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El concepto de amistad según andré maurois
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El concepto de amistad según andré maurois

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  • 1. LA AMISTAD SEGÚN ANDRÉ MAUROIS Por Lácides Martínez Ávila “La amistad, no he dejado nunca de creerlo, es un espejo, en el que nos reflejamos para identificarnos con alguien” Luis Eduardo Consuegra.La amistad, que se define como un lazo permanente entre personas, sobre labase del amor y la recíproca estima, ha merecido, desde los tiempos antiguos,la atención de los hombres de pensamiento. Así vemos que Cicerón, en sudiálogo “Lelius sive amictia”, dice: “Es muy cierto lo que he oído a nuestrosviejos que oyeron de otros, que acostumbraba decir Arquitas Tarentino que síalguno subiese a los cielos y claramente viese la naturaleza del mundo y lahermosura de las estrellas, no tendría mucho gusto en tan admirables cosas,las cuales le darían un gozo infinito si tuviese a otro a quien contárselas. Así lanaturaleza no apetece la soledad y siempre busca ciertos como arrimos, quecuando lo es un grande amigo, es la delicia más grande de la vida”.Ya antes, Platón, Aristóteles, Empédocies y otros notables pensadores habíanexpuesto, de una u otra forma, sus ideas acerca de la amistad. En épocasmenos lejanas, este concepto ha contado con juicios importantes, como los deMontaigne, Shakespeare y Voltaire, entre otros, cada uno de los cuales consentido propio. Contemporáneamente, uno de los análisis más claros y agudosque se han hecho sobre la amistad es el formulado por el escritor francésAndré Maurois en su corta colección de ensayos “Sentimientos y costumbres”,y el cual se expone a continuación.Dice Maurois que, a diferencia de los sentimientos familiares, cuyo fundamentoson los instintos, la amistad se funda en la inteligencia, en la raciocinación. Elamor que sentimos hacia nuestros padres o hacia nuestros hermanos es decarácter congénito y natural; lo experimentamos sin siquiera pensar en él. Encambio, el afecto que sentimos por una persona ajena a nuestra sangre esproducto del análisis y la elección.Los lazos de amistad son imprescindibles para la vida de una sociedad. Sinellos, no habría armonía ni estabilidad en ninguna colectividad humana. Laamistad ofrece soluciones y protección a aquellas personas que, aunque estáncasadas, se sienten solas, incomprendidas o desadaptadas conyugalmente.Pero, además, conviene también a las personas que no tienen problemas en suvida familiar: a los cónyuges que se aman profunda y lealmente, a los hijos dehogares normales, en fin, a todos los miembros de la familia, por armoniosaque ésta sea. Ello es así, porque casi siempre el hogar no es ambiente propiciopara expresar totalmente nuestros sentimientos. Suele suceder que las cosasque más nos angustian no nos atrevemos a contarlas en el seno de nuestrohogar, lo cual se explica por el hecho de que los lazos familiares son de carne yno de espíritu.
