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narrativa de Ingrid Odgers

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  • 1. PDF MÁS SILENCIOSA QUE MI SOMBRA Ingrid Odgers Toloza NOVELA
  • 2. 2 A mis hijosCARLOS Y PABLO
  • 3. 3 El más terrible de los sentimientos es elsentimiento de tener la esperanza perdida. Federico García LorcaEl amor es el más ardiente olvido de todo. Victor Hugo
  • 4. 41 LunesAlberto llegó tarde. Yo estaba leyendo un libro cuando sentí girar la llave en lacerradura. Siempre es igual. Dejé el libro a un lado de la cama, tomé el últimoremedio del día y deposité el vaso de agua en la mesita de noche. Escucho suspasos cruzar el umbral del dormitorio. Se desabrocha la corbata, cuelga lachaqueta en la silla. Apenas dice hola y me mira con ojos entrecerrados y rostroserio, sus facciones duras me intimidan como de costumbre, contesto un hola yagrego, al ver que va a salir de la habitación hacia el pasillo, en el microondas estátu comida. No responde, nunca lo hace. Cierro los ojos mientras pienso: Hepermanecido pegada como una lapa a la misma roca, sintiéndome un taburete enel último rincón de la casa. Antes, cuando la primavera latía y todo danzaba en elcentro de mí vislumbrando horizontes de coloridas ramas, yo podía elegirlibremente, posarme en una u otra. Ya no es posible cambiar. Estoycomprometida. Elegí, aunque muchas veces, me parece que otros han elegido pormí, dirigiendo mis pasos. No sólo eso, me he dedicado a tejer una telaraña cuyatextura pareciera estar a punto de desaparecer. Y yo con ella.
  • 5. 52 MartesLlevé a Camilo al colegio, la profesora jefe quería conversar conmigo. Camilo estádistraído en clases, no hizo el último trabajo de ciencias sociales. Debopreocuparme más de él, dice que se lo pasa solo. Pasé a ver mis padres, ¡undesastre llegar a viejos!, falta dinero para unos remedios. Tendré que hablar conAlberto. Almuerzo sola. Los chicos llegan a las cinco, me arreglo para salir, unpoco de maquillaje, un delineador suave y listo. La tarde es larga, demasiadolarga. Le doy las instrucciones a la Pepa; que ponga la mesa y los niños coman elpostre de quaker, que vigile que hagan las tareas. Me voy a dar una vuelta alcentro, camino a paso lento, atravieso la Plaza de Armas, veo la pileta dondeantes habían un montón de peces, recuerdo que cuando niña podía estar durantehoras mirándolos extasiada, la fuente parecía un conjunto de mariposas a puntode emprender el vuelo, ahora esta sucia, envoltorios de confites, colillas y papelesse desparraman en su interior, el descuido es evidente, su aspecto me pareciódesagradable, miro los añosos árboles, apenas anuncian la primavera, entro a uncafé, pido un cortado, garabateo en unas servilletas. El local esta semi desierto, laescasa iluminación es una espesa bruma que agobia, las horas me hunden en lamás insoluble zozobra. Mis amigas trabajan. Estoy cesante, es espantosa lainercia laboral, como si te hubieran cortado las manos y te transformaran depronto en un ser inútil, carente de valor. Me cansé de enviar currículum a todos losavisos que aparecen en el diario, es un gasto inútil. Levanto los ojos y observo elsalón, sillas y mesas vacías, una que otra persona conversa en sordina, lapenumbra del entorno me estremece. Enciendo un cigarrillo, quedo detenida enuna grieta que descubro en la pared, es pequeña y parece profunda, alrededor lapintura está descascarada, alguna vez fue de color damasco, lentamente fumo ypienso: tengo treinta y cinco años y me siento una anciana, no sé qué voy a hacercon mi vida.
  • 6. 6Llegué a las ocho p.m. a la casa, todo está en su lugar, la mesa puesta,impecable, se siente el aroma a tierra húmeda de las plantas recién regadas, loslibros correctamente ordenados en el estante que ocupa parte del living, el pisoreluciente, parece la casa perfecta. Alberto no ha llegado. Reviso las tareas deCamilo, Nicolás está encerrado en su pieza escuchando música, le pregunto cómole fue, me responde que bien y agrega: estoy chato con la vieja de inglés, le digoque estudie. Y recalco, es tu única responsabilidad. Me dice: Ya lo sé, mamá, yasé. Voy a la cocina, me preparo un té y me instalo en el living a conversar con laPepa, ella tiene como treinta años, es morena, de estatura mediana y de risa fácil,es buena conversadora, bastante entretenida y usa unas falditas cortas, que sonun horror. Cada cual con sus gustos.
  • 7. 73 MiércolesAnoche no vi a Alberto. Me quedé dormida, no sé a qué hora llegaría. La Pepame dice que tampoco lo sintió venir. Tomo el desayuno en cama, en un rato másme ducho y voy a casa de mis viejos, pero antes tengo que mandar a la Pepa acomprar lo que falta para el almuerzo. Estirar el billete, pan de cada día desde queya no trabajo. A punto de salir me llama Marcela, una invitación para mañana acenar, no pueden faltar dice y yo le digo ojala vea a Alberto y pueda hablar con élpara contarle. La Marcela no puede creer que hayan pasado dos días sin que él yyo hubiésemos conversado. Créelo hijita le digo, pienso llamarlo a la oficina y lecorto agradeciendo la invitación. Emito un profundo suspiro luego de terminar laconversa con Marcela. Quedo de pie en el living, los rayos de sol se desvanecenen la alfombra como en mis vértebras, el silencio se esparce en las paredes yqueda estancado en el fondo de mí. La verdad nadie me cree que la falta decomunicación es el punto negro en mi matrimonio. Por no decir el abismo que secierne como buitre sobre nuestro hogar.En la tarde llamé a Alberto a la oficina, le cuento de la invitación a casa deMarcela, dice mañana viernes tengo que hacer. Le pregunto si puede postergar elasunto, responde, veré que hago, contesto Ok. Antes de colgar, le digo quenecesito plata para comprarle remedios a papá, me responde mañana en lamañana te dejo, está bien digo. Me despido con un escueto chao, y cuelgo. Meparece verlo, alto, moreno, rostro hosco, tan distinto al hombre del que meenamoré. Suspiro. Hoy en la tarde no salí, estoy leyendo a Donoso. Me gusta, leeres mi deleite. El cine y la lectura son mi pasión. La última película fue cuandovolví a arrendar “El pájaro canta hasta morir”, una belleza que encontré por suerteen el video club, me la traje junto a “Sexo con amor”, nueva película chilena, mepareció algo patética, muestra la realidad, creo, de la mayoría de las parejas.Tomo once con los niños, Nicolás pelea por unas tostadas con Camilo. Tiene sieteaños, Nicolás quince. Tanto que deseaba un hermanito el Nico y lo único que hace
  • 8. 8es molestarlo. Camilo llora, me pongo histérica. Alberto nunca les dice nada a losniños, tengo que ser siempre la malvada, la vieja gritona que castiga. Termina laonce y con ella el temporal. Nicolás sale a casa de un amigo, Camilo tienetareas, es decir, tenemos tareas, le ayudo con la de matemáticas y ciencias, hayque buscar animales y sus características. Falta cartulina, siempre falta algo. Lepido a la Pepa que vaya a comprar, ojalá encuentre.
  • 9. 94 JuevesLa Pepa trajo la cartulina y al final los tres terminamos el trabajo. Nos fuimos aacostar. Alberto no llegó temprano, típico, no pudimos hablar. Sentí cuando mequitó los lentes que tenía colgados en la nariz y el libro que sostenía en lasmanos. Apagó la luz, me acurruqué en mi lado, de costado y mirando hacia lapuerta, como siempre. Desde la calle, un débil hilo de luz traspasó la ventanahasta la cama, un frío se coló por la puerta quedándose en mis sábanas, me agito.A las nueve de la mañana llamo a Alberto a la oficina, me dice con sucaracterística voz grave: en la cómoda, en el primer cajón te dejé dinero para losremedios, le pregunto si iremos donde Marcela mañana, después te digo, meresponde y yo me quedo en la cama con el sopor matutino y el sol haciéndomeburla por la ventana. En la tarde voy donde mis padres, paso a buscar la receta,salgo a la farmacia y vuelvo con el remedio. Llega mi hermana conversamos unpoco, tomo once con ellos y vemos una teleserie, me cargan pero donde mandacapitán no manda marinero me digo y permanezco quieta, hay que aminorar latarde. La casa de mis padres es mi refugio, la calidez de su hogar y la alegríasempiterna de mamá mengua el dolor que se asienta en mí. Nos da un ataque defrutas, mamá hace el merengue y hacemos tutti fruti. Conversamos de los niños,nos despedimos tardísimo. Son las veintitrés p.m. cuando llego a casa. La Pepaestá en su habitación. Alberto acostado roncando, los niños duermen. Sólo el tic-tac del reloj rompe el sigilo. Voy al baño, me lavo, me pongo el pijama y meacuesto.
  • 10. 105 Viernes.Despierto de mal humor. Este animal todavía no me ha dicho si iremos o no acasa de Marcela, no insistiré, a ver qué pasa. Voy al supermercado, hay que haceralgunas compras. Dispongo el almuerzo, veo lo que falta en la despensa, anoto ysalgo. El día está soleado pero un poco frío. Este tiempo no la deja a una vestir loapropiado, o te mueres de frío o de calor o te sobra ropa o te falta. Elsupermercado estaba lleno de gente ¡Mierda! Regreso cargada, con los dedosadoloridos y bastante enrojecidos. Día de la quincena, me costó tomar un taxi,todos pasaban ocupados. El taxista me da la lata, yo no tengo ganas de hablar,realizo un esfuerzo y me hago la simpática, él no tiene la culpa de cómo mesiento, la rutina de los días se extiende en la vereda, mujeres con bolsas, hombrescon maletines, atraviesan la calzada a pasos rápidos. Subo a casa y desempaco,ordeno en la cocina el contenido de la caja y unas bolsas. Alberto ha llamado dosveces me cuenta la Pepa, le devuelvo el llamado y me dice que a las ocho p.m.me pasa a buscar. Está bien, le digo, agrega; no te demores, tienes que estar listacuando pase a la casa. Pienso, es tan de él esa frase, le carga que lo hagaesperar, pero no tiene contemplaciones con sus retrasos.Almuerzo conversando cualquier cosa con la Pepiña, después leo sumida en misillón predilecto. Me sirvo té en el comedor, enciendo un cigarrillo y quedoobservando el cuadro colgado en la pared, el esbozo de un caminodesguarnecido, sin horizontes, se asemeja al estío que me anega. Los niñosllegan, no quieren once o por lo menos nada caliente. Les preparamos un vaso deleche fría y un sándwich de queso, comen hambrientos, después, van a ordenarlas mochilas y se colocan el buzo. Es viernes en la tarde y ellos tienen chipe librepara jugar, Camilo se junta con sus amigos en el patio de abajo, Nicolás mástecnológico se pone de acuerdo con unos amigos para jugar en la red cibernética.Voy a la ducha y me cambio ropa para salir. Tomo otro té y lo acompaño con otrocigarrillo. Me quedo ante el ventanal que tiene las cortinas plegadas y las
  • 11. 11persianas arriba. Clavada en el piso, miro las nubes que navegan imperceptiblesel cielo. Después de disfrutar el tibio sabor del té, me zambullo en el closet, enbusca de un bolso o una cartera apropiada para la noche, saco el conjunto negro,ese de peto y pantalón en seda, me parece adecuado, en tanto, Nicolás me pide agritos desde su pieza que haga un queque, mañana respondo, mañana sábado.Le digo a la Pepa que a las nueve entre a Camilo y que se preocupe deprepararle la tina, sécale el pelo con el secador, no le vayan a doler los oídos.Insisto en que tiene que bañarse, sé que llega sucio con la tierra del parque.Vivimos en la calle Ongolmo, a una cuadra de la Universidad y del ParqueEcuador, un barrio tranquilo. Son las ocho y cinco y entra Alberto a cambiarsezapatos, camisa y chaqueta, se afeita rápido. Toma un café con tostadas y va alavarse los dientes, no emite palabras, ¿Estamos listos? pregunta al fin y yorespondo, si, listos. Me despido del Nico y la Pepa, me miro en el espejo, la figurade una mujer de un metro sesenta, algo gruesa, blanca, de pelo castaño y ojospardos me saluda, las personas suelen decir que mi mirada tiene un dejo detristeza, muevo la cabeza y me digo, ésta soy, y salvo la tristeza, me gusta lo queveo, retoco los labios. Salgo detrás de Alberto, subimos al auto, no hablamos.Vamos a la cena. Paramos a comprar cigarrillos, él se baja en el supermercadoLos Ramos, veo que intercambia algunas palabras con la cajera, regresa alvehículo, sin palabras me entrega una cajetilla de Kent, característico. Siempreque salimos compra Kent, es más light, según él es como especial para cuandosalimos con los amigos. Tonteras de Alberto.
  • 12. 126 La cena.El marido de Marcela está de cumpleaños, nos enteramos al entrar. La verdad yono tengo memoria para los cumpleaños, además pienso que cualquier día estábien para hacer un regalo, mucho mejor si de sorpresa y sólo de cariño. Unmontón de amigos y varios regalos en unas sillas, hay amigos comunes, de lostiempos del colegio, de casas vecinas, algunos familiares sentados alrededor de lagran mesa del comedor. Una sala preciosa, amplia, confortable. Saludamos y sehace el brindis inicial con una copa de champagne, Alberto hace el brindis, tieneuna oratoria que no falla. Ojalá hablara así en la casa, me digo mientras levanto lacopa al mismo tiempo que los festivos comensales. Somos alrededor de treinta. Lacomida es asado a la chilena, ensaladas, papas, ají rojo, vino tinto, ponche, untrozo de torta de piña con café o té, pisco sour o piscola después del postre. Ésteúltimo es espectacular, helado, servido en unas gigantes y rectangulares copascolor cielo, con harta fruta, crema y bañado en salsa chocolate. Al verlos, algunosaplauden felices. Luego del café, los cigarrillos humean iracundos entre las tallas.Es fastidioso estar sentados por horas, me disgusta. Después de las doce de lanoche abren las botellas de whisky, los hombres se apiñan en un rincón de la salacolor verde claro, conversan de pie alrededor de una mesa con picadillos ybotellas de licor. Al otro lado, las mujeres se sientan en sofás y sillones, algunasconversan, otras fuman, limitándose a escuchar. La cháchara de costumbre de lasféminas: los hijos, los títulos, el último viaje a Europa, que Estados Unidos, Miamiy Cancún. Un verdadero tedio, no sé qué hago aquí. Alberto está en su salsa, esel centro de la conversación. Pasaron de la política al fútbol, de los seguros a labolsa y las posibilidades de inversión. La mayoría son empresariosindependientes, las mujeres, algunas comerciantes, otras amas de casa conprofesión, pero no trabajan, dicen. El trabajo de la casa no cuenta para nadie y alparecer ni para ellas, eso que algunas dicen que primero son mamá.Incongruencias, me digo, ¡qué mierda hago aquí! entre tanta mujer que no hablanada interesante. Me habría gustado conversar con Marcela, ella está dando
  • 13. 13vueltas por todos lados repartiéndose entre los invitados, definitivamente parahablar con ella, deberé invitarla a otro lugar, en otra ocasión y las dos solas. Lasala repleta, las carcajadas, las copas danzando entre los dedos, son unabofetada para la tristeza que invade mis entrañas. Es un fastidio comprensible quehaya invitado a tanta gente, el Pato tiene harta familia entre hermanos y sobrinos,no dejemos de lado las amistades. Miro la hora, son las dos de la mañana y nadiese mueve. Busco con la mirada la cara de Alberto y le hago un gesto disimuladode “quiero irme”. El levanta su mano libre de copa y me hace una señaindicándome que espere. Voy al baño, es grande, está cubierto de cerámicos colorazul claro, las toallas son del mismo tono, las perchas y el toma confort son colorplata, todo es fino y delicado, hay un espejo que cubre la pared, tiene gusto laMarcela, me miro, veo que el rimel se me corrió, me arreglo el borde de los ojos yla cara, me peino un poco y retoco mis labios. Me demoro en el baño, me fumo uncigarrillo encerrada, lo apago cuando alguien toca la puerta. Un último vistazo enel espejo, salgo hacia el pasillo y la hermana de la Marcela me dice linda, disculpa,¡estoy con unas ganas de hacer pipí!, arruga la cara en gesto divertido, le sonrío,te entiendo, no te preocupes y me dirijo al comedor. Las empleadas siguentransportando bandejas, sacando copas y platos vacíos y colocando copas ybandejitas con picadillos. Los hombres toman y hablan como locos, las mujeres nolo hacen nada de mal. Hay que matar de alguna manera la noche.En la madrugada algunos empiezan a retirarse, la Marcela y el Pato los despiden,aprovecho de decirle a Alberto que nos vayamos. Está ebrio, me dice espéresepues mijita ¿cuál es el apuro? y no digo nada. Pienso, el apuro es salir del grupode siúticos que me mortifican. Me fumo el último cigarrillo y me integro al resto demujeres, me limito a escuchar las necedades que hablan. ¿Será todo el mundoigual? A las tres cincuenta y cinco de la mañana, el “pelota” de Alberto me indicaque al fin nos vamos. Busco las chaquetas, mi bolso y nos despedimos. Laescarcha cubre los vidrios del auto, enciende la calefacción, me apesta elzumbido, nos vamos a casa, entramos, las sombras nos saludan, no se siente ni elcanto de un grillo, enciendo la luz y le pregunto si quiere un té. No, me dice,
  • 14. 14vamos a acostarnos, este huevo quiere sal me digo, pienso que no tengo ganas ydejo que se vaya a acostar primero, instalada en el living tomo un vaso de coca-cola y fumo, las volutas se propagan una tras otra en la sala, mientras pienso quedetesto tener sexo con un tipo bebido. La verdad que no me acuerdo si algunavez fue grato estar con él y su aliento alcohólico carcomiendo mi rostro, menosmal que mi retraso dio resultado. Observo el entorno, apago el cigarro y la luz. Mevoy a la cama ¡Qué rica la encuentro sin un vampiro que me acose! Claro, esto lopienso ahora, antes hubo muchas noches que buscaba a Alberto por esanecesidad que tenemos las mujeres de ser regaloneadas, esa niña chica quehabita en nuestro interior que quiere que la mimen y al final entregamos sexo acambio de un par de caricias. Muchas veces dijo ¿qué te pasa?, déjame dormirque estoy cansado, con una cara odiosa indescriptible ¿Será el destino denosotras? Antes, como decía, lo buscaba, ahora ni me atrevo. Por decir lo menos,tal vez no se trata de no atreverme sino que me faltan las ganas.
  • 15. 157 Sábado.Nos levantamos tarde. Nicolás y Camilo van al colegio al grupo de ajedrez yAlberto sale al mediodía como es habitual. No sé a dónde va, tampoco pregunto.Voy a la cocina y converso con la Pepa. Ella hace el aseo, yo cocino, enciendo laradio para animar el trabajo. A las dos llegan los niños, almorzamos sin el papá.Como es habitual los días sábados, no aparece sino hasta muy tarde. La Pepapidió permiso para irse en la tarde a su casa y volver el domingo en la noche, nohay problemas le digo, hoy no saldremos a ninguna parte, a lo más iremos aarrendar unos videos para ver después de comida. Se apresura a lavar los platos,le digo que deje en el microondas el almuerzo a su jefe. Converso un poco con losniños, acaricio a Camilo, él va en busca de una naranja y sale a jugar, ¡te quieromamy! me grita. Me hace feliz. Nicolás va a la pieza del computador. Me preparoun cafecito y enciendo un cigarrillo, el primero del día, su aroma me reconforta.Busco el libro “Este domingo”, para terminarlo, me parece bueno. Alberto llega alas cuatro p.m. con cara de pocos amigos y diente de caníbal. El sábado loterminamos como pensaba: fuimos a arrendar videos al Blockbuster y los chicostomaron bebidas acompañados de palomitas de maíz, nosotros, una piscola y unmontón de papas fritas.
  • 16. 168 Domingo.A Tito le dio un ataque de religiosidad, fue a misa con Camilo. Almorzamos a lasdos, después nos fue a dejar a casa de mis padres con Camilo. Nicolás fue a jugarfútbol. Conversamos con mis viejos, nos acordamos de los parientes. Todos estánbien, claro, si alguno estuviera enfermo lo sabríamos, las malas noticias correnrápido. Se nos ocurrió con mamá hacer empanadas de queso, una forma deentretenerse en esta larga tarde dominguera, donde el sol apenas abre suspárpados. Terminamos la tertulia familiar con un mate y empanadas, conversamosde nuestros abuelos maternos y su vida en el campo, lo déspota que era el abuelocon la abuela y lo nada de fiel que fue con la pobre vieja, hasta tenía susdevaneos con las empleadas de la casa. Propio de los grandes propietarios defundo, poder, abuso y machismo, este último por toneladas. ¡Pobres mujeres! nopodían emitir palabra ante tanta arbitrariedad. No sé, los recuerdos de mi abuelono me son gratos, me duele pensar que mi mamá creció con un padre así y conuna madre golpeada por él. Aún cuando las mujeres de este siglo todavía sufrimosla infidelidad y el machismo, claro que ahora también algunas mujeres no sequedan atrás en cuestiones de amoríos extra maritales. No sé si yo sería capaz deengañar a Alberto, nunca se me ha pasado por la mente, el ejemplo de mis padresme hace desear un matrimonio para toda la vida. No sé hasta qué punto seráposible, hay tanto que soportar. En todo caso fue agradable conversar y compartir,para llenar ese vacío, la terrible carencia afectiva que imagino todos tenemos enalgún grado. Los viejos nos entregan tanto amor, es lo que cuenta. Tarderetornamos a casa y terminamos el día domingo viendo televisión. Es lo usual,callados, ensimismados en nosotros mismos, en tanto los hijos hacen los últimospreparativos para el colegio, luego de haberles planchado los delantales, lospantalones y revisar sus camisetas y calcetines. Es pesada la labor de la casa,menos mal que tengo a la Pepa, pienso. Porque no tengo dudas: no nací paradueña de casa pero, vaya que me ha tocado. Sobretodo con un marido que noayuda en nada. Ya me imagino a Tito cocinando, se le caería tres veces el pelo o
  • 17. 17patearía la cocina a los cinco minutos, si ni siquiera es capaz de prepararse unataza de café. Bendita sea mi suegra que en paz descanse, ¡puchas! que enseñómal a sus retoños, me pregunto ¿qué diría el niño terrible que es Alberto siencontrara este cuaderno?, mejor ni pienso, si hasta el hecho que lea le pareceestúpido. El fútbol, la política, los negocios, el café Haití. Es todo lo que le interesa,el resto puede desaparecer y seguro no se dará cuenta.
  • 18. 189 Lunes.Empezó otra semana, un aburrimiento. La rutina de siempre, los chicos al colegio,disponer el almuerzo y hacer las compras. Se me ocurre tejer un suéter paraCamilo, salgo a comprar lana y llego a casa con ella y palillos nuevos. El Nico sepone celoso, ¡Cómo cresta agradar a todos! Pensará alguno en ¿cómoagradarme a mí? …. Lo dudo.Deseo que mis hijos se lleven bien como toda mamá y es lo natural por lazossanguíneos y por el tiempo vivido en común. Pienso que una buena relación entrehermanos ayuda a sentirnos mejor. Yo no tuve eso con mi hermana, y pesamucho, querámoslo o no, es un enorme vacío. No se porqué será que cuando elinterlocutor es un amigo o un compañero de trabajo expresamos lo que sentimos olo que queremos, podemos tratar las discrepancias e incluso los conflictos. Sinembargo a veces nos sentimos incapaces de tratar ciertas cuestiones connuestros hermanos. Enseguida salta la chispa, la discusión, nos llenamos de rabiay resentimientos. O también puede ocurrir que nos encontremos con una fríaacogida a nuestro propósito de entablar una conversación sobre el tema que nosinteresa, lo que nos desanima a un nuevo intento. Definitivo, no me gustaría quemis hijos se llevaran mal. Me preocupa esto, simplemente porque no deseo quesean tan poco hermanables como mi hermana y yo. Supongo que tengo muchoque hacer con mis hijos por este motivo. ¿Quién dijo que en casa las mujeres notrabajan? Ya quisiera yo que los machos se vieran con labores de casa, platajusta, tareas escolares, y más encima actuar poco menos que de sicólogas paraarreglar los conflictos de los niños. Agreguemos como gran filete: a los maridos¡Qué fácil es la vida para los hombres! A ellos sólo les interesan las mujeres paraque le hagan las cosas y ojala sean mudas. Así no se rompen los sesos tratandode comprenderlas. Creo que lo ideal para estos especimenes es que tengamoscerebro de pájaro y resistencia bruta. Para aguantar el morral de sus tonterías.
  • 19. 1910 Miércoles.Ayer no escribí nada, amanecí bajoneada. Los recursos escuálidos me aquejan,es terrible pedirle plata al marido, no disponer de un peso. La cesantía me duele.Retomo el tejido, mientras me pregunto ¿Y para esto estudié? La amargura meinvade, el horizonte se visualiza desteñido. La rutina doméstica agobia, hay frío enla atmósfera y traspasa mis huesos el desconsuelo. Me siento abandonada por elhombre con quien comparto la vida. Alguna vez tuvimos sueños, ilusiones, esosanhelos previos al matrimonio, una casa, hijos, un hogar, con el pasar de los días,meses, nos fuimos distanciando. Sería más apropiado decir que compartimostecho. Solo eso. El trabajo de Alberto y su ambición nos ha alejado. Luego, misestudios y responsabilidad laboral, los horarios, los amigos de Tito y los niños, si,los niños, terminaron por alejarnos cada vez más. Subsiste el compromiso, lasobligaciones. El amor creo que se marchitó en la prisa, en las duras jornadas detrabajo. Pasa que las llegadas tarde y el cansancio matan la calidad de vida yterminan por ser las armas destructoras del afecto y la caricia. Bueno es lo quepienso, tal vez sean otros los motivos pero no me atrevo ni siquiera a escribirlos,es duro verlos en la página, no estoy preparada para ello. Debo tener calma yencontrar algún atisbo que ilumine esta vida mía desarmada por la escasez deafecto. Alberto ya no es el mismo, es más, nosotros ya no somos los mismos. Ydecir nosotros no parece exagerado cuando la garra del silencio se agiganta alpasar los días.
  • 20. 2011 Jueves.Estoy sola, la Pepa salió a comprarse medias. Los niños están abajo con susamigos. Alberto me buscó anoche para tener sexo, fue espantoso, mi vida sexuales un desastre y no sólo eso, me siento cada día más vacía. Una pálida y húmedasonrisa baña las habitaciones de la casa, un temblor anida en mi pecho, lasoledad se erige en la más fiel compañera. La sensación de ser ajena a estemundo invade mis huesos hasta sentir las lágrimas descender por mi caramientras crece la angustia insoportable. Descubro que este llanto se ha deslizadocomo un largo gusano por los muros de un túnel en el que se hace inalcanzablevislumbrar un mínimo relámpago. Los años han pasado ocultando este dolor trasuna apariencia de normalidad difícil de mantener. He sido siempre terriblementedesdichada, es primera vez que escribo esto, reconocerlo y leerlo en la página mehace sentir una bola de fuego aprisionándome el pecho, tengo el pulso aceleradoy la garganta seca, tomo un vaso de agua y bajo las persianas. Se alborotan en mimente las interrogantes sin respuestas, como si todo me hubiera abandonado.
