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Article la poesi acatala Article la poesi acatala Presentation Transcript

  • No hace tanto que cayo en mis manos por vez primera un libro de Jorge Luis Borges. Recuerdo con precisión las circunstancias que precedieron al he-cho aunque, a mi pesar, he olvidado las fechas por completo. Andaba buscando cuentos de Júlio Cortazar (aún prendado de Ceremonias) en la libreríay sucumbí al silencio abrumado por las muchas letras en los lomos. Entonces, olvidado el propósito, me hallé encorvado sobre el libro que, sin saberloentonces, me acompañaría siempre: El Aleph (basta con leerlo para descubrir la fortuna del nombre). Pese a lo azaroso del encuentro sentí el aconteci-miento como una cita más que como un hecho extraordinario. Tal vez por eso no me sorprendió la asiduidad casi cíclica con la que durante mucho tiempobusqué repetir aquella tarde. Fue así como llegaron a mi casa tantos otros volúmenes, entre ellos, Siete Noches.Recuerdo bien el descubrimiento del libro así como también la fascinación con la que pasé las paginas. Se trata de la recopilación de las siete noches de1977 en que Borges hablo ante la platea de un teatro Coliseo de Buenos Aires abarrotado. Todas las noches son prodigiosas pero fue La Poesía la que,en aquel momento, se distinguió del resto. Pensando en la clase de un jueves he vuelto a esa noche y en ella al siguiente fragmento:“Emerson dijo que una biblioteca es un gabinete mágico en el que hay muchos espíritus hechizados. Despiertan cuando los llamamos; mien-tras no abrimos un libro, ese libro, literalmente, geométricamente, es un volumen, una cosa entre las cosas. Cuando lo abrimos, cuando el libroda con su lector, ocurre el hecho estético...”Las inquisiciones que en Siete Noches hace Borges acerca de la poesía contienen argumentos que, en cierta manera, justifican la sensación intima ypudorosa de exclusividad que uno siente cuando, por ejemplo, lee un poema. Resulta comprensible dado que la experiencia estética que el hecho de leerdicho poema conlleva nos pertenece. El lector es el cómplice necesario de la poesía y, a su vez, el único receptor. Cada lector es uno distinto (inclusotratándose de la misma persona pues somos incapaces de permanecer iguales en el tiempo). Y cada lectura, por tanto, si afortunada, un hecho poéticodistinto.Jean-Luc Godard, el cineasta francés, por su lado y recorriendo al lenguaje afín a su genero, desgaja el triangulo con nombres distintos. En la entrevistacon Youssef Ishaghpour, publicada en la revista francesa Trafic, Godard expone sus teorías acerca de la tercera imagen. Entiende que en el cine, tal vezasí como Borges lo entendió en la literatura, la imagen de mayor importancia es aquella que genera el propio espectador. Es decir, aquello importante enel cine es el hecho estético individual. Godard persigue esa tercera imagen mediante la superposición de otras, la utilización de textos...tratando de obligaral espectador a generar nuevas significaciones, y por tanto, nuevas imágenes.Volviendo a las palabras de Borges trato de recordar la última vez que escuché la tocata y fuga en Re menor de Johan Sebastian Bach. Esa vez fuecomo todas, es decir, distinta a las que la precedieron. La misma complicidad y la misma admiración pero una experiencia distinta. ¿Cuál de las obras quetantas veces escuché corresponde a la que más de cuatro siglos atrás oyó Bach por vez primera? La respuesta mas sensata resulta ninguna. Incluso, siuno se atreve a ir mas allá de lo que probablemente le corresponda, puede intuir que la tocata y fuga en re menor jamás existió .Tal vez no fue más queun resplandor, un suspiro, del que Bach narró una obra. Un instante de eternidad que el músico quiso compartir. He aquí una de las tantas contradiccio-nes implícitas en la poesía que impiden al lector ofrecerse solo mediante la razón. La poesía exige una entrega