ASOCIACIÓNCULTURALLAS ALCUBLAS                                certamen deDiversos autores                RELATOS2009 / 201...
Certamen de Relatos
© AsociAción culturAl lAs AlcublAsEditA: AyuntAmiEnto dE AlcublAscolEcción AlcublAs EscribEdEpósito lEgAl:ilustrAción dE p...
ÍNDICEPRESENTACIÓN                                7CERTAMEN DE RELATOS DE 2009LETRAS DESDE EL ALMA                        ...
Certamen de relatos breves - ACLA / 5SALUDA DE LA CONCEJALA DE CULTURA                                                M De...
6 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 7PRESENTACIÓN                                                              Serafín Mar...
8 / Certamen de relatos breves - ACLA   Viendo el éxito obtenido, así como la buena acogida y aceptación por parte delpúbl...
Certamen de relatos breves - ACLA / 9PRIMER CERTAMEN 2008 / 2009
10 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 11LETRAS DESDE EL ALMA                                                                ...
12 / Certamen de relatos breves - ACLAhabitantes no sobrepasaba los treinta, y la primera vez que vieron un camión delejér...
Certamen de relatos breves - ACLA / 13   Querido hijo: Espero que al recibo de ésta te encuentres bien; -“di que se escon-...
14 / Certamen de relatos breves - ACLAy a salvo; por aquí las cosas están bien también, y el tiempo mejora, lo que ya nosh...
Certamen de relatos breves - ACLA / 15un mártir; todos tenían su protagonismo y se sentían bien con ellos mismos. Conmis d...
16 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 17LA EXCURSIÓN                                                         José Rafael Cas...
18 / Certamen de relatos breves - ACLAdeparar la excursión.   Por la mañana el trajín fue de las madres, para ver que les ...
Certamen de relatos breves - ACLA / 19   Siguieron por La Hoya y al llegar a la Balsa Calzón se pararon para almorzar, fue...
20 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 21LA BALANZA DE LA JUSTICIA                                                           ...
22 / Certamen de relatos breves - ACLAhacer juntos el camino. No, no es que tenga ningún problema en viajar sólo, dehecho,...
Certamen de relatos breves - ACLA / 23Jurado Mayor y el Justicia de la Villa quieren darme la bienvenida. Hemos dado lavue...
24 / Certamen de relatos breves - ACLAcar la Justicia en la plaça común del dicho lugar en una horca de madera que se hizo...
Certamen de relatos breves - ACLA / 25nada de lo que puedan decir me duele ya. Así he sabido que hoy, a boca tarde, ha lle...
26 / Certamen de relatos breves - ACLAINFANCIAS VIVIDASE IRRECUPERABLES                                                   ...
Certamen de relatos breves - ACLA / 27debe pensar en estudiar y jugar, y pensaría espantado que ningún pequeño debe trabaj...
28 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 29LA JOVEN QUE AMABALAS PALABRAS                                                      ...
30 / Certamen de relatos breves - ACLA    - Lo que pasa es que el rabino vive escondido en su casa y no abre a nadie. Yo n...
Certamen de relatos breves - ACLA / 31  - Ahora dime una cosa, la cerámica que te has encontrado, ¿a qué pobladores perte-...
32 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 33VISIONES                                                                  Daniel Dob...
34 / Certamen de relatos breves - ACLAnadie, sin ira, sin que las pulsaciones se alterarán, totalmente tranquilo, henchido...
Certamen de relatos breves - ACLA / 35quedaba sano, lo hubiera admitido con la misma cobardía de la primera agresión.   Es...
36 / Certamen de relatos breves - ACLAal débil, aunque en tal caso, y con el fin de proteger mi físico, podría haber recur...
Certamen de relatos breves - ACLA / 37LA ROCA Y EL AGUA                                                                   ...
38 / Certamen de relatos breves - ACLAfrente ancha con surcos y pelo corto y ensortijado. Se quedó quieta sin atreverse a ...
Certamen de relatos breves - ACLA / 39ción que se le presentaba como asomada al mas alto rascacielos, pero en su cabeza se...
40 / Certamen de relatos breves - ACLAde otro, condenados a rozaros día tras día y a contemplar como vuestra hija crece si...
Certamen de relatos breves - ACLA / 41CUANDO ERA PEQUEÑA                                                                 P...
42 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 43   El resto de la tarde seguía por estos derroteros. Siempre nos descubrían cuando e...
44 / Certamen de relatos breves - ACLAEL BORREGO                                                                          ...
Certamen de relatos breves - ACLA / 45y por otro lo clandestino y arriesgado del estraperlista, hizo que todo el pueblo co...
46 / Certamen de relatos breves - ACLA
Certamen de relatos breves - ACLA / 47ELLA                                                                 José Antonio Ma...
48 / Certamen de relatos breves - ACLA    Ala, ya estoy-. Oyó como Amparo le llamaba, ¿has cogido las bolsas?-. Que sí…He ...
Certamen de relatos breves - ACLA / 49    Un día Amparo salió sola a la compra, raramente lo hacía pero ese día… “¿Esta en...
50 / Certamen de relatos breves - ACLA
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Alcublas relatos acla-7
Upcoming SlideShare
Loading in …5
×

Alcublas relatos acla-7

1,052 views

Published on

Published in: Education
0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
1,052
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
1
Actions
Shares
0
Downloads
1
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Alcublas relatos acla-7

  1. 1. ASOCIACIÓNCULTURALLAS ALCUBLAS certamen deDiversos autores RELATOS2009 / 2010 2009 / 2010 Ayuntamiento de Alcublas ALCUBLAS Andreu Gil ESCRIBE
  2. 2. Certamen de Relatos
  3. 3. © AsociAción culturAl lAs AlcublAsEditA: AyuntAmiEnto dE AlcublAscolEcción AlcublAs EscribEdEpósito lEgAl:ilustrAción dE portAdA: rosA rosEllóilustrAcionEs: rosA rosElló, AliciA gArrigó, J.l. AlcAidE,J. blAnco, rAfA cAsAñA, AmpAro civErA, mAnuEl giménEz, JAndrodisEño y mAquEtAción: J. blAnco pAz
  4. 4. ÍNDICEPRESENTACIÓN 7CERTAMEN DE RELATOS DE 2009LETRAS DESDE EL ALMA 11LA EXCURSIÓN 17LA BALANZA DE LA JUSTICIA 21INFANCIAS VIVIDAS E IRRECUPERABLES 26LA JOVEN QUE AMABA LAS PALABRAS 29VISIONES 33LA ROCA Y EL AGUA 37CUANDO ERA PEQUEÑA 41EL BORREGO 44ELLA 47EL LOBO 51AVE, EVA 53EL RINCÓN DEL BAJÁ 55LA LEYENDA DE LOS ALVAS 57CERTAMEN DE RELATOS DE 2010LA ROSA DEL AZAFRÁN 63EN ESTA CASA NO ESTAMOS PARA MÚSICAS. 67A LA VIDA 70NUNCA ME GUSTARON LAS ESDRÚJULAS 72¿TÍO ME RUEDA LA CARGA? 75EL MIRADOR DE SOLIMAN 79LA HABITACIÓN DEL POETA 83UNA CARTA PARA BALTASAR KÜRGEN 87CIEN POR CIEN ALCUBLANOS 91HOY QUE YA NO ESTÁS 95DE LA CIUDAD AL CAMPO: UN DÍA EN LA OLIVA 99UNA MALA NOCHE EN EL NAVAJO ROYO 103SENDAS MUSICALES. 107EL HUERTO DEL TÍO LUCERO 110TREN DE CERCANÍAS 112EL VINO 115LA GOTA "MARIANA" 118ARRIERO DE MULA TORDA 121GLOSARIO 125
  5. 5. Certamen de relatos breves - ACLA / 5SALUDA DE LA CONCEJALA DE CULTURA M Desamparados Civera Domingo La Colección ALCUBLAS ESCRIBE llega a su numero siete con la publicación de estelibro, de lo que nos sentimos muy orgullosos. Cuando desde el Ayuntamiento nos planteamos conseguir un número importantede obras y de autores relacionados con Alcublas para nuestra Colección, nos pro-pusimos editar un libro por año, pero ante la demanda de tantos escritos hemostenido que aumentar el numero de libros que han salido, una cultura que quedarápara nuestro futuro. Creemos que esté libro es fiel reflejo del trabajo realizado. Se trata de un trabajofruto del esfuerzo de muchas personas, fruto de la ilusión de muchos autores, queverán plasmada su obra en un ejemplar que seguro que cuando tengamos en nues-tras manos, no vamos a poder resistirnos a terminar de leer. Este libro es el resultado de la recopilación que desde la Asociación “Las Alcublas”se ha llevado a cabo a través de su Concurso literario “Relatos Breves” y que en susdos ediciones, dos años consecutivos, ha contado con gran participación, llegandorelatos de lugares lejanos. Enhorabuena a todos los autores. La edición de este libro es un compromiso que desde el mismo Ayuntamiento ysu Concejalía de Cultura tenia con la Asociación “Las Alcublas”. Sirvan, desde aquí,estas palabras como homenaje y reconocimiento de la gran labor cultural que estadesarrollando esta Asociación en todos los ámbitos: etnológico, ambiental, históri-co... ¡Ánimo, y a seguir así! Enhorabuena a todos.
  6. 6. 6 / Certamen de relatos breves - ACLA
  7. 7. Certamen de relatos breves - ACLA / 7PRESENTACIÓN Serafín Martínez Marz Presidente de la A.C.L.A. Cuando en el otoño del año 2007 nació la Asociación Cultural Las Alcublas, unade las muchas líneas de trabajo que se plantearon fue la promoción de la literatura.Como medio para hacerlo se pensó en celebrar un Certamen de Relatos Breves, queefectivamente se convocó en la primavera de 2008. Los objetivos que perseguíamos con esta convocatoria eran diversos, pero esen-cialmente se buscaba promocionar la escritura como medio de expresión y la lectu-ra como entretenimiento, dar a conocer historias que estuviesen relacionadas dealguna manera con la localidad o con el entorno y la cultura rurales y, en definitiva,generar en la sociedad alcublana la ilusión por participar en el desarrollo de activi-dades culturales. El equipo responsable de la actividad se encargó de elaborar unas bases en lasque establecía mecanismos para garantizar el anonimato de los relatos, y en las quese dejaba el certamen abierto a todo tipo de temas, pero se valoraba de forma espe-cial las referencias al mundo rural en general y a Alcublas en particular, y en las quese establecía otros detalles y la forma de acceder al concurso. Fueron quince los relatos presentados a esta primera edición del certamen, algu-nos de ellos recibidos desde otras provincias, y para elegir los relatos premiados seformó un jurado compuesto por Mª Desamparados Civera Domingo, concejal decultura del Ayuntamiento de Alcublas, Mª Pilar Comeche, bibliotecaria de la locali-dad, y por José Antonio Martínez Pérez y Joaquín Sanz Ibáñez. El fallo otorgado fueel siguiente: - Primer Premio para “Letras desde el alma”, de Arantxa López Ortiz (Gijón). - Segundo Premio ex-aequo para los relatos “La balanza de la justicia” y ”La excursión”, de José L. Alcaide y José R. Casaña respectivamente.
  8. 8. 8 / Certamen de relatos breves - ACLA Viendo el éxito obtenido, así como la buena acogida y aceptación por parte delpúblico, se convocó la segunda edición del certamen en la que participaron veinti-dós relatos, que fueron presentados de manera anónima a un jurado formado pornuestro querido paisano y escritor Alfons Cervera, por el escritor y actor Juan JesúsValverde, por Mª Pilar Comeche y por Mª Desamparados Civera. El fallo del juradofue el siguiente: - Primer Premio para “La rosa del azafrán”, de José L. Alcaide Verdés. - Segundo Premio para “En esta casa no estamos para músicas”, de Serafín Martínez Marz. - Tercer Premio a Pilar Climent Corbín por su relato “A la vida”. La entrega de premios de esta segunda edición se acordó celebrarla dentro delmarco de la Semana Cultural que organiza y patrocina el Ayuntamiento de Alcublas,y así, el domingo 25 de Julio tuvo lugar un emotivo acto en el salón de plenos denuestro Ayuntamiento. Fue precisamente en este acto donde la Concejala deCultura se comprometió, en nombre del Ayuntamiento, a la publicación de los rela-tos presentados en las dos ediciones y que ahora presentamos en este volumen. Del primer concurso se han editado todos los relatos presentados, mientras quedel segundo se ha llevado a cabo una selección: Relatos con trasfondo histórico,relatos autobiográficos, relatos de intriga, costumbristas, fantásticos…, muchos deellos ambientados en Alcublas, algo que contribuye a prestarles una cercanía queinvita a seguir leyendo. Queremos agradecer al Ayuntamiento de Alcublas todo el esfuerzo que está rea-lizando por los temas culturales, sin su ayuda y colaboración, puede que estas histo-rias y relatos no hubiesen visto la luz y estarían en el baúl de los recuerdos a la espe-ra de una mejor oportunidad. Desde la Asociación Cultural Las Alcublas, nos comprometemos a seguir promo-viendo la escritura y la lectura como lo estamos haciendo en estos tres años de exis-tencia, esperando que cuando tengamos este libro en las manos el Tercer Concursode Relatos Breves sea ya una realidad.
