Flannery O´Connor: experiencia, misterio y realidad
El hábito de ser :  nacimiento de una revelación. <ul><li>Nace en el seno de una familia católica el 25 de marzo de 1925 e...
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El escritor es un profeta <ul><li>“ Los escritores que ven desde su fe tendrán ojos más agudos para lo grotesco, para lo p...
El misterio a través de las formas <ul><li>En  Mystery and Manners , O´Connor, define así el relato: </li></ul><ul><li>“ L...
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El acontecimiento como categoría central del relato <ul><ul><ul><ul><li>“ Es probablemente una acción, un gesto del person...
El epífano: momento súbito de destello. <ul><li>La vida se nos da y se nos quita, pero hay momentos en que la merecemos, q...
La experiencia de la lectura <ul><li>“ La gente sin esperanza no sólo escribe novelas, sino, lo que es más importante, no ...
Una lectora confundida.  “Un templo del Espíritu Santo” <ul><li>“ Recibí una carta realmente desagradable de una señora de...
Cartas a “A”: Betty Hester
<ul><li>Betty Hester terminará suicidándose la noche del 26 de diciembre de 1998. </li></ul><ul><li>20 de julio de 1955 </...
<ul><li>La reseña del  New Yorker  no sólo era estúpida, sino también anónima. Es un ejemplo en el que se ve con suma faci...
Tres vértices: La mirada, la experiencia y el misterio y la fe en el acontecimiento cristiano. <ul><li>Para “A” 28 de octu...
El último año: 1964 <ul><li>El sentido del dolor. </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>Para “A”. 28 de junio de 1956 </li...
La resiliencia <ul><li>“ La resiliencia se opone al cinismo porque busca siempre el elemento positivo, aun el más sutil, p...
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Flannery O´Connor

  1. 1. Flannery O´Connor: experiencia, misterio y realidad
  2. 2. El hábito de ser : nacimiento de una revelación. <ul><li>Nace en el seno de una familia católica el 25 de marzo de 1925 en Savannah, Georgia, en la zona del Sur de los Estados Unidos que se ha llamado “el cinturón bíblico”, de mayoría protestante. </li></ul><ul><li>A los quince años pierde a su padre de la misma enfermedad degenerativa que ella padeció. </li></ul><ul><li>En 1945 se matricula en un programa de escritura creativa en la Universidad de Iowa. </li></ul><ul><li>En 1947 consigue un Master in Fine Arts con una serie de relatos. </li></ul><ul><li>Tras una agitada estancia en Nueva York, decide trasladarse a Connecticut a vivir con sus amigos Robert y Sally Fitzgerald. </li></ul>
  3. 3. <ul><li>En 1950, tras experimentar los primeros síntomas de su enfermedad, se instala en la antigua casa familiar, llamada Andalusia. O`Connor decide dedicar las fuerzas que le queden a su vocación literaria. Por la misma época da rienda suelta a una de sus pasiones: la cría de pavos reales, aves bellísimas cuyo más alto placer consiste en devorar flores y setos. </li></ul>
  4. 4. El escritor es un profeta <ul><li>“ Los escritores que ven desde su fe tendrán ojos más agudos para lo grotesco, para lo perverso y para lo inaceptable. La redención no tiene significado si no hay razón para ella y en los últimos tiempos ha estado operando en nuestra cultura el pensamiento secular de que no existe tal razón”. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor, Mystery and Manners , Farrar, Straus y Giroux, N.Y., 1961, 1988, p. 33. </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>“ Realismo de distancias”: Doble proceso de la mirada que no se agota en el análisis, sino que se abre a su significado y, al mismo tiempo, percibe que los mundos creados son otros, distintos. </li></ul>
  5. 5. El misterio a través de las formas <ul><li>En Mystery and Manners , O´Connor, define así el relato: </li></ul><ul><li>“ La naturaleza de la ficción está determinada en gran medida por la naturaleza de nuestro sistema perceptivo. El principio del conocimiento humano se da a través de los sentidos, y el novelista empieza donde empieza la percepción humana. El escritor atrae por medio de los sentidos, y no se puede atraer a los sentidos con abstracciones. Para la mayoría de la gente es mucho más fácil expresar una idea abstracta que describir un objeto que está viendo realmente. Pero el mundo del novelista está lleno de materia, y esto es lo que los novelistas que están empezando están poco dispuestos a tratar. Están interesados principalmente en las ideas abstractas y en las emociones. Tienen tendencia a ser reformadores, y a querer escribir porque están obsesionados no por una historia, sino por los huesos sin carne de algún concepto abstracto. Son conscientes de los problemas, no de las personas; de las preguntas y de las cuestiones, no de las estructura de la existencia; de historias y de todo lo que tenga un sabor sociológico, en lugar de todos esos detalles concretos de la vida que hacen real el misterio de nuestra situación en la tierra. Los maniqueos separaban espíritu y materia. </li></ul>
  6. 6. <ul><li>Para ellos todas las cosas materiales eran malas. Buscaban el espíritu puro, e intentaban acercarse al infinito directamente, sin ninguna mediación de la materia. Esto es más o menos el espíritu moderno, y a causa de la sensibilidad de la que se está contaminando la ficción, es difícil, si no imposible, escribir, porque la ficción es en gran medida un arte de la encarnación”. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor, Mystery and Manners , Farrar, Straus y Giroux, N.Y., 1961, 1988, p. 67. </li></ul><ul><li>“ Las formas anuncian el misterio y la brevedad de sus mundos está traspasado de infinitud”. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor . </li></ul>
  7. 7. El acontecimiento como categoría central del relato <ul><ul><ul><ul><li>“ Es probablemente una acción, un gesto del personaje diferente al resto de los gestos y acciones de la historia, el que señala donde descansa el corazón del relato. Debe ser una acción o un gesto totalmente correcto y, al mismo tiempo, totalmente inesperado; debe atravesar al personaje y estar más allá de él, debe sugerir, a la vez, el mundo y la eternidad (…) Debe ser un gesto que de algún modo esté en contacto con el misterio”. </li></ul></ul></ul></ul><ul><li>Flannery O´Connor, Mystery and Manners , </li></ul><ul><li>Farrar, Straus y Giroux, N.Y., 1961, 1988, p. 111. </li></ul>Robert Capa. Guerra Civil Española. 5 de septiembre de 1936 (Cerca del Cerro Muriano en la frontera de Córdoba).
