Nochebuena con LSD     Jordi Bayona      Navidad 2011
Nochebuena con LSD                                    Jordi Bayona                                     Navidad 2011       ...
Yo, Leo, nunca te entendí del todo y siempre te quise. Te quise y te lo dije milveces. Mil veces al día. Con palabras y co...
Lo siento pero estarás obligado a pasar unos días en casa hasta que organice laexpedición. No te apures, no te dejaré en e...
casa dos días a la semana, que luego fueron cuatro, después siempre y finalmentenunca. Recuerdo tú interés por mi pueblo. ...
3                        Allí se nacía con la biografía ya escrita         Aquella niña que fui desgranó noche inquietas, ...
novios y bodas. Carne de familia aburrida. Hay que hacer las cosas como todo elmundo. Siempre las sentencias: la vida es a...
indígena con taparrabos y tocado de plumas de ave del paraíso le rendía honores....Lacomplejidad del mundo, su pasado, su ...
discutiendo la posibilidad de la existencia de juicios sintéticos a priori, juicios queagregan nueva información, donde el...
a.- Preposición universal afirmativa.        Aaron.- Primer hijo de Amrón y Jocabed, de la tribu de Leví, hermano mayorde ...
lo he conservado durante toda la vida como un trofeo de caza mayor. Deja que melevante porque está aquí mismo, en la estan...
Como nos fuimos de Los Mochuelos pocos meses después de la muerte deDoña Eulalia. Los sobrinos intentaron vender los terre...
¡Ay LSD! ¡Qué Nochebuena nos espera! Tengo que reconocer que tu silencio seme hace hoy especialmente espeso. Deja que me l...
Me fascinó que se accediera a tu casa por un patio y una escalera anchagastada por el sol y la lluvia de siglos, con una m...
teclas. Te pregunté que qué tocabas. Me dijiste que estabas ensayando una fuga. Hijomío, tratándose de ti, no podía ser ot...
porque así penetraba algo de ti en mi interior. Como en la copla, perfumaba mi cuerpocon manojitos de menta y canela que l...
Te haré una confesión: lo que más me emocionó fue que, probablemente ajenoal cataclismo interior que sufría tu asistenta t...
Yo era joven pero sabía que lo fácil es acostarse con alguien y que locomplicado es desayunar juntos, sin prisas y sonreír...
10                 Muy listos pero... ¿Cuándo volverán de Ganímedes?       Tú, LSD, eres caso aparte, pero tus amigos fuer...
me decía a mí misma, puesto que repetíais como loritos que el famoso Estado, se’n riude noltros y que mos dona pes cul.   ...
de su apellido en ny. Rarito él. Un día, por distracción, entré en el baño y lo pillésentado de cuclillas en la taza del w...
Vargas LLosa, Sábato, García Márquez, Cortázar. Los grandes europeos: Voltaire,Byron, Víctor Hugo, Zola, Balzac, Flaubert,...
Sus flaquezas sentimentales me los convertían en seres entrañables a quieneshabía que proteger. Reconozco, desde el cariño...
sin que llegara a comprender el detalle de su origen aunque sí advertí los efectosdevastadores sobre tu ánimo.        Te v...
La energía que destilé durante esos dos años hubiera bastado para mandar elApolo 18 a la Luna sin novedad. A primera hora ...
empleadas en la lubricación integral del cuerpo, muy aconsejable en los preludioseróticos para emerger y potenciar las gan...
Helga. Por ella y por los mil duros que me ofrecía por aquella sola noche, algo que yono ganaba en una semana de muchas ho...
ladilla, me agarro a su espalda con brazos y piernas. La falta de oxígeno enrojecía surostro. Aproveché la circunstancia p...
Cuando le mostré el diploma, mi patrona no podía creerlo. La mucama se habíailustrado sin llamar la atención, por eso sorp...
En esta misma sala, circunvalada de sofás y butacas, deben haber ardidoplantaciones enteras de tabaco durante largos años ...
con su vestido - yo misma ayudé a elegirlo - y el foie todavía me pirra y si no me doymás alegrías es porque el cabrón del...
Seguro que te acuerdas – es una forma de hablar - cuando lo acompañamos a laceremonia de entrega de la medalla de oro de l...
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Nadal 2011

  1. 1. Nochebuena con LSD Jordi Bayona Navidad 2011
  2. 2. Nochebuena con LSD Jordi Bayona Navidad 2011 1 ¿Te llevo al dormitorio?N unca te atreviste a quererme como deseabas quererme. No es tan raro. Sucede. Una malévola guillotina de confuso origen te mutila lafacultad de expresión del sentimiento... Un rayo paralizante te incapacita para elfranco goce de la vida y te encierra en infiernos artificiales cuando has tenido elparaíso a solo un paso. Sucede y no hay libro de reclamaciones. Un hombre como tú, acostumbrado a la alquimia de las ideas, a la grandeza delos proyectos de país, a la gestión de horizontes de futuro... te extraviaste en la caraoculta de la vida, en el agujero negro del universo emocional y, lo que es peor: sindarte cuenta. Creías escalar la cresta del mundo y no hacías más que deambular comoun zombi perdido en los lúgubres suburbios de la vida. Perdona, lo siento: el símil sobre la condición de muerto viviente esinapropiado para la circunstancia que nos ocupa. Las escenas de esperpento medivierten pero comprendo que a ti te molesten. Siempre te molestaron. En realidad,poco o mucho, todo te molestaba. O al menos eso dabas a entender. 2
  3. 3. Yo, Leo, nunca te entendí del todo y siempre te quise. Te quise y te lo dije milveces. Mil veces al día. Con palabras y con gestos. Y te lo digo hoy, el día que cumplo cincuenta y dos años y que te llevo en taxi ami casa, supongo que en calidad de amante. O quizás de ex. ¡Dios, qué situación másengorrosa...! No sé si hablo en sentido muy estricto porque en realidad te trajino enuna urna y en forma de cenizas, directamente desde el tanatorio del cementeriomunicipal. Hoy, 24 de diciembre, será un día extraño. Desde pequeña consideré que lacoincidencia entre cumpleaños y Nochebuena era una superflua exuberancia delcalendario. Y ahora, tan gentil como de costumbre, me añades tu incineración. Seráuno más de los muchos días extraños de nuestras vidas. No me preocupa echarte demenos. Estoy adiestrada: nunca dejé de sentirte cerca a pesar de que jamás estuvistedel todo a mi lado. Las relaciones amorosas son como las nubes que con jirones dealgodón componen siempre la caprichosa figura que quieres apreciar. Otros no ven enellas, ni quieren ver, más que polvo atmosférico con lluvia condensada y amenaza detormenta. El amor, como para los marxistas la tierra, pertenece a quien mejor lotrabaja. Y tú, en esa faena, más por cobardía que por desgana, estuviste vaguillo. Yo aporté la fortaleza a nuestra relación. No me importó que no me quisierasdel todo o que no me dijeras que me querías, que para el caso es lo mismo. Te quisepor los dos. Eso nos salvó. A ti es un decir, pero a mí me seguirá amparando. Ay Leonardo... Tu nueva realidad corpórea me crea un pequeño problemadoméstico de ubicación: ¿Dónde te hago pasar la noche? Tus últimos días han sido el festival del desconcierto pero al menos dejaste unacosa clara: Yo, y nadie más, tenía que esparcir tus cenizas a los cuatro puntoscardinales desde la columna geodésica de la cumbre del Puig de Massanella. El relato no es malo: el fundador y dirigente del Partit Independentista de lesIlles Balears (que acabó defenestrado), insigne filólogo de la lengua catalana (como sedesprende de lo anterior) y columnista del Diari de Balears (naturalmente), lega sucuerpo (afortunadamente después de la incineración) a la tierra por cuyaindependencia luchó (es innecesario exponer los resultados de tal contienda). Perdona de nuevo. Los paréntesis no pretenden emborronar tu noble biografía.No son más que una minúscula y puntual desazón. Porque puedo llegar a asimilar quelas cenizas del insigne independentista Lleonard Sans i Desbrull tengan que seresparcidas por Ana María Ortiz Rodríguez, natural de Peraleda del Zaucejo, provinciade Badajoz, su amante secreta fija-discontinua de toda la vida... pero te mentiría si noadmitiera que me incomoda que tan sublime episodio tenga que acontecer en todo loalto de una montaña de 1.365 metros de altura sin otro acceso que un empinadocamino de cabras que hay que recorrer a pie durante varias horas. Te vuelvo arecordar que hoy cumplo cincuenta y dos años y, francamente, no tanto el cuerpo sinoel rodaje me impide ser la que fui y no estoy para excursiones por las alturas de lamisma manera que hay días que la Macarena no está para tafetanes, como dicen losandaluces. 3
  4. 4. Lo siento pero estarás obligado a pasar unos días en casa hasta que organice laexpedición. No te apures, no te dejaré en el salón: las gatas podrían adelantar ladispersión de tus cenizas sobre mis kilims tejidos a mano por mujeres bereberes. ¿Tellevo al dormitorio? La primera vez ya tuve que ejercer esta responsabilidad. Y temoque también la última. 2 Eras un onanista sentimental Control de la situación: ahora, ya en casa, nos lo tomaremos con más sosiego.Si, sosiego tanto si quieres como si no. Durante toda tu vida de culo inquieto ignorasteel sentido de esta palabra pero en tus actuales condiciones, y bien que lo lamento, noestás para imponer nada. Necesito tumbarme en el sofá y un vodka helado. Hermosea el momento con el bonito atardecer iluminado que nos anticipa laNochebuena. Disfruta – también es un decir – de la panorámica extraordinaria de labahía de Palma. La puesta de sol de invierno, vista desde esta terraza en lo alto de CalaBlava, es mucho más sofisticada y compleja que la de verano. También es más corta,claro. Por eso no hay que perderse ni un detalle de los matices que, a cada segundo,mutan la tonalidad rojiza de las caprichosas nubes de poniente. Iluminaciones aparte, y aunque no lo reconozcas, desde esta misma terraza teensimismaste, relajado y feliz, con la languidez de muchos atardeceres. Yo prestaba lamayor atención a no entrometerme en tu estado interior. Dejaba que practicaras elplacer en solitario. Fuiste un onanista sentimental. Alguna vez cometí la imprudenciade compartir ese instante de sensualidad estética contigo, abrazarte y contemplarjuntos el huevo frito que se ponía por detrás de Na Burguesa. Pero al acto, al primergesto, todo se resquebrajaba como una fina capa de hielo bajo una inoportuna pisada.Tenías pánico al roce: el físico lo llegaste a capear pero el emocional… has acabado tanvirgen como Nuestra Señora de Guadalupe. Los amigos te llamaban LSD en referenciaa tus iniciales, pero jamás te permitiste el menor de los efectos liberadores ysensitivos que provoca la sustancia de tu alias. De la misma manera que JardielPoncela escribía lipogramas sin alguna de las vocales, tu biografía podría escribirse solocon verbos intransitivos, sin complementos directos. Retira tus reproches, no digas nada. Ahora ya no puedes preguntarme ¿si tanodioso era por qué coño siempre permaneciste anclada en mi vida? Y estoy seguraque aunque me lo pudieras preguntar tampoco lo harías. Pero yo te respondo. En tusrelaciones conmigo eras el campeón del silencio. Todo lo camuflabas bajo finas capasde silencio superpuestas. Y, paradójicamente este silencio, conjugado con tu miradafija –a veces penetrante y otras desvalida- me reveló tu atractivo misterioso. Reconozco que no eras nada odioso y menos cuando se te presentó aquellajovencita que fingía ser mayor de edad, recomendada por una vecina para limpiar tu 4
