Democracia. Documento de texto.

  • 530 views
Uploaded on

Democracia. Documento. Pequeñas historias para el entendimiento.

Democracia. Documento. Pequeñas historias para el entendimiento.

More in: News & Politics
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Be the first to comment
    Be the first to like this
No Downloads

Views

Total Views
530
On Slideshare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
0

Actions

Shares
Downloads
0
Comments
0
Likes
0

Embeds 0

No embeds

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
    No notes for slide

Transcript

  • 1. DEMOCRACIA LA GRAN SUPERSTICIÓNVaya por delante que cada vez que, en las siguientes líneas, nos referimos a"democracia" estamos haciéndolo, indistintamente, a cualquiera de lossistemas políticos que utilizan tal fachada, sea la plutocracia con aparienciapartitocrática, que sea esa "verdadera" democracia fantasmagórica de la quetanto se habla sin que nadie sea capaz de situarla concretamente ni en eltiempo ni en el espacio.Todo apunta a que aquello que en Bachiller estudiábamos como una de lasvarias formas de gobierno, con la que puede estarse de acuerdo o no, hallegado a convertirse en una superstición con todas sus características.Los que creen en la democracia, como buenos supersticiosos, creen estarprotegidos de todo mal merced a su mágico influjo. Piensan incluso que enaquellos casos en que la democracia no pueda protegerles totalmente, actuarácomo una especie de piedra filosofal que convertirá el mal en bien.Lo habéis visto muchas veces: si a cambio de tener democracia hay quesoportar paro, droga, quiebra de valores, terrorismo, miseria, delincuencia,vasallaje, lo que sea, no importa. Lo importante es la democracia. Ella losolucionará todo. Así, cuando alguien ofrece soluciones a esos y otrosproblemas es rápidamente anatematizado por no creer en la democracia (lademocracia, como superstición que es, no tiene soluciones reales para nada) yse rechazan sus planteamientos, prefiriéndose seguir soportando cualesquieracalamidades siempre que el tótem no sea tocado.Como cualquier superstición, se justifica a sí misma y no encuentra defensamás que en sí misma. Mientras que el marxismo considera enemigos a los dela "clase obrera", del “materialismo dialéctico” o de la "dictadura delproletariado"; y en el fascismo los enemigos son los enemigos de la Patria, laRaza o la Civilización; la democracia habla sólo de enemigos de lademocracia. ¡Usted no es demócrata! ¡Eso no es democrático! ¡Lo de más alláno es propio de una democracia! Y ya está. Se quedan tan satisfechos. No haymás qué hablar: los no creyentes están excluidos sin más discusión.Las supersticiones nunca han resistido el debate ni el razonamiento. Al igualque otras supersticiones, tiene sus rituales propios que se "sabe" que, 1
  • 2. independientemente de su desarrollo y resultados reales, funcionan y que loimportante es que se participe ellos.El más importante de esos rituales se llama "elecciones". Cuando hayelecciones, los gurús de la secta siempre afirman que lo más importante esque todo el mundo participe y, tras ellas, siempre, sin excepción, ocurra lo queocurra, se afirma que se ha dado una lección de comportamiento democrático.El solo hecho de la existencia de ese ritual y su participación en él garantiza elbien futuro. Exactamente igual que cuando se creía que determinadaceremonia garantizaba cosechas, protegía de los guerreros enemigos, sanabaenfermedades o aseguraba la descendencia.Las supersticiones al institucionalizarse, como ha ocurrido con la democracia,se convierten en idolatría. Estas tienen sus sumos sacerdotes, los cualesjamás creen realmente en la superstición, pero se sirven de ella para controlara los creyentes, eliminar a sus enemigos, ganar posiciones de poder y obtenerventajas sociales y económicas.Los sumos sacerdotes de la democracia demuestran su descreimiento cuandopredican democracia y, a un tiempo, reprimen cruelmente a los que no creenen ella (no son raros los sacrificios humanos en sociedades idolátricas), lo queno les impide seguir ensalzándola y viviendo espléndidamente a costa de lossupersticiosos "de base".Es normal que el supersticioso identifique el Mal con el no creyente, aunqueéste observe un comportamiento impecable (el fascismo es anatematizado eidentificado con el Mal sólo por no creer en supersticiones) y