  • 21. 2112 Viernes.Fui a casa de los viejos, mi madre no estaba, sale con frecuencia a hacer losencargos de mi hermana Betty, es su costumbre. Antes de regresar a casa pasé alnegocio de Susana y charlamos un rato. Ella se quejó de lo mal que iba elnegocio, yo, del precipicio que mis pasos bordean. Mi vida transcurre plana. Denuevo hoy la angustia habita mi pecho, inevitablemente. Camino entre la gente,siento que el mundo se me cae encima, compro una flauta que Camilo tiene quellevar a clase de música, el colegio es un gasto que no para. Hablé por teléfonocon mi cuñada Berta, me reclama que no la voy a ver, busco excusas y salgo bienparada, la verdad es que la parentela me apesta. Debo aclarar que Berta es muyafectuosa conmigo, pero no quiero que se de cuenta lo infeliz que soy con suhermano, ocultar a la familia de Tito nuestra infortunada relación ha sido micostumbre, es la realidad hipócrita de siempre, la del medio en que nos movemos,del que es difícil escapar. ¡Cuánto durará este secreto! La crisis, la tristeza, hastacuándo podré contenerla. Si alguno de mis cuñados pregunta algo, muy sutilmentele digo no preguntes tonteras y cambio el tema rápidamente. Jamás dejo ver quemi vida junto a su hermano carece de todo sentido. A fin de cuentas, es parte de latradición de las mujeres de mi familia. Disimular, aparentar. Es lo aceptadosocialmente. ¡Mierda!
  • 22. 2213 Sábado.Alberto me dijo que fuéramos al supermercado. Me carga ir con él, es un idiota lacara se le transforma en el supermercado a causa de sus mañas. Me estresa. Nose para qué insiste que vaya con él, no me deja elegir nada. Todo lo escoge él delas estanterías, como si yo no tuviera criterio para seleccionar la mercadería, él losabe todo, menos que me tiene harta.Hubo un tiempo en que las cosas eran diferentes. Días en que entrar juntos alsupermercado, era una aventura, elegir felices, de común acuerdo las cosas ysacarlas con sonrisas de las estanterías. Entonces no existían rictus amargos enlos labios, ni miradas llenas de reproches, ni un leve dolor de estómago, ni laestúpida sensación de culpabilidad. Hoy vivimos arrastrados por el torrente decuentas, acosados por el próximo mes y su carga de responsabilidad. Millones depuntos álgidos ha acumulado el día, la noche, los amaneceres, y esasdecepciones forman un gran orificio en la manta que alguna vez me encargué detejer para proteger a mis hijos, a Alberto, a mí. Se cayeron los luceros de antaño ala gran ciénaga de la incertidumbre, al abismo de la indiferencia, los vehículos delencanto me dejaron plantada en la berma. Ninguno se ha detenido por mí.
  • 23. 2314 Domingo.Los niños quieren que les cocine cosas ricas, las alternativas son pan amasado,panqueques con manjar, sopaipillas. Triunfan los panqueques. Igual hice unospocos panes amasados, Alberto es loco por el pan caliente, yo apenas pruebo unpanqueque. La tarde del domingo se me hace larguísima, como una cuncunakilométrica. Tomo el tejido, la verdad es que me está quedando hermoso, eso mereanima. Hice once comida y luego planché los delantales de los niños, el ritodominguero. Reviso las tareas del chico, le ayudo a ordenar la mochila, le preparoel baño, me instalo frente a la TV hasta pasado las doce de la noche, no sé lo queveo, no logro concentrarme. Los pensamientos son lanzados en mi mente comoun gran chorro de agua al verde prado. Inútil. Nada parece relucir, todo esestéril. Sentada en el sofá, me digo, esta es mi vida y lo será hasta el día que memuera, me dan ganas de llorar. Estoy en una prisión, me pregunto ¿qué voy hahacer?, sin trabajo todo se complica, debo soportar las actitudes denigrantes deAlberto respecto al dinero, que me deje la plata en el velador sin decir palabra, oque me mire en forma despectiva cuando le pido dinero, y que me exija con voz demando: anota los gastos en un cuaderno y no llames tanto por teléfono, los voy arevisar cada mes. Se hace insoportable el control económico y psicológico queestá ejerciendo sobre mí y yo soy débil, una cobarde con los pies metidos en ungran pantano. Pienso en mis hijos, y es mi único aliento, por ahora. ¿Hastacuándo? Ojala pudiera responder.
  • 24. 2415 LunesLa Pepa me sirve desayuno, me consulta por la ropa que tiene que lavar. Le pidoque me compre cigarrillos. Doy unas vueltas en la cocina, voy al comedor, saco elflorero y lo limpio, dejo unas rosas amarillas en agua. Voy a la ducha, me mirolargamente en el espejo: joven, nada de fea y aburrida. Me pongo unos jeans y unpolerón delgado, tomo la cartera y salgo. Hoy no almuerzo en casa, me asilarétoda la tarde donde mis viejos, llevo un libro de Maupassant para entretenerme.No leí absolutamente nada, el plan lo echó abajo uno de mis queridos tíos de visitaen casa de los viejos. ¿Cómo que no estás trabajando? Y ¿por qué?, con tusestudios deberías hacerlo y ganar buen dinero, y blablablabla…… lo increpo ¿seha preguntado usted si hay mercado laboral para mujeres que han pasado lostreinta años? Me mira asombrado y responde: es que tú no has hecho nada… y¿cómo sabe usted? Se encoge un poco, hace un gesto con uno de sus hombros.Queda taciturno, me mira, yo sigo ¿ignora usted los índices de cesantía de estepaís?, de inmediato se pone a defender al gobierno y yo le digo por favor no, nomás palabras, y voy a la cocina a echar un par de puteadas por este viejo demierda que se viene a meter donde nadie lo llama. Mamá me observa con unpedazo de queso y un cuchillo enorme en su mano, dice perdónalo, es tu tío. Yoquisiera tomar el cuchillo, ir al living y cortarle la lengua a ese viejo huevón.Maupassant quedó en el olvido. Este lunes fue horrible, la impotencia es mayorque cualquier otro día, la amargura me inunda, creo que todo es hongo, un granhongo, repito como tonta y me preparo un pisco sour gigante y me lo tomosentada mirando el cielo sin luna ni estrellas.
  • 25. 2516. MartesMe despertó Fabiola para invitarme a una reunión de ex compañeros de estudio.Le pregunto la dirección y le digo que trataré de ir. El miércoles a las 20 horas merecalca, no faltes, está bien respondo. Me levanté tarde, estuve tejiendo en lacama, terminé la parte delantera, me faltan las mangas. Camilo es tan tierno yamoroso, es lo único que me da vida, Camilo y Nicolás. Lo demás, una mierda. Elresto es sinónimo de Alberto, alias Tito, alias el rey de la noche, alias el hombreque me tiene hasta más arriba de la coronilla. Me acurruco en la cama, que seasemeja a una barca a la deriva, me tapo hasta la cabeza sin dejar de pensar queestas quejas son tontas, inútiles, porque en el fondo sé que debo tomar unadecisión, que esto no puede ser. No debe ser. ¡Qué bruta soy! Aquí en medio detodo, sin nada que me saque de esta inercia absurda y real como mi cobardía eindecisión.
  • 26. 2617 Miércoles.El día transcurre lento y tranquilo. A las dieciocho treinta me levanto del sofá parameter mi humanidad bajo la ducha. Iré a la reunión que me invitó Fabiola para versi sucede algo interesante. Por último algo de distracción que me aleje lamonotonía, la casa, los niños y…..Alberto. Ubico un terno en el closet busco unablusa que le haga juego, unos zapatos cómodos, los mocasines negros le quedanbien. No le dije a Alberto que saldría, para qué, tal vez llegue más tarde. Medespido de los niños y de la Pepa, Camilo dice mamá tráeme algo, pienso, a lahora que regrese no habrá boliche abierto, lo beso y lo aprieto contra mi cuerpo.Amo a mis hijos. Es la verdad más verdad de toda esta vida. Salgo cabizbajarumbo a la evasión, el imán cotidiano que me lleva por no sé qué camino.
  • 27. 2718 Jueves.Escribo sentada en la cama, pareciera que estoy en una isla, una isla en la quepuedo tomar un café amargo, que me irrita el estómago pero que logradespabilarme. Son las doce cuarenta y en puntillas como si alguien estuviera alacecho saqué el cuaderno del cajón con el lápiz infaltable entre sus hojas, metiembla un poco el pulso y estoy con la cabeza pesada, pero el deseo de registrarlo que me inquieta es más fuerte que cualquier molestia, escucho a la Pepatararear una canción en la cocina, los niños tardarán en llegar. Ayer llegué demadrugada. Se me pasó la mano, bebí demasiado, sin embargo no logré perderlos quilates, eso es algo que me gustaría, tal vez me sentiría un poco másradiante. La felicidad es una negra desconocida para mí, la vida es como unaenorme víbora que ahoga con su carga rutinaria, una gran mochila deresponsabilidad y deber cuyo peso dobla mi espalda. El sol hiere mis ojos, su luzrasga la habitación y agiganta mi tristeza. Necesito amar y ser amada como lamujer que soy, he perdido la esperanza y no hay nada que me anime, a vecescreo estar lista para tomar una decisión y luego tambaleo, soy débil pienso y vienela resignación. No tengo trabajo, eso complica y sume en un letargo indefinible. Mivida son mis hijos, verlos crecer me emociona, la madre que me habita minimiza ala mujer. Ocurre a veces y creo que es mejor así. Olvidarse de ser mujer ¿acasose puede? Con todo el peso de haber nacido en un hogar conservador, apegado alas reglas sociales, al parecer sí, sólo que ahora se está convirtiendo en algosumamente difícil.
  • 28. 2819. ViernesHoy llevé a Camilo a control médico, al parecer sufre de colon, elgastroenterólogo le pidió unos exámenes. No sé por qué diablos este chico mesalió tan nervioso, herencia materna parece. Cuando niña solía sufrir de doloresde estómago, nunca supe por qué. Mi madre me llenaba de agüitas calientes enla noche y agua del carmen en terrones de azúcar antes de irme al colegio, por siacaso, decía. No recuerdo como desaparecieron las molestias junto con esosritos maternos. En la tarde recibí el llamado sorpresivo de Matías. Increíble. Meinvitó a salir, y yo acepté. Quedamos de juntarnos en el Royal Pub, mañana a lasocho de la noche. Será la primera vez que salgo un sábado, sola, sin Alberto.
  • 29. 2920. Sábado.Como todos los sábados preparé el desayuno, pan tostado con huevos revueltos.Anoche, casi después de las doce, se me ocurrió hacer un queque, así queacompañé las tazas de té con una gigantesca rebanada de dulce bañado conmanjar, los chicos estaban felices, y yo por ellos. Hoy no fui a las compras. Lo hizoAlberto acompañado de los niños, me metí a la cocina y me puse a charlar con laPepa. Está sufriendo de mal de amores, es que la Pepa es una polola incurable,me entretiene con sus historias, yo le digo cuidado no vayas a salir con undomingo siete, me mira y se mata de la risa, lo pasamos bien con la Pepa, nosqueremos harto. Luego de ayudar con el almuerzo me fui a ver la ropa que usarépara la cita con Matías, espero que hoy Alberto salga con sus amigos para estartranquila y sin culpa, típica enfermedad de las mujeres criadas con mentalidadmachista, no destiño en eso, muy a mi pesar. El suéter para Camilo lo terminé,quedó hermoso y él feliz.
  • 30. 3021. DomingoAnoche fue especial. Hacía tanto tiempo que alguien no me llenaba deatenciones. La noche estaba cálida el cielo plagado de estrellas y un lucero nossonrió con desparpajo. Matías se confiesa mi admirador, dice que hace tiempoque deseaba verme, lo escucho y me hago la tonta. Me dejo regalonear. Nostomamos unos combinados con una tablita. Estuvo delicioso y la velada también.Cual cenicienta me fue a dejar a la casa a las doce de la noche, quedamos devolver a vernos, qué rico. Matías me entretiene y ya no me siento tan sola. Suertela mía, Alberto no ha regresado, fue a jugar pool con sus amigos, Nicolás salió acasa de Rodrigo su amigo de siempre, Camilo jugó hasta tarde y duerme plácido.Me encontré a la Pepa sentada en el living viendo tele. Pepiña pregunté, por quéno nos tomamos un café con galletitas y luego nos fumamos un cigarrito, me miray sonríe al tiempo que dice ¡esa es mi patrona! y agrega, parece que le fue bien enla salida. Es pícara la Pepa, yo me quedé callada y desvié el tema. Hoy domingoserví de almuerzo lo que quedó de ayer, agregué una sopita y listo. Alberto fue alestadio con Nicolás, Camilo quiso quedarse conmigo, o mejor dicho jugando. Mepuse a hacer pan amasado, rematé el domingo viendo televisión enterrada en unsillón del living. Cuando me fui a acostar me encontré a Tito con la boca abiertaroncando y con el control en la mano, le retiré el control de la mano y le saqué loslentes, me miró con un ojo y la cara agria, protestó, no le hice caso, apagué la TVy la luz.
  • 31. 3122. LunesDemasiado tranquilo el fin de semana. Lo que no hablamos con Alberto lodiscutimos enfurecidos en la mañana del lunes. Motivo: la plata, eterno problemade los matrimonios, que se gasta mucho en la casa, que soy una irresponsable,que no me preocupo lo suficiente de los niños, que no hago nada mientras élpobrecito, se saca la cresta por nosotros. Para abreviar le tiré el anillo por lacabeza, salió como un energúmeno, yo me quedé llorando como una estúpida.¿Quién cresta inventaría el matrimonio? Obvio que no me hice mayor atado con elalmuerzo, le dije a la Pepa que hiciera un puré con huevo frito y una gelatina conmanzanas para los niños, y salí a casa de mi madre para alejarme de los hielosque habitan la mía y que amenazan con congelarme. No vuelvo hasta la noche, lacasa me tiene harta. Posibilidades de trabajo: cero.
  • 32. 3223. MartesAnoche llegué a casa tipo diez de la noche. Nicolás se acercó a darme un beso,me tomó la mano y mirándome con sus grandes ojos azules, me dijo que necesitazapatillas nuevas, le respondí que hablaré con papá, después, Camilo me atrapócon unas tareas de matemáticas, éste niñito no ve una con los números. Le ayudéa ordenar su mochila, lo acompañé a ponerse el pijama, le dije lo mucho que loquería, él me abrazó y me dijo te amo mamy, yo me derretí, la vida solo por esovale la pena. Me fui al living y llamé a la Pepa. El Nico todavía chatea con susamigos, suerte que no ha llegado el ogro. La Pepa me cuenta como va la noveladel canal nacional, nos fumamos un pucho, miro el reloj, las veintitrés cincuenta yocho, Alberto no llega, que bueno, me daría lata verle la cara. Y no se la vi. Hoymartes fue un día normal, llamé al gásfiter para que arreglara las llaves de lacocina. Me llamó la Marcela para saber como estaba, como las peras le dije y leconté el episodio con Alberto, los hombres son una mierda me dijo. Estoy deacuerdo. Quedamos de salir un día, ella también está apestada con el Pato. Purosproblemas.
  • 33. 3324. MiércolesMatías llamó hoy, quiere que nos veamos de nuevo. Le digo que tengo un montónde cosas que hacer, que lo llamaré mañana. Medio descontento dice que esperarámi llamado, agrega no me dejes esperando, respondo te llamaré. Hoy llevé aCamilo a hacerse la endoscopía. A la vuelta del centro médico llamé a Marcela ynos juntamos en el Piazza, pedimos una lasaña exquisita y unos vinitos y piscosacompañaron la charla. No podía ser de otra manera, ambas tenemos la vidacomplicada, Marcela culpa a la falta de comunicación su maltrecha relación conPatricio y yo la escucho cuando se explaya: La fantasía del noviazgo es tanestrambótica, ¿qué pasa con los jóvenes esposos que tanto se amaban cuandoeran novios? Si bien es cierto que durante la época de noviazgo se dieron en partelas condiciones para que la pareja se enamorara, al llegar al matrimonio, una vez "conquistados" se descuidaron elementos que un día permitieron que se fijaran eluno en el otro. ¡Ah! Ya sabes dice Marcela con aire de añoranza, el noviazgo esuna época de intenso romance que indudablemente favorece la comunicación.Cuando estamos enamorados manifestamos continuamente que nos amamos,compartimos sueños, nos ponemos metas y ¿por qué no decirlo?, tambiénpreocupaciones y tristezas. Se saben interpretar los silencios y caras largas, conuna flor o un chocolate, surge nuevamente la más alegre de las miradas; porque elcorazón enamorado busca la felicidad del ser que ama, prosigue entusiasmada,contaba una amiga que hace cursillos en la iglesia, que recientemente en uno depreparación para el matrimonio se le preguntaba a una pareja de novios: " ¿hanhablado de sus diferencias, de sus gustos, de sus cualidades y sus defectos?’"Todo nos lo hemos dicho" fue la respuesta "¿Y qué cualidad te atrae más de tunovia?, preguntaban al muchacho y la respuesta fue: "todo". Y al preguntárselepor el defecto que mas le disgustaba, su respuesta fue: " ninguno". ¿Qué sucedeal llegar al matrimonio?, sabes chica, continúa la Marcela, no logro comprender loque nos pasa, sólo que todo enseña que el lenguaje absoluto de los enamorados
  • 34. 34es síntoma claro de la falta de objetividad que hay en el romance, con razón sedice que "el amor es ciego pero los vecinos no”, un par de carcajadas acompañaeste afirmación al instante pone cara seria y dice, esta falta de objetividad creafalsas expectativas en los enamorados, es la que causa en el matrimonio las crisisen la comunicación, porque al llegar al matrimonio, nos damos cuenta que larealidad es otra. Ni uno ni otro somos tan virtuosos como para decir " Todo megusta de él o de ella " o "Nada me molesta". Cuando empieza a faltar el botón enla camisa, o la llegada tarde, o los malos genios, o la ropa tirada, o la crema dentaldestapada, para añadir a la lista las angustias del pago de arriendo y la plata noalcanza, o la pelea porque hoy no quiero visitar a tu familia, o me molestan tugrupito de amigos etc. Le digo a Marcela que coincido con ella, que todo lo que haenumerado contribuye a que la comunicación empiece a descender de nivel. Esdonde empezamos a fastidiarnos por todo. El lenguaje absoluto que se utilizódurante el romance surge nuevamente pero invertido. Si se le pregunta a unesposo desilusionado de su matrimonio: "¿Que te gusta más de tu esposa? " casicon seguridad la respuesta será "nada". ¿Y que te molesta? Responderá "todo".Nos reímos a carcajadas de esta realidad tan nuestra que nos aflige, al tiempo queMarcela cuenta que en una oportunidad un consejero matrimonial le preguntaba aun joven que se estaba separando de su esposa" qué fue lo que te enamoró defulanita? Respondió: "Su alegría, su orden y su franqueza”. ¿Y por qué te vas aseparar? "por su alegría, su orden y su franqueza ", fueron las respuestas. Nosmiramos sintiéndonos cómplices, sabemos que la práctica le da la razón a estaanécdota. Yo acoto, el hilo que nos mantenía unidos con Alberto se rompió con ladeficiente comunicación que practicamos. Cuando no se le reconoce al otro suspropios valores, entre paréntesis pienso que mi marido no me reconoce ninguno,no sé si a ti te pasa pero acontece que no buscamos los momentos oportunospara decir las cosas, y en lugar de una comunicación respetuosa, abierta ytransparente, se presentan las agresiones de doble vía; se acaba la paz del hogary también la comunicación que quedaba. Afirmo, las relaciones familiares sedeterioran al no saber decirse las cosas con amor y comprensión, al no saber el
  • 35. 35uno interpretar lo que el otro le quiere decir, al tratar de cambiarle a como dé lugarpara hacer realidad las expectativas que llevaron al matrimonio, al asumiractitudes defensivas cuando se sienten atacados en su intimidad, al no sentirseaceptados por ser como son, y al no contar con el estímulo para asumir con plenalibertad la mejora personal. A esto se añade que ha desaparecido del lenguaje delos gestos, el detalle amoroso, la caricia tierna, el susurro al oído para decirle alotro "te quiero y me haces falta". Marcela opina que esto por lo general, conduce auna crisis total, o a un rompimiento definitivo, acomodándonos en una falsatolerancia nada saludable para la relación. Y te digo nada saludable, porque llevaa que cada uno viva su vida en forma independiente, alejándose de la verdaderarealidad de lo que es el matrimonio. Enciende un cigarrillo y me queda mirando,entonces, Marcela, le digo, fíjate que yo creo que siempre estuve abierta a lacomunicación, siento que Alberto no quiso abrirse luego de pasado un tiempo decasados, creo que él cortó la comunicación, debo asumir que los dos hemosfracasado, el matrimonio es de a dos, ¿no?,si falla, ambos somos responsables.Marcela asiente y agrega: Pato y yo cerramos nuestro corazón de tal manera queni siquiera sacamos unos minutos de nuestro valioso tiempo para hablar de losdos, de las inquietudes, temores, de lo que cada uno lleva dentro, ni siquiera denuestras esperanzas e ilusiones. De todo lo que está afectando positiva onegativamente la relación. Con expresión filosófica y el ceño fruncido añade, aninguna de las dos nos ha ido bien en nuestras relaciones de pareja, pero ¿quépodemos hacer?, ¿separarnos?, ¿y los niños?, siempre está presente el tema delos niños. Le digo Marcela, yo no comulgo con la separación pero no creo que estasea más dañina que el hecho que los hijos experimenten el problema, es decir lovivan día a día. No sé. Pienso eso sí que hay que ser muy valiente para tomar esadecisión y yo no estoy preparada. Tal vez debamos tomar un curso, no dicen quela comunicación es un ¿arte?, quizás podamos aprenderlo, nos sonreímos yalzamos las copas para desearnos suerte, sabemos que la tarea es difícil, Marcelapuede que aún tenga fuerzas para mejorar la relación, pienso que es tarde parami, no me interesa Alberto. Y señalo, Marcela, Tito y yo no tenemos nada en
  • 36. 36común y tengo entendido que la comunicación no consiste simplemente en decir oen oír algo, la palabra comunicación en su sentido más profundo significa"comunión"; compartir ideas, sentimientos, etc. en un clima de reciprocidad, ytermino, con Alberto estamos muertos el uno para el otro. Marcela, abre sus ojos¿realmente lo sientes así?, y respondo: literalmente es así. Nos quedamos serias,sumidas en nuestros pensamientos palpando la elipsis sobrecogedora. ¿Quépuede ser más espantosa que la propia realidad? Nos despedimos levementedesahogadas y tranquilas dentro de lo que se puede estar, no vivimos unasituación maravillosa, pero ¡Puchas, que es bueno!, contar con una oreja amiga. Alllegar a casa encuentro a todos durmiendo. ¡Qué bien!, así puedo escribir y mepermite cerrar el día con mejor humor.
  • 37. 3725. JuevesTemprano llamé a Matías y quedamos de juntarnos a las ocho en el mismo Royal,lo noté contento, cariñoso. Salí de compras con mamá temprano, luego almorcécon ella, llegó la Katty y estuvimos chachareando. La Katty es la amiga eterna demamá. Me vine a casa a la hora que los chicos llegan del colegio, los acompañé aalmorzar, Nicolás me mostró una prueba de castellano con un seis. Al fin mejoralas notas. Batallamos con Camilo con unas tareas de matemáticas, luego cadauno salió. Me puse a coser unos botones del delantal de Camilo. ¡Que desastre!vive sin botones este niñito y yo los pego a regañadientes, detesto coser. A lassiete me arreglo para salir, le aviso a la Pepa que llegaré tarde, que le vaya bienseñora me dice, yo me sonrío apenas. En el Royal, Matías está fumando uncigarrillo, al verme se levanta y me dice pensé que no venías, Matías por dios meatrasé un minuto le respondo. Pedimos una pizza con cerveza, y yo que no soyconquistadora ni coqueta recibo los piropos de este hombre con una leve emoción.Al fin y al cabo me la paso sola y sus palabras me levantan el ánimo, casi meconsuelan. Por primera vez él toma por un instante mi mano y dice me gustas,disimulo mi sobresalto. Nunca he pensado ser infiel le digo, me mira y meresponde déjate llevar, tengo miedo balbuceo, Matías me dice salgamos de aquí,vamos a dar una vuelta. Sin palabras nos dirigimos a su auto. Veo que Matíastoma el camino a Penco, se detiene en el mirador de Lirquén, me toma la mano yla besa, yo tiemblo, te quiero dice y yo lo miro muda. Nos besamos en los labios ynuevamente besa mis manos, nos quedamos absortos observando el paisaje, laplaya, el fulgor del horizonte sobre el mar, un barco solitario, unos estudiantes dela mano. A nuestro lado se estaciona otro vehículo. Vamos, le digo mirándolo, élme observa callado, aprieta mi mano y pone en marcha el motor, pregunta si nosveremos de nuevo, si tú quieres, respondo. Sonríe. Mientras retornamos aConcepción me cuenta de su trabajo, del ascenso que espera en un par demeses, de las ganas que tiene que salgamos juntos un fin de semana,
  • 38. 38permanezco callada, no sé cómo puedo hacer esto me digo. Me deja frente a micasa diciendo, te llamo mañana, bueno le respondo. No quiero pensar. Subo conlentitud las escaleras mientras me pregunto si esperaba esto, no sé la respuesta,sólo sé que nunca me pasé un rollo con Matías ni con nadie. Saludo a la Pepiña,el caballero llegó temprano, comió y se fue a acostar agrega, qué bueno respondo,dame un tecito, y los niños consulto, duermen dice colocando sus manos juntassobre la mejilla izquierda. ¿Y tú que estás haciendo despierta?; me puse a ver lapelícula del canal trece dice, planché un poco también, enseguida me pregunta¿cómo le fue?, y yo respondo bien, demasiado bien y me largo a reír paradisimular mi nerviosismo, me observa y sonríe sin hacer comentarios. Voy aldormitorio de los niños, le tiro un beso al Nico, quedo mirando a Camilo, acariciolevemente su carita blanca, sus cabellos rubios, se da vuelta en la cama, tomo subrazo y le digo que se quede tranquilo y siga durmiendo, refunfuña algo que noentiendo, lo arropo y salgo a tomar ese té que la Pepa ya tiene en la mesa delcomedor, conversamos, y luego, tarde, puse bajito el equipo con el concierto parapiano de Chopin, envuelta en la música me puse a escribir.
