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Y LA FE CRISTIANA
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4.1 La evolución del cosmos
Para Teilhard la tierra es un fragmento enfriado del sol, “durante una
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6. EL PENSAMIENTO TEILHARDIANO COMO PENSAMIENTO BIOETICO
El crecimiento excesivo y con carácter progresivo del hombre, ...
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incesante de la verdad sobre el hombre y el ...
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Teilhard de chardin, un dialogo entre las ciencias naturales y la fe cristiana

  1. 1. 1
  2. 2. 2 TEILHARD DE CHARDIN, UN DIALOGO ENTRE LAS CIENCIAS NATURALES Y LA FE CRISTIANA MARISOL GÓMEZ DUQUE FRANCISCO JAVIER DUQUE HENAO JUAN GUILLERMO RAMIREZ OROZCO UNIVERSIDAD CATOLICA DE ORIENTE FACULTAD DE EDUCACION RIONEGRO ANTIOQUIA 2009
  3. 3. 3 TEILHARD DE CHARDIN, UN DIALOGO ENTRE LAS CIENCIAS NATURALES Y LA FE CRISTIANA MARISOL GÓMEZ DUQUE FRANCISCO JAVIER DUQUE HENAO JUAN GUILLERMO RAMIREZ OROZCO Trabajo de grado presentado como requisito parcial para optar al título de Licenciados en Educación Asesor Temático Doctor JHON JAIRO SERNA SANCHEZ UNIVERSIDAD CATOLICA DE ORIENTE FACULTAD DE EDUCACION RIONEGRO ANTIOQUIA 2009
  4. 4. 4 NOTA DE ACEPTACIÓN _____________________________ _____________________________ _____________________________ ____________________________ Presidente de Jurado ____________________________ Jurado ____________________________ Jurado Rionegro, Noviembre de 2009
  5. 5. 5 AGRADECIMIENTOS Sincera gratitud con nuestro asesor de investigación, al doctor Jhon Jairo Sánchez, quien con su motivación ha acompañado nuestra labor investigativa durante estos dos años. Agradecemos al Doctor Pbro Guillermo Zuleta, miembro de la Comisión Teológica Internacional, Director del Instituto de Bioética de la Universidad Pontificia Bolivariana, por las asesorías que sobre el tema nos brindó. Agradecemos a nuestras familias, quienes con su empeño han alentado nuestro esfuerzo. Agradecemos a los docentes de la Universidad, quienes con su enseñanza nos han preparado como docentes idóneos para asumir nuestro reto profesional. Agradecemos a la Universidad Católica de Oriente, Alma Mater de la región del oriente antioqueño, Institución de prestigio, el haber inculcado en nosotros el espíritu científico crítico pero sobre todo el amor a la Fe, con orgullo, nuestro lema de vida es: “A la Verdad por la Fe y la Ciencia”.
  6. 6. 6 TABLA DE CONTENIDO 1. JUSTIFICACIÓN……………….…………………..……………………………..7 2. OBJETIVOS……………………………...…………………………..……………9 2.1. OBJETIVO GENERAL………...………………...……………….…………9 2.2. OBJETIVOS ESPECÍFICO.……………………………...……….……..9 3. ANTECEDENTES…………………………………………………...………..…10 4. EL CONCEPTO DE EVOLUCIÓN EN TEILHARD DE CHARD……......…13 4.1. La evolución del cosmos………………………………………...…...19 4.2. La vida, efecto material de la complejidad……………………...…22 4.3. La célula, unidad de vida…………………………………………...…23 4.4. El proceso de la evolución, La ortogénesis…………….…………25 4.5. Sobre la diversidad de los vivientes……………………...……...…26 5. CIENCIA Y FE EN TEILHARD DE CHARDIN……………..……………….28 5.1. La ciencia camino para entender la religión……………..……..……28 5.2. Lo espiritual de la materia………………………………………....…….32 5.3. El ser humano como realidad convergente……………........………35 6. EL PENSAMIENTO TEILHARDIANO PENSAMIENTO BIOÉTICO……...38 6.1. Biotecnología de la ingeniería genética humana………..…….44 6.2. Algunas inferencias bioéticas desde el teilhardianismo….…49 CONCLUSIÓN………………………………………………………………………...…58 BIBLIOGRAFÍA………………...……………………………………………………..…61
  7. 7. 7 1. JUSTIFICACIÓN Después de la ilustración, el espíritu humano inició una larga carrera en pos del descubrimiento del mundo existente, numerosos trabajos investigativos derribaron los paradigmas que sostenían la cultura, uno de los grandes aportes fue el del investigador Charles Darwin, que con su teoría de la evolución de las especies sentó las bases de una nueva concepción de índole natural y humanista, que rebatió los planteamientos que habían sobre la vida y su origen, y por supuesto generó una serie de inquietudes en el pensamiento de la época con resonancia a el presente del mundo. Frente a estos nuevos adelantos surgen en la Iglesia católica con muchas posturas, algunas conciliadoras entre los nuevos descubrimientos científicos y otras despreciadoras que consideraban estas ideas obra del demonio. El presente trabajo de investigación entabla el diálogo entre fe y ciencia, como dos formas de entender la realidad, con métodos diferentes, pero que deben caminar juntas con el fin de brindar un conocimiento completo al ser humano, para lograr éste objetivo, se abordará el pensamiento de Teilhard de Chardin, quien con su aporte brinda nuevos elementos que se encuadran dentro de los nuevos postulados científicos, y a la luz de su obra interpretar el futuro de la ciencia como medio que brinda elementos de santificación al hombre y lo deben llevar a la convergencia de su unidad total en Cristo, el gran Punto Omega. El diálogo fe-ciencia, es un permanente qué hacer, por cuanto, cada vez están surgiendo desarrollos tecnocientíficos que ponen en entredicho principios del orden humano y también de lo metafísico que no pueden ser demolidos sin más criterios que los de la eficiencia y del control de la vida. Lo anterior significa que los planteamientos que se van a realizar en éste trabajo de grado comportan una vigencia muy especial sobre todo para un institución universitaria como la Católica que tiene como uno de sus encargos acompañar la dinámica de reconfiguración de la vida como un reto que tiene toda una vigencia para nuestro caso, y de allí retoma especial vigencia lo que se pretende resaltar como un momento de gran significación en la historia que estuvo cruzado por la investigación de Darwin. Cuando Teilhard de Chardin estudia éste tema con la solvencia con la que logra desarrollar sus propios postulados como hombre capaz de habitar el mundo de la ciencia y a la vez un hombre habitante de la fe, toda vez que era sacerdote, pone en evidencia que efectivamente la Fe y la ciencia son las dos alas que le permiten a la capacidad humana elevarse a la verdad como una construcción que no se agota en una u otra óptica sino que requiere del concurso de ambas posibilidades con lo cual posibilita que se abran una serie de puentes entre las dos cosmovisiones que guardando lo específico de sí están en capacidad de lograr encuentros de los cuales quien finalmente sale ganando es el ser humano a quien hay que reconocer como un sujeto con arraigo en la tierra pero con inspiraciones de infinito que no le dejan reducir su proyecto existencial apenas a lo intrahistórico con toda su carga de poder y de riesgo de pérdida de lo esencialmente humano a
  8. 8. 8 manos de cegueras como las que produce el poder político, el poder económico y por supuesto el poder cultural y aún religioso.
  9. 9. 9 2. OBJETIVOS 2.1 OBJETIVO GENERAL Realizar un acercamiento a través del pensamiento de Teilhard de Chardin entre el espíritu cristiano y los avances científicos realizados en las ciencias naturales, en lo concerniente a la teoría de la evolución. 2.2 OBJETIVOS ESPECÌFICOS • Identificar el aporte científico y teológico de Teilhard de Chardin, legado al cristianismo y a la humanidad, como elemento para abordar las grandes esperanzas que se proyectan en el mundo actual. • Determinar el diálogo entre fe y ciencia entablado en el trabajo de Teilhard de Chardin, a partir de los elementos de su pensamiento, que muestra como el esfuerzo científico adquiere un carácter religioso. • Analizar los modernos adelantos de investigación científica desde las ciencias naturales a través del pensamiento de Teilhard de Chardin, que muestra un nuevo concepto de la materia, que incluye la dimensión espiritual y la convergencia a nivel humano de la evolución a través de un proceso de unificación.
  10. 10. 10 3. ANTECEDENTES “Al principio creo Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1, 1). Con estas palabras extraídas de la primera página de la Sagrada Escritura, se fundó toda una tradición histórica-religiosa en la idea de un ser que realizó todo lo existente de la noche a la mañana como un artefacto mágico, posición que se ha debatido en varios momentos de la historia, desde el ambiente filosófico (preexistencia de la materia) y científico con investigaciones que demuestran la aparición de la vida de una forma gradual e influenciada por diferentes procesos biomoleculares y ambientales negando la intervención divina en el proceso de la formación de la vida en el universo. La historia muestra numerosas y desafortunadas controversias entre los defensores de las principales religiones y los científicos, que establecen contrariedad entre la creación y carácter divino de la vida, con el mero hecho de la sumatoria de variables de índole químico en la formación de ésta. Estos dos últimos ámbitos representan puntos de vista diferentes, pero no necesariamente opuestos si se establecen criterios válidos en su análisis y por supuesto en su proceso de verificación de las pruebas, toda vez que la ciencia es en éste lenguaje que habla, y desde la filosofía y la teología es posible acompañar éste tipo de confrontación hasta cierto punto, por cuanto no es posible tampoco y eso cabe afirmarlo de entrada en un Trabajo de Tesis como el que a continuación se expone. Hay quienes con los supuestos de la creación afirman de una forma tajante que la vida ha permanecido inmutable, negando o elaborando respuestas muy superficiales frente a los cambios que se observan en los seres vivos. La inconsistencia de esta postura se debe a que su fundamento es la interpretación literal de La Biblia (específicamente del Antiguo Testamento) y el estricto apego a cada palabra de las diferentes traducciones. Por supuesto que los puntos de vista de los llamados “creacionistas” religiosos no son consistentes con los descubrimientos de la biología ni tampoco respecto a los hallazgos en otros campos del saber humano que también aparecerán con alguna regularidad en el cuerpo del trabajo que a continuación se desarrolla. Desde el materialismo científico, se establece que la vida ha asumido conciencia en sí misma, y no hay razón para establecer nexo con principios divinos que no brotan sino de la conciencia infantil de los seres humanos. La única razón que ha guiado el universo y su historia son las constantes evoluciones y adaptaciones a las circunstancias espaciales. Hay muchos casos históricos en los cuáles algunos grupos de creyentes hicieron ver la intervención divina como un fenómeno que después fue explicado cómo debido a causas naturales, en un proceso que hace aparecer la intervención de Dios como un acto manifiesto a través de causas segundas con lo cual, se hace constar que la intervención divina en el proceso no ha sido a la manera de un mago que va haciendo cada vez surgir lo que se le va antojando, sino como un proceso que tiene momentos y que a partir de procesos de orden inferior simple,
  11. 11. 11 va produciendo lo superior y complejo, hasta arribar a la conciencia, o complejo asumido por un pensamiento que da cuenta de sí mismo. Todos hemos sido testigos del poder de la selección natural. Así, hace poco más de 50 años los médicos mantenían una confianza ciega en los antibióticos, y hoy día, en cambio vemos como un número cada vez más grande de bacterias son resistentes a ellos a través de un proceso de selección natural, por lo mismo, no disponemos de una vacuna permanente contra la gripe ya que el virus muta rápidamente y se adapta no respondiendo a la acción de los anticuerpos. Lamentablemente, los fanáticos religiosos no suelen convencerse de aquello que constituye una evidencia para el científico y ponen su fe en los dictados de una religión ciega, negando la evidencia que le proporcionan sus propios sentidos. Lo crucial de esta controversia radica en una diferencia fundamental de los puntos de vista, la que implica la naturaleza de la realidad misma, que es el punto en el que nos encontramos a la hora de definir los procesos de acercamiento de lo real, como una manera de entender la vida y sus lógicas no solo de aparición, sino de desarrollo y de futuro teleológico. Con un desarrollo temático, en el cual ha quedado ampliamente argumentado, por un gran número de biólogos y otros evolucionistas que apoyan activamente a instituciones religiosas, que no hay ninguna inconsistencia entre el carácter divino de la vida y creer en la evolución de ésta. Estamos firmemente convencidos de que la natural inquietud de la mente de los seres humanos es un estímulo interior que exige una representación unificada y coherente tanto del mundo en general, como del mundo interior. La interacción del hombre con su medio es un escenario en el que la presencia de Dios no debe ser motivo de conflicto, sino un punto de partida en que la conversión bidireccional materia-energía y la admirable sucesión de las etapas evolutivas condujeron a la aparición de la mente humana que nos ha permitido ir develando el maravilloso plan de ésta evolución que decursa en sucesivas etapas en las cuáles fueron apareciendo progresivas formas y materiales nuevos. Ha sido un largo caminar del hombre el cual, gracias a su inteligencia, conciencia y curiosidad, ha ido conociendo esta interminable y prodigiosa secuencia evolutiva que lo ha llevado a convertirse a sí mismo en objeto de investigación molecular a lo largo de una incesante búsqueda en cumplimiento del anhelo socrático de conocerse a sí mismo. En todo este contexto es donde se ubica el pensamiento de Teilhard de Chardin, un cristiano creyente y científico enamorado de las ciencias naturales, que dedicó la mayor parte de su vida a realizar investigaciones en torno a la evolución, en especial del ser humano, concluyendo, que la fe y la ciencia, son dos alas del conocimiento que permiten llegar a la verdad, no sólo como reza la encíclica Fides Et Ratio y por supuesto antes que éste planteamiento del Magisterio de la Iglesia la postura de la Universidad Católica de Oriente, en la cual ninguna debe ir por separado porque de lo contrario cada una sería desencarnada de su complemento: creer y entender y entender y creer.
