Los hijos del sol
José Manuel Martínez SánchezLos hijos del sol
Copyright © José Manuel Martínez Sánchez, 2008Reservados todos los derechos. De acuerdo con la legislación vigente, y bajo...
Sólo puedo respirar en las regiones inferiores.   Robert Walser (Jacob von Gunten)ANTÍGONA.- Sin que nadie me llore, sin a...
And now the time has comeAnd so my love I must goAnd though I lose a friendIn the end you will knowOne day you’ll find tha...
ÍNDICE MUSICAL                 (Por orden de aparición)•	   El	mañana,	Gorillaz•	   Love,	John	Lennon•	   God,	John	Lennon...
•	   Jailhouse	Rock,	Elvis	Presley•	   A	Day	In	The	Life,	The	Beatles•	   Satisfaction,	The	Rolling	Stones•	   I	Can	See	F...
•	   Parachutes,	Pearl	Jam•	   With	Or	Without	You,	U2•	   You	Got	Me	Running,	Etta	James	and	Blues	Breakers•	   Moondance...
•	   The	Times	They	Are	A-Changin’,	Bob	Dylan•	   Crazy,	Patsy	Cline•	   In	Dreams,	Roy	Orbison•	   Yesterday,	The	Beatles...
•	   Days,	The	Kinks•	   Goin	Back,	The	Birds•	   Wonderful	Life,	Black•	   Shelf	In	The	Room,	Days	Of	The	New•	   One	Las...
I.- AMIGOSA      hor a no hay nadie en la habitación salvo Luis, que       se tumba en la cama y sitúa el ordenador sobre ...
-Vaya, qué buena está.- Dice mientras Álvaro se enciendeotro cigarro con una sonrisa cínica.   -¿Sabes?- Dice Álvaro, troc...
Ya han apagado la luz de la habitación, solamente alumbrala pantalla del ordenador, parpadeando brillos y oscuridades.Luis...
corada por libros de todas las temáticas y géneros, abundan lapoesía, seguramente porque Luis estudia Filología Hispánica,...
-Soy Leonor. No tiréis el porro.   Luis, aliviado y mostrando un gesto de satisfacción abre lapuerta y se encuentra con Le...
dice que no, que es que yo soy muy pesimista.   -Qué tía más tonta.- Exclama Álvaro.- Todos se ríen.    La noche se va dis...
gos para así probablemente comunicar algo, aunque sea poco,y lograr que su corazón no sea solamente un iceberg aislado ene...
sí que es este mundo es una mierda, pero procuro no pensar enello, ¿para qué?, yo sólo vivo, o me dejo vivir, procuro hace...
guno de los tres. O tal vez sea el vecino de la habitación de allado con el cual sólo nos decimos ‘hola’ y ‘adiós’ pero no...
eso es de lo único de que no son conscientes Luis y Leonor,que mientras discuten ideas y párrafos de Marx y Marcuse,aproxi...
II.- LA CHARLAU        na semana después las cosas han cambiado bas-        tante poco. Álvaro empezó a salir de la reside...
-Por fin lo has comprado. Te dije que lo bajaba por Internet.  -Ya, pero este quería tenerlo original. ¿No es genial?  -Es...
-Pero, si tú también juegas, qué cara tienes.  -Pero yo hago otras cosas, salgo, voy a la universidad, leocuando puedo. No...
III.- LA FACULTAD Y LA RESIDENCIAÁ       lvaro caminó hacia la facultad con cierto ánimo       tras su sincera charla con ...
El Campus estaba atestado de gente. Los profesores cami-naban absortos, como si todos estuvieran pensando en la Teo-ría de...
tenía que estudiar mucho y Álvaro no tuvo más remedio queacceder a la invitación, pues sentía que era necesario relacio-na...
en la cama, fumando un porro, mirando como hipnotizado lapantalla.   -¿Qué estás viendo?   -Kairo, de Kiyoshi Kurosawa   -...
tu polla toda tiesa… Y cosas por el estilo. Yo me puse muy ner-vioso y me quité la ropa de pie, casi me caigo y ella soltó...
Ambos rieron un largo rato, como en todas las conversacio-nes serias que tenían. Álvaro aprendió desde niño a escapar dela...
Julia y me ha caído bien. Yo no me acordaba de ella pero ella seacordaba de mí, de la última fiesta, en casa de aquel gili...
solía pasear por el pasillo y daba un golpecito en la puerta deaquella habitación en la que sonase un leve rumor de palabr...
IV.- LA CITAL      os estudiantes esper aban en la puerta de la      Facultad, casi todos con el teléfono móvil en las man...
cuero. Su aspecto era una conjunción extraña de bohemia ysofisticación. Su pelo tintado de rubio provocó la mirada con-tem...
Weezer. Entonces Álvaro se animaba un poco y esbozaba unaleve sonrisa mientras caminaba de un lado para otro con el cu-bat...
canadiense que le dejase sitio, muy educadamente y en un per-fecto inglés.    -Ya estoy aquí, ¿te aburres?    -No, estoy f...
gustas urgentemente. Ahora sonaba Wich My Guitar GentlyWeeps, el White Album todavía se resistía a callar.   -Tú también m...
ÁLVARO -. ¿Y qué querías que hiciera? No le ha dado la ganavenirse.    LEONOR -. Pues necesito veros. Estoy un poco depre....
-Claro Julia, yo creía que te querías quedar aquí, pero puedesvenir conmigo si te apetece, yo me he sentido muy bien conti...
quedado con Leonor, ella es una amiga de la infancia. Los tressomos íntimos amigos, nuestra compañía es casi un vicio. Ell...
V.- JULIAL      uis se cansó de jugar en el ordenador. Estuvo hablan-      do con una chica por chat pero pronto se aburri...
do. El cura dormía pero si se despertase la bronca sacudiría defrío colérico el cálido transcurrir de la noche. Así que en...
unas gafas de sol Rayban, varios discos de música clásica y al-gunos objetos más perdidos debajo de estos. Los ojos de Álv...
absurdamente.   -Eso es normal-. Dijo Julia comprensivamente.- A veces nossentimos solos y los demás nos hacen sentirnos t...
fiestas donde se conoce a gente superficial.    -Sí, de mi hermanastro. Hace ya mucho tiempo, cuando yotenía dieciséis año...
atendió una bella geisha con una educación y elegancia exqui-sita. Yo estaba alucinada, esa cultura me sobrepasaba, eran t...
niendo las imágenes a mi memoria, no sé cómo resumirlo. Meacuerdo de cada instante, de lo que pasó después del beso, de la...
Todos rieron amistosamente y expresaron su alegría porcompartir juntos aquella noche de viernes. Julia y Leonor con-tinuab...
Durante unos minutos los cuatro, Julia en menor medida,estuvieron discutiendo enardecidamente ese tema y pasarona hablar d...
-Es un reserva muy caro. Se lo he cogido, o, mejor dicho, ro-bado, a mi padre.   -Tiene pinta de ser bueno. La botella ya ...
valioso y que casi todo el mundo ignora. Por un momento pen-só: Yo quiero ser como ellos. Y comenzaba a leer alguna frasee...
dulzura cuando llegaron a sus oídos las palabras de Julia, comolanzadas suavemente por el estrecho aire que los separaba. ...
preferida también es amar.    La escena transcurrió rápida, sin darse cuenta pasaron dehablar de Proust a amarse discretam...
VI.- EL PROFESORH          an pasado dos días desde aquella noche de vier-          nes tan intensa. Álvaro no ha vuelto a...
evitar quererlo? La única manera sería no volver a estar con él,pero entonces me moriría. ¿Lo entiendes?   -Sí, claro que ...
O al menos así le parecía a Álvaro que se fijaba en ellas, disimu-ladamente, con las gafas de sol puestas. Se tumbó en el ...
ido. Julia quería volver a quedar y además tenía muchas ganasde verle. Las cosas se ponían bien para Álvaro. Él siempre di...
-Ahora mismo vengo. Tengo que hablar con un profesor.-Dijo Álvaro, dejando su carpeta en la mesa y chocando la manode sus ...
unión de departamento. ¿Dónde estaba el profesor comprensi-vo?, ¿Quién era ese farsante que daba prioridad a una reuniónbu...
Los hijos del sol (Novela) - José Manuel Martínez Sánchez
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Género: Novela. Autor: José Manuel Martínez Sánchez. Sinopsis: "Los hijos del sol" es una novela generacional (nacidos a principios de la década de los 80) recomendada, sin embargo, para un público de todas las edades (pero mayores de edad). Una educación sentimental protagonizada por jóvenes ávidos de experiencias intensas que viven entre atmósferas de música rock, literatura, arte, emociones, sexo, drogas e inquietudes existenciales. Una historia sobre la juventud, la amistad, el amor y sus contrarios.

Blog del autor: www.lashorasylossiglos.blogspot.com

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Los hijos del sol (Novela) - José Manuel Martínez Sánchez

  1. 1. Los hijos del sol
  2. 2. José Manuel Martínez SánchezLos hijos del sol
  3. 3. Copyright © José Manuel Martínez Sánchez, 2008Reservados todos los derechos. De acuerdo con la legislación vigente, y bajo las san-ciones en ella previstas, queda totalmente prohibida la reproducción o transmisiónparcial o total de este libro, por procedimientos mecánicos o electrónicos, inclu-yendo fotocopia, grabación magnética, óptica o cualesquiera otros procedimientosque la técnica permita o pueda permitir en el futuro, sin la expresa autorización porescrito de los propietarios del copyright.Compuesto en Warnock Pro
  4. 4. Sólo puedo respirar en las regiones inferiores. Robert Walser (Jacob von Gunten)ANTÍGONA.- Sin que nadie me llore, sin amigos, sin himeneo,desgraciada, me llevan por camino ineludible. Ya no podré ver,infortunada, este rostro sagrado del sol, nunca más. Y mi destinoquedará sin llorar, sin un amigo que gima. Sófocles (Antígona)La desdicha es diversa. La desgracia cunde multiforme sobre latierra. Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris, suscolores son tan variados como los de éste y también tan distintosy tan íntimamente unidos. ¡Desplegada sobre el ancho horizon-te como el arco iris! ¿Cómo es que de la belleza ha derivado untipo de fealdad; de la alianza y la paz, un símil del dolor? Peroasí como en la ética el mal es una consecuencia del bien, así, enrealidad, de la alegría nace la pena. O la memoria de la pasadabeatitud es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan enlos éxtasis que pudieron haber sido. Edgar Allan Poe (Berenice)
  5. 5. And now the time has comeAnd so my love I must goAnd though I lose a friendIn the end you will knowOne day you’ll find that I’ve goneFor tomorrow may rainSo I’ll follow the sun The Beatles (Beatles For Sale)…ya que tan poco os resta de vida, no os neguéis a conocerel mundo sin habitantes que se encuentra siguiendo al Sol. Dante Alighieri (Divina Comedia)El alba asomaba débilmente. No sabía dónde estaba. Tomé la di-rección levante, supongo, para asomarme cuanto antes a la luz.Hubiera querido un horizonte marino, o desértico. Cuando salgo,por la mañana, voy al encuentro del sol, y por la noche lo sigo, casihasta la mansión de los muertos. No sé por qué he contado estahistoria. Igual podía haber contado otra. Por mi vida, veréis cómose parecen. Samuel Beckett (El Expulsado)Lo absurdo impone la muerte. Albert Camus (El mito de Sísifo)
  6. 6. ÍNDICE MUSICAL (Por orden de aparición)• El mañana, Gorillaz• Love, John Lennon• God, John Lennon• Innocent World, Joseph Arthur• Réquiem, Tomás Luis de Vitoria• Ok Computer, Radiohead • Ob la di ob la da, The Beatles• Wich My Guitar Gently Weeps, The Beatles• Happiness is a warm gun, The Beatles• I’m so tired, The Beatles• Black bird, The Beatles• Rocky Racoon, The Beatles• The Man Who Sold The World, Nirvana• Say It Ain´t So, Weezer• Oberturas y preludios, Richard Wagner• High Hopes, Pink Floid• Mother, John Lennon• Mercedes Benz, Janis Joplin• Una botella, Los Bravos• Los chicos con las chicas, Los Bravos• You Really Got Me, The Kinks• Flamenco, Los Brincos• Crimson and Clover, Tommy James and The Shondells• Square One, Coldplay• Una poesia anche per te, Elisa• Severed Hand, Pearl Jam• Come Back, Pearl Jam• Helter Skelter, The Beatles• Nuevo Tango, Astor Piazzolla• Oh Mary, Neil Diamond• Irving, Three Man Army• The End, The Doors
  7. 7. • Jailhouse Rock, Elvis Presley• A Day In The Life, The Beatles• Satisfaction, The Rolling Stones• I Can See For Miles, The Who• Imagine, John Lennon• I Want To Hold Your Hand, The Beatles• My Girl, The Temptations• Hey Ya, Outkast• A Third Of A Lifetime, Three Man Army• In My Life, The Beatles• Do You Want To Know A Secret, The Beatles• 9ª Sinfonía, L.V. Beethovenn• Come As You Are, Nirvana• The Times They Are A-Changin’, Bob Dylan• Crazy, Patsy Cline• In Dreams, Roy Orbison• Yesterday, The Beatles• Don’t Worry Baby, The Beach Boys• God Only Knows, The Beach Boys• Rain, The Beatles• Every Breath You Take, The Police• Aida, Giussepe Verdi• Knockin’ On Heaven’s Door, Bob Dylan• Till There Was You, The Beatles• Over The Hills And Far Away, Led Zeppelin• Smoke On The Water, Deep Purple• Born To Be Wild, Steppenwolf• Sur, Andrés Calamaro• The Tourist, Radiohead• Give Me Some Truth, John Lennon• Selfish Love, Miyavi• She Loves You, The Beatles• Roads, Portishead• An Honest Mistake, The Bravery• Highway Star, Deep Purple• Oh Darling!, The Beatles