  • 39. 3926. ViernesAnoche me costó conciliar el sueño. Esta vez no fueron los desaforadosronquidos del ogro, me inquieta lo que pueda pasar con Matías, las repercusionesque pueden traer a casa, los niños están chicos, yo sin trabajo, no puedo pensaren una separación. A mis viejos se les caería el pelo y Betty, mi hermana mayor,tan conservadora y religiosa me recriminaría. Cerca de las cuatro de la mañana,luego de mirar el reloj y darme otro par de vueltas en la cama, me quedé dormida.Nada de tranquilo mi sueño. Alberto me despertó a las ocho, se dignó a dirigirmela palabra para decirme ahí tienes la plata para las zapatillas de Camilo y agregócon cara mustia resuelve hoy ese problema. Para él siempre es un problemacomprar la ropa para los chicos, claro, si estaba acostumbrado que yo corriera conesos gastos. De ahí su indignación porque no trabajo. Y qué quiere que haga, lostrabajos no llueven ahora. Matías quería que nos viésemos hoy, le dije no puedohasta el lunes, casi se murió. Le expliqué que no podía repetir la salida hoy y eldía sábado menos, sería problemático. Al fin entendió. Bueno, el lunes entonces alas ocho en el Royal, dijo en un tono no muy complaciente, está bien respondí yagregué cuídate mucho, tú igual querida mía, escucho que dice por el otro lado delauricular, me estremezco hasta ponérseme la piel de gallina, una sensación deplacer se deslizó por mi entrepierna. Colgué rápido y para olvidar mis temores memetí a la cocina. Esa olvidada sensación me acompañó durante horas, unacorriente electrizante devoró mi pecho, me miré al espejo y los ojos estabanbrillantes, hasta me ví más joven. Alberto avisó que venía a comer con unosamigos. Pensé en preparar unas ensaladas con carne y vino tinto, de postreserviría helados con crema, que más, y adobé la carne para la noche mientras laPepa se afanó en el almuerzo. Dormí siesta para reponerme de la trasnochada,traté de no traer a mi mente a Matías. A las cinco treinta partí al centro con Nicolása comprar sus zapatillas, a la vuelta, tomé un café y fumé. Nicolás se puso laansiada adquisición y bajó a lucirse con sus amistades. Arreglé el comedor,
  • 40. 40preparé pisco sour con pequeñas bandejas de papas fritas, maní, aceitunas ysouffles de queso, dejé todo listo mientras pensaba en mi marido con susamigotes. Fui a revisar el baño, el jabón, las toallas, en tanto Camilo echado cuanlargo era en su cama veía tele. Sobre la mesa puse las botellas de vino y arreglélas servilletas, aparentemente la casa estaba en orden. Esperé a que llegara elgran jefe, copuchando con la nana.
  • 41. 4127. SábadoLa comida de anoche resultó bien, eran simpáticos los amigos de Tito. Me reíharto, y bebí más. Hoy el desayuno fue al mediodía. Los niños salieron luego aalmorzar donde los abuelos. Le di chipe libre a la Pepa, para qué tenerlaencerrada si tengo poco que hacer y sin planes para salir. Después de almuerzo aTito le dio por ponerse romántico, no lo pesqué y se enojó, tomó las llaves del autoy anunció con voz ronca salgo. No le dije nada, para qué. Llamé a mis viejos y mimamá me pidió que dejara a los niños con ellos el fin de semana, le digo buenomañana voy a almorzar y los traigo en la tarde, quedamos de acuerdo. Voy aldormitorio y me acuesto. Dormí tres horas. Estar sin nadie en la casa me relaja, laquietud me encanta. Como algo sola de pie en la cocina, me ducho y me pongo elpijama. Alberto llegó pasado las diez, grita, traigo unos pasteles. Me levanto y lesirvo once comida, intenta hacerse el gracioso. Vano intento, ya no me hacegracia. Permanezco muda ante la TV, fumo un cigarrillo tras otro. A las dos de lamañana voy a la cama, trato de no meter ruido, no me gustaría que Albertodespertase y empiece a molestar. Hace rato que no deseo al vampiro de mimarido.
  • 42. 4228. DomingoA las nueve estaba tomando desayuno. Anoche pasó lo peor, el ogro despertó ydio inicio a sus arremetidas de conquistador. Lo evité a sabiendas que estas duranpoco, lo que dura el juego previo, y éste es mínimo, Alberto sufre de eyaculaciónprecoz y nunca se ha querido tratar. Furioso se dio vuelta en la cama y empezó amasturbarse, me sentí terrible, lo encontré asqueroso. Algo indefinible terminó deromperse en mi interior. Cierto, yo lo rechacé pero él me ha evitado cientos deveces en dieciséis años de casados, no creo que se masturbe porque yo lorechace, creo que se masturba porque intuye que yo no soy feliz en la cama conél. No se equivoca, aparte de su problema biológico o síquico, hace tiempo seencargó de matar el amor, su machismo y soberbia han destruido la comunicacióny el matrimonio. Salvo los hijos, excepto ellos, nada. Hoy más que nunca hedeseado ver a Matías. Extraño en mí, pero normal en una mujer de mi edad faltade afecto. Fui a casa de mis papás, estuvimos todos juntos, casi, Alberto noapareció. Marido ausente, padre ausente, yerno ausente. Su alejamiento denuestra tertulia familiar no me incomoda, al contrario, es un alivio.
  • 43. 4329. LunesAyer llegué ciega a planchar. La Pepa volvió hoy, está preocupada, no le llega laregla, le digo eso te pasa por picada de la araña, me mira compungida. Estasmujeres que no se cuidan, son un cacho, me tinca que está embarazada. Susescarceos amorosos la fregaron, ¡diablos! Me voy a quedar sin nana, puchas quesoy egoísta. La tarde de ayer pasó sin pena ni gloria, una tarde familiar más.Algunos interesantes comentarios sobre la situación económica y lo fregados queestamos todos los chilenos, nada alentadora la conversación, pero escuchar cadauna de las opiniones y los acalorados que nos ponemos para defender nuestraopinión, hace algo entretenida la tarde. Me puse de acuerdo con Matías, enrealidad confirmamos nuestro encuentro. Me arreglo con mayor dedicación, ubicouna falda y me pongo una blusa rosada, me cubro con un blazer azul, calzo unosmocasines de igual color. Me miro largamente en el espejo, hoy puede pasarcualquier cosa, el comportamiento de Alberto gatilla mi osadía. Le doy unasinstrucciones a la nana, me fijo que tiene los ojos rojos. Tanto llorar, claro, quémás puede hacer. Después de dar comida a los niños si quieres te acuestas ledigo, no me esperes, me da las gracias y apenas esboza una sonrisa. Me despidode los chicos para ir en busca de Matías.
  • 44. 4430. MartesHoy mostré al médico los resultados del examen de Camilo, le dio una tremendareceta. Confirmado, colon, y a su edad, pobre mi niño salió a su madre, me dalata. Anoche nos fuimos con Matías a un motel, camino a Penco, la luna extendíauna enorme sonrisa y una agradable sensación de protección emanaba del rostrode Matías y hacía latir mi corazón con emoción. Del motel no me acuerdo elnombre, no importa, la cosa es que pasó lo que tenía que pasar, me dio un pocode plancha sacarme la ropa, me sentí tímida y hasta me sonrojé cuando élextendió las manos para desabrocharme el sostén, estaba apasionado, y yo unatado de nervios. En la mitad del acto sexual le dije, fumemos un cigarrillo. Laverdad no podía concentrarme, un hombre desconocido, luego de tanto tiempotener bajo mis manos una piel nueva, diferente, un olor diferente, me hizo sentirrara. Qué tonto le debió parecer que interrumpiera nuestro ejercicio sexual por uncigarrillo primero y después pidiéndole que me alcanzara un vaso de bebida. Aúnasí no dejó de ser tierno y paciente, tal vez exageradamente paciente. Fue eso loque me hizo estallar de placer hasta las lágrimas, fue tierno y hermoso. El confiesasentirse enamorado, me quedé callada, qué pena pensé, yo estoy sola, mientrastiraba una bocanada de humo y la veía perderse en el vacío. Él es un consuelo,nada más. En fin, no me proyecto con nadie, lo único que deseo es que los niñoscrezcan rápido, entonces consideraré enamorarme de nuevo. Aunque no creo, yacreo poco, menos en el amor.
  • 45. 4531.MiércolesEl día está latoso, sin embargo no he dejado de recordar a Matías. Es tierno ydulce, en realidad es él quien se hace recordar. Me llamó de mañana dos veces,apasionado, a través del hilo telefónico murmura que soy su mujer, su amante. Adecir verdad no me gusta mucho ese posesivismo que emergió de Matíasantenoche. Yo no soy de nadie pienso, me habría gustado ser de Alberto. Esedeseo latía en mi interior cuando lo amaba, pero él no quiere cargas ni amor. LaPepa entró al dormitorio para anunciar la llegada de una amiga, dejo el cuadernoescondido bajo la ropa en la cómoda, sería caótico que fuera descubierto.Virginia pasó a saludarme, vino a Mampower a inscribirse en un curso de inglés yse acordó que yo vivía cerca. Fue grato verla luego de tanto tiempo. Virginia esunos años mayor que yo, la conocí en un seminario de administración, estáseparada hace años, su ex marido es un médico con el cual su madre la obligó acasarse, no alcanzaba a tener los dieciocho años cuando ingresó al equipo de lascasadas. Mamá de tres hijos, tuvo que soportar las infidelidades de su marido y subrutalidad. La golpeó cuando estaba embarazada del tercero, sólo porque se retiróde una fiesta donde él, borracho coqueteó con unas amigas de Virginia. Emilio nosoportó que ella lo dejara tirado en casa de sus amigos. Cuando llegó a la casa laagarró de los hombros sacándola de la cama entre gritos y garabatos, le golpeó elrostro, la tiró en el piso y una vez allí la pateó. Afortunadamente no perdió al bebé,pero quedó maltrecha y en cama por una semana. Luego de eso, la Virginia sóloquería huir. No podía. La presión familiar era demasiado grande, sobretodo sumadre, una mujer autoritaria que continuamente la amenazaba con desheredarlasi se separaba de Emilio. Él es un médico importante y muy acaudalado, la madrede Virginia, mujer adinerada adoraba a Emilio y su dinero. Eso, sobre todo, sudinero. Nunca había conocido yo una mujer como la madre de Virginia, esoenfermaba a mi querida amiga. Años mas tarde, se enamoró y se atrevió a dejarsu casa, y también a Emilio. Tomó sus hijos y se marchó. Pasó mil penurias, por la
  • 46. 46mierda del mundo, contaba con ojos llenos de lágrimas. Todas sus amistades ledieron la espalda. Trabajó como administradora de una tienda. Luego, con ayudade un abogado amigo, dio inicio a un largo juicio de nulidad matrimonial. Su exmarido la acusó de interdicta. Su pareja no tuvo la fortaleza para acompañarla enla batalla. Ella finalmente logró la nulidad, pese a este logro tuvo que seguirtrabajando. No se queja, ella no evita el trabajo. Ha sabido librar la lucha, laadmiro por eso. Es sensible y buena gente, fue enriquecedor charlar con ellamientras nos tomamos un cafecito con galletas, damos carta abierta a losrecuerdos, las tallas, a esos compañeros de curso con sus aires de superioridad ysu orgullo. Nos reímos hasta sentir dolor en la barriga. Prometimos no perdernosde vista, mantenernos en contacto, intercambiamos números telefónicos. Algo leconté de Matías, me dijo no vayas a cometer el mismo disparate que yo, no dejestu casa. Le agradecí el consejo agregando, difícil que deje la casa, los niños estánchicos todavía y Matías no es el amor de mi vida.
  • 47. 4732. JuevesMe despertó el ring del teléfono. Matías y sus requerimientos amorosos. Nosquedamos de juntar en la noche, como siempre, a las ocho, pero en el Suiza, uncafé que tiene tortas deliciosas y un old fashion espectacular, una de misdebilidades. Matías es tan niño, su ternura y esos infinitos deseos de agradarmese hacen queribles, me recuerda a Ricardo, mi amigo de las clases decomputación. Ricardo tenía la facultad de encantarme con sus bromas y suingenio. Solíamos ir después de clases a beber cerveza con papitas fritas reciénhechas. Era nuestra pasión. Creo que estuve a punto de enamorarme de él, perosiempre las normas, clamando por ser cumplidas, dentro y fuera de mi. Las garrasdel miedo no dejaban de acosarme. Un día dejó de asistir a las clases y yo nuncamás lo llamé. Quizás me habrá llamado. Nunca lo supe. Ricardo, el tallero, elosado, el inteligente, estuvo a punto de capturarme en sus redes. Ahora lorecuerdo con cariño. Ha pasado el tiempo y sigo sintiendo por él un amorincomprensible. El también era casado y tenía unos rollos con su mujer y sussuegros. Vivía con ellos a imposición de su mujer, nunca despegó del lado de suspadres. Para él era insoportable vivir con los suegros, no porque fueran malaspersonas sino porque él no podía asumir el papel de dueño de casa. Tenía quesometerse a las reglas de los padres de Magdalena, su esposa. Era una de esassituaciones que pesaban toneladas en los hombros de Ricardo. Su mujer noaccedía a retornar a la casa que antes habitaban con sus pequeñas hijas. Pobre,no sabía qué hacer para salir de esa penosa situación. Confesaba seguido queamaba a su mujer e hijas. Creo que si me hubiera tirado a sus brazos habríaganado la carne. La carne y su debilidad, como siempre en los machos. Pero noquise dar rienda suelta al instinto. Habría sido mi primera infidelidad y no estabapreparada para luchar contra el complejo de culpa. Todavía no lo estoy, aunquelos hechos en la actualidad ya están consumados. Dejo de escribir, Nicolás vienecon unos amigos y tengo que ir a atenderlos. Estos chicos comen como
  • 48. 48condenados. Ojalá que la Pepa haya ido a comprar pan de hamburguesas y lamayo con ketchup. Son fanáticos del ketchup, la Pepa y yo alcanzamos a tomarlesel olor a las dichosas hamburguesas.
  • 49. 4933 ViernesAnoche me retrasé. Nicolás y sus amigos nos dieron harta pega. Llegué al Suiza alas ocho cuarenta y cinco y Matías tenía cara de funeral. Me excusé diciendo notuve tiempo para arreglarme, respondió no te preocupes estás aquí y es lo quecuenta. Nos servimos un exquisito trozo de torta y un trago. Acarició mi mano y memiró largamente al tiempo que consultó ¿nos vamos?, respondí afirmativamente, ala pregunta dónde quieres ir, sólo atiné a decir donde tú quieras y emprendiócamino a Coronel. Entramos al motel Verona que estaba a esa hora con las lucesque indicaban “ocupado”, encendida en la mayoría de las cabañas. Encontramosuna libre, era pequeña y sin jacuzzi. A quien le importa el jacuzzi le dije y sonreí.Matías pagó la cuenta, pidió dos bebidas y algo para picar. Yo me senté en elborde de la cama mientras el recuerdo de Tito me inundaba, si supiera dondeandaba su estúpida mujer, ésa que ignora hasta en el más mínimo de los detalles.Un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Si supiera. Ni se lo imagina. Aquí estoycobrando la cuenta por su descuido. Y la cuenta le va a doler más que el fracasode uno de sus infaltables negocios. Encogí los hombros y rodeé el cuello deMatías, este hombre es mi consuelo pienso. Recosté mi cabeza en su pecho, latibieza de su respiración me estremece, él busca con suavidad mis labiosmientras sus manos acarician mi espalda. Le entrego mi boca para ahuyentar midesdicha. El me levanta con ternura para pegarme a su cuerpo hasta completar elabrazo, me dejo llevar. Me acarició un largo rato, recorrió con sus manos micuerpo, todo. Ya en la cama, abrió mis piernas y frotó su miembro contra miclítoris suavemente como si tuviera temor de herirme, luego observó mi sexo y lobesó, con su mano acarició mis genitales en un paseo que me parecióinterminable tocó la humedad y sentí el torbellino de su sangre, la agitación de supecho velludo. Me di cuenta que se contenía para hacerme sentir mayor placer.Se dejó caer sobre mis pechos y besó mis pezones succionándolos como unbebé. Sus manos recorrían mis costados hasta levantar mis glúteos yo extendí mis
  • 50. 50piernas mientras él introducía lentamente su pene en mi vagina, él temblabadentro de mi y yo acomodé mi clítoris al nacimiento de su sexo apresurada con eldeseo que Matías provocaba con sus manos. Le susurré, no lo hagamos rápido,hazlo despacio, y avanzamos lentamente hasta gritar al unísono, eufóricos, elvértigo maravilloso que inundó nuestros cuerpos. Yo me asombré de la confianzaque me inspiraba Matías, echados de espaldas fumamos unos cigarrillos ytomamos coca cola para saciar la sed espantosa que provocó nuestro juegoamoroso. Quedamos de vernos el lunes al mediodía. Subí al auto de regreso acasa con una sonrisa en mi interior, yo que me creía frígida.
  • 51. 5134 SábadoEste sábado me atrapó. Los chicos fueron al colegio, Nicolás al grupo de música yCamilo al club de ajedrez. Alberto no llegó a almorzar. Resumen, almorcé con laPepa amenizando mi pollo y el puré, con su cháchara. La pobre sigue con atraso,me pidió que le comprara una inyección para provocar la regla. Aproveché deecharle una buena pasada por tonta ¿cómo se le ocurre no cuidarse? Me mirómedio avergonzada, me dio pena ésta cabra, tendré que hacerle la paleteada de ira la farmacia y poner la cara por ella. Es mujer, y eso basta para no negarle miayuda. Solidaridad femenina, ojala existiera ésta en los ambientes laborales, bolsade gatos, envidia a destajo, descarnados celos y hasta cinematográficasaserruchadas de piso, dejan en claro que no es nada de fácil trabajar entremujeres. Falta solidaridad de género, y eso no puede pasar encasa. No faltaba más.
  • 52. 5235 DomingoHoy fue un día inusual. Acompañé a la Pepa a ponerse la inyección donde unaenfermera inescrupulosa, pero necesaria. La pobre Pepiña nerviosa me preguntóno se cuántas veces si le dolería, obvio te dolerá el pinchazo, así espero quepienses la próxima vez que abras las piernas a otro huevón, fue mi respuesta. Ellame dijo prometo que ahora me voy a cuidar, más te vale, respondí seria yagregué, es por tu bien, y por tu vieja, no le vas a cargar la mata con otro cabromás. Alberto fue a dar una vuelta al Parque Ecuador con Camilo, quien disfrutacomo chancho en barro, de los juegos y de la caminata al Cerro Caracol. Quedóde volver a las dos para almorzar, apenas me miró para decirme a esa horaestaremos de regreso. Un nudo atrapó mi estómago, ¡Qué tonta!, debería estaracostumbrada a la frialdad de Alberto. Camino por la vereda junto a la Pepa,intercambiamos unas breves palabras y luego pienso en este vacío que no logrollenar, esta soledad que corroe mis entrañas, este sentirse fuera de, ajena altráfico indómito del gentío, al mundo, la sensación de encontrarme en un desierto,inunda mi interior. La Pepa se puso la inyección, yo pagué sin dejar de pensar locaro que cobran estas viejas, ensimismadas en nuestros pensamientos,regresamos a la casa. Pongo los cubiertos en la mesa y la nana calienta la comidaen tanto aliña la ensalada, lechuga y tomate, mi preferida. Me acerco al buffet yme sirvo un trago. Necesito evadirme de esta realidad plagada de nubarronesgrises y oquedad. Almorzamos, yo me mantuve taciturna y sonreí apenas con lasgracias de los chicos. Estoy al margen, me minimizo, me instalo en mi conchapara protegerme. Una tarde opaca se vislumbra a través de los cristales.
  • 53. 5336 LunesLa mañana está iluminada por débiles rayos de sol. Un poco fría. Concepción secaracteriza por su clima cambiante. Es posible que en la tarde esté más cálido.Ojala. Anoche Tito empezó a acosarme. El y su sexo me aburren, para abreviarabrí mis piernas y con la mirada en el cielo raso, me mantuve quieta y lo dejé quesaciara su sed orgásmica. Fingí, ¿qué mujer puede desear a un hombre quepadece de eyaculación precoz y la mayoría de las veces se masturba al lado deella tal si fuera un pendejo de mierda, un tipo que no se comunica sino para criticary hacerla sentir como una pulga miserable depositada en el planeta. Ni un solobeso me dio, ni una caricia. Mientras estuvo encima de mí, mi mente trajo a Matíasy recordó su tibia ternura que me desarma hasta el éxtasis. Matías..., pienso en élmientras miro el sol de la tarde. Si sólo pudiera amarlo. Pero no, mi alma no estápreparada para amar a nadie, por lo menos no ahora. Mi corazón está roto. Mevoy a dar una ducha, una bien larga, que limpie por dentro y por fuera. Esta nocheme encontraré con Matías, algo agradable para olvidar la pena y el hastío. Medespido de los chicos y la Pepa, que me mira socarrona como adivinando elmotivo de mis salidas de los días lunes y jueves, le digo chao, voy a la casa deuna amiga, en tanto muevo la cabeza con una media sonrisa. Matías me espera yla noche huele exquisito. Si llega o no llega Alberto, ¿a quién diablos le importa?Guardo el cuaderno en el cajón secreto.
  • 54. 5437 Matías.Salgo por la entrada que da hacia la calle Ongolmo, hoy Matías me espera a lavuelta, en Victor Lamas, hacia el barrio universitario. Iremos a un restaurantefrancés que se encuentra cerca. Caminamos sin rozarnos como si fuéramos dosamigos. Marchamos en silencio. Reflexiono en nosotros, convertidos en amantes,furtivos enamorados, en lo terrible que es la infidelidad, ella no nos hace másfelices, nos corrompe al convertirnos en embusteros. La trampa del engaño tienela ferocidad de un gato montés. Pienso: nos hiere en las cuerdas del placer.Matías, ajeno a mis cavilaciones, me observa de lado, mientras da largaschupadas a su cigarrillo. Va con una mano en el bolsillo de su pantalón, con laderecha sostiene el cigarrillo, eterno camarada de sus labios dulces. Levanto elrostro hacia él y lo miro casi al entrar al restaurante, pienso, éste hombre es ungentleman y una sensación de agrado me invade, él me hace pasar, con un gestoseñala la entrada y me sigue. Tomamos una mesa en un costado. El ambiente deeste pequeño restaurante francés es agradable, se escucha una canción de EdithPiaf, su inimitable voz cautiva con el tema “Non je ne Regrette rien” .Ya siento elsabor de las papitas hilo y el pato a la naranja que me prometió. Nos sentamosfrente a frente y sonreímos. Un pisco sour para comenzar. Y la charla amena deeste hombre que me mira con amor, completa mi efímera felicidad. Me mira conamor. Eso es lo verdaderamente importante, el amor que siente y demuestra.Terminamos de comer y una grata conversación nos envolvió, tocamos el tema dela infidelidad, Matías dice que Alberto debe ser infiel, su actitud avala lo que tedigo manifiesta, la persona que es infiel, difícilmente puede ocultarlo. Por logeneral, se muestra fría y distante, suele recalcar los defectos de su pareja másde lo normal, para tener como justificarse en caso de ser “atrapada”. ¿Y no mehas dicho tú que esa es la actitud de Alberto?, pregunta mirándome a los ojos a locual respondo si, así es y agrego, en todo caso no me afecta, dejó de importarmehace mucho tiempo, para mí, es un alivio, así me molesta menos en la noche y medeja tranquila, él consulta si estoy segura de lo que le comento y afirmo categórica
  • 55. 55lo estoy y agrego ¿a estas alturas luego de dieciséis años de vida juntos, puedespensar que me afecta?, no dudes Matías que sí, confieso que me duele ser infiel.No soy feliz, no me hace feliz serlo, pero así se han dado las cosas y no puedocambiarlas, por lo menos no ahora. Y agrego ¿sabes algo? yo no recalco losdefectos de Tito, estoy distante. No hay diferencia desde que salgo contigo a losmeses anteriores, Matías pregunta ansioso ¿crees que no se ha dado cuenta deque estás saliendo conmigo? No, Matías, no se ha dado cuenta, él no tiene tiempopara mí, sólo para su trabajo y amigos, toda la vida he sido un taburete, algo queocupa cuando lo requiere, estoy segura que no me ama, dudo siquiera que mequiera, ya te he dicho que nuestra relación sexual es pésima y las excusas paraestar ausente de casa son frecuentes, agrego, ni te digo la falta de comunicaciónque reina en nuestra casa y añado, ten en cuenta que los pretextos para discutir opelear surgen a cada instante. Yo no creo que estos signos pueden únicamentesignificar que Alberto pasa por un mal momento, frustración profesional o simpledepresión, lo conozco, te diría que poseo una sensibilidad especial para detectarque no sólo hay algo que está fallando en la relación, sino que está deteriorada,puede que en mi esté la falla, ¡qué sé yo!, somos tan diferentes. Te aseguro que élno tiene ningún interés en mí. Curioso pregunta ¿te provoca sentimientos derabia, desilusión, resentimiento pensar que te es infiel? No, le digo, para nada,todo se acabó entre nosotros. Y mirándome ilusionado pregunta como un niñopidiendo un helado ¿Te irías a vivir conmigo? respondo con un rotundo no, yañado aunque te parezca tonto, mis hijos están primero que yo, no puedo dejarlossolos o alejarlos del padre, les haría daño, afirmo, como sea es su padre. El rostrode Matías se ensombrece, vivamos esto día a día, sin promesas, ni nuncas nijamases, le digo. Responde te amo y yo le digo te quiero, no me hagas mas difícilesta relación, deja que sea una instancia de tranquilidad, ternura y cariño déjalaasí Matías y no te compliques ni me presiones. Consulta ¿Estarás siempreconmigo? Y yo: No diré siempre, no mentiré en eso, sólo hasta que el sentimientoque nos une, dure. Entiende y no lo hagas tan extremadamente doloroso, asienteencendiendo un nuevo cigarrillo con expresión resignada, tomo su brazo y le
  • 56. 56acaricio con el dorso de la mano su mejilla morena. Sonrío y digo, eres tan lindo ytierno, esboza una sonrisa mientras un será como tú dices nena, sale de su boca.Me invade una gran sensación de paz y una ternura me colma, ha sido diferenteesta noche. Matías ha comprendido que no deseo una relación basada sólo en elsexo, deseo mucho más, un amigo, un compañero, alguien con quien conversarde lo más íntimo. El ha estado perfecto, la noche ha sido perfecta.
  • 57. 5738 MartesLa Pepa vino llorando al dormitorio, la inyección no ha hecho efecto y la pobreestá muerta de miedo, su mamá la va a retar me dice, y yo, te lo buscaste porlacha ahora vas a tener que apechugar y armarte de valor para contarle a tusviejos que metiste la pata de nuevo, me mira asustada y pregunta si estoy seguraque no le va ha hacer efecto la inyección, me armo de paciencia para responderlehan pasado varios días, ya es imposible, y no se te ocurra hacerte un aborto, esosí que no. Vale muy caro dice, no es eso Pepa, eso no agrada a dios, por lomenos conmigo no cuentes para ello, compungida se retuerce las manos a laaltura del pecho, los ojos llenos de lágrimas, señora, por favor, ruega, y yo, no yno, no arriesgaré tu vida ni pondré en peligro la de ese bebé, agrego, así queseñorita, este fin de semana habla con sus papás y ya. Es lo mejor, terminodiciéndole, ella seca sus lágrimas y tiembla como papel, la tomo de los hombros yle digo serena, sin enojo, piensa que este hijo dios te lo da como un regalo.¿Matarías un regalo de dios? Me mira, seguro ha recordado sus padresevangélicos, no señora, bueno, respondo, habla con tus viejos y dile eso mismo.Está bien dice, me sonríe y emite un balbuceante gracias. Luego la acompaño a lacocina y nos aprontamos al trabajo cotidiano. Nicolás llegó temprano, un dolor demuelas lo tiene loco, llamo al dentista para pedirle una hora. La tarde se me fueacompañando al Nico y escuchando sus alegatos contra la mano dura delodontólogo. Al llegar a casa, Camilo se acerca corriendo, me abraza y mepregunta ¿me trajiste algo?. Me abruma de pronto el desempleo. La rutina dedueña de casa no se hizo para mí y los requerimientos de los chicos me afligen.En la noche me preparo un largo trago vodka naranja para terminar un díaintranquilo y cosa rara, ni siquiera puedo catalogarlo como fastidioso. Entre laPepa y los chicos se me pasó volando.