  5. 5. casa dos días a la semana, que luego fueron cuatro, después siempre y finalmentenunca. Recuerdo tú interés por mi pueblo. ¿No será Peralada en lugar de Peraleda?¿Peraleda de Zaucejo? Ni idea, jamás he estado en Badajoz. Ilusionada pero iletrada, aquella jovencita llegó a tu casa buscando trabajo y,sobre todo, la oportunidad de adquirir nuevos saberes. Era tan intensa su sed deaprender que precisó muchos años para saciarla. Quienes no habéis sufrido los azotesde la ignorancia no podéis comprender de lo que hablo. ¡Cómo explicar al abstemio losfascinantes secretos del vino! El deseo de saber, como el de amar, me ha mantenidode pie cada día y permitido flotar en cualquier tormenta. Un deseo que, como todos,cuanto más crece más alimento requiere. El fluir de la vida me ha enseñado que el azar siempre está al servicio de lanecesidad. Cuando menos te lo esperas, aparece lo que necesitas. Lo importante espresentirlo, detectarlo y agarrarlo porque a muchos, distraídos en irrelevancias, lespasa de largo. Traté de explicártelo en varias ocasiones pero en lugar de respondermeme citabas a Jacques Monod y sus ensayos sobre el azar y la necesidad en el estudio labiología moderna. Nunca he leído a Monod pero tú, sabio Salomón, jamás entendistelo que yo te contaba. Sentí algo de ello al cruzar por primera vez tu piso del Carrer del Sol. Desdemuy, pero que muy niña, desarrollé una extraordinaria capacidad de percepción.Pillaba al vuelo todo lo intangible y volátil que planeaba en el mundo de adultos queme rodeaba: el significado oculto de un simple tono de voz, el sentido de unacircunstancia inesperada, una mirada de carga emotiva, un gesto descuidado que yoretrataba en mi juvenil cabecita... cualquier detalle me aportaba las claves deinterpretación de las energías latentes que movían el triste universo de Los Mochuelos,la finca donde crecí. Tenía ocultas intuiciones. Por eso, cuando la joven jornalera recorrió por vezprimera las estancias de tu piso espacioso y noble, atiborrado de libros, percibió sinmota de duda que en aquel preciso instante cambiaba su sino. En su cabecita LosMochuelos se despeñaban y se los tragaba la tierra. Fue mi camino de Damasco. No esque a partir de entonces haya expandido el cristianismo por tierras orientales;simplemente me eduqué y me cultivé. Y lo hice a tu lado. Indagué nuevos territorios de mi vida. Nunca sabré lo suficiente, pero lo que sélo aprendí contigo. No tanto de ti, sino junto a ti. Sin tú saberlo, me hiciste mejor y máslibre. ¿De verdad te extraña que, con todas tus rarezas, nunca me haya apartado de ti?Tantos años transcurridos y nunca me he acordado de olvidarte. Mi historia avala la querencia por ti, LSD. Deja que te recuerde de donde veníacuando llegué a tu casa. Lo intenté en alguna ocasión pero a medida que te transmitíalas vivencias y exuberantes emociones de mi infancia te parapetabas detrás del murode la irrisión para protegerte. En tu diccionario sentimental, la expresión natural de lasemociones y el veneno mortal eran sinónimos. Carecías de antídoto para combatir laexpresión de la ternura y, llegado el caso, no dudabas en defenderte con el armamezquina de la grosería de batalla. 5
  6. 6. 3 Allí se nacía con la biografía ya escrita Aquella niña que fui desgranó noche inquietas, a oscuras en la habitación,compartiendo cama con mi hermano menor en unas dependencias de Los Mochuelos,donde mi padre, y antes mi abuelo, ejercieron de peones del mayoral. Noches devigilia en las que trataba de abrirme camino en el laberinto que debía conducirme a lailustración. No quería perderme en la oscuridad de la ignorancia, como mis padres, mistíos y mis abuelos. Concluí que sin desprenderme de la fatal herencia deldesconocimiento jamás sería feliz. Ni libre. Ni siquiera buena persona. Nadie puede serbuena persona si su vida se rige por el principio impuesto de hacer las cosas como diosmanda. De muy jovencita sufrí la angustiosa necesidad de instruirme, de pensar porcuenta propia, de forjar mis propios criterios con mi particular experiencia. Anhelabahuir del enjambre de abejas ciegas que era el mundo que me rodeaba: Los Mochuelos,una finca de labranza en medio de la nada, donde toda mi familia formaba parte delservicio de los Fernández de Bobadilla de día y de noche, año tras año, generación trasgeneración. Una pequeña vida de esclavos que ignoran serlo. Un universo jerárquicoen el que se nace con la biografía ya escrita bajo el brazo y sometido a un ordeninalterable del que, advierten, resulta muy poco juicioso evadirse. En aquella geografía cerrada veo a mi madre, envejecida por el trabajo en lacasa de los señores, donde reinaba doña Eulalia, una semidiosa que organizaba, con sucatón de sospechosas bondades y generosidades, un círculo de sumisión difusa en elque incluía, a la par, a todos los seres vivos que le rodeaban, fueran humanos oanimales. Temprano llegó la muerte para llevarse a la sirvienta. No llegó a los cuarenta.Nunca supimos de qué murió mi madre pero lo cierto es que murió. Al principio fue unmalestar general, con ahogos y vómitos, diagnosticado por doña Eulalia comoalteraciones que suelen ocurrir a las mujeres ciertos días del mes. Cuando su estadoempeoró se llamó a un médico de La Serena, que parecía desconcertado por lossíntomas y cuando días después se dispuso llevarla al hospital de Badajoz en el landrover del mayoral, murió mientras hacían los preparativos del viaje. Allí todo obedecía a un extraño precepto natural, dictado desde arriba, queiluminaba las conciencias de la docena de personajes que vivíamos en Los Mochuelos yque nos desligaba de la menor responsabilidad sobre nuestras vidas. Las cosas ocurríanporque habían de ocurrir. Nadie parecía tener un compromiso con su propiaexistencia, simplemente la aceptaba con resignación. Mi primera formación se forjó con opiniones heredadas que se aceptan sin másy una enseñanza rutinaria impartida por maestras desganadas que solo pensaban en 6
  7. 7. novios y bodas. Carne de familia aburrida. Hay que hacer las cosas como todo elmundo. Siempre las sentencias: la vida es así; hay que conformarse con lo que dios nosmanda; pórtate bien y serás una persona de provecho, cuidado con las compañías (¡yo,que me encontraba perdida en el desierto!). Por la seguridad con la que hablaban de loque era la vida se hubiera dicho que eran banqueros de Wall Street. En aquella gran basílica de la resignación, de muy niña y con apenas uso derazón, deduje que aquello era una descomunal estafa. Presentía la existencia demundos distintos al nuestro donde las personas decidían y eran protagonistas de susvidas. Vivir era para mí el circuito cerrado de una cadena sin fin. Un día desplazaba alanterior, una primavera al invierno y el otoño pasaba por encima del verano. Lossueños infantiles se derramaban por los suelos con la estéril monotonía de uncalendario que daba vueltas sobre sí mismo. A grandes males, grandes remedios. Una vez más y sin llamarlo, el azar corrió alrescate de la necesidad. 4 Una amiga llamada doña Espasa Calpe La clave de mi descubrimiento fueron los tres tomos de la vieja EnciclopediaIlustrada de Espasa Calpe que criaban polvo en el aparador del comedor de nuestraestancia de subalternos. En mi casa no abundaban los libros y la única televisión de lafinca estaba en el salón de la casa de Doña Eulalia, donde cada jueves, por invitaciónexpresa de la matriarca, acudía con mi hermano porque daban el programa infantil. Elaparato nos fascinaba: emitía en blanco y negro y los payasos aparecían en la pantallaentre una tormenta de copos que, como abejas en panal, giraban en todas direccionesemitiendo un sonoro zumbido de fondo que apagaba las voces. La señora se quejabadel exceso de nieve y manipulaba ella misma las antenas de cuerno enchufadas altejadillo del aparato sin que por ello mejorara la visión de la imagen. Pero a mí, como te decía, lo que de verdad me interesaba era la enciclopediailustrada que guardaba mi padre, herencia de mi abuelo, cuyo origen nunca pudeaclarar. Como me aburría su lectura continuada me entretenía hojeándola yobservando con curiosidad infantil las láminas coloreadas que describían con precisiónfigurativa exóticos y lejanos horizontes: países desconocidos, tropicales, desérticos,montañosos; la gran variedad de razas humanas: chinos con coleta y ojosmarcadamente oblicuos, abrigados esquimales, negras africanas con un platillo doradoen la boca que desfiguraban sus labios; distintos tipos de embarcaciones: goletas,fragatas, corbetas, vapores, acorazados; afinados utensilios de ebanistas: buriles,mazas, azuelas, limas, punzones, serruchos....; personajes históricos: Cervantes conperilla y mostacho, Colón pisando por vez primera las Indias occidentales mientras un 7
  8. 8. indígena con taparrabos y tocado de plumas de ave del paraíso le rendía honores....Lacomplejidad del mundo, su pasado, su futuro y sus grandes personajes, concentradosen aquellos tres tomos de encuadernación verde y ribetes dorados oscurecidos por eltiempo y el olvido. Me dije que algún día llegaría a conocer personalmente a la autora de tanmagna obra: doña Espasa Calpe, cuyo nombre figuraba en la portada. Años más tarde,me emocioné cuando descubrí que Anatole France había dejado escrito que unaenciclopedia es un universo en orden alfabético. Lo viví en propia carne. El hallazgo fue un rayo de luz para una niña que languidecía en la lóbregaescuela de Peraleda, donde no hacía más que aprender a sumar, a restar llevando ycaligrafía entre dos pautas: Mi mamá me mima. Luego vino la cantinela de las tablasde multiplicar, con cinco por cinco veinticinco, y los llamados quebrados que nuncallegué a comprender del todo: con dos números separados por una línea, uno arriba yotro abajo. En la escuela no nos daban más que un libro ilustrado, el de HistoriaSagrada, editado por la Curia que, como es natural, nos lo proporcionaba y explicabaun jesuita. Con él me entretuve siguiendo los sueños freudianos de José; busqué conNoé parejitas de animales para salvarlos del diluvio y habité en la corte del ReySalomón, que era justo a más no poder. No tenía más de diez o doce años cuando decidí actuar de una vez por todaspor cuenta propia si quería salvarme del naufragio que intuía avecinarse en mi vida. Elsalvavidas estaba en los libros, pero en los de verdad, en los de tapa dura y lomoredondo que están alineados en las bibliotecas. Sólo ellos podrían sacarme delmarasmo. Pasé a la acción. Me colé furtivamente en la sala de juegos de la casa señorial,donde los Fernández de Bobadilla tenían los libros, mira por dónde. Como micuerpecillo contenía todo el miedo del mundo tomé el primer libro a mi alcance. Eraun tomo no demasiado grueso, con tres orlas recrecidas en el lomo, que camuflé bajola chaqueta para esconderlo en el dormitorio de nuestras dependencias. Aquella noche me despojaría de la ignorancia, comenzaría a leer obras serias,de las que transforman a las personas y las catapultan a los olimpos de la sabiduría.Las luces vencerían al oscurantismo. Echada en la cama recuperé, bajo mi almohada, elbotín del hurto. Parecía un libro excepcional. El título me desconcertó: Crítica de larazón pura. ¿Por qué alguien se atreve a criticar la razón? De hecho, ignoraba queexistieran razones puras y, en consecuencia, también impuras... Inmanuel Kant era suautor que, por lo que podía deducirse, era extranjero. Mucho mejor porque sabenmás. Pasé las primeras páginas lentamente. Los títulos gordos eran de la misma letraque los misales, de trazo grueso y que costaba leer. Letra gótica, vamos. De entrada aparecía un texto bajo el título Introducción, lo que juzgué muyapropiado porque me serviría de trampolín para cuando comenzara la críticapropiamente dicha. Y como quien se apresta a descubrir el sentido de un gran misterioque abre los horizontes de una nueva vida empecé a leer. La frase la leí tantas vecesque, más de cuarenta años después todavía la recuerdo. Kant quiso situar esta obra 8
