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  • 1. DESDE CUALQUIER LUGAR
  • 2.
    • TÍTULO: DESDE CUALQUIER LUGAR
    • PRÓLOGO
    • Cuando nos decidimos por los talleres de poesía y de narrativa nunca pensamos que iba a dar tan buen resultado. De estos nuevos escritores han salido grandes poemas y mejores cuentos de tema, unas veces recurrente y otras original. De la simbiosis entre letra y dibujo, la edición que hoy tenemos en nuestras manos.
    • “ Ut pictura poiesis” decían los clásicos; la poesía como la pintura, es decir, el puro reflejo de la realidad. No obstante, cabría decir hoy aquí; la pintura como la poesía que a su vez es reflejo de la realidad que viven estos artistas, creando y recreando sobre lo expresado por otros; expresando al mismo tiempo. Escribir, imaginar y dibujar sobre lo imaginado, una creación sobre otra creación demostrando que desde cualquier parte se puede crear algo bello.
    • El producto es realmente bueno como lo es el trabajo que hay detrás; la lectura, el hablar de sentimientos, la escritura, la ilustración..., en definitiva, la participación, gracias a la cual es posible gozar hoy de esta obra.
    • El arte, la expresión es consustancial al ser humano sea cual sea su situación y esté donde esté. Umberto Eco afirma que “no hay arte sin hombre, ni hombre sin arte”, en este caso arte compartido de distintas procedencias pero surgidas de una misma esencia humana.
    • No queríamos acabar sin agradecer el enorme trabajo realizado por la Escola d’Arts Aplicades la Llotja de Barcelona sin la cual todo esto hubiese sido de otra manera.
    • Gracias Paco y a todos los alumnos por vuestra colaboración e interés.
      • Centre de Formació de Persones Adultes Jacint Verdaguer .CPHB.
  • 3. ÍNDICE Nº 44 A mi tata Melanie … Árbol de mi ignorancia ¿Buscamos la luz? Nacemos ya con vida Mi libertad Maruja ¡Soy tu pesadilla!¿Sueño?... Poema de nº1 de MCF Desde la celda ochenta Poema Belleza de amor Sin oxígeno Tocarte y amarte Tristeza o soledad El hombre que volvió a nacer Locura de vida La noche La palabra NO Amor verdadero Capítulo 1 Aquella vez que vi el tiempo
  • 4.
    • N. 44  
    • Sensibles al tacto de una hormiga
    • Al soplar del viento;
    • Y al tacto de la caricia de una suave pluma de ave
    • Me estimula cosquillas y sensaciones placenteras.
    •  
    • De pequeño me ayudaste a ponerme en posición recta.
    • Para afrontar el camino de mi vida
    • Habéis dado la seguridad en mi firme posición
    • En cada paso y en cada momento.
    •  
    • Ahora sois grande y fuerte,
    • Vuestro aspecto casi no ha cambiado
    • Y la sensibilidad tampoco,
    • Pero sólo sé valorar vuestro imprescindible valor.
    •  
    • Cuando estáis golpeados o lesionados
    • Porque al paso cotidiano
    • Pierdo toda la seguridad adquirida.
    • De momento estamos destinados a seguir juntos
    • y a acompañarme con el N. 44.
    • ZIDANE
    ÍNDICE
  • 5.
    • A MI TATA MELANIE...
    • La otra noche soñé con mi herencia,
    • niña de mis ojos, descendencia
    • de mi vida, por mi sangre que te avala.
    • Sueño con esos ojos de niña enigmática,
    • con esa dulzura infantil y fantástica.
    • Algún día me perdonarás
    • esta ausencia larga.
    • No te veo pero te quiero y te ves extraña
    • en esta ciudad, donde sus calles siempre
    • preguntan por tu padre,
    • te preguntan y tú te me callas.
    • Quiero señales de tu amor y confianza
    • como en este sueño profundo y suave,
    • que tienes en mi corazón de esperanza,
    • de estos deseos paternales, de esta pluma
    • que te escribe, dibujando estas palabras
    • mientras escuchas.
    • Te quiere tu padre con el daño
    • de no ver tus ojos de este fino velo,
    • te quiere tu padre con la brisa
    • del aire suave, el aire de caramelo.
    •   XUXE
    ÍNDICE
  • 6.
    • ÁRBOL DE MI IGNORANCIA
    •  
    • Árbol de mi ignorancia
    • sabe de la incomprensión
    • por mi amor no pierdo la esperanza
    • ni por mi libertad la razón.
    • Evoco tiempos remotos
    • recordando hasta darme gozo
    • dadme alas para volar al cielo
    • para ver cada palmo, cada rincón
    • cada trazo de esta tierra
    • pero luego no me envidies
    • cuando al lado de mi amada
    • me encuentres.
