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Narraciones 1ºa
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Narraciones 1ºa Narraciones 1ºa Document Transcript

  • EL CUADRO MALDITOUn hombre llamado Pedrodecidió construir una casa parapoder vivir en ella durante todoel año con su mujer Cloe y susocho hijos. Hizo una enormemansión que envidiaba todo elpueblo. La familia se trasladó allí tan pronto como acabó lacasa. Tres meses después, uno de sus hijos encontró, allado de una antigua casa abandonada, un cuadro. Locolgaron en el salón ya que no tenían casi ningún cuadro. El cuadro mostraba un payaso visto de cintura para arriba y las manos estiradas. Unos días después Cloe fue a despertar a una de sus hijas que dormía sola en una habitación. Cuando vio que estaba muerta Cloe dio unchillido y asustada fue a llamar a su marido y le exigió quedebían abandonar la casa ya que ocurrían cosas extrañas.Aunque nadie se dio cuenta, el payaso del cuadro habíabajado un dedo, por lo que solo quedaban nueve levantados.El marido la tranquilizó diciéndole que aunque la muerte desu hija no era esperada, notenía nada que ver con la casa ysiguieron viviendo en ella. Dosdías después un hijo se estrellócon la moto y murió. La mujersiguió exigiendo marcharse de la casa pero su esposo,siguió diciéndole que todo había sido un cúmulo de
  • circunstancias y que había que seguir viviendo por el restode sus hijos.Pasó el tiempo y murió otro hijo más, y Cloe seguíaobservando que cada vez que uno de sus hijos fallecía elpayaso del cuadro bajaba un dedo. Creía estarvolviéndose loca ya que desde que estaban en aquella casale habían muerto tres hijos pero Pedro pensaba que eracasualidad y se quedaron. Cloe decidió abandonar a sumarido y llevarse a sus hijos. Al día siguiente Pedroencontró a Cloe muerta. Él se dio cuenta de que no podíaser coincidencia y vio que el payaso, efectivamente, teníaseis dedos levantados. Creyó que el payaso tenía diezdedos levantados y decidió investigar. Al día siguiente dos de sus hijos, que eran gemelos, seencontraron en la orilla del río, ahogados. Ese mismo díatambién murió otra de sus hijas a causa de sobredosis dedrogas, según dijo el médico, pero él sabía que era obra delpayaso. Se juró a si mismo que cuidaría de sus dos últimoshijos de cuatro y seis años. Cinco días después murió suhijo menor y el payaso solo mostraba dos dedos. Unasemana después la casa empezó a arder sin motivo ymurieron. Solo quedó a salvo del incendio el cuadro.Siete años después un hombre llamadoAndrés Covadonga, que era el típicosoltero que se va de “juerga” todo el díay se tira a las ofertas de cerveza del
  • súper, decide ir a una subasta. En ella el primer artículosubastado era un antiguo piano, el segundo un valiosomanuscrito del siglo XVI y así hasta la séptima subasta, lade un cuadro de un payaso que apareció en los añosochenta en las ruinas de una casa. Compró el cuadro por elvalor de 20 euros. Lo primero que hizo fue colgarlo en sucasa de vacaciones que tendría alquilada una semanadespués. La casa estaba cerca de la playa por lo que laalquiló sin problema.Pero dos meses después fue a cobrar el alquiler y seencontró muerto a Homer Chimpson, el que había alquiladola casa.El cuadro ahora marcaba una expresión en la cara queantes no tenía, era como si fuera el diablo mismo. Fue a pedirle una explicación al vendedor pero el le dijo que él no le había vendido ningún cuadro. Decidió dejarlo como estaba. Cuando quedaba tan solo una semana de verano decidió pasarlo en la casa de vacaciones junto con su cuadro “favorito”. Andrés desapareció y fue olvidadojunto con la casa en la que vivía ya que todo habíadesaparecido menos el cuadro que fue puesto a la venta enun todo a cien. ¿FIN…? BRAYAN IGLESIAS PEREIRA-1º A
  • MORIR POR AMOREn el amor unas veces se gana, otras se pierde, como le está pasando aSana.Sana tiene veinte años. Vive en Marruecos, en Pest, con su madre, supadre y su hermana.Hace una semana, Sana y sus amigas Laura y Yaiza (que eran hermanas pero que se llevabancomo el perro y el gato) decidieron ir a hacer unos recados al mercado. Estuvieron paseando unrato entre los puestos, deteniéndose de vez en cuando entre las multicolores mercancíasexpuestas: telas, perfumes, frutas, especias...En un momento dado, las dos hermanas se despistaron y Sana decidió alejarse de ellas. Preferíair por su lado, porque sabía que si seguía de compras con sus amigas, gastaría un dineral yacabaría con dolor de cabeza.Decidió entrar en una tienda donde vendían oro.-Hola- dijo amablemente al entrar.-Buenos días- le contestó un hombre, que al parecer también estaba interesado en el oro. Sana observó a aquel hombre y, aunque no sabría cómo explicarlo, se quedó fascinada, al igualque él.Decidió marcharse, porque aquel hombre al que acababa de ver la estaba, por decirlo de algunamanera, hipnotizando, y salió de la tienda lo más rápido que pudo.De repente, una mano suave le rozó la espalda. Cuando se dio la vuelta volvió a quedarseasombrada ante aquella mirada.-¿Estás escapando de mi?-¿Qué?- contestó Sana sin dejar de mirarle a los ojos.-Parecía como si estuvieses tratando de huir de mí... ¿Por qué?-Siento mucho si te he dado esa impresión, pero no puedo hablar contigo.-¿Por qué no? ¡Nadie nos lo prohíbe!-En mi religión está prohibido hablar con hombres que no sean de la familia.-¿Que tu religión te prohíbe...qué? ¿Qué clase de religión prohíbe eso? Es horrible.-Es la religión musulmana y nuestro dios decide con que persona debemos hablar y con quienno. Lo siento pero debo irme.-¡¡¡Espera!!!- le dijo aquel hombre misterioso.Sana lo dudó pero al final decidió responder:-¿Qué quieres ahora?- Quiero saber como te llamas. Yo soy Eric.-Yo, Sana.Y se marchó tan deprisa que al pobre Eric no le dio tiempo ni a decir adiós.Había quedado asombrado con Sana. Era bellísima, era hermosa.-¿Dónde demonios estabas? Pensábamos que te había pasado algo malo -le dijo Yaiza, cuandoal fin encontraron a su amiga.-Gracias por preocuparte,Yaiza, pero no hace falta. Solo me despisté con los velos de esemercader.-Está bien, pero la próxima vez avisa.- Le reprochó Laura.Habían pasado los días y Sana pensaba más y más en el supuesto Eric.Decidió contárselo a Yaiza, a Laura y a dos amigas más: Lara y Mela.Ellas le advirtieron que se tenía que olvidar de aquel hombre, que los occidentales cambiabande mujer como cambiaban de chaqueta.Sana sabía que era cierto pero no podía olvidar aquella cara, aquellos ojos, aquella dulce voz...
