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Trabajo realizado por Isabel. Febrero 2011

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  • 1. DIARIO DE ISABEL A.R.
     
     
    10 de enero de 2010
    Empezar un diario siempre me emociona. Los recuerdos son importantes para mí, y por ello me gusta grabarlos todos de la mejor forma que puedo: escribiéndolos. Si no, se me olvidarían muchas cosas que, aunque ahora sean mi presente, más tarde serán mi pasado. A lo largo de mis veinte años de vida, he vivido muchas cosas, quizá más que mucha gente. He sufrido, he reído, he llorado. Esos veinte años quedan grabados en mis cinco diarios, escritos de mi puño y letra, a lo largo de mi existencia. Suelo escribir una nueva entrada cada mes aproximadamente. Empecé a escribir sobre mi vida a los catorce años, y me apeno de no haber empezado antes.
  • 2. Ya que esta es la introducción para mi sexto diario, tendré que empezar como se merece, contestando a estos interrogantes: ¿Quién soy? ¿Cómo es mi vida ahora? ¿Qué soy y qué quiero ser? ¡Comencemos!
    Me llamo Isabel Argüelles Rozada y tengo veinte años. Soy estudiante, pero en mi país, Navanir, a pesar de ser bastante avanzado industrial, científica y tecnológicamente, las mujeres no tenemos derecho al estudio ni al trabajo. Soy, por tanto, una estudiante un poco especial: soy autodidacta. Devoro libros, investigo en Internet todo lo que puedo, a pesar de que la información de ambos medios esté controlada por el Estado: no hay libertad de expresión.
    Estamos en un régimen casi dictatorial, y no sé por qué pongo el "casi". Todos tenemos que pensar y actuar como quiera nuestro Gran Líder (así lo tenemos que llamar), en el cual se concentran todos los poderes. No podemos reunirnos más de cinco personas ya que las autoridades lo tachan de complot contra el Gran Líder, ni podemos siquiera vestir como queremos. Toda la información transmitida por los medios de comunicación es cambiada interesadamente por el Estado. Nadie se atreve a denunciar nuestra situación, ya que podrían ejecutarnos o en el mejor de los casos encarcelarnos. Tampoco hay derecho a la vida, por tanto.
  • 3. Los Derechos Humanos son, para los navarnianos, y especialmente para las navarnianas, inalcanzables. Deseados, pero inexistentes para todos. Al principio ni habíamos oído hablar de ellos, pero mi hermano, el cual era periodista, nos informó a todos sobre ellos.
    Hace medio año, se hartó de la situación de nuestro país y de no poder informar a sus lectores objetiva y verídicamente, y denunció la violación de Derechos Humanos que se hace en nuestro país, explicando que en otros lugares los Derechos Humanos son la norma más importante de los hombre en la que se recogen los derechos, libertades, etc. que todas las personas deberíamos poseer.
    Consiguió publicar su noticia en un periódico que se alió con él de la forma más clandestina posible. Aún así, alguien se chivó a las autoridades y le mataron a él y a todos los encargados del periódico.
    Y esa es otra: en nuestro país hay una especie de Inquisición en la que todo el mundo puede acusar a cualquiera de faltar a las órdenes del Gran Líder. Y los encargados de esta Inquisición, aquí llamada Santa Denuncia, no investigan lo suficiente para saber si la acusación recibida es verdadera o no. Simplemente, ejecutan o encarcelan a los acusados.
    Y... ¿cómo me proyecto? De momento, me gustaría seguir estudiando y aprendiendo, aunque sea de forma autodidacta. Y cuando mi padre se jubile, intentaré mantener a mi familia yo. La pregunta es, ¿cómo? Soy mujer. No tengo derecho ni al trabajo, ni al voto, ni a nada. Toda esta situación me da una especie de náusea. ¡Qué futuro tan incierto!