    • Quiero por fin vivir
    • sin alimentar quimeras
    • hoy quiero con toda mi alma
    • pedirte que me quieras
    • que me quieras en sí
    • y no porque te lo pida
    • sino porque tú quieras…,
    • y lo sientas.
    • Quiero que me quieras
    • y no por lo que soy
    • sino por como te sientes
    • cuando estás a mi lado
    • y por ser quien soy
    • cuando yo a tu lado estoy.
    •  
    • José L. C. F.
    ÍNDICE
  • 7.
    • ¿BUSCAMOS LA LUZ?
    •  
    • Aquel paisaje negro nos volvía ciegos,
    • su escandaloso silencio nos hacía más sordos
    • y su tenebrosa impresión nos doctoraba en el miedo.
    • Abarcaba todo cuanto existía, llegaba hasta el infinito.
    • Envolvía tanto que no importaba si había o no había,
    • lo de menos era dónde estábamos, sino ¿para qué estábamos?
    • Nuestro choque frontal, me convenció de que éramos “dos”
    • y su recuerdo me paralizaba si debía avanzar solo.
    • ¿Avanzar? ¿A dónde?
    • No sé, ¡avanzar!
    • Pero sólo su aliento me hacía insolente, cretino, soberbio,
    • sólo su olor me hacía actuar,
    • sólo con su tacto podía avanzar.
    • No importaba si había o no había. Todo lo envolvía.
    • Aquel futuro negro nos hacía “locos”,
    • su escandalosa utopía nos volvía “mitos”,
    • su irrelevante presente, “heroína”, envidia y celos.
    • Abarcaba todo cuanto existía, llegaba hasta el infinito.
    • Envolvía tanto que no importaba si había o no había.
    • Leyendas de caminos que no asfaltamos, ¿para qué asfaltamos?
    • Recuerdos innatos de otro pasado mojaron mi asfalto
    • Y cuando esas lágrimas secaron, rencor de dioses idolatrados.
    • ¿Avanzar? ¿A dónde?
    • No sé, ¡avanzar!
    • Pero sólo su incierto equilibrio me hacía paciente, esclavo,
    • sólo su dolor me hacía actuar,
    • sólo su derrota me hacía avanzar.
    • No importaba si había o no había, todo lo envolvía.
    •  
    • DEDICADO A EINSTEIN Y CERVANTES
    •   UN PRESO
    ÍNDICE
  • 8.
    • NACEMOS YA CON VIDA
    •  
    • Nacemos ya con vida
    • ese día no se olvida
    • desde padres y familia
    • hasta la propia sociedad.
    •  
    • Esa fecha siempre está,
    • para la familia, eso es fiesta
    • para la justicia, un simple dato
    • si estás solo y sin los tuyos,
    • sólo cumples por un rato.
    •  
    • En un sitio muy modesto nació
    • creció y sobrevivió,
    • mil problemas enfrentó
    • para que en la vida lo respetasen.
    •  
    • Esta vida no es intrascendente
    • simplemente no se olvida.
    • Le ha tocado estar ausente,
    • ya distante de su familia.
    •  
    • Seguro eso no bastará
    • para que esa mano dura
    • que justicia se proclama
    • logre apartarlo de lo que ama.
    • Gruesos barrotes y fríos muros
    • no impondrán su futuro,
    • físicamente lo intentarán,
    • pero con la mente no podrán;
    • es un nombre con futuro,
    • él se llama libertad.
    •   CONSTANTE
    ÍNDICE
  • 9.
    • MI LIBERTAD
    • Esta noche tuve un sueño,
    • se deshizo al despertar.
    • La verdad es que soy preso,
    • se llamaba libertad.
    • Déjame seguir dormido,
    • dormido siento mi paz;
    • porque despierto soy preso,
    • preso de mi libertad.
    • Todos somos prisioneros,
    • presos de la sociedad;
    • la libertad es efímera,
    • igual la felicidad.
    • Tanto quiero de lo bueno,
    • saber poder disfrutar;
    • como sufro con lo malo,
    • ésa es mi libertad.
    • UNO MÁS
    ÍNDICE
  • 10.
    • MARUJA
    • Tu madre habla muy mal
    • de mí porque dice que yo
    • todo lo arreglo con el
    • cantecito y es que a mí nadie
    • me puede quitar lo que llevo
    • de chiquitito.
