Vampiro vegetariano

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Vampiro vegetariano

  1. 1. A CASA DE LUCÍA Y TOMÁS VA A VIVIR UN NUEVO VECINO: EL SEÑOR LUCARDA. ALTO, DELGADO, DE UNOS CUARENTA AÑOS, SIEMPRE VISTE DE NEGRO Y NUN- CA HABLA CON NADIE. SUS OJOS OSCU- ROS Y PENETRANTES PARECEN ESCRU- TAR LOS PENSAMIENTOS DE LA GENTE.HAY PERSONAS QUE VIVEN AISLADAS Y TIENENCOSTUMBRES EXTRAÑAS. LA SOCIEDAD LASMARGINA POR ESO. ¿SON LOS VAMPIROSGENTE ASÍ?A PARTIR DE 9 AÑOS OTROS LIBROS - DE ESTE AUTOR: • El Mundo Flotante ■un ■ El Mundo Inferior ■ El Mundo Pretérito n ■ El Mundo Oscuro
  2. 2. — ESTO es un insulto, un atropello! -gritó Tomás-.¡No puedes cuidar de mí, tenemos la misma edad! —Soy mayor que tú -replicó Lucía tran-quilamente. —¡Solo tienes tres meses más que yo! -protestóel niño. —Pero he aprendido mucho en esos tres meses-dijo ella con una sonrisa de suficiencia-. Además,las chicas maduramos antes. Los padres de Tomás; habían decidido acudir auna cena a última hora y no habían encontradoninguna canguro disponible, de modo que lehabían pedido a Lucía, su vecina y amiga, que sequedara con él para que no hiciera ningúndesastre la última vez que lo habían dejado solo,el angelito había estado a punto de prenderlefuego a Ha casa con su juego de química).
  3. 3. Tomás acababa de cumplir los diez años y se asombrada, pues Tomás era un teleadicto fu-creía todo un hombre, y consideraba una ribundo-. Tienes permiso hasta las once.humillación insoportable que lo hubieran dejado —Todo lo que dan esta noche es una plasta.al cuidado de Lucía. Prefiero que mi canguro me cuente un cuento - —¿Ah, sí? Pues yo soy más grande y más dijo él con tono burlón.fuerte que tú -dijo el niño con tono amenazador-, —Está bien, te contaré un cuento.así que no puedes impedirme que haga lo que me Lucía se sentó en el sofá de la sala de estar,dé la gana. frente al televisor apagado, y Tomás se repantigó —No eres más grande, sino solo más gordo - en un sillón.replicó Lucía-. Y no necesito la fuerza para —Estoy listo. Empieza a contar, esclava.controlarte. Tengo el teléfono de la casa en la que —Érase una vez una princesa...están cenando tus padres, y me han dicho que los —¡Una princesa! -la interrumpió el niño-. ¡Nollame si te portas mal. pretenderás contarme una cursilada de cuento —Tú no harías eso, no te convertirías en una con princesas, hadas y esas tonterías!vulgar chivata... —¿Cómo puedes decir que es una cursilada si —No, si no me obligas. aún no sabes de qué va, botarate? -a Lucía le Tomás estuvo a punto de tirarse al suelo y gustaba usar insultos antiguos, de los que le oía aempezar a gritar y a patalear; pero se daba cuenta su abuela, aunque no sabía muy bien lo quede que eso era propio de un niño pequeño y, significaban.aunque estaba furioso, su miedo al ridículo era —Pues claro que sé de qué va —replicó Tomás-.mayor que sus ganas de desahogarse. De modo Va de princesas, y no voy a permitir que meque se contuvo y dijo: cuentes un cuento para niñas. Quiero uno de —Está bien, puesto que tienes que cuidar de terror.mí, cuéntame un cuento. - De acuerdo. Te contaré uno en el que tú —¿No quieres ver la tele? -preguntó Lucía eres el protagonista. 8 9
  4. 4. -¿Yo? Tal como te la he contado, sí -reconoció—Sí, tú... Imagínate que te has quedado solo en Lucía-, Pero estar solo en casa es parecido a estarel mundo: eres el único ser humano sobre el solo en el mundo... Imagínate que no estuvieraplaneta... yo, que ahora mismo estuvieras solo en casa...—Oye, eso me gusta. Podría hacer lo que Sabes que estás solo, has echado el cerrojo y niquisiera y todo sería mío... siquiera tus padres pueden entrar si no les—Sí. Eres el único ser humano del mundo y estás abres... Te vas a tu habitación tan tranquilo, y deen tu habitación a punto de irte a la cama. Y de pronto llaman a la puerta...pronto llaman a la puerta. —Qué tontería, son mis padres que han vuelto—¿Y? -preguntó Tomás visiblemente nervioso. antes de lo previsto.—Ya está. —Llaman a la puerta de tu habitación -precisó ella—¿Cómo que ya está? con voz insinuante.—Ya se ha terminado. Es un cuento corto. —¡Aaaaah! -gritó Tomás-, ¿Por qué me asustas?—¿Corto? ¡Querrás decir cortísimo, super- Se supone que eres mi canguro.cortísimo! No pasa nada, y no da ningún miedo - —¿No querías un cuento de terror?protestó él. —Sí -tuvo que admitir él-, pero no te he dicho—¿Estás seguro de que no da ningún miedo? - que fuera de esos en los que tú eres elreplicó Lucía mirándolo fijamente-. Estás solo en protagonista.el mundo, no hay ninguna otra persona en todo — Pues es una lástima que no te gusten, por-el planeta. Y de pronto alguien llama a la puerta. (|iie te iba a contar otro.—Sí que da miedo -reconoció Tomás después de ¡Cuéntamelo!pensar un rato en el asunto . Menos mal que es ¿No acabas de decir que no los quieres deuna situación imposible. esos de -tú eres el protagonista »? Da igual, cuéntamelo. -No, que luego te quejas de que te asusto.10
  5. 5. —No me quejaré -le aseguró Tomás. —¿En qué señor has pensado mientras te contaba —Está bien... Pero antes dime una cosa: ¿tú el cuento? -preguntó ella tras una pausa.crees en los fantasmas? —En uno cualquiera, ¿por qué? —Claro que no -contestó él-. Lo de los fan- —¿No le has visto la cara?tasmas es una tontería para asustar a los niños —No tenía cara.pequeños. —¿Te has imaginado a un hombre sin cara? Eso —Vale... Pues vas por un callejón oscuro y de da aún más miedo.pronto te cruzas con un señor, y el señor te —No es que me lo haya imaginado sin cara -pregunta: «¿Crees en los fantasmas?», y tú le explicó él-. Cuando te imaginas a una personacontestas: «No», y entonces el señor te dice: «Pues cualquiera, es como un bulto, sobre todo si te loyo sí», y desaparece. imaginas de noche y en un callejón oscuro. —Qué chorrada -comentó Tomás-. Este sí que —Eso es porque tienes poca imaginación. Lano da miedo. tienes atrofiada de tanto ver la tele. Yo, cuando —¿No? Piénsalo bien: el señor desaparece, se me imagino a una persona, veo perfectamente suvuelve invisible de pronto, pero sigue a tu lado, solo que cara -dijo Lucía.ahora ya no puedes verlo, estás a su merced... —¿Ah, sí, listilla? ¿Y qué cara le veías tú al —¡Aaaaah! -volvió a gritar él mirando ner- hombre del cuento mientras me lo estabas,viosamente a derecha e izquierda; pero esta vez contando?no podía quejarse, puesto que se lo había buscado. —¿Por qué te asustas, si es una chorrada? -dijo —La del señor Lucarda -contestó Lucía siniLucía con una maliciosa sonrisa. titubear. —No estoy asustado -replicó Tomás-, para —¡Aaaaah! -gritó Tomás por tercera vez-.. ¡Quénada. Grito por gritar, igual que cuando uno se ríe mala idea tienes! ¡Ahora que había conseguidodespués de un chiste: es lo que toca. olvidarme de él! 13» 12
  6. 6. El señor Lucarda era el nuevo vecino de la —Tu madre me ha dicho que no te dejeplanta baja. Alto, delgado, de unos cuarenta años, desvalijar la nevera -le recordó Lucía siguiéndolovivía solo, siempre vestía de negro y nunca hacia la cocina.hablaba con nadie. Sus ojos oscuros y penetrantes -—Solo voy a comer algo, un pequeño ten-parecían escrutar los pensamientos de la gente, y tempié -replicó Tomás.Tomás estaba convencido de «pie era un asesino —Además, te conviene adelgazar, pues cuantode niños. más gordito estés, más se fijará en ti el señor —¡Serás miedica! -se burló ella-. ¿Cómo puedes Lucarda.tenerle miedo al pobre señor Lucarda? —¡Aaaaah, maldita! -gritó él-. ¡Tenías que —¿Pobre, has dicho? ¡Pobre del que caiga en fastidiarme el tentempié!sus manos! Si te hubiera mirado a ti como me miróa mí el otro día... Seguro que es uno de esossacamantecas que hacen ungüentos mágicos con lagrasa de los niños. —Claro, por eso se ha fijado en ti. Con tu grasapodría hacer al menos cien tarros de ungüento. Sin llegar a ser un niño obeso, a Tomás lesobraban unos cuantos kilos. —Sí, tú ríete y verás lo que te pasa como notomes precauciones -le advirtió él-. Menos mal quevive en la planta baja y no puedo coincidir en elascensor con ese chupóptero... No quiero pensarmás en eso; voy a ver si me distraigo comiendoalgo.14 15