  • 4. 1 de marzo de 2010
    El otro día intenté investigar algo más acerca de eso que llaman Derechos Humanos. En Interner me salía poco más de lo que mi hermano nos había dado a conocer a los navarnianos; como ya he dicho la información de Internet está profundamente vigilada. Investigué horas, y acabé encontrando una página web navarniana que transmitía clandestinamente información sobre política exterior e interior totalmente verídica, sin censurar y sin adaptar. Y he encontrado un breve resumen de los artículos de la Declaración de los Derechos Humanos.
    Saber que una norma tan maravillosa redactada por y para personas existe, a pesar de que en Navanir nos veamos desprovistas de ella, me ha hecho llorar. Lloré mientras leía los diversos artículos, y supe que tenía que hacer algo. Tengo que conseguir denunciar mi situación y la de toda Navanir. Pero, ¿cómo? Debo ser prudente. Seguiré el modelo de mi hermano, mi ídolo, pero de una forma más discreta.
    Sí, lo haré. Por mi familia, por mi fallecido hermano, por mis ancestros, que vivieron también esta horrible situación, por todos los que viven o han vivido en Navanir, y por los que en un futuro lo harán.
    Tengo que conseguirlo.
  • 5. 20 de marzo de 2010
    Los días se suceden sin novedad: más muertes, más juicios injustos contra gente inocente. Terror, angustia, soledad, eso sentimos los navarnianos.
    Se me ha ocurrido un pequeño plan. Seguiré escribiendo este diario pero lo utilizaré para una labor especial. Investigaré sobre alguna Asociación que defienda los Derechos Humanos para todos los pueblos, buscaré alguna forma discreta de contactar con ellos y denunciaré de forma mesurada nuestra situación adjuntando una copia de este diario.
  • 6. 12 de abril de 2010
    Ayer pasó algo que me heló la sangre, ya que presencié un hecho horrible con mis propios ojos. Estaba yo caminando por la calle, y fui a comprar la comida. En el supermercado había un señor vestido con un atuendo propio de la ideología contraria al Gran Líder. Iba con su hijo, que tendría unos cinco años. Alguien denunció a la Policía, seguramente; de repente entraron dos agentes cuando el hombre y su niño estaban a la cola, delante de mí, para pagar. Entraron en el supermercado armando un gran alboroto. No me pude contener aunque pudieran acusarme de complicidad con el hombre; me puse delante de el señor y su hijo y grité: "¡Huye, vienen a por ti!". El hombre parecía desorientado del terror y le indiqué una salida de emergencia. Corrió cogiendo al niño en brazos pero los policías fueron más rápidos y pronto le capturaron. Nunca olvidaré la expresión de horror del padre diciendo al chico:
    - ¡Corre, hijo! ¡Sálvate tú, vete a casa!
    Y el niño, asustado, corrió sin detenerse, salió de la tienda llorando, chillando. Nadie reparó en su huída excepto yo; todos estaban pendientes del hombre.
    Los policías habían saltado sobre el señor. Uno le sujetó con fuerza y el otro le miró a la cara, y le dijo:
    - Con que eres contrario a nuestro Gran Líder, ¿eh?
  • 7. Al ver que no había réplica, le pegó una patada en la boca. Dos, tres, cuatro,... golpes y golpes, y luego usó la porra. El desgraciado gritaba de dolor y de horror, y cuando se trataba de defender o de zafar, el otro policía le agarraba más fuerte. Mucha gente huyó de terror del supermercado, si no toda, pero yo me quedé ahí, paralizada viéndolo todo.
    El policía que le tenía agarrado comentó con malicia y furia al otro:
    - ¿Sabes? Me empieza a hartar tanto grito.
    Y acto seguido, cogió la pistola, y mientras el otro le seguía pegando con la porra con una fuerza brutal, le disparó al corazón. Vi cómo su vida se fue apagando poco a poco hasta que murió.