  • 2. Todas esas cosas que se callan en el hogar envenenan las almas, como losgérmenes patógenos, en una herida, envenenan los tejidos. Por eso tenemosnecesidad de contarlas a alguien, bien sea que, al hacerlo, recibamos yaceptemos algún consejo, o no.El nacimiento de la amistad es lento y precario. Al principio, es como una plantatan escuálida que se teme que cualquier amor sembrado junto a ella la ahogue.A veces, el lazo de la amistad surge de modo natural, como, por ejemplo,cuando notamos en alguien cualidades excepcionales, o cuando una sonrisa,unas palabras o una acción nos revelan un espíritu análogo al nuestro. Pero,salvo casos de excepción, los lazos así nacidos no suelen ser permanentes,necesitándose, si se quiere que lo sean, una disciplina. Del mismo modo comoel amor, para su permanencia, requiere de una norma disciplinaria, que es elmatrimonio, la amistad también requiere de un ambiente que la discipline y quepropicie su durabilidad, como puede ser el colegio, el sitio de trabajo, elregimiento o la vida de abordo, entre otros.Sin embargo, estas amistades formadas al azar no siempre resultan seramistades verdaderas, por lo que se requiere de una elección más libre yminuciosa. Cuando se descubren grandes virtudes en otra persona, es elmomento indicado para darle riendas sueltas a nuestro sentimiento de amistad.Empero no todas las personas se atreven a hacer esto, muchas veces porqueno son capaces de aceptar con noble resignación semejante superioridadmoral, y otras veces porque le temen al juicio que de ellas pueda formarse unespíritu tan penetrante, prefiriendo, más bien, entablar trato con personas demenos rango y exigencia.Se facilita la amistad entre dos personas de distintos niveles culturales cuandola que es considerada superior da muestras de ternura o de debilidad queproporcionen confianza a la persona inferior, haciéndola olvidarse de sucondición humilde. “No se ama nunca tiernamente a aquellos de quienes nopuede uno sonreírse”, dice textualmente Maurois. Hay en la perfecciónabsoluta una especie de inhumanidad que tiende a adormecer el alma y elcorazón, y que impone el respeto por la admiración, pero a costa de alejar laamistad, porque desanima el hecho de comprobar la propia humildad. De ahíque agradezcamos tanto a una persona eminente que se digne favorecernoscon sus palabras o gestos amables y humanos.Es importante no confundir la amistad con otros tipos de relaciones, como lasimple camaradería. Mientras la amistad es un sentimiento muy grande, lacamaradería es una relación más vulgar y menos completa. La Rochefoucaulddice que lo que los hombres llaman amistad no es más que un acomodorecíproco de intereses, un intercambio de favores. Nada más alejado de laamistad que esto, en opinión de André Maurois, quien conceptúa,enfáticamente, que la amistad no es un comercio. Jamás debemos consideraramigo, estima Maurois, a aquel que nos busca solamente cuando necesita unfavor de nosotros y que, una vez concedido éste, se aleja sin volver arecordarnos. Por supuesto, es difícil a veces reconocer cuándo alguien se nosacerca interesadamente, porque a menudo se utilizan, en tal sentido, artimañas
  • 3. demasiado astutas, como en el caso en que el marido le dice a la mujer: “Sémuy amable con N...”. “Por qué? —contesta ella—. Es impertinente, y nonecesitamos de él’’. “No eres inteligente —argumenta el marido—. Lenecesitaré cuando vuelva a ser Ministro, lo cual sucederá más tarde o mástemprano, y entonces agradecerá más las amabilidades que con él hemostenido cuando no estaba en el poder”.La amistad no se compagina con semejantes procederes, sin que ello quieradecir que dos amigos no puedan hacerse favores; lo que sucede es que,cuando esto ocurre, quien hace el favor lo olvida, y, si lo recuerda, no leconcede la menor importancia. Todo esto equivale a decir que una de lasparticularidades esenciales de la amistad es el desinterés absoluto en losfavores; es más, todo amigo tiene como deber tratar de adivinar o descubrir lanecesidad del otro y poner cuanto esté a su alcance para satisfacerla antes queéste se lo pida. Otra condición fundamental de la amistad es la mutuaestimación, ya que sólo cuando ésta existe le soportamos a un amigo la crudasinceridad acerca de nuestros errores o defectos, y él, a su vez, nos la soportaa nosotros sin que sufra menoscabo la amistad mediante. “Aceptamos todo dequien nos quiere y nos admira, porque una reprimenda suya no nos haceperder la confianza en nosotros mismos”. Louis Bouilhet le hacía a Flaubert lascríticas