Félix maría samaniego
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Fabulas de Samaniego para niños

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Félix maría samaniego Félix maría samaniego Presentation Transcript

  • Félix María Samaniego Todas las fábulas de Samaniego
    • Nació en 1745, dentro de una familia noble.
    • Al morir su madre fue enviado a estudiar a Francia, de donde regresó a la edad de 18 años.
    • Fue Director del Seminario de Nobles de Vergara y participó en la Sociedad Vascongada de Amigos del País.
    • Perteneció a los grupos más importantes de la cultura de la ilustración.
    • Dedicado a la música (tocaba muy bien el violín y la vihuela ) y la literatura, era con su ingenio y rapidez de palabra, el centro de entretenimiento de reuniones. Esto también le trajo ciertos problemas, pues sus versos burlones molestaron a más de uno, y hasta lo llevaron a juicio por causa de unos poemas satíricos.
    • Fue un excelente fabulista ilustrado español, autor de las Fábulas morales destinadas a enseñar a sus alumnos.
    • En esa misma época, existió otro escritor español de fábulas, Tomás de Iriarte, con quien Samaniego mantuvo disputas y polémicas.
    • Murió en 1801 en Laguardia.
  • ¿Qué es la Fábula? Es una breve composición literaria, cuyos personajes son en general animales u objetos. Su intención es demostrar mediante una breve historia, una advertencia o consejo, que se resume al final de la narración en una moraleja .
    • La cigarra y la hormiga
    • El ratón de la corte y el ratón del campo
    • La zorra y la cigüeña
    • El leopardo y las monas
    • El ciervo en la fuente
    • El león y la zorra
    • El labrador y la cigüeña
    • Los dos amigos y el oso
    • La lechera
    • El joven pastor y las ovejas
    • El lobo y la cigüeña
    • El hombre y la víbora
    • Las dos ranas
    • Las ranas pidiendo rey
    • El lobo y la oveja
    • El asno y Júpiter
    • La cierva y la viña
    • La tortuga y el águila
    • El león y el ratón
    • El gallo y el zorro
    • El león, el lobo y la zorra
    • Los ratones y el gato
    • El labrador y la naturaleza
    • El asno vestido de león
    • La gallina de los huevos de oro
    • Los cangrejos
    • Las ranas sedientas
    • El cuervo y el zorro
    • La gata mujer
    • El lobo y el perro flaco
    • La comadreja y los ratones
    • El zorro, la mujer y el gallo
    • La pava y la hormiga
    • La mariposa y el caracol
    • El gato y los pájaros
    • La gata con cascabeles
  • La cigarra y la hormiga Moraleja: No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez. Pero no seas tan poco generoso como la hormiga, ya que compartir las cosas da mucho gusto. - Doña hormiga, sé que vuestro granero está lleno, no vais a poder acabar con todas las provisiones durante el invierno. En cambio, aquí tenéis a vuestra humilde vecina que no podía imaginarse lo duro que es el invierno, y no tiene nada que llevarse a la boca. Por favor prestadme algo para comer, a cambio en verano os cantaré todo el día y siempre seré vuestra amiga. La hormiga no era generosa, y al oír a su vecina escondió a la espalda las llaves del granero diciendo: - ¡Tú crees que yo voy a prestarte lo que tanto esfuerzo me ha costado conseguir! ¡Holgazana! Te pasaste el verano cantando mientras yo trabajaba, con el calor que hacía, para llenar mi granero. Pues ahora que yo como, baila tú, que te creías tan lista. Y se metió en su hormiguero dejando sola y hambrienta a la perezosa cigarra. Era verano y hacia mucho calor. La cigarra estaba contenta, se sentía feliz. Se pasó todos esos meses cantando, sin preocuparse de que cuando viniera el frío, no iba a poder encontrar fácilmente comida. Veía abajo, en el suelo, a la tonta hormiga que no paraba de trabajar ni un instante. Iba de aquí para allá, siempre cargada con comida para su hormiguero. ¡Tonta, con lo bien que se estaba sin hacer nada! Empezaron a pasar los días y llegó el invierno. La cigarra empezó a buscar desesperadamente comida por los campos, pero no quedaba nada. Los árboles habían perdido las hojas y no tenían nada que dar de comer ni a los pájaros, ni a las cigarras. Tenía mucha hambre y tiritaba de frío. De pronto se acordó de su vecina, la hormiga y fue inmediatamente a verla. La saludó con respeto, y le dijo:
  • El ratón de la corte y el del campo Moraleja: Si por tener cosas lujosas has de vivir rodeado de peligros, y que ellos causen un malestar en ti, mejor vivir con sencillez y paz.
    • Un ratón que vivía en la corte, en la capital, invitó a su casa a un amigo suyo, un ratón que vivía en el campo. Lo hizo con mucha educación y elegancia. Y le dio un auténtico banquete: un buen trozo de tocino y queso fresco de Holanda.
    • El ratón campesino estaba entusiasmado y los dos amigos saltaban de gusto, iban de jamón en jamón, de queso en queso ¡Qué placer! ¡Qué olor tan maravilloso!
    • Pero de pronto se acabó la felicidad porque llegó la despensera. Al oír el ruido de la puerta y los pasos, los dos amigos se pusieron a correr sin saber donde meterse, hasta que al final encontraron un agujero. El ratón campesino, sin aliento, dijo:
    • ¡Así acaba tanta abundancia! No quiero ni queso, ni tocino si es a cambio de tal susto. Me vuelvo al campo, ahí te quedas amigo mío, con toda esa riquísima comida que se paga tan cara.
    • Y así lo hizo. Se volvió a su casa de tierra y allí saboreó las legumbres que comía sin sustos, sin el pánico que había vivido en casa de su amigo, el ratón de la corte.
