Cuadernillos de marxismo-leninismo - #001
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×
 

Cuadernillos de marxismo-leninismo - #001

on

  • 615 views

 

Statistics

Views

Total Views
615
Views on SlideShare
614
Embed Views
1

Actions

Likes
1
Downloads
11
Comments
0

1 Embed 1

http://www.steampdf.com 1

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Adobe PDF

Usage Rights

CC Attribution-ShareAlike LicenseCC Attribution-ShareAlike License

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

Cuadernillos de marxismo-leninismo - #001 Cuadernillos de marxismo-leninismo - #001 Document Transcript

  • ¡ESTUDIEMOS EL MARXISMO! Camarada, tú que pones interés en formarte, en estudiar la realidad para transformarla de forma revolucionaria. A ti se te dedica este breve cuadernillo. Estamos en una época de tumultos, de explosiones de rabia en las masas, de ganas de cambiarlo todo. Eso está genial, nosotros aplaudimos tal entusiasmo en la gente. Pero al mismo tiempo decimos que no llega con tener ganas, hay que tener además conocimiento científico del rumbo que debemos tomar, hay que dar conciencia a las más radicales pasiones de la gente, que explota ante la presión creciente de la clase burguesa. Es por eso que nosotros insistimos en la necesidad de formar a todos los camaradas en el marxismo, de hacer que estos sean capaces de comprender y aplicar las lecciones históricas que la experiencia de la lucha de clases del proletariado nos ha dejado. Entendemos que muchos camaradas no quieren desarrollar esta importante tarea, muchos actúan de forma pasional ciega, otros creen que el marxismo es algo demasiado complejo para ellos. ¡Bobadas! El marxismo no es más complejo que lo que la burguesía enseña en las escuelas, pero además nosotros nos beneficiamos del trabajo colectivo. Frente al fetichismo del trabajo individual, nosotros oponemos el trabajo colectivo en base al debate y al apoyo mutuo entre camaradas. Aplicando este principio básico en el estudio las pocas dificultades del marxismo desaparecen. Entendemos que la gente que actúa de forma pasional quiera cambiarlo todo mañana mismo. ¡Ojalá fuera tan sencillo! La historia nos demuestra que no es tan fácil ni inmediato, por ello debemos estudiar, estudiar y estudiar. Pues de orientar de forma correcta nuestra praxis depende la eficacia de esta, para estos menesteres no llega un “lo importante es intentarlo”. Cada día la disyuntiva planteada por Rosa Luxemburgo se hace más patente, la barbarie es cada vez mayor y el futuro depende directamente de que sepamos, no simplemente “hacer algo”, sino hacer lo necesario para hacer saltar el sistema capitalista por los aires, más lejos que Carrero Blanco. ¡Conquistemos el futuro!
  • PRINCIPIOS DEL COMUNISMO Friedrich Engels I. ¿Qué es el comunismo? El comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado. II. ¿Qué es el proletariado? El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX. [...] IV. ¿Cómo apareció el proletariado? El proletariado nació a raíz de la revolución industrial, que se produjo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado y se repitió luego en todos los países civilizados del mundo. Dicha revolución se debió al invento de la máquina de vapor, de las diversas máquinas de hilar, del telar mecánico y de toda una serie de otros dispositivos mecánicos. Estas máquinas, que costaban muy caras y, por eso, sólo estaban al alcance de los grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción y desplazaron a los obreros anteriores, puesto que las máquinas producían mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de sus ruecas y telares imperfectos. Las máquinas pusieron la industria enteramente en manos de los grandes capitalistas y redujeron a la nada el valor de la pequeña propiedad de los obreros (instrumentos, telares, etc.), de modo que los capitalistas pronto se apoderaron de todo, y los obreros se quedaron con nada. Así se instauró en la producción de tejidos el sistema fabril. En cuanto se dio el primer impulso a la introducción de máquinas y al sistema fabril; este último se propagó rápidamente en las demás ramas de la industria, sobre todo en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y la metalurgia. El trabajo comenzó a dividirse más y más entre los obreros individuales de tal manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a realizar nada más que una parte del mismo. Esta división del trabajo permitió fabricar los productos más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato. Ello redujo la actividad de cada obrero a un procedimiento mecánico, muy sencillo,
  • constantemente repetido, que la máquina podía realizar con el mismo éxito o incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción cayeron, una tras otra, bajo la dominación del vapor, de las máquinas y del sistema fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de tejidos. En consecuencia, ellas se vieron enteramente en manos de los grandes capitalistas, y los obreros quedaron privados de los últimos restos de su independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no ya sólo a la manufactura, en el sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta esfera los grandes capitalistas desplazaban cada vez más a los pequeños maestros, montando grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos gastos e implantar una detallada división del trabajo. Así llegamos a que, en los países civilizados, casi en todas las ramas del trabajo se afianza la producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria desplaza a la artesanía y la manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la antigua clase media, sobre todo los pequeños artesanos, cambia completamente la anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases nuevas, que absorben paulatinamente a todas las demás, a saber: I. La clase de los grandes capitalistas, que son ya en todos los países civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios de existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos (máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia. Es la clase de los burgueses, o sea, burguesía. II. La clase de los completamente desposeídos, de los que en virtud de ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al fin de recibir en cambio los medios de subsistencia necesarios para vivir. Esta clase se denomina la clase de los proletarios, o sea, proletariado. V. ¿En qué condiciones se realiza esta venta del trabajo de los proletarios a los burgueses? El trabajo es una mercancía como otra cualquiera, y su precio depende, por consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran industria o de la libre competencia, que es lo mismo, como lo veremos más adelante, es, por término medio, siempre igual a los gastos de producción de dicha mercancía. Por tanto, el precio del trabajo es también igual al costo de producción del trabajo. Ahora bien, el costo de producción del trabajo consta precisamente de la cantidad de medios de subsistencia indispensables para que el obrero esté en condiciones de mantener su capacidad de trabajo y para que la clase obrera no se extinga. El obrero no percibirá por su trabajo más que lo indispensable para ese fin; el precio del trabajo o el salario será, por consiguiente, el más bajo, constituirá el
  • mínimo de lo indispensable para mantener la vida. Pero, por cuanto en los negocios existen períodos mejores y peores, el obrero percibirá unas veces más, otras menos, exactamente de la misma manera que el fabricante cobra unas veces más, otras menos, por sus mercancías. Y, al igual que el fabricante, que, por término medio, contando los tiempos buenos y los malos, no percibe por sus mercancías ni más ni menos que su costo de producción, el obrero percibirá, por término medio, ni más ni menos que ese mínimo. Esta ley económica del salario se aplicará más rigurosamente en la medida en que la gran industria vaya penetrando en todas las ramas de la producción. [...] XI. ¿Cuáles fueron las consecuencias directas de la revolución industrial y de la división de la sociedad en burgueses y proletarios? En primer lugar, en virtud de que el trabajo de las máquinas reducía más y más los precios de los artículos industriales, en casi todos los países del mundo el viejo sistema de la manufactura o de la industria basada en el trabajo manual fue destruido enteramente. Todos los países semibárbaros que todavía quedaban más o menos al margen del desarrollo histórico y cuya industria se basaba todavía en la manufactura, fueron arrancados violentamente de su aislamiento. Comenzaron a comprar mercancías más baratas a los ingleses, dejando que se muriesen de hambre sus propios obreros de manufactura. Así, países que durante milenios no conocieron el menor progreso, como, por ejemplo, la India, pasaron por una completa revolución, e incluso la China marcha ahora de cara a la revolución. Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de obreros de China. De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros a todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros. En segundo lugar, en todas las partes en que la gran industria ocupó el lugar de la manufactura, la burguesía aumentó extraordinariamente su riqueza y poder y se erigió en primera clase del país. En consecuencia, en todas las partes en las que se produjo ese proceso, la burguesía tomó en sus manos el poder político y desalojó las clases que dominaban antes: la aristocracia, los maestros de gremio y la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los otros. La burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la nobleza, suprimiendo el mayorazgo o la inalienabilidad de la posesión de tierras, como también todos