  9. 9. discutiendo la posibilidad de la existencia de juicios sintéticos a priori, juicios queagregan nueva información, donde el predicado no está contenido en el sujeto, y queson de carácter universal y necesarios... La releí una y otra vez. No daba crédito. De una página en blanco hubieracomprendido lo mismo. En lugar de las puertas a la sabiduría, me hundí en el abismo.Me había equivocado de puerta. Creí abrir la que había de proyectarme hacia unanueva existencia de comprensión de los misterios del mundo y de las personas y habíaabierto la que me precipitaba a las tinieblas más oscuras. Las palabras, las frases, mehundían en la ignorancia. Me sentía prisionera entre las cuatro paredes de mitosquedad. Creí ser víctima de una maldición de clase: se nace ignorante y no hay nadaen el mundo que pueda evitarlo. Como poseía una voluntad de hierro templado no quise rendirme de buenas aprimeras. Insistí en la lectura con mayor concentración si cabe pero con resultadossimilares. Tarea vana. Era una cadena sin fin: acababa y volvía a empezar. Tuve queasegurarme que no leía con los ojos cerrados. Podía pasar siglos ante aquella frase yno avanzar ni un ápice en su comprensión. Tal circunstancia me sumió en el desconsuelo durante varios días. Me supecondenada para siempre a la tosquedad del desconocimiento, residente eterna en unmundo sombrío y apagado. Acongojada, devolví el tomo a su lugar y lo hice condesdén, sin tomar las precauciones del momento del hurto. Si de todos modos teníaasegurada la cadena perpetua de ignorancia, pasar por ladrona era un pormenorinsignificante. 5 Andaba por las paredes y el techo Por fortuna, en Los Mochuelos se habían empeñado en inculcarme la receta delpobre, la que advierte que el material de derribo del infortunio y del fracaso sirve parala lenta construcción de futuros logros y beneficios sólidos. Kant me cerró la puertapero Doña Espasa Calpe me la abriría. Si en la enciclopedia estaba todo el saber del mundo – y lo había podidocomprobar hojeándola - su lectura íntegra y exhaustivo estudio me otorgarían lasllaves de la sapiencia. Total, solo eran tres tomos y lo que es tiempo y ganas mesobraban. Trasladé el primero a mi cuarto, donde instalaría el centro de operaciones. Apartir de aquel día, mi vida se dividió entre dos partes desiguales: leer a Doña Espasa –objetivo fundamental - y todo lo demás. Primera noche, primera página. A.- Primera letra del alfabeto latino básico y de los alfabetos derivados delmismo, como el alfabeto español. 9
  10. 10. a.- Preposición universal afirmativa. Aaron.- Primer hijo de Amrón y Jocabed, de la tribu de Leví, hermano mayorde Moisés y de María. Junto a Moisés condujo a los israelitas fuera de Egipto, al tiempoque les servía de traductor, por el problema de tartamudez de su hermano. ababol.- amapola. Fig. mentecato, bobo... Quedé impresionada. En el primer minuto ya había aprendido cosasinteresantísimas. Moisés era tartamudo y en la película Charlton Heston hablaba comoun lorito. Mi abuelo tenía razón: en el cine todo era mentira: cualquier forajido moríaen una película y a la siguiente ya volvía a cabalgar sembrando cizaña por los desiertosde Arizona. Como la tarea era faraónica, opté por echar una ojeada a todo lo que meesperaba. Con el tomo en la mano, hacía girar velozmente las páginas, sujetándolasprimero y soltándolas después, con la caricia de la yema de mi pulgar. Millares depalabras y de imágenes fluían en riada durante un instante. En mi indagación descubrícon sorpresa que no todas las letras del alfabeto tenían el mismo número de palabras:La primera mitad del abecedario ocupaba prácticamente dos tomos y la segundaquedaba contenida con el tercero. Llegué a pensar que Doña Espasa se había fatigadoen exceso con las primeras letras y que en la última parte había aligerado el trabajo. Leía la enciclopedia en mi habitación hasta que mi madre, con un grito cansino,me obligaba a apagar la luz. ¡Te volverás tonta de tanto leer. Ya es medianoche y tú,con la luz encendida! Yo contestaba ¡Un minuto madre, ya la apago! pero robabaalgunos más. Después de apagar la luz, abrigaba junto a mí el tomo de Doña Espasa como unamado compañero de cama y me recreaba con la oscuridad total de un cuarto sinventanas. Movía los ojos en todas direcciones y la negrura total no variaba ni un ápice.Me entretenía en perder el sentido de la orientación y, sin moverme, me imaginaba encualquier lugar de aquel espacio, como una cieguita perdida. Llegué incluso a desafiarla ley de la gravedad y andaba por las paredes y el techo. Agarrada a mi libro, laoscuridad total me facilitaba la sensación de realidad ingrávida. 6 Nos echan, hija, fue la mejor noticia de mi vida A partir de entonces todo fue más sencillo. Volví a mis fechorías por labiblioteca de la casa de doña Eulalia. En la siguiente ocasión me olvidé del señor Kant,que tanta aflicción me había provocado con su razón pura, y me fijé en un lomo sobreel que había, dibujada, una abejita dorada. El libro -creo que te lo enseñé una vez LSD- 10
  11. 11. lo he conservado durante toda la vida como un trofeo de caza mayor. Deja que melevante porque está aquí mismo, en la estantería. ¿Ves? Es éste. Ah, perdona de nuevo, no me acostumbro... La vida de losInsectos. Me llamó la atención porque en la parte baja aparecía el nombre de misalvadora, aunque en esta ocasión figuraba simplemente como CALPE, así, enmayúsculas. Y debajo, Madrid-Barcelona MCMXX. Deja que te lea el primer párrafo,que es delicioso. Título: El escarabajo sagrado. Y dice: La construcción del nido,salvaguardia de la familia, da la más elevada expresión de las facultades instintivas. Elave, ingenioso arquitecto, nos lo enseña y el insecto, todavía más diversificado en sustalentos, nos lo repite diciéndonos: La maternidad es la soberana inspiradora delinstinto. Eso ya no era Kant. Cierto es que tuve que avanzar y regresar con frecuencia yque una sola palabra me hacía tambalear el sentido de la frase. Pero al menos pudeaferrarme a algunas referencias comprensibles y a algunas palabras de significadoconocido. Seguí la lectura pausadamente. Dejé atrás algunos agujeros negros, perorecuperaba en el siguiente párrafo el hilo perdido. Primero con balbuceos, luego conseguridad y, finalmente con destreza, avancé sin pausa ni tregua. Y ya ves, hasta hoy. Alibro por semana. Por supuesto, con los consejos sabios de nuestro buen amigo Biel.Incluso ya dispongo del Kindle de Amazon. De haberlo tú sabido me hubierassermoneado con mal humor. Desde un principio estuviste en contra de las tabletas delectura de libros. Te regalé un Ipad y con tu gracia habitual ni abriste el paquete. Lo cierto es que de muy jovencita, la lectura desaforada me sumió en una doblevida. Me convertí en una equilibrista avanzando por el alambre: a un lado el universolimitado y plano de Los Mochuelos y, al otro, la exuberancia de nuevos horizontes queme propagaron los libros hurtados. Había confirmado lo que sospechaba, que detrás de las páginas impresas habíaalgo más: mundos reales, saberes que me abrirían las puertas de una nueva vidadonde no habría encinares ni cerdos negros husmeando trufas sino vida, saber ylibertad. Mi espíritu, conducido por la ensoñación de la lectura, se alejó del páramoonírico de Los Mochuelos y de la escuela de La Serena. Del pueblo solo guardo elrecuerdo de que los paisanos se vanagloriaban de tener enterrados, bajo una losa de laiglesia, los presuntos huesos de Viriato, el pastor lusitano descrito en la enciclopedia.Me pasé media infancia preguntándome si entre los pastores de Los Mochuelos habíaalgún lusitano. Lo pregunté a mi padre y me respondió que no sabía. ¡Mi pobre padre...! El primer cajón de la cómoda de nuestra estancia estabaabarrotado de cupones de los ciegos, sin premio y caducados, que se resistía a romper.Nunca se sabe, decía. Era la necesidad de prolongar un hilillo la imposible esperanza dela suerte. Los guardaba por si acaso. Sacrificó media vida por si acaso. Y nunca huboacaso alguno. Se fue sin avisar. 11
  12. 12. Como nos fuimos de Los Mochuelos pocos meses después de la muerte deDoña Eulalia. Los sobrinos intentaron vender los terrenos sin obtener el pelotazopretendido y no dudaron en deshacerse de todo lo inservible y lo que ocasionabagastos. Como nos encontrábamos en ambas categorías, en dos minutos despidieron atres generaciones de sirvientes. La mejor noticia de mi juventud me la procuró mi padre con aire compungido.El pobre no acertaba ni una. Nos echan hija, pero no te preocupes, mi primo de LaSerena que está en Mallorca dice que puedo trabajar donde él, en unas minas de lignitode un pueblo que se llama Alará (nunca fue buen entendedor). Allí que nos vamos a ircon tu hermano. Los tres. Y en ese preciso instante, querido LSD, sin saber nada de ella me enamoré deMallorca. Por fin, la lengua de fuego del espíritu santo se había posado sobre micabeza. ¡Había sido la elegida! ¡Adiós a los Mochuelos! Corrí a mi enciclopedia que, superado el período de clandestinidad, reposabacon solemnidad sus tres tomos en el hueco de la hornacina de mi cuarto. Todavía hoyla conservo aquí, en la librería del salón, en primera fila, en asentamiento de prestigiocomo corresponde. Deja que haga la misma consulta que entonces, que hoy estoy destemplada ylos buenos recuerdos me dan un calorcillo confortable en las entrañas... Tomé así el segundo tomo, así como lo hago ahora, y busqué Mallorca.Mallorca: (Isla de España).- Situada en el Mediterráneo occidental, la isla presentacostas rectilíneas recortadas tan sólo por la bahía de Palma, al SO, y por las de Alcúdiay Pollensa, al NE... Y como se había apoderado de mí un incontenible vigor informativo me hicecon el primer tomo y busqué con ansiedad Alará. La entrada no existía, pero pordesviación fonética supuse que mi padre se refería a Alaraz, que estaba muy cerca enla enciclopedia. Alaraz: Municipio de España. Castilla y León. En la comarca del Campode Peñaranda, a los pies del monte Aguda (1.025 m); avenado por el río Gamo,afluente del Tormes... Algo fallaba. Lo comenté con mi padre. No dijo nada pero la duda lo consumióen silencio hasta que, desde el puerto de Palma, llegamos a Alaró en autocar. Así dejé Los Mochuelos, donde se derramó mi infancia, un secarral sin sentido,como nuestras vidas. No sirvió ni para ser urbanizado que, como tú sabes, ya es noservir. 7 Efectivamente, había una vida mejor... pero más cara 12