  9. 9. Certamen de relatos breves - ACLA / 9PRIMER CERTAMEN 2008 / 2009
  10. 10. 10 / Certamen de relatos breves - ACLA
  11. 11. Certamen de relatos breves - ACLA / 11LETRAS DESDE EL ALMA Arantxa Ortiz López En la última entrevista que me realizaron tras la publicación de mi última nove-la, alguien, tal vez un periodista me preguntó cuándo había decidido hacerme escri-tor, de manera automática le respondí que mi afición venía desde mi época univer-sitaria, momento en que escribí mi primer relato con cierto éxito, respuesta que lle-vaba dando desde hacía varios años, pero cuando la entrevista tocó a su fin, caí en lacuenta de lo errónea que era mi respuesta. No había decidido dedicarme a laLiteratura en la Universidad; allí tan sólo había conseguido mi diploma; mi voca-ción, realmente había comenzado muchos, muchísimos años antes, aunque hastaese momento no me había dado cuenta. Nací en una mala época, era mala porque entonces no sólo no contábamos con elmundo tal y como lo conocemos ahora, que ya es bastante terrible de por sí, sinomala porque me tocó criarme en una guerra y su consecuencia, la postguerra, que alfinal se cobró casi tantas vidas como la contienda en sí. Entonces yo era un chico pri-vilegiado, aunque no me daba mucha cuenta de ello; mi padre sabía construir, tantocarreteras como puentes, e incluso castillos de mina; se puede decir que era lo másparecido a un ingeniero de los de entonces, y por ello se había librado en su día dealistarse; era necesario para un país que no podía prescindir de las comunicaciones;debido a su trabajo, toda la familia (mis padres, mi hermana Eva de entonces tresaños y yo) nos mudábamos continuamente; donde hiciese falta una carretera, uncamino o un nuevo trazado de un puente, allá íbamos, lo que hacía que habitual-mente sintiese inseguridad; curiosamente, los demás chicos de mi edad sentían unainseguridad mucho más adulta que la mía, y sus temores eran más terribles que losmíos; a mi me preocupaba dejar a mis amigos, compartir mi cuarto con Eva, que lanueva casa fuese pequeña o no hacer nuevos amigos, por no contar el visceral terrora las nuevas escuelas. Los terrores de los demás muchachos se basaban en la guerra;que a sus padres no los matasen; que a sus hermanos no los reclutasen; que a susmadres no las detuviesen. En uno de tantos traslados destinaron a mi padre a laComarca de Los Serranos, Valencia, a un pueblecito cualquiera, exactamente igualque uno de esos pueblos que todos conocemos, al menos de oídas, en los que apenashay diez casas, de las que tres son de un mismo dueño, donde la escuela, reciente-mente inaugurada queda a más de tres kilómetros del núcleo y por iglesia se tieneuna pequeña ermita en la parte más alta del monte donde se produjo uno u otromilagro. Yo nunca había vivido en una aldea, y menos tan pequeña; el número de
  12. 12. 12 / Certamen de relatos breves - ACLAhabitantes no sobrepasaba los treinta, y la primera vez que vieron un camión delejército, los vecinos trataron de alimentarlo con heno; los chiquillos de mi edad,nueve años entonces, no tenían juguetes y mataban las horas libres haciendo diver-sas maldades, que en ocasiones les costaban la vida. Me costó muchísimo adaptar-me, tanto que el primer mes lo pasé encerrado en la oscura y pequeña casa, releyen-do los seis libros que entonces conformaban mi biblioteca: Vidas de Santos,Barbazul, La isla del tesoro, Un capitán de quince años y la Biblia. El primero y elúltimo no eran mis favoritos, pero tenía sed de conocimientos y ausencia de mate-rial, así que bebía estos volúmenes una y otra vez, sin que nadie lograra hacermesalir de casa; sólo al ser obligado a acudir al colegio aquel otoño, comencé poco apoco a integrarme; como todo el mundo supondrá, el comienzo fue difícil; los chi-cos de mi clase (las niñas por entonces no acudían a la escuela; el presupuesto segastó en la escuela de niños, dejando a cero las arcas y a las niñas, que crecieron enla ignorancia), me hacían la vida imposible de mil maneras diferentes y se mofabande mí; les extrañaba que supiese restar o dividir, y se reían disimuladamente cuan-do leía de corrido mientras ellos titubeaban al unir una vocal con una consonante.Tras la escuela, generalmente me iba a casa, pero con el paso de los meses el buentiempo llenaba mi alma y poco a poco me obligaba a salir; seguían sin aceptarme, ydurante meses fui espectador de las vidas de los demás; cada tarde me sentaba enuna redonda piedra que hacía las veces de cruce de calles y parapetado tras uno demis libros observaba lo que ocurría, empapándome de la cotidianidad de los demás,sin que nadie reparase ya en mi presencia. La guerra estaba en cada casa, en cadaesquina y el ambiente bélico se respiraba por doquier; cada quince días llegaba alpueblo el cartero; era un hombre que recorría a lomos de su burra veinte kilómetrosde inhóspitos pueblos, y de palabra daba recados a tal o cual persona, el hombrenunca dejaba cartas, algo que a mi me intrigaba; una mañana, mientras una doce-na de personas se amontonaban alrededor de la burra, yo me acerqué y a media vozle pregunté al cartero por la correspondencia, a lo que me respondió un sepulcralsilencio; todos me miraron fijamente, y una mujer vestida de negro de los pies a lacabeza me espetó: -¿Dónde crees que estamos chico?¿en...? Aquí nadie escribe nilee; no sabemos ¿Es que tú si sabes muchacho? –Perplejo, le contesté que sí, queclaro que sabía, y avergonzado me fui de allí. La tarde siguiente, cuando ya casi seme había olvidado el asunto y me hallaba de nuevo sentado en mi mirador particu-lar observando como Ramón, uno de los chicos más matones del pueblo trataba dedesplumar al gallo del cura que vagaba suelto por las calles, sentí una mano en mihombro. Pude comprobar que doña María, una viuda que tenía un hijo en el frentese hallaba detrás de mí; nerviosa, y sin darme explicaciones me arrastró a su oscuracocina y allí, sacó un cajón que colocó a modo de mesa, me entregó un pequeño lápizy una hoja de calendario y me pidió que le escribiera una carta a su hijo. Sintiendolástima por la mujer y sin nada mejor que hacer, le pregunté qué quería decirle almuchacho, y sorprendida me dijo: -No sé, escribe una carta; ¿no eres acaso “escri-bidor”? pues una carta. Yo le dije que sí era “escribidor” pero no adivino, y ella seencogió de hombros, apremiante; recuerdo el comienzo como si lo hubiese escritoayer.
  13. 13. Certamen de relatos breves - ACLA / 13 Querido hijo: Espero que al recibo de ésta te encuentres bien; -“di que se escon-da de los tiros, díselo; y que se abrigue por las noches” –me interrumpía la mujer; -me gustaría saber que te estás cuidando – continué-, protegiéndote en las trinche-ras y abrigándote en las heladas noches; -”Dile que vuelva cuanto antes, y que cuán-do termina la guerra” –apostillaba mientras en la cocina entraba otra mujer y unode los muchachos que venían a mi escuela.- “y que la Rosa quiere saber de Fermín”-yo pacientemente anotaba los datos y seguía redactando en voz alta: Aquí te echa-mos mucho de menos, no sólo yo, sino también todo el pueblo; la señora Rosa estápreocupada por Fermín, y se tranquilizaría al saber de él – “qué pico tiene el chico,sigue, sigue,” –decía Rosa que acababa de entrar. Por otro lado, las cosas aquí estáncomo cuando te has ido; sopla un fuerte viento casi de continuo y las nubes no sehan parado a dejar el agua que tanto necesitamos, pero así y todo la cosecha ha sidobuena. –“pregúntale a cuántos ha matao y si tiene un fusil, ¡pam, pam!” –gritaba elniño, emocionado. Marcelino hijo quiere saber si te han dado fusil y si lo has usadoya; también estarás interesado en saber que la semana pasada quedó campeón enlas carreras; ganó a todos, hasta al Viti que ya tiene doce años. –Mientras tanto elniño se hinchaba de orgullo, lo que aproveché par a congraciarme, y hacer un amigo.Lo que no se le da tan bien es sumar; en la escuela, don Mateo le pega con la varacuando no acierta, pero cuando el maestro se da la vuelta, le hace una mueca –“sí,eso hago, escríbeselo grande, que lo lea. Y dile también lo de Marcos” –Marcos, elhijo mayor de Gerardo el molinero ha estado enfermo; quiso irse a la guerra comosu hermano muerto y se lanzó al monte donde le sorprendió la helada; estuvo per-dido dos días y volvió con pulmonía; la madre llamó al médico que recorrió todo elcamino a pie para ponerle una inyección. Ahora está mejor. Haciendo uso de mi conocimiento oculto del pueblo redacté una carta simpáticay llena de anécdotas que los presentes iban coreando con risas, sermones y anota-ciones, hasta que la hoja estuvo tan llena que tuve que despedirme con brevedad.Quince días después, el cartero, a su paso por la aldea depositó once cartas, las decada uno de los destinados del pueblo, entre quienes se había corrido la voz de quehabía un “escribidor” en el lugar; todos escribían a sus casas cartas llenas de ansie-dad, de nostalgia, de esperanza, de sangre y de batallas, y todos esperaban respues-tas. Las madres orgullosas paseaban los sobres sin abrir de calle en calle, esperandomi llegada para que se las leyese, lo que hacía en voz alta, sentado en mi piedraredonda con todo un pueblo alrededor. Queridos padres: Me ha dado mucha alegría recibir noticias suyas; qué bien quehaya en… alguien que pueda leerles mis noticias, y mandarles mi cariño. La guerrano es tan mala como la pintan, así que no se alarmen… Queridísima Rosita: Espero que al recibo de esta te halles bien de salud; yo pormi parte no me puedo quejar, aunque espero ansioso el día que pueda regresar paracasarme contigo… Yo por mi parte respondía a todas y cada una, añadiendo todo lo que mis ojosveían e intuían. Querido Miguel: Cuánta alegría ha sentido mi corazón al saber que te hallas bien
  14. 14. 14 / Certamen de relatos breves - ACLAy a salvo; por aquí las cosas están bien también, y el tiempo mejora, lo que ya noshacía falta. Tampoco yo veo el día de tu regreso, y te echo a faltar terriblemente –“no,eso no se lo digas” –decía la chica apurada, sin que yo le hiciese caso; no quería queel chico fuese herido sin saber que su Rosita bebía los vientos por él, y que cada tarderezaba tres rosarios en la Ermita- Apenas transcurre una tarde sin que rece por ti ypor tu feliz regreso… Querido hijo: Ahora que sé que estás bien duermo más tranquila por la noche, almenos sé que queda menos para tu vuelta, algo que todos deseamos; me preguntaspor las fiestas patronales y te diré que se han celebrado como cada año; la procesiónha sido más larga que otros años debido a que el camino principal estuvo inundadode barro durante tres días; Antonia, la que tiene un hijo que “no está bien” (aquícambié la palabra “loco” empleada por la mujer, y que hacía referencia a un chicocon retraso mental) lo llevó ofrecido como promesa a la procesión vestido deNazareno, para ver si así se curaba de su mal. Se pasó todo el camino gritando y que-riendo escaparse, aunque Antonia se lo impedía. Cada vez que los chicos tiraban unpetardo, se arrojaba al suelo chillando. Ayer lo hemos visto y no se ha curado, así queha sufrido para nada. Durante la verbena un hombre tocaba el acordeón y hubomuchas parejas que bailaron, pero se echó de menos a todos los jóvenes que tanvalientemente lucháis por los demás. Invariablemente cada dos jueves el cartero a lomos de su burra iba dejando susonce cartas, las cuales eran cada vez más largas; eran cartas preciosas, en las queapenas se percibía que quienes las escribían se hallaban en una guerra y que en cual-quier momento podrían caer. Poco a poco en la aldea dejó de hablarse de la contien-da que asolaba el país, hasta tal extremo que a veces ni nos acordábamos que está-bamos en lucha... Yo me cuidaba de mencionar cualquier detalle bélico y las misivasse convirtieron en una verdadera crónica cotidiana de un pueblo casi feliz. Narrabalos sinsabores de la sobrina del cura, enamorada de un hombre casado y vecino deotra aldea que no hacía mucho caso a la moza, las audacias del chico del molinero,que cada vez era más travieso y descarado, describía los progresos de los niños en laescuela si es que los había y los arreglos hechos en una u otra casa; contabilizaba losnacimientos y obviaba las defunciones, entreteniéndome en describir el aspecto detodo y de todos bajo mi mirada acostumbrada a observar en soledad. Todas las car-tas se escribían y leían en voz alta y la gente se marcaba el jueves casi como un díasagrado, el día en que llegaban las esperadas noticias de los hijos, padres, novios ohermanos, y el día en el que el “escribidor” estrujaba su cerebro y empuñaba el lápiz(hasta que le dolía la muñeca) para alimentar las esperanzas y los recuerdos de losmuchos soldados que habían sido reclutados a la fuerza. No tardé mucho en darme cuenta de que era indispensable para esas gentes, y nosólo por poder leerles las cartas, sino porque con mi lápiz, transformaba las vidas detodos ellos en algo a lo que agarrarse. Convertía a la sobrina del cura en una diosadel amor, a Rosita en una heroína enamorada, al hijo del molinero en un futuroRomeo, al chico del herrero en el mejor pescador del mundo, comparable al capitánAhab de Moby Dick, a la señora Antonia en una santa viviente y a su pobre hijo en
  15. 15. Certamen de relatos breves - ACLA / 15un mártir; todos tenían su protagonismo y se sentían bien con ellos mismos. Conmis descripciones los soldados volvían a sentir sus hogares, a oler sus tierras, adegustar los tomates maduros de sus huertas que sabían a sol, y ello les daba unmotivo para cuidar sus vidas, para desear vivir y volver a sus casas. A las madres,hermanas o novias les trasmitían esa sensación, la de saber que todos volveríanalgún día. Durante más de un año viví con mi familia en… y me disgusté enormemente eldía que mi padre terminó su trabajo. Días antes de nuestro traslado se firmó la pazen la región, y así supe que en cuestión de semanas aquellos a quienes había escritodurante tanto tiempo volverían a sus hogares, aunque yo no me quedaría para cono-cerlos; sobrevivieron todos, de hecho el pueblo de… fue casi el único de la provinciaque no acusó bajas en batalla, y sé que tengo que ver algo en el asunto; mi lápiz llevóesperanzas donde casi no las había, y mis letras hicieron renacer sus ganas de vol-ver, de vivir. Desde que me dí cuenta de que algo tan sencillo como la unión de cier-tas palabras y frases pueden ayudar a alguien a huir de la muerte, decidí que seríaescritor; quería salvar vidas, como los médicos, pero con otro instrumental másapropiado a mí persona. Es entonces cuando decido ser lo que soy y hacer lo quehago.