  • 58. 5839 MiércolesSalgo a tomar un cortadito al L ´ Ángolo, me encuentro con la Tatiana y unasamigas. ¡Qué onda!, éstas niñas sí que están locas y me atrapan con su locura.Una de ellas tuvo la idea de partir al Cinemark a ver una película. No tengo platadigo y otra me dice, no importa vamos a ver Infidelidad con Richard Gere, medijeron que era fabulosa. Un sentimiento de culpabilidad emerge, me sientopillada. ¡Qué tontería!, me digo, estas minas no saben nada. Ok, les digo vamos.Subimos al auto de Sandra, otra de las chicas locas y vamos a ver la película.Genial Gere, lo mejor como actor. Nos encantó. Discutimos la temática un ratomientras engullimos unas hamburguesas con café. La Tatiana nos dice vamos nosa la República, es temprano, hacemos hora en mi casa. Partimos para la casa dela Tati y nos tomamos unas cervezas, cinco mujeres solas, charlamos sindescanso. Nos reímos de las tallas que surgen porque a la Sandra la ronda unamina. Qué cosa, los tiempos están cambiando vertiginosamente. Y tú qué lepregunto a la Sandra, encoge los hombros. Nada, es una lesera, dice. A las oncede la noche nos pegamos una arregladita, una mano de elefante para vernos unpoco mejor, y emprendemos viaje a la Republica. Este es un pub disco en elbarrio estación. Es alternativo dice una de las chicas. Y yo ingenua, pregunto porqué y la respuesta es ambiguo llega a mis oídos, cierto, me doy perfectamentecuenta de que es un ambiente ambiguo. Hombres con hombres, mujeres conmujeres, y entre medio parejas hombre y mujer. Observo a un hombre bailar condos mujeres. Es mi primera vez en un lugar así y me siento extraña, pero no meimporta lo que haga el resto. Pienso en Matías, debe estar esperando el llamadoque no le haré hoy. La Tatiana me saca a bailar y bailamos como dos horastonteando con otras mujeres. La Sandra pescó un mino, me dice la Cecilia. Veoque se le acerca otro, un morenazo bastante atractivo le coquetea, le mueve loshombros, la Sandra lo mira con ojos cazadores. Esta no se conforma con uno,pienso y me sonrío, mientras tomo un poco de mi combinado y me siento a fumar.Miro la hora, son las dos veinte. La Tati esta feliz, me toma por los hombros y me
  • 59. 59pregunta ¿viste que te hacía falta un día para ti, de carrete y locura?. Tenís quejuntarte mas seguido conmigo viejita, necesitas salir de tu rutina, lanza unacarcajada, mientras se aleja, dirigiendo sus pasos a otro grupo de chicas. Y yobebo otro sorbo de mi vaso. Me acuerdo de la casa, ni siquiera le avisé a la Pepa,debe estar asustada, ni hablar de Alberto, si es que ha llegado, seguro estaroncando. La música que arde, la gente repleta el lugar. Y los grupos de cuatro yde a seis bailando me entretienen al observar los gestos sensuales que se dirigenunos a otros. Es un juego, bailan formando casi una ronda, comparten chupadasde cigarrillo y tragos. El mundo ha desaparecido para ellos, y yo disfruto estecambio de ambiente. Un tipo me observa desde una silla al fondo a la izquierda,me hace una seña y se incorpora, yo me dirijo a él. Estoy decidida a pasarlo bien.Álvaro, es mi nombre, me dice, la música está a todo volumen y sólo es posibleconversar a gritos, yo respondo medio gritando, me llamo Verónica, entonces, metoma de una mano y me lleva a la pista. Es un tipo de mediana estatura, suatractivo radica en sus ojos verdes, un poco pálido me parece, tiene el pelo negroque le cae sobre la frente, me fijo en su sonrisa, tiene unos dientes impecables.Me gusta, tiene pinta de ejecutivo, en otros tiempos se diría que es cuescocabrera, como el personaje de Legrand. Viste pantalón gris y camisa blanquísimade mangas arremangadas por el calor. Se acerca para musitar, tienes unos ojosbellos, yo sonrío y agradezco. Qué tonto. Agradecer un piropo, agrego, tú tambiéntienes los ojos bellos. Sonríe. El tipo se las trae, me toma de ambas manos y mehace girar sobre la cabeza luego él hace lo mismo. Mueve las caderas de miedo.Es delgado y masculino, muy masculino. De pronto cesa la música electrónica y laestridencia da paso a un lento, la letra de la canción de Luz Casals: Piensa en mí.La música mueve nuestros cuerpos con seducción. Deposito mis manos en sushombros, él me acerca su mejilla, nuestras respiraciones se entrecruzan y sientomariposas en mi estómago, el feeling empapa mi cuello, mi espalda, mis senos.Giro la cabeza y busco sus labios, un beso y éste desconocido irrumpe en mí,siento un fluido en mis genitales, me eleva en su ardor. Otro lento, una románticacanción y luego la separación brutal de ese cuerpo cálido y agradable. De nuevo
  • 60. 60la música estridente y nos encontramos moviéndonos en la marea multicolor,cegadora de la disco. Transcurren casi dos horas más y miro alrededor, la Tatianame observa y consulta ¿te vas con nosotras?, yo miro a Álvaro y él le responde,no, déjala, se va conmigo y me dirige una mirada esperando mi aprobación, yorespondo, si, me voy con él. La Tatiana me mira alegre y dice, a la noche te llamo.Está bien, le contesto, me despido con una seña del resto. Álvaro consulta, ¿nosvamos?, digo si, es hora, se pone su chaqueta, yo sigo montada en la nube queme regaló Álvaro y me dirijo al guardarropía, retiro mi casaca y mi bolso. Álvarome toma firmemente del brazo, me siento como una zombie, con el corazón apunto de estallar. A la salida me dice, busquemos el auto, toma mi brazo ydoblamos hacia la calle Freire, caminamos rápido, son las cuatro y tanto de lamadrugada y está helado. Álvaro abre la puerta para que yo entre y la cierra consuavidad, luego sube al lado del conductor y pregunta ¿donde vives?, le indico ladirección, pone en marcha el blanco Subaru Legacy. Quiero volver a verte dice yyo me asusto como cuando llega Alberto y estoy leyendo en la cama a las tantasde la noche. Álvaro, le digo, soy casada, y responde sereno, yo también. Me callola boca, pienso, aquí estoy, casada, con amante, y con otro prospecto, ¿quéhacer? Dudo antes de emitir una sola palabra, elucubro, me invade un sudorextremo, todas las reglas religiosas de la familia me aturden en segundos, seguroya tengo ganado el infierno, pero el hombre me gusta, Alberto no me quiere y noestoy enamorada de Matías y digo sin más, sin duda alguna, si, nos veremos.Álvaro estaciona el auto a media cuadra de mi casa. Le doy el número de teléfono,le digo llámame en las mañanas de lunes a viernes, es lo mejor, responde tellamaré, y se inclina para rozar mi mejilla con sus labios, musito un chao,que estésbien y desciendo con un ligero estremecimiento que recorre mi cuerpo. Camino yla interrogante ¿qué haces Verónica?, y las voces que dicen estás loca meacosan, muevo la cabeza y procuro no pensar. Ya son casi las cinco. Ahora elshow para llegar a la habitación. Si Alberto se da cuenta de la hora que llego, serápelea segura. Como buen perro de hortelano, no come ni deja comer. Me deslizosigilosa por el pasillo, paso al baño y me quito la ropa; los sostenes, los calzones,
  • 61. 61estoy húmeda, tomo un trozo de toalla nova, lo mojo con un hilo de agua y melimpio, el corazón me salta, tengo miedo, voy al dormitorio y retiro el pijamasuavemente de la silla que se encuentra a los pies de la cama. Alberto ronca comocerdo. Mejor. No enciendo la luz, me meto a la cama conteniendo la respiración.Pienso en Álvaro y en el pobre Matías. Cierro los ojos.
  • 62. 6240 JuevesNo sentí cuando se levantó Tito, desperté a las once obligada por la Pepa y eldichoso almuerzo. ¡Diablos!, me duele la cabeza, el hachazo no me lo saca nadie.Pepa, le grito, dame unas dipironas y un vaso de leche. Llega con el vaso y laspastillas al tiempo que me ataca con la bendita pregunta ¿qué vamos a hacer dealmuerzo hoy señora?, y yo, ¿qué hay?, ¿hay arroz, papas, fideos?, al escucharque solo quedan tallarines, le digo bien haz esos tallarines con la carne que quedaen el freezer, acompáñalo de una lechuga con zanahoria rallada y estamos bien.La Pepa da media vuelta y me deja en paz. Al fin sola. El almuerzo, todos los díasel condenado almuerzo, sólo que hoy no me meto a la cocina. El ring del teléfonoa las doce del día me agita, es Matías, todo va bien en nuestra comunicacióntelefónica hasta que le digo que será imposible vernos hoy, ¿algún problema?,pregunta sobresaltado, no sólo que ayer llegué tardísimo, digo, y no creo que seaconveniente repetir mi salida, debo cuidarme, un mutis largo para luego escucharla voz de Matías interrogándome, qué adónde salí anoche, entonces con vozcalma le digo quedamos que sin preguntas, sin ataques de celos, su respuesta esrápida, no estoy celoso, y repite, no estoy celoso sólo me gustaría saber con quiénsaliste, y yo, con unas amigas y no preguntes más, no seas curiosillo, hoy nosalgo, esta bien, me dice, te llamo mañana, respondo que estés bien, añado, no tepases rollos, es que anoche no dormí muy bien, es todo lo que le digo, me reservolos detalles de mi trasnoche, con cierto desaliento se despide y yo como si nada ledigo no te preocupes, te quiero Matías, y cuelgo sin más el auricular. Estoshombres, pienso, la tratan a una con un sentido de posesión como si fueran elmarido, aunque a mí Tito jamás me ha dicho nada por mis salidas, creo que no leimporta, tengo plena libertad para mis escapadas, claro, jamás se imaginaríaAlberto que salgo con un varón, ni siquiera sabe que llego de amanecida. Soydemasiado imbécil para él, no se le ocurriría pensar mal de su mujercita. Bien, nosabe el caballero que la que peca de imbecilidad es precisamente su cabeza. Enla tarde estoy con los chicos, conversamos de todo, el colegio, las profesoras y
  • 63. 63esa maniática compañera de Nico que le raya los delantales, su obsesión no dejade causarnos risa. Insisto diciéndole que le pida por favor que no le pintarrajeemás sus cosas, él me dice que hace un par de días le grabó su nombre en lacalculadora, esa niña no tiene intenciones de dejarlo en paz. Miro al Nico, con suedad adolescente no parece estar interesado en las niñitas. Lógico, las niñasmaduran más rápido que los hombres. Supiera Claudia lo infantil que es este hijomío, si todavía pelea con Camilo por el nintendo y los juegos del computador. LaPepa me cuenta que ya habló con sus viejos, que éstos están terrible deamargados pero qué hacer le dijeron, habrá que recibir esa guagua y arreglarnoscomo podamos. La capacidad de amor y solidaridad de la gente no deja deasombrarme. Bueno, problema resuelto. Todo parece marchar bien con los chicos.El problema es Alberto y la tentación: el tincudo de Álvaro. Me llamó la Tati para lacopucha, que qué pasó con Álvaro, le digo nada, compartimos un poco de felling,es todo, su voz suena incrédula al otro lado del teléfono, insiste, me dio laimpresión que fue algo más que un intercambio de química. No satisfago sucuriosidad y quedamos de vernos cualquier día. Reflexiono, tal parece que lamentira se ha adueñado de mí. No me satisface, en fin, tampoco puedo exhibir porel mundo mis aventuras extraconyugales. Un suspiro hondo me nace desde elfondo.
  • 64. 6441 ViernesDon Álvaro al teléfono. Así me dijo la Pepa y yo me lavé las manos manchadascon harina y dejé los moldes de queque tirados en cualquier parte de la cocinapara atender la llamada. Su voz me emociona, y mientras pienso, Álvaro es lapasión y Matías la ternura, escucho preguntar ¿cuándo nos vemos chica? y yodigo medio nerviosa ¿te parece el martes?, consulta ¿no puede ser antes?, leexplico que el fin de semana generalmente lo paso en familia, y continuo, el lunestengo clases de cocina, miento sin pudor alguno, el martes, sí, es buen día parami. Te llamo el martes entonces, dice y se despide afectuoso. Me conmueve y meagito. No sé que haré en este triángulo inesperado que parece cobrar forma, miterquedad es mayor que todos los temores y me digo no me negaré el placer deconocer a este tipo que provoca en mí sensaciones desconocidas, con estacerteza reanudo mis tareas culinarias. Cierta desazón me invade al cavilar, siAlberto fuera cariñoso, si fuera compañero, amigo, si tuviese mayor delicadeza,consideración, yo no estaría enredada en el engaño. Debo pensar en mí, Albertonunca me ha sido fiel. Este pensamiento logra tranquilizarme. Al menos un poco.
  • 65. 6542 SábadoAlberto volvió a masturbarse anoche y yo al lado. Describir mis sentimientos escomplicado, dolor, rabia, algo indefinible emerge y se rompe cada vez que loescucho. Apenas lo veo en el lado de la cama, con los ramalazos de luz queatraviesan las cortinas y que llegan desde el alumbrado público. Escucho surespiración que se acelera bajo las sábanas, luego, cuando acaba, se levanta albaño, llega hasta mis oídos el ruido del agua, las sonadas de nariz, el carraspeoque le caracteriza cuando evacua. ¿Qué puede llevar a un hombre a tener estassesiones masturbatorias teniendo a la mujer al lado?. Durante mucho tiempo lamasturbación ha sido considerada pecaminosa, un vicio reprobable y tabú, sobretodo en las mujeres. Y todavía hoy a muchas les da vergüenza y les planteadudas: ¿es normal?, ¿afecta a la salud o a las relaciones sexuales?. Creo no tenertabúes al respecto. Sé que no todo el mundo se masturba, pero la gran mayoríade hombres y mujeres lo ha hecho o lo hace a lo largo de su vida. Es más habitualentre los hombres, sobre todo jóvenes, es tan normal que se masturben como queno lo hagan. Alguna vez leí que la masturbación no afecta la potencia sexual, unhombre que se masturba no es menos "potente" que un hombre que no lo hace. Síes cierto, que después de la masturbación el hombre necesita tiempo para volvera tener una erección: igual que tras un coito. Durante los períodos de abstinenciaésta ayuda a mantener la capacidad de excitarse. Si analizo todos estosconocimientos. ¿Qué mierda pasa con Alberto?. A decir verdad, intento pasar poralto lo que defino como pendejadas de Alberto pero no dejo de revisarme ypreocuparme de mí como mujer, porque para ser honesta, sí me causa extrañezaesta inclinación obsesiva del hombre con quien comparto la cama. De vez encuando me asalta el pensamiento de que no es más que flojera de macho, hacerel amor pareciera ser un gran esfuerzo pasado los cuarenta. Es más fácil para elhombre masturbarse o que le hagan sexo oral, que darse el trabajo de juegosprevios, caricias que para toda mujer son imprescindibles. Me examinomentalmente, no soy una mujer desagradable. Creo. No ando con las chascas
  • 66. 66paradas ni estoy carente de atractivo, inteligente al decir de muchos, encantadora.No sé qué puede hacer que un hombre evite tener relaciones con su mujer. Nosolo eso, él no habla, solo lo necesario. La mayoría de las veces se muestra comoun idiota, al decir idiota me refiero a su pésimo carácter, agrio, bastante histérico,lo suficiente para no querer acercarme a él. ¿Quién desea un cardo a su lado?. Unhalo de misterio cubre la personalidad de Alberto. Es generoso con la familia y losamigos, la gente lo estima y habla bien de él, es buen amigo, dicen, yo, lo únicoque sé es que es un pésimo marido y padre...no sé. Esta manía que le ha venidode la masturbación por muy normal que sea según los textos científicos y estudiosde algunos sexólogos, a mí me parece grotesca en un hombre cercano a loscincuenta. Su pequeñez me decepciona.
  • 67. 6743 DomingoAyer sábado transcurrió casi como siempre. Cambié el día de visita a casa de mispadres. Los chicos querían ir a la playa el domingo, estuvimos en familia y luegonos fuimos a casa a meternos en el aparato idiotizador, yo al lado del agrio deAlberto. Camilo fue a jugar a casa de un amigo y Nicolás se encerró a jugarajedrez en el computador. La Pepa se fue a su casa, se puso unos tacos altos yuna mini roja espantosa, igual debo reconocer que tiene buenas piernas y que hesorprendido a Alberto mirándola más de una vez, tiene manía por las nanas.Menos mal que no le ha dado la calentura con la Pepa, no se lo perdonaría. Estaniña es buena, cariñosa con los cabros y conmigo. Lástima que sea tan lacha.Ahora voy a tenerla embarazada, trabajará hasta el pre natal supongo. Tendré quever alguien que la reemplace, una lata. Este domingo salimos a almorzar aDichato, en el restaurant Prieto, los niños disfrutaron de los carapachos, elpescado con papas fritas, las bebidas y la playa, yo disfruté viéndolos comer yluego correr por la orilla de las heladas aguas características de esa bahía.Es la gracia de ser niños. Una cuando crece se pone tonta o más escrupulosa. Elentretenido de Alberto estuvo leyendo el diario echado con las gafas puestas, enuna manta que tendí, mientras yo sentada a su lado, leía un libro y pensaba en elterrible conflicto que se me venía encima con Matías y Álvaro. De vez en cuandomiraba hacia el mar, mis hijos al menos parecen ser felices, pensé. Ni hablar deAlberto, no tiene remedio. Creo que Alberto si es infiel le importa un carajo lasminas. Eso es lo que nos diferencia de los hombres, cometemos el error deinvolucrar los sentimientos. Los hombres son animales, no se hacen problemas.La mayoría, pienso, al recordar al bueno de Matías.
  • 68. 6844 MartesÁlvaro llamó temprano y yo feliz de escucharlo. Hoy lo vería. Vamos a dar unavuelta a Talcahuano, Tumbes o al aeropuerto, me dijo. Pensé: dónde me llevesestá bien, el lugar no importa contigo al lado. Soy una fresca, me digo, por primeravez no me asusta serlo o parecerlo. Apenas tomé el desayuno, la Pepa me miróinterrogante, le dije más café y cigarrillos, es todo. Estuve toda la mañanapensando en él, estaba ansiosa, me di un baño de espumas, me vestí y maquilléespecialmente para Álvaro. Verlo me produjo un nudo en el estómago, disimuléante él mi nerviosismo, dijo nos vamos por la autopista y puso en marcha el motor,pensé qué extraordinario es encontrarme con un hombre como Álvaro yexperimentar esta química indescriptible. Hay peligro en el aire y yo no tengoningún miedo, igual tiemblo, él me dice, en la guantera hay cigarrillos, enciéndemeuno por favor, hipnotizada por su voz enciendo un cigarrillo para cada uno, lamano me tiembla y una extraña sensación se aloja en mis piernas. Sonríe, lo miro,me dan ganas de comerme esas margaritas que tiene en la mejilla. Álvaro measusta por el exceso de velocidad con que maneja, pregunto ¿siempre conducesde esta forma?, me mira, responde, toda la vida, me gusta la velocidad, esirresistible, yo, miedosa le pido, maneja con cuidado por favor, por lo menoscuando vayas conmigo, sonríe moviendo la cabeza y con su mano derechaacaricia mi nuca. Me siento una niña. Fuimos al aeropuerto, vimos un avión condestino Santiago despegar, nos bajamos, caminamos un poco, regresamos alvehículo, Álvaro condujo hasta los alrededores del aeropuerto. Un vientoincontrolable se irguió en Carriel Sur. Hicimos el amor como trastornados bajounos árboles, en una de las colinas que cobija el paisaje verde del límite deTalcahuano, a lo lejos observamos el mall con el frenesí que le caracteriza, pese aser día de semana había un centenar de vehículos estacionados en el parque quedivisamos al pasar. Hacer el amor con Álvaro fue estar cerca del cielo, del cielo yel infierno. Sus grandes manos me asfixiaron en un abrazo feroz, me perdí entresus hombros, y me hice nada bajo su respiración desquiciada. Álvaro es un
  • 69. 69salvaje, lo peor es que me gusta, y mucho. Es el contraste de Matías este volcán.Ni se puede comparar con Tito. Es único, y me da miedo lo que me haceexperimentar con su voz, su mirada y su encanto. Hablamos poco, lo suficientepara enterarme que tiene dos niñitas y que su mujer es una histérica con sesos depájaro para tratar a un hombre y a sus hijas, una egoísta que se echa todo lo quegana encima, me cuenta que se hizo una cirugía estética que le costó mas de diezmillones de pesos y que es una sicóloga incapaz de comprenderse ella misma.Confirma mi teoría respecto a los sicólogos, son más desequilibrados que lospacientes, mucha teoría y poca práctica. Álvaro confiesa que sería incapaz desepararse de su mujer por sus hijas, le digo que me pasa lo mismo. Nosquedamos mirando con ojos de prisioneros, con esa mirada que encierra el dolor,la tristeza que cargamos al no sentirnos amados en nuestros respectivos hogaresy lo que es peor, la impotencia de encontrarnos entre la espada y la pared. Nosabrazamos transmitiéndonos consuelo, infundiéndonos valor tal vez. Me dejóenfrente de casa y al despedirnos aprisionó mi mano con fuerza, al descender, micorazón saltaba embravecido. Y yo que pensé que no caería en las redes delamor. Llego a casa a las tres de la tarde, la Pepa me dice que llamó Camilo delcolegio y que tuvo que ir a dejarle el trabajo de artes plásticas que se le habíaquedado. Tan atolondrado que es mi Cami pienso y la Pepa continua, que donAlberto vino a almorzar rápido, la miro extrañada y ¿cómo es eso que vino?, seencoge de hombros sin emitir palabra y continuo con un ¡qué raro! ella me miracon ojos agudos y suelta ¿sabe qué señora?, le pareció mal que usted noestuviera en casa a la hora de almuerzo. ¡Vaya! Le digo, ¿Con que le pareciómal?, ante la cara aceitunada de la Pepa, que me lo diga a mí, y añado, si es quenos vemos, yo no soy adivina para saber que va a venir a almorzar, hazme un tépor favor le pido desganada y me instalo en el living a fumar un cigarro mientraspienso qué diablos trajo a almorzar al ogro, si casi nunca viene. Me preocupaMatías, ayer no tuve valor para decirle que había conocido a alguien que me atrajomucho. Me dio pena al ver su cara de niño sin postre cuando le dije que no queríair a ninguna cama ni a ningún motel. Peor se puso cuando le dije que sería
  • 70. 70imposible seguir viéndonos los jueves pues me había inscrito en un curso degimnasia para entretenerme y romper la rutina. Pese a sus protestas, agreguénada me va hacer renunciar a esas clases Matías, las necesito, ante mi firmeza noinsistió, su mudez fue lo que evidenció su reprobación y descontento. Me hice latonta, le conté un par de banalidades hasta que logré hacerlo sonreír. Nosdespedimos contentos, yo por lo menos, feliz de haberme librado del pesado sacoen que se ha convertido Matías. Me siento canalla. Álvaro me ha convertido enuna cínica, me ensombrece este descubrimiento. Ayer lunes no fui capaz de tomarel lápiz, fue un día oscuro.
  • 71. 7145 MiércolesUna nebulosa y deprimente mañana me saluda al descorrer las cortinas. El rostrode Álvaro permanece en mi retina. Las nubes se anudan en el cielodesparramando su color de nieve como grandes motas de algodón, quisiera estartendida, allí, relajada, lejos del ruidoso tráfico que golpea los oídos y azota elalma. En plena quietud, sin los harapos de una vida monótona, claro, no estaríasola sino con Álvaro. Una media sonrisa se dibuja en mi rostro, y me vuelvo a larealidad que nos aprisiona en una existencia insípida. Voy a la cocina por un caféy me encuentro a la Pepa lloriqueando, el papá de su guagua no quiere nada conella, la observo compasiva e intento darle palabras de consuelo, ella me miraagradecida y yo le digo insistente ¡arriba el ánimo, manos a la obra!. Dejo tododispuesto y me pongo a escribir en pijama. Pese a todo, mi consuelo es que mishijos están bien. Alberto es alejado de mis pensamientos como una ecuaciónimposible de resolver. Matías me preocupa, y medito en la salida de esta trampaque colgué a mis pies sólo por la soledad. Craso error, urge que tome unadecisión, no puedo permanecer en un triángulo que Matías no merece. La tardedel miércoles se asemejó a otras muchas. Tomé once con los niños, ayudé aCamilo con sus tareas y le hice un trabajo de castellano a Nicolás. Literalmente selo hice, el pobre es negado para lo verbal. Casi a las nueve de la noche atendí elllamado de Álvaro, quería saber a qué hora nos veríamos mañana, a las siete, ledije, al otro lado de la línea lo intuyo conforme y feliz, antes de colgar me dice lomucho que me ha extrañado, que me necesita y yo le digo igual. El Nico mepreguntó ¿quién era mamá? le dije una amiga, para hacer más cierta la piadosamentira añado, es la Regina, con quien me veré mañana. Se queda tranquilo y yoenciendo un cigarrillo para disimular mi ansiedad. Y ese sentimiento horrendo,indefinible que me provoca mentir a mi hijo, al mundo, a mí misma. Álvaro harevolucionado mi existencia. Alberto llega a comer con un amigo. Son alrededor delas once de la noche, no me causa gracia pero aparento lo contrario, la vidaconyugal está plagada de hipocresía y apariencias. Aunque algunas mujeres
  • 72. 72casadas, las más, digan lo contrario, a ninguna nos agrada que lleguen visitasinesperadas y a estas alturas de la noche. Preparo una ensalada de apio palta conun bife, unas tostadas y mantequilla, ofrezco postre de fruta natural, ningunoacepta, prefieren café, yo sirvo sin palabras las tazas y abandono el comedor paraque conversen tranquilos. No me apetece inmiscuirme en conversaciones demachos. En el dormitorio intento enfrascarme en la TV, vana tentativa, mi menteno deja de pensar en Álvaro, él y Matías se han convertido en mi pesadilla. Lapesadilla real es Matías, Álvaro es sueño, pasión. Es el amor, me digo y mequedo enfrascada en los recuerdos.