  13. 13. ¡Ay LSD! ¡Qué Nochebuena nos espera! Tengo que reconocer que tu silencio seme hace hoy especialmente espeso. Deja que me levante y estire un poco las piernasque estas varices me atormentan. Estaba en agenda de quirófano pero con todo lotuyo lo anulé. Pensé que si hace cinco años que las sufro puedo seguir un par de mesesmás... Mira como resplandece la ciudad iluminada. ¡Perdona de nuevo, hijo, pero... estan difícil hablar a una urna...! Desde mi casa tengo la mejor vista de Palma, que es unaciudad que no se puede ver ni desde muy cerca ni desde muy lejos. Mi mirador la sitúaa la justa distancia y, por lo tanto, ni decepciona ni crea nostalgia. Es un buen métodopara aplicarlo a las personas. Y también a muchos amores encendidos, que sóloresisten el deslumbramiento del primer envite y luego se desvanecen, barridos por larutina y del desinterés. La señora Helga, el otro personaje importante de mi vida, loclavaba diciendo con su acento alemán: Mallorca, querida Anita, impresiona a laprimera mirada, después, poco a poco, empieza a empeorar. Primer premio: unasemana en Mallorca. Segundo premio: dos semanas en Mallorca. Mallorca, la señora Helga y tú, LSD... el triángulo de mi vida. ¡Aquella Mallorca de la primera vista! Tenía yo dieciséis añitos. Los primerosaños en Alaró no me lucieron mucho, pero a los dieciocho, cuando mi prima meconsigue las dos casas para limpiar en Palma, se me abren las puertas de un nuevohorizonte. Me veo el primer día enfilando el Carrer del Sol, en busca del número 10,preguntando por un tal Leonardo Sans, un joven profesor de la universidad, unpenene, que buscaba una mucama dos días por semana. Tenía buenas informaciones.Su madre viuda, que convivía con él, había fallecido semanas atrás y la sirvienta, unamujer que encaraba la setentena, regresaba a Pollença para jubilarse. El tal Leonardohabía salido revolucionario y quería darle un vuelco a la casa, vivir solo y desvanecerfantasmas del pasado que tanto roían sus adentros más recónditos. Ordenado y pulcrode naturaleza, una asistenta dos días por semana le bastarían para llevar adelante suvida en solitario recién estrenada, deseada desde tiempo atrás pero nunca expresada ymucho menos lograda. Estrecho y señorial, el Carrer del Sol me impresionó por su silencio matinal.Cuando muchos años después leí a Villalonga en Mort de Dama que el barri ésvenerable, noble i silenciós, amb carrers estrets i cases amples, que semblendeshabitades. Entre les volades dels casals, el cel fa vibrar el seu blau lluminós ... mesurgió de inmediato mi primera visión del Carrer del Sol. Nunca olvidaré la impresión que me produjo la fachada del palacio de CalMarquès del Palmer y, en especial, los relieves renacentistas de las ventanas queencarnan figuras fantasiosas: un cuerpo de mujer con una faz de varón barbado,animales con cuerpos humanos, una mujer que se clava una espada... Esa gente, medije, vaya usted a saber de qué extraño pié cojea. 13
  14. 14. Me fascinó que se accediera a tu casa por un patio y una escalera anchagastada por el sol y la lluvia de siglos, con una maceta de hojas de salón cada dospeldaños que parecían subir conmigo al piso. La nobleza de mi tierra es de mucha alcurnia pero de escueto confort. Expresaun lujo frío, doloroso y rústico. En Mallorca, sin embargo, es cálida, culta y crea unentorno acogedor, fruto de muchos siglos de contribución cultural y económica. Tucasa exhalaba calidez. Ya te he contado –decías que no lo recordabas pero no te creí – que teinteresaste más por el nombre de mi pueblo que por el mío. Pero entonces yo lucíauna vehemencia ingenua, casi adolescente, que camuflaba los reveses y las espinas altiempo que enaltecía los senderos perfumados de rosas. Pero permíteme que insista en algo que es importante. Recuérdalo, LSD,porque no sé si tendré nuevas oportunidades de decírtelo cuando estés esparcido porlas laderas de Massanella. Ese día de tibieza otoñal, a los diez minutos de estar contigoen la casa, cuando me hiciste pasar por la puerta coronada con el semicírculo decristales de colores para acceder al patio de atrás, supe que no atravesaba una simplepuerta sino el umbral de una nueva vida trufada de atractivos. Lo vi tan claro como elagua. El rincón del sexto sentido que guardo en mi compleja alma de mujer mepermite sacar un fantástico provecho de todo lo que visualizo porque, una vezsazonado con la dosis de deseo pertinente, lo materializo. Ahora te lo expreso así perode pequeña bastaba con cerrar los ojos, desear algo intensamente y esperar queocurriera, como tarde o temprano sucedía. Experimenté la misma vivencia al mostrarme el trastero. Sabía que todavíacarecía de herramientas para enfrentarme a una mejor y más interesante existencia,pero cuando observé dispuestos en la pared todo una desfile de destornilladores,ordenados de menor a mayor, con su silueta pintada en el fondo me dije a mi misma:¡Anda que no voy a destornillar puertas cerradas con todo eso!. A los pocos días de trabajar en tu casa aquella joven mucama confirmó, talcomo imaginaba, que había una vida mejor que la suya aunque, por lo que pudecomprobar después, mucho más cara. Todo lo tuyo me sorprendía, me quedaba deslumbrada como cuando pierdes lamirada en el cielo oscuro y, de repente, en un segundo, lo cruza una estrella fugaz. Lacasa era una galería de objetos asombrosos para los ojos de una jovencita educada enla sórdida tosquedad de Los Mochuelos. Me llamó la atención una mantita peluda ysuave, con dibujo de piel de tigre, que tenías plegada a un lado del sofá. Parecía unafierecilla echada, dormitando. No pude dejar de acariciarla cada vez que pasaba porallí. Y tu piano. Tenías un piano de media cola que tocabas con tus propias manos ycuya melodía no sólo llenaba la casa sino que fluía al exterior, por los tejados, hacia elcielo. Jamás había visto uno de cerca y, mucho menos, posado mis dedos sobre sus 14
  15. 15. teclas. Te pregunté que qué tocabas. Me dijiste que estabas ensayando una fuga. Hijomío, tratándose de ti, no podía ser otra cosa. Y hasta un billar. Desde la sala oía el suave caramboleo de las bolas de marfilcuando te entretenías con tus amigos. Para mí los billares solo eran posibles en losbares y en el local social del Casino de La Serena, jamás en una casa. Fascinada,entraba con cualquier excusa. Y todavía hoy te veo allí, un cigarrillo en la comisura delos labios, la cabeza ladeada para evitar el humo en los ojos y untando la punta deltaco con la tiza azul mientras apenas reparabas el suave deslizar de las bolas sobre eltupido y cálido prado. Desprendías un atractivo que ni te digo, LSD. 8 Manojitos de menta y canela bajo la almohada Pasaron semanas, meses, los primeros años y yo me sentía cada día másinmersa en el universo de aquella casa que giraba en torno al astro rey: tu. Todo erademasiado intenso para una jovencita inexperta, ansiosa y lista. En dos palabras: ardíapor ti. Sin embargo, don Leonardo Sans no se apartaba ni un ápice de un trato amable,condescendiente y respetuoso. No emitías ni una puñetera señal a la que pudieraagarrarme y colgar de ella mis deseos, el platónico y el otro. Tus amigos ya era otro cantar. El Papa, Biel, Tito, Kubalita y los demás seconvirtieron en asiduos visitantes de la casa y bromeaban con juvenil grosería cuandome encontraban limpiando. A mis dieciocho años era más bien delgada pero conperfiles sinuosos y había desarrollado uno de esos pechos que miran hacia arriba conel sombrerito de copa puesto. Circulaba con soltura y garbo por las estancias de lacasa. Ahora diría que, incluso, con un punto de lolitismo tardío. A la peña se os caía lababa. Los jóvenes profesores de entonces teníais un punto de inmadurez que os dabaun toque de divertidos adolescentes con el arroz pasado. Comentabais en voz bajaalguna ordinariez sobre mí y estallabais en una risotada que camuflabais con la manoen la boca. Todavía no dominaba el catalán pero te repito que intuyo todo lo quevuela. Por supuesto, fingía no darme por enterada y os respondía con una sonrisaradiante que os dejaba vacilantes por un momento. En cualquier caso, eran buena gente que me admitió en su círculo íntimo conmás naturalidad y confianza que tú. Si, ya sé que no es lo mismo... No insistas. Deacuerdo, no es lo mismo. Era consciente de que en aquella casa perdía la cabecita pero no por ello podía-ni quería- evitarlo. Pasaba la mano por los lomos de los libros de la biblioteca porqueera una manera de pasarla por el tuyo. Planchaba tus camisas entre fantasías decaricias virtuales. Escudriñaba tus colonias y jabones para olerlos profundamente 15
  16. 16. porque así penetraba algo de ti en mi interior. Como en la copla, perfumaba mi cuerpocon manojitos de menta y canela que luego depositaba bajo tu almohada con laremota esperanza de que distinguieras la insinuante coincidencia aromática. Vamos,loquita perdida. La hora H del día D fue la tarde de un lunes. Encerando el parqué me fui alsuelo y me di entre los dedos del pie descalzo contra la arista de una columna de lasala. Me había doblado el tobillo y me sangraba un dedo. Mira por donde, miles deolivos vareados desde niña, encaramada en las ramas altas como una salvaje, y jamássufrí el menor percance. Para fastidiarme el pie tuve que acudir a tu cómoda casa delCarrer del Sol a limpiar el noble entablillado de roble viejo. El dolor fue tal que a punto estuve de desvanecerme. Como nunca hago ruido,ni cuando me accidento, no te diste cuenta hasta que, minutos después, al pasar por lasala, me encontraste postrada en el suelo. Me levantaste y al notar que peligraba miequilibrio me tomaste en brazos y me tumbaste en el sofá de cuero marrón. Allí melimpiaste la herida con agua oxigenada y un algodoncillo al tiempo que soplabas paraaliviar el dolor. Cuando dejó de sangrar me moviste cuidadosamente el pié y dedujisteque no tenía nada roto, quizás un pequeño esguince. La suavidad con que dirigías losmovimientos de mi tobillo me trastornó. Yo me sentía descompuesta por dentro, conmal cuerpo, estremecida, con la náusea del vértigo. Pusiste un dedal de vodka en unvasito minúsculo – hasta entonces no lo había probado y allí me familiaricé con él - yme lo hiciste tomar de golpe con el argumento de que me daría calor y serenaría midesasosiego. Después me envolviste en la manta atigrada y me aconsejaste quedescansara. Apenas podía contradecirte porque actuabas con la seguridad de quien se sabesu papel de memoria. En realidad no estaba dispuesta a hacerlo en lo más mínimoporque me sentía deslizar hacia un mundo confortable y cálido, una complacienteprotección jamás experimentada. Apartaste de mi rostro uno de los mechonesdesaliñados de cabello con un roce y un gesto tan tiernos que me produjeron unafatiguilla en la respiración. Yo, que no estaba dispuesta a desperdiciar ni un segundo de aquel estado dedeleite, alargaba y exageraba la forzada convalecencia hasta que, finalmente, fingíadormecerme mientras te observaba por la rajita de mis ojos entrecerrados. Con la lentitud y el silencio gatunos de quien ha dejado a su protegido dormidote alejaste hasta la puerta de la sala para regresar a tu despacho pero en el umbral tedetuviste para mirarme y así permaneciste unos instantes. Momentos para mí eternos.Sin control ni origen conocido, una legión de hormigas invisibles subieron por el centrode mi espalda y, ya en la nuca, hicieron eclosionar todos los poros, como volcancillosen erupción. Han pasado muchos años y nadie, ni tú mismo, me ha regalado unamirada de tanto cariño. Han pasado muchos años - podrán pasar muchos más – y apesar de haber andado por casi todos los caminos, jamás he vuelto a sentir aquelcóctel de sensualidad y sexualidad. Si, LSD, sensualidad y sexualidad. ¿Comprendes elsentido exacto de ambos términos o lo miras en el diccionario? 16