  16. 16. 16 / Certamen de relatos breves - ACLA
  17. 17. Certamen de relatos breves - ACLA / 17LA EXCURSIÓN José Rafael Casaña Martínez Allá por el año 1932 apareció por Alcublas una joven maestra, que llegaba cargada deilusión y buenos proyectos, eran años muy convulsos. Esta joven maestra se encontró con un pueblo, como lo eran la mayoría de España, enun estado de abandono cultural enorme. Pero era tal su entusiasmo y dedicación que nose amilanó por ello, se empeñó en conseguir que las niñas aprendiesen aunque fuese can-tando, y así lo hizo. Les enseñó Geografía de España, al ritmo de "La Marsellesa", hoy endía, algunas de sus alumnas aún recuerdan la canción, y la tararean. Un buen día les dijo a sus alumnas que al día siguiente irían de excursión, a lo quetodas a coro replicaron que ¡¡qué era eso de irse de excursión!! ; la necesidad de ayudaren casa y las múltiples obligaciones que tenían reservadas las niñas, les hacía desconocerlo que era marcharse de excursión. -Bueno -dijo la maestra-, irse de excursión es, ir al monte a disfrutar y no tener quehacer nada por obligación. Así que cuando volváis a casa les decís a vuestras madres quemañana os pongan llanta para todo el día. Al salir de escuela les costo a las 51 alumnas mucho más de lo habitual el llegar a suscasas. Se paraban, cuchicheaban, una contaba la imposibilidad de ir pues tenia que ir aescardar garbanzos, otra decía que tenia que cuidar a su hermano chico, la de más allápensaba que su madre no le pondría llanta, otra que ese día tenía horno su madre y teníaque ayudarla. La cantidad de dificultades que se planteaban las niñas mucho antes decomentarlo en casa era un síntoma claro de cómo andaban los tiempos y las necesidades.Cada niña llegó a su casa con el corazón encogido, maquinando cual sería el mejormomento para decírselo a su madre, si cuando la mandase a por paja al pajar, o cuandotuviese que acompañarla a la cambra, para coger cebada para el macho o el burro, por-que claro si se lo decían a su padre la iba a poner de malfatana para arriba o tal vez algúntozolazo, si es que no la castigaba a subir a dormir sin cenar. Pero era tal la ilusión que les había despertado y el respeto que había conseguido gran-jearse D ª Consuelo, que encontrarían la forma de convencer a sus padres. Aunque tuvie-sen que cargarse de más trabajos, para congraciarse con sus padres por esa aventura queera irse de excursión. Esa noche las que consiguieron el permiso de sus padres, les costó mucho dormir ensu cama de pellorfas de panoja, sus mentes no paraban de darle vueltas a lo que les podía
  18. 18. 18 / Certamen de relatos breves - ACLAdeparar la excursión. Por la mañana el trajín fue de las madres, para ver que les podían poner en sacode tela. No es que hubiese mucha variedad, pero claro ese día la comida era compartida contodas y ni se podía poner mucho, ni poner poco. En fin dilema, que se resolvía con la rea-lidad cotidiana, la necesidad. Por fin se reunieron en la plaza de los Olmos y Dª Consuelo observó contenta que eranmuchas más de lo que pensó, emprendieron la marcha calle Mayor abajo, siendo obser-vadas por algunas a las que sus padres no les habían dado licencia, entre las risas y cuchi-cheos de las niñas, ante la emoción del día que les esperaba. En el Mesón siguieron hacia Despeñaperros, el día era claro y el verdor de La Hoyadañaba los ojos por su belleza, los campos llenos de mies y las amapolas tardías poníansu contrapunto de colores.
  19. 19. Certamen de relatos breves - ACLA / 19 Siguieron por La Hoya y al llegar a la Balsa Calzón se pararon para almorzar, fue elmomento mágico de ver lo que guardaban esos saquitos de tela, que sus madres habíanpreparado con todo su amor; también llevaban múltiples recipientes para transportaragua, botellas, botas, pequeños botijos, cualquier cosa valía. Siguieron andando por el monte, siendo de tanto en tanto observadas, aquella curio-sa cuadrilla, por los labradores que hacían su trabajo en los campos, moviendo la cabezay pensando en su interior, cómo cambian los tiempos. La maestra saluda a todos los quese encontraba y al mismo tiempo recababa información, dado el desconocimiento quetenía de las partidas. Alguna niña se encontraba a algún familiar y la cara se le ilumina-ba de alegría, que la viesen de excursión con la maestra. La maestra aprovechaba para contarles a las niñas aspecto de botánica, de la cual susconocimientos tampoco eran muy grandes. De pronto vieron unas clotxas, son depresiones del terreno que recogen agua de lluvia,la maestra siguiendo las normas de higiene que le habían enseñado, dijo a las niñas queno se podía beber de ellas. Las niñas al oír, lo dicho por la maestra, no se lo pensaron dos veces y se pusieron aorinar en las clotxas. Después de este curioso hecho siguieron la excursión y al poco pararon a comer, bus-caron la sombra de unos árboles, pues el sol ya se había enseñoreado de todo. La comida transcurrió entre risas e intercambios de la comida que llevaban las niñas,después la maestra les explico, con la ilusión de su juventud cosas, que las niñas escucha-ron con gran atención. Después de coger algunas hierbas y plantas medicinales, la maestra consideró, que yaera hora de retornar. Pero al poco de iniciar la vuelta los botijos y las botellas, que contenían la bebida, agua,se acabaron, por lo que las niñas empezaron a pedirle a la maestra insistentemente quequerían beber. En la zona que se encontraban no había fuentes, por lo que la maestradijo: - Bueno a ver si encontramos algún labrador o algún pastor y nos dice donde hay unafuente. Siguieron andando y las niñas siguieron insistiendo que tenían sed. Más tarde vieron en la lejanía un rebaño y su pastor, con sus perros. Aceleraron el pasoy cuando se encontraron con él su primera pregunta fue: - ¿Dónde hay una fuente? El pastor miró cachazudamente a esta curiosa reunión y mirando a la lejanía dijo: - Fuente lo que se dice fuente, por aquí no hay ninguna hasta el pueblo, pero desdeaquí podéis ver esas clotxas, de las que mi ganao acaba de beber, que esta muy bien y elagua está limpia y clara. La maestra y las niñas se miraron y empezar a reír. Ya lo dice el dicho cuando la sed aprieta…
  20. 20. 20 / Certamen de relatos breves - ACLA
  21. 21. Certamen de relatos breves - ACLA / 21LA BALANZA DE LA JUSTICIA José Luís Alcaide Verdés CARA Están tocando a vísperas y ya debo de ir pensando en apagar mi candil y acostar-me a dormir, mañana me espera un largo viaje y debo descansar. El día ha sido intenso. Me he despertado con las primeras luces, y una vez vesti-do he comido un poco de pan y queso antes de acercarme a la iglesia de San Martín:siempre, cuando tengo un nuevo encargo, necesito prepararme ante Dios, porque séque Él entiende lo que hago y que me juzgará con benevolencia, no como hacen nor-malmente las personas a mi alrededor. No, decididamente no les gusto, y quizás eso me ha hecho como soy, solitario,silencioso y seco en el trato. Pero no me importa que miren de reojo al pasar por milado, o que los niños se escondan tras sus padres y señalen con el dedo al verme, por-que yo soy lo que soy, antes que yo lo fue mi padre, y sé que las personas como yotenemos un papel en este mundo, un papel importante, un papel necesario, y eso mehace fuerte y me ayuda a vivir. Después de confesar, oír misa y comulgar, he salido hacia el barrio de las cuchi-llerías, donde tenía que recoger algunas herramientas que dejé para arreglar, y luegoa la Posada del Rincón, cerca de la Taula de Canvis, donde debía adelantar el dine-ro por el préstamo de dos buenas mulas para el viaje de mañana y para los otros dosdías que tardaré en regresar. No me gusta mucho trabajar fuera de Valencia, perohay trabajos que se deben de hacer, aunque no resulten cómodos. Por la tarde heestado preparando mi equipaje, guardando cada una de mis herramientas en susfundas de cuero, y todas ellas en un saco que siempre llevo conmigo. Mi capa deinvierno, mi sombrero, una manta y algo de comida y vino para el viaje completanel equipo: viajar en esta época del año puede ser duro si no vas bien preparado… * * * Hemos parado a descansar algo en la villa de Lliria, transcurrida casi la mitad delcamino. He tenido suerte, y poco después de salir por la Puerta de los Serranos hecoincidido con dos viajeros que se dirigían por negocios a Bexís, y hemos decidido
  22. 22. 22 / Certamen de relatos breves - ACLAhacer juntos el camino. No, no es que tenga ningún problema en viajar sólo, dehecho, por el camino ellos iban delante en sus caballerías, y yo un poco más retrasa-do. Luego, almorzando junto a la hoguera, apenas hemos intercambiado unas pocaspalabras al ofrecernos por cortesía tocino o vino, mientras de tanto en tanto loscomerciantes miraban furtivamente el saco con mis herramientas e intercambiabanentre sí miradas de entendimiento. Pero es que, algo más adelante, subiendo LesYàcubes, está la zona que llaman La Guarida, y un poco más a la izquierda Gea y laCañada del Trabuco: no son raras las partidas de bandoleros que saliendo de esosmontes bajan al llano, actúan y regresan rápidamente a sus guaridas, sin dar tiem-po a los Justicias a que organicen partidas para perseguirles. Yo soy buen mozo y sémanejar un arma con soltura, pero pasar por su territorio no deja de ser una teme-ridad, y el ir acompañado siempre da más confianza. Por esta misma razón hemosdecidido subir las rochas en compañía de un carretero que marcha a les Alcubles arecoger una carga de nieve para la Ciudad de Valencia. Les Alcubles, mi destino. * * * Sus moradores llaman Las Alcublas a esta villa que se rige por los fueros deValencia y que es considerada “calle” de la capital del Reino, motivo por el cual hoyhe llegado a ella a ejercer mi oficio. Al entrar en la población, a la izquierda del Camino de Valencia, está el mesónjunto a unos corrales. He llegado a buena hora, todavía queda un buen rato de sol yhe decidido conocer la villa guiado por un muchacho: siento cierto nerviosismo, yrecorrerla me ayudará sin duda a aplacarlo. No es muy grande, pero tampoco es pequeña. Un poco más arriba de los corralesse encuentra la villa propiamente dicha, con dos accesos en las tapias: uno, apenasun portillo, por el que se entra a un callizo que desemboca en una plaza con un por-che, donde me dice el muchacho que se reúne el Consejo de la Villa; el otro, en laque llaman la calle de Roque Ximeno, es la puerta principal por la que entra elCamino de Valencia. El bullicio en la población sorprende, porque uno no espera este movimiento depersonas: en el porche de la plaza el carnicero y su ayudante desollan un carneromientras un corro de chiquillos en cuclillas y varios perros observan la operación.Algo más arriba unos obreros seleccionan unas piedras para la nueva Casa de la Villaque se está obrando, con un amplio arco de piedra sobre el que se asienta, sencillopero orgulloso, el escudo de la villa. Junto a ella, el olor a leña quemada se intensi-fica al pasar junto al horno que hace esquina con la plaza de la Iglesia. Allí, entre laCasa del Bayle y la puerta de la Iglesia, los carpinteros ultiman el cadafal para laceremonia de mañana. Mañana… Bueno, mañana Dios proveerá… Un muchacho se ha acercado corriendo y le ha dicho algo a mi guía sin dejar demirarme con unos enormes ojos, mezcla de temor y de curiosidad: parece ser que el