  • los privilegios de la nobleza. Destruyó el poderío de los maestros de gremio, eliminando todos los gremios y los privilegios gremiales. En el lugar de unos y otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la sociedad en la que cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la industria que le gustase y nadie podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario para tal actividad. Por consiguiente, la implantación de la libre competencia es la proclamación pública de que, de ahora en adelante, los miembros de la sociedad no son iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son sus capitales, que el capital se convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas, o sea, los burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad. Ahora bien, la libre competencia es indispensable en el período inicial del desarrollo de la gran industria, porque es el único régimen social con el que la gran industria puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el poderío social de la nobleza y de los maestros de gremio, puso fin también al poder político de la una y los otros. Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se proclamó también la primera clase en la esfera política. Lo hizo implantando el sistema representativo, basado en la igualdad burguesa ante la ley y en el reconocimiento legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado en los países europeos bajo la forma de la monarquía constitucional. En dicha monarquía sálo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es decir, únicamente los burgueses. Estos electores burgueses eligen a los diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar los impuestos, eligen un gobierno burgués. En tercer lugar, la revolución indistrial ha creado en todas partes el proletariado en la misma medida que la burguesía. Cuanto más ricos se hacían los burgueses, más numerosos eran los proletarios. Visto que sólo el capital puede dar ocupación a los proletarios y que el capital sólo aumenta cuando emplea trabajo, el crecimiento del proletariado se produce en exacta correspondencia con el del capital. Al propio tiempo, la revolución industrial agrupa a los burgueses y a los proletarios en grandes ciudades, en las que es más ventajoso fomentar la industria, y can esa concentración de grandes masas en un mismo lugar le inculca a los proletarios la conciencia de su fuerza. Luego, en la medida del progreso de la revolución industrial, en la medida en que se inventan nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran industria ejerce una presión creciente sobre los salarios y los reduce, como hemos dicho, al mínimo, haciendo la situación del proletariado cada vez más insoportable. Así, por una parte, como consecuencia del descontento creciente del proletariado y, por la otra, del crecimiento del poderío de éste, la revolución industrial prepara la revolución social que ha de realizar el proletariado. XII. ¿Cuáles han sido las consecuencias siguientes de la revolución industrial?
  • La gran industria creó, con la máquina de vapor y otras máquinas, los medios de aumentar la producción industrial rápidamente, a bajo costo y hasta el infinito. Merced a esta facilidad de ampliar la producción, la libre competencia, consecuencia necesaria de esta gran industria, adquirió pronto un carácter extraordinariamente violento; un gran número de capitalistas se lanzó a la industria, en breve plazo se produjo más de lo que se podía consumir. Como consecuencia, no se podían vender las mercancías fabricadas y sobrevino la llamada crisis comercial; las fábricas tuvieron que parar, los fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin pan. Y en todas partes se extendió la mayor miseria. Al cabo de cierto tiempo se vendieron los productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los salarios subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero no por mucho tiempo, ya que pronto volvieron a producirse demasiadas mercancías y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma manera que la anterior. Así, desde comienzos del presente siglo, en la situación de la industria se han producido continuamente oscilaciones entre períodos de prosperidad y períodos de crisis, y casi regularmente, cada cinco o siete años se ha producido tal crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria general y un peligro colosal para todo el régimen existente. XIII. ¿Cuáles son las consecuencias de estas crisis comerciales que se repiten regularmente? En primer lugar, la de que la gran industria, que en el primer período de su desarrollo creó la libre competencia, la ha rebasado ya; que la competencia y, hablando en términos generales, la producción industrial en manos de unos u otros particulares se ha convertido para ella en una traba a la que debe y ha de romper; que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no puede existir sin conducir cada siete años a un caos general que supone cada vez un peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los proletarios, sino que arruina a muchos burgueses; que, por consiguiente, la gran industria debe destruirse ella misma, lo que es absolutamente imposible, o reconocer que hace imprescindible una organización completamente nueva de la sociedad, en la que la producción industrial no será más dirigida por unos u otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con arreglo a un plan determinado y de conformidad con las necesidades de todos los miembros de la sociedad. En segundo lugar, que la gran industria y la posibilidad, condicionada por ésta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran
  • industria que en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias. Por tanto, está probado claramente: 1) que en la actualidad todos estos males se deben únicamente al régimen social, el cual ya no responde más a las condiciones existentes; 2) que ya existen los medios de supresión definitiva de estas calamidades por vía de la construcción de un nuevo orden social. XIV. ¿Cómo debe ser ese nuevo orden social? Ante todo, la administración de la industria y de todas las ramas de la producción en general dejará de pertenecer a unos u otros individuos en competencia. En lugar de esto, las ramas de la producción pasarán a manos de toda la sociedad, es decir, serán administradas en beneficio de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad. Por tanto, el nuevo orden social suprimirá la competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la dirección de la industria, al hallarse en manos de particulares, implica necesariamente la existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra cosa que ese modo de dirigir la industria, en el que la gobiernan propietarios privados, la propiedad privada va unida inseparablemente a la dirección individual de la industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos los instrumentos de producción y el reparto de los productos de común acuerdo, lo que se llama la comunidad de bienes. La supresión de la propiedad privada es incluso la expresión más breve y mas característica de esta transformación de todo el régimen social, que se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por eso los comunistas la planteen can razón como su principal reivindicación. XV. ¿Eso quiere decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes? No, no era posible. Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que no encuadraba en el marco de la propiedad feudal y gremial, esta manufactura, que no correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una nueva forma de propiedad: la propiedad privada. En efecto, para la manufactura y para el primer período de