  17. 17. Te haré una confesión: lo que más me emocionó fue que, probablemente ajenoal cataclismo interior que sufría tu asistenta tumbada en el sofá, no tenías otrasintenciones que las del caritativo socorro al accidentado. Entonces me dije que unhombre que sabe tantas cosas y que, sin quererlo, sabe mirar así y me hace sentireso... no hay que dejarlo escapar. Tú, por supuesto, ni lo oliste. Pero no te culpo por ello. Por muy sabios queseáis, los hombres desconocéis los misterios de la sensualidad femenina. Ignoráis loscódigos eróticos y amatorios de las mujeres. No perdéis un segundo en enriquecervuestro mísero repertorio. Lo degradáis a una simple miscelánea gimnástica quetransmitís en el ADN de generación en generación: un circo con actuaciones demaquinal y frenética acrobacia de alcoba. Despreciáis, desde la ignorancia, el complejoentramado de ternura en las miradas, sutiles roces de labios y las lentas exploracionesde la geografía corporal que configuran la entrega recíproca y cadenciosa de dos seresenamorados. Ahora puedo decirte, y lo hago con cariño, que fue para mí una fuente deíntimo placer saber cosas que tú ignorabas, transitar por universos que tú desconocías.Era la revancha de la iletrada. Por supuesto jamás te hice el menor comentario porqueesa fuente de saberes secretos era alimento imprescindible para mi vida. Los días posteriores se me desgranaron con un pensamiento tan permanentecomo gaseoso. En algún lugar de mi interior había un desasosiego de algo pendiente,que había que concluir. Mi felicidad pasaba por sacarme de encima aquella cuestiónirresuelta: debías ser tú la última persona con quien hablar antes de dormirme por lasnoches y soñar. Y ya sabes, querido LSD, que cuando se me mete algo en la cabeza.... 9 Bienestar en estado puro El caso, sin embargo, es que tú ibas a tu ritmo y hubieron de caer muchas hojasdel calendario hasta que nuestros cuerpos se encontraran. Y en la presentecircunstancia, noche de confesiones, más de treinta y cinco años después, he dedecirte que guardo muy buen recuerdo de aquella primera noche contigo, pero mejorde la mañana siguiente. Las noches inaugurales del festín amatorio favorecen el insomnio de quienes lasgozan y, por tanto, los madrugones. Y he de reconocer que en esa ocasión crucialestuviste acertado. Por una vez sucumbiste a la atractiva fantasmagoría de lasrealidades sentimentales. Aunque no del todo, como te encargaste de recordar hastacasi el fin de tus días. 17
  18. 18. Yo era joven pero sabía que lo fácil es acostarse con alguien y que locomplicado es desayunar juntos, sin prisas y sonreír. Apenas amaneció, me hicistelevantar de sopetón y sin peinarnos ni lavarnos salimos a la calle. Lo recuerdo como unmomento de oro. Sentí el aire fresco en las narinas, el espíritu tranquilo, la carnecontenta y rumiaba mi felicidad como aquellos comensales que, ya después de cenaraún paladean el gusto de las trufas que ya digieren. Bienestar en estado puro. Compramos un par de las primeras ensaimadas para restaurar el cuerpo y nosmetimos en tu 4-L. En media hora, por carreteras solitarias y paisajes primitivos,llegamos hasta la playa de Es Trenc, territorio desconocido para mí. Fue impactante. Criada entre secos belloteros que silueteaban un paisajecerrado, el mar me desbordaba y chorreaba por todas partes. A primeras horas de lamañana de un octubre cálido, el último azul del mar sereno, de acero líquido, seconfundía con la primera línea del cielo. Ambos componían un único tono pálido,pastel, indefinido. La fusión de azules creaba un efecto óptico maravilloso que hacíaque Cabrera y sus islotes flotasen en un marco inconcreto en el que aparecían,también ingrávidos, algunos veleros que sondeaban pesqueras madrugadoras. Mis retinas campesinas jamás habían registrado tanto azul transparente junto.En la orilla, el sol hacía brillar el mar sobre la arena como si albergara miles de sinuosasy fosforescentes culebrillas. La secuencia cadenciosa y sorda del tímido oleajeacentuaba la quietud serena del fantástico escenario. Y detrás de todo estabas tú. No es que estuvieses – que también – sino que yote ponía aunque no hubieras estado. Muchos años después comprendí que el amor,como cualquier vestido de mujer, mejora mucho con complementos imaginativos. No te miento si te digo que ese instante también marcó mi vida. A mejorporque contigo había llegado a las crestas de la existencia que siempre había deseado.Y a peor porque, después de conseguirlo, comenzó de inmediato una lenta, casiimperceptible pero real erosión que, como todas y con los años, fue a más. Lo reconozco y lo reconoceré siempre, ante notario si es preciso: tú meproyectaste a la vida aunque, como es natural, luego la tuve que trabajar a fondo. Medescubriste el paradero secreto del trampolín que en mi medio natural jamás hubierahallado. El salto, naturalmente, lo di solita. Tú fuiste mi oportunidad y los de casapobre estamos adiestrados para exprimir la última gota de la menor ocasión y, porsupuesto, sabemos ser agradecidos. En los años del Carrer del Sol coincidieron, como en una rara conjunciónplanetaria, la eclosión de mi juventud, el escenario ideal donde manifestarse y laspersonas más apropiadas. Resultó ser la circunstancia climática ideal para mitransformación. El mundo se fabricó así. La explosión de un planeta a millones de añosluz salpica la Tierra con una casual mezcla de ácidos que crea una ameba unicelular ycon el tiempo, con mucho tiempo, eso sí, tienes a Isabel Pantoja y a Paquirríndiscutiendo acaloradamente por el menú de su boda con la supuesta modelo JessicaBueno. 18
  19. 19. 10 Muy listos pero... ¿Cuándo volverán de Ganímedes? Tú, LSD, eres caso aparte, pero tus amigos fueron mi gasolina. Y para acabarlode redondear sin falsas modestias, yo también lo fui para ellos. Lo sigo siendo. Recuerda que no me senté en vuestra mesa hasta que llevamos meses,muchos, quizás años, de relación. Tú, puñetero, en un principio te aferrabas a la dudade si se trataba de un par de polvos pasajeros con una jovencita extremeña buenorra yapasionada. Luego disimulabas nuestro acoplamiento en lo que podías mientras yoreventaba por no poder pregonarlo a los cuatro vientos. Y finalmente, cuando yo ya terebasaba por todas partes, siempre tenías alguna estrategia para aminorar el impactoy los daños propios. No comprendías que si alguien te quiere como yo te quería hayque cerrar los ojos y lanzarse por el tobogán con los brazos en alto, sin agarrarse. Durante muchos meses os observé con curiosidad y os escuché con atención.Os admiraba y al tiempo me provocabais ternura. Erais muy listos para unas cosas yvivíais en Ganímedes para otras. El Carrer del Sol, como denominaba la pandilla a tu casa, fue la sede delprobablemente primer grupúsculo independentista de Baleares. Y no te añado elhabitual calificativo de organizado porque allí reinaba la improvisación y el caos comométodo. En aquel año de la muerte de Franco, trajinabais los Països Catalans mil vecesarriba y abajo en vuestro interminable debate cotidiano. Yo, dándole a la mopa ymirándoos de reojo, me preguntaba por lo del plural. Podía llegar a entender lo delPaís Catalán pero... ¿dónde estaban los demás? Os intuía raritos. Después pude confirmar que lo erais. En aquellos añosefervescentes lo propio entre la juventud urbana, contestataria y radical era la luchacontra el capitalismo, contra la explotación obrera, contra la dictadura y sus secuaces,incluidos los colaboracionistas del sistema. Por todas partes brotaban emergentesanarquistas revolucionarios, maoístas, troskystas, gente de Bandera Roja, para quieneslos socialistas o los comunistas eran unos revisionistas hijos de puta. Pero a vosotros osdio por los Països Catalans independientes... Mira que era curioso... Mi corta cultura, unida a vuestra desenvoltura política, me sumía en un bosquede interrogantes. Vuestras conversaciones, trufadas de palabras que no entendía, meafligían. Os oía hablar del Estado y yo me preguntaba del estado de qué... del estadode cosas, del estado de emergencia, del de buena esperanza... Luego supe que elEstado era el español, o más bien Madrid. Reconozco que tuve una aproximacióninicial al independentismo algo truculenta. Eso seguro que va de payasos maricones, 19
  20. 20. me decía a mí misma, puesto que repetíais como loritos que el famoso Estado, se’n riude noltros y que mos dona pes cul. Os oía hablar de todo, de España, del mundo, de Mallorca, de su gente. Citabaisa políticos, periodistas, escritores, pintores, empresarios.... y los tratabais con lasoltura con la que yo hablaba de mi prima hermana. Hablabais fundamentalmente depolítica y montabais complejos argumentos con la destreza y la indolencia que losniños montan su exin castillos. Y yo me preguntaba: ¡Dios mío, cómo pueden sabertanto!. Los berenars sabatinos constituían un peculiar Consejo de ministros. Meencantaba oírlos. En un santiamén montabais la más incontestable y exhaustivainterpretación de cómo acabar con el expolio fiscal en la balanza de pagos o losimpagables beneficios de la independencia para el pueblo balear. Ya entonces intuíaque no pillabais ni una. Y pensaba ¿y estos cuándo descenderán al planeta Tierra? ¿Porqué no van al mercado, conversan con la gente y se enteran? ¿No hablan nunca delBetis… de lo que habla todo el mundo...? ¿A quién quieren convencer con eso de laindependencia? No hay que ser Agustina de Aragón para merendárselos en unmomento. Mientras yo limpiaba, os preparabais tortillas de queso que, por lo visto, lohabíais descubierto en un restaurante de Perpiñán, cuando lo de la gira de cine porno.Me fascinó. ¡Tortilla de queso! ¡Cine porno! Sin ser conscientes, me abríais de par enpar la extensa y compleja diversidad del mundo mientras yo me ganaba la vidalustrando los cristales con papel de periódico, que es lo que mejor funciona y lo másbarato. 11 Spectra, contra los filocatos independentistas Años después, cuando ya formaba parte de la mesa y hablaba con ciertapropiedad, incluso en catalán, me di cuenta de que, efectivamente, os pasabais derevoluciones. Os encontrabais solos y concluíais que todos los demás se habíanperdido. Practicabais el verdadero arte de la interpretación política basado en laconspiración permanente en vuestra contra. La oscura y diabólica Spectra contra loschicos del Carrer del Sol, tramando sofisticados y tenebrosos planes para exterminar alindependentismo balear en general y a vosotros en particular. ¿Para qué aceptar unaexplicación sencilla de los hechos si, prácticamente sin esfuerzo, podemos construirotra que bordea la paranoia? La mesa de los filocatos, como os llamé por vuestras diversas licencias ydoctorados en filología catalana, era potente. De entrada, el Papa, un personaje algoputero a tenor de las hazañas burdelescas que contaba. En realidad se llamaba JoanViñaters (sonaba a Juan XXIII, de ahí el mote) y hacía todo lo posible por convertir la ñ 20