  • La zorra y la cigüeña Una zorra invitó a comer a una cigüeña y lo hizo con tanto ofrecimiento, que la cigüeña se imaginó que se iba a encontrar con una auténtico banquete. Aceptó en seguida y muy alegre se fue a casa de la zorra. Moraleja: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. Pero al llegar se encontró con que encima de la mesa no había más que una fuente plana, en la que se veían menuditos trozos de carne dispuestos en una fina capa. La cigüeña tenía tal hambre que se lanzó a picotear la fuente, pero su largo pico no le servía como tenedor ¡No consiguió coger ni un solo trocito de carne! Llegó la zorra y con su lengua no dejó ni rastro de carne. La cigüeña se fue con más hambre de la que tenía, pero no protestó ni dijo nada. Pasaron unos días y la cigüeña devolvió la invitación a la zorra, quién aceptó y pensó también que se daría un banquete, ya que ella no tenía problemas para comer ni en fuentes planas, ni en platos hondos. La cigüeña había puesto la carne en un alto jarrón de cristal de panza ancha y boca estrecha. La zorra acercó el hocico y metió la lengua, pero no pudo llegar hasta el fondo donde estaba la apetitosa carne. El jarrón estaba hecho a la medida del pico de la cigüeña, y esta vez ella si pudo comer, sonriendo pensando en su venganza. La zorra se marchó de casa de la cigüeña con el rabo entre las piernas. Se había dado cuenta de que la cigüeña había sido más lista que ella y aprendió que donde las dan las toman.
  • El leopardo y las monas En Tetuán, ciudad al norte de Marruecos, un leopardo no tenía problemas con la comida porque cazaba monas. Y las cogía a docenas, para devorarlas con mucho gusto. Pero al ver la carnicería que hacía la fiera, las monas que no habían caído en sus garras, se subieron a lo alto de los árboles, donde el leopardo no podía llegar.
    • El leopardo se moría de hambre y un día decidió hacerse el muerto. Lo hizo tan bien que parecía que se había muerto de hambre. Las monas lo vieron y esperaron toda la mañana, pero el leopardo no hizo el más mínimo movimiento.
    • Hasta las monas más sabias bajaron del árbol y empezaron a dar saltos de alegría alrededor del leopardo, pensando que realmente estaba muerto. La mona más atrevida se acercó, lo olió e incluso se atrevió a tocarlo. Contentísima dijo a las otras monas:
    • ¡Venid! Está muerto y bien muerto. ¡Empieza ya a oler a muerto!
    • Entonces todas las monas bajaron rápidamente de los árboles y se acercaron. Saltaron encima de él, lo tocaron, corrieron a su alrededor e hicieron todo tipo de monadas.
    • Cuando el leopardo empezó a notar que las monas empezaban a calmarse y supo que estaban cansadas, ¡zas! Se levantó con ligereza y pilló, mató y devoró a todas las monas que pudo.
    • Así acabaron las tontas monas.
    Moraleja: El peor enemigo es el que finge que no puede causar daño, intentando inspirar confianza para luego atacar.
  • El ciervo en la fuente
    • Un ciervo estaba mirándose en las aguas cristalinas de una fuente, que le servía de espejo. Contemplaba admirado los bellos cuernos con largas ramas de su frente, pero luego miraba sus largas patas, tan delgadas, y no le gustaban nada.
    • Entonces le habló a Júpiter, el padre de los dioses del Olimpo, y le dijo:
    • ¡Júpiter! ¿Por qué has puesto estos cuernos tan bellos en mi cabeza y estas patas tan delgadas? No hay proporción entre las flacas columnas que me sostienen y la hermosa corona de mi cabeza. ¡Que pena, me da ver esas piernas larguiruchas! ¡No hay dicha entera en este mundo!
    Mientras hablaba así, vio venir un perro fiero hacia él. Empezó a correr con rapidez, gracias a sus delgadas y ágiles patas. Pero sus bellos cuernos se enredaban en las ramas de los árboles una y otra vez. Por fin, pudo salvarse del peligro… gracias a sus feas patas. Y casi sin aliento dijo: - ¡Si me he salvado, ha sido gracias a mis patas! Con ellas he podido correr, mientras mis bellos cuernos han estado a punto de causarme la muerte. ¡Que se vayan al diablo los cuernos y su belleza! ¡Y que se queden conmigo las feas patas que me han permitido seguir vivo! Moraleja: A veces nos deslumbra todo lo hermoso y rechazamos lo feo. Pero a veces lo hermoso nos hace tropezar y lo feo nos es útil.
  • El león y la zorra Se había hecho viejo el fiero león. Cuando era joven, saltaba y corría. Ahora ya no podía. Hambriento y fiero, perseguía al cordero, pero en vano porque no podía atraparlo. El viejo león llevaba días sin comer y se le notaban ya las costillas de lo flaco que estaba.
    • Entonces tramó un plan. Hizo correr la voz de que estaba muy enfermo, quería despedirse de sus súbditos más queridos y mandó que fueran a verle.
    • Algunos acudieron al instante. Y como su hambre era voraz, el primer visitante entró a verle, pero ya no salió.
    • Así uno tras otro fueron a ver al ilustre enfermo y él a cada visita estaba más sano porque recobraba sus fuerzas sencillamente comiéndose a esas queridas visitas.
    • Cuando le llegó el turno a la astuta zorra, llegó a la puerta y empezó a olfatear, sin atreverse a entrar.
    • Zorra, mi querida amiga, entra, entra – dijo el león – Acércate a mi, haz como los otros, querida amiga.
    • Y la astuta zorra le contestó:
    • - No quiero yo hacer como los otros, que entraban, pero no salían. Ya veo lo que ha quedado de ellos, sólo huesos y rastros de sangre ¡No se debe entrar en un lugar de donde no se sale!
    Moraleja: Ser prudente vale mucho. No debemos creer sólo en lo que nos dicen, sino juzgar las palabras según el comportamiento de la persona que las pronuncia. 
  • El labrador y la cigüeña Un labrador miraba muy preocupado sus campos sembrados porque gansos, grullas y otras aves se estaban comiendo los granos que acababa de esparcir sobre la tierra. Si seguían así, no iba a nacer el trigo, no habría cosecha y pasaría hambre.
    • Pero el furioso labrador no estaba dispuesto a escuchar y
    • contestó:
    • Tal vez sea verdad, pero yo sólo puedo ver que estás junto
    • a estos ladrones que se comían mi trigo.
