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Acompaña al joven Riddhi a través de un viaje que le ayudará a comprender el valor de la libertad y el poder de trascender los sinsabores que ponen a prueba la pureza de corazón. Un viaje imaginario …

Acompaña al joven Riddhi a través de un viaje que le ayudará a comprender el valor de la libertad y el poder de trascender los sinsabores que ponen a prueba la pureza de corazón. Un viaje imaginario -con aventuras, amor, humor y curiosos lugares y personajes- que no deja de ser en su esencia, el que la vida nos anima a realizar a cada instante. Ven... Acompáñame. http://elviajederiddhi.wordpress.com/descarga-el-libro/

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  • 1. El Viaje de Riddhi El poder del corazón puro
  • 2. Ven, ven, seas quien seas: vagabundo, adorador, amante del aprendizaje… No importa. La nuestra no es una caravana de desesperación. Ven, aunque hayas roto tu voto mil veces. Ven, ven, una vez más, ven. Mevlana Jalaluddin Rumi
  • 3. Y así comenzó el camino que todos hemos de recorrer algún día hacia la más alta meta que el ser humano pueda llegar a alcanzar; el camino que trazaste aun antes de haber nacido: aprender a amarte . Riddhi vino al mundo en una desapacible noche de primavera Lo primero que pudieron ver sus ojos fue un cuarto destartalado y mugriento, donde la tenue luz apenas alcanzaba vislumbrar el contorno de las siluetas, más bien tétricas, de los escasos objetos guarnecidos del duro embate.
  • 4. Aun siendo un crío, conocía el valor de la pureza de sentimiento; una pureza que el destino pondría a juego en multitud de vivencias que forjarían el espíritu de su corazón guerrero.
  • 5. La pubertad dio paso a la adolescencia en la vida de Riddhi. Testigo de ello fue Karuna, quien acabó convirtiéndose en confidente íntima de sus sentimientos y deseos. No ocultaban el cariño que se sentían, sabedores de que era un sentir compartido y alimentado por ambos. Más que una pareja, vivían su relación como una amistad profunda, sin barreras. El tránsito de la amistad al romance fue un proceso lento, inapreciable en el transcurrir de los días; como una espiral en la que cada uno de sus giros ahondaba más en la intimidad de sus sentimientos.
  • 6. Y la noche fue testigo de sus gritos y sus llantos, elevándose como el viento entre las ramas, más allá de un lugar donde los vivos pudieran ser testigos y, sin embargo, tan dentro de ellos como sus entrañas. Riddhi conoció a temprana edad el vacío de la muerte, sin saber que era un paso necesario para ver más allá de los límites de sus montañas.
  • 7. Más allá de los límites de Zarcon existía un mundo desconocido, fascinante, inmenso, repleto de todo tipo de vivencias que seguro le enriquecerían. No tenía ningún miedo en salir a su encuentro cuando su corazón se lo dictara, pues el peor de los miedos era la sensación de fracaso por no haberse arriesgado a vivir, paralizado por los temores que sólo vivían en la mente... En esa noche de relatos supo que viajar constituía su manera de hallar conocimiento, goce y libertad. En esa noche de relatos, despertó al camino.
  • 8.
    • ¿Qué, Riddhi? ¿Preparado para el viaje? -preguntó, sonriendo.
    • Bueno, creo que sí -y correspondió a su sonrisa.
    • Linga, te agradezco que hayas aceptado acompañar a mi hijo… Por favor, tened cuidado y evitad riesgos innecesarios.
    • Descuide, señor. Conozco los alrededores de Zarcon como la palma de mi mano.
    • Y así partieron, como si lo que acababan de emprender no fuera sino una excursión campestre.
  • 9. Tras la intensa caminata, llegaron por fin a un promontorio de piedra caliza, horadada por multitud de cuevas en cuyo interior el aire mantenía el frescor de la madrugada. Recuperadas sus fuerzas, ascendieron entre las enormes grietas hasta llegar a un punto apenas visible, en cuyo interior se encontraba una pequeña hendidura. Al introducirse, Riddhi quedó sorprendido: la pequeña grieta daba paso a una inmensa cavidad en cuyo fondo el agua corría suavemente, discurriendo entre las piedras.