  • 73. 7346 JuevesVirginia me llamó hoy en la mañana, está con unos días de permiso y me invita aalmorzar. Acepto. Paso a saludar a mis padres y me voy a tu casa, dame ladirección, apunto en mi pequeña agenda y quedo de estar en su casa a las una.Miro el reloj, son las once de la mañana de un día soleado. Es el clima intermitentede siempre, cuando estoy apestada de lo gris surge como blanca paloma el solpenquista con frágiles rayos que arropan el alma con su luminosidad. Me vistocomo el día especial que es, de casa de Virginia me voy al encuentro de Álvaro.Le aviso a la Pepa que no almorzaré en casa y le encargo a los niños, que sepreocupe que almuercen bien, sobre todo Camilo, ese niño se llena de golosinas,y me hace pasar susto con sus ataques de colon. Me dirijo a casa de los papás,estoy una media hora con ellos, suficiente para enterarme de las últimasnovedades familiares que Roberto, mi primo, aprobó el examen de grado y quedesea lo llame, que la Viviana, otra prima, me envió saludos y que Olguita, unaamiga que no veo hace siglos y que mi madre encontró en el centro, quiere que lavisite. Llego a la casa de Virginia, ha preparado unos pisco sour la muerte. Lacharla no se hace esperar. Las confidencias afloran, y yo la escucho atenta, mecuenta de Juan Pablo, ese arquitecto que la tiene por las cuerdas, y yo sonrío alevocar a Álvaro. Conversamos de nuestras relaciones sexuales, yo le confidenciolas pendejadas de Alberto, y me dice la masturbación como vicio solitario, estimulala fantasía erótica que origina con el tiempo rechazo a la mujer (ó viceversa),agotamiento cerebral e impotencia sexual, agrega sabihonda como es ella, que enun libro de Weor, el matrimonio perfecto, en uno de sus capítulos denominado "Lafantasía sexual (o erótica)”, éste afirma que produce impotencia de tipo sicosexual.Esa clase de enfermos tienen erecciones normales, son hombres aparentementenormales, pero en el instante en que van a efectuar la conexión del miembro y lavulva, la erección cede. Ellos han vivido en la fantasía sexual que nada tiene quever con la realidad, entonces se confunden y no son capaces de responder a larealidad como es debido. La impotencia psico-sexual es la tragedia más
  • 74. 74espantosa que puede afligir a los hombres y a las mujeres fanáticas ó a las gentesde tipo puramente racional. Me asombra Virginia con esta teoría desconocida paramí. Y ella explica, lo ubiqué en la biblioteca cuando me dio por investigar elcomportamiento de mi ex marido. Necesitaba una explicación lógica paracomprender que estaba casada con un tipo enfermo. Y me enfrasqué en labúsqueda de textos que me ayudaron a entender y definitivamente dejarlo porconsiderarlo sin remedio, agrega, claro que él padecía de otros males, era unsádico, en el fondo. Y se queda pensativa al tiempo que toma un sorbo de suaperitivo. Yo me limito a expresar, puede ser eso lo que aflige a Alberto. Puedeque ella tenga razón. Y la acompaño con el último sorbo de trago para pasarenseguida a comer esos exquisitos tallarines al dente que le quedanespectaculares. Me cuenta que la última vez que estuvo con su apasionadoamante, habían hecho el amor en la alfombra y Juan Pablo había estallado encarcajadas al eyacular. Ella se había quedado atónita para luego reír de buenagana junto con él. Reímos ambas, ella al recordar, yo, al ver los grandes ojosverdes de Virginia con expresión aún estupefacta e imaginarlos tirados en el pisoriéndose desnudos. Nos servimos, hambrientas, la exquisita tallarinata yterminamos en el living con una taza de café, intercambiando nuestras respectivasexperiencias. Mis devaneos no fueron omitidos. Ella me dijo, de inmediato debessolucionar el atado con Matías. Yo afirmo, que el punto es que todavía no sécómo, insiste diciéndome decídete, no dejes pasar más tiempo, no es justo paraél. Nos despedimos casi a las seis, le comento que voy en busca de Álvaro yrepite no exenta de preocupación, resuelve lo del otro rápido y cuídate. Marcho decasa de Virginia directo a encontrarme con Álvaro.
  • 75. 7547 ÁlvaroMiro el reloj, las seis veinte, falta aún para encontrarme en el café con él. Doyunas vueltas por el centro, camino entre galerías cuyo nombre no retengo, camino,fumo y pienso en cómo explicarle a Matías que no podemos seguir juntos, quealgo intempestivo ha surgido he impide continuar nuestra relación. Hilvanopalabras de agradecimiento, excusas que parecen apropiadas, en vano, sé que nova a entender, que le voy a causar un dolor. Me aborrezco por haber sido débilcon Matías sin un sentimiento más que el de mi propia soledad. Cuántos erroresnos hace cometer la soledad, pobre y triste vampiresa no es más que una arpíaque afila sus dientes en tanto menea con aires cautivadores la cabeza deserpiente para hacernos caer en abismos disfrazados de romances y llamas desingular felicidad, que sólo buscan quemarnos cruelmente. Después de hablar conMatías, conjeturo, habré perdido un amigo y eso cuesta perdonármelo. Voy alencuentro de Álvaro, nos vamos al departamento de un amigo, me dice. Apenasingresamos, nos abrazamos con desesperación es una locura lo que nos une. Elme encanta y yo le atraigo, repite con enajenación te amo, te amo mientras melleva hacia el dormitorio y yo, que no estoy acostumbrada a tanta demostración deafecto caigo avasallada en sus redes de hombre experimentado y ardiente. Perocaigo dulcemente en el embelesamiento de saber que este amor esabsolutamente correspondido. Nos desvestimos lentamente sin dejar de mirarnos,Álvaro abre una botella de champaña y escancia en dos copas alargadas, el licorburbujeante, refrescantemente dulce, entrecruzamos nuestros brazos tal sifuéramos dos recién casados celebrando su primera noche nupcial y brindamossonrientes, bebemos con fruición. Nuestros cuerpos están completamentedesnudos, con suavidad me deja caer sobre la cama y con sorpresa veo comotoma mis piernas y las separa, besa mis labios, toma la copa vacía de mi mano yla deja junto a la suya sobre la mesita de noche, su mano viril coge el cuello de labotella y la da vuelta levemente hacia mis senos, deja caer gotas desde mi pechoal pubis, y me besa lamiendo el líquido sobre mi piel, vuelve a derramar gotas
  • 76. 76sobre mis muslos y entre mis piernas y pasa su lengua pausadamente, unespasmo recorre mi cuerpo y lo tomo del cuello para besarlo exasperada, como sila vida se me fuera en ello. Él deja la botella sobre la alfombra y precipita suslabios hacia mi vagina, en sus gestos hay seguridad, dominio, ardor. Me incita, mispezones están erectos, sensibles, el deseo se extiende desde el jardín secretohasta mi nuca, tensa mis piernas, tengo absoluta certeza en ese instante que él espara mí y que lo amo. Lo estrecho con fuerza, busco su miembro y lo introduzcoen mi vagina, él me abraza y besa con embriaguez, y me sumo al ritmo de sucuerpo en la búsqueda del goce para alivianar el intenso dolor del deseo.Experimentamos una compenetración absoluta. Pasaron horas, al mirar el reloj lospunteros indicaban las once cincuenta. Nos miramos perplejos y nos vestimosraudos. Las promesas de amor se alargan hasta situarnos frente a casa.Quedamos de comunicarnos. Cuesta despedirse. Subo rápido las escaleras.Decididamente se me está pasando la mano. El amor me hace perder elraciocinio. Entro en la casa y para mi sorpresa, que no alcanzo a disimular,encuentro a Alberto viendo la TV, fumando un cigarrillo. Al verme gira la cabeza ypregunta ¿y a ti, qué te está pasando?, este último tiempo no has dejado de salir,añade. Me hago la tonta, me saco la chaqueta y le digo un tanto perturbada,espera, voy al baño. Intento fraguar una mentira, la necesito rápidamente. Meencierro unos minutos en el baño, me mojo la cara, y mientras me seco decidodecirle que la Virginia está pasando por problemas y que necesitaba compañíapara ir a ver al médico, un neurólogo, por los dolores de cabeza que la aquejan.Trato de cambiar la expresión de la cara, me lavo las manos, me cepillo el pelo ysalgo hacia el living para señalarle la mentira urdida a la rápida, pero no esnecesario, Alberto de nuevo está absorto en la televisión, le ofrezco un té o algo,me ignora, encojo los hombros y me voy a echar una mirada al dormitorio de losniños, duermen plácidamente. Me pongo el pijama con prisa, me meto a la cama ycierro los ojos. Siento que Alberto se dirige al baño, se pone el pijama y seacuesta apagando la luz, simulo dormir. Mañana será otro día, mañana, me digo,pensaré en Matías.
  • 77. 7748 ViernesDespierto exhausta. La agitación del día anterior no ha abandonado mi cuerpo. LaPepa entra para decirme que Alberto dejó dicho que lo llamara. ¿Y a qué se debeesto? me pregunto. Tomo desayuno y lo llamo para escucharlo decir que hoysaldremos, que esté lista a las nueve, a esa hora te paso a buscar, yo alcanzo apreguntar a dónde iremos, vamos a comer a casa de Reinaldo, su señora está decumpleaños, habrá que llevarle algún regalo, le respondo, no te preocupes por ahíse le puede pasar a comprar algo. El tono de mi marido es como siempre, seco,imagino su rostro hosco al otro lado del teléfono, no me atrevo ni a decirle que notengo ganas de asistir a esa dichosa cena y que me importa un carajo la señorade Reinaldo. Para qué, tengo que ir, es todo. Me levanto con la firme convicciónque hoy me dedicaré a cumplir mis deberes de esposa y madre. Me levanto y miropor la ventana, el magnolio del jardín me parece más florido que nunca, hasta laniebla parece haberse esfumado, Álvaro es el culpable me digo y doy un suspiroenamorada, jamás había sentido esto aquí dentro, es como si el rocío extendierasus alas alrededor del corazón, y lo hiciera bombear eufórico. ¡Ah!, que sensaciónmás increíble, es como tener a Álvaro pegado a mí esqueleto. El lunes, el luneshablaré con Matías, con la decisión tomada me meto a la ducha para iniciar unnuevo día, ¡qué digo!, un nuevo fin de semana, los días han transcurrido veloces,sin ningún miramiento. El tiempo y yo nos estamos mimetizando. Inescrupulosos.
  • 78. 7849 Viernes en la tardeNo es mi día, no solo debo acompañar a Tito a casa de Reinaldo. A Camilo se lerompió el buzo, un tirón o una caída, quedó hecho un desastre. Lo llevo a comprarun polerón de buzo urgente, el lunes de nuevo tiene educación física y para variarevaluación. Vamos a las cinco treinta al centro, finalmente, luego de recorrervarias tiendas encontramos el dichoso polerón, una talla más pero no importa, asíle queda para el próximo año. Muevo la cabeza, sino estuviera cesante no habríapensado en ello. Un dejo de amargura me asalta. Volvemos acelerados a casa,debo arreglarme para salir. Camilo sale a jugar como día viernes, tiene permisopara llegar más tarde, el Nico va al cine con unos amigos. La casa está tranquila,me meto a la tina a darme un baño que me relaje, lo necesito, debo preparar miánimo para la latosa celebración que me espera.A las nueve en punto llega el ogro, me mira, me pide un café, se mete a la ducha,se viste rápido, de un trago se toma el café y abre la puerta de calle al tiempo quedice ya, vamos y la imbécil que soy lo sigue sin palabras. Al pasar por unaconfitería, sin decir palabra Alberto se baja y compra una caja de bombonesenorme para llevar de regalo, el poder del dinero, pienso, ni siquiera me preguntóel parecer, no debería asombrarme, ya no.En casa de Reinaldo, Alberto se muestra muy atento y cortés, casi un caballeroconmigo, no hay caso con él, siempre preocupado de las apariencias. En unmomento me alejo y el primo de Reinaldo empieza a tirarme el anzuelo, yo lo evitopensando, qué se habrá creído este tipejo asqueroso, su cara rechoncha yblancucha, sus ojos bizcos me repugnan, me voy a un lado de la sala y meencuentro con la mujer de Reinaldo, me ofrece un combinado y yo acepto, me dala lata, pero debo reconocer que la que no tiene ánimo de nada, soy yo. Trato deparecer simpática la escucho con atención y ella, de quien no recuerdo el nombreme explica lo terrible que es cumplir los cincuenta y tantos, yo amable le digo queno se le nota obviando las patas de gallo que le cuelgan alrededor de los ojos, si,insiste, pero todo gracias a que desde los quince años utilizo cremas, la hidratante
  • 79. 79y la nutritiva, son tan buenas las Etienne, yo insisto en que se ve estupenda,mientras me digo para qué nos cuidaremos tanto las mujeres si al fin al cabonuestros maridos se fijan en nosotras sólo para encontrarnos defectos. Lasféminas somos todo un caso. Al rato me deja con la excusa de atender a otrosinvitados yo asiento feliz, la conversación de las cremas me aburre ferozmente.Los hombres aparte, las mujeres en grupo, en otro rincón. La música suena yReinaldo saca a bailar a su mujer, Alberto se acerca y me invita al centro de lasala, qué hacer, las apariencias de matrimonio bien llevado y feliz continúan.Hacemos cambio de parejas durante el baile, con un sombrero que una de lasmujeres empieza a poner en la cabeza. Somos más mujeres, claro, las separadashoy en están de moda, ni que decir de las solteronas alérgicas al matrimonio. Alparecer la mujer de Reinaldo tiene muchas amigas separadas. Significa esto queno es tan ignorante de lo mal que se llevan la mayoría de los matrimonios en elChile actual. El sombrero me aburre, me obliga a zafarme luego de él, a ponerlocon agilidad en las cabezas de distintos colores de las bailadoras. Pasado un parde horas, se acaba el circo, unos tragos para celebrar, las palabras defelicitaciones y agradecimientos típicas en estas ocasiones. A las tres de lamañana lo único que quiero es zambullirme en la cama. Los hombres estánbebidos y una de las mujeres está trasmitiendo mucho entre hipos y risas, dosmujeres la rodean e intentan tapar el bochorno, otra le lleva un café cargado,Alberto me susurra que es la cuñada de Reinaldo, que acaba de terminar sumatrimonio pues el marido la ha dejado por su secretaria y le ha dado por el trago.Es una pena le digo, me extraña que Tito me cuente la historia, él nunca reconoceun error de sus pares. La mujer me da una lástima atroz, no me gustaría estar ensu lugar, no hay nada más patético que una mujer borracha dando espectáculo.Pero sí me gustaría dejar al agrio de Alberto por el exquisito Álvaro. Estoy unafresca, pienso y sonrío para mis adentros. A las cuatro treinta nos retiramos de lacasa, el baile ha vuelto en la casona del famoso Reinaldo y queda en todo suapogeo. Mis pies no dan más y el rey de la noche, está ebrio como una cuba.
  • 80. 8050 SábadoAlberto no se levantó y después de almuerzo salí al parque con Camilo. La nocheanterior un nuevo escándalo del rey de la noche, borracho y libidinoso, tiene lamanía de transformarse con el copete en un cerdo lascivo, empieza a insinuarse yyo, suavemente firme mantengo mi negativa, al final, luego de emitir unaspalabrotas se quedó dormido como tronco. Me relajo con el paisaje y el verdorintenso del parque, el cielo está despejado, de un azul espléndido, me distraigoobservando a familias paseando, parejas tendidas en el prado, vendedores dejuguetes inflables, de algodón azucarado, manzanas confitadas, bicicletas por unlado y otro del paseo, los globos de diversos colores, los niños jugando felices,Camilo en un columpio, estoy un rato con él y me siento en una banca desdedonde pueda vigilarlo, que no se caiga, es tan loco, como todos los chicos de suedad, me acuerdo que el Nico se cayó una vez y se pegó en la cabeza contra elcemento, le quedó un cototo gigante y yo me puse neurótica, en ese estado lollevé corriendo a la clínica, sólo para que el médico dijera, señora si empieza convómitos preocúpese, me sentí tan torpe, ignorante. El Nico se convirtió en mi vidacuando descubrí que con su padre no sería una mujer feliz. Era un niñohiperkinético y yo, aprensiva con él. El Nico era en ese tiempo mi único hijo, lavida, todo el amor que tenía, el consuelo y la esperanza. Hoy, tengo el mismosentir y preocupación por Camilo. Recuerdo a Francisco, mi amigo de la infancia,sufre cualquier cantidad por su hija, luego de su separación, su mujer y todo un líolegal que creó con un sinnúmero de artimañas, le prohibió verla, lo peor es que suex mujer es una alcohólica terrible. Pese a todo lo que ha hecho para tener con éla su hija y protegerla de su madre y de los peligros a los que ésta la expone, no loha logrado, la justicia a veces se equivoca, por no decir muchas veces. No quierofallar a mis hijos y la historia de Francisco y Vania me empujan a asirme a unarelación desdichada como es la mía con Alberto. Una separación afecta a loshijos. Siempre nos hemos preguntado con mis amigas ¿qué será peor?, el
  • 81. 81remedio o la enfermedad. No quiero pensar. Camilo esta jugando, está feliz, y yo,estoy cerca.En la noche del sábado adelanté trabajo del domingo. Mientras planchaba losdelantales de los chicos, los rostros de Álvaro y Matías no dejaban de repicar enmi cabeza. Estoy enamorada, pero no dejo de preocuparme por Matías, es un tipobueno, de esos que hoy son difíciles de encontrar. Me llena de tristeza tener queconfesarle que lo nuestro no puede ser. Álvaro es el hombre de mi vida.
  • 82. 8251 Domingo¿Qué puede ser más dañino para una mujer, sentirse prisionera o estarenamorada de otro?, los domingos tienen el poder de deprimirme. La respuesta aesta pregunta es que ambas cosas son un suplicio, el engaño es cruelmentedesgarrador, sólo soportable al lado del ser amado. Sentirse prisionera tampocoes un estado de felicidad, ni qué decirlo, es estar enjaulada con trozos de hielosque congelan el alma, no hay pira que lo consuma, transforma a la vida en unestado casi agónico. Cuando Alberto esta en casa, la vida parece más dura, máscondenadamente insufrible. Y eso que está poco.La tarde del domingo la acortamos compartiendo con la parentela, conversando delos hijos, los primos, la última pareja de Berta, la declaración del presidente por loscanales de TV y el cara lavada de la derecha, un mamerto cualquieracandidateándose como independiente. ¿Será que el próximo gobierno es dederecha?, y las conjeturas abundan, que la concertación ha decepcionado a lamayoría, van y vienen las diferentes opiniones, en eso de la decepción me incluyo,con esta cesantía indómita no es para estar precisamente dichosos. El sigloveintiuno, pese a los índices económicos en el país, que están subiendo, como elprecio del cobre, cuya alza en centavos reporta un ingreso de varios millones, nodeja de tener a un cincuenta y cuatro por ciento de los chilenos con un ingresopromedio de ciento cincuenta mil pesos, cosa que es una barbarie, no ha sidoprecisamente de rosas este inicio de siglo. Anochece y regresamos a casa con eldulce sabor del pan amasado con mantequilla de la abuela. La familia con suspenas y alegrías no deja de reconfortarse al calor del cariño de los abuelos y lastonterías de los chicos.
  • 83. 8352 LunesEste es el día, indeseable y necesario. Matías me aguarda en un costado de lacasa. Bajo a paso lento, para demorar la hora terrible, mi verdad respecto aMatías. Con la ventana del conductor abierta, el codo apoyado en el borde y uncigarrillo colgando entre los dedos le encuentro, doy la vuelta y subo, rozo sumejilla derecha con los labios, me mira, pregunta a dónde iremos, le respondo,simulando alegría, vamos a dar una vuelta a Lenga. Partimos hacia Talcahuano yen la playa, frente a la caleta, hablamos. Las preguntas atropelladas de Matías nodemoran en acosarme. Él pregunta qué te pasa, y cómo que no podemos vernoslos jueves, le digo suavemente, Matías, lo nuestro no da para más y el rostroasombrado, de este hombre maravilloso me hace sentir pésimo. En un segundo,sus facciones se muestran desencajadas, su labio inferior tiembla y sólo dice ¿porqué?, y yo, con la mirada puesta encima de unas barcas que muestran sussiluetas en la orilla del mar, digo, conocí a un hombre fantástico, se llama Álvaro ygirando el rostro hacia Matías musito, lo amo. Pienso que se va a poner furioso,me da susto, me mira, mueve la cabeza, se toma la cara con ambas manos, tapasus párpados, los restriega, y pasados unos minutos que me parecieron eternosdice, entiendo y hace partir el motor, su rostro está mustio, gira rumbo aConcepción. No hay palabras, no preciso decir más. Matías me lo hace fácil. Perosufro, me siento la más vil de las mujeres. No pide explicaciones. Ya no. Pero nome gustan las mentiras, las odio, balbuceo un innecesario: te quiero Matías perono estoy enamorada de ti, me mira de soslayo y asiente mudo. Mi pena es mayor,su mudez me lastima y el camino se hace insoportable. Detiene el vehículo frentea mi casa, me mira, dice estaré siempre esperándote, te amo Verónica. Y yo besosu frente, toco su mano, aferrada al volante, y desciendo a prisa, no deseo quevea mis ojos llenos de lágrimas. La nobleza de Matías me hace trizas el corazón.Llego a casa, menos mal que los chicos están en su dormitorio y ni saludo a lapobre Pepa, que me mira con ojos asustados irrumpir en la casa, quedándose
  • 84. 84estática al lado de la puerta, que abrió ante la sonora fiereza de mis puños, ella nopregunta, me voy al dormitorio, soy un guiñapo tendida en la cama, lloro y noalcanzo a entender el por qué. ¡Qué incomprensible es el alma del ser humano! Nisiquiera siento alivio. Álvaro, debo llamarlo, pienso. Y al teléfono la voz de estehombre, transmite la paz que necesito. Amo a Álvaro. Hoy he quedado viva y librepara él. Él lo sabe, es parte de mí. Eso me contenta.
  • 85. 8553 MartesLa pesadilla con Matías terminó y hoy me siento más animada. Al menos conversoalegremente con la Pepa, y ella exclama ¡anoche sí que usted me dejópreocupada, traía una cara!, que ni le digo, y añade qué bueno que amaneciómejor!. Yo solo atino a decirle Pepiña, la vida nos trae al mundo llorando y con lospuños apretados, preparados para la lucha que significa enfrentar la vida, es dura,agrego, pero todo tiene solución, menos la muerte, supongo que lloramos no porla nalgada que nos dan, sino porque esa palmadita nos indica que la vida conllevagolpes, esa primera palmada nos lo enseña. Ella se pone una de sus manossobre su vientre y dice ¡Ay! señora, no me diga nada por favor, que no sé lo queme espera con esta guagua y qué será de ella, agregando con la mirada vuelta alcielo, sólo diosito sabe. Muevo la cabeza ¡vamos a trabajar! concluyo. Y nosvamos a la cocina. Apenas terminamos de planear nuestras tareas y ordenar unascuantas cosas que se apilan en los muebles de cocina, llamo a Álvaro para fijar lahora de nuestro encuentro, quedamos de juntarnos en el mall, el café al lado delsalón del libro estará bien. El día se me hizo largo, como nunca, el deseo de verlome mantiene durante el día con su rostro y figura rondando mi cabeza, golpeandolas sienes. Amo a Álvaro y él a mí. Parezco de dieciséis años contando las horas,los minutos, para encontrarme con este hombre que ha atrapado mi corazón.¡Cosa rara!, un tiempo atrás era una anciana hundida en el pozo de la rutina, hoyme siento una niña, la ilusión se desborda al traer el recuerdo de Álvaro a lamente.Nos encontramos en uno de los pisos superiores del mall, bebemos un caféapresurados y vamos al auto para dar una vuelta por el aeropuerto. En el camino,Álvaro detiene el vehículo para abrazarnos y besarnos insaciables, hambrientos.Me confiesa su deseo de estar siempre conmigo y yo diciéndole, también amor lodeseo, pero qué haremos con nuestros hijos. El rostro de Álvaro se contrae, unamueca marca las comisuras de sus labios, dice amo a mis hijas Verónica, pero nosé si pueda vivir lejos de ellas, y yo, no puedo dejar a mis hijos, concluyo, Alberto
  • 86. 86me hará un escándalo, por no decirle que dudo que me conceda la nulidad, Álvarome atrae hacia su cuerpo y me estrecha, en voz bajita dice, buscaremos unasolución juntos, yo con lágrimas de impotencia le digo sí, lo haremos, démonos untiempo, así será, pero debo decirte que no creo poder dejar a mis niñitas, balbuceoun te entiendo, esperemos y veamos qué pasa, no nos martiricemos dándolevueltas al asunto, es lo mejor. Estamos apasionados, nuestro amor estalla enbesos desesperados y nuestras manos se buscan con ansia. El amor quesentimos nos hace indefensos ante el mundo, el mundo que nos rodea se hatransformado en nuestro principal enemigo. Sabemos que ninguno de nuestrosamigos nos apoyará, ni pensar en nuestras familias. Tenemos mucho que perdercon este loco sentimiento que nos une. Nos envuelve la incertidumbre. Pese aello, gozamos plenamente el estar juntos. Al instante abandonamos nuestrostemores, los introducimos en la guantera. Sin pudores ni tapujos nos entregamos aeste deseo que nos sorprende en la mitad de nuestra vida como un fuegoconsumidor.