    • ¿Quién me dice a mí que tú no hacías lo mismo?
    • ¿Por qué si no estabas a gusto en su compañía?
    • El que se siente bien con un ladrón es porque también lo es él.
    • Así, la inocente cigüeña tuvo el mismo fin
    • desgraciado que las grullas y los gansos.
    Desesperado puso trampas por todas partes y al día siguiente comprobó que habían caído en ella grullas, gansos y también una cigüeña. Cuando el labrador se acercó, la cigüeña temblando y llorando, le dijo:
    • Señor labrador, déjeme ir, no me mate. No he hecho nada. Yo le ayudo porque limpio sus campos de culebras y otros bichos. Yo no me como los granos, como las grullas y los gansos.
    Moraleja: La compañía de las malas personas no lleva más que a la desdicha.
  • Los dos amigos y el oso Dos amigos iban andando por la montaña, y de pronto un oso apareció en su camino. Uno de los dos, corrió a subirse a un árbol; pero a su compañero, que no era tan ágil, no se le ocurrió otra cosa que hacerse el muerto tirándose al suelo y procurando no moverse. El oso, se acercó al hombre en el suelo y empezó a oler su cuerpo, lo tocó con una pata, se le acercó a la cara y le olió las narices y la boca mientras el hombre aguantaba el aliento para que el animal no notase su respiración. ¡Qué miedo pasó! Moraleja: No confíes en aquellos amigos que cuando te ven en dificultades te abandonan.
    • Pero como los osos no comen nunca nada muerto, al ver que no se movía y parecía no respirar, se marchó después de un rato.
    • El amigo cobarde que se había subido al árbol, bajó a toda velocidad y abrazando a su compañero con alegría, le preguntó algo que le había picado su curiosidad:
    • He visto que el oso se te acercaba al oído y te decía algo ¿qué fue?
    • - Con mucho gusto te lo diré – le contestó su amigo -. El oso me ha dicho en voz baja: “No es tu amigo el que te ve en peligro y te abandona”.
  • La lechera Y la buena mujer se puso tan contenta que empezó a saltar de alegría pensando en todo el dinero que iba a ganar, y sin acordarse de que llevaba en la cabeza el cántaro de leche, y éste se cayó al suelo. ¡Pobre lechera! Se quedó sin leche, sin huevos, sin pollitos, sin cerdo, sin vaca y sin ternero. “ Me darán mucho dinero por la leche, con eso compraré una cesta de huevos y de ahí nacerán al menos cien pollitos. Cuando crezcan los pollitos, los venderé. Conseguiré mucho dinero y con él compraré un cerdo. Si le doy bellotas para comer engordará mucho y al venderlo en el mercado, me darán aún mucho más dinero. Con todo el dinero que gane por el cerdo, compraré una vaca fuerte, que dé mucha leche, y seguro que me sobra dinero para comprar también un ternero….” Una mujer llevaba leche a vender al mercado: era la lechera. Vivía en la montaña e iba al pueblo. Contenta, iba pensando donde vendería la leche y quién pagaría más por ella. Empezó a imaginar cosas mientras caminaba: Moraleja: Que la fantasía no te impida ver la realidad. Disfruta de lo que tienes y del presente. Vive contento, que es el mejor regalo que te da la vida.
  • El joven pastor y las ovejas
    • Un joven pastor muy bromista, estaba con sus ovejas en el monte. En cuanto se aburría, le gustaba gastar bromas pesadas a los demás.
    • Vio a lo lejos a unos labradores y para divertirse, empezó a gritar:
    • ¡Ayudadme, labradores! ¡El lobo se está comiendo mis ovejas!
    • Los campesinos dejaron todo y fueron corriendo a ayudarle, pero al llegar descubrieron que todo había sido una broma pesada. El joven pastor se reía a carcajadas, mientras los labradores, enfadados, volvían a su trabajo.
    • Le gustó tanto la broma y se lo pasó también, que la repitió al día siguiente, riéndose de nuevo de los pobres labradores que dejaban su trabajo para ir corriendo a ayudarle.
    Sin embargo al tercer día apareció el lobo hambriento y empezó a comerse sus ovejas una a una. El joven pastor empezó a gritar con todas sus fuerzas, pero los labradores al verle pensaron que quería engañarlos por tercera vez, así que no acudieron a ayudarle. El lobo devoró todo el rebaño del tonto pastor bromista. Moraleja: No te burles de los que te ayudan, no gastes bromas que hagan daño a tus amigos. Te vas a quedar sin ellos cuando los necesites.
  • El lobo y la cigüeña
    • Un lobo estaba comiendo una cabra muerta y se atragantó con un hueso. Se le quedó en medio de la garganta y no podía sacarlo, se ahogaba. ¿Qué podía hacer? ¡Su pata no le servía de nada!
    • De pronto vio pasar a una cigüeña, le hizo señas para que le ayudara y la cigüeña se le acercó. El lobo abrió la boca todo lo que pudo, y la cigüeña pudo ver el hueso en la garganta del lobo y con su largo pico, se lo sacó.
    • La cigüeña al ver al lobo tan contento porque ella le había salvado la vida, le pidió que le pagara por su operación.
    • El lobo la miró y le dijo:
    • ¿Qué quieres que te dé más, si te he devuelto la vida?
    • ¿A mí? – contestó la cigüeña - . ¡Si he sido yo quien te ha salvado de morir ahogado!
    • El lobo le replicó:
    • ¿No pusiste tu pico en mi boca, y pude entonces acabar con tu vida? He dejado que sacaras el pico de mi boca sin sufrir el mínimo daño ¿Qué más quieres?
    • La cigüeña no dijo nada, se marchó con la lección bien aprendida, antes de que el lobo pudiera atacarla.
    Moraleja: Tienes que saber a quién haces el bien, no vaya a ser que no merezca tu ayuda y se convierta en tu enemigo.
  • El hombre y la víbora Un labrador vio en el suelo una serpiente medio muerta de frío. Le dio pena y la cogió para calentarla. Se la metió debajo de la camisa, junto a su pecho, para que el calor de su cuerpo le devolviera la vida. Y así fue. Pero era una víbora y, al revivir, lo que hizo fue picar a su salvador. Y lo mató con su veneno. Haz bien, pero fíjate a quién lo haces. Moraleja: No sirve de nada hacer bien a los desalmados.