  • 10. ¡Linga! ¿Qué diablos es eso? Linga miró hacia donde le indicaba. Acercándose velozmente, una inmensa sombra teñía de negro el horizonte. La tormenta de arena les envolvió sin que pudieran hacer otra cosa que encomendarse al cielo. A su paso, el aire se volvió ardiente e irrespirable. Aguantaron abrazados, intentando proteger sus cuerpos de los impactos de arena que les golpeaban como picotazos. Cuando ya no pudieron aguantar más la situación, se resignaron a su suerte… y desfallecieron.
  • 11. “ Tú y tu amigo os halláis en el Monasterio de Prarthana. Mis hermanos y yo somos sus moradores y custodios. Rodeando a este edificio, existe un pueblecito de casas humildes y acogedoras que también pertenecen a nuestra orden. Algunas las habitan personas que han hallado en Prarthana su lugar; otras, sirven de alojamiento a los visitantes que desean permanecer un tiempo con nosotros y que buscan soledad y silencio, algo que aquí no es difícil encontrar. - Hola, hijo -dijo el que parecía ostentar mayor grado (pues junto con la cruz trebolada que todos llevaban, colgaba de su cuello un triángulo dorado)-. Comprendemos que te resulte desconcertante haber despertado aquí, en un lugar desconocido y con gente extraña. Por eso nos hemos reunido: para conocernos.
  • 12. “ Si no escuchas a tu corazón y si sigues dándole tantas vueltas a la cabeza, no vas a poder disfrutar del camino, decidas lo que decidas. - Quería decirte, Riddhi, que a veces hay que tomar decisiones difíciles; forma parte de la vida. Y creo que ahora dudas entre esperar a tu amigo o continuar el viaje por tu cuenta… Sé siempre fiel y sincero con los designios de tu corazón: ese es mi consejo.
  • 13. Gracias a la ayuda que Riddhi había recibido de los monjes, le fue mucho menos fatigoso atravesar el otro lado de la llanura... Se relajó… Al fin y al cabo, no tenía ninguna prisa. Y el sueño llegó. Se hallaba en el interior de una habitación adornada con bellos detalles, tumbado en una gran cama. Una mujer bella y hermosa le susurraba suaves cánticos al compás de los acordes del arpa que acariciaba. Cerró los ojos y sintió su calor; luego, el húmedo contacto de sus labios rozándole la piel muy cerca de su boca. Esa sensación se fue haciendo cada vez más real, hasta conseguir despertarlo del sueño. Y despertó tumbado junto al matorral. Y sus ojos se toparon con el hocico del perro que lamía su cara… Y se apartó al instante, más por acto reflejo ante el asco que por miedo.
  • 14. - ¡Quién va! -gritó, intentando mostrar firmeza. Salvo los ladridos, sólo respondió el silencio. Al cabo de un rato, se oyó una voz. - Sólo soy un caminante que intenta recorrer su camino. Parecía la voz de un anciano; su tono mostraba calma y cautela. Riddhi le respondió. - Pues no es digno de caminantes espiar a quien sólo intenta descansar del camino. - En eso llevas razón. Aunque como viajero, seguro que sabrás de la presencia de truhanes por estas tierras; a veces, hasta asesinos… Si haces el favor de guardar ese cuchillo, me presentaré como es debido.
  • 15. - Me llamo Jivan. Y como ves, no tienes nada que temer de mi persona. - Mi nombre es Riddhi. - Y ése es Cholo, supongo. Riddhi sonrió: - Sí. Así es. Cholo mostraba desafiante su desconfianza ante el extraño… tras las piernas de su amo. - Pues ya que parece que no somos mala gente, creo que nos vendría bien relajarnos un poco. Si te parece, te aceptaría hasta un buche de agua; estoy sediento. - Por supuesto -Riddhi le ofreció su calabaza. - Me llamo Jivan. Y como ves, no tienes nada que temer de mi persona. - Mi nombre es Riddhi. - Y ése es Cholo, supongo. Riddhi sonrió: - Sí. Así es. Cholo mostraba desafiante su desconfianza ante el extraño… tras las piernas de su amo. - Pues ya que parece que no somos mala gente, creo que nos vendría bien relajarnos un poco. Si te parece, te aceptaría hasta un buche de agua; estoy sediento. - Por supuesto -Riddhi le ofreció su calabaza. Ambos se sentían como extraños, pero intuían que podrían convertirse en buenos camaradas; quizás hasta amigos.