  • El móvil de Sana sonó en aquel momento sacándola de sus pensamientos.-¿Si?-Hola, soy Mela. ¿Qué te parece si quedamos para comprar maquillaje? Es que necesito renovarmis pinturas, porque las que tengo están pasadas de moda. Son de hace dos meses y ya no sellevan. ¿Quedamos?-Está bien, Mela.Fueron a la tienda de un mercader de pinturas a la moda.Sana observaba como Mela luchaba con otras mujeres por tan solo un lápiz de ojos.Cuando menos se lo esperaba, escuchó una voz susurrante. Era Eric. ¡Lo volvía a ver! Éste le dio una nota y se marchó sin decir una palabra.Sana leyó:“Desde que te he visto no he dejado de pensar en ti, y creo que a ti te ha pasado lo mismo.Dentro de veinte minutos te esperaré en la colina. Si no llegas, te prometo que no me volverás aver.”Sana se armó de valor y se encaminó hacia la colina.Cuando Eric la vio llegar, hizo una sonrisa de oreja a oreja.-Pensaba que no vendrías.-¿Qué quieres? Sabes que si alguien se entera de esto me matan.-Entonces... ¿Qué haces aquí?... ¿Por qué corres tal riesgo?-Yo...yo...no...no sé...por qué...-Te está pasando lo mismo que a mí.-Y ¿qué te está pasando a ti, si se puede saber?-Que...que...creo...que...-¿Qué te está pasando?-Que creo que me estoy enamorando de ti.Sana, ante eso, no sabía qué decir. Comprendía que a ella le pasaba exactamente lo mismo.-Eric, yo...creo que también me estoy enamorando de ti, pero, lo nuestro nunca podrá ser.-Escapémonos. Vivamos juntos nuestro amor sin que nadie nos lo impida. Luchemos por él.-Los occidentales siempre andáis de mujer en mujer ¿Qué pasaría si te aburrieras de mí? ¿Quéharía yo?-Te prometo que nunca te dejaré. Yo te amo, Sana. Ha sido amor a primera vista. Lo sé. Tequiero.-¡De acuerdo! Vivamos nuestro amor, pero... antes quiero despedirme de mis amigas.-Está bien. ¿Qué te parece si quedamos hoy a las ocho en el aeropuerto?-Allí estaré.Se dieron un abrazo y Sana se marchó. El corazón le latía con fuerza. Se sentía entre asustada ydecidida.Por la tarde, temprano, reunió a sus mejores amigas y les comunicó su decisión. A pesar de queno estaban de acuerdo con ella, la apoyaron.Eran las ocho menos cuarto. Sana estaba a punto de marcharse cuando su padre entró en surecámara:-¡¡¡Niña ingrata, te he dado comida, un techo donde dormir... y tú me lo agradeces así !!!-Pe...pero... Pa...padre ¿qué ocurre?-Mi amigo, el mercader del oro, me lo ha contado todo.-Todo... ¿El qué?...-Primero, la manera en la que te exhibiste en la plaza con aquel hombre, ese tal Eric, y segundo,como en las colinas planeabais una fuga...Sana no entendía como el dichoso mercader la había seguido. ¡No daba crédito!-Esto lo pagaréis...tú y ese tal Eric.