  8. 8. • Parachutes, Pearl Jam• With Or Without You, U2• You Got Me Running, Etta James and Blues Breakers• Moondance, Van Morrison• Little Wing, Jimi Hendrix• Advertising Space, Robbin Williams• Bohemian Like You, Dandy Warhols• Novelty, Joy Division• Star Of CCTV, Hard-Fi• Smell Like Teen Spirit, Nirvana• Atmosphere, Joy Division• Space Is The Place, Three Man Army• Dazed And Confused, Led Zeppelin• Days, The Kinks• Goin Back, The Birds• Wonderful Life, Black• Shelf In The Room, Days Of The New• One Last Breath, Creed• Why Pt.2, Collective Soul• Cosmic Blues, Janis Joplin• Red House, Jimi Hendrix• It’s A Fire, Portishead• Goodnight, good guy, Collective Soul• Foxy Lady, Jimi Hendrix• A Day In The Life, The Beatles• Satisfaction, The Rolling Stones• I Can See For Miles, The Who• Imagine, John Lennon• I Want To Hold Your Hand, The Beatles• My Girl, The Temptations• Hey Ya, Outkast• A Third Of A Lifetime, Three Man Army• In My Life, The Beatles• Do You Want To Know A Secret, The Beatles• 9ª Sinfonía, L.V. Beethovenn• Come As You Are, Nirvana
  9. 9. • The Times They Are A-Changin’, Bob Dylan• Crazy, Patsy Cline• In Dreams, Roy Orbison• Yesterday, The Beatles• Don’t Worry Baby, The Beach Boys• God Only Knows, The Beach Boys• Rain, The Beatles• Every Breath You Take, The Police• Aida, Giussepe Verdi• Knockin’ On Heaven’s Door, Bob Dylan• Till There Was You, The Beatles• Over The Hills And Far Away, Led Zeppelin• Smoke On The Water, Deep Purple• Born To Be Wild, Steppenwolf• Sur, Andrés Calamaro• The Tourist, Radiohead• Give Me Some Truth, John Lennon• Selfish Love, Miyavi• She Loves You, The Beatles• Roads, Portishead• An Honest Mistake, The Bravery• Highway Star, Deep Purple• Oh Darling!, The Beatles• Parachutes, Pearl Jam• With Or Without You, U2• You Got Me Running, Etta James and Blues Breakers• Moondance, Van Morrison• Little Wing, Jimi Hendrix• Advertising Space, Robbin Williams• Bohemian Like You, Dandy Warhols• Novelty, Joy Division• Star Of CCTV, Hard-Fi• Smell Like Teen Spirit, Nirvana• Atmosphere, Joy Division• Space Is The Place, Three Man Army• Dazed And Confused, Led Zeppelin
  10. 10. • Days, The Kinks• Goin Back, The Birds• Wonderful Life, Black• Shelf In The Room, Days Of The New• One Last Breath, Creed• Why Pt.2, Collective Soul• Cosmic Blues, Janis Joplin• Red House, Jimi Hendrix• It’s A Fire, Portishead• Goodnight, good guy, Collective Soul• Foxy Lady, Jimi Hendrix
  11. 11. I.- AMIGOSA hor a no hay nadie en la habitación salvo Luis, que se tumba en la cama y sitúa el ordenador sobre sus ro- dillas. Empieza a navegar sin todavía saber con certezasu destino. Mientras tanto Álvaro ha salido de la residencia, por prime-ra vez durante esa semana, para comprar tabaco en el quioscoque hay al cruzar la calle. Le atiende la misma mujer gorda yantipática de todas las tardes, que nunca dice hasta luego cuan-do él se despide de ella y siempre se promete así mismo no vol-ver a decirle hasta luego, pero su buena educación le hace caersiempre, inconscientemente, en la misma situación y siempresale del estanco contrariado, pensando: maldita antipática demierda, ya nunca más le diré ‘hasta luego’. Entra fumando a lahabitación, todavía pensando en la mujer del estanco, y deja lasbolsas sobre el escritorio. -Por favor, tío, fuma en la terraza.- Le dijo Luis, sin apartar lavista de la pantalla del ordenador. -Vale, lo siento. Por cierto, métete en alguna página de alqui-ler de pisos, a ver si encontramos algo mejor y salimos de estamaldita prisión. -Si no hay nada. Lo miramos todas las tardes. Además acabode poner el Counter y voy a jugar un rato. Mientras Luis juega a matar terroristas con su ametrallado-ra M249 Álvaro está apoyado al balcón, fumando su Lucky conla mirada perdida en la gente que camina por la calle. Sorpren-dido tira el cigarro y fija sus ojos en una chica con un paraguasrojo, parada en la acera, esperando para cruzar. -Mira Luis, qué tía, corre.- Luis se aparta del ordenador y selevanta acelerado. 13
  12. 12. -Vaya, qué buena está.- Dice mientras Álvaro se enciendeotro cigarro con una sonrisa cínica. -¿Sabes?- Dice Álvaro, trocando su sonrisa en un gesto querevela su inseguridad.- Le voy a pedir a Leonor que salgamosjuntos, ¿qué opinas? -Eso es lo que debes hacer, si te gusta, no te lo pienses más. Luis vuelve a la cama y continúa jugando. Álvaro entra enla habitación, cierra la puerta de la terraza y coge un libro depoesía, se sienta en el suelo, con las piernas entrecruzadas, enposición de yogui. Son las siete. A esas horas la tarde llega a unpunto en que se hace interminable, el calor contribuye a esasensación así como el silencio que por momentos se ve inte-rrumpido por el ruido del tráfico de afuera y por el murmullode pasos y de tiros que proyecta ese estúpido juego al que estánestúpidamente enganchados, llamado Counter Strike. -Hoy no voy a bajar a cenar.- Dice Luis sin despegar la mira-da de la pantalla del ordenador. -¿Qué dices?, tienes que comer algo.- Comenta Álvaro concierto rostro de complaciente sublimidad provocada por la lec-tura de algunos versos insufriblemente románticos. Pero depronto, cierra el libro y lo tira sobre la cama.- Pues sabes, yotampoco. Vamos a jugar una vida cada uno, cuando te matenyo entro. -Vale. A las once de la noche todavía continuaban jugando. No te-nían ni hambre ni sed, estaban totalmente inmersos en la ac-ción del juego, saciados por ella. -A esta hora suele venir Raúl. ¿Has puesto el cartel de ‘Prohi-bido’?- Dice Luis preocupado por el problema que causaría unparticipante más en el juego. -Sí, lo he puesto.14
  13. 13. Ya han apagado la luz de la habitación, solamente alumbrala pantalla del ordenador, parpadeando brillos y oscuridades.Luis decide bajar el volumen del juego y poner música. Álvarose quita la camiseta, pues el calor cada vez resulta menos so-portable, deja sobre la mesa, desordenada de apuntes univer-sitarios, su camiseta roja con el rostro gigante del Che. Entrelos papeles, que hablan de literatura y contextos históricos deescritores del Siglo de Oro, se esconde una pequeña bolsita conmarihuana que Luis coge. Expande la hierba sobre su mano,con el fin de liar un cigarro, cortando la boquilla del Lucky yabriendo el resto para sacar el tabaco. -¿Dónde está la máquina para liar? -¿Es que vas a hacerte uno? ¿Y mañana quién va a ir a clase?-Señala coherentemente Álvaro, sin apenas desconcentrarse dela trama urdida por su personaje del juego para matar al anti-terrorista escondido tras las cajas del almacén de su escenariopreferido, llamado de_dust2. -Venga, uno sólo. Este no hace daño.- Ambos sonríen derra-mando cierta liberación de sus rostros, como si ese momentoque prefigura la marihuana fuese el único del día que les sal-vase de la agobiante monotonía de sus vidas.- ¿Qué música haspuesto? -Es el último disco de Gorillaz. Ya sabes, el ex cantante deBlur. -Joder ya, Demon Albarn, es buenísimo. Sube el volumen. La habitación, aparte del cargado ambiente literario, todallena de libros, también insinuaba una especial predilecciónpor la música. Nada más abrir la puerta cualquiera que entrese encuentra, en forma de pósters, en lo alto del armario a BobDylan, sobre la cama a Kurt Cobain, sobre la mesa a Los Beat-les, a Bob Marley y a Jim Morrison. Tampoco faltan Pearl Jamni Jimi Hendrix, entre otros héroes de la música popular más omenos malditos o divinizados. La habitación está además de- 15
  14. 14. corada por libros de todas las temáticas y géneros, abundan lapoesía, seguramente porque Luis estudia Filología Hispánica, ytambién las obras filosóficas, presidiendo todas ellas un inmen-so tomo de las obras completas de Friedich Nietzsche. Álvarosuele pasar casi todo el tiempo en la habitación de Luis, posi-blemente por el lúdico ambiente que desborda la decoracióndel lugar, tal vez por la gran cantidad de libros extraños que leefragmentariamente, abriéndolos por cualquier parte, o tal vezporque se siente solo y necesita estar con alguien. La habitaciónde Álvaro es compartida, vive con Joaquín, un rarito estudiantede Física que apenas sale de allí y nunca suele decir nada. Poreso Álvaro pasa casi más tiempo en la habitación de Luis, lacual éste no comparte con nadie excepto consigo mismo, queya es bastante. -Anda, dame el porro y juega tú.- Momento de pasar del jue-go al vicio, a ninguno de los dos le apetece jugar al ordenadorcuando empiezan a fumar, porque los reflejos comienzan a fa-llar y la mente se distorsiona y abstrae de manera gradual. Luisle entrega el ordenador portátil a Álvaro. -Gracias, pero yo paso de jugar. ¿Puedo salirme? -Vale. Pero no pongas páginas guarras que seguro que semete un virus y me jode el ordenador.- Álvaro asiente y sonríeinconscientemente, sintiendo ya los efectos del fuerte e intensocigarro de marihuana mientras se tumba cómodamente en lacama poniendo el ordenador sobre sus piernas. En ese momento llaman a la puerta, ambos se asustan, alar-mados por si es el director de la residencia. Luis baja la músicatotalmente y Álvaro abre la puerta que da al balcón tratandoinútilmente de ambientar la habitación, para disipar el inten-so olor a marihuana, mientras Luis coge el perfume de CalvinKlein impregnándolo por todas partes. -¿Quién es?- Pregunta Luis débilmente, con un tono de vozalgo afectado.16
  15. 15. -Soy Leonor. No tiréis el porro. Luis, aliviado y mostrando un gesto de satisfacción abre lapuerta y se encuentra con Leonor, la cual le da dos besos muyafectuosos. -Joder, se huele desde el pasillo, como suba el director ospilla fijo.- Advierte Leonor expresivamente, con gesto alegre yaliviado, como si ver a sus dos amigos fuera la redención que es-peraba antes de irse a dormir.- Menos mal que os pillo despier-tos. Dadme unas caladas, ¿o lo habéis tirado ya?- Luis asiente. -No te preocupes, me hago otro.- Exclama Álvaro con afánvoluntarioso y contento de complacer a Leonor.- ¿Qué tal eldía? -Pues fatal tíos. Mi clase está llena de capullos. Y la profesorade Poesía del Siglo de Oro, bueno, tú ya lo sabes Luis, es lo peor,un día de estos le digo que es una maldita lesbiana, me da igualque me suspenda, joder, me cita en su despacho para comentarun verso de Quevedo y me pregunta que si tengo novio… onovia. -Qué fuerte, lesbiana seguro.- Sentencia Álvaro. -Y lo peor es que quiere que vaya a su casa a conocer a superro. Y a mí qué me importa su perro, pero cómo le voy a decirque me importa una mierda y que sólo quiero que me apruebe.Y todo por discutir sobre un verso de Quevedo.- Hace una pau-sa en su monólogo para dar un trago a un botellín de agua quelleva en la mano y continúa.- ¿Quevedo? Si ya nadie sabe quiénes Quevedo. -Bueno, Leonor, cálmate. Fuma un poco.- Dice Álvaro. -Y, ¿qué verso era ese?- Pregunta Luis. -Pues... ah, sí: Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra... -…que me llevare el blanco día.- Continúa Luis. -Sí, eso. -¿Y por qué habéis discutido? -Porque dice que con el blanco día se refiere a que es un díade Navidad, y yo le he dicho que se refiere a la muerte, pero ella 17
  16. 16. dice que no, que es que yo soy muy pesimista. -Qué tía más tonta.- Exclama Álvaro.- Todos se ríen. La noche se va disipando entre disquisiciones poéticas y ex-citantes caladas de marihuana. Álvaro pide disculpas para ir albaño. El disco de Gorillaz vuelve a sonar por segunda vez, nin-guno todavía percibe que el disco se repite. Mientras suena Elmañana Álvaro abre cuidadosamente la puerta para salir haciael servicio, que se encuentra en frente de la habitación. Pien-sa Álvaro, mientras escucha de fondo el sonido de una sirena,que la noche se está alargando demasiado, de pronto le vienea la cabeza Marcel Proust, siempre lo recuerda cuando las si-tuaciones se agrandan y dispersan en los instantes. Es feliz sinembargo, porque está con las dos personas que más quiere en elmundo, aunque nunca lo ha confesado abiertamente ante ellos.Seguramente Luis y Leonor sienten también esa secreta felici-dad de alguna manera reflejada en la complicidad que les unea los tres. Mientras Álvaro se lava la cara nota cómo su mentese dispersa hacia el silencio, se observa, frente al espejo, y ve aun hombre desorientado, apenas se reconoce, y un impulso dellorar determina breves segundos de ignorada melancolía, nosabe por qué está triste si hace unos segundos se sentía feliz.Coge una cuchilla de afeitar y empieza a pasarla por todo surostro, intentando ver a otra persona frente al espejo, despo-seyéndose, como casi todos los días, de la incipiente barba quele nace constante. Al terminar se lava la cara con agua muycaliente y se echa un after-save que le escuece gravemente, sinembargo ese escozor le gusta, le recuerda que está vivo al mi-rarse al espejo, se descubre diferente, notándose un poco másjoven y atractivo que antes. Se sonríe a sí mismo, tratando deganar seguridad en su rostro. Recuerda que ha dejado la puer-ta de la habitación abierta y que puede subir el director de laresidencia, intolerante guardián del templo de los súbditos ypasivos estudiantes. De pronto siente frío, el ambiente del largopasillo contribuye a esa sensación de brusca soledad. Álvaronecesita volver a la habitación. Necesita hablar con sus ami-18