    No sé muy bien qué pasó después, tengo grandes lagunas en mi mente. Los policías me pidieron documentación mientras yo temblaba, asustada como nunca. Supongo que lloraba, pero no lo notaba, tenía la vista clavada en el pobre hombre tirado en el suelo de forma indigna, con su ropa de rebelde. Al verme indefensa, supongo que se encendió un poco su chip de humanidad, y me dijeron que fuera a casa, que dentro de dos días recibiría una orden para asistir a un juicio bajo sospecha de cómplice de intento de huída. No sé cómo llegué a casa; de repente me vi entrando por la puerta, tirándome a la cama, y durmiendo. Fue un sueño pesado, oscuro y nada reparador, y me desperté con la cara, la almohada y la colcha bañada en sudor y lágrimas.
  • 8. 25 de julio de 2010
    Hace meses que no escribo. ¿Que por qué? Bueno, allá va la historia.
    Fui al juicio al día siguiente de escribir en el diario. No sé si a eso se le podía llamar juicio, pero era de todo menos justo. Expusieron todos los argumentos infundados que tenían para acusarme de "cómplice de intento de huída de un rebelde". Por suerte, no me acusaron de contraria al Gran Líder al ver que no tenía antecendentes, y por esa misma razón sólo me condenaron a un par de meses de cárcel.
    Pero fueron como años, fue como una vida. Los segundos se me hacían horas.
    Creo que es una etapa de mi vida que nunca lograré superar. La muerte de ese hombre, y después, la cárcel. Era horrible, inhumana.
    Las celdas eran muy reducidas y colectivas. Seis mujeres por celda en condiciones insalubres. Estaban sucias, llenas de moho y polvo, y por la noche era imposible dormir del insufrible calor. El olor era insoportable y con el silencio de la noche oías ratas andar entre las paredes. Un día una compañera se levantó con un mordisco en el pie morado y con forma de bulto y tuvieron que llevársela a Urgencias. Le había mordido una rata con la rabia y no le ofrecieron la asistencia médica debida. No volvimos a saber de ella.
    El comedero era también otra atrocidad. Gente apretada en una cola para conseguir una comida a veces incluso putrefacta. Una vez nos dieron un arroz con bastante buena pinta hasta que al coger una cucharada me encontré con un gusano compartiendo mi guarnición. Del hambre, me lo comí igual.
    Había líneas por el suelo que limitaban el camino por el que se debía andar, y cada dos horas hacíamos un recuento.
    Muchas mujeres estaban teniendo graves problemas psicológicos ya que la mayoría llevaba años allí.
  • 9. Una enfermó de sífilis y le permitieron ir a su casa a morir.
    Yo pasaba las noches agazapada en un rincón, con miedo a enfermar, a morir del calor o a perder la cordura.
    Sólo fueron un par de meses pero, repito, fue como una vida. Y el día que un policía me vino a buscar para liberarme de mi celda, no me sentí feliz. Me sentí furiosa. Usaría mi libertad para acabar con esta situación. Cada vez estaba más decidida, aún más que antes de entrar en la cárcel.
    Cuando llegué a casa me duché, abracé a mis padres, que apenas me reconocieron, besé una foto de mi hermano y acto seguido fui a mirarme a un espejo. La corta experiencia de esa inhumana cárcel me había afectado, realmente, como si hubiera sido una vida. Por algo mis padres no me reconocían al verme. En el reflejo del espejo, me encontré con una mujer de pelo completamente cano y con algunas arrugas, y un cuerpo famélico y esquelético; había sustituido a la joven Isabel.
    Unos pocos días en ese horrible lugar me han hecho madurar y envejecer más que veinte años de vida.
    Voy a acabar de escribir en el diario por hoy; voy a investigar sin descanso, sin demora, sin pausa, sobre cómo puedo denunciar la situación de Navanir. No pienso tolerar ninguna injusticia más. Ya no.