  23. 23. Certamen de relatos breves - ACLA / 23Jurado Mayor y el Justicia de la Villa quieren darme la bienvenida. Hemos dado lavuelta al pequeño cementerio tras la iglesia, donde un olmo viejo parece pelear conun joven llatoner por cubrir con sus ramas las sepulturas. Allí cerca, a la puerta deuna casa con arco, me esperan las autoridades para comentar los detalles del nego-cio que mañana debemos concluir. Será a las diez, y el pago al acabar. El martillo del herrero parece repetir la hora mientras me vuelvo hacia el mesóndispuesto a cenar y descansar: a las diez, a las diez, a las diez… Aunque pueda sor-prenderos sé que no tardaré en dormirme. * * * Hoy me ha despertado el mesonero a la hora convenida, y mientras como algojunto a la chimenea escucho a lo lejos la campana de la iglesia llamando a misa: medice el mesonero, hombre parlanchín, que quieren hacer una nueva torre más alta yampliar la iglesia, porque de unos años a esta parte la villa no para de aumentar elnúmero de habitantes y se ha quedado pequeña. Luego, al ver que no le contesto sealeja hacia las cuadras. Yo tengo la mente en otras cosas. Hace frío afuera y me enro-llo bien la capa. Hoy la gente no ha ido a trabajar. La plaza está llena a más no poder y los que hanido a misa no han regresado a casa después. Mi guía, el hijo del mesonero, me ayudaa cruzar entre la muchedumbre cargado con mi saco. Un alguacil impide que losniños suban al cadafal a jugar, y junto a él un carro vacío espera para llevar su cargaa los cuatro puntos cardinales, para exhibir ante todos el poder de la villa. Yo prepa-ro mi cuerda y quito de sus fundas las herramientas, mientras se escucha el murmu-llo expectante del público. Pero pronto su atención se desvía hacia otro lado, latrompeta anuncia la llegada de la comitiva y también yo, como la muchedumbre,debo dejar de pensar, he de concentrarme sólo en hacer bien mi trabajo. A partir deahora vuelvo a estar sólo, vuelvo a ser yo. La Justicia de Dios y de los hombres debe cumplirse. Mi mano es la mano de la Justicia. (INTERMEDIO) Desde enero de 1611 estuvo detenido en la cárcel de la villa Joan Montañés, acu-sado de asesinato. Su juicio se retrasó por el pleito acerca de a qué villa, Alcublas oAltura, correspondía la jurisdicción. En el libro de defunciones de la Parroquia deAlcublas del año 1612 aparece el siguiente registro: “Joan Montañés, natural de la Puebla de Valverde del Reyno de Aragón, encarce-lado en las cárceles comunes del presente lugar de las Alcublas por averle sentencia-do a muerte, confesó a catorze de febrero de 1612, y a quinze de los dichos mes y añorecibió en la misma cárcel, en la Sala, el Santo Sacramento de la Eucaristía, y a diezy seis de los dichos mes y año, jueves a las diez horas de la mañana, lo mandó ahor-
  24. 24. 24 / Certamen de relatos breves - ACLAcar la Justicia en la plaça común del dicho lugar en una horca de madera que se hizopara este efecto, y le hizieron quartos, los quales pusieron en los caminos”. Ese mismo año, en los libros de cuentas de la villa aparecen reflejados varios gas-tos por el jornal del trompeta durante la ejecución, “de hazer la forca de la plaça” yde “hazer el mojón de la Chupidilla para los quartos”. También se pagó cuarentasueldos “a maese Joan, Verdugo de Valencia, por las dietas de execución de muertey quartos en la persona de Montanyés”. CRUZ Hay un refrán popular que dice que de los errores se aprende, pero lo que no dicees que, en la mayoría de las ocasiones, por mucho que aprendas no hay vuelta atrás.En mi caso, los errores que cometí han traído parejas consecuencias demasiado gra-ves, demasiado severas como para no tenerlas en consideración, y mentiría si dijeraque no he aprendido algo. Pero también mentiría si dijera que me arrepiento de lo que hice. Si, he tenido más de un año para aprender, para reflexionar sobre lo ocurrido,para arrepentirme una y mil veces, y para luego, acto seguido, borrar ese arrepenti-miento de un plumazo, restañar las heridas a base de orgullo, a base de rabia, a basede odio… Si, de odio, de mucho odio, de un odio que nace de un amor roto por capricho,por un capricho bárbaro que me ha costado demasiado caro. Cuando aquel mediodía de diciembre regresé a casa y hallé muerta a mi esposajunto al corral sólo sentí, sólo noté un dolor blanco que me cruzaba por los ojos ybajaba hasta el pecho para hacerme caer al suelo llorando, y allí me quedé, enrosca-do sobre mis piernas hasta que la mano de mi hijo sobre el hombro me hizo regre-sar desde muy lejos… No, ella no había podido soportar el dolor y la vergüenza, había preferido ponerfin a su vida; yo tampoco pude dominar el ansia de venganza. Hace catorce meses que me hallo encerrado en esta cárcel de la Casa de la Villa,convertido en moneda de cambio para unas villas que buscan reafirmar su poder,que buscan exhibir la una ante la otra su fuerza, y así poder sacar mejor tajada antela Cartuja en el reparto de prebendas. Hoy son los derechos sobre los pastos, maña-na sobre la leña o quizá sobre la nieve: una villa fuerte puede exigir con más fuerzala cesión de derechos a Valdechristo, a su Señor. A principios de enero la Audienciade Valencia falló a favor de las Alcublas y en contra de la sentencia que otorgaba ala villa de Altura los derechos para juzgarme: ahora deberá pagar, según dicen, másde 150 reales por las costas de la apelación. Pero lo realmente importante para mi esque por fin va a concluir esta tortura de saberme acabado pero no acabar. En ocasiones los obreros que trabajan en los pisos superiores de la Casa de la Villahablan sobre mí: sé que deliberadamente lo hacen donde yo pueda oírlos, pero a mí
  25. 25. Certamen de relatos breves - ACLA / 25nada de lo que puedan decir me duele ya. Así he sabido que hoy, a boca tarde, ha lle-gado el verdugo, el hombre que mañana a las diez ceñirá en mi cuello la larga cuer-da que ahogará mi dolor, que no mi vida. Mañana, en una mesa sobre el entabladoestarán dispuestos los cuchillos y el hacha con los que separará los miembros de micuerpo, y al lado el carro con el que los repartirán por los límites del término exhi-biéndolos de una forma casi obscena. Si, la ejecución de mañana tendrá algo de comedia, será un acto grotesco en el quese unirán la muerte y el espectáculo, en el que lo de menos será el por qué de mi suer-te, en el que lo importante será el cómo y el para qué. Lo que me hagan mañana serálo de menos, porque yo ya he pagado mis culpas, he tenido el mayor castigo que se mepodía infligir: durante un año he vivido encerrado con mi silencio, mi odio, mi deses-peración y mi pérdida. Y es que no siempre hay equilibrio en la Balanza de La Justicia,una balanza que se suele inclinar del lado de los poderosos, de los señores, de quieneshacen las leyes… Su peso hace ya tiempo que cayó sobre mí.
  26. 26. 26 / Certamen de relatos breves - ACLAINFANCIAS VIVIDASE IRRECUPERABLES Joaquín Sanz Ibáñez El pueblo como casi todos los del mundo, en medio del campo; el nombre único:Alcublas. Quien lo quiera visitar puede llegar por el norte desde la carretera de la Cueva Santa,desde el sur por la carretera de Valencia, por el este desde el camino de Santa Lucía ydesde el oeste por la carretera de Villar del Arzobispo. Todos estos accesos no hace muchoeran caminos de tierra por los cuales circulaban cada día cerca de mil caballerías entrecaballos, burros y machos ó mulos. Y aquí es dónde empieza la historia de un montón de niños cuyo oficio entre los 8 y los14 años, era el de “recogedor de boñigas”. Casi todas las mañanas después de tomar las sopas de pan y malta, cogían su capazoy salían a los caminos en busca del tan preciado tesoro, que serviría de abono en las viñasque sus padres trabajaban. Qué importantes se sentían aquellos niños que con tan corta edad ayudaban a suspadres en el mantenimiento de la casa. Qué alegría cuando volvían a casa con elcapazo lleno. Cuántas veces engañaban, o creían engañar a sus padres cuando porno encontrar bastantes boñigas llenaban el capazo de paja y caminaban con él alhombro haciendo ver que no podían con él. Qué ilusión el día que encontraban lasrastreras y haciendo montones como juego de niños decían “todo pillao”, mientrasbuscaban escondites secretos dónde guardar el tesoro hasta el día siguiente. Al regresar a casa y después de lavarlos y peinarlos las madres los mandaban a laescuela no sin antes haberles preparado el sabroso “bollicao” de aquel tiempo, que con-sistía en un cantón de pan y media barra de chocolate redondo Monte Sión. Aquel sabortan peculiar que incluso hoy, después de tantos años, seguro que recordarán los que tuvi-mos la suerte de compartir los caminos. Inconfundible el tacto terroso en la boca, y sobretodo la satisfacción cuando a algún amigo despistado le hacíamos unas cantareras. Hoy ya no se escuchan los sonidos de las caballerías por los caminos que fueron testi-gos de aquellos días que forjaron hombres fuertes que se juntaban cada mañana compar-tiendo juegos, sueños y experiencias, ayudándose fieles los unos a los otros cuando senecesitaban. Sólo unos pocos recordarán ya aquellos tiempos, en que al contrario de lo que se puedapensar crecimos niños sanos y alegres. Hoy cualquiera diría que un niño de esa edad sólo
  27. 27. Certamen de relatos breves - ACLA / 27debe pensar en estudiar y jugar, y pensaría espantado que ningún pequeño debe trabajar. Pero yo, como uno de los muchos protagonistas de esta historia también tengo algoque decir. En aquellas mañanas de mi infancia, muchos aprendimos valores como elesfuerzo, la constancia, el compañerismo, la ayuda a los demás, el respeto a los padres ola responsabilidad. En aquellas mañanas de mi infancia yo me sentía orgulloso y útil. Enaquellas mañanas de mi infancia yo reía y corría por los caminos con mis amigos. Y lomás importante, hoy después de muchos años, recordando aquellas mañanas puedodecir que tuve una infancia feliz.