  12. 12. 12 Cuando Teilhard de Chardín se vincula a las honduras de éste debate, estaban en boga las tesis de Charles Darwin, y la verdad es que su propuesta de lectura del proceso de evolución, deja una escuela de pensamiento en su derredor como una aventura de construcción de sentido que por supuesto dejó una línea trazada que incluso quienes no compartían su posición de orden conceptual, no dudaron an firmar al pie de la producción la gran intuición que le reconocieron a éste sacerdote jesuita, lo cual significo un diálogo del más alto nivel y que deja muy bien posicionados los asuntos que éste teólogo, antropólogo, arqueólogo pudo producir. Y esa es sin lugar a dudas un antecedente de primer nivel para poner en un lugar adecuado a los temas del debate que pone en alerta a la capacidad de reflexión que estamos llamados a construir desde las universidades, y más aún cuando la filosofía institucional de una Institución de Educación Superior, como la nuestra así lo perfila.
  13. 13. 13 4. EL CONCEPTO DE EVOLUCIÓN EN TEILHARD DE CHARDIN La idea de que el universo está sujeto a continuos cambios es muy remota en el tiempo. Aunque en el pensamiento Griego se consideró la historia como un movimiento cíclico o de eterno retorno, subyace en ella la noción de evolución con el pensamiento de Heráclito y la afirmación del eterno devenir y la mutabilidad del ser, esclarecido biológica y cosmológicamente por Empédocles con su teoría de los cuatro elementos constitutivos del mundo. Desde antiguo el ser humano se sentía involucrado en el cambio, “el hombre no podía llegar a percibir alrededor suyo la evolución sin sentirse de alguna manera involucrado en ella."1 Con la clasificación establecida por Linneo sobre el reino animal se suscitó el interrogante sobre el parentesco entre los distintos géneros y especies, y se preguntaron si este parentesco es solo semejanza exterior o sanguínea? En caso tal que sea parentesco sanguíneo, un género animal debe haber salido de otro. Es a través de ese camino como Darwin llega a formular su teoría de la evolución con el libro “El origen de las especies” datado del año 1859, construyendo una serie de postulados que han dominado el desarrollo de la biología hasta nuestros días, “el fenómeno social humano muestra que la evolución de la vida no solo no se ha detenido sobre la tierra sino que, por el contrario, está de nuevo en marcha y rebota sobre si para emprender una nueva fase."2 Teilhard de Chardin desarrolla la teoría de la evolución integral, que en síntesis afirma que la vida surge de la materia inerte, mientras que el hombre procede del mundo animal, “tejida en una sola pieza, siguiendo un solo y mismo procedimiento, pero que de un punto a otro no se repite, la trama del universo corresponde a un solo modelo: constituye estructuralmente un todo”3 . Para Teilhard el cosmos en todos sus aspectos, inclusive la humanidad, debe entenderse única y exclusivamente como evolución permanente en la que cada fase tiene su propio tiempo. En principio, la materia es materia consciente, pero se requiere una existencia orgánica muy desarrollada para poder atravesar el umbral más allá del cual puede mostrarse como un consciente4 . “la materia se halla implicada sobre la tierra en un proceso que la hace disponerse a partir de elementos relativamente simples, en partículas cada vez mas complicadas y cada vez mas vastas”5 . En la materia opera una doble energía6 : por una parte, una energía tangencial, que domina a la materia en las conocidas reacciones físico-químicas de estas, y, por 1 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Orbis, Barcelona. 1955. Pág. 223 2 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El porvenir del hombre. Taurus, Madrid. 1962. Pág 239. 3 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pag. 55. 4 Cfr. CARRION ROSIQUE, José M. [Documento de internet]. Madrid 1 de septiembre de 2005[Referencia 27 de octubre de 2009]. Disponible en World Wide Web http://www.madrimasd.org/cienciaysociedad/debates- actualidad/historico/default.asp?idforo=GlobalIDI-44 5 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El Porvenir del Hombre. Op. cit . Pág. 243 6 “La energía es la medida de lo que pasa de un átomo a otro en el curso de sus transformaciones…” el fenómeno humano. TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit . Pag. 55.
  14. 14. 14 otra, una energía radial mediante la cual la materia se constituye en unidades cada vez más y más desarrolladas. Existe paralelismo entre complejidad y conciencia. La organización de la materia ha llegado en la megamolécula a una complejidad de tal índole que permite la aparición de la vida, “la complejidad no es la simple agregación, es decir, un ensamblaje cualquiera de elementos no ordenados; con esta palabra designó la combinación, es decir, esa forma particular y superior de agrupación cuya característica es reunir sobre sí cierto numero fijo de elementos en un conjunto cerrado, de radio determinado; como el átomo, la molécula, la célula, el metazoo7 , etc”8 . Teilhard replica que toda fase del proceso vital tiene su propio tiempo, esto significa que solo durante un periodo determinado de la evolución de la tierra, las condiciones fueron tales que permitieron ese tránsito y que en modo alguno puede excluirse la posibilidad de que en lo futuro puedan crearse las mismas condiciones en el laboratorio, “la complejidad en primer lugar enseña que en la base del edificio celular, según nos enseña la química, encontramos albuminoides, sustancias orgánicas nitrogenadas (ácidos aminados), con pesos moleculares enormes. Estos albuminoides, asociados a cuerpos grasos, al agua, al fosforo y a toda suerte de sales minerales (potasa, sosa, magnesia, compuestos metálicos diversos), constituyen un protoplasma9 , esponja organizada constituida por partículas innumerables en las que empiezan a jugar de manera apreciable las fuerzas de viscosidad, de osmosis10 , de catálisis11 , características de la materia que ha alcanzado sus grados superiores de agrupaciones moleculares.”12 En relación a la antropogénisis, una vez originada la vida, es decir una vez aparecida, busca sendas diversas para desenvolverse, como se produjo la escisión entre los reinos animal y vegetal mostrando cómo toda especie viviente se extingue o por lo menos llega al fin de su evolución, a consecuencia de un exceso de especialización. No obstante, el hombre no puede compararse con ninguno de los seres vivientes que lo precedieron, su facultad de pensar lo capacita para intervenir en su propia evolución. “lo que explica la revolución biológica producida por la aparición del hombre es una explosión de ciencia; y lo que a su vez, explica esta explosión de ciencia es, sencillamente, el paso de un 7 Se dice de los animales cuyo cuerpo está constituido por muchísimas células diferenciadas y agrupadas en forma de tejidos, órganos y aparatos; p. ej., los vertebrados, los moluscos y los gusanos. (Cfr. DEL BAÑO BREIS, Francisco. Diccionario de las ciencias naturales y términos afines. Editorial regional de Murcia. España 1982. Pág. 151 8 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El grupo zoológico humano. Taurus. Cuarta ed . Madrid 1967. Pag 24. 9 Elemento fundamental de que se componen todos los seres vivos; es la parte de la célula compuesta en un 85 a 90 por ciento por agua, que contiene proteínas, sustancias grasas y sales inorgánicas (Cfr. DEL BAÑO BREIS, Francisco. Op cit. Pág. 190). 10 Se define ósmosis como una difusión pasiva, caracterizada por el paso del agua, disolvente, a través de la membrana semipermeable, desde la solución más diluida a la más concentrada (Cfr. Ibídem. Pág. 171). . 11 La catálisis es el proceso a través del cual se incrementa la velocidad de una reacción química (Cfr. Ibidem. Pág. 55). 12 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 91
  15. 15. 15 phylum13 zoológico, a través de la superficie, hasta entonces impermeable, que separa la zona del siquismo directo de la siquismo reflexivo, llegada a un punto critico de disposición, siguiendo este rayo particular, la vida se ha hipercentrado sobre si misma hasta el punto de hacerse capaz de previsión y de invención. Se ha hecho consciente “en segundo grado”. Y con esto basta para que se haya hecho capaz de trasformar la superficie y la faz de la tierra, en algunos cientos de milenios”14 . La materia inerte para Teilhard es contraria a la posición materialista que solo la considera enlaces químicos de átomos, “los materialistas se obstinan en hablar de los objetos como si consistieran solo en acciones exteriores, en relaciones transientes, por otra parte, los espiritualistas están empeñados en no salirse de una especie de introspección solitaria, en la que los seres no son considerados de otra manera que encerrados en si mismos, en sus operaciones inmanentes”15 . Para él la materia encierra, desde su origen, otra significación: tiene al mismo tiempo e inseparablemente, un aspecto físico-químico externo y un aspecto viviente-consciente interno. En la medida en que la materia se organiza de modo más complicado, crece su interioridad, es decir, su vida y su conciencidad, “mi convicción es la de que los dos puntos de vista exigen complementarse y que pronto llegaran a reunirse en una especie de Fenomenología o de física generalizada, en la que la cara interna de las cosas será considerada tanto como la cara externa del mundo”.16 Teilhard de Chardin piensa en una evolución que permanentemente da saltos como un hecho creador, es decir, una evolución que se desarrolla en cierto sentido desde si misma aunque solo adquiere esa posibilidad gracias a su completa dependencia con respecto al creador, en otras palabras un cosmos que se desarrolla desde si mismo, es un signo de mayor poder de creación divina que un cosmos en el que Dios tenga que volver a intervenir siempre con nuevas creaciones. Lo anterior se constata en las siguientes palabras: “en si misma, la división celular parece provocada por la simple necesidad en que se encuentra la partícula viviente de hallar remedio a su fragilidad molecular y a las dificultades estructurales relacionadas con la continuidad de sus crecimientos”.17 Teilhard de Chardin busca conciliar el antagonismo existente entre ciencia e Iglesia establecido desde Galileo, a través de lo que El llamaría fenomenología o hiperfísica pues él cree posible la superación de esa actitud del hombre cristiano convenciéndolo de su deber de reconocer los resultados de las ciencias y de participar en su ulterior desarrollo, pues está como búsqueda de la verdad expresa 13 En Zoología, el Filo (Phylum -plural phyla-, Tronco o Tipo de organización) es una categoría taxonómica que está entre el Reino y la Clase, y se utiliza para subdividir el Reino Animal y el Reino Protistas. En Botánica (Reino Plantae), se suele emplear el término División en lugar de filo, siendo ambos términos equivalentes (Cfr. DEL BAÑO BREIS, Francisco. Op. cit. Pág. 91). 14 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. 70. 15 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 62. 16 Ibídem. 17 Ibídem. Pág. 112.