    • Manuel D.P
    ÍNDICE
  • 11. ¡SOY TU PESADILLA! ¿SUEÑO?... Rosa, rosae, rosa, yo no hablo en prosa. Tengo y no tengo Por tener, no te tengo Espíritu eterno. Vivo y no vivo, Sin vivir, viviendo vivo, Tío vivo. Quiero y no quiero, Sin querer, ya no te quiero. Condenado. Pienso y no pienso, Por pensar ya no pienso. Por el esfínter ya no entro. Talego ya no te quiero. Veo y no veo, Por ver ya no te veo. T.B.O. Melancolía, Oa, Ia No es precisamente tu tía-ía Placer es no tener Porque tenerte Es no verte, Libertad. Paciencia Es la madre de la ciencia. Porque el padre está en la Audiencia Sant Boi, Sant Boi, Que ahí ya no voy. Soy y no soy, Por ser quien soy, Ahora me voy. Y colorín colorado Este cuento lo he mamado. PESETA ÍNDICE
  • 12.
    • POEMA Nº 1 DE MCF
    • No hay poeta ni escritor
    • para explicar lo que siento en mi interior.
    • Siento pena, siento alegría,
    • siento gozo y melancolía,
    • al pensar en vosotros, vida mía,
    • el llanto se hace risa.
    • Sois la luz de mi penumbra,
    • sois la voz de mi silencio,
    • el calor en noche fría,
    • lo sois todo, sois mi vida.
    • No hay poeta, no hay poesía,
    • demasiado amor, demasiada agonía,
    • os siento cerca, aunque estéis lejos,
    • siento vuestros besos y caricias,
    • aunque viva en la jauría.
    • Os quiero tanto luceros,
    • que mi vida sin vosotros,
    • para nada la querría
    • Manuel C. F.
    ÍNDICE
  • 13. DESDE LA CELDA OCHENTA   Camino por estas herencias de los siglos, siempre sigiloso, casi tranquilo, buscando alguna calle sencilla en la pedregosa ciudad de la vida. No hay nadie en las alcobas, nadie en los mismos balcones donde tanta gente había antes que claudicase el verso por aquellos países de la fantasía. Vence el plomo a los labios y se marchó la mujer que tanto quería mientras paso inadvertido con tanto llanto, mientras muere el padre que me dio la vida. Carretas de difuntos vivos sin alegría, el rincón y la economía. Pasarán a mi lado con el alma automática, lejos de sentir una nostalgia, sin escribir ningún verso, sin componer ninguna poesía. Pero sólo y atormentado no puedo explicarme esta profecía; son demasiadas las mentiras. Cambiaron la calle por las celdas, aplicaron el yugo estas leyes; Alberto, Pedro, José, Rafael, olvidar, sufrir, resolver y volved a pensar que, aquí en la cárcel, día tras día, mañana, será siempre todavía… … dedicado a toda persona sin libertad. ÁLEX O. H. ÍNDICE
  • 14.
    • POEMA
    •  
    • Cuando te vi por primera vez
    • fuiste como un rayo de luz
    • que iluminó mi corazón y mi vida,
    • desde entonces supe que serías mía.
    •   
    • El tiempo pasó y no te encontraba
    • pero mi corazón no te olvidaba,
    • por todas partes te buscaba
    • pero en ningún sitio te encontraba.
    •  
    •   Al fin llegó el día tan esperado,
    • cuando me di cuenta, la vi pasar por mi lado,
    • mi corazón por un momento se quedó helado
    • pero al fin me decidí y a por ella fui lanzado. 
    •  
    • Desde entonces nuestras vidas se unieron
    • y más feliz que nunca le digo: ¡que la quiero!
    •  
    •   
    • José M. G.
    ÍNDICE
  • 15.
    •  
    • BELLEZA DE AMOR
    •  
    •   La envidia de tu hermosura,
    • la hermosura de tu belleza
    • como los rayos del mismo sol,
    • es el resplandor de tu corazón.
    •  
    •  
    •  
    •  
    • SIN OXIGENO
    •  
    •   Redondo tu mundo
    • olvidado en el olvido
    • reflexiona sus entresijos
    • para que vuelva a ser
    • otra vez tu mundo.
    •  
    •  
    • Raúl S. M.
    •  
    •  
    •  
    ÍNDICE
  • 16.
    • TOCARTE Y AMARTE
    •  
    • Tienes la cara de ángel
    • tienes cuerpo de modelo exuberante
    • te quiero, te amo, te adoro
    • como el color de tu pelo color oro,
    • color romance.
    •  
    • Canción alegre, canción de amor,
    • la locura que tengo por tu amor.
    • No puedo alargar la mano y tocarte,
    • sentirte, decirte lo que te amo
    • pero quiero que pienses que siempre
    • estaré a tu lado.
    •  
    •  
    • GORDO
    ÍNDICE
  • 17.