  28. 28. 28 / Certamen de relatos breves - ACLA
  29. 29. Certamen de relatos breves - ACLA / 29LA JOVEN QUE AMABALAS PALABRAS Rosario Santolaria Era una adolescente inquieta y entusiasta. Estaba enamorada de las palabras. Ellacreía que las palabras tenían vida eterna, nacían y una vez nacidas ya existían para siem-pre. Por eso no podía comprender que algunas palabras murieran y ya está. Quería res-catarlas del desuso y por eso estudiaba filología y se esforzaba en profundizar en las pala-bras viejas para comprenderlas y hacerlas vivir de nuevo. Pasaba los veranos en Alcublas,el pueblo de su madre, y cuando tenía ocasión hablaba con las viejas del pueblo que leregalaban un léxico increíble, un manjar de palabras viejas que colmaban de alegría suespíritu investigador. Un día, paseando por la calle, saludó a un anciano de más de 90años que conservaba una memoria estupenda y una simpatía en la mirada que convida-ban a conversar con él. - ¿Cómo va tío Rafael? - ¿Cómo quieres que vaya, chiquilla? Tengo el cuerpo lleno de alifaques, he trabajado mucho en esta vida. Ahora soy muy viejo y alifacao; pero aquí me tienes. - Sería pesado el trabajo en el campo. Entonces no había tractores. Tenían que traji- nar con los machos y el carro de aquí para allá. - Yo no tenía muchos bancales cerca de la carretera, así que iba con el burro a jalma por caminos malos y andando siempre. No sé cómo me quieren llevar aún estas pier- nicas.Continué mi charla y después mi paseo sin olvidar el tesoro de las tres palabras que mehabía regalado el tío Rafael: Alifaques, alifacao, jalma.A la noche tuve un sueño, que luego expliqué a mi madre. - Madre, he soñado que estaba hablando con un anciano sobre el significado y la his- toria de las palabras alifaque y jalma.Dijo mi madre: - Yo esas palabras las oí usar a mis padres muchas veces y en Alcublas había una calle que se llamaba Calle del Jalmero.Y continué relatando mi sueño. Le dije al anciano que quería saber la historia de esaspalabras y me dijo que él no la sabía, pero que en una montaña había un rabino, un maes-tro que vivía escondido y dedicado a la sabiduría. Que fuera allí a preguntarle.
  30. 30. 30 / Certamen de relatos breves - ACLA - Lo que pasa es que el rabino vive escondido en su casa y no abre a nadie. Yo nunca he hablado con él, así que no sé cómo podrás preguntarle tú. Mira, aquí viene mi espo- sa Magdalena que puede decirte alguna cosa más. Magdalena era una viejecita de rostro amable y ojos vivos que nada más verme com-prendió que buscaba saber por encima de todo, y me dijo: - El Rabino vive en una cueva en una peña a unos tres cuartos de hora del pueblo. Para llegar allí has de atravesar bancales con cultivos de almendros y viña, después habrás de caminar por la roca y cuando toques a la puerta de su casa te hará unas preguntas para ver si tu intención es saber cosas, porque él sólo da explicaciones a las personas que buscan el saber por encima de todo. - Y ¿Qué preguntas me hará? - Prepárate nombres de plantas, de rocas, de partidas, de todo lo que se encuentra al norte de la población y él, si ve que tienes interés, te aclarará la historia de las palabras.Llena de emoción comencé a preparar mi memoria. Tenía que responder bien para queel rabino me abriera la puerta y se conformara a explicarme...La primera cosa que me vino a la cabeza es en qué peña tendría la casa el rabino y dije:-¡Ya está! Mi madre siempre me decía que el mejor poleo estaba en la Peña Ramino-.Pensé: - Allí yo sé ir. Iré a la Peña Ramino a ver si encuentro la casa del sabio. Me enca-miné por el camino de la Salud a la Cueva de la Arena. Subí hacia la Peña la Jipe. Seguísubiendo. Encontré algún fósil y algunos pedacitos de cerámica que guardé en los bolsi-llos y seguí caminando hasta la cima. El sol me calentaba la espalda y antes de comenzarla última exploración, me giré de cara al pueblo que se extendía, precioso, al sureste,rodeado de campos de almendros, viñas y frutales que en ese momento estaban en flor.¡Qué hermoso paisaje! Aquí nacieron mis padres y mis abuelos; hasta cinco o seis gene-raciones de antepasados habían vivido allí y el corazón me dio un vuelco de emoción.Busca que buscarás encontré la boca de la concavidad, traté de mirar al fondo y saludécon un “¡Buenos días!”. Oí una voz que me decía: - ¿Qué vienes a buscar aquí? La voz no era severa, sino dulce y firme a la vez; no me dio nada de miedo. - Busco saber la historia de dos palabras que ya no se usan nunca: ALIFAQUES y JALMA. - Yo te explicaré su historia si me respondes tres preguntas que te haré por cada pala- bra, así sabré si eres una persona interesada por la lengua o si simplemente eres una curiosilla sin verdadero interés.Yo comencé a ponerme nerviosa; pero no tanto como para dejar de concentrarme en lamemoria. - Dime ¿Cómo se llama la rambla que tenemos aquí al lado, al poniente? - La Rambla Andrés. - ¿Qué clase de fósiles se encuentran principalmente en esa rambla? - Ammonites.
  31. 31. Certamen de relatos breves - ACLA / 31 - Ahora dime una cosa, la cerámica que te has encontrado, ¿a qué pobladores perte- nece? - A los Iberos. - Veo que estás interesada por las cosas. Veamos otras tres preguntas para que pueda yo confiar en ti. ¿Sabes si en esta montaña hay un aljibe antiguo? - Sí, por eso se llama la partida Peña la Jipe. - Si siguieras por la rambla adelante, ¿a qué pueblo podrías llegar? - A Canales. - Bien. Por último, ¿sabes qué es un rabino? - Rabino quiere decir maestro en hebreo. Yo supongo que cuando expulsaron a los judíos del Reino de Valencia, usted se refugiaría aquí para que no le persiguieran. Aquí se dedicaría a investigar y a escribir sobre cosas de interés. Por eso nadie del pueblo le haría daño. De ahí el nombre de la Peña Ramino o Rabino. - Bueno he visto que estás enterada de muchas cosas. Ahora te diré que “Alifaque” es una palabra valenciana del catalán “alifac” que significa achaque, dolencia, y que la palabra viene del árabe y “jalma” significa carga con albarda y serón, procede del latín y ambas palabras las encontramos estudiadas en el diccionario del señor Coromines y de la señora Moliner.Me despedí, me cogió por los hombros, me dio un beso en la frente y me dijo: - Aprender es lo mejor de la vida y el esfuerzo que pones en aprender es el más recom- pensado; vete y sigue aprendiendo palabras para comprender el espíritu de las gentes que construyeron la cultura del pueblo.Cuando desperté del sueño fui corriendo al diccionario de Coromines y encontré: Alifac (sXV; de l´àrab al-náfab, id) m.1 VETER Bubeta o tumor sinovial localitzat a les sofrages dels cavalls, les mules, etc. 2 Nafra, xacra. Jalma (Del latín “Sagma” del griego “ságma” carga, guarniciones) f.*Albarda ligera, enjalma, ensalma, salma, sobresalma. Alcublas, diciembre de 2008 Fdo: Escoba de Boja
  32. 32. 32 / Certamen de relatos breves - ACLA
  33. 33. Certamen de relatos breves - ACLA / 33VISIONES Daniel Doblado Cortés VISIÓN I No estoy loco. No soy violento. Si lo hice fue por ser coherente, por probar mi honra-dez, por autentificar mis convicciones… si le pegué un puñetazo fue porque no tuveopción, porque era la única vía para alcanzar la bondad, esa esencia tan íntimamente des-estimada por todos. Si antes no lo hice no fue porque mi integridad me lo impidiera, fue por cobardía, porfalta de voluntad, por estar sumido en la extraña certeza de que es mejor el más quedo,el que más desapercibido pasa, el que menos daño hace. Tuve mil oportunidades, milocasiones en las que una agresión hubiera estado sobradamente justificada. Pero nuncafui capaz de responder a ningún tipo de provocación; ya fuera una mala mirada, un insul-to o una mano en mi pecho, mis reacciones no fueron más que livideces y paroxismoscomo torrentes: voz temblorosa, rigidez, tiempo que pasa como una losa. Después la ver-güenza, las palabras que se quedan por decir, la dignidad por los suelos y una incandes-cencia de puños cerrados a destiempo. Después de mucho pensarlo llegué a la conclusión de que la única vía para convencer-me de la autenticidad del bien que hacía a los demás era hacer el mal. Sé que resulta para-dójico, extraño, cosa de alguien que no está muy bien de la cabeza o intenta justificar loinjustificable. Pero no. Saberme capaz de todo convierte mis actos en una convicción. Laviolencia ya la conozco y la rechazo porque sé lo que es, porque he sentido la insana satis-facción de sentirse poderoso, el dulce dolor que envuelve al puño agresor y la mirada delque desprecia al otro. No hice mi elección al azar, mi víctima debía ser lo más desvalida posible, indefensa,pusilánime, incapaz de contrarrestar mi ataque… Fue fácil encontrarla, andaba agarradoa su mochila, con paso tenso y apresurado y un gesto de contenida resignación en la cara.Mi acto debía ser miserable, así que no sólo elegí a un apocado, sino que además, despuésde cruzarme con él, me di la vuelta para abordarlo por la espalda. Mi nula experiencia en lo que a endiñar derechazos se refiere hizo que me limitara acerrar el puño para dibujar con mi brazo un semicírculo e impactar de lleno en su pómu-lo derecho. Un gemido. Sangre. El chico en el suelo y yo mirándolo como no había mirado nunca a
  34. 34. 34 / Certamen de relatos breves - ACLAnadie, sin ira, sin que las pulsaciones se alterarán, totalmente tranquilo, henchido del domi-nio que en ese momento estaba imponiendo sobre lo que en ese instante era un ser inferiora mí, sometido a mi capricho. Él me miraba como asqueado, turbado, preguntando sindecir palabra el porqué de la hinchazón que estaba comenzando a sentir en su cara. Aún quedaba una humillación más: viendo que no se atrevía a levantarse del sueloopté por ofrecerle mi mano para ayudarle a levantarse, lo hice con un gesto rápido y deci-dido, de manera que no tuvo elección. Yo no pensaba volver a pegarle, pero estoy seguroque él pensó que si no aceptaba mi mano volvería a hacerlo. Así, que acertó a asir, con sumano temblorosa, la mía firme. Me agarró con tibieza, temeroso. Yo le ayudé a acrecen-tar su pánico con la rabia que parecía desprender el calor de mi mano, una rabia que enrealidad no era más que el ardor de quien se sabe libre. Una vez alzado, mi mano siguióen su mano, y mi mano libre fue a posarse en su hombro derecho. Yo tenía la seguridadde que no iba a pasar nada, de que si así lo hubiera deseado, nos hubiéramos mantenidohoras en esa posición, él en su parálisis y yo en mi férrea dictadura de ojos taladradores.Por comprobar su pusilanimidad, mantuve la escena un par de minutos, hasta que porfin destensé mi apretón de manos y deslicé lentamente mi mano izquierda por su hom-bro hasta perder el contacto con su brazo a la altura del codo. Noté cierto alivio de suparte, se sentía levemente liberado de lo que para él había sido una tenaza. Ahora quesólo había aire entre nuestras epidermis, lo único que me permitía mantener el manda-to era el contacto ocular. Así estuvimos, sin pestañear. Ya no había ni miedo ni resigna-ción en su cara, él no estaba, se había ido, parecía estar en otro lugar. Entregado a la pará-lisis más absoluta, su rostro inexpresivo no dejaba de mirarme. “Escúchame”. Le dije en un golpe de voz que intenté convertir en exabrupto. “Ahora yalo sabes: el bien de nuestras vidas no puede convertirse en simple imposibilidad del mal.” VISIÓN II Mi primer impulso, que no llegó a materializarse en ningún tipo de movimiento, fuerevolverme para encarar al anónimo agresor. Sabiendo que tal acto de valentía podía cos-tarme otro doloroso golpe, me quede en el suelo. Contuve mi rabia, mis ganas de insul-tar a ese desconocido que sin mediar gesto, señal o palabra, me había dejado tan aturdi-do. Turbado como estaba, sólo alcancé a mirarlo a los ojos pero sin mirarlo, como quienmira a un muerto y sabe que no va a recibir respuesta alguna. Él, férreo y extrañamentedesprovisto de toda violencia, me miraba metálicamente; parecía que había descargadotoda su violencia en mi rostro y no le quedaba más, incluso alcanzaba a desprender paz,y esto fue, precisamente, lo que más miedo me dio. Coger la mano que me ofreció me proporcionó una sensación tan reconfortante comoaterradora. No sé cuanto tiempo permanecimos así, no me atrevía a hablar. Su mano, sinapretar mi mano, transmitía una tensión que me inmovilizaba. Su otra mano vino aposarse en mi hombro y mi miedo devino en ese respeto que sólo es capaz de infundirquien no necesita de la violencia para imponerse. No parecía arrepentido, tampoco orgu-lloso, sus manos dejaron de estar en contacto conmigo en el mismo momento en que yocomenzaba a sentir que mi dolor nunca fue deseado por él. Si en ese preciso instantehubiera decidido cogerme por la solapa de la camisa y amoratar el único pómulo que me