  • 16. Aún de noche, con más intuición que presteza, recogieron sus escasas pertenencias y comenzaron a atravesar la llanura. La luna llena estaba escondiéndose tras los bordes montañosos del horizonte. Al amparo de su tenue luz, un joven, un anciano y un cachorro avanzaban entre sombras en medio de la llanura. Una bella estampa si no se estuviera allí, en carne y hueso, sufriendo los rigores del frío.
  • 17. - ¡Hola! ¿Estáis bien? -les preguntó a gritos. - ¡Sí, cansados pero bien! -gritó Jivan. El líder del grupo sonrió. - Mi nombre es Ananda. - El mío, Jivan. - Yo soy Riddhi. - Encantado. Y ahora amigos, acompañadme para que podáis comer algo y poneros cómodos en vuestros aposentos. Ya habrá tiempo luego de conocernos mejor. Y felices ante tal perspectiva, obedientes le siguieron.
  • 18.
    • Tras llegar al final de una calle, se hallaron ante el gran edificio central que habían contemplado desde el precipicio. Curiosamente, en esa zona no había símbolos festivos.
    • ¿Qué es este edificio, Ananda?
    • Ananda sonrió.
    • - Nos encontramos frente a Adhara… En este edificio se encuentran los mayores secretos de Klim; y lo son, no porque estén vedados, sino porque exigen que quien desee instruirse en ellos, se gane el derecho.
  • 19. - Me llamo Sattva, y estoy aquí para mostrarte la Cámara del amor. Sattva transmitía dulzura en sus movimientos, en el tono de su voz, en su rostro, en su mirada… Aun así, Riddhi se le acercó con la indecisión propia de un hombre al encontrarse frente a frente con una mujer segura de sí. - Cuando comprendemos y aceptamos que el amor lo es todo, permitimos que la esencia de la vida fluya por nuestro ser. Y esa sensación, para quien la vive, es maravillosa. Sentimos una dicha que no depende de nadie ni se pierde por las circunstancias siempre cambiantes de la existencia. El miedo, por el contrario, intenta encerrarnos en el temor, consiguiendo que nos sintamos aislados y separados del resto del mundo -se rió- ¡Como si fuéramos capaces de vivir sin respirar el mismo aire que a todos nos rodea! No tienes sino que ver a un bebé repleto de alegría por la vida, para ser testigo de lo que significa vivir el amor
  • 20. - Mucho mejor, Riddhi; ahora sí estás sintiendo… Sigue así, sin pensar ni analizar: sólo sintiendo tu respiración, sin forzarla, sin reprimirla, sin retenerla… No abras los ojos aún. Intenta centrarte en tu respiración; en el calor que emana de tu interior; en la serenidad que te brinda el dejar de pensar y sólo sentir… Ahora, como una extensión más de tu ser, observa sin análisis ni juicios las sensaciones que provienen del exterior… Siente el aire que nos rodea… Siente lo que sientes al escuchar el ruido del agua deslizándose, fluyendo…, el sonido de las aves, jubilosas… Siente los aromas que te transmiten los árboles cercanos, las frutas, las flores… Siéntelo… Deja de considerarte alguien separado, capaz de analizar y dominar… Siente la vida que fluye en ti, ahora mismo… Ahora… Olvídate de creerte un ser independiente, y simplemente siente…
  • 21. La jornada anterior a su partida se realizó en su honor un ritual en Adhara. -Tu deseo de ir a Dharma me parece un acto de valor. Ese viaje que estás realizando, si lo vives con nobleza, ensanchará tu visión de la vida: te henchirá el corazón. Ese será el máximo tesoro que obtendrás de toda tu travesía, tanto de tu viaje como de tu vida. Es curioso -dijo Riddhi-. Varias personas me han comentado lo mismo desde que inicié el viaje. - Pues por algo será. Nada es casual en el viaje de la vida. Aún es pronto para saber la razón de tu viaje; tendrás primero que acabarlo… Curiosamente, finalizará justo donde lo iniciaste -se rió-. Sé que suena a paradoja, pero algún día sabrás hasta qué punto es realidad… La vida no es para tomársela demasiado en serio, Riddhi. Más bien, creo que hay que vivirla con la ligereza de un juego, con el espíritu juguetón de un niño…
  • 22.