    •  
    • TRISTEZA O SOLEDAD
    •  
    • Qué fácil es estar triste.
    • Sólo con pensar en dónde estás
    • ya te invade la sensación de soledad.
    •  
    • Porque si la soledad es la cárcel
    • de uno mismo,
    • yo ahora estoy en dos prisiones:
    • las paredes de la cárcel
    • y el olvido de las personas.
    •  
    • Pero el dolor de tu tristeza es mucho más,
    • es el no saber qué hacer para cambiarla,
    • no saber en dónde te has equivocado,
    • en qué has fallado.
    •  
    • Soledad o tristeza, las dos juntas
    • hacen que tu alma navegue entre
    • el dolor y las dudas
    • sin encontrar la senda que has de seguir
    • para descubrir la alegría de existir.
    •  
    •   Francisco. P. U.
    ÍNDICE
  • 18.
    • EL HOMBRE QUE VOLVIÓ A NACER
    •  
    • Nacimos para morir y no tenemos la culpa.
    • Dicen que sólo se vive una vez
    • Puedes elegir entre una vida de inmadurez
    • O puedes vivir una vida de armonía
    • Este hombre nació y eligió el camino de la locura
    • Sin darse cuenta dejó que su vida se pudriera.
    • A la edad de trece su familia se desvanece
    • La unidad de un hogar rota por una infidelidad materna
    • Ahí empieza, por su propia culpa, su decadencia eterna
    • A los catorce el polvo de ángel le da firmeza
    • Falsa firmeza, la muerte le tentaba con dureza.
    • A los diecisiete ya pactó con el diablo, poca cabeza,
    • A los diecinueve el polvo de ángel dominaba su cabeza
    • Ya no era él, el diablo y el polvo blanco eran ellos.
    • A un centro lo llevaron y del pacto se olvidaron
    • Eso creía él, el pacto se había quebrantado
    • Conoció a una gran chica, casi un ángel
    • Ella intentó que dejara ese polvo de ángel
    • Lo intentó, y casi lo logró faltó mi voluntad.
    •   Al ángel aún lo conservo, lo que no tengo es libertad
    • El pacto con el diablo se ha de pagar, y él tiene que cobrar.
    • Bajo efectos del polvo de ángel me puse a robar
    • Con la cabeza consumida y casi nada que recordar.
    • El diablo tienta y pasa factura, bien se la cobró, preso me dejó
    • Sin libertad creí morir, de hecho eso hubiera querido.
    • Pero como el fénix yo he resurgido, he vuelto a nacer
    • Tengo ganas de vivir, de sentir, y de reír.
    • Mi ángel está en la calle luchando por mí,
    • Mi familia lo da todo por mí.
    • He vuelto a nacer, hasta sin libertad se renace
    •   Rompí el pacto, dejé el polvo, dejé la maldad y sé que algún día saldré en libertad.
    •   He vuelto a nacer a pesar de preso caer
    • Nacimos para morir y la vida es muy corta, elige bien
    • Y aunque elijas mal siempre que tú quieras podrás volver a nacer.
    • Aitor G. G.
    •  
    ÍNDICE
  • 19.
    • LOCURA DE VIDA
    •  
    • Como va y viene, la tierra espera.
    • Un hombre corre y corre,
    • ninguno en tierra mira,
    • en la tierra dejo de correr.
    • Como nosotros, amar
    • sabe que la locura de vida
    • pasa, pasa para poder
    • sobrevivir.
    •  
    •  
    • Germán A. P.
    ÍNDICE
  • 20.
    • LA NOCHE
    •  
    • Las luces se veían a lo lejos.
    • Era un día muy estrellado.
    • Pero para alguien, demasiado.
    • El río no sonaba, su agua callada.
    • Sólo se oía el rocío del pasto.
    • Los árboles murmuraban, las hojas,
    • a veces, se reían sin ningún motivo.
    • Yo creo que soñaba, o eso pensé,
    • pero viéndolo en la pared colgado
    • supe que era más que un cuadro.
    •  
    •  
    • Ángel B. M.
    ÍNDICE
  • 21.
    • LA PALABRA NO
    •  
    • La palabra NO ha estado muy presente en mi vida.
    • Cuando era pequeño les preguntaba a mis padres si podía quedarme a dormir en casa de algún amigo y me contestaban NO.
    • Cuando quería ir al circo que acababa de llegar a la ciudad les preguntaba y me decían NO,
    • nunca me daban una explicación.
    • Cuando tenía unos nueve o diez años les pedí una bicicleta y me contestaban NO.
    • Con once años le pedí a una chica que me gustaba mucho si quería ser mi novia y me contestó NO.
    • Cuando me saqué el carnet de moto les pedí una moto y me contestaron NO.
