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6. iced   karen marie moning 6. iced karen marie moning Document Transcript

  • Traducido por Sheilita Belikov Corregido por Simoriah El año es 1 DCM – Después de la Caída del Muro. Los Fae están libres y cazándonos. Allí afuera es una zona de guerra, y no hay dos días iguales. Soy Dani O’Malley, las calles llenas de caos de Dublín son mi hogar, y no hay otro lugar donde preferiría estar. Dani “Mega” O’Malley juega de acuerdo a sus propias reglas, y en un mundo invadido por Faes Oscuros, su regla más importante es: hacer lo necesario para sobrevivir. Poseyendo talentos raros y la Espada de Luz todopoderosa, Dani está más que equipada para la tarea. De hecho, es una de los pocos seres humanos que pueden defenderse de los Unseelie. Pero ahora, en medio del pandemónium, sus destacados dones se han convertido en serias obligaciones. La ex mejor amiga de Dani, MacKayla Lane, la quiere muerta, los aterradores príncipes Unseelie le han puesto precio a su cabeza, y el Inspector Jayne, el jefe de la fuerza policial, está tras su espada y no se detendrá hasta conseguirla. Además, la gente está siendo misteriosamente congelada hasta la muerte en toda la ciudad, encerrada al momento en cubos de hielo bajo cero. Cuando el club nocturno más provocativo es cubierto de escarcha, Dani se encuentra a merced de Ryodan, el despiadado e inmortal dueño del club. Él necesita su rápido ingenio y su excepcional habilidad para descubrir qué está congelando en seco a Faes y humanos hasta la muerte; y Ryodan hará cualquier cosa para asegurar su conformidad. Esquivando balas, colmillos y puños, Dani tendrá que hacer tratos traicioneros y desesperadas alianzas para salvar a su amada Dublín, antes de que todo y todos en ella sean congelados. 2
  • Parte 1 Capítulo 16 Capítulo 32 Prólogo Capítulo 17 Capítulo 33 Capítulo 1 Capítulo 18 Capítulo 34 Capítulo 2 Capítulo 19 Capítulo 35 Capítulo 3 Capítulo 20 Capítulo 36 Capítulo 4 Capítulo 21 Parte 3 Capítulo 5 Capítulo 22 Capítulo 37 Capítulo 6 Capítulo 23 Capítulo 38 Capítulo 7 Parte 2 Capítulo 39 Capítulo 8 Capítulo 24 Capítulo 40 Capítulo 9 Capítulo 25 Capítulo 41 Capítulo 10 Capítulo 26 Capítulo 42 Capítulo 11 Capítulo 27 Capítulo 43 Capítulo 12 Capítulo 28 Capítulo 44 Capítulo 13 Capítulo 29 Sobre la Autora Capítulo 14 Capítulo 30 Agradecimientos Capítulo 15 Capítulo 31 3
  • W La música es la materia del cosmos. Imagina un mundo sin melodía de ningún tipo. Sin pájaros cantando. Sin grillos chirriando. Sin desplazamiento de las placas tectónicas. La realidad es acerca de la señora gorda cantando. Si ella se detiene... —El libro de la lluvia 4
  • Traducido por Laala STark Corregido por Simoriah magina un mundo que no conoce sus propias reglas. Sin celulares. Sin Internet. Sin bolsa de valores. Sin dinero. Sin sistema legal. Un tercio de la población del mundo es eliminada en una noche y el conteo asciende por millones cada día. La especie humana está en peligro de extinción. I Hace mucho tiempo, los Fae destruyeron su mundo y decidieron tomar el nuestro. La historia dice que se mudaron con nosotros entre el 6,000 y el 10,000 a.C., pero los historiadores se equivocan mucho. Jericho Barrons dice que han estado aquí desde el inicio de los tiempos. Debería saberlo, porque estoy bastante segura de que ése también es su caso. Durante mucho tiempo hubo un muro entre nuestros mundos. A excepción de unas pocas grietas, era una solida barricada, especialmente la prisión que contenía a los Unseelie. Esa barricada ahora desapareció y las paredes de la prisión se han vuelto polvo. Todos los Fae son libres: la mortal Corte Oscura y la imperiosa Corte de la Luz, que son igualmente mortales, solo que más bonitos. Un Fae es un Fae. Nunca confíes en uno. Estamos siendo cazados por monstruos voraces que son casi imposibles de matar. ¿Su comida favorita? La gente. Como si eso no fuera lo suficientemente malo, hay fragmentos de realidad Faery a la deriva que se tragan cualquier cosa a su paso. Son difíciles de detectar; puedes conducir directo hacia uno, si no eres cuidadoso. En la noche en que los muros cayeron, el mismo Faery fue fracturado. Algunos dicen que incluso el hostil Salón de Todos los Días sufrió cambios, y abrió nuevos portales hacia nuestro mundo. La deriva es la parte que realmente me afecta. Puedes ir a 1 “You Had Me From Hello”: canción de Kenny Chesney. 5
  • dormir en tu propia cama y despertar en una realidad completamente distinta. Si eres afortunado, el clima no te matará instantáneamente y los habitantes no te comerán. Si eres realmente, realmente afortunado, encontrarás tu camino de vuelta a casa. Eventualmente. Si eres súper afortunado, el tiempo pasará a un ritmo normal mientras no estés. Nadie es tan afortunado. La gente desaparece todo el tiempo. Simplemente desaparecen y nunca se les vuelve a ver. Luego están las Sombras amorfas que acechan en la oscuridad y que consumen cada cosa viviente a su paso, hasta llegar a los nutrientes del suelo. Cuando han terminado, todo lo que queda es tierra en la que ni una lombriz podría vivir; no que dejen de esas tampoco. Es un campo minado afuera de esa puerta. Camina con ligereza. Las reglas de tus padres no sirven. Sí tenle miedo a la oscuridad. Y si crees que puede haber un monstruo debajo de tu cama o en tu armario, probablemente sea así. Levántate y revisa. Bienvenidos al Planeta Tierra. Éste es nuestro mundo ahora; uno que no conoce sus propias reglas. Y cuando tienes un mundo que no conoce sus propias reglas, todo aquello oscuro y desagradable que alguna vez estuvo contenido se desliza por las grietas para intentar conseguir lo que sea que quiera. Es barra libre para todos. Volvimos a ser cavernícolas. La fuerza es el derecho. La posesión es lo que cuenta. Cuanto más grande y malo eres, mayores son tus probabilidades de sobrevivir. Consigue un arma o aprende a correr. Rápido. Preferiblemente ambas cosas. Bienvenidos a Dublín, DCM (Después de la Caída del Muro), donde todos peleamos por poseer lo que queda del planeta. Los Fae no tienen rey ni reina, a nadie a cargo. Dos príncipes Unseelie, psicóticos e inmortales, pelean por el dominio de ambas razas. Los humanos no tenemos gobierno. Incluso si lo tuviéramos, dudo que lo escucháramos. Todo es un completo caos. Soy Dani “Mega” O'Malley. Tengo catorce años. El año acaba de ser oficialmente declarado 1 DCM, y las calles de Dublín son mi hogar. Es una zona de guerra ahí afuera. No hay dos días iguales. Y no hay otro lugar en el que preferiría estar. 6
  • Traducido por vanehz Corregido por Simoriah —D igo que tomemos la sugerencia de Mac y llenemos la habitación de concreto —dice Val. Hago una mueca. El solo oír su nombre hace que me duela el estómago. Mac y yo solíamos ser dos guisantes en la Mega vaina, tan cercanas como hermanas. Ahora me mataría sin dudarlo. Bueno, lo intentaría. Yo soy más rápida. —¿Exactamente cómo esperas traer camiones de concreto a las catacumbas debajo de la abadía? —demanda Kat—. Sin mencionar cuánto haría falta para sellar esa cámara. ¡Es tres veces más grande que el campo de entrenamiento del Inspector Jayne, con un techo tan alto como el de cualquier catedral! Cambio de posición, levantando las rodillas, con cuidado de mantenerme en silencio. Mis piernas están agarrotadas por estar sentada con ellas cruzadas debajo de mí. Estoy en la cafetería de la abadía, en lo alto en una viga del techo donde nadie puede verme, comiendo una barra de Snickers y espiando. Es uno de mis lugares favoritos para recoger detalles. Soy buena escalando, rápida y ágil. Como todavía soy solo una niña en la opinión de la mayoría de personas, 2 “Ding-dong! The witch is dead”: canción de la película “El Mago de Oz”. 7
  • la gente rara vez me hace partícipe de las novedades. No hay problema. Me convertí en una profesional en meterme aquí sin permiso años atrás. —¿Qué sugieres que hagamos, entonces, Kat? —dice Margery—. ¿Dejar al príncipe Unseelie más poderoso creado alguna vez congelado en un pequeño cubo de hielo debajo de nuestro hogar? ¡Es una locura! —La cafetería está llena de sidhe-seers. La mayoría murmurando su acuerdo, pero ellas son así. Quien sea que esté hablando en voz más alta en ese momento es la persona con la que están de acuerdo. Ovejas. La mitad del tiempo que estoy espiando, es todo lo que puedo hacer para no saltar allí abajo, menear el trasero y decir Baaaa, y ver si alguna de ellas me entiende. He estado en la abadía la mayor parte de la noche, esperando que la gente se levante y vague en búsqueda del desayuno, impaciente por que aquellas que han estado levantadas toda la noche como yo le cuenten las noticias a todas y comiencen a discutirlo. No necesito tantas horas de sueño como la demás gente, pero cuando finalmente caigo, es como si estuviera muerta. Es peligroso perder la conciencia con tanta fuerza como lo hago yo, así que siempre tengo mucho cuidado de donde duermo; tras un montón de puertas cerradas, con trampas por todas partes. Sé cómo cuidar de mí misma. He estado sola desde que tenía ocho años. —Difícilmente sea un cubo de hielo —dice Kat—. El mismo Rey Unseelie encarceló a Cruce. Ustedes vieron las barras que salieron disparadas hacia arriba desde el suelo a su alrededor. No tengo familia. Cuando mi mamá fue asesinada, Ro hizo que me mudara a la abadía con las otras sidhe-seers; aquellas de nosotras que pueden ver a los Fae, e incluso antes de que los muros cayeran. Algunas de nosotras también tenemos dones únicos. Solíamos pensar en términos de ellos y nosotras, humanos y Fae, hasta que supimos que el Rey Unseelie nos manipuló hace mucho tiempo, mezclando su sangre con aquella de las seis casas irlandesas más antigua. Algunas dicen que estamos contaminadas, que tenemos al enemigo en nuestro interior. Yo digo que cualquier cosa que te haga más fuerte, duh, te hace más fuerte. —La alarma no está activada —contrataca Margery—. Y ninguna de nosotras puede averiguar cómo armar la red que evita que la gente entre. Lo que es peor, ni siquiera podemos hacer que la puerta se cierre. Mac intentó por horas. No vomito el trozo de chocolate y maní que estoy intentando tragar, pero estoy cerca. Tengo que superar mi reacción a su nombre. Cada vez que lo oigo, veo la expresión en su rostro cuando se enteró de la verdad sobre mí. 8
  • ¡Que se vaya a la mierda! Sabía que eso sucedería si ella descubría que yo maté a su hermana. No tengo que estar triste por eso. Si sabes lo que viene y no haces nada para detenerlo, no tienes derecho a actuar toda sorprendida y enojada cuando la mierda golpea el ventilador. Regla #1 del Universo: la mierda siempre golpea el ventilador. Es la naturaleza de la mierda. Es un imán para ventiladores. —Dijo que no le respondía —dice Margery—. Cree que el rey le hizo algo. Barrons y sus hombres intentaron cerrarlo con su fuerza, pero sin suerte. Está atascada abierta. —Cualquiera puede simplemente entrar ahí —dice Colleen—. Encontramos a las gemelas Meehan paradas ahí abajo esta mañana, las manos alrededor de las barras, ¡mirando hacia arriba como si él fuera una especie de ángel! —¿Y qué estabas haciendo tú allí abajo esta mañana? —le dice Kat a Colleen. Colleen aparta la mirada. Sangre contaminada o no, no tengo quejas de ser una sidhe-seer. Tengo el mejor don de todos. Ninguna de las otras sidhe-seers sabe cómo tratar conmigo. Soy súper rápida, súper fuerte, tengo súper audición, súper olfato, y una vista increíblemente aguda. No sé si tengo mejor sentido del sabor o no. Como no puedo saborear a través de la lengua de otra persona, supongo que nunca lo sabré. La parte de la súper velocidad es lo mejor. Puedo atravesar una habitación rápidamente sin que la gente siquiera me vea. Si sienten la brisa que dejo al pasar, normalmente le echan la culpa a una ventana abierta. Abro las ventanas donde sea que vaya. Es mi camuflaje. Si entras a una habitación con muchas ventanas abiertas, mira atentamente a las brisas que parecen contrarias a lo que está entrando desde afuera. —Eso es porque él luce como un ángel —dice Tara. —Tara Lynn, no pienses en eso ni siquiera por un segundo —dice Kat bruscamente—. Cruce nos hubiera destruido a todos si hubiera creído que tenía algo que ganar con eso, y eso fue antes de que leyera el Libro y absorbiera su poder. Ahora él es el Sinsar Dubh… la magia más oscura y retorcida de la raza Fae. ¿Has olvidado lo que le hizo a Barb? ¿No recuerdas a cuánta gente masacró el Libro cuando no tenía un cuerpo? Ahora tiene uno. Y está debajo de nuestra abadía. ¿Y tú crees que luce como un ángel? ¿Que es bonito? ¿Has perdido la cabeza? No estuve debajo de las catacumbas anoche así que no pude ver lo sucedido con mis propios ojos. Había estado manteniendo distancia de esa persona cuyo nombre no digo. Sin embargo, oí lo que sucedió. Es de lo que todas hablan. 9
  • Amigo, ¡V’lane es Cruce! Ni siquiera es Seelie. Es el peor de todos los príncipes Unseelie. Apenas puedo creerlo. ¡Estaba terriblemente enamorada de él! Creía que él era el que iba a salvarnos a todos, peleando del lado humano de la guerra. Resulta que él era guerra; literalmente, como el Guerra de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, montando junto con sus tres hermanos príncipes Unseelie: Muerte, Peste y Hambre. Efectivamente, nuestros mitos eran correctos. Cuando cabalgaron por nuestro mundo una vez más todo se fue directo al infierno. Nadie siquiera sabía que él estaba vivo. Se suponía que Cruce había sido asesinado 750,000 años atrás. En su lugar había estado simulando ser V’lane todo el tiempo, disfrazándose con glamour, infiltrado en la corte Seelie, manipulando eventos, orquestando la oportunidad perfecta para tomar lo que quería: el dominio sobre ambas razas. Los Fae tienen tanta paciencia como las playas tienen arena. Por supuesto, supongo que es fácil ser paciente cuando vives, como, por condenadamente siempre. También oí que fue uno de los cuatro que violó a M, esa persona cuyo nombre no estoy pensando, ese día en la iglesia cuando el Lord Master le lanzó a los príncipes encima. ¡Y yo le había dicho que le daría mi virginidad algún día! ¡Me había traído chocolates, había sido todo coqueto-coqueto! V’lane es Cruce. Amigo. Algunas veces eso es todo lo que puedes decir. Tara sostiene desafiante la mirada de Kat. —Eso no significa que quiera liberarlo. Solo estoy diciendo que es hermoso. Nadie puede contradecir eso. Tiene alas como un ángel. Es hermoso. Y tenemos grandes, grandes problemas. Bajé a las catacumbas anoche, en el instante en que finalmente todos se fueron. Hice mi camino a través del laberinto subterráneo hasta que encontré la cámara que una vez guardó el Sinsar Dubh. Y aún lo guarda; solo que en otra piel. V’lane ya no luce como V’lane. Está encerrado en el centro de un bloque de hielo, rodeado por una jaula de barras brillantes. Su cabeza está echada hacia atrás, sus ojos son fuego iridiscente, está rugiendo, y sus enormes alas de terciopelo negro están extendidas ampliamente. Brillantes tatuajes serpentean bajo una piel que brilla como oro en polvo. Y está desnudo. Si no hubiera visto otros penes en películas, estaría preocupada por perder mi virginidad. 10
  • —Alas negras, Tara —dice Kat—. Como magia negra, como “mortal”. Antes era peligroso. Ahora es mil veces peor. El Rey nunca debería haberle permitido leer todo el libro. Debería haberlo detenido. —Mac dijo que el rey no quería dejar el Sinsar Dubh dividido —dice Colleen—. Le preocupaba que no fuéramos capaces de mantenerlo encerrado en dos lugares. Busco en un bolsillo de la mochila que siempre llevo en el hombro (nunca sabes qué podrás necesitar y cuándo, yo siempre estoy en movimiento) y saco otra barra de Snickers. Ahí está ese maldito nombre de nuevo. Comer calma la herida que estoy recibiendo por los repetidos puñetazos en el estómago. —No pudimos mantenerlo encerrado cuando estaba en un solo lugar —dice Kat. —Porque Rowena lo dejó salir —dice Val. Me enteré de esa parte de la historia más temprano esta mañana, escuchando a las sidhe-seers hablando en las duchas. Cuando el Sinsar Dubh tomó posesión de Rowena la noche anterior, esa persona que no nombro la mató. Pero no antes de que Ro se jactara de cómo había liberado el Sinsar Dubh. Y aun así, ¡algunas compañeras están hablando sobre tener un servicio para la vieja bruja! Digo que la Gran Maestra de las sidhe-sheeps3 está muerta. ¡Hu-maldición-rra! ¡Saquen el pastel y los sombreros de fiesta! —Esa cosa debilitó a Rowena —dice Kat. Rowena nació débil. Bruja hambrienta de poder. —Quizás Cruce nos debilite —dice Kat. Pego un suspiro alrededor del mordisco de barra de chocolate y trago. La nueva líder temporal de la abadía y Gran Maestra interina de las sidhe-seers en todo el mundo acababa de cometer un gran error. Aprendí una cosa o dos de esa persona innombrable cuando solíamos andar juntas. Las Sidhe-sheeps necesitan mano firme. No firme como la de Ro, la cual era intimidante, denigrante y tiránica, pero firme en una forma que no permita que el ganado salga corriendo en una estampida. El miedo y la duda son dos grandes causas de estampidas. Kat debería haber dicho algo como qué bueno era que todas fueran mucho más fuertes que Rowena. Incluso un niño puede ver lo que está sucediendo allá abajo. Las sidhe-seers tienen miedo. Rowena está muerta. Dublín es un desastre arrasado por los disturbios, lleno de monstruos. Uno de los buenos resultó ser uno de los malos. Sus vidas cambiaron demasiado 3 N. de T.: “sheep” significa “ovejas” en inglés. 11
  • rápidamente en demasiadas formas para que ellas lidien con ello. Son blancos fáciles para ser convencidas por el líder más persuasivo y fuerte, y eso significa que Kat necesita convertirse en una, y rápido. Antes de que alguien mucho menos capaz y menos amable lo haga. Alguien como Margery, quien incluso en este momento mira al grupo a través de ojos entornados, como si tuviera un termómetro metido en el trasero, tomando su temperatura. Es un año mayor que Kat, y era parte del círculo cercano a Ro cuando la vieja bruja estaba viva. No va a estar de acuerdo con un cambio de guardia que no la incluya. Causará problemas en cada oportunidad que tenga. Espero que Kat sepa cuán traicionera puede ser. Cualquier persona que estuviera alguna vez cerca de Ro por más de, como, un segundo, tiene algo seriamente aterrador. Lo sé. Yo era la más cercana de todas. Políticas sidhesheep. Amigo, las odio. Te enredan como telarañas pegajosas. ¡Amo vivir sola! Aún así, cada tanto echo de menos la abadía. Especialmente cuando pienso en ellas haciendo galletas y esas cosas. Oír voces de fondo al quedarse dormida es agradable. Saber que incluso si eres incomprendida, no estar totalmente sola en el mundo no es la peor cosa. Kat tiene razón: el Sinsar Dubh que solíamos tener encerrado y sometido mágicamente bajo nuestra abadía no es nada comparado con lo que ahora tenemos debajo de nuestro suelo. El problema es que ya no luce como el Sinsar Dubh. Toda la magia más oscura y el poder de la raza Fae ya no están atrapados entre las tapas de un libro. Están en el cuerpo de un príncipe Fae en toda su gloria desnuda y alada. Y si nunca has visto a un príncipe Fae antes, esa es una cantidad de gloria que hace que tu mandíbula caiga, se te salten los ojos, y tu mente se enrede. Es solo cuestión de tiempo antes de que alguien lo libere. Kat ni siquiera ha llegado al hecho crítico aún: ahora mucha gente sabe que él está ahí abajo, abarrotado hasta el tope con hasta la última gota de la mortal magia de la raza Fae. Conozco a la gente. He visto todas las formas y tamaños en los que vienen. Alguien va a ser lo suficientemente estúpido para creer que pueden controlarlo. Alguien va a encontrar una manera de atravesar el hielo. Jericho Barrons es solo una de las muchas personas que cazaron el Sinsar Dubh por miles de años. Ninguno de ellos siquiera sabía dónde estaba. Si lo hubieran hecho, habrían descendido sobre nuestra abadía en las eras oscuras 12
  • cuando una torre circular de piedras rústicamente amontonadas era todo lo que ocultaba la entrada a nuestra ciudad subterránea. Y la hubieran derribado, piedra por piedra, hasta reducirla a escombros, hasta que obtuvieran aquello por lo que habían venido. Ahora un montón de humanos y Faes saben exactamente dónde está guardada el arma más poderosa jamás creada. La gente habla. Pronto el mundo entero va a saber que está aquí. Resoplo, imaginando hordas descendiendo sobre nosotras, causando disturbios, furiosas, blandiendo armas. Las estúpidas sidhe-sheep están demasiado ocupadas riñendo sobre la mejor manera de contraatacar en caso de tener la oportunidad de hacerlo. Suspiro. Kat mira hacia arriba. Dejo de respirar, llevo mis rodillas con fuerza al pecho y me quedo perfectamente quieta. Después de un momento, Kat sacude la cabeza y regresa a la conversación. Suspiro una vez más, pero más suave. Acaba de cometer su segundo error. Enfrentada a algo que no pudo explicar, pretendió que no estaba ahí. Amigo, ¿no es demasiado avestruz? Oh, sí. Solo cuestión de tiempo. Espero unos pocos minutos a que las cosas se calienten una vez más, aprovecho la conmoción y congelo el cuadro para salir. Adoro moverme como lo hago. No puedo imaginarme vivir de otra manera. Cuando sea que algo me molesta, todo lo que necesito es atravesar rápidamente la ciudad, espiar a la gente caminando penosamente en cámara lenta, e instantáneamente me siento un millón de veces mejor. Tengo el trabajo más genial del mundo. 13
  • Soy una superheroína. Hasta hace poco, era la única de la que estaba al tanto. Según mi mamá, no hice la transición normal de cualquier niño de gatear a caminar. Pasé de estar acostada contando dedos regordetes de los pies y arrullando felizmente mientras ella me cambiaba los pañales (nunca he visto una razón para llorar cuando alguien te está quitando la popó de encima), a lo que inicialmente ella pensó que era teletransportación. En un segundo estaba en el piso de la sala, al siguiente me había desvanecido. Temió que los Fae me hubieran llevado, solían hacerle eso a las sidhe-seers si las descubrían, hasta que me oyó hurgando en la despensa tratando de abrir un tarro de comida para bebés. Era crema de maíz. Lo recuerdo. Aún adoro la crema de maíz. Sin embargo, no hay mucho combustible allí. La energía causada por el azúcar se acaba en poco tiempo. Nunca pude ir a la escuela. No quieres saber cómo ella evitaba que dejara la casa. No hay muchas opciones con una niña que puede moverse más rápido de lo que tú puedes parpadear. Y ninguna de ellas es PC4. Ya no soy el único superhéroe en Dublín, lo cual me molesta como la mierda, pero lentamente estoy comenzando a ver que podría ser bueno. Me estaba poniendo demasiado satisfecha conmigo misma. Y eso se convierte en descuidada si no prestas atención. También te aburres. No es muy divertido ser siempre la mejor y la más rápida. Un poco de competencia te mantiene atenta, y te hace intentar con más fuerzas, vivir más. Yo creo firmemente en eso: vivir más. Quiero morir en una llamarada de gloria mientras soy joven. No quiero romperme pieza por pieza, perder la cabeza y morir vieja y arrugada. Dado el estado actual de nuestro mundo, no estoy segura de que ninguno de nosotros tenga que preocuparse por eso ya. Al tope de mi lista de tipos a vencer están Jericho Barrons y sus hombres. Igual que yo, son súper rápidos y súper fuertes. Tanto como odio admitirlo… ellos son más rápidos. Pero estoy trabajando en eso. Barrons puede agarrarme en el aire (amigo, ¿por qué el aire no es grueso?5 ¡Las cosas que dice la gente!) mientras estoy congelando el cuadro, que es 4 PC.: Políticamente correcta. N. de T.: juego de palabras entre “pick me from thin air” (“agarrarme en el aire”) y “thick air”. “Thin” y “thick” son opuestos: uno significa delgado, y el otro grueso. 5 14
  • como yo llamo a la forma en que me muevo. Comienzo en el punto A, tomo imágenes mentales de todo lo que me rodea, acelero, y en un parpadeo estoy en el punto B. Solo tiene un par de desventajas. Una, que estoy constantemente magullada por chocarme contra cosas a toda velocidad porque algunas de las que fijo en mi cuadrícula mental no están estáticas, como la gente, los animales y los Fae. Dos, congelar el cuadro requiere una tonelada de comida como combustible. Tengo que comer constantemente. Es un dolor en el trasero recolectar y llevar tanta comida. Si no como lo suficiente, me pongo débil y tambaleante. Es patético. Soy un tanque de combustible que está lleno o vacío. No hay mitad del tanque conmigo. ¿Conoces esas películas donde la gente lleva rondas de municiones en su cuerpo? Yo llevo barras de proteínas y Snickers. Al menos una vez cada noche corro a Chester’s, el lugar subterráneo más caliente de Dublín para ir de fiesta y cumplir cualquier fantasía y tener una oportunidad con la inmortalidad, que pertenece y es operado por Ryodan, la persona casi de consulta de Barrons, y comienzo a matar a cada Fae que está afuera. Usualmente les toma a sus hombres cinco segundos completos aparecer, pero puedo hacer mucho en cinco segundos. Chester’s es una zona segura. Está prohibido matar Faes allí, sin importar qué hagan. Y hacen algunas cosas realmente enfermas. Matar humanos, sin embargo, no está prohibido en Chester’s. Ese es un gran tema para mí, así que sigo causándole molestias a Ryodan y no me voy a detener. Una de estas noches voy a ser más rápida que él, más rápida que todos ellos. Entonces voy a matar a todos los Fae en Chester’s. Segundos en mi lista de competidores están los Fae que cazo. Algunos de ellos pueden teletransportarse. Lo llaman “tamizarse.” No entiendo la física de eso. Solo sé que es más rápido que congelar el cuadro. Lo cual me preocuparía más si no tuviera la Espada de Luz, una de las dos armas que pueden exterminar sus traseros inmortales, así que me dejan sola la mayor parte del tiempo. Aquella-que-no-está-siendo-nombrada tiene la otra arma, la Lanza. Mi estómago duele una vez más. Mientras abro otra barra de proteína, decido comenzar a pensar en ella como “Esa Persona”, abreviado como EP. Entonces quizás mi mente pasará por encima de los pensamientos sobre “EP” sin tirar de mí y patearme en el estómago. Los últimos son los príncipes Unseelie. Solían ser cuatro. Cruce está fuera de cuadro por ahora. Dos están generalmente en Dublín, ya no más bajo el dominio del Lord Master, lo cual los hace más peligrosos de lo que solían ser. 15
  • Han comenzado a pelear entre sí y están atacando por separado. Hay un grave problema con esos dos. No solo pueden tamizarse, sino que el solo mirarlos te hace llorar sangre. Y si tienes sexo con ellos… bien, ¡no lo hagas! Suficiente. Ya hay cultos formándose a su alrededor. Las ovejas están siempre buscando un nuevo pastor cuando el terreno se pone rocoso. No me pongo a prueba contra los príncipes. Mantengo mi distancia. Duermo con la espada en la mano. Me baño con ella. Nunca dejo que nadie la toque. Amo mi espada. Es mi mejor amiga. Yo maté al otro príncipe Unseelie. Soy la única persona que jamás lo ha hecho. ¡Dani Mega O’Malley asesinó a un príncipe Unseelie! Tienes que amar eso. El único problema es que ahora los dos que dejé me tienen un odio perverso. Espero que estén demasiado ocupados peleando entre ellos para venir por mí. Mi vida consiste principalmente en vigilar mi ciudad. Mantener vigilado todo lo que está cambiando. Amo conocer los detalles, difundir las noticias importantes. No sé qué haría Dublín sin mí. Llevo un periódico llamado El Diario de Dani que saco tres veces a la semana. Algunas veces hago una edición especial si algo grande sucede. Recojo mensajes en lo que queda de la Oficina General de Correos, de gente que está teniendo problemas con Faes difíciles de matar. ¡Me gusta aparecer de repente y salvar el día! Tomo mi ritmo en serio, como el Inspector Jayne y los Guardianes que patrullan las calles de noche. Dublín me necesita. No voy a decepcionarla. Acabo de publicar mi primer libro, Dani Hace Dublín: el ABC de DCM. Dancer me ayuda a imprimirlo y a distribuirlo. Las reseñas han sido geniales. El único problema es que, cada vez que aprendo cosas nuevas, lo cual es constantemente, tengo que lanzar una edición revisada. Ya voy por la quinta. Algunas de las personas que ayudo están completamente locas, temerosas de su propia sombra. Puedo decir solo con mirarlos que no sobrevivirán mucho tiempo. Me entristece pero hago todo lo que puedo. Decido pasar por la Oficina General de Correos ahora, ver si alguien me dejó notas. Acabo mi barra de proteínas en dos bocados y guardo la envoltura en el bolsillo. No sé por qué no me puedo obligar a generar basura, considerando que las calles están cubiertas de los escombros de los disturbios de la noche en que Dublín cayó, pero sumarle algo se siente mal. 16
  • Entorno los ojos, miro calle abajo tan lejos como puedo, trazando cada obstáculo en mi cuadrícula mental hasta que todo encaja en su lugar: autos abandonados con las puertas abiertas esperando para golpearme si me desvío un centímetro, lámparas callejeras arrancadas del pavimento con trozos de concreto unidos a la base y tiras de metal sobresaliendo que van a matar a mis espinillas si no tengo cuidado, mesas arrojadas a través de las ventanas de los pubs bloqueando las aceras. Te haces una idea. Respiro profundamente y cedo, libero el lugar sidhe-seer en mi cabeza y me deslizo a una forma de ser diferente. Ro solía hacerme intentar que se lo explicara, como si quizás pudiera entender cómo hacerlo si lo intentaba lo suficiente. Lo mejor que se me ocurre es esto: es como recoger todo tu interior mentalmente y empujarlo a un lado, hasta que de repente eres… solo algo más. Paso a los Dani-cambios, supongo. La adrenalina es megaintensa y, bueno… No puedo imaginar mi vida sin ella porque no hay tal cosa como la vida sin ella. Lo hago ahora, cambio fuerte y rápido, y entonces estoy completa, libre y perfecta. ¡El viento en mi cabello! ¡Cuadros congelados! ¡Ni siquiera puedo sentir mis pies, porque tengo alas en ellos! Arrugo mi rostro con concentración y empujo con más fuerza, más rápido, cada nanosegundo va a contar si voy a vencer a… Choco contra una pared. ¿De dónde mierda vino eso? ¿Cómo pude no haberlo notado en mi cuadrícula? Todo mi rostro está entumecido y no puedo ver. El impacto me saca de un golpe del cuadro congelado y me envía en un ciego tropiezo. Cuando finalmente me equilibro, aún no soy capaz de enfocar. Golpeé la pared tan fuerte que me cegó temporalmente. Mi rostro va a estar amoratado por días, los ojos hinchados hasta formar hendiduras. ¡Qué vergonzoso! ¡Odio caminar por ahí con todos mis errores en el rostro, para que todos los vean! Desperdicio preciosos segundos en intentar recobrarme y todo lo que puedo pensar es: que bueno que fuera una pared, no un enemigo. Ahora mismo soy un blanco fácil y es mi culpa. Sé que no debo adelantar la cabeza cuando estoy en el cuadro congelado. Así puedes matarte. El cuerpo puede tolerar un impacto mucho más fuerte que el rostro. Te enterrarás la nariz en el cerebro si no tienes cuidado. —Descuidada, Mega —murmuro. Todavía no puedo ver. Me seco la nariz sangrante con la manga y extiendo la mano para sentir qué golpeé. —Ésa es mi polla —dice Ryodan. 17
  • Alejo la mano de golpe. —¡Gah! —Me ahogo. Puedo sentir mi rostro una vez más… porque se está incendiando. ¿Qué clase de universo me hace extender la mano a exactamente ese maldito nivel para tocar lo que creo que es una pared y poner mi mano en un pene? Entonces recuerdo que éste es Ryodan y frunzo el ceño. —¡Lo hiciste a propósito! —Lo acuso—. ¡Viste mi mano extenderse y te moviste directo hacia ella! —¿Haría eso por qué, niña? Ryodan tiene la forma más exasperante de hacer preguntas sin la apropiada inflexión al final. Su voz no se eleva en lo absoluto. No sé por qué me molesta tanto. Simplemente lo hace. —¡Para avergonzarme y hacerme sentir estúpida! Siempre buscando la ventaja, ¿verdad? —Ryodan me vuelve totalmente loca. ¡No lo soporto! —Descuidada es quedarse corto —dice Ryodan—. Podría haberte matado. Estira la cabeza, niña. Mira por dónde vas. Mi visión finalmente está comenzando a aclararse. —Estaba. Mirando —digo enojada—. Te pusiste en mi camino. Levanto la mirada hacia él. El tipo es alto. La única lámpara callejera que funciona está justo detrás de su cabeza, dejando su rostro en sombras, pero ésa es la forma que él prefiere. Juro que monta cada lugar adonde va para mantener la luz a su espalda por alguna razón. Tiene esa tenue media sonrisa que usualmente lleva, como si estuviera perpetuamente divertido por nosotros los simples mortales. —No soy una simple mortal —digo irritada. —No dije que lo fueras. De hecho, es precisamente porque no eres simple que estás en mi radar. —Bueno, sácame de él. —No puedo. Tengo un mal presentimiento. No hace mucho Ryodan me rastreó hasta donde estaba pasando el tiempo en lo alto de mi torre de agua favorita y me dijo que tenía un trabajo para mí. Me negué, por supuesto. Desde entonces me 18
  • he estado diciendo a mí misma que él ha llenado cualquier vacante que tuviera con alguien más. No quiero caer con Ryodan y sus hombres. Tengo la sensación de que nunca podré salir. Solo seguiría cayendo. Por supuesto, eso no evita que husmee alrededor de Chester’s. Tienes que conocer a la competencia, saber qué trama. El amigo quiere algo de mí, quiero saber qué. La semana pasada, encontré una entrada trasera a su club que apuesto que nadie, excepto sus hombres y yo, conocemos. Creo que pensaron que estaba tan bien escondida que no necesitaban molestarse en protegerla. ¡Si vi algunas cosas! Mi rostro se calienta otra vez, recordando. —He estado esperando que te reportaras a trabajar, Dani. Debes haber encontrado un problema del que no estoy al tanto. Reportarme a trabajar, jamás. No le respondo a nadie. La forma en que dice esa última parte lo hace sonar como si estuviera vigilándome y supiera cada problema que tengo y no tengo. —Lo diré una vez más. Nunca va a suceder. —No entiendes. No te estoy dando una elección. —No entiendes. La estoy tomando. No eres mi jefe. —Mejor espera que lo sea, niña, porque eres un riesgo en mi ciudad. Y solo hay dos formas en las que lidio con las variables descontroladas. Una de ellas es ofrecerte un trabajo. La mirada que me da me deja en claro que no quiero saber cuál es la segunda opción. Seco más sangre de mi nariz y me hincho un poco. —Pensé que era la ciudad de Barrons —digo. Él ignora mi burla. —Un riesgo que no tomaré. Eres demasiado rápida, demasiado fuerte y demasiado estúpida. —No hay nada estúpido en mí. Sin embargo, sí soy rápida y fuerte —me jacto—. Lo mejor de lo mejor. Dani Mega O’Malley. Así es como me llaman. La Mega. Nadie me supera. —Seguro que sí. En sabiduría. En sentido común. La habilidad de diferenciar entre una batalla que vale la pena pelear y la postura falsa de las hormonas adolescentes. 19
  • ¡Gah! ¡Yo no poso! ¡No tengo que hacerlo! ¡Soy lo real, cien porciento superheroína! Ryodan sabe exactamente cómo meterse bajo mi piel pero no voy a darle la satisfacción de demostrarlo. —Las hormonas no interfieren con mis procesos mentales —digo fríamente—. Y como si mis malditas “hormonas adolescentes” tuvieran alguna diferencia con las tuyas. Hablando de lo que le dijo la olla a la sartén. — Después de mi visita clandestina la semana pasada, sé una cosa o dos acerca de Ryodan. —Eres humana. Las hormonas te debilitan a cada paso. Y eres demasiado joven para saber una mierda sobre mí. —No soy demasiado joven para saber algo. Sé que tú y tus otros amigos son todo sexo todo el tiempo. Vi a esas mujeres que mantienes… —Cierro la boca con fuerza. —Viste. —Nada. No vi nada. —Las cosas no se me escapan con frecuencia. Al menos no solían hacerlo. Pero las cosas están raras últimamente. Mi humor cambia como un camaleón en un caleidoscopio. Me pongo susceptible y termino diciendo cosas que no debería. Especialmente cuando alguien sigue llamándome “niña” y dándome órdenes. Soy impredecible, incluso para mí misma. Eso apesta. —Has estado en el nivel cuatro. —Sus ojos dan miedo. Pero claro, éste es Ryodan. Sus ojos dan miedo a menudo. —¿Qué es el nivel cuatro? —digo inocentemente, pero él no lo cree ni por un minuto. El nivel cuatro es algo salido de una película porno. Lo sé. Estuve viendo un montón de eso hasta recientemente, hasta que alguien a quien no le importo en lo más mínimo me leyó la cartilla, como si EP se preocupara. Es estúpido pensar que solo porque alguien te grita como si se preocupara por cómo estás creciendo y en quién te estás convirtiendo realmente se preocupa por ti. Él sonríe. Odio cuando sonríe. —Niña, estás coqueteando con la muerte. —Tendrás que atraparme primero. Ambos sabemos que es una amenaza vacía. Él puede. Él fija sus ojos en los míos. Me niego a apartar la mirada incluso a pesar de que se siente como si estuviera hurgando a través de los registros de mi retina, 20
  • revisando todo lo que he visto. Largos segundos pasan. Levanto la barbilla, meto una mano en el bolsillo de mis jeans e inclino la cadera. Desenvuelta, frívola, aburrida, dice mi cuerpo. Porque él no entiende el mensaje de la expresión en mi rostro. —Sentí una brisa en la parte privada de mi club la semana pasada —dice finalmente—. Alguien pasando rápido. Pensé que tenía que ser un Fae que no quería ser visto por alguna razón, pero no lo era. Eras tú. No es genial, Dani. Para nada genial. Estoy hablando tu idioma lo suficientemente claro para penetrar en esa cabeza dura como la roca, suicida y adolescente tuya. Pongo los ojos en blanco. —Gah, viejo amigo, por favor no me hables así. ¡Mis orejas se caerán! —Le doy una sonrisa engreída de cien Mega watts—. No es mi culpa que no puedas enfocarme cuando paso. ¿Y qué hay con toda esta tonterías de adolescente? Sé qué edad tengo. ¿Tú eres el que necesita que se lo recuerden? ¿Es por eso que sigues lanzándomelo como una especie de insulto? No lo es, sabes. Los catorce están en la cima del mundo. Lo siguiente que sé es que él está en mi espacio, tragándoselo. Apenas dejándome lugar para existir. No voy a quedarme para eso. Congelo el cuadro a su alrededor. O lo intento. Me estrello, de frente con él, golpeando mi frente contra su mentón. No lo suficientemente fuerte. Lanzarme hacia él congelando el cuadro debería haberme partido la cabeza una vez más, no hacer cosquillas como un tropezón. Cambio a Mega-reversa. Tengo éxito en retroceder un paso débil o dos. Ni siquiera logro salir de su alcance. ¿Qué mierda? Estoy tan desconcertada por haber fallado que solo me quedo de pie ahí como una idiota. Hasta este preciso momento, ni siquiera estaba segura de saber cómo escribir la palabra con F, mucho menos hacerlo. Fallar, con una gran y gorda F. Yo. Él toma mis hombros y comienza a tirar de mí hacia él. No sé qué piensa que está haciendo pero no voy a acercarme a Ryodan. Exploto en una Dani-granada, toda puños y dientes, y diez clases de no-quieres-sostenerme-cuando-elpasador-salga. 21
  • Al menos lo intento. Lanzo un golpe flojo antes de detenerme para no telegrafiar más catastróficas noticias a un amigo al que no se le escapa un truco y no dudará en usar cualquier debilidad contra mí. ¿Qué demonios me sucede? ¿Chocar contra él me hizo algo? ¿Como quebrarme? Súper velocidad: ida. Súper fuerza: ida. Estoy tan débil como una persona cualquiera y… ¡ew! Atrapada en los brazos de Ryodan. Cerca. Como si estuviéramos a punto de bailar una canción lenta, o comenzar a besarnos. —Amigo, ¿te gusto o algo? ¡Aléjate de mí! Él baja la mirada hacia mí. Puedo ver la mente trabajando detrás de sus ojos. No me gusta que la mente de Ryodan trabaje cuando me está mirando. —Pelea, niña. Levanto la nariz en un ángulo desafiante, haciendo sobresalir mi mandíbula en un sesgo que dice “vete a la mierda”. —Quizás no me da la gana. Dijiste que no tenía sentido. Sigues diciéndome cuán grande eres y qué tan a cargo estás. —Nunca te detuvo antes. —Quizás no quiero romperme una uña —lanzo toda despreocupada, para cubrir que acabo de intentar pelear. Y huir. Y por primera vez en, bueno… nunca… soy norm… La palabra se pega a la parte trasera de mi garganta como un duro y puntiagudo erizo. No puedo escupirla. No puedo tragarla. Está bien. No necesito ser capaz de decirla. No es verdad. Nunca lo será. Nunca he sido esa palabra. No es parte de mi realidad. Probablemente solo olvidé comer lo suficiente. Hago un rápido recuento mental de mi consumo de combustible en las últimas horas: once barras de proteína, tres latas de atún, cinco latas de habichuelas negras, siete Snickers. De acuerdo, mi menú se está volviendo un poco ligero, pero no lo suficiente para drenar mi tanque de combustible. Presiono el pedal de congelar el cuadro una vez más. 22
  • Todavía no me muevo. Sin movimiento, esa soy yo. Eso y demasiado asustada. Él sostiene mi mano, mirando las uñas cortas que EP pintó de negro la noche en que descubrió la verdad sobre mí. No sé por qué aún no me la he quitado. Se desconcha muchísimo en nada de tiempo con todo lo que peleo. —No tienes uñas que romperte. Intenta de nuevo. —Suelta mi mano. —Oblígame. Antes de que pueda replicar con una concisa y brillante respuesta, mi cabeza está hacia atrás, mi columna inclinada como un arco, y el rostro de Ryodan en mi cuello. Me muerde. ¡El maldito me muerde! ¡Justo en el cuello! Colmillos abren mi yugular. Los siento, afilados y profundos, hundiéndose en mí. Duele. ¡Ryordan sí tiene colmillos! ¡No imaginé lo que creí ver en la azotea la otra noche cuando me estaba diciendo que tenía un trabajo para mí! —¿Qué mierda haces? ¿Eres vampiro o algo? ¿Me estás convirtiendo? —Estoy aterrada. Estoy… intrigada. ¿Cuánto más fuerte podría ser? ¿Los vampiros son reales? Los fairies lo son. Supongo que eso abre la puerta del armario de par en par. Ahora todo va a salir. ¿EP sabe de esto? ¿Barrons es un vampiro? ¿Qué está sucediendo aquí? Amigo, ¡mi mundo acababa de ponerse mucho más interesante! De repente estoy tambaleándome y buscando equilibrio, sin resistir nada y luciendo como un molinillo borracho cuando lo hago. Me molesta que Ryodan me haga lucir torpe frente a él. Seco una mancha de sangre de mi cuello y la miro. ¿Cuándo fue la última vez que alguien derramó mi sangre? Como… nunca. Seguro, me golpeo. Pero nadie más lo hace. Ya no. ¿Sangrar? ¿Torpeza? ¿Lentitud? ¿Quién soy? —Ahora conozco tu sabor, niña. Conozco tu aroma como conozco el mío. Nunca serás capaz de pasar junto a mí otra vez sin que sepa que eres tú. Y si alguna vez te atrapo en los niveles inferiores de Chester’s… o en cualquier parte de mi club, para ese caso… Desvío mi mirada feroz de la mano hacia su rostro. 23
  • Me sonríe. Hay sangre en sus dientes. Hecho: simplemente está mal que te sonría alguien que tiene tu sangre en los dientes. Ofende hasta los huesos. ¿Dónde estaban sus colmillos? ¿Tenía colmillos? ¿Naturales o implantes cosméticos? Nunca sabes con la gente hoy en día. No se retrajeron con suave y audible clic como en la TV o lo hubiera oído. Tengo súper audición. Bueno, a veces. Como cuando también tengo súper velocidad y súper fuerza. Lo cual solía ser todo el tiempo. Hasta ahora exactamente. —… no dejes que te… Su mirada hace ese parpadeo desconcertante que hace a veces. Creo que es porque me mira de arriba abajo tan rápido que no puedo enfocarme en sus ojos cambiando de dirección, solo veo un tipo de temblor ocular. Me pregunto si yo también puedo hacerlo, llevar una sola parte de mí a súper velocidad, como quizás golpetear con un dedo súper rápido. Necesito practicar. Asumiendo que pueda volver a tener súper velocidad en lo absoluto. ¿Qué mierda sucede conmigo? ¿Me detuve? ¿Cómo pude detenerme? ¡No me detengo! —… a menos que estés trabajando para mí y estés ahí por orden mía. Ése es el trato. —Él es frío. Frío como el hielo. Y sé sin que lo diga cuál es la segunda opción: morir. Trabaja para mí o muere. Me molesta enormemente. —¿Me estás dando un ultimátum? Porque eso no es para nada genial. —No transmito desdén. Me convierto en desdén. Le enseño la número diecisiete de mis treinta y cinco Miradas de Muerte. ¡Adultos! Ven a una adolecente pasando por un poco más de cosas de las que ellos saben cómo manejar, y tratan de encerrarla, meterla en una caja, hacerla sentir mal consigo misma solo por ser lo que es. Como si yo pudiera evitarlo. Dancer está en lo cierto, los adultos tienen miedo de los niños que están criando. —Si crecer significa volverme como tú —digo—. Nunca lo haré. Sé quién soy y me gusta. No voy a cambiar por nadie. —Un día, niña, estarás dispuesta a hipotecar tu puta alma por alguien. —No creo que debas decir “puta” a mi alrededor. En caso de que lo hayas olvidado, solo tengo catorce años. Y, noticias de último minuto, amigo, no tengo alma. No hay bancos. Y no hay una moneda de cambio. Ergo. Nunca. Va. A. Suceder. —No estoy seguro de que puedas estar más pagada de ti misma. Le doy una mirada presumida. 24
  • —Estoy dispuesta a intentarlo. Ryodan ríe. En el instante en que lo hace, soy transportada de vuelta a lo que vi en el nivel cuatro la otra noche. También reía en ese momento. La expresión en el rostro de la mujer y el sonido que estaba haciendo cuando él hizo esa cosa que estaba haciendo… ¡Gah! ¡Tipo viejo! ¡Asqueroso! ¿Qué me sucede? Me está mirando duramente. Me hace querer pestañear hasta dejar de existir. Ryodan mira a la gente de forma diferente que cualquier otra persona que conozca. Como si tuviera visión de rayos X o algo así y supiera exactamente lo que sucede dentro de los cráneos de la gente. —No hay misterio ahí, niña. Si vives lo suficiente, sí sabes qué están pensando —dice—. Los humanos son predecibles, cortados por un mismo patrón. Pocos evolucionan más allá. ¿Uh? Él no acaba de responder a mi pensamiento. De ninguna maldita manera. —Conozco tus secretos, Dani. —No tengo secretos. —A pesar de toda la fanfarronería que haces, no quieres que nadie te vea. Que realmente te vean. La chica invisible. Eso es lo que quieres ser. Me pregunto por qué. Le hago una seña obscena con ambas manos y congelo el cuadro con todo lo que tengo. ¡Esta vez funciona! ¡Maldición, es bueno ser yo! ¡Viento en mi cabello ¡Mega en movimiento! ¡Saltar edificios altos de un solo brinco! Bueno, quizás esa última parte sea una pequeña exageración, pero aún así… ¡Zoooooooom! Congelo el cuadro a través de las calles de Dublín. Cuando choco con la siguiente pared, me deja inconsciente. 25
  • Traducido por Sheilita Belikov, Lost Angel y Simoriah Corregido por Majo uesto que duermo como un tronco, caigo con fuerza. No importa si me he quedado dormida o he sido noqueada. Siempre estoy taciturna al principio porque no puedo sacarme el sueño de encima tan rápido como la mayoría de la gente. Mis sueños se enredan con el mundo real y toma tiempo que desaparezcan, como carámbanos goteando en las canaletas bajo el sol de la mañana. P No esta vez. Salgo de la inconsciencia como un cable eléctrico: en un segundo estoy acostada boca abajo, al siguiente estoy en cuatro patas, luego tengo la espada en la garganta de Ryodan. Él la aparta con un golpe. Sale volando de mi mano y se estrella contra la pared de su oficina. Me abalanzo tras ella y me estrello contra la pared, pero ¿a quién le importa? La espada está en mi mano otra vez. Me levanto de espaldas a la pared, la espada directamente delante de mí, sin apartar jamás los ojos de él, esperando que intente quitármela una vez más. Va a atravesar su corazón si lo hace. —Podemos hacer esto todo el día si quieres —dice. —Me noqueaste —digo con los dientes apretados. Estoy llena de rabia, mi rostro palpita y me duelen los dientes. Es una maravilla que me quede alguno. —Corrección. Me puse en tu camino. Te noqueaste sola. Te dije que miraras por dónde vas. 6 “Ice Ice Baby”: canción de Vanilla Ice. 26
  • —Eres más rápido que yo. Eso significa que tienes que ceder el derecho de paso. —Como si fuéramos autos. Lindo. No cedo el paso. Nunca. —Engancha un pie alrededor de una silla y la patea hacia mí—. Siéntate. —Vete a la mierda. —Soy más fuerte que tú, más rápido que tú, y carezco de la emoción humana que te mueve. Eso me convierte en tu peor pesadilla. Siéntate. O haré que te sientes. —No puedo pensar en un par peor —murmuro. —Quieres jugar. No creo que te gusten mis juegos. Lo pienso. Estoy preocupada por lo que sucedió antes, cuando me estanqué. ¿Qué pasa si sucede de nuevo y él se da cuenta? Estoy doblemente preocupada porque me noqueó en seco, en medio de la congelación de cuadro. Es obvio que no puedo escapar si no quiere dejarme ir. Estoy en Chester’s, en su territorio, con todos sus hombres en los alrededores. Incluso si Barrons está por ahí, no va a ayudarme. Estoy bastante segura de que EP lo tiene odiándome ahora. Evalúo la habitación. Nunca antes he estado en su oficina. Pantallas LED sirven de molduras, que recubren la totalidad del perímetro del techo, mostrando de una zona a otra. Desde aquí Ryodan lo ve todo. Estoy en las entrañas de su club. —¿Cómo llegué aquí? —Hay una respuesta posible. Solo estoy intentando ganar tiempo para orientarme. Cuidadosamente me toco la nariz, palpo la punta. Está alarmantemente bulbosa y blanda. —Te cargué. Eso me enoja tanto que casi no puedo respirar. Me noqueó, me levantó como si fuera un costal de papas, me cargó por las calles de Dublín y me llevó por en medio de toda la gente y fairies repugnantes que pasan el rato en Chester’s, probablemente con todo el mundo mirándome y sonriendo. No he estado indefensa en mucho tiempo. Hecho: podría hacerlo de nuevo si se le da la gana. Una y otra vez. Este tipo parado frente a mí podría encadenarme peor de lo que mi mamá o Ro lo hicieron jamás. Decido que lo más sabio es seguirle la corriente hasta que me deje ir. Luego comeré todo lo que esté en mis manos, me probaré a mí misma, me aseguraré 27
  • de que estoy funcionando bien, me refugiaré en un lugar seguro y me ocultaré por un tiempo. Pasaré mi tiempo en la clandestinidad, trabajando en hacerme más rápida y más fuerte, de modo que nunca tenga que soportar un momento como éste otra vez. Pensé que este tipo de días se habían ido para siempre. Me siento. No se ve petulante como yo lo haría. Me da... como una mirada de aprobación o algo así. —No necesito tu aprobación —digo irritada—. No necesito la aprobación de nadie. —Mantente así. Le frunzo el ceño. No entiendo en absoluto a Ryodan. —¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué me trajiste a Chester’s? Ve al grano. Tengo cosas que hacer. Agenda apretada, ya sabes. Soy muy solicitada. Miro alrededor. La oficina está hecha de cristal sólido, paredes, techo y piso. Nadie puede ver el interior, pero se puede ver el exterior. Es extraño caminar sobre un piso de cristal. Como si la parte inferior de tu mundo se desprendiera con cada paso que das. Incluso sentado, sientes un poco de vértigo. Miro hacia abajo. Hay acres de pista de baile debajo de mí. El club tiene múltiples niveles, quizás un centenar de subclubs separados en niveles, cada uno con su propio tema. Seelie, Unseelie, y humanos conviven y hacen quién sabe qué tipo de tratos. Aquí en Dublín post-muro, todo puede ser obtenido en Chester’s, por un precio. Por un instante se me olvida que él está aquí, fascinada observando todo entre mis tenis de bota. Podría quedarme aquí durante días, examinando cosas, haciéndome más inteligente. Haciendo una lista de cada casta de los Fae, corriendo la voz por la ciudad, qué son, cómo pueden ser derrotados, o al menos cómo escapar de ellos o retenerlos hasta que yo pueda llegar a matarlos con mi espada. Esa es gran parte de la razón por la que he estado tan determinada en entrar a Chester’s. ¿Cómo puedo proteger a mi ciudad si no puedo advertir a todos sobre todos sus peligros? Tengo un trabajo que hacer. Necesito toda la inteligencia que pueda conseguir. Hay un hombre Seelie en la pista de baile, rubio y hermoso como V'lane era antes de que dejara caer su glamour y se revelara como un Unseelie. En el siguiente subclub hay un Fae oscuro de casta inferior que nunca he visto antes, brillante, húmedo y segmentado, con… ¡ew! ¡Los muchos segmentos están separándose y escabulléndose en cien direcciones diferentes como cucarachas! Odio las cucarachas. Comienzan a desaparecer en las perneras de los 28
  • pantalones de la gente. Levanto los pies del suelo y me siento con las piernas cruzadas sobre la silla. —Observas todo. No es una pregunta así que no contesto. Lo miro, cruzo los brazos y espero. Ahí está esa sonrisa de nuevo. Hago sobresalir mi labio inferior desafiantemente. —¿Qué soy? ¿Como un chiste andante para ti? ¿Por qué siempre sonríes cuando me miras? —Vas a descubrirlo. —Se mueve hacia su escritorio, abre un cajón, saca una hoja de papel y me la da—. Llena y firma esto. La tomo y la examino. Es una solicitud de empleo. Le doy una mirada. —Amigo. Mundo post-apocalíptico. ¿Quién sigue haciendo solicitudes de empleo? —Yo. Miro la solicitud con ojos entornados, luego a él. —¿Cuánto me vas a pagar? —pregunto. —Amiga. Mundo post-apocalíptico. Quién sigue haciendo dinero. Me rio disimuladamente. Primera señal de algún sentido del humor que él ha mostrado. Entonces recuerdo dónde estoy y por qué. La hago una bola y se la lanzo. Rebota en su pecho. —Estás perdiendo el tiempo, niña. Cuanto antes hagas lo que te digo, antes podrás salir de aquí. —Va a su escritorio, saca otra y me lo da con una pluma. Me relajo. Piensa dejarme ir. Tal vez incluso pronto. Le echo una ojeada a la solicitud. Tiene los espacios en blanco habituales: nombre, dirección, fecha de nacimiento, educación, historia laboral previa, lugares para la firma y la fecha. Es la solicitud más elegante que he visto, con el nombre CHESTER’S grabado en un borde ornamentado que enmarca la página. Todos se aferran a algo cuando el mundo colapsa. Supongo que a Ryodan le gusta tener los detalles de su negocio completamente organizados, sin importar el caos en su puerta. No es que me vaya a matar llenar la estúpida cosa, acceder a lo que sea que quiera, y luego largarme de aquí y esconderme 29
  • bien. Suspiro. Esconderme. Yo. Anhelo los días en que era la única superheroína en la ciudad. —Si lleno esto, ¿permitirás que me vaya? Él inclina la cabeza. —¿Pero tengo que hacer alguna clase de trabajo para ti? Inclina su cabeza de nuevo. —Si hago este trabajo, ¿terminamos? ¿Para siempre? Solo un trabajo, ¿verdad? —Tengo que hacer que esto sea convincente o él se dará cuenta de que planeo desaparecer. Una vez más, me da ese asentimiento imperial que apenas es un asentimiento, como si estuviera rebajándose a reconocer mi insignificante existencia. No le pregunto cuál es el trabajo, porque no tengo intención de hacerlo jamás. Nunca voy a ser la solución de nadie a los problemas de la gente otra vez. Crucé líneas por Ro. Grandes líneas. Profundas. Ella está muerta. Soy libre. La vida comienza ahora. Lo estudio. Está perfectamente quieto, con la luz detrás de su rostro como es usual, los rasgos en las sombras. Los gatos se quedan así de quietos. Antes de atacar. Algo está sucediendo aquí, más grande de lo que estoy viendo. Mi rostro duele. Mis ojos están hinchados y el izquierdo está intentando hincharse hasta cerrarse. —¿Tienes un poco de hielo? —Necesito ganar tiempo para averiguar qué está sucediendo. Además, si él va a buscar hielo, puedo fisgonear en su oficina. Él me da una mirada que he visto hacer a los hombres antes, sobre todo a las mujeres: barbilla baja, mirando hacia arriba desde abajo de sus cejas, con una sonrisa ligeramente burlona. Hay algo en esa mirada que no entiendo, pero el desafío es inconfundible. —Ven aquí —dice—. Te curaré. —Está sentado detrás de su escritorio, mirándome. Quieto, tan quieto. Es como si ni siquiera respirara. Lo miro. No sé qué pensar de él. Parte de mí quiere levantarse, rodear ese escritorio y averiguar de qué está hablando. —¿Podrías hacer eso? ¿Hacer que mis moretones y cortes se vayan? — Siempre estoy golpeada y mis músculos están constantemente tensos por 30
  • sobreuso. A veces desgasto mis zapatos y me despellejo los pies. Se hacen viejos. —Puedo hacerte sentir mejor de lo que te has sentido en tu vida. —¿Cómo? —Hay ciertos secretos, Dani O'Malley, que solo puedes aprender participando. Considero esto. —Así que, ¿tienes hielo? Él ríe y presiona un botón en su escritorio. —Fade. Hielo. Ahora. —Entendido, jefe. Unos minutos después, estoy sentada con un paquete de hielo en la mitad de mi rostro, bizqueando alrededor de él para llenar la estúpida solicitud de Ryodan. Casi termino y estoy lista para firmar cuando tengo la más extraña sensación en mi mano, la que sostiene la hoja. Es mi mano izquierda, la mano de la espada, la que se puso negra hace un tiempo, la noche en que atravesé el corazón del Cazador y lo maté. O al menos, la noche en que creí haber matado al Cazador. La verdad es que no estoy realmente segura de haberlo hecho, pero no voy imprimir una retractación. El público necesita creer en ciertas cosas. Cuando volví a sacar fotos de él para El Diario de Dani para mostrárselo a la gente, se había ido, completamente. No quedaba ni un rastro. Ni una sola gota de sangre negra en ningún lado. Barrons dice que no pueden ser asesinados. Después del incidente pensé que iba a perder la mano. Mis venas se volvieron negras y mi mano completa se puso tan fría como un bloque de hielo. Tuve que usar un guante por días. Le dije a las sidhe-sheep que había agarrado un zumaque7 venenoso. Es raro en estos lugares, pero solía haber algunos. No sé si las Sombras se los comieron todos. Me pregunto si al hacerlo, sintieron comezón en el estómago. Ahora está toda hormigueante y extraña. La estudio, preguntándome que podría ser lo siguiente que me suceda. Quizás apuñalar al Cazador me hizo algo. Quizás sea por eso que me estanqué. Quizás hay cosas peores en el horizonte. 7 Zumaque: arbusto que produce un aceita llamado urushiol que no es venenoso, pero que al contacto con la piel genera una reacción alérgica generando un sarpullido que aparece de 24 a 48 horas después del contacto. 31
  • ¡Esta no soy yo! Yo soy optimismo. Mañana es mi día. ¡Nunca sabes que grandes aventuras están esperando a la vuelta de la esquina! —Niña, vas a sentarte ahí todo el día soñando despierta o vas a firmar la maldita cosa. Ahí es cuando lo veo. Estoy tan sorprendida que mi boca se abre y cuelga allí, atrapando moscas por minuto. ¡Casi lo firmo! Él debe haber estado sentado ahí, reventándose de la risa por dentro, felicitándose. Mi cabeza se levanta bruscamente. —Así que, ¿qué hace el hechizo en el borde de esta cosa exactamente? — Nunca he visto algo como eso. Y he visto un montón de hechizos. Ro era una profesional en ellos. Algunos realmente desagradables. Ahora que lo estoy viendo, no puedo creer que me lo haya perdido. Astutamente metidos en el adornado borde negro hay formas y símbolos relucientes, deslizándose, en constante movimiento. Uno de ellos está tratando de arrastrarse fuera de la página hacia mi regazo. La hago una bola y se la arrojo. —Buen intento. No. —Ah, bueno. Era posible que firmaras. Era la solución más simple. Está completamente sereno. Me pregunto, ¿algo lo agita, lo hace perder la calma, enojarse por algo, chillar y gritar? No puedo verlo. Creo que Ryodan se desliza por la vida con el mismo ánimo fríamente divertido todo el tiempo. —¿Qué me hubiera hecho si lo hubiera firmado? —pregunto. Curiosidad. La tengo a montones. Mamá juraba que iba a causarme la muerte. Algo tiene que hacerlo. Hay cosas peores. —Algunos secretos... —Sí, sí, bla, bla, participando y todas esas tonterías. Lo tengo. —Bien. —No quería saber de todas formas. —Sí querías. No puedes tolerar no saber las cosas. 32
  • —Así que, ¿ahora qué? —Estamos en un punto muerto, él y yo. Sospecho que su "solicitud" era en realidad un contrato. Un contrato vinculante, de la clase que ata tu alma y la mete al bolsillo de alguien más. Había oído de ellos pero nunca creí que fueran reales. Si alguien tenía una manera de atar tu alma en un contrato comercial, sería Ryodan. Jericho Barrons es un animal. Pura bestia descontrolada. No tanto Ryodan. El tipo es una máquina. —Felicitaciones, niña —dice—. Pasaste mi primera prueba. Aún podrías obtener el trabajo. Suspiro. —Este va a ser un largo día ¿no? ¿Sirven almuerzo aquí? Y voy a necesitar más hielo. Una puerta que ni siquiera sabía que estaba ahí en la pared de cristal de su oficina se abre, revelando un elevador de cristal. Chester’s es mucho más grande de lo que había pensado. Mientras bajamos en el elevador, estoy fascinada por la vista. Y un poco preocupada. Que él esté dejándome ver tanto significa que tanto como si firmo su estúpida aplicación o no, él piensa que me tiene atada. La oficina de cristal de Ryodan no es el único lugar desde donde él puede observar las cosas. Es la punta del iceberg, y, amigo, quiero decir iceberg, como en megatones de cosas escondidas bajo la superficie. El club central parte de Chester’s, la mitad interior, una docena de niveles que el público ve, es apenas una décima parte de él. La parte principal donde todo el mundo pasa el rato y baila y hace tratos con el diablo está construida dentro de una estructura mucho más grande. Ryodan y sus hombres viven detrás de los muros de ese club, en lo que está comenzando a lucir como una vasta ciudad subterránea desde donde me encuentro. Todas las paredes son de cristal de doble sentido. Ellos pueden ir a cualquier nivel, por el elevador o pasarela, y observar todo lo que está sucediendo en cualquier momento. Se pensó seriamente el diseño de este lugar. No hay forma de que ellos hayan construido todo desde que los muros cayeran el pasado Halloween. Me pregunto cuanto tiempo ha estado todo aquí, bajo el pulido, ostentoso y glamoroso Chester’s que solía existir, un punto álgido para estrellas de cine, modelos y multimillonarios. Me pregunto si, 33
  • como nuestra abadía, su mundo subterráneo ha estado bajo un exterior cambiante durante milenios. No podría estar más impresionada. Es tan brillante que estoy celosa. Esto es fisgonear llevado a un nivel completamente nuevo de pericia tecno-nerd. —Te gusta lo que ves, niña. Toqueteo mis cutículas, fingiendo estar aburrida. El elevador se detiene y las puertas se abren. Me imagino que debemos estar a ochocientos metros debajo de Dublín. Lo primero que me golpea es el frío. Ajusto mi chaqueta pero no sirve de mucho. Me gusta la apariencia del cuero. Odio su aislamiento. Lo segundo que me golpea es el silencio. En la mayoría de Chester’s puedes oír ligeros hilos de algún tipo de música o conversación, 24/7. Al menos algún tipo de ruido blanco. Este nivel está tan silencioso como la muerte. Lo tercero es lo oscuro que está. Ryodan está esperándome fuera del elevador. —¿Realmente puedes ver aquí afuera? —¿Tiene algún otro superpoder que yo no tenga? Yo veo bien en la oscuridad, pero no cuando ésta es absoluta. Él asiente. Odio a Ryodan. —Bueno, yo no. Así que enciende algunas malditas luces. Además, ¿qué hay de las Sombras? —No me molestan. Las Sombras no lo molestan. Las Sombras comen todo. No discriminan. —Me alegra tu coraje8. A mí sí. Luces. Pronto9. —Las luces no funcionan aquí abajo. Antes de que pueda emitir un comentario, él saca una linterna de su bolsillo y me la entrega. La más genial que haya visto jamás, con forma de bala. Es 8 N. de T.: La expresión en inglés es “bully for you”, expresión usada sarcásticamente para referirse al coraje de una persona cuando en realidad éste no se aprecia, sino que se encuentra inútil. 9 N. de T.: En español en el original. 34
  • pequeña, elegante, plateada, y cuando la enciendo ilumina el corredor más allá del elevador como si el sol hubiera salido. —Amigo —digo reverentemente—. Tienes los mejores juguetes. —Sal del elevador, niña. Tenemos trabajo que hacer. Lo sigo, mi respiración helándose en el aire. Solía pensar que solo había seis niveles en Chester’s. Ahora sé que hay al menos veinte; los conté mientras bajaba. El nivel en el que estamos tiene tres subclubs diferentes. Veo cosas a través de las puertas abiertas del club que ninguna chica de catorce años debería ver. Pero claro, ésa es la historia de mi vida. El frío empeora a medida que bajamos por el corredor, mientras nos dirigimos hacia un par de puertas altas. Atraviesa mi larga chaqueta, cortando mi piel. Tiemblo y mis dientes comienzan a castañetear. Ryodan me echa un vistazo. —Cuánto puedes enfriarte antes de morir. Directo y al punto. Ése es Ryodan para ti. —No lo sé. Te lo diré cuando crea que se me esté complicando. —Pero más frío que la mayoría de los humanos. Como es usual en él, no es una pregunta, pero igualmente asiento. Puedo soportar más de todo que la mayoría de los humanos. Aun así, para cuando nos detenemos fuera del par de puertas cerradas al final del corredor, todo me duele. He estado golpeando mis pies contra el suelo a cada paso por los últimos cuarenta y cinco metros. Comienzo a trotar en el lugar, para evitar que la sangre se congele en mis venas. Mi garganta y mis pulmones arden con cada inhalación. Puedo sentir el frío presionando al otro lado de esas puertas como una presencia. Miro a Ryodan. Su rostro está escarchado. Cuando levanta una ceja, el hielo se quiebra y cae al suelo. Sacudo la cabeza. —No puedo. —No hay manera de que entre ahí. —Creo que puedes. 35
  • —Amigo, soy genial. Incluso soy Todo a veces. Pero tengo límites. Creo que mi corazón está solidificándose. Lo siguiente que siento es su mano en mi pecho como si estuviera toqueteándome. —¡Sal de encima mío! —digo, pero él ha cerrado su otra mano alrededor de mi muñeca. Sacudo la cabeza y alejo mi rostro como si no pudiera siquiera soportar mirarlo. No puedo detenerlo. No con palabras o acciones. Bien puedo permitirle que lo haga, y terminar con esto. —Eres lo suficientemente fuerte. —Deja caer su mano. —No lo soy. —Ha sido una mañana difícil. A veces me gusta probarme a mí misma. Ahora no es una de esas veces. No después de mi anterior tartamudeo. —Sobrevivirás. Levanto la vista para mirarlo. Lo raro es que, tanto como me enoja, tan impredecible como es, le creo. Si Ryodan cree que puedo soportarlo, ¿quién soy yo para discutir? Como si él fuera infalible o algo así. Supongo que yo pondría más fe en el diablo que en cualquier dios. —Pero tendrás que hacerlo a tu máxima velocidad. —¿Hacer qué? —Ya verás. —Las puertas dobles son altas y están talladas elaboradamente. Lucen pesadas. Cuando él toca el pomo y abre la puerta, sus dedos son instantáneamente recubiertos de hielo. Cuando aparta la mano, trozos de piel congelada quedan en el pomo—. No te detengas una vez que estés allí. Ni siquiera por un segundo. Tu corazón solo durará el tiempo en que estés moviéndote. Detente y mueres. ¿Él pudo descifrar todo eso al poner su palma contra mi pecho? —¿Y yo voy a entrar ahí por qué? —No puedo ver una sola razón para tomar tal riesgo. Me gusta vivir. Me gusta mucho. —Niña, Batman necesita a Robin. Amigo. Me pongo toda suave y derretida por dentro y trago un suspiro soñador. ¡Robin para su Batman! Compañeros superhéroes. Hay muchas versiones donde Robin se hace más fuerte. Él me hubiera tenido con un hola si hubiera dicho eso primero. —No quieres que trabaje para ti. Quieres una compañera superhéroe. Ésa es una historia completamente diferente. ¿Por qué no lo dijiste? 36
  • Él entra al cuarto y odio admitirlo, pero estoy admirada de que pueda hacerlo. Yo no podría y lo sé. La ráfaga de frío asesino que sale por la puerta me hace querer llorar de puro dolor, hace que quiera volverme y huir en la dirección opuesta tan rápido como pueda, pero él simplemente avanza. No se mueve fluidamente, como es usual. Es como si estuviera empujándose a sí mismo a través de concreto, con pura fuerza de voluntad. Me pregunto por qué no va más rápido, en la forma en que me está diciendo que lo haga. Que él pueda hacerlo me provoca. ¿Voy a ser una gallina? ¿Permitirme ser superada? Éste es Ryodan. Si alguna vez voy a ser capaz de vencerlo, tengo que tomar riesgos. —¿Qué estoy buscando? —digo a través de dientes que castañetean, preparándome psicológicamente para congelar el cuadro. Realmente no quiero entrar ahí. —Nada y todo. Absorbe todos los detalles. Busca cualquier pista. Necesito saber quién le hizo esto a los clientes de mi club. Garantizo protección. La entrego. Si el rumor corre… No termina la oración. No tiene que hacerlo. El rumor no puede correr. Chester’s tiene que ser terreno seguro sin excepciones o perderá el negocio. Y Ryodan no es uno de esos hombres que alguna vez tolerarán perder lo que es suyo, por cualquier razón. —Quieres que juegue a la detective para ti. Me mira. Su rostro está cubierto de hielo. Se rompe en las comisuras de sus labios cuando habla. —Sí. No puedo evitar preguntar. —¿Por qué yo? —Porque ves todo. No temes hacer lo que sea necesario sin decir una palabra a nadie sobre ello. —Hablas como si conocieras una o dos cosas de mí. —Sé todo de ti. El escalofrío que esas palabras dichas quedamente me causan es casi peor que el que viene del club. Conozco a la gente. Ryodan no habla por hablar. No intenta ganarse la confianza de la gente ni finge. No puede saberlo todo. No hay una maldita manera de que sepa todo. 37
  • —Deja de hablar. Necesito concentrarme si quieres que ponga tanto mi súper cuerpo como mi súper cerebro a trabajar al mismo tiempo. Eso es un montón de Mega-nitud10. Él ríe, creo. El sonido es plano y resuena como hielo en su garganta. Apunto mi linterna hacia el club oscurecido. Alrededor de cien humanos están congelados, en mitad de un movimiento, en mitad del sexo, a medio morir, mezclados con una casta de Unseelie que solo he visto una o dos veces: la casta que servía como guardia imperial del Lord Master. El cuarto está decorado en tributo a su rango, todo rojo y negro, con cortinas congeladas de terciopelo rojo y sillas de terciopelo negro salpicadas de hielo, sofás de cuero rojo y soportes acolchados y muchas cadenas en cada mueble. Tiras de cuero. Espadas filosas. Hay charcos de hielo negro en el suelo. Sangre humana. Tortura. Asesinato. Gente masacrada. Todo se asienta y simplemente observo por un segundo, intentando controlar mi temperamento. —Tú permitiste que esto sucediera. ¡Tú permitiste que la gente fuera asesinada por esos monstruos! —Vienen aquí por propia voluntad. La fila para entrar a mi club anoche rodeaba dos cuadras. —¡Están confundidos! ¡Su mundo acaba de colapsar! —Suenas como Mac. Esto no es nuevo, niña. Los débiles siempre han sido comida para los fuertes. El nombre de ella es una patada en mi estómago. —Sí, bueno, Mamá me enseño a no jugar con la comida antes de comerla. Amigo, eres un maldito psicópata. —Cuidado, Dani. Tienes tu propia casa de cristal. —No tengo un lugar como Chester’s. —Es una cita famosa. —No demasiado famosa si no la conozco. —La gente que vive en casas de cristal no debería tirar piedras. Quizás quieras hablar de tu madre. 10 N. de T.: combinación de “Mega”, sobrenombre de Dani, y “magnitud”. 38
  • Aparto la mirada. Guardaré mis piedras por un rato más. Al menos hasta que sepa con certeza qué es exactamente lo que él sabe de mí. Vuelvo mi atención a la habitación y mi tensión se derrite, reemplazada por una emoción anticipatoria. Amo los misterios. ¡Qué forma de probar mi mente! Dancer y yo hacemos rompecabezas de lógica. Él me vence a veces. Dancer es la única persona que he conocido que creo que puede ser más lista que yo. ¿Qué es este lugar? ¿Qué sucedió? —¿Tienes cámaras aquí? —digo. —Dejaron de funcionar cuando todo estaba todavía normal. Como si algo alguna vez hubiera sido “normal” en esta cámara de tortura. Ahora es incluso más raro. Cada persona y Fae en este cuarto están congelados hasta formar figuras silenciosas, blancas y heladas. Dos columnas gemelas de cristal como diamantes de hielo salen de muchas de sus narices; heladas exhalaciones. Al contrario que Cruce, que está contenido dentro de un sólido bloque de hielo, esta gente luce como si de alguna forma hubiera sido congelada justo donde estaba. Me pregunto si, al golpear a uno de los Fae, éste se rompería. —¿Crees que el Rey Unseelie hizo esto? —No hay razón que pueda ver —dice Ryodan—. No es del tipo que desperdicie tiempo en cosas pequeñas. Apresúrate, niña. Estar de pie aquí no es un picnic. —¿Por qué estás ahí? —No doy nada por sentado. Quiere decir que él cree que es posible que uno de ellos no esté completamente congelado. —Estás cuidando mi espalda. —Cuido las espaldas de todos mis empleados. —Compañera —corrijo, y ni siquiera me gusta eso. Me sentí halagada cuando él me llamó Robin para su Batman, pero ya lo superé. Éste es quien él es: alguien que dirige un lugar donde los humanos son asesinados para diversión de los Fae. Yo los salvo. Él los condena. Ése es un abismo que ningún puente puede superar. Miraré esto. Pero no por él. Por los humanos. Hay que tomar bandos. Yo sé en cual estoy. 39
  • Me enfrío por dentro, pensando en cuanta gente en Dublín necesita un poco de ayuda para sobrevivir, y de esa forma tan simple soy perfecta y estoy en llamas y libre, y me deslizo de costado a congelar el cuadro como si flotara dentro de un sueño. Moverse como yo lo hago hace que sea difícil ver las cosas. Es por eso que me quedo de pie junto a la puerta, mirando hacia adentro por mucho tiempo, recolectando observaciones a la distancia. Incluso congelando el cuadro, el frío causa intenso dolor en cada hueso de mi cuerpo. Cuando paso rápidamente junto a él digo: —¿Qué temperatura hace aquí? —Planeando obtener la respuesta cuando vuelva a pasar. —Ningún termómetro puede soportarlo —dice junto a mi oído, y me doy cuenta de que él también está congelando el cuadro. Está justo a mi lado—. No toques nada. Está demasiado frío para arriesgarse. Rodeo un guardia Fae a máxima velocidad. Una y otra vez, buscando pistas. Si el Rey Unseelie hizo esto, ¿por qué elegir este lugar? ¿Por qué congelar a sus propios guardias? —¿Éste es el único cl-club que f-fue congelado? —tartamudeo por el frío. —Sí. —¿C-cuándo? —Golpeó mis pies a hipervelocidad, enojada por estar tartamudeando. No importa que sea por el frío, me hace sonar tonta. Lo próximo será un ceceo. —Hace ocho días. Unos días después de que Ryodan me arrinconara en la torre de agua. Inclino la cabeza. Acabo de oír un sonido en un cuarto completamente congelado. Corro de vuelta hacia donde estaba cuando lo oí y avanzo en apretados círculos, escuchando con fuerza. Silencio. —¿O-oíste e-e-eso? —Me las arreglo para escupir. Mi rostro se está adormeciendo y se me hace más difícil mover los labios. Rodeo una mujer humana, congelada en medio del coito. No es rocío congelado lo que la volvió blanca. Está cubierta de dura escarcha que se forma en una fría noche de niebla. Sobre todo eso hay una capa de hielo transparente de dos centímetros y medio de espesor. —Sí. —Ryodan pasa junto a mí. Cautelosamente, rodeamos el cuarto en lados opuestos, mirando todo con verdadero cuidado. 40
  • Es difícil oír bien cuando tienes tanto viento en tus oídos al moverte como lo hacemos. Ryodan y yo hemos estado prácticamente gritándonos todo el tiempo que hemos estado hablando. —Como un quejido a-a-agudo —digo. No voy a ser capaz de estar en este cuarto por mucho más tiempo. ¡Ahí está de nuevo! ¿De dónde viene? Atravieso el subclub cada vez más rápido. Ryodan y yo hacemos figuras de ocho entre las figuras congeladas, intentando aislarlo. —¿S-sientes eso? —pregunto. Algo está cambiado… siento una vibración, como si el piso tuviera temblores, como si todo estuviera… cambiando. —¡Mierda! —explota Ryodan. Entonces sus manos están en mi cintura, y me está lanzando sobre su hombro como ese estúpido costal de papas una vez más, y moviéndose más rápido de lo que jamás lo hecho en toda mi vida. En ese momento es cuando comienzan a estallar, como petardos. Los Fae y los humanos explotan, llenando el aire con metralla helada y de color carne. Uno tras otro, explotan violentamente, y con cada nueva explosión, la siguiente es más fuerte. Los muebles también estallan. Los sofás hacen erupción en heladas astillas de madera y trozos de relleno duro como piedra. Los estantes se hacen añicos. Suena a mil metralletas abriendo fuego. Un par de cuchillos pasan rápidamente, seguidos por una docena de púas de hielo. Hundo mi nariz en la espalda de Ryodan. Mi rostro ha soportado suficientes golpes por un día. No estoy de humor para que algo filoso se hunda en él. Algo me golpea en la parte trasera de la cabeza y envuelvo mi cráneo con los brazos. Odio estar sobre su hombro pero él es más rápido que yo. Me pongo tensa, golpeada por trozos, esperando que una de esas espadas de aspecto peligroso o las púas se hundan en mí. Estamos a mitad de camino por el corredor, casi en el elevador. Los otros dos clubs también han comenzado a estallar. Oigo un estruendo profundo y enorme, y me doy cuenta de que el suelo se está agrietando debajo de nosotros. Trozos de techo comienzan a caer. En el elevador, Ryodan me lanza de su hombro al compartimento en un movimiento fluido. Vuelvo a salir como una explosión. —¡La maldita cosa va a volar y quieres que esté adentro? 41
  • —Tardará lo suficiente para sacarte de aquí. —¡Mierda! ¡Te doy un ciento cincuenta porciento de probabilidades de que lo lograré! —Las aceptaré. Estoy en el aire, sobre su hombro, lanzada de nuevo al elevador. Todo el techo del corredor está cayendo ahora, molduras, tablas de yeso, vigas de acero. Él será aplastado. No que me importe. —¿Qué hay de ti? Su sonrisa tiene colmillos. Me asusta. —¿Qué, niña, te importa? Él cierra las puertas de golpe con sus propias manos y juro que le da a la cosa un empujón desde abajo. Soy lanzada hacia el Chester’s. 42
  • Traducido por vanehz Corregido por Majo B ajo circunstancias normales, habría husmeado por la oficina de Ryodan, pero mi día no había sido normal y estaba molesta. Tenía dos cosas en mente: alejarme tanto de Ryodan como fuera posible mientras él estaba ocupado muriendo (con suerte), y matar tantos Fae dentro de Chester’s como pudiera en mi camino de salida. El club “apropiado” estaba desprotegido. Hu-maldito-rra. Sus tipos habían zumbado al pasar tan rápidamente junto a mí que mi cabello voló por el aire por cinco, seis, siete veces, menos Barrons, quien no deja mucho a EP. Sin duda se dirigían al nivel congelado, a salvar a su jefe. Evitar que fuera aplastado. Con algo de suerte, todo el club colapsaría en una pila de escombros y los mataría a todos. De alguna forma dudaba. Eran como Barrons. Ni siquiera estaba segura de que pudieran ser asesinados. Si era así, era probable que fuera con una única arma, oculta en una caja invisible, en un planeta invisible, con una atmósfera que quemaría cualquier cosa viviente instantáneamente, como a tropecientos años luz de distancia. Pero conocía algunas cosas que podían ser asesinadas. Y la mano en mi espada tenía una comezón permanente. 11 “When the cat’s away”: canción de Kylie Minogue. 43
  • Matar Unseelie me genera una adrenalina que es casi tan intensa como congelar el cuadro. Lo único que falta es EP a mi espalda, pero sé que si alguna vez vuelvo a tener a EP a mis espaldas, estaría tratando de meter una lanza a través de mi corazón. Sobrecargada de adrenalina y rabia, rebano y corto en cubos abriéndome camino a través del subclub que me molesta más: aquel en el que las meseras se visten como colegialas, con faldas cortas y tableadas, calcetines blancos y camisas blancas almidonadas. Los niños. Son las peores víctimas de la caída. Hay tantos escondiéndose en las calles, sin idea de cómo sobrevivir. En Chester’s, mujeres mayores se visten como niñas para intercambiar favores por trozos de carne Unseelie, la droga más nueva en el mercado. Tiene épicos poderes curativos, y temporalmente le da a los humanos fuerza y resistencia extra. Oigo que también hace que el sexo sea realmente intenso. Las cosas que la gente está dispuesta a hacer por una rápida subida, ¡comer trozos de la carne de nuestros enemigos! Me hace querer golpear sus cabezas. Así que lo hago. También le doy algunos codazos a las meseras. La mitad de ellas son esas estúpidas chicas de Te-Veo-En-Faery que gorjean la estúpida frase cada vez que se separan, como si ir a Faery fuera algo a lo que aspirar en lugar de algo que evitar como las diez variaciones de la plaga negra. Deberían estar en las calles, ayudándonos a pelear y a reconstruir nuestro mundo. Sin embargo están aquí, confraternizando con el enemigo, vendiéndose por una oportunidad con la inmortalidad. No compro esa tontería. Creo que los Unseelie inventaron eso, que si comes suficiente carne Unseelie, eventualmente también te vuelves inmortal, y puedes andar con ellos en plan social. Mato hasta el último de los Fae en el subclub de niños, ignorando a las meseras que me gritan para que me detenga. Algunas personas simplemente no saben lo que es bueno para ellos. Hay sangre negra en mis manos, pegote en mi cabello, y mis ojos están tan hinchados por mis colisiones anteriores que apenas puedo ver, pero no necesito ver mucho. Tengo un sistema que me guía cuando se trata de los Fae. Siento a los Unseelie. Los mato. Siento un malo grande detrás de mí, peor que cualquiera de los que he matado hasta ahora, que rezuma toda clase de poder. Con la espada hacia atrás, lista para asestar el golpe mortal, me giro y bajo mi… 44
  • ¡Y fallo! El Unseelie se agacha, rueda, y se pone de pie de un salto media docena de mesas más allá. Él lanza su largo cabello negro por encima de su musculoso y tatuado hombro y me sisea. Me lanzo tras él sin siquiera pensar y estoy a punto de chocar contra él cuando me doy cuenta de qué es. Cambio de dirección a mitad del salto y retrocedo a tropezones, los pies pedaleando en el aire. Mierda, mierda, mierda, ¡uno de los príncipes Unseelie me encontró! ¡Ésta es una batalla para la que no estoy preparada hoy! ¡No esperaba esto porque nunca oí que alguno de los príncipes Unseelie se paseara por Chester’s! Choco contra una mesa, caigo hacia atrás, ruedo hasta ponerme de cuatro patas y me alejo de un salto. Estoy a punto de congelar el cuadro más rápido de lo que él puede tamizarse. Rasgo la envoltura de una barra de proteínas, meto la mitad en mi boca y comienzo a pasar los cambios cuando el príncipe Unseelie dice: —Muchacha, ¿qué demonios estás haciendo? ¿Has mirado alrededor? Estoy viendo a través de hendiduras por toda la hinchazón en mi rostro, y mi visión está un poco tenue, pero puedo escanear el lugar rápidamente. Toda la actividad en el club se ha detenido. Los Fae y los humanos están alineados en los balcones, mirándome desde todos los niveles. Sintonizo lo que están diciendo. —Loca. La niña está loca. —Alguien necesita matar a esa perra. —No me acercaré a ella. ¿Viste cómo se mueve? ¿Ves lo que está sosteniendo? —La Espada de Luz —dice fríamente un Fae—. Nuestra espada. —¡Quítensela! —Mátenla ahora. —Apuesto que puedo tamizarme más rápido de lo que ella puede matar — gruñe uno. 45
  • Aparto el cabello de mis ojos, en cuatro patas, cada músculo tenso, esperando. Es seguro como la mierda que lo averiguaremos. —¿Quién le permitió a esta… esta repugnante… humana… esta cosa entrar aquí? ¿Dónde está nuestro anfitrión? ¡Éste es territorio neutral! —Nos hizo un juramento. ¡Nos ha fallado! No puedo evitar sonreír. Asumiendo que Ryodan sobreviva al colapso, va a estar seriamente enojado. Acabo de lograr exactamente aquello que él quería evitar al “contratarme”. Arruiné su reputación. Ahora todo el club sabe que Ryodan no puede garantizar la seguridad en Chester’s. Estará alrededor de todo Dublín en menos de una hora. Bien podría imprimir una edición especial de El Diario de Dani, transmitiéndolo. Bien. Si menos gente viene a Chester’s, menos gente morirá. Vuelvo a mirar al tipo que inicialmente creí que era un príncipe Unseelie. En el momento en que él habló, me relajé. Ahora que estoy en cámara lenta otra vez, veo las diferencias. Casi mato a un humano. Bueno, a un humano que está en proceso de convertirse en otra cosa. Si no hubiera hablado, todavía podría no estar segura de quién era, pero nunca he oído a un Fae llamar “muchacha” a nadie. No creo que ellos se rebajaran a eso, ni siquiera para engañar a alguien. Es el escocés que arruinó mi fiesta en la torre de agua la misma noche que lo hizo Ryodan. Se enfrentaron, toda hostilidad erizada, dándome tiempo de escapar. Pareció que él estaba ahí para ayudarme o para molestar a Ryodan. Sea lo que sea, eso lo hacía bueno para mí. Este amigo tiene problemas tan grandes como los míos, quizás más grandes. Lo considero. No le gusta Ryodan. Y es seriamente atractivo. Puedo sentirlo vibrando en el aire alrededor de él. Podría ser un valioso as en mi escondrijo. Si se puede confiar en él. —Eres un MacKeltar, ¿verdad? —Christian —dice. —¿No son tus tíos una especie de hechiceros o algo así? Ayudaron a cazar el Sinsar Dubh. —Druidas, muchacha. No hechiceros. —¿Puedes pelear? 46
  • Me da una mirada burlona. —No necesito hacerlo. Puedo sacarte de aquí sin levantar un dedo. Gran charla. Decido dejarlo intentar. Me flanquea y nos dirigimos hacia la puerta. Entre su apariencia y mi espada, cada ocupante del Chester’s retrocede mientras pasamos. No puedo evitar pavonearme mientras pasamos. Nos siguen siseos, abucheos y amenazas. Pero nadie hace ningún movimiento. Podría acostumbrarme a esto. ¿Quién necesita a EP? Tengo lo que luce como un príncipe Unseelie junto a mí y nadie, pero nadie, ni siquiera los Unseelie, se meten con sus príncipes. Oh, sí, este tipo va a ser una gran suma en mi columna. Le doy una mirada de lado. Si puedo superar el hecho de que luce como el más terrorífico de todos los Unseelie. Más allá de él capto un vistazo de mí misma en el espejo. Entre las contusiones, los ojos hinchados, los cortes y la sangre de todos los colores, no me veo tan atractiva. Con la espada en alto, entrecierro los ojos hinchados y memorizo rostros en el camino de salida. Afuera en las calles, en el fragor de la batalla, algunas veces tienes que hacer elecciones duras. Algunas veces no puedes salvar a todos. Los humanos que vienen a Chester’s nunca van a estar en lo alto de mi lista. 47
  • Traducido por Niii Corregido por Majo M e siento atraído por ella. Tiene catorce años. Y me siento atraído por ella. Soy ocho años mayor que ella. Once si cuentas los tres años que pasé intentando escapar de los Espejos Plateados de los Fae. Ocho u once: ¿cuál es la diferencia? Me convierte en un Highlander seriamente pervertido. O lo que demonios sea que soy. Ella es un desastre sanguinolento, literalmente. Cubierta de tripas y sangre de la matanza, y su nariz tiene una capa de sangre seca, está amoratada, y va a tener dos feroces ojos negros antes del anochecer. Es demasiado tarde para que el hielo reduzca la hinchazón. Y está en llamas. Luz brilla desde su delicado y golpeado rostro, resplandece en sus ojos verdes. Tiene una cabeza de rizado cabello rojo que cae hasta la mitad de su espalda. Todo en ella es brillante e intenso. Ella está consciente e involucrada en el mundo en maneras en que la mayoría de los adultos nunca logran estarlo. Lo sé. Yo también lo estuve una vez. Cuando creí que oír la verdad en las mentiras de todos era mi mayor problema. Ella hace todo poniendo un ciento diez porciento, con todo su corazón. “I want a girl with a mind like a diamond”: comienzo de la canción "Short Skirt/Long Jacket" de Cake. 12 48
  • Eso es lo que me llega. La atracción no siempre es sobre sexo. Algunas veces es sobre algo mucho más sutil, y mucho más grande. La observé pelear. Y algo que creía muerto se removió dentro de mí. No mi polla. Eso está funcionando genial. Mejor que nunca. Siempre dura. Siempre lista. Lo que se removió fue como una suave lluvia en un cálido día de verano. Dulce. Tierno. Algo que solía ser. Con mi clan. Con mis sobrinas y sobrinos. Ella me recuerda a mis Highlands… a las que nunca puedo regresar. Sé exactamente lo que ella va a ser algún día. Maldito que lo será. Algo. Que. Vale. La. Pena. Esperar. Lo malo es que ya no estaré aquí. Tómala ahora. —Catorce —gruño. Me he vuelto bueno en discutir con la voz dentro de mi cabeza. Tengo mucho práctica. Un príncipe Unseelie no pensaría dos veces en su edad. Un príncipe Unseelie solo vería que ella tiene las partes correctas, y temperamento de sobra. Mientras más grande la pelea, mejor el festín. —¿Por qué diablos todo el mundo sigue diciendo eso como si fuera algún tipo de insulto? ¿Como si, me las arreglara para olvidarlo por un minuto? —dice enojada—. ¡Jesús! ¡Nunca he visto tanta gente obsesionada con mi edad! Dani enojada es algo digno de verse. Sonrío. Ella da un precavido paso hacia atrás. —Amigo, ¿planeas comerme o algo? Mi sonrisa se desvanece. Desvío la mirada. Llevo una máscara. Un rostro que no es el mío. Solía tener lo que las mujeres llamaban una sonrisa asesina. Ahora tengo la sonrisa de un asesino. —Porque, Ryodan ya me mordió hoy. No estoy de humor para más dientes en mí, en ningún lugar. 49