  16. 16. 16 en alta medida la dignidad del hombre, “los análisis de la ciencia y de la historia son a menudo exactos pero no arrebatan absolutamente nada a lo todo-poderoso divino, ni a la espiritualidad del alma, ni al carácter sobrenatural del cristianismo, ni a la superioridad del hombre sobre los animales” 18 . La hiperfísica es visión de las grandes líneas que hay en la estructura de la realidad y que se ponen de manifiesto mediante una comparación entre los resultados de las ciencias positivas en si distintas. La evolución comprende toda la realidad. Existe continuidad entre evolución cósmica, vital y humana, entendiendo la realidad como una estructura dinámica que se trasforma continuamente, no con esto queriendo decir que el universo es un continuo caos, sino que las modificaciones que en el acontecen se producen dentro de un engranaje fijo. Toda la realidad material de la cual salió la vida y como coronación el hombre, revela un tipo de marcha muy determinado, dentro de la cual resulta siempre de la esencia más simple el ente mas complicado. Por ejemplo, en la historia del universo nacen, del enlace de átomos, moléculas; de megamoléculas, seres unicelulares, y de varias células, entes de una especie superior, “mientras el mundo de los átomos se comporta como una especie de ensamblaje rígido, el mundo de las moléculas, por el contrario muestra una verdadera plasticidad interna que le permite pasar, por así decir, y emitir especie de “pseudópodos19 ” en toda dirección favorable, tal es la forma del grupo extraordinario de las proteínas”.20 En el universo hay no solo continuidad entre la materia inerte y animada y el hombre, sino también un ascenso. En el correr de la evolución del universo y de la vida aparece siempre lo superior saliendo de lo inferior. Se entiende como superior lo más complejo como estructura material y al mismo tiempo lo mas vital y consciente. Esto no indica que haya una separación entre materia y conciencia, en otras palabras todo ente tiene su propio grado de estructura material y, en consecuencia su propio grado de vitalidad y conciencia. Desprendiéndose de esto que lo vital no esté herméticamente separado de lo prevital, ni lo humano de lo prehumano, sino que uno nace siempre de lo otro. Una evolución “que salió hacia algo que se libra de la muerte total, es la mano de Dios que nos devuelve a el”.21 Pero hay que resaltar que la continuidad implica una discontinuidad, es decir, al surgir la vida de lo otro esta es diferente. Es cierto que el hombre evoluciona desde lo prehumano pero al mismo tiempo es más que el animal. Teilhard establece con lo anterior su conocido factor “dialéctico”. Así lo afirman las expresiones del libro “el porvenir del hombre”, “anatómicamente el hombre difiere tan poquísimo de los grandes primates que, aplicando brutalmente los criterios 18 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. Ciencia y Cristo. Taurus. Madrid. 1968. Pág. 57 19 Extensión citoplasmática de ciertas células y seres unicelulares, las cuales sirven para la locomoción y para apresar alimentos. Pueden ser filosos, lobados y reticulados. Ej. La ameba se mueve gracias a sus seudópodos. A la hora de utilizarlo para la alimentación, lo encierra mediante endocitosis (Cfr. DEL BAÑO BREIS, Francisco. Op cit. Pág. 190). 20 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. Pág. 33 21 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. Ciencia y Cristo. Op. cit. Pág. 244
  17. 17. 17 habituales de clasificación zoológica su grupo no representa más que un grupo ínfimo en los cuadros de la sistemática, y “biosféricamente”, sin embargo, el mismo hombre ocupa sobre el globo un lugar no sólo preponderante, sino hasta cierto punto exclusivo, entre los demás vivientes. Por sí sola, la pequeña familia de los homínidos, la última aparecida sobre el tronco de la evolución, y ha alcanzado una existencia equivalente, o incluso superior, a la de las mayores capas de vertebrados que ocuparon la tierra”.22 La tesis de Teilhard del paralelismo entre estructura material y vida o conciencia, se representa, dentro de la rama superior de la vida, en el paralelismo entre el aparato cerebro-nervios y la conciencia: cuanto más complicado es el aparato cerebro-nervios tanto más alta es la forma de la conciencia. “Lo único que cuenta definitivamente en la clasificación absoluta, es decir por orden de complejidad, de los vivientes superiores es la perfección en estructura y en organización funcional de sus neuronas funcionales”23 . Desde la aparición del hombre, todo progreso puede caracterizarse como crecimiento de la libertad, y toda evolución anterior a la génesis del hombre como crecimiento hacia la libertad. La teoría de la evolución de Teilhard contiene un llamamiento a la libertad humana, pues el parte de la suposición de que en el curso de la evolución, se desarrolla en el hombre un sentido de responsabilidad frente a esta. Con lo anterior Teilhard considera que el fundamento de toda ética es el trabajo en el progreso del mundo, que al mismo tiempo es fomento de la libertad humana. Pero esta libertad no se entiende como algo absoluto, sino que es una libertad para algo, es decir: libertad significa tener la opción de realizar la verdad y la sinceridad, la justicia y el amor. El pensamiento de Teilhard vislumbra como el hombre actual se incardina hacia la sinceridad, quiere encontrarse a si mismo. El estadio de autoconciencia de la evolución ya alcanzado, encierra la posibilidad de una intervención humana tanto positiva como negativa. La humanidad ha tomado en las propias manos la evolución y, con ella la posibilidad de anularla, “la evolución, al reflejarse sobre sí en el hombre, no solo se hace consiente de si misma, al mismo tiempo, y por añadidura, se hace capaz, en cierta medida, de dirigirse y de acelerarse a si misma”24 . Sin embargo, Teilhard advierte indicios importantes, en razón de los cuales supone que la humanidad no se decidirá por la autodestrucción sino por una prosecución de la edificación, que es y seguirá siempre siendo demanda de la libertad humana. El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce el máximo de la felicidad que pueda sin disminuir la felicidad de los demás. Y como la felicidad es el valor moral útil y bello al cual aspiramos todos los seres humanos de manera innata con toda la fuerza de la libido y es nuestra experiencia existencial que no podemos evadir ni reprimir. 22 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Porvenir del Hombre. Pág. 192 23 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. 55 24 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. La aparición del hombre. Taurus. Madrid. 1963. Pág. 235
  18. 18. 18 El mundo debe crecer hasta formar una unidad, pero no puede alcanzarse la unidad en última instancia como la base de un ideal abstracto; solo pude lograrse sobre la base de una vinculación plenamente humana, que únicamente puede nacer del amor a una persona. “Lo Uno solo se constituye o se encuentra por medio de la organización de lo múltiple y, por consiguiente, cada elemento, llevado hasta el termino de si mismo, posee la doble propiedad esencial: converger sobre Dios con todos los demás elementos que le rodean; y profundizar sobre si mismo, en lo incomunicable, a medida que se une mas profundamente con el centro divino de toda convergencia”.25 Así aparece Cristo a quien Teilhard denomina Punto Omega26 , en el sentido de ser aquel que atrae a toda la humanidad y la une. Esta unidad debe realizarse conjuntamente por todos: cristianos y no cristianos, blancos y gentes de color, y esta labor común encuentra un inmenso campo de trabajo en los sectores de la política y la economía, de la ciencia y la filosofía. En esa labor los cristianos podrán inspirarse en Cristo, lo cual habrá de llevarlos siempre a ámbitos complementarios. Un cristiano solo puede partir de la presencia real de Cristo en el mundo. Esta unidad en Cristo es la consumación de la realidad terrenal. Teilhard supone que el cosmos revela fundamentalmente un proceso de espiritualización: de la materia nace la vida, de la vida la conciencia y de la vida consciente el hombre autoconsciente (espiritual). La fe en Cristo no aleja al hombre de sus misiones terrenales, sino que lo confirma en ellas. En Cristo, la realidad material, biológica, está divinizada y, por consiguiente, no suprimida, sino asignada precisamente al hombre como su esfera de acción. Al no cristiano, que no logra descubrir sentido alguno en la existencia humana, Teilhard le muestra que el progreso da un sentido inmanente al ser humano en el mundo. Al no creyente, pero que está ya convencido de la posibilidad del progreso, le muestra que el atribuir sentido inmanente a la existencia humana, no está en contradicción con la atribución de sentido transcendente propia de la fe cristiana. Todos los afanes profanos en este mundo, ya sea en la técnica o en la ciencia, en la economía o en la industria, tienen para Teilhard significación religiosa, porque en ellos coopera el hombre en la creación divina y en la redención por Cristo, “en mi opinión, la investigación científica solamente tiene una explicación, hemos de decidirnos a admitir, por la presión de los hechos que el hombre no está terminado todavía en la naturaleza, no está todavía completamente creado sino que, en nosotros y en torno a nosotros, sigue todavía en plena evolución”27 . 25 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. Ciencia y Cristo. Op. cit. Pág. 210 26 Como es la última letra del alfabeto, la omega puede ser usada para denotar el fin de algo, como opuesto de alfa, que simbolizaba el comienzo. Por ejemplo, «Yo soy el alfa y el omega, el primero y el último, el principio y el fin» (Cfr. Biblia de Jerusalén. Apocalipsis 22.13). 27 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. Ciencia y Cristo. Op. cit. Pág. 230
  19. 19. 19 4.1 La evolución del cosmos Para Teilhard la tierra es un fragmento enfriado del sol, “durante una permanencias que no podríamos precisar, pero ciertamente inmensa, la tierra, ya lo suficientemente fría para que pudieran formasen y subsistir en su superficie las cadenas de moléculas carbonadas; la tierra, probablemente envuelta en una capa acuosa de la que emergía solo los primeros brotes de los futuros continentes”. 28 Pero este enfriamiento es de suma importancia para la estructura de la materia. Con elevadas temperaturas ya no puede haber moléculas si no solamente átomos. Con temperaturas aun más elevadas, ni siquiera puede haber átomos, sino solo electrones, protones y neutrones. De esto se infiere que el enfriamiento determinó la estructuración y la complejización de la materia. A medida que aumentó su enfriamiento, la materia de la tierra adoptó su estructura molecular, por la cual está determinada la superficie terrestre con su diversidad de minerales. Para Teilhard la naturaleza logro lo que hasta ahora no se ha logrado en el laboratorio. Durante el proceso de enfriamiento de la tierra debió haber un periodo en que la temperatura de la tierra y el contenido de la humedad de la atmosfera eran de tal índole que ofrecían las condiciones indispensables para la aparición espontanea de megamoléculas (albumina29 ), que luego se convirtieron en los primeros seres unicelulares al complicarse cada vez mas. Cuanto mas compleja es la materia de un ser viviente tanto mayor es su conciencia. Lo viviente es una evolución desde lo inerte, pero lo inerte no puede ser totalmente inerte. Una vez aparecida la vida, la vida evoluciona en muchas formas. Primero aparecen seres unicelulares, sigue luego la abundante multitud de especies en las dos grandes ramificaciones de los reinos vegetal y animal. Según Teilhard no solo hay evolución dentro de las distintas especies, sino que estas mismas especies proceden unas de las otras. “en efecto, para seguir la subida de la complejidad en el dédalo30 de los invertebrados, de los artropoides y de los vertebrados, podemos emplear, como parámetro indicador, la subida correlativa del psiquismo (el progreso de la cerebralización)”. 31 Teilhard argumenta la ley del crecimiento paralelo de complejidad corporal y conciencia en los siguientes términos: La materia abandonada a si misma durante mucho tiempo bajo el juego prolongado y universal de los azares manifiesta la propiedad de disponerse en grupos cada vez más complejos y, al mismo tiempo, cada vez mas revestidos de conciencia; este doble movimiento conjugado de 28 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág. 86 29 La albúmina es una proteína que se encuentra en gran proporción en el plasma sanguíneo, siendo la principal proteína de la sangre y a su vez la más abundante en el ser humano (Cfr. DEL BAÑO BREIS, Francisco. Op. cit. Pág. 17). 30 Laberinto, lugar o asunto enredoso (Cfr. GARCÌA, Ramón. Et al. Diccionario Larousse del Español Moderno. Océano. Barcelona 2005. Pág. 300). 31 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Porvenir del Hombre. Op cit. Pág. 138