  7. 7. 2 —En la del señor Lucarda -contestó Lucía sin vacilar. —¿Cómo lo sabes, pequeña bruja? ¡Aún no se lo he contado a nadie! —Me lo ha dicho él. —¡Eso no te lo crees ni tú! ¡Pero si no habla niA la mañana siguiente, al ir a comprar el pan, con su sombra, ni para dar los buenos días! —Pues claro que no me lo ha dicho él -rió laLucía se encontró con Rosaura, la portera. niña-. Lo he deducido porque si hubieras estado Rosaura era una mujer grandota y sonrosada, en cualquier otra casa, no sería ninguna novedad.extraordinariamente fuerte, de unos cincuenta Elemental, querida Rosi.años. Sus principales aficiones eran la peluquería y —A ver, ya que eres tan lista, ¿y qué pasó? -leel cotilleo. Llevaba el pelo rizado y teñido de rubio preguntó la portera con los brazos en jarras.platino, y a Lucía le recordaba a una actriz del cine —Inteñtó seducirte -contestó Lucía muy seria.mudo. Aunque de muda, precisamente, no tenía —¡Demonio de niña! -exclamó Rosaura soltandonada. una carcajada-. ¡Lo que me faltaba a mí, a mis —Hola, Lulú -la saludó alegremente. Lucía y años!Tomás eran los únicos niños de la escalera, y —No disimules, que aún estás de muy buen ver.Rosaura, al contrario que la mayoría de las —Ay, qué cosas tienes... Pues no, es todo unporteras, era muy amable con ellos y nunca los caballero y no se propasó para nada. Todo unreñía. A Lucía la llamaba Lulú, y a Tomás, Tomi. caballero, sí, pero más rarito... Quiere que 1c —Hola, Rosi -contestó la niña. haga la limpieza una vez a la semana, y me —¿A que no sabes en qué casa estuve ayer? -preguntó la portera con aire de misterio.16 17
  8. 8. estuvo enseñando todas las cosas que no tengo quetocar para nada, ni para quitarles el polv o aS u escritorio, su armario, un arcón muy pande... —¿No será un ataúd? - ¡Qué cosas tienes! Pero, ahora que lo dices,desde luego que cabría un fiambredentro... En ese momento bajaba Camila, la vecina delprimero izquierda. Lucía vivía en el primeroderecha, y el balcón de su habitación era contiguoal del dormitorio de la bellísima Camila. A veces, al anochecer, se asomaban al balcón lasdo¿ a la vez, y la hermosa joven, aunque casi nuncahablaba, siempre le dedicaba a la niña una sonrisaencantadora. Camila tenía el cabello de un rubiodorado y unos preciosos ojos verdes. Lucía, quetenía el pelo y los ojos castaños, pensaba teñirse de jSlIferubio y ponerse lentillas verdes cuando fueramayor, para parecerse a Camila. —Buenos días -saludó la joven luciendo sudeslumbrante sonrisa. —Buenos días, Camila -contestaron a coroRosaura y Lucía.
  9. 9. —Qué guapa estás -añadió la niña con ad- es que ella es tan buena persona que se ere; quemiración. toco el mundo es bueno. Y, realmente, con el largo cabello suelto sobre —Ms gustaría ser como ella -suspiró Lucít.los hombros y un vaporoso vestido de algodón —Pues alégrate, porque de mayor serás igual deblanco, Camila parecía un hada o una princesa de guapa, pero más espabilada -le dijo la porteracuento. guiñándole un ojo. —Gracias, preciosa -dijo la joven acariciando —No querrás decir que Camila es tonta.suavemente la cabeza de Lucía. —Qué va, de tonta no tiene un pelo; pero es tan —Estábamos hablando del nuevo vecino, el ingenua y tan despistada que no se entera de laseñor Lucarda -comentó la portera-. Es tan rarito... mitad de la movida. —¿Tú crees? A mí me parece un hombre muy — Yo también seré ingenua y despistada deagradable. Tan elegante, tan reservado... -dijo mayor -dijo la niña-. Queda muy elegante.Camila, y se fue grácilmente, saludando con un —¿Despistada tú? -rió la portera-. Eso sí que noleve gesto de la mano mientras salía a la calle. me lo creo. A ti no se te escapa una. —Lo de reservado será porque no habla, pero De pronto se oyó un portazo seguido de unhay que ver cómo mira -replicó Rosaura, aunque sordo retumbar en la escalera, como si un pe-la joven ya no podía oírla. queño hipopótamo la estuviera bajando a —Eso dice Tomás -dijo Lucía con una risita. trompicones. —Pues Tomi tiene razón. A veces mira de una —Ahí llega Tomás -anunció Lucía.forma que da miedo, como si quisiera hipnotizarte Y, en efecto, a los pocos segundos apareció >elo leerte el pensamiento. Y el otro día lo pesqué niño muy sonriente. Saltó los últimos cinco es-mirando así a Camila. Lo que pasa calones con cara de Tarzán y aterrizó junto a los pies de Rosaura. K ....... Vaya, estás animado esta mañana -co- mento la portera.20
  10. 10. —Siempre estoy animado los sábados por la —Anda, acompáñame a comprar el pan. mañana -dijo el niño. —No debería, por meterte conmigo. —¿Has dormido bien? -preguntó Lucía con —No te quejes, que anoche te dejé desvalijar la retintín-. ¿No has tenido pesadillas? nevera, a pesar de las advertencias de tu madre. —Pues no, para que te fastidies -contestó él —¿Desvalijar la nevera? ¡Qué morro! ¡Si solo me dedicándole a Lucía una de sus muecas más dejaste hacerme un bocata! horribles-. He soñado con los angelitos. —Sí, solo un bocata, con una barra de cuarto —¿Con los angelitos o con las Camilitas? -dijo entera y medio pollo con mayonesa. la niña. A Tomás se le caía la baba cada vez que —El pan se pone duro si no te lo comes el veía a Camila, y Lucía no perdía ocasión de mismo día. Está feo desperdiciar comida. tomarle el pelo por ello. —Sí, sí, tú cébate bien cebado y verás qué La portera soltó una de sus ruidosas carca- contento se pone el señor Lucarda -comentó jadas, y el niño las miró a las dos con expresión Lucía echando a andar. feroz. —¡Te tengo dicho que no me lo menciones! - —Ya podéis reíros -dijo poniéndose rojo hasta exclamó Tomás yendo tras ella. la punta de las orejas-. De mayor me casaré con —Está bien; si no quieres que te lo mencione, no ella. Y no sé si os invitaré a la boda. te contaré lo que me ha dicho Rosi. —Pues tu novia acaba de salir en este mo- —¡Cuéntamelo! mento -comentó Lucía conteniendo la risa-. Y, —¿Me llevarás la bolsa del pan, como un por cierto, estaba guapísima, ¿verdad, Rosi? perfecto caballero? —Y que lo digas -convino la portera-. Parecía —Eres una vil chantajista... Está bien, está bien, la portada de una revista del corazón. te llevaré la bolsa. Tomás corrió hacia la puerta y miró a derecha — Pues resulta que ayer Rosi estuvo en su CMSil. e izquierda; pero su adorada ya no estaba a la vista. Lucía fue junto a él y le dijo: 2322
  11. 11. —¿De verdad? ¿No te lo estás inventando? - —O las dos cosas. Primero te chupa la sangre ypreguntó el niño con los ojos muy abiertos. luego te saca las mantecas -dijo Lucía dándole un —Te lo prometo. El señor Lucarda quiere que pellizco a Tomás en el michelín.Rosi le haga la limpieza una vez a la semana, y le —Sí, tú ríete, pero te advierto que los vampirosestuvo enseñando la casa para decirle las cosas prefieren a las chicas.que no tiene que tocar. —Pero las señoras de la limpieza lo tocan todo. —Normalmente, sí; pero por lo visto él tienealgunas cosas que no quiere que nadie toque. —¿Como qué? —Como un ataúd. —¡Anda ya! ¡Eso no me lo creo ni harto dechocolate! -exclamó Tomás, aunque por la ex-presión de su cara se veía que no las tenía todasconsigo. —Bueno, no es un ataúd con una cruz encima ytodo eso; pero es un cajón grande y alargado en elque cabe un cadáver. Si no te lo crees,pregúntaselo a Rosi. —¿Lo ves como yo tenía razón? No me negarásque es todo muy sospechoso, sobre todo que lediga a Rosi que no toque ese cajón. A lo mejor noes un sacamantecas, sino un vampiro. 2524
  12. 12. I^SPUÉS de comer, Tomás llamó a Lucía por el balcón. El niño vivía en el segundo derecha, y su habitación quedaba justo encima de la de su amiga. —¿Qué quieres? -preguntó ella asomándose. — Velar por tu seguridad -contestó el niño-. Sube a ver una película. —Estoy leyendo -replicó la niña. —Es una película antigua, de esas que a ti te gustan tanto. —¿Muda? —Casi. Hablan muy poco, al menos en el trocito que ya he visto. —¿Qué película es? •—Drácula. Y el que hace de vampiro es un tal Bela Lugosi -contestó el niño leyendo el nombre en la caja de la cinta. —Vale, ahora subo.26 ■