  • Las dos ranas
    • ¿Cómo es posible que vivas junto a donde pasa tanta gente y hay tantos peligros? Yo vivo tranquila en el estanque. ¿Por qué no dejas tu casa y te vienes a vivir conmigo?
    • ¡Que tonterías dices! ¡Cómo voy a dejar mi casa de toda la vida! ¡Tú te crees que sólo lo tuyo es bueno!
    • Allá tú – le respondió la rana del estanque-. Yo te he avisado, te ofrezco mi casa y mi compañía. Tú no la quieres y prefieres vivir entre pies y ruedas al lado del camino, pues allá tú.
    • La rana del estanque se zambulló en el agua, justo cuando pasaba una carreta a la que no vio la rana del camino y la aplastó, dejándola hecha una tortilla.
    • Si la rana del camino se hubiera fijado en el peligro junto al que vivía, no se hubiera burlado de los consejos de su amiga y ahora estaría cantando en el agua junto a su compañera.
    Dos ranas eran vecinas, una vivía en el estanque y otra en un camino al lado. Un día la rana del estanque le dijo a la del camino: Moraleja: Es bueno escuchar los consejos, y no es malo cambiar las cosas si es necesario hacerlo.
  • Las ranas pidiendo rey Las ranas vivían sin rey que las gobernara, libres, felices y haciendo cada una lo que le daba la gana. Como nadie están contento con lo que tiene, un día las ranas pensaron que no estaban bien sin un rey, y fueron a pedírselo a Júpiter, el dios de los dioses del Olimpo. A Júpiter le pareció tan tonta la petición que les lanzó un tronco a la laguna. Las ranas se asustaron por el ruido que provocó el tronco al caer y estuvieron escondidas largo rato, hasta que se dieron cuenta que no era un rey, sino un tronco. Entonces empezaron a pedir de nuevo a Júpiter: “¡Danos un rey, un rey de verdad!”. Y Júpiter se enfadó tanto que les mandó una culebra enorme. La culebra empezó a morder, matar y tragar a todas las ranas que se le pusieron por delante, ¡ahora si que tenían las ranas motivo para el miedo, la queja y el canto desesperado! Pidieron a Júpiter que liberara a su pueblo de ese rey tirano y el padre de los dioses les dijo: - Sufrid a ese rey tirano, porque me lo pedisteis. No he hecho más que lo que queríais. Moraleja: Antes de pedir algo, hay que pensar si será bueno para nosotros o si nos hará desgraciados.
  • El lobo y la oveja
    • Se arrastró hasta una cueva y allí, día a día, se le iban curando las heridas. Pero aún no estaba ágil y no podía cazar, por lo que tenía un hambre feroz.
    • Un día vio que se acercaba una oveja a la cueva, y pensó en como comérsela. Puso una voz lastimera y gritó:
    • Amiga, ven aquí por favor. Soy un pobre enfermo y me muero de sed. Tráeme agua por favor.
    • La oveja que no era tonta reconoció la voz del lobo y alejándose de la cueva le dijo:
    • ¿Agua quieres? ¿Para qué? ¡Tú lo que quieres es matarme y hacer conmigo un gran banquete! ¡Que te conozco muy bien, sinvergüenza!
    • Y así fue la oveja alejándose de la cueva, y salvando la vida por haber sido prudente.
    Un lobo joven y fuerte andaba por el monte robando y matando ovejas, sin miedo a nada. Pero un día se enfrentó a unos enormes perros que cuidaban un rebaño. La lucha fue a muerte y el lobo quedó medio muerto. Moraleja: Es importante saber con quién se trata. No confíes en el enemigo, aunque se disfrace de inocente.
  • El asno y Júpiter Un labrador cargaba todas las mañanas su asno con las verduras que había cogido en el campo, para llevar a vender a la plaza, y al atardecer regresaba el burro cargado con los desperdicios. El asno, harto de tanto trabajar, le pedía todos los días a Júpiter, el padre de los dioses, que le cambiara esa forma tan dura de vivir. Júpiter, harto de tanta queja, hizo que el labrador vendiera el burro a un hombre que hacía tejas. Así el asno ya no cargaba verduras, sino tejas que pesaban muchísimo más. Encima su nuevo dueño le daba poco de comer y le azotaba bien. De nuevo el asno pidió a Júpiter, que tuviera lástima de él y le cambiara otra vez de dueño, y así lo hizo el padre de los dioses. El dueño vendió el burro a un curtidor, así que el burro cargaba ahora pellejos de animales ¡Que mal olor daba la carga! Y el burro volvió a suplicar a Júpiter, pero éste se tapó los oídos y así sigue siempre que oye a alguien pedir que le cambie su destino, porque nadie está contento con su suerte, excepto los que son felices que no quieren cambiarla. Moraleja: El camino de la envidia no conduce a la felicidad, sino a la desdicha. Hay que ver siempre lo bueno que hay en nuestra vida.
  • La cierva y la viña Una cervatilla iba huyendo de unos cazadores que la perseguían con sus perros, y empezó a cansarse. Por fin encontró una frondosa viña donde refugiarse. Sin pensarlo se metió en lo más espeso, y ya no se la veía. Los perros perdieron su pista. Descansó un rato y le empezó a entrar hambre, lo cual no era problema porque tenía a su alcance comida muy apetitosa: ¡las hojas y los tallos verdes de las vides! Empezó a comer aquellos tiernos tallos de la viña, sin darse cuenta de que estaba devorando a su salvadora. Y cuanto más comía, más hueco creaba en la verde viña y por el hueco iba saliendo a la luz su cabeza comilona. Desde lejos, un cazador que aún persistía en la búsqueda, la vio a través del hueco creado en la viña. No tuvo más que disparar y dio en la diana. La cierva que había sido ingrata con su protectora, la vid, cayó muerta al primer disparo. Moraleja: Nunca hagas daño a la persona que te ha ayudado.
