Uso de los puntos suspensivosCuando se quiere expresar que antes de lo que        Iré; no iré… Debo decidirme pronto.va a ...
Cuando se reproduce una cita textual, sentencia o En ese momento de indecisión,refrán, omitiendo una parte.               ...
una y otra vez, su única esfera. Sólo le faltaban cintas de colores para,       en el momento de la venta, atar la caja co...
comercializable, pero pasaron por alto el truco de su éxito. Era la voz deella, la convicción en su tono, lo que agudizaba...
con los rostros de los invitados que posaron para él y no pudo ver lasimágenes hasta tres semanas después, cuando consigui...
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  1. 1. Uso de los puntos suspensivosCuando se quiere expresar que antes de lo que Iré; no iré… Debo decidirme pronto.va a seguir ha habidoLos puntos suspensivos (…) suponen una Espero una llamada del hospital…interrupción de la oración o un final impreso. Seguro que son buenas noticias. No sé… Creo que… bueno, sí, me Orientación de uso parece que voyEjemplos a ir. Después de los puntos suspensivos, cuando El caso es que sí lloviese… Mejor no cierra un enunciado, se escribe mayúscula. pensar cosa tan improbable. Estamos ante un bosque mediterráneo de encinas, alcornoques, pinos… Bajo estos árboles es fácil encontrar níscalos en otoños lluviosos. Cuando los puntos suspensivos no encierran un Estoy pensando que… aceptaré; en enunciado y este continúa tras ellos, se escribe esta ocasión debo arriesgarme. minúscula. Se usan los puntos suspensivos al final de Su tienda es como la de los pueblos, enumeraciones abiertas o incompletas, con el donde venden de todo: comestibles, mismo valor que la palabra etcétera. cacharros, ropas, juguetes…. Puedes hacer lo que te apetezca más: leer, ver la televisión, escuchar música… un momento de duda, temor o vacilación. En ocasiones, la interrupción del enunciado sirve Se convocó a una junta, se para sorprender al lector con lo inesperado de la distribuyeron centenares de papeles salida. anunciándola y, al final, nos reunimos… cuatro personas. Para dejar un enunciado incompleto y en Fue todo muy violento, estuvo muy suspenso. desagradable… No quiero seguir hablando de ello.
  2. 2. Cuando se reproduce una cita textual, sentencia o En ese momento de indecisión,refrán, omitiendo una parte. pensé: Más vale pájaro en mano…” y acepté el dinero. El escolar recitaba muy solemne: “Con diez cañones por banda…” Se escriben tres puntos dentro de paréntesis (…) Yo fui loco y ya soy cuerdo; fui don o corchetes […] cuando al transcribir literalmente Quijote de la Mancha y soy agora un texto se omite una parte de él. […] Alonso Quijano el Bueno.LOS NIÑOS QUE NO CREAN EN NADANadie le daría trabajo con lo vieja que estaba, e indagar sobre si disponíade ahorros para montar un negocio en toda regla sería una falta desensibilidad; por no decir un exceso de estupidez. Qué hacer cuando lascarnes te exigen sobrevivir. ¿Pedir limosna? Buenos Aires ya no estabapara eso. Tendría que ganarse la vida haciendo algo de dudosamoralidad. Qué cosa. Qué podría hacer sin perjudicar a la gente. Optópor vender aire, como lo hacían miles de empresas, pero ella no seríauna desalmada. Cobraría montos irrelevantes y el aire que daría acambio no contendría un valor superfluo.Empezaría a venderlo de inmediato porque, además, sabía que ningúnpariente le iba a dar cobijo. No los tenía, ni hacia los lados ni hacia abajo.Hacia arriba, menos. Sandra realmente era vieja. 57 años olvidada en lacárcel por haber matado a su marido le impidieron procrear. Era él o ella.Los moratones acumulados en su cuerpo lo demostraban, pero en eljuicio no valieron. El abogado contratado por su suegra era de los caros,de esos con influencias.Desde el 12 de octubre de 2003, Sandra anduvo libre por las calles.¡Vaya mentira! Sus carnes la arrinconaron más que nunca. En suestómago tenía aire, pero uno muy distinto del que estaba por vender. Enla cárcel había aprendido algo de magia. Hacía desaparecer objetospequeños, como cigarrillos y monedas. Con una esfera de cristal decuatro centímetros de diámetro no tendría problemas.Entre la basura, encontró cajas de un tamaño ideal para empaquetar,
  3. 3. una y otra vez, su única esfera. Sólo le faltaban cintas de colores para, en el momento de la venta, atar la caja correspondiente y adornarla con un listón. Las consiguió enseguida. Frente a una tienda de juguetes, interpretando el papel de una bruja buena de cuento, atraía la atención de los pequeños , como cigarrillos y monedas. Con una esfera de cristal de cuatro centímetros de diámetro no tendría problemas. Entra la basura, encontró cajas de un tamaño ideal para empaquetar, una y otra vez, su única esfera. Sólo le faltaban cintas de colores para, en el momento de la venta, atar la caja correspondiente y adornarla con un listón. Las consiguió enseguida Frente a una tienda de juguetes, interpretando el papel de una bruja buena de cuento, atraía la atención de los pequeños con un discurso dulce en el tono y seductor en las palabras: “Mira esta bola de cristal. Es ligera como el aire. Es mágica. Mágica para los que poseen el don. ¿Tú lo posees? No mires a tus padres, la respuesta sólo