  • desarrollo de la gran industria no era posible ninguna otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible ningún orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las ciudades de las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el jornalero; en el siglo XVII, el propietario de manufactura y el obrero de ésta; en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que, hasta el presente, las fuerzas productivas no se han desarrollado aún al punto de proporcionar una cantidad de bienes suficiente para todos y para que la propiedad privada sea ya una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy, cuando, merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar, se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en la medida en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando, en tercer lugar, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria. XVI. ¿Será posible suprimir por vía pacífica la propiedad privada? Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales. Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que
  • como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado. XVII. ¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada? No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción. [...] XX. ¿Cuáles serán las consecuencias de la supresión definitiva de la propiedad privada? Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, al administrar todo eso con arreglo a un plan basado en los recursos disponibles y las necesidades de toda la sociedad, ésta suprimirá, primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema de dirección de la gran industria. Las crisis desaparecerán; la producción ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa tan poderosa de la miseria, será entonces muy insuficiente y deberá adquirir proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la producción superior a las necesidades perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las demandas de todos los miembros de ésta, engendrará nuevas demandas y creará, a la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la causa de un mayor progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el trastorno periódico de todo el orden social. La gran industria, liberada de las trabas de la propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que, comparado con ellas, su estado actual parecerá tan mezquino como la manufactura al lado de la gran industria moderna. Este avance de la industria brindara a la sociedad suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de todos. Del mismo modo, la agricultura, en la que, debido al yugo de la propiedad privada y al fraccionamiento de las parcelas, resulta difícil el empleo de los perfeccionamientos ya existentes y de los adelantos de la ciencia experimentará un nuevo auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una cantidad suficiente de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante para organizar la distribución con vistas a cubrir las necesidades de todos sus miembros. Con ello quedará superflua la división de la sociedad en clases distintas y antagónicas. Dicha división, además de superflua, será incluso incompatible con el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe a la división del trabajo, y esta última, bajo su forma actual desaparecerá enteramente, ya que, para elevar la producción industrial y agrícola al mencionado nivel no bastan sólo los medios auxiliares mecánicos y
  • químicos. Es preciso desarrollar correlativamente las aptitudes de los hombres que emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasado, cuando los campesinos y los obreros de las manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria, modificaron todo su régimen de vida y se volvieron completamente otros, la dirección colectiva de la producción por toda la sociedad y el nuevo progreso de dicha producción que resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los formarán. La gestión colectiva de la producción no puede correr a cargo de los hombres tales como lo son hoy, hombres que dependen cada cual de una rama determinada de la producción, están aferrados a ella, son explotados por ella, desarrollan nada más que un aspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los otros y sólo conocen una rama o parte de alguna rama de toda la producción. La industria de nuestros días está ya cada vez menos en condiciones de emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado merced al esfuerzo común de toda la sociedad presupone con más motivo hombres con aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en todo el sistema de la producción. Por consiguiente, desaparecerá del todo la división del trabajo, minada ya en la actualidad por la máquina, la división que hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y un cuarto, especulador de la bolsa. La educación dará a los jóvenes la posibilidad de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y les permitirá pasar sucesivamente de una rama de la producción a otra, según sean las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por consiguiente, la educación los liberará de ese carácter unilateral que la división actual del trabajo impone a cada individuo. Así, la sociedad organizada sobre bases comunistas dará a sus miembros la posibilidad de emplear en todos los aspectos sus facultades desarrolladas universalmente. Pero, con ello desaparecerán inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una parte, la sociedad organizada sobre bases comunistas es incompatible con la existencia de clases y, de la otra, la propia construcción de esa sociedad brinda los medios para suprimir las diferencias de clase. De ahí se desprende que ha de desaparecer igualmente la oposición entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al trabajo agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases diferentes. Esto es una condición necesaria de la asociación comunista y por razones muy materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la agricultura, a la par con la concentración de la población industrial en las grandes ciudades, corresponde sólo a una etapa todavía inferior de desarrollo de la agricultura y la industria y es un obstáculo para el progreso, cosa que se hace ya sentir con mucha fuerza. La asociación general de todos los miembros de la sociedad al objeto de utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para cubrir las necesidades de todos; la liquidación
  • del estado de cosas en el que las necesidades de unos se satisfacen a costa de otros; la supresión completa de las clases y del antagonismo entre ellas; el desarrollo universal de las facultades de todos los miembros de la sociedad merced a la eliminación de la anterior división del trabajo, mediante la educación industrial, merced al cambio de actividad, a la participación de todos en el usufructo de los bienes creados por todos y, finalmente, mediante la fusión de la ciudad con el campo serán los principales resultados de la supresión de la propiedad privada. XXI. ¿Qué influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia? Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente, la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá. Escrito en alemán por Friedrich Engels a fines de octubre y en noviembre de 1847.
  • TRES FUENTES Y TRES PARTES INTEGRANTES DEL MARXISMO V. I. Lenin La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el odio de toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo así como una "secta perniciosa". Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad que tiene como base la lucha de clases no puede existir una ciencia social "imparcial". De uno u otro modo, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar que la ciencia sea imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma absurda ingenuidad que esperar imparcialidad por parte de los fabricantes en lo que se refiere al problema de si deben aumentarse los salarios de los obreros disminuyendo los beneficios del capital. Pero hay más. La historia de la filosofía y la historia de la ciencia social muestran con diáfana claridad que en el marxismo nada hay que se parezca al "sectarismo", en el sentido de que sea una doctrina fanática, petrificada, surgida al margen de la vía principal que ha seguido el desarrollo de la civilización mundial. Por el contrario, lo genial en Marx es, precisamente, que dio respuesta a los problemas que el pensamiento de avanzada de la humanidad había planteado ya. Su doctrina surgió como la continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo. La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el heredero legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. Nos detendremos brevemente en estas tres fuentes del marxismo, que constituyen, a la vez, sus partes integrantes. I. La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa, y en especial en Francia a fines del siglo XVIII, donde se desarrolló la batalla decisiva contra toda la escoria medieval, contra el feudalismo en las instituciones y en las ideas, el materialismo se mostró como
