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El perdón y la promesa  Ignacio Aréchaga
 

El perdón y la promesa Ignacio Aréchaga

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¿Quién no desea tener una trayectoria coherente? De un modo u otro, aspiramos a...

¿Quién no desea tener una trayectoria coherente? De un modo u otro, aspiramos a
que la peripecia vital componga una biografía -por modesta que sea-, y no hojas
sueltas de calendario. Este deseo choca no sólo con los obstáculos exteriores, sino
con nuestros propios límites: esa continua tensión entre lo que somos, lo que
hemos sido y lo que deberíamos llegar a ser. Lo que ahora vemos como errores
del pasado arrastra la carga de lo irreversible; las metas que nos fijamos para el
futuro llevan el sello de la incertidumbre: ¿Seré capaz? ¿No cambiaré? ¿Seguirá
teniendo sentido ese compromiso?

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    El perdón y la promesa  Ignacio Aréchaga El perdón y la promesa Ignacio Aréchaga Document Transcript

    •  El perdón y la promesa¿Quién no desea tener una trayectoria coherente? De un modo u otro, aspiramos aque la peripecia vital componga una biografía -por modesta que sea-, y no hojassueltas de calendario. Este deseo choca no sólo con los obstáculos exteriores, sinocon nuestros propios límites: esa continua tensión entre lo que somos, lo quehemos sido y lo que deberíamos llegar a ser. Lo que ahora vemos como erroresdel pasado arrastra la carga de lo irreversible; las metas que nos fijamos para elfuturo llevan el sello de la incertidumbre: ¿Seré capaz? ¿No cambiaré? ¿Seguiráteniendo sentido ese compromiso?A estas limitaciones de la acción humana respondía Hannah Arendt en un ensayo,recientemente traducido (1): "La redención posible de esta desgracia de lairreversibilidad es la facultad de perdonar, y el remedio para la impredecibilidad sehalla contenido en la facultad de hacer y mantener las promesas. Ambos remediosvan juntos: el perdón está ligado al pasado y sirve para deshacer lo que se hahecho; mientras que atarse a través de promesas sirve para establecer en elocéano de inseguridad del futuro islas de seguridad sin las que ni siquiera lacontinuidad, menos aún la durabilidad de cualquier tipo, sería posible en lasrelaciones entre los hombres".Esta facultad de perdonar y de ser perdonado no sólo libera de una culpa, sino quenos vuelve a unir a los demás. Pues a veces se nos va entre las manos un amor,una amistad, un proyecto común, precisamente por no haber dicho a tiempo: losiento. Por no ahogar en su origen esa semilla de discordia, esa frialdad, eserencor. La posibilidad de perdón es una garantía también para mantener el templeque exige el compromiso. Pues si el perdón no repara los fallos, al final la ruptura yel bandazo parecerán el único modo de volver a empezar.En cambio, el perdón y el olvido permiten que la acción humana se despliegue connuevo brío: "Sin ser perdonados -sigue diciendo Arendt-, liberados de lasconsecuencias de lo que hemos hecho, nuestra capacidad de actuar estaría, por asídecirlo, confinada a un solo acto del que nunca podríamos recobrarnos; seríamospara siempre las víctimas de sus consecuencias, semejantes al aprendiz de brujoque carecía de la fórmula para romper el hechizo". 
    •  Esa capacidad de recomenzar abre la puerta a la novedad sin renegar de laduración. Los vientos hoy dominantes llevan a buscar la seguridad en la ausenciade compromiso, en la indefinición, en dejar abiertas otras posibilidades. Y es ciertoque toda decisión a la vez que abre un camino, clausura otros. Pero la máximaindeterminación es también la máxima inseguridad y la condena a la esterilidad.Por el contrario, hacer y cumplir promesas es indispensable para lograr eldesarrollo de la personalidad. "Sin estar atados al cumplimiento de las promesas,no seríamos nunca capaces de lograr el grado de identidad y continuidad queconjuntamente producen la persona acerca de la cual se puede contar unahistoria; cada uno de nosotros estaría condenado a errar desamparado, sindirección, en la oscuridad de nuestro solitario corazón, atrapado en sus humores,contradicciones y equívocos". De este modo, los vínculos con algo noble son loque nos permite mantener un rumbo, en vez de ir a la deriva empujados por losestímulos del momento.Este sentido del compromiso es compatible con el placer de comenzar, deestablecer nuevas relaciones y de buscar otros modos de ser fiel a lo mismo. Entrela rutina mostrenca y el abandono irresponsable hay un espacio para la renovaciónque libera. A este respecto, dice Arendt, "perdonar y hacer promesas son comomecanismos de control establecidos en el propio seno de la facultad de iniciarprocesos nuevos y sin fin". Si muchas veces esos comienzos no alcanzan madurez,quizá sea porque lo que nos perdonamos fácilmente son las promesas.Ignacio AréchagaACEPRENSA (1) Hannah Arendt, De la historia a la acción, Paidós, Barcelona (1995), pp. 106-107.