    • El efecto purificador del fuego conseguía que hasta la carne de serpiente se convirtiera en un verdadero manjar… o sería cosa del hambre.
    • ¿No es peligroso hacer fuego? Desde que empecé el viaje, fue lo primero que me advirtieron: que hacer fuego te puede delatar.
    • - El fuego es mi amigo. Me da calor y ahuyenta a las fieras. Por lo demás, apenas pasan cuatro diablos por esta selva; creo que compensa el riesgo de ser atacados por forajidos...
    Parecía que Moha no se estaba dando cuenta de su estado. Sin embargo, en la última ocasión en que Riddhi pudo recuperarse, le pareció percibir en su rostro una expresión sonriente que no concordaba con el hilo victimista de sus palabras. En ese instante comprendió la situación: Moha le había echado algo en la comida. Cuando se dio cuenta, sólo tuvo tiempo de preguntarle “¿por qué?”, antes de caer desplomado en el suelo…
  • 23.
    • … Una enorme serpiente descendía a lo lejos por la suave pendiente de una duna rojiza. El instinto asesino brillaba en sus ojos. Se acercaba a Riddhi, quien ajeno al riesgo, permanecía observando su movimiento oscilante y los surcos que dejaba como huellas en la arena.
    • Para ser humano, o eres imbécil o demasiado atrevido -le dijo la serpiente tras llegar a él-. Lo que sí es seguro es que tu joven carne me brindará una rápida digestión.
    La silueta de un águila se deslizaba con maestría por las corrientes de aire. Oteaba el horizonte hasta que se percató de la situación, descendiendo hasta ellos con la perfección de una flecha certera. Sus poderosas garras inmovilizaron a la serpiente, impidiéndole zafarse a pesar de sus vanos intentos.
  • 24.
    • No seas ingrata -le dijo-. Sabes muy bien que de haber querido, ya sólo serías desgarros en mi pico… Deja de luchar inútilmente y escucha.
    • La serpiente obedeció.
    • Sigo a este joven desde antes de su nacimiento... La prueba que tenía que pasar ya está superada; y tu misión en ella, más que satisfecha.
    • El águila se elevó con majestuosa altivez, llevándose entre sus garras a la sumisa serpiente.
    • Moha le observaba en medio de sus alucinaciones. Se le acercó para comprobar su temperatura: su cuerpo se hallaba sudoroso y frío. Quizás se le había ido la mano con la datura… Una pena.
  • 25.
    • Dudaba de su cordura. Hasta parpadeó varias veces para comprobar que no estaba siendo víctima de un sueño. ¿Bhava aquí? ¿Cómo podía un anciano adentrarse en un lugar como éste? ¿Y cómo había podido dar con él en medio de la selva?
    • ¡Riddhi, sé que estás cerca! ¡Por favor, responde!
    • - Sí. Estoy aquí -se atrevió finalmente a responder.
    Aquel truhán le había dejado solo, sin nada y desnudo... Oyó de pronto una voz que gritaba su nombre. Dudó por un momento que no fuera una mala pasada de los efectos del veneno en su mente; pero no. Volvía a oír su nombre, y más nítidamente aún. La voz le resultaba muy familiar. - ¡Riddhi, soy Bhava, responde!
  • 26.
    • Al llegar a la cima de la colina, se encontraron con un enorme claro ganado por los hombres a base de machetazos. En su otro extremo, se hallaba Dharma.
    • ¡Fin del viaje! -dijo Bhava, visiblemente agotado.
    • Tras varios días sintiéndose prisioneros en medio de tanta vegetación, el hallar un lugar donde poder contemplar el cielo abierto, les produjo una gratificante sensación de libertad.
    Riddhi vivió su estancia en Dharma en soledad, pues sus habitantes, aparte de escasos, se regían por una férrea rutina que desconocía el tiempo libre. Oía sus cánticos desde la madrugada.