  17. 17. gos para así probablemente comunicar algo, aunque sea poco,y lograr que su corazón no sea solamente un iceberg aislado enel océano de la supervivencia. Sí, su vida se ha convertido enpura supervivencia. Ya no reconoce el sentido que un día qui-so dar a su existencia, ya no ejecuta sus deseos sin importarlelas consecuencias, ya no escucha música despreocupado de susobligaciones e inmerso en su mundo de ficciones. No, ya nopuede aceptar todo eso, ahora ha aprendido a ser conscientede sí mismo, o al menos ha aprendido a ser consciente del pesode sí mismo, de ese ser que vive en él y come y tiene que estu-diar para conseguir trabajo en un futuro, y sus únicos objetivosson aprobar los exámenes, mostrarse como un ser responsableen todo momento: con los padres, con los profesores e inclusocon los amigos. Bueno, excepto con Luis y con Leonor, víctimastambién de ese juego insensato e inhumano que consiste en serhumanos, válidos y juiciosos en este mundo que se hace llamarmoderno y civilizado. Álvaro entra en la habitación y una ex-tremada satisfacción le envuelve, tal que si fuera Ulises en sullegada a Ítaca. -¿Por qué has tardado tanto, Álvaro? Creíamos que te ha-bía tragado la tapa del water.- Deduce Leonor, ya algo afectadapor la hierba. Álvaro sonríe sin mediar palabra, tiene ganas deabrazarlos pero reprime el impulso por no evidenciar su colo-cón. Ya han cambiado la música, ahora suena John Lennon, undisco recopilatorio de canciones acústicas. -Hemos puesto a John.- Dice Luis. -El más grande.- Asiente Leonor. -Sí, era el mejor de los cuatro, al menos el más auténtico. Fal-ta gente así en este mundo de mierda que nos ha tocado vivir.-Añade Álvaro con voz resentida. -¿Estás bien Álvaro? Venga, no te pongas triste.- Dice Leonormientras se acerca a Álvaro para pasarle el cigarro.- Sabes, yotambién pienso eso todos los días, bueno lo de Lennon no, pero 19
  18. 18. sí que es este mundo es una mierda, pero procuro no pensar enello, ¿para qué?, yo sólo vivo, o me dejo vivir, procuro hacer loque me gusta y trato de cumplir con las reglas que este mun-do me impone pero sin negarme mis pequeños placeres, comoeste momento con vosotros, eso es lo que hay que valorar... -Ya, si llevas razón.- Confirma Álvaro.- Pero este momentono justifica los miles de minutos que vivimos para nada, escla-vos de la rutina que nosotros mismos nos imponemos, yo ya noculpo a la sociedad sino a nosotros mismos, ¿por qué la gentees tan mediocre? Si todos fueran como nosotros, es decir, sitodos viviésemos para vivir solamente, disfrutando de ello, notendríamos que sufrir la esclavitud de la vida, pero... joder... sies que nosotros mismos nos ponemos las redes, somos especia-listas en atarnos, en aislarnos, en no dejarnos vivir. -Yo pienso lo mismo.-. Añade Luis.- Hoy nos hemos pasadotoda la tarde jugando a un juego de mierda, yo soy conscientede eso, pero sin embargo me gusta ese juego, aunque soy cons-ciente de que es una mierda, a lo mejor la pregunta correcta iríadestinada a averiguar si la demás gente que juega ese juego esconsciente de su mierda. -No lo creo. Dice Álvaro. -Yo tampoco. Dice Leonor.- La gente escapa, nada más, sinpreguntarse el porqué, lo mismo leen una novela, de StephenKing, Tolkien o alguno de sus homólogos, o juegan al ordena-dor o ven la televisión, da igual, la cuestión es que los esclavosnacidos en la esclavitud la asumen sin más y cuando pueden laamortiguan, la evaden, pero no se enfrentan cara a cara a ella. -Llevas razón. Así ha sido siempre.- Asegura Álvaro con elporro en la mano, distraído por el mágico reflejo de la músicade Lennon y su Love acústico.- Yo ya no creo en las personas,nosotros somos la minoría, la inmensa minoría, tal vez de aquísalga un nuevo Sartre, tal vez seas tú Leonor, o tú Luis, o nin-20
  19. 19. guno de los tres. O tal vez sea el vecino de la habitación de allado con el cual sólo nos decimos ‘hola’ y ‘adiós’ pero no nosconocemos. La vida es extraña. El mundo es extraño. Le gentees capaz de hacer una revolución y cortar cabezas, como en laRevolución Francesa, por unas palabras que suenan muy bien.La gente es capaz de matar por ideales, pero es un fenómeno demasas, al igual que se emocionan en un partido de fútbol. Nosé si me explico, voy un poco... Mientras la conversación evoluciona suena paradógica-mente la canción de Lennon: God. Los tres hablan y hablansin parar, la realidad queda a un lado y entregan este tiemponocturno a la reflexión y al placer, escuchan música, fumanmarihuana, piensan en una sociedad en la cual apenas parti-cipan, soportándola educadamente. Luis, para rebatir a Álvarosus argumentos sobre la decadencia de la posmodernidad, seacerca a la estantería en la que duerme un tomo de las obrascompletas de Platón. Abre el ‘Menón’ y le explica la posibilidadde la virtud en el ser humano. Todo es posible en esa noche.Las ideas fluyen, son felices creyendo que saben y que pueden,con sus ideas, cambiar el mundo. Pero da lo mismo haber leídotanto, en el fondo de su conciencia comprenden que el mundoya no se puede cambiar, que sólo aspiran a cambiarse a ellosmismos. Comprenden, después de haber leído a Nietzsche, quesólo les queda la esperanza de convertirse en superhombres,para simplemente conseguir sobrevivir en este mundo sin seraplastados por los otros, aquellos de los que Sartre dijo queeran el infierno. -La gente no necesita saber ni ser consciente, solamente ne-cesita dinero para vivir, así de sencillo, y cuando no haya dine-ro, entonces, solamente entonces, habrá la búsqueda del dinero,tal vez bajo el lema de la libertad.- Explica Luis, indignado. Pero las pasiones también resultan ser poderosas, y tal vez 21
  20. 20. eso es de lo único de que no son conscientes Luis y Leonor,que mientras discuten ideas y párrafos de Marx y Marcuse,aproximan sus cuerpos, sus alientos, sus esperanzas y miradas,notando como la búsqueda del éxtasis podría ser resuelta enla unión de sus espíritus carnalmente materializados. Pero elsueño obliga a la despedida. Mañana será otro día y cada unocumplirá con sus obligaciones. Y al llegar la noche seguramen-te volverán a reunirse, para contarse sus esperanzas y fracasoscotidianos.22
  21. 21. II.- LA CHARLAU na semana después las cosas han cambiado bas- tante poco. Álvaro empezó a salir de la residencia para ir a clase, pero Luis todavía continuaba allí, sin abando-nar la habitación, ensimismado en su mundo cerrado. La mañana ha resultado ser el hastío esperado. Ahora ya,tras la comida, Luis ha cogido su HK USP45 con silenciador yse ha ido a rescatar a unos rehenes, por un moderno edificiode oficinas. En el pasillo se encuentra con dos terroristas a losque mata de un solo disparo en la cabeza a cada uno. Está cadavez más cerca de llegar a la habitación donde están los rehenes.Finalmente los libera aunque un terrorista, el último que que-daba, le hiere en la pierna, pero Luis lo neutraliza al instante.Justo en ese momento entra Álvaro en la habitación. -¿Qué haces tío? -Jugar al Counter.- Responde Luis mientras carga de nuevosu arma para proseguir con la siguiente misión, cuyo plan escompletamente el mismo que en la anterior misión. -Escucha Luis, he conseguido una cita con una tía del chat.¿Quieres ver su foto? Parece bastante guapa, déjame el portátil. -Espera que termine esta misión. Álvaro se acerca al equipo de música y pone un disco queacaba de comprar, se llama Redeption’s Song de Joseph Arthur.Su rostro refleja cierto tono de felicidad, como un niño con sujuguete nuevo Álvaro pulsa el play del equipo, deseante de es-cuchar los primeros acordes del melancólico Arthur. Se tumbaen la cama con el cd en las manos, revisando la lista de cancio-nes, divagando por las páginas interiores. Enseguida deja el cd ycierra los ojos, Luis también detiene su partida y se da la vuelta,en dirección a los altavoces, como si a parte del sonido tambiénpudiera divisar la imagen de aquella melodía. 23
  22. 22. -Por fin lo has comprado. Te dije que lo bajaba por Internet. -Ya, pero este quería tenerlo original. ¿No es genial? -Es bastante bueno. Hay un largo silencio, de al menos dos o tres minutos, am-bos saborean una canción llamada Innocent World con actitudreflexiva. -Quería comprar este cd porque Leonor lo puso en su casa,antes de que nos enrollásemos. Esa noche me habló de sus pa-dres, de lo sola que se sentía desde que se divorciaron, de lamuerte de su hermano con la moto… Empezó a llorar, yo no meaproveché de ella porque ella necesitaba alguien que le abraza-se y yo estaba allí. -Leonor es muy buena chica, no sé qué coño haces buscandocitas por Internet. -Pero a Leonor le gustas tú. ¿Es que no lo sabes? -Y, ¿por qué se enrolló entonces contigo? Esa conversación la habían mantenido en más de una oca-sión. Ambos sentían algo muy especial por Leonor y ella, se-guramente, sentía algo parecido por Luis y Álvaro. Sería difícilsaber a cuál quería más. Posiblemente uno complementase alotro. -Y, ¿de qué más hablasteis aquella noche?, si se puede saber-.Preguntó Luis turbado. -Verdaderamente fue ella la que habló todo el tiempo. Mehabló de ti, de que está muy preocupada contigo porque apenassales de la habitación, encerrado en ti mismo, de lo mucho quele gusta la literatura y lo poco que le gusta la carrera, de quetiene que dejar los porros… De cosas así. De nuestra vida. -Pues vaya. -Y yo también estoy preocupado por ti. Todo el día ahí, ju-gando al Counter, sin ir a clase, sin apenas tocar un libro, se teva a olvidar hasta leer.24
  23. 23. -Pero, si tú también juegas, qué cara tienes. -Pero yo hago otras cosas, salgo, voy a la universidad, leocuando puedo. No es lo mismo. -Y para qué voy a ir, como dice Leonor, la carrera es unamierda, mejor está uno en casa. Total, cuando lleguen los exá-menes pido apuntes y en una semana estudio sin parar. Álvaro se sentía por momentos triste ante el hastío de Luis,lo escuchaba y sentía lo mismo, empatizaba con sus ideas, perosabía que no podía hacer lo mismo que él, es decir, asumir laderrota. No, Álvaro salía a la calle, por mucho que le costase,porque esa era la vida real y eso lo tuvo que asumir desde muypronto, a diferencia de Luis. -Mira Luis, a mi tampoco me gusta mucho mi carrera. Yohubiera preferido hacer Filología Hispánica, como tú, pero laHistoria del Arte se supone que es más llevadera y, no te creas,también me emociono con un buen cuadro igual que con unpoema. En la vida es importante tener un título, por suerte he-mos elegido una carrera que va con nosotros, imagínate, noso-tros haciendo Económicas, eso si que sería un drama. La vidase compone de placeres y de pequeños sacrificios, por muchoque te guste la poesía no puedes esperar que en clase el profesorreparta porros de marihuana y dedique dos meses a la poesíade Dylan Thomas. Eso sería el paraíso, sí, decía sonriendo Ál-varo. Y la vida no es ningún paraíso. Sólo hay que ser un pocointeligente, aguantar estoicamente y reírte por las noches, contu porro o con un libro de Dylan Thomas, de todos esos perde-dores que se creen que dominan el mundo. ¿No crees? -Qué obsesión tienes con Dylan Thomas. -No seas capullo. Ambos se estuvieron riendo un buen rato. Luis cambió el cd.Puso, como de costumbre, su disco acústico de Lennon. 25