    • A los dieciséis decidí dejar de estudiar y me contestaron NO,
    • pero no les hice caso así que fui a buscar trabajo, tuve la entrevista y me contestaron NO.
    • Y esto es todo amigos.
    • Carlos M. R.
    ÍNDICE
  • 22.
    •  
    • "AMOR VERDADERO"
    •  
    • Por el patio de la primera galería
    • Vaga un alma herida.
    • ¿Cuánto tiempo pasará
    • para ver a su querida?
    • ¿Será esta semana?,
    • ¿O será la que viene?
    • ¡Qué importa!
    • Si ella le "QUIERE".
    • ¿Cuánto tiempo pasará
    • para recobrar su "LIBERTAD"?
    • ¡Qué importa!
    • Si ella no lo va a dejar de "AMAR"
    •  
    • FÉLIX C. G.
    ÍNDICE
  • 23. CAPÍTULO 1 La luz se colaba por las rendijas de la persiana. Me levanté y fui a la cocina, abrí la nevera y cogí el cartón de leche, apenas llegaba para un vaso. Mientras buscaba algo con lo que acompañarlo me invadió una sensación de desconcierto, ¿es sábado? Pero, ¿y Sara? Enseguida lo entendí, estaba soñando otra vez. -Qué hora es?- Le pregunté a Houssine. -Las cuatro y media, están a punto de abrir. Houssine era de mis compañeros el más antiguo de la celda, un marroquí de Nador. Alto, de tez blanca y ojos castaños. Con una espesa barba en sus mejillas y algo más larga en el mentón. Era el último de los cuatro que había cuando yo entré. A su primo Hamid, también rifeño, lo habían llevado a otra galería al igual que a Paco, un onubense de 37 años que fumaba celtas a destajo. El cuarto, el otro Paco, también era andaluz, pero de Sevilla y fiel seguidor del Betis. A él lo habían hecho ordenanza de comunicaciones y lo instalaron en la planta, con los que tenían destinos. El quinto era yo. -¿Te apetece un café?- -Sí, pero esta vez pago yo- le dije a Houssine. Después de tres meses de convivencia se había convertido en una entrañable amistad. Sus palabras, su compañía y sus bromas no sólo me habían servido para combatir la ansiedad que me provocaba estar separado del mundo que yo conocía, sino también para conocer una cultura tan cercana y desconocida a la vez como era la de su gente. -¿Qué os pongo?- preguntó Josep, el cafetero. -Un café solo y otro con leche- Nos sirvieron los cafés y dimos el clásico y monótono paseo de noventa y seis pasos por el patio. La mayoría de los presos lo hacía. Y aunque al principio no comprendía muy bien por qué, pronto me di cuenta de qué era; ese vaivén continuo y aglomerado, el único modo de estirar las piernas para más de uno. La masificación de internos que se daba cita en el centro hacía que fuesen pocas las plazas hábiles en la zona deportiva y en el gimnasio. El patio no era muy grande, más teniendo en cuenta que era compartido por nuestra galería y la segunda. Era una especie de triángulo rectángulo con dos palmeras. La primera de ellas en el centro y la otra, algo menor, frente a los lavabos. La segunda galería y el muro de piedra, de unos ocho metros, eran el ángulo recto y nuestra galería la hipotenusa que cerraba el triángulo. Al fondo, una pared de frontón, que había quedado en desuso, achataba la figura. Entre las puertas de las dos galerías había dos ventanas, la de la derecha era el economato y la del lado la cafetería. -Cada día está mejor este café, ¿verdad?- Le pregunté en tono irónico a Houssine. -Esto no es café, esto es un corre que te cagas- Me respondió, al tiempo que yo me echaba a reír. La verdad es que no le faltaba razón pues era un laxante de primera categoría, pero ¿qué se podía esperar? No estábamos en una cafetería, sino en prisión y aún así, el café era de lo mejor.
  • 24.
    • Al otro lado del muro había un pasillo de unos cinco metros, desde donde se alzaba otro mucho más alto con su verja alambrada que daba a la calle. Por encima de nuestras cabezas se extendía una tela metálica que ocupaba todo el patio. Supuse que su utilidad era la de evitar que se lanzaran cosas desde fuera hacia adentro y viceversa, además de para evitar fugas. Lo único que se podía escapar de allí eran las palomas, que entraban y salían a su antojo por un pequeño hueco que dejaba la segunda galería.
    • Tras el segundo muro podían verse algunos edificios, en cuyos balcones rara vez se asomaban sus propietarios. Y era comprensible ¿quién podía interesarse por más de un centenar de presos que deambulaban de una punta a otra del patio cada día? ¿A quién le podían agradar aquellas vistas? Supongo que estarían tan hartos de la cárcel como nosotros.