la puede saber uno mismo. Meteré esta bola especial en esta caja… así, ¿ves? Ahora, ataremos la caja con esta cinta para asegurarnos de que se mantenga cerrada hasta que llegues a tu casa. Si al abrirla descubres que la bola se ha desmaterializado (que ya no está), sabrás que posees el don. Pero la bola no habrá desaparecido, sólo habrá cambiado de lugar. Habitará dentro de ti para siempre y te será muy útil en tus sueños, porque con ella vencerás a cualquier monstruo y te ayudará a encontrar mundos llenos de personas y cosas bellas y alegres. Dormirás feliz”. Los padres, confiando en que la vieja los timase con una caja vacía, se la compraban por unas cuantas monedas.Funcionaba.El boca a boca hizo cada vez más conocida a vieja de enfrente de la juguetería enRivadavia, entre la avenida Otamendi y Campichuelo. A Sandra Febres Queipo se le recuerda como “La bruja de la bola invisible”. Murió el 7 de enero de 2005. Ni bien pasaron dos meses, la juguetería —que no voy nombrar para no hacerle publicidad— lanzó un producto con la imagen ilustrada de su personaje y con el nombre con el que se le conocía. No lo vendieron como esperaban. En 2008 dejaron de producirlo. Pensaron que la magia de Sandra también era
  4. 4. comercializable, pero pasaron por alto el truco de su éxito. Era la voz deella, la convicción en su tono, lo que agudizaba en los niños el don decreer… de creer que en esa nada que encontraban en la caja fueseposible todo.EL COLECCIONISTA DE SONRISASEl 26 de agosto de 1990, en la segunda página del „The New YorkTimes‟, se publicó la fotografía de un atentado producido durante lainvasión de Irak a Kuwait. A pocos metros de los cadáveres de un par deciviles, una niña miraba lo que parecía ser una muñeca, mientras que elartículo correspondiente mencionaba a 18 kuwaitíes exiliados, querecordaban a sus más de 500 compatriotas muertos. Y si bien existía unarelación entre el texto y la imagen, el rostro de la niña hablaba de otrahistoria, que no tenía nada que ver con los personajes retratados. Eracomo si ella hubiese acabado de sonreír hacía un segundo.Albert O‟remor no era corresponsal de guerra, pero a su representante lefue sencillo contactar con el „Times‟ y venderle los derechos de lafotografía, porque O‟remor gozaba de cierto prestigio en el ámbitoartístico neoyorquino. Aunque prestigio no es el término más adecuadopara definir su posición en ese gremio. Prácticamente no se hablaba dela calidad de su trabajo, sino del tema recurrente que siempre abordó ensus obras, derivando las conversaciones hacia los posibles orígenes desu obsesión, donde las opiniones eran encontradas e iban de lodramático a lo sublime, pasando incluso por la burla. En lo que síestaban todos de acuerdo era en que su „enfermedad‟ era degenerativa.Si no fuese así, por qué otra razón viajó a Kuwait a retratar a esa niña,por qué necesitaba situaciones cada vez más dolorosas para capturaruna sonrisa.Albert O‟remor, de madre danesa y padre irlandés, nació en Baltimore,Estados Unidos, en 1958. Ya a sus cuatro años, Albert comenzó amanifestar una especial atracción por las sonrisas ajenas y, con eltiempo, pasó a convertirse en una profunda fascinación, despertando unincontrolable deseo por coleccionarlas. En su octavo cumpleaños, leobsequiaron una „Instamatic 133 de Kodak‟. Como era de suponer, alcomienzo, cualquier sonrisa le valía, mas ese comienzo fue muy breve,porque el mismo día en el que le regalaron la cámara, agotó el carrete
  5. 5. con los rostros de los invitados que posaron para él y no pudo ver lasimágenes hasta tres semanas después, cuando consiguió ahorrar losuficiente para revelar los negativos.Tras esa primera experiencia, se dedicó a sorprender a sus familiarescon la intención de obtener sonrisas espontáneas. Los flashes proveníande debajo de una cama, del asiento posterior del coche, de entre lasramas, del armario y de cuanto lugar le sirviese para su cometido. Unavez completado su décimo álbum, volvió a cuestionarse, optando por incluir a desconocidos. Así lo hizo durante más de una década.A pesar de aparentar ser un dato irrelevante, antes de proseguir, megustaría destacar una de las series que formó parte de este período,compuesta por las sonrisas de una hippie que mostraban las distintasvariaciones de la expresión con respecto al tipo de droga que ella habíaconsumido. Esta serie —no en ese momento, pero sí cuando reflexionóal respecto— ocasionó que O‟remor hiciese una pausa prolongada. Lossiguientes dos años no tomó ninguna fotografía, los empleó en clasificarlas 16,478 que ya tenía. Fue consciente de que una sonrisa al despertartenía distintos matices que una al acostarse, que la de su hermanomenor era distinta cuando veía a su madre que cuando veía a su padre,que la de su abuelo variaba en el día y no con la edad, que una sonrisano era más bella por el rostro sino por la sinceridad y que, sin excepción,todos teníamos la capacidad para mostrarla. En ese punto tuvo dossensaciones. Su colección era bella; sin embargo, no era tan especial.Cualquiera podría tener una como la suya, simplemente era una cuestiónde tiempo y dedicación. Se quedó en blanco tres años más.

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