  • ¿Ryodan la mordió? Una razón más para matarlo. Vuelvo a mirarla, mi rostro vacío de toda expresión. No tiene sentido intentar lucir tranquilizador. Este rostro no puede lograrlo. —Sin morder. Lo prometo. Ella me entrecierra los ojos con recelo. —Amigo, ¿qué eres? ¿Unseelie o humano? ¿Qué te sucedió? —Mac me sucedió. —Ella se encoge cuando lo digo, y me pregunto por qué. También culpo a Jericho Barrons. Si sobrevivo a lo que me estoy convirtiendo, los mataré a ambos. Odio se dispara a través de mí, denso, negro y sofocante. Si no fuera por ellos, todavía sería yo. Aunque, si Mac no hubiera hecho lo que hizo, yo no estaría aquí en lo absoluto. Pero de nuevo, si Barrons no hubiera hecho lo que hizo, o más bien si no hubiera fallado en hacerlo, lo que Mac hizo no me hubiera convertido en esto. Barrons no revisó mis tatuajes antes de que realizáramos un peligroso ritual Druida, luego me abandonó en los Plateados para que muriera. Cuando Mac me encontró en los Plateados, me alimentó con Unseelie para mantenerme vivo. Es imposible decidir a cuál de los dos culpo más. Así que culpo a ambos y cada día me siento más feliz por eso. Vi a Mac hace unas pocas noches, al otro lado del club en Chester’s, luciendo rubia, hermosa y feliz. Quiero tomar todo ese rubio feliz y brillante, retorcerlo en un garrote, y estrangularla con eso. Oírla rogar, y matarla de todas formas, amar cada minuto. Más tarde esa noche, me había mirado al espejo durante un largo tiempo. Brazo doblado detrás de la cabeza, rascando mi espalda con un cuchillo, ahora pica todo el tiempo, disfrutando el deslizamiento de sangre caliente sobre mi piel mientras descendía por mi columna hasta mis jeans. Solía odiar la sangre. Ahora podría bañarme en ella. Leche materna. —Sí, ella hace eso —accede Dani con un suspiro—. Ella también me ocurrió a mí. —¿Qué te hizo a ti? —Es más lo que me hará si me atrapa —dice—. No quiero hablar de eso. ¿Tú? —No quiero hablar de ello. —Hay mejores cosas de las que hablar, de todos modos. Así que, ¿qué estabas haciendo en Chester’s? 50
  • Buena pregunta. No tengo ninguna maldita idea. Creo que el solo número de Unseelie reunidos llama a algo en mi sangre. Ya no sé por qué voy a la mitad de los que lugares a los que voy. Algunas veces ni siquiera recuerdo las horas que llevaron a ello. Solo me vuelvo consciente de que estoy en un lugar nuevo, sin ningún recuerdo de cuándo decidí ir o cómo llegué allí. —Quería una cerveza. Ya no quedan demasiadas opciones en Dublín. —Ni lo digas —coincide—. No solo para la cerveza, para todo. ¿De qué lado estás? —dice sin rodeos—. ¿Humano o Fae? Es una buena pregunta. No tengo una buena respuesta. No puedo decirle que no discrimino. Desprecio a todos. Bueno, casi. Está esta pelirroja de catorce años con la mente como un diamante. —Si me estás preguntado si cubro tu espalda, muchacha, lo hago. Entrecierra los ojos y me mira fijo. Estamos de pie fuera de Chester’s en un charco de luz. El cielo está tan nublado que luce como al atardecer a las tres de la tarde. De repente obtengo una imagen de nosotros desde arriba: una delgada joven de rostro delicado en un largo abrigo de cuero, las manos en las caderas, mirando a un Higlander-en-proceso-de-convertirse-en-un-príncipeUnseelie. La imagen es dolorosa. Debería ser un apuesto estudiante universitario de veintidós años con una sonrisa asesina y un brillante futuro por delante. Tramaríamos, planearíamos y pelearíamos juntos por el bien. Esa versión de mí la cuidaría. Se aseguraría de que nadie le hiciera lo que la voz en mi cabeza me dice que le hará el primer Unseelie que la atrape sin su espada. Lo que una parte de mí también quiere hacer. La furia me llena. Contra ellos. Contra mí. Contra todo. —Nunca alejas esa espada de tu cuerpo, ¿verdad? Ella retrocede un paso, las manos yendo a sus orejas. —Amigo, mi audición funciona genial. No necesitas gritar. No sabía que lo estaba haciendo. Pero muchas cosas salen diferente a la forma en que quiero ahora. —Lo siento. Solo estoy diciendo, sí te das cuenta de lo que ocurrirá si alguno de los Unseelie te atrapa. ¿Verdad? —Nunca va a suceder —dice ella petulantemente. —Con esa actitud, sucederá. El miedo es saludable. El miedo es bueno. Te mantiene atenta. 51
  • —¿En serio? Porque yo creo que es una pérdida de tiempo. Apuesto que tú no le temes a nada —dice con admiración. Cada vez que miro en el espejo. —Seguro que sí. De que te volverás descuidada y te distraerás y uno de ellos te atrapará. De que te elimine. Ella ladea su cabeza, los ojos entrecerrados sobre mi rostro. Ya no es mucha la gente que me mira directamente a la cara. No por mucho tiempo, de todos modos. —Quizás no seas un príncipe Unseelie completo todavía. Quizás podemos, como, hacer algún tipo de arreglo. —¿Qué tienes en mente? —Quiero cerrar Chester’s. Incendiarlo. Exterminarlo. —¿Por qué? Me da una mirada de desprecio e incredulidad. —¡Tú viste ahí dentro! ¡Son malditos monstruos! Odian a los humanos. Los usan, los comen y los matan. ¡Y Ryodan y sus hombres se los permiten! —Digamos que cerramos el lugar, digamos que lo quemamos hasta los cimientos. Simplemente encontrarán otro sitio al que ir. —No, no lo harán —insiste—. Sacarán sus cabezas de ahí. ¡Olerán el café filtrándose y verán que los salvamos! Una ola de emoción, empalagosamente dulce como lirios funerarios, me inunda, hincha mi lengua con un sabor a la vez familiar y nauseabundo. Ella es dura, valiente, capaz, una asesina a sangre fría cuando necesita serlo. Y tan malditamente ingenua. —Ellos están en Chester’s porque quieren estar en Chester’s. No te equivoques con eso, muchacha. —De ninguna. Maldita. Manera. —Sí, de esa maldita manera. —¡Están confundidos! —Saben exactamente lo que están haciendo. 52
  • —¡Pensé que eras diferente pero no lo eres! ¡Eres igual que Ryodan! Igual que todos. Listo para descartarlos. No ves que algunas personas necesitan ser salvadas. —Tú no ves que la mayoría de la gente está más allá de la salvación. —¡Nadie está más allá de la salvación! ¡Nadie! ¡Jamás! —Dani —digo su nombre tiernamente, saboreando el dolor que ella me hace sentir. Me vuelvo y me alejo. No hay nada aquí para mí. —¿Así que, eso es todo, entonces? —grita tras de mí—. ¿Tú tampoco me ayudarás a pelear? ¡Gah! ¡Oveja! ¡Ustedes son todos unas malditas ovejas grandes y gordas moviendo sus traseros grandes y gordos de oveja! Ella es demasiado joven. Demasiado inocente. Demasiado humana. Para lo que me estoy convirtiendo. 53
  • Traducido por magdaa Corregido por Majo —¿H ambrienta?mi—dice Dancerelmientras golpeo la puerta y lanzo mi mochila y MacHalo en sillón. —Famélica. —Genial. Fui de compras hoy. Dancer y yo amamos ir de “compras”, alias saquear. Cuando era una niña, solía soñar que me olvidaban dentro de una gran tienda de departamentos después de que cerraba sin nadie alrededor, lo cual significaba que podía tener cualquier cosa que quisiera. Ése es el mundo ahora. Si eres lo suficientemente fuerte para desafiar las calles, y tienes las suficientes bolas para entrar en las tiendas oscuras, cualquier cosa que puedas cargar es tuya. Lo primero que hice cuando los muros cayeron fue ir a una tienda de artículos deportivos y atestar una bolsa de lona con tenis de bota. Los quemo rápidamente. —Encontré algo de fruta enlatada —dice. —¡Amigo! —Se está volviendo más difícil de encontrar. Hay muchas de esas cosas asquerosas en los estantes—. ¿Duraznos? —digo con optimismo. —Esas pequeñas naranjas raras. —Mandarina. —No es mi favorita pero es mejor que nada. 13 “Our house is a very very very fine house”: parte de la canción “Our house” de Crosby, Still, Nash & Young. 54
  • —También encontré aderezos para helado. Instantáneamente se me hace agua la boca. Una de las cosas que más extraño es la leche y todas las cosas que hacía posibles. Un tiempo atrás, a un par de condados hacia el oeste, unas personas tenían tres vacas lecheras que las Sombras no habían agarrado, pero luego la otra gente intentó robarlas y se dispararon entre ellos. Y a las vacas. Nunca entendí esa parte. ¿Por qué disparar a las vacas? ¡Toda esa leche y manteca y helado re-mu14-vidos de nuestro mundo para siempre! Me rio disimuladamente, divertida. Luego veo la mesa y la extensión de comida y me rio aún más. —¿Estás esperando un ejército? —De uno. Sé cómo comes. Y está fascinado con eso. A veces solo se sienta y me observa. Solía perturbarme pero ahora ya no tanto. Diezmo el festín, luego nos tiramos en el sillón y vemos películas. Dancer tiene todo cableado para la electricidad, con el generador más silencioso que haya visto jamás. Es inteligente. Sobrevivió a la caída sin un solo superpoder, sin familia y sin amigos. Tiene diecisiete años y está solo en el mundo. Bueno, técnicamente tiene familia pero toda está en algún lugar de Australia. Con partes de la realidad Faery rebanando todo, sin aviones volando y sin que nadie esté pensando en sacar un barco, ellos bien podrían estar muertos. Si no lo están ya. Cerca de la mitad del mundo lo está. Sé que él piensa que están muertos. No hablamos de eso. Lo sé por las cosas que no dice. Dancer estaba en Dublín revisando el Departamento de Física de la Trinity College, intentando decidir dónde quería ir a la escuela de posgrado cuando los muros cayeron, dejándolo aislado y solo. Educado en casa por múltiples tutores y más inteligente que nadie que haya conocido, terminó la universidad hace seis meses, habla cuatro idiomas con fluidez y puede leer tres o cuatro más. Sus padres son humanitarios, extremadamente ricos con dinero viejo. Su padre es o era algún tipo de embajador, su mamá una doctora que pasaba su tiempo organizando cuidados médicos gratis para países tercermundistas. Dancer creció por todo el mundo. Me costó comprender su tipo de familia. No puedo creer lo bien que se adaptó. Él me impresiona. A veces lo miro cuando él no me mira. Ahora me atrapa. 14 Mu: por el mugido de la vaca. 55
  • —¿Pensando cuán apuesto soy, Mega? —se burla. Pongo los ojos en blanco. No tenemos ese tipo de cosas entre nosotros. Solo pasamos el rato juntos. —Hablando de apuesto... Pongo los ojos en blanco en un gesto más grandioso, porque si finalmente está por decir algo acerca de cuanto más linda estoy desde que la Mujer Gris se robó mi aspecto y luego me devolvió un poco más, me voy de aquí. Ha estado bien hasta ahora en lo de no comentar. Me gusta de esa manera. Dancer es... bueno, Dancer. Es mi zona segura. No hay presión aquí. Solo somos dos chicos en un mundo de mierda. —... prueba con un poco de agua caliente. Mega, eres un desastre. Conseguí que la ducha vuelva a andar. Ve a tomar una. —Es solo un poco de sangre... —Es un balde. Quizás dos. —... y un par de moretones. —Luces como si te hubiera golpeado un camión. Y hueles mal. —No huelo mal —digo indignada— Lo sabría. Tengo superolfato. Me mira con fuerza. —Mega, creo que tienes tripas en tu cabello. Levanto la mano, consternada. Pensé que me las había sacado todas mientras venía para acá. Revuelvo en mis rizos y saco una larga y babosa pieza. La miro, asqueada, pensando en que quizás debería cortarme el cabello realmente corto o comenzar a usar una gorra de béisbol todo el tiempo, luego lo miro y él luce como si estuviera por vomitar, luego de repente comenzamos a reír. Nos reímos tanto que no podemos respirar. Estamos en el piso, sujetando nuestros costados. Tripas en el cabello. ¿En qué tipo de mundo estoy viviendo? Aun cuando siempre fui diferente, y veía cosas que otras personas no veían, nunca pensé que estaría sentada en un sillón, en un virtual refugio contra bombas bajo tierra, con cámaras de seguridad y trampillas y trampas explosivas alrededor de nosotros, pasando el rato con un genio de diecisiete años (¡apuesto!) que se asegura de que coma más que proteínas y barras de chocolate (él dice que no 56
  • obtengo las vitaminas y minerales correctas para una adecuada salud ósea) y que sabe cómo hacer que una ducha funcione en el Dublín post muro. También juega muy bien al ajedrez. Él pone la película en pausa cuando me dirijo hacia la ducha. Tomo una muda de ropa en el camino. Este es el lugar de Dancer, no el mío. Pero mantiene cosas para mí en caso de que me pase por allí. Como yo, él también tiene un montón de otros alojamientos. Tienes que mantenerte en movimiento en esta ciudad para aumentar tus posibilidades de supervivencia, y dejar las cosas cuidadosamente cuando te vayas, así sabes si alguien invadió tu territorio cuando no estabas. Es un mundo sin piedad. La gente se mata por leche. El agua caliente dura cuatro gloriosos minutos. Lavo mi cabello, lo envuelvo con una toalla y estudio mi rostro en el espejo empañado. Los moretones son yo. Conozco la progresión: el negro se vuelve violeta, del violeta se vuelve verde, luego te ves ictérica por un tiempo. Miro más allá de los moretones. Fijo mi mirada en mi reflejo y no aparto la vista. El día en que apartas la vista comienzas a perderte a ti mismo. Nunca me voy a perder. Eres lo que eres. Lidia con eso o cambia. Tiro la toalla, peino mi cabello con los dedos, me pongo unos jeans, una camiseta, y observo un par de botas de combate. Dancer las eligió para mí. Dijo que no iba a gastar las suelas tan rápido. Decido probarlas. Tomo otro cuenco con insignificantes rodajas de mandarina en mi camino de vuelta al sillón, abro un tarro de crema de malvaviscos y las cubro con eso, luego agrego baño de chocolate. Dancer y yo nos ponemos a trabajar. Él pone la película de nuevo mientras yo saco el juego de mesa. Me pateó el trasero por horas en el Go Bang15 la última vez que pasé por aquí, pero esta noche me siento afortunada. Incluso acepto magnánimamente un segundo movimiento restringido cuando gano la vuelta para abrir el juego. Hago algo que no he hecho en mucho tiempo. Bajo la guardia. Estoy borracha de fruta y crema de malvaviscos y por la emoción de ganar al Go Bang. Anoche estuve despierta toda la noche, y mi día fue largo y lleno de incidentes. 15 Go Bang: juego de estrategia similar a las damas, con fichas blancas y negras. 57
  • Además, Dancer tiene trampas explosivas alrededor de todo el lugar, casi tan buenas como las mías. Alejo mi mochila del medio y me duermo en su sillón, puño debajo de mi mejilla, espada en la mano. No sé qué me despierta pero algo lo hace y levanto la cabeza un par de centímetros, entrecierro los ojos y miro alrededor. Hombres grandes de aspecto aterrador me rodean. Pestañeo, tratando de aclarar mi visión. Es algo difícil de hacer cuando mis ojos están aún más hinchados de lo que estaban cuando me dormí. Vagamente me doy cuenta de que soy el foco de un círculo de ametralladoras. Me siento de un salto y estoy a punto de congelar el cuadro cuando una mano me golpea de vuelta al sillón tan fuerte que el marco de madera se rompe detrás de mis omóplatos. Embisto hacia arriba, y soy empujada de vuelta. Uno de los hombres ríe. —La niña no sabe cuando quedarse quieta. —Aprenderá. —Apuesta tu trasero a que lo hará. Si él la deja vivir. —Seguro como la mierda que no debería. No después de lo que hizo. —Dani. Dani. Dani. Me estremezco. Nunca he oído a nadie decir mi nombre tan delicadamente. Me asusta en todos los sentidos. Se impone sobre mí, brazos cruzados sobre el pecho, antebrazos con cicatrices oscuras contra las mangas enrolladas de una impecable camisa blanca. Pesados brazaletes de plata destellan en ambas muñecas. La luz está justo detrás de su cabeza, como de costumbre. —Realmente no pensaste que te dejaría salirte con la tuya —dice Ryodan. 58
  • Traducido por Lost Angel Corregido por Pimienta —E l dolor es una cosa divertida —dice Ryodan. No digo nada. Me está tomando toda mi energía mantenerme derecha, a pesar de las cadenas que me sujetan. Estoy en algún lugar en Chester’s, en una habitación con paredes de piedra. Siento el distante golpeteo rítmico del bajo en las plantas de mis pies. Si no tuviera supersentidos, no sería capaz de sentirlo del todo. Como es tan leve, sé que estoy muy por debajo de la parte pública del club, probablemente en la base. Eso significa que los niveles más bajos no deben haber resultado tan dañados en la explosión de ayer como había esperado. Me pusieron una bolsa en la cabeza cuando me trajeron aquí. Donde sea que esté, no quisieron que fuera capaz de encontrar la salida. Una deducción lógica es que planean dejarme vivir. No le pones una bolsa en la cabeza a alguien que nunca va a volver a ver nada. Una sola lámpara de baja intensidad ilumina la habitación detrás de él; o falla en hacerlo. Hay apenas suficiente luz para verlo parado a tres metros de distancia. —Algunas personas se desmoronan cuando son heridas —dice él—. Se revuelcan en la apatía y la desesperación y nunca se recobran. Esperan toda su vida por alguien que venga y los rescate. —Se mueve en esa manera extrañamente fluida, no congelando el cuadro, pero no caminando como una persona cualquiera tampoco; una ondulación de músculos y una cascada de viento. Luego está de pie frente a mí—. Pero otros... bueno, van del daño al 16 “I will break these chains that bind me”: parte de la canción “Today My Life Begins” de Bruno Mars. 59
  • dolor. Pasan instantáneamente del insulto a la furia. Arrasan todo a la vista, lo que generalmente termina en que destruyen la misma cosa que los hirió. Como sea, causa daño colateral. Inclino la cabeza para que no pueda ver el fuego en mis ojos. —Amigo. Aburrida. Si alguna vez hubiera estado herida, me importaría. Pero no ha sido así. Aparta el cabello de mi rostro con ambas manos, deslizando sus palmas sobre mis mejillas. Toma todo lo que tengo lograr ocultar un estremecimiento. Me fuerza a levantar la barbilla. Le doy mi mejor sonrisa de cien Megawatts. Nuestras miradas se fijan una en la otra. No voy a apartar la mía primero. —No te dolió cuando tu madre te dejó en una jaula como un perro y se olvidó de ti por días mientras ella estaba fuera con uno de su interminable cadena de novios. —Tienes una imaginación realmente salvaje. Él toma un puñado de cabello cerca de mi cuero cabelludo y lo usa para evitar que mire hacia otro lado, como yo había planeado. Cuando él mete la mano en uno de los bolsillos de mi abrigo y saca una barra de Snickers, mi boca se hace agua. Luché contra él y sus hombres tan duro en casa de Dancer que estoy agotada. Finjo que mi columna es un palo de escoba así no cuelgo en las cadenas que me sujetan a la pared. Fingir es un juego en el que soy buena. Él lo abre con los dientes. Huelo el chocolate y mi estómago duele. —Cuantas veces te acurrucaste en esa jaula, atada por un collar alrededor de tu cuello, esperando, preguntándote si ella iba a recordarte esta vez. Preguntándote qué te mataría primero; si el hambre o la deshidratación. Cuánto fue… a veces te dejaba por cinco días. Sin comida, sin agua. Dormías en tu propia... —Quieres callarte ahora. —Cuando tenías ocho años, ella murió mientras tú estabas encerrada. Rowena no te encontró hasta pasada una semana. Esa es la historia. No digo nada. No hay nada que decir. Las cosas eran realmente simples en esa jaula. Solo hay dos cosas de las que preocuparse en la vida: si eres libre o si no lo eres. Si eres libre, no hay nada de lo que preocuparse. Si no lo eres, vas a patear todo lo que haya a tu alrededor hasta que lo seas. 60
  • —A veces sus novios jugaban contigo. No de esa forma. Nunca de esa forma. Soy virgen y me lo tomo seriamente. Voy a perder la virginidad de manera realmente épica algún día, cuando esté lista. Estoy a favor de reunir algunas experiencias condenadamente fantásticas para compensar aquellas de mierda que tuve de niña. Por eso es que quería dársela a V’lane o quizás a Barrons cuando fuera lo suficientemente mayor. Alguien estelar. Quiero que sea con alguien que haga de esa noche una para recordar. —¿Estamos, como, intercambiando filosofías, Ryodan? Porque si es así, aquí hay una mía. Vete a la mierda. El pasado pasó. —Te carcome. —Desaparece. No significa nada —digo. —Nunca podrás correr más rápido que eso. —Puedo correr más rápido que el viento. —La herida que te niegas a vendar es la que nunca sana. La vida se te escapa a borbotones y nunca sabes siquiera por qué. Te hará débil en los momentos críticos cuando necesites ser fuerte. —Lo tengo, ¿de acuerdo? Vas a torturarme hasta la muerte hablando. Mátame ahora. Termina con eso. Pero usa algo rápido y limpio. Como una motosierra. Quizás una granada. Él toca mi mejilla. —Dani. —¿Es eso lástima, Ryodan? Porque no la necesito. Creí que eres más duro que eso. Su pulgar me roza la boca y me da una mirada que no entiendo. Alejo su mano de un cabezazo. —¿Piensas que vas a encadenarme a una pared y luego te vas a parar ahí y vas a decirme por qué está bien ser como soy? ¿Qué debido a toda la mierda que la gente me hizo pasar cuando era más joven está bien que me haya vuelto así? Amigo, no tengo problemas con lo que me convertí. Me gusto. —Rowena te hizo matar a tu primer humano cuando tenías nueve años de edad. 61
  • ¿Cómo diablos sabe estas cosas? Ella lo hizo un juego. Me dijo que quería saber si podía pasar rápidamente y verter un poco de leche extra en el tazón de cereal de Maggie sin que ella me viera. Por supuesto que podía. Maggie murió, sentada ahí en la mesa del desayuno. Ro me dijo que fue una coincidencia, que era vieja y había tenido un paro cardíaco. Cuando tenía once años, descubrí la verdad. Ro odiaba a Maggie porque ella había estado reuniendo sidhe-seers para elegir una nueva Gran Maestra. Encontré los diarios de la vieja bruja. Hizo una crónica de todo lo que hizo, como si pensara que un día sería inmortalizada y que las personas querrían leer sus memorias privadas. Yo tengo todos esos diarios ahora, guardados lejos en un lugar seguro. Envenené a Maggie ese día con la “leche” que había agregado a su tazón. Había hecho muchas otras cosas también, que no había entendido. —Palabras relevantes aquí: Rowena me hizo hacerlo. Lo superé hace mucho tiempo. —Divertido, tu forma de hablar está cambiando, niña. Se está volviendo toda adulta. —Amigo —agrego. —Vas a ser difícil de romper. —Déjame darte una pista: sustituye la palabra “difícil” por “imposible”. Él quita la envoltura del Snickers. Me ofrece un bocado. Alejo mi cabeza. No voy a comer como un animal encadenado. —Cuando encontremos a tu pequeño novio, cambiarás de opinión. Mis tripas se desatan y casi me dejo caer en las cadenas por el alivio pero bloqueo mis rodillas, así que no puedo. Él dijo “cuando” lo encontremos, lo que significa que no lo han hecho. Yo no telegrafío a menos que se me escape. Temía que tuvieran a Dancer. Debe haberse ido mientras yo dormía. Él tiene extraños horarios, a veces se va hasta que siente deseos de volver. No siempre puedo encontrarlo cuando quiero. A veces no lo veo por días. Es bueno saber que está a salvo en algún lado. No lo atraparon. Solo me tienen a mí. Puedo manejar esta clase de cosas. Corté mis dientes con eso17. Dancer... bueno, hasta que los muros cayeron, tenía una vida segura. No quiero que nunca tenga que lidiar con estos hombres. —Él no es mi novio. —¿Cuánto tiempo me harás tenerte aquí, Dani? 17 Corté mis dientes: expresión que quiere decir ganar experiencia en algo a edad temprana. 62
  • —Hasta que te des cuenta que no te va a hacer ningún bien. Él sonríe débilmente y se aleja. En la puerta, hace una pausa y pone su mano en el interruptor de la luz como si me estuviera dando una elección. Como si todo lo que tuviera que hacer es darle una mirada que diga “por favor no me dejes en la oscuridad” y él no lo hará. Le hago una gran y notoria seña obscena con el dedo medio con ambas manos encadenadas sobre mi cabeza. Él me deja sin mi espada, en la oscuridad. No me preocupo. Conozco a Ryodan. Si alguien va a matarme, será él. Eso significa que tiene este lugar protegido de Sombras y Faes o nunca me hubiera dejado aquí. Estoy hambrienta y cansada. Cierro los ojos y juego un viejo juego conmigo misma, uno que aprendí de pequeña. Finjo que tengo una gigantesca, mullida almohada en el estómago, llenándolo suavemente, absorbiendo el ácido que arde del hambre extrema. Pretendo que estoy tendida en una suave y blanda cama en un lugar perfectamente seguro donde nadie puede herirme. Colgando de las esposas alrededor de mis muñecas, me duermo. —¿Que creíste que iba a suceder, Dani? —dice Mac. Abro los ojos apenas y gimo. EP está ahí, parada justo frente a mí. Hago un chequeo rápido. No veo su lanza, pero sé que la tiene en alguna parte. No va a ninguna parte sin ella. —No es justo —digo—. No puedes matarme mientras estoy encadenada. Amiga, tienes que darme al menos la oportunidad de luchar. Desencadéname. —No pelearé con ella. Pero correré. Puedo correr más rápido que EP hasta el fin de los días. —No entiendo, Dani —dice—. Tenías que saber, cuando mataste a todos esos Fae frente a miles de testigos que eso te pondría en la lista negra de cada persona y Fae con poder en esta ciudad, con Ryodan y sus hombres primeros en la fila. ¿Estabas intentando convertirte en la más buscada de Dublín? —No es como si tú no lo hubieras sido por un tiempo, y sobreviviste. 63
  • —Tenía a Barrons respaldándome. Tú hiciste enojar a tu versión potencial de Barrons. Soy deliberadamente obtusa. —¿Christian MacKeltar? Él no está enojado conmigo. —Ryodan. —¡Ryodan no es Barrons y nunca lo será! —De acuerdo. Pero él podría respaldarte, si lo dejaras. En lugar de eso, no solo antagonizaste abiertamente con él, sino que lo pusiste en una situación en la que tiene que castigarte. Lo desafiaste delante de toda la ciudad. Dani, Dani. —¿De qué maldito lado estás? ¿Y por qué no estás tratando de matarme? —No necesito hacerlo. Tienes a la ciudad entera haciendo fila esperando para hacerlo. ¡Dani! ¡Dani! —Tienen que atraparme primero. ¿Por qué sigues diciendo mi nombre de esa manera? —Despierta. Estás atrapada —dice EP—. Sé que no eres estúpida ¿Qué estás haciendo? ¡Dani! ¡Dani! —Lo mismo que siempre hiciste. Tomando una posición. No dando un paso atrás. Incluso si no tengo todas las respuestas y no puedo predecir cómo saldré de ésta, saldré de ésta. Todavía estoy esperando que una lanza atraviese mis tripas. En lugar de eso EP sonríe y dice: —Aférrate a ese pensamiento. —¡Despierta, Dani! Mi rostro pica como si alguien me hubiera abofeteado. Abro los ojos cuando pensé que ya los tenía abiertos. Jo está parada frente a mí. Mi mejilla pica. La frotaría, pero estoy encadenada. —¿Adónde fue EP? —digo confundida. —¿Qué? —dice Jo. Paso la lengua sobre mis labios, o lo intento. Mi boca está tan seca que mi lengua no hace ninguna diferencia. Mi labio inferior está partido y con una costra de sangre seca. La base de mi cráneo duele. Debo haberme dado un 64
  • buen golpe al desmayarme, o debo haber recibido un golpe en la parte de atrás de la cabeza cuando estaba luchando con los hombres de Ryodan. —Siento haberte golpeado pero temía que estuvieras... ¡Oh, Dani! ¿Qué te hizo? ¡Te golpeó! ¡Y luego yo también lo hice! —Luce como si pudiera llorar. Toca mi rostro suavemente y hago una mueca. —¡Suéltame! —Voy a matarlo —susurra, y algo en las palabras suavemente dichas me sorprende. Como si ella se estuviese volviendo toda sedienta de sangre, convirtiéndose en mí. Intento determinar si EP fue el sueño o si Jo lo es, o si ambas lo son. A veces tengo los sueños más extraños. Como si EP realmente se molestaría en tratar de aconsejarme. Debí haber sabido que era un sueño instantáneamente por el hecho de que no estaba matándome. —Me choqué con él —le digo—. Como en una colisión. Dos veces. Por eso mi rostro está tan golpeado. —Bueno, esa es la mayor parte de la razón. —¿Estás defendiendo a Ryodan? ¡Mira lo que te ha hecho! Dani, ¿te ha lavado el cerebro? ¿Estás desarrollando el Síndrome de Estocolmo? —¿Qué mierda tiene que ver Estocolmo con esto? ¿No es una ciudad en Suecia? Ella me rodea con sus brazos y se mete en mi espacio. Es incómodo con mis manos encadenadas sobre la cabeza y mis tobillos con grilletes en el suelo. Ella me abraza en cierta forma y no puedo sacármela de encima porque estoy atascada. —¡Amiga! —Doy un encogimiento de cuerpo completo, intentando desplazarla. Es tenaz, envuelta alrededor de mí—. ¿Qué estás haciendo? Cuando se aparta veo que está llorando. Debo verme bastante mal. —¿Por qué lo hiciste? —Ella sorbe por la nariz y se la limpia con el dorso de la mano—. Hablamos y hablamos sobre eso, pero no pude imaginarlo. No solo agitaste una bandera roja frente a un toro. Te paseaste hacia él, le diste un puñetazo en el rostro y luego intentaste bailar en sus cuernos. Dani, ¿qué estabas pensando? Suspiro. La gente hace las preguntas más estúpidas. A veces no piensas. Solo actúas. Algunos momentos son demasiado dorados para pasarlos por alto. Juegas; pagas. Siempre he estado de acuerdo con eso. 65
  • La observo con sospecha. Jo no puede estar aquí. No en las entrañas del Chester’s. —Tú no eres real —digo. Ella palpa mi frente. —Tienes fiebre. Lo sé. Estoy chorreando sudor y congelándome de frío. Siempre me da fiebre cuando estoy peligrosamente hambrienta. Es otra jodida debilidad. Tantas superfuerzas. Tantos límites. No dejo que la gente sepa acerca de ellos. —Debo tener un resfriado —le digo. Tengo comida almacenada en cada bolsillo, pero con las manos atadas sobre mi cabeza no puedo obtener ni un mordisco de ella. —Saca una barra de proteína de mi bolsillo y aliméntame. —Si esto realmente está pasando, voy a estar fuerte otra vez y mi temperatura corporal volverá a la normalidad. Si esto es un sueño, al menos voy a soñar con el sabor de la comida. No tengo nada que perder y todo que ganar—. ¿Supongo que no has visto unas llaves para estas esposas tiradas cerca en algún lugar conveniente? —Lo digo sin esperanzas, Ryodan no es tan descuidado. Cuatro barras de proteínas más tarde, sé que no estoy soñando. Mi cabeza aún palpita, pero está comenzando a aclararse. EP no era real. Pero Jo lo es. Ella me dice que se corrió la voz por todas partes de que había tomado a un montón de Faes sin ayuda de nadie en Chester’s y luego me había paseado toda engreída con un príncipe Unseelie. Margery insistió en que el príncipe Unseelie me había matado, y logró convencer a muchas sidhe-sheep de descartarme, tomándolo justo donde Rowena lo había dejado, difamando mi nombre. Kat había visto las cosas de forma diferente. Ella había hecho algo de investigación antes de tomar su decisión. De acuerdo con los testigos, el “príncipe” que caminó conmigo no estaba usando un torque. Los príncipes Unseelie tienen torques plateados alrededor de sus cuellos que brillan como si fueran radiactivos. El collar parece ser parte de ellos, inseparable como sus tatuajes y sus alas. Eso le dijo a Kat todo lo que necesitaba saber: Si el príncipe no estaba usando un torque, tenía que ser Christian quién me escoltó fuera. No estoy segura de cómo hizo el siguiente salto deductivo, pero estoy feliz de que lo hiciera. Ella envió a un grupo de chicas a Chester’s para buscarme, creyendo que Ryodan había ido tras de mí y me había capturado. Me sorprende lo rápido que actuó. Tal vez Kat va a hacerlo todo bien con las sidhe-seer. —¿Cómo se dio cuenta que estaba perdida tan rápido? 66
  • —Has estado aquí tres días, Dani. Estoy sorprendida. ¿He estado encadenada aquí abajo tres días? No es de extrañar que esté hambrienta. —¿Cómo diablos me encontraron? Me imaginé que estaba como enterrada en el calabozo del Chester o algo así. —Lo estás. Vi a Ryodan salir del elevador escondido en la pared fuera del retro-club. La puerta no se cerró completamente y me deslicé en él cuando nadie estaba mirando. Cierro mis ojos y suspiro. Hay tres errores en esa oración. (1) Ryodan no es visto si no quiere ser visto. (2) Las puertas en este lugar no quedan abiertas en lo más mínimo. (3) Nadie se desliza en ellas sin ser notado. La única manera en que Jo viera a Ryodan salir del elevador es si él la dejó. Lo que significa que no habían podido encontrar a mi “pequeño novio” en los pasados tres días. Pero seguro que él encontró a alguien para usar contra mí. Dentro de mis párpados veo a Jo encadenada, golpeada. Ryodan ni siquiera tuvo que dejar su club. Solo se sentó y esperó por quienquiera que se mostrara primero buscándome. Abro mis ojos. —Sal de aquí, Jo —digo—. Ahora —Ninguna de ustedes va a ninguna parte —dice Ryodan mientras da un paso desde las sombras. 67
  • Traducido por Little Rose Corregido por Simoriah S oy absurdamente fácil de romper si sabes dónde presionar. Si has leído alguna tira cómica, sabes que los superhéroes tienen una vulnerabilidad crítica: la sociedad que protegen. Jo es parte de mi sociedad. El hecho es que, cualquiera sidhe-sheep encadenada a mi lado me tendría cantando una nueva canción. Bueno, quizás no Margery. De hecho, incluso ella también, probablemente. Lo difícil para mí es saber que puedo soportar más que el resto. Como ese estúpido conejito que solía aparecer en los comerciales todo el tiempo, me derrotan y sigo peleando. Y dando puñetazos. Y respirando. No es verdad para el resto. Mueren tan fácilmente. Además, no le temo al descanso final. Supongo que es solo otra aventura. Intento convencer a Ryodan de no encadenar a Jo. No me escucha. Jo se vuelve loca cuando él la agarra. Gritando y chillando y pateando. Estoy algo impresionada por la fuerza con la que lucha. Creo que ver a Dublín ser destruida en Halloween, ver a nuestra amiga Barb ser poseída por el Sinsar Dubh y ser montada como una perra que esgrimía una metralleta para masacrar a tantas de nosotras, además de vivir en un mundo donde tienes que sacudir los zapatos antes de ponértelos para asegurarte de no 18 “I Fall To Pieces”: de la canción “Fall To Pieces” de Velvet Revolver. 68
  • ser comida por una Sombra más rápido de lo que puedes decir “Oh, mierda” está afectando la mente de Jo. Ella solía ser como Kat, siempre centrada y cuidadosa con sus decisiones, no tenía una palabra dura para nadie. —¡Voy a matarte, bastardo, no te saldrás con la tuya en esto! —está gritando—. ¡Déjame ir! ¡Sácame las manos de encima, hijo de perra! Ryodan la encadena junto a mí. Ella lucha un poco pero es como ver una mosca golpear contra una ventana, intentando salir. Sabes que nunca va a funcionar. La miro. —¿Tienes alguna otra brillante idea, Jo? Intenta traerle unos bebés para que torture la próxima vez. Ella le da un violento tirón a las cadenas. Estamos aseguradas a una pared de piedra. —Suerte con eso. —Si yo no pude romperlas con mi súper fuerza, ella tiene las posibilidades de una bola de nieve en el infierno. Creo que él ha encantado el metal. Creo que ha encantado todo. Quiero saber dónde aprende sus hechizos para poder anotarme para un curso acelerado. Si he estado aquí abajo por tres días, debería estar, bueno, más desordenada de lo que estoy. ¿Cómo me mantuvo inconsciente por tres días? ¿Me puso en algún tipo de animación suspendida? Realmente tengo que orinar. —Intentaba ayudar —dice ella. —Deberías haberme golpeado en la cabeza con un bate de béisbol. Me habrías liberado de mi miseria. —Podría haber soportado estar aquí abajo por siempre hasta que ella fue y se ofreció a Ryodan como arma. Ryodan está de pie frente a nosotras, las piernas separadas, y los brazos cruzados sobre el pecho. Es un tipo grande. Me pregunto si Jo sabe que tiene colmillos. Me pregunto qué es él. Me pregunto por qué ella lo mira así. Lo odia. Aplasto mis preguntas sin sentido y me concentro en lo importante. Aplazar las cosas está en el número tres de mi Lista de Estupideces. Sigues terminando exactamente donde no querías estar, haciendo exactamente lo que no querías hacer, con la única diferencia de que perdiste todo el tiempo en el medio, durante el cual podrías haber estado haciendo algo divertido. Incluso peor, probablemente estuviste de un humor estresado y desagradable todo el tiempo 69
  • que estuviste evitándolo. Si sabes que algo es inevitable, hazlo y termina con ello. Avanza. La vida es corta. Si él tortura a Jo, cederé. Lo sé. Él lo sabe. Ergo, torturarla es una gran pérdida de tiempo. El suyo. El mío. El de ella. —¿Qué quieres de mí, Ryodan? —digo. —Es momento de decidirte, Dani. —¿Estás sordo? Dije, ¿qué quieres de mí? —Me debes una compensación. —Amigo, ya está todo listo. ¿Por qué sigues insistiendo en ello? —He vivido mucho tiempo, niña, y nunca he oído a nadie mutilar el idioma Inglés tanto como tú. —¿Cuánto tiempo sería? —dice Jo. Suelto un bostezo grande y dramático. —Sigues perdiendo el tiempo. Y yo soy como un arbusto19. —Sonrío y me retuerzo como un arbusto. Él entrecierra los ojos hacia mí como si estuviera pensando. Como si quizás aún no hubiera decidido qué quiere de mí. Eso me preocupa. Debería ser muy sencillo: quiere que trabaje para él. Sé que él no es brillante como yo, así que lo ayudo. —Revisaré tu pequeño misterio de hielo, Ryodan. Lo pondré en la cima de mi lista de prioridades. Ya libéranos. —Ya no es así de simple. Complicaste las cosas como la mierda cuando decidiste desafiarme públicamente. Nadie hace eso y vive. —Yo respiro —digo. —¿Tienes que seguir diciendo “mierda” frente a ella? Apenas tiene trece años —dice Jo. N. de T.: juego de palabras entre “bush”, arbusto, y “beat around the bush”, que significa evitar hacer algo, perder el tiempo. 19 70
  • —Catorce —corrijo irritadamente. —Mis hombres te quieren muerta. Están presionándome por una ejecución dramática, en el club. Dicen que es la única forma de calmar a los clientes del Chester’s. —Siempre quise irme a lo grande —digo—. Quizás podríamos incluir fuegos artificiales, ¿eh? Creo que quedan algunos en esa antigua estación de servicio en O’Clare. —Nadie ejecutará a nadie —dice Jo—. Es una niña. —No soy una maldita niña. No creo que ni siquiera naciera así. —Les dije que creo que puedes ser útil —dice Ryodan—. Que puedo controlarte. Me erizo y agito las cadenas. Nadie me controla. Ya no. —Dicen que nunca responderás a nadie. Ni siquiera Barrons está de mi lado. Sin duda porque EP le dijo a Barrons que le dijera a Ryodan que me matara. O que le permitiera hacerlo. —Son ocho contra uno —dice él. —Ocho contra dos —dice Jo—. Si cuentas a sus hermanas sidhe-seers, y más te vale que lo hagas, son ocho contra miles. —Sus números se han visto disminuidos severamente —dice Ryodan. —En el mundo, somos más de veinte mil. —No sabía eso —le digo a Jo—. ¿Por qué no sabía eso? —A Ryodan, le digo—. Amigo, mátame o libérame. —Si la matas —dice Jo—. Provocarás la ira de todas las sidhe-seers en el mundo. Te cazarán. Dani es una leyenda entre nosotros. No la perderemos. —Si decido matarla —dice Ryodan—. Nunca nadie sabrá qué les sucedió a ustedes dos. Parpadeo, repitiendo en mi mente una y otra vez lo que dijo Jo, pero no puedo oírlo lo suficiente. —¿En serio? ¿Soy una leyenda? Como, ¿soy conocida alrededor del mundo? ¡Repítelo! —chillo. No tenía idea. Podría quedar algo de pavoneo en mi cuerpo después de todo. Inclino la cadera. 71
  • —Déjala ir —le dice Jo a Ryodan—. Y me quedaré en su lugar. —¡A la mierda con quedarte! —exploto. —Estás ofreciendo quedarte aquí. Encadenada. Conmigo. A cambio de ella. —Una sonrisa aparece en sus labios. —Mientras me tengas como un rehén, ella se comportará. —¡A la mierda con quedarte! —repito dado que nadie reaccionó como debería, como, obedeciéndome. O prestándome algo de atención en lo absoluto. —No he olvidado lo que le hiciste a mi celular, sidhe-seer —dice Ryodan. —Estabas tomando fotos en nuestra propiedad. Es privada —dice Jo. —Ustedes están en mi propiedad. Es privada. —No estoy tomando fotos. Vine a recuperar algo que es nuestro. Algo que no tenías derecho a llevarte. —Yo no soy un algo. Ni una niña —digo. —Ella no tenía derecho a matar a los clientes de mi club. Había sido advertida. Repetidamente. —Y sabes qué bien escucha. No deberías haberla traído a tu club y dejarla sola con una espada. ¿Podrías ser tan estúpido? —¡Hombre, dejen de hablar como si no estuviera aquí! —Sidhe-seer, camina con cuidado —le dice a Jo, y su voz se vuelve muy suave. Suave viniendo de Ryodan nunca es bueno. —Déjame tomar su lugar. Es solo una niña. —¡No soy una niña! Y ella no va a quedarse aquí. ¡Nadie se queda aquí! ¡Excepto quizás yo! —Entiendes lo que significaría —le dice a Jo, como si yo ni siquiera estuviera teniendo una pelea violenta y ruidosa con un muro y cuatro cadenas—. Si ella da un paso en falso, estás muerta. Siento la sangre abandonar mi rostro. Yo siempre doy pasos en falso. Mal paso es mi segundo nombre, justo después de Mega. No puedo no dar un mal paso. Tengo pies. —Entiendo. 72
  • —¡No lo dice enserio! —grito—. ¡Ni siquiera sabe de qué está hablando! No tiene idea de cómo son ustedes. Además, ella ni siquiera me importa en lo absoluto. Puedes matarla. Así que bien podrías dejarla ir. —Cállate, Dani —dice Jo. —Tendrás que firmar una solicitud de empleo —le dice Ryodan a Jo. —¡No lo firmes, Jo! Tiene algún tipo de hechizo. —¿Estoy siendo mantenida como rehén o estoy solicitando un empleo? — dice Jo. —Estoy escaso de meseras. Algunas de ellas se fueron —Ryodan me mira—. Daño colateral el otro día. —No maté a ningún humano. —Dos tenían suficiente Unseelie en ellos que aparentemente no pudiste diferenciarlos —dice Ryodan. ¿Maté humanos? ¿Cuánto Unseelie habían comido? —¿Quieres que sea una mesera? —dice Jo, horrorizada, como si fuera un destino peor que la muerte—. Intenté ser mesera en la preparatoria. No puedo. Dejo caer los platos. Vuelco las bebidas. Soy una investigadora. Una lingüista. Vivo en mi mente. No sirvo mesas. —Convenientemente, tengo dos solicitudes a mano. —Ryodan toma un paquete de papeles doblados de su bolsillo. —¿Por qué dos? Yo no voy a servir mesas —digo agresivamente. —¿Tengo que servir a los Fae? ¿Tomar órdenes y llenarlas? ¿Y llevar cosas a sus mesas? —Jo no parece capaz de entenderlo. Como si prefiriera quedarse encadenada a la pared que servir mesas. —Y a mis hombres. Ocasionalmente, supongo, incluso a mí. Con una sonrisa. —La mira de arriba abajo, en cámara lenta—. Lucirás bien en el uniforme. Tenemos un trato. —En el estilo típico de Ryodan, su voz no se eleva al final de la pregunta. Sabe que tienen un trato. Puede leer a Jo como un libro de portadas transparentes. Mis cadenas resuenan cuando las pruebo con todo lo que tengo. Él no va a poner a Jo a trabajar en el subclub de niños. Ella tiene el tipo de rostro que es tan delicado y bonito que puede llevar el cabello muy corto como lo hace y lucir totalmente hermosa. Incluso esos estúpidos anteojos que usa al leer le quedan bien porque hacen que sus huesos luzcan más elegantes. Tiene algo 73
  • etéreo. No va a llevar una falda tableada corta, blusa blanca ceñida, calcetas y zapatos de colegiala de tacón alto. ¡No servirá a Ryodan y a sus hombres! Chester’s la tragará como a un sabroso bocado y escupirá sangre y cartílagos. —No, Jo —digo llanamente—. No te atrevas. —Tenemos un trato —dice Jo. Él desencadena a Jo, le entrega la “solicitud” y una pluma. Ella la apoya contra la pared y firma sin siquiera leerla. Él la dobla y se la devuelve. —Toma el elevador hacia arriba por donde viniste. Lor te está esperando allí. Te dará un uniforma. Comienzas esta noche. Tienes una única misión: hacer felices a mis clientes. —Lor me está esperando —dice Jo. Pasa una mano por su corto cabello oscuro y lo mira de una forma que me sorprende, por el coraje que tiene—. Creí que dijiste que tus hombres esperaban que nos mataras. —Si no le entregas la solicitud firmada, lo hará. Sugiero que te asegures que la vea en el momento en que salgas del elevador. —¿Qué hay de Dani? —Subirá pronto. —Ella viene conmigo ahora —dice Jo. —Nunca. Me. Digas. Qué. Hacer. —Ryodan está hablando suavemente de nuevo, y no sé Jo, pero a mí me da escalofríos cuando habla así. —¡Sal de aquí, estúpida sidhe-sheep de mierda! —digo—. Estaré bien. ¡Habría estado mejor si tú no hubieras aparecido! —Ahora él es su dueño. La tiene hechizada de alguna forma. Eso me molesta tanto que tiemblo. Después de que Jo se va, Ryodan se desliza hacia mí de esa rara forma fluida suya. No se movió así frente a Jo. Caminaba todo en cámara lenta cuando ella estaba aquí. Veo el destello de un cuchillo plateado en su mano. —Amigo, no hace falta que me cortes. Firmaré la maldita solicitud. Solo dame una pluma. —Tengo que salir de aquí. Tengo que salvar a Jo. Ella se puso en peligro por mí. No puedo soportarlo. —Niña, cuándo aprenderás. 74
  • —Te sorprenderían las cosas que sé. —Puede que puedas salir de una telaraña a fuerza de golpes, pero dar golpes en la arena movediza no funciona. Mientras más luchas, más te hundes. Pelear solo hace más rápida la inevitable derrota. —Nunca he sido derrotada. Nunca lo seré. —Rowena era una telaraña. —Él toca mi mejilla con la mano que sostiene el cuchillo. La plata suelta un destello a dos centímetros de mi ojo—. Sabes lo que soy. —Una gran molestia en mi trasero. —Arena movediza. Y estás bailando en ella. —Amigo, ¿qué hay con el cuchillo? —Ya no me interesa la tinta. Vas a firmar mi contrato con sangre. —Creí que dijiste que era una solicitud —digo. —Lo es, Dani. Para un club muy exclusivo. De lo que es Mío. —No soy de nadie. —Firma. —No puedes obligarme. —O Jo muere. Lenta y dolorosamente. —Amigo, ¿por qué sigues hablando? Desencadéname y ya dame el maldito contrato. Hay una guillotina sobre mi cuello. La oigo susurrar mientras rasga el aire. Hay un nombre grabado en la brillante hoja: JO. Lo veo en mi periferia con cada paso que doy. Va a volverme loca. Después de que firmo su maldito contrato, tengo una toalla de papel en el puño porque mi palma sigue sangrando donde me cortó, me deja ir. Así de simple. Desencadena mi otro brazo y las piernas, se ofrece a curarme, ante lo cual suelto un gran “bésame el trasero”, luego me escolta al elevador y me dice que me vaya adonde sea que esté mi versión actual del hogar. 75
  • Espero que me diga que tengo que mudarme a Chester’s para que pueda vigilar todos mis movimientos, como Barrons hizo con M… EP. Espero que se vuelva un maníaco controlador. No espero que me devuelva la espada y me envíe a casa con un casual recordatorio de que debo presentarme al “trabajo” mañana a las ocho P.M. Dice que hay otra cosa que quiere que vea. Odio esto. No está cantándome las mil y una reglas de Ryodan como creí que haría. Está dándome todo tipo de sogas para que me cuelgue. Yo hago nudos con la soga. Y me muevo realmente rápido. Es inevitable que de alguna manera me enrede en tanta soga, con una vuelta o dos alrededor del cuello. ¿Cómo voy a sacar a Jo de esto? Cuatro de sus tipos enormes llenos de cicatrices me esperan cuando salgo del elevador. Miro alrededor con cautela en busca de Barrons y EP mientras sacudo escandalosamente mi contrato ante los hombres de Ryodan para que no me critiquen antes de que me lo quiten y lo guarden donde sea que Ryodan planee guardarlo y de donde eventualmente voy a regresar a robarlo. Se me acabaron las barras de proteína y no estoy de humor para una discusión sin fin. Afortunadamente, EP no está a la vista. Llego al baño con escolta pesada. ¿Qué creen que haré? ¿Volar el lugar? No puedo. No tengo mi mochila. Tampoco un Mac-Halo. No lo trajeron cuando me atraparon en casa de Dancer. Miraría por una ventana pero el club no tiene ninguna. Mis huesos me dicen que es de noche. No me arriesgo con las Sombras. Me niego a morir tan estúpidamente. —Necesito linternas —digo, saliendo del baño. Uno de los tipos gruñe y se aleja. El resto me escolta a través de los subclubs. Todos los Fae que pasamos me miran. Hay muerte en sus ojos. Algo raro me ocurre en la salida. Congelar el cuadro se siente como si mentalmente me levantara y me moviera lateralmente hacia una forma de ser diferente, y me gusta. Ahora, cuando salgo y veo todos los rostros molestos, humanos y Fae, una parte completamente diferente de mí es levantada y movida hacia un costado sin que yo siquiera lo intente, de hecho, estoy segura de que me estoy 76
  • resistiendo, y no me gusta en lo más mínimo, porque de repente estoy viendo mi mundo con lo que se sienten como un par de ojos totalmente diferentes. No me gustan estos ojos. Ven las cosas mal. Los Fae me odian. También muchos humanos. Los hombres de Ryodan me quieren muerta y no tengo idea de por qué él me mantiene con vida. EP… oh, a la mierda… Mac, la mejor amiga que jamás tuve, Mac… quien me hizo un pastel de cumpleaños y estuvo conmigo y actuó genial, y vendió una parte de su alma a la Mujer Gris para salvarme, también me odia. Quiere matarme porque maté a su hermana bajo las órdenes de Rowena antes de que siquiera supiera que Mac existía. La vida de Jo pende de un hilo sostenido por mis manos completamente poco confiables. Y se me ocurre una idea que nunca he tenido en mis catorce años de vida (¡Y he tenido muchas ideas!), y es un poco borrosa (probablemente porque preferiría no oírla) y dice algo así: Santo cielo, Dani, ¿qué mierda has hecho? Siempre he sido un bote de velocidad atravesando las crestas de las olas, alimentándome de sensaciones, el viento en mi cabello, rocío de sal en mi rostro, divirtiéndome. Jamás mirando hacia atrás. Jamás viendo lo que sucede alrededor o detrás de mí. Estos nuevos ojos ven mi estela. Ven lo que dejo atrás cuando paso. Botes volcados. Gente agitándose en las olas. Gente que me importa. No estoy hablando de Dublín, mi ciudad que siempre mantengo tranquila e impersonal sin un rostro real. Esta gente tiene rostros. Pasamos junto a Jo. Ya está vestida y en su nuevo puesto, junto a otra mesera, siendo entrenada. Sí se ve bien en el uniforme. Me da una mirada cuando paso, mitad exasperada, mitad ruego para que me comporte. Su entrenadora me lanza dagas con la mirada. Me pregunto si las meseras que maté eran sus amigas. —No deberían haber comido tanto Unseelie —murmuro en mi defensa. Intento volver a la forma en que era antes de salir del elevador, volver a la Dani “la Mega”, a la que nada le importaba. 77
  • Nada ocurre. Intento una vez más. Todavía siento la brisa de esa guillotina. Uno de los tipos de Ryodan, Lor, me entrega una linterna. —Dios —digo—. Gracias. Toda una linterna contra una ciudad de Sombras. —Se han ido. En su mayoría. Pongo los ojos en blanco. —“En su mayoría” puede estar bien para ti porque, como, ellas no comen lo que sea que ustedes sean. ¿Por qué es eso? Lor no me responde, pero tampoco esperaba que lo hiciera. Apenas llegamos a la puerta, congelo el cuadro. Puedo correr más rápido que cualquier cosa. Incluso que yo misma. 78
  • Traducido por Ale.. Corregido por Pimienta nciendo una linterna, y me dirijo a la tienda más cercana que sé que todavía tiene Snickers en los estantes, para así reponer provisiones. Tengo un estómago insaciable y duele por el hambre. Ésa es una sensación que me cuido mucho de evitar. Especialmente cuando mi cabeza todavía palpita tanto. Le habría puesto hielo, pero si he estado inconsciente por tres días, es demasiado tarde. El hielo solo funciona si lo utilizas de inmediato. Busco en mi cabello, encuentro la zona inflamada y herida en la nuca que me está causando tanto dolor, y suspiro, preguntándome qué golpeé y cuando. Cierta gente piensa que, como siempre estoy golpeada, soy masoquista. No lo soy. Simplemente así mi vida. E Como pensé, es de noche, así que las calles están en su mayoría desiertas. La gente hace sus “compras” durante el día. Aquellos que sí cazan por la noche, solo hacen eso… cazar. Salen en manadas, armados hasta los dientes y van tras cualquier Unseelie que puedan encontrar. Muchos de los cazadores están dispuestos a tomar cualquier riesgo. No saben cómo vivir en el mundo de la forma en que es ahora, así que toman riesgos locos. Termino rescatando vigilantes por todos lados. A veces se encuentran con Jayne, y antes de que alguien pueda decir “no disparen, somos humanos”, hay bajas. Todos tienen dedos rápidos cuando se trata del gatillo. Las cosas seguro que han cambiado desde que los muros cayeron el pasado octubre. Siete meses atrás las calles eran fáciles. Sal en la noche, mata a algunos Fae y luego mata algunos más. Los Unseelie eran fáciles de tomar por sorpresa 20 “And I’m hungry like the wolf”: de la canción “Hungry Like The Wolf” de Duran Duran. 79
  • porque tenían una pobre opinión sobre los humanos. No nos veían como una seria amenaza. Ahora sí. Ahora están en guardia, son más peligrosos, más difíciles de atrapar e imposibles de matar a menos que seas Mac, una Sombra, o yo. Las Sombras son caníbales. La vida es vida. Ellos no discriminan. Tenemos humanos luchando contra Faes, humanos luchando contra humanos, Faes luchando entre sí, y todos nosotros intentando deshacernos de las Sombras. Bajo la velocidad hasta el paso de una persona normal, perdiendo fuerza. Necesito comida rápido. Ya comí todo lo que tenía metido en los bolsillos. Tres días de hambre me hacen eso. Girando la espada alrededor de mi muñeca (me tomo meses perfeccionar ese movimiento… y es ¡geniaaaaal!), me agacho para entrar a la tienda de comestibles con las ventanas rotas, los estantes caídos, la caja registradora abierta y derribada. No veo porque alguien se molestaría en robar dinero. No te consigue nada. La gente finalmente abrió los ojos, el dinero es tan inútil como siempre lo fue. Solía sorprenderme cuando era pequeña como la gente intercambiaba pedazos de papel que todos acordaban en fingir que significaban lo mismo, cuando todos sabían que no significaban nada. Fue la primera conspiración adulta de la que fui consciente. Me hizo pensar que quizás jamás ningún adulto debía ser mi jefe. Soy la persona más inteligente que conozco. Quizás con la excepción de Dancer. No es que esté siendo arrogante. Es un verdadero dolor en el trasero la mayoría del tiempo. “Comprar” hoy en día opera en algo sólido y real: el sistema de trueque. Ryodan tiene a los barmans y meseras de Chester’s entrenados para aceptar ciertos artículos que o bien quiere para sí mismo, o que puede cambiar por algo más que quiera. Si tienes algo grande en lo que él está interesado, te dará una línea de crédito. He oído que recibe favores de los Fae a cambio de darles un lugar donde pueden acechar a los humanos. Aunque odio que Jo trabaje en Chester’s, en cierta manera estoy agradecida porque ahora obtendré mayor información desde adentro. Podré descubrir qué motiva a Ryodan, cuáles son sus debilidades. El tipo tiene que tener algún punto débil en su armadura. Todos tienen su kryptonita. Rodeo un montón de ropas y cáscaras (malditas Sombras, ¡las odio!) y me dirijo hacia el estante de dulces. Está vacío. No hay un solo Snickers. No hay nada, de hecho. 80
  • Me dirijo hacia el pasillo de las galletas. Las estanterías están vacías. Mi estómago gruñe. Enojado. Mis rodillas no están temblando aún, pero están cerca. Giro la linterna para dar un barrido alrededor de la tienda. El lugar ha sido limpiado. Dejaría salir un suspiro melodramático pero es un gasto de energía que de repente no me puedo permitir. Ya no estoy balanceando mi espada o saltando de un pie al otro, en la forma en que suelo hacer. No estoy moviendo un cabello que no sea necesario. Mi vida se acaba de hacer más difícil. Cuando eres un súper auto como yo, o bien necesitas un enorme tanque de gasolina, el que no tengo con un metro cincuenta y nueve a primera hora en la mañana, o necesitas vivir en una ciudad con muchas estaciones de gasolina. Mis estaciones de gasolina se están secando. Está bien. Lo vi venir. Dancer también. Escondí suministros de comida, agua y medicinas en muchos rincones escondidos alrededor de Dublín hace meses. Dancer y yo hemos estado aumentando esas reservas en nuestro tiempo libre durante las últimas semanas. Él no sabe donde están todos mis escondites, y yo no sé donde él mantiene sus cosas. De esa manera si alguien intenta torturar a uno de nosotros para que cuente, no podemos delatarnos completamente. Intenté decirle a las sidhe-sheep que lo hicieran, pero pensaron que estaba loca. Dijeron que con más de la mitad de la población desaparecida había suficientes cosas en las tiendas para que duraran un buen rato. Dije que alguien iba a intentar monopolizar la distribución de la comida. Amigo, sistema de trueque: la comida y el agua son lo más buscado. Dijeron que todo el mundo estaba demasiado ocupado tratando de sobrevivir. Yo dije que no durarían mucho, ¿y no habían leído A Canticle for Leibowitz21, no ven como son las tendencias? Dijeron, ¿qué tiene que ver A Canticle for Leibowitz con la comida? Y les dije ¿debería comenzar a llamarlas sidhe-simplonas en lugar de sidhe-sheep? ¿Tengo que traducirlo todo? ¿No podemos usar metáforas para algunas cosas? Odio siempre tener la razón, murmuro en mi cabeza. Hablar requiere respirar y respirar requiere gasolina que no tengo. Salgo lentamente de la tienda y casi tengo un maldito ataque al corazón cuando veo al príncipe Unseelie de pie ahí, medio en las sombras. La mitad de 21 A Canticle for Leibowitz: novela post apocalíptica escrita por Walter M. Miller Jr y publicada en 1960. 81
  • él que está fuera está bañada con la luz de la luna, pero la luna no brilla de la misma manera que solía hacerlo antes de que los Fae vinieran. Raramente es del mismo color de una noche a otra. Esta noche tiene una luminosidad púrpura plateada, haciendo de la mitad de él una silueta negra, la otra mitad lavanda metálica. Está tatuado, es hermoso, misterioso, exótico y hace que mi corazón palpite de una manera que no tiene nada que ver con el miedo. Mi espada destella al elevarse. Mi hoja es larga y de alabastro. Trabo el codo para que mi brazo no tiemble. —Tranquila, muchacha. —¡Deja de aparecerte de esa manera! —¿Cómo puedo no oírlo? Él y Ryodan tienen esa ventaja sobre mí. Me vuelve loca. Tengo súper audición. Mi oído es tan bueno que puedo oír el aire moviéndose cuando otras personas se mueven, mierda. Nadie se me aparece furtivamente. Ambos lograron hacerlo esa noche en la torre de agua, y Christian acababa de hacerlo de nuevo. Se puso a cinco metros de distancia sin que yo siquiera lo notara. —La espada. Bájala. —¿Por qué debería hacerlo? —Él se está volviendo erótico, como los otros PU22. Mi antiguamente-mejor-amiga Mac los llama Faes muerte-por-sexo porque pueden matar con sexo. Y eso en el mejor de los casos. ¿El peor caso? Te convierten en Pri-ya como lo hicieron con Mac. Te dejan viva, totalmente adicta al sexo, insaciable y loca. Los otros PU me acorralaron una vez, me mantuvieron entre ellos, y me hicieron cosas en las que no me gusta pensar. No quiero que el sexo sea de esa manera. Como si fueras alguna clase de animal indefenso. Ya he tenido suficiente de animal indefenso para el resto de mi vida. Lo que Christian está emitiendo no es una décima parte de lo que los otros PU tienen, pero es malo. —Nunca te haré daño, muchacha. —Lo dice el Príncipe Unseelie. —Pero bajo mi espada, la apoyo contra mi pierna. No estaba segura de cuánto tiempo sería capaz de sostenerla de todos modos. Los músculos en su rostro ondulan, como si estuvieran compitiendo para dar forma a su expresión, y la rabia parece ser la victoriosa y tengo la sensación que llamarlo príncipe Unseelie puede haber sido un pequeñísimo error de juicio por mi parte. He estado cometiendo muchos de ellos últimamente. —Di mi nombre, muchacha. 22 PU: Príncipes Unseelie. 82
  • Cubro mis oídos y lo miro como diciendo, ¿qué mierda? Su voz salió tan grande como una casa. —¡Di mi maldito nombre! —Un trueno suena en el cielo. Envuelvo mi cabeza con los brazos para silenciar su voz. En momentos como éste, odio mi súper audición. Levanto la mirada. No hay ninguna tormenta avecinándose. Es él. Influenciando el clima, justo como la realeza Fae. Bajo la mirada. Una capa de hielo cubre la acera alrededor de él, un brillo de cristales empolva sus botas negras y congela la parte baja de sus jeans. —Christian —digo. Él inhala con fuerza, como si algo le hiriera solo porque yo digo su nombre, y él cierra los ojos. Su rostro ondula, se suaviza como Silly Putty23 recién salida del huevo, luego se contrae de nuevo. Me pregunto si al tocarlo, podría darle forma, quizás estampar algunas caricaturas de la sección de historietas del periódico en él. ¡Me estoy causando gracia una vez más! —Dilo de nuevo, muchacha. Si eso evita que se ponga todo PU conmigo, de acuerdo. —Christian. Christian. Christian. Sonríe débilmente. Eso creo. Mierda si puedo averiguar lo que está sucediendo en su rostro. No más de lo que puedo averiguar cómo se las arregla para aparecerse…. —¡Benditos trozos de harina! —Todo se vuelve claro—. ¡Puedes tamizarte! Realmente te estás convirtiendo en un completo PU. Como, con todos los superpoderes. ¡Amigo! ¿Qué más obtienes? Si eso fue una sonrisa, acababa de desaparecer. No se ve tan feliz como yo lo estaría si estuviera recibiendo todo ese poder. Puedo apostar que su tanque de combustible no está sin gasolina. Estoy tan celosa que podría escupir. Pero eso también requeriría energía. Se mueve hacia adelante saliendo de las sombras, y veo que está cargando una caja bajo su brazo. —Voy a matar a Ryodan —dice él. Desenvuelvo mis brazos alrededor de mi cabeza. Una vez más estamos en tonos normales de conversación. Meto la espada debajo de mi abrigo. 23 Silly Putty: masa para modelar. 83
  • —Buena suerte con eso. Si averiguas cómo, házmelo saber, ¿de acuerdo? —Toma esto. —El empuja la caja hacia mí. La tomo a tientas, torpe por el hambre. Está resbaladiza gracias a una capa de hielo. La atrapo justo cuando toca el suelo. ¡Torpe! Reconozco el color y la forma ahora que está en mis manos, y me enciendo como un árbol de navidad. —¡Christian! —Sonrío. Diré su nombre tantas veces como quiera. Lo gritaré desde lo alto de las torres de agua. Qué mierda, ¡compondré una alegre cancioncilla para él y la cantaré mientras corro por Dublín! ¡Acaba de entregarme toda una caja de Snickers! Rasgo una envoltura, rompo la barra medio congelada por la mitad y la meto en mi boca de costado. Cuando aparto mi cabello del rostro y levanto la mirada para agradecerle con la boca llena, él se ha ido. Tres barras de chocolate más tarde me doy cuenta de lo que acaba de suceder. Me siento en la acera, meto las barras de chocolate en mis bolsillos y mochila, y digo: —Oh, maldición. Christian sabía cuánto necesitaba comida. Me observa. Me pregunto por qué. Me pregunto cuán a menudo. Me pregunto si está ahí en este momento, mirándome desde algún lugar y yo ni siquiera lo sé. Amigo, tengo un príncipe Unseelie espiándome. Genial. Con el tanque lleno de nuevo, paso por el castillo de Dublín. Tres días fue demasiado tiempo para estar fuera. Tengo un trabajo que hacer. Un ritmo para caminar. El trabajo de un superhéroe nunca termina. Entre patrullar mi ciudad, imprimir y distribuir el Diario, matar Unseelie, vigilar a Jo y a la otras sidheseers, y ahora trabajar toda la noche para Ryodan, cada noche, ¡no va a haber suficientes horas en el día! —¿Dónde demonios has estado? —dice el inspector Jayne en el instante en que me ve—. Tengo Unseelie hacinados en cada jaula. Acordamos que vendrías tres veces a la semana y los matarías con la espada… y eso apenas alcanza. ¡No te he visto en cinco días! ¡Cinco malditos días! Si no te tomas en serio tus responsabilidades, mis hombres te quitarán esa espada. 84
  • Se queda mirando el pliegue de cuero, donde mi espada está guardada debajo de un largo abrigo que roza los cordones de mis tenis de bota. Es mayo y hace casi demasiado calor para usar mi abrigo favorito de cuero negro. Pronto tendré que colgar la espada en mi espalda y lidiar con todo el mundo mirándola, codiciándola. Por lo menos ahora nadie sabe que la tengo. Pero claro, mi reputación está comenzando a precederme. ¡Jo dijo que era una leyenda! —Solo inténtalo amigo. —Me pavoneo hacia el terreno de entrenamiento, entre él y sus hombres. Unas pocas docenas de ellos tienen armadura completa, sudando como cerdos apestosos. A veces, el súper olfato es un dolor en el trasero. Él ha estado haciéndolos trabajar duro. Me pregunto qué sucede con eso. Es de noche. Usualmente tiene a sus hombres cazando de noche, patrullando, manteniendo las calles a salvo. Nos fulminamos con la mirada. Él se ablanda. Siempre lo hace. Le cuesta mirarme y permanecer enojado. Ve a sus propios hijos en mi rostro. Jayne tiene un punto muy débil por los niños. Él y su esposa han estando adoptando huérfanos por todos lados. No sé como alimenta a todos. Pero Jayne no es ningún tonto. Sospecho que él también tiene algunas tiendas escondidas. Hasta esta noche, parecía que la mayoría de nosotros estábamos jugando bajo las mismas reglas. Llévate mucho, pero deja algo. Ya no hay reglas. Alguien está limpiando las estanterías. Eso no es civilizado. —¡Maldita sea, Dani, estaba preocupado por ti! —Supéralo, Jayne. Me cuido perfectamente bien. Siempre lo he hecho. En sus ojos aparece esa expresión que siempre me hace sentir incomoda, como si estuviera a punto de rodearme con un brazo paternal o limpiar una mancha de sangre de mi mejilla. Me estremezco. La mano de la espada pica y estoy lista para aliviarla. —Estoy aquí ahora. Deja de perder tiempo. ¿Qué Unseelie quieres muerto primero? —¿Sabes por qué no saldremos a cazar esta noche? No me gusta que me den pie para hablar, así que solo lo miro. —No hay espacio en las jaulas. Libéralo todo. Y no te vayas hasta que lo hayas hecho. 85
  • Él vuelve a mirar el pliegue de la espada debajo de mi abrigo, luego hace algo que hace mucho. Mira a sus hombres, y me vuelve a mirar a mí, todo frío y especulador. No está viendo una niña cuando lo hace. Está viendo un obstáculo. Conozco a Jayne muy bien. Él ni siquiera sabe que lo hace. Se está preguntando si podrían quitarme la espada. Preguntándose si permitiría que sus hombres me maten para conseguirla. Si se lo dijera, él lo negaría hasta el final de los días. Cree que realmente se preocupa por mí y, en cierto nivel, lo hace. Piensa que le gustaría llevarme a casa con su esposa y hacerme parte de su familia, darme la clase de vida que está seguro que nunca tuve. Pero hay un metro veinte de problema de brillante metal entre nosotros, y es un metro veinte de inmenso poder. Y lo cambia todo. No soy una niña. Soy lo que se interpone entre él y algo que desea por todas las razones correctas. Y no está tan seguro de que no hará algo muy malo por todas las razones correctas. Mi espada y la lanza de Mac son las únicas armas que pueden matar Faes. Eso las hace sin ninguna duda el boleto más caliente en, no solo Dublín, sino en el mundo. Una parte de Jayne es como Barrons. Quiere matar Faes, y yo tengo el arma que necesita para hacerlo. No puede evitarlo. Es un líder. Y uno bueno. Cada vez que me ve, instantáneamente evaluará si cree que puede quitármela o no. Y algún día puede que haga algún movimiento. Y no me contendré contra él. Yo haría lo mismo. Veo cuando él decide que es un riesgo que no vale la pena tomar porque aún no está seguro de que no vaya a matar a algunos de sus hombres, quizás incluso a él. Mantengo esas dudas en mente. La parte subconsciente donde todo esto tiene lugar. Me dice algo amable, pero no lo absorbo. Jayne es un buen hombre, tan bueno como puede ser. No lo hace menos peligroso. Alguna gente cree que soy un poco psíquica junto con mis otros superpoderes. No lo soy. Solo veo la forma en que dejan ver sus intenciones. Recojo pequeñas pistas que otros no, como la forma en que los músculos se tensan en los dedos cuando miran mi espada como si imaginaran cómo se sentiría sostenerla, o cómo sus miradas se apartan rápidamente cuando dicen que están felices de que sea mi responsabilidad y no la suya. Lo que me es gracioso es como su consiente y subconsciente parecen estar tan divididos, como si no se hablaran en lo absoluto. Como si sentimientos competitivos no pudieran coexistir dentro de ti. Amigo, lo hacen todo el tiempo. Soy una pelota emocional de ping pong entre 86
  • paletas: un día no puedo esperar para tener sexo, y al siguiente pienso que el semen es la cosa más asquerosa del mundo. El lunes estoy loca por Dancer, el martes lo odio porque me importa. Simplemente sigo adelante, enfocándome en cualquier sentimiento que se manifieste más a menudo e intento mantener la boca cerrada cuando es el otro. Pero la mayoría de la gente tiene su Ello y su Yo viviendo en diferentes pisos en la casa de su cabeza, en diferentes habitaciones, y han cerrado las puertas que los comunicaban, y clavaron hojas de madera contrachapada sobre eso, porque creen que son, como, enemigos jurados que no pueden pasar tiempo juntos. Ro pensaba que todo el asunto del consiente/subconsciente tenía algo que ver con por qué soy como soy. Dijo que tengo la condición neurológica llamada Sinestesia24, con todo tipo de regiones cruzadas en mi cerebro hablando entre sí. La vieja bruja siempre estaba psicoanalizándome, ella era la psicópata y yo la que estaba siendo analizada. Decía que mi Ello y mi Yo son mejores amigos, no solo viven en el mismo piso, sino que comparten cama. Estoy bien con ello. Libera espacio para otras cosas. Parto, me desconecto, y hago lo que mejor se me da. Matar. 24 Sinestesia: percepción conjunta o interferencia de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo. Una persona con sinestesia puede oír colores, ver sonidos, y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. 87
  • Traducido por akanet, otravaga y hatlish Corregido por Pimienta —¿Q ué es este lugar? —le pregunto a Ryodan. —Tienes un montón de lugares por toda la ciudad, niña. No digo "sí". Últimamente, todo el mundo parece saber todo acerca de mí de todos modos. Y él no dice: "bueno, yo también." Cuando Ryodan desperdicia palabras, lo hace de la peor manera posible. Se pone todo filosófico. Haciéndome bostezar. Hay observaciones de los hechos que te mantienen vivo, como comprender a Jayne, y está el filosofar. Cosas muy diferentes. Lo primero es lo que me interesa. Estamos de pie en un muelle de carga de concreto, fuera de las puertas comerciales en un almacén industrial en la zona norte de Dublín. Ryodan nos trajo hasta aquí en un Humvee26 militar. Está estacionado detrás de nosotros, apenas visible en la noche, negro sobre negro, ruedas y todo, con ventanillas oscuras. Es algo que yo habría conducido. Si hubiera encontrado uno. Pero no lo hice. Es puramente rudo. Y yo que pensaba que los autos de Barrons eran geniales. Comienzo mi investigación. No hay luces encendidas alrededor del edificio. —Amigo, ¿tienes protección contra las Sombras? —No la necesito. No hay nada vivo adentro. 25 “And it all goes boom, chicka boom, boom-boom, chicka boom”: Parte de la canción “Chick- A-Boom” de Van Morrison. 26 Humvee: Marca de vehículo pseudo-militar, con aspecto de todoterreno, del mismo tipo que el Hummer. 88
  • —¿Qué hay de la gente que va y viene? —Solo durante el día. —Amigo. Noche. Estoy aquí. Él me mira, mira mi cabeza, y sus labios tiemblan como si estuviera tratando de no estallar en risas. —No necesitas eso... cualquier mierda que sea. —No voy a morir por una Sombra. Y es un MacHalo. —Lo primero que hice esta mañana fue pasar por casa de Dancer y llevarme mis cosas. El MacHalo es un invento genial. Solo en Dublín ha salvado miles de vidas. Fue nombrado en honor a la que solía ser mi mejor amiga Mac, la persona que inventó el casco de bicicleta cubierto con luces LED, delanteras, laterales y traseras. Añadí un par de soportes al mío para una mejor cobertura en cámara rápida. (Aunque siempre me he preguntado si podría pasar en cámara rápida a través de una Sombra sin él.) Es lo más avanzando en protección contra Sombras. Oí que están extendiéndose agresiva y rápidamente por todo el mundo. Todos en Dublín tienen uno. Por un tiempo estuve haciéndolos y entregándolos a sobrevivientes todos los días. Algunas personas dicen que las Sombras han dejado Dublín. Que se han mudado a pastos más verdes. Pero las Sombras son furtivas y solo se necesita una para matarte instantáneamente. No voy a correr ningún riesgo. —¿Qué tiene este lugar en común con tu club? —digo. Él me da una mirada que dice: "amiga, si lo supiera ¿crees que habría pedido tu insignificante ayuda?” Río disimuladamente. —Algo gracioso aquí. —Tú. Todo irritado y enojado porque hay algo que no sabes. Tienes que pedir los megaservicios de la Mega. —Alguna vez se te ocurrió que te estoy usando por razones que tu cerebro inferior humano no puede comenzar a entender. Es otra de sus preguntas que no suena como una pregunta. Es una táctica tan irritante, desearía que se me hubiera ocurrido a mí. Si empiezo a hacerlo ahora, me vería como una imitadora. Por supuesto que se me había ocurrido que tenía segundas intenciones. Todo el mundo las tiene. Ahora soy yo la que se siente toda irritada y enojada. Entro en modo observación, guardo mi irritación para 89
  • tener más probabilidades de ponerme charlatana que de enojarme. El humor es el mejor amigo de una chica. El mundo es un lugar divertido. Estimo que las puertas dobles del almacén tienen unos diez metros, con una entrada casi del doble de ancho si deslizas hacia atrás los cuatro paneles de las puertas. El metal corrugado está arrojando un frío tan intenso que mi aliento se congela a unas bocanadas de mi rostro y cuelga en el aire como pequeñas nubes heladas. Cuando le doy un puñetazo a una, tintinea al golpear el suelo en una capa de hielo y mi mente adjunta un modelo para un patrón: veo la capa de hielo en los jeans de Christian. Lo considero por un momento y luego decido que no hay manera. La realeza Fae puede afectar mínimamente el clima a su alrededor. La palabra clave aquí es "mínimamente." Esto es algo grande. Y Christian no es ni siquiera un Fae de pura sangre. Las puertas están recubiertas de hielo transparente. Busco mi espada. El pecho de Ryodan está contra mi espalda, y su mano está sobre la mía en la empuñadura de la espada antes de que siquiera procese que se ha movido. Me quedo totalmente quieta, ni siquiera respiro. Está tocándome. No pienso cuando él está tan cerca de mí. Solo subo el volumen de la estática en mi cabeza realmente fuerte y me concentro en tratar de alejarme lo más rápido posible. Viajar en un auto con él apesta. Compartimientos cerrados. Lata de sardinas electrificada. Bajar las ventanas no había ayudado ni un poco. Esto es un millón de veces peor. —Amigo. —Subo el volumen de mi estación de estática. —¿Qué estás haciendo, Dani? Su cara se siente realmente cerca de mi cuello. Si me muerde de nuevo, voy a patearle el trasero. —Estaba pensando en hurgar en el hielo, ver qué tan grueso es. —Casi cinco centímetros. —Sal de encima de mí. —Suelta tu espada. O no permitiré que sigas manteniéndola. El maldito puede quitarme la espada como Jayne nunca podría. Como solo los PU pueden. Una razón más por la que no puedo soportar a Ryodan. —No puedo soltar mi espada hasta que tú no quites tu mano de la mía. ¿Mucha presión? —digo con irritación. 90
  • Ambos en cierta forma la soltamos al mismo tiempo. Lo fulmino con la mirada, o a donde creo que está, pero él no está allí. Lo encuentro a seis metros de distancia, cerca de una pequeña puerta de tamaño normal. La abre. Su rostro de congela instantáneamente. —¿Lista? —dice. —No te mueves de esa manera frente a Jo. —Lo qué haga con Jo no es de tu incumbencia. —Será mejor que no hagas nada con Jo. Estoy comportándome como un buen soldadito. —Y mierda que me molesta. Reportarse a trabajar a las 8:00 PM Gah. Reportarse. Como si no tuviera mis propios planes. Como si no pasara horas cazando a Dancer, no tuviera atrasados dos Diarios de Dani y no me hubiera pasado la mayor parte de mi maldito día trabajando en uno, después de correr a la abadía para asegurarme de que Jo estuviera bien. Ella tenía novedades seriamente enfermas para mí acerca del nuevo y segmentado Unseelie, pero aparte de eso, no había querido hablar mucho. Creo que está bastante molesta conmigo. Nada nuevo ahí. Si no hubiera ninguna sidhe-sheep molesta conmigo, no sabría quién soy, o si la Tierra todavía estaba orbitando alrededor del sol—. Me estoy comportando. Ella está a salvo. Simplemente déjala en paz. Él sonríe ligeramente. —¿O qué, niña? —Sabes una cosa, amigo, si no pones un signo de interrogación al final de tus preguntas, no las contestaré más. Es de mala educación. Se ríe. Odio cuando se ríe. Eso intenta ponerme de vuelta en el nivel porno de Chester’s y eso simplemente me da asco, así que vuelvo a hacer la cosa de la estática en mi cabeza. Paso junto a él congelando el cuadro tan rápido que su cabello enseguida vuela por el aire. Me aseguro de pasar a través de un montón de polvo, y le doy un pequeño giro adicional a mi talón cuando paso zumbando por ahí de modo que sale disparado directamente hacia su nariz (¡un truco que perfeccioné en la abadía!). Él estornuda. Igual que una persona normal. Estoy medio sorprendida de descubrir que de hecho respira. El frío me impacta como una pared de ladrillos y por un segundo no puedo respirar. 91
  • Entonces lo siento contra mi espalda, a centímetros de mi metafórica rueda trasera como si estuviera aprovechando mi congelación de cuadro. Me pone nerviosa. Calienta mi temperamento y es fácil respirar de nuevo. Como en el primer escenario que él me mostró, un helado silencio llena el espacio como esas mañanas con fresca nieve recién caída cuando nadie más está despierto y el mundo está más calmado aún de lo que nunca pensaste que podría estar, hasta que das el primer paso que chirría en el cúmulo de nieve. Siempre quise tener una gran pelea de bolas de nieve con alguien en mañanas como esas, pero nadie había sido capaz de seguirme el ritmo alguna vez. Lanzarle bolas de nieve a la gente es como derribar latas de una cerca con una pistola de aire comprimido. Atravieso volando el almacén, revisando todo, fascinada a pesar de ser ordenada y mandada aquí. Me encanta un buen rompecabezas. ¿Qué está congelando estos lugares y por qué? Unas cuantas docenas de Unseelies están congelados en la entrada. Ryodan tiene obreros de castas inferiores trabajando para él. Hay un montón de Rhino-boys congelados en mitad de la acción. Al igual que el subclub en Chester’s, el lugar está extremadamente frío. Hace que mi corazón se sienta embotado y apretado. No dejo de moverme, no me detendré por nada. Los Rhino-boys están congelados cargando y descargando tarimas y cajas, la piel gris cubierta de blanco, barnizada con una capa transparente de hielo. Lo que fuera que les sucedió pasó rápido. No tuvieron advertencia. Sus expresiones congeladas son completamente normales. Bueno... tan normal como podría lucir un Unseelie alguna vez. Creo. Paso zumbando alrededor de dos corpulentos, examinando sus rugosos rostros de rinocerontes, bocas acuchilladas con los colmillos al descubierto, analizando ese pensamiento. Se me ocurre que tal vez sus expresiones no son normales. Estoy basando mis suposiciones en lo que sé de los humanos, en cómo reaccionan nuestros rostros. Christian es la prueba de que no puedo hacer eso. Ni siquiera puedo descifrar cuándo Christian está sonriendo. La lógica exige que elimine la suposición de que los Rhino-boys no tuvieron advertencia. ¿Un Rhino-boy puede lucir aterrado? No lo sé. Tal vez demuestran su miedo con algo tan pequeño y extrañamente Fae como un diminuto destello en tonos del arcoíris en sus pequeños ojos brillantes, y la escarcha blanca está ocultándolo. Nunca me he dado cuenta cómo lucen sus rostros cuando los mato. Por lo general estoy demasiado ocupada buscando al siguiente que 92
  • planeo apuñalar. Repentinamente estoy ansiosa por encontrar uno esta noche y llevar a cabo una prueba. Cualquier excusa para matar a un Unseelie es una excusa formidable. ¿Qué haría algo como esto? ¿Y por qué? Tiene que ser un Fae porque sencillamente no puedo ver a un humano arreglándoselas para construir una pistola de rayos congelantes que funcione a esta escala solo para andar vigilante. Por otro lado… tampoco puedo eliminar la posibilidad. Hasta ahora, los dos lugares que he visto congelados son exactamente el tipo de lugares que yo misma congelaría. Si tuviera un arma tan perversamente genial. La mayoría de la gente no creería que alguien que puede moverse como yo, luchar y oír como yo, podría existir. Ergo, no puedo descartar la posibilidad de que alguien más pueda ser tan inteligente que descubrió cómo construir una enorme pistola de rayos congelantes capaz de reducir la temperatura de los lugares para congelar los objetos en el espacio. Con tiempo suficiente, creo que Dancer podría arreglárselas. ¡Él es así de inteligente! Maldición. Tengo hechos y ninguna conexión. No puedo deducir nada. Todavía. De repente veo más allá de las figuras congeladas. El almacén está lleno de cajas, cajones y tarimas, amontonados por todas partes. Hay una pieza de cosas electrónicas congeladas que luce como un equipo de audio de algún tipo. Supongo que tal vez para el club. Las cajas están apiladas hasta el techo, y más cosas estaban siendo traídas cuando lo que sea que sucedió tuvo lugar. Llego a una conclusión completamente clara: ¡Ryodan es el tipo que está vaciando las tiendas! Acechando a los humanos justo como los Unseelie. Robándonos nuestra habilidad de sobrevivir para que él pueda vendérnosla a cualquiera que sea el costo que decida demandar. Todo está congelado. Cada parte de ello. Me pregunto si algunas de las cosas comestibles se pueden descongelar y salvar. La gente va a morir porque él es un cerdo demasiado codicioso. Estoy tan furiosa que abro un cajón de un golpe cuando paso zumbando. 93
  • —Ups —digo, toda inocente y como si fuera un accidente. Astillas de madera, de dos por cuatro, salen volando en todas direcciones. Armas automáticas explotan entre los restos y se deslizan por el piso congelado, donde chocan contra un Unseelie congelado que se rompe como pequeños duendes de cristal. De acuerdo, así que ese cajón tenía armas dentro. Eso solo significa que pateé la caja equivocada. Estoy tan segura de que él es el imbécil que está acaparando la comida que pateo otra, sin siquiera fingir que fue por accidente esta vez. Más armas. Entro en un frenesí de golpear. Cada vez que destrozo una caja o un cajón que contiene municiones o armas, me pongo más furiosa. Supongo que él me ocultaría la comida antes de traerme aquí. Estoy a punto de patear el quinto cajón cuando Ryodan repentinamente me tiene colgando en mitad del aire por el cuello de mi abrigo, cargándome como a un costal de papas sobre su hombro de nuevo, sacándome a toda velocidad por la puerta, me estrella contra un poste de teléfono y dice: —¿Qué mierda te sucede? —En el preciso instante en que todo el edificio estalla. —Amigo, ¿estás armando estos lugares para que exploten? —digo en el camino de regreso a Chester’s—. ¿Se trata de otra de tus estúpidas pruebas? ¿Tengo que resolver tu pequeño misterio en los tres segundos que tengo para examinarlo antes de que la escena vuele en mil pedazos? —El edificio entero había estallado hacia afuera, a lo largo de una cuadra. Apenas habíamos escapado congelando el cuadro de la zona de metralla. —Perdí una gran cantidad de propiedad personal en ambas explosiones. No sacrifico nada que sea mío de lo cual podría obtener beneficios. —Lo cual se traduce en que, mientras que sea útil, como piensas que soy tuya, no voy a… —Arrastro un dedo a lo largo de mi cuello. —Niña, podrías simplemente molestarme hasta que te mate. —Lo mismo digo, jefe. Él sonríe y siento que comienzo a sonreír en respuesta y eso me enoja así que miro por la ventanilla y me concentro en realidad en el paisaje que puedo distinguir en la rosácea luz de la luna, el cual no es mucho porque las Sombras 94
  • se llevaron todo lo que vale la pena mirar aquí afuera. Tengo tres escondites por este camino y un alijo grande. No sabía que Ryodan también se refugiaba aquí. Abandonaré este distrito tan pronto como tenga tiempo para reubicarme. —Observaciones —dice él. —Cuatro guardias imperiales Unseelie fueron lo único común que fui capaz de aislar que fuera endémico de las dos escenas. —Habían estado de pie, armados, en las puertas de embarque, supervisando la entrega. Él me da una mirada de soslayo. —Vaya. Eso fue, como, una frase completa. Con sustantivos, verbos y tejido conjuntivo. Endémico. Palabra elaborada. —Descuidado, amigo. Deberías haber omitido esa parte del tejido conjuntivo. —Nada más. Le doy una mirada. Odio sus oraciones-preguntas. No las voy a contestar más. Se ríe. —¿Nada más? —Su voz se eleva en el “más” una centésima de nota más alta que en la palabra “nada”, una concesión que solo alguien como yo, con súper audiencia sería capaz de percibir. Aún así, es una concesión. De Ryodan. Algo más raro que el agua en el desierto. —El hielo estaba formado por las mismas capas. Quizás escarcha. Definitivamente escarcha dura. Hielo transparente por encima de todo. La escarcha dura es rara. El hielo blanco viene de la congelación de la niebla. ¿Qué hacía la niebla en el interior de ambos edificios? —¿Cómo estalló el lugar? Pienso en lo que sucedió. Todo sucedió muy rápido y estábamos fuera, y él estaba bloqueando mi visión, y yo estaba más centrada en sacármelo de encima que en cualquier otra cosa. No me gusta, pero lo reconozco. —No puedo sacar ninguna conclusión, de acuerdo a las circunstancias. Él me mira de reojo otra vez. —Hablando como tú, amigo, pensando que quizás podríamos terminar más rápido con toda esta mierda. La comunicación es bastante difícil cuando todo el mundo lo está intentando. 95
  • —Eso no es verdad. Dame tu mano. —No. —Ahora. No hay forma que le de la mano. Él dice algo suave en un idioma que no entiendo. Mi brazo tironea hacia arriba. Observo con horror mientras mi mano pasa hacia su lado del Humvee, con la palma hacia arriba. Él deja caer un Snickers en ella, murmura algo y mi mano es mía una vez más. Me pregunto cuándo, cómo y por qué mi maldito apetito se convirtió en asunto de todos. —Come. Pienso en tirarle la barra de chocolate a la cara o por la ventanilla. Me niego a permitir que mis dedos se cierren alrededor de ella. Pero segura me vendría bien. Él frena, se detiene en medio de la calle, se vuelve hacia mí, toma el cuello de mi abrigo, tira de mí hasta que paso por encima de la separación entre nuestros asientos y se inclina hacia adelante. Nuestras miradas se encuentran. Estamos quizás a unos veinte centímetros de distancia, y creo que la única razón por la que mi nariz no está en contacto con la suya es porque uno de los soportes de mi MacHalo está casi tocando su frente. Mi trasero ya no está tocando el asiento. Nunca he visto ojos tan claros como los que tiene Ryodan. La mayoría de la gente está atestada de emociones, con líneas alrededor de ellos como cicatrices de guerra. Puedo decir al mirar a los adultos si han pasado sus años riendo o llorando o resentidos con todo el mundo. Oigo a las madres decirles a los hijos cuando ponen caras raras: “cuidado, tu rostro se quedará así.” Y realmente es así. A edad madura, la mayoría de la gente lleva escrito en su rostro lo que sea que hayan sentido más para que todo el mundo lo vea. Amigo, ¡tantos de ellos deberían estar avergonzados! Por eso me río tanto. Si mi rostro se va a quedar así, me va a gustar mirarlo. Mirar a Ryodan es como mirar al diablo a la cara. Es obvio que él ha sentido mayormente… nada. Despiadado. Un tipo frío. —No volveré a hacerte daño a menos que tú me obligues, Dani. 96
  • —Tú eres el que tiene la oportunidad de decidir qué constituye la definición de “obligar”. Hay un montón de lugar para maniobrar ahí. —No necesitas espacio para maniobrar. —Porque aniquilas. —Otra de esas palabras bonitas. —Amigo. ¿Qué acabas de hacerme? —Te di lo que necesitabas pero fuiste demasiado terca para tomarlo. —Él cierra mis dedos alrededor de la barra de chocolate con los suyos. No puedo sacármelo de encima con la suficiente rapidez—. Come, Dani. Me deja caer de nuevo en mi asiento, pone el Humvee en marcha y arranca. Mastico la barra de chocolate a pesar del sabor amargo de mi boca, pensando en cómo solía ser invisible. —Los superhéroes nunca son invisibles —dice—. Solamente se engañan a sí mismos. Volviendo la cabeza hacia los edificios que pasan volando, arrugo el rostro y saco la lengua. Se ríe. —Espejo retrovisor, niña. Y cuidado. Tu rostro de quedará así. Salgo a las calles con cajas de diarios recién impresos (¡amo el olor a tinta fresca!) en un maltrecho carrito de compras al minuto en que mi tiempo es mío otra vez. Puedo correr con un carrito y pegar mis periódicos en los postes más rápido de lo que podría hacerlo en una motocicleta. Mi motocicleta es para el placer, para el tiempo de pura relajación, cuando no tengo nada más que pese sobre mí, cuando no estoy, como siempre, salvando al mundo. No tengo oportunidad de montarla mucho. El recordatorio de Ryodan de que debo reportarme a trabajar todas las noches a las 8 P.M. en punto todavía resuena en mis oídos, volviéndome loca. ¿Qué mierda puede tener con lo que poder torturarme todas las noches? ¿Está congelando estos malditos escenarios él mismo solo como excusa para meterse conmigo? 97
