Espíritu de Amor,
abrásame en tu inmensa caridad.
Espíritu de unidad,
confírmame en la fraternidad.
Espíritu de los pobres,
ayúdame a ser una persona desprendida y solidaria.
Espíritu de tolerancia,
enséñame a aceptar las diferencias.
Espíritu defensor de los débiles,
llena a los desvalidos de tu fortaleza.
Espíritu Consolador,
cólmame de tu esperanza.
Espíritu liberador de los oprimidos,
rompe sus cadenas y dales tu libertad.
Espíritu de Luz,
sana mis cegueras.
Espíritu de Dios,
lléname de todos tus dones.
Espíritu misionero,
impulsa mi labor misionera.
Espíritu Santo,
santifica mi vida y mi trabajo.
COMO LA AURORA VENDRÁS
Com la aurora vendrás, en luz las tinieblas cam
o biarás,
tú por m Señor.
í,
Com la lluvia caerás, y nuestros desiertos bañarás,
o
correrá la vida.
Todos nuestros cam inos recorrerás, y a tus hijos dispersos reunirás.
Llam arás a tu pueblo de cada lugar, plenitud tu presencia dará.
Rey de justicia serás, la espada en arado forjarás,
nos darás tu paz.
Lobo y cordero verás correr por los prados
y jam volverá la noche.
ás
La salvación eres tú, la estrella que alum el cielo azul brillará por
bra
siem pre, y quien es ciego verá, quien no puede oír escuchará,
cantará de gozo.
el Hijo de Dios. El Profeta Isaías había escrito:
Yo envío mi mensajero delante de ti para
que te prepare el camino. Una voz grita
en el desierto: Preparadle el camino al Señor,
allanad sus senderos. Sucedió que Juan el
Bautista se presentó en el desierto bautizando
a la gente. Les decía que debían convertirse a
Dios y ser bautizados, para que Dios les
perdonase sus pecados. De toda la región
de Judea y de la ciudad de Jerusalén salían
a oírle. Confesaban sus pecados y Juan los
bautizaba en el río Jordán. Juan iba vestido de piel de camello,
con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de
saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: “Detrás de mí viene
el que puede más que yo, que ni siquiera merezco agacharme
para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado
JESÚS, NO PUEDES VENIR
Jesús, no puedes venir si no nos dejamos deslumbrar,
si ya no queda nada que nos cause asombro, si el corazón no
se enternece ante el dolor para dar a luz una vida auténtica.
Jesús, no puedes venir si no allanamos las colinas del
odio, si no ayudamos a construir puentes de cordialidad, si la
ternura y la sencillez no se apoderan de nuestra vida.
Jesús, no puedes venir si no descubrimos en nuestro
interior la otra parte que tantas veces nos falta, la feminidad o
la masculinidad que completa y da sentido a nuestras vidas
como personas.
Jesús, no puedes venir si no percibimos la brisa de la
confianza en las noches sin luna de los cayucos que se
acercan, silenciosos, como el llanto ahogado, como el soplo
del Espíritu, como la necesidad imperiosa de vivir una nueva
vida.
Jesús, no puedes venir si no hacemos un hueco para
invocarte, para darte gracias, para mostrarte nuestra impotencia,
para gritar de dolor, para hablar confiadamente, como con un amigo,
de la vida.
Jesús, no puedes venir si la fe no abarca las acciones por la paz y la
justicia, si el amor no inunda las relaciones, si la solidaridad no
destruye fronteras, si la esperanza no alumbra el horizonte siempre
sorprendente de la vida.
Jesús, no puedes venir si no nos dejamos transformar por tu
Palabra leída en el periódico, escuchada en la radio, navegando por
internet, contemplada en las bellezas de la Naturaleza, ahogada en el
lamento de los pobres que nos exigen una vida digna.
Jesús, no puedes venir si no alzamos nuestra voz contra
quienes causan tanta miseria, si no dejamos de consumirnos, si no
abandonamos una existencia llena de cosas y ausente de vida, para
que continentes enteros puedan sencillamente sobrevivir.
Jesús, no puedes venir si no comprometemos nuestras
manos, nuestras lágrimas, nuestro compromiso, nuestro tiempo y
dinero en la construcción de otro mundo, de otra vida mejor, tan
necesaria y posible.
Jesús, no puedes venir si no hacemos de nuestras
comunidades cristianas unos anuncios luminosos que pregonen
que podemos ser felices, que seguirte nos libera, que el Evangelio
puede ser realmente una buena y feliz noticia para tantas personas
desencantadas por las desdichas, el sinsentido, el maltrato en sus
vidas.
Jesús, no puedes venir… porque nunca te has ido, porque
estás a nuestro lado en los más débiles, desprotegidos,
marginados, porque cuando nos reunimos en tu nombre,
enciendes nuestros corazones y nos animas a continuar con
alegría, a pesar de todos los pesares.
Jesús, no puedes venir, porque el Reino ya
está dentro de nosotros y nosotras. Sólo hay que
ahondar, buscar, contemplar, para llegar a descubrir
tu presencia en millones de rostros, para sentirnos
hijos e hijas, hermanos y hermanas, para acercar y
hacer visible el amor del buen Padre y Madre Dios.
Ven y ayúdanos a descubrir la fuente
inagotable que nos hará vivir desde una nueva
espiritualidad, basada en el cuidado, la solidaridad,
la alegría y la justicia.
ORACIÓN FINAL:
Ayúdame, Señor, a ser semilla de tu Reino.
Enséñame a despojarme de lo superfluo
y de lo que no es necesario.
Ayúdame a ser una persona humilde y sencilla.
Quiero llegar a tu encuentro y para eso hay que
andar ligero de equipaje, apenas con lo puesto.
Quiero ser semilla de tu Reino,
y para ser semilla hay que aprender a ser pequeño,
a concentrarse en lo esencial,
exponerse al riesgo de no ser importante ni tenido en cuenta.
Simplemente quiero entregar mi vida y hacer lugar para tu proyecto,
así descubriré, como María, que cuando uno se brinda por entero,
la vida se transforma porque el Dios de la Vida
comienza a nacer en mi interior,
para hacer de la existencia una semilla del Reino.
FIELES
Haznos fieles a ti, fieles a tu Palabra; fieles a tu voz, a tu
voluntad; fieles a tu Evangelio, a la Buena Noticia; haznos
fieles como eres Tú (bis).
Fieles, fieles, cuando es de día y de noche también. Fieles,
fieles, a tu lado, contigo, por ti y para ti, en la calma y en
la tempestad.
Haznos fieles al Sur, fieles a los pequeños, fieles en la
lucha por un mundo mejor; fieles a los pobres, a los
excluidos, haznos fieles como eres Tú (bis).
Fieles, fieles…
Haznos fieles al Pan, fieles a tu Cuerpo, fieles a este Vino,
a la Comunión, fieles sin complejos, fieles apasionados.
Haznos fieles como eres Tú (bis).
Fieles, fieles…
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