  • -No, padre, a él no lo meta en esto... Máteme si es preciso pero a él... déjelo, se lo ruego.-Ahora me vienes a rogar. ¡Serás ingrata!En aquel instante, por la puerta aparecieron dos hombres agarrando a Eric que estaba sangrandopor la paliza que, a buen seguro, aquellos hombres le habían dado.-¡Dios mío! Eric, mi amor... ¿te encuentras bien?-Yo...yo...no sé...que...ha pasa...pasa...do...-Tranquilo.Entonces el padre de Sana informó a la autoridad de que su hija había decepcionado a su dios yque merecía un castigo al igual que Eric.Nada más enterarse, la policía encadenó a Sana y a Eric.Estuvieron mucho tiempo encerrados, hasta que el juez decidió dar sentencia:-Por confabular y traicionar a nuestro dios con un pecado de tal tamaño, yo, el juez Santos,condeno a Sana y a Eric a mil latigazos. Esta es mi sentencia.Los dos jóvenes lloraron y lloraron. La noche anterior a los latigazos, Eric le dijo a Sana:-Sana, quiero que sepas que aunque nos vayamos a morir, yo siempre te voy a amar.-No más que yo, Eric. Eres lo más importante en mi vida y te amo.Y se dieron un beso. Estaban encadenados. Pero Eric hizo tal fuerza, que rompió las cadenas. Sana le dijo que corriese, que se escapase por la ventana, que huyera, que se salvara, que yasolo quedaban veinte minutos para su muerte, que huyera.Eric trató de ayudarla a quitarse las cadenas, pero no pudo. Las cadenas de Sana eran nuevas.Las de Eric eran viejas y por el óxido y el esfuerzo las pudo romper, pero las de Sana, al sernuevas, no se podían romper.-Eric, déjalo, sálvate. Apura, no queda mucho, vete, escapa...-No, Sana. Si tú no puedes salvarte, yo tampoco. Vivir sin ti, no es vivir. Me iré al cielocontigo. Por lo menos allí nadie impedirá nuestro amor...-Eric... ¡no! No permitiré que pudiéndote salvar no lo hagas... Vete, hazlo por mí... Te loruego...-No, Sana, y no insistas...En ese momento llegaron los guardias:-Ha llegado vuestra hora, par de tortolitos- dijo un guardia llevándolos a una sala donde la gentevería como les daban los latigazos.-¡¡¡Sana, te queremos!!! -gritaron sus amigas.Sonó un tambor, símbolo de que la masacre empezaría.Sana y Eric se tumbaron boca abajo, en una mesa, y empezaron los latigazos.Ya les habían dado unos doscientos golpes cuando Sana dijo:-Eric, no aguanto más, quiero que sepas que te amo.-Y yo Sana...Y en su último aliento, los dos se dijeron:-Te quiero.Y murieron. Alba Ledo -1º A
  • LA BICI MONSTRUOHace muy poco, un niño llamado José Ismael estaba dando unavuelta con sus amigos por el monte, con las bicis y encontraronuna bicicleta vieja que estaba tirada.La cogieron y se la llevaron a una cabaña que tenían. Allí laprepararon toda, le pusieron discos de freno, doble suspensión,suspensión hidráulica, ruedas de coche... La llamaron Bicimonstruo.José Ismael la fue a probar al Monte Aloia. Cuando estababajando, un hombre lo vio y le preguntó si quería apuntarse alclub de descenso.-Tengo que hablarlo con mis padres.-Vale. Toma mi número por si te interesa: 686335590.Ismael se lo dijo a sus padres y le dejaron.Llamó al tipo. Le preguntó cuándo tenía que competir.Cuando iba a salir a correr se le pinchó una rueda y tuvo quearreglarla.Al final le dio tiempo a llegar a la meta y ganar. José Manuel Alonso-1º A
  • SuperhéroesÉrase una vez un pobre campesino que vagaba por un desierto.Un día, vio una cosa rara y pensó: ¿serán extraterrestres?, ¿vendrán ainvadirnos?Entonces vio que brillaba algo en el cielo.Como él no sabía qué era, asustado, echó acorrer.De repente, se hizo de día y se dijo:-Buscaré una tribu. Avisaré.Pero mientras la buscaba, se iba haciendo denoche otra vez.La noche siguiente no ocurrió nada pero al cabo de tres días volvieron losextraterrestres y empezaron a invadir la tierra.Como era un vagabundo nadie lo creía.Hasta que empezaron a invadirlo todo.Un tiempo después vinieron unos superhéroes de otros planetas, se reunierony decidieron intentar salvar la tierra.Luchaban y luchaban, pero nada. Eran muchos los extraterrestres y seguíanviniendo más y más.Tras muchos años de lucha, los extraños seres se iban debilitando peromientras ellos se iban debilitando ibanllegando más superhéroes a la tierra, que, alcabo de un tiempo, acabaron ganando laguerra.Desde entonces, para los humanos, fueroncomo sus dioses porque los defendían detodo lo malo.Y así es como termina esta historia. José Manuel Domínguez - 1ºA