  • Me dirijo al oeste y comienzo mi ruta habitual. Es un poco después de la medianoche. No debería llevarme más de un par de horas; luego volveré a buscar a Dancer. Estoy un poco preocupada por él. La mayoría de las veces que se ha ido a otro lugar sin decírmelo, han sido solo unos días. No conozco todos sus lugares al igual que él no conoce todos los míos, pero seguiré revisando aquellos que sí conozco. Tengo algunos puestos, postes y bancos que la gente visita con frecuencia, como puestos de diarios habituales, esperando mis últimas informaciones. La gente probablemente haya estado un poco preocupada porque mi diario está atrasado y todo. Tengo información importante que compartir esta noche. Miro mi diario, orgullosa de él. La tinta es fresca y limpia, y luce realmente profesional. El Diario de Dani 21 de mayo, 1 DCM ¡Nueva Casta de Unseelie! ¡Actualicen su Manual DDD! ¡TRAÍDO HASTA USTED EXCLUSIVAMENTE POR EDD27, SU ÚNICA FUENTE PARA LAS ÚLTIMAS NOTICIAS DENTRO Y ALREDEDOR DE DUBLÍN! ¡Amigos, descubrí un nuevo tipo de Unseelie en Chester’s! A éste lo llamo Papa Roach28, ¡y no me refiero a la banda! Tomen nota: tiene entre noventa centímetros y un metro veinte de altura, con un cuerpo segmentado color marrón-violáceo brillante, seis brazos, dos piernas y la 27 EDD: El Diario de Dani. Papa Roach: literalmente, Papa Cucaracha, pero también refiere a grupo americano con un video muy famoso de su canción “De humanos y de insectos” en el que aparecía un garaje lleno de cucarachas. 28 98
  • cabeza más pequeña que viste jamás, del tamaño de una nuez, con ojos como pequeños huevos de pescado. Puede dividirse en segmentos del tamaño de cucarachas que se arrastran dentro de tu ropa y se meten debajo de tu piel… ¡LITERALMENTE! Si ves venir a esta cosa, corre como alma que lleva el diablo, porque aún no he encontrado la manera de acabar con él. Puedes llevar una lata de laca para el cabello o llenar una botella de spray con gasolina y llevar siempre un montón de cerillas encima (yo tengo un soplete). De esta forma si te arrinconan, puedes rociarlas y prenderles fuego. No las mata, pero seguro que las mantiene ocupadas mientras huyes. ¡Seguiré informando, Dublín! ¡Dani, cambio y fuera! No les digo que la peor parte es lo que Jo me dijo esta mañana: que algunas de las meseras en Chester’s animan a los bichos a meterse debajo de su piel. No quiero darles ninguna idea. Este Unseelie tiene una especialidad: se alimenta de la grasa humana. ¡Abracadabra, cintura pequeña! ¡Hola bicho, adiós celulitis! ¿No te gustan esos muslos con hoyuelos? Usa los bichos. Los muros no llevan caídos el tiempo suficiente como para que la gente se ponga delgada en forma disópica, o con la sexualidad amplificada de tanta realeza Fae caminando por ahí con la promesa de una potencial inmortalidad, el énfasis sobre la moda y la belleza nunca ha sido más extremo. Jo me dijo que un par de meseras están muy orgullosas de tener uno. Se está convirtiendo en un símbolo de estatus o algo así, como las extensiones de cabello o las operaciones de senos. Jo dijo que las meseras afirman que no matan a los humanos, solo se comen su grasa y que difícilmente pueden sentirlos en su piel. Creo que es mentira. Creo que se enganchan a ellos porque obtienen más de los humanos que solo grasa. Creo que experimentan todo lo que su “anfitrión” experimenta: el placer, el dolor, lo que sea. Los Unseelie están llenándonos de bichos y nosotros se los permitimos. Invaden nuestros cuerpos y reúnen información desde el interior, luego se reportan con Papa Roach, quien probablemente informa a los príncipes Unseelie sobre como acecharnos mejor. ¿Qué piensan esas meseras idiotas? ¿Que el bicho eventualmente regresará a su propio cuerpo y las dejará todas hermosas y delgadas, sin ningún tipo de daño? 99
  • ¡Amigo, es un Unseelie! Siempre hay una trampa. Doblo rápidamente una esquina hacia mi primer poste, el carrito de compras traqueteando. Cuando veo uno de mis periódicos de la semana pasada todavía colgando, con un brillo color blanco-rosáceo bajo la luz rosada de la luna, me sorprende. La gente siempre los quita, se los lleva a casa, donde quiera que eso sea. Muy pocos se quedan atrás. A medida que me acerco, me doy cuenta de que no es mi periódico. ¿Qué mierda? ¿Qué hay en mi poste? La gente sabe que debe dejarme las notas en la Oficina General de Correos. Entro en modo de cámara rápida, pegando mi nariz a él. Estoy tan asombrada que mi mandíbula casi golpea el pavimento. El Diario de Dublín 20 de mayo, 1 DCM ¡SU ÚNICA FUENTE DE NOTICIAS CREÍBLES EN Y ALREDEDOR DE LA NUEVA DUBLÍN TRAÍDO A USTEDES POR WECARE29! ¡LES TRAEMOS TODAS LAS NOTICIAS QUE IMPORTAN! ¡LOS AYUDAREMOS A SOBREVIVIR! WECARE —Gah, amigos, ¿cómo se puede plagiar tanto? —Arranco el panfleto ofensivo de mi poste y casi dejo caer la cosa, mis ojos están muy asustados—. ¿”El Diario de Dublín” y no “El Diario de Dani”? Como, ¿quizás podrían tener un pensamiento original? Sagrados monos imitadores, ¡me robaron mi introducción! ¡Apenas cambiaron alguna maldita palabra! Lo analizo rápidamente. 29 WeCare: significa “nos importa”. 100
  • No se dejen engañar por periódicos de IMITACIÓN. El Diario de Dublín es el ÚNICO diario que necesitarán siempre. ¡¡¡PODEMOS AYUDARLOS A CONECTAR LA ELECTRICIDAD Y EL AGUA!!! ¡Únansenos ahora! A diferencia de los periódicos de IMITACIÓN, WeCARE entrega todas las noticias importantes directo en tu puerta, sin importar cuán difícil sea llegar a tu “puerta”. ¡NO se expongan a amenazas terribles en las calles para leer SOBREDIMENSIONADOS ALARDES JUVENILES que les aconsejan involucrarse con peligrosos fuegos artificiales y batallas! WeCARE vendrá a TI. WeCARE peleará tus batallas POR TI. WeCARE te mantendrá a salvo y EN LA LUZ. ¿Quién se preocupa por ti? NOSOTROS lo hacemos. WeCARE. —¡Buh! —Es todo lo que se me ocurre—. ¡Buh! —digo otra vez. Ni siquiera puedo soportar seguir leyendo. Lo hago una bola y lo machaco hasta formar una bola dura y pequeña. Finalmente me las arreglo para balbucear—. ¿Imitación? —Estoy tan perturbada que ni siquiera puedo maldecir. Apenas puedo hablar—. ¿Sobredimensionados? ¿Quién escribe esta tontería? ¡He estado manteniendo a Dublín segura e informada desde el pasado mes de octubre! Meses de entregar alimentos y suministros a la gente que estaba demasiado asustada como para salir de sus escondites. Meses de luchar contra los monstruos, de encontrar y recoger a todos los niños pequeños que quedaron huérfanos en Halloween cuando sus padres estaban fuera celebrando y no volvieron a casa porque fueron devorados por Sombras o algún otro Unseelie. Meses de recoger a la gente y llevarla ante el Inspector Jayne para que pudieran aprender a pelear. Nadie más se molestó en dar un paso adelante y ayudar a la gente a sobrevivir. 101
  • ¿Y ahora esto? ¿Estoy siendo ofendida por algún periódico que está fingiendo que yo soy la que finge? —Voy a patear unos cuantos traseros —murmuro. Tan pronto como descubra quiénes mierda son los We-jodidos-Care. Paso las siguientes horas zumbando alrededor de mi ciudad, arrancando las estúpidas cosas de mis postes y colocando El Diario de Dani. Usaron mis postes. Ni siquiera pudieron encontrar sus propios lugares para ponerlos. Llegaron a MI gente usando MIS postes. Malditos estúpidos imitadores. Estoy tan furiosa que hecho vapor. Si alguien estuviera mirando desde arriba, todo lo que vería sería un borrón en movimiento que deja dos columnas de puro enojo saliendo de mis orejas. Me imagino que mañana será un día mejor. Últimamente, parece que todo lo que me imagino es erróneo. 102
  • Traducido por Susanauribe Corregido por Simoriah C uatro noches él ha venido a mí, murmurando mi nombre. Kat, dice y hace de esa sola sílaba una exquisita melodía con la que ni siquiera un coro de orquesta divino de todos los ángeles del cielo podría competir. Él repica mi nombre en el idioma de los Unseelie y hace que mis orejas zumben hasta que mi mente está vacía de todo pensamiento, hasta que mis ojos son incapaces de contemplar cualquier visión excepto él. Es tan hermoso que el solo mirarlo me hace llorar, y cuando me limpio las lágrimas de las mejillas, mis manos salen teñidas de rojo por la sangre. Me despierta pero no me despierta. Me lleva a un lugar que es tan perfecto, sereno y libre de preocupaciones que quiero quedarme allí por siempre. Kat, dice, mi nombre es Cruce. No V’lane. Estaba tan cansado de usar su brillante rostro dorado. Él nunca fue la mitad de Fae que yo soy. Te tengo en El Sueño, ¿no es hermoso? ¿No te sientes divina aquí conmigo? No necesitas temerme. No soy lo que parezco. Estoy en peligro. Terrible peligro. Y no puedo contárselo a un alma porque todas me miran para que las guíe, para ser fuerte y que les muestre el camino. “Cat Scratch Fever”: canción de Ted Nugent. La expresión “cat scratch fever” hace referencia al sexo. 30 103
  • Soy su esperanza. Me temo que “su esperanza” pronto estará más allá de toda esperanza ¡Juzgaron tan duramente a Rowena! No tienen idea de a qué se enfrentó. ¡Dios sabe cuántos años resistió tormentos similares antes de sucumbir! Quién sabe qué calibre de persona era antes de que el Sinsar Dubh manipulara su mente. ¿Le sucedió cada noche como me sucede a mí? ¿La oscuridad debajo de nuestra fortaleza de piedra fue directo hacia su cabeza, su corazón, su cama, en el momento que se acostaba e intentaba renunciar por unas pocas horas robadas al pesado manto del mandato? No puedo evitar preguntarme si esto no ha estado sucedido por miles de años. Si el Rey Unseelie sabía cuando enterró a su mortal alter ego debajo de nuestro suelo sagrado y nos encargó cuidarlo, luego infundió nuestra sangre con la suya para hacernos más fuerte, ¿o es el verdadero beso del mal en nuestras venas lo que nos hace débiles?, cuánto infierno iba a causar en la tierra. Las vidas de cuántas arruinaría. Cuántos humanos morirían un día. Me pregunto si miles de veces antes que yo una mujer estuvo en la posición que ocupo, asumió el liderazgo de nuestra Orden, y fue inmediatamente sometida a la prueba de voluntad más fuerte jamás imaginada: ser asediada por la insidiosa seducción del Sinsar Dubh. Tómame, libérame, sé invencible, salva al mundo. Oh, el canto de sirena del poder. Incluso yo, a quien no le importa nada el poder, no soy inmune. No creo que alguna vez haya estado en silencio allí abajo. ¡Ni por un momento! No creo que ninguna Gran Maestra alguna vez fuera liberada. ¡Increíble que lo mantuviéramos oculto por tanto tiempo! Vino a mí esa primera noche que el Rey Unseelie lo aprisionó debajo de nuestro hogar. Yo dormía, y mientras estaba vulnerable, vino a mí en mis sueños. Ha venido a mí cada noche desde entonces. Intenté con píldoras para dormir. Solo me drogaban, volviéndome más vulnerable a los placeres de la tentación. Se muestra ante mí, en toda su gloria. Me muestra cuán hermoso es Cruce y que siempre lo fue. V’lane era una pálida imitación de lo verdadero. Cruce es negro y blanco, brillante y duro, fuerte y perfecto. Envuelve alas de terciopelo alrededor de mí y me hace sentir cosas que nunca he imaginado. 104
  • Estoy de acuerdo con Margery. Quiero esa cámara llena de concreto, acero o plomo, o cualquier cosa que pueda bloquear el camino entre él y yo. No sé una décima parte de los hechizos que Rowena sabía. Y aun así falló. ¡Ni siquiera puedo cerrar la puerta! La noche en que El Libro fue puesto a descansar, dejé la cámara en celebración, con el corazón sintiéndose más ligero de lo que se había sentido en mucho tiempo. Finalmente el Sinsar Dubh estaba fuera de las calles, y aunque el método de confinamiento no era del todo lo que esperaba, había imaginado un indulto. Un tiempo para descansar y reconstruirse, tiempo precioso y necesario para entender los muchos cambios en nuestras vidas, la infinita matanza, hora de estar de duelo por la pérdida de nuestras muchas hermanas. No fue así. Viene a mí con sus promesas y sus mentiras, con su belleza y deseos desencadenados, y dice que soy todo lo que necesita. Dice que yo y solo yo puedo gobernar a su lado y que mi don especial de empatía emocional me hace una mujer capaz de comprenderlo verdaderamente en un grado profundo; en ese raro e intransigente nivel de vínculo emocional que un Príncipe Unseelie debe tener, o sin el cual se volverá loco. Dice que soy su única pareja posible y que ha esperado una eternidad para tenerme. Afirma que está siendo acusado equivocadamente, y que todos estamos siendo engañados. Dice que no es el Sinsar Dubh. Alega que en el momento en que fue apresado en su bloque de hielo, el Rey lo tomó todo de nuevo. Dice que estamos siendo engañados por un inteligente, astuto y loco gobernante al que no le importan sus hijos, al que nunca le han importado, que solo ama a su concubina y que una vez que volvió a tenerla en sus brazos, también reclamó el poder del Sinsar Dubh. Dice que la concubina todavía no es completamente Fae, y que el Rey recuperó sus hechizos para poder reanudar su trabajo, que todo fue un juego de manos en la cámara esa noche. Me dice que lo hizo aparecer como el villano una vez más para que no tuviéramos que buscar demasiado en el Rey Unseelie, para que en cambio nos preocupáramos por contener al único príncipe capaz de detenerlo cuando decida que nuestro mundo es prescindible, lo cual Cruce me asegura que el rey hará algún día… y no muy lejos en el futuro. 105
  • Me dice que debo ser la salvadora de la humanidad. Cuando esté lista, él me mostrará el camino para liberarlo. Me dice que solo yo soy lo suficientemente fuerte, lo suficientemente sensata, para ver la verdad cuando ésta esté frente a mí, lo suficientemente sabia para tomar las decisiones difíciles. ¡Él habla con lengua bífida31 y lo sé! Y aun así estoy perdiendo la batalla. En la mañana despierto oliendo a él. Saboreándolo en mi boca, sintiendo su lengua en mi piel. Llena de él, como ningún otro hombre me ha llenado jamás: cuerpo, mente y alma. Me hace el amor y me resisto pero de alguna manera no me resisto. En mis sueños digo que no pero lo hago de todos modos y amo cada momento exquisito y que carboniza almas. Me despierto viniéndome una y otra vez por mi amante invisible. Estremeciéndome de calor. Y necesidad. Y vergüenza. Mis hermanas cuentan conmigo. Soy su líder. ¿Cómo sobreviviré a esto? ¿Cómo evito que venga a mí? ¡Debe haber hechizos para bloquearlo, conjuros, runas para ubicar alrededor de mi cama! Quizás debería dejar la abadía ahora, antes de que sea demasiado tarde. ¿Puedo dejar a mis hermanas? ¿Me atrevo a dejar a mis hermanas? Si no me voy ahora mismo, ¿alguna vez volveré a tener la fuerza de voluntad para irme, o me encontraré allá abajo una noche, las manos temblorosas en las barras, dispuesta a hacer lo que sea para liberar a Cruce? ¿Cuántos murieron la noche en que Rowena dejo salir el Sinsar Dubh, cuántos asesinatos pesaron en su conciencia? ¿Tenía siquiera una conciencia para ese momento o había sido corrompida completamente? ¿Quién gobernará si yo me voy? No hay garantías de que la próxima mujer será más fuerte que yo, o más capaz de resistir su seducción. ¿Cuánto duraría Margery, frente a tal tentación? ¿Cuán cruel podría volverse con el poder del Sinsar Dubh ennegreciendo su corazón? Que Dios me ayude, debo quedarme. Debo ganar esta guerra silenciosa e invisible, sin que nadie se entere. Lengua bífida: en inglés “forked tongue”, significa hacer falsas promesas o hablar deshonestamente. 31 106
  • Que Dios me ayude. 107
  • Traducido por Simoriah Corregido por Mari NC —A quí estás —dice Jo mientras paso arrogantemente por el subclub de niños—. Son casi las ocho treinta. Creí que se suponía que debías estar aquí a las ocho. —Lleva maquillaje. Nunca lleva maquillaje. E hizo algo brilloso con sus párpados y entre sus pechos. Me enoja. No sé por qué cambió. Estaba bien justo como era. Las palabras “se suponía que debías estar aquí” me irritan hasta despellejarme. Son insultos amontonados sobre la injuria. Tuve un día asqueroso. Ya me está tomando todo mi autocontrol esconder cuánto me mata ver a Jo atendiendo mesas, vistiendo una corta falda kaki, sirviendo a los Fae. Pero lo contengo porque si permito que una onza de eso se vea, ¿quién sabe qué podría hacer Ryodan? El tipo es tan impredecible como un Agujero Fae Interdimensional, esas piezas de la fracturada realidad Faery que flotan por ahí en los que nunca sabes que estás dentro hasta que estás hundida hasta el trasero en caimanes. —Mac te está buscando —dice. Curioseo alrededor salvajemente, intentando buscar en cada subclub de Chester’s a la vez. —¿Está aquí? 32 “Trouble ahead, trouble behind”: parte de la canción “Casey Jones” de The Grateful Dead. 108
  • —¿Qué? —Jo me mira en blanco, y me doy cuenta de que debo haber hablado a alta velocidad. Eso sucede a veces cuando me agito. Comienzo a vibrar, y creo que toda la gente oye el quejido agudo de un mosquito. —¿Está aquí? —Bajo la velocidad por un segundo para hablar y luego acelero el curioseo. —No. Se fue con Barrons hace media hora. Te vas a ocasionar un traumatismo cervical si no bajas la velocidad de los movimientos de tu cabeza, Dani. Es escalofriante cuando haces eso. No se vieron por poco. Si hubieras llegado a tiempo, no hubiera sido así. ¿Qué sucede? Te pusiste blanca como una sábana. Si hubiera llegado a tiempo. ¿Mac vino aquí a buscarme? ¿Me estaba cazando? ¿Sabe que se supone que debo llegar a “trabajar” a las ocho? Me siento mareada. Necesito hacer que la sangre vuelva a mi cabeza. A veces creo que mi corazón y mis venas se aceleran sin el resto de mí, y se alejan de mi rostro. Es lo único que explica cuán estúpida me pongo cuando me enojo o me preocupo. Pero claro, los hombres funcionan de la misma manera con sus penes, y no pueden acelerarse, así que quizás sea un error de diseño de los humanos. ¿Sensación intensa? ¡Ja! Muerte cerebral instantánea. —¿Dónde mierda está mi trago, perra? ¿Quieres algo de mí o qué? —gruñe un Unseelie en una mesa cercana. Quiere decir eso, literalmente. —Dime que no estás comiendo Unseelie —digo. —¡Ew! ¡Nunca! —dice Jo como si no pudiera creer que lo preguntara. —¿Te hiciste reflejos en el cabello? Lo toca, con una sonrisa tímida. —Unos pocos. —Nunca tuviste reflejos. Y no usas maquillaje. —A veces sí. —Como, ni una vez en todo el tiempo en que te he conocido. Y nunca te he visto con cosas brillosas en los senos. Ella comienza a decir algo luego sacude la cabeza. 109
  • —¿Te estás arreglando para estos raros? —Perra, dije, ¿dónde está mi trago? Miro al Unseelie. Mira a Jo de arriba abajo, lamiendo sus labios finos y desagradables como si ella fuera su siguiente comida. Demasiado personal. Un Unseelie acaba de llamar perra a Jo. La presión aumenta en mi esternón. Mi mano va a la empuñadora de la espada. Antes de que pueda cerrar un dedo alrededor de ella, soy arrinconada por una cadena montañosa de hombres con actitudes tan grandes como avalanchas. Estar en el medio de cuatro de los tipos de Ryodan es como estar de pie en un glaciar mientras estás siendo electrocutada. Nunca sentí algo así, excepto por el amigo mismo, y Barrons. —Ese Unseelie llamó perra a Jo —digo. Claramente, el Unseelie merece morir. —El jefe dice que si matas un Fae en su área protegida, la mesera muere frente a ti, muy lentamente —dice Lor—. Luego te matamos. Nunca volveremos a recordártelo. Nunca volveremos a intervenir. Está sobre tu cabeza, niña. Controla tu temperamento o la matarás. Tú. Nosotros somos meramente el arma por la cual ella morirá. Y somos inventivos como la mierda cuando se trata de muertes lentas. Los ojos de Jo están enormes. Ella ve sus rostros. Sabe cuan temperamental soy. Suspiro y suelto la espada. —Wow, amigo, nunca te he oído formar tantas oraciones completas, como, nunca. Estás realmente locuaz esta noche. —La fuerza bruta es la forma normal de Lor para lidiar con las cosas. Su idea de seducción es capturar y secuestrar. No quieres atraer la atención del amigo. Terminas en su cama lo quieras o no. Le doy una mirada siniestra. Me está diciendo que me controle, y la única forma que veo de hacer eso dentro de Chester’s es quizás matarme a golpes con un bastón de disturbios un par de veces y noquearme. —Perra, dije, ¿dónde mierda está mi trago? La furia casi hace estallar mi cráneo. Mi cerebro se vacía. La mano de la espada se hincha, llena de sangre e impaciencia. Jo me mira y se aleja. Luego se va a jugar a atrapar y entregar con un Unseelie. Que no la está respetando. Nunca voy a sobrevivir a esto. 110
  • Pero ella tiene que hacerlo. Yo también. Me alejo, me abro paso entre los amigos con los hombros, asegurándome de darle un buen codazo a Lor cuando paso. Gruñe. Agito mis pestañas hacia él. Dice: —Niña, necesitas que tu trasero crezca pronto. —Qué divertido. Creo que todos los demás necesitan que sus traseros dejen de crecer. —Como a un caballo, cariño, alguien te va a domar. —Nunca. Va. A. Suceder. Estoy tan aburrida que me voy a volver loca, sentada en la oficina de Ryodan. Pensé que íbamos a salir a investigar, a buscar pistas sobre lo que está congelando estos lugares. Hasta ahora lo único que veo en común es Ryodan. Los dos lugares que fueron congelados eran suyos, como si alguien lo tuviera a él en la mira y a la escoria de la que yo protejo a la sociedad: Faes y humanos que aman a los Fae. Se me ocurre que si suficientes de sus lugares son congelados, y se corre el rumor, la gente comenzará a evitar Chester’s. El club podría morir por falta de clientes. —Uno solo puede esperar —digo enojadamente. Ryodan ni siquiera reconoce que he hablado. Me muevo en la silla y le doy una mirada feroz a la parte superior de su cabeza. Está haciendo papeleo. Ha estado haciendo papeleo por más de una hora. ¿Qué tipo de papeleo puede ser necesario en este mundo alterado? No dijo nada cuando entré, así que yo no dije nada. Hemos estado sentados aquí en un silencio total por una hora, siete minutos, y treinta y dos segundos. Golpeteo una pluma contra el borde de su escritorio. 111
  • No voy a ser la que diga la primera palabra. —Así que, ¿por qué mierda estoy aquí una vez más? —digo. —Porque te lo dije —dice, sin levantar la cabeza de cualquier cosa estúpida en la que esté trabajando. —¿Vas a hacerme archivar después? ¿Soy Robin para tu Batman, o una estúpida asistente temporal aquí para ayudar a sacarle punta a tus lápices? ¿No tenemos mejores cosas que hacer, como resolver un misterio? ¿Quieres que más de tus lugares sean congelados? ¿Solo estamos esperando que suceda? —Robin y una estúpida asistente hubieran llegado a tiempo. Me enderezo para salir de mi posición decaída, golpeteando más rápido. —¿De eso se trata todo? ¿Me estás castigando porque llegué tarde? —Chica inteligente. Deja de golpetear esa pluma. Me estás volviendo loco. Golpeteo más rápido. Él también me está volviendo loca. —¿Así que, si la próxima vez estoy, como, a tiempo, no tendré que sentarme aquí y mirarte hacer cosas estúpidas que no puedo creer que siquiera hagas? La mitad de la pluma, la parte que no está en mi puño, de repente es polvo plástico. Pestañeo mirándolo. No lo vi moverse, de tan rápido que aplastó la pluma. Ahora veo pequeñas migas de plástico azul en el filo de su mano, tinta manchando el papel en el que está trabajando. Me siento aun más derecha. Tengo mucho con que competir si alguna vez voy a ser tan rápida como él. —Hago lo que hago, Dani, porque lo mundano hace que el mundo de vueltas. Quien controla el funcionamiento diario controla la realidad de todos los demás. —¿Es por eso que estás robando toda la comida? —Ah, por eso te dio ese ataque de romper cajas. No. Acumulo armas. Alguien más está acumulando comida. Eso es demasiado mundano incluso para mí. Yo armo a la multitud, alimento la codicia. Alguien más se está preparando para hacerlos pasar hambre. Le doy una mirada de admiración a pesar de todo. —¿Sabes lo que ha estado sucediendo? —Lo ha sabido por más tiempo que yo. 112
  • —Alguien comenzó a vaciar las tiendas hace un tiempo. ¿Dónde has estado? —Como, encadenada en el calabozo de alguien, amigo, ¿podemos por favor ir a hacer algo antes de que me muera de aburrimiento? ¡Tenemos un misterio que resolver! Me mira. ¿Cómo pude alguna vez pensar que su rostro era imperturbable? Éste dice oraciones completas. Pongo los ojos en blanco. —Tienes que estar bromeando. Inclina la cabeza, esperando. —¿En serio vas a hacer que lo diga? Él cruza los brazos sobre su pecho. Casi me ahogo con la lengua al intentar hacerlo salir. Pero haré lo que sea para no tener que sentarme en su oficina toda la noche. Observar a los Unseelie desde mis tenis se está poniendo viejo. He tomado notas mentales como loca. Mi joven cuerpo necesita un poco de acción. Hay un cable eléctrico dentro de mí, ardiendo bajo mi piel. Si no descargo, moriré. ¡Traigan la noche! ¡Hay cosas sucediendo allí afuera y yo estoy atrapada aquí! —Llegaré. A. Tiempo. La. Próxima. Vez. —Bien. La próxima vez no tendrás que sentarte en mi oficina toda la noche. Siete horas después se me ocurre que Lor podría tener razón. Yo podría romperme. Siete horas de aburrimiento y soy un charco de buena disposición, lista para hacer virtualmente cualquier cosa que garantice un cambio de escenario. Puedo lidiar con las cadenas. Con el aburrimiento, para nada. Mi cerebro se adelanta a mis pies y no me gusta pensar adónde estoy yendo. Solo voy. A las seis de la mañana en punto Ryodan levanta la vista y dice: —Esta noche a las ocho, Dani. Le doy una mirada feroz y me dirijo hacia la puerta. No se abre. La fulmino con la mirada. Toda una noche desperdiciada. Más segundos pasan mientras espero que mi carcelero me libere. 113
  • No hay muchos crímenes en mi libro. Tampoco muchos pecados. Pero en la cima de esas dos listas está el matar el tiempo. Diviértete con él, haz algo genial, juega video juegos, trabaja duro si quieres, pero haz algo. El tiempo matado es un aborto, vida que nunca llega a ser vivida, ida, solo ida. Una jaula y un collar mataron muchísimo tiempo. Justo cuando estoy a punto de estallar, él hace algo y la puerta se retrae dentro del liso muro de cristal. Cuando salgo rápidamente le oigo decir: —Desperdiciaste mi tiempo, Dani. Yo desperdicié el tuyo. Me vuelvo como un rayo, los puños en la cintura. —¡Eso es una mierda! ¡Ni siquiera fue proporcional! —Rara vez lo será. —¿Treinta malditos minutos me costaron nueve horas y media? —La forma en que me tratas es la forma en que yo te trataré. Como soy más grande y mayor, imagino que siempre será peor. —Oh, ahora te pones todo proporcionado. Si vas a ser un imbécil tal como eres de grande y viejo, amigo, eso es una seria imbecilidad. No es justo. No puedes ser completamente desproporcionado un minuto y ser todo quid pro quo33 al siguiente. —Puedo ser cualquier cosa que quiera. —Oh, ¿de quién es este maldito comic? —exploto—. Ésa es mi línea. Él ríe y su rostro cambia. De repente no luce tan viejo. Luce feliz. Libre. Totalmente diferente. Veo líneas alrededor de sus ojos de reír que nunca noté antes. Mi mente retrocede directamente al nivel cuatro y lo veo detrás de esa mujer una vez más y él gime como lo hizo esa noche, luego ríe, y casi me siento descompuesta recordando. No sé qué me sucede. ¡Desearía nunca haber bajado al nivel cuatro! Me quedo parada allí y lo miro boquiabierta. La puerta se cierra en mi rostro. 33 Quid pro quo: expresión latina que significa “esto por aquello”. 114
  • —Llegas temprano. Le doy una mirada rebelde. Por supuesto que cree que llego temprano por él. No es así. Mac estaba en Chester’s anoche a las ocho. Creo que está cazándome. Como no puedo llegar tarde para evitarla, tengo que llegar temprano. —Se me rompió el reloj. Creí que estaba a tiempo. —No usas reloj. —¿Ves? Sabía que tenía un problema. Solo saldré a buscar uno. Volveré mañana. A tiempo. —Las joyas se atascan con cosas en batalla. La única concesión que hago es el brazalete que Dancer me dio que llevo ajustado al brazo. Además, sin él por ahí, dando órdenes, quizás podría progresar con la investigación. —Ni siquiera lo pienses. Me dejo caer en una silla en su oficina, cuelgo una pierna de un lado. —¿Qué vamos a hacer esta noche? —lo digo justo como él. Sin inflexión al final. —Ah, Dani, si tan solo tomaras la instrucción tan bien en todas las cosas. —Te aburrirías. —También tú. Hay otros tres lugares congelados en Dublín. —¡Tres! —Me enderezo en la silla—. ¿Todos son tuyos? —Lugares locales. Sin ninguna relación conmigo. Mierda, ahí va mi teoría sobre que él sea el blanco, junto con mi esperanza de que Chester’s pueda tener una muerte lenta. —¿Bajas? —Alrededor de cincuenta entre los tres. —¿Humanos o Fae? —Humanos. —¿Todos humanos? Asiente. Dejo salir un silbido. Cincuenta personas más muertas. La raza humana sigue recibiendo golpe tras golpe. 115
  • —¿Entonces por qué te importa? No sucedió en tu territorio. Nada tuyo fue dañado o destruido. —Tengo otras razones para desear detenerlo. —¿Como qué? Te mueves rápido como yo. Puedes superar cualquier cosa. Puedes robar más cosas para reemplazar lo que fue congelado. Así que, ¿cuál es el problema? —¿Qué motivos tiene un tipo como él? —Los muros entre nuestros reinos fueron destruidos en Halloween. Desde entonces las cosas han cambiado. Las leyes humanas de la física ya no son leyes, son ilusiones. Es posible que partes de Faery se estén manifestando espontáneamente, sangrando hacia nuestra realidad. Es posible que esté sucediendo aleatoriamente, instantáneamente, y sin advertencia. No vi sorpresa en el rostro de nadie en ninguna de mis propiedades. Arma una imagen más grande, incluso para la gente que no puede moverse como tú o como yo. Me enderezo en completa atención, ambos pies en el suelo, sin que esto me guste en lo absoluto. —Quieres decir que si sucediera en el lugar en que yo estuviera de pie, estaría viva un segundo, muerta al siguiente. Ni siquiera lo sabría. ¡Solo me moriría! —Mis manos forman puños. Estoy tan espantada que necesito pelear contra algo ahora mismo. —Exactamente. Muerte instantánea. Sin advertencia. Sin conciencia. No sé qué hay de ti, pero eso me ofende como la mierda. ¡Sin llamarada de gloria, sin batalla épica! Tendría una muerte completamente sin significado. Peor, ni siquiera lograría experimentarla. ¿Cuánto apestaría, pasar toda mi vida queriendo morir, y ni siquiera saber que sucedió? Creo que la Muerte es como el último nivel de un video juego. Y si lo que Ryodan está diciendo es verdad, y me congelo, nunca llegaré al último nivel. Seré eliminada de la existencia en el penúltimo nivel. Quiero jugar ese último nivel cuando sea el momento. Quiero saborearlo todo, incluso la muerte. De repente estoy un ciento diez porciento dedicada a resolver este misterio. Cincuenta personas más muertas junto a la posibilidad de una muerte desprovista completamente de significado son una poderosa motivación. No figuras en los libros de historia a menos que mueras de manera espectacular. Aplasto pensamientos y los regurgito. —Bueno, primero que nada, los humanos en tu subclub estaban un poquito ensimismados con cosas como ser torturados y morir, así que es comprensible que no notaran que estaban a punto de morir de otra manera sorprendente e inesperada, y segundo, no puedo decir con certeza cómo luce la sorpresa en el 116
  • rostro de un Unseelie pero tengo una idea genial: iré abajo y mataré unos pocos ahora mismo y recolectaremos un poco de datos empíricos. No me molesto en mencionar que ya cacé y maté a media docena de diferentes tipos esta mañana después de irme pero que todavía no pude decidir qué significaban sus expresiones. Sus rostros simplemente no funcionan como los nuestros. Cuando él no se molesta en honrarme con una respuesta, digo: —¿Tres nuevos lugares? —¿Qué hay si el “sangrado” comienza a acelerarse? Podría haber una docena de lugares congelados pronto. Asumiendo que eso es lo que está sucediendo, ¿cómo mierda vamos a detenerlo? —Todos congelados anoche con pocas horas de diferencia. Dos de ellos ya han explotado. Me pongo de pie de un salto. —¡Amigo, tenemos que ir al tercero, antes de que también explote! 117
  • Traducido por Sheilita Belikov Corregido por Marina012 C ruzo el puente Halfpenny a cámara lenta como una persona cualquiera. No aprendimos nada nuevo en la última escultura de hielo. Al igual que las otras, explotó poco después de que llegamos. Congelé el cuadro para salir de allí a través de la metralla de color carne pretendiendo que no eran partes de dedos y rostros que había fallado en salvar. Los nuevos lugares que fueron congelados no tienen nada en común que yo pueda ver. Había dos que eran de esos pequeños pubs subterráneos que han estado surgiendo por toda la ciudad, y un gimnasio donde tres personas fueron congeladas haciendo yoga en medio de un montón de cuencos de cristal. ¿Qué tan extraño es eso? ¡Gente haciendo yoga en tiempos como estos! Hasta el momento he tenido un club subterráneo en Chester’s, un almacén en las afueras de la ciudad, dos pequeños pubs en el centro de la ciudad y un gimnasio. Humanos, Unseelie y guardias Imperiales en algunos lugares pero no en otros, así que lo que sea que está sucediendo no parece estar apuntando a una determinada persona como Ryodan o a un grupo de víctimas. Con cada escena que veo parece más un evento aleatorio y espontáneo. Estoy caminando penosamente, lo que no suelo hacer, porque estoy pensando mucho y cuando pienso mucho además de congelar el cuadro choco con un montón de cosas. Mis moretones se están desvaneciendo y a veces intento tener mi color normal como por un día entero. Estoy demasiado 34 “Life is a highway, I wanna ride it all night long”: Parte del coro de la canción “Life Is A Highway” de Rascal Flatts. 118
  • hiperactiva para dormir. Me pongo así algunas veces y no puedo hacer nada al respecto salvo soportarlo. Necesito algo que hacer o me volveré loca. Encuentro a Dancer en su penthouse favorito en una esquina en el lado sur del río Liffey. Las dos paredes exteriores son ventanas sólidas de piso a techo que dan a la calle. Cuando llego allí, está tendido en una alfombra bajo la luz del sol sin camisa, con los ojos cerrados y los lentes en el suelo junto a él. Dancer va a ser un hombre grande algún día, si alguna vez gana peso. La última vez que nos medimos, era treinta y cinco centímetros más alto que yo, larguirucho y delgado. Se olvida de comer. Su cabello es oscuro con un poco de ondulación y nunca se lo corta hasta que le estorba, entonces me pide que lo recorte. Es suave. Me gusta que le llegue a la barbilla como ahora, alejado de su cara. Cuando usa sus lentes, que es prácticamente cada minuto que está despierto porque es muy corto de vista (los odia y antes de que los muros cayeran iba a hacerse el Lasik35), luce como un geek atractivo. ¡Nunca le diría eso! Me gustan sus manos. ¡Sus pies son gigantescos! Sus ojos no son verdes ni azules, son aguamarina, como si hubieran sido pintados por los Fae. Tiene mejores pestañas que yo. Cuando lo veo no le digo: “Amigo, dónde has estado, estaba comenzando a preocuparme”, porque Dancer y yo no nos hacemos eso. Él sobrevivió a la caída de los muros por su propia cuenta. Así como yo. Y no le digo: “¿Qué sucedió la noche que Ryodan apareció y me llevó, adónde desapareciste?” No importa. Estamos aquí ahora. Es como si de alguna manera supiéramos en nuestras entrañas que nunca será demasiado tiempo, que el otro siempre va atravesar la puerta un día, eventualmente. Él se apoya en un codo cuando la puerta se cierra. Sabe que soy yo porque tuve que desarmar diez trampas caza bobos antes de llegar a la puerta. Nadie más podría atravesar una de sus ratoneras sin tropezar con alguna alarma. Bueno, excepto por Ryodan, que parece ser la excepción a cada maldita regla. Se me oprime un poco el corazón cuando lo veo. Nunca tuve hermanos, pero creo que él es como un hermano para mí. Nunca puedo esperar para verlo de nuevo, para contarle todas las ideas en que he estado pensando, las cosas que he visto, y recibir su opinión acerca de todo. A veces, cuando nos vemos no podemos dejar de hablar por horas y horas y nos emocionamos tanto que comenzamos a trastabillar con nuestras palabras tratando de decirlo todo muy rápido. Considero hablarle sobre las escenas congeladas y el misterio que estoy investigando, pero no quiero que Dancer sea más grande en el radar de Ryodan de lo que ya es. Que Ryodan siquiera sepa que existe me vuelve loca. Quiero a LASIK (acrónimo de Laser-Assisted in Situ Keratomileusis): es una cirugía láser para corregir la vista. 35 119
  • Dancer a salvo. Y lo conozco. Si tuviera la más mínima pista de un misterio tan grande como éste, comenzaría a fisgonear en todo tipo de lugares que podrían resultar en su muerte. No importa cuán súper impresionada esté con lo inteligente que es. Ryodan es peor que la caída de los muros o el colapso del mundo. No sobrevives si él no quiere que lo hagas. —Mega, he estado pensando… —¡Detengan las imprentas! ¿Necesito sacar una edición especial de El Diario de Dani? —Es posible. Él sonríe y le sonrío de vuelta. Los pensamientos de Dancer tienen resultados estelares. No creerías las bombas que puede construir. A veces hacemos estallar cosas simplemente por diversión. Ya sabes, cosas que necesitan ser voladas de todos modos, como lugares donde un montón de Sombras solían esconderse y a los que tal vez regresarían algún día como pájaros en una ruta de migración, si aún estuvieran allí. —Me hiciste reflexionar acerca de los bebés de Papa Roach —dice. —¿Sí? —Me acuesto bajo el sol junto a él, también apoyada en un codo, frente a él. Me encanta ser capaz de ver sus ojos sin lentes de por medio. Es un gusto raro. —¿Sabes cuánto tiempo pueden permanecer separados de un cuerpo, ya sea Papa o humano? —No sé. Dancer, finalmente encontré Scream 4. ¿Quieres verla esta noche? —La vi anoche —dice distraídamente, pasándose una mano por el cabello, haciéndolo pararse de forma chistosa y totalmente sexy, y puedo decir por la manera en que sus ojos están fuera de foco que está perdido en sus pensamientos y no es consciente de las cosas a su alrededor. Se pone así mucho. —¿La viste sin mí? —Me siento lastimada. A Dancer y a mí nos encantan las películas de terror. Nos atiborramos de ellas porque nos hacen reír. Tienen una manera de poner el mundo en perspectiva. Habíamos estado buscando Scream 4 durante un tiempo, planeando verla. Dancer no suele ver películas solo, al menos no que yo sepa. —Pero la veré de nuevo. Estuvo buena. —Genial. —Todavía me siento lastimada, a pesar de que no hay razón para ello. La verá conmigo esta noche. ¿Y qué si la vio anoche, también? ¿Y qué si la 120
  • vio con otra persona? No me importan esas cosas. Lo que sucede cuando no estoy cerca no tiene nada que ver conmigo—. ¿Qué hay con Papa Roach? —Hacerlos estallar no funciona. Prenderlos fuego tampoco es bueno. Pero, ¿qué pasa si les impedimos regresar a un cuerpo? Cualquier cuerpo. Humano o de los suyos. ¿Eso no resolvería el problema? Nuestro objetivo es evitar que entren en más personas. Son inmortales, y tu tiempo es demasiado importante como para perderlo corriendo detrás de miles de ellos con tu espada. Así que, comencé a pensar, ¿qué hay de un plástico resistente en spray del cual sea imposible escapar? Revestirlos e impedirles ser capaces de volver a unirse a nada. He estado trabajando en una fórmula. Una vez esté terminada, podemos llenar esos pequeños tanques de fertilización que robamos de la ferretería y probarlo. Ya he arreglado un par de pulverizadores que se adapten. Así que, ahí es donde él había estado. Y cuando terminó de trabajar anoche vio una película para relajarse. No es gran cosa. —Tengo algo que se endurece en seis milímetros de espesor. Todavía estoy tratando de lograr que se gelifique en el perfecto grado de solidez. Creo que he encontrado una manera de añadir hierro a la mezcla sin volverla demasiado rígida. ¿Cómo se unen los segmentos a Papa? ¿Tentáculos? ¿Ventosas? ¿Cómo se meten bajo la piel humana? ¿Puedes atraparme un par para probarlo en ellos? —Eres el Mejor, lo sabes —le digo. —No, tú eres la Mejor —dice y sonríe, y lo decimos de ida y vuelta un par de veces. Él cree que soy la Mejor porque de hecho puedo atraparlos. Yo nací con mis dones. Dancer siempre está pensando, intentando encontrar maneras de hacer mejor las cosas. Sobrevivir a la caída sin poderes especiales y sin amigos me asombra un montón. Nos relajamos en el suelo porque el sol en Dublín es poco común, y hablamos de todo excepto cosas como dónde estuve cuando él estaba dondequiera que haya estado. No le digo que estuve en un calabozo durante casi cuatro días y él no pregunta. Eso me gusta de él. Los amigos no construyen jaulas entre sí. Vemos al sol moverse a través del cielo, y a veces él se levanta para traerme cosas para comer. Me dice que ha estado revisando tiendas y que casi todas han sido vaciadas. Tengo que detenerme tres veces de casi soltar la lengua sobre las cosas congeladas que he estado viendo. Cuando se están acercando las siete, comienzo a ponerme ansiosa y eso me hace enojar porque no quiero tener que irme, pero alguien más está tirando de 121
  • mis hilos y tengo que ir. Tengo que ir a Chester’s lo suficientemente temprano como para evitar a Mac pero no tan temprano como para que Ryodan se ponga todo arrogante al respecto. Suspiro. —¿Algo te preocupa, Mega? —dice Dancer. —Solo tengo que ir a hacerme cargo de algunas cosas. —Pensé que íbamos a ver una película. Encontré una caja entera de Skittles36 en el aeropuerto. Y jerky37. Es lo más. Me golpeo en la frente. Skittles, jerky y una película. Qué estaba pensando, diciendo oye, veamos una película esta noche. Mis noches ya no me pertenecen. Alguien más las posee. Ése no es solo un trago amargo. Para alguien como yo es un suicidio. Es irrelevante que quiera ir a trabajar en el misterio del hielo y evitar que más gente inocente muera. No puedo soportar que Ryodan dicte cuándo, cómo y dónde lo hago. Casi hace que no quiera trabajar en ello en lo absoluto. Odio ser controlada. No puedo no ir a Chester’s porque no sé lo que Ryodan le hará a Jo si no me presento, y no hay manera de que corra el riesgo de averiguarlo. No sé si me vendría a buscar aquí, destrozaría el televisor y el reproductor de DVD, y se llevaría a Dancer y lo metería en su calabozo. Nunca sé lo que ese amigo hará la próxima vez. Pero tengo muy claro una cosa que está haciendo. Arruinando mi vida. Entro de golpe a la oficina de Ryodan. —He estado en suficientes jaulas en mi vida —digo. Me alteré de camino a aquí, hablando conmigo misma en mi cabeza sobre la injusticia de todo. Él levanta la vista de su papeleo. —¡Papeleo! ¡Santas resmas duplicativas! ¿Eso es todo lo que haces? No es de extrañar que quieras que venga tanto. A animar tu aburrida vida con el súperentusiasmo de la Mega. —Estoy tan enojada que estoy temblando, y los papeles 36 Skittles: Marca de caramelos masticables de fruta. Jerky: Carne cortada en tiras sin tocino marinadas en una salsa picante, salada o dulce y secadas a baja temperatura o a veces saladas y secadas al sol. 37 122
  • de su escritorio se agitan con la brisa. Cuando me pongo muy enojada, causo una especie de desplazamiento de aire que hace a pequeña escala lo que los Fae hacen a gran escala, excepto que no puedo afectar la temperatura. Lo hago a veces para asustar a la gente, desestabilizarla. Eso solía molestar mucho a Ro. Él atrapa un papel antes de que se vuele del escritorio. —Sucede algo. ¿Cómo hace eso? ¿Hacer preguntas sin que suenen como preguntas en absoluto? He estado practicando y no es fácil. Las cuerdas vocales quieren subir al final de una interrogación. He estado tratando de reprogramarme. No porque tenga la intención de comenzar a actuar como él (al menos no a su alrededor), sino porque creo que es bueno ponerse a prueba, superar la compulsión. Aprender más autocontrol. Mi cabello está volando alrededor de mi cabeza en una nube, estorbando mis ojos. Lo empujo hacia atrás con ambas manos, deseando que Dancer y yo pudiéramos estar comiendo jerky y pasándola genial. —¡Sí! ¡Como que, yo podría tener una vida! ¡Como que podría tener planes para cosas que entran en conflicto con tu estúpida regla de presentarse-atrabajar-cada-noche-a-las-ocho! ¡Nadie más tiene que trabajar todas las noches! Tal vez podría tener un par de noches libres para hacer algo que yo quiera hacer. ¿Es eso malditamente mucho pedir? —Tienes una cita. Otra no pregunta, pero la palabra “cita” en el mismo pensamiento que Dancer me hace decir: —¿Eh? Ryodan se pone de pie y me empequeñece. Vivo en un mundo de gente que es más alta que yo, pero Jo dice que cree que voy a crecer más. Me mido mucho. No quiero quedarme estancada en un metro cincuenta y nueve para siempre. —Mencionaste planes. No dijiste cuáles eran. —No es tu maldito asunto. —Todo es asunto mío. —No mi vida personal. Es por eso que la llaman personal. —Se trata de tu pequeño novio. 123
  • —No hables de él. Ni siquiera pienses en él. Y no es pequeño. Deja de llamarlo pequeño. Un día va a ser más grande que tú. Solo espera y verás. —Éste no es momento de jugar a la casita y ponerse torpe con un niño que no sabe qué hacer con su propia polla. Me hace pensar en el pene de Dancer. El pensamiento es tan incómodo que empiezo a saltar de un pie a otro. —¿Quién dijo algo acerca de penes? ¡Solo quiero ver una película esta noche! —Cuál. —¿Cómo podría eso importar? Él me da una mirada. —Scream 4. ¿Feliz? —No era muy buena. —Dancer dijo que lo era —digo enojada. ¿Todos la han visto excepto yo? —Demuestra lo que sabe. —¿Tienes algún problema con Dancer? —Sí. Él es la razón por la que tienes un humor de mierda esta noche y yo tengo que soportarlo. Así que arregla el humor de mierda o yo arreglaré a Dancer. Mi mano va a la empuñadura de mi espada. —Ni siquiera pienses en tratar de quitarme algo que es mío. —No me hagas hacerlo. Sus colmillos se deslizan hacia afuera. Sacudo la cabeza y silbo. —Amigo, ¿qué eres? Él me mira larga y fijamente y veo algo en sus ojos que casi entiendo pero no lo hago. Es una mirada que siento como que debiera conocer pero simplemente no puedo entender. Hay más de una brisa en la pequeña y cerrada oficina de lo que generalmente me las arreglo para generar, y me doy cuenta que él también está vibrando… y que también genera viento. Estoy más que irritada. ¿Hay algo que yo pueda hacer que él no? Cuando miro hacia abajo a través del suelo de cristal, veo que todo el mundo debajo de nosotros se mueve en cámara lenta. 124
  • Los dos estamos congelando el cuadro. No me di cuenta que había subido la velocidad al máximo. Él regresa a cámara lenta primero. Me toma un segundo más controlar mi temperamento. Cuando me las arreglo para reducir la marcha, me dejo caer en una silla y cuelgo una pierna en un lado. Expreso belicosidad en todos los idiomas conocidos por el hombre. El lenguaje de los signos es mi lengua nativa. Ryodan es como el océano. Es lo que es. Y no va a cambiar. No tiene sentido luchar contra la marea. Baja. Fluye. Te dejas llevar por ella. Él me tiene agarrada y no está dispuesto a soltarme. —Entonces, ¿qué vamos a hacer esta noche? Jefe. —Pongo toda mi irritación en la última palabra. Ahí está esa mirada de nuevo. Misterio para mí. A veces puedo leerlo como a un libro, otras veces lo único que veo en su rostro son dos ojos, una nariz y una boca. Pongo los ojos en blanco. 125 —¿Qué? —Ha surgido algo. Iba a despachándome—. Puedes irte. decírtelo. —Él vuelve a su papeleo, Me enderezo. —¿En serio? ¿Lo dices en serio? —Sal de mi oficina, niña. Ve a ver tu película. No puedo llegar a la puerta lo suficientemente rápido. La abro de un tirón. —Pero ten cuidado con los lugares congelados. Oí que son mortales. Hago una pausa en el umbral, enojándome de nuevo. Tuve un sentimiento de felicidad por todo un apestoso segundo antes de que él viniera y lo aplastara. —Tenías que decir eso. No puedes evitarlo, ¿verdad? Crees que lo único que se puede hacer con un desfile es hacer que llueva sobre él38. Algunas personas saben disfrutar el desfile porque, amigo, la lluvia siempre vuelve. N. de T.: refiere a la expresión inglesa “rain on my parade”, utilizada para hablar de una situación en la que alguien arruina los planes de otra persona. 38
  • —El hombre sabio asegura su supervivencia antes de disfrutarla. El necio muere disfrutándola. Los Skittle, el jerky y Dancer están llamándome. Abro una barra de chocolate, saltando de un pie a otro. —Pero, ¿qué sucede si el hombre sabio nunca llega a la parte de disfrutar? — Tengo un montón de experiencias no vividas esperándome. A veces solo quiero ser lo que soy. De catorce años y libre. —Tal vez el hombre sabio sabe que estar vivo es la parte a disfrutar. —¿Han sido congelados más lugares desde anoche? —Debería haber mantenido la boca cerrada. No debería haber preguntado. La responsabilidad añade peso y años a mis hombros cuando él asiente. Él frota sal en la herida. —Pero quizás tengas suerte, verás una película con tu pequeño novio, y nada sucederá. El lado positivo de esto es que, si algo sucede, nunca lo sabrás. Porque estaría como, muerta al instante. Lado positivo, mi trasero. Ryodan sabe exactamente cómo provocarme. Pongo los ojos en blanco, cierro la puerta y me vuelvo a sentar. Tendré catorce años después. Como probablemente el año que viene. Cuando tenga quince. Sin levantar la mirada, dice: —Dije que salieras de aquí, niña. —Cancela tus planes, amigo. La gente está muriendo. Tenemos trabajo que hacer. Éste es el colmo, en la salida al lado sur de Dublín, donde las cosas son rurales. Detrás de una choza que apenas logra mantenerse en pie, con un porche y un techo inclinados que lucen como la boca de un anciano sin dentadura, un hombre, una mujer y un niño pequeño están congelados, lavando la ropa a la antigua usanza en la que Ro solía lavar sus túnicas de Gran Maestra. Decía que eso la mantenía humilde. No había ni un hueso humilde en el cuerpo rechoncho de la vieja bruja, ni siquiera un pelo bueno en alguna parte. 126
  • Las manos del hombre están congeladas en un lavadero antiguo y tiene alguna especie rara de metal congelado sobre los hombros como parte de una estructura que te sostiene la cabeza si te rompes el cuello. El niño está congelado, golpeando una cuchara contra el fondo de una olla abollada. No me permito mirar al niño por mucho tiempo. Me mata cuando mueren. Él ni siquiera llegó a tener una vida. La mujer fue congelada mientras levantaba una camisa de un balde de agua jabonosa. Estoy a la orilla del césped, temblando, absorbiendo tantos detalles como pueda desde la distancia, preparándome para entrar congelando el cuadro. Si esta escena se comporta en algo como las demás, va a estallar pronto. —¿Cómo te enteraste siquiera de ésta? —Entiendo los pubs, incluso el gimnasio porque estaba en Dublín y Ryodan sabe todo lo que sucede en la ciudad. Pero estos son granjeros lavando ropa en el campo. —Me entero de todo. —Sí, pero, ¿cómo? —Se suponía que eso terminaría con tu línea de interrogatorio. —Amigo, noticia de última hora. “Se suponía que” nunca funciona conmigo. —Observaciones. —Sabían que venía, lo que eso fuera. —Lo cual me hace sentir mucho mejor. Puedo dejar de preocuparme por morir sin previo aviso. Aunque el niño estaba mirando la olla que tenía en la mano, las bocas de los adultos estaban abiertas, sus rostros crispados—. Lo vieron y gritaron. Pero, ¿por qué no huyeron? ¿Por qué ella no dejó caer la camisa que estaba lavando? No tiene sentido. ¿Los congela levemente antes de congelarlos por completo? ¿Podrían tener una pequeña reacción pero no ser capaces de moverse completamente? ¿Se acercó sigilosamente a la otra gente en las otras escenas por detrás? —Necesito respuestas, niña, no preguntas. Dejo salir el aliento. Se vuelve nebuloso, pero no se congela. —No está tan fría como las otras escenas. —Es más vieja. Está descongelándose. —¿Cómo sabes eso? —Hay una gota de condensación en la punta de la nariz del hombre que está a punto de caer. Entrecierro los ojos. 127
  • —No veo ninguna gota apestosa. No puedes ver eso de tan lejos con tanta claridad. —Tengo súper ojos y no puedo verlo. —Celosa, niña. —Deja que la última palabra se eleve la centésima parte de una nota como algunas veces hace cuando me sigue la corriente. Hay una sonrisa en su voz. Eso me molesta más. —¡No hay una maldita forma de que puedas ver una gota de agua desde aquí! —Hay otra deslizándose entre los pechos de la mujer. Justo encima del lunar en el izquierdo. —¡Amigo, no me puedes superar tanto en la vista! —Puedo superarte en todo. —Me da una mirada que normalmente veo en el espejo. De repente estoy completamente enojada. —Entonces supongo que no me necesitas, y estoy perdiendo el tiempo. —Me doy la vuelta y regreso dando fuertes pisotones al Humvee. Pero antes de que dé cinco pasos, él está en mi camino, cerniéndose sobre mí, con los brazos cruzados, mirándome raro—. No estoy de humor, Ryodan. ¡Fuera de mi camino! —Ser necesario es tóxico. —Ser necesario es bueno. Significa que eres importante. —Significa que hay un desequilibrio de poder. No había escasez de chupadores de vida antes de que los muros cayeran. No eres responsable del mundo solo porque eres más capaz. —Por supuesto que lo soy. Eso es lo que la gente más capaz hace. —Podrías pedirme que te enseñe. —¿Eh? —Esta noche se está volviendo rápidamente rara—. ¿Enseñarme como si estuvieras dando una clase o algo así? ¿Cómo vas a llamarla: “Tú También Puedes Ser un Sociópata 101”? —Sería más bien una clase de posgrado. Comienzo a reír. Su sentido del humor te toma por sorpresa. Entonces recuerdo quién está hablando y me contengo. —Quieres ser más rápida, más fuerte, más inteligente. Pídeme que te enseñe. 128
  • —No te voy a pedir nada. Y puedes ser más rápido y más fuerte. Por ahora. De ninguna manera eres más inteligente. —Es tu elección. Pero date la vuelta porque no te irás. Es de noche, y sabes lo que eso significa. —¿Como que está oscuro? —Estás conmigo hasta el amanecer. —¿Por qué el amanecer? ¿Eres un vampiro o un zombie o algo que no puede soportar la luz? Él se aleja congelando el cuadro, se acerca a la escena. —Me gusta el sexo para el desayuno, niña. Como temprano y con frecuencia. Aquí estoy yo teniendo pensamientos normales sobre gente congelada y lo mucho que él me molesta, entonces me golpea en los globos oculares con cosas de sexo para el desayuno, y en un abrir y cerrar de ojos mis hormonas hacen esa cosa loca que hacen a veces, donde comienzan a lanzar imágenes por todo el interior de mi cabeza, y cada una es más vergonzosa que la anterior. Y no puedo cerrar mis ojos internos porque en realidad no existen y las hormonas son más tercas e impredecibles que incluso yo. Ojalá nunca hubiera visto películas pornográficas o a Ryodan “desayunando” porque entonces las imágenes no serían tan gráficas y difíciles de olvidar. Pero ahí está él, en detalle gráfico porque sé exactamente cómo luce desnudo, lo vi. Sé cómo se mueve su cuerpo. Tiene un montón de músculo. Cicatrices, también. Sé que cuando tiene sexo ríe como si el mundo fuera un lugar perfecto. Y cuando hizo eso, mis manos se cerraron en puños porque pensé en tocar su rostro como si tal vez pudiera atrapar la alegría en mis manos y retenerla. Tuve todo tipo de malditos pensamientos extraños y estúpidos estando allí en el nivel cuatro. Podría darme una paliza a mí misma por haber visto. No entiendo a las hormonas. No entiendo por qué los bichitos cachondos notarían siquiera a un viejo como él. —¿Vienes? Me sacudo mentalmente, acelero y me muevo lateralmente. No ocurre nada. —Tienes que estar bromeando —murmuro. —Niña, ¿por qué todavía sigues ahí? —Él está congelando el cuadro alrededor del trío congelado—. Podría estallar en cualquier momento. 129
  • No me muevo, pensando en lo mucho que espero que así sea, así él no descubrirá que una vez más he perdido mis superpoderes. —Tengo que, uh, usar el, uh… —Hago un ademán hacia el bosque detrás de mí—. Necesito un poco de intimidad. Vuelvo enseguida. Justo como esperé, mientras estoy en los arbustos, pretendiendo orinar, las personas lavando estallan. El viaje de regreso a Dublín es largo y silencioso. 130
  • Traducido por hatlish Corregido por Angeles Rangel stoy en el techo de un edificio, al otro lado de la calle de la pila de concreto, metal retorcido y vidrios rotos que alguna vez fue Chester’s. El club está bien bajo tierra ahora. Por lo general hay una fila de cuadras de largo, pero son las cuatro de la mañana y todo el que quería entrar lo hizo hace una hora. Supongo que eso significa que suficientes personas murieron para ofrecer espacio adicional porque no vi salir a nadie. E Un Humvee negro se detiene. Es lo que he estado esperando. Solía odiar las alturas, lo cual es irónico, teniendo en cuenta que soy un Highlander. O lo era. Me estoy acostumbrando a las alturas. La vista es mejor. Ves más y bien podrías ser invisible. La gente no mira mucho hacia arriba, ni siquiera en tiempos como estos, cuando deberían ya que nunca sabes qué hay en el cielo sobre ti, preparándose para alimentarse de ti, quizás un Cazador o una Sombra. O yo. La veo salir del Humvee. Salta de un pie al otro mientras camina, moviéndose hacia los lados y hacia adelante al mismo tiempo, comiendo una barra de chocolate. Nunca he visto a nadie con tanta energía. Su cabello es fuego color castaño rojizo en la luz de la luna. Su piel es luminosa. Tiene dulces curvas jóvenes y piernas largas. Sus rasgos son de porcelana fina y las expresiones se muestran apresuradas sobre su piel como mis nuevos tatuajes Unseelie lo hacen bajo la mía. Pero es el corazón de la chica lo que me tiene. 39 “The very worst part of you is me”: Parte de la canción “Lying From You” de Linkin Park. 131
  • Ryodan es grande y se eleva sobre ella. Rostro duro. Cuerpo duro. Duro caminar. Lucen tan mal juntos. Están hablando. Ella sigue mirándolo como si él la volviese loca. Bien. Su mano se cierne cerca de la empuñadura de su espada y sé lo que está pensando. Ella desprecia Chester’s. Apenas puede soportar estar en el mismo lugar que un Fae sin matarlo. Los odia. A todos ellos. Es una categoría que pronto me incluirá a mí. El propietario de Chester’s mira hacia arriba. Estoy camuflado en las sombras del techo, lanzando un ligero hechizo de glamour, un nuevo poder que he estado probando, tratando de hacer que mi rostro sea más aceptable para ella. Me concentro en proyectar un tupido velo de noche y vacío para que él no pueda verme. Su mirada se detiene justo donde estoy y hay una expresión petulante en su rostro, pero esa es su expresión la mayor parte del tiempo. Casi he decidido que, si bien él podría percibir una perturbación en la noche aquí arriba, realmente no puede verme cuando inclina la cabeza de esa manera arrogante, imperial, tan característica del imbécil. La ira se apodera de mí, espesa, intensa y sofocante, y por unos pocos segundos floto a la deriva en un lugar donde todo está congelado, muerto, malvado y me gusta. Me alegro de saber que voy a ser un Príncipe Unseelie. Digo traigan el poder. Y digo que se haga la guerra. Dejo caer mi cabeza hacia atrás y deslizo mi melena de cabello sobre los hombros. Cortarlo no hace una maldita cosa. Duermo, despierto, está ahí de nuevo. Vuelvo mi rostro hacia la luna y aspiro con avidez. Quiero dejarme caer en cuatro patas y aullar como una cosa salvaje hambrienta y fuerte, una bestia que podría follar durante días sin cesar si pudiera encontrar algo que pudiera tomarlo con tanta fuerza y durante tanto tiempo como yo puedo darle. Quiero repicarle a la luna en Unseelie, y oírla repicar en respuesta. Puedo oler la muerte en la ciudad, por todas partes, y es embriagadora. Puedo oler el sexo y la necesidad, el hambre y es tan condenadamente suave… ¡humanidad madura para la cosecha, para comer y jugar! Muevo la polla en mis jeans. Está dolorosamente dura. Y la Tierra es redonda. Vuelvo a mirar hacia abajo, los ojos entrecerrados. Mis botas están cubiertas con una costra de hielo. En el techo se ha puesto blanco con un círculo blanco de nieve y hielo brillante, en un radio de cinco metros alrededor de mí. Camino a grandes zancadas por el borde del techo, haciendo crujir la nieve, 132
  • siguiéndolos mientras ellos van hacia la parte trasera. Esto va a ser mucho más fácil cuando no tenga que usar mis pies. Él no es lo que está fingiendo ser con ella. Le observo todo el tiempo. Voy a estar allí cuando deje de fingir. Voy a ser el chaleco antibalas de ella, su escudo, su maldito ángel caído tanto si ella lo quiere como si no. Él finge ser casi humano. No es más humano que yo. Finge ser amable, como si fuera seguro estar con él, como si no tuviera colmillos por una razón. Finge que el término "Efecto Martillo" no fue acuñado para él, que estás seguro con él. Justo hasta que dejas de estarlo. Justo hasta que estás muerto. El diablo en un traje de negocios, él espera el momento correcto, reúne información, la procesa y cuando toma una decisión, el martillo cae y todos los que lo molestaron, lo ofendieron o simplemente respiraron de manera equivocada, mueren. A ella no se le será entregado un aplazamiento en la ejecución. Nadie consigue uno. Las únicas cosas que le importan a él son los otros de su especie. Ella piensa que él no es un animal como Barrons. Que es más civilizado. Tiene razón, es más pulido. Pero eso solo lo hace más peligroso. Con Barrons esperas estar realmente jodido. Con Ryodan no lo ves venir. Él la trata como si ella tuviera catorce años y él fuera un adulto normal, actuando como si la hubiera tomado bajo su ala. Como si necesitara sus habilidades de detección, lo mismo que Barrons hizo con Mac, y ella se lo está creyendo, como Mac. Él está alineando sus fichas, para que caigan más fácilmente cuando él quiera empujarlas, conservando energía así no tendrá que perseguirla cuando esté listo para matarla. Un bastardo como él solo tiene un uso para las mujeres. Y ella no es lo suficientemente mayor. Todavía. No puedo decidir qué sería peor, que él la mate antes de que tenga la edad suficiente o que espere y la convierta en una más de su interminable cadena de mujeres. Ella no es ese tipo de chica, el tipo de eslabón de una cadena sin fin. Tienes una oportunidad con alguien como ella una vez en la vida. Y si metes la pata hay un lugar especial en el infierno para ti. Ella se separa de él de repente y se aleja con pasos fueres. Está molesta. Sonrío. 133
  • Saco mi cuchillo, retuerzo el brazo por encima de mi hombro y me rasco la espalda con él. Sangre gotea. Suspiro de alivio, pero no dura mucho. Dormir es una verdadera mierda. Me pica la espalda todo el tiempo y los medicamentos humanos no funcionan en mí. Me giro para rascarme mejor. Mi cuchillo golpea el hueso con un ruido sordo. Lo toco con la punta serrada de la hoja, pero no puedo obtener el ángulo correcto. Yo no tengo ningún amigo que se alegre de verme, nadie me va a echar una mano. Intenté hacer que papá me las cortara de la espalda. Dijo que están unidas a mi columna vertebral y que me mataría. No lo creo. Nada me mata. Pican. Quiero que se vayan casi tanto como estoy empezando a quererlas. Alas de mierda. Es curioso cómo se dieron las cosas. Dani mató a un príncipe Unseelie para salvar a Mac, y yo termino convirtiéndome en el sustituto del príncipe que Dani mató. Pero no es culpa de la muchacha. Es de Mac. Por necesitar ser salvada. Después, por obligarme a comer algo que nunca habría comido si hubiera estado en mis cabales. Me pregunto si mis alas serán tan grandes como las de Cruce. Me pregunto cómo se sentirá volar en el cielo nocturno con él y los otros dos. A veces tengo una visión en mi cabeza de nosotros cuatro, descendiendo sobre la ciudad, alas negras batiendo en el aire, llenando el cielo, siendo dueños del mundo. Puedo oír el sonido que hacemos mientras los cuatro repiqueteamos desde lo profundo de nuestros cuerpos. Hay una canción especial, espeluznante, que los príncipes Unseelie cantan; a veces se reproduce en mi cabeza mientras duermo. La llamada a la Caza Salvaje arde en mi sangre. Retrocedo hasta la esquina de un pequeño edificio de ladrillos en el techo que alberga las salidas de calor, me apoyo contra ella y restriego la espalda de lado a lado por el borde, rascándome, observándolos a medida que avanzan hacia una puerta de metal situada en el suelo. Él la alcanza y caminan juntos de nuevo. Ella se desliza a través de la noche. Él la perfora, un guante de boxeo con cuchillas de afeitar en los nudillos. Cuando ella pasa, el mundo es un lugar mejor. Él deja huellas sangrientas sobre un cementerio de huesos. Él levanta la puerta, la luz resplandece desde el agujero del suelo y ella desciende, mi ángel en un infierno sórdido. Él se pone en cuclillas en el borde y la observa descender y, por un instante, veo una expresión no controlada en su rostro. 134
  • Congela incluso a una criatura tan fría como yo. Conozco esa mirada. La he visto en mi propio rostro. Luego el hijo de puta me mira y, esta vez, no me cabe duda alguna de que me ve. Me mira directamente a los ojos e inclina la cabeza con una sonrisa burlona. La devuelvo con frialdad. Mi asentimiento dice: "sí, sí, yo también te veo. Ten mucho cuidado”. No puedo decidir si lo que acaba de dejarme ver fue real… u otro de sus juegos. No le llaman el maestro de la manipulación por nada. Barrons rompe cabezas. Ryodan las da vuelta. Barrons te jode. Ryodan hace que te jodas a ti mismo. Presiona botones y reordena las cosas de acuerdo a su propio y frío plan de sociópata. Me gustaba más cuando pensaba que iba a matarla. Dejo de rascarme. Quiero esas alas. Harán que la lucha que se avecina sea más fácil. Él es un hombre muerto andante. Si él no se tomara en serio lo que acaba de mostrarme, y estuviera jugando conmigo, jugó con el príncipe Unseelie equivocado. Lo mataré mucho antes de que llegue a matarla. Sé cómo trabajan los hombres como él. Me estoy convirtiendo en uno. Si él era serio respecto a lo que me mostró, se lo mostró al príncipe Unseelie incorrecto. Porque lo que me enseñó es que él ve en ella las mismas cosas que yo. Sabe que ella vale la espera. Y cuando llegue el momento, tiene la intención de ser el primero. Por eso la mantiene cerca. Para aquellos de nosotros que vivimos para siempre, unos años no son mucho tiempo de espera. No por algo por lo que vale la pena esperar. No por una chica de las de una vez en la vida. Unos años son un mero parpadeo para hombres como nosotros, para quienes las mujeres se arrugan dulcemente como calabazas podridas después de Halloween. El sexo ya no es fácil para mí. Siempre me estoy conteniendo. Las mujeres humanas son frágiles. Ésta no. 135
  • Él la ve como yo: a los diecisiete años, a los veinte, a los treinta. Superpuesto sobre la niña de catorce años, ve a la mujer en la que se convertirá. Y está marcando el terreno. Sobre mi. Maldito. Cadáver. Y yo no puedo morir. Pero sé de uno de su especie que recientemente lo hizo, y sé cómo. He oído que hay un Cazador allá arriba, en el cielo nocturno, al que le gusta la realeza Unseelie. Pronto tendré las alas para poder encontrarlo. Mis superpoderes regresan a tres cuadras de Chester’s. Lo sé porque he estado tratando de golpetear en hipervelocidad un dedo contra mi muslo todo el camino de vuelta. Finalmente lo hice. Todavía no he conseguido hacer que solo se muevan mis ojos como los de Ryodan, pero he estado practicando y he conseguido que ciertas partes de mi cuerpo se aceleren por cortos períodos de tiempo. El único problema es que el lugar donde esa parte se conecta a mi cuerpo resulta un poco dolorida, como si hubiera tensionado los músculos donde la cámara rápida y la cámara lenta están teniendo un tipo de batalla del estilo qué-demonios-estamos-haciendo-aquí. Pero no es como si pudiera sentarme en el Humvee con el amigo, a quien le encantaría saber que a veces estoy indefensa, y practicar eso de tratar de congelar el cuadro con todo mi cuerpo. Si él se detuviera repentinamente, podría salir disparada directamente a través del parabrisas y luego estaría toda cortada durante días, además de mis golpes habituales. Lo miro, irritada. —¿Por qué tú nunca estás lastimado? —¿Qué es él? ¿Como una excepción a todo? Y si es así, ¿dónde puedo solicitarlo? —Participando y otras tonterías —dice. En otras palabras, no consigo saberlo porque no estoy en el círculo más cercano a él. Bien. No quiero estar allí de todos modos. —¿Tienes algún tipo de ungüento mágico, amigo? Porque sería justo que compartieras ese tipo de cosas. 136
  • Él se detiene en la acera frente a Chester’s. Salto del Humvee en el segundo en el que se detiene y de inmediato empiezo a saltar de un pie a otro, de lado a lado, entre pasos hacia adelante, para asegurarme de que estoy funcionando bien una vez más. De ninguna manera voy a entrar a Chester’s sin superpoderes. Saco rápidamente una barra de chocolate, la devoro, luego como otras tres en rápida sucesión, almacenando energía. —¿No hemos terminado por esta noche? ¿Qué más tienes para que yo haga? —Acabo de pasar una hora en una lata de sardinas electrificada con Ryodan, después de perder mis poderes. Él satura los espacios pequeños, como si tuviera las cosas de diez personas contenidas en su cuerpo. Está enojado conmigo por no inspeccionar la escena antes de que estallara. Yo también estoy enojada conmigo misma, pero no fue como si hubiera tenido otra opción. Sin superpoderes, no voy a ir a ninguna parte cerca de ninguna de esas escenas. Fue un viaje apestoso. Quiero un poco de tiempo a solas, o tiempo con Dancer. Él me recarga. Estar con él es simple y casi perfecto. Él no me contesta y lo miro. Está mirando hacia el techo de un edificio al otro lado de la calle y tiene una expresión divertida y satisfecha en su rostro. Busco en las sombras de la línea del techo, pero no puedo averiguar qué es lo que está mirando. No hay nada allí. —Amigo, ¿me estás oyendo? ¿Hola? ¿Siquiera sabes que estoy aquí? Él sigue mirando al techo como si estuviera viendo algo que yo no puedo ver. Como esa estúpida gota de condensación que todavía no estoy muy segura de creer que estuviera allí. —Siempre sé que estás ahí, Dani. He probado tu sangre. Te siento todo el tiempo. De acuerdo. Eso es preocupante. —¿Te refieres a cuando estoy cerca? —aclaro por él. —¿Cómo crees que te encontré en la casa de tu pequeño novio? —Tendrás que prestarle más atención si crees que es pequeño. —Y tan frágil. —Deja de hablar de él. No es de tu incumbencia. Simplemente, ¿qué estás diciendo? ¿Que tú podrías encontrarme, como, en cualquier lugar, en cualquier momento? —Hay una respuesta correcta y otra incorrecta a esta pregunta. —Sí. 137
  • Ésa es la respuesta incorrecta. Me enojo tanto que me quedo sin aliento. —Mierda. Mentiroso. Se ríe y me mira. —¿Quieres jugar a las escondidas, niñita? —ronronea con una voz que nunca le he oído usar antes, y de hecho la transforma en una pregunta. Sus colmillos están fuera. —Amigo, eres un extraño... lo que seas. —Estoy casi sin palabras. Él ríe de nuevo y no puedo siquiera soportar mirarlo, así que marcho hacia la puerta en el suelo que es la nueva entrada de Chester’s. Él sostiene la puerta para mí. Suspiro de manera ostensible mientras desciendo por la escalera. Odio a Ryodan. Así que estoy atravesando la pista de baile, haciendo una línea recta, directamente hacia las escaleras que se dirigen a la oficina de Ryodan para hacer lo que sea que él quiere que haga, cuando la veo. Se está moviendo a través de la pista de baile principal con Jericho Barrons detrás de ella, y parece que se dirigen a uno de los subclubs, aunque no puedo imaginar el por qué. A Mac no le gusta estar aquí más que a mí. Me congelo. Odio verla. Odio no saber qué está sucediendo en su vida. Odio lo que he hecho. Sin embargo, no puedo cambiarlo, así que no tiene sentido sentirlo. Ryodan choca contra mi espalda, lanzándome hacia delante entre la multitud. —¿Paseando? —digo con irritación mientras me aparto de un corpulento Rhino-boy que rechina sus colmillos amarillentos hacia mí. Como de costumbre, no se le escapa un detalle. Su mirada hace esa especie de temblor ocular sobre todo mi rostro. —Pensé que Mac y tú eran amigas. —Lo somos —miento. —Pues ve a saludar. 138
  • Mierda, cuánto odio todo lo que nota. —Puede que hayamos tenido una pequeña pelea. —Pequeña, mi culo. —Deja de husmear en mis asuntos. —Aprende a no llevarlos escritos en el rostro, niña. Excepto en privado, conmigo y con nadie más. Necesitas un serio entrenamiento. Telegrafiando así, es solo cuestión de tiempo antes de que alguien te ice de tus propias entrañas. —Amigo, ¿quién utiliza palabras como entrañas? ¿O izar? —Dime qué sucedió. Mis manos forman puños en mi cintura. —No es asunto tuyo, y ése es el principio y el final del tema. En algunas cosas puedes entrometerte. En otras no. Mantén tu mierda fuera de esto. Él me mira raro. —Dijiste mierda. No porquería40. —¿Eso es todo lo que te quedo de lo que acabo de decir? —Quieres privacidad en esto. Te la daré. Ves lo fácil que fue eso. Si quieres algo, pídemelo. Verás que puedo ser un hombre generoso. Cuando me tratan bien. Si alguna vez averiguas lo que es eso. Él pasa junto a mí y se dirige a su oficina. No puedo evitarlo, vuelvo la mirada hacia Mac. Sonrío y me pateo interiormente por hacerlo, pero hubo un momento en el que me encantaba despertarme todos los días en Dublín, a diferencia de ahora, porque sabía que ella estaba allí, en Barrons Libros y Curiosidades y que íbamos a hacer algo genial ese día, y luego ella me hizo un pastel de cumpleaños y me hizo regalos, y vimos películas y luchamos espalda contra espalda; y yo nunca había tenido algo así antes y, a veces, me siento como un perro sin hogar bajo la lluvia y los truenos, y estoy embarrada y fría, y estoy mirando por la ventana a un bonito Collie, durmiendo en una cama para perros cerca del fuego, y hay un nombre escrito en el tazón que está a su lado, y me pregunto cómo sería… N. de T.: juego de palabras. En el original, Dani siempre usa la palabra “feck”, una forma desvirtuada y más callejera de “fuck”, que es la que usa ahora. En la traducción se diferencian de esta manera. 40 139
  • —¡Gah! Supéralo, gallina. —Tengo dientes de perro grande, muerdo como un perro grande y conozco las reglas: si te quedas dentro, acabas con collar y esterilizado. Me levanto y comienzo a congelar el cuadro tras Ryodan cuando una conmoción en la dirección general de Mac hace que me detenga, permanecer en cámara lenta y mirar hacia atrás. Hay un nuevo tipo de Unseelie esta noche en Chester’s y parecen salidos de una película de terror. Lucen como fantasmas anoréxicos que podrían vagar en torno a los cementerios, rompiendo y abriendo ataúdes y alimentándose de cadáveres en descomposición. Están envueltos en capas negras con capuchas para que no puedas ver sus rostros, y no caminan, sino que están a cierta distancia del suelo y se deslizan sobre él. Vislumbro un destello de hueso en las mangas. En el interior de sus capuchas recojo un vistazo rápido de piel pálida, exangüe y algo negra. Hay alrededor de veinte en el subclub en el que Mac y Barrons acaban de entrar. Me hacen pensar en los cuervos negros, esos que sienten la llegada de una tormenta y se posan en la parte alta de los árboles por todas partes, esperando que la destrucción comience para poder abatirse sobre los moribundos y arrancar la carne del hueso con sus picos afilados De repente estoy segura de que no tienen bocas normales. E igualmente segura de que preferiría nunca ver qué tienen. Se vuelven hacia Mac como si fueran una sola unidad o algo así, lo cual es totalmente espeluznante, y comienzan a emitir un chillido que pone a todos nerviosos y pone tenso mi cuerpo. No hay serpientes en Irlanda. No porque San Patricio las desterrase como a la gente le gusta decir, sino porque es una isla y por otras cuestiones climáticas. Cuando era niña me fascinaban las serpientes porque nunca había visto una. Tomé unas vacaciones después de que Mamá murió y Ro me liberó, antes de que ella también comenzara a controlarme, y fui a un montón de museos y zoológicos. Vi una serpiente de cascabel. El movimiento de su cola tuvo el mismo efecto sobre mí que tienen estos Unseelie encapuchados cuando chillan. Ese ruido seco y polvoriento provoca algún tipo de respuesta atávica41 en mí y me hace pensar que tal vez la memoria genética realmente existe y que ciertos sonidos simplemente hacen que quieras huir. ¿Qué son? ¿Cómo es que nunca los he visto antes? ¿Cuál es su presa favorita? ¿Cómo se alimentan? ¿Cómo pueden ser eliminados? Mejor aún, ¿por qué están todos alejándose de Mac como si ella tuviese la versión Unseelie de la peste bubónica? Hay demasiada gente en las pistas de baile entre nosotras. No puedo ver bien. Me deslizo lateralmente en cámara rápida, paso corriendo junto a Lor y Fade que están custodiando la parte inferior de las escaleras, asegurándome de 41 Atávico: se refiere a una cualidad hereditaria que procede de antepasados lejanos. 140
  • darle a Lor un buen codazo y río cuando gruñe, luego me detengo en la parte superior de las escaleras y miro hacia abajo. La vista desde aquí es mucho mejor. Los fantasmas están chillando aún más fuerte, alejándose de Mac y Barrons, pero es hacia Mac a quien todas esas capuchas oscuras se vuelven. —Interesante —dice Ryodan cerca de mi oído—. Hay que preguntarse por qué parece que no pueden apartarse de su camino lo suficientemente rápido. Nunca los he visto hacer eso antes. —A Ryodan no le gusta Mac. Nunca le ha gustado. Ella se interpuso entre él y su mejor amigo. Le lanzo una mirada. —Te diré un secreto, Ryodan. Si te metes con ella, Barrons te matará. — Deslizo un dedo por mi garganta—. Así de fácil. No eres tan importante. Barrons te destrozara, sin esfuerzo. Él sonríe débilmente. —Que me condenen. Estás loca por Barrons. —No estoy loca por... —Sí lo estás. Está en tu rostro. Cualquiera puede verlo. —A veces, jefe, te equivocas. —Nunca me equivoco. Bien podrías tener una valla publicitaria. “Dani O'Malley cree que Jericho Barrons es sexy”. Mi oferta de enseñarte todavía sigue en pie. Ahórrate vergüenzas futuras. Si yo puedo verlo en tu rostro, él también. —Él nunca lo descubrió antes —me quejo, luego me doy cuenta de que acabo de admitirlo. Ryodan tiene una manera muy tramposa de decir las cosas que hace que digas cosas que nunca tuviste la intención de decir—. Quizás le pida a Barrons que me enseñe —murmuro, y me alejo de las escaleras, en dirección a su oficina. Me choco con su pecho—. Amigo, muévete. Estoy intentando llegar a un lugar. —Nunca nadie excepto yo te va a enseñar, Dani. Me toca antes de que lo vea venir, tiene su mano debajo de mi barbilla, volviendo mi rostro hacia arriba. El escalofrío es instantáneo e incontrolable. —Eso es innegociable. Firmaste un contrato conmigo que garantiza exclusividad. No te gustará si intentas romperlo. 141
  • Lo fulmino con la mirada, preguntándome qué diablos he firmado realmente. En cierta forma espero no averiguarlo nunca. —¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Charla de mariquitas o trabajando? ¿Tienes algo más para que haga o no? —Echo un vistazo por encima de mi hombro una vez más mientras paso junto a él con un empujón. Barrons está de pie frente a Mac como un escudo, y me permito una rápida sonrisa. Ryodan tiene razón, tengo que aprender a ocultar lo que siento. Ella está a salvo. Siempre estará a salvo con Barrons allí. Nunca tengo que preocuparme por Mac. Solo por aquello que ella podría hacerme algún día. Prefiero tener que preocuparme por eso que por Mac, así que esencialmente todo está bien en mi mundo. 142
  • Traducido por Liseth Johanna Corregido por Lizzie esulta que Ryodan no tenía absolutamente nada para que yo hiciera. No había otras escenas congeladas así que me hizo quedarme en su oficina con él. R Quería volver a salir y examinar los escombros de la escena del depósito que explotó la otra noche, buscar pistas más cuidadosamente (pensando en que podía mover mis escondites al mismo tiempo), pero él me dijo que estudiara a toda la gente y los Fae a través del piso de cristal y viera si creía que alguno de ellos podría ser responsable por lo que estaba sucediendo. Dije, amigo, dijiste que crees que está sucediendo espontáneamente, como si alguna parte de Faery estuviera filtrándose. Ahora quieres que revise individuos como si pudieran estar haciéndolo. ¿Cuál de las dos es? Él dijo que ambas y volvió a su papeleo. No creo que sienta el mismo sentido de urgencia que yo, ya que solo humanos han sido congelados últimamente y ninguno de ellos en su territorio. Si no comienza a mostrarme algo de acción investigativa, me veré forzada a trabajar en ello en mi propio tiempo, y no sé cómo hacerle un hueco a todo, además de dormir cada tantos días más o algo así. Mac se fue bastante rápido. Pareció ponerse realmente nerviosa por lo que estaba sucediendo con los ZCF. Ésa es la abreviatura de Zombies Come Fantasmas, porque así es como lucen. Tenían mugre y telarañas en sus capas, pistas de en dónde se refugiaban. Me relajé una vez que ella se fue. Luego me 42 “Knock, knock, knockin’ on heaven’s door”: canción de Bob Dylan. 143
  • puse tensa de nuevo al tener que observar a Jo ahí en el subclub de niños, mostrando mucha pierna a los Unseelie, y no hay duda de que a ellos les estaba gustando. Me gustaría tener piernas como las de Jo algún día, todas curvilíneas, suaves y bonitas. ¡Sin moretones! Ella se mantenía mirando hacia arriba a la oficina de Ryodan con una rara expresión en el rostro, toda anhelante, como si debiera haber sabido que yo estaba ahí arriba. ¡No sabía que me extrañaba tanto! Me hizo sentir mal por no pasar más tiempo con ella. A veces miraba las escaleras con mucha fuerza, como si quizás esperara que yo bajara. Observé, con la mano de la espada picando todo el tiempo, porque había tantas cosas en el club acechando humanos que necesitaban ser asesinadas. Para el amanecer yo era un nudo hirviente de pensamientos sidhe-seer reprimidos y homicidas, y ni un poquito más sabia con respecto a quién o qué estaba detrás de los congelamientos. Dos cosas buenas resultaron de las horas que me senté ahí hasta que él finalmente me dejó ir. Aprendí acerca de cuatro nuevas clases de Unseelie y compuse mi próximo Diario de Dani. Planeo limpiarlo un poco visualmente, hacerlo incluso más profesional antes de imprimirlo. Ahora, sentada en mi lugar favorito en la torre de agua, leo mi copia escrita a mano una vez más, revisándola antes de ir a imprimirla. El Diario de Dani Mayo 24, 1 DCM Traído a ustedes exclusivamente por DANI MEGA O’MALLEY mejor conocida como Sí Me Importa y, a diferencia de los recién llegados IMITADORES, siempre he sido 144
  • ¡SU ÚNICA FUENTE CONFIABLE PARA LAS ÚLTIMAS NOTICIAS EN Y ALREDEDOR DE DUBLÍN! ¿Quién ha estado trayéndoles los hechos de lo que ha estado sucediendo desde que los muros cayeron? Yo. ¿Quién los buscó y les dio comida y noticias en sus escondites cuando tenían demasiado miedo para dejarlos? Yo. ¿Quién llevó mensajes, buscó miembros perdidos de la familia, y los trajo a casa con ustedes si estaban vivos? Dani Mega O’Malley. ¿Quién hurgó en los escombros en busca de billeteras e identificaciones, y les devolvió sus cosas para que pudieran estar de duelo? No fue una organización irresponsable quien consiguió la mayor parte de sus primeras “noticias” al ser mordaz con respecto a mí. Esas no son noticias. Eso es calumnia. Yo les doy hechos que pueden utilizar. ¿Quién ha estado matando a sus enemigos y enseñándoles cómo luchar en los últimos siete meses? ¿Quién reunió a los niños y los llevó a un lugar seguro? No olviden lo que saben que es verdad solo porque alguien más aparece, imitando MI periódico, clamando locuras retorcidas. Aún no he visto energía o agua corriente que no sea accionada por generador, y, amigos, yo puedo conectar eso por ustedes. Me Importa Siempre será así, Dublín. ¡Dani fuera! No hago refutaciones y no tengo cartas de amor dentro de mí, así que esto tendrá que servir. Una vez que lo imprima y lo pegue, voy a esconderme y a dormir como los muertos por diez horas. Ya he estado despierta por dos o tres días. Siempre lo olvido hasta que estoy a punto de caer en redondo. He estado sentada en mi torre de agua, mirando a la ciudad, observando la salida del sol. El aire está limpio como nunca lo estuvo antes de que los muros cayeran. Está neblinoso pero no cubierto de smog como solía estar. Adoro vivir en una ciudad puerto. Una vez, cuando tenía nueve años, viajé de polizona en un bote pescador. No pudieron deshacerse de mí hasta el final del día porque 145
  • necesitaban la pesca del día. Finalmente terminaron permitiéndome navegar al frente, con el viento en el cabello, el rocío salado en mi cara. Los muelles siempre me han fascinado con sus grandes barcos yendo y viniendo a lugares, ¡cuentos de aventuras y emoción atrapados en sus cascos como percebes! Ahora solo están ahí, muertos en el agua como mucho más. Tengo un buen escondite en uno de ellos. Decido que no he estado ahí en un tiempo y que dormiré un poco ahí más tarde. El cielo es de color platino, el mar color pizarra y el río Liffey se desliza a través de la ciudad, metálico. La niebla derrama encaje plateado sobre todo. ¡Me quita el maldito aliento! Podría admirarlo por horas pero tengo un trabajo que hacer. La gente tiene poca memoria. Se enceguecen por el miedo y se deslumbran fácilmente. Especialmente en tiempos de guerra cuando el mundo comienza a lucir tan oscuro y más crudo que las cosas brillantes comienzan a lucir más brillantes. Tengo que seguir recordándoles las cosas que saben que son verdad. Dublín y yo, somos guisantes en la Mega vaina. Esta es mi ciudad y mi periódico, y no quiero renunciar a nada de lo que es mío sin luchar. Nunca he perdido una pelea aún. Bueno, solo con ese maldito Ryodan. Y no hay manera de que él esté detrás de WeCare. Él es como, la antítesis de WeCare. Es, como, No-Nos-ImportasUna-Mierda también envuelto en un Te-Comeremos-En-El-Almuerzo. Ahí se va mi humor de nuevo. Eso es todo lo que se necesita. Un pequeño pensamiento acerca de él. Tengo que “trabajar” de nuevo esta noche como un maldito tipo cualquiera en cámara lenta, caminando con dificultad entre las masas y, la injusticia de todo ello es que, ahora que el mundo ha colapsado, nadie tiene que trabajar más. Excepto yo. Me erizo, dándome cuenta de que no puedo dormir como los muertos una vez que publique el periódico porque tengo que poner una alarma. Yo. ¡Tengo que levantarme a una hora precisa! Jamás le he prestado atención alguna al tiempo. Dancer dice que he disfrutado de un lujo que la mayoría de las personas jamás han tenido. Él odia los relojes y las alarmas y todo lo que tenga que ver con el tiempo. Dice que la gente ya tiene demasiados días perdidos y que la mayor parte de ellos viven en el pasado o en el futuro, pero nunca en el presente, siempre diciendo cosas como “no soy feliz porque ‘x’ cosa me sucedió ayer, o estaré feliz de nuevo cuando ‘y’ me suceda mañana”. Él dice que el tiempo es el villano más grande. En realidad no entiendo eso, pero eso es probablemente porque hasta este 146
  • maldito momento nunca tuve que mirar un reloj para nada. Me levantaba cuando sentía ganas de hacerlo. Iba a dormir cuando sentía ganas de hacerlo. Si tengo suerte, seré capaz de tener cinco horas de sueño antes de que tenga que regresar a “trabajar”. Estoy aterrada por lo horrible de todo eso. Las manecillas del reloj están marcando los minutos de mi vida según las instrucciones de alguien más. Eso está tan mal. Despierto de forma lenta y cuidadosamente, ni siquiera me estiro. Me quedo quieta, sintiendo el bote mecerse gentilmente en las olas. Amo dormir en mi barco. Lo llené de trampas hasta la saciedad. Yo fui atrapada por una de ellas hoy, ¡son tan buenas! No abro los ojos porque me lleva un rato comenzar a moverme. Algunas veces puede tomarme media hora. Es por eso que puse la alarma a las siete en lugar de a las siete y media. Mi alarma. ¿Fue eso lo que acaba de despertarme? No recuerdo haberla apagado. Busco mi celular a tientas. La señal puede estar muerta, pero todavía reproduce música y juegos. Y tiene una estúpida alarma. Encuentro un obstáculo entre mi celular y yo que se siente como… —¡Aiy-eeeeeeee! —Hago un sonido que no sabía que podía hacer, parte jadeo, parte chillido, y me levanto de un salto de la cama, mis ojos abriéndose de inmediato. Lo que acaba de salir de mi boca es tan femenino que me hace encogerme, así que tomo mi espada y la balanceo. Él me la quita de un golpe y ésta hace un estruendo al caer al piso. Ni siquiera puedo decir nada por un sexo. Digo, un segundo43. ¡Ésta es como mi peor pesadilla en todo el mundo! ¡Esto es peor que los ZCFs persiguiéndome, además del diablo y los príncipes Unseelie! ¡Ryodan está en la cama junto a mí! N. de T.: juego de palabras entre “sex”, “sexo” y “sec”, abreviatura de “second”, “segundo” en inglés. 43 147