  • la única filosofía consecuente, fiel a todo lo que enseñan las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la mojigata hipocresía, etc. Por eso, los enemigos de la democracia empeñaron todos sus esfuerzos para tratar de "refutar", minar, difamar el materialismo y salieron en defensa de las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de una u otra forma, a la defensa o al apoyo de la religión. Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba toda desviación de esa base. En las obras de Engels Ludwig Feuerbach y Anti-Dühring, que -al igual que el Manifiesto Comunista- son los libros de cabecera de todo obrero con conciencia de clase, es donde aparecen expuestas con mayor claridad y detalle sus opiniones. Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que desarrolló la filosofía llevándola a un nivel superior. La enriqueció con los logros de la filosofía clásica alemana, en especial con el sistema de Hegel, el que, a su vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. El principal de estos logros es la dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo desarrollo. Los novísimos descubrimientos de las ciencias naturales -el radio, los electrones, la trasformación de los elementos- son una admirable confirmación del materialismo dialéctico de Marx, quiéranlo o no las doctrinas de los filósofos burgueses, y sus "nuevos" retornos al viejo y decadente idealismo. Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que muestra cómo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo. Así como el conocimiento del hombre refleja la naturaleza (es decir, la materia en desarrollo), que existe independientemente de él, así el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.), refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, que las diversas formas políticas de los Estados europeos modernos sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado.
  • La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado, que ha proporcionado a la humanidad, y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del saber. II. Después de haber comprendido que el régimen económico es la base sobre la cual se erige la superestructura política, Marx se entregó sobre todo al estudio atento de ese sistema económico. La obra principal de Marx, El Capital, está con sagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es decir, la capitalista. La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones del régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo Marx prosiguió su obra; demostró estrictamente esa teoría y la desarrolló consecuentemente; mostró que el valor de toda mercancía está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de una mercancía por otra), Marx descubrió relaciones entre personas. El cambio de mercancías expresa el vínculo establecido a través del mercado entre los productores aislados. El dinero, al unir indisolublemente en un todo único la vida económica íntegra de los productores aislados, significa que este vínculo se hace cada vez más estrecho. El capital significa un desarrollo ulterior de este vínculo: la fuerza de trabajo del hombre se trasforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la tierra, de las fábricas, de los instrumentos de trabajo. El obrero emplea una parte de la jornada de trabajo en cubrir el costo de su sustento y el de su familia (salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista. La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx. El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime al obrero, arruina a los pequeños propietarios y crea un ejército de desocupados. En la industria, el triunfo de la gran producción se advierte en seguida, pero también en la agricultura se observa ese mismo fenómeno, donde la superioridad de la gran agricultura capitalista es acrecentada, aumenta el empleo de maquinaria, y la economía campesina, atrapada por el capital monetario, languidece y se arruina bajo el peso de su técnica atrasada. En la agricultura la decadencia de la pequeña producción asume otras formas, pero es un hecho indiscutible. Al azotar la pequeña producción, el capital lleva al aumento de la productividad del trabajo y a la creación de una situación de monopolio para los consorcios de
  • los grandes capitalistas. La misma producción va adquiriendo cada vez más un carácter social -- cientos de miles y millones de obreros ligados entre sí en un organismo económico sistemático --, mientras que un puñado de capitalistas se apropia del producto de este trabajo colectivo. Se intensifican la anarquía de la producción, las crisis, la carrera desesperada en busca de mercados, y se vuelve más insegura la vida de las masas de la población. Al aumentar la dependencia de los obreros hacia el capital, el sistema capitalista crea la gran fuerza del trabajo conjunto. Marx sigue el desarrollo del capitalismo desde los primeros gérmenes de la economía mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más elevadas, hasta la gran producción. Y la experiencia de todos los países capitalistas, viejos y nuevos, demuestra claramente, año tras año, a un número cada vez mayor de obreros, la veracidad de esta doctrina de Marx. El capitalismo ha triunfado en el mundo entero, pero este triunfo no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital. III. Cuando fue derrocado el feudalismo y surgió en el mundo la "libre" sociedad capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa libertad representaba un nuevo sistema de opresión y explotación del pueblo trabajador. Como reflejo de esa opresión y como protesta contra ella, aparecieron inmediatamente diversas doctrinas social-istas. Sin embargo, el socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba la sociedad capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con su destrucción, imaginaba un régimen superior, y se esforzaba por hacer que los ricos se convencieran de la inmoralidad de la explotación. Pero el socialismo utópico no podía indicar una solución real. No podía explicar la verdadera naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, no podía descubrir las leyes del desarrollo capitalista, ni señalar qué fuerza social está en condiciones de convertirse en creadora de una nueva sociedad. Entretanto, las tormentosas revoluciones que en toda Europa, y especialmente en Francia, acompañaron la caída del feudalismo, de la servidumbre, revelaban en forma cada vez más palpable que la base de todo desarrollo y su fuerza motriz era la lucha de clases. Ni una sola victoria de la libertad política sobre la clase feudal se logró sin una desesperada resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base más o menos libre o democrática, sin una lucha a muerte entre las diversas clases de la sociedad capitalista. El genio de Marx consiste en haber sido el primero en deducir de ello la
  • conclusión que enseña la historia del mundo y en aplicar consecuentemente esas lecciones. La conclusión a que llegó es la doctrina de la lucha de clases. Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden -- y, por su situación social, deben -- constituir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas para la lucha. Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo. En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el Japón y desde Suecia hasta el África del Sur, se multiplican organizaciones independientes del proletariado. Este se instruye y educa al librar su lucha de clase, se despoja de los prejuicios de la sociedad burguesa, está adquiriendo una cohesión cada vez mayor y aprendiendo a medir el alcance de sus éxitos, templa sus fuerzas y crece irresistiblemente. Publicado con la firma de Lenin en Prosveschenie núm. 3, marzo de 1913.