  • Un día, a mis primos y a mí, se nos ocurrió la idea de ir a la supuesta casa encantada, donde se dice que, desde que murió la anciana que vivía dentro, se escuchan voces y golpes en las ventanas y se dice que la persona que entre tendrá una maldición eterna que afectará a toda su familia. Estaba claro que nosotros no creíamos en esas leyendas de las que hablaba la gente, así que fuimos a la casa de noche. Pretendíamos dormir allí. De lo único que teníamos miedo era de las ratas y demás bichos   que   podría   haber.   Las   primeras   horas   nos   hacíamos   los valientes pero al dar las doce todo cambió: empezaron los ruidos en aquel   viejo   salón;   las   ventanas   golpeaban   contra   los   marcos   y   se oían esas voces que salen en las películas y que empezaban a decir nuestros nombres.Nosotros quedamos asombrados.¿Cómo aquellas voces podían saber nuestros nombres?Empezamos a correr hacia las habitaciones y con todas las prisas nos dejamos las linternas y lo más importante, olvidamos a nuestra prima   pequeña,   a   la   que   teníamos   que   cuidar.   Así   que,   pese   al miedo,  volvimos al  salón  y     cuando  llegamos  nos  la   encontramos dormida   en   el   sofá.   Gracias   a   ella   nos   dimos   cuenta   de   que   los fantasmas no existían porque   vimos un cable debajo del sofá. Así que   seguimos   el   cable   hasta   un   proyector   que   estaba   escondido detrás de un cuadro. Nos sorprendió mucho porque era el proyector de mi padre, y eso solo quería decir una cosa, que todo era un plan de   mi   padre   y   de   mi   tío   para   asustarnos   por   la   apuesta   que habíamos hecho mis primos y yo. Así que todo era mentira. Solo fue un   engaño.   Aquel   día   dormimos   tranquilos   y   ya   no   volvimos   a pensar en aquella maldición.                                                                                                                 José Manuel Rodríguez Silverio­1ºA
  • MiedoEra una mañana fría y nublada aunque el verano ya había llegado.Nair estaba muy aburrida, así que decidió llamar a Yaiza, a Alba,a Andrea y a Sara.Todas eran amigas y decidieron ir hacia el campo de maíz, del quemuchos decían que estaba encantado, pero a ellas les gustabaaquel lugar verde y sereno.Allí podían estar solas, tranquilas y hablar de aquella absurdaleyenda que solo conseguía atemorizar a la gente.Por alguna razón, aquella tarde era distinta a las demás. Algo allíno iba bien. Notaban algo extraño... pero ¿qué?Alba y Yaiza, que eran dos hermanas muy unidas, no querían estarallí más tiempo, pero las demás insistieron para averiguar quépasaba en aquel campo tan raro.De pronto vieron una sombra y, atemorizadas, fueron a ver quién oqué era aquello, pero allí no había nada.-Es mejor que nos vayamos, esto no tiene buena pinta -suplicabaSara, al ver que Yaiza y Alba tenían razón.-¡No! ¿Cómo nos vamos a ir? Primero tenemos que saber qué eseso.Entonces, con paso sigiloso, se acercaron a la gran sombra que seocultaba tras el montón de paja. De pronto, la sombra desaparecióy lo único que se vio fue un espantapájaros sin cabeza.Las chicas, riéndose aún por el tremendo malentendido, sequedaron de piedra al ver lo que había detrás de ellas. ¡Era unhombre, cuya cabeza habían cortado, y levantaba una espadamontado en un enorme caballo negro!Aterrorizadas, empezaron a correr pero el hombre sin cabeza eramás rápido que ellas.Todas se refugiaron debajo de un viejo carro, temblando de miedo.Pronto dejaron de oír los cascos del caballo que se había ido ya,montado por aquel monstruo que había intentado matarlas hacíasolo unos minutos. Las cinco se levantaron y empezaron a llorardesconsoladas por lo que acababan de vivir.Todas juntas decidieron ir a casa de Alba y Yaiza para analizar ycomprender lo que acababa de ocurrir.
  • -Seguro que fue un bromista que nos quería dar un susto. Todassabemos que los fantasmas no existen.-Bueno, ¿quién sabe? Nosotras lo hemos visto y a mí me pareciómuy real. ¿Y si es cierto, y si de verdad existe?Todas se quedaron calladas, pero el silencio lo decía todo: aquellono había sido una broma.Se quedaron un rato en silencio, pensativas y asustadas por elmiedo que sentían al saber que se podrían encontrar de nuevo conel hombre sin cabeza.Oyeron que la puerta se abría y pensando que era el monstruo, sepusieron detrás del sofá.-Niñas, ¿qué hacéis ahí escondidas?Era la madre de Yaiza y Alba.Las cinco se pusieron de pie y rápidamente se lo contaron todo.-¡Cómo va a ser el hombre sin cabeza! Seguro que ha sido unbromista aburrido que decidió asustaros, nada más.Las cinco se quedaron conformes. Habían oído lo que ellassoñaban que les dijeran: que sólo había sido una broma.Se fueron contentas a la heladería para poder olvidar aquel maltrago.Al salir de casa y emprender el camino hacia la heladería, notaronque el viento había aumentado, pero eso a ellas le daba igual.Para llegar rápidamente a la tienda de los helados, tenían quepasar por una carretera que estaba al lado del campo de maízdonde habían sido atacadas por el presunto monstruo.Pasaron tranquilas por allí, riendo por lo que había sucedido, perouna espesa niebla se abrió paso ante ellas y, de nuevo, una sombragigantesca apareció.-Oh, no. Otra vez no -decía Sara aún cansada de la carrera que sehabía pegado por haber sido perseguida por aquel inmundo ser.Enseguida, como había previsto Sara, apareció aquel hombre consu enorme caballo negro. Las chicas empezaron a correr y elhombre sin cabeza las empezó a perseguir.De pronto, las cinco se separaron en pequeños grupos: Yaiza yAlba siguieron juntas, Nair y Andrea se fueron corriendo y Sara sequedó sola, desorientada por el miedo y la angustia.