  35. 35. Certamen de relatos breves - ACLA / 35quedaba sano, lo hubiera admitido con la misma cobardía de la primera agresión. Estando frente a frente, me pareció absurda la humillación y la quemazón que en unprimer momento había brotado en mí. Yo, que nunca había sido capaz de agredir a nadie,me veía víctima de una violencia que siempre había deseado practicar. Estaba avergon-zado, no por haber sido maltratado sin ofrecer la más mínima resistencia, sino por nohaber sabido comprender antes lo que con unas pocas palabras me explicó mi agresor. Ahora sé que siempre odié la violencia por inercia y no por convicción, porqué no tuvedonde elegir, porque siempre tuve miedo al dolor, a no saber reaccionar con los suficien-tes arrestos. Estas pulsaciones, que siento en mi cara como si fueran agujas, me lo confir-man. La bondad, en ocasiones, no es más que la cara visible de la cobardía. VISIÓN III Creo que la caída de aquel muchacho me dolió porque me imaginé a mí mismo recibien-do tal sopapo. Lo de sentir el dolor ajeno no son más que absurdas filantropías. Sólo nosduele lo que creemos que es posible también en nuestras vidas. Por eso no duele la hambru-na en el mundo, porque nadie contempla la falta de alimento como algo que puede mate-rializarse en nuestro entorno. Pero una hostia, siempre es posible y siempre duele. Yo estaba tranquilamente sentado en mi banco de siempre, devorando las páginas deLa vida sexual de Catherine M.; buscando con avidez las páginas que describían condetalle orgías y demás actividades sexuales. Levanté la cabeza un segundo para tomaraire, ¡maldito segundo! La erección que llevaba un rato disimulando y aplastando con mimochila se vino abajo. Dejé de sentir las pulsaciones en mi pene y comencé a sentir unaleve punzada de dolor en mi cerebro, una especie de martilleo que enviado por la con-ciencia me conminaba a intervenir en pro de aquel chaval que, en contra de todo pronós-tico, estaba aceptando la mano que le ofrecía su agresor. Por un lado, quería dejar de mirar, ya que si la agresión se reanudaba yo no tendríamás remedio que dejarme llevar por las intromisiones de mi conciencia. Por otro lado,algo me empujaba a mantener la atención, a seguir mirando como quien no tiene muchointerés pero en realidad no quiere perderse ni un detalle. La violencia, esa experienciaque nadie quiere vivir, pero que pocos se abstienen de contemplar. Apartar la mirada. Nohay porqué. Eso me dije, y cerré el libro por la página 69, dejando a Catherine en mediode una riesgosa felación en la que el beneficiario estaba conduciendo. Pudo más la exci-tación de las carnes que se golpean que el ardor de las que se rozan con fines hedonistas. La previsión de un nuevo puñetazo se vio aumentada por la nueva posición que habí-an adquirido víctima y verdugo, este había colocado su mano izquierda en el hombroderecho de aquel. Yo pensé que para hacerle una llave espectacular y colocarlo de talmanera que al más mínimo movimiento pudiera partirle el brazo. Pero nada. Acabaronpor separarse. Cuando ya parecía que los ánimos estaban totalmente calmados, unafrase, que intuí incendiaria y no llegué a escuchar, reavivó la poca esperanza que tenía depresenciar un desenlace contundente. “Como vuelvas a… te mato”, seguro que algunaexhortación de este tipo sirvió para confirmar la pasividad del que había recibido sinrechistar. Mejor así. Hubiera sido un contratiempo tener que entrometerme a defender
  36. 36. 36 / Certamen de relatos breves - ACLAal débil, aunque en tal caso, y con el fin de proteger mi físico, podría haber recurrido aprofesar con vehemencia, -sólo por unos segundos, por supuesto- las teorías del Calíclesque defendía con naturalidad la ley del más fuerte. Y es que es tan cómodo alternar lasconvenciones sociales que nos protegen con las leyes no escritas que nos favorecen.Aunque tales disquisiciones, hechas ahora en frío, habrían sido difíciles de engarzar enaquel momento. Seguramente, si en vez de un solo impacto, se hubiera dado un despro-porcionado intercambio de golpes entre aquellos dos desconocidos; yo, viéndome inca-paz de saber si podía reducir al fuerte, habría optado por abrir de nuevo la página 69 paracomprobar como se puede compatibilizar la conducción y el placer.
  37. 37. Certamen de relatos breves - ACLA / 37LA ROCA Y EL AGUA Abel Chiva Marina era feliz en el valle, con su pequeño riachuelo que, juguetón y cantarín, la des-pertaba cada mañana con una melodía distinta, aunque le asustara cuando tras un díalluvioso le gritaba y reñía; ella no sabía porqué lo hacía, por eso, cuando el río no la que-ría se iba a la otra ventana y contemplaba la montaña, mirando cómo se mecían sus árbo-les y escuchando sus murmullos que parecían sugerirle mil cuentos de hadas y brujas. Apenas una veintena de casas, como si de un broche se tratara, resaltaban en la partebaja de la ladera, separándolas del río pequeños huertos que lo acompañaban en su dis-currir por el valle. A medio camino entre el pueblo y el paso montañoso por donde sedejaba caer el río, entre setos y pinos, se escondía una casa de techo bajo, negro de piza-rra superpuesta y rojas paredes. En un amplio patio delantero, su verde color herbososólo se veía interrumpido por un viejo cobertizo de madera, los juegos y cantos de unaniña y el paso lento y cansado de una mujer vestida de negro: era Marina y su madreFrancisca. Con el paso del tiempo el río había diseñado en la montaña una salida al valle, pordonde se escapaba como vulgar picarón entre callejuelas, al final de la ladera de unaredondeada loma y al inicio de un cortado labrado en piedra con multitud de salientesrocosos. Casi en la cima de la loma había una pequeña atalaya que servía como miradordel desfiladero y junto a él pasaba el camino, más que carretera, que comunicaba la aldeacon el pueblo vecino del otro lado. A Marina, ya desde pequeña, le gustaba escabullirse por la montaña, entre los pinos,y desde una torrentera, a mitad de ladera, sobre una roca que llevaba años aguantandolos embistes de las frías aguas que por allí discurrían, recogiendo sus piernas entre losbrazos se sentaba y se quedaba como boba mirando el cortado sobre el río. ¿Qué le hacíapasarse tantas horas extasiada contemplando aquel puñado de piedras?, ¿qué imán ejer-cía sobre ella el murmullo del agua bajo aquella alta muralla? Cuando a los doce años tuvo que ir a estudiar fuera y perdió contacto cotidiano con suvalle, cayó en lo que era aquello y porque le atraía tanto. Tumbada en la cama, mirandoel techo, con los ojos cerrados veía claramente como aquellas rocas colgadas en el corta-do, antes inertes y mudas, iban cobrando vida y transformando sus perfiles o encajandosus quebradas líneas hasta formar…¡si! era una nariz, ahora… los ojos…la boca…Ya lotenía claro: era la cara de un hombre maduro, de rasgos viriles, nariz pronunciada algoaguileña, boca grande donde apenas se dibujaba los labios, barbilla recta y redondeada,
  38. 38. 38 / Certamen de relatos breves - ACLAfrente ancha con surcos y pelo corto y ensortijado. Se quedó quieta sin atreverse a moverun músculo, un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal y un nudo comenzó a hacersepaso por su garganta, realmente la estaba ahogando de emoción. No se lo podía creerpero era cierto, aquella cara la había llevado siempre con ella pero nunca había salido desu subconsciente, la fascinación que siempre sintió por aquel lugar era en realidad por-que contenía algo muy suyo, ¡ya lo sabía!, aquella cara era la de su padre, el que nuncaconoció, del que nadie le había hablado, del que ni siquiera llegó a saber de su existencia.Como si de un pacto se tratara, el silencio y el olvido presidió cualquier relación con eltema paterno: por parte de la madre y por parte de ella nunca hubo la menor mención altema ni nunca tuvieron necesidad, y por parte de los vecinos se respetó el pacto tácito, elsilencio fue total, incluso en las fechas en las que podría haber habido alguna mención oinsinuación casual inocente o perversa. Su fantástico descubrimiento le acarreó un nuevo sufrimiento ya que si bien se sentíaenormemente atraída a contemplar aquellas rocas de cerca, sintiendo nuevas sensacio-nes, algo en su interior le decía que no era el momento y mejor esperar a madurar sunueva situación, no precipitando acontecimientos que quizás le causaran más dolor quealegría. Pero todos los fines de semana, cuando volvía a la casa del valle, sentada en supeña, contemplaba ya claramente aquella cara que permanecía inmutable; tan sólocuando se acercaba su cumpleaños aparecían como dos sombras junto a los ojos…comodos lágrimas. Marina se fue haciendo mayor guardando en su corazón su preciado secreto y fiel a sucita semanal. Cumplió sus dieciocho años viviendo en la ciudad ya que estaba en la uni-versidad. No tenía demasiados amigos, dos o tres, y su vida transcurría junto a Francisca,sus recuerdos, los estudios y la vida social propia de una jovencita de su edad reservada yempollona aunque, eso sí, cada día más bella. Ese mismo verano su madre cayó enferma repentinamente, el médico llamó a laambulancia y antes de partir su madre le dijo: - Hija, no puedes venir conmigo, pero en cuanto puedas, en el hospital, tengo que con- fesarte ciertas cosas. No te inquietes y quédate tranquila, pero es necesario que lo sepas porque sólo así partiré en paz. - ¡No, mamá, no digas eso! – gimió Marina. - Tranquilízate y no temas nada que luego hablamos… La ambulancia partió y Marina con su coche la siguió con el corazón en un puño. A sullegada a urgencias las noticias fueron más bien escasas, y pese a su insistencia en ver asu madre todo el mundo la remitía al médico de guardia. Cuando al final la llamaron porlos altavoces, la timidez de sus pasos reflejaban el temor a un fatal desenlace, era dema-siado el tiempo transcurrido desde su ingreso. Se lo dijeron muy claro: su débil corazónno había podido con tanta tristeza acumulada y silenciada en tantos años. * * * Se vio sola, mil preguntas le acechaban en su interior, ni se imaginaba las últimas pala-bras que su madre le podría haber dicho, sentía un profundo vértigo ante la nueva situa-
  39. 39. Certamen de relatos breves - ACLA / 39ción que se le presentaba como asomada al mas alto rascacielos, pero en su cabeza seestaba produciendo un extraño fenómeno: como si al cerrar el capítulo de su madre seestuviera haciendo un barrado que liberaba memoria produciendo un hueco, hueco queun nuevo vendaval intentaba rellenar. Pasaron varios días y en su interior un vacío le desgarraba las entrañas, su vida se lerepresentaba como un absurdo silencio ahora que empezaba a entender, ¡a no entendernada!.Ningún sentimiento especial dirigía sus pasos, pero una intuición especial la llevoa coger el coche y dirigirse directamente al valle, bajo del mirador, junto al río, enfrentede aquella cara que le atormentaba y de aquellos ojos que ya no lloraban. Algo se movió en aquella mole de piedra cuando una paz la empezaba a inundar. Deaquellos labios pétreos empezaron a surgir sonidos que extrañamente entendía: - Hija…hija mía… - Dime… ¿papá..?. - Perdóname hija… yo soy el culpable de todo, fue mi egoísmo, fueron los celos los que me cegaron. Yo maldije a la tierra, al aire y al agua; maldije a los dioses, a los hombres, a tu madre y el día en que tú naciste. Todo me hizo merecedor del castigo que arrastro tantos años: permanecer encerrado en la piedra hasta que en tu corazón haya un sitio libre que yo pueda ocupar. Hija… perdóname… - Pero… papá… Los sollozos ahogaron sus palabras y unas lágrimas resbalaron sobre sus mejillas, cadauna que caía en el agua producía unos círculos de ondas más intensos, y del centro deellas se oyó una voz femenina: - ¡Querida hija mía!, ¡por fin puedo hablarte! A Marina todo le daba vueltas, ¿qué madre le hablaba?, ¿qué estaba pasando?, ¿porqué quería salir corriendo y algo muy fuerte la aferraba de esa forma a las piedras de laorilla? Poco a poco la roca y el agua, el agua y la roca le fueron desgranando la historiaque ocurrió dieciocho años atrás, historia que comenzó entre sus sollozos y que a medi-da que avanzaba la iba tranquilizando y despertando su interés y admiración. Esto fue loque le contaron: Cuando tú naciste nos sentimos los padres más felices del mundo, vivíamos juntos contu tía Francisca. Con las tierras, el ganado y la madera del bosque gozábamos de buenaposición y éramos respetados por la gente del pueblo. Pero el vivir absortos en nuestrafelicidad provocó la envidia de algunos vecinos que empezaron primero a murmurar y,ante nuestro silencio, después a acusar y a calumniar. Tu padre, Pedro, y tu madre, María,en vez de hablar se encerraron cada vez más en si mismos y, lo que es peor, a hacer casode las habladurías. La relación, por días, fue empeorando llegando a situaciones insoste-nibles, pero lo peor de todo fueron los conatos de violencia que se empezaban a dar porlas dos partes. Descuidamos y maltratamos todo y a todos los que nos rodeaban y llega-mos a maldecir tu llegada a este mundo. Entonces – prosiguió la madre- , cuando peor estaba la situación una fuerza des-conocida nos arrancó del suelo, y mientras nos zarandeaba por el aire nos fue dic-tando su sentencia: “a partir de hoy viviréis en forma de roca y agua, uno a los pies
