Discursos famosos
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×
 

Discursos famosos

on

  • 795 views

 

Statistics

Views

Total Views
795
Views on SlideShare
795
Embed Views
0

Actions

Likes
0
Downloads
9
Comments
0

0 Embeds 0

No embeds

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Microsoft Word

Usage Rights

© All Rights Reserved

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

Discursos famosos Discursos famosos Document Transcript

  • EL Discurso EL Discurso Es un acto DE habLa, y por tantoconsta DE Los ELEmEntos DE toDo acto DE habLa:En primer lugar, un acto locutivo o locucionario, es decir, el acto de decir un dicho(texto) con sentido y referencia.En segundo lugar, un acto ilocutivo o ilocucionario, o el conjunto de actosconvencionalmente asociados al acto locutivo.Finalmente, un acto perlocutivo o perlocucionario, o sea, los efectos en pensamientos,creencias, sentimientos o acciones del interlocutor (oyente).
  • En EL uso un Discurso Es un mEnsajE : EL vErbaL y oraL DE DirigirsE a un púbLico. su principaL función ha siDo DEsDE sus orígEnEs comunicar o ExponEr pEro con EL objEtivo principaL DE pErsuaDir. CUALIDADES DEL ORADOR FRENTE AL PÚBLICOSean cuales fueran las tareas específicas que el orador deba realizar en unadisertación y aunque muchas de ellas puedan parecer mecánicas o rutinarias,no puede pasarse por alto la importancia de la posición que ocupa comocomunicador social y/o líder de opinión. Por ello, en el orador no sólo se valorala aptitud para el desempeño de las funciones como expositor sino también laidoneidad a través de una serie de cualidades que a nuestro entender debeposeer un orador de éxito y que a continuación presentamos.
  • 1° CUALIDADES FÍSICAS:  La apariencia personal. (Resaltar su personalidad- conjunto armonioso y estético ante los ojos de los demás.)  El aseo personal. (Es la limpieza, cuidado, compostura y buena disposición de nuestro cuerpo. Ello transmite una agradable impresión a través del sentido visual y olfativo.)  El vestido. (En el caso de los oradores constituye su uniforme de trabajo. Recordemos que el vestido resalta nuestra personalidad, formalidad y pulcritud.)  La actitud mental positiva. (Es la condición subjetiva de nuestra mente; ésta lo impulsa a realizar sus exposiciones con entusiasmo y mucho optimismo; ello se logra a través de la autosugestión y del correcto uso de las técnicas de respiración y de relajamiento.)  Gozar de buena salud física. (La labor es un tanto estresante, requiere cuidados especiales, combinar una buena dieta con ejercicios matutinos)  Gozar de buena salud psíquica. (La mente también se enferma; lógicamente, una persona con desbarajustes mentales no podrá realizar a satisfacción su labor como orador.)2° CUALIDADES INTELECTUALES:Estas cualidades están relacionadas con la facultad para conocer, comprendery razonar; implican un conjunto de características inherentes que todo oradordebe desarrollar y utilizar con eficacia. Estas cualidades propias de la actividadmental, están al alcance de todos y sólo requieren de decisión para aplicarlas. • Memoria. (El poder recordar nombres, rostros, situaciones y la ubicación exacta de documentos o cosas, constituye un requisito indispensable en la labor del orador, ello le permite evocar con facilidad, información que se necesita en lo inmediato. La memoria se ejercita a través de la observación minuciosa, la retención y la evocación) • Imaginación. (Consiste en la facultad de reproducir mentalmente objetos ausentes; de crear y combinar imágenes mentales de algo no percibido antes o inexistente.Renovación o "reexperimentación" -- Creación de imágenes mentales que antes no existían) • Sensibilidad.(Es la facultad de sentir física o moralmente los sentimientos de alegría, pena, dolor, compasión y ternura.)
  • • Iniciativa. (Es el ideal que nos mueve a realizar algo por voluntad propia sin que nadie nos lo diga, ordene o motive. Involucra la acción de adelantarse a los demás en hablar u obrar)3° CUALIDADES MORALES: La moral esta relacionada a las costumbres y a las normas de conducta de una determinada sociedad. Por extensión, podemos decir que es el conjunto de normas de comportamiento que debe cumplir un orador, para que exista congruencia entre lo que predica y hace, en el ejercicio de su labor profesional. • Honradez. (Es una cualidad que involucra un proceder recto y honesto de parte de un orador.) • Puntualidad. ( Es la cualidad de hacer las cosas con prontitud, diligencia y a su debido tiempo. Es ser exactos en hacer las cosas a su tiempo y de llegar a los sitios convenidos en la hora establecida.) • Sinceridad. (Es el modo de expresarse libre de fingimiento y mentiras. Involucra hablar con veracidad y sin doblez.) • Congruencia.(Es la relación que existe entre «el pensar» y «el actuar», pues a menudo no hacemos lo que predicamos.) • Lealtad.( Más que una cualidad, es una virtud que todo orador debe practicar a diario como parte de su comportamiento ético y moral.)
  • TÉCNICAS PARA HABLAR EN PÚBLICO.1. Conocer los destinatarios. Estudiantes, profesionales,empresarios ...2. Organización. Exponer de forma organizada todos los temas nospermite que sea más fácil seguir el "hilo" de la charla.3. Extensión. Exponga solamente lo fundamental del tema. Acabaríacansando al público y perdiendo su atención.4. Objetivos. Debemos concretar bien y de forma definida losobjetivos de la charla, ponencia o conferencia. El mensaje.5. Ayudas. Cuente con : proyectores, ordenadores, diapositivas,gráficos para apoyar su labor.PUNTOS FUNDAMENTALES1. Coloque el micrófono a la altura correcta y compruebe que elsonido llega a toda la sala.2. Organice bien la introducción, desarrollo y conclusión de la charla.3. No abuse de los gestos y la expresión corporal.4. En la medida de lo posible, interactúe con los oyentes, parahacerlo más ameno.
  • 5. Hable como si se dirigiera solo a una persona. Mirar al público.6. Si va con retraso, resuma partes poco importantes.7. Evite cualquier tipo de distracción: ruidos, móviles, música, etc.EL MÉTODO A UTILIZAR : Éxito de lacharla1. Informativo. Lo que se expone es nuevo para la audiencia, y seexpone de forma clara y precisa, para que la información expuestasea de utilidad al público asistente.2. Persuasivo. El orador trata de explicar características de unproducto o servicio, de convencer de la conveniencia del mismo.3. Entretenimiento. El motivo de la exposición suele tener unafinalidad de entretenimiento.PUNTOS BÁSICOS A CUALQUIER TIPO DE CHARLA:1. Ser breve en los agradecimientos y reconocimientosprevios a la charla.2. Mantener la cabeza elevada y mirar al frente y a laaudiencia, siempre que podamos.
  • 3. Cuidar la voz. Emplear un tono adecuado, una vocalizacióncorrecta y buen volumen.CONSEJOS PARA ORADORES O EXPOSITORES1. Lea su ponencia en alto varias veces para escucharse. Eincluso, grábela y escúchese o tenga a alguien con Usted paraque opine.2. Utilice su lenguaje corporal y sus gestos, como si estuviesedelante del público. Lo mejor es practicar delante de unespejo.3. Procure memorizar las partes fundamentales del texto, paraevitar una continua lectura del mismo y estar demasiadotiempo con la cabeza baja - cabizbajo-.
  • Por oratoria entendemos • Arte de hablar con elocuencia. • Disciplina del género literario que se aplica en todos los procesos comunicativos hablados, tales como conferencias, charlas, sermones, exposiciones, narraciones, etc. • Su Propósito es persuadir -; es decir, hacer que las personas tomen decisiones y actúen a voluntad ORADORES FAMOSOSGRECIA Lisias Pitágoras Demóstenes Esquilo Gorgias Pericles IsócratesEN ROMA Julio César Cicerón Octavio Lucio Licinio Craso Augusto Marco Hortensio AntonioMODERNOS Ernesto "Che" Guevara Ho Chi Minh Salvador Allende Adolf Hitler Mahatma Gandhi Martin Luther King Josef Stalin Nelson Mandela Winston Churchill Mao Tse Tung Fidel Castro Juan Domingo Perón Benito Mussolini Raúl Alfonsín Otto Von Bismarck Vladimir Lenin Robespierre Jorge Eliécer Gaitán
  • Discursos famosos QuEriDos EstuDiantEsa continuación Encontrarán unaintErEsantE sELEcción DE Discursos,EmitiDos por rEconociDísimos pErsonajEsDEL munDo.ustEDEs tiEnEn La posibiLiDaD DE LEErLos,profunDizar sobrE EL tEma y EL pErsonajEy; finaLmEntE, sELEccionar EL Discurso QuEmásLE LLamE La atEnción para prEpararsE yprEsEntarLo En cLasE.LEs rEcomiEnDo rEvisar Los consEjos Einformación DE apoyo QuE LE faciLitará LaEjEcución DE un ExcELEntE trabajo DEoratoria.