  20. 20. 20 enrollamiento físico y de interiorización (o centración) psíquica continua se acelera y se extiende hasta el máximo posible una vez iniciado. El concepto de interioridad no significa una extra población cósmica del siquismo humano, sino la exigencia de los antecedentes necesarios para hacer posible la aparición evolutiva de este psiquismo. El interior Teilhardiano es un efecto progresivo de la evolución y nos rige la marcha de la evolución al ser a partir del hombre. Los conceptos de interioridad e interiorización no son sino primeros esbozos de algo todavía no diferenciado. Complejidad y conciencia son dos conceptos elásticos especialmente el de conciencia, pues con ella no quiere designarse exclusivamente la conciencia humana o reflexión, ni la conciencia ni psiquismo animal, ni conciencia difusa de las partículas difusas de las partículas materiales no vivientes, sino el aspecto común a los tres tipos fundamentales de conciencia, capaz de identificarse evolutivamente con cada una de ellas según la etapa de la cosmogénesis que se considere. Al principio el rasgo común que la conciencia posee en todas las etapas es la de ser la fuerza sintética que, sin interferir los determinismos de la materia, los integra en unidades cada vez más complejas. “ La conciencia es una propiedad universal, común a todos los corpúsculos constitutivos del universo, haciendo la reserva de que la propiedad en cuestión varia entonces proporcionalmente a la complejidad de cada especie de corpúsculo considerado, lo cual equivale a decir que el psiquismo, de los diversos elementos que forman el mundo pueden ser tan pequeños o tan grandes como se quiera según el grado en que uno se sitúe en la escala astronómicamente constituida de las complejidades actualmente conocidas”.32 Mientras la conciencia se precisa a medida que nos acercamos al hombre la complejidad se oscurece en esta misma medida, “la materia ha alcanzado sobre la tierra con el Homo sapiens su máximo centro-complejidad, a partir de ahora, sobre el planeta, se habrá detenido por completo el proceso de super- moleculización”. 33 El cosmos, en proceso de cosmogénesis, es visto por Teilhard como un sistema, un totum, “tejida en una sola pieza, siguiendo un solo y mismo procedimiento, pero que de un punto a otro nunca se repite, la trama del universo corresponde a un sólo modelo: constituye estructuralmente un todo”34 y un quantum. El concepto de sistema nos habla de interrelaciones dentro de un conjunto cerrado sobre si mismo, con capacidad de autorregulación y autonomía, el sistema constituye un grupo estructuralmente terminal, diferente a un astro o un cristal, en los que el conjunto es accidentalmente delimitado, donde no hay ninguna huella de una unidad limitada con relación a sí mismo. En los cristales se da una simple repetición geométrica indefinida de unidades, por variadas que sean y numerosos 32 Ibidem. Pág. 160 33 Ibidem. Pág. 140 34 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág 55
  21. 21. 21 los ejes de su disposición, así, pues, Teilhard de Chardin considera a todo el cosmos como un bloque: “mirando a nuestro alrededor hasta donde alcanza nuestra vista, el universo se sostiene por su conjunto”.35 Este universo es un todo (totum) tejido, “es una sola pieza, siguiendo un solo y un mismo procedimiento, pero que de un punto a otro nunca se repite”. Y para que el todo se constituya y se mantenga debe hacer una continua interacción entre todos los elementos. Y ello por causa del todo, puesto que existe, debe expresarse en una capacidad global de acción, cuya resultante parcial encontramos en cada uno de nosotros. De esta manera nos vemos conducidos a buscar y a concebir una medida dinámica del mundo. A esta dinamicidad es a lo que Teilhard ha dado el nombre de Quantum. “Quantum que no llega a adquirir plenamente su sentido más que cuando intentamos definirlo en relación con un movimiento natural concreto: es decir, en la duración”. 36 De esta manera para Teilhard de Chardin cada elemento del cosmos esta positivamente entretejido en todos los demás gracias a los misteriosos fenómenos de composición. Es imposible romper esta red, imposible aislar una sola pieza sin que se deshilache toda ella y se deshaga por todos sus extremos, “el radio de acción propio de cada elemento cósmico debe ser prolongado en línea recta hasta los confines últimos del mundo, toda vez que el átomo, según decíamos antes, es naturalmente coextensivo a todo espacio en el que se nos sitúa, nos es forzoso admitir que es ésta inmensidad la que representa el campo de acción común a todos los átomos”37 . La trama del universo es el universo mismo. Para Teilhard, pues, la vida, esa delgada película que constituye la Biósfera, sobre uno de los planetas del sistema solar tan ridículamente localizada, en el espacio de un instante, sobre una partícula sideral. Es una cualidad inherente a la materia y no un epifenómeno. La vida no es una anomalía curiosa, floreciente esporádicamente sobre la materia, sino que la vida es una exageración privilegiada de una propiedad cósmica universal; la vida no es un epifenómeno sino la esencia misma del fenómeno, “la vida tiende cada vez más a manifestársenos, científicamente, como un efecto específico de complicación corpuscular, vinculado a la edificación de partículas muy grandes y muy complejas, a pesar de la presencia de numerosos umbrales críticos, la curva que va de las grandes moléculas a los seres multicelulares continúa, en efecto, sin ruptura alguna: ésta curva es precisamente aquella según la cual emergen los efectos vitales de indeterminación, autoordenación y conciencia”.38 35 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. Ciencia y Cristo. Op cit. Pág 210 36 Ibidem 37 Ibidem 38 Ibidem. Pág 242
  22. 22. 22 4.2 La vida, efecto material de la complejidad Para Teilhard de Chardin la vida no es otra cosa, para la experiencia científica, que un efecto específico. La vida para Teilhard no será una anomalía inexplicable, es la creación racionalmente esperada de una involución o enrollamiento cósmico. “De un modo totalmente general, podríamos decir que la vida se presenta en adelante a la ciencia, no ya como una anomalía físico-química, sino como la forma extrema que asume en determinadas condiciones una propiedad universal, aunque generalmente oculta, de la trama cósmica, esto equivale a decir que la vida puede considerarse legítimamente como en presión, desde siempre y en todas partes, en el universo y que allí donde aparece se intensifica todo lo que puede, en las inmensidades del tiempo y el espacio”39 . Decíamos anteriormente que para Teilhard la vida nace de la complejidad: “La vida se ofrece experimentalmente a la ciencia como un efecto material de complejidad”40 . Y en otro lugar, “una observación más completa de los movimientos del mundo nos obligaría (…) a descubrir que si las cosas se sostienen no es más que fuerza de la complejidad”41 . Podemos preguntarnos: ¿qué entiende Teilhard por complejidad o como se refiere en otras ocasiones “eje de complejidades”?. “El universo, observado en la dirección de su eje de complejidades, digo bien, se halla en un conjunto y en cada uno de sus puntos en una continua tensión de repliegue orgánico sobre sí mismo, y por tanto, de interiorización”.42 La complejidad no es, en primer lugar una simple agregación de elementos ordenados, no es tampoco la simple repetición geométrica, indefinida de unidades, como podría ser un cristal. Para Teilhard no es sobre dos infinitos, (recordando los infinitos de Pascal: lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño), sino sobre tres infinitos sobre los que el mundo está construido espacialmente. A lo ínfimo y a lo inmenso habría que añadir lo inmensamente complicado. “La biología no sería sino la física del complejo muy grande”.43 Teilhard de Chardin afirma que la complejidad es el resultado de la combinación o “tal como yo lo comprendo aquí la complejidad es una heterogeneidad organizada, y por consiguiente centrada”44 . La heterogeneidad es una de las características fundamentales del cosmos: “tejida en una sola pieza y siguiendo un solo y mismo procedimiento, pero que de un punto a otro nunca se repite la trama del universo, corresponde a un solo modelo: constituye estructuralmente un todo”45 . 39 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 28 40 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. 23 41 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 57 42 Ibidem. Pág 303 43 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. 28 44 CUENOT, C. Nuevo léxico de Teilhard de Chardin. Taurus. Madrid. 1992. Pág. 77 45 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 29
  23. 23. 23 Unidad- diversidad es una de las antinomias de la vida, puesto que aparentemente pueden predicarse a la vida tanto la unidad como la diversidad de la vida. La vida es una en su origen (monofiletismo46 ), es una porque todos los organismos vivos tienen los mismos componentes bioquímicos: las cuatro bases de los ácidos nucléicos, los mismos 20 aminoácidos proteinogenéticos y el mismo código genético, así como las cadenas metabólicas son esencialmente las mismas. Sin embargo, la vida es, a su vez, maravillosamente diversa en todas las manifestaciones, a veces tan sorprendentes, de la gran variedad de seres vivos. Teilhard propone una gran solución ante esta antinomia: la vida constituye una biota47 (agrupación verticilar cuyos elementos, no solo se encuentran emparentados por nacimiento, sino que también se sostiene y se completa mutuamente en el esfuerzo por subsistir y propagarse) única: “profusión tanteante, ingeniosidad constructiva, indiferencia para todo cuanto no es porvenir y totalidad. La vida en virtud de sus mecanismos elementales, va elevándose, gracias a estos tres vectores y gracias también a un cuarto que los envuelve a todos: el de una unidad global (…) pues, “considerada en su totalidad la substancia viviente extendida sobre la tierra dibuja, desde los primeros estudios de la evolución, las alineaciones de un único y gigantesco organismo” 48 . Ese único y gigantesco organismo, se va concentrando a través del tiempo en las innumerables manifestaciones del reino vegetal y del reino animal. 4.3 La célula, unidad de vida Teilhard de Chardin ha afirmado que solamente existe un modelo estructural, modelo que en virtud de la diversidad nunca se repite en su concreción externa ¿cuál es ese modelo a nivel físico y a nivel estructural? El modelo a nivel físico es la célula. La vida propiamente dicha comenzó cuando empezó a existir la primera célula. “Cuanto más concentrada la ciencia, desde hace un siglo, sus esfuerzos sobre ésta unidad química y estructuralmente ultracompleja, más evidente resulta que tras ella se oculta el secreto cuyo conocimiento establecería el lazo de unión, presentido, pero no verificado aún, entre los dos mundos de la física y la biología. La célula es grano natural de vida, tal como el átomo es el grano natural de materia inorganizada”49 . Teilhard acusaba a los citólogos e histólogos de haber congelado a la célula para su estudio. “Nos hemos ocupado mucho de sus diferencias, es decir, todo lo que constituye la biología descriptiva: microbiología, zoología, botánica-, conviene, converger nuestras investigaciones hacia sus orígenes, es decir hacia las raíces que ahondan el no inorganizado, si queremos poner el dedo en la verdadera 46 Filiación de un grupo de organismos a partir de un tronco único por ramas divergentes (Cfr. LUNA MENDES, Rafael. Dorland Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Medicina. Elsevier. Madrid. 2005. Pág. 1252) 47 El término biota designa al conjunto de especies de plantas, animales y otros organismos que ocupan un área dada ((Cfr. LUNA MENDES, Rafael. Op cit. Pág. 236) 48 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág. 137 49 Ibidem. Pág 87