  • 87. 8754 MiércolesEl día está radiante. Puede que tener a Álvaro sea el motivo para ver el díarefulgente. Sucede que el amor correspondido es como instalar motor nuevo en unbarco desvencijado, impulso que desbarata pesimismos, anula los dolores. No haynada que se pueda comparar a la sensación indescriptible de sentirse amada. Demi ensoñación me saca la Tati con su intempestiva invitación a salir a unmisterioso pub, cuyo nombre no se atreve a mencionar, después te digo si meacompañas, ven a buscarme a las nueve le digo, con la curiosidad despierta, yconsulto cómo hay que ir, ¿qué ropa llevar?, deportiva o casual, no te hagasproblemas y me susurra, te sorprenderás añade, sin dejar su aire enigmáticovamos a ir con la chica y la flaca. A las nueve en punto me pasa a recoger con laFlorencia y la Pamela, alias la chica y la flaca. Entro preguntando ¿dónde es elcarrete? Se ríen las tres diciendo espera y verás. Damos unas vueltas para hacerhora, según ellas el lugar empieza a funcionar a las diez, vamos a comprarcigarrillos a un Pronto, nos tomamos un café. Ellas no quieren mencionar elnombre, resignada a la espera me fumo unos cigarros y conversamos de loschicos, ahí les doy la lata con las gracias de mis hijos, ellas no tienen ni la pata deuna guagua, son solteras acérrimas, ni locas se casan gritan a los cuatro vientos.Y yo les encuentro razón. Cerca de las once de la noche abandonamos el local.Unos tipos nos quedan mirando, uno de ellos, el más patudo, nos dice quien fueraángel para llevarlas al cielo, nos reímos y la flaca dice pobrecito habría que hacermagia para que pareciera mino primero y luego hacer una manda para convertirloen ángel, con suerte lo logramos, el tipo si que es feo del verbo feo, digo yo, y nosvamos las cuatro al carrete secreto de las muchachas. Tomamos la calle LosCarrera y doblamos en Colo-Colo, la Tati se estaciona a la vuelta mientras le digooye aquí matan de día, el barrio es pencoide, si, un poco peligroso pero nuncatanto me dice la chica y la flaca asiente frunciendo los labios. La Tati se asegurade apagar las luces, poner el freno de mano y activar la alarma. Caminamos a unareja con citófono, está cerrada, al lado hay una entrada de auto, por ahí pasamos,
  • 88. 88hay unas luces en la parte superior de la puerta y un joven nos ataja diciendo estaes una disco gay, mi amiga le dice, lo sabemos, por eso venimos, yo me quedoatónita, es primera vez que entro a una zona así, disimulo, el tipo desconfiado, conuna cara de guardaespaldas que no se la puede nos dice, las mujeres pagan, estábien dice la chica, mientras la flaca y yo miramos silenciosas. La Tati hace detesorera recibe los dineros que le entregamos cada una y se dirige a la caja. Unostipos parados bajo el dintel de la puerta de entrada, léase jóvenes buenos mozoscon tremenda musculatura resaltada por una polera ceñida y de manga cortaluciendo rostros bellos, producidos y amables nos hacen pasar. Entramosechando vistazos a un lado y otro. La noche está lenta me parece, o llegamostemprano, se ve poca gente y ninguna mujer, jóvenes en grupo pequeños, solos oen pareja conversan o toman un trago. Nos sentamos en una mesa a la izquierda.Se acerca un chico a ofrecernos un trago, unas piden piscola y otras bebida, nosacomodamos, empezamos a conversar con murmullos, unas a otras nos invitamosa mirar que en la esquina hay unos gallos horribles, que mira la pareja que esta allado, y el asombro de no ver más mujeres, y cierto embarazo al sentirnos un tantohuérfanas de pares, la Tati dice luego llegarán mas minas mientras untransformista, difícil de identificar como varón, se nos acerca a pedir un cigarrillo,una de nosotras se lo pasa y yo se lo enciendo preguntándole el nombre, Lisbethresponde, y ríe cuando acota, o Lizzy para los amigos, mientras me quedopensando por qué usarán nombres gringos, otra le pregunta si él o ella, para elcaso da lo mismo, bailará después, sí, estoy en el show, contesta con aires dediva, claro de diva en decadencia, pero igual si ella o él es feliz, qué nos importasu vida. La Tati lo acosa con una y otra pregunta, nosotras escuchamos conatención, la mina o mino se aleja; quedamos asombradas. Es joven, tiene veintiúnaños y hace cinco que trabaja en esto, nos ha confidenciado. Llega un grupo deocho o diez jóvenes, todos con polera corta a la altura del hombro, para lucir susbíceps me imagino y hacen una bulla terrible que se agrega al metálico y subidovolumen de la música. La noche está empezando y nosotras entretenidas con losojos curioseando por aquí y por allá. La noche penquista oculta muchas sorpresas
  • 89. 89le digo a la Tati y ella se ríe de mi cara, no puedo disimular mi estupor. Mi evidenteasombro no es sólo por el ambiente que observo, sino por la cantidad de juventudque llena el lugar. Algo está pasando con las mujeres que no atraen hoy en día alos varones como antaño, me digo. Yo pensaba que éramos las másdesilusionadas con los machos peludos. La realidad muestra lo contrario. Existenmuchos jóvenes que han optado o son de condición gay. Veo que la diferencia deniveles socio económicos se diluye en esta disco pub. Prima el nivel medio bajopero de repente se observa también uno que otro palta, y uno que otro vejeteentonado, con camisa desabrochada y gargantilla al cuello, las muñecas llenas depulseras y dicharachero abrazando a un joven que lo acompaña. Su noche dejuerga, me digo. El mundo ha cambiado rabiosamente. Ama y haz lo que quierasdecía San Agustín, nosotras, creo que estamos en el segmento de la poblaciónmás tolerante, a estas alturas de la vida y pese a tener hijos, creo que hemosdecidido tácitamente que todos tienen derecho a buscar la felicidad. Sinexcepción. La Tatiana pregunta ¿te gustó la sorpresa que te aguardaba? y yo sí,pero confieso que me pregunto, ¿a qué se debe que estos lugares sondescuidados, con un aspecto decadente?, se parece a esas boites de aspectomiserable que hay en calle Bulnes, con stripteseras baratas, no lo entiendo, ycorto la conversación para quedar mirando a unas cinco chicas entrar yacomodarse en una mesita cerca nuestro. Son lesbianas, me dice la Tati, y yopienso que sí, se les nota en la ropa, son bastantes amachadas excepto dos queson femeninas, ya sabes, me dice Pamela, la flaca, y sigue explayándose, entreellas hay algunas que hacen de hombre y otras de mujer. Yo digo no creo quetodas las mujeres quieran mantener esa relación machista que se da entrehombres y mujeres, Florencia, la chica exclama, ¡claro que no!, yo tengo unasamigas que basan su relación de pareja en la igualdad y no mantienen elestereotipo social. En eso estoy de acuerdo, qué de malo tiene ser tortillera, dicela flaca, como están los hombres hoy día a lo mejor, quién sabe, cualquiera denosotras puede convertirse en lesbiana. Estamos de acuerdo, las cuatro. No dejade asombrar. Pedimos otro trago y salimos a bailar juntas, la única música bailable
  • 90. 90de la noche, una bien pachanguera para animarnos un poco más. El showempieza tarde, a las tres, nos sentamos expectantes. Unos bailarines, todostransformistas bailan, la música de el guardaespaldas, sus ropas de actuación sonelegantes, sus rostros preciosos, sus cuerpos muy cuidados y delicados, elintérprete principal luce brillante, ágil y tremendamente sensual. Me gustó. Esdecir nos fascinó a todos y todas las presentes. Bebemos nuestros combinados ycocas, pagamos la cuenta a un chico simpático que nos invita para otro día, elsábado viene más gente nos dice y está más heavy el ambiente, no se pierdan,nos despedimos de él con besos en la mejilla y apretones de mano afectuosos. Elresto de los clientes permanecen en la pista, algunos en las mesas, no hay visosque se piensen retirar, quieren aprovechar la única instancia de dar rienda suelta asus sentimientos o a sus aventuras. ¿Dónde más los van a aceptar? Ladiscriminación es demasiada en este país, tenemos un cincuenta y cuatro porciento de homofóbicos, según las encuestas. A la mierda, pienso y sigo a estaslocas amigas buena onda que me alejaron de las tinieblas de la rutina. Saliendo dela disco escucho la voz de uno de los porteros que grita ¡chiquillas la próxima vezque vengan entran gratis!, nos quedamos mirando gratamente sorprendidas, creoque les parecimos simpáticas, qué bueno grita la Tati, alzando los brazoscontenta. Subimos al auto y me pasan a dejar primero. Son un poco más de lascuatro de la mañana. En casa todos duermen, me dirijo al dormitorio, ubico mipijama a tientas, me encierro como acostumbro en el baño para que nadieescuche, y suavemente, sin encender la luz, me deslizo como una cuncuna porentre las sábanas. Miro al lado, me encuentro con la sorpresa, Alberto no hallegado. Vaya, ahora somos dos los que nos escapamos de casa. Me duermoagotada por la emoción, o qué se yo.
  • 91. 9155. JuevesÁlvaro estuvo fabuloso y enamorado, quiere dejar a su mujer. Todo ha sido rápido,fulminante como los Saltos del Petrohué, intensos y arrolladores. Confieso a estehombre impetuoso, que jamás he pensado en separarme, mientras recuerdo queal pobre Matías le dije que nunca había pensado ser infiel, sonrío, acaricio elrostro de Álvaro, con mi dedo índice enmarco su rostro y aprieto mis labios en lossuyos, es un beso dulce que se torna apasionado al sentirlo vibrar y tocarme consus manos ávidas, insolentes, que no conocen de barreras. Álvaro me convierteliteralmente en alienada, su hoguera masculina trastorna. Pasados unos minutosde éxtasis, me dice, tendrás que analizarlo Verónica, yo no puedo vivir lejos de ti.No digo nada. Pienso en mis hijos, en Alberto, en el escándalo. Tiemblo, meconozco, no tengo valor para pedir la separación, la familia pesa, y mucho, lepregunto ¿y tú no decías que jamás dejarías a tus hijas?, nunca las voy a dejar,siempre estaré preocupado de ellas, pero a mi mujer la dejo mañana, si aceptasvivir conmigo, y tomándome de los hombros, me ciñe fuerte contra él, besa micuello, rendido hunde su cabeza sobre mi pecho, repite hasta el cansancio te amoVerónica. Lo escucho decir no puedo trabajar tranquilo pensando que duermes enla cama con otro. Y yo le respondo, Álvaro, tú sabes que no pasa nada conAlberto, nada de nada, lo sé dice, pero igual necesito estar toda la vida contigo. Suapasionamiento me conmueve, me turba, esto es un gran tornado trastocando lavida, arrasando con todo. No estoy preparada aún, susurro, déjame meditarlo,Álvaro temperamental como es, levanta la cabeza y pregunta ¿cómo puedesdecirme que precisas meditar?, no te das cuenta que te amo, no sabes que meamas, yo lo sé, lo siento aquí, señala el pecho con su mano izquierda, se lo tocarepetidamente con sus dedos, dice con fiereza, ¿por qué tienes que pensarlo?,¿acaso tu vida con tu marido es demasiado fantástica?, ¿no has dicho que es undesastre? Su desconocido rostro furioso, alterado aparece en frente mío y yo ledigo cálmate, es cierto, mi vida no está marcada con distintivos de perfección,pero tampoco puedo separarme de la noche a la mañana. Tengo que asimilarlo,
  • 92. 92prepararme, hablar con mis hijos, no me pongas nerviosa por favor, y alzando lavoz le digo no vez que ¡no sé cómo hacerlo!, no te das cuenta ¡lo complicado quees!, nunca antes lo había pensado, nunca imaginé la vida con otro hombre que nofuera Alberto, mi marido, el compromiso, ¡qué se yo! agrego en tanto fijo mis ojosen los suyos suplicante. Álvaro me mira y pasa su mano por mi cara, con dulzura,al tiempo que con la cabeza gacha como niño pillado en falta musita, lo sientoVero, sé que debes prepararte, pero me urge estar a tu lado para siempre, y yosintiéndome enamorada hasta la última fibra, lo abrazo, repitiendo si, así seráÁlvaro, pero no me presiones tanto, hablaré con Alberto, te lo prometo. Este día,nuestra despedida fue más larga y exaltada que nunca.
  • 93. 9356. ViernesAlberto es un caso, ayer llegó de amanecida, no lo sentí. En la mañana, abrí losojos y fui al comedor, me pareció mas oscuro que en la noche, con Alberto de piecomo de costumbre al lado de la mesa sorbiendo el café , le dije tengo que hablarcontigo, levantó las cejas extrañado y consultó ¿algún problema?, y yo cuándopodemos hablar, seguía sin mover un músculo del rostro, en la noche respondió, yagregó con tono burlón, insolente, qué bicho te picó, su actitud me parecedesagradable, igual le replico en la noche te digo, añado ¿a qué hora estarás encasa?, a las nueve, agrega como si nada, anoche no dormí mucho, hoy meacostaré temprano y le confirmo en la noche entonces y giro de vuelta aldormitorio. Sumida en la cama, pienso no sé cómo me atreví, pero si no lo hagoesto se va alargar demasiado y el suplicio será peor. Todo fue casi normal estedía, casi, porque me acordaba que iba a hablar con Alberto y la guata se mecontraía, ni qué decir cuánto fumé, los niños fueron al colegio, la Pepa con susquejidos de siempre, la rutina y los nervios caracterizaron este día. Alberto llegópasado las diez. Los chicos estaban durmiendo. Le serví un plato de comida y uncafé. Cuando terminó me puse en frente de él y le dije, es hora que conversemos.Con los brazos pegados a la mesa del comedor, en mangas de camisa, sincorbata, me miró, con el pulgar de su mano derecha se rascó el entrecejo, con elrostro opaco emitió un “dime” y yo sin grandes aspavientos solté como si nada,quiero la separación, me miró con los ojos abiertos como si le hubiera dicho elmás grande disparate del siglo o de todos los siglos, agachó la cabeza, mientrasyo me preguntaba por qué todos los hombres tienen la manía de bajar la cabezaen momentos difíciles, al rato replicó ¿vas a tirar dieciséis años por la borda, ytodo lo que me he sacrificado?, yo le respondí ¿crees que yo no me hesacrificado?, recuerda que he trabajado siempre, he hecho un importante aporte ala casa, debemos reconocer que no nos llevamos bien, es hora de tomar unadecisión, me observa como si estuviera loca, y ¡los niños! exclama, tendrán queaceptarlo le digo, grita desaforado, perdido todo control, ¡estás loca!, ¡alguna de
  • 94. 94tus amigas te ha metido leseras en la cabeza, tienes malas influencias!, yo sonríocon un dejo de ironía, ¿acaso crees que todas mis amistades saben lodesgraciados que somos en este matrimonio?, ¿piensas que no hemos sidofelices? pregunta con una cara terrible de extrañeza, este hombre no puede creerque la imbécil de su mujer ha despertado de un largo sopor, en voz alta digo:Alberto, ¿creíste que yo nunca iba a crecer, a madurar?, darme cuenta quenuestra relación, si es que se le puede llamar a esto relación de pareja, estámuerta, pregunta con ojos desorbitados y las mejillas tiritonas ¿y los viajes, lassalidas que hemos realizado durante nuestro matrimonio, todos estos años, teparecen pocos?, yo con cara de paciente, pero por dentro ardiendo de ira antetamaña estrechez de mente, trato de decirle suavemente, muy lentamente,Alberto, no se trata de viajes, ni de cosas materiales, aun cuando me sientobastante perjudicada por encontrarme sin trabajo, se trata del amor, repitorecalcando las sílabas, el amor murió. Me mira con los ojos rojos de rabia, es queno lo puede creer, debe pensar que no hay ninguna duda, su mujer está loca deremate. Da vueltas por el living como perro persiguiendo su cola, enciende uncigarrillo, me pide un trago, se lo sirvo muda. Me tomo un vaso de coca-cola,espero si emite una palabra. Ni un sonido salió de su boca. Con la caratransfigurada, dio vuelta, se dirigió al pasillo, entró al dormitorio. Yo continuésilenciosa sentada un largo rato en el living, preguntándome cómo pude tener elvalor de decirle lo que quería, encendí un cigarrillo y me serví otro vaso de bebida,los nervios me secaron el paladar. Recordé a Álvaro, sus palabras, me llené de sufuerza, y respiré profundo. Me levanté del sofá para ir a dormir.
  • 95. 9557. SábadoAnoche logré conciliar el sueño, dormí como nunca, debe ser el hecho de estarenfrentando el gran problema de mi vida. De haber tenido valor. Ya no haysecretos, Alberto sabe que no quiero nada más con él, supongo que le quedóclaro. La sorpresa la tuve al entrar a la cocina para hacerme un cafecito yencontrarme a la Pepa jubilosa, pregunté ¿qué te pasa?, respondió, es que donAlberto dijo que no nos preocupáramos, va a traer el almuerzo preparado, aldecirlo, sonríe feliz como si le hubieran dado un aguinaldo, digo qué bueno, laPepa continua diciendo, salió con los niños a comprar un refrigerador y unalavadora nueva, el patrón me comentó que el refri era demasiado chico y lalavadora estaba muy vieja, exclamo un ¡vaya, éste se volvió loco!, de eso no cabeduda. La Pepiña sigue con las copuchas atropelladas en sus labios informandoque su patrón llamó al Manuel y le pidió un presupuesto para pintar la casa, fíjeseseñora que el patrón dijo que tenía que estar como nueva para navidad. Qué raro,faltan como cuatro meses para la navidad le digo, y pienso éste quiere hacermecambiar de opinión comprando cosas. Alberto nunca va a comprender que nuestroproblema no está en las cosas sino en nuestra mala calidad de vida,principalmente en la falta de amor. No hay remedio. Tiene cabeza de níspero. Unsentimiento de compasión me invade, está enfermo, es la única explicación quepuedo aceptar. El sentimiento de compasión se transforma en estupor al ver llegara Alberto cargado con bolsas de supermercado, los chicos a duras penas con unacaja gigante y gritando casi desenfrenados ¡mamá, el papá compró hartas cosaspara la casa!. Y saco pollos asados, pizza gigante, helados, crema, un strudel deRoggendorf, delicioso, hasta papas fritas. El almuerzo está listo. El Nico y Camiloabren la caja gigante y un moderno equipo de música con todos los adelantosimaginables queda expuesto a mis ojos. No alcanzo a disimular la extrañeza, Titome observa sin palabras. Nicolás me dice mañana en la tarde traerán la lavadora yel refrigerador grande. Añade curioso ¿no estás contenta?. Le digo empleando untono tranquilo, hijo, los regalos de tu padre me cuestan muy caro. Por no decirle
  • 96. 96que me cuestan la vida. Alberto se aleja y Nicolás me queda mirando sin entendery yo agrego, después conversaremos. Él me abraza cariñoso y lo besoestrechando la mejilla contra su pecho de adolescente desgarbado. Un almuerzoagradable, todos reunidos y alegres, como nunca. Camilo inocente de la catástrofefamiliar disfrazada con tarjeta de crédito y cheques a fecha, está feliz con el pollobañado en ketchup y mayonesa, Nicolás, niño chico al fin y al cabo, salta en lasilla por el helado con crema que se va a tomar luego de comer la mitad de lapechuga de pollo. Yo pensando ¡cómo salir de esta trampa!. No bastó eso para latarde sabatina, llegó el maestro Manuel y rápidamente salieron a comprar pintura,van a pintar hasta los cielos, eso que no es necesario. Permanecí en casa entre laTV y un libro de Edwards, para olvidarme del desvarío de mi dichoso marido. Mepersigue la convicción, lo material no puede comprar amor. Jamás lo hará. Porsupuesto, con alguien que no esté dispuesto a venderse, a transar sus principios,el dinero no sirve. Le pedí a la Pepa les diera once comida apenas llegaran, me fuia la cama a pasar la desazón. Desde el dormitorio los sentí conversar y reír,escuchar música en el flamante equipo nuevo. Algo se logró, el padrecompartiendo con los hijos. Me quedé dormida temprano a la mitad del relato el“Orden de las familias”. Fue la forma de olvidarme del mundo, evadirme de laestrambótica realidad en que se ha convertido mi vida.
  • 97. 9758. DomingoMe levanto temprano a las labores cotidianas con la necesidad de podercomprender que los problemas son sólo oportunidades para crecer y cambiar.Ojalá pueda cambiar la forma de pensar al enfrentar esta situación, disolver elrencor y disponerme a perdonar. Algo me dice muy dentro de mi que será la únicamanera de salir de este callejón, encontrar la salida en plena concordia es mideseo. La mañana se vio un tanto alterada por la llegada de las cosas compradaspor Alberto. Limpiar y ordenar, retirar los artefactos viejos, instalar los nuevos nosllevó un tiempo. El almuerzo transcurrió normal, sin agitaciones ni contratiempos.Parece que ondas de sosiego se cruzan a través de las paredes alimentandonuestros espíritus. Los niños son los únicos reyes hoy en el hogar. Después dealmuerzo salimos en un largo recorrido que nos llevó a ese querido pueblo deLota, el encanto del Parque nos sumió en un gozo quieto. Sin palabrascaminamos, los chicos encantados por las hermosas aves, yo disfrutando de labelleza de los jardines y los prados.. No dejé de recordar a Álvaro. Tampocodeseché las armas para conseguir la libertad. Sólo que ya no había impaciencia yla serenidad inundaba mi alma. Estaba cierta que la solución vendría en elmomento justo. La certeza me hizo ver de pronto a Alberto como un ser humano.Ya no me parecía un ogro. Un ser humano, con sus debilidades y fortalezas comoyo o como cualquiera. Una ráfaga de afecto me inundó, después de todo, seguiríasiendo el padre de mis hijos. El atardecer nos guió de regreso a casa, hicimos unaparada en el trayecto y los chicos disfrutaron de bebidas y sándwich, yo me toméun té con galletas y Alberto como niño chico se comió un completo con hartoketchup, fumamos mirando el ocaso del sol y sus ramas rojizas. No fueronnecesarias las palabras. Esto, lo tomo como una tregua antes del final.
  • 98. 9859. LunesÁlvaro me llamó temprano, lanzó un eufórico, ¡tengo algo que contarte! La noticiaes que se puso a buscar un departamento para vivir juntos, con tus hijos agregó yme emocioné como una tonta. Un te amo se me escapó desde el alma y replicóyo te amo más. Los ojos se inundaron de lágrimas y colgué temblorosa el auricularno sin antes decirle mañana nos vemos. Arreglé algunos detalles en la cocina ydejándole el encargo a la Pepa de atender los niños como siempre, recalcandoque vigilara sus deberes, me preparé para ir donde mis padres, les voy contar queme voy a separar de Alberto. Al contrario de lo que podría imaginarse la Verónicaque surgió, fue una mujer tranquila, que tenía claro lo que deseaba. El cambiohabía ocurrido en unos días, el amor hace milagros. Sobretodo empezar amarse así misma. La convicción de que no estamos en este planeta para contentar a otraspersonas o para vivir según sus normas, me hace creer que podemos realizarnos,expresar el amor en su sentido más profundo. Cuando abandone esta tierra no mellevaré a mis amigos, ni a mi pareja, ni a mis hijos, ni las cosas materiales, lo únicoserá mi capacidad de amar. Siento que en estos momentos estoy luchando porsalvar mi capacidad de amar. Sino doy este paso seré una fracasada y eso no lopuedo permitir. Basta de sentir lástima, basta de la autocompasión.El mediodía me pareció asombrosamente bello, se extienden los árboles,empiezan a poblarse de hojas y florcitas. Raro, no había mirado las flores de estosárboles. Es producto del amor, me digo y camino hacia la casa paterna donde elnotición que llevo causará imprevisibles reacciones.Mi padre se encuentra sentado en el largo y antiguo sofá, junto a él, varios diariosdesparramados, lee unas páginas y comenta las noticias, yo le hago preguntasrespecto a las últimas novedades y nos ponemos a charlar. Mi padre es un granconversador. Mi madre dice mientras pela ágil unos tomates, ¡qué bueno queviniste hija!, tu hermana llegará. Mi hermana Betty es una mujer marcada por lareligión, parece que ya escribí eso, nunca la he entendido mucho, a decir verdad,casi nada. La conversación la inicia ella, preguntando que hay de nuevo, su rostro
  • 99. 99se dirige a mi, mientras toma una cucharada de sopa, y yo suelto como si hubieraestado ahogada, he hablado con Alberto, le pedí la separación. Las cucharascayeron a los platos y un aire sepulcral invadió la casa. No se hace esperar lareacción, Betty, alarmada, se lleva una mano al pecho, Verónica, estás mal, diosno quiere ver familias destruidas, mi padre acota, no estoy de acuerdo con esohija, vacila para agregar un ya decía yo que no iban a terminar bien las cosasentre ustedes, Alberto es complicado y tú no lo haces nada mal, mi madre sólodice, si Verónica lo ha decidido, ella tiene que saber por qué. Limpio mis labioscon la servilleta blanca, y replico, gracias mamá, por comprender, papá lo sientorealmente siento no haberte hecho caso cuando predijiste que Alberto y yo noandaríamos bien, y a ti Betty te digo que entiendo perfectamente que laseparación está reñida con los principios católicos, creo ser inteligente pararegirme por dogmas. Respeto tu opinión, no ha sido fácil tomar esta decisión, peroes el momento de pensar en mi, no deseo un matrimonio de apariencia, quierouna relación real de comunión y compañerismo, con Alberto no tengo nada encomún. Y agrego, hace tiempo debí tomar la decisión, los niños, las normas o latradición me hicieron dilatarla demasiado, Betty salta diciendo, en ellos debespensar en tus hijos, que ni te pidieron nacer, debieras ser responsable con ellos,¡no quitarles su padre!. La miro pacientemente y le respondo: nunca, alejaré a mishijos de su padre, ellos seguirán siendo sus hijos, y los míos. La paternidad o lamaternidad no se anula. Seremos todos más felices. Ellos lo comprenderán. Peores vivir con el problema, hay que extirpar los tumores. Betty mueve dudosa lacabeza, al tiempo que expresa, tú ya eres grandecita para decidir tus asuntos, nopretendo sumergirme en tu vida, sino hacer que medites lo que estas queriendocon tu vida, la tuya y la de tus hijos, agrega, Camilo es chico todavía y creo queestás actuando como una inconsciente, agrega en tono grave, no esperaba menosde ti. Está decidido, apunto seria, no hay vuelta atrás. Mi padre mueve la cabeza,no dice mucho, mejor así, escucho que musita un débil e insistente, ya decía yoque Alberto no era para ti. Siento la mirada de mi madre posada en mi rostro, loque tú decidas estará bien, dice, no faltaran los comentarios, pronostica con cara
  • 100. 100de asumida, se encoge de hombros, al fin y al cabo, no vivimos de la gente. Noscomemos el postre hablando de otro tema. Una sensación de alivio me colma. Elrostro de Álvaro acompaña mis movimientos, no dejo de sentir su presencia. Esmágico lo que nos sucede.
  • 101. 10160. MartesÁlvaro me saluda levantando un llavero, muerto de risa muestra las llaves quepresumo son de “nuestro” departamento y las agita al aire, una estela de gozoenvuelve mi cuerpo y lo abrazo cariñosa, feliz. Vamos a verlo, dice y abre la puertadel auto, me hace pasar, da la vuelta y entra al asiento del conductor, me tira unbeso mientras hace andar el motor. Sonríe despreocupado, agita la mano yexclama ¡estoy más que feliz, mi amor! Y yo susurro, estás loquito. Toma mismanos que descansan sobre mis muslos, aprieta mis rodillas. ¿Cómo está usted?,consulta interesado, bien, ya hablé con Alberto, él quiere hacer vista gorda delproblema, pero entenderá, tengo fe que será así, tranquilo y sin mayoresdiscusiones. ¿Para qué amargarse?, debe entender que es lo mejor para todos,me siento libre, como si hubiera retirado una gigantesca mochila de mi espalda.¡Qué bueno!, exclama con expresión satisfecha. Llegamos al edificio, es unconjunto de edificios, tipo condominio, tiene un pequeño jardín, guardia, conserje,es lindo le digo, ¿te gusta?, pregunta, agrega enseguida, veremos cómo es pordentro, saludamos al conserje, ingresamos al ascensor, es el onceavo piso, indicaÁlvaro, y hace tintinear las llaves sobre mi nariz, sonrío. Salimos casi corriendo delascensor, ubicamos el departamento, es bellísimo, de paredes blancas, Álvarome dice, el color blanco me fascina, ríe, recorremos los dormitorios, uno en suite ydos más pequeños, tiene una pieza de servicio, la Pepa estará encantada, pienso,es más grande que la que tiene ahora, y el baño más cómodo, el living comedores espacioso, tiene un gran ventanal, la cocina blanca, radiante, me encanta y elbalcón tiene una vista espectacular, el barrio es tranquilo, dice Álvaro, y pregunta¿lo tomamos?, lo miro seria, le digo, Álvaro, no creo poder venirme antes detreinta días, con suerte será antes de dos meses, tengo que preparar a los niños,finiquitar las cosas con Alberto, él responde, me vengo yo primero así loarreglamos y amueblamos de a poco, a nuestro gusto. Sonríe al consultar ¿teparece?, y yo aliviada le digo si, si, me parece, lo haremos de esa manera, de apoco. Álvaro sostiene el llavero en su mano, dice, mira aquí hay dos llaves, una
  • 102. 102será para ti, la otra me la quedo. Así podemos venir cuando queramos para acá.Tendrás tu llave, acota cariñoso, la recibo feliz. Se abren las avenidas condestellos de felicidad, armonía, esperanza, amor. Terminamos abrazados,soñando con el futuro, nuestra vida en común, planeando el inicio de ella.
  • 103. 10361. MiércolesHablar con los hijos es la tarea de hoy. Encuentro a Nicolás en su dormitorio. Sinmediar grandes preámbulos le hablo de mí y de su padre, lo mal que nosllevamos, hablo en general, sin entregar los detalles. No quiero que su dolor seamayor. Me mira con sus hermosos ojos azules, triste, muy triste. Cuando creo queva a llorar, dice, mamá yo sé que ustedes con el papá nunca se han llevado bien,que tú has hecho todo lo posible por resistir, sé que te has esforzado por nosotros,añade con los ojos llenos de lágrimas que se niegan, en esfuerzo supremo aaflorar, mi corazón se aprieta con un nudo feroz y lo escucho mientras lloro. Elgran río de la tristeza cuelga de mi pecho, Nicolás continua, mordiéndose loslabios, te entiendo mamá, debes elegir, debes “optar por la vida”, tienes mi apoyo,las cosas están demasiado mal para ti, sé que mi hermano es chico pero sétambién que él sufre por verte triste, la verdad mamá que nosotros nos damoscuenta que el papá está nada con nosotros y cuando está en casa, su humor espésimo. Hay veces, que veo que él trata de ser mejor, pero no le dura, y sabes¿por qué?, me pregunta con los ojos vidriosos, porque ya no puede cambiar, él esasí, y es difícil que lo haga. Me sorprende escucharlo decir, debes ser valiente yfuerte, es necesario mamá, yo estaré contigo y mi hermano también. Nicolás medesarma con su actitud, busco un pañuelo en mis bolsillos, no lo encuentro y élextiende un paquete de pañuelos desechables. Seco mis lágrimas y lo abrazo. Eldesierto definitivamente se cruzó.