      • -Ayer me apunté en el libro del sótano para ir al gimnasio- le dije a Houssine.
      • -Pues espérate dos meses como mínimo- contestó.
      • -¿Tanto tardan?- dije y él replicó con una risilla de las suyas.
      • -¿Pero es que todavía no te has dado cuenta de que aquí hay que hacer cola para todo? ¡Ay Aitor!- dijo.
    • Tenía razón. Para lo único que no había hecho cosas hasta la fecha, era para coger libros de la biblioteca. En la que, por cierto, el apartado de novedades no existía.
    • Seguimos caminando un rato. Luego nos sentamos en el poyo que había a lo largo del muro. Entonces se unió a nosotros Paco, el bético. Y Houssine le preguntó:
      • -¿Qué tal en el chabolo?- (que era como llamábamos a las celdas).
      • -Bien, pero hay uno al que le falta una pata y no veas como casca. Vamos que en vez de la pata le tendrían que haber cortado la lengua, habla más que un saca muelas el tío ese.
    • Los tres nos pusimos a reír, no sé si era su acento o la gracia con la que lo decía. Pero la verdad es que el Paquillo, apellidado Bueno, era un chiste en sí mismo. Estaba más seco que el tobillo de un canario, de rostro afilado, pelo negro peinado hacia atrás estilo chaval de los 80. De baja estatura y con casi un cincuenta de pie. Pero lo más destacable era su nariz, ¡menuda trompeta!
    • Estaba por una causa parecida a la mía. Es increíble como en un segundo puede cambiar toda una vida.
    • Eran las siete menos cuarto, la galería ya estaba abierta. Subimos a la celda por el único sitio por el que podías darte un buen tortazo. Algunos peldaños tenían un zócalo de hierro que sobresalía y en el que fácilmente podías tropezar. Y su suelo, de baldosa, era resbaladizo, especialmente cuando subíamos de las duchas.
    • La celda era pequeña, fría y por su antigüedad algo tétrica. Su espacio estaba extraordinariamente bien aprovechado. En sus pocos más de dos metros de anchura y dudo que seis de longitud, convivíamos cinco personas. Aún así, podíamos sentirnos privilegiados, puesto que en algunas celdas llegaban a ser más.
  • 25. A la izquierda, junto a la puerta, estaban las taquillas. Consistían en unos huecos cuadrados de 40 x 40 aproximadamente. Donde los más viejos del chabolo podían meter algo de ropa. El resto tenía que buscarse la vida. Seguidamente había una pequeña repisa de dos palmos que nos servía de mesa. A la derecha de la puerta estaba el lavabo, más conocido por el tigre, dada su ferocidad. Después una pequeña pica donde lavábamos los calcetines, también llamados picantes, y los calzoncillos o gallumbos. Los jueves, que era el día de lavar la ropa, no se permitía ese tipo de prendas. A continuación las literas. Una de tres a la izquierda y otra de dos al otro lado. Sus dimensiones exactas eran 80 x 180 y en las que los más altos, como era mi caso, difícilmente podíamos acomodarnos. O sacabas los pies por delante o dormías hecho un cuatro, no había vuelta de hoja. Y qué decir del colchón, blando, deformado y puerco, eran sus principales características. Parecía venir de serie con el resto del mobiliario. Por el contrario la almohada era una piedra. Vamos que tampoco es que invitase al confort precisamente. Al fondo, una ventana enrejada daba al patio. Sus hojas, para rizar más el rizo, no cerraban del todo. Por ahí, en las noches de invierno, entraba un chorro de aire brutal. En nuestra celda, como supongo que en el resto, había una serie de leyes o reglas inviolables. En nuestro caso estas eran las más importantes: La primera consistía en la higiene personal, todos teníamos la obligación de ducharnos a diario. Y era normal, pues cinco personas y en algunas hasta seis, viviendo en un espacio tan reducido, no podían permitirse el lujo de tener a alguien entre sus filas que descuidase su aseo personal, o sea, un guarro. La segunda era el respeto total y absoluto hacia los enseres y las personas con las que compartías aquel palmo de terreno. Uno podía estar por hurto, en cualquiera de sus múltiples variantes, pero jamás se atrevería a robar a un compañero. Hubo uno que se dedicaba a merodear por los chabolos ajenos y al cual pronto se le quitó el vicio. En mi caso personal he de decir que jamás me ha faltado nada. La tercera establecía los días de limpieza de la celda. Bajar la basura, barrer, fregar… tigre incluido claro. Eso era lo que más miedo daba. Cada día le tocaba a uno. Estas eran las más importantes y la violación de las mismas se pagaba con el destierro. O lo que es lo mismo, la expulsión inmediata de la celda. Los lunes y viernes eran los días de cambio. El reloj marcaba las ocho y media. Desde la galería venía el eco de los pestillos, estaban abriendo para la cena. Sin decirnos nada ya sabíamos con que nos iban a deleitar. Era lunes y por lo tanto tocaba arroz con pavo en salsa. Todos los lunes había lo mismo que el lunes anterior, los martes exactamente igual y al final de la semana repetición de las mejores jugadas. La dieta era de todo menos variada. Entre los platos más refinados de la carta penitenciaria destacaban: en el menú de medio día; los jueves, con sus míticos canelones medio crudos con insípida bechamel y los viernes, por su pescado descabezado al que nadie acertaba a decir a que especie pertenecía. Lenguado tal vez .