  24. 24. 24 esencia de su novedad, tratemos de ver en que se convierte si la contemplamos y la tratamos como es debido, como algo a la vez largo tiempo preparado y profusamente original; es decir, como algo nacido “50 . En la célula es donde, para Teilhard de Chardin, aparece la trama del universo con todos sus caracteres: sistema, totum y quantum. Sin ninguna duda, la célula supone un peldaño ulterior de complejidad y por consiguiente un grano superior de interioridad, es decir de conciencia. Debe advertirse que para Teilhard de Chardin la trama del universo es una trama doble: el ser concreto en que se haya constituido el cosmos y que no se confunde con la materia, ya que representa lo mismo “interior” (la conciencia) que un “exterior” (la materia). Es el espíritu-materia lo que constituye la trama del universo evolutivo y cuya unidad no se rompe ni por molecularización ni por los umbrales. Tenemos formulada por el mismo Teilhard ese procedimiento que a nivel estructural, nunca se repite y es la ley teilhardiana de la complejidad-conciencia. Esta ley formulada por Teilhard de Chardin como guía fenomenológica para la mejor comprensión del fenómeno vital. El término conciencia es usado por Teilhard sin tener en cuenta su etimología y designa cualquier forma de psiquismo desde el más elemental hasta la forma más elevada la conciencia reflexiva. “La conciencia, es decir, lo de dentro- captable experimentalmente, o bien (por infinitesimal) inasible- de los corpúsculos tanto previvientes como vivientes”51 . Para Teilhard de Chardin es posible medir el grado de psiquismo o conciencia. Todo ser en el universo posee su centro de convergencia. Así, la vida no es aparentemente otra cosa que la exageración privilegiada de una deriva cósmica fundamental que puede denominarse “ley de la complejidad-conciencia” y que puede expresarse como sigue: abandonada durante mucho tiempo así misma, bajo el fuego prolongado y universal de las probabilidades, la materia manifiesta la propiedad de entrarse en agrupaciones cada vez más complejas y al mismo tiempo cada vez con más aumento de conciencia; de manera que éste doble movimiento conjugado de enrollamiento psíquico y de interiorización (o centración) psíquica se prosigue, se acelera y se ve impulsado lo más lejos posible, una vez iniciado . Es “en la célula, a la vez tan una, tan uniforme y tan complicada, donde reaparece en suma la trama del universo con todos sus caracteres, aunque elevada ésta vez a un peldaño ulterior de complejidad y por consiguiente, y al mismo tiempo a un grado superior de interioridad es decir, de conciencia”52 . Recordemos que los caracteres de la trama del universo es ser: un sistema, totum y quantum. La aparición de la primera célula supone un paso decisivo en el proceso de la conciencia sobre la tierra. Ahora bien, para Teilhard de Chardin no supone la aparición de la vida, en la forma celular un inicio absoluto, sino como él dirá una 50 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág 88 51 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op cit. Pág. 37 52 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág. 95
  25. 25. 25 metamorfosis. ¿Cómo ha podido llevarse a cabo? Para Teilhard la respuesta está una vez más en la organización estructural externa de los componentes celulares y en la aparición interna de un nuevo tipo de actividad. 4.4 El proceso de la evolución, La ortogénesis53 Ciertamente para Teilhard de Chardin en el proceso de la evolución de la vida hay dos puntos críticos: la biogénesis (origen de la vida propiamente dicha, punto de vitalización o como le gustaría decir de filetización) y, antropogénesis, o punto de hominización o de aparición de la reflexión. Entre estos dos puntos críticos yace todo el proceso evolutivo. El proceso que para Teilhard puede explicarse por “una corriente constante, perenne de complejificación interiorizante”54 . Independientemente de toda interpretación científica (y todavía menos finalista) por nuestra parte, el universo como si se hallara “lastrado” de complejidad, cae por arriba sobre formas de disposición cada vez más perfeccionadas. La complejidad va a ser para Teilhard el motor impulsivo de la evolución, de alguna manera semejante al élan vital55 de Bergson. “La complejidad no podría desarrollarse en el interior de cada corpúsculo sin arrastrar, correlativamente y en rápida sucesión, un entrelazamiento de relaciones, un equilibrio delicado, y perpetuamente móvil, entre corpúsculos vecinos” 56 . Debemos notar aquí que la actual teoría de aparición de los organismos eucariotes (organismos unicelulares o pluricelulares cuyas células tiene un núcleo bien definido) confirma, de alguna manera, la hipótesis teilhardiana de que una simbiosis entre organismos procariotes (unicelulares sin núcleo definido) es el origen de los organismos eucariotes. He aquí la hipótesis avanzada por Teilhard de Chardin en 1950: “por granulosa y discontinua que haya podido aparecer a sus comienzos la capa de materia vitalizada, ya desde esta fase elemental una red de afinidades y de atracciones profundas (destinadas a afirmarse cada vez más) reunía y tendía a acercar cada vez más estrechamente sobre sí misma, en una amplia simbiosis, esta multitud innumerable de partículas tan cargadas de potencia germinal”.57 53 La Ortogénesis, evolución ortogenética, evolución progresiva o autogénesis, es una hipótesis biológica según la cual la vida tiene una tendencia innata a evolucionar de un modo unilineal debido a alguna "fuerza directriz", ya sea interna o externa. La hipótesis tiene bases filosóficas de esencialismo, finalismo, y de teología, y propone una fuerza intrínseca que lentamente transforma las especies. George Gaylord Simpson en 1953 en un ataque a la ortogenesia llamó este mecanismo “la misteriosa fuerza interna” (Cfr. AGUIRRE, Emiliano. La Ortogénesis y el Problema de la Evolución Biológica. Editorial Universidad de Madrid. Madrid. 1990. Pág. 25 ) 54 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op cit. Pág. 36 55 Élan vital es un término introducido por el filósofo francés Henri Bergson, traduciéndose normalmente como "fuerza vital" o "impulso vital". Es una fuerza hipotética que causa la evolución y desarrollo de los organismos (PAPANICOLAOU, Andrew, C. Academia de Publicaciones Harwood. New York. 1987. Pág 343. 56 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. 46 57 Ibídem. Pág. 21
  26. 26. 26 Teilhard es consciente de que el término ortogénesis es muy discutido dentro de los biólogos. Teilhard va a distinguir entre ortogénesis pasiva u orto-selección y ortogénesis activa u orto-elección. Llegada la evolución al hombre, “desde el hombre y en el hombre, la evolución simple tiende gradualmente a trocarse en un auto (o self) evolución”58 . En el pensamiento Teilhardiano, por tanto, no tiene sentido el puro azar. El azar ese encuentro fortuito de determinismos elementales que imita al acto intencional. La solución para Teilhard estará en el tanteo. “la técnica fundamental del tanteo, ese arma específica e invisible de toda multitud en expansión”59 . El tanteo en el que se combina la ley de los grandes números y la finalidad hacia una meta pretendida; es lo que Teilhard de Chardin originalmente ha llamado azar dirigido: “llenarlo todo para ensayarlo todo. Ensayarlo todo para llenarlo todo”60 . 4.5 Sobre la diversidad de los vivientes Veíamos anteriormente que la simbiosis entre los granos elementales de vida, según Teilhard de Chardin, daría explicación de las exuberantes ramificaciones del árbol de la vida tal como lo apreciamos en un corte sincrónico en la actualidad, o como la paleontología nos lo muestra por el registro fósil llegado hasta nosotros. Según Teilhard: “es imposible poner orden dentro de éste fenómeno enorme y complejo sin analizar primero los procedimientos imaginados por la vida para progresar en cada uno de sus elementos considerados de manera aislada”61 . Una vez más Teilhard personifica la vida y la hace sujeto de la investigación de los movimientos elementales que llevan a la explosión de formas, a veces tan fascinantes de los organismos vivientes. Teilhard es consciente de esa hipostatización y llega a exclamar: “la vida, más real que las vidas” 62 . Los movimientos elementales o procedimientos de los que la vida se vale para llegar a esa inmensa variedad serían, según Teilhard: reproducción, multiplicación, la renovación, la conjugación, la asociación y la actividad dirigida. La reproducción es el procedimiento para asegurar la permanencia de lo inestable en el caso de los vastos edificios moleculares de los que están compuestos los seres vivos. “en sí misma, la división celular parece provocada por la simple necesidad en que se encuentra la partícula viviente de hallar remedio a su fragilidad molecular y a las dificultades relacionadas con la dificultad de sus crecimiento” 63 . Cuando la reproducción se hace sexuada aparece una nueva fuente de heterogeneidad: lo que en principio es sólo un azar , o un medio de supervivencia, se haya inmediatamente transformado y utilizado como un instrumento de progreso y reconquista. 58 TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. Visión del pasado. Taurus, Madrid. 1958. Pág. 327 59 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 118 60 Ibídem. 61 Ibídem. Pág. 119 62 Ibídem. Pág. 127. 63 Ibídem. Pág. 121
  27. 27. 27 La autoduplicacíon indefinida de las partículas vivientes (de los ácidos nucleicos DNA y RNA, de nuestro lenguaje actual), parece, dice Teilhard de Chardin que no conoce otros límites “que la cantidad de materia ofrecida a su funcionamiento” la vida posee una fuerza de expansión tan invencible como la de un cuerpo que se dilata o se evapora”64 . Nada puede detener esa fuerza expansiva. No existe nada lo suficientemente grande para apagar éste fuego constructor y devorante. A juicio de Teilhard, la renovación conduce a la “pluralización” tanto en la forma como en el número, la mutación genética es el mecanismo por el cual se produce esa “irisación” en una gama indefinida de totalidades. También Teilhard de Chardin intuyó el significado que para la variabilidad de los seres vivos y por consiguiente de la evolución tenía el hecho de la producción sexual “conjugación” como intercambio de información. “en lugar de irradiar a partir de cada centro en vía de división, los radios de Vida empezaron desde entonces a anastomosarse intercambiando y variando sus riquezas respectivas”. Finalmente la vida según Teilhard, ha conseguido el gran recurso de poder acceder a planos cada vez más complejos por el fenómeno de la actividad. De una manera más general y profunda, las renovaciones posibilitarias por cada reproducción hacen más que sustituirse; unen unas a otras su suma que es creciente en un sentido determinado. Disposiciones que se actúan u órganos que se ajustan o se superponen. 64 Ibídem. Pág. 88