mayor, más intima, al margen del pudorreticente del pensamiento excesivamente racional. ¿Puede alguien mostrarse indiferente ante una de las obras que, a mi parecer, tienden a lo absoluto?La respuesta parece ser sí, cosa que yo, resignándome a la sinceridad, jamás podré comprender. Y no puede ser de otro modo ya que la tocata y fugaque quisiera compartir, contradictorio privilegio, existe sólo para mi.He tratado de ejemplificar aquello que entendí de las palabras de Borges con algunos hechos poéticos más allá de la literatura. Al fin y al cabo, ¿es queson tan distintos? Acaso son más las similitudes entre una pintura de Vermeer y una de Kandinsky que entre una pintura de Kandinsky y un cuarteto decuerdas de Shönberg? En todo caso, corresponden de igual modo a una visión o intuición del autor moldeada por las virtudes en su oficio. Sean sonidos,palabras o imágenes resultan siempre formas ajenas a quiénes las revivimos.Las últimas líneas pueden resultar ambiguas así que, hasta donde me resulte posible, trataré de esclarecerlas en los últimos párrafos. En primer lugarentiendo que la palabra forma usada en este contexto puede suscitar inquietud y, por tanto, requiere de una claridad mayor. En segundo lugar quisieraexplicar en qué grado, a mi entender, dicha forma resulta ajena al lector.Jamás comprendí la necesidad artificiosa de tratar de descuartizar la poesía en forma y fondo correspondiendo con ello, según parece, a la mas antiguae irresoluta de las dicotomías. Tal vez un punto de vista crítico un tanto más holístico resulte de una sensatez mayor en este caso.“Antes que el sueño (o el terror) tejieramitologías y cosmogonías,antes de que el tiempo se acuñara en días,el mar, el siempre mar, ya estaba y era...”
  • ¿Podría Borges haber escrito el asombroso poema El Mar prescindiendo de la poesía? ¿Podría la visión haberse acomodado a otra forma? A la primeracuestión respondería “no”. A la segunda “si”. Claro que Borges podría haber dado distintas formas a una misma visión, tal vez a eso es a lo que dedicosus líneas. En cualquier caso todas ellas resultarían (o resultan) bien obras distintas bien una sola. Si entendemos que El Mar se distingue del resto dela obra literaria de Borges, entonces, la forma poética es parte indisociable de éste. Si Borges hubiera dado a la visión del poema la forma de un ensayo(solo a él podría corresponderle esta decisión) hubiera logrado, no lo dudo, un ensayo magnífico. Pero lamentablemente nos hubiera negado la posibilidadde El Mar.El poeta, a mi entender, no persigue al lector. Entiendo que el propósito de ofrecer a cada uno de los individuos aquello que particularmente espera es envano. No es tarea que le corresponda al hombre luego no puede corresponder al poeta. Conduciría, sin duda, a la frustración y a un derroche infinito deenergía. El poeta (humilde) trata de dar a sus sueños la forma, dada su condición de individuo (y poeta), que permita revivir con más fidelidad el hechoestético de la visión. En Ragnarök, Borges halló en el cuento la forma mas precisa de tratar la misma cuestión que ahora nos ocupa, así como Coleridgela halló en el verso (recuerda Borges en el mismo cuento). Relacionar la forma de un poema con el lector conlleva adjudicar al poeta dones que escapana los hombres y que, por otro lado, creo rehusaría.Dice Julio Cortázar en la entrevista con Joaquín Soler Serrano para televisión española, en marzo de 1977:“-si tienes alguna cosa que decir y no la dices con el exacto y preciso lenguaje con que tiene que ser dicha puesde alguna manera no la dices o la dices mal”.Quisiera acabar el texto (las ideas del cual no me corresponden) del mismo modo que Borges acabó la magnifica noche de 1977 a la que escribió elnombre de La Poesia. Rehuyendo cualquier tipo de comparación acabo donde, según creo, empecé:“La rosa es sin porqué: florece porqué florece.” Angelus Silesius.Jaume Coscollar Casamayor.