  13. 13. Los padres de Tomás estaban durmiendo la —El señor Lucarda tiene la cara más alargada ysiesta, como solían hacer todos los sábados, así que es más guapo; pero, desde luego, se parece alos niños disponían del salón y el televisor para Lugosi.ellos solos. —Igual es un descendiente suyo, y por eso A Lucía no le gustaban las películas de terror, también es vampiro.pero tuvo que reconocer que aquella era muy —Cómo te pisas -le reprochó Lucía-. En primerbuena. Las imágenes en blanco y negro eran lugar, el señor Lucarda no es ningún vampiro. Yimpresionantes, sin necesidad de sangre ni en segundo lugar, Bela Lugosi tampoco lo era:violencia, y sugerían un ambiente misterioso en el simplemente hizo el papel de Drácula como podíaque todo era posible, como si de un sueño se haber hecho el del capitán Garfio. También Bradtratara. Pitt ha hecho de vampiro en una peli, y eso no «Es como la pesadilla de un poeta», estuvo a quiere decir que lo sea.punto de decir la niña, pero se cortó por miedo a —Pero a ti no te importaría que te diera unlas burlas de Tomás, que siempre la estaba mordisquito, ¿eh? -bromeó Tomás. Sabía que Pittllamando cursi, redicha, marisabidilla, repelente ycosas por el estilo. era uno de los ídolos cinematográficos de Lucía. —No me negarás que se parece al señor Lu- —Deja de decir tonterías y pon en marcha elcarda -dijo el niño parando la película en un vídeo -dijo ella amagando un cachete que élprimer plano de Bela Lugosi. El famoso actor esquivó rodando hacia el otro extremo del ■ofá. Elhúngaro, muy convincente en su papel de Drácula, niño le dio al play y Drácula volvió a moverse por laparecía querer taladrarlos con la mirada. pequeña pantalla, siniestro y majestuoso como un —Es verdad -admitió ella-. Sobre todo en los auténtico príncipe de las tinieblas.ojos. —Para que te* enteres, no es lo mismo -in- —Y que lo digas. Miran de la misma manera. 2928
  14. 14. sistió el niño-. Bek Lugosi estaba tan compenetrado —Con 1o fácil que les resultaría romper los con su papel de Drácula que dormía en un ataúd, y cristales, siendo tan fuertes y tan invulnerables - cuando murió pidió que lo enterraran con su capa comentó Lucía con su habitual sentido común. de vampiro. —A lo mejor también son alérgicos al cristal - —¿Cómo lo sabes? opinó Tomás-. Como no se reflejan en los espejos, —Me lo ha dicho mi madre, que sabe mucho de odian todo lo que es de cristal. cine antiguo -Tomás llamaba «cine antiguo» a —Puede ser -admitió ella-, A lo mejor en la novela todas las películas anteriores a La guerra de las galaxias. le dice... —Aunque así fuera, no creo que el señor —¿Hay una novela de Drácula? -preguntó Lucarda sea descendiente de Bela Lugosi. el niño. —¿Por qué no? Se parece mucho a él, y su —Claro, todas las películas se basan en ella. Es apellido también empieza por «Lu», y además una novela muy antigua. Mi madre la tiene. suena a húngaro. —¿Vamos a tu casa a leerla? -propuso Tomás. —Es muy larga; no podríamos leerla ni en —A mí me suena más a italiano -replicó ella-, Y Coda la tarde. déjame ver la peli, plasta. —Pero podemos leer algunos trozos, donde —Sí, pero fíjate bien en todo lo que dicen qué cuente lo que hay que hacer si a uno lo ataca un hay que hacer para librarse de los vampiros. vampiro -insistió él. Podrías necesitarlo antes de lo que piensas... —De acuerdo; pero te advierto que da mucho Lo único nuevo que aprendieron viendo la miedo,» mucho más que la película. Yo empecé a película fue que había una planta llamada «lu- leer-la y la tuve que dejar porque tenía potad i lias. paria* que detenía a los vampiros tanto como el ajo —Siempre dará menos miedo que el señor o el crucifijo, y que no podían entrar en una habitación si la ventana estaba cerrada. Lucarda -replicó Tomás.30 ■ 31
  15. 15. De modo que bajaron a casa de Lucía, que le un príncipe rumano del siglo XV famoso por supidió la novela a su madre. crueldad, llamado Vlad Tepes, que luchó contra los —No es una novela para niños -dijo ella-. No turcos y disfrutaba torturando a sus prisionero». Eracreo que os guste. tan malvado que le pusieron el sobrenombre de —Ya no somos niños -replicó Tomás-, somos casi «Drákul», que significaba «hijo del diablo».preadolescentes. En la novela, de casi cuatrocientas páginas, habla —Pues tampoco creo que sea adecuada para muchos trozos de «rollo», como llamaba Tomás a las«casi preadolescentes» -insistió la madre de Lucía. largas descripciones en las que no pasaba nada, y el —Acabamos de ver la peli y queremos leer niño insistía en que se los •altaran en busca de acción.algunos trozos para ver si coincide con la novela - De este modo, saltando de susto en susto, lograronexplicó la niña. terminar la novela, y también la caja de galletas. —Está bien, está bien; pero esta noche no quiero Se enteraron, así, de que no bastaba con clavarles ainsomnios ni pesadillas escandalosas -advirtió la los vampiros una estaca en el corazón, aino que luegomadre, dicho lo cual buscó la novela en una de las había que cortarles la cabeza. También descubrieronestanterías del salón y se la dio. que la película que acababan de ver era bastante Los niños se fueron a leer a la habitación de distinta de la novela. Por ejemplo, en la películaLucía, no sin antes pasar por la cocina para coger mataban al conde Drácula en Londres, mientras que enuna caja de galletas. Se tumbaron en la alfombra con la novela eI vampiro volvía a su castillo de Transilva-el libro entre ambos y las galletas al alcance de la lliu, y el profesor Van Helsing (experto vam- pirólogo)imano, y empezaron a leer. y sus amigos tenían que perseguirlo allí». Por el prólogo se enteraron de que Bram Stoker,el autor de Drácula, se había inspirado para escribirsu novela en un personaje real: ■ 3332
  16. 16. Con la lectura (y las galletas) se les había pasadola tarde volando, y no hacía ni cinco minutos quehabían terminado la novela cuando la madre deTomás lo llamó por el balcón para que subiera acenar. Es un poco rollo, con tanta carta y tanto diario-comentó el niño mientras iban hacia la puerta-,pero tiene trozos chulísimos. —Sí -convino Lucía-, está muy bien. El rellano estaba oscuro, y el pulsador de la luzquedaba en el centro, enfrente de la puerta delascensor. Buenas noches, y felices pesadi... -empezó adecir Tomas mientras iba hacia el interruptor, perono pudo terminar la frase: al ir a pulsar el botón,sintió una mano grande y peluda bajo la suya. Sellevó tal susto que no pudo ni gritar. —¿Qué pasa? -preguntó Lucía desde la puerta desu casa. En ese momento se encendió la luz, pues lamano peluda había pulsado el interruptor, y antelos niños, negro y siniestro, apareció el mismísimoseñor Lucarda. —Hola -dijo con una forzada sonrisa que puso aldescubierto sus dientes blancos y afi-34
  17. 17. lados-. Estaba a punto de entrar en mi casa cuando -—Tú misma has dicho que la estaba espiando.he oído un ruido extraño y he subido a mirar. —Bueno, sí, pero eso no significa que tuviera¿Vosotros no habéis oído nada? malas intenciones. Puede que estuviera es- Lucía y Tomás, incapaces de hablar, negaron cuchando junto a su puerta para saber si está encon la cabeza. casa o no. Los admiradores de las chicas hacen ese —Me habré confundido -dijo entonces Lu- carda tipo de cosas.con un encogimiento de hombros-. Buenas noches, —Y además tiene la mano peluda, comoniños. Y felices pesadillas -aña- dió con voz Drácula -insistió el niño.cavernosa, terminando la frase de Tomás. —Si todos los hombres peludos fueran vam- Cuando se hubo ido escaleras abajo, Lucía, que piros... -replicó ella.fue la primera en recobrar el habla, comentó: —Vale, todavía no podemos estar seguros de —Estaba espiando a Camila. que sea un vampiro -admitió él-. Pero yo, en tu —O a nosotros -dijo Tomás con un hilo de voz. lugar, esta noche bajaría la persiana del balcón. —-No -replicó la niña-. Por su posición en elmomento de encender la luz, está claro que veníade la puerta de enfrente. —Sí, tienes razón -admitió él-. Es natural, losvampiros prefieren a las chicas guapas. —No te pases, no tiene por qué ser un vampiro.Puede que, simplemente, le guste Camila. A lomejor quería llamar a su puerta y no se ha atrevidoporque es tímido.36 37
  18. 18. —Solo quiero estirar las piernas... ¿De verdad que no estoy pálido, ni siquiera un poquito? —No estás nada pálido -le aseguró su ma- dre-. Ya me gustaría a mí tener ese color tan sonrosado nada más levantarme... El que sí estaba pálido, y mucho, era el señorEL domingo por la mañana, y en contra de su Oliva, con quien Tomás coincidió en el rellano. Elcostumbre de quedarse remoloneando en la cama señor Oliva vivía en el segundo izquierda, y era elhasta muy tarde, Tomás se levantó temprano. Se propietario del edificio, es decir, el casero de todoshabía pasado la noche soñando con escaleras los demás inquilinos. Era un hombretón grande yoscuras y manos peludas, y tenía unas ganas locas gordo, calvo y coloradote, y muy antipático.de salir al aire libre y ver el sol. Aquella mañana seguía siendo grande, gordo, Tantas ganas tenía de salir que, para sorpresa de calvo y antipático, pero no coloradote. Estabasus padres, se ofreció a ir a comprar el periódico blanco como la cera.sin ni siquiera pedir nada a cambio. Al ver que Tomás lo miraba con insistencia, le —¿Te encuentras bien, cariño? -le preguntó su preguntó de muy mal humor:madre. —¿Y tú qué miras? ¿Tengo monos en la —Sí, ¿por qué? -dijo él tocándose nerviosamente cara?el cuello en busca de posibles orificios vampíricos-. —No -contestó Tomás sin dejar de mirarlo¿Estoy pálido? fijamente-, pero está usted muy pálido. —No, hijo, tienes muy buen color -lo tranquilizó —Estoy como me da la gana, ¿y a ti qué tesu padre-. Lo que pasa es que a mamá y a mí nos Importa?sorprende un poco que te levantes tan temprano yestés tan servicial. —No me importa, pero yo, si fuera usted, I dormiría con la ventana cerrada.38 39