  • La tortuga y el águila
    • El águila se rió un buen rato y dijo:
    • Tortuga, tu destino no es volar. Tienes un cuerpo para caminar despacio por el suelo. Tu virtud es la paciencia. Yo, no puedo enseñarte a volar, pero consuélate porque tampoco yo puedo caminar como una tortuga.
    • Pero la tortuga no se dio por vencida y siguió suplicando al águila todos los días.
    • Al fin, un día, el águila harta de escucharla, la cogió entre sus garras y la subió arriba, arriba, por los aires.
    • ¿Estás contenta? –le dijo a la tortuga-. ¡Mira, como subes! Si esto es lo que querías, ya lo tienes. Ahora espabílate por tu cuenta, que yo ya te he enseñado a subir, a volar.
    • Y soltó a la tortuga, que cayó en picado contra el suelo, quedando hecha una tortilla.
    Moraleja: Quién no hace caso de los buenos consejos y pretende cosas imposibles, puede acabar estrellándose. Una tortuga se pasaba horas viendo volar al águila. Quería ser como ella. Un día el águila se posó cerca de ella, y la tortuga le dijo: - Águila, vuelas maravillosamente. Estoy segura de que con cuatro lecciones yo también podría aprender a volar, y así dar la vuelta al mundo.
  • El león y el ratón Un león dormía tranquilo en su cueva, cuando unos ratoncitos entraron corriendo y saltando, y lo despertaron. Éste se enfadó y cogió entre sus garras a uno de ellos. El ratoncito asustado lloró y pidió perdón, con tan buenas palabras, que el león conmovido lo soltó. A los pocos días, el león estaba cazando y por error cayó en una red que los hombres habían tendido entre la maleza. El león rugía de tal manera, que se le oía en todo el bosque. Todos los animales le oían, pero no acudió ninguno. Bueno, sólo uno acudió, el ratoncito. Corrió a ver que había pasado y vio al león atrapado en la red. Se le acercó y le dijo que dejara de rugir, para que los hombres no le oyeran, y que le dejara trabajar a él. Empezó a roer la red sin parar, rompiéndola poco a poco, hasta que el león pudo sacar las garras y salir de la trampa. El león se salvó gracias a que había tenido pena del pobre ratoncito y le había dejado libre, ya que si no él también hubiera muerto atrapado en la red. Moraleja: Ayuda siempre que puedas a quien lo necesite. Todos nos podemos ayudar unos a otros y no hay ayuda pequeña, ¡todas sirven!
  • El gallo y el zorro
    • Estaba subido a un árbol un señor gallo, hablando con un zorro muy educado que le había saludado desde el pie del árbol.
    • El zorro era muy amable con el gallo… porque tenía mucha hambre. Le decía:
    • Hermano gallo, hemos hecho las paces. Ya no hay guerra entre zorros y gallos. Baja amigo, que quiero abrazarte.
    • Pero el gallo, que conocía al astuto zorro, no se dejó engañar y le contestó:
    • Amigo de mi alma ¡Que gusto da esta paz que hay ya entre nosotros! Voy a bajar enseguida a abrazarte, querido zorro. Pero espera, que veo que vienen dos correos a lo lejos que seguramente nos traen las noticias de la paz entre nuestros dos pueblos. Llegarán enseguida porque son dos perros rápidos.
    • El zorro, al oír que dos perros se acercaban corriendo, se despidió del gallo diciéndole:
    • Adiós, amigo. Me voy que estoy ocupado. Ya volveré para hablar de esta paz que hay entre nosotros.
    • Y el zorro se marchó corriendo con el rabo entre las patas.
    • El gallo se quedó contentísimo en el árbol, viendo como esta vez él había ganado al astuto zorro.
    Moraleja: No te fíes nunca de un engañador, porque sólo quiere hacerte daño. Pero un astuto vence a otro astuto.
  • El león, el lobo y la zorra
    • El león tenía ya muchos años y estaba sin fuerzas. Hizo venir a todos los médicos del reino, por si alguno le encontraba un remedio.
    • Los médicos llegaron de todas partes, y se dieron cuenta que la única enfermedad que tenía el león eran sus años, pero no se atrevieron a decírselo.
    • Se le acercó un lobo que siempre le hacía la pelota al rey león, e intentaba poner a éste en contra de otros animales y malintencionadamente le dijo:
    • Señor, no ha venido a veros la zorra, y seguro que ella podría haberos curado.
    • El león mandó llamar inmediatamente a la zorra, quién no había ido antes porque sabía que la enfermedad del rey eran sus años, y no quería decírselo.
    • Llegó la zorra y al ver al lobo allí, se imaginó que él era el causante de que el rey la quisiera ver, así que sintiéndose en peligro y para justificarse dijo:
    • - Señor, no he venido antes porque he viajado por todo el mundo, buscando un remedio para vuestros males. He preguntado a los más sabios y todos coinciden en que no tenéis enfermedad alguna, sino que son los años los que han apagado vuestras fuerzas. Los sabios opinan que las fuerzas se recuperan colocando la piel de un lobo sobre la vuestra, y con eso os sentiréis fuerte y con un apetito voraz. Además veo que tenéis vuestro remedio aquí a mano,- dijo señalando al malintencionado lobo que allí estaba junto al rey.
    • El rey ordenó inmediatamente matar y quitar la piel al lobo, quién murió lleno de rabia por la trampa que su peligrosa enemiga le había tendido, salvándose de sus malas artes.
    Moraleja: Nunca se logra nada a costa del daño a los demás. El daño llena de oscuridad el alma del traidor.
  • Los rat nes y el gato
    • Marramaquiz, un gato enorme y listo, se metió en una casa abandonada donde vivían muchos ratones.
    • Buscó el rincón más oscuro y lo convirtió en su aposento. Desde allí esperaba a sus víctimas, y cuando los ratones más gordos y menos ágiles pasaban por delante ¡zas! los cazaba con sus garras y se los comía.