  24. 24. III.- LA FACULTAD Y LA RESIDENCIAÁ lvaro caminó hacia la facultad con cierto ánimo tras su sincera charla con Luis. Pero a medida que avan- zaba, conforme se iba parando en cada semáforo en rojo,el ánimo se trasformaba en pereza, desilusión, hastío… A vecesnotaba que caminaba con la cabeza bajada y entonces volvía asubirla y simulaba una sucinta sonrisa de seguridad y confian-za en sí mismo. Al entrar al Campus de Letras se encontró conPepe Pereira, un chico gordito de pueblo y bastante excéntrico,enamorado de la música polifónica del Renacimiento. Álvarosabía que cada encuentro con Pepe Pereira podía durar unahora o incluso tres. Su excentricidad hacía que su rostro ver-tiese una chispa de genialidad impropia de gente de su edad.Parecía haber salido del mismísimo Renacimiento. -Hola, Álvaro, ¿Qué haces por aquí? -Voy a ver si ha salido la nota de Morfología de la Estética. -No sé cómo elegiste esa carrera. Si lo tuyo es la literatura. Álvaro y Pepe siempre hablaban de Cervantes y de TomásLuis de Vitoria. También hablaban de un ensayo filosófico quePepe le dio a leer. -¿Has leído ya mi ensayo? -Me quedan dos páginas, pero como te dije es muy bueno.Está en la línea de Bergson. Me gusta el título: Donde el tiemporeposa. Me recuerda a Cernuda. -Vaya, gracias. ¿Has oído el disco que te dejé? -Sí, estuve a punto de llorar, me sentí en mi propio funeral. -Es que el Réquiem de Vitoria es triste y bello. -Ya-. Tras unos segundos sin saber que decirse el uno al otroÁlvaro prosiguió la conversación con una pregunta de tipo co-tidiano.- Y ¿qué haces tú por aquí? -Pues realmente nada, dar vueltas, me aburro en mi casa.26
  25. 25. El Campus estaba atestado de gente. Los profesores cami-naban absortos, como si todos estuvieran pensando en la Teo-ría de la relatividad de Einstein, aunque seguramente pensabanen que tendrían que comprar el pan antes de llegar a comer asus casas. Las chicas elegantes, con minifalda y escote, eran deDerecho, las que tenían pinta hippye eran de Letras, aunque aveces, sorprendentemente, se daba el caso contrario. -Has visto a esa, ¿está muy buena?-. Soltó Álvaro, sin saberqué más decirle a Pepe. -Esa es una pija de Derecho con cerebro de mosquito. -Bueno, para un polvo poco importa eso-. Ambos rieron encomplicidad. De pronto esa chica, se detuvo ante ellos. -Hola Álvaro, ¿cómo estás?-. Él no parecía reconocerla perola saludó con total naturalidad, en décimas de segundo imagi-nó su rostro en una de esas fiestas abstractas de Derecho en lasque acababa en una casa de alguien, ebrio y mareado, inmersoen su soledad y bailando un tema de Madonna. -Qué ciego ibas la otra noche. ¿Sueles beber tanto?-. PepePereira hizo ademán de despedirse pero Álvaro lo miró brus-camente, insertando un mensaje silencioso en esa mirada: Nome dejes solo, cabrón. -No suelo beber tanto, sólo cuando me aburro-. ComentóÁlvaro. La chica pija de minifalda y grandes pechos sonrió ytomó del brazo a Pepe Pereira. -Vosotros los de Letras os aburrís en cuanto no se habla dealgo interesante-. Pepe Pereira se puso nervioso, pocas chicascogían el brazo de un chico gordito y renacentista. Sin embar-go Álvaro vio, precisamente por esa reacción, algo especial enella. -Yo no suelo ir a esas fiestas-. Dijo Pereira, mirando para otrolado, algo inquieto. -Pues esta noche vais a ir los dos. Como que me llamo Julia. Pepe Pereira se negó inmediatamente con la excusa de que
  26. 26. tenía que estudiar mucho y Álvaro no tuvo más remedio queacceder a la invitación, pues sentía que era necesario relacio-narse con las demás personas, era una obligación moral y cívica,igual que ir a clase. Ambos se intercambiaron el teléfono móvily se citaron a la diez en la puerta de la Facultad. Volvieron aquedarse solos Álvaro y Pepe Pereira. -¿Por qué no vienes? Seguro que lo pasas bien. -Mira, tío, yo es que me aburro muchísimo en esas fiestas yrealmente tengo que estudiar. No era necesario que pusiera más excusas. Pepe Pereira eraun chico bastante feo y acomplejado por su gordura, estaba cla-ro que sentía pánico por relacionarse con la gente, sobre todocon las chicas guapas y pijas. Así que Álvaro decidió no presio-narlo y siguieron hablando un largo, larguísimo rato, de Vic-toria, Cervantes, Platón, Schopenhauer, las Meninas, Saturnodevorando a sus hijos, y llegaron a una extraña y lógica conclu-sión que Pepe Pereira esbozó de la siguiente manera: Te lo digoen serio amigo, este mundo es una grandísima mierda. Álvaro se dirigió a ver la nota de Morfología de la Estética.Había suspendido. A lo largo de su carrera, en cuatro años, sólohabía suspendido un examen. Este era el segundo y no podíaexplicárselo. Morfología de la Estética era una de sus asignatu-ras preferidas y esperaba un notable como mínimo. Recordó lasúltimas palabras que Pepe Pereira le había dicho un momentoantes. Joder, qué razón tiene el tío. Pensó. Al llegar a la residencia Álvaro se dirigió, sin ni siquieraparar por su habitación, a ver a Luis. Estaba impaciente porcontarle que esta noche tenían fiesta. Al entrar Álvaro observóque la sala estaba completamente oscura, solamente se perci-bía el brillo de la pantalla del ordenador. Luis estaba tumbado28
  27. 27. en la cama, fumando un porro, mirando como hipnotizado lapantalla. -¿Qué estás viendo? -Kairo, de Kiyoshi Kurosawa -Pero tío, si esa la vimos la semana pasada -Ya, no sé. Me apetecía verla. Me gusta el sentimiento de so-ledad que se trasmite a lo largo de toda la película. Es una pelide terror pero yo me siento igual que ellos. -Te veo triste. ¿Has fumado marihuana? -Uno solo. -Debes ir dejándolo-. Le propuso Álvaro sabiendo que esoera algo más que imposible dadas las circunstancias algo de-presivas de Luis. -Sabes tío. Me he acostado con una tía solamente. -Qué dices. No me lo trago. -En serio. Fue con una prostituta. Aquel día estuve escuchan-do el Unplugged de Nirvana y me sentía muy mal, pensando enel suicidio de Cobain y todo eso. Hasta pensé en emularlo. -Ya, como miles de adolescentes en aquella época. -Sí, pero lo mío iba muy en serio. Incluso llegué a encargaruna pistola en la armería de enfrente de mi casa. Pero por sermenor de edad me la negaron. -Menos mal que para algo sirve la ley-. Repuso Álvaro concierto humor negro, esbozando una comprensiva sonrisa. -Escucha Álvaro, ya que no me podía suicidar cogí el pe-riódico y busqué el teléfono de una puta. Pensé en tirármela yluego tirarme yo por la ventana. Vino a mi casa una brasileña.Estaba bastante buena, menos mal, porque si llega a haber sidofea me hubiera tirado por la ventana delante de ella. No sabíadonde hacerlo con ella, o en mi habitación o en la de mis padres.Al final decidí en la de mis padres, creo que eso me excitabamás. Volví a poner el disco de Nirvana. Se quitó la ropa en me-nos de un minuto y cuando me quise dar cuenta la tenía ahí,en la cama de mis padres, totalmente desnuda y diciéndomecosas guarras: Venga cachondo, chúpame el coño, quiero verte 29
  28. 28. tu polla toda tiesa… Y cosas por el estilo. Yo me puse muy ner-vioso y me quité la ropa de pie, casi me caigo y ella soltó unaleve carcajada. Qué lindo eres, decía. Aún recuerdo su nombre,se llamaba Sandra. Una vez desnudo me tiré encima de ella eintroduje el pene en su vagina, lentamente. Estuve unos diezminutos follando con ella pero no conseguía correrme, cadavez me ponía más nervioso, ella decía no pasa nada, pero cadavez que lo decía yo me ponía más nervioso. Luego, ante la im-posibilidad, ella se puso encima de mí. Esa sensación fue muyplacentera, empecé a dar palmadas en su culo y a follarla casibestialmente, pero, nada, no conseguía correrme. No podía. -¿No te corriste al final? -No pude. Antes de irse nos despedimos con un beso, medijo que cuando estuviese mejor que la volviese a llamar. -Vaya, qué pena, supongo que te costó un pastón. -El dinero era lo de menos. ¿No lo entiendes? Yo era impo-tente. Por eso no me quería acostar con mi novia, sospechabalo que podía pasar, por eso llamé a una puta, por eso me queríasuicidar. -Creía que era por Kurt Cobain. -Joder, tío, no puedes hablar nunca en serio. Para mi estoes muy importante. Por eso cuando me has dicho hoy lo deLeonor, que le gusto y eso… He vuelto a sentir ese miedo, y sime quedo con ella a solas y surge lo inevitable. Ella me gustamucho pero sé que no estoy preparado para eso. -Mira Luis, no te presiones, no pienses en ello. Cuando máslo pienses y te atormentes más te va a costar solucionar el pro-blema. Simplemente déjalo pasar, te lo digo por experiencia.Cuando hay algo en nosotros que no podemos controlar lo me-jor es dejarlo pasar, si sufrimos intentado controlarlo estamosperdidos. -Supongo. -Y además, follar con un disco de Nirvana es muy deprimen-te. Creo que yo tampoco podría eyacular en esas condiciones,me pondría a llorar encima de ella.30
  29. 29. Ambos rieron un largo rato, como en todas las conversacio-nes serias que tenían. Álvaro aprendió desde niño a escapar dela tragedia simulando una comedia. Tal vez fuera por que vioprematuramente la filmografía de Woody Allen, o porque sen-cillamente ese era su carácter. -Bueno, ¿qué tal el día?-. Dijo Luis intentando sobreponerse.Mientras lo preguntaba se levantó a poner un disco de música. -Pues bien y mal. He suspendido Morfología de la Estética,el cabrón de Lapena me ha follado. El lunes iré a hablar con él,esto no puede quedar así. -Ya me has hablado de ese tío, es muy raro, ¿no? -Es un progre, que se cree completamente íntegro, pero esun montón de mierda, en el fondo es un facha y un frustrado. -Ya, yo tengo un profesor igual, Victorio Baños, ¿te conté labronca que tuvo con Arturo López Reverte? -Me lo contó Leonor. Ese tío también es un caso aparte. Comola mayoría de los profesores de Letras, burócratas del arte, y siencima tienen, o han tenido, pretensiones artísticas, como elBaños ese, son peor, porque se creen mejores que Shakespearey no entienden qué coño hacen hablando a estudiantes, mayori-tariamente aún más necios que él, que pasan de su cara. -Exactamente. Llevas toda la razón Álvaro. El lunes ve a ha-blar con el que te ha suspendido y dile que se vaya a la mierda. -Sí-. Álvaro sonrío forzadamente, y pensó por un momentoen decirle eso, pero una imagen vino a su cabeza, se vio en unaeterna biblioteca estudiando eternamente Morfología de la Es-tética, y descartó definitivamente la idea de decirle eso. -¿Y qué es lo bueno? -¿Cómo?-. Preguntó Álvaro desorientado, todavía pensandoen la escena frente al profesor diciéndole: Profesor Lapena, vá-yase a la mierda. -Sí, ¿no has dicho que el día ha ido bien y mal? ¿Qué es lobueno? -Ah, sí. Pues que me han invitado a una fiesta. Una chica deDerecho, bastante atractiva y con la falda muy corta, se llama 31
  30. 30. Julia y me ha caído bien. Yo no me acordaba de ella pero ella seacordaba de mí, de la última fiesta, en casa de aquel gilipollasde Bellas Artes que pintaba a su hermana desnuda. -Calla. No me recuerdes esa noche. ¿Y cuándo habéisquedado? -Esta noche. ¿Vendrás, no? -No puedo, quiero ver una película. -¿Cómo? Vamos, ni en broma, tú te vienes, aunque te tengaque sacar a rastras de aquí. Eran las 9 de la noche. Hora de cenar. Luis llevaba dema-siadas horas sin salir de aquella habitación. Sonaba Ok Com-puter de Radiohead. Álvaro cogió el portátil y se puso a jugaral Counter. Luis volvió a tumbarse en la cama con su guitarra,haciendo débiles y tristes punteos que acompañaban a las can-ciones de Radiohead. Y se encendió otro porro. Aquella habita-ción simulaba un universo paralelo al mundo. Ciertamente allíestaba todo lo que Luis y Álvaro podían desear: música, cine,juegos, porros, bebida, comida, libros, silencio, Internet. Luisparecía haberse perdido en aquel vendaval de distracciones,sentía sus piernas demasiado débiles como para abrir la puertay bajar al comedor a cenar. Salir a la calle era algo impensablepara él, supondría una auténtica odisea. Sin embargo Álvaroestaba algo inquieto, pensando en la fiesta, con la esperanza desacar a Luis de allí y vivir una noche como las de antes, solospor la calle borrachos o acompañados de algunas estudiantesErasmus de Historia del Arte sorprendidas de lo mucho quesabían Luis y Álvaro de Velázquez, Miguel Ángel o Rembrant.También pensó Álvaro en Leonor, pero prefirió dejarlo pasar.Pensar en Leonor siempre suponía sufrir un poco, ya que sa-lían a flote sentimientos y carencias. Sonó la campana de la re-sidencia, el director era un anciano de pelo blanco, bastantefranquista y malhumorado, daba a los estudiantes tres minutospara bajar a la mesa y sentarse por orden alfabético, antes deque pasara lista con la seriedad de un Comandante en Jefe. Eldirector era cura y todos le llamaban El cura. Por las noches32