  19. 19. Al oír aquello, el señor Oliva se puso aún más pálido. Había tenido una extraña pesadilla: algo o alguien, una informe sombra negra, entraba en su habitación por la ventana y se acercaba lentamente a su cama, donde él yacía boca arriba sin poder moverse, paralizado por el terror. Y luego la sombra negra se inclinaba sobre él... —¿Por qué dices eso, niño? -preguntó con voz temblorosa. —¿Tiene alguna marca en el cuello? -pre- guntó a su vez Tomás. —No... no creo -contestó el señor Oliva pa- sándose una manaza sudorosa por su cuello de sin rechistar. Bajo la correa del reloj, en la parte toro-. Antes, al afeitarme, no he visto nada. —¿Y interior de la muñeca, apareció un punto rojo en los brazos? justo encima de la vena, que estaba ligeramente El hombretón se remangó la camisa apre- inflamada. suradamente y dejó que el niño le examinara los —¿Cómo se ha hecho eso? -preguntó el brazos con mirada de experto. mño. —¿Duerme con él puesto? -preguntó Tomás —¡No lo sé! -exclamó el hombretón-. Pa... parece señalando el aparatoso reloj de oro que el señor la picadura de un bicho. Oliva llevaba en la muñeca izquierda. —Un bicho capaz de quitarle el reloj, palpitadle —Sí, casi nunca me lo quito, ¿por qué? en la vena y luego volver a ponérselo. Yo, en su —Quíteselo. El casero estaba tan asustado que obedeció lugar, dormiría con la ventana cerrada. 4140
  20. 20. Sin decir palabra, el señor Oliva miró al niAo —Bueno, no es para tanto. Una picadura en la©OH la cara desencajada por el terror y volvió t muñeca no significa nada -dijo Lucía-. Además,meterse corriendo en su casa. los vampiros muerden en el cuello. Tteás» por su parte, estaba tan asustado que —¿No te acuerdas de Tom Cruise en Entrevistano jftjílf« reaccionar. Como un autómata, fue a con el vampiro? A veces chupan de la muñeca. Y tecomprar «I periódico y volvió a casa, digo que el señor Oliva estaba más pálido que el —Akora sí que estás un poco pálido, cariño -le propio señor Lucarda, y cuando le he dicho lo de«fijo stí madre-, ¿Te encuentras bien? que debería dormir con la ventana cerrada, se ha —De momento, sí -fue la enigmática res- puesto como loco.puesta. -¿Y qué? Una vez en su habitación, arrancó una hoja de —¿Cómo que y qué? La gente que es atacadam cuaderno escolar y escribió unas líneas. Luego por un vampiro en la cama se cree que es unla dobló cuidadosamente, se la metió en el sueño, y a la mañana siguiente se olvida. Pero albolsillo, salió al balcón y lamó a Lucía. La niña *e decirle yo lo de la ventana se ha vuelto a acordar,asomó enseguida, muy sonriente. y por eso le ha entrado el canguelo. —Hola -lo saludó-, ¿Has visto qué buen día —Bueno, aunque fuera verdad, deberías ale-hace? Por fin ha salido el sol. grarte -bromeó Lucía-, siempre has detestado al —Baja a la portería -dijo él muy serio, sin ni señor Oliva.siquiera devolver el saludo-. Es una cuestión de —Pues si ya es un palo aguantarle tal como esvida o muerte. ahora, imagínate si encima se convierte en Cuando ella bajó, cinco minutos después, vampiro -replicó Tomás.Tomás ya estaba esperándola junto a le» bu- —¿Y ese papel? -preguntó la niña señalandozones. Atropelladamente y en voz muy baja, la hoja doblada que él tenía en la mano.como si alguien pudiera oírles, el niño le contó •u —Es una carta para Camila. Hay que adencuentro oon el casero.
  21. 21. vertirla del peligro. ¿Me la miras por si hay faltas necesitará tomar aire -replicó él-. Y no se va a reír.de ortografía? Es más lista que tú, y seguro que ya se ha dado —Trae -dijo ella cogiendo el papel-. Aunque, cuenta de que el señor Lucarda es peligroso. más que las faltas de ortografía, me preocupan Dicho esto, Tomás volvió a doblar la nota y la los disparates que puedas haber escrito... metió en el buzón de Camila con el gesto solemne Lucía desdobló la hoja y leyó: de quien está haciendo algo de vital importancia. —Aprovecharé para ver si hay algo en mi Querida Camila: buzón -dijo Lucía. Lo abrió y, viendo que no había Aunque te cueste creerlo, tu vida corre peligro. Debes nada, volvió a cerrarlo, a la vez que la dormir con las ventanas cerradas y con una ristra de ajos sobresaltaba un apagado grito de Tomás. alrededor del cuello, pero si no tienes ajos cuélgate una —Aaaaah... ¡Mira! -exclamó el niño señalando cruz lo más grande que puedas. algo con mano temblorosa. Firmado: Alguien Que Te Quiere —¿Qué pasa? -preguntó Lucía, alarmada. Miró hacia donde señalaba el dedo del niño y vio el —¿Está bien? -preguntó Tomás ansiosamente. buzón del señor Lucarda, sobre el que había una —Vas mejorando, no hay faltas de ortografía -lo etiqueta negra con grandes letras mayúsculas felicitó ella-. Se podría añadir alguna coma para doradas en la que ponía, simplemente, que la pobre Camila no se ahogue al leerla; pero LUCARDA. como de todas formas se va a ahogar con el —¡Mira! -volvió a decir Tomás con la voz ataque de risa que le va a dar, no importa. entrecortada por el terror. —No la va a leer en voz alta, así que no —¿Tanto miedo le tienes que te pones a temblar con solo ver su nombre escrito? -preguntó la niña con tono burlón.44 45
  22. 22. precipitarnos. Puede que solo sea un chiflado —Vuelve a abrir tu buzón -pidió él. que se divierte haciéndose el siniestro y asus- —¿Para qué? tando a la gente. Como Bela Lugosi cuando le —Ábrelo y verás. dio por dormir en un ataúd... —Está bien... —Yo, por si acaso, voy a tomar precauciones - La niña volvió a abrir su buzón, y entonces dijo Tomás bajando aún más la voz-. Y te aconsejocomprendió por qué su amigo estaba tan asus- que hagas lo mismo.tado. Los buzones eran de acero y estaban re-lucientes como espejos, pues Rosaura les sacababrillo continuamente. El buzón de Lucía estabaal lado del de Lucarda, y el nombre de este, alreflejarse en la portezuela abierta, se leía delrevés: ADRACUL. Sin más que poner la A delprincipio al final, el nombre se convertía enDRÁCULA. —¡Lucarda es un anagrama de Drácula! -ex-clamó la niña sin poder evitar un estremeci-miento. —¿Qué es un anagrama? -preguntó Tomás. —Una palabra que tiene las mismas letras queotra, pero en distinto orden. —¿Y ahora, qué? ¿Sigues sin creer que es unvampiro? ¡A lo mejor es el mismísimo Dráculade incógnito! —Tengo que reconocer que son muchascoincidencias -admitió ella-, pero no debemos 4746
  23. 23. Me ha dicho que es vegetariano y, además, crudimano, o algo así. —¿Crudívoro, tal vez? —Eso, crudívoro. Que se lo come todo crudo, vaya. —Bueno, eso no es tan raro -comentó la niña-. Yo tengo un profesor de matemáticas que también esEL lunes por la tarde, al volver del colegio, Lucía vegetariano y que dice que cocinar es perder else encontró en el portal con Rosaura, que la llamó tiempo estropeando comida.muy excitada: —Más a mi favor -dijo la portera-. ¿Hay algo más —Ven, Lulú, que tengo que contarte una cosa raro que un profesor de matemáticas?que te vas a quedar patidifusa... Esta mañana he —Eso también es verdad -rió Lucía.hecho la limpieza en casa del señor Lucarda... El —Además -prosiguió Rosaura-, tocto lo que tieneotro día te dije que es rarito, ¿verdad? es negro: las toallas, las sábanas, el batm, las —Sí. zapatillas, las cortinas... —Pues me equivocaba. No es rarito: es rarísimo, —¿Los calzoncillos también?el más raro del mundo... Ha montado un —No se los he visto. El armario es una de laslaboratorio en la cocina, todo lleno de tubos, cosas que no quiere que toque. Y además estáfrascos y esas cosas que se ven en las películas... cerrado con llave. —¿Y dónde guisa? -preguntó la niña. —¿Cómo sabes que está cerrado con llave si no —Eso es lo más gracioso: no guisa. Ni siquiera puedes tocarlo? -preguntó la niña con una picaratiene cacharros de cocina, y en la nevera solo había sonrisa.unos tomates y unas manzanas. •^■¡Mírala qué lista es ella! -exclamó la portera soltando una carcajada-. Pues sí, he inten-48 49