  • 10. 17 de agosto de 2010
    He conocido a un chico en la biblioteca. No suelo ir ahí ya que los libros son tan corruptos como el régimen de Navanir, pero quería investigar también ahí. Estaba leyendo un libro de Historia del mundo cuando un chico se sentó a mi lado. Tendría mi edad, unos veinte años, pero le pasaba como a mí: tenía canas, un aspecto anciano que reflejaba todas las atrocidades vistas y vividas a lo largo de su joven vida. Estaba leyendo un libro de la Historia de Navanir con unos ojos meláncolicos y tristes permanentes, y supe que ese muchacho era como yo. Noté, además, que él también se había fijado mucho en mí. Seguramente había captado lo mismo que yo capté en él.
    Y nos miramos a los ojos, directamente, sin pestañear, de una forma sosegada, sabia. Supe que eramos iguales, que buscábamos lo mismo, que nos entendíamos, y entonces me dijo:
    - ¿Vamos afuera y hablamos?
    Yo asentí con la cabeza, dejamos los libros en la estantería y salimos. Nos sentamos en un banco de un parque y hablamos.
  • 11. Me contó su vida y yo le conté la mía. Se llamaba Alejandro y su padre había muerto a manos de la autoridad por vestir de una forma contraria al Gran Líder. Desde entonces, él aprendió a ser rebelde en espíritu pero no en apariencia, junto a su pequeño hermano, de cuatro años, y su madre, que ahora estaba viuda.
    Cuando acabó de contarme todo esto me sequé una lágrima y supe que era el hijo mayor del hombre al que había visto morir en el supermercado. Le conté todo eso y mi historia en particular, y cuando acabamos ambos de hablar, nos abrazamos como dos grandes amigos, como dos almas gemelas, y prometimos que no nos separaríamos ahora que nos habíamos encontrado.
  • 12. 29 de septiembre de 2010
    Cuatro ojos ven más que dos. Ahora no estoy sola, tengo a Alejandro. Seguimos investigando juntos sin descanso. No tenemos tiempo que perder, y mientras yo escribo en el diario, él sigue buscando algo, alguna página de un libro o web que nos ayude a denunciar nuestra circunstancia.
    De momento, la investigación sigue sin éxito.
  • 13. 13 de octubre de 2010
    Hemos conseguido el e-mail de un colaborador de una página web llamada Amnistía Internacional. No sé que será eso exactamente, pero sí hemos averiguado que defiende los Derechos Humanos internacionalmente. Le vamos a enviar un correo denunciando nuestra situación, aunque sea muy peligroso. Si alguien descubre nuestro complot y nos delata... Prefiero no pensarlo. Pase lo que pase, tenemos que hacerlo.
    Estamos esperando respuesta
  • 14. 25 de noviembre de 2010
    El hombre nos ha contestado. Nos ha pasado una dirección de e-mail para contactar con algo llamado Naciones Unidas. También nos ha pasado correos eléctronicos de varios miembros de ONGs (¿qué será eso?). Ha sido muy amable y comprensivo. Dice que intentará, mientras nosotros mandamos mensajes a todos esos correos pidiendo ayuda, informar a todos los países en los que hay Derechos Humanos de nuestra situación sin descubrirnos a Alejandro y a mí.
    Empiezo a sentir cierta esperanza hacia el futuro. Ya no me parece tan incierto, y veo a Alejandro bastante optimista.
  • 15. 31 de diciembre de 2010
    Es el último día del año. De momento, hay muchas novedades. No están tardando en actuar, y confío en que conseguirán ayudarnos. Dicen que muchos países saben ya de nuestra inaceptable situación y que poco a poco, para que no haya escándalos, conseguirán ayudarnos a establecer los Derechos Humanos sobre cualquier otra ley en nuestro país. Son optimistas y confían en cambiar nuestra injusta Navanir en un buen país lo más rápido posible.
