el ostracismo. -¡Nada, hoy tampoco! –exclamó, pasando a la sección de noticias locales. Eliseo entró al salón exhibiendo la chaqueta como un trofeo, después de tanto ahínco que empeñó en su búsqueda. -¡Por fin! Irá como anillo al dedo para la ocasión… ¿Qué lees? Inma señaló con su dedo índice la foto del ahogado en el río sin dejar de leer en voz baja el desarrollo de la noticia. A Eliseo le inquietó la cara que puso Inma al preguntarle, era el gesto que destinaba a las contrariedades: -¿Cómo se apellidaba aquel jefe tuyo, el que…? –se detuvo temerosa por hallar la expresión apropiada…
  • Eliseo intuyó algo: -Déjame, a ver… No había lugar a dudas, era él, coincidían los datos del nombre y apellidos, la edad y lugar de origen. Se trataba de un ejecutivo, un jefe comercial, apuñalado antes de ser tirado al río. En las páginas centrales un extenso reportaje detallaba las causas y pormenores del crimen. Una de las fotos mostraba la imagen del antiguo gerente de Eliseo, aquel que le empujó al callejón sin salida del que aún pugnaba por escapar. Las sospechas parecían demostradas cuando afirmaban que uno de los delegados de su equipo estaba desaparecido desde la reunión reciente que mantuvieron la tarde anterior. Eliseo se involucró en la noticia, se apoderó por completo del periódico mientras Inma le observaba a media distancia con serio gesto preocupado ante la reacción. -Sí, es él… -murmuró Eliseo en un hilo de voz imperceptible. Inma se atrevió poco a poco a acercarse y, ambos, siguieron leyendo juntos… -No es de extrañar, quien mal anda… -Eliseo no acabó la frase, dejó a Inma que continuara sola la lectura, a él esa historia no le concernía- En realidad nunca conocí a ese tipo…
  • Eliseo regresó a su habitación, reordenaba toda la ropa que había revuelto del armario cuando notó a Inma detrás de él. -Esa americana te sienta de maravilla, mañana irás hecho todo un señor… Eliseo se volvió hacia ella, aguardaba una regañina por el revoltijo de ropa extendida sobre la cama, pero ahora se mostraba solícita, condescendiente. Se incorporó y se abrazaron, aún era pronto para recoger al chiquillo del colegio; rodaron sobre el lecho, apartando el vestuario con un golpe rápido del brazo, entregados al disfrute de un amor posado, maduro y sólido, forjado en el transcurso de una vida compartida sin dobleces. En Inma encontró el apoyo que siempre anheló, su complicidad en los duros momentos les había hecho más fuertes, más unidos. Hicieron el amor como dos enamorados que ya conocían el camino a recorrer, con la desenfadada veteranía que les proporcionaba el saber que se tenían, dispuestos a disfrutar del instante que la vida se avenía a regalarles al paso.
  • *Es una Colección “Son Relatos”, © Luis Tamargo. El autor: http:// leetamargo.blogspot.com