  31. 31. solía pasear por el pasillo y daba un golpecito en la puerta deaquella habitación en la que sonase un leve rumor de palabraso de música. Si el rumor persistía daba un golpe más fuerte. Ysi todavía persistía ese rumor empezaba a gritar y decía: ¡Soistodos unos cabezas locas, aquí habéis venido a estudiar. Maldi-tos críos. Mañana llamo a vuestra casa y que vengan vuestrospadres, que os aguanten ellos, cabezas locas, insensatos, no te-néis futuro!. Al cabo de unos minutos se tranquilizaba y se ibaa dormir. Ya no molestaba más. Casi todas las noches era elmismo ritual. -Me bajo a cenar. Te subo algo de cena. Le diré al cura quetienes gripe-. Dijo Álvaro resignado, con la certeza de que Luisno bajaría al comedor. -Vale, por favor, tráeme patatas, es lo único que me gusta deesta residencia. Las patatas y una de las limpiadoras, la ecuato-riana, ¿Te has fijado?-. Álvaro se marchó sonriendo, al menosLuis dijo algo gracioso. No todo estaba perdido. El cura volvióa hacer sonar la campana. 33
  32. 32. IV.- LA CITAL os estudiantes esper aban en la puerta de la Facultad, casi todos con el teléfono móvil en las manos, mirando de un sitio para otro. Las chicas iban vestidasligeras y a la mayoría se las veía bastantes atractivas. Marzoera un mes propicio para la belleza. Álvaro llegó quince mi-nutos tarde pero todos estaban allí, no conocía a nadie salvoa Julia. Ella era especialmente guapa, sobresalía de las demás,su aspecto informal desentonaba con los trajes caros que suscompañeras vestían. Con el pelo suelto y levemente maquilladaJulia saludaba a un chico de Derecho con el uniforme clásicode los chicos de Derecho, vaqueros ajustados y polo azul RalphLauren, náuticos marrones Snipe, el pelo engominado y miradaaltanera. Julia vio aparecer a Álvaro y le lanzó de inmediatouna cálida sonrisa. -Creía que ya no venías. -Lo siento, he terminado tarde de cenar. -Menos mal, lo vas a pasar muy bien. -Bueno, no sé. No conozco a nadie. -Y qué. Me conoces a mí. ¿No te sobra? En mucho tiempo Álvaro volvía a conquistar la libertad per-dida fuera de su mundo cerrado. Había dejado a Luis sólo enaquella habitación, se sentía algo culpable por ello. En el fondoambos eran muy parecidos, pero Álvaro necesitaba salir de allí,tenía miedo de desconectarse del mundo real y tenía miedo porLuis, ¿acaso él sí ya estaba desconectado?, ¿porqué no había sa-lido esta noche de la residencia? Julia tomó la mano de Álvaro ylo arrastró hasta el grupo de amigos con el que estaba hablando.Eran seis personas, aparte de ellos dos, tres chicos y tres chi-cas. Todos estudiantes de Derecho, sus ropas muy comunes ysus rostros nada llamativos, vulgares y corrientes. Álvaro ves-tía pantalones vaqueros, camisa verde Armani y cazadora de34
  33. 33. cuero. Su aspecto era una conjunción extraña de bohemia ysofisticación. Su pelo tintado de rubio provocó la mirada con-templativa de las chicas. -Me gusta tu pelo-. Dijo una de ellas, algo gordita y con apa-riencia de tímida. -Gracias, me lo voy a tintar de azul-. Sentenció Álvarobromeando. -Pues te quedaría muy bien-. Replicó Julia. Pasaron el rato hablando de sus respectivos looks. Discu-tieron acerca de lo infrecuente y criticado que resulta el tinteen los chicos en comparación con el de las chicas. Julia afirmóque un chico es como una chica, que tiene todo el derecho demanifestarse con su cuerpo. -Los chicos del futuro van a superar a las chicas en ese as-pecto, cada vez necesitan más hacerse notar y sentirse guapos-.Expuso Julia. La gordita y tímida sonrió. Los demás le dieron larazón. Empezaron a hablar de la cantidad de chicos que cuidansu aspecto de manera obsesiva y feminizada. Así fueron pasando los minutos, entre conversaciones tri-viales, hasta que marcharon hacía el piso de uno de los chicos,situado muy cerca de la Facultad. Cuando llegaron al piso yahabía mucha gente instalada, la mayoría de ellos eran Erasmusy alumnos de Derecho. Álvaro se arrepintió de estar allí, sos-pechó que volvería a ser otra noche aburrida, de borracheraabsurda y de vómitos. Lo único que le impedía regresar a laresidencia con Luis fue la inquietud por intercambiar algunaspalabras más con Julia, le pareció atractiva e interesante y sos-pechaba que la atracción era mutua. La música que sonaba eraabsolutamente patética y aleatoria, igual sonaba un estilo queotro, la calidad no predominaba, sólo que fueran temas quepegasen fuerte o que hubieran pegado en un pasado. A vecessonaban buenas canciones, de grupos como Garbage, Oasis o 35
  34. 34. Weezer. Entonces Álvaro se animaba un poco y esbozaba unaleve sonrisa mientras caminaba de un lado para otro con el cu-bata en la mano sin conocer a nadie en aquel lugar terrorífico,repleto de extraños, ebrios y exaltados, hablando en alemán,italiano o inglés. El piso era amplio y antiguo, abarrotado degente, chicas y chicos, pijos y alternativos, guapos y feos, habíade todo, y en toda la casa predominaba un ambiente de alboro-to y excentricidad, como si esos presos hubieran sido sacadosde sus celdas tras veinte años de largo encierro. Tal que la ma-yoría de los pisos de estudiante éste no estaba en muy buenascondiciones, aunque había pósters por todas partes, de ciuda-des, paisajes o actores de cine, que disimulaban la aparienciadesquebrajada y ennegrecida de las paredes. AfortunadamenteÁlvaro encontró un hueco en uno de los sofás del salón y sesentó un rato. Un canadiense que había a su lado le ofreció uncigarro de marihuana. Álvaro pensó: Estoy salvado. Pero Juliaestaba desaparecida, seguramente tonteando con los ingleses,se dijo Álvaro. El salón era muy amplio pero parecía muy pe-queño ya que lo ocupaban unas veinte personas, la mayoría depie, bailando y gritando estribillos de canciones penosas. Unode ellos se lanzó al sofá donde estaba Álvaro y le hizo derra-marse el vaso de whisky en el pantalón: I’m sorry, I’m sorry…decía el chaval. La música sonaba cada vez más fuerte, uno delos franceses la subió al máximo y nadie pareció darse cuenta.La gente hablaba cada vez más enérgica, el ambiente se ensor-decía por momentos. Pero Álvaro estaba tranquilo, la mari-huana le había relajado. Sin embargo no podía quitarse a Luisde la cabeza. Mi mejor amigo está solo en la residencia, y yoaquí perdiendo el tiempo con extraños. Esos pensamientos nole dejaban disfrutar el momento. Era un extraño en medio dela muchedumbre. Gente simpática y llena de vitalidad juvenilpero que no encajaba en modo alguno con su manera de ser. Seprecitaba al abismo, confuso y mareado por el porro, justo enel momento en que apareció Julia de la nada. Su belleza habíaengrandecido, como si la noche y el desorden dotasen a sus ojosde un sugerente atractivo. Se acercó al sofá y le pidió al chico36
  35. 35. canadiense que le dejase sitio, muy educadamente y en un per-fecto inglés. -Ya estoy aquí, ¿te aburres? -No, estoy fumando esto, ¿quieres?-. Álvaro le pasó el porro. -Ya voy un poco fumada pero no quiero ser descortés. ¿Perosi fumo prométeme que bailas conmigo? -No me gusta bailar, aunque haré un esfuerzo, eso sí, si po-nen una buena canción. -¿Qué quieres oír? Les diré que pongan lo que pidas-. ExclamóJulia tomando a Álvaro de la mano, invitándolo a levantarse. -No creo que tengan nada que me guste. -Venga chico, no seas tan pesimista. Pide lo que sea y bailaconmigo.- Le dijo Julia, apoyando sus brazos en los hombrosde Álvaro. -De acuerdo. Pide Ob la di ob la da, de los Beatles-. Álvarosonrió irónicamente, con la seguridad de que jamás encontra-rían esa canción. Julia se marchó y fue a hablar con un joven francés vestidoimpecablemente, como sacado de un anuncio de Lacoste. Enmenos de treinta segundos sonó Ob la di ob la da. Álvaro selevantó del asiento inmediatamente, sin todavía creerse el mi-lagro. Igual que un conquistador él había tomado aquel lugar,Los Beatles, su grupo preferido sonaba allí y la gente admitióalegremente aquella canción, seguramente porque habían per-dido la percepción del sonido. La atmósfera se tornó agrada-ble y hermanada. De nuevo el milagro se produjo para Álvaroal ver que un grupo de los 60’, su grupo preferido, conectabacon la juventud del siglo XXI. Julia susurraba frases inconexasa Álvaro, él no lograba encontrarles sentido pero una de ellashizo que la situación tomase un cariz totalmente nuevo. Álva-ro tardó unos segundos en advertir su significación. Tomó ladecisión de fingir que no la había escuchado pero Julia volvió arepetirla: Me gustas urgentemente. ¿Qué quería decir con esaextraña frase? Se preguntaba Álvaro. Ella volvió a decirlo: Me 37
  36. 36. gustas urgentemente. Ahora sonaba Wich My Guitar GentlyWeeps, el White Album todavía se resistía a callar. -Tú también me gustas-. Correspondió Álvaro. -Me gustas como nunca me ha gustado alguien-. La miradade Julia esbozaba cierta melancolía, sus ojos estaban llorosos,tal vez por el humo cegador que la sala encerraba. -Tus ojos hacen que brille mi corazón-. Dijo cursimente Ál-varo, emocionado por Hapiness is a warm gun y por la terribley húmeda delicadeza de la mirada de Julia. Ella quedó eclipsa-da por esas palabras, estaba claro que nunca le habían dichoalgo así. Acarició con su mano los labios de Álvaro y él la besóbalanceándose a causa de la melodía perturbadora de aquellacanción. -Esta noche quiero estar contigo. -Yo también. Me gustas mucho-. I’m so tired y después Blackbird impregnaron aquel lugar. La gente guardaba un místico si-lencio. En sus almas resonaba un viento de placer apaciguador.El aroma de la marihuana del canadiense contribuyó a que laescena perdurase unos minutos más. Justo cuando sonaba Rocky Racoon, una de los temas pre-feridos de Ávaro, tronó su teléfono móvil el comienzo de unade las oberturas más famosas de Wagner, también conocidapor formar parte de la banda sonora de La naranja mecánicade Kubrick. ¿Quién podría ser a la una de la madrugada? Ahoraque la noche se había embrujado misteriosamente ese sonidorepiqueteó su conciencia y el retorno a la realidad se presenció. ÁLVARO -. ¿Quién es? LEONOR-. Hola soy yo. ¿Dónde estás? ÁLVARO -. Estoy en una fiesta. LEONOR -. ¿Y Luis? Su teléfono está desconectado. ÁLVARO -. Debe de estar en la residencia. No ha queridovenirse. LEONOR -. ¿Lo has dejado solo?38
  37. 37. ÁLVARO -. ¿Y qué querías que hiciera? No le ha dado la ganavenirse. LEONOR -. Pues necesito veros. Estoy un poco depre. Ten-go que hablar con vosotros. ÁLVARO -. Vale, dentro de media hora en la puerta de laresi. No podía creerse lo que había hecho. Se iba a ir de aquellugar justo cuando todo giraba en torno a él, su música prefe-rida sonando y una chica maravillosa y enigmática deseandocompartir su amor con él. De pronto Los Beatles dejaron desonar. Álvaro no lograba reconocer aquella música y tenía aJulia frente a él, dispuesta a todo y a mucho más. -Lo siento Julia pero me tengo que ir-. Dijo Álvaro casi sinpoder pronunciar las palabras. -Yo voy contigo. -¿Cómo? -He dicho que esta noche voy a estar contigo. No me impor-ta donde vayas, pero sé que esta noche quiero pasarla contigo.Necesito conocerte. Nunca había conocido a alguien como tú.Eres diferente. Sé que esta noche está dispuesta para nosotros.Si no quieres que hagamos el amor me da igual, yo no busco eso.Sólo quiero estar contigo. No me dejes aquí, por favor. Llevoviviendo en esta ciudad tres años sola, en un piso compartidocon una amiga, todos los chicos que conozco me parecen su-perficiales, estúpidamente iguales. No quiero ir a mi casa los fi-nes de semana porque es todavía peor, mis padres me conocenmenos que mi compañera de piso. ¿Entiendes lo que te digo?Estoy sola. Y tú has sido un milagro. Esta tarde en la facultad,cuando te he visto a lo lejos me he dado cuenta. Con tu pelo tin-tado de rubio y tu sonrisa seria. Creo que eres especial. No medejes sola, por favor-. Julia soltó una lágrima cuando terminóde hablar. Su muralla sentimental se había derribado. Se habíadesnudado emocionalmente ante Álvaro. Había sido sincerapor primera vez en su vida. 39