  • Sentado ahí, ¡tan bien como se le place! ¡Estamos juntos en la cama! Él me está dando esa ligera sonrisa y la mirada burlona. Supongo que estaba viéndome dormir. ¿Ronqué? ¿Estaba desparramada de espaldas con la boca abierta? ¡No tengo idea de cuánto tiempo ha estado aquí! ¿Cómo entró? ¿Cómo demonios pasó todas mis trampas? ¡Obviamente van a tener que ocurrírseme unas nuevas! Intento sacarlo de la cama de un empujón. Es como intentar mover una montaña. Lo golpeo. Como una niña. Ni siquiera usando mis superpoderes. Asumiendo que los tenga en este momento, esos malditos inconstantes. ¿De qué sirve ser una superheroína si solo lo eres una parte del tiempo y nunca sabes cuándo? Él atrapa mi puño y lo sostiene. No puedo sacar el puño de su mano. —Amigo, ¡dame algo de espacio aquí! ¡Necesito espacio cuando despierto! ¡No puedo respirar! ¡Muévete! Él ríe y yo quiero arrastrarme debajo de las sábanas, enterrarme profundo y esconderme y pretender que esto es solo una mala pesadilla y que terminará pronto. —¡Fuera de mi cama! Cuando me suelta y se pone de pie, el colchón se eleva diez centímetros en su lado. No puedo creer que no lo sentí sentarse. Sí, puedo creerlo. Duermo profundo. —Estás retrasada para el trabajo, niña. —¿Qué hora es? —Miro salvajemente alrededor en busca de mi celular. Estoy tan desorientada por el sueño que apenas puedo funcionar. Lo diviso en el otro extremo de la mesa junto a la cama. Está hecho trizas. —¡Rompiste mi celular! —Estaba destrozado cuando llegué aquí. Debes haberlo hecho tú cuando la alarma sonó. —No es como si fuera mi culpa —digo airadamente, apartándome el cabello del rostro con ambas manos—. Nunca tuve que usar una alarma antes. —Te estoy dando mierda. —¡Estás como, aquí! 148
  • —Eso es porque estás llegando tarde al trabajo, niña. Vístete. La ropa me golpea en el pecho. Me doy cuenta de que llevo mi pijama favorita. Es de franela y tiene patos. Quizá él no lo notó. No puedo soportarlo. Este es mi lugar. Se supone que sea privado. —La cabina del capitán. Bastante lujoso. Muévete. Tenemos cosas que hacer. —Sale por la puerta y se dirige a la cubierta—. Bonita pijama, niña. Me lleva a una iglesia. Las iglesias me causan gracia. Son como el dinero, una conspiración de la fe. Como si todos estuvieran de acuerdo en creer que no solo hay un Dios, sino también que él baja y ve cómo está la gente, siempre y cuando pasen el tiempo en ciertos lugares, construyan altares, quemen muchas velas e incienso, y jueguen al siéntese-párese-arrodíllese y otros extravagantes rituales que harían que un aquelarre de brujas no luciera como si tuviera un TOC44. Luego, para complicarlo más, algunas personas hacen rituales, subconjunto A, y otras personas hacen rituales, subconjunto B, C o D, y así sucesivamente hasta una infinidad de denominaciones, y se llaman a sí mismos cosas diferentes, luego niegan el derecho de todos los demás al cielo si no realizan los mismos rituales. Amigo. Raro. Me imagino que si hay un Dios, él o ella no está prestándole atención a lo que construimos o si seguimos algunas reglas elaboradas, sino que se sienta en nuestros hombros, viendo qué hacemos cada día. Viendo si nos tomamos esta gran aventura llamada vida y si hicimos algo interesante con ella. Me imagino que la gente que es más interesante es la que consigue ir al cielo. Quiero decir, si yo fuera Dios, querría a esa gente conmigo. También me imagino que ser eternamente feliz sería eternamente aburrido, así que intento no ser demasiado interesante, aunque me sea difícil. Preferiría ser una superheroína en el infierno, pateando el trasero de toda clase de demonios, que un ángel en el cielo, flotando por ahí con una beatífica sonrisa en mi rostro, tocando un arpa mariquita todo el día. Amigo, ¡denme tambores y grandes platillos! Me gusta el golpeteo y el estrépito. Así que Ryodan me lleva a una iglesia y me quedo afuera mirando, estancada. 44 TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo. 149
  • Mentalmente reviso los lugares que he visto congelados hasta ahora: el subclub de Chester’s, un almacén en las afueras de la ciudad, dos pequeños pubs subterráneos, un gimnasio, una familia rural lavando, y ahora, una pequeña congregación en una iglesia. Me quedo un rato ante la alta entrada de puertas dobles, absorbiendo detalles porque no tengo ningún apuro en entrar. El frío que emana del interior es brutal, peor que en cualquier escena hasta ahora. Mi aliento quema hasta los pulmones, incluso con unos cuarenta y cinco metros entre el frente de la iglesia y yo, donde la gente está reunida en el altar en una congelada escena de natividad. Hay ocho hombres, tres mujeres, un sacerdote, un perro de pie ahí, y un anciano sentado en el órgano. He oído que sobrevivieron más hombres que mujeres a Halloween, y en muchos sitios rurales las mujeres se han vuelto una tentadora mercancía, con los hombres tropezándose unos con otros para conseguir una. Los tubos del órgano detrás del altar están cubiertos con carámbanos, y del techo chorrean enormes estalactitas. Hay una niebla congelada colgando alrededor de todo el interior. El sacerdote está de pie detrás del altar, mirando a los otros, sus brazos levantados, como si estuviera en medio de un sermón. —Está más frío que el resto, lo que sugiere que sucedió más recientemente, la temperatura ambiente y todo lo demás incluido —digo, y cuando hablo, mi aliento se cristaliza en pequeñas nubes que cuelgan en el aire. Me estremezco con una repentina e incontrolable sacudida—. ¡Demonios, hace frío! —Demasiado frío para ti. Lo miro. Casi hubo un signo de interrogación al final de esa. —Amigo, ¿estás preocupado por mí? Soy indestructible. ¿Cuándo te enteraste de esta? —Fade la encontró hace cerca de cuarenta minutos. Había pasado por la iglesia diez minutos antes, y no estaba congelada. Cuando iba de regreso, ya lo estaba. —Así que sí es la más fresca que hemos visto hasta ahora. —Me doy cuenta de que él no está entrando en la iglesia en cámara lenta como lo ha hecho en escenas anteriores. Supongo que es un poco fría incluso para él. Inhalo y exhalo, rápido y duro, bramando mis pulmones, preparando mi surtido de adrenalina. —Hagámoslo. Mentalmente me recojo, cambio de velocidad y entro congelando el cuadro. 150
  • Existe el frío y luego existe algo peor. Este frío me clava puñales y los retuerce, atrapando cartílago y hueso. Atraviesa músculos y tendones, cortando mis nervios como una navaja. Pero esta escena es la más fresca de todas, y si hay algún lugar donde voy a encontrar pruebas, es aquí, antes de que la temperatura comience a elevarse y las cosas cambien. Si lo hacen. No sé lo suficiente. Rodeo la pequeña reunión, temblando. He tartamudeado de frío en otras escenas pero nunca he temblado mientras congelaba el cuadro. Creo que temblar es genial porque es la forma del cuerpo de congelar el cuadro a un nivel molecular. Tus células sienten que la temperatura está demasiado fría para ti, y tu cerebro te hace vibrar a cada minuto para generar calor. Así que, estoy como, congelando el cuadro dos veces ahora mismo, a un nivel celular y sobre mis pies. El cuerpo es una cosa brillante. Primero miro sus rostros. Están congelados con las bocas abiertas, los rostros contraídos, gritando, al igual que la gente lavando al aire libre. Estas personas también lo vieron venir. Todos excepto el sacerdote, que luce sorprendido por las personas ahí, lo que me dice que lo que fuera que fuese, vino desde detrás del sacerdote, y vino rápido porque su cabeza ni siquiera está girando. Debía haber estado reaccionando a las expresiones en sus rostros. Debe haber aparecido y debe haberlos congelado simultáneamente, o él habría tenido el tiempo de comenzar a mirar detrás de sí. Me siento un poco mejor sobre lo que sea que esté sucediendo porque, ahora, dos veces, la gente lo vio venir. Eso significa que tengo una oportunidad de salir de su camino si viene hacia mí. —Guarda tus. Observaciones y respira —dice Ryodan en mi oído—. Reúne. Información y. Sal. Lo miro por la forma en que acaba de hablar. Tan pronto como lo hago, entiendo por qué él seguía deteniéndose y arrancando. Su rostro es hielo sólido. Se agrieta cuando añade. —Apresúrate. Maldición. Mi rostro no está congelado. ¿Por qué el suyo sí? Extiendo la mano sin pensarlo, como si fuera a tocarlo o algo así, y él la aparta de un golpe. —No. Toques. Una Mierda. Ni siquiera. A mí. —El hielo se hace añicos y se reforma en su cara cuatro veces antes de que él termine la oración. 151
  • Avergonzada, me alejo rápidamente, aclaro mi mente y me concentro en los detalles. No tengo idea de por qué casi lo toco. No hay explicación para mi comportamiento. Creo que él me hechizó de alguna manera con su solicitud. ¿Qué está sucediendo en estos lugares congelados? ¿Por qué está sucediendo? ¿Acaso alguna parte inhumanamente fría de Faery realmente está filtrándose? Entiendo por qué Ryodan piensa que es así. En cada escena, nada parece haber sido robado. No veo denominadores comunes. Nada fue comido. Nadie fue lastimado. Entonces, ¿por qué sucedió? Considero cada una de estas escenas congeladas como un crimen. La gente está muerta. Los crímenes requieren un motivo. Zumbo de un lado a otro, intento discernir algún indicio de un motivo, una pista de una mente consciente detrás de esto. Mirando de cerca, buscando pequeñas heridas, algo así como de dientes delgados como una aguja. ¿Fueron drenados de fluidos corporales que ciertos Fae consideran sabrosos? La idea me hace pensar en unos cuantos Fae que debí haber matado. De haberlo hecho, todo estaría bien entre Mac y yo. Ella jamás lo habría sabido. Aún no sé por qué no lo hice. No era como que quería ser atrapada. No veo señales de daño de ningún tipo. Luego la veo y es un instantáneo golpe al corazón. —¡Oh, mierda! —digo. No me importa mucho cuando los adultos son asesinados porque sé que tuvieron una vida. Vivieron. Tuvieron su oportunidad. Y, con esperanza, murieron luchando. Pero los niños… bueno, los niños simplemente me matan. ¡Ni siquiera llegaron a conocer que lugar loco, maravilloso y sorprendente es el mundo! Ni siquiera lograron tener aventuras. Ésta no tuvo aventuras en lo absoluto. Ni siquiera pasó la etapa de “Dios, me alegra que haya leche”. Una de las mujeres está sosteniendo una bebé con un halo de rizado cabello rojo justo como el mío, acurrucada en la curva de su brazo. Tiene un pequeño puño envuelvo alrededor del dedo su madre y está congelada mirando a su mamá como si fuera el ángel más hermoso y mágico en el mundo, que es exactamente como me sentía con respecto a la mía antes de que todo se pusiera tan… sí, bueno. Tan. Y algo loco me sucede que no entiendo en lo absoluto, pero voy a comenzar a hacer lo que el resto del mundo hace y culpar a mis hormonas de todo porque solía ser la más genial de los geniales hasta que comencé a tener periodos. 152
  • Me pongo toda sentimental por dentro como alguna clase de tonta que se cree todos esos comerciales de tarjetas de felicitaciones, y pienso en mamá, en que aunque ella me hizo cosas que otras personas creerían horribles, entiendo por qué me mantuvo en una jaula. No había muchas opciones y ella no tenía mucho dinero y no siempre fue mala conmigo. Lo hacía para mantenerme a salvo. Jamás la culpé por mantenerme en una jaula con un collar. Solo deseaba que dejara de olvidarse de mí. Como si ella no quisiera recordarme. O quizá deseaba nunca haberme tenido. Pero no siempre fue así con nosotras. Recuerdo sentirme locamente querida. Recuerdo cuando era diferente. Solo que nunca pude recuperarlo. Y de repente está esta estúpida cosa tan fría en la comisura de mis ojos por dentro como si intentara llorar o algo, y yo no lloro, y aquello se congeló en el segundo en que comenzó y mi cabeza duele y extiendo la mano y toco el pequeño puño envuelto alrededor del dedo de su mami y mi corazón se aprieta y luego tengo esta horrible presión en mis oídos y luego algo dentro de mis venas emite un suave sonido de chapoteo, y de repente no puedo respirar y tengo tanto frío que supongo que debe ser como ser dejada desnuda en el espacio. El frío me corta, me arranca la piel, me asesina, me convierte en un glaciar. El frío toma nuevos significados y justo cuando creo que lo entiendo, como si fuera algún complejo estado del ser dentro del cual podría existir, da volteretas alrededor, y ardo en todas partes y estoy caliente, y estoy caliente, ¡estoy tan maldita e increíblemente caliente que comienzo a arrancarme la ropa y no puedo hacerlo lo suficientemente rápido porque me siento pesada, lenta y estúpida y me doy cuenta que de alguna manera he vuelto a cámara lenta! ¿Fue cuando la toqué? ¿Fue por eso que él me dijo que no tocara nada? ¿Tocar algo tan frío podría bajarte de la alta velocidad? ¿Cómo sabe eso, si es verdad? ¿Lo debilitó alguna vez en alguna parte y es así como lo sabe? Entonces, ¿por qué no lo mató? Está demasiado frío en cámara lenta, en serio como el espacio exterior. Intento congelar el cuadro nuevamente. Caigo de rodillas. Debo haber esperado demasiado. Quizás el instante en que bajé la velocidad fue demasiado largo. 153
  • ¡Dios, el piso está frío! ¡Duele, duele, duele! Acabo de pensar “Dios.” No uso esa palabra. ¿Creo? ¿He encontrado la fe aquí, de rodillas, ahora, al final? Eso me parece un poco hipócrita de mi parte. No voy a morir como una hipócrita. Comienzo a reír. No estoy temblando. Tengo calor. Tengo tanto calor. Incluso ahora intento absorber más detalles. Curiosidad. El gato muriéndose. Puede que eso pase. Es como un vacío aquí. Algo está mal, algo falta que no pude sentir en cámara rápida, pero no entiendo qué. Las cosas alrededor de mí, la gente y todo se siente… de alguna manera planos, desprovistos de un ingrediente esencial que les daría multidimensionalidad. —Ry… —No consigo decir su nombre. Lo oigo gritar, pero no puedo entender las palabras y suena raro. Como si estuviera hablando contra una almohada. Intento quitarme los pantalones. Necesito quitármelos. Están fríos, tan fríos. Tengo que quitarme todo. Están tan fríos que arden en mi piel. Él está luchando contra mí, intentando mantenerlos en mí. Sal de mi camino, intento decir pero nada sale. Necesito quitármelos. Si puedo quitármelos puede que esté bien. Y todo en lo que puedo pensar es… ¡Ayúdame! Grito dentro de mi cabeza. Mi corazón se está yendo. Reúne toda la energía para un último y violento latido que dice “vete a la mierda” pero solo logra un sonido blando. No puedo morir así. Tengo cosas que hacer. Mi aventura apenas ha comenzado. Todo se pone negro. Veo la Muerte. No es tan fascinante. Es una almádena45. Aw, mierda. Sé lo que es la rigidez cadavérica. Sé que mi rostro se va a quedar fijo. Estoy escogiendo cómo. Busco una risa desde lo profundo, en donde siempre estoy medio riendo de todas maneras porque, estar viva, ¡amigo!, es la mayor aventura en el mundo. Qué paseo ha sido. Corto pero estupendo. Nadie puede decir que Dani Mega O’Malley no vivió mientras estuvo aquí. ¡Sin arrepentimientos! Dani fuera. 45 N. de T.: una maza. 154
  • Traducido por Liseth Johanna Corregido por V!an* es pierdo el rastro por un minuto, distraído por una mujer Unseelie en las calles que tiene lo que el Highlander en mí considera partes repugnantes, pero que el príncipe en mí cree que son las adecuadas. El sexo se ha vuelto condenadamente raro. Increíble. Pero raro. Ella está a unas pocas cuadras al sur de la iglesia, y está desprendiendo feromonas que hacen que mi polla se ponga plana contra mi estómago, y para cuando me doy cuenta de lo que le ha sucedido a Dani, tengo una razón más para odiar a Ryodan y a todo el maldito mundo, como si necesitara una. L —¡No! —rujo mientras me apresuro hacia el borde del techo. Eso es lo malo de ser mestizo. El Highlander en mí quiere tomar las escaleras. El Unseelie en mí quiere usar alas. Lo malo es que no las tengo todavía. Mi corazón toma la decisión sin mí e intenta llegar a ella de la manera más rápida posible. Salto. Maldigo mientras caigo en picada cuatro pisos y me preparo para el impacto. Contrario a lo que ella piensa, no puedo tamizar todavía, así que no puedo cortar esta caída. ¿Qué clase de idiota se rompe todos los huesos en el preciso momento que su damisela en problemas lo necesita más? Hasta ahora he estado feliz de todavía no poder tamizar. Creo que ese es el punto sin retorno. El día en que pueda desaparecer de la existencia en un parpadeo y regresar con un mero pensamiento, ya no seré humano. Giro en el aire, intento caer sobre mis pies. 46 “Hot Child In The City”: Canción de Nick Gilder. 155
  • Estoy sorprendido cuando funciona. Descubro nuevas cosas sobre mí mismo todos los días, la mayoría de las cuales me disgusta, pero este es un cambio bienvenido. Mi centro de equilibrio ha cambiado. Pivoteo y me realineo impecablemente. Mis huesos parecen haber desarrollado una increíble resistencia gomosa. Mis rodillas se doblan ligeramente, doblándose de una forma distintivamente inhumana para absorber el impacto. Aterrizo como un elegante gato. Me miro los pies, los cuales están intactos y funcionando perfectamente, y todo en lo que puedo pensar es, maldición, acabo de caer cuatro… —¡Tráela aquí AFUERA! ¡AHORA, estúpido idiota! Mi cabeza se levanta. Un adolescente que lleva lentes está de pie fuera de la iglesia, mirando hacia adentro, gritándole a Ryodan. No tengo idea de quién es o de dónde vino. Pero acaba de decir mi línea, aunque lo habría hecho sin la parte de estúpido y con muchos más “hijo de puta”. Las manos del chico están hechas puños y está pegado contra la jamba de la puerta de la iglesia. Su rostro y cabello están escarchados y tiembla violentamente. Lo empujo para pasar, apartándolo con el hombro. —Ella no te necesita. Inútil humano. Piérdete. Me gruñe. Me río. Para mirarme a la cara y gruñirme se necesitan grandes bolas. —Felicidades para ti, niño. Ahora vete a otra parte y muere antes de que decida meterte esas grandes bolas que crees que tienes por la garganta. — Entro a la iglesia, así puedo rescatar a Dani y matar a Ryodan por llevar a una flor de invernadero a una zona ártica. El frío me golpea como una pared de ladrillo y me detiene en seco. Una sólida capa de hielo se forma en mi piel. Cuando flexiono los músculos, el hielo se rompe y cae al piso con un tintinear de cristales. Doy otro paso y me congelo, a medio paso esta vez, mientras todavía me estoy moviendo. Pasé una pequeña eternidad en la prisión Unseelie y nunca tuve este problema, y estaba inhumanamente frío ahí. Soy mitad príncipe Unseelie. No creí que hubiera algún lugar demasiado frío para mí. ¿Cómo puede ese hijo de puta de Ryodan tolerarlo, si yo no puedo? 156
  • Doy otro paso, me congelo de nuevo, lo rompo y retrocedo. No me hará ningún bien congelarme como el hombre lata y volverme inútil para ella. No entiendo cómo es que esto está sucediendo. El frío en el reino del Rey Unseelie congeló mi alma y me hizo odiar el estar vivo. Esto es peor. No hubiera creído que había algo peor. Hay algo familiar en este lugar, esta escena, este frío. Déjà vu. Desprecio este frío. Me hace sentir mal en el centro de mis huesos. Vacío, hueco, de alguna manera… imperfecto. Entrecierro los ojos, mirando alrededor. ¡Dani! Ella está en el piso y no es el frío el que me quita el aliento. Sus jeans están enredados alrededor de sus rodillas. Lleva un sostén y bragas de color negro con pequeña calaveras y tibias cruzadas. Está sacudiendo los brazos y las piernas y gritando incoherentemente. Y yo no puedo llegar a ella. ¡Mi chica está medio desnuda y muriendo y no puedo llegar a ella! Empujo hacia adelante. Me congelo. Rompo el huelo y retrocedo. ¡Mierda! Ella está intentando quitarse el resto de los jeans y él está luchando contra ella, intentando mantenerlos puestos. Necesita sacarla de aquí. ¿Por qué está desperdiciando tiempo intentando mantenerle la ropa puesta? —¡Tráela a mí! —demando. —¡No congeles el cuadro con ella! —brama el chico en las escaleras. Tiene buenos pulmones—. ¡Si te mueves rápido, la matarás! —Qué mierda sabes tú —dice Ryodan. —¡Todo lo que hay que saber sobre la hipotermia! Y estoy dispuesto a apostar que ninguno de ustedes puede darle calor. ¡Tráela conmigo si quieres que viva! Deja de intentar ponerle la ropa. ¡No va ayudar! —Vete a la mierda, niño —dice Ryodan, pero deja de intentar vestirla y la toma en brazos. Sus pantalones caen al piso. Está casi desnuda en sus brazos. No puedo ver más allá de la rabia roja en mis ojos. —¡No la muevas más de lo que tienes que hacerlo! ¡Eso forzará la sangre fría a su corazón y tendrá una nueva caída de temperatura corporal! —grita el chico. 157
  • Ryodan camina con ella realmente lento. Ella ha dejado de sacudirse. Tampoco está haciendo algún sonido. Se ha quedado floja. Sus brazos y piernas caen pesadamente como una muñeca de trapo con cada paso que él da. Si la mató voy a golpearlo hasta que sangre y a comerlo pedazo por pedazo, con salsa para carne. Es todo lo que puedo hacer para mantener mis pies fijos donde están y no atacarlo cuando pasa. Gloriosas, hermosas escenas de muerte y destrucción, campos de batalla y cámaras de tortura, llenan mi mente, tentadoras, sexuales, incitándome a golpear, atropellar y arrasar con todo en mi camino, sin importar las consecuencias, porque no hay consecuencias para lo que me estoy convirtiendo. Cuando él pasa junto a mí, mis puños chorrean sangre. Pero no peleo por ella. Si lo hago, podría matarla. Eso me convertiría en algo peor que un príncipe Unseelie. —¡Tú! —El chico me clava un dedo—. Necesito bolsas de dormir, una manta de aluminio, y compresas calientes. Tienda de actividades al aire libre en la Novena y Central. Consígueme azúcar, gelatina y agua, si puedes encontrarla. No pierdas tiempo si no la encuentras. Lo mismo para un generador. ¡Ahora! —¡No hago mandados para los humanos! Pero arrancaría la maldita luna del cielo por ella. Cuando regreso con las mantas y las compresas calientes, ella está en la acera en el lado opuesto de la calle de la iglesia. El niño con lentes está en ropa interior. Aparentemente el hijo de puta no usa. La rabia me ahoga. Lucho para controlarme. La parte humana de mi cerebro sabe exactamente por qué se quitaron la ropa. Para poder acomodarla entre ella. Ella necesitaba todo lo que ellos tenían. Está enroscada en posición fetal, envuelta en los pantalones de ellos, sus camisas y chaquetas. La parte Unseelie de mi cerebro no comprende nada excepto que dos pollas están demasiado cerca de algo que es mío. 158
  • El chico está encima de ella, sobre sus manos y rodillas, con su rostro rozando el de ella como si estuviera besándola. Ryodan luce como si estuviera a punto de arrancarle la cabeza. Mientras me acerco, veo que el chico está respirando sobre su nariz y boca, dejando que su respiración suba por las fosas nasales de ella. Estoy sacudiéndome de rabia. Mis manos están hechas puños de nuevo, sangrando por apretarlas tan fuerte. —Sigue enroscándose —dice Ryodan. —Instinto de madriguera. Las personas que están congelándose lo hacen cuando están a punto de morir. —La dejas morir —le digo al chico—. Y te mataré de todas las maneras en que un humano puede ser asesinado, te traeré de vuelta y lo haré todo de nuevo. —¿Conseguiste lo que necesito? —El niño extiende una mano detrás de sí, ignorando mi amenaza—. Manta de aluminio. Ahora. Y cuidado cuando la muevan —dice sobre su hombro, como si ni siquiera supiera que dos maníacos homicidas están observando cada uno de sus movimientos y lo quieren muerto solo por estar tan cerca de ella—. Nada abrupto. —¿Por qué aluminio? —Quiero saber exactamente qué está haciendo para poder hacerlo yo mismo cuando haya una próxima vez. Diría que no va a haber una pero, desde que los muros cayeron siempre hay una próxima vez. —Súper aislamiento. Atrapa el calor. Mantiene fuera todo lo demás. Ryodan y yo la ubicamos delicadamente sobre la manta, luego el chico se estira sobre ella de nuevo. Ella está inmóvil. Ni siquiera puedo ver su pecho subir y bajar. Está pálida y quieta como un cadáver. Me excita de una manera perturbadora. Nunca he visto a una princesa Unseelie pero sospecho que son así: blancas, frías y hermosas. —¿Está respirando? —Apenas. Su cuerpo está usando todo lo que tiene para mantener su cerebro y órganos funcionando. Necesita orinar. —No puedes saber eso, maldita sea —dice Ryodan. El chico no gira su cabeza ni lo mira, solo sigue hablando por encima de la nariz de ella. —Ella come y bebe constantemente. Su vejiga siempre está, por lo menos, parcialmente llena. Su cuerpo está gastando preciosa energía intentando evitar 159
  • que la orina en su vejiga se congele. Necesitamos que esa energía esté dirigida a su corazón. Por lo tanto, necesita orinar. Entre más pronto, mejor. Necesitamos que esté consciente para poder hacerlo, a menos que tengan un catéter a mano. —Despiértala —gruñe Ryodan. —No vas a ponerle un catéter —gruño. —Haré lo que sea que tenga que hacer para salvarle la vida. Ustedes. Malditos. Idiotas —dice el chico. Abre un paquete de compresas calientes y las mete en sus axilas e ingle. Luego se estira junto a ella. —Envuélvannos en bolsas de dormir. Miro a Ryodan y él me mira y, por un segundo, creo que es posible que ambos matemos al chico. Ryodan tiene una expresión más pétrea de lo habitual, si eso es posible sin volverse de concreto, y sus colmillos están afuera. Bajo la mirada. La polla de Ryodan está tan grande como la mía. —¿Por qué demonios no usas ropa interior? —Para un príncipe Unseelie, una polla expuesta es un llamado de batalla. —Irrita. Demasiado pequeña y confinante. —Vete a la mierda —digo. —Amigos. Supérenlo —dice el chico—. Envuélvannos. ¿Quieren que muera? —Jamás debiste haberla llevado ahí. Voy a matarte por eso —le digo a Ryodan mientras ayudo a enrollar a un chico casi desnudo con mi chica. —Le dije que no tocara nada —dice Ryodan—. Sabía que la haría perder su velocidad. Se lo recordé en cada escena a la que fuimos. Y hazlo, Highlander. Cuando quiera que creas que estás listo. —Y todos sabemos lo bien que presta atención —dice el chico secamente. Ryodan le da una mirada que haría que hombres adultos, armados y psicópatas se callaran. —No había razón para que ella tocara nada. —Obviamente pensó lo contrario —dice el chico, completamente impávido. —Yo estaba allí con ella. Imaginé que podría sacarla. 160
  • —Te imaginaste mal, hijo de puta —digo. —No pensé que la afectaría tan rápido si lo hacía. No me hizo nada cuando yo lo intenté. —Ella no es como tú. Y cállense, ambos —dice el chico, y pone su rostro sobre el de ella de nuevo, respirando, ahuecando sus manos alrededor de sus rostros para mantener el aire cálido ahí. —¿Por qué estás haciendo eso? —digo. —Aire cálido. Hipotálamo. Regula la temperatura interna y le ayudará a volver a la consciencia. Necesito que esté consciente para que pueda orinar. —Yo la habría frotado para calentarla. Restaurar su circulación. —Brillante. La habrías matado. Su sangre está demasiado fría. Eso habría detenido su corazón. —No entiendo por qué se desvistió —dice Ryodan. Lo miro. Está haciendo lo mismo que yo. Aprendiendo qué hacer por si sucede de nuevo. Ambos habríamos salido corriendo con ella, intentando llevarla a un lugar cálido. Y, según este chico, ambos la hubiéramos matado. —Los vasos sanguíneos se ensanchan. Ella pensó que tenía calor. Los excursionistas son encontrados muertos todo el tiempo en las montañas, desnudos con su ropa doblada en las cercanías. Se confunden. El cerebro intenta ordenarse en medio del caos. —¿Cómo sabes todo esto? —Odio que él lo sepa y yo no. Lo hace un mejor hombre para ella en esta situación. Quiero ser el mejor hombre para ella en todas las situaciones. —Mamá era doctora. Casi morí de hipotermia en los Andes una vez. —Yo casi te maté —dice Ryodan. —No puede oírte —dice el chico. —No estaba hablando con ella. —Dame más compresas calientes —dice el chico—. ¡Rayos, está fría! —Hace unas pocas semanas. Casi te maté. El chico le da una mirada. Pienso, ¿qué mierda le da a un chico así de joven las bolas que se necesitan para gruñirme y para darle al hijo de puta una mirada como esa? 161
  • Ryodan dice: —Estaba en las sombras de un callejón por el que caminabas. No me hubieras visto venir. Ella habría muerto esta noche si te hubiera matado. —¿Es eso, como, una disculpa? —me mofo. —¿Ella jadea de horror cada vez que te ve, Highlander? Desenrosco unas alas que aún no están ahí y siseo. —Ambos hablan demasiado —dice el chico—. Cállense. No me hagan decirlo de nuevo. Nos callamos, lo que encuentro histéricamente gracioso. De repente nos veo desde arriba. Hago eso todo el tiempo ahora. Creo que es porque estoy perdiendo mi humanidad y es mi manera de marcar mi descenso al infierno. Observo que hay solo un hombre humano en esta escena y no soy yo. Veo a una radiante niña-mujer que tiene más curvas bajo su ropa de lo que supuse, y por la manera en que Ryodan la está mirando, él tampoco se lo imaginó. Le falta la sangre, está azulada, enroscada con fuerza en los brazos de un adolescente semidesnudo que podría haber sido, debió haber sido, yo. Manteniendo vigilia sobre ella hay dos monstruos de razas muy diferentes, pero monstruos de todas formas. La Muerte a su izquierda. El Diablo a su derecha. El chico luce como yo cuando tenía su edad, excepto por los lentes y unos cuantos centímetros más de altura. Cabello oscuro, gran sonrisa, amplios hombros, el chico va a ser apuesto. Si sobrevive a la próxima semana. En este momento apostaría con fuerza contra ello. Está en una bolsa de dormir con ella, sosteniéndola. Ella tiene calaveras y tibias cruzadas en su ropa interior. Eso me encanta más allá de la razón. Como yo lo veo, si no es Ryodan en ese próximo callejón oscuro, seré yo. 162
  • Traducido por Lost Angel y magdaa Corregido por Simoriah H ago un nuevo descubrimiento que apesta completamente. Morir es la parte fácil. Volver a la vida es lo que apesta. En un segundo me he ido. Ni siquiera existo. Al siguiente, ardo de dolor. Oigo voces hablando pero siento como si alguien hubiera apilado pesas sobre mis ojos y ni siquiera intento abrirlos. Duele tanto que quiero perder la conciencia una vez más. Gimo, miserable. —Dijiste que podíamos moverla, así que hagámoslo. Ahora. La llevaremos a mi casa. Es Christian. Me pregunto qué está haciendo aquí. —Ella no va a ningún lado contigo. Vendrá conmigo. Si te equivocas y no es seguro ahora, niño, estás muerto. 47 “I fight authority and authority always wins probably always will”: Fragmento de la canción “Authority Song” de John Mellencamp. 163
  • Ése es Ryodan. Pero, ¿a quién llamó niño? La única persona que conozco a la que llama “niña” es a mí. —No corro riesgos con ella. Es seguro. —¿D-D-D-Dancer? —parloteo. —Tranquila, Mega. Casi mueres. —Cierra su mano en torno a la mía y yo la aferro. Me gusta su mano. Es grande y aprieta en forma suave pero segura. Es el tipo de asidero que dice: te tengo si me quieres, pero te dejaré ir si quieres correr por un tiempo—. Ella no se irá con ninguno de ustedes. Viene conmigo —dice él. —¡La mierda que lo hará! —explota Christian, y veo luces destellando detrás de mis párpados por la inmensidad de su voz y el dolor en el que me encuentro. Ryodan dice: —Está débil y no tienes lo que se necesita para protegerla. —N-no estoy débil —murmuro—. N-nunca estoy débil. —Abro los ojos apenas y la ligera luz de la calle casi parte mi cabeza. Los vuelvo a cerrar. Mierda, estoy débil. —Demonios que lo haré. —Yo entré como quise a tu casa y te la quité. —No estaba ahí en ese momento. O no lo hubieras hecho. Ryodan ríe. —Insignificante humano. —Ella viene conmigo —dice Christian. —A-amigos, me siento realmente enferma —digo—. ¿Cuál está más cerca? —Mi casa —dice Christian. —Demonios que lo está —dice Ryodan. —Ni siquiera sabes dónde está —dice Christian. —Lo sé todo. Dancer dice: —Chester’s. 164
  • A él le digo: —Llévame ahí. Y a-apresúrate. Me muero de hambre y me estoy c-ccongelando. Cuando entramos a Chester’s, el ruido casi me parte el cráneo de sien a sien. Estoy tan enferma que me tambaleo. Ryodan le dice a Lor que consiga mantas calentadas y que las lleve a una habitación en algún lugar arriba. Espero que sea a prueba de ruido. Conociendo a Ryodan, lo es. Como Batman, tiene todos los mejores juguetes. No me importa dónde voy ahora. Solo necesito recostarme. Quiero que dejen de hacerme caminar pero insistí en que me dejaran hacerlo, porque odio ser cargada así que estoy fingiendo. Cada músculo que tengo está ardiendo y acalambrado. No puedo pensar claramente. —Saquen al niño de aquí —le dice Ryodan a otro de sus hombres. Dos hombres se acercan, cierran sus manos alrededor de sus brazos. —¡Dejen a Dancer en paz! —digo. —Está bien, Mega. Tengo cosas que hacer de todas maneras. Cuídate, ¿me oyes? —Él me mira con fuerza y por un segundo quiero que todo el mundo se vaya y me deje sola con él. La vida es tan fácil con Dancer. Quiero preguntarle cómo terminó en la calle conmigo. Quiero saber qué sucedió. Alguien me salvó la vida esta noche. Quiero saber quién fue y todos los detalles. Pero no lo quiero aquí. No en Chester’s. No quiero su mancha en él. —¿Te veo esta noche? —digo. Él sonríe. —Eso espero, Mega. Tenemos una película que ver. —Sáquenlo de aquí. Ahora —ladra Ryodan. Dancer me impresiona muchísimo cuando se libera de sus manos con una sacudida y dice realmente calmado: —Puedo salir solo. —No se saca la testosterona de la piel como un perro mojado se sacude para sacarse el agua. No se convierte en un toro estúpido, lanzando sus cuernos alrededor. Solo se ocupa de sí mismo. 165
  • Lo observo irse pero Ryodan me hace girar repentinamente, manejándome como si fuera un go-cart. Bruscamente ordena agua caliente y gelatina y le dice a Christian que se vaya a la mierda de su club. Christian ríe y se instala en un taburete en el subclub más cercano a las escaleras. Mientras cojeo por las escaleras, veo algo extraño. Ryodan se detiene por un segundo y yo miro hacia atrás. Está mirando la pista de baile, al subclub de niños, y como si ella pudiera sentirlo o algo, Jo levanta la mirada, directamente hacia él. Casi como si hubiera estado esperando ese momento. Como si hubiera una especie de banda elástica entre ellos y pudiera sentirlo si él tirara de ella. Creo que sus reflejos son aún más dramáticos de lo que eran unos días atrás, dorados sobre su cabello oscuro. Una vez más tiene brillo entre los pechos (no lo hubiera notado, ¡excepto que el brillo te hace mirar allí!) y lleva bonitas pulseras en sus brazos. Ella nunca usa joyas. Incluso sintiéndome tan enferma como me siento, pienso que Jo luce bien. Ryodan le da un imperceptible asentimiento y ella se queda realmente quieta y se seca las manos en la falda y traga tan fuerte que puedo ver su garganta moverse desde aquí. Se miran y ninguno aparta la mirada. Después de un largo momento, Jo le devuelve el asentimiento. Y yo pienso, ¿qué mierda? ¿Es empática como Kat? ¿Cómo supo ella lo que él estaba diciendo? ¿Y qué estaba diciendo, de todos modos? ¿Y por qué ella le está entregando su bandeja a alguien más? Entonces mis piernas se doblan debajo de mí porque fingí tanto tiempo como pude, y él me atrapa antes de que golpee el piso, cargándome, y yo ni siquiera lucho porque me siento demasiado miserable. Me llevan a una habitación a unas pocas puertas de distancia de la oficina de Ryodan y me ponen en una cama. Me entierro profundamente en el suave colchón. Suspiro con alivio y me desvanezco. Ryodan me enfurece lo que no pueden ser tres minutos después al volver a despertarme y forzándome a beber agua tibia de gelatina. Al principio no la quiero, pero sabe como el cielo. —¿Qué sucedió? —digo—. ¿Acaso, como que, morí y volví? —¡Qué aventura! Me pregunto si eso será puesto en mi leyenda cuando sí muera. Me pregunto cuántas veces podré patear el trasero de la Muerte en mi vida. ¿Qué tan genial es eso? —Bebe. 166
  • —¿De dónde salió Dancer? —Mi estómago se acalambra—. Ah, está dañando mi estómago. —Deja de tragar. Toma pequeños sorbos. Veo otra cosa extraña cuando él vierte un segundo vaso de tibia gelatina líquida. —Amigo, ¿tiemblas mucho? —Me enfrié demasiado. Lor se ríe y le da una mirada. —O te calentaste demasiado. Sal de aquí. Yo me hago cargo. Ryodan mira mi vaso vacío. Ya he vaciado mi jarra y quiero más. —Yo lo traeré —dice Lor—. Ve a hacer lo que necesitas, jefe. Me pregunto qué necesita hacer, por qué está temblando. Si ésta es su debilidad, quiero saber todo al respecto. Qué pena que esté a punto de desmayarme otra vez. Ryodan se pone de pie. —Cuídala. —Sale. Lor dice: —Duerme, niña. Volveré antes de que te enteres. Con barras de chocolate. Me desplomo sobre las almohadas, me hago un ovillo y suspiro. Barras de chocolate. La vida es dulce. Todo lo que tengo que hacer es yacer aquí, donde está cálido y acogedor y esperarlas. Calentaron mantas para mí. Alguien está trayéndome barras de chocolate a la cama. Voy a dormir por días. Me pregunto qué sucedió. Me muero por hablar con Dancer. Pero eso tendrá que esperar. Estoy a la deriva, justo a punto de desfallecer de nuevo cuando de repente me enervo, golpeada por una certeza que me molesta en todas las formas. ¡Ya sé por qué Ryodan le dio esa mirada a Jo! ¡Porque están en su oficina ahora mismo, hablando de mí! Conspirando, con Jo toda preocupada por mí porque casi me muero. 167
  • Y están intentando descifrar qué hacer conmigo porque no sigo las reglas y estuve a punto de matarme esta noche. ¡Odio cuando los adultos tienen sus estúpidas reuniones sobre mí! Siempre terminan con que yo reciba la reprimenda y con que se me entregue una lista completa de nuevas reglas que nadie en su sano juicio podría posiblemente obedecer, la mayoría de las cuales no son ni siquiera lógicas o inteligentes. ¿Cómo mierda se supone que supiera que si tocaba una pequeñísima cosa, me sacaría del cuadro congelado? ¿Por qué él simplemente no podía decírmelo? ¡Nunca lo hubiera hecho! Pensando en cómo casi no hice que me mataran esta noche, realmente él lo hizo, comienzo a humear desde dentro y me entibio enseguida por la pura furia. Me arrastro para salir de mi montón de mantas, tomo mi espada, avanzo a tropezones hacia la puerta y me tambaleo hacia el pasillo. Miro hacia un lado y hacia el otro, pero no veo a nadie. Porque probablemente todo el mundo ya esté en su oficina, faltándome el respeto. Avanzo inclinada por el pasillo, tropezándome de pared a pared, usándolas para estabilizarme hasta que llego a su puerta, entonces estampo mi palma donde siempre lo veo estampar la suya y la puerta se abre. Ni siquiera espero a que termine de abrirse antes de comenzar a ventilar mis quejas. —No es mi culpa que casi haya muerto, amigo. Es tu culpa y así es co… mmmmoooo… ¡Ew! —Sacudo la cabeza, horrorizada y... y... y... Horrorizada. Mi boca está abierta, sin que nada salga de ella. Ryodan me mira sobre su hombro. Tiene a Jo ahí pero no están hablando. Ella está inclinada sobre su escritorio con la falda levantada. Y él está haciendo esa cosa que desearía nunca haberlo visto haciendo. ¡Santo agente de viajes! ¿Como que, pasé por un túnel del tiempo o algo? ¿Cuánto tiempo me llevó llegar hasta aquí? ¿No hacen los adultos otras cosas antes de llegar a este punto? ¿Como tal vez abrazarse, besarse, tocarse por un rato? Me muevo rápido y todo, pero, ¡amigo! En cierta forma pensarías que algunas cosas serían agradables un poco lentas, ¡como quizás dándote la oportunidad de estar lista para lo que está sucediendo! Jo jadea y se vuelve de un rojo brillante. —¡Oh! ¡Dani! ¡Sal de aquí! Estoy viendo más de Jo de lo que jamás quise. 168
  • No están hablando de mí. Ni siquiera estaban pensando en mí. ¡Como si yo ni siquiera estuviera yaciendo a unas pocas puertas de distancia en mi lecho de muerte, sin que nadie obviamente se preocupara por mí en lo absoluto! —¡Eres una traidora! ¡Durmiendo con el enemigo! ¿Qué sucede contigo? ¡Esto es demasiado asqueroso para mis ojos! —Vuelve a la cama, Dani —dice Ryodan, mirándome de forma extraña. Lo odio y la odio y odio esta estúpida puerta retráctil. Ni siquiera puedo cerrarla de golpe al salir. Despierto sintiéndome increíble. Usualmente despierto confundida y enfadada. Pienso que quizás debería estar a punto de morir más seguido. No tengo ni idea de por qué me siento tan bien pero me encanta así que me estiro, exprimiéndolo por todo lo que puedo conseguir. Mis músculos están totalmente lisos y felices y relajados, y no siento ninguna contusión en ningún lugar, lo cual es imposible. Mis músculos siempre están tensos en alguna parte. Yo soy contusiones. ¡Esto se siente como un cuerpo completamente nuevo! Me imagino que debo estar en algún tipo de estado previo a despertar en el que nunca he estado antes, donde el cerebro se ha encendido pero el cuerpo sigue adormecido. Siento barras de chocolate en la cama conmigo, derretidas en mi cálido nido. Una está aplastada entre mi mejilla y la almohada, y siento otra pegada a mi trasero. Despego las dos, abro una y la como sin abrir los ojos, completamente feliz. Podría acostumbrarme a esto. Sin dolor por variados golpes y contusiones, desayuno en la cama. Entonces recuerdo donde estoy. Chester’s. Y recuerdo lo que vi antes de dormirme. Ryodan haciéndolo con Jo. En su escritorio. ¡Gah! 169
  • ¡Nunca voy a poder mirar ese escritorio otra vez! ¿Cómo se supone que me siente en su oficina ahora? Estoy tan enojada que me siento de golpe en la cama y trago la última mitad de mi barra de chocolate tan rápido que se atora en mi garganta. Comienzo a asfixiarme y de pronto un puño golpea mi espalda. Mi boca se abre y la mitad de una destrozada barra de chocolate va a dar contra la pared de cristal con un plaf de chocolate. Es demasiado desagradable para mí tan temprano en la mañana. Mi estómago comienza a hacer arcadas y me doblo intentando mantenerlo controlado. Si, así es más como despierto. Toda jodida y confundida. Cuando vivía en la abadía, Ro me dijo que tenía dolores de crecimiento, y que los superhéroes los tienen peor que el resto de la gente. Dijo que por eso necesitaba dormir tan fuerte y tan profundo, y despertar tan lento, porque mi cuerpo tiene que hacer más trabajo para repararme a nivel celular. Tiene sentido científicamente. —Ayudaría, niña —dice Lor detrás de mí—. Si masticaras más de una vez antes de tragar. —Nunca mastico más de una vez. No sería capaz de comer lo suficientemente rápido si lo hiciera. Tendría que pasar todo el día masticando. Tendría los músculos de mi mandíbula del tamaño de los bíceps de Popeye. —Eres demasiado joven para saber quién es Popeye. Cuando pasas la mayor parte de tu niñez en una jaula frente a un televisor, sabes quienes son todos. Puedo cantar las canciones de Green Acres y Gilligan's Island. Incluso sé quien era That Girl48. Aprendí todo lo que sé del mundo mirando televisión. Hay un montón de psicología ahí si prestas atención, y yo era un público cautivo. Ro decía que obtuve todo mi melodrama al crecer de esa manera. Que pienso que la gente debe ser impresionante como lo son en los programas. Amigo, ¡claro que lo hago! Pero no necesité que la televisión me lo dijera. La vida es una elección: puedes vivir en blanco y negro, o puedes vivir en color. ¡Yo tomaré cada tono del arco iris y los tropecientos en el medio! Me levanto de la cama, tomo mi espada y me encamino hacia la puerta. Lor está frente a ella, los brazos cruzados sobre el pecho. —El jefe no dijo que podías irte. —Yo no dije que tu jefe podía acostarse con Jo —digo de una manera realmente calmada, pero por dentro estoy hirviendo. No se por qué me siento 48 Green Acres, Gilligan’s Island y That Girl: series norteamericanas de los años 60s. 170
  • tan traicionada. ¿Por qué me importa? Son adultos. Los adultos nunca tienen sentido. A Jo ni siquiera le gusta él. Y sé que a él ella no le importa una mierda. —Cariño, el jefe no le pregunta a nadie a quién follar. —Bueno, no va a volver a hacerlo con Jo. Sal de mi camino. Muévete. —Le voy a decir a ella que no le voy a hablar nunca más si vuelve a tener sexo con él. Le haré elegir, y me elegirá a mí. —¿Para que puedas comenzar algún problema? —Sí. —Ni siquiera intento negarlo. Estoy lista para golpear cabezas y no me voy a sentir mejor hasta que haga a alguien sentirse tan miserable como yo. Él me mira. Inclino mi mandíbula en un ángulo más desenfadado, y puedo decir que está intentando no reír. —¿Qué? ¿Piensas que soy divertida? —Estoy tan cansada de que la gente me sonría así. Mi mano va hacía la empuñadura de mi espada. Se cierra sobre su mano. Todos ellos son más rápidos que yo—. No soy divertida. Soy peligrosa. Solo espera y verás. No crecí del todo todavía, pero cuando lo haga, voy a patear tu trasero de una punta de Chester’s hasta la otra. Solo espera y verás. Él deja ir mi espada y sale de mi camino, riendo. —Ve, niña. Crea problemas. Ha estado aburrido por aquí últimamente. En mi camino hacía la puerta decido que quizás me podría agradar Lor. Él también vive en color. Cuando paso volando junto a la oficina de Ryodan, creo que siento una brisa y me giro realmente rápido, lista para pelear con él si es necesario, pero no hay nadie allí. Sacudo la cabeza y salto por las escaleras, congelando el cuadro hacia los costados entre los escalones porque tengo mucha energía esta mañana, revisando la pista de baile mientras me muevo. Está llena y el lugar está en su apogeo. Parece que o bien no dormí mucho o dormí el día entero hasta la noche siguiente, porque ahí está Jo, atendiendo mesas en el subclub de niños, luciendo toda piernas largas y... ¡Dios! Entrecierro los ojos sobre la barandilla hacía ella. Feliz. ¡Está, como, brillando! ¿Qué piensa? ¿Qué está viviendo alguna especie de cuento de hadas? No lo es. Estas hadas mutilan y matan, y el tipo con el que está teniendo sexo se los permite. ¿Cómo puede brillar por eso? Ni siquiera había romance ni nada. Solo... ¡Gah! Ni siquiera quiero pensar en eso. ¡No puedo arrancarme ese recuerdo de mi cráneo lo suficientemente rápido! 171
  • Congelo el cuadro a través del club, hiperrápido, sacando personas de mi camino a derecha e izquierda. Oír gruñidos alrededor hace que me sienta mejor acerca de las cosas. Cuando me detengo frente a ella, luce sobresaltada y luego furiosa. ¿Qué razón tiene para estar enojada conmigo? Ella saca el último trago de su bandeja, lo apoya sobre una servilleta frente a un Rhino-boy, luego sostiene la bandeja contra su pecho, los brazos alrededor de ella como si fuera un escudo o algo. —Traidora. —Dani, no hagas esto. No aquí. No ahora. —Tú hiciste eso ahí arriba —digo, moviendo mi brazo hacia la oficina de Ryodan—. Sin preocuparte ni un pequeño segundo sobre mi aquí y ahora. Todo el tiempo en el que estuve prácticamente muriendo, tú estabas teniendo sexo a dos puertas de distancia con el tipo del que viniste a rescatarme. De su calabozo. Como, donde él me tenía prisionera. ¿Recuerdas? —No es así. —¿Qué? ¿Yo no estaba en el calabozo? ¿O tú no viniste a rescatarme de él? No me digas que no estaban teniendo sexo. Vi lo que vi. —No creí que él fuera a lastimarte y no lo hizo. No nos lastimó a ninguna de las dos. —¡Nos tiene trabajando aquí para él como perros! ¡Tú estás sirviendo a los Fae, y yo corro por ahí con su maldita correa! Él alimenta a los Fae con personas, Jo. ¡Las mata! —No lo hace. Maneja un club. No es su culpa si la gente quiere morir. ¿Qué se supone que haga? ¿Convencerlos para que no lo hagan? ¿Empezar un servicio de asesoramiento en Chester’s? ¿Qué esperas de él, Dani? La miro con incredulidad. —¡Tienes que estar bromeando! ¿Vas a defenderlo? ¿Síndrome de Estocolmo, Jo? —me burlo. Ella se mueve a una mesa vacía y comienza a limpiarla, apilando platos sucios en su bandeja. Me pone más furiosa que ella esté limpiando lo que estos monstruos ensucian. Doblemente furiosa porque se vea tan bien haciéndolo. Jo está haciéndose más bonita. No lo entiendo. Ella solía estar perfectamente feliz vistiendo jeans y una camiseta y nada de maquillaje y solo pasando el rato con 172
  • las chicas. Teníamos pijamadas y veíamos películas. Ahora es una Jo toda superglamorosa. Lo odio. —Pensé que no sabías lo que era eso. —Lo busqué y, amiga, tienes un caso serio. Estás permitiendo que él te joda en todas las maneras. ¿Cuánto crees que va a durar? ¿Piensas que va a traerte flores? ¿Piensas que vas a estar, como, estable con el dueño de Chester’s? Ella apila una pequeña torre de vasos en su bandeja y me da una mirada exasperada. —¿Podemos simplemente no hacer esto justo ahora? —Seguro. Si me dices que nunca más tendrás sexo con él, me iré. Justo ahora. Fin de la conversación. Su boca se tensa. Mientras seca la mesa con un trapo húmedo, levanta la mirada hacia la oficina de él. Me enoja lo suave que se pone su rostro cuando mira hacia arriba. La tensión se desvanece y se ve como una mujer enamorada. Odio eso. Lo odio a él. Me mira. —No, Dani. No lo haré. Y mantente fuera de esto. No es asunto tuyo. Estas son cosas de adultos entre adultos. —Se vuelve y se dirige hacia el bar con la bandeja atestada. A la distancia oigo a Faes haciendo pedidos, intentando llamar su atención, pero no me importa. Yo quiero su atención. Congelo el cuadro detrás de ella con fuerza, generando una fuerte brisa en el subclub y casi derribando la bandeja de sus manos. Tiene que esforzarse para atraparla. Casi no lo logra. Ryodan no es el único que puede joder a las personas y a las cosas. —No me dejes hablando sola. No terminé todavía. —Sí, lo hiciste. Siseo en su oído. —¿No lo entiendes? El tipo nunca te va a amar. No está hecho de esa manera. Solo está usándote y te va a desechar, y luego vas a ser como una pieza de papel higiénico sucia que él ya no desea. Inhala con fuerza y me da una mirada sobre su hombro que me mata. Me ahogo en un instantáneo odio hacía mí misma por decir lo que acabo de decir. Y lo odio a él porque sé que es verdad. Jo nunca será capaz de mantener 173
  • el interés de Ryodan. Es demasiado buena. Limpia y agradable por dentro. No tiene una onza de malicia o engaño o sentimientos crueles o nada malo en ella. No es lo suficientemente complicada para él. Él es así de retorcido. Elegí a la persona equivocada para regañar. Debí haberlo elegido a él. Va a lastimarla y nunca voy a perdonárselo. Así que, aquí estoy, lastimándola a ella primero. Amigo, ¿demasiado estúpida? —¿En serio crees que no lo sé? —Si no estuviéramos en Chester’s, estoy bastante segura de que la humedad en sus ojos comenzaría a deslizarse por sus mejillas. De repente me siento miserable por haberle dicho algo sobre eso. Quiero abrazarla. Quiero huir. No quiero herir a Jo. Debería haber mantenido la boca cerrada. No puedo mantener la boca cerrada. Los adultos son tan extraños. ¡Pero no entiendo! —Entonces, ¿por qué? ¿Por qué harías algo que sabes que va a terminar mal? ¿Por qué alguien haría algo que sabe que va a herirlos? —Eres demasiado joven para estar hablando de este tipo de cosas. —Aw, vamos, Jo, soy yo. Nunca fui joven. La vida no sucedió de esa manera en mi mundo. Dime. —Es complicado. —Como si todo lo demás no lo fuera. Intenta. No dice nada así que simplemente me quedo parada y espero. Un largo silencio usualmente hace que la gente lo llene con algo. Éste se extiende. Finalmente aparta la mirada como si estuviera avergonzada y, tan suave que es casi como si estuviera hablando para sí misma, no para mí, dice: —Cada mañana él viene a lo más alto de las escaleras y mira hacía abajo al club y se queda ahí, tan grande y poderoso y hermoso y... —Traga con fuerza como si su boca acabara de secarse completamente—. Sexy. Dios, tan increíblemente sexy. —Sus ojos cobran una expresión rara e intensa, como si estuviera recordando algo, luego hace un sonido suave y no dice nada por un segundo—. Y es gracioso. ¿Sabes que es gracioso? Debes saberlo. Pasas mucho tiempo con él. Mis manos forman puños. Seguro que sí. No sabía que ella lo supiera. ¿Qué es lo que hacen? ¿Se hacen bromas como Dancer y yo? Su expresión es lejana, viendo un recuerdo. 174
  • —Cada mañana cuando termina el turno de la noche, elige a una mujer de la multitud y le asiente. Ella sube y cuando eventualmente aparece en el club luce como... —Tiembla como si tuviera piel de gallina—. Y te preguntas qué hizo él que la hizo lucir así. La ves caminando por ahí, sonriendo, moviéndose de forma diferente a como se movía antes de que fuera con él, y sabes que algo sucedió allá arriba que la hizo sentir más viva que nunca, que ella fue de la manera en la que esperas ser con un hombre, incluso si es una sola vez en tu vida. Un hombre tiene que ver a las mujeres de cierta manera para que sea así. Intentas no pensar en él, pero no funciona. Juré que si alguna vez me daba ese asentimiento, no iría. —Amiga, llamada para despertarse. Fuiste. —Lo sé. Está brillando otra vez como si hubiera ganado algún tipo de premio en vez de haber sido elegida por un sociópata de clase A para ser su lubricante desechable. —¿Por qué él? —No lo entiendo y quiero hacerlo. No quiero sentir que Jo es una traidora. Perdí a Mac. No quiero perder a Jo también—. ¡Sabes cómo es él! —No es un mal hombre, Dani. —Eso es mierda. —No todo es blanco y negro como tú quieres que sea. Algunas cosas lo son, y Ryodan es más negro que negro. Es uno de los tipos malos, punto, fin del tema. Estoy enojada. Ella necesita despertar y oler el café quemándose antes de que toda la maldita cafetera se incendie. —¿Y cuando él venga a estas escaleras mañana y elija a alguien más? — digo—. Es solo cuestión de tiempo, Jo. Sabes que lo hará. Estarás aquí luciendo toda soñadora como lo haces justo ahora y será la mesera junto a ti a la que él elija y nunca volverás a ir arriba porque un tipo así no presiona el botón de repetición. Cuando termina, termina. ¿Cómo te vas a sentir en ese momento? Se aleja. La sigo, tomo su codo, la hago detenerse. —¿Bien? ¿Qué piensas, Jo? ¿Qué eres especial? ¿Que serás la que lo cambie? ¡Dame un maldito respiro! ¿Piensas que él y tú van a ir a elegir diseños de porcelana juntos? ¿Registrarse para recibir cubertería? 175
  • Inhala como si se hubiera olvidado de respirar, y luego cuando lo recordó no pudiera obtener el aire lo suficientemente rápido. —Sé lo que estoy haciendo, Dani. —¡Bien, entonces puedes explicármelo! ¡Porque seguro luce como una completa estupidez desde donde estoy parada! Ella está distante otra vez, hablando suavemente, como si yo ni siquiera estuviera aquí. Incluso con mi súper audición me inclino para oírla. —Hay hombres con los que construyes un futuro, Dani. Y luego hay hombres con los que sabes, al entrar, que solo estás creando un recuerdo. Conozco la diferencia. No luce así para mí. —Algunos recuerdos valen la pena. Lidiaré con eso. Pero no lo hará. Sé que no lo hará. Conozco a Jo. Es brillante y amable y tiene el corazón de una guerrera pero no tiene hielo y navajas donde se supone que está tu alma. Ella ama. Y no sabe cómo dejar de hacerlo cuando tiene que hacerlo, porque hay veces que es tan seguro como la mierda que tienes que hacerlo. Tienes que tomarlo con ambas manos y tirar de ello antes de que alguien lo convierta en cuchillos y lo use para cortarte en pedazos. No va a ser capaz de lidiar con eso nada bien. Y yo voy a tener que limpiar el desastre que él hizo, y matarlo. Inhalo con fuerza. —Eres demasiado estúpida para vivir y no te voy a hablar más. Necesitas sacar tu cabeza49. —Tienes que dejar de juzgar a todos. —No sabes una mierda sobre mí. Y prefiero juzgar a la gente antes que ser una estúpida que no puede decidirse sobre nadie o nada y es absorbida en toda clase de mierdas estúpidas. —Dani, por favor no… —Mis oídos están llenos. ¡No puedo oír nada más! —Me vuelvo y comienzo a congelar el cuadro. No tengo idea de qué es lo que me hace levantar la mirada. Es algo como una sensación de banda elástica, como si estuviera fusionada en mis entrañas, y como si en la parte alta de las escaleras algo estuviera tirando del lado opuesto. 49 N. de T.: se refiere a sacar la cabeza de su trasero 176
  • Ryodan está parado en la parta alta de las escaleras mirándome. Y pienso en lo que Jo dijo acerca de que él es grande, poderoso y hermoso. Nuestras miradas se fijan en la del otro. La mía dice: "nunca vuelvas a elegirla. Déjala en paz." La suya dice algo que no entiendo en lo absoluto. Luego hace esa cosa del temblor ocular sobre mí y recibo un claro: "vete a casa, niña." Él mira más allá de mí hacía Jo. Y asiente. 177
  • Traducido por hatlish Corregido por Majo T ú y yo, no somos tan diferentes, dice Cruce mientras se mueve dentro de mí. Ambos nacimos para liderar. Trato desesperadamente de despertarme. Estoy en El Sueño y él me tiene en sus alas. Él estuvo allí en el momento en que me quedé dormida, esperándome al final de un camino de mármol blanco en un jardín de exquisitas rosas de color sangre. Me recuesta sobre ellas, aplastando los pétalos de terciopelo. Me preparo para las espinas. No debes lamentarlo, Kat. El sol no lo hace cuando se levanta. Él entra profundo, llenándome completamente, haciendo que cada terminación nerviosa de mi cuerpo vibre con éxtasis erótico. Arqueo la espalda y siseo de placer. Gobernaremos el mundo y ellos nos amarán. Los salvaremos. —¿Soñando conmigo, mi dulce Kat? Como una bola de nieve51 caída, mi mundo de ensueño se rompe y recuerdo por qué le pedí a Sean que pasara la noche conmigo en la abadía. Por qué lo hice entrar a mis habitaciones por la parte trasera. Para salvarme de Cruce. Para mantenerme conectada al mundo que conozco y amo. 50 51 “These girls fall like dominoes”: canción de Nicki Minaj N. de T.: esferas llenas de agua con efecto de nieve adentro. 178
  • Ruedo en los brazos de Sean y me presiono contra él, temblando con un miedo que finjo es deseo. Hacemos el amor rápido, fuerte y duro. Nunca sabe que estoy tratando de borrar a alguien más. Alguien que hace que acabe con más fuerza. Mejor. Más. Sean, mi amor, mi amigo de la infancia, mi amor adolescente, mi compañero del alma. Nunca he conocido la vida sin él. Compartimos un corralito y fuimos a nuestro primer día de escuela juntos. Nos dio el sarampión la misma semana, pasamos nuestra primera gripe acurrucados bajo las mismas mantas frente a la televisión. Tuvimos espinillas y nos deshicimos de ellas. Él estaba allí la noche en que tuve mi primer período, y yo estaba allí el día en que su voz comenzó a cambiar. Sabemos todo el uno del otro. Nuestra historia es rica y extensa. Amo sus ojos oscuros, su cabello negro y su clara piel irlandesa. Amo la forma en que lleva un suéter de pescador52 con jeans gastados y siempre tiene una sonrisa rápida. Amo cuan fuertes son sus brazos después de años de tirar de las redes de pesca y la forma en que mueve su cuerpo de largos miembros, cómo luce cuando está perdido en un buen libro, la forma en que se siente cuando se mueve dentro de mí. —¿Estás bien, cariño? —Aparta una maraña de cabello de mi rostro. Apoyo mi cabeza en su pecho y oigo el latido de su corazón, sólido y seguro. A veces creo que él tiene un cierto toque de mi don sidhe-seer, porque me lee tan bien. Él ha sabido de mi empatía emocional desde que éramos niños. Nada de mí le molesta, un raro don en aquellos que entienden completamente lo que hago. Pocos pueden mentirme. Percibo sus conflictos internos, a menos que no sientan culpa ni escrúpulos ante nada, y he tenido la suerte de encontrarme solo con un puñado de esos en mi vida… últimamente, todos ellos en o cerca de Chester’s. No sé la verdad, solo que hay una mentira. Se necesita un hombre escrupulosamente honesto para que me ame. Ése es mi Sean. Aprendimos a confiar en el otro completamente antes de tener la edad suficiente para haber aprendido a sospechar. —¿Qué hay si no puedo hacerlo? —le digo. No entro en detalles. Con Sean no son necesarias muchas palabras. Hemos estado terminando las frases del otro desde que éramos jóvenes. Éramos vírgenes cuando hicimos el amor por primera vez. Nunca ha habido nadie más para ninguno de los dos. Ahora tengo un amante invisible que viola todo lo que aprecio. Haciendo que lo desee a él y no a mi Sean. Se ríe. 52 Suéter de pescador: suéter típicamente irlandés, generalmente de color blanco y con diseños de ochos en el tejido. 179
  • —Kat, cariño, puedes hacer cualquier cosa. Mi corazón se siente como una piedra en mi pecho. Ardo de vergüenza y engaño. He hecho el amor en mis sueños con exquisito detalle con otro hombre y lo he hecho todas las noches durante una semana. Lo he tomado en mi boca, lo he sentido en la entrada de mi útero, lugares que son solo de Sean. —Pero, ¿qué pasa si no puedo? ¿Qué pasa si cometo errores que cuesten vidas? Él rueda sobre su costado y me atrae hacia él, acoplándose como una cuchara. Presiono contra él. Encajamos perfectamente. Como si estuviéramos tallados en la misma pieza de madera, procedente del mismo árbol. —Silencio, mi dulce Kat. Estoy aquí. Siempre lo estaré. Juntos podemos hacer lo que sea. Lo sabes. Recuerda nuestros votos. Tiro de sus brazos con más fuerza alrededor de mí. Éramos jóvenes, tan jóvenes. Todo era sencillo entonces. Teníamos quince años, éramos delirantes y locamente enamorados, encantados con nuestros cuerpos en desarrollo, creciendo juntos al unísono. Nos escapamos a Paradise Point junto al faro, vestidos como si fuera nuestro día de boda y nos tomamos mutuamente los votos. Veníamos de familias rotas, familias temperamentales, y aprendimos solo de verlos. Demasiada pasión quema. La ternura se funde. Sabíamos qué hacía falta para permanecer juntos. No era nada excepcional. Sentido común, de hecho. Si tú te debilitas, yo seré fuerte. Si tú te pierdes, yo seré tu camino a casa. Si desesperas, te traeré alegría. Te amaré hasta el fin de los tiempos. —Te amo, Sean O'Bannion. Nunca me abandones. —Caballos salvajes, Kat. No podrían alejarme ni un centímetro. Tú eres la única para mí. Siempre. —Hay una sonrisa en su voz. Hacemos el amor una vez más, y esta vez, cuando las alas oscuras tratan de ensombrecerme, fracasan. No hay nadie más en la cama conmigo, solo mi Sean. Lo observo vestirse mientras el amanecer pinta rectángulos blancos alrededor de las pesadas cortinas. Tengo pupilas jóvenes en la abadía y no estamos casados. Habíamos comenzado a hacer planes para casarnos antes de que los muros cayeran, pero nuestras familias interfirieron. Los O'Bannions 180
  • intentaron detenerlo. Cuando se dieron cuenta de que Sean no les haría caso, intentaron hacerse cargo y convertirlo en el espectáculo de la década. ¡Un O'Bannion se casa con una McLaughlin! Hubiera sido un gran paso para mi familia. Éramos criminales de poca monta. Su familia controlaba casi todo el bajo mundo de la mafia de Dublín. Yo crecí con Sean porque mi madre era su niñera. Habíamos estado luchando duramente contra nuestros padres durante meses antes de que los muros cayeran y billones murieran. Incluyendo nuestras familias. ¿Dónde más hubieran estado sino en los disturbios, observando el caos, intentando sacar provecho de la anarquía? No puedo fingir que lamento sus muertes, y no me sentiré avergonzada de admitir que no es así. Las únicas muertes que lamento son las de mis dos medio hermanos que sobrevivieron a la caída, solo para ser asesinados por Sombras. Rowena no nos enseñó a comer carne Unseelie a tiempo para que pudiera salvarlos. Mis padres y otros hermanos estaban corruptos hasta la médula. A veces la gente nace en la familia equivocada. Sean y yo les habíamos dado la espalda hace años. Pero nuestras familias nunca dejaron de presionarnos y nunca aceptaron dejarnos ir. Solía preocuparme tanto por lo que le harían a Sean, cómo podrían intentar obligarlo a entrar en los negocios de la familia, pero ahora esas preocupaciones son cosa del pasado. ¡Es hoy y somos libres! Tan pronto como consigamos un momento de tranquilidad, y un sacerdote, planeamos casarnos. Algunas de las chicas esperan que decidamos celebrar una preciosa ceremonia aquí en la abadía. Una boda en tiempos como estos puede ser algo inspirador, pero no convertiré mi boda en algo para otros. Es entre Sean, Dios y yo. Cuando él sostiene mi rostro entre sus manos y me besa, siento su corazón, tanto con mi pecho como con mi don. Él es feliz. Es todo lo que necesito. Me pregunta si lo recibiré de nuevo esta noche y le sonrío y lo beso. —Sí, y todas las noches después de ésta y lo sabes muy bien. Si estás pescando cumplidos, mi querido Sean, tengo miles para ti. Pero cuando se va, mi risa muere y miro la cama. Debería decirle lo que está sucediendo. Desearía eso de él. Lucharía por él en la noche contra mi enemigo invisible. Permaneceríamos unidos como uno. 181
  • Conocería todos los secretos de su atormentadora súcubo, para derrotarla mejor. Pero no puedo. Simplemente no puedo. Sucedió antes de que pudiera detenerlo la primera vez. He tenido un conocimiento carnal e íntimo de otro hombre. He sentido cosas con Cruce que nunca he sentido con Sean. Y me odio a mí misma y no puedo decírselo. Simplemente no puedo. Así que estoy caminando a casa como una persona cualquiera en cámara lenta, enojada pero teniendo problemas para concentrarme en estar enojada porque mi cuerpo se siente muy bien. Mi mente está malhumorada, pero mi cuerpo está diciendo: "¡Hey, amiga, vamos a jugar!" Pateo una lata por el callejón y la envío volando dentro de una pared, y sí quiero decir dentro de ella. Se aplasta y queda incrustada entre los ladrillos, y me río. Algún día alguien va a verla y dirá: “amigo, ¿qué sucedió aquí?” Dejo pistas sobre mí por toda la ciudad, inclinando esculturas y farolas rotas hasta formar D’s retorcidas que significan Dani, Amiga y Peligrosa53, dejando mi tarjeta de presentación para que la gente la vea. Es mi Batiseñal, haciendo saber al mundo que hay alguien ahí fuera, vigilando, preocupándose. ¡Tengo todo un día por delante y casi no puedo creerlo! Se siente como en los viejos tiempos. Pienso qué hacer conmigo misma. Tan estúpido como suena, me resisto a trabajar en el misterio del hielo durante el día porque Ryodan está tomando una gran parte de mi tiempo cada noche. Pero no puedo darme el lujo de ser estúpida cuando la vida de la gente está en juego. ¡Seguro sería genial si pudiera usar el supercerebro de Dancer en esto! El problema es que también debería ir a la abadía para chequear la situación. Ha pasado un tiempo desde que estuve allí y las sidhe-sheep pueden meterse en problemas más rápido de lo que yo tardo en menear el trasero y decir baa. Tengo una sensación preocupante sobre ellas que no he conseguido sacudirme. Luego está el Inspector Jayne. Estoy bastante segura de que estoy atrasada para una sesión de limpieza. Deambulo por Temple Bar, tomándome mi tiempo, absorbiendo mi ciudad, intentando decidir cómo priorizar mi día. ¡En cierta forma estoy deleitándome con el simple hecho de que, para variar, la elección es mía! Solía amar esta parte de la ciudad antes de que los muros cayeran, tantas cosas geniales sucedían 53 N. de T.: en inglés “Dani, Dude and Dangerous”. 182
  • aquí cada noche con los turistas y los pubs y Faes nuevos a los cuales espiar y matar. Descubrí cómo era vivir en estas calles después de que mamá muriera. Sin collar, sin jaula. Solo una vieja bruja loca a quien aprendí a mantener un poco asustada de mí todo el tiempo. Luego llegó Mac y las calles se hicieron aún más geniales. No hay nada como tener una compañera superheroína con quien andar por ahí. Especialmente una que era parte hermana, parte madre y enteramente mi mejor amiga. Ahora, como el resto de mi ciudad, el Temple Bar es un desastre. Autos abandonados, abollados y despojados, están subidos a las aceras, abriendo un estrecho pasillo en el medio de la calle para circular. Hay vidrios rotos por todas partes procedentes de ventanas y farolas rotas; apenas puedes dar un paso sin que cruja. Periódicos, basura y cáscaras de lo que solía ser gente vuelan por las calles. En un día gris y lluvioso puede lucir realmente sombrío, si no le superpones un futuro brillante. La mamá de Mac está al frente de una especie de Programa de Reforestación, y he oigo que su papá está trabajando en un Programa de Limpieza, así como ser mediador de conflictos y esas cosas, y un día Dublín volverá a estar lleno de vida y de craic54 una vez más. Me paseo frente a la fachada rojo brillante del Temple Bar del distrito y lo siento antes siquiera de doblar la esquina. Me detengo instantáneamente. Es como una brisa soplando hacia mí desde un glaciar. Considero no doblar la esquina. No he investigado ninguna de estas escenas sola. Podría empujar a Ryodan hacia aquí de noche y pretender que acabamos de encontrarla. No es que haya grandes cambios entre la fase "recientemente congelado" y "congelado por unos días." Además, si doblo la esquina y encuentro niños muertos, arruinará mi día completamente. Mi experiencia cercana a la muerte está fresca en mi mente. Si hubiera estado sola en la iglesia anoche... Ese es un pensamiento extraño. No puedo imaginarme muerta. Miro a mi alrededor y hacia arriba. Según lo que puedo ver, estoy sola. Christian no puede estar espiándome todo el tiempo. Así que, como que, si me voy, nadie sabrá que no siempre soy una superheroína. Si me quedo y algo malo me sucede, bueno, mi corazón podría detenerse, y no habría nadie por aquí para salvarme. —¡Gallina! ¡Tranquilízate! —Acabo de disgustarme conmigo misma. Nunca me retiro y no necesito refuerzos. Nunca lo he hecho. Un superhéroe no es algo a lo que puedes jugar en ocasiones… es algo que eres. A tiempo completo, todo el tiempo, todos los días. 54 Craic: una expresión irlandesa que se refiere, entre otras cosas, a la diversión. 183
  • Empujo mi abrigo largo hacia atrás, disfrutando del sonido de cuero que hace, saco mi espada y doblo la esquina, lista para la acción. Mi espada se escarcha hasta ponerse blanca y mis dedos se endurecen con un frío instantáneo. En medio de la calle hay uno de esos autos de lujo que a Mac le gustan tanto, totalmente congelado, brillante como un diamante bajo la luz del sol. Un brazo congelado se asoma por la ventanilla abierta del lado del conductor. Un tipo está colgando con medio cuerpo fuera del lado del pasajero, como si hubiera intentado salir o algo así, la boca abierta en un grito, los ojos cerrados, el puño en el aire como si estuviera tratando de luchar contra algo. No hay niños. Eso es un alivio. Parece que solo hay dos bajas esta vez. Ése es otro alivio. La estudio, absorbiendo los detalles. Esta escena no está tan fría. Es brutal sí, pero nada comparado con la iglesia o el subclub de Chester’s. Más como la escena del lavadero. Me imagino que al estar afuera, las viñetas congeladas se calientan más rápido. ¡Pan comido! Respiro profundamente un par de veces, fijando todo en mi cuadrícula, preparándome para congelar el cuadro. Justo cuando la tengo casi perfecta, exactamente cuando tengo casi todo puesto en su preciso lugar y me estoy preparando para cambiar las velocidades con facilidad, gente comienza a gritar detrás de mí y armas comienzan a disparar. Las balas pueden herirme. No soy tan superheroína. Esto me asusta y hace que me lance a congelar el cuadro antes de lo esperado. ¡Eso es aún más peligroso que avanzar con la cabeza por delante! Estallo en forma salvaje, e intento controlarme a mí misma, pero es difícil hacerlo una vez que me estoy moviendo tan rápido. Giro vertiginosamente como demonio de Tasmania borracho y me estrello contra el lateral del auto congelado. Eso me saca del cuadro congelado, pero no me toma tan de sorpresa esta vez o el frío no es tan mortal como lo fue en la iglesia, o un poco de ambas cosas, porque me las arreglo para lanzarme de nuevo a congelar el cuadro tan rápidamente como caí. Sin embargo, no puedo controlar mis pies, porque no empecé bien, y una vez más choco contra el auto y esta vez la gente adentro explota como granadas sobrecargadas esparciendo millones de astillas de hielo y resulto rociada por metralla rosa congelada. 184
  • Astillas de hielo duras como el diamante atraviesan cada centímetro de mi piel expuesta. Una gruesa daga de hielo tan grande como un perro caliente perfora mis jeans y se hunde en mi muslo, y otra empala mi hombro. Una vez más soy sacada del cuadro congelado y me pongo de pie de nuevo, y cuando lo hago, las astillas de hielo entran más profundamente en mi cuerpo por la presión de la rapidez con la que me muevo y duele tanto que me dejo caer instantáneamente sin pensar. Reflexiva, solamente intentando detener el dolor. Comienzo a congelarme hasta la muerte. Me impulso hacia arriba de nuevo. ¡Ouch! ¡Mierda, mierda, mierda, duele! Abajo, moriré. Arriba, solo desearé hacerlo. Permanezco en el cuadro congelado, vuelvo a tropezarme con el estúpido auto, reboto, voy a toda velocidad hacia otro auto, y doy todo lo que tengo en un violento esfuerzo por salir de la zona fría. No puedo sentir mis manos. No puedo sentir mis pies. ¡Mierda, no puedo creer que haya hecho esto! ¿Quién estaba gritando y por qué estaban disparando? ¡Empujo, empujo, empujo con todas mis fuerzas! Me derrumbo boca abajo en la calle. Puñales de hielo muerden profundamente. Pero no me importa. Estoy fuera. He vuelto a doblar la esquina donde se está lo suficientemente cálido para vivir. Lo conseguí. Al menos los cientos de astillas que tengo clavados ahora se derretirán. Quizá ya han comenzado o estoy sangrando mucho, porque algo caliente y húmedo corre por toda mi piel. Estoy fuera de peligro de muerte inminente. No me congelaré hasta morir. Ahora solo tengo que preocuparme por desangrarme. Me cuesta tres intentos arreglármelas para rodar sobre mi espalda, y para cuando lo consigo, estoy jadeando peor de lo que lo hago cuando congelo el cuadro por una hora, y estoy temblando como una hoja. Hay sangre en mis ojos. Intento parpadear para apartarla. ¡Amigo, eso fue un gran desastre! ¡Qué vergüenza! ¡Me alegro de que nadie lo haya visto! Evalúo mi situación sin moverme. Estoy severamente cortada. Mi piel arde donde puedo sentirla. Las mayores amenazas a mi supervivencia son los orificios del muslo y del hombro, o lo que serán agujeros cuando el hielo 185
  • termine de derretirse. Necesitaré vendarlos rápido. El problema es que no puedo sentir mis manos. Cierro los ojos, intentando concentrarme en mover los dedos. No ocurre nada. —Ah, Dani. Levanto la vista para ver al Inspector Jayne inclinado sobre mí. Nunca me he alegrado tanto de verlo en toda mi vida. —Ahora sí lo has hecho, ¿verdad? —B-b-barra de c-c-chocolate —me las arreglo para balbucear. Él sonríe, pero la sonrisa no alcanza sus ojos. —En m-m-m-i b-bol… —Mi voz se desvanece. Ni siquiera tengo la energía para decir bolsillo. Le doy una mirada anhelante y hambrienta y sé que él comprende. Él mira más allá de mí. Me doy cuenta de que estoy rodeada de Guardianes. ¡Bien, pueden llevarme a Chester’s y ayudar a curarme! —¿La tienes? —dice Jayne. —La tengo, Capitán. Me congelo en una forma que no tiene nada que ver con autos o gente congelada. Intento ponerme de pie pero solo tengo el éxito de agitarme sobre el pavimento como un pez varado en la playa. —N-n-no te a-a-a-a-atrevas… —Han pasado seis días, Dani. ¿Seis días? ¿Cuánto tiempo dormí en Chester’s? —Deberías haber venido. Si hubieras mantenido tu palabra, podría haber intentado soportarte. Pero no voy a permitir que el destino de nuestra ciudad descanse en manos caprichosas. Ahora la espada es nuestra, por el bien de Dublín. Sacamos a muchos más de ellos de las calles que tú. Con el tiempo entenderás que siempre debió haber sido así. —T-t-tú… —No intentes recuperarla. Tu primera advertencia es la última. No te trataré como una niña si lo haces. 186
  • —¡T-t-te m-mataré! —exploto. Todavía no puedo sentir mis manos o mis pies, pero siento mi cabeza. Está a punto de explotar. No tiene derecho. ¡Es mi espada! —No declares una guerra, Dani. No la ganarás. Intento decirle que es mejor que me mate aquí mismo porque no hay manera de que puedan mantener mi espada lejos de mí. La recuperaré en el segundo en que vuelva a ponerme de pie. ¡No hay lugar en la Tierra, mierda, no hay ningún lugar en todo el cielo o el infierno donde ellos estarán a salvo de mí otra vez! Pero estoy demasiado aturdida para hablar. Mareada. Mi visión se está poniendo rara. —Está sangrando terriblemente, capitán. ¿Vivirá? —Es dura —dice Jayne. —Quizás deberíamos hacer algo. —No podemos ayudarla, ni siquiera un poco, o ella será capaz de recuperarla. Caigo sobre el pavimento, incapaz de hacer algo para detenerlos. Estoy vulnerable, completamente a su merced. Y él no tiene merced alguna. No tendré ninguna por él cuando llegue el momento. Va a dejarme aquí, para vivir o morir por mi cuenta. Nunca lo perdonaré. Nunca lo olvidaré. Se marchan. Así como así me dejan en medio de una calle sucia como un perro atropellado por un auto, sangrando, indefensa y sola. Muerta si otro vehículo aparece. Recordaré eso también, cuando lo vuelva a ver. Amigo, al menos podría haberme trasladado a la acera, hacer bola una camisa o algo para ponerla de almohada debajo de mi cabeza. Algo muy malo me sucede en ese momento. Peor aún que todo lo que me ha sucedido en los últimos días. Me siento mareada y extraña, y de repente es como si estuviera fuera de mi cuerpo, mirándome. Pero la yo tirada en la calle tiene cabello largo y rubio y está mirando a la yo pelirroja con lágrimas en los ojos y diciéndome que todavía no puede morir porque tiene gente a la que proteger. Ella tiene una hermana llamada Mac en su hogar en Georgia y acaba de dejarle un mensaje, y si muere, Mac vendrá a cazar a su asesino porque es terca e idealista, y también 187
  • morirá. Pero no parezco ser capaz de sentir nada ante lo que está sucediendo, y nada de esto parece real, así que me alejo como Jayne hizo. Mi estómago se agita y vomito hasta las tripas justo en medio de la calle. Ni siquiera puedo ponerme de rodillas para hacerlo. Acostada sobre mi espalda, me ensucio toda. No la yo rubia que es el fantasma de Alina, sino la verdadera, la Dani pelirroja que realmente yace en la calle preguntándose si esta vez morirá. Y si hay algo húmedo en mi rostro que no sea sangre o vómit... Nah. No lo es. Eventualmente vuelvo a sentir las manos y los pies. Supongo que se descongelaron. Busco a tientas una barra de chocolate. Me hago un ovillo en la calle y como cada barra de chocolate que tengo y planeo mi venganza. No declares una guerra, dijo él, y no lo haré. No tengo que hacerlo. Ya lo hizo él. 188
  • Traducido por Xhessii Corregido por Nanis a encuentro tropezándose por las calles, desangrándose. Si no fuera por todo ese cabello, podría no haberla reconocido. Está cubierta de sangre, sobre su ropa, enmarañando sus rizos, seca en su rostro. Su abrigo largo está roto y cuelga en jirones de sus hombros. Parece que hubiera pasado por una cortadora. L No veo su espada por ninguna parte. Miro alrededor, no hay nada brillante en la calle a excepción de ella. Rujo y ella pone los brazos alrededor de su cabeza y cae de rodillas, y recuerdo cuánto ruido soy capaz de hacer y me pateo a mí mismo. Dejé sorda a una mujer humana con la que tuve sexo recientemente. También le rompí el brazo. No fue mi intención. No puedo acostumbrarme a lo que me está sucediendo. Intenta vivir toda tu vida de una manera, luego cambiarla abruptamente. No es fácil recordar lo que eres cada maldito segundo. Excepto enfurecerte. De eso, estoy consciente todo el tiempo. Nunca disminuye, nunca se detiene. Los momentos de bloqueo donde pierdo trozos de tiempo se están haciendo más frecuentes, y duran más tiempo. Ella se derrumba en la calle. Me lanzo desde el techo, aterrizo en las plantas de mis pies, y la tomo en mis brazos. ¿Dónde estaba cuando ella me necesitaba? Follando a otra mujer sin rostro. Tratando de calmar la constante lujuria. Ella se siente muy ligera contra mi pecho. No me sorprende sentir que estoy temblando. Estoy tocando a mi diosa. 55 “I can be your hero, baby”: parte de la canción “Hero” de Enrique Iglesias. 189
  • —Oh, muchacha, ¿qué te has hecho ahora? —Alejo el cabello de su rostro. Hay tanta sangre que no puedo ver lo que la está causando. ¿Cómo puede siquiera caminar? Me pone loco que esté en esta ciudad, sin un guardián o un consorte, siempre metiéndose en problemas. Quiero encerrarla en algún lugar donde pueda mantenerla a salvo para siempre. Algún lugar blanco, brillante y hermoso, donde nunca nada salga mal. Su cerebro tiene más músculos que su cuerpo, y menos sentido común. Su pasión por la vida empuja a sus miembros a ir más allá de lo que deberían ir. Se va a quemar hasta convertirse en cenizas si no encuentra a alguien o algo que la lleve a cero y la recargue. Necesita caer con tanta fuerza como vive, o morirá joven. No puedo soportar el pensamiento de que muera. Si supiera cómo, la convertiría en Fae para que nunca muriera. No importa que odie serlo yo mismo, o que ella también lo hiciera. La inmortalidad es la inmortalidad. Corro con ella, cuidando de moverme gentilmente. La llevo adonde la he imaginado mil veces pero sabía que no podía llevarla. Todavía lo sé. Lo voy a hacer de todas maneras. Solo una vez más antes de que me convierta en el villano de este lugar, solo una vez antes de que me convierta en el cuarto y último príncipe Unseelie, quiero ser su Highlander. Y su héroe. Ella lo recordará, cuando no quede nada de mí que valga la pena recordar. No puedo esperar crecer lo suficiente para dejar de tener dolores de crecimiento de superhéroe. Despertar confundida y enojada todo el tiempo apesta. Mi cabello está en mi rostro y me molesta tanto que por un segundo estoy a punto de arrancarme el cuero cabelludo, intentando sacarlo de mis ojos, y está enmarañado, entonces mi brazalete se atasca en él y hay algo crujiente… —Ew —digo con irritación, luego alguien más tiene sus manos en mi cabello, tratando de desenredar gentilmente mi muñeca de mi cabello. ¿Quién? ¿Qué? ¿Dónde? Siempre estoy haciendo revisiones mentales cuando despierto, intentando recordar qué sucedió antes de que me durmiera para poder conectar con dónde estoy y cómo llegué aquí. La primera vez que huí de la abadía (amigo, ¡como un millón de veces más grande que mi jaula con mamá!), constantemente me quedaba inconsciente porque no podía superar cuán lejos y cuán rápido era capaz de correr y el mareo me convertía en un accidente de 190
  • trenes en cuadro congelado. Nunca estoy muy segura cuando despierto si me fui a dormir o si solo me las arreglé para sumirme en la inconsciencia una vez más. Luego ese maldito Ryodan también me noqueó, y ahora tengo que agregar eso a mis preocupaciones cuando despierto. Los recuerdos golpean mi cabeza. Me enojo tanto que arranco el brazalete de mi cabeza con un buen montón de cabello, y busco frenéticamente mi espada aun cuando sé que no está en mi cadera o en otro lugar. Un hombre maldice. Mis tímpanos vibran dolorosamente y mi cabeza se siente como si pudiera estallar. Abro los ojos. —¡Christian, baja el volumen! —Aparto el cabello de mi rostro y levanto la mirada. Estoy acostada en una cama y él está sentado junto a mí, mirándome. Algo es diferente. No luce tan escalofriante. Retiro lo dicho. Sí, lo hace, pero o bien estoy mejorando en leer sus expresiones o él está mejorando al hacerlas, porque hay como una onza de remordimiento en sus ojos iridiscentes. Amigo. ¡Sus ojos ahora son completamente Fae! No lo eran la última vez que lo vi. —Lo siento, muchacha. Pero casi había liberado el brazalete. Te arrancaste algo de cabello. Debiste haber esperado un segundo más. —Él toma el mechón de cabello que arranqué desde la raíz y lo alisa entre sus dedos. Los rizos se vuelven a formar instantáneamente—. Tercos como la cabeza de la que salieron —murmura. Entonces hace la cosa más extraña. Los pone en su bolsillo. Quizás el amigo colecciona cabello. Tengo mayores preocupaciones en mi cabeza. —¡Él se llevó mi espada! ¡El maldito tomó mi espada! —No puedo creerlo. No tengo manera de matar a mis enemigos. Podría cazarlos todo el día… y hacer absolutamente nada cuando los atrape. Me pone tan loca que no puedo soportarlo. Trato de levantarme de la cama, pero mis piernas no están al cien porciento. —¿Quién se llevó tu espada? —El Inspector Jayne. Lo voy a matar. —¿ÉL TE HIZO ESTO? Tengo una migraña instantánea, caigo hacia atrás, cubro mi cabeza con los brazos y me meto debajo de las almohadas. Él suspira tan alto que todavía puedo oírlo, incluso con mis oídos cubiertos. —Lo siento, muchacha. ¿Lo hizo? 191
  • No voy a quitar las manos de mis oídos. Pienso en decirle que sí para que vaya tras Jayne por mí, pero no me gusta mentir a menos que la restitución sea enorme. Las mentiras son como bichitos cachondos, se multiplican como conejos y brincan y brincan como locas y luego tienes que intentar contenerlas. —Me corté yo misma, pero fue su culpa. Me tomó por sorpresa y congelé el cuadro demasiado pronto. —Hablando de cortes, no me siento tan mal como me sentía y parece que ya no sangro. —¿Quieres ayuda para matarlo? Suena un poco demasiado ansioso. Ansioso como un maniático homicida. —No necesito ninguna apestosa ayuda —digo enfadada. Mis tímpanos duelen—. No quiero decir que tu ayuda apeste o algo. Tu ayuda es completamente genial. Simplemente quiero hacerlo sola. —¿Saldrías de ahí abajo, muchacha? —¿Podrías, como, nunca más gritar? Me estás matando. Tengo súper audición. —Asomo la cabeza—. ¿Dónde estoy? —Estoy en una nube de almohadas de pluma y edredones, en una cama alta, en la esquina de una enorme habitación. —Mi casa. Miro alrededor. Un lugar genial. Se refugió en un almacén industrial remodelado, uno de esos con una sala de estar gigante sin paredes, excepto aquellas que tú creas con los muebles y otras cosas. Hay un montón de ladrillos y pisos de madera y ductos de calefacción expuestos, toneladas de luz derramándose de las ventanas altas, y una enorme televisión de pantalla plana de 3D frente a un enorme sofá de aspecto cómodo. Hay una mesa de pool y algunas viejas máquinas de video juegos y un bar genial, una cocina con accesorios de acero inoxidable, y no hay estantes o instrumentos de tortura a la vista. Es el tipo de lugar por el que un universitario moriría… qué mal que él ya no lo sea, pero oye, todos tenemos cosas que necesitamos para pretender. No hay colecciones de cuchillos de aspecto amenazantes. No hay rojo ni negro, sus colores favoritos. El lugar no es para nada el de un príncipe Unseelie. Un rayo de luz rosada brilla sobre mí y levanto la mirada. La cama está debajo de una claraboya, el sol se está poniendo y tiene una de esas extrañas y nuevas tonalidades Fae, un brillante naranja rosado. Podría desparramarme en esta cama y mirar las estrellas en la noche. Me gusta estar metida en la esquina, con la pared a la espalda y a la derecha, dejando solo dos lados para defender. Se siente cómodo. Me hace pensar en reacomodar algunos de mis cuartos. 192
  • Estoy fascinada por la manera en que otra gente vive, y amo mirar las casas de otras personas. —Aw, hombre, si alguna vez te vas, ¡yo me mudaré aquí! —¿Te gusta, muchacha? —dice y su voz suena rara. Espesa y extraña. Lo miro y me sacudo. —¿Tengo algo en el rostro? —Me está mirando con fuerza, los ojos intensos, y lo que está buscando con ellos no luce como si perteneciera a este lugar de ladrillo y madera con luz de sol en lo absoluto. Pertenece a algún lugar en la oscuridad, con navajas, a punto de hacer algo realmente desagradable. —No. Tu rostro es adorable, muchacha. La luz del atardecer se ve bien en ti. —Él estira una mano hacia mi rostro y me quedo realmente quieta. —Amigo, me estás asustando. Él me mira, pero es como si no me estuviera viendo en lo absoluto, así que me siento ahí con su mano a dos centímetros de mi rostro y la miro pensando en animales salvajes. Sobre cómo ellos atacan si huelen el miedo, no es que lo sienta, pero cuando estás mirando a un príncipe Unseelie, aun cuando sabes que comenzó como humano, es algo difícil predecir qué sucederá después. Este no es un escenario que puedo fijar en mi cuadrícula mental y atravesar congelando el cuadro. Este curso de obstáculos tiene demasiadas variables desconocidas. Él deja caer la mano sin tocarme, se levanta de la cama y va hacia la cocina. Apoya los puños en la isla y se inclina allí con la espalda hacia mí. Está más grande que cuando lo vi por primera vez en mi torre de agua. La parte trasera de su camisa está manchada de sangre y su columna presiona de una manera extraña y nudosa contra ella. Es espeluznante. Me deslizo hacia el lado de salida de la cama, pensando en que andaré paseándome por ahí, cuando me doy cuenta de que no llevo puesto lo suficiente para levantarme. Solo tengo mi sostén y bragas. Me vuelvo a hundir y levanto mis rodillas. No es que quiera atraer atención a ese hecho, pero mirar alrededor no arroja resultados. —¿Dónde está mi ropa? —Destruida. ¡Él me desvistió! También debe haberme lavado, porque no estoy cubierta con sangre. ¡Sagrado alambre eléctrico! Un Fae Unseelie muerte-por-sexo que 193