    Este mes ha habido una pequeña revolución en Navanir. Los más desfavorecidos por la situación nos hemos enfrentado a la autoridad. Hemos hecho huelgas, juntas, protestas, pero no vamos a hacer una guerra: sería hipócrita.
    Espero que en el nuevo año consigamos que Navanir respete los Derechos Humanos y que se convierta en un lugar próspero, sin corrupción, justo y libre. Y cada vez estoy más segura de que lo estamos consiguiendo, y de que no queda mucho.
  • 16. 31 de diciembre de 2010
    Es el último día del año. De momento, hay muchas novedades. No están tardando en actuar, y confío en que conseguirán ayudarnos. Dicen que muchos países saben ya de nuestra inaceptable situación y que poco a poco, para que no haya escándalos, conseguirán ayudarnos a establecer los Derechos Humanos sobre cualquier otra ley en nuestro país. Son optimistas y confían en cambiar nuestra injusta Navanir en un buen país lo más rápido posible.
    Este mes ha habido una pequeña revolución en Navanir. Los más desfavorecidos por la situación nos hemos enfrentado a la autoridad. Hemos hecho huelgas, juntas, protestas, pero no vamos a hacer una guerra: sería hipócrita.
    Espero que en el nuevo año consigamos que Navanir respete los Derechos Humanos y que se convierta en un lugar próspero, sin corrupción, justo y libre. Y cada vez estoy más segura de que lo estamos consiguiendo, y de que no queda mucho.
  • 17. 7 de enero de 2010
    ¡Grandes noticias para el mundo en general, y para los navarnianos en particular! ¡El "Gran Líder" ha abdicado! La mayoría de navarnianos, especialmente la clase trabajadora nos hemos sublevado contra él. Hemos creado una especie de conciencia de clase y hemos hecho Juntas subversivas. Por su parte, los países más avanzados están enviando ayudas y denunciando nuestra situación. Han conseguido implantar justicia en nuestro país, han hecho tantos logros...
    Hay pluralismo político y habrá nuevas elecciones. Ya se están implantando derechos, deberes y libertades en la nueva sociedad navarniana y ¿sabes qué? ¡Las mujeres ya tenemos derecho al voto! ¡Voy a poder votar en las elecciones!
  • 18. 30 de enero de 2010
    Mi diario ha sido publicado en todos los periódicos de los países del Primer Mundo y ha conseguido concienciar aún más a la gente.
    Si gracias a nuestras denuncias y a las de todos los países avanzados hemos conseguido leyes justas, derechos, deberes y libertades... gracias a mi diario y todo lo que en él critico, vamos a conseguir que en Navanir se pongan en práctica los Derechos Humanos. Ya queda poco.
    Nunca hemos sido tan felices, y la esperanza, las ganas de vivir y la alegría pueblan las ciudades de Navanir.
  • 19. 13 de febrero de 2010
    Nunca la vida había sido tan maravillosa. Se ha aprobado una Constitución en Navanir. ¡La primera en el país!
    Pero no olvidemos lo más importante, y es que, al fin... ¡TENEMOS DERECHOS! ¡Tenemos derecho a la vida, somos libres e iguales, ya no habrá esclavitud, ni tortura! Habrá juicios justos, cárceles humanamente condicionadas, ¡JUSTICIA!
    Y... ¡LIBERTAD! ¡IGUALDAD!
    Y todo esto, que antes nos parecía tan lejano e imposible... Todo esto es gracias a los Derechos Humanos. Al fin en nuestro país se respetan.
    Ahora ya sé qué quiero hacer con mi vida. Un año después de que empezara a escribir este diario, he conseguido que mi futuro ya no sea incierto. Voy a ser periodista, como mi hermano, pero de Televisión; y junto a Alejandro, y junto a todos los hombres, conseguiré llevar los Derechos Humanos a todos los recovecos del mundo en los que no se respeten.
    Es mi camino, mi proyecto de vida, es mi propósito.
    Ya no escribiré más diarios. A partir de ahora, escribiré en el aire.