  38. 38. -Claro Julia, yo creía que te querías quedar aquí, pero puedesvenir conmigo si te apetece, yo me he sentido muy bien contigo.Ha sido maravilloso haberte conocido. Julia se despidió de sus amigas y del chico francés del anun-cio de Lacoste. Álvaro se despidió del canadiense. Este le dio unpuñado de marihuana y lo invitó a visitar Canadá, se despidie-ron con un fuerte abrazo, como si hubieran fijado una íntimaamistad. Álvaro y Julia dejaron el piso y caminaron de la manopor el barrio antiguo, extrañamente aliviados por haber dejadoaquel lugar, disipándose hacia lo desconocido por las oscuras ysolitarias calles de la ciudad. Los semáforos se sucedían del ver-de al rojo sin pasar ningún coche. La calle olía humedad pueshabía sido regada por uno de esos camiones de la limpieza. Unode ellos pasaba lentamente, emitiendo un pitido insistente. Eramejor caminar acompañado, pensó Álvaro, por aquella ciudadrepleta de antigüedad que hacerlo solo. No se dijeron palabraalguna durante todo el trayecto, Julia tomaba del brazo a Álva-ro y se refugiaba en su ebrio calor. A Álvaro su calidez le tras-portaba a otros lugares imaginarios, la ciudad era un decoradode su plácida felicidad junto a Julia. De vez en cuando se pa-raban en algún escaparate, veían maniquíes vestidos de Levis,Dolce & Gabanna, Tommy Hilfiger, Burberrys… Posiblementepensaban arrebatarle esa ropa a esos solitarios maniquís en eldía de mañana con sus tarjetas de crédito, pero ahora poco lesimportaba eso. Miraban por mirar y se miraban a ellos mismos,trasportando su cansancio y la levedad impasible de su exis-tencia, corrompida y exaltada por el alcohol y la marihuana. Sesentaron en el portal de un edificio dieciochesco e hicieron unporro muy cargado de felicidad, lo fumaron juntos y se besaronarrebatadamente, como en esas películas románticas que tantole gustaban a ambos sin ellos mismos saberlo. Al acercarse a laresidencia Álvaro advirtió a Julia del lugar a donde iban. -Aquí vivo yo. Vamos a la habitación de un amigo, se lla-ma Luis y últimamente está un poco deprimido, también he40
  39. 39. quedado con Leonor, ella es una amiga de la infancia. Los tressomos íntimos amigos, nuestra compañía es casi un vicio. Ellate va a gustar mucho, es una chica simpática y sincera. -¿Os queréis mucho? -Somos como hermanos. No sé qué haría sin ellos. Pero estanoche siento que va a ser especial, porque tú estás aquí. Te heestando buscando siempre, ¿Dónde estabas? -¿Y dónde estabas tú? Esto no me había pasado nunca. ¿Porqué eres tan fascinante para mí?- Le dijo Julia, mientras sentíael cuerpo de Álvaro sobre ella, aprisionada levemente por lossilenciosos besos que éste le daba. Posiblemente el alcohol y otras sustancias hicieron que laspalabras revelasen un amor desbordante, pero jamás tantasinceridad pudo entreverse en una noche que se prometía tanvulgar y cotidiana como otra cualquiera. Allí estaban, apuntode encontrarse, Luis, Leonor, Álvaro y Julia. Almas solitarias yllenas de vida, pero trágicamente desmoralizadas. Las nochessuelen ser absurdas, repletas de sucesos extraños e incompren-sibles motivados por la desinhibición que provoca el alcohol.Pero esta noche tal conjunción de emociones saturaba un por-venir prometedor. O trágico. ¿Quién puede asegurarlo? ¿Quiénpuede asegurar el destino de la vida? Ni siquiera el narrador deuna novela sabe lo que puede pasar en el párrafo siguiente. 41
  40. 40. V.- JULIAL uis se cansó de jugar en el ordenador. Estuvo hablan- do con una chica por chat pero pronto se aburrió también de ese juego descorazonador de soledades enfrentadas.Pensó en tirarse por la ventana pero solamente se emborrachó.Bebió media botella de vino y empezó a releer un libro que sen-tía como suyo. ¿Tal vez lo había escrito en otra vida? Realmenteno leyó mucho, solamente las primeras frases, las cuales llegóa aprenderse de memoria: A la mitad del camino de nuestravida, perdido el recto sendero, me encontré en una oscura sel-va: duro y difícil sería contar cómo era aquel paraje inhóspito,intrincado y áspero, cuyo solo recuerdo renueva en mí el pavorde entonces. Luis amaba La Divina Comedia pero últimamente no lo-graba pasar de la primera página, el hastío derrumbaba todointento de proseguir su senda imaginaria de la vida. CuandoLeonor, Álvaro y Julia llegaron Luis proseguía en el intento decontinuar con aquel libro inútilmente. Esa primera frase sacu-día su alma y se difuminaba por los laberintos de su atormen-tado espíritu. Julia sintió de inmediato simpatía por Leonor. Le parecióuna chica interesante y diferente. Su elegancia contrastaba consu sincera vestimenta, natural y fresca. Esa conjunción enigmá-tica de estilo y pureza conquistó la observancia de Julia. Álvaroabrazó a Leonor nada más verla, en la puerta de la residencia.Ella recibió con emoción el abrazo de su eterno amigo mientrasmiraba de soslayo a Julia, extrañada por la aparición de un nue-vo elemento que habría de sumarse al trío habitual que sosteníael íntimo encuentro de los tres amigos de siempre. Bienvenidaal Club, dijo Leonor a Julia tras un amistoso abrazo. Los tresentraron a escondidas en la residencia, sin hacer el mínimo rui-42
  41. 41. do. El cura dormía pero si se despertase la bronca sacudiría defrío colérico el cálido transcurrir de la noche. Así que entraronmudos, esbozando tímidas sonrisas de complicidad. -Un día de estos voy a invitar al cura a que venga a fumarunos porros con nosotros. -Calla, calla. Le daría un infarto-. Dijo Leonor, aguantandola carcajada. Al entrar a la habitación Luis dejó en la mesilla a Dante. Ves-tía un bañador azul celeste de Thomas Burberys y una camisetade una marca desconocida de tonos naranjas y blancos. Juliareconoció a Luis, ya se lo habían presentado en una fiesta, perose saludaron como si no se conocieran porque realmente eranextraños en esa noche enigmática. Álvaro abrazó a Luis, ambos,aunque sólo habían pasado unas pocas horas, se echaban demenos y sintieron una alegre complacencia en su reencuentro. -¿Qué has hecho tú solo? Nada bueno, seguro. -Pues os estaba esperando. Sabía que antes o después ven-dríais a contarme vuestras penas. -Pues esta noche no hay penas que valgan. Un canadienseme ha dado esto-. Dice Álvaro mostrando a Luis la marihuana.-Y quería fumarla contigo, así que vete preparando. Y tú Leonorprepárate también, tienes que probar esta maravilla. Julia se sentó en la cama de Luis, miraba los pósters de lasparedes con cierta extrañeza, a la mayoría de aquellos músicosno los había visto nunca. La habitación estaba casi oscura, so-lamente permanecía encendido el flexo de la mesilla que habíajunto a la cama donde Luis estaba leyendo. Leonor se quitó suchaqueta de ante marrón y dejó el paquete de Marlboro en lamesa de estudio, en la cual, bastante desordenada, se sucedíanobjetos tan diversos como un ordenador portátil, un libro deRilke, otro llamado Introducción a la estética, de un tal E.F. Ca-rrit, una bolsita de tabaco de liar de la marca Amsterdamer, 43
  42. 42. unas gafas de sol Rayban, varios discos de música clásica y al-gunos objetos más perdidos debajo de estos. Los ojos de Álvarose tornaron enrojecidos cuando el humo de la marihuana co-menzó a esparcirse por el cuarto, la sonrisa de Julia se le vinoincontrolable, siempre le ocurría cuando fumaba marihuana ycualquier cosa que sucediera se le acontecía como motivo derisa. Leonor equilibraba perfectamente su belleza y su tristezavaga, a veces, cuando Luis la miraba ella tenía la cabeza bajada,con los ojos perdidos en el suelo, como si contase las baldosas,otras veces miraba a lo alto, como si buscase en el techo un cie-lo poblado de astros y esperanzas. Pasaron un rato sin decirsenada interesante, sólo hablaban de lo buena que era la hierbay de lo difícil que resulta liar bien un porro. Julia, que apenasfumaba, sólo sabía hacerlo con una máquina especial para esosmenesteres, Luis y Álvaro se sentían competidores en ese terre-no y ambos creían que eran los mejores en el arte de liar porros,aunque Leonor, con su delicadeza y habilidad en las manos, nose quedaba atrás. Julia estaba cómoda allí, acostumbrada a lasfiestas abarrotadas de gritos y ebrios estudiantes, el sentarse enuna cama desconocida y compartir la noche con esos descono-cidos le resultaba algo parecido a estar en familia. Cuando Luisvolvió a mirar a Leonor, y ella reincidió en suspender su cabezaclavando sus ojos en el vacío del suelo, se dijo que tenía quesacarla de aquella situación perturbadora. -Oye Leonor, ¿Te pasa algo?, te veo un poco derrotada-. Leo-nor reincorporó su cabeza a la realidad atisbando la cara depreocupación de Luis. Lo primero que hizo fue esbozar unamueca de liberación. Se sintió rescatada y protegida por el in-terés que Luis tomó por su estado, ya que nunca reparaba enpreocupaciones emocionales ajenas a él mismo. -Bueno, hoy no he tenido un buen día. Últimamente mesiento muy sola en clase desde que ya no vienes. Y luego al sa-lir de clase no sé a donde ir. No tengo fuerzas para casi nada.Ni para estudiar, ni para tomar algo con los amigos, ni paranada. Sólo me encierro en mi misma y dejo pasar el tiempo44
  43. 43. absurdamente. -Eso es normal-. Dijo Julia comprensivamente.- A veces nossentimos solos y los demás nos hacen sentirnos todavía mássolos, porque cada persona es un mundo y una inmensidad deespacio separa a una persona de otra. Esa es una de las cosasque he aprendido desde que se supone que soy madura. -Hablas con mucha razón-. Exclamó Álvaro-. Sólo el amoro la amistad logran acercar un poco ese espacio inmenso quesepara a la gente. -Sí, pero la tristeza del desamor o la que produce la decep-ción de una amistad pueden herirnos mucho más que una tris-teza sin motivo aparente, porque entonces la soledad, la de sen-tirnos abandonados por alguien que queremos, se manifiestamultiplicada por mil-. Explicaba Julia a Leonor, mientras estaasentía tal que cómplice de sus palabras. -Es verdad Julia-. Afirmó Leonor-. ¿Pero y quién no se ha ena-morado alguna vez, o quién no se ha sentido traicionado por unamigo? La vida se compone de esas cosas, y aunque creamosque las hemos superado esas heridas nunca acaban de cerrarse.Es todo muy extraño. -¿Y ahora estás enamorada, Leonor? -Y quién sabe, yo creo que sólo nos enamoramos una vez enla vida. Luego buscamos algo parecido pero sin arriesgar de-masiado, pues somos conscientes de la herida que nos abrió elprimer amor. -El primer amor es el que te muestra lo más bello y lo más te-rrible del mundo.- Afirmó Julia.- De un segundo a otro puedesestar en el infierno o en el paraíso. Vivir enamorado es comovivir viajando en una constante montaña rusa. Y cuando llegael desamor es cuando los frenos se rompen. Y entonces, nosvemos perdidos, sin saber a dónde vamos, nosotros solos. Nossentimos responsables y el miedo a decidir por nosotros mis-mos nos angustia. Así miramos por primera vez a la soledad. -¿Tú te has enamorado alguna vez?-. Preguntó Luis a Julia,algo conmocionado por la sabia respuesta que había dado unachica que sólo conocía de una fiesta de la universidad, de esas 45
  44. 44. fiestas donde se conoce a gente superficial. -Sí, de mi hermanastro. Hace ya mucho tiempo, cuando yotenía dieciséis años-. Los tres miraron a Julia bastante sorpren-didos, hubo un silencio abrupto y las miradas, algunas perdidasen el limbo de la noche, se dirigieron todas hacia Julia, refle-jando comprensión e interés por su sorprendente confesión.Leonor, Luis y Álvaro callaron, como esperando a que Juliaprosiguiese hablando. Ella tomó una calada del cigarro de ma-rihuana y contuvo por unos segundos el humo en sus pulmo-nes mientras buscaba la manera de argumentar una historiaque tuvo guardada en su corazón muchos años y que, aquellanoche extraña, se disponía a contarla por primera vez. La at-mósfera relajada y distendida propiciaba lo confesional y Juliasiempre había deseado poder contar aquella historia a alguien,pero nunca se atrevió hasta ahora. Volvió a tomar otra caladaprofunda y comenzó a hablar, con tímidas y lentas palabras.-Mis padres, se separaron cuando yo tenía quince. Yo soy hijaúnica y me quedé a vivir con mi madre, aunque realmente laveía bastante poco. Ella es guía turística y siempre está de via-je. Siempre solía viajar por España pero cuando se separó demi padre decidió hacer de guía en un viaje a Japón, decía queasí aprovechaba para practicar su japonés, pero realmente seiba para tratar de olvidar a mi padre. Ese viaje fue muy espe-cial para mí, nunca había estado tanto tiempo con mi madrey nos hicimos bastante amigas, a pesar de que yo estaba en laadolescencia y solía poner mala cara por todo, pero en ciertosmomentos me abría y no ocultaba la necesidad de cariño queguardaba hacia mi madre. >>Un día nos fuimos ella y yo solas por Tokio, era domingo ylos turistas decidieron descansar en el hotel. Estuvimos pasean-do por el barrio de Ginza, viendo aquellos lujosos escaparatesy soñando con el día en que pudiésemos comprar todo aquello.Entramos a un restaurante japonés de altísima categoría, nuncacomprenderé como pudo pagar mi madre esa comida, y nos46