  8. 8. El epífano: momento súbito de destello. <ul><li>La vida se nos da y se nos quita, pero hay momentos en que la merecemos, quiero decir que depende de nosotros que continúe o que cese. Y esto lo digo al recordar aquella noche atroz en el </li></ul><ul><li>hospital, en la cual lloraba desamparado sintiéndome perdido y sin ningún socorro posible, pues hacía dos días que no dormía, mi cuerpo se evaporaba en la transpiración, tubos y sondas me </li></ul><ul><li>salían de la nariz, la boca, el recto, la uretra, la vena, el tórax. </li></ul><ul><li>Deseaba que me borraran todo y antes que nada mi propio sufrimiento. Una enfermera vino a protestar por mis gritos y destempladamente me hizo callar. Como los enfermos se vuelven </li></ul><ul><li>niños, la obedecí y quedé flotando en el silencio nocturno. De pronto vi por la ventana que comenzaba a amanecer y escuché muy tenuemente el canto de los pájaros. Se acercaba la primavera. Sabía que en el hospital había un claustro arbolado e imaginé que las primeras hojas estaban por brotar. Y fue una hoja la que me retuvo. </li></ul><ul><li>Quería verla. No podía morir sin abandonar ese cuarto y retornar aunque fuera de paso a la naturaleza. Ver esa hoja verde recortada contra el cielo. ¿Por qué absurdo raciocinio pensaba que mi vida dependía de ver esa hoja verde? Y me esforcé, resistí, luché porque llegara el día y me permitieran contemplar por la ventana el patio. </li></ul><ul><li>El médico lo autorizó al cabo de unos días. Me bajaron en camilla por el ascensor. Y al llegar al claustro vi los árboles implacablemente pelados, pero en la rama de uno de ellos había brotado una hoja. Pequeñísima, translúcida, recortada contra el cielo, milagrosa hoja verde. </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas (completas). Barcelona: Seix Barral, 2007, pp. 108-109. </li></ul>
  9. 9. La experiencia de la lectura <ul><li>“ La gente sin esperanza no sólo escribe novelas, sino, lo que es más importante, no las lee. No examinan detenidamente nada, porque les falta el valor. El camino de la desesperación es negarse a tener cualquier tipo de experiencia, y la novela, por supuesto, es una forma de tener experiencia. La señora que sólo leía libros que la edificaran estaba siguiendo un camino seguro, pero también un camino sin esperanza. Ella nunca sabrá si se ha edificado o no, pero si leyera alguna vez por error una buena novela, sabría muy bien que le está pasando algo”. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor, Mystery and Manners , Farrar, Straus y Giroux, N.Y., 1961, 1988, p. 78. </li></ul>
  10. 10. Una lectora confundida. “Un templo del Espíritu Santo” <ul><li>“ Recibí una carta realmente desagradable de una señora de Boston sobre una historia titulada “Un Templo del Espíritu Santo”. Dijo que era católica y que, por consiguiente, no podía entender como alguien pudiera tener ni siquiera tales pensamientos. Le escribí una carta que podía haber sido firmada por el obispo (…). Deseo que alguien realmente inteligente me escriba de vez en cuando, pero parece que principalmente atraigo a la esfera de los lunáticos”. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor, El hábito de ser , Sígueme, Salamanca 2004, pp. 370 y 84. </li></ul><ul><li>  </li></ul>
  11. 11. Cartas a “A”: Betty Hester
  12. 12. <ul><li>Betty Hester terminará suicidándose la noche del 26 de diciembre de 1998. </li></ul><ul><li>20 de julio de 1955 </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>PARA “A” </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>(…) Escribo de la forma en que lo hago porque (no aunque) soy católica. Es un hecho y nada mejor que declararlo abiertamente. Sin embargo, soy una católica particularmente dotada de una conciencia moderna, esa que Jung describe como ahistórica, solitaria y culpable. Estar dotada de ella dentro de la iglesia supone soportar una carga, una carga necesaria para un católico consciente. Se trata de sentir la situación contemporánea en sus niveles más profundos. Creo que la iglesia es la única que puede hacer llevadero el terrible mundo al que estamos abocados; lo único que hace llevadera a la iglesia es que es, de algún modo, el cuerpo de Cristo y que con él nos alimentamos. Parece un hecho que ha sufrido tanto a causa de la iglesia como por la iglesia, pero si cree en la divinidad de Cristo, tiene que apreciar el mundo a la vez que se esfuerza por soportarlo. Ello puede que explique la falta de amargura en los relatos. </li></ul>
