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Centros comerciales en Venezuela - Templos del consumismo
 

Centros comerciales en Venezuela - Templos del consumismo

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Revista Épale CCS #5 - 28 de octubre de 2012

Revista Épale CCS #5 - 28 de octubre de 2012
Por Jessica Dos Santos - Fotos: Alejandro Cegarra

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    Centros comerciales en Venezuela - Templos del consumismo Centros comerciales en Venezuela - Templos del consumismo Document Transcript

    • 09 MIRADAS TEMPLOS DEL CONSUMiSMO POR JeSSIcA DoS SAntoS FOTOGRAFÍAs ALeJAnDRo ceGARRA Se tRAtA De eSAS InMenSAS SupeRfIcIeS coMeRcIALeS que noS Reúnen en peReGRInAcIón pARA zAfARnoS De LA SoLeDAD De LAS GRAnDeS cIuDADeS cApItALIStAS, y DonDe neceSItAMoS coMpRAR Aunque no neceSIteMoS Lo que coMpRAMoS Caracas, 28 de octubre de 2012. Edición Número Cinco. Año 01. ÉpALe ccS
    • 10 Cientos de imágenes, un solo mensaje: comprar LA OPCiÓN DE LOS POBRES A semanas de cumplir la mayoría de edad, sin más nada en mi haber que un titulito de Bachiller en Ciencias, una sonrisa optimista y una facilidad para dar las “buenas tardes”, lo mejorcito que conseguí fue un trabajo de 10 am a 3 pm en un famoso centro comercial del este de Caracas. ¿Qué tan difícil podía ser? Era una tiendita de bisutería, serían apenas cinco horas diarias. Tan solo debía ser amable, llevar correctamente un par de cuentas y, listo, obtendría un miserable sueldo pagado por horas al que además se uniría 1% de las ventas y ese fulano bono al “mejor vendedor del mes”, que nos trae a la mente los humillantes cuadritos que guinda McDonald’s en sus establecimientos con la foto del “afortunado” elegido. Pero, ¿qué más puede esperar alguien que no ha estudiado, no? Esa fue la pregunta que me formularon durante la entrevista de trabajo cuando ose cuestionar el sueldo ofrecido, y Edición Número Cinco. Año 01. ÉpALe ccS ese mismitico es el pensamiento que todos y ofrece, y sigue comprando, más y más cada cada uno de los empleados de esas tiendas tie- día. En eso consiste el “progreso” dentro del ne insertado en su cerebro como única e irre- capitalismo, ¿no? futable verdad. DETRÁS DEL MOSTRADOR Tras el mostrador descubres que en Caracas estos espacios son visitados por pobres y ricos en igual medida. El capitalismo disfrazado de estrategias comerciales y publicitarias ha transformado las “necesidades” de los consumidores actuales. Por ejemplo: una de mis recurrentes compradoras, la señora María Josefina, recorría kilómetros y kilómetros para ir a un supermercado y ahorrarse unos céntimos, sin embargo, acababa con decenas de bolsas llenas de cosas superfluas e innecesarias, compradas para aprovechar “grandes ofertas” que yo sabía perfectamente que de ofertas no tenían nada, y hacerse de productos que nunca había pensado comprar, ni necesitaba. “NAViDAD, NAViDAD, LiNDA NAViDAD” De repente, y casi sin darme cuenta, llegó diciembre. No, no, no. Seré sincera: después de convertirme en una amargada que contaba todos y cada uno de los minutos que faltaban para que finalizara mi turno, a quien las cinco horas se le habían convertido en una eternidad, y de paso perdió casi todos sus fines de semana porque al patrón se le había olvidado mencionar que el medio tiempo aplicaba solo de lunes a viernes, porque sábado y domingo eran 12 horas de trabajo: una joven que aniquilaba toda su energía para cederle espacio a la frustración, que pretendía distraerse leyendo alguna novela pero enseguida recibía el llamado de un supervisor quien, a través del sistema de grabación, había detectado el libro La gente asume continuamente las “nuevas y con su voz de imbécil preguntaba: “¿A ti se necesidades” que la sociedad de consumo le te paga por leer?”; el mismo imbécil culpable Caracas, 28 de octubre de 2012.