  45. 45. atendió una bella geisha con una educación y elegancia exqui-sita. Yo estaba alucinada, esa cultura me sobrepasaba, eran tandiferentes a nosotros. >>En resumen, que al terminar de comer se acercó el dueñodel restaurante y se sentó con nosotros, el hombre quería cono-cer a mi madre. En seguida se gustaron y fuimos a comer invi-tadas los demás días a aquel restaurante maravilloso. Cuandoel viaje terminaba mi madre me dijo: Hija, yo me voy a quedarunos días más en Japón, si quieres puedes quedarte conmigo ovolverte a España con los demás. Yo, por supuesto, me quedé.Me encantaba Tokio y había conocido a unos chicos españolesen el hotel con los que salía por la noche. Pero en seguida deja-mos el hotel y nos trasladamos a la casa de Kiyoshi, el dueño delrestaurante y nuevo novio de mi madre. >>La casa de Kiyoshi era más bien un pequeño palacio. Esehombre pertenecía a una de las familias más adineradas de To-kio procedentes de Kioto y lo del restaurante era más bien undivertimento que una manera de ganarse la vida para él. Mi ma-dre vivía en un sueño, su vida había cambiado completamente.Y, por supuesto mi vida cambió también. A los pocos días deestar en la casa de Kiyoshi llegó un chico llamado Haruki, erasu hijo. Cuando nos presentaron yo enmudecí completamente,era un chico tan guapo que brotó en mi una timidez que nuncahabía conocido. Los demás días él y yo nos mirábamos mucho,pero nunca hablábamos. Él me llevaba al gimnasio de su insti-tuto para enseñarme Kendo y luego conducíamos la bici hastaun precioso parque llamado Ueno. Un día me regaló un librode haikus de un tal Matsuo Bâsho y puso en él una dedicatoriaque todavía no he conseguido traducir. Lo que sí pude traducirfue el beso que me dio en la boca cuando yo acerqué mi labio asu mejilla para expresarle mi agradecimiento por aquel libro depoemas ilegibles, pero cuyos caracteres imprimían una bellezaenigmática e inaudita. Uff, chicos, creo que me estoy poniendoun poco pesada, nunca había contado esta historia y van vi- 47
  46. 46. niendo las imágenes a mi memoria, no sé cómo resumirlo. Meacuerdo de cada instante, de lo que pasó después del beso, de laprimera noche que Haruki entró en mi habitación para probarun cd de un grupo de percusión llamado Kodo. Recuerdo cómohicimos el amor toda la noche, ahí perdí la virginidad, mientrassonaban aquellos tambores, mientras Haruki gritaba Ai shiteru,mientras yo sentía el aroma de su sudor y el suave tacto de suespalda… Vaya chicos, lo siento mucho, me extiendo demasia-do, bueno, eso es lo que pasó, me lié con mi hermanastro. Y loque es peor aún, me enamoré de él. Ni Leonor, ni Luis, ni Álvaro se atrevían a decir palabra al-guna. Estaban enmudecidos y eclipsados por la intensidad delrelato de Julia. ¿Cómo una chica tan aparentemente normalcomo Julia había vivido una situación así?, se preguntaba Álva-ro. Pero los tres continuaban deseosos de seguir escuchando aJulia. Deseosos de saber cómo había terminado aquella historiaoriental tan apasionante. Pero Julia tras parar de hablar tenía elrostro medio pálido y uno de sus ojos esbozaba la primera lá-grima que sucedió a la segunda y a la tercera. Leonor se acercóa Julia y extendió su brazo izquierdo por su hombro derecho. -Venga chica, no sigas si no puedes, ya nos lo contarás enotro momento, ahora intenta relajarte. -Lo siento.- dijo Julia. -No tienes porqué sentirlo. A nosotros esa historia no nosaburre en absoluto. Es más, nos gustaría seguir escuchándola,si tú quieres.- Exclamó Álvaro, tomando su mano. -Gracias Álvaro, pero mejor en otro momento. Ahora no meveo capaz. -No te preocupes.- Dijo Luis.- Es mejor que te relajes unpoco ahora. Voy a poner música y ya verás como se te pasa estebajón. -Qué simpáticos sois todos, me alegro mucho de haberosconocido.48
  47. 47. Todos rieron amistosamente y expresaron su alegría porcompartir juntos aquella noche de viernes. Julia y Leonor con-tinuaban sentadas en la cama y Álvaro y Luis enfrente de ellas,cada uno en una incómoda silla de madera de los años 70. Luisse levantó para poner un disco, Álvaro miró de reojo la cará-tula del disco apunto de sonar, era el MTV Unplugged in NewYork, de Nirvana. -¿Otra vez ese disco? No es muy alegre que digamos, podíasponer otra cosa.- Le sugirió Álvaro sin que Luis le prestase mu-cha atención. -A mí tampoco me apetece mucho.- Afirmó Leonor. Podíasponer algo más animado. Luis entendió el mensaje. Su estado de ánimo le forzaba aescuchar ese tipo de música la cual, en cierto modo, tampocodeseaba escuchar. -Es cierto. Es una mierda, ya está pasado de moda. Ademáseste disco me deprime mucho, no sé por qué coño lo he puesto.La única canción que me anima un poco es The Man Who SoldThe World. -Normal, esa no es de Kurt Cobain sino de David Bowie. -Será por eso. Cuánto sabes Álvaro. -Bueno de Nirvana sabes tú más Luis, te concedo ese depri-mente honor.- Álvaro no sentía ninguna simpatía por Nirvanaaunque había tenido que escucharlo obligado por Luis miles deveces, así que conocía su obra de memoria. -¿Tenéis algo de Pearl Jam?- Propuso Julia. -Vaya, ¿Te gusta Pearl Jam? A mi me encantan.- Por suerte,los cuatro coincidían en sentir un especial afecto por ese grupotambién de Seattle como Nirvana pero mucho menos depri-mentes, según Leonor. -Pearl Jam hacen un grunge más lleno de vida, su música tellena de vitalidad, al contrario que Nirvana, que te colma dehastío y desilusión.- Sentenció Leonor. 49
  48. 48. Durante unos minutos los cuatro, Julia en menor medida,estuvieron discutiendo enardecidamente ese tema y pasarona hablar de otros muchos grupos de los 90’: Oasis, Blur, Tool,Creed, Collective Soul, Mudhoney, Kyuss, Days Of The New,Ninch In Nails, Joy Division, Radiohead, Sound Garden, RedHot Chili Peppers, The Strokes… Julia apenas escuchaba esetipo de música pero atendía con verdadero interés, incluso lle-gó a tomar papel y lápiz para apuntar el nombre de alguno delos grupos que salían a colación. Álvaro y Luis no paraban dedecirle: Apunta este. […] No, apunta este. […] Con este lo vas aflipar, bájatelo mañana mismo. […] Éste es lo máximo, te lo de-letreo. Julia vibraba de emoción, como descubriendo un mundonuevo que a veces era ejemplificado y Luis o Álvaro se levanta-ban emocionados al equipo de música para poner una canciónu otra. A Julia le gustó mucho I’nt…de un grupo llamado Wee-zer que luego reconoció en un anuncio de televisión. Sin darsecuenta estaban pasando un buen rato, ajenos a sus problemaspersonales, escuchando música, sintiéndola y describiendo conpalabras tales emociones indescriptibles. Finalmente dejaronsonar la música de Pink Floyd, y Julia, que tampoco lo conocía,creyó ver por un momento en esa noche, las estrellas en aquellahabitación arcaica y pequeña. Luis tomó el cuaderno de Juliay empezó a escribir un ilegible poema sobre el demonio sacu-diendo sus temores en el acantilado de la noche. Después juga-ron a escribir un largo poema, escribiendo un verso cada uno,sin poder ver el verso anterior, sólo la última palabra. Luis lollamaba El cadáver exquisito, aunque a Leonor ya le sonaba esenombre y Julia no quería jugar porque sentía mucha vergüen-za al desnudar con las palabras sus más hondos sentimientos.Pero luego todo fluía de manera surrealista en el papel, y metá-foras extrañas se unían formando otras todavía más extrañas.Fue un juego divertido y realmente íntimo. Álvaro se levantómisteriosamente de su silla y se dirigió al armario de maderade roble, de donde sacó una botella de vino.50
  49. 49. -Es un reserva muy caro. Se lo he cogido, o, mejor dicho, ro-bado, a mi padre. -Tiene pinta de ser bueno. La botella ya es bastante bella.-Dijo Luis sonriendo e ilusionado por la elegante visión de unChateau Lafite 1998. -El vino es la bebida más bella. No sé puede comparar con otra.Los griegos ya lo sabían. Y también lo saben los mendigos. -Pero ellos beben vino barato, eso no vale. -Seguro que si tuvieran dinero para comprar esta botella, nodudarían en beberla. Álvaro y Luis debatían por cualquier cosa. Debía de ser elefecto de los porros y el alcohol, su grado de profundidad dia-léctica trascendía los límites de la conversación. Julia y Leonordisfrutaban con ese tipo de discusiones donde se mezclaba cul-tura, ideología política, filosofía y cierta vanidad. Del vino, porel tema del poder adquisitivo del vagabundo, pasaron a hablardel comunismo, del capitalismo, de lo mal repartido que estáel mundo, de la decadencia de Occidente, de la poesía satíricade Quevedo y de cosas por el estilo. Poderoso caballero es dondinero, repetía Luis asintiendo con grave gesto de resignación. Julia, ajena a este tipo de conversaciones, se sorprendía delas frases ingeniosas que sus amigos usaban y miraba a Álvarocomo encandilada por su atractiva elocuencia. Él también la mi-raba a ella y en cierta manera buscaba impresionarla con sus pa-labras, pues sabía que esa era una de sus armas para atraer a lasmujeres. Julia se puso de pie, mientras ellos seguían charlando,y empezó a mirar los libros que había en la habitación, algunosle sonaban de algo, otros no. De consolidatione philoshphiae,Institutio Oratoria, Aeneis, Epistola ad pisones, De constantiasapientis… Julia intentaba leer como podía esos títulos tan mis-teriosos, de vez en cuando mientras ojeaba alguno de los librosmiraba a Leonor, Luis y Álvaro. Tenía la sensación de haberencontrado a unas personas especiales, preocupadas por algo 51
  50. 50. valioso y que casi todo el mundo ignora. Por un momento pen-só: Yo quiero ser como ellos. Y comenzaba a leer alguna fraseen latín, intentando traducirla al español, pero inútilmente. Sinembargo le gustaba ese sonido y en ocasiones reconocía algunapalabra suelta por su semejanza con el español. Abrió uno deesos libros al azar y comenzó a leer ibant obscuri sola sub nocteper umbram…En ese momento Álvaro se acerca a ella por atrássoplando en su cuello levemente unas palabras. -Iban oscuros por la noche sola.- Le susurró Álvaro al oídomientras acariciaba con sus manos la frágil cerviz de Julia, tansensual como el resto de su cálida piel. -Hay muchos libros en latín. Debes de saber mucho. -Los libros son de Luis, pero los he leído todos. Luis leía unlibro y me lo dejaba, yo leía un libro y se lo dejaba. Así hemospasado nuestra tímida y aturdida adolescencia, hasta ahora.-Mientras volvía con la explicación de su iniciación a la lecturaÁlvaro acercó ambas manos al ombligo de Julia y fue eleván-dolas, muy despacio, hasta llegar a sus pechos, por debajo desu finísima blusa verde de seda. Julia exhalaba algo nerviosa,realmente excitada, pero intentando evitar su inseguridad. Ellibro cayó al suelo. Leonor y Luis continuaban hablando en voz baja sobre te-mas germánicos. De vez en cuando miraban de reojo a Julia y aÁlvaro, entonces Luis y Leonor se sonreían con complicidad yregresaban a su conversación sobre Wagner y el romanticismo.Luis puso un cd de Oberturas y Preludios de Richard Wagner.A escasamente un metro de distancia se encontraban Álvaro yJulia, frente a la estantería de los libros. Julia se agachó para co-ger el libro caído de Virgilio, lo volvió a colocar delicadamentejunto a los otros y proseguía examinando los demás. Le lla-mó la atención uno bastante grande titulado Por el camino deSwann, de Marcel Proust. Pesa mucho, dijo mientras lo sacaba.Este libro debe de ser muy pesado pero el título me gusta ¿lohas leído?, preguntó con tono ingenuo y curioso. Álvaro con-templaba la mejilla derecha de Julia, la cual pensaba besar con52
  51. 51. dulzura cuando llegaron a sus oídos las palabras de Julia, comolanzadas suavemente por el estrecho aire que los separaba. -Lo leí con quince años. Fue uno de los primeros libros. Melo recomendó el padre de Luis, que es profesor de Latín en uninstituto. Muchos días iba a comer a casa de Luis, después delinstituto. Al terminar de comer ambos pasábamos al despachode su padre y comenzábamos a ojear todos sus libros, la mayo-ría estaban escritos en latín y otros en griego, alemán, francés,ruso, etc. Su padre, Don Rafael, habla ocho o nueve lenguas, esimpresionante. Leí este libro en francés, con un diccionario ami lado. Así nos recomendaba leerlo Don Rafael. A veces en-traba en el despacho y charlábamos con él de filosofía griega,de literatura o simplemente de la vida. Cuando me vio con ellibro de Proust en las manos me dijo seriamente: Muchacho loque acabas de encontrar es algo muy valioso. Aprovecha estehallazgo. Este libro cambió mi vida. Te lo regalo. -Vale, muchas gracias, aunque no sé si lo voy a entender, laverdad es que yo leo muy poco. Pero si dices que es tan bueno,lo voy a intentar. El título es precioso. -Sí, es magnífico. -Veo que te encanta leer. ¿Es tu ocupación preferida? -Mon ocupation préférée? –Aimer.- Dijo Álvaro en un per-fecto francés, que no tradujo a Julia. Julia miró a Álvaro con un gesto que desprendía una inmen-sa gratitud. Nunca me han hecho un regalo tan bonito, repitióvarias veces mientras Álvaro acariciaba el delgado cuello de Ju-lia, pausadamente. La escena parecía discurrir en cámara lenta.Julia sosteniendo el libro en su mano izquierda y con la otradesabrochando los botones superiores de la camisa de Álvaro,él al mismo tiempo sorteando cuidadosos besos por el cuello,las mejillas y los labios de Julia. Álvaro tomó el libro de Prousty lo dejó en la mesa que había justo al lado. Después agarró lascaderas de Julia y las llevó contra la mesa, ambos se abrazaroncon cierto desenfreno y Julia susurró a Álvaro: Mi ocupación 53