  • está teniendo todo tipo de problemas de temperamento me desvistió y me limpió. —¿Tienes, como otra ropa que pueda usar? —No uses ese tono conmigo. —¿Cuál? —Ése que piensa que soy alguna clase de monstruo depredador que abusa de los niños. No soy un monstruo, y tú no eres una niña. Te desvestí, muchacha. Te limpié. Te curé. Nunca te lastimaré. —¿Cómo me curaste? —Te alimenté con mi sangre. Mi reflejo de arcadas es instantáneo e incontrolable. Éstas son secas y ruidosas. A diferencia de muchas otras personas que conozco, beber sangre no me suena para nada genial. Me asquea. Lo mismo con comer carne Unseelie; nunca lo he hecho y nunca lo haré. Me mantendré virgen de carne Unseelie toda mi vida. Ni siquiera me tienta la posibilidad de que podría hacerme más fuerte y más rápida de lo que ya soy. Amigo, tienes que marcar tus límites en la arena en algún punto y los mantienes. Es especialmente importante cuando la arena sigue cambiando bajo tus pies. —Es potente. Funciona mejor que la carne Unseelie. Unas cuantas gotas en tu boca y… —Se vuelve y me sonríe. Creo. Los tatuajes pasan por debajo de la piel de su rostro, ensombreciendo las planicies y los valles, haciendo difícil decidir qué significa ese giro de labios—. Solo hay una pregunta: ¿hubieras preferido morir? Ésa es fácil para mí. Nunca preferiría eso. Bajo ninguna circunstancia. Tomaré la supervivencia a cualquier precio. Siempre. —No. Gracias por la sangre, amigo. Significa mucho. —Odio admitir la siguiente parte pero estoy bastante segura de que es verdad—. Salvaste mi vida. No lo olvidaré. —Le devuelvo la sonrisa, luego simplemente me siento ahí intentando no mirar boquiabierta su reacción. Él cambia totalmente y veo al Highlander que fue. Sus ojos se vuelven marrones y juguetones, y luce como el apuesto universitario una vez más; los tatuajes retroceden de su rostro. Incluso sus músculos cambian, se suavizan, y de repente su cuerpo es más humano. Él me lanza una barra de chocolate. La atrapo, la abro y la muerdo, y comienzo a hacer planes para recuperar mi espada. Conozco a Jayne. Sabe que si sobrevivo iré tras ella, así que la llevará a algún lugar donde crea que no 194
  • puedo entrar. No querrá desperdiciar a muchos de sus hombres custodiándola porque los quiere en las calles, peleando. Desperdicio un par de segundos intentando descifrar dónde la llevaría, luego me doy cuenta de que no hace falta. Todo lo que tengo que hacer es espiarlo y seguirlo hasta donde sea que lleve a los Fae que atrapa para ser sacrificados. ¡No puedo creer que sea tan estúpido para realmente pensar que será capaz de quedársela! —Quédate aquí y te conseguiré algo de ropa —dice Christian. Se va con grandes zancadas, moviéndose fácilmente con sus largos miembros, no deslizándose en la extraña manera de los príncipes. En el otro lado de la larga habitación él busca en un armario y saca un par de pantalones de pijama de franela que se amarran a la cintura y un enorme suéter de pescador color crema. Me visto bajo las sábanas, atando la cintura alta y enrollando las piernas y los brazos unas cien veces. Cuando me lanza un par de calcetines hechos bola y se dirige hacia la cocina, estoy distraída, todavía pensando en Jayne, y los pierdo. Los calcetines pasan junto a mí, golpean la pared y caen en la grieta. Me giro y estiro la mano, buscándolos a tientas. Me toma un segundo descifrar alrededor de qué cierro la mano. Cabello. Unido a una cabeza. Hay una cabeza en el estrecho espacio entre la cama y la pared. Me congelo, horrorizada y enormemente asqueada. Saco la mano de un tirón y simplemente me quedo sentada allí, tragando el asustado sonido que está intentando abrirse camino por mi garganta, luego lo miro por encima del hombro. Él está tarareando una extraña canción por lo bajo que se parece mucho a la música que tocan en Chester’s y desaparece dentro de una despensa a un lado de la cocina. Me obligo a bajar la mano y buscar a tientas, sin apartar jamás los ojos de la puerta de la despensa. —Tengo hambre, Christian —exclamo. Cuando él contesta, puedo hacer una buena conjetura respecto a la profundidad de la despensa, es decir, cuán profundamente ahí adentro está él. ¿Cuánto tiempo tengo para averiguar qué mierda está sucediendo aquí? La cabeza tiene un cuello pegado, y efectivamente, también hay un cuerpo. Está desnudo, es una mujer y humana. Está dura por el rigor de la muerte y helada. Apenas me permito respirar. Oigo cajas siendo movidas en estantes. 195
  • —Lo siento, muchacha, tendré más para ti en un segundo. Pensé que tenía unos Snickers aquí pero solo encontré unos Almond Joy. Saco la mano de la grieta de un tirón y regreso al centro de la cama, y cuando contesto sueno relajada y juguetona. —Aw, amigo, sigue buscando. Sabes cuánto amo mis Snickers. Las cajas dejan de moverse. —¿Sucede algo, muchacha? Hay una mujer muerta metida entre la cama de Christian y la pared. Normalmente diría que suceden muchas cosas y sería muy enfática al respecto, pero estoy en el apartamento de un asesino, usando sus pijamas sin zapatos y no tengo la maldita espada que mata Faes porque el maldito de Jayne la tomó, así que no tengo prisa por hacer eso ahora mismo. No hay manera de que le haya dado algún indicio. Mi entrega fue perfecta. —No, nada. ¡Solo que muero de hambre! —Otra mentira perfecta. Puede que no lo haga a menudo, pero me destaco en mentir como lo hago en la mayoría de las cosas. Él sale de la despensa y me mira. El Highlander se ha ido. Es un príncipe Unseelie por completo, con ojos iridiscentes teñidos de carmesí. —Oh, muchacha, Mac nunca te lo dijo, ¿verdad? —¿Decirme qué? —Soy un detector de mentiras andante, Dani, mi querida. —Nadie lo es. —Es herencia, como tus dones sidhe-seer. —Los que voy a usar para patear tu trasero de aquí a la próxima semana. —Y ésa fue una gran mentira. La hallaste, ¿verdad? Sabía que debía haberla sacado. Pero estabas aquí, y sangrando tanto, y necesitaba sacarla de la cama. Salvarte era todo lo que importaba. —¿Así que la empujaste a un lado de la cama y pensaste que no lo notaría? ¡La metiste en una grieta! —Mis manos son puños. La vergüenza de ello. Muerta y descartada como un condón usado. Si no se me hubieran escapado los calcetines nunca lo hubiera sabido. Me habría ido pensando que Christian es genial por salvarme y no me habría enterado de que había estado en la cama 196
  • junto a una mujer muerta, comiendo y vistiéndome sin siquiera verla a sesenta centímetros de distancia—. Amigo, eres un maldito enfermo. —Oh, Dani, mi amor —dice, deslizándose hacia la cama—. Realmente no tienes idea. 197
  • Traducido por Shadowy Corregido por Mari NC e lanzo a congelar el cuadro sin siquiera pensarlo. No fijo ni una cosa en mi cuadrícula mental. Espero hacer un montón de daño, romper todo lo que golpee y solo no noquearme a mí misma, porque tengo la sensación de que si lo hago, despertaré atada a un perchero con un loco exHighlander a punto de hacerme cosas seriamente jodidas. M Si él puede tamizarse, soy carne muerta. Llego a la puerta pero él está allí frente a mí, brazos extendidos, agachado, luciendo como si estuviera a punto de arremeter contra mí y tumbarme. Su rostro está contorsionado por la ira, los tatuajes caleidoscópicos corren bajo su piel. Sus ojos están completamente negros. Lo único que falta para completar la imagen de príncipe Unseelie es un torque radioactivo y enormes alas negras extendiéndose, preparándose para aplastarme en un abrazo mortal. Retrocedo frenéticamente y él se lanza. Entonces estoy en el suelo y él está sobre mí, y sé al segundo que me golpea que Christian es mucho más fuerte que yo, tanto que no tengo ninguna oportunidad de vencerlo. ¡No puedo creer la fuerza que siento en su cuerpo! Su parte Unseelie ha entrado en acción con intensidad. No es solo el poder rezumando de él. Se está convirtiendo en sexo puro al igual que el resto de ellos. Sacudo mi cabeza, intentando mantenerla clara. Pienso en cosas horribles como la mujer muerta metida en el espacio entre su cama y la pared, y como no quiero acabar como ella. Estoy tendida de espaldas y él tiene mis muñecas y está estirando mis manos sobre mi cabeza. Maldigo, lucho y pateo pero es como luchar contra un muro 56 “I Stand Alone”: canción de Godsmack. 198
  • de concreto. Nada, y amigo, quiero decir nada, parece tener algún impacto en él. Le doy un cabezazo. Él ríe y deja caer su rostro en mi hombro, ¡y me huele! Muerdo su oreja, intento arrancársela de la cabeza. La sangre llena mi boca, haciéndome hacer arcadas, y la suelto. —Dani, Dani, Dani —dice como si ni siquiera lo sintiera—. No luches contra mí. No necesitas luchar contra mí. Nunca te haré daño. No a ti. Tú eres mi resplandeciente estrella más brillante. ¡No soy la nada resplandeciente más brillante de nadie! ¡Él es un lunático declarado! —¡Sal de encima de mí! —De cerca su parte de Fae muerte-por-sexo está haciéndome cosas perversamente malas. Cosas que no me gusta sentir. Mi boca está seca y estoy viendo esas imágenes gráficas pegadas al interior de mi cráneo. Christian. Desnudo. Haciendo las cosas que vi hacer a Ryodan. ¡Y quiero ver y no quiero ver y tengo que salir de aquí ahora!—. ¿Puedes siquiera sentir? ¿O estás tan muerto por dentro como esa mujer? ¿Por qué siquiera te molestaste en salvarme? ¿Para poder matarme más lento? —No es así. ¿Te quedarías quieta y me escucharías por un segundo? —¡No hay nada que puedas decir que importe! —Es difícil hablarte cuando estoy tocándote. —¡Amigo, deja de olerme! Eso es simplemente grosero. ¡Sal de encima de mí! —No puedo. Huirás. —Si realmente no la mataste, me soltarás. Confiaras en mí para que cambie de opinión. Dame espacio para respirar. —Si te dejo suelta, ¿te sentarás y me escucharás, muchacha? Está relajado porque en cierto modo estamos negociando, pero es un detector de mentiras y sé que no puedo responder a esa última pregunta, así que tomo mi mejor oportunidad y le doy un rodillazo en las bolas con todo lo que tengo. No hay tal cosa como una pelea sucia cuando estás luchando para ganar. Él ruge tan fuerte que mi cabeza está a punto de partirse. Luego ha salido de encima de mí y está hecho un ovillo, aullando. Le he dado rodillazos a algunos tipos antes. Tengo que hacerlo a veces por ahí en las calles. Nunca vi a uno reaccionar tan mal. Me pregunto si es porque estaba duro como una roca cuando lo golpeé, así que tuve que retorcerme realmente fuerte para llegar a 199
  • sus bolas y llegué a ellas desde abajo y probablemente aplasté su... uh, sí, Mega, ahora es un buen momento para correr. Salgo volando por la puerta con tanta fuerza que la despego de las bisagras. Esta mañana cuando dejé Chester´s después de casi morir y volver a la vida (creo que fue esta mañana, paso tanto tiempo inconsciente últimamente que nunca estoy segura de si he estado fuera por un par de horas o un par de días) estaba intentando decidir qué hacer con la rareza de un día completo de tiempo libre. Pero luego casi fui asesinada una vez más, esta vez por gente congelada explotando, luego Jayne tomó mi espada, luego me desmayé por la pérdida de sangre, fui limpiada por un príncipe Unseelie y bebí su sangre, encontré una mujer muerta prácticamente en la cama conmigo, ¡y ahora estoy de nuevo en las calles y maldición si no es hora de que me presente a trabajar de nuevo! No puedo decidir cuál de esas cosas es la peor. Amigo, día apestoso. Tiempo libre, mi trasero. Apenas lo sobreviví. Salto de pie descalzo a pie descalzo, congelando el cuadro con todo lo que tengo, despellejando mis talones, esperando a que Christian se tamice en el punto frente a mí. Sabiendo que si lo hace, voy tan rápido que me noquearé contra él y probablemente despertaré muerta. Sabiendo que no tengo la única arma que me protegería de él porque Jayne la tomó. Sin embargo, Mac tiene una. Apuesto a que puedo quitársela. De la forma que veo las cosas, tengo tres opciones. Ir a Chester’s, usar a Ryodan como un escudo contra Christian mientras hago que me ayude a recuperar mi espada. Ir directamente tras de Jayne yo misma, sabiendo que Christian me está siguiendo. Ir tras Mac y tomar la lanza. Barrons podría estar en el camino. ¿A quién estoy engañando? Barrons definitivamente estaría en el camino, e incluso si no lo estuviera y tomara su lanza, él vendría detrás de mí. Entonces tendría a Christian cazándome, Ryodan enojado conmigo por faltar al trabajo, y a Barrons respirando en mi cuello. 200
  • Un día en mi vida. Las cosas que tengo que aguantar. Siempre estoy pensando que las cosas son tan malas como puedan ponerse y se ponen peor. Casi me estrello contra algo en la calle, una de esas malditas variables que se salen de mi cuadrícula prevista, como las personas, los animales, y los Fae. —¡Fuera de mi camino, humana! —sisea. Quiero salir del cuadro congelado y patear el trasero de este monstruo hasta la muerte. No la he visto desde la noche que Mac me salvó de ella, y la obligó a devolverme mi buen aspecto. Casi morí esa noche también. Casi muero mucho. Los superhéroes lo hacen. —¡No te metas en el mío, vieja perra fea! —siseo de vuelta a la Mujer Gris. Luego ella se ha ido por su camino y yo por el mío. Se ha ido a cazar y matar y yo tengo una comezón que no puedo rascar. Mi mano se cierra sobre nada en mi cintura. Necesito mi espada como necesito respirar. Me desvío hacia una tienda de artículos deportivos, meto mis pies en zapatos, tomo un enorme jersey de lana para ponerlo por encima de mi suéter porque está condenadamente frío para mayo, y me lanzo de nuevo, rumbo a mi mejor oportunidad de éxito. Tratar de enfrentarme a Jayne y sus hombres con Christian tratando de matarme es un tiro débil. No tengo ni idea de adónde ha llevado mi espada. Hay momentos, como dijo Ryodan, cuando Batman necesita a Robin. Bueno, yo no necesito a Ryodan, pero seguro que él hará las cosas más fáciles. Puede cuidar mi espalda como Mac solía hacerlo. No tengo tiempo para el orgullo. Quiero resultados y sé cómo obtenerlos. Siempre está diciéndome que pida. Esta noche voy a pedir. Me siento desnuda sin mi espada. Me siento expuesta. Está haciéndome perder el equilibrio de tal manera que yo ni siquiera sé quién soy sin ella. Cuando entro bruscamente a la oficina de Ryodan, estoy yendo a millones de kilómetros por minuto, pies y boca. Cada uno de sus tipos me frunce el ceño en el camino, incluso Lor, y no tengo idea de por qué. Supongo que Ryodan les dijo que estuvieran enojados conmigo o algo. Nunca sabes qué vendrá después con él. 201
  • Dejo salir lo que sucedió con el auto congelado y Jayne y le digo que tenemos que ir a recuperar mi espada como ahora mismo, como en este mismo instante. —Cálmate, niña —dice sin levantar la cabeza de su estúpido papeleo—. Estás desordenando mi oficina. —Papeles están volando alrededor de su cabeza. Bajo del hipermodo y él levanta la mirada. Me está mirando de forma extraña. Me toma un segundo averiguarlo. Es como si estuviera mirando a un extraño. Uno que no le gusta y que está pensando en matar. ¿Por qué diablos está enojado conmigo? —Apestas a Highlander. Todo el club puede olerlo en ti. Estás usando su ropa. No creo que alguna vez lo haya oído hablar tan suavemente. —Amigo, ¿a quién le importa? ¿No oíste nada de lo que dije? ¡El inspector Jayne tomó mi espada! —Explica por qué estás usando su ropa. Más suave aún. Si no estuviera tan caliente con mi temperamento me hubiera dado un escalofrío. No lo entiendo. ¿Qué es lo que hace que lo que lleve tenga algo que ver con algo que sea, de hecho, relevante? ¿Cómo podría posiblemente importar? ¡Ni siquiera entiendo por qué lo registra! Pero puedo decir por la expresión en su rostro que no va a ceder hasta que lo explique, y si no recupero mi espada pronto, voy a enloquecer. También sé que si le digo que Christian mató a una mujer y yo era la siguiente, no pondrá ninguna atención en el problema de mi espada, irá tras Christian, cuando necesito que vaya tras Jayne. No estoy segura de que pueda atrapar a Christian. No con lo que se está convirtiendo. Pero con mi espada, sé que yo puedo. —La explosión cortó mi ropa. Él me dio algo de la suya. —Estaban juntos en la explosión. —Él me encontró después. —Y te cambiaste en la calle. —¿Eh? —Estoy frustrada. Esto no es adonde esperaba que la conversación fuera en absoluto. —Aclara dónde te cambiaste. —¿Qué mierda tiene que ver eso con algo? 202
  • —Respóndeme. —Me metí en una tienda de conveniencia. Es por eso que se llaman así. Para que puedan ser, como, convenientes. Su mirada tiembla hacia arriba y abajo de mí. —Si las astillas de hielo rompieron tu ropa tanto que necesitabas cambiarte, yo pensaría que tus lesiones serían mayores. Lo miro con la boca abierta, desconcertada. ¡Alguien tomó mi espada y él quiere hablar sobre lo que estoy usando y donde me vestí, y que no piensa que luzco lo suficientemente mal herida! —Él me curó. Estaba sangrando mucho. Santo huracán apresurado, ¿cómo llegaste a mi lado tan rápido? —Ryodan ya no está detrás de su escritorio. Está parado prácticamente sobre los dedos de mis pies. Ni siquiera lo vi moverse. ¡O sentí una brisa o algo!—. ¡Dame un poco de espacio personal! Él deja caer la cabeza hacia delante y me huele. —¿Te curó cómo? ¿Cuál es la cosa con todo el mundo oliéndome? Si Dancer también comienza a hacerlo, estoy tan fuera de aquí. —Bebí su sangre. ¿Tienes un problema con eso? —Tres. —¿Eh? —Tengo tres problemas con eso. —Ésa fue una pregunta retórica. Quizás no puedes oírme hablar o algo, así que lo diré de nuevo: Jayne tiene mi maldita espada. Estoy profundamente metida en la mierda sin ella y la necesito de vuelta. ¿Vas a hacer algo o no? Justo así él está de vuelta detrás de su escritorio, la cabeza inclinada sobre su papeleo, ignorándome. —No. Estoy incrédula. —¿Qué? ¿Por qué? ¡Sabes que iré tras ella yo misma! ¿Es eso lo que quieres? —Jayne pasó por aquí hace unas horas. 203
  • —¡Eso requirió un maldito montón de sangre fría! Me dejó para morir. En la mitad de una calle. Ni siquiera me dio una maldita barra de chocolate. ¿Te dijo lo mal que estaba? ¿Por qué no viniste a ayudarme? —Te ves bien para mí. —¿De qué lado estás? —Me dijo por qué tomó la espada, y accedió a no matar ningún Fae dentro de cinco cuadras de mi club. Eso es más de lo que tú haces. —¿Por qué accedería a eso? ¡Jayne odia a todos los Fae! —Él sabía que tú vendrías a mí y me pedirías que te ayudara a recuperarla. —¿Y estás de su lado? —¡Cómo se atreve Jayne a predecir mis movimientos e impedirlos mientras estoy ocupada muriendo y luego siendo perseguida por un maniaco homicida! ¡Todo lo cual era su culpa para empezar! —La verdad es, niña, te prefiero sin ella. —¿Por qué? —No puedes matar a mis clientes. Y ahora tal vez comenzarás a ejercer precaución. O al menos aprender cómo deletrearla. Fulmino su cabeza inclinada con la mirada. —Estoy pidiéndote ayuda, jefe. Continuamente me dices que lo haga, y estoy pidiéndotelo. —También dije que cómo me trates es cómo yo te trataré. —¿Qué estoy haciendo mal? —La respuesta es no. —¡Tienes que estar bromeando! —Golpeteo el pie hiperrápido, esperando quizás quebrar su estúpido piso. No dice nada. Solo sigue trabajando en lo que sea que está trabajando. —¿Sabes qué, amigo? ¡Si no me ayudas a recuperar mi espada, tú y yo terminamos! Resuelve el misterio del hielo solo. —Finjo, no voy a renunciar a ello—. No voy a trabajar para ti. Tú no me ayudas, yo no te ayudo. —Jo. —Ni siquiera levanta la cabeza. Solo murmura su nombre. —¡No me importa si sigues tirándotela! ¡Solo regrésame mi espada! ¡Y no hagas más tratos con la gente sobre mí a mis espaldas! 204
  • —Ése no es nuestro acuerdo. Firmaste un contrato. La vida de Jo es solo uno de muchos precios que deberías redimir. Hay repercusiones por tus acciones. No puedes alejarte de mí, Dani. No esta noche. Nunca. No eres la que está tomando las decisiones. Siéntate. —Se está poniendo de pie una vez más, y una vez más no lo vi moverse. Patea una silla hacia mí—. Ahora. A veces pienso que todos los demás en el mundo saben algo que yo no sé. Que todos están en algún tipo de conspiración y que si tan solo supiera esa única cosa secreta también, las cosas que los adultos hacen que me desconciertan tendrían perfecto sentido. Otras veces pienso que yo sé algo más que todo el resto del mundo no sabe y es por eso que nada de lo que hacen tiene sentido. Porque no lo saben y todas sus acciones se derivan de la lógica defectuosa. A diferencia de la mía. Le conté eso a Mac una vez y ella dijo que no era algo que todos los demás supieran; el ingrediente perdido era que yo todavía no entendía mis propias emociones. Eran nuevas y estaba conociéndolas por primera vez. Dijo que yo nunca tomaba en cuenta los sentimientos de las demás personas en las cosas, así que por supuesto que todo lo que los adultos hacían me parecía misterioso y raro. Yo dije: amiga, acabas de decir que no los entiendo, entonces ¿cómo puedo tomarlos en cuenta? Ella dijo: no se puede, así que solo acepta que los años de adolescencia son un enorme revoltijo de mierda de inseguridad, confusión y hambre. Intenta sobrevivirlos sin hacer que te maten. A-maldito-mén a eso. Excepto por la parte de la inseguridad. Bueno, sin mi espada, más la parte de la inseguridad. Tan pronto como me siento, Ryodan dice: —Sal de aquí. —¿Muy bipolar? —Ve a tomar una ducha y cambia tu ropa. —No huelo tan mal —digo enojada. Él escribe algo, luego da vuelta a la página en cualquier cosa estúpida que está leyendo. 205
  • —Amigo, ¿dónde quieres que vaya? No puedo ir a ningún lado sin mi espada. No puedo correr más rápido que los tamizadores. Cada Fae que hay en tu club tiene una erección por matarme. ¿Me quieres muerta? Solo hazlo tú mismo y termina con eso. Él apuñala un botón en su escritorio. —Lor, ven aquí. Lor entra volando como si estuviera pegado al otro lado de la puerta. —Escolta a la niña para que se limpie la mierda y saque ese hedor de ella. —Seguro, jefe. —Me frunce el ceño. Le devuelvo el gesto. Lor apunta a través del suelo de cristal. —¿Ves a esa rubia allí abajo con las tetas grandes? Estaba a punto de tener sexo. —Uno, soy demasiado joven para oír ese tipo de cosas, y dos, no te veo cargando un garrote con el que golpearle la cabeza, así que ¿cómo ibas a lograr eso? Detrás de mí, Ryodan ríe. —Estás arruinando mi noche, niña. —Lo mismo digo. No es la vida en Chester’s genial. 206
  • Traducido por Lizzie Corregido por Marina012 N o soy el Sinsar Dubh, Kat. Él los ha engañado a todos. Me necesitarás para salvarte. Cada noche Cruce me ha llevado dentro de El Sueño, ha hecho la misma afirmación. Sus mentiras tienen el brillo y la consistencia de la verdad. Si mi empatía emocional funciona con los Fae, una prueba que no he tenido todavía la oportunidad de realizar de forma satisfactoria, recibo señales tan conflictivas de él que mi don es en vano. Ahora, completamente despierta después de otra noche de sueños diabólicos, atravieso las puertas dobles de más de treinta metros de altura, varios centímetros de espesor, con insondable tonelaje, pero no las miro dos veces. Mis ojos son solo para él. No me parece extraño que no podamos cerrar tales puertas. Lo extraño es que fuimos capaces de abrirlas: diminutos mortales manipulando los carruajes de los dioses. Me encuentro en la posición que las gemelas Meehan ocuparon recientemente, los puños cerrados en las brillantes barras de la jaula de Cruce, mirando dentro a la visión congelada. Él es Guerra. División. Brutalidad. Crímenes atroces contra la humanidad. Como un evento en el campo de batalla, y la personificación de la misma en una jaula, él es todo eso y más. ¿Cuántos humanos cayeron ante los cascos asesinos de este astuto jinete del apocalipsis? 57 “I’ve got soul but I’m not a soldier”: canción de The Killers. 207
  • Casi la mitad de la población mundial, según el último recuento. Cruce derribó los muros entre nuestras razas. Si no fuera por él, nunca habría sucedido. Él organizó a los jugadores, dándoles un empujón donde y cuando fue necesario, puso el juego en movimiento, luego galopó sobre el tablero en la apariencia de un ángel vengador, agitando aquí y revolviendo allí, hasta que comenzó la Tercera Guerra Mundial. No debería estar aquí con él. Sin embargo, aquí estoy. Me dije mentiras piadosas a mí misma mientras hacía mi camino debajo de la abadía, en lo profundo de nuestra ciudad oculta, moviéndome a través de un engañoso laberinto de pasillos y criptas e intrincados túneles sin salida. Me dije a mí misma que debía determinar que la jaula sea segura y que él todavía esté dentro. Que lo veré y me daré cuenta de que no es más que una pálida imitación de mis sueños; que lo miraré y me burlaré de la esclavitud en la que su ser de los sueños me sostiene. Que, de alguna manera, venir a ver cómo estaba no lo pondría a él, sino a mí, en libertad. Mis rodillas tiemblan. El deseo me reseca la boca y engrosa mi lengua. No hay libertad para mí aquí. Tan cerca de él, deseo desnudarme donde estoy, bailar salvajemente alrededor de su jaula y ansiar las notas de una melodía inhumana que ni siquiera sé cómo conozco. Tan cerca de él debo morderme la lengua para evitar gemir de necesidad. Tan cerca de él me siento como un animal. Miro mis manos en las barras, pálidas y blancas, con delgados dedos aferrando las resplandecientes columnas, y en mi mente solo puedo verlas envueltas alrededor de esa parte de Cruce que me ha convertido en una adúltera. Enroscadas como estaban anoche y la noche anterior y la noche anterior. Veo la curva de mis labios mientras sonrío. Veo la suave redondez de mi boca mientras lo tomo dentro de ella. Encuentro a mis dedos bailando suavemente sobre los botones de perla de mi blusa y las alejo rápidamente. Veo una vergonzosa visión de mis chicas descubriendo a su nueva Gran Maestra retozando desnuda alrededor de la jaula de Cruce. Es erótico. Es horrible. La libertad te aterroriza porque nunca te permites alguna, dijo Cruce anoche en mis sueños. Yo no soy el único en una jaula. La vergüenza que sientes no es 208
  • por mí, sino porque sabes que tú también estás en una jaula, y es de tu propia creación. Has sentido las más oscuras emociones de los demás desde que eras una niña, sabes qué monstruos acechan dentro de ellos, y confundes tus pasiones con sus monstruos. No son lo mismo, mi querida Kat. No son lo mismo en absoluto. Dice que reprimo la pasión. Que yo no me permito sentir nada de eso. Dice que mi amor por Sean es una mentira. Que busco comodidad y seguridad y que no sé qué es el amor. Dice que elegí a Sean porque él tampoco siente pasión. Él dice que no corremos uno hacia el otro en el amor, sino que huimos de las cosas con miedo. Libérate, dice. Ven a mí. Elígeme. Dios, ayúdame. Camino en un valle de tinieblas y necesito tu luz para guiarme. Abro las manos y retrocedo. Nunca debo volver aquí. Construiré un bloqueo de trucos mentales en mi cabeza, como hice cuando era joven y tenía que protegerme de las emociones salvajes e hirientes de mi familia. Mientras me vuelvo oigo un ruido tan pequeño que casi lo paso por alto. No quiero volverme. Me es casi imposible obligarme a salir de este lugar. Sin embargo, me vuelvo. Soy la Gran Maestra aquí. La cavernosa sala, iluminada por una madeja de antorchas en las paredes, parece vacía. No hay nada allí excepto una losa de piedra, la jaula de Cruce y yo. Si comparto esta sala con otros, ellos están ya sea detrás de la losa o en el lado opuesto de la jaula. Ocultos. Callados. Esperando que me vaya. Consciente de mi posición en la abadía, aparto la mirada del príncipe de hielo y tranquilamente camino por la circunferencia de la jaula, la cabeza recta, los hombros erguidos. Doy vuelta a la esquina. —Margery —digo. Está justo frente al lugar donde, hace unos momentos, me encontraba yo. Si no hubiera hecho ruido, yo me habría ido sin enterarme. —Kat. La hostilidad se agita dentro de mí en ondas calientes. Las emociones de los demás tienen temperatura y color, y cuando son intensas, textura también. Las emociones de Margery son rojas, febriles y complejamente elaboradas como un panal de abejas, con cientos de pequeños engaños y enojos y resentimientos escondidos en cada pequeño rincón. Sé algo sobre el 209
  • resentimiento: es un veneno que bebes tú misma, esperando que los demás mueran. He estado clasificando las emociones dentro de categorías toda mi vida. Navegar por los corazones de los que me rodean es un campo minado. Hay gente junto a la que me paro una sola vez y que eludo para siempre. Las emociones de Margery son profundamente conflictivas y peligrosas. Me pregunto si, de poder leer mis propias emociones, ellas también serían calientes, rojas, un panal de mentiras y resentimientos. ¡Pero yo no quiero dirigir! grita mi alma. —Me preguntaba si algo en la red se nos pasó por alto —dice—. Temo que no esté bien contenido. —Lo que estaba haciendo yo. Lo que hago. —Las grandes mentes58. —Ella ofrece una sonrisa tensa. Sus manos se aferran a las barras, los nudillos blancos. No agrego la esperada "piensan igual" porque nosotras no lo hacemos. Ella tiene hambre de poder. Yo anhelo la simplicidad. Habría sido feliz siendo la esposa de un pescador, en una cabaña junto al mar, con cinco hijos, gatos y perros. Ella sería un gran Napoleón. Nos evaluamos la una a la otra con recelo. ¿Acaso él la visita? ¿Le hace el amor? No puedo preguntarle si ella sueña con él y si eso es lo que la ha traído hasta aquí en esta mañana lluviosa y fría. Si es así o no, afirmará que no es así, luego le dirá a toda la abadía que yo sí, que estoy siendo corrompida y debo ser reemplazada. Ella usará cualquier cosa contra mí para tomar el control de la abadía. En el centro mismo de mi prima Margery Annabelle Bean-McLaughlin hay una gran, absorbente necesidad. Estaba allí cuando éramos niñas, cuando jugábamos juntas y ella rompió las rodillas de mis muñecas y me robó pequeños tesoros. Nunca lo he entendido. Observo sus nudillos blancos. Aprieta los barrotes de su jaula como si estuviera exprimiendo la vida de algo. —¿Tus pensamientos? 58 N. de T.: viene de la expresión inglesa “great minds think alike”, que significa “las grandes mentes piensan igual”. 210
  • Ella humedece su labio inferior, luce como si estuviera a punto de hablar, luego se detiene. Espero y después de un momento, dice: —¿Y si el Rey tomó el libro? Quiero decir, que lo haya tomado de Cruce antes de congelarlo. —¿Crees que es posible? —digo, como si fuera una pregunta perfectamente razonable. Como si yo no supiera en este momento que a ambas se nos están diciendo las mismas mentiras. Ella mira a Cruce y luego a mí. Sus ojos son vallas publicitarias, anunciando sus emociones. Observa a Cruce con tierna y privada comunión. Me mira como si yo no pudiera comenzar a comprender nada de ella, él, o del mundo en el que vivimos. —Tú no tienes dones —me siseó cuando teníamos nueve años y oyó a sus padres alabándome por salvar a la familia de un traidor en los infinitos planes y traiciones que eran nuestras vidas. Mis padres solían llevarme a reuniones de "negocios" con lo más sórdido de Dublín, y me observaban con cuidado para ver quién me ponía más incómoda—. ¡Estás maldita y tienes fallas y nadie nunca te va a amar! Todos estos años después veo la misma burla en sus ojos. Oh, sí, él también la está visitando por las noches. No solo soy una adúltera, soy una barata. Plasmo esa idea en un ladrillo alrededor de mi corazón y lo cubro con argamasa para que esté lista para el siguiente ladrillo que pueda usar. Estará en su camino cuando él venga esta noche. Mi Sean estará en la cama junto a mí. Ella se encoge de hombros. —Quizás no sabemos lo que realmente sucedió aquí esa noche. ¿Y si el rey nos engañó a todos? —¿Por qué haría eso? —le digo. —¿Cómo puedo presumir de adivinar sus motivos? Necesito saber qué tan profundo va su corrupción. —¿Estás pensando que quizás deberíamos liberar a Cruce? Una mano flota a su pecho como en alarma. —¿Crees que deberíamos? —Un destello astuto entra en sus ojos—. ¿Sabes cómo? 211
  • Ella siempre ha sido más débil que yo. Él no es más que una mancha más negra en su sangre ya corrupta. —Creo que tenemos que encontrar la manera de conseguir que la red del Rey Unseelie vuelva a funcionar. Creo que la cámara debería ser llenada con concreto, la red reactivada, las puertas cerradas, y toda la ciudad por debajo de nuestra abadía llenada de plomo. Casi me tambaleo ante la abrumadora furia de su respuesta emocional, aunque sus labios forman dulcemente la mentira. —Tienes razón, Katarina. Como siempre, como todo el mundo sabe, tienes razón. Le ofrezco mi mano y ella la toma, como lo hacía cuando éramos niñas, entrelazando nuestros dedos. Cuando saltábamos la cuerda, ella siempre tiraba corto. Tenía fuertes sentimientos encontrados acerca de mí cuando era joven que la hacían difícil de leer. Me astillé cuatro dientes antes de dejar de pensar que la próxima vez sería diferente. Salimos de la sala de la mano, como fortaleciéndonos la una a la otra con amor en lugar de mantener cerca al enemigo. 212
  • Traducido por Susanauribe y lalaemk Corregido por Angeles Rangel N o le temo a nada. Nunca lo he hecho. Pero hay algunas cosas que serían completamente estúpidas de hacer. Nada que ver con el miedo. Se trata de lógica y practicidad. Miras al mundo, evalúas tus oportunidades de sobrevivir a la luz de las circunstancias actuales, y escoges el curso que te ofrece la mejor oportunidad de lo que sea que quieras. Como, digamos, continuar respirando. Estoy de pie fuera de Chester’s, mirando una farola en la escasa luz del amanecer. El cielo es un gran banco de nubes de tormentas. Va a ser un día húmedo y sombrío. Feliz maldito mes de mayo en Dublín. Frío, también. Estoy comenzando a preguntarme si el verano alguna vez va a llegar. Colgando de un lado de la farola hay un poster. Primero, cuando salí del club, pensé que los We-Jodidos-Care habían publicado otro periódico en las pocas horas que había pasado limpiándome y luego sentada en la oficina de Ryodan haciendo absolutamente nada más que fulminar con la mirada la parte superior de su cabeza mientras él trabajaba, intentando no pensar en qué estúpido propósito había cumplido su estúpido escritorio tan recientemente; como, ¿lo desinfectó o algo? Todo el tiempo que estuve allí, él ni siquiera me miró. Ni siquiera cuando finalmente me dijo que me podía ir. Sé que luzco bizarra en la ropa que Lor me dio después de mi ducha, pero vamos, supéralo ya. Ni siquiera tenía que ignorarme todo el tiempo y hacerme sentir más estúpida de lo que ya me siento. 59 “I’m a cowboy, on a steel horse I ride. I’m wanted…”: “Wanted Dead Or Alive” de Bon Jovi. 213
  • Volviendo al poster… a pesar de lo que estoy usando y a pesar de que no tengo mi espada, iba a congelar el cuadro por la ciudad y arrancarlos todos. Excepto que el WJC60 no publicó este periódico. Algo peor lo hizo. El volante pegado a la farola es de calidad de poster. Mirando desde ahí, mi rostro me devuelve la mirada a color, completamente de posición frontal y de perfil. Y pienso: ¿cuándo me tomaron fotos? Lo estudio, tratando de recordar la última vez que usé esa camisa. Creo que fue cuatro o cinco atrás. No hay forma de no saber quién es. Cualquiera podría reconocerme en un segundo. O bien estaban muy cerca de mí o de alguna manera no lo supe, lo cual es inconcebible, o alguien más tomó fotos por ellos o tenían una lente increíble. Me veo bastante bien. Bueno, excepto por el ojo morado y el labio partido, pero apenas veo esa clase de cosas en mi rostro. Estoy acostumbrada al terreno, ¿quién nota los árboles en el bosque? Entrecierro los ojos. —Maldición. ¿Estás bromeando? Había tripas en mi cabello cuando fuera que las tomaron. Suspiro. Un día voy a tener el cabello limpio y no tendré moretones. Y un día, Ryodan se disculpará por ser un completo imbécil conmigo todo el tiempo. El mensaje es directo y al grano. BUSCADA Viva Si eres humano, inmortalidad es la recompensa Si eres Fae, gobernarás junto a nosotros Ella ya no tiene la espada está indefensa 60 WJC: sigla de “We-Jodidos-Care”. 214
  • No hay información acerca de dónde llevarme cuando me encuentren. Los príncipes Unseelie. Los malditos estúpidos han contratado a alguien para matarme. ¡Siempre quise que todos conocieran mi rostro, pero no de esta manera! —Indefensa, mi trasero. —Oh sí, están molestos conmigo. Y no están demasiado ocupados peleando entre ellos para cazarme. O vigilarme constantemente. Miro por la calle. Un poster se agita en cada farola que queda en pie, tan lejos como puedo ver. Imagino que empapelaron la ciudad con ellos. —Aw, mierda. Luego me ilumino. ¡Amigo, valgo la inmortalidad y el co-gobierno! ¡Pusieron un precio increíblemente alto a mi cabeza! ¡Porque soy, como, increíblemente peligrosa! Quiero estar con Dancer, reclutar su ayuda para recuperar mi espada. Me tomó casi una hora sacarme a Lor. Ryodan lo tiene siguiéndome, convirtiéndolo en mi sombra protectora. Si tuviera mi espalda, Lor y yo no tendríamos que soportarnos. Finalmente me las arreglé para distraerlo con lo que más le gusta: rubias con tetas. Arranco el poster y lo hago una bola. Si no hubieran estado ahí, yo ya habría partido corriendo por la mañana, con o sin espada, tomando mis oportunidades. Esto fue una llamada de atención ruda y no deseada. Ella ya no tiene la espada. ¡Gah, malditos! Tenían que difundirlo, ¿verdad? Supongo que Jayne ya la está utilizando, y el rumor le llegó a los príncipes. Está indefensa. ¿Tenían que subrayar esa palabra, hacerla más grande que el resto y ponerla en rojo también? Quiero decir, ¿qué parte de indefensa necesita énfasis? ¡La palabra en sí es suficientemente mala! Toda la maldita ciudad va a estar buscándome pronto. Cada malvado ahí fuera que alguna vez golpeé, todos a quienes amenacé o simplemente irrité están a punto de saber que ya no los puedo matar. Ya saben que yo no puedo correr más rápido que los tamizadores. Pero tener la espada siempre inclinó la balanza a mi favor. Evitó que lo intentaran. 215
  • Me siento expuesta, parada en la calle. Cualquier cosa podría tamizarse detrás de mí, agarrarme y la pelea empezaría. ¿Yo ganaría? ¿Qué tal si hay una docena de ellos? ¿Qué tal si los humanos vienen por mí con un pequeño ejército? ¿Qué hay si los mismos príncipes vienen? ¡Gah, estoy preguntándome qué sucedería sí! ¡Yo no hago eso! Preguntarse qué sucedería si es para los adultos. Se preguntan qué sucedería si hasta no hacer nada, y mueren sin siquiera vivir. Me doy vuelta y miro hacia Chester’s. Luego vuelvo a dar la vuelta y miro la calle. Frente a mí, altas posibilidades de muerte. Detrás de mí, una jaula. Odio las jaulas. Para la mayoría de personas, son construidas a partir del miedo y se las hacen a sí mismos. Yo no. La mía fue forjada de impotencia. Las de la mayoría de los niños están construidas de lo mismo. Así que se resume a esto: muerte o jaula. Sonrío. Amigo, soy una superheroína. No hay competencia. Le hago una señal obscena con los dedos a ambos lados de la calle y me deslizo de costado a congelar el cuadro, arrancando los posters al pasar. Voy en busca de Dancer y lo encuentro buscándome, como, en nada de tiempo. Me causa gracia porque, ¿cuáles son las probabilidades de que nos estemos buscando en la inmensidad que es Dublín y realmente encontrarnos? Pero siempre nos encontramos. Como imanes. Cuando lo veo, sonrío. Está caminando por la calle en el gris amanecer, brillando como una estrella volviéndose una supernova. No puedo mirarlo directamente. Tengo que echarle rápidos vistazos por el rabillo del ojo. Hay una burbuja de luz tan brillante alrededor de él que es cegadora. Lleva lentes de sol sobre sus gafas y luce como una especie de chico Mutante X con un súper poder propio, como digamos Súper Cerebro. —¡Amigo! —digo. —¿Te gusta? Espera, déjame apagarlo. —Juega con algo cerca de su cintura y la luz disminuye a algo más parecido a lo que mi Mac-Halo lanza. 216
  • Lo miro. Su ropa es brillante. Jeans brillantes, camisa brillante, incluso gorra brillante. La ropa cuelga de su alto y larguirucho cuerpo como algo salido de esas revistas de moda, perfección informal. Una vez más, su cabello se está poniendo largo. Va a pedirme que lo corte pronto. Me gustan esos momentos. Nos cuidamos como dos monos sacándose los piojos. Las personas subestiman una buena revisada. —¿Nueva declaración de moda? —bromeo. —Pensando en tu guardarropa, Mega —dice—. Estaba trabajando en el spray para Papa Roach cuando de repente tuve esta idea de protección contra las Sombras. Necesito rociar tu ropa con una base reflectiva, luego diseñé un arnés de luces que funciona con un sistema de baterías y escucha esto: ¡se auto carga con el movimiento! —Juguetea con un aparatito en su cintura, con la expresión atenta de un niño genio jugando con artículos electrónicos. De repente su cabeza se alza y sonríe y simplemente le devuelvo la sonrisa porque cuando Dancer sonríe así todas mis preocupaciones desaparecen. —Por la manera en que te mueves, nunca se apagará. He estado probándolo y se mantiene cargado con mis movimientos incluso por días. Supongo que un buen congelamiento de cuadro lo cargará por una semana. Eso significa que cuando vayas a ciudad Sombra, puedes dormir fácilmente, usándolo. Estoy sin habla. Dancer estuvo pensando en mí, sopesando los pros y los contras de mi vida, para poder mejorarla. Pasó su tiempo trabajando en algo, no para salvar a Dublín, como el spray de Papa Roach, sino solo a mí. Jugueteo con el brazalete en mi mano. Él también me dio eso. Me extrañó cuando lo hizo porque temía que fuera a ponerse sentimental conmigo pero eso fue cuando comenzábamos a pasar tiempo juntos, cuando no sabía que Dancer nunca se pone sentimental. No dejamos que esa clase de estupidez se interponga entre nosotros. Usar un poco de tu tiempo para mejorar la vida de alguien más es, como, la cosa más genial que puedes hacer por alguien. Casi no puedo soportarlo, me hace tan feliz. —Eres el Mejor —le digo. Y esta vez él no me lo dice de vuelta, dice: —¿Eso crees? —Como si quisiera oírlo de nuevo, así que lo digo de nuevo y su sonrisa se vuelve más grande. Después de un segundo el nota el montón de posters que olvidé que estaba sosteniendo. Hace un sonido de desagrado. 217
  • —Mega, he estado arrancando esas cosas por horas. Me tropecé con uno de los grupos que los colocaban y los seguí, arrancándolos. Tenían a un montón de Rhino-boys poniéndolos. ¿Es cierto? ¿Alguien tomó tu espada? —Me mira de arriba a abajo, buscándola. Pestañea como si acabara de notarme por primera vez y me avergüenzo tanto que es lo único que puedo hacer para no congelar el cuadro justo ahora. ¡Me siento tan estúpida! ¡Me olvidé de lo que estaba usando! Mi mandíbula sobresale y digo tensamente: —Es todo lo que tenían que me sirviera. Ryodan me hizo cambiarme. No tuve nada que ver con este atuendo. ¡No lo escogería en un millón de años! Dancer me está mirando como si fuera un alíen del espacio exterior. Simplemente podría hundirme en la calle, arrancar el concreto y ponerlo por encima de mi cabeza y esconderme. Pongo los brazos por encima de mi pecho, cruzo los pies por los tobillos y me giro un poco, tratando de hacerme más pequeña para que no haya mucho de mí para ver. —Sé que luzco estúpida, ¿de acuerdo? Ha sido un día realmente malo para mí y tengo mayores problemas en mi mente que lo que estoy usando así que deja de mirarme como si fuera una especie de geek que se vistió así para Halloween, porque no tuve opción ya que Christian me dio su estúpida pijama y Ryodan dijo que olía a… —¿Christian te dio su pijama y olía? Espera un minuto, ¿Christian usa pijama? —Solo necesité su pijama porque desperté en su cama con solo mi sostén y mis bragas y toda mi ropa destruida, de otra manera nunca la hubiera usado — aclaro cuando me doy cuenta de cuán extraña sonó la primera parte. —Bueno, eso explica las cosas. Amo eso de Dancer. Siempre me entiende sin que yo tenga que hablar y hablar y decirle cómo el punto A llegó al punto B. —Todo lo que digo es que ésta no es mi declaratoria de moda, así que no lo uses en mi contra. —Está bien, Mega. Luces genial. —Luzco estúpida. —Estoy tan mortificada que podría morir de mortificación. —Te ves mayor. Dieciséis o diecisiete. Si llevaras maquillaje, probablemente dieciocho. 218
  • Creo que estoy anonadada. Nunca he estado anonadada antes pero conozco la definición e imagino que así debe ser como se siente. No es desconcertada o perpleja. Las palabras tienen sutiles matices. Hace un año o dos podría haber estado atónita. Esta es una clase diferente de bloqueo. Sí. Creo que estoy anonadada. —Bueno —digo y aliso mi falda. ¡Gah! ¡Maldición! ¿Qué están haciendo mis manos? ¡Realmente acabo de alisar mi falda! ¿Me estoy volviendo una clase de sosa? ¡Ni siquiera uso faldas! Pero cuando Ryodan me hizo cambiarme la única cosa que pudieron encontrar que me quedara era el atuendo de mesera del subclub de niños y estaba tan molesta por los posters, luego tan feliz de ver a Dancer, que se me olvidó completamente que estaba usando una falda corta, blusa ceñida y zapatos de colegiala con tacones que eran horribles para congelar el cuadro, pero tenía cosas más importantes que hacer que entrar en una tienda y cambiar de zapatos, como arrancar mi rostro de cada maldita farola de la ciudad. Los pies son pies algunas veces; si están funcionando eso es lo suficientemente bueno. —¿Quién tomó tu espada, Mega? ¿Y cómo alguien siquiera te la quitó? Mi ánimo se oscurece de inmediato. Me enojo tanto que se me traba la mandíbula y no puedo hablar por un segundo. —Jayne —saco finalmente por entre los dientes. Froto los músculos de mi mandíbula y aflojo la boca. La súper fuerza apesta a veces cuando está en cada uno de los músculos de tu cuerpo. Cuando tienes un calambre muscular, es algo grave. Puede durar un largo rato—. Ese maldito Jayne la tomó y me dejó para que muriera. Fui herida por una de esas… —Todo lo que Dancer sabe de las escenas de congelamiento es lo que vio la otra noche y todavía no había explotado cuando él me sacó de ahí. Al menos no creo que lo hiciera. Se me ocurre que no estoy segura. Necesito preguntarle a alguien después—. Resulté herida y Jayne la tomó mientras no podía hacer nada para detenerlo. Fui a Ryodan y le dije que necesitábamos recuperar mi espada y él se rehusó. Dijo que le gustaba más sin ella. —¡Amigo! En una sola palabra Dancer acaba de darme toda la justificada indignación y enojada ofensa que la situación merece. —Lo sé, ¿cierto? —¿Qué está pensando? Eres la Mega. ¡No le sacas las garras a Wolverine! —Lo sé, ¿cierto? 219
  • —¡Amigo! —dice de nuevo. Nos miramos con conmiseración, porque los adultos están muy jodidos y nunca vamos a resultar como ellos. Entonces sonríe. —¿Qué estamos esperando? Vayamos a recuperarla. Desde que los muros cayeron, Dublín se siente mucho como un set de película para mí. Es el silencio. La ciudad es un pueblo fantasma con ocupantes ilegales que se esconden en los escombros, con rifles amartillados. A veces veo el blanco de los ojos brillando hacia mí a través de las ventanas tapiadas. Si son humanos, intento hablar con ellos. No todos ellos son receptivos. Hay algunos verdaderos locos por ahí, tan espeluznantes como algunos de los Unseelie. Antes de que los muros cayeran, cuando yo solía pedalear alrededor de los distritos en mi bicicleta de mensajería, cuando las sidhe-seers se hacían pasar por un servicio internacional de mensajería dirigido por Ro, la ciudad estaba llena con un constante ruido blanco. Era difícil, incluso con mi súper audición, distinguir entre la congestión de automóviles y autobuses, tacones folklóricos en los adoquines y el cemento, los aviones que aterrizaban y despegaban, botes atracando en la bahía. Los teléfonos celulares me volvían loca. Había días en los que todo lo que oía era el sonido borroso de alertas de mensajes de texto, alertas de correos electrónicos, llamadas, canciones, juegos. Aún así, tan molesto como podía ser, era música para mis oídos, los acordes complejos de la ciudad que amo. Ahora solo existen las notas planas de los soldados marchando, los monstruos cazando, y el ocasional trino lastimoso de algo que muere. Dancer y yo corremos por las calles, contándonos chistes, riéndonos como locos. Pasar tiempo con él es el único momento en que puedo olvidarme totalmente de mí misma. Rodeamos una esquina y nos encontramos con un contingente de Rhinoboys. Cuando nos ven, unos de ellos gruñe en una radio. —La tengo, jefe, ella está en Dame y Trinity. 220
  • Miro sobre el hombro, fijo tomo en mi cuadrícula, tomo a Dancer, me deslizo de costado y congelo el cuadro para salir de ahí. Un corto tiempo después estamos merodeando alrededor del exterior del Castillo de Dublín, sigilosos como dos ratones metiéndose en una cocina en busca de queso. Los ojos de Dancer están brillantes de emoción. Nunca había congelado el cuadro con él antes. Dijo que era la cosa más genial que él había hecho y que quiere hacerlo otra vez. Esto solía hacer que Mac casi vomitara cuando se lo hacía a ella. Después de pasar por una tienda departamental y cambiar mi ropa por un atuendo más genial de jeans, tenis y un nuevo abrigo de cuero, nos detenemos en uno de sus refugios que yo ni siquiera sabía que tenía y tomamos algunos explosivos. Algunos de los mejores planes son los más simples, menos cabida para los errores. Él va a crearme una distracción haciendo explotar algo mientras yo entro a buscar mi espada. La tomaré, lo tomaré a él, y nos iremos. Luego me pavonearé por Chester’s esta noche a las ocho y todo el mundo verá que no puedes meterte con la Mega. Ryodan verá que no lo necesito para nada. —Tenías razón —dice Dancer—. Las jaulas están repletas de Unseelie esperando para ser asesinados. Río. —Jayne no sabía en lo que se estaba metiendo cuando tomó mi espada. Yo sabía que él no tenía el tiempo suficiente para matar lo que había capturado en seis días. La única manera en que yo puedo hacerlo es en híper velocidad. Camiones cubiertos están estacionados cerca del lugar de entrenamiento. Los rodeamos por detrás. Cuerpos de Unseelie frescos están apilados en la parte trasera de uno, todavía goteando. Eso significa que alguien está usando mi espada en este momento, y está cerca. Mis dedos se curvan, doloridos por sostenerla. No sé dónde Jayne dispone los cuerpos. Los tiene en camiones en alguna parte. Conozco su rutina. He sido parte de ella por largo tiempo. Sus hombres patrullan las calles, capturan a todos los Unseelie a los que pueden ponerles las manos encima y los encarcelan en celdas de hierro en edificios detrás del Castillo de Dublín. Las instalaciones están vigiladas, porque varias 221
  • veces en el pasado una u otra facción Fae ha contratado a humanos para intentar liberar a alguien, o a todos. Cuando fuera que las jaulas comenzaban a llenarse y yo tenía tiempo libre, pasaba por ahí, rebanaba Unseelie, luego cargaba los cuerpos y los llevaba a los camiones. Funcionaba rápido y eficiente. Pero solo porque mato en súper velocidad. Ninguna persona común puede entrar a una jaula llena de Unseelie en cámara lenta armado solo con un arma, sea la Espada de Luz o no. Estaría hecho pedazos mientras seguía apuñalando a su primer Fae. Ahora, Jayne está obligado a separar a cada Unseelie, sacarlo de la jaula, matarlo, separar al siguiente, matarlo, y así sucesivamente durante varios días. Necesitará un contingente de tiempo completo para ejecutarlo. Requerirá docenas de sus hombres para remplazarme. Y ya estaba escaso. —Mega, sé dónde está la espada —dice Dancer. —Yo también. Cuando mato Unseelie, lo hago tan rápido que no hay tiempo para que los Unseelie cercanos reaccionen. Mueren rápidamente. La mayoría de ellos incluso antes de saber qué está sucediendo. Pero por la forma en que Jayne está haciéndolo, tienen que estar ahí, observando a los otros ser asesinados durante horas, viendo a la Muerte acercarse. Odio a los Fae. Pero hay algo en saber que simplemente están ahí, encerrados, viendo a sus amigos morir a unos pocos metros de distancia, a la espera de ser asesinados, eso me hace sentir... descompuesta. No es que les debamos misericordia, ellos no nos mostraron ninguna, pero imagino que si vas a matar algo debería hacerse de forma rápida y sin dolor, o si no, estás tan enfermo como lo que sea que estás matando. No necesito recuperar mi espada solo por mí. Necesito recuperarla porque soy la mejor persona para hacer este trabajo. Jayne necesita sacar la cabeza de su trasero y ver eso. Ésta es una maldita masacre prolongada. Los ojos de Dancer ya no brillan. Luce tan sombrío como yo me siento. Decido que voy a hacer una demostración de buena fe cuando recupere mi espada. Me quedaré y mataré, y sacaré a todo de su miseria de forma rápida y limpia. Luego Jayne y yo vamos a sentarnos y a tener una seria conversación. 222
  • Miro a Dancer y él asiente. Nos dirigimos hacia los gritos. Las puertas de acero corrugado están abiertas de par en par en el almacén, dejando espacio suficiente para que dos semirremolques entren y descarguen si así lo desean. Mirar dentro del edificio donde Jayne está matando a todos los Unseelie no es la parte difícil. No ser visto si alguien se asoma es lo complicado. El muelle de concreto es de metro y medio de alto, y me he deslizado a lo largo de él hasta que estoy parada realmente cerca de la entrada, solo con los ojos y el cabello asomándose por el costado mientras evalúo la escena y comienzo a construir mi cuadrícula mental. Incluso el más pequeño trozo de mí mostrándose me hace sentir demasiada expuesta. Tener cabello rojo es como llevar un letrero de neón a veces. Un rubio oscuro se mezclaría con el fondo, un castaño ratón se combinaría bien con el amanecer oscuro, pero mi cabello nunca se desvanece en la oscuridad a menos que tenga como telón de fondo un cielo carmesí. Dancer está en algún lugar en lo alto, poniendo explosivos. En momentos como estos desearía tener un clon para poder hacer las cosas geniales que estoy haciendo y además estar con él. Amo hacer volar cosas. Pero mi parte del trabajo consiste en entrar corriendo, tomar mi espada y sacarnos rápidamente de aquí. Tenía razón en cuanto a que les tomaría un contingente para controlar la matanza, aunque Jayne probablemente mantendría a muchos alrededor de la espada en todo momento solo para protegerla de mí. ¡Como si eso fuera suficiente para protegerla de mí! Jayne tiene dos docenas de hombres con él, portando armas automáticas, envueltos en municiones. Están de pie en la parte interior de la entrada en alerta máxima, observando cada movimiento que se hace. Odio las pistolas. Las armas automáticas pueden arrojar una lluvia de balas que casi me es imposible evitar. Eso es por lo que necesito la distracción. Necesito que la mayoría de ellos se hayan ido antes de que esté dispuesta a entrar congelando el cuadro, estrellarme contra Jayne y salir haciendo un camino en zigzag, haciendo lo más difícil posible para que alguien me dispare. 223
  • Levanto la mirada, explorando los techos alrededor. No hay francotiradores allí. Si yo fuera Jayne, habría tenido al menos seis hombres en los techos, buscándome. Pero es por eso que yo soy la Mega y él no. Echo un vistazo al interior y veo mi espada. En el pasado, Ro me la quitó a veces, cuando era más joven. Pero cuando toda la mierda comenzó a golpear el ventilador con Mac, la tomé de nuevo y nunca dejé que nadie la tocara otra vez. Una vez, en la batalla, vi a Mac lanzarle su lanza a Kat para que la usara. Amigo, ella es un hombre más grande que yo. Nunca voy a compartir mi arma. Es mi segunda piel. No puedo soportar ver que alguien más la toque, sosteniéndola, usándola. Es mía y él se la llevó y no tenía derecho a hacerlo. No me sentiré como yo misma hasta que la tenga de vuelta. Los gritos no son tan malos en este momento porque Jayne no está matando un Fae. Pero mientras observo, sus hombres traen un Rhino-boy hasta el frente del almacén cerca del muelle y lo lanzan sobre sus rodillas rechonchas al suelo delante de él. Jayne retira su brazo, balancea mi espada y lo decapita prolijamente. No. Yo suelto una risita. Como tal vez en sus sueños. Veo lo que va a salir mal incluso antes de que él lo haga. —Santos pies palmeados, va a agacharse —murmuro. El Rhino-boy se retuerce y se agacha en el último segundo y mi espada se aloja en uno de sus colmillos amarillos. Suspiro. ¿Para qué piensa Jayne que son sus colmillos además de para bloquear golpes en la cabeza? Bueno, también los usan para empalar, pero sobre todo para proteger sus cráneos y cuellos. El Rhino-boy está enfurecido. Chillando y gruñendo, casi se libera. Alguien le dispara, luego los hombres de Jayne lo ponen de nuevo en el suelo. Él saca la espada del colmillo y cuando sale se tropieza. En alguna parte un Unseelie se ríe a carcajadas. Jayne recupera el equilibrio, levanta su brazo y baja la espada una vez más. Me estremezco. Jayne es fuerte. Pero los Unseelie están hechos de tendones y cartílago y una rara estructura ósea donde menos esperas encontrarla, y cortar sus cabezas no es tan fácil como parece que debería ser. 224
  • Ahora la espada está a mitad de camino de su grueso cuello y del Rhino-boy está brotando una sustancia viscosa verde, está chillando como un cerdo, agitando los brazos y las piernas rechonchas, y cientos de Unseelie enjaulados comienzan a gritar de nuevo. Jayne serrucha la cosa con la espada y yo casi vomito. Sus hombres no lucen mucho más felices. El ruido es ensordecedor. Los Rhino-boys están emitiendo un chillido continuo y agudo, pequeños Fae alados (¡los que hacen que te rías hasta la muerte!) están repicando de furia y hacen deslumbrantes despliegues de luz en su intento de escapar de sus jaulas de hierro, Unseelie semejantes a ciempiés se retuercen entres sus compañeros de jaula, y el sonido que hacen es como varias toneladas de grava cayendo sobre hojas de metal, siendo arrastradas por encima. Fantasmas demacrados y delgados entran y salen del estado sólido, emitiendo un gemido agudo. El sonido es tan grande que siento su vibración en el suelo del muelle de concreto bajo mis palmas. Jayne finalmente logra matar al Rhino-boy al que está cortando, y se vuelve hacia uno de sus hombres para recibir una toalla para limpiar la viscosidad y la sangre. Mira hacia las jaulas, su expresión sombría. Río sin alegría. ¡Sin duda tiene una nueva apreciación por los rápidos servicios de moi61! No es fácil entrar a un almacén lleno de monstruos condenados y matarlos a todos. Pero cada uno que vuelva a las calles en última instancia matará a decenas, quizás cientos o miles de seres humanos, en su existencia inmortal. Es lo que hacen. Son ellos o nosotros. Reviso mi teléfono celular. Mi reloj está en cuenta regresiva. Tengo siete minutos antes de que Dancer detone las cargas. Hubiera preferido una sola explosión, pero Dancer quería varios sitios, para dividir mejor a los hombres de Jayne y aumentar nuestras probabilidades de entrar y salir sin problemas y fácilmente. Miro mi espada. Estoy obsesionada. Lo sé. No me importa. Hay cosas peores con las que estar obsesionada. Como, digamos, Jo con Ryodan. Duh. ¿Qué tan raro es eso? Los hombres de Jayne han vaciado una jaula de todo menos los pequeños Fae muerte-de-risa. Ahora atrapan las pequeñas y brillantes arpías con una red y lanzan las redes al suelo frente a Jayne. Los Fae delicados y bonitos gritan y agitan los puños mientras Jayne hace descender la espada una y otra vez. Haciendo la escena incluso más macabra, los hombres en el área inmediata, incluyendo el buen inspector, ríen sin poder hacer nada, muchos de ellos doblados de risa, hasta que el último Fae muere. 61 N. de T.: Esto es dicho en francés, que significa mí o hace referencia a la persona que está hablando. 225
  • Los Unseelie enjaulados rugen y aúllan. Porque soy una sidhe-seer, puedo sentir a los Fae en mis huesos, en mi médula, en ese extraño centro frío/caliente de mi cerebro que otras personas no tienen. Antes de que los muros cayeran, cuando había menos de ellos en el mundo, mi percepción era un faro de cristal transparente, advirtiéndome si uno de ellos se acercaba demasiado a mí mucho antes de que estuviera lo suficientemente cerca para ser una amenaza. Pero desde que los muros cayeron, hay tantos de ellos alrededor de mí que mi alarma Fae está sonando constantemente, 24/7. Como cualquier otra sidhe-seer que quiere permanecer cuerda, o simplemente dormir un poco, he aprendido a silenciarlo. Si no encuentras la manera de bajar el volumen, te volverás loco. No es solo una alarma interna diciendo: "Atención, un Fae está cerca." Se mueve en tándem con un destello de rabia pura, de una directriz primaria de matar, matar, matar, y hacerlo ahora mismo en este mismo instante, incluso si tienes que usar tus propias manos para destruirlo. No es algo que puedas reprimir. Es demasiado fuerte. Las mujeres de más edad en la abadía dicen que es como tener el peor sofoco más sanguinario imaginable, una oleada hormonal de pura furia homicida. No quiero vivir el tiempo suficiente para tener sofocos. La pubertad ya es bastante mala. Mi sensor Fae está completamente apagado ahora. E incluso así, lo siento: un Unseelie muy poderoso está cerca, demasiado cerca para mi comodidad. Para que pueda penetrar la barricada de silencio que he construido alrededor de mí, su poder tiene que ser enorme. Subo el volumen un poco, intentando determinar quién, qué y dónde. Con tantos Unseelie en el almacén me toma unos segundos aislar al recién llegado. ¡Ahí está! Expando mi conciencia, tomando su medida. Antiguo. Mortal. Sexo. Hambre. Ira. Hambre. Sexo. Hambre. Ira. Hambre. Lo siento pero no puedo verlo. Los vellos en la parte trasera de mi cuello son pequeñas agujas en mi piel. De repente una sombra se mueve en el amanecer sombrío, húmedo y está ahí, al otro lado del muelle, el cabello y los ojos apenas visibles. Estamos justo enfrente uno del otro, no más de diez metros de concreto entre nosotros. 226
  • No es Christian esta vez. Es uno de los príncipes Unseelie pura sangre. Por otra parte, después de encontrar a la mujer desnuda muerta entre su cama y la pared, no estoy segura de que sea una distinción importante. Me quedo tan inmóvil como la mujer muerta de Christian. No me está mirando. Está mirando a Jayne. Parece estar completamente inconsciente de mí. Considero escabullirme fuera de la vista y encogerme sobre mis rodillas, concentrarme con fuerza en no ver todas esas imágenes sexuales gráficas en las paredes internas de mi cráneo como las que estoy viendo ahora. Hambre. Necesidad. Sexo. Pero no puedo escabullirme hacia abajo porque no me atrevo a apartar los ojos de eso. ¡Soy demasiado peligrosa para dejar que el príncipe me capture, me vuelva Pri-ya y me controle! ¡Ése es el argumento que debería haberle presentado a Ryodan! Sin mi espada los príncipes pueden tomarme como rehén, convertirme en una de sus enloquecidas esclavas sexuales y usarme como un arma contra él. Apuesto a que él hubiera oído si yo le hubiera dicho eso, pero no lo pensé porque estaba demasiado enojada. Exploro el borde del muelle pero solo veo un príncipe. ¿Dónde está el otro? Sosteniendo la cabeza perfectamente inmóvil, entrecerrando los ojos, bajo la mirada hacia mi reloj. Tengo más de cuatro minutos antes de la primera explosión. ¿Cómo me encontró tan rápido? Bueno, no me ha encontrado, pero al parecer sabía dónde buscar. ¿Pasamos junto a más Rhino-boys sin darnos cuenta, y ellos habían llamado para informar de mi paradero? Miro fijamente, conteniendo la respiración, intentando decidir si debo caer de rodillas ahora o simplemente tratar de seguir sin respirar o moverme. Lo miro mientras observa a Jayne, que está matando a otro Unseelie, y de repente tengo una epifanía total: ¡no vino aquí a buscarme! Vino por mi espada. Ahora que ya no soy la guardiana de la espada, los príncipes en realidad tienen la oportunidad de tomarla y destruirla. No pueden resistir la oportunidad de eliminar una de las dos únicas armas que pueden matar a los Fae. No pudo quitármela porque yo soy la Mega, pero cree que puede robársela a Jayne porque él no tiene ningún poder especial. No es más que un hombre. Lo peor de todo es que probablemente sea cierto. Probable pueda tamizarse y tomarla antes de que Jayne siquiera sepa qué sucedió. Es un Unseelie, lo cual significa que en realidad no será capaz de tocarla porque los Fae Oscuros no 227
  • pueden tocar las Reliquias de Luz y viceversa, pero estoy dispuesta a apostar que tiene algún tipo de plan para eso. Soy rápida, pero no puedo vencer a un tamizador. Esa es la razón por la que necesito tanto mi espada. Con todos los tamizadores a los que he hecho enojar, soy una chica muerta caminando sin ella. Imagino todos los escenarios posibles, comenzando por el peor. Me gusta hacerlo de esa manera, así puedo terminar en el pensamiento feliz y apuntar a eso. Uno: el príncipe Unseelie se tamiza, y mata a todos. Tiene a una de esas groupies Pri-ya con él, cuya cabeza no es visible porque está en algún lugar más abajo haciendo algo totalmente repugnante, y ella toma la espada, y él se tamiza con ella sosteniendo el botín. Dos: el príncipe Unseelie me ve, se tamiza y me mata. Tres: el príncipe Unseelie me ve, se tamiza, me captura y me convierte en Priya. Me niego a seguir ese pensamiento. En resumen: cualquier otra versión en la que el príncipe Unseelie me encuentra termina mal. Cuatro: caigo de rodillas y me escondo. Nunca sabe que estoy aquí. Las bombas de Dancer explotan en rápida sucesión. Entro congelando el cuadro y tomo mi espada mientras todos están trastornados. Mato al príncipe Unseelie en un despliegue deslumbrante de destreza y gracia. Sonetos son compuestos acerca de mí. Sonrío. Me gusta esa. Vuelvo mi atención a la situación del momento y me doy cuenta que la Realidad, la perra impaciente, ha tomado la decisión por mí. Hace eso a menudo. Estás demasiado ocupado planeando tu vida, entonces ella tiene el coraje de seguir adelante y sucederte antes de que estés listo. ¡Antes de siquiera tener la oportunidad de apuntar bien! Es uno de los escenarios negativos. El príncipe Unseelie me vio. 228
  • Traducido por Niii Corregido por Angeles Rangel M ientras más asustada estoy, me siento más viva que nunca. Debería colapsar en un charco de terror pero la adrenalina mete un palo de escoba en mi columna. Si el príncipe Unseelie se acerca a unos pocos metros de mí, colapsaré de cualquier manera, tenga una columna sobrecargada o no. Nadie es inmune a la realeza Fae. Nadie tiene protección alguna contra ellos. La realeza Seelie mantiene su letal erotismo mayormente apagado alrededor de los humanos como cortesía. Los Unseelie se deleitan en utilizarlo sobre nosotros con toda su fuerza. Los príncipes ya han convertido en Pri-ya a cientos de mujeres. Nadie sabe qué hacer con ellas. La gente no puede decidir si encerrarlas o matarlas misericordiosamente. Lo último que oí es que las mantenían encerradas en lo que solía ser un recinto siquiátrico. Mis superpoderes son inútiles contra los príncipes. Todo ese sexo, necesidad y hambre limpian tu mente de todo excepto la lujuria por la que estás dispuesta a morir. Vi a Mac en su peor momento, cuando era Pri-ya. Ella es la única persona que se conozca que ha sido recuperada de esa condición mentalmente destrozada. Una cosa es tener tu cuerpo enjaulado. No puedo pensar en nada peor que perder la cordura. Miro a Jayne, desesperada por mi espada. En este momento la está usando para rebanar a muerte a otro Unseelie frente a los gritos, exclamaciones y rugidos de una audiencia. Sin la distracción de Dancer 62 “Your mind’s in disturbia, it’s like the darkness is light”: de la canción “Disturbia” de Rihanna. 229
  • no hay forma de que logre pasar a todos esos Guardianes y sus armas. Miro mi reloj. ¡Todavía quedan tres minutos y medio! —Oye, amigo, ¿qué tal? —digo toda indiferente al príncipe Unseelie, mientras saco el sello de una de las granadas que Dancer alteró, meses atrás, para causar una explosión cegadora y retardada. Las uso como granadas de Sombras, metidas en una bola de carne inmortal. Cuando estábamos en uno de sus refugios antes, llené mis bolsillos con todo tipo de cosas. Meto una barra de chocolate en mi boca con la otra mano y digo—. Mira esto. Se salió de la espada antes de que Jayne la tomara. ¿Qué crees que es? La lanzo alto, directamente sobre el muelle. El príncipe hace exactamente lo que estaba segura que haría: la atrapa. Un humano reconocería lo que lancé, pero estoy apostando que él no lo hará. Si lo hace o no, su reacción no es para nada lo que esperaba. Me imaginé que en el peor escenario, la lanzaría sobre el hombro. ¡El imbécil la lanza directamente de vuelta hacia mí! Como una idiota, yo también la atrapo. Creo que hay dos clases de personas en la vida: aquellas a las que puedes lanzarles algo y que instintivamente se agacharán y lo alejarán de un golpe, y aquellas que instintivamente lo tomarán. Siempre he sido de aquellas que toman. Elegiré la ofensiva frente a la defensa cualquier día. Curioseo mientras congelo el cuadro y evalúo mi situación: Jayne no tiene idea de que estamos aquí porque no puede oírnos por sobre el estruendo que están haciendo los monstruos enjaulados. La granada en mi mano va a explotar en cinco, cuatro, tres… —No, tú tómala —digo, y la lanzo alto, de vuelta hacia el príncipe. Él la atrapa, cierra la mano alrededor, y veo un destello de luz en su puño. Luego abre la mano y polvo negro cae al suelo. Si pudiera descifrar su expresión, bien podría haber acabado de darme una sonrisa de satisfacción total. Bueno, mierda. ¿De qué está hecho? ¿Acero galvanizado? De repente sé dónde está el segundo príncipe porque la temperatura en el espacio detrás de mí cayó unos cuatro grados o algo así. Los vellos en la parte posterior de mi cuello se congelan y tiemblo. Me lanzo a congelar el cuadro en reversa pero él me bloquea y choco contra su frío y poderoso cuerpo. ¡Mierda, mierda, mierda! Me lanzo hacia delante. Está ahí frente a mí. Giro y me inclino pero choco contra él de costado. Hacemos esta cosa de 230
  • avanzar/bloquear cerca de diez veces más, conmigo atiborrándome la boca con barras de chocolate. Nos estamos moviendo como en un baile orquestado. Parece leer los pequeños indicios de mi cuerpo, anticipando mis movimientos. ¡La cosa es endiabladamente rápida! Todo lo que puedo distinguir es una maraña de largo cabello negro y el brillante destello de tatuajes caleidoscópicos que corren bajo su piel oscura. Me tiro al suelo y ruedo alejándome de él, luego me pongo de pie de un salto, pero me toma desde atrás y me tira hacia él otra vez. No puedo dejar de temblar. Tengo que alejarme. Hace un sonido contra mi oreja que oí hacer a un montón de los hombres de Ryodan en el nivel cuatro cuando estaban todos teniendo sexo, bajo, áspero y tenso. Me oigo a mí misma emitiendo un ruido que ni siquiera sabía era capaz de hacer. Me vuelvo una Dani-granada, peleando con todo lo que tengo. ¡No me ocurrirá de esta forma! Golpeo, pateo, muerdo. No pelea en respuesta. Envuelve sus brazos a mi alrededor desde atrás y me mantiene presionada contra su cuerpo con fuerza, esperando que mi furia se convierta en algo más. Y lo hace. ¡Me estoy perdiendo a mí misma! ¡Puedo sentir mi mente alejándose! ¡Estoy convirtiéndome en algo que no quiero ser y no puedo detenerlo! ¿Es esto por lo que pasó Mac? ¿Cómo lo soportó? ¡Tres príncipes a la vez, y luego también Cruce! ¡No quiero esto! ¡No se supone que sea así! Se supone que perderé mi virginidad de algún modo impresionante, súper espectacular y sensacional. ¡No así! Pero todo en mi interior se está poniendo pegajoso como un rico, cálido, aterciopelado fondue de chocolate que es tan espeso, dulce y delicioso que quiero nadar en él, dejar que cubra mi cabeza, me lleve a un lugar donde ya no tenga que pensar y donde simplemente pueda ser sin tener que esforzarme siempre por mantenerme encima y protegerme y ganar todo el tiempo. Quiero desnudarme aquí en la calle. Quiero hacerlo en todas las formas, de pie y recostada, de perrito y montada a la inversa. Largo cabello negro se está enredando alrededor de mi cuello, deslizándose como seda caliente. Sus brazos alrededor de mí se sienten como el mejor baile lento que jamás he imaginado, no es que imagine cosas como bailar lento con Dancer ni nada, pero estoy 231
  • teniendo dificultades para respirar bien, mi respiración se está volviendo superficial y se queda atrapada en mi garganta. Hace un sonido como oscuras campanas de viento atrapadas en una tormenta, hermoso y frágil. La inquietante melodía raspa mis terminaciones nerviosas, convirtiendo a cada una en una pequeña masa de tejido orgásmico. Estoy perdida. Me presiono contra él. Es duro donde yo soy suave y casi perfecto en todos los sentidos. —Oh, Dani, mi querida, no estás dándome una sola razón para esperar a que crezcas. Me estás dando mil razones para no hacerlo. ¡Es Christian! ¡Estoy tan feliz de que sea él, no uno de los otros príncipes! Me vuelvo en sus brazos e inclino mi cabeza hacia atrás. —¡Hola, Christian! —Le sonrío. Es más apuesto que los otros príncipes. Estoy feliz de que me tocara él. También tomaré a los otros, pero lo quiero a él primero—. Quiero crecer. Ahora. Apresúrate. —No. De. Este. Modo. Estiro la mano y tiro de la cabeza de Christian hacia abajo para besarlo pero él aleja mi mano de un golpe. Me enoja. Lo agarro de nuevo. Me empuja y me tropiezo. En ese momento me abofetea. Duro, en el rostro. Mis oídos resuenan por la violencia de su golpe. Humedezco mis labios y le doy una mirada. El dolor no es lo que necesito. Lo necesito para calmar mi dolor. Puede que sea virgen pero mi cuerpo sabe cómo moverse, qué hacer. Es un poco vergonzoso, pero al mismo tiempo me gusta. El sexo es poderoso. Hace que todas tus células se sientan súper vivas. ¿Cómo no sabía eso? Quiero explorarlo. Quiero aprenderlo de adentro hacia afuera como todo lo demás que hago. ¡Me siento increíble! Como si estuviera a punto de aprender cosas de las que no tengo idea y que van a cambiarme para siempre. Cuando esto haya acabado, seré una mujer. Ya no seré una niña. Estoy fascinada por la idea. ¡No estoy lista para ello! Estoy corriendo hacia ello, no puedo llegar ahí lo suficientemente rápido. Me abofetea otra vez. —Deja de mirarme así. Enójate conmigo. Ódiame por lo que te haría. ¡Te mataré si me sigues mirando así! ¡Te follaré hasta que mueras! —sisea. 232
  • Repentinamente el príncipe Unseelie que estaba al otro lado del muelle está de pie hombro a hombro con él. Comienzan a discutir en Unseelie y no puedo entender una palabra de lo que están diciendo pero sí entiendo el tono. El otro príncipe está enojado. Un tercer príncipe se tamiza. O un segundo, si estás contando a Christian como un casi-príncipe. Lucen tan similares, que me pregunto si quizás él ya ha pasado por el cambio final en tan corto tiempo desde la última vez que lo vi. Ayer, estar tan cerca de él no me afectó de esta forma. ¿Le sucedió algo durante la noche? ¿Es porque hay más de un príncipe aquí y se potencian los unos a los otros? ¿Realmente acaba de decir algo extraño sobre esperar por mí? Mi cerebro es un desastre. Ninguno de mis circuitos está funcionando. No puedo hacer frente a los príncipes. A pesar de todos mis poderes de superhéroe, aquí soy nada. Estoy tan débil, indefensa y condenada como cualquier otra persona. Soy una víctima dispuesta, lista, esperando, ansiosa de ser destruida. Sé con una parte de mi mente lo horroroso que eso es, pero con otra parte de mi mente, una mucho más grande, no me importa. Ser una víctima del placer eterno suena como el estado de existencia más perfecto que jamás podría imaginar. Los miro. Mis mejillas están mojadas. Quiero desviar la mirada pero no puedo. Limpio mi rostro y mis manos salen ensangrentadas por mis lágrimas. Intento retroceder pero hay súper pegamento en la base de mis botas. El hechizo que Christian había comenzado está tejiéndose alrededor de mí otra vez y no puedo hacer nada para detenerlo. Estoy de pie a tres metros de distancia de tres Fae muerte-por-sexo y no veo ningún modo de escapar de ésta. ¿Podría Christian realmente protegerme de ellos incluso si no quiero que lo haga? Porque si se acercan siquiera un centímetro, no voy a querer que lo haga. —Ponte detrás de mí, niña —gruñe Lor desde algún lugar detrás de mí. Parece que los meros pensamientos sobre Ryodan conjuraron a sus hombres. Si pudiera moverme, me aflojaría de alivio. No puedo. Me quedo ahí. Lor me agarra y me empuja detrás de él. Tiene a media docena de sus tipos flanqueándolo y me rodean. Se enfrentan a los príncipes, y justo cuando todo el infierno está a punto de desatarse entre ellos, uno de los hombres de Jayne ladra una fuerte orden porque nos vieron, y los Guardianes giran sus armas en nuestra dirección. Entonces los Unseelie atrapados en las jaulas deben ver a sus príncipes de pie ahí afuera porque comienzan a rugir y a aullar con toda su fuerza, supongo que intentando hacer que los liberen. 233
  • En ese momento es cuando la primera de las bombas de Dancer estalla. 234
  • Traducido por Simoriah Corregido por Majo ancer puso las bombas en los pisos superiores porque intentamos no destrozar edificios enteros a menos que sean nidos y necesiten ser demolidos. D Cuando las cargas comienzan a estallar, los techos vuelan por el aire, uno tras otro, y los escombros caen como lluvia sobre nosotros. Vidrio y ladrillos y trozos de yeso rocían la calle. El aire está tan lleno de polvo que no puedo ver por un par de segundos. Todos comenzamos a huir y a esquivar, cubriendo nuestras cabezas, incluso los príncipes Unseelie. Supongo que ser inmortal no hace que te guste ser golpeado por una plancha de concreto más que a cualquier otra persona. Así que todos comenzamos a buscar refugio, excepto Jayne y sus hombres, quienes ya están de pie dentro del almacén y no lo necesitan. La detonación de las bombas no funciona como yo había planeado. Se suponía que los Guardianes mirarían hacia afuera cuando estallaran, y no verían a nadie porque yo estaría escondida. Luego se suponía que fueran a cazar a quien fuera que estuviera poniendo las bombas en los edificios de los alrededores, y yo iba a encargarme de Jayne y de quien quedara. 63 “My pretty pretty thing. Do you want to freeze?… The Iceman cometh”: de la canción “Iceman” de Descenders. 235
  • En cambio, ellos miran para afuera y nos ven a todos porque estamos esquivando escombros que caen y estamos haciéndolo en cámara lenta porque no puedes hacerlo rápido a través de la impredecible e intrazable metralla de bombas. Los Guardianes comienzan a intentar alinearnos en sus miras y ladran órdenes para que nos quedemos quietos y dejemos caer nuestras armas, lo cual es ridículo, como si alguien fuera a escuchar, pero supongo que los malos hábitos no mueren fácilmente. Nadie se queda inmóvil o deja caer nada. Y me pregunto, ¿Jayne no entiende que los príncipes Unseelie y yo queremos lo que tiene en la mano y que mataremos por eso? Amigo, si fuera él, la dejaría caer y huiría. Una vez que estoy bastante segura de que los trozos más grandes de techo han caído a tierra, paso junto a Lor congelando el cuadro para recuperar mi espada de manos de Jayne. Solo que me choco contra Lor porque el maldito es más rápido que yo. Luego ambos chocamos con dos príncipes Unseelie que no estaban allí dos segundos atrás y mi cabeza una vez más comienza a enredarse con pensamientos sexuales. Lor me agarra y juntos nos alejamos congelando el cuadro. Los príncipes echan un vistazo a Lor y también desaparecen, dejando a Jayne como un blanco fácil para mí. Intento rodear a Lor congelando el cuadro una vez más, y de nuevo me choco contra su pecho. Luego estamos buscando refugio, porque una chimenea acaba de caer al suelo y explotó en un rocío de ladrillos. —¿Por qué todos te dejan solo? —digo enojada cuando nos agachamos detrás del muelle—. ¿Tienes algún tipo de spray que repele Faes? ¿Alguna vez oíste hablar de compartir? Él me da una mirada. Su rostro está gris de suciedad. Siento el sabor del polvo de argamasa en la lengua. Las cosas todavía caen pero la lluvia de escombros está haciéndose más lenta. ¡Dancer hace unas bombas excelentes! —¿Por qué simplemente no me dejas recuperar mi maldita espada? —A él le expongo el argumento que debería haber expuesto con Ryodan—. Si los príncipes me convierten en Pri-ya pueden usarme contra ustedes. —Mayor razón por la que él debería haberte matado. Pero no, él te “contrata”. —No pedí ser contratada. El hecho es que no lo pedí. —Luego me hace ser tu puto niñero. 236
  • —Tampoco pedí tener un niñero. —Asomo la cabeza sobre el muelle. ¡Los príncipes están intentando llegar a Jayne! Intento rodear a Lor congelando el cuadro pero no avanzo cincuenta centímetros. Me choco con él. El tipo es un muro. No tiene agujeros por ningún lado. La cosa se está poniendo aburrida. —Sal. De. Mi. Camino. —La recuperaré por ti. —¿Por qué harías eso? —digo con sospecha. Lo más probable es que se la lleve a Ryodan, quien la usará como influencia para mandonearme. —El Jefe dice que tengo que mantenerte segura. Ha estado haciendo que te siga constantemente. —No-o. Lo hubiera notado. —Nunca lo has visto a él cuando te ha seguido. Y lo ha estado haciendo por mucho más tiempo del que crees. —Mentira. —Nunca podré tener sexo intentando mantenerte a salvo. Eres como un desastre de trenes con esteroides. —No lo soy. —Usualmente soy más genial que lo genial. Ha sido un par de días difícil—. Así que, como, si la recuperas, ¿vas a devolvérmela ahora mismo en este momento? —¿No acabo de decir eso? Ve a esconderte en alguna parte y cállate, niña. La Mega no se esconde. —Y una mierda. —No es posible que tenga el valor que él cree. No tengo idea de qué está hablando, pero no tiene nada que ver conmigo así que lo descarto. Congelo el cuadro para regresar con Jayne al segundo en que él libera mi brazo. Esta vez no lo está esperando porque cree que simplemente esperaré como una cobarde a que alguien más recupere mi espada. No. Río cuando lo oigo insultar detrás de mí. Luego me choco contra Christian a medio camino por las escaleras del almacén, bloqueando mi camino hacia Jayne. 237
  • Luego Lor me tiene una vez más y en cierta forma me derrito sobre su hombro porque el golpe Fae muerte-por-sexo de Christian está haciéndome cosas divertidas, pero se desvanecen tan pronto nos alejamos de él, así que muerdo a Lor porque odio ser cargada como un costal de papas. Si lo siente, no tiene reacción. —Mantente alejada de los príncipes Unseelie. —Estoy intentando recuperar mi espada. Él se interpuso en mi camino. —Dije que la recuperaré por ti. —¡Quiero recuperarla yo misma! —Quiero mirar a Jayne a los ojos cuando se la quite. Me dejó en la calle para que muriera como un perro. Sin piedad. Ni una sola gota. Lor me deja caer y me empuja contra un muro. —Fade, Kasteo, vengan aquí y manténganla lejos de mí. Luego tengo a dos de sus tipos encima, uno en cada brazo, y congelo el cuadro o intento hacerlo pero pesan tanto que termino haciendo círculos borrachos como un insecto moribundo sobre su espalda porque no puedo levantar los pies de ambos a la vez. Uno o el otro siguen clavando los talones. Nos chocamos contra el muro, luego nos tropezamos uno con el otro y todo el tiempo estoy intentando ver qué sucede con Jayne y la espada. —¡Déjenme ir! No lo hacen. De hecho, ni siquiera reconocen que estoy hablando, mucho menos respirando. Cuelgan de mis brazos como pesos muertos y eventualmente me tranquilizo lo suficiente para dejar de intentarlo. Los ejercicios de futilidad no son lo mío. Podrían sostenerme hasta que se me acabe el tanque de gasolina y luego ahí estaría. Un fideo, y sin duda alguien me lanzaría sobre su hombro una vez más y me cargaría por ahí en lugar de darme una barra de chocolate. Después de unos pocos minutos termino de pie ahí, enojada como nunca antes, simplemente observando. Y así es como tengo asiento de primera fila cuando el verdadero circo comienza. Los dos príncipes Unseelie originales siguen tamizándose, intentando acercarse a Jayne. Cada vez que lo hacen, Lor o uno de sus hombres está allí, bloqueándoles el camino. 238
  • Christian también sigue intentando llegar a Jayne, y me doy cuenta de que aún no puede tamizarse. Se está moviendo en un modo justo por debajo de tamizarse. Aun así, es más rápido que yo. Maldición. Últimamente parece que todos lo son. Jayne está girando en un círculo con mi espada frente a él, intentando evitar que alguien la tome. Los Guardianes están girando en círculos, apuntando sus armas, intentando fijarse en algo. Buena suerte con eso. Ni siquiera pueden ver nada de lo que está sucediendo, solo sienten el viento de todos los que congelan el cuadro alrededor de ellos. Los cientos de Unseelie enjaulados gruñen y aúllan, golpeando los pies y agitando los barrotes y haciendo un ruido ensordecedor, y hay algún tipo de Unseelie allí que comienza a hacer un sonido que nunca he oído antes. Es enorme y discordante y me pone tensa, se arrastra debajo de mi piel y me hace querer salirme de ella. No soy la única a la que molesta. —¿Qué demonios está haciendo ese sonido? —gruñe Fade. —Lo sé, ¿verdad? —Quiero cubrirme los oídos pero me tienen tomada de los brazos así que aprieto los dientes y en su lugar comienzo a canturrear con fuerza. Un príncipe Unseelie se materializa en el medio del caos, Lor aparece justo frente a él, se chocan y se inclinan, luego se chocan contra media docena de Guardianes que chocan a Jayne, y de repente todos están cayendo por el borde del muelle. Cuando Jayne cae, mi espada sale volando por el aire, dando vueltas, una columna de luz de alabastro. Cierro los ojos como si estuviera atrapándola. ¡Está allí, justo para que la tome! Casi puedo sentir su perfecto peso golpeando mi palma. —¡Déjenme ir! —Casi me saco los brazos de sus cuencas pero no me dejan ir. Estoy obligada a permanecer allí y observar mientras los príncipes, Lor, una docena de Guardianes y la última víctima Unseelie esperada intentan posicionarse para atrapar mi espada cuando cae. Uno de los príncipes intenta abrir sus alas pero los cuartos están demasiado cerca y no puede levantarse. Los otros se tamizan en el aire, y Lor se lanza en una forma totalmente inhumana y chocan en el aire con mi espada todavía yendo hacia arriba. Como dije, un completo circo. 239
  • Y ahí es cuando la parte del espectáculo de fenómenos de feria comienza. Estoy de pie, las muñecas esposadas por Kasteo y Fade, sin poder ir a ningún lado sin perder un brazo, y como no tengo nada con que cortar los suyos, estoy atrapada como una mosca en súper pegamento, cuando de repente el aire frente al muelle comienza a brillar, y tengo esta sensación que nunca he sentido antes en mi vida. He estado preocupada en ocasiones. Una vez o dos, como cuando la Mujer Gris me atrapó, de hecho estaba un poquitín asustada. Estaba succionándome la vida y podía sentirlo. No hay nada malo con admitirlo cuando estás en un lugar tenebroso, mientras que no dejes que te desordene la cabeza. Me mantuve calmada, incluso intenté convencer a Mac de que no hiciera ningún trato con la maldita, porque la mayor parte del tiempo los tratos hechos bajo presión vuelven y te muerden en el trasero con dientes tigres de sable. Pero esto es diferente. Siento pánico con P mayúscula. Pánico loco, tonto y ciego. De repente, sin razón aparente, estoy ocultándome como un conejo en medio de un enorme campo abierto sin ninguna cubierta por kilómetros y como si el cielo acabara de oscurecerse con halcones, volando ala con ala. La muerte parece segura. Un descenso, una agitación de alas, y desaparezco. Todo por algún punto raro en el cielo. ¿Qué mierda? ¿Estoy entrando en pánico debido a un brillo en el cielo? Amigo, ¿qué me está sucediendo? ¿Dame un momento “Crepúsculo”, haz que yo también brille? ¡Estoy dividida entre pelear para huir y quedarme quieta para que pueda ver qué está sucediendo porque no puedo concebir nada que pudiera hacerme entrar en tal pánico y necesito verlo! ¡Estoy cansada de que estos ojos se pierdan todas las cosas excitantes últimamente! Me doy cuenta de que no soy la única asustada. Todos lo que estaban intentando conseguir mi espada de repente se alejan del muelle como si corrieran por sus vidas, lo cual pienso que significa que todos estamos de acuerdo con que no nos gustan los inexplicables puntos brillantes en el aire. Veo mi espada todavía volando hacia arriba, pero está moviéndose lentamente como si estuviera a punto de bajar. Si tan solo pudiera sacar a Fade y a Kasteo de encima de mis malditos brazos, correría y la atraparía… bueno, quizás lo haría. No estoy realmente segura de eso porque mis pies no están obedeciendo nada de lo que les digo sobre moverse hacia adelante. Para mi disgusto, están yendo hacia atrás. Los príncipes desaparecen. Jayne y los Guardianes están corriendo hacia nosotros. 240