  40. 40. 40 / Certamen de relatos breves - ACLAde otro, condenados a rozaros día tras día y a contemplar como vuestra hija crece sinvuestro cariño al lado de su tía, que hará el papel que vosotros no supisteis desem-peñar. Su corazón no tendrá sitio para vuestro recuerdo, y sólo cuando la necesidadde cariño le lleve a vosotros podréis ser rescatados. Solamente os dejo elegir la formade castigar a aquellos que tanto mal os hicieron una vez seáis redimidos”. Luego todoha sido silencio, tristeza y sufrimiento. Un silencio abrumador corrió por las montañas, los boques y el valle. Marina no fueconsciente de cuanto tiempo permaneció pegada a las piedras, pero al final lentamenteescaló la ladera y se sentó en el mirador al lado del camino. La gente del pueblo empezóa desfilar delante de ella cargados con todas sus pertenencias y enseres. Cuando lo hacíael último, el más anciano se paró frente a ella y con voz queda y cabeza baja le dijo: - Este día tenía que llegar. Ya no podía resistir más. Tantos años de ignorancia, tantos años de falta de una fami-lia completa le hicieron estallar, una vez la gente se perdió el camino, en un grito desga-rrador: “¡Madre!, ¡padre!”. Con un gran estruendo, la cara de rocas se precipitó contra el agua y en este gigantes-co beso de amor de padres quedó sellada la salida del río. Las aguas ascendieron anegan-do el pueblo hasta el nivel de la casita, el camino y el mirador. Marina no sabía si echar-se al agua o saltar sobre las rocas, algo le decía que estaba próximo el reencuentro, perocuando volvió la cara hacia el valle su cara se iluminó y echo a correr como una loca bus-cando la definitiva felicidad: de su casa salía humo de la chimenea y en la puerta dos per-sonas la estaban esperando.
  41. 41. Certamen de relatos breves - ACLA / 41CUANDO ERA PEQUEÑA Pilar Climent Corbín Cuando era pequeña, esperaba las fiestas de Navidad, como algo excepcional, no habíacolegio y ¡venían los Reyes Magos! Mi casa siempre estaba llena de gente, también es verdad que éramos muchos herma-nos, cada uno iba a un colegio, teníamos muchos amigos y nos daban permiso para invi-tar a alguno de ellos a jugar y pasar la tarde en casa. Esos días sucedía un hecho invariable que marcaba el inicio del año. La familia siempre se reunía el día de Año Nuevo. Entonces aún era una niña que veíalo que sucedía a mí alrededor con ojos infantiles y una gran alegría. A mi casa acudían tíos, tías, primos, abuelos, amigos y algún que otro conocido de mispadres; era el santo del cabeza de familia y todos venían para celebrarlo. Ese día, desde bien temprano la casa se transformaba, se guardaban las cosas quemi madre llamaba “inútiles”, quería decir que los muchos niños que acudían, podí-an romper. Se sacaban sillas, aún no puedo explicar ni saber, de dónde salían tantas,pero allí estaban, una por comensal. Se Montaban dos grandes mesas una para lachiquillería y otra para los mayores. Cuando llegaba la hora de la merienda, comen-zaban a llegar, al rato ya estaban todos sentados, hablando, comiendo, bebiendo yfumando. Los niños permanecíamos sentados, esperando el momento de irnos a jugar por lacasa. Al rato, entrábamos una prima y yo, a gatas en el comedor, nos escondíamos en unrincón donde nadie nos viera y permanecíamos quietas, muy calladas, atentas a lo quehablaban, aunque entonces no entendíamos nada, sólo percibíamos que eran cosassecretas o casi. Nos enterábamos de todas las novedades familiares que habían pasado o estaban apunto de suceder, era una gaceta, repasaban todo lo sucedido (siempre y cuando el inte-resado no estuviera allí). “El primo Luis cambió de trabajo, pero creo que no le va muy bien”, pobre. “A la prima Elena, le han pedido la mano de su hija Carmencin” (comentario) La pobre viuda de guerra, con tres hijas a su cargo, en edad de merecer, como lo ten-drá que estar pasando, caras de congoja y pena, pobre…………, pero seguían…….. “La hija de Garcés, sí el de Buñol, tío abuelo de Amparin (que era mi madre) estáembarazada después de tantos años, ahora que ya no lo esperaban” pobre…….
  42. 42. 42 / Certamen de relatos breves - ACLA
  43. 43. Certamen de relatos breves - ACLA / 43 El resto de la tarde seguía por estos derroteros. Siempre nos descubrían cuando esta-ba la conversación en lo más escabroso y nos mandaban a jugar, muy enfadados, a otrahabitación. Cuando se marchaban, la casa se quedaba vacía, silenciosa, con mucho humo y unfuerte olor a tabaco de puro (desde entonces no lo aguanto), así, hasta el año siguiente.Por la mañana al despertar todo estaba limpio y en su sitio, hasta las sillas que tanto meintrigaban, habían desaparecido, nunca le pregunte a mi madre de dónde las sacaba, eraotro misterio para mi y aún lo guardo en el inconsciente, me gusta tener muchas sillasguardadas por si las necesito para que nadie se quede de pie. Los días festivos seguían con paseos, ir a ver los belenes de la familia, de los escapara-tes y de las iglesias, entonces aún no existía Papa Noel para los niños españoles. Los Reyes se iban acercando al pesebre, cada día un poco mas, hasta bajarlos de loscamellos y llegar al portal de Belén. Pero el día cumbre de las fiestas llegaba por fin, con gran expectación, emoción,muchos nervios, risas, llantos y unas sensaciones difícilmente entendidas por los adultos. ¡Era la cabalgata de Reyes! Acudíamos por la tarde cuando anochecía a la calle de la Paz, cogidos de la mano denuestro padre (nunca que recuerde vino mi madre) pegados a él, con los abrigos, losgorros y las bufandas, porque entonces hacía mucho frío. Todo era mágico, las antorchas, los pajes, las calles iluminadas, por donde transcurríala cabalgata y el griterío de todos nosotros, luego, las bocas abiertas por el estupor y eltemor de algunos niños que pensaban que habían sido malos y no tendrían regalos, erauna mezcla de emociones e ingenuidad, que aún hoy perdura cuando la contemplo yacudo a la calle a verla pasar. Cuando llegaban las altas carrozas con los Reyes Magos allíarriba, con sus ropajes, las barbas, las coronas, eran de verdad los Reyes Magos. Los mirá-bamos desde las aceras en silencio, casi como un milagro, cuando tiraban caramelos, nosmatábamos a cogerlos, eran los únicos que íbamos a comer en todo el año. Luego volvíamos a casa rápidamente, cenábamos y elucubrábamos sobre lo que trae-rían, nos acostábamos. Dejábamos unas copitas de mistela con pastas, para endulzarlesla parada y nos dejaran más cosas, pero todos los niños hacían lo mismo, tenían querepartir. Creo que aún era de noche cuando nos levantábamos sigilosamente a ver lo quenos habían traído. Gritábamos tanto por la sorpresa, que toda la casa se despertaba; nos reñían por la hora,pero era igual, seguíamos jugando con todo, los coches, el tren, las arquitecturas, un año medejaron mi primera muñeca, no de trapo, ni de cartón, una muñeca de plástico, la sujeta-bas por la cintura y las piernas se movían, parecía que andara, era “la Güendolin”, quedó enmi memoria como la más bella y real de todas las que después he tenido, nunca la olvidaré. Al día siguiente, otra vez al colegio, íbamos con alegría para contar a nuestros compa-ñeros nuestros regalos y todo lo que habíamos hecho. Cuando era pequeña todo me parecía más grande y más hermoso…… Lolita.
  44. 44. 44 / Certamen de relatos breves - ACLAEL BORREGO Abel Chiva Hacia una noche de perros. Un viento gélido barría el llano y la balsa que estaba en suextremo sur permanecía helada. Dos sombras jadeantes con un pesado fardo a la espal-da apenas la rodearon y se precipitaron por el incipiente barranco que se abría ante ellos. Eran dos hombres, uno de ellos fuerte, atlético y cuarentón, el otro unos años mayor yde perfil más grueso venía jadeando, deteniéndose para recolocar el fardo y recuperarseaunque procuraba no perder de vista a su compañero. Esquivando aliagas y sorteando zarzas, llegaron a unos olmos, bajo del ventisquero, ydejando la carga sobre unas piedras tomaron dos tragos de la bota. El pueblo lo tenían alalcance de la mano y su propósito era entrar lo antes posible para evitar ser vistos. - Manuel, hemos de decidir como repartimos los borregos para que no nos echen el guante – dijo el más joven-. - Mira, José, aunque el tuyo sea más grande las ganancias tienen que ser a medias, en cuanto a dónde repartirla, yo ya la tengo colocada y ni se te ocurra ir a los mis- mos sitios que yo… - Pero Manuel, sé razonable… - A mi no vengas con hostias, y aunque me convenía hacer el viaje contigo, no me vengo jodiendo más veces que tú para que ahora me vengas con las memeces de igual- dades y demás tonterías ¡faltaría más! - Mira si te pones así, a partir de aquí cada uno se apaña con lo suyo y si te he visto no me acuerdo. - ¡Pero serás canalla! A mí con esas no ¡eh! Que no sabes con quién te la juegas… Aun no había acabado de hablar cuando le clavó el cuchillo que llevaba en la faja y lodejaba tieso al pie de un olmo. Sin perder un minuto arrimó el cadáver a un tronco caídoy lo tapó con piedras, ya volvería a por él al día siguiente y lo tiraría a una sima que cono-cía más allá del Codadillo, donde los pastores tiraban las ovejas muertas y nadie sospe-charía nada, ahora lo urgente era llevar la carne a buen recaudo. La misma tensión de la situación vivida le hizo hacer los dos viajes en un tiemporecord, bajó por el barranco hasta el puente y entrando por la Mena guardó en el corrallas dos reses, aparejó el macho y el carro y se fue a labrar como si nada hubiera pasado. En el pueblo hubo comentarios sobre la misteriosa desaparición de José, más de unole miraba distinto desde entonces, pero por una parte la falta de pruebas que lo acusaran
  45. 45. Certamen de relatos breves - ACLA / 45y por otro lo clandestino y arriesgado del estraperlista, hizo que todo el pueblo corrieraun tupido velo de silencio y olvido. * * * Doce años más tarde…. Un sábado noche, en el reservado del casino cinco hombres miraban concentrados lascartas que tenían en sus manos, ocho o diez mirones contenían la respiración esperandoel desenlace de la partida más fuerte de la noche. Manuel estaba algo mareado puesnunca había dejado de beber copa tras copa, el ambiente cargado del humo del tabaco lehacía estar pegajoso pese al frío que hacía. Tres jugadores iban restados y tan sólo unoaguantaba sus apuestas, toda la seguridad que tenía al principio se iba esfumando y lasdudas le empezaban a agobiar. Si perdía se le iban las ganancias y un buen pellizco de sudinero, si seguía apostando se podía quedar sin nada. Su rival subió de golpe cien pese-tas y en ese momento supo que estaba perdido…retirarse era de cobardes por eso sacó elbillete de la cartera y dejó hablar a su orgullo embotado por el alcohol: - Voy, pero que conste que no me gustan nada los faroleros. - Todos han visto que los únicos faroles de la noche han sido tuyos a base de dinero.- le contestó. - ¡Boca arriba las cartas!, ¡fanfarrón! Su cara cambió de color, todo el orgullo que antes demostraba se convirtió en unamueca de rabia y odio, había perdido. Haciendo un verdadero esfuerzo se levantó brus-camente derribando la silla por el suelo, apoyando las manos por los nudillos en la mesase inclinó hacia delante y mirando fijamente a la cara del otro, a escasos centímetros leespetó arrastrando cada sílaba: - Eres un maldito tramposo y esto me lo vas apagar, te va a pasar lo mismo que al del borrego. Manuel salió pegando un portazo. La habitación quedó en silencio y en la cara deasombro de los presentes se vieron reflejados los hechos de doce años antes.