  • 27. - … Y ahora, permitidme que os presente. El que se encuentra tan acomodado en mi humilde cama, se llama Bhava; el joven que lo acompaña, Riddhi. Y este amigo, cuya apariencia acaudalada no debiera de engañaros sobre la humildad de su persona, se llama Darshan. De forma educada se dieron la mano. - Creo que te vendría muy bien conocer a alguien que puede brindarte mucha más ayuda que nosotros. Vive en la misma ciudad que yo, en Angkor, a unos días de viaje. Puedes ir a pie, aunque las condiciones del terreno dejan mucho que desear. Pero si quieres, podrías acompañarme… Eso sí, si vas conmigo, tendrás que acostumbrarte a la presencia de los elefantes -dijo, sonriendo ante el gesto de sorpresa de Riddhi.
  • 28. Y así, en el susurro silencioso de la oscuridad, cada uno sopesó su viaje a Dharma, satisfechos de las vivencias que les habían ocurrido. La vida siempre nos supera… Podemos intentar encerrarla en juicios y creencias, pero ella se reirá juguetona ante nuestros vanos intentos por comprenderla. Riddhi no sabía si existía un dios creador, pero de existir, su corazón sólo podía latir desde la más íntima esencia de la vida: el misterio del Amor.
  • 29. Ciertamente, a Riddhi le parecía que Darshan era un solitario; rodeado a todas horas de sirvientes y consejeros, pero más solo que un ermitaño. Su comitiva la formaban tres enormes elefantes; dos portando mercancías, y el que transportaba a Darshan y Riddhi. Diez personas les acompañaban a pie: varios guerreros y porteadores, un consejero, un guía y un galeno… Todo un gran séquito de regreso a la selva.
  • 30.
    • Tendremos que bajar esa loma, pero antes quiero que veas algo.
    • Dicho esto, varios porteadores les ayudaron a bajar de los elefantes. Ya en el suelo, Darshan se dirigió por un camino perpendicular al rumbo que seguirían, hasta llegar a un punto en que la llanura se quebraba, sumergiéndose suavemente hasta fundirse a lo lejos en un inmenso valle al que cruzaba un río. Resaltando del entorno, salpicado de pequeñas elevaciones desgastadas y carentes de vegetación, se alzaba una imponente muralla, acordonada por un foso que rodeaba por completo la edificación humana más grande que Riddhi había visto en su vida. Así le nació decir:
    • ¡Es impresionante!
    • - Sí que lo es… Es Angkor.
  • 31.
    • Antes de llegar al exterior de la muralla -donde humildes viviendas se sostenían en pie de pura suerte- se cruzaron con algunos de sus moradores.
    • Atravesaron el poblado sin forzar la marcha, aunque en la actitud de los guerreros se adivinaba la tensión existente.
    • Recuerda que estás llegando a una gran ciudad -dijo Darshan, como si se hubiera percatado de su malestar-. Cuanto mayor es el número de personas que viven hacinadas, mayores son las posibilidades de que acaben deshumanizándose. Verás cosas que te desagradarán, más aún que la desesperación de estos pobres desgraciados.
    • Y llegaron al puente levadizo.
  • 32. Al traspasar la muralla (tan ancha, que en su parte superior albergaba un pasillo para que los guerreros se desplazaran por ella en caso de asedio), se hallaron ante un gran mercado. Se encontraba muy concurrido, y los comerciantes y artesanos exponían a gritos su mercancía. A Riddhi le recordó el de Klim, si bien su mercado apenas ocuparía una pequeña parte de éste.
  • 33.
    • Este va a ser tu aposento durante el tiempo que quieras. Ponte cómodo. Mandaré a que te preparen un buen baño y te traigan ropa limpia. A ver si consigo mientras dar con mi mujer, que ya ves lo descuidado que me tiene; ni se ha molestado en venir a recibirme -dijo, exagerando su tristeza-. Más tarde te la presentaré, si la encuentro…
    • “ Angkor es mi ciudad y este castillo mi morada, pero en medio de este poder cada vez me siento más solo. Pero bueno, viniste aquí para conocer esta gran ciudad y a mi amigo. Dejemos a un lado mis tristezas y permite que te muestre la vida que corre por sus calles.
    • De acuerdo -asintió Riddhi-. Muéstrame Angkor.
    • - Pues adelante entonces.
  • 34.
    • “ Hagamos una cosa si te parece… Ya es tarde para seguir con la visita. Volvamos al castillo y cenemos algo. Mañana temprano iremos a un mercado que está bastante animado. Quiero hablar con mi amigo para que conozca mi deseo de presentarte. Tú puedes disfrutar mientras del ambiente. Además de los puestos, suelen realizar espectáculos públicos, como titiriteros, bufones y otros artistas.