  • 104. 10462. JuevesUn paso más dado. Tener la conversación con Nicolás, dejó un oasis en el alma.Ha comprendido y brindado su apoyo. Un alivio. Me preparé para salir con Álvarodesde que abrí los ojos. Me parece maravilloso haber encontrado al hombre queencaja perfecto conmigo. Esta certeza me hace amarlo. Busqué algo apropiadopara verlo, pensé en algo sugerente, atractivo y juvenil, para espantar los malosrecuerdos que amenazan como telarañas. Me fascina el dinamismo de Álvaro, suinteligencia brillante, su transparencia. Encontré a Álvaro en nuestrodepartamento, llevó una gran cama, unos veladores y un mueble para colocar elequipo de música y la TV. Contraté cable, me dijo, sonriente y agregó, ya estáfuncionando el teléfono. Lo besé una y otra vez. Nos quedamos horas escuchandomúsica. Se alegró al saber que ya había hablado con Nicolás. Con voz queda dijo,ya verás como todo se va arreglar y vamos a ser felices. Me apretó contra sucuerpo viril, fuerte, sensual. Se acercó hacia la ventana y corrió las cortinas,besándome el cuello me desnudó sin dejar de mirarme a los ojos, me contempló ycomienza a desabrocharse la camisa, se retiró el calzado, los calcetines, dio untraspiés y reímos, le abrí el pantalón mientras acariciaba su sexo, y en cuclillassaboreé su glande, pasé mis dedos por los nervios de su pene tenso y con losdientes suavemente mordisqueé su sexo, lo acaricié con mis labios hasta quesentí una explosión dentro de mi boca, me retiré y sentí sus manos en mi nucatenía la cabeza echada hacia atrás en éxtasis. Nos tendimos, luego el reposo y lascaricias. Me hizo el amor tendiéndose sobre mi espalda, sentí la presión firme,con un ritmo rápido. Mi sensualidad se incendió. Álvaro me conmovíaprofundamente. Donde me tocara ardía. El ardor y la tensión de la boca del sexoeran extremos. En el orgasmo sentí una sensación extraña, diferente, el orgasmose hizo eco en todos mis fluidos, me hizo gritar, quedé trémula como nunca anteslo experimentara. Cerca de las doce de la noche, nos preparamos un café yfumamos un cigarrillo. Nos miramos, una corriente de amor y gozo llenó nuestrasalmas. Álvaro, apagó la música preparándose para ir a dejarme. Nos quedamos
  • 105. 105juntos un rato más, en silencio, mirándonos, tomados de la mano. No eranecesario hablar para mantenernos conectados. Se cambiaría al día siguiente, medijo, yo sólo atiné a sonreír. Él apretó mi mejilla, y se inclinó para besar la punta demi nariz. La ilusión regresa a medida que siento el calor de sus brazos. Se diluyeel temor, las tinieblas de los días pasados. Nos hablamos con un lenguaje menor,propio de los enamorados, libres de oquedad. La paz invade el lugar. Álvaro meabraza. Un beso nos sorprende bajo el dintel de la puerta.Subimos al auto y nos besamos nuevamente, hace partir el vehículo, le digo, porfavor no conduzcas tan rápido, él responde no puedo evitarlo. Pregunto ¿acaso noquieres demorar el momento de separarnos?, por supuesto, responde, pero lavelocidad me apasiona, ya sabes. Muevo la cabeza y le pido que no presionedemasiado el acelerador, consiente mientras me lanza un beso y toma mi mano.Acaricio sus dedos, los beso suavemente. El anochecer nos refugia luminoso.
  • 106. 10663. AlbertoCasi la una treinta de la madrugada. Entro a la casa, cierro la puerta y al girar paraencender la luz me encuentro con Alberto sentado en el living, fumando uncigarrillo, una botella de pisco abierta en la mesa de centro, el vaso largo lleno a lamitad sostenido por su mano derecha, el TV en mute. Su imperceptible presenciaen el cuarto principal de la casa a esa hora de la madrugada me produjo unsobresalto, me repuse y solté un hola, a lo cual respondió un desabrido qué tal, nohizo ningún reclamo por lo tarde de mi llegada, se limitó a observar como dejé elbolso en un sillón, mi chaqueta encima, yo sacando un cigarrillo Belmont leinterpelé, Alberto , qué bueno encontrarte, me senté enfrente de él cruzando mispiernas, lo miré diciéndole, dejémonos de leseras debemos separarnos, y agreguéenseguida, por más que busques arreglos superficiales, te apliques a pintar lacasa y comprar muebles, lo nuestro se terminó hace tiempo. Mi sorpresa aumentóal escucharlo decir, basta, no puedo permitir tanto atropello, mira la hora queregresas a casa, descuidas los chicos, le dije no hablemos de los niños ahora, esel momento de definir qué es lo que vamos hacer, y sobre todo decirte que deseoque lo que resolvamos lo hagamos en paz, con tranquilidad. No quiero peleas nigritos, basta de eso. Él me miró, con un leve dejo de ironía agregó, por lo menostú, has dado rienda suelta a tus emociones, sin pensar que me tienes cansado.Tomé un vaso y me serví un poco de coca-cola, Alberto, dije, me voy de la casaantes de dos meses, voy a vivir con Álvaro y los chicos. Le entregué una brevedescripción de Álvaro, acto innecesario. Entonces, vislumbré en él la rabiacontenida, ya sabía yo que algo había por ahí, dijo. Me limité a murmurar, noempieces, de ahora en adelante cada uno hará su vida, sin inmiscuirse en la delotro. Nuestros hijos, son precisamente eso, nuestros hijos, y nunca pondréproblemas para que los veas, él hizo un gran esfuerzo para no estallar en gritos,se le notaba en la cara. Empezó a hilvanar unos vagos reproches, yo le hice ungesto añadiendo en voz alta, no tiene caso, no es el momento, te di años, tuvistemuchos momentos e instancias para arreglar nuestro matrimonio, es decir para
  • 107. 107que hiciéramos un esfuerzo conjunto para mejorarlo. Ya no. No vale la pena ni unamilésima de recriminación, ni siquiera buscar culpables, ya no importa. Se levantódel sofá, encendiendo otro cigarrillo, repitió, está bien, mi abogado conversarácon tu abogado, Verónica, si no te va bien puedes volver a esta casa. Quedéenmudecida. Vaya con Alberto, y sus contradicciones. Él añadió, en un repentinoacto de nobleza, siempre será tu casa. No dije nada. Busqué en mi bolso la tarjetadel abogado, se la pasé sin emitir palabra. Me preguntó si había hablado con losniños, respondí afirmativamente, entonces se quedó mirando el techo con actitudpensativa, pensando vaya a saber qué, dijo en voz baja, mañana hablaré conellos. Sí, es necesario, respondí. Alberto se dirigió al dormitorio y yo me puse arecoger los vasos, limpiar los ceniceros, con una sensación de libertad y vacío.Años de matrimonio se fueron por la alcantarilla. El dolor, sea de quien sea ladecisión o la causa, es un relámpago furioso. Un latigazo al alma. Nuestrossueños estaban construidos en la arena, si es que alguna vez construimos juntosnuestros sueños. Quiero olvidar la mirada de rencor que me dirigió Alberto alpedirle la separación, vislumbrar aunque sean pálidas estrellas para conciliar elsueño. No quiero permanecer en la negrura infinita de este espacio. Abrir losjardines para alejar este caudal de oscuridad que marcha sin piedad en los ojos.Que todo sea una nube pasajera y que pueda luchar contra esta marea. ¿Cómoborrar, sin dolor, estas pinceladas?, las pinceladas de un matrimonio roto, me digopara mis adentros ¿pinceladas?, y respondo, más que pinceladas parecen eltrabajo de un cincel en las manos de un escultor avezado.Inevitable el sentimiento de duelo. Vida arruinada, vida mal empleada. El piso setambalea, el mundo se tambalea. Las rosas se han tirado al gran lago, en susaguas desaparecen. No hay vuelta atrás. Ahora espero recobrar mi tamañonatural, lejos de las saetas, la crítica, la indiferencia, el suelo movedizo, turbio, deldesamor. Lo que fui, lo que era antes de lo que soy.Eran las cuatro treinta de la mañana al apagar la lámpara.
  • 108. 10864. ViernesPongo un ojo en el reloj. Marca las siete cincuenta. Matías me llama para decirmelo mucho que me recuerda, que me está esperando, que siempre me amará, quesignifico tanto para él, que no puede entender por qué no lo amo. Si el me daría elmundo si pudiera, etc. Si no hubiera conocido a Álvaro, pienso, me habría gustadopasear en tu sólido tejado Matías, deslizarme por los almohadones de tudelicadeza, por los troncos de tu infinita paciencia. Me da miedo este poder deelección y un atisbo de indecisión cubre mi corteza, pero no, Álvaro es el hombrede mi vida, me repito en la frente nítida, alabastrina de este atardecer. Un sollozose ahoga en la garganta, ¿quién quiere destrozar los lazos que la ligan a una bellapersona?. Quiero permanecer en la colección privada de los tesoros de Matías, nocomo la mujer que lo amarra con los hilos del desdén, dejando un nudo ciego quecubre el sol de sus cristales sino con el lazo de la infinita, fiel, amistad. Pensemosque hemos sido barcos oscilando en las enormes olas de una tormenta, hemosllegado a puerto, anclados al muelle firme. Matías, Matías, por favor le digo,entiende. Al escuchar mis palabras, Matías, no sé si contrariado, no sé siconforme o resignado balbucea un intentaré comprender y contentarme con tuamistad, Verónica, añade, estaré aquí si me necesitas. La bondad de su corazónme conmueve. Murmuro un gracias al tiempo que las neblina empieza a disolverseen el auricular, en el corazón.
  • 109. 10965. SábadoÁlvaro me llama para decir que ya se cambió, ríe fuerte y pleno. Ha dormido en eldepartamento y tomado desayuno en la terraza. Hace un día espléndido, me dice.Yo no puedo evitar sonreír, como si viera junto a él, una bandada de pájaros através del ventanal y el sol nos abrazara con promesas de uvas maduras,manantiales frescos. Álvaro me cuenta que debe realizar un viaje de trabajo aSantiago, que viaja el domingo y regresa el martes de la próxima semana, quecuando esté de regreso me llamará. Le cuento que hoy iré a casa de los viejoscon los niños, que estaré bien, que no se preocupe. Insiste en que llamará.Susurra un te amo. Yo lo imagino, atractivo, masculino, apasionado, sonrío. En latarde marcho junto a los chicos a respirar el aire casero de la parentela, beber eseresplandor cálido que nace del nido materno, empaparnos de la plácida presenciade hogar nos hace bien a todos. El tema de la separación sale a flote, no haydivergencias, los chicos se expresan con soltura, entregan sus impresiones, lacorteza es plagada de sensaciones agradables. He llegado al centro de laconcordia, los altos montes aparentemente difíciles de cruzar se hacen extensasplanicies armónicas, placenteras. Ya he bebido los tragos amargos, dando paso alolor fragante de las flores primaverales, al aroma de la tierra mojada por el agua,exquisita percepción que ensancha los pulmones, turbando el alma con fruiciónindescriptible. Camilo abraza las piernas de la abuela, con sus brazos toma elcuello de mamá y besa con cariño sus lunares color castaña que luce su cuello.Nicolás conversa con su abuelo, quien intenta no molestarse por los grandesaspavientos de su nieto al contar sus historias de juegos y colegio. Los adultosnos enfrascamos en una conversación mezcla de recetas, acontecimientospolíticos, noticias del momento, deportes. Los chicos salen a jugar con sus primos,estrechando lazos con sus secretos adolescentes. La tarde ha sido en extremograta, nos despedimos tranquilos, contentos. Las negras nubes no puedentocarnos. Hay voces de esperanza en los corazones, brillando en nuestros ojos.Amo a mis hijos, ellos me aman, con este pensamiento camino con los dos
  • 110. 110tomados de la mano a paso firme por la Diagonal. El atardecer de este día sepresenta vital, lúcido. Sobre la vereda se alinean los árboles, veo oscilar las floressobre sus tallos, el resplandor de unos rayos rozar sus curvas y caer al asfaltodesnudo de vehículos y peatones. La tarde sabatina baña las calzadas desilencios, las luces de las esquinas otorgan su destello sobre los pasos de losescasos peatones. Camilo ve a un heladero que viene desde el Parque Ecuadorhacia Chacabuco por Orompello, insiste en tomar un helado, nos detenemos lostres expectantes, aguardamos al hombrecillo de gorro blanco y espaldaencorvada, acerca su triciclo a paso lento. Los chicos eligen su apetitoso bocado.Los punteros del reloj marcan las nueve de la noche. Llegamos a casa, corriendoalborotados, apenas entramos la Pepa dice, la llamó la señora Tatiana, enrespuesta a mi mirada interrogante, contesta, dijo que la llamara, no alcanza aterminar la frase, el teléfono suena, me mira, dice, es para usted, señora. La vozde la Tati dice está Verónica, respondo, soy yo Tati, ¡Ah! Qué rico que llegastevieja, salgamos, yo dudosa, replico que no sé, que vengo llegando, me dice,déjate de pendejadas, vamos a salir, te paso a buscar en treinta minutos, mequedo pensando y le digo que sean cuarenta minutos, feliz me dice eso es, tepaso a buscar en cuarenta minutos. Cuelgo y anuncio, voy a salir, Pepa enciendeel califont, me daré una ducha. Me desvisto rápido y me meto a la ducha. Pienso,¿qué busco en esta salida intempestiva?, pasarlo bien, tomar unos tragos, no, no,me digo, moviendo la cabeza con energía, conversaré con Tatiana, le contaréahora mi cambio de vida, el que me aguarda en estos días, el que decidí hacealgún tiempo, le hablaré de Álvaro, de nuestro amor, nuestros planes. Seré sincerapor vez primera con esta amiga que ha demostrado su fidelidad y a quien heocultado mi relación, aquel desconocido que flechó mi corazón. Al fin y al cabo,ella me condujo hasta él, llevándome a la disco. Veré la cara de sorpresa deTatiana e insistiré que vaya a verme al nuevo hogar con Álvaro, yo y mis hijos.Con seguridad no lo podrá creer y abrirá sus ojos redondos, como platos chinos yreiré, libre al fin de la mentira. Reconozco no me portado bien con Tatiana, hoytendré la oportunidad de reparar este hecho. Pensarlo me hace bien, hacerlo será
  • 111. 111mucho mejor. Salgo del baño, ubico en el closet algo casual para salir, recuerdo aÁlvaro, mi corazón late fuerte, estoy enamorada, voy a la ventana, cierro lascortinas gruesas, antes, miro al cielo, la luna con su vientre lleno de palomasblancas me parece sublime su sonrisa maternal y sus labios cómplices. Le tiro unbeso, loca de alegría.
  • 112. 11266. TatianaEl claxon suena insistente, la Pepa, como si yo no lo hubiera escuchado, vienecorriendo al dormitorio, para decir agitada, la señorita Tatiana, le está tocando labocina, ya llegó, está abajo, ya la oí, la oí Pepiña, cálmate, bajo de inmediato.Tomo el bolso del sillón, me echo una última mirada al espejo, me despido de loschicos y salgo acelerada. Un minuto después estoy saludando a la Tati que estáestacionada abajo del edificio, con unas amigas en la parte trasera del auto, mesubo al lado del conductor saludando a las tres amigas, la Tati dice, creí que novenías, te dije que iba, y voy, ya lo ves, sonriendo lanza, vamos a la disco. Meacomodo en el asiento mientras ella hace partir el motor. Tomamos calleO´Higgins sin dificultad, el tránsito disminuye los días sábado a esta hora de lanoche. El clima esta agradable, la noche se presenta apacible, en la Plaza deArmas, algunos paseantes dan vueltas a paso lento entre los árboles, que cargancientos de lucecitas, a unos metros, un manicero, en la esquina de Aníbal Pinto,un hombre vocifera kinos. La Tatiana detiene el vehículo en el estacionamiento dePlaza España, paralelo a la Avenida Prat. Suerte. El único libre, frente al pubBarros 13. Nos bajamos todas, terminamos de saludarnos con beso en la mejillaen la vereda, y nos dejamos llevar por Tatiana a la disco. Obvio, esta no es ladisco donde conocí a Álvaro. Es otra, una nueva que se instaló hace poco, dice laTatiana. Entramos a un ambiente que parece grato, agradable y bueno. Echamosuna ojeada general y nos ubicamos cerca de la pista, la música, suerte, es jazz,todavía no empieza la música electrónica que caracteriza estos lugares. No haymucha gente, hacemos el pedido, tres combinados y una bebida, para mí, quéextraño, no necesito beber trago, una necesidad disuelta, gracias a la presenciade Álvaro, él me ha hecho bien. Tatiana me mira, no sin cierta sorpresa en susojos al escuchar que pido coca-cola. Le hago un gesto, indicando mi cambio, seacerca a mí y dice, cuéntame, y yo le hablo de mi separación, de Álvaro, de mishijos, de mi familia, del apoyo de mi madre, me escucha atenta, y con cierto enojo,dice, debiste contarme desde el principio, Tatiana, le digo con voz calma, no
  • 113. 113estaba claro qué iba a suceder, ahora tengo la certeza por ello me atrevo acontártelo todo. Pregunta, ¿estás feliz?, y yo, por supuesto tranquila y feliz,finalmente. Levanta su trago y dice tenemos que brindar, alzo mi vaso con bebida,las otras chicas nos miran sin entender mucho, Tatiana les dice Verónica estácambiando su vida, encontró el amor, ellas ríen, levantan sus vasos para brindarcon nosotras. Una de ellas nos cuenta su historia, es separada, tiene tres hijos yestá sola, pero feliz, nos dice, te creo, le digo. Tatiana me dice qué bueno que nome he casado, no me gustaría separarme, y la separación está muy de moda hoyen día, agrega. A nadie le gusta separarse, pero hay que pensar en una como serhumano, alguna vez en la vida, y que a veces es lo mejor hasta para los hijos,respondo. Se encoge de hombros, no lo sé, pero bueno, creo que casarse ya nocorre, al menos casarse sin conocer bien a la otra persona, a veces la formaciónes demasiado diferente, la de uno y otro, es difícil conciliar intereses, agrega, contodo lo que me entero por mis amigas casadas, pienso que es mejor permanecersoltera, quizás se debe a que soy un poco egoísta, no me sería fácil renunciar amis hábitos. Entonces le digo el día que te enamores va a pensar distinto, ahíestarás dispuesta a transar tus gustos, tus aficiones y costumbres. Sólo con amorse puede. Sin ese ingrediente vital, es claramente imposible. No todas las chicasestán de acuerdo y emiten sus opiniones. La música cambia, empieza el baile, yya es complicado entablar una charla, ellas salen a bailar y me quedo sentadarecordando a Álvaro, de vez en cuando echo una mirada a la pista, me distraigoobservando el baile de las chicas, la apasionada energía con que mueven suscuerpos al ritmo de la música. Un animador entra a la pista y anuncia un showpara la una de la madrugada. Harto tarde, pienso, en tanto tomo un sorbo de coca-cola y enciendo un cigarrillo. Parece un sueño que mi vida esté de cambio. Alrecordar a Álvaro, los latidos del corazón golpean las costillas. Ahora, sé queexiste la belleza. Estoy enamorada de la vida. La música es vida. Todo es bello.Tatiana me extrae de la ensoñación, preguntando, ¿nos quedamos al show?, porsupuesto, respondo, luego de dar un breve salto. Se acomoda en el asiento,sacando un cigarrillo de la cajetilla que descansa en la mesita redonda, atenta,
  • 114. 114acerco el encendedor, preguntando ¿qué cuentas?, se encoge de hombros, nadainteresante, Verónica, mi vida transcurre del trabajo a la casa, algunas escapadas,aventuras sin importancia, nada serio. Una sombra, un fugaz destello dedesolación atraviesa su rostro de mujer atractiva, vital, exitosa en su trabajo, pesea su ánimo, su alegría no logra ocultar su soledad. Tatiana no ha logradoencontrar compañía. Imagino que dado el típico comportamiento de nuestrasociedad, muchas veces le preguntaran ¿y tú, por qué no te has casado?, y pesea lo que ella diga, le debe resultar un peso dar la respuesta, decir, no me hallegado la hora, como excusándose, esbozando una falsa sonrisa. La gentesiempre piensa que una mujer no puede vivir sola, que necesita a un hombre a sulado. Es el problema de las mujeres solteras, sobre todo si han pasado loscuarenta. Siempre están expuestas a la impertinencia de la gente, a sushabladurías. ¿Qué culpa puede tener si no ha llegado el amor a su vida?. PeroTatiana me gusta, pese a ello, no se echa a morir. ¿sabes, Verónica?, dice, hacepoco conocí a un hombre, menor que yo, de treinta años, y me dio miedo seguir larelación, quedó archivada como una aventura más, no puedo negar que mecomplicó la diferencia de edad, el tipo estaba interesado, la edad me dio miedo. Ledigo, eres tonta flaca, eso ya no importa. Me dice, lo que pasa es que existía elriesgo que después de estar de lo más enganchada en una relación con elsusodicho, él podía conocer a otra mujer, más joven, quién sabe, me habríadejado. Su mirada es nostálgica cuando añade, no quise correr el riesgo,reconozco que fui cobarde. Le digo, para otra vez, deja a un lado ese temor y vive,no hay nada peor que desperdiciar el goce de una relación. Es mejor vivirla quedesecharla. Tal vez tengas razón, dice, mirando a un punto fijo, tendré quepensarlo más para otra vez. Digo, creo que es lo mejor Tatiana, más si el tipo esinteresante, asiente y sonríe al tiempo que emite un, ya veremos que sucede másadelante, agrega, aunque no estoy desesperada, y yo respondo, no quiero decirque estés desesperada sino que no evites al amor, vivir sin amor no tiene sentido.Pienso lo mismo que tú Verónica, creo que al desechar esa relación, no lo meditébien, actué en forma impulsiva, creo que debo ser diferente la próxima vez,
  • 115. 115termina la frase y enseguida consulta ¿quieres otra bebida, o un trago?, respondo,otra bebida, estará bien. Las amigas de Tati que nos acompañan, se acercan ysolicitan al joven garzón que atiende nuestra mesa, un trago más. Nosentretenemos mirando bailar las parejas y los pequeños grupos de mujeres que semueven al compás de la música en la pista circular del local recién inaugurado.A las tres y media de la madrugada, nos levantamos de la mesa para marcharnosa nuestras respectivas casas. El viento frío del amanecer nos entumeció hasta loshuesos, mientras caminamos hacia el estacionamiento. Las cuatro juntamosmonedas para dar una propina al cuidador. Rápidamente nos subimos al vehículo,Tatiana me pasó a dejar a la casa, con la promesa de visitarme cuando meencuentre instalada en la nueva, las chicas desordenadas y alegres, tambiénprometieron visita. A las cinco veinte estoy metida en la cama. Alberto no hallegado.
  • 116. 11667. DomingoAlberto hace días que duerme con Camilo. Bien hecho, sería irrisorio quecompartiéramos la misma cama. Absolutamente ridículo. Hoy desperté a las diez yserví el desayuno como es habitual. Álvaro, llamó a esa hora, sorpresa grata alcorazón. Nicolás me acompañó a tomar desayuno. Preparé algo rápido para elalmuerzo, nada muy elaborado. Alberto salió con los chicos a comprar los diarios.Me siento a escribir. No tuve deseos de dormir siesta luego del almuerzo. Es difícilconciliar el sueño. El cambio que se ha producido en mi vida me induce apermanecer en estado de alerta. No logro definir lo que experimento. La sensaciónde paz es evidente. Los dados están tirados. Sin embargo estoy alerta. Debe serpor el cambio radical, por el nuevo rumbo. Ha pasado lo más doloroso: tomar ladecisión. ¿Qué puedo sentir?, acaso ¿arrepentimiento?, no, no es posible elarrepentimiento al abandonar años de desamor, desprecio, esa total falta deconsideración hacia la mujer que he padecido desde el día en que contrajematrimonio con Alberto. Antes, estaba la esperanza de que hubiera un cambio enél. El desencanto fue mayor. El vacío fue de una infinitud estremecedora. Durantemucho tiempo me acompañó la sensación de soledad, batallé contra ella, mirandoa mis hijos, luchando por salir adelante, olvidada de mí como persona. Era unabruta de trabajo. La mujer no resistió la carencia de amor. Aconteció la infidelidad.Luego llegó Álvaro. Me rendí ante su amor. Todas las murallas de impedimentosse derrumbaron. Él lo logró. Sólo él.
  • 117. 11768. LunesEste sábado es el cumpleaños de Camilo, cumple nueve. Lo celebraremos encasa con sus amiguitos y la familia, primos, tíos. Le digo a la Pepa que se vayapreparando porque tendremos mas trabajo que nunca esta semana, y en especialel sábado. Camilo ha invitado diez compañeros. Un buen lote considerando laedad. Le digo a la Pepa que prepararemos completos, torta, unas sorpresas,bebidas y ya. Agrego risueña, estimo veinticinco personas, la Pepa pone cara deespanto, me río, al tiempo que le digo no te preocupes, ya sabes que siempre teayudo. La Pepa me observa y exclama, si, siempre que usted no se escape, le doyuna sonrisa. Después de almuerzo recibo una llamada de Álvaro, entonces latarde desplegó una gran alegría ante mis ojos de enamorada. La convicción deÁlvaro como el hombre de mi vida se sitúa en mis huesos como faro inamovible enel océano. Ya de noche me dedico a escribir, a pensarlo, a planificar nuestra vidaen común. Esta noche cuando me acueste en la enorme cama, donde Alberto esausente desde hace unos días, tal vez abrace la almohada. Sonrío.
  • 118. 11869. MartesAlgo insólito ocurrió hoy. Alberto antes de irse a la oficina, me preguntó ¿cuándote vas? Yo, medio dormida y bastante sorprendida le contesté con otra pregunta¿estás apurado?, y continué, ¿quieres que me vaya rápido?, entonces dijo,Verónica, piénsalo bien, todavía es tiempo que te arrepientas de esa decisión,puedes quedarte, esta es tu casa. Terminé de despertar al oír esta última frase,restregué los ojos con las palmas empuñadas, Alberto, la decisión está tomada,agregué con voz firme, no hay vuelta atrás. Me miró serio, noté que no pudodisimular un rictus de amargura. Pobre Alberto, me da pena. Qué raro, su actitudno deja de sorprenderme. Sigo pensando que es él quien tiene que irse, pero esoes lo que no quiere. Para mí, está más que decidido, me iré al departamento deÁlvaro con mis hijos, y, eso, no podrá impedirlo. Que se quede con las bienes y lacasa, mientras me de una cantidad de dinero para mantener a los niños, todo irábien. Al anochecer, llamé a Fabiola, una de mis amigas para charlar un rato. Meinvita a tomar te a su casa, yo le digo, dejémoslo para después, ¿a qué te refieresal decir “después”?, le respondo, bueno, luego, cuando esté viviendo con Álvaro,en su departamento, Fabiola, no lo puede creer, ante sus múltiples interrogantes,me limito a decir, como lo oyes, me iré a vivir con Álvaro junto a mis hijos, estematrimonio se acabó, agrego de inmediato, y no preguntes más, después tecuento los detalles, Fabiola insiste y yo me mantengo firme con la promesa decontarle todo más adelante. Finalmente, se convence que no me sacará palabra yse despide medio a regañadientes y expectante.