  46. 46. 46 / Certamen de relatos breves - ACLA
  47. 47. Certamen de relatos breves - ACLA / 47ELLA José Antonio Martínez “¿Amparo dónde está la bufanda?” “Mira a ver si está en el perchero, que no encuentras nada.” Mariano reconocía que cada día andaba más despistado, pero claro, se decía, “cosas dela edad, ya voy para los 80…” “¿Te falta mucho?” Inquirió Mariano. “Ché que pesat eres, ja no me falta res.” Ella, a pesar de su edad seguía conservando la coquetería de sus años jóvenes; era inca-paz de salir a la calle sin “recomponerse”, como siempre decía. La esperaría en el balcón, aunque cada vez le daba más miedo salir. Eran tambiéndemasiados los años de la finca. Situada a espaldas de la Lonja, allí había nacido ella ytambién su madre. Sabía que ambos estaban al final del camino, largo camino… Estas fechas siempre lesumían en un estado de tristeza, desde su niñez, desde aquella Navidad en la posguerraque fue la que le marcó. Habían pasado años desde la guerra, pero aún así, una nochevinieron a por su padre y ya no lo volvió a ver; lo encontraron en el cementerio de Paterna,fusilado… Los años pasados no habían borrado su odio. Asido a la barandilla recordaba las penurias pasadas, trabajando desde los quinceaños, junto a su madre, ayudados por amigos, pero aún así, poco disfrutó de juventud,de juego, de amigos… Se le iluminó la cara al recordar como conoció a Amparo, al finalde la guerra. Los frecuentes bombardeos les hacían buscar cobijo en un refugio, allá porla calle… ¿Alta? No lo recordaba bien. Estaban apiñados, con miedo; cada vez eran más frecuentes los bombardeos y un díaallí estaba Ella, tan escuálida como la mayoría, con aquellos hermosos ojos, sonriente. Al contrario de todos, sonreía, a todos daba ánimo, ayudaba en cualquier cosa, se des-vivía por los demás y seguía igual, bondadosa, dando de si todo su ser. Sí, se considera el hombre más afortunado, nunca había tenido dinero, propiedades,nada, pero la vida a su lado había sido y era más de lo que podía aspirar. El ir con ella asu lado por la calle, el tenerla…lo tenía todo…bueno, casi todo…. No tardaron mucho en casarse. Tenía un trabajo como ebanista y ella cosía. No eramucho pero para los dos poco hacía falta. Se vinieron a vivir a esta casa, con su madre;no podían comprar otra, daba igual, intentarían pasar y no tener mucha familia…
  48. 48. 48 / Certamen de relatos breves - ACLA Ala, ya estoy-. Oyó como Amparo le llamaba, ¿has cogido las bolsas?-. Que sí…He oídoahora en radio Valencia lo de la cesta del Mercado Central ¿quieres que vayamos a verla?-. Si no hay más remedio…iremos-. Salieron a la calle, la Navidad estaba en todos los sitios, escaparates, gente con bolsas,regalos…cogido de la mano de Ella su pasado le acompañaba… Tuvieron un niño, sólo uno, ¿para qué mas? Ya eran tres a pasar estrecheces… Nochesde coser Ella, él cocinando, lo de siempre. Todo por el hijo, por intentar que fuese supe-rior en todo a sus padres, que tuviese una vida mejor, un futuro… Una vida mejor… Unatriste sonrisa le marco el rostro, ¿pudieron darle? Así se decía, si darle unos estudios, elchaval servía, había que sacrificarse. Pocos cafés había tomado en esta vida en un bar,pocos lujos, ¿pocos? Ninguno… Bueno sí, el lujo de estar al lado de esta mujer, nadie selo podía permitir más que él. Sí, mirar mi ropa pasada de moda, ¿vieja? Si, pero limpia.Me da igual, esta mujer que va a mi lado vale por todo lo que me rodea. Ella es mi rega-lo, pero no como los vuestros que sólo se hacen en estas fechas… Es mi regalo continuo… Pensaba en Pepe, su hijo, en la vida mejor que le habían proporcionado… Acabóla carrera, era trabajador, valía…Valencia se le quedaba pequeña…. y se fue, lejos,demasiado lejos, al otro lado del mar… América, tan grande, tan lejos, por un ladouna gran tristeza, por el otro, un orgullo. Que hijo tan deseado, tan amado, quetanto había costado de criar. Les llenó de orgullo, se fueron haciendo a la idea… Élreconocía estar anclado en un tiempo en que las relaciones entre las personas noeran como ahora, la amistad, la honradez, la ética… Tú eres de otro tiempo Mariano-, le decían los amigos… Sí otro tiempo. Se casó Pepe, se separó, se volvió a casar y así, no sabía ya, creo recordar que ya va portres. Será ésta la última, pensaba, los nietos... ¿Qué nietos? Tres o cuatro. Sólo conocíanal primero, pero de eso ya hacía años… Ella era su familia en estas ¿entrañables fiestas?Ella eran sus nietos. Ella era su hijo. Ella era… su vida… Como cada mañana que salían, daban una vuelta por la Virgen, por la Plaza de La Reina…Era una forma de andar, de no estar parados, de salir, hacer la compra… La compra… La eter-na lucha por malvivir, por estar, y luego al Mercado Central, a ver la dichosa cesta. Después de casi cincuenta años trabajando tan sólo le quedó una reducida pensión, unreloj de bolsillo y el respeto de los compañeros. Esto último lo más apreciado por él… Lasestrecheces seguían cada vez en aumento. Pepe en la distancia siempre quiso ayudarles,pero ahí tropezó con la sangre de Mariano, hijo de aragonés, tozudo hasta la saciedad,siempre rechazó la ayuda de su hijo. Bastante tenía él con ir pagando pensiones a sus res-pectivas parejas. Pero la verdad, a Amparo a pesar de sus artes en la administración de lacasa, le costaba llegar a fin de mes… ¿A quién le importa las penurias de un tipo así? Dio su vida por un trabajo honrado, cumplió con creces; ¿su recompensa? Pues… su casatenía más de cien años pero estaba en el centro de Valencia; contribución urbana, calle deprimera… “Pague usted y si no le embargamos...” ¿Sabían acaso que necesitaba la pensiónde un mes para pagar este impuesto? ¿A quién le importan estas personas?... Llegan losfríos… hay que calentarse… ¿brasero? Mariano sabía de los ancianos fallecidos por losdichosos braseros; Mariano sabía tanto… pero callaba, le hervía la sangre, como en sujuventud… poco más podía hacer. Y Ella ¿qué podía hacer? Pocos milagros… o muchos…
  49. 49. Certamen de relatos breves - ACLA / 49 Un día Amparo salió sola a la compra, raramente lo hacía pero ese día… “¿Esta ensa-lada?”, inquirió. Sabía de los precios de la verdura fresca, de las frutas, tan sólo cuandobajaban bastante de precio se podían permitir esos… ¿lujos?... Hasta que los almacenesno podían más no bajaban los precios… Siempre así, miseria para el campo y riquezapara el intermediario. A pagarlo el de siempre. “¿Te han salido los iguales Amparito?”Ella se reía, como siempre, esa risa tan hermosa… “Ya me contarás”-. Seguía él. “Valepasado mañana te vendrás conmigo”. Llegó el día, Amparo cogió el carrito de la compra y ale, camino del mercat… “Marianopor favor prométeme que no hablarás, déjame hacer ¿vale?...” Qué iba a decir si Ella sebastaba en todo… No entraron dentro, Ella se dirigió a espaldas del mercado entre el pes-cado y los Santos Juanes y con toda naturalidad se dirigió a los contenedores de la basu-ra… Sí, los contenedores donde los vendedores del mercado tiraban esas frutas algo toca-das, esas verduras un tanto tocadas, esas piezas que hacían bajar del precio las mercan-cías… Eso que parece sobrarnos a todos. “Amparo yo…” “Calla por Dios y ayúdame, suje-ta esa tapa”. Él no sabía donde mirar, de vergüenza…de rabia… “¿Los ves?” Decía Ella…“Si tiran lo mejor de las lechugas, en lo blanco no hay vitaminas, ya verás que caldohago”… Cargó frutas, verduras, medio carro, luego entraron al mercado y Amparo, consu desparpajo de siempre, “póngame esos espinazos para el perro”… Tan sólo un canariotenían y regalado… Volvieron sin hablar hasta llegar a casa… “¿y esto lo vas a repetir?”, le preguntó. “Puessí, mientras a unos les sobra a otros nos falta ¿te parece bien?...” Se tragó su orgullo, comotambién se lo tragó alguna vez que otra cuando no hubo más remedio que ir algún día acomer a la Asociación Valenciana de Caridad… Si cabía, esto le hizo admirarla aún más,sus recursos, su forma de afrontar tan penosa situación. Ella era su tesoro, su más precia-do tesoro…y era sólo de él. Ya habían llegado al Central, vieron aquella apabullante cesta, vaya con los de radioValencia… En fin tampoco la ambicionaba, al fin y al cabo de estas fiestas lo que más legustaba eran los pastissets de moniato que Ella le hacía, y ningún mortal, ninguno dis-frutaba de ellos… “Vale vamos fuera y enseguida a casa… ¿sabes que te digo?” le espetóElla, “¿Qué íbamos a hacer nosotros con tanto embutido que hay en esa cesta? no esbueno para el colesterol, ale vamos a por lo nuestro…” Pepe a pesar de su cierto éxito profesional no se quitaba de la cabeza su terreta, susveranos de niñez con su abuela materna en Alcublas, las discusiones con su padre, siem-pre tan reivindicativo, siempre tan… tan… superior a él… Nunca comprendió y sigue sincomprender cómo pudo sacar adelante la familia, sus estudios, nunca… Lo tenía comoalguien tan superior a él, tan distante de las necedades de la sociedad… Sabía que nuncallegaría a su altura. Se veía ya como padre, un fracaso, sin familia, sólo ellos allá… o aquí…Se había tomado unos días. Necesitaba verlos y más en estas fechas, sabía que no volve-ría, sabía que a estas edades cualquier día… Cogió un taxi en Manises; “al Mercado Central”, dijo; “así hago una compra y les doy lasorpresa…” Le pidió al taxista ir por la zona vieja, calle Baja, etc… “Páreme en los SantosJuanes…” Pagó, se giró y allí enfrente, con toda la dignidad del mundo una pareja de ancia-nos husmeaba en los contenedores… “No pot ser… no pot ser… Pare… Mare…”
  50. 50. 50 / Certamen de relatos breves - ACLA

×