  21. 21. de su apellido en ny. Rarito él. Un día, por distracción, entré en el baño y lo pillésentado de cuclillas en la taza del wáter sin que se cortara un pelo. Aprovechó paradarme una lección sobre las bonanzas intestinales de su postura argumentando que sela había recomendado un relevante galeno de Sa Pobla. Yo te contaba esas cosas para reír y tú, LSD, te me escapabas en enigmáticossilencios. Me hubiera gustado bromear contigo sobre las costumbres de tu amigo a lahora de aliviarse, pero te limitabas a responder con la gélida sonrisa de la Gioconda.Probablemente lo hacías porque el Papa era tu brazo ejecutor. Tú ideabas y élrealizaba. Lo que se dice un hombre de acción y sin remilgos. En su haber figura laorganización de la bronca anual, cada 31 de diciembre, contra la presencia de losmilitares en la Festa de l’Estandart en la plaza de Cort; o la creación de los Maulets, elrecambio generacional para garantizar la lucha por la independencia por los siglos delos siglos; o las campañas electorales del PIIB, con matrícula de honor en creatividad ysuspenso en credibilidad a tenor de los resultados. El Papa, que hoy lloraba abatido como un niño perdido, siempre se las ha dadode radical cultural y gendarme lingüístico. Te recuerdo una de sus secuencias clásicas:pide como aperitivo un garrot amb xifon y, ante la incomprensión de la camareraargentina de turno, es él quien le sirve en bandeja un sorprendente soliloquio sobre elgarrot, el palo, el catalán, el país, la independencia, el espolio fiscal y el robo en labalanza de pagos... La chica, que lo mira anonadada, pone cara de pensar: ¡Ché, peroqué loco me cayó en suerte! He tenido la poco honorable oportunidad de asistir comopúblico a media docena de representaciones de la pieza papal. Y siempre me preguntési se hubiera atrevido a hacer lo mismo en el caso de que el camarero hubiera sido unhombre con cara de malas pulgas. Siempre se lo hizo a mujeres... Y se lo he dicho: esun cobarde y un acomplejado. Un fuerte con los débiles. Todo cariñosamente, yasabes, LSD, como hago yo las cosas... ¿Y qué me dices de Tito? El falso duro. Y no es sevillano. El Dashiel Hammet delindependentismo mallorquín. Lucía unos cabellos tan largos como grasientos ysiempre que paseaba una copa de hierbas secas en la mano era partidario de laviolencia como camino indispensable para los objetivos independentistas. Fue aBarcelona a contactar grupúsculos de esta divisa pero volvió con el canguelo colgando:le habían querido dar una pistola para cometer una ejecución. Nunca más volvió ahablar del tema. La vía democrática le pareció más legítima y, sobre todo, menosarriesgada. A quien yo más le debo – después de a ti, claro, no te me vayas a revolver en laurna – es a Biel. Fue un personaje clave en mi formación, me preparó un plan delectura y me introdujo en la Universidad. Un día me confesó lo que todos callabais: queera licenciado en Literatura Española. ¡Anatema! Por lo visto también tuvo su caminode Damasco, olvidó errores del pasado y se convirtió al cristianismo.... Biel amuebló sutilmente mi diáfana geografía de lecturas, de las que tantoaprendí. Empezó por los norteamericanos. Fáciles, entretenidos y seductores.Steinbeck, Dos Passos, Hemingway, Scott Fitgerald, Tennesee Williams, Virginia Wolf,Henry Miller. Luego los latinoamericanos, cercanos y mágicos: Borges, Bioy Casares, 21
  22. 22. Vargas LLosa, Sábato, García Márquez, Cortázar. Los grandes europeos: Voltaire,Byron, Víctor Hugo, Zola, Balzac, Flaubert, Sthendal, Dostoievski; los máscontemporáneos: Camus, Sastre, Simone de Beauvoir, Kafka, James Joyce, Pessoa,Marguerite Duras, Yourcenar, Agatha Christie. Los españoles, Ramón J. Sender,Unamuno, Pío Baroja, Josep Pla, Cela, Vázquez Montalbán. sobre todo las españolas,Carmen Martín Gaite, María Zambrano, Rosa Chacel, Josefina Aldecoa, CarmenLaforet. Los poetas comprometidos: Alberti, Machado, Neruda, Lorca... Biel era, es – perdona pero tu especial circunstancia me confunde los tiemposverbales- un tipo culto y buen pedagogo. Todavía hoy me río cuando recuerdo sucrítica a los muchos poetas españoles del siglo XIX absolutamente impresentables ycitaba a Menéndez Pelayo: ¿Qué decir de un poeta que se imagina convertido enpalomo, y a su amada en paloma, “cubriendo a la par los albos huevos”? Tu amigo, el mío, me hizo desarrollar sistemáticamente el virus por la lectura. Ydesde entonces, una semana sin libro me aparece incompleta y me culpo por haberechado a perder una ocasión preciosa. La mochila cultural que Biel me preparó fuecrucial, el embrión de mi formación. El más simpático y rompedor de la cuadrilla era Kubalita, un rubito de pelorizado que evocaba ligeramente un parecido a la gloria húngara del Barça y porque,por lo visto, desplegaba ciertas habilidades futbolística. Participaba en vuestro negociopero nunca pudo evitar su mirada crítica y un punto cínica. Siempre se encargaba deverter una dosis de amarga realidad en la burbujeante copa de vuestrasreivindicaciones independentistas. 12 ¿Tan difícil es decir te quiero? Por puro mimetismo amoroso proyecté hacia tus amigos la profundaadmiración que sentía hacia ti. Como es natural, no apreciaba en los filocatos suheroicidad y cacareado compromiso con la bandera de la independencia del país sinosus tiernas debilidades y sus manifiestas dependencias emocionales. Uno a uno me confesaron que jamás habían pronunciado un te quiero aquienes querían, circunstancia en la que, naturalmente, te incluyo porque te has idosin que haya brotado de tus labios, al menos en mi presencia, un te quiero. Con eltiempo habíais adquirido una habilidad de joyero de filigrana para camuflar vuestrocorazón detrás de la muralla política del PIIB. Vuestras nobles pasiones se alimentabanen exclusiva de estas siglas, todo lo demás era sensiblería vergonzante,sentimentalismo barato, basurilla que había que barrer y depositarla en los vertederosmás inexplorados de la conciencia. La realidad, sin embargo, os situaba deambulando,perdidos, en el desierto del desamor y, como tú sabes o mejor dicho sabías, la peortragedia del perdido es ignorar que lo está. 22
  23. 23. Sus flaquezas sentimentales me los convertían en seres entrañables a quieneshabía que proteger. Reconozco, desde el cariño que les guardo, que me divertíaatrayéndolos a mi campo y, como las lagartijas, se escondían cuando me acercaba. Y tuTito... ¿qué le dices a tu novia cuando le besas el cuello? Porque seguro que en laoscuridad le besas el cuello y le musitas palabras de amor. Sí, hombre, como las de NatKing Cole, para que me entiendas.... La respuesta siempre era una frase ruborizada yhuidiza en torno a la palabra pardalada. Ni siquiera mostraban el habitual descaro dela grosería masculina para soslayar las situaciones de aprieto en este tipo de tesituras.Nunca quisieron aprender que en el amor la locura es lo más sensato. Pobrecitos, una extremeña ignorante y sin estudios tenía tomadas las medidasa casi media docena de cruzados de la propagación de la fe lingüística con solohablarles de lo que habla la gente normal. Cuatro poderosos popes del edificio RamonLlull de la UIB, pillados en un renuncio cuando los ubicaba con naturalidad entre lasrecurrentes geografías del amor, del deseo, de la ternura y del sexo. Vamos, de lo quemueve el mundo, donde en principio, y desde luego sólo en principio, deberíais estarincluidos. Bueno, tú ahora no tanto, LSD... A tenor de los resultados, mi pequeño divertimento, que a decir verdadpretendía un pequeño avance pedagógico en la educación sentimental de esos santosvarones, no fue nada brillante. Al menos en apariencia, ninguno de los salvavidas quelancé llegó jamás a los náufragos. Tú, al menos, te pudiste hacer con uno de esosflotadores, pero nunca quisiste reconocerlo y mucho menos exhibirlo. Pero mebastaba con saber que lo tenías y, que llegado el caso, podrías usarlo. Esa era mi nadabaladí aportación a la causa. Como la de la entregada compañera Emiliana que, en lacanción de Carlos Puebla, cada mañana, cumplidora y jovial, cuela el café paradespabilar a los jefes guerrilleros de la revolución cubana, que no pueden amodorrarseen la agotadora tarea de liberar el país de la opresión. No sé lo que pensarás ahora – es un decir, claro - pero visto lo ocurrido, me daque el café de Emiliana alcanzó mayor rendimiento que mi salvavidas. ¡Ay Leo, cuántos recuerdos de toda una vida contigo...! Aunque decir a tu ladosería más correcto, desde luego. ¿De qué te ha servido tanta prevención? Juntos de verdad hubiéramos sidoimbatibles. Con soltar un pelo tu rigidez emocional hubiéramos proyectado a la nochenuestros fuegos artificiales con un resplandor más intenso que el de las estrellas. ¿Note fiabas de mí? ¿Qué miedo arrastrabas? Alguna araña maligna, la del miedo, la de lavergüenza o quizás la de la soledad tejió en silencio sobre tu corazón, lo cubrió con sutela y lo perjudicó para siempre. Tuve que enterarme por terceros que tenías un hijode concepción casual del que nunca quisiste saber. Me preguntaba cómo podías llevarese drama en tu ánimo sin resolverlo. Te has ido además con la muesca en el corazón del conflicto de por vida con tuhermana por un simple desacuerdo con una finca heredada de tu padre. Todo ungalimatías legal presuntamente montado en tu contra del que alguna vez me hablaste 23
  24. 24. sin que llegara a comprender el detalle de su origen aunque sí advertí los efectosdevastadores sobre tu ánimo. Te viste envuelto en toda una carrera de disputas y desencuentros irreversiblescon compañeros del PIIB, con profesores del Claustro, con colegas y conocidos deaños... El relato de tu vida estaba salpicado de conspiraciones, traiciones ydesengaños. Y un curriculum de tal calibre es difícilmente soportable para un serhumano que no se llame Corleone y tú, Leo, te apellidabas Sans i Desbrull. Quienes tetuvimos cerca sabíamos de tu inteligencia, tu cultura, tu generosidad y hasta de tusecreta sensibilidad. No eras un tipo duro ni indiferente al dolor del corazón. No erasun desalmado con cerebro de corcho. Simplemente tu arquitectura humana estabadotada de una inexplicable válvula de bloqueo en tu comportamiento. A otros les dapor reaccionar a puñetazo limpio y a ti, por la parálisis emocional. En tu vida, LSD, te limitaste a encajar golpes en silencio y a acumular loshematomas en el alma. Si te hacen una ecografía seguro sale todo negro. Dios sabeque te he dedicado lo mejor de mi vida con el íntimo propósito de averiguar el origendesconocido de tu desazón. Juntos avanzamos mucho pero no lo suficiente. En lascavernas más profundas del ser humano se crían demonios indestructibles de quienesse desconoce padre y madre. Quizás si te hubieras atrevido a decir te quiero... Cambiemos de tema, LSD, que por aquí ya sabemos que no se llega a ningunaparte. 13 Independentistas sexodependientes Desde el principio te hablé de mi frustración vital: los saberes. Con voluntad sesuperan las dificultades para hacerte con ellos, pero la formación académica esindispensable para sacarles provecho. Y, como siempre, en tono indolente y sin dar lamenor importancia, lanzaste otra sentencia que marcó mi vida. Inscríbete en laspruebas de acceso a la Universidad para mayores de veinticinco años. Te faltan menosde dos. Costó hacerme a la idea de que la de Los Mochuelos, aunque a edad tardía,podría cursar estudios universitarios y hacerse con una licenciatura. Biel se encargó demi preparación. Dedicó tres tardes por semana durante dos cursos para instruirme enlas pruebas. Aunque viviera mil vidas de mil años cada una no tendría tiempo deagradecérselo. Fue un amor. Y también los demás, que se comprometieron a enseñar asu extremeña adoptada... Los quise por lo que me ayudaron, pero además queriendo atus amigos también te quería más a ti porque ellos, para mí, eran parte de ti. ¡Para queme entiendas! 24