  24. 24. yugular, no te convencerás, y entonces será —Ya. Y la pistola de agua es para apagarlo - demasiado tarde. Ya lo dice el profesor Van ironizó ella. Helsing en la peli: «La fuerza del vampiro es que —Para que te enteres, está sargada con agua nadie cree en su existencia*. Menos mal que yo sí bendita. Sí falla la lámpara, «sea lo parará. Bl , agua que creo, y estoy preparado. —¿Cómo te has preparado? bendita es como ácido sulfúrico para ellos. I —¿De —Ven a mi habitación y lo verás. dónde k has sacado? Fueron al cuarto de Tomás, que, con gran I, —De la pila de la Iglesia. Por cierto, d cura casi me solemnidad, sacó de debajo de la cama todo su pilla. No pensaba q»e un hombre con sotana arsenal antivampiros: una pequeña lámpara solar pudiera correr tan deprisa. con su soporte, una pistola de agua, dos —¿No tienes ningún crucifijo? puntiagudas estacas de medio metro cada una —Pues claro que lo tengo -contestó Tomás (hechas a partir de un viejo mango de escoba), desabrochándose la camisa y mostrando un rosario una ristra de ajos y un abrecartas de plata. que llevaba al cuello-. ¿Te crees que soy un vulgar —¿Para qué sirve esa lámpara? -preguntó aficionado? Si a pesar de todo llega hasta mí, esto lo Luda. parará. —La usa mi madre en invierno para que se le | —¿Y el abrecartas? ponga morena la cara -contestó él colocándola M —Es de plata, y aunque no está, muy afila- I do, la sobre la mesita de noche, enfocada hacia el punta pincha bastante. Lo pondré debajo balcón-. Esta noche la pondré aquí, y si entra ■ de la almohada, por si acaso. quien tú ya sabes, zas, lo ilumino de sopetón y... —Creía que la plata servía contra los hombres ~¿Y qué? —¿Cómo que y qué? Es una lámpara solar, y lobo -comentó Lucía. los vampiros no soportan la luz del sol. En cuanto —Bueno, sí, pero ya viste que en la novela dice lo ilumine, arderá como una tea. que los vampiros también pueden convertirse en lobos... Por cierto, ¿qué pasaría si un vampiro mordiera a un hombre lobo? —Se le llenaría la boca de pelos -rió ella.52 53
  25. 25. —Muy graciosa... Sería vampiro y hombre lobo a la vez. Las noches de luna llena, primero chuparía la sangre, y luego se comería a sus víctimas. —Los hombres lobo no se comen a la gente - replicó Lucía-, solo muerden. —Menos mal. No me extrañaría que el señor Lucarda fuera las dos cosas. Y no me gustaría LUCÍA no era muy miedosa, pero aquella noche terminar en su tripa. cerró la puerta acristalada de su balcón antes de acostarse. No creía que el señor Lucarda fuera un vampiro (en realidad, ni siquiera creía en la existencia de los vampiros); pero podía ser un loco peligroso, y no era difícil trepar desde la planta baja hasta el balcón. Estaba a punto de dormirse cuando le pareció oír un gemido ahogado procedente de la habitación de Camila. Se levantó corriendo y pegó la oreja a la pared que separaba su dormitorio del de su vecina. Y entonces oyó un ruido sordo e inquietante, como de lucha. Sin pensárselo dos veces, salió al balcón, dis- puesta a gritar, pero no pudo, como cuando en las pesadillas quería llamar a su madre y no le salía la voz.í Los balcones estaban casi pegados. Era fácil 54 55
  26. 26. pasar de uno a otro, y Lucía era muy ágil. En Camila corrió a abrazar a la niña. Entoncescuestión de segundos saltó al balcón de Camila y Lucía se dio cuenta de que la joven llevaba en laentró en svi habitación, pues la puerta acris- mano una larga boquilla de plata. No parecía lotalada estaba abierta de par en par. más adecuado para defenderse, pero, Había luna llena, y además la lámpara de la probablemente, atacada por sorpresa mientrasmesita de noche estaba encendida, por lo que k estaba en la cama, había cogido instintivamente loniña vio la escena con toda claridad. Camila, con primero que había podido. O tal vez la plataun largo y vaporoso camisón blanco, hacía frente también mantuviera a raya a los vampiros, comoal señor Lucarda, que parecía a punto de creía Tomás.abalanzarse sobre ella. !• —Pobrecita, qué susto te habrás llevado -dijo la Entonces, por fin, Lucía logró lanzar un grito joven acariciando la cabeza de Lucía. I —Más susto te habrás llevado tú -dijo la niña-. Peroahogado, y los dos se volvieron a mirarla. Eí ¿cómo has podido dejarlo tieso de un golpe?hombre tenía los ojos enrojecidos y los labios —Una chica sola tiene que aprender a de-manchados de sangre. fenderse -contestó Camila con una de sus —¿Qué haces aquí, niña? -preguntó Lucarda encantadoras sonrisas-, y yo sé un poco de kárate.con una mezcla de ira y asombro en la mirada-. —¿Y cuando vuelva en sí...?¿Por dónde...? —Yo me ocuparé de él. Ahora tienes que Pero no llegó a terminar la frase. Aprove-chando que le estaba dando la espalda, Camila, regresar a tu casa.con una rapidez y una decisión admirables, dio —¿No deberíamos llamar a la policía?líh paso hacia él y le descargó un fuerte golpe en —La policía no sabría qué hacer en un casola nuca con el canto de la mano. Lucarda se como este -replicó la joven-. Yo sí. Anda, vuelve adesplomó como un fardo y quedó tumbado en el casa y no tengas miedo. Yo me ocuparé de todo.suelo cuan largo era, sin sentido. •56 57
  27. 27. Dicho esto, Camila cogió en brazos a Lucía y lallevó a su balcón. Mientras la pasaba por encima dela barandilla, le dio un beso en la frente y le dijo: —Me has salvado la vida. Nunca lo olvidaré.Buenas noches, y dulces sueños. Pero la niña no logró dormir en toda la noche.Estaba demasiado excitada con lo sucedido,aunque, curiosamente, no tenía miedo. Ni siquieravolvió a cerrar la puerta del balcón. Camila parecíatan segura, tan dueña de la situación... ¿Qué haría con Lucarda?, se preguntó Lucía.¿Clavarle una estaca en el corazón y cortarle lacabeza? No podía imaginarse a la hermosa y dulceCamila haciendo algo tan horrible; pero, por otraparte, parecía saber que era un vampiro, pueshabía dicho que la policía no podía hacer nada enaquel caso. Y había añadido que ella sí sabía lo quehabía que hacer... Varias veces estuvo a punto de levantarse del.i cama para pegar la oreja a la pared y estucharlos ruidos de la habitación de su vecina, pero no seatrevió a hacerlo. Tenía miedo
  28. 28. de oír los golpes secos del martillo y el crujido de la estaca al penetrar en el pecho del vampiro. Al amanecer salió al balcón, y en el suelo encontró un sobre con su nombre. Era una carta de Camila: Querida Lucía: Gracias una vez más por tu ayuda. Eres muy valiente, y siempre recordaré lo que has hecho por mí. La nota que me dejó Tomás en el buzón también me ha ayudado mucho, pues cuando Lucarda me ha atacado ya estaba prevenida. Dale las gracias de mi parte. Yo ahora tengo que irme por unos días. Volveré el domingo por la tarde, y os prepararé una opípara merienda; venid a mi casa hacia las seis: tengo muchas La persiana del balcón de su vecina estaba cosas que contaros. bajada del todo. ¿Se habría ido para deshacerse del No tenéis nada que temer de Lucarda. Podéis dormir cuerpo de Lucarda? Era lo más probable, pues no tranquilos y con las ventanas abiertas. Un cariñoso abrazo de vuestra amiga podía clavarle una estaca en el corazón y luego llamar a la funeraria y decirles que se lo llevaran. Camila Lucía se estremeció al pensar en la macabra situación. Volvió a entrar en su cuarto, se tumbó en la cama y se quedó profundamente dormida.60
  29. 29. 7 — Tenemos que hablar -dijo ella escueta- [ mente-. Vamos al parque. Había un pequeño parque cerca, que la niña cruzaba iodos los días al ir y venir del colegio, y hacia allí se dirigieron. ■ —Voy a llegar tarde -comentó Tomás, aunque sin excesiva preocupación-. Y tú más. ESPIERTA, dormilona, que vas a llegar —-Vamos a hacer novillos. tarde al colé! -—{No me lo puedo creer! -exclamó el niño-. ¡La Lucía no llevaba ni un par de horas dormida superempollona haciendo novillos! —Es una cuando sp madre, sacudiéndola suave- menté, la emergencia -se justificó Lucía. despertó. Al poco rato llegaron al parque. Se sentaron en El Cansancio y las emociones de la noche un banco, cerca de un estanque con patos, y anterior la habían dejado agotada, y tuvo que Tomás preguntó: hacer un esfuerzo sobrehumano para levantarse |¡ —¿Tiene que ver con... quien tú ya sabes? de la cama. Se lavó y desayunó a toda prisa, pero —Sí -contestó la niña muy seria-. Tenías I razón: al llegar a la portería decidió esperar a Tomás. Lo el señor Lucarda es un vampiro. que había ocurrido era demasiado importante, y —¿Cómo estás tan segura? ¿No te habrá tenía que contárselo enseguida. atacado? Ahora que me fijo, estás muy pálida... Tomás no iba al mismo colegio que ella, y entraba Lucía le contó su extraordinaria aventura B: un poco más tarde, por lo que no solían coincidir nocturna, y luego le enseñó la carta de Camila.por las mañanas. Cuando el niño bajó, se sorprendió Cuando terminó de leerla, Tomás estaba tem- al ver a su amiga esmerándolo. blando. —¡Lucía! ¿Qué haces tú aquí a estas horas? —¿Qué hacemos ahora? -preguntó con expres ion de terror. 62 63
