FRANCISCO IGNACIO TAIBO Francisco Ignacio Taibo Matojo Nacido en Gijón Asturias, España 11 de Enero de 1949
En la mañana, en el Consejo Nacional de Huelga se decidió limitar el acto programado a un mitin y suspender la manifestación al Casco de Santo Tomás, exigiendo la devolución de las instalaciones al Ejército. Se habían celebrado tres pequeños mítines en días pasados en Ciudad Universitaria y en Tlatelolco. El movimiento iniciaba una recuperación, tras haber estado a la defensiva en la secuencia iniciada el 19 de septiembre con las acciones armadas del gobierno (toma militar de Ciudad Universitaria, ataque de los granaderos y toma del Casco de Santo Tomás, toma militar y policiaca de Zacatenco).
El mitin era importante porque habría de anunciarse el inicio de una huelga de hambre de los presos políticos estudiantiles detenidos a lo largo de las operaciones militares de septiembre. La decisión de reprimir en Tlatelolco fue tomada por Díaz Ordaz al menos 30 de septiembre , probablemente antes, bajo la forma de desatar una represión, aunque la decisión de hacer el mitin el día 2 de octubre dependió de la acción del movimiento. El Batallón Olimpia tenía órdenes de bloquear el edificio ``Chihuahua'', detener a los miembros del CNH, tomar el segundo y tercer piso, disparar sobre la multitud.
A las 6:10 de la tarde se producen en una secuencia rápida los siguientes acontecimientos: Arribo de los camiones de los paracaidistas que comienzan a descender en los alrededores de la plaza. Un helicóptero (¿militar?) sobrevuela la plaza. Desde la torre de Relaciones Exteriores (y no desde el helicóptero, como se afirmó posteriormente) se disparan dos bengalas, la primera verde y la segunda roja. El Ejército avanza hacia el mitin. Sócrates le quita el micrófono al orador y grita: ``¡No corran, es una provocación!''.
El comportamiento de las fuerzas del Ejército fue diferente según las zonas y los mandos. Varió de una voluntad asesina a una indisciplina pasiva que salvó a muchos manifestantes. Hay variados testimonios de que soldados dispararon contra ambulancias de la Cruz Verde para que no entraran al cerco en los primeros momentos; existen testimonios de estudiantes dejados salir del cerco por soldados ``haciéndose los ciegos'‘ No hay duda que las diferentes fuerzas represivas que participaron en Tlatelolco intercambiaron disparos entre ellas.
¿Fue una manera en la que los Olimpias y los agentes de la DFS provocaron al Ejército para luego establecer la farsa de la agresión estudiantil o simplemente resultado del caos, descoordinación de las fuerzas que intervenían e ineptitud de los mandos? El Estado mexicano nunca se ha mostrado muy sofisticado en la elaboración de sus mentiras. Pareciera como si en el fondo la cortina de humo sólo tuviera un carácter ritual y quisiera que, en su absoluta prepotencia, se reconociera su decisión de masacrar. La masacre así adquiere su verdadera dimensión de advertencia. Quizá esto explica la inconsciente torpeza de sus argumentos, la debilidad absoluta de sus pruebas.
La versión oficial se produjo antes de que los disparos terminaran de escucharse en Tlatelolco. El jefe de prensa de la Presidencia, Fernando M. Garza, habló a periodistas de una ``provocación estudiantil que había terminado en tiroteo''. Díaz Ordaz se aferró en todas sus intervenciones a la tesis de que los estudiantes habían disparado sobre el ejército y que éste, que tenía órdenes de defenderse, respondió a la provocación. El general García Barragán, ministro de la Defensa, amplió diciendo que se había tratado de ``guerrilleros que provocaron al Ejército''. Meses más tarde, en los juicios a los dirigentes estudiantiles capturados la versión se elaboraría un poco más, apoyándose en declaraciones de infiltrados como Sócrates y Ajax Segura, señalando que en el CNH se habría tomado la decisión de crear cinco columnas armadas y que éstas actuaron en Tlatelolco.
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