    • De acuerdo. Por cierto, Darshan, ¿cuántos mercados hay en Angkor?
    • - ¡Uf! Más que dedos en mis manos. Prácticamente en cada calle existe un mercado; algunos inmensos, como el que está junto a la gran muralla; otros, sólo son una ampliación de las calles y surten de lo más elemental a los habitantes más próximos.
  • 35.
    • Si quieres, mañana podrás conocer a mi amigo.
    • ¿Sí? ¿Ya has hablado con él?
    • Hablé hace días, pero como estaba ocupado y no quería conocerte con prisas, me pidió que esperásemos hasta mañana.
    • Bueno, pues por mí encantado.
    • Pues así será… Sé que Angkor te resulta un tanto agobiante y que has aguantado aquí por respeto a mi ofrecimiento y por la curiosidad en conocerlo.
    • Riddhi se sorprendió de que hubiera acertado tanto en sus impresiones.
  • 36. Traspasaron esa zona y llegaron a un lugar donde predominaban los cultivos y las plantaciones que alimentaban a la población, pues como era sabido, los señores y el clero disponían de sus propios campos de siembra y pastoreo. Aun siendo temprano, ya había un buen número de personas trabajando en las plantaciones. Ante el paso del carruaje, se quitaban los sombreros y hacían reverencias. Riddhi supuso que alguno de estos labriegos debía ser Namasté, dado que tras las plantaciones sólo se hallaba la gran muralla que protegía la ciudad. - Hemos llegado -dijo Darshan, dando respuesta a sus suposiciones.
  • 37. A lo lejos había una caseta que por su aspecto rudimentario parecía más un cuarto de apero. Cuando estaban a mitad de la vereda que conducía a ella, alguien salió a su encuentro. Caminaba de una forma pausada pero enérgica… Riddhi pudo distinguir, según se les acercaba, que quien andaba de forma tan peculiar era un anciano enjuto al que acrecentaba su apariencia macilenta su holgada vestimenta. Un esbozo de sonrisa parecía emerger en la expresión de su rostro, cuyas facciones, de pronunciadas, le daban un aspecto más senil. Cuando llegó a su altura, Darshan y él se dieron un fuerte abrazo sin mediar palabra. A pesar de su aspecto longevo, había algo en él que emanaba energía.
  • 38. “ Yo era el quinto señor de Angkor. Como tal, era orgulloso, ambicioso, despótico… Vivía en un castillo amurallado como reflejo de mi soledad. “ Varias veces me vi en la ruina y varias veces volví a amasar una fortuna… No me daba cuenta que repetía una y otra vez el mismo patrón en mi vida, como un juego que perduraría hasta la muerte. Sentía un vacío que intentaba llenar con más poder que me hiciera olvidar la tensión de tanto pensamiento, de tanto supuesto riesgo, de tanto miedo… Darme cuenta de esa realidad y reconocerla, fue doloroso; durante demasiado tiempo me resistí a aceptarlo. Cuando ya no pude más, decidí averiguar qué podía hacer, o no hacer, para acabar con el vacío en que se había convertido mi vida.
  • 39. “ Doné algunos de mis bienes a quienes sabía que iban a darles un buen uso, vendí el resto de mis pertenencias y comencé a viajar… Visité desde ciudades hasta lugares donde apenas vivían dos o tres ermitaños, y en todos ellos conocí una forma distinta de entender la vida. Tras tantos días y noches de camino, tras tantos lugares, tras tantas aventuras y desventuras, la enseñanza primordial de mi viaje fue bien sencilla: haz lo que creas y cree en lo que hagas.
  • 40. - La existencia no tiene lenguaje, Riddhi. Eso es parte de su magia y su misterio. Para vivir la vida en plenitud, hay que aprender a dejar de lado los conocimientos, los pensamientos, las palabras… Desde que trates de describir o interpretar la realidad, dejas de vivirla; además, jamás llegarás a nada con ello. La existencia siempre será un misterio insondable para la mente humana. Una vez que se acepte esto, sólo resta contemplarla, sin más, siendo simplemente testigo de su presencia.