    • Pasaron los días y los ratones fueron reunidos en el desván, por su gobernador, don Roepán, quién les dijo:
    • Habréis visto que tenemos a nuestro mortal enemigo viviendo en casa. Hemos perdido ya a unos cuantos compañeros, y si no queremos perder más, hay que tomar medidas. El gato sólo vive en la planta baja y no tiene forma de subir hasta el desván, así que nosotros viviremos aquí y no bajaremos más.
    • Todos estuvieron de acuerdo, ya que se jugaban la vida en ello, y así lo hicieron.
    • Al día siguiente, Marramaquiz no tuvo nada para comer y pensó que los ratones habrían salido de fiesta. Sin embargo pronto se dio cuenta que los ratones eran muy listos y no pensaban bajar del desván, así que también el tramó un plan.
    • Se hizo el muerto y se colgó de un palo por los pies, justo enfrente del agujero donde vivían los ratones.
    • Pero Roepán fue más astuto, asomó la cabeza y le dijo:
    • ¿Qué haces, caballero? ¿Estás muerto o finges? Estás esperando en vano porque en el futuro viviremos sólo en el desván.
    • Y Marramaquiz supo que no tenía más remedio que irse a vivir a otro lugar, porque los ratoncitos tenían un jefe muy listo y nunca se volverían a dejar cazar.
    Moraleja: Si alguien te engaña una vez, no te fíes nunca de él. Podemos evitar sus trampas huyendo de ellas.
  • El labrador y la naturaleza
    • Era verano y hacía mucho calor: era la hora de la siesta. Un campesino cansado, se sentó a la sombra debajo de una encina.
    • Miraba contento sus campos, porque la tierra, generosa, le daba buenos frutos: melones, calabazas, pepinos,…
    • De pronto pensó:
    • ¿Por qué la naturaleza puso a la pequeña bellota en un árbol tan bello como la encina? ¡Cuánto mejor sería un melón colgando de sus ramas!
    • En ese momento, le cayó una bellota en la nariz.
    • ¡Caramba! – exclamó el labrador-. ¡Si lo que ha sido bellota hubiera sido un melón, me hubiera quedado sin narices y no salir vivo del golpe!
    • El buen labrador se dio cuenta entonces de que la naturaleza está muy bien hecha, de que cada cosa está donde debe estar: las bellotas en las encinas y los melones en su mata en el suelo.
    Moraleja: La naturaleza es sabia y sabe poner cada cosa en su lugar. Las ostras en las conchas y los pajarillos en el aire.
  • El asno vestido de león Un asno andaba disfrazado con la piel de un león. Todos los animales huían con miedo al verle, creyendo que era un auténtico león. En el molino, el molinero estaba trabajando. Salió un momento a la puerta y le pareció ver un león a lo lejos. ¿Un león en este sitio? Miró y miró, y entonces vio que el león tenía una oreja de asno. Entonces cogió un garrote y fue al encuentro del falso león. ¡Cuántos palos le dio al burro disfrazado! Allí quedó el burro, en la casa del molinero, y no se atrevió ni a protestar. Todos se rieron al verlo disfrazado con la piel de león, cuando no era más que un burro apaleado. Moraleja: Muchos presumen de lo que no son. Y al menor descuido algo les delata, como al asno su oreja, y ya no les sirve de nada el disfraz.
  • Una persona tenía una gallina maravillosa, que ponía todos los días un huevo de oro. Era una riqueza inmensa, todos los días al levantarse, encontraba en el gallinero el huevo de oro del día. Pero esa persona era muy avara, y en vez de sentirse feliz con su ganancia, quiso tener más, llegar a la fábrica del oro y no tener que esperar día a día a que la gallina se lo regalara. Agarró a la gallina y la mató. Le abrió el vientre ¿y qué encontró? ¡pues nada! Había matado a la gallina y ya nunca más iba a conseguir ni uno solo. Había tenido la riqueza en sus manos, y su avaricia le había llevado a perderla definitivamente. Moraleja: Muchos hay que tienen lo necesario y no están contentos porque siempre quieren más. La avaricia no da nunca la felicidad. Sólo podemos ser felices si estamos contentos con lo que tenemos y disfrutamos de ello.
  • Los cangrej s
    • Los cangrejos más viejos y con mayor experiencia, se reunieron en asamblea. Uno de ellos dijo:
    • Estamos dando mal ejemplo al mundo porque andamos hacia atrás. ¡Esa forma de andar va contra el progreso! Os propongo que empecemos a enseñar a los más jóvenes a andar hacia delante, así cuando crezcan ya les parecerá normal.
    • La asamblea de cangrejos sabios aplaudió la genial idea, y pregonaron la orden por todo el pueblo de cangrejos.
    • Mamá cangrejo le dio las primeras lecciones a su cangrejito:
    • ¡Hacia adelante! ¡No, no, así no! Vas hacia atrás y eso no está bien.
    • El cangrejito iba aprendiendo, pero cuando acababa la clase, veía como su mamá y su papá andaban hacia atrás. Él quería parecerse a ellos, así que volvía a caminar hacia atrás de nuevo.
    • Con el tiempo las mamás y papás cangrejo se cansaron de una labor tan inútil. Sus hijos no aprendían a hacerlo y ellos no podían enseñarles con el ejemplo.
    • La asamblea se reunió de nuevo y decidió que era inútil obligar a hacer algo que ellos no podían hacer.
    Moraleja: Hay que saber predicar con el ejemplo. Los gestos convencen antes que las palabras.
  • Las ranas sedientas
    • Era un verano muy caluroso, y no llovía nada. Se estaban secando las fuentes y los ríos. Dos ranas que vivían juntas, se quedaron sin agua en la charca.
    • La rana más atrevida empezó a saltar de aquí para allá buscando el agua. Saltando, saltando, llegó a un pozo y fue corriendo a avisar a su compañera.
    • Las dos se acercaron al borde del pozo, y la más atrevida dijo:
    • ¿Por qué no nos lanzamos al agua? Parece muy buena.
    Moraleja: El pez acude goloso a la comida del anzuelo, y en él encuentra su muerte. No siempre lo que nos parece gustoso lo es, sino que a veces puede arrastrarnos a la desgracia.