  30. 30. 7 —Tenemos que hablar -dijo ella escuetamente-. Vamos al parque. Había un pequeño parque cerca, que la niña cruzaba todos los días al ir y venir del colegio, y hacia alla se dirigieron. —Voy a llegar tarde -comentó Tomás, aunque sin excesiva preocupación-. Y tú más. ESPIERTA, dormilona, que vas a llegar —Vamos a hacer novillos. tarde al colé! — ¡No me lo puedo creer! -exclamó el niño-. Lucía no llevaba ni un par de horas dormida ¡La superempollona haciendo novillos! cuando sp madre, sacudiéndola suavemente, la —Es una emergencia -se justificó Lucía. despertó. Al poco rato llegaron al parque. Se sentaron en El cansancio y las emociones de la noche un banco, cerca de un estanque con patos, y anterior la habían dejado agotada, y tuvo que Tomás preguntó: hacer un esfuerzo sobrehumano para levantarse de —¿Tiene que ver con... quien tú ya sabes? la cama. Se lavó y desayunó a toda prisa, pero ál —Sí -contestó la niña muy seria-. Tenías razón: el llegar a la portería decidió esperar a Tomás. Lo señor Lucarda es un vampiro. que había ocurrido era demasiado importante, y —¿Cómo estás tan segura? ¿No te habrá atacado? tenía que contárselo enseguida. Ahora que me fijo, estás muy pálida...Tomás no iba al mismo colegio que ella, y entraba un Lucía le contó su extraordinaria aventurapoco más tarde, por lo que no solían coincidir por las nocturna, y luego le enseñó la carta de Camila.mañanas. Cuando el niño bajó, se sorprendió al ver a Cuando terminó de leerla, Tomás estaba tem- su amiga esperándolo. blando. —¡Lucía! ¿Qué haces tú aquí a estas horas? —¿Qué hacemos ahora? -preguntó con expresión de terror. 62 63
  31. 31. —No creo que podamos hacer nada -contestó la —Es verdad. Por ayudarla, no me detendríaniña encogiéndose de hombros-. Camila dice que ante nada. Y estoy muy contento de que mi nota lano tenemos nada que temer, y yo confío en ella. pusiera sobre aviso. ¿Lo ves, tanto que te reías de —Yo también. ¿Crees que habrá... ya sabes... mí?eliminado a Lucarda? —Cuando tienes razón, tienes razón -admitió —Supongo que sí. Es muy valiente, y creo que ella-. Y ahora será mejor que vayamos al colé.no es la primera vez que tiene que vérselas con un —¡Qué birria de novillos! -se quejó Tomás-.vampiro. Parecía muy tranquila y muy segura de ¡Solo voy a llegar una hora tarde!sí misma. —Vaya, y yo que soñaba con salvarla de lospiratas, los leones y esas cosas -comentó Tomás-, yresulta que es como una de esas heroínas de loscómics. —Y que lo digas -convino Lucía-, Si hubierasvisto cómo lo dejó seco de un solo golpe... —Cómo siento habérmelo perdido -se quejó elniño-. Podías haberme llamado. —Pero si no podía ni hablar... Ahora te locuento como si tal cosa, pero anoche estabaaterrorizada. —Tú también fuiste bastante valiente saltando asu balcón -reconoció Tomás-. No sé si yo habríasido capaz. —Claro que sí. Ten en cuenta que tu adoradaCamila estaba en peligro -bromeó Lucía.64 65
  32. 32. El argumento era razonable. Además, Camila decía en su carta que no tenían nada que temer de Lucarda. ¿Le habría hecho algo a! vampiro que lo dejaba impotente para atacarlos? • —Está bien, le escucho -dijo Lucía-. Pero no se acerque ni un centímetro más o gritaré. El parque está lleno de gente, y además hay guardas. Y yoLUCÍA se pasó toda la mañana enfrascada eh sus puedo gritar tan fuerte como la sirena de lospensamientos. Entre la excitación y el cart- sancio, bomberos.no podía concentrarse ni en los libros ni en las —No te preocupes, solo quiero hacerte algunasexplicaciones de los profesores# preguntas. En primer lugar, quisiera saber qué Al volver hacia casa, se sentó a descantar urt piensas de mí.momento en el mismo banco en que había estado «¡Vaya morro!*, pensó la niña sin atreverse a decirlohablando con Tomás, y a punto estuvo de en voz alta. «Lo pillo en la habitación de Camila, aquedarse dormida. Pero una voz grave y pro- punto de abalanzarse sobre ella, y me pregunta quéfunda la sacó de su sopor: pienso de él...» —Hola, Lucía. La niña abrió los ojos sobresaltada y vio que en —¿Crees que soy un violador, o un ladrón,el otro extremo del banco se había sentado un 0 algo por el estilo? -preguntó Lucarda.hombre. Un hombre pálido y vestido de negro —No. No creo que sea un violador o un ladrón.que la miraba fijamente. —¿Entonces...? —¡Señor Lucarda! -exclamó ella con horror. — —Es usted un vampiro -dijo ella al fin. Tranquilízate -dijo él sin moverse-. Si quisiera 1 —Vaya, veo que sabes del asunto más de lo que hacerte daño, lo habría hecho mientras estabas yo creía. ¿Te lo ha dicho Camila? adormilada. Solo quiero hablar contigo. Al rememorar lo ocurrido, cayó en la cuen-
  33. 33. ta de que Camila nunca había usado la palabra —¡Claro que los tenía manchados de sangre! - «vampiro» ni había dado a entender claramente exclamó él-. ¡De mi propia sangre! Tu amiga que Lucarda lo fuera. De modo que respondió: Camila me dio un puñetazo que casi me salta los —No, no me lo ha dicho ella. Pero hay mu- dientes. Mira. chos datos que lo delatan. Lucarda se levantó el labio superior. Efec- —¿Ah, sí? ¿Cuáles? tivamente, lo tenía cortado y tumefacto. —Al señor Oliva le han estado chupando la —Puede haberse hecho eso luego para disi- sangre. Usted es muy pálido, no come y tiene en mular -objetó la niña. su casa un baúl que parece un ataúd. Y se coló —¿Ah, sí? Pues mira esto. por el balcón en el cuarto de Camila. Lucarda sacó un crucifijo del bolsillo de su Y su nombre es un anagrama de Drácula. chaqueta, se lo mostró a Lucía y luego lo besó. L —Eres muy lista -admitió él con una mueca —A lo mejor es un vampiro judío, o musulmán, y parecida a una sonrisa. la cruz no significa nada para usted -conjeturó Lucía estuvo a punto de decirle que lo del ella. anagrama lo había descubierto Tomás, para no —Vaya, no hay manera de convencerte... Bien, atribuirse méritos ajenos, pero prefirió no im- y si soy un vampiro, ¿por qué me dejó ir Camila? plicarlo, por si acaso. —-No es que yo sea muy lista -replicó-. Es Podría haberme destruido mientras estaba que usted va dando el cante. inconsciente en el suelo, i, —Puede que se —Efectivamente, soy un Drácula -reconoció escápara. Los vampiros son muy fuertes y tienen Lucarda-, descendiente por línea directa del muchos recursos. mismísimo Vlad Tepes el Empalador. Pero no —Si me hubiera escapado, ella te habría ad- soy un vampiro. vertido. —Anoche tenía los labios manchados de Lucía reflexionó unos instantes y se dio cuenta sangre -dijo Lucía con tono acusador. de que había algo que no encajaba. Desconfiaba de Lucarda, pero tampoco sabía muy68 69
  34. 34. bien a qué atenerse. Bien mirado, Camila no había dicho en ningún momento que fuese un alguna vez a pleno sol, como estamos ahora tú y vampiro... yo? Solo sale de noche o cuando está muy nublado, Bueno, pues, en vez de jugar a las adivi- como el sábado por la mañana. nanzas, ¿por qué no me cuenta usted su versión? - —Se asoma mucho al balcón... -empezó a decir propuso al fin la niña-. A lo mejor me la creo y la niña, pero mientras lo decía cayó en la cuenta de todo -añadió intentando parecer tranquila y que siempre la había visco asomarse al anochecer. segura. —¿La has visto comer alguna vez, aunque solo Me parece una buena idea -convino Lu- fuera un caramelo o una galleta? carda-. Creo que, tal como están las cosas, es —No -tuvo que admitir Lucía. No solo no la mejor que sepas toda la verdad. No te has equi- había visto comer nunca, sino que en más de una vocado al pensar que esta es una historia de ocasión había rechazado las invitaciones de su vampiros. Solo que el vampiro no soy yo. madre a merendar o a cenar, pretextando que —¿Y quién es entonces? seguía una dieta muy rigurosa. —¿No lo adivinas? —Y tan rigurosa -comentó Lucarda-. Una —No tengo ni idea -admitió Lucía. rigurosísima dieta a base de sangre humana. —No te va a gustar lo que voy a decirte, mi —¡Me ha leído el pensamiento! -exclamó la niña, querida niña. El vampiro, mejor dicho, la vam- aterrorizada. pira, es Camila. —Soy un Drácula y tengo algunas habilidades - ¡Eso es mentira! -exclamó Lucía, entre in- dijo él con una aviesa sonrisa-, Pero no te dignada y horrorizada. preocupes, no puedo leer el pensamiento. A veces —Vamos a ver, ¿cuánto tiempo hace que la movemos los labios al pensar, como si habláramos conoces? -preguntó Lucarda sin inmutarse. para nosotros mismos, y yo sé interpretar el Hace más de dos años que es vecina mía. movimiento de los labios, como los sordos. Ya ves Y, dime, en todo ese tiempo, ¿la has visto que juego limpio contigo... ¿Sa-70 71