  • ¡DisfrútEnLo! Discurso DE KEnnEDy En bErLín 11 de junio de 1963 John F. Kennedy habla a los berlinesesDos mil años hace que se hiciera alarde de que se era “Civis Romanus sum”. Hoy en elmundo de la libertad se hace alarde de que “Ich bin ein Berliner”.Hay mucha gente en el mundo que realmente no comprende o dice que no lo comprendecuál es la gran diferencia entre el mundo libre y el mundo comunista. Decidles quevengan a Berlín.
  • Hay algunos que dicen que el comunismo es el movimiento del futuro. Decidles quevengan a Berlín.Hay algunos que dicen en Europa y en otras partes “nosotros podemos trabajar con loscomunistas”. Decidles que vengan a Berlín.Y hay algunos pocos que dicen que es verdad que el comunismo es un sistema diabólicopero que permite un progreso económico. Decidles que vengan a Berlín.La libertad tiene muchas dificultades y la democracia no es perfecta. Pero nosotros notenernos que poner un muro para mantener a nuestro pueblo, para prevenir que ellos nosdejen. Quiero decir en nombre de mis ciudadanos que viven a muchas millas dedistancia en el otro lado del Atlántico, que a pesar de esta distancia de vosotros, ellosestán orgullosos de lo que han hecho por vosotros, desde una distancia en la historia enlos últimos 18 años.No conozco una ciudad, ningún pueblo que haya sido asediado por dieciocho años y quevive con la vitalidad y la fuerza y la esperanza y la determinación de la ciudad de BerlínOccidental.Mientras el muro es la más obvia y viva demostración del fracaso del sistema comunista,todo el mundo puede ver que no tenemos ninguna satisfacción en ello, para nosotros,como ha dicho el Alcalde, es una ofensa no solo contra la historia, sino también unaofensa contra la humanidad, separando familias, dividiendo maridos y esposas yhermanos y hermanas y dividiendo a la gente que quiere vivir unida.¿Cuál es la verdad de esta ciudad de Alemania? La paz real en Europa nunca puede estarasegurada mientras a un alemán de cada cuatro se le niega el elemental derecho de serun hombre libre, y que pueda elegir un camino libre.En dieciocho años de paz y buena confianza esta generación de alemanes ha percibido elderecho a ser libre, incluyendo el derecho a la unión de sus familias, a la unión de sunación en paz y buena voluntad con todos los pueblos.Vosotros vivís en una defendida isla de libertad, pero vuestra vida es parte de lo másimportante. Permitirme preguntaros a vosotros como yo concluyo, elevando vuestrosojos por encima de los peligros de hoy y las esperanzas de mañana, más allá de lalibertad meramente de esta ciudad de Berlín y todos los pueblos de Alemania avanzanhacia la libertad, más allá del muro al día de la paz con justicia, más allá de vosotros onosotros de toda la humanidad.La libertad es indivisible y cuando un hombre es esclavizado ¿quién está libre? Cuandotodos son libres, ellos pueden mirar a ese día, cuando esta ciudad está reunida y este paísy este gran continente de Europa esté en paz y esperanza.Cuando ese día finalmente llegue y la gente del Berlín Occidental pueda tener unamoderada satisfacción en el hecho de que ellos están en la línea del frente casi dosdécadas.
  • Todos los hombres libres, dondequiera que ellos vivan, son ciudadanos de Berlín. Y porlo tanto, como hombres libres, yo con orgullo digo estas palabras “Ich bin ein Berliner”. "yo tEngo un suEño" El 28 de agosto de 1963 Martin Luther King En los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C.Estoy feliz de unirme a ustedes hoy en lo que quedará en la historia como la mayordemostración por la libertad en la historia de nuestra nación.Hace años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos paramos, firmó laProclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de
  • esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de lainjusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche delcautiverio.Pero 100 años después, debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro todavía no eslibre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de ladiscriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza enmedio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el negro todavíalanguidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismoexiliado en su propia tierra.Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En un sentidollegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos denuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaratoriade la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense seríael heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizadoslos derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad".Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a susciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio alnegro un cheque sin valor que fue devuelto marcado "fondos insuficientes". Pero nosrehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer queno hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Entonces hemosvenido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y laseguridad de la justicia…Existen aquellos que preguntan a quienes apoyan la lucha por derechos civiles:"¿Cuándo quedarán satisfechos?" Nunca estaremos satisfechos en tanto el negro seavíctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremossatisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados con la fatiga del viaje, no puedan accedera alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremossatisfechos en tanto la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno másgrande. Nunca estaremos satisfechos en tanto a nuestros hijos les sea arrancado su ser yrobada su dignidad por carteles que rezan: "Solamente para blancos". No podemos estarsatisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar yun negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamossatisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una cataratay el bien como un torrente…El sueñoYo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado desu credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creadosiguales.Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los exesclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntosen la mesa de la hermandad.
  • Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto,sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis delibertad y justicia.Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde noserán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.¡Yo tengo un sueño hoy!Yo tengo un sueño que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con ungobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; undía allí mismo en Alabama pequeños niños negros y pequeñas niñas negras seráncapaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanosy hermanas.¡Yo tengo un sueño hoy!Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña serábajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, yque la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremoscapaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en unahermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezarjuntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, conla certeza de que un día seremos libres.Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantarcon un nuevo significado: "Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra dondemis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar lalibertad". Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirseen realidad.Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire.Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar lalibertad desde los Alleghenies de Pennsylvania! Dejen resonar la libertad desde los picosnevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California.Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. Dejen resonar lalibertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cadacolina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad!Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonardesde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces deapresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros yhombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus
  • manos y cantar las palabras de un viejo espiritual negro: "¡Por fin somos libres! ¡Por finsomos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!" “La DEmocracia y La poLítica” El 9 de Abril de 1948 Discurso del Doctor Jorge Eliécer GaitánLa política puede estudiarse y analizarse desde dos puntos de vista. O desde aquelempírico material, pragmático, actuante, inmediato, o desde un plano de estudio másdenso y profundo; desde un plano que no mira ya al comité electoral que hace laselecciones y dispensa los favores del voto; que no mira al héroe de provincia o de veredacomo el sujeto que cada año se presenta a salvar la república. La política por esteaspecto puede ser y es un fenómeno más apasionante, más trascendental.La política en tal sentido es un fenómeno sociológico que sobrepasa hechos concretos dela actualidad inmediata.Las gentes suelen olvidarse de que los fenómenos sociales obedecen a leyes, que sesujetan a normas, siguen senderos que van estableciendo un proceso histórico. Una cosaes la política con que se entusiasma quien se refiere a cálculos de resultado inmediato,quien la hace con referencia a la próxima jornada electoral, la que tiene por objetivollegar al poder, la que se hace para mandar, para triunfar. Esa política es la empírica, la
  • que se toma como instrumento, la que es actuación. Pero hay otra que no controlan, nipodrán controlar, afortunadamente, los políticos. Ese es el fenómeno político queobedece a un proceso histórico o ideológico y que no cae bajo la simple jurisdicción delos que manejan la política. Por qué, podemos preguntarnos, un hecho que está destinadoa desenvolverse al través de múltiples mutaciones hasta alcanzar una entidad defenómeno sociológico, nace en un determinado momento? Por qué la orientaciónteocrática que un día tuvo la sociedad, más tarde la anticlerical y por qué, refiriendo alinterrogante, el tema de la propiedad, la conciencia que un día fue individualista, mástarde se convirtió en socialista? Por qué un día nace un grupo de individuos, lanza unaidea redentora, la sostiene, ésta va expandiéndose, se abre camino y llega a acrecentarsehasta que llega a arrojar la voluntad de las multitudes? He aquí la política como procesohistórico, como fenómeno sociológico, muy distinta de la política como práctica, comonecesita del momento. Es decir, que puede darse el caso de que se registre unadesarmonía, un desequilibrio, una carencia de euritmia entre el fenómeno político, entrela política como acto, la política como necesidad, la política como recurso guerrillero delas circunstancias.[...]Y en la revolución francesa, revolución que buscó el dominio de la políticaindividualista a base del imperio de la libertad, es cierto que no se le apellidó comunista,pero fue otra la palabra con la que las fuerzas de la reacción trataban de colocar un diqueendeble al empuje arrollador de ese movimiento que en su tiempo aspiraba a realizar unmejoramiento en favor del pueblo. De manera que nada tiene hoy que extrañarle a lagente, porque nada tiene de original en su mezquina perfidia, la táctica que esas mismasfuerzas de regresión emplean como valla para atajar el proceso que viene siguiendo estedespertar. Este crear una nueva sensibilidad social en beneficio del pueblo.[...]No se triunfa, en el plano de los sistemas, del servicio a las doctrinas, ejerciendo lacoacción económica contra el pensamiento de la clase sin haberes. Hay otra cosa másfecunda, otra manera más grande, otros medios más nobles, otros caminos más puros detrabajar por el triunfo de los ideales que no sirven para alcanzar batallas de eficaciatransitoria, pero que se dirigen a procurar la sanidad colectiva en beneficio futuro de lanacionalidad.[...]Y tened en cuenta que la conciencia nacional, ésta que estamos creando, a la cualestamos elevando en su nivel de cultura, despertando en su ambición, dándoleconciencia de sus derechos y de sus posibilidades, no se fiará ya más de las palabras enrespaldo de la realidad, de las palabras áureas y sonoras que esconden tras de su brillomuchas veces la carrona y la pequeñez; palabras que son mentira; palabras que son farsa,porque bajo su significado oportunista, el ideal se ha muerto, y sólo se encuentra elcontenido de un interés personal o lo mezquino del propósito.[...]Eso que se llama partido político, o secta religiosa, o cualquiera otra de las entidadespolíticas, que igual se nutren de la idea como del temperamento, o del instinto, necesitanpor lo menos un coeficiente medio de auritmia y armonía si quieren conservarse. Puedentener realidades intrínsecas fecundas, pero dentro de la armonía es imposible perpetuarsea través del tiempo y apenas si viven transitoriamente. Pensar que este problema de launidad efectiva y la disparidad ideológica que caracteriza a los miembros de un mismopartido en Colombia no ofrece peligros porque ello no les cohibe para concurrir unidos a
  • la faena electoral es un grave error, un menoscabo histórico de su fuerza creadora.[...]Yo oí una magnifica exposición de Darío Echandia. Y le oí decir: “ Hay algo que nosdefine, algo que nos da carácter: somos demócratas”. Pero en el mundo moderno, lademocracia no es resolver un problema sino plantearlo. Democracia! Pero cuál?. Lamultitud ama la democracia. Todos la amamos en este país. Pero cuál es la quedeseamos ver realizada? La teocrácia, la de ayer, que no tenía consagración en el ágorapública sino en los palacios destinados al culto de Dios!.[...]Y todos nosotros nos jactamos de profesar y servir la democracia. Pero se trata ahora desaber cuál es el contenido de esa democracia. Se trata de la democracia económica, de lademocracia de contenido y no de forma, de la democracia como triunfo de las normasque rediman a la mayoría y no de la democracia en traje de luces de la revoluciónfrancesa que divorciaba el hecho político del hecho económico.[...]La gente que tiene determinadas ideas es este país suele pensar ingenuamente que sin elimperio de esas ideas la humanidad se desquicia[...]Hoy existe en el plano de la política el concepto de derechas y el concepto de izquierdas.Conceptos que se entienden en su contenido como dos fuerzas que se encuentran, que seatacan. Las derechas siguen siendo hoy como ayer y como antes, las fuerzas de reacción,las fuerzas conservadoras, las fuerzas de estrato, que se oponen al avance de larevolución... No nos importe que así nos llamen izquierdistas, ya que no hay sino unaverdad cierta y rotunda: y es que hoy, como siempre, nada podrá evitar la derrota de lasfuerzas conservadoras de todos los partidos ni la victoria de las fuerzas revolucionarias.
  • oración por La paz 7 de febrero de 1948 En la Manifestación del Silencio en la plaza Bolívar de Bogotá (Jorge Eliecer Gaitán)Señor Presidente Mariano Ospina Pérez:Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando elquerer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, laceradopor tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para lapatria.En todo el día de hoy, Excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado unespectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país,de todas las latitudes —de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies— han llegado a
  • congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocabledecisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desembocaen esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un solo grito, porque en el fondo de loscorazones sólo se escucha el golpe de la emoción. Durante las grandes tempestades lafuerza subterránea es mucho más poderosa, y esta tiene el poder de imponer la pazcuando quienes están obligados a imponerla no la imponen.Señor Presidente: Aquí no se oyen aplausos: ¡Solo se ven banderas negras que se agitan!Señor Presidente: Vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo quees capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicologíacolectiva para recatar la emoción en un silencio, como el de esta inmensa muchedumbre.Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajoel estímulo de la legítima defensa.Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Perosi esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hayun partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre sigaderramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de laconciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia delpueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, dondelos vítores y los aplausos desaparecen para que solo se escuche el rumor emocionado delos millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombresvillanamente asesinados.Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritude los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, elmismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Tododepende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en suciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestravoluntad.Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tengaque navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas.Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen antepropios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos queaniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestrasvidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo quepuede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar lacapacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.
  • Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y estegrito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestrasmadres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que ostraten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: Bienaventurados los que entienden que laspalabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor yexterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de laspalabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con eldedo de la ignominia en las páginas de la historia! ELogio DE La LEctura y La ficción Estocolmo, 7 de diciembre de 2010. Discurso Nobel Mario Vargas LlosaAprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de laSalle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida.Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras delos libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y delespacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viajesubmarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas queamenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañasde París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacitode hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras
  • cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que seterminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vidahaciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía,las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo lospoemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz ycalva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó avolcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar,alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que mequerían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda,también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo aesta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnoscontra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural,disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculopasajero.No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en elpapel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estabanlos maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que eltalento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –laescritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell,Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y laambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategianarrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, unensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar elcurso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral esinhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en eltiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sussombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme lossecretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirarsus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, losanimadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peorescircunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin lavida no podríamos leer ni fantasear historias.Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantospobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir noera un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempreescribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casitodo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en unasociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y lajusticia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a lasconciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real conque volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel quecuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas.Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas,menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquieraexistiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quienbusca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo,
  • que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento dela condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivirde alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos deuna sola.Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que lavida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano,una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos enel sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión,pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de losciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura parareprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacenporque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, losediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las haceposibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en elmundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias,propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de lafantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en lasensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, deaceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidoresy carceleros viven más seguros y mejor.La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir osorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres yprejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en elmar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú.Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y JuliánSorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale deaquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos quetodos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, elestremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o esun agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea unafraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entrehombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y laestupidez…
  • ELogio DE La LEctura y La ficción Estocolmo, 7 de diciembre de 2010. Discurso Nobel Mario Vargas LlosaNunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todoslos lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín,en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa.Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas,alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me pareceque haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitadoeso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país –lo que tampoco tendríamucha importancia–, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguiríanalimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstasparezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país dondenací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida,y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando
  • los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igualque cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a losamantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellasexperiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mivocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más,me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni melo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor yestuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a losgobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sancionesdiplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, decualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, lade los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformadosde Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera ylos peruanos no lo permitan– el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estadoque aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasionalde un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a losdemás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que unadictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupcióny de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitosy prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando lareconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sincontemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sancioneseconómicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo,solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentesvenezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a lasdictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con susverdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”.No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todoslos peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturasprocedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero delas culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca yParacas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos delmundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap,Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con susalforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana,el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que losAndes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre,su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Siescarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeñoformato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene unaidentidad porque las tiene todas!La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, ydebemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellosdespojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, losespañoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra.Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos
  • de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, envez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieronexplotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunospaíses, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo contoda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es unaresponsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo unaasignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobioy vergüenza.Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como elagradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a estatribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados,andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores,cuyo talento acaso –triste consuelo– descubriría algún día la posteridad. En España sepublicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como CarlosBarral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieranlectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía.Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporteespañol porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso deuna misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esencialescomo la historia, la lengua y la cultura. De todos los años que he vivido en sueloespañol, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos delos años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era yaun fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener loscontroles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba aparchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes depensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos.Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura nivivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Seconvirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar elanticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital culturalde América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentesde los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porqueera donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor denuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo,amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelonafue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante viviry trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritoresespañoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños deuna misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de ladictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonistaprincipal.Detesto toda forma de nacionalismo, ideología –o, más bien, religión– provinciana, decorto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su senoprejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral yontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, elnacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dosguerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tantocomo el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en
  • insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas envez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales…. ELogio DE La LEctura y La ficción Estocolmo, 7 de diciembre de 2010. Discurso Nobel Mario Vargas Llosa…Patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroesemblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos ylos tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe unhogar al que podemos volver.El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre,mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas,porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a laCiudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo
  • y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo ytriste apelativo–, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes almundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecadomortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subiral escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en elMiraflores limeño –la llamábamos el Barrio Alegre–, donde cambié el pantalón cortopor el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a laschicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a misdieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, haocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor elmundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente,buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perúno era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entoncesconfinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido portoda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que conun puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son misamigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas,apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y lacultura de la libertad.El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuvela fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietasque me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en untorbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos quenos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve losproblemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a losperiodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace ydeshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace elmejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sinouna realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba,donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias deTarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban losmurciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esatierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, unagracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mipadre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme demarino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir.Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me revelóque aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir conél, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia ydescubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leerlos buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, unaaventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, aescondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. Laliteratura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, deprotestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces yhasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, aorillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha
  • sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a laplaya.Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor,siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me hahecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo unahistoria, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de algunaexperiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo quegerminó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada defantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muycierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza,peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo comoun cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar eseapetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar asentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma yparece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan,piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponerarbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que lahistoria pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando comola primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días,semanas y meses, sin cesar.Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de susformas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desdeque, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de ArthurMiller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir undrama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatralhabría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vezmás hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a lasombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veíaalguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuelacentenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidadcircundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Ysentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre unescenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. Laescribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, conNorma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela,ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setentaaños, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esatemeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es,para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a unpersonaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecerbastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón,haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que laacompañó).La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda aentenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos ymorimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vidaverdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que sueleser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que
  • alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como latrascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de lahistoria, el más acá y el más allá del conocimiento racional.Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestrosantepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que lespermitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en nocheshirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y acontárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas deseres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización,el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar alindividuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad,a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a lasestrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vezcomo una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de unmundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, unremanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decirapenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron asoñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos,dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceresembrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario:romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseosy ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar lasincógnitas de que estaba constelado su entorno.Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias,además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere laliteratura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevasgeneraciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectualque aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindiblepara que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejorde lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida nose reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad peroignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de lasmáquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sinliteratura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatasprivados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir desí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vidatautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura hanmultiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamosal letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud,removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos ala que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, lasgrandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura sevuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados deanhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad.Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos,acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales
  • y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y larebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir laviolencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella.Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemosque seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamosencontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempoy de convertir en posible lo imposible. La soLEDaD DE américa Latina ESTOCOLMO 1982 Discurso de aceptación del Premio Nobel Gabriel García MárquezAntonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primerviaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional unacrónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó quehabía visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembrasempollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picosparecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas demula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer
  • nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquelgigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestrasnovelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidadde aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. El dorado,nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años,cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de lafuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró duranteocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieronunos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantosmisterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cienlibras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpay nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena deIndias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontrabanpiedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hacepoco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción deun ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viablecon la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en laregión, sino que se hicieran de oro…Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda,iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a vecestambién en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca lasnoticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados ymujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenidoun instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamasmurió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nuncaesclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrataque había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a caboel primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones deniños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos hannacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represiónson casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantesde la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárcelesargentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dadosen adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por noquerer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres entodo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos paísesde la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los EstadosUnidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatroaños...Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, laque este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidadque no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestrasincontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable,
  • pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es másque una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas,guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenidoque pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido lainsuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es,amigos, el nudo de nuestra soledad.Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no esdifícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en lacontemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido parainterpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que semiden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, yque la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lofue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuyea hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios.Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propiopasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla yotros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbredurante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en elsiglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y susrelojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeodel Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon ydevastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre unnorte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Perocreo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patriagrande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo sumanera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos,mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman lailusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada dequimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en unaaspiración occidental.No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entrenuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distanciacultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nosniega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social?¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer ensus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos encondiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia sonel resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulaciónurdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lohan creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de sujuventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandesdueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
  • Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida.Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerraseternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de lavida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millonesmás de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como paraaumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacenen los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. Encambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destruccióncomo para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hastahoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego aadmitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si notuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad,el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que unasimple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo eltiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo locreemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde paraemprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida,donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto elamor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledadtengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premioque me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lectory de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Susnombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como elcompromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que enellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esaslecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestracondición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa,suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en dondesolemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuálha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de unamanera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsasmodestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido lamisma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, unhomenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumadorde las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que lasempuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en eldelgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la EdadMedia. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en lasAlturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan sutristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energíasecreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor yrepite las imágenes en los espejos.
  • En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar losespíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de midevoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordospoderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad,como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso queinvitó a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, LuisCardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia delhombre: la poesía. Muchas gracias. por un pais aL aLcancE DE Los niños Julio 1994. Discurso Comisión De Sabios Gabriel García MárquezLas primeros españoles que vinieron al Nuevo Mundo vivían aturdidos por el canto delos pájaros, se mareaban con la pureza de los olores y agotaron en pocos años unaespecie exquisita de perros mudos que los indígenas criaban para comer. Muchos deellos, y otros que llegarían después, eran criminales rasos en libertad condicional, que notenían más razones para quedarse. Menos razones tendrían muy pronto los nativos paraquerer que se quedaran.Cristóbal Colón, respaldado por una carta de los reyes de España para el emperador deChina, había descubierto aquel paraíso por un error geográfico que cambió el rumbo dela historia. La víspera de su llegada, antes de oír el vuelo de las primeras aves en la
  • oscuridad del océano, había percibido en el viento una fragancia de flores de la tierraque le pareció la cosa más dulce del mundo. En su diario de abordo describió que losnativos los recibieron en la playa como sus madres los parieron, que eran hermosos y debuena índole, y tan cándidos de natura, que cambiaban cuanto tenían por collares ysonajas de latón…En la esquina de los dos grandes océanos, se extendían cuarenta mil leguas cuadradasque Colón entrevió apenas en su cuarto viaje, y que hoy lleva su nombre: Colombia.La habitaban desde hacía unos doce mil años varias comunidades dispersas de lenguasdiferentes y culturas distintas, y con sus identidades propias bien definidas.No tenían una Nación de estado, ni unidad política entre ellas, pero habían descubierto elprodigio político de vivir como iguales en las diferencias…Tuvo que transcurrir un siglo para que los españoles conformaran el estado colonial, conun solo nombre, una sola lengua y un solo dios. Sus límites y su división política de doceprovincias eran semejantes a los de hoy. Esto dio por primera vez la noción de un paíscentralista y burocratizado, y creó la ilusión para una sociedad que era un modelooscurantista de discriminación racial y violencia larvada, bajo el manto del Santo Oficio.Los tres o cuatro millones de indios que encontraron los españoles estaban reducidos aun millón por la crueldad de los conquistadores y las enfermedades desconocidas quetrajeron consigo. Pero el mestizaje era ya una fuerza demográfica incontenible, y losesclavos africanos, traídos por la fuerza para los trabajos bárbaros de minas y haciendas,habían aportado una tercera dignidad al caldo criollo, con nuevos rituales deimaginación y nostalgia, y otros dioses remotos, pero las leyes de Indias habíanimpuesto patrones milimétricos de segregación según el grado de sangre blanca dentrode cada raza: mestizos de distinciones varias, negros, esclavos, negros libertos, mulatosde distintas escalas. Llegaron a distinguirse hasta dieciocho grados de mestizos, y losmismos blancos españoles segregaron a sus propios hijos como blancos criollos…Dos dones naturales nos han ayudado a sortear ese sino funesto, a suplir los vacíos denuestra condición cultural y social, y a buscar a tientas nuestra identidad. Uno es el donde la creatividad, expresión superior de la inteligencia humana. El otro es una arrasadoradeterminación de ascenso personal…Del lado hispánico, en cambio, tal vez nos venga el ser emigrantes congénitos conespíritu de aventura que no elude los riesgos. Todo lo contrario: los buscamos. De unoscinco millones de colombianos que viven en el exterior, la inmensa mayoría se fue abuscar fortuna sin más recursos que la temeridad, y hoy están en todas partes, por lasbuenas o por las malas razones, haciendo lo mejor o lo peor, pero nunca inadvertidos. Lacualidad con que se les distingue en e] folklore del mundo entero es que ningúncolombiano se deja morir de hambre. Sin embargo, la virtud que más se les nota es quenunca fueron tan colombianos como al sentirse lejos de Colombia…La paradoja es que estos conquistadores nostálgicos, como sus antepasados, nacieron enun país de puertas cerradas. Los libertadores trataron de abrirlas a los nuevos vientos deInglaterra y Francia, a las doctrinas jurídicas y éticas de Bentham, a la educación de