  • 26. Ese era uno de los grandes enigmas del comedor. Y por el menú nocturno; los martes y sábados. Con sopa de marisco, el cual brillaba por su ausencia y raquítico muslo de pollo respectivamente. Pero sin lugar a duda, el día que más me gustaba a mí era el domingo. ¡Ay! Con aquello de hoy paella. La boca se me hizo agua cuando me dijeron esa frase la primera vez, pero de idéntica magnitud fue la decepción y luego el respectivo cachondeo de mis simpáticos camaradas. El arroz era de una tonalidad ocre, acompañado por algo de verdura, alguna que otra gamba y pollo para los más afortunados. Como valenciano era indignante que a algo así se le llamase paella. Pero siempre quedaba el consuelo del pastelillo que nos daban de postre. Por ser domingo. Amén Jesús. Houssine ni cenaba algunas veces, directamente cogía el yogur, el pan y subía al chabolo. Yo me procuraba una lata de atún, que compraba en el economato, para echarlo con el arroz. La carne solía pasar de catarla. Luego arriba, me zampaba un tazón de cereales con leche y así compensaba el ayuno del pavo. Entre tanto, salía para asomarme a la galería, hasta que sonaba la bocina de fin de fiesta y todos para dentro. A los veinte minutos pasaba el recuento. La mayoría de veces, me pillaba ya metido en el sobre, pues fuera de éste había poca cosa que hacer. -¿Están todos? – Solía preguntar el funcionario de turno. -Somos cinco – Contestaba alguno de nosotros. El funcionario hacía la cuenta y nos daba educadamente las buenas noches. A la cual contestábamos al unísono, como si de un coro se tratara. Después veíamos la película que salía elegida democráticamente, casi siempre las del canal sombra. Pero si había fútbol, lo que no había era dudas. Se veía el partido. Cuando jugaba el Madrid o el Barça era imposible dormir. Si había un gol, la galería retumbaba, se venía abajo. Los seguidores de estos equipos aporreaban las puertas, lanzaban gritos y recuerdos para familiares de jugadores. En esto Figo era el más aclamado. Aunque por norma general los vikingos eran más ruidosos que los culés. Como era lunes tocaba, primero noticias, que a Houssine le daba algo si se las perdía y luego película. Nunca he conocido a un adicto a los telediarios, sólo a él. Por mi parte, casi nunca veía acabar la película. Rezaba mi oración y me dormía pensando en como era todo antes de esto. En Sara, en nuestros últmos viajes a Asturias, Cantabria y Galicia. Lejos quedaban ya la subida a los lagos de Covadonga y las fotos junto al noble y bravo Don Pelayo. O los verdes paisajes de Cantabria y la playa del Sardinero. O la increíble Galicia Celta y el castro de Santa Tecla rodeado de niebla, allá donde muere el Miño ante la inmensidad del Atlántico. Mi Valencia natal. Lejos quedaba todo aquello en el tiempo, pero frescos en el recuerdo y tan cerca de corazón que a veces sentía como si lo rasgaran. Mis inseparables amigos Luisete, Oscar y Juanvi. Las capeas, las Fallas, retales de la infancia. Pero sobre todo aquello brillaban junto a Sara, los cálidos ojos azules y el rostro fiel e infatigable de la persona que me dio la vida. AITOR D.C ÍNDICE
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  • 28. AQUELLA VEZ QUE VI EL TIEMPO. El día comenzó espeso, el sol intentaba abrirse camino entre las persianas de las ventanas y un constante traqueteo las hacía balancearse de un lado para otro. Juan comenzó a despertar, pero en ningún momento quiso despertarse rápidamente, ya se sabe, a veces no se despierta en el sitio que uno quiere, y te gustaría seguir durmiendo, para despertar en ese otro sitio donde uno fue feliz. Sí, Juan abrió los ojos pero no movió un solo músculo de su cuerpo, y entre las sombras sinuosas, vio al viejecito que tenía sentado enfrente con su cara gastada y en cada arruga se leía una historia, sus alegrías y sus penas, sus logros y sus desengaños. Juan se preguntó si con el paso de los años también había un niño preguntándose como había sido esa cara de joven, sin que el tiempo hubiera surcado esas arrugas en ella. Juan había visto al viejecito en la estación la víspera anterior, sus ojos llorosos