  25. 25. La energía que destilé durante esos dos años hubiera bastado para mandar elApolo 18 a la Luna sin novedad. A primera hora de la mañana empezaba en casa de laseñora Helga, tres horitas de limpieza y orden. A mediodía, dos veces por semana, miprima me organizó reuniones de señoras que ahora las denominaríamos como tupper-sex y que me reportaban suculentas pesetillas. Por la tarde, Carrer del Sol: formación ymás limpieza. Y en horas nocturnas, el Bayerische Arenal, especialidad dirty wrestling,que es la manera fina de decir lucha femenina en barro. Cuando te lo conté, laGioconda te invadió el rostro, que se te congeló durante un par de días. Un par a lamallorquina. Mi prima, que es de las que sabe barrer para los suyos, me propuso igualmenteuna actuación en un restaurante libanés los fines de semana: bailarina de la danza dela cimitarra, que no era otra cosa que la danza del vientre pero con la curvatura delespadón equilibrándose en lo alto de la cabeza. La prueba me salió perfecta peroeligieron a otra joven que exhibía una leve y temblorosa adiposidad en la baja cinturaque, por lo visto es muy apreciada por el público especializado. Descartaron mi vientreplano. En Palma acababa de abrirse, muy camuflado, el primer sex-shop. Despertabagran curiosidad pero pocos se atrevían a cruzar la puerta. Así que el avezadoempresario organizó un discreto circuito de venta a domicilio. Yo solo ejercía deayudante de mi prima Isabel, que convocaba la reunión con ociosas señoras quefingían escandalizarse de los productos cuando lo que les ocurría era que en cadacentímetro cuadrado de su piel se acumulaban infinidad de deseos frustrados, unosmás sexuales que otros, pero todos igualmente insatisfechos. Isabel pidió que la acompañara porque mi gracejo y mis chistes, decía,desinhibía a las clientas y la soltura facilita las ventas. Me ofreció el diez por ciento desu treinta por ciento. No llego a acordarme del precio del Joao, pero pagaban conbilletes verdes de los de entonces. Si, LSD, no te hagas el pringao, te lo he contadovarias veces. La presentación del Joao constituía el cénit de la reunión femenina: era elconsolador de mayor tamaño, negro, en forma de pene africano: gruesas venassalientes en su contorno para dar mayor realidad, y rotación circular, que no es nadareal pero, por lo visto, tiene su utilidad. Se servía en versión simple deautoestimulación o incorporado a una braguita de cuero negro para posibilitar lapenetración a la pareja en un simulacro de coito, o lo que fuera... La lencería también tenía una insospechada salida. Me imagino qué hubierapasado si alguna vez me presento ante ti con corpiños de blonda roja que conviertenlos pechos en globos aerostáticos con falsos pezones erectos y medias negras decostura sujetas al corsé con tiritas perladas. El río del sexo, como sabes, siempre ocultarecónditos meandros inexplorados... Como las vaselinas no tenían demasiada demanda por ser productos muy amano de las señoras tuve que fabricar mi propio relato para propiciar las ventas. Mimostruario de lubricantes era de última generación: no altera el ph vaginal, no irrita,no mancha ni abre los poros de los profilácticos… Mis clientas se interesaban entresonrisas por las vaselinas de gustos y perfumes variados, que yo sugería fuesen 25
  26. 26. empleadas en la lubricación integral del cuerpo, muy aconsejable en los preludioseróticos para emerger y potenciar las ganas de guerra de la pareja, que no siempreafloran y menos desde el primer momento. Acababa mi discursillo de charlatana deferia con la afirmación científica, absolutamente comprobada por varias universidadesnorteamericanas, del empleo del lubricante para la masturbación masculina porquecinco pajillas a la semana es la mejor medicina para conservar el tejido noble de lapróstata de vuestras parejas y evitarle el cáncer. El razonamiento conectaba algúncircuito de la sesera de mis clientas porque ninguna se iba sin su lubricante. Agotabalas existencias. ¡Pobre marido!, pensaba yo en mis adentros. Cuando os contaba estos episodios sobre mis habilidades comerciales tú telimitabas a escuchar con aparente frialdad pero tus amigos me avasallabanexigiéndome todo tipo de detalles de la reunión, cuanto más escabrosos mejor, claro.Oye, Anita ¿Y las clientas seguro que no iban sin bragas? ¿Las notabas húmedas? Misexplicaciones les ponían, los muy depravados. Independentistas sexodependientes. 14 ¡Cómo quiere usted que yo me deje ganar! De nuevo el azar provocó un importante giro en mi vida, que surgió delencuentro con la señora Helga. Era una mujer mayor, misteriosa y observadora.Alemana. Muchos conocidos y pocos amigos. No tenía pasado y jamás insinuó lamenor pista de su vida privada. Puro granito. Simplemente gerenciaba, con el estilofrío de las altas finanzas, tres establecimientos nocturnos del Arenal en los que la luchafemenina en barro era la principal atracción. Era una novedad única en Mallorca queimportó de un viaje a los Estados Unidos y que le reportaba beneficios descomunales. Yo procuraba limpiar a conciencia su casa, que no era otra que esa en la quevivo ahora y te mantengo entretenido con cháchara nocturna en el primer día de tunueva existencia. ¿Existencia, LSD...? ¡Qué sé yo...! Me encontraba, como siempre, encaramada a una escalera lustrando conánimo y vigor los cristales altos de estos inmensos ventanales mientras presentía queella, desde su mesa del despacho, observaba ensimismada mis movimientos atléticos,casi circenses, de funambulista. Ana María, quiere usted venir y sentarse a mi lado, porfavor. Como genuina alemana no se andaba con rodeos, iba directamente al grano. Laluchadora de aquella noche había tenido un percance y, por un rosario decircunstancias negativas, peligraba la velada luchadora del Bayerische Arenal. Meofrecía cinco mil pesetas si me prestaba a substituirla. En realidad, me explicó, nohabía pelea, era una simple broma teatral, una lucha ficticia que provocaba, a losteutones allí congregados, el consumo de todo tipo de brebajes sin límite ni reparo y aprecios europeos. No me harían ningún daño. Mi contrincante estaría alertada y yo melimitaría a fingir que me ganaba y me revolcaba por el barro. Una ducha caliente y lapaga al contado me dejarían como nueva. Yo, por usted, lo que haga falta, señora 26
  27. 27. Helga. Por ella y por los mil duros que me ofrecía por aquella sola noche, algo que yono ganaba en una semana de muchas horas. A principios de octubre la Playa de Palma está a rebosar de pandillas dealemanes, jóvenes y veteranos, con ganas de gresca y alcohol. En su inmensa mayoríason socios de clubes de bowling que, con las cuotas aportadas durante todo el año, sefinancian una semana de desenfreno en Mallorca. Llegué al establecimiento con el Audi de la señora Helga. A las once de la nocheel recinto estaba abarrotado por grupos de hombretones, algunos vestidos detiroleses, que mal entonaban serenatas de su tierra entre risotadas y jarras de cervezaespumosa. Entramos por la puerta de atrás. En una pequeña dependencia, entrecolumnas de bombonas de bebida y sillas de plástico, me calcé el bikini dorado que meproporcionó mi protectora y un albornoz de seda roja con extraños motivos orientalesbordados en la espalda. Ella me ofreció un pitillo para calmar mi presunta ansiedad. Lorechacé pero desde aquella noche cálida otoñal hasta hoy no he dejado de fumar unsolo día. Algo tenía que costarme la broma. En la vida no hay nada gratis. Ya te lo he contado cientos de veces, LSD. Y me has oído contarlo otroscentenares de veces a otros interlocutores, pero lo repetiré de nuevo porque sé que estu relato favorito y hoy, naturalmente, no te lo voy a negar. Lejos de achicarme, aquella atmósfera de humo y griterío me provocaba unaactitud desafiante y firme, casi chulesca. Debió ponerse en marcha algún gendefensivo, íntimo y lejano, probablemente adquirido en los difíciles años desupervivencia en Los Mochuelos. Vamos, era un Rocky Balboa en versión mujercitaextremeña. Quedé decepcionada por el lugar del combate: no era el peliculerocuadrilátero de lona iluminado por haces de luz cenital sino una minúscula piscina deno más de tres metros de lado, cubierta de una tela plástica amarilla que apenascontenía medio palmo de un lodo cenagoso y claro. Paradójicamente, el alborotadoambiente exterior sosegaba mi espíritu. No tenía ni idea de cómo debía comportarmeen tan extrañas circunstancias. Era yo el objetivo protagonista del cañón de luz y apesar de ello raras veces me he sentido tan relajada. Gozaba de la serenidad de quiensabe su destino y lo asume con determinación y calma. Algo así como los cristianos enel coliseo romano, antes de soltarles las fieras. Mi contrincante, como era de esperar, me sacaba dos palmos. Tanto de altocomo de ancho, se entiende. Trató de sonreírme pero yo me mostré seria y altiva.Alma extremeña. Finalizados los preparativos, sonó la campanilla. La última vez que afronté un aprieto similar fue en Los Mochuelos, cuando elhijo del mayoral, de formas potentes y primitivas, zurró a mi hermano pequeño en unclaro episodio de abuso. Ante tan manifiesto ataque a la justicia me adjudiqué laresponsabilidad del escarmiento para restablecerla. Frente a frente, el agresor se lanzócontra mí como un camión de carga cuesta abajo y sin frenos. Yo no acumulabademasiados saberes pero iba sobrada de agilidad. Pegué un salto, giré en el vacío y, sinsaber de dónde le había caído, me tenía colgada a su chepa, estrujándolo con mi brazopor el cuello. Por mucho que lo intente, nadie se pueda zafar de mí cuando, como una 27
  28. 28. ladilla, me agarro a su espalda con brazos y piernas. La falta de oxígeno enrojecía surostro. Aproveché la circunstancia para morderle con fuerza en el pescuezo,provocando a mi adversario una sensación de caos sistémico: ahogo y dolor intenso enel cogote. Se desplomó y allí quedó. Tomé a mi hermano por la mano y nosmarchamos. A este ya se le han pasado las ganas de volver a darte, le dije. En el Bayerische Arenal me limité a repetir la operación. Salto elevado, giro enel aire y a la joroba. Todo lo demás fue un calco de mi última reyerta. De algo sirve laexperiencia. Mi contrincante alemana se resistió mucho menos y al medio minuto yadaba vueltas, inerte, por el barro, con cara de pánico y sin comprender nada. El públicoaplaudía a manos batientes porque al fin había presenciado un auténtico combate quedejaba en ridículo los melifluos apaños a que estaban acostumbrados. Quedaronfrustrados, eso sí, por la ausencia de los pechos de las combatientes que siempreacababan balanceándose desnudos en el aire. Entre groseros vítores me proclamaroncampeona. Rechacé todas las invitaciones de mi público entregado y me dirigí, conapenas unas manchitas de barro sobre el bikini, al cuartucho de donde había salido.Allí me esperaba la señora Helga que echaba los dientes. Me riñó corto pero conseveridad, expresándose con violencia contenida. Reprochó mi comportamientoirresponsable y no cumplir mi parte del contrato. Mañana hablaríamos en casa. ¡Perocómo quiere usted que yo me deje ganar, señora Helga! fueron mis últimas palabrasantes de que se fuera dando un portazo. A las nueve de la mañana del día siguiente, apenas puse el pie en su casa,repitió la frase pronunciada veinticuatro horas antes. Ana María, quiere usted venir ysentarse a mi lado, por favor. Me pidió que aquella noche volviera al Bayerische. Elespectáculo había sido un éxito y la turba reclamaba repetición de la jugada. Repetívarias noches por semana hasta final de temporada. Después de esta experiencia fui yo quien se dirigió a la señora Helga. En LaSerena la gente no iba a las peleas de gallos solo por ver sangre sino por las apuestas.Me parecía evidente: el coctel de sangre y dinero pone a la envilecida concurrencia.Organizamos todo un plan de apuestas para la reapertura en primavera. Fue un éxito.Las cajas aumentaron casi un cincuenta por ciento. Mi nueva ocupación laboral coincidió con el trajín de los estudios para elinminente ingreso en la universidad. En los años posteriores, nunca le dije a miempresaria que me acostaba a las tres de la mañana y me levantaba a las ocho paraestudiar Dirección de Empresas que me saqué en tres años. Por la mañana Universidady por la noche lucha en barro. Era una belle de nuit que sacaba beneficios de ambasactividades. Mientras ella me suponía descansando, yo seguía en lucha pero contraasignaturas como la Gestión y Optimización de Recursos de las áreas funcionales de laempresa o la Interpretación de los estados contables. Reviví mi infancia en LosMochuelos con la substitución de Doña Espasa Calpe por los tratados de Finanzas yControl de gestión. Saber, instruirme, me excitaba. Constaté que la búsqueda deconocimiento produce placer, objeto último de cualquier perversión que se precie detal. 28