  • CONTRA EL LIBERALISMO Mao Tse-tung Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se logra la unidad interna del Partido y demás colectividades revolucionarias en beneficio del combate. Todos los comunistas y revolucionarios deben empuñar esta arma. Pero el liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y vulgar, que conduce a la degeneración política a algunas organizaciones y miembros del Partido y demás colectividades revolucionarias. El liberalismo se manifiesta en diferentes formas: A sabiendas de que una persona está en un error, no sostener una discusión de principio con ella y dejar pasar las cosas para preservar la paz y la amistad, porque se trata de un conocido, paisano, condiscípulo, amigo íntimo, ser querido, viejo colega o viejo subordinado. O bien buscando mantenerse en buenos términos con esa persona, rozar apenas! el asunto en lugar de ir hasta el fondo. Así, tanto la colectividad como el individuo resultan perjudicados. Este es el primer tipo de liberalismo. Hacer críticas irresponsables en privado en vez de plantear activamente sugerencias a la organización. No decir nada a los demás en su presencia, sino andar con chismes a sus espaldas; o callarse en las reuniones, pero murmurar después. No considerar para nada los principios de la vida colectiva, sino dejarse llevar por las inclinaciones personales. Este es el segundo tipo. Dejar pasar cuanto no le afecte a uno personalmente; decir lo menos posible aunque se tenga perfecta conciencia de que algo es incorrecto; ser hábil en mantenerse a cubierto y preocuparse únicamente de evitar reproches. Este es el tercer tipo. Desobedecer las órdenes y colocar las opiniones personales en primer lugar; exigir consideraciones especiales de la organización, pero rechazar su disciplina. Este es el cuarto tipo. Entregarse a ataques personales, armar líos, desahogar rencores personales o buscar venganza, en vez de debatir los puntos de vista erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, el progreso y el buen cumplimiento del trabajo. Este es el quinto tipo. Escuchar opiniones incorrectas y no refutarlas, e incluso escuchar expresiones contrarrevolucionarias y no informar sobre ellas, tomándolas tranquilamente como si nada hubiera pasado. Este es el sexto tipo. Al hallarse entre las masas, no hacer propaganda ni agitación, no hablar en sus
  • reuniones, no investigar ni hacerles preguntas, sino permanecer indiferente a ellas, sin mostrar la menor preocupación por su bienestar, olvidando que se es comunista y comportándose como una persona cualquiera. Este es el séptimo tipo. No indignarse al ver que alguien perjudica los intereses de las masas, ni disuadirlo, ni impedir su acción, ni razonar con él, sino dejarle hacer. Este es el octavo tipo. Trabajar descuidadamente, sin plan ni orientación definidos; cumplir sólo con las formalidades y pasar los días vegetando: "mientras sea monje, tocaré la campana". Este es el noveno tipo. Considerar que se ha rendido grandes servicios a la revolución y darse aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la altura de las grandes; ser negligente en el trabajo y flojo en el estudio. Este es el décimo tipo. Tener conciencia de los propios errores pero no intentar corregirlos, tomando una actitud liberal para consigo mismo. Este es el undécimo tipo. Podrían citarse otros tipos más, pero los once descritos son los principales. Todas éstas son manifestaciones de liberalismo. En una colectividad revolucionaria, el liberalismo es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas revolucionarias de su organización compacta y de su estricta disciplina, impide la aplicación cabal de su política y aleja a las organizaciones del Partido de las masas que éste dirige. Se trata de una tendencia sumamente perniciosa. El liberalismo proviene del egoísmo de la pequeña burguesía; éste coloca los intereses personales en primer plano y relega los intereses de la revolución al segundo, engendrando así el liberalismo en los terrenos ideológico, político y organizativo. Los adictos al liberalismo consideran los principios del marxismo como dogmas abstractos. Aprueban el marxismo, pero no están dispuestos a practicarlo o a practicarlo cabalmente; no están dispuestos a sustituir su liberalismo por el marxismo Tienen su marxismo y también su liberalismo hablan del marxismo pero practican el liberalismo el marxismo es para los demás y el liberalismo para ellos, mismos. Llevan ambos en su bagaje y encuentran aplicación para uno y otro. Así es como funciona el cerebro de cierta gente. El liberalismo constituye una manifestación de oportunismo y es radicalmente opuesto al marxismo. Es negativo y, objetivamente, hace el juego al enemigo. De ahí que éste se alegre si en nuestras filas persiste el liberalismo. Por ser tal su naturaleza, no debe haber lugar para el liberalismo en las filas
  • revolucionarias. Debemos emplear el espíritu marxista, que es positivo, para superar el liberalismo, que es negativo. El comunista debe ser sincero y franco leal y activo, poner los intereses de la revolución por encima de su propia vida y subordinar sus intereses personales a los de 1a revolución; en todo momento y lugar ha de adherirse a los principios justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones incorrectas, a fin de consolidar la vida colectiva del Partido y la ligazón de éste con las masas ha de preocuparse más por el Partido y las masas que por ningún individuo, y más por los demás que por sí mismo. Sólo una persona así es digna de llamarse comunista. Todos los comunistas leales, francos, activos y honrados deben unirse para combatir las tendencias liberales, que cierta gente tiene, y encauzar a ésta por el camino correcto. He aquí una de nuestras tareas en el frente ideológico. Escrito por Mao Tse-tung, publicado el 7 de septiembre de 1937.
  • CONTRA EL CULTO A LOS LIBROS Mao Tse-tung I. Quien no ha investigado no tiene derecho a opinar. Si usted no ha investigado un problema, se le priva del derecho a opinar sobre él. ¿Es esto demasiado brutal? No, en lo más mínimo. Puesto que no ha investigado el estado actual del problema ni sus antecedentes, e ignora su esencia, cualquier opinión que exprese al respecto no pasará de ser un disparate. Decir disparates, como todo el mundo sabe, no resuelve nada; así, ¿qué habría de injusto en privarlo del derecho a opinar? Muchos camaradas no hacen más que lanzar disparates con los ojos cerrados; esto es una vergüenza para un comunista. ¿Cómo puede un comunista decir tonterías con los ojos cerrados? ¡Inadmisible! ¡Inadmisible! ¡Hay que investigar! ¡No decir disparates! II. Investigar un problema es resolverlo. ¿No puede usted resolver un problema? ¡Pues bien, póngase a investigar su situación actual y sus antecedentes! Cuando haya investigado cabalmente el problema dejándolo claro, sabrá como resolverlo. Toda conclusión se saca después de haber investigado, y no antes. Únicamente un tonto, solo o reuniendo a un grupo de gentes, se devana los sesos para “encontrar una solución” o “elaborar una idea” sin hacer ninguna investigación. Debe subrayarse que esto no conducirá en absoluto a ninguna solución eficaz, a ninguna idea provechosa. En otras palabras, lo único que puede hacer ese tonto es deducir soluciones erróneas, ideas equivocadas. No son pocos los inspectores, jefes de guerrillas y cuadros recién nombrados que gustan de hacer pronunciamientos políticos apenas llegan a un lugar, y se pavonean criticando esto y censurando aquello cuando sólo han visto algunas apariencias o detalles menores de las cosas. En realidad nada hay más detestable que esa manera puramente subjetiva de decir disparates. Sin duda, esa gente estropeará las cosas, perderá la confianza de las masas y no será capaz de resolver ningún problema. Muchos de los que ocupan cargos dirigentes se limitan a exhalar suspiros ante los problemas difíciles, sin poder resolverlos. Pierden la paciencia y piden ser trasladados, alegando que por falta de capacidad no están a la altura de su trabajo. Estas son palabras propias de cobardes. Pues bien, ponga usted los pies