  • Un grito suplicante sonó y los dos grupos se pararon en seco. Sereunieron en la carretera, pero algo no iba bien. ¡Faltaba Sara!-¿Dónde está Sara? -preguntaba Nair preocupada.-Seguro que está escondida en algún sitio -decía Andrea paraintentar calmar a las demás.Siguieron buscando, pero no la encontraron.Pasaron los días y no había rastro de Sara. Las chicas,desconsoladas, fueron una vez más al campo de maíz para intentarencontrar a su amiga.Estuvieron horas buscándola, pero no encontraron nada.Cada día, las chicas se fueron distanciando más y más hasta que,pasado un mes, ya no se hablaban.Nair, muy disgustada porque Sara aún no había aparecido, decidióir a dar una vuelta.No pudo aguantar la tentación de acercarse hasta el campo demaíz, así que emprendió el camino. Ella era la única de las chicasque no había abandonado la esperanza de poder encontrar a suamiga, dado que las otras ya la daban por muerta.Siguió buscando, gritando su nombre con la esperanza de que contanto grito, ella la oyera y saliera de su escondite, pero no huborespuesta para sus llamadas.Cansada, decidió retirarse.Iba por el camino que daba a su casa cuando, de repente, vio unbulto bajo un montón de hojas. Nair, tan curiosa como siempre,sacó aquel cuerpo del montón de hierba, pero hasta que lo viodetenidamente no se dio cuenta de que era Sara, y de que le habíanhecho un montón de cortes en su cara. Llorando, descubrió quellevaba una nota pegada a su ropa. La leyó y vio que ponía:´´Esta ha sido la primera, iré a por todas.´´ ¿FIN? Laura Dauzón -1ºA
  • MI LOBOHabía tantas versiones de aquel terrible suceso que sipreguntabas a alguien qué había sucedido, podían decirte laverdad, pero también podían hasta aparecer extraterrestresen aquella versión. A mí, lo que me parecía era unaestupidez. Todos hablaban de la muerte de Jhon. Decíanque le habían devorado los lobos, que le habían devoradounos monstruos, pero yo no me lo creía.Los lobos nunca habían sido violentos, no era propio deellos matar a una persona; pero allí nadie hacía caso aalguien que quisiera defender a los lobos.Todos decían que, si de verdad había justicia en el mundo,tendrían que cazar a los lobos.Llegué a casa enfadada por los comentarios que habíanhecho de mis lobos, los llamaba así porque para mí erancomo mi segunda familia.Me fui al patio trasero de mi casa, desde donde se podíaentrar al bosque con solo dar unos pasos. Me interné en élen busca de mi lobo, deseosa de verle.Como otras veces, me llevé de la nevera un trozo de carnepara dárselo de comer.La humedad que había hacía que fuera más difícil caminarpor el bosque.De pronto lo encontré, y observé cómo olfateaba el aire .Le lancé lo que le traía, pero él hizo caso omiso de lacarne .Nos quedamos un rato mirándonos, hasta que me fui por elfrío tan intenso que hacía.Al día siguiente, el final de todo llegó: iban a darle caza alos lobos.
  • Me fui corriendo al bosque en cuanto me enteré. Todo micuerpo olía a preocupación. Yo no sabía qué hacer.Cuando llegué allí, ya había muchos cazadores internadosen el bosque.Por los alrededores había policías vigilando, pero no mepude resistir, así que salté por encima de la pequeña valla yme interné yo también en el frío y húmedo bosque.Iba corriendo. Tenía miedo de llegar demasiado tarde. Depronto me detuve. ¡Alguien había disparado!Corrí en la dirección en que había oído el disparotemblando de miedo, pero cuando llegué ya era demasiadotarde.¡Habían matado a mi lobo! Laura Dauzón -1ºA
  • Las cosas hay que pensarlasUn niño que se llamaba Javier y que siempre estaba haciendo estupideces,un día quiso hacer un salto de más de diez metros desde un acantiladopero, cuando cayó al suelo, se rompió una costilla, un hueso de la mano yla rodilla.Lo tuvieron que ingresar en el hospital para que se recuperase.Los médicos que le atendieron no lo recuperaron bien, por lo que la madrede Javier fue al juez para que hiciese justicia.El juez falló a favor de la madre de Javier.El juez y la madre de Javier se hicieron muy amigos y el juez le dio unolivo de regalo.Cuando Javier llegó a casa puso el olivo en el salón. Al cabo de un par dedías, el olivo empezó a crecer hasta que llegó a lo más alto del techo de lacasa. Javier y su madre empezaron a preocuparse.Intentaron cortar un poco del olivo pero se resistía.Javier y su madre empezaron a temblar al ver las proporciones del árbol,pero al chico se le ocurrió una idea.-¿Qué idea es esa? -preguntó la madre.-Pues intentar sacar el olivo de la casa -respondió Javier.Entonces empezaron a sacar el olivo por la puerta. Les costó, pero al fin lolograron.Y Javier dijo:-¡No vuelvo a meter jamás un olivo dentro de casa! Santiago Fernández- 1º A
  • EN BUSCA DE LOS EXTRATERRESTRESEsto pasó un día en que tres amigos llamados Santi, Óscar y Brayan, queríansaber si, de verdad, existían los extraterrestres.-¿Por qué no vamos al espacio y lo comprobamos nosotros mismos?-Sí que queremos ir, pero es muy peligroso -dijeron Brayan y Santi.-¿Qué es peligroso? -preguntó Óscar.-Pues ir al espacio sin preparación -terminó diciendo Brayan.Y a partir de entonces no hablaron más de ello, hasta que un día...-Vamos a prepararnos para poder ir un día al espacio -decidieron los tres.Fueron a una oficina donde ofrecían trabajo para ser piloto de cohete.Ellos preguntaron si podían presentarse para ser pilotos.-Pues claro -dijeron los de la oficina.Entonces empezaron a prepararse, hasta que un día les dijeron que ya estabanlistos para pilotar un cohete e ir al espacio.Al día siguiente se fueron al espacio, pero se encontraron con una especieparecida a la humana. Eran bichos verdes, con la cabeza muy grande, conmuchos dedos en los pies y en las manos. Hacían sonidos muy raros, como sifuesen delfines. Los tres amigos intentaron comunicarse con ellos, pero nosabían hablar.Entonces decidieron volver a sus casas junto a sus familias y comunicarlesque, de verdad, sí existían los extraterrestres.No consiguieron comunicarse con ellos, pero consiguieron lo que en serio lesimportaba: saber si los extraterrestres existían. Santiago Fernández – 1º A