aunque ese malsea consecuencia de la democracia, además de su aliado. Por ejemplo, enEspaña, los supersticiosos y sus santones insisten sospechosamente enidentificar a ETA y los compañeros de viaje de ésta con los enemigos de lademocracia, sin explicar por que los etarras fueron tan perseguidos por Francoy tan bien tratados por nuestro democrático régimen; sin explicar por qué ETAasesinó al nada demócrata Carrero Blanco -además con la inestimablecolaboración de la embajada de EEUU y de la CIA, grandes guardianes de lademocracia en todo el mundo-, abriendo el camino a la instauración de lademocracia en España; sin explicar por qué el mayor ensañamiento etarra lohan sufrido durante años y años los escasamente demócratas falangistas,requetés y franquistas; sin explicar muchas otras cosas. Pero es que lassupersticiones, ya lo hemos dicho, no pueden explicarse ni razonarse.Resumiendo, el que no cree es malo y el malo lo es porque no cree. 2
  • 3. Pero la relación del supersticioso con el que no lo es no termina ahí. Idénticohorror al que expresan los demócratas cuando tienen noticia de un no creyentees el demostrado por el supersticioso convencional cuando ve a alguien que,carente de manías, pasa bajo una escalera. Y el mismo desdén que undemócrata dirige a quien no lo es podemos observarlo cuando a un creyente enel Tarot se le discute su fanática creencia.Cualquier crimen cometido en nombre de la Gran Superstición no espropiamente un crimen, sino una necesidad para mantener la propiasuperstición. Montecasino, Dresde, Hamburgo, Berlín, Hiroshima, Nagasaki,Prusia, Palestina, Vietnam, Corea, Granada, Panamá, Somalia, Yugoslavia,Guantánamo, Afganistán, Irak, etc. Han tenido que ser víctimas del "fuegopurificador democrático", sin que ello importe lo más mínimo, porque “hasido por la Democracia”. Sacrificios propiciatorios.Cuando una superstición se vuelve compleja y, a la vez, se institucionaliza,deviniendo, como hemos visto, en idolatría, gana nuevos adeptos que, noqueriendo quedar marginados de la secta de iniciados, presumencontinuamente de creer tanto como el que mas y hacen ver que la supersticiónrige incluso aquellos aspectos de la vida que, lógicamente (¿qué tiene que verla lógica con la superstición?), no tendrían que verse afectados por ella. No esraro, así, oír a supersticiosos afirmar cosas como: "en mi casa somos muydemócratas" (¿querrá eso decir que los platos que componen el almuerzo sedeciden por mayoría de votos?, ¿que el color de las paredes se somete asufragio?, ¿se hará campaña y todo para elegir vestuario?) o "este instituto serige por criterios democráticos” (¿se aprueba o suspende por votación?, ¿sedeciden por mayoría las materias que se imparten?¿se ponen por votación losexámenes?). Podemos recordar el caso real de un Instituto en el que losalumnos, democráticamente votaron su nombre, resultando como ganador lapropuesta de “General Franco”. Los profesores, defensores de la democraciay de la libertad, no acataron la votación, sin dar ninguna explicación.Es característica de todas las supersticiones ir cada vez a más, ampliándose suuso a cada vez campos. El supersticioso empieza tocando madera y terminabailando desnudo mientras come sesos de gato sietemesino; el demócratatermina por someter a votación la existencia de Dios (lugar: Ateneo deMadrid, momento: II República española). 3
  • 4. Y cuando algo, lo que sea, no conviene a los sumos sacerdotes o es contrario asus intereses, basta con decir que no es democrático (o bien que es “facha”)para que, sin más razones ni motivaciones, llegue el desprecio y lapersecución: "la pena de muerte no es democrática" (¿y si es querida por lamayoría?), "un país democrático debe de acoger a todo el mundo" (¿y si lamayoría de sus habitantes opina exactamente lo contrario?), "el derecho alaborto es un derecho democrático" (¿qué tiene eso que ver con el "gobiernodel pueblo", teórica esencia de la democracia?)...Si el sumo sacerdote dice que algo no es democrático es que no lo es, y si nolo es se hace acreedor al desprecio universal. ¿Explicaciones? ¿Desde cuándose explican las supersticiones? Hace siglos el hombre se creía dueño de sudestino sacrificando animales o tiznando su rostro. En la actualidad el hombrese sabe dueño de su destino echando cada cuatro años un papelito en unrecipiente de plástico transparente… Hemos avanzado mucho… 4