  28. 28. 28 5. CIENCIA Y FE EN TEILHARD DE CHARDIN Los pensamientos de Teilhard fueron vistos con sospechas en ambientes eclesiásticos, sobre todo por su incorporación de la ideas biológicas al pensamiento cristiano y sus ideas sobre el origen del hombre, el pecado original y el papel de Cristo en un universo evolutivo, por lo que no se permitió la publicación de su obra solo hasta después de su muerte. El mismo Teilhard era consciente de la novedad de su planteamiento y de los choques que algunos de sus aspectos tenían con la doctrina tradicional cristiana, “me impresiona mucho observar que la Iglesia carece casi por completo de un órgano de investigación (a diferencia de todo lo que vive y progresa en torno a ella). Ahora bien solamente podrá conservar la fe luminosa, para sus hijos y para los extraños, investigando con esas investigaciones que se siente que constituyen una cuestión de vida o muerte”.65 En el nuevo diálogo surgido entre ciencia y fe, el pensamiento de Teilhard ha sido poco citado, encontrándose muchos de sus libros archivados en los armarios de las bibliotecas, desconociendo todo el objetivo de su pensamiento “definir experimentalmente ese misterio humano, fijando estructuralmente e históricamente su posición actual con relación a las demás formas que, en el curso de los tiempos, adoptó en torno a nosotros la materia cósmica”66 , y más si se tiene en cuenta la tendencia, en la sociedad del conocimiento, que es socializar muy rápidamente el conocimiento adquirido. Es muy poco el tipo de conocimiento que se reserva en secreto y podría decirse que sería el que representa posibilidades de incremento del poder, especialmente que busca implementarse en instrumentos. Su pensamiento se remonta hasta su niñez, el interés por las ciencias naturales comenzó a vibrar rápido en el corazón de Teilhard, esto lo atestigua las palabras recogidas en “el fenómeno humano”: “Es normal que al término de una vida de investigación científica, un sabio experimente el deseo de reunir la multiplicidad de sus observaciones y sus consideraciones en una síntesis armónica, y también el de dar forma a la visión del mundo que se fue forjando poco a poco, esta necesidad de síntesis será tanto más emotiva cuando el objeto de su estudio y reflexión esté en relación más estrecha con el desarrollo general de la ciencia o con los grandes problemas de la existencia humana”.67 5.1 La ciencia camino para entender la religión En la obra Teilhardiana hay una gran estimación por la ciencia y el papel que juega esta en el desarrollo evolutivo de la historia humana, “para hombres como vosotros destinados a asociar en una misma existencia el trabajo científico y el 65 DE CHARDIN, Teilhard. Carta al P. Fontoynont., 26 de julio de 1917. Taurus. Madrid. 1965. Pág. 5 66 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. 25 67 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 284
  29. 29. 29 esfuerzo cristiano es indispensable que las relaciones mutuas de los dos terrenos ciencia y religión sean de la máxima claridad”68 . Se debe “creer” en el trabajo científico, que cuando se sigue con fe constituye la fuente de una única mística humano-cristiano que puede contribuir a crear una verdadera unanimidad humana. El conocimiento científico-tecnológico ya se está configurando como la matriz de una nueva sociedad que será la predominante en el tercer milenio. Su fuerza radica en el hallazgo sorprendente del conocimiento como fuente de riqueza, al cual se le han adherido en matrimonio indisoluble el capital internacional y las ansias de poder político. Las palabras ciencia y tecnología han evolucionado hacia una síntesis llamada tecnociencia, la cual da buena cuenta del conocimiento útil. El que corresponde al saber hacer, ante sus amos económico y político. Esta dinámica que involucra también a los países del tercer mundo en condiciones neocolonialistas, cobra el nombre de “sociedad del conocimiento”, también llamada sociedad del riesgo, y sugiere una urgentísima toma de conciencia bioética puesto que está afectando nuclearmente al mundo de la vida. La relación del trabajo científico con el espíritu religioso que Teilhard considera necesario, es para él una consecuencia de una visión totalitaria, en la que el cosmos se encuentra como linealidad matemática cruzada por la presencia divina donde se verifica el hecho que la investigación científica ha llegado a ser cuantitativa y cualitativamente la forma principal de la actividad humana. Hoy se observa como la actividad científica se ha convertido en la actividad primordial del hombre, tratando de mejorar las condiciones de vida humana, cumpliendo el designio divino, lo anterior lo confirma las palabras de Teilhard, en una ponencia del 20 de Agosto de 1947: “Nosotros sacerdotes Jesuitas no sólo debemos interesarnos y prestarnos, sino también creer en la investigación (realizada con fe) es el terreno mismo en el que tienen probabilidades de elaborarse la única mística humano-cristiana que pueda hacer mañana una unanimidad humana”69 . La tensión entre ciencia y religión tiene que ser leído hoy con un transfondo de evolución cósmica, que permita a la ciencia convertirse en una forma de adoración divina. Teilhard considera con optimismo a las ciencias, como el verdadero motor del progreso humano. Más aún, la ciencia no sólo constituye, para él, la fuente de conocimiento y comprensión sobre el universo, sino que se abre hacia formas más profundas de comprensión de la realidad, de forma que se puede decir que ella tiene en sí misma un carácter realmente religioso. Esto sólo se puede entender desde su punto de vista, en el que se da a la ciencia un sentido más amplio que el normalmente aceptado. En efecto “al revelarnos la estructura sintética del mundo, ésta misma penetración científica de las cosas nos hace volvernos y nos lanza, por su prolongación natural, hacia el centro único de las cosas, que es Dios Nuestro Señor”70 , para él la ciencia no se limita al conocimiento de la estructura y 68 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. Ciencia y Cristo. Op. cit. Pág. 232 69 TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 236 70 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 47
  30. 30. 30 funcionamiento del mundo material, sino que se extiende más allá de lo que generalmente consideramos sus límites para extenderse a todos los aspectos de la realidad en los que entran también la dimensión espiritual y trascendental. El objetivo directo y primario de las tecnociencias no es generar valores o antivalores. Su interés fundamental es lograr el conocimiento de cómo están hechos el cosmos y el hombre para intervernirlos en búsqueda de solucionar problemas prácticos y utilitarios. Este conocimiento de la materia-energía y el poder de manipularla han crecido de tal manera y es tan fascinante lo que se ha logrado y lo que se avisora para el futuro, que se ha puesto en el primer plano de la conciencia y de la ambición humana el desarrollo tecnocientífico como la panacea para resolver todas sus necesidades reales y ficticias. Es imposible querer comprender la idea de ciencia en Teilhard, si antes no se entiende ésta dentro de la evolución del hombre y a su vez la evolución del cosmos. El universo se sumerge en un proceso evolutivo, donde la evolución humana es parte fundamental de este proceso, “el hombre es una parte de la vida y es incluso la parte más característica, la más polar, la más viva de la vida, imposible, pues, apreciar convenientemente su posición en el mundo sin fijar primero el puesto que la vida ocupa en el universo; es decir, sin reconocer y decidir antes que nada lo que representa la vida en la estructura cósmica general, aun cuando para hacerlo sea preciso servirse más o menos conscientemente de los índices que nos suministra la inspección del hombre mismo”71 . Por tal motivo la ciencia evoluciona porque evoluciona el hombre en un proceso de perfección. En el universo convergente hacia la perfección o Punto Omega, que en otras palabras es Dios, todo movimiento de convergencia o de perfección adquiere un sentido religioso, por este hecho, la ciencia es vista como colaboradora en el movimiento de convergencia a Dios, “para que el fracaso que nos amenaza se convierta en éxito es necesario y suficiente el prolongar nuestra ciencia hasta sus límites últimos, que reconozcamos y aceptemos como algo necesario para cerrar y equilibrar el espacio-tiempo, no sólo el hecho de alguna existencia vaga en el porvenir, sino todavía, la realidad y la irradiación, ya actuales, de éste misterioso centro de nuestros centros que he llamado Omega”72 . En el cosmos en el que todo se dirige finalmente a una convergencia a través del espíritu hacia Dios, tenemos que reconocer en la ciencia un significado de comunión trascendental. La ciencia como camino para encontrar a Dios no puede convertirse por ningún motivo en un hecho para alejarse de él, por tanto es imposible a través de Teilhard querer establecer una lucha constante entre la ciencia y la religión, su invitación es “ante todo, no temamos y no nos escandalicemos erróneamente de los resultados de la investigación científica, sea física, biológica o histórica; los análisis de la ciencia y de la historia son a menudo exactos, pero no arrebatan absolutamente nada a lo todo-poderoso divino, ni a la espiritualidad del alma, ni al carácter 71 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Grupo Zoológico Humano. Op. cit. Pág. 129 72 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. Ciencia y Cristo. Op. cit. Pág. 286
  31. 31. 31 sobrenatural del cristianismo, ni a la superioridad del hombre sobre los animales”.73 Para lograr esta relación entre ciencia y fe, introduce, el rol de Cristo en un universo convergente, donde Él es el Punto Omega, que se hace presente en el mundo, en el corazón de la materia, para llevar esta a la consumación de la evolución, pues “cuando cristo haya vaciado de sí mismo a todas las potencias creadas (rechazando lo que es factor de disociación y sobre animando todo cuanto es fuerza de unidad) consumará la unificación universal entregándose, en su cuerpo completo y adulto, con una capacidad de unión al fin completa, a los brazos de la divinidad”74 . Con lo anterior se afirma que la ciencia no se opone a la fe, antes bien, ésta se convierte en una preparación para ésta. En efecto, la ciencia prepara al hombre para encontrar el profundo sentido oculto de la realidad, que para Teilhard está fundamentado en la convergencia de toda la evolución finalmente hacia Dios. Una vez que nosotros aceptamos que nuestro universo es un universo en convergencia hacia su unión con Dios, a través del sentido de un incremento continuo de la conciencia, el trabajo científico adquiere por sí mismo un sentido religioso, en éste contexto afirma: “la evolución es hija de la ciencia, pero, a fin de cuentas lo que salvará mañana en nosotros el gusto de la evolución es sin duda la fe en Cristo”75 , concluyendo “la ciencia con sus análisis no debe de preocuparnos en nuestra fe. Debe, por lo contrario, ayudarnos a comprender y apreciar a Dios”. La ciencia al buscar encontrar la Verdad Última, llega en última instancia a encontrarse con la fe “porque la investigación es la forma en la que se esconde y opera más intensamente en la naturaleza y a nuestro alrededor, el poder creador de Dios a través de nuestra investigación”76 . Por tal motivo es algo irracional oponer la ciencia a Cristo, o separarlos como dos realidades indiferentes la una para con la otra. La ciencia por sí sola no puede descubrir la Verdad, pero la fe puede desvelar éste misterio en la escuela de la ciencia, las palabras de Ciencia y Cristo son muy claras: “decir, por lo tanto, a un religioso que haga ciencia sin permitirle, al mismo tiempo repensar toda su visión religiosa es, darle una consigna imposible, condenarle de antemano a resultados mediocres, en una vida interior dividida”77 por otra parte “la ciencia es la hermana gemela de la humanidad, nacidas a la vez, ambas ideas crecieron conjuntamente hasta alcanzar un valor casi religioso en el curso del último siglo, ambas conocieron después las mismas desgracias, lo que no les impide, de ningún modo, apoyadas una con otra, representar, siempre y más que nunca, las fuerzas ideales 73 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág. 45 74 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Porvenir del Hombre. Op cit. Pág. 153 75 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág. 65 76 Cfr. Ibídem. Pág. 76 77 Cfr. Ibídem. Pág. 34