  • Capítulo uno- El encuentroHoy es un día como otro cualquiera de verano. Estoy sentada en el banco que tengo en el jardín demi casa leyendo como de costumbre. De repente oigo unas voces en la casa que está al lado de lamía. Me parece oír voces de niños de mi edad.-Bien, ya han conseguido vender la casa. Tendré nuevos vecinos -pensé.Asomé mi cabeza por encima de la valla que separaba mi casa de la de al lado y vi a una niñapequeña. Debía tener la edad de mi hermano, siete años más o menos.También vi a un chico bastante guapo. Era rubio, de ojos verdes y el pelo algo largo. Me miró y mesonrió. Yo le devolví la sonrisa, pero me agaché; supongo que tenía vergüenza.–Laura, ¿te vienes conmigo a hacer la compra al supermercado? -me dijo mi madre desde laventana.–Eh... sí. Espera que me calzo y voy.–Vale, te espero en el coche.Me calcé rápido y salí corriendo. Entré en el coche y estuve todo el camino pensando en el chico dela casa de al lado, y en por qué me habría sonreído. Al llegar al supermercado mi madre me dijoque le fuera a coger el azúcar. Fui y en el mismo paquete de azúcar pusimos los dos nuestras manos.–Lo siento. Toma, cógelo tú -dije un poco avergonzada.–No, lo siento yo. Toma, yo cojo este otro.Su voz era preciosa, era muy suave y dulce.–Gracias -le contesté y sonreí.–Tú vives al lado de mi casa, ¿no?–Sí. Tú te acabas de mudar, ¿verdad?–Sí, y veo que mis padres tenían razón.En ese mismo momento mi madre me llamó y me tuve que ir.–Lo siento -me quedé pensando en cómo se llamaría.–Kevin, me llamo Kevin.–Lo siento, Kevin, me tengo que ir.–Vale, después seguimos hablando.–Chao.Me dijo adiós y me sonrió.Estábamos en la caja y mi madre me preguntó quién era aquel chico con el que estaba hablando, yle dije que era el nuevo vecino.De camino a casa, estuve pensando en lo que me había dicho, lo de que sus padres tenían razón.Cuando llegó a su casa seguido leyendo en el banco, y a los 15 minutos alguien le habló.–Hola. Antes te dije mi nombre, pero tú no me dijiste el tuyo.–Oh, lo siento. Me llamo Laura.–Laura. Bonito nombre–Gracias.–Bueno mira, yo tengo que irme a desempaquetar mis cosas. ¿Qué te parece si hoy dejas que teinvite a cenar? No conozco mucho esto, pero sí sé de un sitio al que podemos ir.–Vale -dije un poco sonrojada.–Bueno. Pues a las nueve y media te recojo.–De acuerdo.–Chao -dijo él sonriendo.Fui junto a mi madre y le conté lo que me acabada de pasar. No me lo podía creer. Solo nosconocíamos de unas horas y ya me había invitado a cenar. Era mi primera cita y no iba a dejar quenadie la estropease.
  • Capítulo dos- La citaYa eran las seis y media de la tarde y yo estaba impaciente. Seguía sin creerlo. Él aún no meconocía, y no sé si quería que lo hiciera. Supongo que cuando lo hiciera ya no le caería muy bien.Había pasado con algunas personas como mi amiga Marta, por ejemplo. Ella y yo éramosinseparables, pero hubo una temporada en que yo estuve enferma y no fui a clase. Ella, al principio,me llamaba a menudo para ver cómo estaba pero a los pocos días empezó a llamarme menos y eldía que estaba recuperada del todo, entré por la puerta del colegio. Ella me vio y pasó de mí. Me ibaa acercar a ella pero Rebeca se me adelantó. Rebeca era una de nuestras peores enemigas y no mepodía creer que me dejara de lado por ella. Pero al cabo del tiempo me empezó a dar igual. Ya meestaba empezando a acostumbrar a estar sola, aunque ella seguía ahí, no la olvidaría nunca. Aúntenía nuestras fotos pegadas en la pared y recuerdos de ella de los que nunca me separaría.Me aburría un poco y decidí encender el ordenador. Entré en mi tuenti, pero no había nadieinteresante conectado, así que pensé en crear un blog tipo diario. Sobre lo primero que escribí fuesobre él, sobre el chico que acababa de conocer. Al poco rato ya tenía varios visitantes, y algunosseguidores, pero dejé de escribir. Ya era algo tarde, y tenía que empezar a prepararme. Me metí en laducha, pero antes puse un CD de música relajante. Cuando salí no sabía bien qué ponerme. Pensé enponerme algo bonito, un vestido tal vez, y escogí el azul marino a rayas blancas, a juego con lostacones azul marino. Vi la hora y eran las nueve. Tenía que darme prisa con el pelo. Me encerré enel baño y me lo planché en veinte minutos. Ya lo tenía bien peinado porque mi pelo no es muy rizo,solo un poco ondulado, pero yo me lo aliso casi siempre, junto con mi flequillo recto.Volví a ver la hora. Ya eran las nueve y cuarto. Así que aún me quedaban quince minutos. Mi madrellamó a la puerta de mi habitación. Ella quería ver cómo iba a ir vestida y peinada.–Laura, vas preciosa ¡En serio!- me dijo al verme.–Gracias, mamá.A los cinco minutos vino mi hermano pequeño, me vio y me echó la lengua. Yo le devolví el mismogesto.Cogí el bolso azul de mi hermana, me iba a juego con el vestido y me senté a esperar.No tuve que esperar mucho. Él llegó dos minutos después. Timbró y salí.Me saludó con dos besos en la mejilla y después nos dirigimos al restaurante. Una vez allí nossentamos en una mesa. El mantel era bastante bonito, de color verde. Enseguida vino el camarero ynos dio el menú. Los dos escogimos jamón asado con patas fritas.Estuvimos hablando casi toda la cena. Resulta que tenemos gustos muy parecidos. Su color favoritoes el verde y el mío también. Los grupos de música que le gustan; a mí, también. Cada vezencajábamos mejor, no habría imaginado que nos caeríamos tan bien.–Bueno, ¿y que tal de novios?- me preguntó.–Bueno, la verdad es que no sé... no muy bien. No es que conozca a muchos chicos. La verdad esque solo tuve un novio, y me dejó por alguien más popular y con más glamour, del instituto. No sé.Puede ser que ella esté destinada a quitármelo todo. También me quitó a mi mejor amiga.–¿En serio que ese chico te dejó? Seguro que no sabía lo que se estaba perdiendo.–Gracias -sonreí.–¿Y eso de que te quitó también a tu mejor amiga?Me dispuse a contarle lo que me había pasado con Marta.Después estuvimos hablando de animales y de muchas más cosas. La verdad es que yo era tímida,pero no sé, con él me sentía más libre, y me podía expresar mejor, con él me sentía diferente.Al acabar de cenar nos levantamos, pagó la cena y nos fuimos. Pasamos por un bonito parque y, como ya era tarde, él prometió que me llevaría otro día quequedáramos. Llegamos a nuestras casas, pero me acompañó hasta mi puerta. Era bastantecaballeroso. Nos despedimos con dos besos en la mejilla y entré.