  52. 52. preferida también es amar. La escena transcurrió rápida, sin darse cuenta pasaron dehablar de Proust a amarse discretamente, compartiendo susalientos y el tacto de sus cuerpos. Pero Álvaro no se quitabade la cabeza a ese chico japonés con el que Julia había vividouna historia tan intensa y trascendente. Sentía celos, absurdoscelos. Y estaba deseoso de escuchar el final de la historia. Perono sabía cómo pedírselo, y además tenía miedo de hacerle re-cordar un pasado tal vez muy doloroso que pudiera herirla to-davía más y enfriar al mismo tiempo la relación que acababande iniciar. Decidió no decirle nada aquella noche, esperar al díasiguiente. Esa noche era para ellos dos. Bueno, para ellos cuatro.Porque Luis y Leonor continuaban charlando con la voz ya casiafónica. Ahora el tema era una película de Jean-Luc Godardde 1962 titulada Vivir su vida, cuyo personaje principal, Nana,dijo Leonor que estaba inspirado en una novela de Zola. Aun-que realmente la discusión versaba sobre ver o no una pelícu-la en versión subtitulada o en versión doblada. Luis prefería lasubtitulada y Leonor la doblada. Después pasaron a rememoraralgunas escenas del film, como el baile, tan vital, de Ana Ka-rina, en la sala de billares o la conversación en el café que estatiene con ‘El Filósofo’. Con el cine de Godard siempre aprendoa vivir la vida de una manera más esencial, me encanta por eso,sentenció Luis mientras se levantaba para poner un cd de TheKinks. Al acercarse al equipo, que estaba junto sobre la mesa,no pudo evitar interrumpir la ardorosa escena que vivían enese momento Álvaro y Julia. Venga, uniros a la conversación, yatendréis tiempo para conoceros mejor cuando estéis solos. DijoLuis. Ambos sonrieron tímidamente, como sintiéndose culpa-bles por estar haciendo algo así delante de ellos. Perdona Luis,es que nos hemos enamorado. Afirmó Álvaro.54
  53. 53. VI.- EL PROFESORH an pasado dos días desde aquella noche de vier- nes tan intensa. Álvaro no ha vuelto a ver a Julia. Luis juega con el ordenador a un juego de carreras de cochesy Leonor estará en clase, sola y tomando apuntes, con muchosueño, pues seguramente la noche anterior se acostaría bastan-te tarde viendo alguna película doblada, posiblemente de Wo-ody Allen, su director preferido. Álvaro desde que se despertóha pensado como mínimo una veintena de veces en llamar a Ju-lia, pero no se atreve. Ha quedado con Leonor para desayunaren la cafetería de la facultad y espera que ésta le aconseje sobresi debe llamarla o no. Posiblemente también hablarán sobre loque hicieron hace unas semanas, cuando se enrollaron en casade Leonor. Y decidirán dejarlo pasar. -Sí, yo estaba triste y tú querías consolarme. Es cierto quehay una atracción mutua, pero ahora tú has encontrado a Juliay yo no estoy muy bien emocionalmente. Así que considero quees mejor que lo intentes con ella. Llámala y no seas tonto, no ladejes escapar, que chicas así no se encuentran todos los días. -Ya lo sé. Pero tú también me gustas mucho. Si tú quisieras…,podríamos probar. -Mira Álvaro, yo siento algo especial por ti, pero sabes quelo que siento por Luis es todavía más fuerte. Aunque Luis y yoya no seamos novios no quiere decir que todo haya terminadoentre nosotros. -Lo que pasa es que él es tonto. Sólo salisteis un mes. Y élcortó contigo porque estaba deprimido. Han pasado dos años ytodavía sigue deprimido. ¿Hasta cuándo lo vas a esperar? Luises mi amigo pero te aconsejo que lo olvides. No te digo que pa-ses de él, sois amigos, somos todos amigos, pero nada más. -Es difícil, Álvaro. Yo lo quiero. No lo puedo evitar. Por en-cima de todo es mi amigo. Y eso es lo primero, pero ¿cómo voy 55
  54. 54. evitar quererlo? La única manera sería no volver a estar con él,pero entonces me moriría. ¿Lo entiendes? -Sí, claro que lo entiendo. Es la dialéctica del amor. Enton-ces sencillamente déjate vivir, si lo necesitas, búscalo, si no lonecesitas, no lo busques. Pero intenta no olvidarte de ti misma,de tu propia vida. El amor es maravilloso, pero por encima detodo estamos solos, tenemos que aprender a ser por nosotrosmismos. A no necesitar constantemente a los demás. -Qué fácil es decirlo Álvaro. Por eso no dejas de comerte lacabeza con Julia. ¿La llamo o no la llamo?, así llevas dos días.Sin pensar en otra cosa. Dar consejos es muy enriquecedor,pero sólo para la persona que los recibe. -Llevas razón. Has ganado. Siempre ganas.- Álvaro, con unacálida sonrisa, le dio un beso a Leonor en la mejilla, mostrán-dole su cariño y aceptando la amistad que a partir de ahorapermanecería entre ellos, sin llegar a nada más. Ambos bebie-ron un sorbo de sus respectivos cafés.- Entonces dime, Leonor,¿qué hago? -Pues llámala. Vamos, ni lo pienses por un segundo más. Ellaestará esperando inquieta esa llamada. ¿Cómo no iba esperar lallamada de un chico tan inteligente y encantador como tú?- Ál-varo sonrió, algo ruborizado. Álvaro y Leonor continuaron hablando hasta las 12. A esahora se reanudaban las clases. Leonor tenía Poesía Medieval yÁlvaro Introducción al Arte Griego y Romano. Así que se des-pidieron y quedaron en llamarse luego. Al salir de clase Álvarocaminó durante unos minutos por los jardines de la Facultad.Hacía un día abrasador, el sol brillaba con fuerza y se perci-bía un alegre ambiente. Los estudiantes paseaban, otros ibanen bicicleta. Muchos de ellos se tumbaban en el césped y leíantranquilamente, otros no tan tranquilos pasaban las hojas concierta rapidez, seguro que en vísperas de algún difícil examen.Las chicas, en ese día caluroso de marzo, parecían todas bellas.56
  55. 55. O al menos así le parecía a Álvaro que se fijaba en ellas, disimu-ladamente, con las gafas de sol puestas. Se tumbó en el césped ymarcó en su móvil el número de Julia. Por fin se había decididoa llamarla. Julia.-¿Sí? Álvaro.- Hola, ¿sabes quién soy? Julia.- Claro, Álvaro. ¿Cómo estás? Álvaro.- Bien. Estoy en la facultad. ¿Qué tal dormiste anoche? Julia.- Dormir, dormí bien. Pero me he levantado con un‘resacón’… Álvaro.- Sí, yo también. La noche fue larga. Julia.- Sí. Álvaro.- Me preguntaba si te apetece que nos veamos hoy. Julia.- Pues sí. Me gustaría mucho. ¿Te viene bien esta noche? Álvaro.- Si quieres podemos cenar juntos. Julia.- Vale, perfecto. Te invito a mi casa. Álvaro.- ¿A tu casa? ¿Vas a cocinar? Julia.- Bueno. Realmente va a cocinar Blanca. Es mi com- pañera de piso, está un poco ‘depre’, su novio la ha dejado y no quiero que cene sola. Álvaro.- Muy bien. Nos vemos a las 9 en la puerta de la facultad. Julia.- Vale. Álvaro.- Vale. Julia.- ¿Oye? Álvaro.- Dime. Julia.- Nada, que tengo muchas ganas de verte. Álvaro.- Y yo también, muchas. Anoche fue para mí muy especial. Julia.- También para mí. Álvaro guardó su teléfono en el bolsillo y esbozó una libera-da sonrisa con la mirada suspendida al cielo. El miedo se había 57
  56. 56. ido. Julia quería volver a quedar y además tenía muchas ganasde verle. Las cosas se ponían bien para Álvaro. Él siempre dice:No tengo suerte con las mujeres. Nunca he salido con una másde un mes. Leonor también piensa lo mismo y suele contestar-le: Lo tuyo son las relaciones urgentes. Álvaro es así, tímido,reservado y supremamente independiente. Salvo cuando estáenamorado, entonces se vuelve una persona dependiente. Esaes la droga del amor. Suele pensar. En frente la muchedumbre invadía las terrazas. Álvaro ob-servaba a la gente, jóvenes bebiendo y fumando. Todos hablan-do fuerte y visiblemente contentos. En otras circunstancias,como la mayoría de los días, Álvaro hubiera pasado por allímirándolos a todos con gran malhumor. ¿Por qué son tan feli-ces? Se ha preguntado muchas veces, mientras caminaba con lacabeza bajada, abrumado por el silencio de su alma a esas horasde antes de comer, mezclándose con el hambre. Las ganas decomer y la sed existencial eran mala mezcla los días después declase. Pero ese día, después de hablar con Julia se sentía de otramanera. Había una suerte de expectativas cumplidas y de de-seo correspondido, de ansiedad aliviada y de calma. De prontoescuchó cómo gritaban su nombre. -¡Álvaro!- Venía de una de las mesas de la terraza.- ¡Ven aquí!,¡Tómate algo! Eran sus cuatro colegas de la facultad. Isidoro, Pedro, Er-nesto y Pepe Pereira. Acaso sólo había algo en común en todosellos: estudiantes de Historia del Arte. Por lo demás eran abis-malmente diferentes. Álvaro estaba de buen ánimo, tenía ganasde compartir unas risas mezcladas con cerveza. Al sentarse enla mesa recordó que tenía que ver a Don Ramón Lapena, parapreguntarle porqué le había suspendido.58
  57. 57. -Ahora mismo vengo. Tengo que hablar con un profesor.-Dijo Álvaro, dejando su carpeta en la mesa y chocando la manode sus colegas. Cuando entró en el edificio de Letras comprendió que su fu-turo consistía en salir de allí cuanto antes. Pero por ahora no lequedaba más remedio que aguantar. Sólo un año más. Se decía.Dentro de un año seremos todos licenciados. Leonor, Luis y yo.Y podremos empezar a estudiar la vida de verdad. Se repetía amenudo. -Tu examen no está mal del todo. Te he suspendido porqueno has captado la esencia del fin estético en sí mismo. Esa fue la razón del profesor. Un hombre extraño como sudespacho. O un despacho extraño como él. Ligeramente des-ordenado, lleno de pósters del Real Madrid. Y presidiendo unaenorme foto del ‘Che’ Guevara. Antes de ser suspendido Álvarotenía una idea positiva de Don Ramón Lapena. Le parecía unhombre amigable, comprensivo, preocupado por el aprendiza-je de sus alumnos de una manera personaliza. Álvaro tenía lasensación de que Don Ramón conocía perfectamente a todossus alumnos, sus cualidades y limitaciones, sus inquietudes einteligencia. Pero el hecho incomprensible de ser suspendidoinjustificadamente sacó a Álvaro de ese sueño ideal del ‘buenprofesor’ que Don Ramón le inspiraba. Al fin comprendió larazón. La materia de estudio de la asignatura era un manualque el propio profesor había escrito, titulado Morfología de laobra estética. Entre algunas razones que Don Ramón le dabade porqué había decidido suspenderle todas confluían en unmismo punto: porque no había respondido tal y como se ex-presaba en el dichoso manual. El mito de Don Ramón callóabajo. Su fachada era de cartón, su trato era tan falso que ape-nas tenía sentido intentar hablar con él. De hecho Don Ramónechó, literalmente, a Álvaro del despacho porque tenía una re- 59
  58. 58. unión de departamento. ¿Dónde estaba el profesor comprensi-vo?, ¿Quién era ese farsante que daba prioridad a una reuniónburocrática antes que a una charla con un alumno interesado,preocupado por mejorar y lleno de preguntas para ampliar susconocimientos? Álvaro quería saber realmente lo que era el finestético. Pero ese hombre no era el indicado, aunque fuese ca-tedrático. Los póster del Madrid corroboraban que la Estéticano era lo suyo. ¿Cómo iba a comprender la morfología del artealguien cuya ética y sentido estético estaban totalmente defor-mados? La simpatía de Don Ramón era banal, vacía. La supues-ta calidez humana que aparentaba escondía a un hombre frío yacomplejado, tal vez por su ligera tartamudez, o por su propioaspecto físico, nada parecido a la belleza. -Joven, me tengo que ir.- Le dijo risueño, dándole unas pal-maditas en el hombro. Estudia mucho, en septiembre nos ve-mos. Léete el manual. Ahí están las ideas básicas necesariaspara aprobar. -No se preocupe. Muchas gracias. Álvaro siempre daba las gracias. Aunque no hubiera motivopara ello. Álvaro siempre daba las gracias. El encuentro consu profesor no duró más de tres minutos. Ese fue el generosotiempo que le dedicó. Pero Álvaro siempre daba las gracias.60

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