  35. 35. bes lo que es esto? -añadió sacando del bolsillo hago notar que es una boquilla muy femenina,un objeto largo y brillante. dirás que yo podría ser un vampiro afeminado. —Es la boquilla que Camila tenía en la mano —No, no diría eso -replicó ella-. Diría que a loanoche. mejor es un recuerdo de su madre, o de su abuela. —Exacto, es la boquilla de Camila. Solo que Parece muy antigua.no sirve para fumar, precisamente... Mira. —Lo es -dijo Lucarda con una risita-, pero ni Lucarda retiró la trompetilla donde debían mi madre ni mis abuelas eran vampiras. Miencajarse los cigarrillos y dejó al descubierto una abuelo paterno sí, pero no usaba boquilla, y,aguja del grosor de un fideo. desde luego, no era nada afeminado. Parecía un —¿Qué es eso? -preguntó Lucía con un es- ogro, más que un vampiro. A mí me daba pavor,tremecimiento. —La aguja está hueca, como la de una je- aunque debo reconocer que nunca me mordió...ringuilla -explicó él acercándole la boquilla para Pero me estoy yendo por las ramas...que la viera mejor-; se clava en una vena del Y es que ya no sé qué decirte para que me creas.brazo o de la muñeca, o en la yugular, y por el —Bueno -dijo Lucía tras una pausa-, su-otro extremo se chupa la sangre como quien se pongamos por un momento que dice usted latoma una horchata con una pajita. Camila es verdad, que la vampira es Camila... En ese caso,muy fina y no le gusta ir por ahí mordiendo ¿cómo es que estaba usted en su dormitorio?cuellos. —Muy sencillo. Yo llevaba tiempo vigilándola,—Esa... boquilla podría ser de usted. y anoche, desde mi ventana, la sorprendí en el—La tenía ella, tú misma acabas de decirlo. — balcón del señor Oliva, el casero, intentandoPudo arrebatársela mientras usted intentaba colarse en su casa. En cuanto me vio, volvióclavársela. volando a su habitación...—Sí, es verdad -admitió él tras una pausa-, —¿Volando?podría haber sido así. Y me temo que si te 73
  36. 36. -A toda prisa, quiero decir... No, los vam —Lo dice para asustarme. piros no vuelan, ni pueden convertirse en —Desde luego. Para asustarte y que tomes las animales, eso es pura leyenda... Bajó por el tubo precauciones necesarias. de desagüe de la lluvia, y yo fui tras ella por la —¿Qué pasó después de que yo volviera a mi misma vía; ambos somos buenos trepa dores. La casa? -preguntó la niña, deseosa de cambiar de alcancé cuar.do estaba a punto de cerrar la tema. No podía soportar la idea de que su puerta de su balcón, luchamos y... ya sabes el admirada Camila, la bellísima y dulce Camila, resto. —¿Y usted por qué estaba vigilándola? fuera una vampira sedienta de sangre, dispuesta —Porque soy un cazador de vampiros -con- a vampirizarla a ella también. testó Lucarda con orgullo. —Cuando recobré el conocimiento, Camila —Tero ¿no es usted un Drácula? estaba escribiendo una carta, que metió en un —Precisamente por eso. Mi familia ha sido, sobre y dejó en tu balcón. Vi su boquilla en el durante siglos, un azore de la humanidad, y yo suelo y me la metí en el bolsillo sin que se diera quiero reparar algo del daño que han hecho mis cuenta... Luego me ató las manos a la espalda, me parientes. amenazó con matarme si no me iba de la ciudad, —¿Y ha cazado a muchos vampiros? me encerró en el ascensor y se fue. —Cazado, lo que se dice cazado, a ninguno - —¿Y usted no se resistió? reconoció él con pesar-, Pero he desenmas- —Estaba aturdido por el golpe que me dio en carado a varios, y he salvado a bastantes vic- la nuca, y ella sacó una de esas dagas japonesas timas de un destino peor que la muerte. Y es que cortan como navajas de afeitar. Además, a pero salvarte a ti también. pesar de su aspecto frágil y delicado, es casi tan —¿A mí? -exclamó Lucía. fuerte como yo, y mucho más ágil. —Sí. Ahora Camila te considera su amiga, y el —¿Por qué no le mató, ni le chupó la sangre, si afecto de un vampiro» es peor que su odio, pues es una vampira? querrá convertirte en una de los suyos.74 75
  37. 37. N la portería se encontró con Rosaura, que estaba excitadísima. —Lulú, no te vas a creer lo que ha pasado esta madrugada... -empezó a decir la portera. —Te has encontrado al señor Lucarda ma- niatado en el ascensor -la interrumpió la niña. I —¿Cómo lo sabes, bruja, más que bruja, si aún no se lo he contado a nadie?cía obligó a —Me lo ha dicho un pajarito -contestó Lucíado del bolsillo y, corriendo escaleras arriba-. Perdona, Rosi, tengodio un pellizco en ia pierna. prisa. Luego hablamos. El agudo dolor la hizo reaccionar. Logró La comida ya estaba en la mesa desde hacíaapartar sus ojos de los de Lucarda, se levantó rato, y su madre empezaba a preocuparse.bruscamente y echó a correr a toda velocidad, sin —Llegas media hora tarde, ¿qué te ha pasado? -volverse a mirar hacia atrás. le preguntó. —Me he entretenido charlando con el señor Lucarda. —¿Con el señor Lucarda? ¡Pero si nunca habla con nadie!78 79
  38. 38. —Debe de ser un poco tímido -dijo Lucía —Baja y te lo cuento. sentándose a la mesa. —¿De qué habéis hablado? Tomás bajó en un santiamén, y estaba tan —Me ha contado un percance que tuvo anoche. excitado que ni siquiera pidió nada para me- Lo maniataron y lo encerraron en el ascensor. rendar. Se sentaron en el suelo del balcón, para Tuvo que sacarlo Rosaura. Supongo que luego te disfrutar del sol de la tarde, y, en pocas palabras, lo contará ella con todo lujo de detalles. Lucía le refirió su conversación en el parque con el —Vaya, pobre señor Lucarda, con lo distinguido presunto vampiro. y lo estirado que es. Espero que no le hicieran —Te has librado por los pelos -dijo el niño con daño. un estremecimiento-. Si te llega a hipnotizar, —No, está perfectamente. Sólo tiene una he- habría hecho contigo lo que hubiera querido. Lo ridita en el labio. del pellizco ha sido buena idea. Lo tendré en —Hay cada salvaje por ahí suelto... cuenta por si me pasa a mí... Esa tarde Lucía no fue al colegio. Le dijo a su —¿Y qué opinas de todo este lío? -preguntó madre que había dormido muy poco y le dolía la ella. cabeza, lo cual era totalmente cierto, y se echó —Creo que se trata de un montaje de Lucarda una larga siesta. La despertó Tomás llamándola para echarle el guante a Camila. Mejor dicho, para desde su balcón. hincarle el diente. ¿Qué otra cosa puede ser? —¿Hay alguna novedad? -le preguntó su amigo —Eso mismo pienso yo -convino Lucía-. Pero cuando ella se asomó. —Poca cosa -contestó la niña con afectada hay cosas que no acabo de ver claras... ¿Por qué no indiferencia-. He estado charlando con el señor lo ha matado Camila? Lucarda. —No se puede matar a un vampiro -le recordó —¿Qué? -exclamó él-. ¿Te estás quedando Tomás-. Ya está muerto. conmigo? —Quiero decir que por qué no lo destruyó. Seguro que sabe lo que hay que hacer en estos casos.80 81
  39. 39. -No es fácil clavarle a alguien una estaca enel corazón y luego cortarle la cabeza, por muy 10vampiro que sea y Camila parece incapaz dematar a una mosca. Es tan dulce... Sí, pero en la carta dice que no tenemosnada que temer de Lucarda.—A lo mejor lo tiene dominado con algún tipode pacto o de encantamiento. No me extrañaríaque Camila fuera un hada o algo por el estilo - A pesar de la siesta, Lucía estaba muy cansada y esa noche se fue a la cama temprano.dijo Tomás.-Puede ser -admitió ella-. Realmente, parece un Antes de acostarse bajó la persiana del balcón.hada... Camila le decía en la carta que no tenía nada que temer, y la niña se fiaba de ella; pero tal vez Lucarda tuviera recursos insospechados, y era mejor no correr riesgos innecesarios. Se durmió enseguida y tuvo un sueño muy agradable. Estaba en un jardín precioso, lleno de flores y blancas estatuas, que brillaban a la luz de la luna. Como en los sueños las cosas nunca se están quietas del todo, las estatuas fluctuaban, se mecían sobre sus pedestales, parecían hacerle señas... De pronto, una de las estatuas, que brillaba más que las otras y representaba a una mujer bellísima, empezó a llamarla dulcemente: «Lu- cía... Lucía...*.