  • Christian, Lor, y sus hombres se alejan congelando el cuadro, luego Lor ha reemplazado a los otros dos tipos y tiene mi brazo, y está arrastrándome lejos del muelle. Luego todos estamos retrocediendo y sonrío cuando me doy cuenta de que estamos retrocediendo juntos, hombro con hombro, en apretada formación. Jayne está junto a Kasteo, quien está junto a Christian, quien está junto a un Guardián, y al final están los príncipes pura sangre, lo cual me asusta completamente porque no puede imaginar nada de lo que ellos se alejarían. Hay más bolas en seis metros de calle que en el resto de Dublín, y estoy orgullosa de estar colgando del saco de nueces64. Podemos pelear entre nosotros, pero en momentos de peligro, pelearemos juntos. ¡Amigo! Una oscura hendidura aparece en el centro del punto brillante. Mi pánico crece exponencialmente. Me volvería y huiría pero estoy anclada por dos tipos que podrían sostener al Titanic en un tsunami. La hendidura se ensancha y expulsa una espesa niebla. Tiemblo. La niebla congelada se convierte en escarcha dura. Escarcha dura cubrió a cada persona que fue congelada y murió. Los Unseelies enjaulados gritan como banshees65, y el que está haciendo ese horrible ruido del inframundo finalmente llega a un crescendo infernal. Las ventanas que no se rompieron con las bombas de Dancer estallan ahora, no en astillas y trozos grandes, son literalmente pulverizadas, rociando las calles con polvo de vidrio. La hendidura se agranda. Más niebla sale, lechosa y fría. La temperatura baja estrepitosamente. —¡Esperen! —grita Jayne, y nos detenemos. Fade dice: —¿Qué demonios…? El sonido cesa. El mundo se queda en silencio. Completamente. Quieto. 64 65 Nut-sack: sinónimo de escroto. Banshee: hadas que anuncian la muerte. 241
  • ¿Perdí mi audición? ¿El crescendo del Unseelie me dejó sorda? Ni siquiera puedo oír mi propia respiración en mis oídos como cuando nado debajo del agua. Miro a Lor. Él me está mirando y señalando sus orejas. Señalo las mías y asiento. Todos están haciendo lo mismo. Al menos, si yo perdí la audición, a todos les sucedió lo mismo. Vuelvo a mirar a la hendidura que se ensancha y el silencio opresivo crece. Es peor que un vacío. Es. Horrible. Está. Jugando con mi. Mente. Está… Vacío. Desconectado. Se siente como estar muerta. Pero hay algo… Me deslizo dentro de mi centro sidhe-seer y extiendo tentáculos curiosos… Recibo un revoltijo de impresiones pero no puedo encontrar palabras para ellas porque lo que estoy sintiendo está más allá de mi comprensión. Como si fuera tridimensional y lo que estoy sintiendo fueran seis o siete dimensiones. Es… Complicado. Antiguo. Sensible. Intento leer su… bueno, mente por falta de una mejor palabra, y todo lo que recibo es un raro destello de… ¿cálculo? Algo falta. Algo está siendo buscado. Miro a Lor y veo una expresión en su rostro que nunca he visto antes y nunca pensé que vería. Miedo. Me preocupa. Mucho. Él mira a Fade y a Kasteo y ellos asienten. Él aprieta el asidero en mi brazo. La hendidura se abre y eso sale. ¡Santo Dios, eso sale! 242
  • W No puede haber sonido sin movimiento. No puede haber movimiento sin sonido. No hay éxtasis en la música, solo cambio. Fácilmente se podría haber llamado la Canción de la Destrucción. Parece que alguien se sentía optimista en nombrar los días. —El libro de la lluvia 243
  • Traducido por yanli Corregido por Nanis ruce vino esta noche como siempre lo hace, robando mi sueño, separando mis labios y muslos, dejándome cerca del amanecer en sábanas enredadas, empapada con el sudor del sexo y la vergüenza. C En los pocos momentos de descanso que arrebato antes de levantarme, tengo un sueño aterrador. Camino a la entrada oculta de las catacumbas con el andar sin sentido de una mujer muerta y resucitada de la tumba. Margery bloquea la puerta de piedras que luce como cualquier otra pared a menos que estés al tanto de su secreto. Está voluptuosamente desnuda, cabello y ojos salvajes, oliendo a él… un aroma que conozco demasiado bien. Una banshee, muestra dientes afilados en una carcajada y me dice que él se ha ido. He llegado demasiado tarde. Con una violencia de la que no me creía capaz, la empujo a un lado, y cuando ella se estrella contra la pared, se desploma al suelo y se queda inmóvil. Sangre brota detrás de su cabeza, manchando pétalos de margarita rojos en la pared. Perpleja ante la hostilidad en mi corazón, paso por la puerta y avanzo arrastrando los pies. Los túneles están negros como la noche, obligándome a tantear a ciegas un pasaje siguiendo los húmedos muros de piedras. Éste no es el Subterráneo que conozco: seco y bien iluminado, con todo en su lugar. En este laberinto oscuro y húmedo, el musgo crece densamente en las paredes y los huesos crujen bajo mis pies. El olor de la descomposición se empareja con algún aroma fecundo en 66 “And The Beat Goes On”: canción de The Whispers. 244
  • la brisa. No hay nada aquí que genere viento a menos que una cosa que no pueda posiblemente estar agitándose lo haga. Aprieto mi rebozo un poco más y me impulso hacia adelante con pies cojeantes de pasos mal dados y tambaleantes, ciega al ojo pero no de propósito. Rezo, y con la fantasía de los sueños, la cruz de oro que llevo en mi cuello comienza a brillar. ¡No merezco tal consuelo en esta noche oscura de mi alma! Arrastro los pies por un tiempo que no calculo a través de la oscuridad, hasta que finalmente llego a la cámara donde el erótico y mortal príncipe está congelado. Allí, no hay oscuridad que aceche, no crece el musgo, no gotea el agua. No hay huesos en este lugar prohibido. Solo carne. Carne extraordinaria y exquisita. Las paredes han sido bañadas en oro en mi ausencia. La cámara está radiante con luz brillante. ¡Cruce todavía está enjaulado! Desnudo, imponente, con las alas desplegadas, ruge con rabia animal. En hielo sólido. Lloro de alegría. ¡Mis temores fueron en vano! Con piernas temblorosas me apresuro hacia su jaula, celebrando que se mantiene. Falta una de las barras. —Para. De. Vibrar. —Ryodan toma un papel del aire y lo pone de nuevo sobre el escritorio con un golpe. Me pregunto si lo limpia. ¿Cuántos traseros han estado sobre esa cosa? Nunca lo voy a volver a tocar. —No puedo evitarlo —digo con la boca llena de barra de chocolate. Sé cómo luzco: una mancha de cuero negra y cabello—. Sucede cuando estoy realmente excitada. Cuanto más excitada estoy, más vibro. —Ése es un pensamiento interesante —dice Lor. 245
  • —Si quieres decir lo que creo que quieres decir, querrás callarte la puta boca y nunca pensarlo de nuevo —dice Ryodan. —Solo lo digo, jefe —dice Lor—. No puedes decirme que tampoco lo pensaste. Cinco de los tipos de Ryodan están en su oficina y es como estar de pie en medio de un rayo de calor, encerrada entre ellos. Jayne también está aquí, pero lo estoy ignorando totalmente porque, como, si no lo hago, tendría que matarlo con mis propias manos y eso ensuciaría todo, luego Ryodan probablemente me haría fregar toda su maldita oficina. Nunca entiendo la mitad de lo que estos tipos están hablando y no me importa. —Puedes tocarme si quieres —le digo a Lor magnánimamente. Estoy tan llena de adrenalina y excitación que me siento francamente sociable. Alzo uno de mis hombros hacia él—. Prueba. Se siente realmente genial. Todas las cabezas se giran hacia mí, luego vuelven a mirar a Ryodan. —Él no es dueño de mi maldito hombro. ¿Por qué lo miran? Lor estalla en carcajadas pero no se estira para tocar mi hombro. No sé por qué. Me gusta tocarme cuando estoy vibrando así. Me hace vibrar el doble. Si tuviera mucho frío y comenzara a temblar, ¡estaría vibrando el triple! —Así que, ¿qué mierda vamos a hacer para detener esta cosa? —Sonrío. Tenemos planes que hacer y aplicar. ¡Tiempos como estos contribuyen a mi desarrollo! ¡Sacan lo mejor de mí! Soy una especie de chica que está a la altura de las circunstancias. Me siento tan emocionada y generosa de tener una aventura tan genial para vivir que estoy encontrando difícil seguir enojada con la gente en este momento. Tenemos un enemigo que es más grande y más malo que cualquier cosa que he visto. Maldición, ¡qué bueno es estar viva! Porque, como, por un segundo allí junto al muelle, no estaba segura de que fuera a estarlo. ¡No estaba segura de que alguno de nosotros lo fuera a estar! Hablando de lo que sucedió en el muelle... Mi estado de ánimo cambia y frunzo el ceño. Todavía no tengo mi espada. Se ha congelado. El almacén ahora está lleno de Unseelie congelados, el techo cubierto de estalactitas, el suelo sumido con estalagmitas. Mi espada se quedó congelada en una estalactita en lo alto, y el lugar estaba mortalmente frío para que cualquiera entrara, frío como de te-mueres-congelado-instantáneamente. Tuvimos que dejarla atascada allí, en un carámbano enorme. Lor ordenó a 246
  • Kasteo y a Fade hacer guardia hasta que la escena se descongelara lo suficiente para recuperarla. Según lo último que vi, los dos príncipes Unseelie todavía seguían rondando. Si Christian estaba allí, estaba manteniéndose fuera de la vista. Ninguna señal de Dancer. No quería irme pero Lor amenazó con cargarme como un costal de papas sobre su hombro, y viendo que puede hacerlo tan fácilmente como Ryodan, no vi ningún punto en hacerme sentir miserable. —Es tu culpa —le digo a Ryodan—. Nunca debiste permitir que Jayne se quedara con mi espada. ¡Ahora quién sabe qué le va a suceder! Si la escena explota como las demás... —Mi voz se va desvaneciendo porque no soporto la idea de que mi espada estalle en pedazos de alabastro. —Ése es el menor de nuestros problemas —dice Ryodan—. Dime exactamente qué sucedió. —Lor acaba de decírtelo —digo enojada—. ¿Qué más quieres saber? —Quiero escucharlo de ti. Desgarro la envoltura de otra barra de chocolate y entre bocados repito la mayoría de lo que Lor dijo sobre la niebla y el ensanchamiento de la hendidura. La sensación de pánico que todos experimentamos. Cómo repentinamente ninguno de nosotros podía oír nada, como si nos hubiéramos quedado sordos. —Entonces esta... esta... cosa que era dos veces más grande que tu oficina salió. —Cosa. —Amigo, Lor no lo describió mucho mejor. Quiero decir, vamos, ¿“masa oscura del tamaño de dos semirremolques, uno al lado del otro”? —Intenta. Frunzo el ceño, pensando, y luego lo aclaro. —¿Alguna vez viste la película La Mancha Voraz67? Fue así. Solo que era más alargado. Y no sé si era viscoso y si levitaba en lugar de rodar. Y no sé si era denso. Pero no lucía como una Sombra. No se parecía en nada a una Sombra. —La Mancha Voraz. —Película vieja, de la época del cine mudo. —No es tan vieja —dice Jayne—. La vi cuando era niño. 67 The Blob: película estadounidense de 1958. 247
  • —Lo que fue como, en la época del cine mudo, ¿verdad? Ni siquiera deberías estar hablándome. No me hables. Ni siquiera deberías estar aquí. Debería matarte. Tienes suerte de que no te esté matando en este momento. Me dejaste para morir. —Miro a Ryodan—. Y tú se lo permites. Malditos. Todos ustedes. —Vine directo a Chester’s y le dije a Ryodan dónde estabas —dice Jayne—. No iba a dejarte morir. No me gustó dejarte. Necesitaba la espada. No podía permitirme el lujo de dejar pasar la oportunidad. ¿Le dijo a Ryodan dónde estaba? —Dije que no me hables. Y eso funcionó muy bien para ti, ¿verdad? ¿Cuántos años crees que te tomaría matar unos pocos cientos de Unseelie? —Fulmino a Ryodan con la mirada—. Y tú no dijiste nada acerca de que te dijo dónde estaba. Tampoco viniste. —¿No le importaba que yo pudiera haber muerto? —El jefe me envió por ti al segundo en que Jayne apareció —dijo Lor—. Te habías ido para cuando llegue ahí. Estaba siguiendo tu rastro de sangre, pero desapareció. —Textura —me dice Ryodan. —¿Quieres decir si tenía alguna? No que yo pudiera ver. —Entonces qué sucedió. —Entró en el almacén, todo pesado y eructó niebla blanca por todas partes y no podíamos ver nada. Congeló todo el lugar, peor que cualquier lugar que hayamos visto hasta ahora. Quiero decir, amigo, ¡estalactitas brotaron del techo y el piso está cubierto con estalagmitas tan gruesas que ni siquiera puedes caminar por allí! Nunca vimos nada como eso en las otras escenas. —Postula por qué resultó más congelado. Había considerado eso en el camino de regreso. Hubo una sola diferencia significativa que había sido capaz de aislar. —Había mucha más gente y Fae en esta escena que en cualquiera que hemos investigado. Había cientos de Unseelie en jaulas y todos resultaron congelados. Es posible que fuera necesario más hielo. O quizás la cosa tenía más potencia hoy por alguna razón. Nosotros también resultamos congelados, pero fue solo una capa delgada, y una vez que nos movimos, se resquebrajó. Volvíamos a congelarnos en cuanto dejábamos de movernos así que comencé a saltar y, como ovejas que no pueden pensar por sí mismas, todos me imitaron, luego estábamos todos allí en la calle haciendo saltos de mariposa. Me preocupaba que la conmoción pudiera hacerla girar y venir tras nosotros, pero 248
  • la cosa ni siquiera nos notó. Fue como si fuéramos peces y eso quisiera papas fritas. O quizás ni siquiera éramos perceptibles como alimento. Luego se desvaneció. Otra de esas hendiduras se abrió dentro del almacén, toda la niebla blanca fue absorbida por él y la cosa la siguió. Una vez que se cerró, pudimos volver a oír. Algo así. —Aclara. —No había ningún ruido. Nada. Pensarías que el hielo en todos esos Unseelie podría haber estallado o haberse agrietado un poco como lo hace el hielo cuando se asienta porque ellos estaban calientes antes de que se congelaran pero no lo hizo. Cuando caminamos, nuestros zapatos no sonaron de la forma correcta en el pavimento. Cuando hablamos... era plano. Era peor que plano. Había una sensación en el silencio. Una sensación realmente mala. —Elucida —dice Ryodan. —Acabo de hacerlo. Creo que quieres decir que especule. Lor resopla. Ryodan me da una mirada. Ni siquiera sé por qué me molesto en responderle a veces. Quizás me gusta escucharme a mí misma hablar. Tengo un montón de cosas interesantes que decir. —¿Sabes cómo el sonido es realmente movimiento, y la vibración es lo que hace ruido? Lo cual es, como, la total contradicción a su efecto sobre las cosas, porque cuando el mundo se quedó en un silencio mortal, todavía se movía sin hacer absolutamente ningún ruido. Pero lo que estoy diciendo es que, después de que se fue, las cosas nunca volvieron a la normalidad. Es como si las cosas no estuvieran vibrando correctamente. O quizás las ondas sonoras no estaban rebotando en las cosas en la forma en que deberían. O quizás las cosas en las que las ondas rebotaban no estaban bien. —Sé mas precisa. Me encojo de hombros. —Tienes datos suficientes para formar deducciones concluyentes. —Cuánto tiempo desde el momento en que apareció hasta el momento en que desapareció. —Eso fue lo raro. Se sentía como si estuviera sucediendo en cámara lenta, pero me imagino que duró dos segundos de principio a fin. Llegó. Congeló. Desapareció. —A veces no tengo el más exacto sentido del tiempo porque estoy en una especie de intermedio entre cámara rápida y cámara lenta y ni siquiera me doy cuenta, lo que hace que las cosas alrededor parezcan estar 249
  • sucediendo más lentamente. Estoy bastante segura de que cuándo vino, porque estaba tan tensa, que estaba a medio camino de congelar el cuadro. Miro a Lor, quien asiente. —Dos o tres segundos como máximo, jefe. La niebla se precipitó, la cosa llegó, la niebla fue aspirada de regreso y eso se fue. —Asumo que era Fae —dice Ryodan. —Inequívocamente —digo. —Eres una sidhe-seer. Eso significa que deberías ser capaz de obtener una lectura de eso como Mac lo hizo con el Sinsar Dubh. —Pude hacerlo hasta cierto punto. —Inteligencia. —Enorme consciencia. Pasmoso. —Desearía haber sentido al rey Unseelie. Hubiera tenido algo con qué compararlo. —Emoción. —Ninguna discernible. Sin malevolencia. Tuve la impresión de que la destrucción era un subproducto, no un fin. —Noto que todos están mirándome raro—. Amigo —añado y esbozo mi mejor sonrisa de pilluela callejera a la habitación en general—. Maldición, ¡eso fue genial! —Tengo que vigilar mi tendencia a ponerme toda geek cuando me emociono. —Piensas que tenía un objetivo. —Había... no sé... propósito en lo que estaba haciendo. Pude sentirlo. Algunos Fae se sienten simples cuando me concentro en ellos con mi sentido sidhe-seer. Son tontos, actúan por instinto, capaces de destrucción al azar. Luego hay cosas como Papa Roach, el Fae que se descompone en pequeñas partes. —Se lo recuerdo, en caso de que se haya perdido esa edición especialmente brillante del Diario de Dani—. Papa se siente... estructurado. Tiene planes. Lo mismo ocurre con el Monstruo de Hielo. Pero hay una gran diferencia entre Papa y el Monstruo de Hielo. Papa tiene una mente malvada. Esta cosa es... vasta en construcción y propósito. —Motivo. Suspiro. —No tengo idea. Solo que tenía uno. —Alguna idea de por qué eligió ese lugar, o por qué congela las cosas. 250
  • —Ninguna —digo—. Ni siquiera tocó nada, por lo que pude ver. Simplemente flotó sobre todo. A menos que la niebla sea como sus dedos o algo así y aspire la fuerza vital de la gente con ella e inadvertidamente los congele en el proceso. No hay más remedio, necesito más tiempo con eso. Tengo que sentirlo más tiempo. Jayne comienza a maldecir y dice que nadie va a pasar más tiempo con eso porque es demasiado peligroso, e incluso Lor luce perturbado por la idea de otro encuentro con el Hombre de Hielo. Lo cual me recuerda... —¿Por qué tenías miedo tú? —digo—. No creí que nada los asustara. Lor me da una mirada fría, como si no hubiera visto lo que vi y dice: —¿De qué estás hablando, niña? Lo único que me preocupaba era cuán enojado iba a estar el jefe si esa cosa te mataba. Mentira. Conozco a estos tipos. No les importa otra cosa que ellos mismos y él estaba asustado, lo que significa que eso era una amenaza para él de alguna manera. Quiero saber cómo. Quiero saber cuál es la Kryptonita de Ryodan. Conozco algunas verdades universales como: aquel que puede destruir una cosa la controla. No que encuentre placer en destruir cosas, pero cuando estás contra la pared, saliendo con ambas armas abriendo fuego, ésa es prácticamente tu única opción. Quiero el poder suficiente para anular un contrato, suficiente para renunciar a mi trabajo, como, permanentemente. Estoy lista para la jubilación. Quiero suficiente influencia para sacar a Jo del subclub de niños, suponiendo que alguna vez quiera irse. Ella lo hará. El día que él elija a alguien más. En mi estimación no pasará mucho tiempo en absoluto para eso. Media hora después estoy fuera de Chester’s, deslizándome sobre agujeros en el pavimento resbaladizo por la lluvia, avanzando en hipervelocidad, comiendo barras de proteínas para mantenerme con energía. Estoy esperando que Ryodan termine con cualquier maldito negocio del que dijo que tenía que encargarse y que no podía esperar, para que podamos continuar con nuestra investigación. Me dijo que me sentara en el club, pero pasar tiempo en Chester’s sin mi espada no es realmente probable y él debería saber mejor qué esperar. Por otra parte, sin mi espada tampoco me estoy alejando mucho. Odio esperar por refuerzos pero los quiero. Los príncipes Unseelie me asustaron. 251
  • Tengo un enorme pensamiento cociéndose sobre ellos, una idea que desprecio pero que tengo que tener en cuenta para su resultado final. Ahora mismo lo mantengo en segundo plano donde no me pueda quemar demasiado. Tengo tantos otros pensamientos explotando dentro de mi cabeza que espero que algunos de ellos se asomen por las orejas. ¡En un segundo estoy tan emocionada por estar viviendo en estos tiempos que casi no puedo soportarlo, al siguiente soy un manojo de nervios porque mi gente está aquí en estas calles y no tienen idea de que tenemos un gran Monstruo de Hielo aterrador convirtiendo partes de nuestro mundo en un profundo congelador! Tengo que correr la voz rápidamente, pero, ¿qué les digo? ¿Si ven una mancha resplandeciente en el aire, corran? ¡Eso es asumiendo que siquiera noten el punto reluciente antes de que sean congelados! El problema es que conozco a la gente. Puedes decirles que corran todo lo que quieras pero no hay mucha gente que lo hará, hasta que crean que están en grave peligro; que usualmente es demasiado tarde. Se quedan boquiabiertos como las vacas, y por si no lo sabes, las vacas están mucho boquiabiertas. Solía haber una gran manada fuera de la abadía donde probaba mi velocidad y habilidades de navegación después de que Ro me acogió y estaba borracha con mi nueva libertad. La pastura de las vacas era un gran lugar para practicar a congelar el cuadro, porque (a) las vacas se mueven y son impredecibles, por lo tanto difíciles de mapear como el mundo real, y (b) si golpeo una vaca usualmente me lastima a mí más que a la vaca. Tenía una audiencia bovina cautiva todo el tiempo. Masticaban su alimento y giraban sus grandes cabezas de ida y vuelta, mirándome como si yo fuera televisión vacuna. Si todo lo que yo tuviera que hacer fuera masticar comida regurgitada y mirar otras vacas todo el día, también estaría fascinada por mí. Demonios, así de aburrida, estaría embelesada por una batalla de moscas en un pastel de excremento de vaca. Pero volviendo a la gente, las manchas resplandecientes no son suficientemente aterradoras para hacerlos huir. Y hay algunas personas, como las chicas de “te veo en Faery” que están en Chester’s 24/7, mostrando nuevas cinturas delgadas de marca Papa Roach, comerciando con sexo, compitiendo entre ellas para ver quién puede comer suficiente Unseelie para hacerse inmortal y conseguir estar primero con los Fae, que deliberadamente se quedarían si vieran una mancha resplandeciente, simplemente porque era, como, bonita. Grrr, algunas chicas deberían ser fusiladas. Eliminadas de las opciones de reproducción de todos los demás. Necesito un par de fotos para poner en mi diario, para mostrarle a la gente la espantosa finalidad de lo que hace el Monstruo de Hielo. Necesito ir al Castillo de Dublín, tomar algunas imágenes. ¡Luego tengo que irme al cuartel general 252
  • de EDD68 y poner a funcionar las imprentas! Amo imprimir mis diarios. Tengo el doble de razones para sacar uno rápido ahora. Después de ver los carteles de BUSCADA de los Príncipes Unseelie, ¡la gente sin duda se preocupará como loca por mí! Necesito tranquilizarla, hacerle saber que todavía estoy en el trabajo. —¡Tú debes ser Dani! Me vuelvo. Y me apoyo en mis talones y sigo girando. Daría vueltas hasta China si pudiera. Giro en una rotación completa hasta que ella está a mis espaldas una vez más y me quedo así, intentando calmarme. No quiero mirarla. No quiero que vea mi rostro. No esperaba esto. No estaba lista para ello. Mierda, nunca estaré preparada para esto. Una cosa es saber que ella está ahí afuera en algún lugar, junto con Mac. Otra cosa es tener que enfrentarla. Mierda, mierda, mierda. Pego una máscara en mi rostro, doy la vuelta y comienzo el juego de fingir. —Y usted es Rainey Lane —digo. El mismo hermoso cabello rubio de sus hijas, a pesar de que ambas fueron adoptadas. Mismo bonito porte: la elegante mujer del Sur Profundo. Está caminando en una fría y sombría tarde de Dublín, vestida como si a alguien fuera a importarle si ella ha combinado los colores y si está usando accesorios. Supongo que a Jack Lane sí le importa. A diferencia de la mayoría de la gente casada que he visto, no que haya visto a muchos, parecen estar locos el uno por el otro. Los vi en los álbumes de fotos de Alina. Los vi en los de Mac. He visto fotos de esta mujer sosteniendo a sus hijas cuando eran pequeñas. He estudiado minuciosamente las fotos de ella sonriendo junto a ellas mientras crecían. De la misma manera que me está sonriendo ahora. Como si no supiera que maté a su hija. Supongo que no lo sabe. Supongo que la última vez que Mac habló con ella fue antes de que se enterara de que fui yo la que llevó a Alina a ese callejón para morir. Por un segundo tengo esta estúpida visión de cómo ella me estaría mirando en este momento si supiera, y me quita el aire de los pulmones de una patada y me deja de pie ahí muda. Tengo que apretar todas mis entrañas para no vomitar. Me odiaría, me despreciaría, me miraría como si fuera la cosa más asquerosa y horrible sobre la faz de la tierra. Probablemente intentaría arrancarme el rostro. 68 EDD: “El Diario de Dani”. 253
  • En lugar de esta... esta... mierda de amor maternal que brilla en sus ojos como si yo fuera la mejor amiga de su hija o algo así, no la asesina de su otra hija. Pensé que Mac era lo peor que tendría que enfrentar un día en estas calles. Soy asfixiada en un abrazo antes de poder esquivarlo, lo que demuestra cuán trastornada estoy. ¡En un buen día puedo esquivar las gotas de lluvia! Me olvido de mí misma por un segundo, porque ella tiene suaves brazos de mamá y cabello y un cuello al que quieres aferrarte. Las preocupaciones se derriten en los pechos de las mamás. Ella huele bien. Estoy envuelta en una nube que es parte perfume, parte algo que ella horneo que persiste en su ropa y parte de algo indefinible que creo que son las hormonas maternas a las que la piel de una mujer no huele hasta que ha criado bebés. Todo se combina para hacer uno de los mejores perfumes del mundo. Después de que mi mamá muriera y Ro me llevara a la abadía, solía pasar zumbando por la casa cada par de días. Iba a la recámara de mamá para oler su aroma en la almohada. Tenía una funda amarilla bordada con patitos a lo largo de los bordes como mi pijama favorito. Un día el olor simplemente desapareció. Cada vestigio de él desapareció sin dejar rastro. Ni un pequeño rastro para mi súper olfato. Ese fue el día en que supe que ella nunca volvería. —¡Suélteme! —Me expulso violentamente de su abrazo y retrocedo, frunciéndole el ceño. Ella sonríe brillando como una de las linternas sobrealimentadas de Ryodan. —¡Y deje de sonreírme! ¡Ni siquiera me conoce! —Mac me contó tantas cosas sobre ti que siento que sí. —Bueno, eso es simplemente estúpido de su parte. —Leí el último Diario de Dani. Jack y yo no habíamos oído hablar de esos bichos. Has estado haciendo un trabajo maravilloso manteniendo a todos informados. Apuesto a que es mucho trabajo para ti. —¿Y? —digo sospechosamente. Oigo un “pero” viniendo. —Pero realmente ya no lo necesitas, cariño. Puedes relajarte y dejar que los adultos tomen el relevo. —Sí, claro. ¿No estaban los adultos a cargo cuando cayeron los muros? ¿Y no han estado a cargo desde entonces? Haciendo un verdadero trabajo, ¿no? Ella ríe, y el sonido es música para mis oídos. Risa de mamá. Me derrite como nada más puede. Supongo que porque lo oí tan poco de la mía. Creo que hice reír a mi mamá tres veces. Todo antes de que me "transportara" por primera 254
  • vez. Quizás sucedió una o dos veces después de eso. Lo intenté. Memorizaba cosas graciosas que veía en la TV mientras ella no estaba. Veía musicales, aprendía canciones alegres. Nada de lo que hacía estaba bien. Rainey Lane me está mirando con más aprobación de lo que mi mamá hizo alguna vez. —Váyase. No, espere. No lo haga. No puede estar aquí fuera sola. Encontraré a alguien que la escolte donde quiera que vaya. ¿Qué hace caminando sola por Dublín? ¿No sabe nada? ¡Hay todo tipo de monstruos en las calles! ¡Va a oscurecer pronto! —Alguien tiene que meter algo de sentido en ella. —¿No eres lo más dulce, preocupándote por mí? Pero no es necesario. Jack esta justo a la vuelta de la esquina, estacionando, cariño. Hay demasiados escombros en las calles para estacionar más cerca. Sigo diciéndole al Sr. Ryodan que necesita limpiar frente a su club pero él no ha logrado hacerlo aún. Supongo que tal vez tengamos que ayudarlo con eso. Es un hombre ocupado, ya sabes, con mucho de que encargarse. —El crimen sí consume mucho tiempo, ¿verdad? Ella ríe y tengo mi primera sospecha de que podría ser totalmente despistada. —¿No eres graciosa? El Sr. Ryodan un criminal. Ése buen hombre. —Sacude la cabeza, sonriendo como si yo fuera de lo más graciosa. Sip, despistada—. Dani, cariño, he estado esperando encontrarte. También Mac. ¿Por qué no vienes a cenar con nosotros mañana por la noche? Sí, claro. Brocheta de Dani en el menú, servida con una guarnición de verduras. No. ¿Los tres se turnarían para golpearme hasta la muerte una vez que Mac me delatara? —Hay algunas personas que me encantaría que conozcas. Hay una maravillosa nueva organización en la ciudad que ha estado haciendo cosas fabulosas, provocando algunos cambios reales. Lanzo una gran mirada melodramática y asediada a los cielos, luego nuevamente hacia ella. —No puede estar hablando de WeCare. Por favor dígame que no está hablando de WeCare. —Bueno, sí. ¡Has oído hablar de nosotros! —Está radiante una vez más. —¿Nosotros? ¡Gah! ¡Por favor, dígame que no es parte de ellos! ¡No puede ser parte de ellos! ¿Sabe que me odian? 255
  • —Nosotros no te odiamos. WeCare no odia a nadie. Nos interesa reconstruir y ayudar. ¿Qué te dio esa idea? —Nosotros. —Me está matando. ¿Mac también es parte de ellos?—. Amiga, como, quizás la forma en que copiaron mi diario, se apoderaron de mis puestos e imprimieron todo tipo de mentiras acerca de mí. —Casualmente sé que en realidad individuos superiores en WeCare están ansiosos por conocerte. Piensan tanto de ti como Mac. Vaya, genial, así que ellos también me quieren muerta. Individuos superiores. Encantador. Pueden ponerse en la cola detrás de Christian. Quien está detrás de los príncipes Unseelie. —Piensan que podrías ser una enorme ventaja. Yo también lo creo. Le doy un vistazo. —Quizá desee volver a verificar los hechos. Creo que se está perdiendo algunos. Las personas a cargo de organizaciones no me consideran un activo. Nunca lo han hecho, nunca lo harán. —Odio las organizaciones. La gente tiene que ser libre, capaz de respirar y tomar sus propias decisiones sobre las cosas, no ser alimento de la política partidaria. La rutina adormece el cerebro. La repetición es pasto para las ovejas. —Sra. Lane, que bueno verla de nuevo —dice Ryodan, y casi me caigo. No solo no lo oí acercarse, está siendo educado. Ryodan nunca es educado. Tuerzo el rostro, estudiándolo. —Amigo, ¿te sientes bien? —Nunca mejor. —¿Por qué estas, como, fingiendo ser amable? —El Sr. Ryodan siempre es amable. Fue un adorable anfitrión mientras nos alojamos en Chester’s. —No se alojaron en Chester’s, fueron rehenes. —¿Qué le sucede a todos que no pueden ver las cosas por lo que son? —Él y sus hombres nos estaban manteniendo a salvo, Dani. El Sinsar Dubh iba contra las personas que Mac amaba. —¿La puerta de su habitación estaba bloqueada? Amiga, eso la hace un rehén —digo. 256
  • —Nuestra puerta nunca fue bloqueada. ¿Eh? —Sí, pero, ¿siquiera sabía cómo salir? Él tiene unos paneles complicados. —El Sr. Ryodan nos mostró a Jack y a mí cómo manejar las puertas. ¿Eh? —Sí, pero había guardias afuera. Manteniéndolos dentro. —Para nuestra protección. Éramos libres de ir y venir. Elegimos quedarnos. La ciudad era peligrosa cuando el libro estaba suelto. Jack y yo estamos muy agradecidos por la ayuda del Sr. Ryodan durante esos tiempos difíciles. Frunzo el ceño hacia Ryodan, quien lleva una arrogante sonrisa. Probablemente les lanzó algún tipo de hechizo, como el que hizo en el Hummer cuando me obligó a tomar la barra de chocolate murmurando palabras extrañas. Él hace marionetas de la gente. Esclavos cabezas huecas. Yo no. —¿Sabe que está obligándome a trabajar para él manteniendo como rehén a Jo? —le digo a Rainey. Ella necesita despertar y oler el café. —¿Te refieres a esa hermosa joven mesera? He visto la manera en que lo mira. Está loca por él —dice Rainey. Y eso me enoja aún más. ¿La mamá de Mac puede decir que Jo está estúpidamente loca por este psicópata solo con mirarla? ¡Gah! ¡Solo gah! ¡Encima de todo, dicho psicópata tiene a Rainey tan engañada que ya no tiene sentido siquiera hablar con ella! No es que la falta de sentido me haría callar. —¿Sabe que tiene clubs privados bajo Chester’s donde…? —Acabo de hablar con Barrons —me interrumpe Ryodan—. Mac está en camino para reunirse con usted, Sra. Lane. Debería llegar en cualquier segundo. Le doy una mirada sospechosa. Probablemente está mintiendo. Y sabe perfectamente bien que no me arriesgaré a averiguarlo. Rainey me da una cálida sonrisa. —¡Dani, ella estará tan contenta de verte! Ha estado buscándote por semanas. Seguro que sí. 257
  • Fijo mi cuadrícula mental para congelar el cuadro, hago como la gente en La Ley del Revolver69 y me voy a la mierda. 258 69 La Ley del Revolver: Gunsmoke, serie de TV estadounidense de los años cincuenta.
  • Traducido por lalaemk Corregido por Mari NC —¿Q ué estás haciendo? —¿Por qué te importa? —Tengo la agresividad atrapada en mi garganta y ni siquiera sé por qué. A veces tan solo estar de pie junto a Ryodan me hace sentir de esa manera. —Porque si lo que estás haciendo no tiene sentido, estás desperdiciando mi tiempo. —Amigo, ¿tienes ojos? Estoy recolectando evidencia. —¡Finalmente! He estado intentando dar un segundo vistazo a las escenas que explotaron por una maldita eternidad pero las cosas siguen surgiendo, como que casi muriera. Oh, y que casi muriera una vez más. Nunca hay un momento aburrido en el Megaverso. El Monstruo de Hielo me asustaría mucho más si mi mundo no estuviera repleto de monstruos de todo tipo desde más o menos mi nacimiento: grandes, pequeños, humanos, no. —En bolsas Ziploc. —Creo que son Glad71. —Para mí lucen imparciales. 70 “I don’t know who he is behind that mask”: de la canción Batman de Jan & Dean. N. de T.: juego de palabras entre “Glad”, marca de las bolsas que usa Dani, palabra que en inglés significa estar alegre o contento con algo. En este caso podría interpretarse como que Dani dice: “Creo que están encantadas” de ahí el comentario de Ryodan: ”Para mí lucen imparciales”. 71 259
  • Comienzo a reír disimuladamente y luego me detengo. Este es Ryodan. Odio a Ryodan. Imbécil mentiroso engañoso. Engañando a la gente para que piense que es realmente agradable así yo parezca estúpida. —¿Crees que mi espada ya se descongeló? —No. Me inclino y recojo. Sé una cosa o dos sobre mí misma. Veo mucho. Pero en ocasiones hay pequeñas cosas sucediendo que me pierdo. De ahí mis imparciales ziplocks. Llenaré una en cada escena. Me adentraré en lo profundo del centro gélido de los escombros de la explosión, recogeré puñados de detritos congelados, los empacaré, y lo etiquetaré todo prolija y ordenadamente. Más tarde, Dancer y yo examinaremos cuidadosamente las bolsas ziplock y buscaremos pistas. Saco un Sharpie72 de mi bolsillo y escribo en la franja blanca: “Almacén, Norte de Dublín”. Luego la meto cuidadosamente en la mochila colgada de mi hombro. Recolectar mis ziplocks tiene perfecto sentido para mí. —No tiene sentido. Podrías examinar minuciosamente los restos aquí mismo en la escena. —Amigo, ¿te pido que te expliques a ti mismo? —Niña, alguna vez no eres irritable. Revuelvo entre los escombros, asegurándome de que tenga un poco de todo, dándole la espalda porque a veces mirarlo es más de lo que puedo soportar. —Seguro. Como, cuando no estoy alrededor de un imbécil. ¿Estamos investigando o teniendo una conversación toda personal? Porque tengo asuntos de los que encargarme hoy y tú estás desperdiciando mi tiempo. Pronto va a oscurecer. —Observaciones. —Tengo dos. La escena estalló en pedacitos y todo sigue frío. —Dame algo que pueda usar. —Ojalá pudiera, jefe, pero esto es… bueno, es un desastre. —Me muevo hacia adelante y atrás sobre mis talones, saco cabello de mi rostro y lo miro. El sol ya casi está al nivel del horizonte, justo detrás de su cabeza, haciendo este extraño efecto de halo alrededor de su rostro, ¡cómo no! Estoy sorprendida de que no 72 Sharpie: rotulador, marcador. 260
  • huela a azufre. Probablemente tiene un tridente rojo y oculta cuernos bajo su cabello. Haciéndolo todo más extraño, el sol tiene un brillante tinte dorado (gracias fairies por cambiar todo en nuestro mundo), y él luce… oh, ¿a quién le importa cómo luce? ¿Por qué siquiera estoy notándolo? Aparto la mirada, concentrándome en mi investigación. Tenemos un Fae que sale de una hendidura y llega con un montón de niebla. Congela todo a su paso y luego vuelve a desaparecer por otra hendidura. Un tiempo después, la escena explota. Pero, ¿por qué? Ésa es la gran pregunta. ¿Por qué congela lo que congela, y por qué la escena explota después? ¿Y por qué se necesitan diferentes lapsos de tiempo para que los diferentes lugares exploten? Siento el suelo con mi palma. Está congelado. Hay un frío que no se ha disipado. Me pregunto si alguna vez lo hará. Sería en cierta forma genial si no lo hiciera. Podrías limpiar el terreno, construir una casa y no necesitar aire acondicionado. Aunque apestaría en invierno. Contemplo la escena. Donde el almacén solía estar, hay montones de ladrillos derrumbados, cemento y marcos astillados, con vigas retorcidas, estanterías de acero por todas partes, algunas dobladas, algunas apuntando directo hacia el cielo. Trozos de carne Unseelie están pegados a casi todas… Me golpeo la frente. —Santa colección inestimable de bufandas73 etruscas, ¡no se mueven! — exclamo. Hay un sonido ahogado en algún lugar sobre mi cabeza. —¿Bufandas etruscas? Brillo quedamente por dentro. Algunos logros significan más que otros. Soy oficialmente la Mejor. Ahora y para siempre. —Amigo, vigila tus signos de interrogación. Acabo de sacarte uno. —No tengo idea de qué estás hablando. —Admítelo, perdiste tu maldita eterna compostura. —Tienes una obsesión con una ilusión acerca de cómo termino mis oraciones. ¿Qué mierda son las bufandas etruscas? —No sé. Es solo otro de los dichos de Robin. Como: “¡Santas fresas, Batman, estamos en un atasco!” N. de T.: en el original “snood”, objeto similar a una bufanda de forma circular que se ubica sobre la cabeza. 73 261
  • —Fresas. —O: “¡Santos Kleenex, Batman, estaba justo bajo nuestras narices y lo arruinamos!” Hay otro sonido ahogado sobre mi cabeza. Podría seguir por horas. —Mira éste, ¡es uno de mis favoritos! “¡Santo metal oxidado, Batman! El suelo. Es todo metal. Está lleno de agujeros”. Ya sabes, “holey74”. —Suelto una risita. Tienes que amar a los tipos que escribieron Batman. Tuvieron que estar sentados ahí haciéndose reír todo el tiempo—. O: “Santa bola de cristal, Batman, ¿cómo viste eso venir?” —Lo miro. Me está mirando como si tuviera tres cabezas. Me doy cuenta de la verdad. —Santas alfombras postradas, ¡mentiste! Nunca siquiera has leído a Batman, ¿verdad? Como, ni un solo ejemplar. ¡Ni siquiera viste un episodio en la televisión! Eso era, como, tu única cualidad redentora y ni siquiera era cierto. Has estado fingiendo que somos socios superhéroes ¡y no sabes nada acerca de Robin! —No es de extrañar que no sea divertido pasar el rato con Ryodan. ¡Estoy tan disgustada que no puedo soportarlo! Rodeo mi irritación y vuelvo a las cosas importantes. —Los trozos de Unseelie están inmóviles. Muertos como los humanos. Míralos. Los Unseelie no mueren. Nada excepto mi espada y la lanza de Mac pueden matarlos a tal nivel. Los Unseelie son inmortales. Puedes cortarlos en rodajas y cubos con armas humanas, y los pedazos se moverán siempre. Éstos no se mueven. Esta cosa los está matando. Y nunca lo notamos. —Ideas preconcebidas. Te engañan cada vez. Cuando algo estalla, esperas ver cosas muertas. Quizás haya algo cierto en que esté detrás de la fuerza de vida de la gente. En cierta forma como las Sombras, vaciándolos, pero en lugar de dejar vestigios, deja congelada toda la cáscara de sus cuerpos—. Y nota algo más: ninguna de las piezas, humanas o Unseelie, se está pudriendo. ¿Por qué es eso? —Maldición si lo sé. —Lo sé, ¿cierto? —Y no lo notaste antes. Lo fulmino con la mirada. N. de T.: Juego de palabras entre “santo” (“holy”) y “agujeros” (“hole”). Dani utiliza la palabra “holey”, que suena muy similar a “holy”. 74 262
  • —Tú tampoco. E intenté revisar las escenas dos veces pero me hiciste sentarme en tu oficina mientras hacías papeleo. La tercera vez que estaba pensando en volver a comprobar una escena, me topé con una fresca y casi exploté yo misma. —Me pongo de pie y camino lejos para tener una buena mirada de pájaro de la destrucción. Saco el nuevo teléfono que tomé para reemplazar el que se rompió y tomo un par de fotos—. Entonces —digo enfadada—, ¿ahora adónde? Mientras nos dirigimos hacia la iglesia en la que casi me muero, me doy cuenta de que Ryodan ha estado manteniéndome tan ocupada haciendo las preguntas que quiere que sean respondidas, que nunca logré hacerle ninguna de las preguntas que yo quiero que sean respondidas. —Entonces, ¿qué me sucedió cuando me congelé esa noche? Cuando volví en mí, Dancer estaba allí contigo y Christian. Hablando de inesperado. ¿Cómo llegó Dancer ahí? ¿Quién me salvó? —Yo te saqué de la iglesia o hubieras muerto allí mismo en el suelo. —Para empezar tú eres el que me llevó a la iglesia y no me advirtió lo que sucedería si tocaba algo. Tú eres el por qué de que casi muriera, amigo. Entonces, ¿quién me salvó? —Tuve que llevarte despacio o hubieras tenido una recaída en la temperatura. —Sí, pero, ¿Dancer te informó de la recaída? Porque eso suena como algo que él sabría. —Por qué te reíste justo antes de perder el conocimiento. —La muerte es una aventura. Viví en grande. La rigidez de la muerte hace que tu rostro se quede tieso. Así que, ¿quién supo cómo descongelarme? —La muerte es un insulto. —Por lo menos una afrenta —acordé—. ¿Crees que mi espada ya se haya descongelado? Quizás deberíamos ir a ver. —Eres demasiado joven para reír cuando estás muriendo. Y no. No creo que tu espada se haya descongelado. Concéntrate. —No soy demasiado joven para nada. 263
  • —En algunas sociedades eso sería verdad. Diferentes lugares. Momentos diferentes. Serías lo suficientemente mayor para ser esposa y madre. —Ése es un pensamiento horrible. Así que, Dancer me salvó. —Yo no dije eso. —Así es como lo sé. Quizás podríamos usar secadoras de cabello para derretir el hielo alrededor de mi espada. —Necesitas deshacerte de él. Es un pasivo. Olvídate de la maldita espada. Me estoy ocupando de ello. Me vuelvo rápidamente hacia él, los puños en la cintura. —¡Es un activo! ¡Es mi mejor amigo! ¡No sabes nada acerca de Dancer! —“Nada” es la palabra clave aquí. Porque eso es lo que es. Nada. Es solo humano. —Mentira, ¡Dancer es el Mejor! —Usa lentes. Apuesto a que eso le funciona muy bien en batalla. No, espera, no pelea. Nunca lo hará. Demasiado frágil. Un pinchazo con un palo afilado y sus entrañas se derramarían por toda la calle. Sayonara, humano. —Sus entrañas no se van a derramar en ningún lugar. Es súper inteligente y… y… es súper, súper inteligente… —Qué clase de nombre de mierda es Dancer, de todos modos. —… y puede construir cualquier cosa. Él hizo mis granadas contra las Sombras y me hizo esta red de luces que se carga con el movimiento, y ¡totalmente supera al MacHalo! Además, todo lo que Batman tenía era un grandioso disfraz y los mejores juguetes y las ideas más inteligentes, y ¡todo el mundo sabe que es el mayor superhéroe de todos los tiempos! Además, yo también soy solo humana. De repente Ryodan está de pie a dos centímetros de mí, la mano bajo mi mentón, sosteniendo mi rostro hacia el suyo. —Nunca vas a ser solo cualquier cosa. Un tsunami nunca puede ser "solo" una ola. —Suelta mi mentón. 264
  • —Me gusta eso de ti. Las olas son banales. Los tsunamis remodelan la Tierra. En las circunstancias adecuadas, incluso civilizaciones enteras. —Parpadeo—. Vas a ser una tremenda mujer algún día, Dani. Nunca supe que mi mandíbula era lo suficientemente flexible como para golpear el pavimento. Mis brazos ni siquiera son lo suficientemente largos para volver a recogerla. Atrapar moscas en ella, y una mierda, podrías meter un camión en mi boca en estos momentos. ¿Acaba Ryodan de, como, hacerme un cumplido? ¿El infierno se ha congelado? ¿Las aves están volando hacia atrás? Me hace sentir tan incómoda en mi propia piel, que siento deseos de despellejarme. Una luna creciente está detrás de su cabeza, y su rostro es todo sombras. —Maldición, amigo, lo sé. Todo el mundo lo sabe. Soy la Mega. Como la abreviatura de “Alfa y O”. —Me encojo de hombros, y lo empujo para pasar. Se ríe. —Puede que tengas que luchar contra alguien más para obtener ese título. —Muévete —digo enojada. Estoy tan atrasada con el trabajo que no puedo soportarlo—. Solo me tienes por tiempo limitado esta noche. Necesito sacar un Diario. La gente necesita saber del Hombre de Hielo. —Fijo mi cuadrícula y me deslizo en modo congelar el cuadro. —Vas a hacer que un día maten al muchacho, Dani —dice Ryodan detrás de mí. —Púdrete en el purgatorio, amigo. Batman nunca muere. Dancer tampoco lo hará. Cuando llegamos a la iglesia, pongo los ojos en blanco. Cinco Seelie están de pie frente a la catedral demolida, en medio de los escombros, trozos de libros de himnos destrozados con páginas por todos lados como si llovieran del cielo, trozos del órgano, y otros desechos diversos. —¿Crees que mi espada ya se descongeló? —digo, haciendo un puño alrededor del espacio vacío donde debería estar la empuñadura de mi espada. Veo a los Fae que pueden tamizarse, y lo único en lo que puedo pensar es en cómo no tengo mi espada. Por supuesto, tengo ese pensamiento más o menos cada dos segundos de todas formas. 265
  • —Niña, eres un disco rayado. —Bueno, podría ser. Los Seelie están hablando, y aunque saben que estamos aquí, nos ignoran por completo. Yo también los ignoro. A pesar de que sean tan hermosos que tenga que arrancar mis ojos de sus rostros. No voy a cometer el mismo error que cometí con V'lane. Ser absorbida por lo hermosos que son. Pensar que son diferentes a los Unseelie. Solo porque sean dorados y de terciopelo, con ojos iridiscentes y guapos. Christian también es guapo. Mantiene mujeres muertas junto a su cama. Siento un gran poder viniendo de al menos uno de ellos pero están apagándolo. Eso me preocupa. Los Fae no se silencian a menos que planeen algo malo, intentando fingir ser algo que no son para hacer que nos preocupemos menos cuando deberíamos estar muy, muy preocupados. —Malditos Fae. Me gustaría que todos se fueran. —Entonces qué haríamos para entusiasmarnos. Río. Él tiene un punto. Saco mi teléfono y tomo una foto de la escena, planeando sacar mi ziplock a continuación, rodear a los fairies y ponerme a trabajar. De repente hay una perturbación en el aire frente a mí. Toma un segundo para que el polvo se asiente en mi cerebro. Uno de los Fae acaba de intentar tamizarse hacia mí para hacer quién sabe qué. Ryodan llegó antes y chocaron. El Fae luce como un gato enojado, ojos entornados, la columna vertebral temblando, ojos iridiscentes destellando fuego. He visto a éste en Chester’s. Tiene un gusto por las mujeres humanas y las estúpidas ovejas están locas por él, con sus apretados pantalones de cuero y camisas abiertas, y liso cabello y piel dorados. Ryodan está de pie entre eso y yo, las piernas extendidas, los brazos cruzados. Es una montaña. Nada pasará por encima de él que no quiera que pase. Me molesta que lo necesite ahí. Con mi espada, ¡ningún Fae se atrevería a lanzarse sobre mí! Estoy acostumbrada a más de respeto que esto. Esto molesta. El Fae dice todo tieso: —Su alteza no permite que su forma sea capturada en pequeñas cajas humanas. La enana me dará la caja. ¿Enana? ¿Moi? ¡Mido al menos un metro sesenta con mis tenis! 266
  • —No soy una enana. Soy joven y sigo creciendo. Y las llamamos cámaras, imbécil. —Cuál alteza —dice Ryodan. —El nuestro. El tuyo. Todo lo que él sufre para vivir. Dame la caja o la enana muere. —Solo inténtalo —digo—. Mejores fairies que tú lo han hecho. Peores también. Todas eran deliciosas. Con cátsup. Y mostaza. Y una guarnición de aros de cebolla. —Deberías haberlo dejado en cátsup —dice Ryodan—. A veces menos es más, niña. —Al Fae le dice—: La Reina Aoibheal. —Nunca fue nuestra verdadera reina. Ella se ha ido. Tenemos un nuevo líder. Nuestra luz sagrada, el Rey R’jan. —Los Fae son matriarcales —dice Ryodan. —Éramos. Hemos decidido que es tiempo de un nuevo reinado. Si no fuera por los defectos de una mujer, muchos de nuestra raza no habrían muerto, ni seguirían muriendo. Si no fuera por su idiotez, las abominaciones no habrían sido liberadas. Ella ni siquiera era Fae —dice con desdén—. ¡Comenzó su vida como uno de ustedes! La indignidad de ello, haber sido gobernados por una mortal disfrazada… —Suficiente, Velvet —dice R'jan—. No nos explicamos a los seres humanos. Mata a la enana y tráeme la caja. —Yo no soy una enana. —Mi mano se cierra donde solía estar la empuñadura de mi espada. —¿Te falta algo, enana? —dice uno de los cortesanos de pie con el nuevo “rey”, y todos ríen. Supongo que todos han visto los malditos carteles de Buscada. Tomo una fotografía mental de su rostro y lo marco para morir. Algún día, en algún lugar, hada. Velvet acaba de comenzar a ventilar sus quejas. —Ella nos obligó a conceder derechos a los humanos, a los cuales nunca tuvieron derecho. No más. Es un nuevo reinado. Una nueva era. Ya no estamos debilitados por una reina débil. —Dije “suficiente” —dice R'jan—. Si debo decírtelo una vez más será lo último que oigas por diez mil años. No disfrutarás donde los pasarás. Le doy a R’jan un guiño de complicidad. 267
  • —¿Vas a darle un “tiempo fuera”, amigo? Velvet luce horrorizado. —Si eres lo suficientemente tonta para dirigirte al Rey R’jan, ¡lo harás así y no de otra manera! “Mi Rey, Señor, Amo y Maestro, tu sierva te suplica le concedas permiso para hablar”. —Wow. Totalmente ilusorio ahí. —Buena suerte con eso —dice Ryodan—. Ella no suplica para hablar, o para hacer cualquier cosa. Puedes encerrarla como se te ocurra, y nunca va a suceder. Le sonrío. No tenía idea de que pensara tan bien de mí. Luego se ha ido. También Velvet. Me quedo ahí un poco insegura porque Ryodan no telegrafió una sola intención antes de que él y el Fae desaparecieran. Ni siquiera estoy segura de quién se llevó a quién. O si uno escapó y el otro lo persiguió. Todo lo que sé es que ambos se han ido. Me muevo de un pie a otro, mirando a R’jan y los tres cohortes restantes, y él me mira y yo trato de pensar en algo que decir. Lo mejor que se me ocurre es: —Así que, ¿por qué están aquí, de todos modos? —Maten a la enana —dice R’jan. Saco dos barras de chocolate y las meto a mi boca, envoltorio y todo, y les doy una mordida con súper fuerza que hace explotar la envoltura para que pueda tragar un poco de chocolate y obtener un rápido subidón, porque no tengo espada y quién demonios sabe dónde fue Ryodan. Mastico, trago, escupo las envolturas, y fijo mi cuadrícula cuando de repente Ryodan ha regresado. Está de pie justo frente a R’jan. —En estas calles —dice tan fríamente que casi expiro por la pura frescura de ello—. Yo soy el Rey, Señor, Amo y Maestro. Tú eres el “eso”. Luego deja caer el cuerpo muerto de Velvet a sus pies. 268
  • Traducido por hatlish Corregido por Marina012 —M e hiciste un favor. Velvet era una molestia —dice R'jan—. Hablaba demasiado y muy a menudo, diciendo pocas cosas de importancia. Ryodan mira a los cortesanos restantes del Rey y dice: —Te haré tres “favores” más. Solo di una palabra. Correcta o incorrecta. No me importa. Los cortesanos lo miran con desprecio. Inquietamente. Podríamos haber fingido durante horas y nunca haber llegado a la posición de fuerza que Ryodan estableció con una sola acción. Estoy aprendiendo de él. Nunca se lo confesaría, sin embargo. R'jan abre la boca y luego la cierra, no del todo seguro de que Ryodan no acaba de decir que va a matar a los otros tres cortesanos si dice una sola palabra más. Tipo inteligente. Tampoco estoy segura de que Ryodan no quisiera decir eso. ¿Cómo mierda mató a Velvet? Estudio el cadáver Fae pero no veo heridas obvias. No hay cortes o... espera un minuto, ¿son esas unas pocas gotas de sangre en su camisa? Me deslizo furtivamente hacia la izquierda para ver mejor, pero Ryodan se mueve como si hubiera una ligadura entre nosotros, bloqueándolo convenientemente. No tengo dudas de que se fue para que no lo supiera. ¡Es tan malditamente reservado! ¿Tiene mi espada en alguna parte? ¿Mac le prestó la lanza? ¡Nunca! Obviamente tiene otra arma que mata a los Fae y la quiero. El imbécil. Me ha estado ocultando algo por mucho tiempo. Cuando perdí mi espada bien podría haberme dado lo que fuera que acaba de usar. Estoy tan enojada que podría escupir. Él sabe cómo matar Fae. No es de extrañar que sea tan intrépido. Es 75 “It’s the hard-knock life”: canción del musical Annie. 269
  • más rápido que yo, más fuerte y tiene un arma que mata Fae. ¡Languidezco lejos de esos días donde yo era la más grande y más mala de los superhéroes de la ciudad! ¡Abruptamente, siento mi cerebro lleno de imágenes sexuales gráficas! Estoy caliente e incómoda en mis jeans. ¡Maldición! R'jan es un príncipe, un Fae muerte-por-sexo. Es a él a quien sentí silenciándose para no atraer la atención sobre su pequeño séquito, pero ahora que la mierda ha golpeado el ventilador, va a utilizar cualquier arma a su disposición. Supongo que quiere hacerme esto para llegar a Ryodan. Pero R'jan está mirando a Ryodan como si esperara que esto estuviera actuando sobre él. ¿Eh? Pensaba que ellos eran heterosexuales y que su erotismo asesino solo funcionaba en el sexo opuesto. Me doy cuenta de que fue una suposición estúpida. Es solo que nunca vi a los príncipes Unseelie cerca de hombres y V'lane siempre lo mantenía silenciado alrededor de los seres humanos. No hay razón, cualquiera sea el mecanismo, para que no funcione en ambos sexos. —De rodillas, humano. —R'jan ondea su melena dorada imperiosamente—. Te arrastrarás ante tu Rey. Ryodan ríe. —Eso es todo lo que tienes. Me quedo atrás, escuchando, sin intenciones de acercarme. Es todo lo que puedo hacer para no comenzar a desnudarme. ¡Oh, maldición, lo estoy haciendo! ¡Mi abrigo está en el suelo y me estoy sacando la camisa! Hago un sonido de protesta, pero no suena así en absoluto. —¡Apágalo! —dice Ryodan sin siquiera mirarme—. Estás angustiando a Dani. Y nadie angustia a Dani excepto yo. —Dije “de rodillas” —dice R'jan, como si no pudiera creer que Ryodan sigue de pie allí. —Y yo dije “vete a la mierda”. Apágalo o muere. R'jan lo corta tan de repente que me pongo a temblar, fría y miserable, como si estuviera tomando sol junto a una piscina y me hubieran soltado un iceberg encima. —Por qué estás aquí —dice Ryodan. R’jan dice apretadamente: 270
  • —¿Qué diablos eres tú? Muy buena pregunta. Eso mismo me pregunto yo. —Si me das la respuesta equivocada una vez más, tu muerte. —Patea el cuerpo sin vida de Velvet. R'jan hace una mueca. Al contrario que los Unseelie, las expresiones de los Seelie tienen sentido para mí. Son similares a las nuestras, supongo que porque han pasado tanto tiempo acechándonos. —Algo está matando a nuestra gente. —No sabía que contaban a los Unseelie como de los suyos. —Ha visitado otros lugares... además de Dublín. También ha matado a Seelie. —Ha estado en Faery. —Dos veces. ¿Cómo se atreve una abominación a entrar en nuestro reino? ¡Nunca se ha sufrido la presencia de un Unseelie en Faery! La temperatura cae y me tenso, buscando un brillo en el aire. Ya estaba más frío cerca de la iglesia que en el resto de Dublín, pero ahora las páginas de los himnarios dispersos por toda la calle brillan con una fina capa de hielo. También veo a Ryodan mirando alrededor. Nieve comienza a caer. Me doy cuenta de que lo está produciendo la furia de R'jan al mismo tiempo que la de Ryodan. Me sacudo la nieve de mis hombros desnudos, luego doy un respingo, avergonzada. Estaba tan fascinada por las cosas que estaban sucediendo no me di cuenta de que solo vestía mi sostén. Recojo mi ropa y me pongo la camisa por sobre la cabeza. Odio a los Fae. A R’jan le digo: —Cruce vivió en Faery por cientos de miles de años y ustedes nunca se dieron cuenta. Había un Unseelie en Faery para ti, sentado justo junto a su Reina. ¡Espera! —Me río por lo bajo—. Se me olvidó. Ella tampoco era su reina. Era humana. Amigo, ¿así de estúpidos? —Hablaré contigo —le dice R'jan a Ryodan—. Cuando hagas que la enana esté en silencio. Me pongo erguida, esperando la defensa de Ryodan. —Estate callada, niña. Me desinflo. 271
  • —Estás seguro de que es Unseelie —le dice Ryodan a R'jan. —Yo te dije que lo era —digo indignada. —Inequívocamente. —¡Yo usé, como, la misma palabra! —¿Qué es esta "abominación”? —dice Ryodan. —No lo sé. Nunca hemos necesitado saber acerca de nuestros viles hermanos. —Sin embargo, te preocupa lo suficiente para estar aquí. En una oscura calle de Dublín. El nuevo rey de los Seelie en persona. Ser llamado el nuevo rey Seelie parece apaciguar a R'jan. Aparta la mirada y no dice nada durante un segundo. Luego se estremece. —Eso trae la muerte final a nuestra especie. —Como la lanza y la espada —digo. —Te dije que la callaras. —Respóndele. —Ella no puede entender lo que es ser Fae. Ryodan no dice una palabra. Da un paso hacia adelante y R'jan inmediatamente da un elegante paso atrás, como si estuvieran haciendo un baile coreografiado. —Un día, humano… —Puede que quieras reconsiderar la forma en que me llamas. —… te aplastaré bajo mi talón y… —Hasta que llegue ese día ficticio, me responderás cuando te hable. —Da un paso sobre el cuerpo de Velvet, disminuyendo la distancia entre ellos. R'jan retrocede. —En qué difiere muerte final de lo que hace la espada —dice Ryodan. 272
  • —Sus endebles cerebros no fueron preparados para comprender la grandeza de ser D'Anu76. Ryodan se cruza de brazos, esperando. El tipo tiene una presencia impresionante. Quiero ser como él cuando sea mayor. —No tendrás cerebro en absoluto en tres segundos. Dos. R'jan dice apretadamente: —La lanza y la espada acaban con la vida inmortal. Cortan la conexión que mantiene unida nuestra materia y la dispersa en el aire. —Dime algo que no sepa. —Incluso si morimos, aquello de lo que estamos hechos aún está por ahí, flotando. Sentimos a todos nuestros semejantes a través de todo el tiempo, impresiones en el tejido del universo. Somos individuos y aun así una madeja, vasta y gloriosa. No puedes saber lo que es pertenecer a una entidad tan enorme y divina. Esta... esta... cosa... sea lo que sea, está podando nuestro árbol. Hace más que solo separar nuestra materia. No dispersa nada en el viento. Nada. Es como si aquellos a los que ha tomado nunca hubieran existido. Sus víctimas son... borradas. No pueden comenzar a percibir lo doloroso que eso es para nosotros. La muerte, incluso por la espada y la lanza, nos deja conectados. ¡Esta abominación está amputando a nuestra raza, miembro por miembro! El Monstruo de Hielo le está quitando la existencia a los Fae al nivel más profundo de todos. ¡Tenía algo de razón con mi teoría de la “fuerza vital”! —Tienes un fuerte incentivo para querer que sea detenido. Interpreto la expresión de R'jan como un real “duh”. —Lo que hace que sea muy valioso para ti. R'jan le lanza una mirada incrédula. —No podrías eliminarlo, y tampoco negocio con cerdos y tontos. —Lo eliminaré. Y me pagarás generosamente por los servicios prestados, cuándo y cómo decida pasarte la factura. Y, un día, te arrodillarás ante mí y me jurarás lealtad. En Chester’s. Ante una audiencia de Fae. —Podríamos tener fuegos artificiales —digo con entusiasmo. 76 D'Anu: Danu o Dana es la madre de Dagda, pertenece a los dioses de la vida, la luz y el día. Sus seguidores eran conocidos como Tuatha Dé Danann (Fae). Se le consideraba diosa de la literatura; también recibía el nombre de Brigit. Más adelante ya en época cristiana, para acabar con la tradición celta, los cristianos la convirtieron en Santa Brígida. 273
  • —Nunca —dice R'jan. —Soy un hombre paciente —dice Ryodan. Pienso en eso después, mientras escarbamos entre los escombros, lleno mi bolsa ziplock y la meto en mi mochila. Mastico una barra de chocolate para hacer más espacio en mi mochila. —Tú no eres paciente. Apuntas a algo y te fijas sobre eso como un misil. Eres la persona más prepotente y manipuladora que conozco. Y yo conocí a Rowena. —La paciencia y la perseverancia no son mutuamente excluyentes. No tienes ni idea de lo paciente que soy. Cuando quiero algo. —¿Qué quiere alguien como tú? ¿Más poder? ¿Más juguetes? ¿Más sexo? —Todo lo anterior. Todo el tiempo. —Maldito codicioso. —Niña, déjame decirte algo. La mayoría de la gente pasa su tiempo en este mundo solo viviendo a medias. Vagan a través de sus días en una nube de responsabilidades y resentimiento. Algo les sucede no mucho después de nacer. Entran en conflicto sobre lo que quieren y comienzan a adorar a los dioses equivocados. Debería. Piedad. Igualdad. Altruismo. No hay nada que tú deberías hacer. Haz lo que quieras. La piedad no es la forma de la Naturaleza. Ella es una asesina en igualdad de oportunidades. No nacemos iguales. Algunos son más fuertes, más listos, más rápidos. Nunca pidas perdón por ello. El altruismo es un concepto imposible. No hay acción que puedas hacer que no surja de cómo quieres sentirte sobre ti misma. No soy codicioso, Dani. Estoy vivo. Y feliz de eso cada maldito día. —¿Terminamos aquí? Tengo que sacar un diario. —Pongo los ojos en blanco cuando lo digo para que no vea cuanto de lo que acaba de decir me afecta. Creo que podría ser la cosa más inteligente que le he oído decir a alguien—. Oye, crees que mi espada… —Por el amor de Dios, no. —Dios, amigo. Solo preguntaba. 274
  • Nos detenemos en dos escenas más de Dublín que fueron congeladas, primero el gimnasio, luego uno de los pequeños pubs subterráneos. Es un enorme agujero en el pavimento, con trozos de concreto torcidos en peligrosos ángulos. No hay nadie para acordonar la zona y asegurarse de que los niños que vagan por ahí no caigan en él. Afortunadamente, no hay tantos niños vagando como había justo después de Halloween. Hemos sacado a la mayoría de las calles. Algunos se negaron a entrar, eligiendo quedarse bajo tierra. Tienes que respetar eso. Apesta que la familia de otra persona se apiade de ti, sabiendo que realmente no eres parte de ella. Me pregunto cuán salvajes serán en unos pocos años. No puedo esperar a ver en qué se convertirán. Creo que en unos pocos años serán un tremendo ejército. Crecer solo te hace duro. Hasta que los muros cayeron, no sabía que había tantos lugares debajo de Dublín. Solía pensar que había solo unos pocos ríos subterráneos, un par de criptas como las de la Iglesia de Cristo y St. Patrick’s, y quizás la ocasional bodega. Dublín tiene muchos secretos. Desde que los muros cayeron, he descubierto todo tipo de lugares subterráneos. Nosotros, los irlandeses, somos muy astutos, nos gusta tener múltiples formas de salir de una situación difícil. ¿Y por qué no? ¡Mira cuánta gente ha intentado mandarnos, y por cuánto tiempo! Espío el agujero lleno de escombros. —Amigo, ¿cómo voy a conseguir una bolsita de restos? —Jefe, tenemos un problema. Miro sobre el hombro. Uno de los hombres de Ryodan está allí de pie, luciendo enojado. Es un tipo que no veo a menudo. Nunca he oído a nadie decir su nombre. Pienso en él como Sombra porque se desliza dentro de una habitación sin apenas agitar el aire. Casi lo pasas por alto, lo cual es una hazaña teniendo en cuenta que es cuarenta y cinco centímetros más alto que yo y debe pesar unos ciento treinta y ocho kilos. Lo observa todo, como yo. No habla mucho, no como yo. Alto y musculoso como el resto de ellos, marcado de cicatrices como el resto de ellos, el cabello como la noche y ojos del color del whisky en un vaso. —Te escucho. —El maldito Highlander mestizo se llevó la espada. —¿Qué? —exploto—. ¿Christian se llevó mi espada? ¡Te lo dije y te dije que probablemente estuviera descongelada! ¡Te dije que teníamos que ir a comprobarlo! ¿Qué demonios les sucede, amigos? ¿No pueden guardar una miserable espada de un miserable medio-humano? 275
  • Sombra me mira. —Casi se ha convertido completamente en un príncipe Unseelie y tenía un lanzallamas, niña. —Para Ryodan, añade—: Lor y Kasteo están muy quemados. ¡Un maldito lanzallamas! ¿Por qué no se me ocurrió eso a mí? Lo mejor que se me ocurrió fue una miserable secadora de cabello. ¡Tengo que comenzar a pensar a escalas más grandes! Le devuelvo la mirada. Estoy tan furiosa que mi cabeza está llena de pura molestia. —No lo entiendes, cuando yo estaba en su cama, ¡encontré una mujer muerta metida entre la cama y la pared! ¡Ahora quiere verme muerta a mí y le permiten llevarse mi espada! ¿Qué se supone que haga ahora? ¡Ryodan no compartirá cualquiera sea la maldita arma que tiene! ¿Cómo se supone que me proteja a mí misma? ¿No pueden hacer nada bien? ¡Una pequeña espada! ¡Eso era todo lo que tenían que vigilar! ¿Y por qué no pensamos nosotros en un lanzallamas? ¿Alguien tiene un cerebro de entre todos ustedes, amigo? ¡Lanzallamas! ¡Brillante! ¿Dañó a mi espada? —Cuándo estuviste en la cama de Christian —dice Ryodan en voz baja. Me quedo boquiabierta. —¡Amigo, tienes un caso grave de audición selectiva, del tipo que ignora todas las cosas importantes! ¿A quién le importa cuándo estuve en su estúpida cama? ¿Cómo mierda mataste a Velvet? ¡Has estado ocultándome cosas! ¡Tienes que aprender a compartir tus armas! —Cuándo. Hay algo en la forma en que pronuncia esa única palabra que me hace temblar y yo soy difícil de apabullar. —¡No me cambié en una tienda! ¡Bien, dispárame! Necesito mi espada. ¿Qué vas a hacer para recuperarla? Nunca he visto la cara de Ryodan ponerse tan lisa. Es como si se hubiera congelado hasta vaciarse de expresión. Tampoco le he oído nunca hablar en un tono tan suave y sedoso. —Llévala de vuelta a Chester’s y enciérrala. Yo recuperaré la espada. Sombra me mira adusto. Como si fuera mi propia Parca. No. Deslizo una mano en mi bolsillo. Tiro del seguro de una granada. Comienzo a contar porque tengo que calcular el tiempo perfectamente. No voy a ser encerrada en ningún lado. No más jaulas para Dani Mega O'Malley. Una fracción 276
  • de segundo antes de que estalle, lanzo la bomba a la acera enfrente de ellos. Detona con el brillante fogonazo Mata-Sombras que Dancer ha fabricado para mí. —Y una mierda que lo harás. Salgo de allí congelando el cuadro con todo lo que tengo. 277
  • Traducido por Xhessii Corregido por V!an* C reo que dejé una nueva marca personal. Tenía muchos incentivos. La expresión en el rostro de Ryodan era diferente a todo lo que había visto antes. Peor que cuando maté a todos esos Fae en Chester’s y él me encerró en su calabozo. Mucho peor. Mientras estoy congelando el cuadro, pienso en cómo él ha estado arruinando mi vida desde el segundo en que puso un pie en mi torre de agua y me dijo que tenía un trabajo para mí. Creo que debí habérmelo imaginado. Creo que la razón por la que está tan molesto con respecto a Christian y Dancer es porque está preocupado de que tenga un novio superhéroe que le pateará el trasero de un lado de Dublín al otro, y lo hará romper ese pequeño y asqueroso contrato que me hizo firmar. No quiere a ningún otro tipo demasiado cerca de mí porque interferirían con su habilidad de usarme para sus propios propósitos. Christian es un competidor físico. Y Dancer podría matarlo usando su cerebro. Él no entiende que no estoy interesada en un novio superhéroe. Yo voy a ser la superheroína que le patee el trasero de un lado de Dublín al otro. 77 “ ’Cause I’m one step closer to the edge and I’m about to break”: de la canción “One Step Closer” de Linkin Park. 278
  • —Oh, dulce y maldito día —digo embelesada alrededor de un bocado de chocolate, anticipándolo. Cacahuates y chocolate se quedan atrapados en mi garganta y casi no puedo tragar. He estado comiendo muchas barras de chocolate últimamente porque estoy en mucho movimiento y eso es todo lo que tengo a mano. Estoy teniendo un gran antojo de sal. Algunas veces cuando como demasiada azúcar me comienzo a obsesionar con la carne en conserva y repollo de mi mamá con su pan de romero fresco y papas y cebollines y… ¡Santas Cascadas Ashleagh, la boca se me está haciendo agua! Entro en una tienda de comestibles. Vacía. Me dirijo tres cuadras al norte a la tienda de paso Paddy’s. Vacía. Corro diez cuadras al sur para ir a Porter’s. También completamente vacía. ¡Lo que daría por una bolsa de papas fritas! ¡Inútiles en lo que respecta a un golpe de energía pero un alegre desfile del día de San Patricio en mi lengua! Prácticamente estoy babeando, tan hambrienta estoy por algo más que un chocolate. Una lata de frijoles. ¡Dios, incluso el atún me pondría feliz! Lo supero. Es energía perdida. No hay otra comida ahora, y lo que aprendí en una jaula es que o bien pretendes tener lo que quieres o no piensas en ello. Y si pretendes, hazlo real, exprímelo con cada matiz, cada suculento sabor, aroma, contacto. No tengo tiempo para ese tipo de indulgencia en este momento. Tengo a un loco príncipe Unseelie persiguiéndome con mi propia espada. Tengo al loco dueño de un club nocturno ahí afuera que piensa que tiene que demostrarme algo y quiere encerrarme para hacerlo. Tengo una sanguinaria exmejor amiga que me quiere matar. Tengo un Monstruo de Hielo matando a todo tipo de inocentes. Puedo lidiar con los tres primeros. ¡Dublín tiene que saber sobre el último! Tengo varios lugares en la ciudad donde puedo imprimir un diario. No le llevará mucho tiempo a Ryodan encontrarlos todos, así que sé que no tengo mucho tiempo. Si puedo imprimir aunque sea solo mil y repartirlos, la noticia se esparcirá rápidamente. Luego me dedicaré al asunto de averiguar cómo recuperar mi espada de Christian. Me encamino hacia el viejo Edificio Bartlett al sur del río Liffey, zumbando sobre el puente Ha’Penny, congelando el cuadro paralela al agua. Las estrellas brillan sobre ella, cristales de hielo en una deslizadera de plata. Todo está besado con el nuevo matiz lavanda metálico que los Fae trajeron con ellos. Unos segundos después paso rápidamente por las puertas dobles, tiro mi mochila en una mesa y enciendo las imprentas, soplando mis manos para calentarlas. Instalo mi pequeña mini impresora y la conecto a mi teléfono para imprimir las fotos que he estado tomando todo el día. Mis manos están torpes 279
  • por el frío. Creo que el Hombre de Hielo está comenzando a arruinar el clima o algo. Usualmente en mayo tenemos una mínima de cuatro grados y una máxima de quince. Y yo tengo más calor porque, bueno, corro a todas partes. Pero he estado fría todo el día. Se siente como si afuera no hiciera más de tres o un grado bajo cero. Desearía que este lugar tuviera una chimenea como Mac tiene en Barrons Libros y Curiosidades. He estado evitando esa parte de la ciudad por semanas. No puedo soportar el pensamiento de verla ir y venir, sabiendo que estoy muerta para ella. Sabiendo que nunca volveré a poner un pie dentro de BL&C y me reiré con ella, sintiendo que encajo en alguna parte. Desearía tener un lugar como Mac lo tiene en Barrons Libros y Curiosidades. —Deseos. Caballos. Maldita pérdida de tiempo. —Estaba mucho tiempo sola de niña, y de noche a veces no había nada en la televisión y el silencio se hacía diez veces más grande que nuestra casa. Solía hablar conmigo misma para llenarlo. También era chispeante, siempre al día con las últimas noticias y las cosas porque estaba atrapada en una jaula mirándola todo el tiempo. Quizás de ahí salió mi amor por divulgar. Tenía tanto para decir y nadie a quien decírselo. ¡Ahora tengo a toda la ciudad! Mantengo un monólogo mientras trabajo en mi diario, mayormente ventilando mi irritación con las circunstancias actuales. No tengo tiempo para escribir algo realmente entretenido, algo que trato de hacer siempre que saco un Diario de Dani porque cualquier escritor que se precie de serlo sabe que tiene que darle a la gente pan y circo, junto con la información que necesitan para salvar su propio trasero. De lo contrario, no lo leerán. Había una serie en la televisión cuando tenía nueve años acerca de cómo escribir y mantener a la gente leyendo y yo estaba fascinada por ella porque sabía que algún día escribiría mis memorias. ¡No tenía idea de que comenzaría a tener un periódico cuando tenía solo trece años y que publicaría un libro cuando tuviera catorce! El Diario de Dani ¡¡¡¡NUEVO MONSTRUO SUELTO EN DUBLÍN!!!! ¡¡¡El HOMBRE DE HIELO asesina a cientos!!! ¡LEAN TODO SOBRE ELLO! 280
  • Y POR CIERTO, NO ESTOY INDEFENSA. AMIGOS, SI USTEDES PIENSAN QUE ESTOY INDEFENSA, INTÉNTENLO. ¡TRÁIGANLO! ¡TENGO TODA CLASE DE ARMAS SECRETAS EN LA MANGA! ¡Lo oyeron de mí, antes que de nadie más! Hay una clase de gran y malvado Unseelie suelto en Dublín, congelando gente hasta la muerte. Apenas se tiene advertencia de que está por aparecer en tu espacio. Ha atacado iglesias, pubs, gimnasios, almacenes, patios rurales, y puntos en medio de la calle. ¡Ningún lugar está fuera de su mira! Tienen que tener mucho cuidado. Al menos, si estás prestando atención, verás una especie de punto brillante en el aire, luego se abre una hendidura, se derrama la niebla y el monstruo sale. En como, solo dos segundos congela todo a su paso, CAUSANDO MUERTE INSTANTÁNEA y luego desaparece. ¡Mantengan el perfil bajo, manténganse alejados de las calles! Te mantendré al día, Dublín. Oh, y si te topas con una de sus escenas congeladas, aléjate… ¡explotan! —No valen la pena. Casi me salgo de mi piel como pasta dental saliendo de un tubo que ha sido apretado demasiado fuerte. Esperaba que Ryodan me encontrara primero. Congelo el cuadro. Y me choco contra Christian. —Ahora soy un tamizador completo, muchacha. Nunca más serás más rápida que yo. Estaba volviéndome loco que pudieras huir de mí. Ya no más. —Sus manos se cierran en mi cintura e intento retorcerme hasta liberarme pero es como tener tornos de hierro mordiendo mi cuerpo, cerrándose sobre hueso. Lo miro. El ligero contorno de un torque es luminoso en su cuello. Sus ojos son fuego iridiscente. Si la locura tuviera un color, éste estaría dando vueltas ahí. —Humanos —dice fríamente, y su rostro es como hielo cincelado. Piel pálida contra cabello como medianoche. Brillantes tatuajes corren por su cuello, rodean su mandíbula, bajan por su cuerpo, una tormenta caleidoscópica justo 281
  • debajo de la piel—. Enclenques. Estúpidos. Temerosos de su sombra. ¿Por qué te molestas con ellos? ¿Por qué pierdes tu tiempo? Vales mucho más que eso. —Amigo. Yo soy humana. Dame mi maldita espada. No es tuya. —No, no lo eres. Estás más allá de lo humano. Tú eres lo que la raza debería aspirar a ser. —Se inclina, huele mi cabello y suspira—. Mantente alejada de Ryodan. Odio cuando hueles como él. Revuelve mi estómago. Busco en mi cerebro una manera de salir de ésta. Con mi espada. ¿La tiene en alguna parte? Dejo caer los párpados, miro la parte inferior de su cuerpo. No quiero telegrafiar. No la veo por ninguna parte. Jeans, botas, un suéter de pescador color crema que se estira sobre hombros mucho más anchos de lo que solían ser. ¿Para darle apoyo a la estructura de alas que está desarrollando? ¿Extraña ser quien era? ¿Es por eso que se viste así? No hay señal visible de ningún arma en él, pero está mucho más allá de necesitar un arma. Él es un arma. Hay sangre en su suéter. No quiero saber por qué. —Tú también eres humano, ¿recuerdas? —Obviamente lo hace con alguna parte de su cerebro. Los príncipes Unseelie rara vez usan ropa. —Ya no, Dani, mi dulce querida. ¿Sabes cómo estoy tan seguro? Soy un detector de mentiras. Dije: “soy humano” y oí mi propia mentira. —Ríe y hay locura en ella. —Eres lo que eliges ser —digo. De repente no puedo respirar porque sus manos se han deslizado sobre mis costillas y está apretando con tanta fuerza que creo que se van a romper. —¡NUNCA hubiera elegido esta mierda! —¡Ow! ¡Control de volumen, Christian! ¡Y me estás lastimando! Él suelta su asidero instantáneamente. —¿Estás bien, muchacha? ¿Te sangran los oídos? Hice que los oídos de la última mujer sangraran. También su nariz. Y su… bueno, eso no está ni aquí ni allí. —Déjame ir. Tengo cosas que hacer. —No. —Mira, si vas a intentar matarme, termínalo. —Pongo ambos puños frente a mi rostro—. ¡Levanta los tuyos! Él me mira. 282
  • —¿Por qué haría eso? —¡Hola, Señor Mantengo Mujeres Muertas Metidas Al Lado De Mi Cama! —Intenté explicarte eso. No escuchaste. Huiste de mí. ¿Por qué huiste de mí? ¿No sigo diciéndote que nunca te haré daño? —¿La mataste? —No. Le doy una mirada. No necesito ser un detector de mentiras para ver a través de eso. Estaba allí en el furtivo deslizamiento de sus ojos. —Inténtalo de nuevo. —Bien. De acuerdo. La maté. Pero no tuve intención. Y no la maté, maté. —Oh, ya veo. Mientras no la hayas matado, matado, todo está bien. —Sabía que entenderías —dice, como si no estuviera siendo completamente frívola. No estoy segura de que siga entendiendo los matices humanos. Creo que está demasiado ido. —Toda oídos. Se encoge de hombros. —No hay mucho que decir. Estábamos teniendo sexo y de repente estaba muerta. —¿Solo así? —Solo así. Fue la cosa más condenadamente extraña. Ni siquiera sé qué hice. —¿Tus manos no estaban, como, alrededor de su garganta o sosteniendo un cuchillo o algo? —No. Por eso la mantuve. Quería examinarla para averiguar lo que hice para no volverlo a hacer. No es como si pudiera estar sin sexo por el resto de mi vida. Apenas puedo sobrevivir sin él unas pocas malditas horas. Un segundo ella estaba pasándola genial y yo también, y estaba haciendo sonidos realmente calientes mientras yo estaba… lo siento, probablemente no quieras oír sobre eso. No estoy tratando de ponerte celosa, muchacha. Luego ella no se estaba moviendo y no tienes idea de lo inquietante que fue. Bueno, mayormente. Pero no enteramente. Creo que el Unseelie en el que me estoy convirtiendo estaba excitado porque una vez que ella dejó de moverse fue como… 283
  • —¡Demasiada información! ¡No puedo oírte! —Comienzo a tararear para cubrir el sonido de su voz. ¿Celosa? ¿De qué está hablando? —Me distraje y la dejé en la cama para averiguarlo después, y luego te encontré desangrándote y te traje a mi casa. No quería que la vieras y te disgustaras. Iba a averiguar qué le había hecho cuando te fueras. —¿Lo hiciste? —Todavía no tengo idea. No hay ni una marca en ella en ninguna parte. Pensé que quizás había sido demasiado rudo y la había lastimado por dentro, pero si lo hice, pensarías que habría magulladuras externas en alguna parte, y no hay ninguna. Quizás la puedas ver. He estado considerando una autopsia pero no conozco a ningún encargado de funeraria. ¿Tú sí? Lo dice como si fuera una pregunta normal. Como si él fuera la persona investigando un homicidio, no quien lo cometió. —No. —Me pregunto qué tan loco está—. ¿Te molesta haberla matado? Él parece horrorizado. —¡Por supuesto que sí! No quiero matar nada. Bueno… en realidad eso no es completamente cierto. Sí quiero matar cosas. Muchas cosas. Principalmente a Ryodan últimamente. Puedo perderme en horas de relajante niebla de pensamientos asesinos sobre ese idiota. —No pelearé contigo en eso —digo. —Pero no lo hago. Al menos no hasta ahora. Y si no puedo averiguar qué hice esta vez, no puedo detenerme de hacerlo en el futuro. —Dónde está mi espada —lo digo como Ryodan, sin signos de interrogación al final. Estoy comenzando a entender por qué lo hace. Es una sutil demanda en lugar de una pregunta. La gente responde instintivamente, contra su mejor juicio. Ése es Ryodan, siempre jugando con las posibilidades, usándolas a su favor. Christian sonríe y por un segundo veo un atisbo de quien era. Ahora que su rostro ha completado la mayoría de la transición a príncipe Unseelie, sus expresiones son más legibles. Supongo que los músculos no siempre están peleando, tratando de formar una expresión. Tiene una sonrisa deslumbrante, casi matadora, pero no completamente. Es la sonrisa de un hombre que podría tener a cualquier mujer que quisiera en la cama, pero que simplemente podría matarla mientras está allí. 284
  • —Tienes que admitirlo, el lanzallamas fue condenadamente brillante, ¿verdad? Derribé la cosa directo de la estalagmita y freí a los hombres de Ryodan. Ni siquiera se les ocurrió. Malditos idiotas. Si quieres algo, tómalo. —¿Le hiciste daño a mi espada? ¡Espera un minuto! —Me doy cuenta de algo que no puedo creer que me haya tomado tanto tiempo notar—. ¡No me estás haciendo sentir como si me estuviera convirtiendo en Pri-ya! —Descubrí cómo silenciarlo. Es tan fácil como encenderlo. Todo lo que tengo que hacer es esto. La excitación sexual me golpea, y me oigo hacer un sonido tan embarazoso que podría morir de vergüenza. Él evita que me hunda en el pavimento, sosteniéndome físicamente, las manos alrededor de mi cintura. —Muchacha, no me mires de esa manera. Por otro lado, hazlo. Sí. Sí. Exactamente así. Princesa, me matas. —¡Apágalo, Christian! ¡Quiero elegir mi primera vez! Colapso en el suelo, parpadeando, aturdida. Christian se ha ido. Sin sus manos sosteniéndome, caí como una caja de cartón mojado. Me siento allí, mirando alrededor pero sin ver nada, tratando de aclarar mi cabeza. O bien se ha ido completamente o se está silenciando una vez más. Pero las secuelas persisten. Su voz flota hacia abajo desde algún lugar en las vigas del techo sobre mi cabeza. —La primera vez, ¿eh? Estaba bastante seguro, muchacha, pero me gusta oírlo de ti. Esperaré. Yo también quiero que elijas tu primera vez. Será chocolate y rosas. Música y dulces besos. Todo con lo que una muchacha sueña. Quiero que sea perfecto para ti. Me pongo rojo remolacha. ¡Nadie, pero nadie habla de mi virginidad excepto yo! —¡Sal de mis planes para perder mi virginidad! No son tu asunto. —Son mi asunto, y solo mío. Pero no vamos a hablar de ello. Todavía. Siento como si acabaran de golpearme en la cabeza con una sartén. ¿Está bromeando? ¿Christian ha decidido en su medio loca mente de príncipe 285
  • Unseelie que va a ser como, mi novio y ser, como, el primero? ¡Amigo, tengo catorce años y él es un príncipe Unseelie! ¡Y es como diez años mayor que yo! Abro la boca para darle una reprimenda y enderezar las cosas entre nosotros cuando pienso en cómo tener un príncipe Unseelie enamorado de mí no podría ser tan mala idea, y cierro la boca una vez más. Él podría ser difícil de manejar pero todas las armas son buenas, y Christian con una correa sería como, el arma definitiva. Especialmente contra Ryodan. La pregunta es: ¿puedo ponerle una correa? Y si lo logro, ¿seré capaz de sostener su collar cuando realmente importe? Elijo mis palabras con cuidado. Príncipe y detector de mentiras para empeorar las cosas. Si puedo ponerle un collar a este tipo, ¡puedo hacer cualquier cosa! Será como bailar en un campo minado. Estoy fascinada por la idea. Qué manera de ponerme a prueba. —Gracias por la comprensión, Christian —digo. —No hay problema. Bueno, sí lo hay. Pero me encargaré de eso. Por ahora. —Los otros príncipes Unseelie me asustan. —Deberían. ¡Son pesadillas andantes! No creerías algunas de las mierdas enfermas que hacen. No paso la ironía por alto como le sucede a él. Un segundo es consciente de sí mismo como un príncipe Unseelie, al siguiente actúa como si fuera lo más alejado de eso. No digo: “Sí, lo creería, amigo, porque tú también haces cosas enfermas”. Lanzar calumnias no me dará más puntos. —Me siento tan insegura sin mi espada. —Miro el techo con los ojos entornados. El Edificio Bartlett solía ser un antiguo almacén antes de ser convertido. Dejaron las vigas de acero expuestas cuando se mudaron. No lo veo ahí arriba por ninguna parte. Luego está frente a mí, inclinándose en una reverencia formal. —Su espada, mi señora. Hubiera arrasado el cielo y la tierra para recuperarla para usted. —La sostiene sobre ambas manos, presentándomela. Me mira y le devuelvo la mirada, midiendo la locura en sus ojos. Siento humedad presionando en las esquinas de los míos, como si fueran a comenzar a sangrar. Presiono el puente de mi nariz con fuerza. No puedo dejar de mirarlo. Es como si sus ojos estuvieran hechos de plata líquida sobre arco iris, como los tatuajes caleidoscópicos bajo su piel, como un río en el fondo de ellos, como si yo pudiera tropezarme y sumergirme en lo más profundo. Me siento mareada. 286
  • —No me mires directo a los ojos, muchacha. ¡Detente! —Me da un suave golpe bajo el mentón, sacudiéndome para romper el contacto visual. Arrastra los dedos sobre mi mejilla y cuando su mano sale ensangrentada, la lame—. Nunca me mires a los ojos demasiado tiempo. Lastima a la gente. —Luego sonríe—. Notarás que puedo tocar la reliquia. Me preocupaba no ser capaz. Bajo la mirada a la reliquia Seelie en sus manos, uno de los cuatro talismanes Fae que solo los humanos y aquellos de la Corte de la Luz pueden tocar. Podría tomarla, hundir la hoja a través de su corazón y liberarme de él para siempre. Me extiendo para tomar mi espada. Él la aleja. —Un pequeño gracias sería agradable. —Christian, eres el Mejor —digo—. Primero me salvaste la vida y ahora me devuelves mi espada cuando nadie más siquiera me ayudaría. —El imbécil seguro que no. —Seguro que no —coincido y una vez más intento tomar mi espada—. Nadie se preocupa por mí como tu. —Oh, muchacha, no tienes ni una maldita idea —dice casi en un susurro—. Te veo desde el interior. —¿Puedo tenerla ahora? —La quiero tanto que mis palmas pican. Él inclina la cabeza y me mira, luego gira como un príncipe Unseelie, como si su cabeza y su cuello no estuvieran conectados de la forma correcta. Me da escalofríos. —No estarás pensando en matarme con ella, ¿verdad, muchacha? —Claro que lo haría. Pero no voy a hacerlo. —No ahora mismo, de todos modos. Su sonrisa es cegadora. —Bien, porque tengo otro regalo para ti esta noche. Sé que te gusta salvar humanos, así que voy a ayudarte. Puedes considerarlo como uno de mis muchos regalos de boda anticipados. Parpadeo. ¿Huh? O bien me las arreglo para enmascarar mi sorpresa o él ni siquiera notó la expresión en mi rostro, porque simplemente sigue hablando. 287
  • —Los príncipes Unseelie conocen esa cosa que salió por la hendidura en el almacén. Lo llaman Gh’luk-ra d’J’hai. —¿Qué diablos significa eso? —También, ¿regalos de boda? ¿Ha perdido completamente la chaveta? —Es difícil de traducir. Los Unseelie tienen cuarenta y nueve palabras para hielo, y hay un matiz en d’J’hai que no estoy seguro de entender. Vagamente, lo llamaría el Rey Escarcha. —El Rey Escarcha —repito—. ¿Qué es? ¿Cómo lo matas? ¿Funcionará la espada? —Asumiendo que alguien pudiera acercarse sin congelarse hasta la muerte. —No lo sé. Pero conozco un lugar donde podríamos averiguarlo. Si hay respuestas en alguna parte, estarán ahí. Toma la espada, muchacha. No me gusta que estés desprotegida. Y sé que no me quieres cerca todo el tiempo. No es que te pueda culpar con el monstruo en el que me estoy convirtiendo. Extiendo ambas manos para tomarla. Casi no puedo contenerme. Estoy temblando de emoción. Él se inclina y pone la espada sobre mis palmas. Cierro los ojos y suspiro con éxtasis. El peso del frío acero en mis manos es… bueno, ¡mejor de lo que creo que debe ser el sexo! Es como ser amputado de ambos brazos y creer que tendrás que aprender a vivir sin ellos, luego recuperarlos de forma perfecta. Amo mi espada. Soy invencible con ella. No conozco ni una maldita onza de miedo con esta cosa en mis manos. En lo profundo donde mi sangre corre un poco más extraña que la de la otra gente, las velocidades cambian y me deslizo de nuevo hasta un alineamiento perfecto. Soy una con la espada. Estoy completa. —Oh, y ahí está la mujer que serás algún día —murmura Christian—. La suficiente pasión para dirigir un ejército. No es que tenga uno. Todavía. Puede que quiera un príncipe Unseelie con correa, pero necesitamos poner las cosas en claro. —Nunca me voy a casar. —¿Quién dijo algo de casarse? —Amigo, regalos de boda anticipados. Me mira como si yo estuviera loca. —¿Quién dijo algo sobre regalos de boda? 288
  • —Y yo no quiero un ejército Unseelie para dirigir. —¿Ejército? Dani, mi hermoso fuego fatuo78, ¿de qué estás hablando? Estaba contándote del Rey Escarcha. ¿Vienes o no? Es una noche perfecta para estar vivos. Tenemos un monstruo que atrapar. —Él me guiña un ojo—. Y esta noche no soy yo. Amigo. A veces eso es todo lo que puedes decir. 289 78 Fuego Fatuo: fenómeno consistente aparentemente en la inflamación de ciertas materias (fósforo, principalmente) que se elevan de las sustancias animales o vegetales en putrefacción, y forman pequeñas llamas que se ven andar por el aire a poca distancia de la superficie, se encuentran en los lugares pantanosos y en los cementerios.