  • a andar, recorrer cada sector o lugar que se encuentre bajo su responsabilidad y “pregúntelo todo”[1], como hacía Confucio, y entonces, por más pobre que sea su capacidad, sabrá encontrar soluciones, pues si antes de salir de la oficina no hay nada en su cabeza, de regreso ésta ya no se hallará vacía, sino provista de todo tipo de materiales necesarios para la solución de problemas; es así como éstos se resuelven. ¿Es indispensable salir? No forzosamente. Puede usted convocar a una reunión de investigación a personas familiarizadas con la situación, a fin de hallar el origen de ese que usted considera un problema difícil y enterarse de su estado actual; entonces le será fácil resolverlo. La investigación se asemeja a los largos meses de gestación, y la solución del problema, al día del parto. Investigar un problema es resolverlo. III. Contra el culto a los libros. Todo lo que está escrito en los libros es correcto: tal es la mentalidad que hasta hoy subsiste entre los campesinos chinos, que son culturalmente atrasados. Pero, cosa extraña, en las discusiones dentro del Partido Comunista también hay gente que tiene a flor de labios esta frase: “Muéstreme el libro en que ese esta escrito.” Cuando decimos que una instrucción de un organismo superior es correcta, no es porque simplemente provenga de un “organismo dirigente superior”, sino porque su contenido se adapta a las circunstancias objetivas y subjetivas de la lucha y responde a sus necesidades. Una actitud formalista muy errónea es ejecutar ciegamente las instrucciones sin discutirlas ni examinarlas a la luz de las condiciones reales, basándose de modo exclusivo en el concepto de “organismo superior”. Ha sido precisamente debido a la dañina influencia del formalismo que la línea táctica del Partido no ha podido arraigar profundamente en las masas. Cumplir una instrucción de un organismo superior a ciegas y aparentemente sin objeción alguna, no es aplicarla de veras, sino que de hecho constituye la manera más hábil de oponerse a ella o de sabotearla. También en las ciencias sociales el método de estudio que se basa únicamente en los libros es en sumo grado peligroso y hasta puede conducir el camino contrarrevolucionario. Evidente prueba de ello es el hecho que muchos comunistas chinos que se aferraban exclusivamente a los libros en su estudio de las ciencias sociales se han convertido, unos más temprano y otros más tarde en contrarrevolucionarios. Si afirmamos que el marxismo es correcto, no es en absoluto porque Marx haya sido un “profeta”, sino porque su teoría ha demostrada ser acertada en nuestra práctica y en nuestra lucha. El marxismo es indispensable en nuestra lucha. El marxismo es indispensable en nuestra lucha. Al aceptar esta teoría, no nos anima ninguna idea formalista, ni mucho menos mística como la de “profecía”. Muchos de los que han leído libros marxistas se han convertido en renegados de la revolución, mientras que frecuentemente obreros analfabetos llegan a dominar el marxismo. Por supuesto, debemos
  • estudiar libros marxistas, pero tenemos que combinar el estudio con las condiciones reales de nuestro país. Necesitamos de los libros, pero tenemos que superar la tendencia a rendirles culto, que nos lleva a divorciarnos de la realidad. ¿Cómo podemos superar el culto a los libros? El único medio es investigar la situación real. IV. Si no se investiga la situación real, se cae inevitablemente en una aplicación idealista de las clases y en una orientación idealista del trabajo, lo que conduce al oportunismo o al putchismo. ¿No cree usted en esta conclusión? Los hechos le obligarán a creer en ella. Ensaye a hacer una apreciación de la situación política o dar orientación a la lucha sin hacer investigaciones sobre la realidad, y verá si es cierta o no la afirmación de que tales apreciación y orientación son vacías e idealistas, y si conducen o no a errores de oportunismo o putchismo. La respuesta sin duda será afirmativa. Esta no se debe a que haya habido negligencia en la elaboración del plan antes de actuar, sino a que ha habido descuido en el estudio de la situación real de la sociedad antes de elaborar el plan, como sucede con frecuencia en las unidades guerrilleras de nuestro Ejército Rojo. Oficiales del tipo Li Kui[2] castigan a ciegas a sus hombres una vez que estos son cogidos en falta. Como resultado de ello, los castigados se quejan, surgen muchas discordias y los jefes pierden todo su prestigio. ¿No ocurre esto a menudo en el Ejército Rojo? Sólo desechando el idealismo y previniéndose contra la aparición de cualquier error de oportunismo y putchismo, podremos ganarnos a las masas y derrotar al enemigo. Y sólo investigando esforzadamente la situación real lograremos desechar el idealismo. V. La investigación socioeconómica tiene por objeto lograr una correcta apreciación de las clases y formular luego una justa táctica de lucha. Con estas palabras respondemos a la pregunta de para qué realizar investigaciones socioeconómicas. Para eso, el objeto de nuestra investigación son las diferentes clases sociales y no fenómenos sociales fragmentarios. En los últimos tiempos, los camaradas del 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo en general han prestado atención al trabajo de investigación[3], pero muchos de ellos han utilizado métodos erróneos. El resultado de su investigación se parece a las enmarañadas cuentas de un tendero, a los asombrados relatos de un aldeano que acaba de conocer la ciudad o a los contornos de una ciudad populosa vista desde lo alto de una montaña. Semejante investigación es de poco valor y no nos permite alcanzar nuestro objetivo fundamental, que es conocer la situación política y económica de las diversas clases sociales. Las conclusiones extraídas de nuestra investigación deberán darnos un cuadro de la
  • situación actual de cada clase, así como de las etapas de florecimiento y decadencia vividas en su desarrollo. Por ejemplo, cuando investigamos la composición del campesinado, no solo debemos conocer el número de los campesinos ricos, medios y pobres, que se distinguen por la clase o la capa social a que pertenecen. Cuando investigamos la composición social de los comerciantes, no basta con saber el número de las personas dedicadas a cada uno de los ramos como el de cereales, vestido, hierbas medicinales, sino que es necesario investigar especialmente el número de pequeños, medianos y grandes comerciantes. Debemos investigar no sólo la situación de cada ramo, sino, en particular, conocer su composición de clase. No solamente debemos investigar las relaciones entre los diferentes ramos, sino especialmente entre las distintas clases. Nuestro principal método de investigación es hacer la disección de las diversas clases sociales; nuestra meta final es conocer sus interrelaciones, llegar a una correcta apreciación de las clases y determinar luego una correcta táctica para nuestra lucha, definiendo cuáles son las clases que constituyen la fuerza principal en la lucha revolucionaria, cuáles las que debemos ganarnos como aliados y cuáles las que debemos derribar. He aquí nuestro objetivo. ¿Cuáles son las clases sociales que merecen nuestra atención cuando investigamos? Son las siguientes: El proletariado industrial Los obreros artesanos Los asalariados agrícolas Los campesinos pobres Los pobres de la ciudad El lumpemproletariado Los artesanos Los pequeños comerciantes Los campesinos medios Los campesinos ricos La clase terrateniente La burguesía comercial La burguesía industrial En el curso de nuestra investigación, debemos prestar atención a la condición de todas estas clases (o capas sociales). Las únicas clases ausentes en las zonas donde trabajamos ahora, son el proletariado industrial y la burguesía industrial; con las demás tropezamos a cada momento. Nuestras tácticas de lucha no son otra cosa que las tácticas respecto a todas estas clases y capas.
  • Otro serio defecto de nuestras investigaciones ha sido poner un énfasis excesivo en las zonas rurales descuidando las ciudades, de manera que muchos camaradas han tenido siempre una vaga idea acerca de nuestras tácticas para con los pobres de la ciudad y la burguesía comercial. Con el desarrollo de la lucha nos hemos trasladado de las montañas a las llanuras[4]. Físicamente hace ya mucho tiempo que bajamos de las montañas, pero espiritualmente todavía estamos allí. Debemos conocer tanto las ciudades como el campo, pues de lo contrario no podremos responder a las necesidades de la lucha revolucionaria. VI. La victoria de la lucha revolucionaria en China depende del conocimiento que los camaradas chinos adquieran de las condiciones del país. Nuestra lucha tiene por objetivo pasar de la democracia al socialismo. En esta tarea el primer paso es concluir la revolución democrática, ganándonos a la mayoría de la clase obrera y movilizando a las masas campesinas y los pobres de la ciudad para derribar a la clase terrateniente, al imperialismo y al régimen kuomintanista. Luego, con el desarrollo de la lucha, debemos llevar a cabo la revolución socialista. El cumplimiento de esta gran tarea revolucionaria no es empresa simple ni fácil; dependerá enteramente de la justeza y firmeza de la táctica que el partido del proletariado adopte en su lucha. Si esta táctica de lucha es errónea o vacilante, la revolución sufrirá sin duda una derrota temporal. Hay que tener en cuenta que los partidos burgueses también discuten constantemente sus tácticas de lucha. Para ellos, se trata de cómo difundir las ideas reformistas entre la clase obrera para alejarla, mediante