  • Capítulo tres- La foto y el besoEran la once y media de la mañana cuando me desperté y me levanté a desayunar.Yo estaba tomando mis tostadas con mi zumo de naranja, como de costumbre, cuando entró mimadre por la puerta y me entregó un papel.–Toma, esto estaba en el buzón, pone que es para ti- me dijo.–¿Para mí?–Sí para ti, eso pone.-Cogí el papel y lo abrí. No era muy grande, tan solo era un nota en la que ponía:“Soy Kevin, Este es mi correo electrónico: Kevin7@hotmail.comAgrégame y si quieres hablamos. Un beso.Postdata: Me encantó la cena de anoche.”Al leer eso desayuné lo mas rápido que pude y me fui a encender el ordenador.Me conecté al messenger y lo agregué. A los tres minutos él ya me aparecía conectado y estuvimoshablando un rato.–Hola. Gracias por la nota.–No hay de qué. Solo tenía ganas de hablar contigo y se me ocurrió darte mi correo.–Vale.–Oye, estuve pensando. Sabes que ayer te prometí llevarte a ese parque por el que pasamos,¿verdad?–Sí, ¿por qué ?–¿Te gustaría que fuéramos hoy?–Sí, por mí no hay problema.–Bueno. pues ahora me tengo que ir así que, ¿te vendría bien a las cinco?–Claro.–Bueno, pues a las cinco te timbro en tu casa.–Vale. Chao.–Chao, preciosa. Un beso.Se desconectó, así que yo también lo hice.Me puse a recoger bien mi cuarto y después me duché.Comimos y vi un poco la televisión hasta las cuatro y media, después me puse a peinarme bien elpelo y esperé hasta las cinco.Escuché el timbre y me apresuré a abrir. Era él, así que ya salí.Por el camino hablamos de muchas cosas. Al llegar nos sentamos en un banco. Me hizo reir toda latarde. Era muy divertido, cada vez me encantaba más.Hubo un momento en el que empezamos a hablar de las fotos, porque él estaba empeñado enhacerme una.–A ver. Déjame sacarte una foto -intentaba convencerme.–¡Que no! Salgo muy mal en las fotos.–¿Sí? ¿En serio? Por eso en tu tuenti tienes superfotos tuyas, ¿no?–¿Mi tuenti? ¿Cómo sabes tú mi tuenti?–Amigos de amigos y tal -me dijo sonriendo.–¡Bah!–Por lo menos, sácate una foto conmigo. Los dos juntos.–Bueno, vale -me acabó convenciendo.Posó la cámara en el banco, puso el temporizador y nos pusimos los dos, cada uno al lado de unárbol, pero cada vez él se acercaba más y... de repente me besó.Me quedé impresionada pero supongo que me gustó. Cuando paramos de besarnos me di cuenta deque nos estaban observando, a lo lejos, Marta y Rebeca, pero pasé de ellas e hice como si nada.Nos volvimos a sentar y vimos la foto, salimos los dos besándonos. Nos miramos y sonreímos.