  40. 40. —Lucía... Lucía... —No exactamente. Algunos dirían incluso que No estaba soñando. La voz era real, y procedía soy todo lo contrario.del balcón. —Lucía... —¿Una bruja? Aun medio dormida, la niña se levantó, se acercó —Algo parecido -contestó Camila con una tristea la persiana y, por entre las rendijas que quedaban sonrisa.en la mitad superior, vio a Camila. Llevaba un —He hablado con el señor Lucarda. Me ha dadovaporoso vestido blanco que, a la luz de la luna, un susto terrible.resplandecía como las estatuas de su sueño. —Ya te he dicho que no tienes nada que temer de Lucía subió la persiana y Camila entró en la él. Tiene un aspecto bastante siniestro, pero eshabitación. Estaba muy pálida y parecía cansada. inofensivo. Incluso podría ayudarle, llegado el —Perdona que te despierte a estas horas -se caso.disculpó la joven acariciándole la cabeza-, pero e* —Pero él dice que tú... -Lucía no se atrevió aque ha habido un cambio de planes. No podré venir seguir.el domingo, tal como te decía en la carta. Estaré —¿Qué es lo que dice?bastante tiempo fuera, y no quería irme sin —Que eres...despedirme de ti. -¿Sí? —¿Por qué te vas? -preguntó la niña, apenada. —Una vampira -logró decir por fin la niña.—Es un poco difícil de explicar, Lucía. Yo no soy Camila la miró a los ojos durante un largouna persona del todo normal, ¿sabes? instante, con una turbadora mezcla de tristeza y ternura.—¿Eres un hada, o algo así? —Es cierto -dijo al fin. Lucía no podía dar crédito a sus oídos. No era posible que aquella encantadora joven, la más dulce y hermosa que jamás había visto, fuera un monstruo bebedor de sangre.
  41. 41. —No.., no puede ser... -balbuceó la niña. —Eso dice también mi madre. —Hay cosas en la vida... y en la muerte... que —Se merecería que lo dejara tan seco como suno se eligen, querida Lucía -dijo Camila corazón -dijo Camila, y su expresión se endureciócogiéndole una mano y arrodillándose junto a ella por un instante.para quedar a su altura-. Yo no elegí ser lo que —No lo hagas, por favor -rogó Lucía.soy, y no puedo hacer nada para evitarlo. —No, claro que no lo haré -la tranquilizó la —Lucarda dice que querrás convertirme en vampira a vampira revolviéndole el pelo con un gestomí también. ■ cariñoso-. Solo le he sacado medio litro de sangre, —En eso se equivoca. Nunca he matado anadie, y tú eres la última persona del mundo a la lo mismo que se les saca a los donantes. Eso noque haría daño. hace ningún daño; hasta es saludable. Se puede —¿Nunca has matado a nadie? decir que le he hecho un favor -añadió riendo. —No. —Pues dice Tomás que está aterrorizado. —Pero los vampiros... —Me alegro. Se merecía un buen susto. A ver si —Hay vampiros y vampiros -la interrumpió aprende a tratar mejor a los demás.Camila-. Es cierto, por desgracia, que algunos son —Y entonces, si no matas ni conviertes a nadietan crueles y sanguinarios como los que aparecen en vampiro, ¿por qué te persigue Lucarda? -en las películas. Pero otros nos limitamos a preguntó la niña tras una pausa.sobrevivir, o sobremorir, procurando hacer el -Él no sabe eso. Solo sabe que soy una vampira ymenor daño posible. que me dedico a chuparle la sangre a la gente.—¿Le has chupado la sangre al señor Oliva? — ¿Y por qué no se lo dices? Explícale que solo—Sí. Escojo a mis víctimas entre las personas más atacas a los malvados y que solo les chupas unmalvadas y egoístas, y te aseguro que el señor poquito.Oliva es un mal bicho.
  42. 42. — No me creería. Odia a los vampiros en -bromeó Camila-. Y no sé cuánto tiempo dormiré,general, y está convencido de que todos somos pues no tengo a nadie que me pueda despertar.monstruos sanguinarios. Y hay que reconocer —¿Qué quieres decir?que con los de su propia familia no se equivoca. —Cuando un vampiro entra en letargo, suele —¿Es cierto que desciende del conde encargar a alguien, generalmente a otro vampiro,Drácula? que le despierte al cabo de un tiempo. De lo —Sí. contrario, se puede pasar años durmiendo, o —¿Y sucedió de verdad lo que cuenta la no-vela? incluso siglos. I -—Yo te puedo despertar -dijo la niña. —No, pero está inspirada en un personaje —No, no puedes. Tengo que dormir en unareal. Se dice incluso que el autor de la novela cripta del cementerio y...llegó a conocer al auténtico Drácula, y por eso lo |!: —No tengo miedo -la interrumpió Lucía-. Losdescribió tan bien. cementerios son lugares tristes, pero no pe-Tras una pausa, Lucía preguntó: ligrosos.—¿Y adonde vas a ir? —Eres muy valiente, y muy lista, pero sólo—De vez en cuando, los vampiros nos tomamos eres una niña. No puedo pedirte que vayas deun descanso, una especie de vacaciones, y noche al cementerio y entres en una cripta. Pocosdormimos durante varios meses seguidos, como adultos se atreverían a hacerlo.los osos cuando entran en letargo. Por razones —Pero yo no tengo miedo -insistió Lucía-, y noque ahora mismo no te puedo explicar, tengo quiero estar años sin volver a verte. Si eres mique tomarme una de esas vacaciones. amiga, tienes que dejarme que te ayude.—¿Estarás fuera mucho tiempo? Camila la miró durante un largo instante antes -En realidad, no estaré fuera, sino dentro de decir:
  43. 43. tapa yacía la estatua de una mujer con los brazos La escalera llevaba a una cámara subterráneacruzados sobre el pecho. Camila encendió una bastante más amplia que el mausoleo, en la queantorcha que cogió de un soporte fijado a la había tres ataúdes, uno de ellos muy pequeño.pared, y a la oscilante luz de las llamas la nina —Como ves, no estaré sola -comentó Camilapudo ver con claridad el rostro de la estatua mientras abría uno de los ataúdes, que estabayacente. vacío. El interior, forrado de raso blanco, parecía —¡Eres tú! -exclamó. muy confortable-. Los otros dos están ocupados —Sí -dijo Camila-. Es mi tumba. A ver si eres por mi primo Ludolfo y mi sobrina Leticia. Nocapaz de levantar la tapa. Cuando vengas a puedo presentártelos ahora porque están en plenodespertarme, tendrás que hacerlo sola. letargo. —¡Es imposible! -protestó Lucía-. ¡Con esa —¿Vas a... meterte ya? -preguntó Lucía se-estatua a tamaño natural, debe de pesar más de ñalando el ataúd abierto.cien kilos! —No. Primero voy a acompañarte de nuevo a —Tiene truco -explicó la vampira con unasonrisa-. Anda, inténtalo. tu casa... Ahora ya sabes cómo llegar hasta aquí. La niña apoyó ambas manos bajo el borde de la Cuando vengas a despertarme, dentro de un año,tapa de mármol y empujó hacia arriba con todas tienes que abrir este ataúd y ponerme un dientesus fuerzas. Para su sorpresa, la tapa cedió y se de ajo junto a la nariz.abrió del todo como movida por un oculto —Pero yo creía que los vampiros no sopor-mecanismo, dejando a la vista una empinada tabais el ajo.escalera que se hundía en la oscuridad. —Así es, y por eso precisamente sirve para —Muy bien -la felicitó Camila. Luego le dio la despertarnos. Nos provoca un ataque de tos queantorcha a la niña, la cogió en brazos y la depositó nos saca del letargo -explicó Camila.en el interior del falso sepulcro, sobre el primer En ese momento, un leve ruido las hizo vol-escalón, y acto seguido entró ella también de un verse hacia la escalera, y un instante despuéságil salto.92 93
  44. 44. apareció ante ellas un hombre alto y pálido, vestido prontamente del suelo y corrió junto a la vam pira,de negro. cuya tos reverberaba en la cripta de tal forma que —¡Señor Lucarda! -exclamó Lucía. parecía que había varias personas tosiendo a la —¡Sabía que irías a buscar a la niña! -exclamó él vez.señalando a Camila con un dedo acusador. Y no solo lo parecía. Con un estremecí miento, —De modo que has estado vigilando su balcón Lucía se dio cuenta de que del interior de los dosy nos has seguido hasta aquí -dijo la vampira sin ataúdes cerrados procedían sendas toses, una graveperder la calma-. Más te valdría no haberlo hecho. y profunda y la otra aguda como la de un niño. —No te tengo miedo, monstruo -replicó —¡Estúpido! -gritó Camila mirando a Lu cardaLucarda sacándose del bolsillo un pulverizador de con ojos de fuego-. ¡El ajo ha sacado a mis parientesperfume-. Este frasco está lleno de esencia de ajo... de su letargo! Márchate antes de que se levanten. —¡No se te ocurra usarlo aquí dentro! -exclamó No sé si podría salvarte de sus iras.Camila levantando las manos en un gesto —No dejaré a una niña indefensa a merced dedesesperado, pero ya era tarde. Lucarda apretó un tres inmundos vampiros -replicó él sujetándose lapar de veces la pera de goma del perfumador y un mano herida. Los agudos caninos de la «niñaintenso olor a ajo se difundió por el enrarecido aire indefensa» le habían abierto dos sangrantesde la cripta. orificios cerca de la muñeca. Mientras Camila tosía violentamente, como Casi al unísono, las tapas de los dos ataúdes sepresa de un ataque de asma, Lucía corrió hacia abrieron bruscamente, como impulsadas por unLucarda, le agarró la mano en la que tenía el resorte, dejando a la vista a sus ocupantes.perfumador y se la mordió. Con un grito de dolor, En el ataúd grande yacía un hombre de edadél dejó caer el frasco; la niña lo recogió indefinida, pálido como la cera, completamente calvo y de orejas puntiagudas. En el

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