    • 11 Ofertas sobre ofertas, un ardid archiconocido de una cistitis ocasionada porque “si cierras el local cinco minutos puedes perder clientes que creerán que no abriste hoy”. Traducción: si no puedes aguantar las ganas de orinar el negocio pierde, y el negocio es más importante que tu aparato urinario. yo lo único que quería era llevar un mercadito para la casa y comprarme el computadorcito. ¿Me entiendes? LA ViSiTA DEL JEFE Además de todas mis revelaciones internas, recibí la visita de mi “jefe”, un tipo español llamado Juan Brión, quien no cesó de repetir: “A la tienda la gente entra sin una idea clara de lo quiere comprar o incluso sin querer comprar nada, y en diciembre más. El deseo de comprar y la decisión de llevarlo a cabo va a surgir dentro del establecimiento, ahí es donde tenemos que sacar las garras, chama”. Este mes vino cargado de una serie de revelaciones y pugnas internas. Me había convertido en un ser competitivo, una pajúa que peleaba por realizar las mayores y mejores ventas, una máquina calculadora de porcentajes, una chamita que cuidaba y peleaba los reales y los intereses que no eran y nunca serían suyos, pero de los cuales supuestamente salían las migajas que le tocaban. Yo afirmaba con la cabeza y el hombre proseguía con un enérgico entusiasmo: “Ten Sin embargo, por mi boca solo salían palabras siempre buena iluminación y buen ambiendestinadas a quitarles los pocos o muchos bo- te musical, solo tienes permitido colocar la lívares que cargaban encima valiéndome de música que tiene la biblioteca del computador. cualquier estrategia publicitaria o psicológica ¿Entendido? Esta vaina es como un casino, que recordara; incluso, más de una vez apelé a aquí no se pueden colocar relojes por ningún eso que llaman el “espíritu navideño” y el “re- lado, los productos intercálalos: uno barato, galito del niño Jesús”, y no, no soy una rata, uno caro, un barato, uno caro; así, hasta el Caracas, 28 de octubre de 2012. “eSte tIpo eS un MonStRuo... cáLLAte, cáLLAte, JeSSIcA, no expLoteS”, penSÉ. “eStá bIen, JuAn, eStA MISMA SeMAnA hAGo toDo eSo”, ReSponDí coMpLAcIente ” — Edición Número Cinco. Año 01. ÉpALe ccS
    • 12 que no es barato lo parecerá. Además, lograremos que la gente recorra todo el local y tenga mayores tentaciones, tú sabes. Estos que están acá, que son los artículos que más deseo vender, haz el favor y me los colocas en los estantes intermedios, a la altura de los ojos, y ponle ahí cualquier cartel que diga ‘oferta’, dale, que ustedes las mujeres son buenas para esas manualidades”. “Este tipo es un monstruo... cállate, cállate, Jessica, no explotes”, pensé. “Está bien, Juan, esta misma semana hago todo eso”, respondí complaciente. “Okey. ¡Ah!, y al lado de la caja coloca artículos chiquitos, de capricho, para que después de calarse la cola las mujeres no aguanten el impulso y se los lleven.” “¿Las mujeres?”, pregunté ya con evidente molestia. “Sí, de no ser por ustedes mi negocio ya habría quebrado. Y quita esa cara, acuérdate que es imposible divertirse sin gastar dinero, así que trabaja que jode para que después puedas disfrutar. Mira que todavía estás jovencita.” DOS PELABOLAS IGUALITICOS A Mí Uno de esos sábados decembrinos, alrededor de las seis de la tarde, ocurrió algo que no había mercadito ni computador que justificara. La tiendita estaba a rebosar, yo sudaba y sentía una especie de presión en el pecho, todos anhelaban comprar algo con ese desespero del que tiene que esperar 11 meses para tener encima el suficiente dinero para derrochar. Entonces dos tipos, unos pocos años mayores que yo, tuvieron la genial idea de atracar sigilosamente el lugar. En medio del bululú, los carajos metieron alguna mercancía en sus bolsos y se apoderaron de los dos celulares que estaban en el mostrador: el mío y el que le asignaba la tienda a sus vendedores. De inmediato el sistema de grabación detectó la jugada y en cuestión de segundos se armó un zaperoco, aparecieron los vigilantes del centro comercial a hacerme una serie de preguntas mientras echaban para atrás varias veces las grabaciones del computador. Yo contestaba un poco nerviosa Edición Número Cinco. Año 01. ÉPALE CCS Las áreas comerciales compiten en seguridad con la calle: una forma de ganar clientes Caracas, 28 de octubre de 2012.