  • Capítulo cuatro- ¿Será una trampa o de verdad quierevolver a ser mi amiga?Volvimos a casa y nos despedimos.–Quiero pedirte perdón. A lo mejor te molestó que te besara.–No, al contrario, me encantó.Sonrió y nos volvimos a besar.Entré en casa y tenía un mensaje privado en el tuenti. Lo leí y ponía:“Laura, soy Marta, ¿sabes qué día es hoy? Hoy hace dos años del regalo ese que te hice de lapulsera de la amistad. Bueno, estuve pensando y... no sé, supongo que te echo de menos. Megustaría volver a quedar contigo algún día. Por favor responde.”Sin pensármelo dos veces le contesté, aunque me parecía un poco raro.“Claro que podemos quedar, solo di dónde y cuándo. Sabes que yo estoy encantada de volver ahablar contigo.”No tuve que esperar mucho para que me contestara:“Cuanto antes mejor, tengo muchas ganas de verte.”Le respondí enseguida:“¿Que tal mañana por la mañana?”Y ella me contestó:“Genial, mañana por la mañana me paso por tu casa.”Esperé un rato, no sabía qué contestarle y tampoco sabía qué podríamos hacer.Comí un bocadillo y después le contesté.“Vale, trae el biquini y nos metemos en mi piscina.”Aquella noche dormí impaciente, pero también pensé un poco mal. ¿Por qué después de tantotiempo decidía hablarme? ¿Y si era una trampa? Me habían visto con Kevin. A lo mejor era un plande Rebeca para quitármelo a él también...Al día siguiente me desperté temprano. Recogí bien mi cuarto. Al poco rato llegó Marta.–Hola- le dije.–Laura, tenía muchas ganas de verte -me dijo.Se acercó a mi y me abrazó.Nos dirigimos a mi cuarto y nos pusimos los biquinis. Después nos metimos en la piscina,chapoteamos y jugamos al juego del tiburón, como solíamos hacer todos los veranos.–Espera aquí, que voy a por un paquete de pipas -le dije.–Vale. Mientras yo iba a por las pipas, ella escribió un mensaje.“Rebe, soy Marta, Esto está funcionando. En cuanto coja más confianza con ella le pregunto por elchico del otro día.”–¿Qué haces, parva?-le pregunté al verla con el móvil.–No, nada. Le estaba mandando un mensaje a mi–¡Ah!–Me he estado fijando en que no has quitado ninguna de nuestras fotos, dibujos y cartas, que teníaspegadas en tu pared.–No, aunque tú empezaras a andar con Rebeca, que no sé por qué, pero bueno da igual, nunca penséen quitarlas. Tú seguiste siendo mi mejor amiga, y como te dije una vez, eso nunca va a cambiar,por nada del mundo.Esas palabras impactaron a Marta. No se esperaba eso.Estuvimos recordando mil cosas, y ella parecía que se iba quitando de la cabeza el plan de Rebeca.La invité a comer a mi casa y ella aceptó. Estuvimos toda la tarde charlando. Y al final me confesólo del plan. Pero con todo lo que habíamos hecho y hablado durante aquellas horas, se daba cuentade que me echaba de menos. Realmente, ni siquiera ella sabía por qué había dejado de hablarme porRebeca. Finalmente decidimos quedar para el día siguiente. Supuse que seguiríamos quedando yque nuestra amistad volvería a ser la misma de antes.
  • Capítulo cinco- La declaraciónAquel mismo día, una hora después de haberse ido Marta, ya había oscurecido. Estaba yorecogiendo el jardín y todo lo que habíamos manchado cuando escuché una música lenta.La música venía del jardín de Kevin. Me asomé y lo vi acostado en una tumbona. Me pareció algopensativo y me preocupé por él. La verdad es que empezaba a gustarme y por eso me preocupabatanto por él.Abrí la puerta de la verja que separaba su casa de la mía y me senté a su lado.–¿Te pasa algo? -le pregunté.–Uf, es que es muy difícil de explicar.–¿Sabes que me tienes aquí para todo? Puedes confiar en mí.–Es que... tiene que ver contigo.–¿Conmigo?–Sí, a ver, me cuesta mucho decirte que conocerte, encontrarme contigo, me cambió la vida, y me lacambió para mejor, vaya -me dijo.–¿Y sabes qué me pasa a mí?–¿Qué te pasa?–Pues que yo siempre había estado sola, nunca había tenido a nadie, pero ahora sé que ya no.Nos miramos fijamente, posé mi dedo índice sobre sus suaves labios y le besé... Yaiza Gómez -1º A
  • EL REINO PERDIDOUn día de verano mi hermano Berto y yo fuimos al Valle de los Muertos.Decían que allí había una maldición, pero no teníamos miedo.Cuando llegamos, una niebla espesa ocupaba toda la zona. Nos adentramos yescuchamos una voz tenebrosa.Aquel lugar estaba repleto de tumbas y a lo lejos, se veía una lápida enorme quedecía: UN PASO MÁS Y NO RETROCERÁS.Mi hermano y yo no sabíamos qué significaba. Dimos un paso y ¡puf!, unatrampilla se abrió y caímos. Caímos en un montón de paja. Estábamos como enuna casa abandonada. En la parte de abajo se oían ruidos. Yo tenía miedo peromi hermano estaba intrigado por ellos. Abrió la puerta despacio y avanzó. Leseguí. Bajamos unas escaleras. Enfrente estaba la puerta para salir. A la de tres,salimos por la puerta. Echamos a correr todo lo que podíamos. Nos escondimostras unos arbustos y nos recuperamos. Cuando nos tranquilizamos seguimos uncamino en silencio.Yo me moría de hambre. De repente, encontramos una finca llena de frutales:manzanos, cerezos, naranjos...Me puse muy alegre, no podía parar de saltar. Al acabar de comer, reanudamosel camino. Tras diez minutos andando, observamos que el camino acababa enun lago. Estuvimos pensando en qué podíamos hacer. Mi hermano encontróunos trajes de buceo y me mandó ponerme uno. Nos sumergimos y, bajo elagua, divisamos una especie de palacio.Yo tenía miedo. Pensaba que podía haber un pez o algo así que nos comería.Mi hermano, con lo aventurero que es, nunca tenía miedo.Entramos en el palacio, esperando encontrar a alguien. Buscamos por todaspartes y nada, pero nos quedaba una habitación sin explorar. La abrimos con laesperanza de encontrar algo de interés pero nada, estaba vacía.De repente, un duende salió de la nada. Y nos dijo:–Si estáis buscando la salida de este mundo, tenéis que ir a la casa abandonada,entrar en todas las habitaciones y dejar todas las puertas abiertas.Confiamos en él y nos pusimos en marcha. Al llegar, yo tenía mucho miedo,pero entramos en la casa. Parecía que ahora ya no se escuchaban aquellosruidos. Abrimos todas las puertas. De pronto, algo así como un tornado noselevó hasta el cielo y en un abrir y cerrar de ojos aparecimos de nuevo en elValle de los Muertos. Óscar Rodríguez - 1ºA