  29. 29. Cuando le mostré el diploma, mi patrona no podía creerlo. La mucama se habíailustrado sin llamar la atención, por eso sorprendía. Ya cansada por los años y por lasvueltas que había dado su cuentakilómetros, me ofreció la mitad del negocio y lagerencia de los tres locales de El Arenal. Ella se retiraba a su ciudad pareciendoatender las advertencias de Robert Graves a Gertrude Stein: después de tanto tiempoen Mallorca ya no podía soportar el paraíso. Viajé a Hamburgo con mucha frecuencia para despachar con mi socia. Aprendíel envarado alemán que hablo. Compramos dos locales más allí. Si los alemanes novienen al Bayerische Arenal en invierno, lo llevaremos a Alemania. La señora Helga me dejó poco después. Se la llevó una metástasis. Me atribuyoel duelo porque fui el único puntal de sus últimos y solitarios años. En los negocios y enla amistad, la confianza y la lealtad valen oro. Y hablando de dejar me dejó igualmente,ante fe notarial, todos los negocios y este su piso, ahora el mío, donde vivo tranquila.Como tú sabes, tengo problemas pero resuelvo la mayoría porque ahora me trata ungran psicoanalista: mi cuenta corriente. De todos modos, y creo que te ho hedemostrado, Leo, me siento orgullosa de conservar en mi alma la huella callosa de lasmanos de mi padre. 15 Revolucionarios de familia bien Y ahora tú, LSD, vas y también me dejas. Ahora, cuando más sé y más poseo, notengo con quien compartirlo... Creo que por esta noche vamos a dejarlo. Este psicodrama me agota. Ni tú eresMario ni yo soy Carmen Sotillos ni tenemos a Delibes que lo cuente. Encenderé elúltimo pitillo... La vida ha acabado por darme de todo, pero nada como los felices años delCarrer del Sol. Tú y yo, compartiendo vicisitudes con toda la tropa, con más quimerasque sustancia. Pero como deberías saber, los buenos tiempos no son buenos porque loson sino porque hacemos que lo sean. Como también los malos, por cierto. Tras las cristaleras, en la sala, pasé tantas horas leyendo... Temprano, te dejabadormido en la cama y todavía alcanzaba a ver el gato atigrado que caminaba conparsimonia por el tejado de enfrente y abombaba su espalda buscando los rayospálidos del primer sol. En la barandilla del balcón de ese mismo casal deshabitado seposaban palomas con sus alas blancas y sus patitas rosa. Las palomas y las tórtolaseran para mí algo que se cazaba y se ponía en el puchero. En tu casa componían undelicado y elegante escenario urbano. Contigo aprendí a ver el mundo con nuevosojos. 29
  30. 30. En esta misma sala, circunvalada de sofás y butacas, deben haber ardidoplantaciones enteras de tabaco durante largos años de reuniones de la cuadrilla y delos invitados ocasionales. Ese era el atractivo de la casa: el runrún de lasconversaciones y el calor humano que algunas veces se excedía en exuberanciasodoríferas que era preciso aliviar de inmediato con la apertura de las vidrieras y, al díasiguiente, con todo tipo de pulverizadores. ¡Sinvergüenzas! Me torturasteis con un rígido y estricto meritoriaje antes detener acceso a la participación en el ágora de la sala, condición que me gané a pulso.Yo me preparaba en silencio. Fingía sacar distraídamente polvo de las estanterías perocon mi oído fino de gacela, escuché, asombrada, retahílas de extravagancias queemanaban de la boquita de los sabios salomones. No salía del asombro cotidiano. La idea que se hace de los revolucionarios unamuchachita ignorante que sale de Los Mochuelos es que son gente campesina sin otrofuturo que la lucha por un plato de comida, obreros que se revuelven contra la botaopresiva de los patronos que los mantiene en la miseria y, de pronto, me encuentro,que los antifranquistas del Carrer del Sol son gente de carrera, de familia bien, queheredarán propiedades y que lo de ganarse la vida no es más que una rutina que no lesprovoca la menor inquietud. Y para mayor sorpresa resulta que el objetivo de su luchaes la independencia de los Països Catalans porque sin ella no hay futuro posible... Reconocerás que no fue fácil para mí. Años después, cuando ya habíaadquirido la patina del conocimiento y de la comprensión de los procesos históricos yculturales, os planteaba todavía interrogantes muy ajenos a vuestro mundo. El origensocial, querido, marca como los hierros candentes de las divisas ganaderas. Lo lucimosescrito en la frente. Asimilé que habíais nacido medianamente ricos, sin preocupaciónalguna por lo económico porque cuando comentábamos los argumentos de unapelícula yo era la única que se preguntaba ¿Y el prota y su amiga de qué vivían, dedónde sacaban la pasta para viajar y vivir a ese tren? Aún hoy estoy convencida de quemuchos guiones fallan en ese detalle. Toda la panda erais muy listos y fantásticos profesores universitarios pero eltiempo me ha hecho descubrir que vivíais en los tiempos y en los ritmos de lasrondalles. Aún hoy, si no hubiera sido por mí, irías vestido como tu padre, conpantalones por encima del ombligo y rebeca de lana gruesa. Tanto progreso, tantasoberanía y tanta lucha para devolver al pueblo lo que Madrid le expolia debería serincompatible con la pelambrera de los años sesenta de Biel. Estoy segura, LSD, quenadie de la pandilla se ha bajado en su vida música de internet y, por supuesto, lastabletas de libros son para vosotros cosa de snobs. El payés que os hace las matanzasen Son Pou debe estar más conectado a la vida real que algunos de vosotros. Oye, que mucha lucha por la independencia y la hija del Papa hizo todo unbodorrio, con vestido de cola y banquete para doscientos cincuenta invitados conlangosta Termidor de primer plato. Mucho escándalo por la balanza de pagos conMadrid pero allí se despachó mucho, pero que mucho, foie mi-cuit comprado a undistribuidor madrileño... Conste que no tengo nada en contra: Xisca estaba preciosa 30
  31. 31. con su vestido - yo misma ayudé a elegirlo - y el foie todavía me pirra y si no me doymás alegrías es porque el cabrón del señor Dunkan me tiene amargada. Pero alguna cosa no acababa de cuadrar en aquella composición. Es mi opinión,claro... No te revuelvas, LSD, no voy a aprovechar la velada para el desfile de laCofradía del Santo Reproche. No sería correcto dada tu especial circunstancia. Peroadjudicar el proceso de extinción de la lengua, el patrimonio y la cultura de este país,como decía el Papa, a una serpiente venenosa de lengua bífida: la emigración y elturismo, tiene delito... Estaba convencido de que todas las desgracias del país ocurríanporque, a la llamada de la especulación inmobiliaria y el turismo, llegaban flujosmigratorios de forasteros que, en oleadas colosales, arrasaban de un plumazo el posoidentitario del país, forjado en siglos de historia y con la lentitud de las estalagmitas. Seestaban destruyendo pueblos y ciudades con el mismo poder catastrófico de lostsunamis del Pacífico. Mallorca se había convertido en un decorado de pobladoibicenco, para turistas y residentes extranjeros. Solo cuando me dejasteis participar en vuestro club, en calidad y con distintivode visitante desde luego, me permití apostillar. ¿Quién puso en marcha todo esetinglado? ¿Quién se enriqueció con el turismo? ¿Quién construyó las urbanizacionesmasivas? ¿Quién traficó la conversión de terrenos rústicos en urbanizables? ¿Quienviajó a tierras del sur de España en busca de yeseros, encofradores y los más diversoscuerpos de oficio? ¿Para quién trabajaron los peones emigrantes de la construcción?¿Quién se apropió de los grandes beneficios de los pelotazos urbanísticos? ¿Quizás lossenegaleses...? ¿O los andaluces...? ¿Alguna extremeña como yo? Entonces enloquecíais. Tú especialmente. Lo más destructivo, lo peor, es lademagogia de la ignorancia y la mala fe, sentenciabas. Entonces yo callaba. Muditapara siempre. Bueno, para un ratito. Kubalita es otra cosa. Desde joven administró con inteligencia una doblevertiente: la del espíritu crítico y la del independentismo. Nunca formó parte delrebaño miope. Obtuvo el doctorado en Historia y en decepciones, summa cum laudeen esta última opción, que proporciona un sano distanciamiento para encarar la vida.Quizás por eso tiene la habilidad de sacarse de la manga ocurrentes teorías sobre lascircunstancias más dispares. En aquellos tiempos argumentaba que el desparpajo intelectual de la gauchedivine barcelonesa había sido el cénit intelectual de la patria catalana y que todo elpaís sería hoy una magnífica consecuencia de aquellos fantásticos años si no se hubieraoptado, como se hizo, por modelos nacionalistas caducos o por el sometimiento aquimeras arcaicas pretendidamente históricas. La seductora propuesta de laimaginación al poder había sido aplastada por el más miope botiguerismo. Concluíaque el resultado empírico de tan nefasta gestión queda visualizado en multitud deanécdotas desconcertantes: a los niños se les enseña en clase el uso de la palabraendoll, pero en sus conversaciones hablan del enxufe, como siempre. 31
  32. 32. Seguro que te acuerdas – es una forma de hablar - cuando lo acompañamos a laceremonia de entrega de la medalla de oro de la Comunitat por sus trabajos comoasesor de la Comisión Redactora del Estatut de les Illes Balears. Después delceremonioso acto, entre las columnas helicoides de La Llonja de Palma, vinoapresurado a nuestro encuentro como si tuviera algo trascendente que transmitirnos.Y lo tenía. Las primeras palabras que nos dijo con la medalla colgando de su cuellofueron reveladoras: La magnitud sublime del momento me ha revelado el significadode la expresión clave de nuestra patria: “fer país”. Tomad nota, exactamente significa“fer dobblers, caiga quien caiga y lo que caiga, aunque sea del propio país”. Ante elanatema del doctor, el Papa se alzaba las cejas y se persignaba para alejar la acción deBelcebú. 16 La gauche rurale conspira en Son Granot ¡Ay los filocatos independentistas! Perdona que me ría pero teníais una claratendencia a la insatisfacción y a substituir la acción por el simple gesto. Coincidirás conmigo, aunque sea ahora, que había que daros de comer aparte.Mientras yo vendía lubricantes sexuales por las casas a señoras ociosas o me peleabaentre el barro con teutonas gigantescas, vosotros os entreteníais tejiendo en vuestracabecita el cálido cobijo de la fascinación por Catalunya. Todo lo que allí transcurríaera objeto de vuestro deseo intelectual y emocional más íntimo. Yo percibía en esta admiración un sentimiento oculto que iba más allá de lanatural admiración por un gran país y la consideración de sus gentes. En realidad, ydeja que fabrique un poco de filosofía de bolsillo, erais víctimas de la estéril nostalgiade no ser como ellos, de no participar de su vigor social y cultural. En vuestro imaginario configurasteis, con trazos fantasiosos, una segundaTierra Prometida, con el vago recuerdo de vuestra estancia en las universidadescatalanas. Una tierra con sentido de país, habitada exclusivamente por profesionalesde punta, artistas innovadores, creadores comprometidos con la causa, políticos deprestigio, universitarios de influencia en los medios, periodistas de relumbrón, todosellos de éxito, con desenvoltura europea y, lo más atractivo, disponiendo de vidasinteresantes y azarosas. Vamos, como si en Catalunya no existiera l’Hospitalet,Cornellà, La Mina y otros Harlems similares donde nunca llegaron los reflejos orbitalesde las bolas de luces de Bocaccio... Seguíais con delectación, hipnotizados, lo que acontecía en la ruta barcelonesade la gauche divine, apogeo del cosmopolitismo y el glamour de aquellos tiempos. Deallí llegaban las noticias de flirteos entre las figuras del nuevo cine o de la literatura,inventaban modas, surgían creadores en todas las artes que llamaban la atención deEuropa y todo bajo el admirable paraguas de la conciencia colectiva de identidad.... 32

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