  • Traducido por yanli, Xhessii y hatlish Corregido por Clau12345 U na buena líder conoce su mundo. Yo no sé nada de mi mundo. Bueno, eso no es completamente cierto. Sé que a ciento cincuenta pasos de donde estoy mirando por la ventana del vestidor de Rowena hay una serena pérgola con árboles con formas y con un pabellón embaldosado, bancos de piedra y un estanque reflectante que la Gran Maestra Deborah Siobhan O'Connor, que lleva siglos muerta, construyó para la meditación en tiempos de crisis. Lo suficientemente lejos de la abadía para otorgar privacidad, lo suficientemente cerca para ser utilizado con frecuencia, el estanque plateado hace tiempo fue usurpado por ranas gordas en hojas de nenúfares y en una noche de verano suave, en mi antigua habitación tres pisos por encima de la de Rowena y dos al sur, ellas me hechizaron para dormir con su perezoso barítono ah-uuups durante muchos años. También sé que hay cuatrocientas treinta y siete habitaciones en la abadía, en uso de conocimiento común. Sé de veintitrés adicionales solamente en la planta principal, con más en las otras tres y sin duda innumerables más de las que no sé nada en absoluto. La fortaleza laberíntica es un hervidero de pasadizos ocultos y paneles escondidos, piedras y tablones y chimeneas que se mueven, si conoces el secreto de su funcionamiento. Luego está el Subterráneo. Así es como siempre he visto la abadía: el piso Superior donde el sol brilla en 79 “I walk up on high and I step to the edge to see my world below”: de la canción “The World I Know” de Collective Soul. 290
  • los paneles de las ventanas y horneamos y limpiamos y somos mujeres normales, y el Subterráneo donde una ciudad oscura gira y se retuerce, con pasillos, catacumbas y bóvedas, y solo el dulce Señor sabe qué más. Allí, aquellas de nosotras en el Haven nos convertimos en algo más a veces, algo antiguo en nuestra sangre. Sé que a cuatrocientos metros detrás de la abadía hay un granero con doscientos ochenta y dos establos donde las vacas, caballos y cerdos alguna vez estuvieron alojados. Sé que a una enérgica caminata de distancia hay una lechería que albergaba alrededor de cuarenta vacas lecheras, con una despensa refrigerada donde hacíamos mantequilla y crema. Sé que hay diecisiete filas de cinco camas que hacen un jardín de vegetales de ochenta y cinco niveles detrás de la lechería que una vez crecieron lo suficiente para mantener a los miles de ocupantes de la abadía además de lo suficiente para vender en el pueblo por una buena suma. Todas estas cosas que conozco, pertenecían a un mundo diferente. El mundo en que vivo ya no es un mundo que conozca. Son las cuatro y media de la mañana. Me envuelvo más apretadamente con mi rebozo y miro por la ventana a los nudosos robles que proyectan largas sombras y los rayos de luna que entrecruzan el césped en ramificaciones enrejadas. Mi vista reconfortante del jardín ornamental está bloqueada por una de esas peligrosas aberraciones de la física que Mac llama Agujero Fae Interdimensional; AFI para abreviar, una abreviatura conveniente. Éste tiene la forma de embudo de un tornado cristalino y brilla con un tono lila lechoso, su exterior opaco y facetado refleja la luz de la luna. A la luz del día esas diáfanas facetas son difíciles de distinguir desde los alrededores, complicado por sus extremas variaciones de forma, textura y tamaño. He visto AFIs más grandes que nuestro campo trasero y más pequeños que mi mano. Éste es más alto que un edificio de cuatro pisos y más ancho. La primera vez que ella me dijo su nombre para ellos, me reí. Eso fue cuando mi familia acababa de morir y yo estaba ebria de libertad. Por primera vez en mi vida, cuando todos estaban preocupados por los muchos nuevos monstruos sueltos, yo me sentía gloriosa y delirantemente segura. Mis monstruos habían desaparecido. Habían estado intentando sacarme una vez más de la abadía, mi madre con un evidente destello triunfal en los ojos en la última cena de domingo, y yo estaba segura de que ella y mi padre finalmente habían dado con algo que Rowena quería lo suficiente para renunciar a mí. Durante años, la diminutiva Gran Maestra había comandado mi ciega devoción simplemente por ser un baluarte entre ellos y yo. 291
  • Los AFIs ya no son motivo de risa. Nunca lo fueron. Éste fue descubierto hace una semana, dirigiéndose directamente hacia nuestra abadía. Perdimos días rastreando su progreso, intentando concebir formas de desviarlo. Nada funcionó. No es como si un AFI pudiera ser sacado de curso con un ventilador gigante. ¡Soy la líder de este enclave, y aun así soy incapaz de hacer algo tan simple como protegerlo de ser tragado por una pieza fracturada de Faery! El AFI no es ni siquiera un enemigo inteligente. Es simplemente un accidente de las circunstancias. Luego están los enemigos inteligentes de los que tengo que preocuparme. Los pensantes, los codiciosos cuyo piso Superior nunca coincide con su Subterráneo, quienes sin duda incluso ahora están hablando del depósito de infinito conocimiento y poder que el mundo ahora sabe que tenemos encerrado bajo nuestra fortaleza, custodiado por doscientas ochenta y nueve mujeres increíblemente ineptas con edades comprendidas desde los siete años hasta Tanty Anna, de ciento dos. Están a mi cargo. Confiadas a mi cuidado. ¡No veo fin para ellas que no implique el sacrificio desventurado! Necesito más sidhe-seers. Necesito fortalecer nuestros números. Anoche reuní a mis chicas alrededor del AFI cuando estaba a un mero kilómetro y medio de la abadía. Habíamos trazado su curso con noventa y nueve por ciento de certeza: entraría a nuestro hogar. Las únicas preguntas fueron ¿cuánto de la capilla sur junto a las cámaras de Rowena engulliría en un instante, y arrasaría cada centímetro cuadrado de nuestra abadía o dejaría la ocasional pila de escombros, tal vez una brillante pared al rojo vivo de pie aquí y allí? Dada su velocidad de movimiento, le tomaría casi una hora completar su paso de un extremo al otro. Fuimos capaces de trazar el tiempo y la trayectoria de su destrucción tan exactamente porque ya había dejado cientos de kilómetros de fina ceniza hollinosa en su estela. Campos de tierra estaban adornados con profundos surcos de tierra quemada. Grandes edificios fueron reducidos a pequeñas montañas de brasas post-apocalípticas. Un crematorio a la deriva, el AFI en curso de colisión con nuestra abadía contenía un fragmento de mundo de fuego, un infierno rugiente capaz de reducir al instante concreto a cenizas. Si entrara en nuestras paredes, nos dejaría sin hogar. Por no decir lo que tal calor podría hacerle a cierto cubo de hielo bajo nuestra fortaleza. 292
  • Tratamos de hechizarlo, desviarlo, destruirlo, atarlo a un lugar. Había pasado todo el día revisando los antiguos libros que Rowena mantenía en la biblioteca de su alcoba, aunque estaba bastante segura de que era inútil. Todavía tengo que encontrar su verdadera "biblioteca". Ésta es otra cosa que sé, porque la vi cargando libros en momentos de crisis que no están por ninguna parte. Todavía. Mis chicas lloraron al final. Estábamos cansadas y acaloradas y pronto seríamos personas sin hogar. Habíamos intentado todo lo que sabíamos. Luego un Humvee negro llegó y tres de los hombres de Ryodan salieron. Con Margery. Los hombres nos ordenaron retirarnos a un perímetro seguro. Usando magia oscura que nos desconcertó, anclaron el AFI a la tierra a solo dieciocho metros de nuestros muros, donde ha permanecido inmóvil desde entonces. Donde, me aseguraron, permanecerá inmóvil para siempre —Pero no lo quiero ahí —les dije—. ¿Qué debo hacer con eso? ¿No podemos moverlo? Me miraron como si tuviera cinco cabezas. —Mujer, te salvamos de una destrucción segura, ¿y quieres criticar cómo lo hicimos? Usa la maldita cosa como un compactador de basura. Incinera a tus muertos y enemigos. Al Jefe le encantaría tener algo así de cerca de Chester’s. Es un fuego que nunca se apagará. —¡Llévatelo, entonces! —La única forma de hacerlo es cortar la soga. Hazlo y pasará directamente a través de tu abadía. Alégrate de que él no haya decidido que lo quiere o este lugar estaría perdido. Dublín está al otro lado de tus muros. Mantengan la puerta abierta. Ryodan estará aquí en unos días para decirte qué le debes. Después de que se fueron, Margery levantó el puño en el aire y llamó a la celebración de que el peligro fue evitado y vivimos para luchar otro día. Mis chicas se congregaron a su alrededor, jubilosas, aplaudiendo. Yo fui empujada y olvidada en el tumulto. Ryodan vendrá en pocos días. Para decirme qué le debo. Durante años me había escondido detrás de estos muros, tratando de ser lo más insignificante posible. Sin pretensiones. Pasada por alto. Era feliz con 293
  • caminar por los campos, soñar despierta con Sean y el futuro que tendríamos, estudiar la magia sidhe-seer y con ocasionalmente guiar a las chicas con gentil sabiduría, alabando a Dios por mis bendiciones. Amo esta abadía. Amo a estas chicas. Me vuelvo y camino más allá de la visión transparente de Cruce, que ha estado sentado en el diván de mi vestidor observándome desde que las campanas repicaron a la hora de las brujas80, cuatro horas y media atrás, alado y desnudo como solo él puede estarlo. Me seco la frente con un pañuelo, secando el brillo de sudor que es constante en los últimos tiempos. Como Sean no pudo venir anoche, no he dormido en dos días. Sin desanimarse, Cruce encontró una manera de atormentarme despierta. Afortunadamente, de lo único que es capaz en este momento es de una débil transmisión de su aspecto. No puede hablarme o tocarme. O seguramente lo hubiera hecho. Deslizo mi mirada sobre él con solo la más pequeña agitación en mi respiración. Empiezo a vestirme. Anoche mi prima fue una mejor líder que yo. Porque no conozco mi mundo. Ha llegado el momento de cambiar eso. El viaje a Dublín es largo y silencioso. Ya no hay estaciones de radio para escuchar y no llevo un teléfono o un iPod. El día fue arduo, con Margery presidiendo la abadía como si estuviera a cargo, montando la ola de adulación por su salvación de último minuto, condimentando sus comentarios salados sobre mis muchos fallos con frases incendiarias calculadas para incitar a las chicas y hacerlas sentir como si las estuviera restringiendo como Rowena lo hacía. La observé y pensé: ¿Puedo llevar a casi trescientas niñas, jóvenes y mujeres de edad avanzada a la guerra? Más tarde, se lo dije. Debemos pelear inteligente y duramente, no intrépidamente. Inteligente y duramente nos dejaría sin casa, replicó ella. Es por la audacia que la abadía todavía se mantiene en pie. 80 Hora de las brujas: hora del día donde las criaturas sobrenaturales (brujas, demonios y espíritus) aparecen y cuando la magia negra es más efectiva. 294
  • En ese punto ella tiene razón, pero aquí, entre nosotras y por el destino de mis chicas, es un problema más profundo. A ella no le importa. Para obtener el control, Margery llevaría a las sidhe-seers a su muerte, porque para ella, el liderazgo no es sobre el bienestar de ellas, sino solo el suyo. Irónicamente, su narcisismo la hace carismática donde yo no lo soy. En mi camino a la ciudad reflexiono sobre la necesidad de encanto en mi gestión hacia las chicas. Es claro que una decisión acecha: dedo abdicar el liderazgo o cambiar en más formas de las que estoy segura de que puedo sobrevivir. Llego a Chester’s justo después de las diez, sorprendida al encontrar una fila que abarca tres demolidas cuadras de la ciudad. No tenía idea de que tanta gente joven estuviera viva en Dublín o de que podría encontrarlos haciendo fila como si fuera una noche común de martes, como si este fuere el nuevo Temple Bar. ¿No saben que el mundo está infectado y muriendo? ¿No sienten los cascos retumbantes de los Jinetes del Apocalipsis? Uno ha estado sin montura por ahora, aunque me sonrió seductoramente desde mi diván antes de que me fuera. Otro está siendo reconstruido. Pronto volverán a ser cuatro. Dejo mi auto en un callejón y camino hacia el final de la fila, resignada a convertir lo que inevitablemente será una noche entera de espera en una lección sobre mi nuevo mundo. Apenas he comenzado a decir hola a mis nuevos compañeros cuando una mano se cierra en mi antebrazo desde atrás. —Ryodan te verá ahora. Es uno de sus hombres, alto, musculoso y con cicatrices como el resto. Me escolta hacia el inicio de la fila, sobre protestas y promesas, desde lo coqueto hasta lo grotesco. Mientras descendemos hacia el club, alzo las barreras para escudar mi empático corazón. La música me golpea, vibrante, visceral. Las emociones muerden con fuerza a pesar de mis esfuerzos por desviarlas. ¡Tal hambre desnuda, tal atormentado deseo de conexión y relevancia! Pero están tratándolos en la forma equivocada. Aquí veo la misma definición de la locura: acudir a Chester’s, buscando amor. ¿Por qué no ir al desierto, esperando encontrar agua? Les iría mejor saqueando una ferretería y esperando conocer a otro saqueador en el proceso; al menos sabrían que él era un hombre responsable y capaz con la intención de reconstruir algo. ¡O robar una biblioteca! Cualquier hombre que lee es bueno. Buscar un grupo de oración; han aparecido por toda la ciudad. 295
  • En la superficie, cada persona que pasamos parece más feliz que la siguiente, pero yo lo siento todo: dolor, inseguridad, aislamiento y miedo. La mayoría no tiene idea de cómo sobrevivirán después de esta noche. Algunos han perdido a tantos seres queridos que ya no les importa. Viven en aisladas zonas de casas y edificios abandonados sin televisores y no hay manera de mantenerse al día con las amenazas en el mundo, las cuales están evolucionando constantemente. Su directiva primaria es simple: no dormir solo esta noche. Estas son personas que solo recientemente pudieron descubrir algo que querían saber con el simple toque de una pantalla. Ahora, desnudos de sus capas externas, sus defensas atravesadas, están a la deriva y escorándose seriamente. Y no puedo evitar preguntarme… ¿Podría llegar a ellos? ¿Podría, de alguna manera, reunirlos en un solo lugar y formarlos para un propósito? Me siento mareada con la idea. No son sidheseers… pero son jóvenes y fuertes, e impresionables. Una mujer baila, la cabeza hacia atrás en simulado éxtasis, sonriendo, rodeada de hombres y Unseelie. Tengo un atisbo de su corazón cuando pasamos y sé que ella cree que un hombre nunca la amará a menos que ella siempre lo haga sentir bien. Ha renunciado a su derecho a ser una persona con necesidades y deseos, y se ha convertido en un receptáculo para llenar las necesidades de un amante. Si es tan brillante como una mariposa y tan sexual como una leona en temporada de celo, será apreciada. —Eso no es amor —digo mientras pasamos—. Es un negocio. Deberías cobrar por eso. Deberías obtener algo a cambio. Cuando era joven, comencé a clasificar a la gente con un sistema numérico: del uno al diez, ¿qué tan rotos están? Ella es un siete. Su corazón podría ser curado pero sería necesario un hombre intensamente comprometido y mucho tiempo. Pocos son tan afortunados. Menos aún son almas gemelas como mi Sean y yo. Mientras subimos al segundo piso, miro los subclubs y veo a Jo, vestida como una niña católica de edad escolar. No me gustan las burlas a mi fe y todavía estoy inquieta por su decisión de trabajar aquí, pero ella hizo apasionados argumentos, fuertemente comprometida con su misión de reunir inteligencia en su fuente más rica. Todavía tiene que contarme algo que me haga sentir que someterla a este pozo negro vale la pena. Conozco una cosa sobre la gente: de quién y con qué nos rodeamos es quién y en qué nos convertimos. En medio de la gente buena, es fácil ser bueno. Pero en medio de gente mala, es fácil ser malo. 296
  • Cuando llegamos a la parte superior de las escaleras, encuentro que mis ojos son atraídos hacia el subclub donde los meseros visten solo ajustados pantalones de cuero negro y un moño, revelando vastas extensiones de piel bronceada y musculosa, y en otros casos generosos pechos desnudos. Solo los hermosos son contratados aquí. Mi respiración se atasca. Uno de los meseros tiene una espalda hermosa, una adorable manera de mover sus miembros largos. Podría verlo caminar por horas. Soy una mujer y aprecio a un hombre con una buena espalda. Estoy aliviada porque no es Cruce. No me ha pervertido tan completamente como para que ya no encuentre atractivos a los hombres humanos. Mi escolta me guía por un pasillo de paredes de cristal liso a mi derecha e izquierda, sin interrupciones excepto por junturas casi inexistentes. Las habitaciones aquí arriba están hechas de cristal de doble sentido. Dependiendo de cómo esté ajustada la luz en cada habitación, puedes ver hacia dentro desde afuera pero no al revés, o hacia afuera desde adentro pero no a la inversa. Había oído de Dani una descripción de los niveles superiores de Chester’s, así que sabía que debía esperar un piso de cristal transparente, pero esperarlo y caminar sobre él son dos cosas muy diferentes. A la gente no le gusta ver qué hay debajo. Sin embargo aquí en Chester’s el dueño te obliga a verlo con cada paso que das en su heredad. Es un hombre calculador y peligroso. Y he venido aquí esta noche a determinar mi deuda, pagarla y superarla. Mi escolta se detiene frente a una pared aparentemente sin junturas y apoya su mano sobre ella. Un panel de cristal se mueve a un lado con un siseo hidráulico. El peso de su palma en mi cuello me guía dentro de una habitación oscura. —El Jefe estará contigo en un minuto. Puedo ver hacia afuera por todos los lados, arriba y abajo. Desde la atalaya de cristal de Ryodan, él estudia su mundo con ojo desnudo y cámara. El perímetro de la habitación, el techo, está alineado con cientos de pequeños monitores, con tres filas de profundidad. Los miro. Hay cámaras enfocadas en cada habitación, casi desde todos los ángulos. Hay habitaciones que son sórdidas más allá de mi conciencia de tales actividades. Éste es el mundo que debo conocer si voy a dirigir a mis chicas. La puerta sisea al abrirse detrás de mí y no digo nada, espero a que él hable. Cuando no lo hace, extiendo mi don empático para percibirlo. No hay nadie más conmigo en la habitación. Me doy cuenta de que alguien debe haber abierto la puerta, me vio a mí, no a él y se fue. Continúo con mis observaciones de los monitores, girando lentamente mientras absorbo los rostros, las acciones, los ofrecimientos. Debo conocer a la gente como si nunca los hubiera conocido. 297
  • La mano en mi hombro me saca un pequeño grito involuntario. Me vuelvo rápidamente, asustada y estoy contra el pecho de Ryodan, con sus brazos gentilmente alrededor de mí. Hablaría pero sé que solo tartamudearía. No había nadie en esta habitación conmigo. No oí la puerta abrirse de nuevo. ¿Cómo, entonces, es que él está en la habitación? —Tranquila, Katarina. No te salvé del daño de anoche para dañarte esta noche. Miro un rostro que es ilegible. De este hombre se dice que tiene tres expresiones y solo tres: burla divertida, cortés distancia o enojo. Se dice que si vez enojo, estás muerto. Abro mi don de la empatía. Estoy sola en esta habitación. No puedo encontrar palabras que decir. Decido usar las que tengo. —Estoy sola en esta habitación. —No del todo. —No existes. —Tócame, Katarina. Dime que no existo. —Él roza mi mejilla con un beso y tiemblo—. Gira tu cabeza hacia mí y te besaré como una mujer debería ser besada. —Espera, con la boca rozando mi mejilla, a que me vuelva aunque sea ligeramente, abra los labios y acepte su lengua. Tiemblo de nuevo. Este hombre no me besaría como me gusta ser besada, sino como él lo hace. Su manera es demasiado dura, demandante, peligrosa. Su manera no es amor. Es pasión y quema. Incinera. Solo deja ascuas con tanta seguridad como el AFI que sus hombres ataron en mi abadía la noche anterior. Cuando me alejo, él ríe y deja caer su abrazo suelto. Le doy una mirada penetrante. —Gracias por enviar a tus hombres a atar el fragmento de Faery. Ellos hablaron de un pago. No tenemos mucho. ¿Qué puede ofrecer nuestra abadía en pago por tan generosa ayuda? Él sonríe débilmente. —Ah, entonces así es como vamos a estar. Hablas elocuentemente para ser alguien que no dijo una palabra hasta que tuvo casi cinco años. 298
  • No estaré desconcertada. Así que sabe que no tuve voz por años después de haber nacido. Muchos conocen la historia. El dolor de las emociones del mundo me abrumó al nacer. Yo fui un bebé terrible, una niña horrible. Lloraba sin cesar. Nunca hablaba. Me acurrucaba en una bola e intentaba escapar del dolor del mundo. Me llamaron autista. —Gracias. —Hasta que llegó Rowena y le ofreció un trato a tu familia. —No vine a hablar de mí misma, sino de cómo puedo pagarte. —Ella te sacaría de tu concha autista, pero a los dieciocho años de edad serías suya. Irías a vivir a la abadía. Tus padres aprovecharon la oportunidad. Se desesperaban por siempre acallar tu llanto. A veces, incluso entonces, Sean había estado allí. A veces, en el delirio de mi dolor, se había acurrucado junto a mí y había dicho: “Niña, ¿por qué lloras?”. Recuerdo momentos de silencio entonces. Él ponía sus brazos regordetes alrededor de mí y, por un corto período de tiempo, el dolor se iba. —¿Cómo iban a hacer una gran alianza con los criminales más grandes y más desagradables si su única hija casadera estaba defectuosa? —digo secamente. Él ríe. —Ahí estás, detrás de esa eterna serenidad. La mujer que siente. Lo curioso es que yo también pensé que estaba solo en este cuarto. Hasta que dijiste eso. La carencia de emoción aquí no es solo mía. —Su sonrisa se desvanece y me mira directamente a los ojos con una mirada tan penetrante, directa e incómoda que me hace sentir como un insecto clavado en un tablero, preparado para la disección—. No me debes nada más. Parpadeo. —Pero aún no te he pagado. —Lo has hecho. —No, no lo he hecho. No te he dado nada. —El precio no fue requerido de ti. Me da un escalofrío y casi no puedo respirar. Este hombre es peligroso. Inteligente. Aterrador para mí. 299
  • —¿De quién fue requerido? Yo soy la responsable. Yo soy la que falló. ¡Soy la que debería haberlas conducido a un lugar seguro, por lo tanto debería ser yo y solo yo la que pague un precio! —Lo gracioso respecto al pago es que no es el comprador de los bienes o los servicios el que pone el precio. Es el vendedor. Ése soy yo. —Ahora su rostro es duro y frío. —¿Qué precio estableciste? —Domino mi respiración para que sea lenta y pareja, esperando su respuesta. Él se mueve hacia mi costado, me guía hacia el cristal y dirige mi atención hacia abajo. —He tenido dificultades encontrando personal últimamente. Mis meseros se mueren continuamente. La piel de mi espalda comienza a erizarse. —Hay un club en particular que es difícil de mantener con personal. El Club del Esmoquin constantemente requiere reemplazos. Es el subclub donde los meseros visten ajustados pantalones de cuero negro, moño y sirven con el torso desnudo. —Tu Sean fue lo suficientemente bueno para cubrir un puesto por un tiempo. La bilis se eleva en la parte posterior de mi garganta. —Mi Sean no pertenece aquí. —Tal vez. Pero incluso tú tienes que admitir que luce bien con el uniforme. Miro hacia donde él está señalando. La espalda que admiré al subir ha conocido mis manos sobre sus hombros mientras él se movía dentro de mí. Le he hecho cosquillas muchas noches mientras él se quedaba dormido. La he masajeado cuando él trabajaba demasiado con las redes. He besado cada músculo y cada curva. Es, de hecho, una espalda hermosa. —¿Cuánto tiempo? —No lo he decidido. —No me hagas esto. —¿Por qué? 300
  • —Él es... —me detengo y suspiro. Este hombre no entendería nada de lo que diría. —Adelante. —Sean es mi alma gemela. —Alma gemela. Se burla de mí. Se burla de Dios. —Tales cosas son sagradas. —¿Para quién? Tu Dios puede amar a las almas gemelas, pero el hombre no lo hace. Tal pareja es vulnerable, sobre todo, si son tan tontos para permitir que el mundo vea lo brillantes y felices que son. Sus riesgos aumentan diez veces más en tiempos de guerra. Hay dos cursos que puede tomar una pareja en tales circunstancias: adentrarse en lo profundo del país y esconderse tan lejos de la humanidad como sea posible, esperando que nadie los encuentre. Porque el mundo sí los separará. Se equivoca. No sabe nada de las almas gemelas. Aun así, no puedo dejar de preguntar. —¿Y la otra? —Hundirse hasta el cuello en el hedor, la inmundicia y la corrupción de su existencia devastada por la guerra… —Quieres decir comportarse como delincuentes comunes. ¿Nos preferirías como animales despiadados? ¿Por qué haces esto? —Quiero decir que mires, Katarina. Que veas las cosas como son. Deja caer tus anteojeras y levanta la alcantarilla a nivel de tus ojos; admite que estás nadando en la mierda. Si no reconoces la cagada que se dirige a toda velocidad por el desagüe hacia ti, no puedes esquivarla. Tienen que afrontar cada reto juntos. Porque el mundo sí los separará. —Eres manipulador, cínico y vil. —Culpable de todos los cargos. —La vida no es como tú la ves. No sabes nada del amor. —Estoy íntimamente familiarizado con los caprichos del destino en tiempos de guerra. Han sido mis mejores y peores siglos. —Eso no es amor. 301
  • —No dije que lo fuera. —Él esboza una sonrisa, dientes blancos reluciendo en las sombras—. Prefiero la guerra. Los colores son más brillantes; la comida y la bebida son menos usuales, y por ello mucho más dulces. La gente es mucho más interesante. Está más viva. —Y más muerta —digo bruscamente—. ¿Perdimos casi la mitad del mundo y tú lo encuentras interesante? Eres un cerdo. Bárbaro y cruel. —Me aparto. He tenido suficiente. Si este es su precio, entonces soy libre de irme. No le debo nada más. Ya lo ha tomado todo. Me muevo hacia la puerta. —Debes contárselo, Katarina. Si quieres tener alguna esperanza. Me detengo. Él no puede saberlo. No hay manera de que pudiera saberlo. —¿Contarle qué a quién? —Sean. Acerca de Cruce. Debes contárselo. Me vuelvo rápidamente, la mano aleteando hacia mi garganta. —En el nombre de Dios, ¿de qué estás hablando? Busco en sus ojos y veo que, de alguna manera, él conoce mi más profunda vergüenza. Ellos tienen una risa secreta y una cierta divertida resignación. Como si hubiera visto las estupideces de la humanidad tener lugar frente a él tantas veces, que han comenzado a… no dolerle, pero quizá sí a perturbarle. Como si se cansara de ver a las ratas del laberinto chocarse con las mismas paredes una y otra vez. Amplío mi don empático, empujo con todo lo que tengo y aun así no puedo siquiera sentir que él está en la habitación conmigo. No hay nada donde él está de pie. —Si no le dices a Sean que Cruce está follándote mientras duermes, eso destruirá lo que tienes con él con mayor seguridad de lo que lo podría hacer cualquier trabajo en mi club. Eso, ahí abajo. —Señala a Sean sirviendo un trago a una bonita y casi desnuda Seelie—. Es un bache en el camino, una prueba de tentación y fidelidad. Si Sean te ama, la pasará con gran éxito. Cruce es una prueba para tu maldita alma. No me molesto en discutir con él. Lo sabe. De alguna manera, lo sabe. Quizás pueda leer los pensamientos como yo leo las emociones. Es una idea aterradora. —¿Por qué no te puedo sentir? —Quizás la carencia no sea mía. Quizás esté dentro de ti. 302
  • —No. —De eso estoy segura—. Hay algo malo en ti. Otra vez esboza esa sonrisa. —O algo bueno. Quizá tomo el camino del cobarde. O, quizás, tomo el camino honorable. No puedo decidirme. Mi cabeza está hecha un lío. Pero me mantengo alejada del Club del Esmoquin y subo la capucha de mi capa. No enfrento a mi Sean mientras me voy. Si él me cuenta, lo discutiremos. Si no lo hace, no lo haremos. Me digo a mí misma que estoy respetando sus límites, preservando su dignidad. Aquí es donde él estará en lugar de en mi cama en las noches venideras. El precio de salvar a mi abadía es una parte de mi corazón y la mayor parte de mi coraje. Eso es lo que Ryodan pidió. Mi Sean se enfrentará a la tentación, solo, todas las noches en Chester’s, y yo la enfrentaré, sola, en la abadía, en mi cama. Éste no es un mundo que alguna vez haya querido conocer. 303
  • Traducido por vanehz Corregido por Clau12345 na noche cuando Mac y yo estábamos matando Unseelie espalda contra espalda, ella tuvo una especie de crisis y comenzó a llorar y gritar mientras rebanaba y cortaba. Dijo que iba a enviarlos a todos directamente de vuelta al infierno porque le habían robado todo lo que le importaba. Dijo que solía conocer a su hermana, todo sobre ella, y que allí era donde estaba el amor, en conocer y compartir, pero resultó que Alina tenía un novio que nunca había mencionado y toda otra vida de la que ella no sabía nada, y no solo Alina no la amaba, sino que toda su existencia hasta la fecha había sido una gran, enorme y gorda mentira. Sus padres no eran sus padres, su hermana probablemente no era su hermana, nadie era lo que parecía, ni siquiera ella. U En los diarios de Rowena que eran crónica de su repugnante y malvado reinado, encontré el diario de la hermana de Mac. Tengo cerca de cuatrocientas diarios escondidos con el emblema de la Gran Maestra como blasón en cuero de cabritilla verde oscuro. Tenía ochenta y ocho cuando murió, a pesar de que no lucía un día mayor de sesenta. Tenía un Fae al que había estado mordisqueando por décadas encerrado en una bóveda bajo la abadía. Lo maté cuando me enteré. Cuando descubrí el diario de Alina, arranqué páginas y se las di a Mac a escondidas, intentando compensarla por silenciar la voz de su hermana y mostrarle que ella había sido el mundo entero de Alina. —¿Por qué mierda estamos aquí? —digo enojada. Ni siquiera estaría pensando en Mac si no estuviéramos aquí. Christian ha estado tamizándome alrededor de la ciudad, ayudándome a pegar mis Diarios en las farolas. Le he permitido que toque mi dedo meñique para hacerlo. Él sigue tratando de poner 81 “In the white room”: de la canción “White Room” de Cream. 304
  • sus brazos alrededor de mí. Su último tamizado nos depositó en diagonal a Barrons Libros & Curiosidades, con la calle entre nosotros. Siento ganas de vomitar. No he estado aquí desde la noche en que Mac descubrió la verdad sobre mí. La noche en que me horneó un pastel, pintó mis uñas y me salvó de la Mujer Gris, solo para terminar lista para matarme con sus propias manos unos minutos después. En medio de la ciudad en ruinas, Barrons Libros & Curiosidades se mantiene intacta. Pienso una bendición silenciosa: que siempre sea así. Este lugar tiene algo. Como si su mera existencia significara que el mundo siempre tendrá esperanza. No puedo explicar por qué me siento de esa forma, pero toda la gente que conozco que alguna vez la visitó, todas las otras sidhe-seers, sienten lo mismo. Hay algo diferente, algo extraordinario en esta isla, en esta ciudad, en esta calle, en este preciso punto. Se siente casi como si alguna vez, hace mucho tiempo, algo terrible casi sucedió en esta longitud y latitud, y alguien puso BL&C sobre la brecha para evitar la posibilidad de que volviera a ocurrir alguna vez. Mientras los muros se mantengan y el lugar sea tripulado, estaremos bien. Me río por lo bajo, imaginándolo así cómo luce aquí y ahora, en tiempos prehistóricos. No parece tan improbable. A la izquierda y a la derecha, la calle adoquinada está barrida. No hay restos de disturbios fuera del establecimiento de Barrons. No hay cáscaras dejadas por las Sombras atiborrándose. No hay basura. Los maceteros se alinean en la calle adoquinada y hay pequeñas plantas tratando de crecer en ellos, luchando valientemente contra el frío fuera de lo común. La entrada al edificio alto y de ladrillo está bañada de oscuro cerezo y bronce, pulida hasta lograr un gran brillo. El lugar es el Viejo Mundo y lo urbano como el amigo en sí mismo, con pilares y enrejado de hierro forjado, una gran y pesada puerta con lujosas luces a los lados y un travesaño por la que solía entrar corriendo y algunas veces entraba y salía, entraba y salía, solo para oír tintinear la campanilla sobre la puerta. Sonaba realmente genial en cámara rápida, me hacía reír. Una tablilla pintada a mano cuelga perpendicular a la acera, suspendida por una elaborada vara de bronce atornillada al ladrillo sobre el hueco de la puerta, balanceándose en la ligera brisa. Luces ámbar brillan detrás de los paneles de vidrio tintado con un indicio de verde. Es todo lo que puedo hacer para no ir, golpear la puerta, y decir: “¿Qué tal, amigo?” 305
  • Nunca golpearé esa puerta otra vez. —Sácanos de aquí —digo enojada. —No puedo. Es aquí donde necesitamos estar. ¿Y qué demonios es eso? Lo miro. Está mirando el techo de BL&C, donde docenas de enormes reflectores brillan hacia la calle. Tengo que retroceder unos pasos para ver más allá de ellos y ver lo que él está viendo, porque soy mucho más pequeña. Me quedo boquiabierta. —¿Qué demonios están haciendo los ZCF aquí? —Todo el techo está cubierto de Zombis Come Fantasmas. Enormes buitres anoréxicos, con cuerpos encorvados de forma espeluznante y aspecto sombríamente demacrado que desafía la descripción, se amontonan en sus voluminosas túnicas negras, empolvadas de tierra y telarañas, inmóviles. Carroñeros, juntos hombro con hombro, están tan fijamente quietos como una vigilia por un muerto. No estoy segura de siquiera haberlos notado si Christian no los hubiera señalado. No están chillando y de alguna forma es peor que estén en silencio—. ¿Por qué están en el techo de Mac de esa forma? —¿Cómo mierda lo sabría? Perdona, muchacha. Quise decir, ¿cómo lo sabría? —Puedes decir “mierda” cuando estoy aquí. Todos lo hacen. Y deberías saberlo porque eres Unseelie. —No completamente, no todavía y no originalmente. Ése en un montón de no. Y solo porque el resto de los hombres en esta ciudad sean cerdos, no significa que yo lo sea. Ése es otro “no” para ti. Estoy bien hecho de “no” esta noche. Tampoco soy el monstruo que está siendo cazado. Le doy una mirada. Sus ojos están salvajes. Éste es un tipo que está seriamente al borde, balanceándose, dando vueltas. —Entonces, ¿qué hacemos aquí? —Intento traer algo de enfoque de vuelta a la conversación. No me responde. Simplemente se aleja a grandes pasos, directamente hacia la librería y justo cuando estoy a punto de congelar el cuadro para salir de allí porque no hay manera de que entre, incluso si no hay nadie en casa, él gira y se dirige por el callejón entre BL&C y la Zona Oscura vecina. —Si quieres detener al Rey Escarcha, tendrás que venir conmigo, muchacha. Te llevaré a la biblioteca del rey Unseelie. Si hay respuestas, se encontrarán allí. ¡La biblioteca del Rey Unseelie! 306
  • —Santos bibliófilos que toman prestado, ¡hagámoslo! —Le doy una última mirada a los ZCF y congelo el cuadro para alcanzarlo. Si Mac está en la librería, no notará el borrón que acaba de pasar por su puerta. Tiemblo mientras lo sigo. Es una noche condenadamente fría. Más que nada en el mundo, quiero detener al Rey Escarcha. Tengo que hacerlo. Dublín se está poniendo decididamente congelado y tengo la terrible sensación de que se va a poner mucho peor. Cuando Christian atraviesa la pared de ladrillos del edificio en diagonal a la parte trasera de BL&C, el primero a la izquierda de la Zona Oscura, y desaparece, me derrito en el piso en un ataque de risa. Lanzo una piedra hacia el punto donde desapareció. Rebota en el ladrillo y traquetea en el adoquinado. Me siento como en la estación de trenes de Harry Potter, especialmente cuando él asoma la cabeza fuera de la pared y dice impacientemente: —Vamos, muchacha. Éste difícilmente es mi lugar favorito. Me acerco a la pared y la estudio, intentando decidir si sería capaz de encontrar el punto otra vez sin saber exactamente donde estaba. Su cabeza desaparece. No lo haría. Quiero escribir una gran X con tiza en ella, en caso de que la necesite otra vez, pero también revelaría su ubicación para todos los demás, por el hecho de que “la X que marca el lugar” y todo eso, así que retrocedo a la mitad de la calle y fijo la escena en mi cuadrícula mental, de forma permanente. Tengo ese tipo de memoria. Si archivo algo deliberadamente, siempre puedo encontrarlo de nuevo. Lo difícil es acordarse de archivarlo deliberadamente. Normalmente estoy tan excitada por la vida que vivo que olvido tomar fotos. Luego lo sigo. ¡Amigo! ¡Entro a una pared de ladrillo! Es la cosa más rara que he sentido jamás. Como si fuera una esponja y yo fuera una esponja y por un segundo todas nuestras partes de esponja son una y no solo tengo pantalones82 cuadrados, todo en mí es cuadrado porque soy parte de la pared, luego soy yo de nuevo y la pared en cierta forma me expulsa del otro lado en una habitación completamente blanca. Piso blanco, techo blanco, paredes blancas. Dentro de la habitación blanca hay diez espejos. Simplemente así. Parados allí, en el aire. Puedes rodearlos completamente. Nada que yo pueda ver los sostiene. Son todos de diferentes tamaños y formas, en diferentes marcos. Algunas de las superficies de vidrio son oscuras como la brea y no puedes ver nada. Otros se arremolinan con 82 N. de T.: referencia a Bob Esponja, cuyo nombre en inglés es Spongebob Squarepants (Bob Esponja Pantalones Cuadrados). 307
  • niebla plateada, pero las cosas que se mueven en sus nebulosas sombras son demasiado rápidas y extrañas para definir. —Bien —dice—. Están donde los dejé. —¿Dónde más estarían? —Solían colgar de la pared. Los mezclé para que si alguien más sabía adónde iban, se perdieran. El que tomamos solía ser el cuarto desde la izquierda. Ahora es el segundo de la derecha. Miro alrededor una última vez, no sé, quizás buscando estorninos cansados83, pero no hay ninguno, y entro al espejo detrás de él. Me pongo toda esponja una vez más y esta vez es como si atravesará un montón de cosas y justo cuando estoy comenzando a ponerme un poco tensa al respecto, preguntándome si todas mis partes van a volver a juntarse, soy expulsada hacia la espalda de Christian. —¡Ooof! ¿Qué estás haciendo, parado ahí bloqueando el espejo? —Calla, creí oír algo. Pongo mi súper audición en alerta. —No oigo nada y yo puedo oírlo todo. —Hay cosas aquí —dice—. Nunca sabes lo que puedes encontrar. —¿Cosas malas? —Depende de tu definición. Y de quién eres. Ser un príncipe tiene sus ventajas. Miro alrededor. —¿Dónde estamos? —La Mansión Blanca. —Duh, como si nunca lo hubiera averiguado —digo, porque estamos en otra habitación blanca—. ¿Todo el lugar es así de aburrido? ¿Los Fae nunca usan pintura, quizás un poco de papel tapiz? Él repica suavemente. —Amigo, estás tintineando como una campana. 83 N. de T.: referencia a la letra de la canción que da título al capítulo. 308
  • Se detiene abruptamente y me doy cuenta de que estaba riendo. Estoy comenzando a entender cómo interactuar socialmente con un príncipe Unseelie. —La Mansión Blanca no es aburrida, muchacha. Nunca es aburrida. Es la gran heredad que el Rey Unseelie construyó para su concubina. Es una historia de amor que vive y respira, testamento de la más brillante pasión que alguna vez ardió entre nuestras razas. Puedes seguir las escenas si tienes el tiempo suficiente y estás dispuesta a arriesgarte a perderte por unos cuantos siglos. Oí de la Mansión Blanca por andar escuchando a hurtadillas, pero nunca presté mucha atención a la conversación. Siempre estuve más interesada en el Sinsar Dubh. —¿A qué te refieres con que puedes seguir las escenas? —Sus residuos aún están aquí. Se amaron tan intensamente que momentos de sus vidas han sido grabados en la estructura de la mansión. Algunos dicen que el rey la diseñó así, porque si un día la perdía él podría venir a vivir aquí con el residuo de ella. Algunos dicen que la mansión fue construida del tejido de memoria y es una criatura viviente, con un gran cerebro y corazón, ocultos en algún lugar de la casa. No tengo deseos de creer eso porque significaría que la Mansión Blanca puede ser asesinada, y ella nunca debería morir. El registro del más grande amor en la historia de la Historia se perdería, con innumerables artefactos de miríadas de universos que nunca podrían ser juntados otra vez. Este lugar es un hogar, una historia de amor y un museo, todo en uno. —Así que, ¿dónde está la biblioteca? —Verás, muchacha —dice con ternura, como si yo ni siquiera hubiera abierto la boca, como si estuviera buscando una lección de amor, y no es así—. El Rey Unseelie se enamoró de una mujer mortal. Ella era su razón de ser. Cada momento decisivo de él ocurrió por ella, y solo en su presencia él conocía la paz. Era su más brillante estrella. Ella lo hizo un mejor hombre, y para los hombres que saben cuán fundamental y profundamente están viciados, esa clase de mujer es irresistible. La idea de que ella viviría menos de un solo siglo, era más de lo que él podía soportar, así que resolvió convertirla en Fae como él para que pudieran vivir juntos para siempre. Mientras él trabajaba en su laboratorio, intentando perfeccionar la Canción de la Creación, necesitaba mantenerla segura y viva. Sabía que podría llevarle eones aprender como esgrimir el poder de la creación. Si él fuera humano, podría denominar especulativo a ese destello divertido en los ojos iridiscentes de Christian mientras se asientan en mí. No puedo mirar demasiado tiempo intentando decidir porque cruzamos nuestras miradas 309
  • brevemente y mis ojos ya están chorreando sangre. El amigo se está poniendo más potente con cada minuto. Y más raro. Como si estuviera pensando que él y yo somos como el Rey Unseelie y la concubina, una especie de amantes desventurados. —¿Y dónde dijiste que estaba la biblioteca? —Le construyó a su amada un campo de juegos de infinitas proporciones, escondido en un seguro bolsillo de la realidad donde ella podría estar para siempre, sin cambiar. Sin envejecer. Estaría segura. Nada ni nadie podría siquiera lastimarla. Él nunca tendría que preocuparse por perderla. —Su voz desciende a un susurro, como si hubiera olvidado que siquiera estoy aquí—. Siempre estarían juntos. Almas gemelas. Nunca estaría solo. Nunca se perdería en la locura, porque ella nunca fallaría en encontrarlo y traerlo de vuelta. —Amigo, tu historia es fascinante y todo pero, ¿dónde está la biblioteca? El tiempo se está perdiendo. Tenemos que detener al Rey Escarcha. —Si te quedaras aquí, Dani, mi luz de amor, nunca morirías. Nunca tendría que preocuparme porque alguien te haga daño. Nunca. —Si, y yo tendría, como, catorce años para siempre. Me gustaría crecer unos centímetros más —digo irritablemente. En más de unos cuantos lugares. Si intenta mantenerme aquí en alguna clase de creencia lunática de que soy su reina, teñiremos este lugar con una clase totalmente nueva de residuo: sería guerra en la Mansión Blanca. —Había olvidado eso. —Suspira—. Vamos, muchacha. ¿Vamos a buscar la biblioteca? —Amigo, pensé que nunca preguntarías. Salimos de la habitación blanca sobre pisos de mármol blanco y entramos a un brillante corredor con ventanas de techo a piso que se extienden hacia techos abovedados, a doce metros de altura. Allí veo mi primer residuo. Más allá de las altas ventanas hay una hermosa mujer en un jardín nevado, pliegues de seda de un vestido rojo sangre derramándose sobre un banco de mármol banco. Con el rostro presionado contra sus manos, llora. —Es la concubina del rey —dice. —Pensé que dijiste que estaban locamente enamorados. ¿Por qué está llorando? 310
  • —Se cansó de estar sola mientras el rey trabajaba en sus experimentos. Lo esperó cientos de miles de años, sola excepto por aquellas pocas criaturas en las que él confiaba, y sus visitas ocasionales. Christian me cuenta el resto de la historia mientras giramos por pasillos y corredores. Estoy fascinada a pesar de mí misma. ¿Quién hubiera pensado jamás que lugares tan fantásticos existían lado a lado con nuestro mundo, accesibles a través de portales ocultos y espejos? ¡Mi vida es tan condenadamente interesante que casi no puedo soportarlo! Pasamos sobre pisos de mármol color limón en alas soleadas con altas ventanas que enmarcan brillantes días de verano, por pisos de cuarzo rosa que reflejan tonos violeta de puestas de sol más allá, a través de azulejos de bronce que serpentean a través de habitaciones que no tienen ventanas, solo sillas majestuosas, enormes y dignas de reyes, sofás y camas. Hay chimeneas aquí tan altas como una pequeña casa, con techos más altos que los capiteles de las catedrales. —¿Qué tan grande es este lugar? —Algunos dicen que continúa eternamente, que el rey creó una casa que crece constantemente. —¿Cómo encuentras algo? —Oh, y ahí está el problema, muchacha. Es difícil. Las cosas se mueven. No ayuda que el rey creara señuelos. Para proteger mejor sus peligrosos diarios, sembró múltiples bibliotecas dentro de la casa. Barrons cree que encontró el verdadero repositorio. No lo hizo. Vi los libros que robó. Vinieron del Estudio Verde del rey. —¿Cómo sabes tú dónde está la verdadera biblioteca? Vacila. —Algo en este lugar me llama —dice finalmente—. Estuve atrapado por un tiempo en el tocador del rey, y pude sentir la atracción de la casa más allá de ese lugar. El residuo en sus cámaras era tan fuerte que la realidad y la ilusión se borronearon por un tiempo. Algunas veces oía susurros mientras me dormía, y esas veces soñaba que era el rey, caminando por mis pasillos. Sabía dónde estaba todo, como si fuera yo quien creó esta casa. Incluso entendí cómo las cosas se movían. Algunos de esos recuerdos se mantienen. Otros no son tan confiables. Aun así, sé que por un corredor carmesí que siempre será encontrado al final de un corredor bronce hay una sala de música con miles de instrumentos que se tocan a sí mismos cuando giras la llave dentro de la puerta, como una caja de música gigante. Sé que hay una vasta arena en el ala cobalto 311
  • donde no hay gravedad, y estrellas pintadas a todo alrededor donde a veces llevaba a su amada y creó universos en el aire para su diversión. Y sé eso porque él temía que otros Fae pudieran encontrar los diarios que llevaba, llenos de notas sobre sus experimentos, los trajo a la Mansión Blanca. Se dice que encerró la receta para cada Unseelie que creó alguna vez, e incontables más no nacidos, que cinceló una advertencia sobre la entrada cuando se fue. Es por esa inscripción que puedes saber que es la verdadera biblioteca. —¿Qué dice? Se detiene —Velo tú misma, muchacha. Levanto la mirada, y un poco más. Estamos parados afuera de unas puertas que son casi idénticas a aquellas en nuestra abadía, en la entrada de la cámara donde Cruce está atrapado. Símbolos extraños brillan con un inquietante fuego negro azulado, cincelado en la piedra alrededor de las puertas, con símbolos mucho más grandes tallados sobre el arco. —No puedo leerlo. No está en español.84 Christian se mueve de un lado al otro del arco, presionando varios símbolos, y después de un momento, las puertas se deslizan abiertas silenciosamente. —Dice: “Léelos y llora”. Ven, muchacha. Tenemos que encontrar una aguja en un pajar. La biblioteca del rey es el lugar más loco que he visto jamás. Christian desaparece al segundo en que entramos por la puerta. Yo, me quedo parada en la entrada, atrapando moscas con mi boca abierta. La vista parece seguir infinitamente, entre irregulares y zigzagueantes estantes de libros, disminuyendo hasta un diminuto punto negro que parece estar a kilómetros de distancia. Entro, fascinada. A pesar de lo descomunales que son las puertas, puedo extender mis brazos tanto como es posible y las puntas de mis dedos rozan las paredes de libros a ambos lados. Alineadas con estantes y cubículos y escritorios empotrados que se abren sobre bisagras invisibles y que están cubiertos por más libros, frascos y chucherías, cada superficie horizontal está apoyada sobre ángulos desiguales y 84 N. de T.: en el original, “it’s not in English”, “no está en inglés”. 312
  • absurdos que desafían la física. Las cosas en estas repisas no deberían quedarse sobre ellas. Los estantes de libros se inclinan y se ciernen sobre mí en lugares, lo que significa que los libros deberían estar cayendo sobre mi cabeza. Las paredes se elevan hacia un techo más allá de mi línea de visión. Es como estar en el fondo de un irregular abismo de libros y hay millones de ellos en todos los colores, formas y tamaños. Aquí, el pasaje entre los estantes se amplía a seis metros, allí se estrecha hasta apenas lo suficientemente para que pueda girar y forzarme a pasar a través de ellos. Mastico una barra de chocolate tras otra mientras me adentro más en el lugar alocado. Hay repisas de libros que se ramifican, perpendiculares al pasaje principal con solo dos centímetros de espacio entre ellos. —¡Nadie podría siquiera sacar un libro de alguno de estos! —digo irritada—. ¿Cómo se supone que busquemos? —Un Fae podría. —Su voz flota hacia abajo desde algún lugar por encima de mí. Supongo que está tamizándose de arriba a abajo por los estantes. Paso por una puerta baja, la parte superior de la cual es una repisa de libros invertidos. Deberían estar cayéndose sobre mi cabeza cuando paso bajo ellos. Hay una placa de bronce en el techo junto a ellos, supongo que dice qué sección es, pero no puedo leer el idioma. Me estiro y saco uno del estante. Tengo que tirar, como si el libro estuviera fijado con pegamento o algo, y sale con un pop mojado. La cubierta verde pálido es suave y cubierta de musgo, y el libro huele a madera después de una lluvia de primavera. Lo abro y me doy cuenta de que no tiene sentido traerme aquí. No puedo leer una palabra. Está todo en algún otro idioma y no tengo idea de cuál es. Ni siquiera Jo podría traducir esto. Estoy a punto de cerrarlo cuando la oración en la parte superior de la página se levanta y comienza a arrastrarse a través de la página como un ciempiés. Río por lo bajo hasta que se detiene en el borde de la página como si estuviera dándose coraje para algo, luego se lanza del libro con un gran salto y comienza a serpentear hacia arriba por mi brazo. Aparto la mano bruscamente para sacármela de encima, pero se hunde en él con letras puntiagudas y se agarra. Pellizco el trasero de la oración con la otra mano y la tiro de mi piel como a una sanguijuela, la vuelvo a poner sobre la página bruscamente y cierro el libro con un golpe. Parte de ella cuelga hacia afuera, y ondea nerviosamente hacia mí con lo que parece ser manifiesta hostilidad. Devuelvo el libro al estante invertido sobre mi cabeza, con la enojada oración por delante, contando con la base 313
  • pegajosa para mantenerlo en su lugar. Todo lo que necesito es una gravemente destrozada e iracunda oración persiguiéndome. Abro el siguiente libro que saco con más cautela. Lo mismo sucede, solo que esta vez un párrafo completo salta de la página en el segundo que lo abro y aterriza sobre mi estómago. Lo golpeo pero las palabras son pegajosas como telarañas y solo tengo éxito en desparramarlas sobre mi camisa. Entonces todas comienzan a separarse y paso los siguientes minutos tratando de atraparlas a todas y ponerlas de regreso en el libro, pero cada vez que lo abro, algo más sale. —No te estás metiendo con los libros Boora-Boora, ¿verdad, Dani? —dice Christian desde algún lugar muy lejano—. Estás terriblemente silenciosa allí abajo. —¿Qué son los libros Boora-Boora? —Aquellos cuyas palabras se salen de las páginas. Son nombrados por su mundo de origen. Nada funciona como se supone que tiene que ser allí. — Emite un sonido que es sospechosamente parecido a una risa ahogada—. Tienes que tener cuidado, pican como las hormigas rojas si se enojan. —¡Ay! ¡Podrías habérmelo dicho antes! —Tan pronto como dijo la palabra “picar”, comenzaron a hacerlo. Les pego con el libro en el que se supone que deben estar. Se escabullen bajo una pila de manuscritos inestables y desaparecen. Suspiro, esperando que no fueran una parte crítica de algo que alguien venga a buscar en algunos cientos de años, y devuelvo el tomo a su estante invertido—. Entonces, ¿no todas las palabras son autopropulsadas de esa manera? —Algunos de los libros son solo libros. Malditamente pocos, sin embargo. —¿Encontraste algo allí arriba? —Aún no. —Amigo, no puedo leer nada. Soy inservible aquí. Espero, pero no hay respuesta. Entrecierro los ojos hacia el techo. Podría estar en cualquier parte, tamizándose de estante en estante. Cuando dijo que me iba a llevar a la biblioteca del Rey Unseelie, esperaba algo como la que tenemos en la abadía. Incluso si pudiera leer cualquiera de los idiomas en que los libros del Rey Unseelie están escritos, tomaría una eternidad buscar en este lugar, sin mencionar un par de tropecientas escaleras. Fue estúpido venir aquí. Sin embargo, no me arrepiento, porque ahora sé cómo entrar en la Mansión Blanca. ¡Amigo! Qué lugar más perfecto para esconderme por un tiempo si lo 314
  • necesito. Y hay tanto que explorar. ¡Quién sabe qué clase de cosas útiles podría encontrar aquí! Vago por el pasaje entre los estantes, periódicamente llamando a Christian. No responde. Los libros están apilados en montones al azar a lo largo de los lados y tengo que tener cuidado de no chocarme con ellos. Tengo el presentimiento de que si volteo una pila y media docena se abre de repente, ni siquiera mi rápido congelamiento de cuadro será capaz de seguirle el paso a todo lo que salga. Abro algunos libros más en el camino, la curiosidad y yo siendo las mejores amigas y todo eso. Uno despide un humo acre en el segundo en que levanto la cubierta, haciéndome estornudar, y lo vuelvo a cerrar de un golpe. ¡Otro tiene gordas arañas marrones con patas peludas que brotan de las páginas! Aplasto las que logran salir. Otro tiene videos en lugar de palabras, pero las imágenes son tan extrañas que no puedo darles sentido. Encuentro un mini laboratorio en medio de los montones, cubierto con placas similares a las de Petri y botellas y recipientes tapados. —¡Christian! —grito otra vez mientras estudio los contenidos visibles a través del grueso vidrio ondulado. Obtengo una respuesta esta vez, pero es tan lejana que no puedo entenderla. —Amigo, a menos de que estés buscando algo, ¡esta es una total pérdida de tiempo! Preferiría estar de regreso en Dublín, investigando. —Resiste, muchacha. —Viene su respuesta lejana—. Creo que tengo algo. Una de las botellas tapadas tiene una gota carmesí en el fondo. La tomo y la giro sobre mi mano, observando el líquido carmesí ondularse. Colores de arcoíris pasan rozando la superficie en diseños caleidoscópicos. Es tan hermoso que casi no puedo quitar mis ojos de ella. Doy vuelta la botella y estudio la etiqueta en la base. Sin idea de lo que los símbolos jeroglíficos significan. Mientras devuelvo la botella a su posición original, debo haber movido la tapa un poco porque capto un toque de la esencia de su contenido y es como meter la nariz directo en el cielo. Son jazmines nocturnos y pan recién horneado, pescado hecho en casa y patatas y aire salado, es el olor del cuello de mi mamá, pijamas recién lavados y el sol brillando en la piel de Dancer. Es la esencia de todas mis cosas favoritas envueltas en una sola. Juro que mi cabello se eleva con su brisa. Gimo y saco una barra de chocolate, abruptamente hambrienta. Está la curiosidad y está el gato. Creerías que aprendería. Destapo la botella mientras mastico. 315
  • Traducido por Ale… Corregido por Angeles Rangel —¿Q ué diablos es ese olor? —dice Christian. —Condenadamente impresionante, ¿cierto? —digo soñadoramente. Humo carmesí se arremolina en la botella de vidrio, asomando tentativos tentáculos sobre el borde. El increíble aroma llena la biblioteca, haciéndome sentir mareada. Quiero estirarme, doblar los brazos detrás de mi cabeza, ser perezosa y disfrutar de la fragancia. Quiero compartirla con Dancer. Nunca he olido algo tan delicioso. —Condenadamente nocivo —dice desde mucho más cerca de lo que ha estado en un tiempo. —¿Cómo puedes decir eso? —Porque lo es. Tentáculos carmesíes salen de la botella y se arremolinan sobre ella. Después de un momento comienzan a lanzarse el uno contra el otro, giran en círculo y se echan hacia atrás, delgados hilos rojos entretejiéndose en una forma ahumada. —¡Amigo, huele como el cielo! Hay algo mal con tu nariz. Quizás ahora solo te gustan los olores Unseelie. —¡No puedo esperar a ver qué cosa genial sale de esto! 85 N. de T.: letra alterada del título de la canción “In The Court of the Crimson King”, (“En la Corte del Rey Carmesí”) de King Crimson. 316
  • —Huele —dice él directamente sobre mí—. Como intestinos putrefactos ¿Qué abriste? ¿Un libro? —Se deja caer a mi lado, cargando una pila de libros bajo su brazo. Estoy agradecida de ver que encontró algo—. ¿Una botella? ¡Cristo, muchacha, no puedes ir abriendo botellas al azar en este lugar! Dame eso. Vamos a ver qué has hecho. La insinuación de un rostro se está formando en el humo carmesí; mentón delicado y puntiagudo, enormes ojos rasgados en las esquinas. Intento volver la cabeza para mirar a Christian pero mi cabeza no está aceptando órdenes. Está atascada, todavía mirando el rostro que se materializa. No puedo obligarme a mirar hacia otro lado sin importar cuánto lo intente. Me tiene hipnotizada. Nunca he visto un rostro tan hermoso, olido algo tan delicioso. Quiero estar en medio de ello y respirarlo profundamente. Cuando él arranca la botella de mi mano, el hechizo se rompe. Cuando le da vuelta para leer la etiqueta en la base, una nube de humo carmesí sale a borbotones, oscureciendo el pasillo entre los estantes. Tentáculos me lamen, ásperos como pequeñas lenguas de gato. Repentinamente, todo cambia. Ahora que ya no estoy sosteniendo la botella, puedo oler lo que el olía. Saliva inunda mi boca, mi estomago se revuelve, y estoy a punto de vomitar las barras de chocolate que acabo de comer. El rostro en el humo ya no es tan hermoso. Se está transformando en algo monstruoso ante mis ojos. Largos colmillos salen de sus labios, cabello ensangrentado se retuerce como serpientes. —Amigo, ¿qué mierda abrí? —digo horrorizada. La botella cae al piso con un estruendo. Mi sangre se congela cuando Christian pronuncia una sola palabra. —CORRE. Hay pocas reglas absolutas en mi mundo que no requieran pensamiento. Muy cercano al primer lugar de la lista está: Si un príncipe Unseelie huye de ello, yo también voy a ir. Ni siquiera voy a hacer preguntas. Simplemente voy a largarme con todas mis fuerzas. Aun así… no puedo evitar intentar echar un vistazo sobre el hombro. Soy la que lo sacó. Tengo que saber qué es para poder cazarlo y matarlo. 317
  • —NO MIRES HACIA ATRÁS —ruge Christian. Acuno mi cabeza entre los brazos, tratando de sostener mi cráneo en una pieza hasta que cese el repentino dolor de cabeza. —¡Deja de gritarme amigo, y tamízanos ya! Estoy congelando el cuadro, intentando seguirle el paso, pero no conozco estos pasillos. Son un laberinto que no está en ninguno de mis mapas. Tengo que desacelerar constantemente, fijar mi cuadrícula en su lugar y volver a arrancar. El hedor a carne putrefacta detrás de mí se está volviendo más fuerte. La piel en la parte trasera de mi cuello pica. Sigo esperando que cualquier cosa que nos esté persiguiendo cierre sus heladas garras en mi nuca, me arranque la cabeza y me mate. Todas esas películas de terror que vi con Dancer no me hacen reír ahora. Están llenando mi cabeza con un millón de muertes espantosas, cada una más horrible que la anterior. Ayudaría si supiera qué es lo que nos está persiguiendo. Lo desconocido es siempre lo más aterrador. Tengo una imaginación tamaño Mega y puede hacerme maravillas. —Tamizarse no funciona dentro de la Mansión Blanca. Toma mi mano. Conozco estos pasillos. Tomo su mano ignorando el gemido que emite. Él entrelaza sus dedos con los míos y soy atacada por una ola de excitación. —Siléncialo, Christian. Éste no es momento para que te pongas todo Fae muerte-por-sexo conmigo. —Lo siento, muchacha. Es solo que es tu mano y hay peligro, y el peligro siempre… —¡Apágalo, ahora! Puedo respirar de nuevo. No que quiera hacerlo. El hedor es sofocante y está acercándose hacia nosotros rápidamente. —¿Qué nos está persiguiendo? —Traducido a grandes rasgos, la Bruja Carmesí. —¿Cómo mata? —Espero que nunca lo averigües. —¿Podría matarte incluso a ti, un príncipe Unseelie? —Nos prefiere vivos. Una vez mantuvo a dos príncipes cautivos durante casi cien mil años antes que el rey la detuviera. Entre otras cosas asquerosas, trató 318
  • de engendrar con nosotros. No tenía idea de que él la había guardado en su biblioteca. Todo el mundo pensó que había destruido a la perra. —¿Por qué te tomaría cautivo? —Porque somos inmortales, y una vez que ella toma lo que quiere de nosotros, nuestros cuerpos lo vuelven a generar. Luego ella lo toma de nuevo. Somos un suplemento que nunca termina. Simplemente puede mantenernos encadenados, sentarse y tejer. ¿Tejer? La idea de un monstruo Unseelie tejiendo es más de lo que puedo entender. —¿Qué es lo que quiere de ti? —Una nube de humo rojo se desliza sobre mi hombro—. ¡Date prisa Christian! ¡Tenemos que ir más rápido! ¡Sácanos de aquí! Corremos por los pasillos de bronce, giramos por las alas de limón, hasta que finalmente patinamos hacia el mármol blanco. Juro que puedo sentir a la Bruja respirando en mi cuello. Luego estamos en la habitación blanca, corriendo hacia el espejo, y no puedo evitarlo, me doy la vuelta a la vez que me pongo toda esponjosa. La Bruja Carmesí es la criatura más repugnante que he visto jamás. Peor que la Mujer Gris, peor que los príncipes Unseelie, incluso peor que Papa Roach, y tengo un odio especial por las cucarachas. Las cucarachas pasan demasiado tiempo en el suelo. Mi jaula estaba en el suelo. Cabello ensangrentado y enredado enmarca un rostro blanco como el hielo con huecos negros por ojos. Se lame los colmillos carmesí cuando me ve mirándola. Pero lo verdaderamente perturbador en ella es lo que viste. La parte superior de su cuerpo es voluptuosa y está encerrada en un corsé de huesos y tendones. No tiene cuerpo inferior que yo pueda ver. Un rasgado e incompleto vestido carmesí la sigue. Y ahora sé por qué huele a carne podrida. Su vestido sin terminar está hecho de intestinos. Mi estómago se revuelve de nuevo. —¿Colecciona intestinos de príncipes Unseelie? —Entre otros. También tomaría los tuyos. Aunque los tuyos se pudrirían antes. —¿Puedes ir más rápido? —Me gustan mis intestinos. Quiero tenerlos por mucho tiempo. 319
  • Salimos del espejo en una explosión hacia el segundo salón blanco y saltamos de cabeza al espejo siguiente. Pasamos a través de múltiples espejos, perseguidos por el olor a carne podrida. —Uh, Christian, va a salir. —Bien. Más presas en Dublín. Irá tras alguien más. —¡No podemos dejarla suelta en mi ciudad! —Tú fuiste la que abrió la botella. Cometí un error. Muy grande. Pero lo resolveré. La atraparé y la mataré y haré que mi ciudad vuelva a ser segura. Antes de que le haga daño a alguien. No puedo soportar la idea de que gente inocente muera por mi estúpida curiosidad. —¡Debiste haberme advertido de no abrir cosas! —Lo hice. Luego estaba todo esa cosa de “léelos y llora” grabada sobre la puerta. ¿Qué advertencia no entendiste? —¡Eso era sobre los libros, no las botellas! —Algunas advertencias son unilaterales. Luego estamos afuera y el frio me golpea como la pared de ladrillos de la cual acabamos de salir. Me quita el aliento, y cuando lo recupero, sale en bocanadas heladas en el aire. Me resbalo por el callejón sobre nieve y hielo y me choco contra el edificio de enfrente. Christian se estrella contra mí. Nos sostenemos el uno al otro y miro alrededor con incredulidad. ¡El suelo está cubierto con quince centímetros de nieve! ¿El Rey Escarcha congeló algo en este callejón en las pocas horas en que no estuvimos? No puede hacer más de doce grados bajo cero y la sensación térmica es asesina. ¡Nunca hace tanto frio por la noche! Y nunca en el espacio de unas pocas horas. Miro alrededor buscando una escultura de hielo. —Oh, mierda —digo, porque ésta está a punto de golpear el ventilador. La nieve no es lo único en el callejón. Ryodan y Barrons están detrás de BL&C, saliendo del Bugatti Veyron de Barrons. Ambos me miran por un segundo, como si no pudieran creer lo que están viendo, luego la mirada de Ryodan se fija en donde estoy sosteniendo la mano de Christian. Lo suelto como si fuera una papa caliente, pero la expresión en su rostro no mejora. —¡No es lo que piensas! Él no va a ser mi novio superhéroe y patear tu… 320
  • —Sí, sí lo soy —dice Christian. —No, no lo eres —dice Ryodan—. Y dónde mierda has estado. Sabes los problemas que me has causado. —Amigo, solo me fui por, como, dos horas. Y tenemos problemas más grandes en este momento —digo. —No me digas. Toda la ciudad se está convirtiendo en hielo. —¿Qué diablos estabas haciendo en la Mansión Blanca? —demanda Barrons—. ¿Quién te dijo cómo entrar? —Nunca más irás a ninguna parte sin mí —me dice Ryodan—. Si lo haces, te encerraré en mi calabozo hasta que te pudras. —Hablando de pudrirse, pienso que… —No más. A partir de este momento voy a pensar por ti. Me enfurezco. —Y una mierda que lo harás. —Sella la pared —le dice a Barrons—. Y sácala de aquí. Es hora de que el Highlander muera. —Simplemente inténtalo —dice Christian. —No me voy a ningún lado. Bueno —corrijo—. De hecho sí y tú también necesitas hacerlo. Todos tenemos que salir de aquí. —Comienzo a congelar el cuadro pero me estrello contra Barrons y reboto. Lo que sucede después pasa tan rápido que no puedo procesarlo. El hedor a carne podrida llena el aire, y Christian y yo nos agachamos y partimos en direcciones opuestas porque sabemos qué es lo que viene, luego la Bruja Carmesí sale de la pared con una explosión, sosteniendo lo que parecen agujas de tejer de dos metros de largo hechas de hueso, como lanzas a sus costados. Traspasa a Barrons y Ryodan con ellas, luego se eleva en el aire, arrastrando sus intestinos detrás de ella. 321
  • Traducido por magdaa Corregido por Nanis M e quedo de pie ahí como una idiota. Debería huir antes de que ella se vuelva contra mí, también, pero a mis pies parecen haberles brotado raíces congeladas. Barrons y Ryodan yacen en el callejón sobre sus espaldas, la sangre tiñendo la nieve en círculos cada vez más amplios alrededor de ellos, y yo me quedo boquiabierta, pensando: ¡No pueden morir! ¡Los superhéroes no mueren! Creencias erróneas aparte, seguro lucen como si estuvieran muriendo para mí. Nada puede estar así de mutilado y sobrevivir. La Bruja Carmesí no solo los perforó, los despellejó desde la ingle hasta el cuello, y los dividió a través del hueso. De un rápido tirón arrancó todos sus intestinos y órganos internos de sus cuerpos. Es un movimiento que ha tenido cientos de miles de años para perfeccionar. Perforar, despellejar, arrancar. Sus pechos y cavidades abdominales están abiertos y vacíos. La única forma en que la perra traicionera podría haberles hecho esto era tomándolos por sorpresa. ¿En qué demonios estaba pensando, parada ahí diciendo otra cosa que no fuera: "Huyan"? ¡Riñendo como siempre, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo y siempre lo tendríamos! —Pensé que se iban a agachar en el último minuto —le murmuro a sus cuerpos. O que se alejarían congelando el cuadro, más rápidos que yo. O que “I’m swimming in the smoke of bridges I have burned”: de la canción “Burning In The Skies” de Linkin Park. 86 322
  • quizás Ryodan usaría cualquiera que sea el arma secreta que usó contra Velvet contra ella. ¡Nunca en tropecientos años pensé que algo podría verdaderamente matarlos! Pero ella salió de la pared como una explosión y sus lanzas los atravesaron antes de que cualquiera de nosotros pudiera siquiera reaccionar. Sus cuerpos todavía se están moviendo pero creo que son solo las últimas contracciones que un cuerpo hace cuando es traumatizado tan abrupta y completamente. Oigo un extraño sonido de repiqueteo que me afecta de la misma manera en que lo hacen los chillidos de ZCF, me aterroriza en un nivel primitivo. ¿Está viniendo por mí ahora? Tomo mi espada y me giro rápidamente. Me toma un segundo encontrarla. Sigo el camino de sangre. Hacía arriba. La Bruja Carmesí está encaramada en el techo del edificio detrás de BL&C, con cuerdas de entrañas colgando sobre el costado en largas hebras brillantes, goteando en la acera. Las agujas de hueso que usó para despellejar a Barrons y a Ryodan son en realidad sus piernas, que se doblan en forma extraña, en cierta manera como las piernas delanteras de una mantis religiosa, y tiene ganchos curvados en las puntas. Con apéndices similares a los de un insecto, está tejiendo sus tripas al dobladillo de su vestido. Mientras sus piernas de huesos repiquetean, las tripas se balancean sobre el borde, acortándose, centímetro a centímetro, manchando con sangre los ladrillos. Es tan perturbador que mi estómago se rebela y mi cuerpo intenta romper en llanto y vomitar al mismo tiempo. Lo trago todo y me atraganto. Oigo un sonido gutural seguido de un débil suspiro y miro los cuerpos. —Voy a matar a la niña —dice Barrons débilmente. Ryodan hace un sonido burbujeante como una risa sangrienta. No creo que ni siquiera le queden las partes para reír. —Ponte en la fila. Ambos se desinflan y se quedan quietos. Los miro estúpidamente. Mueren como superhéroes: haciendo bromas. Como si fueran a levantarse mañana y pelear otro día. Sin miedo. Con toda fuerza hasta el maldito final. 323
  • Siento como si alguien también me hubiera arrancado las entrañas. Ya no puedo soportar mirarlos así que dejo caer mi cabeza, y cierro los ojos con fuerza. Mi cabeza es un lío. ¿Cómo llegue aquí? ¿Cómo fue que decidir ir a la biblioteca del Rey Unseelie terminó con Ryodan y Barrons muertos? No puedo entenderlo. Quiero decir, sí puedo, porque duh, puedo seguir la cadena de eventos pero, ¿quién mierda podría haber previsto tal bizarro y absurdo desenlace? ¿Cómo se supone que tome pequeñas decisiones cuando pueden tener tan grandes e imprevisibles resultados? —Bueno, eso fue fortuito. —Christian rodea sus cuerpos y se mueve hacía mí, riendo—. Dos muertos, faltan siete. Me pregunto si simplemente podemos llevar a la perra hacia ellos. Mac, también. Mi cabeza se levanta rápidamente. Está riendo. Ellos murieron y él está riendo. Comienzo a temblar. —Aléjate. De. Mí. —¿Qué hice, muchacha? —¡Me llevaste allí, eso es lo que hiciste! No me advertiste lo suficiente. ¡Solo tengo catorce años! ¡No lo sé todo! ¡No puedo saberlo todo! ¡Eres mayor! ¡Se supone que debes advertirme sobre las cosas! ¡Y ahora actúas como si fuera bueno que estén muertos! —Pensé que querías a Ryodan fuera de esto. —¡Solo quería que me dejara en paz! ¡Y nunca quise que Barrons muriera! ¡Aw, mierda, Mac! —digo en un lamento. Miro la parte trasera de la librería, ahora incluso más miserable que antes. Mac está ahí adentro. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que salga y encuentre a Barrons en el callejón, desangrado en la nieve? ¿Cuánto antes de que también descubra mi complicidad en esto? Puedo verla, encontrándolo, arrojándose sobre su cuerpo, llorando. Otra trágica pérdida en su vida. Porque abrí una maldita botella. Porque fui curiosa. La noche en que Alina murió, sentí como si no estuviera... realmente ahí. Nunca fui capaz de quitarme la sensación de que algo malo sucedía conmigo. Busqué en los diarios de Ro de principio a fin pero nunca escribió una maldita palabra sobre mí. Nunca. Me hace pensar que quizás tenía otros diarios que todavía no he encontrado. Pero hoy estoy aquí. 324
  • Sufro el desagradable cambio que sentí una vez antes, la noche en que hice que Jo se quedara trabajando en el club. El cambio en el que me muevo lateralmente hacia una diferente forma de ser yo, me veo diferente, y no me gusta. Es el cambio en el que soy un bote y hay todo tipo de personas volcadas en mi estela. No, no soy un bote. ¿Qué dijo Ryodan que era? Un tsunami. Eso es. Golpeando cosas y arrasándolas. Cuando lo dijo, él no tenía idea de que sería una de las cosas que yo arrasaría. O de que no viviría para ver la tremenda mujer en que me voy a convertir. Sobre mi cabeza las agujas de hueso repiquetean. Oigo el húmedo golpe de los intestinos contra la pared mientras son arrastrados hacia arriba. Debería estar aterrorizada. Debería estar huyendo por mi vida para que no me haga lo que les hizo a ellos. ¿Debería esconder los cuerpos para que Mac no los encuentre y descubra lo que hice? —Vamos, muchacha. Tenemos que salir de aquí mientras está ocupada. La Bruja se obsesiona con su tejido, pero terminará pronto —dice Christian. Mis piernas están hechas de cemento y tengo bloques de concreto en lugar de pies. Solo sigo mirando de Barrons y Ryodan a la librería y viceversa. Primero Alina. Ahora Barrons. No va a haber un lugar en la faz de este planeta en el que Mac no vaya a perseguirme cuando descubra lo que sucedió aquí esta noche. Miro a Ryodan. ¿Cómo puede estar muerto? ¿Quién va a dirigir Chester’s? ¿Quién va a controlar a esos perdedores Fae y humanos? Con tanto Barrons como él muertos, ¿hay algún lugar seguro en Dublín? ¿BL&C y Chester’s serán abandonados? Una mano se cierra sobre mi hombro y estoy a punto de saltar fuera de mi piel. —Tenemos que salir de aquí, Dani. Está terminando. Me lo saco de encima violentamente. —¡Nunca vuelvas a tocarme, Christian MacKeltar! Él exhala brusca y repentinamente como si le hubiera dado un puñetazo en el estómago. —No quieres decir eso. —Pruébame. —Cierro mi mano alrededor de la empuñadura de mi espada. —Yo soy el que te la devolvió, muchacha. Soy el que te cuida. 325
  • —Tú eres el que me llevó a un lugar que no sabía que era tan peligroso como lo era. Gente terminó muerta por eso. ¿Al menos llegaste a sacar los libros que encontraste? —Tenía otras cosas en mi mente. Estabas en peligro. Todo fue por nada. Los libros fueron tirados, olvidados. Miro a la pared. Seguro, podría volver a entrar, pero no puedo leer nada de las cosas de la biblioteca, así que, ¿cuál es el punto? ¿Y quién sabe qué otra cosa podría liberar al abrir algo más ahí? Levanto la mirada. La sangre gotea por el costado del edificio. Mientras la espantosa Bruja teje, arranca un pequeño hueso del lío de tripas y órganos y lo mete en su corsé, tomándose un momento para reacomodar sus pechos de aspecto obscenamente humano. Luego se detiene abruptamente y me mira como si de repente se hubiera dado cuenta de que hay más presas en el callejón y que la están mirando. Luego de un momento me descarta y vuelve a sus puntadas, pero me siento... marcada de algún modo. Como si me hubiera archivado en su cerebro de insecto Unseelie. —¿Cómo la mato? ¿Servirá mi espada? —Quizás. Pero nunca te acercarías lo suficiente. Sus agujas son más largas que tu espada. Tendría tus tripas en su vestido antes de que siquiera lograras moverla. —Dijiste que ella se obsesiona cuando teje. —No tanto. El ambiente en el callejón trasero cambia abruptamente y me toma un minuto darme cuenta por qué. Una luz acaba de encenderse en la parte trasera de BL&C y está derramándose por las ventanas, sobre la nieve manchada de sangre. Sé lo que eso significa. Mac está moviéndose en el interior, buscando a Barrons. Me imagino que no pasará mucho antes de que mire la parte trasera para ver si su auto está ahí. Si Mac saliera por esa puerta e intentara matarme en este momento, no estoy muy segura de cuán bien pelearía. Miro a Barrons y Ryodan una última vez. Tengo que corregir esto de alguna manera. Tengo que equilibrar la balanza y hay mucho en mi contra. —Acércate a mí otra vez y te mataré —digo, suave como Ryodan solía hablar. 326
  • Congelo el cuadro hacia la noche. 327
  • Traducido por Shadowy y Susanauribe Corregido por Lizzie aso los dos días siguientes pegando concisos Diarios de Dani que describen a la Bruja Carmesí y su M.O.88, a la caza de Dancer, recolectando el resto de bolsas ziplocks que necesito de las otras escenas congeladas (excepto el club debajo de Chester’s, al cual no tengo ninguna prisa por acercarme), y llenando mi mochila de muestras. Son algunos de los días más miserables de mi vida. Subo y bajo como un maldito elevador psicótico que está siendo controlado por algún maldito niño psicótico, presionando botones de pisos al azar. Un segundo estoy pavoneándome, al siguiente estoy abatida. P Un minuto estoy eufórica porque nunca tengo que volver a trabajar. Mi vida es mía. Jo puede renunciar al subclub. Dejará de usar cosas brillantes entre sus tetas y de acostarse con Ryodan. Al siguiente minuto recuerdo que si los hombres restantes de Ryodan se enteran de que yo siquiera tuve una mínima parte en la muerte de su jefe, estoy más muerta que todos los muertos de Dublín. Además, la Bruja Carmesí está suelta, el Rey Escarcha todavía está ahí afuera, Dublín esta lentamente convirtiéndose en la maldita Antártida, Christian y yo no estamos en buenos términos, y ahora Mac tiene el doble de razones para matarme, asumiendo que lo sepa. No puedo decidir si ella lo sabe. Un minuto creo que sí, al siguiente no. Los cuerpos desaparecieron. Volví en la mitad de la noche para ocultarlos. Debería haberlos ocultado de inmediato pero no estaba pensando claramente. 87 88 “If I stay lucky then my tongue will stay tied”: de la canción “Lucky” de Seven Mary Three. M.O.: Modus Operandi; forma de proceder. 328