  13. 13. <ul><li>La reseña del New Yorker no sólo era estúpida, sino también anónima. Es un ejemplo en el que se ve con suma facilidad que en ciertos sectores de la población el sentido moral ha sido extirpado, como se extirpan las alas de algunos pollos para que tengan más carne. Es una generación de pollos sin alas, que supongo que es a lo que se refería Nietzche al decir que Dios había muerto. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor, El hábito de ser , Sígueme, Salamanca 2004, p. 90. </li></ul>
  14. 14. Tres vértices: La mirada, la experiencia y el misterio y la fe en el acontecimiento cristiano. <ul><li>Para “A” 28 de octubre de 1961 </li></ul><ul><li>“ La fe es un don, pero la voluntad tiene mucho que ver con ella. Su pérdida es básicamente una falta de apetito, asistido por un intelecto estéril. Algunas personas, cuando pierden su fe en Cristo, la sustituyen por una fe agrandada en sí mismas. Creo que tu eres lo suficientemente honrada para no hacerlo; porque, en primer lugar, nunca has tenido demasiada fe en ti misma, y porque ahora que no crees en Cristo, creerás aún menos en ti misma. Lo cual es una lástima. Pero déjame decirte una cosa: la fe va y viene. Sube y baja como la marea de un océano invisible. Si es presuntuoso decir que la fe permanecerá contigo para siempre, resulta igualmente presuntuoso pensar que lo hará la increencia. Dejar la iglesia no es la solución, pero, puesto que tú lo crees así, lo único que puedo sugerirte, como madrina tuya en una ocasión, es que si encuentras en tu interior que el deseo de l fe regresa mínimamente, retorna a la iglesia con un corazón liviano, y sin que te agobie la conciencia de la culpabilidad a la que probablemente estés sujeta”. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor, El hábito de ser , Sígueme, Salamanca 2004, p. 345. </li></ul>
  15. 15. El último año: 1964 <ul><li>El sentido del dolor. </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>Para “A”. 28 de junio de 1956 </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>(…) No tienes razón al decir que fue hace mucho tiempo cuando dejé de pensar que cualquier cosa se podía arreglar en la superficie. Lo he descubierto, como todo el mundo, a las malas, y sólo en los últimos años, me parece que a consecuencia de dos cosas: la enfermedad y el éxito. Una de ellas sola no me hubiese servido, pero con las dos estaba garantizado. No he estado en ninguna parte, sino sólo enferma. En cierto sentido, la enfermedad es un lugar, más instructivo que un largo viaje a Europa, y es siempre un lugar donde no hay compañía, donde nadie puede seguirte. La enfermedad antes de la muerte es algo muy adecuado y creo que quienes no la sufren, pierden una de las gracias divinas. El éxito aísla prácticamente lo mismo y no hay nada mejor para subrayar la vanidad. No obstante, por aquí la superficie siempre ha sido muy sosa. Provengo de una familia donde la única emoción que resulta respetable expresar es el enfado. En algunos esta tendencia produce urticaria; en otros, literatura; en mi caso, me produce ambas cosas”. </li></ul><ul><li>Flannery O´Connor, El hábito de ser , Sígueme, Salamanca 2004, p. 345. </li></ul>
  16. 16. La resiliencia <ul><li>“ La resiliencia se opone al cinismo porque busca siempre el elemento positivo, aun el más sutil, para abrirse su propio camino. Pero se oponen también a las ilusiones, que hunden sus raíces no en la vida, sino en nuestros deseos. Ni cinismo ni ilusión, la esperanza es a la vez el aguijón y la consecuencia de la resiliencia. El aguijón, porque en la peor de las situaciones nos hace creer en el futuro (…) El vuelco hacia lo positivo, a veces inesperado, porta el germen de la esperanza. </li></ul><ul><li>Una esperanza realista”. </li></ul><ul><li>(Vanistendael, Stefan y Lecomte, Jacques, La felicidad es posible , 168). </li></ul><ul><li>  </li></ul><ul><li>  </li></ul>
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