    • 13 mientras a través del teléfono fijo mi jefe daba un dictamen: “Lo que ocurrió es culpa tuya, nadie te manda a despistada. Mira, chica, como estamos en Navidad yo no te voy a descontar la quincena, pero en enero haremos inventario y todo lo que falte, todo lo que se robaron, lo sumamos y te lo iremos descontando mensualmente. Chao”. descontar. Estos organismos de seguridad son dirigidos por comisarios, ex oficiales de policía llenos de frustraciones y odios que no han podido bregar, exoficiales que controlan un grupo de unos 150 vigilantes que patrullan las áreas internas y los estacionamientos del centro comercial. Además, cuentan también con la vigilancia de la empresa DAT de Venezuela que ofrece asistencia técnica y Minutos después, seguridad me informa que controla las 140 cámaras ocultas distribuicapturaron a los chamos y debía bajar al só- das por todo el centro comercial. tano para identificarlos; yo, en medio de mi inocencia, bajé pensando si antes de soltar- Después de ese episodio vino mi renuncia, los y prohibirles la entrada al centro comer- una liquidación que desapareció en días y cial también lograrían que me devolvieran un repudio a todo lo que traen consigo estos las cositas que se agarraron, o no, pero antes enormes monstruos de concreto. Desde ende bajar el último escalón las náuseas se ha- tonces estudié las legislaciones completas y bían apoderado de mí al ver cómo esta mal empecé a adquirir verdadera conciencia de llamada seguridad le proporcionaba golpe clase. Además, decidí no volver a pisar un tras golpe, patada tras patada, insulto tras centro comercial en mi vida. Ahora camino insulto, a esos dos chamos, a esos dos pela- por toda Caracas buscando una plaza, un bolas que eran igualitos a mí. No hubo ma- parque o un bulevar que tenga algún bannera de detener la escena, no importaron mis quito con espaldar para descansar el lomo gritos ni mi deseo de dejar esa mierda así y que sigue partido de tanto producir, ahora que me descontaran lo que me tuviesen que para mantener a otro burgués. La hora de Los números Los primeros centros comerciales del mundo surgieron en los Estados Unidos a mitad de los años 50. Latinoamérica acogió este modelo comercial a mediados de los años 60. Brasil es la nación latinoamericana con más espacios de este tipo, seguida de México, Colombia y Perú. En Venezuela, en el año 2006, un turbio empresario llamado Gustavo Arraiz Manríquez intentó sin éxito instalar el centro comercial más grande de América Latina: Aeromall. En el territorio nacional hay un centro comercial por cada 65 mil habitantes. En el país existen 400 centros comerciales a nivel nacional. Alrededor de 85% de la población urbana visita, al menos cada 15 días, los centros comerciales. Caracas, 28 de octubre de 2012. Cada venezolano que recurre a un centro comercial lo recorre durante 2 y 3 horas. El Sambil de Caracas recibe más de tres millones de personas al mes, o sea, unos 100 mil visitantes al día. El Recreo tiene un promedio de visitantes de aproximadamente 250 mil personas a la semana. En el CCCT el número de visitantes en un sábado cualquiera ronda los 50 mil. En cuanto al consumo: 54% de los venezolanos realiza compras variadas entre las cuales destacan ropa y calzado. El gasto del venezolano promedio cada vez que visita un centro comercial supera los Bs. 150. *Datos obtenidos en Datanálisis, Cavececo y Veneconomía. Edición Número Cinco. Año 01. ÉPaLe CCs