    • Yo tengo tantas ganas como tú, -dijo la otra rana que era más sensata- sin embargo, ahora es fácil porque el agua está cerca, pero se irá evaporando y cada vez habrá menos agua en el pozo. ¿Y qué pasará entonces? Que no podremos saltar hacia fuera nunca más y el pozo será nuestra cárcel y nuestra muerte.
    • Gracias a que una de las ranas fue lista, se salvaron las dos de una muerte segura. Encontraron agua en un riachuelo y pudieron sobrevivir hasta que un día ¡empezó a llover!
  • El cuervo y el zorro
    • En la rama de un árbol estaba el cuervo con un trozo de queso en el pico.
    • Un astuto zorro que pasaba por debajo del árbol miró hacia arriba, vio al cuervo con el exquisito queso en el pico, e imaginó la forma de conseguirlo:
    • Buenos días señor cuervo. Que elegante os veo hoy, que aspecto tan espléndido y como os brillan las plumas.
    • El vanidoso cuervo, que ya estaba contentísimo con el queso, lo estuvo mucho más con los elogios del zorro, que siguió diciendo:
    • No he visto un ave tan elegante como vos. Estoy seguro que vuestro canto es tan armonioso como vuestra figura, y, si me dejáis comprobarlo cantando para mí, yo juraré que sois el ave más bella que vuela por el cielo.
    • Al cuervo las palabras del zorro le sonaban a música celestial, y decidió demostrarle lo bien que cantaba, para seguir oyendo sus alabanzas. Y cantó, o mejor dicho, graznó: - ¡Cras, cras, cras!
    • Y al mismo tiempo… ¡se le cayó el queso del pico! Eso era lo que quería el zorro, que cogió el queso al instante y antes de salir corriendo le dijo:
    • - Cuervo bobo, ya no necesitáis comeros este queso. Mis falsas alabanzas os han hinchado el cuerpo.
    Moraleja: Cuidado con los que siempre os alaban sin razón porque algo esconden o quieren conseguir.
  • La gata mujer
    • Zapaquilda era una gata preciosa, de ojos verdes, buena cazadora de ratones. ¡Qué lastima que sólo fuera una gata! Pensaba siempre el loco joven que pasaba horas mirándola.
    • Si fuera una mujer, me casaría con ella. Parece una bailarina al andar, tiene astucia, es inteligente. ¡Que lástima que sea una gata! ¿No podría la diosa Venus convertirla en mujer, sólo tendría que cambiar su cuerpo?
    • La diosa Venus que lo escuchó decidió hacerlo, y transformó a Zapaquilda en una hermosa joven de bellísimos ojos verdes.
    • El joven quiso casarse inmediatamente con ella. Se preparó la boda, el vestido de la novia, el velo, la cola… Y estando ya a punto de salir para la iglesia, pasó por delante de la novia un ratoncito. ¡La que se armó!
    • La novia tiró el ramo al suelo y se lanzó a la caza del ratón, sin importarle el novio ni los invitados, ya que Zapaquilda seguía siendo una excelente gata cazadora.
    • Venus no tuvo más remedio que devolverle la forma que le correspondía, y volvió a ser una gata de bellísimos ojos verdes, que cazaba muy bien los ratoncitos.
    Moraleja: Aunque la mona se vista de seda, mona es y mona se queda. Se puede decir lo mismo de cualquier persona que se disfrace de lo que no es.
  • El lobo y el perro flaco
    • Lejos de la aldea, un perro hambriento husmeaba buscando algo de comer, cuando le salió al encuentro un lobo y con sus garras lo hizo prisionero.
    • El perro no podía moverse y sólo podía rogar al lobo que no lo matase:
    • Señor lobo, ¿qué vais a sacar de mi cuerpo flaco si me matáis? Llevo días sin comer y parezco un esqueleto. En cambio, dentro de quince días, mi dueño casa a su hija y habrá arroz con gallo para todos. Si me dejas libre ahora, puedes volver entonces y me encontrarás mucho más gordo y podrás entonces comerme a gusto.
    Moraleja: Más vale pájaro en mano que ciento volando. Además es importante tener buenos compañeros y amigos. El astuto perro convenció al lobo y le dejó marchar. Pasados los quince días, el lobo volvió donde vivía el perro para comérselo. Allí estaba esperándole en la puerta, con otro perro enorme amigo suyo, al que llamaban Matalobos, porque había matado muchos. El lobo nada más verlos, empezó a correr en dirección al bosque.
  • La comadreja y los ratones Una comadreja se sentía muy débil porque apenas comía. Era ya muy vieja y no podía cazar ratones. Un día empezó a darle vueltas a la cabeza pensando como podría cazarlos, sin tener que correr detrás de ellos. Se metió en medio de un montón de harina y quedó totalmente enharinada, cubierta por completo de blanco, se quedó sin moverse y esperó casi sin respirar. Llegó un ratoncito, metió el hocico en la harina y de pronto una garra le cogió por el cuello y se lo comió. Al ver que el plan había funcionado, la vieja comadreja siguió oculta bajo la harina, hasta que llegó otro ratón, y le pasó lo mismo. Así poco a poco la comadreja fue recobrando sus fuerzas, comiendo un ratón tras otro. Moraleja: Si no tenemos fuerzas, si no tenemos poder, hay que saber utilizar el ingenio. La inteligencia llega siempre mucho más lejos que la fuerza.
  • El zorro, la mujer y el gallo
    • Un zorro había cazado a un gallo en la aldea y se lo llevaba al bosque.
    • En ese momento, Juana, al salir de su casa, pudo ver como el ladrón se llevaba a su gallo y gritó:
    • ¡Vecinos, ayudadme! ¡El zorro se lleva a mi gallo!
    • El gallo oyó los gritos de su dueña y le dijo al zorro:
    • Esa mujer es una mentirosa, yo no soy suyo, sino tuyo. Dile que no mienta y que diga que el gallo es tuyo y no suyo.
    • El zorro, al ver que lo que decía el gallo era cierto, quiso gritarlo a los cuatro vientos. Miró hacia atrás y mirando a Juana dijo aullando:
    • ¡Embustera! El gallo es mío y hasta él mismo lo acaba de decir.