  • Aparte de la sangre en el callejón y en la pared de ladrillo, no quedaba ningún rastro de ellos. Al principio pensé que Mac debía haberlos encontrado y llevado a algún lugar para un entierro apropiado, pero luego decidí que no era así, porque ayer la vi corriendo por la calle hacia Chester’s, toda abrigada y temblando en el frío, y no lucía triste. He visto triste a Mac. Sé cómo se ve. Lucía un poco tensa pero por lo demás normal. Tenía un rastro de ZCF detrás de ella, chillando. Me pregunto si, como los cuervos, los ZCF son presagios de la muerte. Me preocupa que estén siguiendo a Mac. Su tensión se debe probablemente a lo que le está sucediendo a Dublín. Todos a los que veo están tensos. Y temblando. Hace doce grados bajo cero en Dublín durante el día, incluso más frío en la noche. La nieve ha estado cayendo, acumulándose. La ciudad no está preparada para manejar este tipo de clima. Mucha gente no tiene energía donde están alojados. No sobrevivirán a estas condiciones mucho tiempo. Me pregunto si la Bruja Carmesí se comió los cuerpos de Barrons y Ryodan. Si cosió sus tripas y luego cenó el resto. Creería que habría escupido unos cuantos huesos, pero quizás los necesitaba todos para acicalar su corsé. Luego me imaginé que Christian probablemente había vuelto para poner orden y ocultar la evidencia. Intentando ponerse en buenos términos conmigo una vez más o algo. ¡Me pregunto dónde diablos está Dancer! Necesito su súper cerebro para que me ayude a triturar los hechos de modo que pueda evitar que mi ciudad se convierta en un iceberg. Y entonces poder evitar que la gente sea tejida en un vestido. Tengo dos lugares más para buscarlo, luego se me acaban los lugares. Congelo el cuadro por O’Connell, arrancando carteles de WeCare de las farolas mientras avanzo. Estúpidos malditos idiotas están tratando de aprovecharse de que la gente no tiene energía, animándoles a unirse a sus reuniones de oración, a entrar en calor y “tomar el blanco”. No sabía lo que eso significaba hasta que vi un par de personas saliendo de una de las iglesias que la gente de WeCare ha designado como propias, usando largas túnicas blancas sobre su ropa. Cargaban bolsas de alimentos enlatados y sonreían. En mi experiencia, cualquier otra persona aparte de tu mamá que te alimente va a querer algo a cambio de ello. Zumbo hacia el penthouse de Dancer, donde nos gusta acostarnos bajo el sol, desarmo sus trampas explosivas y asomo la cabeza por la puerta, llamándolo. El lugar está silencioso y vacío. Decido ver si tiene algo de comida 329
  • en la despensa porque estoy muriendo de hambre. Cuando llego allí, me parto de risa. Hay una nota pegada a una pila de latas puestas justo en el medio del piso. Es un criptograma. Es como nos dejamos mensajes el uno al otro. Abro lata tras lata de salchichas y me atiborro mientras resuelvo el rompecabezas que me dice dónde está. Hay muchas cosas escondidas en Dublín, al igual que en la abadía. Cuando comencé a vagar por la ciudad, conseguí uno de esos libros de turismo y visité todos los lugares de moda como cualquier turista. Estaba avergonzada de ser una extraña en mi propia ciudad, nunca habiendo salido mucho de mi jaula. Quería conocer todo lo que todos los demás conocían, verlo todo con mis propios ojos en lugar de verlo en la televisión o leer sobre ello en un libro. Fui a la Trinity College y recorrí todas las cosas geniales allí. Nunca llegué a ir a la escuela, así que fue agradable ver los salones de clase y laboratorios y bibliotecas y la gente siendo toda social en lugar de ser reservados todo el tiempo. No podía entender el crecer de esa forma. Mamá me enseñó a leer. Me enseñé el resto yo misma. Pasé por los museos, por la fábrica de cerveza, pasé el rato en Temple Bar, visité las catacumbas debajo de la Catedral de la Iglesia de Cristo y la Iglesia de St. Michan, y finalmente perseguí los ríos subterráneos. Escuchaba cuando los universitarios hablaban entusiasmados de sus lugares favoritos y también fui allí. Presté atención cuando la gente mayor hablaba en las calles acerca de cosas que solían ser. Así es cómo encontré el bajo Dublín. Un par de tipos viejos arrugados jugando a las damas junto al Río Liffey solían trabajar para una familia mafiosa y sabían algunas cosas interesantes. Debajo de un restaurante dirigido por un tipo llamado Rocky O’Bannion, este mafioso de gran fama que desapareció el año pasado en la locura de la caída de los muros, lo encontré. Un panal de túneles y criptas escondidas más allá de una pila de escombros y una serie de entradas enrejadas tan complejas que solo alguien tan curioso como yo o un criminal tratando de esconder cuerpos y un botín alguna vez habrían pasado. Dancer y yo hicimos mapas de partes, pero aún tenemos mucho que explorar. Ahí es dónde lo encuentro ahora, en una de las catacumbas subterráneas, por un túnel colapsado (a menos que supieras cómo encontrar el desvío oculto) más allá de las puertas de acero cerradas, con bisagras en la piedra, lleno de trampas explosivas. 330
  • La habitación en la que está es larga y estrecha y hecha completamente de piedra, con esos viejos techos abovedados fórnix89, soportado por enormes columnas, como solo he visto alguna vez en criptas antiguas y en la biblioteca de la abadía. Tiene luces instaladas que imagino tienen que ser a pilas porque no oigo un generador, e instalar uno aquí abajo tomaría mucho trabajo. Está parado detrás de una losa de piedra que solía mantener un cadáver pero que ahora está cubierta de cuadernos y sobres, computadoras portátiles, botellas, vasos, y quemadores. Si, este lugar es Dancer, solo falta un televisor para ver películas, una nevera y ducha, y conociéndolo, probablemente tiene un escondite improvisado cerca con todas las comodidades. Otra losa está repleta de botellas de agua y comida. Su cabeza está baja y está trabajando en algo, sumido en sus pensamientos. —¡Amigo, esto es condenadamente increíble! —digo mientras entro. Dancer levanta la mirada y la sonrisa que me da es cegadora. Todo su cuerpo cambia, como si estuviera colgado de cables pendiendo del techo y acabaran de ser cortados. Sus hombros bajan, sus extremidades de deslizan más suaves, los duros planos de su rostro se relajan hasta formar el Dancer que conozco. —¡Mega! —dice. Entonces lo dice de nuevo—: ¡Mega! —Ese es mi nombre, amigo. No lo gastes. —Entro pavoneándome a la cámara y veo que él también ha estado recogiendo cosas de las escenas. Detrás de él está su pièce de résistance90: ¡un tablero de misterio! Amplió mapas y reconstruyó un enorme estudio topográfico de Dublín y las zonas periféricas y tiene pines y notas pegados por todos lados. Sonrío. Yo no podría haberlo hecho mejor—. Este lugar es lo Mejor —digo. —Pensé que te gustaría. —Levanta sus lentes de la losa, los empuja hacia atrás sobre su nariz y me sonríe. Sus ojos están rojos como si hubiera estado estudiando por demasiado tiempo. Es alto y delgado y casi perfecto. Le devuelvo la sonrisa y solo nos sonreímos el uno al otro por unos segundos, porque estamos tan felices de vernos de nuevo. Es una gran ciudad. A veces me siento sola en ella. Entonces veo a Dancer. Tiro mi mochila sobre una mesa plegable cercana y saco mis bolsas ziplock y las fotos para agregar a su tablero. Él se acerca y las clasificamos en un silencio feliz, rozando los hombros y sonriéndonos. Sigue mirándome como si no pudiera exactamente creer que esté allí. El tipo está actuando como si 89 90 Fornix: tipo de arco romano similar al Arco del Triunfo de París. Pièce de résistance: Atracción principal. 331
  • realmente me hubiera extrañado. Siempre estamos contentos de vernos, pero algo es diferente hoy. Comienza a clavar mis fotos de las escenas en el tablero, y lo miro, porque algo no tiene sentido para mí, además de cuan extraño está actuando. —¡No hay tantos lugares congelados en Dublín! —Señalo los pines en el tablero. —No hace unas semanas. Han ido en aumento. —Amigo, solo había diez. ¡Tienes, como, veinticinco pines en este tablero! ¿Estás diciéndome que quince lugares más fueron congelados en los últimos días? —Mega, la última vez que te vi fue hace casi un mes. El día que intentamos recuperar tu espada de Jayne. Me quedo boquiabierta. —Eso no fue hace un mes. ¡Eso fue hace un par de días! —No. No te he visto durante tres semanas, cuatro días, y… —Mira su reloj—… diecisiete horas. Dejo escapar un silbido bajo. Sabía que el tiempo se movía diferente en Faery pero no se me ocurrió que la Mansión Blanca fuera parte de Faery. ¡No es de extrañar que Ryodan estuviera tan enojado conmigo! Falté al trabajo por semanas. Me río. Debe haber estado volviéndolo loco. Mi risita muere. Por un segundo olvidé que estaba muerto. Me siento descompuesta de repente así que abro una barra de chocolate y me la como. —Estaba preocupado. Lo miro. Está mirándome directamente a los ojos, más serio de lo que jamás lo he visto. Me pone incómoda. Como si se supusiera que dijera algo y no supiera qué. Le devuelvo la mirada y simplemente nos miramos por unos pocos segundos. Rebusco en mi repertorio y salgo con: —Amigo, supéralo. Soy la Mega. Nunca tienes que preocuparte por mí. He estado sola siempre. Me gusta de esa forma. —Le doy mi sonrisa característica. Consigo una sonrisa débil a cambio. 332
  • —Entendí el mensaje, Mega. Fuerte y claro. —Se vuelve, regresa a la losa. Ya no está moviéndose suavemente. Algunos de esos cables están de vuelta. No me gustan esos cables. Lucen… no lo sé, adultos para mí. —Solo digo, que no te preocupes por mí. Es estúpido preocuparse por mí. Puedo cuidar de mí misma. —Ahora soy estúpido. —No dije que tú fueras estúpido. Dije que era estúpido preocuparse por mí. —Y eso, el acto de preocuparse, no debe ser confundido con la persona que lo hace. —Exactamente. Soy la Mega, ¿recuerdas? ¡Pateo traseros por todo Dublín! — No sé qué le sucede. ¡No está respondiendo bien a nada de lo que estoy diciendo! —La capacidad de defenderse a sí mismo no tiene absolutamente ninguna relación o relevancia al porte o comportamiento emocional de los demás. —¿Eh? —No me digas qué puedo y qué no puedo sentir. Si tengo ganas de preocuparme por ti, lo haré. —Amigo, no hay necesidad de ser cortante. —No estoy siendo cortante. Estoy ofendido. Te fuiste casi un mes. Entre esquivar al imbécil psicótico que te acosa día y noche, analizar la evidencia, y tratar de salvar a esta ciudad, he estado frecuentando cada escena congelada que aparece. Visitándolas dos y tres veces al día. ¿Sabes por qué? —¿Para reunir más evidencia? —He estado esperando a que se derritieran lo suficiente para poder ver si tú estabas allí. Muerta. Sin volver a hablarme jamás. Me quedo mirándolo. Nunca hablamos de cosas así. Esto apesta a jaula para mí. Como si hubiera otra persona con quien tuviera que reportarme ahora. Como si mi vida no fuera ya propiedad de demasiadas otras personas. —Recuperé mi espada ahora —digo rígidamente—. No voy a ser congelada. —Inválido. Esas dos declaraciones no tienen relevancia entre ellas. Ninguna. Cero. Nada de nada. Nada. La espada no te protegerá de ser congelada. Dejé notas para ti en la despensa de cada escondite que tengo y todos los tuyos que pude encontrar. ¿Sabes qué escuché? Nada. Por casi un mes. 333
  • —Amigo, tengo la imagen. No te gustó no poder encontrarme. Lástima que no puedas ponerme una correa, ¿eh? ¿Quizás meterme en una jaula en alguna parte? —Está enojándome. Creo que estamos teniendo nuestra primera pelea. Me hace sentir enferma del estómago. —Discúlpame por preocuparme por ti. —Amigo, ¿qué te sucede? Esto no somos nosotros. ¿Por qué estamos arruinándonos? —¿Preocuparme por ti es arruinarnos? —Preocuparse es una cosa. Tratar de encerrarme es otra. Me da una mirada que simplemente no entiendo. Como si estuviera siendo obtusa cuando él es el único que está siendo obtuso. Creía que nuestra forma de pasar el rato era clara y bien definida. Somos superhéroes. Él no está ateniéndose al guión. Si continúa desviándose, voy a saltar de los libros de historietas. —Mi error. No lo haré de nuevo. —Y así, vuelve a ser Dancer, todo negocios—. Ese día en el castillo fue la primera vez que conseguí echar un vistazo a lo que ha estado congelando las cosas. Mucho ha sucedido desde entonces. Congela un nuevo lugar casi todos los días. Ryodan y sus hombres han estado desgarrando esta ciudad buscándote. Él allanó la mitad de mis lugares. Me mudé aquí abajo para alejarme de él. Va a matarte cuando te encuentre. —No si yo lo mato primero —murmuro alrededor de un bocado de barra de chocolate, fingiendo que no lo hice ya. Cuando tienes un secreto por el que la gente te mataría, te quedas callada al respecto. Con todos. Por supuesto, si estoy aprendiendo de mis errores, debería matar a Christian como no maté a esos estúpidos faeries ceceantes que se comieron a Alina y me delataron con Mac. Estoy un poco molesta de que Dancer haya vuelto a hablar de las cosas como si nunca siquiera hubiéramos tenido nuestra primera discusión, porque es una gran cosa para mí. Va a tomarme horas dejar de sentirme nauseabunda y confundida por dentro. Como cuando estoy confundida. Meto otra barra de chocolate en mi boca. —Incluso Barrons se unió a la caza. También lo hicieron esas chicas de la abadía con las que a veces te juntas. La ciudad sigue volviéndose más fría con cada nuevo lugar que es congelado. La gente se está cayendo a pedazos. Nadie sabe qué hacer, cómo detenerlo, o incluso dónde es más seguro estar. —Da un paso atrás y mira el mapa—. Hasta ahora no he sido capaz de discernir el patrón. Tenemos que averiguar qué está buscando. 334
  • —¿Qué quieres decir con “buscando?” —Ésa fue exactamente la sensación que recogí con mis sentidos sidhe-seer, pero Dancer no los tiene. Comienzo a sentirme un poco menos enferma. No sé si son las barras de chocolate en mi estómago o pensar en el trabajo. —A menos que esté comportándose de una manera aleatoria e ilógica impulsado por absolutamente ningún imperativo biológico, lo cual postulo es antitético para cualquier forma de vida inteligente, tiene un propósito. Sonrío brillantemente, nuestra pelea olvidada. ¡Tienes que amar a un tipo que dice cosas como “postulo” y “antitético”! —¡Me encanta estar contigo! —le digo. Me da una mirada que es del antiguo Dancer pero un poco cauteloso, así que aumento el voltaje en mi sonrisa hasta que él me la devuelve. —Ese propósito puede ser lo suficientemente extraño —prosigue—. Para eludir la detección, pero está ahí. Son nuestros métodos los que no son suficientes. Tenemos que salir de nuestra caja y procesar los hechos sin prejuicios. Esta cosa no es de nuestro mundo. No sigue nuestras reglas o alguna ley de la física. Parece ser capaz de abrir un portal donde sea que quiera hacerlo. Ya lo he visto hacerlo dos veces. —¿Lo viste de nuevo? —Estoy tan condenadamente celosa que podría escupir. —He estado vigilando a WeCare, intentando averiguar quién es el mandamás. Nadie parece saber quién inició la organización. Hace unas noches fui a ver una de sus reuniones de oración. La iglesia donde estaban manteniéndola se congeló cuando estaba a media cuadra de distancia. Un minuto estaban cantando, al siguiente no podía escuchar nada. Parecía que todo el mundo se había quedado en silencio o yo me había quedado sordo. Me paré en la calle y observé. Hizo exactamente lo mismo que hizo en el Castillo de Dublín. Salió de un portal, llenó todo de niebla, lo congeló, abrió otro portal, y se desvaneció. Me estremezco. ¡Estaba a media cuadra de distancia! ¿Qué tal si hubiera llegado, como, un solo minuto más temprano? Entonces tengo un pensamiento peor. ¿Qué tal si yo no hubiera sido capaz de encontrarlo por un mes? ¿Habría estado congelando el cuadro de una escultura de hielo a la siguiente, esperando que se derritieran, preguntándome si había perdido a mi mejor amigo? De repente estoy avergonzada. 335
  • —Amigo. Lamento haberme ido tanto tiempo. Su cabeza se dispara hacia arriba y me da una sonrisa que me mata. —Amiga. Gracias. Me alegra que hayas vuelto. —Oí que salvaste mi vida en la iglesia esa noche. Eres lo Mejor. —No, tú lo eres. Nos sonreímos mutuamente por lo que se siente como una hora de cielo, y así de fácil, todo está bien entre nosotros una vez más. Empezamos a cotorrear como locos como si nunca nada hubiera sucedido. Me cuenta las novedades sobre nuevas pandillas formándose en la ciudad. Le cuento sobre la biblioteca del Rey Unseelie. No puedo guardarme ese tipo de cosas fascinantes. Puedo decir por lo brillantes que se ponen sus ojos que se está muriendo por verla. ¡Me cuenta que un enorme AFI de fuego casi quemó la abadía hasta las cenizas! Evaporaba hierro y concreto y si hubiera llegado a la abadía, no hubiera quedado nada. Pero los hombres de Ryodan lo detuvieron atándolo al suelo de alguna manera. No me gusta que esté allí afuera junto a la abadía, atado o no. Me pone nerviosa. Le cuento sobre los libros Boora-Boora y él se muere de la risa por mí persiguiendo las rebeldes oraciones. Me cuenta cómo WeCare comenzó a pintar edificios de blanco para que las personas supieran que es uno de ellos, y si entras y te inscribes, y asistes a las reuniones, te dan toda clase de comida y cosas. Le cuento sobra R’jan tratando de posicionarse como rey de los Fae y que el monstruo de hielo tiene un nombre: el Rey Escarcha. Creo que es lo más que nos hemos contado sobre los detalles diarios de nuestras vidas. Me cuenta que la comida se está volviendo realmente difícil de encontrar. Le cuento sobre los Fae totalmente inertes en las escenas y sobre como R’jan dijo que mataba a los Seelie y Unseelie más muertos que la muerte, borrando todo registro de su existencia. —Creo que puede estar detrás de la fuerza vital de las personas —le digo. —Pero, ¿por qué esas escenas? ¿Cómo selecciona las que elige y por qué las congela? ¿Y si quisiera la fuerza vital de la gente, por qué no va a donde están reunidas las grandes masas? Y en algunas de estas escenas, solo había pocas personas. —Quieres decir, ¿que por qué congelaría el pequeño club debajo de Chester’s cuando podría haber congelado todo el lugar? 336
  • —¿Congeló una parte de Chester’s? —Ése fue el primer lugar congelado del que supe. Es la razón por la que Ryodan me arrastró a este desastre. —Eso no puede estar detrás de la fuerza vital. También tomó una aguja de iglesia. No había una sola persona o Fae en ese lugar. —Quizás solo estaba volando sobre esa aguja y la congeló accidentalmente. O quizás había una pequeña fuerza vital, como un ratón ahí, y se estaba sintiendo hambriento. Él sonríe. —Quizás. —Sin embargo, medio lo dudo. Creo que deberíamos etiquetarlas por orden de aparición. Quizás eso nos ayude a ver algo. —Lo que me preocupa —dice—. Es que ni siquiera podemos decirle a la gente algo tan simple como: quédense en grupos pequeños y estarán bien. La gente tiene miedo de su propia sombra, Mega. Toda la ciudad está al borde, los temperamentos tan subidos y la gente está metiendo en peleas por nada. Tenemos que descubrir qué está sucediendo porque si no se mueren congelados primero, se matarán entre ellos. Han perdido demasiado y han estado asustados por mucho tiempo. Mientras no estabas, no hubo Diarios de Dani y en tiempos como estos, que no haya noticias no son buenas noticias. La gente necesita creer que alguien está en las calles cuidándolos. —¿Qué hay de WeCare? ¿No se están tomando su trabajo en serio? Amigo, cuando no estaba, deberían haber tomado el poder, ¡poniendo más ejemplares! ¡Un periódico tiene una responsabilidad con la gente! —Lo único que WeCare le está diciendo a la gente que necesitan es “tomar el blanco” y todo estará bien. La mitad de esta ciudad está apresurándose a ciegas para tomar la fe; la otra mitad no les cree. Agrega la falta de comida y agua, y el frío brutal, y vamos a tener una revuelta en nuestras manos uno de estos días. Alejo mi cabello del rostro y miro el tablero de misterio. Cuento veinticuatro pines. Mis nueve bolsas ziplock ya no son representativas de las escenas. —¿Recolectaste restos? Él me da una mirada que dice qué clase de idiota crees que soy, y una sonrisa, y recoge una caja del piso que está llena de más sobres amarillos como los que hay en la losa. 337
  • —He estado analizando muestras de las escenas, categorizando y aislando elementos en común. También tomé fotos. Le devuelvo la sonrisa porque las grandes mentes piensan igual y es tan condenadamente genial ser dos guisantes en la Mega vaina. Mientras abre los sobres, vuelvo a pegar fotos de las escenas donde van en nuestro tablero de misterio. Pensaba que mi idea de la fuerza vital estaba correcta hasta que él señaló dos grandes fallas. Mierda. Es bueno que tenga mis bolsas “imparciales” de evidencia. Comienzo a reír por lo bajo, luego vuelvo a recordar que Ryodan está muerto. Por alguna razón, es difícil para mí recordarlo. Como si pensara que él era eterno o algo así. No tengo idea de por qué se siente como tal patada en los dientes cada vez que pienso en eso. Claro, yo dejé salir a la Bruja, pero él es el tipo que falló en esquivarla. Yo no me muevo tan rápido como él, y me las arreglé para irme. Ocho horas después apenas puedo ver correctamente. Mirar trozos de escombros y luego estudiar el mapa alternativamente me está poniendo los ojos cuadrados. He estado despierta por tres días, alimentada por un constante subidón de azúcar de las barras de chocolate, refrescos y la nube de algo encima de mí me vuelve loca. Culpa. La culpa es para los perdedores. La culpa es para la gente que tiene cosas estúpidas como el remordimiento. Contemplo la noción de que quizás los remordimientos son un proceso de acumulación de tiempo, tan inevitable como un armario lleno de ropa y más bolsas de ella en el ático. ¿Es el equipaje acumulado lo que hace que la gente envejezca? Si es así, necesitan limpiar sus malditos áticos, mandar las cosas a tiendas de segunda y recordar cómo caminar desnudos como niños, pequeñas barrigas sobresaliendo, siempre listos para una buena risa. En el segundo en que mate a la Bruja Carmesí, voy a enviar mi culpa directo al infierno donde puede arder. El problema es que estoy atascada con ella hasta ese momento y me está poniendo más irritable que las hormonas. No me gusta sentirme responsable por la mierda. Como pequeñas anclas reteniéndome en mi feliz mar que tiene una aventura incluso más grande esperando justo más allá de la siguiente ola. Hay un poco de todo en las bolsas plásticas. Astillas de madera de los bancos de iglesia, vidrio tintado, cabello, trozos de hueso y alfombra y cuero, tierra, plástico, comida, partes humanas, partes de Unseelie. Hay pedazos de cristal blanco y tiras de tapetes para yoga, partes de teléfonos, dientes, joyas, fragmentos de varios aparatos electrónicos, pedacitos de barras de hierro, un 338
  • trozo de lavadero, estantes de metal. Hay papel y envolturas de plástico, parte de una uña con un hueso fusionado, un audífono, la mitad de una licencia de conducir y sigue la lista. Hacemos una lista de los contenidos de cada una de las escenas, la pegamos al tablero de la muerte y tachamos todo lo que no estaba en cada bolsa. Nos quedan los “escombros misteriosos”, que es como decidimos llamar a las cosas de tierra en el fondo de cada ziplock, metal y plástico. —¿Estas cosas… no sé, no se sienten extrañas para ti, Mega? Tomo un trozo de cristal en mi mano y lo sostengo por un segundo. —Está más frío de lo que debería, como si todavía estuviera parcialmente congelado. No se calienta sin importar cuánto tiempo lo sostengas. —No, hay algo más. No puedo descifrarlo. Espero. No fui a la escuela y estoy un poco asombrada ante cuánto sabe Dancer. Sí dice que hay algo más, es que es así. Él medita en voz alta. —Si no está tras la fuerza vital, ¿cómo está seleccionando sus escenas? Podría ser que la cosa no esté detrás del plástico o el metal, lo cual está en cada escena en alguna forma, sino un ingrediente en el plástico o el metal. La cosa puede estar cazando rastros infinitesimales de algo. Empujo una pila de viejos huesos al borde de la losa de piedra, me estiro junto a ellos, doblo los brazos detrás de la cabeza y mentalmente comienzo a reconstruir las escenas que eran antes de estallar, pensando que podría ser más fácil encontrar algo en común antes de que fueran reducidas a polvo. —¿Como una especie de vitamina o mineral teórico que necesita para lograr algo que quiere hacer? —O un elemento común en las escenas que le hace pensar que lo que quiere podría estar en esa escena —dice Dancer. —¿Huh? —Podría ser como un pescador, yendo a donde sea que haya agua salada, porque está buscando una ballena. Nunca necesariamente encontraríamos una ballena. Pero siempre encontraríamos agua salada. Si podemos averiguar qué lo atrae, estamos a mitad de camino de detenerlo. —Todavía hay tres escenas de las que no tenemos muestras. Las dos que dijo R’jan que se congelaron en Faery y la que hay debajo de Chester’s. 339
  • —¿Puedes pedirle a Ryodan que nos ayude a conseguir muestras? Por lo que he oído, casi todos le deben algo a ese tipo. Todas mis imágenes mentales se rompen cuando Dancer dice su nombre, y de repente estoy viendo dos imágenes al mismo tiempo: Ryodan en el nivel cuatro riendo, teniendo sexo, más vivo que cualquier persona que haya conocido excepto yo, y Ryodan, desangrado en el callejón, tripas colgando de un lado del edificio, haciendo una broma mientras muere, y estoy teniendo la idea más extraña, ¡apenas llegué a conocerlo! —Sí, si lo hice —murmuro, poniéndome de pie porque si voy a vomitar mi barra de chocolate, no voy a estar acostada mientras lo hago. —¿Hiciste qué? —dice Dancer. Siempre peleé con él y le decía que lo odiaba. —Se lo merecía. ¡Él era el maldito más arrogante e irritante que he conocido! —¿Merecía qué? ¿Quién lo era? Parece que también tendré que comenzar a llamar EP a Ryodan. Porque está haciendo que me duela el estómago. No me gusta que no esté en el mundo. —¿Esto significa que mi contrato expiró, o puede alguno de los tipos hacerlo cumplir? —Simplemente nunca lo sabes con tipos como ellos. Nunca quiero volver a Chester’s, y no quiero regresar a BL&C, asumiendo que pudiera, porque ahora es simplemente L&C y los ingredientes críticos que hacían ambos lugares tan emocionantes e increíbles no tienen nada que ver con los lugares en sí. —¿Qué contrato? Ahora que esos ingredientes críticos se han ido para siempre tengo un mal presentimiento sobre Dublín, sobre todo el mundo. Como si pudiera haber inclinado al mundo en su eje y haberlo puesto en una posición extraña, nueva y no tan segura al eliminarlos. —Mega. —Dancer está parado frente a mí—. Háblame. —No le podemos pedir nada a Ryodan —le digo. —¿Por qué no? Me froto los ojos y suspiro. —Lo maté. 340
  • Despierto con el cuello completamente adolorido y con una bolsa ziplock pegada a mi mejilla con baba. Levanto la cabeza unos centímetros y miro por debajo de mi cabello, esperando que Dancer no me esté mirando, y cuando lo encuentro mirando el tablero de misterio, suspiro con avergonzado alivio. Me despego la bolsa del rostro, seco la baba con mi camisa y froto las marcas en mi mejilla. Puedo sentir la marca de un anillo además de un par de líneas de esas líneas de cierre. Ni siquiera recuerdo haberme quedado dormida. Pero en algún momento simplemente dejé caer mi cabeza sobre las cosas que estaba examinando y me dormí. ¿Unas cuantas horas? ¿Más? —¿Qué hora es? —Que día, querrás decir. —¡Amigo, dime que no dormí tanto! —Lo necesitabas. Sin embargo, no estoy seguro de que puedas moverte. Nunca he visto a nadie sentarse en una silla, dejar caer su cabeza sobre una piedra y no moverse por quince horas. Pensé en acostarte en un lugar más cómodo. Me hiciste cambiar de opinión. —Se voltea y me sonríe. Tiene un labio partido—. No tenías la intención de ser movida. Me golpeaste en sueños. —¡Oh, amigo, lo siento! —No tengo recuerdos de eso. —No te preocupes, Mega. Mi estómago gruñe lo suficientemente alto para despertar a los muertos y él dice: —Tengo algo que he estado guardando para ti. —Hurga en una de las bolsas en el piso, saca una caja y me la lanza. Me ilumino como un árbol de navidad. —¡Maldición! ¡Pop-Tarts! ¿Dónde encontraste Pop-Tarts? ¡No he visto unas en meses! —Incluso antes de que los muros cayeran, podían ser difíciles de encontrar—. ¡Y son mis favoritas, chocolate con glaseado! Abro el paquete y mastico con felicidad. Acabo con las dos primeras en una rápida inhalación, luego bajo la velocidad para saborear cada una de las seis deliciosas y llenas de conservantes y azúcar que quedan. Cuando los muros cayeron, todas las cosas buenas (todas las que son malas para ti), fueron las primeras que salieron de los estantes. Los refrescos y el licor se fueron 341
  • realmente rápido. Dulces, tortas, galletas, tartas, cosas así, fueron las siguientes. Pop-Tarts, todos los cereales azucarados, también volaron de los estantes. Soy tan culpable como la siguiente persona. Lo divertido es que ahora casi daría mi brazo derecho por una comida caliente hecha de carne lentamente cocida, zanahorias, guisantes, pan y salsa. Aun así, las Pop-Tarts están cerca del cielo y Dancer las consiguió para mí, lo cual hace que tengan el doble de sabor. Como, y él me cuenta todo lo que consideró y descartó mientras yo dormía para que yo pueda hacer agujeros en su teoría si es que los hay. Cuando termina de hablar, no estamos más cerca de una conclusión de lo que estábamos antes de que me durmiera. —Entonces, todo lo que todavía tenemos es que cada escena tiene tierra, algún tipo de plástico y metal. —De hecho, es tierra, plástico y hierro. El metal en cada una de las ziplocks es mayormente hierro. —Hierro es lo que usamos para aprisionar a los Fae. —Lo sé. ¿Recuerdas cuántos Unseelie fueron congelados en el Castillo de Dublín? Asiento. —Pensé que había sido porque había tantos. —También resulta ser la ubicación con la mayor cantidad de hierro. Toneladas de esa cosa fueron usadas para construir esas celdas. —¿Dónde estaba el hierro en las otras escenas? —Viejas vías de ferrocarril corren justo al lado de donde estaban lavando la ropa en el campo. Revisé los mapas y descubrí que vías pasan junto a cuatro de las otras escenas. Encontré balas de hierro en dos bolsas. La aguja de la iglesia tenía enormes campanas de hierro. El gimnasio tenía parte de una tetera de hierro y de campanillas del mismo metal. En otra escena había varios autos viejos que tenían marcos de hierro. Ya no los hacen así. En el Castillo de Dublín había todas esas celdas. El techo de uno de los viejos almacenes estaba hecho de hierro. —Él continúa, detallando cada lugar. —¿Por qué hierro? ¿Por qué no, digamos… acero. ¿El acero no es hierro? —El hierro se convierte en acero. Lo que veo es un predominio del hierro sin procesar, como las vías de tren, campanas y barras. Cosas antiguas. Ya no ves mucho hierro. Ves compuestos. El acero es más fuerte y el hierro se oxida. ¿Sabes como las viejas vías que casi siempre están rojas por eso? 342
  • —¿Crees que necesitamos volver a las escenas y ver si se llevó el hierro? —No. Me pregunto si el hierro está en el agua salada. Si es lo que lo atrae. —¿Pero qué es lo que busca? Se encoge de hombros. —¿Quién sabe? ¿A quién le importa? Solo quiero saber dos cosas: cómo atraerlo hacia nosotros y cómo deshacernos de él. Sus metas son irrelevantes. —Pero los Fae odian el hierro. —Lo sé. Eso es lo que hace que me pregunte si lo está atrayendo de algún modo. No estoy diciendo que vaya hacia el hierro porque le gusta. Quizás está intentando destruir el hierro al congelarlo. Quizás uno de los Fae lo convocó para destruir los únicos medios que tenemos para aprisionarlos. Quizás tratar de entender algo que puede abrir un portal multidimensional, navegar por el cielo, abrir otro portal y desaparecer, es un ejercicio de futilidad tan grande como tratar de adivinar los motivos de Dios. —¿Crees en Dios? —Amigo. Solo Dios podría haber creado la física. Me río por lo bajo. —O las Pop-Tarts. Él sonríe. —Ves. Ahí está. Prueba de lo divino. Toda la mancha de chocolate alrededor de tu boca. —¿Tengo chocolate en mi rostro? —Un poco difícil con todas esas líneas de ziplocks en tu rostro, pero sí. Suspiro. Algún día voy a estar con Dancer sin intestinos en mi cabello, sin ropa extraña, sin ojos morados ni sangre y sin comida en mi rostro. Probablemente no me reconocerá. —¿Pero qué hay de esos dos lugares en Faery? —digo. —¿Qué pasa con ellos? —No hay manera de que haya hierro en Faery. —Suposiciones. Potencialmente erróneas. Los muros cayeron. Todo se fracturó y Faery ha estado sangrando hacia nuestro mundo. Tal vez partes del 343
  • nuevo mundo están sangrando hacia Faery y hay vías o campanas en esas partes. Necesitamos muestras de Faery. —¿Y cómo demonios vamos a conseguirlas? ¿Por qué simplemente no intentamos atraerlo con hierro y ver qué sucede? —Ése es el plan B. Intentemos obtener las muestras primero y yo seguiré analizando estas cosas. Hay algo que se me está escapando. Puedo sentirlo en mi interior. Necesito más tiempo con la evidencia. Además, incluso si lográramos que viniera, ¿qué haríamos con él? Necesitamos saber qué lo atrae y cómo detenerlo. Tú consigue las muestras. Yo descifraré el resto. Si no hay hierro en Faery, sabemos que regresamos al punto de partida uno sin haber tenido que recolectar toneladas de hierro y sin tener que encontrar un lugar para meterlo todo donde nadie resulte herido. Me pongo de pie y me dirijo hacia la puerta. Mientras me estoy alejando, él dice: —No vayas a Faery sola, Mega. Haz que un tamizador lo haga por ti. No podemos perder otro mes. Tengo un mal presentimiento sobre estos lugares congelados. —¿Porque siguen explotando? Él se quita los lentes y se frotas los ojos. —No. Como si hubiera algo peor. Mucho peor. No puedo explicarlo. Es un presentimiento. Conozco a Dancer. Cuando tiene un presentimiento, lo que eso realmente significa es que su subconsciente está viendo algo que su cerebro consciente todavía no. Cada vez que me ha dicho que tiene un presentimiento, ha logrado llegar a una epifanía. Confío en él como no he confiado antes en nadie. Si quiere muestras y más tiempo, los tendrá. Me dirijo hacia arriba y hacia afuera, a la noche de Dublín. Una suave nieve está cayendo. La luna tiene un anillo rojo sangre. Hay un lugar seguro para encontrar a un Fae tamizador. Convenientemente, también es el tercer lugar del que necesitamos una muestra. Con suerte, regresaré en unas pocas horas con las últimas tres ziplocks para completar nuestra cadena de evidencias. Mi suerte no ha sido muy buena últimamente. 344
  • Traducido por Sheilita Belikov y dark&rose Corregido por Nanis hester’s. Maldición, odio este lugar incluso más que antes. Esta noche la fila de afuera es una locura. Está a grados bajo cero en Dublín, la nieve ha empezado a caer con intensidad, hay un viento asesino levantándose y de todos modos hay cinco cuadras de gente temblando en el exterior, envuelta en varias capas de ropa, amontonada a la espera de entrar. C Paso junto a ellos en modo rápido, patinando en un punto congelado, zumbo alrededor de uno de los porteros humanos de Ryodan, que tiene las manos demasiado llenas controlando a la multitud como para detenerme, salto la escalera de la entrada principal e irrumpo a través de las altas puertas negras hacia el club. Esta noche está vibrando igual que siempre: música retumbando, luces destellando, gente divirtiéndose como loca. Tenemos algo congelando nuestra ciudad, matando a inocentes en todas partes, convirtiéndola en una zona ártica en junio, y esto es lo que la gente está haciendo al respecto. Bailar, reír, emborracharse, echarse un polvo, actuar como si los muros no hubieran caído, como si el mundo no hubiera perdido a la mitad de la raza humana, y nada hubiera cambiado. Me quedo en la plataforma en el interior de la puerta que tiene vista hacia todo por un segundo, con el ceño fruncido, soplando en mis manos, intentando calentarlas. Necesito guantes. Y una bufanda y orejeras. El ceño fruncido no dura mucho porque me distraigo de estar enojada con la canción que está sonando. Es una de mis canciones favoritas de hace algunas décadas, intensa en el bajo, y está tan fuerte que hace vibrar las suelas de mis botas de combate, hasta mis piernas y mi vientre. Mis huesos retumban con resonancia. Me encanta la música porque es malditamente genial. La música es matemáticas, y 91 “Who’s Your Daddy?”: canción de Toby Keith. 345
  • las matemáticas son la estructura de todo y casi perfectas. Antes de que todo se pusiera tan loco, Dancer me estaba enseñando cosas sobre matemáticas que me deslumbraron. Mi ceño fruncido vuelve. Jo está en el subclub de niños, vestida toda sexy, riéndose de algo que alguna mesera vulgar dijo, moviéndose elegante y bonita con la música mientras va de mesa en mesa, charlando con los clientes y de vez en cuando mirando a su alrededor, como si estuviera manteniendo un ojo sobre las cosas en general, o buscando a alguien. Todavía tiene esos reflejos y las tetas brillantes. Estaré realmente feliz cuando eso se haya ido y vuelva a ser la Jo que conozco. Voy a hacerla renunciar esta noche. No le debemos nada a un hombre muerto, y si los otros amigos piensan intentar hacer valer nuestros contratos, bueno, nos retiraremos de todos modos y ellos solo podrán intentarlo. Gimo y pongo los ojos en blanco, dándome cuenta de que no puedo hacerla renunciar esta noche porque no puedo decirle que él está muerto. No puedo decirle a nadie que está muerto. Solo yo, Christian, y quienquiera que moviera sus cuerpos, asumiendo que no fue Christian, sabemos que ellos fueron asesinados. Solo han pasado tres días. Puede que la gente no decida que está muerto por un tiempo todavía. Conociéndola, ¡se quedará durante semanas, esperando que vuelva! Me siento un poco perturbada. He estado desaparecida casi un mes y ella no luce triste en absoluto. ¿No me echó de menos? ¿Se preocupó por mí? Aparto ese pensamiento y miro hacia el techo, observando las vigas, preguntándome qué clase de metal fue utilizado en la construcción de Chester’s. Si este lugar es tan viejo como parece, creería que tendría que ser hierro porque no creo que el método de fabricación de acero fuera descubierto hasta tiempos recientes. Bueno, reciente en términos de qué tan viejo es este lugar. Entonces me pregunto qué tan viejo es el hierro. Luego me pregunto si Ryodan y sus amigos hechizaron todo el lío hasta que se unió. O tal vez crearon su propio tipo de metal o lo trajeron consigo de cualquier planeta en el que nacieron. Me pregunto quién está al mando ahora que maté a Barrons y a Ryodan. ¿Lor? Como si mis pensamientos lo hubieran conjurado, le oigo decir detrás de mí, muy cerca de mi oreja: —Ay, cariño, tienes atrevimiento al venir aquí. 346
  • Me doy la vuelta para decir recelosamente: “¿Qué quieres decir con eso?", pero él no está ahí para cuando completo mi rotación. Me pregunto si lo imaginé, un producto de mi conciencia culpable. Entonces decido que si realmente lo oí decir lo que pensé que dijo, solo se estaba refiriendo a cómo Ryodan ha estado buscándome desde hace un mes y ahora vengo tan campante como si nunca hubiera desaparecido, y piensa que Ryodan va a acabar con mi trasero por faltar al trabajo durante tanto tiempo. Porque, como, él tampoco sabe que Ryodan está muerto. Por esto exactamente es que odio las mentiras. En el momento en que dices una, sabes algo que nadie más sabe y tienes que seguir constantemente recordándote que debes comportarte como si no lo supieras, para que ellos no decidan que estás actuando raro y descubran que sabes algo que ellos no. Si lo hacen, te pondrán contra la pared y exigirán saber por qué estás actuando raro y tú dirás algo estúpido y lo usarán para hacerte meter la pata. ¡Entonces todo sale y estás en todo tipo de problemas! Es mucho más fácil no decir ninguna mentira para empezar. Ésta vez va a ser difícil fingir. Recordatorios de Ryodan están por todas partes aquí. ¡Demonios, Ryodan es Chester’s! Es, sin lugar a dudas, el lugar más difícil en el que podría estar para fingir que no está muerto. Pero necesito esas muestras. El RE92 está congelando algo prácticamente todos los días, y Dancer piensa que las cosas van a empeorar. Diviso un tamizador en el Club del Esmoquin y sonrío. La Perra Gris. Ésta es una contra la que voy a amar poner mi espada y darle órdenes. Mac prometió no darle caza, pero yo nunca hice tan estúpido juramento, y además, no estoy cazándola, solo voy a amenazarla para que haga algo por mí. Con la mano cerniéndose sobre la empuñadura de mi espada, trazo la cuadrícula lo mejor que puedo, teniendo en cuenta que la mayoría de las cosas en ella se están moviendo (no es que me importe golpear a todos estos idiotas con los codos), y bajo las escaleras congelando el cuadro. En el último momento me desvío del Club del Esmoquin y me dirijo hacia Jo. Quiero ver su rostro cuando me vea. Ver lo contenta que se pone de saber que estoy viva. Debe haber estado tan preocupada por mí como Dancer y es correcto tranquilizar su mente. —¡Dani! ¿Qué estás haciendo aquí? —Jo se pone blanca como una hoja cuando zumbo hasta detenerme frente a ella—. ¿Estás loca? 92 RE: Rey Escarcha. 347
  • No es la reacción que esperaba. ¿Dónde está la expresión de alivio, el gran abrazo, la emoción de verme con vida y de vuelta aquí? —¿De qué estás hablando? —¡Ryodan ha estado buscándote durante un mes! ¡Rompiste tu contrato con él! —Y según eso —digo irritada—, tú deberías estar muerta. Pero no lo estás. El hecho es que luces muy bien para mí. Supongo que acostarte con él te mantuvo viva, ¿eh? ¿Has estado haciéndolo todo este tiempo? ¿No se cansó de ti? Se ruboriza. —Dijo que no era justo descargar su disgusto hacia ti en mí. Ryodan es un hombre inteligente. Toma buenas decisiones. No es impulsivo como algunas personas. —Me da una mirada intencionada. Estoy disgustada. —Oh, él era un... uh, es un maldito santo ahora, ¿eh? —Es un buen hombre. Deberías darle una oportunidad. —¡Es un hombre muerto, eso es lo que es! —digo bruscamente, porque no puedo malditamente soportar oírla defenderlo. —¿Podrías dejar de hacer amenazas acerca de él cada vez que te das la vuelta? Se está haciendo viejo. —Baja la voz—. Tienes que salir de aquí antes de que te atrape. Nunca lo he visto como ha estado desde que no ha sido capaz de encontrarte. —No le tengo miedo a Ryodan. —¡Gah, ojalá pudiera decirle! —Deberías. Lo empujaste demasiado lejos esta vez, Dani. No sé qué va a hacer cuando te vea, y no estoy segura de que pueda detenerlo. No creo que me escuche ni siquiera a mí con respecto a ti. Él nunca va a averiguarlo porque está muerto, pero eso no es con lo que me obsesiono. —¿Qué quieres decir con “ni siquiera a mí”, como si fueras de algún modo especial para él? Ella se sonroja y pone esta expresión de mirada suave en su cara como una boba enamorada. 348
  • —Somos pareja, Dani. Ha pasado más de un mes y somos exclusivos. Todas las meseras están hablando de ello. Nunca pensaron que alguien... ya sabes, lograría que un hombre como él sentara cabeza. Simplemente la miro, parpadeando. Ryodan no es exclusivo con nadie. ¿Sentar cabeza? Los tornados aterrizan. No se asientan. Dejan destrucción a su paso. No gente radiante y feliz. Me siento enferma por dentro, ante la idea de él y Jo formando un hogar juntos, haciendo planes para el futuro. Sí, cómo no. ¿Qué voy a ser yo? ¿Su perrito faldero? Sacudo la cabeza, recordándome una vez más que Ryodan está muerto. ¿Cómo consigue ella seguir distrayéndome? Hablar como si él estuviera vivo me está confundiendo. —Ya no voy a hablar contigo. Tengo cosas que hacer. ¿Quizás notaste que Dublín se está convirtiendo en el Polo Norte? —Por supuesto que sí. Tú eres la que se fue por un mes y no le dijiste a nadie que te ibas a Faery con Christian. —¿Eh? —La miro boquiabierta—. ¿Cómo lo supiste? —Christian me dijo. —¿Christian-el-aterrador-príncipe-Unseelie pasó por aquí y te dijo que yo estaba bien? —No sé por qué vino, pero me oyó hablando con Cormac ayer en el Club del Esmoquin sobre cuán preocupada estaba por ti y me dijo que ustedes dos acababan de regresar y que estabas bien. No voy a decirle ni una palabra a Ryodan a pesar de que nos contamos todo. Pero no me gusta que me pongas en una posición en la que tengo que mentirle. ¡Ahora sal de aquí antes de que él baje! Las cosas están tranquilas esta noche. Me gustaría que sigan así. ¿Contarse todo? Ella está mal en todos los sentidos. Ryodan era el tipo más reservado que jamás conocí. Las cosas no están tranquilas aquí; como de costumbre, son una catástrofe inminente. Y él nunca más volverá a bajar. Así que me estoy alejando de Jo, dirigiéndome hacia el Club del Esmoquin para reclutar los servicios de la Perra Gris, cuando alguien se estrella contra mí desde atrás con tanta fuerza que salgo volando hacia una de las columnas acanaladas en la salida del subclub de niños. Termino abrazándola, para evitar formar un charco en el suelo. La golpeo con tanta fuerza que voy a tener otro ojo negro y todo el lado izquierdo de mi rostro ya está convirtiéndose en la madre de todas las contusiones. Pienso: ¿Quién mierda se atrevería a atacarme 349
  • cuando estoy cargando mi espada tan obviamente? ¿Mac? ¿Porque me odia tanto que eso la hizo estúpida? No oculté mi espada cuando entré. ¡Abrí mi abrigo de cuero para que todos pudieran ver que es mía otra vez! Me alejo trastabillando de la columna y estoy a punto de darme la vuelta cuando soy golpeada contra ella de nuevo. Esta vez, juro que veo estrellas y escucho pájaros cucú silbando. Mi mano se desprende de la empuñadura de mi espada, estoy muy aturdida. Oigo a Jo gritando detrás de mí. —¡Basta ya! ¡No le hagas daño! ¡Basta ya! Soy golpeada contra ella de nuevo tan pronto como comienzo a moverme. Esta vez me parto el labio contra la columna. Eso me molesta tanto que cambio a modo rápido, tomo mi espada y la desenfundo. Si es Mac, no quiero hacerle daño. Solo quiero huir. Pero realmente tiene que dejar de empujarme en frente de todo el maldito club. Tengo una reputación que considerar. Desaparece de mi mano antes de que pueda volverme. Soy golpeada de nuevo y muerdo la maldita columna por cuarta vez. —Muévete una vez más y te arrancaré el puto corazón. Me quedo inmóvil como los trozos de Unseelie asesinado en las escenas congeladas. No fue Ryodan el que acaba de hablar detrás de mí, porque él, como que, fue destripado y murió. Aparentemente estoy alucinando. Eso, o un fantasma está persiguiéndome. Es de imaginar que el amigo regresaría de entre los muertos solo para hacer mi vida miserable. Era todo un profesional en ello cuando estaba vivo. Estoy tan aplastada entre la columna y lo que sea que está detrás de mí que casi no puedo respirar. —No puedes estar aquí —digo—. Estás muerto. Él me golpea contra la columna una vez más y hago un chillido involuntario. —Me enteré de tu existencia cuando tenías nueve años —dice—. Fade me dijo que había visto a una niña humana en las calles que podía moverse como nosotros. Él abogó, al igual que el resto de mis hombres, por matarte inmediatamente. Rara vez he encontrado necesario matar niños humanos. No viven mucho tiempo de todos modos. Eso seguro suena como Ryodan. Frío. Desprovisto de inflexión. Quizás Ryodan tenía un hermano gemelo del que yo no sabía nada. Si no, me he vuelto completamente loca y estoy siendo atormentada por una conciencia culpable de un modo extraño e increíblemente real. Él murió. Lo vi pasar. No hubo 350
  • equivocación. Intento mover la mano, pensando en limpiar la sangre de mi rostro. Él la aplasta en su puño con tanta fuerza que mis huesos se oprimen entre sí. —Dije que no te muevas. Ni un pelo de tu cabeza. Lo entiendes. Otra característica de Ryodan. Sin signos de interrogación. Odio ser provocada así que no digo nada. Un hueso es roto en mi dedo meñique. Con cuidado. Con precisión. Como si él estuviera mostrándome que podría romperlos todos, uno a la vez, si le diera la gana. Aprieto los dientes. —Lo entiendo. —Cuando tenías diez años, Kasteo me dijo que de alguna manera habías conseguido la espada. Una vez más mis hombres abogaron para que te la quitara y te matara. De nuevo, sentí que el cachorro que lloriqueaba iba a morir muy pronto. —No soy un cachorro y no lloriqueo. ¡Ay! Dijiste que no me moviera. No lo hice. ¡Hablé! —No lo hagas. Y sí lloriquearás antes de que termine la noche. En un momento voy a retroceder y a dejarte ir. Te volverás y me seguirás, caminando detrás de mí. No hablarás con nadie. No mirarás a nadie. Si alguien que no sea yo te habla, no responderás. No moverás ninguna parte de tu cuerpo que no sea absolutamente necesaria para subir las escaleras y entrar a mi oficina. Si te desvías de mis órdenes en alguna forma, te romperé la pierna izquierda delante de todo el club. Si me haces enfurecer mientras lo estoy haciendo, te romperé la pierna derecha. Entonces te cargaré por las escaleras que actualmente te estoy dando la opción de subir caminando y romperé tus dos brazos. Confío en que he sido claro. Respóndeme. —Tan claro como el suelo de tu oficina. —No puede estar vivo. Vi a la Bruja arrancarle las tripas y coserlas a su vestido. Seguramente él realmente no me rompería los brazos y las piernas. ¿Verdad? La presencia detrás de mi espalda desaparece y por un segundo me siento abatida por lo fría que estoy. No me había dado cuenta de la cantidad de calor que él estaba desprendiendo hasta que se fue. No hay manera de que esté vivo. Ryodan no puede estar detrás de mí. ¿Entonces Barrons también está vivo? ¿Cómo podrían estarlo? Sé que son difíciles de matar y todo eso, ¡pero la gente no sobrevive a ser destripada! ¿De dónde consiguieron nuevas tripas? ¿Alguien se las sacó a la Bruja y los cosió a ambos de nuevo? ¿Lucirá como el monstruo de Frankenstein? 351
  • No quiero volverme. No me gusta ninguna de las posibilidades a las que me enfrento. Si no es Ryodan, me he vuelto loca. Si es Ryodan, amigo, estoy muerta. —Date la vuelta, niña. No puedo hacer que mis pies se muevan. No puedo comprender que él esté de pie detrás de mí. Estoy temblando como una hoja. ¡Yo! ¿Qué mierda me sucede? ¡Soy más ruda que los rudos! No le tengo miedo a nada. —Ahora. Respiro hondo y me vuelvo. Absorbo su rostro, su cuerpo, la forma en que se para, la mirada en sus ojos, la ligera sonrisa arrogante. Bien es Ryodan o un clon perfecto. Hago algo que no puedo creer que haga. Odio las hormonas, odio Chester’s, y odio a Ryodan con todo mi alma. ¡Nunca voy a ser capaz de superar esto! Estallo en lágrimas. Ryodan se da la vuelta y sube las escaleras a grandes pasos. Me arrastro miserablemente detrás de él. Todo el maldito club está viendo a Dani Mega O'Malley llorar y caminar detrás de Ryodan sin decir una palabra, como un perro faldero. No puedo creerlo. Odio mi vida. Me odio a mí misma. Odio mi estúpido rostro. Quiero explotar: “¡me rompió las costillas y estoy llorando por el dolor que me produjo una de ellas al perforar mi pulmón, pero soy fuerte y le patearé el trasero y estaré bien y luego les patearé el trasero a todos ustedes también!” para salvar mi imagen, pero estoy bastante segura de que si digo una palabra él realmente me romperá la pierna. Me limpio con enojo los ojos. Mis estúpidos, blandengues y traidores ojos, con sus estúpidos, blandengues y traidores conductos lagrimales. Todo el club se ha quedado en silencio. Los habituales y los Fae crean un amplio camino para que podamos pasar. Nunca he pasado por una larga caminata de la vergüenza antes y eso me irrita mucho. Jo está de pie allí, pálida, su mirada yendo desde mí a la espalda de Ryodan, y de vuelta. Ella podrá ser su sabor del mes, pero puedo decir por la expresión en su rostro que tiene miedo de presionarlo. Gesticula: ¡Discúlpate! Sométete. ¡O te destrozará! Sobre mi cadáver. La Mega no se somete. Paso junto a Lor en la parte inferior de las escaleras para subir a la planta superior. Alejo mi rostro porque no puedo soportar que él me vea comportándome como un bebé. Se inclina más cerca y dice en voz baja, casi contra mi oreja: 352
  • —Cariño, bien puede que hayas salvado tu vida con esas lágrimas. Pensaba que tenías demasiado ego y muy poco sentido común para saber cuándo comenzar a llorar. Él no puede soportar el llanto de una mujer. Le destroza cada vez. Lo miro. Él me guiña el ojo. Con mis ojos le lanzo fuego porque no estoy autorizada para utilizar la lengua. Ellos dicen: No soy una mujer y no estoy llorando y no le temo a nada. —Él puede lidiar con el hecho de no ser capaz de controlarte mientras que tú permitas que el mundo crea que lo hace. Él es rey aquí, cariño. Los reyes no pueden ser desafiados públicamente. Nadie me controla. Nunca, gruñen mis ojos. ¡Y desafío a quien mierda se me dé la gana donde sea que tenga ganas de hacerlo! Sonríe. —Te entiendo, niña. Fuerte y claro. Solo recuerda lo que dije. Hago sobresalir mi mandíbula y sigo a Ryodan por las escaleras. Se vuelve hacia mí al segundo en que cierro la puerta. —Apágalo. Tú no lloras. Espero que no llores. Detente. En este maldito instante. —¡No estoy llorando! Tengo algo en mis ojos de cuando me golpeaste contra la columna. ¡Y espero que la gente muerta se quede muerta! Así que supongo que ambos fuimos decepcionados, ¿verdad? —¿Es así como te sientes? ¿Decepcionada? ¿Me viste ser destripado y morir y ahora que estoy de pie delante de ti, vivo, te sientes decepcionada? —¿Acabo de oír, como, tres signos de interrogación? —¡No me jodas en este momento! —Me empuja contra la pared con tanta fuerza que siento el panel retumbar contra mi espalda. —¡A ti no te importa lo que yo sienta! Nunca te ha importado. Solo me das órdenes y esperas que obedezca y te molestas si no lo hago. ¡No soy nada para ti, así que no pretendas que te importa en lo más mínimo lo que siento! —La lealtad surge de lo que sientes. O no. No estás en la cuerda floja niña. Estás bajo el agua y mi mano está sobre tu cabeza, manteniéndote abajo. Así 353
  • que elige bien: 'D' es de decepción al verme. Y de Muerte. 'L' es de lealtad. Y Vida93. Convénceme de que debería dejarte vivir. Su rostro está a dos centímetros del mío. Está respirando con dificultad y siento la violencia en él. Lor dijo que debería usar mis lágrimas para manipularlo. No hay forma de que me rebaje a esas profundidades de chica cobarde. Yo soy tan grande y mala como él. Él está vivo. Está aquí. Intimidándome. Sin duda preparándose para finalmente, después de que haya terminado de matarme, ordenarme que me presente a trabajar de nuevo. Volvemos a ser nosotros. Robin para su Batman. Está vivo. Lágrimas se derraman de mis ojos. —¡Basta! —Me golpea contra la pared otra vez con tanta fuerza que mis dientes traquetean pero las estúpidas lágrimas siguen viniendo. Reboto y utilizo el rebote para colisionar con él con tanta fuerza como puedo. Él agarra mi muñeca cuando lo golpeo y cuando sale volando hacia atrás, me lleva con él. Chocamos contra su escritorio. Vuelo por encima de él, ruedo y me pongo de pie de un salto, apartando el cabello de mis ojos. Golpeo mis palmas contra el escritorio y gruño. —¡No crees que lo haría si pudiera! ¿Crees que me gustó lucir toda blandengue frente a todo tu maldito club? ¿Frente a ti? ¡Eres un maldito estúpido! ¿Qué estabas haciendo afuera de esa pared de todas formas? ¿Por qué tuviste que estar ahí en ese punto exacto cuando salimos? Quiero decir, ¿quién tiene ese tipo de suerte de mierda? ¡Desde que comencé a juntarme contigo, mi vida ha sido una completa y maldita pesadilla! ¿No podías simplemente quedarte muerto? Él golpea el escritorio con sus manos con tanta fuerza que éste se agrieta en el medio. —No. Me. Convences. Lo fulmino con la mirada a través de las lágrimas. —¡No estoy intentando hacerlo! Yo no convenzo a nadie de nada. ¡Me aceptas o me dejas tal como soy! Pero no voy a cambiar por ti ni por nadie más N. de T.: en inglés, “decepción” y “muerte” se escriben con D (“disappointment” y “death”). Lo mismo sucede con “lealtad” y “vida” con la letra L (“loyalty” y “life”). 93 354
  • y tampoco estoy mintiendo, y si piensas que romperme los huesos uno a uno va a lograr algo, además de, como, romperme los huesos, ¡buena suerte con eso! Ahora estoy sollozando y no tengo ni idea de por qué. Solo de que se siente como ese momento en que salí de la pared con la Bruja Carmesí y la vi matar a Barrons y a Ryodan, he estado atada en un gran nudo doloroso, y al segundo en que lo miré y me di cuenta de que estaba vivo, real y verdaderamente vivo, y que no iba a tener que caminar por ahí por el resto de mi vida con su muerte en mi cabeza, sin volver a ver su sonrisa petulante otra vez, ese nudo se relajó, y cuando se soltó, todo en mí se deshizo y todo mi ser exhaló un suspiro de alivio y en algún lugar supongo que tengo un pozo de lágrimas en mi interior, como si quizás todo el mundo tuviera una cantidad de ellas y si nunca las dejas salir, al segundo en que una sola sale, abre una compuerta y no puedes volver a cerrarla. ¿Por qué nunca nadie me dice las reglas de la vida? ¡Si hubiera sabido que funcionaba de esta manera, me habría ido a un lugar privado y habría llorado hasta que hubiera agotado mi cuota! Esto es peor que comenzar a congelar el cuadro con el pie equivocado. Ésta es una caída emocional sin control. Lo miro y pienso, demonios, si tan solo Alina hubiera podido levantarse de lo que le hice. Mac podría haber tenido a su hermana de vuelta. Y yo no tendría que andar por ahí todo el tiempo, cada minuto de cada día, odiándome a mí misma porque aunque estoy bastante segura de que Ro me hizo algo esa noche que me convirtió en una especie de autómata sin voluntad propia, yo estaba allí. ¡Estaba allí! La llevé al lugar donde murió al mentirle y decirle que tenía que mostrarle algo muy importante, ¡y yo solo soy una niña así que ella confió en mí! Me quedé parada en ese callejón y observé cómo la hermana de Mac era asesinada por un Fae que yo podría haber detenido con un simple movimiento de mi espada y nunca pude deshacerlo y nunca podré arrancarlo de la parte trasera de mis ojos. Está grabado a fuego en mi alma durante el resto de mi vida, ¡si es que siquiera tengo una después de toda la mierda que he hecho! Herí a Mac más de lo que cualquier otra cosa lo hizo en su vida y nunca podré deshacerlo. Sin embargo... hay un resquicio de esperanza en esta nube: si Ryodan no está muerto, Barrons tampoco. Por lo menos Mac todavía tiene a Barrons. —Mataste a la hermana de Mac —dice Ryodan—. No puedo creerlo. Yo no dije eso. —¡Mantente fuera de mi cabeza! 355
  • Pasa por encima del escritorio y está prácticamente encima de mí. Me empuja contra la pared, sujeta mi cabeza entre sus manos y me obliga a levantar la mirada hacia él. —Cómo te sentiste cuando pensaste que me habías matado. Está mirando dentro de mis ojos como si no necesitara que yo respondiera, solo necesitara que lo pensara. Intento doblarme para que no pueda hurgar en mis pensamientos pero no me lo permite. Me sostiene con firmeza, pero casi con gentileza ahora. Odio gentileza de su parte. Prefiero pelear. Entonces sé exactamente dónde estamos. —Respóndeme. No le respondo. Nunca voy a responderle. Lo odio. Porque cuando pensé que lo había matado, me sentí más sola de lo que me he sentido en mucho tiempo. Como si no pudiera soportar caminar por esta ciudad sabiendo que él no estaba en ella. Como si de alguna manera, mientras él estuviera por ahí en alguna parte, si yo alguna vez estaba en verdaderos problemas, sabía adónde podría ir y que mientras quizás él no haría exactamente lo que yo quería que hiciera, me mantendría viva. Me sacaría de lo que fuera para que viviera otro día. Creo que esa es la clase de sensación que obtienes de los padres cuando eres niño, si tienes suerte. Yo nunca tuve esa sensación. Yo me acurrucaba en una jaula y cada vez que ella se ponía su perfume y se maquillaba y tarareaba mientras se vestía, yo estaba preocupada de que ella fuera a matarme esta vez al olvidarse de mí. Deseaba que su nuevo novio fuera un asco para que volviera más rápido a casa. Sé que sin importar qué cosas raras haga Ryodan, nunca se olvidará de mí. Es meticuloso. Hay mucho que decir acerca de ser detallista. Al menos en mi mundo. Sobre todo cuando yo soy uno de los detalles. No puedo apartar la mirada. ¿Cómo demonios puede estar vivo? Siento como si él estuviera revolviendo en mi cerebro. Ver la luz apagarse en sus fríos y claros ojos en el callejón detrás de BL&C casi me había matado. Lo echaba de menos. Lo echaba jodidamente de menos. Ryodan dice con voz realmente suave: —Decepcionada o leal. No tengo intención de morir. —Leal —digo. Me deja ir y se aleja. Me desplomo hacia abajo apoyada en la pared, limpiándome las lágrimas de mi rostro. Me duele todo, el rostro, las manos, el pecho, las costillas. 356
  • —Pero vas a tener que… —No intentes regatear conmigo ahora mismo. —Pero no es justo que yo… —La vida no es justa. —¡Pero no puedo soportar trabajar todas las noches! —Supéralo. —¡Me estás volviendo loca! ¡Una persona necesita tiempo libre! —Niña, nunca te das por vencida. —Estoy, como, viva. ¿Cómo podría? —Me pongo de pie y me sacudo el polvo de encima. Mis lágrimas se han ido tan misteriosamente como habían venido. Él patea una silla hacia mí. —Siéntate. Hay nuevas reglas en la casa. Toma notas. Viola una y estás muerta. Acusa de recibido. Pongo los ojos en blanco y me dejo caer en la silla, pasando una pierna por el costado. La beligerancia es lo mío. —Estoy escuchando —digo con irritación. Odio las reglas. Siempre me arruinan. 357
  • Traducido por magdaa y vanehz Corregido por Nanis A vanzo por el corredor en cámara lenta insultando a Ryodan pero manteniéndolo en voz baja dado que él está caminando a mi lado. Las nuevas reglas de la casa son la más grande pila de M95 que haya oído jamás. Seguirlas me va a matar. Va a resultar literalmente en mi muerte porque no hay manera de que recuerde hacer todo lo que él quiere que haga mientras hago un seguimiento de todo lo que no tengo permitido hacer. Además del “Preséntate a trabajar todas las noches a las ocho” está la regla más ofensiva de todas: “Nunca más dejarás Chester’s sin uno de mis hombres”. —¿Así que, jamás voy a estar sola, como, nunca? —exploté, anonadada—. Amigo, necesito mi tiempo personal. —He estado sola la mayor parte de mi vida. Demasiada gente en mi espacio personal comienza a irritarme después de un tiempo. Me pongo nerviosa y rara. Y cansada también, como si me desgastaran con solo estar allí. Tengo que estar sola, o estar con una persona como Dancer para recargarme. Él no me respondió. 94 “Where do you think you’re going? Don’t you know it’s dark outside?”: de la canción “Where Do You Think You’re Going” de Dire Straits. 95 M: mierda. 358
  • ¡Otra que realmente me molesta es que supuestamente no debo cuestionarlo o discutir con él en público! Voy a estar muerta para la mañana. De la única manera en que tenga la oportunidad de una bola de nieve en el infierno de tener éxito es si empiezo a usar un bozal o si me corto mi propia lengua. —Puedes decirme lo que quieras en privado —dijo—. Lo cual es condenadamente mucho más de lo que le permito a nadie más. —No quiero tiempo en privado contigo. —Qué mal —dijo—. Planeo tener mucho de eso. —¿Por qué me molestas? Por qué simplemente no te olvidas de mí y me dejas vivir mi vida. —Es raro pensar que él ha estado vigilándome desde que tenía nueve años. Nunca siquiera lo noté. Él probablemente me ha notado más que cualquier otra persona, incluida mi mamá. Otra vez, no respondió. Camino con él hasta el final del pasillo en el tercer piso. Se detiene frente a un panel de vidrio ahumado y tira de una capucha de tela de su bolsillo. Cuando extiende su mano hacia mí, retrocedo y digo: —Estás bromeando, ¿verdad? Él solo me mira hasta que le arrebato la capucha de la mano, me la pongo yo misma, y le permito guiarme del brazo. Sufro la humillación de ser cegada en silencio, y me enfoco en absorber cada detalle que puedo. Cuento los pasos. Olfateo a través de la pesada tela. Escucho atentamente. Cuando nos subimos a un elevador y bajamos, cuento los segundos para poder descifrar a qué piso me está llevando cuando finalmente tenga algo de tiempo sola, y lo tendré. No puede tener a alguien sobre mí cada segundo de cada día. Se cansará de eso. ¡Necesito volver con Dancer! Necesito hablar con Ryodan acerca de conseguir muestras pero cuando saqué el tema del Monstruo de Hielo me dijo que me lo guardara. Cuando llegamos a nuestro destino y me saca la capucha, estoy anonadada de ver que Ryodan tiene su propio Cuarto de Guerra, ¡y por supuesto es de lo mejor, perfección tecnológica, y hace que el nuestro se vea estúpido! Una vez más estoy celosa. Hay computadoras por todos lados. CPUs y monitores y teclados y no sé qué son la mitad de las cosas en la habitación, y yo sé un montón. ¡Dancer se volvería loco aquí! También tiene un mapa, pero a diferencia del nuestro, que es de papel, el suyo es electrónico, en un panel de vidrio suspendido desde el techo, de 359
  • alrededor de seis metros de ancho y tres de alto. Es algo sacado de una película futurista. Tiene muchas líneas y puntos y áreas trianguladas marcados en diferentes colores. —Siéntate. Me dejo caer en una silla detrás de una enorme mesa de losa que enfrenta el mapa. Hay nueve sillas alrededor de la mesa. Me pregunto cuánto tiempo lleva esta habitación aquí, cuántos siglos estos tipos, que parecen no ser capaces de morir, se han sentado en esta habitación y han planeado cosas. Me pregunto qué tipo de cosas les gusta planear. ¿Golpes de estado? ¿Catástrofes económicas? ¿Guerras mundiales? —Así que, Barrons también está vivo —pesco. —Sí. —Amigo, ¿qué demonios? No sé cuál es su súper poder, pero quiero lo que sea que ustedes tengan. —Eso crees. —Lo sé. —Ni siquiera sabes qué es. Sin embargo, lo tomarías sin haberlo visto. —¿Como, nunca morir? ¡Por supuesto que lo haría! —Y si tiene un precio. —Amigo, estamos hablando de la inmortalidad. ¡No hay un precio demasiado alto! Me da una débil sonrisa. —Pregúntame de nuevo cuando seas mayor. —¿Huh? —digo—. ¿En serio? ¿Cuando sea mayor puedo tener lo que sea que ustedes tienen? ¿Como, cuánto mayor? ¿Quince? —No dije que pudieras tenerlo. Dije que me lo podías preguntar. Y no, no a los quince. —Amigo, dame un poco de esperanza aquí. —Acabo de hacerlo. Él le da un golpecito a algo en un control remoto y de repente ya no estoy viendo a Dublín en la cuadrícula. Él ha alejado el zoom y estoy viendo un mapa 360
  • de los países de alrededor. Hay puntos clavados en Inglaterra, Escocia, Francia, Alemania, España, Polonia, Rumania, y Grecia. Lo aleja aún más y veo dos en Marruecos y uno en Noruega. Dejo salir un silbido bajo, horrorizada. Dancer y yo solo estábamos viendo la imagen pequeña. —Hay más de un Monstruo de Hielo. —No necesariamente. Creo que si hubiera más de uno, estaríamos escuchando reportes de todo el mundo y no es así. Hasta ahora, está confinado en esta región. —Necesito muestras de Faery y del primer lugar que congeló en Chester’s. —Explica. —Dancer y yo revisamos toda la evidencia. Hay hierro en todas las bolsas y… —No. —No me dejaste terminar. —No tengo que hacerlo. El hierro no tiene nada que ver en esto. —¿Cómo puedes saber eso? —Porque no hay ni una sola gota de hierro en ningún lugar dentro ni cerca de Chester’s. —Bueno, ¿de qué demonios está construido este lugar? —Irrelevante. Además —dice—. Si estuviera tras el hierro, se hubiera llevado las jaulas del Castillo de Dublín y no lo hizo. Congeló el lugar y desapareció. Hemos estado estudiando el mapa y las escenas por semanas. No hay un patrón, nada en común. Puse a mi mejor hombre en eso, un profesional de las piezas claves. No puede encontrar un punto para comenzar, no ve ningún orden en este caos. —¿Quién es tu profesional de los puntos claves? —Quiero hablar con él. Me fascina la teoría de los puntos claves. Si sabes dónde hacer que las fichas de un dominó comiencen a caer, ¡eres dueño del dominó! Por supuesto, Ryodan tampoco responde a esa pregunta así que le cuento la teoría de Dancer acerca del agua salada y las ballenas y de que quizás está siendo atraído por algo porque está buscando otra cosa. —Posible. Pero no el hierro. 361
  • —Tus hombres han estado alojando faeries por, como, miles de años, ¿verdad? ¡Ésa es la única razón por la que este lugar no tiene hierro! —Hay otras cosas a las que no les gusta el hierro. No solo a los Fae. Una persona inteligente podría encontrar que faltan un montón de cosas en Chester’s. —Una débil sonrisa aparece en sus labios, y casi tengo la idea de que está desafiándome a descubrir algo. —Amigo, si me quedo atascada aquí el tiempo suficiente, lo haré. —Señalo hacía el mapa—. Muéstrame Dublín otra vez. —Cuando resetea el mapa, digo—: Necesito el control remoto. Él presiona números en él, sin duda bloqueándome los sistemas, luego me lo entrega. —Déjame mirar el mapa por un tiempo. Cuando se va, me encierra. Horas más tarde sigo mirando, no más cercana a una epifanía, cuando comienzo oler el aroma más malditamente asombroso del mundo. Intento concentrarme en el mapa pero no puedo. Me meto una barra de chocolate en la boca. Sabe a poliestireno. No he olido carne recién cocinada en más tiempo del que puedo recordar. ¡Nunca la comí en la abadía! En algún lugar en Chester’s, alguna persona consentida se está dando un festín. Mi boca se llena de saliva. Me deslizo por la silla, dejo caer mi cabeza hacia atrás e inhalo realmente profundo y lento, haciendo ruidos de relamerse los labios, fingiendo que soy la afortunada destinataria. ¡Huele a todo tipo de especias! Creo que cualquiera que sea el tipo de carne, está acompañada de puré de papas y algún tipo de verdura. ¡Huelo ajo, sal y pimienta, manteca! ¡Huelo cebollas y orégano y romero! Pensar en este tipo de comida es casi suficiente para hacerme llorar. Estoy más allá de estar harta de las barras de chocolate y las barras de proteínas y cosas enlatadas. Estoy tan hambrienta de comida casera que ni siquiera mis Pop-Tarts de chocolate dan en el clavo como solían hacerlo. Cuando la puerta se abre y Lor entra, empujando un carro como los que ves en los hoteles para el servicio de habitación, yo solo me siento ahí y miro, pensando: ¿Es ésta una nueva manera de torturarme? No muevo un músculo. No voy a actuar como una idiota. Ryodan probablemente esté en camino para comer frente a mí solo para hacerme sufrir. 362
  • Lor detiene el carro a un par de centímetros de las puntas de mis zapatos. Tengo que aferrar los brazos de mi silla para no salir de un salto y atacar lo que sea que haya en esos platos cubiertos. —El jefe dice que comas. ¡Levanta la tapa del plato más grande y con certeza hay carne crepitando como si acabara de salir de la parrilla con acompañamiento de puré de papas, más una mezcla de verduras! Hay un cuenco con pan caliente salido del horno. ¡Y manteca! Casi expiro de la pura emoción. Como, ¡lo verdadero y toda una jarra de leche! Es la vista más hermosa que creo haber visto jamás. Miro, conteniendo el aliento. —Estás escuálida —agrega. —¿Eso es para mí? —digo con asombro. Todavía no me muevo. Tiene que ser un truco. La carne es bife de costilla, perfectamente veteado con grasa. Es grueso y tiene marcas de parrilla y luce como si estuviera cocinado a la perfección. Solo lo he comido dos veces en mi vida. Una vez cuando mamá se comprometió (no funcionó, el tipo la dejó, todos lo hacían eventualmente), y otra vez cuando consiguió un nuevo trabajo que pensaba nos sacaría de Irlanda para siempre si ahorraba todo lo que ganaba por tres años. Fue despedida después de un mes y lloró hasta dormirse cada noche durante semanas. Creo que pensó que si podía sacarnos de Irlanda, todo sería más fácil. Sé que otras familias sidhe-seer escaparon. La de Mac lo hizo. Lor asiente. Salgo de la silla y me lanzó sobre el carro en cámara rápida. —Niña, cálmate. Podrías querer saborearlo. Mis manos tiemblan cuando levanto el tenedor. Voy directo al bife, rebanando un gran trozo. El primer bocado explota en mi boca, lleno de jugos de carne y pura y suculenta perfección carnosa. Me dejo caer en la silla y cierro los ojos, masticando lentamente, delicadamente ordeñándolo por cada sabor. Tomo un poco del esponjoso puré de papas ¡y es el maldito paraíso! El pan está tierno y caliente por dentro, crujiente por fuera, y besado por romero justo como el de mamá. Me pregunto quién cocina por aquí. Me pregunto dónde está la cocina. Voy a robarles como loca si la encuentro. Unto manteca en el pan, luego la lamo y unto más. Vierto un largo y frío trago de leche en mi garganta. Me obligo a contar hasta cinco entre cada trago y bocado. Se me ocurre que nunca he visto comer a Ryodan. Probablemente coma como cerdo en privado. ¡Probablemente come bifes y leche todos los días! 363
  • —La nieve se está acumulando y la temperatura está bajando —dice Lor—. La gente está haciendo fila por cinco cuadras, intentando entrar. Los generadores y el combustible se han vuelto escasos. La gente se está congelando hasta la muerte. Es junio en Dublín. ¿Quién demonios lo creería? Mastico reverentemente, escuchándolo y mirando hacia la nada. —Quizás no esté tras un elemento como el hierro o algo. Quizás está tras una sensación. Quizás alguien estaba teniendo sexo en cada escena, o... comiendo en cada escena, o luchando o rezando o... algo. —No tiene sentido. No había vida en el campanario. Lo sabía. Solo se me olvidó por un segundo. —Así que volvemos a lo inanimado. —Así parece. Demasiado pronto, mi comida se acaba. Tengo el mejor sabor en mi boca que he tenido jamás. No volveré a comer otra vez hasta que sea absolutamente necesario, y no voy a cepillarme los dientes por un tiempo. Quiero deleitarme en el residuo de mis papilas gustativas hasta que no quede nada. Puede que nunca vuelva a comer este tipo de comida. Después de recoger cada gota de jugo de carne con los últimos restos de pan, Lor toma el carro y se va. Casi podría desmayarme por la sobrecarga de rica comida. Digerirla me atonta por un tiempo y me estiro en el suelo, mirando hacia arriba al mapa. No puedo sacarme de encima la sensación de que aún no estoy viendo el panorama completo. Estoy tumbada allí, mirando un enorme mapa, y sé que hay algo en esas escenas que se me está escapando o que estoy interpretando mal. Puedo sentirlo. Como Dancer, tengo corazonadas y las escucho. Solía pasar, cuando era pequeña, que no podía concentrarme por todas las cosas que podía oír alrededor de mí. Cuando Ro me acogió, me enseñó a bloquear mis oídos, silenciar el ruido y enfocarme. La vieja bruja me pasó unas buenas cosas, pero nunca compensarán todas las maldades que hizo. Saco tapones para los oídos de mi mochila. Dancer me los hizo de alguna clase de material que absorbe el ruido mejor que los tapones estándar. Los calzo, me desconecto del mundo, y comienzo a clasificar mis hechos. Uno: no está tras el acero. No hay nada de acero en Chester’s. Necesito llevarle esa información a Dancer TPCSP96. 96 TPCSP: “tan pronto como sea posible”, en inglés “ASAP”, “as son as posible”. 364
  • Dos: no está tras la fuerza vital porque una de las escenas no tenía formas de vida y dudo seriamente que un ratón fuera suficiente. Tres: tierra, metal, y plástico son los únicos elementos físicos que todas las escenas tenían en común. Comienzo a reconstruir mentalmente cada escena que he visitado, etiquetándolas y depositándolas en una de las gavetas más accesibles del fichero de mi cerebro, justo al lado de donde a veces Dancer y yo jugamos ajedrez sin tablero. Es una parte importante de tu cerebro a ejercitar si quieres mantenerte ágil. Ser listo es útil, pero si no eres mentalmente ágil, no te llevará a ninguna parte sino que te dejará atascado en tus propios surcos mentales. En primer lugar está el subclub. Había más de cien humanos y Fae ocupados en varias actividades sociales y sexuales. Visualizo la habitación en detalle, desde los potros de tortura hasta los sofás, desde los acoplamientos sexuales hasta la banda que estaba tocando en la esquina, la comida que estaba sobre la mesa, los tapices y los espejos en las paredes. Busco algo en el club que pueda divisar fácilmente en cada una de las otras escenas. Quizás esté cazando tapices o un determinado espejo. Suena estúpido, pero, ¿quién puede decir qué puede atraer a una criatura como ésa? Quizás está maldito y necesita algún objeto Fae sagrado para liberarse. Nunca sabes con los Fae. Seguidamente está el almacén que fue congelado, poblado solo por Unseelie y lleno de cajones y cajas con armas. ¿Qué había en ese lugar que también estuviera en el club? No había tapices o espejos a la vista, pero quizás había uno en un cajón en alguna parte detrás de todo el equipo de audio y aparatos electrónicos. Luego están los dos pubs subterráneos con las cosas usuales: bar de madera, botellas, tragos, taburetes, un enorme espejo detrás del bar, gente bailando, unos pocos jugando al pool en la esquina en un lugar, jugando a los dardos en el otro. La madera podría haber venido de cualquier parte: los taburetes, el bar, los cuadros enmarcados en las paredes, el piso. El plástico también podría haber venido de cualquier parte: tapas de botellas, sillas, platos, teléfonos, la lista sigue y sigue. El gimnasio tenía tres personas en un edificio lleno de caminadoras y máquinas elípticas y toda clase de máquinas de pesas y más o menos veinte de esos cuencos lechosos de cristal para meditación. Supongo que la madera en esa escena debería haber venido del enmarcado del edificio. Vuelvo y también comienzo mentalmente a desarmar la estructura de cada escena, para poder agregar todas esas cosas a la mezcla. 365
  • —Esto es imposible —murmuro. Es peor que buscar una aguja en un pajar. Estoy buscando una docena de agujas en docenas de pajares diferentes que ya ni siquiera están ahí porque todos explotaron. ¡Por todo lo que sé, podría estar tras un vaso rojo Solo97! ¿Tienen vasos rojos Solo en Marruecos? Reviso el resto de las escenas y me doy cuenta de que necesito más información de las que sucedieron mientras yo no estaba para poder visualizarlas. Ryodan puede tener un increíble Cuarto de Guerra, pero Dancer ya tiene listas hechas. Lástima que estoy encerrada. Miro la puerta. No recuerdo haber oído a Lor cerrarla con llave. A Lor le gusta agitar las cosas, mantenerlas activas. Congelo el cuadro hacia ella, pruebo el pomo y sonrío. —Dani, no creo que ésta sea una buena idea —dice Jo. —Dijo que no podía salir sin alguien de los suyos. Escuchándote hablar, él y tú son, como, dos guisantes en una Jo-vaina. Eso te hace una de los suyos. ¿Lo eres o no? Porque según lo entiendo, si el amigo se está acostando contigo todos los días y no te considera una de los suyos, no solo estás siendo jodida, eres una estúpida. —Odio manipular a Jo. Cuando su corazón está involucrado, es demasiado fácil. Y su corazón está colgando de su manga en lo que a Ryodan concierne—. Amiga, ¿has estado afuera recientemente? —presiono. Tenemos que irnos ahora. Me llevó veinte minutos encontrar mi camino de vuelta a la parte de Chester’s desde el Cuarto de Guerra. Tengo el mal presentimiento de que Ryodan no planea dejarme allí sola demasiado tiempo, con todas esas computadoras. Yo no lo haría. Si realmente estuviera atascada allí, es con eso con lo que me estaría metiendo en este momento, intentando hackear sus sistemas—. El mundo se está cayendo a pedazos. ¡La gente está muriendo! Solo quiero hacer un mandado rápido. Eso es todo. Un dimin