reflejan la angustia y la desesperanza de aquel que sabe que es el viaje del no volver jamás, no volver a la calle donde jugó de niño, no volver a su banquito de madera donde todos los días leía el periódico tomando el sol, no volver a la escuela donde todas las tardes recogía a su nieto, no poder jugar la partida de dominó tomando el café con los amigos de toda la vida y lo más importante: no poder ver más a los suyos, casi todos muertos en el frente o en los bombardeos de la aviación del Bando Nacional. Juan empezó ya a despertar más en serio y se dio cuenta que en el exterior estaba lloviendo, unas gotitas finas, tan finas que parecía que no lloviese: -Vaya birria de lluvia… - pensó. En su pueblo cuando llovía parecía que el cielo se iba a tragar la tierra, eso era lluvia y no la birria ésta. Juan también pensó en todo lo que había pasado hasta su subida al tren. Recordaba que un día que hacía mucho calor estaba jugando con unos amigos en la playa, de repente vio a su hermano como desde lejos le hacía señas con las manos. -Juan, Juan, ven que tengo que decirte una cosa - gritaba. -Ya voy, Santi- Le contestó Juan, los deseos de su hermano eran órdenes para él. Juan, sabía la responsabilidad de su hermano mayor al hacerse cargo de la familia tras la muerte de su padre en la carretera. -Juan ha estallado la guerra, me voy al frente, esta noche se lo diré a mamá, cuida de ella y de la abuela – Aún resuenan las palabras de Santi en la cabeza de Juan eran lejanas pero insistentes, como el murmullo de las olas que acaban muriendo en la playa, Santi también murió en el frente. Fue entonces cuando su madre decidió enviarlo con sus hijos a París, aunque él insistió una y otra vez que quería quedarse.
  • 29. -No será por mucho, esto pronto acabará y pronto volveremos a estar juntos – le dijo su madre con lágrimas en los ojos en la estación. Juan aunque se había prometido no llorar no pudo evitar derramar unas lágrimas al abrazar a su madre, su abuela no pudo ir, ya que desde hacía algún tiempo permanecía en cama enferma. -Despídeme de Clara mamá, dile que lo siento por no poder estar en su fiesta de cumpleaños – Juan todavía recordaba la primera vez que vio a Clara, con unas largas trenzas y un vestidito muy gracioso, sentada como una mujercita en el tranvía: los ojos claros y las manitas jugaban todo el rato con su mantoncito azul a juego con su gorrito, su madre iba al lado estirada y seria. Con el tiempo Juan y Clara se habían hecho muy buenos amigos y casi inseparables. Clara la cual con doce años era una mujercita, había invitado a Juan a su “fiesta”, en realidad Juan lo que no sabía era que él era su único invitado. Todas estas cosas son las que Juan dejó atrás, el día que subió al tren tan sólo tenía trece años. Ahora Juan tiene 83, han pasado más de 20 años desde la muerte del dictador que fue cuando decidió volver a España. Se había casado con una española en el exilio, él ya había tenido dos hijos, de los cuales uno era médico y el otro maestro de escuela de secundaria. Un día Juan estaba en casa viendo las noticias junto a su nieto Toni, el más pequeño y rebelde de los que tenía. Entonces, de las pequeñas vanalidades políticas y sociales de las que la televisión estaba dando en ese momento, hubo una que hizo cambiar el ánimo de Juan, casi siempre alegre y pocas veces pesimista. Aunque la noticia, por lo habitual, no hubiera debido conmoverle tanto como lo hizo aquel día: “Aparecen trece personas muertas en las playas de Fuerteventura, al parecer eran los integrantes de una patera. Este hecho es el número cinco en lo que va de semana, debido a la guerra que existe entre Marruecos y Mauritania”. Toni escuchó la noticia sonriendo y golpeándose una de las rodillas exclamó: - Mira abuelo, trece menos, ¡qué se vayan a su país! -. Juan se quedó mirando a su nieto atónito, sus arrugas contaban un montón de cosas: sus alegrías, sus penas, sus logros y decepciones. Se puso a llorar escandalosamente, el mundo seguía movido por el odio, por el genocidio, por lo absurdo… ANONIMO. ÍNDICE
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