más severas, y no lo lastimaba, porque lo consideraba un maestro yFlaubert lo sabía.También debe haber entre los amigos una confianza sin reservas que permitala confidencia con base en la discreción. Por otra parte, debemos defender anuestros amigos en todas las circunstancias, no tratando de ocultar laevidencia, puesto que ellos no son santos y pueden, por lo tanto, habercometido errores, sino afirmando valientemente la estimación que en el fondomerecen.Maurois analiza, de manera particular, los dos siguientes casos de amistad: laamistad entre mujeres y la amistad entre hombre y mujer. Sobre el primer caso,sostiene que dos mujeres sí pueden llegar a ser verdaderas amigas, sobre todoen la adolescencia, edad en la que la amistad toma características deverdadera pasión, lo que casi no ocurre entre los muchachos. Esta amistadentre jovencitas encierra una alta dosis de mutua complicidad, pues las jóvenesamigas suelen guardarse gran número de ruborizantes secretos y encubrirsemúltiples faltas, principalmente contra sus respectivas familias. Cuando llega elmatrimonio, la amistad entre mujeres tiende a desaparecer, algunas veces porcierto tiempo, y otras, definitivamente; por cierto tiempo, cuando el matrimonioes un fracaso, y definitivamente, cuando es exitoso. Cuando el matrimonioresulta ser un fracaso, resurge la amistad femenina y, con ella, su inseparablecomplicidad, esta vez, no contra la familia, sino contra el marido. Por lo demás,la amistad de dos mujeres fenece casi siempre que se presenta la situación enque ambas se enamoren de un mismo hombre. Muy rara es la mujer que tienela suficiente estructuración mental, espiritual y moral para contemplar,impasible y sin resentimiento, la felicidad de otra mujer junto a un hombre aquien ella hubiera podido amar gustosa e intensamente. Sin embargo, todosestos inconvenientes no logran hacer absolutamente imposible la amistadinterfemenina.
  • 4. En cuanto al caso de amistad entre hombre y mujer, Maurois sostiene quetambién es posible, pese a que frecuentemente se ha negado esta clase derelación. Quienes niegan la amistad masculino-femenina arguyen que esimposible separar de ella la sensualidad y el deseo, y que, si se separasen, lamujer se sentiría tal vez humillada. Por lo tanto, subordinan este tipo deamistad a determinadas condiciones, como las siguientes: cuando el hombre ola mujer son de espíritu demasiado débil y pusilánime, hasta el punto de nolograr despertar el uno en el otro sino, precisamente, la voluntad de tomarlecomo amigo o amiga; cuando ambos son viejos, pues suelen los ancianos, unavez que han dejado atrás la edad del amor, refugiarse en la amistad; cuandopor lo menos uno de los dos es viejo, aunque en este caso la amistad esunilateral, puesto que la persona vieja lo que sentirá hacia la joven no será otracosa que un amor infortunado, no correspondido, y, por último, cuando elhombre y la mujer han sido amantes y luego deciden hacerse amigos, lo cualse les facilita, porque, agotada la mutua sensualidad, quedan comoinmunizados, pudiendo construir entonces una verdadera amistad.Estos condicionales casos de amistad, considerados por quienes no admitenque la misma se dé, de una manera real y sincera, entre un hombre y unamujer en circunstancias normales de espíritu y de edad, no constituyen, segúnMaurois, verdaderas amistades, sino más bien especies de “amistadesamorosas”. Contra tales argumentos, André Maurois sostiene que sí es posiblela amistad masculino-femenina en condiciones ordinarias, y que es una ideasingularmente estrecha concebir las relaciones entre el hombre y la mujer tansólo bajo el aspecto del deseo. Estima, incluso, que el intercambio intelectualentre hombres y mujeres no solamente es posible, sino que a veces resultamás fácil que entre hombres, como en el caso, citado por Goethe, en que,durante la adolescencia, a la niña le gusta aprender y al muchacho enseñar.De igual manera, un trabajo común introduce en la vida matrimonial unelemento de estabilidad, “suprime los ensueños peligrosos y disciplina laimaginación, reduciendo el tiempo de las distracciones”, de tal suerte quemuchos matrimonios felices llegan, con el tiempo, a convertirse en verdaderasamistades, con los bellos rasgos de estimación y comunión espiritual que a laamistad distinguen.Finalmente, también fuera del matrimonio no es absolutamente imposible queun hombre y una mujer lleguen a ser amigos, convirtiéndose, como tales, enconfidentes seguros y preciosos.

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