  32. 32. 32 sobre las que insiste nuestra imaginación cada vez que intenta materializar, bajo una forma terrestre, sus razones para crear y esperar”78 . Sin ir muy lejos hoy se puede pensar que la idea de mantener separadas la ciencia y la fe es normal, donde no hay integración entre ellas, pareciendo el pensamiento de Teilhard como algo irreal y tonto. Se cree que al estar separadas se vencen todos los errores que en el pasado se dieron, y se puede hacer una historia más humana. Aunque si se acepta la autonomía de cada una, no se puede dejar que ambas se ignoren, un diálogo que enriquezca se hace necesario entre ellas, pues la fe no puede crecer, sino contemplamos los grandes descubrimientos realizados por la ciencia, “cualesquiera que sean los progresos de las ciencias en el dominio de la materia y en el arte de desencadenar las potencialidades de la vida no tenemos por qué temer que éstos progresos nos obliguen nunca lógicamente a ceder; por el contrario podemos estar seguros que sólo servirán a tender más imperiosamente en nosotros los resortes del esfuerzo moral y religioso”.79 En fin, en la inseparable vinculación hombre-universo, la ciencia fue y sigue siendo la mayor epopeya para hacer eficaz y grata su mutua convivencia. Por muchas que sean las dificultades para reafirmar la alianza entre el hombre y la naturaleza, todo punto de vista moral no podrá pedir a la ciencia otros propósitos que no sean los encaminados a salvaguardar en el futuro lo que reconoce como la esencia actual de ambos. Esto es, en la naturaleza su integridad para proteger en ella todos sus elementos y sus formas de vida: en la humanidad, la libertad, la conciencia y la sensibilidad moral que los hombres del presente debemos legar en testamento, no a los robots, sino a nuestros semejantes del porvenir. Esto no es nada nuevo, ya los teólogos medievales habían sido conscientes de la necesidad de un concreto conocimiento del mundo para la teología. Por otro lado, la ciencia no puede tampoco aislarse totalmente de la fuente de inspiración y las exigencias éticas que nacen de la religión. Aunque no puede olvidarse nunca la necesaria autonomía de la ciencia y la religión, una mutua interacción beneficiará siempre a ambas, y es muy necesaria, “por consiguiente, es inútil, es injusto oponer la ciencia y Cristo o separarles como dos dominios extraños el uno al otro. La ciencia, sola no puede descubrir a Cristo; pero Cristo colma los deseos que nacen en nuestro corazón con la enseñanza de la ciencia; el cielo que hace descender al hombre hasta las entrañas de la Materia en pleno Múltiple, para remontar desde allí al centro de la unificación espiritual, es un ciclo natural.”80 5.2 Lo espiritual de la materia Hoy es muy común encontrar posturas que reconocen la materia como realidad única del universo ajena a todo carácter divino e identificando la ciencia como el 78 Cfr. Ibídem. Pág. 270 79 Cfr Ibídem. Pág. 88 80 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Porvenir del Hombre. Op cit. Pág. 165
  33. 33. 33 único medio para desvelar éste gran misterio, “la ciencia ha decidido ignorar provisionalmente la cuestión de entrelazar de una manera coherente las dos energías del cuerpo y del alma. Sería muy cómodo obrar como ella. Por desgracia, encerradas, como lo estamos aquí, en la lógica de un sistema en el que el interior de las cosas tienen tanto o más valor que su Exterior, tropezamos de lleno con la dificultad, es imposible evitar el choque; es necesario avanzar”81 . Si esto se admite, reconociendo la omnipotencia de la materia, sería válido reconocer la ciencia como único medio que el hombre tiene para buscar la verdad. Teilhard rechaza toda dicotomía entre espíritu y materia, mostrando una dimensión trascendental mística del conglomerado de átomos y moléculas, El comprende ésta realidad desde la conciencia que el hombre posee sobre ésta, en otras palabras si el ser humano es consciente, esta cualidad debe estar presente en la materia, pues la autoconciencia no puede aparecer por azar solo en el hombre como un hecho de casualidad, “capaz de regular de manera flexible en el interior de los cuerpos organizados el movimiento ciego de las moléculas, la vida parece que llega a utilizar incluso en sus combinaciones creadoras las amplias reacciones que nacen fortuitamente a través del mundo entre corrientes materiales y masas inanimadas, parece actuar tan hábilmente con las colectividades y los acontecimientos como con los átomos”82 . Por tanto la conciencia aumenta en la medida que aumenta el grado de complejidad de la materia, de esta forma la conciencia aparece en grado pleno en el hombre cuyo cerebro posee el mayor grado de complejidad. En síntesis la materia tiene un movimiento interno cuya expresión es su carácter espiritual, cuando la complejidad de ésta llega a un cierto grado, aparece la vida, con el desarrollo de la biósfera, donde la vida se direcciona hacia formas cada vez más complejas, incrementando el nivel de conciencia y por tanto el de espiritualidad, “en la célula, a la vez tan una, tan uniforme y tan complicada, es en donde reaparece, en suma, la trama del universo con todos sus caracteres, aunque elevada esta vez a un peldaño superior de complejidad y, por consiguiente, al mismo tiempo a un grado superior de interioridad, es decir, de conciencia”83 . Lo mismo que con la aparición de la vida se creó la biósfera, la aparición de la conciencia desarrollada en el hombre crea una nueva envoltura de la vida, a la que él llamó la “noosfera”. Para garantizar la continuidad del proceso evolutivo, la conciencia que está presente en plenitud en el ser humano, debe estar en una forma primitiva en los otros seres que forman la materia, “si en el árbol de la vida los mamíferos constituyen una rama maestra, la rama maestra, los primates, es decir los 81 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op. cit. Pág. 312 82 Cfr. Ibídem. Pág. 54 83 Cfr. Ibídem. Pág. 106
  34. 34. 34 cerebro-manuales, son la flecha de ésta rama, y los antropoides el mismo brote en que termina ésta flecha”84 . La materia se convierte en la matriz del espíritu, y el espíritu como un estado superior de la materia. La materia misma posee un dinamismo interior que la hace evolucionar hacia cotas85 cada vez más altas de su dimensión espiritual, hasta la aparición explícita de la conciencia y del espíritu en el hombre, “la evolución al reflejarse sobre sí en el hombre, no sólo se hace consciente de sí misma, al mismo tiempo y por añadidura, se hace capaz en cierta medida, de dirigirse y acelerarse a sí misma”86 . No acaba en el hombre éste movimiento evolutivo de la materia hacia el espíritu, pues a través del espíritu humano la evolución de la materia continúa hasta su última realización en la convergencia, como ya se vio, en un punto común convergente, el Punto Omega. La convergencia del movimiento cósmico evolutivo es un elemento esencial en el pensamiento de Teilhard. Para él una evolución que no converja no tiene sentido. En la convergencia en el Punto Omega se realiza la perfección final de toda evolución. En el progreso de la materia hacia el espíritu, Teilhard trata de superar la dicotomía entre materia y espíritu, “lo cual equivale a decir que la complejización de la Materia, considerada en el punto al que actualmente ha llegado en el organismo humano social, es físicamente incapaz de proseguir más lejos, a menos de que intervenga el Espíritu, no sólo con su poder de combinaciones técnicas, sino por sus fuerzas voluntarias y afectivas de disposición y de tensión interna”.87 Entendiendo su pensamiento, para Teilhard, materia y espíritu no son dos realidades opuestas o distintas, sino dos dimensiones en una misma realidad, su pensamiento critica los que hacen esta separación: “la ciencia ha decidido ignorar provisionalmente la cuestión de entrelazar de una manera coherente las dos energías del cuerpo y del alma, sería muy cómodo obrar como ella. Por desgracia o por ventura encerrados como estamos aquí la lógica de un sistema en el que el Interior de las cosas tiene tanto o más valor que su Exterior, tropezamos de lleno con la dificultad, es imposible evitar el choque, es necesario avanzar”88 . Esta concepción de la realidad materia –espíritu no se puede entender fuera de la idea de la existencia de una evolución en la línea hacia una dimensión espiritual, y finalmente hacia un punto común de convergencia, atraída por el super-consciente y super-espiritual Punto Omega hacia el que todo tiende. 84 Ibídem. Pág. 192 85 Nivel superior, o estado de madurez de la conciencia (Cfr. GARCÌA, Ramón. Et al. Op cit. Pág. 225) 86 Cfr. TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. La Aparición del Hombre. Op cit. , Pág. 351 87 Cfr. TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág. 91 88 Ibídem. Pág. 70
  35. 35. 35 El proceso científico actual constata una evolución hacia realidades más complejas, pero sin ninguna direccionalidad, por el contrario, Teilhard partiendo de la dimisión espiritual en el hombre, investiga sobre la naturaleza de la materia en cuya evolución ésta ha surgido, “el establecimiento gradual y el funcionamiento de la humanidad son realidades que podemos ver en continuidad con el desarrollo general del resto de la vida”89 . 5.3 El ser humano como realidad convergente La evolución del universo es fruto del dinamismo interno que posee la naturaleza, que se desarrolla desde formas primitivas unicelulares o biósfera hasta la dimensión consciente en plenitud llamado ser humano o noosfera, en una línea de crecimiento de la complejidad y desarrollo espiritual, “precisamente porque, constituyendo una auténtica singularidad, y no una simple irregularidad en lo evolutivo, lo humano no nace de un accidente, sino del juego prolongado de las fuerzas cosmogónicas, teóricamente sus raíces deben poder ser reconocidas y seguirse hasta perderse de vista en el pasado, hacia atrás no sólo en la mutación nueropsiquica de donde salió hacia fines del Terciario, el primer animal presente en la tierra, sino como más lejos todavía, descendiendo, hasta el punto más bajo de la rama de los primates, y hasta abajo del todo en los mecanismos mediante los que no cesa, desde hace unos cuantos billones de años, de retejarse sobre sí la Tela del Universo”90 . Esta mega-síntesis se realiza movida por una energía radial, siguiendo la línea del eje principal de la evolución, para construir una totalización interior del mundo en la edificación unánime de “espíritu de la tierra”. Que en otras palabras es la lucha interior que mueve a los hombres hacia la consecución de la deseada unificación humana. Dentro de éste proceso se da la personificación como una conciencia que tiene ésta sobre sí. El movimiento de convergencia tiende al Punto Omega, como imán que atrae todo lo existente a su totalidad con el que se desarrolla en la noosfera, “manifiestamente, la humanidad de hoy, en la medida misma en la que adquiere conciencia de su unidad, no sólo hacia atrás en la sangre, sino hacia delante en el progreso, siente la necesidad vital de recogerse sobre sí misma, por todas partes y más especialmente entre ramas religiosas se dibuja un movimiento de reunión; descubrir al fin algo que reúna, por encima o por debajo de lo que divide”91 El último paso de la convergencia se desarrolla en la “socialización”, es decir en un proceso que tienda a una unificación global por encima de las fuerzas que disgregan y separan. Para Teilhard la convergencia de la noosfera es un proceso irresistible aunque implica la libertad humana, tanto a nivel planetario como cósmico. 89 Ibídem. Pág. 113 90 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Porvenir del Hombre. Op. cit. Pág. 362 91 Ibídem. Pág. 230.