  • 119. 11970. MiércolesHoy aproveché de ir al supermercado, no quiero estar a última hora comprando lascosas para el cumpleaños de Camilo. Alberto fue generoso, dejó un cheque,aproveché de abastecer nuestro escuálido y flamante refrigerador. En la tardeordenamos las cosas con la Pepa. Compartí once con los chicos y terminé el díaordenando la ropa en sus closet. Camilo está feliz por la celebración de sucumpleaños sacando cuentas de los regalos que recibirá, el Nico le dice que nosea interesado que se conforme con que venga la gente a acompañarlo, lo miro ypregunto ¿acaso tú no hacías lo mismo?, Nicolás niega enojado, casi furioso,replico, tienes muy mala memoria hijo, los niños pequeños suelen ser interesadospero no son concientes que eso es incorrecto, con el tiempo aprenden, sétolerante con tu hermano, el Nico sale furioso de la casa dando un portazo, doyun suspiro y retorno a las labores caseras, ahora voy a ayudar a la Pepiña con laropa del planchado mientras pienso, el árbol está demasiado grande paraenderezarlo. Lástima.
  • 120. 12071. JuevesFabiola no aguantó y me llamó hoy para invitarme al tecito. En el café francés, medijo, agregando, el que queda en Colo-Colo, cerca de Chacabuco. Ahí estarécuriosa, le dije, a las cinco treinta. Me puse un jeans y una polera, los días hanestado calurosos en la ciudad, y me dirigí al encuentro de Fabiola. Ella es cuatroaños menor que yo, alta, morena. Lo cierto es a Fabiola no le he conocido pareja,siempre está con amistades. Me da pena la presión social sobre estas chicassolas. No hay caso, me digo. Llego puntual y ahí está ella, atenta, se levanta de lasilla para acercarse a saludar, este cafecito está rico le digo, pequeño y agradable,ella asiente, hace señas a una de las niñas que atienden, pedimos un capuchino yuna porción de galletas. Fabiola no aguanta y al encender un cigarrillo dice cuentapues, cuenta niña. Yo la miro sin dejar de sonreír, le digo te pasaste de curiosachica. Ella interroga cómo lo conociste y qué pasó con el Matías. Recuerdo quealgo le dije de Matías, y le explico que Álvaro lo hizo desaparecer de un plumazo.Ella ríe y dice ¡pobrecito!. Entro en detalles para satisfacer su curiosidad. Nopuede creerlo, me dice, tienes suerte. Se queda muda y luego dice bueno ya metocará a mí, no debes perder la esperanza afirmo, todo tiene su momento. Mira,yo pensaba que nunca iba a llegar el amor, los milagros existen. Mueve afirmativala cabeza, tendré que empezar a creer que existen los milagros Verónica.Entonces me cuenta, una vez estuve enamorada tenía veintiún años, Esteban erasu nombre me amaba y yo a él, ¿y qué pasó?, planeábamos casarnos, nospusimos ilusión, se queda en silencio, con la mirada perdida, murió en unaccidente concluye. Me quedo sorprendida, y ¿cómo? interrogo, con el bicho de lamorbosidad picándome. Verónica, lo enviaron a un seminario fuera deConcepción, y al regreso se volcó la camioneta, él manejaba, sus colegassobrevivieron, él no. Eso fue hace diez años, no lo he podido olvidar, creo que aúnlo amo, no he encontrado alguien como él. Es fácil encontrar alguien igual, somostodos diferentes, amarnos, pese a la diferencia, es lo hermoso lo que te hacehermosa la vida. Lo sé, Verónica, me dice, ¡cómo me gustaría que estuviera
  • 121. 121conmigo! No debes quedarte en el pasado, debes mirar el presente. ¡Quién lodiría! yo hablando de esta forma. Fabiola bebe el último sorbo de su café, dice, nocreo que vuelva a enamorarme, sinceramente, no lo creo, entonces le digo,Fabiola, ya aparecerá alguien, déjalo que venga a ti, cambia tus pensamientos, note cierres al amor. Sé que debo intentarlo, dice, pero se me hace cuesta arriba.Esteban era maravilloso. Nos quedamos largo rato calladas. Fabiola pide la cuentay paga. Antes de retirarnos del café, le tomo el brazo, me mira con cariño, dice,gracias, amiga.
  • 122. 12272. ViernesTe invito a comer, dijo Alberto. Reservé mi expresión de estupor y dije, acepto, ¿aqué hora?, te paso a recoger a las nueve, respondió, sin un gesto. Este brevediálogo mantuvimos con Alberto a las ocho y diez de la mañana. La hora en quese marcha a la oficina. Desperté temprano, desayunamos separados, él, en elcomedor, yo, en el dormitorio. El pensamiento de que Alberto intenta unareconciliación se deposita en mi mente. No dejo de sentir compasión por él. A lasnueve de la noche siento la bocina, miro a través del ventanal, la figura de Albertose alza junto a la parte trasera del auto, hace una seña, abro la ventana para decirya bajo, enseguida voy, repito. Tomo la chaqueta que reposa en uno de lossillones, la cartera que cuelga en el respaldo de una silla, y digo, chao a todos.Desciendo de prisa los escalones. Inaudito. Alberto ha abierto la puerta delcopiloto, la cierra suavemente y se dirige al asiento del conductor. Sin palabras,para no perder la costumbre, vamos al Rancho de Julio, dice ¿te agrada la idea?,consulta y yo, que si, está bien. Ya en el local hacemos el pedido. El garzón nostrae los pisco sour, dice a tu salud, respondo, a la tuya. La situación no deja de sercómica, bebe un sorbo del trago, lo paladea, y empieza, sabes Verónica, heestado pensando mucho en nosotros, lo miro con cara interrogante, continúa,mucha culpa tengo yo de lo que nos pasa, lo miro, por aspirar a tanto lo he perdidotodo, quise darles el máximo de comodidades y lo perdí todo, repite con caraseria. Lo miro y le digo, no hables de culpas, hablemos de responsabilidades.Ambos hemos fallado. Alberto levanta un poco más la voz, para decir, no, no, yohe fallado, te dejé sola, agrega, existen muchos pecados, y existe uno. Hace unapausa. Poco se nombra, fíjate me he dado cuenta analizando la situación cometíel pecado de omisión. Deletrea, o-m-i-s-i-ó-n, lo miro sorprendida, sigue conrostro indefinible, no cuidé los detalles, hice lo que yo estimé necesario sin pedirtela opinión de nada. No estuve a tu lado ni al lado de los niños cuando eranecesario continuó con gesto cansino, me dediqué a trabajar y a trabajardescuidándolos, limitándome a darles lo material, a cuidar los ingresos y ahorrar
  • 123. 123para el futuro, traga saliva, bebe un sorbo más del aperitivo. Ese es mi pecado,afirma el de omisión y ahora debo atenerme a las consecuencias. Le digo concierta lástima al verlo destruido, no te culpes. En el fondo me alegro, que se hayatomado el tiempo de meditar y reconocer sus errores. Afirmo convencida, no tesientas culpable, todos cometemos errores, no vale la pena culparse. Entonces,Alberto, acomodándose en la silla, enciende un cigarrillo, de tanto mirar el futuro,descuidé el presente, dice. Bebo mi pisco sour hasta el final. El garzón llega con laparrillada, la ensalada a la chilena, los panes amasados. Antes de empezar acomer, me mira, Verónica, si quieres reconsiderar tu decisión estas a tiempo, megustaría te quedaras en casa. Me limito a un no insistas, no hay caso. Él apaga elcigarrillo con resignación, toma el cuchillo y el tenedor, me dice, ataquemos. Yatacamos. Al terminar de comer me pide que vaya con él y los niños a la casa deuno de sus hermanos, a un almuerzo familiar, le respondo que no tengo ningúnproblema, que iré. Me da las gracias y me ofrece un bajativo, acepto un café. Nosretiramos luego del restaurante, le dije que estaba cansada, que mañana meesperaba un día agitado con la celebración del cumpleaños de Camilo. En silenciorecorrimos el trayecto a casa. En el fondo creo que Alberto no encuentra lamanera de arreglar lo imposible.
  • 124. 12473. SábadoCelebramos el cumpleaños de Camilo. Trabajamos como locas con la Pepa.Veintidós personas llenaron la casa. Luego de la once, los chicos se pusieron ajugar en el computador, los grandes conversaron acompañados de sus tragos.Nicolás estaba apestado con tanto cabro chico. Le dije, paciencia, tú tuviste esaedad, y te aguantamos tus loqueras, lo abracé palmoteándolo la espalda, pero nohubo caso, se mantuvo con la cara larga toda la tarde, hasta un momento que noaguantó más y se me acercó para decir si podía ir a casa de Rodrigo, le dije queno había problemas, siempre y cuando, el papá lo fuera a buscar, me dijo, yahablé con el papá, también me irá a dejar, entonces, no hay problemas y agregué,llévale torta a Rodrigo, ya que no vino. Corrió feliz a la cocina. A las ocho de lanoche aparecieron los primeros papás a recoger a sus hijos. Al último lo vinieron abuscar casi a las diez de la noche, sus papás andaban en un cumpleaños de untío, según dijeron. Les dije que no se preocuparan, que no había sido ningunamolestia, y que estábamos encantados con su hijo, ya que así Camilo no habíaquedado solo tan temprano. Cortesía, sólo cortesía, pues los niños ya me teníanhasta la tusa. Apenas se marchó el último niño envié a Camilo a la cama, contodas las recomendaciones incluidas, no enciendas la tele, no te metas a internet,lávate los dientes y duérmete luego. Camilo, regañó, lamentando que se hubieraacabado su cumpleaños. Los grandes se retiraron más tarde, un poco después delas doce. Álvaro me llamó a las doce treinta. El martes me voy, dijo. Un te amo nosseparó.
  • 125. 12574. DomingoDomingo familiar. A diferencia de los fines de semana pasados, tal como me lopidió Alberto en la comida del viernes, fuimos a la casa de uno de sus hermanoscamino a Coronel, allí estaba toda la familia Morgano Villalba, hermanos, cuñados,sobrinos. La mayoría alrededor de la piscina, tomando cerveza los grandes, losniños, bebida a destajo. Así es la familia de Alberto, toda abundancia, comida paraun centenar, que jamás sobra, y bebidas al por mayor. A mi me gusta pasear porel jardín lleno de plantitas verdes. Lo bueno de estas reuniones es que los chicoscomparten con sus primos y conocen de cerca de a los tíos. Sí, la familia, esimportante, me digo. Pienso en Alberto, que hace desesperados e inútilesesfuerzos por retenerme. Evoco a Matías y su nobleza, me estremezco. Esteúltimo logra emocionarme con esa fidelidad inquebrantable. No lo merezco,pienso, pero él se hace presente, reafirmando constantemente, que estáesperándome, que esta ahí. Miro a mis hijos, y me inunda un sentimiento de amorprofundo. Se acerca Cecilia, una de mis cuñadas, interroga con cara depreocupación, ¿qué pasa entre ustedes?, la miro, ¿que sabes?, pregunto, algo porahí, que ustedes se van a separar, le digo que si que ya no da para más, lasituación reventó, a lo cual ella dice, mira, siempre me he preguntado cómo hasaguantado tanto tiempo a Alberto, cómo has podido permitir que te trate de lamanera que lo ha hecho, respondo sin una mueca, por mis hijos. Ella dice, pero nopuede ser que tú hayas dejado que te trate de una manera indigna. Lo sé, por esome voy de la casa, respondo. Pronto me voy de la casa. Queda estupefacta, ¿porqué tú?, ¿por qué no se va él?. No quiere irse. Y yo me voy. Las preguntas siguen¿dónde vas a vivir?, respondo, Cecilia, voy a vivir con Álvaro y mis hijos en undepartamento que él arrendó. Sus ojos están enormes a través de los lentes queapenas se sujetan a su nariz ¿me estás diciendo que hay otro?, y yo, ¿quéquieres?, durante muchos años me negué al amor y dediqué mi vida al trabajo alos hijos, ahora estoy pensando en mi, no quiero ser una mártir, nunca hepretendido ser una santa, yo no me casé para estar relegada al último rincón de la
  • 126. 126casa sino para tener un compañero, Alberto nunca lo fue. Me cansé, se acabó.Cecilia está confundida, si van a estar todos bien así, no tengo nada que decir,agrega, preocúpate que Alberto te de dinero para mantener a esos pobres chicos.Si, Cecilia, pero mis hijos no son pobres, tienen sus padres, ellos lo saben. Tienesrazón, dice Cecilia, demos una vuelta más por el jardín y vamos a ayudar apreparar algo para el almuerzo. Luego del paseo realizado en el más estrictosilencio, fumando ambas un cigarrillo, nos acercamos a la cocina. Javiera haterminado de cocinar el arroz, Pamela ha puesto la mesa junto con Francisco,Carlos y Guillermo gritan que está listo el asado. Cecilia se pone a pelar tomatesyo me encargo de hacer el pisco sour. A todos les gusta. Y yo me sentí feliz.
  • 127. 12775. LunesReunión de colegio. Siempre es una lata asistir a una reunión de colegio. Delcurso que sea. Rosita, la madre de Rodrigo, el amigo de Nicolás se acerca aconversar conmigo. Me pregunta por mi marido y yo, que no quiero fingir más, lecuento que nos vamos a separar, que nos cambiaremos de casa con los niños, yella no disimula para nada su asombro, ustedes se veían tan bien, una parejaestable, amorosa, tú sabes, las apariencias engañan, digo. Ella, algo triste dice,cada uno sabe lo que pasa en su matrimonio, nadie puede juzgar. Si, nadie puedejuzgar. Rosita sonríe, me dice, iré a buscar alguna cosita para picar, y yo, mequedo parada, casi al final de la sala, ajena al resto, pensando en Álvaro, en cómodeseo estar de nuevo junto a él, en la falta que me hace, lo sombrío de los días sinver sus ojos, brillantes de amor y su sonrisa irresistible, encantadora. Ha logradoalejar el letargo y el dolor que abrumaban mis días. La voz de Rosita diciéndome,aquí tienes, mientras me extiende un plato con picadillos y un vaso de bebida, mesobresalta, vuelvo a la realidad, aquella que no concibo sin Álvaro. Sonrío.
  • 128. 12876. MartesEl día amaneció ceniciento. Despierto con una inquietud que no logro definir,entre una y otra cosa percibo la voz de Álvaro. Parece que ya escucho el sonidodel teléfono. La Pepa se complica con la carne, no usó bien la olla a presión, voy ala cocina y la ayudo. Llegan los niños y se quejan de la carne, está dura, diceNicolás, es de caballo, dice Camilo. Miro a la Pepa, pienso cabeza de piedra y ellaagacha la cabeza. Improviso un plato de vienesas con ensaladas para Nicolás,quien declaró, el puré es un asco. Niños. Nana. Y yo sin dejar de esperar lallamada de Álvaro. La tarde se hace perenne, para acortarla llamo a Marcela y lasaludo, conversamos de los achaques, de cómo crecen rápido los niños y la lataque da teñirse el pelo cada quince días, es una esclavitud concluimos, nosdespedimos con la promesa de comunicarnos para salir a tomar un cortado, unode estos días. Tomo té y fumo. Intento dormir siesta. En vano. Estoy intranquila ytengo una opresión molesta en el pecho.
  • 129. 12977. MiércolesÁlvaro no llamó. No es todo, anoche llamó un amigo, compañero de trabajo, paradecirme que tuvieron un accidente. Álvaro murió, dice, está siendo velado en laParroquia San Agustín, sentí que las palabras se atropellaban en mi boca sinpoder pronunciarlas. Respiré hondo, y pude emitir un débil, gracias, para colgar alinstante, quedando con la mano aferrada al auricular, y la cabeza dando vueltas.Giré hacia el living, cogí un cigarrillo mientras las lágrimas acudían, sincomprender aún, me repetí, Álvaro está muerto. Tres palabras que establecieronuna condena a mi vida. De un zarpazo me arrancaron los sueños. No quedó nada.Nicolás franqueó el living dirigiéndose a la puerta de calle, al verme, preguntó¿qué pasa mamá?, me miró con cara de asustado, yo permanecí en el másumbroso silencio, agité una mano y me sequé las lágrimas, escuché que dijo,mamá me tengo que ir, luego conversamos, asentí con un movimiento de cabeza,busqué un sillón y me quedé callada, fumando, el rostro de Álvaro, su figura,pasaba por mi cabeza, agitándome hasta los huesos. Un accidente. Grito sunombre pero el grito nunca se dijo. Su nombre quedó en mi, atrapado. Toda tuhumanidad, tu amor, tus anhelos, se quedaron apaleando mis vísceras. Y en elrincón más umbrío me dejaste tirada, pensé, mientras me arrojaba a la alfombra ycon mis puños, pegaba al piso. ¿Quién dijo que era posible ser feliz?. ¿Quién fueel maldito mentiroso que alimentó tal sueño?. No recuerdo mucho más. Sé que laPepa me encontró desmayada en el piso, que se asustó, llamó al conserje deledificio y los dos me dejaron en la cama, luego de darme agua. Desperté cubiertacon chalones y mantas. La Pepa me dijo después que había querido llamar aClinicar. Sonreí con amargura. Como si hubiera un médico que pudiera curar laspenas. Como si alguien pudiera traerme a lo único que yo quería en la vida. Lamuerte es para mí ahora como era para Donoso, una incógnita. Una idea de quetambién se va a morir la memoria y con ella tantas cosas que uno ha amado.Álvaro había entrado en la gran boca de la muerte. Y yo con él.
  • 130. 13078. JuevesMe levanté temprano. Llamé a mi madre para darle la noticia, quiso preguntar, lafrené casi con un grito, dije, no preguntes detalles, los ignoro, agregué conamargura, sólo tengo claro que mi vida se fue con él. No digas eso, hija, por Dios,mamá, siempre, en estas circunstancias, se acuerda de Dios. Es cierto, afirmé contristeza, mi vida no tiene sentido, me dijo, tienes tus hijos, deben ser tu fuerza.Fuerza, repetí, pensando que no tendría nunca más fuerza para amar a alguien.Estoy vacía de amor. Pobres mis hijos. Con estos pensamientos colgué sinresponder. La Pepa, lo supo hoy. Me trajo un café con leche, para levantarle elánimo dijo, la miré sin esperanza. Encendí un cigarrillo, le dije no quiero tostadas,no tengo hambre. Me observó con preocupación, y dijo, llamé a don Alberto paracontarle la noticia, la miré interrogante, respondió, él dijo que lo sentía. Apagué elcigarrillo, y fui al baño a lavarme la cara. El espejo me mostró un rostro pálido,demacrado. Me puse un traje negro. Armándome de valor, abrí la puerta de calle ydije, voy a la parroquia. Bajé los escalones. Parecieron eternos. El día no teníasentido. El magnolio de la vereda me pareció mustio, seco. Sentí las piernastiritonas. Cuando llegué a la capilla, de lejos, observé a la señora de Álvaro y sushijas junto a unos amigos, debían ser los otros, aquellos que estaban a sualrededor. Me gustara o no ella era la señora de Álvaro. Todavía no habíanterminado los trámites de la separación. Ella se sonaba la nariz de vez en cuando,sus pequeñas hijas, se aferraban a la mano de su madre. Resuelta, caminé por lasenda principal, pasé por el lado de la familia y crucé el umbral de la parroquia. Unsollozo se ahogó en mi garganta, respiré profundo, y continué mi desplazamientohacia donde estaba el féretro. Unas personas se acercaban a despedirse de él,algunos estaban de rodillas en el descanso de los asientos, otros de pie, callados.Yo me dirigí temblorosa a un costado de la urna, miré el rostro de Álvaro, acerquémi mano al vidrio que me separaba de él. Todo cambió, para ti, para mí. Álvaro,Dios no nos dio tiempo. De pronto recordé a Fabiola, estamos iguales. Nuevaslágrimas humedecieron mis mejillas, saqué un pañuelo, lo pasé por mi rostro, me
  • 131. 131acerqué a ese vidrio que no permitía rozar con mis manos el rostro de quienamaba, y lo besé, largo, intensamente. Álvaro me decía estoy contigo Verónica, miamor, siempre estoy contigo. Sus labios besaron mi nuca, sus brazos rodearon miespalda. Me estremecí. Era su voz tan real como la presión que sentí en misbrazos, giré levemente la cabeza con la ilusión de verlo atractivo y sonriente. Todoera espejismo, o locura, ¡qué se yo!. Sentí los ojos de los que estaban en elrecinto sobre mi espalda Estoica y brutal, permanecí de pie por casi media hora..No me importaba que todos se enteraran que yo había sido la amante, la mujerpor la cual había roto lazos con su familia. No me importaba nada. Al parecer estesentimiento que me acompañaba al lado de la urna de Álvaro, lo podían leer losotros, aquellos que estaban inmutables a mí alrededor, ninguno de ellos se acercóa reprochar. Me retiré tal como había ingresado, con paso firme, al cruzar lapuerta, la señora de Álvaro me miró, yo mantuve la mirada, ella inclinó su cabeza,levemente y yo, asentí. Sin palabras. No tenía sentido anidar rencores, el únicoser que nos convertía en enemigas, no estaba, la muerte había sido generosa conella, quedaría como su viuda. Su legítima viuda, la única. El destino es indefinible.Dirigí mis pasos al departamento que había arrendado Álvaro para vivir juntos yque se encontraba ocupando desde hacía unos pocos días antes de su muerte.Una vez allí, me arrojé sobre la cama. Permanecí hundida en los cojines blancos,llorando y gimiendo el repentino ocaso que había fustigado mi vida. Permanecí enel departamento hasta las nueve de la noche, tendida en la cama con los ojospegados al techo. Me di una larga ducha, después estuve desnuda sobre la camahasta sentir el frío de la nieve que me rodeaba. Mi espíritu estaba así, desnudo,por no decir, muerto. Antes de regresar a casa para disipar el dolor de cabeza,busqué unas dipironas y como una forma de darme ánimo maquillé mis ojosdebajo de los cuales colgaba una bolsa de ojeras. Miré el departamento por últimavez, hermoso con sus paredes blancas y ese gran ventanal, tal como le gustaba aÁlvaro. Sabe Dios que iba a pasar con él. Al llegar al hall apenas me despedí delconserje. Recorrí las calles un rato, el viento no logró empañar mis pasos lentos.El mundo seguía igual. Yo no era la misma. Pasé cerca de una pareja que se
  • 132. 132despedía en un paradero, el beso que cerraba sus labios fue una bofetada paramí. La rueda del desamor nuevamente se presentaba. Caminé observándolo todosin ver nada. Todo se ejecutaba sincronizadamente como un acto de mi voluntadfirme, estoica, como si nada hubiera sucedido. Sin embargo el horizonte estabaplagado de escombros y cenizas, las pestañas oscuras densas de la muertehabían trastocado mi más profundo centro, desgarrando paisajes a la velocidad deun relámpago. ¿Qué voy a hacer ahora? A mi mente vino de forma imprevisible yborrosa el rostro de Alberto, al instante asomó el rostro de Matías. Nicolás yCamilo se presentaron expectantes. Moví la cabeza, desechando esos rostros queherían aún más mi interior. Continúe caminando.
  • 133. 13379. ViernesAnoche cuando llegué a casa, la Pepa me dijo, los niños duermen, la miré colgadade una tristeza extrema, la desolación se había apoderado de mí. Me tiré el sofá,ella me ofreció un té, comida, un jugo, acepté el té y me puse a fumar, preguntépor Alberto, no ha llegado respondió, pensé, es mejor, deseé que no llegara. Nopodría ver su cara, hoy no, ni mañana, quizás nunca. Ironías del destino, elhombre que amo está muerto, él hombre que alguna vez amé, está vivo. Unaamarga sonrisa cruzó mi rostro y me acomodé en el sofá, que me pareciódeslucido y viejo, mientras una interrogante giraba en mi cabeza, qué hacer ahora,pero tenía la certeza absoluta que no podía seguir aquí, fue entonces que decidí,el domingo veré el diario y buscaré un departamento para trasladarme con losniños o quizás algún conocido tenga un dato. Estaba agotada, las brumas sitiabanel ambiente, sentí que me asfixiaba, me levanté y busqué un ansiolítico. Tomédos, luego me fui a la cama, antes pasé por el dormitorio de mis hijos, los observélargamente. Ellos seguían siendo mi consuelo, la única razón para existir.
  • 134. 134 80. JuevesHan transcurrido unos días desde que me despidiera de Álvaro. Desde entonces,no escribo, quise hacerlo hoy como un epitafio, es el último día que estaré encasa. Mañana me cambio a un departamento que encontré a través de unaamiga, me llamó y dijo Verónica, te encantará. No se equivocó, cuando vi susparedes y cortinas blancas, lo tomé de inmediato.
  • 135. 135BREVE NOTA BIO-BIBLIOGRAFICAIngrid Odgers, nace en Concepción de Chile (1955).Estudió Ingeniería Comercial en la Universidad de Concepción, es Analista deSistemas, Diplomada en Administración y Marketing. Es miembro de la Sociedadde Escritores de Chile, se desempeñó como Secretaria General y RelacionadoraPública de la Casa del Escritor Miguel Hernández, Secretaria General de la Uniónde Escritores región del Bío – Bío, como gestora cultural es Premio Consejo delLibro y la Lectura 2002 con el proyecto “Cyberliteratura desde el BíoBío”. Esdirectora del Sindicato de Escritores del BíoBío. Miembro activo del Colectivo LaSilla.Su obra aparece en varias antologías regionales, nacionales e internacionales:Poesía del Sur, Forestal 22, Voces sin fronteras, Carné Lírico Chileno, CartografíaCultural de Chile, Revista Safo, Revista Artemisa, Revista El ermitaño y endiversas páginas de Internet.Ha sido invitada al Encuentro Mundial de Poetas Mujeres en Oaxaca, México consu Ponencia “Chile: Mujeres, literatura y discriminación”. Fue invitada al Encuentrode Poetas en Perú en el año 2002. Ha participado en diversos encuentrosnacionales y regionales de escritores siendo co-organizadora del PrimerEncuentro de Escritores Octava región en conjunto con la Universidad F. SantaMaría.
  • 136. 136OBRAS PUBLICADAS A LA FECHA: 1. Voces sin fronteras- Antología de Edition Alondras-Canadá 2. Forestal 22-Antología-Ediciones Magoeditores 3. En las frías rodillas del mundo- Poesía-Ediciones La silla 4. A puertas cerradas- 2005-Ensayo- Impresos Concepción 5. La llave de la otra historia-2004 –Poesía-Impresos García 6. Naúfragos en la ciudad-2003-Poesía-Ediciones Antros 7. La extraña barca del olvido-2003-Poesía-Ediciones Antros 8. Poesía del Sur-2002-Antología-Ediciones Letra Nueva 9. El retorno del ángel-2002-Poesía-Ediciones Antros 10. Copa de invierno-2001-Poesía-Impresos Hurtado 11. Arcoirisdevida-1999-Poesía-Ediciones Vitral 12. Bajopiel-1998-Poesía-Ediciones Etcétera 13. Ángel dormido-1998-Poesía-Ediciones Etcétera© Más silenciosa que mi sombraIngrid Odgers TolozaRPI Nº 152.825- Chile, enero 2006Derechos reservados de la autora

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