engaños, de la dirección del Partido Comunista, de cómo atraerse a los campesinos ricos para aplastar los levantamientos de los campesinos pobres de cómo agrupar a los elementos lumpen para reprimir las luchas revolucionarias, etc. En una situación en que la lucha de clase se agudiza cada día más y se realiza cuerpo a cuerpo, para lograr su victoria el proletariado tiene que apoyarse por entero en la justeza y firmeza de la táctica de lucha de su partido, el Partido Comunista. Una correcta y firme táctica de lucha del Partido Comunista en modo alguno puede ser elaborada por unas cuantas personas encerradas entre cuatro paredes, sino que sólo puede nacer de la lucha de las masas, de la experiencia práctica. Por lo tanto, en todo momento debemos estar al corriente de la situación social y efectuar investigaciones sobre la realidad. Aquellos camaradas que tienen ideas rígidas, conservadoras, formalistas y de optimismo sin fundamento, creen que la actual táctica de lucha es perfecta, que los “libros”[5] del VI Congreso Nacional del Partido garantizan la victoria para siempre y basta con acatar sus resoluciones para salir victoriosos en todas partes. Estos puntos de vista son absolutamente erróneos y no tienen nada en común con la línea ideológica de los comunistas que crea situaciones nuevas a través de la lucha; representa una línea puramente conservadora. Esta línea conservadora, a menos que sea
  • desechada definitivamente ocasionará graves pérdidas a la revolución y perjudicará a esos mismos camaradas. Obviamente, en nuestro Ejército Rojo hay ciertos camaradas que se muestran satisfechos con el estado actual de cosas, no tratan de comprender los hechos a fondo, sienten un optimismo infundado y fomentan la falsa idea de que “el proletariado es así”. Ellos no hacen más que comer todo el día y dormitar en sus oficinas sin querer dar un solo paso hacia la sociedad para hacer investigaciones entre las masas. Cada vez que hablan dicen las mismas perogrulladas, que fastidian a la gente. Para hacer que esos camaradas despierten debemos elevar nuestra voz y gritarles: ¡Despréndanse sin demora de sus ideas conservadoras! ¡Reemplácenlas por las ideas combativas y progresistas propias de los comunistas! ¡Intégrense a la lucha! ¡Vayan a las masas a investigar la realidad! VII. Técnica de investigación. 1) Convocar reuniones de investigación e investigar en ellas por medio de discusiones. Esta es la única manera que le permite a uno acercarse a la verdad y extraer conclusiones. En cambio, el método de ceñirse a escuchar las experiencias de una sola persona sin celebrar reuniones de investigación para averiguar los hechos por medio de discusiones, conduce fácilmente a errores. No es posible sacar conclusiones más o menos correctas en reuniones en las que sólo se formulan preguntas al azar en vez de someter a debate cuestiones especiales. 2) ¿A quién se debe convocar a las reuniones de investigación? A los que estén familiarizados con las condiciones socioeconómicas. Respecto de la edad, son preferibles los viejos, porque tienen rica experiencia y no sólo conocen el estado actual de las cosas sino también sus causas y efectos. También debe incluirse a jóvenes que posean experiencia de lucha, pues éstos tienen ideas progresistas y un agudo sentido de observación. En cuanto al tipo de observación, entre los asistentes debe haber obreros, campesinos, comerciantes, intelectuales, y a veces soldados e incluso vagabundos. Naturalmente, cuando se trate de un tema específico, no será necesaria la presencia de aquellos que no tengan nada que ver con el asunto. Por ejemplo, no hace falta la asistencia de obreros, campesinos y estudiantes cuando se trate de una investigación sobre el comercio. 3) ¿Una reunión de investigación debe ser numerosa o reducida? Eso depende de la capacidad que tenga el investigador para conducir una reunión. Para el que sea idóneo en esta materia, el número de los asistentes
  • puede llegar a una docena o pasar de veinte. Una reunión numerosa tiene sus ventajas: permite obtener estadísticas relativamente precisas (por ejemplo, sobre el porcentaje que los campesinos pobres ocupan dentro del campesinado) y sacar conclusiones más o menos acertadas (por ejemplo, ¿cuál de estas dos formas de distribución de la tierra es mejor: la distribución por igual o la diferenciada?). Por supuesto, una reunión, así también tiene sus desventajas: para el que no sepa manejarla, le será difícil mantener el orden. En fin de cuentas, el número de los concurrentes a una reunión depende de la competencia del investigador, pero la reunión debe tener por lo menos tres participantes. De otra manera, la información obtenida será demasiado limitada como para que corresponda a la situación real. 4) Confeccionar un plan detallado para la investigación. Es necesario preparar de antemano un plan detallado; de acuerdo con éste, el investigador hará preguntas para que la respondan los participantes. Los puntos que no estén claros o encierren dudas deben ser sometidos a discusión. El plan de investigación debe constar de capítulos y renglones específicos. Por ejemplo, si el capítulo es el comercio, puede haber renglones como: telas, cereales, artículos diversos, hierbas medicinales; y bajo el renglón “telas”, pueden incluirse puntos como percal, telas de fabricación cacera, seda y satén, etc. 5) Participar personalmente. Todos los que ocupen cargos dirigentes, desde los presidentes de gobierno cantonal hasta el presidente del gobierno central, desde los jefes de destacamento hasta el comandante en jefe, desde los secretarios de células hasta el secretario general del Partido, deben haber personalmente investigaciones sobre la realidad socio-económica y no depositar su confianza tan sólo en los informes escritos, pues investigar es distinto a leer informes. 6) Investigar a fondo. Todo el que emprenda por primera vez la labor de la investigación, debe hacer una o dos investigaciones profundas para adquirir conocimiento cabal de un lugar (digamos una aldea o una ciudad) o de un problema (por ejemplo, los cereales o la moneda). Logrado este conocimiento, se orientará más fácilmente en las futuras investigaciones sobre otros lugares o problemas. 7) Tomar uno mismo los apuntes. El investigador no sólo debe presidir él mismo las reuniones de investigación y dirigir de manera apropiada a los concurrentes, sino también tomar personalmente los apuntes para registrar los resultados. No es conveniente que otros lo hagan por él. Escrito por Mao Tse-tung, publicado en mayo de 1930.
  • Notas: [1] Véase Analectas de Confucio, libro III, “Pa Yi”: “Cuando Confucio entraba al templo Ancestral, lo preguntaba todo”. [2] Héroe de la famosa novela china A la orilla del agua, que describe una guerra campesina ocurrida a finales de la dinastía Sung del Norte (960-1127). Es un personaje sencillo, franco y muy leal a la causa revolucionaria de los campesinos, pero sin tacto y de modales bruscos. [3] El camarada Mao Tse-tung siempre ha dado gran importancia a la investigación social como la tarea primordial en el trabajo de dirección y como la base para definir la política. Por iniciativa suya, la labor de investigación fue desarrollándose gradualmente en el 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo. Además, el camarada Mao Tse-tung hizo de la investigación social una norma de trabajo, y el Departamento Político del Ejército Rojo elaboró formularios detallados que comprendían temas tales como el estado en que se encontraba la lucha de las masas, la situación de los reaccionarios, la vida económica del pueblo y la cantidad de tierra que poseían las distintas clases rurales. Adonde iba el Ejército Rojo, primero investigaba la situación de las clases en la localidad y luego formulaba consignas que correspondían a las necesidades de las masas. [4] Por “montañas” se entiende la región de montañas Chingkang, situada en los límites entre las provincias de Chiangsi y Junán, y por “llanuras” el Sur de Chinagsi y el Oeste de Fuchien. En enero de 1929, las fuerzas principales del 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo, al mando del camarada Mao Tse-tung, dejaron las montañas Chiangkang para dirigirse al Sur de Chiangsi y Oeste de Fuchien y establecer allí dos grandes bases revolucionarias. [5] Se refiere a las resoluciones adoptadas en el VI Congreso Nacional del Partido Comunista de China celebrado en julio de 1928, que incluían la resolución política y las resoluciones sobre la cuestión campesina, la cuestión agraria, la organización del poder, etc. A comienzos de 1929, el Comité del Frente del 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo publicó estas resoluciones en forma de folleto para su distribución entre las organizaciones del Partido en el Ejército Rojo y las organizaciones locales del Partido.