    • Pero para decir esto, tuvo que abrir la boca y soltar al gallo, que es lo que éste pretendía. El gallo aprovechó para salir volando y subir a la copa de un árbol, libre ya de su enemigo.
    Moraleja: Hay muchos que creen que han conseguido un buen botín gracias a su astucia, y por hablar se les va de las manos.
  • La pava y la hormiga
    • Mirad hijos, esto que tenéis aquí son hormigas. Es una comida exquisita, y no siempre podemos comerlas. Comed hijos, comed. Qué día tan feliz éste, si no fuera porque los hombres son crueles y nos comen, sin darles ninguna pena.
    • Una hormiga que consiguió escapar de los picotazos de la pava y sus polluelos, se subió al tronco de un árbol y dijo:
    • ¡Con que los hombres son crueles y os comen a los pavos! ¿Y vosotros, que nos coméis a nosotras, pobres trabajadoras hormigas?
    • La pava se calló sin saber que decir, porque no sabía este cuento:
    • “ Un gusano roía granos de centeno en el campo, cuando llegaron las hormigas con gritos a atacarlo: ¡muere, gusano sinvergüenza! Nos estás robando los granos de centeno. Y se le echaron encima las hormigas, hasta el gusano quedó cubierto y no salió vivo. Luego las hormigas se llevaron el gusano a su hormiguero, junto con los granos de centeno y todo lo que encontraron fuera.”
    Moraleja: Vemos siempre la paja en el ojo de los demás y no vemos la viga que tenemos en el nuestro. Siempre los actos de los demás nos parecen mucho peores que los nuestros. Aprovechando un descuido del labrador, la pava y sus polluelos aprovecharon para escapar del corral. Picando aquí y allá, llegaron a un monte cercano. La pava, muy contenta, decía a sus polluelos:
  • La mariposa y el caracol
    • ¿Cómo te atreves, grosero caracol, a acercarte a mí, que soy tan bella?
    • Quién te oyera ahora, si no te conociera de antes, temblaría en tu presencia. Pero tú, miserable criatura, acabas de salir de la basura. ¿No te acuerdas de que hace cuatro días eras un gusano que se arrastraba por la tierra, y lo dos, muy amigos, hacíamos el mismo camino juntos? ¿Has olvidado que ayer eras una fea oruga y estabas contenta de que yo te enseñara cuales eran los tallos más tiernos? ¿Cómo es posible que la que ayer fue mi amiga como oruga hoy me desprecie porque es mariposa? Yo sigo siendo el mismo caracol y no tienes que despreciarme ahora, porque ayer eras como yo.
    Moraleja: Todos somos iguales, y para ser buenas personas, tenemos que respetar a todo el mundo. Aunque la buena suerte te haya puesto en un lugar alto, si hablas con desprecio al que no tiene lo mismo que tú, serás una mala persona. Una mañana, en un jardín muy bello, se posó una recién nacida mariposa. Era preciosa y estaba muy orgullosa de serlo. La mariposa extendía sus alas, para que se le vieran bien los colores, e incluso los pájaros la envidiasen. La vanidosa mariposa vio muy cerca de ella a un caracol pardo. Y furiosa al verlo tan cerca, le dijo:
  • El gato y los pájaros
    • Buscó un lugar con sombra debajo de unos árboles y escondido escuchó el canto de los pajarillos, esperando que se acercaran para comerse alguno,
    • Pero viendo que no se acercaban, se cansó de esperar y sacando la cabeza, dijo:
    • ¡Bravo, bravo! ¡Que música tan maravillosa!
    • Los pajarillos se callaron al instante y se fueron a otras ramas más altas.
    • No soy un gato de campo – añadió Mirrimiz -, sino que soy de la ciudad y fui gato de un músico que dirigía un coro, y aprendí música con él. Me encantaría enseñaros a vosotros que cantáis tan bien. Lo haré gratis porque la música me gusta muchísimo.
    • Dijo tantas y tantas cosas buenas, que al cabo de un rato algunos pajaritos empezaron a bajar del árbol, para oír mejor sus alabanzas. El gato decía cosas tan bonitas y los admiraba tanto, que no podía ser un gato mal. Así, los pajaritos más inocentes, lo rodearon contentos.
    • Le fue muy fácil entonces al astuto gato, escoger al más gordo y atraparlo con su zarpa. Así al gato no le costó nada la merienda.
    Moraleja: En el mundo hay charlatanes que ofrecen sus servicios gratis, pero no hay que fiarse y hay que ser prudentes, porque tal vez cobren sus servicios mucho más caros de lo que podemos imaginar. El señor Mirrimiz, un gato muy listo y que sabía hablar muy bien, salió un día de la ciudad y se fue al campo.
    • Una mañana salió al tejado la gatita Zapaquilda con un collar de terciopelo adornado con cascabeles.
    • Al verla, los gatos vecinos acudieron en seguida, seducidos por la belleza de la gatita y por el sonido de tal juguete.
    • Zapaquilda les contó que su dueña le había quitado el collar al perro y se lo había regalado a ella, diciéndole que le quedaba mucho mejor, que estaba guapísima.
    • El gato más atrevido se acercó mucho y le dijo:
    • ¡Guapa! ¡Te comería si me dejaras!
    • Otro de los gatos que lo oyó, le soltó un zarpazo, y se armó el jaleo. Todos los gatos, celosos, empezaron a pelearse entre ellos porque todos querían ser el novio de Zapaquilda.
    Moraleja: Cuántos fracasos tendrán en la vida aquéllos a los que sólo les preocupa presumir.
    • Llegó Garraf, un gato prudente y con cierta edad, y les gritó:
    • ¡Dejad de pelearos, gatos! ¿Quién va a querer casarse con una gata que lleva cascabeles? ¿No veis que el sonido que hacen avisa a los ratones, y mientras ella se pasea, su marido tendrá que buscar la caza en otra parte?
    • Zapaquilda se fue a su casa pensando cómo diría a su ama que le quitara el maldito collar de cascabeles, y los gatos, con el rabo entre las patas, se fueron a dormir la siesta.