  • Lancaster, al aprendizaje de las lenguas, a la popularización de las ciencias y las artes,para hon,ar los vicios de una España más papista que el papa y todavía escaldada por elacoso financiero de los judíos y por ochocientos años de ocupación islámica. Losradicales del siglo XIX. y más tarde la Generación del Centenario, volvieron aproponérselo con políticas de inmigraciones masivas para enriquecer la cultura delmestizaje. pero unas y otras se frustraron por un temor casi teológico de los demoniosexteriores. Aún hoy está lejos de imaginar cuánto dependernos del vacío mundo queignoramos.Somos conscientes de nuestros males, pero nos hemos desgastado luchando contra lossíntomas mientras las causas se eternizan. Nos han escrito y oficializado una versióncomplaciente de la historia, hecha más para esconder que para clarificar, en la cual seperpetúan vicios originales, se ganan batallas que nunca se dieron y se sacralizan gloriasque nunca merecimos. Pues nos complacemos en el ensueño de que la historia no separezca a la Colombia en que vivimos, sino que Colombia termine por parecerse a suhistoria escrita.Por lo mismo, nuestra educacion conformista y represiva parece concebida para que losniños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de ponerel país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. Semejantedespropósito restringe la creatividad y la intuición congénitas. y contraría laimaginación. la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, hasta que los niñosolviden lo que sin duda saben de nacimiento: que la realidad no termina donde dicen lostextos, que su concepción del mundo es más acorde con la naturaleza que la de losadultos, y que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que legusta, y sólo en eso.Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde loinverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura. En todo:en lo bueno y en lo malo, en el amor ¡en el odio, en el júbilo de un triunfo y en laamargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que loscreamos. Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos y trabajadoresencarnizados, pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil. Tenemos en el mismocorazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico. Un éxito resonante ouna derrota deportiva pueden costarnos tantos muertos como un desastre aéreo. Por lamisma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión,el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casiirracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir. Al autor delos crímenes más terribles lo pierde una debilidad sentimental. De otro modo: alcolombiano sin corazón lo pierde el corazón.Pues somos dos países a la vez: uno de papel y otro en la realidad. Aunque somosprecursores de las ciencias en América, seguimos viendo a los científicos en su estadomedieval de brujos herméticos, cuando ya quedan muy pocas cosas en la vida diaria queno sean un milagro de la ciencia. En cada uno de nosotros cohabitan, de la manera másarbitraria, la justicia y la impunidad; somos fanáticos del legalismo, pero llevamos biendespierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, opara violarlas sin castigo. Amamos a los perros, tapizamos de rosas el mundo, morimos
  • de amor por la patria, pero ignoramos la desaparición de seis especies animales cadahora del día y de la noche por la devastación criminal de los bosques tropicales, ynosotros mismos hemos destruido sin remedio uno de los grandes ríos del planeta. Nosindigna la mala imagen del país en el exterior, pero no nos atrevemos a admitir que larealidad es peor. Somos capaces de los actos más nobles y de los más abyectos, depoemas sublimes y asesinatos dementes, de funerales jubilosos y parrandas mortales. Noporque unos seamos buenos y otros malos, sino porque todos participamos de ambosextremos. Llegado el caso - y Dios nos libre - todos somos capaces de todo.Tal vez un reflexión más profunda nos permitiría establecer hasta qué punto este modode ser nos viene de que seguimos siendo en esencia la misma sociedad excluyente,formalista y ensimismada de la Colonia. Tal vez una más serena nos permitiría descubrirque nuestra violencia histórica es la dinámica sobrante de nuestra guerra eterna contra laadversidad; tal vez estemos pervertidos por un sistema que nos incita a vivir como ricosmientras el cuarenta por ciento de la población malvive en la miseria, y nos hafomentado una noción instantánea y resbaladiza de la felicidad; queremos siempre unpoco más de lo que ya tenemos, más y más de lo que parecía imposible, mucho más delo que cabe dentro de la ley, y lo conseguimos como sea: aún contra la ley. Conscientesde que ningún gobierno será capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por serincrédulos, abstencionistas e ingobernables, y de un individualismo solitarió por el quecada uno de nosotros piensa que sólo depende de sí mismo. Razones de sobra paraseguir preguntándonos quiénes somos, y cuál es la cara con que queremos serreconocidos en el tercer milenio.La Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo no ha pretendido una respuesta, pero haquerido diseñar una carta de navegación que tal vez ayude a encontrarla. Creemos quelas condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación serásu órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva,que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en unasociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividadinagotable y conciba una ética - y tal vez una estética - para nuestro afán desaforado ylegítimo de superación personal. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar,de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguiramándolas por separado como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida lainmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y laviolencia, y nos abra al fin la seguñda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpedesgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el,país próspero y justo que soñamos: alalcance de los niños.
  • EL Discurso DEgEttysburg 19 de noviembre de 1863 El más famoso discurso del presidente Abraham Lincoln. Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales. Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa. Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo. El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí decimos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, los que debemos
  • consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que, aquellos que aquí lucharon, hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que, de estos muertos a los que honramos, tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron hasta la última medida completa de celo. Que resolvamos aquí, firmemente, que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra. úLtima procLama DEL LibErtaDor [1830] Óleo de Quijano, Quinta de Bolívar, Bogotá, Colombia Libertador de Colombia Simón Bolívar A los pueblos de ColombiaColombianos:Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía.He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separédel mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi desprendimiento. Mis enemigosabusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi
  • amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a laspuertas del sepulcro. Yo los perdono.Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer lamanifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación deColombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblosobedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuariodirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en defender lasgarantías sociales.¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muertecontribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo alsepulcro.