  • FUNDAMENTOS DEL LENINISMO Stalin 1) Importancia de la teoría. Hay quien supone que el leninismo es la primacía de la práctica sobre la teoría, en el sentido de que para él lo fundamental es aplicar los principios marxistas, "dar cumplimiento" a estos principios, al tiempo que manifiesta bastante despreocupación por la teoría. Sabido es que Piejánov se burló más de una vez de la "despreocupación" de Lenin por la teoría, y en especial por la filosofía. También es sabido que muchos leninistas ocupados hoy en el trabajo práctico no son muy dados a la teoría, por efecto, sobre todo, de la enorme labor práctica que las circunstancias les obligan a desplegar. He de declarar que esta opinión, por demás extraña, que se tiene de Lenin y del leninismo es completamente falsa y no corresponde en modo alguno a la realidad; que la tendencia de los militantes ocupados en el trabajo práctico a desentenderse de la teoría contradice a todo el espíritu del leninismo y está preñada de grandes peligros para la causa. La teoría es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaría no alumbra su camino. Pero la teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si se elabora en indisoluble ligazón con la práctica revolucionaria, porque ella, y sólo ella, puede dar al movimiento seguridad, capacidad para orientarse y la comprensión de los vínculos internos entre los acontecimiento que se producen en torno nuestro; porque ella, y sólo ella, puede ayudar a la práctica a comprender, no sólo cómo se mueve y hacia dónde marchan las clases en el momento actual, sino también cómo deben moverse y hacia dónde deben marchar en un futuro próximo. ¿Quién sino Lenin dijo y repitió decenas de veces la conocida tesis de que "Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario"? (v. t. IV, pág. 380). Lenin comprendía mejor que nadie la gran importancia de la teoría, sobre todo para un partido como el nuestro, en virtud del papel de luchador de vanguardia del proletariado internacional que le ha correspondido y de la complicada situación interior e internacional que lo rodea. Previendo en 1902 este papel especial de nuestro Partido. Lenin consideraba ya entonces
  • necesario recordar que: Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia (v. t. IV pág. 380). No creo que haya necesidad de demostrar que ahora, cuando la predicción de Lenin sobre el papel de nuestro Partido se ha convertido ya en realidad, esta tesis de Lenin adquiere una fuerza y una importancia especiales. Quizá la expresión más clara de la alta importancia que Lenin otorgaba a la teoría sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan acuciante como la de sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. "Cada descubrimiento trascendental -decía Engels- obliga al materialismo a cambiar de forma". Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su libro "Materialismo y empiriocriticismo", cumplió esta tarea en relación con su época. Es sabido que Plejánov, a quien gustaba burlarse de la "despreocupación" de Lenin por la filosofía, no se decidió siquiera a abordar seriamente la realización de semejante tarea. 2) Crítica de la "teoría" de la espontaneidad, o sobre el papel de la vanguardia en el movimiento. La "teoría" de la espontaneidad es la teoría del oportunismo, la teoría de la prosternación ante la espontaneidad en el movimiento obrero, la teoría de la negación práctica del papel dirigente de la vanguardia de la clase obrera, del Partido de la clase obrera. La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es una teoría decididamente contraria al carácter revolucionario del movimiento obrero, contraria a la orientación del movimiento hacia la lucha contra los fundamentos del capitalismo; aboga por que el movimiento marche exclusivamente por la senda de las reivindicaciones "posibles", "aceptables" para el capitalismo, aboga de manera absoluta por la "vía de la menor resistencia". La teoría de la espontaneidad es la ideología del tradeunionismo. La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es decididamente contraria a que se imprima al movimiento espontáneo un carácter consciente, regular, es contraria a que el Partido marche al frente de la clase obrera, a que el Partido haga conscientes a las masas, a que el Partido marche a la cabeza del movimiento; aboga por que los elementos
  • conscientes del movimiento no impidan a éste seguir su camino, aboga por que el Partido no haga más que prestar oído al movimiento espontáneo y se arrastre a la zaga de él. La teoría de la espontaneidad es la teoría de la subestimación del papel del elemento consciente en el movimiento, es la ideología del "seguidismo", la base lógica de todo oportunismo. Prácticamente, esta teoría, que salió a escena ya antes de la primera revolución rusa, llevó a que sus adeptos, los llamados "economistas", negaran la necesidad de un partido obrero independiente en Rusia, se manifestasen contra la lucha revolucionaría de la clase obrera por el derrocamiento del zarismo, predicaran una política tradeunionista en el movimiento, y, en general, abandonasen a la burguesía liberal la hegemonía en el movimiento obrero. La lucha de la vieja "Iskra" y la brillante crítica de la teoría del "seguidismo" hecha por Lenin en su folleto "¿Qué hacer?" no sólo derrotaron al llamado "economismo" sino que, además, sentaron las bases teóricas para un movimiento realmente revolucionario de la clase obrera rusa. Sin esta lucha, ni siquiera hubiera podido pensarse en crear en Rusia un partido obrero independiente, ni en el papel dirigente de éste en la revolución. Pero la teoría de la prosternación ante la espontaneidad no es un fenómeno exclusivamente ruso. Esta teoría se halla muy extendida -cierto es que bajo una forma algo distinta- en todos los partidos de la II Internacional, sin excepción. Me refiero a la llamada teoría de las "fuerzas productivas", vulgarizada por los líderes de la II Internacional, teoría que lo justifica todo y reconcilia a todos, que registra los hechos, los explica cuando ya todo el mundo está harto de ellos y, después de registrarlos, se da por satisfecha. Marx decía que la teoría materialista no puede limitarse a interpretar el mundo, sino que, además, debe transformarlo. Pero a Kautsky y Cía. no les preocupa esto y prefieren no rebasar la primera parte de la fórmula de Marx. He aquí uno de tantos ejemplos de aplicación de esta "teoría". Dícese que, antes de la guerra imperialista, los partidos de la II Internacional amenazaban con declarar la "guerra a la guerra", en el caso de que los imperialistas la comenzaran. Dícese que, en vísperas de la guerra, estos partidos metieron bajo el tapete la consigna de "guerra a la guerra" y aplicaron la consigna contraria, la consigna de "guerra por la patria
  • imperialista". Dícese que este cambio de consignas causó millones de víctimas entre los obreros. Pero sería un error pensar que alguien tuvo la culpa de ello, que alguien fue infiel o traidor a la clase obrera. ¡Nada de eso! Ocurrió lo que tenía que ocurrir. En primer lugar, porque resulta que la Internacional es un "instrumento de paz", y no de guerra; y, en segundo lugar, porque, dado el "nivel de las fuerzas productivas" en aquel entonces, ninguna otra cosa podía hacerse. La "culpa" es de las "fuerzas productivas". Así, exactamente, "nos" lo explica la "teoría de las fuerzas productivas" del señor Kautsky. Y quien no crea en esta "teoría", no es marxista. ¿El papel de los partidos? ¿Su importancia en el movimiento? Pero ¿qué puede hacer un partido ante un factor tan decisivo como el "nivel de las fuerzas productivas"?... Podríamos citar todo un montón de ejemplos semejantes de falsificación del marxismo. No creo que sea necesario demostrar que este "marxismo" contrahecho, destinado a cubrir las vergüenzas del oportunismo, no es más que una variante a la europea de esa misma teoría del "seguidismo" combatida por Lenin ya antes de la primera revolución rusa. No creo que sea necesario demostrar que demoler esa falsificación teórica es una condición preliminar para la creación de partidos verdaderamente revolucionarios en el Occidente. Escrito por Stalin a partir de las conferencias pronunciadas en la Universidad Sverdlov en 1924.
  • ÍNDICE Prólogo Principios del comunismo [Extracto] 1 Tres fuentes y tras partes integrantes del marxismo 11 Contra el liberalismo 16 Contra el culto a los libros 19 Fundamentos del leninismo [Extracto] 27
  • FRENTE REVOLUCIONARIO MARXISTA-LENINISTA frmlcontacto@gmail.com