  • 41. “ Así es, Riddhi, como intento vivir mi vida: dejándome llevar por la existencia en cada instante, desde sus actos más cotidianos hasta los momentos más íntimos… Así es como supe que no hay nada más sagrado que el presente, pues sólo en el presente palpita la vida. Y continuó, caminando calmadamente, recreándose en su jardín. Riddhi permaneció en silencio, observándole mientras cuidaba sus flores hasta el más mínimo detalle… Namasté estaba tan embriagado contemplando sus flores, que apenas percibió la admiración de Riddhi ante su variada belleza. Podría emponzoñar este momento comentándote que ésta -dijo, sosteniendo justo la que Riddhi contemplaba- es una orquídea brassia… ¿Pero qué más da cuál sea su nombre o de dónde provenga? Deleitarnos con ella es lo mejor que podemos hacer. Desde el momento en que nos entrometemos, intentando hurgar para extraer datos y juicios de este ser, su mensaje se desvanece, pasando a convertirse en un objeto de estudio en vez de lo que es: un ser vivo, único y hermoso.
  • 42. Aquel primer contacto había sido el inicio de una serie de gratos encuentros. A veces charlaban animadamente; en otras ocasiones, se enfrascaban en cualquier tarea cotidiana; otras, simplemente, compartían su silencio. “ El mensaje que me ha regalado siempre la naturaleza es bien sencillo: aprende a amarte, perdonando y amando …
  • 43. “ Nacer es comenzar a morir. Lo que hagamos mientras, dictará nuestro destino y quizás, quién sabe, nuestra próxima experiencia de vuelta… Este es el sentido de los ciclos inmutables en el mundo de las formas: nacer y morir en un infinito vacío que contiene un todo eterno”. El cuerpo de Namasté desapareció del mundo de las formas en la gran pira que hizo preparar Darshan en su honor. La estructura era de madera y tenía forma de corazón, sostenida en sus bordes por gruesas columnas de hierro.
  • 44. Riddhi permaneció toda la noche junto a los restos de la pira, que había quedado reducida a carbón y brasas. Aguardó en silencio recogido, inmóvil, observando: siendo testigo. El día siguiente comenzó a anunciar su despertar en el tenue resplandor emergiendo de la oscuridad. Riddhi continuó respirando pausada y profundamente, como había hecho durante toda la noche.
  • 45. Sonriendo entre muecas de dolor, se levantó lentamente según iban obedeciéndoles sus aletargados músculos. Una vez de pie, se dirigió al castillo para despedirse de Darshan y descansar antes de emprender viaje. Al día siguiente abandonó Angkor, sintiendo que su hogar se hallaba más allá de cualquier nombre o frontera; justo en la fuerza invisible que hacía latir su corazón.
  • 46. EPÍLOGO
  • 47. R iddhi se despertó… Como era costumbre en él, permaneció un rato más en la cama con los ojos cerrados, observando los pensamientos con los que comenzaba el día. Pudo así recordarlo: había revivido en sueños los más bellos fragmentos de su vida -los del viaje que realizó en su juventud-, aunque con la sensación de que había transcurrido en un instante. “ Espero vivir lo suficiente para tener experiencias que den pie a otro sueño como éste”, se dijo a sí mismo en pensamiento, menguando los augurios temerosos de su mente. Tras levantarse, observó su cuerpo ante el espejo. Se había convertido en un anciano, aunque en su interior se sentía igual que en su sueño: joven, curioso, despierto. Muchos años habían transcurrido desde aquel viaje… Tras regresar a Zarcon, había acabado convirtiéndose sin proponérselo en uno de los miembros más venerados del Círculo. Sadhaka, un joven del lugar que veneraba a Riddhi como un discípulo, ya le esperaba en el exterior de su casa, tal y como hacía cada día. Al verle aparecer, se brindó a ayudarle a bajar las escaleras. Riddhi lo rehusó, y tras hacerlo a duras penas apoyado en su bastón, saludó a su fiel amigo, sonriente. (continúa)
  • 48. Ilustraciones: Nicholas Roerich http://www.roerich.org/index.html
  • 49. Música: Kokin-Gumi “ Feng Shui” ZEN GARDEN http://www.kokingumi.com/
  • 50. [email_address] Textos: El Viaje de Riddhi
  • 51. Descarga del libro e información en
    • El viaje de Riddhi @ 2007 Juan de Armas
    • http://elviajederiddhi.wordpress.com/