  36. 36. 36 Todo el proceso de convergencia, se ha movido por el amor “considerado desde el punto de vista de su plena realidad biológica, el amor, es decir, la afinidad del ser para el ser, no es especial al hombre; representa en realidad una propiedad general de la vida, y como tal adhiere, en cuanto a variedad y grados, a todas las formas realizadas sucesivamente por la materia organizada”92 , como la energía de arrastre de todo el proceso de la evolución desde las primeras síntesis de la materia inanimada y que es la responsable de la evolución hacia sistemas de mayor complejidad integrando elementos en unidades cada vez más complejos. La unidad de los hombres y a través de ellos de todo el universo en Cristo constituye lo que él llama el “Cristo Total” o “Cristo Cósmico”. El proceso por el que se desarrolla el universo se identifica con aquel por el que se forma el Cristo Total, de tal manera que “hacia Cristo es hacia donde se vuelven nuestros ojos cuando, en cualquier grado de aproximación miramos hacia delante, hacia un polo superior de humanización y de personalización”93 . La vida la entendemos, en primer lugar, como el hecho o el fenómeno físico (bios) que se autoregula en su propio desarrollo. La vida biológica es un proceso, un movimiento que encierra en sí mismo la dinámica de su reproducción, desarrollo y extensión. Pero la vida humana no es solamente bios, es también conciencia, interioridad. La conciencia es la autopresencia del sujeto o de la persona en dicho movimiento y la capacidad refleja no solo de sentirse afectada por él sino de imprimirle una orientación, un rumbo. El fenómeno moderno de la globalización, que tiende a borrar las diferencias entre los pueblos, imperfecto e insipiente, como es todavía, se puede ver como algo que participa de éste movimiento convergente de la noosfera y puede interpretarse como un signo, sea éste lo débil que se quiera, de la convergencia humana postulada por Teilhard. Signos semejantes se pueden descubrir en muchos fenómenos que empiezan a tomar fuerza en nuestro tiempo y que son el fundamento de la globalización, tales como el incremento en el mundo de las comunicaciones a nivel global, la rapidez en el transporte que acorta las distancias entre los pueblos, la preocupación generalizada por los problemas internacionales. La televisión, por ejemplo, acerca de las imágenes de cualquier acontecimiento por todo el mundo, proyectando una cercanía entre los distintos países y solicitando movimientos de solidaridad a nivel global. Estos signos han llevado a designar a nuestro mundo actual como la “aldea global”, sin estar muy lejos de las palabras de Teilhard: “biológicamente hablando, el grupo zoológico humano se desarrollará sobre una superficie cerrada, puesto que la población del mundo llegada casi a su saturación en los continentes, lejos de detenerse no hace sino tender a multiplicarse a más y mejor, se comporta éste grupo humano como si creciera sobre una tierra en vías de continuo estrechamiento: lo cual tiene por efecto el someterle a una cerrazón cada vez más 92 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Fenómeno Humano. Op cit. Pág. 267 93 Cfr. TEILHAR DE CHARDIN, Pierre. El Porvenir del Hombre. Op cit. Pág. 191
  37. 37. 37 estrecha sobre sí mismo”94 . Sin embargo, no debemos ignorar que los tiempos modernos son también testigos de numerosos movimientos divergentes, tales como el creciente desequilibrio entre países ricos y pobres, los nacionalismos extremistas, los fundamentalismos religiosos, la violencia, las guerras y los terrorismos. Se tiene que sopesar los indicios presentes, tanto positivos como negativos, para valorar cuáles son los signos más fuertes aunque hay que reconocer que todavía se está muy lejos para apreciar señales claras de una verdadera convergencia humana. Esta lejanía no debe hacernos perder la esperanza de que los procesos de convergencia acabarán por imponerse. A pesar de todo, éstos signos negativos no enfriaron su optimismo y fue capaz de ver con esperanza el advenimiento de la unidad futura. Hoy necesitamos algo de su optimismo para ser capaces de ver, a través de los muchos signos oscuros, la luz al final del túnel, que brilla como una esperanza para el futuro de la humanidad con el fin de cumplir su designio: “Sólo se convierte a aquello a que se ama: si el cristiano no siente una plena simpatía con el mundo que nace, sino experimenta en su interior las apariciones y las ansiedades del mundo moderno, sino deja que crezca en su ser el sentido humano, no podrá realizar nunca la síntesis liberadora entre la tierra y el cielo, síntesis de la que puede salir la Parusía de Cristo Universal. Y se guiará asustándose y condenando casi indiferencialmente toda novedad, sin discernir, entre los males y las manchas, los esfuerzos sagrados de un nacimiento”95 . 94 Ibídem. Pág 368 95 Ibídem. Pág. 152
  38. 38. 38 6. EL PENSAMIENTO TEILHARDIANO COMO PENSAMIENTO BIOETICO El crecimiento excesivo y con carácter progresivo del hombre, es debido, en lo biológico a la evolución del sistema nervioso encefaloraquídeo, que lo posibilitó para acceder al proceso de hominización de algunas líneas de primates africanos que llegaron a convertirse en Homo sapiens, con el respectivo mejoramiento de la memoria biológica, al perfeccionarse la memoria cultural que ha llevado al proceso de humanización, se abre el espacio ilimitado del Homo sapiens sapiens, quien le corresponde el desarrollo dinámico del conocimiento como principal fuente de supervivencia y de moralidad96 , “el sentido de la vida y lo que, a través de la existencia hemos hecho y estamos haciendo de nosotros mismos, y no solo cada uno de sí, sino también de los otros, porque somos corresponsales del ser moral, y el destino de los demás: he aquí el tema verdadero, unitario, y total de la ética”97 . “La verdad originaria del amor de Dios, que se nos ha dado gratuitamente, es lo que abre nuestra vida al don y hace posible esperar en un “desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres”, en el tránsito “de condiciones menos humanas a condiciones más humanas”, que se obtiene venciendo las dificultades que inevitablemente se encuentran a lo largo del camino”98 . “La criatura humana, en cuanto de naturaleza espiritual, se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto más las vive de manera auténtica, tanto más madura también en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental. Esto vale también para los pueblos. Consiguientemente, resulta muy útil para su desarrollo una visión metafísica de la relación entre las personas”99 . La memoria cultural es una maravillosa ganancia evolutiva que nos aporta innumerables ventajas comparativas sobre el resto de los seres vivientes con los cuales compartimos en íntima comunión nuestra casa terrenal100 . “Desde un punto de vista neurobiológico, la especie humana está equipada con la capacidad acumulada para desarrollar una diversidad de hábitos mentales; esta capacidad se ha ido formando a través de la repetición, dando lugar, al hábito de imaginar, al hábito de crear con fantasía narraciones, al hábito de volver a contar esas narraciones y al hábito de seguir el hilo discursivo de la lógica”101 . La fuerza del proceso de humanización no es otra cosa que una permanente ascesis individual 96 DELVAN, Juan. El Desarrollo Humano. Siglo XXI España. Madrid. 2008. Pág. 3-22. 97 Cfr. ARANGUEREN, José Luis. Ética. Revista de occidente. 6 ed. Madrid. 1976. 98 Cfr. BENEDICTO XVI [Documento de internet]. Roma 29 de junio de 2009. [Referencia 05 de septiembre de 2009]. Introducción, numeral 8. Disponible en World Wide Web http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-vi_enc_20090629_caritas-in- veritate_sp.html 99 Ibídem. numeral 53 100 COLE, Michael. Psicología Cultural: Una disciplina del pasado y del Futuro. Morata. Madrid. 2003. Pág. 11 101 Cfr. PARIS, C. El animal cultural. Crítica. Madrid. 1995.
  39. 39. 39 y colectiva de perfectibilidad, de ser más y mejor ser humano, en búsqueda incesante de la verdad sobre el hombre y el mundo, como acumulación de experiencias reflexivas que generan el acervo histórico de saberes enseñables de generación en generación. “El desarrollo humano integral en el plano natural, al ser respuesta a una vocación de Dios creador, requiere su autentificación en “un humanismo trascendental, que da al hombre su mayor plenitud; ésta es la finalidad suprema del desarrollo personal”. Por tanto, la vocación cristiana a dicho desarrollo abarca tanto el plano natural como el sobrenatural; éste es el motivo por el que, “cuando Dios queda eclipsado, nuestra capacidad de reconocer el orden natural, la finalidad y el “bien”, empieza a disiparse”.102 La dialéctica fundamental que se le presenta al hombre contemporáneo de las sociedades altamente desarrolladas y de aquellas que siguen sus pasos, es saber cuál es el límite ético entre lo natural y lo intervenible por la inteligencia humana para descubrir, transformar, inventar y crear. Con lo anterior surgen preguntas, ¿cómo clarificar epistemológica y éticamente todas estas cuestiones que la experimentación científica está haciendo con la vida humana y con la masa biótica microbiana, animal y vegetal?, ¿se pone en riesgo la vida y se niega la intervención divina con el pretexto de mejorarla y conservarla?, ¿en qué forma la biotecnología dirige la historia, y hacia dónde, con todos los cambios que su impacto ejerce en la jerarquía de valores de los sistemas familiares, sociales, económicos, religiosos, etc.?, ¿están las decisiones eugenésicas mediadas por un discernimiento ético que universalice el bien deseado por las presentes y futuras generaciones, en solidaria comunión con la biósfera?, ¿Qué ha quedado mal hecho por la evolución biológica-cultural103 , que tanto nos disguste para que tengamos que empeñar todas nuestras fuerzas intelectuales y morales en corregir y cambiarles de rumbo histórico? ¿Es ético o no manipular la naturaleza, en lo que es más sagrado, la vida, que es la máxima expresión de la evolución exitosa de la materia-energía?, ”la nueva tecnología reproductiva no me plantea solamente el dilema superficial sobre si debo usarla o no, sino el problema de fondo: además de nuevos datos, se me da una nueva manera de mirarlos, que me obliga a cambiar paradigmas en antropología, el problema está en que el conocimiento no es un mero saber, sino un poder que , bajo la cobertura de ciencia, corre el peligro de ser usado impunemente; en éste contexto se perfila un aspecto de la bioética como ética de las ciencias, sobre todo biológicas: una crítica y evaluación de sus consecuencias; una llamada a no olvidar las cuestiones antropológicas de fondo”104 , el problema se sitúa en la legitimidad ética de la ciencia y de la tecnología para intervenir el fenómeno de lo viviente y modificarlo, no sólo en el nivel controlado de laboratorio sino también en los espacios de interacción ecológica y descendencia reproductiva, a los cuáles el mismo ser humano se articula entrañablemente de 102 BENEDICTO XVI . Op cit. numeral 18 103 SANCHEZ GONZALEZ, Miguel. Historia, Teoría y Método de la Medicina: introducción al pensamiento médico. Masson. Barcelona. 2002. Pág. 10 104 KIEFFER, G. Bioética. Madrid, Alhambra. 1983. Pág. 183

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